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  • 02/22/17--04:01: LUIZ CORONEL [19.962]

  • LUIZ CORONEL

    Luiz Coronel (Bagé, Brasil 1938) es poeta, ensayista, cronista, compositor y editor. Está considerado uno de los mayores creadores del cancionero de la pampa brasileña y una de las voces poéticas más significativas del estado brasileño de Río Grande del Sur.

    Bacharel em Direito, Sociologia e Política, reside em Porto Alegre, onde trabalha como diretor de publicidade. Criou e dirige a Exitus, empresa de publicidade. É compositor musical, possuindo diversos prêmios como letrista nas Califórnias da canção nativa. Poeta, sua obra é voltada preferencialmente para a temática da terra, no que retoma a tradição do cancioneiro sul-rio-grandense. Dentre suas obras literárias, destacam-se: Mundaréu, Retirantes do sul, Cavalos do tempo, Baile de máscaras, Pirâmide noturna, Clássicos do Regionalismo Gaúcho. sua obra recebeu diversos prêmios, entre os quais: Prêmio Influência Poesia Espanhola, Universidade de Pamplona, Espanha, em 1990, e Premio Octavio Paz, da Revista Plural, Universidade do México, pelo livro Pirâmide Noturna. 

                      



    El espacio donde habita la poesía tiene una temperatura determinada y sus cielos pueden estar vacíos o circundados de nubes. En la poesía hay un clima como en cualquier región del mundo, donde surgen días luminosos y tardes lluviosas y, cuando llueve y luego escampa, sale el sol con su redoblar de tambores de luz y de calor. El poeta escribe entonces sus poemas como quien reparte sombrillas a los cegados y sudorosos veraneantes. Así inició su lectura el poeta Luiz Coronel, oriundo del estado de Río Grande de Sur, en la pequeña sala de la Residencia de Estudiantes, donde ya se escuchó la voz de Federico García Lorca o de Octavio Paz, y también las de los poetas brasileños Haroldo de Campos, Ferreira Gullar, Lêdo Ivo o Carlos Nejar.

    La poesía y el poema nacen, de repente, como ráfagas luminosas en la tiniebla cotidiana. Vienen acompañados por su propia musicalidad como una canción, como una de esas melodías que se oyen en la distancia, en la noche, en lejanos parajes y extrañas ciudades. Llega y se presenta como un cuerpo hecho de palabras y de sonidos, con su aliento agitado y unos labios, donde arde “un áspero gusto de vida”. La poesía tiene la anatomía de una mujer, porque el poeta es un hombre y desea abrazar con todas sus fuerzas, hasta el “desvarío de los sentidos”, esa presencia que es semejante a un territorio con sus noches y sus días, sus nubes y sus cielos claros, con sus secretos, sus remolinos y ventiscas. Y fue así, a oleadas, como nos llegó la voz de un poeta de la pampa brasileña, llena de historias vividas o contadas que luego formarían parte de su propia epidermis, que más tarde alimentarían sus cuerdas vocales, y se habrían de convertir en gritos o en gemidos, en sensuales lamentos o en apasionados incendios, pues el canto se condensa en brasa y acaba por quemar.

    Luiz Coronel es un poeta de la infancia y del amor. Y también de los gestos heroicos de todos aquellos que tiñeron con su sangre la pampa siempre verde y sedienta. Por sus versos cabalga Gaudêncio Sete Luas y la tropa de lanceros de la escuadra farroupilla. Por la noche, los cuerpos cansados, las gargantas resecas, se oyen contar los decires e historias a la luz del fuego y al calor del mate y la rapadura. Y entre los presentes alguien menciona, entre susurros, el nombre de Leontina das Dores, la que tanto sufrió de amor, de soledades y de encuentros furtivos. ¡Ah, el amor! Luiz Coronel gira y gira, viaja y recorre tierras, pero siempre vuelve al mismo sitio. Y ese lugar es una casa y un lecho de mujer.

    Y nosotros, los que le escuchábamos, no sabíamos que la pampa era semejante a un mar verde, intensamente verde, que se encrespaba en oleajes de hierba. E ignorábamos que el viento, cuando sopla, trae aromas de jazmín y canciones de tierras distantes, que las mujeres son aguerridas, valientes y tejen con su sangre los colores de la bandera farroupilla, enseña que ondea al viento esa legión de guerreros que fundaron la República de Piratiní.

    En Luiz Coronel late el aliento épico, como la voz lírica o el epitafio fúnebre. Contaba en Madrid que los muertos cuando mueren se llevan su sombra y nos dejan su luz. Y, en el claroscuro de las vidas, los héroes legendarios son semejantes a los más cotidianos, a aquellos que recorren sus existencias junto a las nuestras: unos y otros se pierden igualmente en la distancia inalcanzable, pero dejan su recuerdo luminoso, ese aroma inconfundible que se hace un hueco en los recodos de la memoria.

    De Luiz Coronel se han dicho muchas cosas. Los poetas que ya estuvieron leyendo sus versos en la Residencia han comentado su “alegría y dolor de vivir con los ojos y los oídos atentos a las imágenes y los rumores del mundo” (Lêdo Ivo), su expresividad poética que es como “una tempestad de la pampa, como una nube cargada de lluvia o un sol generoso” (Marco Lucchesi), o han resaltado la conjunción, en sus canciones, de la melodía con las imágenes que “hablan mágicamente con el lector de forma sorprendente” (Carlos Nejar).

    Entre los grandes escritores de Río Grande, en cuyos orígenes habría que situar al maestro Érico Veríssimo, en todos aquellos que han cantado y narrado esas tierras del sur, fronterizas y combativas, tiernas e indomables, están el narrador Luiz Antonio Assis Brasil, el cronista Luis Fernando Veríssimo o el poeta Armindo Trevisan. Y entre todos ellos, a su vera, con trote ligero de gaucho, está Luiz Coronel.

    Dijo Carlos Drummond de Andrade que su poesía era una combinación feliz de humor, poesía y arte, en definitiva, una fiesta. Y por eso la vieja Residencia de Estudiantes rejuveneció con su voz y la Casa de las Conchas, de Salamanca, se inundó de melodías. Cantaba Luiz Coronel: todos acogimos su voz luminosa y él se llevó la sombra.

    Antonio Maura



    La poesía

    Antes de ser palabra,
    figura,
    la poesía
    se anuncia por el clima,
    aroma,
    aura.

    Así como la lluvia
    después de que desembarcaran las palabras
    con sus instrumentos.

    El sol con sus tambores.
    El amor,
    con su triste violoncelo.



    Pesquisa

    Fui a buscar en tu cuerpo
    moras recién cogidas.
    Quedó, ardiendo en los labios,
    un áspero gusto de vida.

    Quise dejar en tu cuerpo
    las marcas de mi deseo.
    Si extiendo las manos, no alcanzo.
    Si cierro los ojos, no veo.

    En tu cuerpo yo busco
    el desvarío de los sentidos.
    Por valles y montañas
    avienta el viento tus gemidos.

    Quería porque quería
    destapar tus secretos.
    La noche me dice: es tarde.
    Las nubes responden: es pronto.

    Siempre pensé en tu cuerpo
    como en un velero sobre las ondas.
    Si decido gritar tu nombre
    tal vez el eco responda.



    La pasión

    La pasión es un incendio
    en la fábrica de fuegos de artificio.
    La pasión es un baile
    al borde del precipicio.

    La pasión afila las uñas
    con gestos angelicales.
    Enseñan a coger petunias
    mientras que afila puñales.

    Cuando la pasión acaba
    el mito se quiebra.
    Y queda la sensación de un viaje
    contra una lluvia de piedras.



    Gaudêncio Sete Luas

    La luna es un tiro al blanco,
    y las estrellas, bala y bala.
    Viene el minuano y yo me salvo
    bajo mi sombrero de ala.

    Si retumba la gritería,
    relampaguea mi machete.
    Quien no muestra valentía,
    en la pelea, desaparece.

    Marqué la paleta de la noche
    con el sol que es hierro en brasa.
    Y el día llegó mugiendo
    para bañarse en agua calma.

    Para calentarme, mate caliente,
    para refrescarme, helada fría.
    No se queda para ser simiente
    quien nació en la ventisca.

    1 Minuano: viento del sudoeste, seco y frío, que sopla en invierno, después de las lluvias, en el sur de Brasil.



    Extraídos de
    ANTOLOGÍA DE LA POESÍA BRASILEÑA
    Org. de Xosé Lois García
    Santiago de Compostela: Edicions Laiovento, 2001
    ISBN 84-8487-001-4


    GAUDENCIO SIETE LUNAS VALORA SU GUITARRA

    Lo que me prende a la guitarra
    no es su forma de abrazo.
    Esta guitarra me amarra
    con sus redes de acero.

    Guitarra es cuya con bomba,
    observen la semejanza:
    si en el mate  la pampa es sabia
    en la guitarra la pampa es danza.

    Tiene pájaros cautivos
    esta guitarra sonora.
    Si enteabro sus cuerdas
    los pájaros se alejan.

    Es guitarra de alambrada,
    donde el viento llora por la mañana.
    Guitarra, tienes potros salvajes
    galopando en las entrañas.


    GALLINEROS

    La gallina nube-blanca
    pone un huevo, luna llena.
    Una nidada de estrellas
    por la hierba del cielo pasea.

    Gallo-sol, plumas doradas
    abre las alas, nace la aurora.
    Tus nubes cambian de plumas
    cuando la nieve cae afuera.

    Nube blanca cubre la luna
    está incubanco otro pollito.
    La madrugada está clareando.
    Es otro gallo. Presiento.


    LOS SANTURRONES DEL FERRABLÁS

    Masacre 1 – Sapiranga 1874

    (monólogo de Jacobina)

    Del abismo de mi sueño
    traigo la luz de la verdad.
    Anuncio el Fin de los Tiempos
    para los campos y ciudades.
    La Divina Naturaleza
    hace de mí su voluntad.

    A los enfermos traigo cura
    que me revela la Divinidad.
    De las Sagradas Escrituras
    anuncio el amor y la caridad.
    Ni bayonetas caladas
    callarán mi verdad.

    Los ángeles están conmigo,
    yo traigo la Resurrección.
    Al cerco del enemigo
    no damos rendición.
    Será la paz sobre cenizas.
    Morimos con las armas en la mano.



    QUÉ POBRES SON LOS POBRES DE MI PAÍS

    Qué pobres son los pobres
    los pobres de mi país.
    En la piel morena de América
    herida sin cicatriz.

    Qué pobres son los pobres
    los pobres de mi país.
    Pobres a la orilla de la carretera
    y en los peldaños de la matriz.

    Qué pobres son los pobres
    los pobres de mi país.
    En la piel morena de América
    herida sin cicatriz.

    Qué pobres son los pobres
    los pobres de mi país.
    Todo el mundo oculta las culpas
    solo es maldito quien maldice.

    Qué pobres son los pobres
    los pobres de mi país.


             Clássicos do Regionalismo Gaúcho (1994)



    RELATO DE LAS RELACIONE DEL SOL
    COM LAS AGUAS DEL GUAÍBA

    Relato las relaciones
    del sol
    con las aguas del río.

    Un sol amoroso penetra
    lentamente
    las aguas en celo.

    Suave brisa
    alevanta las sábanas
    y el sol
    se acuesta
    en el lecho

    Las aguas
    con manos de seda
    acarician un sol
    aceptado.

    Con el sol inmenso
    en las aguas
    una colcha púrpura
    revela
    que mismo en el fondo del lecho
    mantiene encendidas el sol
    sus claras
    linternas.

                       Um Girassol na Neblina (1997)



                            A PAIXÃO

                       A paixão é um incêndio
    na fábrica de fogos de artifício.
    A paixão é um balé
    à beira do precipício.

    Quando a paixão termina
    o mito se quebra.
    E resta a sensação de uma viagem
    contra uma chuva de pedra.



    O BANHO

    Como demora esse banho.
    Envolta em toalhas
    ela desfila entre espelhos
    embaçados.

    As lamparinas da nudez
    conferem à pele
    os vários tons da madrugada.



    AS CHEIAS

    Nessas ruas sem consolo
    há um hidráulico erotismo.
    Revelam formas fêmeas
    os encharcados vestidos.

    No aquário dos sapatos
    sinto os pés como dois peixes.
    Há dez dias que nas calhas
    lê a chuva o mesmo texto.



    LUA CHEIA

    Duas gotas de sangue nas dunas,
    duas rosas rubras na areia.
    Se foi prazer ou suplício,
    sabe o amor e a lua cheia.

    Foi de amor esse gemido?
    Ou foi de gozo esse grito?
    Sabem tudo e nada dizem
    as estrelas no infinito.

                                Amor, seja lá como for



    GAUDÊNCIO SETE LUAS FALA DE CARTEADOS

    Faço de banco a montanha,
    ponho o sol de lamparina.
    Um carteado tem mais manhas
    que o vento na casuarina.

    Se é mesa verde a colina,
    Gaudêncio é carta marcada.
    Rei-de-ouros para as chinas,
    pros valentes rei-de-espadas.

    Carteador dança ciranda,
    nestas noites de serão.
    Se o destino é quem nos manda,
    tenho o destino nas mãos.

    Clássicos do Regionalismo Gaúcho



    PILCHAS

    Não pensem que são pirilampos
    essas estrelas lá fora.
    É a lua clara dos campos
    refletida nas esporas.

    Se uso vincha na testa
    é pra ver o mundo mais claro.
    Não vendo o mundo por frestas
    lhe posso fazer reparos.

    Sem cinturão nem guaiaca
    me sinto quase em pêlo.
    Quando meu laço desata
    sou carretel de novelo.

    Da bodega levo um trago
    para matar aminha sede.
    Meu chapéu de aba quebrada
    beija-santo-de-parede.

    Atirei as boleadeiras
    contra a noite que surgia.
    Noite a dentro entre as estrelas
    se tornaram três-marias.

    Lunarejo - antologia poética regional



    GAUDÊNCIO SETE LUAS AVALAI SUA GUITARRA

    O que me prende à guitarra
    não é sua forma de abraço.
    esta guitarra me amarra
    com suas rédeas de aço.

    Guitarra é cuia com bomba,
    reparem a semelhança:
    se no mate o pampa é selva
    na guitarra o pampa é dança.

    tem pássaros cativos
    guitarra sonora.
    se entreabro suas cordas
    os pássaros vão embora.

    é guitarra o aramado,
    onde o vento chora as manhas.
    guitarra, tens potros xucros
    galopando em tuas entranhas.



    POLEIROS

    A galinha nuvem-branca
    pôs um ovo, lua cheia.
    Uma ninhada de estrelas
    na relva do céu passeia.

    Galo-sol, penas doiradas
    abre as asas, nasce a aurora.
    As nuvens mudam de penas
    quando a neve cai lá fora.

    Nuvem-branca cobre a lua
    ta chocando mais um pinto.
    Madrugada tá clareando.
    É mais um galo. Pressinto.



    OS SANTORRÕES DO FERRABRÁS

    Massacre 1 – Sapiranga 1874

    (monólogo de Jacobina)

    Do abismo de meu sono
    eu trago a luz da verdade.
    Anuncio o Fim dos tempos
    para os campos e cidades.
    A Divina Natureza
    faz de mim sua vontade.

    Aos enfermos trago a cura
    que me revela a Divindade.
    Das Sagradas Escrituras
    prego o amor e a caridade.
    Nem baionetas caladas
    calarão minha verdade.

    Os anjos estão comigo,
    eu trago a Ressurreição.
    Ao cerco do inimigo
    nós não damos rendição.
    Será a paz sobre cinzas.
    Morremos de armas na mão.



    COMO SÃO POBRES OS POBRES DO MEU PAÍS

    Como são pobres os pobres,
    os pobres do meu país.
    Na pele morena da América
    ferida sem cicatriz.

    Como são pobres os pobres,
    os pobres do meu país.
    Pobres de beira de estrada
    e dos degraus da matriz.


    Como são pobres os pobres,
    os pobres do meu país.
    Na pele morena da América
    ferida sem cicatriz.

    Como são pobres os pobres,
    os pobres do meu país.
    Todo mundo oculta as culpas
    só é maldito quem diz.

    Como são pobres os pobres,
    os pobres do meu país.



    RELATO DAS RELAÇÕES DO SOL
    COM AS ÁGUAS DO GUAÍBA

    Relato as relações
    do sol
    com as águas do rio.

    Um sol amoroso penetra
    lentamente
    as águas em cio.

    Suave brisa
    ergue os lençóis
    e o sol
    se deita
    no leito.

    As águas
    com mãos de seda
    acariciam um sol
    aceito.

    Com o sol imerso
    nas águas
    uma colcha púrpura
    revela
    que mesmo no fundo do leito
    mantém acesas o sol
    as suas claras
    lanternas.


                       Um Girassol na Neblina (1997)




    De
    Luiz Coronel
    CORAÇÃO FARROUPILHA
    A poesia regional de Luiz Coronel. 
    Porto Alegre:  Projetos editoriais, 2001.  74 p.  formato  26x26c, capa dura.   Capa e projeto gráfico de Péricles Gomide. Responsabilidade editorial de Nádia Franck Bergman. Impressão e acabamento da Edebra Indústria Gráfica e Editoral Ltada.  Patrocínio da Companhia Província de Crédito Imobiliário. Ilustrado com fotos e imagens coloridas manipuladas, algumas em páginas desdobráveis. Inclui um CD musical.  Col. A.M. (EE)



    CORDAS DE ESPINHO

    Geada vestiu de noiva
    os galhos da pitangueira.
    Ainda caso com Rosa
    caso ela queira ou não queira.

    Acordei minha viola
    com seis cordas de espinho.,
    Meu canto em cor de sangue
    teu beijo gosto de vinho.

    Pra domar o meu destino
    comprei um buçal de prata.
    Nenhum pesar me derruba
    qualquer paixão me arrebata.

    Fui aprender minha milonga
    na água clara da fonte.
    O canto do quero-quero
    mais que um aviso é uma ponte.







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  • 02/22/17--04:14: R. RAYARÚ [19.963]
  • Foto: Teo Fagalde Robinson



    R. RAYARÚ

    R. Rayarù  [es el alter ego de Alfredo Luis Fagalde Astorga], nació el 7 de julio del año 1967, en Santiago de Chile. En el año 1992 escapa de su país, para radicarse en Valencia, España. Entra clandestinamente, sin dinero ni documentos para poder establecerse, solo con un puñado de sueños y tres cuadros de formato grande. Aparte de Chile y España, ha vivido en Estados Unidos, Suiza e Italia. Actualmente reside en la ciudad de Malmö, Suecia. Extracomunitario por opción política –no le queda otra–, ciudadano del mundo por elección. Apasionado del arte contemporaneo, musica de jazz, cine y literatura, trabaja como interior designer. Desde los años 90 hasta el 2006 ha desarrollado una carrera como artista plástico, realizando exposiciones personales y colectivas de pintura, instalaciones y video–instalaciones. Ha expuesto en galerías de arte en España, Italia, Chile y Bélgica. Destaca su participación en la Bienal de Arte de Venecia en el año 2006 con un vídeo titulado “El Amor de Chile” (inspirado en la obra poética de Raúl Zurita). Actualmente ha dado un giro radical a su carrera como artista plástico y ha colgado los pinceles por un periodo de tiempo indefinido. Su interés por la poesía y la escritura data desde su adolescencia en Chile. Nunca ha publicado ni tampoco ha tratado de hacerlo –esta es la primera vez–.




    Poemacrónico n° 102

    “I hear an army charging upon the land,
    and the thunder of horses plunging; foam about their knees”*

    James Joyce

    ¿Qué sucede a nuestro cuerpo cuándo leemos poesía?
    (explicación en sesenta y nueve puntos)

    1.Nos sentimos felices, comemos cerezas amarillas y escupimos sus cuescos dorados entre un verso y el otro.

    2.Pensamos que este tipo está loco, que no es un poeta. Qué no existen las cerezas amarillas con los cuescos dorados.

    3.Bajamos nuestras expectativas. Nos concentramos más en comer cerezas que en los versos escritos. Giramos las páginas con desgano y hasta con desidia. Escupimos con fuerza los cuescos sanguinolentos al suelo.

    4.Pensamos en él, en ella. En ese ser especial que nos regaló el libro que tenemos entre las manos, aún sin haberlo leído pero probablemente pensando en nosotros. Imaginando este momento: nosotros solos en algún rincón, sentados o echados, leyendo. De pie y en voz alta, los más osados. Pero en todo caso con el mismo libro que ese ser especial tubo entre las manos, ojeó sus páginas, leyó algunos versos o incluso poemas enteros. Luego lo cerró y después de meditar unos instantes, pensó que era el libro justo para ti.

    5.Cerramos los ojos y visualizamos un plato suculento de cerezas frescas. Escudriñamos con los ojos –siempre cerrados– y visualizamos destellos dorados en su interior.

    6.Inmediatamente pensamos en los cuescos. Nos sentimos ligeramente incómodos y algo infantiles, pero lo aceptamos.

    7.Continuamos leyendo. Algunas frases nos golpean fuerte. Sentimos escalofríos al comprobar que el poeta sabe tanto de nosotros como sabemos nosotros mismos. A veces inclusive, pareciera que más.

    8.Nos sentimos estúpidamente desnudos. Nos da rabia. Juntamos las piernas y encojemos un poco los brazos. Miramos hacia atrás, luego con recelo fijamos el libro que tenemos en las manos. Miramos hacia otro lado y luego continuamos la lectura –un poco distraídos–.

    9.Nos cuesta concentrarnos. Cerramos el libro. Meditamos mirando la cubierta y repitiendo entre labios el título del libro y el nombre del autor –que no conocíamos–.

    10.Nos concentramos en detalles técnicos: editorial, año de publicación, otros títulos de la colección o inclusive del mismo autor, tipo de papel, tapas duras –nos gustan las tapas duras pero no sabemos por qué–. Analizamos la cubierta, la gráfica –la fotografía si la tuviese–. Leemos con recelo, casi con envidia el pequeño curriculum del autor. Pensamos por un momento que es presuntuoso, luego pensamos que tal vez somos demasiado severos.

    11.Tomamos el teléfono para llamar a la persona que nos regaló el libro. Querríamos agradecerle nuevamente ese bonito gesto. Decirle que el libro es maravilloso y que absolutamente tendría que leerlo. Que estamos por terminarlo y se lo podríamos prestar, si él o ella quiere.

    12.Pensamos en qué sería más apropiado: ¿una llamada o un mensaje?

    13.Algo nos frena. Pensamos que la lectura de poesía no es en realidad maravillosa. Es más bien una patada en los huevos o el los ovarios –según sea el caso–. Piensas qué ese momento de dialogo entre el autor y tú es único. Qué es algo imposible de compartir con alguien. Ni siquiera con esa persona que con un cierto esmero y hasta acierto, eligió este libro para ti.

    14.Definitivamente abandonamos la idea del teléfono. A falta de un lugar apropiado para dejarlo, lo apoyamos en el suelo –antes estaba en el bolsillo, pero nos incomodaba–.

    15.Al dejarlo vemos de reojo un montón de cuescos de cerezas dorados. Instintivamente miramos hacia otro lado –asustados se diría–.

    16.Mientras nos agachamos vemos que el zapato izquierdo se nos ha desamarrado. Rehacemos el nudo mientras de reojo seguimos mirando los cuescos en el suelo. Ya nos asustan menos.

    17.Movemos el teléfono hasta algún sitio seguro y regresamos a la posición de lectura.

    18.Nos acomodamos el chaleco, abrimos el libro y buscamos la distancia correcta entre los ojos y el texto. Nos frotamos los ojos con fuerza y lo intentamos nuevamente. Ahora va mejor.

    19.Piensas que por algún extraño motivo se ha creado una conexión directa entre el autor y tú.

    20.Piensas que finalmente se ha creado esa conexión mágica. Que al menos en ese momento es indestructible.

    21.Sientes pena por la persona que te regaló el libro. Aunque quisieras, no la puedes incorporar.

    22.Piensas que los tríos literarios no funcionan. Crees firmemente en las fieles relaciones personales entre el lector y el autor. Intimas, te gustaría definirlas, pero piensas que tal vez exageras un poco.

    23.Por segundos te aferras al autor. Crees que de verdad te entiende. Te sientes como una niña o niño y te dejas llevar por sus versos. Te dejas arrastrar por esa atmósfera incomprensible pero verdadera que él ha creado exclusivamente para ti.

    24.Por instantes te deleitas con la poesía, aunque te duela. Caes, te arrastrás y te levantas muchas veces. Finalmente te entregas a ella. Estás dispuesta o dispuesto a todo.

    25.Piensas en otros autores que te han provocado algo parecido.

    26.Piensas en tus autores favoritos –si es que los tienes–. Si no es así, piensas en los más populares, esos que están en boca de muchos. Esos de los cuales se habla mucho, en realidad más de lo que se los lee. Piensas en la frivolidad de lo que recién has pensado, pero no te avergüenzas del todo. Te sientes casi orgulloso de haberlo pensado.

    27.Te das cuenta de lo poco popular que es en realidad la poesía –y la lectura en general–.

    28.Piensas que Chile, casi por error es un país de poetas. En realidad sabes que son muy pocos los que leen poesía a parte de los mismos poetas.

    29.Te vas lejos de Chile con tu búsqueda poética. Tropiezas con Paz, con Dylan Thomas, con Eliot, con Ezra Pound y con Whitman.

    30.Piensas en la cantidad de grandes poetas que generó Norteamérica en el siglo pasado y en el anterior –piensas que Paz también es norteamericano–. Inmediatamente piensas que Chile es un país pequeño por donde se lo mire. Flaco y largo. Algo raquítico en realidad. Eso te entristece un poco.

    31.Te sientes pequeño e ignorante. Más que antes, mucho más…

    32.Te atreves a atravesar el Atlántico hacia el viejo continente, en busca de los poetas muertos por el olvido. Encuentras la poesía de Baudelaire, de Rimbaud, de Rilke, de Cernuda, de Artaud, de Tranströmer y de Leopoldo María Panero.

    33.Piensas que García Lorca es insuperable. Te jode tremendamente la injusticia de su muerte. La lloras en silencio. Te vienen en mente algunos versos de Un Poeta en Nueva York pero no puedes recitarlos. Se te ha hecho un nudo en el estómago.

    34.Buscas las raíces de tu propia poesía debajo de la tierra –si es que la tienes–.

    35.Unas lágrimas te atraviesan los ojos. Te las secas violentamente con la mano y escupes un cuesco que se ha calentado y alisado de estar tanto tiempo dentro de tu boca. De reojo, mientras el cuesco cae al suelo, te pareciera ver destellos dorados. Los ignoras y te avergüenzas sin saber por qué.

    36.Vuelves a tus raíces. Necesitas la seguridad de estar en casa, en tu tierra. En tu lengua.

    37.Vuelves a la poesía de Borges, de Huidobro, de Parra, de Vallejo, de Zurita, de Lihn, de Lira y hasta de Neruda.

    38.Piensas en la Mistral y te sientes asquerosamente machista.

    39.Piensas en Virginia Woolf sentada en su habitación –escribiendo–.

    40.Te preguntas por qué no publicó a Joyce. ¿Tal vez era feminista?

    41.Piensas que el mundo es asquerosamente machista y que tú no puedes hacer nada para cambiarlo.

    42.Piensas qué el mundo es en realidad, terriblemente violento y absurdo.

    43.Cierras todos los libros abiertos en tu cabeza y tratas de no pensar en nada.

    44.Descubres que el no pensar en nada, en el fondo, es igualmente pensar en algo.

    45.Te sientes infinitamente pequeño frente al mundo, frente a la nada, a la naturaleza.

    46.Por un momento piensas que todo podría desaparecer en un instante. En realidad que el hombre podría desaparecer. Pero que probablemente en ese momento, el mundo seguirá girando sobre si mismo. Vivo, a pesar nuestro.

    47.Vez eso con una extraña certeza. En el fondo sabes que el mundo encontrará la forma de sobrevivir, de mutar. Finalmente de salvarse… no así el ser humano.

    48.Un rayo frío atraviesa tu cuerpo en ese momento. Lo superas.

    49.La nada se transforma en algo que crece dentro de ti y que tú ya no puedes controlar.

    50.Tratas de mirar tu SER como algo importante. Pero descubres que es cada vez más pequeño.

    51.Tratas de darte ánimo, de crecer. De hacerte grande y fuerte a pesar de todo.

    52.Regresas a tu tierra, a tus desiertos, a tus montañas y tu mar.

    53.Tu gente te incomoda, pero lo aceptas.

    54.Por un momento te sientes en casa, al seguro. Aunque en realidad no sepas bien: a qué tienes que temer ni porqué.

    55.Lees el nombre del autor del libro que te llevó hasta este punto crítico.

    56.Piensas que es un idiota.

    57.Piensas qué si el mundo es como es y, Dios no ha podido hacer nada para mejorar las cosas, menos podrá hacer un poeta mediocre y totalmente desconocido.

    58.Abres nuevamente el libro en una página cualquiera. Lees una frase. Un verso libre de esos que te habían llamado la atención al comienzo –tal vez hasta lo habías subrayado–.

    59.Relees detenidamente el verso, tratando de retener la esencia de las palabras, de eso que no está escrito. Te tratas de concentrar en los silencios, pero finalmente lo haces en el plato de cerezas sanguinolentas que vez con la cola del ojo a tu derecha.

    60.Eliges una. No la más bonita ni la más grande. Simplemente una que por algún motivo crees que es especial.

    61.Dejas de lado la rabia y la tomas con tus dedos torpes procurando de ser lo más delicado posible. La dejas colgando y observas el péndulo que se mueve nerviosamente frente a tus ojos. Tratas de seguir el movimiento. Es imposible. Te mareas.

    62.La acaricias antes de llevártela a la boca. Hueles su perfume. Sacas la lengua y finalmente la depositas suavemente en ella. Antes de eso la chupas estirando la lengua con un gesto que te parece ridículamente erótico.

    63.La muerdes. Es extremadamente jugosa. La saboreas en un modo diferente que a las otras. Te convences que de verdad era especial. Definitivamente la más rica de todas las que has comido hasta ese momento. Te saboreas los restos de jugo que aún se pasean en tu boca mezclados con tu saliva mientras chupas el cuesco hasta quitarle toda su sabrosa carne.

    64.Piensas que eres estúpido. Qué la poesía ha cambiado algo dentro de ti. No lo aceptas. Te ríes nerviosamente. Miras para otro lado, pensando que alguien te espía.

    65.Desconfías del autor en primer lugar.

    66.Imaginas una cámara diminuta escondida en alguna parte en el lomo del libro. Pones la encima. Son estupideces, piensas.

    67.Escupes el cuesco distraídamente y sonríes sin saber por qué.

    68.Una vez en el suelo, descubres con emoción que es dorado.

    69.Sacas la lengua, incrédulo. La mueves hacia un lado y miras de reojo esperando verla muy roja. Sanguinolenta.

    *
    “Oigo sobre la tierra las huestes a la carga,
    estruendo de caballos que embisten, con espuma en los cascos”





    Sueño n° 435

    “A veces soy inmensamente feliz.
    No importa lo que yo te diga”.
    Roberto Bolaño

    Soñé que era Bolaño y que estaba en Chile. Que tenía veintiún años y que iba a la casa de Nicanor Parra a despedirme. Lo encontraba de pie, apoyado en una pared negra:
    —¿Adónde vas Bolaño?
    —No soy Bolaño, soy Rayarù
    —Es igual. En sueños nadie es quien cree ser, como en la vida nadie es quien quiere ser…
    Si te deja más tranquilo, te reformulo la pregunta con Rayarù
    —No hace falta. Voy al hemisferio norte, al cabo norte para ser exacto. Dicen que allí hay un hoyo negro que te catapulta directamente hasta el polo sur en cosa de segundos
    —¡Ya!… es la manera más rápida de regresar a Chile
    —Así parece
    —¡Suerte Rayarù! De esos viajes no se regresa vivo– dijo Parra mientras abría una puerta invisible en la pared.
    —¿Cuándo regrese te encontraré viejo poeta?
    —Estoy luchando contra la inmortalidad.
    —Suerte Don Nicanor, aunque ya esté viejo para esos trotes.



