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    GALVARINO SANTIBÁÑEZ

    GALVARINO SANTIBÁÑEZ (Mejillones- Chile, 1959). Desde el año 1988 vive en Suecia, en un departamento suburbano, en Estocolmo. Es autor de “Sol del laberinto” (1980); “Caballero solo” (1992); “Líneas de fuga” (2011) donde aparece una gran parte de su producción inédita. Es colaborador del boletín regionalista “Hasta los coquimbanos” y co-fundador del Centro de Acogida al Inmigrante (CAIN), con sede en Estocolmo.



    17

    LENGUAS

    Aprender una lengua acuosa

    Pasan los años
    y esa lengua es un cubito de hielo
    que desaparece en el habla líquida
    de la lengua madre

    Nos quedamos con esa sed
    de dirigirle a alguien la palabra

    A ése que no salió nunca
    de su congelador



    18

    Mente en blanco,
    estado meteorológico de invierno
    cuando me siento a mis anchas
    entre estas vampiresas leves,

    deslizándose por la cama,
    metiéndose entre mi plumaje caliente,
    despellejándome el cuero,

    sin tiempo para más cosas reales
    que no sea este lecho
    leproso y blanco
    meado de nieve.



    19

    La muerte que visita los asilos
    tiene los ojos vendados
    como la prima feroz de la infancia
    que jugaba con nosotros
    a la gallinita ciega.



    20

    La muerte me encontró
    olor a viejo
    Me retiró sus pechos
    Se me bajó enseguida
    Me abandonó a esta cama oxidada
    a estas frazadas con mierda.



    21

    Soy el invitado de mí mismo
    Soy la propia mesa en que me siento
    Soy la botella en que me reflejo
    Soy el siervo que me sirve
    Soy el derramador y el derramado
    Soy el que atiende    El que paga
    Y el que se va
    Soy el que pregunto y el que contesto
    El mismo cuestionario deshelado
    del silencio
    Soy el mantel blanco y el mantel negro
    omnisciente de la soledad



    La poesía de Santibáñez es de cierto tono festivo, incluso, a nuestro entender, en los temas serios, donde una ironía muy peculiar destaca. Utiliza un lenguaje directo y no escabulle temas a tratar, se percibe que se siente cómodo en lo cotidiano y en la relación que establece con escritores que lo han marcado, o motivado de alguna manera. Dicen en unos versos: “He tratado de verme la suerte en El Libro de las/ Preguntas de Pablo Neruda –El I Ching me parece muy/ rebuscado; y, además, a mi edad yo no estoy para/ más alegorías”. Alejandro Lavquen.








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  • 03/10/17--05:30: RENÁN PONCE [20.023]

  • RENÁN PONCE

    Poeta chileno, nacido en Quebrada Alvarado en 1940 - Falleció en 2016. Es autor de ocho libros de poesía entre los que destacan: “Cuando había menos luz”;  “Sol terrestre”;  “Breviaturas”;  “Sujeto predicado”; “Cuentos de poesía oculta”; "La Nada es Popular Porque no Existe (Aforismos)", entre otros.



    HERÁCLITO GONZÁLEZ

    En el puente de un pueblo que no conozco,
                    me encontré con Heráclito
             (que se veía bastante descuidado)
    Oye viejito   -le pregunté-  dime cuántas veces
    te has bañado en el mismo estero
    Y él (mirándome de verdad) no quiso mentirme.




    ECOSISTEMA

    Un árbol gigantesco y hermoso
    llegará en el futuro a esta superficie
    Y tal vez sea el único de su especie
    cuando no haya más árbol que edificio,
    ni más fruta que el último invento

    Un árbol que viene desde abajo
    llega hasta nosotros    sube verde
    Viene a preguntarnos por qué no lo regamos
    a pedirnos cuentas    A crecer de nuevo.




    RE-SENTIDO

    La Gloria, esa bastarda desmemoriada
            no pasará por mi lado,
            ni desde lejos llegará su aroma
    La tengo entretenida en otros menesteres
            no quiero que venga a importunarme,
            la egoísta

    La Gloria, la sin manchas, la zorra renga,
            no estará conmigo ese momento    
            (cuando reciba el premio lo haré de incógnito)
            tendrá funcionando sus negocios,
            con otros nombres     con otros hombres.




    CELULOIDE OFF

    Más allá del cine
    el gesto natural vive en espera del artista
    Cómo se llega a esa visión
    donde el asombro no pensaba sumarse
           al espectáculo

    Más allá del cine
    las ruinas por sí solas evitan
    caminar por las veredas, y vedlas allí
    tan inocentes y tristes, llenas de moscas,
            es otra esa película

    Más allá del cine
    la realidad se filma a escondidas
    Y nadie paga por ello     y nadie paga por ello.



    INSTINTO

    Esos animales que aún no conocemos
    nos tienen identificados como sus futuros amos
    Y como ya saben de nosotros,
    Esperan el menor descuido     para liberarse.




    Tomados de EURlDlCE
    Revista de Literatura
    Año 1- Número 1
    JUNIO - 1987


    Sol terrestre

    Después que la fiera usó las armas
    Torcido el pescuezo de tanto pájaro
    Nació otra vez la poesía:
    ardiente inmensa, sol terrestre
    Corrió despavorida
    sin conocer SIJ rumbo
    Pero nunca
    Nunca olvidó su verdadero nombre



    Historia

    Estas páginas que en mis ojos no se cansan
    estas letras que juntas tienen nombre
    este romper espacios en forma de cadena
    regalan sol cuando hace frío
    y ondean despedidas al que se marcha.
    En estos lugares tomados de la mano
    por este camino que también lleva a la muerte
    se sabe por lo menos por donde anduvimos.



    Las
    floristas

    Ante la muerte
    las floristas no tienen preferencias
    Les da igual el extremista
    el general
    el hijo de puta
    un santo
    Todos entraran
    (lo dicen en seno)
    al fin de la nada
    al fondo mismo del fondo
    Las floristas son ilusas
    y sabias como pueblo
    Absurdamente justas!




    UN PONCE QUE NACIÓ PARA SUFRIR

    Escribe Carlos Amador Marchant

    He revisado minuciosamente los escritos de un poeta.
    Voraz, voraz. Estamos viviendo una etapa complicada en la política chilena. Pero estoy leyendo a un poeta.
    Hay quienes desechan leer poesía en períodos difíciles.
    La política chilena está complicada.
    Quiero hablar de un poeta. 
    Quiero hablar de Ponce. Pero ¿quién es Ponce?.. Miren ustedes qué sonido, pareciera incluso que viene de avenidas y playas del Caribe.
    Me refiero, específico, a Renán Ponce, el poeta devenido.
    Lo conocí hace unos años en Valparaíso, concretamente en la década del 90. De rostro campesino y estatura sorprendente, siempre parecía alejado aunque con una sonrisa saliendo como ese sol que aparece temprano en el desierto.
    Hermano de Exequiel Ponce, ese socialista que salió a luchar en la clandestinidad tras el golpe militar en nuestro país. Ese obrero portuario que se transformó en miembro de la comisión política de esa colectividad y que salió a la calle, a trabajar conciencias, a decirle a la gente que había que reagruparse para sacar a los golpistas del poder. Pero la represión se acentuó aun más al paso de los meses. Los fascistas logran el 5 de octubre de 1974 desarticular al Movimiento Izquierda Revolucionario (MIR) comandado en ese momento por Miguel Enríquez, padre de Marco, quien fuera candidato a la presidencia de Chile y que sorprendiera con una votación histórica en diciembre de 2009. Enríquez tras ser descubierto su paradero, fue acribillado por pelotones de fuerzas represivas en su domicilio de Santa Fe 725 en la comuna de San Miguel, lugar que aún conserva las balas en esa casa que es visitada cada año por muchos chilenos. Un año más tarde, luego de muertes y muertes, Exequiel Ponce es apresado a la 1 y 30 de la madrugada del 25 de junio de 1975 junto a Mireya Rodríguez, en el lugar que arrendaban clandestinamente, en la calle Tocornal de Santiago. Apresado y torturado, nunca se ha sabido el paradero de Exequiel. Es decir, han pasado 40 años sin que nadie dé una señal de los huesos de este hombre que creyó en la libertad.
    He revisado minuciosamente los escritos de un poeta.
    Un sol oscuro gatilla mis ojos.
    Pues bien, ahora transitan muchos autos por el mundo, y por el mundo de Chile las asonancias parecen dispares. Chile, los chilenos, a veces creo, están a la deriva por excesiva tecnocracia.
    He revisado y sigo revisando la poesía de alguien
    Renán Ponce nació como su hermano en Quebrada Alvarado, lugar que no logro conocer y que, según grafican mis amigos, es un sitio campestre de belleza extraordinaria. Cuenta Ponce de los caballos, de su madre y su padre, de sus hermanos. 
    Concretamente Renán Ponce no surge a la poesía desde niño, ni perteneció a generación alguna, ni siquiera estuvo lanzando panfletos en bien de la poesía. Aflora de repente, aunque dentro de su mirada ya traía el lazo de las palabras, las que siempre le molestaban, las que se entreveraban por su espalda. Desde hoy será el “poeta devenido”.
    Hombre de versos y no de caballos, o tal vez dejó los caballos para dedicarse a los versos. Lo concreto es que Renán Ponce esconde en su mirada una tristeza infinita.
    He revisado minuciosamente la poesía de este hombre campesino.
    El profesor universitario Marcelo Novoa dice de él: “ No me canso de señalar el injusto silencio que la crítica se ha cobrado de su obra. El mismo especula que tal olvido lector se debería a su vida retirada. Pero intuimos que tan mezquinas razones no se condicen con las atareadísimas horas muertas de nuestros críticos locales. Ya caerán en cuenta de tamaña resta”.
    Juan Cameron aporta lo suyo en su estilo y expresa que: “No hemos escuchado bien a Renán Ponce. Llegó a la poesía en una época, como bien dice Eduardo Milán, sin clientela. El escaso nivel cultural a que han sido condenados nuestros pueblos, la reducción del Estado y el empobrecimiento general de las naciones -con un discurso por lo demás enriquecido- le han jugado una mala pasada”.
    La verdad es que Renán Ponce es un poeta natural y mantiene en sus manos (cerebro) una doctrina poética que elabora bien. Es probable que en la temática (vida-mundo) se reencuentre con asuntos ya gastados. Un profesor de literatura de la ex Universidad de Chile en Arica, a dos años de la dictadura militar (cuando yo estudiaba pedagogía en castellano) en consecuencia instalado por el régimen, me dijo al saber que a los 19 años escribía poesía: “Acaso no sabe usted que ya está todo dicho”.
    Me traumó.
    Dejé de escribir por varios meses.
    En todo caso, el fascista y malintencionado docente, me hizo un favor. Era preciso leer más para saber que si todo ya fue dicho mejor trabajar en cosas “ya dichas, pero mejor elaboradas”.
    Ponce es un buen poeta. Conserva un ritmo coloquial y que al mismo tiempo es de ahora. Me gustaría que hablara, en todo caso, del maldito mundo en que vivimos, de la hediondez de la pampa, de los mares y del hombre que ha dejado de ser hombre.
    Renán Ponce lo dice en uno de sus poemas: “Uno debiese escribir como si no tuviese amigos, parientes, como si fuese soberano.” (Breviaturas, 2005). Pero el mundo está lleno de poetas y escritores.
    Ponce es un hombre triste y por lo tanto el mundo debe reclamarlo. Antes hablábamos de su hermano desaparecido hasta la fecha, el inmortal Exequiel, esa tristeza que a Renán se le puso en los ojos sin dejar de atenuarla.
    Doblemente la tristeza se agudiza cuando su esposa, la poeta Axa Lillo toma la determinación de suicidarse con una bufanda en el living de su casa (Diario El Observador de Limache, 30 de octubre de 2009). Los poetas la lloraron en silencio. Ha sido el gatillo para que Ponce recomience su vida tan unida al sufrimiento mental
    “En los aeropuertos el animal no tiene pasado,/partidas y regresos de un mundo que no es mundo./La tierra de todos no es de nadie”. (Sol Terrestre, reedición 2003).
    Me atrevo a decir que Ponce es un poeta-poeta, de los que nacen, viven, se nutren. Es la misma condena que nos pusieron los que nos inventaron. 
    No había conversado con su poesía de la forma que lo hago hoy. Ahora él me dice en silencio:”Detrás de las cosas/qué hay detrás de las cosas”
    Su padre le decía “el filósofo”, tal vez tratando de adelantar parte de su vida: “Mi padre (cuando niño) me llamaba el filósofo/y yo respondía en dudosa sonrisa” .
    Renán camina por las calles de Valparaíso. Lo veo, en verdad en todas partes del mundo. Creo que él merece reconstruir su obra. No tuvo hijos con su mujer amada. Ël lo expresa de esta manera: “”Y cuando sea tarde/cantaré los hijos que no tuve/como el guerrero que descansa/después de saber que no mató a nadie”.
    Ponce se encuclilla y me llama por teléfono. No estoy seguro de lo que me dice. Su voz es cortada por el paso de tanta miseria psicológica. Yo lo escucho y le digo un sí, que pronto estaré con él, pero estaré con él, en el bien entendido que “¿Acaso no sabes que todos los sufrimientos agigantan el poderío poético?




    Renán Ponce a veces balbucea

    Renán Ponce Vicencio nació en el valle central, al interior de esta región, como el cuarto hijo de una familia campesina. Su hermano mayor, relataba el poeta una tarde al recorrer el estero de su pueblo, solía esconderse de él, allí, entre arbustos y pedregosos bordes, broma que hacía caer al poeta en un profundo estado de abandono. Exequiel, como se llamaba, desapareció luego en la historia. 

    Su figura ha ido adquiriendo relevancia luego de una tardía aparición en las letras. Antes ejerce diversos oficios, desde una temprana militancia en la Armada, la cual abandona por su absoluta incapacidad militar, hasta jubilado portuario. Fue farero, radiotelegrafista, guarda almacenes y mecánico tornero.

    Ha obtenido algunas breves distinciones, esquivas para la finura expresiva y la calidez de sus versos; líneas con tintes láricos bastante definidos -la evocación y cierta nostalgia de algún perdido paraíso- que lo vinculan más a Efraín Barquero que a Jorge Teillier. Y una breve, medida, cuando no cauta ironía atraviesa estos versos.

    Marcelo Novoa, refiriéndose a Sujeto Predicado, apunta algunas características: verso sencillo y hondo, honestidad, sabiduría, humanismo, discreción, esencialidad, en fin, “punto aparte de la poesía porteña”. Los poemas que allí figuran resaltan ese buen decir reiterado a través de sus ediciones. Ponce versifica en distintas métricas en torno a endecasílabos y su hablar cotidiano se enfrenta a un medio que lo desconoce en perjuicio del ente social: Algo dijo entonces que perdía alguien/ Que había una rotura en el espejo/ Un grave deterioro en las razones. El fenómeno responde a una torpe ceguera que el autor delata escondido tras una falsa humildad.

    Pero en el país de los ciegos el verdadero condenado es el tuerto. La búsqueda de la trascendencia a través de algún talento específico es un empeño inútil y desacralizador: Escribí por oscuras razones de estado/ Entre otras cosas en busca de trabajo/ Para hallar consuelo por una antigua deuda/ Que me librara de tanto encierro miserable. Y, sin embargo, la continuidad en el oficio parece, en definitiva, ser la única solución. Es, como se ha dicho, la vida que nos tocó vivir; o más bien la tarea designada en este falso libre albedrío, para disfrute de los dioses: Yo soy el orgulloso, grano tal vez de un cultivo oscuro (...) molesto alfil de este juego sucio.

    Pero no acepta, y no lo habrá de aceptar en tanto sea poeta, la ruindad espiritual. Está aquí para deconstruir la manida fórmula moral del poder. El eufemismo ha ido demasiado lejos y es hora de reorganizar las piezas sobre el tablero. Refiriéndose a la memoria, apunta sobre el tema: De alguna parte viene ese llamado/ A marcha forzada bajo el horizonte/ Golpea la vista con un albatros/ Hace señales incomprensibles,/ pide ayuda en antiguo lenguaje.

    Desde luego es un sujeto y es un predicador. Es poeta; lo sabe y lo practica. Su palabra, en tanto código civil, le permite opinar y denunciar y, al mismo tiempo, recordar a sus pares cuál es el verdadero sentido de esta trayectoria. Aunque a veces se ríe de sí mismo: Anduve y anduve -ocho años al hilo-/ que se cortaba, /con un peso en las espaldas/ -llamado cesantía-,/ y yo firme con  mi Socialismo Utópico/ haciendo el ridículo.

    Hay una voz de sabiduría en Renán Ponce y esa voz -que resuena en la memoria como repetido sonsonete- viene del campo y de la reflexión campesina, de ese estar solo frente al universo. La ciudad le ha dado el silencio y la amargura, condiciones también propicias para especular sobre el destino humano por medio de la poesía, esa desconocida/ que lo descubre todo.Cuentos de poesía oculta
    Un camino hacia la nueva sencillez propone Ponce en su más reciente producción. La búsqueda del simple reflejo de la totalidad, que se encuentra en las cosas, nos puede conducir a la raíz, al profundo espacio donde la verdad germina. Para ello, dice, debemos observar, poner en acción nuestros sentidos, pues aquel es el mecanismo que la naturaleza  en su proverbial sabiduría, nos ha proporcionado. Tal conocimiento, nombrado como belleza en el territorio de la poesía, está al alcance de la mano, pues la belleza es curva,/ ondulatoria (...) y de no ser así/ no entraría en nuestros ojos.

    La inmediata comunicación entre espacio vital y cosmos persiste en cada una de las fibras del tejido universal, en lo permanente y eterno. Como dice el poeta, se encuentra con la sabia desmesura del cilantro. Para hallarla, debemos recurrir a las artes primarias, pues la poesía es una forma de iniciación. Desmesurado a veces y absoluto en la sentencia, su utopía no es otra sino la vieja cuestión entre el signo y el símbolo. 

    Quienes ven a Ponce como un poeta ingenuo o simplemente intuitivo caen en su trampa. En sus Cuentos de poesía oculta, sólo para lisiados recurre a una actitud similar a la de los grandes cultores del género; la actitud del vate. Ubicado a mayor actualidad, el título refleja la inversión de las “Apariciones profanas”, de Óscar Hahn; o una respuesta más viable a la final determinación de Alejandra Pizarnik. Pero allí está.

    Humano, más humano por cierto, en su intento pretende develar con la luz de la palabra el misterio general de la poesía y el secreto del signo; como ya se sabe, su fracaso ante lo real. Y aunque hombre, el cultor de estos versos se ubica un paso más allá al creerles a todos los signos cuanto nos dicen en verdad; aunque el juego de la verdad/ es no alcanzarla.

    Trotando en los versos con cierta fingida parsimonia, Ponce, se presenta ante nosotros como alguien -uno más de la tribu- con ciertas “inquietudes ontológicas”, como un sujeto algo interesado por la filosofía, en especial la metafísica, perplejo frente a la inmensidad. Que el desconfiado lector tome sus palabras con el mismo escalpelo y descubra en ellas un orden más profundo y ancestral, es una sana recomendación. El poeta es un gran balbuceador; pero cuidado; balbuceo y risa significa carcajada.

    Renán vive en una dirección y luego se esfuma de ella. Como habitante también es balbuceador. Si juntáramos las casas donde ha vivido con Axa, su poeta esposa, tendríamos una ciudad patrimonial. Cuanto los críticos literarios no saben es que el poeta Ponce, en verdad, se esconde de un fantasma, una sombra que lo ha perseguido durante años con sus versos y su ritmo cansino para dictarle cuanto ha escrito. Se trata de la figura de Santander, un lujurioso seductor que perseguía a la famosa tía aquella por los corredores de una casona en el Cerro Concepción. Santander, esta sombra germinada en la imaginación de esas tías eternas que uno tiene y va sumando a la literatura, le indicó escribir, allá por los recientes ochentas, y esto es cuanto ahora tenemos.

    Renán Ponce Vicencio nació en Quebrada Alvarado, al interior de Limache. Ha publicado Cuando había menos luz (1981), Sol terrestre (1987 y 2003), Breviaturas (1991 y 2005), Cartas temporales (1993), Sujeto Predicado (1998) y  Cuentos de poesía oculta (sólo para lisiados) (2002). Después de años en Valparaíso, reside actualmente en Quillota junto a su esposa, la poeta Axa Lillo.

    Renán Ponce Vicencio nació en el valle central, al interior de esta región, como el cuarto hijo de una familia campesina. Su hermano mayor, relataba el poeta una tarde al recorrer el estero de su pueblo, solía esconderse de él, allí, entre arbustos y pedregosos bordes, broma que hacía caer al poeta en un profundo estado de abandono. Exequiel, como se llamaba, desapareció luego en la historia.

    Su figura ha ido adquiriendo relevancia luego de una tardía aparición en las letras. Antes ejerce diversos oficios, desde una temprana militancia en la Armada, la cual abandona por su absoluta incapacidad militar, hasta jubilado portuario. Fue farero, radiotelegrafista, guarda almacenes y mecánico tornero.

    Ha obtenido algunas breves distinciones, esquivas para la finura expresiva y la calidez de sus versos; líneas con tintes láricos bastante definidos -la evocación y cierta nostalgia de algún perdido paraíso- que lo vinculan más a Efraín Barquero que a Jorge Teillier. Y una breve, medida, cuando no cauta ironía atraviesa estos versos.

    Marcelo Novoa, refiriéndose a Sujeto Predicado, apunta algunas características: verso sencillo y hondo, honestidad, sabiduría, humanismo, discreción, esencialidad, en fin, “punto aparte de la poesía porteña”. Los poemas que allí figuran resaltan ese buen decir reiterado a través de sus ediciones. Ponce versifica en distintas métricas en torno a endecasílabos y su hablar cotidiano se enfrenta a un medio que lo desconoce en perjuicio del ente social: Algo dijo entonces que perdía alguien/ Que había una rotura en el espejo/ Un grave deterioro en las razones. El fenómeno responde a una torpe ceguera que el autor delata escondido tras una falsa humildad.

    Pero en el país de los ciegos el verdadero condenado es el tuerto. La búsqueda de la trascendencia a través de algún talento específico es un empeño inútil y desacralizador: Escribí por oscuras razones de estado/ Entre otras cosas en busca de trabajo/ Para hallar consuelo por una antigua deuda/ Que me librara de tanto encierro miserable. Y, sin embargo, la continuidad en el oficio parece, en definitiva, ser la única solución. Es, como se ha dicho, la vida que nos tocó vivir; o más bien la tarea designada en este falso libre albedrío, para disfrute de los dioses: Yo soy el orgulloso, grano tal vez de un cultivo oscuro (...) molesto alfil de este juego sucio.

    Pero no acepta, y no lo habrá de aceptar en tanto sea poeta, la ruindad espiritual. Está aquí para deconstruir la manida fórmula moral del poder. El eufemismo ha ido demasiado lejos y es hora de reorganizar las piezas sobre el tablero. Refiriéndose a la memoria, apunta sobre el tema: De alguna parte viene ese llamado/ A marcha forzada bajo el horizonte/ Golpea la vista con un albatros/ Hace señales incomprensibles,/ pide ayuda en antiguo lenguaje.

    Desde luego es un sujeto y es un predicador. Es poeta; lo sabe y lo practica. Su palabra, en tanto código civil, le permite opinar y denunciar y, al mismo tiempo, recordar a sus pares cuál es el verdadero sentido de esta trayectoria. Aunque a veces se ríe de sí mismo: Anduve y anduve -ocho años al hilo-/ que se cortaba, /con un peso en las espaldas/ -llamado cesantía-,/ y yo firme con  mi Socialismo Utópico/ haciendo el ridículo.

    Hay una voz de sabiduría en Renán Ponce y esa voz -que resuena en la memoria como repetido sonsonete- viene del campo y de la reflexión campesina, de ese estar solo frente al universo. La ciudad le ha dado el silencio y la amargura, condiciones también propicias para especular sobre el destino humano por medio de la poesía, esa desconocida/ que lo descubre todo.

    Cuentos de poesía oculta

    Un camino hacia la nueva sencillez propone Ponce en su más reciente producción. La búsqueda del simple reflejo de la totalidad, que se encuentra en las cosas, nos puede conducir a la raíz, al profundo espacio donde la verdad germina. Para ello, dice, debemos observar, poner en acción nuestros sentidos, pues aquel es el mecanismo que la naturaleza  en su proverbial sabiduría, nos ha proporcionado. Tal conocimiento, nombrado como belleza en el territorio de la poesía, está al alcance de la mano, pues la belleza es curva,/ ondulatoria (...) y de no ser así/ no entraría en nuestros ojos.

    La inmediata comunicación entre espacio vital y cosmos persiste en cada una de las fibras del tejido universal, en lo permanente y eterno. Como dice el poeta, se encuentra con la sabia desmesura del cilantro. Para hallarla, debemos recurrir a las artes primarias, pues la poesía es una forma de iniciación. Desmesurado a veces y absoluto en la sentencia, su utopía no es otra sino la vieja cuestión entre el signo y el símbolo.

    Quienes ven a Ponce como un poeta ingenuo o simplemente intuitivo caen en su trampa. En sus Cuentos de poesía oculta, sólo para lisiados recurre a una actitud similar a la de los grandes cultores del género; la actitud del vate. Ubicado a mayor actualidad, el título refleja la inversión de las “Apariciones profanas”, de Óscar Hahn; o una respuesta más viable a la final determinación de Alejandra Pizarnik. Pero allí está.

    Humano, más humano por cierto, en su intento pretende develar con la luz de la palabra el misterio general de la poesía y el secreto del signo; como ya se sabe, su fracaso ante lo real. Y aunque hombre, el cultor de estos versos se ubica un paso más allá al creerles a todos los signos cuanto nos dicen en verdad; aunque el juego de la verdad/ es no alcanzarla.

    Trotando en los versos con cierta fingida parsimonia, Ponce, se presenta ante nosotros como alguien -uno más de la tribu- con ciertas “inquietudes ontológicas”, como un sujeto algo interesado por la filosofía, en especial la metafísica, perplejo frente a la inmensidad. Que el desconfiado lector tome sus palabras con el mismo escalpelo y descubra en ellas un orden más profundo y ancestral, es una sana recomendación. El poeta es un gran balbuceador; pero cuidado; balbuceo y risa significa carcajada.

    Renán vive en una dirección y luego se esfuma de ella. Como habitante también es balbuceador. Si juntáramos las casas donde ha vivido tendríamos una ciudad patrimonial. Cuanto los críticos literarios no saben es que el poeta Ponce, en verdad, se esconde de un fantasma, una sombra que lo ha perseguido durante años con sus versos y su ritmo cansino para dictarle cuanto ha escrito. Se trata de la figura de Santander, un lujurioso seductor que acosaba a la famosa tía de Axa, su fallecida esposa, por los corredores de una casona en el Cerro Concepción. Santander, esta sombra germinada en la imaginación de esas tías eternas que uno tiene y va sumando a la literatura, le indicó escribir, allá por los recientes ochentas, y esto es cuanto ahora tenemos.

    Resume de biografía
    Renán Ponce Vicencio nació en Quebrada Alvarado, al interior de Limache. Ha publicado Cuando había menos luz (1981), Sol terrestre (1987 y 2003), Breviaturas (1991 y 2005), Cartas temporales (1993), Sujeto Predicado (1998) y Cuentos de poesía oculta (sólo para lisiados) (2002).

    Publicado por Juan Cameron





    De la poesía, el hombre y la risa. Entrevista a Renán Ponce

    Por Diego Alfaro Palma

    La siguiente entrevista fue realizada en junio de 2007 en la casa de Renán Ponce y Axa Lillo en Limache, para el dossier que preparaba sobre su obra la revista Antítesis. Gonzalo Gálvez e Ismael Gavilán me invitaron a realizarla y luego se editó y apareció en esta publicación más una selección de su obra. Lo que a continuación comparto es la entrevista en su totalidad, sin cortes ni correcciones como una manera de honrar al amigo y poeta que acaba de partir.


    Renán y Axa

    Un verso que adjudicamos al sabio Ezra Pound dice: “la risa es el fin de todas las cosas”. Lo cierto es que al conversar con Renán Ponce la risa es el comienzo y el final, el alfa y el omega. No por esto estoy diciendo que no se pueda hablar seriamente con él, sino que desde la mirada irónica que posee su lenguaje, se puede llegar a deambular por los temas más variados, con la soltura que sólo nos puede dar una carcajada.

    Con una puntualidad inglesa llegué a la hora prometida a la puerta de su casa, donde me recibió junto con su compañera Axa Lillo, también poeta y que hace pocos meses recibió una mención honrosa en el Concurso Regional de Poesía. Junto a ellos un par de graciosos canes hacían el escándalo necesario para que la entrada y los saludos fueran más complicados de lo normal, pero así y todo logramos instalarnos en su living, que inmediatamente contrarestó con su colorido el gris del cielo de aquel día.

    Renán me cuenta acerca de sus trabajos poéticos en proceso y de un futuro libro acerca de frases populares, de los que es un sabido coleccionista. Nos reímos con algunas historias del mundo campestre y su cultura particular, con ofensas como “¡ese es un sepa e’ boldo!” (aquello que no arde, que no sirve para nada) y el relato de una serie de anécdotas que fueron acompañándonos alrededor de toda la tarde.

    Tras la entrevista Renán y Axa me invitaron a pasar su biblioteca, una pieza tapizada de lo indispensable para un par de autodidactas. Junto a Spinoza y Crocce se alzaba Bachelard, Horacio y Plotino, la obra completa de Huidobro compartía espacio con Shakespeare y una larga serie de delgados librillos de poesía.  Esta entrevista recrea al menos el proceso de conocimiento y formación de un poeta y una persona considerable. Abrimos la lectura de alguien que como Einstein –a quien hizo el juego de imitar-  no se juzga como inteligente, pero sí como un curioso.


    ¿Con qué te tropezaste para caer en la poesía? ¿Con qué oscuras razones de Estado?

    Me tropecé incluso antes de las razones de Estado. Me tropecé con la medianía de la cotidianidad, con la falta de humor y  la falta de inteligencia. Me tropecé con cierta vulgaridad.

    En los lugares donde trabajé –porque no me daba para más de acuerdo a mis estudios- me di cuenta que cuando hablaba poseía una visión distinta al resto. Como mi poesía, yo tengo el  don de la ironía y en muchos de estos lugares hice reír a mucha gente y reconocí esa aceptación, que no se dice, pero que uno sabe que anda en el aire, pues ellos mismos se me acercaban al ser yo el fulano que manejaba otro ámbito del conocimiento.

    Siempre tuve claro eso, además desde niño, en las primarias –que es lo que estudié en el colegio de forma regular- fui ayudante de la profesora y le enseñé a leer a algunos amigos…Hace algún tiempo atrás me encontré con uno de ellos y me llevé la sorpresa que se le olvidó leer… ¡Y yo que me sentía tan orgulloso!

    Bueno, nosotros éramos siete hermanos, con Ezequiel, que es una referencia inevitable,  porque era 5 años mayor que yo, con el cual tuve una buena relación como se puede suponer con esa diferencia de edad. Pero de todas formas tuvimos problemas, porque como éramos tantos, nosotros discutíamos y peleábamos por el centro de operaciones, de las miradas y los favores de nuestros padres,  para ganarse el aprecio y el orgullo. Y yo hacía el siguiente ejercicio: dormíamos todos en la misma pieza, entonces mi mamá antes de acostarse nos sacaba las pulgas; con una vela, iba por todo el lugar uno por uno –y eso que dormíamos de a dos, yo con Ezequiel- y yo escuchaba clarito cuando las mataba, y les echaba sus garabatos también. Entonces comencé a descubrir que todos mis hermanos caían en la cama rendidos en cuanto se acostaban, y no sabían más de su espíritu –y bueno, no digamos que sabían mucho del espíritu-, y mi papá y mi mamá, después de toda esa operación, se ponían a conversar. Y para que ellos no sospecharan que yo estaba escuchando me hacía el dormido cuando mi mamá pasaba por la cama nuestra; yo aguantaba todo ese momento con frío, con la sábana tirada para atrás, lo soportaba estoicamente y así lograba escuchar la conversación casi diaria de ellos. Y ahí yo me enteraba de lo que pasaba, de que era un top-ten, de que tenía el favor de mi mamá, que era una mujer extraordinaria, de esas mujeres que hacen de la maternidad votos de santidad, que se dedican por entero; a pesar de ser huasa, tenía un carácter muy amable y muy fino; ella tenía el tono huaso en su hablar, pero no recuerdo haberle escuchado palabras mal dichas. Mi papá hablaba mucho más, él si que era un pillo. Un tipo con una inteligencia superior a la común…



    ¿Desde ahí vendría tu encanto por el relato?

    Claro, por buscar esa otra lectura, por sacarle el jugo a las palabras. Cuando él contaba un chiste yo me reía a carcajadas, mientras los demás no entendían. Establecimos una relación muy bonita y de él saqué la habilidad de la ironía, de reírme de la vida, de cosas brutales. Pero desde muy niño capté que la vida es breve, que no es lo que la mayoría de la gente creía, que nos íbamos a morir un día. Y es por eso que traté de conquistar lo antes posible una independencia, para dedicarme a leer, a escribir y a cantar –pues me fascinaba el canto, en parte por los cancioneros que llegaban a la casa.

    El primer libro de poesía que leí con esa cierta atención en la que tú puedes separar o reconocer de las otras lecturas de las que has hecho, que se convierten en un descubrimiento, en una gran revelación, fue a los 28 años.



    ¿Y cuál fue esa lectura?

    Una antología de Neruda. Porque yo lo había leído y lo había dejado, y así por mucho tiempo, hasta que lo retomé y descubrí de qué se trataba este juego tan serio.



    Y de todo ese mundo campesino que tú viviste en la infancia cómo dirigiste su influencia hacia tu poesía, que está muy presente en los dichos, en los refranes y en el mismo carácter de tu voz, que es de un carácter terrestre.

    Por una razón muy simple, porque yo estando por más de 45 años en Valparaíso no dejé nunca de ir a Quebrada Alvarado. Yo nunca me desconecté de ahí, nunca perdí mis raíces. Porque si pasaban tres semanas en que no iba hacía todos los esfuerzos para estar allá y gozar viendo los cerros que había corrido cuando niño, acompañado con los amigos de la infancia, tomando cerveza o vino, yendo al único negocio que había.

    Yo nunca perdí ese contacto, aunque mi hermano si, porque se vio obligado a vivir en la ciudad. Aún yo veo a alguien y le digo “tú eres hijo de fulano de tal, de la familia tanto”.



    ¿Otra conexión con ese mundo pudo haber sido Violeta Parra?

    Por supuesto. Para mí Violeta Parra es la poeta con doble mayúscula…y eso se está entendiendo. Para mí Violeta Parra pudo haber sido un Nobel fácilmente con todo lo que hizo, porque no sólo hizo poesía popular, sino también canciones y sus telares que los expuso en el Louvre, eso es único; porque todos los europeos están detrás de todas estas cosas originales, propias y campestres porque ellos lo han perdido, y así estuvo por más de dos o tres meses en exposición, incluso Rockefeller le compró un Cristo Negro bordado que hoy vale millones.

    Lo que le impresiona a uno es que no hay por donde verle algún grado de inautenticidad, pues ella hacía todo desde lo más profundo de su ser, porque como dicen: “lo que no puedes saber, lo puede el sentimiento”. Violeta es contraria a la gran civilización occidental científica que es la del saber separado del sentimiento, porque es en el sentimiento dice ella que se da el amor, el que finalmente le da sentido al mundo.



    ¿Como autodidacta y curioso cómo fue tu proceso de formación? ¿Cómo fuiste entrando al mundo de la poesía, más allá de esa primera lectura de Neruda, pues tu poesía es cosmogónica, se nutre de distintas fuentes?

    Porque yo fuera de todas mis inquietudes locas, contrariamente a lo que se piense, tenía una afición tremenda por las matemáticas; a mí no me puede hacer tonto con eso…



    ¿O sea que si te toca la puerta un número no sales corriendo? 

    No, para nada, le digo “Hola, ¿Cómo te va tres?” Y él a lo más me dirá, “¡Ey, no, soy un diez!” (Risas). Bueno, pero yo tenía sueños tan locos, cosas de niño, así como que más o menos quería enmendarle la plana a Einstein. De hecho, a partir de la teoría de la Relatividad, yo quería hacer algún descubrimiento a través de la matemática o de la física, y esa era mi intención y la poesía fue una cosa que surgió después. Mira, yo hice  una martingala –como le dicen los sofistas-, un cálculo a partir de la famosa ley del factor Pi; como factor aumenta y multiplica; 3,1416 es el número de veces que el radio de un círculo cabe en la circunferencia. Y yo saqué un factor -pensando en por qué ocupar un factor tan complicado- que era aproximado y se lo pasé a ingenieros y matemáticos que nunca descubrieron cómo yo había llegado a eso.

    En ese tipo de cosas me entretenía y se me pasaba el tiempo, porque no tenía apuro por algunas cosas, porque yo además me valía por mí mismo y porque fui amante, viví con mujeres, incluso tuve romances dramáticos y eso obviamente que me sacaba de la pista. Entonces viendo que no me funcionaba ni el canto ni las matemáticas, y como siempre andaba con la intensión de escribir algo sobre Quebrada Alvarado, sobre mi experiencia allí, me volqué a la poesía. Pero en un momento cuando empecé a darme cuenta cuál era el sentido, lo que le daba sostén e importancia, a través de la poesía, me quedé con ella. Al tiempo que escribía me daba cuenta que tal o cual poema se parecía a Neruda o a Oscar Castro, que yo ya lo tenía como un poeta popular y de menor cuantía. Y ahí me saqué la camisa de once varas y los catorce barrotes, y cuando me di cuenta de ello encontré lo extraordinario que era y lo difícil. Tuve la suerte de relacionarme en la Quebrada con Hugo Bolsac que fue Premio Nacional de Periodismo, que fue contemporáneo de Violeta Parra.



    ¿Tú dirías que la poesía es un trabajo como cualquier otro, o es un ocio como diría Tibulo y los demás latinos?

    Yo creo que hay de las dos cosas. No me gusta mucho la afirmación de que es un oficio, es como hacerle un favor a la poesía. Hay inspiración y dedicación, pero no es un trabajo como todos los que yo he hecho, eso no tiene nada que ver. Dejémonos de cuentos, creo que considerar la poesía de esa forma tiene que ver mucho con política, con una visión más ideológica del arte. Habrá que encontrar una forma que no sea ideológica, aunque no exista todavía.

    Obviamente que la poesía parte de la realidad, desde ese punto de vista podría llegar a entender que es ideológica, porque si alguien tiene una visión del mundo determinada eso se va a ver reflejada en su poesía.

    Por mi parte yo me dediqué a limpiar de malezas mi terreno, le saqué las piedras que estaban de más y después de eso me fui construyendo una base cultural, pobre para lo que a mi me hubiese gustado, pero fue suficiente. Yo creo que nace gente con un talento ya revelado…



    ¿Tú crees que eso es un don?

    Sí es con minúscula, si –no vamos a hablar de “gracia” tampoco. Ese “don” es lo más terrestre posible, no tiene por qué venir de arriba. Probablemente mi don era breve, como de un octavo kilo, pero siempre hubo en mí una fuerza y una conciencia de ser distinto, de que estaba dotado de algo diferente. Y cuando tú comienzas a forzar eso, llega un instante en que te da resultado; como dicen en el campo “cualquier tonto aprende”. Todo depende de la intensidad con la que lo sientas.



    Es decir, que el poeta maldito no existe para nada…

    Para nada. Fue tanto lo que forcé mi espíritu que llegó el momento que estando en Quebrada Alvarado sufrí o gocé una especie de revelación…y yo que no creo tener fe religiosa. Hay gente que dice que yo no soy un escéptico, y personalmente creo que es bueno creer, aunque sea un poquito.



    Tú propones en tu poesía la visión del hombre como una herida, como algo que está abierto y al mismo tiempo dolorosa, porque es un alma que “sufre porque desconoce”, dices. Y al mismo tiempo hablas de la infinitud del espíritu con todas sus posibilidades. ¿Cómo se convalidan ambos?

    Yo tengo un aforismo que dice: “El espíritu conoce y goza/ el alma desconoce y sufre”. Esa es la definición que tengo para espíritu y alma. Tú sabes que el alma es una introducción brillante de Platón; y por todo lo que he leído he deducido que el espíritu es la inteligencia y el alma es el ánimo, la voluntad. Y dime tú si no hay un matrimonio inevitable entre alma y espíritu. De alguna manera el alma es tu almohada, tú puedes estar desconectada de ella todo el día, pero llega la noche y te conectas con ella. Pero no me preguntes de dónde saqué el aforismo; yo cuando leo no hago fichas, porque o sino sería un erudito, y no quiero ser un erudito.

    Pero pareciera que todo esto parte de la condición de un creador de que las cosas que lee y aprende las va alojando en un lugar. Es gente que ocupa muy bien ese patio trasero, donde muchas veces se echa la basura. Y bueno, yo me he sorprendido de cosas que he dicho o escrito, como “la poesía, esa desconocida que lo conoce todo”. Esto se conecta con el “Arte y poesía” de Heidegger que estoy releyendo, donde la poesía está entendida desde Holderlin –el poeta de poetas o el poeta de la poesía-, que “poetizar es la actividad más inocente”, porque al hombre le fue dado el bien más peligroso, que es el lenguaje que es donde finalmente se muestra, es decir, el lenguaje es el alma.



    ¿En ese sentido tú crees que un poema como discurso, como un ejercicio de lenguaje o como algo más que eso, como un espacio develador puede llegar a matar a un hombre? ¿La poesía puede realmente destruir a una persona?

    La poesía puede cambiar radicalmente a una persona, no sé para qué signo. Si pensamos en Rimbaud, lo cambió al lado negativo desde el punto de vista nuestro, porque pudo haber seguido escribiendo cosas estupendas, y Rimbaud se consumió. Eso puede ser un ejemplo de la poesía matando a un hombre, pues tuvo muchos más problemas en su vida en África que cuando cultivaba su poesía y peleaba con Verlaine.

    Lo que si tengo claro, es que un poema o un verso abre un mundo. Y abre dos mundos, el de la inteligencia y el de la sensibilidad. Desde la inteligencia nadie puede ser humilde, pues hay un goce tremendo, porque cuando uno escribe un verso siente ese goce y hasta un sentimiento de superioridad incontrolable… y no creo que eso lo vaya a negar Parra. Porque es ahí cuando tu sientes el matrimonio entre el alma y el espíritu, por que quién no siente placer cuando le dicen que ha hecho algo inteligente. Con la inteligencia tú puedes ejercer una especie de territorio…



    Que también puede ser peligroso…

    Claro que sí, pero si tú eres realmente inteligente estas cosas que parecen excesivas se pueden llegar a dominar.



