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  • 10/26/16--19:31: ESTHER MORILLAS [19.385]

  • ESTHER MORILLAS 

    Esther Morillas (Jaen, 1968). Poeta, traductora y profesora de la Universidad de Málaga (UMA), poeta de obra breve: un cuaderno, Memoria de rafia (Editorial: Málaga: Junta de Andalucía, 1987) y los poemarios:  Algunas ciudades (1994) y Mujeres (Pre-textos. Valencia, 2001). El uno y el otro, que está terminando, será su próximo libro.

    Ha traducido el magnífico libro Mediterráneas, del poeta italiano Umberto Saba, también publicado en Pre-textos y a los poetas  Attilio Bertolucci, Giovanni Pascoli y Franco Loi, entre otros. 


    NUEVE VENTANAS

    Nueve ventanas hay en esa casa
    con nueve luces que se ven
    detrás de las ventanas, y siluetas,
    y músicas que llegan a la calle
    con un fulgor acústico.
    Hay tanta luz, tan poco se distingue,
    ni canciones ni besos, ni habitantes,
    que me paro a mirar. Desde la calle
    cuento nueve ventanas: me parece
    estar viendo un incendio en cada una.

    [Cuadernos de Roldán dedicados a Jaén(Sevilla, 2009)].





    CANCIÓN PARA JUSTO 

    Es verdad que nunca y siempre 
    son palabras que acostumbran 
    a repetir los amantes, 
    aunque tú nunca me has dicho 
    que vas a quererme siempre. 
    Sólo has usado dos veces, 
    en mi honor, como un secreto, 
    nunca esto, nunca aquello, 
    aunque tú no lo recuerdes, 
    aunque yo no lo repita, 
    ni otras cosas que yo he dicho, 
    por vergüenza. Que el amor 
    que se siente un privilegio 
    se vuelve un poco ridículo 
    si sale mucho de casa. 



    DE: Algunas ciudades (Pre-textos, 1994)


    INDEPENDENCE DAY

    Disgustos amorosos: en un vídeo
    musical una cantante 
    llena de copos de maíz el cuarto 
    girando al ritmo de su música: 
    cuantos más copos tira más sonríe. 
    En un libro, una estudiante en paro 
    estrella en la pared de la cocina, histérica, 
    tres vasos de a seis dólares. 
    En un film de aventuras una rubia 
    grita y rompe un cristal y luego llora. 
    Me salva la pereza: dignamente 
    me siento en un sillón, no tiro nada, 
    nada discuto: soy independiente.





    DE: Mujeres (Pre-textos.2001)



    El secreto 

    Me gustaría 
    contárselo ahora mismo 
    a mi mejor amiga. 

    No puedo. 

    Ni siquiera una pista. 

    Me gustaría 
    decir: tengo un secreto, 
    si quieres 
    te cuento mi secreto, 
    pero tú no lo cuentes. 


    Cuando sea anciana 

    Cuando sea anciana seré extranjera, 
    y me teñiré el pelo de blanco, 
    y llevaré bolsos de croché, 
    y jerseys de punto de mezclilla con hilos brillantes, 
    y uñas pintadas de colores brillantes, 
    y encendedores de oro, 
    y tendré un marido que diga: 
    darling, darling, 
    i love you, 
    y entenderé las canciones, 
    y estaré en el bar hasta que cierren 
    o hasta un minuto antes. 


    Cuando seas anciano 

    Cuando seas anciano quiero que seas un anciano venerable, 
    que no estés enfermo ni tosas 
    ni tengas los dientes negros, 
    ni achaques, ni temblores, 
    o si tienes temblores que no seas malhumorado, 
    y que no huelas como algunos viejos huelen, 
    y que no hagas ruido al comer, 
    y que no hagas ruido al respirar, 
    y que no recuerdes siempre el pasado. 

    Puede que sea falta de piedad o bondad o lealtad por mi parte, 
    no depende por entero de ti, la vida es terrible, 
    pero cuando seas anciano 
    quiero que me importe si te mueres. 


    Narratividad, minimalismo y un punto de vista explícitamente femenino caracterizan los poemas de Mujeres. “Cuando escribo -añade en la citada antología-, quiero que mis poemas suenen bien, que descubran o recuerden algo olvidado, que puedan comunicar una microhistoria o un sentimiento”.




    .


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    ELEONORA FINKELSTEIN

    Eleonora Finkelstein es poeta y editora. Nació en Mar del Plata, Argentina, en 1960. Publicó Hamlet y otros poemas (1997), parcialmente traducido al inglés (Hamlet and other poems, Fairfield University, Estados Unidos, 1999), Las naves (2000) y Delitos menores (2004 y 2016), además de artículos y traducciones. Desde 1991 reside en Santiago de Chile, donde se desempeña como directora de RIL editores. Es co-fundadora y directora de Ærea. Revista Hispanoamericana de Poesía, y de sus colecciones de poesía y traducción.



    Vidas paralelas

    Él había vivido en una iglesia, pero ya no.
    Ella trabajaba en un bar y nada qué hacer.
    Llegaron al hotel y alquilaron la misma habitación
    para pasar los meses fríos.
    Pero fue en inviernos diferentes
    (a cual peor).

    Él buscaba una mujer
    (ahora que su madre había muerto
    casarse ya no le parecía tan mal).

    Ella juraba conocer a los hombres:
    todos diferentes, ninguno bueno.
    Mejor sacárselos de la cabeza.

    Él ya no estaba seguro
    de que Dios se ocupara de sus cosas
    como cuando era un niño. Pensaba:
    la providencia es un asunto inestable.

    Ella vivía dispuesta a creer
    en cualquier cosa menos en Dios.
    Adoraba las pirámides, los cuarzos y leía el Tarot.
    La suerte está echada, le gustaba decir.

    Cuando llegó cada respectivo verano
    (a cual peor)
    los dos siguieron su camino
    con la promesa de volver en el otoño,
    pero nunca más los volvimos a ver.

    Si hubieran aparecido alguna vez al mismo tiempo
    (con esa esperanza increíble que sostiene a los derrotados)
    si hubieran pasado juntos el invierno
    de un mismo año, en esa misma habitación,           
    se habrían dado cuenta de que estaban
    equivocados en todo.
    En todo, excepto en aquello
    de que ni Dios ni la suerte
    intervienen en los asuntos sencillos.
    Las cosas solo pasan:
    a veces sí, a veces no.




    Platónico suicida (o melodramático de la cosa misma)

    He estado trabajando mucho.
    Trabajando mucho
    para conseguir que esto
    coincida con algo que entiendo bien.
    Pero los bordes no calzan
    O se ven demasiado las juntas.
    Por un lado, la forma
    Por el otro, su espectro.
    Un ectoplasma que desborda
    por los cuatro costados.
    Y no gano nada con intentar cubrirlo
    o contrastarlo. Ni siquiera
    con aceptarle que se quede.
    “Soy otra cosa, otra cosa”
    declara con su sola presencia.

    Dado este problema,
    a veces pienso que el límite es
    la única medida humana.
    La belleza, en cambio, sigue ahí
    con su belleza.
    La verdad con su verdad, etcétera.

    Ahora bien, permítanme dudar de la justicia.

    Pero insisto y soy tan torpe,
    está a la vista:
    se escuchan soplidos cuando
    trato de acomodar la boca.
    Casi se puede ver la transpiración
    y el cansancio de los músculos.
    Estas palabras quieren decir algo, brillar
    Pero siempre llegan sobrecargadas
    o huecas.

    Porque el asunto ese del ritmo es un veneno.
    Y apenas lo pienso vuelve
    a escucharse la respiración entrecortada,
    el esfuerzo de artista callejero.
    Pero el asunto ese del sentido
    es un veneno peor.
    Es que, como dice el poeta:
    ¿Por qué digo calabaza
    cuando quiero decir adiós?
    Siempre la luz y la materia
    Siempre esa idea de la luna.

    Miro por la ventana:
    El cielo, arriba,
    con su simulacro de cielo
    El suelo, un sólido perfecto,
    siete pisos más abajo:

    Es una suerte que siempre 
    tengamos a mano la salida.
    Una alegría que podamos
    (en última instancia)
    hacer aún calzar perfectamente
    el cuerpo con su sombra
    (o con lo poco que nos queda de cierto)
    y sacarnos este peso de encima.




    Los viejos, buenos tiempos 
    (Berkeley,  1968 -1998)

    Vuelvo a ese lugar y sin embargo 
    no es el mismo lugar en absoluto. 
    Sobre el suelo: la memoria es 
    una niebla dura y ácida 
    que nos llega hasta las rodillas. 
    Tan dura y tan ácida 
    que terminamos por arrastrar los pies. 
    Muy cambiado y tan igual, digo a mi anfitrión 
    que señala a las ardillas de su jardín 
    de un modo tan conmovedor: 
    -Here! There! Here! There! 
    ¿Qué habrá sido de las mejores 
    mentes de tu generación?


    II 

    El viejo poeta declara: 
    cuando los versos se escribían solos 
    mis amigos los firmaban, nada más. 
    Pero esta misma nube 
    que ahora nos hace arrastrar los pies 
    por entonces se subía a la cabeza. 
    Con solo chasquear los dedos, directo a la cabeza.
    To the top –grita señalándose la sien.


    III

    Lo que dijo un personaje italiano 
    en el libro de un autor alemán 
    fue lo que hace mucho tiempo
    transcribí en un poema 
    (no en este, que es casi en inglés): 
    "Cultiva un pequeño jardín 
    -según el consejo de Virgilio- 
    y todo lo que digas 
    que sea bello y bueno".
    “Bello y bueno”, subrayé.
    Es que entonces era una niña 
    y ahora también, ya ves, 
    aunque haya envejecido tanto.




    Los monstruos de la resistencia pacífica 
    (un poema feminista, a su manera)

    a mi bisabuela Graciana, tal como la imagino

    Así como me ven
    soy una mujer modesta. 
    Consciente de la soledad, 
    de la vejez y de la muerte. 
    Y no es que ande por la vida 
    martirizándome, 
    creyéndome más buena 
    o recordándole sus propias 
    miserias a mis semejantes. No. 
    También me ocupo del trabajo, 
    del almuerzo, de los niños. 
    Miro mi reloj y ajusto la hora 
    con la torre de la iglesia. 
    Y no es que la fe me interese demasiado. 
    Ni siquiera los templos, el amor 
    el mal o los cielos abiertos. 
    Porque sé bien que todos seremos humillados, 
    así que, ¿para qué tanta grandeza? 
    Soy una mujer modesta y eso es todo. 
    Lo que hago, prefiero que sea pequeño, 
    aunque se note poco 
    pequeño y regular: 
    el ejercicio que agujerea las piedras. 
    Mi convicción: la piedad del día a día. 
    Por eso, nada se resiste, por eso 
    sigo adelante. Por eso: 
    por favor, no me cierres el paso. 
    Ni siquiera te cruces en mi camino. 
    Nunca termina bien.




    La hermana

    ¿Alguien quiere que le cuente de mí,
    que le diga mi secreto de sangre y hematomas?
    Quiero mostrarles cómo me buscaba el hueso.
    Cómo no podía flexionar los codos sin gritar.
    Y los colores eran tan reales:
    rojo señal, azul y verde silvestre
    como un monte de naranjas siciliano.

    Era como Electra:
    llevaba mi saco de basura con dignidad.
    Un cortejo de moscas me seguía.
    Benditas sean.
    No iba a buscar el fuego como los perros.
    Iba a arrojar cenizas a la cara del dios.

    Al fin, es cierto, lo que somos
    se lo debemos a la muerte.
    No es menos verdadero que la deuda
    se paga con creces, pero aprendí
    a no cultivar tanto mi propia tragedia.

    Hermano mío, ahora estoy tan fresca,
    tengo los brazos suaves y ondulados, incluso verdes,
    artificiales, como un campo de golf.




    Colla

    Más de una vez estuve sentada
    sobre estas cajas de cartón
    con los libros de siempre.
    Ahora, sin embargo, tengo
    otras cosas también aquí dentro.
    Más o menos útiles. Quién sabe.

    Estoy en el medio
    (creo que en el centro mismo)
    de una ciudad cordillerana.
    Seguro me equivoco.

    Quiero un lugar donde dormir,
    un lugar donde bañarme y comer.
    Voy a salir con las manos en los bolsillos
    para conseguirme algún alivio.