    Sueño n° 279

    “Percibí entonces la sensación más extraña, no era de hecho el miedo de asustarme.
    Era el vacío de mi propio miedo. Era el temor por la ausencia de miedo”.
    Witold Gombrowicz

    Yo estaba en cuclillas, una luz me cegaba la visión. Una sucesión de colores pasaban frente a mí a gran velocidad. Desde esa posición observaba sin abrir la boca, sin mover un músculo, sin pestañear. Sin pensar. No me encontraba cómodo pero tampoco tenía miedo, a pesar de lo aterrador que era ese lugar, esa situación. No sabía cómo había llegado allí. No tenía verdadera conciencia del tiempo transcurrido ni menos como liberarme de esta posición, tanto física como mental. Suponía que era un sueño, un sueño real, más real que la realidad que podía imaginar. Miré hacia ambos lados: mi vida. A un lado, un pasado inexistente, y hacia el otro, ese presente que se encontraba detenido, que no se decidía a avanzar. Pensaba inútilmente que bastaba una pequeña fuerza para vencer la inercia, para que todo comenzara a moverse nuevamente. Lentamente, paso a paso, segundo a segundo, de forma majestuosa. Pensaba que ese movimiento de alguna manera reconstruiría también el pasado y encendería el interruptor del futuro. Pero no fue así. Seguía atrapado en ese presente inmóvil, estático. Me sentía petrificado como el mármol de una escultura: frío e inerte. Si hubiese tenido un reloj probablemente sus manecillas habrían estado, por alguna razón inexplicable, eternamente detenidas. Poco a poco me estaba acostumbrando a ello y lo peor es que en el fondo me gustaba y me aterraba al mismo tiempo. Descubrí que la luz provenía desde el interior de mis ojos. Lentamente los abrí y la luz comenzó a desaparecer hasta convertirse en un punto blanco diminuto. Estaba en un charco de agua de no más de cinco centímetros de altura, apenas me llegaba a los tobillos. Me encontraba dentro de una habitación redonda sin ventanas ni puertas, un cilindro prefecto de unos seis metros de diámetro y unos cuatro de altura, no tenía techo. Arriba, el cielo estaba nublado y entre la bruma se asomaban algunas estrellas con una luz muy débil, casi a punto de extinguirse. Miré a mi alrededor tratando de reconocer algo, de reconocerme en este lugar inhóspito y húmedo. Me miré los pies, estaba descalzo, el agua reflejaba mi cuerpo completamente desnudo. En el fondo del charco empezó a hacerse visible un texto. Sus caracteres se hacían más nítidos mientras el agua detenía completamente sus ondas y un delicado velo de polvo grisáceo se depositaba en el fondo:
    “El pasado es la huella de una vida que aun no hemos vivido, pero que en el fondo es todas las vidas que nos quedan por vivir.” (J. L. B.)
    De repente, el texto desapareció, nuevamente estaban mis pies cubiertos por unos centímetros de agua y el mismo velo de polvo que había visto antes. Las uñas de mis pies estaban recubiertas de musgo y algas, habían echado raíces y estaban ancladas en el suelo como tentáculos que se enterraban en la tierra y reaparecían por toda la habitación. Respiré profundamente. Al fin algo estaba cambiando.




    Sueño n° 169

    “Sufro por los recuerdos, o por la sombra de los recuerdos”.
    J. M. Coetzee

    Sueño que camino sobre una cuerda suspendida a unos treinta metros del suelo, entre dos torres medievales. Mientras camino sobre ella, abajo veo miles de cadáveres sangrientos, algunos cuerpos siguen vivos, agonizantes. Desde arriba veo el último hilo de vida que les cuelga de la boca, que les chorrea como la baba a un anciano. Avanzó despacio sobre la cuerda que me parece interminable. Cada dos pasos aparece un pequeño número desdibujado en su superficie: 1917, 1939, 1967, 2003, 2011, 2015; así sucesivamente a medida que avanzo. Abajo las pilas de hombres, entre muertos y agonizantes, aumenta, se amontonan unos sobre otros, huelen a sangre, a heridas abiertas, a infierno. A petróleo oscuro y viscoso que arde sin llamas como el napalm. Algunos deliran, otros gritan y se quejan con una voz sorda que se les pierde en el pecho. No tienen ojos, solo un hueco negro por el que salen algunas pequeñas llamaradas que iluminan su terror. Algunos tienen las extremidades mutiladas; otros, el cuerpo cortado completamente por la mitad. El montón de cuerpos crece a medida que avanzo, ellos se arrastran como pueden. Se me acercan, me miran con las cavidades de sus ojos huecas y profundas. De cerca puedo distinguir sus uniformes ajados y sucios por el combate, sus nombres bordados en el pecho, sus banderas, sus medallas, sus grados. Estiran sus manos y sus piernas, tratan de tocarme, de apresarme; yo les doy patadas y trato de zafarme.

    –Es un sueño me repito.

    Me distraigo pensando que nada de esto es real, que no puede ser real. Que nosotros hemos creado esto. Uno de ellos me apresa una pierna, luego otro, la otra. Quedo inmóvil sobre la cuerda con esos brazos como tentáculos que poco a poco me envuelven. Veo sus rostros desde cerca, penetro en la profundidad vacía de sus miradas iluminadas desde adentro. Leo sus nombres: xxxxxxxxxxxx.

    –Es un sueño me repito, es un sueño.

    Un soldado con el rostro deformado me aferra la cara entre una mano y un antebrazo amputado. Instintivamente bajo la vista ante esa imagen terrible. Avergonzado leo su nombre: L. Siegfried.
    Él me susurra a la cara con un aliento aterrador:
    –Yo soy el inicio del fin…

    –Es un sueño Rayarù, es un sueño.






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  • 02/24/17--00:46: MARCO FIDEL CARDONA [19.964]

  • MARCO FIDEL CARDONA 

    Marco Fidel Cardona (Bogotá, Colombia 1987). Profesional en estudios literarios de la Pontificia Universidad Javeriana. Su trabajo de grado se tituló La poesía mestiza de César Vallejo frente a las vanguardias: un conflicto para la historia literaria. Actualmente cursa la maestría en escrituras creativas de la Universidad Nacional de Colombia y se desempeña como editor de texto escolar y de material investigativo. En 2008 fue el ganador del Primer premio nacional de poesía estudiantil El Quijote de acero, de la Universidad Tecnológica de Pereira.



    Caída y árbol

    El silencio se rasga con la fractura de una rama
    y en la caída del niño, en sus lamentos,
    se presiente la gravedad frontal de la mirada.
    Llamarse hombre es siempre haber sobrevivido,
    y el sobreviviente vuelve al bosque en medio de la tala,
    como si buscara una palabra,
    un ruido, una forma,
    un árbol que le caiga en la mollera
    para velar por tres jornadas sus escombros.
    Puede que así se levante el niño
    y vuelva a confundirse con el bosque.
    Llevaría nuevamente en sus oídos un zumbido,
    la canción del hilo cáñamo y los botones
    con que su tío hacía los juguetes,
    un trompo de bailar perpetuo.
    Así, tal vez,
    sus palabras se vuelvan enjambres de abejas,
    la condena de las alas de los colibríes,
    una tarde de mayo intentando alcanzar a los hermanos
    que torturan cucarrones.
    Así
    sus pupilas seguirán buscando en la copa de los árboles
    un lugar para esperar la noche.




    La luz de esta mañana

    Este conmoverse en la mañana 
    con la luz que ojalá vuelva un día
    (así uno solo sea aunque lejano)
    llena de sentido la vigilia
    cuando la piel se desprende
    en sobresalto de la carne.
    Este conmoverse es delirar con las heridas
    cuando hace ya tiempo quien presiente,
    quien presagia
    se ha vuelto un hombre ajeno
    a este otro hombre que galopa hacia el trabajo
    y en cuyo galopar por caminos prolongados
    el rumor de la fiebre delata a un niño.
    Este partirse en dos,
    tan elemental por comprensible,
    y querer llenar de honra
    a los niños de la escuela,
    que remendaban a mano sus sacos azul oscuro
    con hilo blanco,
    y que hoy
    niños si vuelve la luz de esta mañana,
    si esta luz es una promesa,
    si este hombre elemental y dividido
    es digno de honrar el color empolvecido de sus zapatos
    que levantan el cascajo por el camellón,
    son aun más niños
    enterrando a un perro en lunes de pascua
    (víctima de un veneno infame)
    y arrojándole terrones al costado mortecino.




    Nocturno anfibio

    Quebrada arriba
    somos dos anfibios que peregrinan
    hacia un nacimiento de gotas y raíces,
    hacia aquella noche
    en que la corriente era un monólogo entre piedras
    interrumpido por una rama desgajada.
    De vuelta y sobrecogidos
    nos detenemos a descifrar las estrellas
    cuyo sentido
                            se acerca y se aleja
    al compás de nuestros saltos.
    Así seremos el croar de la noche entera.



    Hastío laboral

    Se despierta uno muerto a veces,
    con un sabor a jugos gástricos en la boca,
    irremediable,
    irreversiblemente amargo por su propia muerte,
    y no deja uno de preocuparse
    por tanto trabajo inconcluso,
    mal pago;
    tanto trabajo sobre la cama
    y junto a la cama y debajo:
    todo el trabajo señalando su cadáver
    desde el escritorio.
    –Habrá que organizarlo– se dice uno mismo
    cadavérico y fijos los ojos en el escritorio –cuando termine.
    Y no acaba uno de morirse
    cuando se levanta a tender la cama,
    por enésima vez con las tablas caídas.
    Dejarlas en el suelo
    hasta que alguien se tope con la calamidad
    y, melancólico, espante a la mosca
    que ronda a los muertos,
    como si no hubiera más opciones:
    Apenas ir a la cocina
    y beber café con leche,
    padecer con dignidad el ataque de bilis
    sin gesticular,
    pues uno está muerto
    y los cadáveres retorcidos
    estropean el ritual de la dulzura.
    Apoyarse, entonces, en el páncreas
    sin que obste la pila de trabajo
    que lo espera a uno junto a su cuerpo
                y sobre su cuerpo
                                                   y debajo.
    Volver a la cama
    y no reportarse fallecido.
    ¿Acaso no es mejor que no se enteren?
    ¿cómo debe comportarse un cadáver
    para quedarse quieto y ponerse frío?
    Puede que uno sepa cómo hacerlo:
    una rápida mirada a lo simultáneo,
    a la batuta alcantarillada de aquella infancia
    y su séquito de políglotas
    cuyas convicciones apenas si salen de sus dientes.
    Ser un desplazado de las sonrisas blancas,
    pariente de la caracajada de sangre final
    de un romántico en una cena;
    diente renegrido y antibióticos.
    Así quién no se enfría
    y cómo no quedarse quieto,
    ya que uno amanece muerto a veces.




    Cadáver de colibrí

    Solo lo incierto de la muerte
    se compara
    con la velocidad inmóvil
    de sus alas.




    Bodas de sangre, de Carlos Saura

    Danzar una ironía.
    Dos personas duermen
    y sus sueños coinciden;
    coinciden también sus gestos,
    pero el sueño trágico impera sobre el ideal.
    Hasta el ideal del sueño
    se tiñe de tragedia,
    de bailar dormidos
    y el inminente despertar.
    Ahora dos amantes
    parecen bailar al ritmo de los párpados.








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  • 02/24/17--08:36: GABRIEL H. SANCHEZ [19.965]

  • Gabriel H. Sanchez

    Gabriel H. Sanchez es escritor, poeta y documentalista, vive en el Río Grande Valley, sur de Texas. Su maestría es de la Universidad de Texas Pan American. Ha sido traductor para el periódico Río Grande Valley, escribe el blog "Cross Sections" y es director de la Coalition of New Chican@ Artists, una organización no gubernamental que promueve arte, literatura, cine y la experiencia chicana del sur de Texas. Sus libros son The Fluid Chicano, es coautor de Nuevas Voces Poéticas, y es editor de la antología Lost: Children of the River.

    Gabriel es un Renaissanceman. Se involucra en diferentes proyectos culturales que siempre lo llevan a explorar la identidad chicana en sus múltiples facetas. Para Gabriel, ser chicano es tener una identidad flexible: identidad fluida que se desplaza entre idiomas, sentires, paisajes, regiones geográficas y formas de experimentar el mundo. Para él la identidad no es fija e inamovible, al contrario, está en un constante devenir, casi a manera de dialéctica existencial. No le tiene miedo al conflicto interno, sabe que la síntesis será un catalizador para el crecimiento, para descubrir los puntos ciegos.  

    No se deja definir por lo que la sociedad le impone, cuestiona y reta los estereotipos raciales, lingüísticos y culturales que se le adscriben a muchos chicanos en los Estados Unidos. También pone en práctica estas ideas y se lanza sin miedo, al vacío, para traspasar sus propias limitaciones y las impuestas por la sociedad.  

    Gabriel es hijo de la tierra que habita, el sur de Texas, el Río Grande Valley, zona fronteriza, suelo dividido por un muro, por el mar o por un río, tierra de paso y al mismo tiempo, hogar para muchos. El cambio es una constante en la vida de Sanchez, el fluir entre lenguas, entre personas es el pan de cada día. Sus ideas se filtran entre los metales del muro fronterizo, se cuelan por los agujeros, entre los barrotes, nada lo detiene y él, chicano, renace con una identidad enriquecida, que vuela a pesar de los límites que se le quieren imponer. Reclama una identidad que se desdobla y fluye, que es fuerte y flexible al mismo tiempo.  

    Estas experiencias se reflejan en su poesía, la cual escribe principalmente en inglés; tiene poemas en español y mezcla también ambos idiomas. Mucha de su poesía es poesía concreta. La identidad y la frontera, física y mental, impuesta o autoimpuesta, son temas que encontramos en la voz poética de sus páginas. Todo esto leemos en su obra.  

    Para esta ocasión he seleccionado y traducido los siguientes poemas “El muro se está cayendo”, “Soy puente” y “Palabras del río”.

    Por Xánath Caraza
    Copatrocinado por el Smithsonian Latino Virtual Museum





    El muro se está cayendo

    Este muro está llegando al pueblo
    Va a seccionar el suelo 
    Sureño de Texas
    Afilado, letal, Románico
    Va a herir el cuerpo
    De víctimas que quieren pasar
    Por esta tierra que es nuestra
    Usarlo como atajo
    Daga de obsidiana
    Desgarra nuestros pechos
    Quiere detener el corazón
    Que pulsa con el movimiento de
    Migraciones milenarias del pasado
    Hacen eco en la migración de hoy
    Las vidas de los hombres destinadas
    A un constante ciclo de la marea
    Ninguna ley dicta los movimientos
    Ni bien ni mal define la acción
    La naturaleza debe tomar su rumbo
    O eventualmente habrá guerra…

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    Atrocidades que hacen
    Rebelde el espíritu
    Como cazar ilegales
    En el desierto como culebras
    O dispararle balas a un hombre
    Que sostiene piedras
    Y llamarlo auto defensa
    (Se te olvidó declarar
    Que nunca te las tiró a ti, ¡Sr. Migra!)
    Este muro se está cayendo sobre nosotros
    Hace su gira
    Desde Alemania donde fracasó por el peso de su odio

    Está debutando en grande, finge ser nuevo
    Crea un lienzo para que los chicanos pinten
    Para que los vatos y rucas reclamen la página
    Picos y hachas, voces y plumas

    Tomaremos las calles hasta el fin
    Gritaremos por estos pueblos sureños de Texas
    El muro se está cayendo
    EL MURO SE ESTÁ CAYENDO
    ¡EL MURO SE ESTÁ CAYENDO!




    Soy puente

    “¡Te has separado!
    ¡Te has colocado en el lado opuesto de la corriente americana!”
    Eso me dijo
    Está equivocado
    ¡Soy puente!
    Soy voz que se levanta desde la orilla del río
    Demando, reclamo, me aferro a una identidad
    Mi identidad
    No la que me ha dado
    Sino la que elegí cuando vi lal uz
    Como cristiano renacido
    Soy chicano que ha vuelto a nacer
    Caóticamente equilibrado y calmado
    Que contrasta y se conflictúa con los guiones sociales
    Aún como chicano no puedo resistir
    Trascender las expectativas
    Externas e internas
    Intentar siempre ser fluido
    Oscilar desde la copa americana a la mexicana
    Desde la copa de minoría a la de inmigrante
    Ser y no ser
    Agua de río que fluye para demarcar
    Y puente que desde lo alto sostiene ambos mundos 




    Palabras del río

    Hay palabras nacidas en el río
    Entre torrentes que fluyen por veredas
    Como venas de un ser
    Que busca encontrar una sola voz

    Hay palabras que crean el eco olvidado del pasado
    Surge de entre cascadas de donde grita y reclama
    “No se olviden de mí”
    Retumba en la tierra

    A veces las palabras se convierten en seres
    Son bajos de estatura
    Son diferentes a nosotros
    Viajan sobre un ser feroz
    A veces los devora y así siguen su culto

    Estos seres tienen ojos que piden pausa
    Sus bocas son templos de los cuales nada impuro surge
    Sólo el clamor de un ser refugiado en la incertidumbre
    Estos seres extienden sus manos, piden clemencia

    Es la bestia que sus vidas consumió
    Escupiéndolas sobre el río donde las palabras se estremecen en nuestros oídos
    Para renacer en esta tierra soñada, las almas mojadas se colocan
    Al margen de la vida y la muerte
    Buscan ser amadas y no deportadas ni abortadas como indeseables fetos




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  • 02/26/17--02:07: SÉRGIO MEDEIROS [19.966]

  • Sérgio Medeiros

    (Mato Grosso do Sul-Brasil, 1959). Poeta, ensayista, traductor y catedrático de Literatura en la Universidade Federal de Santa Catarina (Brasil). Phd. por Stanford University (EE. UU.) Ha publicado em poesía: Mais ou menos do que dois (2001), Alongamento (2004), Totem & Sacrifício (2007), O sexo vegetal (2009), Figurantes (2011), Totens (2012), O choro da aranha (2013) y O fim de tarde de uma alma com fome (poema dramático) (2015); en prosa O desencontro dos canibais (2013), O sonho do xamã (2014) y Contos de duendes e folhas secas (2016); y en ensayo Makunaíma e Jurupari (2002) y A formiga-leão e outros animais na Guerra do Paraguai (2015).

    Los poemas que integram esta breve antologia, fueron traducidos al italiano y serán parte del libro Poemas que se deslocam (próxima publicación digital en 2017).


    (Mato Grosso do Sul-Brasil, 1959). Poeta, ensaísta e professor de literatura na Universidade Federal de Santa Catarina. Publicou vários livros de poesia: Mais ou menos do que dois (2001), Alongamento (2004), Totem & Sacrifício (2007), O sexo vegetal (2009), Figurantes (2011), Totens (2012), O choro da aranha (2013) e O fim de tarde de uma alma com fome (poema dramático) (2015); em prosa O desencontro dos canibais (2013), O sonho do xamã (2014) e Contos de duendes e folhas secas (2016); e em ensaio Makunaíma e Jurupari (2002) y A formiga-leão e outros animais na Guerra do Paraguai (2015).

    Os poemas que integram esta breve antologia já foram traduzidos para o italiano e farão parte do livro Poemas que se deslocam, a sair no Brasil em versão digital em 2017.


    Traducción por Fedra Rodríguez



    1.

    PIEDRAS PORTUGUESAS (PRIMERA VERSIÓN)

    [Se trata de um poema de Richard Long que no reproduciré aquí. Solo anunciaré su punto de partida. Que no queda explícito en dicho poema.]

    – one, two, three, and away!


    2.

    PORTUGUESE STONES (SECOND VERSION)

    [Stones placed by the roadside each day along a walk of 463 miles from the south to the north of Portugal.]

    [Spring 2014]


    – one, two, three, and away!
    one stone in Albufeira
    two stones near Vale Marmeleiros
    three stones near Ourique
    four stones in Alcácer do Sal
    five stones in Marateca
    six stones near Infantado
    seven stones near Alpiarça
    eight stones in Tomar
    nine stones in Barqueiro
    ten stones near Coimbra
    eleven stones in Tondela
    twelve stones near Viseu
    thirteen stones in Carvalhosa
    fourteen stones near Cinfães
    fifteen stones near Lixa
    sixteen stones in Braga
    seventeen stones in  Monção
    etc.
    etc.



    3.

    CINCO VAGONES

    – viajando por el vidrio de la ventana estremecida
    el insecto muestra a quienes están fuera
    una piernita sin el pie y una antena
    más corta que la otra larguísima

    :

    tal vez la antena parezca corta porque es algo transparente
    pero seguro uno de los pies se fue
    aunque le quedan otros tres
    intactos para con ellos pasear por el vagón
    en caso de que prefiera no volar allí adentro




    4.

    EL PASEO DE LOS BICHOS (PRIMERA VERSIÓN EXTRAÍDA DEL POPOL VUH)

    – entonces el piojo se fue
    saltando

    – un sapo se lo tragó
    y se fue saltando

    – una serpiente los etc.
    y se fue coleando

    – un halcón los etc.
    y se fue volando

    – hasta el fin del viaje
    o del paseo…



    5.

    EL PASEO DE LOS BICHOS (SEGUNDA VERSIÓN)

    – en la superficie blanca
    del murete recién pintado
    se pasean hormigas
    aparentemente buscando
    con gran nerviosismo
    posibles impurezas

    – una araña inerte
    en el murete blanco
    pierde poco a poco
    sus largas piernas finas
    hecha una grapadora
    perfeccionista que arrojara
    fuera todas las grapas
    imperfectas


    6.

    EL PASEO DEL ANDARIEGO JAPONÉS

    – una carretera placentera
    lleva a un bello edificio
    que es el crematorio
    dijo más o menos
    una vez un andariego
    que escribía haiku



    7.

    EL CAMINO

    – sobre el murete
    que separa las vías
    de la carretera una bota
    envejece aparentemente
    inmune a los vientos que
    mecen todo


    8.

    EL QUE FLUCTÚA

    – la hoja en el suelo es tal
    cual la cáscara de un plátano
    muy maduro de un
    marron oscuro
    pero de pronto es
    empujada por el viento
    y fluctúa a ras del suelo
    yéndose locamente



    9.

    CASI

    – entre hojas blandengues
    una única hoja tierna
    oscila majestuosa como un
    pájaro negro en una rama
    que mira desde lo alto hacia la carretera
    enfrente


    10.

    CONTENIDOS

    – por la mañana temprano dirigidos
    hacia el sol tres carteles
    blancos a la espera de nuevos
    anuncios y a su lado
    en el suelo están posados
    cuatro contenedores verdes
    limpios también
    aguardando


    11.

    TANEDA SANTOKA

    – en el árbol seco se secan
    mis medias dijo más o
    menos una vez el andariego
    que escribía buenos haiku




    12.

    AGONÍA EN PLAZA PÚBLICA (PRIMERA VERSIÓN)

    – una palma verde enloquece
    al viento y parece querer cornear
    a alguien o tirar algo con la boca
    o doblándose mucho vomitar en
    la plazuela alguna cosa atascada en su
    garganta pues hace horas ella se
    retuerce allí en vano

    – un pesado pantalón vaquero azul
    toma sol tirado en un banco
    sin moverse bajo la mirada de
    una gaviota posada en un poste
    como petrificada
    el viento agita las olas
    de la ensenada y las ramas ruidosas
    de la plazuela


    13.

    AGONÍA EN PLAZA PÚBLICA (SEGUNDA VERSIÓN)

    – echada de espaldas en la escalera
    de la plaza una cucaracha amanece
    cubierta de hormiguitas como por
    una sábana negra estrecha que sus patas
    inertes parecen estirar eternamente
    sobre sí misma



    14.

    LA RATA Y EL UNICORNIO

    – marchita en la acera la rata sonriente
    se levanta de repente apareciendo enorme
    sobre los coches estacionados y sigue
    a llenarse de aire mientras manos la sostienen
    por la espalda hasta dejarla perfectamente
    recta

    – en cada coche estacionado al lado
    del parque es colocado sobre el capó
    un gran cono colorido como un cuerno
    de unicornio




    (versión original de los poemas em português)



    1.

    PEDRAS PORTUGUESAS (PRIMEIRA VERSÃO)

    [Trata-se de um poema de Richard Long que não reproduzirei aqui. Apenas anunciarei o seu ponto de partida. Que não está explícito no referido poema.]

    – one, two, three, and away!


    2.

    PORTUGUESE STONES (SECOND VERSION)

    [Stones placed by the roadside each day along a walk of 463 miles from the south to the north of Portugal.]

    [Spring 2014]

    – one, two, three, and away!
    one stone in Albufeira
    two stones near Vale Marmeleiros
    three stones near Ourique
    four stones in Alcácer do Sal
    five stones in Marateca
    six stones near Infantado
    seven stones near Alpiarça
    eight stones in Tomar
    nine stones in Barqueiro
    ten stones near Coimbra
    eleven stones in Tondela
    twelve stones near Viseu
    thirteen stones in Carvalhosa
    fourteen stones near Cinfães
    fifteen stones near Lixa
    sixteen stones in Braga
    seventeen stones in  Monção
    etc.
    etc.


    3.

    CINCO VAGÕES

    – viajando no vidro da janela estremecida
    o inseto mostra a quem estiver do lado de fora
    uma perninha sem o pé e uma antena
    mais curta do que a outra longuíssima

    :

    talvez a antena pareça curta porque é meio transparente
    mas com certeza um dos pés se foi
    restando-lhe porém três outros
    intactos para com eles passear pelo vagão
    caso prefira não voar lá dentro



    4.

    O PASSEIO DOS BICHOS (PRIMEIRA VERSÃO EXTRAÍDA DO POPOL VUH)

    – então o piolho se foi
    saltando

    – um sapo o engoliu
    e se foi pulando

    – uma cobra os etc.
    e se foi coleando

    – um falcão os etc.
    e se foi voando

    – até o final da viagem
    ou do passeio…


    5.

    O PASSEIO DOS BICHOS (SEGUNDA VERSÃO)

    – na superfície branca
    da mureta recém-pintada
    passeiam formigas
    aparentemente buscando
    com grande nervosismo
    possíveis impurezas

    – uma aranha inerte
    na mureta branca
    perde pouco a pouco
    as longas pernas finas
    feito um grampeador
    perfeccionista que lançasse
    fora todos os grampos
    imperfeitos




    6.

    O PASSEIO DO ANDARILHO JAPONÊS

    – a estrada aprazível
    dá num belo edifício
    que é o crematório
    disse mais ou menos
    uma vez um andarilho
    que escrevia haiku



    7.

    O CAMINHO

    – em cima da mureta
    que separa as pistas
    da estrada uma bota
    envelhece aparentemente
    imune aos ventos que
    balançam tudo
      

    8.

    O QUE FLUTUA

    – a folha no chão é tal
    qual a casca de uma banana
    muito madura de
    um marrom-escuro
    mas de repente é
    empurrada pelo vento
    e flutua rente ao chão
    indo embora loucamente


    9.

    QUASE

    – entre folhas molengas
    uma única folha tenra
    a oscilar majestosa como um
    pássaro negro num galho
    que olha do alto para a estrada
    em frente


    10.

    CONTEÚDOS

    – de manhã cedo voltados
    para o sol três outdoors
    brancos à espera de novos
    anúncios e ao lado deles
    no chão estão pousadas
    quatro caçambas verdes
    limpas também
    aguardando



    11.

    TANEDA SANTOKA

    – na árvore seca estão secando
    as minhas meias disse mais ou
    menos uma vez um andarilho
    que escrevia bons haiku




    12.

    AGONIA EM PRAÇA PÚBLICA (PRIMEIRA VERSÃO)

    – uma palma verde enlouquece
    no vento e parece querer chifrar
    alguém ou puxar algo com a boca
    ou curvando-se muito vomitar na
    pracinha alguma coisa presa na sua
    garganta pois há horas ela se
    contorce ali em vão

    – uma pesada calça jeans azul
    toma sol largada num banco
    sem se mexer sob o olhar de
    uma gaivota pousada num poste
    como que petrificada
    o vento agita as ondas
    da enseada e os galhos barulhentos
    da pracinha



    13.

    AGONIA EM PRAÇA PÚBLICA (SEGUNDA VERSÃO)

    – deitada de costas na escadaria
    da pracinha uma barata amanhece
    coberta por formiguinhas como por
    um lençol negro estreito que suas patas
    inertes parecem puxar eternamente
    sobre si mesma



    14.

    O RATO E O UNICÓRNIO

    – murcho na calçada o rato sorridente
    se levanta de repente aparecendo enorme
    acima dos carros estacionados e continua
    a se encher de ar enquanto mãos o amparam
    pelas costas até deixá-lo perfeitamente
    ereto

    – em cada carro estacionado ao lado
    do parque é colocado sobre o capô
    um grande cone colorido como um chifre
    de unicórnio

    http://www.vallejoandcompany.com/131-poemas-de-sergio-medeiros/






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  • 02/26/17--03:08: SILVIA PRATT [19.967]

  • Silvia Pratt

    Silvia Pratt (Ciudad de México, 1949)
    Poeta, traductora e intérprete. Hizo estudios de traducción e interpretación en la Alianza Francesa de México, tomó cursos de literatura suiza y francesa en la Universidad de Lausana, Suiza, e hizo un diplomado en literatura del Siglo XX en el Instituto Tecnológico Autónomo de México. Becaria del FONCA en traducción literaria durante 1997. De junio a octubre de 2002, desarrolló un proyecto literario en Montreal, en el marco del Programa de Residencias Artísticas México-Quebec, establecido entre el FONCA, el Conseil des Arts et des Lettres du Québec (CALQ) y la Union des Écrivaines et Écrivains Québécois (UNEQ). Es miembro del Consejo Consultivo del Centro Internacional de Traducción Literaria de Banff (Canadá) como representante de México. Ha publicado en periódicos, revistas y suplementos como Alforja, Amoxcalli, Deslinde, El Norte (Columba), Excélsior, Fundación Arturo Rosenblueth, Gaceta de Arte y Cultura, La Jornada, La Pájara Pinta de Carta de la Poesía (España) y Tropo a la Uña. Algunos de sus poemas han sido traducidos al inglés, al búlgaro y al italiano. Ha traducido algunos poemas de Marguerite Yourcenar, Sada Weïndé Ndiaye, Israel Eliraz, José Acquelin y Nicole Brossard; y entre otros, los libros Saisir l'absence/Ausenciario (de Louis Jolicœur), CONACULTA, 1997; El silencio de las cosas (selección antológica de textos de Francis Ponge), Universidad Iberoamericana, Colección Poesía y Poética.

    Obra publicada

    Poesía: Caldero ciego, Praxis, 2000. || Encendido espacio IMC, Toluca, 2000. || Crujir de la hojarasca UAEM, La Tinta del Alcatraz, Toluca, 2001. || Espiral irrepetible, Praxis, 2003. || Isla de luz, CONACULTA, Práctica Mortal, 2004. || Trazos, Tintanueva, Oscura Palabra, núm. 38, 2005. || Urdimbre circular, Conaculta | Práctica mortal, 2010.





    PRATT, Silvia.  Urdimbre circular.  México, DF: Dirección General de Publicaciones del Consejo Nacional par la Cultura y las Artes, 2009.  101 p.  (Práctica mortal)   ISBN  978-607-455-199-0    Ex. bibl. Antonio Miranda


    Ante la hoguera
    observo el ritual de los días.
    Una lágrima lúgubre
    unge con añoranza mi ropa.

    Mientras escucho el crujir de extintos pétalos,
    el candor convierte en margaritas las mañanas.
    Los huecos murmurantes
    retoman la vacuidad estrepitosa del abismo.

    Los leños irremediablemente se consumen,
    las miradas languidecen.
    Me vislumbro en tus ojos.
    Somos espejismos sin fulgor.
    A través del ventanal
    miro pasar el invierno encanecido.



    CONSUMADA REDONDEZ

    Desde el sosiego que me acosa,
    como yesca incinero punzantes manecillas,
    entre abrojos emerjo renovada,
    con certeros ríos respondo a las cenizas,
    abato en el aire desamores y penurias.

    Con dolor mancillo el agua que mi piel rezuma,
    calcino suelos con arcilla impía,
    entre furtivas ráfagas suspiros petrifico.
    El fuego al fuego ofrendo.

    Pero también transfiguro
    la Palabra en trepidantes lenguas,
    ramo de luz en marejadas.
    Invoco la arena
    y en el viento arraigo mi nombre.

    Alas de fénix la memoria. 
    Rito consumado.



    NOCHE DE LOS BOSQUES

    Parda lechuza
    anuncia oscuridad.

    Los árboles entretejen sus ramas,
    conjuran la entrada de la noche,
    absorben el verdor cerradizo del follaje.

    Espesura.
    Una corona de luz la luna ciñe.

    Tímidos filamentos
    penetran el sabor del paisaje.

    Hervidero de voces
                                  aleteando.

    Refulgen miradas amarillas.
    Lechuzas titilantes
    en boscoso universo parlotean.

