Are you the publisher? Claim or contact us about this channel


Embed this content in your HTML

Search

Report adult content:

click to rate:

Account: (login)

More Channels


Channel Catalog


older | 1 | .... | 319 | 320 | (Page 321) | 322 | 323 | .... | 364 | newer

    0 0


    Alfonso Martínez Galilea

    Alfonso Martínez Galilea (Logroño, 1959) es poeta, editor, traductor y librero. Entre 2000 y 2010 dirigió las Jornadas de Poesía en Español, cita ineludible para conocer de primera mano la obra de muchos de los poetas más importantes del último medio siglo, a este y el otro lado del Atlántico. Ha publicado Teatro en llamas (Serie B, 1981) y 5 Poemas para dibujos de Tito Inchaurralde (Creator, 2004); las antologías Poetas hispanoamericanos en las Jornadas de Poesía en Español (Cultural Rioja, 2011) y 14 Poetas Riojanos (Cultural Rioja, 2012) y una edición de la poesía erótica de Samaniego, Veintidós cuentos picantes (Pepitas de Calabaza, 2012). Asimismo, suyas son las ediciones del poemario Por una mata de Pascua de Rafael Alcides (Fulgencio Pimentel, 2011) y el relato autobiográfico Días felices en el infierno de György Faludy (Fulgencio Pimentel/ Pepitas de calabaza, 2014), del que fue también traductor. En el intervalo de 1991 a 2011, como AMG Editor, publicó medio centenar de libros, entre los que se cuentan obras de Manuel de las Rivas, José Ramo, Carlos Mastronardi, Fernando Quiñones, Lorenzo Martín del Burgo, José Ignacio Foronda, Raúl Rivero, Manuel Díaz Martínez, Rafael Alcides, Paulino Lorenzo, Alejandro Bekes, Pablo Anadón, Eduardo Halfon y otros.


    Edad de oro

    Hubo una vida para mí dorada
    en un reino arrasado;
    un sucederse calmo y caprichoso
    de la fiebre y la nada.(Viajes a las comarcas inclementes 
    de mi imaginación: reír de fuentes,
    extrañas flores cercenadas
    por la fértil guadaña de la lengua,
    ritos de estío, escucha y escapada.)

    Una sombra siniestra
    parece que me canta:
    "Feliz sin tacha o mengua
    aquél que vanamente viaja
    y repetidamente a su querencia
    retorna."

                              (Por la plaza
    pasean jubilados sesteantes,
    por la ligera, aérea plaza,
    feraz cuando lo fue de bullanguera
    mocedad asombrada.)

    Hubo una vida al fondo de mi vida,
    una vida granada,
    venero inagotable de prodigios,
    oro engastado en fábulas.



    La ventana

    La ventana es un cuadro que no ha sido pintado
    todavía: unas lomas, unos riscos al fondo,
    las nubes divagando por los cielos más hondos,
    cuatro buitres lejanos girando endomingados
    y la luz... Esa luz que se instala en las cosas,
    en sus perfiles graves, dotándolas de gracia:
    cambiante y poderosa por los tejados, lacia
    cuando el sol se disipa, floja y muriente rosa.

    Temprano he decidido anotar estas cosas,
    estas cosas inciertas, que morirán conmigo
    sin remisión posible, de las que soy testigo
    humilde. Muy adentro, por la densa maleza
    del miniado horizonte, pondero en la mañana
    el boceto imposible que enmarca la ventana:
    cuatro lomas oscuras, luz, olvido y belleza.



    Paisaje ojos adentro

    Pienso en mi loco amor de juventud, pienso en mi patria:
    una oscura heredad en lo profundo
    de una tierra perdida.

    En sus muros de piedras aplicadas,
    en sus calmos, primaverales días,
    verdes como el presagio primerizo
    de la feracidad del alma amiga.

    (Tentar allí la fruta de las tardes
    olvidado de Dios, entre los perros
    y las cabras amables,
    cercenando de modo concluyente
    y "en forma incontrastable"
    —como suelen decir los catedráticos—
    mi memoria bastarda con los sables
    de las primeras puras apariciones:
    pedregales y rubicundos árboles,
    barrancas que dejé, sedientas y hondas,
    antes de todas las edades
    y que estarán allí, seguramente,
    con nidos en sus grietas esperándome).

    Pienso en las ralas eras, y en el río
    seco que tanto de muchacho amaba.
    El apacible (y raro)
    concurso de sus aguas
    suena en mi oído y en mi corazón
    como una misteriosa llamada.

    Para nadie más suena, de tan cauta.



    La formación profesional de Pako Ibernia

    Juro que me he acordado de su nombre
    esta tarde de farra con Alfonso,
    mi colega, y con Pepe Ramo, mientras
    un buen litro de cava me instruía
    sobre aspectos oscuros de la historia
    sentimental que todos arrastramos
    como el cadáver de un pariente próximo,
    muy próximo a pudrirse.
    "Generosa"... ¡La leche que me dieron!
    ¡Si es que es un nombre que parece hecho
    a mi justa medida! ¡Y yo olvidado
    de aquella generosidad andante
    que hoy será -por lo menos- directora
    de museo euscaldún o de ikastola!

    Pues eso, que en la época que digo,
    época en todo aspecto promisoria,
    algunas tardes de verano tórrido
    cuando apretaba el sol y parecía
    que iba uno aceitado como un turco
    de esos que ponen calentorro a Jon
    Goytisolo (otro amigo), me iba yo
    a dar un voltio por el Bocho infecto
    y llamaba a un colega para echar
    un txikito de fanta o de mirinda
    (bebía poco entonces yo, ¡qué tiempos!)
    y que, como quien no quiere la cosa,
    nos íbamos dejando ir los dos
    (alguna fuerza sobrenatural
    nos empujaba, sin lugar a dudas)
    por callejas, en fin, reconocibles
    hacia aquel piso musical y triste
    que compartía Generosa con
    su amiga Desprendida, que estudiaba
    Lenguas, creo, y que era especialista
    -según mi amigo- en lemosín y griego.
    Al timbre no llamábamos, llamaba
    una mano invisible y ectoplásmica,
    la genérica mano de la especie
    o de la raza... (No lo tengo claro...
    De hecho, ¿somos los vascos subespecie
    diferenciada en el humano tronco?...
    Ahí queda la pregunta...)
    Y que una voz
    algo atiplada nos decía: "¿Qué,
    subís un rato...?""Bueno", respondíamos,
    no nosotros, quiero decir, nosotros
    no respondíamos, respondía el Ello,
    nosotros simplemente nos dejábamos
    subir, como en volandas, al altillo,
    desmadejados, sudorosos y
    algo dubitativos ("¿Habrá plan
    esta tarde?", decía mi colega...
    "¿Habrá jabón?", decía yo, que he sido
    siempre algo tiquismiquis con la higiene...)
    Y en estas nos plantábamos arriba
    como dos pensionistas coronando
    la cima del Artxanda.
    Abría Generosa
    con petito vaquero y de sandalias
    y entrábamos, repito que empujados,
    impelidos al trance, al rapto, al caso,
    iluminados, órficos, pneumáticos,
    trascendentales, adventistas, serbios,
    entrábamos con ojos como platos,
    como estadios de fútbol brasileños,
    ojos devoradores en la escura
    turbiedad, oteando por doquier:
    cestas de macramé, estanterías
    de ladrillos y tablas, estampitas
    lujuriosas de un Cristo jipi, libros
    con títulos como ¿Qué es el anarquismo?,
    Diario del Che en Bolivia, Sexus, El amante
    de Lady Chaterley, y uno que a mí en concreto
    me gustaba bastante, Sodomitas,
    de don Mauricio Carlavilla, un lince.

    A la primera vez que penetramos
    (en el altillo digo, por supuesto)
    había un poster de Camilo Sesto
    que al poco tiempo fue sustituido
    por otro de la Orquesta Platería.
    (¡Qué lamentable cambio, dicho sea entre paréntesis!)
    "Cada día que pasa estás más Cáncer,
    Javi", me comentaba Generosa,
    que había transmutado en Escorpión
    -tras ser Virgo desde su nacimiento-
    al poco de que fuimos presentados.
    Yo hacía en general por defenderme
    de las lucubraciones horoscópicas
    que solían al cabo derivar
    en sangrantes palizas con la Virgen de Umbe
    como protagonista principal.
    "Este... ¿Has leído el libro que te traje,
    ése sobre los metafísicos ingleses
    donde está aquel poema que describe
    los éxtasis sublimes de Teresa de Ávila?..."
    -preguntaba con intención mi menda.
    "Sí, joder... ¡Qué coñazo!... ¿Cómo puedes
    ponerte tú cachondo con tal bodrio?",
    respondía mi generosa Gene.
    "Pues porque yo, cariño, me emociono
    hasta contando piedras". "Eso, Javi,
    es normal", añadía Desprendida,
    "porque eres vasco y desde siempre al vasco
    le han gustado las piedras, oyes...""Sí,
    pero, ¿y por qué me gustan los gusanos,
    las cochinillas y los cortapichas?..."
    "Buena pregunta, y vete tú a saber",
    concluia mi Gene.
    "Ven un poco",
    añadía después, "ven a mi cuarto,
    que te voy a enseñar un corazón..."
    Y después de la esgrima verbal ésta,
    esgrima que nos daba algo de grima,
    pasábamos adentro, a un cuchitril
    abuhardillado de uno treinta al fono,
    sobre la cabecera de la cama.
    Creo haber dicho en algún otro lado
    que aquel cuarto era en verdad del todo
    una cama, o que me lo parecía
    a mí, que era miope. Lo que es cierto
    es que no se cabía en posición
    erecta, y Generosa se tumbaba
    desparramadamente generosa
    y encendía un cigarro... ¿He dicho "erecta"
    hace dos o tres versos? ¿Sí? Pues eso.
    ...y enchufaba un casete algo ruin...
    por el que inmediatamente aparecían
    Urko, Imanol, Itoiz y Patxi Andión.
    ¡Qué sudores me entraban! ¡Yo que apenas
    sabía en euscaldún decir "bokata"!

    Lo que más me ha quedado en la memoria
    de aquellas tardes es un cierto aroma
    a sudor o a humedad, no sé muy bien,
    un cierto olor a almeja del Cantábrico
    y a cabrito de Gredos en fresquera.

    ¡Juventud, juventud, tesoro fino!
    ¡Qué no descubriríamos los dos
    mano a mano, y a muslo y a entrepierna!
    Pues, un montón de cosas, amiguitos:
    dinámica de émbolos, lubricación de piezas,
    atornillado, enrosque, cuencas de deyección,
    espeleología, culturas aborígenes...
    ¡Una academia alternativa (y gratis)
    de sana formación profesional!
    ¿He dicho "gratis"?... Bueno, gratis total no,
    pero casi, porque esta Generosa
    no me pidió jamás un duro, en serio.
    Solamente una vez, cuando en la ducha
    nos desprendíamos los dos del polvo
    de la dehesa, aún entre mordiscos
    y arrumacos, un segundo antes
    de que a mí me invadiera inevitable
    la sangrante idiotez agustiniana
    ésa del homo post coitum tristis,
    me dijo: "Javi, majo, cuando seas
    poeta, y lo serás, no tengas duda,
    escríbeme un poema, corazón..."
    "¿Poeta yo?", repuse algo aturdido,
    "antes peón de albañil... Pero si llega
    el caso, Generosa, no lo dudes,
    te escribiré un poema de la hostia,
    algo así como el Prufrock eliotiano
    pero algo más marrano..."
    Y esto dicho
    salí de allí dejando a mi colega
    enredado con ambas en un diálogo
    (tenue, evasivo, gris, languideciente)
    sobre Oteiza y Chillida
    salpicado de citas de Heidegger
    e interrumpido a veces
    por el revoloteo de las moscas.

    De Amigos y otros animales
    Data incierta



    Noche oscura

    (2004)

    Qué tibia placidez
    navegar bajo la espesa y rara luz
    del otro lado del espejo.
    Enhiestas sombras
    naufragamos
    en los hirvientes estuarios de lo oscuro.
    La opacidad desvela
    lo impreciso de nuestros límites
    y el tumulto soñoliento de los bultos
    nos saluda, invitándonos al goce.
    Tocamos ávidos
    el rastro fluido y cálido
    de sombras pasajeras que nos hablan
    en el extraño idioma de los sueños
    y sentimos gotear nuestra sangre
    sobre el bruñido cauce de la noche.
    Estamos y no estamos, no sabemos,
    nos dejamos llevar por el confuso océano
    de sopor y de furia

    donde somos tan sólo
    una ola agónica, un flujo retenido.

    De La otra vida
    (1999-200...)



    Fingimientos

    (1991)

    En un confuso estilo octubrescente
    yo comencé a escribir sin mucho tino
    y, aunque el invierno me escupió dañino
    alguna vez, no salgo de ese cante.

    Un tartamudo especialista en plantos
    pateando la linde del camino,
    esquivando ora sierpes ora espinos
    y náufrago en un mar de espeso tinto.

    No enmudecí jamas, como insolente,
    ni tuve a mal al tiempo coruscante,
    ni abandoné, cobarde, ningún plinto.

    Más bien me fui dejando lentamente
    perder entre aligustres, entre acantos,
    adúltero, pendón, rico y boyante.



    El tiempo en vano

    (1999)

    El tiempo en vano pasa: soy el mismo
    de hace casi treinta años, el muchacho
    que empedraba las calles de su abismo
    con presunción patética de macho.

    El joven que con Dios comunicaba
    a los catorce años va conmigo.
    Tengo su misma cara y soy testigo
    de sus alardes de tonto de baba.

    Me conmueven las mismas pesadillas,
    me acompañan idénticos presagios.
    es verdad que no entono ya trisagios
    por remotas ermitas de Castilla...

    Pero yo soy el mismo: aquí lo advierto,
    un muerto que conversa con sus muertos.

    De Vaga estrofa
    (1990-1999)



    UNA MUJER

    Reparad un momento en esta adolescente
    Que roza los cincuenta. Es hermosa. Sus formas
    Se han ido acentuando, sin recurso ni estrago.
    Vive ausente en el pozo claro de su belleza.
    Sueña con días jubilosos
    En paraísos clausurados.

    En paraísos tibios de hoteles de una noche.

    Reparad en el timbre de su voz cantarina.
    En su perfil amable.
    En su gracia risueña.
    En sus gestos, bordados

    Como trazos bordados en un tejido rígido,
    En el tejido de la muerte.

    La muerte la acompaña. Va con ella a la plaza.
    Juntamente con ella se distrae y se admira.
    Y las dos pasan juntas, mientras hombres atónitos
    Las piropean, tontos.

    Que no os deslumbre su belleza intacta,
    Tontos hombres que andáis piropeándola,
    Su belleza, que crece como una flor, al lado
    -Reparad, por favor-
    De la flor deslumbrante de la muerte.


    ABBA

    Padre ¿qué tal estás? ¿Nada quieres decirme?
    ¿No hay cosa que lo valga, no hay nada que te traiga
    A decirme esas cosas que no dirías nunca
    A nadie? Padre, escúchame: ¿Nada quieres decirme?

    ¿No te vendría bien contarme de esas cosas
    Que no dirías nunca a nadie?… Padre, atiéndeme.
    También yo te contara, si pudiera, esas cosas
    Que a nadie contaría que pudiera escucharlas.

    Háblame, Padre, escúchame: yo también voy a hablarte.
    Vamos a hablar los dos como dos contertulios
    Y que el sueño nos venza mientras hablamos quedo
    Como a dos contertulios a los que el sueño vence.

    Hablamos… por hablar. Hablamos porque se habla.
    Conjuramos la muerte hablando quedamente.
    Y la muerte se sienta a charlar con nosotros
    Y nosotros hablamos y hablamos quedamente

    Y la muerte nos habla en una lengua oscura
    Que no acabamos de entender.



    KALEL

    Adolescente errante, tu vida es sólo un sueño
    vanidoso y feliz del que nunca despiertas.
    Ante ti van abriéndose las silenciosas puertas
    y los hondos recintos que conoces pequeños.

    Tus pasos son ligeros, audaces sin empeño.
    Cruzas por vagas sendas carreteras desiertas,
    páramos soñolientos, abandonadas huertas,
    pedregales estériles y regatos risueños.

    Paras buscando albergue, bullicioso o sombrío.
    Mides con buen sentido el rastro de tus pasos.
    Te alejas solitario por la orilla del río.
    Nadie te sigue en esos rumorosos ocasos.

    También el horizonte se te antoja pequeño.

    Tras este largo sueño te espera el otro sueño.




    .


    0 0

    Elvira Valgañón y Angel Mª Fernández

    Ángel María Fernández

    Ángel María Fernández (Arnedo, La Rioja  1973) es profesor de lengua y literatura española. Cursó sus estudios en las Universidades de La Rioja, Málaga y Salerno (Italia). Dirige desde 1999 las Jornadas de Poesía Aqueteleo en su ciudad natal. Ha publicado cuentos, artículos y poemas en diferentes revistas. Colabora con el festival de cine Octubre Corto para el que estuvo al cuidado de la edición del guión de Rafael Azcona La paella (Ed. Aborigen, 2006). En 2007 firmó el libro-entrevista Roberto Bodegas: El oficio de la vida, los oficios del cine (Ed. Aborigen). Algunos de sus poemas pueden encontrarse aún en los cuadernos Pájaro en llamas (CIA & cía., 2007), Poemas de la época B (Diosloscría, 2008), 8 poemas para leer con la ele puesta (Jara Carrillo, 2009) y en la antología 14 poetas riojanos en las Jornadas de Poesía en Español (Cultural Rioja, 2008).



    DE "Manzanas traigo", se ha dicho:

    "Ángel Mª Fernández llega a su primera publicación de manera poco ingenua, lleno de ironía, humor y reflexión sobre el poeta y la poesía. [Su obra exhibe] una utilización de la métrica y los ritmos clásicos que roza lo magistral, especialmente porque ‘estando, no están’".

    JULIO ESPINOSA GUERRA

    "Como subido a lomos de una mula escribe Ángel María sus versos. Dormido al trantrán del motor de la bestia, súbitamente despierta y se pregunta: ¿dónde estoy? Y al divisar en lontananza el skyline de un cementerio se vuelve a dormir".

    ARTUR SOIGNÉE PILON

    Poeta periférico, felizmente acomodado en su libre albedrío, en la producción de Ángel María Fernández laten, unas veces con ánimo cubista, otras prerrafaelita, ecos de Nicanor Parra, Rudyard Kipling, Guido Gozzano, Paulino Lorenzo, pero permanece siempre Ángel Mari como tambor millefiori. Allá donde crea escuchar las voces de José Watanabe, de César Vallejo, de Jaime Gil, no se equivoque: son los píos de un gorrión, el chaschás de los charcos, el crujido de las barras de pan. Fernández prepara bocadillos con los cadáveres. Si es verdad que la vanguardia apenas puede más que jugar a tararear con las formas (los temas son siempre los mismos), Ángel María respeta los esqueletos formales para bailar alborozado con los temas.



    HACIA ELLOS

    ¿Por qué la infancia es más que la verdad?
    LORENZO PLANA


    Agua y día, el alfil rejuvenece.
    Mi corazón es agua y también día.

    El ajedrez es el deporte de los muertos,
    yo trazo una diagonal de vida.

    La belleza del mundo aumentará
    mientras derroto a los peones de la muerte.
    Será el aperitivo del amor.

    Podré saltar como un caballo
    haciendo sietes allá en la infancia,
    asimilar las reglas del juego.

    La belleza del mundo aumentará
    y tan solo en el centro de los lechos
    tendrán sentido, recién nacidas, las cosas.

    ¿Por qué la infancia es más que la verdad?

    El alfil rejuvenece como un crío
    rejuvenece a sus abuelos.

    Esa es la forma de premiar al hombre.

    No más belleza. No más verdad. ¡Basta!

    Recién nacidos, nietos como alfiles,
    camino diagonal infinito a sus abuelos.

    Una belleza mucho más que la belleza.
    Una verdad que es mucho más que una verdad.

    La infancia, alfil, quiere saciarte.





    Manzanas traigo

    Por Juan Soros

    “El ingenio y el humor, como todas las sustancias corrosivas, tienen que ser utilizados con cuidado.” Sentencia Lichtenberg sin sentenciar a nadie. Con ese cuidado nos escribe Ángel María Fernández (Arnedo, 1973) sus poemas y se cuida, también. No hay ocurrencias en sus poemas. Sí ocurre mucho. Lo anecdótico, la experiencia, no en busca de sentido ni por sí misma sino como epifanía, a la manera en que Joyce entendía esta palabra tan cargada. Un casi diario, recuerda la escritura de Ana Cristina Cesar dispersa en cartas y postales enviadas, la dificultad de encontrarla reunida, de leerla sin conocer a un tú concreto o identificarse con él, donde la mirada irónica nunca es desenfadada o ramplona sino que esconde su cuidado. Esconde una mirada profunda que se oculta y que se cuida, ante todo, de tomarse demasiado en serio, tomándose la vida muy en serio. Así, el último poema del libro titulado “Vivir” concluye: “si se trata simplemente de morir”. Usaríamos la palabra cínico si no estuviera desvirtuada en nuestra lengua hacia un sentido peyorativo. Habría que hablar de una objetividad dolorosa como la de la escuela de Diógenes donde lo cínico es una mirada honesta y valiente. Ingenua (es decir originaria, vista por primera vez) y hermosa. Cuidada pero en la publicación, donada. No es fácil encontrar la poesía anterior de Ángel María Fernández, distribuida en cuadernos o libros de difícil acceso pasados de mano en mano y de ciudad en ciudad, como un contrabando. Es un gesto notable que rompa ese cuidado círculo para entregar un libro, además bellamente editado, de amplia difusión. No es contradictorio con su práctica anterior, es simple lentitud. Ha llegado el momento, sin reivindicaciones, sin aspavientos.
                
    Eva Chinchilla ha dicho que la lectura de Manzanas traigo recuerda a Nicanor Parra y es cierto. Recuerda a muchos poetas, muchas lecturas, pero el tono de Parra, no referido, no citado (como sí aparecen desde san Juan de la Cruz hasta Borges, Machado o Gil de Biedma, hasta José Watanabe o Chus Arellano). Aparece el eco de Parra como si se dijera: “entre broma y broma la muerte asoma”. La muerte como conciencia extrema de la vida y de sus pequeñeces y grandezas. En “la disco”, el paseo a orillas del Cidacos, la estación de autobuses o el aeropuerto. En la subversión de los signos como es pasar de la “Carta al padre” de Kafka a un poema titulado “Mi padre se parece un poco a Kafka”. ¿Cómo llegar a ser hijo de Kafka? Cinismo (del bueno) e ironía que nos ponen ante los ojos la inocencia perdida. No la nostalgia aurática de la inocencia perdida. Su aparecer, epifanía. Sin infancia ideal. Es, por el contrario, “La que vuelve y vuelve / extraña y dulce vuelve / lo mismo que una fiesta con un solo invitado / disfrazada de otro tú / que ya no eres tú; / inocencia de la fue tu inocencia, / carné de tu carne, plagio, tradición.” La broma desactiva el patetismo, reactiva la memoria. La broma desactiva lo reaccionario, activa una conciencia crítica. Por ejemplo, con lucidez, en el poema titulado “La gente” que en paralelo con su discurso usa el ritmo para hacer una seria broma sobre los usos métricos (actuales) y su valor simbólico. Comienza con rimas bobas, repitiendo las palabras completas, para terminar con una estrofa de cinco versos rimada en “gente” cuyos dos últimos versos son “la gente entonces desparece gente, / y gente que era gente ya no es gente.” Así llevando los mecanismos de rima y aliteración del endecasílabo (el “saber hacer versos”) hasta su límite absurdo. ¿A favor o en contra del ritmo? No viene masticado. Esta poesía no da respuestas, plantea preguntas. Como una buena broma. Da cuenta de una perplejidad ante el mundo y ante el poema mismo. La última de las tres secciones que forman el libro se titula “Gimnasia rítmica”, ¿por el ritmo?