    Pero se está bien sobre estas cajas.
    Se está bien
    (un lugar donde dormir,
    donde bañarse y comer).

    Mejor voy a esperar un poco.
    Voy a bajar la cabeza y voy
    a mirarme los pies.
    Menos que nunca parecen mis pies,
    tan sucios bajo este sol fanático.

    Voy a esperar otro poco.
    Ahora que soy de piedra y
    tengo polvo entre los dientes,
    estoy segura de que me veo bien
    (demasiado vieja o demasiado joven)
    sentada aquí,
    sobre las cajas de siempre.

    No quiero escapar ni quiero quedarme,
    Si al menos pudiera mostrar / que se me viera
    el estómago vacío / el cansancio
    el estómago vacío / el sudor
    el estómago vacío / la tierra ardiendo.
    Esa es la vida, creo.
    Si se prolonga
    en cualquier momento me crecerá una pollera
    y me pondré a vender estos limones.




    El barco que recuerdo

    El barco que recuerdo
    es el primer objeto en mi memoria.
    Luego no hay nada o casi nada
    por un buen trecho largo y plano
    como el tiempo es.

    Transatlántico era, por entonces,
    una palabra portentosa.
    Ni siquiera hoy me deja indiferente.

    En esa nave, a fin de cuentas,
    nadie partía en verdad. 
    Casi todos regresaban y regresar
    no es un viaje, pensándolo bien
    y en el completo sentido de la palabra.

    Como una fotografía
    (los abuelos jóvenes aún),
    todo un poco vago y desenfocado.
    Habían sido unos viajeros. Insisto.
    Ahora era la vuelta: el viaje de los arrepentidos
    (nadie querría envejecer así). 
    Algunos pensaban que al final de la excursión
    serían bellos otra vez. Que los dientes serían
    firmes y de nuevo fuertes
    y las caras transparentes y felices y todo lo demás.
    Y que nosotros de algún modo
    desapareceríamos.
    Ellos iban a vivir la misma vida
    una vez más.

    Alguien, que quizá era mi padre,
    me sostenía sobre sus hombros.
    Si miraba para abajo veía su cabeza, si miraba
    para arriba, el cielo y ese río raro que vos sabés.

    Sacó un pañuelo del bolsillo
    y me lo dio para la despedida.
    (Sí, ahora lo veo bien, era mi padre.
    Definitivamente.
    Adoraba los gestos teatrales).
    Mucho después leí algo cierto y cursi:
    “cada instante es una despedida”.
    Como anillo al dedo, pensé, como anillo al dedo.

    Parecido a saber
    y todo implicando el gesto:
    Muelle, más Barco, más Pañuelo.
    Lo levanté, lo agité un poco.

    Para que te vean —me dijo.
    No quiero que me vean —pensé. Y lo tiré al agua.
    Recuerden (a modo de disculpa)
    que esta es mi memoria más antigua,
    que  por entonces yo era muy  pequeña
    y no tenía adónde regresar.




    Delitos menores

    Los recuerdo perfectamente bien.
    Con nombres y apellidos.
    Robaban y venían a mí como a una diosa
    con las mochilas llenas de cosas inútiles:

    felpudos que decían Welcome 
    pero se ataban a los muros con cadena.
    Faroles como animales eléctricos
    a la intemperie.
    Enanos de yeso y toda esa porquería
    de “somos una familia feliz”.

    “No pasarán”,
    rayábamos en la entrada de nuestras casas
    y reíamos encantados, convencidos de algo. 
    No sé bien de qué.

    Dicen que la verdad limita con la mentira.
    Dicen que igual hace lo suyo mientras puede.

    Por mi parte, miraba al cielo y languidecía, 
    pensaba en la inteligencia que
    —aunque no se notara a simple vista—
    contenía en sí mismo todo aquello.




    Grandes inventos

    Debo aclarar que esto es ficción.
    Ficción, como todo lo que tenemos en la memoria
    por más que lo llamemos recuerdo.

    La madre de mi abuelo trabajaba para un conde
    y dicen que imitaba sus modales.
    En tanto, mi abuela era hija de comerciantes,
    de los que se dejan impresionar.
    Una historia clásica.
    No es difícil adivinar lo que viene después:
    un montón de pequeñas tragedias
    coronadas por un final feliz
    que no pudo mover la historia
    ¿Para qué continuar?

    Dicen, además, que el tiempo real está lleno
    de cuentos sencillos, repetidos,
    pero toda civilización
    también empieza humildemente.
    Cada nuevo mundo está listo
    para partir de cero:
    padre, hijo, nieto,
    antes de contar hasta tres
    ya imaginaban un escudo de armas.

    Yo digo que hay que irse con cuidado
    porque todos aquellos
    que están muertos hace un siglo,
    tuvieron sus mejores días.

    No levanto la vista ahora
    porque este no es un poema épico
    aunque parezca.
    Es un poema pequeño
    (como las mencionadas tragedias).
    Y desnudo, recto.
    Apenas una señal
    antes de que sea demasiado tarde.
    Porque un invento es una cosa nueva
    y sirve para darse ánimo.

    Siempre hay que empezar por algo.




    1959

    Partamos por un close up
    a esa foto tuya
    que me habría encantado conservar
    pero que se nos perdió de vista
    con tantas mudanzas.
    Era el 59 y andabas por la vida
    con 59 de cintura.
    Y usabas pantalones, claro
    (aunque no se alcance a ver).
    Y fumabas.
    Ya sé que te ibas a divorciar
    (aunque tampoco se alcance a ver).
    Increíble, súper rubia, sentada y mirando a la cámara
    con esos anteojos negros en forma de alas
    Y  esa remera rayada tan op-art.

    Esa es mi madre, pero no era mi madre todavía.
    La cabeza apenas inclinada y echada hacia atrás.
    Un poco de Marilyn, otro poco de las chicas del Che.
    Y el tipo de atrás, con los ojos como platos
    y la frente enorme.
    El que no le saca la vista de encima,
    ese, es el músico cubano.
    –habría jurado que era Miles–.

    Demasiada luz, demasiado foco,
    un toque de revolución
    contra la multitud de fondo
    (apenas linda, algo fea)
    desdibujada de solo mirarte.

    Y la risa, la risa inolvidable.
    Por favor, no te burles de mí:
    esa única imagen entre todas
    es un lugar donde volver,
    más allá de los muros,
    de los idealistas a toda costa.
    A medio camino y está bien:
    entre el teatro y el partido.
    Y más allá de las idas y las vueltas.
    Del Sputnik , la máquina y el Beat.
    Del Bebop y de Engels y de Marx.
    Del “opio de los pueblos”  y tanto libro
    y la Guerra Fría y Stanislavski y Elia Kazan.

    Ahí estás, fija y perfecta, en esa vida eterna,
    entre algunas referencias de aquel mundo
    y un solo de trompeta ahogado,
    que se va llevando la corriente
    y nos deja sin batallas.
    A medio camino y está bien.
    Porque últimamente nadie sabe
    dónde queda el horizonte y yo tampoco.
    Aunque Dios, aún después de muerto,
    es la fe de cada uno. Y está bien.



    Amsterdam a primera vista


    a Daniel Calabrese

    How can I tell
    If I shall ever love you again
    As I do now?
    (“A love song”, William Carlos Williams)


    La imagen principal, casi la única,
    en esta ciudad idéntica a sí misma,
    es Daniel planchando mi vestido.
    Una historia tonta, de bicicletas
    y lavaderos pakistaníes,
    de la que mejor ni hablar
    (porque tampoco viene al caso).
    El tema es que
    ahí está mi amor,
    como si todavía lo viera,
    transpirado sobre
    esa mesa pequeña,
    planchando mi vestido blanco.
    Cada pliegue con seriedad
    y tomándose su tiempo.
    Su brazo iba y venía.
    Hermoso y fuerte y desnudo.

    Traer el recuerdo de esta imagen
    casi la única nítida, decía
    (en esa ciudad hundida
    por vapores y semillas hembra,
    flores y quesos y coffee shops
    de la que, queda claro, no retengo
    más que algunas simplezas)
    es solo para decirte gracias y
    perdón, querido, por quedarme
    viendo todo el tiempo
    cómo trabajabas duro.

    Es que estabas tan concentrado,
    tan poderoso, tan mío.



    LA VIDA DE LOS INSECTOS

    I (rezo por vos)

    Ese domingo bajábamos por los cerros
    (donde la gente es rica y feliz)
    en un Volkswagen bajábamos
    pero no del todo,
    patinábamos, en verdad,
    sueltos y saltarines,
    como si el viejo Volks se hubiera
    convertido en trineo.
    Íbamos igual
    que aquellos niños de Eliot
    pero por montañas sin nieve
    rojas y azules.


    II (el primo Gus fumaba grass)

    ¿Cómo bajar?
    –Todos en misa, como siempre –dijo.
    Y era cierto:
    tantos culpables reventando las iglesias.
    Más de diez en veinte
    cuadras a la redonda. Qué ciudad tan especial.

    –Debería rezar –susurró–  mi madre, está muriendo.
    –Todos estamos muriendo
    (“With a little patience.”, pensé)
    “con un poco de paciencia”, recité.
    –En cuanto a rezar, tengo mis dudas:
    un poema es una oración.

    –Guíame –pidió–, nací en una ciudad ajena.
    A mí, a una recién llegada.
    Le di tales señas que terminamos
    en la cima del mundo. Bien.
    –¡Guíame! –rogó, ahora con los ojos en blanco.
    (¿Estaba rezando?)

    Pero yo miraba las luces allá abajo como almas
    y la luna allá arriba como a la hostia consagrada.
    –Primo –le dije– no puedo guiarte,
    pero debo confesar algo incómodo:
    últimamente rezo casi todo el tiempo.
    Me parece que creo en Dios.




    Efectos especiales

    Qué tanta pureza
    en los registros básicos
    de esta memoria.
    Qué tanta memoria
    en las formas que se dejan ver
    para que las nombremos.
    Vacías así como están,
    vacías como guantes vacíos
    navegando sobre el tiempo pleno.
    Pero ahora resulta
    que ese mismo tiempo, ni siquiera existe.
    Ridículo todo, obsesionado de sí mismo:
    Que alguien me explique a los disueltos
    a los voladores
    a los desintegrados.
    Que alguien, cualquiera, me saque a bailar
    y me hable al oído
    y me haga entender que todo
    tiene su precio.

    Y ya que dije tiempo y memoria y vacío,
    pasen y vean
    lo que se proyecta en el techo
    mientras intento dormir:
    el bosque está en flor y la perra
    amada, muerta.
    Si ahora digo “amor” y “muerte”
    En cualquiera de sus formas permitidas
    (que en paz descansen)
    seguro que se te hace un nudo en la garganta.
    Pero no lo olvides: miento.

    A ver, veamos lo que dice ahora
    (ya que seguimos acá,
    ya que seguimos mirando el techo).
    Es algo duro como un hueso:
    El poema es el arma de fuego,
    el amor es un tiro de gracia.
    Pero no lo olvides: miento.




    Todo el resto

    a G. M. (in memoriam)

    I

    Lejos de mí, de Alejandría.
    Morirse balbuceando
    algo de Justine.
    Algo, acerca del amor y cosas
    peores todavía.

    Ay, aquellos tiempos
    cuando trabajábamos
    y trabajábamos como hormigas
    desvelados en puras inutilidades.

    Un poco más flaco y ya estás muerto,
    le decía y enterraba
    mi dedo en sus costillas.
    Gramo más, gramo menos,
    ahora ya estás muerto.


    II

    No sé. No estoy segura.
    Podría saludar esos huesos felices
    si pasaran volando
    como pájaros prehistóricos
    con ruido de articulaciones.
    Podría incluso saludar a la bandera.
    A cualquier bandera
    mientras las cosas fueran lo que son.
    Pero tampoco estoy segura.
    Y ahora no sé dónde encontrarte
    manchado de tierra persistente o rojo vivo.
    Colgado de vos mismo en el esqueleto
    de siempre y sin embargo nuevo
    cada tanto,  cada poco. Creo.
    Pero no sé y me horroriza, me horroriza
    como si hubiera muerto un niño.

    Sólo la ciudad es real.
    Sólo la literatura
    y este ardor en la garganta
    y mi manera de adorar el suelo
    como si a esa altura existiera el paraíso.