    Y yo que nací en la umbría,
    que soy hija de los robles,
    ¿he de quedarme atrapada entre el ramaje?

    ¿He de buscar la luz
    que me deslumbre hasta quedarme muda?

    Voz de bosque.
    Canto seductor de seductoras aves.
    Como cánticos antiguos
                                  de antiquísimas sirenas,
                                                               frondas de agua.

    Con caricias milenarias
    me arropan árboles añejos.
                                              Pervive el insaciable tiempo.

    Los insectos ensordecen,
    frescor el hálito de la umbría.
    En verde estalla el verde.

    Afuera
              la soledumbre aguarda.
    Mi nombre
                        la luna huérfana
                                                     repite.

    Sigue el rito de las voces su destino.
    Buhos
               ojos de estrellas
                                         conmigo lo comparten. 



    De dónde proviene este silbante

    De dónde proviene este silbante
    viento
           sibilino,
    si lacera los labios y acarrea nostalgias
    de parajes soterrados.

    No es verdad que aleje
    para siempre la hojarasca y los pesares
    si estarán mañana
                     otra vez aquí
    enraizándose en mi piel.

    Si pudiera detenerlo con mis manos,
    no se albergaría la angustia en los postigos
    ni los vitrales retumbarían de pesadumbre.



    Isla DE LUZ
    fragmento

    ¿Qué fue de ti, Délos?

    ¿Germinas sólo en la memoria?
    Savias de pino, ramas de abeto, hojas de arce:
    bálsamos que perduran.

    El frío calcinante.
    ¿Acaso no lacera las alas de gaviotas?
    —Está escrito que su blancura emplatecida
    reverbera con la nieve.
    (Desde su refugio claman los oráculos.)

    Vivo intensamente en esta tierra.
    Vivo aquí mi propio otoño.
    Resuena la hojarasca.
    Entre las nubes florecen los conjuros.

    Como hija de la luna
    en mi palidez su blancura se refleja.
    ¿Podrá su manto de hojas secas del frío resguardarme?
    Rojos los suelos, aire emblanquecido.
    El primer copo de nieve eriza mi piel.

    Las tonalidades del otoño contrastan con el blanco.

    Ah, la dualidad infinita, sempiterno peregrinar.

    Y el astro pleno, testimonio de ritual nocturno.
    Los copos, lágrimas de luna.

    El reloj de cobre,
              —caldero azuzante—
                          auspicia mi camino.

    El temblor de manecillas nunca se detiene.
    Ah, el girar del mundo.
    El aletear de las estaciones
    siempre ofrece en el espejo un rostro distinto.
    La hojarasca vaticina ya el invierno.

    Soy gaviota que en el vuelo
    revela el sentido de este viaje
    mientras sigo buscando la voz que me conduzca.
    La luna vive en mí y me dirige
    como un alma que fecunda la tierra de la muerte.

    Invoco, Délos, tus enigmas.

    Ah, la piedra consagrada en los suelos que pisamos.
    Ah, montañas venerando las cenizas.

    ¿Qué misterio encierra el sol en plenitud
    si la sangre se congela y el frío calcina las entrañas?
    íCuál enigma la zozobra de las aves cuando fragua la tormenta?
    Enmudezco ante tanta incertidumbre,
    sobre mis párpados pesa la fatiga.
    Para descifrar del invierno los rumores
    alerta me mantengo.

    No duerman, musas,
    no permitan que mi canto en el horizonte se esfume.

    Ah, Délos, altar de luz.

    Ah, en mis dedos este fuego desvelado.

    Sincretismo de estaciones.
    Y los árboles y el agua ya tiritan.
    Hojarasca sobre nieve.
    En marmóreo transitar mis pasos se hunden.
    Ninguna huella es idéntica:
                        cada una, presagio de caminos.

    Silencio.
    Con el peso de los copos
    las hojas crujen en la oscuridad.

    Ceremonia en la espesura.

    El blanco sepulcro de los bosques.
    La escarcha lagrimeando entre los pinos.
    El tañido de hojas secas en la umbría.
    Recuerdos como esfinges congeladas.

    Conservar la memoria hasta la muerte
    es consuelo de los hombres.
    ¿He de esconder en una cueva mi pasado?
    ¿He de arder aquí para erigirme en otras latitudes?

    Un alba negra augura mi destino en otra tierra.
    —Y evocarás el invierno en otra tierra.
    (Tararean coribantes.)

    Un invierno distinto,
            otro viento,
                    otro lenguaje.
    Traspasarán mis pupilas otra luz.

    Como si alguien las hubiera convocado
    las gaviotas el cielo transfiguran.

    Lluvia de hojas lánguidas las notas de las liras.

    Sombras.

    Los habitantes del Parnaso sólo duermen.
    Al amanecer irrumpirán las divinidades del Olimpo.

    Que címbalos retumben.
    Que fluyan manantiales.
    Que el omphalos sagrado restaure cada sitio de la Tierra.
    Que en una sola voz se escuchen oráculos presentes.

    En los velos de la luna he de perpetuarme.
    He de descifrarlos aunque siempre se transformen.
    Sólo el silencio en el fulgor palpita.

    Y escribo aquí.
    Aquí donde moraron un día las deidades.
    Aquí donde la tierra y el agua gestaron la arcilla sacra. 

    Ah, conjuros de la umbría.
    Ah, este cielo sombríamente oscuro como abismo primigenio.
    Ah, nocturnas aguas bebiendo nuestro llanto.

    Aquí volverá a gestarse el mundo.

    Aquí los ojos de la aurora lo develarán mañana.





    Memoria y palabra en Silvia Pratt. Reflexión en torno a Isla de Luz

    Por Carmen Álvarez Lobato

    El poema de Silvia Pratt Isla de luz se presenta como un extenso y enriquecedor viaje estimulado por una imperiosa necesidad de asir los elusivos enigmas de la experiencia humana a través de la memoria y con la fe puesta en las infinitas posibilidades de la palabra y la poesía.1 Al inicio, el Caos, y las eternas preguntas humanas:

    Caos.

    ¿Es verdad que entre conjuros
    el vacío resurge cada noche?

    ¿Es verdad que una y otra vez
    vuelve a gestarse el mundo
    para que nuestros ojos disfruten cada aurora?

    Y estas preguntas son respondidas a lo largo del poema con bellas imágenes y profundas reflexiones: Pratt canta a los ciclos de la vida, a las dualidades, a los claroscuros; sí, afirma la poeta, la existencia del hombre en la tierra es breve, pero también es cierto que todo permanece; sí, la muerte, pero también la vida y, sobre todo, la memoria:

    Nada puede borrarse de este mundo.
    Cada huella queda tatuada en los senderos,
    con punzones se graban en la arcilla nuestros nombres.
    Rastros de dioses y corceles
    en las aguas y en la arena se distinguen todavía.
    Mnemosínica presencia transita por los aires.
    Nada muere para siempre.
    Todo reverdece en la memoria:
    quizás el germen de la luz
    palpita en el reino de los muertos.

    Ah, la dualidad perpetua.

    Así, al abrigo de Mnemosine, la voz lírica recuerda, y escribe. Se dice que para Homero componer versos era recordar, y esa es, de hecho, la función de la poesía. Mnemosine revela los secretos del pasado, pero también introduce al poeta en los misterios del más allá.2 La memoria, la poesía, es el antídoto contra la muerte y el olvido; en efecto, en el descenso órfico a los infiernos, el poeta debe sortear las aguas del Leteo y, acudir a la fuente de la Memoria, fuente de inmortalidad (Le Goff, 1991: 146). Si hay poesía, no hay olvido: "Nada puede borrarse de este mundo".

    Silvia Pratt ubica su deixis de inmediato: el lugar de la escritura de este libro, la isla de Montreal,3 se transforma en el poema en la isla de luz: la mítica Delos, la isla flotante que fue cuna y madre de Apolo; y en agradecimiento por haberlo cobijado, el dios cubre a Delos de dones y privilegios, entre ellos, quedar sujeta al fondo del mar por cuatro pilares.4 Así resiste la isla los golpes de Tetis: las inclemencias y las tormentas, siempre firme, nunca titubeante. De igual manera resiste la voz lírica: Prometeo encadenado y sufriente:

    ¿Qué fue de ti, Delos?

    ¿Alguien podría otra vez sentir la savia de tu entraña?

    Y escribo desde esta isla, 
    desde este espacio ajeno,
    desde esta roca en la cúspide del mundo.

    Prometeico destino me abrasa.
    El picotear del buitre me devora lentamente:
    cada instante devasta la cuerda de mis días.

    Llega la tormenta y el dolor humano es patente; encontramos entonces a la voz lírica sumida en la desesperanza:

    Como la bruma más espesa nunca vista,
    una cortina saturada de gris
    me impide ver más allá del grisáceo cielo.
    Ah, la tormenta cayendo sobre mí.
    Cuánta pesadumbre despliegan los relámpagos.
    La soledad desgarra la entraña de los robles.
    Rumor que sofoca.
    Brisa y viento se amalgaman.

    A pesar de todo, el alma sobrelleva los avatares y, después de todo, queda la esperanza: "Y la pandórica luz jamás sucumbe". Después de la tempestad viene la calma, dulce, clara, nítida:

    Sólo un claro reconforta del vacío,
    sólo ante la luz escampa el alma.
    […]

    Destila claridad el aire.
    tanta nitidez me ciega.

    Y, sin embargo, a continuación de esta claridad; una nueva desazón, otras preguntas que tienen una recóndita raíz existencial en la que el alma padece una radical zozobra; por eso también la estructura del poema se le aparece al lector como una espiral, redundante y laberíntica:

    ¿Cómo salir de las tinieblas laberínticas
    con la luz que germina en una cueva
    si en pleno día los dedálicos senderos
    nos entrampan y enredan cual sargazos?

    ¿Por qué al descubrir la certidumbre
    seguimos dando vueltas en el mismo sitio?.

    Prevalece la pregunta retórica y se percibe un retorno al Caos, donde, parece, la poeta claudicará, convencida de que es imposible erigirse en nuevo demiurgo, desconfiada de la palabra. La voz lírica se enfrenta al mundo y al Absoluto, y quizás presiente que la verdad humana está definida por el constante sufrimiento que culmina en un repliegue interior, en acinesia:

    Miente quien diga que no ha estado alguna vez
    paralizado por el miedo o por la angustia,
    quien afirme que no ha sentido el corazón
    como un trozo de mármol.
    Metamorfosis de la carne en roca.

    No obstante, la actividad creadora continúa; la voz lírica no cae en el tedio sino en un vivir el mundo, a pesar de todo, erguida y firme, presintiendo su final y, por lo tanto, perpetuando su memoria:

    Y aquí,

    erguida,

    aunque un día seré sólo una sombra

    que se esfumará de esta isla,

    vivo cada instante

    estirando el tiempo hasta la médula5

    En los momentos en que alumbra la esperanza, la voz lírica se da a la tarea de exorcizar sus demonios y de hacerse cargo de hercúleas encomiendas: poner un alto el pesar, la angustia, el miedo, la nostalgia, las dudas, la melancolía para concluir: "He de sostener en mis manos frágiles el mundo".

    Toda experiencia poética genuina comprende un impulso hacia lo Otro, la búsqueda de una alteridad en la que el hombre logre trascender su soledad. En Isla de luz está también el otro, el del espejo, la dualidad; a veces cercano, otras con una voz lejana; pero la verdadera afirmación está en el yo, en la palabra propia: "Mi único santuario es la palabra/ Mi voz en un ritual/ confronta los secretos de las musas". Así, Pratt, espectadora de su propio poema, se erige como demiurgo y renace en el poema que la restituye a la existencia. Ahí confluyen, se enfrentan y se disipan todas las dualidades que nacen de la doble vertiente de su actitud, metafísica y humana: vida/muerte, luz/sombra, movimiento/acinesia, lejos/cerca, esperanza/desesperanza. Porque ser alguien que sufre tales ambigüedades es, finalmente, ser. Y estar, erguida, incólume: "Estoica,/ como estatua,/ me yergo en esta isla,/ soporto la erosión del agua y del viento".

    El poema es como una espiral: ondulante, recurrente, como la memoria, como la palabra, va y viene, duda y afirma. Recursos persistentes son la pregunta retórica, la repetición y la anáfora —"Cuando el fuego expira,/ cuando un amor se extingue,/ cuando una voz se diluye entre penumbras…"— que contribuyen a homogeneizar melódicamente la estructura, pero, quizás más importante, a subrayar ciertas significaciones, a insistir en la angustia y en la esperanza humanas, con este discurso iterativo, como la vida misma.

    El sentimiento que comunica el poema proviene de una experiencia madura, profundamente humana: la propia existencia, nuestro devenir en el tiempo y el espacio:

    Lentos

    mis pasos armonizan

    el rumor de las aguas.

    Y así lentamente

    existo

    mientras el río mi llanto bebe.

    El poema inicia en caos y se resuelve en esperanza, en luz; al final, se da la aceptación de la condición humana y la confianza en la permanencia de la memoria y la palabra; siempre desde su isla, la voz lírica afirma: "Aquí volverá a gestarse el mundo./ Aquí los ojos de la aurora lo develarán mañana". Y ahora se entiende el porqué del epígrafe de Hölderlin con el que inicia Isla de luz: "Un verano y un otoño más os pido, Poderosas, para que pueda madurar mi canto", tomado del poema "A las parcas". En otros versos de dicho poema, Hölderlin enuncia:

    El alma que aquí abajo fue frustrada
    no hallará reposo, ni en el Orco,
    pero si logro plasmar lo más querido
    y sacro entre todo, la poesía,

    entonces sonreiré satisfecho a las feroces
    sombras, aunque debiera dejar
    en el umbral mi Voz. Un solo día
    habré vivido como los dioses. Y eso basta. (Hölderlin, 1977: 107)

    Pratt retoma del poeta alemán la idea de que el poeta, vía la palabra, puede convertirse en "hombre divino" y acceder a la Belleza y a la eternidad. De ahí también que constantemente la voz lírica de Isla de luz invoque a diversos númenes: Mnemosine, Prometeo, Hércules o Sísifo, y que, trascendida la invocación, llegue a metamorfosearse en ellos.6 La búsqueda, el viaje, es reencuentro. Si bien la vida está llena de oscuridad y desconsuelo el ser humano —en esta dualidad humana/divina— se congratula con la vida y con la poesía —género de índole luminosa— y encuentra la luz. LC

    Notas

    1 Isla de Luz (Conaculta, México, 2004) es el más reciente libro de Silvia Pratt. En su obra anterior se encuentran los libros de poemas Encendido espacio (Instituto Mexiquense de Cultura, Toluca, 2000); Caldero ciego (Editorial Praxis, México, 2000); Crujir de la hojarasca (UAEM-La Tinta del Alcatraz, Toluca, 2001); Espiral irrepetible (Editorial Praxis, México, 2003) y Trazos (Tintanueva, México, 2005, "Colección Oscura" Palabra, 38"). En estos poemarios la autora subraya las ambigüedades humanas, el claroscuro, la divinidad y la importancia de la palabra. Tanto en Caldero ciego como en Isla de Luz ha cultivado el poema largo para abarcar con un tono reflexivo e iterativo, un mayor cúmulo de experiencias humanas. El poema de largo aliento le permite dudar, negar, preguntar y responder múltiples cuestionamientos, una y otra vez, en una estructura en espiral que parece haberse convertido ya en su personal estrategia lírica y que alcanza en Isla de luz una afortunada consolidación.

    2 Para una puntual elucidación del vínculo entre memoria y poesía, Cfr. Jacques Le Goff, (1991).

    3 El poema fue escrito de junio a octubre del 2002 en Montreal. La lejanía, la soledad y la experiencia del viaje que marcaron a la autora son también los motivos del poema.

    4 Cuenta la mitología que Delos era también una isla rodeada de cisnes, el símbolo por antonomasia para simbolistas y modernistas de la belleza, la poesía, el ideal. Apolo mismo simboliza la espléndida superioridad de la belleza. El vínculo Delos-Poesía es evidente.

    5 El subrayado es de la autora.

    6 "El primer hijo de la belleza humana, de la belleza divina, es el arte. En él se rejuvenece y se perpetúa a sí mismo el hombre divino. Quiere sentirse a sí mismo, por eso coloca su belleza frente a sí. Así se dio el hombre a sí mismo sus dioses. Pues al principio el hombre y sus dioses eran una sola cosa, y en ella, desconocida de sí misma, estaba la belleza eterna", (Hölderlin, Die älteste Systemprogramm, citado por Argullol, 1984: 63).

    Argullol, Rafael (1984), El héroe y el único. El espíritu trágico del Romanticismo, Madrid, Taurus.
    Hölderlin, Friederich (1997), Poesía Completa, Barcelona, Ediciones 29.
    Le Goff, Jacques (1991), El orden de la memoria. El tiempo como imaginario, Barcelona Paidós.







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    Abderrahim Al-Khassar 

    Abderrahim Al-Khassar (Marruecos, 1975). Entre sus publicaciones se puede citar: Por fin llegó el invierno (2004), Miro y me basto con mirar (2007), Fuegos amigos (2009), Una casa lejana (2013) y El otoño de Virginia. Viajes a América y Europa (2017). Fue elegido en 2010 por la organización británica Hay Festival como uno de los treinta y nueve mejores autores jóvenes del mundo árabe. Recitó su poesía en varios encuentros poéticos y festivales de poesía en el mundo árabe, Europa y América. Fue galardonado en 2011 con el premio Bland Al-Haidari, otorgado por el Foro Internacional de Asilah (Marruecos). Su poesía ha sido traducida al francés, inglés, alemán, sueco y castellano.  



    URTAN (1)

    Deja de mirarme tanto
    esto no es un cuerpo
    es una estantería de libros cubierta de polvo.

    Antes
    fui un pescador perseverante
    engañé al río con una caña corta
    pero ahora perdí la caña, el anzuelo y las redes.

    Contigo recorrí las montañas del Sur
    sabiendo con certeza que nada me iba a impedir que lo hiciera
    contigo crucé aquellas montañas
    como un águila agarrando a una presa.

    Estaba andando hacia ti
    mientras doblaba el bosque, aplastando las espinas y las piedras
    como si yo solo
    fuera manadas de elefantes perdidos.

    Pregunta a los muros de la finca y a los cañaverales
    pregunta a las casas rojas de Tiguisas
    pregunta al muro trasero de la antigua escuela
    pregunta al árbol de arganía bajo el cual los bereberes incendiaban
    las velas para que se casasen las niñas
    pregunta al santuario abandonado en la cima de la colina
    pregunta al puente caduco construido en urtan sobre un río vacío
    pregunta a los almendros donde dormía nuestro amor al mediodía
    pregunta a las grullas que contábamos con tristeza
    mientras escapaban de la trampa
    pregunta al camino que llevaba a Madau
    pregunta a tu corazón cuánto mi amor fue tan violento como una cascada
    tan tranquilo, también, como una hierba que sube perseverante entre las rocas.

    Antes
    fui un pescador perseverante
    engañé al río con una caña corta
    pero ahora perdí la caña, el anzuelo y las redes.

    Deja de mirarme tanto
    esto no es un cuerpo
    es una estantería de libros cubierta de polvo.



    Hassan Mutlak



    HASSAN MUTLAK

    Necesariamente a Marua y Sara,
    hijas de Hassan Mutlak

    -HA-
    Están cayendo sucesivamente
    las palabras que anhelo pulir de madera
    y colgar con mucho cuidado sobre la puerta.

    -SA-
    La habitación donde vivías ya está muerta
    las paredes están sollozando
    el candelabro alto está inclinado
    y el florero de barro se apartó a una esquina de la habitación
    y se sentó a sufrir sólo por ti.

    -N-

    Estoy de pie en el umbral
    dejando la puerta entreabierta
    negándome a entrar
    espío a tus sombras con temor a las mías
    y me pregunto igual que Andree Chedid:
    ¿Qué utilidad tienen las palabras frente a quien agoniza?

    -MU-

    Los francotiradores de quienes fuiste victima
    no eran tontos
    sólo trataban de sacar un pequeño ángel del infierno
    a lo mejor eran ciegos
    por eso te pegaron un tiro en vez de echarte flores.

    -T-

    Tu madre aún sigue en su tumba
    de pie cerca de la ventana
    enterrando los cadáveres de los recuerdos
    preguntando por ti a los recién muertos:
    ¿habéis visto a un niño del Norte de Irak?
    ¿habéis visto a un niño que metía sus juguetes en el sótano de los vecinos?
    ¿un niño que arrastraba un antiguo cañón
    y derribaba su avión de papel
    luego barría el campo de la guerra
    y se sentaba fuera de la casa a escribir las novelas?


    -LAK-

    Fueron dioses en sus castillos, Hassan Mutlak
    ¿entonces por qué son ahora como las ratas?



    Otra imagen de Abderrahim El Khassar



    NOTAS

    1.-Urtan: Es una palabra bereber que significa “campos” en singular “urti”.
    2.-Tiguisas : Un barrio bereber.
    3.-Madau : Una aldea montañosa al sur de Marruecos.
    4.- Hassan Mutlak (1961-1990): novelista, poeta y pintor iraquí, considerado por algunos de los intelectuales    iraquíes, como el Lorca iraquí. Fue ahorcado por el régimen dictatorial en 1990 por haber participado en un intento de golpe de Estado. Es el hermano mayor del escritor y traductor iraquí Mushin Al-Ramli.

    http://www.crearensalamanca.com/dos-poemas-del-marroqui-abderrahim-el-khassar-traducidos-por-abdallah-taouti/








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  • 02/27/17--09:39: HELGE KRARUP [19.969]

  • Helge Krarup 

    Helge Krarup  (Odense, Dinamarca  1949). Poeta, traductor y dramaturgo. En la Universidad de Copenhague obtuvo tres licenciaturas: Historia del cine (1970); Literatura danesa (1980) y Español (1992). Es profesor en el Instituto Johannes Gymnasiet (Frederiksberg) y, desde 2010, preside la Sociedad de Escritores Daneses y Suecos (Dansk-Svensk Forfatterselskab). Ha traducido y publicado cuatro libros de Vicente Huidobro y una antología de Nicanor Parra (esta última, con Gloria Galindo y Pablo Naranjo Golborne). También ‘Patty Diffusa’, de Pedro Almodóvar, o poemas de Belinda Zubicueta, entre otros muchos cuya obra ha promocionado en revistas de su país.  Traduce al danés desde el inglés, alemán y español. Como creación propia ha publicado poesía (debut 1983), obras dramáticas para jóvenes, libros sobre literatura, cine experimental, arte de luz, artistas y otros textos. En 1980 hizo su viaje de estudios y estuvo entre los Shipibo, tribu de la selva peruana.




    ENCUENTRO ENTRE DOS MUNDOS

    Traducido por Gloria Galindo

    la flor
    resplandece en la alborada entre las hojas de los árboles
    el ave
    cuyo pico irradia más que su plumaje
    como la flor del la rama del árbol
    que llevas en tu cabello
    los picos de las montañas
    brillando en tus dientes
    entre tus tiernos labios como la greda fina del río
    y la suavidad de tu voz
    es caricia cuando tu me respondes
    cuando contestas a mi ignorancia
    con el discurso lógico y sorprendiente de tu experiencia brutal
    y me entrego a tu vientre
    y descubro que nunca te alcanzaré
    como al hombre que nunca alcanzaré
    el más pobre que he visto
    corriendo entre coches en una calle en Lima
    vestido solo con su saco de plástico azul
    (necesidad de sobrevivencia observada
    desde la tutela protectora de la exuberancia)
    como al niño que nunca alcanzaré
    que en los brazos de la madre en el pueblo shipibo de Mashpaya,
    llamado por los blancos Nuevo Edén,
    a orillas de un afluente del río Ucayali
    en el vaho caliente de la selva
    deja caer la cabeza hacia atrás
    muriendo de deshidratación
    La Vida se vuelve espuma contra las rocas
    El Tiempo deposita sus imágenes en la arena
    tú, continente, fondeadero de sueños ajenos
    estamos 500 años del comienzo
    a millones de muertes, cuya sangre
    y billones de lágrimas, cuyo llanto
    han llenado tus ríos de oro
    y cubierto los picos de las montañas al sol
    has mantenido los barcos de Europa flotando
    y nutrido el árbol
    cuya fruta se regoce en USA
    mientras el pistaco o el ñakaj, el demonio de la noche
    cuya felicidad es matar y chupar la grasa del cuerpo
    hace la noche insegura y sin rumbo
    como el aullido de los perros
    y el miedo ante el golpe de una puerta, un coche y pasos corriendo
    el viento trae sueños y se los lleva otra vez
    como palabras al calor del día
    tú, mujer, de mejillas heridas por el sol
    relegada a las piedras infecundas de las montañas
    tú, niño, de pies descalzos en la mañana fría de los Andes
    que nunca has probado mantequilla, leche o miel
    aquí en los campos celestiales de la tierra
    de las sopas de manteca y las patatas cosidas en la tierra
    mis labios estériles se niegan a besar
    tu boca mocosa
    cómo vas a deletrear tu futuro
    tú, hombre, aquí estoy y te hago sombra
    y tú inclinas la cabeza con una sonrisa
    y pides más dinero, buen señor
    “buen señor”,  Mensch, ponte de pie
    pero hace tiempo que te pusiste de pie
    te pusiste de pie mucho antes que yo llegara
    y cuando me haya ido tu respiración
    sonará a golpe de música de quena en el altiplano
    y golpes de vientre del tambor entrando
    en mujeres y hombres que cuentan
    en colores y dibujos entretejidos en su ropa
    el sueño, el lugar, la vida y la muerte
    no, vuelo lejos del manto de árboles de la selva
    entre los picos de las montañas
    sobre el desierto costero y la neblina amarilla de las ciudades
    y te llevo en mí
    ahora
    que desapareces en una imagen

    http://www.crearensalamanca.com/poemas-del-uruguayo-washington-benavides-y-del-danes-helge-krarup/




    Helge Krarup

    Født 1949, Odense.
    Gymnasielektor; bor i København.
    Debuterede i 1983 med digtsamlingen, Skæv gang gennem byer og en bog om digteren, Peter Laugesen.
    Har siden udgivet bl.a. drama, kunst- og filmhistorie, samt oversættelser.

    *

    Kul bliver som glas
    Lys trænger ind i stenen
    Diamanternes ild

    Mit forladte smil
    bag stivnede regndråber
    Synet af sekunder






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    LUIS VALLE GOICOCHEA

    Luis Valle Goicochea (La Soledad, Perú, 2 de noviembre de 1908 - Lima, 13 de agosto de 1953). Poeta, narrador y periodista peruano.

    Luis Valle Goicochea nació en La Soledad, pueblo perteneciente al distrito de Parcoy, en la provincia serrana de Patáz, en el departamento norteño de La Libertad, República del Perú. Hijo del trujillano Francisco Valle del Castillo y de la dama "sholana" (nombre con el que se les conoce a los nacidos en La Soledad) Jovita Goicochea Salvatierra.

    Aunque se sabe que su nacimiento ocurrió el 2 de noviembre, no se ha precisado exactamente de que año; el Dr. Luis Alberto Sánchez conjetura que fue en 1906, Luis Monguió en 1908, Esther Allison y Aurelio Miró Quesada en 1911 y José Gonzáles Morante sostiene en una tesis doctoral el año 1910.

    Estudios

    Estudió hasta el 3º año de primaria como alumno de sus padres, que eran maestros de la única escuela de la zona. Es en esta edad donde Luis Valle capta todo lo vivido en su hogar y en la escuela para luego plasmarlo en el papel, dándole forma de composiciones en prosa y en verso. A la edad de nueve (9) años, el niño Valle termina el tercer año de primaria y sus padres deciden enviarlo a Trujillo para que continúe sus estudios primarios y luego su secundaria, quedando a cargo su abuela paterna Doña Clarita del Castillo Valle.

    Sus estudios en Trujillo los realizó en el Seminario de San Carlos y San Marcelo y en 1926 cuando termina la secundaria, viste dos años la sotana de postulante para sacerdote en el mismo Seminario. Ciro Alegría lo recordaba así: "Extraordinariamente flaco, a tal punto que parecía enfundado en la pulcra sotana. Ceñíase a la cintura una faja de tela azul, cuyos extremos colgaban a su lado. Era su distintivo de seminarista. La cara, de rasgos finos y color blanco pálido, tenía la expresión de melancolía que se acentuaba en los ojos". Es la más difundida prosopografía del adolescente Luis Valle Goicochea, nos dicen sus biógrafos.

    Entre la bohemia y el periodismo

    En 1929 abandona los estudios religiosos é ingresa a trabajar al diario La Industria de Trujillo, que era dirigido por Don José Eulogio Garrido, otrora gran animador del grupo "La Bohemia". Se hizo responsable de una columna a la que titulo "Hilvanes", escribiendo con el seudónimo de LUVAGOIS.

    En esta época es tentado y empujado a enrolarse en la bohemia trujillana, siendo conocido por sus tendencias platónicas al enamorarse de las chicas más bellas de la ciudad, pero sin confesarles jamás su amor idílico. Justamente una anécdota muy recordada es el duelo que sostuvo con JUFERQUE, seudónimo del periodista trujillano Julio Fernando Quevedo Iturri, por el amor de una cantante chilena de paso por la ciudad y que actuaba en el Teatro Municipal. La cita se realizó en la Ruinas de Chan Chan y fue una broma que le jugaron Ciro Alegría, un arequipeño de apellido Zagarra y otros amigos del diario La Industria, quienes usaron pistolas de fogueo para tal fin, sin que los duelistas se dieran cuenta.

    Luis Valle se entregó luego con ahínco a su quehacer poético y también compuso algunos cuentos, los que enviaba a Lima y eran publicados en "Variedades", conocida revista de la época. Este tiempo trujillano, de los primeros pasos, fue el más feliz en la vida de Valle Goicochea. Es así como comienza a alentar el proyecto de irse a Lima, pues ya tenía versos suficientes como para publicar un libro. No tenía mucho dinero y vendió sus cosas para realizar el viaje.

    Ciro Alegría recuerda así su partida: "Nos despedimos en Moche, donde estaba veraneando su familia. Contra lo que yo esperaba, el sensitivo Valle se despidió con notable sobriedad. Estrecho un poco más a su hermanita, muchacha delgada y paliducha, de amplia cabellera rubia, a la cual tenía gran cariño. Ocupó un asiento al lado del chofer y se alejó sin voltear. No debía retornar mas a Trujillo ni al estado de espíritu que lo hizo alejarse. Cuando años después lo volví a ver en Lima, Luis Valle Goicochea era distinto. Llevaba una dura impronta de tristeza".

    Años de su formación literaria

    Llegó a Lima el verano de 1930 y después de dos años de dura brega consigue el apoyo de Don Enrique Bustamante y Ballivián y publica "Las Canciones de Rinono y Papagil", obteniendo un gran éxito con su primer libro. En esta obra, su imaginería lírica nos presenta al pajarito Rinono, que canta para que lo oiga la Rarra. Están presentes también Papagil, el tío cuyos ochenta años son como "ochenta hormiguitas blancas", la Quequita con su terrible dolor de muelas, la pobre gatita, engreída de todos, los hermanos Juan y Clarita, Doña Sacramenta, la hilandera, Danielito, el Sacristán, etc. Estos personajes tienen como transfondo el pueblo de casa apretadas y tortuosas, por donde desfilan apacibles asnos, mientras se escucha amanecidas campanadas y los niños retozando en la Escuela o en la Pila de la Plaza.

    En 1934 publica su segundo libro, "El Sábado y la casa", obra literaria en verso que lo consagra en la poesía peruana. Los temas son los mismos, pero ya la nostalgia y el misterio le dan un acento doloroso. Como dice Don Aurelio Miro Quezada, "El mozo viste pantalón largo; la Rarra, antes locuaz, ahora se queda pensativa". El sol sigue iluminando las mañanas, pero ya "la tristeza camina por las calles del pueblo". Han muerto una hermana, la tía Rosario, el primo niño; ya no quedan "ni rastros de las casita de Don Jesús Ampuero". Hasta la escuelita ha sido suprimida , y el 28 de julio "nadie pondrá banderas en su puerta".

    El mismo año de 1934, simultáneamente con la presentación de su segundo libro, el poeta se inscribe en la Facultad de Letras de la Universidad Católica, para seguir estudios superiores. Sin embargo, la falta de recursos económicos y la bohemia, lo frustran nuevamente. En vista que ya no podía estudiar, se decide a escribir en el diario "La Prensa". Mientras tanto, forma parte de "El Círculo del Duende", en donde están José María Eguren y otros escritores.

