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  • 03/03/17--03:46: JUAN JORGE AYALA [19.982]

  • JUAN JORGE AYALA 

    MÉXICO. PUEBLA
    Correo electrónico: alaimparediciones@yahoo.com.mx
    Director de la editorial independiente Ala Impar dedicada a la publicación de literatura regional.
    Cursó estudios de pedagogía y se desempeña desde hace más de 10 años como editor independiente

    PUBLICACIONES

    La casa de enfrente y otras realidades (1982)
    Catálogo de criaturas licenciosas (1998)
    Del inútil combate (Sitios) (2000)
    Permanencia en el vértigo (2002)
    Ala impar. Dos décadas de poesía en Puebla (2004)
    De claro en claro... Poemas sobre el Quijote (2005)
    Caracol al oído, Ediciones de Educación y Cultura, 2008
    Rumores de machete (relato para niños), BUAP 2012

    Reconocimientos y premios

    Premio Nacional de Poesía Normalista (1982)




    En la mesa con Robert Graves

    Sus trabajos, sus actos, sus amores,
    todavía se comentan en los círculos literarios.

    Excluido del padrón de creadores,
    retoza mimado por sus dánceres
    –Megara, Hipólita, Deyanira–
    en un bosque de espejos;
    desuella corazones como descorcha botellas,
    de escribir con pulcritud métrica alardea
    y pincha acentos en su antebrazo
    con prosódicas agujas.

    Pero de no escribir también se jacta,
    pues ningún estribillo –lírico, pastoril–
    pudo nunca frente al guiño trovador
    de un “te saco de trabajar”, “te pongo casa”.

    Y llega al cenáculo con la astrosa piel
    de su reputación a medio hombro,
    increpa a las subyugadas huestes:
    “Nunca inicien guerras que no habrán de concluir”.




    Paresia

    Dice que su coágulo es apenas menor
    que la punta de un lápiz Ticonderoga del número 2,
    y que ese vórtice sorbe con elegancia sus ideas
    como si paladeara un vermut
    en alguna mesa de Les Champs-Élysées.

    Pero yo digo que es el miedo a irse de bruces,
    de resquebrajarse y perder la compostura
    lo que mantiene a flote de sebo sus neuronas,
    como aquellos nenúfares que recuerda
    girando a la inversa en la fuente matinal de su terruño.

    Ahora lo he dejado quieto en el solar
    porque gusta lustrar sus huesos
    con la luz aséptica que se filtra por el dreno,
    y cosa vulgar es –dice– dejarse mirar
    mientras la vida va jalando los pellejos.




    Liras

    Pero lírico, deveras lírico, Gutierre de Cetina;
    con la entretela expuesta depone la espada
    como si fuera el monto del premio,
    la mesada de la beca –de tajadas hablamos–,
    musita el nombre de la doña,
    sangra el disfavor de su querencia.

    No da para tanta teoría literaria el encono amoroso,
    pero cómo corre tinta tras las palabras desoídas
    por la mustia provinciana; o vuela,
    según sea el grado de lirismo
    con que la pluma se dilate.

    (Bueno es que la medida del amor no sea el verso,
    pues hay cadencias impropias de la cintura para abajo
    que la harían exclamar con mesura: “por ahí no me gusta”).

    ¿A qué batirse cuando ya la Plaza
    inhumó suspiros con grasientas lajas,
    si no hay estrofa que embelese
    ni paño rojizo, ni zapatillas volandas?




    Totalmente circunstancial

    –Señor, ¿pidió sopa?
    Sí, la sopa es buena para robustecer cartílagos,
    cura la hinchazón de las rodillas
    y restaura densidad a la sangre;
    consagra la saliva de los desempleados
    que se reúnen en las bancas del parque
    a beber a pico de botella, mientras otros,
    deudores del Estado de bienestar,
    recorren andenes ocultos 
    y engrasan los pistones molares del Sistema.

    Las ciudades pobres se derriten sobre los brazos del río
    como pasteles de lodo; coletean sábanas, colchas raídas.
    El cerco policiaco maquilla la catástrofe
    y el puto judicial allana los caldos más espesos
    en busca del pelo sedicioso, pues el descontento civil
    hierve antes que la sopa en los peroles.

    En el fondo de las ollas grasientas
    se subvierten estrellas municiones letras
    –pocas metáforas para tanta hambre–;
    se tupe a ras la desdicha 
    porque del plato a la boca está la muerte cuchareando,   
    a oscuros lengüetazos consumiendo las sobras,
    como si no fuera bastante triste sentarse a comer solo.

    En la madrugada, durante el desalojo,
    la excavadora topó con un cerdito de barro
    hambriento de propinas.

    –¿Pidió sopa?




    Blues jeans

    Puedo hacerte feliz, sí,
    pero un rato.
    No me pidas que siempre
    porque un día vendrán por mí
    o yo iré por ellos.
    No me digas
    que todo lo puede el amor,
    si nunca estamos de acuerdo
    en qué camino elegir
    o en qué amigos confiar.
    La noche recoge
    sus aves negras en un puño,
    y tú quieres que nos acurruquemos
    para morir juntos y felices;
    pero yo estoy balanceándome
    en la ventana,
    con los dedos contando
    cuántos pájaros caen.
    Y ya ves: ahora debo sentarme
    a escribir a oscuras
    y ponerme triste.
    Puedo hacerte feliz
    mientras no golpeen la puerta
    y ordenen que salgamos
    con las manos en alto;
    porque, nena, no me quedaré
    a oírte sollozar
    mientras la ciudad se hunde.




    Resfrío

    Gimo por mi yo metatísico
    de andares carrasposos,
    que aletarga las más agudas contradicciones
    con buenas dosis de fenilefrina,
    que no sabe qué quién cómo es
    antes del primer cigarro de la mañana,
    y al que le son intramusculares
    las causas como los efectos.




    Mielómano

    Le dije llegando a la esquina:
    “regresa, no me abandones”,
    pero ella con paso digno
    cruzó de frente la calle,
    cual rezagado Beatle
    en Abbey Road. 




    Cristo en Angelópolis

    Las sobras que los comensales pudientes
    dejan en el viacrucis
    que va de La Oriental hasta Italianni´s
    no son mi cuerpo,
    ni serán entregadas
    para saciar el antojo
    de la mesera
    que ya empuja su hambre
    hacia el contenedor de “desechos orgánicos”.







    -

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  • 03/05/17--20:19: GUSTAVO PREGO [19.983]

  • GUSTAVO PREGO

    Gustavo Prego nació en 1964 en la localidad santafesina de Máximo Paz. Terminado los estudios secundarios se radicó en Buenos Aires.

    Estudió Letras en la Universidad de Buenos Aires sin terminar la carrera.

    Incursionó en la novela, en el cuento y en el teatro como así también en el guión para historieta, pero fue en la poesía donde su obra es prolífica y en su mayoría inédita.

    Con su poesía colaboró en publicaciones como Revistas El Bardo, El Cono del Silencio, Viento Sur entre otras.

    Es autor de doce poemarios, los dos primeros editados: Ahora de ausencia (Buenos Aires, El francotirador Ediciones, 1997) y diapasón (Buenos Aires, ediciones del náufrago, 1998); mientras los restantes inéditos: bulebú (Buenos Aires, ediciones del náufrago, abril de 1998); vocalise (Buenos Aires, ediciones del náufrago, junio de 1998); expiario (Buenos Aires, ediciones del náufrago, agosto de 1998); ebriedad  (Buenos Aires, ediciones del náufrago, diciembre de 1998); Blues de la Damainvierno (Buenos Aires, ediciones del náufrago, enero de 1999); veinte poemas para ser leídos en su transporte público privatizado (Buenos Aires, ediciones del náufrago, julio de 2000); finis terrae (Buenos Aires, ediciones del náufrago, diciembre de 2000); 18 poemas últimos (Buenos Aires, ediciones del náufrago, diciembre de 2012); Imágenes de vida (Buenos Aires, ediciones del náufrago, sin fecha determinada); Los cielos de otoño (Buenos Aires, ediciones del náufrago, sin fecha determinada). Ambos poemarios (Tanto el editado como el inédito) se encuentran en http://gtvprego.blogspot.com.es/

    Dice de su poesía la doctora Norma Beatriz Della Motta, catedrática de la Universidad de San Juan:
    …profundo trabajo sobre la lengua, una tensión que la desliza hasta el habla y en ese campo se trama una urdimbre fina, poderosa. Allí convive la sutil respiración del espíritu vuelto sobre sí mismo, con el rastreo de la realidad hecho con minucia, tomándole el peso, el espesor, en el pulso de una escritura que reafirma una y otra vez la plenitud de la palabra. Jugando seria y reconcentradamente con ellas, forzándolas a pronunciar lo indecible, produciendo una contienda de contrarios para armar-se y desarmar-se con el verbo y el mundo.
    Diciendo, nombrando, trascendiendo, traspasando, liberando, interrogando, contradiciendo, integrando, desintegrando: Alfilerazos de ceniza de lo efímero / a mi soledad robinsonante.
    La poesía de Gustavo Prego tiene el recóndito sentido del dolor, de la celebración, de la verdad.




    De Ahora de ausencia– El Francotirador Ediciones – 1997



    Adioses

    lentamente dan sus adioses mis mayores
    de a uno se retiran en orden y sin prisa
    dejan sus trajes y sus miradas
    los claveles soñados urdidos de sudores
    entregan sus huesos y una cama vacía
    dejan las tardes sin horas
    se van los testigos del alba
    toda una vida aprendiendo a irse
    con la sombra del mar blanqueando el aire
    al territorio donde las lluvias se alargan
    al glorioso puerto de piel fosforescente
    y ser un poco pájaro y tarde de los domingos
    se retiran con palidez de sábana
    sin el peso muerto de sus dioses
    vestidos de azules y de memoria



    Ella

    7

    Ella se demora en los espejos                                            en los espejos
    Aprovecha las largas                                                 horas sin preguntas
    Los descuidos                                                                       de la mañana
    Vestida de lunes y                                                    de octubres callados
    En el solitario                                                         juegos de los metales
    Con las mejillas                                                                         a la deriva
    Y los pechos como riendas                                          en el aire apagado
    La voz de los trigales                                           en el azogue sin fechas
    En el filoso                                                                 cuchillo del invierno
    En los espejos ella                                                        liviana de auroras
    Y son sus ojos                                                                        nidos vacíos
    Dos panes                                                                               endurecidos
    En la atenta                                                                  teoría de candores




    De diapasón–  ediciones del náufrago – 1998


    En mi boca

    en mi boca presencié tu paisaje
    el alba prolongada en su salitre
    luna con aristas de ciudades
    gota a gota asistida

    hermosa tortura de náufrago
    nutrirse de rieles en espera
    sabor que tiembla en su llegada
    la seda en su carcajada discursiva

    batalla en la asfixia dispuesto a nacer
    agridulce paciencia de dos cielos
    de largas hebras de verano
    ejército invadiendo el aire en reposo

    y perder el aliento en el líquido inaugural
    en la sustancia luminosa de los días de lluvia
    alborotar la carne humeante y cristalina
    donde la victoria es apenas un consuelo

    cerrar los ojos y beber la sombra
    el vello asiático donde la lengua buscadora de hoguera
    llega con avidez de estanque
    y el mundo se resiste en sus dos mitades

    y volver a esa noche que se alarga con sabor a mar
    declararse mortal en ese escándalo de humores
    para visitar la agonía
    hasta encontrar la luz y abrazarla



    Que no muera

    (Haz que no muera sin volver a verte.)
    Alejandra Pizarnik


    no puedo culparte de auroras
                                                   los días te navegan y someten

    nos encontramos en la edad del adiós
    donde la vida es menos rica que la noche

    con ese frío tan parecido a Dios juzgándome

    alientan mis ojos tus muslos en fuga
    los tantos aires de tus senos

    parado en los huesos  del taxidermista
    ahuyento el misterio del verde caliente

    penetré tu aliento devastando mis esperanzas

    carencia de plumas alimentando incendios

    idioma de las hojas cuando caen sin remedio
    deshabitándote 
    naciéndote los silencios/la esfinge sagrada/la respuesta

                      me hacías de horas

    luz de ángel que arrastra sus cuchillos

    metamorfosis de la seda

    la porcelana que aniebla sus contornos

    pensé en liberar

                                   tu naufragio

                   –pensé–

    tus ojos hablan desanudando los vientos
    hundo mis manos de lluvia hasta modelarlos

    (el árbol de la sed        rodea tu cintura
    cuidate de mi angustia
    tan mía)



    6.00 A. M.

    el instante comenzó y no lo percibiste

    porque cada pregunta tiene su ancestro y su necesaria voracidad

    un día me tiro bajo un tren me dijiste
    no cualquier tren uno del sur
    el de Glew que va a Burzaco
    ese estaría bien me tiro y listo eso me dijiste

    la funda de los días en los hombros dormidos
    donde las campanas dejaron su espacio vacío
    y la noche su antifaz en algún nacimiento

    y me entrás a nombrar distancias cosas de años
    calendarios emparchados y caprichosos
    los nombres para el olvido que se adormecen en el laberinto
    en el cardumen de párpados con sus sombríos paisajes marinos
    y por la puerta absurda los numéricos relieves

    se alza la tierra desde su espalda con su vieja canción
    canción que podemos cantar y hasta bailar aunque estemos enemistados

    y te reíste y me sacaste la lengua
    costumbre de los espejos
    y empezaste con eso de que enturbiaste las aguas en papeles menores
    para que parezcan profundos
    de mandar al diablo las estrellas trepadoras
    y los pájaros que entran por los ojos

    insististe sabiéndome dormido
    que no reacciono hasta después de una ducha
    con eso de la negada planicie de caderas
    acto de participar la piel del hambre declarada
    hubiese preferido conocerte en vida me gritaste
    no en este simulacro de jardín
    de bronce y cerrojo descalzo




    De bulebú–  ediciones del náufrago – 1998 – Inédito


    Días de marzo

    contemplo la vacilación de los cables
                                       tendidos sobre el asfalto
    los pájaros se desprenden de un cielo 
                                       de sastre de barrio
    marzo se apresura a darme las doce
    sin ostentación de sus paredes peregrinas
    tamizando en su voz la tristeza del sol
    y derramando raíces en las esquinas desafortunadas
    viene ceñido en resplandor deshabitado
    deidad de los cristales apagados
    la luna llega de asilo o de hospital
    alargando el camino de la espada y de las penas
    jornada de los mármoles y de pie callado
    follaje febril en el aire sin estrellas
    advierte la mísera ley del aguijón
    nos invita con una vuelta de consuelo
    hasta emborracharnos de amor desencontrado
    y termina buscándonos por lo bajo
    en rincones de agua y de merienda
    para perdonarnos por no ser felices
    y por elegir el invierno antes de tiempo



    Entonces la lluvia... *

    Morí por la belleza -pero no fue suficiente
    Emily Dickinson

    Marzo alcanza su calma de media voz.
    Gira el verde de los miembros fragmentados.
    Sin horas que alarmen las investiduras
    de letra en acecho y reflejo de águila.

    El crepúsculo es ahora escamoso y oscuro. 
    He perdido mi color distintivo, 
    mi piel lustrosa y blanca que dibujaba contornos sobre el tablero.

    El cuerpo del rocío en la caja vaga.
    Sólo se sostiene de mí el llanto de la espada
    muriendo en incandescencia estremecida
    el admitido decorado de la lágrima.

    No puede mi corona asomar a los otros,
    apenas la sacude lo que persevera allí del viento;
    pesa horriblemente
    como el humo de las catedrales de mi frente
    y me impide elevarme a la luz,
    al aire.
    No pude inclinarme y la tristeza del mármol.

    Solía el Señor abrazarla con sus dedos temblorosos
    (siempre temblorosos al tocarme)
    las manos sarmentosas soportando la estrategia
    para desplazar mi puesto otra casilla,

    más guarecida,
    más fiel,
    inexpugnable.

    He rodado otras veces,
    pero sus manos presurosas evitaban todo golpe,
    todo sesgo de noche o sorpresa madura;
    he rodado,
    pero entonces avanzaba sobre territorio conocido
    a una velocidad inusitada,
    con aristas de alba y lluvia evidenciada;
    creí conocer el vértigo,
    el día y sus imperfectas sumas de corceles,
    pero aquello tenía fondo,
    rescate,
    fin,
    descanso.

    Era miedo o incertidumbre sobre cuando acabaría, 
    la cifra premiada en su puñalada, 
    no esta certeza de inmutable eternidad,
    de Destino. 
    Aquello no era vértigo,
    era sólo un presagio.

    ¿Habría servido no haberlo ignorado tercamente?
    ¿Me abría ahorrado, acaso, el oprobio?

    Tragado de planicie y de disfraz eterno.

    No hay enemigos.
    No hay duelo.

    Las bocas y las voces se confunden cotidianas.
    En este día prolongado de cristales
    soy una corteza que vivirá cien años.

    Sólo he volado alzado en manos del Señor,
    y aún así, no alcancé gran altura.
    A veces, dubitativo, me mantenía despegado del suelo durante unos instantes;
    podía contemplar la total extensión parcelada del tablero,
    no temía,
    estaba en sus manos,
    no caería;
    no,
    no temía.

    Sentí a través de su pulso el mudo estruendo del combate interno.
    Yo era un símbolo de la victoria o la derrota.
    Sosteniendo la mirada de las tumbas. 
    El fin pendía de mi salvación o muerte. 
    Hoy conozco la muerte; ya no soy un símbolo
    y el tablero entra por los ojos como un llanto al revés,
    espuma de los atardeceres tan míos.

    Me he mezclado con otras piezas que pensaba dispares, 
    durante los trayectos de la casa a la plaza; 
    habité el mismo espacio,
    la misma lúgubre caverna. 
    Bruñido en silencio y en cuchillo hecho mariposa.
    Entonces 
    presentía la apertura
    y la venerable luz que habría de distinguirme del resto. 

    Los cobijaba con mi emblemático valor, 
    pero amé ese resguardo sólo hasta donde se proyectaba mi sombra.

    El juego iba mal; perderíamos.
    El esfuerzo de los más débiles para salvarme.
    Peligraba,
    fue una angustia larga y feroz,
    nació en mí,
    culpa por el desenlace ya próximo.

    En un momento, se disipó la fijeza en su mirada;
    contemplaba el cielo que vi en sus ojos
    cerrado en súbito oscurecimiento,
    mármol a punto de estallar.

    Resistimos.
    El tiempo perdió su construcción de flecha.

    El viento cubrió el tablero de vegetales muertos. 

    Algunos cayeron, 
    yo me mantuve sosteniendo la cruz de mi corona 
    hasta caer como los otros, 
    pero más lejos, 

    más aislado. 

    Entonces la lluvia...

    como limones que se exprimen sobre una mancha.

    El Señor buscó;
    lo vi recoger unas piezas indiscriminadamente:
    caballos negros,
    peones;
    oí un zumbido parejo,
    grité,
    grité.
    La confusión de aire arremolinado le impidió encontrarme
    antes que el suelo se quebrara bajo mi cuerpo
    en un escalón de piedras ubicadas sin orden,
    sin atender a la forma 
    o al color.
    No era mi sitio,
    no esto.

    Vi al Señor descender,
    sumando escalones y no nubes,
    mi piso primero,
    luego otro
    y otro 
    y otro...
    hasta perderlo por completo en el olvido.

    Mi patíbulo ahora es prolongado y perfecto.
    La distancia ha muerto en su resplandeciente prestigio.
    La hiedra acontece en su feudo.

    El zumbido no ha cesado,
    persistente,
    suena el diapasón del desamparo. 
    Sólo yo lo escucho.

    ¡Oh, Señor!

    ¿Por qué me has abandonado?



    * Adaptación del relato El rey blanco de Nora Sánchez



    Encuentro con el ángel

    emerger envuelto en el plumaje fugitivo del cielo
    despertando nubes asaltadas de floresta
    suaves y sedientas inundadas de púrpura
    declina la luz en esta aurora que llega a hacernos de alimento
    y este azul es tan intenso que es imperioso cerrar los ojos
    para que no estallen como uvas en la peregrinación al vino
    los abismos boca abajo y sus cielos húmedos de imán
    yo prendido del ala que muere y del alba rabiosa
        busco al ángel que aguarda en la roca
        maravillado de no vernos sucumbir
    me dejo caer de mi ala aprovechándome del otoño
    lo miro a los ojos y me dice vengo del vacío sin dejar rastro
        traigo fango de estrellas de mi andar desolado
    en su roca el sol descubre sus miembros de niebla
    alza su cabeza cuando me siento a su lado
    y comprende que mi soledad no es ya de este mundo
    me dice sin mirarme 
        que encuentra en los astros la ternura de mí madre
    que lo que es de la desdicha a nadie pertenece
    por eso la del Amor con sus ojos que saben
        y su equilibrio de elixir no me pertenece
    y que la muerte no significa nada
        si un horizonte superpone a otro




    De vocalise –  ediciones del náufrago – 1998 – Inédito


    de un hachazo de libélula
    brotó el silencio
    tenía la desnudez humilde
    del arroyo de mi pueblo
    pero fue tocado
    y zozobró
    dejó las lluvias
    y las noches de invierno
    y la luz lo desconoció
    hasta abandonarlo
    terminó mezclándose
    con el cemento
    y las palabras
    y ante tanto dolor
    y desconcierto
    prefirió la voz de dios




    De expiario–  ediciones del náufrago – 1998 – Inédito


         te hallé donde los días se pierden. esbelta de confines llevabas mi alegría. donde los pájaros descienden a beber de tu equilibrio. estabas para entender de mares y tierras divididas. ángel perdido en su ceguera de basalto. labios que redimen el brillo de la muleta. expandiendo el vicio de página siguiente. quitándole el después a las horas de las lluvias. reservaste para el final el llanto del artesano. 

    (XIV)




    De ebriedad–  ediciones del náufrago – 1998 – Inédito


    poema 45

    se desencadena remoto lacerado a contraluna
    recuerda y recorta errante del reino
    sobreviene calla sabe el nombre y calla
    jadeante de caminos sin júbilo y estacas
    penetra extravíos y el sonido detenido
    busca bordes en el grito hondo de la especie
    juega a anochecer abruptamente
    y sólo espera del alba un mundo aligerado




    De Blues de la Damainvierno–  ediciones del náufrago – 1999 – Inédito



    lo poco que permitió saber a los mortales
    fue su verticalidad de panal y desvelo de espina
    querella de pan y fervor de labios en sus cabales
    entre charlas de porcelana y aquello que hubiera valido la pena
    en su húmeda caída de hembra niña propiciatoria
    vida sin cómplices ni tratativas de huesos
    subida a los trenes y a las lluvias con afán de desaparecer
    alejándose con la tristeza de un vestido tras una vitrina
    que la laberinta en encrucijadas de hechos y pavor

    el tiempo en su espesura abanicará sus otoños
    en esta extensión de roca el vientre y su perfil confunden
    favorecen al asombro y a la herida de la luz
    y esta tramposa quietud flota en recintos hechizados
    condenados por caricias y cercanías incandescentes
    un horizonte nos atrae con su ferocidad inalcanzable
    arrastrando nuestro túnel con mirada nocturna

    noche de mujer sin nombre
                                     miro el cielo que se angosta
    no voy a decirte que te amo en este conjuro
                                     en esta fatalidad
    sólo describir la inmovilidad de esta muerte del aire
    ningún fuego                        ningún mensaje
    nada que se teja o que vuele                  apenas
    el rumor del mar
                                     en fría escalinata

    anunciada por las aguas                        para que corra
    para no hundirme dos veces en su carne
    y atarme a su sangre deshabitando los regresos
    al marco indisciplinado de la cicatriz
    y a la sílaba tenaz que tomó mi forma

    el instante de tus caderas            y            las tinajas de tus pechos
    las admiré con manos que desconocía
                                      los acaricié con ojos de postales amarillas
    una luna de jade parpadea sus tatuajes de viejo esplendor
                  la sangre emprende sus esquinas veraniegas
                  hora de asistir al llamado del mar salvajemente
                  a golpes de albatros en el muelle del aire

    la llamé a cielo limpio
    y a espaldas de palabras
    en cada estación
                  con el color de sus frutos

    en el desorden de la esperanza 
    ocultó sus soles
    en la más antigua de las miserias 
    su fuga imprecisa



    De Veinte poemas para ser leídos en un transporte público privatizado – ediciones del náufrago – 2000 – Inédito



    20

    no hay música
    en esta transparencia del aire
    ni sílabas de flor

    andar por la vida
    en estos suburbios
    no es lo que esperábamos
    de estar vivos

    a mitad de la noche
    hacemos un alto de cordura

    estiramos la mano
    para que el futuro
    nos dé un lengüetazo tibio




    De finis terrae–  ediciones del náufrago – 2001/2010 – Inédito


    hoy en tanto
    las tantas muertes visitan mi osamenta
    no puedo rechazar sus países de alas y muelles solitarios
    el amanecer es una confusa máscara para mi corazón
    y voy de mi reloj al dueño de las estrellas
    me habitan con estremecimientos de oleaje y de leyenda
    frecuentan mis libros y las aristas de los muebles
    hablan de manera alocada para no contestar una mísera pregunta
    llegan inoportunos a excitarme de horizontes en la sangre detenida
    me acompañan enfundados en sus ropas marinas
    cuando se alejan con temor de calendario
                arrastrando el alma acariciada por los vientos
    giran errantes con su vociferar fosforescente
    insomnes en su piel de hospitales y besos que son de mi demencia
    me invitan a un corto vuelo de pájaro con sus manos lluviosas
    pido acompañarlos pero una risotada de tren se pierde 
                entre las sombras
    y a la deriva se deslizan como una plegaria
    no hay hechizo de la memoria ellos saben el desenlace
    sus abrazos buscan mi cuerpo furioso
    deseosos de vida dan portazos o hacen crujir una silla
    estarán siempre en mí con la piedad y la sabiduría del final
    una dádiva de muerte para dar empuje a esta vida
    alguna vez tuve algo que ver con ellos pero ahora son como niños
    se hacen los desentendidos del amor y de que se los echa de menos
    exijo por las respuestas que se llevaron pero eso los aleja 
    sin antes desordenar los papeles que me atan a la vida
    esos malditos muertos tan queridos que me alejan de
                casa



    De 18 poemas últimos–  ediciones del náufrago – 2011 – Inédito


    4

    es dar ese paso
    de rostros en lentitud
    irreversible
    de noche espumosa
    que sumerge a los trigales

    descendiendo a un cielo
    ligado al adiós
    y a prendas de mujer
    asomadas a la palabra
    por canales de graciosa muerte
    y otros desamparos

    ese viaje de un paso
    que nos aproxima tan lejos
    tan ajeno como un sueño
    y el grito de las campanas
    promesa de elocuencia o desarraigo
    entreabre perfumes y hechizos
    y errantes serán 
    centímetros de asombro
    en el mediodía del color de los tigres

    desnuda pensamientos de luna
    en su pretensión de cristal
    hacia atrás 
    siempre corto de travesía
    y de repartida claridad
    para quedarse
    y ver qué pasa







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  • 03/05/17--21:12: BRUNO BARTOLETTI [19.984]

  • Bruno Bartoletti

    (Montetiffi di Sogliano al Rubicone-Italia,  1942). Poeta, escritor y ensayista, Ha publicado en poesía. Licenciado en Materias literarias por l’Università degli Studi di Genova (Italia), doctor en Estudios Romanos por l’Università d’Aix (Provence). Ganador de los premios La Rocca poesia (1999), Aupi (2000), G. La Pira (2001) y Le Riviere (2003). Ha publicado Trasparenze. Frammenti di memorie (1997), Le radici (2000), Parole di ombre (2001), Il tempo dell’attesa (2005), Briciole di poesia (2008), Contributi per la Storia della Letteratura Italiana: Il Secondo Novecento (2009), Sparite in silenzio ritrovando il vento delle strade (2012, 2014) y I volti non hanno più nome (2017), entre otros.

    Poeta, scrittore e saggista. Laureato in Materie letterarie per l’Università degli Studi di Genova (Italia), dottore in d’Etudes Romanes per l’Università d’Aix (Provence). Vincitore dei premi La Rocca poesia (1999), Aupi (2000), G. La Pira (2001) e Le Riviere (2003). Ha pubblicato Trasparenze. Frammenti di memorie (1997), Le radici (2000), Parole di ombre (2001), Il tempo dell’attesa (2005), Briciole di poesia (2008), Contributi per la Storia della Letteratura Italiana: Il Secondo Novecento (2009), Sparite in silenzio ritrovando il vento delle strade (2012, 2014), I volti non hanno più nome (2017).



    Las manos que buscan la sombra. 7 poemas de Bruno Bartoletti

    Selección por Clery Celeste*


    Jugar a las escondidas

    Amaba la sombra, el borde de las paredes
    y la sensación de jugar a las escondidas, por miedo.
    Sabía que en la esquina, el más grande, se podría
    incluso ocultar y nadie
    vendría después a reemplazarme, sabía
    que ese era el lugar más seguro,
    por ello esta noche fui
    a buscarlo, me puse en la pared
    de lado, con las piernas cruzadas
    y en la espera contaba hasta diez como antes.

    Pero no tengo más los años en que jugaba,
    miro todavía lejos, crecí
    y con los años dejé de jugar,
    y ahora no puedo encontrar una razón,
    así espero

    espero que alguien vuelva a buscarme.



    También los padres

    También los padres no deberían morir,
    pensaba cuando era niño, y sin embargo
    crecí esperándolos siempre en la parada del autobús
    con su Guzzi,
    después desaparece cada cara y la voz
    no la recuerdo, no tengo nada en mi mano,
    nada y raíces, incluso aquellas, quemadas.

    Estoy ahí abajo, en el fondo las voces,
    ¿no oyen también las mismas voces?
    La casa se pierde detrás del diluvio, la carretera
    y el río, un riachuelo apenas corre por debajo del puente.
    Un agujero negro y el pico que golpea,
    una lámpara oscila, no hace luz.
    La chaqueta desgarrada, la cara sucia,
    este es el desgarro, la herida oscura,
    el sol que no habla.

    Y la casa mira allí abajo la carretera,
    el polvo que deja el sabor del andar sobre ella,
    el no retorno se tiñe de dolor.
    Demasiado pronto, demasiado pronto para entender,
    pero se apresura, crece poco a poco,
    se mete en las raíces, se esfuerza por encontrar razones,
    se oye sólo el grito, la rotura,
    rasgando detrás de la puerta.

    Y mi madre todavía de perfil,  imprime en la ventana
    su mirada, perdida en lejanías
    ignoradas.



    Aquel niño de pantalones cortos

    Me imaginé siempre niño,
    como entonces,
    en aquella  vieja foto de hace tantos años.

    Aquel niño de pantalones cortos,
    los brazos descuidados como ramas,
    el pecho desnudo y su sombra sobre la piedra,

    no tiene palabras,
    sólo una sonrisa cansada

    marcada en los labios contra el sol.



    No hay nada más qué decir

    Siempre llegué a las citas,
    puntual,
    pero siempre esperé aquella llegada.