    Pero sólo la ciudad es real.
    A veces, la literatura.


    III

    Quizá recién ahora se trata
    del último suspiro,
    del asma o de la marihuana,
    de la transformación definitiva.

    Existe y no está allí,
    se puede tocar y en verdad no.
    ¿Lo vemos, no lo vemos?  No sé.
    No estoy segura.

    Sólo la ciudad es real
    y la suela del zapato.
    Sólo la literatura y el ardor
    en la garganta.

    Acaso podamos posar la mirada
    sobre la superficie de las cosas.
    Acaso hacer callar
    el silencio que nos rodea.
    Acaso perder la compostura y gritar,
    incluso morir,
    y el tipo que muere en este caso,
    en serio,
    ese sí que estaba loco.




    El ángel

    Se vestía de blanco (tenía
    cierta fijación –más bien rústica–
    por la metáfora).
    “Todo ángel es terrible”, decía
    y cerraba el negocio.

    Las mujeres entornaban los ojos
    para entender mejor.
    Pobres, feas, de las que se cambian el nombre
    por Rosemary o Jacqueline y coleccionan muñecas.

    Yo era una tipa fuerte y andaba con él,
    habría sido una puta perfecta
    pero iba a la universidad.
    Tampoco me pidan que sea un ángel.

    El cuento es que volaba,
    volaba porque ese verso
    –“Todo ángel es terrible”–
    era su retrato fiel.

    El mensajero del Oriente,
    de la aspirina y el bicarbonato,
    pensaba yo, y volaba también
    mientras en la vereda
    todo sucedía con naturalidad:
    “este soy yo y esto es lo que hago”.
    Canturreaba: “te ofrezco lo mejor de mí…”

    ¿Estaba suficientemente alerta?
    ¿Miraba cuando el ángel volteaba
    los espejos para la degustación?
    ¿Entendía tanta mirada oblicua
    si la cosa se ponía caliente de verdad?
    Asuntos de un oficio terrible, me decía,
    de la ira de Dios.
    ¿A qué temer? Después de todo,
    no hay nada que te mate dos veces.

    Debería contar esto alguna vez.
    Pero contarlo mejor, contarlo bien.
    Porque sé que es algo que nadie
    buscaría recordar jamás.
    Porque sé que todo ángel es terrible.
    Y yo no soy un ángel.



    Ofelia o el abandono

    Ahora cerrará los ojos
    cruzará las manos sobre el pecho
    e imaginará que sostiene
    un manojo de hierbas.
    Es perfecta.
    Tiene el pelo brillante
    y los labios relucientes.

    Si finalmente la hubieran llevado
    los mendigos o los actores con ellos
    estaría bailando y por supuesto
    ya no sería virgen, ni siquiera rubia
    y acaso ni danesa.
    Pero el destino es la elección obligada.

    Y va demente de río en río:
    morir / dormir / soñar
    morir / dormir
    soñar con la eternidad del cuerpo.
    Pero el agua es fría y corre
    y ella es más fría
    y pálida
    con venas azules y la sangre helada.
    Sus piernas son blancas,
    sus piernas son tan blancas.
    Y las uñas de sus pies son iguales
    a las uñas de sus pies a los diez años.



    .

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  • 10/27/16--03:10: ULISES HUETE [19.387]

  • Ulises Huete 

    (Masaya, Nicaragua, 1978). Poeta, ensayista y periodista. Ha publicado en las revistas literarias El hilo azul (Nicaragua) e Hispamérica (Estados Unidos), y en las antologías Retrato de poeta con joven errante (2005), Poetas, pequeños Dioses (2006), Cruce de poesía (2006) y en La Nación Generosa: 111 rutas al lado del mar (2015), antología de poesía hispanoamericana, publicada por la revista española La Galla Ciencia. También ha publicado en Babelia, suplemento cultural de El País. Colabora para Carátula, revista cultural centroamericana.




    La estrella vespertina

    Desde este cielo despejado de nubes, regreso hacia mí mismo en busca de una tarde. Busco más acá de mis pensamientos, más al interior de mis sensaciones, busco en un nivel más profundo donde la mente fluya sin sobresaltos para encontrar las imágenes que necesito. Sobre la plaza extendida como la palma de la mano, la silueta de una pareja sentada a contra luz en el barandal del malecón, el tintineo que expande la presencia del carrito de helados, una mujer empujando a un niño que aprende a manejar su bicicleta y los puestos de ventas con sus brillantes chiverías.

    Sobre la mano derecha, como una brasa encendida, reposa la cometa. Su cola multicolor se enrolla en el antebrazo mientras sus alas cuelgan agitadas por la brisa. Desde un extremo de la plaza comienza la carrera contra el viento, la mano izquierda sujeta al hilo, mientras la otra sube a la cometa encima de la cabeza. Zancada tras zancada, torbellino de luces dando vueltas en el pecho, cuando una ráfaga de viento, invisible trampolín, la empuja para arriba como un cohete, como un surtidor desaforado, que se eleva sin tropiezos, pleno y solemne.

    Hacia el paisaje aéreo se encumbra el pájaro fantástico. Sentir con el hilo las estampidas del viento, beber con la mirada los grises, violetas y azules bajo los que navega la pequeña embarcación. En el lienzo del crepúsculo, la imaginación multiplica los hilos con sus flores voladoras y se forma una constelación en donde brotan ojos, pestañas, narices, lunas, soles y estrellas como en aquel cuadro de Miró. Los pintores nos enseñan a contemplar y recrear al mundo: la cometa suelta al viento las notas de una melodía inédita que resuena en mis adentros.

    Estas palabras que ahora escribo son la traducción de esos signos que aparecen en mi mente. Entre la sensación y la expresión, el discernimiento, la imagen verbal que revela el sentido de la experiencia. El vendaval del pensamiento arrastra un tumulto de palabras. Me aparto de este griterío buscando la quietud. Entonces observo a mi corazón que me dicta los trazos que ahora dibujo sobre el papel en blanco, boceto de una pintura, apuntes para una canción, símbolo de lo que contemplo y siento.

    Bajo un cielo gris teñido con el azafrán del poniente, en el infinito espacio de la imaginación, con serenidad y firmeza, permanece en equilibrio la cometa, retenida con el hilo de la concentración. Escritura en el vacío, amapola del aire, trozo de arcoíris que me lleva al tiempo de la infancia, al estado en que mi alma fraterniza con el mundo y todos los objetos son espejos. Desde la pura transparencia exhala sus latidos de colores. Como un solo de trompeta, allá en la altura, ondula con el viento.

    Las luces de la tarde se consumen tras las difuminadas nubes que flotan en el horizonte. Una pareja se dirige hombro con hombro, asida de la mano, fundida en una sola sombra, con paso lento y tambaleante, fuera de la plaza. El niño camina con su bicicleta al lado, mientras su madre lo sigue detrás, satisfecha y exhausta. Los vendedores ambulantes guardan su mercadería, resignados, y van abandonando poco a poco la explanada.

    Ante la disminución de la fuerza del viento, traigo a la cometa despacio como quien arría las velas de un barco. Mientras baja describiendo una curva, camino a su encuentro y le extiendo una mano para que regrese con seguridad. Se disuelven las apariencias soñadas. Aparecen las formas externas, cerradas en sí mismas, rodeadas de oscuridad, distantes en el transitorio presente.


    Reminiscencia

    Desde mis sábanas,
    se desdobla tu aroma en esta noche
    como el soñoliento vapor
    de un incienso al arder.

    Cierro los ojos
    y  la espesa luz de la tarde
    cae sobre tu pelo dormido.

    Al tacto de mis dedos
    se humedece tu piel.

    Hace media hora,
    la mujer ausente
    desollaba mi alma,
    desquiciaba mi rostro
    en el umbral de la espera.

    El ancho hueco
    dejado por tu pelo,
    rastro
    de tu lejana presencia,
    danza en mi boca,
    corta mis pupilas.

    La oscuridad deshace
    tus hombros,
    mi sed los vuelve
    a inventar.

    Eres el eco
    de un cuerpo distante,
    un momento disuelto
    en fragmentos de ojos,
    uñas y piel.



    Víspera

    Como ayer
                   yo te espero
    a las 3 de la tarde
                                  con la quietud
    de una ciudad
    antes del alba

    Bajo un árbol
                                  estoy sentado
    mientras escucho
    el rumor
    de su follaje
    melodía que evoca tu presencia

    Sin mirarme
                                   te aproximas
    aunque tu rostro
                 tus manos
                 tus caderas
    me presienten
                          y de alguna manera
    también me hablan

    Ahora te acercas
    y me tocas
                 con tus ojos
    y sobre una ciudad
    despunta el alba.



    Talismán
             
    indistintas
                          púas
                                      acústicas
    de nácar
    como detritus de cristal

    gravitan

                          sobre el áspero cordón
    de días
                          sin perfil…

                                    …hasta tu mirar
    acuoso  pincel  bruñido
    que irrumpe
                          con un canto
    -verdor todo
    del que autora eres-

    en la página
    en el tiempo

    estética hembra

    por vos
                      la crepitación de la estrofa
    recóndita
                                    en el cráneo

                                                   el mecanismo súbito
    de la aurora
                                    en las pupilas

    el riguroso
    ceñido
                      anhelo
    de tu carne
    en la carne



    Andanza

    Caminar
                         bajo la dirección
    del Deseo,
    pronunciar un nombre,
                                          el tuyo,
    la palabra-guía
    para arribar a tus manos.

    Frágil
    resonar
    de la luz
                           al caer
    en tu piel…

    Escuchar,
                           leer aún más,
    de tu vientre,
    con la respiración minuciosa,
    el rumor del Deseo:

    latente acidez encendida
    deshilachándose
                           en contorsiones
     sin rumbo.



    Arte poética

    Tu cuerpo desnudo
    ardió y crepitó
    delante de mí

    Mas ya no es
    ascua vital
    o racimo de sensaciones
    sino surtidor de imágenes
    que las palabras consagran
    en este instante.

    Dossier de poesía nicaragüense, que selecciona el poeta Víctor Ruiz

    http://circulodepoesia.com/2016/10/poesia-nicaraguense-actual-ulises-huete/



    .

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    PABLO VELASCO BALERIOLA

    (Cartagena, 1995) es estudiante de Filología Hispánica en la Universidad de Salamanca. Prepara la publicación de su primer libro Wallpaper. Ha participado en la antología de jóvenes poetas de Cartagena Siete menos veinte (Huerga y Fierro, 2014) coordinada por Antonio Marín Albalate. La antología digital “Insólitos. Caminando por el lado salvaje de la literatura” y la revista “La Galla Ciencia” (en sus números DOS y CUATRO) se han hecho eco de sus poemas.


    SOMNICIDIO

    Yo os propongo beber oscuridad,
    por si acaso la luz de una bombilla
    nos pellizcara con maldad los ojos.

    Es este somnicidio, una escalera
    a medio quebrar, una escapatoria
    mal planeada. Como un grito sordo,
    un intento frustrado de tocar
    la vida con las manos congeladas.

    Matar el sueño es verte desde dentro,
    verte como una extraña mancha negra
    expandiéndose con un gran dominio
    anatómico de mi dormitorio.

    Y destripar la noche es perseguir
    el sueño a lomos de tu imagen terca,
    que pasa lenta como un hospital.

    Sé que eres un regalo del desvelo,
    ojalá regresaras a tu origen

    y devolvieras las horas prestadas.

    (Habitación: El sueño, poemario inédito)



    LA FIN DE LA RUE

    Avanza hasta el final de la calle ¿Qué calle?
    no hay una sola calle o al menos no parecen
    calles lo que mis pies desnudan suavemente.
    Podrías haber visto un pasillo de faunos
    con teléfonos móviles ahogados en cines.
    El crimen fue en Lorraine, pero no hay calles, dios,
    no hay una sola calle, son solo quince mil
    prisioneros con cara de calle sin salida.
    L'ennemi se retraite, mostraban los subtítulos
    de mi viva conciencia. ¿Quién se ha de perder hoy?
    Lleva inscrito en su muslo un presagio de muertes
    lentas. Sobre la frente la antítesis perfecta
    de lo que fue su vida, aquella hermosa calle
    que fue su propia sombra. ¿Calle? ¿Qué calle, dios?