    El año 1936 publica otro libro, "La Elegía tremenda". En esta obra continúa aquel tono de recuerdo cada vez más doloroso, en el cual, la muerte es una presencia reveladora.

    En 1938, Luis Valle regresa a Trujillo y publica dos libros, "Parva" y "Los zapatos de cordobán". El primero es una coleción de poemas en prosa, que vuelve al tono primigenio y en ella aparece nítidamente las figuras del padre y de la madre. Este poemario se enlaza con otro que publico en 1939, de igual intención, "Paz en la tierra", donde el hogar y la muerte delinean mejor sus contornos.

    Sin motivo aparente, Luis Valle regresa a Lima y conoce a otra dama de la que se enamora perdidamente. Esto ocurre en 1940. Miss Lucy King es el nombre y le dedica un poema, el cual representa la apertura a una nueva dimensión espacial. Lucy King, mezcla de realidad e irrealidad, es la mujer amada, una y diversa, que el poeta reclama por lejanos países y luego se despide dentro de una atmósfera de claroscuros y de recuerdo.

    Inesperadamente el año 1943 ingresa al Convento de San Francisco y es enviado luego al Cusco "como padre franciscano, al mundo de la obediencia y a cumplir un designio". Escribe composiciones religiosas, así como un ensayo dramático titulado "Jacobina Sietesolios", referido a los últimos días de San Francisco y que fue publicado en Arequipa en 1946. En el Cusco escribe también "Temas inefables" y "Marianita Coronel". Quebrada su salud por causa de una dipsomanía, abandona el Convento y se dirige a Arequipa, donde es redactor del diario "El Deber" dirigido por el fraile mercenario Victor M. Barriga.

    Regresa a Lima en 1948 y trabaja en el Museo Arqueológico, en la Biblioteca del Seminario de la Facultad de Letras de San Marcos y en el diario "El Comercio", donde firmaba con el seudónimo de "Carlos Bernabé". Su especialidad era redactar reportajes y crónicas sobre distintos problemas sociales, así como notas líricas profundamente humanas.

    El final

    Su salud empeora y pasa dos meses, febrero y marzo de 1950 en un sanatorio. Escribe en el hospital "sus sueños" como parte de su terapia, que "El Comercio" publicó póstumamente. Percibe profunda angustia, soledad y frustración. En el "Diario del Hospital", que Esther Allison publicó años después de la muerte del poeta en "El Comercio", constan los siete días más dolorosos que padeció el poeta, fijados del 08 al 14 de mayo de aquel año. La misma tristeza se manifiesta en las cartas dirigidas a la escritora y amiga, en donde el poeta da fe de su "lucha contra el demonio".

    La salud del poeta era muy delicada, oscilaba entre la vida y la muerte. Esta situación se debía a la escaza alimentación y la constante bebida alcohólica, vicio que lo obligaba a huir de los nosocomios a donde lo llevaban sus familiares y amigos. Generalmente en las noches lo localizaban en las cantinas de mala muerte, de donde salía casi siempre en las amanecidas para guarecerse como sea.

    En la mañana del 13 de agosto de 1953, la policía lo encontró moribundo, quizá atropellado por algún automóvil. Lo encontraron debajo de un banco, en la Plaza Italia. Se lo llevaron a la morgue. Nadie sabía quien podría ser. Para identificar su cadáver la policía debió trabajar duramente, porque no podían imaginar que ese desconocido que había caído en el caos y la miseria, fuese un ilustre poeta y escritor. Ernesto Moore escribió al respecto: "Valle, que parecía destinado al ara y al misal, terminó sólo con el cáliz. Murió fiel a la sangre de Cristo y fiel también a la Doctrina del Maestro: sin un centavo y con el alma blanca".

    Sus restos fueron velados en el antiguo local de la ANEA (Asociación Nacional de Escritores y Artistas), cuyos dirigentes invitaron al sepelio.

    Obras publicadas

    Las canciones de Rinono y Papagil, 1932.
    El sábado y la casa, 1934.
    Al oído de este niño, 1935.
    La elegía tremenda, 1936.
    Los zapatos de cordobán, 1938.
    Parva, 1938.
    Paz en la tierra, 1939.
    Sal, 1939.
    Amor acecha, 1939.
    Miss Lucy King, 1940.
    Marianita Coronel, 1943.
    Tema inefable: Cusco - Arequipa, 1945.
    Jacobina sietesolios, 1946.
    El naranjito de Quito, 1951
    El árbol que no retoña, (Inconcluso)




    ¡FELIZ ELLA! 

     A la memoria de mi hermana Clemencia 

    Partió una tarde clara y luminosa 
    sin saber de dolores ni de penas,
    sin saber de recios batallares
    de la amarga existencia.....
    y allí está su sepulcro en el humilde
    y triste camposanto de la aldea;
    la tarde al declinar, hemos dejado
    sobre la losa un ramo de violetas. 
    Y mi madre, mi padre, mis hermanos
    y yo, apoyando la rodilla en la tierra,
    a coro, hemos rezado
    por el alma feliz de la pequeña:
    de mi hermanita buena y pequeñina
    que, remontando el vuelo de la tierra, 
    huyó una tarde clara y luminosa
    del cielo azul a la región serena. 
    Al salir del humilde cementerio
    aunque con voz adolorida y trémula
    pero dulce tranquila y resignada
    mi madre nos ha dicho: ¡feliz ella!
    Mis hermanos, mi padre y yo sintiéndonos
    heridos por igual honda tristezanos hemos repetido
    tranquila y dulcemente: ¡feliz ella!
    ¡Al tornar por aquella que conduce
    al camposanto solitaria senda
    como en la tarde había en nuestras almas
    un no sé qué recóndito de pena!




    FUE UNA TARDE...

     A Gonzalo Meza Cuadra, alma de artista 

    Fue una tarde triste, pensativa y doliente:
    copiabas la belleza de la tarde en el lienzo
    cuando pasó el poeta, cansado y abatido
    de belleza sediento.

    Fijáronse en el lienzo, sus ojos fatigados
    y sintió la inefable emoción de lo bello,
    susurraron las frondas misteriosas de su alma
    y en su nido cantaron, las tórtolas del verso.

    De aquella tarde triste, pensativa y doliente 
    de mi vida en el libro, ha quedado el recuerdo.
    ¡Y tristes por la vida, nuestros dos corazones 
    van como dos hermanos
    pensativos y buenos!




    ERES TÚ...

     Al Rvdo. P. Ángel Bustos B. con inmenso afecto 
    y profunda gratitud 

    Eres tú el jardinero
    de grande y generoso corazón,
    a quien debe sus flores
    mi jardín interior.

    Por ti el rosal del verso de capullos
    y brotes se cubrió,
    por ti floreció en mi alma
    la flor de la canción.

    De espíritus selecto jardinero
    de mi canto el perfume embriagador
    aspira hoy que para ti florece,
    la flor de la canción.

    Mis canciones son tuyas, por ti canto
    desde aquel día en que le plugo a Dios
    nuestras sendas juntar 

    ¡Oh jardinero
    de grande y generoso corazón
    a quien debe sus flores
    mi jardín interior!




    13 de mayo de 1928

    CANCIÓN MATERNAL 

    ¡Hijo mío, pedazo de mi corazón, te amo, te adoro! 
    Juntas van e irán nuestras barcas por el mar de la existencia.
    Si espino te tornases, no por eso dejarían mis
    brazos de estrecharte: Serían para mí tus aguijones,
    inocentes caricias.
    Dulce es sufrir por ti.
    Mira ese cielo purísimo y azul; si a él vuelvo algún día
    ¿irás en pos de mí? Si tú me precedes, he de seguirte;
    eres pedazo de mi corazón, y él no podría vivir despedazado.
    ¡Hijo mío, te amo, te adoro!





    ESCRIBE – ME DIJISTE...

    Escribe me dijiste alargándome tu libro en blanco.....
    En su alba primera página tenía fija la mirada sin acertar a escribir.
    Escribe –repetiste– y tus taumaturgas palabras hicieron el dulce
    milagro: inexplicablemente estampé en la primera página de tu libro
    por nadie escrito todavía, un poema, acaso el más hermoso de mi vida.....





    ES MI MELANCOLÍA

    Es mi melancolía como el cielo. ¡Para ese cielo convierte, el dolor,
    en estrellas las gotas de mi acerbo llanto! 
    Y son mis cantos un vasto Océano cuyo sordo rumor te hace llorar;
    ¡y en el seno tenebroso de ese mar tus lágrimas se convierten en perlas!




    LÁGRIMAS Y RECUERDOS 

    Dulces recuerdos y piadosas lágrimas,
    hermanos sois lágrima y recuerdo.
    ¡Añorar y gemir! 
    Cuántos resabios
    de dichas y amarguras deja el tiempo.
    Nace en el alma una esperanza nueva
    al lánguido fugar de cada ensueño
    brota una lágrima piadosa
    al nacer en el ánima un recuerdo.

    (Setiembre de 1927)





    ES INÚTIL 

    Cada cual su tragedia, secretamente vive;
    es inútil no quieras
    preguntar al hermano si es feliz o si sufre...
    Es inútil, no quieras que tu dolor comprendan.
    Confúndete en la humana caravana, en silencio.
    Secretamente rumia, tus dolores, poeta.
    No interrogues a nadie si es feliz o si sufre.
    Es inútil, no cuentes a nadie tu tristeza...

    (Julio de 1928)




    CANTAR 

     Para yo

    Lontano retumba el trueno
    se acerca la tempestad.
    Por el cielo negras nubes
    se ven ligeras cruzar,
    alumbra instantáneamente
    el relámpago fugaz. 
    A su nido el ave inquieta
    torna con raudo volar.
    Lontano retumba el trueno
    se acerca la tempestad.




    ESGUINCE INÚTIL 

    En mis ciegas utopías
    esquivar el sufrimiento
    cuántas veces he querido
    siempre huyendo, siempre huyendo.
    He cruzado cuántas sendas,
    cuántos áridos desiertos,
    cuántos prados, cuántos valles
    cuántos solitarios yermos.
    Más, al fin, me he convencido
    ¡ay! después de tantos yerros
    ¡que a la condición humana
    es innato el sufrimiento!




    CONSEJO

    Poeta, a nadie cuentes
    tus secretos penares indecibles.
    Que nadie sepa que sufres y que lloras.
    Es sublime el dolor, santo y sublime,
    cuando en silencio se sufre. ¡No te abatas!
    Poeta calla y lucha
    ¡sonríe siempre aunque el dolor destroce
    a zarpazos tu pobre corazón!




    SEQUÍA

    Brilla y reverbera el sol en su cenit.
    El hálito del verano, va quitando
    su frescor y lozanía a las plantas.
    Los árboles se menean perezosamente. 
    Y a pesar que está el día pleno de
    luz hay en todo tristeza, y triste
    está y reseco mi corazón poeta:
    ¡Se han secado mis lágrimas!





    16 

    Tú eres mi hermana porque escribiste
    conmigo, a escondidas,
    el apodo a Don Benjamín en la puerta de la
    casa. Porque una noche que llovía te preocupaste
    conmigo
    de un nido que la tala dejó al sereno...
    Porque cuando eras chiquita te cargó la
    Rarra...
    Porque nos miramos juntos en los ojazos de
    la vaca pintada...
    Porque mamá es tu mamá...
    ¿Te acuerdas?
    Sabíamos que los jilgueros jugaban en los
    árboles cercanos,
    y entonces la Rarra nos llamaba a mirar los
    últimos pollitos...
    ¿Te acuerdas? Estabas conmigo
    cuando murió mi corderito y para consolarme
    me ofreció otro Rosalía...
    Me preocupa hoy que estamos lejos
    la pared torcida de la casa vieja...

    Las canciones de Rinono y Papagil (1932)





    20

    Es cuando abrimos los ojos tras la siesta
    y se encuentra el lugar
    de la cuenta quebrada, y se echa
    de menos al que falta, cuando el gato
    ronronea al sol
    haciendo una buena digestión...
    Se advierte
    en todo una lánguida color,
    y se miran las cosas
    como después de un viaje...Todo tiene
    un extraño aspecto lívido...Se orillan
    inocentes peligros...

    Cerca al umbral soleado de las casas,
    las palanganas lucen
    el agua más transparente de las aguas.

    Peinan a los chicuelos sus mamás mojando
    distintos peines sucios
    en iguales porciones de agua que se irisan
    a la sumersión periódica del peine...
    Yo me pongo a contar las filas de saúcos.
    Esta mañana se ha ido no se quien entrañable...
    Mamá suspira:
    -A esta hora estará bajando
    a todo el calor del Marañón...





    RINONO Y PAPAGIL

    (1ª edición: Cía. De Impresiones y Publicidad. Lima, 1932. 57 pp.)

    Por: Luis Valle Goicochea (La Soledad, distrito de Parcoy, provincia de Pataz, región La Libertad, Perú: 2 de noviembre de 1908 – Lima, 13 de agosto de 1953).

    En este singular poemario, el poeta peruano Luis Valle Goicochea nos aproxima, nos anticipa un arranque de poesía egureniana pero ya no en la época dorada del poeta barranquino sino en los años trémulos que van de la primera a la segunda guerra mundial. Y cómo no va a ser poesía singular  y “egureniana”  con versos como estos:


    “Cantaban Rinono y Papagil
    Rinono en su árbol.
    Papagil tarareaba
    mientras se vestía al levantarse
    o cuando
    espumaba jabón para afeitarse.
    La Rarra me decía:
    -“Su Papagil canta pero desabrido”
    En cambio
    cuando cantaba Rinono nos hacía
    parar la oreja a todos.
    -“Rinono  canta lindo”
    decían la Rarra y mis hermanos.
    -“Rinono  canta lindo”,
    decía yo también.
    Era entonces;
    cantaban Rinono y Papagil”.

    (Las canciones de Rinono y Papagil. Canción 27).



    Hay candidez, hay inocencia infantil, pero sobre todo, lo que se descubre en sus versos es sinceridad. Valle Goicochea no imposta, no aparenta lo que no es. Si escribe como para un público que ama la Primavera y siente con la naturaleza es porque él también ama la Primavera y siente con la naturaleza.  Y la siente porque es un romántico post scriptum. Para el primer tercio del siglo XX el Romanticismo como escuela ya estaba periclitado: Más o menos cincuenta años de realismo, simbolismos, positivismo y vanguardias lo habían adormecido pero no matado por la sencilla razón que, cada cierto tiempo, a los “osos” de las escuelas más recientes les urgía volver a él para sacarle nuevas mieles al panal original. Para muchos, el Romanticismo como preceptiva estaba ya arrojado dentro del baúl de las antiguallas literarias, pero no lo estaba como sentimiento, como pasión o como pulsión…Con esa nerviosidad acezante que utiliza los símbolos en períodos largos y luego busca que llenar los intervalos en blanco con los sueños…


    “Niñito jesús
    te doy un aviso,
    y sea en secreto
    y muy despacito.
    mi mamá te está
    cosiendo un vestido,
    con orla dorada
    de linón blanquísimo,
    como para ti
    niño lindo, lindo.
    Y Clarita teje
    blancos zapatitos
    que son para ti
    ella me lo ha dicho.
    Yo ¿qué te regalo?
    ¿quieres un pollito?”

    (Id. Canción 13).


    La métrica no es exactamente fijada. Me recuerda la de los versos del viejo Romancero castellano pero sin rima. Pueda hasta ser calificada esta poesía exquisita como “El Romancero de la modernidad” o “del simbolismo”. ¿Y cómo se volvió esto, un “Romancero”? porque se le añadió, por una parte, el sentimiento de predilección por la naturaleza, y por otra, la nostalgia, una idea de poetizar la soledad pero encubriéndola lo más posible. Y si en el Romancero clásico, lo tradicional es ver al caballero “solitario” queriendo curar su  “mal” con la compañía de una joven y bella moza, en este “nuevo Romancero”, el solitario no sólo cuenta cómo vive su soledad para lograr así el “remedio” que una fragante doncella le pueda acaso ofrecer sino, principalmente, mostrar al lector un “cómo” muy personal de ver a la soledad perdiéndose entre los encantos de la naturaleza: Es pues, evocación pura, donde lo fugaz permanece…


    “Mi madre dijo acariciando el lomo
    de Otelo, el perro guardián de nuestra casa:
    -Pobre! Está viejo,
    ya ni siquiera puede
    roer los huesos que le guardan.

    Nos pusimos tristes. ¿Quién
    en toda la casa no quería la perro bueno?

    (Otelo buscaba las manos
    de nosotros, día y noche).

    A la mañana siguiente,
    llegó a su casa otro perrito,
    y nos contó la Rarra
    que vio dos lagrimones en los ojos
    empañados de Otelo”.

    (Id. Canción 35).



    Potencia evocativa es, así de sencillo, la poesía de Valle Goicochea. ¿Acaso es una curiosa e inesperada mezcla de Eguren con Vallejo? El poeta de Santiago de Chuco es evocativo y simbolista, como en “Los heraldos negros”, quizás su libro más próximo a la definición de lo que es lo evocativo en la poesía. Mas, el dédalo simbolista lo atrapó después con más fuerza que lo meramente recordatorio y, de ese modo, la potencia evocadora del recuerdo lejano hecho verso se volvió más bien en potencia evocadora de la idea lejana o perdida: “España, aparta de mí éste cáliz” es el libro más característico de este estadio vallejiano, en el que la evocación, el recuerdo, perdió su pureza.

    Se puede decir entonces que Valle Goicochea, el poeta de la soledad como alguna vez lo oí definirlo, que murió atropellado por un auto en una plaza del centro de Lima, con su semblante adusto y sereno, con su pasión por la naturaleza, hizo arrancar su poesía del poder poético de “Los heraldos negros” y siguió adelante en el camino que Vallejo pudo haber seguido. Y lo hizo con tanto brío, con tanta  fuerza evocativa y sin perder la serenidad, que a uno lo hace sentirse niño de nuevo.

    Es pues la suya, una poesía que merece ser más y mejor conocida: Altamente recomendable. (1)



    UN PASAJE PARA EL LETEO

    (1ª ed. auspiciada por el CONCYTEC. Premio Copé de plata 1988 de la IV bienal de poesía petróleos del Perú. Lima, 1989).

    Por: Alfredo Valle Degregori (Lima, 21 de julio de 1938 – id. 14 de enero de 2007).



    Un paseo por lo mejor de la poesía de todos los tiempos puede vislumbrarse en las páginas breves pero con mucha sustancia de éste poemario singular. A diferencia de Valle Goicochea, aquí el acercamiento a cierto espíritu poético clásico es deliberado; a lo clásico que fue y a lo que es en todos los idiomas y en todas las épocas de la literatura universal. Valle Degregori no se conforma con alimentar su estro con la rimbombancia de lo barroco o de lo rococó, lo que pudiera acaso pensarse de un autor que escribiese un libro similar, pletórico éste de malabarismos del lenguaje que, sin embrago, Valle si toma pero con moderación y nos los deja ver en su poesía, como buen poeta conceptista que es. Para él resulta que lo que en otros es acrobacia lingüística es el descubrimiento, para un lector cuidadoso, de los misterios de un gran arcano:


    “Fruta-mujer de senos tartamudos,
    astrolabio de cautos poemarios,
    níveo sostén de asirios estornudos
    escondidos en verdes relicarios.

    Croto feroz de párpados desnudos,
    cancionero de pétalos brumarios,
    método de los bárbaros membrudos
    que se matan en tantos calendarios.

    Magro festín de cáscaras de plomo,
    áureo disfraz de la mentada ofrenda,
    que ignora la magnolia en la contienda.

    Urna de color de cancionero romo,
    muda mujer de senos sin fractura,
    que bordean la voz de la locura”.

    (De. “un pasaje para el Leteo”. Primera parte: “Diez sonetos quevedianos”. IV: “mujer – fruta”. Ed. cit. p.10).



    Pero no se puede ser un conceptista en el siglo XX como lo podría haber sido en el XVII. Valle enfoca sus versos a las idas y venidas del espíritu humano de estos tiempos y los hace vibrar en sus versos, refinándolos lo más posible para lo cual los modos estróficos más tradicionales le caen como anillo al dedo. Y a esos modos los exprime y le sabe sacar la savia más pura, única manera de lograr acercarlos al modo de pensar contemporáneo.
    Y es que para conseguir eso, hay que saber también sondear las profundidades de la retórica más clásica posible, allí donde se encuentra el germen de la mejor poesía, allí donde entusiastas hombres de letras de todos los tiempos hallaron de igual modo su propia expresión. Y es que Valle Degregori sabía griego y latín y era toda una autoridad lingüística y, sobre todo, en el noble y difícil arte del corrector de textos, labor que cumplió durante muchos años en el diario decano de la prensa peruana, “El Comercio”. Sin duda, ese placer en los clásicos como su propio trabajo periodístico le permitieron estar al tanto de los sentires de otros, que no conocían tanto las lenguas clásicas como él, pero que con sus escritos por corregir le daban, seguro que sin querer, los materiales vivos para su tarea de armonizar lo tradicional con lo moderno. Todo esto fue su materia prima:


    “Bardo feliz que tejes tus mentiras,
    ensartando dos páginas y un texto,
    un absurdo, una náyade y un sexto
    sentido, que enmudece si deliras.

    Potencial creador de mar y cielo,
    ofensivo señor de la venganza,
    atrevido pintor de la esperanza,
    fabulario soez del desconsuelo.

    Víctima de tus propias virulencias,
    cáscara de la espuma de la vida,
    mustio cantor de la ilusión perdida,

    Ogro ruin de las bárbaras conciencias,
    satán sin trinche y ángel sin aureola,
    poeta de la cresta de la ola”.

    (Ob.Cit. Tercera parte: “Diez sonetos semigongorinos”.  IV: “Poeta”. p.34).



    Sin duda, saboreó las mieles del verso yámbico tanto como las del endecasílabo “al itálico modo”; pero lo hizo, y he ahí el detalle, de un modo lúdico. No sólo sueña y de sus sueños hace versos (como todos los poetas, buenos y no tan buenos) sino que juega con ellos, les busca una forma precisa y preciosa de cómo expresarlos. Lleva las palabras y las pone en una probeta o matraz del laboratorio de la lengua y con multitud de ingredientes de colores (porque lo plástico, también en un sentido clásico, como de pintura renacentista temprana, estuvo de igual modo presente en el hacerse de su poesía) obtiene resultados emocionantes. Claro, que como todo en poesía, no el 100% es bueno. Si no veamos esto:


    “Tener un barco, un ángel y un topacio,
    para que en días crudos de resaca
    te hagas al mar con viento de paraca”. (2).



    Esta “paraca” no me llega a convencer del todo, creo justo decirlo. Me parece que estropea la armonía del conjunto, hablando en términos estrictamente de forma, no de fondo, que queda a salvo.

    Pero, cuidado, pues esa catarsis del idioma que se alcanza en sus poemas (o, por lo menos, en la gran mayoría de ellos) no debe llevarnos al error de pensar que estamos frente a un poeta cómico. Felizmente no es así, pues cuando la poesía, o el arte en general, roza siquiera lo cómico, lo humorístico, lo bufonesco, adquiere también la predisposición a caer en el cinismo más antiartístico que se pueda uno imaginar. En Valle Degregori lo lírico se toma con la seriedad debida, sin excesos…Bueno, tal vez con uno solo: con la seriedad del profesor de literatura que en clase nos enseña a rimar con la métrica más tradicional (y por qué no, también con los motivos más tradicionales, dejando que nosotros mismos, en nuestro papel de lectores los adoptemos a nuestras propias circunstancias: He ahí el secreto, precisamente, de la supervivencia de todos los grandes clásicos). En eso “tradicional” o “clásico” encuentra el poeta una salida, una válvula de escape, para diferenciar su poesía, tan bellamente construída, de cualquier lirismo en prosa contemporáneo, en donde si bien hay mucho bueno también hay mucho malo pues se suele tomar el achaque de ser “verso en prosa” para escribir cualquier tontería.

    En el caso de Valle Degregori no es así. Cierto que se rescata en sus poemas la impresión que en él causa la naturaleza pero no una rural o campesina, una naturaleza campestre y bucólica, sino la naturaleza urbana de nuestra época, la del hombre y la mujer que viven en un mundo acelerado, sólo que el poeta le da apariencia de joya medieval, renacentista o barroca:


    “Con un chorro de sol en el pelaje,
    me incliné sobre el rostro del abismo,
    para entender del mundo el engranaje.

    pero al fondo me vi sólo a mí mismo,
    vestido con las plumas que la vida
    me regaló en un acto de exorcismo.

    Pues se sale corriendo en la partida,
    creyendo en el amor y en esas cosas,
    que mira el alma cuando no hay herida.

    Y empecé a caminar entre las rosas,
    pensando que por ser flores tan bellas
    no podrían volverse mentirosas

    También he contemplado las estrellas
    y la noche callada y todo eso
    que miran los poetas, pero ellas,

    Una vez que te causan embeleso,
    se duermen y se engríen en su espacio
    y ya no te darán nunca ni un beso. (…)”

    (Ob. Cit. Segunda parte: “Cinco poemas a la manera de…” – II: “Un balbucir al modo de Dante”. p. 21).


    Valle Degregori fue, pues un notable poeta conceptista en pleno siglo XX. Si tiene la oportunidad de leerlo, no la pierda.


    © Mario García Jarrín.
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    NOTAS
    (1)   La edición que yo tengo de esta obra es la que aparece en la imagen que encabeza este estudio, e incluye no sólo “Las canciones de Rinono y Papagil” sino también otras obras características de la poesía  grácil y alada de Valle Goicochea, como son: “El sábado y la casa”, “Al oído de este niño” y la prosa evocativa de “El naranjito de Quito” (Colección “Albatros”. Editorial Colmillo Blanco. Lima, mayo de 1989. 107 pp.). Mi homenaje sincero es para esta obra poética tan excepcional y, a la vez, tan poco conocida, pero por motivos de espacio escogí este poemario de Rinono y Papagil, que además da título al libro que tengo. Sin embargo, para su deleite, aquí unos fragmentos de estos otros poemarios incluídos en el volumen y que merecen ser leídos y estudiados:

    “Nunca olvidaré tu cara triste todo el tiempo,
    niño muerto del pueblo, compañero…
    Nunca te olvidaré…Gustabas como yo
    de ir a ver el monito de Leoncio
    y de arrancar flores
    en los caminos próximos en Mayo…
    Ya no volverás un 24 de diciembre
    con tu mamá a la casa,
    a tomar el nocturno té de Navidad…
    Hoy los gorriones cantan tristes,
    y no los alegra el agua. No sé dónde
    diez mil  cuervos clavan sus picos
    en el asno despeñado que se pudre,
    y amarga la corteza
    de los saúcos viejos”.

    (“El sábado y la casa”. Nº. 13. –En: “Rinono y Papagil”. Colección “Albatros”. Editorial Colmillo Blanco. Lima, mayo de 1989.pp. 35 – 36).



    “La famosa prenda
    perdida en un sueño,
    decir no sabría
    si era su dueño.

    La buscaban todos
    en cielos y aguas,
    en naves y lluvias
    y hasta en los paraguas.

    Pero nadie sabe
    que yo la encontré,
    que está presa como
    el pez en la red.

    La aprisiona un ansia
    dentro de mi pecho
    pero no lo digan
    guárdenme el secreto”.

    (“Al oído de este niño”. Nº 11. – En: Ob. Cit. p.62).


    “No llegué a comprender claramente aquello de la muerte de las tres matitas de violeta que tanto me gustaba cuidar. Regábalas cada mañana y cada tarde y cuando florecían -¡Oh, regalo de Dios!-  arrancaba las moradas florecillas y reapartíalas entre las manos tiernas de mi abuela y el ojal de mi solapa.
    -Gracias hijito- me decía ella, y añadía, aspirando su perfume: -¡Qué ricas! Se las voy a poner al niño Dios.
    De pronto me dije en voz alta como haciendo un recuerdo mientras cruzaba la sala:
    -¡Ya no florecerán las violetas!
    Era la postrera constatación.
    Habían segado las plantitas. Vino la pausa difícil que llega después del almuerzo. Estaba próxima la entrada al colegio; corrí a mi cuarto, escogí los libros que había de llevar y me encaminé a clase…
    Sentía el alma como en un breve vacío”.

    (“El naranjito de Quito”. – En: Ob. Cit. p. 96).

    (2)   Cfr. Ob. Cit. Tercera parte: “Diez sonetos semigongorinos”. III: “Querer un beso”. p. 33.








    LUIS VALLE GOICOCHEA: DE LA SOMBRA A LA LUZ

    Me noticié por primera vez de la vida y obra del poeta liberteño Luis Valle Goycochea en Chosica, allá por el año 1967, gracias a mi maestro el poeta Víctor Mazzi Trujillo. Mazzi lo había conocido personalmente, y se complacía en contarnos a sus contertulios algunas anécdotas del “curita” Valle. Lo llamaban así sus más íntimos amigos, pues pertenecía a la congregación religiosa de los franciscanos. Una de las anécdotas más divertidas lo pintaba escapándose del convento, luego de sus recoletas actividades cotidianas, para pasar la noche con sus amigos bohemios al amparo de un buen vino. Me causaba hilaridad imaginarlo haciendo malabares de fuga en alguna ventana o claraboya del convento, mientras los otros monjes seguramente dormían o rezaban.

    Mazzi lo quería mucho y lo recordaba siempre. Lo describía como un hombre esencialmente melancólico y reconcentrado, una especie de niño rural perdido en la barahúnda de Lima, saturado de extrañas angustias y acosado por una vocación bifronte que lo hacía oscilar entre la vida monástica y la literatura. Valle había nacido en 19ll (aunque algunos autores fechan su nacimiento en 1909 o 1910) y murió en Lima el 13 de agosto de 1953, atropellado, según Edmundo de los Ríos, “por un irresponsable conductor que lo dejó malherido y huyó sin socorrerlo”. Ciro Alegría, sin embargo, en uno de sus varios artículos sobre el poeta, a quien lo unía una fraterna amistad, sugiere que Valle Goycochea probablemente se suicidó. “He tenido la impresión – escribe –de que se evadió de un mundo que no respondía a su armonioso ideal de vida y belleza.”

    Junto con retazos de su vida, conocí también la poesía y algunos textos narrativos de Valle Goycochea. Aún recuerdo la gratísima emoción que me dejaron Las canciones de Rinono y Papagil y El sábado y la casa, sus libros más conocidos y celebrados hasta hoy. Recuerdo esa emoción porque la experimento pocas veces. Es la de la palabra sencilla contrariando las preceptivas y las convenciones literarias; cuidadosa de sí misma, sabedora de su carga de sugestiones, pletórica de verdad y deseosa de ser el fiel reflejo de un mundo raigal y entrañable que el poeta se niega a desvirtuar. Los poemas de Valle Goycochea son como sutiles garfios, con ellos se aferra a un universo arcádico frente a lo hostil e incomprensible del mundo real. Expresan el rechazo a un orden inhumano, a una realidad lacerante. El tiempo, para este hiperestésico poeta, se traduce en ausencia, deterioro, soledad y muerte. Y por eso se embarca en la palabra y rema ansioso hacia su propia infancia, al rescate de la inocencia perdida.
    Sin embargo, Valle no es un poeta artesanal o literariamente ingenuo. No. Desde muy joven era ya un lector depurado y un creador cuidadoso. Ciro Alegría, en sus notas autobiográficas, recuerda que alrededor de 1928 “Valle Goycochea mostraba mucho apego a la preceptiva, aunque notábase que le hacía doler. Era como si se aplicara a sí mismo la regla de que la letra con sangre entra. Resultaba un condenado a galeras de metro y rima”. Una buena cantidad de sus primeros poemas, desechados luego por propia voluntad o consejo de algunos amigos, eran ceñidos romances y sonetos. Su estilo llano y coloquial, fue, por lo tanto, el resultado de una elección seriamente pensada y no, como creen algunos, el fruto en agraz de un escritor técnicamente desaprensivo. Valle perteneció al grupo de los “poetas nativistas” cuya característica fue esa controvertida, pero sencilla, manera de expresarse. Su poesía recupera una de las propuestas abiertas por el propio Vallejo en Los heraldos negros, se concilia en algún punto con la gama poética de Eguren, retoma el sabor pueblerino de Valdelomar y opta por un camino propio. En su Panorama de 1938, Estuardo Núñez enjuicia la obra de Valle Goycochea y de Alberto Guillén en los siguientes términos: “Pero, si ambos se apartan de las formas ya trilladas del romance hispánico, incurren, en cambio, dentro de su simplicidad para recoger la ingenua impresión lugareña, en cierto alejamiento del campo estrictamente poético. Sus poemas se aproximan sensiblemente a la prosa. La carga de su emoción se diluye en largos circunloquios descriptivos o enumerativos.” Como se ve, el buen maestro sanmarquino no logró categorizar en su momento los aciertos y desaciertos del poeta.