    En tu formación como poeta y como autodidacta tuviste la suerte de contar con un grupo de personas que se reunían a leerse y a conversar

    La verdad que estando yo trabajando nunca me acerqué a un grupo, lo que hice fue siempre fue mirar desde fuera. Cuando yo tenía 28 años, Cameron tenía 21 y era un cabro chico pelusa que siempre andaba acompañado, y se metió en la Sociedad de Escritores de Valparaíso y dio un golpe de estado -estamos hablando del año 67. Se hizo nombrar presidente y la verdad que la sociedad era manejada por un señor español de apellido Modesto Pareda que manejaba grupos de gente que no sirven de nada para el que tiene real interés en la poesía. Y yo miraba desde fuera eso, sabía quienes eran todos ellos, como a Manuel Astica Fuentes y Luis Fuentealba que lo iba a escuchar en un café llamado “Virgilio”…unos recitales que terminaba dando solo.

    Pero como te dije antes, llegó un día en que yo me sentí atravesado, forzado por un estado de alegría, felicidad, inteligencia, comprensión, apertura, gozo y belleza inmensa, al grado que me sentía asfixiado. Desde ese día yo ya no sentía pudor en decir que era poeta y desde ese día tomé a la poesía como algo fundamental en mí.



    Yo sé que tú eres buen lector de Octavio Paz y él habla de la poesía como una revelación inquietante ¿Tú crees que la belleza se apoderó de ti?

    Yo creo que el conciente levantó la alambrada que separa al inconsciente y le agregó un par de centímetros. En todo esto Dios sería la conciencia absouluta y el custodio de la verdad, ese es su papel.



    Como dijimos que la poesía puede matar a un hombre, crees que ella puede afianzar la identidad, pues es escarbar en el inconsciente  ¿Te ha servido para saber quién eres?

    Si, claro que si porque la poesía es un instrumento de descubrimiento, que devela el ser más profundo. La poesía es intemporal, detiene al tiempo, es el instante donde está todo, pero el problema está en que no es permanente, porque no estamos preparados para su verdad. Porque la poesía es el medio para conocer parte de esa gran Verdad.

    La ciencia también va detrás de esa Verdad y pareciera que fueran dos mundos irreconciliables, pero como yo digo “La fe y la ciencia jamás serán vencidas”…pero creo que dice que es sólo para mayores o algo así…(Risas) Porque ya eso de “la izquierda y la derecha unidas jamás serán vencidas” es típico del ramplón de Parra, porque de verdad debemos de llegar a la unión de la fe y el conocimiento científico como civilización, no hay otra alternativa.



    Pero como la poesía puede ser una verdad, y a la vez se puede reír del mundo, tú has desarrollado un instrumento que se llama ironía: ¿Qué se descubre con el humor y que novedad le brinda a la vida?

    Yo digo que los humoristas son suicidas en potencia. Ya conocemos ese lugar común que afirma que “el humor es lo más serio que hay”, que es la máxima contradicción a la que se puede llegar. Es la contradicción que mueve al mundo finalmente, que es la vida y la muerte. Cuando uno se sale del calendario colgado en la muralla y comienza a filosofar con el otro, ¿qué sentido puede llegar a tener la política y la patria, todas estas construcciones, odiar o pelearse con el vecino?…lo que no puede dejar de tener sentido es que tu debas en algún banco.

    Cuando yo me di cuenta de esa capacidad de ironizar del humor fue con mi padre, por eso que yo tengo un verso que dice “cuando niño mi papá me llamaba el filósofo”, porque confundió filósofo con poeta.



    ¿Cuánto te influyó la anti-poesía para forjar tu propia voz y para darle ese sustrato de humor e ironía?

    Yo nunca tomé en serio a Parra (Risas). Ni siquiera en momentos de mucha generosidad, porque en su primer libro, y hablo del anterior a los Antipoemas, lo consideraba un poeta popular, uno menor, común y ocurrente. A mí nunca me ha parecido un buen poeta, habrá gente que dirá que soy un estúpido y respetaré sus comentarios.



    ¿Cuáles serían entonces los poetas relevantes, los que te marcaron a fuego?

    Primero que nadie Vicente Huidobro, creo que me siento muy cerca con él, aunque el quizás fue más lírico –y lo digo en el mejor sentido- y yo más filósofo. Él inauguró una forma distinta, creó nuevos mundos. Una vez me dijo Marcelo Novoa –que siempre me hace barra- algo que me sorprendió: que Gabriela Mistral y yo arrancamos desde el campo, de la experiencia campesina, y el encontró esas resonancias en mi obra. Tiene toda la razón y es absolutamente comprensible.

    Anguita es otro importante y Humberto Diaz-Casanueva con su poesía metafísica. En Enrique Lihn veo un matrimonio muy importante entre fondo y forma y una discursividad que creo haber adoptado. Otros son Silva Acevedo y Raúl Zurita (por lo menos sus dos primeros libros), porque uno no lo puede dejar afuera pues se le puede comparar –no sé en qué grado- con Vicente Huidobro. Por otra parte Maquieira, Carmén Berenguer, Rosabetti Muñoz, Alexis Figueroa, Damsi Figueroa… pero son poetas que se quedaron ahí.



    ¿Y qué tiene de nuevo tu poesía frente a la generación que la precede? Me refiero a Lihn, Teillier, Rubio y Uribe.

    Creo que mi poesía tiene la gracia, la fuerza y la vitalidad. La fuerza está en la conversación entre la forma y el fondo, que pareciera que está en desuso. Pero yo me siento deudor en la medida precisa, en la menor medida posible, pero creo que así y todo hay algo de originalidad que hace que sea leída, que se mantenga y que guste a los que saben y no saben. Porque creo que aunque sea una poesía que es directa esconde algunas joyas, esconde detrás de sí, y eso lo da la capacidad de reflexionar filosóficamente. Alguien dijo por ahí que mi poesía es interceptiva, pues es una crítica inteligente, bella, con humor, donde también hay un grado de originalidad matemática. No he tenido fijación por temas, sino que he sabido variarlos. Es retórica en la medida justa. En otras palabras yo no trato de hacerle el quite al asunto, ni de inventar para rellenar, lo que menos tiene mi poesía es relleno.

    El poeta de verdad es aquel que induce al lector y lo convierte en su complemento, que lo invita a crear sobre lo creado.



    ¿Tú crees que la poesía de tu generación, de la gente que escribía en Valparaíso llegó a estar a la altura de la situación en plena dictadura; crees que se llegó a construir un discurso fuerte contra ese proceso?

    En líneas generales yo creo que si. Pero por supuesto que ahí caían moros y cristianos. Cada cual hizo lo que pudo, pero de todas formas creo que quedaron obras y nombres. Está Cameron, Moltedo, Juan Luis Martinez, que fue de algún modo el soporte, pero que sin duda “La nueva novela” es una crítica también a lo que se estaba viviendo. Tiene un poema revelador ahí que es “Desaparición de una familia”, y no es nada menos que el maestro de Raúl Zurita, no por nada estuvo él casado con su hermana, se juntaban en la Santa María y en los cafés de Viña con Cameron; es decir, hay una deuda no declarada. De todas maneras me parece que Zurita superó la marca, hizo más entendible y cercano lo que había hecho Juan Luis Martinez con sus experimentos.

    Otros personajes fueron Moro, Alejandro Pérez, Marcelo Novoa, Víctor Rojas, Catalina Mcfair, Axa Lillo…pero en Valparaíso faltaron poetas mujeres, hubo pocas.



    ¿Cómo se da esto de levantar una casa entre dos poetas, entre tú y Axa. Es muy difícil convivir con alguien que tiene el mismo amor por las palabras que tú?

    No, para nada. En vez de hacernos más difícil la tarea, la ha facilitado. Primero que nada, ahora Axa puede hacer lo que yo hice a los 36 años, que es liberarse de todos los lazos con la administración pública, pues ella trabajó en el poder judicial y puede dedicarse tranquilamente a la poesía. Y como tú te podrás dar cuenta la poesía de Axa no tiene nada que con la mía. Ella recién ahora está viendo la posibilidad de un segundo libro, sabe que no es fácil. Axa tiene un carácter muy especial, que todos conocen, pues donde vas te hablan bien de ella. Creo que es muy difícil para un hombre encontrar una mujer como ella, es la personalidad perfecta para mí, me deja ser centro cuando debe serlo y ella también toma ese espacio cuando es necesario.



    Y la última pregunta: ¿Para qué o para quiénes sigues escribiendo?

    Esa pregunta es muy mal intencionada (risas). Hay quienes dicen que escriben para el mundo, para la humanidad y otros para el partido. Y bueno, yo escribo porque tengo la necesidad, obedezco a un impulso natural…y ahí yo me estoy desligando de cualquier compromiso. Si quiero escribir prosa, la escribo, eso sí, sin confundirla con la poesía, porque o sino se ensucian…son cosas que a esta altura hay que tenerlas claras. Yo creo que uno finalmente escribe para uno mismo, para gozarse y solazarse en uno mismo y en los otros, porque todos somos iguales y si uno escribe finalmente para uno, escribe para todos…como los tres mosqueteros.


    https://diegopersonae.wordpress.com/2016/03/22/de-la-poesia-el-hombre-y-la-risa-entrevista-a-renan-ponce/#more-904





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  • 03/12/17--12:17: ANTONIO OTERO SECO [20.024]

  • Retrato de Antonio Otero realizado por su hijo Mariano en 1966.



    Antonio Otero Seco

    Antonio Otero Seco (Cabeza del Buey, 1905 - Rennes, Francia 29 de diciembre de 1970) fue un escritor, poeta, periodista y crítico literario español. De ideología republicana y masón, colaboró en publicaciones como Nuevo Diario, Correo Extremeño, La Libertad, Diario de Madrid, Heraldo de Madrid, Mundo Gráfico, Estampa, La Voz, El Sol, La Verdad, Política, Misión, Mundo Obrero, Frente Rojo, Levante y CNT; y fuera de España en Le Monde, Les Temps Modernes, Ibérica o Le Monde des Livres. Después de la Guerra Civil, fue encarcelado y condenado a muerte; conmutada la pena y puesto en libertad hacia 1941, marchó al exilio a Francia en 1947, primero París y más tarde Rennes, en cuya universidad trabajó. Después de su fallecimiento, en 1973, se publicó un libro en su honor, titulado Homenaje a Antonio Otero Seco.

    Aún joven ya había publicado algunas novelas cortas en Badajoz y colaborado en los periódicos El Correo Extremeño, La Libertad y Nuevo Diario de Badajoz. Estudió Derecho y Filosofía y Letras en Sevilla, Granada y finalmente en Madrid, adonde llega en 1930 y en cuya Universidad Central se doctoró en Filosofía y Letras. Inicia su carrera literaria y periodística y frecuenta las tertulias de Pombo y de la Granja del Henar, relacionándose con escritores de la talla de Valle-Inclán, Gómez de la Serna o García Lorca. De ideología republicana y masón, colaboró en publicaciones como Nuevo Diario, Correo Extremeño, La Libertad, Diario de Madrid, Heraldo de Madrid, Mundo Gráfico, Estampa, La Voz, El Sol, La Verdad, Política, Misión,4 Mundo Obrero, Frente Rojo, Levante y CNT; y fuera de España en Le Monde, Les Temps Modernes, Ibérica o Le Monde des Livres. Su pieza teatral La Princesa Coralinda (1934) fue representada en Madrid en ese año y en Valladolid al año siguiente. Hizo la última entrevista que concedió Federico García Lorca poco antes de su fusilamiento; fue el 3 de julio de 1936 para Mundo Gráfico. Se casó con la vallisoletana María Victorina San José, de la que tuvo tres hijos. Cuando estalló la Guerra civil siguió escribiendo en la prensa republicana, donde a veces firmaba con el seudónimo de “Antonio de la Serena”, en referencia a su comarca de nacimiento. En 1936 escribió junto al comandante Elías Palma Ortega Gavroche en el parapeto, la primera novela de la guerra publicada en la España republicana.

    Después de la Guerra Civil, fue encarcelado y condenado a muerte; conmutada la pena por 30 años, fue conducido al penal de El Dueso, cerca de Santoña; sale en libertad condicional a fines de 1941 y le pusieron en libertad en 1942. En las cárceles de Porlier y El Dueso había escrito una serie de poemas reunidos bajo el título de Ausencia y dedicados a su esposa. Entonces pasó a la clandestinidad política mientras fingía ser representante comercial. Colabora en el semanario Misión, en el que escribe una serie de biografías históricas bajo el rótulo de “Claros Varones de España”, firmando con el seudónimo de Luis Herrera, por tener prohibido utilizar su nombre. Igualmente escribe dos obras teatrales en verso (La eterna enamorada, El Rey de Oros) que son estrenadas en Madrid y Barcelona a nombre de un amigo suyo no depurado, Manuel Ortega Lopo. Sus actividades clandestinas hacen que sea detenido y sometido a tortura para que delate a sus compañeros de organización. No lo hace, y éstos sobornan a uno de los guardias, con lo que consigue escapar. Un día de marzo de 1947 marchó al exilio a Francia disfrazado de cura y con documentación falsa, primero a París y más tarde a Rennes, donde se reunió con su familia y en cuya universidad trabajó.

    En París entró en contacto con la Agrupación de Periodistas Españoles en el Exilio presidida por Ángel Galarza, quien lo nombró secretario. Allí encontró a su amigo Jesús Izcaray, que ejercía el cargo de vicesecretario. Por cuenta de esta organización hizo un viaje por el Norte y Este de Europa (Dinamarca, Finlandia, la URSS) cuyas impresiones reflejará en un poemario titulado Paréntesis sonriente. En París se relacionó con hispanistas como Jean Cassou, presidente de la Association France-Espagne, o Jean Sarrailh, rector de la Universidad de París, así como con intelectuales franceses como Albert Camus o Jean-Paul Sartre. En la revista de éste, Les Temps Modernes, dio a conocer su experiencia carcelaria,10 con el objetivo de denunciar la realidad del “universo concentracionario franquista". Entre 1950 y 1952 trabajó como traductor para la ONU y la UNESCO y en ese último año, gracias al apoyo de Jean Sarrailh, obtuvo una plaza como lector de español en la Universidad de Rennes, donde tuvo entre sus alumnos al futuro hispanista Jean-François Botrel. En Rennes fue muy respetado y querido por sus alumnos, pero llevó una vida algo aislada de los círculos de emigrados españoles, concentrados sobre todo en París y Toulouse; desde 1967 sostuvo correspondencia con Miguel Delibes, iniciada con motivo de la edición de Cinco horas con Mario; escribió crítica literaria y reseñas para Le Monde y para varias revistas americanas: Ibérica (Nueva York); La Torre, Asomante (Puerto Rico); Cultura Universitaria, Papel Literario (Caracas); y una larga serie de diarios, entre ellos Tiempo (México); Mercurio, La Nación (Santiago de Chile); Venezuela Gráfica, República (Caracas); Occidente (Bogotá); El Universo, El Telégrafo (Guayaquil); Radio Universal (Buenos Aires)… En agosto de 1970 fue distinguido con Palmas Académicas “por servicios eminentes aportados a la cultura francesa”. Tres años después de su fallecimiento por causa del cáncer el 29 de diciembre de 1970, se publicó un libro en su honor titulado Hommage à Antonio Otero Seco (Rennes, 1973)8 en que colaboraron Ramón J. Sender, Victoria Kent, Jesús Izcaray, Luis Amado Blanco y escritores del interior que mantuvieron correspondencia con Otero, quien contribuyó a la difusión de su obra en Francia: Camilo José Cela, Ana María Matute, Ángel María de Lera, Carmen Conde, José Corrales Egea, Francisco García Pavón y Miguel Delibes. También empezó a publicarse gran parte de su obra inédita.

    Obras

    Obras, Rennes: Université de Haute Bretagne, 1972.

    Narrativa

    El dolor de la vejez (Badajoz, 1925)
    La tragedia de un novelista (Badajoz, 1926)
    La amada imposible (Badajoz, 1926)
    Una mujer, un hombre, una ciudad (Barcelona: Ediciones Bistagne, 1929).
    Con Elías Palma, Gavroche en el parapeto (trincheras de España). Madrid, Nueva Imprenta Radio, 1937.
    Vida entre paréntesis (relato autobiográfico inédito)

    Lírica

    Viaje al sur.
    Ausencia
    Paréntesis sonriente
    Poésie. I, 1930-1950 [Bédée]: Éditions Folle avoine, 2016.

    Teatro

    La Princesa Coralinda (1934)
    La eterna enamorada
    El rey de oros

    Varios

    Obra periodística y crítica: exilio. Rennes: Centre d'études hispaniques, hispano-américaines et luso-brésiliennes, Université de Haute-Bretagne, 1973.
    Obra periodística y literaria: antología, Mérida: Editora Regional de Extremadura, 2008.
    Madrid-Ceuta, Tetuán-Tanger S.l.: s.n., 1934.
    Écrits sur García Lorca, dont sa dernière interview, Rennes: Part commune, 2013.



    Vendrás.

    Sé que vendrás
    porque hace mucho tiempo que te espero.
    Vendrás
    pero no te veré.
    Verás mi huella:
    Una línea de sueños, de afanes, de amarguras,
    como una Vía Láctea cargada de tormenta.
    Llegarás, pero yo
    habré dejado el lecho de tantos años tristes.
    Sólo un hueco, una sombra, un molde, una canción

    (Homenaje 145).



    VEJER DE LA FRONTERA

    Vejer: Desde el automóvil
    quiero llevarte en el cuadro
    del parabrisas. Así
    te descuelgo del espacio.
    Vejer: Maqueta de pueblo
    en el azul recortado.
    Vejer: Silencio infantil
    de nostalgias traspasado,
    huyendo del verde ansioso
    que está devorando el campo.
    ¡Cómo me angustia ese verde
    que va hacia el pueblo trepando!

    ¿Quién ha tirado al azul
    ese puñal de dados?…

    Vejer: Quisiera llevarte
    en la palma de la mano.

    En la solapa del tiempo

    gira loca, loca, loca

    entre las manos del viento,
    la gran rosa de papel
    de tu molino harinero.

    Vejer: Yo quiero esa rosa,
    loca de sol y de cielo,
    para llevarla en la proa
    de mi barco aventurero.
    Dámela, Cerca, en Tarifa,
    me espera un barco velero.
    Quiero llevarla triunfante
    por las aguas del Estrecho,
    girando como una brújula
    sobre la noche del pelo
    de mi amor. Dame tu rosa
    de papel de terciopelo.

    Este poema, dedicado al pintor Alfredo Palmero, fue publicado en La Libertad, en la edición del 10 de septiembre de 1933.




    Miguel*

    I

    ¡No, que la canción se ha muerto!
    ¡No, que el árbol se ha secado!
    ¡No, que el barco ha naufragado
    antes de llegar al puerto!
    Todas las flores del huerto
    deshojan el sí y el no.
    En Orihuela nació.
    Un arcángel jesuita
    le bañó en agua bendita
    pensando en Gabriel Miró.


    II

    No cantes, que ya nos deja,
    al costado una lanzada,
    la frente cuadriculada
    por la sombra de la reja.
    No cantes que ya se aleja.
    No cantes, no cantes, ¡no!
    En Alicante murió.
    Un ibérico cainita
    le ofreció la dinamita
    pensando en el Agipró.


    III

    En Orihuela nació,
    pastor de cabras, poeta,
    a la sombra de un cometa
    que el destino le marcó.
    En Alicante murió,
    entre la hoz y la cruz.
    Cuando se apagó su luz
    un arcángel jesuita
    le ofreció la dinamita
    dentro de un verde capuz.

    *Antonio Otero Seco, Obra periodística y literaria. Antología, edición, introducción y notas de Francisco Espinosa y Miguel Ángel Lama. Mérida: Editora Regional de Extremadura, 2008, volumen II, pp. 229­230.



    a Miguel Hernández*

    Miguel, Miguel, Miguel, estás llorando
    por encontrar el ritmo de tu nombre.
    Déjame que blasfeme y que maldiga
    porque el ritmo murió tu misma muerte.

    Te encuentro y, sin embargo, te busco en todas
    partes,
    en el claro recuerdo de tu clara sonrisa,
    y en esa luminosa proyección de tus ojos
    empapados del verde huertano y entrañable.

    ¿Qué pensarán las madres de los que te mataron,
    segando tu voz clara de gallo que horadaba
    con piqueta de ritmo y pico ebrio de aurora
    el filón de tu canto en la mina del día?

    Miguel: lloro y escribo y evoco tu figura
    de campesino sabio e ingenio ciudadano
    y recuerdo aquel vino del cáliz de tus ojos
    con tu pan y tu sal de mano hospitalaria.

    ¿Recuerdas aquel día? Mi hijo había llegado
    abriendo en lloro inédito la puerta de la vida
    cuando le levantaste sobre tus hombros fuertes
    mi hijo en redondo como en la Eucaristía.

    ¿Por qué agujereaste, al nacer, la cayada
    de pastor de rebaños, de almendros y de musas
    que encontraste en la cuna como ofrenda paterna,
    antes de que lo hicieran la tierra y los gusanos?

    Miguel: quiero decirte todo lo que tú sabes:
    que la rosa se ha muerto por culpa de tu ausencia
    y que este año el arado dimitió de su hierro
    porque no quiere espigas extrañas a tus manos.

    Están buscando todas las viudas de España
    –viudas de su hombre, de tu vida y tu muerte–
    tu perfil de certeza de tierra germinada
    rasgada por el trino de un ruiseñor constante.

    (Y tú, Miguel Arcángel, tú, Miguel, levantabas
    a mi hijo que abría la puerta de la vida.
    Escucha tu mensaje, su voz que te pregunta
    en un túnel de ausencia sin remedio y sin eco).

    Treinta siglos sonoros de ríos españoles
    hinchaban esas venas de tus brazos labriegos
    que mi hijo aprendía a saber levantando
    el bosque primitivo del vello de tus manos.

    Miguel, Miguel, Miguel, como a tu amigo,
    muerto en su carne de hombre y vivo en tu poesía,
    déjame que te diga con palabra entrañable
    lo que tú adivinabas de muerte y viva muerte,
    que me llega lanzado por honda de pastores.

    A las aladas almas de las rosas,
    del almendro de nata te requiero,
    que tenemos que hablar de muchas cosas,
    compañero del alma, compañero.

    París, 30 de abril de 1952

    *Antonio Otero Seco, Obra periodística y literaria. Antología, edición, introducción y notas de Francisco Espinosa y Miguel Ángel Lama. Mérida.  Editora Regional de Extremadura, 2008, volumen II, pp. 245­247.


    El hombre que hizo la última entrevista a Lorca

    Antonio Otero Seco, periodista, narrador y poeta, amigo de Chaves Nogales, escribió también la considerada primera novela sobre la guerra civil

    Por JESÚS RUIZ MANTILLA





    Desde de la izquierda, Antonio Otero Seco, general José Miaja, coronel Vicente Rojo y Elías Palma, con un ejemplar de la novela 'Gavroche en el parapeto'.


    Cuando Lorca vio a Antonio Otero Seco por última vez, le pidió un favor y le hizo una promesa. Primero, que no publicara hasta pasados unos días la entrevista que el periodista y amigo íntimo le acababa de hacer. Le juró también que le daría el primer ejemplar de su nuevo libro en cuanto estuviera listo: se iba a llamar Poeta en Nueva York. “Tendrá 300 páginas o algo más. Se podrá matar a alguien tirándoselo a la cabeza”, le dijo.

    La primera parte del trato se cumplió. La segunda, no. Un mes después, Federico fue asesinado en las inmediaciones de Alfacar (Granada). Pero las noticias resultaban tan confusas que Otero Seco (Cabeza de Buey, Badajoz, 1905-Rennes, 1970) decidió estar absolutamente seguro de aquel mazazo para publicar, el 24 de febrero de 1937 en Mundo gráfico, la que había sido, según él, su última entrevista en vida.

    Tuvieron que pasar siete meses para desenmarañar dimes, diretes y confirmar la tragedia. Unos decían que estaba escondido en casa del músico Manuel de Falla, otros que los habían fusilado a los dos. Se había formado hasta un escuadrón de estudiantes con el nombre de Mariana Pineda para ir a rescatar el cuerpo. Lo cuenta el mismo Otero Seco en Escrits sur García Lorca, recién publicado por sus hijos, Antonio y Mariano, en la editorial francesa La Parte Commune, versión bilingüe.

    Los dos han decidido rescatar la memoria de su padre. No solo han sacado a la luz este volumen que contiene íntegra aquella entrevista. También otro dedicado a sus encuentros con Picasso y Dalí, así como sus poemas. Pero en Francia. Allí es donde viven desde que Otero Seco tomara el camino del exilio y se ganara la vida como profesor en la Universidad de Rennes. “En España está absolutamente olvidado”, afirman. Tan solo los historiadores Francisco Espinosa y Miguel Ángel Lama han rescatado gran parte de sus escritos en una antología editada por la Universidad de Extremadura. “Algo encomiable, que agradecemos muchísimo”, afirman sus descendientes.

    Para ellos, la memoria es una maleta pesada pero absolutamente necesaria. El primer recuerdo que Antonio, el mayor, tiene de su padre, prende tan lúgubre como teñido de desconcierto: lo conoció en el penal del Dueso (Cantabria). “Un 18 de julio de 1941. Yo acababa de cumplir tres años y los vencedores habían tenido el detalle de permitir a los presos reunirse con sus hijos para conmemorar lo que para ellos era el alzamiento y para nosotros el comienzo de la tragedia”.

    FEDERICO ANTE EL JUEZ

    Antonio Otero Seco recuerda la luz de Federico García Lorca. Brillaba, con su dentadura blanquísima en mitad de la tez morena, lo mismo en las tertulias teatrales y literarias de los cafés que declarando ante un juez. En esos trances comprometidos era cuando podía sacar lo mejor de sí, incluso. Como cuando tuvo que declarar acusado por un guardia civil de haber ofendido al cuerpo con sus poemas. Otero asegura haber presenciado aquella escena precisamente el 3 de julio de 1936, cuando, según él, le hizo aquella última entrevista.

    “Cuando la leí por vez primera me quedé de una pieza”, asegura Ian Gibson. “Sobre todo por lo de la citación. Yo no podía, ni puedo, saber hasta qué punto Otero apuntó las palabras exactas del poeta. Pero sí dijo que el guardia, un señor de Tarragona, le pedía poco menos que su cabeza. Resulta escalofriante. No cabe duda que el poema Romance de la Guardia Civil española ofendió e incluso enfureció a no pocos ciudadanos del bando contrario y me imagino, a no pocos mandos del Cuerpo. Es muy probable que el ser su autor no le ayudara nada en los últimos momentos. Esto fue para mí lo más portante de la entrevista”, afirma el biógrafo. Lo que le extraña es que en esa época no hubiera alusión alguna a La casa de Bernarda Alba, terminada entonces. “Lorca se la leía a todo dios porque estaba muy contento con ella, por eso tiendo a pensar que pudiera haberse producido antes”.

    En ella, el poeta le comentaba infinidad de proyectos. Aparte de la culminación de Poeta en Nueva York –“Un libro sobrio y de contenido social que defraudará”, decía, “a esos lectores que echan baba lujuriosa con La casada infiel”-, la preparación de obras teatrales como la ahora conocida Comedia sin título, otra obra de inspiración andaluza, o La sangre no tiene voz, que trataba el tema del incesto. El autor le confesó que quería descansar y con tanto anuncio temía volver locos a los editores y empresarios teatrales. Por eso le pidió que aguantara un poco antes de publicar sus palabras. Ninguno de los dos imaginó lo que truncaría todo poco después.

    ¿Su delito? Ejercer el periodismo y haber mostrado apoyo a la Izquierda Republicana de Azaña. El caso guarda tanto paralelismo –en inquietudes, género y compromiso- con el de Manuel Chaves Nogales que urge una justa recuperación en su país natal. También Otero se definía como liberal y republicano. Abogaba por una tercera vía abierta, alejada de la losa dogmática encaminada a los totalitarismos y ejercía un periodismo libérrimo, muy conectado con el mundo cultural.

    Pero no solo eso. También ha pasado por ser el primer autor, junto a Elías Palma, de la que se considera novela pionera de un género que traería cola hasta el presente: la guerra civil. Y lo hizo en caliente, sin que la distancia para algunos necesaria le frenara un impulso que también bordó Chaves Nogales en sus relatos de A sangre y fuego. Este conjunto de narraciones, décadas después, ha sido reconocido como una obra maestra, precursora del nuevo periodismo 30 años antes de que, como dicen, lo inventara Truman Capote. “Los dos fueron muy amigos, compenetrados en la causa de una España alejada de los extremismos, puros demócratas”, afirma su hijo Mariano.

    La novela germen de Otero Seco y Palma se titula Gavroche en el parapeto y es una fusión de crónica y ficción necesitada también de una difusión urgente. Los autores llegaron a entregársela al general Miaja y al entonces coronel Vicente Rojo, cuando ambos defendían el asedio a Madrid [momento que puede verse en la fotografía], recoge su amigo y profesor, Jean François Botrel. “También abordó la autoficción”, afirma este. “Fue en el relato Entre paréntesis, donde cuenta su experiencia en las cárceles”, comenta Antonio Otero hijo.

    Entró en la prisión madrileña de Diaz Porlier acusado de “activísima campaña periodística contra el movimiento nacional y apología de la causa marxista, entre otras cosas”, añade Botrel. Le pidieron pena de muerte. Se la conmutaron por 30 años. Le trasladaron al Dueso para que le comiera la humedad en aquella fortaleza de horrores frente a la playa de Berria, cerca de Santoña, pero salió en 1942.

    Se introdujo en la clandestinidad política –“Le veíamos de pascuas a ramos cuando se dejaba caer por casa”, comenta Antonio-, pasó por representante comercial como escaparate del activismo político. Velaba como podía de la seguridad de su esposa, María Victorina San José, y sus tres hijos. Un buen día, cruzó la frontera a Francia disfrazado de cura.

    Allí quedó deslumbrado por París. Pero cambió el abrigo de otros colegas en el exilio y la recién estrenada efervescencia de la capital tras el girón que le habían dejado en las calles los nazis, por un puesto seguro en la Universidad de Rennes. Allí se volvió a reunir con su familia y pasó sus días, espigado y silencioso, dichoso por volver junto a su esposa e hijos, pero triste por una España amputada. Escribió para medios suramericanos y Le Monde, hasta su muerte, en 1970. Saltaba del periodismo a la novela, el teatro y la poesía en medio de una obra discreta pero constante que espera ser ahora redescubierta como merece.


    Antonio Otero Seco, Masón Extremeño
    Muerto en el Exilio

    Por Manuel Pecellín Lancharro

    Boletín de la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes


    En la biblioteca de la sección de español de la Universidad de Rennes se
    puede leer una placa que dice así: “Antonio Otero Seco, español, liberal,
    republicano, nacido en 1905, fue poeta, periodista y crítico literario; exiliado en 1947, enseñó español desde 1952 en esta Universidad y murió en 1970 de nostalgia y lejanía”.

    Dicha Universidad bretona publicaba el año 1971 el volumen Hommage
    à Antonio Otero Seco (Rennes, Centre d´Ètudes Hispaniques, Université de Haute Bretagne) para honrar la memoria del profesor recién desaparecido.

    En dicha obra colaboraron conocidos autores franceses y un importante
    elenco de firmas españolas entre las que figuran nombres como los de los también exiliados Victoria Kent, Jesús Izcaray o Ramón J. Sender, junto con numerosas personalidades del interior, con las que el finado mantenía relaciones epistolares: Carmen Conde, Ana María Matute, José Corrales Egea, Miguel Delibes, Francisco García Pavón, Ángel María de Lera o el propio Camilo José Cela, en cuyos Papeles de Son Armadans había publicado Otero, que también consiguió ver artículos suyos en Ínsula o Revista de Occidente


    Discurso de Antonio Otero Seco

    Puede apreciarse que el papel es malo, de la época, y no durará. Está
    escrito con una máquina muy baqueteada que carece de eñes y de alguna tilde, y corregido a mano por el autor. Tiene correcciones ajenas que no deben tenerse en cuenta (página 2, destructores por destructora; página 4, espinas por espigas). Las correcciones del autor son evidentes, aclara Juan Solo Abardía).

    Permitidme que mi primer saludo -junto al que siento la satisfacción de dirigiros- vaya al V. M. y a los queridos HH. de una Respetable Lo., para mí inolvidable.

    Viviría cien años en esta dura brega de buscar para mi Patria escarnecida y atormentada, un airón de Libertad, de Justicia y de Tolerancia, y me alimentaría a lo largo del camino el recuerdo imborrable de la vida y la muerte, del esfuerzo y la obra; del ejemplo y la conducta, sin flaquezas ni desmayos, de aquellos QQ. HH. que ahora evoco con emoción que no puedo -ni quiero- reprimir, y que, en estos instantes, se reúnen en mi corazón en tenida magna de fraternidad.

    Aquella Res. L. está tan unida a mi carne y a mi espíritu masónicos, a mi
    fervor entrañable por nuestra Augusta Orden, que no quiero cometer la injusticia de renunciar a colocarla en el lugar de honor de este modesto trabajo. Me habéis dado tantas pruebas de espíritu masónico; habéis sido para mí cantera de tan finas calidades; habéis sabido cumplir la abnegada y meritoria labor de conducirme por las tinieblas, proyectando sobre mis ojos la viva luz de vuestra conducta, que quiero unir mis raíces -hundidas en aquella Logia Madre- a este magnífico florecer de la Respetable Logia “IBERIA”, que, de modo tan generoso y fraterno, me ha abierto sus brazos. ¡Dichoso el que, como yo, puede tener la felicidad de sentirse vinculado a dos Logias que honran a nuestra Augusta Orden! Era aquella Logia - permitidme este nuevo viraje hacia el recuerdo- una Logia perdida “en un lugar de España”; una célula viva en la España muerta; un cuerpo estallante de vitalidad incontenible allí donde los jinetes de la tiranía franquista -más destructora que los cuatro del Apocalipsis- habían reeditado la  desolación del cabello de Atila, destruyendo todo signo de vida con sus cascos; una Logia, en fin, llena de luz pura, como un diamante en un estercolero; un vigía alerta en la España que sufre y que lucha; en la España que no se curva; en la España que agoniza cada noche y renace cada mañana; en la España que grita su verdad y que no renuncia a decirla, aunque cada palabra de protesta se engarce en el crucigrama trágico del Dictador para formar el “considerando” de una sentencia de muerte.

    Esa Logia, modesta, sencilla, callada, obscura, voluntariamente sumergida en nieblas de silencio y en abisales honduras de recato, porque el más ligero rayo de luz la hubiera quebrado en su eficacia, condenándola al fuego eterno -se llamaba “CAUTIVERIO Y VALOR”. Estaba situada, utilizando nuestras bellísimas terminologías, en los Valles de Santander, allí donde cada mañana, el mar, piadoso, venía a poner un embozo de encaje blanco sobre la tierra fría de un pequeño cementerio en el que cada noche caía bajo las balas franquistas -con una condecoración de plomo en el pecho- un racimo de españoles ejemplares.

    Estaba -repito- en los Valles de Santander y en el punto geográfico exacto en el que se alza el penal del Dueso. Limitaba al Norte con la Tiranía de Francia; al este con la Crueldad de la Falange; al Sur con el mismo Mal y al Oeste con los pelotones de ejecución del Nacional Sindicalismo; es decir, con la más absoluta negación de todo lo que nosotros representamos y contra lo que hemos jurado luchar desde el momento mismo en que el Pueblo Masónico tuvo la generosidad de pedir luz para nosotros. Allí, en medio de ese mar de sangre, la Respetable Logia “Cautiverio y Valor” era una isla de dignidad, un Robinson de amor, un menhir erguido -como un dedo justiciero- señalando el blanco eterno de la Verdad, de la Tolerancia y de la Virtud, en el centro exacto -geométrico y frío- del patio de un penal de Franco.

    Allí-V.M. y QQ. HH.- recibí mi aumento de salario con el honor que me hicieron al considerarme digno de compartir sus trabajos con el grado de Compañero. Había llegado poco antes de otra prisión franquista -la de Porlier, de Madrid- donde los masones, unidos, nos prestábamos toda la solidaridad que nos era posible en nuestra desgracia común y donde cada uno procuraba ser ejemplo, con su conducta, para el resto de los compañeros de cautiverio. Habían fusilado allí a un hermano, al que el propio tribunal militar había propuesto para el indulto, ante la limpidez de su conducta profana -fiel reflejo de sus virtudes masónicas- pero al que el Ministro de la Guerra franquista y el propio Franco no habían querido perdonar porque era masón. En la sentencia de muerte de aquel hermano y al margen de la propuesta de indulto, hay una nota de puño y letra del entonces ministro de la Guerra en la que se dice: “No ha lugar al indulto porque es masón”.

    Y debajo la firma de Franco con esta antefirma: “Enterado. Conforme”.

    Aquel masón admirable que en la prisión de Porlier era ejemplo vivo de virtudes, se llamaba Martín Manzano y era alcalde una villa heroica, que si no estuviera ya en la mejor Historia de España por haber parido a un hijo digno de este otro hermano, hubiera pasado ahora por haber parido a Martín Manzano, que era hijo y alcalde Móstoles. Su antecesor tuvo la audacia de declararle la guerra a los extranjeros invasores del suelo español. Este, luchó contra los españoles que invadían el propio suelo de la patria. En su memoria y dentro de su ataúd de fusilado “por enemigo de su Patria”, unos pobres versos míos recibieron sepultura en la tierra anónima donde tantos españoles admirables esperan la hora de
    poder estremecer de gozo sus cenizas viendo a España liberada.

    Fueron escritos mientras Martín Manzano estaba en capilla y enviados a él clandestinamente, momentos antes de que saliera de la cárcel para no volver. Con él fueron a la tierra. Decían así:


     “En esta noche negra que cubre todo el cielo
    Mientras gritan los muertos con voces traspasadas,
    Quiero decirte, HERMANO, mi adiós de despedida.
    Bajo el compás abierto de tus piernas serenas
    Pasa el río que nadie salvó con la mirada.
    Si en esa ruta tienes tu rol de navegante
    Deja que en ti salude al mejor Capitán.
    Que aguarden esos hombres que esperan en la puerta
    La corona de espigas de tus brazos labriegos
    Para cerrarla a golpes de llaves y eslabones
    Al cuello de tus manos aún no decapitadas.
    O que vuelvan al Mundo de su cuadro de Goya,
    Donde el farol devora la rueda de los días,
    Porque tú eres la Vida con sus perlas maduras.
    Tu sangre, derramada antes de ser vertida,
    Endurece la arcilla del hombre de la calle
    Y abre venas y surcos en la tierra sedienta
    Donde duermen tranquilos tus hijos y los míos.
    Toma mi corazón. Llévale en esa mano,
    Con geografía de montes y ríos de trabajo,
    Para que sea mañana una robusta encina
    Cerca del jaramago, de la estrella y la rosa.
    Me duelen tu tranquila serenidad de justo,
    Tu verdad que harakirán las duras bayonetas;
    Tu bondad verdadera, tu sonrisa de niño,
    Tus manos puerperales, de vuelta del arado;
    Y ese perdón tranquilo, de semilla espontánea,
    Sin hiel y sin vinagre, que Cristo envidiaría.
    Me duele el agua clara tranquila de tus ojos,
    Tu postura de siempre, tu voz de cada día,
    Tu cigarro sin miedo, tu tranquila conciencia,
    Tu sonrisa, tu amable despedida sin vuelta.
    Desde la alta colina en que nos dejas solos
    Déjame que te grite con voces que me llaman
    Desde todos los rumbos cruzados de la rosa
    La verdad que me dictan los hombres que no han muerto:
    Mañana, cuando se oigan avanzar nuestros pasos,
    Tu estarás con nosotros porque tu eres la IDEA’’.


    La primera tenida a que asistí en la Respetable Logia “Cautiverio y Valor” fue la tenida fúnebre en memoria del Q. H. Martín Manzano. No teníamos- naturalmente -un templo adecuado, ni podíamos, sin riesgo de la vida- decidirnos a la práctica de nuestro hermoso rito, tan cargado de sugerencias espirituales, tan llena de sugestiones poéticas inefables.

    Habíamos elegido para reunirnos la escuela de la prisión. Para mejorar el nivel cultural de muchos de nuestros compañeros de cautiverio, los componentes de la Logia habíamos hecho uso de nuestros títulos académicos o de profesiones no corrientes, para lograr de la Dirección -más atenta a realizar mercado negro con los escasos alimentos de la Colonia Penitenciaria que a sutilezas discriminadoras que nos permitiera organizar unos cursos de ciencias y de artes que debían ser explicados en la escuela del Penal, bajo la vigilancia de un funcionario de Prisiones.

    Recuerdo que, en homenaje a Martín Manzano, di una conferencia sobre “El Alcalde de MÓSTOLES” con la exacta etopeya de nuestro querido hermano. El nombre del Alcalde de Móstoles fue bastante para que el funcionario pensara que yo estaba pronunciando una conferencia “patriótica” dándole a este vocablo el sentido “patriotero” a que tan acostumbrados nos tienen los servicios de propaganda falangista.

    En aquella escuela se explicaron las más diversas ramas de las artes y las ciencias.

    Lo interesante era poder estar reunidos. Yo expliqué un curso de latín, aprovechando que en mí -ya un poco lejana juventud- había preparado oposiciones a una cátedra de esta lengua, lo que nos permitió ponernos en contacto con un enlace de otra galería, catedrático de latín, que no coincidía nunca con nosotros en el patio, y dictarle -así- nuestras instrucciones, nuestras noticias de la calle y del Mundo, nuestras alegrías y nuestras penas, en presencia del vigilante funcionario, fingiendo ejercicio de análisis gramatical en el encerado de la escuela. Otro de nuestros HH. explicaba Astronomía; otro cálculo integral; otro inglés; otro esperanto... Como ejemplo gracioso -de una gracia empapada en lágrimas, como veréis- recuerdo que un hermano fue incorporado al equipo profesoral para que desarrollara un curso de gastronomía, de recetas de cocina -concretamente- en un penal donde, por culpa de la bazofia del rancho, desprovisto del mínimo de calorías indispensable, morían de hambre cada día cuatro o cinco reclusos, en una población penal de cuatro mil. Pero no hubo otra posibilidad de incorporarle al cuadro de profesores, porque en la copia de su expediente, que se guardaba en el archivo de la prisión, figuraba con su verdadero oficio: “Cocinero”. Y, por cierto, lo había sido de la Infanta Isabel.

    Merced a aquel arbitrio podíamos reunirnos todos los días una hora.