    Todos huimos de la realidad real John Fowles


    LAPSO

    Otra vez ese ardor difuso ardor de círculo
    y neón de farmacia cercenando
    aristas de luz verde durmiendo en el sonido
    perdiendo el tacto de las horas
    teniendo que asumir que no hemos visto nada
    y el verdugo disuelto en la niebla
    se ausenta y edifica olores de mazmorra
    (líquid crystal display)
    se ausenta sin silencio y nos tortura
    hasta implorarle que culmine nuestra muerte
    y rebobina aquel dolor y nos tortura
    añadiendo un temblor de matadero
    (control v control c) (control v control c)
    se ausenta y edifica
    escaparates de hombre acribillado
    (ROGAMOS POR FAVOR
    QUE MANTENGAN LA CALMA
    YA SE PROBÓ
    CON VACAS ANTES)
    se ausenta y reverbera
    otra vez ese ardor difuso ardor de círculo
    perdiendo el tacto de las horas otra vez
    el verdugo disuelto en la niebla
    y una lágrima suspendida
    en el aire temiendo una fatal caída
    a los asfaltos de su nada.




    A-11

    Aquí respiran ejes de apetito insaciable
    (ni rastro de la blusa de crema de archipiélago)
    hay voces indigestas en los baladres negros
    porque en pekin tres cisnes lloran alambres de ático
    y en cientos de aulas universitarias
    los alumnos escogen siempre el mismo pupitre
    y nadie les obliga a hacerlo
    y en su esfuerzo metódico degüellan cebras de osmio
    destilan luces en el aire nonato
    digieren caramelos de envoltura lisérgica
    la lengua de breton sellada en un teléfono
    les sugiere
    CONDUIS MOI À LA RIVE VIDE

    moriremos mañana a los pies de esa orilla
    pero no lo que ahora somos
    sino una masa inerte que tendrá nuestro nombre
    nada dirá el azar de los circuitos blancos
    que nuestra sangre alcance nada de las bisagras
    en que giraban nuestros sueños
    nada dirá el azar que el tiempo no destruya.




    P-9

    Todo lo que vemos podría ser de otra manera. Todo
    lo que podemos describir podría ser de otra manera
    Ludwig Wittgenstein

    Aquí respiran ejes de apetito insaciable
    (ni rastro de la bota pixelada en idioma apócrifo)
    hay un mantel centrífugo en mi mano
    porque en taipei un ciervo llora hilos de alcanfor
    y en los hornos de wall street
    crepitan budas de ébano y templos de alga kombu
    las calles mueren como pequeñísimas
    gotas de luz que ahoga la tierra arañábamos
    el caucho más perverso tras esos ojos débiles
    que ya solo persiguen el coltán
    la niebla se disfraza de orina y combustible
    en torno al baile químico que levantan las bolsas
    arañábamos lo juro aquel caucho
    se nos entumecieron las yemas de los dedos
    como cubos de plomo y seguimos rasgando
    las horas como diques rasgando hasta el vacío
    aquí respiran ejes de apetito insaciable
    ejes que silban como aves de litio
    y amamos esa inercia que destila su música
    o tal vez un silencio que no existe
    nada dirá el azar que el tiempo no destruya.




    MEAT IS MURDER
    The Smiths

    En los estantes verdes se aglutina
    el rechinar de la cadena
    empolvada de sangre
    (eje atascado)
    hay envolturas de silencio
    y relatos de plástico adherente
    (THIS BEAUTIFUL CREATURE MUST DIE)
    en las bandejas pálidas restalla
    el auxilio adobado que nadie escuchará
    e ignorados cadáveres
    seguirán frecuentando tu vajilla.




    WALLPAPER

    Perseguimos aún perfumes de pantalla
    (alejandra diseña campos de gladiolos silvestres
    clickea sus esporas y así los multiplica)
    aquella luz que nuestras retinas prometían
    escapar de un desierto
    que nunca fue desierto tan solo multitud
    desahuciada de sí misma
    (bajo una densidad color laboratorio)
    escapar de una nueva
    realidad de espasmo que disuelve a los hombres
    en un vaso sin fondo
    y adentrarse (con solo doble click)
    en el pasillo que no recorrimos
    hacia la puerta del tanatorio
    que no abriremos nunca
    y allí el desierto nos hará tan diminutos
    que alejandra jugará con nosotros
    entre sus piernas de escalones
    (seremos pequeñas cajas de metacrilato)
    alejandra nos trae un gladiolo asfixiado
    olvidará su pluma mordida en el andén
    olvidará el camino de regreso
    la soledad erige halógenos o cactus
    que punzan el silencio
    escapar de un desierto que no es desierto
    sino imagen de fondo.




    EL TEXTO SONÁMBULO

    Alejandra reside en las ventanas
    y siluetas de textos anteriores
    (espía de las horas y segmentos)
    en horizontes de persiana
    y orificios de niebla (donde vemos bailar
    lagartos de aluminio sobre la sien de un témpano
    inestable) diseña campos
    de gladiolos silvestres clickea sus esporas
    y así los multiplica
    alejandra tú que naciste por un sorbo
    de cuchara tú que preguntas por hexágonos
    de miel intravenosa
    que viste a los viandantes más usuales
    de mi universo como nudos
    de sombra como pardas hormigas hacia abismos
    de tierra
    inventa los confines
    de tu esfera salvaje
    roba mi pulso y surca esta caja de ruidos
    para emerger del labio
    de amatista y salitre
    para que solo un lápiz de silencio
    nos acompañe a transcribir
    la dimensión cobarde de la página.




    LULLABY

    La mano de lutecio movía su crueldad
    en un ángulo recto rápido
    esconde el miedo en el estuche niño
    y ciérralo con sombra
    (esa mano severa siembra tigres)
    arrojaste las ceras a un océano
    de burlas retorcidas
    reíste con escándalo en los dientes
    tu sentencia se firma en un pupitre azul
    rápido huye del severo hipopótamo
    te va a aplastar el lápiz de tu sueño
    en un ángulo recto llega la mano gris
    del severo hipopótamo
    nada crece en tus huesos de algodón
    nada salvo una espina roja que te desgarra
    sueño a sueño
    y vendrá la noche de wolframio
    y volverá el temido lobo negro
    a presidir tus miedos indefenso
    niño merendarás racimos de violencia

    muchacho cada noche desde entonces
    tus sueños te golpean
    siempre en ángulo recto.




    SUPERMARKET SOMA

    Getting everything she wants from the supermarket stores
    Pink Floyd

    Nosotros siempre estáticos
    sobre esa plataforma de niebla intermitente
    debajo del andén
    donde florecen yedras púrpuras
    donde el confort se adquiere en cápsulas
    de sangre ajena
    nuestros cuerpos
    suplen la inercia del pétalo en el block
    dormimos desde aquel domingo
    de goma troceada y cucharada pómez
    (transitaba el coseno azul de la tarántula
    avenidas de hueso
    y parques de membrana)

    dimensión de cajones sin respuesta
    una percusión de polietileno
    repica en las paredes de nuestros aposentos
    como un síntoma inconfesable
    un flujo inquieto nos desarticula y nadie
    nadie jamás pensó en salir de aquí

    perdonen el color de esta fruta no existe
    será un error de caja
    sin mayor importancia gracias
    adiós a mi agujero alfanumérico
    adiós buen chico.




    A DRINKING SONG
    (reescritura de un poema de W.B Yeats)

    La gota que repele el tacto de la lengua
    (gota o lenteja malva de larva depresiva
    y de otros organismos de bares subterráneos)
    se expande en el metal del taburete
    y se evapora como el sonido del vidrio
    sobre este tambor ficcional
    (tambor parafonemas o chasquidos de duende)
    que cada cual construye y siente vivo
    es lo que queda: vaso desierto como un cráter
    en el centro de nada
    la gota derramada
    se expande en el silencio de los muebles
    y en el centro de nada origina un diluvio
    wine comes in at the mouth
    (faunos ebrios en el flash del televisor)
    desborda los meandros del aliento
    y desemboca como si fuese algo real
    y viene hacia los labios
    como algo nombrado un símbolo
    un mar de empuje irrefrenable

    (todo es un mar de viñedos licuados)

    todos ebrios en el centro de nada
    pantallas ebrias en el vacío sonoro
    pantallas ebrias éramos humanos
    la gota derramada éramos humanos
    antes de envejecer y morir
    la gota derramada en vano por la vida.




    BRANQUIAS BAJO EL AGUA

    Derribos Arias

    Espero que no vengas a expropiarme un segundo
    de pecera (fanal)
    (atmósfera de acuario)
    espero que no vengas ya conozco
    tu poderosa estigma
    hacia mi pasión por tener branquias no nadie
    conoce mi angustioso
    deseo de ser pez o anfibio
    (linterna sumergible)
    buques varados de rostro horripilante
    persigo en vuestra ausencia
    abandonar el labio de sirenas de cloro
    submarinos de yodo y plastilina
    centollos de corbata y calamares muertos
    en servilletas de acetato
    buques varados en el mar de mi vigilia
    persigo en vuestra ausencia
    el caudal de las horas
    y no persigo el vaso roto persigo el vértigo
    del vaso entre mis manos
    (inmersión)
    ignoro si sabré nadar entre tinieblas
    nadar hacia la esfera en que mi luz
    se extinga acorralada
    en un vaso de océano enfrascado.




    IN FLAMES 
    (canción virtual)

    El fuego onírico es la satisfacción ardiente del deseo sexual
    Michel Foucault

    Barricadas disturbios en las redes
    los virus informáticos
    el humo que desprenden los teclados
    (flame princess dentro del baúl)
    incendios de sofwware
    (¡barricadas!)
    aquel ciborg de plástico que alerta:
    FIRE! FIRE! FIRE!
    el mal el mal el mal fue quién pulsó la tecla
    (there is a madcap inside us)
    las 3 en punto llaman al jardín
    (¿qué jardín?)
    nuestros sueños
    como piedras lejanas
    reducidas a cuerpo de arenisca
    los sueños como piedras
    nunca halladas las fechas calcinadas
    sobre los almanaques.




    .


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  • 10/27/16--05:03: JUAN PEDRO RUIZ [19.389]

  • JUAN PEDRO RUIZ

    (Alicante, España, 1986). Ha publicado en revistas y fanzines literarios como Manifiesto azul, Molínea, Acantilados de papel, Ágora, Almiar, Ariadna RC... 
    Trabaja como fotógrafo.


    LA ETERNIDAD no tiene prisa ninguna.
    Sin embargo, los poetas, los poetas,
    los saxofonistas lanzándose al vacío
    desde helicópteros de Playmobil.
    La eternidad no tiene ninguna prisa.
    I gotta feeling. Despacio, despacio,
    moviéndonos como serpientes
    hasta el punto exacto la ecdisis
    el grito el vacío el pudor la venganza
    el puñetazo la vértebra la explosión
    el dolor. El dolor que nos hace elevarnos
    por encima de las nubes el dolor
    que nos hace escuchar el llanto invisible
    de las partículas de los átomos al rozarse.
    ¿Pero dónde está? ¿Dónde estás?
    ¿Dónde quedas? ¿Esa emoción?




    AUNQUE SÉ que me equivoco
    Yo digo que la vida es así. Consigue algo
    Por lo que siempre has luchado, y cuando lo tengas,
    Rómpelo, asesínalo, échalo a perder.

    Dios sabe de lo que hablo.




    FRÍO PATATAS y dios me sonríe,
    Me dice chico, estás haciéndolo bien.
    Estás creando cauces necesarios
    Para tu lucha armada por la supervivencia.
    Yo sigo friendo mis patatas
    Y entonces un poema, una forma de decir
    Aquí en el mundo.
    … Amigo, yo sé que esto no te hace
    Tanta gracia, pero no te preocupes,
    Que no pienso quemar las patatas.






    .

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  • 10/27/16--05:34: YAGO FERREIRO [19.390]
  • El poeta leonés Yago Ferreiro (Henry Pierrot). Fotografía: Eloísa Otero.


    YAGO FERREIRO 

    Yago Ferreiro (Barcelona, 1982) vive en León, y allí regenta el Bar Belmondo, uno de los principales focos de la cultura independiente de la ciudad, donde lo mismo se pueden tomar unos cócteles que disfrutar de proyecciones, música en directo o sesiones secretas. Yago Ferreiro pertenece a la Asociación Cultural Leteo, y el propio autor coordina sus entregas de premios, en las que ya han sido galardonados autores de la talla de Arrabal, Auster o Houllebecq.