    Un error frecuente en la valoración de Valle Goycochea es considerarlo como un “poeta para niños”, como sucede con Eguren. Es un error porque él no escribió su obra premeditando a los niños como destinatarios. Los temas, el tono, el aire de sus composiciones responden a hondas necesidades expresivas, a impulsos estrictamente subjetivos del poeta. Cualquier niño, adecuadamente cultivado, puede por cierto disfrutar de sus poemas, pero hacen mal los profesores y críticos calificando a Valle como un “poeta infantil”, pues tal criterio desvirtúa la esencia y el sentido de su obra. Valle escribió para todos, sin recetas, sin didactismo, con el único objeto de ofrecer el atribulado testimonio de un hombre de su tiempo. Por esta razón, la importancia de su obra, lejos de diluirse con el tiempo, se mantiene y acrecienta. En 1973, el maestro Alberto Escobar lo consignó en su ya clásica Antología de la poesía peruana editada por PEISA; en 1974 el INC publicó su Obra poética; y Ricardo Gonzáles Vigil lo ha considerado en un lugar de privilegio en su Poesía peruana del siglo XX, editada por Petroperú el año 2000.

    Valle Goycochea fue, con todas sus limitaciones, un escritor de genuina vocación literaria. Junto con los escritores más importantes de su generación (los hermanos Peña Barrenechea, Luis Fabio Xammar, José Varallanos, Ciro Alegría, José María Arguedas, César Vallejo y el propio Eguren, entre otros) participó activamente en el desarrollo y modernización de la literatura peruana. El sendero estilístico de Valle Goycochea y de quienes lo acompañaron en su propuesta, explica y fundamenta, hoy mismo, la poesía “coloquial” de poetas como Efraín Miranda, el primer Marco Martos, Francisco Carrillo, Eleodoro Vargas Vicuña, y otros del interior del país. como el liberteño Angel Gavidia y el piurano José María Gahona.

    Valle Goycochea murió de noche y atropellado por un carro. Y como Scorza y Heraud, anunció también su propia muerte. En Parva, ese maravilloso librito de poemas en prosa, publicado en 1938, incluyó uno titulado Biografía de la muerte, donde escribió: La muerte llegó de la noche y volvió a la noche y sigue girando por la vida: va de la luz a la sombra y de la sombra a la luz.

    Publicado por Alberto Alarcón






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    ALAN GONZÁLEZ SALAZAR

    Alan González Salazar (Pereira, Colombia 1987). Egresado del Grupo Escuela de Teatro del Instituto de Cultura de Pereira, promoción, 2006, bajo la dirección de Claudia López.  Cofundador de la Revista Polifonía y miembro del comité editorial de la revista Portafolio Cultural.  Premio Nacional de Novela Ciudad Pereira 2012, con la obra Anónimos. Poemas suyos han sido incluidos en las antologías: Poetas del Gran Caldas (Alcaldía de Neira, 2013). Libro de agua interminable (Antología de cuento y poesía, Klepsidra Editores, Pereira, 2014). Lecturas Urgentes de Poesía (Ediciones Grainart, Santiago de Cali, 2015). En la actualidad ejerce el periodismo cultural en varios medios del país. 


    En la orilla del río
    en sus aguas que guardan la vanidad de los dioses
    veo en mis ojos fijos
    tus ojos fijos
    y me sumerjo
    tibio                      palpitante
    ¡ebrio de luz!
    Mírame y ámame dicen
    al reflejar los míos
    en los que eres otra
    en los tuyos
    en los que soy otro
    y los dos
    que no somos
    sino la muerte.




    ❧❧ 



    Cuántos soles y qué de olvidos.
    Ahora que hemos hecho de la curiosidad
    trampas,
    venimos
    a rompernos el alma en los ojos,
    a enmarañar los sentimientos y jugar con ellos,
    a matar el sueño,
    ese río subterráneo de la noche
    que nos abandona
    en la mañana imposible
    donde el olvido es una piedra
    que levantas amenazante como el mundo.

    Yo te quiero, niña tonta,
    imaginándote.
    Así te conozco,
                        por sendas sutiles e indirectas
    y sé, sé con pasmosa certeza
    que tu naturaleza es de viento
    ¿qué pueden mis manos, entonces?
    La oquedad de mi vida.




    ❧❧



    Eres color azul
    yo rojo y negro
    a veces amarillo
    de hambre.
    Ven blanca mía
    hemos de fundirnos
    en violeta.



    ❧❧



    En la orilla del río
    en sus aguas que guardan 
    la vanidad de los dioses
    veo en mis ojos fijos
    tus ojos fijos
    y me sumerjo
    tibio
    palpitante
    ¡ebrio de luz!

    Mírame y ámame dicen
    al reflejar los míos
    en los que eres otra
    en los tuyos
    en los que soy otro
    y los dos
    que no somos
    sino la muerte.



    ❧❧

    Cuántos soles y qué de olvidos.
    Ahora que hemos hecho 
    de la curiosidad 
    trampas
    venimos
    a rompernos el alma en los ojos,
    a enmarañar los sentimientos 
    y jugar con ellos,
    a matar el sueño
    ese río subterráneo de la noche
    que rumoroso nos abandona
    en la mañana imposible
    donde el olvido 
    se parece a la piedra
    del mundo en remolino.



    ❧❧

    Yo te quiero, niña tonta,
    imaginándote.
    Así te conozco,
    por sendas sutiles e indirectas
    y sé, sé con pasmosa certeza
    que tu naturaleza es de viento
     ¿qué pueden mis manos, entonces?
    La oquedad de mi vida.



    ❧❧

    Pereira es una ciudad turbulenta, mi vida. Aquí se ofrecen a los altares de la miseria esos cuerpos linfáticos, triturados por el hambre y las drogas. Tras las vitrinas los comerciantes ven el cielo encapotarse y en esos edificios las hojas y las firmas y el teléfono no paran. Yo paseo largamente estas calles como otros tantos sin objeto alguno, me siento a tomar un café, entretenido e inútil, y veo ascender serpientes de humo, seseantes como la locura, como este grito sordo de la ciudad, en la que eres perfume y silencio…  


    ❧❧

    Finjo dormir.
    El fogón encendido, la luz, 
    hacen del cuarto un farol.
    Sola se queda mi madre 
    como la noche en 
    la ventana abierta, 
    donde huye el vapor 
    de tanto café disuelto 
    entre trastos, cortinas, 
    el viejo trapero.

    A mi costado ronronea el gato, 
    afila sus pupilas en las sombras.
    Ya no se oyen sobre el techo 
    chillar las ratas 
    ni bajan a roer las paredes 
    donde el bahareque 
    muestra sus úlceras.
    Ronronea el gato, sonríe apenas
    sueño y sueño.
    Saldremos en la madrugada 
    a despedir a mamá.




    Presentamos un adelanto de su libro Noche en tu silencio, próximo a lanzarse.


    Noche en tu silencio

    Reflejos,
    ventanas,
    y sobre los tejados
    gatos, ropas tendidas,
    entretejidos los cables y las líneas del verso.

    Otro maullido,
    tantos árboles y gente
    en las calles ciegas donde sólo llegan las balas
    o varados en los cafés, en los bares
    encerrados en sus colmenas del delito
    son luceritos colgando de la ventana,
    viento, viento y delirio. 



    ❧❧



    Trampa de humo
    esta tristeza
    donde muere el aire.



    ❧❧



    Noche última de marzo
    se van en procesión
    sobre un río de luces
    santos y mártires
    el pueblo orillado.
    ¡Suenan las trompetas!
    Marchan los militares
    sus dioses pordioseros.

    Noche última de marzo
    ¡cuántas flores para los muertos!







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    IGNACIO MORALES VALDIVIA

    Ignacio Morales Valdivia (Santiago de Chile, 1986). Nacido el año de Chernóbil. Sufrió todo tipo de lesiones traumatológicas. Tres tornillos de titanio en el pie derecho, quemaduras de distinto grado y profundidad, todo con las respectivas cicatrices. Estudió Literatura creativa en la Universidad Diego Portales (´10). Vive con su hermano y su gato Ruphynos. En la actualidad se dedica a recorrer las tierras bajas de Bolivia.



    COLIPE

    Afirma Enrique Colipe, conductor de camiones
    tocado por la visión de luces en el cielo:
    <<Jesús, es fruto de la violación de la virgen
    perpetrada por un alienígena>>
    Mientras, atravesamos
    el desierto y la madrugada
    sentados, uno al lado del otro




    Los siguientes poemas forman parte de Volvo, de reciente aparición en la editorial chilena Libros Tadeys.


    0

    Yace
    permutado
    sumido en el sopor
    a la manera de los saurios
    suspendido en la orilla
    indiferente del astro

    Volvo




    2

    Petrificados
    cuellos de jirafas
    cruzan la ruta

    castigados por el alud
    duermen
    abigarrados e inmóviles
    los brazos mécanicos de las retroexcavadoras
    congelados en un abyecto
    zarpazo contra la tierra




    4

    La cabina del Volvo
    describe el desierto
    una caja
    cuya transparencia
    hiede
    humo y luz se mezclan
    mutilados, los sonidos
    escapan
    vibran por la velocidad

    esta oscuridad
    solo
    combatida por el cielo




    14

    Deshabitadas dársenas de tentáculos informes
    contemplan el flácido flujo de nitratos
    quebrados bajo porosa caricia
    satélites & silos se deshacen

    Azufre, cadmio, caucho
    los neumáticos del Volvo rubrican el asfalto




    18

    La arena
    suspendida en el aire
    acaricia la verde piel
    que a retazos sustancia la cabina

    Volvo infatigable de 18 ruedas
    la ruta inscrita en las entrañas

    3000 k regados por la mera
    reposa, arrullado
    por la parda boca de Atacama




    22

    El sol lacera el asfalto, arde
    el anticongelante se derrama
    plasma verde sobre la ruta
    a trazos, dragones ligeros
    se disipan en el aire




    26

    Volvo de neblineros iridiscentes
    embiste lo hondo y lo vasto
    el desierto
    puro & horizontal

    pupila desprovista de párpado

    mórbidos jazmines trepanan la tiniebla




    41

    Cascos sobados
    por el vacío

    Los caparazones
    han sobrevivido

    a las tortugas




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  • 03/01/17--04:13: ELIANA BELÉN [19.973]
  • Mesa de lectura: Eliana Belén, Charlie Serra y Valentino Capelloni


    ELIANA BELÉN

    Eliana Belén (San Bernardo, Argentina, 1979)
    Nací en San Bernardo el 12 de agosto de 1979. Actualmente resido en Mar del Plata. Estudié historia. En el año 2007 publiqué el libro Balbuceos, Editorial Tinta Negra. Participo en la edición y redacción de la Revista La Grieta y como colaboradora del diario El Pionero. También formo parte del equipo editorial de la revista Fiesta Poesía y Rock & Roll, y organizo los encuentros que llevan ese nombre. 



    Kazajistán

    La luz te ilumina
    manzana
    de carne y hueso
    manzana
    el cielo en un poema siempre
    azulado claro inmenso
    anaranjado atardecido
    manto negro constelado digo
    estrellado
    pero vos manzana
    imaginatecómo sería
    no haberla probado nunca
    y encontrarla haciendo un picnic
    por vez primera
    bajo las caducas verdes hojas
    ovaladas recias pecioladas
    de estípulas y bordes dentados

    el árbol

    imaginate ahora el mantel
    cuadrillé
    la canastita
    o el cuerpo rudo
    y en bolas trepando
    si la manzana cae
    eso es grave
    grávido paladar
    apasionado
    jugo blanco dulzón chorreante

    manzanas manzanas caen
    manzanas
    también en el corazón el sol
    las fichas
    también la tarde.

    Pecioladas: hoja con peciolos. Peciolo: lo que une la hoja al tallo.
    Pronunciación: http://lexicoon.org/es/peciolada




    El día del mar boliviano

    Estoy triste
    el agua encontrada no va
    a calmarme
    hay algo del fin
    anunciado en el cruce
    del aire celta con el altiplano.
    Estoy triste
    el viento sube y baja
    por las cañas
    viene de mis pulmones
    el aire en el altiplano.
    Recuerdo estar parada
    mirando el mar
    el agua unida al fuego
    se desplegó frente a mi
    como una señal acentuada en la voz
    de los ancestros.
    Yo que nací en la tierra
    levanto el polvo con los callos
    los pájaros me guiarán
    hasta los peces
    por eso cuando hablan
    los quechuas aymaras
    chiquitanosmoxeños
    evocan su canto
    araonas ayoreos
    baurécanichana
    cavineño
    cayubaba
    chácobos
    chiman
    chipayas evocan su canto
    ese ejja evocan su canto
    guarasugwe
    guarayositmonamas
    evocan su canto
    el mar en los pájaros
    paquinianos
    kallaguaya
    evocan
    lecos machinerisymaropas
    evocan su canto
    moré mosetemovima nahua
    pacahuarasirionótacanatapietétoromonauruyaminahuayuquiyuracareweenhavek




    Otro de mar

    Murmurador
    entre las olas
    de alta noche

    caracol resonador
    de éste cuerpo
    hondo tesoro
    vano intangible
    de espuma inflamado
    sobre la arena plana

    de tu entraña emergen
    también almejas
    y en ellas sumergen
    sus picos las aves
    orilladas de peces

    vendavales de carne o plumas
    vetean el cielo
    lo estremecen

    arrullo de océano
    el paisaje se parte
    se queda quieto
    estampando el fondo

    piras de hembras
    en coloridos trajes de baño esperan
    la gran lamida de la rompiente
    y él se asoma
    y desciende
    sobre sus lomos
    se entrega
    las revuelca

    en ráfagas de salitre las penetra

    chupón
    banco de arena




    Costa Chica/ La novia de Aquaman

    Si la marea sube
    las antiparras se ponen borrosas
    celestes líneas
    blancas negras
    azul naranja
    yo
    soy
    corazón de pez
    y puedo atravesar el estanque
    casi sin respirar
    el agua
    es
    otro planeta
    de diseños textiles anticloro
    ritmo respiración patada
    brazada brazada

    nadie habla
    entre los peces
    apenas una señal perceptible en bruscas corrientes
    es un alerta
    de que algo muy cerca está pasando
    una aletaligera
    como un torpedo
    Acuamán

    declino el cuerpo
    lo dejoen suspenso
    atravesando la superficie
    del andarivel
    si el sol perfora el agua
    se llena de hermosos ácaros
    fosfóreas brillantinas
    casi plancton

    ¿qué más puedo ser?
    ¿almeja caballito de mar
    concha pulpo tentacular
    condensada de masa acuosa?

    adentro del boligoma
    el superhéroe sube y baja
    la marea
    dice la maestra
    mientras señala en el planisferio
    las corrientes oceánicas.




    Muñeca

    Seguro hay algo que desconocemos, 
    adentro, si los párpados caen.

                           
    *

    Si pudiera flotar como la espuma del detergente 
    escurrirse por la rejilla. 
    Pero se queda tocando 
    con las pestañas las cejas y los pómulos, 
    porque las mesadas le parecen hechas por enanos.

                          
    *

    Desde la reja 
    del lavadero 
    ve el pasto crecer 
    hasta tapar al perro. 
    Hay que centrifugar 
    porque el sol no va a salir.

                        
    *

    Abraza al niño como si no fuera a romperse. 
    Le alcanza la cuchara, 
    le lava los calzoncillos. 
    Vos sos toda para mi, dice el nene, 
    mientras ata la correa a la cucha.

                        
    *


    Busca con la mano el hígado, 
    las ubres, el corazón, la lengua, el seso. 
    El arte de cocinar es el arte de amar, leyó. 
    Veinticuatro horas diarias 
    por treinta días al mes 
    por trescientos sesenta días al año.

                       
    *


    A los cincuenta 
    la presbicia revierte la miopía. 
    Pero todo es relativo. 
    Una colección de remedios colgando del cuello, 
    sirve para captar la letra chica. 
    Castrar a las cachorras en occidente, 
    y matar a las recién nacidas en oriente. 
    Hay que irse lejos y mirar de cerca.

                      
    *


    Una escobita, 
    un jueguito de té, 
    un bebote, 
    huevos fritos de plástico, 
    la cocinita, 
    la casita de tela, 
    el Tammy, 
    la Barby.



                   
    *


    Rebobina un viejo cassette 
    de voces mutiladas. 
    La tátara-abuela sufrió al hombre. 
    La bisabuela sufrió al hombre. 
    La abuela sufrió al hombre. 
    La madre sufrió al hombre. 
    El tátara-abuelo sufrió al hombre. 
    El bisabuelo sufrió al hombre. 
    El abuelo sufrió al hombre. 
    El padre sufrió al hombre.



                   
    *



    Ballenitas para los cuellos de las camisas; 
    a las sábanas se las plancha con almidón. 
    Dicen que el clítoris es un lugar exótico. 
    Lo descubrió en un libro.



      
    *            


    Recuerda el vestido 
    por las páginas del álbum. 
    En la foto, 
    la gente se reía.

                  

    *


    Hay en las telas chinas 
    mujeres escondidas. 
    Recostadas como almohadones.

                

    *


    Inventar al macho, 
    decir que sí con la cabeza.

                

    *


    Parece un monstruo, 
    pero puede ser un muchachito 
    al que le prohíben llorar.


               

    *


    Colocó la virgencita en la entrada 
    como para que Dios la recuerde.

             

    *


    Quisiera escaparse, 
    romper una bolsa de basura, 
    regalar los cachorros en la plaza. 
    Entrar a las vidrieras. 
    Salir de la casa.


             
    *


    Si ya terminaron de jugar con la perra, 
    guárdenla.







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  • 03/01/17--04:25: BILL KNOTT [19.974]

  • Bill Knott

    Fecha de nacimiento: 17 de febrero de 1940, Carson City, Míchigan, Estados Unidos
    Fecha de la muerte: 12 de marzo de 2014, Bay City, Míchigan, Estados Unidos
    Educación: Universidad de Norwich
    Premios: Beca Guggenheim en Artes Creativas, Estados Unidos y Canadá

    Bibliografía:

    The Naomi Poems: Book One: Corpse and Beans (1968), Follett, under the pseudonym 'St. Geraud'
    Aurealism: A Study (1969), Salt Mound Press. (chapbook)
    Auto-Necrophilia; The _____ Poems, Book 2 (1971), Big Table Pub., ISBN 0-695-80188-0
    Nights of Naomi (1972), Big Table (chapbook)
    Love Poems to Myself (1974), Barn Dream Press, Boston, OCLC 3709433 (chapbook)
    Rome in Rome (1976), Release Press.
    Selected and Collected Poems (1977), SUN
    Becos (1983), Random House, ISBN 0-394-52924-3
    Outremer (1989), University of Iowa Press, ISBN 0-87745-255-5
    Poems 1963-1988 (1989), University of Pittsburgh Press, ISBN 0-8229-5416-8
    Collected Political Poems 1965-1993 (1993) Self-published chapbook
    Sixty Poems of Love and Homage (1994) Self-published chapbook
    The Quicken Tree (1995), Boa Editions, Hardcover ISBN 1-880238-24-1 Softcover ISBN 1-880238-25-X
    Laugh at the End of the World: Collected Comic Poems 1969-1999 (2000), Boa Editions, ISBN 1-880238-84-5
    The Unsubscriber (2004), Farrar, Straus and Giroux, ISBN 0-374-53014-9
    Stigmata Errata Etcetera (2007), Saturnalia Books, ISBN 978-0-9754990-4-7
    He also collaborated on a novel with James Tate, Lucky Darryl (Release Press, 1977). ISBN 978-0913722107




    PENSAMIENTO NOCTURNO

    Comparados con nuestra ropa normal, los piyamas
    son tan caricaturescos como los sueños
    que desnudan: piel falsa, fachadas, frívolas
    versiones de la moda al día, parecen
    venir de una posteridad;
    blandas estatuas de nosotros, flojos símiles
    de la muerte. Su forma imita el decaimiento 
    que nos será tan cómodo algún día.



    POEMA

    Pulpo que flotas
    en la tinta metálica de la tierra 
    médula 
    que extiende hacia arriba 
    sus tentáculos como árboles
    que tus ramas 
    derramen su negro 
    en mis páginas, por favor.

    (TRADUCCIONES DE RICARDO VIVALLO)




    ADIÓS

    Si todavía estás vivo cuando leas esto,
    cierra los ojos. Estoy
    bajo tus párpados, creciendo negro.




    MUERTE

    Al ir a dormir, cruzo mis manos sobre el pecho.
    Ellos me pondrán las manos así.
    Se verá como si estuviera volando hacia mí mismo.



    EL CONSEJO DE LOS EXPERTOS

    Me acosté en la calle vacía y aparqué
    Mis pies contra el bordillo mientras que desde
    El edificio por encima de un montón de curiosos encaramados
    A lo largo de los bordes me insté no lo hagas, no saltes.


    Nota de David González:

    Llegué a Bill Knott, mediante Charles Simic y Una mosca en la sopa:

    Se llamaba Bill Knott. Por las noches trabajaba en un hospital cambiando botellas de orina y durante el día solía estar en casa. Vivía en una pensión que estaba relativamente cerca, así que fuimos a verle. (...) Llamamos a la puerta pero no contestó nadie (...) Justo cuando nos íbamos se escuchó un ruido de botellas entrechocando y se abrió la puerta. En seguida averiguamos por qué había tardado tanto en abrir: había que atravesar un mar de botellas de Pepsi para entrar en la habitación. Bill era un hombre grande con una camiseta blanca y sucia; llevaba uno de los cristales de las gafas sujeto con celofán. Los únicos muebles que había en la habitación eran una cama con el colchón lleno de manchas, un enorme póster de Monica Vitti, una nevera con una vieja televisión encima, un par de sillas y una mesa llenas de libros.

    http://ellenguajedelospunos.blogspot.com.es/2015/05/bill-knott-3-poemas.html




    I AM FLYING INTO MYSELF: BILL KNOTT’S SELECTED POEMS

    I met Bill Knott in late 1968, or in early 1969, at William Corbett’s house, a gathering place for poets in Boston’s South End. I’d read Knott’s highly acclaimed first book, The Naomi Poems, from Big Table, in the spring of 1968. It was published under the pen name of St. Geraud (1940-1966). I was immediately struck, pole-axed, by the emotional power of the poems. Mostly short, intense lyrics, they were unlike anything I’d ever read and moved me to the bone. I felt, before I’d read Emily Dickinson’s famous comment, as if the top of my head was taken off. Many were love poems. Most were written in his early and mid-twenties. There was urgency, a longing, a wild and plaintive high-note sound that was maybe particularly attractive to a 22-year-old man. Forty-six years later, as I stand on the terrible threshold of senescence, Knott’s poems still lift the hairs on the back of my neck. He was one of the first poets I’d read who addressed the war in Vietnam, and his anguished poems about that period in our history—“which so many refuse to remember and so many can’t forget”*—I still believe to be among the strongest on that subject.

    Unfortunately, he also wrote in one poem that he couldn’t see the difference between several prominent American poets and “aviators dropping a bomb on Vietnamese women and children.” This was egregiously rude, of course, and flat-out dumb, not to mention self-destructive, and added more to the controversy of early Bill Knott.

    By December of 1970, Knott was living on a couch in the kitchen of the apartment my college roommate and I rented in Somerville, MA. Sometime in early 1971, he published his second book, Auto-necrophilia, also with Big Table. This was a thinner book than The Naomi Poems. He was flat broke and needed the $800 advance—enough to eat and pay rent for several months.

    My college roommate and friend, Joseph Wilmott, and I started a small press (Barn Dream Press) around this time. Between 1970 and 1974, we published two of Knott’s books. The first was Nights of Naomi, published in early 1971. By this time, Knott had dropped “St. Geraud” but, still claiming posthumousness, was now Bill Knott (1940-1966). The second book, Love Poems to Myself, was published in 1974 under the named he used for the rest of his life: Bill Knott.

    William Kilborn Knott was born in Carson City, MI, on February 17, 1940. He died in Bay City, MI, after failed heart surgery, on March 12, 2014. His mother died, as did the child, while giving birth when he was seven. His father, a butcher, died by drinking poison, three years later. Knott told me that he believed his father’s manner of death caused the chronic stomach problems he himself suffered throughout his life. When his father died, Knott was already in an orphanage (“for reasons too complicated to explain”) run by The Loyal Order of the Moose, in Mooseheart, Illinois. There, for several years, he was bullied and abused. He was sent for a year to a state mental hospital, where he was also bullied and abused. His uncle got him out, and he lived on his farm for a few years before he joined the Army in the late ’50s. He served his full enlistment and was honorably discharged in 1960. A great deal of his service time was spent guarding our nation’s gold reserves at Fort Knox. He liked to say the greens and fairways of the officers’ golf course were always dry and snow-free in winter, the heat from the bullion in the vaults beneath keeping them so.

    The last time he saw his younger sister, Joy, was when she “graduated” from the orphanage at nineteen. He had a niece and nephew he never met.

    By the early 1960s, Knott was living in Chicago and working as a hospital orderly. He took a poetry workshop taught by John Logan, and a little later worked with Paul Carroll, editor of Big Table Books. Some of the poets in Chicago who knew Knott at the time were Charles Simic, Kathleen Norris, Dennis Schmitz, Naomi Lazard, and William Hunt.

    In 1964, James Wright received a letter from Kenneth Rexroth asking if Wright could recommend some younger poets to him. Wright wrote back about “an unmistakably beautiful, deeply fertile, unaffected, marvelous poet…a young man of about 25 years of age who has the wonderfully unpoetick name of Bill Knott.”[i]

    Enough has been said about a letter Knott wrote to a magazine, in 1962 or 1963, under a fictitious name, saying that Bill Knott was dead and died “a virgin and a suicide.” It was a youthful affectation. And let literary history acknowledge this obvious fact: Being a young poet, particularly a young male poet, is almost a disease, a cement mixer of joy rip-sawed by a realistic sense of the impossibility of the task! I have it from a reliable source (a neighbor at the time) that it sure didn’t sound like Bill was a virgin. Knott said he used St. Geraud as a pen name because even though he was honorably discharged from the Army, he never reported for reserve duty and thought the Army might track him down and make him return to active duty. When he told me this, I remember thinking: Of course, the Army has a special unit scouring first books of poetry looking for by reprobates like Bill.

    When asked, years later, why he used a pen name, he said it was because two poets he admired—Pablo Neruda and Paul Éluard—were pen-named poets, and that made him feel justified. We should look at the pen name in a similar manner as the suicide letter: So what!

    St. Geraud, by the way, was the name of a character he lifted from a nineteenth-century pornographic novel, the kind in which it takes forty pages to get the top button of a woman’s blouse unbuttoned.

    I thought Knott’s reason for insisting that his name include “(1940-1966)” made some odd sense: He believed all Americans, not just combatants, were casualties of the Vietnam War, because, as Americans, we all shared the responsibility for and were all wounded by that illegal and immoral war. Hyperbole, of course. He knew where the real blame lay: “there are the destroyers—the Johnsons, Kys, Rusks, Hitlers, Francos—then there are / those they want to destroy—lovers, teachers, plows, potatoes.” Therefore, Knott said, all Americans should declare themselves dead and live and write from then on posthumously. Hyperbole, ditto. It’s a metaphor of the absurd, but it’s a readable metaphor. It’s satire, bitter satire you can taste on your tongue. It’s funny and dead serious: “Like a water-lily on crutches.”

    Wilmott and I started Barn Dream Press with no money during our last semester of college. Wilmott went into the printing trade, and we published, during a four-year run, several broadsides, chapbooks, and three full-length books, by poets such as William Matthews, Charles Wright, Marvin Bell, Paul Hannigan, William Corbett, Helen Chasin, and Michael Palmer. We started working on Knott’s book, Nights of Naomi, in the fall of 1970.

    I was hired as a night watchman at a local college, which provided two meals a day and pilferable light bulbs and toilet paper: I had the keys to everything. It was around this time that Knott lived on a couch in our kitchen for a few months. I’d get home about 2 AM. Knott would invariably be watching old movies on two black and white TVs, a smaller one on top of a larger one. He got up constantly to change the channel on one or the other, while keeping the sound on only one TV.

    By late January of 1971, Knott moved to an apartment deeper into blue-collar Somerville.

    Nights of Naomi was printed by letterpress on fine watermarked paper, in a edition of 1,000 copies: 874 bound in blue paper, 100 hardbacks bound in dark blue boards numbered and signed, and 26 hardbacks lettered A-Z signed with a personal inscription by the author. Typical: “Larry, thanks for bailing me out of jail that night in Albany.” Neither had Larry bought the book nor had Knott spent a night in jail in Albany. We later published a second edition of 1,000 copies with a completely different design and this time offset printing.

    When Wilmott and I got the first hardcover copies from the bindery, we took some to Knott’s apartment. It was still cold, probably March 1971. After much banging on the door, he finally let us in. All the windows were boarded up from the inside. His phone and electricity were cut off. The only room he used was the kitchen. All four burners of the gas stove were on for heat. There was a mattress on the floor. He sat on it. I forget where, or if, we sat. We handed him a copy. He flipped through the pages for a few seconds and then tossed the book over his shoulder into a pile of trash surrounding an overflowing wastebasket! He made an excuse about needing to work, and we were back on the street.

    A few days or weeks later, Knott explained to me that he’d been expecting “a crummy mimeographed book.” He said he was overwhelmed by how good it looked. He said he couldn’t believe we cared enough about his poems to make such a well-produced book. (He might have also, legitimately, felt we weren’t capable of producing such a book.) Bill had serious self-esteem problems—and who wouldn’t, given the hand he was dealt, only the very surface of which I’m raking. It became clear to me years later that Knott was then profoundly clinically depressed. It’s my feeling that he lived with various levels of depression (I don’t know if he was ever treated for it) for the rest of his life.

    It should be noted that, in an age of massive self-medication, Knott very rarely drank alcohol and he stopped even occasional use of cannabis by the early 1970s—because he felt it was interfering with his automatic writing exercises! The one substance on which he seemed to have a dependency was Lipton’s Instant Ice Tea. He drank it constantly, with tap water, no sugar, no ice.

    Nights of Naomi was one of the few books of American hard-core surrealism I’d read. By hard-core, I mean blunt force surrealism, I mean there was nothing neo-surreal about it. It was straight from the Surrealist Manifesto. I remember Knott telling me at the time that he refused to read or write or look at art that wasn’t surreal. He was still only 29 or 30, and surrealism is a young man’s game. Only months later, he left fundamentalist surrealism behind but always maintained high levels of unpredictability and verbal (as well as aural) imagination in his poems. He was frequently playful, often with heart-tearing (“as quickly as the rumor of meat / up and down a soup-line”) insight, and always original.

    In the fall of 1973, we were both teaching at Columbia College in Chicago. That Thanksgiving, we were invited by a colleague to share dinner with her family and a few others. Just before the turkey arrived, Bill excused himself from the table. The host waited for him to return before he started carving. Bill didn’t return. A few days later, I went to his place and asked him what happened, why did he leave? He said it was too painful for him to be in a warm family situation.

    In early 1974, Barn Dream Press published another book of Knott’s: Love Poems to Myself. The title isn’t narcissistic: The love poems in the book are dedicated to women he loved. Patrick Botacchi, another college friend, also in the printing trade, joined our publishing venture. Love Poems to Myself was printed offset but still very handsome. It had a striking four-color cover, which was very rare in those days for a small press. When Knott first saw this book, he didn’t toss it over his shoulder. Instead, he got a legal aid lawyer and attempted to sue us. I’d said to him in a letter that we’d use a painting by a very good painter, his girlfriend at the time, on the cover. Due to miscommunication, Barn Dream used another design. Nothing came of this lawsuit. Knott told me later the lawyer said: “Sue them for what?” A few times, when I’d run across the book, particularly in the Boston/Cambridge area, the covers were torn off. I don’t remember this incident changing our friendship. I saw him very frequently in these years—in Boston/Cambridge, Ohio, Chicago, Iowa, New York, at the MacDowell Colony. We corresponded regularly.

    I’ve spoken of Bill’s eccentricities, even some mistakes he made. I haven’t gone into any analytical reasons why I love his poems. The words “analytical” and “love” seem incompatible to me. I haven’t said much about why I loved him, the man. I want to make it clear that his idiosyncrasies and even his suffering made up only a small part of the man I knew. In my opinion, Knott did not become an exceptional poet because he was an orphan, because of abuse, because of poverty, because of illness, because of any kind of suffering. Everybody suffers. Knott became an exceptional poet despite those things.