    Quizás más difícil que la poesía “difícil” es leer esta poesía en su aparente facilidad. Y caer en la trampa. Una trampa cuidada, amable. Una poesía que disimula su dificultad. Por delicadeza, por sobriedad, por reírse un poco del personal, también. Pero nunca lo mira por encima del hombro. Siempre está a su lado, hay un pozo humano, emocionado, asombrado pero también consiente del medio que usa. No reduccionista sino crítico. Otra vez, resuena Nicanor Parra, en su extendido trabajo para bajar a los poetas del “Olimpo”, también Eduardo Milán cuando habla de cuidarse de “el lírico” o la ironía de José-Miguel Ullán, resuenen. Pero Fernández trabaja de contrabando. No es mala estrategia. No se enfrenta de manera directa al lírico ni al popular, resiste en las virtualidades de la palabra poética sólo comprometida consigo misma. Con su particular visión del mundo, compleja, contradictoria, entre eufórica y triste. Cuidada. Lenta. Como su producción poética, lenta y desperdigada pero cuidada. Lo que se agradece. No la lentitud cancina y autocomplaciente del acomodado en versiones dosificadas, edulcoradas, simplificadas de lo poético sino la lentitud del que se lo piensa dos veces antes de decir cualquier cosa. Se lo piensa dos veces y ante la disyuntiva –el silencio o el tópico– hace una broma. Una broma seria, donde lo que está en juego es darle forma a la experiencia. No complacerse en ella y en sus presupuestos. No darla masticada por una hermenéutica ramplona, del consenso. Darle forma de epifanía. Cotidiana pero ritmada, que nos muestra lo excepcional, la nuda vida, que nos hace volver a mirar, que se sorprende y nos sorprende, con cuidado. Así los frutos, los dones que indica el título y que quizá también se leen como el don del poema que nos ha dado Ángel María Fernández: “De donde vienes traes un hatillo con todas las cosas / que piensas que necesito: / Silencio, misterio, ritmo, vino, gracia, caricias, animosidad // Yo tengo manzanas.”






    .


    0 0
  • 10/25/16--07:49: GUILLAUME DÉCOURT [19.367]

  • Guillaume Decourt

    Guillaume Decourt es un poeta y pianista clásico francés nacido en 1985. Pasó su infancia en Israel, en Alemania y en Bélgica; su adolescencia en las montañas de Forez; a continuación, largas estancias en Mayotte y Nueva Caledonia. Ahora divide su tiempo entre París y Atenas.

    Da conferencias públicas en diversos festivales de poesía y otros lugares. En 2014, participó en el 17º Festival de Poesía Lodeve (La Voz del Mediterráneo) del 16 al 20 de julio en el departamento de Hérault.

    Ha publicado seis libros de poesía y también está involucrado en numerosas revistas como L'Atelier du Roman, Nunc, Diérèse, Phoenix, Place de la Sorbonne, Passage d'encres, Verso, Remue.net, Décharge.

    OBRA:

    La Termitière, poèmes, (préface de Frédéric Musso), Polder 151, Gros Textes, 2011 (repris et réédité dans A l'approche, Le Coudrier, 2015 )
    Le Chef-d'œuvre sur la tempe , poèmes, Le Coudrier, 2013
    Un ciel soupape , poèmes, Sac à Mots, 2013
    Diplomatiques , poèmes, Passage d'encres, 2014
    A l'approche , poèmes, (préface de Guillaume Métayer) , Le Coudrier, 2015
    Les Heures grecques , poèmes, Lanskine, 2015.



    En el marco de nuestro Dossier de poesía francófona reciente preparado por Gustavo Osorio de Ita y Sergio Eduardo Cruz, presentamos una muestra de Guillaume Decourt, un poeta y pianista clásico nacido en 1985. Durante su infancia vivió en Israel, Alemania y Bélgica; actualmente reparte su tiempo entre París y Atenas. Las traducciones corren a cargo de Ilse Campos.

    http://circulodepoesia.com/2016/10/veinte-poetas-francofonos-recientes-guillaume-decourt/



    Hábito

    Lo pintoresco en reversa no le importaba ya*. Tez rigurosa; torso quemarropa; ojos hechos para las las bocallaves, él salmodiaba sobre una oscilación de fortuna: “El poema es un sifón de plegaria”. Nosotros notamos que tenía el rostro grave de un hombre de fiesta.



    Arrullo

    No hay que amonestar a un mártir
    Lo hace muy bien él sólo

    Y se flagela y se molesta
    Y se desvirtúa y lo quiere
    Por no sé qué motivo

    Antes
    En la noche roía
    Las luces del vencejo

    Ciertamente
    Mi subterfugio era sin duda
    Un poco ingenuo

    Sin embargo, llevo un estilo de vida
    Bien particular
    Un estilo de vida de boxeador
    Y puedo cobrar, créanme

    Me seco los juegos sucios
    En las trampas
    Y los golpes
    Por debajo del cinturón

    Pero todo eso no me alcanza ya
    Porque desde hace tiempo
    Me impulsa un par de defensas
    Abominables y gigantescas

    Se podría suspender incluso una hamaca
    Y dejarse mecer
    indefinidamente, por mi aliento
    Bajo mi propia sombra



    Tratado de la desesperanza

    Por mucho pensar
    Nos hallamos con un braguero
    Y los labios de hidra de aguardiente
    Es bien sabido
    La práctica excesiva de la trifecta
    Puede tener efectos devastadores
    Latitud vegetativa
    Hay días así
    En los que el barógrafo está mojado
    Deciframos el etrusco en un bar
    Cualquiera
    Podría usted indicarme, por favor
    Todos los caminos que llevan al ron
    Los peces no son solubles




    Posible

    Alegremente tuyo
    Cuando ella, como adornada de ella misma,
    Habla del tiempo
    En el que los emperadores aprendían
    Aún el amor y la música
    Viene esta hora del verde
    De pinos definitivos
    De corredores sobre el mar ronco
    La intersección del sol
    Larga como un pie de mujer




    Habitude

    Le pittoresque à rebours ne lui importait plus. Teint rigoureux ; torse brûle-pourpoint ; des yeux faits pour les trous de serrures il psalmodiait sur une escarpolette de fortune : « Le poème est un siphon à prière. » Nous nous aperçûmes qu’il avait le visage grave d’un homme en fête.



    Berceuse

    Il ne faut pas admonester un martyr
    Il s’en sort à peu près bien tout seul

    Et se flagelle et se moleste
    Et se frelate et s’en veut
    Pour je ne sais quelle raison

    Jadis
    Il m’arrivait la nuit de ronger
    Les lumières du martinet

    Certes
    Mon subterfuge était sans doute
    Un peu niais

    Cependant je mène un train de vie
    Bien particulier
    Un train de vie de boxeur
    Et j’en encaisse croyez-moi

    J’essuie des entourloupes
    Des crocs-en-jambe
    Et des coups
    Au-dessous de la ceinture

    Mais tout cela ne m’atteint plus
    Car depuis quelque temps
    Il me pousse une paire de défenses
    Abominables et gigantesques

    On pourrait même y suspendre un hamac
    Et s’y laisser bercer
    Indéfiniment par mon souffle
    À l’ombre de moi-même



    Traité du désespoir

    À trop penser
    On se retrouve avec un bandage herniaire
    Et les lèvres d’une hydre d’eau-de-vie
    C’est bien connu
    La pratique excessive du tiercé
    Peut avoir des effets ravageurs
    Latitude végétative
    Il y a des jours comme ça
    Où le barographe est mouillé
    On défriche l’étrusque dans un bistrot
    Quelconque
    Pourriez-vous m’indiquer s’il vous plaît
    Tous les chemins qui mènent au rhum
    Les poissons ne sont pas solubles



    Possible

    Heureusement de toi
    Quand elle comme parée d’elle-même
    Parle du temps
    Que les empereurs apprenaient
    Encore l’amour et la musique
    Vient  cette heure du vert
    Des pins définitifs
    Des corridors sur la mer rauque
    L’intercession du soleil
    Large comme  un pied de femme








    .

    0 0


    ALEJANDRA MÉNDEZ BUJONOK 

    Alejandra Méndez Bujonok (1979) San Cristóbal (Santa Fe), Argentina, reside en Rosario. Es guionista y productora cultural. Curadora de importantes encuentros literarios en su provincia. Coordinó los ciclos de lecturas: “Poesía en los Bares” organizado por Secretaría de Cultura y Educación de la ciudad de Rosario, “Poetas que leen a otros Poetas”, “Poetas del Tercer Mundo”, y los trasnoches del Festival Internacional de Poesía de Rosario (ed. 2010-2011) entre otros. Ha participado en diversos encuentros o festivales de Poesía nacionales e internacionales. Figura en antologías nacionales y latinoamericanas. Ha publicado: Tarde abedul (poesía) editorial La Pulga Renga, Rosario (primera edición 2013 – segunda edición 2015).


    La fuente

    Pensamientos de dentro, de todos,
    flotan y se mezclan
    los peces en el aire.
    Sospecho que el limón me mira
    en su sol amargo
    ¿o soy yo quien lo mide
    en la distancia de ácidos
    con cierto recelo lagrimal?
    No sé qué es la fuente de luz
    que nombran
    los merecidos del cielo.
    Tanto tuve que andar
    para acertar en el agua
    el accidente de la sombra,
    para aprender a llorar. 



    Rhizanthella

    Por los caminos del agua en busca del silencio
    las máquinas son máquinas secretas.
    Como una Rhizanthella, sin romper
    jamás la superficie de la tierra,
    florecen por lo bajo aquellos rayos. 



    Contrapunto

    Para cubrirme del desamparo virtuosista
    de la fantasía en un lunes con luz tenue,
    luz ínfima de pared cualquiera del mundo,
    de la vergüenza cromática en la fuga
    no vista ni aceptada,
    creo el contrapunto
    que es ese fino oficio en el origen.
    Como un triste dios pequeño
    a tientas sufro
    practicando mi libertad.



    Caracola

    Tenían quietudes azules/sus ojos
    cantábrica profundidad/marítima su alma
    inaccesa/toda alma todo cielo toda vida/
    caracola en movimiento.
    Tenían la ductilidad de los vientos/sus vientos.
    Me miraba su historia -abuela- como queriendo
    salirse de usted.
    De niña entendí/solo viéndola mirar/que todo
    es un acantilado lejano.



    De la manera en que me salvo

    No uso reloj en la muñeca
    (es triste el mundo de los ajustados)

    No uso gafas oscuras de sol
    (es triste el mundo de los escondidos)

    No uso paraguas de la lluvia
    (es triste el mundo de los protegidos)

    Me salvo así
    (o eso creo)

    De pensar el control de los objetos.
    De pensar la distancia de los otros.
    De pensar que la lluvia es una maldición.



    En coro

    El puño de la tarde se abre
    en semillas de luz multiplicada.

    El sonido no es
    solo una constante.

    Bajan de a una las lianas liláceas
    como lágrimas
    en coro de los pájaros.

    Cardenal amarillo en mi pecho
    es el campo

    Un animal sediento,
    un dios,
    un amante.



    CRIATURA

    El color de la tierra húmeda criatura corva
    del verde olor a mujeres derramadas.
    Un pueblo que huele a lluvia de verano.
    La lumbre, el horizonte como flecha
    Que lanza el viento. No sentir otro ritmo sino
    el del azaroso camino a los álamos.
    Esa fe en la tibieza de un tiempo
    haciendo pan o torneando materia
    que luego olvidamos. La estación final:
    que detiene al mundo,
    que nos recuerda lo que somos.

    (de Tarde Abedul, La pulga renga, Rosario, 2013)



    El reloj de esta mujer
    le anda como un galgo
    con rabia a veces
    me quedo mirándola
    y me recuerda a su madre,
    mi abuela lejana
    como el acantilado. No es
    de ahora que está enferma
    su soledad viene
    de siglos pasados. A veces
     me quedo mirándola
    y me recuerda a ese verso
    de Katherine donde ruega
    a dios para que sea él
    quien endurezca su corazón.

    (de la serie: las tías, en Rapsodia de los descontentos, -inédito-)



    Cómo estás, dónde, Jeremías, te escondes de las escaleras en reversa 
    miento si declaro ser luz para tu sombra.
    Cuestabajo, claro, Jeremías, te comprendo. Cual amor fundado
    en prematríz y en desgobierno.
    “Mira que he puesto mis palabras en tu boca”
    y no hay liberación.
    Derruir para plantar, Jeremías, sí, un vástago de almendro. Pero muros de cobre y viento norte ceñirán tus caderas.
    Una vid roja selecta abrirá tus ojos y tu boca, sed de calma y de corona, hablarán palabras de los otros.
    Como estás, dónde, Jeremías, te escapas de la tierra de los hombres, que traicionan por clara pasión. Del horizonte
    Por qué causa dondequiera que brille, la angustia de tu espada, Jeremías, rompiste la escarlata mismísima del sueño hecho culpa y desengaño.
    Qué oscura luna hizo noche tu rostro más duro que un peñasco.
    “levántate y subamos” Jeremías, por la noche esta que  fue dada sobre el campo santo por compasión y niño del tiempo.
    Como estás , dónde, Jeremías, te entristeces del lucerío de los ranchos y caminos.
    Miento si declaro ser luz para tu sombra.

    (De la serie: las lamentaciones, en Rapsodia de los descontentos – inédito)






    .

    0 0
  • 10/25/16--08:55: EUGENIA SIMIONATO [19.369]

  • EUGENIA SIMIONATO

    María Eugenia Simionato nació en 1987 en Mendoza, Argentina. Se licenció de psicóloga en la Universidad del Aconcagua.

    Soy psicóloga y escribo poesía. Publiqué mi primer libro La noche crece como un río solitario en el año 2015. Participé en el año 2014 de una lectura que organizó APOA (Asociación de poetas argentinos) en Buenos Aires. También fui invitada para leer en el canal Acequia de Mendoza. Me han publicado poemas en revistas digitales (El Sigma: Revista de psicoanálisis; Op.cit poesía, “Reportaje Haiku”, Revista El Desaguadero creado por los poetas mendocinos Fernando G. Toledo y Hernán Schillagi) y en papel (Un hilo rojo: revista mendocina de psicoanálisis y Revista Qu literatura); y en distintos blogs, como el de la poeta Valeria Cervero: Mordiscos, de la poeta Irene Gruss: El mundo incompleto, y participé de la entrevista: 1 poeta 10 preguntas creada por el poeta y editor Pablo Gabo Moreno. 




    UN HOMBRE DESCONOCIDO ME ACARICIA

    Un hombre desconocido me acaricia.
    Sus manos hipnotizan. No consigo huir.
    Huelo a flores recién cortadas
    de un jardín que nunca tuve.
    Canto una melodía que ignoro.
    Ni siquiera el suelo que ahora piso
    es el suelo que alguna vez pisé.
    Tanta suavidad me lastima.
    ¿Cuánto tarda en separarse un cuerpo
    de otro cuerpo?
    ¿Cuántos temblores hacen falta
    para expulsar la ternura de unas manos
    que se han ido?
    Mis piernas desobedecen.
    No camino. Doy saltos prematuros
    como si la permanencia en la tierra
    me quemara.




    EL POLVO ACUMULADO ENTRE TUS COSAS

    Guardo tus poemas
    como si acaso pudiera liberarme
    del polvo acumulado entre tus cosas.
    ¿Qué hago ahora con estos
    restos que tiemblan como insectos
    aplastados en la intensidad de lo breve?.
    Los libros que acariciaste
    pronuncian tu nombre,
    gimen como mujeres que te amaron
    y que la distancia
    vuelve aún más feroces.




    ESCARBO EN LOS OJOS DE MI MADRE

    Recuerdo aquella foto
    en la que estoy en brazos de mi madre
    con una flor en la mano.
    Algo resplandece en el cielo.
    Aunque no lo sabemos
    tenemos las dos el mismo gesto.
    Pienso que mi madre 
    tuvo que alzar su infancia
    para enseñarme que es posible
    encontrar la belleza
    en el liviano movimiento de una hoja.
    Todavía escarbo en los ojos de mi madre,
    como si pudiera, a través de ellos, 
    volver a aquel jardín
    y contemplar de nuevo
    el breve parpadeo de la dicha.




    SOBRE MI NOMBRE 

    No entiendo el lenguaje de mi cuerpo.
    He cabalgado años sobre mi nombre 
    y ahora soy un jinete ciego
    recostado en un jardín envejecido.
    Se escucha un chirrido, como un coro de ramas
    movidas por el viento.
    Mi nombre es demasiado veloz
    para mi cuerpo innombrable.




    LA NOCHE CRECE COMO UN RÍO SOLITARIO

    Voy a acomodarme
    en el exacto espacio que separa
    tu palabra de la mía.
    La noche crece como un río solitario
    y me pregunto:
    ¿Quién podría asegurar si no es tu ojo o el mío
    el pez valiente saltando
    al otro lado del insomnio?




    ESCRIBIR

    No lo vas a saber nunca, dijo, 
    y se fue. 
    La plaza absorbía mi silencio.
    Yo escribía
    Para mirar 
    lo que a los ojos se resiste
    para acercarme a la parte oculta de la flor.
    Aprender
    cuándo se detiene
    cuándo se adelanta.
    Dejar partir
    Lo que nunca ha venido
    Dejar que regrese
    lo que siempre estuvo. 





    EN ESTE MUNDO

    Los días caen sobre mis piernas
    como la ceniza que salta agujereando
    la tela del vestido
    y no alcanzan las manos para detener el pequeño incendio,
    basta un mínimo error
    para que el mundo se deshaga en una chispa
    Ya no importa el peso,
    la densidad con que una mano entra en un cuerpo y lo transforma
    Veo las caras de los transeúntes
    apenas conmovidas por el primer gesto
    ¿Cuántos han dormido y soñado
    sin que una pregunta interrumpa el fragmento oscuro 
    que se escribe entre las horas?
    Debo tener en mis ojos
    el sonido de esta lluvia que baja en la noche,
    y yo no sé si existe alguien capaz de oír
    el golpe de mis ojos cuando caen.




    TENÍAS MI EDAD CUANDO NACÍ

    Todavía recuerdo las palabras que me trajeron al mundo:
    "Casi no te movías. Te gustaba esa oscuridad. Nunca te acomodaste del todo al ruido".
    Casi no hablaba. Nunca sentí del todo mi voz. 
    Tenía un hueso sobresalido en cada hombro
    y no podía dejar de tocarlos, 
    contemplar esas formas de la muerte 
    era un juego, tocar la dureza.
    Me dabas un regalo
    como el gato que te regala un ratón o un pájaro orgulloso. 
    Envuelta en tu pelo, 
    las ondas de tu pelo y el perfume, siempre tu perfume
    el maquillaje intacto, 
    el sonido de los tacos, tu extraña presencia
    llegando, sin ningún paisaje, sin nada del mundo
    para contar.
    Tenía sed, y me pasabas un espejo.
    Era otro el vidrio, otro el continente,
    pero daba lo mismo. Algo calmabas.
    mi voz indefinida
    hija de tu oscura y delicada carne.





    Aún

    Aún escucho los pasos de mi madre
    regresando.
    El clamor del taco inconfundible.
    El perfume,
    como una espada de aire en el estómago.
    Recuerdo la sangre de las hojas
    arrancadas,
    el miedo girando como una luz
    en la tierra del insomnio.
    Lo que va y viene,
    el aroma
    impregnando el hueso
    de lo que ya no existe.





    No hundiré mi júbilo en el agua endurecida de la muerte
    Hay un tiempo en que el rosal existe
    desasido de su nombre.
    Pero más tarde
    la contemplación del nombre lo reemplaza.
    Aunque me obliguen
    no hundiré mi júbilo en el agua endurecida de la muerte,
    ni remendaré este tallo
    que todavía se retuerce
    ante el féretro entreabierto de mi ojo.




    Árbol

    En el temblor de la raíz sobrevive
    la verdad de una hoja
    y en la última rama comienza
    la ausencia del árbol.
    Pero del árbol
    sólo puedo sentir el hueco
    por donde asoma la luz.




    Silencio

    Recuerdo las gotas
    cayendo como nubes.
    Mirábamos el silencio
    y lo arrojábamos al río
    como se arroja
    lo que no desaparece.
    Los ojos y los peces,
    acurrucados en la luz
    eran un sólo temblor
    en el agua.




    Caminar

    Pisar un pozo
    un declive imprevisible.
    Mezclar el pie con el hueco.
    No saber si es el pozo o el pie
    lo que nos hunde.



    El perfume imaginario de la lluvia

    Una pregunta, como una gota
    cae y se desliza
    en el centro indescifrable de tu mano:
    ¿No es éste el modo en que un milagro
    reverdece?
    No hay señales ni signos
    y si los hay
    es porque tu olfato se adelanta
    y dibuja en el aire
    el perfume imaginario de la lluvia.



    Una paz insostenible

    Hemos caminado y hemos visto el movimiento del lago
    en la quietud de las piedras,
    y en las antiguas cenizas que cubrían la tierra
    en medio del bosque,
    sentimos el olor de los senderos oscuros.
    No sé si lo recordarás, pero esa tarde te miré,
    mientras el sol estallaba en nuestras manos,
    como si deseara la aparición de un animal feroz.
    Todavía me pregunto entre la inmensa sombra del alerce
    y el polvo que dejan los caminos en el aire:
    ¿Quién no ha deseado un aullido,
    algo que erice la piel del agua,
    un viento desordenando la claridad del paisaje?
    Porque en el fondo sabemos, que detrás de toda calma,
    hay una paz insostenible.



    Ni siquiera la muerte

    Nunca antes como ahora
    la noche fue tan larga.
    Cierro los ojos
    y el dormir se abre hasta llegar a la ventana de mi cuarto.
    Estás parado junto a mí,
    vemos el río que jamás hicimos
    la orilla se levanta y como una sirena
    entra en tu boca;
    pero no hay silencio,
    el mar se entrega ya muerto a tu lenguaje
    ni una cicatriz, ni un signo rojo
    que diga que hay vida
    en el planeta de tu lengua.
    Ni siquiera la muerte debe ser así de inconmovible
    como para no sacudirse ante un temblor inesperado,
    hasta la misma muerte viene y rompe los cristales del tiempo,
    o las rocas en sus pasos quietos
    se dejan tocar por las aves.
    Sólo dios podrá vivir en la no existencia
    y aun así permanecer
    como si todas las cosas del mundo
    lo esperaran
    en un perfecto silencio.




    Usamos diferentes máscaras para llegar a lo desnudo

    ¿Existe un río, en algún lugar del mundo,
    al que sea posible llegar
    sin haber cruzado antes
    un camino de tierra?
    Usamos diferentes máscaras
    para llegar a lo desnudo
    sin embargo,
    hay acercamientos vacíos:
    una palabra fracasa
    y lo dice todo,
    como si el deseo no fuera, acaso,
    un pez que salta en lo oscuro
    cuando todos duermen.



    .


    0 0
  • 10/25/16--09:12: CARLOS VALLEJO [19.370]

  • CARLOS VALLEJO

    Carlos Vallejo nació en Mendoza, Argentina en 1967. Se graduó de abogado en la Universidad Nacional de Córdoba. En 1984 obtuvo el Premio a la Literatura Juvenil Latinoamericana (Fundación Givré, Buenos Aires). En 1985, ganó el Primer Certamen Provincial de Poesía (Provincia de Mendoza). En 1990 recibió el Premio Arte Joven de Mendoza. En 1991 fue ganador, entre miles de trabajos, de la Nueva Bienal de Arte Joven de la Ciudad de Buenos Aires. En 1992 fue premiado con el mayor premio de la Región Cuyana, el Certamen Literario Vendimia, que obtuvo nuevamente en el año 2000. En 1993 recibió el premio Aleph.

    Fue uno de los miembros del grupo “Las Malas Lenguas”, referente indiscutido de las nuevas generaciones literarias mendocinas.
    En 1987 publicó el libro Amores insepultos, en 1998 el libro Postal en movimiento, y en el año 2008 el libro El vientre que danza.  Sus trabajos han sido publicados en numerosas revistas y diarios argentinos y extranjeros.

