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    Daniel Aguilera Camacho

    Daniel Aguilera Camacho, periodista, nace en 1877 en Baena (Córdoba) y fallece en abril de 1955 en Córdoba.

    Fue el principal representante del periodismo católico en Córdoba en la primera mitad del siglo XX, siendo redactor de El Español en 1888, de El Heraldo de Baena en 1899 y 1900 y localmente conocido como director y propietario de El Defensor de Córdoba desde 1900 a 1902 del que llega a ser director y propietario hasta su extinción en 1938.

    Entre 1899 y 1904 escribió poemas y algún relato en "El defensor de Córdoba" bajo los pseudónimos Morsamor y Aureliano G. Chaced.

    Director de Vida y Arte en 1901, también fue director y propietario de El Cruzado de la Prensa, entre 1922 y 1927 y de la Revista Mariana entre 1923 y 1936.

    Fue miembro numerario de la Real Academia de Córdoba

    Obras

    La Inmaculada y Córdoba.
    San Eulogio. Su vida y obras.
    La prensa católica.
    Impresiones de un peregrino de la peregrinación de Osio en el Año Santo.
    De mis excursiones.
    Sin ritmo (libro de poemas) (1901)



    SIN RITMO
    ENSAYOS POÉTICOS DE DANIEL AGUILERA
    1900.- Imprenta La Verdad.-




    YO  

               A Francisco de Borja Pavón

    Yo soy igual que mariposa inquieta:
    ella de flor en flor vá con su vuelo,
    mas nunca sacia su voluble anhelo,
    cual sucede á mis sueños de poeta.

    Mi loca fantasía, no sujeta,
    cree á veces encontrarse con un cielo
    y llora con amargo desconsuelo
    al ver que aquí la dicha no es completa.

    La fé, de inspiración rico tesoro,
    junta á la forma que ferviente adoro,
    constituyen mi culto, mis delicias.

    Mas no adoro en la forma la materia;
    aunque el alma esté llena de miseria
    huye cuanto es posible de inmundicias. 



    PREGUNTAS

    Si al mirar bella escultura
    siéntese viva emoción,
    ¿qué sentirá el corazón
    al contemplar tu hermosura?

    Si hábil hipnotizador
    con su mirada fascina,
    con tu mirada divina
    ¿no has de hacerme soñador?

    Si las aves con su canto
    dan á la selva alegría,
    derrochando tú armonía
    ¿por qué no has de ser mi encanto?

    Si una sonrisa enagena,
    aun la de venal criatura,
    siendo la tuya más pura,
    ¿no estará de encantos llena?

    Si en los pétalos rosados
    de una flor la abeja liba, 
    siendo tus labios flor viva
    ¿por qué no han de ser besados?

    Si te adora quien te vé,
    pues lo exige tu belleza,
    de mi alma en la grandeza
    ¿sabes cuál te adoraré?

    Si tras confusa ilusión
    corro triste y silencioso,
    ¿he de alcanzar el reposo
    queriéndote con pasión?



    ANHELOS 

    Quisiera ser el aire que respiras
    por mezclarme á tu aliento regalado
    y después de besarte y ser besado
    ir en torno del sitio donde giras.

    Aire quisiera ser cuando suspiras,
    al ver que tu ilusión se lia disipado,
    y el hombre que te quiso enamorado,
    no se inspira en lo mismo que te inspiras.

    Aire quisiera ser, y los aromas
    que dejan escapar de sí las flores
    con la rica fragancia de las pomas
    en tributo ofrecerte, y la armonía
    de instrumentos y pájaros cantores
    en mis alas á tí la llevaría. 



    RIMA

    Era mi único encanto, mi alegría,
    mi ilusión, mi esperanza,
    y al morir para mí con sus amores
    se ha llevado pedazos de mi alma.

    Ha muerto para mí como el sol muere
    y deja el mundo que en tinieblas caiga;
    así insensible el corazón me deja
    sin que alimente una ilusión dorada.

    Ha muerto para mí. ¿De qué me sirve,
    sin querer, esta vida tan amarga?
    Sin amor y sin sueños de ventura
    ¡oh qué larga es la vida y qué pesada! 




    HEINIANA

    Si alguna vez á tu oído
    llega un eco lastimero,
    que resuena lisonjero
    en tu mismo corazón,
    bien sabes, amada mía,
    de dónde sale el suspiro:
    es que tus recuerdos miro
    y renace mi pasión.

    Si como el simoun, que abrasa,
    quema un hálito tu frente,
    nacido de un beso ardiente
    de aquel que te quiere bien,
    recógele tú amorosa,
    que ese beso se ha escapado
    y más que yo afortunado
    llega á rozarte la sien.

    Si, cual leve mariposa,
    tu mente revolotea
    tras una confusa idea, 
    que no sabes explicar;
    si al mismo tiempo recuerdas
    hechos de pasados días,
    que fueron delicias mías,
    es que me vuelves á amar.

    Si en sueños miras que en torno
    de tu corpórea escultura
    de un espíritu figura
    (si figura puede ser)
    se ven las emanaciones
    fugaces del pensamiento
    sin forma ó delineamiento
    que no los pueden tener;

    ese espíritu es el mío,
    que del cuerpo se separa
    y corre y vuela y no para
    hasta llegar junto á tí,
    pues como el cuerpo no tiene
    con el alma subsistencia,
    aquélla busca tu esencia,
    que es la vida para mí. 


    BRUMA

    No es mentido decir ¡ojalá fuera!
    que tengo el alma como losa fría,
    sin anhelos de amor ni de alegría,
    que han sido para mí vana quimera.

    He dejado de ser lo que antes era.
    Mi corazón no late cual latía.
    La realidad venciendo la poesía
    terminó mi risueña primavera.

    Se fueron mis instantes soñadores
    y quedan de mis últimos amores
    cartas con un perfume evaporado.

    Recuerdos en el fondo de mi alma,
    pero paso con ellos vida en calma
    y todo es preferible á tal estado. 




    TÚ Y YO

    Yo he querido añadir á tu belleza
    encantos aun mayores
    y á tu espíritu dotes de pureza
    arrojándole flores.

    Me engañaron tu rostro, tus miradas,
    tu modo de expresarte
    y lloré tus desgracias continuadas
    pensando que pudieras malograrte.

    Guardabas para mí gratas sonrisas,
    para otros desdenes;
    pero pagué con creces esas risas
    defendiendo virtudes que no tienes.

    Como á un ángel te amé con amor puro
    creyéndote más buena,
    pero hoy mi corazón late inseguro
    por tu acción, que mis dichas envenena. 




    MEMORIA TRISTE

    El tiempo era frío,
    muy frío, lo recuerdo,
    el día en que mi madre se fué de este mundo
    en busca del cielo.

    Entonces ¡Dios mío!
    estaba pequeño
    y no pude medir mi desgracia
    cuando el rostro niveo le cubrí de besos.

    Vi allí mucha gente
    vestida de negro,
    que hablaba muy bajo, como si estuviera
    un niño durmiendo.

    Las luces movidas
    al soplo del viento
    alumbraban la estancia, en que había
    cercanos parientes mascullando rezos.

    Vi llegar muy graves
    cantando los clérigos, 
    y momentos después se quedaba
    la casa en silencio.

    ¡Ay se fué mi madre del ingrato mundo
    cuando no apreciaba su cariño inmenso,
    cuando no sabía
    lo que vale el amparo materno!

    ¡Maldita mañana
    la de aquel invierno
    en el que mi madre muriendo dejóme
    en el mundo huérfano! 




    DECLARACIÓN

    Yo soy el paladín de las mujeres:
    con delicia contemplo su figura
    y hace tiempo buscaba una criatura
    tal como eres.

    ¡Objeto de mi amor y mis placeres
    y causa de mi dicha y mi ventura!
    pues aspiro á gozar de tu hermosura,
    di si me quieres.

    Díme, mi vida, si te causo enojos
    ó si puedo esperar de tí contento
    dulces favores.

    Si esas miradas de tus lindos ojos
    y esas sonrisas, que me dan aliento,
    hablan de amores. 




    MI ESPÍRITU

    Siento frío en el alma: parece
    que ya soy un viejo.
    Parece que vivo senil y achacoso,
    recordando días que hoy están muy lejos.

    Yo aspiro en la vida
    á un amor como aquel que hoy no tengo:
    un amor de pureza inefable,
    pero aquél ha muerto.

    Y así vivo sin él vegetando,
    como vive el huérfano
    á quien sólo el calor de su madre
    le tuvo contento. 



    DESPECHO

    No me mires como me mirabas
    en aquellos tiempos dichosos ¿te acuerdas?
    No me digas palabras de alecto
    que ya te conozco y no he de creerlas.

    No voy á reñirte,
    ni te pido cuentas;
    no se piden razones á un loco
    ni amor á coquetas.

    Pero sí te diré, recordando
    las alegres horas que quizás no vuelvan,
    para tí, porque ya te conocen,
    para mí, porque no tengo fuerzas,
    que un amor como aquél no mereces,
    ni hallarás otro igual que te quiera.

    No te lo repito porque quiero odiarte
    hasta que me muera,
    y aborrezco me miren tus ojos
    como en tiempos felices ¿te acuerdas? 



    CANTARES

    I
    Como sale el sol y alegra
    con su luz al mundo entero,
    sobra alegría en la calle
    cuando sales de paseo.


    II

    Cuando yo agonice
    vé á mi cabecera:
    que si llegan á verte mis ojos
    quizás no me muera.


    III

    Deja que te mire,
    deja que te quiera,
    que ventura cual la de quererte
    no la hay en la tierra. 


    IV

    Eres como el comerciante
    que vende al mejor postor;
    por eso á quien fué más rico
    le diste tu corazón.


    V

    Las dos niñas de tus ojos
    las quisiera por espejo,
    para gustar al mirarme
    de las delicias del cielo.


    VI

    Deja que te bese
    una vez siquiera,
    que el besar á una joven tan linda
    es gloria en la tierra.


    VII

    No busques comparación,
    que no hay una que le cuadre
    al cariño de una madre
    que nos quiere con pasión. 


    VIII

    Tengo aquí en el alma
    tu nombre grabado
    con carácter de fuego y no puede
    el tiempo borrarlo.


    IX

    No me figuré en la vida
    que fueras tal como eres:
    pones tu amor en la feria,
    te lo compran y lo vendes.


    X

    Cuando me veas en la calle
    no me digas nunca «adiós»,
    porque saltando de gozo
    se romperá el corazón.


    XI

    Soñé que no me querías
    y pensé morir de pena,
    que no hay dolor que se iguale
    al de que tú no me quieras. 


    XII

    Eres en cuestión de amores
    lo mismo que una veleta,
    que según te sopla el aire
    así empiezas á dar vueltas.


    XIII

    El amor de una morena
    sabe en este mundo á gloria;
    por eso cuando te veo
    todo mi ser se trastorna.


    XIV

    Lástima que tu hermosura
    la estés echando á perder
    por usar tanta pintura.


    XV

    Fueron tus promesas
    y tus juramentos
    cual las hojas ya secas del árbol,
    que se lleva el viento. 





    RIMA

    I

    Es de un ángel su rostro,
    y su sonrisa alegre
    contiene los melódicos acordes
    de los cantos celestes.

    Ella transforma el rostro al dibujarse
    y su boquita mueve
    como el capullo al convertirse en rosa
    de las hojas del cáliz se desprende.


    II

    Cuando en mis horas tristes suspirando,
    cual relámpago cruzan por mi mente
    satánicas imágenes de olvido,
    que el corazón no quiere,

    me acuerdo de su angélica hermosura,
    de su sonrisa alegre 
    y de los pies minúsculos
    que aquel cuerpo sostienen;

    y su amor, que en mí vive con mi esencia,
    y sólo con la vida ha de perderse,
    se solaza, cual nunca, manteniendo
    su imagen en mi mente. 





    .




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    Ángel del Arco y Molinero

    Ángel del Arco y Molinero (Granada, 1862 - 1925), poeta, historiador, arqueólogo y escritor español.

    Era funcionario del Cuerpo de Archiveros y fue trasladado al Museo Arqueológico de Tarragona. Palau anota más de veinte obras de todo género escritas por este autor. Narrativas son La algarada de Lucena, leyenda histórica (Málaga, 1886), Andrea (Granada, 1886) y Juana la Violetera (Granada, 1892). Como arqueólogo e historiador se consagró principalmente a las ciudades y provincias de Granada, Málaga y Tarragona, y publicó informes en el Boletín de la Real Academia de la Historia sobre epigrafía romana y el teatro romano de Tarragona, entre otros. También estudió la universidad, la introducción de la imprenta y la bibliografía de esta ciudad y participó en la confección del Catálogo del Museo Arqueológico de Tarragona (1894). Participó en el Primer Congreso Español de Africanistas, celebrado en Granada en 1894. Sus poemas están reunidos en Laureles: obras poéticas (2008).

    Obras

    Ediciones

    Romancero de la conquista de Granada, (1889).

    Estudios

    Estudios de Arqueología. Disertaciones sobre las principales colecciones de objetos del Museo arqueológico de Tarragona. Tarragona, 1894.
    La imprenta en Tarragona: apuntes para su historia y bibliografía, Impr. de J. Pijoán, 1916.
    Siluetas Granadinas, Granada: imp. de M. Alonso, 1892.
    La antigua Universidad de Tarragona: apuntes y documentos para su historia (Tarragona: Tip. de F. Sugrañes, 1918.
    Glorias de la nobleza española: reseña histórica acerca de los caballeros principales que concurrieron a la conquista de Granada, bienes y honores que recibieron de los Reyes Católicos y casas ilustres españolas que descienden de aquellos conquistadores, Tarragona: Arís, 1899.
    La reconquista de Málaga, 1888.
    Estudio biográfico del Eminentísimo Señor Cardenal D. Luis Belluga, 1891.
    Restos Artísticos e Inscripciones Sepulcrales del Monasterio de Poblet, (Barcelona, 1897).

    Teatro

    Sólo para hombres, juguete cómico. 1891.

    Poemas

    Hojas y flores. Poesías originales, 1884.
    Dos poesías, 1896.
    Laureles: obras poéticas, 2008.

    Narrativa

    La algarada de Lucena, leyenda histórica (Málaga, 1886)
    Andrea (Granada, 1886)
    Juana la Violetera (Granada, 1892).




    ÁNGEL DEL ARCO Y MOLINERO.

    LA RECONQUISTA DE MÁLAGA

    CANTO ÉPICO 

    GRANADA
    TÍP. DE «LA PUBLICIDAD»
    AÑO 1888




    I -

    En el nombre de Dios, el soberano,
    El grande, el fuerte, el sabio, el justiciero;
    En el nombre de Dios, que dió al cristiano
    La fé bendita que esgrimió el acero
    Para humillar al pueblo mahometano
    De siete siglos vencedor artero;
    En el nombre de Dios canto la hazaña
    Quo honra los fastos de la noble España. 

    Y tú, Estrella del mar, reina del cielo,
    Dulce patrona de la patria mia:
    Para tan alto remontar el vuelo
    Préstame inspiración, mis pasos guia.
    Infúndeme la Fe y el santo anhelo
    Que al guerrero cristiano enardecía,
    Y yo con ansia beberé en la Historia
    Claro raudal de inmarcesible gloria. 

    ¡Venid á mí: Fernando, gran Fernando,
    Noble Isabel, guerreros sin mancilla;
    Raza de Cides que aún estáis flotando
    En la enseña brillante de Castilla:
    A todos en mi mente retornando,
    Os contemplo, postrada la rodilla.
    Ante aquella Ciudad tan deseada
    Que duerme por las olas arrullada.

    Reina cautiva de la raza mora,
    Cristiana por amor, hoy agarena;
    Perla nacida al beso de la aurora
    Dejada por el mar sobre la arena;
    Málaga, la Damasco encantadora
    De cielo de cristal, de playa amena:
    También el vate con el alma muda
    Descubierta la frente, te saluda.

    A tí llegan los héroes castellanos;
    A tí llega Isabel, que por tí sueña;
    Ellos ván á vencer á tus tiranos
    La hermosa Cruz llevando por enseña.
    Con ellos vá Pulgar en cuyas manos
    Flota el pendón que al árabe domeña;
    Ellos mermaron porque al cielo plugo
    Palmo á palmo la tierra á tu verdugo. 

    Mira á Fernando que se humilla y reza,
    Mira á Isabel que se arrodilla y llora;
    Míralos, destocada la cabeza.
    Jurando tu conquista seductora.
    Noble es la hazaña, grande la proeza,
    Mas no cejan; su espada vencedora
    Es aquella forjada con un rayo
    En las rocas de Asturias por Pelayo.

    Su indómito valor no encontró vayas
    Ante el placer de conquistarse glorias;
    Si libraron por cientos las batallas.
    Contaron las batallas por victorias:
    Ellos, sufriendo nubes de metrallas,
    Realizaron empresas meritorias.
    Señalando con sangre castellana
    Cada palmo de tierra musulmana.

    Ellos fueron los héroes del Salado,
    De las Navas los bravos campeones;
    Para humillar del árabe un reinado
    Bastó con un puñado de leones.
    Ellos, llevando su pendón alzado.
    Fueron admiración de las naciones,
    Y dignos siempre á el árabe postraron
    Y por su patria y por su Fé triunfaron. 

    Jamás fué su valor escarnecido;
    Luchan hasta morir con ardimiento,
    Y por cada cristiano que es vencido
    Para vengarlo se adelantan ciento.
    De los combates el fragor temido,
    Antes qne anonadarles, les dá aliento;
    Los enardece, anima y arrebata,
    Y acomete su acero, rinde y mata.

    Estos, los héroes de la patria fueron:
    Atletas de la fé, rayos de Marte,
    Que, ebrios de gloria, recobrar supieron
    Del moro hasta el postrero baluarte.
    Raza leal de bravos que siguieron
    Con ciego fanatismo el estandarte
    De aquella Santa Reina sin segundo.
    Pasmo de España, admiración del mundo.


    II .

    Duerme Isabel: la noche está serena;
    Nada turba la paz del campamento.
    Las mansas olas al besar la arena
    Fingen rumores que repite el viento.
    Blanco destello de la luna llena
    Llegando de Isabel al aposento,
    ¡Se acerca á acariciarla dulcemente
    Realzando más la nácar de su frente. 

    Mórbido el brazo sobre el blanco lino,
    Suelto sobre los hombros el cabello,
    Parece más gentil y alabastrino
    Al rayo de la luz su ebúrneo cuello.
    Sus labios, entreabiertos de contino,
    Semejan de un clavel el cáliz bello,
    Dibujando suavísima sonrisa
    Al sentir los halagos de la brisa.

    Duerme y sueña: su rítmico latido
    El seno agita con impulso leve,
    Modulando suavísimo gemido
    Que el albo cútis de su cuello embebe.
    Y su rostro animando, poseído
    Del éxtasis vital que la conmueve.
    Vé desfilar cien formas peregrinas
    Impalpables, quiméricas, divinas.

    Rico en virtudes, grande en bizarría.
    El cetro firme en la robusta mano.
    En corcel que los vientos desafia
    Cruza el primer Alfonso castellano.
    La Fé cristiana sus empresas guia
    En contra el poderoso mahometano,
    Y dando al cabo á sus victorias fama
    La Religión católico lo aclama. 

    Síguenle Alfonso el Casto, á quien rendidos
    Ofrecen párias agarenos reyes,
    Y el Grande Alfonso que los vio, vencidos,
    En treinta lides acatar sus leyes.
    ¡Oh! pléyade de Alfonsos escogidos!
    ¡Si es de justicia que en honor descuelles,
    Basta á probarlo la verdad notoria
    Del ancho libro de la patria historia.

    Su corcel, en pos déllos, refrenando,
    Va el quinto Alfonso, aquel que derrotara
    Al soberbio Almanzor y su impío bando
    En noble lid que su poder declara.
    Siguen sus huellas el primer Fernando
    Que en su mano dos cetros recabara,
    Y aquel Rey Santo que llevó á Sevilla
    El glorioso estandarte de Castilla.

    Católico y leal, piadoso y bravo,
    La cruz alzando, enseña victoriosa.
    Sobre todos descuella Alfonso octavo
    El héroe de la Navas de Tolosa;
    Aquel, que haciendo al agareno esclavo
    En una sola lid grande y honrosa.
    Trocó en fatal la próspera fortuna
    Que diera alientos á la Media-luna. 

    Y luego, como mágicas visiones,
    En larga procesión van discurriendo
    Cien y cien invencibles campeones
    Las aureolas del honor ciñendo,
    Y estandartes y cruces y pendones
    Que prelados y prestes van luciendo,
    Héroes todos del solio castellano.
    Raza noble, terror del africano,

    Míralos Isabel, y en su alma brota
    Envidia noble, generoso empeño;
    Siente nacer emulación ignota
    Y pugna en vano por dejar el sueño.
    Divina imagen que entre nubes flota
    Infúndele otra vez grato beleño,
    Y oye una voz de célica armonía
    Que de nuevo su espíritu extasía.

    — «Las armas de la Fé que van contigo
    Llevan el triunfo, siempre lo tuvieron:
    Yo, tu entusiasmo y tu valor bendigo
    Nieta de Reyes que por Mí vencieron.
    Lucha y vence también; el enemigo
    Pugna en vano; sus armas se rompieron;
    Invoca en el combate mi memoria.
    Yo estoy contigo, tuya es la victoria, 

    Dijo y calló. La Reina estremecida
    Abre del sueño los cansados ojos,
    Y vé á la hermosa imagen, circuida
    Por el rayo de luz, que siente enojas.
    Y de santo temor sobrecogida
    En el lecho postrándose de hinojos.
    No acierta á hablar, su labio balbucea,
    Y en la Imagen divina se recrea.

    Hiende los aires el clarín sonoro;
    Aturde el Real confusa gritería;
    La Iglesia entona religioso coro
    Y el entusiasmo cunde y la alegría.
    — ¡Al árma! al arma! y á humillar al moro;
    La Virgen nos proteje, ella nos guia! —
    Así exclaman fervientes los soldados
    Y emprenden el ataque denodados.



    III .

    Cuatro veces las huestes castellanas
    Batieron las murallas con coraje:
    Cuatro veces las tropas musulmanas
    Resistieron con ímpetu salvaje...
    Con entereza y altivez troyanas?
    Pagándonos ultraje con ultraje.
    La muralla defienden, ya deshecha,
    Cerrando con cadáveres la brecha! 

    Allí fué de Pulgar la valentía,
    De Hamet Zegrí la indómita fiereza,
    Del Conde de Cifuentes la osadía,
    De Ibraím el Zenete la nobleza; 
    De Ramirez Madrid la bizarría.
    De Dordúx la altivez y la entereza;
    Todos fueron en uno y otro bando
    Famélicos leones peleando.

    Allí fué donde un moro traicionero
    Puso en intento la menguada hazaña
    De asesinar fanático y artero
    A los Reyes Católicos de España. 
    Allí fué donde Hamet terrible y fiero
    Juzgando ya perdida la campaña
    Quiso imitar con fiero patriotismo 
    De antigua Troya el trágico heroísmo.

    Irrita á los cansados sitiadores
    Del sitiado la fiera altanería;
    De ambas partes sucumben los mejores
    ¡Sin que ceda de entrambos la osadía.
    Y decidiendo hacer los moradores
    Un esfuerzo supremo en la agonía,
    Cargan sobre la hueste sitiadora
    Como enorme avalancha asoladora. 

    Tal chocan con hirviente remolino
    En alta mar inmensas oleadas,
    Cuando impelidas por ciclón marino
    Van en opuesta dirección lanzadas.
    Las huestes en revuelto torbellino
    Cargan ó cejan ya desordenadas,
    Y el árabe más pugna y más se aferra
    Sembrando de cadáveres la tierra.

    La lucha es imponente, porfiada:
    De las bombardas el fragor retumba;
    Quien intenta ganar una pulgada
    Halla en el polvo necesaria tumba;
    Y allá, desde la mar alborotada
    De nuestras naves la metralla zumba,
    Almenajes y cúpulas batiendo
    Que se van derrumbando con estruendo.

    Nuestros bravos se animan y recargan;
    Ellos responden ya desesperados,
    Y cada cañonazo que descargan
    Nos merma centenares de soldados.
    Con la lucha los ánimos se embargan,
    Y los que quieren avanzar osados
    Ruedan desfallecidos ó impotentes
    Al pié de una muralla de valientes. 

    Entre el fragor de la espantosa lucha
    Vese al Zegrí blandir la cimitarra;
    Grita animoso, el árabe lo escucha
    Y avanza un pelotón de la Alpujarra.
    Nuestra vanguardia, en la defensa lucha,
    Con ímpetu acomete y los desbarra,
    Y al fin de miedo y de vergüenza llenas
    Retroceden las hordas agarenas.

    ¡Santiago y cierra!!  gritan los peones;
    Repite el grito el eco de la sierra,
    Y avanzando otra vez nuestros leones
    Vuelve á temblar bajo sus pies la tierra.
    Dejando atrás heridos y pendones
    Huye el moro cobarde que se aterra;
    Y no se cuenta fuerte ni seguro
    Hasta que logra repasar el muro.

    Nobles guerreros de la pátria mía:
    Al viento dad los himnos de victoria;
    Venció la Fé, que vuestros pasos guía;
    Vuestro es el triunfo yá, vuestra la gloria.
    Vuestro acero humilló la altanería
    Del árabe procaz que era ilusoria;
    Ya, por tantos reveses combatida.
    Abre sus puertas la ciudad vencida. 

    ¡Bendigamos á Dios: estaba escrito!
    Dios solo es vencendor, él es el fuerte:
    Su omnímodo poder es infinito;
    Él los desastres y los triunfos vierte.
    El premia la virtud y hunde el delito,
    El alienta la vida y dá la muerte;
    El puede, en sus altísimos misterios
    Alzar reinados y abatir imperios.

    Ya sobre los altivos torreones
    Flota al viento la enseña de Castilla:
    Al verla los cansados campeones
    Doblan con entusiasmo la rodilla.
    La Iglesia canta, rugen los cañones,
    Y al acercarse á la anhelada orilla
    Meciéndose al impulso de las olas
    La saludan las naves españolas.

    ¡Cayó Málaga! ¡Ay de los vencidos!
    ¡Ay! de la raza de Mahomet cuitada!
    Ya de sus baluartes más queridos
    Solo les resta la gentil Granada.
    Pronto nuestros monarcas aguerridos
    Llevando allí su hueste denodada,
    Pondrán la enseña de la cruz divina
    Sobre la hermosa Alhambra granadina. 

    ¡Cantemos al Señor! suya es la empresa:
    El, armando potente nuestro brazo;
    Libró á la pátria que lloraba opresa
    Para tornarla de su Fé al regazo,
    Por él triunfó la religión ilesa
    Uniendo á España en cariñoso abrazo:
    Unos serán los pueblos y los Reyes,
    Una la religión, unas las leyes.

    ¡Cantemos al Señor! Su exelsa mano
    Dió el supremo laurel de la victoria
    A los héroes del trono castellano,
    Flor de Reyes, asombro de la Historia
    ¡Claros monarcas del honor hispano:
    Dormid en paz el sueño de la gloria;
    Que, ébria de orgullo, grande, ennoblecida.
    Os bendice la pátria agradecida!

    FIN 








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    Bernardo López García 

    (Jaén, 11 de noviembre de 1838 - Madrid, 15 de noviembre de 1870), poeta español.



    Fue el segundo de seis hermanos en una familia dedicada al comercio. Inició sus estudios en el Instituto de la calle Compañía de Jaén (actual edificio del Conservatorio de Música), pero en 1850 se trasladó a Granada e ingresó en el Colegio de San Bartolomé y Santiago para proseguir con el bachillerato y la carrera de Derecho; no hay datos sin embargo que confirmen que terminó el bachillerato o inició la carrera. Publicó sus primeros trabajos en Recreo de la Juventud (1857) de Jaén y a finales de 1858 se encuentra en Madrid, donde publica su oda "Asia" en el periódico republicano La Discusión (1859), así como la oda "Europa y Siria" en La América (1860). Pasa sin embargo desapercibido hasta que en 1866 publicó en El Eco del País, donde era redactor, su celebérrima oda patriótica "El dos de mayo", que obtuvo tan formidable éxito, difusión y popularidad que desde entonces Bernardo López García fue conocido como "El cantor del Dos de Mayo", oscureciéndose injustamente toda su obra anterior y posterior, llegando a ser proverbial el recitado de su primera estrofa:


    Oigo, patria, tu aflicción
    y escucho el triste concierto
    que forman, tocando a muerto,
    la campana y el cañón...

    Antimonárquico y de tendencias revolucionarias, participó en los sucesos de Loja, lo que le valió ser apartado del Romancero de Jaén que se preparó con motivo de la visita de Isabel II. No perdió contacto con Jaén, donde a primeros de 1860 mantuvo relaciones amorosas con Patrocinio Padilla, joven jiennense, con la que tiene una hija, María de la Aurora. En 1861 pronunció su Discurso sobre la poesía en la Real Sociedad de Amigos del País de Jaén. En 1865 se casa con Patrocinio, que fallece tres años más tarde. Meses después Bernardo se enamora apasionadamente de Concha López, hija de su amigo y editor el impresor Francisco López, que se opuso frontalmente al casamiento por la indigencia del pretendiente. En 1867 publicó en Jaén a su costa la primera edición de sus Poesías, que apenas se vendió; la miseria y las privaciones arruinan su salud. A mediados de 1868 marchará a Madrid pero su activismo político le lleva a desplazarse por tierras andaluzas, particularmente por las provincias de Jaén, Córdoba y Sevilla. Y fallece en Madrid el 15 de noviembre de 1870.

    La segunda edición, póstuma, apareció en 1880 con diez poesías más; la tercera, de 1908, es prácticamente una reedición de la segunda. Al frente de las tres ediciones figura un prólogo de su amigo, el poeta coterráneo suyo Juan Antonio Viedma, donde la amistad prevalece sobre la imparcialidad crítica e incluso el rigor biográfico. Juan Jiménez Fernández ha reunido catorce poemas más, extraídos de publicaciones periódicas y antologías. Los restos del poeta jiennense fueron trasladados a su ciudad natal en 1899 tras largos e infructuosos intentos previos que chocaron con tibiezas, rechazos e incomprensiones según las circunstancias políticas del momento. Fue el general Primo de Rivera quien organizó un homenaje nacional a su memoria.