    Cuando el oficial de Prisiones se aburría -cosa que pasaba casi siempre- se marchaba de la clase, convencido -son sus propias palabras- de que aquello “era una jaula de locos empeñados en aprender siempre cosas nuevas, sin darse cuenta de que cualquier noche les podían cortar el pescuezo”. Entonces, la escuelita de El Dueso se convertía automáticamente en el taller de la respetable Logia “Cautiverio y Valor”, porque rara era la vez que no estábamos a cubierto. Salvo los cursos generales en los que abundaban los profanos, en los que nosotros llamábamos de especialización se decían cosas tan raras para los no iniciados que acababan por dejarnos el campo libre, si no diciendo lo que el oficial de prisiones, pensándolo, por lo menos.

    Nuestra buena voluntad, nuestro fervor masónico, nuestro amor a la Augusta Orden, nos hacían ver los símbolos que faltaban en aquellas paredes ensuciadas con consignas falangistas, en mayor abundancia que carteles pedagógicos. No es una simple imagen literaria, ni un puro sueño poético, sino casi una realidad tangible: en aquella lóbrega mazmorra, en aquella celda -que no escuela- donde hasta a la Ciencia y a la Cultura se había querido encerrar en prisión, he visto, con casi tangibilidad material, la estrella Flamígera, guiado por la explicación simbólica de nuestro V. M. Y he visto, con corporeidad que casi me hubiera permitido posar mis plantas sobre ellos, los cinco escalones que hay que esperar para poder contemplar la pura luz que de ella emana.

    Quisiera recrearme en esta evocación que me canta en el alma con trinos que son luz y que brilla en el recuerdo con luces que son una canción, reiterando la evocación de aquellos instantes, volviéndolos a vivir con el íntimo agradecimiento de que aquellos hombres que quitaron de mi lado la piedra bruta para sustituirla por la piedra cúbica y encomendarme trabajos de más responsabilidad y finura artesana, me enseñaran a pulimentar también la piedra bruta de mis pasiones, de mis defectos, hasta hacerme minero de mí mismo, sumergiéndome en la noche obscura de mi yo profano -lleno de impurezas- y alumbrarla con luces que yo tomaba de su ejemplo, hasta poder concebir la esperanza de trocar la noche en claro amanecer.

    Se alza ante mí, en estos momentos, la figura del artífice de aquel taller; la silueta venerable -en todas las acepciones del vocablo- del V.M. Él era el hombre incansable que había borrado de su diccionario interior la palabra desaliento; el que sabía encontrar el arbitrio ingenioso para darle un ágil quiebro de cintura a la vigilancia; el que sabía arreglárselas para encontrar la treta audaz con que soslayar los inconvenientes que cada día se presentaban a nuestro necesario cambio
    de impresiones.

    Era un levantino con el perfil de condotiero que debieron tener Roger de Lauria y el Papa Borja. Tenía el ingenio ágil, la sonrisa pronta, la palabra clara, y el corazón en la mano como una lámpara votiva. Con la sencillez de lo sincero era ejemplo para todos por su conducta irreprochable: para los cobardes, con el espectáculo de su sinceridad; para los intransigentes, con la intolerancia a prueba de incomprensiones; para los egoístas con las manos llenas de solidaridad.

    Recuerdo que tocaba la guitarra maravillosamente, que hundía sus dedos ágiles, como una araña de nácar, en el pez negro -como un sexo sombrío- de esa bailarina mutilada de madera, hasta convertir en luz sonora la verticalidad de la reja armoniosa de sus cuerdas. Alguna vez le dije que tocaba la guitarra como ron tocar sus instrumentos esos ángeles músicos que pegan su perfil ingenuista enç los juros de las iglesias románicas de castilla o sirven de fondo a las letras capitulares de los viejos códices del medioevo. ¡Cuántas veces, junto al petate de un enfermo -de angustia, de soledad, de hambre y de carencia de medicinas- alzó el único remedio que podía ofrecerle: el de la guitarra, para que el espíritu del, doliente se empapara de las cadencias de una canción vernácula y entrañable! Aquel HOMBRE me llamó un día, y con otros QQ. Maestros de la Logia, me inició, en el ritual del grado de Compañero. Fue -no se me olvidará nunca- una tarde de Jueves Santo, en la que el capellán de la Prisión había organizado un “piadoso acto de arrepentimiento por nuestros muchos pecados y crímenes cometidos durante el Gobierno de la Anti España”. Habían cerrado la escuela y paseábamos, después del acto “de desagravio a Su Divina Majestad” por el patio de la prisión, bajo la vigilante mirada de los oficiales de servicio que no habían puesto, ciertamente, sus porras a la funerala. Allí, V.M. y QQ. HH., en aquel ambiente de beatería inquisitorial, conocí la letra G que era como el símbolo de la vida y la obra de aquel que me la mostraba: de la Gravitación equilibrada de su alma, para asegurar la solidez de aquel edificio masónico que él había levantado en una zona tan erizada de peligros; de la Geometría perfecta de su actuación, que le permitía medir y construir sobre el lugar necesario para el buen orden de la doctrina; de su generación espiritual, que le había permitido engendrar aquella cantera de hombres que servían de ejemplo a los profanos; de su genio para vencer las dificultades, con el tesón tan reiterado y sin desmayos que venía a darle la razón a Bufón cuando dijo que “el genio es una constante paciencia”; y hasta de su Gnosis que le llevaba siempre a los lugares y a los temas donde pudiera saciar su sed infinita de conocimientos. Allí supe, en aquel sombrío recinto, que “somos como las espigas de trigo”, sintiendo que mis manos florecían en cinco rosas candeales, alargándoseme los dedos como un símbolo de mi nueva edad, y “que hay que perseverar en el Bien”.

    Me gustaría poderos repetir -literalmente- sus palabras de aquella tarde, describiéndome los sentidos corporales, analizándome la significación real y la simbólica de las artes y las ciencias; de los órdenes de arquitectura; de las enseñanzas de los filósofos; de la significación del Templo y de la estrella Flamígera, pero siento el escrúpulo de empobrecer la realidad de aquellas palabras luminosas con la torpeza de mi versión personal.

    Figuraos, simplemente, lo que para un espíritu de artista, para un temperamento poético de levantino -ebrio de luz, de color, de gracia panteísta y de sales mediterráneas- podía significar el punto de partida de los cinco sentidos; del mazo y del cincel; de la regla y el compás; de la palanca y de la escuadra, sobre los que su verbo prodigioso hacía recaer la gracia armoniosa de todas las Musas.

    Recuerdo que aquella tarde me decía el V.M. -entre otras cosas- estas palabras empapadas de ternura: “Mira siempre que el masón debe ser ejemplo hasta de sí mismo, que tiene que ser tolerante y estar sobre todas las pasiones”.

    He procurado -en la medida de mi imperfectibilidad- adecuar, desde entonces, mi conducta a esta recomendación. Y he procurado ser tolerante, aunque para serlo haya tenido que ahogar en el fondo de mi alma y de mis pasiones profanas la oscura llamada de los impulsos primarios. Tolerancia, Sacrificio, Abnegación, Solidaridad ... estos son los mandatos que me he hecho a mí mismo, a esa hora en que uno se recoge para dialogar con el propio yo y hacer -como hacía Séneca- el repaso de los actos de cada día. He aquí los conceptos que allí aprendí y que he procurado poner en práctica a lo largo de estos años sombríos, en que las desgracias de mi Patria me han colocado en la situación de aportar mi modesto concurso y mi sincero esfuerzo a los que tratan de remediarlas. Tolerancia, para calar hondo, serenamente, en el espíritu de los demás y no tratar de imponer mi pensamiento por la fuerza o la coacción, convencido de que no hay peor terrorismo que el espiritual; Sacrificio para saber renunciar a lo efímero, a lo cómodo, a lo
    personal, a lo agradable, en beneficio de la felicidad de la colectividad; Abnegación para soportar las pruebas que la vida puede ofrecernos con la alteza de miras, la elevación de propósitos y la serenidad de alma y de conciencia que le permitieron a Sócrates aceptar la cicuta -sin que le temblara la mano que erguía el vasoante la mirada aterrada de sus discípulos; y Solidaridad, para no olvidar nunca que el Mundo es una inmensa familia a la que no tenemos el derecho de hurtar nuestra escarcela donde se guardan las más luminosas monedas: las de la fraternidad.

    Permitidme, V.M. y QQ. HH. Que no moleste más vuestra atención y que
    cierre este modesto trabajo con la reiteración del deseo con que se ha iniciado: El de enviar mi mejor recuerdo, con mi mejor saludo, a aquella Respetable Logia, perdida y ganada, obscura y luminosa, en “un lugar de España”, para la que se va, en esta noche, mi emoción, en compañía del triple abrazo fraternal y ósculo de paz, que os ofrezco a vosotros.

    Antonio Otero Seco 





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    Eleodoro Vargas Vicuña

    Eleodoro Vargas Vicuña (Cerro de Pasco, Perú 1924 - Lima, 10 de abril de 1997) fue un escritor peruano. Se le ubica dentro de la corriente neoindigenista. Cultivó el cuento y la poesía. Su obra literaria es breve pero bien trabajada, y demuestra en ella un profundo conocimiento del campesino indígena y su ambiente. Es considerado como uno de los principales representantes de la generación literaria de 1950.

    Hijo de Eleodoro Vargas Galarza y Julia Vicuña Avellaneda, nació en Cerro de Pasco pero vivió sus primeros años de infancia en un poblado rural del distrito de Acobamba, provincia de Tarma, departamento de Junín, donde cursó la educación primaria entre 1931 y 1936.

    Trasladado a Lima, cursó sus estudios secundarios en el Colegio Nacional Nuestra Señora de Guadalupe (1937 - 1941). Luego estudió Letras y Psicología en la Universidad de San Marcos (1942 - 1945) y en la Universidad de San Agustín de Arequipa (1946 - 1951).Por los años 50 llegó al grupo de Palermo, donde hizo famosa la frase amiguera "¡Viva la vida!", bebía tranquilo pareciera que no se mareaba.

    Realizó viajes con fines de estudio y aprendizaje por Bolivia (1948 y 1951), Argentina (1955), España, Francia, Holanda, Corea y China (1970).

    Trabajó en Radio Nacional del Perú (1951 - 1960), en la Universidad Nacional de Educación y en el Instituto Nacional de Cultura.

    Obtuvo el Premio Nacional de Poesía de 1959.

    Obras

    Ñahuín (1953; y aumentada en 1976), cuentos.
    Zora, imagen de poesía (1964), poesías, con las que gana una edición del Premio Nacional de Poesía.
    Taita Cristo (1964), recopilación de cuentos. Fue reeditado de manera póstuma en 1999, incluido Nahuín en el mismo volumen.
    El cristal con que se mira (1975), cuentos.
    Florida llama: pensamiento de la noche (1996), poesías. Premio Pucará de Poesía de la municipalidad de Pucará.
    También publicó cuentos en las revistas Oráculo (1981) y La Casa de Cartón (1997).

    Crítica

    En sus cuentos Vargas Vicuña reprodujo magistralmente el lirismo del habla coloquial de la gente campesina del ande. Su economía verbal y su precisión de adjetivos van parejas con su sensibilidad exquisita. Su método narrativo es acumulativo y a la vez selectivo: va acumulando y seleccionando imágenes líricas o poéticas del complejo mundo de creencias y comportamientos del campesino indígena, que si bien están enraizadas en lo regional, se advierte en ellas a la vez una apertura simbólica hacia lo universal, es decir a las situaciones básicas de la vida humana, lo cual es independiente del origen cultural de los autores y sus personajes. Esa apertura se denota en Ñahuín: allí se observa la presencia de los pares fundamentales: vida, muerte; generación, nacimiento; siembra, cosecha; inundación, sequía.

    El escritor Oswaldo Reynoso, que lo conoció muy bien, califica a Vargas Vicuña de 'escritor total'. "Más que narrador y poeta, era un perfeccionista". En ello radicaría la razón de la parquedad de la obra de Vargas: "Era demasiado responsable y cuidadoso al presentar sus trabajos a sus lectores. Según me ha contado su viuda, ella conserva muchos cuadernos con relatos y novelas cortas que deberían ser publicados", precisa Reynoso.

    Se le ha comparado con Juan Rulfo, el narrador mexicano que al igual que Vargas Vicuña encontró el lirismo que encierra el habla rural, manejan concisión de lenguaje y algo de onirismo. Rulfo publicó en 1953 su primera obra, El llano en llamas, un año después de publicado Ñahuín, el primer libro de cuentos de Eleodoro.Le dice a Roland Forgues que él viene de Cabello Carbonera, y que dos pilares que le han servido son Ciro Alegría y José Ma. Arguedas, y este en el sentido de la posibilidad del quehacer sobre el lenguaje.

    Su poesía acusa predilecciones por el ensayo exotista y la protesta social.


    Eleodoro Vargas Vicuña

    Zora, imagen de poesía



    Así como la tierra, 
    los árboles o nubes
    tú serás el signo por quien vea
    el gesto interno de las cosas,
    y pronuncie su nombre verdadero.
    Tal, ahora,
    en la alegría con que te consagro,
    descubro tu rostro,
    y sé:
    Han empezado tus canciones.


    *


    Un pétalo,
    contiene toda la luz
    de los tiempos.
    Una semilla,
    el corazón
    de los hombres.
    El creyente, el espíritu
    de su Dios.
    En tu presencia
    se inclina lo profundo en mi 
    reverente y tembloroso.
    Por ti ¿Qué diré?


    *


    El tiempo es una piedra inmóvil.
    La entraña de esa piedra
    la eternidad.
    En su fondo
    amorosos colores se concilian
    y se renuevan.
    Así la nostalgia
    en el inasible rostro del amor
    que buscamos.


    *


    Un poeta escribe
    y comienzan los amanes
    a morir
    en alguna parte.
    -La Historia
    es el cuento de los muertos,
    su palabra
    olvidada como un anillo,
    como una puerta
    lejana, entreabierta-
    ¡La vida, amada,
    esta vida!
    ¡Tus ojos, esos ojos
    tuyos!


    *


    Hablan de ti como de quien se va.
    No se explica que el hombre hable.
    No se crea sus palabras que profanan
    el ritmo ingenuo de los pétalos.
    ¿Cómo se puede expresar tu sonrisa?
    Tu sonrisa es como el día, para ver.


    *


    Te reclamo porque no vienes.
    ¿Cómo puede amanecer sin que te vea?
    Sin que te vea ¿Cómo puede atardecer?
    Es como si nunca hubiera amado.
    O en verdad ¡Jamás te he conocido!


    *


    Una lágrima, el tiempo, una lágrima.
    Y tu voz, amada, tu voz.
    ¿Eres tú la tierra que me habla?


    *


    Al nombrarlas
    cómo brillan las nubes,
    ¡Cómo son
    de tan presentes!
    Como tu lejana en quien
    descubro
    la verdadera pupila
    de la luz,
    cercana, indubitable.
    Sí, como tú
    en quien me he visto y
    habré
    de hallarme un día.


    *


    De orilla a orilla,
    en este río del tiempo
    que nace en tus pupilas:
    Toma mis pasos
    mis imágenes
    mi rostro.
    Pueda darme cuenta...
    Eres tú quien me vive.
    y así
    comprender que soy.



    *


    La noche
    una ventana para mirar
    la muerte.
    Tus ojos, amor,
    aguas de luz,
    en donde empieza
    a cada instante
    mi corazón,
    el mundo y la alegría.


    *


    O eres
    un sentimiento que
    me llega
    como a esos árboles
    de los cielos
    la oculta
    ternura de la tierra.
    Sus ramas
    en la tarde se inclinan.
    Y son oraciones
    o llantos
    o cantares al viento,
    cuando
    se les ve, 
    ya sombra:
    viajando
    entre las Sombras.


    *


    Al verlos
    he descubierto
    el secreto de
    los árboles eternos.
    Mis ojos
    se han detenido
    en la contemplación:
    Yo también
    soy la eternidad.


    *


    Otra vez
    la tierra, amada,
    y soy
    el más poderoso
    de los hombres.
    Ah,
    y el agua, el agua:
    comparable
    solamente al júbilo
    a tu cuerpo.


    *


    No digo es la muerte:
    y la muerte
    soy yo
    de mundo en mundo
    reconociendo
    situándome entre rocas,
    mirándome,
    tratando de ver.
    Pueda sentir
    la vida en un instante.
    Por ejemplo, ahora,
    cuando pienso en ti.


    *


    Porque te llamo saben que existes.
    Pero tú estás más allá de estos objetos.
    Más lejos de ti, de mis amores.
    Eres, de suaves penas, una máscara.
    ¿Quién aún viéndote podría conocerte?
    No se puede hablar de tus ojos, porque
    ni la mirada amorosa con que miras,
    ni el calor de tus pupilas son tus ojos.
    Tú eres como el sueño y su sollozo,
    que no sabe dónde reposa su rostro,
    dónde se nutren sus raíces y vuelve,
    ciego, desde la noche ciega,
    a lo hondo de su música, a su silencio.


    *



    Eres como una puerta indiferente.
    No sé si se abre. No sé si se cierra.
    Es como si entrara y desapareciera,
    o como si saliera y me hallara, amor,
    conmigo mismo, solo, escuchándome.



    *


    No hay otra realidad
    más fuerte
    que tu amor.
    Tu amor es mi fuerza.
    Lo sé.
    Aún si muriera
    seguiría
    mirando por tus ojos.
    A pesar de ello,
    con la tarde,
    entre la sombra,
    solitario,
    alguien en mí,
    oscuro,
    oscuro se desangra.


    *


    Soy un espectro en tu ausencia.
    Si vienes, puedo decir que las sombras viven;
    adquieren el sabor de tu nombre.
    Las abejas,
    con alas de entremuerte, estallan.
    Los árboles permanecen;
    lo permanente crece.
    Y soy
    la total presencia de los frutos.



    *


    Soy
    el poseedor de lo inefable,
    lo desconocido y eterno.
    He visto
    el mar, la montaña y el cielo.
    Tengo tu rostro
    sobre la luz
    del verano.
    Tus manos
    laboran con alas y ternuras
    un fruto
    semejante a mis pupilas.
    Veo.


    *

    Imagen, amorosa imagen,
    dolordel cielo y de la tierra.
    No se cierren tus ojos
    sin que yo los vea.
    Tus ojos,
    agonías, penas, trasmundos,
    ojos de mis ojos.


    *


    Pregunto a la tierra, los árboles,
    las nubes,
    cómo se habla, se escribe tu nombre:
    y ellos enmudecen,
    callan,
    se ausentan.
    Así calla,
    se va la luz de tu testimonio.
    Yo,
    me repito aunque jamás te vea:
    ¡Creo en ti, creo en ti, creo en ti!






    Eleodoro Vargas Vicuña: Confesiones en voz alta

    El escritor peruano Eleodoro Vargas Vicuña (1924-1997) dio este testimonio ante su amiga Esperanza Ruiz el 14 de febrero de 1997, quien grabó estas confesiones y las compartió luego de la muerte del autor de “Ñahuín”, ocurrida el 11 de abril de ese año. Este texto apareció originalmente publicado en la revista La casa de cartón, número 13.



    Por Eleodoro Vargas Vicuña

    La familia                                   

    Hay un alto porcentaje de mi vida que pertenece a la vida de la comunidad. A través de los ojos, oídos y voz de mi abuela aprendí muchas cosas. Ella personifica los ojos, los oídos y la voz de todo un pueblo. Otra parte importante de mi existencia es el hecho de haber aprendido a leer cuando niño, asunto que con los años se convirtió en una carga por la importancia que tuvo para mi acercamiento a la literatura. Por entonces, yo no me percataba que lo que leía era literatura, para mí todo lo que pasaba por mis ojos se constituía en lectura normal y corriente. A los seis años de edad, por ejemplo, escuché recitar a mi hermano Víctor Vargas Vicuña, un hermoso poema de José Santos Chocano cuyos versos a lo lejos vienen a mi memoria: «Indio que asomas a la puerta de esa tu rústica mansión… ». Todas estas cosas a mí me conmovían profundamente.

    Hay algo paradójico en mi existencia que no sé por qué razón siempre la asocio a un árbol, con la diferencia de que yo me he movido y un árbol no se mueve. Tengo la impresión de que todo lo que me ha sucedido, ha pasado por encima de mí, junto a mí, como los vientos, como los aires, como el aliento de la gente. Siempre me he sentido un hombre fantasmado —como un hombre que no tenía existencia. Lo que realmente sustenta esta condición fantasmal, o de fantasía de la vida que he vivido, es que nunca he tenido una ambición definida, nunca he tenido la potencia ni la fuerza necesarias para imponerme una conducta y llevada hasta las últimas consecuencias. Por ejemplo, a mí me gustaba la guitarra y por eso me matriculaba en cursos, pero apenas me percataba que los profesores no tenían ninguna atención para mí o no tenían el método necesario para enseñar, de inmediato me retiraba de las clases. Me matriculaba en infinidad de cursos, me matriculaba por ejemplo en cursillos de idiomas, en inglés; mi madre siempre estaba presta en apoyar mis inquietudes y ella luego me preguntaba pero yo nunca le di cuenta de lo que hacía. Luego ingresé a la universidad, porque es costumbre ingresar a la universidad, pero entré sin ningún proyecto definido. Pude haber estudiado entonces Medicina o Psicología o Ingeniería o sabe Dios qué. Pero como ahí estaba la Facultad de Educación, por alguna razón que yo desconozco ingresé a San Marcos para estudiar Educación; o tal vez porque cuando fui a matricularme para prepararme a la universidad seguramente el que decidió allí que estudiara Educación fue, posiblemente, el director de esa academia, el profesor Mayaute.




    La universidad

    Estudié en la universidad pero a ciencia cierta yo no tenía muy en claro lo que iba hacer como profesor. Nunca, jamás, durante ese tiempo se me ocurrió leer un libro sobre mi especialidad o desarrollar, investigar y escribir un tema sobre pedagogía. Eso es lo que se llama hacer una carrera y yo no la hice. Lo que sí sé a la perfección es que me pasé exactamente cuatro años de mi vida en San Marcos leyendo. Cuatro años exactos leyendo en la Biblioteca Nacional, en la Biblioteca de San Marcos y en la Biblioteca del Congreso. En esta última, los libros que ponían a disposición del público lector eran los de reciente edición; era algo increíble para mí. Todo lo máximo de la literatura internacional inmediatamente llegaba a la Biblioteca del Congreso, ahí leí por ejemplo a muchos escritores norteamericanos.

    Luego me fui a la Universidad de Arequipa, donde me pasé la vida leyendo entre la Biblioteca del Ateneo que pertenece al municipio y la Biblioteca de la Universidad. Ahí sí comencé ir a clases y dar examen. Te confieso que jamás estudié una letra para dar un examen; nunca tuve ni un libro ni un cuaderno ni una copia de apuntes de los cursos. Yo iba, daba el examen, aprobaba y pasaba de año. Lo que yo te estoy tratando de decir ahora es que mi vida había sido, en resumen, la vida de un poeta; y yo no lo sabía hasta el momento de hacer esta suerte de balance que te cuento. El Dios que regía esa vida de poeta, a través del cristianismo o a través del budismo o hinduísmo que yo desde temprano leí, o a través de los textos de Rabindranat Tagore, Gitanjali, El anillo satunjala, es decir toda la literatura oriental que leía por entonces, hicieron de mí una persona que vivía entre todos esos personajes. Yo no soñaba porque apenas leía todo se me olvidaba, tampoco comentaba con nadie mis lecturas. Cuando fui a Arequipa los alumnos de la universidad me eligieron su representante estudiantil, durante los cuatro años que pasé ahí.

    De repente me vine a Lima, hacia 1947, y comencé a escribir los primeros cuentos de Ñahuín. Desde el 27 de junio de 1947 empecé a escribir esos cuentos, el primero de ellos se llamó «El traslado». Lo escribí y lo dejé, siempre he escrito y he dejado las cosas así, un poco sueltas. Hasta que hubo un concurso de cuentos, allá en Arequipa, y yo presenté «El traslado». Otro participante obtuvo el primer premio con un relato llamado «El viaje». Te cuento todo esto como un recuerdo precioso de aquellos años. Yo estaba entre los que seguían la literatura de José María Arguedas y de Ciro Alegría y no entre aquellos que seguían lo que podríamos llamar la literatura académica en cuanto utilizan correctamente las palabras. Algunas palabras que se hablan así, de manera particular, en la sierra, yo las puse en mi cuento tal cual se pronuncian, como un signo de identidad de esa cultura en donde yo había vivido. Todo esto fue estupendo para mí. Yo siempre releo a Rulfo y en sus cuentos he encontrado la confirmación de que lo que hice estaba bien. Mi relato —que perdió el concurso— fue descalificado porque en lugar de poner «acomedieron» puse «se acomidieron». Un catedrático me dijo que si yo estaba estudiando literatura y gramática, y más tarde iba a ser profesor, no debía escribir así. Hace unos días estaba releyendo a Rulfo y detecté que él pone en uno de sus cuentos exactamente igual a lo que yo puse: «se acomidieron». La gran lección de Rulfo radica en el hecho de haber escrito las palabras tal como suenan al oído y tal como debe sonar un cuento de esa naturaleza en señal de identidad cultural.

    Indirectamente, a mí la literatura me ha estado enseñando. Luego de esa experiencia jamás volví a escribir de la manera como se habla comúnmente, opté por escribir respetando las normas de la gramática. Eso fue un salto entre la prosa de Arguedas, que escribe y siente en quechua, y luego traduce al español, y la prosa de Ciro Alegría que es neutra y académica, vale decir, escribía de manera correcta pero cuando le da voz propia a sus personajes éstos hablan como suele expresarse la gente del campo. En ese contexto, diría que mi escritura sufrió una evolución en el lenguaje. Diría, asimismo, que mi producción literaria contribuye, creo yo, más que en el campo temático o en el nivel técnico, en el retrato de un modo de vida, en la construcción de una atmósfera.



    Lima

    Cuando regresé de Arequipa a Lima y me instalé acá, nunca pensé irme a ninguna parte. En ese transcurrir escribí la mayoría de mis cuentos. Comencé a trabajar por aquí y por allá pero sin ningún sentido de hacer, como se dice, una carrera. Y me quedé así, con toda tranquilidad pero siempre afectivo con las nuevas amistades que iba ganando. En Lima se vivía una vida paradisiaca, me refiero a los años cincuenta y sesenta; había una elegancia sin igual, la gente se comportaba con una conducta muy noble, muy amable; las calles eran un escaparate de exhibición de cómo la gente se vestía, de cómo caminaba, de cómo saludaba; hasta cuando se comportaban mal lo hacían elegantemente. Yo no sé por qué te estoy hablando de esta manera cuando en realidad quisiera decirte otras cosas, probablemente más interesantes. Te repito, mi querida Esperanza, que yo nunca tuve un proyecto de vida para llegar a hacer algo o alguien.

    Durante mucho tiempo pensé que había escrito muy pocos poemas en mi vida y que sólo se habían salvado apenas unos doce o quince; sin embargo, durante buen tiempo solía escribir algunos versos aislados, en un cuaderno que tenía siempre a la mano. Un buen día se presentó por casa mi amigo Mendizábal y le mostré el cuaderno, entusiasmado se lo llevó y quién te dice que con una inmensa paciencia los pone en orden y los transcribe a máquina. No contento con eso, los presenta a un concurso y gana el premio. Todo esto sin que yo sepa nada, hasta que no le quedó otra que informarme que yo había sido merecedor de un premio de poesía, casualmente por esos textos. El destino de ese libro era perderse para siempre, pero los libros como las personas a veces toman otro camino. Algunos textos de ese conjunto habían aparecido en El Dominical de El Comercio gracias a la generosidad de nuestro amigo Hugo Bravo. Esos poemas los escribí, en el fondo, durante toda la vida desde cuando estaba en Arequipa. Hay uno de esos textos, casi como un soneto, que se publicó en la revista Trilce que dirigía el poeta Gibson, que fue una de las personas más estupendas que yo haya conocido en Lima. Pero, volvamos a la travesura de Mendizábal quien junta mis poemas, los ordena y hace un libro. Luego de toda esta peripecia he revisado los textos, restituyéndole algunas palabras que taché en la versión original o limpiándolos para bien. Pero al margen del libro, yo sé conscientemente que todo eso que está escrito allí ha sido mi vida. Yo me levantaba a las tres de la mañana y corregía. Cuando estaba en el Cusco, hace muchos años, escribí un poema exactamente igual al último que escribí, son como poemas gemelos. Uno es a una cosa y otro es a una persona. Incluso, Francisco Carrillo ha prometido publicar algunos poemas míos en su prestigiosa revista Haraui.




    La vida

    Tú sabes que yo desde los quince años de edad leía mucho, sobre todo cosas relacionadas con la psicología, el hipnotismo, la sugestión y la autosugestión; y más o menos a los diecisiete años a una prima mía, de manera especial, la hipnotizaba. Después en Arequipa hacía todo tipo de trabajos, a una señora por ejemplo que yo atendí dio a luz sin dolor. Aunque no me creas, yo atendí el parto, tuve que cortar el cordón umbilical, le quité la plascenta y le entregué a su niña. Tenía una cantidad de habilidades que las hacía, así, al aire, así de por sí. Sin duda, que yo aprendí todas estas cosas a través de mis lecturas. En la Biblioteca de Arequipa había leído un libro reciente, por entonces, de cómo se debía cortar el cordón umbilical y todas aquellas técnicas modernas relacionadas al parto. Como ves, toda mi vida ha sido más bien la búsqueda de otra persona con quien comunicarme, con quien conversar. Casi siempre conversaba de poesía, aunque las otras personas entendieran por poesía algo totalmente distinto a lo que yo percibía como tal. Pero lo máximo que me pudo haber pasado es haber conocido a los escritores de toda nuestra generación, a quienes yo quiero mucho y admiro. Siempre ha sido en mí natural quererlos, con una gran ternura.

    A estas alturas de mi vida recién me percato que yo no llegué, de ninguna manera, a configurar una personalidad profesional, una personalidad literaria en el sentido de que me sintiera responsable de esas «obras», por decirlo así un poco entre comillas, un poco irónicamente. Cuando vi, por ejemplo, la edición de mis cuentos completos editados por Milla Batres me gustó porque sentía que todo aquello era parte de mi trabajo; sin embargo, me pareció exagerado en esa edición el hecho de colocarle tantas fotos. Eso me molestó mucho. A pesar de aquello, yo le guardo una inmensa gratitud a Milla Batres por haber elegido mi obra y editarla con un cariño estupendo y tan formidable.

    Ahora —me parece que lo voy a repetir por segunda vez— creo que yo he sido un poeta. Sobre todo, en el sentido de cómo vive un poeta, cómo ha vivido un poeta y cómo debe vivir un poeta. Al respecto, no hace mucho encontré un documento de una charla que di en la Universidad Federico Villarreal, en una de esas hojas había anotado lo siguiente: «nosotros hemos elegido la pobreza», esto me conmovió mucho. Por ejemplo, el filósofo Kant que fue un hombre muy pobre, sus amigos tuvieron que conseguirle un terno para ponérselo, eso a mí conmovía demasiado, como si yo fuera Kant. Cada persona que vivía de esa manera me parecía que era mi antecesora y que yo estaba en el camino de ellos. Pero, la ironía consiste en esto: el hecho de ser pobre a mí me calificaba como poeta, cuando lo que debía calificarme como poeta debía haber sido la escritura de la poesía, la búsqueda de la poesía a través de diversos caminos o vías o creencias. Pero lo cierto es que nunca atendí a toda la cantidad de escritura que había producido. Así que ahora estoy leyendo mis textos y tú no te imaginas la gracia que tienen algunos de ellos. El 70 por ciento puede ser que los queme, pero si se pierde el treinta por ciento restante sería de una gran pena porque hay una atención muy especial sobre los datos de la vida, de una vida que se confiesa. En el fondo, se trata de una confesión muy bella. A veces, hablo de algunos personajes, algunas anécdotas que he escuchado. Pero en general, esos textos tienen el propósito de expresar algo que he visto; pero por otro lado, tienen también el propósito legítimo de expresar algo con corrección y acercarme a esa corrección.



    Gratitudes

    Te confieso, mi querida Esperanza, que ahora estoy algo caído de energía, me parece que la voz está saliendo muy débil. Sin embargo, quiero señalar —para terminar— la gratitud que tengo para con Andrés Mendizábal a quien conocí cuando él era muy jovencito, por entonces era estudiante del colegio Melitón Carbajal, y en cuanto me conoció me hizo una entrevista, lo cual demostraba su interés por las letras. Con el tiempo, Andrés Mendizábal se ha convertido hasta ahora en una especie de hermano menor con quien he conversado, he viajado, he caminado; él ha madurado bastante y tiene un sentido práctico y objetivo de la vida. Mendizábal tiene la ternura, la elegancia, ese sentido antiguo de la amistad, esa manera que todavía está en algunos lugares del Perú, donde hay personas que te hablan con amor y se dirigen a ti con ternura; y que te escuchan y que te oyen con atención.

    Otra persona a quien guardo mucha gratitud es a Oswaldo Reynoso. A ti también, querida Esperanza, te guardo mucho cariño. Una cosa que tú no sabes es el hecho de que te escribí una carta desde Trujillo y no te la envié, es una carta de enamorado, aunque no aparezca tu nombre, esa carta es para ti. Todo esto quiere decir que yo he tenido miedo a entregarme a las otras personas. Ese miedo me ha dejado a medio camino de todas las cosas que pude haber hecho. En uno de mis poemas de Zora, imagen de la poesía escribo: «La eternidad está en su mirada». Entonces, la eternidad está en un verso. «No está la eternidad en una lágrima», digo en otro de mis poemas. Entonces, si la eternidad no se siente como el tiempo o el espacio sino como un sentimiento del tiempo y del espacio. Así que cuando tú tienes un sentimiento del infinito has tocado el infinito, cuando tú tienes un sentimiento de la divinidad has tocado la divinidad. Allí no hay ninguna contradicción lógica. Al darme cuenta de todo esto me siento bien. Dentro de todo este contexto, me parece que soy un hombre feliz, porque esto me permite a mí demostrar toda mi hombría. Y la hombría no consiste en soportar la vida ni en resignarse a la vida, sino a aceptar la realidad. Aceptar esta realidad supone resistir al máximo. Eso que se ha llamado una pelea, una lucha frontal frente a eso que llaman muerte, sin desesperación, con toda tranquilidad. Yo no he elegido a una persona, a un libro, a un autor. Yo no he elegido la vida que he llevado, a mí me ha sucedido todo esto. Sin embargo, las cosas que estuvieron en mis manos y junto a mí han sido legítimas. Creo que el poeta Eielson no se equivocaba cuando decía: «Yo buscaba a un dios personal y lo encontré en Rilke», tremenda frase que me emocionó mucho. Sin saberlo, yo había leído la poesía de Rilke de rodillas, como quien ora. Quiere decir que eso me pasaba a mí pero no me daba cuenta, no sabía que me estaba pasando eso. Tengo, pues, gratitud por la vida. Gratitud a esa vida que no es de uno solo porque cuando uno nace, nacen miles, nace una sociedad, nace una cultura. Y uno es todo eso. Hasta cuando uno está en el vientre de la madre, uno ya va siendo los otros. Los otros te están haciendo a ti, te están siendo ser. Desde cuando uno sale a la luz del mundo y empieza a hablar ya está más allá de todo el camino de la vida porque estás en un mundo donde te ha recibido la Vida, pero la Vida no como una cosa biológica sino como una cosa cultural, como una cosa del espíritu. Los filósofos griegos Sócrates, Platón, Aristóteles y todos sus antecesores fueron los que a mí me dieron una visión particular de la vida. Una cosa que me impresionó mucho fue la afirmación del filósofo quien decía que con solo mirar la extensión del cielo supo que la divinidad era una. El hombre es siempre uno, la humanidad siempre es una. Todo lo que acabo de decirte está dicho, de alguna manera, en esos cuarenta o cincuenta poemas míos que andan por ahí.




    “ESA VEZ DEL HUAICO” de ELEODORO VARGAS VICUÑA


    Maestría en la reproducción del habla coloquial, fino conocimiento de los personajes del mundo narrado, prosa plena de lirismo, narran la tragedia de un pueblo ante la violenta irrupción de la avalancha de lodo  y piedras:  El huaico

    “ESA VEZ DEL HUAICO”

    I

    Alrededor de don Teófilo Navarro no queda sino contagiador aire entristecido. Su casa, pura pampa quedó después del huaico —agua de mala entraña— que lo tumbó todo.

    Los vecinos están medio que están nomás. La mitad se les fue tratando de levantar pared con la mirada y la otra mitad para consolarlo:

    —Con un poco de voluntad, podrá usted levantarse de nuevo.

    El caso fue así:

    Todas las veces de susto le decían:

    —Don Tofe, haga usted construir muro de piedra a su casa, no sea que el huaico…

    Pero él se reía con suficiencia, y para decir algo por contestar, repetía:

    —Que venga el huaico. Que me lleve. De resbaladera acabará la pena.

    Lo decía por decir porque en el pueblo, con penas y todo, siempre somos felices.

    Después que levantó su casa, en que hubo apurado trajín para terminar, luego de la techa, en que hubo demorado canto de no acabar con música y zapateo para afirmar el suelo, se hizo tranquilidad. Y como él lo dijo desafiador:

    —Hasta que otro guapo se atreva, pared y techo contra viento y noche que revienten de impotencia.

    Fabricaba y componía sombreros. A la puerta de su casa, aguja en mano, sombrero en horma, silbido y canto  para rellenar hueco de tarde nostalgiosa, lo veíamos cumplir.

    En el invierno paz, no en el verano. Medio que se quisquillaba don Tofe mirando temeroso el agua que crecía hasta engrosar el río. Decía:

    —¡Esto es costumbre! ¿Habrá por qué temer?

    Muchas veces la campana madrina de la iglesia, en talantalanes de peligro, anunciaba desbordera, y don Tofe, creído, corría que corría para ver. Allí estaba intactita la casa a la orilla del cauce.

    La noche en que sucedió no podía ser, aunque se hubiese roto el brazo el sacristán o hubiera podido más y rompiera las campanas avisando. Era cumpleaños de doña Adelaida Suárez. No se podía creer. Y más cuando la fiesta había sido con música y la agasajada era persona que estaba bien con Dios.

    Don Tofe decía:

    —Beber, beber, que la vida se ha de acabar.

    Verlo era un gusto, alegre como estaba, a pesar de que la Grimalda, su mujer, con su tremenda barriga, sentada en un rincón censuraba.

    Primero fue un rumor creciente que llegó, junto con el grito de Julián Mayta que salía corriendo de la huerta:

    —¡Está entrando agua!.. ¡Está trayendo piedras!..

    Muy pocos lo oyeron. En ese instante entró el agua hasta el patio. No debía ser grave la cosa… El agua  avanzaba rápidamente como buscando algo. Entonces sí que reaccionamos, aunque de primera intención no se tomó ninguna iniciativa. En la sala de la derecha, ebrios los músicos, sin darse cuenta, bromeaban todavía. Yo comencé a correr sin saber a dónde.

    Un golpe fuerte en la sala de la izquierda que da al cauce, comprendiendo el peligro, nos puso con la cara seria. Y cuando ya lampón y pico los hombres se disponían, se inundaron las salas y los cuartos. La cocina con sus viejas era un grito de rezos. El agua furiosa sabía de memoria su trabajo, lo que hacía. En un santiamén todo estuvo inundado sobre la altura de los cimientos.

    En el momento en que los animales salían al escape, las paredes empezaron a ceder. Las mujeres (doña Eulalia Espinoza principalmente) gritaban, clamaban al cielo. Y los hombres lisureaban dándose coraje.

    No se podía. Era torrente de fuerza. Las paredes del corral vencidas se cayeron. Don Antonio Ebúsquez era el único de carácter que se dejaba oír:

    —¡Rompan la puerta falsa que da al cauce para desatorar!

    Pero la lluvia lo atoraba a él, porque era como río que bajaba.

    En la tiniebla éramos gente oscurecida, loca, como la entraña de esa noche de rayos y de truenos.

    Al relámpago, apurado seguía bajando el aluvión. Desde el corral, por el patio, al camino, y luego al río bajaba. De la puerta del zaguán quedaban astillas.

    Vimos a la Grimalda. Subida sobre un batán lloraba a más no poder. Pensaba en Dios con todos sus dolores.

    II

    De agua, de noche, de viento, fue la tumbadera de la casa de don Tofe. Con gritos de parto también, pues la Grimalda, ayudada por Roque Barrera y subida sobre una mesita que a la vez la contenía contra la pared sobre el poyo, comenzó a descuartizarse.

    Doña Toribia estuvo felizmente, atendiéndola como pudo. Roque a duras penas contenía la mesa y sostenía también a la Grimalda. Doña Toribia, con las manos de agua terrosa, remangándose el brazo, la asistía.

    Grimalda se animaba casi quebrándole el brazo al Roque con el esfuerzo:

    —¡Ayude usted! ¡Ayude usted, mamá Tulli! —Sin embargo, fue como una lucha el nacimiento, mientras el agua amenazaba con derribarnos.

    Luego doña Toribia, serena como siempre, descorchetándose el monillo, cobijó a la criatura que ya gritaba,   junto a sus lacios senos.

    Otro grito fuerte fue como una protesta, pero con el llanto del niño nos renació el valor. A su mamá hubiera podido también reanimarla; no, ella había fallecido antes de oírlo.

    Total, todo se apagó. Solamente cuando la pena arreciaba, mirando los cimientos lavados que quedaban, pasó la lluvia. El huaico bajó su correntada o habría bajado antes: oíamos un rumor entre violento y tranquilo.

    En adelante se comenzó a buscar:

    —¡Don Macshi!.. ¡Mamá Brígida!.. ¡Lázaro!..

    Oía su nombre cada cual y cada cual contestaba animándose. Don Tofe, sin haberse enterado todavía, buscaba a su Grimalda.

    Media puerta del zaguán, inservible, había ido a parar a la chacra de enfrente. Las sillas y ventanas desparramadas. Dice Demetrio López que un cerdo había varado cerca de Vilca-bamba.

    Los muros y cimientos quedaron débiles. Algunos baúles amarrados al manzano estaban astillados. Allí quedaba también el batán de don Jacinto Navarro, centenaria piedra donde molieron los abuelos.

    Lo demás y más fuerte se supo cuando don Tofe llegó hasta nosotros, con su mujer muerta en brazos. Detrás doña Toribia con el recién nacido.

    Esas dos caras fueron para nosotros un ¡golpe! que nunca habíamos sentido.

    En el velorio, en casa de don Nicolás Arosemena, no se rió por primera vez los chistes de Roque.

    En un ángulo de la sala, don Teófilo se quejaba. Parecía que el aire de esa mala noche se le había secado en la cara. Eran como furia vencida las huellas de su rostro. Repetía:

    —¡Quién lo hubiera dicho…! ¡Quién lo hubiera dicho!