    Bill Knott is a quintessential, almost primal lyric poet. Primal in the sense that his poems seem to emerge from his bone marrow as well as his heart and mind. He follows an ancient poetic pulse and impulse: The poem, especially the lyric poem, and even more so the sonnet, “is a small vessel that takes a turn a little over halfway down”[ii]. Knott had a wide range of subject matter, a long working life, and a prodigious work ethic.

    In the late 70s (we were on a subway in NYC, going uptown) he showed me a notebook that was filled, over and over, with different variations on two lines that later showed up in his great poem, “The Closet.” I wish I could remember which two lines, but I can’t.

    He approached poems from many different angles and was (see above) a relentless re-writer. Once in a while, I think, he over-distilled certain poems. His humor is often biting—and bitten, self-deprecating, self-denigrating, self-abnegating; darkly, darkly so, sometimes. But he also can be flat-out funny. I mean laugh-out-loud funny. He was a hard-core, card-carrying Surrealist, a poet of stunning lyric tenderness, and he was a brilliant and innovatively traditional metricist. Sometimes all three at once.

    You will find many sonnets of many kinds in this book. There are also dozens of other examples of traditional craftsmanship. Like all good artists, he learned the rules before he began to bend and break them. Knott is a deeply American poet (he came from the heartland and returned there in his last years), but he loved to quote W.B. Yeats’s famous exhortation, “Irish poets, learn your trade / sing whatever is well made.” I heard him say many times: “Poetry is an art form, poetry is a craft.”

    He loathed clichés. He disdained preciousness. As dense as some of his poems can be, they rarely defeat comprehensibility. Some are so lucid and straight forward, they are like a punch in the gut, or one’s first great kiss. There are poems in syllabics, in various rhyme schemes; and the longest poem in the book, about six pages, is in seven-syllable lines of full- and half-rhymed couplets. In his so-called free verse poems, Knott pays fierce attention to pacing, diction, tone, syntax, line breaks. And always: noises, sonics, music, sounds. He agreed with Robert Frost: “Words exist first in the mouth, not books.” His intense focus on every syllable, and the sound of every syllable in relation to nearby sounds, is so skilled the poems often seem casual: Art hides art. He writes for the voice and the page, equally.

    “Who cares to count syllables when a thought takes your breath away?” asked Emily Dickinson. Poems in this book will take your breath away, providing you have breath when you read them. Something Knott shares with Dickinson is a sense of compression, distillation, of trying, always, to make more happen with fewer words. He loved her poems fiercely and those, too, I think for similar reasons, of Marina Tsvetaeva, the great Russian poet: for their courage and imagination. Knott’s poems think in images, in the “higher algebra”[iii] of metaphor. He loads his poems (see: “Every Rift with Ore”). His imagination is relentlessly poetic. He loved Paul Valéry’s supposed response to the question of why he didn’t write prose: “Because I cannot stand the idea of writing a line like ‘And then Madam put on her hat and walked out the door.’”

    Knott often favors highly accented language (“old-woe clothes”) and compound words (“shroudmeal”). Gerard Manley Hopkins wrote: “Stress (metrical) is the life of it.” Knott loves play and puns that express mischief and/or satire (“Rilkemilky,” “gangplanking,” “mal-de-mess,” “immallarméan”). He liked neologisms and semi-neologisms (“nursive”). He is not averse to using a noun, such as “precipice,” as a verb. Scientists now tell us this kind of verbal surprise causes little explosions in our brains. He liked, sometimes, to make the reader hear two words in one word, and to make both work in context.

    Knott can be outraged (and outrageous), “thorny”[iv], original, accessible, electrical, occasionally impolite, and heartbreaking. His love poems are exquisite.

    Hundreds of lines, if lifted from Knott’s poems, can stand, or almost stand, as poems by themselves. In fact, there are several one-line poems in this book and even a huge two-word poem (three, if you count the title).

    In all these crossings, these vectors, Knott’s high imagination, great skills, singular music, and his crazy-beautiful heart meet and often result in unforgettable collisions.

    As perpetually insolvent as he was in the years described earlier, Bill was also incredibly generous. One year (1979?), he got an NEA grant and gave me $1,000 (I didn’t ask) because he knew I was broke. Although he was never a classroom teacher of mine, I learned more about poetry from him than anyone I’ve ever known. He had read all of English and American poetry. I’m tempted to say, twice. He’d recite from Wordsworth or Shelley and many others as long as you let him. He was more familiar with foreign poets in translation than anyone else I knew. I remember him mock-raving about the above-mentioned Marina Tsvetaeva on a bus in Chicago. He was outraged her poems were so hard to find in English. Other passengers seemed unconcerned.

    His deep admiration for the poetry of others is what helped him endure and continue to write so well, despite worsening health problems, to his own exacting standards, into his seventies. See: “Poem in the Cardiac Unit.”

    If someone ever does a concordance of Knott’s work, I predict that his two favorite words will be “clone,” as a noun or verb, and “pore” or “pores,” as in those little entrances and exits in our skin. I loved his laugh: a kind of chortle, never too loud, unguarded. He never lost his flat Midwestern accent. His hands were beautiful. At least two different women told me this, and one compared his hands to those of John Donne in the anonymous portrait found on the cover of many of his collections.

    Knott published 11 print books between 1968 and 2004—with small presses, university presses, and major houses. Sometime around 2005, he decided to forego traditional print publishing and put all of his poems online, for free. He also published many books through Amazon and sold them for the price of printing and mailing.

    Bill Knott could be the embodiment of the Groucho Marx joke about not wanting to be in a club that allowed members like him. With Bill, however, it wasn’t a joke. I saw in him, most often, a kindness, an acute mindfulness of others, even a sweetness, much more than I saw anger, or withdrawal, or rudeness. Was he contradictory? All right then, he was contradictory.

    I believe Bill Knott stood out in the rain and was struck by lightning at least the dozen or two dozen times to qualify (using Randall Jarrell’s formula/metaphor) as a great poet. He is one among the American poets. I believe this will become more and more evident, maybe even obvious (if these kinds of things continue to matter in our culture), as the decades, like barges, keep moving towards the sea.

    Thomas Lux
    Atlanta
    December 2015

    Note on Text, Methods:

    I took almost all of the poems in this volume from a book Bill Knott published through Amazon called Collected Poetry 1960-2014. It is dated, on the cover, 02/24/14, less than three weeks before he died. There are 964 poems in that collection; 152 poems are in this volume. I added five poems that were not in the Collected. Since he did not include any poems in the Collected from Nights of Naomi, I did not include any here. I also kept, with a few minor exceptions, the progression of his order, which he said “is meant to be random, neither chronological nor thematic, though I may have failed to achieve that intention in all instances.”

    Acknowledgments:

    Many people helped this book into print: Knott’s literary executor, Prof. Robert Fanning of the Univ. of Central Michigan; Bill’s assistant and friend in his last years, Leigh Jajuga; Star Black; William Corbett; Stephen Dobyns; Jonathan Galassi; his friends and students at Emerson College, particularly James Randall, John Skoyles, Daniel Tobin, Peter Shippy, Jonathan Aaron, and Dewitt Henry. Shawn Delgado did some important and sharp-eyed transcription work early on in this process. Special thanks to my wife, Jennifer Holley Lux.

    * I’ve been unable to find this quote, but I think it’s from this book:

    Turse, Nick. Kill Anything That Moves: The Real American War in Vietnam. New York: Henry Holt and Co., 2013.




    Bill Knott was born in Carson City, Michigan, in 1940 and died in Bay City, Michigan, in 2014. His first book, The Naomi Poems, was written under the pen name St. Geraud (1940–1966) and published to great acclaim in 1968. Between 1968 and 2004, he published eleven full-length books of poems. He taught at Emerson College in Boston for twenty-five years.



    Thomas Lux has published fourteen books of poetry and one book of nonfiction. He is Bourne Professor of Poetry at the Georgia Institute of Technology. He lives in Atlanta.





    BY THE RIVER BAAB

    We know that somewhere far north of here
    the two rivers Ba and Ab converge to form
    this greater stream that sustains us, uniting
    the lifeblood length of our lands: and we believe
    that the Ba’s source is heaven, the Ab’s hell.

    Daily expeditions embark upcountry to find
    that fork, to learn where the merge first occurs.
    Too far: none of our explorers return. Or
    else when they reach that point they themselves
    are torn apart by a sudden urge to choose—

    to resolutely take either the Ba/ the Ab, and trace
    good or evil to its spring. Each flips a coin
    perhaps, or favors whichever one the wind’s
    blowing from at that moment. Down here
    even we who have not the heart to venture

    anywhere that would force us to such deep
    decisions, even we, when we hold that glass of
    water in our hand, drink it slowly, deliberately,
    as if we could taste the two strains, could somehow
    distinguish their twin flow through our veins.



    PAINTING VS. POETRY

    Painting is a person placed
    between the light and a
    canvas so that their shadow
    is cast on the canvas and
    then the person signs their
    name on it whereas poetry
    is the shadow writing its
    name upon the person.



    HUMIDITY’S TONES

    Four AM, nothing moving, no hurry,
    dawn still has time to be choosy
    selecting its pinks. But now a breeze
    brushes across me—the way my skin
    is cooled off by the evaporation
    of sweat, this artistry, this system
    sombers me: when I am blown from
    the body of life will it be refreshed?
    I dread the color of the answer Yes.



    THE DAY AFTER MY FATHER’S DEATH

    It’s too complex to explain,
    but I was already in
    the orphanage when dad died;
    and so that day when I cried,
    to keep the other children safe
    from my infectious grief
    they left me in lockdown
    in some office where I found
    piles of comicbooks hid
    which they had confiscated
    from us kids through the years,
    and on through wiped tears
    I pored quickly knowing
    this was a one-time thing—
    this quarantine would soon end—
    I’d never see them again:
    I’d regret each missed issue,
    and worse than that I knew
    that if a day ever did come
    when I could obtain them,
    gee, I’d be too old to read
    them then, I’d be like him, dad.



    KNOT (hendecasyllabics)

    After you have sewn it, bite the thread off my grave—
    Please leave no loose seam of me to wave above
    The bones unknitting, the flesh unweaving love.



    POEM

    They say the universe is expanding,
    not staying in one place.
    I, though, have a small rental room
    somewhere in it.

    I don’t understand this ratio
    of the whole being free,
    while the parts struggle to cough up
    on the first of the month.

    What do you grow in that vase?
    Shards.

    I don’t understand.
    And my worth is not enough
    to figure out why. Who.

    What suffers such distance just to endure?



    HAVENOT

    Out of a dozen I prefer the one
    That’s most like thirteen, the one
    Autumn drops its cease-colored nets on.

    Out of a once I prefer the one
    That never was, that eludes its own,
    Twins peering at each other through keyholes.

    Out of a one I prefer the none
    Who has my face, who evens the end
    And odds the origin. The belated begun.

    Out of a most I prefer the many
    Who are not me, who remain free
    Of that disciple number, that slave figure.

    Twelve nonce, thirteen’s the tense, which fourteen ends.
    Despite my choice, I have no preference.



    NO WONDER

    There is nowhere in the United States
    Where you cannot arrange a murder
    For a couple of thousand dollars or
    Less, she said. This was Des Moines, Iowa,

    But I can’t remember the occasion—
    I can’t even remember her name, or what
    Her eyes looked like when I kissed them
    Or most anything else, except this.

    Forgetting is a kind of murder, I guess.
    But if, as my mom said about writing poetry,
    You don’t get no money for it why do it?

    And why this poem; failed mnemonic
    That costs me less than its insipid desire
    To seem sincere, seem serious, does.



    BURIAL SCENE

    On this shoveled open edge
    On this lip of all our dreads

    Earth seems most at balance
    With its contending elements

    The sun the cloud the wind the soil
    All four exert an equal pull

    So when the coffin enters
    It presents no dissenters

    Dressed in empty suitclothes
    All mourners are scarecrows

    Too far apart each one stands
    Thus when they reach out hands

    They can barely brush their
    Limp glovetips against each other



    POEM

    Age retracts me, filling my hands
    with shirtcuffs as I shrink, reduced
    to secondchild. My skin is
    smoke from a paper house, my hair.

    Prepare a needle sea for me to walk on.

    (Prepare me. Make sure
    my cries are wrapped up in a leaf.)

    Excerpted from I AM FLYING INTO MYSELF: SELECTED POEMS, 1960-2014 by Bill Knott, Edited and with an Introduction by Thomas Lux, published by Farrar, Straus and Giroux, LLC.  Copyright © 2017 by The Estate of Bill Knott. Introduction copyright © 2017 by Thomas Lux.  All rights reserved.

    [I] A Wild Perfection: The Selected Letters of James Wright. Ed. Anne Wright and Saundra Rose Mailey. New York: Farrar, Straus and Giroux, 2005, p. 293.

    [II] A Poet’s Glossary. Ed. Edward Hirsch. New York: Houghton Mifflin Harcourt, 2014, p. 593.

    [III] Quote from Ortega y Gasset.

    [IV] Robert Pinsky calls Knott a “thorny genius” in The Washington Post (online) on April 17, 2005.






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  • 03/01/17--23:09: VICTORIA RAMÍREZ [19.975]

  • VICTORIA RAMÍREZ  

    Victoria Ramírez (Santiago, 1991). Periodista de la Universidad de Chile. Ha participado en diversos talleres literarios. Incursionó en el documental con el cortometraje “Todos los ríos dan a la mar”, sobre la poeta chilena Cecilia Vicuña. El 2016 obtuvo el Premio Roberto Bolaño en poesía. Victoria Ramírez se llevó el primer lugar en este premio literario entregado por el Consejo de la Cultura y las Artes en su versión 2016. Su serie de tres poemas se titula "Ritos" y trata de representar, en sus palabras, "cómo los espacios físicos influyen en la manera de percibir la realidad, cómo el entorno moldea personajes".



    Mudanza

    El primer día de mudanza
    las cenizas se refregaban
    en las casitas de la villa
    la gente de La Viluma
    tenía la ropa ahumada
    pero no había leña ardiendo
    ni la huella negra de los techos
    amortiguaba el silencio
    de los cerros

    el jarrón de bronce de mi madre
    los cucharones de cobre
    combinaban con la tierra
    que se desprendía allá arriba
    -una verdadera tormenta-
    las cajas de mudanza
    el vidrio molido
    y los brazos polvorientos
    que hacían humo

    no teníamos nada fuera de esos sobres
    las copas tintineaban en sus cubículos
    madre reparaba una trizadura
    las casas más bellas son las
    rotas, nos dijo
    las mejores ventanas son las que
    dan a la humareda

    de qué huimos, madre
    a dónde van las cenizas que flotan
    cuando el aire espeso las atraviesa
    y se juntan para llenar los resquicios
    de las familias



    Magnolios

    La mitad de los quemados de la Posta Central
    se han quemado a sí mismos
    con bencina o con alcohol
    se han fosforeado
    desde la ventana que da hacia Portugal
    se pueden ver los magnolios
    allá adentro las vendas respladecen
    como lámparas de sal

    me pregunto quiénes son esa mitad
    de los quemados
    si acaso comentan el origen del fuego
    o esas mujeres que fueron bellas
    se tocan la cara y piensan en sus maridos
    y si se sientan en torno a una hoguera
    se abrazan como una tribu volcánica
    les sienta bien el alivio
    de la sobrevivencia

    para ellas las llamas han suturado las costuras
    y caminan como santas averiadas
    con la dignidad rota para que las reciban en el cielo
    y si todos pudiéramos revertirnos
    volver visibles nuestras grietas
    correría el agua a través de nosotros
    ¿nos traspasaríamos, nos arruinaríamos?
    nuestras hendiduras nos impedirían mentir

    entonces si me afirman
    que la mitad de los quemados de la Posta Central
    son un porcentaje a lo bonzo
    puedo mirar sus magulladuras
    desear sentirlas como se supone que se sienten
    sulfurarme como se supone que debo sulfurarme
    y sentir los magnolios y fumarme las colillas
    juntar los encendedores que dejan en mi casa como trofeos
    o medallas o estatuas milenarias
    rendir en cada chispazo homenajes modestos
    tener altares como ofrendas colgando de las paredes
    oír con tristeza los anuncios de la radio
    los pequeños incendios
    propagándose

    besarme con chicos que echan de menos a otros chicos
    todo eso un alivio tierno, porque así son todos los alivios
    mirar por la ventana y ver a los magnolios
    pensar que ya es época de magnolios,
    que es hermoso que una flor salga de un árbol
    que los árboles den flores y frutas al mismo tiempo
    todo eso pensando en la sala de los quemados
    de la Posta Central
    en esa blancura triste como astillas de cuarzo
    estalactitas en mi espina dorsal
    y la mitad de los quemados por voluntad propia



    Cambio de estación

    Todos los años
    un árbol nuevo en el mismo agujero
    un limón de pica que no sirve
    y los ciruelos, nísperos
    las hojas naranjas del liquidámbar
    mis tréboles favoritos
    las mariposas negras
    insecticidas
    la inestabilidad de los maceteros
    que habitaban la casa
    y el romero que me llevé
    a mi primer departamento

    Una vez una llamada
    la puerta cerrada por dentro
    jugué con un alambre
    mientras esperaba
    recordé las flores artificiales
    y ese polen que se les cae
    sin nada de gracia




    Un domingo

    En una cancha oval
    un niño rebota la pelota en la pared
    mugre
    a esa hora la siesta de domingo
    desolando los patios
    los dibujos de la ropa arrugada
    colgada en el barandal
    es un cliché que nos resbala
    como los murales de San Miguel
    no es que siempre tenga sed
    pero ahora me parece espantoso
    desear agua
    no es que siempre me interese
    pero ahora me parece aterrador
    ver el movimiento de regreso
    la cancha oval marcada con tiza
    el niño bordeando los cuatro años
    -la edad del discernimiento-
    la violencia del balón que se devuelve
    más rápido y más pesado
    el dolor de la presión
    ojitos chinos que se comprimen
    una aureola roja sobre la piel
    un silencio que cruje
    antes de empezar
    otra semana







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    Francisca Pérez Morales

    Francisca Pérez Morales (Santiago de Chile, 1998). Es estudiante de Licenciatura en Lengua y Literatura Hispánica en la Universidad de Chile. 

    Ha participado en talleres de Pablo Lacroix, Oscar Saavedra, Raúl Zurita y Balmaceda Arte Joven, con el cual fue lanzada la antología “De un estío a otro”, junto a otros 15 jóvenes poetas emergentes. En 2015, obtuvo el primer lugar en el X Concurso Metropolitano inclusivo de cuentos y el primer lugar en el Concurso Juvenil de Poesía, organizado por la Fundación Pablo Neruda.




    Prólogo o teoría de cuerdas


    “Si el Hombre es 5
    Entonces el Diablo es 6
    Y si el Diablo es 6
    Entonces Dios es 7”

    Pixies

    1. Las tríadas se componen de tres grupos que tienen relación entre sí, se complementan y sin la existencia de una, no es posible la existencia de la otra. Son movimiento, e intercambio constante de vibración, de rabia contra su coetáneo.


    2. Se necesitan tres puntos no alineados para determinar un plano, y son tres los elementos base en diferentes aplicaciones (tres colores primarios, tres planos metafísicos, tres potencias de la inteligencia humana, tres estados de la materia). Para mantener el equilibrio de la familia convencional, se usan tres elementos; padre a la cabeza, madre e hijo como base del triángulo. Paralelo a esto, la regla de tres es una regla que no se debe romper bajo ningún ámbito, y debe repetirse cuantas veces sea posible, por lo que se suma un grupo más; vida-muerte-resurrección.


    3. La finalidad es la descomposición de las triangulaciones desde dentro, abriendo las grietas de los espacios oscuros, de la regla moral familiar, de lo que se ve correcto socialmente. Las palabras se unen, como el nido de un ave que funciona críptico entrelazado para dar calor, crear incendios. Los circuitos son como el hielo, y poseen la propiedad cortopunzante del vidrio roto. Un vidrio que cuando se une, encaja a la perfección en alguna ventana, reemplazando ese umbral parchado por el padre con cinta de embalaje.


    3. Poner atención a las señales, a los pájaros que hablan y que con sus ojos negros reflejan el vacío o el espacio entre los cuerpos que no está. El ave es quizás el posible gobernador de un mundo que se reconstruye, tan bruscamente, que lo hace sin tomar en cuenta su propia esencia extinta. Los ornitólogos lo saben, cada pájaro tiene su propia historia construida como el eterno observador de estas murallas. Con una mitad afuera, y otra encerrada en la Atmósfera.


    3. La primera cuerda viene desde la entraña, desde el fondo de la tierra, y se expande hasta los faros, reflejándose hacia alguna mujer que se mire y solloce porque la mujer suele hacerlo, y también conversa con las escobas y mimetiza su cuerpo con las madejas de lana, siempre pisando estrías, aunque sus piernas se llenen de unos ojos amarillos de perro muero.


    3. La segunda cuerda forma un vitral que puede ser peligroso si no son bien encajadas las piezas. Su dimensión, está repleta de falsas verdades. Esto es resultado de que el padre toma control de todas las acciones, desde respirar hasta el acto de escribir. Por esto, la segunda de las cuerdas parece ser un gemido doloroso, que termina en el parto o la reconstrucción de la casa, niños enfilados de tres en tres.


    3. La tercera cuerda se manifiesta como la última respuesta vibratoria. Visualizada como un niño que se embarra el rostro y detiene el movimiento del plano.


    4. La tercera cuerda está escrita con el objetivo de matar al padre.







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    GATA CATTANA

    Ana Isabel García, más conocida por sus nombres artísticos Gata Cattana y Ana Sforza (Córdoba, 1991 - Madrid, 2 de marzo de 2017) era una artista, rapera y poeta feminista española. Su estilo se caracterizaba por la mezcla de Rap y Flamenco.

    En 2016 publicó el poemario "La escala de Mohs"4  (Homostultus Ediciones, 2016). Junto con el poemario publicó un EP titulado "Inéditas".

    Gata Cattana era una de las grandes esperanzas del rap español. Semanas antes de morir tocó en la madrileña sala Sol. Dejá un disco inédito -'Banzai', producido por David Unison- que tenía prevista su publicación en la primera mitad del año 2017.


    El orden de los factores

    Matar al padre.
    Matar al hijo.

    El orden de los factores
    altera el producto.

    Dicen los viejos, los libros,
    los filósofos..
    todas las fuentes de conocimiento que conozco
    dicen
    que es fundamental
    primero
    matar al padre
    y luego
    matar al hijo,
    si lo tuvieras.

    yo he tenido muchos
    muchos, tantos
    que ni siquiera recuerdo
    los nombres que les puse.
    que ni siquiera la hora del parto,
    ni la hora
    de la muerte.
    Tantos que
    ni uno favorito,
    ni mi ojito derecho,
    tantos que de
    tantos caínes y abeles
    aquello era una guerra civil.

    y yo estaba ahí,
    con el rostro serio que debe tener Yahvé
    viendo,
    dejándolos morir...
    participando activamente
    en la de algunos:

    -tu quoque mater mii?
    -ego quoque, ego quoque hijo mío,

    con mis propias manos
    con el mismo puñal que a tus hermanos
    hube de matarte en favor propio
    y aún así
    me siguen saliendo los tiranos
    desde el coño a la cabeza,
    de la punta de las manos a la punta
    de la lengua, cada equis tiempo
    y cada equis tiempo
    la sangre nos riega
    la casa.

    Todos los psicólogos,
    las bibliotecarias, los poetas,
    todas las fuentes de conocimiento
    que conozco
    y los farmacéuticos insisten:
    es fundamental
    matar al padre
    y luego
    matar al hijo.

    Pero he tenido tantos,
    he sido tan madre que
    apenitas tiempo para ser hija
    y mi padre sigue vivo.

    Pero sólo tengo uno.




    La escala de Mohs

    Todo el mundo se vende.
    Al final.. todo el mundo.

    Yo me vendí por tres milímetros
    de iris azul tanzanita
    en cada ojo
    lo que hacen un total de seis
    por dos de ancho
    milímetros de iris azul radiactivo,
    azul heisenberg.

    No se si al diablo o a quién...
    porque en Cupidos no creo,
    pero cambié mis veredas libianas
    y el jardín de trofeos
    y mis cuevas de ego sin fondo
    sin tregua ni amparo
    y esta mala fe de augura
    y el mañana, y el ahora...
    por seis por dos milímetros de iris
    de topacio azul,
    de dureza ocho
    en la escala de Mohs.

    Y cambié mis sonrisas infalibles
    hábilmente conseguidas
    y las ganas de los otros
    y el discurso de Gomorra
    y de Artemisas en Arcadias...

    En resumidas cuentas,
    la heroicidad de la independencia,
    la certeza de no ir viendo fantasmas
    como Bécquer,
    y he aquí la paradoja:
    por seis por dos de pupila azul turmalina,
    con algo de cobalto y de polonio,
    y lo de polonio no lo digo por el color.

    Al final todo el mundo...
    Todo el mundo tiene un precio.

    Y quién me iba a decir a mí
    que después de tanto principio,
    tanta ley y tanto código, tanto juez
    y tanta ética, tanto farol bien tirao...
    que el mío iba a ser tan minúsculo.

    Yo siempre lo supe.

    Desde que a Aquiles le dieron
    a elegir entre la gloria o la paz,
    yo ya lo sabía,
    hubiera elegido lo segundo.
    No soy de cantares de gesta.

    Y siempre releía la historia
    advirtiéndole desde mis adentros
    a ver si no cometía el mismo error.
    Pero nada.
    Y claro,
    directa al talón.

    Yo hubiera elegido lo otro,
    siempre se lo dije.
    Hubiera muerto a los setenta
    en una islita griega mirando el mar.

    Al fin y al cabo la gloria no es tanto...
    La gloria debe ser morirse
    en una islita griega mirando el mar.

    Al fin y al cabo...
    ¿Quién se acuerda hoy de Aquiles?
    Si no es esta loca rumiante mascullando
    te lo dijes.
    Para eso has quedado.
    Para lo que quedó Troya.

    Para que venga ahora esta loca
    rumiante mascullando te lo dijes
    a altas horas.

    Otras noches te comprendo.
    Y te compadezco.
    Y nos compadezco.
    En cierto modo algo de razón tenías,
    todo el mundo tiene un precio.

    Y quién me iba a decir a mí,
    quién nos iba a decir,
    que el mío fuera un total
    de seis por dos milímetros cuadrados
    de iris tapiz de hilo persa,
    azul egipcio,
    Bombay Sapphire,
    de dureza ocho
    en la escala de Mohs.

    Yo hubiera elegido lo otro,
    siempre te lo dije.
    Aunque en cierto modo puede
    que tuvieras razón.
    Quién sabe si tenías razón.



    Yo no sé..

    No sé si ellos podrán demostrar que no están locos.

    Yo he podido derribar cada diagnóstico, cada hipótesis.
    Me he estado hurgando varios años
    y nada de traumas infantiles
    ni patologías innatas.

    Tampoco ha habido daños relevantes
    ni secuelas producidas por la droga.
    En teoría mis conexiones neuronales funcionan bien
    y mi capacidad psicomotriz
    no se ha visto afectada.

    He descartado la depresión porque
    uno no puede estar deprimido veintidós años
    y seguir vivo, al menos yo no,
    así que tal vez haya sido una muerte prematura,
    o un nacimiento fantasma.

    De todas formas algunas veces he visto la luz,
    y los días me van cayendo mal
    o bien de manera aleatoria,
    no es algo perenne pero tampoco un mal de ojo,
    no depende de mí...

    También estuve mirando lo del síndrome de Asperger
    y aunque de primeras me reconociera algunos síntomas
    luego lo fui viendo más claro.

    Lo mío no es falta de empatía ni de escrúpulos,
    ni mi afición favorita es ir por ahí reventando
    los esquemas de la gente,
    bueno un poquito sí, pero no para tanto.

    Si lo que yo tengo fuera eso...
    ya hubiera rapado a esos hippies,
    ya habría perdido la lengua,
    ya me hubieran colgado en la plaza del pueblo.

    Sin embargo existe un código:

    Escuchas sus gilipolleces mientras asientes
    y luego sonríes y dices
    que respetas su punto de vista.

    Su punto de vista de mierda.

    Y luego ellos se van reforzados,
    y continúan expandiendo su discurso
    entre los tuertos y los ciegos
    y éstos lo asumen con las bocas abiertas, replicantes,
    sin que nadie ponga freno a esta parida global.

    Y así nos va.
    Asumiendo el sinsentido y el dictado
    de las pautas, guardando apariencias,
    dejándonos llevar por tanta tontería
    y renunciando a ponernos en nuestro sitio.

    A ponerles en su sitio cuando se les llena
    la boca pregonando sus dogmas de mierda,
    enarbolando sus ídolos de mierda,
    demonizando al débil,
    perdiendo los escrúpulos por guardar las formas.

    Así se instaura este modelo caníbal,
    así se come caliente,
    así se es bienvenido.

    Y si no vete a Cuba o al psiquiatra
    o hazte ermitaño, pero vete,
    porque corres el riesgo de ser
    una muerte prematura, un nacimiento fantasma,
    una baja en el registro...

    Yo no sé si este mundo puede demostrar que no está loco.
    Yo si.




    Que no te engañen

    Que no te engañen.
    Vendrán, claro que vendrán,
    todas las posibles alternativas
    que no escogimos.

    Primera del plural. Punto.

    Claro que vendrán.
    Harán sus apariciones estelares
    en forma de oasis,
    de delirium tremens
    de paraíso fiscal y opulencia.

    Vendrán en diversas formas
    todas exquisitas, casi regaladas,
    suculentas, himnóticas imágenes
    de fronteras sin dios y sin orden,
    todos los caminos descartados,
    todos los errores no cometidos
    a pedir explicaciones.

    Y traerán lenguas
    como sogas al pescuezo
    y retórica implacable
    y discursos vencedores
    incitando a arrepentirse.

    Jugarán fuerte.
    Subirán la apuesta.


    Cuando eso pase
    llámame.
    Doble o nada.
    Nosotros ganamos.
    Que no te engañen.




    Demasiado para un poeta

    De repente: la chica.
    Sentada en el borde.
    Con las manos temblorosas, con la voz,
    con el foco alumbrando como si no lo notara,
    con sus montones de papeles y naufragios esparcidos por el suelo...

    La camisa blanca, como si fuera inocente.
    Los pelos revueltos,
    la mirada esquiva frente a esa masa
    que tiene pinta de pedir explicaciones.

    Luego mira hacia atrás como buscando el impulso,
    respira, se yergue sobre sí misma
    y se levanta con un gesto desafiante.

    "¡Decidle! Decidle a León Felipe que yo también
    me sé todos los cuentos.
    Que cuatro generaciones después
    nos siguen durmiendo los mismos cuentos
    y entorpeciendo y atormentando los mismos cuentos.
    Y que yo tampoco sé muchas cosas es verdad,
    pero con tanto cuento, las pocas se me olvidan
    y las que no no me dejan dormir.

    La poesía es un arma cargada de miseria
    que aniquila al enemigo y al que pulsa el percutor,
    que erosiona despacito.

    Decidle a Celaya que se explique,
    que cuatro generaciones después seguimos sin saber
    qué entiende él por futuro.

    Y que éste arma ni aprieta ni ahoga.
    Y rasca muy bien pero donde no pica.

    Decidle, que ahora que nos dejan
    decir que somos quien somos,
    (y tampoco mucho...)
    es porque no somos nadie,
    porque vamos a la nada entusiasmados
    y en fila de a uno.
    Porque somos demasiado poco peligrosos.

    Y ya de paso a Unamuno:
    Que vencieron y convencieron,
    y que convencieron muy bien.

    Y que luego vino la paz social
    que tanto esperaba,
    y la calma se hizo insoportable,
    y la gente por consecuencia se hizo
    insoportablemente mediocre,
    y la vida siguió como siguen las cosas
    que no tienen mucho sentido, como decía aquel."

    Se toma un respiro, bebe un sorbo de agua y se aclara la voz.
    Luego se aparta el pelo de la cara y continúa diciendo:

    "¡Y el pobre Neruda!
    Supongo que le habrán dicho que ya cayó Stalingrado,
    que algo sabrá de este tinglado y estará revolviéndose en su tumba.

    Lo cierto es que pudimos escribir versos más tristes
    que los suyos en noches de lascivia y Pandemónium,
    en noches que no le deseo a nadie porque después de Al Alba
    todas vinieron cargadas de buitres callados y oscuros presagios.

    El pobre Neruda, el ingenuo Neruda.
    Claro que vinieron noches más tristes y versos de hiel,
    a ver que se creía, ya era hora de que se enterara.