    Obras

    Poesías, Jaén, 1867, 1880, 1908.
    "Quien nace en un alcázar...", en Obsequios poéticos a la Virgen de la Capìlla, 1860.

    Bibliografía

    Juan Jiménez Fernández (1988). Instituto de Estudios Giennenses. ed. Bernardo López y su obra poética. Jaén.
    Felipe Molina Verdejo (1959). Instituto de Estudios Giennenses. ed. JAÉN EN LA POESÍA DE BERNARDO LÓPEZ GARCÍA. Nº. 20. Jaén. pp. 9-16. ISSN 0561-3590. Consultado el 28 de septiembre de 2010.
    Alfonso Sancho Sáez, María Isabel Sancho Rodríguez (1991). Diputación Provincial. ed. Poesía giennense del Siglo XIX. Jaén.
    Manuel María Morales Cuesta (1997). Viejos Poetas Giennenses. Jaén: Jabacuz. ISBN 84-922496-1-7. Consultado el 28 de septiembre de 2010.


    Libertad

    ODA

    Sagrada libertad; a tus altares 
    llega el cantor; su fatigada frente 
    tímida no ambiciona 

    el sagrado laurel resplandeciente 
    que del genio feliz la sien corona:
    a ti van mis cantares 
    siguiendo su destino 
    como rueda el torrente hacia los mares: 
    pues fiel a ti, sin que el poder me asombre, 
    bendigo a Dios al bendecir tu nombre.
    Sagrada libertad, tuyo es mi canto; 
    feliz mi pensamiento, te adoraba 
    aun antes de nacer; que el alma mía 
    libre ya se llamaba 
    cuando del cielo al mundo descendía:
    llegué a la tierra, al borde de mi cuna 
    tronó el cañón; la sangre de tus hijos 
    desde la guerra salpicó mi frente; 
    y al despotismo fiero 
    levantarse hacia ti, como la nube 
    se levanta hacia Dios, y arrebatado 
    lloré, porque aprendí trémulo al verte 
    en medio de la guerra, 
    que tu amor en la tierra 
    se paga con sepulcros a la muerte.
    Hombre después, los anhelantes ojos 
    volví al pasado, y te miré dormida 
    de la nada en el seno, 
    esperando el momento de la vida. 
    Te vi elevarte al SEA,
    padre de la creación; te vi con brío 
    revolverte en la idea 
    que llenaba de mundos el vacío; 
    te vi con raudo vuelo 
    cruzar los montes, agitar los mares,
    cabalgar en los soles, 
    que rodaban hirvientes por el cielo; 
    te vi sobre la ola 
    levantarte y flotar, besar la nube, 
    y en raudo torbellino 
    cruzar por el espacio, 
    do la creación al tiempo aparecía, 
    dejando con amor santo y fecundo, 
    un beso en cada mundo 
    que del aliento del Creador nacía.
    Después abrí la historia; vi a los siglos 
    cuan inmensos gigantes, 
    dejar sus tumbas, agitar sus mantos 
    y volver a la vida; ante mis ojos 
    libres aparecieron 
    las mil generaciones 
    que las olas del tiempo sumergieron; 
    vi razas y ciudades 
    aparecer, pasar; miré al pecado 
    sobre el trono del mundo, y a los hombres
    sin conciencia de Dios, y escuché el grito 
    del ángel que lloraba, 
    al ver con duelo eterno 
    fija en la frente de la raza esclava 
    la sombra del infierno.
    Volví a mirar, y con dolor y espanto 
    vi a la nube crecer, rugir el viento 
    al soplo de la cólera divina; 
    miré alzarse la ola en son de guerra 
    sobre el borde del mar; la vi lanzarse
    con la muerte en el seno 
    rugiendo de furor sobre la tierra: 
    vi la última figura 
    sobre el último monte maldiciendo; 
    y el agua se elevaba
    en remolinos rápidos hirviendo, 
    y al fin llegó; con cántico profundo 
    se extendió en el vacío; 
    a los ojos del sol se borró el mundo, 
    y aún la muerte buscaba,
    y aún el terrible mar, ronco y bravío 
    por cima de los montes se empujaba. 
    Y vi después en el espacio errante 
    al silencio vagar; miré a las sombras 
    irse extendiendo en pabellón flotante;
    vi la luna cual lámpara sombría, 
    dejar vagos reflejos 
    sobre los velos de la noche umbría, 
    y a su rayo de luz descolorido 
    miré al ángel llorando,
    y al supremo Jehová triste mirando 
    el cadáver del mundo sumergido. 
    Después la luz del día 
    trémula apareció; nave valiente 
    agitaba su vela 
    sobre el Ponto magnífico y rugiente; 
    el árbol de la vida 
    volaba allí llevando la esperanza 
    sobre el mástil tendida; 
    y allí te vi flotar sobre las olas,
    como una aparición de dulce nombre 
    que llevaba en su vuelo 
    la bendición del cielo 
    al nuevo mundo que esperaba al hombre. 
    Volvió a nacer la historia; vi a los pueblos 
    sin conciencia de sí; razas feroces 
    sobre la faz del mundo se empujaban; 
    el grito de la guerra 
    ocupaba el espacio; un mar de sangre 
    levantaba su faz sobre la tierra;
    la barca funeral del despotismo, 
    agobiada de crímenes, flotaba 
    sobre el sangriento mar; el sacerdote 
    con la frente sombría, 
    en la sangre inocente
    empapaba su manto; torpe y fría, 
    la plebe ante sus pies se prosternaba 
    sin comprender en su delirio ciego 
    aquella religión hija del fuego 
    que en sangre como el tigre se bañaba.
    Vi al esclavo infeliz dejar la cuna, 
    y con frente serena 
    tender al viento las impuras manos 
    buscando una cadena; 
    lo vi sin pensamiento
    agitarse y temblar al pie del trono 
    del iracundo déspota al aliento, 
    y comprendí sin calma 
    ante aquel cuadro de dolor y guerra, 
    que el esclavo es la tumba de su alma,
    y el negro despotismo 
    la maldición de Dios sobre la tierra. 
    Y percibí tu acento 
    ¡Hijos!... diciendo con amor doliente... 
    y vi al mundo agitado
    seguir en su cadena indiferente 
    al duro pie del despotismo atado: 
    y la guerra seguía; 
    y las razas impuras atizaban 
    el fuego vil que sobre el ara ardía;
    y pueblos y naciones 
    rodaban entre lágrimas y llanto: 
    las tumbas se apiñaban; 
    la muerte y el espanto 
    sobre el mundo sangriento cabalgaban;
    y nadie a tus acentos respondía, 
    ni escuchaba la voz de tu cariño, 
    porque era el mundo niño, 
    y a su madre infeliz no conocía... 
    Y vinieron más siglos; en las tumbas
    en ceniza quedaron 
    las míseras naciones; de tu lumbre 
    los rayos reflejaron 
    en la frente del hombre; alzó los ojos, 
    y con ardiente anhelo
    al fin te divisó radiante y pura, 
    brindando al mundo con tu amor un cielo. 
    Y rodaron coronas 
    de libertad al sacrosanto grito; 
    y el déspota iracundo
    por el Señor maldito 
    alzó sobre tu altar su brazo fiero, 
    sin comprender en su brutal violencia 
    que para herir tu nombre 
    es necesario arrebatar al hombre
    en pedazos del alma la conciencia. 
    Mas tu nombre brilló; Grecia gigante, 
    lo fijó en su bandera; al Ganges frío 
    y al Nilo turbulento 
    llegó tu luz sagrada; el sacerdote
    dejó el hacha terrible 
    sobre el impuro altar, y oyó espantado 
    los ayes que brotaban 
    al herirse los mundos que chocaban. 
    Y se alzaron los déspotas sombríos
    otra vez contra ti; tu aliento puro 
    se refugió llorando 
    en el mundo del arte 
    que en las alas del genio se iba alzando, 
    y hasta allí el despotismo
    llegó con el puñal; pero fue en vano; 
    que el brazo de Dios mismo 
    se lo arrancó sangriento de la mano. 
    Aquel tu mundo fue; tu lumbre pura 
    dio brillo a las creaciones
    del artista inmortal; bañó los muros 
    del alto Partenón; tiñó en su lumbre 
    la frente del poeta 
    que cantaba los cielos y los mares, 
    osando arrebatar con mano inquieta
    el fuego criminal de los altares. 
    A tu divino aliento 
    la roca endurecida 
    calló sobre los pórticos de Atenas, 
    guardando un pensamiento;
    el genio alzó sus alas: 
    Píndaro hirió el laúd; agitó Apeles  
    su mágico pincel; Fidias divino 
    envolvió sus creaciones 
    en montes de laureles,
    y Homero arrebatado 
    por el hirviente carro de la gloria 
    a tu carro magnífico enlazado, 
    cantó libre y profundo 
    con el arpa de Dios trovas al mundo.
    Después Grecia cayó; blanca paloma, 
    tu genio peregrino 
    llevó el arma del arte 
    a los muros magníficos de Roma; 
    tu nombre se fijó en el estandarte
    del pueblo Rey; al rayo de tu frente 
    dilató sus banderas, 
    imponiendo su ley a las esferas. 
    Y vinieron más reyes; 
    y la guerra extendió su brazo impío 
    por montes y por mares; 
    creció en el trono el despotismo frío 
    arrancando las hojas de tus leyes; 
    vi grupos de tiranos 
    estremecer la tierra
    al ronco son de guerra; 
    vi al pueblo rey crecer sobre las tumbas 
    de los pueblos vencidos; lo vi grande 
    soñar tras sus victorias, 
    más esclavos, más tronos y más glorias;
    y en vano te busqué: despedazada 
    por las ruedas veloces 
    del carro de los déspotas, apenas 
    respondiste a mis voces 
    con el doliente son de tus cadenas.

    .........................

    ¡Cuántos, sagrada libertad, murieron 
    víctimas de tu amor; cuántos sepulcros 
    a tus plantas se abrieron!... 
    Por ti el héroe espartano 
    asombra al persa al levantar su tumba 
    por muro entre la patria y el tirano. 
    Por ti con arrogancia 
    en ceniza y en humo se convierten 
    los hijos de Numancia. 
    Por ti eleva Sagunto sus hogueras
    hasta el trono del sol, dando en su gloria 
    orgullo a las esferas, 
    mártires al Señor, luz a la historia. 
    Por ti trémulo Bruto 
    levanta sobre el trono del guerrero
    la muerte en el puñal; por ti valiente 
    el indómito ibero, 
    en el cántabro mar sepulta impío 
    de Roma la gigante el poderío. 
    Por ti el mártir cristiano
    del circo en la ancha arena 
    bendice a Dios, entre el rumor salvaje 
    del tigre y de la hiena. 
    Por ti ruedan los Gracos 
    al pie del Capitolio; por ti nacen
    para eterno blasón de las naciones, 
    Pompeyos y Espartacos, 
    Pelayos, Viriatos y Catones: 
    y por ti con amor cuan grande fuerte 
    Jesús desciende, se transforma en hombre,
    y con sangre divina escribe un nombre 
    en el libro terrible de la muerte. 

    .........................

    ¿Y ha de ser siempre así? ¿Será el martirio 
    la corona del libre? ¿Acaso el mundo 
    es el hacha terrible de la idea? 
    ¿No es bastante la cruz, para que el río 
    que entre espumas de sangre va profundo 
    al insondable mar, ceda en su brío? 
    ¿Será acaso la negra tiranía 
    el fruto de la tierra? ¿Será en vano
    ese rojo Océano 
    que devora un sepulcro cada día? 
    No: lo dice Jesús; de polo a polo, 
    la humanidad entera 
    debe ser sobre el mundo un hombre solo.
    ¿Lo escuchasteis, tiranos?... 
    Lo manda Dios; el cetro de la tierra 
    por momentos se escapa a vuestras manos. 
    En vano las cadenas 
    apretáis con furor; el pensamiento
    rebosa en el espacio; él está escrito 
    en el seno profundo de los mares; 
    en el sol, en el viento, 
    en la cruz, en la tumba, en los altares. 
    Él ocupa la gloria
    bajo el manto del mártir; reverbera 
    en el libro gigante de la historia: 
    él flota en la bandera 
    del libre porvenir; llena el vacío, 
    y se dilata con pujante vuelo,
    desde el hombre hasta Dios, del mundo al cielo. 
    Es la nube gigante 
    que recibió en sus alas 
    el llanto funeral de las naciones, 
    y que al romper su seno
    levantará las olas poderosas 
    de cien y de otras cien revoluciones; 
    es la luz, es el aura, es el ambiente, 
    es el eco de Dios, que doquier zumba, 
    levantando clemente, 
    nuevo Lázaro, el mundo de su tumba. 

    .........................

    Pasad, pasad; en vano 
    lucháis sobre el sepulcro; de la arena 
    en breve rodará el último grano, 
    y llegará ese día, 
    que el bueno espera, y que os arranca asombros, 
    en que todos los libres a porfía 
    al levantarse a Dios, del mundo en hombros, 
    dirán llorando: «A ti te lo debemos; 
    bendito siempre tu poder profundo;
    libre, sin guerra ni ambición el mundo, 
    por pedestal, Señor, te lo ofrecemos.» 



    ¡Stabat mater!

    I

    ¡Pobre Madre! está llorando 
    al pie del santo madero; 
    el pueblo murmura fiero, 
    por la montaña girando, 
    y la luz muere en la sombra; 
    y el nublado se agiganta, 
    y la creación llora y canta 
    con voz que aturde y asombra. 
    ¡Pobre Madre!... ante los sones 
    de sus dolientes afanes,
    alzan truenos y volcanes 
    sus más terribles canciones. 
    Y el ángel llora... y se arredra, 
    rugen los mares inquietos, 
    y se alzan los esqueletos 
    sobre sus tumbas de piedra. 
    Porque es tan hondo el pesar 
    de la Madre del amor, 
    que llora el mismo dolor 
    al contemplarla llorar!


    II

    Ella vio al hijo nacer 
    su esperanza realizando; 
    ella le durmió cantando 
    las endechas del placer, 
    ella, con ansia divina 
    dejó sus plácidos lares; 
    cruzó de Judá los mares, 
    las cumbres de Palestina; 
    y siempre del Hijo en pos 
    le siguió amante y serena,
    ¡como sigue el alma buena 
    la sombra santa de Dios!... 
    Hoy... pobre Madre... lo mira 
    sobre el Gólgota sangriento, 
    suspiros lanzando al viento
    que en torno del árbol gira. 
    Lo mira triste, llorando 
    por el pueblo su asesino; 
    oye su acento divino 
    ¡perdón!... ¡perdón!... murmurando.
    Ve sus sienes desgarradas 
    por las espinas crueles; 
    ve marcados los cordeles 
    en sus manos venerandas: 
    y si oye de su ansia en pos,
    del pueblo el acento fijo, 
    ve... ¡que le matan al Hijo 
    por el crimen de ser Dios!... 


    III

    Pura... mística azucena 
    del desierto de la vida;
    lámpara siempre encendida 
    para templar nuestra pena: 
    ¡celeste y eterno lirio 
    por los ángeles cuidado; 
    puro clavel perfumado
    Yo vengo, Madre, a besar 
    las estrellas de tu manto: 
    vengo a regar con mi llanto 
    los mármoles del altar: 
    yo padezco a tu dolor; 
    lloro al mirar tu agonía; 
    yo tengo por ti, María, 
    rico manantial de amor. 

    .........................

    Del relámpago a la luz
    que la tormenta anunciaba, 
    yo vi a Dios que vacilaba 
    bajo el peso de la cruz. 
    Lo vi triste ante el desdén 
    del pueblo vil y asesino;
    lo vi con llanto divino 
    llorar por Jerusalén. 
    Vi su cabeza sangrienta 
    tocar en la dura roca; 
    vi un insulto en cada boca,
    y en cada grupo una afrenta. 
    Y al verte a su lado ir 
    dije con llanto de amor:
    ¡pobre Madre del dolor, 
    cuánto deberá sufrir...!


    IV

    Pueblo... con llanto profundo 
    ve a contemplar su agonía; 
    hoy es la fecha, es el día 
    de la redención del mundo. 
    Do quiera se oye el concierto
    de la más honda tristeza; 
    hasta la naturaleza 
    parece que toca a muerto. 
    El templo, todo es dolor; 
    negra el ara, poca luz;
    sobre el sacro altar, la Cruz 
    sosteniendo al Redentor. 
    Al pie de la Cruz, María... 
    cerca, el sacerdote implora; 
    allá en las tinieblas, llora
    el órgano una armonía. 
    De las campanas el son 
    no se mezcla en el lamento, 
    por no turbar en el viento 
    los ecos de la oración;
    y la luz que ante el altar, 
    mal a la sombra resiste, 
    está tan triste... tan triste, 
    que no se atreve a alumbrar...! 
    Todo es llanto, y es dolor; 
    mujeres, niños, ancianos, 
    venid, venid de las manos 
    a llorar al Redentor...! 
    Venid ante el que se inmola 
    por calmar vuestra alegría; 
    venid a ver a María 
    que está sollozando, y sola...! 
    Llegad de vuestros hogares 
    con ofrenda a sus dolores; 
    dejad los campos sin flores
    para adornar sus altares, 
    y no deis al corazón 
    hoy consuelo a su quebranto, 
    porque será vuestro llanto 
    la segunda Redención...! 



    El día de difuntos

    CANTO

    I

    Silencio... las campanas... 
    ¡Ay del hombre mortal! ¡ay del doliente! 
    de la noche en el seno 
    sin pena dormirá sueño tirano, 
    y su entusiasmo ardiente,  
    como lienzo fecundo 
    que borra el tiempo con impura mano, 
    se borrará del mundo... 
    ¡Ah! en el solemne día 
    en que los muertos abren sus ciudades 
    vacila la razón: ¡sombras humanas! 
    ¡ilusión del placer! ¡santo delirio 
    de un amor inmortal...! ¡glorias del arte! 
    volad lejos de aquí... todo termina 
    al borde del sepulcro; loco empeño 
    formará de la vida la quimera, 
    por dejar una flor, una siquiera, 
    sobre la leve realidad de un sueño. 
    Mentira es el placer; mentira el fuerte 
    alto destino de la gloria humana; 
    mentira la ilusión; ¡verdad la muerte!... 

    .........................

    ¡Torpe dolor!... ¡estéril amargura! 
    ¿por qué prensar al corazón que llora 
    del hombre la continua desventura? 
    Sorda la tierra al ruego, 
    mata la forma; despedaza fiera 
    la belleza del mundo sin sosiego: 
    agentes de su cólera indomable 
    son las materias que en tropel inmundo 
    la cruzan por do quier; su boca impura, 
    las tumbas nobles, míseras o extrañas, 
    que amenazando al ánima oprimida, 
    esperan los escombros de la vida 
    para nutrir con ellos sus entrañas: 
    el labio delicado; 
    la azul pupila inquieta; 
    el pecho de la hermosa, altar sagrado 
    donde ofició el amor; la del poeta 
    libre cabeza que con noble anhelo 
    sintió latir la inspiración gloriosa, 
    y se alzó poderosa, 
    Colón del arte a descubrir el cielo, 
    todo termina aquí. La madre tierra, 
    ¡ay! es la sola madre 
    sin entrañas de amor; en vano un día 
    la cubrirá la primavera ufana 
    de flores y armonía; 
    en vano sus verdores 
    dará a los prados, a las huertas frutos, 
    purísimos colores 
    al pálido rosal; en vano, en vano, 
    dará gentil rumor a la corriente 
    y aroma y luz al céfiro liviano: 
    al pie de esa belleza, 
    vive la destrucción. Sordo usurero, 
    la tierra mata si a vivir empieza; 
    asienta en los despojos 
    su esfuerzo colosal; traga, devora, 
    y cuando altiva en su poder se engríe, 
    hipócrita y traidora,  
    ¡con jugo de sus víctimas sonríe!... 
    Y la muerte también... ¿Quién ha parado 
    su carrera triunfal? Sobre ruinas 
    la ve el presente y la miró el pasado, 
    el inútil dolor no la contiene; 
    atleta destructor, fiel mensajero 
    con porte a las orillas del profundo, 
    continuamente se retira o viene, 
    secos sus ojos al dolor del mundo... 
    En lucha con la vida 
    trabaja sin cesar; el universo 
    es su circo gigante; espectadores 
    de sus rudas hazañas, 
    los que esperan morir: ¡madres! ¡hermanos! 
    no busquéis la piedad en sus entrañas, 
    ni tendáis a sus huesos vuestras manos; 
    esqueleto fatal, forma sin vida, 
    no escucha vuestra mísera tarea; 
    y si llora la madre al hijo bueno, 
    arrancando el cadáver de su seno, 
    el charco de sus lágrimas vadea...! 


    II

    Mas, ¿por qué ese dolor? En otros días, 
    cuando el viento oreaba 
    la sangre de Jesús; cuando el Calvario 
    recordando divinas agonías 
    bajo la sombra de la Cruz temblaba, 
    yo vi al circo romano, 
    arcada colosal, timbre del arte, 
    vacilar en su altiva pesadumbre 
    al peso impuro del furor pagano:  
    miré a la muchedumbre 
    ebria de sangre; percibí en la altura 
    bajo el arco del César, al soberbio 
    Pontífice y señor, símbolo vivo 
    de aquel pueblo sin fe; lo vi arrogante 
    sobre varas de lictores altivo 
    despreciar a las turbas, y opulento 
    tender el cetro que aun el orbe doma, 
    sobre el circo sangriento 
    de la materia altar, templo de Roma,  
    patíbulo brutal del pensamiento. 
    Vi a la señal terrible 
    la arena retemblar; miré la puerta 
    moverse, vacilar, girar incierta, 
    y percibí espantado  
    la bárbara armonía 
    que en el espacio ardiente se enlazaba, 
    del tigre que a las turbas saludaba, 
    y del pueblo que al tigre respondía. 
    Y... allí, sola, en el seno 
    de la plebe romana; 
    alta la frente, el corazón sereno; 
    la túnica cristiana 
    sobre el hombro robusto, y en los brazos 
    la imagen de Jesús, noble y tranquila, 
    miré a la Fe: su santa cabellera 
    flotaba el aire vagorosa y pura 
    cual si el ala del ángel la moviera; 
    asidos a su blanca vestidura 
    los mártires cristianos, 
    ¡Salem! gritaban en pujante coro, 
    esperando el dulcísimo tesoro 
    con la oliva de amor entre las manos: 
    y las turbas hirvientes 
    cantaban y rugían; 
    y Nerón, ostentando la corona 
    de PONTÍFICE y DIOS, la alta cabeza 
    levantaba en el circo; y vacilaba 
    la columnata ruda 
    del vasto coliseo 
    al continuo aplaudir; y en tanto humilde, 
    excitando del pueblo el ansia fiera, 
    la Virgen del Señor se arrodillaba, 
    se enclavaba en la cruz con alma entera, 
    y su pecho divino, 
    que la fiera mordía, 
    palpitaba de amor, moviendo el lino 
    que sus formas castísimas cubría... 
    ¡Cuadro consolador! ¡lienzo sublime! 
    Detén, fantasma impío  
    de la duda fatal tu voz potente: 
    ya el espíritu gime 
    con tranquilo dolor, y el alma inquieta, 
    rompiendo la terrena vestidura, 
    se alza a Jesús con incansable vuelo; 
    desgarra la materia, al dolor doma, 
    y arrollando a Palmira y a Sodoma, 
    torna a Jerusalén, remonta el cielo. 
    La fe vuelve a lucir; su luz me ayuda. 
    ¡Vírgenes del Señor...! ¡santos atletas, 
    columnas de la Cruz...! ¡dulces cantores... 
    indómitos profetas 
    cuyos plectros de oro 
    templó en sus manos Dios...! ¡legisladores 
    que disteis vuestras leyes 
    al pueblo ungido que cruzó el desierto 
    nutriendo con ilotas y con Reyes 
    la estirpe de David...! ¡Arpas sonoras 
    de Daniel e Isaías...! 
    ¡Mártires sobrehumanos 
    que hicisteis, agitando las enseñas 
    de destinos fecundos, 
    rodar los muros, palpitar las peñas, 
    temblar las aras y oscilar los mundos...! 
    ¡sustentar ya mi fe!... ¡Que yo la mire 
    romper en las conciencias 
    de la duda los bárbaros altares, 
    y asentar en fortísimos pilares 
    la santa catedral de las creencias! 
    ¡que mi espíritu ciego 
    en claridad gloriosa se ilumine! 
    ¡Que vacile la sombra al claro fuego, 
    timbre de la verdad! ¡Que monte y río 
    deponga su grandeza 
    del amor al inmenso poderío! 
    ¡Que la luz inmortal deje su rayo 
    sobre la niebla inerte! 
    ¡Que la divina idea 
    domine al universo! ¡Que la muerte, 
    Tabor glorioso de los hombres sea!


    III

    ¿Qué es la materia ya? Con fe y sin pena 
    la destrucción admiro; 
    pasto seré de su brutal faena, 
    ¡y por morir suspiro...! 
    Ni espigas ni colores 
    nutrirá con mi fe; de mi amor santo, 
    no brotarán ni líquenes ni flores. 
    Altivo en mi poder, ya la contemplo 
    romper la forma con augusta calma; 
    ¡el sepulcro, es el templo
    de donde nace el alma...! 
    ¿Y la muerte, qué es ya? ¡Madre amorosa, 
    arca de libertad; fiel peregrino 
    de la Canaán dichosa, 
    donde la vid purísima, cargada  
    de racimos de amor, mece su tallo 
    de Dios enamorada; 
    mensajero del bien; pórtico augusto 
    de la eterna región; titán sombrío 
    de atlético poder, que audaz vadea 
    el piélago insondable 
    que hay entre Dios y el hombre; dulce aurora 
    de paz y de alegría; 
    límite del dolor que nos devora; 
    mañana del saber; puerta del día! 

    .........................

    Pequeño el mundo, dilatado el cielo, 
    infinito el amor que tras la tumba 
    sube al Eterno con potente vuelo, 
    la muerte no es verdad; en otras horas 
    sus fúnebres regiones 
    decoraba el dolor; la negra duda 
    cruzaba sin piedad los panteones, 
    y con falaz violencia 
    las lágrimas del mundo 
    rebosando sin dique en la conciencia, 
    ocultaban a Dios. Mas desde el día 
    en que la cruz triunfal, sobre los hombros 
    de la colina agreste alzó sus brazos 
    por montes y por mares, 
    trasformando en pirámides de escombros [
    los ídolos de Roma y sus altares, 
    el dolor tiene fin; la tumba es foco 
    de claridad divina: Dios al yugo 
    de la muerte cedió; sufrió su imperio, 
    la aceptó por verdugo; 
    mas al alzarse del Eterno y Fuerte 
    sobre el cadáver santo, 
    para consuelo del amor y el llanto, 
    ¡enclavada en la Cruz murió la muerte...! 


    IV

    Dejad que las campanas 
    repitan su canción: ¡niños, ancianos, 
    huérfanos sin hogar, madres dolientes, 
    que del dolor en las terribles sañas 
    con lágrimas sin fin lloráis al hijo 
    que tuvo por altar vuestras entrañas... 
    ¡empezad la oración!... ¡ese sonoro 
    rumor triste de bronce; esa armonía, 
    forma sentida del mundano lloro; 
    ese gemido que el espacio llena 
    y a Dios el eco que los mundos lanza, 
    no es acento de duda o de rencores, 
    que si llora en su voz nuestros dolores, 
    acompaña también nuestra esperanza...!  



    Arte

    Arte, palabra divina 
    que gloria al talento augura; 
    plácida luz que fulgura 
    sobre una santa colina; 
    pura fuente cristalina; 5 
    águila de eterno vuelo; 
    ángel que canta en el suelo 
    melancólicos amores, 
    brindando al talento flores 
    de los jardines del cielo. 

    Por él, titán soberano 
    Miguel Ángel se agiganta, 
    y hasta los cielos levanta 
    la cruz del templo cristiano; 
    por él, arranca Ticiano 
    al cielo su luz hirviente, 
    y por él, Osián potente, 
    dando formas a la idea 
    como Dios, al gritar SEA 
    lanza un mundo de su frente. 

    Por él, el gran Cicerón, 
    águila de la elocuencia, 
    sube al templo de la ciencia 
    escalón por escalón: 
    por él, con mística unción 
    canta David sus creaciones; 
    y por ceñir sus blasones 
    le dan a su gloria fieles, 
    Cano y Van Dijk, sus pinceles; 
    Lope y Dante sus canciones. 

    Por él, el genio sediento 
    que eternos templos se labra, 
    da seres a la palabra 
    y a las rocas pensamiento; 
    ante su potente aliento, 
    la tierra cede sin tino; 
    pues el mar, el torbellino, 
    la luz, el monte, la aurora, 
    son una creación sonora 
    que hizo un Artista Divino. 

    Por él, la mente se agita; 
    por él, vive la esperanza; 
    por él, la dicha se alcanza; 
    por él, la conciencia grita; 
    su luz es siempre bendita, 
    y su poder tan profundo, 
    que un rey, Felipe segundo, 
    porque el Orbe no le viera, 
    arrojó el arte de Herrera 
    entre su tumba y el mundo. 

    A los ecos de su nombre 
    que aromas de gloria lleva, 
    el hombre hasta Dios se eleva, 
    y Dios desciende hasta el hombre; 
    a nadie su altura asombre  
    teniendo fuerza y aliento, 
    pues a ese alcázar que el viento 
    arrulla sobre alto muro, 
    se llega con pie seguro 
    por la escala del talento. 

    Genio que a la altiva cumbre 
    te vas alzando valiente, 
    ansiando ceñir tu frente 
    con un rayo de su lumbre; 
    sigue... y si en la muchedumbre 
    protesta algún ser artero 
    contra el arte que venero, 
    dile con desdén profundo, 
    que es la primera obra, el mundo, 
    Dios, el artista primero. 



    Napoleón y los héroes del 2 de mayo


    SONETO

    Ellos murieron con la frente erguida; 
    también la tumba devoró al coloso 
    que humilló con su brazo poderoso 
    la cabeza de Europa enardecida. 

    Ellos cedieron con afán su vida 
    por el patrio blasón, noble y hermoso; 
    él, por regir con cetro belicoso 
    segundo Dios la humanidad vencida. 

    Una corona altiva y esplendente, 
    del tercer Bonaparte el culto abona  
    regia brillando en su blasón potente; 

    de ellos la tumba la virtud pregona; 
    ¡héroes... dormid en paz...! para el que siente, 
    vuestra tumba es mejor que su corona...!  