    En fin, la velada fue de razonar pesimista, con ese café consolador apenas.

    ¡Cómo se recordó la muerte! ¡Cuántos nombres! Eladio Amaro, Fortunato Rojas, Pedro Tintush. ¡Pero nunca desgraciados!

    —¡Ah, ya se fueron!

    Se sintió la muerte a muerte. Adentro, hasta los tuétanos como angustia; afuera, en los miembros ateridos, como temblor desconocido.

    Ni coca ni aguardiente pudieron esa noche.

    Desde entonces don Tofe, medio vivo, medio fantasma, allí está.

    —Zurcidor de sombreros —dicen.

    Mientras, verdeciendo, retoña el valle de la gente que habla por hablar:

    —¡Caído, con la cara en el suelo!

    —¡Zurcidor de sombreros viejos!

    Pero nadie sabe lo de nadie. De repente, un día…

    (1953)






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  • 03/13/17--00:06: DAVID NOVOA [20.026]

  • DAVID NOVOA

    NACIMIENTO. En Casa Grande, Trujillo, Perú  1968.
    ESTUDIOS. Ingeniería Industrial y Ciencias de la Comunicación. Trabajó en Culturales en el diario La Industria.
    LIBROS. Poesía: Itinerario del alado sin cielo, premio Poeta del Perú, 1990. Libro de la incertidumbre, premio del suplemento Lundero, La Voz de El Loco, (Triskel Editores 2014) y en periodismo dio a la luz pública Conversaciones con Daniel F: la verdadera historia de Leusemia. 

    Actualmente realiza performances en diferentes puntos de la ciudad y dirige –junto al grupo cultural Rikchari Chimor  y al poeta Adrián Alberto, Poesía de Miércoles, evento que convoca a los jóvenes y reconocidos personajes de la poesía trujillana. 





    La voz del loco

    La voz del loco 
    es la voz 
    que todos tenemos 
    en el corazón 

    Si la ignoras toda la vida 
    te volverás loco 
    Si la escuchas y la olvidas 
    te volverás loco 

    Si la oyes y la sigues 
    le parecerás un loco a todo el mundo 

    pero solo serás 
    el que sigue a la voz 
    de su corazón

    (David Novoa-"La Voz de el Loco")






    "Libro de la incertidumbre" de David Novoa


    QUÉ IMPORTA SENTIR QUE HOY NO SÉ NADA
    y que siempre es hoy.
    Qué importa huir entre un bosque de hombres sombríos,
    murmurando que son los cambios los que deben cambiar
    y qué más hermoso que el rosado de una flor
    es el de una llaga abierta en la carne de la mente,
    de mi mente y la de todos los seres que cruzamos las calles
    como flechas condenadas a clavarse en el olvido.

    Denme todo, todo quítenme, vuélvanme a dar y a
    quitar todo; no me engaño: nunca habré tenido nada.
    Las hembras y los breves mapas de las nubes
    que encandilan los ojos de los hombres
    dejan los míos apagados.

    Fui hecho para despreciar la materia que me erige,
    mis gritos disueltos en la indiferencia del bullicio,
    los pasos que me fueron dados para llegar,
    y con los que solo
    me he perdido.

    ¡SALTAR POR LA VENTANA QUEDA A LA NADA
    y caer hacia arriba, a los lados, o hacia abajo,
    o hacia mí mismo, pero caer con mi vida velocísima,
    empuñando el hilo que desteje el ovillo de
    los días y las noches, gritando en silencio
    con la voz de mil hombres apretados en
    el amasijo, que se esfuma, de mi cuerpo!

    Saberme más que lo sabido, sospechado, soñado ser;
    que lo dicho y callado con la misma palabra;
    que lo no visto cuando observo
    fijamente lo mirado en la caída.
    Detrás de mis palabras acallado estoy diciendo
    que encima de los topes, debajo de los fondos, he caído,
    ¡y que me encuentro, aquí de pie, loco,
    velozmente, detenido!

    IMBÉCILES LOS QUE CREEN SUPERIORES A MÍ;
    imbéciles los que se creen inferiores a mí;
    los que se creen iguales a mí, imbéciles:
    ¡no hay mí!

    No soy las carnes que me forman
    ni todo lo proferido o callado por mis
    labios a lo largo de la vida,
    ¡ni todos los actos que hube y
    he de hacer hasta la muerte!

    Ni mi rostro será uno en el transcurso de los años,
    ni mi amada será una en el transcurso del amor,
    ¡ni mi risa será siempre algo que
    después no me mate de dolor!

    Mis deseos y mis náuseas, mis dudas y certeza,
    lo íntimo y lo ajeno, pudieran ser el mismo acto,
    la misma ansia, el mismo hecho del que sólo me separa
    el hombre que yo sea en el momento;
    si es que habiendo sido tantos
    alguno pude ser.

    ¡UNA ASTILLA DEL TIEMPO FUERA DE DÍA O DE NOCHE
    alguna, una astilla de tiempo en mi mano
    como un puñal con el que corto lo que me ata
    a estas turbias apariencias!
    Atrapado tras el muro erigido pro espaldas,
    por preceptos y verdades más muertas que los que cayeron defendiéndolas;
    perdido entre edificios que se alargan por ocultar
    el sol más temprano cada día;
    sólo sé lo que falseo para creer,
    sólo sé que lo que mi mano recoge con recelo
    -alguna piedra, un racimo marchitado, otra mano-
    son formas para las que soy tan pasajero como ellas para mí.

    Un día o una noche que no concierna al transcurso de
    mi vida y una acción tan heroica como inútil.
    gritar un insulto en cuya verdad todos se descubran,
    detener el tiempo con los dientes, con las uñas, con locura,
    buscar la senda que me lleve unos pasos después del
    infinito, ¡y recién correr, enardecido hacia delante!

    QUE YO ME LLAME TODAS LAS PALABRAS
    de todos los lenguajes proferidas por los
    hombres en el tiempo;
    que sea yo más yo
    al negarme y saber a quién niego;
    que corra yo hasta dejarme atrás
    y saber quién jadea trotando a mis espaldas.

    Siempre muero, siempre vivo, siempre torpe
    con el cielo a cuestas como un pesado fardo azul
    huyendo con los mismos paso con que me sé,
    desnudo, retornar a mi principio.

    Que yo me llame todas las palabras
    de todos los lenguajes calladas por los
    hombres en el tiempo;
    que sea yo más yo al reafirmarme
    y no saber a quién reafirmo;
    que corra yo hasta dejarme atrás e ignorar
    quién, desde la meta, victorioso,
    me espera eternamente!

    *Extraído de: Umbral N° 15, Antares, Artes y Letras, págs. 8- 10. (Lima, 2003).





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    OSCAR JUVENAL ÑIQUE RÍOS

    Nació en Moche, Perú  en la calle Salaverry 315, el 15 de julio de 1915, sigue pregonando a todos los apristas volver a las ideas primigenias de Víctor Raúl Haya de la Torre, para lograr construir una sociedad con justicia social.

    Ha sido docente y Secretario General de la Escuela Normal Superior Indoamérica, así como de la Escuela Normal Superior Carlos E. Uceda Meza (Trujillo). También se ha desempeñado como docente y Secretario General en el Colegio Instituto Moderno (Trujillo). En mérito a su tarea como educador, la Escuela Normal Superior Carlos E. Uceda Meza, y el Colegio Instituto Moderno lo reconocieron con Medalla y Diploma de Honor. Lo mismo hizo el Instituto Latinoamericano de Integración y Desarrollo, en mérito a su tarea como educador y promotor de la integración latinoamericana. El año 2010, el Ministerio de Educación le otorgó las Palmas Magisteriales en el Grado de Maestro.

    Su labor como periodista la ha desarrollado en medios de prensa, regional, nacional e internacional, lo que le ha hecho merecedor de la Gran Orden Chan-Chan en el Grado de Gran Oficial, otorgada por el Gobierno Regional de La Libertad; y la Medalla de Honor y Diploma de la Ciudad de Trujillo conferida hasta en dos oportunidades por la Municipalidad Provincial de Trujillo. En el año 1997, fue reconocido como Amauta del Periodismo, por el Colegio de Periodistas del Perú.

    Se ha desempeñado como conferencista en la Cátedra Vallejo y responsable de la Hemeroteca de la Universidad César Vallejo (Trujillo). También ha sido investigador del Instituto de Investigaciones de la Facultad de Ciencias de la Comunicación, Turismo y Psicología de la Universidad de San Martín de Porres (Lima).

    En agosto del 2006, el Gobierno Peruano, mediante Resolución Suprema N° 0426-2006-IN lo nombró Prefecto Honorario del Departamento de La Libertad,  reconociendo y destacando su trayectoria como escritor, investigador y educador que ha contribuido al mundo académico y cultural del departamento de La Libertad y del país en general.

    En julio del 2011, el Congreso de la Republica lo condecoró con la Medalla de Honor del Congreso destacándolo como educador, periodista y luchador social.

    Sobre su obra poética escrita en las prisiones políticas de finales de la década de los años treinta y principios de los cuarenta del siglo XX; Johan Leuridan Huys, ha sostenido: “El tono de sus escritos es el de su voz y el de su agitada existencia. Simple, recia, clara, la poesía de Juvenal Ñique Ríos,… no necesita de traducciones o interpretadores. Es simplemente, la palabra, el grito de un ser humano que, como muchos espera un mañana mejor para su patria… por otro lado, confirma y complementa algo de sobra sabido; que los peruanos parecen haber sido dotados para transformar el sentimiento auténtico en poesía”.

    Oscar Juvenal Ñique Ríos, se incorporó a la Partido Aprista Peruano, desde su adolescencia. Allí formó parte del primer cuadro de fajistas de este movimiento político. Durante la década del cuarenta y cincuenta del siglo XX, compartió la responsabilidad de organizar el partido aprista en el norte del país, por entonces integró cuadros dirigenciales del APRA junto a Antenor Orrego Espinoza, Alcides Spelucín Vega, Alfredo Tello Salavarría, Nicanor León Díaz, Luis Heysen, Julio Garrido Malaver, Julio Galarreta Gonzales, Luis Cáceres Aguilar, Hermes Cáceda Mendoza, Oscar Idiáquez Ríos, entre otros connotados personajes.

    Sobre la vigencia del aprismo, sostiene: “El APRA es un movimiento político dialéctico que programáticamente debe ir adaptándose a las exigencias de la realidad, en este sentido siempre será vigente. Pero sobre todo el aprismo implica una constante superación científica, espiritual y moral. Esto explica que nuestro movimiento no sea algo consumado o que tienda a desaparecer sino que tiende siempre a encarnarse en la mejora y realización del ser humano nacido de estas tierras. El APRA no solo se corresponde con las exigencias originales del pueblo peruano, además está llamado a hacer realidad que América sea el gran «pueblo- continente» anunciado por Orrego y visionado por Bolívar, Martí, Vasconcelos y Haya de la Torre”.

    Por esto–manifiesta Ñique Ríos- el aprismo es una revolución vigente. Tal como sostenía Arévalo, “El APRA está empeñado en una lucha santa en la que no caben las impaciencias ni las desesperanzas”. Nuestra responsabilidad por lo tanto, hasta donde nos alcance la vida, es afianzarla con ciencia, con dignidad, con un profundo amor por lo humano y con acciones concretas que permitan construir un pueblo y un mundo con justicia social.


    Poemas de Juvenal Ñique Ríos


    El Frontón


    I

    En esta isla - tétrica prisión -
    ruedan atropellándose
    las horas y los días,
    y nuestras vidas íntegras
    giran y giran en impalpable.

    El cielo nublado de tristeza
    tiene el rostro angustiado
    mirando hacia las rejas.
    El mar se agita,
    protesta y reza...
    Mar y cielo exprimen
    sus rostros empapados
    de lágrimas azules,
    y estremecidos, asombrados
    contemplan la tragedia del hombre
    en el lúgubre peñón.


    II

    Aquí, en el Frontón,
    no sé cuándo estallaron destrozados
    los horarios.
    Dese entonces,
    el tiempo detenido
    se ahueca en cóncava
    expresión de funeral.
    Y el hombre prisionero,
    secuestrado
    - agónico hombre -
    herido en su costado,
    sangrando pecho adentro,
    levanta su proclama de dolor.


    III

    Aquí, es esta gélida prisión,
    estrujadas corolas de tristeza
    deshojan sus pétalos llorantes
    sobre tatuajes hondos,
    sobre heridas sangrantes,
    y en las azules aguas
    del murmurante mar
    caen lágrimas densas
    sobre tumbos anónimas.
    Alguien reza en silencio
    y se quiebran las voces
    y se pierden las quejas
    en el fondo del mar.


    IV

    ¡Dios mío! Tú sabes
    del dolor del hombre,
    del hombre secuestrado,
    cruelmente torturado
    por amar al hombre
    de principio a fin,
    desde los poros a la sangre
    y desde la sangre hasta la médula.
    ¡Dios mío! Tú sabes
    como cae y se levanta el hombre
    amando y padeciendo su ideal.


    V

    Y este hombre más hombre
    - suma y multiplicación del hombre -
    condenado a morir todos los días
    se estremece en sus esencia y raíces
    y muriendo no muere !no muere!
    de su agonía se yergue recreado
    en a mágica expresión de la esperanza
    y en el fuego sagrado de la fe.
    ¡Dios mío! Tú sabes que el hombre
    se acrisola y se agiganta en el dolor,
    que nace del amor y se levanta por amor.
    Amor y dolor fecundos son,
    uno y otro naces de abismales esencias,
    de humanas honduras
    y se elevan a infinitas y supremas alturas.
    Sí, Dios mío, supremo creador,
    amor y dolor fecundos son.
    Amor y dolor iluminan al hombre
    en esta tétrica prisión.


    VI

    Y el ideal ¡nuestro ideal!
    (malgrado los esbirros del tirano)
    del martirio se levanta iluminado
    y se agita invicto, inmaculado
    ¡invencible ideal, fuego sagrado!
    Y el corazón libérrimo del preso,
    hervor de sacrosantas rebeldías,
    desde lo inconmensurable de su gólgota
    vibra en triunfales supremas armonías.

    El Frontón, 1941.



    Ave Marina

    Con el tiempo estoy aprendiendo
    a conocerte, a quererte,
    a mirar el geométrico trazo de tu vuelo
    y a comprender tu aislamiento solitario.
    Unas veces pasas regalando alegrías
    y otras deshojando penas.
    Pienso que gozas y sufres
    como todos los mortales.
    Con la libre expresión de tu anhelo
    encendido en el rumbo de tu vuelo
    conquistas el espacio
    reina de litorales.
    Amiga del inmenso mar,
    formas parte de su cielo.
    Dibujas círculos aéreos,
    líneas y figuras espaciales,
    algo escribes gaviota mensajera.
    No conozco tu alfabeto,
    no alcanzo a entender tu abecedario,
    pero siento tu mensaje.
    Tu libre transitar, tu libertad
    me hace pensar en la mía
    hoy estrangulada en el presidio.
    Aprendo de tu serenidad,
    de tu expresión de paz
    demoledora de impaciencias.
    Y sueño con agitar de las
    alcanzando alturas
    y conquistando un mundo
    de ilimitados horizontes.

    El Frontón, 1942.



    Desde mi Cautiverio

    I

    Compañera inseparable:
    La noche llega ataviada de sombras
    y el incorpóreo silencio
    se extiende en el penal.
    En mi celda, centinela implacable,
    asoma entre las rejas
    su rostro impenetrable.
    En un rincón, mi cuerpo aherrojado
    vibra aferrado a su propia luz
    inquebrantable.


    II

    No te puedo negar
    que la soledad y la tristeza
    me duelen como espinas
    rasgando mi costado,
    que siento dentelladas del odio
    con fiereza;
    que se aflojan mis huesos
    y sobre chincheros y fierros oxidados
    se desliza mi cuerpo atormentado.
    Luego se yergue por la fe iluminado
    y desde lo más recóndito
    grita mi alma su grandeza.


    III

    Hasta mi celda llega
    tu mensaje de amor
    como tierno rocío de paz.
    Impalpable tu imagen y tu voz,
    hacia mí descienden mitigando el dolor,
    y mi cuerpo se enciende
    de ternura inefable
    a pesar de la celda
    y su extraño terror.
    Tu espiritual presencia,
    tu añorada ternura,
    cambia el ritmo de las horas,
    y en mi humana estructura
    se estremeces mi esencia
    anunciando el milagro
    de cercanas auroras.


    IV

    Nada eclipsa la luz del pensamiento
    ni al fuego luminoso de nuestro gran amor.
    Nada podrá la ausencia,
    el cautiverio, el sufrimiento,
    ni el tiempo estrangulado por el vano rencor.
    Nada cambia ni turba mi diáfana existencia,
    ni lágrimas, ni quejas ni lamentos.
    Hay fuego en mis venas, paz en mi conciencia,
    y en mi humanidad cautiva
    florece el pensamiento.


    V

    Yo volveré a las calles, libre,
    sin oídos ni rencores,
    caminaremos juntos los caminos andados.
    Iremos en busca de las flores
    y te ceñiré diadema de ñorbos perfumados.
    Tú me darás la lumbre de todas las auroras
    recogida en el mágico pardo de tus ojos.
    Yo te daré mi lira, mi ánima
    y al paso de las horas
    natura milagrosa colmará tus antojos.


    VI

    Regresaré a mi querencia
    a nutrirme de su cielo, de sus vientos,
    de sus telúricas ofrendas.
    Visitaremos juntos el arroyo
    removiendo recuerdos entre zarzas y flores,
    y en los verdes ramajes de naranjos añosos
    orquestarán mensajes los pájaros cantores.
    Regresaré al terruño a reencontrarnos, amada,
    y los dos iluminados por nuestros invicto amor
    seguiremos la estrella por la senda soñada
    agitando los símbolos de laureles en flor.

    Prisión El Sexto, 1941.




    Amiga del Mar

    Gaviota: amiga del mar, ilusión alada
    en brumosa tarde descendida,
    detienes tu vuelo fatigada
    encarnada silueta consentida.

    Ave marina, itinerante viajera
    en el peñón te detienes confundida.
    Desde mi cuadra te observo, ágil mensajera,
    con tu mirada hacia el mar, indefinida.

    Me alegra ver tu grácil movediza silueta,
    pareciera que esperas enigmática cita.
    Te muestras nerviosa, angustiada, indiscreta,
    nadie te corteja en tu breve visita.

    Impaciente, pones fin a la espera, tus alas agitadas
    y ascendiendo en silencio rumbas preocupada.
    Tal vez han fracasado tus románticas citas
    y vuelas solitaria, triste y decepcionada.

    El Frontón, 1942.



    Amor Glorificado

    I

    Entre el cotidiano dolor
    de nuestro pueblo
    y su cotidiana esperanza,
    está nuestro amor
    creciendo entre azules ilusiones.
    Nuestras vidas, amada,
    están identificadas
    con el pueblo y su destino,
    con su misión suprema
    y sus grávidos anhelos.
    Su dolor nos eleva
    en busca de la luz
    para derramarla con amor
    sobre sus heridas lacerantes.


    II

    El llanto, la miseria, el hambre
    del niño abandonado,
    nos hace sangrar el alma.
    El calvario de la madre humilde
    nos golpea fuerte el corazón.
    La explotación, el abuso, la injusticia,
    nos duele hondo y nos rebela.
    Por eso se incendian nuestras lágrimas,
    nuestras voces estallan en proclamas
    y nuestras vidas sangran y se agitan
    como oriflamas en combate.


    III

    Nuestro amor, gravitación fecunda,
    raíz nutricia, inspiración de vida,
    seguirá creciendo a pesar
    de todos los dolores.
    Amada, tan distante
    y tan cercana
    espiritualmente tan en mí,
    físicamente tan lejana.
    Sin embargo, somo una sola existencia
    germinando en el surco
    tremante de la vida. 
    ¡Qué amor el nuestro!
    tan zarandeado,
    tan golpeado
    tan invulnerable,
    tan esencia,
    tan inmensamente símbolo
    se eleva entre el dolor
    y la esperanza.
    Amada: desde mi celda
    mi evocación te envuelve
    con auroral frescura,
    no obstante el hervor
    de mi protesta.


    IV

    Amada:
    Algún día el pan será verdadero
    para todos los pobres
    y dejará de ser dura piedra atragantada,
    anhelo insatisfecho, ilusión destrozada.
    Algún día el acíbar
    se trocará en mítica miel
    para endulzar los labios
    sedientos de todos los humildes.
    El hambre dejará de ser
    cruel espada cercenando vientres
    y cegando vidas.
    Algún día los trigales maduros
    mecerán la alegría de los pueblos
    y la justicia inundará de luces 
    todos los caminos.
    Algún día el dolor
    ya no será dolor de muerte.
    Esa es la esperanza que va creciendo,
    esa es la fe que nos levanta
    de todas las caídas.
    Entre tanto, esperemos amada.
    Esperemos que despierte la alborada
    y derrame sus luces
    sobre nuestras frentes agónicas.
    Esperemos, amada, ¡sin rendirnos!

    Prisión El Sexto, 1941.

    *Extraído de: Desde mi Cautiverio, Juvenal Ñique Ríos, págs. 17 - 19, 27, 49 - 54, 69. (2006).



    Juvenal Ñique Ríos: 
    un líder histórico que se mantiene firme en sus ideales

    Reconocido aprista nos da una lección de lealtad. Su serenidad es admirable.
     

    Por Carolyn Moreno Pérez
    Trujillo


    Don Juvenal Ñique Ríos, uno de los oradores preferidos y gran amigo del líder histórico del Partido Aprista, Víctor Raúl Haya de la Torre, es un hombre digno de destacar. En estas épocas en las que se habla con facilidad de transfuguismo político y de vacilaciones ideológicas, él ha demostrado ser una persona firme en sus ideales y convicciones.

    “Soy aprista desde que tenía 17 años de edad. Desde ese entonces no me he apartado del partido. Me mantengo y me mantendré indudablemente con el mismo fervor de toda mi vida”, expresa don Juvenal, quien el pasado 15 de julio cumplió 99 años de edad.

    Además don “Juve”, como le dicen de cariño sus familiares y amigos, es una persona extraordinaria. Solo basta con observar su mirada enternecedora para darse cuenta que no guarda rencores. “Uno de mis secretos para vivir muchos años es no odiar. Ser un hombre sin rencores. Mantener en el espíritu una serenidad propia de quien vive con la conciencia tranquila”, nos revela mientras lo entrevistamos en su vivienda.

    El también periodista, quien mantiene la sencillez que lo caracterizó desde muy joven, evita conversar acerca de los sucesos que vivió durante la Revolución de Trujillo, en 1932, así como de años después (desde la dictadura de Óscar Benavides hasta el gobierno de Manuel Odría). Ello, porque pasó malos momentos como prisiones, torturas, entre otras situaciones difíciles.

    “Tengo muchas anécdotas que contar… cuando fue la Revolución de 1932, siendo un adolescente, fuimos con otros jóvenes a la cárcel central de Trujillo a sacar a Ciro Alegría (el autor de ‘Los perros hambrientos’), con el hijo del profesor Nicanor León Díaz, apodado ‘el carioco León’… Luego llegaron tiempos de persecución y prisión, pero también tiempos de entrega y sacrificio. Cuando se trajina por un noble ideal hay muchas satisfacciones”, refiere, sin dejar de mencionar que por intermedio de su primo, el abogado Candelario Mendoza, llegó al Apra.

    También nos detalla que en 1933, con su primo que ya era militante aprista, asistió a una conferencia en el Teatro Popular, en donde se encontraba el líder del Apra, Víctor Raúl Haya de la Torre.

    HOMBRE VISIONARIO

    Don Juvenal tiene muy buenos recuerdos de Haya de la Torre. Para él era un hombre visionario, apasionado, alegre, con gran sentido del humor, dirigente didáctico y un gran orador.

    “Siempre me impactó su acercamiento a los niños. Era tierno con ellos. Era muy cariñoso con ellos y con los jóvenes. Le gustaba entablar amplios coloquios con la juventud y estos duraban hasta altas horas de la noche. También lo recuerdo sereno y severo en momentos de apremio para el partido. Pero sobre todo, recuerdo su forma de vivir, su humildad, su decencia. Le gustaba escuchar a la dirigencia de La Libertad y siempre nos exigía formación y sacrificio para servir al pueblo. Amaba mucho a su pueblo y jamás pidió nada a cambio para servirlo”, expresa.

    EL APRA ACTUAL

    Indudablemente el Partido Aprista de antes no es el mismo de ahora, reconoce don Juvenal Ñique Ríos, tras precisar que las diferencias son enormes. 

    “La mística, por ejemplo, no es la misma. Sin duda alguna, Víctor Raúl era un político con gran visión del futuro, dejaba expresarse a la persona. Sabía escuchar y entender a la militancia, al pueblo. Haya tenía gran sentido del humor para afrontar los problemas, y también tenía una gran visión para dar solución a todos los conflictos sociales de la época”, comenta.

    Asimismo, señala que a los dirigentes actuales les falta autoridad moral para plantear una educación verdadera que permita formar políticos que obren con ciencia y decencia.  

    “Me gustaría ver al Apra unida, dando prioridad a los jóvenes, volviendo a educar con amor al pueblo y preocupándose por ellos”, anota don Juvenal Ñique. 

    Recibió restos de Víctor Raúl

    Cabe subrayar que don Juvenal Ñique fue el único orador en aquella noche de agosto de 1979, cuando se recibieron los restos mortales de Haya de la Torre en la Plaza de Armas de Trujillo. 

    Esa noche durante el discurso no hubo aplausos, solo se agitaban pañuelos blancos. En esos momentos, los jirones del centro histórico estaban abarrotados de gente.

    “...Nos acostumbraste a tu pañuelo blanco, agitándose en tu mano izquierda como símbolo de tu pureza. De conductor sin mácula. Ahora llegas compañero jefe con tus brazos quietos, con tus labios quietos, tranquilo. Tu corazón ya sin latido...”, es una de las frases que pronunció Ñique esa noche.

    La alcaldesa de Trujillo, Gloria Montenegro, destacó de don Juvenal Ñique sus cualidades personales, morales y políticas.







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    ALBERTO VEGA HERRERA

    Nació en Arequipa, Perú en 1932. Ha publicado Tierra interna (1956), Palabra natal (1960), La arena del tiempo (1965), Poesía (1970, 2002) y El Mito que somos (2015). En cada poemario se entrega de lleno a sí mismo, con el verbo unificado que purifica su experiencia estética, la que se afianza en el libro que informamos de conformidad con la tradición literaria peruana.

    El motivo que lleva el texto encierra una variedad de propósitos y experiencias que van desde El arte poética a Las hetairas de Safo en parangón con la ciencia literaria y el autoconocimiento crítico que posee la poética de Alberto Vega en correspondencia con la secuencia estética, donde el poeta circunscribe las características valorativas del significante; de esta manera asistimos a su Arte poética, que argumenta: «el borrador/ del poema/ viene dentro/ en los genes», «Los poemas perfectos no existen/ porque la Poesía/ es impredecible/ No se sabe el rumbo exacto/ de lo llamamos inspiración». En El mito que somos: «Pero más que este poema/ hijo del ocio/ creador del mundo/ y autor secreto/ del enigma que es el hombre», « de ti solo queda/ el altar/ y no precisamente/ para desposarte». En Museo: «No existen dioses/ que no bajan a la Tierra/ a enmendar su perfección/ con un poco / de flaqueza humana». De Epílogo: « ¿lo que eres/ no interesa/ sino/ lo que los demás/ creen que eres». Vocatio ad cenam: « Por azar llegamos/ a este mundo/ y solo por suerte/ existimos todavía». El mar/ la mar: « el poema que hago a diario / como mi vida y mi muerte/ me corroe a cada instante/ como tú desgastas los peñascos». Tour: « Todo el museo de Luvre/ no puede con la risa/ de la Mona Lisa». Elogio de Santa Catalina: «Si hay un sitio / en el universo / donde Dios se animara/ a existir/ ese sería Santa Catalina». El Beso: « Y sobre todo tener bien puestos/los cinco sentidos en esta serenata/ que suele ser la carne», « Una blusa blanca de punto/esculpiéndole el busto/ponía el cielo a sus pies», « Hasta tus prendas íntimas/ eran de hilo negro/bordándome sobre tu sexo/le pena más excitante». Las hetairas de Safo: «El amor/es nuestras patria/ de que fuimos expulsadas», « yo me embriago/de ti/ para olvidar/ que debo recordarte», « Mi olvido te añora/ y sobre él/ te escribo/ este poema/ que nunca leerás/ como jamás/nos volveremos a tocar», « una mano en la cadera/ la otra tocándote/ el cabello/ que el viento acaba de agitar/ sobre tu frente/ ceñida de guirnaldas».

    Es, pues, el fenómeno del mito el que nos conduce a situaciones muy profundas de la naturaleza humana; se encuentra profusamente disperso en los peldaños de nuestros actos o creencias; sin embargo, se suele emplear esta voz con demasiada irreflexión, esto es, con un vago sentido de perfección, sin considerar que es lo opuesto a lo razón y a realidad segmentada. Al mito no pretendamos asirlo como algo definitivo a ultranza; su esencia es algo inefable e incomprensible desde luego, por consiguiente, su identidad es muy confusa; le permite adaptarse a cualquier terreno o circunstancia como el magnífico grafotexto de Alberto Vega, El Mito que somos, que testimonia con su verbo el traslado de una serie de circunstancias específicas de su yo poético, y profundiza toda una gama de posibilidades estéticas que impresionan desde la primera página.

    Nos suscribimos a él, por ser Alberto Vega uno de los poetas más completos de su estirpe en el continente, lo que nos lleva a una identificación a través de la lectura del libro, cual es, saborear su magnífico quehacer in perpetuum, pues su palabra otorga dimensiones inauditas en el espíritu del hombre humano que, según Umberto Eco, sería específicamente la lectura de una persona modelo y no, por supuesto, la del lector netamente empírico.  [Por: Abel Rubio Loayza]



    He dejado nacer a mis ojos

    He dejado nacer a mis ojos
    y he descubierto que el sol de todos los días
    emana un misterioso calor,
    se detiene con devoción en los parques,
    los árboles son más generosos de sombras
    y conforme va atardeciendo ellas crecen,
    crecen tanto que cuando el sol de despide
    en su seno oscuro lo encierra todo.

    He dejado nacer a mis ojos
    y lo he visto todo muy claro:
    el retorno de las gentes al hogar,
    la elemental discusión del padre de familia
    sobre la vida que cada vez se hace más cara
    y la mujer que responde en silencio mirando a sus hijos.

    Todo ha quedado como recién descubierto ante mí.
    Y hasta el inválido después de recibir su limosna
    ha observado sin rencor al hombre que camina
    que tiene cada propia y vida hecha.



    Quien haya sentido

    Quien haya sentido nacer una palabra
    conoce la voz inefable de las cosas.

    Y puesto que nada permanece mudo
    cuando el corazón habla,
    sorprendo la lengua del silencio,
    el río impenetrable
    que nunca va a la muerte.

    Y quien ahora 
    todavía crea en algo
    debe sentir lleno de asombro
    cómo un nuevo día
    despierta ante sus ojos.



    En qué sitio profundo

    En qué sitio profundo de la tierra
    está madurando mi muerte.

    En qué corteza de árbol,
    en qué perfume de flor,
    en qué dureza de piedra,
    en qué fragmento de astro,
    en qué planta submarina.

    Mi muerte madura como un canto
    en el otro rostro de la vida,
    y es el amor su natural fruto.



    Llego a la vida

    Llego a la vida
    como en verano a las playas.

    ¡Oh, mar formidable de montaña y de paz!
    Así quisiera yo que la felicidad se imponga:
    montaña de furia para despertar a todos,
    vaivén suave de ola para no ahogarlos.

    Y son pues necesarios los extremos
    tal dos pilotes de puente
    por los que el equilibrio pasa.

    Por eso amo en verano. Profundo como el mar.
    Y mi cuerpo se estremece en la arena.

    ¡Oh! sueño varado de un pez
    que la mar en silencio rescata.

    Yo he de morir como una ola.

    *Extraído de: "Tierra Interna/Palabra Natal/La Arena del Tiempo", Alberto Vega, págs. 18, 64, 90, 104, Concytec(1989).



    Pinocho

    Cuando mis ojos tuvieron la edad de
    la razón
    fue sensacional ver al muñeco de
    madera
    que terminó en un ser de carne y
    hueso.

    El que sucumbió a la tentación
    vapuleó a su conciencia, no fue al
    colegio,
    fue vendido a un circo, exhibido en
    una jaula,
    tuvo orejas de burro y le creció la
    nariz
    por mentiroso.

    Pero al fin se redime 
    y va en busca de su padre 
    hasta encontrarlo en el vientre 
    de un gigantesco leviatán.

    Fue mi primera lección
    y el recuerdo más vivo
    que de ti tengo -padre mío-
    maestro de mi gatear que tú calzaste
    con mis primeras letras
    en tu taller que luego heredaría
    para encontrar madera en las palabras
    con este cuchillo profundo que es la
    poesía.

    Me parece ayer cuando dejaste las hormas
    la lezna, la escofina y la chaveta
    el tirapié y el martillo
    el ácido oxálico y los cueros
    y los clavos que te ponías en la boca
    y la plancha en la que forjabas la suela
    sobre tu rodilla que después quedó
    inservible.

    Me parece ayer cuando dejaste todo
    eso
    para llevarme al cinema.

    Fue una matiné de hace ya
    muchísimos anos
    cuando salimos habla que te habla
    de la aventura de Pinocho y su padre:
    el títere que fué capaz
    de manejar su propia historia.

    (Oh humilde Vulcano de las armas
    cotidianas
    el escudo que me hiciste para
    enfrentar la vida
    recibe a diario innumerables golpes
    pero está intacto todavía)

    No te dejé trabajar en paz muchos
    días
    porque el tema de Pinocho se me hizo
    idea fija
    y recuerdo que una vez por
    escucharme
    te machucaste el dedo.

    [texto inédito repartido en la conferencia  Lo anglosajón en la poesía arequipeña (03 nov. 2010), como parte de la Muestra de literatura arequipeña en la Casa de la literatura peruana (Lima, 27 oct-17 dic. 2010)



    Alberto Vega, poeta interior

    Por: Alfredo Herrera Flores

    Hace veinte años, luego de compartir con él uno de mis libros, Alberto Vega me dijo: “El primer verso es importante”. Fue una sentencia y un consejo que me ha perseguido desde entonces, no sé si para bien o para mal. Ahora que releo su último libro, “El mito que somos” (Editorial UNSA, 2015) no puedo dejar de fijarme en su primer verso y darle la razón. El libro se abre con el poema “Declaración jurada” y es una sutil muestra de tres de las  características más sobresalientes de la poesía veganiana: la sabia brevedad, la reflexión inteligente e ingeniosa y la metáfora espontánea, natural.

    Hay un juego de roles interesante en este poema, la autodefinición del libro como tal, que al mismo tiempo es continente de poesía, y a su vez la poesía contiene la palabra del poeta, voz de quien escribe esos versos que conforman el libro: el libro es el poeta. Leamos: “Este libro/ es un dios/ depredador// arrepentido// que devuelve/ al mar/ el pez/ aún vivo.” No parece ser una idea circular sino un reflejo perpetuo del poeta visto a sí mismo en el objeto libro. Libro y poeta conforman una unidad. Pero además el poeta se define como un dios cargado de mal, no un demonio sino una deidad que frente a la ambición se torna bondadoso. Así el poeta Alberto Vega invita al lector a internarse en el libro que en el fondo es él mismo.

    Perteneciente a lo que se ha dado en llamar en el Perú la generación del 50, Vega ha sido el más silencioso de un grupo de escritores que a la postre conformaron una interesante galería de nombres notables. Publica en su juventud tres libros de poesía: “Tierra interna” (1956), “Palabra natal” (1960) y “La arena del  tiempo” (1965) para luego ingresar a una larga pausa editorial que duró hasta el año 2002, cuando publica un volumen titulado “Poesía”. Este silencio fue acompañado por otro más grave, el de la crítica y los lectores; sin embargo, a pesar de que fue anotado y tomado en cuenta para las pocas antologías regionales, su nombre se mantuvo vigente gracias  a su poesía: sencilla, cotidiana y de lado de los marginados.

    En su primer libro hay un poema que titula “El canto de los obreros”, con un lenguaje franco dice: “Desde abajo se sentía claramente/ aquel coro triste y sereno,/ era una canción cargada de esperanza,/ semejaba un himno de un país recién nacido.” Este es el tono que envuelve su obra, Alberto Vega ha extendido sobre su poesía un manto de solidaridad y una intimidad a los que no ha renunciado: “Y me olvido de todo principio y de todo fin/ y me pongo a vivir en tu nombre/ los días y las noche que me quedan”, dice al final de un poema de su tercer libro.

    Probablemente la mayor virtud de la obra de Vega sea la forma directa con que encara el poema, sin que esto signifique violencia verbal ni exigencia metafórica. Ya en el libro “El mito que somos” hay una suerte de sosiego y calma verbal frente a los temas universales de la poesía que solo la madurez y sabiduría pueden dar. En el poema “Hotel” dice por ejemplo: “de noche/ los seres del océano/ patrullan la calle/ en busca de mi último sueño”; no es una estrofa sencilla pues encierra un complejo mensaje, demuestra una actitud reposada frente a lo cotidiano y al mismo tiempo lo desconocido, sintetizados en lo más íntimo que nuestra racionalidad nos conserva: el sueño.

    “El mito que somos” reúne nueve libros breves, cuya temática va desde la explicación personal de la poesía en “Arte poética” hasta la reivindicación de la tierra natal en “Elogio de Santa Catalina”, o desde la reconstrucción de una galería de personajes míticos en “El mito que somos” y “Las hetairas de Safo” hasta el ambiguo e interminable tema del mar en “El mar/ la mar”. Sin embargo, parecen ser la intimidad humana y la propia poesía los temas centrales de este volumen que nos devuelve a un poeta mayor, ejemplar. Hay muchos versos que pueden servir de muestra para ilustrar esta afirmación, lo que a su vez demuestra la calidad que alcanzado la poesía de Alberto Vega.







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    Manuel Isidoro Castillo Vizcarra

    Nació en Arequipa, Perú en 1814, murió en la misma ciudad  en 1871, poeta que siguió la corriente romántica, el romanticismo  estuvo presente en él de forma innata, entre sus composiciones mas importantes estan: En la tumba de mis hijas, Canto al Misti, y el canto al Paraguay.

    Castillo era arequipeño, y no podia dejar de cantar los recuerdos , la gloria y las tristezas de su tierra, no podia dejar de saludar al coloso que desde niño contemplo, cultivo las ciencias y las letras, afiliado al gobierno de Salaverry, peleo contra la confederación del general Santa Cruz, en 1869 publico sus Americanos y su Canto a Arequipa.

    Murió  en el año de 1871 el 2 de mayo, el día del aniversario del glorioso combate ,...... la América toda le llora . La gloria que duerante su vida , le guiara por el áspero sendero que recorre el genio, se levanta ya sobre su tumba entonando el himno sublime de la inmortalidad. (Jorge Polar)




    Canto al 2 de Mayo
    Cantos sudamericanos - 1869



    A...

    Recuerdos de mi amor, surgid ahora
    Como lampos de luz sobre mi frente,
    Y, ante mis ojos, desplegad la aurora
    Que ayer me acariciaba con su ambiente,
    Traedme a la mujer encantadora
    Que fue la estrella de mi amor ardiente
    Y dio a mi corazón paz y ventura
    Con sólo un rayo de su lumbre pura.

    ¿Qué se hizo tanto bien?... Se hundió en la nada
    Y quedé solitario en el desierto;
    La luz de mi esperanza está apagada,
    El sol de mi ilusión está ya muerto,
    Hoy giro en tomo de una tumba helada,
    Cargando mi dolor con paso incierto,
    Y mis recuerdos ¡ay! llevo conmigo,
    Porque son en mi afán mi único amigo.

    [En: Poetas de Arequipa.  Antología - Los clásicos.  Tito Cáceres Cuadros.  Arequipa : Instituto Cambio y Desarrollo CYDES, 1995,  p. 48]





    A Melgar 

    Yo seducido de tu voz divina,
    pura como la brisa de los mares,
    blanda como la aurora matutina,
    triste como una tarde de pesares;
    Yo que a mi corazón un ¡ay! calcina,
    un ¡ay! muy parecido a tus cantares,
    yo puse en tu ataúd, lleno de angustia,
    de mi primer cantar una flor mustia. 


    Oh ! tú, poeta de sublime canto,
    ¿por qué corrieron rápidos tus días,
    y cesó de vibrar el laúd santo
    con que al amor y a la virtud solías,
    allá en el suelo que yo adoro tanto,
    encantar con tus blandas armonías?
    ¿por qué, por qué Melgar, tu lira rota
    no dejó al porvenir alguna nota?

    [En: Poetas de Arequipa.  Antología - Los clásicos.  Tito Cáceres Cuadros.  Arequipa : Instituto Cambio y Desarrollo CYDES,  1995, p. 48]










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  • 03/13/17--01:19: TRINIDAD FERNÁNDEZ [20.030]

  • TRINIDAD FERNÁNDEZ

    La ciudad de Arequipa es la cuna de este poeta, que nació en 1830, siendo su padre el veterano de la Independencia don Jose Cruz Fernández.

    Desde muy niño se consagro a la carrera de las armas, embarcándose a la edad de los 12 años en un navío de la armada peruana. Sirvió en ella hasta el año 1844, en que, a consecuencias de los sucesos ocurridos en Arica y la ruptura con Inglaterra, paso al ejercito de tierra en calidad de Subteniente. En 1854 y después de a batalla de la Palma en que termino la administración del General Echenique, se retiro después de Haber alcanzado el grado de Capitán.

    Incorporado en la planta de empleados del Ministro de Relaciones Exteriores, se le mando a organizar su expediente de cesantía, a consecuencia de la publicación de ciertos artículos contra la administración del General Castilla.

    Nuestro poeta vino a hacer, por la primera vez, estudios serios en 1851 bajo la dirección del literato español don Fernando Velarde.

    Sus producciones no pasaban hasta en época de ligeras coplas, escritas en los momentos de ocio del cuartel, para complacer a sus compañeros de armas.

    A partir de 1852, Fernández a colaborado en "La Ilustración". "La Revista", "El Iris", "El Cosmos", " La Revista Lima". "El Progreso Católico" y otras varias publicaciones.

    Acompañado con D. Juan Sánchez Silva fundo los periódicos "La Tunda", "El Independiente". con el Sr. D. P. Pereira Gamba "El Perú" con el Dr. Quimper "El Tiempo"; con D Nicolás Piérola "El Argos" y con el Sr. Larriva "La Maroma".

    En 1867 publico un volumen de poesías con el titulo de "Violetas Silvestres".