    Bajo el pseudónimo de Henry Pierrot ya publicó en 2005 su “Poética para cosmonautas”, una visión muy personal de “Solaris” de Stanislaw Lem, donde el amor, el desasosiego y la tristeza ante la pérdida amorosa campan a sus anchas. Este poemario, compartido con la audiencia a través de Creative Commons fue posteriormente adaptado al cine por Nicolás Alcalá en “El Cosmonauta” (2013), la primera película española financiada íntegramente por crowdfunding.
    La  última obra publicada de Yago Ferreiro es Antología de la poesía espectacular (2013)





    POÉTICA PARA COSMONAUTAS
    HENRY PIERROT


    INTRO(MISIÓN)

    Olviden la música,
    tan sólo un zumbido pálido
    (de vientre de abeja)
    les acompañará durante la ignición.

    Guarecidos en sus trajes
    no notarán bajada térmica alguna.

    El firmamento puede que les resulte
    por momentos acuoso, liviano o quebradizo.
    Será tiempo para el descanso.

    La ruta de la astronave es circular,
    resultando complejo
    calcular el peso de las horas…




    EL VIAJE

    Puedes ver la materia avanzando ante tus pupilas,
    estrujarse y alejarse abanicos de estrellas a mayor
    velocidad que en una película del televisor.

    Puedes acercar tu pecho al pecho de Ella,
    puedes tocar la ramplona estructura del lavabo,
    afeitar el vello de sus piernas, arrojar notas a la
    basura policromada, escuchar a los Stones, ver
    conferencias del presidente, acariciar su melena
    de paja…

    Puedes encontrar aún otro motivo; jugar con
    canicas que vuelan a la altura de sus ojos
    caramelo, llamar a algún desconocido, esperar a
    que vuelva el contacto físico, regalarle una
    rueca que haga labor de anillo, seguir el rastro
    de las bolsas higiénicas.

    Puedes dormir sin encontrar mayor descanso
    que al oír el silbido, pensar que es real (que Ella
    también lo es) que Yo lo soy. Puedes invertir
    todo tu tiempo en ello y mirar al pájaro muerto,
    envidiándolo.




    LA ASTRONAVE

    No hay vida desde la escotilla,
    sólo un silencio metálico
    parecido al de una cafetera.

    El cosmonauta hibernado
    arroja exabruptos barbáricos,
    los ojos humedecidos
    (como si la tristeza fuese aquí posible).

    La astronave me recuerda
    a una sirena de bomberos
    a punto de lanzar un alarido.

    Durante la «actividad»
    mis manos permanecen envasadas al vacío,
    sumidas en un recipiente
    que no para de repetir «te amo».



    ÉL (EL COSMONAUTA)

    Cruzamos el hangar en silencio,
    me sacaba tres palmos de altura,
    debió de confundirme con un eléctrico,
    recuerdo sonreirle como a un amigo.

    Tras la ignición
    se tomó doce cápsulas
    y no dio las buenas noches.

    A veces ella se acerca a su cuerpo
    y le llama pájaro muerto.
    Después ríe nerviosa,
    como si hubiese roto un mecanismo.





    YO

    Recibí un día una llamada,
    decían haberme hecho daño,
    recuerdo haber colgado sin llorar.

    Tiempo después,
    vino un hombre hasta la casa.
    Intentó forzar la puerta,
    ahuyentó a los vecinos con una placa dorada,
    fingió ser amable.

    Tiempo después,
    firmé cierto documento
    y estreché la mano a una joven.
    Mientras, llovía con fuerza en el apartahotel.

    Una grave voz humana me susurró al oído:
    «Ésta es su nueva esposa».




    ELLA (LA COSMONAUTA)

    No puede ser tan bella
    (no la creo).
    Pienso en su mentira cotidiana.

    Arroja el traje al suelo,
    envuelve mi cuerpo en un abrazo,
    camina descalza,
    me hace llorar de alegría.

    Después de todo, Ella también sabe
    que siempre suena el silbido
    que nos obliga a volver
    a nuestros respectivos nichos




    LA MISIÓN

    No es muy difícil de advertir:
    cuando un hombre irrumpe en la casa
    en la que has nacido,
    en la que has amado a una mujer que no recuerdas,
    con la que has tenido un tiempo fantástico
    y otro no tan bueno
    y aun otro peor
    de lo que es en sí el propio infierno,
    no es muy difícil de advertir
    que existe una misión estúpida,
    en algun lugar, para ti.

    Mi hombre me explicó difusas concesiones
    que ellos harían, que yo haría,
    para conseguir algo que nadie antes
    hubiese imaginado

    La misión dura mil días.
    Hoy siempre es el día primero.




    EL NICHO

    En el nicho hay fabulosos inventos.
    Una radio de indudable calidad acústica
    que permite escuchar el silencio,
    y un televisor que permite ver el espacio.

    La oscuridad aparente esconde infinitos matices.

    En el espacio, encierran a los hombres libres.
    Allí se sienten polizones entre guirnaldas de energía.




    EL SEXO

    A ella se le ocurre
    y no digo que no tenga su gracia.

    La idea es despertarse
    y pasearnos desnudos
    por las cabinas de la astronave.

    A ella se le ocurre
    y no digo que no tenga su gracia,
    hacer el amor en nuestro tiempo libre.

    Nadie debiera estar de acuerdo,
    para eso existe la «actividad».
    Ella cierra fuerte los muslos,
    para después abrirlos…





    EL PÁJARO MUERTO

    Al término de la primera fase
    las pulsaciones de nuestro pájaro
    comenzaron a elevarse.

    Todos en la base debieron de preguntarse
    qué diablos ocurría, aunque yo lo sabía.

    Ella se despertaba
    y visitaba al cosmonauta
    (secundada por la oscuridad del nicho).

    Al término de la primera fase,
    éramos por fin tres los tripulantes.




    Antología de la poesía espectacular
    Yago Ferreiro
    Los Libros de Camparredonda, nº 10 - León, 2013



    INTROMISIÓN

    Olviden la música,
    tan solo un zumbido pálido
    (de vientre de abeja)
    les acompañará durante la ignición.

    Guarecidos en sus trajes
    no notarán bajada térmica alguna.

    El firmamento puede que les resulte
    por momentos acuoso, liviano o quebradizo.
    Será tiempo para el descanso.

    La ruta de la astronave es circular,
    resultando complejo
    calcular el peso de las horas…


    *




    Porque aquellos libros
    eran como nosotros
    hablaban como nosotros
    se ajaban como nosotros

    y (sin embargo) eran como ninguno.

    Las tardes se nos iban
    enfriando aquellas tazas
    hasta niveles insospechados.

    Sin saber que otros antes
    habían dejado enfriar sus vidas
    de la misma manera.

    Sin saber que otros antes
    vinieron del fuego de las hojas
    y fueron igualmente desaprovechados.

    Sin saber que otros antes
    se habían tirado a la misma acera
    que nosotros decíamos haber construido.

    Todos esos autores ya habían muerto

    o habían perdido sus vidas por el camino.

    Quedaban (tan sólo) sus libros
    que eran como nosotros
    hablaban como nosotros

    y (sin embargo) eran como ninguno.


    *


    Hubo un tiempo magnífico
    no hará mucho de ello
    quizá hayan pasado los años.

    Es nada (si lo comparas) es nada.

    No queríamos aprender
    nadie nos lo hubiera quitado de la cabeza
    que no existía un manual
    y sí la sala de un café
    de la que (prometo) os hablaré luego.

    De noche huíamos de las casas
    para llamar desde la estación
    a nuestros amigos.

    A ellos que no dormían
    a ellos que no pegaban ojo.

    Los oíamos descolgar
    siempre apresurados
    (casi sin aliento)
    con sus voces roncas
    por los efectos de algún tranquilizante.



    XV

    Sólo teníamos un sueño
    que para algunos debía de ser el mismo
    y del que (sin embargo) costaba
    encontrar semejanza alguna.

    Todos empeñados
    en contarlo de maneras diferentes.

    Y a pesar de que las chicas no estaban
    de que el poeta no estaba
    de que no debían quedar en pie
    más allá de dos latas de cerveza
    unos pocos cigarrillos
    nadie parecía tener nada
    que echar (realmente) en falta.





    Letterpress.
    Esa palabra te abrirá el corazón de cualquier diseñador. Hoy he recibido este poemario maravillosamente editado por Ediciones Pájaro. Cuelgo aquí el prólogo que escribí para el mismo:

    OBJETOS PERDIDOS
    Se dice que la mujer de Hopper, Josephine Nivison, tras ser retratada en Summer in the city (1949) anotó “Está en la naturaleza de los animales estar tristes tras el amor”. Esta colección de versos breves para significados hondos habla del aturdimiento y confusión del individuo tras la amistad o el amor, de la eternidad de los instantes que parecen fugaces, como hablan los cuadros de Hopper: “Pronto un sueño más profundo/ más doloroso que una embestida/ nos atrapará a ambos/ y se quedarán las palabras ahí/ encendidas a lo lejos/ encendidas como se ven las autopistas/ desde un avión/ parpadeando a lo lejos/ nuestras palabras últimas.”
    A través de una voz dividida en cuatro autores ficticios Yago Ferreiro hila una narrativa de recuerdos: de la sencillez de Atienza (“Debe ser una piscina ardiendo/este prólogo a la muerte.”) a la ira posmodernista de H. W. de la Crew. Con una gradualidad en la elaboración que suma paulatinamente referencias a películas y novelas propias de la sentimentalidad del último cambio de siglo se trabaja un ambiente de tensión propio de construcciones televisivas como Crímenes Imperfectos. Si Win Wenders siempre ha reconocido su deuda con las imágenes de Hopper como disparadores de historias, Yago Ferreiro usa el mismo trampolín de lo visual hacia una epifanía de la normalidad, recreándose en el placer de la tristeza de los espacios públicos decadentes. De ese “nadie importa a nadie”  se desmarca la última de las cuatro voces, H. W. de la Crew, crítico retrofuturista de tendencias en los años cero despierto en 2046 (“En un último esfuerzo/ destinamos nuestros ahorros/ para entrar en el mal llamado/ “Post-mod-post-after-pop-post-modernismo”./ Nos compramos incluso/ los mejores trajes color Nutella del hipermercado”. Descrito en el ambiente neónico de Wong Kar-Wai, este “autor secundario” usa el mismo recurso que la película: retomar fragmentos visuales del pasado sumando algunos motivos de ciencia ficción.
    A través de la suma de las repeticiones, de las referencias, se nos muestran los lugares y tiempos transitorios y antidomésticos con los que, paradójicamente, nos vamos identificando con el paso de los años. la voz de Atienza regresa al final del poemario para expresar esa expectativa de la nostalgia“Me preguntas cómo se puede vivir así/ y qué vendrá ahora/ y dónde estará ese hermoso vestido/ Pero sobre todo/ me preguntas una y otra vez/ en qué nos convertiremos ahora.”

    Sus versos nos acarrean a un espacio importante para nosotros mismos, de quietud y tristeza, de gravedad y autenticidad. El texto parece indicar que todos tenemos subjetividades diferentes, y no todas se sienten igualmente como “nosotros”. Quizá la respuesta más cercana a la realidad sea la expresión de nuestros fragmentos.

    http://ememinuscula.blogspot.com.es/2014/03/antologia-de-la-poesia-espectacular.html







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  • 10/27/16--07:09: VILLO ARGUMÁNEZ [19.391]

  • VILLO ARGUMÁNEZ

    VILLO ARGUMÁNEZ, un enamorado de la poesía desde niño, sin precedentes familiares, publicó a los 17 años en fanzines (Cosas de aquí, La lechuga fresquita, La luna, La sombra de lo que fuimos…) revistas culturales, radio (en especial en Radio3 RNE, en el programa Caminando sobre la luna, presentaba Luz Elez Villarroel) [Reticencia a firmar con mi nombre, algunas publicaciones no lo hacía, pedía que se quedase en el aire]. Publicó su primer poemario: Binomio, 1984. Homenaje a las influencias de La joven poesía española… Lo que más le interesa de la literatura es ser LECTOR, como el que busca Ricardo Pliglia, o haber sido Pepín Bello, pero cuando ya ha habido uno… dejémosle ser único, porque lo es.