    También participó en las antologías Arte Joven 90, El ins/dulto y el libro de texto Las Provincias y su literatura: Mendoza.
    En julio del año 2000, fue elegido por escritores de todo el mundo, para cerrar el encuentro internacional de escritores que se realiza todos los años en Santiago de Cuba. En el año 2016 sus trabajos fueron publicados en la Antología Federal de Poesía, Región Cuyo Andino.



    UNO (I)

    El epicentro de la tela es una acción del pensamiento
    abriéndose en círculos concéntricos,
    como una escala que se expande en la mitología del infierno.
    Con su lengua viscosa la araña teje el cosmos.
    Todo sueño es un paso al vacío.
    La sustancia del anhelo ferviente es la madera
    donde se crucifica el corazón latiendo.
    El reposo es la muerte, pero el reposo del guerrero es un impulso.
    Al vértigo, lo sucede el vuelo o el naufragio.
    No me desvelo intentando ensamblar el movimiento
    en el espacio eterno. Ya no.
    Antes, me abstraía en la tristeza de los días con cúpula de plomo.
    Pero el tiempo de aquellas gotas cristalinas, de aquella luz,
    fue devorado por el eclipse de la certeza.
    Ya no sé qué pensar, si es mejor esta frivolidad o aquel baile
    de perro mordiéndose la cola.
    He aspirado demasiada neblina en estos años.
    El niño solitario que jugaba a ser dios
    sigue rasgando grietas en la muralla del bullicio.
    Para fundar una ciudad, exploro el territorio más alejado de la Meca.
    Amo el calor desenfrenado que la pasión incita.
    Poco me importa la distancia aprisionada en un ovillo.
    Presagios y respuestas murmuran los cadáveres.
    Quien pregunta está vivo.
    El símbolo de la ola sonora es una caricia sobre un punto.
    Del  futuro sólo espero la persistencia del asombro.
    La huída y el encuentro son fracciones de un mismo recorrido.
    ¿Entonces por qué huyo?. ¿De qué sombra me aparto?.
    ¿Por qué corro, si estoy anclado siempre en el mismo lugar?
    Quien corre, se aloja en muchos cuerpos en forma sucesiva.
    Por eso, abrazo al paranoico que duerme entre las llamas,
    y al incauto que se contenta con visiones etéreas, lo detesto.
    Desde que trastabillo, busco vivir como la nieve, que prefiere la muerte a la prisión.
    Igual, la gravedad me transforma en estaca cada vez que logro desatarme.  
    Cada momento tiene una huella irrepetible, como las manos de los hombres.
    El silencio me socava la frente, abre la tumba del sopor,
    rescata soles enterrados.
    No espero el abordaje de un salvador. No espero tampoco un paraíso en mi azotea.
    Cuando me incendie, quiero habitar el ardiente verano que las raíces buscan como serpientes escapando de una prisión con espinas de hielo.
    Alrededor hay mucho sedimento y pocos fósiles con el vientre ocupado.
    Caminar es más importante que llegar.
    Por eso, el que espera tiene los pies de barro, y el que encuentra
    queda petrificado como estatua de hierro.
    Es invierno, el frío le arrebata las lágrimas al sauce.
    En la ciudad, el cemento contrae su músculo desnudo.
    La campana invisible sacude los escritorios que sostienen
    el peso enorme del hastío.
    A deshora, el día termina y resucita.
    La multitud se derrama en la calle.
    Me siento en la vereda a contemplar los universos falsos.





    CINCO (V)

    Los recuerdos se adhieren a los ojos
    como la estela abrasadora que persigue al cometa.
    Engendramos imágenes que se desprenden
    de la materia creadora para seguir naciendo
    en un tiempo y en un espacio singular.
    Los recuerdos son hijos.
    Cada hombre proyecta una sombra de fuego que lo escolta.
    Sin saberlo siquiera,
    formamos una trama inagotable.
    Estamos incrustados en los otros.
    Como magnolias nos abrimos al sol para que vengan
    los pájaros hambrientos a esparcir las semillas.
    Dios es una araña que no duerme.
    Tal vez, un enjambre de arañas.
    Lo cierto es que la daga del reloj  no se detiene.
    El camino trazado se desovilla como la lengua de un reptil.
    Cuando era niño, jugaba al fútbol con mi padre en el parque.
    De vez en cuando gira el balón resplandeciente
    en la planicie de mis huesos.
    Guardo la conmoción de la primer metáfora
    explotando en mis manos bajo un pupitre gris.
    El eco de muchísimos besos brillan como luciérnagas.
    Siempre me seguirán casas quebradas.
    La casita donde nací y la mansión que construí para llenar un cráter.
     Cuando se extinguen las burbujas
    y nos llevan al sótano,
    seguimos resonando.
    La emoción es un látigo que vibra sobre las ruinas del silencio.
    ¿Por qué nos obstinamos en repetir pasajes de la guerra?.
    Es difícil matar. Es aún más complejo arrancarnos de cuajo
    la cizaña y el semen venenoso que se esparce en la matriz del bosque.
    Encerramos una partícula del tiempo en el confín etéreo
    de la atmósfera.
    Cuando menos pensamos, emerge el resplandor de las cenizas
    que son despojos de un incendio.  
    El cristal es perforado por los restos de una explosión que no termina.
    En el fin del océano, barcos roídos pulen el filo de sus proas
    porque el impulso de su fatalidad es avanzar.  
    Carne y vapor nos constituyen.
    El líquido que corre también  nos alimenta.
    La evolución arrastra experiencias remotas.
    Para seguir la marcha, es necesario recopilar algunos pasos.
    No podemos olvidar.
    El disco guarda hasta las impresiones más sutiles.
    Rodamos en círculos concéntricos.
    Todo gira.
    Somos únicos, a partir de la unidad que enlaza los fragmentos dispersos.
    Si quedáramos blancos, sin una letra en la textura,
    volveríamos al instante preciso en que nos sumergimos en el agua,
    cuando terminan de copular el esperma y el óvulo,
    y una vida se inflama en el nudo que enlaza el sudor de los cuerpos.






    -

    0 0
  • 10/25/16--09:20: FABIÁN ALMONACID [19.371]

  • FABIÁN ALMONACID 

    Fabián Almonacid, nacido en 1972 en Mendoza. Licenciado en Letras de la Facultad de Filosofía y Letras, de la Universidad Nacional de Cuyo. Ha publicado tres libros de poesía: La culpa y la traición (1996), Cada nueva noche (2002) y Trampas de la noche (2006). Se dedica a la corrección de textos y la coordinación de talleres literarios desde el 2006.


    14

    Descansa en el viento
    una blanca presencia de luna.

    Anzuelos de sombras
    penetran el sueño de los hombres.

    Duerme solo 
    ajeno al poema. 



    23

    El asombro del niño
    perdido en la noche.

    Sin hombros
    padres
    aplausos
    ni mar.



    30

    En la profundidad de la noche
    se deja adivinar
    la sorda lucha

    –peso muerto
    apagado eco–

    Careces de todo lo que nombras.

    de Trampas de la noche (2005)



    Fugacidad / variación Arrieta

    Contrafiguras a través de un espejo:
    bruma del sueño indolente y firme
    que despierta al tumultuoso día
    como un raso cerrar de malogrados ojos.

    Es la noche sin astros, una túnica
    de invisible desdén, de compás mudo.
    Duplicado abrazo, imagen fugitiva:
    noches doradas armonizan en la ventana.

    ¿Vive aquel? ¿Vivo yo? ¿Vivimos?
    Renace el tenebroso trueno de la soledad:
    ser dos en uno, uno mismo dividido en dos,
    la improbable unidad de la lucidez.
      


    Estepario y las ovejas / variación Hesse

    Lobo perdido entre nosotros
    que yerra en las ciudades
    hacinadas de rebaños.

    Lobo que no se sabe lobo
    sosegado instinto que se afana
    con violencia hacia adelante.

    Lobo sin arma ni grito de combate,
    altivo, procaz, procesión en pos
    de una redentora materia humana.

    Aunque una noche impostergable,
    cegado de plata, reclamos y celo,
    nos dedique una única mirada primitiva.

    de Variaciones (inédito)




    CLASIFICADO

    Permuto vida en pésimo estado 
    -modelo 2015,
    sin más puertas que abrir,
    lleno de papeles sin regla ni razón
    e impecablemente impresentable de chasis y pintura-.

    Acepto cualquier auto viejo de la infancia,
    cuando reír no era un delito, 
    cuando mi hermana inventaba canciones en el asiento trasero 
    y nadie conocía aún el reverso de lo que brilla.



    MUERTE ADOPTIVA

    Según el apartado 13 del contrato
    de locación, 
    no me está permitido mantener mascotas
    en estas cuatro paredes que me alojan y me alejan.
    Por eso me decidí a adoptar
    una pequeña muerte 
    (no es animal ni ser vivo). 
    La encontré en la puerta de mi casa
    al volver de la noche, 
    el sábado más frío del año.

    La rescaté de la acequia donde había caído
    o se refugiaba de la vida…
    Desde un primer momento 
    hizo buenas migas con mi silencio, 
    entablando diálogos sostenidos.

    La joven muerte fue entrando en confianza, 
    a los pocos días empezó a comer
    de mis entrañas
    y a beber de mis llantos.

    Se acurrucó en sillas vacías, 
    en la cama deshecha, 
    en los libros cerrados, 
    en las luces apagadas, 
    en las cartas inconclusas, 
    en la música que ya no puedo escuchar.

    Pasadas algunas semanas, 
    empezó a enroscarse en mis pies
    cuando se disponía a dormir.
    Hoy cumplimos cuatro meses
    de estar juntos
    e intuyo que ya no me abandonará, 
    a pesar de que nos rehuimos las miradas 
    y es imposible dudar del engaño mutuo.

    “El amor y la enfermedad son incompatibles”, 
    acaba de murmurar, 
    mientras prepara una cena fría 
    y no se deja acariciar aún.



    Adiós

    Los viajeros no mienten,
    sólo lo hacen los establecidos,
    los que hacen viajes cortos
    y deben ver a las mismas personas,
    a sí mismos,
    todos los días.



    Certezas

    Después de tantas noches sin escribir
    sin encontrar la gracia prometida,
    ni la semilla de la calma,
    ni la raíz de la indolencia,
    sólo oyes el despertar ocioso de las cosas.

    Y tiendes a creer que en este río sin márgenes,
    revuelto de camalotes sin sentido,
    no queda nada,
    nada encontrarás,
    desvanecido a fuerza de ir a tientas…

    Pero, como siempre, estás errado.
      





    .



    0 0
  • 10/25/16--10:27: JOSÉ RAMO [19.372]

  • José Ramo

    José Ramo Gómez nació el 1 de marzo de 1945 en Bañón (Teruel) - Falleció en Agosto 2014. Licenciado en Filología Románica por la Universidad de Zaragoza, y afincado en Logroño desde 1977, entre ese año y 1993 trabajó como profesor de Lengua y Literatura españolas en distintos institutos de La Rioja, principalmente en la Universidad Laboral, de la que fue un tiempo director y en la que formó a varias promociones de alumnos, entre los que se cuentan los escritores Bernardo Sánchez y Andrés Pascual, el periodista Pablo García Mancha o el diseñador gráfico Jorge Elías Palacios. Profesor muy querido por quienes pasaron por sus clases, sus antiguos alumnos han evocado siempre con respeto y gratitud su figura y su ejemplo. Entre 1993 y 1999 trabajó en al Cité Scolaire Internationale de Lyon, adscrito a los servicios de Educación Exterior del Ministerio de Educación. Concluyó su carrera profesional en el Instituto Francisco Tomás y Valiente de Fuenmayor (La Rioja).

    A mediados de los años ochenta dirigió en Logroño la revista Calle Mayor (1985-1989) y participó, junto a Manuel de las Rivas, Pedro Santana y otros, en la creación de la Biblioteca Riojana, dos de las más destacadas iniciativas de la cultura riojana de esos años. Como poeta y como traductor colaboró también en la mayoría de las revistas literarias riojanas (L´Anguilla, Fábula, Mangolele) y en jornadas y congresos literarios como el Primer Congreso de Escritores de las Autonomías, que tuvo lugar en Hervás (Cáceres) en mayo de 1987. Publicó un estudio sobre la pintura de Enrique Blanco Lac y traducciones de poetas como Tristan Corbière y Jules Supervielle. Fue colaborador de la revista bonaerense Hablar de poesía, dirigida por su amigo Ricardo Herrera y mantuvo una estrecha amistad con dos generaciones de poetas riojanos, que lo hemos tenido por maestro y hermano mayor.

    Cinco libros –Estrategias (La Torre de los Panoramas, 1981), Aparte (AMG Editor, 1991), Arte de cámara (AMG Editor, 1995), El oro de la edad (AMG Editor, 1997) y Para cantar a solas (Ángeles Sancha Libros / Fulgencio Pimentel, 2015)–, tercamente organizados a la manera algo “ingenieril” del autor, es decir con secciones, subsecciones, series numeradas, lemas y epígrafes, son la obra toda de José Ramo, que ronda los doscientos poemas. No es improbable que entre sus papeles puedan hallarse todavía esas notas volanderas de uno, dos, cuatro o cinco versos, escritas con trazo elegante y resuelto sobre fichas blancas, que solían derivar al cabo del tiempo en sus bien perfilados textos. Puede decirse, además, que, si hacemos excepción del póstumo Para cantar a solas, José Ramo editó sus libros cuando y como quiso editarlos, materializando en cada ocasión proyectos que lo acompañaban durante un tiempo, para aparecérsenos a los amigos, una vez superado el largo proceso de maduración, con ese aire rotundo de cosa pensada y repensada que tienen sus libros.

    Más allá de sus episódicas inquietudes de “hombre de letras”, José Ramo fue un poeta: intenso, riguroso, enigmático a veces. He antologado su poesía en dos ocasiones antes de ahora, y en cada caso he sentido la poderosa atracción de algunos textos que, desgajados de la estructura del libro que les da cobijo, adquieren condición de “artefactos perfectos”: poemas inolvidables donde con solemnidad casi siempre irónica el personaje poético reflexiona, invoca, se mira escribir o disecciona una figuración, con muy raras concesiones al sentimentalismo o a la melopea de los buenos propósitos y las bellas palabras. 

    Texto de Alfonso Martínez Galilea


    Bibliografía. Obras de José Ramo Gómez

    Libros de poesía:

    Estrategias. La Torre de los Panoramas. Logroño, 1981.
    Aparte. AMG Editor. Cuadernos de la Selva Profunda, 4.Logroño, 1991.
    Arte de cámara. Gobierno de La Rioja. Chapiteles, 5. Logroño, 1995.
    El oro de la edad. AMG Editor. Cuadernos de la Selva Profunda, 17. Logroño, 1997.
    Para cantar a solas (En preparación). Ángeles Sancha Libros. Logroño, 2015.

    Relato:

    Hasta dejarlo todo atrás. V Premio De Buena Fuente de Relato. Ayuntamiento de Logroño. Colección De Buena Fuente, 5. Logroño, 1990.
    Centauro. En Relatos riojanos. 1995. La Rioja. Logroño, 1995.

    Antologías:

    -Poetas en La Rioja. Manuel de las Rivas, Ramón Irigoyen, Roberto Iglesias Hevia, José Ramo, Francisco Ibernia, Alfonso Martínez Galilea, Pedro Santana. Fundación Pablo Iglesias. Logroño, 1984.
    -Antología de Poesía en La Rioja (1960-1986). Manuel de las Rivas, Emilio Sagasti, Ramón Irigoyen, Roberto Iglesias Hevia, José Ramo Gómez, Ángel Compairé, Luis Martínez de Mingo, Javier Pérez-Escohotado, Francisco Ibernia, Raúl Eguizábal, Miguel Fernández Cid, José Ángel Escuín, Alfonso Martínez Galilea, Pedro Santana, Juan Manuel González Zapatero, Fco. José Quintana. Gobierno de La Rioja. Logroño, 1986.
    -Un día en la vida de Logroño. Edición de Alfonso Martínez Galilea. Manuel de las Rivas, Emilio Sagasti, Roberto Iglesias, José Ramo, Francisco Ibernia. Pedro Santana, José Ignacio Foronda, Juan Manuel González Zapatero, Paulino Lorenzo. Ayuntamiento de Logroño. Logroño, 1995.
    -14 poetas riojanos en las Jornadas de Poesía en Español. Edición de Alfonso Martínez Galilea. Manuel de las Rivas, Roberto Iglesias, José Ramo, Luis Martínez de Mingo, Javier Pérez Escohotado, Francisco Ibernia, Raúl Eguizábal, Desiderio C. Morga, Pedro Santana, Juan Manuel González Zapatero, José Ignacio Foronda, Ángel María Fernández, Rafael Pérez Foncea, Paulino Lorenzo. Cultural Rioja. Logroño, 2008.

    Ensayo:

    “El escritor en las autonomías: La Rioja”. Ponencia presentada al Congreso de Escritores de las Autonomías. Hervás (Cáceres), Mayo de 1987. “Blanco Lac: la pintura como invención”. Cultural Rioja. Logroño, 1992. 2ª edición: Museo Camón Aznar. Zaragoza, 1994.
    “El origen de Logroño”. En Logroño, en miles de colores. Ayuntamiento de Logroño. Logroño, 2001.

    Traducción: 

    “Dos versiones de Tristan Corbière”. Traducción de José Ramo. AMG Editor. Sueltos de la Selva Profunda, 6. Logroño, 1997.
    “5 Poemas de Alfonso Martínez Galilea” (Traducidos al francés). En Dibujos de Tito Inchaurralde. Creator Book. Barcelona, 2004.
    “Tristan Corbière: Diez poemas”. Nota y traducción de José Ramo. Hablar de Poesía. Nº 16. Buenos Aires, 2006.
    El forzado inocente, de Jules Supervielle. Traducción, introducción y notas de José Ramo. Pre-Textos. La Cruz del Sur. Valencia, 2014.
    Brassens, la libertad, de Joan Sfar. Traducción de José Ramo. Fulgencio Pimentel. Logroño, 2014




    “Si en campos de Teruel,
    en altas sierras
    veis mi cuerpo tendido
    bajo el sol,
    quebrado
    y solitario,
    no lo cubráis de tierra.
    Tened misericordia
    de los buitres
    y las hienas”.




    José Ramo diez poemas
    Selección de Alfonso Martínez Galilea


    De Estrategias



    FINAL DEL CERCO

    No importa que la música
    se levante desde las murallas
    anunciando el final del asedio.
    Cuestiones de estrategia.
    Un día espadas, muros, hombres
    cederán al óxido y al cardo,
    definitivamente la memoria
    se inclinará por las laderas
    y lo que quede aquí será
    un asunto de nombres
    bajo el rigor de notas eruditas
    y monedas.



    DE LAS MÁXIMAS

    De aquellos apotegmas que hicieron mi fervor
    iluminando por un instante día o carne
    he aprendido precarias nociones
    de manual y verdades exiguas.
    Cae el amor, el éxtasis altísimo.
    Ni siquiera su luz fue suficiente.
    El mar se fatiga en los acantilados.
    Elegir algún modo de vida improcedente.





    De Arte de cámara


    PENSEMOS EN ULISES QUE VUELVE

    Pensemos en Ulises que vuelve:
    entraba con la oscuridad
    quien no podrá ser conocido,
    no por años
    o la ausencia abolida en las telas,
    sino porque hay muchas vidas en el rostro del héroe,
    una múltiple concurrencia de ulises en Ulises
    y un silencio que se aproxima a la verdad.



    IMAGO MUNDI, IX

    Fueron ciertos algunos atardeceres en campos de Teruel,
    ciertas las voces que perdí,
    cierto el furor de los machos en el aguadero,
    y la Rambla, y la Umbría de las Acederas.
    Acerco la carrera a Cosa
    por la que subo y me declino
    y no espero que los dioses se apiaden de mí.
    En blancas tierras se confunden los huesos de las gentes que amé.
    Suma de cuerpos, sombras y palabras son
    los días que regresan.
    No regresan.



    FUNDAMOS NUESTRAS ESPERANZAS…

    Fundamos nuestras esperanzas
    en los días
    arrebatados a la eternidad.
    De un expolio arrancamos
    oficios y saberes.
    Pero no hemos sabido olvidar a los dioses.




    De El oro de la edad


    DISCURSO

    Durante muchos años las estaciones fueron
    semejantes a la eternidad, discurrían
    inmunes al acoso del viento y la nieve
    sin tregua hasta final de abril,
    o al estallido de la primavera, a la luz
    más terrible de agosto, al caer de la mies.

    De un puro sucederse, a veces, ya en las altas horas,
    la palabra que insiste incendia todavía
    los antiguos pasajes que inventó la memoria.

    En el orden vagamente dichoso
    que requiere un sentido a la vida y las cosas
    he buscado que todo terminase
    con algún episodio feliz o sagaz.
    Finalmente,
    he aceptado una verdad más simple
    y dolorosa: el tiempo
    acabó con el Tiempo.




    OBRA DEL TIEMPO

    Desde la galería abierta al sur
    avanzo por el largo pasillo
    hasta los altos ventanales
    que buscan la Redonda
    y la costumbre de los soportales.
    Palomas y cigüeñas cortan
    la leve luz ecuánime
    y las torres de piedra.

    Alguien repetirá estos pasos
    en apariencia igual que yo.

    Quizá un invierno largo
    haya sido su herencia
    y la distancia y otra latitud.

    O una suma de versos postergados,
    el olor imperioso de un libro
    que se ofrece y se cierra igual que una mujer.

    Las armas oxidadas para aquel que regresa
    y escucha, ya vencido,
    los pasos que deben sucederle
    desde la galería abierta al sur
    hasta la luz inhóspita del norte
    por el mismo pasillo.




    De Para cantar a solas


    EN UN OSCURO VIAJE

    Una mano ominosa ciega las salidas,
    rompe el Tiempo en el tiempo, y la vida
    es sombra ya de un sueño que no termina nunca,
    es una vasta eternidad desasistida en que las furias
    nos azotan insomnes sin piedad y sin tregua
    como la luz a Edipo en su ceguera.




    CORTINA

    Niebla densa y silente
    habrá cubierto la fotografía
    que te acompañó.
    La que marcó las páginas de un libro y te sostuvo
    en las noches de insomnio, entrado ya el invierno,
    cuando todo iba de mal en peor.
    Con ansiedad la seguirás buscando
    entre los libros de tu biblioteca.
    Tal vez algún contorno leve,
    un poco más oscuro,
    te permita recordar la instantánea:
    el rostro en primer plano
    y la luz azulenca, en el fondo,
    que venía del mar o era el mar.
    El tiempo habrá borrado
    la fiebre que animaba una boca precisa
    y esa melancolía de los ojos
    que siempre parecían estar diciendo adiós.
    Este es, amiga mía, el viaje a los infiernos:
    la memoria abolida,
    un silencio sin luz
    por el que avanzas solitaria y ciega
    y el regreso imposible a la carne que amaste,
    al cuerpo que te amó.




    VOCES CONSENTIDAS

    ¿Qué hicimos de las voces que una vez florecieron
    -nombre y boca ofrecidos al temblor de la espera,
    canto abierto incansable en el mar del oído?
    ¿En qué pliegue del cuerpo nos hemos refugiado
    -sombras de otras hogueras-,
    en la costumbre diurna de qué ciego redil?

    Para que nuestras palabras se acordasen
    en el plácido reino al que se entra con fe,
    una cháchara fútil dispersó nuestras voces
    y la risa cobarde nos alimentó.
    Fuimos menos que nada en la puja final de los deseos
    y dóciles nos dimos al primer impostor.

    Conocimos la noche y en la carne humillada
    el estigma del fuego: marca oscura del Padre
    desvaneciendo un sueño de altas velas henchidas
    y vientos favorables abriéndonos al mar.

    ¿Muere aquí lo vivido? ¿Estamos escribiendo
    el final de una historia antes del fin?

    Háblame todavía del común abandono
    en las desvanecidas tardes de la adolescencia.
    Recuérdame que entonces las voces confundidas
    se abrían hacia campos de soles o azafrán,
    que en las blandas arcillas de una balsa en la sierra
    modelamos los labios sin culpa en un juego consentido y veraz.