    El poema de la vida

    I

    En brazos de la inocencia 
    cruzando voy candoroso 
    ese crepúsculo hermoso 
    preludio de la existencia. 
    Del valle la flor galana 
    me da sus limpios colores; 
    el bosque sus ruiseñores, 
    y sus tintas la mañana: 
    y el astro consolador 
    que al mundo su luz envía, 
    me manda al nacer el día 
    la sonrisa del Señor. 
    Mi madre en dulce ansiedad 
    sencilla, pura y amante, 
    tras la bóveda gigante 
    me muestra la eternidad: 
    y escuchando su lección 
    lleno de dulce embeleso, 
    entre el murmullo de un beso 
    recibo su religión. 


    II

    Ya llegó la juventud, 
    y el alma a sus resplandores 
    se duerme en otros amores 
    con dulcísima inquietud. 
    Mi adorada frenesí 
    en la esperanza se agita; 
    mundana gloria me grita 
    ¡qué es el mundo para mí! 
    Y en mi ardiente corazón 
    que se consume anhelando,  
    gigante se va elevando 
    la hoguera de la ambición. 
    Cuanto miro, todo es mío; 
    la mar, la arboleda, el monte, 
    la nube y el horizonte 
    que se duerme en el vacío; 
    porque en su albor matinal 
    el alma ardiente ambiciona, 
    tener al sol por corona, 
    y al mundo por pedestal. 


    III

    El sueño de mi ilusión 
    la realidad lo ha deshecho; 
    apenas hallo en el pecho 
    cenizas del corazón. 
    La mujer que tanto amé, 
    mató mi esperanza hermosa: 
    al pie de una misma losa 
    están mi madre, y mi fe; 
    tuve un hijo... y me olvidó; 
    la gloria mató mi encanto; 
    me arrojé en brazos del llanto 
    ¡y hasta el llanto me dejó!... 
    Y corro sin ver jamás 
    el consuelo en lontananza; 
    porque sé que la esperanza  
    ¡es una mentira más! 
    Toda ventura se aleja 
    por el árido desierto; 
    ¡la humanidad es un muerto, 
    que en su sepulcro se queja!  


    IV

    En la triste senectud 
    penetro con paso fijo, 
    en la mano el crucifijo 
    y a los pies el ataúd. 
    La fe me vuelve a alumbrar 
    en mi lóbrega carrera; 
    ¡DIOS! murmura la pradera; 
    ¡DIOS! el cielo; ¡DIOS! el mar. 
    Y de la esperanza en pos 
    corro al sepulcro llorando, 
    porque en él me está esperando 
    la sombra santa de Dios. 
    Del ánima dolorida 
    ya se acabó el desconsuelo; 
    sobre la tumba, está el cielo 
    que es más grande que la vida.  



    Polonia

    ODA

    ¿De quién es? ¿De quién es esa corona 
    que en la orilla del Vístula sangriento 
    rota se ve? ¿De quién esos gemidos 
    que lleva el ronco viento 
    por la inmensa región? ¿De quién la lira,  
    que entre secos manojos de laureles 
    ni canta, ni suspira? 

    .........................

    Un pueblo fue lo que se ve en escombros; 
    del fondo sepulcral de esas ruinas 
    eterna maldición sobre la tierra,  
    gritos de amor y libertad brotaron; 
    y salieron cantores; 
    y el aura de la paz, besó las flores 
    que las hoces del déspota segaron. 
    Un pueblo fue; Polonia se llamaba...; 
    en venturosos días, 
    con la fuerza del simoun arrojaba 
    sus tercios a vencer; ellos hollaron 
    de Tiro las ruinas 
    que palacios y templos coronaron; 
    el turbio Niemen apartó sus olas 
    para verlos marchar; en los jardines 
    de la Persia abrasada, 
    desplegaron sus blancas banderolas 
    al grito de la lid arrebatada; 
    del Éufrates y el Nilo turbulentos, 
    fieros herir; las frentes altaneras 
    del Cáucaso y el Atlas se doblaron 
    al peso de sus huestes, y temblaron 
    los árabes vencidos 
    bajo el ancho crespón de sus banderas. 
    Del Apenino azul por las vertientes 
    la sangre de sus hijos 
    al mar de Italia se lanzó en torrentes;
    y sus águilas libres se extendieron 
    por los anchos espacios 
    y cruzaron los montes y los mares, 
    e indómitas se irguieron 
    de la torpe Estambul en los palacios, 
    y de Roma la vieja en los altares. 

    .........................

    Un pueblo fue... y envilecido ahora, 
    mira expirantes a sus tercios bravos; 
    el águila señora 
    pendón de libres en gloriosos días, 
    arrastrada se ve por los esclavos;
    altivo el extranjero 
    duerme en su hogar; las hojas de sus leyes 
    de escarnio sirven a menguados reyes; 
    sollozando sin paz, yerta de ira, 
    imagen del dolor al mundo mira;  
    y al verlo contemplando 
    con torpe duelo su dolor profundo, 
    sacude sus sepulcros, protestando 
    contra la inútil compasión del mundo... 
    ¡Mísera humanidad!... desde su cuna 
    el crimen tiraniza su existencia; 
    del justo Abel la ensangrentada fosa 
    es el primer calvario 
    que levanta la saña a la inocencia: 
    de allí brota el pesar; de allí el encono, 
    y pasan luego razas y ciudades, 
    y un trono se hunde, y se levanta un trono, 
    y en lucha horrible y fuerte 
    se arrastran pueblos, razas y tiranos, 
    y ruedan por las puertas de la muerte 
    con el puñal sangriento entre las manos. 
    Y Dios se enoja; con furor profundo 
    a su placer levanta 
    el mar soberbio hasta su regia planta,  
    y el hombre muere, y se desquicia el mundo. 
    Y vienen otras razas y otros hombres; 
    y apenas en la tierra, 
    levantan a la voz de sus enconos 
    altares a la guerra, 
    templos al vicio, al despotismo tronos: 
    y pasan los señores 
    agitando a los pueblos espantados; 
    y van los pueblos viles, 
    lo mismo que reptiles 
    al carro de los CÉSARES atados. 
    El mundo tiembla; Dios desde su trono 
    siente a sus pies el crimen, y en su anhelo 
    porque su voz al pecador asombre 
    baja a la tierra; en su brutal encono 
    sigue la humanidad, y ardiendo en ira 
    en verdugo de Dios se trueca el hombre, 
    y hace al Calvario sanguinaria pira. 
    Desde entonces radiante centellea 
    sobre la cruz la libertad del mundo; 
    la sombra de Luzbel, siente en su seno 
    desgarrador puñal; entre el rugido 
    del pueblo que en el Circo clamorea 
    al latir el león, se oye el gemido 
    del cristiano expirante 
    que bendice a Jesús; y ante este ejemplo 
    de la fe vencedora de la muerte, 
    el Circo se convierte 
    de la doctrina de Jesús en templo. 
    A través de borrascas y Nerones 
    la barca hiende el mar; rompe la ola 
    pujante del error que la conmueve, 
    y vuela ansiosa al codiciado puerto 
    en alas de la fe; sus velas mueve 
    celeste brisa; el huracán furioso 
    del rudo fanatismo 
    la quiere detener... pero es en vano... 
    que el brazo de Dios mismo 
    la impulsa por el férvido Oceano. 
    La indómita corriente de las horas 
    su pujanza aumentó sobre la tierra... 
    Polonia desgraciada 
    despojo de la saña y de la guerra... 
    ¿Quieres ser libre? Calma tu delirio; 
    desciñe de tu frente  
    la bárbara corona del martirio, 
    y coge con bravura 
    el caballo, la lanza y la armadura. 
    ¿Oyes ese rumor? La nave llega; 
    la libertad sobre su mástil flota 
    y la empuja la fe; raudo navega 
    sobre mares de tumbas; ya se agita; 
    ya salva el Apenino, 
    y por medio de rocas y torrentes 
    cual indómito alud se precipita: 
    de sus velas blanquísimas el lino 
    sangriento va: su infatigable vuelo 
    aterra al crimen, y a la voz de guerra 
    fija una escala en la espantada tierra 
    por donde van los mártires al cielo: 
    los déspotas la ven, y en sus enconos 
    sus brazos tienden... pero esfuerzo vano: 
    que si a domarla se levantan tronos, 
    los arrastra bramando al Oceano. 
    ¿Escuchas ese acento, 
    imagen bienhechora 
    de Kociusko infeliz? ¡Santas cenizas 
    de los héroes de ayer!... la patria entera 
    levanta ya la espada vengadora 
    ante el bélico altar de su bandera; 
    romped las urnas, sombras solitarias; 
    de ese recinto estrecho 
    al cielo levantad vuestras plegarias, 
    o sacudiendo los eternos lazos 
    que ligan a la tierra el tronco inerte,
    venid desde los brazos de la muerte 
    a luchar por la patria en nuestros brazos. 
    ¡Venid!... ¡Venid!... la lucha gigantesca 
    en breve va a empezar; ¡guerra! murmurarán 
    los derechos altísimos hollados; 
    ¡guerra! los pueblos viles 
    al pie de los cadalsos amarrados; 
    ¡guerra! con voz doliente 
    suspira el porvenir, clama el presente, 
    y rompiendo sus sábanas de tierra,  
    se abren las tumbas murmurando ¡guerra! 
    Y la guerra será... ¡ronca la lira 
    sobre las alas del delirio suena!... 
    El mundo ensangrentado 
    navega por el seno del vacío 
    como un sepulcro; sobre su ancha frente 
    la humanidad luchando arrebatada, 
    escribe con la espada 
    su epitafio sangriento y elocuente: 
    y el bueno llora; y la razón se aterra... 
    ¿Cuándo, Señor, aunque a mi voz te asombres, 
    arrancarás del libro de los hombres 
    el sangriento vocablo de la guerra? 
    ¿No basta el sacrificio 
    de cien razas y cien? ¿Aún no es bastante  
    para que el nublo del error sucumba, 
    ese doliente osario 
    que hace del globo dilatada tumba, 
    y a cada pueblo levantó un Calvario? 
    Aún no es bastante, no; mirad al mundo; 
    la altiva humanidad de polo a polo 
    por volar a la lucha se levanta 
    como un fantasma solo: 
    el grito de la lid do quier resuena... 
    ¡alzad, generaciones, 
    y entre el polvo veréis de las naciones 
    del drama criminal la última escena! 
    Los pueblos se apresuran al combate 
    por la postrera vez; «Vamos», murmuran... 
    «la lid nos llama con sus ecos roncos; 
    a la lucha volemos; y mañana, 
    gigante se alzará de nuestros troncos 
    el árbol santo de la dicha humana. 
    Y daremos cumplida 
    nuestra hermosa misión»; ¡Corred, Naciones, 
    las que movéis con impotente saña 
    de la cadena vil los eslabones! 
    ¡Apréstate a la lucha, pueblo bravo, 
    que en la orilla del Vístula sangriento 
    te arrastras de dolor; ¡despierta, Atenas, 
    tú que miras rodar entre cadenas 
    magníficos pedazos de tu solio...! 
    ¡Alza la frente, Hungría... 
    y tú, Roma, que apuras la agonía 
    amarrada a los pies del Capitolio...! 
    A la lucha corred... la hora bendita 
    se va acercando; a su rumor profundo, 
    la santa libertad arma a los bravos; 
    ¡corred, pueblos esclavos, 
    con vuestra sangre a redimir el Mundo! 
    Corred... para que un día 
    vuestros hijos llorando ante la fosa 
    a que os arrastra la corriente impía, 
    triste murmuren con dolor eterno... 
    «Luchar a nuestros padres fue preciso; 
    sus padres les legaron un infierno, 
    y nos dan por herencia un Paraíso.» 


    Al asesino de Abrahán Lincoln

    SONETO

    De asombro y de dolor el alma llena, 
    severa juzga al que en el mal camina; 
    al bárbaro Nerón en la colina, 
    juez sin piedad la humanidad condena; 

    Lucrecia que el pudor desencadena; 
    Calígula, Tiberio, Mesalina, 
    cuantos hollaron la verdad divina, 
    afrenta son de la mundana escena. 

    Pero al llegar a Boot, los corazones 
    se estremecen y tiemblan; agitados
    tiran la sonda, miden las pasiones, 

    y solo aprenden de dolor prensados, 
    que han de estar los Tiberios y Nerones 
    de tan vil criminal avergonzados.




    .


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    JOSÉ CARLOS BRUNA SANTIESTEBAN

    Periodista y cronista malagueño, nacido en 1840 y fallecido en 1927.
    Catedrático numerario, vice-consul de Italia.

    Obra:

    Impresiones de un viaje á Andalucía con S.M. el rey Don Alfonso XII, por Inocencio Esperanza (José C. Bruna). Aribau. Madrid, 1877.



    Visitó dos bodegas, la primera la del Sr. D. Manuel Misa, conde de Bayona, la recepción fue digna del altísimo personaje a quien el Sr. Misa esperaba. Arcos y adornos del mejor gusto. En el espléndido buffet probó el regio invitado algunos vinos. Poco después salimos de esta bodega para entrar en las del Sr.D. Manuel María González Byass y compañía, cuya visita hacía S.M. el Rey quince años después de haber estado en ellas su augusta Madre. Este magnífico establecimiento ocupa seis y media hectáreas cuenta con existencias permanentes de 20.000 botas de vino, seis máquinas de vapor, tiene 240 empleados y ocupa por término medio 400 operarios de media al día...

    S.M. visitó también en Jerez el nacimiento de aguas llamado de Tempul, magnífica edificación, bajo cuyas extensas galerías duerme un, al parecer, tranquilo lago, cuyas aguas son la vida de la ciudad.

    Altamente complacido y altamente disgustado se aleja S.M. de este encantado suelo; altamente complacido de la población, y altamente disgustado de no haber podido permanecer en ella más que cuatro horas.


    La sección de Bruna

    Por ALDO DURÁN

    José Carlos Bruna Santiesteban (1840-1927) fue un polifacético personaje nacido en Cádiz, educado en Italia (su padre era genovés) y establecido en Málaga. Escritor, poeta, dramaturgo, cronista, profesor de idiomas y vicecónsul de Italia en nuestra ciudad. Estuvo muy integrado en la vida local malagueña, participando en numerosos eventos, entre ellos el carnaval, instaurando La asociación (Sociedad del Carnaval) que organizó la fiesta en 1887.

    Este liberal moderado mantuvo estrecha amistad con Salvador Rueda y Narciso Díaz de Escovar. Este último afirmaba que Bruna era muy caritativo, aunque matizaba que sus caridades las hacía secretamente, por entender que era lo verdaderamente cristiano. Caridad a la que Bruna dedicó multitud de artículos, apelando a la caridad pública o denunciando la desidia de los poderes públicos. Personaje interesante, como lo era su sección en el diario La Unión Mercantil, dejando comentarios jugosos sobre diversos temas como, en lo que aquí nos ocupa, la Semana Santa. Son muy ilustrativos.

    Para cerrar su sección, la publicada el sábado 6 de abril de 1895, escribió que en la Semana Santa que estaba a punto de comenzar "rindo a los tristísimos recuerdos que se conmemoran el profundo respeto que se merecen. ¡Cuántos lo harán inducidos por los sermones, o la imposición, o el bien parecer! ¡Cuántos buscarán una distracción social en la visita a los templos y en las funciones de culto!"


    Exaltación ya en la década de los 20

    El Lunes Santo de 1897 hablaba sobre las procesiones, a las que no consideraba necesarias para el fervoroso sostenimiento del culto. "Sin embargo, no las combato, porque tales exhibiciones hechas con el respeto que se merecen, influyen beneficiosamente en el ánimo del pueblo, más inclinado a creer lo que le entra por los ojos que lo que le penetra por los oídos". Pero era necesario, insistía, que el respeto se imponga y que los asistentes a esos actos religiosos guarden toda la debida compostura, absteniéndose de cuanto pueda, en cualquier sentido, desvirtuarlo.

    "Los penitentes, pues, deben ser hombres con hábito y no individuos cualesquiera, vestidos de máscara. Si en las procesiones van con respeto y con orden, ambas cosas se reflejarán en los espectadores. Pero si dan bromas a las mujeres que forman calle, o fuman, aunque sea a hurtadillas, o faltan, en una palabra, a ese orden y a ese respeto, mucho más beneficioso para el culto sería dejar a las imágenes en sus respectivas iglesias".

    Tras la Semana Santa de 1898 realizaba, después de algunos apuntes sobre las cofradías que salieron ese año, una serie de observaciones "que es lo que nos compete, y en lo que puedo servir de complemento a las descripciones del reporterismo". Éstas las centró en los penitentes: "Yo creía, ingenuamente lo digo (...) que muchos de los "penitentes" van pagados, y esto me recuerda lo de las lloronas en los antiguos duelos de familia. Pero siquiera aquellas asalariadas mujeres cumplían, aunque automáticamente, la misión que les estaba confiada, mientras que muchos de estos hombres van a desprestigiar ese culto religioso que las cofradías proponen enaltecer".

    A continuación, apuntaba a las que salieron de San Juan, diciendo que el cura exhortó desde el púlpito a los acompañantes de las que de allí salieron y estos no hicieron mucho caso por lo que después se vio en la calle. "Pues bien, para sacar al público efigies con el carácter de exhibición carnavalesca, vale más dejarlas en sus respectivos templos, ahorrándose a un tiempo mismo el dinero de los hermanos y la reprobación de las personas sensatas".

    Vio en calle Nueva a un "señor bastonero" mandar enérgicamente a muchos "nazarenos" que se echasen abajo los velillos, "y hacían aquellos falsos penitentes como las máscaras cuando los municipales les hacían levantar la careta. Solamente que en sentido inverso, ya que los de la procesión se descubrían apenas perdían de vista al bastonero". Concluyó su artículo señalando que la cofradía que carezca de hermanos para sacar en procesión la imagen que venera, debe dejarla donde se halla todo el año, antes que exponerla a escarnio en vez de a veneración.

    En cuanto al público que veía las procesiones, decía: "Respeto la libertad de conciencia hasta el punto de no censurar lo más mínimo al individuo que al ver pasar una imagen se queda con el sombrero puesto. Júzgolo una falta de cortesía, y nada más".

    La agresión sufrida en su propia casa en 1901, por un neocatólico, estuvo a punto de costarle la vida, ya que llegó a ser apuntado con un arma cuando yacía en el suelo. El mismo Bruna afirmó en uno de sus artículos: "porque ni sabio soy, según parece, ni se ha hecho para mí el descanso, ni las escondidas sendas han sido de mi gusto".

    En 1903 señalaba que el Domingo de Ramos nos recordaba a los mortales cuan fácilmente las exaltaciones populares lo mismo elevan que menosprecian, cuando el entusiasmo y no la razón guía sus pasos. "Procuremos no parecernos a ellas, y seguir las verdaderas máximas del Redentor, con laudable constancia, pero sin caer jamás en el fanatismo".





    CANTARES AFRICANOS  

    Por JOSÉ CARLOS BRUNA

    MÁLAGA
    Establecimiento Tipográfico de Pooh, y Creixell
    1893 

    DOS PALABRAS

    El popular cuanto ilustrado Semanario de Madrid LA GRAN VÍA, empezó á publicar hace tiempo algunos de estos cantares que reprodujeron enseguida otros periódicos de apreciadísima reputación.
    No había pensado coleccionarlos por ser pocos, y nada buenos. Pero muchos amigos han deseado tenerlos reunidos, y por complacerles me arriesgo á perder la cantidad de una pequeña edición.

    He procurado en ellos que hablen los sentimientos y la verdad hasta donde es posible, mezclando la historia de lo sucedido hasta el dia, ya con amargas reflexiones, ya con ese humorismo que nunca falta al soldado español aún en los más apurados trances de la vida.
    Juzgue el sensato lector de mi buen deseo ya que á un verdadero juicio crítico no puede someterse un tan modesto to trabajo. 

    El Autor


    Cantares Africanos


    CON CORRESPONDENCIA

    LOS DE ALLÁ

    Cristiano: dame una tregua;
    déjame hacer mi comercio;
    déjame parapetarme;
    y después... que te haga fuego.

    *

    -No os asustéis de los barcos
    que con su luz nos deslumhran.
    Es que desde allí nos miran
    los ojos de una andaluza.

    *

    -¿Sabéis lo que es ese cable
    que habla debajo del mar?
    Un pez muy largo... muy largo...
    aún más largo que el Sultán. 

    *

    Cantares Africanos

    CON CORRESPONDENCIA
    LOS DE ACÁ

    Yo no sé lo que DISIRTE;
    no quieren que pegue tiros.
    PAESCO un pájaro EMBRAGAO
    al que le tiran del JILO.

    *

    —No os importen las fogatas
    que los riffedos encienden.
    Esos son los fuegos fátuos
    con que asustarnos pretenden.

    *

    El cable que costeamos
    todos con nuestro dinero,
    no se digna hablar con nadie...
    que no tenga un alto puesto. 

    *

    El Corán tener, nos manda
    caridad y compasion;
    mas, contra perros cristianos
    no reza esa proscripción.

    *

    La media luna es el signo
    de mi religión bendita.
    Antes de entrar en batalla
    pidamos que nos asista.

    *

    Allá por los aduares
    andan gritando las moras:
    —«Querer paz con españoles
    «y guerra con españolas.

    *

    —No temer, Fátima hermosa:
    que yo estar FARRUCO bueno.
    —Mira, Alí, que á los FARRUCOS,
    les retuercen el pescuezo.

    *

    —Siendo nosotros FARRUCOS,
    Ser gallinas los de allá.
    Y ¿que hacer esas gallinas?
    Poner huevos nada mas. 

    *

    ¡Fé, Esperanza y Caridad!
    ¡Fé y Esperanza!... Muy buenas.
    Mas, ¿quien, con estos salvajes
    puede tener la tercera?

    *

    Deja de MIRÁ la luna
    si se presenta con cuernos;
    que la media luna es
    la que adoran estos perros.
             


    —¿Por que me hablas de las moras?
    ¿Tienes celos? Pues... ¡Megusta!
    ¿Piensas que comer se dejan
    lo MESMO que las de fruta? 

    *

    —Yo atravieso con un Máüser
    lo menos sesenta moros.
    —Ten valor; mas no exageres;
    que todo extremo es vicioso.

    *

    Gallinas suelen llamarnos.
    Mas no olviden las kabilas
    que son de hierro los huevos
    que ponen estas gallinas. 

    *

    Una mora muy hermosa
    dice:—«Quiero á un español
    «solo porque en su serrallo
    no haya mas mujer que yo.

    *

    Esos fuertes vomitar
    envenenada metralla;
    y por eso morir tantos
    al reventar las granadas.

    *

    Un solapado Santón
    así le dice á los suyos:
    —«Adelantad, si son pocos;
    »retiraos, si son muchos.»

    *

    El Sultán cortar cabezas
    como pliegos de papel.
    Pero ¿ha olvidado el Sultán
    que también la tiene él?

    *

    Mas que la luz de la luna
    vale la de las hogueras;
    que aquella invita al descanso
    y estas llaman á la guerra. 

    *

    —Si ya para Navidad,
    no nos hallamos aquí,
    ¡que Noche Buena... tan buena,
    he de pasar junto á tí!

    *

    Cerdos envenan estos
    descendientes del demonio;
    pero no han de envenarnos
    los marranos de los moros.

    *

    Dice un bizarro oficial
    á sus valientes soldados:
    —«Es la hora de combatirlos;
    no es la hora de contarlos.»

    *

    E1 Sultán dice que viene;
    el sultán dice que vá;
    y yo creo que no quiere
    ni ir ni venir el Sultán.

    *

    La misma luna á los dos
    ahora nos está alumbrando;
    á mí, cantando tus penas;
    á tí, mis penas llorando. 

    *

    De las cartas del Sultán
    los españoles se ríen;
    y nosotros hacer tacos
    para cargar los fusiles.

    *

    --Prepara halajas, Zelinda;
    y despídete de aquí;
    que nos van á dar la Alhambra
    sin tenerla que pedir.

    *

    Dos cosas querer riffeño
    fundando en ellas su bien;
    el matar perros cristianos
    y mutilarlos despues.

    *

    Nosotros saber el número
    de las fuerzas enemigas.
    Y generales ignoran
    las que hay en nuestras kabilas.

    *

    —Cenizas hace al cristiano
    el fuego de mi mirada;
    y ese no es mas que el reflejo
    del que te guardo en el alma.

    *

    Esto PARESE un TREAT0.
    Se ensaya á mas y MEJÓ.
    Y unos á otros se preguntan:
    —¿Cuando EMPIESA la FUNCIÓN?

    *

    —¿Pedir Granada morito?
    —Si, español! Pedir Granada.
    ¡PHUM!... Ahí te mando una.
    Mas no va dentro la Alhambra.

    *

    Dos cosas quiere el soldado,
    y con ellas es feliz:
    para cantar, su guitarra;
    para luchar, su fusil.

    *

    ¿Puedes tú contar los granos
    de arena que hay en el mar?
    Pues contarlos es mas fácil,
    que á los riffefños contar

    *

    El fuerte SIDI-AGUARRÁS
    hemos VENIO á JASÉ.
    MÍA tú, si el que JASE un fuerte
    será fuerte en el QUERÉ. 

    *

    Aquí recibimos,
    tercos é impasibles,
    por delante, balas;
    por detrás, fusiles.

    *

    ¡Que no os espante la sed,
    invencibles mahometanos;
    que pronto os la quitará
    la sangre de los cristianos!

    *

    Por la querida memoria
    del sagrado Zancarrón,
    jurad que cuantos mas mueran
    mas será vuestro valor.

    *

    Con los cristianos quisiera,
    ser tigre colosal;
    devorarlos, y después...
    volverlos á devorar.

    *

    ¡Alláh es grande! No lo niego
    Mas ¿con cuales intenciones
    á los fieles dá fusiles
    y á los infieles cañones? 

    *

    ¡Que desigual lucha
    es la lucha esta.
    ¡O hombre con hombres;
    ó fieras con fieras!

    *

    En ese fuerte estuvimos
    sin beber ni agua, siquiera.
    En cambio ha sobrado sangre,
    que se ha bebido... la tierra!

    *

    Del Zancarrón de Mahoma
    yo tan solamente sé,
    que es un hueso; pero un hueso
    muy difícil de roer.

    *

    Quisiera por un momento
    ser paloma mensajera;
    llegar, verte y abrazarte,
    y volver á la pelea.

    *

    ¡Virgen de la CONSESIÓN!
    Vela por nuestra SALÚ
    Y pónnos la media luna
    en donde la YEVAS tú. 

    *

    Soñar, morito, anoche
    que estar Sevilla
    ganada, y sus iglesias
    vueltas mezquitas.
    Mas, despertando,
    vió, morito, las suyas
    vueltas abajo.

    *


    Cantinera ser soldado;
    cantinera ser mujer.
    Quererla hacer prisionera
    para saber lo que es.

    *

    Tú, parapetos subir;
    yo, parapetos bajar.
    Y si un Bajá se opusiera
    iría abajo el Bajá.

    *

    Moro: si te haces cristiano,
    ya sabes lo que te espera
    mal gobierno, poca plata,
    y una sola compañera. 

    *

    Anoche tuve un sueño
    que no lo digo.
    Soñé estar en Sevilla...
    y estar contigo.
    Desperté, luego,
    y al fuego de tus ojos,
    siguió otro fuego.

    *

    —No te pongas nunca á tiro,
    cantinerita del alma;
    que esos apuntan, y ponen
    en donde el ojo, la bala.

    *

    Que los Bajás llevan cola
    dicen, y bien podrá ser.
    Mas la cuestión de Melilla
    mas larga la vá á traer.

    *

    Si prisionero te hacen
    no abrigues mas esperanza
    que la que dá la pantera
    al que coje entre sue garras» 

    *

    Yo combatir ciegamente;
    vida ó muerte me es lo mismo;
    si vivo, gano la gloria;
    y si muero, el paraíso.

    *

    Esos maldecidos barcos
    tirar pelotas de hierro,
    que parir, al reventar,
    los diablos, que llevan dentro.

    *

    Son todos esos cañones
    ruidosos MATA-CHUMBERAS;
    y como no somos chumbos,
    no es con nosotros la fiesta.

    *

    Yo estar mucho mas delgado,
    y la causa conocer;
    cuando tropas acercarse,
    huir las ganas de comer.

    *

    —Cómo jefe de la tribu,
    demostraré mi fiereza:
    amarrad á esos cien moros
    y cortadles la cabeza. 

    *

    YEVO aqui el escapulario
    por esas manitas JECHO.
    Y antes me arrancan la vida
    que arrancármelo del pecho.

    *

    Esos maldecidos moros
    disparan de una manera,
    que parece que las balas
    brotan solas de la tierra.

    *

    —Pide fuerzas al Profeta,
    si de él las recibes tú,
    ó té canto el GORI-GORI
    encima del GURUGÚ.

    *

    Ayer, por causa del rancho
    nos pusimos malos TÓOS.
    Guisáronlo con JUDÍAS,
    y... se nos endigestó.

    *

    —Soldados: cerrad los ojos,
    y á matad, ya que es preciso;
    herid á quien os ataque;
    mas no atacad al herido. 

    *
    Las balas que al enemigo,
    en el campo recojemos,
    como no somos ladrones,
    devolvérselas queremos.

    *

    —Al ver vuestros uniformes
    con esas formas tan feas,
    me entusiasmo de las mias
    que no pueden ser mas bellas.

    *

    Angeles de Mahoma
    ser mora y moro;
    mas cristiano y cristiana
    ser dos demonios.
    Con eso basta
    para ver que la nuestra
    es guerra santa.

    *

    —Pide al Profeta que pronto
    una bala te atraviese,
    que vírgenes mahometanas
    recojen á los que mueren. 

    *

    Devuélvannos esas balas,
    que se pierden por ahí
    y verán, que generosos,
    les damos, por una, mil.

    *

    A la vista de estos moros
    tan EMPORCAOS y negros,
    mas me entusiasma lo blanco
    y limpio de tu PEYEJO.

    *

    Estos abren las alas
    cual gaviotas;
    luego, como alacránes
    la tierra alfombran.
    Y puerco-espines
    se vuelven cuando lanzan
    sus proyectiles.

    *

    —Repite á mi PROBESITA
    querida madre del alma,
    pida á la Virgen del Cármen,
    no me atraviese una bala. 

    *
    ¡Lástima de municiones
    las que aquí estamos gastando!
    ¡Cuánto mas valor no tiene
    una bala que un cristiano!