    Luego paso a desempeñar el cargo de Secretario de la Prefectura del Callao. Trinidad Fernández murió en el Callao el año de 1873, víctima de la tisis. [El "Parnaso Peruano"].





    CANTO FUNERARIO

    Antiguas reminiscencias,
    Lejanas resplandecencias
    De otros tiempos y otra edad,
    Despertad mi pensamiento
    y dad a mi sentimiento
    Amorosa suavidad.

    Inocencia, luz, pureza,
    yo anhelo la brillantez, 
    Ilusiones de la infancia,
    Esparcid vuestra fragancia
    Sobre mi lira otra vez.

    Blancas, dulces, ilusorias,
    Melancólicas memorias
    De mi hermosa juventud,
    Dad melodía a mi acento
    Ternura a mi sentimiento
    Y armonía a mi laud.

    Dadme el místico salterio
    Para cantar el misterio
    De la existencia veloz;
    Y de luz y poesía
    Revestid mi fantasía,
    Y de dulzura mi voz.

    Numen santo, santa estrella.
    Con voz lumbre pura y bella
    Ves mi espíritu a alumbrar
    Bálsamo de los dolores, 
    Con tus cándidos olores
    Ven mi mente a perfumar.

    Y tu, poeta. Derrama
    De tu magnifica llama
    El ardiente resplandor.
    Pues a ti, oh mártir, envio
    Del doliente canto mio,
    El tristisimo clamor.

    De mi laud olvidado
    Hoy las cuerdas he templado,
    Para llorar hoy por ti;
    Por ti, dulcísimo amigo,
    A quien el hado enemigo
    Persiguió sin tregua aquí.

    Por ti, victima inocente.
    En cuya pálida frente
    Resplandeció tanta luz;
    Por ti, por ti, mártir santo,
    Que de una vida de llanto
    Llevaste la grave cruz.

    Al recordar tus martirios
    En medio de mis delirios,
    En mis horas de aflicción,
    Tu fin funesto deploro
    Y amargamente te lloro, 
    Con el alma y el corazón.

    Y estas lagrimas que vierto
    Al conplemplar el desierto
    Que deja el tiempo al pasar.
    Yo las rindo a tu memoria
    Como la ofrenda mortuoria
    Que te vengo a consagrar.

    Las lagrimas son las flores
    Del árbol de los dolores
    Que nace en el corazón, 
    Y cuando esas flores caen
    Con sus perfumes nos traen
    Alivio y Consolación.

    ¡Pobre amigo! Porque te amo,
    Hoy de esas flores un ramo
    Pongo sobre tu ataúd;
    Son humildes siempre vivas;
    De mi dolor muestras vivas;
    Notas son de mi laud,

    Son quejas hondas, eternas,
    Melancólicas y tiernas
    Querellas del alma son:
    Son íntimos alaridos
    de lo mas hondo salidos;
    Son ayes del corazón.

    Como no hubiera llorado
    Al saber tu desgraciado,
    Lastimosisimo fin,
    Cuando entusiasta y risueño
    De tu magnifico ensueño
    Divisabas el confín;

    Cuando lleno de ilusiones
    Las bellas aspiraciones, 
    Te sonreirán del bien;
    Cuando el laurel y la palma
    A que aspiraba tu alma,
    Y adornar iban tu sien;

    Cuando bizarro y apuesto.
    Orgullos, audaz, enhiesto, 
    Marchabas al porvenir;
    Cuando todo en la existencia
    Con su hermosa florescencia.
    Con convidaba a vivir.

    Mas de súbito el coloso,
    De inteligencia grandioso,
    Grandioso de juventud,
    Cediendo a su desventura,
    Descendió desde su altura
    Al fondo de un ataúd.

    ¡Que fugaz que pasajera,
    Es aquí vuestra carrera,
    Oh mártires del honor!
    Os sacrificais y en tanto
    Tiende el olvido su manto
    Y apaga vuestro esplendor

    Y hasta en la tumba la envidia,
    Que contra vosotros lidia;
    Os suele insultar también;
    Que ella demuestra irrisoria
    Las mas brillante memoria
    Y las mas laureada sien

    Si indiferente se calla,
    Y si su dardo no estalla
    La venganza o el rencor
    La virtud y el heroísmo,
    Se pierden en el abismo
    Del silencio asolador.

    Nadie el virtuoso enaltece,
    Y en el olvido perece
    Del genio la grande luz;
    Y el que noblemente aspira,
    Solitario y noble expira,
    De la miseria en la cruz.

    Audaz el crimen se eleva
    Y triunfante en alto lleva
    Sus insignias y pendón,
    Mientras mueren olvidados
    Y viven abandonados
    Los hombres de corazón.

    Por eso tu, infausto amigo,
    Volaste a buscar abrigo
    En la augusta eternidad,
    Llevando virgen tu alma,
    Para conquistar la palma
    Que no hallaste en tu orfandad.

    ¡Desventurado Poeta!
    Tu alma elevada, inquieta,
    Su triste misión cumplió.
    El mundo te dio un calvario
    Y en tu arrojo temerario
    La muerte te arrebato.

    Tus bellas inspiraciones,
    Y tus tímidas canciones,
    Y tu apacible laud.
    Solas, pobres y modestas,
    ¿Se hundirán en las funestas
    tinieblas del ataud?

    Tu sencillez y grandeza
    Vestidas de alba pureza
    La eternidad confundió:
    Y el solo ¡ay! de tu angustia
    Y tu sombra vaga y mustia
    Entre nosotros quedo.

    ¡Ay profundo! ¡Sombra triste!
    Que a mis congojas asiste
    Y me acompañada a llorar...
    Recuerdo santo y querido
    Que desde el cielo ha venido
    A inspirarme este cantar.





    El pensamiento 

    Amenazando derribar sus muros
    en los peñascos duros.
    Choca rugiendo embravecido el mar
    y sus tumbos colérico revienta.
    Y sublevado intenta
    la tierra con sus aguas inundar.

    Lidiando con él noto, al fin el aura,
    victoriosa restaura
    De las revueltas olas la quietud,
    que sumisas se van a las riberas.
    Gimiendo plañideras,
    a apagarse con tierna lentitud.

    Tal así el pensamiento revelado,
    pugna desesperado
    por romper su raquítica prisión.
    Tentando, en vano, a derribar la meta
    que su vuelo sujeta
    y ataja de su impulso la ascención.

    Más, palpando su mísera impotencia,
    amaina su impaciencia,
    y torna hacia su centro, como el mar...
    Por eso ahora desolado siento
    que es un mezquino don el pensamiento
    si en su más grande anhelo ha de estallar 

    [En: Antología escolar de la poesía arequipeña. Carlos Maldonado Ramírez. Arequipa, 1955, p. 18]






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    Francisco Calizaya Villca y Delia Arce Castro


    Francisco Calizaya Villca

    Nació el 4 de Junio de 1929 en el pueblo de Challapata de la provincia Avaroa del departamento de Oruro-Bolivia, autodidacta (al igual que Miguel Hernández), empírico, multifacético, de un umbra amplio de luz y de valores humanos; traductor del castellano al quechua, poeta y declamador tanto de sus propias cosechas y de otros autores nacionales como Alfaro O., Bascope R. Barrenechea R. Calvimontes J., y de otros poetas nacionales y del mundo.

    Como músico en su juventud fué fundador del grupo musical ferroviario Los carrilanos en la ciudad de Uyuni-Potosi, hija predilecta del país, nominada como reconocimiento a su labor patriotica durante guerra del Chaco. En su carrera artística llegó junto con sus compañeros a participar en diferentes festivales tanto nacional e internacionalmente.

    Su habilidad creatividad, fantacia y pasión por ser un hijo de bien para con la sociedad, la cultura, el teatro y el arte en general, lo llevó a ser actor de obras dramaturgicas conosidas nacionalmente, como ” Lágrimas de una viuda” del autor García Lazcano Vidal, ”Conde Uyu”, ”La calle del pecador” de Salmón R., por ende lo condujo a ser parte del elenco teatral ”Andino” de la misma ciudad ya arriba mensionada, cuyo grupo social de actores fueron comprometidos socialmente, con la problemática de su entorno del entonces.

    Él tuvo una infancia pobre materialmente (a la ves fue muy rico por sus cualidades para sobrevivir) nunca pudo entrar y estudiar en la escuela ni tener asistencia médica alguna y normal como los niños ricos o de las grandes ciudades.

    Creció y vivió en una casa de adobes (mescla de tierra y pajas) en su pueblo, como casi todos los niños del camporural boliviano.

    Huérfano a corta edad enfrentó vicisitudes de las injusticias sociales en los diferentes sistemas políticos, culturales y de sometimientos que tuvo que encarar el país; se proletarisó a muy corta edad en busca de mejores días y porvenires, se sumergió al mundo del trabajodor minero en Pulacayo y posteriormente al ramo ferroviario como obrero en ambos casos.

    También nos comenta, que la música, la poesìa, la danza, el arte en particular y la cultura en general, están fucionadas en las comunidades andinas, mostrando sus vidas cotidianas y dando vitalidad y dinamismo a sus constantes propuestas culturales e integradas.

    En sus materiales el autor, nos presenta sin complejos, ni soberbias; en tres idiomas, el castellano idioma de la colonia; el quechua idioma materno y el sueco; es más, él expresa que este material es el preludio y un pequeño esbozo del prologo de un poemario inconcluso, así como también del éxodo de una Antología boliviana en el exilio a presentar en la prosperidad.

    De La misma manera, él expone y consta el agradesimiento a la que la compañera Ellionor Lofgren prestó por sus consejos en el manejo de su material y traducción al idioma sueco.

    De la misma manera hoy en día coordina publicación de poemas con la Unión de Poetas y Escritores de Quillacollo

    Por otra parte el autor en su poema muestra una tribuna con mucha grima de la vida real, frivolidades sociales de la vida, de inaplazables escalofríos cuando no se superan las infinitas adversidades que conllevan a finales disgustos e inesperados.

    El mensaje también advierte un colosal y monstruoso acto poseído que al final pone al descubierto su propia ruina.

    Al mismo tiempo no sobra la muerte de lo que deja atrás secretos inéditos y fragmentos de nostalgias, como veladuras de memorias en actos de fugas crecientes; producto de selos, odios y rencores

    ”Siempre hay un poco de locura en el amor…aunque siempre hay un poco de razón en la locura” (F.Nietzshe)


    RÁBANO ROJO

    Rábano Rojo,
    rábano rojo,
    rojos cual labios de bella mujer
    con salsita me los voy a comer.

    Francisco Calizaya V. 



    PALOMA DE CABELLOS RUBIOS

    Me dijiste que me querías
    donde está tu querer
    en la peña en el cerro
    lugares extraños

    Desde cualquier lejano país
    cada momento preguntaré
    en alas de los pájaros
    te mandaré mis recuerdos.

    Yo solía pedirte
    que me quieras un poco
    pero tu contestabas
    que nunca podrás amarme.

    Si al fuego me empujaras
    arde que arde te amaré
    al convertirme en cenizas
    así cenizas te amaré paloma.

     Francisco Calizaya V. 


    P´AQ”O CHUJCHA URPILA

    Munakuyki niwarqanki
    maypi chay munakuyniyki
    qaqapichu orqupichu
    chayri runaj llajtanpichu.

    May caru llajtamantapis
    sapakuti watusqayki
    p´isqokunaj lijranpipis
    yuyayniyta apachimusqayki.

    Nuqaqa nisaj kayki
    munarinawaykita
    qanri kutichiwaj kanki
    ni jayk´aj atinaykita.

    Njnamanpis thanqaykuway
    lauran lauran munasqayki
    usphaman tukuspapis
    jina uspha munakusqayki urpila.

    Autor y traductor Francisco Calizaya V.



    ”Los selos, el odio y el rencor, no son sinónimos de libertad; son los que envenenan el alma” (Aruma Markasata)


    SANGRE Y NEVADA
     (Alma de perro)

    El reloj marcaba la doce,
    no puedo olvidar el crimen,
    de una noche cubierta de nieve.

    De pronto se escucha una voz.
    ofresco un brindis amada mia.
    mañana sera otro año.

    No, no te acerques a mi,
    no quiero brindar,
    no quiero sentir tus besos.

    Dos puñaladas serteras,
    el cuerpo del hombre sintio,
    con las manos en el pecho,
    silabas entrecortadas.

    Una mañana obscura y fria,
    el cadaver de un hombre,
    sangre y nevada cubrio.

    Francisco Calizaya V.



    ”Svartsjuka, hotet och långsinne är inte synonymer till frihet, det är det som förgiftar själen” (Aruma Markasata)


    BLOD O SNÖ
    (Hundens själ)

    Nyss slog uret tolv,
    jag kan inte glömma brottet,
    en natt täckt av snö.

    Ur mörkret stiger en röst!.
    jag vill skåla med dej min köra.
    i morgon är en nytt år.
    Nej, nej kom inte nära mej,
    nej, jag vill inte skåla,
    jag vill inte ha dina kyssar.

    Två träffsäkra stick,
    lämnades på mannens kropp,
    händerna vita mot bröstkorgen,
    stavelserna kortades av.
    En kall och dunkel morgon,
    och liket av en man,
    höljt i snö o blod.

    Francisco Calizaya V.




    "Lo más atroz de las cosas malas y de la gente mala, es el silencio de la gente buena".

    EL INDIO
    (Francisco Calizaya Villca)

    A las dos de la mañana
    la sirena del campo anuncia madrugada
    se alista el indio, busca su llama
    y en su tosca tarcka copla su tonada.
    Crucero del cielo anuncia el qaqa,
    la sirena esta inquieta cargada de neblina,
    el indio acabo su pijchu, levanta su hacha,
    doblando su llijlla,
    con hojas de coca la suerte adivina.
    Puesto de rodillas ante tata dios,
    invoca la gloria con ytriste plegaria,
    le pide favor cruzando sus brazos,
    pobrecito indio llora su desgracia.
    Ni sua, ni llulla, ni q´lla,
    ¿Por qué este rigor?.
    Tambien el perrito, su leal amigo,
    detrás del paria jadeante camina,
    alargando su lengua se alarga al postígo.
    Buscando sombrita del sol que calcina,
    el indio alza los ojos, ahogados en llanto,
    ha visto las torres, las torres del sumaj orqo,
    llora, recuerda y maldice al patrón que lo flageló,
    tanto, tanto y tanto.

    (Bolivia-Potosi-Pulacayo 1950 04 02)

    Glosario:

    Tarka.- Palabra aymara de un instrumento musical típico pentatonico de Bolivia.
    Qaqa.- Adj. Al día gris
    Pijchar.- Acabado de acullico o rel. al masticado y ensalivado de la hoja sagrada de coca.
    Llijlla.- Aguayo o tejido de colores que sirve para llevar comida o coca.
    Sua.- Palabra quechua que significa ladrón.
    Llulla.- Palabra quechua que significa mentir.
    Q´ella.- Palabra quechua , significa flojo.
    Sumaj orqo.- Cerro hermoso rel. al cerro rico de la ciudad de Potosí en Bolivia.




    ”Quien no lucha hermano, es aunque no quiera, soldado enemigo y es el traidor en desliento que merma el coraje del pueblo en rebelión”.


    DESPEDIDA

    Cual un crujir de laminas aceradas,
    se escuchaba en el taller de un pasillo.
    Con el cantar de los titanes de un martillo
    corazones y pulmones se agitaban.

    Pá donde anda ese pinche Pedro
    mamón, co nesa pinche mirada,
    le corrieron de la chamba
    por reclamar su jornada.

    La patrona encabronada
    en el momento la ley ignoraba.
    Arriba obrero, tuya es la chamba,
    tu no eres el chingón de la sociedad vaga.

    Bajo tus pisadas la tierra tiembla,
    que sepa el tirano que el mundo es tuyo,
    tú eres el mañana, siempre serás el futuro.
    Que sepa el imperio que tú cambiarás el mundo

    Francisco Calizaya V. (México 1980-11-15)

    DE LA ANTOLOGIA BOLIVIANA
    (Más allá de nuestras fronteras y de la tierra de nadie).

    ARUMA MARKASATA
    (Voces de mi Pueblo)

    Publicada en Letranovel 2014 en Suecia






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  • 03/13/17--09:18: NATANIEL AGUIRRE [20.032]

  • NATANIEL AGUIRRE 

    Nataniel Aguirre González (Cochabamba, Bolivia; 10 de octubre de 1843 - Montevideo, Uruguay; 11 de septiembre de 1888), fue un destacado abogado, diplomático, político, escritor e historiador boliviano.

    Nataniel Aguirre nació en la hacienda de Huayllani, en el departamento de Cochabamba el 10 de octubre de 1843. Fue el cuarto de cinco hijos —Cristina, Miguel, Modestino, Nataniel y Josefina— del matrimonio del financista y político boliviano Miguel María de Aguirre y de la dama peruana María Manuela González de Prada; esta murió en 1846 cuando el futuro escritor tenía solo tres años de edad.

    Terminó el bachillerato en Sucre en 1857 y poco después conoció a Margarita de Achá, hija del presidente de Bolivia José María Achá. Con ella, a quien adoraba y dedicó un sentido poema, contrajo matrimonio el 30 de marzo de 1864 después de titularse de abogado. El matrimonio tuvo nueve hijos, uno de los cuales, José, quien seria también años después un destacado escritor y político boliviano.

    Estudios y política

    Estudió Derecho en la Universidad Mayor de San Simón (UMSS).1 y ejerció el periodismo ya en sus tiempos de estudiante; en 1862 fundó El Independiente, donde tenía una columna.

    El mismo año de se casó y se recibió de abogado fue nombrado secretario de la Delegación Boliviana en Lima, Perú. La familia González Prada, parientes de Aguirre por el lado materno, lo introduce en los círculos intelectuales y políticos peruanos. También en 1864 escribe la obra de teatro Visionarios y mártires, sobre dos personajes —los patriotas peruanos Manuel Ubalde y Gabriel Aguilar— que en 1805 habrían concebido en el Cuzco la idea de la independencia de su patria.

    Al año siguiente regresó a Bolivia para colaborar con las fuerzas de su suegro, que había sido derrocado por el golpe militar de Mariano Melgarejo, contra cuya tiranía lucha activamente (participa en el combate de la Cantería y en otras batallas).

    Participó, tras la muerte violenta del dictador Agustín Morales, en la Asamblea Constituyente de 1871 y en los debates suscitados entre los unitarios, encabezados por Evaristo del Valle, y los federales de Lucas Mendoza de la Tapia, tendencia que, tras dudar, pareció más justa a nuestro escritor, que era de ideas liberales. Fue diputado por la provincia de Chapare —en calidad de tal asistió a la Constituyente de 1872—, miembro del Consejo de Estado del presidente Tomás Frías (1872) y prefecto del departamento de Cochabamba (1879).

    En 1879 partió a la guerra del Pacífico a la cabeza del escuadrón Vanguardia. Dirigió la Convención de 1880, que ratificó en pleno conflicto a Narciso Campero como presidente constitucional. Este lo nombró ministro de Guerra primero y luego, de Relaciones Exteriores. En calidad de tal negocia en 1884 el Pacto de Tregua con Chile a pesar de que personalmente era partidario de continuar la guerra.2

    Sus ideas sociales eran avanzadas; defendió la necesidad de una gran reforma agraria y apoyó a los indígenas. Suya es la frase: “Hagamos del pobre indio un ciudadano como nosotros”. En 1885, el mismo año de fundado el Partido Liberal de Bolivia, se convierte en jefe de esa organización en Cochabamba.

    Literatura

    Miembro de la llamada Generación de 1880, entre sus obras cabe destacar Represalia del Héroe, Biografía de Francisco Burdett O'Connor, Bolivia en la Guerra del Pacífico y la novela que lo hizo famoso, Juan de la Rosa. Esta obra —publicada originalmente con el título de Cochabamba. Memorias del último soldado de la Independencia y sobre cuya autoría han surgido dudas—,3 es, según críticos y expertos, una de las fundamentales de la literatura boliviana.1 También escribió teatro y poesía.

    Últimos años
    ]
    Falleció en Montevideo, de camino a Brasil, donde el gobierno del presidente Gregorio Pacheco Leyes lo había enviado como ministro plenipotenciario ante la corte de Pedro II. Sus restos fueron repatriados a la ciudad de Cochabamba, donde yacen ahora en su mausoleo del cementerio general.

    Obras

    1864Visionarios y mártires Teatro Obra dramática sobre los patriotas peruanos Manuel Ubalde y Gabriel Aguilar
    1868Represalia de un héroe TeatroObra dramática sobre el patriota Nicolás Bravo, pieza basada en un episodio de la independencia de México ocurrido en Oaxaca en 1812
    1877Unitarismo y federalismo  Historia-
    1882-1883Bolivia en la Guerra del Pacífico (1882-83),Historia-
    1884-1885"Juan de la Rosa" Memorias del último soldado de la independencia Novela-
    1886La bellísima FlorianaNovela-
    1883El LibertadorHistoriaCompendio histórico de la vida de Simón Bolívar
    1874El general Francisco Burdett O'ConnorHistoriaRelato sobre este irlandés que llegó con los ejércitos de Sucre y se quedó en Bolivia



    A mi esposa

    Contigo, dulce bien, mi venturanza
    es cielo limpio, como tu alma pura,
    lago tranquilo, donde al fin descansa
    el alma mía de tu amor segura.

    Allí la nube del pesar, si avanza,
    es humo apenas, que un momento dura,
    o ave de paso que a rozar no alcanza
    la onda dormida en perenal tersura.

    Así cruzo feliz y descuidado
    ese mar de la vida, en que tormenta
    la calma para mí no ha presagiado.

    Y si a mi torno el huracán revienta,
    será una isla tu amor, donde salvado
    reiré al rugir la tempestad violenta



    En su famoso libro “Juan de la Rosa”, Nataniel Aguirre insertó 
    algunos poemas. A continuación uno de ellos.


    Una paloma se ha perdido
    En la enramada.
    Tal vez la encuentres, ¡oh golondrina, 
    Que inquieta pasas!
    Oye sus señas, como en mi duelo
    Posible es darlas;
    Porque no hay nadie que decir pueda
    Belleza tanta.
    Hermosa Estrella de la Alegría.
    Así se llama,
    Sus ojos mismos son dos luceros
    De la mañana.
    Ninguna has visto sobre la tierra
    Como ella blanca;
    Porque lo que es menos la pura nieve
    De las montañas.
    Al ver su rostro la flor soberbia
    De la achancara
    Se dobló mustia sobre su tallo, 
    Quedó humillada.








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  • 03/15/17--00:48: EDUARDO SARAVIA [20.033]


  • EDUARDO SARAVIA 

    (Ciudad  de México, 1977) 

    Ha publicado en diversas revistas del país. Ha sido becario de la Fundación para las Letras Mexicanas, del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, y del Fondo Especial para la Cultura y las Artes del Estado de México. Fue ganador de los Juegos Trigales del Valle del Yaqui “Bartolomé Delgado De León” en el 2008 y del premio nacional de poesía “Clemencia Isaura” en el 2009; obtuvo el tercer lugar en el certamen “Letras del Bicentenario Sor Juana Inés de la Cruz 2011”, en la disciplina de poesía, el premio nacional de poesía “Efraín Huerta 2012”, convocado por el Estado de Guanajuato, y el premio hispanoamericano de poesía “San Román” en el 2016.





    Del libro
    Ovidio lee a Ezra Pound mientras navega hacia el exilio



    Naturaleza muerta 
    con niño y con caballos

    Sentado en el jardín, cruzado de piernas, leo a  
       Burton
    Ha llegado el invierno, temperatura ideal para ciertas 
       palabras, recuerdos
    heridas

    tendido en el pasto como en la llanura,  
       indiferente ante la lluvia que amenaza, a un 
       lado de mí juega mi hijo con tres caballos 
       de madera
    la imaginación relincha, cocea la realidad, y de 
       rato en rato pasta en sus orillas
    su jinete, la mano, la lleva del rosal al cactus, 
       en el viejo oeste

    380 a .C., Demócrito diseca tigres en un jardín 
       de Abdera, la disección es precisa, enérgica, 
       sin lugar a dudas
    todos huimos de la melancolía, mi hijo no, 
       mi hijo le jala las barbas
    ríe
    y le presume sus caballos saludables

    que así sea
    porque sucede que nuestras vidas son naturaleza 
        muerta, botellas de vidrio y fruta, animales 
        muertos, flores, el límite de esto y aquello
    para los niños el cielo es cielo, azul o gris
    yo, acostumbrado a los matices, sé que mi vida  
      se detiene donde fluye el agua
    y justo ahora, sentado en el jardín, con un libro entre 
      las piernas
    siento que una gota me rebana el pecho 




    Fábula de Polifemo y Galatea

    Galatea
    Galatea insaciable a las orillas de mi noche
    por ti recuerdo, caigo, nado en el insomnio, toda 
       piernas largas y dulzura
    cruzadas y soberbia, in
    alcanzable
    para este Polifemo, 
    toda tú, tan despreocupada, tan serena, toda largas y 
    blancura, con tu short de lona, cómo era
    Dios mío, cómo era
    era diminuto, una lindura abotonada, una mañana de 
       septiembre, y ella
                                                               pero no sucedió, y 
       me arrepiento, ella leía junto a la ventana, qué leía
    Carver, desaparecía en Carver, igual que su primera 
       esposa, y Tess, que también escribe, quiero decir, 
       desaparece
    luego yo, que en espera de su desnudez no encontré 
       sino la palabra desnudez, padecí de palabra, 
       noche adentro del lenguaje me hundí, como 
       siempre que me entrego a lo que se padece
    así que la seguí mirando, a ella, tan vestida, toda soles, pero 
       no para mí 
    quedó en un gesto, un sueño estéril, un disparo al 
    aire urgente y triste
    oh cuánto me arrepiento de haber perdido aquella 
    noche 
    en que bailamos a pierna suelta en La Catrina, la 
    noche en que acabó con otro
    la noche, esa noche, ojos claros, serenos 
    si de un dulce mirar sois alabados
    ¿por qué, si me miráis, miráis airados?

    y dijo que le gustaban los poemas 



    Árbol rojo

    El ocio es mirar un árbol de mandarina en el corazón 
       de una colonia agreste
    lo he encontrado de pronto, frente a una casa 
       abandonada
    y tal vez por la costumbre de mirarlo en medio de la 
       ruina
    los vecinos han dejado de notar su señorial presencia 
    yo no he podido sino sentarme sobre la otra acera
                                                                      y contemplarlo

    paseo meditabundo
    mañanas minuciosas en las que uno podría escribir su 
       testamento, renunciar al empleo, declararse 
       derrotado frente al enemigo

    estamos a mitad de octubre pero podría ser diciembre 
    la ciudad es un concierto para oboe y orquesta
    aromas dulces, limpios, pero poca ociosidad en torno
                                      ¿dónde están los contemplativos?

    A decir de Roger Sue, en la actualidad, el ocio se 
    traduce en un consumo neurótico de objetos que 
    supuestamente brindan nuevas satisfacciones, a la 
    vez que obedecen básicamente a una 
    preocupación por establecer una distinción social
    “consumo neurótico”
    habrá que trabajar para costearlo 
    de una carta de Rimbaud:
    trabajar ahora, eso nunca jamás; estoy en huelga

    si trabajara ahora sería hombre muerto
    por la mañana la luz del sol atraviesa el ventanal de mi casa, 
       ilumina la habitación, sus rayos tocan el librero 
       que me espera al fondo, los libros despiertan 
       lentamente, se desperezan tras una larga noche
    si trabajara ahora sería hombre muerto 
    un esclavo del estrés, la preocupación
                                                                            el dinero
       ¿el dinero?

    el ocio es mirar el árbol de Mondrian en el corazón de 
       la Guerrero
    el árbol rojo, lo he encontrado sin querer
    en una carta Mondrian dice: “la naturaleza (o lo 
       visible) me inspira, despierta en mí la emoción que 
       impulsa a la creación”
    tal vez pintar es detenerse, dar la espalda al vértigo 
       común, mirar en torno
    lo cierto es que, como pintor, Mondrian era un 
       autodidacta que luchaba contra sus propias 
       limitaciones técnicas
    pienso en eso ahora mismo, árbol rojo
    una lucha constante
                                           una lucha



    Karoshi

    Hace falta valor, tenacidad y muchas horas extra para 
    atreverse a pedir al jefe el anhelado aumento
    necesidad hace falta, conducir en monociclo, manos 
    pulcras y uñas cortas

    primera ley de Jeffrey, equivocarte y que aplaudan 
    si algo puede salir bien, ¿no soy genial?

    África oriental, 3:00 pm, 40 grados a la sombra, una 
       manada de leones hembra y sus cachorros 
       descansa en espera del momento oportuno para 
       atacar
    yacen ociosas, aristocráticas bajo la sombra, mientras 
       los buitres trabajan
    no muy lejos de ahí, una manada de hienas se 
       alimenta de un búfalo aún con vida
    las hienas trabajan rápido, quince minutos después 
       sólo quedan los cuernos
       ¿qué no harían en tiendas departamentales?
                                consumo neurótico:
                               vértigo del tiempo libre
    la palabra ocio, para los griegos, significaba también 
       educación, así que las leonas se toman un tiempo 
       para enseñar a cazar a sus cachorros antes de la 
       despedida 

    segunda ley de Jeffrey, hasta tus ideas baratas resultan 
       buenas
    si algo puede salir bien, ¿trabajar los fines de semana?,
    esto es
    amor al automóvil 
    enajenación y culto

    cae el crepúsculo sobre la estepa umbría
    a esta hora, hasta los buitres descansan en el África 
       negra
    hacia el fin de sus días el león ha perdido la mitad 
       de sus dientes, ya no puede cazar, y pronto le 
       será imposible alimentarse
    si tiene suerte
    durará, si se hace a la carroña 

    algunos mueren antes 




    Paranoia

    Transcribo el miedo
       noche anoche lo leo en las paredes
    GOLPES
    MURMULLOS
    PERSONAS  que sin cesar piensan al lado

    y debo transcribirlo todo, no soy más que el 
       escribiente, LEO
    luego escribo golpes en la puerta, pasos, cuchicheos 
       detrás de la cortina
    dicen cállate cállate que tú no entiendes nada 
    dicen cierra con candado escucha no te duermas
    eso ordenan las personas, y no tengo otra salida salvo 
       la escritura, la obediencia

    noche a noche me destruyen, me aniquilan
       lentamente, son Saturno devorando a sus hijos, 
       soy el hijo, la manía soy, el fracaso que no 
       concede ni un segundo, ni un instante de reposo
    eterno copista flaubertiano
                                                  eternamente 

    puede que la tendencia más extrema de la paranoia 
       sea la de aferrar completamente el mundo por 
       medio de las palabras
    se acentúa por las noches
                                                     el mundo
                              lo transcribo en las paredes

    Messerschmidt que esculpe los 60 gestos de la paranoia 
    Schreber en plena recepción de los nervios divinos 
    continúo esta labor afantasmada de encontrar
       significado a lo insignificante
    aislado de los otros, en esclavitud perpetua de los que 
       piensan a mi lado
    y justo ahora
                GOLPES 
                         MURMULLOS
    yo acato 



    Desde la torre

    (Soneto)

    Me gusta comenzar a oscuras, una primera línea
    que nunca es la primera, que ata y desata y viene y va 
    del mundo al mundo compartido

    Hecatón y Apolonio de Tiro dicen que Zenón, 
       habiendo consultado el oráculo acerca de lo que 
       debía practicar para conseguir una vida feliz, le 
       respondió la deidad:
    que se asemejara a los muertos en el color
    lo cual entendido, se entregó al estudio de los libros 
       antiguos
    eso dice Diógenes Laercio que dijeron
                     y retirado en la paz de estos desiertos
    Zenón desapareció, se desvaneció frente a una 
       enorme pila de libros
                     desapareció, leyó, se ausentó del mundo
    eso dijeron, o no dijeron, o lo dije yo 
    ¿qué puedo tener que entregar de mí que me sea 
       propio?
    Zenón de Citio, decíamos
    “en víspera perpetua de aventura 
    no salió nunca de su biblioteca” 

    porque más que paz halló la guerra, y si vio 
      desiertos, éstos estaban afantasmados, poblados 
       de irrealidad, de meditación, de ausencia
    Zenón abandonó el mundo por la lectura de un libro, 
       luego abandonó también el libro, pero no la 
       lectura, ésta lo siguió en su soledad a todas 
       partes, madurando mezclándose con otras
    fundiéndose metal con metal, a golpe de retina

    esto es
    asistir a la deserción del yo
                                                        hacerse nulo

       que se asemejara a los muertos en el color 
       que escuchara con sus ojos a los muertos 




    Radiografía en sepia

    Míralo correr sobre la hierba
    míralo ascender totalmente desnudo, indiferente al frío 
    acostumbrado a la neblina, en las montañas de Tollocan 
    juega con las ramas, las sacude y canta y baila con 
    alegría interminable
    míralo correr hacia la bruma, mira el rastro niño de sus pies 
    ensangrentados

    11:00 pm en la carretera congelada, tráfico
    a través de la ventanilla, resguardado, me asalta una 
       visión entre las frondas:
            pies desnudos sobre láminas de hielo
    sangre
    de la página 90 a la 95
    ¿cómo llegó a pasar?
    estaba pensativo, absorto, casi ausente
    a decir de Charles Simic la imagen debe ser 
       poderosa, golpear la conciencia del lector
    pies desnudos sobre láminas de hielo,¿es
       suficientemente poderosa?
    apenas un comienzo, una descripción que no seduce 
       a nadie, carece de profundidad, de riesgo 
    imagen de la imagen de la imagen, “pienso en los 
       poemas como posibilidades estéticas, objetos 
       de belleza y de contemplación”

    Míralo correr sobre la hierba
    míralo ascender totalmente desnudo
    indiferente                                  al                             frío, 
    acostumbrado a la neblina en las montañas de Tollocan 
    juega con las ramas, las sacude y canta y baila con 
       alegría interminable
    míralo correr hacia la bruma, mira el rastro niño de sus 
       pies ensangrentados
    como una aparición
               el poema, míralo bien
    va de lo oscuro hacia lo oscuro 
    del placer al goce
                          un niño muerto tendido en el asfalto 



    Elogio de la tristeza

    “Toda juventud es sufrimiento”
    así comienza la introducción de Bonifaz Nuño a su 
       traducción de Cármenes, de Valerio Catulo
    mezcla de poema en prosa y breve tratado de las pasiones
    leo este fragmento como quien mira el agua y en ella 
       encuentra un centelleo

    diciembre 24
    seis días atrás estaba en cama, al borde de lo que 
       más ignoro, sólo el recuerdo de unos cuantos libros 
       me anclaba a la habitación, deseaba experimentar 
       ese placer de nuevo
    algunos párrafos, algunos versos vuelven a nosotros 
       bajo circunstancias muy concretas, son parte de 
       nuestra historia íntima

    las inyecciones iban y venían con urgencia, las 
       jeringas entraban y salían dejándome en un estado 
       de total aturdimiento, de dolor
                           náusea, vértigo, 
                           un zumbido intermitente 
    sólo hay una cosa peor que estar enfermo: recaer tras 
       el primer signo de mejoría
    pasé dos noches delirando por la fiebre: 

                                                  un cráneo
    necesito esculpir un cráneo para mi poema, 
    decía, una caja ósea

    estado de indefensión
    ya no me atrevo a salir a la calle, temo una nueva 
       recaída, temo al sol, al aire, a los otros

    tal vez caer enfermo no es sino el resultado de 
       estar triste
    quiero decir, hay enfermedades llamadas por 
       nosotros, les abrimos la puerta, les procuramos 
       comodidad, luego se adueñan de la casa
    la destrozan
    es como devorarse a sí mismo lentamente, Saturno 
       devorando sus riñones
    autofagia de la desdicha

    acaso un lector es aquel cuya tristeza se desborda 
       de su cauce dejando tras de sí un escenario de 
       zozobra y náusea, dolor y vértigo

    un nombre dio vueltas en mi cabeza durante los 
       primeros días
                                               un nombre
    la palabra no llegó a mi lengua, no salió nunca de 
       mis labios, no se convirtió en lenguaje
    era una imagen fija en el interior de mi cráneo

                                               Belerofonte
    el héroe griego, acaso el primer personaje 
       melancólico en la historia
    tan pronto pude levantarme fui a revisar los versos 
       que registran esta pena 

    Ilíada,VI
    “Pero cuando ya él también se volvió odioso a todos 
       los dioses 
    en verdad por la llanura Aleya erró solo
    mordiéndose el alma y de las sendas de las gentes 
       huyendo”

                                                “mordiéndose el alma 
                                                o devorando su corazón”

    para Belerofonte la vida dejó de tener sentido cuando
        también se hizo merecedor del odio de los dioses, 
        en Eurípides, incluso niega su existencia
    y enemistado con la gracia, enfermo de soledad, su 
        destino fue el de Ícaro y el de Faetón: a causa de 
        su desmesurado deseo acabó en la amargura, el 
        fracaso

    en su introducción a las elegías de Propercio, dice 
       Bonifaz que éste halló satisfacción en su carencia y 
       en su necesidad el verso
    no negaré que después de semana y media en cama, 
       me halaga la menor muestra de afecto, la ternura 
       repentina
    pero no tener que levantarme más, la posibilidad de 
       rendirme desde ahora
    me hace sentir una dicha resignada, casi plena
                                                  el anhelado desapego 











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  • 03/15/17--02:30: KARL SCHEMBRI [20.034]

  • Karl Schembri 

    (Malta, 1978) es uno de los autores más comprometidos e internacionales de la isla meditérranea de Malta. Tras cuatro años en la Franja de Gaza, hoy tiene su base en Jordania, donde ejerce como representante de prensa para el Norwegian Refugee Council. Sus frecuentes viajes a tierras y campos de refugiados de Iraq, Siria y Yemen continúan a alimentar su escritura. Su novela más conocida, Il-manifest tal-killer (2006), fue serializada para la radio Campus FM, sin llegar a emitirse tras una orden de censura de la Universidad de Malta. Un año después fue llevada al teatro, adaptada por Lemonhead Productions. Es autor de dos colecciones de poesía, ambas del 2013: Passju Taħt ix-Xita (Rayuela bajo la lluvia, Horizons), y Remember the Future (Writing Knights Press, EEUU). Ha leído sus poemas en festivales en Malta, Lodève (Francia), Dublín, Ubud (Indonesia) y Byron Bay (Australia). En febrero, Schembri fue uno de los poetas invitados al XIII Festival International de Poesía de Granada, Nicaragua.
    http://circulodepoesia.com/2017/03/poesia-de-malta-karl-schembri/



    Esta es mi isla

    Esta es mi isla
    follando entre hojas secas
    y tiestos de alfarería.
    Mi corazón se acostumbró
    a las sequías del verano
    y a las heridas de las chumberas.
    Aborrece la vetusta humedad
    de las granjas desgranadas,
    los altares, los que quedan
    tallados en la caliza
    con la sangre de mártires olvidados,
    los templos de felicidad antigua
    llevados por el boca a boca
    de vecinos que desaparecieron.
    Mi isla, extraviada, retozando
    entre Leli de Ħaż Żgħir, Fredu Gambin y los nietos de Venut
    que este verano se fueron de compras a Dubái
    y el año que viene irán a ver al AC Milan.

    Mi pobre isla
    que se enamora de gente sin corazón
    y bestias sin víscera,
    intimidando a enanos
    y a veces cabreando a gigantes.
    Tañe las campanas para santos de cartón piedra
    mientras su amado le pone los cuernos
    en medio de la plaza
    eyaculando cerveza.
    Allí va ella, confundiendo siempre
    la valentía con la ignorancia,
    la ola con la riada,
    timidez vacía con drama insular,
    puritanismo heredado de su último conquistador –
    no sabe si ha de seguir venerándolo y dejarlo
    penetrarla por el ano
    o si echarlo ya de una vez
    y decapitarlo
    como hicieron con el asqueroso Barbazul.

    Amo a mi isla
    con la distancia del astronauta
    que nunca sabe
    si volverá a casa
    vivo.

    Nota: Leli de Ħaż Żgħir, Fredu Gambin y los nietos de Venut son personajes inventados por tres autores principales de la narrativa maltesa. En Leli ta’ Ħaż Żgħir (Manolo de Pueblo Pequeño), novela psicológica escrita por Gużè Ellul Mercer, Leli es un ilustrado considerado loco; en Il-Gaġġa (La jaula) de Frans Sammut, el antihéroe Fredu Gambin lucha contra la mentalidad insular; y Ulied in-Nanna Venut fl-Amerka (Los nietos de la abuela Bienvenida en América), de Juann Mamo, es una sátira de un grupo de malteses emigrados a Nueva York.



    Billete abierto

    Soy ciudadano con valija
    mi país es color del sol
    mi lengua va lamiendo los dialectos
    mis piernas bailan con el viento
    mis ojos conocen las mujeres de la calle.

    Billete abierto, diario en blanco,
    restos de la memoria
    un pasaporte con el rostro de los pueblos que amé
    la dulce sonrisa de ayer
    y un folleto del museo de las historias
    llevo conmigo.

    Mi isla navega con las corrientes
    se echa polvetes en los aeropuertos
    se tumba a descansar en los alféizares
    de las ventanas abiertas del tren.

    El mapa de mi tierra
    se dibuja cada mañana
    un mosaico de iglesias vacías
    y de plazas abarrotadas
    cantaores en los callejones
    niños comiendo helado

    esquinas oscuras
    muros iluminados
    lugares de pecado
    para los pícaros

    en esta tierra mía infinita
    el tiempo se ha detenido

    el yihadista
    se emborracha con el Papa
    y llama a los feligreses,
    los feligreses toman al almuecín
    por arlequín
    y lo mandan a la mierda

    en este sueño de mi pueblo
    sin despertador
    el tiempo se ha detenido.

    *

    Los espíritus asedian la noche de palabras
    hilando rimas gemelas en profusión
    parpadean en los cruces las linternas
    con su litanía de creación.

    Canto en mi lengua el salmo de la hermosura
    mi lengua que ha lamido los sudores de todos los tiempos
    voy versando en proverbios las fábulas de los ancestros
    y las verdades del yo entono en cuentos.

    Escuchad el campanario que se mofa de nosotros
    al recordarnos la hora en este día infinito
    mientras el incienso nos acaricia las narices
    con gotas de reposo aún prometido.

    En los escalones de la iglesia reniego
    las biblias que me dieron de comer sin gana
    los tabernáculos dorados en los altares
    cerrados con llave por mano humana.

    Porque yo creo en los rumores de los tontos
    en versos grabados con rabia en el muro:
    ‘te amo’, ‘no a la globalización’, ‘te quiero a mi lado’,
    ‘jódete’, ‘no’, ‘a tomar por culo’.

    Caminé y caminé hasta descubrir todo esto
    caminé y caminé sin nada encontrar
    me tumbé en una cama de hotel
    que según la recepción era matrimonial.