    ¿POEMA INACABADO?

    hace treinta minutos que me estoy esperando en el mismo infierno
    soy impuntual, como siempre, no llego.

    allí estoy, con poca esperanza
    a punto de arder en mi pasado.

    la juventud
    mi juventud
    me mira desde ti y me flagela
    no hay razón para sentirse orgulloso
    tampoco es una herida insoslayable
    vive una mujer en mi silencio
    nos vemos de infiernos cada sábado
    los lunes toca literatura.

    hace frío en la locura llena del último vagón
    continúo
    sin echar de menos el tiempo
    abonado a tus labios–
    esos que paseas los veranos en bicicleta–

    de mis ojos a tus labios
    hay un trecho indescifrable para la ciencia

    unas noches te llego
    unos días no te alcanzo
    más tristes mis versos que una evocación de Cirlot
    un día antes de echar de menos a susan lenox.

    hace treinta minutos que giro en círculo carroñero
    sin moral ni ética (no me extraña),
    como siempre,
    no llego
    entreno lo que siempre hice mientras sufría
    ¿dónde está aquel placer del sufrimiento?
    el mundo se convierte en la sombra de una cuerda
    sin viento que la meza
    ¿hay algo más triste?

    hace treinta minutos que me espero
    esta vez
    ya
    de otra manera
    sin esperanza
    con un concepto distinto de las lágrimas:
    son paraguas en la dermis
    son un recuerdo de tus labios rojos
    aquellos que visitaba sin permiso, sin tiempo,
    mientras en verano tú los paseabas en bicicleta.

    la muerte es tan previsible que da pena,
    decía, mientras comía de tu oreja el pecado de una edad
    indefinida, tan adolescente estás
    que como de tus muslos la transparencia
    y dice tu frontera: espera, un poco,
    ahora
    embiste ya contra mi voluntad decidida en el derecho romano

    ¡pécame en las piernas!
    ¡tírame del verano!…
    estás tan cerca de lo peor de mi sangre
    ¡entra!
    entra, entra… entra… así…
    cobijo el pulso agitado de tus venas
    reviéntame de un verso las paredes
    donde acepto con lujuria los mitos venideros de Isis
    deja ya mi fuera del campo de batalla de tu
    visión errónea,
    has subido, enhiesto roble,
    que tu osadía no se baje.
    Recuérdame muñeca y tuya
    esdrújula y sin voluntad
    sometiéndome hasta que revientes mi juventud abierta,
    eres mío
    mientras te esperas;
    hace treinta minutos que te esperas
    yo no estoy
    vuelve sobre ti sobre tu teatro abierto
    vuelve a la espera y sigue.

    aquí esperándome
    impuntual
    a que pases la inmortal imagen del verano
    ese instante cautivo de ayer
    donde aún tenía presencia de protagonista
    nostalgia de mí mismo

    ahí estoy
    mira
    con poca esperanza, a punto de arder.

    estoy allí, te veo,
    tú tan joven y yo de ayer
    última mirada en mi espejo.

    cómo aprieta el sol sobre mi sangre
    a ti te llevó al suelo
    a mí me tiene en la cárcel.



    POR QUÉ LA MEZQUINA SENSACIÓN…

    por qué la mezquina sensación de no haber hecho nada
    me siento cada día en el poyete de los sabios
    cae toda la luz sobre sus boinas
    sus ojos medio cerrados adivinan a diario las horas de comer

    es mentira que alguno fuese mi maestro
    lo que no evitó que yo me preguntara
    qué gafas usaron para hacer sus hijos




    A Ricard Gresa (sin red)

    mi puta mano rota
    habla como yo quiero
    duerme al margen de mi almohada
    y mira con desdén la precariedad de mi sueño

    mi puta mano rota
    la que aguanta su voluntad contraría a la mía
    hace tanto tiempo que no se enamora
    que cada dedo vive emancipado en su isla

    rota mi puta mano
    la que se vendía a los hombres
    y terminaba libros en 53 días

    en ella y de ella por ella
    comieron pájaros
    escritores

    y familias

    sabe con descaro
    que fue hábil
    en ocupar el hueco ardiente de la frágil paradoja de la hembra
    la misma mano que no da respuesta
    y omite
    un final que venía previendo.


    *



    Juego derrotado en la semilla
    confundo las edades con los miedos
    parezco lo que soy

    y soy distinto

    me llaman a llorar
    y saco la cuchara

    me piden sonreír
    y me pongo en la fila

    me tocan con tibieza un tema de amor
    ahí me rebelo

    ¡¡no puede toda la sangre
    saciar mi sentimiento!!

    creo en la libertad

    pude ir a la guerra
    y no me dio la gana.






    M R

    Si el sol dudase un momento se apagaría" W. Blake


    he hablado conmigo
    ejerciendo de poeta
    atroz balada de versos asustan mi imaginación propia
    propia de mañana y cada día
    propia del calor almohadillado de una fiebre lenta de deseo

    muerta la gloria de lo pensado
    borro felices los versos con este escrito

    no me digas que pudiste agarrar mi cuello
    cuando ya podías
    no me digas las formas que me sueñas
    cuando ya podías despejar el laberinto que te ofrezco
    no me digas que quieres mi olor
    cuando estoy aquí y no me desprendo
    no me digas te pediré perdón
    cuando estoy aquí y no sé si ahora que me lees ya he muerto

    no mires lo que pudo ser a galope
    y se murió pensando si era mejor sin prisa

    ¿qué anticipa la prisa
    si al mirar atrás los años son suspiro
    y traición
    corrección continua para creernos eternos en un epitafio
    marcado por la insolencia anticipada
    de haber nacido?

    Galopar con Mayúscula?

    todos los momentos que no estamos
    son la misma muerte...
    eso sí
    vestida de esperanza




    VIGINIA, VIRGINIA 

    Oh! Virginia Wolf
    contemplo el frío de tus pies
    la seriedad de tus manos
    mientras escribías rotunda al calor de tus ideas

    Pierdo la serenidad cuando escucho tu nombre,
    me siento rodeado de columnas de colores
    que avanzan sin rostro
    hasta mi fuerza hercúlea
    para desmitificar mi nombre
    con la presencia anónima y ausente...

    Una hoja más víctima del otoño 





    A José Alfonso Pérez(poeta), cinco minutos negros.

    estudio las formas de empujar
    las palabras
    eslabones fríos de llanto arbitrario y sometido

    no estoy aquí por capricho
    ni por su idioma contrario

    toda la tarde me abraza a latigazos de segundero
    quiero estar enamorado
    de una abeja reina y estéril
    que me dé un verso más abajo

    nunca riman mis olas
    y el mar se pica cuando quiere
    un mar de miel que enguye hombres
    y se deja sobrevolar infinito en su bucle
    por una abeja reina y estéril

    me escondo
    así
    día a día
    tengo tanto dolor anticipado
    por la posibilidad inédita de quererte





    Ella

    me ha pedido que con otra letra
    nueva tinta
    y una solícita entrega a la libertad
    no la nombre

    tantas veces estuvieron desconocidos órganos invitados
    sus dueños y sus tarjetas
    perros de baba mordiendo los muslos
    y una sonrisa roja de muerte quebrando la frágil entraña
    la atrevida mujer
    la que lloraba
    sobre sábanas de novelas y letras fugitivas

    si los hombres dolierais un poco menos
    si el sabor a puro de contrabando no dejase cicatriz en mi alma
    si la risa poderosa la pudiera borrar cada día
    este mal recuerdo de no haber sido
    podría soportarlo mientras me muero por el costado
    "no hay nada que no se arregle" me dijeron
    se ve que algunos no sufrieron ni en el verso
    me olvidaré de mi
    quién me toma
    quién abre fuego y escribe mi novela?




    dí-vagando

    estoy fuera de la ciudad
    aislado en un montón de recuerdos futuros
    soñando que ocurrirá todo lo que deseo antes de morirme
    y ya me he muerto.

    quiero un ángel
    el capricho de la psicología de este pájaro acerado
    poemas como plumas
    dejando calvo al animal o cosa

    rompo las expectativas de mis ojos vidriosos 
    miran una novela policíaca sin reconocer que otro la ha escrito
    mis amigos son literatura
    yo hago biografía y recuento vida día a día

    los nombres asaltan espejos
    y un cinturón de diseños fonéticos
    crean un paraíso al margen de mis manos
    lo que suena no es un río
    ni la vida, ni lo que va al mar 
    estoy en otro instante anterior al que escribo
    es después cuando amo la filosofía
    la inútil entrega al amor por las palabras
    me fían su grandeza
    no las corrijo.




    sin terminar...

    fíjate amor tuyo
    cómo es el dolor desconocido
    y mis fiestas en la cama
    solo
    pendiente arriba
    son la guerra diaria hacia la utopía

    me han matado tantas veces mientras llevaba rosas rojas añadidas al corazón
    que es impensable una mano abierta con un robo de alegría
    qué será de esos hombres grises y traje que desearon mi muerte
    no encuentro rosas azules para la sangre de su epitafio
    sonrío la aciaga ausencia y siento escalofrío en pensar qué pensarían si me vieran tumbado
    ningún sicario me quitó verticalidad
    habito tranquilo en versos incomprensibles que me acarician las visceras

    pienso en canciones y niños
    es mi consuelo
    un amor que me grita y 
    un pasto verde donde me crío




    Silencio

    por qué me puedes

    callas
    un grito de ave impronunciable
    no suena

    me estorba el silencio
    se mete en este pasillo atlántico que me lleva a ti
    ...y no me deja

    quiero cambiar colores
    sacudir el cielo y bajar su fruto
    monedas chispeantes sin reyes que posan

    quiero
    si me amas
    no cambiar de cuello al que pasar la lengua
    mi lengua
    roja de ideología por la impotencia
    abierta a tu nombre y
    comprometida con el sudor marino
    del recuerdo futuro

    más silencio suma una tragedia
    hablar puede romper la ola dormida y azotar la costa
    el verde del recuerdo se embriaga 
    para no ser descortés con su ego diario
    y te llama
    y te vienes
    y te ausentas
    y te calla
    y le hablas
    y
    por qué me puedes
    si ya no reivindico en las paredes
    que todo lo vivo sea feliz por contrato con el estado de su ánimo
    más feliz
    ser libre
    no te calles ahora que llega otro fin...
    de semana








    .



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    Fotografía de Carolina Illán

    Noelia Illán Conesa 

    Noelia Illán Conesa nació en Cartagena, Murcia en 1983. 
    Es licenciada en Filología Clásica por la Universidad de Murcia (2006). Ha realizado varios estudios sobre pedagogía, educación y yoga, además de otros cursos relacionados con la materia de las Clásicas, como mitología o literatura. En 2005 recibió la beca de colaboración de la Universidad de Murcia y trabajó sobre la obra de Ovidio Las Heroidas. Ha sido miembro de la Sociedad de Estudios Clásicos.

    Junto a Ana Cantero y Verónica González, ha compuesto varios grupos de trabajo en los últimos años, enfocados a la enseñanza de las lenguas y la cultura clásicas en la Educación Secundaria.

    Participó en la cuarta edición de las Jornadas Mundiales Murcia-Europa Horizonte 2007: la Europa de los ciudadanos, realizadas en 2005 y organizadas por la Secretaría de Acción Exterior y de Relaciones con la Unión Europea. También ha participado en varios encuentros culturales, como la Semana de la Ciencia (Murcia, 2006) o el XXV Aniversario de la Filología Clásica en la Universidad de Murcia (2007).

    En febrero de 2012 ha publicado su primer libro de poemas, ilustrados por Carolina Illán, titulado Calamidad y desperfectos. Ha participado en recitales por la provincia de Murcia, como “La noche de los poetas malditos” o “El día mundial de la poesía”, en honor al poeta José María Álvarez. Asimismo ha recitado en eventos de Cartagena, Murcia, Bilbao y Totana.

    Es creadora del blog http://lascosasmastriviales.blogspot.com/ y colabora en el periódico digital http://www.cartagenadetodo.com/
    Actualmente reside en la provincia de Alicante, donde trabaja como profesora de Latín y Griego. 

    Ha publicado el poemario Verbos por dentelladas (RavensWood Books, 2016). En la actualidad, es codirectora de la revista de poesía La Galla Ciencia y prepara un libro de conversaciones con José María Álvarez, así como una traducción de Catulo.