    *

    Un riffeño y un soldado
    abrazados caen al suelo.
    Ir el soldado sin armas,
    y darle muerte el riffeño. 

    *
    ¡Lástima de municiones,
    por esos aires perdidas!
    Para perros tan rabiosos
    fuera mejor la extricnina.

    *

    Un ros y un turbante caen.
    Y, al ver en tierra á los dos,
    recoje el diablo el turbante
    y un ángel recoje el ros. 



    CANTARES AISLADOS
    RIFFEÑOS

    I

    Morir pocos, morir muchos
    de nosotros, es igual.
    Ser lo mismo que las plantas;
    mas podarse, mas brotar.


    II

    —Acostúmbrate, morito
    á luchar con españoles;
    y tira, con preferencia
    al que lleve mas galones.


    III

    —Arrástrate por el suelo,
    imitando á los reptiles.
    Dá el picotazo, y escóndete,
    á fin de que no te pisen. 

    IV

    Bella Zoráida, esta es
    la cabeza de un cristiano,
    que, á no tenerla cortada,
    yo se la hubiera cortado.


    V

    Llorando dice un eunuco:
    —Si aquí llegan los de allí,
    y suprimen el serrallo,
    ¿que es lo que vá á ser de mí?


    VI

    —Alí-Ben-Asen, ha muerto.
    Es verdad lo que os han dicho.
    Yo lo vi volar ayer...
    y entrar en el paraiso.


    VII

    El Conde de BERNARDITO
    tener mala educación;
    pues habla siempre gritando
    por la boca de un cañón.


    VIII

    Morito que fuerzas tiene, 
    gusta mucho pelear; 
    morito, sin tener fuerzas,
    ser amigo y pedir paz.


    IX

    Dice una mora á su amante:
    —De promesa no te fies,
    has por vivir, que quien sabe
    si existirán las huríes.


    X

    Yo saber que de cristianos
    se han reunido treinta mil.
    ¡Cuánta gente tener ganas
    en España, de morir!


    XI

    A seguir estos combates
    mucho tiempo, y fácil es,
    no vá á quedar en Marruecos,
    mas que el Sultán y el harén.


    XII

    —El hermano del Sultán
    ha venido á ver que hacemos,
    á conferenciar, y á hacer...
    nada malo y nada bueno.


    XIII

    —Si nos hallamos perdidos
    llamemos á la Inglaterra.
    —Y estando perdidos, ¿crées
    que nos abrirá sus puertas? 


    XIV

    Aunque termine la guerra
    no firmaremos la paz...
    porque no hay entre nosotros
    nadie que sepa firmar.


    XV

    El Sultán nos amenaza
    con darnos su maldición.
    Nos la da; no la tomamos,
    y se acabó la función.


    XVI

    Si está todo, todo escrito,
    ¿Cómo Alláh pudo escribir
    que viniesen los infieles
    mezquitas á destruir?


    XVII

    Mal tiro den á Mahoma
    si los cristianos nos pegan;
    y si despues de pegados,
    nos toca pagar la cuenta 



    CANTARES AISLADOS
    ESPAÑOLES

    I

    —Di á tu primo que no vaya
    á darte ya mas noticias.
    Yo te las daré TOAS juntas,
    cuando GÜERVA de Melilla.


    II

    ¿Será el fuerte resistente?
    ¿No ha de serlo, ¡vive Dios!
    an asado con la sangre,
    del ejército español?


    III

    Yo le daría á los moros
    cigarros de á perro-chico;
    y agradeciendo el regalo
    reventarían lo mismo. 

    VI

    Fija el riffeño en dos cosas,
    corazon y pensamiento:
    pensamiento, en no pensar;
    corazon, en no tenerlo.


    IV

    Pensamiento y corazon
    fija el soldado en dos cosas:
    el corazon, en su madre;
    el pensamiento, en su novia.


    VI

    La pantera y el león
    están midiendo TUS fuerzas.
    La pantera, con la astucia;
    el león con la nobleza.


    VII

    Hoy corre aquí una noticia
    que no puede ser mas buena.
    Dícese que hará el Gobierno
    reclutamiento de suegras.
    Y al confirmarse lo dicho,
    miles de voces exclaman:
    —«¡Que viva Martínez Campos,
    si las pone á la vanguardia!» 


    VIII

    —El que yo sea monárquico
    Y tú federal ¿qué importa?
    ¿Acaso hay color político
    en la bandera española?


    IX

    —Viendo moverse en el suelo
    un jáique, le pegué un tiro,
    y otro, y otro, y hasta seis,
    y siguió andando lo mismo.
    Acerquéme con cautela;
    y ¡cuál sería mi asombro!
    al ver el jáique en el suelo,
    sin nadie, y andando sólo.


    X

    —Que le saque las entrañas
    á un moro, dices. No puedo.
    ¿Imaginas que la tiene
    el que mutila á los muertos?


    XI

    —Contemplo el cielo; está hermoso.
    Pálida luna menguante
    compite con las estrellas,
    -que parecen de brillantes.
    Aquí, á la menguante luna,
    las ESTRELLAS vencerán. 
    Pero volverá á nacer
    y se volverá á luchar.


    XII

    —Como deseo tirar,
    mi capitan, dia y noche,
    cuando á los moros no tiro,
    tiro de la oreja á Jorge.


    XIII

    —Un camello sobre otro
    he visto yo esta mañana.
    Con cuatro piés el de abajo
    y el de encima con dos patas.
    Y, aunque llevan igual nombre,
    se diferencian en todo.
    Fiero animal es el uno;
    noble animal es el otro.


    XIV

    Tres cruces aquí tenemos.
    La cristiana, es perdonar;
    la Roja, ejercer el bien;
    la del soldado... luchar.


    XV

    —He visto lo que es el mundo,
    madre, por este agujero:
    subir y subir los grandes
    á costa de los pequeños. 

    XVI

    Con tres EMES, hasta ahora,
    nos venimos gobernando,
    Margallo, luego Macías,
    y luego, Martínez Campos.


    XVII

    Sobre la tierra, los vivos
    luchan con ansia voráz.
    Y bajo esa misma tierra,
    firman los muertos la paz! 






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    VÍCTOR CABALLERO Y VALERO

    (Cádiz, 1838-1874)
    Poeta, autor dramático y periodista. Fue director y editor de La revista gaditana a partir de 1867 y de Sancho Panza, revista satírico-burlesca de literatura, costumbres, artes y teatros a partir de 1864.
    Muchas de sus composiciones poéticas aparecieron publicadas en la prensa local; varias fueron recopiladas en un volumen, Poesías Líricas, (Prólogo de D. T. Guerrero, 1862, La    Habana).
    Intervino con numerosos poemas originales en el homenaje que dedicó Cádiz a los marineros de la Fragata "Villa de Madrid" tras su regreso del combate de El Callao: Homenaje al heroísmo, (1866, Cádiz, Tip. La Marina).
    Escribió "Última Ofrenda" (Elegía, 1871, Cádiz, Imprenta de la Revista Médica))   

    LA SOLEDAD

    A mi estimada amiga La dulce y célebre poetisa 
    Doña Luisa Pérez de Zambrana. 

    Es la tarde y encapotan 
    Densas tinieblas el cielo, 
    Y se estremece la tierra 
    Arde el rayo, zumba el trueno 
    Y en la cumbre del Calvario 
    De una cruz, pende Dios muerto. 
    Una mujer afligida 
    Al pié del santo madero 
    Las blancas manos cruzadas 
    Sobre el dolorido pecho, 
    Flotante sobre los hombros 
    El empolvado cabello, 
    Al hijo amado contempla 
    Y en sus dolores acerbos 
    No tienen llanto sus ojos 
    Que de llorar están secos
    La misma naturaleza 
    En los brazos del silencio 
    De espanto sobrecogida 
    Calla ante el lúgubre aspecto 
    Del Gólgota, contemplando 
    Cuadro de tan triste duelo; 
    El sonido solamente 
    Se apercibe, breve y lento, 
    De la sangre que destila 
    De la honda herida del pecho 
    Del Salvador, salpicando 
    Gota á gota el duro suelo. 

    HABANA, 1862


    EN EL ÁLBUM 

    De la Sra. Doña Concepción Domínguez Coba. 

    El genio de los amores 
    Me dice que eres muy bella. 
    Y ya me tiene encantado 
    Con las cosas que me cuenta, 
    Cuando por tí le pregunto 
    Me dice que eres discreta 
    Que son muy negros tus ojos. 
    Que es negra tu cabellera 
    Y que eres el orgullo 
    De la hermosura modesta. 
    Yo entonces suspiro triste 
    Y cuando voy á la selva, 
    A la juguetona brisa 
    Que con tus cabellos juega 
    Por tí, Concha, le pregunto, 
    Y aguardando su respuesta. 
    La miro que bulliciosa 
    Dice que eres linda y vuela; 
    Eres pues sin conocerte 
    El ensueño de un poeta. 

    HABANA, 1861



    EPITALAMIO

    A mi querido amigo el célebre literato D. Teodoro Guerrero. 

    Dormid, que el Dios alado, 
    De vuestras almas dueño, 
    Con el dedo en la boca os guarda el sueño. 
    GÓNGORA. 

    I. 

    Duerme intranquilo el hombre 
    A la sombra dé un álamo frondoso 
    En el plácido edén; sobre una nube 
    Que sostienen alados querubines 
    Contemplábalo Dios, y su mirada 
    Penetrando en el pecho vigoroso 
    Del felice mortal, encendió el fuego 
    Del bendecido amor; huyó la calma. 
    El joven corazón perdió su brío. 
    Que el amor generoso 
    Es flor que nace en el vergel del alma. 
    Siendo las ilusiones su rocío.


    II. 

    Con inefable acento 
    Al hombre dijo Dios:—vive y espera, 
    Y en tanto que benigna la esperanza 
    Aumente de tu amor el sentimiento 
    Cese tu soledad, y en el instante 
    Dio vida á la mujer, dulce, hechicera. 
    De blanca frente y seductores ojos, 
    Pura como la rosa en primavera. 
    Reflejaba en su cándido semblante 
    La luz de la piedad; sus labios rojos 
    Pronunciaron un nombre 
    Con casta timidez, pero al sonido 
    De su angélica voz, despertó el hombre, 
    Sintió su corazón de fuego henchido. 
    Admiró á la mujer y delirante 
    Bendijo á Dios que desde el alto cielo 
    Dejábale de amor las almas llenas; 
    Por las hinchadas venas 
    Sintió correr la savia de la vida. 
    Lloró gozando y con- ferviente anhelo 
    Cayó á los pies de la mujer querida. 


    III 

    ¡Ah! ¿qué fuera del triste 
    A quien la pena el corazón devora 
    Sin la amada mujer? Benigna ella. 
    Enjuga el llanto cuando el hombre llora
    Y el tormento resiste 
    De amarga ingratitud; piadosa y bella, 
    Vela en la cuna al candoroso infante, 
    Vuelve la paz al corazón herido 
    Y le otorga consuelos al amante. 
    Los ágenos pesares adivina 
    Antes que los comprenda quien los siente, 
    Que en su pecho inocente 
    La virtud adorable y peregrina 
    Se oculta con placer, su amor profundo 
    Conduce al hombre al templo de la gloria; 
    Por ella el hombre descubriera un mundo: 
    Por ella el hombre vivirá en la historia; 
    Ella le inspira al bardo sus ideas: 
    ¡Ángel de salvación, bendita seas! 


    IV 

    Cuando el árido hastío 
    Iba á tender sus inflecsibles alas 
    Sobre tu noble sien, cuando la duda 
    Con su horrible poder tu mente inquieta 
    Intentó destrozar, ángel alado, 
    Mensajero de Dios, cruzó las salas 
    Del alto cielo para darle ayuda 
    A tu indecisa fé; tú contemplaste 
    En tus últimos sueños de poeta 
    A la hermosa visión y la adoraste 
    Con firme voluntad; ¡oh! ¡cuan gozoso 
    Latió tu corazón, cuando ella oia 
    El suspiro de un alma enamorada. 
    Que en el azul del cielo se perdía!


    V. 

    Radiante de ventura 
    Contemplas á la virgen candorosa 
    Que el fuego santo del amor te inspira; 
    Abandonando el nido en la espesura 
    El ruiseñor suspira 
    Lamentando la ausencia de la hermosa; 
    Calla por verla el armonioso rio. 
    La persigue la alegre mariposa, 
    Las matutinas flores 
    Reciben los perfumes de su aliento. 
    Y tras ella caminan los amores; 
    Ciñen feliz su ruborosa frente 
    Purpureas rosas y amorosos mirtos, 
    Y el tímido pudor sus ojos bellos 
    Cubre gracioso y se contempla en ellos. 
    La adorada esperanza 
    Preside bondadosa el grato sueño 
    De vuestro puro amor; la bienandanza 
    Penetra en vuestro hogar, mas ¡ay! que en tanto 
    Rápidas corren las risueñas horas 
    Que presta á los amantes el encanto; 
    Exento de pesares 
    Templa de vuestras almas el deseo, 
    Al pié de los altares, 
    El dulcísimo lazo de himeneo. 

    HABANA, 1860. 




    Libros
    La azucena del valle: narración popular
    Caballero y Valero, Victor, 
    Copia digital (color, 83.6 MB) (application/pdf)
    Cádiz : [s.n.], 1865 : Imp. y Lit. de Arjona)



    A MI QUERIDO Y RESPETABLE AMIGO EL EXCMO. É ILMO. SEÑOR D. ANTONIO CÁNOVAS DEL CASTILLO,
    Ex-ministro de la Gobernación del Reino.

    En mi espinosa carrera, pocos han sido, querido amigo, los que como V. me han ofrecido á la vez con la bondad, la franqueza y la lealtad que tanto le caracteriza la protección de un padre y el cariño de un hermano.
    Pobre, solo, huérfano, abandonado, sin mas caudal que mi afán por aprender y luchando con las dificultades que ofrece el mundo á los que por él vagan inciertos, sin timón ni rumbo en el proceloso mar de la vida, V. me ha servido de benéfico faro marcándome la ruta de un puerto de salvación.
    Deseo que se me presente una ocasión para dar á conocer el cariño y la gratitud que por V. guardo en lo mas íntimo de mi corazón.
    Mientras tanto, tengo que contentarme con recordar sus favores y abrigo la esperanza de que V. que sabe animar el buen deseo del laborioso y olvida mi incapacidad para estimular mi aplicación, V. que ama á las letras y es al mismo tiempo el apoyo de los hombres que algo quieren valer, aceptará mi pobre Azucena del Valle como un humilde tributo de mi admiración y de mi respeto.
    Feliz yo si consigo que la primera edición que hago en España de mi Azucena del Valle lleve al frente el nombre de una persona como V., con cuya amistad y protección me honro.

    Si V. la admite, será eterna mi gratitud.

    Víctor Caballero y Valero. 



    Sr, D. Víctor Caballero y Valero.

    Madrid 30 de Noviembre de 1864.

    MUY SEÑOR MÍO Y ESTIMADO AMIGO: Acepto con sumo gusto el ofrecimiento que V. me hace de honrar mi nombre poniéndolo al frente de su libro: deseo conocerle por la idea ventajosa que tengo de V. y la que me hacen formar de su obra el Prólogo del Sr. Flores Arenas y el juicio del Sr. Ariza; ambos son antiguos y buenos amigos mios y personas de las mas competentes en la materia. Con este motivo tengo mucho gusto en ofrecerme á V. de nuevo, que es suyo afectísimo amigo y S. S.
    Q. s. M. B.

    Antonio Cánovas del Castillo. 



    INTRODUCCIÓN.

    Es la tarde: ya el sol rojo
    Hacia Occidente declina,
    Dorando el azul del cielo
    Con mil caprichosas tintas.
    Es la hora en que el arroyo
    Mansamente se desliza,
    Y sus azuladas ondas,
    Besan la arenosa orilla.
    En que la naturaleza
    Muestra sus galas magníficas,
    Y al anhelado reposo,
    A los pastores convida.
    En el trasparente cielo
    Dudosas estrellas brillan,
    Y una rutilante nube
    Al ocaso se retira.
    ¡Qué calma! no gime el viento,
    Y las bulliciosas brisas
    Los cálices de las flores
    Con sus alas acarician.



    LA AZUCENA

    Vierte sus perlas la fuente
    Y los pajarillos trinan,
    Y en la enramada frondosa
    Arrulla la tortolilla.
    Con dulces trinos las aves
    Dan al sol la despedida,
    Y tra s la cumbre del monte
    Se oculta el astro del dia,
    Y las hojas de los árboles
    Por Favonio sacudidas,
    Mueven sus ramage s frescos
    Con deliciosa armonía.
    El zagal con su ganado
    Al aprisco se retira,
    Cantando de su zagala
    El amor que lo cautiva.
    El labrador con sus bueyes
    Hacia su choza camina,
    Y en sus amorosos brazos
    Lleva durmiendo á su hija.

    Con un cestillo en la mano
    Lo sigue su esposa linda,
    Y á un perro que alegre salta,
    Con la derecha, acaricia.
    Con ronca voz la campana
    De Iglesia pobre y antigua,
    Anuncia á los labradores
    Que la oración se aproxima.
    La errante luna amedrenta
    A la nube fugitiva,
    Y con sus blancos reflejos
    Al valle hojoso ilumina. 
    A los halagos del aura
    Matizadas florecillas,
    De sus delicados cálices
    Gratos perfumes destilan.
    En el estrellado cielo
    La argentada luna brilla:
    Todo es silencio, la noche
    Al grato sueño convida. 


    I.

    Amor de padre.

    No ama mucho quien lo dice
    Sino quien mucho padece,
    Que amor sin penas ni obras
    De amor solo el nombre tiene.
    Como del cielo el rocío
    Caiga en tí mi bendición,
    Y nacerán las virtudes
    Como en el campo la flor.
    Coplas populares.

    EN un delicioso valle,
    Sito entre Málaga y Mijas,
    Grata soledad de amores
    Por sus benéficas brisas
    Por su hermosísimo cielo
    Y sus fértiles campiñas,
    Que adornan frondosos árboles,
    Y embellecen las colinas
    Cuando la naturaleza
    Con sus galas se atavia,
    Y cuando el risueño Mayo,
    A la llanura matiza,
    Y engalana la pradera
    Con diversas florecillas,
    Allí, al costado de un cerro,
    Aun existe una casita,
    Que adornan frondosos álamos
    Y á quien la parra benigna
    Le presta sombra: su aspecto
    No es el de lujosa quinta,
    Ni en sus modestos contornos
    El arte de Herrera brilla:
    Por el honrado Lorenzo,
    Conocen al que la habita,
    Y es dechado de virtudes
    Su fiel esposa María.
    Celebran los campesinos
    La hermosura de una niña
    Que tiene por nombre Blanca
    Y es como la rosa linda.

    Por La Azucena del Valle,
    Es de todos conocida,
    Y en verdad que la azucena
    Su rara hermosura envidia.
    El buen Lorenzo la llama
    Su consuelo y su delicia,
    Virgen, inocente y bella,
    Por ella el padre suspira,
    Que es la hermosura una rosa
    Que el desengaño marchita.
    Blanca sentada á la puerta
    De su modesta casita,
    Apoya la nivea frente
    Sobre su mano blanquísima,
    Y dos silenciosas lágrimas
    Por su rostro se deslizan.
    Está el buen padre á su lado
    En aptitud pensativa,
    Y á la sombra de la parra
    Cuyo ramage se inclina
    Como si enjugar quisiera
    Las lágrimas de la niña. 
    La oración reza en voz baja
    La noble y buena María;
    Interrumpen el silencio
    Los rumores de las brisas;
    Y el dulce y lejano cante,
    De la errante golondrina
    Que cruza la azul esfera
    Buscando oculta guarida,
    Después de breves instantes
    El buen padre se aproxima
    A Blanca, y un beso imprime
    Sobre su frente purísima .
    Con inefable mirada
    Le dá las gracias la niña,
    Y Lorenzo con voz grave
    De aqueste modo se esplica:

    —Estás muy triste?
    —No padre,
    Mi pecho no siente pena.
    —No olvides que una hija buena
    No miente!
    —Diga usted, madre,
    si sufro?
    —Líbreme Dios
    Que tú sufras, hija mia,
    Si sufrieras la alegría
    Nos faltaría á los dos.
    —Tú nos hace padecer,
    Tú estás siempre silenciosa,
    Tú sientes alguna cosa
    Que no puedes comprender.
    —Tú estás triste y es preciso
    Que algo te tenga afligida.
    —No lo estoy, madre querida.
    El Valle es un paraíso. 
    En mi enredadera hermosa
    Y en usted mi dicha ciño,
    Yo padre con su cariño
    Me conceptuó dichosa.
    Que ustedes me afligen veo
    Y es mucha tenacidad...
    Les diré al fin la verdad...
    Tengo en el alma un deseo...
    Yo quiero tender mis alas,
    Padre, por otras regiones,
    Quiero ver esos salones
    Y esos trage s y esas galas.
    Y esa tierra bulliciosa
    De encantos y de placeres,
    Quiero que entre las mugeres
    Me llamen la mas hermosa.
    Quiero en fin, dejar el prado
    Me aburre esta soledad;
    Quiero ver á la ciudad
    Cuya belleza he soñado.
    En ella quiero gozar
    Y en ella quiero vivir...
    —Me estás haciendo sufrir...
    —Me estás haciendo llorar...
    Oh! no! no puedo escucharte..
    ¿Quién ha sido el hombre impio
    —No llore usted, padre mió,
    Que no iré á ninguna parte.
    —¡Hija, ¿dónde quieres ir?
    ¿Por qué buscas falsa gloria?
    Conserva en tu fiel memoria 

    Lo que te voy á decir.
    Ya tengo sesenta años
    Y temo por t u inocencia,
    Me defiende la esperiencia
    De pérfidos desengaños.
    Tú jamá s lias advertido
    Al gavilán tra s la loma,
    Tú eres, Blanca, una paloma
    Que nunca ha dejado el nido.
    Tu alma, cual la flor cerrada,
    Duerme del aura al arrullo,
    Presto vá abrir su capullo
    Ay! esa flor delicada.
    Cuidar mucho es mi deber
    Aquesa flor esquisita/..
    Cuando esa flor se marchita
    No vuelve nunca á nacer.
    Yo vigilo por mi nombre
    Y por tí Blanca hechizera;
    Te amo mucho y yo quisiera
    Que no te engañar a un hombre.
    Llega el alma á entusiasmarse
    Cuando en ser feliz se empeña,
    Hija lo que un padre enseña
    No debe nunc a olvidarse.
    Hoy le cumple á mi experiencia
    Librarte de un precipicio,
    Pues siempre camina el vicio
    Tras la candida inocencia.
    Ya mi pecho no desecha  
    Esta incertidumbre impia,
    Ah! ¿será cierto, hija mia,
    Que ya el milano te acecha?
    Tal vez será un hombre ingrato
    Y lo tendré por amigo,
    Pongo al cielo por testigo
    Que sea quien fuere lo mato.
    Blanca, paloma inocente,
    La lisonja te envenena,
    Créeme, sí, pura Azucena,
    Mira que un padre no miente.
    Te amo con amor profundo.

    —No quiero que usted se aflija...
    —No-quiero que luches, hija,
    Con las miserias del mundo.
    Sí, Blanca, breve es la vida.
    ¡Cuan poco en ella se alcanza
    Cuando huy e la esperanza
    Que á no sufrir nos convida.
    Van las soberbias pasiones
    Aniquilando los años,
    Porque entre los desengaños
    Se ocultan las ilusiones.
    Hija, el hombre seductor
    Llama martirio al placer,
    Y presunción al saber,
    Y una mentira al amor.
    A la virtud con desden
    Airado luego condena;
    Hija, la vida es mu y buena
    Si somos buenos también. 

    ¿Dónde hallarás, hija mia,
    Mas felicidad que aquí?
    ¿Dónde mas cariño, di,
    Ni mas placer y alegría?
    ¿Dónde hallarás otra madre?
    ¿Dónde un amor mas profundo?
    ¿Y quién t e querrá en el mundo
    Como te quiere tu padre?
    Mi ansiedad no se destierra,
    Porque de un padre el amor
    Es el cariño mayor
    Que Dios ha puesto en la tierra.
    Te adoro con frenesí,
    En mi amor no habrá mudanza,
    Mis glorias y mi esperanza
    Fundadas las tengo en tí.
    Haria mil veces pedazos
    Al hombre que te engañara;
    Cien mil veces lo matara ,
    Ven, Blanca, ven, á mis brazos.
    Abrió los suyos Lorenzo,
    Se arrojó en ellos la niña,
    Y dos lágrimas ardientes
    Brillaron en sus pupilas.
    Levantóse de su asiento
    La silenciosa María,
    Y con el llanto en los ojos
    Y en los labios la sonrisa,
    Besó repetidas veces
    A su encantadora hija.
    Lorenzo contempla á Blanca
    Con orgullo y faz tranquila,
    Y sentándola á su lado 
    Amoroso la acaricia
    Y vuelve á empezar de nuevo
    La plática interrumpida.
    —Sí, Blanca, se van los años
    Y se van las ilusiones,
    Se gastan nuestras pasiones
    Y quedan los desengaños.
    Luego el mortal llega á ver
    Tristemente en su amargura,
    Tras un dia de ventur a
    Un siglo de padecer.

    No olvides, Blanca querida,
    Que en el mundo adulador,
    Son el placer y el dolor
    Satélites de la vida.
    Se ahuyent a la dulce calma:
    Hija, no llegues á amar,
    Haz siempre por conservar
    Las puras flores del alma.
    Yo te adoro, pobre viejo,
    Veo on tí el sostén de mi vida,
    No olvides, Blanca querida,
    Que por tu bien te aconsejo.
    Blanca escuchaba á su padre
    Con ansiedad infinita;
    Tornó el rostro hacia otro lado,
    Elevó al cielo la vista,
    Después la fijó en el valle,
    Rápidamente suspira,
    Y tra s una breve pausa
    Respondió con voz purísima: 

    —En vano es que usted se aflija,
    No sé, padre, por qué llora,
    Cuando mi pecho lo adora
    Cual nunca adoró una hija,
    Madre y usted son los dos,
    Que quieren á la Azucena;
    Padre del alma soy buena,
    No se aflija usted por Dios.
    Dige que queria salir
    Sin saber en qué me fundo,
    A ver las cosas del mundo,
    Ya no lo vuelvo á decir.
    —Me causa curiosidad,
    Tu intempestivo deseo...
    —¿No me llevó usted á paseo
    Hace un año á la ciudad?
    ¿Cuando fuimos á una fiesta...
    No me digeron hermosa...
    Linda, adorable, graciosa?...
    —Yo quiero que seas modesta.
    Nunca prestes atención
    A esos caducos cumplidos,
    Que pasan por los oidos
    Y llegan al corazón.
    ¿Ves esa flor primorosa
    Que se oculta entre las flores
    Y que esparce sus olores
    Entre la yerba?...
    —¡Qué hermosa!
    —Hija, violeta se llama.
    Se oculta porque es modesta, 
    Y nunca se manifiesta,
    Y siempre ha odiado la fama.
    Con su gratísimo olor
    Embalsama á las campiñas,
    Y Dios quiere que las niñas
    Imiten siempre á esa flor.
    Rióse Blanca, y el buen padre
    Volvió á abrazar á su hija,
    Reinó un profundo silencio,
    Ambos contentos se miran,
    Y con magestad y gracia
    Dijo la buena Maria:
    —Tiene tu padre razón
    Porque es mucha su experiencia,
    Dios conserve la inocencia
    De tu virgen corazón.
    ¡Ay! t ú empiezas á vivir
    Y no te es dado pensar,
    Que ha y muy poco que gozar
    Y que ha y mucho que sufrir.
    Sí, Blanca, goza t u calma,
    Conserva tus ilusiones,
    Que no venga n las pasiones
    A martirizar t u alma.
    Ignoras que ha y padecer,
    Que existe un dolor que hiere...
    Lo que tu padre te quiere
    No lo puedes comprender...
    Las pisadas de un caballo
    Interrumpen á María,
    Levantóse el buen Lorenzo,
    Inquieta tembló la niña,
    Porque un nuevo personage
    Hacia la casa camina. 



    II.

    El desconocido.

    Si fueres á buscar novia
    Que no sea en romería,
    Si no en casa de sus padres
    Con ropita de aquel dia.
    Un rosal cria una rosa,
    Y una maceta un clavel,
    Y un padre cria una hija
    Sin saber para quie'n es.
    Coplas populares.
    ADELANTÓSE Lorenzo,
    Y volvió á oir las pisadas
    De un caballo, y no vio á nadie
    Dirigirse hacia su casa.
    Oyó una voz seductora,
    Limpia, flexible, y mu y clara
    Que cantó de esta manera:
    Vente á mi lado, serrana,
    Dame la manita, iremos
    Al sitio donde lloraste,
    Y entre los dos cogeremos
    Las perlas que derramaste.
    Siguió adelante Lorenzo
    Y dijo alegre: 

    —El que marcha
    De fijo tiene un canario
    Encerrado en la garganta .
    Quiso seguirlo Azucena
    Y el padre volvió la cara
    Diciendo:
    —No vengas, niña,
    Queda con tu madre, Blanca.
    La joven que al oir el canto
    Se puso de pronto pálida,
    Al ver que Lorenzo astuto
    Que se detenga le manda,
    Sentóse junto á su madre
    Confusa y avergonzada.
    Volvió á cantar el viajero
    Y exhaló un suspiro Blanca.
    Ya se me murió mi madre,
    Y una camisa que tengo
    No tengo quien me la lave.
    Examinemos lectores,
    Ya que la noche está clara,
    Al cantador de los Valles
    Que es mozo de mucha gracia.
    Sobre un potro jerezano
    Brioso, de buena estampa,
    De altiva y noble cabeza,
    Ancho de pecho y de ancas,
    De orejas cortas, é iguales,
    Ojos vivos, cola larga,
    Animoso y engreido,
    Casco negro y nariz ancha,
    El recien llegado mozo
    Con aire andaluz cabalga,
    Unos veinte y cuatro años
    A lo mas representaba.
    Rasgados y negros ojos,
    Tez morena y sonrosada,
    Dulce y graciosa sonrisa 
    Por sus rojos labios vaga.
    Tiene el cabello rizado,
    Un lunar en la garganta ,
    Y prestan sombra á su rostro
    Patillas negras y anchas.
    Adorna su airoso cuerpo
    Una vistosa zamarra,
    Con graciosos alamares
    Y con gra n primor bordada.
    Lleva envuelta á la cintura
    Moruna y lujosa faja,
    Y dos seguras pistolas
    Pendientes de la canana.
    Calzón ajustado y corto
    Con dos primorosas franjas
    Y un magnífico chaleco
    Con cien botones de plata.
    Bordados son los botines,
    Y además lleva una mant a
    De caprichosos colores,
    Sobre los hombros terciada,
    En el arzón de la silla,
    Casi tocando en el anca,
    Cuelga un lujoso trabuco
    Naranjero, de seis balas.
    Corto calañés terciado
    Sobre la ceja con gracia,
    Dá á conocer que el mancebo
    Es hombre de rompe y rasga.
    Adelantóse Lorenzo
    Y sorprendido se para
    Ante un mozo ta n bizarro,
    Mirando cuál manejaba
    Las riendas del noble bruto,
    Cuya hermosísima estampa
    Contempla el buen campesino
    Con atónitas miradas.
    Agita la suelta cola 
    La altiva frente levanta
    Y á la voz de su ginete
    Suspende el trote y piafa.