    Dime que aún hubo noches en que la luz temprana nos reconoció
    -viajeros que han amado para siempre la boca y la semilla.

    Dímelo una vez y otra vez para que en adelante no seamos
    el eco de unos nombres que se desvanecen.







    .

    0 0
  • 10/25/16--11:44: HENDRIK MARSMAN [19.373]

  • Hendrik Marsman

    Hendrik Marsman (Zeist, 30 de september 1899 - Golf van Biskaje, 21 de de junio de 1940) fue un poeta holandés, traductor y crítico literario.

    El padre de Hendrik era librero en Zeist, su madre era maestra antes de su matrimonio. En su sexto año visitó la escuela primaria de los Hermanos moravos, asentados desde el siglo 18 en Zeist), pero se crió en conformidad con la tradición familiar reformada holandesa. Su mala salud (padecía de pulmón y también fue ligeramente epiléptico) supuso durante tres años de pérdidas de estudio y, además, le impidió la formación oficial a seguir.

    Premios 

    1927 - Prijs van Amsterdam voor Paradise regained
    1936 - CW van der Hoogtprijs voor Porta Nigra

    Bibliografía 

    1923 - Verzen (gedichten)
    1925 - Penthesileia (gedichten)
    1926 - De anatomische les (essay)
    1927 - De vliegende Hollander
    1927 - Gerard Bruning. Nagelaten werk
    1927 - Nagelaten werk (essay)
    1927 - Paradise Regained
    1928 - De lamp van Diogenes
    1929 - De vijf vingers
    1930 - Witte vrouwen (gedichten)
    1931 - Kort geding (essay)
    1931 - Voorpost (gedichten)
    1933 - De dood van Angèle Degroux (roman)
    1933 - Tegenonderzoek
    1934 - Porta Nigra (gedichten)
    1935 - De immoralist (van André Gide ) (vertaling)
    1936 - Heden ik, morgen gij (met Simon Vestdijk ) (roman)
    1937 - Herman Gorter (essay)
    1938 - Critisch proza
    1938-1947 - Verzameld werk
    1939 - Menno ter Braak (essay)
    1939 - Hieronymus, de dichter der vriendschap (van Teixeira de Pascoaes) (vertaling, samen met Albert Vigoleis Thelen )
    1939 - Paulus de dichter Gods (van Teixeira de Pascoaes) (vertaling, samen met Albert Vigoleis Thelen)
    1940 - Tempel en kruis (gedichten)
    1941 - Aldus sprak Zarathoestra (van Friedrich Nietzsche ) (vertaling, samen met Ed. Coenraads (pseudoniem van Pieter Endt (1883-1936), directeur van de Wereldbibliotheek )
    1945 - Brieven over literatuur (met Simon Vestdijk)
    1946 - Verbum obscurum (van Teixeira de Pascoaes) (vertaling, samen met Albert Vigoleis Thelen)
    1979 - Verzameld werk (poëzie, proza en critisch proza)


    Traducción de M. Negrón


    Llama

    Mañana espumosa

     y mi risa de fuego
    bebe de fuentes infinitas
    de aire y arcilla
    el día opalino


    Vlam

    Schuimende morgen 

     en mijn vuren lach
    drinkt uit ontzaggelijke schalen
    van lucht en aarde
    de opalen dag.



    Berlín

    El cielo de la mañana es una manta sucia
    una página con un pliegue

    una mancha

    la ciudad
    una mujer medio despintada

    sin embargo salta a sacudidas volando hacia arriba
    como un caballo azul de Marc a rienda suelta por el cielo

    Berlín

    el sol es amarillo



    Berlijn

    De morgenlucht is een bezoedeld kleed
    een bladzij met een ezelsoor

    een vlek

    de stad
    een half ontverfde vrouw

    maar schokkend steigert zij de hemel in
    als een blauw paard van Marc in 't luchtgareel

    Berlijn

    de zon is geel




    Delft

    Muerte durmiente

    oscuridad
    inundada
    con lentitud

    noche

    muerte verde
    sumergida
    en el canal

    monja ciega
    la locura
    hilaba
    un fulgor
    suave
    en los ojos

    negrura

    esplendor



    Delft

    Sluimer dood

    zacht 
    verdronken 
    donker

    nacht

    groene dood 
    in de gracht 
    verzonken

    blinde non
    waanzin 
    spon 
    zacht 
    geflonker 
    in de ogen

    donker

    pracht




    Floración

    Infinitos son los suelos de la noche –
    y soñando una paz marrón, balancea, oh, tierra de labranza,
    este oscuro país nocturno en tus entrañas tibias

    ¡oh, gotas de luz!

    en los lindes suaves de la oscuridad
    un árbol solitario está sosteniendo 
    el arco vacilante de la noche.

    cuando pliegas el anochecer sobre tus hombros,
    figura, grabada de marfil nocturno,
    cuando tiendes el sueño de las pestañas
    por el cielo y pasas oscureciendo 

    azulean tus ojos en flor
    e irrumpen los campos con su blanco aroma y vid
    adornando como preciosidades tus pasos ensoñados;
    y susurran los firmamentos flores estelares
    que tu tiento cubre de rocío crepuscular.

    y por nuestros pasos cálidos pasan los pies de la noche.
    pero escucha, ¡cómo suena el flamear de su manta gris 
    sobre el paso perezoso de la eternidad! 



    Bloesem

    Oneindig zijn de vloeren van de nacht - 
    en dromend bruine vrede, deint, o akkeraarde, 
    dit donkere nachtland in uw warme schoot

     o, parellicht

    aan donkers zachte zomen 
    schoort een verlaten boom 
    de wankelende boog der nacht.

    als gij de avond om uw schouders plooit, 
    figuur, gekerfd uit nachtelijk ivoor, 
    de droom der wimpers langs de luchten spant 
    en schemerend schrijdt 

    blauwen uw ogen bloei 
    en slaan de velden witte geur en wijn, 
    die uw omdroomde schreden kostbaar siert; 
    en firmamenten ruisen sterrenbloesems, 
    die uwer handen tasten schemerend dauwt.

    en door ons warme schrijden schrijdt de nacht.
    maar hoor, het wapperen van haar grijze mantel
    over de lome stap der eeuwigheid.


    Despertar

    Todavía estoy en la cama en la mañana resplandeciente
    y escucho dentro y fuera de mi corazón el parlero del nuevo
    mar:
    sonidos alegres y aromas;
    las fragancias florales de las hierbas 
    traídas por el viento
    se esfuman como espuma en la luz solar.

    ahora hay paz y un gran espacio lleno de fuerza joven;
    para mi desespero y mi sueño audaz
    un universo insondable:

    agua, luz y glaciares
    e incluso en la noche los cristales
    de las relucientes nieves eternas. 

    y aquí – a mi lado – el valle:
    como la ribera ligeramente arqueada de un pequeño
    lago ensoñador:
    mira como ella se dobla
    en la curva de su delicado 
    sueño sin fin.


    Ontwaken

    Ik lig nog te bed in den blinkende morgen 
    en hoor in mijn hart en daarbuiten het ruisen der nieuwe zee, 
    reuken en blijde geluiden 
    en de bloeiende geuren der kruiden 
    vervliegend als schuim in het zonlicht 
    en op den wind drijft het mee.

    nu is er rust en een wijdheid vol nieuwe kracht; 
    voor mijn vertwijfeling en mijn stoutmoedige droom 
    een onpeilbaar heelal:

    water, zonlicht en gletsjers 
    en ook bij nacht de kristallen 
    der glinsterende eeuwige sneeuw.

    en hier - aan mijn zijde - het dal: 
    als de zachte gebogen kust van een klein en sluimerend meer; 
    zie hoe zij zich vouwt 
    in de bocht van een tere 
    en onuitputtelijke droom.



    Precepto

    Entra en el desierto,
    deja a la caravana
    la riqueza verde de los oasis,
    el océano seco de arena
    es para ti; no guardes
    ni oro ni topacios,
    esos son para tu amiga
    la reina de Saba;
    deja al torero la corrida,
    al tribuno
    el aullido masivo
    de las hienas
    que por turno vociferan
    ‘¡a la cruz!’ y ‘¡hosanna!’;
    cede el saltamontes y el pelo de camello.
    al profeta en su penitencia.

    labra la tierra donde nadie
    sospecha la fertilidad,
    cualquier desierto tiene su manantial;
    no dudes nunca:
    aquí debe de haber agua;
    que tu único apoyo 
    sea la palabra:
    ‘¡oh, baluarte!, ¡oh, ciudadela!,
    vísteme 
    en una túnica nueva,
    deja que el firmamento
    sea mi casa;
    guárdame el anonimato.’ 

    cada día tienes que rogar
    una piedra de toque blanca
    y el poder sin par
    de otro nombre.



    Voorschrift

    Trek de woestijn in, 
    laat de karavaan 
    de groene rijkdom der oasen, 
    u zij de dorre oceaan 
    van zand; goud en topazen 
    bewaart ge niet, 
    die zijn voor uw vriendin, 
    de koningin van Sheba; 
    den stierenvechter laat ge de arena, 
    den volkstribuun 
    het duizendvoudige gehuil 
    van de hyena's 
    die beurtelings ‘kruist hem’ 
    en ‘hosanna’ roepen; 
    gij gunt de boetprofeet 
    zijn sprinkhaan en zijn kemelshaar.

    ontgin, waar niemand 
    vruchtbaarheid vermoedt, 
    elke woestijn heeft zijn wel; 
    geloof onafgebroken: 
    hier móet water zijn; 
    uw enige toeverlaat 
    zij het woord: 
    ‘o, bolwerk, o, citadel, 
    bekleed mij met 
    een nieuwe mantel, 
    laat het firmament 
    mijn huis zijn, 
    zorg, dat mij niemand kent.’

    vraag elke dag
    een witte keursteen 
    en het onbeperkt gezag 
    van een nieuwe naam.


    Mallorca

    Oasis en medio del mar 

    campanadas africanas

    bajo el azul de un sol abrasador los pueblos
    con sus casas de corazón blanqueado
    forman bloques grises y dispersos en los valles,
    áridos y jadeantes en el calor seco.

    una cadena de montañas entre Andraitx y Formentor –
    casi por completo cubierta por árboles, encinas y olivos,
    con los que juega el claroscuro de unas manchas rojizas.

    más abajo aparecen de repente los bancales
    que bajan en escalones abruptos por las cuestas
    con el apoyo precario de viejas tapias. 

    cereales, cipreses y naranjales,
    las tiras plateadas de las pequeñas ensenadas,
    donde el agua rizada asalta la quietud de los cabos
    y bajo el verde milenario de las encinas 
    la madura terracota de la tierra espera.

    campanadas africanas –
    oasis en medio del mar.




    Mallorca

    Oase in zee

    afrikaans klokgelui 

    dorpen met huizen, die van binnen wit zijn 
    liggen in grijze blokken in de dalen, 
    onder het blauw van een verterend zonlicht, 
    dor en amechtig in de droge gloed.

    tussen Andraitx en Formentor een bergrug - 
    tot aan de top begroeid met steeneik en olijven 
    en door een duister gloeiend rood doorvlekt.

    lager ontspringen dan de bergterrassen 
    die trapsgewijs langs de helling dalen, 
    door lage muren zorgelijk gestut. 

    koren, cipressen, sinaasappelgaarden, 
    de zilverstroken van de kleine baaien, 
    die schuimend breken op de stille kapen 
    en onder duizendjarig loof van eiken 
    het rijpe terracotta van de grond.

    afrikaans klokgelui -
    oase in zee.



    XLVI

    ‘El amor duerme en su corazón
    como la primavera en el suelo invernal
    que en la profunda oscuridad del frío
    espera como una mariposa en la crisálida.
    ¡en el pueblo donde ahora pernocto
    mañana seguro un sol espumoso lucirá
    las palmas con la bandera en lo más alto!

    ninguna lluvia, sombra o nieve,
    ningún deshielo crepuscular
    que igual que un sol sulfúrico
    pende del tiempo deshilachado,
    me hace volver al fuego
    de su casa, a su chimenea roja

    dormita, amor, hiberna 
    en tu hibernación solitaria, 
    y cuando pasa el sol temblante 
    por el ecuador primaveral, despierta
    como una mariposa de su capullo,
    como el fuego en tu oscuro hogar.’


    XLIV

    ‘De liefde slaapt in haar hart 
    als de lente in de winterse grond 
    die in koude en duisternis wacht 
    als een vlinder in haar cocon. 
    in het dorp waar ik nu overnacht 
    schijnt morgen een schuimende zon 
    in een hemel met palmen bevlagd!

    geen regen geen schaduw, geen sneeuw, 
    geen dooiende schemering 
    die als een zwavelen zon 
    in de rafels hangt van het weer, 
    drijft mij terug naar het vuur 
    van haar kamer, haar rode haard. 

    sluimer, liefste, en slaap 
    uw eenzame winterslaap, 
    en ontwaak als de bevende zon 
    door de lentelijke evening gaat, 
    als een vlinder uit haar cocon, 
    als het vuur in uw donkere haard.’


    L

    El sol estaba bajo.
    entre las paredes blancas
    desangraba en oro y negro
    la luz crepuscular.

    él, desde su terraza alta,
    siguió las líneas alargadas,
    la estela fugaz
    de naves nunca vistas
    nunca soñadas 
    trazadas por la plata
    marmórea del mar.

    los estremecimientos
    del metal escamoso,
    ondulante en la luz
    de la luna recién salida,
    eran esa noche
    el único signo en el mar
    de que veinte siglos
    pasaban sin notar
    y que en su corazón
    una paz antigua.
    había descendido.


    L

    De zon hing laag. 
    tussen de witte muren 
    verbloedde goud en zwart 
    het avondrood.

    hij, van zijn hoog terras, 
    volgde de lange strepen, 
    het vluchtig zog 
    van nooit geziene
    nooit gedroomde schepen 
    door het gemarmerd 
    zilver van de zee.

    de huiveringen 
    van 't geschubd metaal, 
    door 't stijgend maanlicht 
    rimpelend beschenen, 
    waren die nacht op zee 
    het enige teken, 
    dat twintig eeuwen 
    ademloos verstreken 
    en in zijn hart 
    antieke vrede 
    was gedaald.


    ______________________________________
    Sobre el traductor, M. Negrón

    Negrón publica como traductor, poeta, aforista y ensayista, tanto en holandés como en castellano. Es de procedencia holandesa y reside desde 1998 en España. En 2012 publicó La piedra (pedirlapiedra@outlook.com) que forma la primera parte de una pentalogía aforística-ensayística en progreso, titulada La ciudad eléctrica.






    .


    0 0
  • 10/25/16--14:19: ANNA GOLUBKOVA [19.374]


  • Anna Golubkova 

    (de nombre literario Anna Sapegina) nació en 1973 en la antigua ciudad rusa de Tver (Kalinin, según el nombre bastardo de la época soviética), en su tiempo Gran Principado rival de Moscú. 


    La poesía de Anna Golubkova

    Reseña biográfica de Anna Golubkova, por Milagrosa Romero Samper

    Anna Golubkova (de nombre literario Anna Sapegina) nació en 1973 en la antigua ciudad rusa de Tver (Kalinin, según el nombre bastardo de la época soviética), en su tiempo Gran Principado rival de Moscú. Como señal y recuerdo de la victoria de Moscú y la sumisión de Tver, la calle principal de la capital rusa se llama Tverskaia.

    El hecho de nacer en una ciudad que en tiempos antiguos perdió su libertad y en otros más recientes incluso su nombre, no es baladí a la hora de comprender la personalidad y la obra poética de Anna Golubkova.

    Estudia Historia en la universidad de su ciudad natal, para trasladarse a Moscú donde reinicia sus estudios, esta vez de Filología.

    Publica libros de cuentos y poemas, e incluso escribe dos novelas. Como filóloga es conocida sobre todo como autora del libro dedicado a la obra crítico-literaria del filósofo ruso R. R. Rozanov, uno de los personajes más enigmáticos y extraños de la Edad de Plata, un periodo muy breve de 10-15 años interrumpido violentamente por la Gran Guerra y sepultado de forma definitiva por la revolución.


    Anna Golubkova con Mikhael Evzlin


    Si queremos hablar en términos generacionales, cosa no indiferente en el caso de un poeta, Anna Golubkova termina la enseñanza media y empieza sus estudios universitarios en una ciudad de provincias exactamente cuando se desploma un sistema soviético totalmente podrido, con todos sus “valores”, esquemas mentales y costumbres sociales.

    Todo cambio, incluso el aparentemente más insignificante, es percibido por las personas que lo viven como la destrucción de un mundo, aunque se trate de un mundo que odian. Ahora ya no existe ningún mundo, ni siquiera el odiado. Es la infinita soledad del hombre que se queda sin mundo, ante un vacío poblado de espectros que solo en apariencia son seres humanos. Podríamos preguntarnos si es posible la poesía en este vacío donde solo viven sombras. Odiseo desciende al Hades y habla con los espíritus de los muertos, pero ellos hablan de la vida, y solo la vida tiene valor absoluto para ellos, aunque estén cerrados en el oscuro vacío del abismo.

    Las sombras que pueblan el mundo de Anna Golubkova no hablan de la vida ni de la muerte. Solo se escucha una voz, indomable y clara, la del Poeta. Y esta voz es en si misma un mundo, vivo y real. A fin de cuentas, si muere el mundo, el Poeta no muere nunca.




    “Misantropía” (selección de de poemas)

    El libro Misantropía, publicado por Ediciones del Hebreo Errante




    la vida huye
    gotea
    entre los muros
    cae del techo
    plop-plop-plop
    sobre el suelo
    sobre los viejos libros
    sobre las mantas polvorientas
    sobre el peluche negro
    del buen osito olímpico
    es fría
    sabe a cal
    pongo debajo las manos
    intento recoger un poco al menos
    pero huye
    incluso entre
    los dedos unidos
    la vida huye
    fluye
    escapa
    hacia el mártir de turno
    que vive más abajo






    Quiero gritar mas la garganta
    sellada por cera
    las sirenas de piedra
    se ríen desde lo alto de sus columnas
    malvados pájaros de piedra
    yo no quería
    escuchar vuestra voz
    yo no quería
    conocer vuestros cantos
    dejadme gritaba
    dejadme en mi isla
    no me toquéis
    no necesito
    vuestras tierras
    vuestras llanuras verdes
    vuestros largos ríos
    vuestro tiempo lento
    y sin embargo me han seducido
    me han obligado a cambiar
    la nada bella
    el vacío magnifico
    por las masas sudorosas
    las falsas sonrisas
    la carrera por una felicidad innecesaria
    pero en mi isla
    no había nada superfluo…





    virginia woolf va hacia el río
    piedra tras piedra
    piedra tras piedra
    su habitación no la ha ayudado
    más allá del muro el mundo lleno de hostilidad y de locura
    y ahora está dentro
    dentro de tu habitación
    dentro de tu cráneo
    la puerta cerrada con llave
    la ventana cerrada
    ahora no se puede respirar
    el espacio cerrado
    lleno de horror y desesperación
    piedra tras piedra
    piedra tras piedra
    tierra y aire
    el espacio abierto
    lleno de muerte
    que mira desde cada arbusto
    que cae del cielo
    con enormes bolas de fuego
    y solo la suave y tierna
    acariciante agua
    parecida al toque
    de los ligeros dedos femeninos
    salva de la muerte
    y de la locura eterna
    virginia woolf
    va hacia el río…






    De la verdadera filantropía

    Diga, monsieur Guillotin,
    de qué le sirve al hombre la cabeza
    esa cosa extraña e inútil
    que duele por las mañanas
    tiene fiebre
    inventa pensamientos vacíos
    compone largas cadenas
    que llevan siempre a lo mismo
    moriremos en cualquier caso
    moriremos en cualquier caso
    a pesar de estas nubes y
    el mal tiempo
    a pesar del dolor de cabeza
    las náuseas matutinas
    la garganta seca
    el perpetuo resfriado
    esa extraña inútil
    cosa
    causa a todos
    una molestia superflua
    usted lo sabía, monsieur Guillotin,
    al hacer su
    filantrópica
    propuesta






    Epístola a Tania Zima

    en esta ciudad siempre está oscuro
    siempre hace frío siempre cae la nieve
    y se transforma en fango líquido
    el asfalto resbaladizo las sombras en las aceras
    el espacio infinito lleno de fango
    que chapotea tristemente bajo los pies
    las miradas desgastadas de los peatones
    las ventanas frías de los nuevos edificios
    detrás de cada una pasa
    la vida completamente igual
    en el metro las caras que alguien ha llevado
    y pasado a otro a continuación
    la complicidad de las sonrisitas
    y de las cejas levantadas interrogantes
    el hielo delgado no tiene nada que hacer
    ante el oscilante paso de la policía
    las cuidadas filas de las señales de tráfico
    el brillo de los escudos y las porras
    y sobre todo esto – el señor dios
    con su antidisturbios celestial
    que exige con urgencia el cumplimiento
    de la constitución bajada de lo alto
    y nosotros debemos vivir aquí en algún modo Tania
    ser seres humanos tender la mano uno al otro
    intentar sacar al menos un minuto
    libre del odio
    que hace apretar los dientes
    que está como un nudo en la garganta
    absolutamente insoportable
    para siempre encallado en el corazón
    puro y bello
    que crece continuamente






    Blues misantrópico

    demasiada gente
    en esta ciudad hay demasiada gente
    sí demasiada gente
    llena las calles
    obstruye con sus cuerpos el metro
    en esta ciudad no queda un sitio libre
    simplemente desborda
    de masa humana
    en esta ciudad hay demasiada gente
    sí, sí, demasiada gente
    y toda esta gente quiere algo
    la ciudad henchida de deseos humanos
    la ciudad se marchita de deseos humanos
    en esta ciudad hay demasiada gente
    aquí no se puede respirar
    aquí hay demasiada gente
    y todos son tan iguales
    todos son tan parecidos
    todos quieren lo mismo
    que aquí no hubiera nadie
    excepto ellos que aquí no hubiera nadie
    en esta ciudad hay demasiada gente
    sí, sí, demasiada gente
    por eso aquí falta un ser humano
    sí justo un ser humano falta aquí
    nos salvará solo la misantropía
    nos salvará solo la distancia
    entre las unidades humanas
    en esta ciudad hay demasiada gente
    sí, sí, demasiada gente
    y para esto no hay salvación
    para esto no hay salida
    en esta ciudad hay demasiada gente
    tanta que hasta la misantropía
    resulta casi inútil
    pero solo ella es capaz de salvarnos
    solo ella da esperanza
    en un futuro mejor
    en un espacio vacío sin hombres
    sí, sí, solo la misantropía
    solo la misantropía
    mi-san-tro-pí-a



    ____________________________________

    Sobre la traductora, Milagrosa Romero Samper
    Milagrosa Romero Samper es doctora en Historia por la Universidad Complutense de Madrid. Ha sido profesora durante diez años en las universidades de Trento, Católica de Milán (sede de Brescia) y L’Aquila (Italia). Actualmente enseña Historia Contemporánea de España en la Universidad San Pablo-CEU y es responsable de numerosos trabajos y publicaciones en este campo.

     Además es autora literaria y traductora. Entre sus libros de literatura se encuentran títulos como Diario Fiorentino (2001), Lisboa. Saudades (2008) y Unicornio (2009). La revista Journal Poetov de Moscú ha publicado una selección de Unicornio, así como el poema «Dafne», en versión rusa de Denis Beznosov.