     
    Desintoxicación inmediata

    Me siento nacido para el ocio.
    Ovidio

    Hay que hacer del escándalo un arte.
    Shakeaspeare

    Vino, o vodka, o tequila,
    o más licores dulces,
    o todos los alcoholes juntos.
    El opio, el humo del cigarro.
    Los vicios y pecados,
    las putas, el buen sexo, el sudor.
    O la saliva en la cama, en tu cuerpo,
    en la ropa, por los muebles.
    La literatura en general,
    y la poesía en particular.
    Cientos de autores que no caben en unas líneas.
    Para qué, si nada importa ya tanto.
    Negocio de muchos.
    Ocio para unos pocos.



     
    Mística

    El cielo tormentoso trae un aire pesado.
    Herman Hesse

    Pues bien. Lo acepto. Y así sea.
    Jenofonte

    Eres la Mística de mis sueños.
    Con tus garras camaleónicas me hieres la mente
    y volatilizas mi existencia.
    Te apareces por la calle,
    en la tele,
    cuando leo.
    Puedes llegar a transformarte en cualquier cosa:
    a veces música, ayer en comida,
    quizá mañana te huela en la calle.
    Quiero sacarte de mi mente como sea,
    pero te metamorfoseas en todo lo que me rodea
    y ya no sé cómo escapar.



     
    Les fleurs du mal

    Fulges, encantas, guarda tu cuerpo
    el hechizo insabido de la tierra.
    Luis Antonio de Villena

    Me fascinan tus medias de rayas rojas y blancas
    (o negras, porque creo que tienes dos).
    Cuando te tiras al suelo a leer
    y las mueves lánguidamente,
    como cuando Humbert ve por primera vez a Lolita
    en el jardín de azucenas.
    Secreta catedral de mujer que enciendes la vida
    y la estima.
    Eres la Musa de fuego de la que habla Shakespeare,
    y el ruido y la furia.
    Porque podrías venir de cualquier parte,
    pero vienes desde el infierno
    a lisiarme con tus zarpas.
    El mejor espejismo
    en medio del desierto arábigo.
    Sigue moviendo tus piernas,
    que yo contemplo la cura de mis males
    y desordenaré en breve los rizos de tu pelo.


     
    Marrakech

    No rendir cuentas a nadie;
    servir y complacerse sólo a sí mismo.
    Pushkin


    Pescado frito de todas las clases y tamaños,
    rebozados, fritos.
    Verduras mezcladas y carnes a la brasa,
    incluso teta de vaca o estómago de cordero.
    Más allá tienes serpientes encantadas,
    Y allí está la vieja con henna.

    Los monos trepan sobre los turistas
    y las calles se pierden en laberintos
    de lámparas, alfombras y hierbabuena.

    En el centro de todo,
    rezuma la vida, la música lejana de un yembé.
    Regateos de viejos comerciantes
    y un chaval enganchado a una burra.
    Yamaa El Fnáte espera.

    Marrakech, diciembre 2010



     
    Sin perdón de Dido
     
    Amatista ruda, jubilosa materia…
    José Alfonso Pérez Martínez

     
    Pulsando el alma y no la lira
    se fue el caudillo Eneas.
    Y la princesa fenicia lo maldecía
    en su promontorio más alto de Carthago.
    Un odio eterno que cantarían sus hijos
    y sabrían de memoria sus nietos.
    Desolada, como la luna,
    observa las naves troyanas
    alejarse en el tiempo y el mar,
    rumbo a una ciudad no fundada aún,
    donde se contaría con versos homéricos
    la hazaña del héroe,
    donde en las noches más frías,
    en la cama de otra mujer,
    Eneas la recordaría.




    Manifiesto personal
      
    El elegido vive para no hacer nada.
    Sólo contemplar.
    Oscar Wilde

    Contra la corriente.
    Contra lo medido.
    Por lo natural y espontáneo.
    Contra las conversaciones sin sentido.
    Me someto a la locura y desvarío.
    No a la burocracia inútil
    y menos a la denuncia del vecino.
    Por el desastre y el huracán.
    Contra el sedentarismo y el libro vacío.
    Un hurra por los atardeceres mágicos
    y la sal de la vida.
    Contra la igualdad y el exceso absurdos.
    Me someto a mi moral y a la fortuna



    Justificante de asistencia

    Hay cosas que no se juzgan. Se contemplan.
    José María Álvarez

    Porque el arte es Arte porque sí,
    y punto en boca.
    No se puede justificar una obra,
    ni un cuadro,
    ni una ópera.
    Para gustos, estamos nosotros, con distintos colores.
    Cada uno elige,
    el autor crea y nos regala su don, esfuerzo
    y en algunas ocasiones (por desgracia) un plagio.
    No se gusta a todos,
    digo, dices, dicen.
    Pero es que además no creo
    que las cumbres de la inteligencia y el arte
    lo pretendan.
    Ahí lo tienes, ahí lo dejas si quieres.
      
      



    FARSA

    Igual que las azafatas rubias,
    guapas, altas, altísimas,
    fingen inflar chalecos salvavidas
    al final de un pasillo
    de turistas enrojecidos.
    Me parece todo
    una farsa.




    ARRÊT D´URGENCE

    Qué se ha de hacer en uno u otro momento
    lo sabe cada uno –si lo sabe-.
    Los cuándo, porqué. Los cómo.
    Momentos que tienen la estrechez de un embudo,
    el pasillo turbio donde no se oculta el miedo,
    el frío de las seis de la mañana en los párpados,
    a media tarde el disparo hueco en la sien,
    el yo más cercano desvaneciéndose
    como la casa que ya no tiene techo ni marcos.
    Cada uno sabe cuándo abortar la misión,
    cuándo elegir entre agua o vino,
    cuándo leer a Biedma o Tácito,
    dejar lo que estorba, lo que sobra,
    ir a lo seguro.
    Seguir tu propia intuición en la huida
    y buscar la salida de emergencia cuanto antes.




    ESTADO DE GRACIA

    Te sientas y abres una botella.
    Hoy prefieres un tinto
    negro como la sangre de Héctor.
    Te empapa mientras oyes algo de música.
    La ventana está abierta. Es suficiente –piensas.
    Alzas la copa y brindas por un verso,
    uno que no recuerdas, pero
    ese
    que te hizo sentir que algo queda,
    que algo merece aún la pena.
    Notas esa embriaguez bajar hasta tu vientre,
    muy cerca del pubis.
    Todo está bien.
    Te miras dichoso –por un instante- al espejo,
    en paz, en comunión contigo mismo,
    con la certeza de que te reconciliarás
    con el mundo muy pronto.
    O tal vez no.




    DECÁLOGO CORRUPTO

    Que los errores se compensan con aciertos.
    Que no es tiempo de gestas y victorias.
    Que la poesía nace sola y de las tripas.
    Que todo es una cuenta atrás acelerada.
    Que el miedo se supera, a veces con alcohol.
    Que del holocausto habría de salvarse el Arte.
    Que en presente el pasado es mejor.
    Que de idiotas está el mundo lleno.
    Que todo lo que tenemos es una gran mentira.
    Que el hombre, al final, muere solo.




    A VECES, CUANDO ARAÑO

    Perdona que a veces me hiele
    más rápida que el agua,
    que me vuelva oscura como un túnel.
    Permíteme que me aleje
    y busque restos de trastos viejos
    para taparlos y sellar las cajas.
    Perdona a veces el tabaco,
    la soledad que me proporciona,
    las colillas una tras otra en la maceta,
    o la pierna que abanica el viento
    en el sillón de la terraza sin ti.
    Perdona los descuidos si imagino bocas,
    si la carne fuera débil y las manos se aventuran.
    Cuando callo y soy ladrillo,
    o casi no te miro o no me acabo el plato.
    A veces busco en mí algo mejor
    que mostrarte, una parte más clara.
    Pero a veces –lo sabes- tropiezo
    y mancho y soy arista
    y todo se me cae de las manos.
    La torpeza me hace humana.
    Permite que repase alguna vez
    mi lista de cosas que hacer antes de morir
    y piense en Séneca y sus venas abiertas,
    lo sublime de aquella escena.
    Hay una parte terrible en mí como las autovías,
    parecida a las calles de Año Nuevo,
    repleta de pedazos de noche y prostíbulo.
    Perdona la osadía de justificar las faltas,
    las preguntas deshechas en el aire,
    mis dudas –a veces- en la distancia.
    Sólo quiero saber dónde te tengo,
    en qué punto estamos y si mañana,
    cuando amanezca y vuelva a ser yo,
    tu toalla naranja estará junto a la mía.




    LUNÁTICAMENTE

    Al Siamés.

    La vieja que hacía alfombras,
    pendientes, collares en Sardis
    y tenía el pelo recogido por un pañuelo.
    Se le caían las cosas de las manos
    por mostrarlo todo.
    El templo de Artemisa perdido entre volcanes,
    la cella vacía de Euromos,
    su silencio inmortal,
    el cruce donde de nuevo resucitamos
    a la vida ésta perra de asfalto,
    el rosa de Pamukkale y su humedad,
    el agua cayendo por mis codos hasta la falda.
    El camarero que dudó en dirigirme
    aquella tímida sonrisa por lo atrevido,
    las calles sin alquitrán y de gatos repletas,
    el joven que cedió su asiento
    en un autobús de Kusadasi,
    la inglesa fumando sin destreza una cachimba
    -y el marido aplaudiendo la hazaña
    de humo azul-,
    algún lokanta, los paisajes de trigo.
    La sonrisa de plata de nuestro niño
    haciendo kebab y ayran,
    rodeado de imbéciles que sobraban,
    imbéciles que imaginé muertos.
    La base de la Gálata, soberbia,
    erguida como un falo.
    Los puentes, la luz del Cuerno,
    tu mano en mi coño atravesando el Bósforo.
    La cueva de los Siete Durmientes
    -y un perro, no recuerdo su nombre-,
    pero la magia de ese lugar,
    cómo nos iluminó la existencia.
    Algo había allí, el embrujo extremo.
    Ese primer helado de pistacho
    junto a la estación de tren,
    las cucharillas compartidas,
    la falda de un derviche, el testi
    destrozado sobre la mesa.
    Todo eso me llevo. Lo demás,
    kilómetros, pasos, desiertos.
    Nada que apuntar en la libreta.




    CASILLERO DEL DIABLO

    Que puede la vida ser hermosa
    con esos pequeños gestos mundanos,
    o cuando escuchas un disco de los Dire Straits,
    o con un paseo otoñal en esa mar nuestra
    que nos reboza y renueva.
    Con una boca carente de pudor y soberbia
    cuando muerdes la manzana podrida
    del deseo,
    y caes torbellino abajo
    al fondo más oscuro de tu mente.
    O las viejas fotografías de mi abuela,
    dichosa sobre su moto azul,
    donde siempre me parece estar ahí,
    retratándola.
    A veces esos crepúsculos
    que no son ya rojos, sino dorados y eternos,
    clavados para siempre en tu retina,
    a fuego en Istanbul, en Buda tatuados.
    El blanco y negro de algunos filmes,
    el grito de “¡Marcello!” en la Fontana,
    las risas de esas chicas que se abren al mundo.
    La copa de vino que empapa tus venas,
    el verso que arrastra y araña,
    que embruja –oh, sí, esas lecturas
    de noches adolescentes-.
    Una conversación, quizá;
    una cena en Roma bajo aquellas farolas
    amarillas, como las de Pérgamo,
    y ese cubata agrio que nos hizo reír en Atenas.
    Pero luego,
    ¿qué hay tras todo aquello?
    ¿comprenderemos algo al final del trecho?
    Somos objetos vacíos
    que alguien guarda en una caja
    por si el futuro.






    "Prohibido leer de más, pensar de más,
    mirarte al espejo, decidir por uno mismo.
    Prohibido superarse,
    despejarse,
    masturbarse.
    Prohibido el avance, el raciocinio.
    Señores:
    estamos perdidos"




    DESCONCIERTO  

              Hombre astuto 
              que erró mucho tiempo…  
                              Homero           

    Reconozco a veces mi vida en algunos sitios.         
    El café, un cigarro, una terraza agradable.         
    Las Mezquitas me tuvieron dentro,         
    me perdí en las calles del Bazar.          
    En Nueva York tengo ropa en la tintorería,         
    veo caras conocidas en el barrio de Termini,         
    tratos familiares en Alexander Platz.          
    A veces, perfecta realidad. Otras, abismo.          
    Otras veces, sólo soy real en Cartagena.         
    Y esa sensación me asfixia.