    —¿Qué busca? Preguntó el padre
    De la candorosa Blanca.
    A lo cual contestó el otro
    Con voz melodiosa y clara:
    —Señor, yo vengo cansado
    De correr seis leguas largas,
    Y le ruego me permita
    Por Cristo y su madre santa
    Que descanse un rato y luego,
    Si molestia no le causa,
    Le eche un pienso á mi caballo,
    Que en verdad que le hace falta.
    —Pase adelante el buen hombre,
    Yo á nadie niego mi casa.
    — ¡Ole! viva el rumbo! ¡bravo!
    No hay tierra como la España
    Para estas cosas... ¡Canelo!
    Sóóó... y con arrogancia
    Apeóse incontinenti,
    Echó al caballo la mant a
    Y acariciándole el cuello
    Con afectuosas palmadas,
    Lo despojó de las bridas
    Y lo dejó que pastara
    La yerba que sembró el padre
    Alrededor de la casa;
    Siguió á Lorenzo, y sentóse
    A la derecha de Blanca.
    Y Lorenzo con voz grav e
    Le dijo:
    —Buen hombre, vaya
    Y siéntese en otra silla,
    Ese es mi sitio.
    —Mil gracias,
    Contestó el mozo cortado 
    Pues le gustó la muchacha.
    Fijó los ojos Maña
    En la persona bizarra
    Del joven desconocido,
    Cuya visita extrañaba;
    Bajó los suyos la niña,
    Y en extremo preocupada
    En meditación profunda
    Sumergida observa y calla.
    Contempla el mozo extasiado
    El lindo rostro de Blanca,
    Y una sorda y lenta lucha
    Dentro su pecho se traba .
    Hay un misterioso encanto
    Que se apodera del alma,
    Que muchos no lo comprenden
    Y que simpatías se llama.
    Lorenzo, como hombre ducho,
    En observar se ocupaba
    Al huésped desconocido;
    Después tomó la palabra,
    Exclamando:

    —Diga el mozo,
    ¿Era usted el que cantaba?
    Vuelve el joven la cabeza,
    Sin saber lo que le pasa,
    Y así responde á Lorenzo
    Con la voz entre cortada.
    —Sí, señor, como ando solo
    La paciencia se me gast a
    Y cantando, alguna s veces
    Viene el fastidio y se larga .
    —Canta usted bien.
    —Hombre! hombre!
    Le gusta á usted; mucha s gracias.
    —Esos cantares del pueblo
    Le juro á usted que me encantan.
    —Así, así, yo sé coplas 
    Tan tristes y bien sacadas,
    Que harian llorar, si pudiera,
    Hasta la misma giralda
    De Sevilla...
    — ¡Qué chistoso!
    —Diga usted, ¿cómo se llama?
    —Yo, Juan Antonio.
    —¿De veras?
    —¿Y el nombre de usted, mi alma?
    —Me llaman aquí Azucena,
    Pero yo me llamo Blanca.
    —Pues aquí, niña, le ha n puesto
    El nombre que á usted le cuadra.
    Al punto comprendió el padre
    Que la hermosura de Blanca
    Habia afectado al mancebo
    Impresionando su alma.
    Hizo un gesto de impaciencia
    Y dijo:
    —Buen camarada,
    ¿Vive usted lejos?
    —Dos leguas
    Habrá desde aquí á mi casa,
    Contestó el mozo sacando
    Un puro de la petaca.
    ¿Usted quiere un puro bueno?
    —Hombre, no fumo, mil gracias.
    —Mire usted que se la pierde;
    Mi tabaco es una ganga ,
    Porque mejor no lo fuma
    Ni el general de la Habana.
    —Nunca me gustó el tabaco.
    —Pues hombre, es una desgracia:
    A mí sí, porque hecho humo
    Que hasta los cielos se larga ,
    Como se van los amores,
    Las dichas y la esperanza.
    El hombre que se enamora 
    Cuenta al cigarro sus ansias,
    Con el humo se entretiene;
    Y como el querer se acaba
    Como el cigarro, paz Christi,
    Se fuma otro nuevo y basta.
    —Estará usted enamorado
    De alguna linda muchacha.
    —Señora, no tiene amores
    Quien de dia y noche trabaja.
    Al oir esta respuesta
    Miró fijamente Blanca
    Al bizarro forastero,
    Y en sus audaces miradas
    Parecia que la niña
    Le daba al joven las gracias.
    Comprendió el padre el efecto
    Que hizo la respuesta en Blanca,
    Y enfadado dijo al mozo
    Que conmovido se hallaba:
    —¿Es usted hijo de Utrera?
    —No señor, nací en Granada.
    —¿Qué es usted?
    —Contrabandista
    Y ando como todos andan
    Huyendo de los lebreles,
    Que si alguna vez me agarran...
    —Lo persigue á usted el resguar
    —¿Que si me persigue? aguarda..
    No crea usted que se persigue
    El contrabando en España.
    En llevando usted levita
    Se guarda usted veinte cajas,
    Las pasa usted por las puertas
    Aunque sean de la aduana,
    Y ni el mismo Sunsumcorda
    Le dice á usté una palabra.
    Pero como sea usté un pobre
    De calañés y de faja, 

    Aunque tenga usted mas gente
    Que mantener que Juan Lanas,
    Lo persigue á usted el resguardo
    Y lo ahorcan si lo agarran.
    Yo no me meto con nadie,
    Pero al meterme en jarana
    Pienso en la madre que tengo.
    En mi madre y en mi hermami,
    Que son, créalo usted señora,
    Son las dueñas de mi alma.
    Pero cuando me persiguen,
    Ni cien tiros me acobardan,
    A este quiero, á este no quiero
    Pin! pun, pan, ¡qué zaragata!
    Y siempre quedo triunfante
    Como Espartero en Luchana.
    —¡Jesús! ¡Qué vida, Lorenzo!
    ¡Hija, que vida ta n mala.
    —No se apure usted, señora,
    Peor está Muley-el-Abbas,
    Que no le queda ni un cuarto
    Para pagarle á la España.
    Tiene el gobierno unas cosas...
    ¿Hay una poca de agua?
    Dispense usted la franqueza,
    Tengo seca la garganta .
    Iba el padre á levantarse
    Pero anticipóse Blanca,
    Y trajo á Juan con presteza
    Un búcaro:
    —Juyü sentrañas!
    Dijo el mozo.—No quisiera,
    Que por mí se molestara.
    Con seductora sonrisa
    Le dio la joven las gracias
    Por el andaluz piropo.
    Y rióse á carcajadas
    La madre; pero Lorenzo, 
    Que puca paciencia gasta,
    Cruzó severo los brazos
    Y una intranquila mirada
    Dirigió á la alegre niña
    Como diciéndole—Blanca,
    Hija, lo que estás haciendo
    De castaño oscuro pasa.
    —Buenas noches, dijo un mozo
    De ojos negros y tez pálida,
    Que se presentó mu y triste
    En la puerta de la casa.
    No es airosa su presencia,
    Ni sus modales encantan,
    Pero cualquiera que atento
    Un instante lo mirara,
    Veria en su rostro las huellas
    Que van dejando las lágrimas.
    Unos veinte y cuatro años
    A lo mas representaba,
    Y ya revelan sus ojos
    Las penas que sufre el alma.
    Besó la mano á Lorenzo,
    Miró con desconfianza
    A Juan Antonio, y con ira
    Le volvió brusco ia espalda.
    Saludó á la buena madre
    Y se sentó junto á Blanca.
    —Siempre así! dijo Lorenzo
    Mirando al joven con lástima,
    Narciso, díme, ¿qué tienes?
    —Señor Lorenzo... ¿yo?... nada!
    ¿Quién será este mozo cruof
    San Caralampio y qué facha.
    Está oliendo á Campo Santo;
    Replicó Juan en voz baja
    Fijando siempre los ojos
    En la joven.
    —¿Por qué callas? 

    Vamos, hombre, si padeces
    Narciso, ¿por qué no hablas?
    ¿No sabes t ú que se alivian
    Las penas comunicadas?
    —Hay una pena, Lorenzo,
    Que poco á poco nos mata ,
    Y esta pena con los años
    Se disipa ó nos acaba.
    —¿Qué pena es esa?
    —La ignoro...
    (Corazón revienta y calla.)
    Quedó Lorenzo admirado
    Al escuchar las palabras
    De Narciso, miró atento
    El contrabandista á Blanca
    Y se dijo:
    —Ese es el novio,
    Sin duda, de esta muchacha ,
    Ea, señores, me retiro.
    Buenas noches y mil gracias
    Por su...
    —Calle usted la boca,
    No tiene usted por qué darlas.
    —Señor, es usted mu y bueno;
    Si algú n dia le hago á usted falta,
    Hasta la pared de en frente
    Soy suyo; voy que me aguardan.
    Dirigióse hacia María
    Y la saludó con gracia,
    Pero al quitarse el sombrero
    Y al despedirse de Blanca,
    Brillaron sus negros ojos,
    Sintió oprimírsele el alma
    Y no pudieron sus labios
    Pronunciar una palabra.
    Observando que Narciso
    Con fijeza lo miraba,
    Sacó fuerza de flaqueza 

    Y dijo:
    —Me pongo en marcha,
    No olvide usté, hermosa niña,
    Que soy su esclavo:
    —Mil gracias,
    Contestó alegre la joven.
    —Vale usté un millón de plata.
    He visto muchas mugeres,
    Entre ellas muchas mu y guapas,
    Pero todas en un saco
    Por usté las cambiaba.
    Dijo, y alzóse Lorenzo,
    Y Narciso se levanta
    En aptitud ofensiva
    Lívido el rostro de rabia.
    En pié se puso la madre,
    Abrazó á Lorenzo Blanca
    Y Juan sosegadamente
    Dijo:
    —Señores, no es falta
    Decirle á una niña hermosa
    Que es linda y que tiene gracia,
    En fin, ustedes perdonen
    Y se acabó:
    — Que lo aguardan,
    Dijo impaciente Lorenzo.
    —Ya me largo, llevo el alma...
    Con que salud, buenas noches,
    Volvió á saludar á Blanca
    Y lanzó sobre Narciso
    Despreciativa mirada.
    —Queman mas que el hierro ardiendo
    Los ojos de esa zagala.
    Dijo saliendo con garbo,
    Corre al caballo, lo agarra ,
    Y montándose de un salto
    En la silla jerezana
    Exhaló un hondo suspiro, 
    Después se embozó en la manta
    Echó el caballo al galope
    Y partió como una bala,
    Dejando á Maria suspensa,
    Triste y pensativa á Blanca,
    Inquieto al anciano padre,
    Y de Narciso en el alma
    La inquietud y la zozobra
    Y de los celos la rabia.
    Cruzó los brazos Lorenzo
    Diciendo:
    —Tengo desgracia,
    Todo el que la vé la quiere,
    Y el que la oye se encanta.
    Volvió el buen padre los ojos
    Al sitio dó su hija estaba,
    Observó al joven Narciso
    Inmóvil como una estatua,
    Y vio que por sus mejillas
    Se deslizaron dos lágrimas;
    También ignora Lorenzo
    De su padecer la causa,
    Y sufre porque á Narciso
    Como á un buen hijo idolatra.
    En extremo pensativa
    Su inquietud demuestra Blanca;
    Aplica atent a el oido,
    Triste escucha lo que hablan,
    Duda, teme, se extremece,
    Velozmente se levanta,
    Fija la vista en el valle
    Con la ansiedad del que aguarda
    Y de su agitado pecho
    Hondo suspiro se exhala.
    Otro nuevo personage
    Embozado en negra capa
    Rápidamente atraviesa
    Por la puerta de la casa. 

    Tembló un momento la joven,
    Volvió á otro lado la cara
    Y reflejó su semblante
    La honda angustia de su alma.
    Fijó los ojos Narciso
    En la linda faz de Blanca,
    Y sin dar las buenas noches,
    Que horribles celos lo abrasan,
    En pos del desconocido
    A toda prisa se lanza.
    No comprendió el buen Lorenzo
    Por qué el joven se marchara .
    Tomó la mano á su madre
    La niña trémul a y pálida,
    Que al fin habia comprendido
    Lo que su padre ignoraba .
    Anunció lenta las once
    Con ronca voz la campana,
    Entró la niña en su cuarto
    Que así el padre lo mandara.
    Y después entró la madre
    Que en vano á su esposo aguard
    Y este quedó pensativo
    En la puerta de la casa. 



    III.

    Ayes del alma.

    Son tan grandes mis fatigas
    Que casi me van ahogar,
    Pe siguen unas á otras
    Como las olas del mar.
    ¿A quién le contare' yo
    Lo que á mí me está pasando?
    Se lo contaré á la tierra
    Cuando me estén enterrando.
    Coplas populares.
    EN el lejano azul del horizonte
    Gallarda brilla la argentina luna,
    Y al verde prado y la llanur a amena
    Con sus rayos blanquísimos alumbra.
    Las azuladas bóvedas del cielo
    Tímida estrella solitaria cruza;
    De su esplendor la nube avergonzada
    Hacia el ocaso se retira augusta .
    Noche grata , magnífica y serena,
    De esas que el triste con anhelo busca
    Y en las que cuenta á las errantes brisas
    Su grave pena y su mortal tristura. 
    Lorenzo inclina la cabeza cana
    Sobre su pecho, por su frente cruzan
    Tristísimos y negros pensamientos
    Que su alma llenan de mortal angustia .
    Dolor intenso, incomprensible, agudo,
    Que allá en su fondo el corazón oculta,
    Y que revela el pálido semblante
    En el silencio de la noche augusta .
    ¿Quién causa su dolor? ¿Por qué suspir
    Y un lenitivo á su aflicción no busca?
    ¿Por qué derraman sus dolientes ojos
    Lágrimas abundantes de amargura ?
    Su pobre corazón es un arcano
    Y cada fibra un sentimiento oculta,
    Y airado invade su abrasada frente
    El negro pensamiento de la duda.
    Diez lustros ha cumplido el buen Lore
    Y es esbelta y gallarda su apostura;
    Sus huellas el pesar dejó en su rostro
    Y en su espaciosa frente las arrugas.
    Blancos cabellos y mirada altiva,
    Su grav e rostro la tristeza anuncia;
    Por su honradez el vulgo lo respeta
    Y con bienes brindóle la fortuna.
    Si á las fiestas del valle lo convidan
    Con corteses palabras se disculpa,
    Y jamás se separa de su esposa,
    Ni á su adorada hija deja nunca.
    Si alguna vez un pensamiento aleve
    El mar revuelto de su frente surca,
    Brillan siniestros sus azules ojos 
    Y entre sus manos la cabeza oculta.
    No puede el hombre ni las ciencias pueden,
    Endulzar del dolor las amarguras:
    Cuando la pena el corazón desgarra,
    ¿Quién dá el consuelo que el que sufre busca?
    A la voz de Narciso que llegaba
    Lorenzo levantó la faz adusta,
    Y un suspiro exhaló, triste, doliente,
    Grave presagio de la pena suya.

    Por el moreno rostro del mancebo
    Lágrima lenta y silenciosa cruza,
    Y el anciano y el joven se comprenden
    Que en ambos pechos el dolor se oculta.
    El alma que á sufrir es condenada
    Por la mano cruel de la fortuna,
    En la escabrosa senda de la vida
    Otra alma noble con anhelo busca.
    Y otra alma encuentra que su mal consuela,
    Ambas placeres y dolor disfrutan,
    Ambas sufren, se hablan, se comprenden;
    ¡Almas que el cielo convirtiera en una!
    Sentóse el triste joven y el anciano
    Sobre el pecho inclinó la frente mustia;
    Poco después al abatido joven
    Con voz entrecortada le pregunta :
    —Narciso, ¿por qué al salir
    No distes algún consuelo
    A mi aflicción?
    —Vive el cielo
    Que iba á matar ó á morir! 
    ¿Consuelo me pide? á fé
    Que mi ciencia es infinita:
    Hoy Narciso necesita
    De los consuelos de usté .
    —Hablas y no te comprendo...
    Mis angustia s son mayores...
    — ¡Dios mió! ¿son sus dolores
    Como los que estoy sufriendo?
    ¿Usted no vio á un hombre...
    —Sí.
    —Pues bien, á Blanca miró
    Y Blanca palideció.
    —¿Y qué hicistes?
    —Lo seguí.
    Le juro á usted por mi nombre
    Que atrás el rostro volvía
    Cuando vio que lo seguía...
    —¿Y amará Blanca á ese hombre?
    —Lo ama, sí, ya lo he observado
    Y ese hombre me provoca...
    — ¡Mientes!
    —¿Cuándo se equivoca
    Un celoso enamorado?
    —Tú la amas?
    —Yo la adoro,
    Y con ciega idolatría:
    Por ella el alma daria;
    Yo no tengo otro tesoro.
    La triste idea de perderla
    Destroza mi corazón,
    La amo, Lorenzo, perdón,
    Pero déjeme usted verla. 
    Me debe usté perdonar
    Si este amor le causa enojos,
    ¿Tengo culpa en tener ojos?
    ¿Es un delito el amar?
    Ya no puede mi alma herida
    Soportar mi amor profundo.
    ¿No hay médico en este mundo
    Que cure de amor la herida?
    Perdón, Lorenzo, perdón,
    Si adorarla me he atrevido,
    No es mi culpa haber nacido
    Con tan grande corazón.
    —Narciso, á mis brazos ven,
    Sé lo que quema esa llama;
    Sé como vive el que ama.
    ¡Ay yo he querido también!
    Nuestro destino es fatal,
    Y al cabo ha querido Dios
    Que en este mundo á los dos
    Nos hiera el mismo puñal.
    —Sus penas cuénteme usted,
    También desgraciado soy,
    Diga usted sus penas hoy
    Y yo lo consolaré.
    He visto que usté ha llorado,
    Mucho debe usted sufrir,
    No me quiere usted decir
    Sus penas, y me he callado.
    Jamás la ventura hallé,
    No sé si alguno la halló:
    Una vida tengo yo 
    Y aquesta vida es de usté.
    Al huir las alegrias
    Se van las horas serenas:
    Vamos, cuente usted sus penas
    Que yo le diré las mias.
    Dijo el joven, y Lorenzo
    Los ojos al cielo alza,
    Y por su agraciado rostro
    Corren abundantes lágrimas.
    Vá á revelar al mancebo
    Los secretos de su alma.
    Y trascurrido un instant e
    Así se expresó en voz baja:
    —Tengo un pensamiento eterno
    Que atosiga mi memoria,
    Fué lo pasado mi gloria,
    Y lo presente mi infierno.
    El amor brinda ventur a
    Y todo en él es placer,
    Y luego nos dá á beber
    La copa de la amargura .
    Joven, llorar y sufrir,
    Y ver su dicha perdida,
    Y aborrecer á esta vida.
    Es el todo del vivir.
    —¿Usted no cree en la esperanza
    ¿En qué funda usté ese empeño?
    —En que la esperanza es sueño
    Y de ella poco se alcanza.
    Es una loca ilusión
    Que mucho al hombre promete, 
    Nada cumple, es un juguete
    Que entretiene al corazón.
    —Tal vez en su triste duelo
    Loco la maldice el hombre,
    ¡La esperanza! dulce nombre,
    La esperanza es don del cielo.
    —Cuando es adversa la suerte
    Y cuando el ma l nos persigue
    El bien que el hombre consigue
    Es el placer de la muerte.
    —Lorenzo, ¿hay mayor dolor
    En esta efímera vida
    Que ver su dicha perdida,
    Vivir muriendo de amor?
    —Son horribles desventuras
    Las que en el mundo has sufrido,
    Pero á mí me han afligido
    Otras mayores torturas.
    Tanibien en mi juventud
    Edad de dichas y flores,
    Tuve plácidos amores
    Que disfrutara en quietud.
    ¡Tiempo que no ha de volver!
    Breve y llorada alegría!...
    Impresionó el alma mia
    El amor de una muger.
    Cual la ilusión era bella
    Y envidiable su fortuna,
    Mas era humilde mi cuna
    Y de hidalga cuna ella. 
    Nuestro amor descubrió el pad
    Y en mi amargo desconsuelo
    Amparo le pedí al cielo:
    ¡Mi bella llegó á ser madre!
    Y después cuando imploraba
    Perdón á su amor violento,
    En un lejano convento
    El padre la sepultaba.
    Tomó el honor por escusa,
    Dando mi pena al olvido,
    Y al hijo tierno y querido
    Depositó en un a inclusa.
    Mis ilusiones divinas
    Marchitas las encontré,
    Y desde entonces marché
    Por un sendero de espinas.
    Mucho tiempo trascurrió,
    Y encerrada en el convento
    Víctima de su tormento
    Mi adorada sucumbió.
    Murió la que amaba tanto;
    Mi único bien y mi gloria;
    Hoy me queda su memoria,
    Sí, su memoria y mi llanto.
    De los ojos de Lorenzo
    Brotaron copiosas lágrimas,
    Y reveló su semblant e
    Las angustia s de su alma.
    Narciso pálido y trist e
    Conmovido lo escuchaba.
    Y el desventurado padre
    Después de una breve pausa 

    Con acento dolorido
    Volvió á tomar la palabra.
    —Tal vez me maldecirá
    Ese hijo desgraciado,
    Creyendo que me he olvidado
    De su existencia.
    —Hallará...
    —Tal vez en su triste suerte
    Y cansado de sufrir,
    Trueque el dolor de vivir
    Por el goce de la muerte .
    Si comprendieras mi duelo,
    Mi amargura , y mi ansiedad...
    Tal vez en triste orfandad
    Gima en extrangero suelo.
    La pena me parte el alma
    Y por su suerte me aflijo:
    Cuando el Señor nos dá un hijo
    Se lleva en cambio la calma.
    Mi reposo sacrifico
    Y tras de la pena voy.
    ¿Se creerán que feliz soy
    Siendo honrado y siendo rico?
    No enjuga el oro en verdad
    Estas lágrimas que lloro;
    Miente quien diga que el oro
    Nos dá la felicidad.
    Solo ha logrado vencer
    En tan reñida batalla,
    María, que ha puesto una valla
    Entre el amor y el deber. 

    María, ángel de candor,
    Destello puro y divino
    Que colocó en mi camino
    Para salvarme el Señor.
    Ella es mas afortunada,
    No sabe que siempre lucho
    Con el dolor, la amo mucho
    Para hacerla desgraciada.
    Y si alguna vez se inquieta
    Al comprender mi dolor,
    Como es inmenso su amor,
    Sufre mucho y lo respeta.
    Y triste la veo llorar,
    Y triste me vé sufrir;
    No me es posible vivir,
    Porque no puedo olvidar.
    Ni mi esperanza se trunca ,
    Ni cesa mi padecer,
    Si se ama á una muger
    No puede olvidarse nunca.
    Y cuando en eterna gloria
    Busca el alma su consuelo,
    El que ama en este suelo
    Nunca olvida su memoria.
    El primer amor enciende
    El santuario del alma,
    Nos dá la ilusión su palma
    Y el hombre no lo comprende.
    Después se suele encontrar
    Otra muger que admiramos,
    Nos creemos que la amamos 
    Porque nos suele halagar.
    Pero ese amor no es el mismo
    Que nos robó nuestra calma
    Y engaña el hombre á su alma
    Engañándose á sí mismo.
    No he olvidado en mi vejez
    El amor que mi alma encierra,
    Una vez se ama en la tierra...
    —Yo estoy amando esa vez.
    Dijo Narciso ocultando
    Entre sus manos la cara,
    Porque en su emoción sublime
    Sintió oprimírsele el alma.
    Pura, inefable, elocuente
    Bañó su faz una lágrima
    Que elabora el sentimiento
    Y por los ojos se escapa,
    Presagiando los pesares
    Que en nuestro pecho batallan.
    Cruzó el buen padre los brazos
    Y el triste joven aguarda
    Poder hablar, que en su pecho
    Arde del amor la llama:
    Ambos guardaron silencio:
    Satisfecho de su causa,
    El buen Narciso se atreve
    A entrar con Lorenzo en plática.
    —Cuando á impulsos del dolor
    Iba á dar fin á mi vida,
    Me quitó el arma homicida
    La mano de usted, señor.
    Yo le dige, buen anciano,
    Amparo por caridad, 
    No me niegue su amistad;
    Y usted me tendió su mano.
    Usted me enseñó á vivir
    Y mi destino á llorar,
    Mi suerte me enseñó amar,
    Blanca me enseñó á sentir.
    Yo sé que es una locura
    Abrigar esta pasión,
    ¡No puede mi corazón
    Poseer tanta hermosura!
    Señor, con lenguaje extraño
    Dice mi madre afligida,
    Que las flores de la vida
    Las marchita el desengaño.
    Que la muge r brinda amor,
    Que prodiga sus favores
    Y que después dá entre flores
    La copa del sinsabor.
    Que es un delirio el placer
    Y el amor que el alma encierra,
    Que solo existe en la tierra
    La muerte y el padecer.
    lilla dice con empeño,
    Rebosando el pecho ira,
    Que la amistad es mentira
    Y que el amor es un sueño.
    Dice que amar con delirio
    Es horrible padecer,
    Que el hombre dice placer
    En vez de decir: martirio. 
    Yo nunca quiero escuchar
    Ese lenguaje iracundo,
    Porque creo que en el mundo
    Hay necesidad de amar.
    Y es tan bendito el amor
    Que se apodera del'alma ,
    Que á mí me quitan la calma
    Un pájaro y una flor.
    —De este valle á la maleza
    No llega el torpe sarcasmo,
    Y el hombre con entusiasmo
    Ama á la naturaleza.
    Aquí de la dicha en pos,
    Siempre para el bien propicio,
    El hombre aborrece al vicio
    Y adora rendido á Dios.
    Las fugaces ilusiones
    Enjendran al pactecer.
    ¡Si el hombre pudiera ser
    Superior á sus pasiones!
    —Lo quiero á usted como á un padre,
    Y sus consejos escucho,
    Y Lorenzo, extraño mucho
    Que no conozca á mi madre.
    Niño á mi padre perdí
    Y me quedó sin consuelo,
    Lorenzo, bien sabe el cielo
    Cuanto en mi infancia sufrí.
    Le cuento lo que me pasa,
    Mis penas, mis desengaños,
    Y van pasando los años 
    Y usted sin ir á mi casa.
    —Escucharte me dá pena
    Y tu razón considero,
    Mas no puede el jardinero
    Descuidar á su Azucena.
    Existen hombres traidores
    Por estas verdes campiñas,
    Y no olvides que las niñas
    Son lo mismo que las flores.
    Cual las flores son hermosas,
    Cuidarlas mucho es preciso;
    Si no se cuidan, Narciso,
    Se ajan como las rosas.
    —Es verdad, yo considero
    La razón que á usted le asiste;
    Yo soy una adelfa triste
    Y como la adelfa muero.
    A usted entrega un desdichado
    Su bien, su vida, su suerte,
    Usted me dará la muerte,
    Ó usted me har á afortunado.
    Lorenzo escucha á Narciso
    Que con tanto fuego habla,
    Y conmovido lo mira;
    La adusta frente levanta,
    Lleva la mano á su pecho,
    Y creyendo en las palabras
    Del infortunado joven
    Que en amor puro se abrasa,
    Le- dice solemnemente
    Con grave acento, voz clara: 

    —Blanca es de mi "bien la flor,
    Y en sus albores tempranos
    La cultivaron mis manos
    Con el esmero mayor.
    Tu inocente amor respeto,
    Porque sincero ha de ser:
    Blanca será tu muger.
    — ¡¡De veras!!l
    —Te lo prometo.
    La faz del triste Narciso
    Púsose de pronto pálida,
    La estrecha cárcel del pecho
    Intentó romper su alma,
    Latió el corazón con fuerza,
    Bendijo el nombre de Blanca,
    Besó las manos al padre
    De la muge r que adoraba,
    Alzó los ojos al cielo,
    Derramó copiosas lágrimas,
    Intentó hablar y no pudo
    Pronunciar una palabra.
    Hay en la vida emociones
    Incomprensibles y santas,
    Que bruscamente conmueven
    Y que algunas veces matan.
    Despidióse el buen Narciso,
    Entró Lorenzo en su casa
    Y se retiró la luna
    Ante el resplandor del alba.




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    SOFÍA RODRÍGUEZ GARCÍA

    Bucaramanga, Colombia, 1976.
    Escritora, editora y artista colombiana.

    Se desempeñó como coordinadora de espacios organizativos como el POECP (Proyecto Organizativo de Educación y Cultura popular), Defensora de Derechos Humanos y de Género, educadora popular, tallerista de literatura y activista en  comunidades desplazadas por la Violencia e indígenas. Ex detenida política, años 2003- 2009 donde se desempeñó como presidenta mesa de trabajo, DDHH y docente.
    Su obra se encuentra publicada en varias antologías colombianas y de otros países y revistas, principalmente de Rumania (de  la asociación de escritores rumanos y en la editorial de la biblioteca metropolitana de Bucarest) Colombia, España, Argentina, Portugal, El Salvador, Chile e Italia.