    Pero no le contéis de Stalin, no le pongáis la tele, eso no.
    Eso sería demasiado cruel.
    Mejor continuar el show como en la peli esa... Good Bye Lenin

    Le partiríamos el corazón si descubriera cómo está
    el mundo de los vivos,
    de cómo la jodimos y fallamos en todo lo que se podía fallar.

    Si se enterara jamás volvería a escribir un sólo poema de amor,
    y todos los demás vendrían tapiados con metralla y hormigón,
    ni una sola azucena, ni una sola.

    Y tampoco queremos eso.
    Es demasiado para un poeta."




    Acerca del hembrismo y otros delirios

    Yo no soy muy de verdades absolutas, ni de axiomas ni de dogmas inmutables.
    Está claro que sé algunas cosas, pero son todas como yo: circunstanciales, coyunturales,
    y en el mejor de los casos morirán conmigo, de manera que no puedo ofreceros una respuesta universal y válida ni prometer que no voy a pringarlo todo con mi enfoque, (que algunos tacharán de muchas cosas).


    Además esto no es un panfleto, ni una llamada a la oración.
    No pretendo convencer a nadie de nada puesto que va dirigido a un grupo reducido y estrictamente hermético: los que ya están convencidos.


    Los que saben de dónde vienen, qué lugar ocupan dentro de todo este tinglado y han pensando alguna alternativa que rompa con los engranajes.
    Los y las compañeras de lucha. De tú a tú, a pie de calle.

    La vieja y la nueva izquierda. La nueva, sobre todo la nueva, mi generación. 
    Los míos: con los que he salido a pegar carteles, a correr en manifestaciones, a tocar en okupas, a dormir en la universidad y en los parques.
    Y las mías: las que siempre o nunca me dan la razón aunque no sepan muy bien de qué hablo.

    Son sólo unos apuntes, una aclaración, un “hasta el coño”.

    Verán:
    Supongo que ustedes, todos ustedes, los míos, todos eruditos y estudiados,
    entenderán como legítimo que un colectivo (o sector de la población) que es brutalmente oprimido y represaliado por el Estado, aplique cierta resistencia y/o en el más digno de los casos se subleve contra dicho Estado.

    Partimos de esa base y de que la violencia aplicada en ambos casos no es ni siquiera comparable, en tanto que en un caso podríamos considerarlo autodefensa, mientras que en el otro caso se dispone de la violencia legítima, de la impunidad y de todos los medios para acabar con el contrario. 
    (Esto no lo digo yo, lo dicen muchos autores, hasta el Locke éste que os gusta tanto...)

    Bien, siguiendo con el ejemplo que os pongo:
    Si aparecen unos activistas prendiendo contenedores, haciendo barricadas y tirando piedras ya sabemos que al día siguiente prácticamente todos los medios de comunicación de esté país, desde los más derechistas hasta los más progres, van a tardar poco en condenar la violencia y hablarnos de terroristas radicales.

    Y esto ocurre porque el discurso neoliberal hegemónico,
    que sigue creyendo en la igualdad de oportunidades, la mano invisible y todas esas chorradas,
    no condena la violencia total y persistente que aplica el Estado contra las clases desfavorecidas pero sí la que aplican unos jóvenes furiosos contra el mobiliario público.
    Muy lógico todo, si...

    Hasta el momento no estoy contando nada que no sepáis, esto está a la orden del día y seguro que se os ocurren mil ejemplos que lo corroboran.

    Sin embargo, si entendemos la cuestión como una relación oprimido – opresor en la que las fuerzas son desiguales y la trasladamos a la perspectiva de género, veremos que las cosas no están tan claras.


    CASO B:

    Vivimos en una sociedad machista que aplica una violencia y un control constante y total sobre un colectivo que supone aproximadamente la mitad de la población.

    Esta violencia queda manifiesta en todos los medios de producción de la cultura (cine, música, literatura, publicidad..), de socialización (familia, escuela, grupos de iguales), y se encuentra implícitamente arraigada en el pensamiento social desde sus formas más sutiles hasta las más agresivas.

    Yo, haciendo esta clasificación de manera totalmente personal, entiendo por formas sutiles de violencia machista el acoso callejero, la intimidación, la anulación, la burla, la publicidad sexista, 
    los consejos paternalistas que te incitan a vivir con miedo, la perpetuación de los tópicos y un largo ect. Estas actitudes son comúnmente denominadas como micromachismos.

    La lista de las formas agresivas de violencia desgraciadamente no es más breve.
    Éstas pasan por los golpes, las violaciones, las desapariciones, el tráfico sexual o hasta los asesinatos, que sólo en nuestro país ya son más de cincuenta casos en lo que va de año.

    Dicho esto, y volviendo a la cuestión inicial, podemos deducir que ante la presión que ejerce la parte opresora (que no son los hombres, sino la propia estructura patriarcal del sistema), la resistencia y la respuesta que ofrece la parte oprimida, las mujeres, es prácticamente inexistente en términos comparados.

    Hay organizaciones feministas importantes, está claro. Y hasta dentro de los ámbitos institucionales se está promoviendo una falsa igualdad a golpe de decretazo.

    Sin embargo la solidaridad, la comprensión y el apoyo mutuo entre las mujeres es bastante escaso por no hablar de la poca percepción que se tiene del problema.

    Además, dentro de los movimientos sociales, colectivos y organizaciones que luchan por cambiar el sistema, tampoco existe una fuerte conciencia feminista que otorgue importancia a la cuestión y pretenda remediar la desigualdad existente entre las relaciones de género.
    Es más , los comportamientos machistas se siguen produciendo dentro de su seno y los mismos que reivindican el fin de la explotación y la sumisión de la clase proletaria, en algunos casos, son los opresores de sus propias compañeras.

    Llegados a este punto, la conclusión es clara: Lo tenemos jodido.

    Los que buscan la igualdad fáctica de oportunidades entre hombres y mujeres, y una forma más limpia, justa y respetuosa para su convivencia, lo tienen jodido.

    La cosa está difícil para las (y los) feministas .

    (Y si a estas alturas alguien no se ha enterado aún de lo que significa el feminismo que lo busque en la Wikipedia)

    Bien, pues a las dificultades a las que se enfrentan ya de entrada, hay que sumarle los reproches y censura de los propios compañeros, el silencio de las instituciones y la pasividad de la sociedad.

    En este conflicto, seguimos teniendo una fuerza opresora contra una parte oprimida.
    Pero si la parte oprimida muestra cierta resistencia y responde con algo de rotundidad será rápidamente condenada por la opinión pública y tachada de radical, violenta, odia-hombres, hembrista, feminazi y demás delirios.

    Además en este caso no sólo son los medios oficiales los que criminalizan y atacan la acción sin tener en cuenta el contexto ni las razones por las que se produjo, si no que se trata de la opinión general: está en la derecha pero también en la izquierda, está en los hombres pero también en las mujeres, en mis propias amigas, en mi círculo de hermanos y ya resulta bastante frustrante.

    No pretendo conmover ni estigmatizar a nadie, ya dije al principio que esto sólo es una aclaración.


    EL HEMBRISMO NO EXISTE. Punto. No existe.
    ¡Ala! Ya lo he dicho. 

    No existe ninguna teoría que pretenda institucionalizar una relación de superioridad de la mujer frente al hombre.
    No hay ningún riesgo de violencia fáctica de las mujeres contra los hombres ni ningún plan clandestino de esterilización masiva, tranquilos.
    Sólo hay frases sueltas sacadas de contexto y en cualquier caso una respuesta mínimamente agresiva ante la violencia cotidiana que aplica la parte opresora.
    El término feminazi ya directamente me hace pendular entre la risa y las ganas de morirme.

    Esto, reitero, no es una cuestión de mujeres contra hombres. El machismo también perjudica a los hombres en tanto que de igual modo les dicta unos roles y les obliga a cumplir unas expectativas impuestas.
    Por ejemplo el típico tópico de que los hombres no han de llorar, ni mostrar miedo, debilidad u otras actitudes catalogadas públicamente como femeninas o poco varoniles.
    No sé, a mí me tocaría los cojones cargar con eso.

    Así que, compañeros, todos eruditos y estudiados:

    Dejen de hacerle el juego al discurso dominante y dejen de señalar y criminalizar, que parecen ustedes el ABC.

    No se pongan a la defensiva.
    No hablen de hembrismo, hablen de feminismo.
    Pero hablen de FEMINISMO con conocimiento de causa, con libros, con citas y con nombres.

    Ya de paso, 
    dejen de decirnos que protestemos con mesura, en bajito, 
    guárdense los consejos paternalistas y el “no vayan solas por la noche”.

    Estamos dispuestas a correr el riesgo.
    Hemos venido para quedarnos.

    Y si alguna vez negociamos un mundo nuevo,
    queremos café para todos y todas,

    que ya van muchos siglos fregando las tazas.




    Acuoso

    Le veía ir y venir por la habitación 
    mientras escribía mis historias.
    Le miraba de reojo.
    Una coma aquí,
    un punto allá.

    Todo cuidadosamente medido para conmoverle.
    Silencio absoluto.
    Máxima concentración.

    Este adjetivo le gustaría,
    esa metáfora no le honra,
    qué han de merecer estos poemas.

    Luego otro encuentro visual fugazmente.
    Dame fuego.
    Y me ofrece un azul imposible,
    que no hay cielo, ni mar,
    ni Da Vinci que pueda pintarlo...

    Me quedo de nuevo buscando el término,
    hasta qué punto acuoso.
    Inventaré la palabra.
    Tengo que inventar ese azul.

    Antes no era así.
    Escribía sin bridas 
    y sin duros criterios.
    Me servía el lenguaje 
    que ya estaba inventado.

    El verde era verde,
    el norte en el norte
    y el sur en el sur.

    Pero un día le leí una historia.
    Un día le leí una historia 
    que lo cambió todo.

    Y por eso ahora rebusco 
    y extraigo el material 
    con el que escribí ese cuento.
    Para darle más y más de eso
    en plan Sherezade,
    suplicando clemencia
    una última noche.

    Todo cuidadosamente medido para conmoverle.
    No hay demasiado tiempo para el azar.
    Mañana tal vez invente ese azul.

    Tengo que inventar ese azul.




    Los mapas

    Malditos sean los mapas, 
    las coordenadas, las carreteras
    y las vías de la Renfe.

    Malditas las unidades de medida:
    las horas, los kilómetros, los números.

    Malditas sean las comunidades autónomas,
    el tendido eléctrico, 
    las líneas telefónicas,
    las conexiones automáticas 
    y la red virtual.

    ¡Malditos los poetas!
    ¡Maldito Salinas, maldito Machado!
    Y Gustavo
    y Federico.

    Malditas las tostadas 
    con café por las mañanas.

    Malditas las canciones
    que me arranco, los testigos.

    Malditas las camas de uno cuarenta, el alcohol y los planes a la larga.

    Malditos los pensamientos impuros,
    las ideas lujuriosas y la líbido.

    Malditas sean también las comparaciones.
    Y los dólares, la ley del suelo
    y la burbuja inmobiliaria.

    Malditas las parejas de la mano,
    malditos los besos sin tapujos,
    maldito el camino de vuelta.

    Y tus ojos.

    Y todas las cosas que me recuerdan que no estás.




    A ti no

    A ti no te escribo 
    porque mis poemas
    no son oraciones.

    Yo no hablo de mitos
    ni dioses paganos.
    No canto epopeyas.

    A ti no te escribo.

    No se esculpe la piedra
    con letra de barro.
    No hace honor esta jerga
    a los héroes eternos.

    Ni palabra en que cupiese
    la grandeza de tu alma,
    y ensuciarla pretendiese
    si decido, torpemente,
    hacerla verbo.

    A ti no te escribo.




    Según

    Bebo de las fuentes que me encuentro,
    Me siento en el suelo.

    La ropa me pesa
    tres kilos de mierda.

    Me meto en las conversaciones ajenas
    y pido tabaco a desconocidos.

    Preguntando se llega a Roma.

    Como poco y rápido como un trámite.
    Duermo poco y mal, como un desliz.

    No me da miedo volverme a las tantas,
    perder el último bus,
    arrojarme a las vías.

    No tengo serios transtornos.

    Según el día que me cojas
    más pasota o menos,
    cantora o callada,
    a veces sí
    y a veces no,
    según el día.

    No obedezco a ningún credo,
    ni me he construido 
    una férrea moral
    con valores ni malos ni buenos.

    No hay dogma que me ocupe
    más de un día de debate,
    ni llanto que no curen 
    cuatro horas de lectura.

    Por norma general,
    me posiciono a favor del acusado,
    por norma general también,
    me caen mal los abogados,
    pero la defensa menos que la fiscalía.

    No soy partidaria de medir
    a todos con la misma vara.

    No me creo una ley inmutable
    comprobada científicamente.

    Hay malos malísimos
    que no merecen morir, como el Joker.

    Hay cabrones y cabrones,
    algunos me caen bien, como Sabina.

    También hay genios pobres,
    y poetas condenados al
    ostracismo del silencio.

    Vedettes en burdeles de a cuarto
    y a medio siglo,
    pero ya no es la época del destape,
    ningún director cutrecillo vendrá
    a rescatarlas, no es temporada.

    El nuevo milenio 
    tiembla bajo mis pies 
    y al compás el metro 
    los va arrastrando a todos.

    A todos.

    A veces el temblor es muy fuerte
    y me agita, 
    y me hace escupir lo aprendido
    de esta mala manera.

    Otras casi no lo noto
    y puedo dormir.

    Dormir.

    Poco y rápido como un trámite.

    Dormir.

    A veces sí, 
    y a veces no,
    según el día.



    Hojita de Menta

             A Anabel

    Nosotras siempre hemos sido
    lo que nunca seremos.

    Hemos vaciado la copa
    y esputado los restos,
    hemos visto a la mediocridad
    vestirse de hegemonía,
    hemos mirado con los ojos soberbios,
    perdonavidas,
    y les hemos perdonado,
    y es algo que jamás nos perdonarán.

    Hojita de Menta, Hojita de Menta,
    nos columpiamos en la ignorancia,
    creímos en el conocimiento
    en perjuicio del status quo,
    elegimos la epopeya como Aquiles,
    elegimos la manzana,
    y eso es algo que jamás nos perdonarán.

    Nosotras fuimos
    de costumbres prehistóricas,
    de leer junto al fuego
    el arrabal y la vanguardia,
    los textos sagrados y las fisuras,
    eruditas hasta la arcada,
    sabiondas, repelentes
    hasta la médula.

    Fuimos un mucho de puta
    y un poco de monja,
    demasiado humanas para endiosarnos,
    demasiada idea para tan poca carne,
    fuimos tan del sur que le dimos la vuelta,
    fuimos tan incógnitas
    que ni nosotras mismas
    sabíamos muy bien y por si acaso
    el revólver.

    "Lo importante no es ser muy listo
    sino ser buena persona",
    decía mi madre y después dirías tú
    más mentirosa que nunca.
    Nosotras quizá no éramos tan listas
    pero ni mucho menos buenas personas.
    Nosotras no éramos personas
    y eso es algo que jamás nos perdonarán.

    Nosotras éramos los idus de marzo,
    la conjura, la disidencia,
    la disidencia siempre,
    fuera cual fuera el autor
    o el imperio,
    nosotras éramos un blanco perfecto,
    la plebe enardecida pedía crucificados
    y ahí nosotras, veníamos a dárselos
    con los brazos abiertos,
    alguien tenía que profanar toda esa mierda.

    No eran tiempos fáciles
    para nadie,
    para nosotras fue como matarnos,
    como la flecha en el talón,
    el comienzo del nuevo siglo
    y la vuelta a la Pangea.
    Los humanos se reubicaban y
    corrían a por los dólares despavoridos.
    Los empresarios promovían reformas laborales
    y los gobiernos legalizaban la esclavitud.

    Y en medio de todo esto
    me dices que te vas,
    y te vas,
    y me dejas aquí con los planos sin acabar,
    con los apuntes de filósofos
    que dicen cosas de esas que te gustan,
    y la palabra en la boca.
    Eso es lo de menos.

    Lo demás es cargar yo sola
    con todas esas dudas
    existenciales, tripipoéticas,estrafalarias,
    y escucharte contradecirme y aconsejarme
    por donde quiera que vaya, como una voz en off,
    como un fantasma.

    Dos locas siempre son menos locura
    que una sola loca,
    dos locas es algo más normal,
    pero ¿Una loca sola vaciando la copa
    y esputando los restos,
    escuchando voces
    y clamando al cielo,
    leyendo a Deleuze
    sin que tú me lo expliques
    y mentándote por ahí
    como una aparición?
    Eso si que no.
    Eso es algo que jamás te perdonaré.




    El café y el opio

    Reivindico la contradicción,
    reivindico la dualidad,
    el café y el opio.

    Hubiera sido demasiado
    fácil
    encomendarme a un dogma.
    Reivindico la duda y la mala cabeza,
    el doble rasero
    ejerzo de abogada del diablo,
    no me salen las cuentas
    y me las invento.

    A favor del cansancio
    y del descanso.
    A favor de los ciclos naturales
    y de la rebeldía ante los ciclos.*

    En contra de la moral autoimpuesta,
    de la ceguera autoimpuesta
    y autocomplaciente.
    En contra de la verdad y de la mentira,
    en contra de valores absolutos,
    a favor de la imaginación
    que es un término medio.

    A favor de la crueldad de los niños,
    del desconcierto,
    del limbo.
    A dónde vamos a ir,
    todos los que como yo,
    ahora que el Papa
    ha cerrado sus puertas.

    Al infierno seguro,
    no habrá amnistía
    para los herejes.

    A favor de lo miserable
    y de lo heroico,
    del carácter poco práctico
    de la condición humana.

    A favor de los escombros
    y la muerte,
    la destrucción y el nacimiento
    de nuevas leyes
    para incumplirlas.

    Reivindico la paz
    y la guerra,
    la mano dura y la indulgencia,
    el fuego, la rueda y la neurociencia,
    el vacío y la plenitud,
    las recaídas.

    Reivindico el miedo
    con valentía,
    enarbolo banderas
    a conveniencia,
    me lavo las manos.

    A favor del ansia
    y de la prisa,
    a favor de la impuntualidad,
    entiendo la libertad
    de otra manera.

    En contra de la democracia
    y la dictadura, de la anarquía
    y el liderazgo, de la organización
    y el desorden,
    en contra y a favor
    de nuestro tiempo.

    Reivindico la prudencia
    y el libertinaje,
    lo salvaje y lo analítico
    de la condición humana.
    El error y la derrota,
    la victoria estratégica,
    los principios infranqueables
    y la ambigüedad.

    Todo eso traigo,
    albergo multitudes,
    cuántos kilos quieres,
    ahora dime tú.

    Háblame de tu doctrina
    y de la ilegalidad
    de mis palabras.

    *Versos de Jesús Munárriz, "Manifiesto",  en Joven poesía española, Ed. Cátedra, 1987



    El par de dos

    Estoy buscándola,
    la metáfora,
    pero sé donde está,
    sé muy bien
    donde se esconde
    la hija de puta.

    La estoy buscando pero
    no pienso ir a por ella,
    que venga ella si quiere.
    Que seguro que quiere.

    Seguro que viene vestida
    de otras a venderme motos
    y becerros dorados,
    a ofrecerme harenes babilónicos
    y banquetes romanos
    y lápida de mármol en Poblenou,
    como hace siempre.

    Ojalá tuviera una musa normal,
    como las demás,
    una belleza armónica,
    un canto a la esperanza.
    Pero la mía no,
    la mía nunca,
    la mía insurgente y talibana
    de "el verso o la vida"
    "el discurso o la vida"
    "el partido o la vida"
    que así nunca llegarás
    ningún sitio,
    (viva al menos)
    será mejor que la mates,
    me dicen todos.

    ¡Vaya dúo!
    La escritora incendiaria
    de los ojos de vengalas
    y la musa de los achaques histéricos,
    el par de dos,
    el hambre y las ganas de comer
    sin ganas.

    La gente me lo murmura:
    Te acabará devorando.

    Y es cierto, tampoco soy ciega,
    veo y asumo como me devora
    paulatinamente y me dejo deshacer
    en ese proceso dulce y onírico,
    me dejo desaparecer bajo su mandato
    y ya no sé cuando habla ella
    ni cuando hablo yo,
    si es que no hablamos a la vez
    y nos declaramos la guerra
    y recogemos las víctimas
    que se quedan esparcidas
    por toda mi cabeza.

    Tengo que deshacerme de ella.
    Lo tengo ya escrito:
    "El verso o la vida"
    "El verso o la vida"
    Elegí la vida my darling.

    Elegí la vida y también elegí el arma,
    me dolerá más que a ella la pérdida.
    Le acabaré construyendo un panteón en Poblenou.




    Gnsis II

    Ahí mismo, 
    en ese escenario se gestaron las armas biológicas
    y la torre de Babel y otros motines.
    Y qué gustito la arrogancia, qué gustito el desafío,
    el privilegio de haber inventado el pecado,
    era necesario, 
    era algo que había que inventar.

    Moisés bajó con sus tablas 
    y trajo la ley, y dos minutos,
    dos minutos tardaron ellos en traer
    la trampa y el estraperlo,
    en idear las maneras para esquivar la represalia
    que caía con todo su peso
    sobre el atentado de la curiosidad.

    Sólo Pandora hubiera abierto esa caja
    y ella era pandorísima, 
    y gustaba desatar Troyas e hipogrifos
    y albergar batallas en su cuerpo,
    y las cicatrices, le gustaban las cicatrices
    porque siempre tuvo mala memoria.

    Sólo Antígona se hubiera atrevido
    a enterrar a ese muerto.
    A su propia eutanasia.
    Pero ella estaba en todos los entierros,
    y todas las misas llevaban su nombre.
    En todos los bombardeos estaba 
    y todas las bombas llevaban su nombre
    y las palabras de su boca, 
    como octavillas desde el avión 
    arengaban a los civiles
    a unirse a la rebeldía.

    Allá donde ella, maniobras.
    Nunca descanso, nunca paz,
    siempre alerta, con un ojo abierto,
    el castigo divino no se puede esquivar,
    sólo aplazarlo,
    contar otra luna, como Sherezade,
    apuntarse el tanto,
    apuntarse tal vez, otra cicatriz.

    Mientras tanto:
    Bienvenidos Luciferes,
    Magdalenas y bandidos comunes,
    fundaremos el club de los perseguidos infames
    celebraremos el triunfo de la comuna
    seremos el “watchmen” de los desertores.

    Seremos la prueba de la mala cabeza,
    de esta especie de dictadura anárquica
    de todos los delirios de grandeza del hombre
    y esta suerte de condición vampírica.

    Seremos el bufón y la vergüenza,
    el pasto, del que se alimentan las vacas,
    que alimentan al sirviente
    del pariente del tío que escribe la historia.

    Pero solo así seremos libres.

    Solo así.
    Seremos libres.




    Diagnóstico II

    Es que es así,
    muy aleatorio.

    Que lo mismo un día
    me da por hacer escombros
    de los valles perdidos
    y las plantas: nucleares.

    Y al otro quiero primaveras
    y engendro los pétalos
    y riego los campos
    con semillas
    de cacao
    y tempus fugit.

    Y al otro el diluvio
    y las siete plagas,
    y avalanchas en Alaska
    y sequías en el cuerno
    y al cuerno esta pretensión estúpida,
    engreída, ésta y todas las milongas
    inventadas por el hombre
    y sus secuaces.

    Hasta dónde va a llegar tu vanidad,
    hasta qué mítines.
    Cuántos más supuestos y efigies
    te quedan por sacralizar hasta el vómito.
    Cuántos altares me harás derribarte
    y cuántas más mentiras
    autocomplacientes
    irás predicando
    mientras se despeñan todas
    desde el monte Taigeto
    y yo miro de lejos.
    Tan de lejos que no veo nada
    más que estos cambios
    que apenas se sostienen
    sobre el papel.

    Los otros están ahí fuera
    inventando cosas, teorías y tesis
    que no sirven para nada
    y yo miro de lejos.

    Yo sólo miro de lejos
    y si acaso, me dejo caer
    de cuando en cuando
    algunas evidencias que tampoco
    sirven para nada pero dicen:
    La escritura es una labor
    de pretenciosos redomados
    bibliotecos y lumbreras
    ¡Que a dónde van profetizando qué cegueras!
    qué visiones y arrebatos que se tercien.

    La escritura no esculpe.
    La escritura no tiene nada que hacer
     contra el granito, el hormigón y el mármol.
    La historia está hecha de granito, hormigón y mármol.
    Y sangre
    La escritura no tiene nada que hacer
    contra la sangre.

    Aunque a veces lo parezca,
    aunque a veces quiera parecer sangre
    y regar las arterias,
    y desahogar, desalojar las pérdidas
    y quebrar,
    quebrar el granito el hormigón y el mármol,
    Papel gana a Piedra.
    Ya nunca más cimientos,
    ya nunca más murallas
    que romper en mil pedazos.

    Ya sólo yo para romperme en mil pedazos,
    como si eso,
    sirviera para otra cosa
    que no fuera
    tener
    que volver
    a nacer
    de las cenizas.
    mañana.

    Mañana ya se verá
    en qué páramos,
    que un día de Greenpeace y otro de la OTAN,
    unas con Caín y otras con Abel,
    que tú mucho de esto pero poco de lo otro,
    y mírate,
    siempre te acabas convirtiendo
    en lo que una vez odiaste,
    a eso se le llama progresar.

    Todos
    como pollo sin cabeza
    ocupando sus púlpitos,
    sentando sus cátedras
    y blandiendo sus escudos
    se empeñan en controlarlo.

    Pero es todo muy aleatorio.
    Demasiado aleatorio.

    No sé,
    esa es mi hipótesis.




    Dejá Vu

    No sé en qué momento.
    No sé en qué maldito momento, rectifico.

    No sé en qué eje ni en qué
    coordenada exacta,
    ni el minuto preciso en que
    el azul celeste se volvió violeta,
    y compadecí a Ramsés,
    y compadecí a Caín
    y la justicia divina
    se convirtió
    en yugo.

    Y ya nunca más
    nuevos testamentos ni oraciones,
    ni palomas de la paz
    ni San Pancracios
    ni siquiera Vargas Llosa.

    Se desploman los mástiles
    de no abanderar* se
    desploman los mástiles
    de no
    abanderar.
    Se retuerce la historia.

    Y yo me sé todas las fechas,
    todos los augurios de otros genios
    son el mismo:

    A la tercera del gallo.
    A la tercera vez que cante el gallo,
    me negarás, me traicionarás.

    Y así los nóbeles y los ilustres
    secundaron la matanza
    por treinta monedas judías.

    Desde la primera rueda
    hasta el dron autotripulado,
    los viejos sacerdotes, los mesías,
    el marketing político,
    y yo aquí,
    entre todas las fechas,
    entre todas las cifras
    con nombres y apellidos
    de viejos
    que murmuran
    sus historias
    todavía con miedo.

    No sé cuándo, sin embargo,
    empecé a desconfiar
    de los buenos buenísimos
    mientras los malos malíísimos
    me parecían cada vez más víctimas.
    Pobre Caín y pobre Eva,
    ¿Dónde vas así, por muy DIOS, por la vida?

    ¡Ana, te va a castigar el señor!

    o no se qué del Karma
    o de la evolución moral
    y la supremacía ética
    del pacifismo y el diálogo
    televisivo.

    Las profecías.

    Desde Casandra a Laoconte.

    A la tercera del gallo.

    A la tercera vez que cante el gallo:

    Caballo de Troya.

    * Verso de Vicente Molina Foix en "Canción de Otoño, 1975"




    El ciprés y la espiga

    La normalidad volvió implacable,
    volvió impertinente
    haciendo de los lunes lunes
    y de los martes martes
    de los miedos siempre
    y de las noches
    un anzuelo
    que nunca
    consigue
    llegar
    a tu boca.

    Un anzuelo suspendido
    y pendulante,
    que permanece inútil
    esperando humedades
    y añorando Sodoma,
    que recuerda otras estampas
    de vaivenes desmedidos,
    de tesoros encontrados
    y atentados sin motivo
    y delitos y secretos
    y asambleas de salón
    y corralito.

    En otro momento
    las noches fueron útiles.

    Sabíamos aprovecharlas.
    Sabíamos hacer Trípoli de ellas,
    Pompeya, El Cairo y Mesopotamia.
    Sabíamos descifrar las lenguas
    e invocar conjuros, fabricar pociones
    con un poco de esto
    y algo de lo otro,

    alterar el orden,
    implicar el caos.

    Nosotros sabíamos hacer
    de los martes sábados
    y de las horas nada,
    de la capa un sayo.
    Sabíamos reducirnos a escombros
    y apretar el gatillo,
    traspasar la carne
    y prender la mecha
    que encendía a las furias
    y otros muchos demonios
    con suma facilidad.

    Nosotros, el ciprés y la espiga,
    que pulsamos todos los detonadores
    y desaparecimos el mundo y los ecosistemas,
    y surcamos los océanos a pulmón
    y a pulmón el éxtasis,
    que todos los detectores de humo
    saltaban a nuestro paso
    y que todos los carnavales
    nos resultaron tristes.

    Nosotros, que hicimos
    de las noches Chernóbil
    y de las camas Kiev,
    y de los puentes de Praga
    poca cosa en comparación,
    que dimos duros a tres pesetas
    y pusimos la otra mejilla
    delincuentemente hablando
    y aún así sobrevivimos.

    Teníamos todas las de perder
    pero aún así seguíamos insistiendo
    y salíamos impecables
    y no hubo Gestapo ni Stasi,
    no hubo Alcalá Meco ni Guantánamo
    capaz de seguirnos el ritmo
    porque cuando ellos aquí,
    nosotros ya habíamos provocado
    varios incendios en Groenlandia
    por el efecto mariposa
    y los focos se iban propagando
    hasta alcanzar objetivos
    y no hubo muro
    que quedara en pie,
    no hubo más radares a mi nombre,
    no hubo más distancia que el pellejo,
    no hubo más barrotes que el orgullo.

    Nosotros, el ciprés y la espiga,
    que surcamos infinitos a pulmón
    y a pulmón Mulhacenes,
    que estuvimos dispuestos a saltar
    hasta el último momento,
    que estuvimos a punto
    de habernos matado
    y aún así caímos de pie
    y besamos la tierra.

    Y la tierra se hizo tierra.
    Y los pies como anclas.

    Y los kilómetros hicieron su efecto
    y volvieron las lunas
    y volvieron los lunes
    y las noches anzuelo
    y volvió la normalidad implacable
    a recordarme las ojeras
    y que mañana madrugo.

    Y yo volví a mis papeles,
    y las palabras se las llevó el viento
    y volvieron a funcionar las brújulas y los astrolabios
    y los aviones siguieron su curso
    y los mares volvieron a ser inabarcables
    y los pulmones como charcas.

    Y yo mañana madrugaré
    y tendré las mismas ojeras,
    y así todos los días
    hasta que volvamos a hacerlo:
    implicar el caos,
    destapar la liebre
    olvidar lo expuesto

    y llenar las noches
    de utilidad.




    Todo lo demás, no.

    Que sí, que todo eso es verdad.

    Que portamos estandartes incendiarios
    y discursos agresivos
    y consignas de venganza
    que dicen
    muy poco de nosotros,
    y que a veces da miedo pensarlo,
    que vamos por ahí
    con el ceño fruncido
    y de nada nos sirve.

    Que increpamos
    y discrepamos de todo
    cuanto se conoce,
    por más lógica matemática
    que me cuentes,
    por más sentido común
    que me vendas,
    que no se consigue nada
    por esas sendas que auguramos
    día tras día cuando la desidia
    nos infla la panza.

    Que no reconocemos
    autoridad ninguna
    y sembramos la polémica
    y todo es política
    y qué pesados os ponéis con eso
    y Ana hija, qué poco sabes de la vida.

    Todo eso es verdad.

    Que no hemos trabajado
    ni un sólo día.
    Lo dices como si fuera el progreso.

    Lo dices como si por eso
    nuestra palabra valiera la mitad
    y tuviéramos que demostrar que
    somos dignos del pan que comemos.

    Que en qué me baso,
    que la vida es así y asao
    y que lo que inventamos no tiene
    ni pies ni cabeza,
    que los libros son muy bonitos
    pero son libros
    y que Ana hija,
    cuándo bajarás a la tierra.

    Que te crees Don-Quijota
    y vas por ahí combatiendo gigantes
    cuando aquí fuera sólo quedan
    las ruinas de Bankia.

    Todo eso es verdad.