    No hay nada más que decir,
    mi estado es un destino de expectativas,
    y de fugas -a veces-
    necesarias. No decir nada más
    es también demasiado claro que la vida
    te deja sabores amargos
    y lecciones para no olvidar.
    Un día alguien vendrá a la cita,
    cerrará la puerta y girará la llave
    doblemente,
    a veces es preferible la oscuridad,
    la bisagra que cierra,
    sin dejar espacios.

    Pero, no hay nadie que me pueda indicar una salida,
    nadie que me pueda morder los dedos,
    pues incluso eso me haría bien.

    Así ando sin rumbo, permanezco debajo del portón,
    miro el reloj,
    una manecilla rota, inmóvil, como este día
    que no se decide a morir.



    Los rostros no tienen más nombre

    Que algo fijo está cambiando
    lo comprendí en las horas de insomnio
    y las veces que de noche voy al baño.
    Con dificultad, me esfuerzo por encontrar la salida,
    tambaleo intentando otras puertas
    y apenas encuentro, de nuevo, la entrada.
    Hubo un tiempo en que podía señalar la puerta de memoria
    con los ojos vendados, sin dejar rastro,
    un tiempo no muy lejano.

    Y los veo –las sombras en las paredes–
    aquellos rostros que regresan.
    Los rostros no tienen más nombre



    En la noche

    En la noche
    prospectiva delatada de figuras
    de presencias y sonidos  -lejanías.

    Quien muere olvida, quien permanece
    está a la espera de un último mensaje.
    Nuestra desnudez está tomada
    por la ineludible presencia
    de lo efímero del tiempo de la miseria.
    Me asusta la muerte,
    sin embargo me recoge
    un pequeño respiro una presencia.

    La presencia de tantos
    que en silencio
    se fueron casi caminando de puntillas.
    Aquí yace inmóvil una calesa,
    tiene las riendas sueltas mientras oscila
    una señal en el viento.



    Una vieja Guzzi y mi padre

    Una vieja Guzzi y mi padre
    -me parecía un gigante-  sus curvas.
    Me decía apuntando a una rendija muy azul
    tallada lejos entre los montes:
    «¿Ves? Por allí está el mar».
    Y soltaba una sonrisa limpia de tranquilidad
    mi padre que apenas conocía
    y vuelvo a sentir aquel dulce sabor
    de azul tallado entre los montes.

    La vida se encumbra y a veces se destroza,
    pero siempre quedan los más dulces

    recuerdos.

    Las manos que buscan la sombra.



    ——

    (versión original en italiano)


    Le mani che cercano l’ombra.
    7 poesie di Bruno Bertoletti


    Giocare a nascondino

    Amavo l’ombra, lo spigolo dei muri
    e il senso di giocare a nascondino, per paura.
    Sapevo che nell’angolo, il più grande, ci si poteva
    anche nascondere e nessuno
    sarebbe poi venuto a rimpiazzarmi, sapevo
    che quello era il posto più sicuro,
    per questo la sera me ne andavo
    per cercarlo, mi mettevo sul muro
    di traverso, con le gambe incrociate
    e nell’attesa contavo fino a dieci
    come un tempo.

    Ma ora non ho più gli anni del gioco,
    guardo ancora lontano, son cresciuto
    e con gli anni ho smesso di giocare,
    ma non so farmene una ragione,
    così aspetto

    aspetto che qualcuno ritorni per cercarmi.



    Anche i padri

    Anche i padri non dovrebbero morire,
    lo pensavo da bambino, e invece crebbi
    aspettandoti sempre alla fermata
    con la tua Guzzi,
    poi ogni volto scompare e la voce
    non la ricordo, non ho nulla in mano,
    nulla e radici, anche quelle, arse.

    Sono laggiù nel fondo le voci,
    non le udite anche voi le stesse voci?
    La casa si perde dietro il diluvio, la strada
    e il fiume, un rigagnolo appena sotto il ponte.
    Un buco nero e il piccone che picchia,
    una lampada oscilla, non fa luce.
    La giacca strappata, il volto sporco,
    questo è lo strappo, la ferita buia,
    il sole che non parla.

    E la casa guarda laggiù la strada,
    la polvere che lascia il sapore dell’andare,
    il non ritorno si tinge di dolore.
    Troppo presto, troppo presto per capire,
    ma si fa in fretta, si cresce a poco a poco,
    si metton su radici, ci si sforza di trovare ragioni,
    si ode solo il grido, la rottura,
    lo strappo dietro l’uscio.

    E mia madre ancora di profilo, che stampa alla finestra
    il suo sguardo, in lontananze perdute
    disattese.



    Quel bambino dai calzoni corti

    Mi sono sempre immaginato bambino,
    come allora,
    in quella vecchia foto di tanti anni fa.

    Quel bambino dai calzoni corti,
    le braccia abbandonate come rami,
    il petto nudo e l’ombra sulla pietra,

    non ha parole,
    solo un riso stanco

    segnato sulle labbra contro il sole.



    Non c’è nient’altro da dire

    Sono sempre arrivato agli appuntamenti,
    puntuale,
    ma ho sempre aspettato quell’arrivo.

    Non c’è nient’altro da dire,
    il mio è stato un destino di attese,
    e di fughe – qualche volta –
    necessarie. Non dire nient’altro
    è anche troppo chiaro che la vita
    ti lascia amari bocconi
    e lezioni che non riesci a dimenticare.
    Qualcuno un giorno
    arriverà a quell’appuntamento,
    chiuderà la porta e girerà la chiave
    a doppia mandata,
    a volte è preferibile il buio,
    la cerniera che chiude,
    senza lasciare spazi.

    Ma nessuno che possa indicarmi una via di uscita,
    nessuno che possa mordermi le dita,
    anche questo mi farebbe bene.

    Così mi aggiro senza meta, resto sotto il portone,
    guardo l’orologio,
    una lancetta rotta, immobile, come questo giorno
    che non si decide a morire.



    I volti non hanno più nome

    Che qualcosa stesse cambiando
    lo capii dalle ore di insonnia
    e dalle volte in cui la notte vado al bagno.
    A stento fatico a trovare l’uscita,
    m’addentro nel buio
    barcollo tentando altre porte
    a stento ritrovo l’entrata.
    Un tempo potevo indicarla bendato
    la porta a memoria, senz’ombra,
    un tempo nemmeno distante.

    E li vedo – le ombre sui muri –
    quei volti che tornano.
    I volti non hanno più nome.



    Nella notte

    Nella notte
    prospettiva dilatata di figure
    di presenze e di suoni – lontananze.

    Chi muore dimentica, chi resta
    sta in attesa di un ultimo messaggio.
    La nostra nudità sta come presa
    da questa ineluttabile presenza
    di effimero di tempo di miseria.
    Mi spaventa quest’essere di morte
    eppure mi raccoglie
    un piccolo respiro una presenza.

    La presenza dei tanti
    che in silenzio
    quasi in punta di piedi sono andati.
    Sta qui fermo un calesse,
    ha le redini sciolte mentre oscilla
    un’insegna nel vento.



    Una vecchia Guzzi e mio padre

    Una vecchia Guzzi e mio padre
    – mi sembrava un gigante – sui tornanti.
    Mi diceva indicando uno spicchio più azzurro
    tagliato lontano tra i monti:
    «Vedi? Quello laggiù è il mare».
    E aveva un limpido riso da buono
    mio padre che appena conobbi
    e risento quel dolce sapore
    di azzurro tagliato tra i monti.

    La vita si inerpica a volte si sfascia,
    ma restano sempre i più dolci
    ricordi.

    Le mani che cercano l’ombra.



    _________________________________________
    Clery Celeste*

    (Forlì-Italia, 1991). Poeta. Licenciada con honores en Técnicas de radiología médica. Actualmente, estudia Letras modernas en la Universidad de Bologna¨(Italia). Ha ganado los premios Tropea Onde Mediterranee (2009 y 2010), Agostino Venanzio Reali (2009, 2010 y 2012), E. Cantone (2011 y 2012),  Pro Loco Fiume Veneto (2011), Biennale internazionale dei Giovani artisti dell’Europa e del Mediterraneo (2012) y ha sido finalista del Premio Rimini (2014). Se desempeña como redactora de la revista Atelier y de Ladolfi editore. Ha publicado en poesía La Traccia delle vene (‘El rastro de las venas’, 2014) con la que ganó los Premios Elena Violani Landi Università di Bologna (2015) y Maconi (2015), entre otros.

    Poetessa. Laureata con lode in Tecniche di Radiologia medica. Attualmente studia lettere moderne presso l’Università di Bologna (Italia). È stata vincitrice dei premi Tropea Onde Mediterranee (2009, 2010); Agostino Venanzio Reali (2009, 2010, 2012); E. Cantone (2011, 2012); Pro Loco Fiume Veneto (2011); Biennale internazionale dei Giovani artisti dell’Europa e del Mediterraneo (2012), risulta finalista al Premio Rimini (2014). Fa parte della redazione on – line di Atelier, Ladolfi editore. Ha pubblicato in poesía La Traccia delle vene (2014) è la sua opera prima ed è stata vincitrice dei premi Elena Violani Landi Università di Bologna 2015, premio Maconi 2015, tra altri.

    http://www.vallejoandcompany.com/las-manos-que-buscan-la-sombra-7-poemas-de-bruno-bartoletti/





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    Tania Favela Bustillo

    Tania Favela Bustillo, nacida en México D.F. el 28 de junio de 1970, es una poeta, ensayista y traductora. Desde 1994 es profesora en el Departamento de Letras de la Universidad Iberoamericana, donde también ha realizado estudios de postdoctorado.

    En noviembre de 2012 obtuvo el grado de doctora en Letras por la UNAM. Ha estudiado a poetas latinoamericanos como Hugo Gola, José Watanabe, Juan L. Ortiz, entre otros.

    A los 24 años empezó a escribir poesía. Fue hasta los 35 años que publicó su primer libro de poemas, titulado Materia del Camino, en la editorial Compañía. Su trabajo ha sido publicado en varios números de la revista El Poeta y su Trabajo.

    Colaboró con Jaehl Leal en la traducción de En la tierra de Robert Creeley, publicada por la editorial Textofilia en 2008.

    Obras

    2006- Materia del camino
    2008- "En la tierra" de Robert Creeley (Textofilia Ediciones, 2008).
    2013- Pequeños resquicios (Textofilia Ediciones, 2013)
    2013- El desierto nunca se acaba/antología poética de José Watanabe (Textofilia Ediciones, 2013)




    Tania Favela Bustillo,
    Pequeños resquicios,
    Textofilia, 2013.



    Para José Watanabe
    (En recuerdo de Micaela)

    como quien encuentra una piedra
    como quien encuentra una moneda
    el poeta encuentra un poema
                lo anota
                lo guarda en su bolsillo
    como quien guarda una piedra
    como quien guarda una moneda
                            de suerte
                            de talismán
    lo lleva a casa
    lo deja entre sus cosas
    como la piedra la moneda  el poema recibe polvo
    envejece un poco
    olvidado
    entre cajones
    como una moneda reencontrada
    como una piedra vuelta
    el poeta vuelve al poema
    reescribe versos
    ajusta ciertas frases
    lo guarda nuevamente en su bolsillo
    lo palpa
    como quien palpa una piedra
    como quien lanza al aire una moneda
                                                   lanza el poema
                            todo se juega ahí
                            se deja todo
                            en la apuesta



    TANIA FAVELA BUSTILLO

    Palabras que surgen e informan del silencio, o sobre Pequeños resquicios de Tania Favela Bustillo

    En poesía hay que amar las palabras, las ideas, las imágenes
    y los ritmos con toda la capacidad con que uno ama cualquier cosa.

    W. Stevens


    Debo comenzar este texto diciendo que me interesa observar siempre un poema o una serie de poemas dentro de una totalidad llamada libro o en una reunión de libros. Quiero decir con esto que un solo poema no me basta, o que exijo de un poeta más, siempre más. Leer un poema, un gran poema, es siempre una experiencia placentera, un regocijo para el corazón, la sensibilidad y el pensamiento. Cuando digo que un poema no me basta, trato de decir que un poema, un gran poema, siempre surge acompañado de otros poemas, quizá no tan grandes o logrados, o quizá sí. Al leer una cantidad considerable de poemas de un poeta, uno desea encontrar una monotonía, como quería Cesare Pavese y Hugo Gola, una reiteración continua de cosas (o una inmersión más profunda en las mismas), una manera de ver y de sentir, una reiteración de gestos que informen, que puntualicen que esa persona creadora, el poeta, es un individuo. Traigo a colación lo anterior, porque encuentro este elemento monótono, reiterativo, en el libro  Pequeños resquicios de Tania Favela Bustillo.

    La poeta publicó en el 2006 el libro Materia del Camino: una reunión de 30 poemas cortos que escribió a lo largo de 12 años. Pasaron 7 años más para que publicara su segundo libro Pequeños resquicios. Favela Bustillo, a partir de lo anterior, parecería decirnos implícitamente que el ejercicio, el trabajo con la poesía requiere de tiempo, paciencia, silencio, intimidad, algo que, en la actualidad, es inusual o se trata de evitar: parece que al hombre actual no le interesa lo íntimo, sino que ha vuelto su mirada, se ha avocado, a lo público. No es necesario ahondar en lo anterior, es algo constatado diariamente.



    Regresando a Favela Bustillo, ¿qué ha sucedido en su quehacer poético del primero al segundo libro? Creo que en Materia del Camino, la poeta encontró su instrumento, lo afinó y lo tocó. Si uno lee los poemas de ese libro, diría que se encuentra con vislumbres de energía, chispazos, impresiones que, directamente, con gran economía de lenguaje, sin metáforas,  la poeta nos informa de las experiencias profundas que ha tenido.

    Un ejemplo:

    Un poema
    se hace
    de nada
    un poema
    se hace
    de pequeñas cosas
    nace solo
    o no se hace
    nace así
    como si nada
    así nace
    se hace
    poco
    o nada
    llega a la orilla
                             al fin

    Al decir arriba que la poeta encontró, afinó y tocó su instrumento, quiero decir, como en el poema anterior, que encontró un tono y una musicalidad particulares. Obviamente el poema anterior gira en torno a la consonante S, a las sílabas que se forman por la reiteración de la S.

    Como dije, en Materia del camino, la poeta encontró su instrumento y lo tocó de manera, diré, casi tímida, como si comenzará a aprender a hablar una lengua.

    En Pequeños resquicios, la poeta ya aprendió a hablar y ahora amplía sus registros: los poemas ya no son vislumbres, percepciones fugaces, chispazos, puntualizaciones de momentos o sucesos importantes para ella: ahora nos encontramos que un mayor despliegue de energía, de temas diversos, de sonoridades más complejas, entretejen sus poemas: ya no uno, sino varios instrumentos toca, entran en juego.

    Quisiera referirme a un elemento que Favela Bustillo incorpora en este libro, que en el anterior no estaba. El libro está dividido en cuatro partes. Las dos primeras, diremos, giran en torno a anécdotas o historias que la poeta leyó, vio o escuchó y que, fueron tan importantes que, generaron la necesidad y el deseo de escribir.

    Por supuesto, no cualquier anécdota le sirve para comenzar a escribir: las anécdotas que le interesan, según constatamos en el libro, tratan de vidas particulares, de vidas de artistas, de sueños, de situaciones, de pensamientos. Estas anécdotas, diré, le enseñan maneras de vivir distintas con las cuales comulga, o admira o se embriaga. Estas anécdotas se vuelven la materia con la cual se va a construir el poema. Pero detengámonos un poco: la anécdota o la historia, lo extraordinario que la poeta encuentra en lo leído o escuchado, es el motor que moviliza su deseo de escribir, de ir dando cuenta, a partir de las palabras (de lo sonoro, lo conceptual y lo imaginario que en ellas se encuentran), esa emoción que le ha causado conocer o saber algo con lo cual se identifica o llega a amar. Entonces, diremos, de nuevo, que la anécdota es el pivote para comenzar a escribir, pero que, a continuación, comienza el trabajo real: la poeta construye con palabras, el estado anímico, perceptual y conceptual que la llevó a escribir, y nos informa “lo máximo’, la potencia, la condensación de la experiencia, de lo que la motivó a escribir. La poeta es poeta, entonces, no por los temas que aborda, sino por la manera en cómo los aborda: el orden minucioso de las palabras que quedan asentadas en la página; los silencios, la repetición de sonidos, el ritmo pausado construido.

    Un ejemplo de lo anterior lo encontramos en el poema A Bill Evans (pianista de jazz).

     abandonó
          su instrumento
    por la muerte
          de Scott LaFaro
    Bill Evans
    abandonó su instrumento
    15 años
    guardó silencio
    como Rublev
    guardó silencio
    decepcionado de los hombres
    decepcionado de la vida
    y la muerte
    sus manos dejaron de hablar
    su boca
    detuvo la palabra
    hasta que el golpe
                       de la campana
    la resonancia
                       de la campana
    inundó el corazón de Rublev
    despertó
    su corazón
    la campana de Bill Evans
    fue un hombre
    Eddie Gómez
    logró      resonar
    más allá de la muerte
    y avivar
    la música callada


    En este fragmento encontramos algunas cosas que hay que puntualizar ya que se encuentran a lo largo del libro. En los poemas de Tania encontramos un ritmo lento, sin apresuramientos, ni en lo que informa ni en el cómo lo informa. Si Rublev dejó 7 años de hablar y Bill Evans 15 años de tocar su instrumento, el poema debe informar, en su construcción, el paso lento del tiempo. El poeta es alguien que se detiene ante las cosas, las vive, las experimenta y quizá, como quería Rilke, algún día, el menos pensado, de todo lo vivido puede que surja el primer verso de un poema que dará cuenta, con sus silencios y sus palabras, de la condensación y la huella de una vida única vivida. En todo el libro Pequeños resquicios, encontramos esta visión y esta constatación: los poemas son la huella de la vida y de la visión de la poeta de la existencia. Por supuesta, quedarían muchas otras cosas que decir sobre el libro. Por lo ponto, para finalizar este texto, citaré de nuevo a W. Stevens  que escribió:

    Cosechar poesía de la propia experiencia en el curso de la vida, es distinto de simplemente escribir poesía.

    Esto mismo sucede con la poesía de Tania Favela Bustillo.

    Luis Verdejo
    Tania Favela,  Pequeños resquicios, Editorial Textofilia, 2013



    en recuerdo de un recuerdo de Gola
    de Saint Nazaire
    recuerdo sólo
    las salinas
    largas
    delgadas
    blancas
    y el mar
    y el viento helado
    recuerdo
    el recuerdo del poeta
    caminando por el muelle
    buscando
    el vuelo de las aves
    para trazar
    el movimiento
    de sus alas
    imagino el aliento retenido
    la sorpresa ante el poema
    escrito de golpe
    una mañana
    la alegría del encuentro
    la palabra que llega
    el ala detenida
    la mano
    que se tiende
    agradecida



    el barco de papel
    se despliega
    hasta ser hoja
    lisa
    el niño
    se sorprende
    de tal metamorfosis
    la hoja cambia
    de barco a rana
    de rana a gorro
    para después
    volver
    de nuevo
    a ser hoja
    blanca
    y sin manchas…
    pero llena de arrugas
    ¡algo
    piénsalo
    ha envejecido!





    Tania Favela: el silencio (entre paréntesis) 


    Clinamen: muestra dinámica de poesía contemporánea* 
    Redacción cartóNPiedra 

    En estos poemas hay una voz o dos que van más rápido, que se adelantan, como un pensamiento (o varios) en segundo plano, y que dan forma o completan o reinterpretan. Y es como si el silencio hablara entre paréntesis y aclarara los versos o los transformara. En términos musicales (una melodía distinta, menos monótona y menos sencilla) imagino dos o tres instrumentos (o voces) perfectamente afinados, que logran combinarse en una única melodía; pero uno de ellos avanza más rápido, mientras otro reproduce notas lentas, pausadas, y un tercero se mantiene definiendo la base del ritmo, como un bajo. Y a veces el último acelera y otro se detiene casi a un punto del silencio. Todos se acompañan y llegan finalmente al oído al mismo tiempo (gracias a un equilibrio con la textura del fondo). Este encuentro entre ritmos (y alturas), este fluir de unos más rápidos que otros (reitero) —que se complementan y unen—, es la esencia de estos poemas de Tania Favela Bustillo. Y pese a estas complejidades, es una poesía que busca captar lo esencial, que canta en voz baja: «Como si no pasara nada/ pero todo pasa/ un susurro al oído  —eso es todo—  el aliento cálido que entra/ —el caracol que se estremece—». Son cuadros o fotos de pensamientos o sueños, que presentan imágenes rápidas o maneras de ver y sentir, como  cuando dice, sobre la vida como una plegaria grácil: «Recuerda lo amargo lo duro lo quebradizo  ahí (adentro)/ rama suelta (piensa) sobre sí misma plegándose hasta el fondo/ ovillándose más  (¿para quién?)/  al fondo la plegaria sigue sonando esa palabra-bambú  (piensa)». Pienso en esa rama suelta, en lo delicado. Y me quedan también esas voces ligeras dando vueltas encima del poema. Entonces pienso en sonidos que se acompañan: los tacos de una mujer corriendo por una calle embaldosada y solitaria, mientras desde alguna ventana suena un piano o una radio con una canción triste y un ladrido lejano; o el ruido de la lluvia frente al mar donde la gente pasa hablando, con las olas estallando y modificando el sentido del agua; o imagino a un poeta leyendo y explicando al mismo tiempo su canto y corrigiendo al instante. Todo esto sucede en estos versos gracias a un delicado equilibrio (entre el fondo y esta forma distinta, múltiple) que finalmente genera armonía y belleza. 
    Héctor Monsalve V. 




    Sóplame al oído  (dijo)  que no vaya a decir ninguna estupidez 
    al oído y luego a la boca  (sóplame)  (dime ahí)  en lo cóncavo 
    ahí  (desde ahí)  que resuene tu voz en silencio   adentro  
    tu voz con todos sus sonidos en silencio  (en lo cóncavo) 
    —pensó— y pensó en ese caracol que es el oído             
    ese caracol que escucha    la espiral —pensó también— 
    la voz entrando  (o saliendo)  por la espiral             
    (ahí sóplame) —dijo— al fondo de esa espiral     arriba 
    la escalera de caracol?             
    —pensó— el vértigo de la caída             
    como si no pasara nada/ pero todo pasa 
    un susurro al oído —eso es todo— el aliento cálido que entra                                                            
    —el caracol que se estremece—  eso es todo              
    la vida —pensó— es un susurro 





    Se quiebra lo duro     lo blando se pliega sobre sí mismo 
    plegaria   (piensa sin saber por qué)     la palabra es blanda 
    (piensas)     resiste el duro viento           palabra-bambú  
    —así de flexible— (piensa o recuerda)   (no sabe bien) 
    bambúes  desplegándose   replegándose al viento 
    —gráciles— (alguien dice)   la plegaria grácil                                  
    de ahí su fuerza de ave (dice)  sin amargura                  
    sin amargura alguna (piensa)  se quiebra sobre sí misma                  
    recuerda lo amargo   lo duro   lo quebradizo  ahí ( adentro) 
    rama suelta   (piensa)  sobre sí misma    plegándose hasta el fondo 
    ovillándose más  (¿para quién?)           
    al fondo la plegaria sigue sonando     esa palabra-bambú  (piensa)             
    ese campo todo bambú  —grácil— moviéndose al decir del viento 







    Se lanzan imperturbables al vacío      los pájaros      se lanzan 
    imperturbables         (siente el pulso del tiempo)    es octubre 
    y no hay ninguna red            sólo el instinto que sigue el curso 
    del día        del día a la noche      ahí       así     (desata el nudo) 
    como lo hicieron los hombres de antaño   que se lanzaban    así 
    adentro       afuera         imperturbables          (desata el nudo) 
    es más que tres palabras       es más que un juego de lenguaje 
    tres pájaros        uno detrás del otro        siguiendo  el impulso 
    el pulso del tiempo         es octubre     la mañana fría                  
    sin redes                 se abre 






    mírate con la rosa en tu edad (dice el sueño que sueñas) 
    se detiene el lenguaje   ahí adentro la rosa abre sus pétalos 
    adentro cada pétalo es espejo   ojo que se abre hacia afuera         
    ¿la rosa sueña?  ¿o sueña el sueño que dice? 
    la rosa es un azor y vuela alto    adentro   cada pétalo es un ojo 
    un espejo que se abre hacia el mar   ¿reflejo de qué?        
    se detiene el lenguaje y entra el azar     el gesto dice 
    la rosa sueña el sueño que sueñas       se abren sus párpados 
    mírate con la rosa     (en el fondo nada el tiempo)                     
    adán abre los ojos                                 
    la rosa se abre (dice el sueño que sueña)   

    * Curaduría por Víctor Vimos y Manuel Ramos Van Dick






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  • 03/05/17--21:59: ALEXANDER SHURBANOV [19.986]

  • Alexander Shurbanov

    (Sofía-Bulgaria, 1941). Poeta, profesor y traductor. Ph.D. en Literatura inglesa por la Universidad de Sofía (Bulgaria) y doctor en Filología por la misma universidad. Se desempeñó, durante más de cuatro décadas, como catedrático de Literatura inglesa en la Universidad de Sofía (Bulgaria). Su trayectoria literaria ha sido reconocida con prestigiosos premios obtenidos en calidad de escritor, traductor e investigador. Sus traducciones incluyen las tragedias de Shakespeare y su versión al búlgaro de Hamlet ha sido puesta en escena durante los últimos cinco años en el Teatro Nacional de Bulgaria. Además tradujo Los cuentos de Canterbury de Chaucer, El Paraíso Perdido de Milton, la poesía y prosa de Coleridge y la poesía completa de Dylan Thomas. Ha publicado en poesía The Third Hand (1977), Forgotten Clouds (1983), A Place for Man (1987), Flowers of Frost (1994), The Ring of Time (1997), Frost-Flowers (Bilingual Bulgarian-English Collection, 2001), Beware: Cats (Bilingual Bulgarian-English Collection, 2001), Dove at My Window (2006) y Reflections (2011), entre otros.


    Antes de que la nieve caiga. 11 poemas de Alexander Shurbanov


    Se presenta, por primera vez en español, 11 poemas inéditos del poeta búlgaro Alexander Shurbanov, que serán próximamente publicados por la editorial Scalino en Sofia. Shurbanov es uno de los escritores y traductores más reconocidos del panorama literario búlgaro contemporáneo, cuya trascendencia poética se pone de manifiesto en este ciclo de poemas dedicados a los árboles.


    Por Alexander Shurbanov
    Traducción del búlgaro Reynol Pérez Vázquez
    Crédito de la foto el autor


    ¡Con cuánta agilidad
    se encarama al árbol
    la ardilla!
    Pero la paloma
    la ha aventajado hace ya mucho:
    está balanceándose en la cima.
    Y es tan simple
    su secreto:
    dejar de lado toda clase de respaldo,
    apoyarse
    únicamente en aquello
    que respiras
    y abrir los dedos
    a todo lo ancho,
    hasta donde las uñas
    olviden que son uñas
    y se abandonen,
    para florecer en alas.



    Llovizna

    Entre los escasos árboles del parque
    la llovizna
    no cesa…

    Dos estudiantes de secundaria
    de camisolas oscuras
    fuman a escondidas.
    Taciturnos y desolados.
    Silenciosos.
    Como si fueran a retarse a duelo.

    Una llovizna
    sin cesar está cayendo sobre el parque,
    pero el follaje aún sigue seco.



    Parque público

    Y la gente plantó el bosque
    –el cual había talado–
    en el corazón de la árida ciudad.
    Y las verdes cimas de los árboles hicieron oír su alboroto.
    Llegaron también los pájaros,
    porque conocían el bosque,
    y se instalaron en él,
    y despertaban la mañana con cantos.
    Y llegaron las lluvias
    y el sol,
    lo mismo que las plantas
    y las hormigas,
    porque conocían a los árboles
    y los amaban.
    Llegaron a su vez los vástagos de la gente
    y colmaron las sombras de bullicio.
    Y sonrió Dios
    al ver
    que tenía ayudantes
    y la creación
    continuaría.



    Tengo tiempo

    Un arborzuelo –despeinado y travieso–
    por un instante se separa de los demás,
    ordenados junto a la línea,
    y se lanza hacia el tren
    con todas sus ramas erizadas:
    –¡Bu!
    –pretende asustarlo.

    El tren, sin embargo, no le presta atención.
    Se ha echado a correr para cumplir con la tarea
    que le han encomendado:
    ¡no tiene tiempo para jugar con pícaros!

    Sólo yo,
    pese a que me traslada el tren,
    sin afeitar incluso,
    sin prisa por llegar a sitio alguno
    y con las manos tendidas al viento
    a través de la ventanilla bajada,
    tengo, tengo tiempo,
    arborzuelo, tengo tiempo,
    tengo…



    Reflejos

    El árbol se inclina sobre el agua,
    donde igual que algas
    crecen
    rumbo a él las ramas de su reflejo.
    Manos,
    tendidas
    unas hacia las otras,
    sin osar el tocarse del todo.

    Como animales hipnotizados
    los árboles de uno y otro mundo
    se  miran con fijeza mutuamente.
    Y pese a pasar tan cerca
    y que brillara la luna por encima de mí,
    no tembló ni siquiera una hoja.



    El jazmín

    Más insolente que la grama,
    acometedor,
    implacable
    en el jardín contra sus convecinos,
    el jazmín
    se introduce en todas partes,
    ahoga, echa fuera a empujones, atropella,
    quiere más lugar
    para sí,
    sólo para él.
    Un arbusto como éste
    no es del todo atrayente.
    Pero cuando en junio
    se cubra de flores de un blanco nupcial
    y colme el aire templado
    de su aroma
    como perfume del paraíso,
    ¿quién recordará entonces
    sus pecados?



    Zarzamora

    Malévola es la zarzamora,
    ha afilado contra todos
    sus innumerables espinas:
    ¡para que no roces su tronco siquiera!
    Es malévola.
    Ha penado, según parece.
    Sin embargo, antes de que la nieve caiga,
    justo desde adentro de su corazón
    inquieto
    se desentume a través de todas sus corazas
    y sus frutos
    ofrece a manos llenas
    a cada transeúnte.
    Y esos frutos,
    pese a no llamar la atención en absoluto,
    son dulces y olorosos
    y ligeramente
    ásperos al paladar,
    como un amor
    que ha guardado silencio
    largamente.




    Al pie del árbol

    El árbol pone su mundo vertical a disposición
    de cualquiera que sepa cómo alcanzarlo.
    Aquí la ardilla casca tranquilamente sus avellanas invernales,
    aquí el arrendajo pasea la mirada por los territorios bajo su tutela,
    aquí mi infancia trepa descalza hacia el cielo,
    aquí incluso el gato –fiera doméstica– se desliza con astucia,
    para probar la dulzura de lo montaraz.
    Para cada uno aquí palpita su rama dorada.
    Y sólo el perro y el hombre envejecido
    alzan desde abajo penosas miradas terrenales
    y fascinados se quedan cierto tiempo al pie del árbol
    antes de continuar por sus caminos llanos.