    Publicó “Cada vez que cobija el fuego” de ambivalente editorial y actualmente edita el libro de poemas “El bar de la avenida 33”, una novela, un libro de relatos eróticos (parte de una investigación que viene desarrollando desde el año 2007), producciones audiovisuales y de fotografía enmarcados en lo que ha denominado como “proceso poético, un licor de meu: expresiones sin texto”.
    Ha sido invitada a diferentes festivales internacionales de poesía en Argentina y Colombia. Su obra como artista visual y escritora ha sido referenciada en diferentes periódicos del mundo. Su obra ha sido traducida al italiano, rumano, catalán y portugués.


    "Quiero hacerte un hijo silencioso
    de colores tan oscuros como este sol que se ha vuelto llanto
    cuando me grito las puertas cerradas"



    MIRADA

    Más allá de las lógicas y aventuras
    me puedes agarrar del cuello y respirarme.
    Huir de mí en un triángulo de manos
    y osar de especulador de trinos

    Tu vista es igual desde la luz
    y aquí: lugar de los espejos,
    donde el repudio te cubre parte del rostro




    LLAMADA

    Se despiden transparentes
    con crema de manos para despedazar el cuerpo
    (Para esa limpieza no está de más el trapito)

    Cada quien se viste con mantas recientes:
    pareciera algunas veces que el tiempo
    retomara las caricias y los cueros en la ceguera.

    Él , acostumbrado a los escampaderos,
    vibra los textos con gritos de fugas.
    Ella arranca las paredes que sin ventanas observan.

    Se abandonan en el caminar de cuerdas invisibles,
    lazos que la tierra escupe con motivos

    Ella arma ríos y cascadas de párpados.
    Él, como escapista de las sienes, se los bebe:
    etílico lápiz acordona en sus pesares

    No son buenos para los nudos aquellos
    que enroscan concentrados y lavan sus cortinas de piel.

    de Cada Vez que cobija el fuego




    CACTUS

    Te veo a través de la pintura que recrean mis ojos,
    el estómago domina mi espalda que se encorva
    con un dolor creciente y piernas en escala.

    Revientan lapiceros con desechos
    ¿Y qué más queda?
    Esa luz me enferma.

    Están tus brazos y la patita blanca de un gato
    cactus interruptus en un tobogán de carnes,
    un encanto de funerales que otros advierten
    (virgen de narices y párrafos infectados)
    Mis zapatos aletas nadan cerquita de tus barcos
    permanecen alertas de sombreros y un armario abierto
    (solo en uve se visualizan, cantan su desahogo)

    En el pasillo de fotos que reviven los sitios fantásticos
    vuelan arrastrados los honores por esa tierra que yace.

    Mejor durar parte del tiempo entre los pájaros y el paraíso,
    los plátanos son vestidos como muñecos de historieta
    y es ahí donde su temible cuello no permanece tendido.

    Ya veré cómo se van lejos de mí los fantasmas de la sangre
    ya advertiré sus mojados sueños ir detrás de otros
    socorriendo los suicidios que tiñen los carbones secos.




    CANTO

    Corazón pecaminoso,
    ¿Qué haré sin vos cuando me entre el arrepentimiento
    con las cobijas de la culpa agobiadas en sus puños?
    bárbaros llantos de trenes
    pecho arrancado a mordiscos

    ¿Qué haré cuando ya no resista tus gritos y la hipocresía?
    bálsamos de semen que cincelan tus arterias y tu andar
    bonito
    un tun tun que desprecio en mi angustia

    ¿Para qué me esperas?
    Reventadas las lenguas en tu hielo
    soñaré otra vez contigo,
    agrio corazón de rabias

    Entrégame la histeria de un regalo,
    sueños tragados y colillas arañadas,
    haré una almohada de plumas
    y hojas crujientes de otoños.
    Corazón pecaminoso,
    quiero lunas en ventarrones
    y fastidiosos cráteres del odio.

    Corazón pecaminoso,
    arróllate que irritas
    de la prisa
    la línea
    y la blanca mano.



    CUEVA DE FUEGO

    Todo sábado es esperma
    de lamentos y recuentos
    Todo sábado es el martirio de obsequios
    con residuos de sorpresas
    aventajadas

    Limito recogerme en tres pasos
    viéndose los índices corriendo
    como hacendosos sudorosos
    No abordan ni el nivel asesino
    de llagas puestas en equívocos

    Mal día para trotar: llueve
    y mis medias se han ido en los charcos
    y días recorridos saltando

    No renacen cuevas
    ni otros dolientes
    se objetan nimiedades
    próximas.

    Como ramas en sucesión
    con besos de sol
    van de helechos cruzados
    en un jardín bonito

    Retumbando peleas de gavilleros
    revelando memorias
    mirando rostro estallando de ardor

    El tiempo y su desplome
    en un abismo lento,
    como vicio amando
    su extremada delgadez,
    sus rocas de rabia,
    sus lacayos prometedores

    Ahorro soberbia respondiendo relatos
    recogidos en una cueva de fuego
    que limpia tu nombre,
    llama un segundo el camino rebotado
    con sus nubes frotando mejillas
    de terror con parlantes,
    cortejando en su horizonte
    sandez que referencio




    TRANSEÚNTES ELECTOS

    Amanecen extraños nadando
    como si su piel
    fuera una cortina de barcos

    De noche todo se exhibe
    en un santiamén de oráculos
    por una corrida de exóticos

    Reinician redundancias
    en correos insulsos
    y un asco premonitorio

    Concupiscencia en texto
    que oprime pechos
    y espaldas magulladas

    Se amanece con un grabado,
    un rostro perfecto de luces
    sonrisas, sudor,
    noticias fascistas,
    rabia de un país incierto

    El cansancio que escarban
    permanece inmóvil
    en una lamentación de huesos,
    hospitales de inyecciones
    contundentes y abrazados

    Se les amerita
    como siempre y sin disculpa
    abono,
    tierra,
    cal de huesos

    Se duchan
    con cuchilla de estiércol
    y una pomada de callos




    LETAL

    Descárgame de risas absurdas
    dulces besos y textos mordaces.
    Ven y hurta
    las mordeduras del aliento

    Cuando puedas grítame los demonios
    que con afanes abrazamos.
    Ven y tira las ropas de segunda mano,
    agóbiame para verte
    ayúdame como enferma terminal
    a este buen morir que quiere contar tu piel.

    Haz del mundo
    el resto del vacío
    el poro de brasas
    el desperdicio que nos cubre
    todo eso a lo que recurrentemente llegamos.




    LOCA

    Me han llamado loca
    la loca de la luciérnaga en la lengua

    Me tiran lluvia en tejados transparentes
    piedras de pintados suplicios

    Lavan mi rostro con sables
    me arrojan los trapos, la mierda
    mis piernas se recogen
    las voces ahogan mis pulmones

    La loca de la luciérnaga en la lengua
    tiene algo que contarles:
    Se han pronunciado los remiendos de los callos
    parapetos de las uñas cortadas por la mitad

    Los Puños en las tráqueas
    son los amantes de mi morfina
    pero ni los codos del odio
    vacilan en mi garganta
    lejanos están ellos
    con sus decanas máscaras
    que se oxidan en los venenos del día




    ABRAZO

    Ellos se abrazan en un surco de líneas entrecruzadas,
    con su mochila de perdigones acarician el pecho de heridas.
    Se lapidan, lamen y desvanecen como si la noche sanara
    la ceniza que habita en el desdoblamiento de las rosas.

    A la vuelta se les ocurre mutar en un desencuentro,
    vacilantes observan los edificios que trituran sus cabezas,
    huelen el cuello de olores de sábanas, el espejo y la raja,
    se escuchan atropellados lejanos con síntomas en los dedos.

    Nuevamente las espigas del aliento existen bajo ellos,
    la lluvia de los ojos -intrusa de las mejillas- es piel de calle.
    Se laceran los forros, acarician de sí la vida del recuerdo,
    los sueños ya no los visten, orugas del alba,
    las desapariciones de llagas parten en las venas




    SILENCIO

    El amor que me brota en las pupilas
    hace alianzas con mi muerte
    se aferra a las uñas
    al alcohol
    a la sinfonía de las voces
    a los estiramientos del otro día

    Se llenan de escamas
    las piezas del tiempo
    lamen las carencias de las córneas
    las ausencias
    los disparos de despedidas
    y sus atrevidas entregas
    del amor escapista

    Tu música de pecho
    permanece en mi pómulos
    escupe sus ahogos
    en los ángulos de mi boca

    Los brindis ya están exhaustos
    se han quedado entrelazados
    con lenguas parcas





    .


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  • 11/03/16--05:22: PETRE STOICA [19.451]

  • Petre Stoica 

    Petre Stoica (Nació el 15 de febrero de 1931, en Peciu Nou, Timis County (Rumanía) - Falleció el 21 de marzo de 2009, en Jimbolia, condado Timis) fue poeta, traductor, periodista y bibliófilo escritor rumano. Fue uno de los fundadores de la "Generación del 60" espiritual junto a Nikita Stanescu, Calinescu, Mircea Ivănescu, Cezar Baltag, Modest Morariu, Vasile Gordu.

    POESÍA:

    "Poeme" (1957),
    "Pietre kilometrice" (1963),
    "Miracole" (1966),
    "Alte poeme" (1968),
    "Arheologie blânda" (1968),
    "Melancolii inocente" (1969),
    "O casetă cu șerpi" (1970),
    "Orologiu" (1970),
    "Bunica se așeaza în fotoliu" (1971),
    "Sufletul obiectelor" (1972),
    "Trecatorul de demult" (1975),
    "Iepuri și anotimpuri" (1976),
    "O nuntă de cenușa" (1977),
    "Un potop de simpatii" (1978),
    "Copleșit de glorie" (1980),
    "Prognoza meteorologică" (1981),
    "Amintirile unui fost corector" (1982),
    "Întrebare retorică" (1983),
    "Caligrafii și culori" (1984),
    "Numai dulceața porumbelor" (1985),
    "Suvenir" (1986),
    "Viața mea la țară" (1988),
    "Tango și alte poeme" (1989),
    "Piața Tien An Men II" (1990),
    "Visul vine pe scara de serviciu" (1991),
    "Fabule și epigrame" (1995),
    "Manevre de toamna" (1996),
    "Marea pururi marea" (1996),
    "Zicale și reflecții actuale" (1996),
    "Uitat printre lucruri uitate" (1997),
    "Insem-nările cultivatorului de mărar" (1998),
    "Șambelan la curtea coniacului" (1999),
    "La scufundarea vasului Titanic ,I-II" (1999-2000),
    "Manevrele de toamna" (1996),
    "Insomniile bătrânului" (2000),
    "Vizita maestrului de vânatoare" (2002),
    "Veșnic absentă veșnic prezentă" (2002),
    "Carnavalul prenocturn" (2004),
    "Pipa lui Magritte" (2005),
    "Ultimul spectacol – 101 poeme" (2007),
    "O nuntă de cenușă" (2008), și altele.
    A tradus în limba româna operele unor importanți scriitori germani, fiind autorul antologiilor ”Poezia germana modernă” (1967) si ”Poezia austriaca moderna” (în colaborare cu Maria Banuș - 1968).

    DISTINCIONES Y PREMIOS:

    Premiul Festivalului George Bacovia, Bacău (1971);
    Premiul Asociatiei Scriitorilor din Bucuresti (1971, 1974),
    Premiul Asociatiei Scriitorilor din Sibiu (1985);
    Premiul Uniunii Scriitorilor (1976, 1980, 1991),
    Premiul “Serile de poezie Vânători", Piatra Neamț (1992);
    Premiul National de Poezie “Mihai Eminescu”, Botoșani (1994),
    Marele Premiu „Ion Vinea" pentru poezie (1996);
    Premiul Uniunii Scriitorilor, Filiala Timișoara (1996);
    Premiul de excelență culturală acordat de Austrian Airlines (1999);
    Premiul Festivalului de poezie București (2000),
    Marele Premiu al Uniunii Scriitorilor (2001),
    Marele premiu al Traducătorilor acordat de APLER, București (2005),
    Ordinul National “Pentru Merit” în grad de Cavaler.




    CON TUS SOMBRAS

    Es tan bueno no tener oro premios literarios hierbas secas
    nadie te invita a las recepciónes de lujo así que
    puedes dormir tranquilo con tus sombras y continuamente
    las penas se transforman en nubes que van hacia la muerte
    a mi me gusta escuchar por la noche el tictac oculto
    de los gramófonos rotos aromas valiosos
    salen de mis flores de immortelle tenidas
    sobre un libro antiguo es tan bueno vivir
    olvidado entre las cosas olvidadas

    Traducido por Andrei Langa


    CU UMBRELE TALE

    E atât de bine să nu ai aur premii literare herbare
    nimeni nu te cheamă la recepţii pluşate astfel
    dormi liniştit cu umbrele tale şi pururea parcă
    regretele iau forma norilor ce pleacă spre moarte
    mie îmi place noaptea să ascult ticăitul ascuns
    din inima gramofoanelor sparte miresme scumpe
    se ridică discret din imortelele mele dispuse
    pe o carte veche e atât de bine să trăieşti
    uitat printre lucruri uitate




    Tras la separación

    Tras la separación
    queda la tristeza del sable oxidado
    la sal del pan se obscurece
    la luz de la flor se pudre
    y queda un espacio ilimitado
    lleno de espejos que te engulle siempre
    y siempre queda la tristeza de sable oxidado



    După despărțire 

    După despărțire 
    rămâne o tristețe de sabie ruginită
    sarea din pâine se întunecă
    lumina din floare putrezește
    și rămâne un spațiu nemărginit
    plin de oglinzi care te înghit mereu și mereu
    rămâne o tristețe de sabie ruginită
    Després de la separació



    Deprés de la separació

    roman la tristesa del sabre oxidat
    la sal del pa s’enfosqueix
    la llum de la flor es podreix
    i resta un espai il·limitat
    ple d’espills que t’engoleix sempre
    i sempre roman la tristesa de sabre oxidat
      


    El poema

    La hormiga atravesando indiferente
    el filo del hacha.



    Poemul

    O furnică traversând nepăsătoare
    tăişul securii.



    El poema

    La formiga travessant indiferent
    el tall de la destral.

    Traducción de Pere Bessó



    Registre

    Nasterea mea e trecuta-n registru
    botezul meu e caligrafiat si el în registru
    diagrama sârguintei si lenei mele -
    urmarita în munti de registre scolare
    furând cândva un trandafir pentru tine
    am fost pedepsit si trecut în registru
    între file cu rubrici grosolane
    sta parafata cuminte
    eterna mea dragoste pentru tine
    fiul nostru: trecut si el în registru
    mereu si mereu Petre Stoica prezent în registre:
    pentru boli pentru gânduri pentru atâtea si-atâtea
    datorii neachitate la timp
    pâna-n ziua când capacul de sicriu al registrului gros
    va cadea în sfârsit pentru ultima data
    peste numele meu de om plecat dintre vii 





    Sfaturi pentru cel care vrea sa-şi schimbe modul de viața

    Taie-ți unghiile ca în nopțile de germinație sa nu zgârii chipul soției
    daca suferi de podagra aşteapta revizuirea manualelor de botanica
    fierbe ceai de sunatoare pentru orele când sosesc în vizita fantomele
    reteaza capul curcanului ca acest mareşal senil sa nu mai întreprinda niciodata nimic construieşte-ți un sicriu cu motor sa poți ajunge la înhumare în condiții optime
    fii familiar cu viespile care te înțeapa şi nu le fura dreptul la opțiune
    sparge oglinzile moştenite întrucât în adâncul lor viermuiesc imagini meschine pe drumul încercarii înfrațeşte-te cu morile de vânt ele croşeteaza şi iarna în fața îndepartarii fii curajos exista ceritutdini şi în burta rechinilor în toate împrejurarile vieții considera mararul drept planta universala nu te lasa la cheremul lampii cu acetilena şi goleşte-ți singur buzunarele descalța-te fara teama şi danseaza polca pe covorul de maracini
    aduna ban cu ban şi plin de încredere cumpara operele mele complete
    asculta-mi sfaturile cu înflacararea specifica plopilor în vânt
    iar încântatoarea ta tradare sa aiba loc pe vreme de ploaie autentica 






    .

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    HERNÁN VALLADARES ÁLVAREZ

    Hernán Valladares Álvarez nace en Madrid en 1970, lugar en el que se instalaron sus padres en los años 50 procedentes de México. Se licenció en Filosofía y Letras por la Universidad Autónoma de Madrid.  Ya casado, se trasladó a Estados Unidos, donde impartió durante un curso lectivo clases de Literatura y Lengua Española como profesor visitante en la universidad de Darmouth College, estado de New Hampshire. Tras su regreso a España vivió en Salamanca, donde compuso su tercer poemario, Las horas y los hombres y escribió una novela, Dioses y mosquitos. Un año después, su mujer y él pudieron trasladarse a Asturias, lugar de origen de buena parte de sus ancestros. En Oviedo nacerían sus dos únicos hijos (años 2002 y 2006). Cuando parecía que había fijado su residencia en una pequeña casa cerca de Las Caldas, a 9 km de Oviedo, la más pura supervivencia le obliga a dejar Asturias, después de 13 años viviendo en ella, e irse con toda la familia a tierras mexicanas, pareciendo cerrar así un extraño ciclo genético de emigración, pues de allí habían retornado en los años 50 sus progenitores. Pero ningún ciclo se había cerrado todavía. Si se dice en la reseña biográfica de su novela El hombre diminuto que un accidente de moto a los veinte años (año 1991) le había hecho caer en brazos de la literatura, después de un año viviendo en la ciudad de Querétaro, México (año 2013), un nuevo accidente de motocicleta aún más grave, esta vez a los cuarenta y dos años de edad, lo obliga a ser trasladado de nuevo a España e ingresado en el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo, en el que estuvo nueve meses y del cual fue dado de alta el 14 de febrero del año 2014, con tetraplejia hasta el momento irreversible.  
    Durante algunos años dirigió la sección de reseñas literarias de la revista de literatura profesional Voz y Letras. 

    El autor ha dado algún recital poético y presentado sus poemas en público, por ejemplo en el Instituto Jovellanos de Gijón, dentro de la celebración de la 9ª edición del Salón del Libro. Algunos de sus poemas están publicados en revistas literarias, tales como El invisible anillo, que publica la editorial Eneida. 

    Cuenta con varios libros escritos de carácter ensayístico, algunos sobre aspectos filológicos y otros más bien filosóficos, como Ser optimista o pesimista. 

    Cuenta con cinco poemarios, El juglar del Apocalipsis, Vidrieras, el ya citado Las horas y los hombres, La sombra luminosa y En honor de la verdad (publicado en México por la editorial Praxis, 2012). También ha escrito varios libros narrativos, como las novelas Dioses y mosquitos y Tres domingos, o los cuentos Narraciones de la carpeta larga. 

    Su novela El hombre diminuto fue editada por la editorial Bohodón en el año 2011. Novela de antropología ficción y marcado carácter psicológico, ha tenido muy buena acogida entre sus lectores y ha cosechado alguna que otra crítica muy laudatoria. Bien ameritaba una reedición en alguna editorial más potente y a la que apoye algún tipo de publicidad.

    Recientemente (diciembre de 2015) ha publicado el cuento "El poder del subsuelo" en el libro antológico Mina de palabras, editado en Asturias y entre cuyos autores antologados se encuentra el poeta Antonio Gamoneda.

    Cuenta con un blog, Diarius Interruptus.

    Como consecuencia de su accidente y la subsiguiente lesión medular a la altura de la quinta cervical (C5), el autor reside con su familia (mujer y dos hijos) en Madrid, donde ha podido encontrar el mayor apoyo estructural —vivienda adaptada, apoyo familiar y médico—. Otros proyectos literarios se han visto interrumpidos para dedicarse a escribir un libro entre lo ensayístico y lo autobiográfico referente a todo lo vivido después de su accidente y durante los primeros meses y años postraumáticos. 

    El trabajo intelectual, la retroalimentación de lecturas-escrituras, la Literatura es su mejor escafandra para poder sobrevivir en una inmersión perpetua, la constante aguadilla de la tetraplejia. Un buen puñado de proyectos literarios aguardan ser reemprendidos.


    ALGUNOS POEMAS DEL LIBRO EN COMPOSICIÓN DESDE EL ABISMO, VERSOS INVÁLIDOS


    PERMANENCIAS

    Llamera, norte de León, verano de 2015

    Entre este cielo azul de Castilla del norte,
    las verdades se funden con los gases más nobles
    del espacio total; bajo un claro fenómeno,
    al tiempo que desciendo entre pequeños robles
    trazando cada curva mi cuerpo paralítico,
    doblada la cerviz, extremidades muertas.
    Un lamentable icono. Naturaleza muerta
    sin la gracia del lienzo, este árbol sincopado 
    (poeta sin belleza). Bebo a través de un plástico,
    meo a través de un plástico, he usurpado una concha
    de dolor no más feo que su cuerpo de plástico,
    sus ruedas ortopédicas. Todo resulta horrendo.
    Ser más condescendiente, mi pródiga indulgencia,
    funciona exactamente contra la ley divina,
    tormentas o ciclones: es aplicable al otro,
    mas nunca me resulta eficaz frente al espejo. 
    Y en tanta claridad lo mineral me llama.
    Tetrapléjico y solo recuerdo a mis dos hijos
    que a tantos pocos metros, acaso algún kilómetro,
    saltan, juegan y se ríen, la plenitud los dota
    de inextinguibles llamas, tan lejos de mí mismo.
    Como un muñeco roto me inclino hacia los lados
    en este carricoche donde mendiga el cuerpo,
    la escueta carretera, al fondo recortadas
    verdiazules laderas, descendiendo hacia el río.
    Vuelvo a pensar en ellos. Quiero legarles algo.
    Antes de que la noche me derrumbe por siempre
    o la profundidad del río amado y frío.
    Y con temor del verso y de su arquitectura
    quiero atreverme y lo hago, con osada abstracción
    obstinadas proclamas en segunda persona
    pronunciar desde el pecho todavía cargado
    de esta temeridad inarrancable y mía:
    criaturas nuestras, Blanca y Guzmán ¿en qué momento,
    por qué instante azaroso surgisteis de la nada
    y en este centro roto permanecéis invictos
    con la sonrisa plena clavando permanencias?
    Sin milagros, trompetas, sin misterios ni mitos
    que os permitan, llegáis como llega la aurora
    preñada de futuro y no hay otra razón
    ni otro sentido dado; pero hacéis anidar
    el imposible sueño de conceder la vida
    y habernos hecho dioses creadores de otros dioses.
    Buscad sólo la dicha mientras dure el milagro,
    que os colmen los azares de esta gloria cautiva
    en cada punto, en cada valle, bajo este cielo
    donde os fundís vosotros con los gases más nobles.
    No se puede querer como yo os quiero. Tanto.
    En el fondo del río mi corazón se quiebra,
    vuestro latir me nace. Lo mineral me espera.



    ENTRE RESCOLDOS

    Una mota de polvo que se adhiere,
    mimética, invisible, sin matices
    en la ruina infinita de la historia,
    que quiere estar unida indivisible
    al dolor, las torturas, a la guerra,
    a tantos sinsabores en un cosmos
    en cuya dimensión no se computan
    las miserias del hombre, sus desdichas. 
    En ese inmenso túmulo de mierda
    donde se hacinan mudos los cadáveres
    sin nombre, aterriza mi cuerpo exhausto
    y su condena, y la insignificancia
    de todo aquello que se ignora siempre
    para poder seguir viviendo. Luz
    que nunca advierte en esta otra ribera
    de tinieblas resquicios que ensombrezcan
    su hermosura, la hermética hermosura
    de lo vivo. Y aunque este pesar tan hondo
    presida mis instantes, aunque engrose
    tan ligero la sórdida distancia
    de la dicha y el plomo que me invade
    emita sin cesar sus alaridos,
    ciego optimista, miserable, sordo,
    le seré infiel a toda metafísica
    e insistiré en arder por cada aurora,
    le miraré a los ojos al amor
    aunque esté hueco, agotaré la vida
    que aún me queda furtiva entre rescoldos.



    LIRA A LA PARCA

                                                Qué descansada vida
                                                la del que huye del mundanal rüido
                                                y sigue la escondida 
                                                senda por donde han ido
                                                los pocos sabios que en el mundo han sido.
                                                […]
                                                                                          Fray Luis de León

    Supongo que es sencillo
    pensar que todo cuanto nos sucede
    en este tiempecillo,
    mirando atrás tan breve,
    en pilares de arena se sostiene.

    Que es todo un sinsentido
    y en el regalo oculta su condena
    la vida y todo el ruido
    que se alberga y suena
    en cada esquina es para darnos pena.

    Si miramos de frente
    torvo el rostro aparente de la parca
    veremos que nos miente
    y es hermosa su marca
    cuando toca, nos besa y nos embarca.

    Sólo dolor confiere
    cuando ha llegado el día y nos esquiva;
    lacera, daña, hiere,
    es mucho más altiva
    si te ve, devasta y deja el alma viva.



    HABÍA APRENDIDO

    Por fin, cuando sabía lo que era
    el placer de vivir sin más complicación
    que el día a día y aliado con un carácter inconstante
    evadí los vicios más inmoderados
    y me bastaba la jam session de mi reproductor,
    un vaso de whisky y un cigarro
    para satisfacer mis más recalcitrantes hedonismos,
    cuando por fin había aprendido 
    que también los placeres se domeñan
    como dóciles animalitos indefensos
    y retozar con mi mujer era bastante
    y hacer buñuelos los domingos
    a mis hijos
    era una ofrenda máxima
    y miraba con desdén la conquista de los reyes,
    los oros, las glorias imprudentes
    de una historia trufada de patanes,
    cuando invité a Benjamín Franklin a mi escritorio
    y me compuse trece leyes propias
    como un pueril y envanecido Rudyard Kipling,
    y Montaigne y yo nos arreglamos
    para reconocer en cada acto cotidiano
    un pretexto para el goce,
    cuando Epicuro se hizo norma
    y el viento de la vida empujaba la embarcación a mis antojos,
    llegó el azar avieso
    y a la vuelta de un cruce de caminos
    me hirió sin el lujo de la muerte con sus cuernos de metal
    Satanás, o algún sicario de los dioses,
    y me tiró del caballo como a un Saulo
    sin fe ni fatuidad ni designios improbables,
    y me robó casi todo en la vida,
    agarrotó mi cuerpo,
    me asexó definitivamente,
    privó de la caricia a mis dos manos
    y me dejó la inteligencia sola
    en una isla donde habita náufraga sin alas
    y mis amigos me visitan
    condenado a vivir con el enigma.
    Le vendo el alma a quien la quiera.




    Hernán Valladares Álvarez
    En honor de la verdad

    Diseño/Retoque de cubierta: Javier Muñoz Nájera
    Editor digital: Titivillus


    «He querido usar la impersonalidad en esta nota, porque de egotistas, egocéntricos, engreídos y fatuos está el mundo lleno y es raro encontrar alguien que se crea artista o intelectual que no tenga metástasis de egolatría», afirma Valladares Álvarez en la nota de En honor de la verdad. No logra —en sus poemas— huir del yo (como quiere el budismo) porque «no se ha podido hacer otra cosa», pero también porque —se pregunta— «¿con quién mejor vamos a estar que con nuestro yo?» Esa «cortesía gramatical», como dice Pierre Klossowski, llamada yo es, sin embargo, el punto de partida desde donde, gracias a un lenguaje colectivo, surge un mundo a la vez individual, subjetivo y universal: el mundo que el sujeto poetiza a partir de sus experiencias y de su tradición cultural (llámese Quevedo, Pessoa, Da Vinci, Ezra Pound, el mito de Jesucristo, entre muchos autores citados o evocados —directa o indirectamente— por Valladares).

    Desde el primer poema, «Adivinación del poeta», se advierte un ojo involucrado en el mundo humano que rodea al yo, y no en la interioridad desgarrada del romántico. A la vez apocalíptico y jocoso, optimista y lúdico, la postura del poema que abre el libro es conocida: «El hombre [...] fragua la extinción» de su especie. Esta poesía le da prioridad al mensaje y en eso nos recuerda un poco a Enrique González Martínez, en quien yace un mundo profundo por descubrir en un lenguaje alejado de malabarismos verbales y del mero culto a la forma. Lo anterior es claro en «Asidero». Allí las imágenes se subordinan a las ideas y no al revés. Los poemas de Valladares son de ideas y conceptos. Hay hondo contenido que transita por estancias como el miedo y otras sensaciones, así como por el transcurso del tiempo, lo efímero de la banalidad, la juventud, el erotismo y la ciudad. Hay también a veces hallazgos como éste: «la prisa se diluía en el vacío/ como un Redoxon en tu sexo mojado/ y éramos magos de la noche y de la carretera,/ áfrodos guiados por los faros del coche/ hasta la sierra de Madrid». En otro poema, «Contra la (vana)gloria», las oraciones condicionales nos hacen descender hasta un decir «incontinente» de «improperios».

    A veces irreverente, siempre risueño ante las verdades absolutas, el verso se percibe escéptico a pesar del a menudo barroquismo lleno de adjetivación. Tal vez uno de los mejores poemas sea «La verdad absoluta», definida como «puta barata». A ella se dirige el poeta: «te vendes al ingenuo, al inseguro,/ al hambriento, al rico, al persuadido,/ al idiota, al fiel a no sé qué, a nadie,/ a aquel que necesita sopa boba». Se trata de un poema contra los esquemas, dogmas y doctrinas; arremete contra esa peste de la humanidad llamada «verdad»: «¿Dónde estás, cobarde infame?» Y concluye: «Vete a la mierda./ Maldigo tus mil huestes fluorescentes/ y me quedo con mi luz entre las sombras».

    JUAN ANTONIO ROSADO ZACARÍAS.


    A Luis Martínez de Mingo;
    Luisón: ¡las cosas que hemos visto!


    Vivo en conversación con los difuntos
    y escucho con mis horas a los muertos
    FRANCISCO DE QUEVEDO Y VILLEGAS



    El tiempo pasa y las aficiones literarias persisten contra la implacable realidad de los días. Uno, por puro transcurso de las estaciones, va madurando; sí, nos vamos poniendo viejos. Por pudor o dejadez nunca se ha intentado con demasiado ahínco publicar los versos y las prosas que, gota a gota, se van produciendo; se sigue escribiendo casi exclusivamente para el propio coleto. Ni siquiera para los amigos, o para muy pocos. Y llega un momento en que la crisálida decide ser quebrada para liberar quién sabe qué tipo de lepidóptero.
    He querido usar la impersonalidad en esta nota, porque de egotistas, egocéntricos, engreídos y fatuos está el mundo lleno y es raro encontrar alguien que se crea artista o intelectual que no tenga metástasis de egolatría. Cierto catedrático de metafísica (metido más tarde a ministro) me dijo un día en la cafetería de la Universidad Autónoma de Madrid que hay que huir del yo en los textos. Más allá de esto, para nuestro equilibrio y para el equilibrio del universo el yo es un tumor que debemos extirparnos con el bisturí de la sabiduría (Buda, v. gr.). Si estos poemas aún lo contienen, es porque todavía no se ha podido hacer otra cosa. Y, a fin de cuentas, ¿con quién mejor vamos a estar que con nuestro yo?