    Conozco un sol que brilla sólo a fin de tarde
    conozco un mar oculto bajo el desierto
    conozco una chica que vive de la tierra
    conozco un árbol negro en un ocaso incierto.

    Conozco a un chico brasileño
    que mira un avión en pleno vuelo
    y se pregunta cómo hace la gente
    para subir allá arriba y atravesar el cielo.

    Conozco a un preso tunecino
    clandestino.

    Conozco a un japonés
    al que le robaron la bici.

    Conozco a un libio sin pasaporte
    que trabaja en una cantera.

    Conozco a una chica del Kósovo
    que toca un piano destripado.

    Conozco a un palestino
    que visita la tumba de su hijo todos los días
    conozco a su madre que no quiere hablar
    y a su amigo que estaba con él aquel día.

    Conozco a un bailarín catalán
    tan ágil que su sombra se queda atrás
    va trazando círculos en la arena
    fíjate en la luna que baila al compás.

    Esta es mi tierra
    este es mi pueblo
    esta es la hora
    en que me llevo el viento.
    Esta es mi tierra
    mi pequeño universo
    esta es la historia
    que en la valija llevo.



    A la seguridad del aeropuerto Ben Gurion

    ¡Es un cuaderno!
    En él escribo poemas
    bueno, versos desarticulados
    palabras agudas
    una metáfora para detonar dinamita
    aliteraciones liminares aniquiladoras
    al borde del onanismo.
    Granadas catapultadas con poesía.
    ¿Le parece peligroso?
    ¿Está prohibido en su aerolínea nacional?
    ¿Será porque mis garabatos en árabe
    tallados con navaja
    llevan trazas semíticas de semtex
    y alambre en cursiva?
    Y mis versos de amor febril en francés
    los despojos de la obsesión
    mis garrulerías en italiano
    demasiado de izquierdas para su gusto
    y todos mis escritos en maltés,
    ah, mis escritos en maltés
    – de Malta, ¿es un país? –
    haciéndote dudar
    si mi pasaporte
    no será de un falso país
    una entidad inventada
    que no resulta bastante enemiga
    para su lista negra
    y sin embargo lo bastante sospechosa
    para hacerme pasar dos veces
    por su máquina cobarde de rayos X.

    No sabe tratar conmigo
    sino desde detrás de una pantalla.
    Cabrón.




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  • 03/15/17--02:48: FÉLIX MOYANO [20.035]


  • Félix Moyano Casiano 

    (Peñarroya-Pueblonuevo, Córdoba, 1993), ha realizado el Grado de Filología Hispánica en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Córdoba, que terminó con la presentación de su trabajo 'Hacia una interpretación expresionista de Poeta en Nueva York de Federico García Lorca', calificado con matrícula de honor. 

    En 2014 recibió una beca como estudiante de movilidad de la carrera Letras hispánicas durante un semestre en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM, Ciudad de México). Máster en literatura española e hispanoamericana, teoría de la literatura y literatura comparada en la Universidad de Salamanca, actualmente cursa el doctorado de investigación en literatura en la Universidad de Salamanca.

    Félix Moyano, II Premio Valparaíso de Poesía con su libro 'Insostenible'

    El joven poeta cordobés Félix Moyano Casiano ha resultado ganador del II Premio Valparaíso de Poesía con su libro 'Insostenible', que se caracteriza por su tono lírico, "conseguido gracias a un discurso apostrofado que, en virtud, de su discontinuidad, genera el efecto de la superposición de planos y simultaneísmo". Según ha informado la editorial Valparaíso en una nota, así lo ha destacado el jurado del premio, formado por Raquel Lanseros, Alí Calderón, Fernando Valverde y Javier Bozalongo --en representación de Valparaíso Ediciones--, que ha tomado su decisión por unanimidad tras la deliberación en la noche de este viernes, decantándose por "un libro vertiginoso que cuestiona el verso convencional y que sostiene su ritmo gracias a cortes versales y encabalgamientos abruptos". A esta segunda edición del Premio Valparaíso de Poesía se han presentado un total de 135 trabajos, de los cuales 13 han sido sometidos al veredicto del jurado. Valparaíso Ediciones publicará el libro ganador, 'Insostenible', en su colección de poesía. Esta editorial granadina con vocación internacional, está actualmente presente en un gran número de países de Latinoamérica, y cuenta con colecciones propias a través de Valparaíso México y Valparaíso USA. Con motivo de sus cinco años de existencia, la editorial presentará próximamente el número 100 de la Colección de poesía, manteniendo un "constante diálogo tanto con los autores más consagrados del idioma español como con jóvenes poetas que ven promocionados sus primeros libros a través de la editorial".



    ARRITMIA

    yo tengo un corazón que late un poco
    más despacio de lo común yo tengo
    horas de sueño acumuladas noches
    volviendo solo a casa incertidumbre
    amores imposibles desengaño
    yo tengo un corazón que late como
    si fueras a volver cualquier mañana
    y ya la muerte no nos importase
    un corazón que hospeda en su memoria
    la pérdida de nombres que regresan



    ACTION PAINTING

    mi sangre te atraviesa muy despacio
    recorre en erupción tus cavidades
    te pierdes al sentir palpitaciones
    nos vamos sumergiendo en los latidos
    leves como metrónomos
    te quedas sucia rizomática
    tu rostro ya no sé
    si es tu rostro o es un cuadro de pollock



    PRIMERAS IMPRESIONES

    la veo aparecer por el pasillo
    gafas de pasta negras blusa azul
    camina algo despacio decidida
    hola durante un tiempo voy a ser
    la sustituta soy becaria escribe
    en la pizarra su correo escribo
    en un papel la dirección observo
    fijamente su escote me detengo
    su boca paraliza el hambre
    del departamento de literatura
    que habita en los océanos dormidos
    hoy damos la poesía de la experiencia
    y termina la clase continuamos
    mañana salgo el último del aula
    mantengo la mirada empieza el juego
    y pienso hola durante un tiempo yo
    voy a ser parte de tu vida y luego
    ya veremos tu fiel alumno
    durante un tiempo voy a ser el otro
    cómplice de estupor seré contigo

      

    DESPECHO

    según la rae el despecho es aspereza
    es desesperación es un disgusto
    desengaño el despecho es lo peor
    sería mejor si su etimología
    fuera la de su homógrafa
    pero proviene de desprecio sabes?
    creo que el despecho está infravalorado
    cuando alguien lo practica manifiesta
    su intención manifiesta su objetivo
    hay algo de despecho en cada vínculo
    siempre se manifiesta esa es su esencia
    y con condescendencia lo recibes
    como de un ser que es débil pero no
    no es así en realidad cuando lo sientes
    te das cuenta el despecho es conformismo
    no el despecho es inconformista
    es la naturaleza del concepto
    volveremos a vernos algún día?
    es probable el despecho es lo que tiene



    CIRCULAR

    las drogas no hacen falta para qué
    si ya no hay realidad de qué escapar
    VICENTE LUIS MORA

    te ves tan encerrado en tu interior
    que ni siquiera el tiempo se involucra
    en este juego extraño que mantienen
    tus yoes ficcionales en sus mentes
    das pasos automáticos caminas
    hacia tu habitación pero una imagen
    azul insostenible fragmentada
    al fondo del pasillo en el espejo
    te hace pensar en qué estarás haciendo
    con tu vida hacia dónde te dirige
    la tarde con sus grietas
    y entonces el reflejo se detiene
    y piensas más despacio que en verdad
    los problemas carecen de estructura
    y vuelves a tu cama con tus voces
    y piensas que sus máscaras producen
    un grito alucinógeno impreciso
    de espacios invisibles subterráneos
    que forman pasadizos de interior
    donde las sombras saben que es probable
    que ni siquiera el tiempo se involucre



    PERIFERIA

    mi corazón son todos los polígonos
    un sábado a las seis de la mañana
    cuando está amaneciendo y los reproches
    borran las huellas del deseo cuando
    no estás a mi lado y son inversos
    los códigos del abandono a nuestra
    idea de vivir en providencia




    INSOSTENIBLE

    Eres lo que me mata, lo que ahoga
    el pequeño ideal de ir viviendo.
    EFRAÍN HUERTA


    formas parte del horizonte cuando
    te quedas en silencio equidistante
    a cualquier gesto a todo lo que envuelve
    al desamor y sus rituales formas
    parte de los reflejos de los mapas
    de ciudades con nombres desconocidos
    formas parte también del desencanto
    del sexo consentido y su mecánica

    eres quien me destroza constituyes
    fragmentos de la desesperación
    inoportuna de las noches más
    insoportables de la hostilidad
    más imprecisa y de este modo incierto
    en que pasan mis días y mis horas
    formas parte del tiempo y del espacio
    eres insostenible







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  • 03/15/17--03:40: TERESA MATEO [20.036]

  • Teresa Mateo 

    Teresa Mateo Marcos nació el 12 de Octubre de 1984 en Murcia. Pese a su timidez, estudió Arte Dramático en la Escuela Superior de Arte Dramático de Murcia y después estudió Trabajo Social en la Universidad de Murcia. Es una mujer a la que no le gusta hacer planes, y todas sus preocupaciones o aquellos sentimientos que le parecen extraños y que le atormentan, los expresa en el papel, mediante la poesía.

    Actualmente, vive en Madrid, con sus sueños. Ha participado en diversos recitales y proyectos colectivos, incluída en 'Doce veces un año', una antología autoeditada de jóvenes escritores vinculados a las redes sociales.

    El primer poemario de Teresa Mateo, ‘Cuando nos repartimos los bares’, Frida Ediciones, 2015



    Sé qué es lo correcto (IV)

    Sé qué es lo correcto.
    Sé exactamente por dónde.
    He trazado caminos en los mapas
    atravesando océanos en ámbar.
    Cruzo sin mirar los restos,
    me miran a mí,
    me observan a mí
    que no soy yo,
    me dicen por allí no, 
    cómenos con tus labios navaja, me dicen.
    Maldita ruta surcando tu pelo,
    maldita marejada
    con olas de tu tamaño
    gemelas de ti y unidas al nacer
    que extirpa mis velas de caso omiso a lo atado
    y bien atado.
    Me arranco los ojos,
    que no me miren,
    que no me miren
    tus restos.

    Texto incluido en Noviembre (Doce veces un año)






    CUANDO NOS REPARTIMOS LOS BARES"-FRIDA EDICIONES-2015 


    Toda esta ausencia tenía un motivo vistiéndose de verde, toda esta ausencia era para volcarme en papel, para tocar los dedos que pasan las hojas, para dormir cerca de las almohadas, para compartir los trayectos en metro, para ver el recorrido de las miradas pasando al siguiente verso, para estar y para ser. 

    Pedro Andreu dice que "Cuando nos repartimos los bares habla de eso que el propio titulo explica: de ruptura sentimental. De ese jodido infierno que todos hemos tenido que sufrir alguna vez: el saber que los lugares comunes harán daño y deberemos desprendernos de ellos si queremos seguir adelante, esos bares donde fuimos felices y que tendremos que repartirnos para no encontrarnos. Habla de esa difícil carretera hacia el olvido que tendremos que atravesar sin luces para lograr reconstruir de nuevo nuestra vida y nuestro ser. Pero Teresa Mateo no cae en el sentimentalismo ni la ñoñería en la que es tan fácil incurrir al hablar de desamor. No, ella encara los poemas con un fino humor desencantado, se ríe del dolor y de ella misma, se distancia de su propia tristeza para vencerla, ahogarla, darle patadas."

    Estoy aquí. 




    SEÍSMO ERES TÚ
                
    ¡Dame tus dedos, acres                 
    de olor a gasolina.  
    Esos dedos cerrados                        
    que precintan la oscura      
    mercancía del vértigo!
              
    Ernestina de Champourcín


    Cabalgamos libertad
    tras las dunas,
    con las plantas de mis manos
    buscando tu agua.
    Cabalgamos libertad
    sobre líneas imaginarias,
    con los océanos de tu boca
    empamando mi tierra.
    Mi amazona vence a tu héroe.
    Atroces caníbales los labios.
    Y ladran los perros,
    y bésame los arrecifes.
    No me imagines mujer terrestre,
    sirena varada
    orillada en tu vientre.
    Escríbeme secretos en la nuca,
    siendo yo refugio,
    siendo tú cénit.




    HASTA CUÁNDO IBAS A SER BANCO RECIÉN PINTADO

    Llevas el reloj de tu vida
    con la mía atrasado,
    es por eso que los trenes
    que tienen mis dedos
    se marchan antes de que aparezcas.
    Me disparaste a quemarropa
    siendo bala perdida,
    es lo que tiene besar con los ojos cerrados
    y quedarte a vivir soñando,
    haciendo que mi sentido común
    fuera el de tu tacto.
    He intentado tantas veces encajar
    en la silueta de tu cadáver,
    pintada en el suelo,
    solo para que me abraces,
    que al final tanto frío me ha quemado.

    Tan solo me queda arrancarme
    tus puntos suspensivos del corazón
    y que sea la primavera la que me sangre.


    Quién me iba a decir
    que a una herida tan
    profunda sólo le hacía
    falta un punto.

                                       El final.



    MI ANIMAL

    Porque el amor anhela su sepulcro en la carne;
    quiere dormir su muerte al calor, sin olvido,
    al arrullo tenaz que la sangre murmura
    mientras la eternidad late en la vida, insomne.

    ROSA CHACEL 

    Me he mirado a la cara
    y he desarmado al sentido.
    Mi animal tiene hambre.
    Mastica los recuerdos
    de un pasado que no existe.
    He saltado por la ventana
    que se abre cuando se cierra una puerta.
    Mi animal tiene hambre.
    Devora esquinas de mares,
    tú despides calor y con adioses
    me dejas tiritando
    dentro de la recámara
    como si no fuese yo arma de fuego,
    como si no fuese yo pólvora negra,
    cápsula fulminante.
    Tengo la boca llena de tierra de por medio.
    Chirrían mis dientes que son las balas.
    Se me caen de los bolsillos
    y los meto debajo de la almohada.
    Mi animal tiene hambre
    de noches arrasadas por incendios,
    de estepas y caballos,
    de sol de media noche




    ERES UN MONTÓN DE POEMAS DE AMOR Y UNA CANCIÓN CUALQUIERA

    Estoy escuchando la canción
    tu canción,
    una canción,
    podría ser cualquier canción,
    como esta noche, una noche cualquiera
    en la que se me ha clavado
    la espina de tu recuerdo entre los dientes
    convirtiéndome en todas esas ganas
    de abrir el frasco de la mermelada de fresa.
    No hay kilómetros suficientes para medir
    la distancia desde este punto hasta tu punto, 
    la mido con el espacio sobrante
    de entre mis dedos desde que tú no,
    y qué lejos
    y qué lento el tiempo, 
    se me ha ido de las manos sin despedirse,
    ahora permanece en la arena 
    de una playa desierta sin huellas.
    Sabes a huida y sólo me has dejado relojes de cal.
    Estoy escuchando la canción,
    tu canción,
    una canción, 
    podría ser cualquier canción,
    como esta noche, una noche cualquiera
    en la que pienso que qué hija de puta toda la historia de la música. 





    Reseña "Cuando nos repartimos los bares" de Teresa Mateo

    Cuando nos repartimos lo bares habla de eso que el propio titulo explica: de ruptura sentimental. De ese jodido infierno que todos hemos tenido que sufrir alguna vez: el saber que los lugares comunes harán daño y deberemos desprendernos de ellos si queremos seguir adelante, esos bares donde fuimos felices y que tendremos que repartirnos para no encontrarnos. Habla de esa difícil carretera hacia el olvido que tendremos que atravesar sin luces para lograr reconstruir de nuevo nuestra vida y nuestro ser. Pero Teresa Mateo no cae en el sentimentalismo ni la ñoñeria en la que es tan fácil incurrir al hablar de desamor. No, ella encara los poemas con un fino humor desencantado, se ríe del dolor y de ella misma, se distancia de su propia tristeza para vencerla, ahogarla, darle patadas.

    Si tuviera que definir con una sola palabra este libro, la elegida sería divertido. No tanto por el tema del que trata el libro, que como podéis ver en el título es el desamor, sino por la forma tan ingeniosa de tratarlo, un característico juego de palabras utilizado por la autora. 
    Esto, hace que veamos las rupturas amorosas desde un punto diferente, porque en esos momentos es cuando se escribe desde el dolor y es muy complicado, o por lo menos yo lo pienso así, darle ese toque especial y muy característico que hace verlo desde otro punto de vista.
    Me ha encantado que no hable sobre el amor desde esa tristeza que se contagia. Sería por lo principal que os recomendaría este libro.

    Las personas que son luz al 
    principio del túnel son 
    las más peligrosas

    En general, lo he considerado una buena lectura. Es un libro se lee con mucha rapidez porque ser bastante corto y porque los poemas que lo componen son bastantes ligeros, por regla general de una página cada uno.
    Os vais a encontrar versos muy bueno, que a veces transmiten ideas opuesta. A mi, personalmente, me ha encantado este verso "He llegado hasta infinito contando/ hasta tres para olvidarte", puede que no os diga nada a simple vista, pero a mi me ha recordado a cuando era niña y jugaba a cualquier juego en el que tenía que quedarme contando y los demás se escondían, mientras se mezcla con vivencias de una pasado de no tan niña en el que quieres olvidar a alguien.
    Sensaciones como estas las he experimentado con diversas frases del libro y creo que a cada uno le recordará a algo diferente según los recuerdos de cada persona.

    Todo permanece en el silencio de una
    canción antes de que empiece la siguiente
    y yo bailo como si sonara tu risa
    y no tuviera miedo del ladrido de ningún perro

    Aunque me ha parecido un libro recomendable y que de vez en cuando le echaré un ojo, me han fallado algunos detalles.
    Principalmente, aunque hable del amor desde otro punto de vista, todo el libro es de amor y para mi gusto, aunque no sea pesado de leer, es un poco repetitivo por el tema, porque sabes de lo que va a tratar el siguiente poema aunque esté expresado con otras palabras. Hubiera preferido un poco de diversidad, pero por lo menos no es el amor típico.
    También me ha fallado un poco en la estructura de los poemas, no en todos, pero si en algunos me ha parecido poemas hechos con frases bonitas que hablaban del mismo tema y eso es algo que me sacaba un poco de la lectura. Esto puede que se deba al estilo de escritura de la autora, que en algunos poemas es de poner puntos cada dos o tres versos, pero como digo, no me ha pasado con todos, sino puntualmente en algunos casos aunque si me distraía bastante, aunque como ya sabéis son manías personales mías, porque los frases son preciosas y si os gusta este estilo os vais a enamorar de los versos, os lo aseguro.

    En esta casa sin ti
    hay sonetos nunca escritos
    y un destino emborronado a lametones.

    Para terminar, lo único que tampoco me ha convencido del libro es la última parte. En ella no encontramos poemas, sino frases sueltas.
    Eso lo he visto en muchos libros últimamente y siempre es la parte que menos me gusta. En este caso, toda la alegría que desprende el libro ha desaparecido en esta parte, no por la forma de escribir o tratar el tema, sino por qué no conecto absolutamente nada con estas partes. Se me ha hecho más pesado de leer que el resto del libro y solo son unas frases en comparación con lo demás que son poemas.
    Las frases que vemos son bonitas y con las que te puedes identificar en más o en menos medida. Que no me guste no significa que sean malas, sino que como siempre digo, tengo un estilo bastante definido a la hora de leer poesía y las frases sueltas para mi no lo son y prefiero leerlas en Twitter, pero se que para la mayoría de la gente es una de las mejores partes del libro. Por eso, evitando mi opinión personal en lo referente a todas estas secciones en todos los libros, he de decir que son unas frases bonitas, que transmiten muchos sentimientos y siguen con la temática y estilo personal de la autora. Con ese juego de palabras en algunas ocasiones y ese optimismo que desprende.

    Ven, que la distancia sabe mantenerse sola.

    En general es un libro que recomiendo, porque aunque hay detalles que no me han gustado, me ha parecido una lectura muy entretenida que puede ser un grato acercamiento al mundo de la poesía que os dejará con buen sabor de boca y con ganas de más. 
    Es por eso por lo que principalmente me parece un libro recomendable, ya no solo a la gente que esté comenzando a leer poesía sino a los lectores avanzados pues es un poco de aire fresco dentro de tanto formalismo.

    Mai Velasco
    Colaboración con Frida Ediciones




    X

    Está cerrado a cal y canto
    sólo canciones tristes
    No tengo voz para dejar de llamarte
    Sopla el viento
    y se me ve lo tupido de las entrañas
    Dejas una migaja dentro
    de la manga en la que tendría que estar el as
    de perder la última mano de tus cartas
    me molesta como si fueras
    la etiqueta de mi camiseta favorita
    rozándome la piel
    la corto y se descose la costura de la sonrisa
    Desapareces mientras estoy en mis cosas
    que ya sin más remedio que el que no tengo
    son solo mías
    Me encuentro como x perdida
    marcando la suposición rotunda de un puede ser
    desubicada desde que no vive
    encima de un usted está aquí.




    Buscándote azul

    He estado buscándote azul desde siempre
    esperando a que llamaras a mi puerta
    y decirte sí quiero con cara de boba
    con los pies en el aire
    Esperando
    Tejiendo un velo con papel del váter
    No puedo follar contigo sin pensar que hay algo más
    sin pensar
    Se me ulcera la vida sintigo amor
    Me falta el aire
    Cuando no estás no puedo respirar
    Contaminado
    Te necesito
    Te necesito
    Te necenecio
    también tengo que decirte
    que de mi boca
    que lame cuando quiere
    con quien quiere
    como quiere
    no va a salir ápice de ese pensamiento rancio
    que huele 
    que apesta
    que no es que asuma que no quieras nada conmigo
    que se parezca a una palabra que empieza por 'a'
    y termina en 'mor'
    Que no es que te esté desesperando
    a que me des un visto bueno ni malo
    Que corro libre
    Que me corro libre amor




    La tormenta

    Limpiaparabrisas a la velocidad de mi mente,
    haciendo camino de capazos
    de arena marcando el tiempo,
    eterno o infinito, confundiendo
    los términos con los principios.
    Las punzadas de agua se
    trasmutan en un abandono
    del estado líquido;
    ya no hay estado ni bandera del olvido.
    Corro hacia el portal queriendo adelantar
    al pensamiento en voz grito
    del que palpita dejando mensajes en morse,
    dictando lo que le sale de los cojones,
    y yo, tonta de ti, haciéndole
    todo el caso de tu mundo y guardando
    lo que sobra en una fiambrera,
    por si más tarde, por si algún día.
    Abro la puerta, calma inquieta, desértica.
    Aparecen las olas por la cocina,
    me hago barricada, me declaro en guerra.
    Desabrocho los botones de la pasión apagada
    que resbala por mis rodillas hasta el desagüe,
    atascado en empeñarse,
    atascado en este no dejar fluir cotidiano
    que ha decidido cogerme confianza
    negándose a expirar de asco.

    Estoy en tu recuerdo, achicando agua
    y sin llamar a los bomberos,
    pensando en cuánto tarda en secarse 
    la ropa en invierno.




    El disparo

    Le iba a decir que tengo ruido en la mirada,
    y que no se preocupe si no alcanza
    que yo le paso la sal de mis pestañas.

    Le iba a decir que tengo una contracción proyectiva
    latiendo en un campo de flores-mina
    y un mal perder la cuenta
    de las vueltas que da la vida.

    Le iba a decir que soy laberinto conocido
    que vale menos que salida por conocer,
    que empiezo a pensar que dentro de control
    no hay espacio suficiente para estirar las piernas.

    Le iba a decir que soy paso en falso de escalón
    y que tengo una sonrisa gris ceniza
    de un cigarro que se apagó
    por fuego cruzado ausente.

    Le iba a decir que no se esfuerce
    que soy un contra de todo
    y no iba a ser menos su pronóstico.

    Le iba a decir tantas cosas
    que no me dio tiempo a nada,
    con un disparo certero
    me calló la mirada a besos:

    ' Dame la mano aunque yo lo quiera todo,
    voy a sacarte de dudas a bailar '











    Me matas de ganas

    De follarte
    de quererte
    de reírte y de lamerte
    que me matas de ganas de verte
    en blanco y negro
    y de colores
    de odiarte a ratos cortos y largos.

    Si me concedes este baile
    me agarro a tu clavo ardiendo
    y entonces el tiempo,
    que no pasa sino que se corre
    como cuando llueves a mares
    entre mis piernas
    porque sabes que
    cualquier cosa que digas
    podrá ser utilizada para que
    me pongas entre tu espada
    y mi pared.

    que me mates de ganas te digo
    que me mates de ganas te digo

    que me mates de ganas.




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  • 03/15/17--04:44: CÉSAR IGLESIAS [20.037]


  • CÉSAR IGLESIAS

    César Iglesias (Mieres, Asturias 1961) es licenciado en Filología Española por la Universidad de Oviedo y periodista, profesión que ha ejercido en diferentes medios de comunicación e instituciones públicas. Es miembro del consejo editorial de la revista cultural El Cuaderno, ha colaborado con las revistas Criterios, Aeda, Maremágnum y Clarín. Publicó la plaquette Las casas pechadas (Ediciones Trea, 2011) y ha sido incluido en la antología Línea del horizonte (Poesía en Valdediós, 2016). Ha publicado el poemario “Lengua del duelo”, Ediciones Trea, Gijón 2016.

    César Iglesias publica "Lengua del duelo", "una reflexión sobre el sufrimiento, especialmente el causado por las pérdidas". Una obra construida con una lengua propia. Iglesias ejerció el periodismo durante más de tres décadas con la firma de Julio César Iglesias.
    César Iglesias, que pierde su primer nombre al introducirse en el arte literario. El autor explicó que el nuevo nombre pretende separar la figura del escritor de la figura del periodista.



    CÉSAR IGLESIAS. LENGUA DEL DUELO. EDITORIAL TREA, 2016

    Por  Carlos Alcorta

    La lengua de duelo nos remite de inmediato a una forma de oración para pedir por las almas de los seres queridos, a un lamento entonado en memoria de los ausentes, de los muertos (esos muertos que aparecen enumerados en el poema «Desfilan nuestros muertos»), lamento que trata de aliviar el dolor de la pérdida al mismo tiempo que ruega piedad a un ser omnipotente. César Iglesias (Mieres, 1961) ha titulado de esta formas explícita su libro quizá porque todo él es una oración ininterrumpida: «Señor, ya sólo sé hablar de los idos,/ de rodillas estar, lengua de duelo», escribe en el poema titulado «Salmo de Besullo». Estos idos a los que se refiere Iglesias no son otros que personajes entrañables de su tierra natal que alimentaron fantasías en la infancia y alimentan en el presente una nostalgia capaz de liberar su veneno sólo a través de la escritura, una escritura concebida no sólo en su función reparadora, si no resucitadora. Algo de esto podemos observar, por ejemplo, en el poema titulado «Monólogo de la madre». Ésta rememora la vida de José, su hijo, desde un más allá que los vuelve a reunir: «Hijo, comparto ya los territorios/ donde me reconocen los helechos,/ las ortigas, algún arto, tal vez/ la fronda de los robles en la casa./ Mis cenizas ocupan tierra yerma/ y nutren la raíz sin compasión/ que calma la vergüenza y los instintos». Sin embargo, da la sensación que dentro de los muros de esas casas pechadas se oculta una vida llena de un dolor muy antiguo que ningún sortilegio, ni siquiera el de la escritura, puede aplacar. El silencio parece ser el único cauterio: «Los hombres derribados curan esta/ tortura con las gasas del silencio./ Preguntan: “¿Qué decir, para qué hablar?/ ¿Reclaman las heridas el sigilo?”/ El duelo tiene fonética propia»; un silencio que tiene su origen en el miedo, un miedo que provoca mudez y que tiene, a su vez, su origen en el pasado y de ese pasado irrevocable y luctuoso nos hablan los poemas de Lengua del duelo sin conmiseración, pero también sin esperanza, porque «Esta es una tierra de madres amputadas y secas, de mujeres sin pechos y úteros vacíos. Esta es una patria de padres huérfanos donde las tumbas blancas añoran las cifras». Uno, a tenor de lo leído, puede afirmar que dicha patria ha cambiado poco para César Iglesias, que la raíz de la desesperanza continua siendo la misma. El pesimismo, contenido por un lenguaje que parece no querer traspasar los límites de la lealtad a sus ancestros, para no convertirse en llanto de plañidera, aflora en cada uno de los poemas, creando en el lector un sentimiento de solidaridad, pero también una sensación de pesadumbre cercana al desasosiego. Si una de las funciones de la poesía es implicar al lector en la emoción que provocó la escritura, sin lugar a dudas, Lengua del duelo lo logra con creces., porque los poemas alimentan esa empatía y otro tanto logran los dibujos de Federico Granell que los ilustran. Aves y calaveras que «saben bien […] su destino/ y su supervivencia. No preguntan,/ su murmullo contiene la respuesta/ que acalla interrogantes y dogmas/ y atemoriza nuestras estaciones.




    GENEALOGÍAS

    Bebe Caín la vieja leche negra *
    del hijo por dos veces sepultado
    para domesticar ira que alumbra
    las brumas de la culpa y la derrota.
    La madre escoge las lentejas podres,
    cuenta dolores de reuma y cocina;
    el padre manosea ubres de reses
    con toses, sabañones y blasfemias.
    Son formas de calmar las pulsaciones,
    enterrar las estirpes sin consuelo
    y legar huesos, tumbas y carroña.
    El hijo bebe ya la leche negra
    y se pregunta: «¿Quien soy?, ¿dónde estoy?».
    Sabe Caín que no quedan hermanos.




    LLUVECES **

    Sin letras y sin cifras esta estela
    se levanta en las islas de diciembre.
    Números y palabras son escritas
    sobre las aguas verdes del olvido,
    dirían Keats y Marisa Madieri.
    No desfallecen hojas en las tumbas
    de los hombres tachados, las lápidas
    exigen desnudez para mostrar
    los sustantivos todos, siempreausentes.
    Las piedras y los árboles preparan
    su venganza: la grava y la corteza
    para levantar túmulos sin nombres.
    ¿Dónde tiene la llaga el porvenir,
    su lamento y su rezo? En la oquedad.

    * «Leche negra» (Schwarze milch) pertenece al primer verso de «Fuga de muerte» (Todesfuge), uno de los poemas emblemáticos, a la vez que opacos, de Paul Celan, traducido por José Luis Reina Palazón. (Poesías completas. Editorial Trotta. Madrid, 1999).

    ** Postal de Lluveces. Lluveces es el topónimo que recibe una pequeña isla frente a la playa de Barru, en el concejo de Llanes. aprovechando las mareas bajas cantábricas, los lugareños llevaban allí sus rebaños de cabras a pastar.






    César Iglesias.   Imagen: PABLO BATALLA CUETO

    CÉSAR IGLESIAS «El duelo es un esperanto universal: todos los seres humanos lo hablamos en algún momento»El periodista César Iglesias publica su primer poemario, «Lengua del duelo»

    Por PABLO BATALLA CUETO 

    Decía Fernando Pessoa que «o poeta é um fingidor», reflexión que tal vez haya influido en César Iglesias para abandonar como poeta el Julio de su nombre de pila, por el que ha sido conocido durante más de tres décadas de trabajo como periodista en la Cadena Ser, La Nueva España y La Voz de Asturias. Trea acaba de publicar Lengua del duelo, un poemario en el que reflexiona sobre el sufrimiento a través de otras voces, como la de la última vecina protestante de la localidad canguesa de Besullo, las de unos presos trasladados en un ferrocarril de posguerra o las de unos supuestos judíos secretos de Penouta, en Boal. Como una «salida del armario» describe él mismo la reciente publicación de este libro que prolonga, en palabras del poeta y crítico José Luis Argüelles, «los ecos de algunos profetas veterotestamentarios y la plegaria escarnecida de un Job que sostuviera, como en el verso de Wallace Stevens, “la poesía de pobres y muertos”».

    -Publica su primer poemario a sus cincuenta y cinco años. ¿Es poeta tardío, o ha sido poeta secreto? 

    -Más bien poeta secreto que sale ahora del armario. Yo, como la mayoría de la gente con inquietudes creativas, empecé a escribir de chavalín, de adolescente, a los doce o trece años. Escribía cuentiquinos, poemas... Durante mi adolescencia y primera juventud mantuve una actividad muy intensa, y sí que publiqué alguna cosa en revistas y fanzines. Llegué a estar a punto de publicar un libro hacia los veintitrés o veinticuatro años, pero al final me eché para atrás. Lo que me pasó entonces fue que la egolatría que uno puede tener en algún momento de ver su firma acompañando un texto encontró satisfacción en el periodismo. Seguí escribiendo en privado, y escribía mucho por temporadas: inicié novelas que no acabé, escribí cuentos e hice tres libros de poesía que se sumaron a aquel otro que estuve a punto de publicar y al final no publiqué. Pero en un momento dado, los destruí todos menos uno que salvó mi mujer del fuego, y que seguirá inédito.

    -¿A qué se debían sus recelos?

    -A una reflexión que he hecho siempre: la de para qué escribir poesía, para qué publicar. ¿Para qué vamos a talar más árboles para papel siendo tanto lo que se publica? ¿Qué puedo aportar yo que no haya aportado nadie desde Homero hasta nuestros días?

    -Y, ¿qué le ha hecho cambiar de idea?

    -Que alguien en un momento dado me dijo abiertamente: «Bueno, si ya está todo dicho, entonces no debería publicarse nada, ¿no?». Entendí que, aunque efectivamente ya esté todo dicho, siempre pueden buscarse nuevas formas de decirlo y la satisfacción personal de dar a conocer algo de lo que uno hace a gente a la que puede generarle un interés. Y también que ningún creador, sea en poesía, sea en narrativa, sea en arte plástico o en lo que sea, es propietario de lo que crea, sino que en el momento en que lo que crea sale al mundo y la propiedad se traslada de él al lector o espectador. Hay materias creativas mucho más propicias a este arrebatamiento de la creación, pero desde luego la poesía lo es. No quiero ponerme en plan pedante y citar a Barthes o a Eco, pero me gusta el concepto de connotación: cada lector recibe la obra de una manera distinta a como la pensó el autor. Tú quisiste decir algo, pero cada uno de los lectores que tú tengas van a encontrar en tu obra algo distinto a lo que tú quisiste decir. El lector puede, y debe poder, imaginar más allá de lo que el autor le cuenta o le quiere contar. Mira, yo, a mis amigos, les cuento a veces una mentira que te voy a contar a ti también. Entre Barru y Niembru, en Llanes, hay un cementerio precioso: está en una península que, cuando sube la marea, envuelve el mar. Bueno, pues yo he dicho alguna vez a mis amigos que allí estuvo Paul Valéry en unas vacaciones y allí escribió Cementerio marino. Es mentira, claro, pero ha habido mucha gente que me ha creído. Bueno, ¿y por qué no? ¿Por qué no puede ser una realidad cretativa?

    -La poesía, al retorcer el lenguaje para volverlo capaz de describir lo inefable, se presta particularmente a esto de las connotaciones, porque genera textos con múltiples interpretaciones posibles.

    -Sí, pero no sólo la poesía. Mira, justamente ayer estaba con Pedro Fano haciendo una cosa parala revista Clarín y me enseñó un cuadro precioso que va a formar parte de una exposición que se expone este mes de noviembre en la Galería Arancha Osoro de Oviedo: un hombre volando y dándole unas flores a una moza en un balcón: toda la tradición de Romeo y Julieta. En esto veo un letrero que pone: «Baker Street».

    -La de Sherlock Holmes.

    -Eso creía yo, y le dije a Fano: «¡Anda, Baker Street, Arthur Conan Doyle, Sherlock Holmes!». Pero Fano entonces me dijo: «Pues mira, no lo había pensado. Puse “Baker Street” por Chet Baker, que me apasiona». Connotación: el lector se convierte también en creador. Y es fundamental en la creación. El otro día decía Pere Gimferrer, al presentar su último libro, que le daba lo mismo que la gente le entendiese o no. Y no, hombre, Gimferrer, vamos a ver: que la gente entienda lo que quiera, pero no puede no preocuparte que no entienda nada. El lector, la complicidad del lector, el protagonismo del lector, es fundamental. Sin el lector no tiene sentido escribir. Hay una frase famosa de Paul Celan relacionada con esto: a Celan se lo ha tachado siempre de muy hermético, pero no lo era, sino que exploraba significados. El caso es que una vez, en una presentación de un libro en París, una lectora le dijo: «Oiga, es que yo no le entiendo», y entonces Celan le contestó: «Siga leyendo». Siga leyendo, siga escarbando. Lea, escarbe y saque las conclusiones que usted quiera: ésa es la actitud.

    -Menciona a Celan, y en cierto sentido su poesía es muy celaniana. De hecho hay un pequeño homenaje a Celan en su poema «Genealogías», donde recupera la «leche negra» de la mítica «Todesfüge».

    -Paul Celan es uno de los grandes poetas de todos los tiempos, y desde luego del siglo XX. Es un poeta que ha sido muy criticado por lo que comentaba hace un momento: ese supuesto hermetismo. Cuando empecé a leer a Celan, me apliqué lo que le dijo a aquella señora en París: seguí leyendo. Seguí leyendo y encontré cantidad de cosas. No creo que nadie haya expresado mejor que Celan la tragedia de la Shoá, del Holocausto judío, y en general del crimen industrial del siglo XX. En realidad los poemas de Celan valen lo mismo para los crímenes nazis, para los cometidos en África, para los de Stalin en los gulags, para los de Mao o para los de Pol Pot. En ese verso tan guapo y tan terrible de Celan, «grita sonad con más tristeza sombríos violines y subiréis como humo en el aire y tendréis una tumba en las nubes no se yace estrechamente allí», está todo. La creación de Celan tiene una capacidad brutal de sugerir y de hacerte pensar: no en vano es hijo de Hölderlin, que era otro poeta que pensaba. En general, el universo literario concentracionario es un tema que me interesa muchísimo, porque nos enfrenta con la realidad más dura que existe, que es la del sufrimiento humano causado voluntariamente por tus semejantes. Me fascina Celan, pero me fascinan también Primo Levi, Jean Améry, Imre Kertész, Nelly Sachs... Unos hacían novela, otros ensayo, otros poesía..., pero en todos hay una voluntad de transmisión de un sufrimiento que viene de atrás. La humanidad lleva sufriendo desde sus mismos orígenes. ¿Por qué? Porque ha renunciado a un elemento clave, que es ver al prójimo en los demás. Cuando uno omite de su horizonte moral ese concepto, que gente como Emmanuel Lévinas, otro superviviente del nazismo, desarrolló muy bien ?el concepto de la otreidad, del Otro?, los crímenes más horrendos se hacen posibles e incluso inevitables.

    -Y si a la ecuación se le suma la revolución industrial, el horror se multiplica. Sufrimiento humano ha habido siempre, pero en el siglo XX todo se industrializa: también el crimen.

    -Claro: todo se industrializa, y el crimen también. Pero hay otra cosa más. Sí, seguro que en las batallas del Medievo, en porcentaje, sufría y moría más gente que en las guerras del siglo XX. Pero es que en el siglo XX ya habíamos pasado por el Siglo de las Luces, y creíamos que el imperio de la razón nos iba a salvar de nosotros mismos, pero no fue así. Ni siquiera ha dejado de ser así después de la segunda guerra mundial: en los años ochenta y noventa, con motivo de las guerras yugoslavas, muchos señalaron con pesar que no habíamos aprendido la lección recibida en 1945 y que volvían a repetirse en suelo europeo los crímenes de Hitler. Pero es que en los años sesenta el crimen industrial se había asentado en Vietnam, y en los setenta en Sudamérica y África. Yugoslavia simplemente estaba más cerca, eran como nosotros, y por eso nos preocupaba más. La condición humana es inseparable del sufrimiento. Hay un cuadro maravilloso de Anselm Kiefer que refleja esto muy bien. Kiefer es un pintor alemán nacido en el 45 y que se obsesionó con el tema de la culpa como alemán. Su padre había estado en la guerra pegando tiros: a lo mejor no era nazi, pero el pobre había estado allí pegando tiros. En ese cuadro que digo, Kiefer pinta un montón de cadáveres apilados y una luz arriba. Kiefer sintetiza así todo el dolor de la humanidad; cómo la historia de la humanidad no es más que eso: una búsqueda imposible de la luz apilando y apilando cadáveres. Algo así como el cementerio judío de Praga, que tenía un espacio muy limitado porque las autoridades cristianas no les dejaban extenderlo y en el que, como de todos modos los judíos tenían que cumplir con su tradición de yacer en la tierra, lo que hacían era ir echando sucesivas capas de tierra unas encima de otras, todas con sus correspondientes lápidas. Capas y capas de muerte. Somos caínes sempiternos, como dejó escrito Luis Cernuda. Y para que haya caínes se necesitan adanes.

    -Estremece pensar que los propios ilustrados aprobaban la esclavitud, y que muchos intelectuales por lo demás valiosísimos pusieron su talento al servicio de las grandes carnicerías del siglo XX.

    -Eso es lo trágico, ése es el gran drama humano. Ahí está el caso de Martin Heidegger: un tipo de una brillantez enorme; una de las mentes más lúcidas, más soberbias del pensamiento occidental, y a la vez un personaje impresentable que fue cómplice del nazismo y que, además, jamás se arrepintió de ello. Lo decía su propio discípulo, Hans-Georg Gadamer, otro filósofo brillantísimo que vivió el nazismo pero que sin embargo, siendo cristiano y alemán con ocho apellidos, se enfrentó a él. Al gentil Gadamer, que vivió 102 años, el judío George Steiner, Premio Príncipe de Asturias en 2001, le planteó una vez eso mismo en un seminario en Heidelberg: «¿Cómo un hombre como Heidegger, con esta sabiduría, con esta lucidez, pudo ser cómplice de uno de los mayores crímenes de la historia de la humanidad?». Y Gadamer le contestó: «Son las contradicciones del ser humano: Heidegger fue un gran hombre y a la vez la persona más ruin de la humanidad».

    -De hecho, Heidegger admiraba a Celan.

    -Otra paradoja más. El gran filósofo nazi admiraba al gran poeta judío, cuya poesía escrita en alemán le parecía maravillosa, igual que admiraba a Hölderlin; pero nada de eso le hizo arrepentirse en absoluto de su colaboración con el nazismo. Es muy conocido aquel encuentro terrible entre Heidegger y Celan en la cabaña que el primero tenía en la Selva Negra, donde redactó El ser y el tiempo. Fue el 25 julio de 1967. El día anterior Heidegger y Celan habían coincidido en una lectura en la Universidad de Friburgo y habían charlado amistosamente. En un momento dado alguien quiso hacer una foto, pero Celan se negó. Heidegger reaccionó con calma y lo invitó a visitar su cabaña al día siguiente, y allí, en una charla durante un paseo en coche, Celan pidió a Heidegger que pidiera perdón por su connivencia con el nazismo. Como única respuesta recibió un largo silencio. Celan volvió destrozado de allí, y después escribió sobre ello su poema «Todtnauberg».