    Un viajero tardío soy yo

    Paso por el camino
    al lado de tu casa.
    Y el árbol,
    que se asoma
    por arriba de tu barda,
    me regala generoso
    sus frutos maduros.
    No importuna al árbol.
    La barda, ya lo veo, es tuya.
    El árbol no.
    No importa
    que lo hayas cuidado.
    Ha crecido solo.
    Por encima del camino él tiende
    a los viajeros ocasionales
    unas ramas alegres e indóciles.
    Y tú, el amo y señor, presta oídos:
    cada noche
    en ellas duermen aves de paso
    que tú no conoces.



    Paisaje invernal con corneja

    La carretera
    está cubierta de nieve.
    Como si no existiera.
    Como si la hubiéramos soñado.
    Nos desplazamos lenta y silenciosamente
    –un coche detrás de otro–
    como niños luego de una travesura.
    Confiamos en que debajo de nosotros se halla
    la carretera.
    Un árbol,
    emblanquecido y somnoliento,
    a un lado nos señala
    que allí es campo raso.
    Encima del árbol
    se ha posado una corneja.
    Es negra.
    No la ha tocado la nieve.
    Aguarda a que pasemos de largo.
    La gente siempre
    pasa de largo.



    En mi juventud
    arrancaba las rosas con más facilidad
    y las regalaba,
    como si fueran algo
    inventado por mí.

    Ahora las miro
    y las gozo
    floreciendo en el rosal.
    No las toco.

    Ruego que el viento también
    conserve intacto
    su encanto frágil,
    puesto que ignora
    cómo repetirlo.

    http://www.vallejoandcompany.com/antes-de-que-la-nieve-caiga-11-poemas-de-alexander-shurbanov/



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    EDGAR GUZMÁN JORQUERA

    Edgar Guzmán Jorquera (Arequipa, 1935-2000) Poeta y filósofo. Nació entre Frisco y Guardiola, en la Punta de Bombón, provincia de Islay, en Arequipa, el 12 de octubre de 1935. Estudió Filosofía y Derecho en la Universidad de San Agustín. Se gradúo de bachiller en Filosofía con la tesis Los Principios Lógicos. Un Análisis de la Lógica Simbólica (1963) y de doctor en Filosofía con la disertación Existencia y Realidad (1971). Ingresó a trabajar en 1963 a la facultad de Filosofía de la UNSA, de la que se retiró en 1987 y donde fue distinguido como Profesor Emérito diez años después. Entre 1987 y 1989 permaneció en los Estados Unidos. Su carrera la prosiguió a partir de 1992 en la Universidad Católica de Santa María y la escuela de posgrado de la UNSA. Falleció inesperadamente el 2 de noviembre de 2000. El crítico Ricardo González Vigil apunta que: «Ya es hora de incluir a Guzmán entre las voces más admirables de una hornada pródiga en notables poetas, la llamada generación del 50. Desde sus primeras composiciones, escritas entre 1955 y 1957, difundidas parcialmente entonces, asistimos a la plasmación de un lenguaje poético original, de rara densidad simbólica y pulimento verbal».

    Libros: Perfil de la materia (Presentación de Hugo Yuen. Prólogo de Raúl Bueno. Arequipa: Publiunsa, 1987); Rondando la casa de la Dickinson (Arequipa: Edición del autor, 1990); Trilogía del mar (Presentación de Hugo Yuen. Arequipa: Publiunsa, 1993). Obra poética completa (Arequipa: Cascahuesos Editores y Editorial UNSA, 2010). 




    1
    INVOCATIO

    1.0

    ...Y onduló la serpiente, embebida en su ser
    veloz cuerda de miel en un crisol de orquestas,
    fiel nervio desollado sobre el hielo vigil
    de la historia, y no más que luz que sobrevive
    al símbolo y la tea; embebida en su ser
    disciplinado garfio que arranca crasos párpados
    y enseña la obediencia a la memoria.
    Y luego se tornó, persiguiendo el perfil de la materia,
    en rostro futurísimo y añosas previsiones, y esparció,
    desenlazando albores, esfuerzo circular, sabiduría
    espiral, escaleras de noches y fortunas y pavesas,
    y la cura del alma encapsulada. Entonces
    desplegó retorcidos ríos de linfa fiera hasta tu ojo prestísimo,
    dando de cabezadas contra tu blanda bóveda,
    ilustrando tu haber jugoso y sápido,
    con la tranquilidad de mecidas palmeras
    vueltas a una persiana que oculta ansiosos torsos;
    y se extendió infiltrando otra vez otra voz itinerante,
    de un protozoario rútilo a una cefeida viva,
    obsequio seminal en tu matriz arcana,
    cuyo rumor tu hombre oirá en algún punto
    del pozo en que moráis...



    2
    DE RERUM NATURA

    2.1.1

    Desde lo vegetal también se mira. El árbol
    volvió sus cientos de ojos castigados por la tarde violeta:
    lo vio correr desnudo persiguiendo furor despavorido, y, provisto
    de confiada esclerótica, reír ya, de un amigable modo tal vez prometedor;
    lo vio tender un arco, huir, asir, abrir en un altar la carne núbil,
    el horror sin retorno y, en secreto, sensual; y aun lo vio
    acercarse culpable, justificar el hacha con voz profesional
    y hacer de él un cadalso, cuyo perfil, de noche, penando se ensombrece,
    se desciñe y desvela, sibilante ante rachas
    de oscuridad  y vuelcos de cruda excitación intimidada
    o espera de muchacha que perderá la flor.



    3
    FUTURA REGNA

    3.0

    …Y clamó la serpiente: Escuchad, tú, vosotros
    y cuantos saludáis y morís; todos cuantos
    fatigáis esta tierra o cualquier otra tierra; escuchad,
    que sólo voy de paso, como siempre, de paso, soltando golondrinas
    inacabablemente, soplando sobre el golfo mientras golfo. Escuchad;
    Yo soy vosotros mismos, la hebra que teméis, la soslayada
    columna vertebral de la visión, un discurso de hielo sideral,
    mordedura en pasiones, sensualidad con ojos, devengado dominio
    de los fantasmas que ponéis en fuga;
    soy la sospecha de que estáis perdiendo
    la cabeza al cazar sin fin amodorrados
    cuestionamientos de cuestionamientos;
    soy la comprobación que os atraviesa
    al despertar de un sueño insolentado o bien
    del extirpado al punto en el silencio
    o en la sombra de una subitánea vigilia.
    Escuchad; el mío es otro sueño. Toma esta
    locura como aquella que se volvió aeroplano,
    como aquella que sois caminando en dos pies
    u hostigando la luna con un láser.
    Escuchad: id tranquilos; yo no espero
    incendiar vuestra casa en sólo un acto. Únicamente
    mirad como se mira un majestuoso
    portaviones entrar por la ventana
    y  atracar a los pies de vuestro lecho
    una mañana de ocio y oropéndolas.
    Escuchad lo que quiero que en vuestro oído amante
    resulte no perdidas, sino firmes ―más rápidas―
    rosas de la provecta mirada de estas ascuas
    y esta lengua perita en el ósculo doble que enloquece
    o alarma, que ilumina luego serenamente páramos desmembrados
    entre una noche y otra, y que erige ciudades cuyas cóncavas
    Alas en fuentes fían y en niños vigilantes…



    TRILOGÍA DEL MAR

    EL MAR
    (1957)


    1.

    Oh vida azul de miembros diluidos,
    confiados a su impulso en los renuevos
    bajo una nube atónita y gaviotas.
    Quien ve mira otra vez como quien ora,
    y como antaño tú eres, bienamada, la mar.

    En ti bracea errante el sol de la mañana:
    rayos de luz, mil cuerdas de violines
    vibran entre la plata itinerante y el
    acero encandilado de tu rostro tranquilo,
    y en tus extremos móviles te abandonas y dejas
    amar en los avances de los acantilados.
    Entonces surge, leve, la canción generosa de tu fuerza
    y un antiguo mensaje fresco y nuevo.


    2.

    Oh mar, oh verde mar, estremecida madre milenaria,
    arrullas locos peces en tus oscuras aguas,
    y en tu magnificencia aplacas las agallas
    del impasible enigma de la vida.

    Mas, de pronto, los seres que pueblan tu carne honda
    giran despavoridos y las aves se ahuyentan temerosas,
    mientras tu vida oscura, encendida, desborda,
    desborda y arremete contra párpados trémulos,
    y tu voz primitiva y tu pulso salvaje se contuercen
    como un designio ciego tras su meta de fuego.
    Como la vida embistes, como ella
    despetalas la rosa de los vientos,
    te arrastras de furor, pones la muerte
    en la arena del miedo, en la del júbilo
    y en el de la agonía que incuba tus mareas;
    como la vida viras, como ella
    te engolfas a bandazos en la nada,
    te pierdes y te embriagas y no esperas
    la luz de un nuevo día.


    3.

    Oh mar, informe mundo donde la luz golpea,
    en el fondo de tu ímpetu de cristal turbulento,
    te repliegas cubriendo, vejado, tu superfluo corazón,
    la duda agazapada que atormenta
    tu grandeza sin rumbo, tus corrientes,
    tras cuya fuerza ocultas la filiación incierta
    que ensombrece las olas ante el viento.
    Sin embargo, te arrojas, desgarras tu vacío y continúas,
    insulsamente fijo a las razones pálidas
    de una rabia incesante que indomable aletea.

    En una inmemorial noche de rayo y trueno,
    estalló a borbotones tu opulencia utenina
    y emergieron miríadas de animales hambrientos,
    como tallos furiosos, como roncos cabellos:
    seres de crepitantes designios y osamentas,
    persiguieron la luz que concitaban.

    De tu seno nacían árboles gemebundos
    envueltos en guirnaldas de peces coloridos,
    todos seres voraces, pese a sus suaves ojos.
    Tu matriz plena en cada célula florecía
    y en cada una anidaba potencia en la potencia.


    4.

    Desde el fondo de tanto latido derramado,
    urdiendo inmediatez con los milenios,
    conjurando la unión de las borrascas,
    irrumpen de repente los labios pensativos
    del pez que en sí acumula fósiles ateridos,
    del pez de añosos cilios y viejos leucocitos,
    que asciende coronado de trepidantes algas
    y orlado con guijarros que un molusco mitómano
    mimará delirante entre sus conchas.
    Desde el fondo de tanto embate exasperado,
    irrumpe, avanza y mata, toma puerto y procrea,
    el pez que traza un número y arroja una palabra
    como un dardo quemante y posesivo,
    el que impone en los riscos una clara bandera
    y somete el retumbo del mar ante su voz;
    el duro y dulce pez, el marino de roble, el de tatuados
    brazos demoledores que añoran las sirenas
    sobre lechos ardientes de sargazos.

    Con él crece otro mar de hierro y serpentinas
    y acomete en ciudades que emergen de las aguas;
    un mar de altas probetas y rayos machacados,
    de herramientas sonoras y nobles utencilios,
    de engranajes y barcos de papel desteñido,
    de aviones de soberbios aires conquistadores;
    un mar de hachas hiriendo maderas sorprendidas,
    un mar de naipes, libros y exactas construcciones
    y evangelios que aúllan concentrando ciclones.
    Brama otro mar, un mar
    de sermones que aspiran a próceres mostachos
    en el lacio museo de la lengua servil;
    un mar de arañas gráficas de inquieto contenido
    que todavía lee, aunque doliente,
    algún ojo pelado por tanta ventolera,
    por tantos aguazales patéticos y tanta
    vergüenza de perfil.
    Bate la mar de flujos y resacas, un mar
    ye hampones correteando en la excursión del pánico
    y monjas sucumbiendo entre dos pasos;
    un mar de ideas para las que rémoras
    nacen de las palabras, del oído entornado,
    porque un rancio rencor sopla de dentro;
    un mar de modas llenas del ansia vengativa
    de aquellas tropelías que perpetran las viudas;
    un mar que ordena y manda más allá de sus playas
    un desfile de estambres, que redoblan el garbo
    ante la vista, y arde la vanagloria
    de un batallón de antorchas cuyas testas destinan
    saludos a tribunas en oleadas;
    pero, en la otra curva de las olas, un mar
    de ansiosas mordeduras en el pezón del odio,
    de claveles abiertos en los pechos, de fieros
    combates compendiados en el rojo
    coral en que culmina la negrura;
    un mar que quiebra siglos sobre siglos,
    girando, dando tumbos entre aspas de hondo estruendo
    mientras se enseñorea de su aguaje,
    oleando, ley difícil, ante el ceño del hombre,
    el supremo hacedor de manos frágiles.


    5.

    Pero ruge otro mar, cautivo entre pestañas;
    se retuerce en un frasco de pieles estentóreas;
    alea reventando, despierto entre las sienes,
    y bulle largamente como agua chamuscada:

    Mar interior,
    hirviente caos, vértigo, hacienda amotinada
    que agobia las retinas con múltiples diamantes,
    furor sobrecogido de paz en la ribera,
    En la blanda, la tersa, la austera superficie;
    mar donde uno es su padre y su hijo y donde,
    Ccntra sus abisales aguas y pleamares,
    se empeña y se despeña desde sus farallones.

    Mar interior,
    turbulento volcán de viejos vinos,
    mar que de pronto calla o explosiona
    y se desnuda en sal, en onda abierta,
    en agua sediciosa o recogida,
    o arrebatadamente se dispara
    a matar y morir lanzándose del monte
    de Venus a la dicha, o a entregarse al salitre
    con que brega un muchacho tras su arrugada frente
    sin cesar de cantar detrás de su epidermis,
    a la que la perfidia del tiempo deshidrata.

    Mar interior,
    en tu verde y azul y roja tesitura
    se consagran las horas que llueven en la Tierra
    como lágrimas de ámbar o de oro moribundo
    y se miran absortas las raíces del cosmos,
    que ostenta ensimismado flores llenas de asombro;
    se consagran las hors que amalgaman el mundo,
    y se miran incrédulos los tifones del alma
    junto a la somnolencia de un lánguido hedonismo,
    en tanto se cruza y alterca un avechucho
    frenético graznando: “Yo era otro, no sabía”.

    Mar interior,
    con tu beata faz de ondas afables,
    tus aguas abismales y oleajes errabundos;
    con el orgullo a cuestas de tus debilidades,
    la sed de poderío mordiendo terco acero,
    los dioses perseguidos, el cielo inconquistado
    y el cáustico inventario de un haber infeliz;
    con el ávido muslo de líquido afiebrado,
    el semen encumbrado, la flecha del ancestro,
    el liquen impelido hacia la estrella;
    y con limpios teoremas y axiomas bendecidos
    y con todos los mares que vienen hacia ti,
    eres el hombre entero con la carne del hombre
    y eres aquel tornado de espuma visionaria
    que impele ansiosos ojos con puño enfebrecido,
    agitando una lira ensangrentada.



    EL MAR (1992)
    TRILOGÍA DEL MAR


    CRECIENTES

    En la Faz de las Aguas

    … un velero sin otra
    bandera que la suya.
    3, infra.

    1.

    Clama el viento; congrega sus poderes dispersos,
    y de pronto es legión. Sus voces largan velas;
    se le adelantan, vibran con multitudinarias melodías
    y acordes que acarician abras de islas lejanas,
    donde, entonces, las olas galopan con las crines extasiadas.
    Se alzan tonos, asumen potestades de albatros,
    y las nubes, en lo alto, dan oídos, pensando.
    El imperio del coro modula un arco iris
    sobre sus aguas jurisdiccionales, y bajo su vigor
    los tumultuosos ritmos del piélago promulgan
    un memento marino para cielos.

    2.

    Pone rumbo un cantar
    desde una resonancia de tormentas:
    al mar, al otro mar, al mar que somos y eras
    ya antes de que embalsaras la mirada y en ella
    fueras agua impalpable por los huertos del orbe
    y lo avivaras todo con destellos y rosas
    más líquidas que lágrimas que humanizaran ojos
    de dioses o arquetipos, legendarios
    tiranos de la niebla.
    Zarpa un cantar; navega
    de bolina. Sus ecos son petreles siguiendo a un bergantín.
    Iza sus banderolas y ensimismadamente
    surca el mar que tú eres
    pisando en tus razones, tus claros pies hundidos
    en esa calurosa opacidad
    del mundo si lo mueves.


    3.

    Es un puro cantar, un velero sin otra
    bandera que la suya, un bajel de daimones, un vidente:
    corta las aguas, y al cortarlas mira;
    busca a diestro y siniestro entre el relente,
    como se invoca a un canto disuelto en el olvido;
    hala horizontes hacia sí, aproxima
    a la mano los fondos que fueros conjeturas y regala
    el guijarral lejano al ojo incauto; anhela
    en un puño apretado los tesoros marítimos
    -doblones, miriñaques, presunciones de jade-
    y lo atraviesa todo; las crestas y atolones,
    las rocas y bahías, los peces y sus dientes,
    osamentas y sables, calaveras rientes
    de piratas que a damas tras la pólvora vieron
    y placeres sembrados en sucintos terrores.
    Es más barco fantasma que un sonido de tumbas;
    mucho más penetrante que la lengua en un tímpano.
    Quiere alta mar y quiere playas de caracolas.
    Pone proa a mar ancha aun dentro de las cosas
    para lograr la limpia deferente distancia
    que guarda la verdad, la verdad de mil ondas, la de todos
    los colores del parque submarino
    donde nadan pistilos y desovan
    variopintos engendros que iluminan
    vivos calidoscopios y vitrales marinos.
    Es un canto sin dueño, un bucanero
    de su propia opulencia y su destino.
    Es un filibustero; aborda vida
    y muerte, el mar que anduvo cuesta arriba.
    Es vigía cantor; cantando avisa:


    4.

    Lóese o peniténciese el mar que eres y somos
    al vestirnos de océano imperial, de embeleso
    de azul y oro y trencilla y charretera,
    o de cínico y lóbrego mar generalizado,
    mar por el cual despiertan los plurales
    redentores santuarios de la noche
    para ofrecer oficios de nictálopes.
    Bendígase o maldígase este mar como a un
    solapado veneno en un coctel nupcial o como a un
    ejemplar desamor qu vale un mausoleo.
    Llóresele entre buitre y buitre, entre apetencias
    aladas que, solemnes, se pican y disputan
    mesetas de carroña pudibunda; y llóresele
    allí donde remonta el vuelo una palabra corrosiva
    y alcanza la mejilla pura de una promesa; o alelúyesele
    desde la embocadura de los días leales, desde el alba
    que levanta los párpados y mira de hito en hito.
    Tíñasele de sangre en el perplejo horror
    de un eclipse de sol sobre hombros de salvajes,
    sobre un caos de pies huyendo y retomando;
    o, en esos mismos hombros, pórtese a los fastos,
    al genio de los rétores que recamaba andrajos
    o a una marmórea vida suspendida en su edad
    y aferrada a sus bucles cuando se sueña helénica.


    5.

    Pero a este mar que olea por las plazas,
    a este mar que sabe
    que las altas y bajas mareas de la vida
    crean mundos y crean sus propias luminarias
    y organizan cruceros y llevan a su riqueza
    a las cáusticas tierras de lo exiguo;
    a este mar de alientos
    que concentra en un cuenco la realidad entera
    y cuando es construíble y cobijable en un abrazo etéreo;
    a este mar impaciente, u férreo cronograma
    ya undívago a la vuelta de la esquina;
    a este mar, sustancia de los mares,
    préndasele farolas y exáltesele siempre
    en la total silueta de su espectro sonoro
    y en sus sombras que encienden más candiles que el fuego.
    Porque este mar, caudal y fuente, sal prestísima
    que tan pronto sazona como quema;
    porque este multiforme
    mar que baña mil playas con solo una cualquiera de sus olas;
    porque este esquivo mar, o cielo de cabeza es toda y nuestra
    única realidad de ricahombría, la única
    honra con que alumbrarnos o toda la tristeza
    de ser o de no ser lo que en la intimidad
    de la ínsita lechuza que ora o piensa so carne de morir
    cría virtud de hiedra y hambres helicoidales
    como flores de almácigos secretos.


    Mar de Proa

    Niño de principesca impavidez, tú llegas
    13, infra

    6.

    Retumba el maretazo de un pasado insondable:
    una cosmogonía disperndiosa y veloz,
    soltando gruesos vahos, se consuma en un cabo
    neto mas parpadeante del insomne universo,
    e irreparablemente, como una maldición
    contra la muerte, naces.
    naces oscuridad ante un fulgor furioso,
    arribas ceguedad entre dos luces,
    tal vez entre dos sombras de intermitente brillo,
    entre serpientes, entre curanderos
    y magos que sonríen, seguros, tras sus máscaras.
    Un resplandor de magnas y menguadas candilejas simula
    un número debado de tu pelo.
    Un lustre de asteroides mundanos canoniza
    tus retinas. Sarcástico,
    delante de ti baila un chispeo
    de peonzas movidas por magnética
    natura o por volátil artificio.
    Se enternece por ti hasta la afonía
    un amor abnegado por norma. Un paraíso
    de árboles bienhechores acecha día y noche
    los convoyes del sueño y la vigilia.
    Y, por ahí, cantando con las callejas
    en las cuales se apagan las capillas,
    algún fruto prohibido ameniza las treguas
    de la infancia y la historia, de la visión que arrasa
    las lindes de los ojos para mejor mirarse
    heroico, noble, príncipe, matador
    de dragones, luciente en una corte
    de esforzadas deidades que dan razón de todo:
    del dolor, del ocaso, del delirio en un seno.
    Se nace vanidad, ficción, engaño; ignorancia se nace,
    para de vez en cuando morir sabio.


    7.

    Un día agolpaste detrás de tus pupilas.
    Cada parte de ti miró por tus lumbreras.
    Te detuviste allí, mientras retrocedías
    para más claramente
    verte tras una infancia de días opulentos,
    de heredades de asombro inagotable,
    en que cada mirada era reliquia,
    cada paso una marcha hacia ojos persas,
    cada retorno el ponto de una Anábasis.
    Entonces cada aurora era inconsciente
    hallazgo, invento, toque de luz inaugural,
    y cada atardecer un perdonable
    asilo a las errantes comitivas del mito,
    agobiadas de galas o bajo pieles crudas
    pespunteadas de visos acrílicos y asépticos.


    8.

    Hasta que el día aquel, un medallón
    de luz entre los pechos de una Ángela María,
    llegó, tras la niñez de lo mejor
    del corazón, que es siempre una edad de oro;
    y, apegado a su voz, obediente, quisiste
    en lo humano creer, poner tu mano
    en la fe por el hombre, creer honestamente
    en él, creer sacándote
    en señal de respecto el esternón y haciendo,
    como un paje inocente, un par de venias;
    trepándote en los párpados de la urgencia, quisiste
    encontrar acerada razón, ya no un impulso
    de bestia, para amarte. Y con ello
    iniciaste un penoso esparcimiento:
    conocerte en la playa desnuda en que prospera
    la verdad. Pero al punto,
    al empezar, oleada tras oleada,
    a conocerte, a verte a contraluz, delante de tu saga,
    un amor como un odio constructivo
    afloró sin encono: imperó la dureza
    de la objetividad; heló zarifos sobre tintineos,
    atrapándolos dentro de su diafanidad,
    junto a la ineludible
    displicente estatura del guijarro
    y al vivo hincón de un fiasco.
    Y ese amor se afanó
    en brillar, en flamear, en locamente
    ser istmos de joyeles consumiéndose
    por graves continentes y arder en las cabezas,
    revisando los saldos deudores en la noche. Y luego,
    dueño de una onerosa irradiación de antorcha,
    pasaste frente a ti al modo de aterrado
    converso que al cruzar una pasión prohibida
    salta sobre las brasas con pies descalzos, con
    la agridulce agonía de quemarse en deliquios
    o en un suicidio fúlgido que le diera la vida.


    9.

    Y lo hallaste por fin, intenso, nítido:
    todo un mar circulando en una caña,
    todo un mar retronando con una huracanada
    música de armonías imposibles para un oído, pero,
    para el otro, discurso que, crescendo,
    manotea en gargantas de posesos
    o cánticos de monjas rasuradas
    por el filo inflexible de una idea;
    un mar de quintaescencias escapadas de un púlpito
    hacia la vida; un mar
    de sangre derramada y pisoteada
    una vez y otra vez en catacumbas,
    de inmarcesible savia que estremece
    el boato del árbol de los años
    y arranca hojas y flores y bandadas de sámaras
    o modos de volar de frutos y semillas.


    10.

    Como una ontología que enraíza en la nada,
    unido te dispersas
    dentro de un matorral que envidia al bosque,
    al par que lo abandonas
    por seguirte hasta ti:
    oh seudoparadoja
    que se lame a sí misma y que germina
    en un erial sin nombre bajo la lluvia anónima.
    Y allí, desde la noche, creces como un desvelo
    pelado por ventiscas que los astros conjuran.
    Bronca debilidad apasionada, creces
    en esta diminuta playa del universo.
    Creces temblando; creces tallo que mira y nombra,
    caña pensante, pascalino junco.



    11.

    Arriando el desconsuelo de tu verdor oscuro,
    devienes distinción en la turba del tiempo
    y en las sombras, perfil real, erguido, solo,
    infirme entre otros juncos, explorando
    aleatorio sostén en ribera o cañada. Polemizas
    con el terrón hostil. No ganas,
    mas te nominas miembro numerario del ínclito
    universo entogado en sus escaños; y, aunque eres
    apenas una caña acuciosa, lo aspiras y espiras de tal modo
    que eres otro universo, un mar, el mar que, como el mediodía,
    hace hasta de las sombras su dominio.



    12.

    Tú vienes, y tu ser
    se pliega sobre sí; forma intangible, cono que hacia el vértice
    origina otro y lo abre sin piedad a la sólida
    materia de los sueños, al febril raciocinio
    o a la imaginación, que procrea gorriones
    por templadas ballestas disparados. Tú vienes
    propulsión y palanca, inercia y masa, y naces
    programación de espuna y peña ascética.
    Vienes copa de vino que al beberse es memoria
    y en tu mirada creas para lo digno y bueno
    espacios como silos en landas de abstracciones,
    como redomas entre nubes para
    una sublimación de lo silvestre,
    como nodos de abdómenes de insectos celestiales
    que trocaran sus presas por el rico algoritmo del instinto;
    pues vienes, y tu sino
    es un reloj de arena que canjea cristales por un cuento,
    batallones de cuarzo por fanfarrias
    con tubas y trombones que baten
    las iras de los aires marciales, por palestras
    }en las cuales ideas que han de morir saludan
    a las que señorean mientras riela
    su cetro entre las luces.



    13.

    Tú llegas; te estableces como una seriedad desconcertante.
    Niño de princepesca impavidez, tu llegas,
    insigne desparpajo, a vastedades de esplendidez sidérica
    en que tan solo esferas a salmodiar se atreven.
    Tú llegas, te atavías y te acicalas y
    penetras en la música como un pífano rojo,
    incristando rubíes entre metales áureos;
    o pones a bogar pirotecnicas que elevan
    peces como girándulas para desdoncellar
    la calma de los cielos. Llegas t te aspsentas,
    junco pensante, percepción erecta
    y maquinaria arácnida de redes digitadas.
    Miras, devastas y armas
    mundos; los conglomeras,
    como huestes y orfeones de ángeles, en la holgada
    puntra de un alfiler, realísismo ente.






    Mar Cerrada

    Llegas y te aposentas,
    junto pensante, percepción erecta.
    13, supra



    14.

    Esa agua es un acecho fijado en el duramen
    de un árbol cuyas hojas son ojos inyectados
    de saber: oh milagro más endeble y frangible
    que las insinuaciones de una dalia expedita
    y sus trepidaciones de amor bajo la brisa.
    Milagro transitorio: se transfiguran, súbito,
    océanos tundentes y obsesivos; meditan,
    y de un salto adelgazan su pasión su grandura;
    domestican su bruma, la hacen rocío y surten
    el voraz sumidero de la curiosidad,
    convergiendo en un foco como paisajes rápidos
    de horizontes radiales. Surten los apetitos
    de esa caña pensante, esa agua en vela,
    que en el centro del centro de su avisada médula
    ya no quiere vivir si no es por ella:
    la calva pero rica, cuidada mas punzante,
    curiosidad dentada
    desde el óvulo henchido, afortunado;
    curiosidad que abría desmesurados ojos en el eléctrica
    matriz de la sapiencia; curiosidad sedienta,
    hija de un impaciente encuentro prenupcial,
    que desprendió ya chispas de la hermética
    cripta de las tinieblas: es el canibalístico
    dictum de poderío aristotélico,
    el que corroe y muerde después y antes
    del ara del dolor en que ejerce la muerte
    su mando de abadesa. Después y antes
    del lecho al cual acuden
    la risa entre un follaje de fantasmas
    del pasado y su prisa en la nocturna
    lascivia de las nubes de estío; de la púbera,
    que acosada a las pueertas del sofoco,
    pórticos que flameando se desploman,
    echa un sí como lava que retornara al pecho.
    Después y antes
    del miero o la ventura en la aguda vertiente
    del albor y el estiércol sin tacha, en la vertiente
    de la boda y el tálamo de faunos y meninas:



    15.

    Qué pasará después; qué final aguadija
    por el hilo fatal de los sucesos, si empujara alevosa
    mano la dignidad contra un engrudo
    y amasara en su harina la sangre, la altanera.
    Qué pasará en los atrios de la nada,
    cuando en noche de fiesta en el iluminado
    palacio de la muerte se abran de par en par
    para ti y tu carroza los portones.
    Quién montará tus yeguas y biznietas,
    derrengándolas entre las postas del deseo.
    quién romperá los sellos de aromadas misivas
    en que solo contaban las palabras pequeñas.
    qué jabalí minúsculo
    hozará los ducados subatómicos
    y encontrará otro prófugo debajo de un neutrino.
    Qué viuda en el espacio tenderá cibernéticas
    manos y excitará galácticas turgencias.
    Quién marchará al oeste de este charco de estrellas
    a batir las praderas
    del viejo y buen Messier. Quien, marticando
    peros e interjecciones como cangrejos vivos,
    hallará el salitroso manuscrito y las sales
    que un naufragio encerró en una botella.
    Quién rescatará el frio sol de los abatidos
    ancladeros por donde pasean ventarrones
    y la soledad suelta su melena y ulula. Y qué serán
    tales ducados mínimos, sellos como misterios
    y estrelladas praderas, y cuál la catadura
    del ahogarse en su propio remolino, y a dónde
    huye la misteriosa realidad,
    la de los siete velos y la perla
    en el ombligo mismo
    de un orgasmo brutal de onda y partícula;
    hacia dónde huye, hurí cuyas caderas
    provocan a su paso
    a púlsars y bosones y a una proposición
    que es recurrentemente desflorada. Oh, todo
    un crecer como un niño o hinchazón de preguntas, un crecer
    entre orgías agrestes de neurotransmisores
    y eretismos que preñan, como a nadas los vuelos espaciales,
    las vacías esperas en las que desvarían
    sinapsis y sinapsis.





    Mar larga

    En esa calurosa opacidada
    del mundo si lo mueves.
    2, supra.