    Quiero agradecer a Carlos López, editor, poeta, ensayista y profesor de la UNAM, la publicación de este libro.


    Adivinación del poeta

    Las dotes adivinatorias del poeta
    no se fundan en esqueléticos argumentos.
    La gran bola del mundo gira en sus manos
    declarando frágil
    su verdad y su futuro cristalinos.
    El hombre —os diré persuadido por esta antigua ciencia
    del vate— fragua la extinción de su
    e
      s
        p
          e
            c
              i
                e.

    Pero me muestro optimista porque
    —también os digo—
    siempre de la ceniza
                              brotes
                     nuevos
          yerguen
    se


    Asidero

    La vida de los hombres,
    en fin, este monótono
    golpeo de cadencias
    y ritos más o menos laborales
    no tiene otro asidero
    que destrazar cualquier arquitectura
    trascendente, más allá de donde llega
    un proyecto, una idea, un horizonte.

    Quedarse aquí asumiendo que del cielo
    irán cayendo guirnaldas y limones,
    y no hacerlo como el trompo que vira
    con obsesiva vocación de centro,
    sino como la roca,
    rodeada de mar
    y se permite sol,
    musgos, olas, cubierta su arrugada
    frente; quietud, depósito del aire.
    Como único asidero
    —y no está mal la cosa en absoluto—
    llevamos en los hombros para el gozo
    esta casa de sombras y de luces.


    El miedo

    A Kristina Zollinger, quien dijo que 
    este poema le recordaba a
    «La pantera» de Rainer Maria 
    Rilke; será por lo del felino.


    No teme a las estrellas el león
    con sus ojos valientes
    y ambarinos. No codicia su instinto
    ni concede el vigor
    sino la alternativa de la gloria.
    Su poder es tan grande
    que en la sombra nocturna amenazante
    deambula con sus lomos
    dorados por la luna
    entre la selva y la sabana ocultos
    torneando sus pasos con sigilo
    inmaterial y ¡ay de quien se tope
    con el regio barbado,
    entre las sombras sombra
    de luz dorada y noble!
    Por nadie va al combate infiel felino,
    noble infidelidad que lo enaltece,
    más honroso que todas
    las causas de este mundo,
    pues es por sí por quien trabaja y vive
    y no comete mal cuando devora,
    que son leyes escritas
    desde que vino al mundo.
    Cuando perdona peca.
    Como si no cortara
    la hoz en el sembrado,
    o no alumbrara el sol
    o el hombre no gozara.
    Es noble, es fuerte, pero yo lo he visto
    huir de otros leones
    o de un sonido extraño
    o de un rifle que asoma entre los juncos
    su desigual traición. El león, magnánimo de crueldad,
    siente también el miedo,
    y no hay grandeza alguna en quien no teme
    sino en quien sabe aquilatar la fuerza
    arcana del temor.


    No descuidar la alegría

    A quien nada conceden
    los dioses, ése es libre.
    FERNANDO PESSOA


    Debemos evitar cualquier incuria,
    pues el azar, naturaleza o dios
    no importa, nos han puesto el mantel sobre la mesa
    y los años persiguen el delito
    de no asistir a la convocatoria.

    Divisarás como un enigma leve
    sobre tu sien, en la orilla del ojo,
    la espuma de la edad. Y es imposible
    hallar un vaticinio diferente.

    Ellos, quienes persiguen tu delito,
    canes son de obligada cetrería,
    canes que infatigables alcanzar pretenden
    tu paz, tus alegrías y tu gozo.

    Por eso arrójate de tus dominios,
    expúlsate de ese pequeño infierno
    de caminar zancadas ignorantes
    sacudido por un concepto horrible
    e innombrable en el planto de un poema:
    responsabilidad.
    Es veneno contra la plenitud.
    Sacúdete ese mal y sé consciente.
    No pierdas el momento, que es precioso.


    El miedo II (el león)

    Destaca en la mitad del descampado,
    calmo y solo, dignidad ambarina,
    cicatrices en la piel, barba intonsa.
    No ruge a la maleza.
    Su grey está de caza.
    Pero la paz se rompe proveniente
    de la lejana madriguera humana.
    Y un cortejo letal
    se ha asomado cobarde
    cargado de metal y de asechanzas.
    Al descubrir a sus perseguidores
    ha mirado de lado,
    ha elevado su rostro
    y está exento de miedo el contorneo
    con que mide sus pies hasta la selva.
    Simulará desdén en el umbral;
    tornando lento el rostro
    habrá de comprobar que no lo miran,
    que los ojos oscuros de la muerte,
    hediondos de pólvora asesina,
    se apresuran cegados por la ira
    cruzando el raso en pos de su trofeo.

    Mas la espesura amable de la selva
    cierra el telón para este primer acto.
    ¡Corre!, ¡salta!, es el momento
    en que el instinto de supervivencia
    —cuando nadie lo ve, fuera del claro—
    lo impele como a un ciervo o una gacela,
    indistinto el dolor que nos iguala,
    huyente de un final definitivo.
    Qué será si algún día el descampado
    se extiende más allá de lo visible.
    Pues conoce el león por sus bemoles
    que antepondrá al temor siempre su orgullo.


    La última cena

    —Cómo estará provista nuestra mesa,
    dime tú, Parvo, qué viandas, mantel,
    qué servilletas son las que pondremos;
    si son las copas finas de cristal
    las más propicias hoy para el banquete
    o si sacamos brillo a las de plata,
    dime. Ubérrimo supongo que deseas
    ver el festín. Cumplida está la hora
    de este convite alegre y tremebundo
    con que celebraremos entre risas
    y acibarados llantos esta súbita
    consumación del mundo, este final
    del tiempo y de la historia, largamente
    advertido por signos en el cielo,
    sabiamente anunciado por los vates.
    Dime también el vino y las botellas
    que ordenas disponer sobre oropaño,
    ya que ocasión tan triste lo merece,
    tan triste y tan alegre al mismo tiempo,
    pues se sabe que al fin no hay nada nuevo
    sin extinción primera. Dime, Parvo,
    con cuánta exquisitez lo disponemos
    todo: la mesa, el ágape, la sala.
    —Es bien sencillo, escucha: has de poner
    en la madera tosca de la mesa
    tres hogazas de pan sobre sus cuencos,
    y el vino has de verter en sendas jarras
    del más elemental barro sudado.
    Cinco tasajos magros de cordero,
    un queso y un cuchillo dispondrás.
    Son bastantes las manos para el rito
    completo de comer y de limpiarse.
    La sala habrá de estar desnuda toda.
    Sólo quiero en la hora de esa noche
    vuestros ojos, amigos, y gozar
    en la boca la verdadera fiesta
    de un banquete final, sin más futuro,
    de un banquete final ante la gloria.


    La verdad absoluta

    Verdad absoluta, puta barata,
    te vendes al ingenuo, al inseguro,
    al hambriento, al rico, al persuadido,
    al idiota, al fiel a no sé qué, a nadie,
    a aquel que necesita sopa boba;
    a un precio de saldo te los ganas.
    Quieren bandera fija,
    un traje que ponerse,
    un esquema seguro,
    una doctrina
    y hallan en ti la zanja en que sepultan.

    Sepultan su propia libertad,
    su mejor instrumento,
    la dotación más alta de la naturaleza,
    su inteligencia, su imaginación, su miedo.
    O al enemigo.

    Dijo Lawrence de Arabia
    que la duda era la corona de espinas de Occidente.
    Pero tú les ofreces la corona
    de un rey estulto y poderoso.
    Sal. ¿Dónde estás, cobarde infame?
    Infame en su étimo sentido.
    Inconcreta, absurda, contradictoria.
    En estos tiempos en que campas a tus anchas
    reinas con gloria laureada
    y habrán de morir muchos hombres,
    sufrir derrota inmunda la ternura,
    granjear muerte y peste a medio mundo
    hasta que las huestes de tus adoctrinados
    sangren en el campo de batalla
    toda la sangre absurda;
    hasta que enfrenten con cuernos afilados
    las hachas, las banderas y los dogmas.

    Ellos te traen de Oriente;
    aquí tienes también tus fueros;
    cada uno te nombra
    sin poder tocarte,
    putrefacto tesoro, fantasma envenenado.
    Qué tiempo tan feraz
    para tus hijos.
    El agua es verdad.
    El pan es verdad.
    El amor es verdad.
    Todos los quieren y ante ellos
    nadie discute sus esencias:
    la beben,
    lo comen,
    lo ejercen.
    Vete a la mierda.
    Maldigo tus mil huestes fluorescentes
    y me quedo con mi luz entre las sombras.


    Infecundidad vital

    Sí. Que pase la vida, simplemente.
    Por asistir a la convocatoria
    que no quede, y aceptar el misterio
    de los otros y su comportamiento,
    el misterio completo de la vida.
    Que pase, simplemente, con sus pocas
    declaraciones de cordura. Vamos
    concediendo, implacables, la salud,
    y dejando que el tiempo nos demuestre
    esa impertérrita infecundidad.


    Resumen hasta el descubrimiento

    Me recuerdo de niño
    hondo como un abismo,
    solo entre paredes de papel con flores amarillas
    y entre muebles.
    Hondura, concentración
    de un misterio
    que oía lejanas
    las voces de una madre
    y de una abuela
    y de una tata
    (divinas las mujeres),
    y el ocasional cacharreo
    en la cocina.
    De niño: presente puro,
    Bondad tan honda.

    Mi adolescencia
    —me redimo—:
    algún chispazo de alegría,
    el despertar de la carne,
    el temor del futuro
    y algún que otro cristal roto.

    La encrucijada de la vida
    es ahora,
    madurando,
    renacido en mis hijos.
    Procurando ascender de las profundidades
    a la real liviandad
    de cuanto nos rodea;
    a un amor puro de presente,
    a un mirar puro ya sin cristales,
    sin pureza,
    sin mirada,
    sólo el descubrimiento.


    Grecia, canto político

    Papademos desborda a los sofistas,
    Epicuro no quiere dar su opinión,
    dado el estado lamentable de El Jardín,
    y el SPA (Sócrates, Platón y Aristóteles)
    renuncia a competir con troikas y las siglas
    de la globalización (FMI, BCE y SUPUTAMADRE).
    Demócrito se muestra renuente ante genomas y otras aprendedurías de brujo.
    A quien debemos todo (y dicen que ellos deben, es de burla),
    donde nació la verdadera luz,
    el camastro donde Zeus encarnado en toro violó a Merkel-Sarkozy,
    tú que nos diste el pensamiento, repiénsanos ahora,
    destruye a la diosa Monedaúnica,
    rompe las reglas, islandiza,
    preña el vientre de esta crisis de goma
    con tus hijos de hierro y de madera,
    y presenta el regalo en Occidente;
    allí en Iberia te regalaron Rosas como entrada,
    expedito está el camino a tus huestes
    cargadas de vino, aceite y terracota;
    que las ruinas de la Acrópolis nos invadan
    y el mundo retroceda dos mil quinientos años.



    Los cinco sentidos y su peor 
    privación

    Quien no ama la vida, no la merece.
    LEONARDO DA VINCI


    Cinco son los sentidos de los hombres
    —diez tiene la mujer, si dos se juntan—,
    no hay carretera de cinco sentidos
    —que yo sepa—, y su carencia —digo,
    la de alguno de estos cinco sentidos—
    deviene siempre en cinco privaciones.

    Quien no ve es ciego, como el amor,
    como el que sigue alguna ideología,
    como el que sólo piensa y sueña en sí;
    quien no oye es sordo, como el que escucha
    «dolor» y no hace nada, el político,
    el poderoso, indolente y cobarde.

    Pero nos encontramos tres sentidos
    cuya privación carece de nombre
    (al menos entre el pueblo).
    ¿Cómo se dicen estas privaciones?:

    Quien no toca, ¿es pues el intocón?
    Y quien no huele, ¿es el inodoro?
    ¿O es un desodorante?
    Pero aún es más confuso,
    más patético e inefable el gusto,
    porque quien no tiene gusto tampoco
    tiene sabor. No gusta.
    Así que ¿es degustado?
    ¿Está disgustado?
    Sin gusto, no sabe…
    …es tonto.
    No sabe.
    Por eso el mundo va igual que siempre
    —no digo bien o mal, digo igual—,
    porque
    no sabíamos hasta hoy
    que tonto —que hay tantos—
    es aquel a quien la vida
    no le sabe a nada.


    Tres de julio

    Hay días como batallas,
    donde los ojos parece
    que han llorado. Donde, oculto,
    aguardabas el deseo ignorado de la noche;
    anhelabas que el día terminara.
    Es julio y es invierno tibio,
    gris uniforme, plomo, vientre de ballena o petrolero muerto.
    La noche al menos, amiga y aliada,
    ha escondido la inmundicia de un cielo taponado.
    Aquí en el norte hay días
    —y está mal que lo diga un optimista—
    en que es mejor no haber nacido.
    Te hace inferior tan poca luz,
    marchita tu amor propio,
    y no es la cantidad tal vez, es su naturaleza,
    esta fealdad de arriba,
    esta sauna de estaño,
    este agujero junto al mar, pero sin mar,
    este taladro oscuro junto al pecho,
    esta ignominia celeste,
    esta maldita putrefacción de los fotones.


    Me dirijo al hombre

    Hiló Fortuna su red con nuestro ombligo
    y nos puso sin más entre los otros,
    desnudos a la sombra de la muerte,
    entre el placer y la duda, entre el dolor y el goce.
    Con el lógico tributo que nos toca
    pagar por la firmeza de los huesos,
    hemos optado por la dicha,
    jugamos al azul todas las cartas.
    Pero aun así: dios, mundo, hombre,
    ¿qué hemos hecho para que oprimas nuestro goce,
    para que sigas pertinaz la encarnizada
    consumición de nuestros semejantes?
    Detesto la interrogación en el poema,
    pero: ¿qué negra flor prende en tu alma,
    qué vileza no aguardas para el cosmos,
    por qué te afanas en el mal,
    y no comprendes, ni aun soportas,
    la idea de que el bien es la única moneda de cambio para el hombre



    El hombre se empeña en el
    progreso: lo maldigo

    Ser hombres no destructores.
                                                     EZRA POUND


    Baboseas y aumentas tus desvelos,
    concatenas silbidos en la noche
    y centelleas el hálito con farolas y cemento.
    Pretendes conjurar tus medallones,
    tus horrores, tus infiernos, tus infinitas faltas lamentables,
    sembrando confusión en el concierto.

    Volverás al polvo desde el polvo
    a solventar las luces de los muertos.



    Parábola a partir de la derrota de
    Rafael Nadal ante Soderling

    Ni siquiera era junio en la arena de París.
    Espada en mano brincó frente al gélido adversario
    y el juez de la batalla dio comienzo.
    Frente al bárbaro engreído,
    el broncíneo y delicado hombre del Mediterráneo,
    donde se junta la esencia cultural de griegos y romanos
    con el aire libre de las islas.
    La osadía del hielo y el golpe estulto y asesino del dios Thor
    se aliaron con las horas más bajas de Aquiles manacorí
    y se dio el desastre inopinado
    de la belleza, la más noble espada, el arte de la lucha, la gloria del laurel.
    Y cayó sangrante hasta tocar su hombro contra el lodo.
    Así, grotesco, áspero, antipático y pertinaz
    se ha ido imponiendo el mundo de los bárbaros
    al Mare Nostrum.


    Decálogo personal

                                  Un mandamiento nuevo os doy.
                                                   JESUCRISTO

    Amarás lo animado hasta el trémulo respeto.
    Amarás incluso al ser humano.
    Respetarás la vida de la mosca, la ortiga y el mosquito.
    No cortarás un árbol y sembrarás alguno cuando puedas.
    Cumplirás con la naturaleza que te han dado.
    Gozarás de tus días plenamente.
    No juzgarás.
    Te reirás valiente ante mezquinos y melindres.
    Incumplirás las leyes y las normas.
    Serás sencillo y recto sin que ningún ladino te lo imponga.


    En contra de mis antecesores

    ¡Oh innoble servidumbre de amar seres humanos,
    y la más innoble
    que es amarse a sí mismo!
    JAIME GIL DE BIEDMA

    He practicado la eutrapelia, amigo,
    a riesgo de perder algunos trenes.
    Cierto que al degüello de la noche
    no está llamado quien detesta los neones.
    Ni la barras ni el deambule
    están a mi alcance, compañero,
    ni me atraen los trópicos
    de psicocapricornio.
    No me seducen ni deslumbran
    los panegíricos de tantos perdedores;
    acepta las disculpas de un tipo que se ama,
    que no precisa de absorber olvidos,
    ni teme en los espejos las efigies del tiempo
    galopando en sus ojos.
    No me busques al pairo de esos troches,
    que prefiero plácidamente conversar con los difuntos,
    que mi noche es la noche del mar y de los bosques.



    Cuándo, noble eclosión

    Cueva nocturna, música
    emborronada, opaco
    embate agreste de la luz, herrumbre
    de adjetivos que rondan
    el marasmo, ¿con qué herida
    coincidirán por fin los bordes del silencio?
    MANUEL CABALLERO BONALD


    Remedio a desalientos
    y vestigios de sombra,
    se apociman las palabras
    en caldo resurrector de ambages y cimientos;
    borbotea dentro un ser distinto
    —como el príncipe Jenri,
    crisálida gamberra y luminosa
    para la regia eclosión de ser al fin Enrique IV—,
    pero no halla nunca el punto de inflexión,
    la gravedad postrera
    que rompa el cascarón de
    la sutilidad.
    ¿Qué decepción final nos hará mudos?


    Razón literaria

    Si escribiera estos versos, como dicen,
    para que alguien se apiade de mi alma,
    para que cuando algún incauto lea
    me diga que descubre a un hombre nuevo;
    si escribiera mi prosa, como dicen,
    para hacerme querer, por descubrirme,
    entonces no lo haría estimulado
    por la sombra del árbol en el bosque,
    por el silente ardor de primavera,
    por el aroma tibio de los plátanos,
    por el agua que bulle entre los tilos.
    Ni siquiera una línea he dedicado
    a la opinión de un mundo que aborrezco.



    Contra la (vana)gloria

    Si transitas la selva de debacle
    con ese gesto inconfundible
    de póker bluf perdonavidas
    afrentando sutilezas
    dominando el universo con lugares comunes
    refocilante fascista de gaveta
    franquistilla del lujo maniqueo
    pretendedor de cabronadas a los pobres
    pero garante predicador profeta
    de no sé qué morales elevadas
    si sigues por la senda del disgusto inmoderado
    y púbero de ideas te sigues aferrando
    a la descalcificación del húmero genérico
    finalmente no te extrañe
    que proclive a la verdad no te castigue
    con mi fusta preñada de improperios
    y termine por decirte incontinencias
    menuda puta mierda irreflexiva.


    Soneto existencial

    No sé exactamente en qué sazón me hallo.
    El otoño se pasa inadvertido,
    aunque quisiera ser— ya no he podido—
    vigilante perpetuo de sus cambios.

    Que el vivir es joderse y un mal rayo
    te parta, tiempo. Vocación u olvido.
    Ésta es la diatriba en la que vivo,
    esta fugacidad es cuanto ensayo.

    No adivino el propósito de tanto
    devaneo, ignoro si es dinero
    lo que busco, si es gloria o fama o nada

    lo que quiero; mas sé que me decanto
    por la sabiduría. Desespero:
    tanto vivir sin descansar me enfada.


    La ciudad

    La ciudad contiene su belleza en aristas y espejos,
    pero también en parques sublevados;
    somete al ciudadano a sus dictados,
    apabulla con materiales cancerígenos
    y es siempre émula de una señora distante y altanera
    donde nacieron los gigantes de hielo
    derretidos por Mahoma.
    Detrás de tanta ostentación,
    remota, escondida y enfaunada,
    el Madrid de los Austrias
    sigue guardando los huesos de Cervantes.





    Epílogo de amor con tres sonetos



    Y como ya otra vez tengo que levantarme,
    cariño,
    como fetiche contra la oficina
    dame un pelito de tu culo azul.
    RAMÓN IRIGOYEN


    Cuando éramos jóvenes

    Cuando éramos jóvenes
    y tu vientre en verano
    era un deseo de pandereta tostada,
    una playa donde comulgar
    la hostia de la veneración,
    te iba a recoger hasta tu casa y después de unas copas
    la prisa se diluía en el vacío
    como un Redoxon en tu sexo mojado
    y éramos magos de la noche y de la carretera,
    Áfrodos guiados por los faros del coche
    hasta la sierra de Madrid.
    No importaba que el cable del acelerador
    se hubiera roto a cachos
    porque yo era un tirano de azares nebulosos
    y conjuraba con fe ciega
    los achaques de fortuna,
    abría la portezuela del motor
    ataba una cuerda al carburador
    la introducía por la ventana de estribor (o del conductor)
    (ardía de amor)
    la mordía y aceleraba con los dientes,
    pero ni Dios nos paraba hasta llegar a aquel pinar oscuro
    donde arrancaba tu camisa de flores
    surtidas por la sangre
    y horadaba la noche con la sed de tu amor inagotable.
    ¿A quién le importaba entonces
    que no tuviera carnet de conducir?


    Las diez naves

    Con sevicias granadas en mis dedos
    he blandido esta tarde
    la albúmina redonda
    de la parte de abajo de tus senos.

    Tus costas descendí
    en estas mis diez naves
    hasta escuchar el canto de sirenas
    de un más allá perlado
    donde aguardo esperando mi derrota.


    Prolongación más allá de la noche

    Candelabras la arena como un hueso de esquirlas
    sobre tersuras sedientas de caretas.
    No apeteces, sobria de espumas aún,
    las turgencias peludas, mis urgencias.
    Detienes madrugadas,
    sorbes sueños,
    mi asta claveleas
    hasta topar de bruces en mi sombra.
    El surtidor de tus columnas
    no llega leve a darme espumas,
    sino en tropel arremolina mi desdicha.
    Date prisa, amor, porque hoy,
    bajo este sol de siesta en las ventanas,
    tras las naves batidas en la noche,
    ansío hacerme lengua de tus plazas,
    y absolver higadillos y rezumes.


    Someto de anor

    A tramontana pones tus penumbras
    sobre la arena sangrienta de la cama.
    Déjame que a palmadas te desgaje
    y arrecie el ariete en tu dovela.

    Tu redivivo tulipán oscuro
    ¿no pretende regueros en la sombra
    calientes que derritan tus espumas?
    Coloca los dos pies en las almohadas.

    Belicosas te ciñen mis dos manos
    tu matinal granada suspendida
    marejando narices y relumbres.

    Abre, anor, tus candeleros,
    que viene de metal esta batalla
    y ya tecleo el fondo de tu piano.


    La muerte se aparece en mitad de la
    madrugada y queda conjurada por 
    la
    intervención de Venus Príapo

    Meditabundo y ebrio como un topo
    renazco entre algodones y azucenas,
    entre tules angostos, entre penas,
    entre venas de amor a desafuero.

    A deshora me envaro y me desvelo
    y pongo en vilo y lid al triunvirato,
    mayores son hazañas que a rebato,
    más sonoras campanas que en el cielo.

    ¡Despierta, aurora, tus azumbres!
    ¡A desgranar babosas te declaro!
    ¡A ordeñar sinsabores y sospechas!

    Blandamos por igual nuestras panoplias
    para el ardor lebrel incandescente,
    podremos juntos retorcer la muerte.


    Legiones suicidas

    Ennegrecido por la luz del día,
    por la vulgaridad de sus quejidos,
    ya salen por braguetas los tejidos,
    mis glándulas de amor ya se porfían.

    Arremete cegata y nunca fría
    a pecar convocada por balidos
    hasta que doy la cara, arrepentido,
    de temblor lleno ante tu celosía.

    Funámbulas creciendo mis legiones
    acorralan recintos y laderas,
    escalando, impávidas de suerte,

    negros desiertos, surcos y algodones,
    y en las cumbres guardando las maneras
    no remedian toparse con la muerte.






    .


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  • 11/03/16--11:26: JULIÁN PORTILLO [19.453]

  • JULIÁN PORTILLO

    Julián Portillo Barrios (Olivenza, Badajoz 1984)

    La obra de Julián Portillo Barrios (Olivenza, 1984) se encuentra dispersa en un número creciente de antologías y revistas, destacando entre otras “Tropos” y “Quijote de papel” (Buenos Aires, 2009), “Bukowski Club” (Ediciones Escalera, 2008), o más recientemente “Per-versos Dehesarios” (Cuadern@ Maestr@, 2013). 

    Le han sido otorgados los premios Manuel Pacheco (2004) y San Isidoro de Sevilla (2011) ambos en la modalidad de poesía. En el blog  Aullido recoge textos breves en prosa y artículos de opinión.

    Poemarios: 

    Ligero como una tumba (Cuadern@ Maestr@, 2014) ilustrado por Carmelo Vera para la colección Wahrnehmen de poesía e imagen, es una pieza editorial realizada en tres actos. Tres épocas diferentes de un mismo periplo vital documentado sistemáticamente con la morfología gráfica del poema escrito.

    De RESISTENCIA AL FUEGO (Próxima publicación con Zoográfico Ediciones).

    Julián Portillo asegura que escribe exclusivamente cuando las musas, siempre caprichosas, le tocan las castañuelas, o se le incrusta de pronto una tuerca en los intestinos. Afirma sin tapujos que no lo hace para nadie y que no tiene en absoluto pretensiones literarias, pero tal vez, los hechos dejen en evidencia la vaguedad de tales declaraciones. ¿Acaso no somos todos el producto resultante de nuestras propias contradicciones? 




    *De LIGERO COMO UNA TUMBA (Cuadern@ Mestr@, 2014).


    MARCHA FÚNEBRE

    Allí donde habitan los muertos
    suena sin tregua
    una orquesta distante.

     al oeste
    la llanura es como un atrio
    donde los cuerpos danzan
    andan, copulan, se desgarran
    firman manifiestos, escrituras
    defunciones arbitrarias.

    asisten a fiestas infames
    funerales clamorosos

    ocupan las calles
    en su rutina de muertos
    saludan, se desairan
    se mesan los ralos cabellos
    con sus manos de muertos

    pretéritos cadáveres
    procesionan estandartes oscuros
    con lemas indescifrables

    cierran los bares
    los clubes de alterne
    las góticas catedrales

    toman drogas oscuras
    que marean y envilecen

    conducen automóviles inciertos
    conspiran entre ellos crímenes píos
    delitos inconfesados

    saben o presienten
    que están muertos
    que llevan instalada la muerte
    en las entrañas

    difuntos perfectos
    vagan penando por la villa
    trasiegan el valle

    la villa y el valle
    como un mausoleo inmenso
    de escombros ancestrales

    saben o presienten
    que están muertos

    pero la música no cesa
    y los muertos que no paran
    porque la muerte no pesa.


    PANDÉMICA & MARRÓN

    Ahí van, como fantasmas
    como perseguidos
    envueltos en una aura mortecina
    inmersos en sus propias nieblas
    siempre corriendo
    de un lado para otro
    perseguidos, siempre perseguidos
    por sus propias ansias o el demonio.

    Se les ve por la medina de Tánger
    Casal Ventoso, callejones inmundos
    de Granada
    que huelen a ripio y orín.

    Alucinados, destruidos
    haciendo ostentación  de su cadáver
    en las plazas públicas
    en los centros comerciales, jactanciosos
    en la miseria de su abandono, devorados
    por la enfermedad y la abstinencia.

    Muchachos que fueron bellos
    vagan por laberintos insanos
    con las piernas cansadas
    y la psique hecha cristal molido.

    Cruzando las fronteras del mundo
    viendo atardecer intoxicados
    a bordo de coches deplorables.

    Ajenos a todo, incluso a ellos mismos
    viven olvidando los nombres
    y los cumpleaños familiares
    durmiendo al sol en los parques de Manhattan
    en los duros escalones del Alto Paceño
    con el hígado reventado y sangrando por la nariz.

    Negros de Brooklyn que tocan y no negro jazz
    hijos impolutos de Lords Británicos
    estudiantes de las clases medias europeas
    bajo el influjo de la calavera
    odiando al mundo por una u otra razón

    padeciendo de frío, de soledad, de incomprensión
    sudando la fiebre del pony amarillo, van
    cargando la cruz de su martirio entre los edificios
    arrastrando sanguinolentas llagas
    por inmensas avenidas de hormigón.

    Desastrados, repugnantes
    temerosos siempre del mono y de la bofia
    sabiéndose sin futuro, sin pasado, sin esperanza
    buscan sólo unas monedas
    que poder convertir en arena.


    III.

    Los grillos afónicos
    de recitar plegaria
    no pudieron teñirme de luto.

    Era suficiente con el negro
    de las noches de plutonio
    al refugio luminosos de los bares
    contra los dientes afilados de la nada.

    Pero hace ya semanas
    que no escucho el clarinete
    la fiebre del sábado noche
    se ha convertido en una tarde tranquila
    de domingo, que se repite.

    Entre el resto de habitantes de la ciudad
    y yo, existe un espeso cristal blindado
    que nos separa.

    Sus conversaciones son para mí
    un murmullo lejano, estéril.

    Palabras sin más que se intercambian
    y que no significan nada.

    Sus miradas juiciosas, vacías de pasión
    disparan continuas incomprensiones
    sobre mi daguerrotipo de poeta.

    Los espejos se han empeñado
    en reflejar de mí tan solo el esqueleto.

    Los libros releídos de mi pequeña estantería
    bostezan estruendosamente
    al mínimo contacto de mis dedos.

    Una cantidad de seres inanimados
    me señalan constantemente la salida:

    como si yo no desease emigrar al sur en invierno
    desde una vista de pájaro
    o compartir el calor de una madriguera
    bajo la tierra.