    -Unos años antes, Theodor Adorno había dicho que después de Auschwitz ya no era posible la poesía.

    -La frase no es literalmente así. Yo también lo creía, pero hace un tiempo descubrí que lo que había dicho en realidad era algo así como que después de Auschwitz escribir poesía se hacía muy duro, más difícil. Interpreto que Adorno quería decir es que escribir poesía o cualquier otra creación artística es mucho más difícil, pero también mucho más necesario que nunca. Crear arte, componer música o levantar un sistema filosófico es mucho más necesario hoy que nunca, porque sólo la creatividad nos enfrenta a ésa que es la más terrible de las realidades humanas: que venimos a este mundo a sufrir; que la vida es un prólogo de la muerte.

    -Un valle de lágrimas.

    -El valle de lágrimas evangélico. Un mundo de sufrimiento que, tras descubrirlo, debe obligarlos a reconocer como prójimo al que está enfrente; a entender, como lo entendió Gadamer, como lo entendió Lévinas ?que también era seguidor de Heidegger?, que el Otro somos nosotros.

    -Todos son yo.

    -Todos somos todos, y en el momento en que reconocemos el sufrimiento del Otro lo hacemos nuestro. Aquí entra en juego una palabra que está mancillada por el mal uso que muchos le han dado, que es la palabra compasión. La compasión, muchas veces, se rechaza: «¡No tengas compasión de mí!», gritamos avergonzados. Y no hay que rechazarla. Compasión no significa otra cosa que padecer con. Claro que tengo compasión de ti: padezco contigo; hago mío tu sufrimiento. Hay que recuperar ese conjunto de valores que proviene de la tradición cultural judeocristiana y que fue enriqueciéndose a lo largo de los siglos con aportaciones provenientes de otras culturas del mundo, tanto asiáticas como americanas, como ese contacto con la naturaleza del que desde la industrialización también nos hemos olvidado: valores humanísticos de origen espiritual por una parte, y meramente racional por otro, que son los que nos permiten escandalizarnos del sufrimiento industrializado, posicionarnos frente a él y buscar vías de escape, pero de los que hemos renegado. Vivimos en una sociedad que califico con un término que quizá suene un poco duro: posfascista. Hemos asumido que el dolor, que la pobreza, que la desigualdad... son parte del paisaje, del aire que respiramos, que no hay solución ni remedio contra ello. Y no deberíamos asumirlo. Deberíamos aplicarnos esas enseñanzas espirituales y/o ideológicas que nos han dicho que no podemos asumirlo y rebelarnos contra ello.

    -Pero, ¿no es desolador y paralizante pensar que esas religiones e ideologías que el ser humano ha ido pariendo para acabar con el dolor han acabado siempre generando dolor a su vez?

    -Efectivamente, el propio cristianismo generó dolor. El judaísmo, una interpretación ortodoxa del judaísmo, genera dolor también en nuestros días. El marxismo ha generado dolor y millones de muertos pese a que su pretensión inicial fue buscar una sociedad igualitaria, más humana. El anarquismo, ¿cuántas bombas puso y cuántos asesinatos cometió en su ansia de algo tan positivo como la equidad entre seres humanos? Y qué decir del liberalismo, que mata gente día a día. El posfascismo es eso: una forma dulce de fascismo. Ojo: no quiero parecer aquí ni un podemita ni un ideólogo radical, porque no lo soy en absoluto. Creo que ideológicamente soy una persona moderada. Pero no puedo dejar de constatar eso.

    -Hay quien habla no de posfascismo, sino de algo más aterrador aún: prefascismo.

    -Podría ser otro término válido, se lo compro. Prefascismo, que ya existía larvado desde nuestro origen como especie. Es un fascismo diferente al que abrasó el siglo XX: no ya ese fascismo cruel y directo de camisas negras mussolinianas, pardas hitlerianas, azules de Falange o rojas del PCUS o de los jemeres rojos, sino uno nuevo que viste camisa blanca carísima, traje y corbata y se paga con tarjetas black y los recursos de toda la sociedad. Antes decía que todos deberíamos ir a ver el dolor que hay en una UCI pediátrica, con un niño entubado y sus padres impotentes ante tamaño dolor; o a una residencia de ancianos, donde seres humanos viven olvidados con sus olvidos. Ahí hay una injusticia que es natural, consustancial al ser humano, y contra la que por tanto no podemos rebelarnos: la de la enfermedad. Podemos aliviarla, pero nada más. Pero hay otra injusticia contra la que sí podemos rebelarnos, que es la de que no haya suficientes medios para paliar esos sufrimientos. El posfascismo o prefascismo que nos están imponiendo consiste precisamente en eso: en una alergia a la compasión, a la solidaridad y a la caridad. Yo no renuncio al término caridad. Hay gente que considera que la caridad es un concepto atrofiado, secuestrado por los sectores más conservadores del cristianismo. Y no: la caridad es positiva. Que uno pague sus impuestos no implica que no le deba dar limosna al señor que está pidiendo en la esquina porque lleva en el paro ocho años y no tiene casa.

    -Lo suyo es que la redistribución de la riqueza no se base sólo en la caridad, sino que la caridad sea un complemento de la solidaridad institucionalizada en los impuestos y el Estado del bienestar.

    -Exacto. Debemos tener conciencia de que el cambio que hay que propiciar, el freno al posfascismo que debemos interponer, debemos buscarlo y propiciarlo entre todos pero también cada uno de nosotros de manera individual.

    -¿Qué podemos hacer para recuperar esos valores que usted considera perdidos?

    -Contar el sufrimiento. Es fundamental que perviva, por ejemplo, la memoria de la gente que sobrevivió a la guerra civil española, que pasó por campos de concentración, que pasó por cárceles, que sufrió muchísimo. Y es fundamental que contemos que hay ucis pediátricas y residencias donde viven ancianos a los que no van a ver sus hijos ni sus familiares, y campos de refugiados en condiciones infrahumanas, mientras levantamos alambradas para impedirles el paso. Es fundamental contar que la realidad del ser humano es la realidad del mal y del dolor. Por lo menos, démonos cuenta de que somos una llaceria humana.

    -En España hay magníficos testigos poéticos del sufrimiento, también. Usted es, si no me equivoco, un gran admirador de uno de ellos: Antonio Gamoneda.

    -Gamoneda es una referencia fundamental de la poesía española del siglo XX y un hombre que ha logrado la proeza de mantener una enorme dignidad creativa desde una periferia no sólo geográfica, sino también de clase social. Gamoneda fue un huérfano que vivió en los barrios más castigados por la represión de la dictadura y que tiene y refleja en sus poemas una concepción brutal de la pobreza. Lo mismo pasa, desde otra perspectiva, con José Ángel Valente, que es otro gran poeta de la Generación del 50 y que también convierte en poesía un sufrimiento terrible vivido en primera persona: la muerte de un hijo. A mí fue Valente quien me hizo pensar que existe un lenguaje del dolor, una lengua del duelo, que es universal, una especie de esperanto que todos los seres humanos hablamos en algún momento de nuestras vidas.

    -Lengua del duelo es precisamente el título de su poemario. Extiéndase en esa idea del esperanto trágico que hablamos todos los seres humanos por encima de particularidades culturales y étnicas.

    -A todos nos ha tocado o nos tocará pasar por enfermedades, pérdidas y ausencias de familiares y amigos, y en algún momento por dolencias propias y por nuestra propia muerte. Vivimos en un Auschwitz personal y familiar permanente, y todos estamos desgraciadamente abocados a tener algún día alguna enfermedad grave que nos lleve a la UCI y nos haga decirle al médico: «Doctor, sáqueme adelante, que no quiero dejar viuda a mi mujer y huérfanos a mis hijos». En ese momento estaremos hablando la lengua del duelo; utilizando, al menos, la arquitectura verbal del duelo. Eso no quiere decir que tengamos que vivir en un permanente flagelo existencial, faltaría más, pero sí en la reflexión de que si nos pasa eso, si sabemos que nos va a pasar eso, ¿cómo vamos a hacer daño a los demás? ¿Por qué no pensamos en el prójimo, en el otro?

    -Esa idea confuciana de no hacer a los demás lo que no nos gusta que nos hagan a nosotros.

    -Claro.

    -¿«Sufro, luego existo»? ¿Somos los seres humanos, en esencia, homo dolens, seres que sienten y padecen dolor? ¿Sólo el dolor, y por lo tanto el mal, son universales?

    -De alguna manera, sí. Sólo el mal y el dolor son universales. Mira, últimamente me dicen mucho, a cuenta del libro: «Joder, qué triste eres», pero no me tengo por una persona triste, ni por un cenizo: al contrario, creo que la gente que me conoce me considera una persona jovial y alegre. Pero Juan Carlos Onetti pasó los últimos años de su vida tumbado permanente en la cama, leyendo novelas policíacas y apurando una botella de whisky: incluso recibía a la gente allí. Y cuando le decían: «Oiga, ¿cómo tiene usted este pesimismo tan ontológico?», él respondía: «¿Vos no sabés que se va a morir? ¡Que me diga a mí alguien quién no se va a morir!». Todos los seres humanos tenemos un porvenir de cenizas y polvo y, lo más terrible, todos los seres humanos tenemos la capacidad de hacer morir a otros.

    -De esa desoladora realidad surge la religión, que a tenor de sus poemas parece tener una importancia especial para usted. En Lengua del duelo hay un salmo, un kaddish y varias referencias bíblicas.

    -La religión hace menos duro enfrentarse a la realidad de la muerte, sí. Por un lado es un consuelo, el opio del pueblo en términos marxianos, pero por otro también es una explicación ante tanta duda. A los no creyentes les es mucho más duro enfrentarse a la conciencia de que todo se va a acabar.

    -¿Es usted creyente, pues?

    -Soy una persona con esperanza. Yo no lo llamo fe: lo llamo esperanza. No digo que tengo fe, digo que comparto la esperanza judeocristiana. La fe exige aceptar dogmas y expulsar la razón, y no estoy dispuesto a abrazar ningún dogma ni a expulsar la razón. Pero la esperanza sí me seduce y me ofrece respuestas al fin de los latidos del corazón.

    -Mencionábamos antes a Theodor Adorno, y usted decía que no interpretaba su famosa frase sobre la poesía después de Auschwitz en el sentido de que fuera imposible, sino difícil pero a la vez necesario. Usted abre su libro con una cita del poeta inglés Geoffrey Hill que en cierto modo recuerda a eso: «God is distant, difficult!». ¿Sucede para usted con Dios lo que con la poesía después de Auschwitz para Adorno? ¿Dios es difícil, pero no imposible?

    -Ése es un verso extraordinario de los Himnos de Mercia de Hill, que en España ha traducido Jordi Doce. Hill es un poeta maravilloso, que por cierto tiene un poema que se titula «Ovidio en Auschwitz»: Ovidio, un clásico que bajó a los infiernos de su época, de visita en Auschwitz. Para mí, Dios no es imposible en absoluto. Recibí una formación religiosa o espiritual tanto familiar como escolar, en un colegio católico al que fui hasta COU. Pero esa formación nunca fue de imposición. No conocí curas con sotana que me hicieran cantar el Cara al sol, como sí los conocieron otros de mi generación que fueron a los colegios públicos del franquismo. Tuve la fortuna de hacerme adolescente cuando el Concilio Vaticano II se había asentado y gracias a eso tuve curas que venían de estar al lado de los pobres e incluso de pegar tiros en Centroamérica. No soy muy guevarista: siempre he visto al Che Guevara como un Rambo de la extrema izquierda y por tanto como un error más de la izquierda reaccionaria, más allá de los valores que tuviera el Che. Además, siempre he desconfiado mucho de los mitos, de cualquier mito. Y Ernesto Guevara es uno de ellos. El caso es que aquellos curas venían de América con aquella identificación entre Cristo y el Che Guevara que en aquel momento fue clave para renovar la Iglesia en un sentido muy positivo. Y cuando tienes dieciséis años esas cosas marcan, igual que marca ver justamente a esa edad Jesucristo Superstar y aquel Cristo hippy que fue un revulsivo. No tengo ninguna queja de mi formación religiosa, tal vez que no me facilitasen más conocimientos teológicos.

    -De todas maneras, recibir una formación religiosa positiva no tiene por qué impedir renunciar a la fe más tarde. Ha habido gente que ha recibido esa misma formación y, aun conservando lo bueno que pudiera haber en ella, ha acabado haciéndose atea. ¿Qué se lo impidió a usted?

    -Entre otras cosas, ciertas lecturas. A mí, en este sentido, me influyó mucho Unamuno, y no sólo libros maravillosos como El sentimiento trágico de la vida, sino también la poesía de Unamuno. Es un poeta tardío ?publica sus primeros poemas pasada la cuarentena? y al que se suele considerar mediocre, pero su poema «Al Cristo de Velázquez», por ejemplo, concentra todas sus dudas existenciales como cristiano. ¡Y como progresista! No se nos olvide que Unamuno fue de los primeros en oponerse a la caverna de la txapela, de los sectores más carcas y sabinianos del PNV, que empezaba a funcionar en el País Vasco; y que perteneció a los clubes que evolucionaron del liberalismo al socialismo obrerista de Pablo Iglesias, y que luego sufrió el exilio por oponerse a la dictadura de Primo de Rivera, y que años más tarde tuvo aquel enfrentamiento con Millán-Astray en Salamanca que se ha recordado estos días por cumplirse ochenta años, y que acabó su vida en arresto domiciliario. Además de todo eso fue un tío que sufrió en carne propia la pérdida de un hijo.

    -En todo caso, Unamuno era un cristiano con dudas. 

    -Eso es exactamente lo que me atrae de él. ¿Y quién no las tiene? Dios nos libre de aqéellos que no dudan, porque ahí está el germen del dogma y la imposición. En el libro, cito a Martin Buber, que fue un filósofo austríaco que se instaló en Israel antes de la segunda guerra mundial y un hombre que armonizaba sus creencias con la Haskalá, la Ilustración judía europea y laica. Él responde al «Dios ha muerto» de Nietzsche diciendo: «No, no: Dios está ausente». Teoriza, reflexiona, sobre la ausencia de Dios, sobre el eclipse de Dios. 

    -¿Qué significa para usted que Dios esté ausente o eclipsado? 

    -Soy de los que dicen que hemos expulsado a Dios de nuestras vidas. El mundo se ha vuelto tan agreste, tan duro, tan trágico, tan doloroso, no porque Dios nos haya dado la espalda, sino porque nosotros le hemos dado la espalda a Dios. Pero no me refiero a un Dios literal, sino a una metafísica espiritual, a un creer que hay algo más que estas sillas y mesas, que pueden aceptar lo mismo los creyentes de cualquier religión que los no creyentes. Yo sé que Dios no entra en un quirófano para salvar la vida a un crío al que están operando después de que lo atropelle un coche. Mi fe no es, valga la expresión, la del carbonero, sino una mirada más amplia y laxa de lo que significa Dios: un conjunto de valores espirituales que, si están presentes, nos hacen tener buenas facultades de medicina donde se forman buenos médicos a los que se proporciona buenos medios para salvar la vida de ese crío. Mi madre, que era una persona religiosa, decía algo así: «Yo no creo que Dios entre ahí a curar, pero sí que impidió que el cirujano se emborrachase la noche antes y estuviera en buenas condiciones para salvar la vida de una persona». 

    -¿No niega eso o bien la omnipotencia o bien la misericordia de Dios? ¿No confirma la famosa paradoja de Epicuro? Si Dios quiere eliminar el mal y no puede, es que no es omnipotente, y si Dios puede eliminar el mal y no quiere, entonces no tiene una bondad infinita. 

    -Mis certezas son que hay unos valores espirituales y metafísicos que son positivos para nosotros y que unos llaman Dios y otros llaman de otra forma, pero que están ahí. El budismo, por ejemplo, no tiene una divinidad como tal, pero sí un sentido de lo metafísico que en países como el Tíbet anima a la gente a buscar el bien y a resistir ante quien los quiere machacar, que es el capitalismo con hoz y martillo chino. 

    -También se da lo contrario: lugares en los que la religión no es una barricada contra la tiranía, sino un sostén de ésta, al transmitir a sus fieles el mensaje de que la pasividad ante el sufrimiento santifica. Ese mismo budismo que en el Tíbet anima a la resistencia, en Birmania o Tailandia es un pilar del absolutismo. Por no hablar de la complicidad histórica del cristianismo con dictaduras como la franquista. El propio pasaje bíblico, tan citado, de «A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César» encierra un mensaje de sumisión al poder político constituido sea el que sea. 

    -Vamos a ver, es que las religiones son creaciones de los hombres, no nos engañemos. Y como tales creaciones de los hombres tienen agujeros por todos lados. El cristianismo de los primeros tiempos tampoco tiene nada que ver con los dogmas que después se fueron imponiendo para mantener el yugo de las clases dominantes y la estructura del Imperio romano. 

    -La gran sagacidad del emperador Constantino: si no puedes con tus enemigos, únete a ellos. 

    -Exactamente: asimilar el cristianismo y convertirlo en un sostén de tu dominio. Convertirlo en lo contrario de lo que era. Pasa con todas las religiones. El judaísmo es una religión que tiene un mayor acercamiento a la razón: tiene la Torá, pero también tiene el Talmud, que es la compilación de siglos y siglos de reflexión rabínica escrita y reescrita una y otra vez. Pero ese mismo Talmud que es un pilar de la razón y un acicate a la labor de oenegés judías que trabajan para paliar el sufrimiento de los palestinos, también lo esgrimen los judíos ultraortodoxos para justificar ese mismo sufrimiento. A Isaac Rabin lo mata un judío ultraortodoxo, pero no uno religioso, sino uno que encuentra en la religión la justificación de un dominio territorial. 

    -Una religión no es un decálogo minucioso y monolítico de dogmas concretos, sino un repertorio de posibilidades, y todo es posible en el arco que va desde Simeón el Estilita, aquel santo del primer cristianismo que pasó 37 años encaramado a lo alto de una columna en medio del desierto, hasta Gaspar García Laviana, el cura asturiano que murió pegando tiros en Nicaragua como guerrillero sandinista. 

    -Ésa es un poco la idea. La religión puede ser un agente de pasividad o de actividad; de pacifismo o de violencia. Los cristianos mataron a millones de judíos. Los católicos persiguieron a los protestantes en España, pero en otros países, como Irlanda, fueron los protestantes quienes persiguieron a los católicos. Y ahora los cristianos están sufriendo de una forma terrible en Oriente Medio bajo el yugo del talibanismo islamista, pero hace siglos fueron los cristianos los que practicaron la violencia en forma de cruzada religiosa en ese mismo Oriente Medio. ¡Pero es que la propia Ilustración creó también sus propios monstruos absolutistas! El nazismo, el comunismo estalinista, son hijos de la Ilustración tanto como la democracia liberal. 

    -Derivaciones perversas de la Ilustración, como un culto a la ciencia y al progreso llevado al extremo. 

    -Sí: buscar en la ciencia una justificación al racismo, por ejemplo. 

    -O desecar el mar de Aral para irrigar Kazajistán, o la especie de aplicación del fordismo a la perpetración de genocidios que fue la Solución Final nazi. 

    -Sí, matar organizada, industrialmente. George Steiner desarrolla y analiza esto muy bien en un librín que se titula Nostalgia del absoluto; dice: «Cuidado: todo absoluto tiene una tendencia a generar perversión y dolor». Yo me siento muy orgulloso, como occidental, de la Ilustración: creo que es lo que nos diferencia del mundo islámico, que aún no ha tenido la suya. Tanto el judaísmo como el cristianismo fueron sometidos al imperio de la razón por la Ilustración por mucho que se empeñasen, por mucho que se rebelasen y por mucho que los papas condenasen el liberalismo como pecado. Y me siento orgulloso de eso, pero tampoco totemizo la Ilustración. Cuando digo que no tengo fe, sino esperanza, lo digo por eso: porque no veo positivo aceptar ningún paquete completo sin rechistar. Soy católico, pero no tengo ningún problema, y alguna vez lo he hecho, en entrar en un templo protestante, en una sinagoga e incluso en una mezquita. Pienso que, si hay una línea telefónica con la espiritualidad, está en cualquiera de esos sitios: el catolicismo no tiene la exclusividad. Lo que digo es: rechacemos lo malo, pero quedémonos con lo bueno. Desechemos de la religión todo lo que genera dolor y sufrimiento y también todo aquello que nos hace aceptar el dolor y el sufrimiento con pasividad, pero quedémonos con todo aquello que en cualquier religión nos aleja del absolutismo y contribuye al bienestar de la sociedad. Quedémonos con el «Ama a tu prójimo como a ti mismo» y con el «Hineni Adonai» judío, el «Heme aquí, Señor» de Abraham y Moisés: con esa idea de un ser humano frágil pero imbuido de esperanza en algo más grande que él y dispuesto a dialogar con el Otro y a aceptar que tiene razón. 

    -¿Por qué se declara católico, entonces? ¿Por qué no panteísta o simplemente espiritual? 

    -Porque mi cultura, la cultura en la que me eduqué, es la católica. Siempre me han parecido muy absurdas esas conversiones que experimenta alguna gente. Como decía el otro, «¿Para qué me voy a cambiar de religión si la mía es la verdadera?» (risas). Es broma. Lo que quiero decir es que una sociedad como la nuestra se sustenta en muchas libertades, y una de ellas es la religiosa. ¿Qué me impide, acogiéndome a esa libertad y aun siendo católico por base cultural, tomar lo bueno de otra religión y hacerlo propio? ¿Por qué escoger entre paquetes cerrados? 

    -Volvamos a la poesía. ¿Qué tipo de poesía le gusta a usted como lector? 

    -Me gusta la poesía que cuenta historias. Hay gente que considera que contar historias está reservado al periodismo ?cosa que es falsa porque, para empezar, el periodismo ha renunciado a contar historias, y así le va?, a la narrativa, al teatro o al cine. Un poema tiene que contar una historia. Puede ser una historia en primera persona del singular o del plural; puede ser en segunda, dirigiéndote a alguien; puede ser un vosotros o puede ser un ellos. Puede ser un haiku, nada más que una pincelada, porque no es necesaria mucha palabrería para contar una buena historia. Pero tiene que ser una historia. A mí la poesía de lavado de bajos, de confesionalismo, no me interesa. Oiga, a mí no me interesan ni sus experiencias sexuales, ni sus dolores. Cuénteme la historia de un casanova y si está bien escrita me gustará, y supondré que usted tendrá que saber cómo se folla para poder contar eso, pero no me cuente directamente su biografía sexual, ni su biografía dolorosa. Para eso está el locutorio del cura o la consulta del psiquiatra: vaya allí. La creación artística está para generar, partiendo de la realidad en que vivimos, otra realidad distinta. La poesía española, la italiana, la francesa..., tienen esa tendencia al lavado de bajos que atrofia y limita a la poesía. La anglosajona nos lleva ventaja, porque ha sabido tomar distancia de la realidad, del acontecer personal, para crear una nueva realidad. Y me gustan los poetas españoles que caminaron por ahí: Gil de Biedma, por ejemplo. No digo que esa otra poesía sea mala, ¿eh? Dios me libre. Pero no me interesa, igual que no me interesa esa poesía que se limita a transmitir literalmente lo que vemos todos y es incapaz de mirar más allá. Tampoco me gusta que se quiera rodear a la poesía de una especie de barricada para evitar que piense, que genere reflexión. Yo creo que la poesía tiene que generar reflexión. Hay un término maravilloso que María Zambrano utilizaba mucho, la razón poética: una razón que va más allá, valga la expresión, de la razón-razón que genera pensamiento y abre otras posibilidades al lector más allá de la razón, llamemosle, lógica. 

    -Y ahora volvamos a Lengua del duelo. Los poemas incluidos en Lengua del duelo, ¿son antiguos o recientes? 

    -El más antiguo tiene unos seis años, y el más reciente, «Salmo en Besullo», dos, aunque es una reelaboración de un poema más antiguo debida a un hecho puntual, que fue la muerte de la protagonista de ese poema: Dina Rodríguez, la última protestante de Besullo. 

    -Ésa es una historia curiosísima y muy desconocida, que efectivamente usted recoge en su libro. Cuéntesela a los lectores de esta entrevista. 

    -Es una historia que yo conozco desde 1994, cuando me mandaron a Besullo a hacer unos reportajes. Aquélla todavía era la época en la que uno salía a hacer reportajes; en que iba a determinado sitio con nada más que un par de ideas y a ver qué se encontraba por el camino. Yo fui a Besullo y me encontré con los dos únicos protestantes que quedaban ya, que eran Dina y su hermano Manuel. Pertenecían a la familia Rodríguez, que era una de las más prestigiosas entre la comunidad protestantes no ya de Besullo, sino de todo el noroccidente ibérico. El origen de la comunidad de Besullo estaba en los predicadores protestantes que habían recorrido España en los siglos XVIII y XIX. 

    -George Borrow y compañía. 

    -Jorgito el Inglés, autor de La Biblia en España, sí, aunque los protestantes de Besullo no eran anglicanos, sino luteranos. Bueno, pues fui para allá, los Rodríguez me abrieron las puertas de su casa; de la escuela, ya sin niños; unas biblias y libros de rezo maravillosos; el cementerio donde enterraban a los suyos, que era simplemente un prau con pequeñas piedras señalando las sepulturas... A mí lo que más me fascinó fue la escuela. Para ellos la educación era algo importantísimo: el protestantismo tomó del judaísmo esa idea de «pueblo del libro», de leer la Biblia directamente y sin intermediarios que te la tergiversen, y eso pasaba por que todo el mundo supiera leer. Se leía y se discutía, y eso, ¿qué genera? Pues genera cultura. Federico Fliedner, un teólogo evangélico alemán, veraneaba allí al encontrar una comunidad muy sólida y que había resistido los envites de los tiempos. Conservo una fotografía de él debajo de un hórreo que me pasaron ellos. La primera mujer farmacéutica titulada fue una Rodríguez Castellano de Besullo, Marina, a principios del siglo XX. Su hermano Lorenzo Rodríguez Castellano también era protestante y poca gente sabe que es quien da nombre a la biblioteca del Campo San Francisco de Oviedo. El padre de Alejandro Casona, que nació y pasó sus primeros años en Besullo, también era protestante. ¿Es casual que Casona se dedicase a lo que se dedicó? Había un sustrato de amor a la palabra, a la literatura, a la cultura, al saber, a no dejar que otros interpreten la vida por ti. Es una historia muy guapa, la de los protestantes de Besullo. Dina era queridísima por toda la gente del pueblo: velaban por ella, la cuidaban... No fueron nada estigmatizados, aunque sí sufrieron mucho la represión fascista tras la guerra civil, algunos por demócratas, pero también por protestantes. Ahí está eso a lo que me refería antes: esos valores positivos que también es capaz de generar la religión al lado de los negativos. 

    -Para contar esa historia, utiliza una estructura muy sugerente: la del salmo. La lectura de ese poema le trae a uno a la mente esos judíos meciéndose ante el Muro de las Lamentaciones mientras rezan. 

    -Utilicé un modelo que Eliot desarrolló muchísimo y que aquí en España utilizaron sobre todo los poetas de la Generación del 50, pero que existe en toda la tradición literaria, que es el modelo del monólogo, del monólogo dramatizado. Quien habla es ella, Dina; yo simplemente me puse en su lugar. Algunas cosas las pienso y otras no. El monólogo es una manera de tomar distancia, y también lo utilizo en «Kaddish en Penouta», donde empleo la primera persona del plural, con nombres reales de judíos residentes en Asturias. 

    -El poemario está ilustrado con unas hermosas acuarelas de Federico Granell, todas con el mismo esquema: una calavera invertida, con la mandíbula hacia arriba, y un pájaro posado en ella. 

    -Conocí a Granell por una serie de artículos sobre artistas plásticos muy literarios, que publica la revista Clarín. Uno de ellos era Granell y me ofreció hacer la portada del libro. Al libro le iban bien sus calaveras: había hecho una para un libreto de la ópera Werther aquí en Oviedo que me había encantado. Le pedí que me hiciera una con un raitán encima, porque el raitán, petirrojo en castellano, es una metáfora de esa esperanza que alza el vuelo sobre la muerte. El caso es que la idea le gustó y, después de hacerme esa acuarela, hizo varias más con otros pájaros. A Álvaro Díaz Huici, editor de Trea, le gustaron tanto que decidió incluirlas en el interior del libro. Uno de los pájaros, por ejemplo, es un periquito que suele revolotear por el estudio de Granell. Para ser mi primer libro, es un lujo tener esta edición.









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    Víctor Fuentes Martínez

    (Poeta Zapoteco. México)

     “Avispa pinta palabras” “Bizu rutiee diidxa’” (zapoteco) es un libro bilingüe del escritor zapoteca Víctor Fuentes, que recientemente imprimió la Coordinación General Interculturalidad y Bilingüe (CGEIB) de la Secretaria de Educación Pública con la finalidad de rescatar historias educativas de estudiantes indígenas.

    Víctor Fuentes es profesor de educación primaria y dueño de la galería Gubidxa en Unión Hidalgo, es defensor del río espíritu santo y también ha escrito cuentos en su lengua materna el zapoteco, en dos ocasiones ha recibido el premio Casa (uno en narrativa y el otro mención honorifica), evento que organiza el pintor oaxaqueño Francisco Toledo.

    Esta dependencia educativa seleccionó a Víctor Fuentes al conocer la historia que narra la vida de un estudiante de nivel primaria de origen chinanteco de nombre Hugolino que al no sabe hablar español como sus profesores se comunica a través de imágenes.

    El tiraje de “Avispa pinta palabras” “Bizu rutiee diidxa’” fue de 3 mil ejemplares, los cuales se estarán presentando en diversas ferias de libros infantiles a nivel nacional a partir del 21 de febrero y también se hará en bibliotecas escolares de la región del Istmo de Tehuantepec.

    Lograr la impresión de este texto no fue fácil comentó Víctor Fuentes , porque pasaron tres años para que pudiera tocarlo y disfrutar de ese olor a nuevo . “Hace 3 años me hablaron y les envié el texto, les gustó y ahora lo tengo conmigo, valió la pena la espera porque creo soy el primer oaxaqueño que logra que un texto se imprima por esta dependencia educativa”.

    “Este libro tiene una intención clara que nosotros como pueblos originarios valoremos lo que tenemos, no esperemos que lo hagan las dependencias o los funcionarios, así pasó con Hugolino, un niño que cursó cuatro veces el primer año de primaria y aunque no sabia hablar español logró comunicarse y lo hizo por medio de un dibujo, él plasmó en una hoja a una avispa diferente a la de sus compañeros y eso me motivó a escribir de él, hoy cursa supongo el quinto grado de primaria”, expresó.

    El escritor de este texto resaltó que hoy los profesores deben ser más sensibles en sus aulas porque los niños y niñas tienen una gran riqueza de poemas, de textos, de dibujos, ellos mismo son grandes escritores sin saberlo en muchas de las veces.

    “Mis compañeros deben buscar otros recursos, no solo reproducir las lecciones y unidades, tenemos muchos recursos y proyectos didácticos, la sensibilidad la tuve de mi madre que era muy expresiva y de mi amigo Teo aprendí el zapoteco”, explicó.






    Lidxi bidunu

    Zine bi, guicha ique xiñabe
    Ca guiru biaani lúbe
    Guidiruaba gu’ga diidxa’
    Ne ra gunda xababe
    Biree xcui
    Gunda nisa lúbe
    Ra ma ze bidunu
    Guxananee labe yoo.



    La casa remolino

    El viento se ha llevado su pelo rojo
    La luminosidad de sus ojos
    En sus labios se atragantó la palabra
    Y ahí colgó su ropa
    Desnuda
    Sollozó
    Se marchó el remolino
    Con quien parió la casa.




    Ze bacaanda’

    Gutirini xcaanda’
    Biabirii, ladxidua’
    Ra guti’ ca chú guidilaga yoo
    Ni bicui jñaa  jñaa
    Galabato’ gueela
    Ne gunda xquixhe ruaa beeu
    Ti gugaba’ bacuzagui
    Bia’ti ziuula gueela’.




    Sueño ausente

    Flaquearon mis sueños
    Cosquilleó mi corazón
    Mientras mueren los párpados de la casa
    Que construyó la madre de mi madre
    En medio de la noche
    Guindó su hamaca sobre la luna
    Para contar  las estrellas
    A toda su extensión.




    Yú xiña’

    Guxubi xa’na’ xcuidi
    Gunesa jñaabida
    Gulee lari
    Gule ba’du’
    Gu’ta’ daa ne biuu ndaaya’
    Bitipi bigarii
    Ra guza bilopayoo
    Lade ñeelú’




    Ladrillos rojos

    Un chamaco gateó
    Orinó la abuela
    Se desnudó
    Parieron
    De alfombra la estera y la señal de la cruz
    Chilló una cigarra
    En los caminos de la salamandra
    Entre su entrepierna.



    Lari gueela’

    Napa chuupa náca xi la, xi ñee pe’ nga nadxiie Na Diya, ti xixa cá la ti bitiñebe naa bidxichi ti ganda guiluxe cuii lidxe’. Ra ma guyaa ra nu, gunaa quepe gánna jneza gui’chi’, bilui’ naa xcuaana binni ruzee lu gui’chi’, lú cadxi gui’chi’ nayú bizee ti nabidola guiza’tipa, ra qué cadxi nabidxu ne lú ra nabidola bitiee ti guendaruxidxi nábe qui iquiñe’, bilui’ni naa ra gunabadiidxa’ laa xipe’ rúni ti ganda gána naa nga nuzabe laa, biiya’ ná, ne cá bidoladi la chi gucaa pabia’ nga cudiee lii, ne guyé  dxi, cadi gusiaandu siou’ qui’xu naa.

    Rábe yana ti ma nánna xi ñee pe’ nga nadxiie laa, ra qué ma gudxi naa xi ñee ca guie’ bieele’, nacaca’ ti lari gueela’ quichi’ ti nabé riaquibiaanica’, ni jma naquinde bedani ra ma gunabadiidxa be naa gábe laabe pabia’ nga bitopalube xti ni bidoo cadxi cadxi guie’ rinda’naxhi xtibe, naa ninquepe   gánna jneza ca biru’chu gunie huate guintisi nda, laa bazeendu’ bixidi naa, ne guendaruxidxisa xtibe rudiru’ bieque ndani bichuga iqué’ nacasi ma guya laa canaza ne xti ñee yaga lu ca neza xquidxe’, canagutoo xquenda rindanaxhi guira dxi.



    Sábana

    Tengo dos cosas, por sobre todo para sentir amor por Na Diya, la primera porque me prestó dinero para terminar de construir mi casa. Cuando fui con ella, mujer analfabeta, me enseñó el dulce elixir de los dibujantes, sobre un legajo de hojas de papel estraza, trazó un óvalo perfecto, luego unos rulos y sobre el óvalo una pícara sonrisa, me lo mostró cuando le pregunté cómo sabía que esa deuda era mía, pues mírate, y acá con estas bolas pondré cuánto te doy, y vete tranquilo, no olvides pagarme.

    Creo que ahora, que sé, que la amo por eso, luego me dijo que sus gardenias floridas, eran una sábana blanca por su inmaculada blancura, lo mejor vino cuando me pidió calcular cuánto ascendía las ganancias de la venta por los manojos de sus perfumadas flores, yo  neófito en estos menesteres le dije cualquier cantidad, y ella atrabancada se mofó de mí, y su risa tan sarcástica rueda en mi cabeza cada vez que la veo pasear con bastón por los caminos de Unión, vendiendo su alma perfumada a los días.



    Ti doo guiigu’

    Ruzani beeu, xilaga lú guiigu’ riaquibiaani’, ti gueela ma gudi’di’, guiigu’ birooba’ xhaata’, xtubi. ¡Gueela qué! Ze siado’, ca gui’chi’ liibi lisa nacaca’ balaaga’ gui’chi’, guira xcuidi biina’, nisa ruunaca’ bisilaga guiigu’, guiigu’ birooba’, guca iqué. Ca gui’chi’ liibi lisa gucaca’nisa rutiee, bitiee guirani, ¡Guirani! Ra quiguinu’, ra zeu’, ra ma nuulu’, ne ladxidua’, biina’. Biina’ guidubi gueela’, ne xti gueela qué dxi ca gui’chi’ liibi lisa gucaca’ nisa rutiee, ti gusietenala’dxi lii, nábe redasilulú naa, guira dxi, ne zaca tica xti gueela beeu cubicá.



    Hilo de río

    Brilla la luna, toda enorme sobre el río de plata, una noche antes, el río creció intenso, solo. ¡Esa noche! Por la mañana, los libros eran barcos de papel, todos los niños lloraban, sus lágrimas ensancharon el río, el río creció, se volvió, loco. Los libros se hicieron tinta, pintaron todo ¡Todo! Tu ausencia, tu ida, tu lejanía, y mi corazón, lloró. Lloró toda la noche, la noche anterior cuando los libros se hicieron tinta, solo para recordarte que te recuerdo, todos los días, y así, hasta la nueva luna.



    Bigarii gucaná

    Cayuuna taapa bigarii
    nanda ti binisa ladxido’ca’
    nu gu’ndaca
    nu gu’naca
    tobi qué biyubi xa’na’
    ti yaga naga’, tu nadxii laa
    ne xtobi bipapado’si
    ne reda ruunda’
    xipe ná guidxilayu
    xhupa bigarii
    nizi re’ca’ nisa lu bandaga.




    Cigarra herida

    Cuatro cigarras lloran
    una brisa templa sus corazones
    quieren cantar
    quieren llorar
    una busca en la profundidad
    de un frondoso árbol, quién la puede amar
    la otra sobre vuela no más
    y regresa a leer
    cuál es el designio de la tierra
    las otras cigarras
    sólo saben beber el néctar de las hojas.




    Birii

    Biquichi ti birii
    Galaa bato’ ladxidua
    Cayana zizi
    nu tu ná xquenda nalu’ nga canayubu’
    birii beda sí, biquichi,  ne ze
    rua ladxidua’ cayati cayana.




    Hormiga

    Una  hormiga me ha picado
    Justo en medio del corazón
    me arde infinitamente
    algunos dicen que sólo llamo la desgracia
    la hormiga vino así como así, pinchó, y se fue
    la corona de mi corazón sobrevive al dolor .




    Bidxiguí

    Cayuunda’ doo xtine
    nadipa’
    nalase’
    nadá
    ti ganda quidxe lii
    iza ne iza
    dxi ne dxi
    zuyu naa
    luguia ne xaguete iquelagalu’
    caguiba’




    Araña

    Tejo mis hilos
    resistentes
    delgados
    delicados
    así poder abrazarte
    año tras año
    día con día
    me verás
    arriba y abajo de tus párpados
    tejiéndote.





    Chumpirunisa

    Naguixe pia’ya
    ca xhiaa’
    ndaani batanou’
    zí huiini naa
    zanda gutixhielu naa
    racaa lii biya’
    zí huiini sí nou’ naa.




    Libélula   

    Pienso
    en mis alas
    entre tus manos
    soy minúsculo
    puedes asfixiarme
    considéralo
    poca cosa te soy.




    Tobi

    Balaaga
    ti bixhozebida, nuuxpiaani. Bixhoze goola gubidxa

    Ni ria’ ra caguiñenta nisa laa
    ni cutaguná’ zidi.
    Zanda ca zacaa qui zusiaanda’ neza guza lú
    nisado’ quigapa ra gucaa.



    Uno

    El cayuco
    es un abuelo, sabio. Tatarabuelo del sol
    que lo cincela a golpes de agua
    a puños de sal.
    Quizás para no olvidar su andar sobre
    la corriente infinita de la mar.




    Chupa

    Cayuuna’
    Nisado zidi xtine’
    Ra bia’ guixhe
    gulene  xpacaada binni goola
    Ra bixidxi sa gubidxa
    Tu binidxaba naa.




    Dos

    Lloro
    Mi mar salado
    Donde nace una red de sueños viejos
    Donde rió a carcajadas el sol
    Quién diablos soy.




    Choona

    Nisado’
    Ná bixhoze bida,
    Ná’ guidxi layu laa
    Naa rabe ladxido’siou’
    Nizi zidi laa.




    Tres

    El mar
    Dice el abuelo
    Es la mano del universo
    Yo sé que es tu corazón
    Y salado nada más.




    Taapa

    Dxa yuxi guidubi laade’
    Laadi xquenda’
    Ti gundaate’ nisado’ ndaani lu’
    Zica ca binni goola
    Ruxoñe lú ca’ guendaguti.




    Cuatro

    Tengo arena en la piel
    De mi alma
    Para derramar los mares en ti
    Como los abuelos
    Que no se quieren morir.




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  • 03/22/17--05:04: CAMILO CANTILLANA [20.039]

  • CAMILO CANTILLANA

    Camilo Cantillana (1972, Santiago de Chile) es profesor de Castellano y poeta. Su proyecto poético comenzó a gestarse desde su adolescencia. En los ochenta devoraba libros en el Persa Bío-Bío, quizás el mercado de segunda mano más grande de la capital, en el que se podían encontrar libros de la literatura clásica, y algunos prohibidos por la Dictadura de Pinochet, los cuales eran amontonados como frutas en los suelos, al lado de baratijas, y ropa usada proveniente de Estados Unidos. En este lugar trabajaba su padre, luego de ser detenido y liberado por los militares, debido a ser un secretario del sindicato de una fábrica.  La escritura y el olfato poético de Cantillana se ha construido a través de un recorrido biográfico comprometido con aquella épica lucha que tuvo lugar en los barrios populares de Santiago. 

    Su vocación social, y su contacto con la literatura, le hizo ingresar a estudiar pedagógica en Castellano, siendo el Presidente de los estudiantes. En la actualidad trabaja como profesor de Lengua y es el Líder del Sindicato de la Escuela-Empresa como le llama irónicamente. Además, está trabajando un poemario crítico del sistema educacional chileno, titulado Aula: Fragmentos de un autorretrato alterno, con el cual obtuvo un premio Consejo Nacional de Cultura de Chile de este año. Pareciera que por su contexto y antecedentes biográficos nos pudiéramos encontrar con una poesía de alto contenido político o social. No obstante, su proyecto escritural es de una riqueza discursiva que va más allá de la contingencia social. 

    Cantillana trabaja elegantemente lo metapoético, pues reflexiona sobre el límite del lenguaje y sus paradojas. También, el amor como encanto y desencanto tiene un sitio fundamental en su escritura. Su poesía apareció reunida por primera vez en Atrio-poético (2003) y luego de once años publicó Portafolio, poemas a pie de página (2014).