    16.

    En tu peñón te yergues
    como un insomnio crónico; atalayas
    tus bancos, te vigías
    desde tu cavilosa espuma. Cae
    -precio de justicieros, castigo de culposos-
    de tu frente tu pan, en escarceos
    de sudor terminante, de arengas, de rocío
    que se alaba en la cumbre de horas tórridas; caen
    hidalgas, desde el palmo de piel inconquistable
    donde pródigamente se amasan y ennoblecen,
    hogazas que en tu mesa son testas coronadas.
    Muere, mientras batalla, un mar como una noche sublevada,
    un mar aque obedeció al toque a rebato,
    destronó incertidumbres verticales y luego
    fue un mar que anduvo de puntillas sobre
    el muñón de la angustia.



    17.

    Escucha: un mar se agita en la profunda
    cavidad de un suspiro. Alienta como hirviente
    plegaria contestada con creces en las órbitas
    de la unción. Allé el héroe, el mandoble, el no
    inaudito y la criz dorada y póstuma
    se esfuman en un mutis explosivo. Allí
    el mártir y la piedra horrorizada
    por el húmedo tacto de la tierra alazana
    sangran solo en las crónicas. Allí sombras no son
    sino las que se escurren
    mirando de reojo bajo cubierta, y pálidas.
    Qué mar impera allí: en él el santo,
    ya sin oposicióndel mal es sólo un hombre, un jujuriante
    cantor arborescente de verdades,
    como un pino barítono en lo alto de la brisa.



    18.

    Pero un descalzo pero, un pero cínico
    como un depauperado excondotiero,
    apuñala utopías en cualquier
    lugar abandonado de una pausa: también
    es el mar un lugar donde naufragas, donde más prontamente
    se oxidan tus metales, donde cada gotícula
    te extenúa con lo o bvio: el mar es una fuente
    riquísimo de sal y sed y la temida
    lobreguez de las penas, que corre prieta y líquida,
    furtiva bajo el so. El mar completo
    es viva sucesión de crestas y escondidos
    senos, senos que son la negativa sustancia del latido
    del agua, negras diástoles, almendradas del sonido
    de una balanceada acción retributiva
    como el cruel artificio de un correspondido desamor.
    En su extremo sombrío, el mar completo
    es un juego de dúplice siniestra palidez,
    cuyo flujo y reflujo, cuando pierdes, te arrastran
    hasta traerte exangüe al litoral del luto:
    postrer beso devuelto por la amada difunta.



    19.

    Penetra, aun con recelo, en estas duras aguas.
    No quieras evitarlas. Has de cruzarlas; son
    un carnaval violento de una enexistencia indemostrable:
    sus cabrilleos valsan entredías vandálicos,
    y, en torno a los escollos de la noche,
    sal en trance espolea torbellinos
    sobre tus calendarios consustanciales mientras
    se enerva toda espuma, ya con la mera alarma
    del tiempo mal usado, y se aleja girando:
    chiflido entre las velas de Caribdis. El mar
    no es sólo espejo lúcido para un arrebatado
    yate lleno de entregas en nieblas de gemidos
    o la imprecisa dicha
    que el suculento talle de un verano de ninfas
    oculta como al sexo con que premia.
    En posesión del puente, muy pronte se descubre
    que la mágica mar es un Circe
    solemne y sabia que exclusivamente
    se desnuda destrás de sus promesas.



    20.

    Este es el mar; en él, resueltamente,
    el sol llega al abismo -como una introspección
    da una mirada al sótano del corazón-,
    y nunca tiembla; en él,
    los oscuros poderes son oscuros:
    los miran las gloriosas estrellas
    con esa tolerancia con que sonríen sobre
    marejadas nocturnas.
    Pero el mar es el mar: navegar es un juego
    peligroso. Los válidos mascarones de proa
    no son vírgenes locas con ramos en la boca;
    son doncellas suicidas de un amargo optimismo.
    No le temen al mal que lame tajamares
    en las aguas reales e irreales,
    que ahogan por igual fuera de borda.



    21.

    Este mal es un opus de número variable.
    Es la cara que esconde la moneda
    de la vida. Es un mal al cual sus propias olas
    ensombrece. Discurre disfrazado de error;
    se afirma, y halla siempre una sotana.
    Es una cicatriz que se hace pasar por nervadura,
    como un beso de Judas por un beso. Lo mismo que el rumor,
    no puede refutarse por falso mas circula
    y roba en la armería de la vida. Es la condensación
    de temores más vagos que espíritus sin rumbo
    en la secreta química del prójimo o del par
    gacho en una lejana amarillez. Él es
    la impronta enmarañada
    de un gratuito enemigo en lo recóndito
    de su visible amor. Es sucio matachín.
    Es sólo un hijo de una
    vanidad meretricia y de algún sarraceno
    ganapán asesino; aún ignora
    que el temple es lo mejor de los alfanjes.




    SENOS

    Mar Tendida

    Inicaste un penoso esparcimiento:
    conocerte en la playa desnuda en que prospera
    la verdad.
    8, supra.



    22.

    Mira aquí fríamente, que la violencia puede
    con frialdad mirarse. Convocando
    cada vez otro mar, flujos de oprobio,
    fieros tumbos de belfos descontentos
    lavan el litoral de lo indecible,
    para derivar libres bajo mil atavíos
    y aun singlar invisibles:
    siniestra carabela delmal, de velas negras,
    rumbo a exeqjuias marinas,
    que avanza a veces mudo y que a veces escora
    dulce como el olor de la carroña,
    incontenible, día tras día, año tras año,
    hasta que un huracán de sal pica tus ojos,
    tu rocío se esfuma, rizado por la cólera,
    un rompiente de fuego resuella en tus narices,
    y es lo inefable efable: tu dragón personal,
    desde su indignación, desde desiertos
    caniculares, vocaliza estrépitos,
    vocaliza alcotanes y vuelos vengativos,
    muertes celestes que,
    por la paz de los glúteos de la gente, por esa
    humanidad redonda en su quietud, querrías
    tan irreconocibles como amplios y oniroides
    prontuarios de tormentos chinescos, en cuya órbita
    todo, excepto el sufrir, es enigmático,
    pálida pesadilla de la cual
    cualquiera es un bendito despertar.



    23.

    Mira acá imparcialmente, como el aire
    que analiza el trajín de una ola. Se alterna
    como con el demonio de la perversidad. Se decide, aduce,
    plagiando a la justicia y la inocencia, puritana ceguera
    o caliza blancura. Hay un tráfico;
    alguien capitaliza, alguien liquida;
    se va desde la guerra hasta una vergüenza
    como aceituna grande en una libación.
    Algunos libran príncipes, jaurías, expansiones,
    mientras otros, tal vez ganándose algo, resisten y destruyen
    con la voz, con la sangre y con la obligación
    de adptar posiciones bajo el viento en un campo,
    de preferencia alguna horizontal debajo
    de unas piedras blanqueadas o de cruces
    llenas de incomprensión o indiferencia.
    Otros gozan sin fin la calculada negligencia que muestra
    qué traje o qué tardanza humilla más. Todo ello
    -la sangre y el rubor y el orgullo de espaldas
    en el suelo o el alma- con razones
    que pierden la razón si se las nombra.
    Y millones, así, de combatientes y dulces anfitrionas
    quedan muertos en vida o en la muerte
    o heridos en la blanda matriz de la sonrisa.



    24.

    Un mar muriendo mata alrededor
    de playas de obstinados labios y clamoreos.
    Mata manglares que reinciden siempre,
    que entierran sus aireadas raíces entre el trópico
    de la malevolencia, la de los ojos negros,
    pronos a oscura madre de bastardos, y el trópico
    de la envidia, la de los proverbiales
    ojos verdes o verde vilis exacerbada
    por el azur magnánimo y célibe de un blasón
    cuyo abismo acomoda a una quimera.



    25.

    Un mar rojo deambula alrededor
    de la sangre guerrera de interminables noches
    acosadas por ratas que propagan el duelo,
    noches irreductibles que se ahogan con un inembargable
    destello de carbón desafiado,
    noches que mueren con las botas puestas,
    como es muerto un soldado al plantar su estandarte
    en la cumbre feroz de una victoria
    pírrica, o al plantarlo en el monte
    en que sepulta el tráfago de sus pies descarnados
    y las suelas equívocas del asedio a una vida
    que extravió su nombre en las escaramuzas.



    26.

    Un mar negro se absorbe en su negror; engulle por entero
    ríos de una sublime locura de matar, como alertado Médicis,
    a presuntos mortales enemigos que, orinando el terreno,
    ladran desde sus nombres mortales o inmortales; da cobijo
    a hijos indeseados, caídos desde el tuerto
    furor de una potencia desatada:
    el precio de la carne en torno a una caricia;
    un místico llamado que transita de incógnito
    por alcobas cumplidas, por higueras
    terminales, por rezos de verdugos;
    o una teoría de pestañas fatales,
    amada con amor de lazos táctiles
    y arrobo por el cual se pierde la cabeza
    bajo un farol fanático confabulado contra
    la paz del vecindario.



    27.

    Como una ingratitud negada por su padre,
    errabundea un mar de ensombrecidas
    avenidas de atmósfera salina, donde relampaguean
    dorados proxenetas, pordioseros pudientes, maleantes
    y mendidos de vida sobre los cuales pende
    una módica muerte o una felicidad
    rauda como un disparo en la cabeza.
    Siempre enviciándose en la infinitud
    de un segundo vilmente dilatado,
    salta un mar de crueldad
    cual cuchillon en ventaja
    contra cuaretos traseros, justo cuando
    un mar avieso arrastra contactos y dulzuras hacia un vaso
    se semillas de flores ponzoñosas, y un mar
    de delicias y horrores futuros quiebra sobre
    cráneos de neonatos de ojos zarcos
    que arden en el greñudo limbo de lo inseguro
    como diablos azules o ángeles sorprendidos
    flagelando con saña las entrañas
    de las apetecibles hijas de los mortales.





    Mar de leva

    ... en sus sombras que encienden más candi-
    les que el fuego.
    5, supra.



    28.

    Rompe un mar de palúdicas miradas
    sin fe, como hojarasca de un impensado otoño,
    un otoño precoz al que apresuran
    rachas que se repatrian de futuros baldíos.
    Son miradas que seca la pena de no ser
    dueño de nada o sólo de unas briznas
    en un lugar incierto dentro de jerarquías
    de círculos concéntricos, entre los que transita
    útil parasitismo que se arrima y succiona
    de grandes a pequeños, de ilustres a ilustrados,
    de osados detentores a magros descastados:
    naves hipnotizadas buscando fondeadero.
    Son miradas que vara la conciencia
    de no ser sino dueño de la desesperanza
    en medio del desierto austral de la pobreza, quizá en medio
    de un arenal blanqueado por el odio del nitro.
    Ah, no estar entre aquellos que comen y codean, y pasar
    civilizadamente de largo con el frío
    y el hambre que se cuela de rondón en el alma,
    leve como una ausencia de manos estrechadas.
    Ah, soledad que husmea en loa esperanza,
    como una vacua noche
    besa en la boca a otra, que, somera, palpita
    en piedra encallecida o en apático limo; soledad o mortaja,
    como niebla indecisa que por los pies asciende.
    Ah, soledad ubicua
    como una noche sobre una ondeante ciudad
    abandonada, ubicua como una desazón
    de viento, de ventola
    llena de ecos añosos sobre una isla que no aman
    ni siquiera excretorios cormonanes.



    29.

    Así como una noche fugitiva
    acosa los rincones del día, así acomete
    un mar de horas sombrías y de sombras,
    que hora tras hora crecen y se acrecen
    en el resentimiento
    de tener que morir y nunca más tener
    aquella pantorrilla para el ojo combado,
    o esa fina garganta para el lebrel o el sueño;
    o nunca más tener la fortuna o la gloria
    o la paz sobre un gránulo de arena que se gana
    con una frustración que se solaza
    en el detalle nimio pero artero.




    30.

    Así como las noches fugitivas
    asuelan las murallas del sueño, así acdometen
    un mar de sombra horaria y un mar de horas,
    que sombra a sombra crecen y se acrecen
    en el resentimiento
    de tener que vivir y no tener aún
    para el ojo combado la pantorrilla aquella,
    ni la señal sutil que sueños o lebreles
    desencadene tras gargantas finas,
    ni el gránulo de arena sobre el cual ganar paz,
    fundar gloria o fortuna sin una frustración que se solace
    en el detalle arteno pero nimio.





    Mar Encontrada

    Se enternece por ti hasta la afonía
    un amor abnegado por norma.
    6, supra.




    RONDANDO LA CASA DE LA DICKINSON (1990)


    1

    Nunca anduve perdido por los prados inhóspitos
    donde tan sólo el viento montaba los caballos;
    nunca anduve perdido: tu corazón golpeaba
    con la fuerza de un faro bajo el hielo en que ansiosas
    ascuas de mil veranos adensaban sus fuegos.

    No importa que hayas muerto: puedo besar tus labios
    detrás de tus poemas y entrar en ti, en el copo
    de nieve en que se abrasa tu hogar como una copla.

    ¿Qué escarcha maravilla tus dedos en la luna
    sobre el jardín que aguarda la sombra más bélica?
    La misma que a tu puerta de paterno sigilo
    disciplina la boca de aquel infante autista
    que habla un día como habla por los mil setecientos
    setenta y cinco partos de tu conciso vientre,
    que es un ojo o no es nada surcando un mar de versos,
    un monje que madura hasta llegar a niño,
    o llegar a ser guarda de un bosque cuyos árboles
    cobijan torbellinos de leones y antílopes.


    2

    Te fuiste, y qué; tu magia queda,
    te fuiste, y quedas tú, como una iglesia
    en la que entran fieles con devotas
    ceras ardiendo como tus pasiones.
    No importa que hayas muerto; estás viva, aguardas dentro
    del mundo que empinaste sobre la voz de un grillo.

    Vuelvo del norte a ti, vuelvo del cierzo
    a tocar tu ecuador con un incendio.
    Vuelvo a ti, vuelvo a esa
    que no veían cuando te veían.
    Corre, Emily, que soy
    aquel por el que crece tu claustro en la lomilla.
    Soy el cantar; yo vuelvo siempre, traigo
    mi trote a la desierta calle mayor, erguido
    como en rito de magos para tus ojos,
    con mi caballo alerta, por ti caracoleando
    y ardiendo de los cascos a la crin.
    Prepárate, que vuelvo como a ti
    te gustaba: invisible para el recelo en torno
    de esa tu cabellera sedeña por la cual
    se detenía el sol en el poniente;
    invisible ante el pétreo centinela de turno,
    mas para ti palpable como un rostro en tu pecho,
    visible como un brazo arboleado para esos
    ojos que aguzan llamas con que bruñir la noche.


    3

    Abriré un corredor por entre el día
    en que te hirió la luz derribándote en ti,
    el día en que mediste la altura de tu invierno
    y te avezaste en tu alma, guerrera de la nieve,
    para poder alzarte asceta en tus zapatos,
    para amasar la noche en que, arrogante,
    le pisaste los dedos a la muerte;
    para mirar el frío por tu llanto y tu risa,
    para mirarlo por tu coraje de escarpa impertérrita y sola,
    por la glacial rendija de tu hoguera de látigos,
    por tu yerto cristal que hablaba con las flores.

    Te acercaré mis ascuas,
    porque estuviste herida bajo el palio del hielo,
    aun cuando la entereza circundara tu ensueño,
    como ecuánime gira un pececillo
    tropical coloreando la paz de la pecera,
    como atenta ojea y desespera
    una luna indomable de congelada furia,
    angélica en el vértice de una esperanza helada.


    4

    Penetraré en la calma de tu mansión sombría
    a atizarte los leños del amor. Heme aquí;
    traigo el toque secreto para tu puerta, traigo
    mi ser desnudo para tus almendras,
    abiertas por mi bien bajo tu almohada.
    Abre, Emily, que voy por tus cañadas
    a teñir tu Jordán con tu rubor virgíneo,
    a espesar su corriente gestante, sus augurios,
    con tu móvil sustancia, que de sí se percata,
    que se recoge oruga y tras un guiño
    despierta autoconsciente mariposa,
    cuya huraña belleza provoca una erección
    de pelos aterrados, de sospechas,
    en tu piel que se cierra y se electriza.

    Abre ya; he de entrar
    como apócrifo Juan que resultó el genuino.
    Yo soy tu canto, soy el venturoso
    dueño de tu espaciosa soledad, bóveda donde
    el chasquido de un beso es seco trueno.

    Haremos otra fiesta, porque en ti
    un inmóvil lagar de percepciones,
    una estofa que piensas en sí quieta y tendida
    se expande y se distancia y danza,
    pues danzando se vive, se madura;
    prenderemos las luces y ventanas, que en ti
    una estofa expectante se arrebata y carmines
    echa a volar al aires desde tu cuna y ama
    y conoce en su clímax dimensiones. Por ello,
    rompamos a bailar sobre su años: te quiero
    ver gozar otro clímax, el que en versos
    tremoló con aquel cuando giraste, tenue
    semilla a la que rapta un vendaval. Oh, verte
    en tu doble placer, como a una niña
    que amanece mujer y que reclama
    elevarse compacta, material, materna,
    y clama por su edad para volverse mundo.


    5

    El espíritu entonces, el gloriado,
    el infatuado soplo de la carne en acecho,
    era un perro rijoso ante la joven
    bahía germinal en que te ahogabas
    e insististe en ahogarte hasta ser plancton.
    Te alcancé en el recodo de su sino,
    cuando nadie en la Tierra nos veía;
    morí una muerte más y nací para siempre,
    para ser tuyo, el tuyo, el que tu piel y tu sazón pedían
    sobre la pira en que doblé tu talle
    y en que un beso en tu oído habló por mí:

    Oh mujer, alfabeto que invento mientras leo,
    corazón, tibio ritmo, sosiego suspendido
    inútilmente cerca de mi insomne cabeza,
    de mis guardias fervientes que en ti se multiplican.

    Treparé por tus ramas a tu húmedo follaje
    a constelar tu noche con veloces brillantes,
    a conferirte el sello de mi obsesión más diáfana,
    mordiendo lo que esconden tus arcos cigomáticos.

    Has de desastillarte sobre el madero en vela
    que aguarda impaciente desde tu roja aurora,
    y lograr que esa aurora sea luz sobre un pueblo
    florecido en los valles de tus sueños y entrañas.

    Yo quiero ver tu voz encarnarse en el alba
    de tu amor, que es elíxir de un día interminable;
    ver tus alas crecer y envolverme en sus pliegues
    como un ángel niño de pie bajo otro cielo.

    Quiero que la belleza fructifique en tus miembros
    como el texto que un sabio descifra e interpreta;
    construir sobre ti y engendrar la mañana,
    y en ti en tu exfoliada espera en tu retiro,
    descubrir mi sentido, mientras mi celo esculpa
    en tu cuerpo a mi amada y en tu forma mi forma.


    6

    Abre ya; agonicemos de nuevo en nuestro juego,
    mi Emily, mi espiga con cerquillo,
    sonrisa apuntalada con acero
    largo esfuerzo de amor por no quedarse solo;
    mi Emily, sensual labio sobre unos
    dientes que aterran calcios de adocenados tímpanos.

    Juguemos otra vez por dentro y fuera
    del rompiente ajedrez que desangraba
    los dulces, mas salvajes, ijares de tu lucha.
    Tú será ella para tu mirada,
    la metódica niña que colgaba
    aros de poesía como muérdagos
    de una inacabable navidad;
    yo para ti seré él, el que colora
    el hechizado haz de tu linterna mágica.
    Entonces miraremos las cosas desde fuera
    de sus tres dimensiones, y de aquéllas
    haremos un sistema mayor en que movamos
    los barcos y las velas, y uniremos
    tu ver y tu mirar, y haremos uno
    del descubrimiento del cuerpo en tus colinas
    y de una violación en las antípodas
    de otra exaltación de los sentidos,
    de otro amanecer que solamente
    para el siniestro puede ser sinrazón,
    por la misma razón por la que inversamente
    sólo para la bota en las narices
    el olfato no cuenta. Nuestra fue esa pasión
    de ave martirizada por un rayo, ese azaroso juego
    que amamos juntos y que quiero siempre:
    lo quiero, aunque tuvieras, como solías, leve,
    que cruzar el jardín de lo mirífico,
    como un búho de facto filosófico,
    sin despertar al perro, porque para
    parir la soledad bastan sus ojos
    del color de la muerte, los que atisban,
    a cubierto de rígidos colmillos,
    de vuelta del país del odio lúcido.


    7

    Soy lo que hiciste antorcha y en tu seno alojaste; yo soy el
    rostro recién lavado del mundo, despertado
    por ti de su letargo y mitificaciones; soy, sin cábalas,
    en el revés de un vínculo o en la renuncia de las transacciones,
    el fustazo en la boca que reclamó su pan; o soy tan pronto
    el feliz regodeo que te sentó en sus piernas
    y te besó en tu nuca de muchacha, el tesón
    de tu mano aferrada a lo que existe
    hasta arrancar el vino de las rocas, el don
    de abstraer la verdad crujiente en el hallazgo
    de los labios unidos en un ósculo inédito.

    Soy la vida y la muerte; en ti soy
    señor de horca y cuchillo, soy
    el guijarro pelado, el ábaco esquelético
    con que llevar en serio las cuentas de la vida;
    la suerte más vandálica y alada de matar
    fantasías que habitan en la escama falaz de cada día,
    y enseñan partituras fáciles de la muerte:
    cada quisque se empluma para el mundo con una,
    irrremediablemente negada a los poetas, cuando a solas, negada
    a cuando avizoran sucintas geometrías o góticos flameantes;
    te fue negada a ti, que miraste en la cara a la belleza
    como a un astro saliendo de un lóbrego zaguán; te fue negada a ti,
    que vista la vierda presa en los fogonazos
    de tu explosivo lienzo, la verdad de tu prístina
    visión que abrió pupilas en tus versos.


    8

    Pero encendiste el sueño, con todo; no querrías
    vivir sin él, sin lo que un golfo
    excava entre la más exangüe biografía
    y un mero amblar de cascos sobre fango o carbúnculos.
    Sabes que el sueño es vida cuando sangre
    colorea tus velas, tus océanos
    de oscuridad, de horror, de hiel, de hipócritas
    y errantes tiburones y galápagos;
    sabes que el sueño es vida cuando fuego,
    te invita a visitarte, a recorrerte
    y a enloquecer de luz tus aposentos;
    tú lo sabes mejor, porque ese fuego
    se atragante en tus venas, pugna y días
    erige sobre noches de basalto.

    Soy el sueño vidente, el lujurioso
    deslumbramiento extático de alternar con el cosmos;
    yo soy el erudito reverbero que envuelve
    la contienda feroz de los amantes, soy
    la mejor teoría acerca de por qué
    cantan las madreselvas, de por qué las palomas
    sueñan con los rosados pezones de las vírgenes;
    la mejor teoría sobre por qué la muerte
    funda la plusvalía de la vida,
    y por qué el mar requiriendo el santo y seña
    del que se hunde a nadar en sus orígenes,
    y por qué flores y aves caían en las redes
    con que solo querías capturar el crepúsculo,
    y por qué el pasto es noble entre tus manos, y aun por qué
    musicales chambergos atan el firmamento a los carrizos.


    9

    Soy el perenne vástago de la naturaleza
    que te quiebra y te rompe como a un espejo loco
    de tanto reflejar cielo y libélulas
    y remansos mejores que el olvido.
    Yo soy el peregrino de mil rostros,
    soy un heraldo crónico, el revuelo
    de alas que mudan de trigal y trigo;
    soy el advenimiento de la música
    para la que halla voz cada garganta.
    Soy el cantar, el canto que en tu apretado tiempo
    surcó tu corazón de estrella a estrella.
    Yo soy la llamarada del infierno que entonces
    guardaste en los vaivenes de tu pecho.
    Pongámonos de acuerdo; engañaré a Lavinia;
    te aguardaré, te aguardo, te aguardé: es lo mismo,
    si la noche te quema y te ilumina.
    Subo del otro lado de tus senos;
    vengo henchido de pactos y recuerdos;
    ardo por revivir en tu jadeo sólido
    mi costumbre de siglos y de universos, y ardo
    por forzar a través de tus estrechas
    horas mi diligencia milenaria,
    por nacer otra vez en tu sabrosa lengua
    e, instalado en tu tibia recámara de anhelos,
    como intenso rubí de su rojez colmado,
    al trasluz de tus versos ser lectura.
    Mira, he vuelto; yo soy el alhajado
    retoño cortical de los sentidos,
    que un día descubrieron que podíamos
    ser los impíos ángeles que hoy somos.




    EN EL VIENTO 
    (1957)

    En el viento descubro tu sonrisa.
    Ha venido de un puerto donde al agua enmudece,
    donde en silencio cierra esperanzas heridas
    por una pena ahogada y un pétalo marchito.

    En el viento camina lo que dices.
    Es un secreto salmo callado que me entrega
    la lenta magnitud de lo celeste.

    En el viento rodeas mi sombra ávida,
    y amo en él tu presencia, que endulza mis pupilas
    como una tarde triste con un blanco navío.



    CUANDO UNA ALONDRA MUERE 
    (1957)

    Cuando una alondra muere
    y se quiebra un designio entre sus pasos,
    cuando todo enmudece o el alba se retrasa
    y se extingue una hoja con un raro estertor,
    tú tienes la palabra que enciende la mañana,
    la obstinación que quiero, la voz fresca y contenta,
    y estableces los pies mientras tus dulces manos
    acarician las nuebes.




    LAS MANOS (1956)

    Sin esperanza,
    con su vacío a cuestas como un sueño,
    rondan las manos.

    Sin premios duraderos,
    sin más que la conquista que arremolina un lapso,
    rondan las manos.

    Rondan las manos:
    blandiendo la sonrisa, la clandestina lágrima,
    cortando oscuras sayas e insidiosas mortajas
    que acumulas quejidos, gritos desesperados
    y desganas que trepan en los actos.

    Una suerte pequeña las deslíe
    en los turbios adioses y en los llantos.
    Y sin embargo agitan ondulantes sonrisas,
    banderas valerosas, fosforescentes faros,
    y falenas que niegan el crepúsculo.

    Heridas, se hunden
    de bruces en la tierra,
    cristalizando un coágulo y un húmedo suspiro.
    Pero siempre hay un alba que lentamente irisa los sollozos
    y todo lo que cae de las noches.

    Todas son heroínas si perduran
    sin renunciar a su arma de desamparada.
    Todas son heroínas si persisten
    en su rumor gratuito y en su reptar sombrío
    con que invocan la altura de los días
    y alimentan la noche que crece como un canto
    de recogido, de secreto fuego.

    Todas son heroínas.
    Por eso se ve alzarse una columna de humo,
    un haz de orgullos áridos, una humilde palabra
    y una guerra satánica y panteones.

    Todas son heroínas.
    Por eso se ve siempre que el horizonte ondea,
    que brillan dulcemente trigales y tejados,
    que vencidos los ríos cuadriculan los campos,
    que empieza a arrodillarse el mar en ciertas playas,
    que la voz es hallada por todos los senderos,
    que suceden prodigios y ciertas conmociones,
    que parten negros trenes y sencillas palomas,
    maldiciones, plegarias y ululantes gemidos.

    Todas son heroínas, y por eso
    hay las manos transidas de tardes y de puertos
    de donde el mástil zarpa, y la húmeda sonrisa.
    Hay las manos postradas junto a los puentes rotos,
    caídos en la noche como un tallo y un sueño.
    Hay las manos curvadas sobre tiernos ladrillos
    de lentos sueños rojos y actitud de coral.
    Hay las frágiles manos que suspiran y emprenden
    una angustiada marcha de arañas indecisas.
    Hay las manos opacas, insolubles, fornidas,
    con voces de muñecas solitarias muriendo.
    Hay las manos que alumbran con un deseo oscuro
    de tocar un redoble bajo el agua dormida.
    Hay las manos ardiendo de pue sobre el cansancio,
    alentando los surcos y acallando el amor.
    Hay las tórridas manos celebrando en un yunque
    el rito de la espada, la herradura y la voz.
    Hay las manos que tienen veinte años y una risa,
    las inquietas de un niño moreno por la dicha,
    y hay las pálidas manos que llevan a los labios
    una carta rosada y un temblor.

    Y en su presencia múltiple, vibrando como un árbol:
    Las manos y la triste vendimia de las horas.
    Las manos y la tierra que estrían los intentos.
    Las manos y el deseo que tienen de ser naves.
    Las manos y la sombre que proyectan las flores.
    Las manos y el delirio de luces que las llaman.
    Las manos y las piedras que acarician los niños.
    Las manos y los cuerpos ardientes como espigas.
    Las manos y la espera que destrozan los dedos.
    Las manos y la angustia tendida como un arco.
    Las manos y el silencio postrero carcomido.
    Las manos y los viajes que no se hicieron nunca.
    Las manos y la última moneda que nos queda.
    Las manos y los llantos ocultos con un lirio.
    Las manos y las manos, su unión y su calor.






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  • 03/05/17--23:26: MARIO COBO BARONA [19.988]

  • MARIO COBO BARONA

    Ambato, Ecuador 10 de septiembre de 1930 - 16 de abril del 2007.
    Diputado por Tungurahua, Sub Secretario del Ministerio de Educación, Presidente de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Director de la Casa de Montalvo, Presidente y fundador del Grupo Cultural “ Destino “, Rector del Colegio Rumiñahui, Vicerrector del Colegio Bolívar, Miembro de número de la Academia Ecuatoriana de la Lengua, Miembro correspondiente de la Real Academia Española, Miembro de la Casa de la Cultura Ecuatorian Núcleo de Tungurahua, de la Casa de Montalvo y del Grupo América, del Instituto de Cultura Hispánica, Miembro honorario del Instituto Iberoamericano de Educación y de la Benemérita Sociedad de Escritores de Chile; poeta, dramaturgo, ensayista, escritor y maestro de juventudes.

    OBRAS:

    Entre sus obras más destacadas tenemos, en poesía “ Las esquinas del agua “, “ Tierra ternura “, ” Los rostros de la tierra “, “ Exodos “, “ Más allá de los tiempos “ etc., en teatro, “ Anversos “, “ Imágenes para un sueño “, “ La prosesión de las cruces “, etc., en ensayo, “ Recados del peregrino “, “ Elegiadas“, “ Censos finitos “, “ Las soledades evasivas “, “ Los oficios puros “, “ Luis A. Martínez, el arte de vivir y morir “etc.



    Océano

    Es tan cierto que el mar no cree ya en sus peces
    que se van en los barcos,
    que cuando el pescador le agacha una blasfemia,
    resaca del dolor que el mar se traga,
    en su puntual idioma de olas
    va diciendo que sí: ¡pobres los hombres!

    Desertores del agua y sus orígenes
    hemos venido a las lejancias penitentes
    a tratar de encontrarnos en ninguna parte.
    Le compramos a la espuma su inocencia
    en su voz de burbujas: libres, lastimosas,
    intermitentes, creciendo y fracasando.
    Le queremos latir en su bullicio y en sus ecos,
    le queremos beber en sus gaviotas,
    en sus siempre después, y en su tristeza rota.