    "LIGERO COMO UNA TUMBA" de JULIÁN PORTILLO

    Por Samuel Jara 
    http://www.lagallaciencia.com/2014/10/ligero-como-una-tumba-de-julian-portillo.html

    Cuando vi el libro de Julián Portillo, la portada negra captó toda mi atención. La silueta de un ataúd con una calavera dibujada por un finísimo hilo. El hilo entra por el lateral derecho de la portada, dibuja su calavera y termina enhebrado en una púa, un hilo gris que apenas se ve sobre el fondo negro. La portada oscura, siniestra, gótica y romántica a la vez no tiene desperdicio. Abro el libro y me dedico a pasar las hojas contemplando las ilustraciones y detalles de cada página sin darme cuenta de que  hay palabras escritas junto a las imágenes. Por eso, lo primero que quiero hacer es quitarme el sombrero ante Carmelo Vera Trujillo por el trabajo de diseño, maquetación y sus ilustraciones que casan y se fusionan de una manera genial con los poemas de Julián Portillo. Quien tenga la suerte de tener el libro en sus manos podrá comprobar que el libro es una unión perfecta entre poesía e ilustración, donde cada una participa al cincuenta por ciento sobre la obra final. La ilustración no ocupa un segundo plano con respecto al texto, sino que consigue estar al mismo nivel y enriquecerlo como en pocas ediciones ilustradas he visto. De tal modo que el libro no sería lo mismo sin la parte gráfica, así como las ilustraciones se quedarían cojas sin el texto. 
                
    El oscuro poemario se divide en tres partes. Tres partes de un viaje que comienza en la tumba (Ligero como una tumba) con poemas escritos entre 2006 y 2009.  En este inicio del viaje hay algunos poemas geniales como Fiesta Rave

    […]
    he olvidado 
    las normas básicas 
    del habla 
    y la geometría


    veo la danza
    de los cuerpos 
    que se elevan sobre el polvo 


    unos punk´s vendiendo anfetas
    y bailando como apaches 
    del infierno


    no queremos escuchar
    necios sermones
    la vida de afuera
    ya poco nos importa


    aquí flotamos como helio 
    en una atmósfera más densa.

    o el caso del número VII, un poema negro sobre fondo negro:


    Delirios de Grandeza es un poema con una fina ironía, no puedo evitar reírme cada vez que lo veo y la risa es una de las cosas que más admiro en literatura porque siempre me sorprenderá que un escritor me arranque una carcajada. La primera parte termina con una Canción para el fin del Mundo (Poema interpretable o performativo).
    La siguiente parte se titula Poemas desde el otro lado (poemas entre el 2009 y 2010). Desde el otro lado de la tumba vienen poemas más variados en cuanto a temática y composición. El hilo de la portada continúa dibujando sombras y algún que otro perro que orina sobre un poema lo suficientemente vertical como parecer una farola.



    VII

    ¡Perros!
    Nos llaman perros
    porque dicen
    que rabiamos
    que en las noches sin luna
    aullamos solitarios
    en colinas
    alejadas
    Perros nos llaman
    ¡Perros!
    porque dicen
    que mordemos
    Que vagamos 
    por las calles 
    irredentos
    ahuyentamos
    a los amos
    entre dientes
    y a nuestro paso 
    lastimero
    ensuciamos 
    sus ciudades 
    con orines 
    y excremento
    Perros
    nos gritan
    desde lejos 
    los cobardes
    y nosotros
    como perros 
    aguardamos 
    a que pasen.


    Julián Portillo también es músico y se nota. Maneja muy bien el ritmo en todos los poemas y la rima aparece sin chirriar. Parece que no tengo nada malo que decir del libro, pero es la verdad. Me gusta tanto el contenido como el continente y todos los poemas me parecen muy buenos y muy acertados. No hay ninguna falla que destacar, aunque supongo que no todo el mundo coincidirá conmigo. Se puede apreciar que estamos ante un poemario realizado a lo largo de 7 años (no sé quién dijo que la media para realizar un buen poemario es 5 años) al que se le ha aplicado la lima necesaria, que elimine las asperezas y los poemas más rudos. El buen trabajo requiere su tiempo, especialmente en poesía.

    La tercera parte se llama Los Restos de la Exhumación, con poemas en su mayoría numerados y más breves que los anteriores, (supongo que tras la exhumación los poetas son más parcos en palabras). Escritos entre el 2011 y 2013 muestran la reflexión y la duda que muchas veces nos asalta. El poemario cierra con uno de los mejores poemas y una ilustración que choca con el resto porque está llena de color. No quiero poner en esta reseña el último poema porque no me gustan los spoilers, pero para terminar dejo aquél que da nombre a esta parte:


    Los restos de la exhumación

    Algún día vendrás
    pálida y hermosa
    en b

    usca de consuelo
    a sacarme del cajón


    Pero allí sólo hallarás
    mis huesos
    y el vacío de los días 
    que nos restaron por vivir.



    *De RESISTENCIA AL FUEGO (Próxima publicación con Zoográfico Ediciones).


    CALL CENTER

    Sentados en largas filas
    de mesas contiguas 
    separados por cristales

    como adosados 
    en pequeñas cabinas 
    a un ordenador
    con micrófono
    y auriculares

    te obligan 
    durante ocho horas
    a vender mierdas
    que la gente no necesita
    y que en muchos casos
    ni siquiera 
    puede pagar

    pero eso da lo mismo
    aquí
    de nada valen 
    tus buenos sentimientos
    ni tus títulos

    esto no es una ONG
    ni la puta universidad 

    hay que pagar el piso
    y meter 
    alguna cosa
    comestible
    en la nevera

    si pescas a un jubilado 
    tanto mejor
    son una víctima
    propiciatoria 
    para estos fines

    ya sabes
    tienes que alcanzar 
    los objetivos 
    no sé cuántas 
    líneas telefónicas
    cuatro o cinco aparatejos 
    conexiones fraudulentas 
    a internet...

    puedes hacerlo 
    como quieras
    pero no te salgas
    del guión

    pon mucho cuidado
    en pronunciar 
    las palabras 
    prohibidas

    nunca cuelgues
    el primero
    y jamás, jamás
    se te ocurra
    dejar mal
    a la empresa

    hay otros tipos
    expiando
    tus llamadas
    y están tan desesperados
    como tú.


    PORNO

    Una colcha
    de horrendos
    estampados florales
    algunas botellas
    a medio beber
    junto a la cama
    una absurda tabla
    de planchar
    en una esquina

    debe ser
    un vídeo de esos
    que llaman
    amateur
    la habitación
    es tan patética 
    que no puede ser 
    un decorado

    hay una mujer
    que a todas luces
    está borracha 
    o ciega
    porque es imposible
    fingir 
    esa manera
    de entrecerrar
    los ojos
    esa forma 
    de empujar
    buscando el roce
    como un animal
    en celo...

    sí, los enfermos
    de este mundo
    gozamos
    con su escuálida figura
    a ratos desenfocada
    nos corremos
    con su dignidad
    hecha pedazos
    filmada 
    con un iPhone

    mientras todos
    esos cerdos
    de diabólicas sonrisas
    le rellenan los orificios
    y ella gime inmóvil
    pálida y ausente.



    PUNTO DE INFLEXIÓN

    A veces es necesario
    llegar hasta el fondo
    y besar el cieno
    para alcanzar
    ese punto de inflexión
    en el que ya solo es posible
    asumir el fracaso
    consumar
    de una vez por todas
    la derrota

    o apretar los dientes
    reunir las fuerzas
    por pocas
    que te queden
    e intentar emerger
    obstinadamente
    de nuevo
    hacia la vida.







    .

    0 0
  • 11/03/16--12:43: CONRADO SANTAMARÍA [19.454]

  • CONRADO SANTAMARÍA

    Conrado Santamaría Bastida (Haro, La Rioja, 1962). Licenciado en Filología Clásica por la Universidad de Salamanca. Ha colaborado en revistas digitales y de papel como MLRS, Al margen, Rojo y Negro y Zoozobra Magazine. 

    Entre sus publicaciones están Canciones y revuelos de Pillín Pilluelos (poemario infantil inédito) y La noche ardida (también
    inédito). Cancionero de escombros con hoguera (Trabuco ediciones, 2014) y De vivos es nuestro juego (Ruleta Rusa Ediciones, 2015).

    Es militante de CGT. Ha participado en el libro /CD Voces del extremo:
    Poesía y dignidad (Ateneo Riojano, Logroño, 2011) y en el poemario 65 Salvocheas (Editorial Quorum, 2011) y en diversas revistas digitales y de papel (Libre Pensamiento, Caleidoscopio, MLRS, El Perdigón...


    La noche ardida
    En Revista Viento Sur nº 120


    Hoy la luz de la tarde
    comunica a las cosas
    un palpitar extraño,
    un lento escalofrío,
    como si el eco inconfundible
    de un grito no emitido
    persistiera en el aire,
    ahondándose y ahondándonos.
    Las ramas de los árboles crispadas,
    la sombra de las nubes en el valle
    como un reptil herido, los jirones
    de niebla en la distancia,
    el vuelo de los pájaros suspenso…
    Y así todo parece
    replegarse en sí mismo,
    querer ir abreviando
    su pulso y nuestro pulso,
    la llama de una vela
    que ya presiente su último latido.


    Y podría haber sido aún más difícil.

    La disciplina recta
    del cuarto de las ratas siempre a punto
    con razonables dientes. O la raya
    de luz bajo la puerta a medianoche
    con llanto en el pasillo.
    O la sangre más cruda
    de un padre acribillado en la cuneta
    de una guerra perdida para todo.
    O el hambre ya sin dioses
    y sin sendas, como otro surco abierto
    a la nueva semilla que se pudre
    lentamente sin germen
    en mitad de la ciénaga.
    Sin embargo, todo fue más sencillo
    y más indescifrable.
    Las calles a finales de un septiembre
    recién oscurecido y ya sin gente.
    Y el doblar de campanas escindiendo
    las huellas y filtrando
    en todas las paredes humedades
    que el tiempo afianzaba.
    Y los olores viejos. Y el silencio
    que abría cicatrices y cerraba
    bajo una llave muerta la despensa.
    Y volando por el cielo
    la picaraza izquierda inexorable.



    Y es un instante todo.

    Humo
    que en la distancia surge
    y se deshace
    como ofrenda a la nada.
    Y en este altar,
    que parecía eterno,
    de golpe ya no queda
    ni víctima, verdugo, ni testigo,
    tan sólo una ceniza
    sobre la ausencia de las cosas
    y de los nombres muertos.
    Liturgia del vacío.
    Un humo en la distancia,
    que en este instante es todavía y nunca.
    Ya de regreso en casa me detengo
    junto a la puerta.
    Escucho.
    Un vacío sin ecos me conforma.



    LA CASA CERRADA

    Esta casa cerrada tantos años
    donde el aire no corre y huele a moho
    y a fermento y a estrago,
    y es el polvo la flor de la carcoma,
    y tan viciado y tan enrarecido
    está el eco en tinieblas
    de las voces que alguna vez sonaron
    que es muy duro, sangriento, el respirar.
    Esta casa en derrumbe y habitada
    por el rencor sin fraude
    en cada cuarto, en cada
    hondo rincón, en cada desconchado,
    donde supura el agrio
    afán de la inocencia y su materia
    gastada por el miedo y los despojos
    de la vergüenza herida.
    Esta casa sin camino ni altar
    ni tiempo ni esperanza,
    puesta en abismo en medio de este pueblo
    donde nada se cría, salvo el dócil
    estertor de la piedra y el sudario
    de la bruma en suspenso.
    ¿Qué vendaval, qué noche enfurecida
    de qué próximo año,
    arrancará de golpe
    la herrumbre de los goznes
    y abatirá las tablas
    antiguas que condenan
    las puertas y ventanas? ¿Qué aire vivo
    aventará por fin el polvo muerto,
    tanta miseria indigna,
    y tanto hedor de tanta podredumbre?



    Se me caen de las manos las palabras,
    el sentido, la vida,
    esta tarde de marzo en que las cosas
    se muestran como ajenas,
    sin aroma ni flor,
    sin poros y sin fondo
    ni caridad ni amparo. Yo camino
    descabalado y solo
    junto a un río que solamente es río,
    bajo un cielo que no me corresponde,
    entre piedras y álamos
    que apenas si son álamos y piedras.
    Los signos ¿dónde han ido?
    El aire se enrarece y lentamente
    se me enturbian los gestos en las aguas
    de un mundo enmudecido.



    PRIMERA APROXIMACIÓN

    Este verso es verdad porque emociona,
    porque arrastra a la sombra y al abismo,
    si nombra luz y muestra una baraja
    con seis ases de espadas que son copas;
    este verso es verdad porque es un fuego
    que incendia trampantojos y postizos,
    mientras la lluvia cae dentro de casa
    y tú me lees con tu piel mojada;
    este verso es verdad porque es espejo,
    porque es semilla, búho, aurora y fiesta;
    este verso es verdad porque la muerte
    se agazapa también tras cada acento;
    este verso es verdad porque me miente.



    ME OFRECES SIEMPRE DUDAS

    Quizás no quede nadie más allá de la noche,
    quizás las vestiduras se rasgan en silencio,
    quizás las amapolas han sido siempre sangre.
    Me ofreces siempre dudas como quien da un abrazo,
    un abrazo tendido en el andén desierto,
    el tren en la distancia, la maleta olvidada.
    Me ofreces siempre dudas como si fuera un ramo
    de flores luminosas en la niebla del puerto,
    el barco en la distancia, la sirena sonando.
    Me ofreces siempre dudas,
    y yo te lo agradezco
    y me quedo contigo a construir la casa
    e hincar nuestra bandera cuando cubramos aguas,
    para que el viento tenga colores donde asirse.
    Me ofreces siempre dudas como quien da sustento,
    como quien da horizonte al viajero esperado



    CON BARRO OTRA ESPERANZA

    Cuando el cálculo ha muerto
    tras una vida en nada,
    y la geometría del amor,
    triste conciencia,
    se hizo rota veranda donde asoma
    el pánico su rostro extraviado
    -a lo lejos, un páramo en ceniza,
    derribadas estrellas, derrelictos,
    duras migas de pan como palabras
    olvidadas del tiempo, ya sin uso,
    que no llevan a casa-, ¿qué nos queda,
    mi amor, salvo este adobe
    en ruinas, que ahora toco y se deshace
    crujiendo entre mis manos, aventando
    la pureza de tantas lluvias idas,
    de tantos soles nuestros? ¿Qué nos queda
    salvo esta tarde
    penúltima de invierno ya sin nieve
    y sin fábula?
    Alárgame tu mano,
    compañera,
    y, en silencio y sin queja,
    acaricia esta arena con tu arena,
    tu agua con mi agua,
    hasta formar de nuevo con barro otra esperanza,
    antes que el vendaval del olvido nos disperse.





    De vivos es nuestro juego. Ed. La Baragaña, 2015


    A VECES UNO PIENSA

    A veces uno piensa,
                                       y se debate
    entre el amor al látigo y el precio
    en crudo del pesebre
    y el desprecio sangrante
    de sí mismo, del yugo y del estigma.

    A veces uno piensa,
                                       y se percata
    de la carrera atroz trampa adelante,
    de la voraz subasta
    con muerto en las vitrinas,
    del púrpura antifaz de la impostura.

    A veces uno piensa,
                                       y se deshace
    la carne del temor con su harapienta
    mortaja de silencio,
    la ceniza sin fe,
    el templo de la muerte y sus cimientos.



    CARNE DE PROCESIÓN

    Fueron tiempos de hechizos y deslocalizaciones,
    de estiércol y fuegos artificiales.
    No sé si os acordáis.

    Nosotros,

    encorvados y alegres,

    procesionábamos delante de las oficinas del paro vestidos de nazarenos,
    procesionábamos por la mañana y por la tarde,
    entre el redoble de los tambores y el estruendo de las cornetas,
    procesionábamos por las noches también,
    cuando las puertas de las oficinas habían sido clausuradas
    y en sueños sudorosos nos empeñábamos en procesionar.

    Bajo la lluvia, bajo la nieve, bajo los arduos rayos del sol
    procesionábamos.

    Procesionábamos
    con nuestros propios pies, que descalzos arrastraban las cadenas,
    procesionábamos
    con nuestras propias manos, que ensangrentadas manejaban la disciplina,
    procesionábamos
    con nuestra propia canción, que silenciada se adhería a la polvareda.

    Éramos carne de procesión.
               
    Nuestros capirotes señalaban arrogantes el cielo,
    mas la luz les huía,
    nuestros cirios encendidos apenas iluminaban,
    nuestros sambenitos devolvían su amarillo festivo a los ojos agradecidos de los espectadores,
    que deslumbrados apartaban la mirada.

    Procesionábamos interminablemente,

    delante de las oficinas del paro,
    delante de los estadios,
    delante de los cuarteles,
    delante de las catedrales,
    delante de los patíbulos,
    delante de las grandes superficies,
    delante de los cementerios,
    delante de los concesionarios,
    delante de los parlamentos,
    delante de las fundaciones,
    delante de los hospitales,
    delante de las cajas de ahorro,
    delante de las cárceles,
    delante de las administraciones de lotería,
    delante de las escuelas,
    delante de los parques temáticos,
    delante de los manicomios,
    delante de las redacciones,
    delante de los urinarios,
    delante de los zoológicos,
    delante de los paraninfos,
    delante de las comisarías,
    delante de los solares en construcción.

    Y procesionábamos delante de nosotros mismos
    que nos mirábamos galvanizados y sonrientes por debajo del capirote
    sin querer comprender.

    Sonámbulos durante el día
    y durante la noche sonámbulos.

    Procesionábamos y procesionábamos
    y a nuestras espaldas
    no se derrumbaban edificios en llamas,
    ni las nubes descargaban torrentes de sangre,
    ni surgían del fondo del mar serpientes emplumadas,
    ni las mujeres parían entre gritos niños decapitados.

    Éramos carne de procesión.

    Aquellos tiempos
    de  verbenas y capitulaciones.

    No sé si os acordáis.



    YO ME CAGO EN BOTÍN TODOS LOS VIERNES

    Yo me cago en Botín todos los viernes,
    y los lunes también, cuando amanecen
    los números en rojo, la quincalla,
    los muertos robacueros y chinchetas.

    Yo me cago en Botín por las mañanas,
    por las noches también y al mediodía,
    lluevan hostias, granicen pelotones,
    capen a escuadra el rabo de mi boina.

    Yo me cago en Botín sin calendario,
    en cuclillas, boca arriba, al tresbolillo,
    en público, en privado, con soltura,
    luego me voy silbando, y ahí queda eso.

    Yo me cago en Botín con beneficio,
    yo me cago en Botín puerta por puerta,
    yo me cago en Botín ciento por ciento,
    yo me cago en Botín diente por ojo.


    PREGUNTAS DE UNA MUJER QUE LEE
                                                              
    Para Bertolt Brecht

    ¿Quién amasó el pan de los que edificaron Tebas, la de las siete puertas?
    En los libros no se menciona el nombre de ninguna.
    ¿Acaso reyes y canteros madrugaron por leña para encender el fuego?
    Y en Babilonia, destruida tantas veces,
    ¿quién acarreó el agua para los que la levantaron otras tantas?
    Y en Lima, resplandeciente de oro, ¿quién limpió las chabolas donde vivían los albañiles?
    ¿Quién les hizo la cena a los obreros la noche que terminaron la Muralla china?
    La gran Roma está llena de arcos de triunfo.
    ¿Quién curó las heridas de quienes los erigieron?
    ¿Quiénes amortajaron a los vencidos por los soldados de los césares?
    Bizancio, tan enaltecida,
    ¿acaso no tenía lavaderos para hacer la colada?
    Incluso en la legendaria Atlántida, la noche que fue devorada por el mar,
    hasta los esclavos que se ahogaban clamaban llamando a sus mujeres.

    El joven Alejandro conquistó la India.
    ¿Quién amamantó y crio a sus soldados?
    César venció a los galos.
    ¿No llevaba tras sus legiones siquiera unas prostitutas?
    Felipe de España lloró cuando se hundió su flota.
    ¿Nadie más lloró la muerte de los marineros?
    Federico II venció en la Guerra de los Siete Años.
    ¿Por qué siempre la guerra para resolver conflictos?

    Cada página una victoria.
    ¿Quién fregó la vajilla del banquete del triunfo?
    Cada diez años un gran hombre entre hombres.
    ¿Quién pagó los platos rotos?

    Tantas historias,
    tantas preguntas.



    EL PRODIGIO DEL PAN

    Y sin que ya esperáramos colores
    después de tanto oscuro u otro gusto
    distinto a la ceniza,
    después de tanta hambruna a las espaldas,
    ¿quién nos iba a decir que esta mañana,
    con palabras corrientes,
    con los gestos más simples,
    con los mismos pigmentos que antes despreciáramos,
    íbamos a alcanzar lo que ahora toco?
    ¿Os acordáis? Un día
    sacamos el mortero
    y majamos al fin nuestra ceguera
    hasta mudarla en harina de luz,
    y la amasamos,
    y de nuevo encendimos el horno de la plaza
    para cocer alegres este asombro
    de pan que ahora
    compartimos,
    compañeros sin más, al mediodía.



    Rendijas las palabras

    Se nos dice va y viene
    el viento desde siempre ay enredando
    las nubes los mercados
    de su peso que caen
    como manzanas
    y se alzan se nos dice
    los córneos armadillos consejeros
    de natural necrófagos y el ciclo
    de la lucha se nos dice por la vida
    los muertos tan motores de la historia
    entre ruinas de un muro de un cortijo
    confuso se nos dice la paciencia
    y no hay otra baraja
    ni más vueltas
    se nos dice no hay tutía
                                     y nosotros decimos
    el viento desde dentro desde siempre
    ay enredando nubes
    manzanas y armadillos
    muñecos y ventrílocuos decimos
    el mismo mandamiento y a la espera
    del milagro decimos del esclavo
    en el solar en venta insostenible
    con miedo en la garganta
    y obedientes decimos consumada
    la condición humana
    tal y como
    si no hubiera hendiduras
    si no hubiera rendijas las palabras
    los hallazgos
    si no hubiera un adentro más adentro
    con una voz distinta más genuina.



    CIE

    Con motivo de la reciente muerte de una inmigrante en el CEI de Aluche. Un auténtico crimen legal.

    Sé que no abriré esta puerta impunemente,
    mis papeles en regla
    contra el azul en púas,
    mi frente y mi perfil contra las cifras,
    contra el plástico atroz,
    impunemente,
    contra el cristal tatuado de labios como llagas.
    Esta puerta que reza
    iniquidades
    en las lenguas más cultas de la jungla,
    que se extiende en el tiempo
    como un hilo de sangre
    hasta los hornos,
    hasta la sucia arena
    de playas que recuerdan,
    hasta el cerco primero que acotó la vergüenza.
    Un oscuro consuelo
    supura la costumbre si se mata
    sordamente el escrúpulo.
    ¿Qué le importa al salario
    cuánto aprieta el grillete?
    ¿Qué le importa al testigo la mordaza?
    ¿Qué le importa al usuario
    el color de la sangre?
    No hay tristeza o refugio en el pecho del fuerte,
    que se lava las manos y pasea
    bien limpia su justicia.
    Impunemente.
    Yo sé que no abriré esta puerta impunemente.



    Tardes de circo

    Se acabó la fanfarria y de repente,
    sostenido en el aire,
    un redoble marcial con pantomimas 
    organiza el fervor entre las gradas.

    Crece y crece el tambor sin memoria o mañana, 
    crece a jugos la sombra, 
    la entrega de los pulsos, 
    el fatal estandarte de la pista.

    Bajo la luz del foco 
    el domador 
    ordena, disfruta, se atusa los bigotes.

    Nunca sabrás,
    oh, respetable,
    oh, público sin tacha,
    desde dónde te aprontan el instinto,
    desde dónde consientes con el aro y la fusta.


    Justo al borde

    Justo al borde, 
    ahora que hemos llegado justo al borde
    Y los hechizos todos

    (el nacar de las uñas y el teléfono
    móvil y la casa perdida 
    en la montaña y el desmayo 
    violeta de una nube como espejos 
    guiñándonos un ojo)

                                   han sido clausurados,
    justo al borde,

    sentimos en la cara el viento cómo 
    azota, cómo el vértigo 
    aúlla en nuestro oído,
    cómo retuerce el miedo, mientras

    justo al borde, 

    el pie tantea y se desprende
    como un adiós la piedra 
    en el vacío y nuestra mano,

    justo al borde,

    busca otra mano, otra 
    en que ampararse, 

    justo al borde 


    y no hay lugar.




    .


    0 0
  • 11/03/16--13:10: IVÁN RAFAEL [19.455]

  • IVÁN RAFAEL

    Iván Rafael (Oviedo, 1976).
    Ha publicado: Monótonos golpes de Estado. Ed. Amargord, 2015



    Trileros

    A la vuelta de la esquina
    sobre una caja de cartón
    tres vasos del revés.

    En cada uno de los vasos
    un letrero rotulado con edding:

    Políticos.
    Banqueros.
    Inversores.

    ¿Dónde está la bolita?

    ¡Tiempo!

    Han gritado “agua”. 



    Las cuatro estaciones

    Que si en abril aguas mil.
    Que si en agosto se hace el mosto.
    Que si en octubre la hoja se pudre.
    Que si en diciembre la tierra se duerme.

    Y llegas tú.

    Con las cuatro estaciones
    en un solo día. 




    Ya vienen

    Ya vienen los agentes borrachos en su nombre.
    Ya vienen los hampones abstemios en persona.
    Ya vienen a derramar el vino que les compramos por el suelo
    y a romper sus propias botellas de licores.

    Ya vienen a decretar la Ley Seca
    y a abrir sus bares clandestinos legalmente.

    Si llegan,
    esta misma noche quizá,
    para confiscar los alambiques que ellos mismos fabricaron

    esperaremos
    con los labios brindando sin su alcohol
    justo
    antes
    de destilarnos





    Amanecer en crisis

    La cisterna del baño corriendo.
    La luz del pasillo encendida.
    Y la cama sin hacer.

    Los pétalos sobre la moqueta.
    Sobre la mesilla una nota:
    Ha sido todo un placer.

    Una nevera vacía.
    Una maleta helada.
    Una factura de hotel.

    En la boca el eco de tu semen.
    En las tripas un para siempre
    que pronunciaste / ayer. 





    Desobedeceré

    Cuando me hayan talado el brazo
    desobedeceré.
    Plantaré un árbol entre las losas de granito de la plaza.
    Lo regaré.
    Me sentaré a su sombra aunque caiga en la zona de estacionamiento.
    Recogeré sus frutos sin códigos de barras.
    Los comeré.
    Me encadenaré a él cuando vengan las máquinas.
    Me levantaré para verlo caer.
    Y sujetando una navaja en la boca
    grabaré un corazón con tu nombre
    en el otro brazo.



    Un poema de amor y veinte versos de mierda

    Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
    Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
    y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.»
    (Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Pablo Neruda)


    No puedo escribir un poema de amor esta noche
    y recitarlo luego como un balance de cuentas.

    Las cifras tiritan en los paneles de la Bolsa
    alumbrando una noche con las estrellas en venta.

    Los pretendientes pujan debajo de los balcones
    cantando serenatas en la jerga financiera.

    No puedo escribir un poema de amor esta noche.
    No puedo escribir que me siento como una cartera

    donde tu eres un valor repartiendo dividendos
    con un saldo positivo entre ganancias y pérdidas.

    Que tus manos dan rentabilidad a mi producto
    aumentando el rendimiento del flujo por mis venas.

    Que tus labios son una oportunidad de negocio
    si amplias tu demanda para colocar mi oferta.

    No puedo escribir un poema de amor esta noche
    aunque abras tu sesión y repunte mi tendencia.

    Aunque nos fusionemos y coticemos al alza
    y mi capital de beneficios entre tus piernas.

    No quiero escribir un poema de amor esta noche
    sino veinte versos de mierda. 




    Alarma general

    El cielo se desplomó de repente
    pero apañaron cajas de cartón.

    Con un cordón le ataron la cintura
    pero el mundo se fue partiendo en dos.

    Fue entonces que sonaron las alarmas:
    ¡Gol! 




    Voz de tiza

    A Olga y los docentes en lucha

    Te quiero por tu voz de tiza
    tan polvorienta y gastada,
    que no deja de ser blanca
    partida.

    Te quiero por tu voz de tiza
    que a cada frase borrada
    vuelve sobre la pizarra
    y grita. 



    Monótonos golpes de Estado. Ed. Amargord, 2015




    ANÁLISIS DE LA REFORMA DEL CÓDIGO PENAL

    Usted tiene una bomba.
    Tipo penal del delito:
    Tenencia ilícita de armas
    junto a tráfico sanguíneo.

    Usted tiene una bomba.
    Procedimiento del juicio:
    Será declarado culpable
    siguiendo su propio ritmo.

    Usted tiene una bomba.
    Efectos del veredicto:
    Le serán paralizadas
    aurículas y ventrículos.

    Usted tiene una bomba.
    Atenuante admitido:
    Que usted tenga una bomba
    y nunca le haya latido.



    Solicitud de ayuno al Congreso de los Diputados

    Señor Presidente del Congreso de los Diputados,

    En ejercicio de mi derecho de petición
    contemplado en la legislación vigente
    solicito,

    sea tenida en cuenta y sometida a trámite
    propuesta de
    reforma del Reglamento de la cámara que usted preside
    con objeto de incluir en su articulado
    obligación expresa para sus señorías
    de comparecer
    a las sesiones parlamentarias
    en ayunas

    en virtud de las normas de conducta y decoro
    a las que quedan sometidas
    en el desempeño de sus cargos públicos

    y a fin
    de evitar
    que cuando salga de sus bocas la palabra
    democracia
    se deba
    a un eructo.




    LA POESIA MATA

    Ya sé 
    que cuando sacan petróleo de una guerra 
    no están pensando en metáforas. 

    Sin embargo fíjate, 
    ahora que quedó claro que el capitalismo salvaje 
    es un epíteto, 
    como los mercaderes hacen con el libre mercado 
    prosopopeya 
    y convierten la democracia en una hipérbole, 
    y convierten la democracia en una anáfora, 
    y toman el gobierno del pueblo en antítesis 
    y administran su intereses con un símil 
    y gestionan los países como empresas 
    y exhortan a las naciones con un apóstrofe 
    y se dirigen a electores y votantes 
    y arengan a consumidores y clientes 
    y reclutan mano de obra 
    y alistan todas las metonimias 
    y las llaman cascos azules 
    y las llaman boinas verdes 
    y decretan el comienzo de las perífrasis 
    y declaran 
    el envío de tropas para el inicio <