    Como traductora se ha encargado de la obra de Michael Yevzlin (El jardín de los monstruos, 1999), Alexander Pushkin (La dama de picas, 2001), Pierre Garnier (Livre d´École. Poésie Spatiale, 2002; Une nativité. Poésie Spatial, 2004; Poemas de Saisseval, 2003; Le Poète Yu, 2004), Sergei Birjukov (Sphinx, 2010), Konstantin Kedrov y Arsen Mirzaev. Es además autora del blog de cultura rusa A orillas de la Fontanka: http://fontankii.wordpress.com/



    0 0
  • 10/25/16--14:37: PETER MACSOVSZKY [19.375]

  • Peter Macsovszky

    Macsovszky es un poeta, escritor y ensayista.
    Nació el 4 de noviembre de 1966 en Nueva Zámky, Eslovaquia. Asistió a la escuela secundaria en Nove Zamky (1981 - 1985) y la Facultad de Educación en el Departamento de lengua eslovaca de Nitra - Arte (1986 - 1991) e Inglés (1989-1992). Trabajó como enfermero, editor  y profesor, se empleó en el Instituto Enciclopédico, como redactor en los anuncios de televisión privados y redactor en una agencia de publicidad. Dentro del Programa Internacional de Escritores completó una beca de tres meses en los EE.UU. (1997). Sus trabajos han sido publicados en revistas traducidos al Inglés, checo, húngaro, polaco y esloveno.

    Fue editor de la revista literaria Dotyky y un profesor de la Universidad de Constantino el Filósofo en Nitra, donde fue profesor de estética y crítica literaria; también trabajó en la enciclopedia Beliana en la Academia de Ciencias de Eslovaquia.

    Con Miedo a la utopía (Strach z utópie, 1994), su primer libro de poemas, sorprendió por su ruptura con el canon literario establecido. Su poesía es mitificadora aunque estéticamente estéril. Hace crítica del lenguaje pomposo y enrevesado adoptando expresiones propias del mundo científico, pseudointelectual y metafísico. Sus ansias de experimentación le llevan a publicar el libro El crepúsculo de la castidad (Súmrak cudnosti, 1996) bajo el pseudónimo femenino Petra Malúchová en un intento de crear “una poesía asexual”, no reconocible según el sexo del autor. Su enfoque resulta único dentro de la literatura eslovaca contemporánea (también escribe prosa) y su poética radicalmente analítica y autorreferencial sirve de inspiración a las nuevas generaciones de poetas.

    Poesía

    Strach z utópie, Drewo a srd, 1994, reed. 2000
    Ambit, Drewo a srd, 1995
    Amnézia, Nitrianska štátna galéria, 1995
    Súmrak cudnosti, Proxima, 1996
    Cvi?ná pitva, Drewo a srd, 1997
    Álbonctan, Kalligram Könyvkiadó, 1998 (en húngaro)
    Sangaku, Solitudo, 1998
    Generator X: Hmlovina, Drewo a srd, 1999 (junto con A. Hablák, M. Habaj, P. Šulej)
    Hálás anyag, Plectrum, 2009 (en húngaro)
    Súmra?ná re?, Drewo a srd, 1999
    Kivéve, Kalligram Könyvkiadó, 2000 (en húngaro)
    Gestika, Tichá voda, 2001
    Hamis csapdák könyve, Kalligram Könyvkiadó, 2002 (en húngaro)
    Klišémantra, F. R. & G., 2005
    Tovar, F. R. & G., 2006
    Príbytok cudzieho ?asu, Ars poetica, 2008
    Márnivé bubliny, Ars poetica, 2010, CD con poemas de varios autores
    Pohodlná mníška, Artforum, 2011
    Pä? krát pä?. Antológia sú?asnej slovenskej poézie, 2012
    Generator x_2: Nové kódexy, Drewo a srd, 2013

    Prosa

    Frustraeón, Drewo a srd, 2000
    Fabrikóma, Kalligram, 2002
    Tanec pochybností, Eugenika, 2003
    Klebetromán, Kalligram, 2004 (junto con D. Fulmeková)
    Lešenie a laná, Kalligram, 2004
    Hromozvonár, Kalligram, 2008
    Myka? kostlivcami, Ob?ianske združenie Vlna, 2010
    Želáte si novú kúpe??u?, Drewo a srd, 2012



    7 SITUACIONES COTIDIANAS

    La idea de que alguien haya escuchado nuestra voz
    y al mismo tiempo la puerta estuviese cerrada,
    ciertamente, nos llena de emociones
    de inseguridad. Imaginémoslo.

    Imaginémoslo de tal manera que el que
    lo afirma, oyó voces en nuestro cuarto,
    le parecía que nos reconocía,
    pero no está seguro de, si por casualidad,
    la radio estaba puesta.

    También es posible que no estuviésemos,
    pero nuestra radio estuviese puesta:
    alguien diferente la habría encendido.

    Tampoco es imposible
    que hubiéramos estado allí, sin embargo la radio no estaría puesta.

    Entonces, esa tarde estuvimos
    en el lugar acordado,
    en dicho espacio cerrado.
    O la radio estaba puesta.

    Si no estábamos allí y ni siquiera la radio estaba puesta,
    entonces andan perdidos,
    no es verdad que alguien nos haya oído.
    Esperemos que esa tarde fuéramos.

    Incluso en ese momento, si alguien realmente hubiera hablado
    en nuestro cuarto, pero nosotros no hubiéramos estado allí
    y la radio hubiera estado apagada.

    Miedo a la utopía, Hevi, 1994



    7 VŠEDNÝCH SITUÁCIÍ 

    Predstava, že niekto po?ul náš hlas,
    a dvere boli pritom zavreté,
    nás, pravdupovediac, nap??a pocitmi
    neistoty. Predstavme si to.

    Predstavme si to tak, že ten, kto
    to tvrdí, po?ul hlasy z našej izby,
    zdalo sa mu, že nás poznáva,
    ale nie si je istý, ?i nám náhodou
    nehralo rádio.

    Aj to je možné, že sme tam neboli,
    ale naše rádio hralo:
    niekto iný ho zapol.

    Ale ani to nie je vylú?ené,
    že sme boli tam, no rádio nehralo.

    V ten ve?er sme teda boli
    na dohovorenom mieste,
    v danom uzavretom priestore.
    Alebo nám hralo rádio.

    Ak sme tam neboli a ani rádio nehralo,
    tak sú na falošnej stope,
    nie je pravda, že nás niekto po?ul.
    Dúfajme, že v ten ve?er sme boli.

    Ešte aj vtedy, ak naozaj niekto hovoril
    v našej izbe, ale my sme tam neboli
    a rádio bolo vypnuté.

     Strach z utópie, Hevi, 1994




    AETORNEL

    Ese es ministro. Fue niño. Y ese es
    cantero. Hace mucho él también. Fue niño.
    Ese es ladrón. Él también sólo fue. Un niño.

    Una niña. Ella será madre. La madre
    tendrá un niño. El niño será padre. Al padre
    le dirá la madre. Cada uno fue niño una vez.

    Al padre le dice. Niño. Él será ese.
    Ese es político. Fue niño. La niña será
    madre. Ese es ajedrecista. Fue niño.

    La madre le dice. Cuando levante la mano.
    Le digo que fue niño. Ese es padre.
    Seguirá o no seguirá siendo niño.

    Ese es maestro. Seguirá o no seguirá siendo.
    Y ese es funcionario. Él también fue niño.
    El niño será asesino. Cada uno fue una vez.

    Cada vez fue cualquier cosa. Lo será
    también más veces. Ese es un niño. Fue niño.
    Ese es un niño. Será niño. Fue una vez.

    El que aún no ha sido niño. Alce la mano.
    Que. Mano. Enseguida. El que aún no ha sido. Esto
    es una mano. Una vez fue niña. Será madre.

    Que alce la mano. Dar un golpe. Estar de acuerdo.
    Levantar la mano. El que aún no ha sido. Padre de sí mismo.
    La madre de su padre. Ese es un delincuente. Fue.

    Ese es verdugo y también condenado. Ese es político y su
    víctima. Quién no ha sido aún. Todos serán niños.
    Fueron. Un rato eso, un rato aquello. Un niño.

    Afable y repulsivo. A la vez. Una vez. Cada uno.
    Abrazar a un político. Abrazar a un asesino. Fue
    verdugo. Será niño. Será madre.

    Qué niño no sería verdugo. Alce
    la mano. Dar un golpe y estar de acuerdo. Abrazar, ejecutar.
    Que. Mano. Enseguida. Ejecutar, abrazar.

    La monja comodona, Ars poetica, 2011




    AETORNEL

    To je minister. Bol die?a?om. A to je
    kamenár. Kedysi aj on. Bol die?a?om.
    To je zlodej. Aj on len bol. Die?a?om.

    Die?a. Bude z neho matka. Matka bude
    ma? die?a. Die?a bude otcom. Otcovi
    matka povie. Každý raz bol die?a?om.

    Otcovi povie. Die?a. Bude z neho to.
    To je politik. Bol die?a?om. Die?a bude
    matkou. To je šachista. Bol die?a?om.

    Matka mu povie. Ke? zdvihne ruku.
    Poviem mu, že bol die?a?om. To je otec.
    Zostane alebo nezostane die?a?om.

    To je u?ite?. Zostane alebo nezostane.
    A to je úradník. Aj on bol die?a?om.
    Die?a bude vrahom. Každý raz bol.

    ?ímko?vek bol každý raz. Bude ním
    aj viackrát. To je die?a. Bolo die?a?om.
    To je die?a. Bude die?a?om. Bolo raz.

    Kto ešte nebol die?a?om. Zdvihne ruku.
    Nech. Ruku. Hne?. Kto ešte nebol. To
    je ruka. Bola raz die?a?om. Bude matkou.

    Nech zdvihne ruku. Udrie?. Súhlasi?.
    Prihlási? sa. Kto ešte nebol. Otcom seba.
    Matkou svojho otca. To je zlo?inec. Bol.

    To je kat aj odsúdenec. To je politik a jeho
    obe?. Kto ešte nebol. Všetci budú de?mi.
    Boli. Chví?u toto, chví?u tamto. Die?a.

    V?údny a hnusný. Zárove?. Raz. Každý.
    Pritúli? si politika. Pritúli? si vraha. Bol
    katom. Bude z neho die?a. Bude matkou.

    Ktoré die?a by nebolo katom. Zdvihne
    ruku. Udrie? a súhlasi?. Pritúli?, popravi?.
    Nech. Ruku. Hne?. Popravi?, pritúli?.

    Pohodlná mníška, Ars poetica, 2011



    Steril Suicidal

    mi lenguaje poético 
    tras la esterilización 
    descendió 
    a las ciénagas viscosas

    de los pronombres
    demostrativos, 
    posesivos
    e indefinidos. 

    lo mantienen a flote
    sólo las extremidades 
    de los verbos auxiliares 

    entre los que 
    el verbo auxiliar
    ser 
    en presente de indicativo 
    Es 

    el más devastador, 
    el más tedioso 
    y el más muerto...

    Ambit, Drewo a srd, 1995



    Steril Suicidal

    môj básnický jazyk
    po sterilizácii
    poklesol
    do slizkých barín

    ukazovacích,
    privlast?ovacích
    a neur?itých
    zámen.

    nad Vodou ho držia
    už iba hnáty
    pomocných slovies,

    spomedzi ktorých
    pomocné sloveso
    by?
    v prítomnom ?ase
    a tretej osobe
    Je

    najubíjajúcejšie,
    najnudnejšie
    a najm?tvejšie…

    Ambit, Drewo a srd, 1995


    ____________________________________________

    Sobre la traductora Petra Pappová (1980)

    Petra Pappová es doctora en Estética y profesora titular de Literatura Española en la Universidad Constantino el Filósofo en Nitra (UKF, Eslovaquia). Fue profesora visitante en la Universidad Complutense de Madrid y la Universidad de Granada. Actualmente ocupa el puesto de Directora de la Sección de Lengua y Literatura Españolas y Vicedirectora del Departamento de Romanística de la UKF. Enseña Literatura española contemporánea, Traducción literaria y Análisis de textos literarios.

    Además trabaja como traductora e intérprete. Es autora de diferentes publicaciones sobre literatura española clásica y contemporánea. Tradujo El arte nuevo de hacer comedias en este tiempo de Lope de Vega al igual que el monólogo dramático Salmo por una Reina Roja de Sergio Espinosa. Su principal interés es acercar la literatura española actual a los lectores eslovacos, así como mostrar la riqueza de la poesía de su país de origen a los españoles. Organiza varios eventos relacionados con el intercambio cultural hispanoeslovaco.




    .


    0 0


    Luis Ramoneda Molins 

    (Cervera, 1954) es licenciado en Filología Románica por la Universidad de Zaragoza. Es autor de tres poemarios: Vientos que jamás ha roto nadie (1985); Tiempo de elegías (1995) y Rosal en la niebla (2006); de tres novelas juveniles: Las aventuras del comisario Cattus (2002), Nuevas aventuras del comisario Cattus (2003) y Carolina en el país de las estaciones (2009); y de una colección de relatos cortos: El siglo de Rembrandt y otras historias (2004) y “Diario de un idealista, 1970” (2015).

    Varios de sus relatos han sido premiados. 
    Es miembro de la Asociación Española de Críticos Literarios y de la Asociación Colegial de Escritores Españoles. Es colaborador en diversas revistas culturales (Cristal, Númenor, Nueva Revista...) y crítico de libros en Aceprensa y en www.clubdellector.com. Imparte cursos de redacción a estudiantes universitarios y edita cada mes el “Boletín de ayuda al redactor”, de amplia difusión. Reside en Madrid.


    La casa azul

    ¿Te acuerdas? 
    Era una casa grande pintada de azul, 
    casi violeta; un viejo caserón 
    junto a la carretera de las montañas de la infancia... 
    Ayer, tantos años después, 
    volví a pasar por la carretera de las montañas de la infancia 
    y casi no reconocí la casa azul, 
    más bien violeta: 
    la fachada blancuzca y desconchada, 
    alabeadas puertas y ventanas rotas, 
    lugar de nadie y de la nada... 
    Cuando me di cuenta, 
    volví la cara atrás: 
    fue como contemplar mi propia calavera.


    *


    Soy lector y hombre andariego y elegíaco al que le gusta más escuchar que hablar. Los poemas y las narraciones que escribo suelen surgir de contemplar la naturaleza, fijarme en las personas con las que me topo y sus historias, observar alguna obra de arte...; y, con bastante frecuencia, a raíz de alguna audición musical. El asunto unas veces llega a puerto y otras se queda en silencioso naufragio. Hay periodos largos de silencio y momentos en que llega alguna luz, sobre todo en otoño (¡ah los hayedos!), invierno o primavera. Los veranos me anulan con tanto calor y zafiedad.

    Luis Ramoneda 


    Corren malos tiempos para la lírica
    (una historia real)


    Son las cinco y veinte de la tarde del martes santo, un hombre —rostro enjuto, pelo escaso y lacio— guarda cola en la dársena número 3 del intercambiador de Moncloa, que podría ser escenario de la Divina Comedia, de un cuadro del Bosco o quizá del juicio final. Al cabo de unos minutos, llega el autobús que cubre el trayecto entre Madrid y El Escorial por Galapagar. El hombre escuálido, que lee un libro encuadernado en tono marfil, deja una señal en una página, lo cierra y monta en el vehículo verde.

    —¿Ha subido el precio, verdad? ¿Cuánto es?

    —Uno con noventa.

    El hombre entrega dos euros y el conductor le devuelve diez céntimos.

    —¡Muchas gracias!

    —¡A usted!— contesta el chófer.

    Mientras busca un asiento vacío, el hombre piensa que da gusto encontrarse con gente educada. Se acomoda en el lado por el que se verá mejor la sierra, abre el libro y vuelve a la lectura:


    Entro en templos sombríos,
    Oficio un pobre rito.
    En el centelleo de las rojas lamparillas
    Espero a la Bella Dama.
    En la penumbra, junto a una alta columna,
    El crujido de una puerta me hace temblar.
    La mera imagen, el sueño de Ella
    Me mira a la cara, llena de luz…


    El autobús se va llenando, faltan pocos minutos para las cinco y media de la tarde y quedan pocos asientos disponibles.

    En el que el hombre tiene delante, una mujer bastante joven saca el móvil.

    —¿Viky? Estoy en el autobús, hay mucha circulación, no sé qué pasa, llegaré hacia las seis, ten todo preparado.

    De uno de los asientos posteriores al suyo, le llega la voz de alguien, a quien el hombre del libro no ve, que habla también por un móvil; por sus expresiones, debe de ser bastante joven. El hombre intenta concentrarse en la lectura.

    El autobús ha arrancado y se dirige hacia la rampa de salida del intercambiador, al final de la calle de la Princesa.

    La voz del móvil sigue imperturbable. Al hombre del libro, le invaden ráfagas de la conversación: algo de horarios de trabajo, algo que al parecer el hablador ha compuesto...

    La mujer que tiene delante llama de nuevo. El autobús circula sin problemas por el «bus-bao» de la carretera de La Coruña. La Ciudad Universitaria está vacía, en algunos árboles se intuyen los primeros brotes y se presiente el brillo de las hojas nuevas.

    —¡Paula! Estoy en el autobús, es que tenemos atasco, habrá habido un accidente o algo así, por eso llegaré tarde.

    El hombre interrumpe la lectura, porque no da crédito a lo que oye: la circulación es de lo más fluida. El autobús se encamina veloz hacia la cuesta de las Perdices y el hombre del libro levanta los ojos y mira por la ventanilla hacia la sierra.

    Oscuros nubarrones la cubren, aunque no impiden ver unos brochazos de nieve entre la Bola del Mundo y las Cabezas de Hierro, como en un paisaje de Aureliano de Beruete. El hombre enjuto vuelve a la lectura:


    Nacida en la alta noche,
    Pálida compañera de la tierra,
    Envuelta en el manto terrestre.
    Tú brillabas argéntea en la lejanía.
    Yo me dirigía al norte inhóspito,
    Yo me dirigía al polvo helado,
    Oí tu voz misteriosa.
    Tú brillabas argéntea en la lejanía.
    Nacida en la alta noche,
    Tú brillabas argéntea en la lejanía.
    Y mi alma abatida devino
    El manto de la tierra helada…

    Al lector, le cuesta sustraerse de la voz del hombre del móvil, que sigue con la misma conversación. Parece que corren malos tiempos para la lírica, habla con una chica, intenta leerle algo de lo que ha compuesto, luego inicia otra historia sobre sus relaciones con una mujer rubia, al parecer muy rarita. El hombre del libro relee varias veces el mismo poema y maldice los móviles y la mala educación, que le impiden concentrarse en la lectura.

    La mujer del asiento delantero vuelve a la carga:

    —¿Eres Begoña? ¿Sabes si va a llover mañana? Estoy en un atasco, ha habido un accidente y esto no se mueve, llegaré hacia las seis.

    El autobús circula ya a la altura de Casa Quemada, no hay ningún problema con el tráfico, «¿por qué miente?», piensa el hombre del libro. Vuelve a los poemas, detrás sigue la voz del joven sin rostro, que ahora trata de justificar sus relaciones con la rubia rara y cuenta algo de cuando le ayudó a arreglarse las uñas. El hombre del libro ha estado a punto de levantarse para pedir al incansable hablador que se calle de una vez. Al llegar a Las Rozas, el autobús deja la autopista de La Coruña
    y toma la carretera del Escorial. El hombre del libro intenta concentrarse en la lectura. Se para ante unos versos de Alexander Blok, como si los degustara:

    …Desde las almenadas alturas del bosque
    Despunta un alba nupcial.

    El hombre del móvil sigue, «¿qué pensará su interlocutora?

    Tendrá más paciencia que Job, porque no hay diálogo, es un monólogo estúpido y sin fin». La mujer del asiento delantero vuelve a marcar:

    —¿Vicky? Dile a Rafa que ha habido un accidente, esto no se mueve, llegaré tarde. Me ha dicho Begoña que mañana no lloverá, por favor, que llame para que vayan sin falta a llevarse el contenedor.

    El hombre del libro interrumpe la lectura, «¿por qué miente?», vuelve a preguntarse. «Esto daría pie para un relato de intriga», piensa. El autobús se detiene junto a la entrada de una urbanización, se bajan dos mujeres, por sus rasgos deben de ser eslavas. El autobús reemprende la
    marcha. El chico del móvil sigue en sus trece y para colmo dice que tendría que hablar menos; sin embargo, sigue con la historia de la rubia rara sin parar un segundo, como si quisiera justificarse ante su interlocutora.

    El hombre del libro deja una señal en la página, lo cierra, se levanta y aprieta el botón de solicitud de parada. Varias personas se preparan también para apearse. El autobús frena al llegar a la rotonda de la entrada a Molino de la Hoz y se detiene. El hombre deja salir a los demás. La mujer joven está hablando con alguien y sigue con la mentira del atasco.

    Antes de apearse, el hombre del libro mira hacia atrás y ve agazapado a su enemigo del móvil, que sigue monologando, aunque dice que se le está acabando la batería. Es joven y larguirucho, y o tiene la barba más cerrada que un portugués o probablemente lleva varios días sin afeitarse. Siente deseos de estrangularlo, pero se baja. El autobús parte. «¡Dichosos móviles, menuda pandemia!», piensa el hombre del libro mientras anda hacia una residencia de ancianos en la que vive un viejo profesor suyo: «Hablad, hablad, mentid, contaos estupideces, yo me quedo con Alexander Blok y con esta indescriptible nube velazqueña que ahora cubre el cielo de los alrededores de Madrid y con la pincelada de Beruete en la sierra». ■




    LA VISITACIÓN

    Virgen–Madre del Hijo y de los hijos,
    dichosa por alcores y por valles,
    con premura de Amor que nadie aún sabe.
    Guía andariega y del alba posada,
    templo de nuestro Dios anonadado,
    dichosa por alcores y por valles,
    con premura de Amor que nadie aún sabe.

    Tú en las quebradas y ásperos caminos,
    Tú entrañable nidal de la Palabra,
    brisa del mar que vuela a los collados:
    ¡Oh Madre del Amor desconocido!
    (soñábamos con pompas imperiales,
    y Tú en silente soledad corrías
    como esclava de Dios y de los hombres.)

    Esperándote hay nieve en los almendros
    y violetas que adornan los veriles;
    te aplauden las mimosas estrelladas,
    despliega sus aromas el espliego
    y alegra la retama los barrancos:
    por ti, ya abril muy pronto ha madrugado,
    que en premio el Padre–Dios así lo quiso.

    El coro de la mies en los umbrales,
    dintel de tus pisadas ruiseñores;
    y olivos cenicientos que presagian
    aquel lejano huerto de dolores:
    Virgen–Madre del Hijo y de los hijos,
    sagrario de la Luz en los eriales,
    con premura de Amor que nadie aún sabe.

    Espadaña del gozo y del consuelo,
    hollaste con fatiga los caminos.
    Ante el Hijo abogada de los hijos,
    besaste tolvaneras de pesares:
    doncella venturosa, enamorada,
    sanaste las heridas de los siglos,
    con premura de Amor que nadie aún sabe.

     Luis Ramoneda






    .


    0 0
  • 10/26/16--01:04: ÁNGEL DE LA TORRE [19.377]

  • Ángel de la Torre 

    (Lucena, Córdoba 1991). Es licenciado en Filología Árabe y escribe poesía. 

    Ha publicado los poemarios Uno partido (Vertical Ediciones, 2011) y El río es un decir, La Bella Varsovia, 2015 y "Las fisuras del género", obra que ha resultado ganadora del Certamen Andaluz de Poesía Villa de Peligros (Granada), 2016. 

    Ha aparecido en diversas antologías como Tenían veinte años y estaban locos (La Bella Varsovia, 2011) y La vida por delante. Antología de jóvenes poetas andaluces (Ediciones en Huida, 2012) o La poesía posnoventista española en 15 voces (Online). En 2014 participó en el Festival de Poesía Cosmopoética. 


    I

    La pavesa que gotea de la herida
    y enciende casas, plazas, ciudades, y el personaje tan único
    como cualquiera: negar afirmar ser golpeado; las pupilas
    la piel el cabello o todas las latitudes que
    como si deshacerse, como si de súbito qué niebla qué mensaje 
    exhausto desolase desde la garganta hasta el brote más joven.