    No sé si el mar creó al hombre desde el caos,
    pero cree en el hombre,
    porque su eternidad es regresar. Y se defiende,
    y le cuestiona porque está en su adentro.

    El mar desde la arena es un ausente
    vencido a su costumbre de mareas.
    El hombre es en la playa un caminante
    tendido a su costumbre de recuerdos.

    Pobre del mar: improvisando, emocionando,
    contando lo que tiene que hacer.
    Pobre del hombre erigido en mar,
    por unos cuantos peces y unos sueños,
    inventariado entre los arrecifes y las perlas,
    siempre ensayando en sus pequeñas vidas,
    los osarios sin fondo y sin juicio final.

    Pobre del hombre saliendo del mar,
    hombre diario y angosto, sin rostro y sin nombre,
    perseguido de un perro y su lenta tristeza
    y ese fiel animal de la melancolía.
    Pobre del hombre fiel a su olfato húmedo, pensando:
    cuánto de sal tirita sobre su propia sombra.





    MERCADO

    Alba roja, grito y poncho,
    espalda en derrrumbe, carga:
    milenios sacramentales
    ayayay de las dulzainas,
    cuchillos de sol quebrando
    llamaradas miscelàneas, 
    huesos de soniddos, imanes
    iracundos de las arpas, 
    brazos, zanahorias, manos
    en la luz desidratada;
    pregones, mitos, refranes
    rebotando entre las càscaras,
    rezos, clamores, arpegios,
    algarabìa de enaguas,
    condenaciones, proverbios,
    superticiones, malvadas.





    Más allá de los tiempos

    Ahora que con palabras
    haces el sol en la arena,
    ahora que con el agua
    vas al mar de la ideas:
    yo sé que tu luz empieza
    a ser mágica y eterna,
    yo sé que tu luz madruga
    en los reinos de las églogas
    y va crecida de alondras
     a orbitar rutas angélicas, 
    yo sé que tu vida nueva
     iluminará las nómadas
     caligrafías de la era,
    se trepará por los vientos
     a recobrar las estrellas.

    1981







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  • 03/06/17--23:22: BLISS CARMAN [19.989]

  • Bliss Carman

    Poeta canadiense, nacido en Fredericton (Nuevo Brunswick) en 1861 y fallecido en New Canaan (Connecticut [U.S.A.]) en 1929. Escritor en lengua inglesa, pasó la mayor parte de su vida en los Estados Unidos de América, donde pronto se integró en los grupos de autores bohemios que protagonizaron el panorama literario americano de finales del siglo XIX y comienzos de la siguiente centuria.

    Impulsado desde su temprana juventud por una acusada vocación humanística y una firme inclinación hacia la creación literaria, cursó estudios superiores de Letras en la Universidad de Nuevo Brunswick, y al término de esta carrera decidió cruzar el Atlántico y visitar Europa para ampliar estudios y horizontes mentales. Tras frecuentar las aulas de la Universidad de Edimburgo, regresó a América y se matriculó en la Universidad de Harvard en 1885; a partir de entonces, residió de forma permanente en los Estados Unidos, aunque realizó numerosas visitas a su país natal.

    En su condición de poeta, Bliss Carman es recordado actualmente por los tres poemarios que escribió en colaboración con Richard Hovey, que constituyen uno de los más firmes intentos de consolidar, dentro de la línea culta de la poesía canadiense, los temas y motivos de la tradición popular. Se trata de Songs from Vagabondia (Canciones de Vagabondia, 1894), More songs from Vagabondia (Más canciones de Vagabondia, 1896) y Last songs from Vagabondia (Últimas canciones de Vagabondia, 1901), obras en las que Carman y Hovey dejaron bien patente su amor a la patria. Además de estos poemarios, el prolífico escritor de Fredericton compuso otros muchos poemas que fue agrupando en unos veinte volúmenes, entre los que destacan algunos títulos como Low Tide on Grand Pré (1893), Ballads of Lost Haven (1896) y Wild Garden (1929). En todas estas obras llama la atención la fascinación que sentía Bliss Carman por el paisaje de su país y, de forma muy señalada, por la belleza de sus bosques y sus mares.

    Dentro de la historia de las Letras de su Canadá natal, Bliss Carman está considerado como una de las voces más significativas del período político conocido como Dominio de Canadá, que a partir de 1867 reunió en una sola nación a las diferentes unidades geográficas canadienses (Nova Scotia, New Brunswick, Quebec y Ontario), dando lugar con ello al nacimiento del Canadá actual. En esta peculiar coyuntura histórica, tanto Bliss Carman como otros poetas de su generación (entre los que cabe recordar a Charles George Douglas Roberts, Archibald Lampman y Duncan Campbell Scott) cultivaron con profusión un patriotismo exaltado muy acorde con el espíritu de optimismo que celebraba la reciente unidad nacional. Al hilo de esta exaltación patriótica, estos poetas del Dominio resaltaron en sus composiciones la belleza del paisaje natural de la su nueva nación y se hicieron eco de los mitos y las leyendas de las tribus indígenas que poblaban aquel territorio desde tiempos remotos, buscando así la afirmación de unas raíces culturales comunes dentro de un mismo entorno paisajístico. Como rasgo distintivo de esta generación respecto a los autores anteriores, se observa también en sus poemas un tono naturalista cuyo realismo se acerca a las corrientes literarias que estaban en boga en la Europa de finales del siglo XIX, al tiempo que rechaza de plano esa tendencia sentimental a la melancolía que dominaba la producción lírica de los poetas de dicha generación anterior, mucho más influidos por el espíritu romántico.


    De "Sappho", 2

    XXXV

    Cuando la gran malva rosa
    florece en la marisma,
    llena de verano lento
    y horas suaves,

    en ese momento escucho los llamados
    de un amante no mortal
    jamás resistido,
    extraño y lejano.

    En las laderas azul-pálido
    tocando música maravillosa
    Pan hace su trabajo de amor
    en el cañaveral

    Puedo adivinar el corazón dejando de latir
    caída y respiro y secuencia,
    lleno de dolor por Siringa
    mucho tiempo atrás.

    Sappho, One Hundred Lyrics, The Florence Press by Chatto and Windus, 1910. Versión de Marina Kohon
    Nota del Administrador: El libro de Carman consiste en reconstrucciones libres de los fragmentos de Safo de Mitilene (VII-VI a.C)




    XXXV

    When the great pink mallow
    blossoms in the marshland,
    full of lazy summer
    and soft hours,

    Then I hear the summons
    not a mortal lover
    ever yet resisted,
    strange and far

    In the faint blue foothills,
    making magic music,
    Pan is at his love-work
    on the reeds.

    I can guess the heart-stop
    fall and lull and sequence,
    full of grief for Syrinx
    Long ago.

    http://campodemaniobras.blogspot.com.es/



    A Vagabond Song

    There is something in the autumn that is native to my blood -- 
    Touch of manner, hint of mood; 
    And my heart is like a rhyme, 
    With the yellow and the purple and the crimson keeping time. 

    The scarlet of the maples can shake me like a cry 
    Of bugles going by. 
    And my lonely spirit thrills 
    To see the frosty asters like a smoke upon the hills. 

    There is something in October sets the gypsy blood astir; 
    We must rise and follow her, 
    When from every hill of flame 
    She calls and calls each vagabond by name. 





    A Song Before Sailing 

    Wind of the dead men's feet,
    Blow down the empty street
    Of this old city by the sea
    With news for me!
    Blow me beyond the grime
    And pestilence of time!
    I am too sick at heart to war
    With failure any more.
    Thy chill is in my bones;
    The moonlight on the stones
    Is pale, and palpable, and cold;
    I am as one grown old.

    I call from room to room
    Through the deserted gloom;
    The echoes are all words I know,
    Lost in some long ago.

    I prowl from door to door,
    And find no comrade more.
    The wolfish fear that children feel
    Is snuffing at my heel.

    I hear the hollow sound
    Of a great ship coming round,
    The thunder of tackle and the tread
    Of sailors overhead.

    That stormy-blown hulloo
    Has orders for me, too.
    I see thee, hand at mouth, and hark,
    My captain of the dark.

    O wind of the great East,
    By whom we are released
    From this strange dusty port to sail
    Beyond our fellows' hail,

    Under the stars that keep
    The entry of the deep,
    Thy somber voice brings up the sea's
    Forgotten melodies;

    And I have no more need
    Of bread, or wine, or creed,
    Bound for the colonies of time
    Beyond the farthest prime.

    Wind of the dead men's feet,
    Blow through the empty street;
    The last adventurer am I,
    Then, world, goodby! 




    A Winter Piece 

    OVER the rim of a lacquered bowl,
    Where a cold blue water-color stands
    I see the wintry breakers roll
    And heave their froth up the freezing sands.
    Here in immunity safe and dull,
    Soul treads her circuit of trivial things.
    There soul's brother, a shining gull,
    Dares the rough weather on dauntless wings. 




    At Sunrise 

    NOW the stars have faded
    In the purple chill,
    Lo, the sun is kindling
    On the eastern hill.
    Tree by tree the forest
    Takes the golden tinge,
    As the shafts of glory
    Pierce the summit's fringe.
    Rock by rock the ledges
    Take the rosy sheen,
    As the tide of splendor
    Floods the dark ravine.
    Like a shining angel
    At my cabin door,
    Shod with hope and silence,
    Day is come once more.
    Then, as if in sorrow
    That you are not here,
    All his magic beauties
    Gray and disappear. 




    An April Morning 

    ONCE more in misted April
    The world is growing green.
    Along the winding river
    The plumey willows lean.
    Beyond the sweeping meadows
    The looming mountains rise,
    Like battlements of dreamland
    Against the brooding skies.
    In every wooded valley
    The buds are breaking through,
    As though the heart of all things
    No languor ever knew.
    The golden-wings and bluebirds
    Call to their heavenly choirs.
    The pines are blued and drifted
    With smoke of brushwood fires.
    And in my sister's garden
    Where little breezes run,
    The golden daffodillies
    Are blowing in the sun. 




    A Sea Child 

    The lover of child Marjory
    Had one white hour of life brim full; 
    Now the old nurse, the rocking sea, 
    Hath him to lull.
    The daughter of child Marjory
    Hath in her veins, to beat and run, 
    The glad indomitable sea, 
    The strong white sun. 




    A Creature Catechism 


    I

    Soul, what art thou in the tribes of the sea?

    LORD, said a flying fish, 
    Below the foundations of storm 
    We feel the primal wish 
    Of the earth take form. 

    Through the dim green water-fire 
    We see the red sun loom, 
    And the quake of a new desire 
    Takes hold on us down in the gloom. 

    No more can the filmy drift 
    Nor draughty currents buoy 
    Our whim to its bent, nor lift 
    Our heart to the height of its joy. 

    When sheering down to the Line 
    Come polar tides from the North, 
    Thy silver folk of the brine 
    Must glimmer and forth. 

    Down in the crumbling mill 
    Grinding eternally, 
    We are the type of thy will 
    To the tribes of the sea. 


    II

    Soul, what art thou in the tribes of the air

    Lord, said a butterfly, 
    Out of a creeping thing, 
    For days in the dust put by, 
    The spread of a wing 

    Emerges with pulvil of gold 
    On a tissue of green and blue, 
    And there is thy purpose of old 
    Unspoiled and fashioned anew. 

    Ephemera, ravellings of sky 
    And shreds of the Northern light, 
    We age in a heart-beat and die 
    Under the eaves of night. 

    What if the small breath quail, 
    Or cease at a touch of the frost? 
    Not a tremor of joy shall fail, 
    Nor a pulse be lost. 

    This fluttering life, never still, 
    Survives to oblivion’s despair. 
    We are the type of thy will 
    To the tribes of the air. 


    III

    Soul, what art thou in the tribes of the field?

    Lord, said a maple seed, 
    Though well we are wrapped and bound, 
    We are the first to give heed, 
    When thy bugles give sound. 

    We banner thy House of the Hills 
    With green and vermilion and gold, 
    When the floor of April thrills 
    With the myriad stir of the mould, 

    And her hosts for migration prepare. 
    We too have the veined twin-wings, 
    Vans for the journey of air. 
    With the urge of a thousand springs 

    Pent for a germ in our side, 
    We perish of joy, being dumb, 
    That our race may be and abide 
    For aeons to come. 

    When rivulet answers to rill 
    In snow-blue valleys unsealed, 
    We are the type of thy will 
    To the tribes of the field. 


    IV

    Soul, what art thou in the tribes of the ground?

    Lord, when the time is ripe, 
    Said a frog through the quiet rain, 
    We take up the silver pipe 
    For the pageant again. 

    When the melting wind of the South 
    Is over meadow and pond, 
    We draw the breath of thy mouth, 
    Reviving the ancient bond. 

    Then must we fife and declare 
    The unquenchable joy of earth,— 
    Testify hearts still dare, 
    Signalize beauty’s worth. 

    Then must we rouse and blow 
    On the magic reed once more, 
    Till the glad earth-children know 
    Not a thing to deplore. 

    When rises the marshy trill 
    To the soft spring night’s profound, 
    We are the type of thy will 
    To the tribes of the ground. 


    V

    Soul, what art thou in the tribes of the earth?

    Lord, said an artist born, 
    We leave the city behind 
    For the hills of open morn, 
    For fear of our kind. 

    Our brother they nailed to a tree 
    For sedition; they bully and curse 
    All those whom love makes free. 
    Yet the very winds disperse 

    Rapture of birds and brooks, 
    Colours of sea and cloud,— 
    Beauty not learned of books, 
    Truth that is never loud. 

    We model our joy into clay, 
    Or help it with line and hue, 
    Or hark for its breath in stray 
    Wild chords and new. 

    For to-morrow can only fulfil 
    Dreams which to-day have birth; 
    We are the type of thy will 
    To the tribes of the earth. 





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  • 03/06/17--23:22: VYTAUTAS STANKUS [19.990]

  • VYTAUTAS STANKUS

    Vytautas Stankus. Nació en 1984, en Lituania. En 2009 terminó los estudios de filología inglesa en la Universidad de Pedagogía de Vilnius. Ha publicado tres libros de poesía: Vaikščiojimas kita ledo puse (Andar por el otro lado del hielo) en 2009, Iš veidrodžio, už (Desde el espejo, detrás) en 2014 y Skruzdžių skandinimas (El hundimiento de las hormigas) en 2016. Ha intentado nadar un par de veces, pero sin mucho éxito. Ahora ya no lo intenta. Cree que los tomates son un gran regalo para la humanidad. 


    Las traducciones corren a cargo de Dovile Kuzminskaite y María Sebastià-Sáez

    http://circulodepoesia.com/2017/03/poesia-lituana-vytautas-stankus/



    Esparta

    cada vez que sobre las tres de la noche
    estábamos por la calle vilniaus,
    llovía, ellos se reunían, empezaban a empujarse,

    se rompían las ventanas, se rompían los cuerpos,
    se disolvían las aceras, y por las aceras – sangre,
    por el lado nuestro zumbaban piedras

    venía la policía, pero no se metían,
    la ambulancia recogía a los heridos,
    los vendaba, cosía los miembros,

    los que todavía servían para la lucha volvían…
    nosotros estábamos en esta picadora,
    ella se apretaba más cerca

    y hablábamos: sobre los peces pequeños,
    sobre el hilo del humo que sube del cigarrillo,
    sobre el zorro en la nieve, sobre los trenes

    sobre poder predecir el tiempo,
    de su traqueteo, de que se puede
    balancearse en la barca, despertarse en la misma ciudad

    de que se puede tomar el té
    de la misma taza, respirar bajo el agua,
    pero sobre todo hablábamos

    sobre los peces pequeños en el polo norte,
    sobre la nieve, nos mirábamos,
    sin abrir la boca y amanecía




    cuánto quería contártelo todo

    el humo de una fábrica antigua se convierte en niebla,
    las gatas salvajes se transforman en lobos domados,
    las escaleras, que llevan hacia ningún lado – en un estado aparte,
    una ciudad independiente, en cuyas ventanas está saliendo el sol

    ángel, que viertes la luz en mi copa,
    se está terminando el paquete de cigarrillos y no me queda otro,
    así que prendemos fuego a las casas y miramos el rostro
    abierto de las llamas, entonces bailamos sobre la ceniza caliente,

    pisoteamos densamente, la niebla,
    todo lo que los ojos ven es una mañana espesa, que se está enfriando,
    mi ángel reluciente de la tristeza
    con el libro sobre el hombro, cuánto quería

    contártelo todo, mientras corren por el cielo
    dóciles lobos y se tragan lo oscuro



    20 frases con explicaciones

    1

    – ya es otoño.

    Esto significa: hace frío y hará aún más frío; llegó el tiempo para tapar las rendijas de las ventanas, llegó el tiempo para no hablarse, escribir

    2

    – las puertas de mi casa siempre te están abiertas.

    Esto significa: estoy muy solo

    3

    -una carta para usted.

    Esto significa: no importa lo cabrón que seas, alguien se acuerda de ti; a veces pasa eso: otoño

    4

    -murió Chiortas.

    Eso significa: ¿cuándo el entierro? ¿dónde se vela? ¿cuánto ponemos? ¿habrá quien nos lleve?

    5

    -creo que estaría bien trabajar un poco por la tarde.

    Esto significa: no voy a hacer nada en absoluto

    6

    -creo que he atrapado a una pececita.

    Esto significa: la verdad no es que tú la atrapaste, sino que te atrapó, y ni siquiera te das cuenta, quizá solo lo sospechas, cuando su risa llena la habitación con una luz suave y algo en tu interior da un vuelco

    7

    -y tú leíste: ¨¿los androides soñarán con ovejas eléctricas?¨

    Esto significa: la película ni de lejos es la misma

    8

    -¡vaya, qué arreglado!

    Esto significa: sus trapos son increíblemente maravillosos

    9

    -tal vez mi brújula esté rota.

    Esto significa: la dirección nunca cambia, vayas donde vayas – siempre caminas hacia el norte, dicho de otro modo: cada puerta guía hacia otra puerta

    10

    -mira qué bonito…

    Esto significa: no hay nada particularmente bonito, atardece y poco más, pero no hay nada más bello que sus pies descalzos

    11

    -ponte más cerca.

    Esto significa: quiero arrimarme a ti

    12

    -Tomas está en reanimación.

    Esto significa: está conectado, clavado con catéteres, con tubitos en las narices, con tubitos saliéndole de la tripa, esperemos que se recupere, si no, no será la primera vez

    13

    -le llamaremos.

    Esto significa: no llamarán, en general últimamente nadie llama, es aburrido hablar contigo, eres un amigo inútil, un amante mediocre, un tronco borde, estás casi muerto

    14

    -….

    Esto significa: quería abrazarte, pero no encuentro palabras

    15

    -es para ti.

    Esto significa: una rosa a veces es una rosa y no hay ninguna metáfora

    16

    -no encuentro mi sitio.

    Esto significa: a) resaca b) corazón c) su risa llenó el cuarto d) otro



    17

    -esta vez todo va a ser distinto.

    Esto significa: esta vez todo va a ser igual

    18

    -estuvimos en Antakalnis.

    Esto significa: visitamos a Tomas, le llevamos flores, callamos un rato

    19

    -no hay nada más bonito…

    Esto significa: no hay nada

    20

    -hacía, hacía una ratita papilla.

    Esto significa: duerme tranquilamente, te guardo

    21

    -ya es otoño.

    Esto significa: el invierno está llegando




    Vytautas Stankus (b. 8 of November, 1984), poet and translator, lives in Vilnius. Vytautas has studied English Philology at the Lithuanian Pedagogical University. He began publishing poems in the literary press in 2007. His first poetry collection, "Walking on the Other Side of Ice" ("Vaikščiojimas kita ledo puse"), 2009 won the Zigmas Gaidamavičius-Gėlė Prize for the best poetry debut. Literature critics suggest Vytautas as one of the most emenrgent Lithuanian poets. His second poetry book "Iš veidrodžio, už" (From the Mirror, Behind) was published in 2014. The book is chosen by competent Commission to Five best poetry books of 2014 in Book of the Year Campaign. In February 2015 Vytautas' book "From the Mirror, Behind" became a poetry book of the year 2014 in Lithuania.




    BEFORE SAYING GOODBYE

                            7/25/2008

    1.

    mice are gnawing their way inside
    which means that summer is ending
    and rain presses its fingers over the holes

    the burrow shines in the night
    but no one stops by
    even when it rains

    earlier, there used to be snow
    but even that doesn't dare

    only mice gnawing into the moon
    constantly scratching away:

    — mama, what is that glow over there?
    — child, it will be hard for you to understand:
    it isn't really there, like us.

    there is only the gnawing



    2.

    i would like for us waking
    to sigh to each other quietly
    and sigh quietly while it rains
    and dally in bed while the rain
    washes the burnt-out city
    leaving only the longing

    as the walls cuddle up close above us



    3.

    often i remember how we
    drank coffee under the bridge
    you would hold the glow between your fingers

    as the river bent its back —
    breaking



    4.

    when we hid in the church i saw
    a swan fly over your head
    — what was that, what...?
    — nothing, nothing at all
    already in this long dying, it's as beautiful as it gets

    translated by Rimas Užgiris



    PRIEŠ ATSISVEIKINANT

                            2008 07 25

    1

    pelės graužias į vidų
    vadinasi baigiasi vasara
    lietaus pirštai užspaudžia skyles

    naktimis ola šviečia
    tik niekas neužsuka,
    net kai lyja

    anksčiau, tiesa, būdavo sniego
    bet ir tas nebedrįsta

    tik mėnulio vidun besigraužiančios pelės
    vis krebžda:

    – mama, kas ten per žiburiukas?
    – vaikeli, sunku bus suprasti:
    jo iš tikro nėra, kaip ir mūsų.

    yra tik graužatis



    2

    aš norėčiau kad mudu nubudę
    viens į kitą alsuotume tyliai
    alsuotume tyliai kol lyja
    tingėtume keltis kol lietūs
    nuplauna sudegusį miestą

    tik ilgesį miesto palieka

    kai virš mūsų susiglaudžia sienos



    3

    dažnai prisimenu mudu
    geriančius kavą po tiltu
    tu laikai žiburiuką tarp pirštų

    upė išlenkia stuburą –
    lūžta



    4

    kai slėpėmės bažnyčioje mačiau
    tau virš galvos praskrido gulbė
    – kas buvo, kas?
    – ne, nieko
    jau šiam mirime nebus gražiau

    © Vytautas Stankus, Iš veidrodžio, už (LRS leidykla, 2014)
    Poems



    IT'S SNOWING

    only sleep just sleep
    the little death
    when it's such a september —
    i don't see, but i hear
    that the snow is getting closer and closer

    sutures through the night,
    through my dream, a dog is shepherded
    away from me, from me
    to where the lights
    and life are more —

    the lord is shelling acorns through the window
    and we think it's snowing
    and we dance, and dance, and laugh
    and forget that we died
    and are raising children,
    raising poppies in the fog,
    the humidity leaves us wrinkle-free

    still, something is lacking
    that can't yet be named, snow

    not even cold, it's just a big dog

    taking a bite out of tranquility

    translated by Rimas Užgiris




    SNINGA

    tik miegas tik miegas
    mažoji mirtis
    kada šitoks rugsėjis – –
    nematau, bet girdžiu
    kaip po truputį artinas sniegas

    siūlės per naktį,
    per sapną, genamą šuns
    nuo manęs, nuo manęs
    ten kur šviesos
    ir gyvybės daugiau –

    viešpats gliaudo už lango giles   
    o mes manom, kad sninga,
    ir šokam, ir šokam, ir juokiamės
    ir pamirštam, kad mirę,
    ir auginam vaikus,
    ir auginam aguonas rūke,
    po to nuo drėgmės trūksta raukšlės

    ir dar kažko trūksta
    dabar neįvardinsi, sniegas

    nešalta, tik didelis šuo
    atsikandęs ramybės

    © Vytautas Stankus, Iš veidrodžio, už (LRS leidykla, 2014)
    Poems



    SPARTA

    Every night. about three, somewhere
    on Vilnius Street we would stand in the rain
    and they would gather, start pushing,

    windows and bodies would break,
    blood would mix with asphalt, sidewalks,
    stones flew by our heads as

    the police arrived and stood aside,
    an ambulance would gather the fallen,
    dress wounds, sew up loose ends,

    those fit for battle always came back...
    we would stand in this meat-grinder —
    she would press closer
    and we would talk about little fishes,
    about the threads of smoke rising from our cigarettes,
    about the fox in the snow, about trains

    and how you can predict the weather
    by their clamor, how you can rock
    in a boat, wake up in the same city,

    about how you can drink tea
    from a single cup, breathe underwater,
    but mostly we would talk

    about those little fish at the north pole,
    and about snow; we would look at each other,
    our mouths shut tight, and the sun would rise

    translated by Rimas Užgiris



    SPÁRTA

    kaskart apie trečią nakties mes
    stovėdavom kažkur vilniaus gatvėje,
    lydavo, jie rinkdavosi, imdavo stumdytis

    duždavo langai, duždavo kūnai,
    lydės asfaltas, ir kraujas – šaligatviu,
    pro mus lėkdavo akmenys

    atvažiuodavo policija, bet nesikišdavo,
    greitoji rankiojo kritusius,
    tvarstydavo, siūdavo galūnes

    tinkami kovai kaskart sugrįždavo...
    mes stovėdavom šioj mėsmalėj, –
    ji prisispausdavo arčiau

    ir kalbėdavom: apie mažytes žuvis,
    apie dūmų siūlą kylantį nuo cigaretės,
    apie lapę sniege, apie traukinius

    apie tai, kad galima orą atspėti
    pagal jų dundesį, galima
    valtyje suptis, tam pačiam mieste nubusti

    apie tai, kad galima gerti arbatą
    iš vieno puodelio, kvėpuoti po vandeniu,
    bet labiausiai kalbėdavom

    apie mažytes žuvis šiaurės poliuje,
    apie sniegą; žiūrėdavom vienas į kitą,
    nepraverdavom burnos, ir išaušdavo

    © Vytautas Stankus, Iš veidrodžio, už (LRS leidykla, 2014)
    Poems




    LEAP YEARS

                            April is the cruellest month.

                                                                        T.S. Eliot

    1.

    there is a time for gathering stones
    and a time for throwing them, and
    a time for doing neither one thing nor the other

    2.
    (october second)

    3.
    there is time for sleep, strange dreams,
    for example: a woman in a field of rye
    gives birth to crows, they caw

    4.
    or: a man without a face climbs
    a hill and sings something
    from Carmina Burana

    5.
    or: a girl with her hair full of buzzing bees

    6.
    there is a time for waking

    7.
    (november seventh, nineteen eighty-four)

    8.
    there is a time for waking, to listen to
    how she breathes, to hardly move,
    barely breathing oneself, afraid of waking her

    9.
    there is a time for looking into her eyes and smiling

    10.
    there is a time in winter and in summer,
    a time to change the time

    11.
    there is a time to travel

    12.
    (december, at which time there was no snow)

    13.
    there is a time for trains, for in-between
    stations where it’s cold to sleep,
    and public toilets where you brush your teeth
    in the morning but can’t recognize
    the person looking back from the mirror

    14.
    the blades of railroad tracks shine,
    the world flies past and you think:
    so where am I going? what waits
    for me there?

    15.
    and to tell the truth, no one
    waits for you whence you came

    16.
    and everything blends – the spoon’s
    ting in the teacup coincides with
    the trundle of the tracks, with
    your heart’s gentle knocking, your
    neighbor’s snoring takes on rhythm, melody

    17.
    and you find yourself whistling a fragment
    of a song from a film you saw as a child

    18.
    what is it about?

    19.
    (january nineteenth, snow fell)

    20.
    as if about friendship, as if about love

    21.
    maybe it’s not time to talk about that

    22.
    maybe

    23.
    although something there was very
    familiar, recognizable, there was
    nothing of mine

    24.
    what is that film about? I seem to remember the sea;
    the sea is also in my dreams, or more specifically –
    lots of water, I guess, because
    every morning I wake up sopping wet

    25.
    every morning is a time for waking

    26.
    (from february twenty-sixth to twenty-ninth)

    27.
    and here is a city with a harbor,
    boats with white sails, women
    with white dresses, scented hair

    28.
    and here the water washes my feet, and
    the vault of the sky and the vault of the water
    are one and the same, and no more
    top or bottom remains

    29.
    I would like to stay, but

    30.
    how did I get here? where do I go next?

    31.
    (we ask those who where born in march to leave)

    32.
    I woke up: she asked:
    did you hear what I was saying to you?
    I told her that I had heard, even though
    I had no idea, and she smiled
    (she will leave me in april)

    33.
    the walls here are very thin, you
    can hear how water drips in the kitchen,
    how they complain next door, how
    the tape deck tangles the tape, rips it

    34.
    “don’t hang your nose, gardes-marine,
    whether life is silly or sweet...”
    how does the rest of it go?

    35.
    the unity of sail and heart... no, not like that

    36.
    (fifteenth week, monday)

    37.
    there are heart lines, flutters, murmurs,
    a raven thrashes through heart valves

    38.
    where is he from? how did he get there?

    39.
    from the beginning of may I had to spend
    about a month in the hospital, they took
    x-rays and scanned me, I swallowed pills,
    slept a lot, read even more, the world
    continued outside my window

    40.
    in other words:
    same shit, different day

    41.
    there is a time to ask, how is life,
    how are you doing, what is new, how is
    your family, how are the children, have
    you heard the new tom waits album

    42.
    october second we carried
    our friend’s father to his grave,
    the handles were slippery,
    the weight, the understanding
    that it was not him in that box
    but a husk of being

    43.
    water rises to the sky, flows
    in the veins of clouds

    44.
    thinking is unnecessary –
    you roll the dice and
    either they fall for you or they fall for you

    45.
    at four past five, there were three of us
    at the station by the eighth wagon,
    smoking while waiting for the fourth
    who never showed up

    46.
    and everything goes according to plan,
    a girl on the next bench over
    takes off her shoes, we watch
    the flowing river and nothing
    goes according to plan

    47.
    there is a time for reading

    48.
    (from may fourth to april seventh)

    49.
    and if for three days you haven’t read
    a single book – your words
    will swim on the surface

    50.
    and if you turn your face to the sun –
    your shadow will remain behind you

    51.
    and if you get seasick –
    it suffices to sit under a tree
    and it goes away

    52.
    and if you look for a while at the fire –
    your dreams will pale

    53.
    and if she asks,
    tell her your dreams, which you don’t remember

    54.
    how should you answer her?

    55.
    and if she asks:
    what does your pillow smell like?

    56.
    what will you answer then?

    56.
    and if...

    58.
    (july twelfth, seven after five)

    59.
    the world flies, and I run in place,
    always remaining in place, trying
    not to move, not to wake her up

    60.
    water rises to the sky, filling
    the muscles of clouds

    61.
    and the scent, the scent before the storm,
    the wind within the trees, the windows
    shiver with tension, flowers huddle,
    soon, soon, soon it begins

    62.
    (from august sixth until...)