    Porque cada vez son menos
    los momentos de lucidez pero todavía
    los tengo.
    Y también tengo altos conocimientos
    en geopolítica y me sé todo el cuento,
    a ver si ahora os creéis que habéis descubierto América,
    que donde manda capitán no manda marinero
    y todo eso.

    Somos jóvenes pero no somos idiotas.

    Y puede que parezca un poco de idiota
    este proyecto que me encomiendo,
    lo de ir por ahí huesudamente,
    paupérrimamente a lomos de Rocinante
    combatiendo a magnates que son peor
    que cien gigantes,
    que mil gigantes,
    de los de antes,
    de los que molaban.

    Estamos luchando contra un invisible.
    Estamos luchando en cada flanco,
    contra todos, contra nosotros mismos
    porque todo es política y qué pesados os ponéis
    con el temita.

    Que cualquiera nos parece
    un enemigo potencial
    en un entorno hostil que
    nos excluye,
    nos ningunea la palabra
    y nos aburre.
    Nos aburre mucho,
    eso es lo peor.

    Y por eso arengamos paridas
    y tenemos este humor tan hijoputa,
    porque si no dime tu a mí
    cómo se aguantan los veintitrés
    en esta celda,
    en esta España que rezuma desvergüenza,
    cómo se aguantan los debates de primates,
    del y tú más, pues tú más...
    Si no es blasfemando en cada flanco,
    en tanta medida como nos dejan,
    porque muchas veces pienso cosas
    que no puedo escribir
    y tengo que reírme yo sola
    y la gente se cree que estoy loca.

    Una loca que se ríe de cosas
    que está prohibido escribir.
    Esa es la España que nos calza.

    Por eso nos mofamos
    ahora que podemos,
    y nos declaramos insumisos,
    y enarbolamos un
    QUE SE JODAN
    tan grande que ni les cabe,
    y bailamos sobre tumbas,
    y vivimos en pecado
    según todos los credos,
    y nos gusta lo prohibido
    e incluso han conseguido
    que nos guste lo que somos.

    Niñatos soñadores
    que inventan fórmulas definitivas,
    que cantan todavía insaciables
    a pesar de los momentos de lucidez,
    a pesar de que luchamos contra un invisible
    y la tarea nos quede, probablemente,
    demasiado grande.

    Algunos todavía no han desertado.
    Algunos todavía creen en una idea.

    (Todo lo demás es estar muerto.)




    Después del Big Bang

    Poetas del mundo:
    Sé bien que vosotros habéis naufragado otras islas, 
    otros tiempos, otras visiones...
    Pero también sé que tuvisteis que huir perseguidos
    pòr los mismos fracasos,
    por la misma desvergüenza que encorva columnas
    y siega voluntades,
    por la misma banalidad y brutalidad que nos arrasa,
    desde el minuto uno después del Big Bang 
    o después del séptimo día,
    según el intérprete.
    Sé bien todo eso.

    Que os excluyeron,
    os tomaron por intrusos
    y os obligaron a mendigar
    un retazo por un verso,
    y por un verso la vida.
    Un verso que es lo único,
    la única prueba de que fuimos grandes,
    siempre en tiempo pasado,
    pero lo fuimos,
    lo fuimos.

    Y aún así 
    os visteis obligados a agachar la cabeza,
    a buscar un trabajo de verdad,
    un trabajo de verdad 
    y no esa bobería de discurso inocuo,
    y no esa palabrería zángana que 
    remueve la tierra sembrando
    canciones de gallinas que
    se rebelan 
    contra granjeros,
    ni qué gato tres-patas
    ni qué cuento chino.

    Sé bien que se burlaron, 
    que os invitaron a marcharos a la cueva,
    que aquí nunca tuvisteis sitio 
    ni fue vuestra hora,
    que os invitaron a morir en ostracismo
    que os citaron en vano e incluso
    manipularon vuestras palabras.

    Por eso tenéis que venir cuanto antes.

    Por eso mismo he venido en persona a reclutaros,
    con esta arenga intempestiva que asusta,
    y alzo la voz como un puño
    y parece que me enfado
    (y no me enfado, es que si no nunca me escucháis)

    He venido a pediros que os unáis a mí
    en la última gesta, la definitiva,
    la nunca más,
    el verso o la vida,
    a invitaros a que os rebeléis contra esta
    sinrazón que nos exilia,
    a que os neguéis rotundamente 
    al lamento improductivo 
    o al silencio por el miedo.

    Poetas del mundo, 
    ha llegado la hora de erguirse
    como un tsunami atronador
    que barra las calles y surque
    las cañerías y los ríos...
    dejando tras de sí una prueba,
    quizá la última
    estela
    de esperanza viva.

    Ha llegado la hora 
    de acabar con la poesía triste y autocompadeciente,
    de lamerse las heridas y alimentar rencores,
    de consejos vendo, y para mí no tengo.

    Tenemos que celebrarnos.
    Tenemos que salir de las cavernas
    no como gazapos asustados sino 
    como los héroes que fuimos.
    Porque lo fuimos y el tiempo nos dará la razón.
    Y porque donde hubo siempre queda.

    Sé que en vosotros queda algo de inocencia,
    que todavía, en ocasiones, 
    cuando nadie os ve reís como niños
    y os sentáis a conversar en el fuego
    y os siguen sorprendiendo 
    y encandilando
    los astros,
    y a veces,
    incluso,
    os habéis sentido
    los más dichosos de la tierra.

    Es esto lo que hay que contar.

    Ha llegado la hora de engendrar 
    el más alegre de los cantos
    para combatir la retaguardia.
    Hay que acabar con el derrotismo 
    y el lamento estéril,
    con el ombliguismo y el cinismo
    despiadado.

    Camaradas,
    hay que acabar con la poesía triste definitivamente.

    Aunque para ello tengáis que matarme.









    Rebeca de Winter

    La Dama de las Nieves,
    la Diosa de la Discordia,
    la Némesis moderna
    y la antigua Lilith,
    de todos los cargos electa
    por clamor popular,
    varias veces condenada a muerte
    por el defensor de los derechos humanos
    y fugitiva convicta,
    se muestra,
    quién lo diría,
    débil y vulnerable,
    dormida como un cachorro
    en el regazo,
    de nuevo en el anzuelo
    de tu cama.

    Debes creerte muy listo por eso.

    Es como si te viera la cara a escondidas.
    Como si, cuando tu te piensas que duermo
    no durmiera y te vigilara
    desde mis pestañas espesas, inquietas,
    con la daga debajo del colchón.

    Sin embargo es verdad que duermo.

    Yo, la uno con seis,
    la más buscada,
    la Rebeca de Winter,
    la siempre perfecta e incomparable
    Rebeca de Winter,
    la nunca difunta Rebeca de Winter,
    no me acostumbro a dormir
    con un ojo abierto
    y en noches como esta me abandono
    y me descanso en tí...
    y te dejo mirar...
    y te dejo mirar
    e incluso acercarte
    como una gacela se acerca confiada
    cuando la leona duerme.

    Y por eso tú te crees menos gacela
    o a mí me crees menos leona
    y desafías los límites de la naturaleza
    y tientas..
    y hurgas...
    y juegas a pillar.

    ¡A mí! A la Sadayako,
    a la segunda rueda cuadrada,
    a la góndola sin remo y sin Venecia,
    a la gárgola sin Démona,
    a la enésima gota que colma.

    Cuatro veces estratega honorífica
    de mi ejército de pájaros,
    delegada sindical de los poetas no leídos,
    abogada de los nuncas
    y alta representante de la escuela cínica,
    esta vez a título propio
    por el simple hecho
    de que están todos muertos.

    No es moco de pavo.
    Me gusta la ambición y tú tal vez
    seas la más ambiciosa
    de las gacelas.

    Y es verdad que duermo.
    Que duermo profundamente
    y te dejo hacer y deshacer
    entre mis zarpas y tu paz herbívora,
    y en cada una de éstas
    te hago consorte,
    rey de la selva,
    y paseas por tus dominios orgulloso
    y te muestras complaciente
    y en ese vacío legal nos amamos
    contra natura,
    contra todo pronóstico,
    contra toda ley que no sea
    la de la jungla.

    Y por eso,
    por eso tú
    te crees menos gacela
    y a mí me crees menos leona.





    Tu oficio

    Tu oficio, poeta,

    no es almacenar palabras
    eruditas,
    rimbombantes,
    ornamentales.

    No es disponerlas en su
    orden yámbico,
    en perfecto soneto gongorino,
    ni siquiera clasificarlas
    burdamente en función
    de la terminación
    y la rima.

    Porque tú nunca
    fuiste matemático, poeta.
    Tú nunca fuiste geógrafo ni físico
    y no entiendes de distancias
    ni unidades de medida
    y no entiendes de lógica pura
    ni de leyes invictas.

    Porque tú nunca
    fuiste científico, poeta,
    y por eso mismo
    no entiendes de estadística
    ni de cuántica avanzada
    ni de biopolítica
    y no es tu oficio
    establecer las fórmulas
    del cosmos.

    No es tu oficio el análisis forense
    por más que te empeñes
    así como no lo es tampoco
    el psicoanálisis ni la neurociencia.

    Tu oficio, poeta,

    es esculpir utopías
    donde no puede haberlas.
    Acabar con la ley de la gravedad
    y juntar el cielo con la tierra,
    el bien con el mal,
    de la forma más humana
    y menos despreciable
    que te permita tu especie.

    Tu oficio, poeta,
    es dignificar la especie.
    Hacer que quepa la duda,
    decir: "Algunos eran buenos.
    Algunos no eran prescindibles"

    Que mañana,
    cuando hayan pasado los siglos
    se diga:

    "No todos fueron Judas.
    Los hubo Robin Hoodes
    y Don Quijotes,
    los hubo Baudelaires
    y Esproncedas,
    las hubo Antígonas,
    las hubo Safos...
    Los hubo Valle Inclanes
    y Cañameros."

    Que de toda nuestra obra
    una parte se salve.

    Que merezca la pena
    el raciocinio.

    Que el conocimiento no sea
    una amenaza.

    Tu oficio, poeta,
    es dignificar la especie.
    Escoger las palabras
    que pondrías en tu lápida.
    Decir, por ejemplo:
    "No todos eran prescindibles".

    Merecerte la vida
    hasta tal punto,
    que tu muerte parezca
    una injusticia.

    Y dejarte ir,
    como si nada,
    como todos,
    (poetas o no)
    hacia la larga
    y aburrida
    eternidad.




    Con las manos

    No aman de igual forma
    los ricos y los pobres.

    Los pobres aman con las manos.
    Los pobres aman en la carne y con gula,
    en las peores estampas,
    en condiciones famélicas y con
    todo en su contra.

    Los pobres aman sin bonitos decorados.
    Entienden de lunes y de tedios domingueros
    y de gastos imprevistos
    de facturas y de angustias
    que embisten
    mes a mes
    a quemarropa.

    El amor de los pobres
    no sale por la ventana
    aunque el dinero entre
    por la puerta,
    (que nunca entra),
    (aunque no haya ventanas).

    Los pobres han aprendido
    a amarse a oscuras por eso mismo.
    Han aprendido a amarse malalimentados
    malvestidos, malqueridos,
    porque el hambre agudiza el ingenio
    y en sus jardines también crecen las flores
    (aunque no haya jardines).

    Los pobres han aprendido a aprovechar
    los vis a vis, entre jornada y jornada
    de trabajo,
    (aunque no haya trabajo)
    y saben darse placeres nunca tasados
    de valor incalculable
    y han aprendido a disfrutar las circunstancias
    y la sopa de sobre,
    el viejo colchón y la cuesta de enero.

    Y parece que su amor se yergue
    indestructible a pesar de,
    a pesar de las miles de plagas,
    de los sueños frustrados y fracasos andantes,
    de las crisis cíclicas y de hambrunas y de guerras,
    más valiente que Heracles,
    más Odiseo que Odiseo.

    Y parece que su amor se extiende y se multiplica
    al ritmo que se multiplican los pobres,
    al ritmo que se multiplican los infortunios
    y los desastres naturales que golpean
    siempre en las casas de los pobres.

    Y ese amor está a la altura de Urano,
    a la altura de Urano y de Gea juntos,
    y es el único arma
    que tienen los pobres
    para defenderse.

    Por eso han aprendido a cultivar flores
    y a cantar bien sus penas
    y han inventado las mejores obras
    y los mejores instrumentos.
    Por eso entienden de arte y saben
    encontrarlo donde lo haya,
    aunque no lo haya,
    (que siempre lo hay).

    Y han aprendido a aprovechar el carisma
    y la jerga,
    y a escribir poemas inmortales
    sobre amores complicados,
    y saben de cosquillas,
    y saben de boleros
    y saben de desnudos
    y de darlo todo,
    que no es más que lo puesto,
    las manos y la lengua
    la forma de otear al horizonte
    y los cánticos en contra del patrón.

    Yo siempre he amado de esta manera.

    Yo te amo como aman los pobres
    y me temo
    que durante mucho mucho tiempo
    esto
    seguirá
    siendo
    así.



    Barrabás

    Y entonces Poncio Pilatos se dirigió
    a la turba y volvió a preguntar:
    "¿A quién queréis que os suelte entonces,
    al nazareno o a Barrabás?"

    ¡A BARRABÁS! ¡A BARRABÁS!
    ¡QUEREMOS A BARRABÁS!

    Y uno de entre ellos
    sostenido por otros cuatro:
    ¡A BARRABÁS!
    ¡Estamos hartos de hippies cuentacuentos,
    de predicar mucho a sabiendas
    de que papá va a salvarte,
    el templo es del pueblo,
    no del Dios de los judíos!

    ¡Queremos volver a vender en el templo
    y escupir a los leprosos!
    Queremos volver a la ley del Talión,
    a la vida terrestre,
    porque nos queda muy lejos
    el reino de los cielos.

    ¡Ya está bien de milongas,
    de parábolas, de nuevos testamentos
    y de falsos profetas!

    ¡Queremos a Barrabás!
    ¡Queremos a Barrabás y a Bárcenas,
    a Botín y a Sandro Rey!

    Y otro Fariseo desde un extremo
    continuaba con el discurso:

    ¡A Barrabás, si!
    Este no es más que un farsante
    populista vendehumo embaucador.

    ¡En qué mundo se ha visto
    que haya que perdonar
    las deudas a los deudores
    y donar las pertenencias
    obtenidas honradamente en virtud
    y de acuerdo a la palabra de Dios!

    ¡En qué mundo se ha visto
    que haya que perdonar a las rameras
    y las fornicadoras y dejarlas que se sienten
    en la mesa frente a uno!

    ¡No es eso lo que dice Yahvé!

    Yahvé jamás estuvo
    en contra de los ricos,
    por más que diga ese bohemio
    crecepanes y repartepescados.

    ¿En qué parte dice que todos los desamparados
    tengan que tener un techo?
    ¿Dónde pone que haya que curar
    a los metecos y los forasteros,
    a los bandidos y los herejes?

    ¡Estamos hartos de faranduleros y blasfemos
    que toman la palabra de Dios para manipularla!
    ¡Estamos hartos de manipuladores que predican
    el cambio y se inventan la historia!

    ¡Queremos a Barrabás!
    ¡Queremos a Barrabás y a Blesa!
    ¡Y a Sandokán, y a Millet, y a Jesús Gil!

    Y mientras unos y otros alimentaban la ira,
    la plebe ensordecida seguía gritando
    y agitando los puños, hasta que ya casi no se entendía
    nada entre el griterío y los aplausos.

    Entonces Pilatos alzó las manos
    y se hizo el silencio.
    Y con un gesto muy sutil de pesadumbre
    volvió a preguntar:
    "¿Y qué queréis que haga pues
    con el rey de los judíos?"

    Y como en un acto solemne,
    esta vez se oyeron todas las voces
    como si fuera una sola,
    como si lo hubieran ensayado,
    apenas como un suave murmullo
    que a coro susurraba:

    CRUCIFICADLO.

    CRUCIFICADLO.


    CRUCIFICADLO.




    La Satine

    Pero yo nunca fui Helena.
    Yo nunca fui Helena y ni siquiera Penélope.
    Yo nunca fui ese tipo de princesa
    que espera sentada escuchando
    odas a su hermosura.

    Porque yo era más la Satine,
    la Agripina.
    La Teodora de Bizancio que administraba
    y quebraba imperios con una palabra.

    Porque yo era más la Salomé
    y exigía cabezas
    y exigía sangre y acción
    en los pactos.
    exigía muestras de cosas imposibles
    y ahora me traes Saturno
    y mañana te pediré Júpiter.

    Todo fue divertido hasta que viste
    que mi guerra jamás acabaría
    porque yo era la guerra y la guerra
    era yo.
    Porque llevaba la polémica en las raíces
    y jamás me bastó
    la mera existencia.

    Y entonces venían los días torbellino
    en los que ponía el mundo del revés
    y escupía espumarajos y gritaba profecías
    como Casandra en sus peores rachas.

    Venían los días estándar en que
    lloraba como una niña que apenas piensa
    en imágenes y pataleaba
    como intentando apartar semejante carga,
    la nada, el sinsentido que es todo
    y la responsabilidad de andar
    con la cabeza erguida.

    Además tu ya sabías de
    mi estúpida manía de
    creerme la Gorgo en Esparta,
    la Cleopatra en Egipto,
    y la peor de las Erinias,

    la novia en la boda
    y el muerto en el entierro.

    Y a mí siempre me ha gustado
    ir a verte con los ojos de Medusa,
    con los pelos de Medusa
    y el lenguaje de Medusa
    a ofrecerte rituales tentadores
    de pecados y manzanas
    donde sólo tu sabes paliar
    los días estándar,
    los días torbellino,
    la carga.

    Donde sólo tú sabes hacerme creer
    la diosa de la disputa,
    la Juana más loca de todas
    y la Medusa más Medusa
    que jamás haya visto la historia.

    Y en eso te doy la razón.

    Porque yo nunca fui Helena.
    Yo nunca fui Helena y ni siquiera Penélope.




    La maquinaria

    El pasado viernes, a eso de las 22:00 pm,
    me encontré en una de esas visitas fugaces
    que hago a mi pueblo, justo enfrente de mi casa,
    a un chaval que estuvo en mi clase desde primero de párvulos.

    Sé reconocer la derrota cuando la veo.

    La derrota se me planta amenazante,
    en los ojos de las cuencas de mi generación,
    como haciéndome saber que mi esperanza
    se despeña con ella,
    que todas mis cavilaciones son en vano,
    y que en este mundo parásito no cabe posibilidad
    de filantropía ni redención, ni se la merece.

    Se me planta, en la cara,
    vestida con el ceño de algún desgraciado
    que suplica consuelo,
    ataviada con la voz de algún borracho
    que lloriquea en la barra,
    y me avisa,
    de que en eso los convirtieron
    y en eso me convertirá la maquinaria
    que se alimenta de huesos
    y de vísceras como hechas sacrificio,
    que apisona y desmiembra al ritmo
    de las fluctuaciones del euribor.

    Este chico, el chico al que me encontré
    frente a mi casa...
    Me fue imposible mirarle sin sentirme culpable.

    Sinceramente, yo nunca le hice ningún mal,
    al contrario, de vez en cuando encontró
    en mí a una compañera solidaria,
    pero yo soy muy de sentirme culpable
    si no denuncio la injusticia,
    si me limito a no hacer nada mientras la maquinaria
    nos convierte en alimañas despiadadas
    que se devoran por estatus.

    Y eso si que lo hice, en otras muchas ocasiones
    fui cómplice y callé.
    Callé cobardemente, como el que se olvida,
    callé tan fuerte que aquel silencio punzante,
    el pasado viernes a las 22:00pm,
    se hizó como un grito esclarecedor que,
    paradójicamente, me vino a enturbiar la conciencia.


    Este chico, estuvo en mi clase desde párvulos
    hasta segundo de secundaria, es decir,
    el tiempo necesario y los años claves
    para el desarrollo de una personita.

    Era hijo de jornaleros
    y se notaba que papá llegaba tarde
    y en aquéllas condiciones
    y que mamá bastante tenía con lo suyo.
    Llegaba a clase siempre tarde y desaliñado,
    vestido con las ropas heredadas de su hermano
    que alguna vez fueron heredadas de su primo
    y así sucesivamente hasta los años de la posguerra.

    Los niños se reían de él y se inventaban
    apodos insolentes para hacerle llorar
    que siempre surtían efecto.

    Luego fueron innovando en las técnicas
    y comenzaron a ejercer las más crueles formas
    de vejación y humillación a las que daba pie
    la imaginación de las criaturitas de dios,
    que no llegaban a los diez años
    pero que eran tan mordaces
    como la lengua de vieja.

    Recuerdo sus planes tortuosos y premeditados,
    las bromas hirientes,
    la alevosía y la ciega obediencia al más fuerte.

    Los más duros criterios darwinistas implantados
    en los niños, que pese a no levantar un palmo del suelo,
    ya habían sido deshumanizados, o, humanizados
    (porque nosotros somos el germen),
    y ya sabían destripar ranas y crujir pescuezos
    y matar conejos a pedradas porque sí,
    o derribar los nidos de las aves
    mediante los mismos métodos y por la misma razón.

    Cuando me encontré a mi compañero hecho derrota,
    y me dí cuenta de las secuelas y los daños
    con los años y las balas de las burlas...
    No pude sentirme más que mierda.
    Mierda espectadora y rezumante
    de la que ahora abunda.

    Desde aquellos años ese chaval nunca volvió a ser el mismo,
    de hecho no sé si en algún momento llegó a ser ÉL mismo,
    creo que le robaron ese derecho.

    Le robaron también las ganas de vivir, como dementores,
    aquellas criaturas de las que sólo cabía esperar inocencia.

    Y yo me pregunto:

    ¿Qué si no es más cruel
    que una panda de cachorros engreídos
    de la especie y la epidemia
    más depredadora que se ha alzado
    sobre el planeta hasta la fecha?

    ¿Qué si no es más cruel
    que encerrarlos a todos entre cuatro paredes,
    seis horas al día, cinco días a la semana,
    y dejar que se devoren entre ellos?

    Así funciona la maquinaria
    muele-esqueletos, engulle-cráneos.

    Allí te enseñan a ser una alimaña
    o a potenciar la que tú llevabas dentro
    hasta convertirte en un auténtico HOMO SAPIENS,
    digno de tu especie destroza-selvas y destripa-ranas,
    roba-gallinas y pide-perdones.

    Allí te dirán que la vida es lucha
    y que has de estar preparado para
    exterminar al enemigo hasta que no
    quede ni uno.
    Te dirán que eres tú o él,
    que sólo hay dos clases:
    comedor o comido,
    vencedor o vencido,
    arriba o abajo,
    la superpandi o el club de los loosers.

    Allí te harán un HOMBRE, si...

    ALLÍ TE HARÁN UN HOMBRE.

    (o una derrota)





    Segunda Teogonía

    El mundo no está preparado para que tú y yo
    converjamos.

    Ya sabes, las cosas son
    como son, y están
    donde deben estar.
    Y luchar contra esto,
    desafiar las leyes,
    creerse un dios y manipular
    nuestro miserable
    destino de humanos,
    está penado con la dureza máxima:
    el castigo eterno.

    En el mejor de los casos,
    pasarás el resto de tu vida
    convertido en araña o saltamones,
    o, en Narciso si les pillas de humor.

    En el peor,
    te llamarán Lucifer
    y te atribuirán todos los males
    que se han cernido
    y se cernirán
    sobre el hombre
    hasta el fin de los tiempos.
    Angel caído, rodilla en tierra.

    El mundo no está preparado.
    Los dioses no están preparados
    y por eso conjuran represalias
    y articulan mecanismos
    y distancias suficientes,
    elaboran logaritmos
    y fórmulas ambientales
    para que,
    en la misma medida que el agua
    y el fuego,
    nos hicieran
    mutuamente excluyentes
    e incompatibles.

    Muy listos.
    Muy inteligentes los dioses.

    Hicieron caso
    a las remotas profecías
    de otros siglos,
    que auguraban el nacimiento
    del nuevo Prometeo
    y la nueva Pandora,
    la nueva insurrección de los Dalitas,
    en pleno año dos
    después del fin del mundo
    según los mayas.

    Ellos sabían desde el principio.

    Ellos sabían
    que si tu estrategia napoleónica
    y mis bailes de Dalila,
    llegaran a aliarse,
    temblarían los cimientos del Olimpo,
    engendraríamos un poder creador
    a la altura de Atón,
    daríamos lugar a la segunda teogonía,
    a la décima cruzada,
    al desguace de todos
    los conceptos inventados
    por la geopolítica y la catequésis.

    (Ya estoy viendo
    a Santa Teresa arrodillarse,
    asumir el fracaso)

    Piénsalo.

    Te estoy hablando de un poder
    capaz de restaurar la Pangea,
    un poder capaz de conciliar
    a Gea con Urano,
    y de asesinar a Cronos.
    De asesinar por fin,
    definitivamente
    a ese hijoputa.

    Ellos lo sabían desde el principio.
    Sabían que si tu ira de Laoconte,
    mis formas de amazona,
    y mi lengua viperina,
    llegaran a encontrarse,
    cabría una ínfima posibilidad
    de su derrota,
    que el mismísimo Ovidio
    volvería de la tumba
    para contar nuestra historia.

    Sabían, que si tú y yo,
    si tu y yo, como conjunto,
    haríamos quebrar la bolsa americana
    y el petrodóllar.
    Y ESO SI QUE NO.

    Por eso se inventaron
    las fronteras y las lenguas,
    y las horas y los siglos
    y pusieron faraones
    que nos gobernaran
    y se encargaran de evitar
    el desastre,
    de que algún día,
    por algún casual,
    coincidieramos tú y yo.
    Para que nunca tú y yo,
    como conjunto,
    para eso.

    No me mires así.
    Yo no lo inventé.
    Esto ya estaba inventado.
    Ya funcionaba así
    cuando yo vine.

    Y sin embargo,
    aún existe una ínfima posibilidad
    de hacer estallar el parnaso,
    de hacerles la guerra a los dioses,
    la segunda teogonía
    y que pierdan.
    Que pierdan estrepitosamente.

    Piénsalo.

    Podríamos hacerlo.
    Ya lo creo que podríamos.

    Aunque nos juguemos el castigo eterno,
    y aunque el mundo, todavía,
    no esté preparado.



    Cospedales

    Te vas y me aparecen Cospedales.
    En serio.

    Miles de ellas esparcidas por toda la ciudad,
    bien repeinaditas, con falda por la rodilla
    y pendientes de perla.

    Y me tiro cosa de un mes
    escribiendo mierda insustancial en diferido,
    en forma, efectivamente de simulación
    o de lo que hubiera sido en diferido,
    en forma, de noticia pasajera,
    de anécdota, de suceso,
    de lista de la compra
    y de prospecto.
    En serio.

    Te vas y me aparecen Gallardones
    con la mueca inquisidora
    y el discurso de mi abuela,
    persiguiéndome los gestos,
    los derechos y las metas,
    señalando con el dedo
    y escupiéndome por puta.

    Y mientras todo esto pasa, mi amor..
    mientras todo esto pasa
    Rouco Varela se frota las manos.
    Se frota las manos y otra cosa.

    Gallardones y Roucos Varelas
    se me aparecen, ¿Te lo puedes creer?
    En serio, desde el púlpito,
    con oscuras sotanas y cuernos y rabos,
    frotándose las manos y ya sabes...
    Mirándome como si fuera la eva
    más impura por los siglos
    de los siglos,
    la Magdalena no arrepentida,
    la Hipatia de Alejandría,
    la Juana de Arco o la Mónica Lewinsky.

    Y me parece que por todas ellas
    me condenan y me parece que es justo.
    Y voy a la hoguera con pasito pequeño.
    Así todas las noches.

    Te vas y me aparecen Montoros
    y otros tipos de torturas,
    y reformas laborales
    y nuevas esclavitudes
    y medidas necesarias
    para los tiempos futuros,
    que se auguran, como poco,
    peores, mi amor, peores.

    Te vas y toque de queda,
    y ley mordaza, y nueva censura,
    y me preocupa.
    Me preocupa que cuando vuelvas
    ya esté prohibido ser yo
    y no quede ni la mitad de lo que fuera,
    cuando tú estabas.

    Me preocupa
    que ocupen la ciudad las tropas
    de Cifuentes,
    y de Cospedales,
    todas bien repeinaditas
    con falda por la rodilla
    y sus pendientes de perla.

    En serio.
    Y esto es lo que pasa siempre,
    absolutamente todas
    y cada una
    de las veces
    que te vas.




    Caso empírico

    Tú siempre estás, aunque no estés.

    Aunque científicos de bata impoluta,
    de gesto siniestro y mirada desierta,
    hayan establecido las bases
    y la impenetrabilidad de la materia.

    Y ellos digan,
    porque por decir que no quede...
    que de repente tú y yo no podemos ser
    la misma cosa,
    el mismo fluir transeúnte
    en el mismo tiempo
    y en el mismo espacio,
    el mismo ego que se abraza
    a cuatro manos,
    a cuatro patas,
    la misma angustia que
    se relame los bordes.

    Y aunque digan, porque lo dicen,
    que de repente ahora tengo que elegir
    entre tú y yo,
    entre aquí y allí,
    porque la materia no puede ocupar
    dos espacios simultáneamente
    por el principio de exclusión y todo eso.

    Y que para tres dimensiones está bien,
    que qué más quiero.
    A la mayoría de humanos le basta.

    Pero yo, soberbia desde chica y a menudo
    incauta y rechistona por espasmo,
    les vine a derribar la pantomima,
    sus leyes insensibles y anodinas
    que a nadie consuelan,
    que a nadie iluminan
    con un caso irrefutable y empírico,
    empiriquísimo:

    Tú siempre estás, aunque no estés,
    y al mismo tiempo yo también estoy aquí,
    en el mismo sitio,
    dejándote hacer y viceversa,
    contemplando como caes sobre el papel,
    cómo aterrizas,
    cómo hablas por mí,
    o desde mí,
    o a través de mí,
    hace ya que no distingo.

    Hace ya que vengo desafiando
    las leyes de la física y
    hace ya que no me asusta.

    Los científicos de batas radiactivas
    sólo entienden de materias
    y de fórmulas,
    pero nada de este barro viscoso del nosotros,
    nada de las nueve dimensiones,
    donde tus moléculas, tus átomos,
    pudieran ser los míos, pudieran confundirse,
    como una frontera sin vallas,
    o, con vallas, pero sin cuchillas.

    Los científicos sólo quieren papeles
    y casos empíricos.

    Por eso vine yo,
    y por eso viniste tú conmigo
    aunque no vinieras.

    Para demostrarle al mundo
    que se puede estar, aunque no se esté.




    Rudimentos

    De pequeña recuerdo que tenía miedo a la oscuridad.

    Y es un recuerdo muy vago y muy lejano porque
    los adultos somos así, olvidamos a las primeras de cambio
    los pavores inservibles y a otra cosa.
    Digamos que somos de problemática pragmática
    e imaginación de subsistencia, rudimentaria.

    Pero.. pensándolo bien, rebuscando...
    No recuerdo ningún otro problema de adulta
    que me haya causado más imsomnios,
    angustias y llantos ahogados...

    Era meterme en la cama, apagar la luz
     y caer en el más absoluto desamparo,
    sumirme en un limbo viscoso de sombras
    y no-natos pendulantes,
    habitado por los peores demonios
    y los monstruos imposibles,
    bien alimentados,
    que sabían mi nombre
    y pellizcaban con los ojos y colgaban
    amenazas en espejos y payasos de porcelana.

    Así cogí la costumbre de dormir con la cara tapada
    y con la espalda en la pared.
    La idea de que me cogieran por la espalda
    me aterraba.

    La idea de salir de la cama
    estaba descartada de antemano,
    porque debajo aparecían lagunas y magmas
    de raros colores, poco apetecibles.

    Y en el pasillo Verónica- Verónica...
    Y en el baño otra vez ese señor con barba,
    con una cicatriz en la cara, mirándome
    desde el espejo entre las velas,
    como en una extraña ceremonia
    para la que me estaban esperando.

    Y lo peor no eran las imágenes, las visiones.
    Lo peor eran las voces.
    Las voces alegres, las risas,
    en mitad de semejante espectáculo siniestro,
    los chillidos ausentes de los que vivían allí,
    si es que alguien, por muy monstruo tres cabezas,
    pudiera llegar a vivir allí.

    Horrible. Horrible.
    Sin Dios.
    Sin sentido.
    Como en un cuadro de El Bosco.

    De ahí cogí la manía de dormir con la puerta cerrada.
    Si la dejaba abierta tenía la opción de huir