    NIGODA

    Hay amores irremediables
    Y otros que no tienen remedio.
    El polvo cae en rededor;
    La noche también-

    ¿Qué pausa podría ser un enigma?

    Hay palabras irrevocables
    Y otras que murmuran.
    El silencio siempre fue un remolino
    Estático.

    ¿Quién está antes del silencio?
    Hay eternidades proclives a lo incierto
    Y aún confunden al tiempo
    La soledad tampoco estuvo sola-

    A un lado los que esperan,
    Al otro lado los des- esperados.
    Hay risas para sonreír
    Y además para herir.

    El polvo ya no cae, nueva luz sí.
    El sentido ha perdido el camino.
    Mientras el horizonte de este ojo
    Se bebe uno a uno los sueños que restan.

    (De Atrio-poético, 2003)




    CÍRCULO

    Siente
    Siente en silencio
    como hoy será ayer,
    mañana un círculo.
    Siente,
    siente dos palabras
    dicen la verdad,
    menos una sola, restan
    Ellas mismas.
    Hoy es mañana
    como mañana hoy.
    Siente,
    siente que vienen-
    Dejan el paso libre
    Siente,
    sólo soy una sombra
    una sola
    prolongación de la luz
    Ausencia de calor.
    No existo sin mí,
    Existo porque no.
    No siento sed-
    Soy solo una sombra
    viva.
    Siente.
    Ella siente quién soy.
    Respira en mi nombre.
    Anuncia el fuego
    Luego…. claridad.
    Mañana un círculo-
    La felicidad
    invade mi sombra.
    Se aleja
    Siente
    Se aleja me deja
    La tibieza de un respiro.

    (De Atrio-poético, 2003)





    DECLARACIÓN

    “Soy de placenta y nubes.
    Lo opuesto a todo lo dicho.
    Un error constante con afán de principio.
    Soy una carrera larga al desenfreno;
    un lugar atravesado (habitado) de silencio;
    lo contrario a las frías palabras
    con que me dices el fin de todo.
    (Soy) Amargo, soy amargo y leve.
    Luz que clava sus ojos al Sol.
    Soy la calle donde hallo la huella
    dulce de esa imagen repetida.
    Soy amurallado embrión
    que harto del mundo
    volvió al Mundo”.

    (Portafolio, poemas a pie de página, 2014)




    DESPEDIDA

    “Viene caminando,
    la silueta de una mujer
    que ha dejado
    una puerta cerrada
    y cuatro labios
    pidiendo que se regrese.

    Viene caminando,
    la ceniza aún cálida
    de una idea,
    que dejó las palabras
    salir
    y los demonios prisioneros…
    en su espanto se asieron al brazo
    de la sinrazón.

    El eco de una mujer camina
    por la idea que ha quedado
    dejada mientras aguardan
    que alguien en el mundo
    piense por los dos.”

    (Portafolio, poemas a pie de página, 2014)

    Poemas de Camilo Cantillana, presentados y seleccionados por Marcelo Gatica 
    http://www.crearensalamanca.com/poemas-del-chileno-camilo-cantillana-presentados-y-seleccionados-por-marcelo-gatica/






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    (Foto de Jacqueline Alencar)


    MARCELO GATICA BRAVO

    Marcelo Gatica Bravo (Cauquenes, Chile, 1976), doctor en Literatura Hispanoamericana por la Universidad de Salamanca. Ha publicado los poemarios ‘Anclado al pescador de mares’ (2017), ‘Crucial’ (con Pablo Gutiérrez, Santiago, 2014) y ‘Portafolio. Poemas a Pie de Página’ (Con Camilo Cantillana, Santiago, 2014). 

    En Estonia publicó ‘Vientos del sur / Lounatuuled’, antología de poesía chilena seleccionada e introducida por él, con traducción de Carolina Pihelgas, Mariliin Vassenin y Helina Aulis. Tallin, 2015). En su país también publicó el poemario colectivo Taller Literario (2001), el libro de poesía a tres manos A-Trio Poético (2003) y poemas varios en Calíope, revista de poesía (2000-2003), obteniendo el Premio de Poesía de la UMCE (2003). En España y Portugal ha publicado en las antologías ‘Poesía para un existir’ (2010), ‘La hora sagrada’ (2010), ‘El paisaje prometido’ (2010), ‘O Divino’ (Portugal, 2011), ‘Poemas identificados’ (2013), ‘Arca de los afectos’ (2013), ‘He muerto… y he resucitado (2015) y ‘Umbrales de la memoria’ (2015). Ha recibido el Accésit del Premio Internacional de Poesía “Luis López Anglada” (Burgohondo, Ávila, 2008) y el primer accésit del Premio González-Warris de Poesía (Barcelona, 2012).



    III (DOCUMENTOS Y EVIDENCIAS)

    Hay calificaciones que matan
    y otras que vuelven a nacer.

    El primer 1 del semestre se lo ganó
    Mauricio Pavez por confundir el título de un libro
    de Octavio Paz

    Escribió: El arco y la flecha
    Debió decir: El arco y la lira

    Ha pasado río bajo el puente
    y en su defensa luego de procesado y olvidado
    el caso puede concluir:

    La poesía en ciertas latitudes ya no canta
    ni siquiera en la ingente ducha de los invisibles
    ni en la épica de un planeta adolescente

    Quizás la poesía es lo más parecido a una flecha
    que busca la coordenada exacta de un nuevo
    acontecimiento,
    un nuevo verso que roce el aire
    y haga temblar el sonido de los sospechosos de siempre.

    De “Poemas para desaprender” de Marcelo Gatica
    del libro “Portafolio: Poemas a pie de página”.




    PRELUDIO 

    Yo miré todas las obras que se hacen debajo del sol; 
    y he aquí , todo ello es vanidad y aflicción de espíritu. 
    Eclesiastés 1:14 
    Si el lenguaje reflejara 
    lo que realmente pienso, 
    todo estallaría. 

    Creo que la fuerza de la gravedad 
    es una ilusión matemática. 

    Entonces propongo: 
    Un estallido de imagen, 
    elevarme 
    por sobre águilas metálicas, 
    sumergirme en nubes boreales 
    y arrancar los ojos del cielo. 

    Solo si la palabra reflejara 
    lo que realmente pienso.




    NOTAS A PIE DE ÉFESO
    (Fragmentos) 

    Fragmento Capítulo I: VI 

    Y Dios nombra la luz, y forma páginas humanas. 
    Adán se encuentra con una página blanca y nombra 
    hasta donde llegan sus ojos. Y la luz se hace carpintero, 
    se hace hombre camina como hombre, 
    sueña como hombre, muere como hombre. 




    Fragmento VII - IX 

    En esta parte de la historia; en lo que va de película. 
    Sólo tiene que ser un misterio, 
    nacer marcados por la sensación de encierro, 
    por la prisión del cuerpo. 
    Sólo la aventura del ojo y de las manos, 
    el ojo vuela a la velocidad del pensamiento 
    y en el corazón permanecen intactos fragmentos de tiempo 
    sin tiempo. 
    La sangre fluye como el agua. 
    Entre antes y después de un cruce. 
    Frente al espejo el cuerpo que es una sombra, 
    que se libera de la sombra sin tiempo, 
    luego me lanzo en paracaídas al cielo. 




    Fragmento Capítulo II: I – II 

    Hay líneas que no se formulan en tiempo ni en espacio; 
    pensamientos que traspasan lo que el ojo pueda alcanzar. 

    Hay latidos siderales, entre un espacio y un tiempo 
    como entre la muerte y la vida. 

    La muerte sigue su flujo como un simulacro de vida. 

    Hay hombres que sólo son máscaras, 
    que están inflados con aire acondicionado, 
    creyendo que la vida es un solo espacio. 

    Pero todos los tiempos se enlazan en un espacio 
    Para unos la memoria será el anclaje en la vida, 
    otros se confundirán, 
    cómodamente seguirán el olvido de no ser hombres. 




    Fragmento IX 

    El hombre sigue siendo el ser más parecido al agua. 
    Fluye por la realidad de un extremo a otro 
    y cuando cree haber construido una obra se evapora. 
    Sin embargo por algo misterioso la vida sigue fluyendo en él. 




    Fragmento: Capítulo IV: I: VI 

    Cuando vivimos la polifonía de voces. 
    Las coordenadas tienden multiplicarse y como ondas, 
    cada vez se hacen más impalpables. 

    Desde una jaula un preso nos sacude; 
    nos lanza hacia lo disperso, nos lanza hacia las repeticiones, 
    nos lanza hacia fuera, hacia lo múltiple, 
    hacia el fragmento, hacia el retazo de mapa olvidado. 

    No confundirse, el amor se lanza en un verso, en un cuerpo, 
    en un espíritu, en una coordenada que soporta 
    lanzarse hacia la realidad de un día fracturado. 




    Fragmento VII – X 

    Hay realidades insondables como el viaje del la luz; 
    aquella velocidad exacta para desintegrase 
    en la tierra para no desarmarse en la prisión del ojo. 

    El carpintero se lanzó hacia el centro del grano 
    hacia el centro de la cripta 
    con el deseo fijo de que lloviera para todos en la tierra. 




    Fragmento Capítulo V: XIV - XV 

    Hay tanta distancia entre caminar sin espacios 
    y caminar cancelando el tiempo. 

    La condición para dejarnos perplejos 
    es que ya no hay límites para dar el siguiente paso. 

    Ya todos lo sabíamos. 
    Hemos aprendido muy bien la lección de Historia. 
    Cerrar los ojos 
    y abrirlos en el momento exacto de una foto 




    Fragmento XVI - XXI 

    A pesar del mareo cotidiano de los periódicos, 
    las imágenes estallan en el vacío omnipresente de un segundo 
    y el vértigo que produce el tambaleo incesante 
    de la red en palabras que apenas nacen mueren. 

    Busco la frecuencia de naufragio 
    sin la silueta de la sirena muda. 

    Busco la frecuencia, respiro profundo 
    y escucho como aletea mi corazón 
    con la sintonía de un inadvertido pájaro en vuelo. 




    Fragmento Capítulo VI: XIV 

    Creo que el opio más certero es la ausencia de verdad. 
    Maquillamos con un lenguaje de sirena muda, 
    evadiendo; secuestrando 
    el espejo que devela nuestra trayectoria. 

    Quizás la táctica sea precisamente perderse en la máscara 
    en la vitrina, en la actuación; 
    confundirse en la masa, en la imagen. 

    Quizás eso sea lo más verdadero. 
    Solo restaría romper el espejo y nacer de los fragmentos 




    Fragmento XV 

    La carretera de la modernidad se desplaza a una velocidad 
    que cancela cualquier intento de camino paralelo; 
    lo que no sospecha 
    es que hay huellas 
    que hacen camino en el laberinto. 




    Fragmento XVI 

    La fe posee una misteriosa naturaleza líquida 
    que en ocasiones evaporamos 
    pero que emerge con tanta fuerza 
    que con sólo una gota apaga cualquier intento de infierno. 

    Los ojos tienen la manía de embriagarse al contacto de la imagen; 
    se distancian del oído, del corazón 
    que ya no late con ciertas palabras vitales. 




    Fragmento de La última palabra 

    Hay palabras 
    que con sólo pronunciar las trastocan la materia, 
    completan la escena; 
    de algún modo 
    el sonido que producen 
    devuelve a la realidad parte de su origen.





    ANCLADO AL PESCADOR DE MARES POESÍA Marcelo Gatica Bravo

    (A).0. (Ω) 

    PULSACIONES VITALES 

    A Chofo Gatica 

    En el principio las palabras se desintegran al movimiento giratorio de las sustancias, líquida la luz se expande en la nada oscura. La eternidad se desplaza hacia todas direcciones, y el tiempo se extiende sobre una marea de fragmentos vivos. Constelaciones estallan en un alfabeto innombrable. 

    No hay dudas de que la luz viajó al borde de la velocidad sin fondo. Los espirales de una página en blanco, de un universo acuoso que descansa en las manos gravitatorias, salpicando vida debajo de una luna en pleno parto. 

    No hay dudas cuánticas que al sur del tiempo el hombre fue uno de los primeros versos de barro que habitó la eternidad sin nombre.




    (A) .0. (Ω) 

    A Jorge Hinojosa 

    La memoria suele ser un bello espejismo. 
    El tiempo es lo más parecido al agua. 

    Cuando creemos en lo sólido 
    la vida se evapora. 
    La táctica sería estar consciente 
    o al menos 
    estar despierto 
    en el desplazamiento 
    de las corrientes, 
    del paso 
    por ciertas turbulencias, 
    anclarse bajo el arca 
    del pescador de los mares, 
    que posee la brújula de aire 
    precisa para dominar el tiempo de los vientos.




    (A) .0. (Ω) 

    A Gilian Correa 

    Ha puesto eternidad 
    en el corazón de ellos 
    Eclesiastés 3:11 

    Quizás lo humano es el 
    choque entre la casualidad 
    y la causalidad en el centro de un universo 
    misterioso. 

    En este intersticio aparece 
    un océano que deja 
    en estado líquido 
    nuestro ojo, 
    que frente al asombro 
    busca anclarse a las cosas 
    aunque tengan claramente fecha de caducidad. 

    El primer parto del ojo se produce 
    tras la comodidad acuosa del vientre. 

    Luego las palabras se desintegran al contacto 
    de ciertas preguntas. 
    Mientras el pescador de mares 
    permanece intacto esperando 
    quitar las escamas 
    de nuestros ojos.




    (Ω- α) (A- ω) 

    PENÚLTIMOS OLEAJES 

    A Felipe Espinoza 

    Aún puedo leer el lenguaje de los mares, 
    y de alguna manera aún se puede descifrar la 
                     balada 
    nocturna de un perro hambriento. 
    Pero hubo hombres que se especializaron 
    en traducir lunas amortajadas y números. 

    Secuestraron geométricamente 
    la cotidiana trayectoria 
    de la luz, 
    el tacto de una mano 
    que sigue creyendo en la palabra 
    atrapada en ciertos gráficos. 

    Armaron un gran espejismo con diminutos dioses, 
    instalados en habitaciones de ensueño que a 
                       medida 
    que se acercaban iban absorbiendo 
    todo el lenguaje del mundo. 
    Ahora el espejismo es el mundo, 
    y la palabra choca atómicamente, 
    y se desvanece cada día frente a la velocidad 
    de millones de fragmentos.





    (A- ω) 

    A Ziel Machado 

    La resistencia de los días, 
    la incapacidad del lenguaje, 
    y las palabras que circulan 
    tatuadas a un código de barra 
    en el océano virtual. 
    Nos queda: 
    Vaciar todo el lenguaje del mundo, 
    los archivos anónimos de las horas extraviadas, 
    los inviernos en pleno días primaverales, 
    la mirada asesina de ciertos pájaros mudos, 
    la brutalidad de lo desechable, 
    la comida lanzada por los tubos nauseabundos 
    de las grandes ciudades.

    Vaciar todas las estrategias 
    resultadistas de una ecuación que 
    no reconoce que no hay espacio sino sólo tiempo. 

    Vaciar los apellidos, las nacionalidades, 
    los números cardinales de la cuenta bancaria. 
    Volver al vientre materno. 
    Vaciar todo, volver al extenso horizonte 
    de una página en blanco. 
    Y desnudo replegarnos bajo la sombra 
    de un árbol en vuelo, y escuchar 
    como se desliza sobre la nada el 
    latido de la primera palabra luminosa.




    (Ω- α) 

    A Antonio Salvado 

    Cuando explota el tiempo y 
    el espacio en las redes de la imagen. 
    La velocidad produce un mareo continuo 
    en un cuerpo que aún 
    desconoce la extensión de sus sentidos. 

    Necesitamos el ritmo oceánico 
    de un viejo pescador de mareas. 
    La paciencia de la habitación del ojo, 
    donde las horas se deslizan 
    sobre el cuerpo en intervalos perennes. 

    En estas corrientes el pescador siempre 
    posee un tanque de oxígeno en su corazón 
    de tierra que espera la hora precisa segar el mar.




    (A- ω) 

    A Julio Riquelme 

    No hay balsa resistente 
    al oleaje de la red. 
    Flujos de imágenes 
    sin contenido, 
    marejadas de belleza 
    y de luz ahogadas por corrientes subterráneas 
    ciegas de carne humana. 

    Sé que el reloj estalla en un fragmento de Enter. 
    Como un turista se fotografía el cáncer, 
    la estela de una guerra química, 
    el desnudo pop 
    de una rupturista 
    (quizás lo más tradicional del mundo). 

    Atrapar la vida en un video 
    de tres minutos, o la vida en 
    140 caracteres. 
    Claramente los materiales 
    de mi balsa son rupestres 
    para la pantalla plana. 

    A pesar de la esclavitud 
    de ciertas miradas salgo a pescar memoria, 
    es decir, 
    un anzuelo para mi asombro aborigen.





    (A- ω) 

    A Rolo Beaujon 

    El espacio cero de los océanos. 
    En el espacio cero de los pájaros 
    se esparce cierto miedo a caer en 
    una nada sin ojos. 

    Pero en la superficie 
    de mi tacto 
    permanece la búsqueda 
    de una gota de piano 
    para diluir 
    el movimiento 
    de la prisa 
    de un ángel migratorio 
    que lleva a cuestas 
    un mundo en caída libre.




    (Ω- α) 

    A Antonio Soto 

    Al sur del tiempo 
    los árboles fueron los primeros habitantes. 
    Lo he escuchado en ciertos ojos de ancianos quise 
    decir niños-hombres. 

    En una época no había distancia 
    entre el cielo y viento, y los árboles 
    dejaban ver pies y manos. 
    La raíz aquella mano de tierra 
    y las ramas contemplaban 
    intactas la velocidad de la luz que las rozaba. 

    De acuerdo a ciertos ancianos 
    de tierra si posas como niño el oído al tronco, 
    escucharás su alabanza desnuda, (nunca un 
                              lamento 
    porque su genética es sólo canto) 
    cuya única posibilidad es el parto del ojo. 

    Amaneció el hombre y cierto lenguaje enmudeció el 
    canto adánico del primer verso del bosque. 
                             Instalando 
    una lengua analfabeta de vida. 

    El nuevo adán entrecruzado en ciertos corazones que 
    aún palpitan y como niños-ancianos
    persiguen el reverso del viento, 
    aquellas huellas del tiempo en que los árboles 
    caminaban junto a los hombres.




    (A- ω) 

    A Cris Elwin Tuto Ramson 

    Paren de sufrir (Primer verso tomado 
    de un letrero de una iglesia que fue 
    cine o viceversa). 

    El espejismo hipnótico 
    de ciertas bandas sonoras, 
    desplegando radiaciones 
    en abismos de ensueño 
    creyendo que los milagros se consumen como 
    como likes en los perfiles de Facebook. 

    El auditorio esperando el golpe de rock 
    para relajar el espíritu de un día fotocopiado. 
    Mientras el vendedor instala 
    en los corazones “Cristos” de plástico diseñados 
    en una fábrica lejana 
    donde es imposible la devolución del producto.





    (Ω- α) 

    A Magdalena de Cisternas 

    El vértigo de las mareas 
    se fragua en la orilla del espejo 
    frente al transcurrir de 
    ciertas horas inmóviles, 
    de ciertos bloques 
    de humo digital. 

    Frente a un suspiro oceánico 
    se requiere el oxígeno 
    para el parto del aéreo animal 
    que pretende 
    nacer de nuevo. 
    Es decir, 
    deslizar los primeros 
    latidos en un espacio cero.





    EL PESCADOR DE MÁRGENES 

                                   A Luis Cruz- Villalobos 

    (A- ω) (Ω- α) 

    Antes del reino. Antes de partir el tiempo en nuevos espacios. Antes que la Palabra se esparciera en los márgenes oceánicos, y se posará como un pájaro de mar en las aldeas y en los confines de la tierra. Antes que habitara en las cárceles del cuerpo, y los infinitos laberintos sin sal. Escampó en el páramo, vació la eternidad de sus treinta años, eludió convertir las piedras en pan, y volar cinematográficamente como los ángeles. Y entonces, el desierto comenzó agitarse como el mar por el aire que brotaba de su silencio. Y las fronteras de los corazones se remecieron por flujos adánicos y el viento que nacía de sus palabras.





    (Ω- α) 

    A Cristián Morán 

    Al principio buscó el silencio. 
    Inadvertido desapareció 
    durante algunas semanas. 
    Inadvertido llegó 
    en condición de cadáver; 
    su cuerpo estaba vaciado, 
    como la debilidad de un niño recién nacido. 

    Pero el brillo de sus ojos. 
    Nunca olvidaré 
    ese brillo de sus ojos, 
    parece que había recogido toda la luz del desierto.





    (A- ω) 

    A Arantxa Arrúe Anttila 

    Su primer itinerario fue caminar 
    por todos los márgenes, 
    donde yace el silencio, 
    el olvido, aquella extrañeza posada en los ojos; 
    aquel desarraigo de lo propio, 
    aquella imposibilidad de emigrar de los límites, 
    donde los demonios se multiplican 
    por falta de latidos vitales. 

    En silencio sin ceremonias 
    se manifiesta el pulso de ciertas 
    palabras que con 
    solo pronunciarlas desintegran 
    cualquier intento del infierno. 
    Y su fama se extendía 
    por todos los lugares de los contornos.





    (Ω- α) 

    A Helina Aulis 

    En la turba los corazones se desnudan. 
    La levedad de ocultarse 
    en la masa y gritar - ¡mátadle! 

    La turba pensaba cumplir 
    al pie de la letra el texto. 
    Ella no podía levantar 
    sus ojos que se extendían 
    al suelo a la muerte. 

    Mientras, el carpintero 
    tatuaba el más bello poema de amor 
    jamás traducido a lengua humana. 

    La turba comenzó evaporarse 
    como las piedras 
    como el dolor, 
    como el infierno. 
    Y germinó una nueva flor, 
    quise decir, una nueva mujer.





    (A- ω) 

    A Laura Gómez Liz 

    Un día leyó algo 
    sobre el fin de la esperanza, 
    es decir, leyó la promesa cumplida. 

    Ya no habría más espera 
    para los cautivos, los ciegos, 
    los oprimidos, para habitantes de los márgenes. 

    Pero fue el primer 
    día que experimentó la condición 
    de inmigrante en su propia tierra. 
    Médico cúrate a ti mismo dice el refrán. 
    Lo llevaron a la periferia, 
    lo subieron a un monte para lanzarlo al vacío. 
    Sin embargo, la multitud 
    no pudo contenerlo 
    pues la esperanza ahora estaba allí; 
    palpable, y caminaba entre ellos.





    (Ω- α) 

    A Cheo Cornejo Bouffanais 

    A la orilla del mar hombres, 
    mujeres y niños se agolparon 
    para escucharlo. 
    Los pescadores prestaron 
    sus barcas para que la voz 
    se extendiera a más personas en la orilla. 

    Luego del mensaje les dijo 
    que fueran mar adentro para la pesca. 
    Toda la noche en alta mar 
    y las redes estaban vacías 
    de alimento oceánico. 
    Incrédulos… un pescador 
    dijo lanzaré las redes solo porque 
    creo en tu palabra. 

    La barca se deslizo sobre el mar, 
    por sobre el silencio 
    y los peces se posaron 
    en las redes que se inflaron como globos. 
    Los peces no solo entraron en la barca, 
    entraron en los ojos, en las manos 
    en el corazón de los pescadores. 
    Nunca volverían a trabajar en alta mar, 
    fue su primera 
    clase para ser pescadores de mares.





    (A- ω) 

    A Grace Gómez 

    En el trayecto cotidiano 
    se encontró con 
    la imagen sepulcral de un leproso, 
    por las heridas su vista no se levantaba 
    del nivel de las rodillas. 

    Solo dijo- si quieres puedes limpiarme. 
    Entonces le pidió 
    que extendiera las manos, 
    y el leproso extendió 
    las manos, 
    el corazón y sus ojos 
    contuvieron por un momento 
    toda la luz 
    del mundo 
    que caí a esa hora.






    -

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    ÁNGEL DE PABLOS CHAPADO 

    (1911-1983)

    TEXTOS DEL ESCRITOR Y PERIODISTA SALMANTINO ÁNGEL DE PABLOS CHAPADO (1911-1983)

    Crear en Salamanca tiene la satisfacción de publicar y recordar la figura del escritor salmantino-vallisoletano Ángel de Pablos Chapado, poeta, narrador y periodista, quien fuera presidente del Ateneo de Valladolid en el periodo 1950/1955. De Pablos Chapado Ingresó en el ya desaparecido diario vallisoletano Diario Regional en 1939. En 1944 fue nombrado redactor jefe de El Norte de Castilla, y posteriormente pasó a dirigir este periódico hasta su muerte. Además del periodismo literario, Ángel Chapado mantuvo durante largo tiempo una sección en Radio Valladolid, de la cadena SER.


    La selección de los textos ha sido hecha por el poeta A. P. Alencart, utilizando los libros suyos, publicados en 1997 por su hijo Ángel María de Pablos. Estos libros estarán, para su consulta, en varias bibliotecas de Salamanca.






    AL PASAR…

    Hospicianos que pasan alineados
    con los ojos cerrados al amor.
    Pobres niños que son, uniformados,
     las milicias eternas del dolor.

    ¿Por qué van con las frentes humilladas
    y los ojos sin luz y sin afán?…
    ¿Qué horizontes pasean sus miradas?…
    ¿Con qué sueñan -si sueñan-?… ¿Dónde van?…

    Hospicianos patéticos e iguales
    -gorras negras y azules delantales-
    que pasan entre el pueblo aglomerado.

    ¿No sabéis, pobres niños inocentes,
    que es el mundo que humilla vuestras frentes
    el mismo que os contempla acongojado?

    Octubre 1929





     Ángel de Pablos con su esposa e hijos





    A MI AMADA

    En el espejo de Isabel de Segura
    y Diego Marsilla, los famosos
    Amantes de Teruel

    No me mientas amor si amor no sientes,
    pero ámame en silencio si me amas
    con ese amor que tiene de las llamas
    la pureza y el ansia transparentes.

    Que si es amor tu amor, no te atormentes
    en la inútil porfía que proclamas
    y sé agua dormida en las retamas,
    no cantarina voz como en las fuentes.

    Ámame así, como se amaban antes,
    como Isabel amó, callando, a Diego…
    Que como Diego a su Isabel -por cuanto

    se amaron de Teruel los dos Amantes-
    yo te amaré, mi amor, y a este sosiego
    vendremos a morir, por amar tanto.




    LA FIESTA DE LA POESÍA

    Por primera vez, que sepamos o recordemos, va a celebrarse en España, en toda España, la fiesta de la Poesía, coincidiendo además con la iniciación de la primavera. Unos cuantos poetas de primera línea, figuras ilustres de nuestra Li­teratura, con las firmas de Jacinto Benavente y de Concha Espina en vanguardia, han lanzado un manifiesto, que se decía antes; un mensaje, que se dice ahora, a todos los poetas españoles, proponiendo la celebración anual de la Fiesta de la Poesía en todos los pueblos de habla española.

    «No importa -dice el mensaje- dónde o cómo prestéis esta milicia espiritual de los versos. No importan las diferencias geográficas, la capital con eco o el pueblo sin resonancia, donde cantéis a la vida sobre su misma prosa. Tampoco importan las escuelas, las maneras o las tendencias en que se inspire vuestra voz. Sobre las externas diferencias de los «ismos», todos ellos respetables por su no­ble intención, está siempre la realidad, gloriosa y definitiva, de sentirse unidos en la poesía»…

    Milicia espiritual de los versos… Estas palabras que ahora abren el mensaje de unos poetas españoles a otros poetas españoles, nos han traído a la memoria, han reavivado un sentimiento propio, una idea que ya hace tiempo expuse en una de estas Glosas de Actualidad. Decía yo entonces, en estas o parecidas palabras: «Ante el panorama del mundo, en esa encrucijada a que ha llegado la humanidad, cuando el fantasma de otra guerra, de otras calamidades y de otros horrores le­vanta su sombra y proyecta su angustia sobre todos los pueblos, ¿no será hora de lanzar sobre el mundo una ofensiva de poesía, una invasión de poesía?… Que to­dos los poetas que aún quedan en la tierra vuelvan a ser juglares y se echen a co­rrer todos los caminos, que reciten sus versos en ciudades y aldeas, en los trenes en marcha, en los aviones en vuelo, en los barcos, por la tierra, por el cielo y el mar, par que caigan las fronteras, las barreras y los telones, y los hombres vuel­van a comprender la poesía para volver a comprenderse ellos. Es la hora de los juglares, de los poetas héroes, dispuestos a morir con un verso en los labios ante el pelotón de ejecución, acusados de espionaje a favor de esa gran potencia que es la poesía…

    Y en verdad, ¡qué rara y peregrina cosa es esta de la poesía!… La deseamos, la presentimos, la esperamos, muchas veces con el alma en flor; y cuando la poe­sía viene hacia nosotros quisiéramos huir, dejarla pasar, con miedo a amarla de­masiado, como el poeta a aquella niña rubia que dejó pasar, «porque tuvo miedo de amar con locura», o como aquella Galatea que

    «Junto al agua se ponía y las olas aguardaba, y en verlas llegar, huía; pero, a veces no podía y el blanco pie se mojaba»…

    Y así nos ocurre a veces a los enamorados de la Poesía, que la esperamos a su orilla, y en verla llegar, huimos, aunque a veces también no podamos y nos mojemos el blanco pie del alma en el agua clara de sus versos.

    Las gentes suelen desdeñar un tanto a los poetas, que son éstos que se dejan mojar los pies en el mar de la poesía. Se nos suele tachar de ilusos o de locos, so­bre todo en estos tiempos de, cómo diría, de materialismo y de prosa cinemato­gráfica. Y sin embargo, cuando cae en manos de la gente un libro de versos, cuan­do cae ella misma en un recital de poesía, yo sé que sus almas piensan cosas muy distintas, yo sé que esas gentes, todos, se sienten acariciados por ese mismo fer­vor del que reza en éxtasis. ¡Qué poco pesa el cuerpo entonces!… Se diría que al­go nos ha hechizado, que algo nos vuelve elementales, y percibimos a la perfec­ción lo único que en nosotros hay de eternidad.

    ¡Bienhaya esta fiesta de la Poesía!… que con ella, a su conjuro, vuelva a revivir, a soñar, a cantar, la vieja poesía española, que está hoy como dormida en la latencia de las tradiciones, en las costumbres campesinas, romances, coplas, vi­llancicos, conservados de generación en generación, con rumor de tiempo y bisbi­seo de plegaria, como se conservan retablos y cristos en la penumbra, con polvo de siglos, de las iglesias parroquiales. Que el poeta vuelva a ser juglar, que diga y que cante sus versos, para hacer buenos a los hombres. Soñar no cuesta nada to­davía, está libre de impuestos, y los que soñamos podemos hacer soñar a los de­más. Que todos los poetas se den cuenta de que son soldados, en esa milicia espi­ritual de los versos. ¡Bienhaya, repetimos, esta Fiesta de la Poesía que, bajo el pa­tronazgo de San Juan de la Cruz -santo y poeta- se celebrará también aquí, en Valladolid, el próximo viernes, 21 de marzo, primer día de la primavera española!…

    17-111-1952






    EL POETA

    Cuento

    Augusto D’Aliñe era un poeta. Desde niño las amarguras y los desengaños habían ido formando su espíritu para la poesía, y cuando consagrado ya por la su­blimidad de sus versos, veía aparecérsele la vida risueña y acogedora, no podía olvidar aquellos años de bohemia, pasados en el rincón obscuro de un sórdido ca­fé provinciano, donde al son desacompasado de una orquesta grotesca, iba dejan­do caer sobre la blancura nívea del mármol, toda la sensibilidad y el ansia del co­razón de su musa. ¡Qué grato y qué de íntima emoción produce recordar lo que fue, por triste que haya sido!… De aquel café provinciano partía su gloria y su celebridad. Se acordaba perfectamente. Fue en una noche de invierno gris, cuan­do alguien, al leer aquellas líneas de letra menuda y apelmazada, escritas sobre el mármol de los veladores, acertó a descubrir el alma grande y extremadamente de­licada que palpitaba y se mecía en aquellos profundos pensamientos.

    Desde entonces fue creciendo rápidamente su popularidad y sus versos cru­zaron todas las fronteras, labrando así el pedestal firme sobre el que había de mantenerse el prestigio universal de aquel nuevo astro que aparecía en el rosado horizonte del Parnaso. Pero donde culminó su encumbramiento; donde se consa­gró definitivamente, fue en la noche inolvidable para él, del recital en el teatro re­bosante de un público selecto y distinguido. Los aplausos atronadores, el aspecto deslumbrador del coliseo, la música deliciosamente sutil y delicada que, como fluida del espacio dejábase oír, le embriagaron por completo, y D’Aliñe, en aque­lla noche, se transfiguró, adquiriendo las estrofas de sus versos en aquella sala in­mensa, sonoridades extrañas en su grandiosidad. Cada poema suyo parecía un pájaro azul, que al salir de la jaula dorada que es el alma del poeta, aleteaba sua­ve en los corazones que, casi sin latir, gustaban embebidos de aquellas melodías.

    Era feliz. En aquellos instantes colmábale la dicha, y radiante bajo la blanca pechera almidonada, sonreía a todos desde la cumbre sagrada de la gloria… Y sin embargo, cuando pocos minutos después colocaban en su pecho la Flor de los Juegos, sorprendí el paso de una sombra sobre su rostro encendido, al tiempo que una lágrima indiscreta dejaba en sus mejillas el surco de un misterio…


    ……………


    ¿Misterio? Sí, y misterio muy hondo. Desde la noche del recital, sospeché siempre que algo se ocultaba en la vida de aquel hombre. Mas, no logré nunca, pesar de nuestra vieja amistad, descorrer el tupido velo tras del cual se ocultaba ese algo imaginado. Hasta que un día, él mismo, llevado quizá de ese ansia de co­municación que mueve irresistiblemente a todos los que tienen secretos que guar­dar, me inició en el misterio que torturaba su vida.

    Me cogió una tarde e hizo que le siguiese. Estaba extraordinariamente páli­do, parecía excitado, y la contracción de sus labios indicaba que una decisión ex­trema e inquebrantable le guiaba.

    Dejamos atrás la parte moderna de la ciudad, adentrándonos en los subur­bios y arrabales. Cruzamos varias calles estrechas y sucias, y al fin Augusto se detuvo ante un caserón viejo y destartalado. Abrió, y una vez dentro, un presenti­miento vago me dijo que algo intensamente dramático iba a encontrar allí. Rei­naba el más profundo silencio, interrumpido sólo por algo así como una música celestial, una cadencia melodiosa que, poblando los ámbitos del caserón aquel, partía a no dudar de una habitación próxima. Miré a Augusto en muda interroga­ción, y éste, como única respuesta, señalóme con su brazo tembloroso un peque­ño ventanillo que en una de las paredes desnudas de la sala, se distinguía. Lo abrí ávido de descorrer el misterio que guardaba… ¡No lo hubiera hecho nunca!… In­clinado en uno de los rincones de aquel cuarto en penumbra, logré distinguir un ser. ¡No puedo llamarlo hombre!, horrible, monstruoso. Cabeza enorme y defor­mada, piernas excesivamente cortas, brazos largos, jorobado, velludo. Creí en­contrarme ante una fiera, un mono gigante, pero no, era un hombre, pues hablaba y de sus labios era de donde partían aquellas maravillosas cadencias. Retiré con repugnancia y horror la vista de aquel ser repulsivo y al clavarla en el rostro lívi­do y desencajado de D’Aliñe adiviné la mitad del trágico misterio. Aquel mons­truo, aquel aborto de la naturaleza, era su hermano. ¡Aquel ser había palpitado en las mismas entrañas en que había palpitado él, Augusto D’Aliñe!

    La otra mitad me la reveló él, entre lágrimas y sollozos. Era, sí, su hermano, y aquella criatura deforme y repugnante, tenía sin embargo, un alma refinada de­dicada por entero a lamentar su desgracia, bien en música inspiradísima como la que oímos al entrar, bien en estrofas sublimes, que Augusto copiaba para dejarlas caer luego en el mármol de las mesas del café provinciano primero, en los recita­les después… Augusto D’Aliñe no era poeta. Vivía engañando al mundo. Y al oírle esta confesión, me dije maquinalmente, que el drama de aquel hombre em­pezaría cuando al morir aquel monstruo, muriese su musa… ¿Qué sería de él?…


    ………………………………………………………………………………………..


    Los azares de la vida nos separaron y no supe más de él; pero al leer eso que han dado en llamar poesía futurista, creo adivinar que al morir su musa, no tuvo más remedio que hacer versos, requerido por el nombre que ostentaba el paraíso rosado del Parnaso. Versos que se reputaron de sublimes porque llevaban la firma de Augusto D’Aliñe, pero faltos de alma y de expresión, como salidos de un hombre que jamás hizo versos.





    INTENSIDAD CULTURAL

    (Fragmento de ‘Ángel de Pablos. La palabra boca abajo’,
    escrita por su hijo Ángel María de Pablos)


    *    *   *

    Como director del Ateneo, cargo que ocupó hasta bien entrada la década de los 50, Ángel de Pablos Chapado logró sacar a la institución de su marasmo, de su despiste y de su apatía. Se entregó en vida y alma a fomentar programas cultu­rales, conferencias, recitales, exposiciones, conciertos, reuniones, parlamentos li­terarios y hasta veladas teatrales.

    En el primer acto público que él organiza, ocupa la tribuna Andrés María Mateo, presidente que fue del Ateneo de Madrid, director en aquel momento de la Biblioteca del Instituto de Cultura Hispánica, escritor y periodista. Durante la presentación del orador, se presentó también la nueva singladura de la institu­ción. Y hace una declaración de principios: «Queremos recoger lo más prestigio­so de la intelectualidad vallisoletana y ayudar y encauzar a toda esa juventud que tiene y siente aficiones artísticas, inquietudes literarias»…


    Pero, sobre todo, honró a la poesía y a los poetas.

    El día 24 de febrero de 1950, el Ateneo de Valladolid festeja el primer cen­tenario del nacimiento de Emilio Ferrari, uno de los grandes poetas vallisoletanos de todos los tiempos. El acto, siempre en colaboración con la ahora Subsecretaría de Educación Popular, contó con el patrocinio del Ayuntamiento y se celebró, a las siete y media de la tarde, en el Teatro Carrión y por «rigurosa invitación».

    El acto solemne incluyó la intervención de la Orquesta Sinfónica Municipal bajo la batuta del llorado maestro, Mariano de las Heras. «Orgía», de Turina y «La boda de Luis Alonso», de Jiménez, abrieron el recital. Después, «la eminen­te soprano vallisoletana Paulita Valverde, del Conservatorio de Madrid», inter­pretó tres poemas del autor musicadas por su nieto, el compositor Emilio Ferrari Fereal: Cantar (1), Llanto de madre y Cantar (2).

    El ilustre catedrático de la Universidad de Oviedo, José María Martínez Ca­chero, disertó sobre el tema «Vida y obra del poeta Emilio Ferrari (1850-1907)».


    *   *   *

    El periodismo ocupó su vida, pero la poesía llenó su espíritu. Aunque em­bebido por «El Norte de Castilla», que no sabría agradecerle por cierto toda esa dedicación obsesiva, toda esa entrega y esa pasión desmedida, que le fue arrinco­nando según se distanciaba la confrontación civil y la dictadura se iba ablandan­do, nunca dejó de vivir y de sentir en poeta.

    En uno de los párrafos de aquella entrevista escrita que leyó en Radio Fa­lange se hacía alusión a las corrientes poéticas de la época. Y no se mostraba muy satisfecho. «Hay demasiada arquitectura, demasiado cerebralismo. Antes, la poesía llegaba directamente, como una flecha, al corazón del pueblo. Hoy, salvo muy honrosas excepciones, la mayoría de los poetas se encierra en un academi­cismo perjudicial para la misión eterna de la poesía, que es llegar al alma por el camino azul de las más puras emociones. Demasiada filosofía quejumbrosa, de­masiado pensamiento y poco corazón, poco calor, muy poca luz»…

    Poeta ortodoxo de la medida y del canon, purista de las normas y de la pala­bra, nada tiene de particular que ante el locutor que le interroga proclame una ne­cesidad rotunda: «Hay que volver a la fuente, al manantial, al aire puro, y buscar en la musicalidad del verso, en el sentimiento del poema, el camino perdido»…

    como hombre universal que mira y trata a todos los seres por igual, hace su proclamación lírica por excelencia a la que no han sabido llegar ni los más ra­biosos defensores de la cultura para el pueblo. «Figúrate la importancia y la tras­cendencia que supondrá para la vida de los pueblos, y para la vida misma de ca­da uno de nosotros, que la poesía llegue a todos, la sientan todos y todos sepa­mos, por amor y gracia de Dios, ser, con ella, un poco mejores de lo que so­mos»…
    propone, en esta misma entrevista, una idea que Antolín de Santiago y Juárez haría después realidad desde su delegación, bajo un título bien sugestivo, «El carro de la alegría». «Llevar por los pueblos de Castilla, en embajada de ar­te y poesía, a esos jóvenes poetas que tienen en sus manos el porvenir promete­dor de la lírica española contemporánea»…

    Cuanto más buceo en su biografía, más convencido estoy del amor que sin­tió por esta tierra que le ha pagado con el olvido…

    http://www.crearensalamanca.com/textos-del-escritor-y-periodista-salmantino-angel-de-pablos-chapado-1911-1983/




    PROCESIÓN DE PENITENCIA Y CARIDAD

    Caridad y Penitencia...
    La procesión está en marcha
    como una ofensiva a fondo
    contra la desesperanza.

    Prisioneros en la celda
    de su carne lacerada
    por el dolor, los enfermos
    (herido el cuerpo, no el alma)
    soñando con el milagro
    en el hospital aguardan.

    Y en la cárcel, de puntillas
    tras las rejas que separan
    su mundo de nuestro mundo
    (cautivo el cuerpo, no el alma)
    los presos también esperan
    a la procesión que avanza...

    La Quinta Angustia acaricia
    al viento con la mirada
    y el viento lleva en la tarde,
    entrando por las ventanas,
    su caricia a los que sufren
    en el hospital en calma.
    Con los brazos bien abiertos,
    el cristo clavado pasa
    ante los que están cautivos
    y, en un milagro, derrama
    su Preciosísima Sangre,
    flujo que habla de esperanza
    que nos promete perdón...
    y también en ellos clava
    Jesús sus ojos en una
    caricia que se hace lágrima...
    Manos amigas le llevan,
    envuelto en una sábana,
    de la Cruz hasta María

    cuando Jesús se traslada
    desde la muerte a la vida...
    y mil cuerpos, hechos llagas,
    entre la vida y la muerte
    sueñan con una mirada,
    una mirada tan sólo,
    dulce, bondadosa y mansa,
    que haga de