    63.
    and lightning burned out her retina
    and lightning burned out her retina

    64.
    _ _ _ _ _ _ _ _ _

    65.
    april

    66.
    it’s very important not to move

    translated by Rimas Užgiris


    KELIAMIEJI META

                            Balandis – žiauriausias mėnuo
                                                                        T. S. Eliot


    1
    yra metas akmenis rankioti
    ir metas juos mėtyti, ir
    metas yra nedaryti nei vieno, nei kito

    2
    (spalio antroji)

    3
    yra metas miegui, keistiems sapnams,
    pavyzdžiui: moteris rugių lauke
    gimdo varnas, jos krykščia

    4
    arba: vyras be veido kopia
    į kalvą ir gieda kažką
    iš Carmina Burana

    5
    arba: mergina, plaukai pilni dūzgiančių bičių

    6
    yra metas nubusti

    7
    (lapkričio septintoji, aštuoniasdešimt ketvirtieji)

    8
    yra metas nubusti, klausytis,
    kaip ji kvėpuoja, beveik nejudėt
    pačiam vos kvėpuojant, bijoti pažadint

    9
    yra metas žiūrėti jai į akis ir šypsotis

    10
    yra metas žiemos beigi vasaros,
    metas persukti laiką

    11
    yra metas keliauti

    12
    (gruodis, tąmet sniego nebuvo)

    13
    metas yra traukiniams, tarpinėms
    stotelėms, kur šalta nakvoti,
    viešiesiems tualetams, kur valaisi
    dantis rytais ir negali atpažinti
    žmogaus, kuris žiūri iš veidrodžio

    14
    bėgių ašmenys spindi,
    skrieja pasaulis pro šalį ir galvoji:
    o kur aš važiuoju? o kas
    ten manęs laukia?

    15
    nors ten, iš kur važiuoji, irgi, tiesą pasakius,
    nieks ypatingai nelaukia

    16
    ir viskas susilieja – šaukštelio
    skimbčiojimas arbatoj sutampa
    su dundesiu bėgių, su dusliu
    širdies beldimu, kaimyno
    knarkimas įgauna ritmą, melodiką

    17
    ir pagauni save švilpčiojant fragmentą
    dainos iš matyto vaikystėje filmo

    18
    apie ką jis?

    19
    (sausio devynioliktąją iškrito sniegas)

    20
    lyg apie draugystę, lyg apie meilę

    21
    galbūt dar ne metas apie tai kalbėti

    22
    galbūt

    23
    nors ten būta kažko labai
    pažįstamo, atpažįstamo, mano
    nebuvo nieko

    24
    apie ką tas filmas? lyg atsimenu jūrą;
    mano sapnuose irgi jūra, tiksliau –
    daug vandens. taip spėju, nes
    kasryt nubundu kiaurai šlapias

    25
    kasryt yra metas nubusti

    26
    (nuo vasario dvidešimt šeštosios iki dvidešimt devintosios)

    27
    ir štai miestas turintis uostą,
    laivai baltom burėm, moterys
    sukniom baltom, kvepiančiais plaukais

    28
    ir štai vanduo skalauja man kojas, ir
    skliautas dangaus, ir skliautas vandens
    yra vienas ir tas pats, ir nebelieka
    viršaus nei apačios

    29
    pasilikti norėčiau, bet

    30
    kaip aš čia patekau? kur toliau?

    31
    (kovo mėnesį gimusius prašom išeiti)

    32
    nubudau: ji paklausė:
    argirdėjai, ką tau kalbėjau?
    atsakiau, kad girdėjau, nors
    net neįtariau, ji šypsojos
    (balandį ji mane paliks)

    33
    čia labai plonos sienos, viskas
    girdisi: kaip laša virtuvėj vanduo,
    kaip gretimam kambary dejuojama,
    magnetofonas ima velti juostelę, nutraukia

    34
    „nenukabinkime nosies, gardemarinai,
    ar būtų gyvenimas kvailas, ar būtų puikus...“
    kaip ten toliau?

    35
    vienybė burės ir širdies... ne, ne taip

    36
    (penkiolikta savaitė, pirmadienis)

    37
    yra širdies linijos, permušimai, ūžesiai,
    širdies vamzdžiuose blaškosi juodvarnis

    38
    iš kur jis ten? kaip pateko?

    39
    nuo gegužės maždaug mėnesį
    teko praleisti ligoninėj, švietė
    mane ir skanavo, rijau tabletes,
    daug miegojau, skaičiau dar daugiau.
    pasaulis už lango tęsėsi

    40
    kitaip sakant: vyko
    tas pats per tą patį

    41
    yra metas klausti, kaip gyvas arba
    kuo gyva, kas gi naujo, kaip laikos
    šeima, kaip vaikai, ar jau girdėjai
    naują t. waitso albumą

    42
    spalio antrąją nešėm
    draugo tėvą į kapines,
    karsto rankenos slidžios ir
    svoris, ir supratimas,
    kad šioj dėžutėje jo nėra,
    tik lukštas buvimo

    43
    vanduo kyla į dangų, srūva
    debesų kraujagyslėm

    44
    nieko nereikia galvoti –
    rideni kauliukus ir
    arba iškris, arba iškris

    45
    po keturių penkios, stotyje
    prie aštunto vagono buvom
    trise, rūkydami laukėm ketvirto,
    kuris taip ir nepasirodė

    46
    ir viskas klostosi pagal planą,
    mergina prie gretimo suolo
    nusiauna batus, žiūrim
    į tekančią upę ir nieks
    pagal planą nevyksta

    47
    yra metas skaityti

    48
    (nuo gegužės ketvirtosios iki birželio aštuntosios)

    49
    o jeigu tris dienas neskaitei
    jokios knygos – tavo žodžiai
    plauks paviršiumi

    50
    o jeigu veidą atsuksi į saulę –
    šešėlis pasiliks tau už nugaros

    51
    o jeigu sergi jūros liga –
    užtenka prisėst po medžiu
    ir praeis

    52
    o jeigu ilgai žiūrėsi į ugnį –
    tavo sapnai nubals

    53
    o jeigu ji paprašys:
    papasakok savo sapnus, kurių neprisimeni

    54
    ką jai atsakysi?

    55
    o jeigu paklaus:
    kuo kvepia tavo pagalvė?

    56
    ką atsakysi tada?

    57
    o jeigu...

    58
    (liepos tryliktoji, po penkių aštuonios)

    59
    skrieja pasaulis, o aš lieku vietoj,
    visuomet lieku vietoj, stengiuos
    beveik nejudėti, kad jos nepažadinčiau

    60
    kyla į dangų vanduo, užpildo
    debesų raumenis

    61
    ir kvapas, tas kvapas prieš audrą,
    ir vėjas medžiuose, iš įtampos
    virpa langai, gėlės susigūžia,
    tuoj, tuoj, tuoj prasidės

    62
    (nuo rugpjūčio šeštosios iki... )

    63
    ir žaibas nutvilko tinklainę
    ir žaibas nutvilko tinklainę

    64
    – – – – – – – – –

    65
    balandis

    66
    labai svarbu nejudėti

    © Vytautas Stankus, Iš veidrodžio, už (LRS leidykla, 2014)
    Poems


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    EMILIA PEQUEÑO ROESSLER

    Emilia Pequeño Roessler (Santiago, Chile  1997). Estudiante de Licenciatura en Lengua y Literatura Hispánicas de la Universidad de Chile. Ha participado en talleres de poesía con Héctor Hernández Montecinos, Javier Bello y Raúl Zurita. Forma parte del colectivo de poesía Taller Juan Gabriel. Actualmente trabaja en sus proyectos La Tumba Serás y La ronda del hambre. Este último obtiene en 2016 la Beca de Creación del Fondo del Libro del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes.


    La tumba serás (fragmentos)

    como quien recompone un himen roto
    no tuvimos más opciones que armar una canción
    juntando retazos de aspiraciones desgastadas
    la acumulación de los días que resaltó la historia
    agarrándonos de los escombros
    hurgando entre la basura
    como un simulacro de intimidad
    en el silencio que imponen las luces de una micro en la madrugada
    su andar sobre el asfalto roto
    cada ventanilla como habitáculo
    las palabras que leíamos, residuos en los rayados de los paraderos
    como las inscripciones de las tumbas de los héroes
    como la letra del himno nacional
    nuestros nombres:
    la marca de un plumón que se irá borrando por el uso de los asientos



    *


    en los supermercados
    las cajas de mercadería se apilan infinitamente
    y de niños creemos que son las casas de las cosas que comemos



    Animita

    mi país es una esquina en que se orillan los cacharros que ha botado el mar
    todos estos años de patria rota, cortopunzante
    bultos acarreados por equecos afónicos
    apilados a lo largo de las abolladuras del mapa
    paquetes de supermercado desescamando sus muñecas como grilletes
    invasión de trastos plásticos con olor azumagado en las alacenas de las casas
    bolsas de basura reventadas en los bordes de las veredas
    las huellas del trajín de los descalzos sin nombre
    escarbando cartones entre las sobras de las trasnacionales
    como perros olfateando los huesos de un pollo desollado
    la esperanza de ganarse cuatro paredes, una puerta y ventanas
    mi país es un bordado torcido sobre arpillera sucia
    montado en los hombros de toros atrofiados sin raza
    campo de flores machacadas que se oxidan
    silentes como las palomas que se bañan en el agua contaminada de los ríos
    amarga e inhabitable, ácida de cenizas volcánicas
    derrotero de los mártires que llevan a sus santos a cuestas
    se le aferran aún con las uñas unos pocos
    los que no encontraron la reja para salir
    sus caras molidas por el cansancio
    creen en la inercia como modo de resistencia
    estigma de una inmolación involuntaria
    mi país es una costra alargada que chapotea en nuestra sangre
    y duele
    el caminar a pie descalzo por las calles astilladas de faroles quebrados
    ampollarse los ojos ante el fuego de las barricadas
    atropellarse la lengua para no hablar más de la pena
    la melodía perdida de los organilleros que amaestran loros
    pasean por los barrios y nos anestesian de nostalgia
    como cuando los chamanes de guitarras despintadas
    cantan en las micros por nuestras monedas
    repiquetean en las fotos granuladas de primeras comuniones
    los programas que veíamos las tardes de domingo
    ese jugo que yo tomaba y ya no existe
    las botellas de bebida y los medidores de gas
    el matinal a las nueve
    las noticias a la una
    la teleserie a las cuatro
    las noticias a las nueve
    el reality a las diez
    las noticias a las doce
    mi país es un campo de batalla que nunca se usó
    ciudades de metro cuadrado amuralladas de cholguán
    orilladas por bosques de yuyos secos que amenazan incendiarse
    el sonido de la lluvia sobre el zinc como disparos de una ametralladora
    tinajas roídas por la humedad descascarándose
    gatos tuertos vigilando sobre las tapias
    el aserrín hinchado frente a los guardapolvos que espera la flagelación de una escoba
    se parapeta en el tiempo como un soldado vencido antes de nacer
    cajas de lata repletas de hilos amarillentos juntadas en secreto
    mi país es la animita de un accidente brutal
    cachivaches en memoria de la mugre bajo las alfombras
    siglos enterrados bajo las baldosas enrojecidas de tanto encerar
    estampitas de caras borrosas gritando que aquí se mató
    una tía, un abuelo, un hermano lloran acurrucados en una fosa común sin conocerse
    una bandera agujereada flamea sobre sus cabezas
    las lombrices sabrán por ella que están hechos de la misma carne
    esa carne aplastada que se adormece al arrodillarnos cada día
    para hacer una plegaria a todo lo caído en el intento
    y prender velas al monumento del edén que nunca se construyó




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    MARCELO NICOLÁS CARRASCO  

    Marcelo Nicolás Carrasco (Santiago, Chile  1999). Poeta y artista visual. Autor de “Catalepsia” (Piélago, 2015). Ha participado de diversas lecturas y actividades entre las que se cuentan el Ciclo Poesía Constituyente y el encuentro Haremos Desaparecer el miedo.



    Incisura

    No sé, yo sólo quiero sentir tanto como pueda.
    Es de todo lo que trata el alma.
    Janis Joplin


    Había que salir del cuerpo y salirse cómo.
    Merodear los orificios  incisuras  grietas  nudos
    bajos  hendiduras.
    Escaparse.

    Evaluar el más afuera  los pliegues  las salidas
    y dejar caer esos hilitos rojos  hebras
    líneas rojas.
    Como sangres por el ojo del lagarto al enemigo.
    Al más adentro. Menos fuera.

    Retenerse. Saber cuándo.
    Separar todas las partes y juntarlas.
    Todas juntas  en un orden  en un otro
    en un tercero.
    Repartirse.
    Repactarse en lo genuino. Desasirse.
    Renacerse
    en todos los lenguajes y las lenguas. En las alas.
    En el habla insecta escapada de su frasco.
    En la única experiencia física que huye de la carne




    Volverán

    Diles que me perdí en el parque, mamá. Que no regreso.
    Que de tanto tironear perdiste el brazo y el horror
    salía a borbotones de tu hombro.

    Me morí.

    Si preguntan -que lo dudo- diles que era un laberinto
    de animales de concreto: Una jirafa

    Un cocodrilo

    Un elefante.

    Eran sombras. Más oscuras que la vida. En un rincón.
    Eran como almas de animales de concreto.
    Como infancias rotas  de concreto  rotas.
    Como rotas cláusulas de pactos innombrables.
    Como nombres clausurados en el pastizal del parque.

    Me llevaron. Di que me llevaron. Que no fue tu culpa.
    Hazlo parecer una mentira. Así te creerán
    y nos veremos en las noches, madre.
    Tú conmigo. Yo contigo. Tu. Mi. Yo. Tú.

    A través del enrejado trae lápices  papeles  formas
    y colores.
    Para que yo salga fuera aunque no salga.

    Me quedé jugando diles, con los animales
    con los árboles.
    Que raíces me salieron en las piernas.
    Que luchaste. Que intentaste. No pudiste.
    Me quedé jugando diles, con mi cuerpo
    con tu llanto.
    Dando vueltas en la rueda. Con los niños.

    Cuando mis hermanos crezcan les explicas,
    se los cuentas.
    Diles que a las 7.30 – al otro día- se abre el parque.
    Cuando vayan por sus hijos me hallarán jugando.
    Cuando vayan por sus hijos. Volverán.




    X

    La fuerza de una fuerza.
    De qué fuerza.

    Preguntarle a los objetos y encontrar preguntas
    que preguntan otras cosas.
    A otras cosas.
    Otras tantas.

    Este lugar ha sido construido por el hombre.
    Este lugar no ha sido construido para el hombre.

    Estas cosas no son estas cosas.
    qué preguntas  qué encontrar  qué fuerzas

    El paisaje es una imitación de lo que quiso ser.
    Su réplica.
    No es la proyección en el principio.
    En qué principio. De cuál ciencia.
    El paisaje es lo que quisieron que no fuera.





    La máquina de hacer pájaros

    Podrán inventar la máquina para hacer pájaros.
    Podrán salir y acabar con todos los pájaros del mundo
    de una vez por todas.
    Podrá desaparecer también el hombre de la tierra.

    Pero no conseguirán exterminar el origami.




    Poemas extraídos de "Catalepsia".

                                            
    A mi paloma negra
                                                
    Vuela en aquel lecho insomne,                                                  
    paloma, paloma negra,                                           
    confundida a menudo con los cuervos,                                                 
    porque a decir de la gente,                                            
    el plumaje expresa todo.                                    
    Aterriza en los astros periféricos,                             
    envidias del sol desacralizado.                                 
    Reposa en los páramos de sangre,                                   
    como una ceniza errática,                                  
    como un vestigio del fuego                              
    dormido bajo la carne.
                         
    Que nadie perturbe tu ascenso.      
    El cielo pétreo e inexorable,  
    se ha arrepentido de caer sobre nosotros.
           
    Vuela sobre tu lecho insomne,             
    paloma, paloma negra.                  
    Los corazones escarchados de silencio                                                        
    no somos más                
    que las manos empuñadas de los muertos.


                                                  
                                                                
    Canción de viento y pellejo
                                            
    Tras el frenético grito                                 
    que nos advierte la tormenta,                                                
    procedemos a acatar,                                                        
    sin miramientos.                                                
    Nada más queda, nada más                                              
    que izar nuestros vestigios,                                                   
    como bandera mártir.
                                      
    La soledad nos condena al espejismo,                                       
    cuando en realidad no hay nada,                                         
    cuando no somos nada,                                         
    cuando no seremos de nadie                                           
    si no del tiempo.
                                                
    Repudio la estancia engañosa                                         
    en que pellejo y trinchera                                                 
    se enhebraron.
                                                                    
    Bendita sea el hambre                                                
    que nos reduce a un montículo,                                                                
    a un surco,                                                 
    a un esqueleto impávido                                             
    que acaricia la atmósfera.


                                                                            
    Encrucijada
                                                           
    Estando en la encrucijada,                                            
    acercarse a la pared                                                       
    es acercarse al puñal.        
                                            
    El arma intercambia los roles                                                
    con los del pálido sepulcro                                               
    que coagula nuestra huida.      
                                                  
    Cada puñal nos coarta                                                       
    el derecho a letanías,                                                             
    porque son inútiles,                                                     
    porque no salvan a nadie,                                    
    porque las paredes no tienen oídos.





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  • 03/07/17--00:13: PAMELA CUENCA [19.993]

  • PAMELA CUENCA

    Pamela Cuenca (Loja, Ecuador, 1996)

    Ha publicado en la Revista Suridea de la CCE (Loja, 2013-2014), Revista ComHumanitas de la Universidad de los Hemisferios (Quito, 2014), Revista El Faro (Loja, 2016), Gaceta cultural República Sur (Cuenca, 2017), Blog Anábasis (Perú, 2017). Ha publicado la plaqueta Ensayo de realidad virtual para un gato que despierta (Loja, 2017).

    Le tiene miedo a las ventanas y es una paranoica obsesiva en constante decadencia. A veces no se ve a sí misma en el espejo.


    Una cajita aterciopelada
    Luz que se expande por el prisma
    Mil colores que son solo cuatro
    Anoche soñé con un conejo
    Conejo blanco cola esponjosa
    Los conejos son caníbales
    Conejo se come a otro conejo
    El conejo más gordo es el que gobierna
    Este mundo extraño lleno de conejos y sangre
    Un conejo bebé al nacer empieza la búsqueda
    Busca comerse un conejo más grande
    Y así, crecer
    El crecimiento se mide por el tamaño de la panza
    Panza gigante conejo alfa
    No es un sueño es el conejomundo
    Mundo conejo
    Conemundo
    Mundonejo
    Miles de conejos caníbales
    Conejo bebé ahora es un conejo niño
    Su niñez es haberse comido tres conejos
    Conejo niño sigue en la búsqueda
    Escalar la pirámide de conejos comidos
    Sangre expuesta no hay vísceras
    Sólo rastros de piel conejuda
    El conemundo mundonejo conejomundo
    Sigue su cauce
    Ríos de cadáveres de conejos
    Una cajita aterciopelada abierta
    Luz que se expande por el prisma roto
    Mil colores que son solo retazos de vidrio
    Conejos y conejos invaden la mente de un no conejo
    Conejo niño ahora es un conejo joven
    La juventud es haberse comido trece conejos
    Conejo joven ya no quiere seguir creciendo
    Pero el suicidio es inconcebible en el mundonejo
    Un conejo joven busca ser comido
    Ola gigante de conejos muertos
    Cadáveres sin forma llenando cada centímetro
    Conejo joven ha conocido una coneja
    Ambos sin ganas de seguir siendo caníbales
    Se aparean en su búsqueda por parar la matanza
    Nace un conejo bebé
    Y éste se come a sus padres
    Los conejos son despiadados
    Aquí lo único que importa es estar gordo
    Una cajita aterciopelada abierta
    Guarda en su interior el sueño de una niña
    La luz se expande por el prisma roto
    Mil colores que sólo pueden venir
    De un mundo donde habitan
    Conejos
    Muertos




    Miro el abismo que cabe en una alcantarilla destapada.
    Un agujero oscuro lleno de trinomios cuadrados perfectos.
    -Harta mierda que no sirve para nada-
    Salvo para sincerar ciertas posibilidades.

    a2 + 2 a b + b2 = (a + b)2

    a puede ser igual a muchas cosas
    a= vos
    Vos= a
    Como dije
    muchas cosas.

    Que me gustó sincerarme por medio de
    una webcam.
    Que soy una codiciosa
    colecciona vestidos.
    Que tengo aún en fundas y
    con factura incluida
    varios de ellos que no pienso usar.

    -NO- le dije,
    No sé yo tampoco como
    NO
    Sentir
    Me olvidé de esas cosas
    Un día que me clavaron una jeringa
    Calibre 21
    Y me gustó.

    //Ahora pretendo ser una mujer responsable
    Que se hace chequeos médicos cada mes
    Todo sea por los exámenes de laboratorio
    ¡Alabado sea Cristo!
    Que tengo
    Seguro
    (Hospitalario)//

    Miro la luz que cabe por medio de un agujero destapado.
    Una alcantarilla oscura llena de trinomios cuadrados imperfectos.
    -Harta mierda que no sirve para nada-
    Salvo para sincerar ciertas posibilidades

    x2 + bx + c 

    x  no será ninguna cosa
    x≠ vos
    vos≠ x
    Como dije
    ninguna cosa.

    Me quedé congelada en un
    Estado líquido del tiempo
    Buscando jeringas de
    Calibre 22
    Buscando copos derretidos
    Para inyectármelos en las venas.
    Hipotermia para el
    Corazón/ escarabajo
    De una pequeña mujer
    Que no pudo ser
    Materia. 



    Ocho: dividir en dos el final del cable y pelarlo. Nueve: cortar la muñeca izquierda con un cuchillo. Poner los cables pelados y taparlos con esparadrapo. Diez: enchufar a la corriente.

    -De la película “Soy un cyborg, pero no pasa nada” (2006)

    Embrión, el azar en tu cabeza, pero – ¿Embrión, tienes cabeza?- No me responde el hijo que fecundaste en mi vientre caníbal – ¿Será que mi útero hambriento de ausencias se comió a mi hijo?- No, no me responde la manzana engusanada y los gusanos envenenados tampoco quieren seguir bailando. Observo, como una luciérnaga apagada, las luces de neón con devoción, le rezo a la cruz violácea, le rezo al aire. Me duele el tiritar de los pajarracos, mis venas son alambres de cobre número cinco, mis ojos dos bombillas led; no tengo baterías. Los hombres de blanco se llevaron a mi hijo, se llevaron a mi hijo y en su lugar pusieron en mi vientre un conejo robot. Acaricio mi conejito, lo pongo en mi regazo, está tan frío, está tan frío, su pelaje es extraño parece metal pero yo acaricio a mi conejito. Me ha picado un colibrí. No tengo útero, se llevaron mi conejo, no tengo casa, se llevaron a mi hijo, no tengo ojos –esos, sí me los comí- ¿Dónde está tu hijo? ¿Dónde está tu útero? ¿Dónde está tu conejo robot? No tengo cabeza, soy un embrión. No tengo cabeza, soy un conejo. No tengo cabeza, soy un montón de huesos arrastrados que buscan la cabeza. Caballo negro, no eres mi corcel esta noche, pero llévame.  El retorno a casa es un laberinto de cabellos rojos.


    Imágenes y estéreo: 
    Diálogo con Pamela Cuenca

    Entre sonido (estéreo) e imágenes. Y acerca de gatos. También.
    Una captura suya, un borde de plaza, como referente de perspectiva particular, entre curiosa y distante, – dice de una suerte de alma escurridiza. Fue lo primero que vi. De modo que a la hora de leer los textos, fue más o menos claro el sentido.
    Una propuesta sin aspavientos. Un camino, además, de aprendizaje. Coincidencias con una visión atrevida, la de Juan José Rodinás, de un modo misterioso, y no tanto.
    Pamela Cuenca. Por dos vertientes... En una conversación como entre tejados de ciudades distintas...



    Cabría preguntarse si por motivos comunes tanto a escritura como a imagen, yacen tentadoras, ideas, figuraciones o interpretaciones en otro medio, acaso sin código fijo, de la representación compleja, sinestésica, que cuaja espontáneamente al contacto con la realidad..., una síntesis...

    Desde niña: ¿Por qué respiramos?, ¿por qué los conejos no cierran los ojos cuando duermen?, ¿por qué el arcoíris solo tiene siete colores?, ¿por qué los ingenieros ganan más que los artistas?, ¿por qué al verme al espejo no me veo?, ¿por qué debo sangrar para existir?, ¿por qué las lágrimas no son ácidas?, ¿por qué tengo miedo a las ventanas?, ¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?…

    Formulaciones... Senda a otro fondo. Pero ojo con este último término, no implica necesariamente distancia. Las metáforas de espacio tienen sus trampas...




    La fotografía surge en mí en el año dos mil trece. Mi papá había adquirido una cámara réflex, una Nikon. La primera vez que la vi me impactó mucho, pero no sabía que se iba a convertir en mi compañera. Cuando comencé a estudiar Comunicación Social tomé la materia de Fotografía como parte de mis prácticas universitarias: Así empezó un camino arduo, pero fascinante.

    Caminos y, nuevamente, distancia... (Lacan.– El subconsciente estructurado como un lenguaje.
    Y dice Néstor Braunstein, – la lengua, entre el lenguaje y el subconsciente. El subconsciente, por su parte, – producto de la reflexión psicoanalítica.
    Más allá... Lévi-Strauss.– El lenguaje como condición de la cultura.
    Pero, ¿a qué va? Es que las estructuras, claves a la comprensión de cada perspectiva no son en realidad lejanas a la experiencia... Así, las preguntas se relacionan directamente, a menudo, con impresiones, digamos, ajenas al lenguaje estructurado...)
    Relación, y violencia...

    Con el trabajo de Cartier-Bresson, quien dijo que fotografiar es poner la cabeza, el ojo y el corazón sobre un mismo eje.
    Henri marca una gran huella en la fotografía con lo que se conoce como momento decisivo, pero para mí el simple hecho de contemplar sus fotografías se convirtió en mi momento decisivo: el momento en que Pamela decide entregarse al arte visual, a escribir con la luz, a contar historias.

    De ahí, predilecciones...

    Dentro de las muchas vertientes de la fotografía, dos: el fotoperiodismo o fotoreportaje y la fotografía de estudio (sugerente o desnudo).

    (Psicalipsis...)

    Mis fotógrafos favoritos dentro del reportaje: el mismo Cartier-Bresson, y Gervasio Sánchez, Robert Frank y Francisco Boix. En el otro campo: Newton, Man Ray, Edward Weston.
    Quizás lo que más amo de la fotografía ya sea de reportaje o estudio es que uno puede contar historias a través de una imagen, pero para esto es necesario entrenar la mente y el ojo. ¿Qué debo fotografiar?, ¿qué me mueve?, ¿cuál es el sentido de mi fotografía?, responder esas preguntas es mi clave.

    Tentar una respuesta, a propósito del modo. – Método. Rigor.
    El fondo, el mensaje, si se quiere, ha de llegar a su destino para completar el diálogo, tan enigmático como para uno mismo. Transmisión de la cuestión a través de la afirmación.

    La primera vez que escribí algo por la necesidad de expresarme fue en el contexto de un hogar en decadencia. Tenía once años. Llevaba un diario; sentía que me descargaba emocionalmente, sacaba un peso de mí. Sin embargo, los textos que he escrito con la intención de que otras personas los conozcan y los lean surgieron a la par de mi experiencia con la fotografía.

    Los diarios, todo un asunto...
    Tenemos eso de escribir para ese otro que es en realidad uno mismo transcurrido cierto tiempo... Tenemos la suma de notas conque se ordena el pensamiento y se ayuda a la memoria, con lo que vamos bien lejos de la confesión y más bien próximos al desarrollo frío de una teoría escritural...
    Tenemos la crónica. Y la franca entrega a los demás, todos los demás..., esperando acaso, simplemente, la señal del momento más apropiado.





    Mi primer referente literario fue Pablo Palacio. Debo señalar que cada vez que leo un autor que me seduce, me obsesiono con un elemento específico de su obra; en el caso de Pablo Palacio me obsesioné con los cubos. No con el cubismo como tendencia artística, sino con los cubos.
    Por otro lado, tengo una fascinación por los cuentos de Dylan Thomas, en particular por el cuento Los huertos. Creo que mi obsesión radica en la complejidad simbólica del relato.
    En lo que concierne a la poesía podría decir que mi primer acercamiento fue a través de Medardo Ángel Silva, no sólo por su poesía sino también por su biografía y los mitos alrededor de su vida. Luego, leí a César Dávila Andrade; me emocionó mucho...

    Pienso en los ecos...
    (También en ese otro término, empleado tan menudo en este espacio: refracción...)


    Una R puede salvar un gato

    El niño&niña es una palabra inmóvil
    sobre la plaza del ojo
    donde mi visión del mundo
    es una línea levemente inclinada.
    Juan José Rodinás


    Se clavan alfileres imaginarios en mis piernas
    desnudas.
    Nadie debe estar a la altura de Nadie.
    Vos mides lo que el mundo en las manos de un niño
    ciego.
    La belleza es el final/ comienzo de una era que
    silencia/ grita palabras.
    Se engendró la poesía en el corazón de un gato
    muerto.
    Eres el robot más sensible que mi carne quemada ha
    conocido.
    Me sangran las manos/ miles de agujeritos en mis
    palmas.
    Haré un guiso con tus partes de lata,
    se derretirá el corazón que no tienes.
    Ven a la primera/última cena, come conmigo las
    vísceras de la existencia.
    Caerá el techo y partirá tu cráneo/ expuesto tu
    cerebro,
    empezaré el meticuloso proceso de meterme ahí.
    Memoriza mis ojos que no son grises.
    Con tus manos de alquitrán
    acaricia mi espalda de gato manso y,
    golpea suavecito mis omoplatos.
    La ventana sin cortina es un generador de histeria
    para un gato que no atusa sus bigotes, todavía.

    Lenguaje y su función creadora... Sí, por refracción. Distorsión. Como el vicio a partir de la virtud... y la virtud a partir del vicio...
    Pero lejos de dejarse llevar, nada más, confiando (tan) arbitrariamente en un valor inobjetable derivado del mero impulso, se trata de calidad – para cuyo logro se desarrolla más bien una especie de sistema de... control de vuelo.
    Disciplina...

    Para fotografiar es necesario aprender técnicas básicas, manejo de la cámara, conocer la luz, los tercios, planos, etcétera. Esto sin duda es importante, pero no es lo que al cabo hace una buena fotografía.
    Es muy importante conocer el cómo, pero mucho más relevante, el por qué.
    Para tomar fotografías me baso en la técnica, por supuesto, pero también en mi sensibilidad –que es mi motor –; me dejo llevar por la belleza visual, pero también por la expresión de la realidad a través de mi lente.



    Conflicto. Enfrentamiento. De la diferencia y el intercambio, – la posibilidad de ir más allá...