    Y asomarse a observar, tan breve,  que anocheciese dentro
    del espectáculo entonces ya un hierro candente
    una multitud coagulada que huye sin prisa
    un cuerpo inflamable una revuelta algo que vuela y tiñe
    rojo-vivo
    las voces: intenten mojar el dedo en la hoguera (y dense
    la mano que existe el miedo)


    II

    Y si
    fuera la esclerótica
    de tus ojos el pañuelo blanco
    o una invitación al naufragio, la resaca
    que nos sacudiera hacia orillas opuestas,
    lejanas
    quizá, de ayer-tú-yo, o quizá
    el iris como suvenir del último aliento
    antes de derramar los pies entre
    tus huellas,
    húmedas todavía sobre el asfalto.


    III

    Vestirse de frío.

    (la gasolina comenzaba lentamente a cubrir nuestros cuerpos)

    Ya era hora.

    (un lamento desesperado,
    el fósforo que cae sobre todos nosotros)

    Las frutas de invierno.

    (a cualquier fuego llamas
    esperanza).



    HORAS PÓSTUMAS

    He aprendido a decir
    algo más que aquí estoy
    he venido
    para quedarme.
    Por ejemplo, a decir
    tus ojos son amanecer
    si me preguntas si pregunto.
    Por ejemplo, a decir de nuevo aquí estoy
    cuando los pies están al borde
    y solo se discierne la caída.

    O por ejemplo, a vacilar, titubear, finalmente
    impactar cara a cara contra el suelo y entonces
    preguntar la hora
    como si subsistiera algo de ti en el tiempo.

    (de El río es un decir)



    V

    Diciembre dice
    cubrir distancias insalvables
    entre poro y poro. Sin embargo, antes buscar
    la fuente de calor, la cercanía de las
    cuerdas vocales.
    Diciembre dice
    hace frío aquí en el norte.
    Ahí, en el norte.
    Allí, repite. Diciembre. Dice.
    Diciembre es invierno,
    pero quién sabe.



    EN UNA PLAZA PÚBLICA

    Al fin 
    y al cabo, ¿no era todo esto 
    una forma de iluminación?,
    quiero decir, el descubrimiento fue la luz 
    y después el calor, 
    o primero el calor y luego la luz, 
    pero qué importa, si no se trataba de descubrir, 
    más bien era despertar y, así –sin más–, encontrar 
    ceniza, por ejemplo, y tiznar el dedo,

    alzarlo bien alto, que se viera, 
    y sentirse un iluminado mientras arde el hombre.



    DESPUÉS

    Qué sabemos de la muerte. Se desprende
    como la fruta del hueso o más bien 
    como una rama vencida por la nieve. 
    La ciudad permanece el calma. El grito, 
    no obstante, cuelga de la garganta. A veces
    la costumbre hace de piel, ata la ficción, siembra
    alguna tragedia. Me pareció oír algo.
    Algo no.
    Algo tal vez se oye desde la rama.



    BELLADONNA

    El deseo del hombre
    y la circunferencia de la boca,
    lejana como un cuerpo que se tumba.
    Derramada en colores sonrojantes
    desperezas la fe,
    la acción.
    El cuerpo contraído.
    La oscuridad revela todo.
    No lo hagas.
    No lo vuelvas a hacer.
    Vergüenza de palabras cotidianas
    y el éxtasis marchita
    sin pompa.




    Uno partido, de Ángel de la Torre

    El jovencísimo poeta Ángel de la Torre acaba de publicar su primera obra poética con el interesante título Uno partido. Se trata de un poemario cuyos poemas nos hablan en un tono sorprendentemente maduro para su edad pues en ellos se pondera sobre los aspectos que preocupan al poeta. Son poemas interesantes también porque reflexionan sobre el acontecer de una manera filosófica. Y además están escritos concisamente, pero usando un lenguaje nuevo que expresa la forma de escribir de las nuevas generaciones que comienzan. Ángel de la Torre con este poemario nos da a conocer una forma de ver el mundo y de interpretarlo. En verdad para ser su primer poemario y por la rabiosa juventud del poeta nos da pruebas de ser un autor preocupado por los conceptos y su definición. Por lo tanto estamos ante un poeta que ha leído mucha poesía y que desde muy niño ya tenía un gran interés por el mundo poético.
    Ángel de la Torre ya apareció en la antología de La Bella Varsovia Tenian veinte años y estaban locos, 2011.

    El libro está publicado por la editorial Vertical Ediciones en la Colección Poétaneos. [Por FERNANDO SÁNCHEZ MAYO]



    Zanahorias heladas. Café frío.
    La fracción llega al mínimo
    y aún no es simple.

    La piel es un fragmento del instante
    el corazón recuerda que es un órgano
    que se recicla azul.

    Habla uno y alguien oye.
    La paradoja de algo
    sin otro.
    Uno partido
    por espejos que dudan de su imagen.





    Otras voces

    Por Angélica Morales

    En Ángel de la Torre hay dos pesos en una misma balanza. Una es la pluma de la juventud que vuela y trepa hacia horizontes poéticos que han de venir, y otra es el zinc de la experiencia, una suerte de baúl antiguo que viaja a la deriva del talento.

    Ángel de la Torre = a poeta que ha venido para quedarse = a joven sabio = a viejo que nace a la insolencia de la juventud.

    Hay algo en la poesía de Ángel de la Torre que aún está por madurar, pero presiento una rosa bellísima e imperecedera. No le falta ni el talento ni  la seriedad en el trabajo. Su porpuesta poética es firme, hermosa y de un elegante vanguardismo.



    EL HOMBRE

    Y sobre los campanarios, el hombre pone
    huevos de tortuga
    que van a dar al mar pero qué género
    de hombres, uno que es agua contenida o uno que ve
    la humanidad y se reconoce como barro, como boca
    cocida en un horno
    lamentándose de escasa pulpa

    las grietas demuestran la inoperancia del tejido
    las fisuras del género
    ayer tenía un puñado de hombres y hoy mi mano es pasto

    fluir dentro, estrangular la palabra una vez en la arteria
    a veces
    la marea desata el contagio y el hombre aumenta
    humano.

    *

    Qué sabrá
    el hombre de amargura
    si ni siquiera se atreve a probar
    su propia pulpa.




    LA SIMETRÍA DE LA CENIZA / AL CONTEMPLAR /
    CÓMO AGITA / LA PIEL ROJIZA

    Jamás ocurrió la simetría de los cuerpos
    cuando ceniza
    tumbados sobre la arena
    y el viento arengando
    para que la arena fuera otra arena
    el cuerpo otro cuerpo
    y unirse a la simetría que seríamos
    si el sol no deslumbrara
    las gafas las dejé en casa
    era un instante
    salir y ver cómo te deshacías.



    VII

    Anochecer,
    si y solo si
    después viene la lengua a tatuar la llama.
    Anochecer,
    sí y solo sí.



    LAS EDADES DEL DESIERTO

    ¡Mira! Éste es un lugar donde no se puede tocar el violín.
    León Felipe

    Un vientre quemado
    de la helada de ayer queda
    al aire o voz abrazada en la arena.
    En la orilla, mojar el labio se multiplica
    en desiertos. Ahogarse es calmar
    el agua. Al tiempo
    un cosquilleo en la garganta 
    pone nombres de insectos a algunas tragedias
    atragantadas en la sed.

    Todos los desiertos tienen la misma edad,
    todas las pieles.
    Tantas partículas.
    Nunca una ola.





    .

    0 0


    Isabel González Gil 

    Isabel González Gil (Salamanca, 1982). Doctora en Estudios interculturales y literarios por la Universidad Complutense de Madrid, actualmente vive en Niza. Ha publicado algunos poemas y artículos en revistas, pero la mayor parte de su obra es inédita. También escribe con el seudónimo de Isabela Grave.

    Por su libro ‘Piedra de Tarsis’ quedó entre los veinte finalistas del II Premio Internacional de Poesía ‘Pilar Fernández Labrador’ 2015, fallado en Salamanca.

    Los textos forman parte de “He muerto… y he resucitado”, Antología del XVIII Encuentro de Poetas Iberoamericanos, coordinada por Alfredo Pérez Alencart, poeta y profesor de la Universidad de Salamanca.



    [PÁJARO: QUE ANTES DE ATRAVESAR EL CRISTAL…]

    Pájaro: que antes de atravesar el cristal
    descender el hielo
    tocar el manto cálido y áspero que nos sostiene
    en órbita, en el enigma
    besar su mano oscura
    Pájaro, que antes de perder la vertical
    por el imán de la despedida,
    antes de la huida, fresco y salvaje
    deseas ver el sol de la mañana
    el sol de la medianoche
    anegar una vez más tu mirada
    en las turbias aguas
    dar y recibir la moneda ultima.




    LA RUECA

    He visto a una palabra caer en el poema
    vencida de no sé qué perdido huso
    pues arrastraba desvanes de telas
    velos de araña con injurias de
    torvos brahmanes, harapos de nobles
    confines y arreos de esclavo

    He visto a una palabra caer y caminar
    por el poema
    bajo la mirada atenta de los transeúntes
    que creen que no me atañe
    y quieren archivarla en el baúl
    junto a sotanas y cirios
    A Ella de quien todos los poemas nacen

    La he visto caer y he amado su extrañeza
    su hilar extemporáneo.




    PRESENTE AUSENTE

    El te dice
    el tiempo está cambiando
    es magnífica esta luz se acerca la primavera
    No te dice
    que se ha desfigurado la cara en sueños la última noche
    que teme que le crezcan las arpías
    como a otros las unas de los pies o las ganas de viajar.
    Te dice
    con este tiempo no puedo dar clase
    estoy buscando trabajo de lo mío
    Te explica
    los proyectos que anota para mañana tal vez
    el ribera que compro en el supermercado
    y se queja del tiempo esperando
    y de los precios que suben.
    No menciona
    que confía y no confía
    que ha sentido
    al enfermo y al cobarde y al frustrado
    asomando por su boca
    No, él te dice
    veo opciones
    el presidente de turno
    No te dice
    que cuenta solo en su piel trece fantasmas
    que hoy desayuna en brazos de otra mientras te dice
    es magnífica esta luz
    No, no te dice
    Y las palabras nos ensombrecen como barcos vacios
    que dejan siluetas blancas en esta orilla.




    ARCHE

    Yo te digo que antes de la creación
    de la tierra y de los cielos
    solo había agua

    Que hubo agua antes del Dios
    Una sima en el gran parpado

    Tú me dices que no
    que en el principio era la palabra
    de la que todos fuimos añicos
    que los cantos inmortales de Océano
    son fantasmas que traen de alta mar
    los pescadores
    que el agua es el espejo
    de las esferas celestes que orbitan
    de amor al verbo

    yo me callo y escondo por rutina
    el anzuelo dorado que me surca el pecho
    desde el día en que entre en el Océano
    deseando aquella palabra primera.




    LA GEOMETRÍA OCULTA DE LAS CIUDADES

    Los gatos, los niños y ciertos locos conocen la geometría oculta de
    las ciudades. Los he visto: siguen rastros invisibles, órbitas, siluetas
    y perfiles de un orden arbitrario, difuso; figuras en las alcantarillas,
    bordes, trazos, señales. No buscan el arriba con la mirada, por
    terrazas y azoteas, como los paseantes solitarios. En sus vuelos de
    aire les resulta indiferente el mundo de azoteas y ventanas.
    Con su deriva antojadiza, involuntaria, de pájaro listo, rumian
    la suciedad de las calles, sienten crecer los arboles, pasean sus
    manos por la textura de las farolas y disfrutan del parloteo con
    estatuas. Saben que la belleza es asunto de la piel y que las pisadas
    se ensanchan al quedarse quietos. En los barrios mas antiguos se
    convierten en arcángeles y a ratos mueren atravesados por una
    vertical aguda.
    Hoy una lluvia medular, fortuita, cae como dádiva a los rastreadores.
    Que irrupción súbita del cielo, que urgencia de lo mínimo, cuanta
    nostalgia de ayeres inventados, de avances por una Madrid
    imaginaria.




    [MEDUSE, DE JAWLENSKY]

    Tu rostro es una máscara
    a través de la cual veo
    entre cuadros opacos

    Gracias a ese mal que te atraviesa
    que se infiltra
    sin modo conocido
    de ser a ser
    en el enigma de la pura superficie

    Arte como signo de otra guerra
    Arte selvático y quieto
    del sin
    fondo humano y mortal
    sacudes
    el ápice mudo
    encendido
    mi médula de bronce

    Expuesta como estas en la sala al merodeo
    desatento de un grupo
    me acerco y pudiera traspasarte
    no en forma de paloma o lección de teodicea
    sino de monstruo mítico

    Y en este instante que no perturba
    tu quietud de obra
    doncella madre y anciana
    ya me sobrevives.




    .

    0 0
  • 10/26/16--03:01: MIGUEL FERRANDO [19.379]

  • MIGUEL FERRANDO

    Nació en Valencia. Cantante clásico, escritor y poeta.

    Libros: Las Soledades del Monstruo, Iliria, Enemigos del Viento, Lejanías. 
    WEB:  https://sites.google.com/site/miguelferrando22/




         
    El Mirlo Azul

    Sólo ya recitar mi despedida,
       como el mirlo que canta desde el suelo
          sin poder respirar, preso en el duelo
              de una miga de pan desconocida.                                                                        
                    Preso en su soledad y de por vida,
                       lejos de la razón, lejos del cielo,
                            como ese mirlo azul del desconsuelo
                                me consagro y me encierro en mi partida.

    Como nadar en nubes de amapola,
          a rastras, por buscar, por desangrarme.
               Como el hijo de un viento que me inmola,

                       si me quedo a dormir amortajadme,
                              inscribid mi epitafio en cada ola;
                                      mi destino es seguir y atragantarme. 
                                                                                                               
    (LAS SOLEDADES DEL MONSTRUO)

      

    Las coplas del ruido                                                                                                                                                
    Por las venas de mi alma
         fluye el silencio,
              cuando pincho mis versos
                   acallo al tiempo.

    Acordeonista que vienes de fuera
            córtame la hemorragia,
                  improvisa a un millón de pesetas
                        la cantinela de mi nostalgia,
                             toca, yo te la pago,
                                 que he vendido una Virgen llorando
                                           y un ángel descabezado.

    Por forzar la garganta
         perdí una vida,
                quien se muera gritando
                       que me lo diga

    Camposanto del cielo de Liria
         destitúyeme al guarda, 
               que hay un vivo tan vivo que envidia
                     la muerte de las cigarras.
                         Padre dame un respiro,  
                              en cuanto firme estos versos
                                     me voy contigo.

    El camino del alma
           no se revela
                 se descubre muriendo
                        muertes de seda.       

    (LAS SOLEDADES DEL MONSTRUO)                                                                                                                                                                                                                                                                                                             

    MUJER                                                                                                                                                                                                                           
    Se apacigua la lluvia
    todo el valle descansa en la humedad templada   de los cuerpos.
    Como caminar por las venas de un gigante,
    los prados son de esponja,
    las ventoleras de espasmos

    Amada Gaya,
    este mojado atardecer me pertenece,
    a mí y a la ilusión de una vida húmeda,
    de amores viscosos, caricias lánguidas,
    de orgasmos como corolas de nenúfar,
    como gotas de aguamiel, que lentas resbalan, infinitas,
    como caricias desmayadas y suavísimas.
    El destello de este ocaso se descompone,
    eternidad, eternidad íntima, mujer.

    Acógeme en la negrura final, igual que un vientre,
    y rézale al ombligo, con mi nombre, suspira mujer,
    suspira como el tifón adolescente,
    cuando te busque, cuando me hunda,
    cuando me encierre para siempre
    en tu templada humedad de cuerpo.

    En tu laberinto, mujer.
    En tu laberinto de pétalos cayentes
    y esponjas de aguamiel. 

    (ILIRIA)



    CUANDO TODO HIERVA    

    Cuando todo hierva,
    de aceite o de brea (una ciudad de nube),
    habrá que caminar sobre las ampollas del suelo,
    y que el suelo nos trague, cuando todo hierva,
    seremos del vaho
    o del fuego que crepita.

    De burbujas, de espuma,
    se disfraza el poeta, cuando el agua tiembla
    se figura un puente de metales transparentes,
    un vehículo, ignífugo, de cristal,
    se imagina una argolla celeste a que agarrarse.
    Y palacios de amor, avenidas y ciénagas.

    Cuando hierven las calles,
    el poeta se queda,
    y chapotea por los charcos hirvientes,
    al poeta le bulle su sangre
    a menos de un grado de la congelación.
    Vive hirviendo, evaporándose entre magmas y flexos.

    ¡Ah, la argolla celeste del amor!
    Sólo un grado de vida, de abrazos,
    un grado de excursiones y músicas.

    Poeta, gacela,
    entre la hierba y la zarpa,
    y el amor cuelga, gaviota, más allá
    de las blandas torres, que queman, que bullen
    (dicen que el amor es también la lumbre que cuece
    que todo es un reflejo).
                                                                        
    Cuando el mundo hierva
    nos colgaremos de la argolla del amor,
    contemplaremos las lanchas de extranjeros,
    las lanchas enemigas, juramentadas.
    Serán muy pocas,
    será imposible convencer al navegante,
    con su piel de granito, con sus costumbres tan puras.
    (Habrá que colgar para siempre de la argolla del amor.)

    Cuando todo hierve,
    de humo o de agua,
    sólo queda un camino. 

    (ILIRIA)


    De mi silencio

    Correrá mi voz,
    como el musgo corre por las rocas.
    Y quedará mi voz,
    como queda del invierno el barranco socavado.
    Surgirá lo demás de mi silencio.

    Oscuro manantial, fértil pradera,
    quiero adiestrar mi mano en tu cultivo,
    quiero aprender las reglas de tu arte
    y enmudecer las fauces del titán.

    Como la lengua y la lengua que se acallan,
    quiero rimar el blanco de un papel
    con el grifo cerrado de la fuente.
    Silencios en síncopa, cadencias de muralla.
    Volcaré mi voz
    en otra idéntica que la desmienta.

    Cada grito de amor es una queja.
    Cada canción una prisión de corcho.
    Cada aullido de monstruo
    una cascada intermitente de mercurio.

    Hoy desconfío del silencio de los muertos recientes,
    de las simientes aún no germinadas,
    el silencio no rima con la nada, con la nada reciente,
    con la nada que presencio entre mis quejas.

    Es un acorde de ruidos, el silencio.
    Tan perfecto, tan clásico, tan puro.
    Tan fácil de perder, tan deshojado.
    Armónico absoluto que a todos nos reflejas
    y a todos nos soportas.

    Yo sé que existe un tono primordial
    de siete silencios que gravitan entre sí
    y alrededor del alma.
    Vivir es escucharlo. Callar, enloquecer de vida.
    Sagrados poetas de la Atlántida,
    hoy agradezco vuestros versos mojados,
    vuestros oboes de vinos y burbujas
    me refrescan los labios y me calman la furia.


    Lluvia, lluvia

    La lluvia, entre la fachada y yo,
    desde abajo, un desagüe que traga,
    una garganta muda, una cúpula que revive,
    una pátina de cobre, la ciudad asciende,
    el vendaval que aúna, un pelo de mujer que seca,
    limpia, ahoga, el diluvio interior, una suela
    encharcada, un corazón que cae,
    el cuerpo que baja con las gotas, la respuesta más franca
    es la del jíbaro, aguacero jíbaro
    no me mojes la frente, rompimiento de euforia,
    se deshace la fiesta, la soledad tiene excusa,
    los amantes jíbaros se protegen los cráneos,
    la garganta de luz, la saliva
    es de humo, guerreros encogidos,
    hermandades atlánticas, gime, sacia, socava,
    el refugio más franco es la desnudez,
    desertar de la lluvia es ya desertar, empaparte de gotas
    que se anulan entre sí, que te disolverían,
    como se disuelve el apocalipsis cotidiano
    del regreso.

    Como bruñe los arrozales, con el metal metafísico,
    abajo el fermento, arriba Dios,
    el espejo del agua refleja un volcán invertido,
    una ciudad cayendo, volando, repoblando
    los arrozales, las águilas y el perro cadáver,
    no hay dolor tan franco como el del niño
    o el egoísta, letanía alba de araucarias y tracas,
    abajo un Dios, arriba la tormenta.
    Volverán las gotas a inscribirse en su nube.
    Volverá el poeta a celebrar la metáfora.
    No hay entrega tan franca
    como la del sagrado puerco.
    Las hordas, las naciones jíbaras dominarán la tierra,
    alboradas, se recogen, tempestades, urbes,
    una biblia de comas y paréntesis.
    La lluvia entre la facha y yo,
    un desagüe que traga, una garganta muda,
    desciende la ciudad y yo me siento desnudo,
    un pelo de mujer, ahogo, el diluvio interior, limpia,
    el corazón que sube, arriba Dios, abajo las anguilas,
    la respuesta más franca es la del jíbaro.


    Compañero

    Todo sigue en Ti, todo te explica,
    la mirada vuelta, buscándome tan mía.
    Tú eres, por fin, mi Dios, la compañía,
    un mar de mí, un magma que salpica
    desde el fondo de mí, desde mi centro.

    Te enseñé la soledad yo a Ti,
    los juegos del olvido, el gesto mediante,
    el miedo de ser menos que Tú,
    tan de Dios, el pánico arrogante,
    confundido. Y Tú, tan de mí,
    me acompañaste.

    Oleadas de Dioses, como cisnes,
    vuelan a un país de lagos transparentes,
    yo por mirar, yo por buscar la fuente
    de las transparencias, cierro mis alas.
    Y esa nación de Dioses como balas
    De amor, rectifica su vuelo.

    Rectifico la curva de mi sangre.
    Dios de mis Dioses compañeros.
    Rectifico de hombre y me hundo en tu mirada.
    Con las alas de la tierra, a mi tierra dorada
    de profetas y monstruos,
    hoy os guío, yo el primero,
    entre los Dioses, mi Dios, abro el camino.

    Todo está en Ti, la mirada vuelta,
    esperándome, la voz multiplicante y firme,
    la alameda constante, el cristal traslúcido,
    la suave voluntad,
    la nostalgia de ser.
      


    «Las soledades del monstruo». Una performance de Miguel Ferrando
    http://www.edicionesencuentro.com/ibioculus/numero-08/



    FOTO: Juan Zamora Lamas

    Propongo el juego de las ucronías poéticas.

    Propongo discutir el asombro del mundo antiguo si  Baudlaire  hubiese compuesto sus Flores del Mal en los tiempos en que Píndaro componía sus odas. Igual el griego no cantaría ya nunca los triunfos de ningún atleta, o quizás las Odas Píticas hubiesen sido poco menos que hermosas disculpas por el destino glorioso de héroes o semidioses, no lo sé.  ¿Se imaginan que no supiésemos de ningún Quevedo del XVI y que de pronto apareciesen sus Sonetos auto publicados en alguna editorial casposa del Mexico o del Miami moderno, que a un crítico snob, estelar, de los Estados Unidos de los años setenta, se le ocurriese alabar su fatalismo senequista, su afilada hipersensibilidad, que lo promocionase como canon de modernidad y que usara sus versos para arrasar con toda sensiblería política, con las formas infantiloides y novísimas, los realismos sucios, con los versos de la experiencia, los versos de la insustancia y la autosatisfacción? ¿Se lo imaginan?

    Desconozco qué pasaría si Rumi se levantase de su turístico descanso y volviese con los suyos a hablar de pájaros y profetas, habría que preguntarle a algún personaje de Borges si conoce la historia de un poeta afgano medieval acostumbrado a pasear por el mundo con su AK-47, claro que no. Puede que el juego sea siempre una sandez, porque los versos nacen donde tienen que nacer, cuando tienen que nacer y, quizás, porque tienen que nacer, por eso es tan ingenuo jugar con la historia de la poesía, es tan estúpido como jugar como el alma diminuta de una mosca, necesitarías una religión demasiado sofisticada, el juego quedaría en nada, y habría que inventar músicas con melodías desiertas, sin ritmo, sin tempo, sin fijeza.