    Lo que me motiva a escribir son mis miedos.
    Al poeta siempre tiene que dolerle algo. En mí, el dolor... son ausencias. Sucede que se produce una desconexión de mi ser respecto de la realidad: no me veo, no me siento, no me escucho, entonces grito y el grito viene a ser un forma de restaurar –al menos precariamente– mi relación con el mundo, mi relación con el texto que escribo.

    Diálogo...
    Pero hay algo (curioso) en la perspectiva...

    Pienso que no me identifico realmente con los seres humanos: mi visión está más conectada con los animales, particularmente con los felinos.
    Yo no escribo en verso, escribo... en gato.


    Intuición. Alusiones al instinto... Va también de lo primordial...

    El cuerpo como objeto, el cuerpo como masa, el cuerpo/cascarón como manto cobertor de deseos/emociones. El cuerpo como conexión intergaláctica donde todos convergemos pero nunca dejamos de ser individuos, sino quizás en la muerte.

    Recuerdo de la lectura de Taisen Deshimaru, lo de practicar el Zen en el ataúd. Se refiere a deshacerse del ego, con lo que, lejos de toda categorización particular por uno mismo, se erige ante el otro la personalidad única... Yo soy solo yo, no soy el otro; aquí y ahora...

    Yo creo que soy un montón de legos que toman forma..., en constante transformación.
    Soy obsesiva, tengo miedo a las ventanas, tengo tendencia a los delirios, nunca duermo con la luz apagada. Me habitan las ausencias y pienso que no quiero morir, aún.




    La poesía y la fotografía están íntimamente ligadas: la fotografía es un poema visual y el poema es una serie de imágenes constantes. No hay una relación directa entre mis fotografías y mi poesía sin embargo, mi sensibilidad es el punto de convergencia entre ambas.

    Lo propio. Y cómo varía...
    A propósito, ciertas arbitrariedades del viejo Guilemonet – su puro afán de provocar, en primera instancia. Y, luego, el contraste a otra visión..., aquí, "en gato", que acaso resuelve el asunto de modo... similar (?):

    ... Los problemas surgen de cierta... especialización:
    Para ellas, digamos, lo personal: pretender ser a través del existir. Y permanecer como imagen.  Esto no tiene nada superficial...
    (Verbigracia: Cleopatra.)
    Para nosotros, los hombres, va de hacer para trascender – en la obra –, vuelo de la voluntad.
    (Verbigracia: Napoleón – pero en sus huellas...)
    De otro lado, postular:
    a) Al efecto del encuentro entre unas y otros:
    – Ellos, grandes por su labor, su trabajo, o cuanto menos la ambición.
    – Ellas, por su carácter único: el hechizo irrepetible: fórmula de misterio... o el abanico de posibilidades. Peligro.
    b) Al efecto del encuentro entre unos y otras:
    – Ellas: la crítica del error no puede ser sino ataque a su esencia – su naturaleza misma, quizá; su condición y/o posición.
    – Ellos: la crítica del error no puede sino contener la posibilidad del fracaso de su obra toda, y ante la duda sobre su capacidad de hacer..., no son nadie.
    Finalmente, sobre las dudas... y sus consecuencias:– Ellas: Cuestionamiento de su ser como objeto de elección: Desgracia.– Ellos: Cuestionamiento de su impotencia como electores: Tragedia.
    Toda esta dualidad es vana..., si media algo más grande. Espíritu...

    Azuzané hormigas en la atosigada muerte de un
    insecto palo.
    Me acarició la palabra/ grito/ silencio que se quedó
    en la sala.
    Se necesita ser un loco para considerar romántico el
    matar pulgas
    en una terraza cualquiera.
    Un mueblecito nuevo que parece viejo por las
    afiladas uñas de los gatos.
    Un barquito de papel creado para ser destruido.
    Acaricié el bigote blanco de un pequeño azul que
    brilla suave.
    Demolición de un edificio de legos, la tristeza invade
    el corazón de un niño/ constructor.
    El lacito perpetuo adorna la envoltura que no es de
    caramelo.
    Me pegó fuerte el hielo de una lluvia que caía ligera.

    Y es que también dicen los maestros orientales que los animales se encuentran en gracia de la clave – que es síntesis...
    He ahí, posibilidades... Seña...

    Creo que mi poesía dialoga con la obra de María Auxiliadora Álvarez por la relación entre el cuerpo y la violencia. Además me interesan todas las zoologías fantásticas y científicas, desde los bestiarios medievales hasta Marosa Di Giorgio. Con respecto a los poetas contemporáneos leo con interés la obra de Luis Eduardo García y Juan José Rodinás, quizá porque siento que existe una conexión entre los universos que nos habitan.

    Claro, el título del libro de Rodinás, que refiere también a esa síntesis: EstereoZEN*...

    Por mi lado, siguen más trastornos amorfos sin reflejo y espejos rotos.

    Decíamos, distorsión... Refracción.
    Ondas del estéreo...



    *Las mayúsculas, nada más por resaltar el término componente.

    Publicado por Juan Pablo Torres Muñiz
    http://laanabasis.blogspot.com.es/2017/02/imagenes-y-estereo-dialogo-con-pamela.html







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  • 03/07/17--00:45: FELIPE MACHMAR [19.994]

  • FELIPE MACHMAR

    Felipe Andrés Machmar (Coyhaique, Chile, 1994)

    Es un poeta que comenzó a escribir en 2010, participando en variadas lecturas desde entonces. Ha publicado los poemarios: Paulette con prólogo escrito por Juan Cameron (2014) y Asesinado, muerto y suicidado con prólogo escrito por Federico Zurita Hecht (2016). En 2017 se encuentra trabajando en una Antología de Poesía Joven Chilena junto a Simón López Trujillo y retrata un poemario muy personal que llamará Etcétera.

    Felipe Machmar estudia Licenciatura en Lengua y Literatura en la Universidad Alberto Hurtado. De su poemario Paulette, Juan Cameron dijo sobre él, en el prólogo de este libro: Se atreve, lector informado [que] juega con los textos y la información por esta disciplina, y despliega una variedad de formas y recursos técnicos tal si acaso quisiera alcanzar esa totalidad inexistente para el lenguaje humano: la distancia absoluta e inalcanzable entre las más íntima significación del término y la cosa designada en el mundo exterior.


    La casa marchita

    Oír este canto
    es pura, pulcra poesía.
    nos hemos estacionado frente al fantasma de un recuerdo campesino, casi indigno.
    Usanza toca la puerta
    (dedos gritan tu nombre)

    un sonajeo de maracas lucra ¡obra maestra, hoy has nacido!
    ¡hurga mi alma de poeta afiebrado,
    hurga mis paisajes castillos de usía!
    ya ni reencarnamos en ideas bellas -se ha divorciado el miedo-
    ya mi sangre escurre y no escruta la vena.
    el picaporte está caliente, tú lloras greda -entras, tus ojos saltan y desmayan-
    me rehuso a ser tu bohemia viruela, te cambias el nombre, el ambiente es frío;
    me lanzo a la hamaca, no quedan fuerzas y la rosa blanca que crecía en mis venas
    se pudre en mi bolsillo lleno de des hojos,
    grano, grano,
    cae mi arena.


    Tacatá

    ¿de qué sirve el sexo si estamos cayendo?
    tentaciones a la vuelta de cada ojo
    ¡los camaleones cantando para ti y otras!
    una representación
    ni un solo amor
    empero
    hasta tu más tácita sonrisa es dormir
    sobre mi hermoso Coyhaique
    ¡sonrisa de alma a alma!
    tu piel es una armonía de colores
    tu piel descanso de la furia del sol

    ojos himnos de la noche
    ¡desconocida!
    ¡ráfaga de encantos!

    a media voz intento escribirte lo más sátiro
    ¡un brindis por las estrofas de tu vida!

    el dolor no se comparte pero llevo admirándote hasta-hastío

    zona de paz
    el camino desmoronándose
    los brazos al alto del amor

    ¿puedo regalarte mis flores de noventa y nueve jardines malignos?
    mis ramos de sangre acatando tus pasos

    vive aunque la vida no viva
    vive aunque la vida no beba
    sé el respiro
    musa y alma

    que muera la muerte

    cielo infierno tierra y
    tus ojos en vísperas de un inicio
    ¡fronteras de penumbra
    liándose mis ideas y que-
    dándote sola dentro de mí!

    tu baile de pestañas
    mejor que el sexo de todas las mujeres.



    Maten a la muerte

    No pongo en duda su dolor
    No colaboro con desesperanza
    No me carcome la idea de muerte
    porque siquiera a mí no se me ha ido nadie a ningún lado
    y me tomo la responsabilidad de faltarles el respeto mirando hacia ningún lado
    porque mi amigo no está en un altar, ni en un sarcófago de madera, ni con la tierra
    Fabián está en mi subconciente, en mis actos y en mi habitación donde dormimos
    bebimos una cerveza riéndonos de nuestros grupos favoritos
    cantando karaokes de Queen, Sodastereo esperando a que llegara Maximiliano
    Tres amigos que hablaban, jugaban y cantaban
    ¡quiten todas las abas y aban de su mente! qué yo seguiré rugiéndole a las letras y escribiré todos los poemas que digne necesarios
    tal cual como Fabián me dijo: -Tú Felipe, tienes todo mi apoyo con tu libro y sé que te irá bien.
    El supo estar y estuvo, y está
    Cuando todos reían de cómo cantaba con sonidos guturales, él me observó y año tras año me dijo: -Me gusta que seas tú mismo y no lo que los demás quieren oír.
    Toda la admiración que dijiste tener por mi poesía, yo la tengo hacia ti por la poesía que significas hoy y todos los hoys del dolor, la alegría, la emoción, y que pare la gente de darme condolencias o de felicitarme, porque si yo estuviera muerto de cuerpo, él hubiese hecho lo mismo
    ¡Porque aunque la humanidad dé asco y pequemos de humanidad, algunos le morderemos
    los cogotes a todas las palabras gallinas y no seremos presa nunca, porque somos los zorros que jamás dejaron de pensar, qué jamás dejaron de luchar por sus ideas y definitivamente no dejarán de gritar ahora, y todas las mañanas-días-noches que se diga que se hizo lo posible por mi amigo el político
    el poeta, el eterno remitente de los sempiternos apoyos!
    Lo único que puedo decir es
    Show must go on y We will rock you
    Dos himnos musicales que Fabián y yo cantamos y leímos y releímos y seguiremos haciéndolo
    Show must go on
    El show debe continuar.




    música fúnebre

    cobarde
    el sufrimiento tiene que ser tu amigo
    no tu infamia
    nunca serás más que polvo que mueve el viento
    si no aguantas el dolor
    ¡aguanta el dolor!
    aunque te carcoma el hígado
    el alma

    -yo no quiero que mi vida esté llena de dolor -dice

    yo sé que puedes

    -dime cobarde -dice

    confío en ti
    carrosa de muertos
    rotonda sempiterna
    palique de muertes

    en mis poemas siempre hay incendios
    que tú jamás has querido apagar con
    tus labios de ginebra, he debido resis-
    tir con una botella bajo la almohada

    Sakura de carrusel.




    ETCÉTERA

    mi -eterna- etcétera
    no caduca en los ojos De
    mi madre
    ni en las manos de mi abuela
    aferradas al aire
    ni en nuestro
    corazón
    inmóvil -aunque- con un eterno flujo
    sanguíneo

    por supuesto
    nosotros somos dos cuerpos

    así los fluidos de dios
    quien llora
    desahuciado De felicidad
    sobre nos otros

    no es salado su llanto obligadamente sincero
    sino dulce como los Elíseos
    absoluto e imperfecto es dios
    despiadado con quien sí puede mentir
    un extraño golpe
    dn la vida
    un beso profundo bajo Cuatro y luego
    siete soles
    una avalancha
    en su Cielo

    no hay sal para este plano
    pero dios puede hacerlo
    mas
    no disfrutar de ello
    ni tener nos
    en su corazón
    como te tengo
    etcétera
    por mucho que lo intente
    y dé vida
    ininterrumpidamente
    para mantenerte vivo en mí
    y así en él

    no me importaría quebrar el espejo del cielo
    para recuperarte si te olvido

    las personas que se abrazan
    desDe el cielo parecen rosas
    y todas las rosas de caSa están
    con la tierra hasta el cuello como una corbata
    nuestros brazos extendiéndose
    de maneras incómodas
    haciendo sentadillas en <<ocasiones importantes>>

    a un dios escalofriante
    que me obliga a perder mi camino
    palpando mi latir árido entre sus suaves dedoscuchillos fosforescentes
    de arrepentidas serpientes que cambian el pellejo
    siendo piel y amabilidad
    hablando con las bestias que prometí asesinar
    oyendo Sus calvarios las tomo en mis dislocados manos
    que las pierden y perdiéndose
    en el sueño que duerme la Estación
    al oírme batir la orilla de un cuenco y un amable lago
    me perdonas
    etcétera
    bajo un sepulcro
    que anhela ser griego




    ET

    etcétera
    tu cabello es blanco
    tu barba es blanca
    no tienes bigote
    para que también sea blanquecino
    etcétera
    pero sí una marca negra
    probablemente
    un corte
    en ese
    tu rostro
    azul desde el cielo

    San Tiago
    no sé si vuelvo
    eso lo sabrás tú
    que llevas muchos más
    años que yo
    conmigo

    en cuanto más te alejas
    de donde
    comenzaste
    envejeces y te derrites
    el cielo
    contigo ahí
    vuelve a ser una dilatada camilla
    de sueños imposibles
    que encienden tus ojos bilingües
    de dos azules al tercer pinchazo
    un azul
    claro y
    otro todavía más claro

    etcétera
    ¿en qué lugar de tus ojos de tu Cielo preciso el corte?

    me he elevado
    demasiado
    más allá de las ideas y las nubes

    ¿aGua?
    los lagos y los ríos
    son extensos jeroglíficos
    en el
    sur

    y la tierra
    más que construida
    parece rota
    ajada    varios trozos de género esterilizado
    por la civilización
    diluida en

    la fe
    sin migajas de luz
    en el mostrador plateado
    de esta frustrante inmensidad
    regida por tiempO [dibujar un reloj en la letra O de <<tiempo>>]

    diviso las nubes
    encima
    de las que evavivistediste
    confiando tu destino
    a una mano
    sin árboles

    bailaste y
    prontamente corriste
    del aullido salvaje
    un seguro eco en el tiempo

    dirigiéndote directo
    adonde la bestia
    no dejaba de despertar
    ella tendió
    hacia ti
    una mano
    tú regalaste ambas
    y para ella las juntaste

    dios y su sistema
    no te dieron la liberación que tanto
    ansiabas
    etcétera
    sino un trabajo
    y te aprisionó en Este cielo
    como un mito

    el viento te ama
    la brisa te ama
    son tus padres
    de él solo eres bastardo
    et
    cétera

    y desDe
    entonces
    vagas buscando un final
    un principio

    eso no lo sabes tú ni lo sabré yo

    la nieve congela tus indefinidas
    EXtremidades
    mientras con un cincel armas tus piernas
    que a diferencia de
    etcétera
    no tienen várices

    no sé qué pienso
    ni qué escribo
    mi alma y sus huesos
    te esquivan
    delatando que tú no EXistes
    pero no les creo

    yo
    nos otros
    no creemos en Nada ni Nadie



    CETERA

    ¿acaso logras oírme?
    tú, ustedes, quienes seamos ¿todavía existen?

    no serían los primeros, tranquilos.
    hablo con los muertos
    hace dos decágonos, etcétera,
    en la Casa de los Muertos,
    donde la mayoría de los zumbidos son pájaros
    en la eterna madrugada y, la electricidad,
    perdiéndose en el fin, escribe la marea estelar.

    todo lo que escribas, Dios,
    puede ser y fue,
    pero no será, aunque vendas universos de segunda mano que, evidentemente,no pueden multiplicar más elefantes ni fuego
    en Cartago,
    quienes en seis diez
    tuvieron que desvelarse con el molesto gorjeo
    de las moscas.

    Dios, con floja honestidad,
    tú dirás,
    etcétera, propuso una
    desquiciada fantasía, a la cual un terapeuta ultraterreno
    cortejó con milagrosa hambre,
    ‘’¿son esos todos los elefantes que puedes multiplicar,
    etcétera?’’
    mofándose en su cara, la sordera del dios que es todos los dioses,
    etcétera, riendo eternamente;

    en tus restos,
    etcétera,
    recordarás que faltan por probar
    todos los cielos,
    nuevamente.

    sobre la Biblia,
    pero no acerca de ella,
    encuentras abierto mi relicario,
    sostenido por el deterioro de la madre plata,
    serpentina cadena
    de todos los inmortales,
    cuyas puertas, siempre abiertas,
    tiemblan de aterradora
    manera.
    el relicario muestra a la misma persona,
    dos fotografías cortadas en
    imperfecto redondel,
    de distintos tonos incoloros y,
    distintos rostros,
    recordarás también, tú, conmigo,
    memoria del mundo azul.

    personaje unánime,
    etcétera, es lo que quise ser en esta vida,
    si me dejabas sobrellevarme.
    en la parte blanca del ojo,
    sosteniendo un nombre,
    que para mí no existe, dos lunares,
    bajo el sol café que es luz para sí mismo,
    mas no para mí;

    la templanza de mis gritos,
    el
    -‘’ex
    cet
    e
    ra’’-
    gratificante canto
    de todos los demás gritos,
    o –oh-, piel medianamente negra,
    sostén mi mano
    en la multiplicidad de la tuya, despójame lentamente,
    no merezco este sufrimiento,
    he votado en el parlamento de tus azahares sin pedirle, a la historia,
    permiso. adrede, lo hago, no puedo
    detener mis deseos, me emociona el llanto
    de la madre herida,
    no pude, entiéndeme, esta invención tan iksageradamente
    necesaria detener.












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  • 03/07/17--01:06: MARÍA LUCESOLE [19.995]

  • MARÍA LUCESOLE

    María Lucesole nació en Lobos (Buenos Aires) en 1988. 
    Publicó las plaquetas de poesía Consulta el direccionario 99 (edición de autor, 2008), Cielo a esta hora (Estación de servicio, 2008), entre otras; algunos poemas en la antología Atada a la reacción (Nulú bonsai, 2009), la novela corta Irse (Campotraviesa, 2011) y los libros de poesía Las plantas verdes de los veranos (Tammy Metzler, 2014) y En todas las cosas la niebla, el segundo libro de la poeta. Actualmente vive en Buenos Aires y codirige con Violeta Pastoriza la revista de poesía Campotraviesa, que circula desde 2014.



    Campotraviesa comenzó como una editorial de escritores emergentes, pero desde 2014 se transformó en una revista de poesía trimestral en formato papel. Actualmente la codirección está conformada por Jeymer Gamboa y Lucesole, y colaboran en todos los números Mara Pedrazzoli, Ana Inés López, Elena Arguedas, Charly Gradin y Danay Mariman. Este año el sello entrerriano Gigante, a cargo de Julián Bejarano, editó En todas las cosas la niebla, el segundo libro de la poeta de Lobos. En la escritura de Lucesole habita un repertorio nómade, en el que voces y experiencias urbanas alternan con acentos de provincias, rurales, gauchescos incluso, en algunos ejercicios de estilo practicados con humor y afecto. “Me hago unos mates con yerba Playadito/ qué ha pasado m’ijito, te han suavizado en demasía”, son los dos primeros versos de “Paisanaje”. En ese poema, que hace equilibrio entre la vida en la ciudad (“¿qué es esto? ¿qué es esta mentira/ del tiempo y del espacio?”) y los recuerdos del campo, se juega una de las virtudes de la poesía de Lucesole: su captura consistente y a la vez desvariada de una gauchesca “modernada”, para usar uno de sus neologismos. En “Fin de semana en el pueblo natal” escribe: “Pero parece ser que han modernado la música, alguno dice novedades del Indio Solari, alguna vieja rockola consigue sacar la voz de quien fuera Pappo blues, antes Riff y antes nenguno, en la noche sin estrellas de otro pero el mesmo pueblo de siempre, éste en que por dios causa hemos nacido”. El cruce entre la modulación campestre y la urbana es una constante del libro. “Nací en Lobos, un pueblo pegado al campo, y al finalizar la secundaria me fui a vivir a Buenos Aires, donde vivo ahora -dice?. Desde ese momento voy y vengo del pueblo a la ciudad frecuentemente. Ese ir y volver armaron mi persona y mi voz poética. Por eso está presente la voz rural, gauchesca, que nunca termina de ser tal, mezclada con una voz de alguien que vive cotidianamente en la gran ciudad.” Varios viajes, entonces, funcionan en los poemas como señales de tránsito de un itinerario personal (Buenos Aires-Lobos, pero también Buenos Aires-el Litoral o Chile, y Buenos Aires-Lobos otra vez). Son también un recurso retórico. Para glosar un lenguaje del itinerario, del desplazamiento y de una percepción a tientas, Lucesole viaja en tren, en auto, en sueños, y lo traspone al papel. (Hay incluso, guiados por la Cruz del Sur, viajes a las estrellas.) “La idea de traslado de un lugar a otro es importante para mí; en general la poesía se gesta mientras voy caminando, algo que hago bastante, o mientras me muevo por el paisaje, o por la ruta –cuenta Lucesole–. Los lugares nuevos también provocan ese choque entre lo conocido y lo desconocido, es una especie de movimiento interior que también hace que se produzca la poesía.” El atractivo de En todas las cosas la niebla parece ser el de un libro de poesía que se niega a ser sólo o apenas eso. Puede pasar también por el diario íntimo de la autora, escrito en verso y en prosa; el cuaderno de anotaciones de las impresiones vividas (en una manifestación, durante unas vacaciones con amigas o en el primer día del año) y de las frases escuchadas en la infancia y en el presente. La naturaleza, contra lo que se suele pensar, no ayuda a resolver la incógnita (“¿qué es esto?”) que el libro abre. Aporta niebla, granizo pesado, lluvias, fases lunares, “el dorado de algunos bordes de la noche”. ¿Una meta del encuentro entre la conciencia y el paisaje? “A mirar y escuchar la montaña y el cielo el resto de mi vida/ hasta que todo vuelva a ocupar su lugar de contenido total.”


    Poema sin título

    no sé qué habrá pasado
    yo podía agarrar el agua con las manos y soltarla
    antes de que se escurra,
    pero ahora
    se ve que no sabemos qué hacer con el silencio
    mientras esta metamorfosis
    los ojos como campos de otro siglo
    vacíos, sin un pájaro yendo
    sin bandadas
    de gente que vuelve de alguna guerra

    yo podía sentarme y esperar en el desierto
    quedarme sin sudor ofreciendo arena
    pero ahora
    quisiera tanto que la vida fluya como un buen poema
    como esas pocas cosas que tienen que ver con la vida
    que no se termine la voz que lo relata
    no dejar de escuchar sino mil voces que suenan
    como carnavales en las estrellas

    si quedara un solo desierto para ir a sentarse
    pero ahora sólo soy una persona que fuma
    como quien no sabe lo que está por pasar
    sentado en la puerta de casa
    y deja que todo quede ahí mismo
    sin entrarlo a los ojos

    yo podía verte llorar y sentir cómo caían las gotas
    con qué soledad encontrar una nueva fortaleza
    o que la vida empiece de nuevo, un primer día
    pero ahora nada más quiero ser
    el pasado que otro abandonó y yo tome

    como a quien le es indiferente el destino ajeno
    y lo mira y lo transita como el cielo en una película
    que habla de un cielo viejo y usado
    tan muerto ya, tan lejos y otro
    que a quién le va a importar que la película se rompa

    y aparezcan las manchas de los días
    preciosas al principio
    la suciedad que muestra el uso, la utilidad
    yo podía quedarme buscando el presagio de la belleza
    sabiendo que nunca me iba a dejar sola

    pero dónde está la chica que me prometió darme de a poco
    algo por lo que sufrir
    es una quietud tan grande y repetida
    nada de esto podrá ser un poema
    falta que pase la vida, que pasen las horas
    que llueva mil veces más y mil veces se sienta
    el abandono
    ese animal desconocido que duerme adentro
    y no siente lo que no entiende
    pero entonces
    abrís los brazos mientras mirás la pared
    y yo pienso en la metamorfosis
    en cómo nos vamos haciendo seda
    y quisiera abrazarte antes de que te transformes y te alejes
    como en un final de película muda a la que le falta el final
    y nomás te chupa la pantalla para atrás y terminó la historia

    tener que soportar este silencio
    como quien nace y escucha los gritos que serán para siempre
    su recordatorio y su pesadilla
    después está esa gente que gira mientras gira el mundo
    los que tienen fe en que el infierno son los otros
    yo hace rato me convertí en un otro
    pero antes podía huir nada más porque se hacía de noche
    ahora no me retengo, no sé qué curso va a tomar mi cuerpo
    bien sé que quisiera correr hasta que se me abra
    desgarrarme mientras sale el alma y ser

    sin todo eso
    una porción de aire
    una porción de ese lugar al que unos pocos llegaban por accidente
    pero ahí se dejaban estar, quizás fuera por la ventana
    que siempre guardaba restos de una lluvia vieja y ranas
    confundiéndose con hojas

    pero ahora no me retengo y vos no sabés lo de la noche
    que cuando viene como una manta que ya no está agujereada
    es que la cosieron para la asfixia
    para los que salgan cuando se hizo tarde
    y así mientras se cae y nos transformamos
    la vida es una involución no es eso lo que duele

    me duele por ejemplo el tema del clavel que se marchita
    y de cualquier modo lo tengo acostado en el parlante
    para que parezca olvido
    pero siento cómo me mira
    de la misma manera en que me miraba esa parte de la vida
    que faltaba adivinar




    De:    En todas las cosas la niebla



    PRIMER POEMA

    A veces todo me parece de otro siglo:
    las casas de tejas con enredaderas, las mujeres con bebés
    cruzando la calle, los árboles sin hojas, el cielo de las cinco
    en un pueblo de paso.
    Como si todo hubiera dejado de existir hace tiempo
    como si todo perteneciera a un pasado olvidado
    y de las cosas sólo quedaran los conceptos que a veces recupero
    asombrada, como ahora,
    y cuando eso sucede me dan ganas de llorar
    con una duración proporcional al tiempo
    en que los conceptos tardaron en vaciarse de materialidad
    y me dan ganas de correr aunque eso signifique
    la soledad eterna en medio de la naturaleza eterna.
    A mirar y escuchar la montaña y el cielo el resto de mi vida
    hasta que todo vuelva a ocupar su lugar de contenido total
    hasta que todo tenga otra vez su original consistencia
    y esté el mundo y esté yo dentro
    de un paisaje sólido, visible, inconfundido.
    Esa desesperación, la sombra de un árbol
    esfumándose entre las últimas luces de un pueblo en invierno,
    eso es dios para mí.



    PAISANAJE

    Me hago unos mates con yerba Playadito
    qué ha pasado m’ijito, te han suavizado en demasía,
    te han lavado en lo profundo pero ahí sigues nomás fielmente
    como perro de paisano.
    Día para ocuparse de la higiene personal, 
    cargar el tanque y esperar
    a que las gotas caigan lentas sobre la piel curtida.
    Qué hago en esta ciudad, tarima de todo lo que se comprende
    yo, que debería estar en la naturaleza.

    Ayer fue de un aguacero fenomenal la tarde
    todos hablaron de granizo, mientras yo vi
    por la alta ventana cómo llovía de costado sobre las terrazas
    y el pavimento.
    Granizo.
    Granizo es cuando cascotes helados
    son arrojados desde el más allá hacia el campo
    para despertar violentamente a la cosecha
    para despabilar al ganado que sigue sin entender
    de qué va su corta vida en los campos alambrados.
    Más tarde atravesar el parque, dios santo mío
    ¿qué es esto? ¿qué es esta mentira
    del tiempo y del espacio?
    qué vienen a ser estos límites de rejas y cordones
    si yo misma vi, cómo se iba encarcelando la parcela y cómo
    el cielo quedaba cada vez más lejos de este cuadro decorativo.

    Corto camino sobre el pasto embarrado,
    formas para huir del lodazal
    leí anteayer en un libro que tampoco enseña nada.
    Primero la luz prepotente, el mundo blanquecino
    y después, en seguida, el estruendo.
    Simplezas, saberes de campo que se estiraron a esta zona.
    Para no pisar los charcos con mis zapatillas de calle
    camino por el cordón adoquinado que separa la cancha embarrada
    del sendero encharcado.
    Qué es esta mentira del tiempo
    yo nunca estuve en otro lugar que no fuera bajo el cielo.
    Enfilo para las casas: hospital naval, bar río
    el kiosco del Indio que cada vez cierra más temprano
    y ahí la reconozco: mi casa de la ciudad.
    Dos trapos, unas vallas de madera sobre un pozo de gas,
    un hombre desconocido que de traje me viene a abrir la puerta
    ¿es que estoy entrando en la muerte?
    La lluvia otra vez allá al costado, mi casa a oscuras.
    Cuando llegué a la ciudad
    tocaba la pava del mate al entrar
    para ver cuánto hacía que se habían ido.
    Cuanto más fría estaba menos tardarían en volver,
    Costumbres que perdí después de algunos años.
    Yo, que debiendo estar en la naturaleza,
    bajo en ascensor hacia la calle
    y miro el cielo desplomarse
    sobre un lago artificial.



    LA NATURALEZA

    La infancia; el tema de unos
    juegos florales relativamente feroces, pero en fin,
    música
    alrededor de una glorieta vacía.
                                            Enrique Lihn, “La infancia”


    Es la alta noche en mi casa de Villa Crespo
    está nublado el cielo, al lado, en la ventana
    y yo veo, como una excusa, Medea de Pasolini
    elijo esta otra película, pienso,
    en la que un centauro dice 
    que la naturaleza no es natural
    que cuando lo parezca se habrá transformado en otra cosa.
    para mí es suficiente.
    giro la cabeza hacia la ventana
    y se enciende la luz de entrada:
    mi hermana más chica, las 3 de la mañana.
    Hablamos a oscuras en la mitad de la noche
    está más flaca, nos vemos poco.
    Ahora, por la casi total oscuridad
    y en los días pasados,
    al igual que con mi otra hermana.
    Cada una su camino, como un ramillete
    salido de una madre.
    Como un ramillete que se desata cayendo los tallos en ríos distintos.
    Como sucede en todos lados y también en mi vida.
    Cada una su camino y algunos pensamientos
    que se comunican casual y maravillosamente
    en medio de la cálida tempestad.




    FUI A UNA MANIFESTACIÓN

    Fui a una manifestación y la sentía
    cerca de mí, enfrente de mí,
    dentro de mí.
    Como un laberinto de gente
    que es ella misma el espacio
    que para los demás dejan sus muros.
    Laberintos de árboles, de mármol,
    de personas que se mantienen
    todas juntas
    formando figuras extraordinarias bajo el cielo.
    Me senté entre la gente y la sentía cerca de mí,
    miré tantas piernas y caras enfrentando al sol
    mientras llegaba una música
    que pareció estar ahí desde otra vida.
    Algunos bailaron tristemente,
    yo sentí que estaba ahí por retener la sensación
    de la gente reunida,
    con el temor de que alguna vez
    pase a ser sólo un recuerdo.
    El único temor, por cierto:
    que la figura extraordinaria deje de armarse
    y que cada laberinto pase a ser la marca interior
    de un tiempo pasado de lucha.
    Fui a una manifestación
    y la sentí dentro de mí,
    cerca de mí.
    Enfrente de mí había músicos y lemas,
    personas viviendo en lo importante,
    ¿queda otra opción? Temí,
    no poder sentir más esa calidez
    inexplicable y sin reemplazo
    de los cuerpos abrazados
    de los desconocidos.
    Fui a una manifestación
    y la sentía dentro de mí,
    me atravesaba ese laberinto de gente
    como el reflejo del sentimiento
    de mi alma
    que aún no conozco,
    como el brillo de la luna en el agua,
    me atravesaba la gente.



    ORACIÓN

    Yo sé que te tengo dios,
    quien quiera que seas,
    detrás de mí,
    como una estrella distante.
    Yo sé que a veces, innecesariamente, seguís mis pasos,
    cuidás mis huellas en la noche,
    que camino y a mi espalda,
    hay un pájaro gigante que lleva tu nombre
    Como un cóndor  o el pájaro que esa mañana
    Estaba parado en la baranda del balcón
    Cuando desperté.
    Que estás
    ahí donde no estoy, pero muy cerca,
    que dictás en silencio, otros silencios 
    sos parte de los libros, las mañanas, las acciones,
    que tu nombre debería ser destino,
    que no sos yo, porque te parecés a mí
    mucho más que yo misma,
    que sos mi soledad, mi multitud,
    la manera en que despierto y no siento ya más
    la muerte.
    Que siempre estuviste ahí,
    como una luz dentro de otra luminosidad más grande,
    que nunca hubo en mi vida realmente oscuridad,
    porque sos la cabeza que encalla, sin más,
    en cualquier atardecer inesperado.
    La espalda de ella cortando fruta en la mañana
    La forma en que el amor extinguido
    Un día reaparece.
    Que vas a estar en mí
    para que mire y no olvide,
    que lo inmenso es interminable.
    Sé que estás y no estás,
    igual a la nada y al aire,
    que sos irracional como yo pretendo serlo,
    que donde nadie me entiende, está tu desentidimiento.
    Porque entre las personas habita un abismo,
    tanto vos como yo lo sabemos,
    yo porque lo aprendí de tu presencia invisible,
    de tu modo gradual y sutil de ser mi sombra.
    Lo que sea que fueras y sos:
    naturaleza, planta, animal, destello,
    luz infinita de las cosas inmateriales,
    no hay ocasión en la que llegue a lo profundo y no te encuentre:
    luna, extensión de la llanura en un viaje, campo estrellado, cielo,
    parte envolvente de todo lo que ahí está.
    Que durarás todo el tiempo en que habite este gran lugar,
    el único conocido y por conocer,
    en el que caminaré incansablemente
    sin buscar nada de más,
    sólo lo eterno.




    EL CIELO DE NOCHE

    Salgo a fumar un cigarrillo a la vereda de pasto al lado del Club Madreselva.
    En el fondo sé que es el último cigarrillo que fumo antes de dejar de fumar otra vez.
    Estoy en Lobos, tengo puesto un saco negro, largo vapor frío por la boca, está empezando a aparecer la niebla.
    Miro para el costado, metiéndome un poco en las proximidades: una casa blanca con un reflector, un patio abierto a la calle.
    En el fondo: una mesa con un lavatorio de material, lo que daría por entrar a ver,
    subo en diagonal la vista: un pino de plaza con la luna creciente al lado,
    vuelvo a mi lugar a mirar hacia el frente
    el esqueleto de un camión,
    un chico que conozco pasando con una campera marrón de gamuza,
    el dorado de algunos bordes de la noche,
    el color que deja en todas las cosas la niebla.
    Como si no me alcanzara, vuelvo a mirar hacia el fondo de la casa de al lado,
    ingreso lentamente unos pasos.
    Un gato del tamaño de un perro o de un gato montés se queda quieto mirándome.
    Siempre hay otro testigo, hasta del estremecimiento.
    Vuelvo al pasto, tiro el humo de mi último cigarrillo hacia arriba y las veo:
    todas las estrellas del cielo de Lobos, ancho y abierto, alto y accesible, terrenal y oceánico.
    Me estremezco como lo hice hace poco por otras cosas que ahora no están,
    pienso en el cielo de Jujuy inmediatamente y todas las sensaciones se acrecientan, ruego que no venga nadie a molestarme.
    Se destaca como siempre la cruz del sur, cada vez que miro el cielo nocturno la veo.
    ¿Es un acto de libertad o estoy atada a la constelación que no puedo dejar de ver al inclinar la cabeza, al posicionar la vista?

    como si el cielo también tuviera un horizonte.





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    ROMY SORDÓMEZ PATIÑO

    (Lima, Perú 1982), ha publicado los poemarios Vuelta Alrededor del Parque (Sociedad Elefante), Vacas Negras en la Noche (Sarita Cartonera), Présago (Santo Oficio).




    de:   Vuelta Alrededor del Parque (Sociedad Elefante)


    Si hubiese nacido a las 15:00 horas
    del segundo jueves de junio del año 37
    sería un jazzista negro con saxofón en mano
    tocando en los honky tonks de New Orleans; no levantaría la ceja derecha cuando soplo
    ni tocaría la cítara a medianoche cuando no te veo llegar,
    no sufriría de tourette
    ni asistiría al psiquiatra dos veces por semana,
    no fumaría una cajetilla de cigarros a diario
    ni rechazaría a los perros por temor a que orinen encima de mí.
    Pero lamentablemente,
    resulta ser que no soy nada de lo que hubiese sido
    de haber nacido en la fecha apropiada.
    Y aunque no soy negro
    ni saxofonista
    ni conozco New Orleans,
    a la mañana siguiente
    nuevamente pensaré en lo que no he sido
    por no haber nacido el segundo jueves del año 37;
    resignándome a haber nacido el día de la salamandra
    que pocas veces cae jueves
    y que a las 15:00 horas
    me recuerda a un jazzista negro con saxofón en mano
    tocando en los honky tonks de New Orleans.





    VUELTA ALREDEDOR DEL PARQUE

    Dime en qué piensas cuando coges la bicicleta
    y das la vuelta alrededor del parque,
    cuando te persiguen los automóviles
    con faros rotos
    y por ahí aparece el del hombre
    que murió ahogado.
    Dime en qué piensas cuando nadas
    y te sumerges hasta el fondo del mar;
    si deseas ya no pensar
    sino voltear la esquina,
    detenerte, tomar un agua cielo
    y seguir dando vueltas alrededor del parque.
    Dime por qué detienes la mirada en el anciano filatelista
    que pasea de la mano con su enfermera,
    en la pareja que sentada en una banca se acaricia
    frenéticamente,
    en el perro que orina sobre el poste de luz.
    Dime por qué te detienes
    y en cada vuelta alrededor del parque ya no los reconoces; y aunque escuches decir
    que no hay nada más aburrido que dar vueltas alrededor
    del parque,
    piensas en lo que piensas a la hora de introducirte al 
    mar,
    en que mañana tendrás que sacar la basura,
    recoger a los niños de la escuela,
    buscar el lugar y el momento preciso para amar...
    Y tú sin darte cuenta,
    mientras haces todas esas cosas,
    desearás recuperar la ansiosa necesidad de dar la vuelta
    alrededor del parque,
    porque en el momento en que piensas en todo aquello
    te impides sentir el viento acariciar tu rostro, tus manos, tu espalda;
    a la vez que te impides sentir el agua,
    cuyas gotas brotan de tu cuerpo como pequeñas esferas de sal;
    porque cuando coges la bicicleta y das la vuelta alrededor
    del parque
    esperas que una ola te tumbe y te deje varado en la orilla 
    en una tarde azul.






    La madeja de lana roja se extiende sobre el piso / alcanza a tocar los pies de la abuela / la recoge / corta un pedazo con sus manos huesudas / lo anuda uniendo ambos lados / comienza a jugar con el trozo / sus manos se agitan temblorosamente / rápidamente / De repente un ruido azota la casa / algo que pudiera parecer un golpe se desata / el niño ha comenzado a llorar / la madre azarosamente se acerca a la criatura / la levanta de la cuna / la acaricia / pone cara de boba / algunas muecas / Entonces desabotona su blusa / saca una teta enorme / se la enseña / el niño la toma entre sus labios / comienza a lactar / La abuela mira a la madre / rescata la madeja de su falda / al percatarse de su mirada se abochorna / aparta al niño de su pecho / A un lado la niña, que había observado el incidente, no aparta su mirada de la abuela / Ella, por su parte, deja caer la madeja de lana roja de su falda / que por suerte cae al piso. 





    CAPICÚA 

    Mi madre me dijo que vendrías
    cuando creciera la yerba
    en temporada de invierno,
    que buscase el color del cielo al atardecer
    cuando el céfiro anduviera perdido
    bajo las miradas licenciosas de las pecadoras.
    Vendrás en el año perfecto,
    porque bajo el signo de la ambivalencia nacerás;
    pariré
    en un día de lluvia,
    y ante los ojos curiosos
    serás macho y serás hembra.
    No importará realmente si decides llorar para mí
    o si decides no sonreír ante mi desesperada cara boba,
    pues sabrás con sabia inteligencia
    disculpar mis torpes movimientos.
    De mi parte,
    además de recoger cada diente que pierdas
    en el camino,
    cubriré mis ojos y mi cuerpo de impecable desnudez
    ante lo que para otros pudiera resultar causal
    de espanto,
    tu suave murmullo encantado,
    cría de invierno capicúa,
    lameré hasta el cansancio
    tu indomable cuerpo indeciso.





    PARA HACER UN POEMA 

    En el nombre del padre,
    o del hijo,
    o del hijo que no tiene padre,
    o del padre que no tiene hijo,
    quienquiera que le estas palabras
    sabrá que soy el que las dispone,
    esperando que alguien comprenda
    que palabras escritas sobre papel
    no hacen un poema
    y que, sin embargo,
    se torna tan serio a medida que avanza,
    como si la muerte fuera un tema serio,
    como si los 107 pasos que separan al condenado a muerte
    de la horca fuera cierto,
    como si el pequeño dios que se halla a su lado
    le proporcionara agua en un pedazo de algodón
    y bebiera cada gota difusa con sabor a níspero,
    como si el preso tuviera que dormir al lado de su letrina sin oír más que el sonido del agua después de jalar la 
    palanca. Y así,
    un etcétera interminable que no vale la pena mencionar
    para hacer un poema. 






    de:  Vacas Negras en la Noche (Sarita Cartonera)


    A la hora en que despegue 
    el ave del polvo
    sabré que llegarás
    a mis pies desnudos
    como la ola
    vuelve a la orilla
    Sólo por decir
    palabra alguna
    por soterrar el silencio
    despediré a mi madre
    y a mi padre (por separado)
    con el grito de ambos corifeos
    pronunciando mi nombre
    reclamando el regreso de mis lunares
    Antes de mi muerte
    los días pasarán en su eterno recorrido
    amando incansablemente
    la cicatriz de tu brazo derecho
    Sólo por decir 
    palabra alguna




    Un tuerto le dijo a un ciego: Si he de ver, quiero que sea con mi ojo muerto, que recuerda tu mirada y recorre tu cuerpo de hojas granates color de tu lengua cinamón y olor a cebú. Si he de amar, quiero que sea con mi ojo muerto, que traga tierra y fruto de cosecha recién parida, que trae bajo la sombra la paria y la flor de loto. Si he de palpar, quiero que sea con mi ojo muerto, condenado a tu seno yermo, que todo lo ve y nada siente, que repite el vaticinio del agorero al llamarlo sodomita, viejo estéril, un martes por la tarde. 





    VACAS NEGRAS EN LA NOCHE Nada pienso Cuando toca mi mano El papel Y aparece el Cangrejo Sonriente Sobre mi mano Y nada pienso A la hora del sexo Ni en amar Tu baba sangrante A la hora de amar Y tengo miedo De la torpeza Con que toco tus pies Tus exagerados ocho pies Cual vacas negras En la noche Rumiando Babeantes Una encima de otra Fundidas y negras Desapareciendo en la obscenidad 




    Cuando abras este sobre y empieces a leer esta carta estaré en Vermont con la noche posada sobre mi frente, esperándote durante un tiempo prolongado. Tal vez no te reconozca a primera vista, pero sentiré que eres tú cuando aparezcas con un saxofón en la mano y sonrías mostrándome tus dientes que sobresalen como un grito dentro de tu piel oscura; te daré un abrazo, me dirás que el destino nos tenía trazado este encuentro. Luego iremos a un bar, me contarás que abandonaste a tu mujer y que huiste de New Orleans por haber asesinado a un hombre a quien le debías dinero. Te miraré como mira un padre a su hijo, con resignación y paciencia, te daré un beso en la mejilla para redimirte y luego te irás, como huye la luna por temor a la obscenidad, sin una sola moneda en el bolsillo, con el mismo traje desteñido de hace doce años y una botella de licor barato en la mano. Así, despacio, te irás silbando bajito, intentando no decir obscenidades.  




    Quién sabe si de la madre de mi madre herede el tamaño y la posición de sus lunares como se hereda el cáncer al seno izquierdo como se hereda la maternidad de dos crías, y herede la sordera de su oído derecho como se hereda la afición por la caza como se hereda el judaísmo, o herede su ceño fruncido como se hereda la temprana edad de la muerte como se hereda el sabor agridulce de la saliva. Quién sabe si para mi deleite o mi fastidio de la madre de mi madre herede un nieto arqueólogo, una nieta poeta, cuya única obsesión sea hablar de la madre de su madre encontrada muerta a los 63 años en su vieja habitación de la calle Owen, o herede tan solo los lunares la sordera el ceño fruncido. 



    de:  Présago (Santo Oficio).

    II 

    Alrededor de mi cuello se enreda la esperanza del condenado a la horca, el que aspira a la gaviota asesina, el que dispara la mirada piadosa del que ama a cualquiera, el que goza deteniéndose frente a la niña que llora, ebria, sobre la pista, y la abraza sin conocerla, y la ama sin ver su cicatriz. Yo, hombre educado, tanta profanidad leída sobre papel, puedo recordar cada verso que tocaron mis ojos, cada línea que anudó mi garganta, las conversaciones a medianoche, las despedidas desnudas de los que amé bajo la lluvia; pero sobre todo, la saciedad extraña de mi sabio hermano de ojos felinos, quien me enseñó a disfrutar la felicidad en pequeñas cantidades, como el aroma fresco del coñac. (fragmento) 




    III 

    A la izquierda del padre, en cuclillas,
    entrecruzados los dedos haciendo la señal del incesto, siento el aroma de flores secas esparciéndose alrededor de mi cuello bajo las manos de mujeres que susurrando a mi oído me hacen saber lo hermoso que me veré colgado. El tumulto se agita, repite mi nombre, y siento mi sangre en un recorrido misterioso dentro de mis venas; mi corazón respira libre como jamás lo hizo, mientras los hombres preparan el vino y aderezan el pescado, tal como hicieron la noche que recibieron a mi padre y al padre de mi padre. (3) (fragmento) 
    IV Mañana mi carne será consumida por Sol, y se hará amarilla como él y me haré rojo como ella, revuelta entre sus sábanas blancas, cuando el sudor domine sus tibios pechos y sus muslos se confundan con la pureza; cuando ella despierte por los malos sueños que desnucan, cierre sus ventanas, enjuague su rostro en el lavabo, creyendo que no escuchó nada allá afuera; y sobresaltada busque abrigo en los brazos de su amada: Ella sabrá que su padre ha muerto. Oirá el chasquido de mis dientes cuando destrocen mi lengua y mis piernas suspendidas en el aire soplen como una cometa sobre el patíbulo; entonces ella volará hacia mí y picoteando mis ojos me despertará. Y la libélula aparecerá palmoteando las tiernas aguas del lavabo.  ( fragmento) 








    Cuando mi corazón late presuroso
    no esperes mucho de mí;
    de pocos asuntos hablo,
    tan solo de la certeza
    como esa mirada en la nuca
    que te incita a voltear,
    y también de la tristeza
    como un confuso laberinto
    que a veces mi destino olvida.
    ¿Si ya lo vi todo?
    Vi todo lo que quise ver,
    la orilla del mar en el que caeré,
    el frasco de pastillas que mi mano acostumbra a coger,
    la felicidad, las polillas, el viejo candado
    y ese pequeño dragón que tu brazo derecho
    iracundo me muestra.

    (Inédito)




    PÁNICO

    No me tientes a caminar
    debajo del puente.
    Solo quiero un poco de sombra
    para respirar.
    Algo de lluvia
    sobre mis gafas.

    (Inédito) 





    POEMA 1 

    Yo no fumo, pero puedo acostumbrarme como se acostumbra uno a la desesperación y a la desesperanza, y puedo acostumbrarme a las ciudades vacías, al frío helado que abofetea mis mejillas, al té verde después de las comidas, a los ánimos alterados, a las falsas certezas que se repiten reiteradamente en mi tímpano deprimido. Yo no fumo, pero puedo acostumbrarme a los baños públicos, a los horarios rotativos de fin de semana, a los viejos ascensores de un viejo piso madrileño, a los ciclistas y sus bicicletas y sus cascos, a la casa vacía sin tus libros, a los espacios abiertos y a mi claustrofobia, a las ambulancias esperando fuera de casa. Yo no fumo, pero puedo acostumbrarme como se acostumbra uno a los ceniceros debajo de la cama, a tu música odiosa en mi tímpano deprimido, a los desórdenes cuando te alteras, a ese pequeño espacio tuyo para cagar. Todo parecería perfecto si se pensara que hablo de la costumbre de hablar de la costumbre en estos tiempos salvajes; pero no es así. Yo no fumo pero puedo acostumbrarme. 

    (Inédito)



    POEMA 5 Ninguna ciudad es benevolente conmigo, ni los ascensores ni las puertas de cristal ni las persianas ni las grietas en el suelo ni los muebles empotrados ni los retratos en las paredes. Yo de vez en cuando pienso que tanta tortura es buena, y es tan difícil cambiar las malas costumbres que te asombrarías, querido lector; tú que te asombras de unos cuantos versos sin sentido. 

    (Inédito)




    TITUBEOS DEL GRILLO 

    Entienda usted, 
    después de medianoche 
    ya no hablo como aquellos, 
    sino despacio y 
    titubeando, 
    en cada puesta de sol, 
    en cada mañana soleada de abejorros 
    que yace sobre mi helado cuerpo. 
    Entienda usted, 
    hablo despacio y 
    titubeando 
    no por temor, 
    sino esperando 
    que alguien me arrastre, 
    asomando hacia la ventana 
    su mirada 
    sobre mi viril cuerpo insatisfecho. 
    Entienda usted, 
    ya no soy quien teme, 
    sino que soy aquel 
    a quien oigo desde su habitación 
    desperdiciando papel, 
    sirviendo a sorbos el ron 
    para no embriagar su espera 
    mientras se precipita sobre ella 
    y titubeando, 
    desespera 
    y erecta 
    su osado pie izquierdo. Yo no haría 
    eso que usted hace, 
    eso de esperar y contar 
    cada titubeo del grillo. 
    Sólo despierte, 
    acomode la almohada, 
    e imagínela ebria 
    tosiendo su nombre, 
    y piense 
    de espaldas, 
    contemplando.

    (Inédito)




    IF I SHOULD LOSE YOU
    (SI YO TE PERDIERA) 

    No quisiera solo
    ser arena sobre tu estrecha pierna torcida
    ni escorpión
    bajo la guedeja de tu vientre pulposo
    ni gemelo taciturno
    de tu incansable boca húmeda.
    Debe haber algo más
    que la posesión estratégica de los cuerpos
    Algo así como
    mi madre y mi padre
    bailando If i should lose you
    (Si yo te perdiera)
    detrás de la cortina 
    de la bañera,
    hace veintidós años.

    (Inédito)




    CONVERSACIÓN CON MI PADRE EN ESPERA DE UNA RESPUESTA 

    Caminando junto a las murallas citadinas, 
    me pregunto por qué me asalta este temor de caminar entre el tumulto, 
    por qué bebo licor barato de tus labios, licenciosa noche. 
    Y solo el silencio iracundo responde 
    con su silente carcajada irónica. 
    Piqué la locura y le contagié mi lepra. 
    Hijo, resume tu vida en tres líneas. 
    Y eso hice, 
    Con cierta tristeza por mi suerte: 
    Apenas 18 años, 
    estéril, 
    sin poder amar aunque lo ansíe con locura. 
    Hijo, no llores, 
    te perdono. 
    Y, a manera de consuelo, me dijo: 
    «La vida es un mamarracho indecente» 
    Y después de un tiempo, 
    sonreí. 

    (Inédito)








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  • 03/07/17--02:04: DANIELA GOLDÍN [19.997]

  • DANIELA GOLDÍN

    Nació el 28 de noviembre de 1987 en Buenos Aires. Es Licenciada y Profesora en Letras por la UBA. Trabaja como docente de Lengua y Literatura. Coordina talleres de promoción de la lectura y la escritura para niños y jóvenes. Dicta talleres literarios en forma privada. Participó en diversas lecturas y ciclos de poesía. En 2010 publicó la antología poética A los ojos en co-autoría con Gilda Zukerfeld. Textos suyos fueron publicados en las antologías Poesía Manuscrita, Vol. II (2009), con edición a cargo de Laura Mazzini y Germán Weissi; Estaciones. Antología Poética Contemporánea Vol. 1 (2013), Ediciones La Parte Maldita; Exit 75, con edición a cargo de Laura Mazzini, Alejandro Parrilla y Germán Weissi.



    POEMA

    me fui de la fiesta
    sin encontrar las palabras
    entonces me fui de la fiesta
    me olvidé algo
    siempre dejo
    algo, quedo
    en la fiesta que sigue
    es que no pensé, no miré (girar era saber)
    un taxi hasta la puerta
    de la semana
    que viene
    en la fiesta
    quedó la forma
    quedé yo
    manifiesta, ida



    de: "JAPÓN"


    I

    Hiciste la gran Tokio.
    Y ahora recorrés
    la ciudad más lejana del mundo
    admirás
    la arquitectura de los subterráneos
    lo blando de estar
    en otra parte.

    Cuando estabas perforando
    escarbabas
    barajabas
    preguntabas: “¿y si salto a través?
    ¿si hago una bola de chicle
    con todos los que me lloran
    y la pego bajo la mesa
    hasta que cristalice?
    ¿si soy Nicolas Cage en `The Family Man´?
    ¿qué si salto a través,
    hasta Japón?”

    Japón está muy lejos. Tu cielo ya no es
    el cielo de casa
    y sin embargo
    no es fácil
    lo radical
    la alienación perfecta
    los ojos abiertos en plato
    ante la pregunta                 
    en Japón:
    ¿quién sos?



    IV

    quiero decirte
    cuando la poesía te pareció difícil
    ya sé
    de vos
    lo que no entendés
    y lo que te olvidás



    VII

    escuchamos
    las historias de Japón
    alrededor de la mesa, los ojos
    el vino
    la salsa de soja (decís que al arroz le falta
    porque no te sabe
    devolver a Tokio)
    ahora es la comida
    luego será el té
    yo asiento

    la información se disemina
    en el aire, pero está bien
    eso nos hace sentir
    que hay de sobra
    los condimentos dan el tono
    y es
    como si habláramos un mismo idioma

    yo querría convertir este lugar en un Japón:
    vos estarías como en casa, perderías lo extraño
    de lo extraño y la tristeza

    yo perdería
    la ironía de la distancia

    qué liviano ha de ser el Japón


    harías la distancia del regreso
    y caerías, de ojos abiertos
    aplicadamente
    aquí        



    XIII

    debería aprovechar tus viajes para escribir
    pero no tengo más palabras
    un vacío
    sellado con lacre
    como esas cartas
    lindas como tus regalos
    desde lejos

    todo florece
    forma una película
    finísima
    que no nos deja partir
    en busca de profundidades, espejos
    o etimologías de tus espaldas
    no querríamos eso
    si quisiéramos algo
    si nuestros pies no estuvieran
    determinados
    o tan disminuidos




    XVII

    Si algún día yo escribiese
    una carta de despedida
    no querría que sobrase
    ni una sola palabra.

    Una verdadera
    carta de despedida
    sería algo tan triste
    irse y quedarse
    con la última palabra.         

    ¿Dónde viven las cosas
    que se dirían solamente
    en una carta de despedida?
    Cuando ya no importe
    quién pierde.

    No sé si alguna vez podré
    elegir tan bien
    cada palabra.

    Es muy poco lo que se termina
    con una carta de despedida
    y sin embargo.

    Una carta de despedida implica planificación
    y yo no planifico despedirme
    nunca
    en todo caso me voy
    pensando que tal vez la próxima.

    Como pensarse muerto:
    es brillante, es poético
    pero después
    es triste.

    El final de la carta sería
    el nombre propio
    expropiado
    o terminaría 
    con un te amo
    porque habría que amar a alguien
    para despedirse, para decirle
    que ya no nos espere
    y ya no nos pregunte
    no nos llame
    y no nos pida
    ya nunca
    otra palabra.




    XIX

    ¿Qué estás pensando exactamente?
    Por eso no me gusta la gente de Tokio.
    Yasunari Kawabata, País de Nieve


    Un pájaro enjaulado


    ¿es un regalo?

    ¿es un mensaje?

    ¿es una pintura?

    ¿es un diagnóstico?

    ¿es un secreto?

    ¿es una explicación?

    ¿es un deseo?

    ¿es un gato?

    ¿es la verdad?

    ¿sos vos?

    ¿es un pájaro enjaulado?




    XXVI

    creí que cuando preguntaras
    finalmente
    el sarcasmo
    iba a ahogarme
    pero fue mirarte
    desde quién sabe cuándo

    sólo en tu voz
    tuviste sentido
    yo quería estar ahí
    no tener que volver nunca
    a contrastarte
    con la calle y todo el resto
    quedarme ahicito
    donde habíamos quedado
    antes de irse hoy de hoy
    quedarme a comer
    quedarme para irme con vos
    a pagar fácil
    a comprar japonerías

    era hacérseme agua la boca
    de ver el sentido en la vidriera
    era el arco
    de tus palabras hasta mí
    ¿eras vos diciendo lo siento?




    XXVII

    ¿cómo pudiste?
    digo: ¿cómo es que hoy pudiste?





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  • 03/07/17--02:36: ROY G. GUZMÁN [19.998]

  • ROY G. GUZMÁN

    Roy G. Guzmán nació en Honduras y creció en Miami, FL. Candidato al grado de MFA en escritura creativa por la Universidad de Minnesota, su trabajo ha aparecido o es de próxima aparición en Assaracus, Juked, The Adroit Journal, Breakwater Review, Word Riot, Reservoir, Connotation Press, y Notre Dame Review. Roy es el editor de poesía para Sundog Lit y ha sido galardonado con una nominación al Pushcart prize y una mención honorífica en ficción del Gesell Award. Este verano servirá como Escribano para los Derechos Humanos en la Universidad de Minnesota, concentrándose en asuntos que afectan a los migrantes trabajadorxs del campo. Para conectarse: roygguzman.com; Tuíter: @dreamingauze 



    Mural restaurado para Orlando

    Segundos antes de que el tirador rociara balas sobre los cuerpos de mis
    hermanos & hermanas / el DJ detiene los giros del disco de vinilo / & estoy interesado

    en ese breve destello de luz rosada / cómo se esparce por las camisas
    planchadas hasta tornarse púrpura / cómo una pistola es tan sólo un corazón que se ha olvidado

    de cantar. El arrobamiento en los ojos de un extraño / una postura franca ante la resurrección.
    Visitas Orlando para fantasear sobre la infancia que no tuviste /

    aunque yo haya crecido en la Florida el viaje es un lujo porque crecí
    pobre & cuando finalmente me alcanzó para pagarlo llevé a mis padres a los Universal

    Studios / fue la primera vez en mi vida que vi a mi madre subirse a una montaña rusa
    porque siempre se ha avergonzado de su peso & por error terminamos

    comprando un tiempo compartido / bueno no realmente por error / pero por ilusión mía
    de que mis padres han trabajado muchísimo en los EEUU así que se merecían

    sus vacaciones / & los prestamistas nos siguen llamando tras todos estos años para recordarnos
    de la Gran Recesión en la que mi madre perdió su empleo & mi padre

    tuvo que jubilarse temprano. Nuestras madres nos dieron nombres
    para que supiéramos lo que lleva el encabezado de una lápida / resumen desnudo /

    & nuestro deber es sentir el aislamiento que cualquier alineación de letras puede causarnos
    cuando están inscritas con pesar / ya que muchos de nosotros nacimos o florecimos

    del dolor como cisnes siempre doblegados en el estanque o en cuentas por pagar /
    como si estuviéramos pescando claves sobre nuestras tumbas / o donde

    extraviaremos nuestra humedad en los cuellos de otros. & justo la noche antes había ido
    a la Noche Drag de Lush con otros cuatro poetas / una razón para escapar

    de mi rutina & revivir mi adolescencia / me da miedo ir a lugares
    que celebran nuestros cuerpos porque es ahí también donde nuestros cuerpos

    han sido cancelados / cuando eres moreno & gay siempre te estás muriendo
    dos veces / pude ver trece números de amateurs / unos cuantos invitados especiales /

    una queen que estaba haciendo una parada en Minneapolis / una sensación
    nacional / & la MC cantó una versión ronca pero virtuosa de “When You’re

    Good to Mama” & los chicos & las chicas & lxs fems se alineaban con sus billetes de dólar /
    que las queens se guardaban en sus perfectos pechos o con sus dientes

    & me giré a Danez & le dije que el show completo me recordaba
    cuando recibía la comunión de niño / cómo para mí una iglesia es un techo

    que siempre se está desplomando / aunque tal vez estuve hablando sobre
    amantes que rinden sus condolencias / tan a menudo olvidamos que lo que nos mata ahora

    alguna vez creyó en nuestra supervivencia / que una pistola & un rifle separados
    pueden crear la figura de tus brazos cuando jalas a un amante hacia ti / que cuando sus

    dientes están ennegrecidos quiere decir que escogiste la botella correcta de Sauvignon /
    que en nuestros videojuegos uno puede montar una bala hacia la eternidad.

    ***

    Le han pedido a mi pareja que cante en la vigilia de Loring Park. Su coro
    ha encargado una pieza de una hora inspirada por “Two Boys Kissing”

    de David Levithan / en la que un par de adolescentes participan en un maratón
    del beso para establecer un nuevo Récord Mundial Guinness. Un coro griego de almas

    que no serán vencidas por la epidemia / encuentra consuelo al narrar los trágicos
    aunque verdaderos eventos. ¿Cómo podría cantar durante toda una hora sobre semejante pesar

    sin romper en llanto durante mi interpretación? mi pareja me pregunta
    mientras actualizo las noticias. Al teléfono / mi madre dice que el odio del tirador

    se desató al ver a dos hombres besarse en Baysi