    Hubiera sido muy emocionante para mí que Robert Schumann, o el bueno de Schubert, conociesen mis poemas de Las Soledades del Monstruo, claro que tendrían que haber sabido español, y yo tendría que haber nacido hace ciento cincuenta años, y me hubiese gustado que Schumann hubiese encontrado esa melodía perfecta leyendo mi soneto, y hubiese compuesto su gran Diechterliebe con mis versos, o su Frau Liebe und Lebe, y me conformaría con menos, con mucho menos, a Heinrich Heine no le importaría tanto, y a mí sí, yo ya sé que nunca se volverá a componer un Winterrreise o un Diechterliebe, nunca, y ya sé que el tiempo no perdona, la música degenera y mis poemas deberían sentirse plenamente sublimados si a un cantante greñudo le placiese cantarlos  mientras raspa en la guitarra sus acordes de tónica, dominante y séptima, qué remedio, quién se atreve a decir que no es bello aquello que se interpreta con una sonrisa. ¿Usted?

     Eso mismo, el esperpento de las ucronías poéticas, se me aparece cada vez que a una melodía de Schumann le contrapongo un poema escrito por mí mismo. Y cuando el piano, por obra y genio de del gran intérprete, mi amigo Francisco Sánchez, establece la melodía primera de las Goldberg de Johan Sebastian Bach, el embrión de esa trama de prodigios que son las Variaciones, y me atrevo a recitar mis versos, entonces siento que mis sonetos «Todo» y «Nada» desactivan el discurso de Bach, como notas a pie de página que confunden más que aclaran, pero que añaden una vida diferente a la obra, y en un instante te acercan al momento justo en que el gran músico componía esas notas, aunque sólo sea porque te imaginas la cabeza empelucada del genio turingués frunciendo el ceño, mirándome con desesperación, con ira quizás.

    FOTO: Juan Zamora Lamas


    «El poeta escribe por que no puede cantar». Se lo leí a T. S Elliot en algún ensayo poco optimista. Yo llevo años, toda una vida, estudiando canto clásico, su técnica, estudiando a los cantantes, sus estilos, ensañando la forma de cantar, cantando óperas, oratorios, lieder, canciones de guitarra y mantel, y llevo una vida (no sé si la misma)  emborronando versos, completando cuentos, deshaciendo novelas, y puedo jurar que hay un momento en que cuando me dispongo a completar una estrofa, cuando necesito solucionar un enigma lírico, mi instinto me lleva a vocalizar, a calentar la voz, tengo que despertar el diafragma y emitir un agudo con forma de rima asonante y ya hacerle caso a mi garganta hasta el final. Hay también conciertos en que más que cantar tengo que solucionar ese verso que nunca conseguiré acabar, y es por eso que huyo de los clichés, necesito que cada recital, cada representación, sea de algún modo un experimento, un juego, una búsqueda, necesito que sirva para dialogar con el público, obtener, de alguna forma, algo de sentido a la canción, al poema, a la ceremonia de la música clásica, a la alegría inexplicable, casi infantil, de la voz cantada, al antiguo misterio de los versos tristes que, de alguna forma, te devuelven la esperanza.

    Cuando Francisco y yo comenzamos a diseñar este programa considerábamos dos posibilidades; una era la del recital de canto con unos pocos versos de mi último libro Las Soledades del Monstruo, la otra la de una lectura extensa del libro ilustrada con canciones, lieder y fragmentos pianísticos, pero cuando empezó el ensayo quisimos intercalar mis poemas «Soledad» e «Isla», con algún lieder del Dichterliebe, recitándolos sobre el mismo acompañamiento, comprendimos que se podía llegar a otro estadio de interpretación, la música del alemán de alguna manera nos abría los oídos para hacer los versos extrañamente persuasivos, más que un recital aquello se convertía en una conversación, todo se comprendía, hasta lo que yo llamaba ucronías parecían sonar bien…, y Falla, y Ravel, y Rachmaninoff y hasta la introspección de Malher con su poema de Rückert, «Yo me he perdido para el mundo», iluminaban mis propios versos del soneto «Hacia el Silencio», y los tangos de Gardel, y la bossa nova de Vinicius…

    Los recitales fueron recibidos con ese mismo talante de búsqueda, el público se acomodó al diálogo con naturalidad y el resultado fue tan inesperado como feliz, sorprendido, pienso, no sé si por la combinación, por los poemas, por la brillante interpretación de Francisco, o por todo junto.

    Y, no obstante, bendigo y respeto la ley severa que impide que Malher o Schumann levanten la cabeza y se encuentren con todo esto, mis escrúpulos de poeta perfeccionista me obligan a cuestionar cada una de las interpretaciones, todavía se me aparece la imagen del gran Rumi, el Mawlana, el poeta de la mística más humana, eligiendo la palabra perfecta con su kalasnikov al hombro, siempre me ataca esa ucronía, esa idea de la disonancia que nunca se resolverá, pero cada vez me gustan más las disonancias, supongo que porque aún tengo confianza en resolverla con un acorde perfecto, o con un pequeño verso que explique la mitad de mi vida, o con un silencio, una respiración, tan perfecta, que distinga, entre dos compases, la verdadera naturaleza del tiempo que nunca vuelve, o de mi voz.

    FOTO: Juan Zamora Lamas


    TODO

    Alumbrado de ti todo me sobra.
    Arrancado de ti todo se mueve
    hacia la nube que gira y no llueve,
    desde la bruma del sol que da sombra.

    El silencio del alma siempre me nombra,
    siempre gritándome que me renueve.
    Tuerce los surcos, fraguará la nieve.
    Elegido por ti nada me asombra.

    Todo me empuja a un barranco redondo.
    Todo me estrecha en un hilo de espino.
    Todo en la tierra descuaja mi fondo.

    Y entre dos estrellas cuelgo el destino.
    Entre dos amores, preso, me escondo.
    Entre dos abismos, libre, camino.



    NADA

    Cuánto aire, amor, en tu cuerpo caído,
    qué escondido en la luz cuando te veo.
    Qué implacable alma mía mi deseo.
    Qué afilado el metal del sinsentido.

    Es la nada que llora, convencido
    de ti, cuánta oración, ¡cuánto te creo!
    Qué callada unidad y qué apogeo
    de amor, y qué aire desde ti nacido.

    ¡Cuánto sobran, amada, los colores!
    Si supieran mirarte, si entendieran,
    si supiesen reírse de tu nada

    y vagar al infierno de las flores.
    ¡Cuánto sobro entre ti! Si descubrieran
    lo que pesa mi voz desesperada.



    CANTO DEL CAMINANTE

    Canto a la fragilidad de un día
    que a miradas y vientos me construye.
    Canto a la levísima noche
    que callando me disuelve.
    Canto al fuelle de los tiempos
    que alegró mi pulmón con alamedas.
    Canto al ahogo del recién nacido
    y al concierto fraternal de los desesperados,
    su pulso, enroquecido, me renueva.
    Canto al vuelo del avión que nunca baja,
    que perenne me miente, humilde, ennubecido.
    A la negra mar de puertos y tormentas,
    hundidora implacable, madre,
    en tu mortal vitrina me reflejo.
    Canto al silencio milenario de una roca
    que inmóvil levantó los continentes
    Canto a la eterna sinrazón que contamina
    y extingue las verdades blancas.
    Canto a la explosión futura,
    a la nada leal que nos acoge.
    Canto a un gesto escondido, canto de amor,
    cayendo en mí, a mi voz, como la nieve.
    Y al verso que no entiendo, canto de vida,
    que arrope con su acento mi furia caminante.

    Canto al príncipe de los desiertos,
    tuya es la raza, el fuego y el poema,
    tu soledad alienta las naciones
    y una negra visión de multitudes
    te desgarra la espalda con sus uñas.
    Para ti son las notas más altas de mi voz,
    más allá del rugir del monstruo humano.


    ILUSTRACIÓN: María Isabel Zoya Cerrudo




    EL MIRLO AZUL

    Sólo ya recitar mi despedida,
    como el mirlo que canta desde el suelo
    sin poder respirar, preso en el duelo
    de una miga de pan desconocida.

    Preso en su soledad y de por vida,
    lejos de la razón, lejos del cielo,
    como ese mirlo azul del desconsuelo
    me consagro y me encierro en mi partida.

    Como nadar en nubes de amapola,
    a rastras, por buscar, por desangrarme.
    Como el hijo de un viento que me inmola,

    si me quedo a dormir amortajadme,
    inscribid mi epitafio en cada ola;
    mi destino es seguir y atragantarme.

    ILUSTRACIÓN: María Isabel Zoya Cerrudo


    LAS COPLAS DEL RUIDO

    Por las venas de mi alma
    fluye el silencio,
    cuando pincho mis versos
    acallo al tiempo.

    Acordeonista que vienes de fuera
    córtame la hemorragia,
    improvisa a un millón de pesetas
    la cantinela de mi nostalgia,
    toca, yo te la pago,
    que he vendido una Virgen llorando
    y un ángel descabezado.

    Por forzar la garganta
    perdí una vida,
    quien se muera gritando
    que me lo diga.

    Camposanto del cielo de Liria
    destitúyeme al guarda,
    que hay un vivo tan vivo que envidia
    la muerte de las cigarras.
    Padre dame un respiro,
    en cuanto firme estos versos
    me voy contigo.

    El camino del alma
    no se revela,
    se descubre muriendo
    muertes de seda.



    SOLEDAD

    Como el agua del mar entre mis manos
    forzada a liberarse, gota a gota,
    mi perezoso andar nunca se agota,
    ni se agota el silencio, ni el secano.

    Sagrada soledad, dulce pantano
    que alimentas de amores mi derrota,
    desentierra el cristal por donde brota
    el constante rumor, el trueno humano.

    Como el agua del mar que descoyunta
    la mañana, la flor o el continente,
    secreta relación, oscura fuente,

    hacia ti desenvuelvo mi pregunta,
    hacia ti, soledad que me consiente,
    brújula del corazón, ángel ausente.







    -


    0 0
  • 10/26/16--03:44: TAŤJANA LEHENOVÁ [19.380]


  • TAŤJANA LEHENOVÁ 

    Nació el 23. 1. 1961 en Bratislava, Eslovaquia.

    Su poesía se dio a conocer por su enfoque provocativo y explícito que no rehúye de tratar los temas más controvertidos del momento. Debutó con el poemario Para la alta sociedad (Pre vybranú spolo?nos?, 1989). Se trata de una rara avis dentro de la literatura postrevolucionaria. Sus versos directos y llenos de erotismo agitaron la escena crítica literaria de su época. Construye subversivas metáforas a partir de frases hechas muy arraigadas en la tradición eslovaca. Al igual que Peter Macsovszky critica el exhibicionismo intelectual. Su poesía está plagada de juegos del lenguaje y exportó este aspecto lúdico a su faceta como creadora de libros infantiles. Actualmente vive en Praga y trabaja como abogada.

    Poesía

    Pre vybranú spoločnosť (1989)
    Cigánsky tábor (1991)
    Medzi dvoma domovmi 1. Antológia slovenskej poézie v zahrani?í, Vydavate?stvo Matice slovenskej, 2008 (colaboradora)

    Literatura infantil

    Je Miška myška? (1991)
    lehenova_pre_vybranu_spolocnost



    Traductora Petra Pappová 
    http://www.edicionesencuentro.com/ibioculus/numero-07




    PERROS CALLEJEROS

    Empiezo a entender a los perros callejeros.
    No son culpables
    de estar sucios y sin pelo, antipáticos. 
    Empiezo a fijarme en los viejos solitarios.
    Tampoco son culpables 
    de ser unos gruñones y unos borrachos, unos dejados. 
    Empiezo a ver no sólo las hojas frescas 
    en los árboles, 
    sino también su corteza quebrada. 

    Algo me ocurre 
    y no profetiza nada bueno.
    Para la alta sociedad, Slovenský spisovate?, 1989




    TÚLAVÍ PSI

    Za?ínam chápa? túlavých psov. 
    Nemôžu za to, 
    ke? sú špinaví a vyp?znutí a nesympatickí. 
    Za?ínam si všíma? osamelých starcov. 
    Tiež nemôžu za to, 
    že sú hundroši a pijani a spustlíci. 
    Za?ínam vidie? okrem mladého lístia
                                              na stromoch 
    aj popraskanú kôru. 
    Nie?o sa so mnou deje, 
    a neveští to ni? dobrého.
    Pre vybranú spolo?nos?, Slovenský spisovate?, 1989




    LA ALTA SOCIEDAD

    Me han entrado ganas  
    de una pequeña tarde social; 
    sólo para la alta sociedad. 
    En la puerta cuelgo carteles: 
    ¡No molestar!
    No estamos en casa,  
    ¡estamos durmiendo y pintando!
    ¡Cerrado para todos!

    Ya deseo encender la vela, 
    poner la música muy bajito, 
    llenar un vaso de tinto 
    y con un libro tirado de cualquier manera junto a mi mano,
    empiezo el diálogo con los invitados – 
    vuelta hacia mí misma.
    Para la alta sociedad, Slovenský spisovate?, 1989



    VYBRANÁ SPOLO?NOS?

    Dostala som chu? 
    na malý spolo?enský ve?er; 
    len pre vybranú spolo?nos?. 
    Na dvere vešiam cedu?ky: 
    Neruši?!
    Nie sme doma,  
    spíme a ma?ujeme!
    Zatvorené pre všetkých!

    Už sa teším, ako si zapálim svie?ku, 
    pustím hudbu celkom tichú?ko, 
    nalejem pohár ?erveného 
    a s knižkou, položenou len tak ledabolo pri ruke, 
    za?nem rozhovor s pozvanými – 
    obrátená do seba.
    Pre vybranú spolo?nos?, Slovenský spisovate?, 1989



    Respiración de un recién nacido

    ...la resurrección pacífica, 
    personal: el hedor 
    del aburrimiento – omnipresente, incluso entre las rodillas, 
    en el orinal, huella de un sue?o detenido;
    las ma?anas son como la mirada 
    de un santo: sosiegan, 
    anestesian toda la mezquindad asfixiante 
    con la premeditada locura de la juventud: la Niebla envuelve dulcemente 
    al demonio, le lame la cara con lengua templada y 
    devora su cabeza...

    Los ácidos serpentinos que me tienen en jaque como 
    al cordero de Dios, ovejita – cada palabra mía es sólo 
    un blanco: “Bééé...” 

    Aquí aprendo a percibir también el vacío 
    entre las partículas del aire, 
    el vacío autónomo; no ése que sigue luchando 
    por mí dentro de mí.
    No hay lugar para la feminidad, opulencia sin sentido, 
    trasto, bazofia – la puedo dejar tranquilamente 
    dentro del espejo. No me van a ayudar 
    las garzas en los ojos, se?aladas por la sal, delante de la majestuosidad 
    del mar, tan espantadas, no me va a ayudar 
    ni la capacidad de escuchar – el silencio absolutamente trillado
    de la casa se ríe desalmadamente de mí...
    ¿Qué es lo que quiero en realidad? ¿Qué es lo que deseo absorber? 
    (¿Acaso tú lo tienes y yo no?)

    Nubes grises – tempo calmado – comen el cielo
    que pese a eso perdura... La pleamar incesante
    del talante de un tiburón, la tentación como un instante 
    de maldad, la viga en el ojo súbitamente alejado, 
    cieno – miedo – reproche...
    Estoy aquí sólo por estar (dice una peque?a nube), 
    ejecuto una idea corta: ser. 
    No es nada, ni es todo, 
    sólo ir, ir, ir... eso me parece.
    Cigánsky tábor, Slovenský spisovate?, 1991



    Nádych novorodenca

    ...nenásilné súkromné
    zm?tvychvstanie: zápach
    nudy – všade, aj medzi kolenami,
    v no?níku stopa stopnutého sna;
    rána sú tu ako poh?ad
    svätca: upokojujú,
    vyštípavajú všetku dusivú úbohos?
    zámerným ošia?om sviežosti: Hmla sladko obalí
    démona, prejde mu vlažným jazykom po tvári a
    odhryzne mu hlavu...

    Hadie kyseliny ma držia v šachu ako božie
    hoviadko, ove?ku – každé moje slovo je iba
    biele: „Bééé...“

    Tu sa nau?ím vníma? aj prázdno
    medzi ?asticami vzduchu,
    nezávislé prázdno; nie to, ktoré stále
    vo mne o m?a bojuje.
    So ženskos?ou je amen, nezmyselný prepych,
    haraburda, brak – môžem ju pokojne necha?
    v zrkadle. Nepomôžu mi
    volavky v o?iach, slano pozna?ené, pred majestátom
    mora, také splašené, nepomôže mi
    ani schopnos? po?úva? – totálne opo?úvané ticho
    domu sa mi bezcitne vysmeje...
    ?o to vlastne chcem? ?o túžim vstreba??
    (Ty to možno máš, a ja nie?)

    Sivé mraky – pokojné tempá – jedia oblohu,
    ktorá aj tak zostane... Neustály príliv
    žralo?ej nálady, pokušenie ako moment
    zla, strmina v oku náhle vzdialenom,
    kal – strach – vý?itka...
    Som tu len preto, aby som bol (hovorí malý mrak),
    realizujem krátky nápad: by?.
    Nie je to ni?, nie je to ani všetko,
    iba pohyb, pohyb, pohyb... zdá sa mi.
    Cigánsky tábor, Slovenský spisovate?, 1991








    .

    0 0
  • 10/26/16--03:57: IVAN KOLENIČ [19.381]

  • IVAN KOLENIČ

    Ivan Kolenič (Nació el 22 Enero 1965 en Zvolen, Eslovaquia), es un escritor, poeta y artista eslovaco.

    OBRA:

    Prinesené búrkou (1986, poézia )
    Rock and roll (1990, poézia)
    Pôvabné hry aristokracie (1991, poézia)
    Mlčať (1992, román )
    Porušenie raja (1993, trojnovela)
    Slasti anarchie (1993, poézia)
    Korienky neviditeľnosti (1994, poézia)
    Ako z cigariet dym (1996, román)
    Nespíš a nežne zapieraš (1997, poézia)
    Jeden úsmev stačí (1999, novela )
    Na výslní (2003, poézia)
    Daj zbohom básneniu (2004, román)
    Putovný blázinec (2004, básnická skladba)
    Nožnice (2005, román)
    Zuzana povedala (2007, poézia)
    Morálne pohodlie (2013, román)
    Až do nirvány (2014, román)
    Krajšie ako hriech (2015, štyri prózy)


    Traducción: Petra Pappovà



    El primer libro de poemas de Ivan Kolenič, Traído por la tormenta (Prinesené búrkou, 1986), supuso un soplo de aire fresco en el panorama literario de la poesía joven de la Eslovaquia de los años ochenta. Sus versos destacan por su espíritu intimista, espontáneo y bohemio. Se trata de un personaje individualista que siempre pretende evitar las convenciones. Algunos de sus más directos referentes son la generación beat y el surrealismo. Su poética se detiene en lo aberrante, lo bárbaro y lo decadente. Sin embargo, bajo esta fachada de estética corrupta se esconde un delicado estudio del comportamiento humano en el que una caricia puede dar sentido al mundo.




    ¿POR QUÉ ME CALLO?

    Aguardar, esperar ansioso...
    Cualquiera tiene ganas de volverse perfectamente loco, 
    crujirse la lengua sin parpadear, 
    encerrarse en el baño. 
    Estamos condenados a la espera... 
    ¿Por qué me callo cuando sé 
    que necesitas escuchar mi voz pecaminosa, 
    lo que sea, una nota, la quiebra del corazón? 
    ¿Por qué por lo menos no digo lo siento 
    si ayer te hice tanto daño?

    En el apogeo, Ikar, 2003



    PRE?O ML?ÍM?

    Úzkostné vy?kávanie, ?akanie... 
    Hocikto má dnes chu? zblázni? sa dokonale, 
    bez mihnutia oka pochrúma? si jazyk, 
    zamknú? sa v kúpe?ni. 
    Sme odsúdení na ?akanie... 
    Pre?o ml?ím, ke? viem, 
    že potrebuješ po?u? môj hriešny hlas, 
    hoci?o, notu, srdcový krach? 
    Pre?o nepoviem aspo? prepá?, 
    ke? som ti v?era tak ve?mi ublížil?

    Na výslní, Ikar, 2003




    LOS LAMEDORES OBSERVANDO EL HORMIGUEO DE LA PIEL

    Con sus propios ojos venosos 
    husmean en casas ajenas 
    los agujeros intangibles 
    de las almas blandas de los simpatizantes. 
    Sospechan algo...
    Les cautiva la tosca pureza 
    de los bichos irresponsables
    en los escupitajos escarpados y mudos 
    de los escondrijos abuhardillados...
    Y son más sensuales que yo; 
    soplan sobre pezones de corteza, 
    untados ligeramente en confitura de diente de león. 
    Sí, sospechan algo...
    Con la uña sacan hormigas negras del suelo, 
    desmiembran a las hembras 
    y observan el hormigueo de la piel  
    en el resto de sus cuerpos ardientes.

    Traído por la tormenta, Slovenský spisovate?, 1986




    LÍZA?I SLEDUJÚ MRAV?IE ZIMOMRIAVKY

    Vlastnými žilnatými o?ami 
    v cudzích bytoch sliedia 
    po nedotknute?ných otvoroch 
    v mäkkých dušiach prívržencov. 
    ?osi šípia...
    Opantáva ich hrubá ?istotnos? 
    nezodpovedných chrobákov 
    na hrbatých nemých p?uvancoch 
    podkrovných skrýší...
    A sú zmyselnejší ako ja; 
    fúkajú na kôrnaté bradavky, 
    ?ahko potreté lekvárom z púpav. 
    Áno, ?osi šípia...
    Nechtom vyberajú z podlahy ?iernych mravcov, 
    odnožujú sami?ky 
    a sledujú zimomriavky 
    na zvyškoch ich horúcich tiel.

    Prinesené búrkou, Slovenský spisovate?, 1986



    TRAS LA FIESTA

    La fiesta no salió bien. Bebida como ántrax, 
    a las mujeres se les disipó el perfume antes que las burbujas. 
    Despedidas, bienvenidas, cambios, repeticiones, 
    no sé, siempre ha sido así – 
    como en un mal poema, al contrario, escabrosamente, 
    y no me apetece hablar sobre necios accidentes.
    El alarido del reloj corrige el momento 
    del día naufragado, 
    cualquiera tiene tiempo y voluntad para llegar hasta el final, 
    yo no, no importa, 
    ¡pero de repente ya ni tengo miedo!
    En el apogeo, Ikar, 2003




    PO VE?IERKU

    Oslava nevyšla. Drink ako antrax, 
    parfum ženám vyprchal skôr ako bubliny. 
    Rozchody, vítania, zmeny, kolobeh, 
    ja neviem, vždy to tak bolo – 
    ako v zlej básni, naopak, hrbo?ato, 
    a nechce sa mi vravie? o pochabých úrazoch. 
    Vreskot hodín opravuje chví?u 
    stroskotaného d?a, 
    hocikto má ?as a vô?u dospie? ku koncu, 
    ja nie, nevadí, 
    ale nemám už zrazu ani strach!
    Na výslní, Ikar, 2003


    http://www.edicionesencuentro.com/ibioculus/numero-07/










    0 0
  • 10/26/16--04:47: ARSEN MIRZAEV [19.382]

  • Arsen Mirzaev

    Arsen Mirzaev nace en 1960 en Leningrado, Rusia. En años 1989–92 frecuenta la Universidad Libre de Leningrado (cátedra de poesía). Desde principios de los años 80 estudia teoría y práctica de la vanguardia literaria rusa del primer tercio del siglo XX. Sus poesías, ensayos y artículos se publican en revistas y antologías en Rusia y el extranjero. Autor de 15 libros de poesía, sus poemas han sido traducidos a las principales lenguas europeas y también al rumano, finlandés, checo, polaco y chuvache. Laureado en los festivales moscovitas de verso libre (1991 y 1993), obtiene el premio internacional David Burliuk (2006) y el premio Avanmart Parni. Es miembro del consejo de redacción de las revistas literarias Zinziver, Futurum Art y Deti RA.

    Animador de la escena cultural de San Petersburgo, organiza semanalmente la tertulia literaria del café Vieja Viena, a dos pasos de la avenida Nevski, lugar de encuentro histórico de la generación vanguardista anterior a la revolución.


    Arsen Mirzaev: reseña biográfica y traducción poemas, por Milagrosa Romero Samper

    Esta es la primera traducción al español de una selección de poemas elegidos por  el autor mismo para esta edición.
    http://www.edicionesencuentro.com/ibioculus/numero-06/





    Arsen Mirzaev (dcha.) y Milagrosa Romero (centro) junto a algunos amigos comunes en el café Vieja Viena de San Petersburgo
    FUENTE: Milagrosa Romero


    Arsen Mirzaev
    Otro respiro (selección de poemas)


    FE DE VIDA LABORAL

    el hombre
    que tiene todo de los otros:
    el paso de un aparejador
    la sonrisa de un descargador
    las costumbres de un empleado de museo
    la habilidad de un auxiliar de laboratorio
    el horizonte de un fogonero
    el encanto de un barrendero universitario
    la complacencia de un bombero
    la timidez de un ingeniero
    la arrogancia de un cartero

    y sólo el alma
    es mía




    LA SOCIEDAD Y YO

    en el alma soy un artista
    me exhibo
    cada segundo-cada momento
    ante los más diferentes
    auditorios
    la reacción
    cada vez
    es inmediata
    un fuerte aplauso
    con una sola mano




    *


    nos arraigamos en la muerte gradualmente
    tú lo llamabas vida…


    *


    … y el cuarto
    esta llenísimo
    de ti
    de tu respiración
    de tu voz
    de tus pasos



    *


    corto susurro agudo
    – es la lagartija
    largo y redondo
    – la serpiente
    mi voz la reconozco
    sólo por el timbre
    del silencio



    *


    páginas quemadas
    hojea el viento
    el corazón blanquinegro
    de alguien
    humea



    *



    es infantil
    todo lo que se hace eterno:
    el recuerdo
    la muerte
    la esperanza



    *


    vuela y se deshace vuela
    se deshace vuela y se deshace
    y de nuevo emprende el vuelo 
    y florece
    a mi mismo




    NADA

    (novela en letras)

    1

    no hay
    nada
    más

    2

    no hay nada
    más 
    que tú

    3

    más que tú
    nada
    hay

    4

    que tú
    más
    no hay

    5

    más
    nada




    *

    salgo de un crepúsculo
    caigo en otro
    exactamente igual
    no distinguir

    el día antes del alba del ocaso
    es bueno
    para
    los suicidas
    poetas
    amantes de la masturbación

    así
    el blanquecino
    crepúsculo de Petersburgo
    vulgar
    como los zapatos
    de la fábrica “Pies veloces”
    elemental
    como el As

    antesala de la vida
    que pasa en
    a n t e m u e r t e …




    TIEMPO PARA-LLEGAR

    dentro de un año
    mi madre
    será más vieja
    que mi abuela
    que murió en el 59

    dentro de un año
    mi hermana
    será más vieja
    que Mozart Rimbaud
    y Alexander Sergueivich
    Pushkin

    dentro de un año
    yo 
    seré más viejo
    que Jesucristo…
    si pudiera sobrevivir
    hasta mañana

    Verano 1992




    LA VIDA

    viene
    se va
    existe en forma
    de muerte infinita




    LA MUERTE

    la ausencia
    del vacío
    en el vacío




    SILENCIOS

    a Ghennadij Ajghi

    u n o

    las palabras fluyen
    como un río
    el alma calla

    d e   n u e v o   u n o

    las palabras
    como la última gota se desprenderán
    y caerán
    ella hablará

    o t r o

    la otra alma
    vivirá
    en silencio
    grande
    en el río
    en la última
    gota

    1991




    INTERPELACIÓN

    decido
    tutear 
    al árbol
    y le digo
    ¡eh, tú, árbol!

    y él
    sale de si mismo
    y viene a mi
    con su lento
    paso de olmo

    tiene una sonrisa
    algo enigmática
    de Mona Lisa





    VOCES

    a Oleg Osipov

    1

    dicen
    que los poetas
    inspiran oxígeno
    expiran
    poesías poemas y guirnaldas de sonetos
    ¿por qué hay tan pocos
    poetas buenos y originales?
    ¿carencia de oxígeno?

    2

    dicen
    que los poemas nacen
    de la nada
    cuánto vacío hay alrededor
    sobre todo
    alrededor de los poetas


    *


    ¡ahí está sentado, alto, ruidoso!
    (D.H. Lawrence)


    él sigue sentado ahí
    alto y ruidoso:
    muy alto –
    entre la tierra y el cielo
    no encuentra sitio
    demasiado ruidoso – 
    junto a la orquesta de percusión
    estallan los tímpanos

    yo sigo caminando y caminando
    por la tierra – con piernas
    con argollas de piedra – por el agua
    con mirada pálida
    de ojos quemados por el sol –
    por la bóveda celeste
    como por la nariz gris-azulado de un borracho
    la mosca de Sísifo

    así es nuestro destino

    el de él – estar sentado AHÍ
    hasta el final de los tiempos
    alto y ruidoso
    con el signo de exclamación

    el mío – enrollar
    mis terrenos marinos y celestes
    kilómetros
    vuelta tras vuelta
    mientras sigue sentado
    alto-y-ruidoso! –
    el símbolo de la salvación
    de la pequeña
    silenciosa
    muerte


    *


    las arrugas
    en la piel del nonagenario
    Robert Frost
    en la maleta
    granos de agitación
    de frío
    de perplejidad
    de desesperación
    la imagen en relieve
    de los latidos del corazón



    *

    se agita
    el Ponto Euxino
    se encabalgan
    sus olas plomizas
    bajo su piel de goma
    como los músculos
    bajo mis pómulos.
    vivimos con el Ponto
    en sinusoide
    más – menos 
    vuelo – caída
    alegría – dolor
    vida – muerte





    ÉXODO

    la cara en tres cuartos
    a la luz
    hacia el vuelo
    de la mariposa

    la vida en tres cuartos
    de la mariposa
    la ligereza que vuela rápido

    después de ella
    empieza
    la ascensión
    con la velocidad
    d e l   o t r o
    mundo




    NO-ENCUENTRO

    esto no es sólo la muerte
    y la espera
    de su inicio

    esto no es sólo la vida
    y la espera
    de su fin

    cada vez
    esta es la vida y la muerte
    de la fe
    del amor
    y de la esperanza
    en el nuevo
    único
    más bello del mundo
    no-encuentro




    ENTONCES…

    a M.I.G.

    cuando entienda
    como aprendí
    a no tener miedo de esta vida
    te mandaré un telegrama:
    estoy muerto

    *



    solo había:
    el silencio de las palabras
    la quietud de los sonidos
    d e   l a   m u e r t e
    la respiración sagrada


    *


    a Nikolai Dronnikov


    1

    aprendo
    a hablar
    en la escuela
    de los mudos

    2

    me sumerjo
    en silencio
    profundo –
    no por soberbia
    por humildad
    ante
    el Señor Palabra









    .






    0 0


    ROXANA JÉSICA MOLINELLI

    Roxana Jésica Molinelli nació en agosto de 1983 en Quilmes, Provincia de Buenos Aires, Argentina. Es socióloga y  trabaja en el Ministerio de Trabajo y en la Universidad de Bs. As. en temas de género y  estudios sociolaborales. Desde 2014 participa en talleres de escritura creativa. En junio de 2016 publicó su primer libro “las mañanas, el deshielo” por el Sello Editorial El Ojo del Mármol.




    Del libro “las mañanas, el deshielo”,  Ed. El Ojo del Mármol, 2016



    Remiserías con dos horas de espera     
    y ningún colectivo a la redonda.
    Sólo queda caminar.

    Respiro aire
    de chalecitos de tejas
    quiero la casa grande con patio
    y mesa de piedra
    sobre ella un frasco de mermelada
    con agua lleno de flores
    de esas doradas y púrpuras
    que crecen
    silvestres al ras del suelo
    mate pan casero
    olor a pasto recién cortado.
    Pero si la tuviera ya
    ¿sería  el hogar
    de chimenea y ventanas abiertas
    con caminito
    y dos árboles en la vereda?
    ¿O las flores
     sólo serían yuyos amarillos y violetas
    traídos por algún chico
    en un domingo familiar
    tiradas por ahí
    como una ofrenda fingidamente consentida?

    Camino
    tengo que seguir.

    Ahí crían y venden plantas, es un vivero, al fondo hay una casa.
    El lugar es un vivero con casa en el fondo.
    Eso allá no se ve,
    no se huele a palo santo 
    de hornillos de cobre
    colgados en galerías de tardecita.

    Media hora caminando
    al fin subo a un colectivo.

    Tengo miedo de verlo. Si lo cruzo
    darle un abrazo agradecido y suave
    callar y entendernos
    dejarlo ir.
    Sé que no podría
    si hoy subiera al colectivo
    verlo de frente,
    el mundo muerto.

    Ya pasó
    ya pasé por la puerta
    y nada pasó.


    Cruzo el puente
    el verano
    no era sólo calor quieto
    de las dos de la tarde
    era también un vértigo
    matar o morir
    en el fondo lo sabía
    lo supe en un tren bajo tierra
    en la constancia sin paisaje
    vidrio y aire sin flor

    subo

    existís.

    *



    La única foto que tenemos
    de nosotros
    la imprimí en casa
    en una hoja común,
    quedó bien sin marco debajo del potus 
    y según cómo le da el sol
    se trasparenta el jardín de raíces acuáticas.
    Es hermosa de papel
    todavía.   
    (De una serie inédita)




    El gran árbol lamenta

    No es fácil hacer bonsáis
    de baobabs, lo sé.
    Quisiera ser bonsái
    pero no puedo
    crezco abrupto sin remedio, mi corazón
    es un planeta diminuto
    conquistado
    por raíces salvajes.



    Desierto

    Ahora este mar seco
    esta conformidad.
    Supe ser
    selva, remolinos,
     y a veces una barca
    o un aljibe emergen
    como una botella lanzada al océano
    para que alguien comprenda.

    Tempestades marinas
    o tormentas de arena, el viento
    siempre es el mismo. 




    Un asteroide entiende

    Creí que no era necesario buscar 
    el calor de otro,
    creí en la fuerza
    de generar la propia luz.
    Pero aunque floten los planetas
    todo tiene una raíz,
    incluso la pureza
    necesita
    descomponerse en algo.



    *



    Por los costados la cordillera envuelve
    un valle de acequias,
    sin tele
    ni señal
    ni costumbres de tumulto.
    En la cabaña
    limpiamos el polvo de un baúl viejo
    y lo abrimos.
    Llegan criaturas que hablan de lo simple.
    De la mano humana
    un par de casas
    y el camino que sale largo
    a una ruta a otra provincia.



    *



    De chico te obsesionaba la altura de los ríos
    ¿Qué tan lejos está el fondo, a mí me tapa?
    Vamos en taxi y el chófer explica
    que el Paraná del Chaco
    tiene laderas blandas
    la tierra se desliza
    por eso no hay balneario ni costanera
    afirma él que sabe y yo siento
    que algo esconde o desconoce
    el río.
    Al cruzar el puente dice ¿ven?
    Y lo que vemos son rocas
    ya no hay barro, atardece
    el río intuye una distancia
    la lejanía del mar
    la extensión de su cuerpo
    que dos profundidades pueden tocarse
    y no hay ahogo
    que el mar está ahí
    aunque no lo vea.


    *



    ¿Y si pudiéramos convertirnos en luciérnagas?
    Soles minúsculos
    brotando
    en coloraciones nocturnas.
    ¿Se puede perdonar el abandono
    o somos una herida que va y vuelve?
    ¿Y si pudiéramos convertirnos en luciérnagas?
    Amar lo que nos deja
    que los recuerdos sean desfiles
    donde las formas que el mundo toma
    pasen
    desentendidas de este centro.
    Admirar la tierra
    como una magia desvaneciente,
    como augurios
    titilantes
    en el aire.








    .

    0 0



    AMALIA MERCEDES ABARIA

    Nací y vivo en Buenos Aires, a la que amo. También amo Córdoba, Mendoza, Santa Fé, Mar del Plata…y tantos otros lugares…(Roma, Barcelona, Segovia, Ceé…)
    Licenciada en Sociología (UBA)
    Estudié Análisis Transaccional y Grupos Operativos, entre otros estudios. En el ámbito profesional me especialicé en Prevención de la Salud Coordiné y coordino Talleres para Dejar de Fumar.
    Estudié Italiano en la Dante Alighieri .
    Siempre fue lectora y desde joven escribí, fundamentalmente poesía.
    También amo la pintura y tardíamente concurro al Taller de Jorge Mansueto (M . Sívori)

    CAMPO LITERARIO:

    Obras publicadas (Poemas)

    1984: “DEL LADO DE LA VIDA” (prologado por el poeta Atilio Castelpoggi)
    2009. “CAMINOS” Botella al Mar.(Comentarios:Graciela Capacci y presentación Alejandrina Devescovi y Adalberto Polti.
    2013, “EL MUSGO Y LA CALMA”

    Participé activamente de los talleres literarios del poeta Atilio Castellpoggi (SADE)
    En el año 1985 integré los encuentros de Poesía Joven, dirigidos por Daniel Giribaldi.
    Primer premio de Certamen de Poesía, nivel nacional, organizado por el Club Argentino de Merlo (1984, jurado Antonio Aliberti)
    Mención especial a autores extranjeros otorgado por la Associazione siciliana per le Lettere e le Arti por mi Poema: Intimidad oculta, ( traducido al italiano )
    Dirigí el Taller de Poesía de la Casa de Cultura de Merlo (Bs. As.) (1984-1986)
    Integré el Jurado de poesía en el Certamen organizado por la Municipalidad de Merlo (1985)
    Publiqué en varios suplementos de diarios del interior (El Litoral, Azul, etc.)




    Camminiamo una sera sul fianco di un colle,
                            in silenzo. Nell’ombra del tardo crepuscolo…
                                                                                      Cesare Pavese

    MONTEGIORDANO

    Subimos por la colina hacia Montegiordano.
    Y estamos en silencio.

    Subimos por la colina y la lluvia cae
                                                   en nuestro pequeño mundo.

    Arriba duerme una nostalgia de los que no están,
    de los que lloran este rumor,
    el triste espacio de la tierra viva,
    las infinitas estrellas de un cielo perdido para siempre.

    Si fueran campanas o un Angel,
    pero son las cabras, tibias en la montaña sola,
    y uno evoca al campesino que lloró hace tiempo
                                                   también solo.

    Si fuera la muerte la que avanza
    o el despiadado silencio que no cesa,
    pero es un hombre
    buscando algo que fue sangre, algo que fue tiempo,
    algo de su corazón perdido.

    Y el polvo se levanta alrededor.

    Pero ya llegamos, suelo, madre, punto.

    Se descubre un poco de muerte, lejana…

    Y pensamos en los otros, en los que no están



    ECLIPSE

    Es noche afuera, todos miran el eclipse
    y la luna se esconde, se agazapa
    se aniquila .

    La hora exacta, precisa, fue proclamada,
    anunciada, publicada,
    con una estridencia de agujas
    saliendo del televisor
    y todos quieren ver, ver,
    olvidar un poco los restos de martillo
    de un día interminable.

    Los perros de la noche, los que ambulan todavía
    en el fondo de un hueso desolado
    no ven , no saben que un velo, un pedazo de luna
    cubre su perfecta soledad.

    Noche de vértigo hacia la nada,
    la cornisa donde los gatos también miran  la luna
    la misma noche entera se evapora y cae
    en un absurdo pecho de los que lloran.

    Qué hay más allá?
    Quién escucha las lejanías tristes,
     el pasado que aparece antes de dormir
    una pared o un techo abriéndose a la memoria,
    quién sigue mirando el recorrido de una luz que no fue?

    Oigo tus pasos que se arrastran,
    (estás cansado)
    y vamos a dormir.



    PARA NADA

    Los perros vagabundos llevan una máscara
    para que nadie los asuste.

    Vuelven de la noche, con algo de quebranto.

    Y van hacia la noche
    con sus pasos de piedra, como fugándose.

    En una estación cualquiera, se derrumban

                            Y miserables, partirán hacia un sueño pegado a la basura.



    SOLO, SUS HUESOS

    Sin sucesos, ahora, y nada
    tiende su superficie desplazada
    hacia abajo, irregular apoyo
    de sus manos, piernas, todo
    lo que antes fue
    ahora, tristemente apoyado.

    Y con esa expresión inexistente
    de amapola triste,
    de visaje ausente
    siente que el cielo es para él.
    Es su descanso.
    Casi en la tierra, a la deriva,
    las viejas clavículas duermen
    porosamente frías.
    Todo el andamiaje del antiguo pecho
    en latitud horizontal
    plana, desolada.

    Cada partícula fue sueño,
    luz, arrojo.
    Luego, la transformación, sequía.
    Quién vería estas sustancias,
    firmes estacas, extendidas
    en un letargo óseo y blanco.

    Si en su dolor apareciese algo
    un gesto, un movimiento
    o toda su gran pena
    sepultada,
     pero el silencio avanza
    y no hay forma de leer el epitafio. 



    Dedicado al Aguaribay

    Con tu caudal de copa espesa,
    con tus bordes de delicadas plumas pendulares,
    con tu enorme curva de copa que cae,
    llegas al perfecto mundo de la espera.

    Como un manto de pequeñas cascadas, las breves hojas,
    penden su silencio de árbol cóncavo,
    como la sombra,
    la sombra que abajo se derrama
    y nutre la fina alfombra del suelo seco.

    Si el pájaro busca su refugio
    o cuando la lluvia late su honda transparencia
    en las pequeñas ramas,
    apenas la inmóvil forma se desplaza,
    desgajándose apenas.

    Sólo el viento hamaca definitivamente
    su multitud infinita
    y parece, entonces,
    un muelle solo y perdido.




    NECESIDAD DEL SILENCIO

    La mansedumbre de ayer,
    mira en la intemperie
    un espacio ajeno
    que también fue mío
    (y no te escucho).

    No son susurros
    ni restos de un  orden  humano
    llegando o caminando
    o dando voces,
    no,
    son agujas, hienas
    chillidos girando sin paciencia
    motores
    despertando a mordeduras.

    Las sirenas, son aullidos,
    penas?

    Avanzan
    con su cuchillo  negro
    y no hay sobrevivientes.

    Como agujas, sí,
    en esta atmósfera triste
    de papel quemado
    y estos ganchos,
    estos ganchos
    sobre la serenidad,
    (y no te escucho).

    Así fue temprano
    en la mañana
    y se aproximan ahora
    nuevos arpones:
    llegarán a tiempo
    de cerrar todas las capas,
    los oídos, las cerraduras
    los niveles todos,
    casi, de la serenidad.




    ALREDEDORES

    También amo el entorno cercano a la tumba de mi padre,
    la avenida, las casas sencillas
    los árboles que cercan la muralla donde se esconde
    el tibio cielo donde vives.

    Siento que caminamos cómodos por aquí
    ¿no somos muerte, también?

    Tierra, futura tierra que ahora yace plácida,
    amorosamente cansada,
    sin embates, sin un dolor que sí hay afuera,
    un dolor caído y vencido
    como el de las rosas que acompañan tu morada.

    Pero amo este pequeño banco de cemento,
    la piedra gris que cubre el inmóvil corazón
    el anónimo pájaro que canta en una noche lejana.

    Y no hay más que ésto,
    aquí, cansados.





    INVOCACIÓN ÚLTIMA 

    Qué es amarte sino esta necesidad de destruir fronteras
    (o sentir esta tristeza de las horas)

    Hasta cuándo tendré mi piel ausente
    (mi cuerpo abriéndose en lentos pedazos)

    Quemo mi soledad en este grito de tu nombre,
    donde el plural es una espera sola.

    Para el adiós,
    invoco el rostro de los fantasmas
                    y la fuerza. 




    A un perro muerto al costado de una ruta

    A Alejandro Drewes

    Sobre un costado y dócil
    lomo, seco de aliento
    esfumado en pastos
    y lombrices
    cede hacia el surco
    su sedimento gris.

    ¡Oh, vida! pulso olvidado,
    del cielo cae una brisa
    sobre tu quietud lenta
    y tus ojos miran
    los ojos de la muerte.

    Pero mi corazón me 
    lleva hacia ti
    y no quiero ver
    el semblante ocre 
    de alguien sin cruz.

    Caminaría
    en esta tristeza
    buscando en las estrellas
    una túnica, una pequeña nube 
    para tus ojos de pena.

    Dejen que duerma,
    tranquilo,
    entre los cardos y los pastos,
    tranquilo, el pequeño
    hermano.

    Poemas del libro El Musgo y la Calma. Ediciones Botella al Mar, 2013




    Al Guernica de Picasso * 

    Estruendo de dragón, llamas de piedra
    astillas de un diluvio oscuro,
    sobre dóciles cuerpos,
                   sobre el espanto equino.

    Hijo, desgarro mis ojos
                    mirando en el cielo
    esta ceguera negra
                 sobre mi sueño frío,
    tan azul, azul, azul.

    Noche, no busques la mano más tierna

    Lloren en el polvo
          huérfanos,
                lloren en el humo.

    ¿Todo es un instante,
    desesperación?
    Así, con escombros
    hacia una penumbra pálida
    y cruel.
                   
    Y luego, lobos en las pieles,
    llanura de una carne
        informe y apagada.

    Oh fuego, no busques la mano más tierna

    Paloma, 
    incandescente pluma
    Paloma
    si alguien tomara tu desgajado cuello
    si alguien llorara de verdad
    sobre tu cuello roto.

    Oh Dios, es mi súplica un árbol seco
    que navega por el río donde los muertos
    entierran a otros muertos?

    Este alud de sangre, basta, basta.

    Señor, la mano más tierna
    la mano más tierna, no, no,
                                                No

    * Este poema obtuvo mención en el concurso Gente de Letras del 2013  




    Alma de desierto 

                              A una piedra de Córdoba

    Ah, silenciosa 
    y circunspecta,
    gris, con alma de desierto.

    En mi extrañeza humana
    cae tu firme soledad
    hacia el instante de luz,
    como de plata.

    Y veo allí secretos
    de pájaros antiguos
    y el silencio de hombres
    rompiendo minerales,
    buscando tu belleza 
    de cuarzo, tu fragmento
    de estrella.

    Resplandeciente 
    y oscura,
    sigilosa, 
    raíz de la montaña.

    Sólo los puros amarán
    tu abatido magma 
    disuelto,
    el cristal apagado.

             Rigurosa piel, quebrada y viva




    El musgo y la calma 
      
    Solo, en la penumbra,
    el sobreviviente del mar
    tiende su planicie verde
    sobre la larga pétrea
    y descansa

    Cómodo en el muro
    instala sus vegetaciones
                             de orden
                             y constancia
    y como el antiguo reptil
    que lo horadaba,
    ama la húmeda
                    colonia de la sombra.

    En espera silente,
                    busca en el cielo
    el ángel de la lluvia
    y su médula seca, entonces,
    bebe el diminuto manantial
    pasivamente

    Es bueno sentir
                  su presencia
    compañía de la calma
    y el silencio.

    Pisadas ausentes, a veces
    lastiman ese pequeño, gran mundo
                                   esparcido

    o un caballo, también,
                                           
    roza la frágil, fina capa
                             de verde, verde musgo
    ¿Hay lágrimas?


    Todos hemos pisado,
                             alguna vez,
    el tendido musgo,
                             nuestra calma.

    Poemas anteriores pertenecen al libro El Musgo y la calma, Ed. Botella al Mar, 2013




    La finitud
      
    Es un muro que nos espera 
    o la sombra de ese horizonte 
    que aún lejanamente vislumbramos. 
      
    Se encuentra entre la luz y las cenizas 
    entre el alba y la noche 
    entre la vida y la muerte. 
      
    Queremos olvidarla, 
    hacerla desaparecer 
    taparla con una túnica verde 
    con árboles a los costados. 
      
    Pero está, 
    muda y remota, 
    invencible, 
    como una bella roca, 
    esperando en el final del camino. 

              Último poema pertenece a Caminos. Ed. Botella al Mar, 2009


    .

older | 1 | .... | 319 | 320 | (Page 321) | 322 | 323 | .... | 364 | newer