    ESTADO DE GRACIA

    Las mentiras más crueles son dichas en silencio.
    Stevenson

    Te sientas y abres una botella.
    Hoy prefieres un tinto,
    negro como la sangre de Héctor.
    Te empapa mientras oyes algo de música.
    La ventana está abierta. Es suficiente –piensas.
    Alzas la copa y brindas por un verso,
    uno que no recuerdas, pero
    ese
    que te hizo sentir que algo queda,
    que algo merece aún la pena.
    Notas esa embriaguez bajar hasta tu vientre,
    muy cerca del pubis.
    Todo está bien.
    Te miras dichoso –por un instante– al espejo,
    en paz, en comunión contigo mismo,
    con la certeza de que te reconciliarás
    con el mundo muy pronto.

    O tal vez no.



    VERBOS POR DENTELLADAS (RavensWood Books Ed., 2016) hoy en La Opinión. 

    Por lo de la vanidad y esas cosas de las que hablábamos ayer JB y AC...


    UNA VOZ PARA EL FUTURO

    Por  Soren Peñalver

    Con veste de estridentes colores, rasgada, y lengua audaz, en la cima de un altazor arqueológico de Asia Menor (Sardes, Pérgamo, Priene, Dídima, Éfeso, Afrodisias…), imagino en mis sueños diurnos a Noelia, mi amiga, mi hermana, mi hija, mi colactánea.

    ¿A quién se dirige? ¿A dónde se encaminan sus palabras; su voz desgarrada, rebelde, y por cuyos sonidos incontrolados se escapa la ternura? La poeta, andrógina, viril y tanto más femenina… (hablamos de antes que cayese en desgracia la norma omniamorosa), eligió la clasicidad, y se entregó a Ovidio, al Ovidio más comprometido con la mujer, traduciendo del poeta latino Las Heroidas; luego, y mientras enseñaba a los más jóvenes las palabras sabias, escribió de sus insomnios (un tanto de desvelo en el durmiente no va en contra de apreciar el sueño), compuso un libro de poemas, Calamidad y Desperfectos (2012), que se reeditó prontamente.

    Mujer y escritora incansable, Noelia ha dado a conocer la obra de otros escritores y poetas, colaborando en revistas literarias, en festivales poéticos, en opiniones de prensa… La antología de poesía titulada El oro de los tigres (Editorial Balduque, 2015) fue el homenaje debido a su admirado poeta, amigo y maestro José María Álvarez. 

    Admirable es su actividad como codirectora de la revista de poesía La Galla Ciencia, junto a Joaquín Baños y los fieles Samuel Jara y Daniel J. Rodríguez. Se ha dedicado, además, al estudio de la obra poética del mexicano Efraín Bartolomé, del que promociona la obra por estas tierras, y a mediados del próximo septiembre hará una presentación española del mismo. En la actualidad, Noelia está entregada a una tarea conjunta con Álvarez: una traducción de Catulo, así como un libro de conversaciones con el poeta de Tosigo Ardento.

    Noelia Illán Conesa es noticia literaria de actualidad por un nuevo libro de poemas, el segundo: Verbos por dentelladas (RaVenWoodBooks Editorial, Colección Fleurs de Marécage, nº6, 2016). Un libro propio, por fin, después de cuatro largos años de espera para muchos de Noelia, que la siguen internacionalmente, pues su poesía es universal por la perspectiva e intereses culturales, lengua escogida, amplia y audaz (como ya se ha indicado).

    Uno de los poemas de Noelia, casi escogido al azar, como es el titulado Te aseguro que alguien se acordará de nosotras (pág. 60), augura el estudio amplio de un futuro conocedor de la poesía illanesca. Ya en los versos de Ezra Pound que abren el poema de Noelia se señala la clasicidad y el academicismo de la fuente donde bebe la autora: «Si quieres el meollo, / ve a Safo, Catulo, Villon». 
    La modernidad de Pound, en el sentido más rimbaudiano, invita a que sigamos a Noelia, que también alude a otro gran poeta, Gerald de Nerval, y uno de los bellísimos sonetos de sus Chiméres (Quimeras), El desdichado (titulado así, en castellano, en el original). El poema de Noelia no puede ser fragmentado, y como primicia a los inmediatos lectores de esta página, lo damos aquí al completo: 

    Te has quedado sola, 
    como el Príncipe de Aquitania 
    en su torre abolida, 
    desierta de hombres y besos. 
    Tus manos cubren de sábana 
    un cuerpo helado, marchito, 
    que el cruel himeneo abandonó. 
    Alguien te recordará entonces 
    acurrucada en el vientre de Atis
     –o cualquiera otra. Poco importa–. 
    Tú preferirás eso: 
    el crepúsculo de esos ojos, 
    el regazo suave y cubierto de ámbar.
    Los dioses, algunos, se olvidaron de ti. 
    Y ahora estás sola, 
    como el Príncipe de Aquitania, 
    terriblemente lésbica y carnal 
    en tu torre abolida.

    Noelia Illán Conesa, nacida en la antiquísima Cartagena, tiene el presente más luminoso que se desee y el futuro que su ciudad promete con la belleza de los nuevos descubrimientos de su pasado; «el pasado», que como escribió Marcel Proust, «no sólo no es fugaz, es que no se mueve de sitio». Los sedimentos de esa enlazada historia de Cartagena, el aire mineral de sus mediodías y tardes soleadas, el hálito de sus noches marinas, están en la voz, cavernosa y musical que viene de lejos y resulta tan cercana, de Noelia Illán Conesa, nuestra poeta de matia magnitismena (ojos magnéticos).

    Carolina Illán Conesa y Vanessa Castaño Sanz, respectivamente, han elaborado con gusto, aportando la fotografía y el diseño, la cubierta del elegante libro. Gracias por tus Verbos por dentelladas, querida Noelia, que nacidos de los hondos del ser, merecerán ser registrados por los mecanismos de la inteligencia artificial, con destino a la incógnita de la posteridad.







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  • 10/27/16--09:12: GABRIELA RUIZ AGILA [19.393]

  • Gabriela Ruiz Agila 

    (Quito, Ecuador 1983).  Poeta - Investigadora
    Licenciada en Administración y Ciencias Políticas por la UABC, México. Maestra en Administración Pública con especialidad en Políticas Públicas por la UABC, México. Licenciada en Comunicación Social por la UCE, Ecuador.

    Actualmente, cursando la Especialidad de Migración en Flacso, Ecuador. 

    De rasgos asiáticos, descendiente de migrantes y militante de la ternura. México, el desierto y el tequila hicieron raíz en mi sangre. Desde entonces me sé fronteriza y estoy en la constante búsqueda de esta poética.

    Doy vida a Madame Ho. Colaboro en diversos medios electrónicos, y en especial para Revista Matapalo. Premios: Segundo lugar en el concurso nacional de poesía Ismael Pérez Pazmiño organizado por Diario El Universo con Inventario-Escritura de Viajes (Ecuador, 2016); Primer lugar en Crónica del Cincuentenario organizado por la UABC con Relato de una foránea (México, 2007).

    (La frontera, 1983)
    Blog de escritura https://madameho.wordpress.com


    La frontera. Año nuevo, 1953[1]

    1953 es el año que está pariendo
    Me parió, casi a los 22 años.
    Cada lunes, desde hace tres meses, sucede…
    Las piezas del olvido aparecen
    Cartas, fotografías, discos,
    Creí leer mi nombre en el perfume del mar
    Le había pedido que atravesara el continente
    Como si se tratara de cruzar una avenida
    Me llamo Carmen. Canto. No lloro. No puedo matar.
    En un mundo paralelo me llamo Carmen.
    Llegará ese día: Yo estaré. Tú serás.
    Nos besaremos los ojos lejos de la rabia.
    Sin miedo a la caída,
    Estoy en un trance agotador sin sueño,
    Sin el deseo de comer, sin el deseo del agua.
    Pensando en esa separación de los hemisferios,
    De los continentes, de los mares,
    Rezo para que siga haciendo calor
    Pero en esta frontera soy Madame Ho
    Transito con el corazón lleno de dudas.

    [1] “Extraño sabor metálico en el aire” pruebas atómicas en Utah y Nevada, EE.UU. Hallazgos relevantes para descubrir la estructura del ADN.



    1969[2]

    Mi nombre es región en este viaje…
    El tiempo perfuma las sombras entre las montañas
    Los nogales se reclinan a beber en el río Bravo
    Desde el vértigo
    Mi nombre es región en este viaje…
    Es hora de bañarse bajo la lluvia
    Nos tomaremos de las manos
    Desde las orillas

    Mi nombre es región en este viaje…
    Vuelvo a mi vicio favorito, el calor
    Ungida por la tierra
    como la tagete inmortal al finalizar el invierno
    Transparente

    [2] La explosión de las minas carboneras 2 y 3 “Guadalupe” el 31 de marzo de 1969. Coahuila se convirtió en un pueblo de viudas y madres sin hijos.



    Ħiroshima y Пagasaki [3]

    19 de agosto…
    el abanico dando vueltas sobre el ambiente húmedo de lo que
    un día sería algo parecido a ¥ietnam
    el sudor violento invadiéndolo todo
    el agotamiento
    desde esta habitación
    puedo escuchar al mar mecerse frente a la costa nororiental
    el pacífico se desplaza por debajo del horizonte.
    durante el sismo de este latido, sin embargo, prevalece la serenidad de la tarde y la puesta
    de sol, es un evento devastador…
    al menos a la distancia de un deseo
    la trayectoria de la tristeza y el ritmo de la lluvia:
    hemos presenciado ese estremecimiento antes
    pienso en esa maldición de “quedarse y luchar” sobre los escombros de lo que fue esta ciudad
    la gente busca sobrevivientes y encuentre solo cadáveres
    las sombras de los años transcurridos, tendidas en el suelo…
    un ropero, una cama de soldado, y el calor.
    nadie está a salvo. ɇs una idea que me provoca llanto
    por eso me iré
    aunque los trenes lleven a ningún lugar
    en mi ciudad natal, todos quieren irse pero,
    los que se fueron, añoran regresar
    es difícil sobrellevar el desarraigo del agua, del suelo, del aire,
    de los rayos solares y las fechas
    desde luego, miedo-lo que no se han dicho
    lo que menos importa es el gobierno
    el caos posterior a la segunda guerra mundial
    quizá ocurra otra explosión…
    tú y yo, inesperados; Ħiroshima y Пagasaki, la suma de las estaciones.
    la nuestra es la réplica de ése sismo
    hace calor
    —soy tuyo, Ħiroshima—
    las nubes arden en llamas desde hace un mes atrás cuando empezó el verano, cuando en el
    trópico de capricorniÖ se estrenaba en la noche.

    [3] Hiroshima fue bombardeada el 6 de agosto y Nagasaki, el 9 de agosto  de 1945.

    ***Textos tomados de Inventario-Escritura de Viajes (Ecuador, 2016)



    Sakura

    Sakura se quita los zapatos
    va detrás de la cabellera del salvaje Ryu
    dragón no imaginado
    El color, un vestido puesto que desatar

    bailan, se tocan,
    brazos y piernas, mazmorras techicolor
    se entremezclan en secuencias rojo y verde
    La música los corta con su espada
    Se agitan en una escena de la saga de oriente
    perseguir la luz
    dejando correr el carrete del cinema

    la sombra como un preámbulo
    el beat, el beso, el ácido
    corroyendo la superficie
    Ryu perdiéndose en la saturación
    y cito: “esa luz que me hace sentir como tú”

    Sakura que no se detiene.







    .


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    CARLOS BASSAS DEL REY

    Carlos Bassas del Rey (Barcelona, 1974) es Licenciado en Periodismo y Doctor en Ciencias de la Información. En la actualidad trabaja como guionista freelance, labor que compagina con la docencia, la escritura de novelas y la dirección de la Semana Negra de Pamplona (Pamplona Negra). A lo largo de sus años como autor ha escrito cortometrajes, documentales, largometrajes, videoclips y spots publicitarios, y ha organizado, dirigido e impartido diferentes cursos de escritura creativa, exposiciones, ciclos de cine y cursos de verano relacionados con el mundo audiovisual.

    En 2007 fue galardonado con el Premio Plácido al Mejor Guión de Largometraje de género negro en el IX Festival Internacional de Cine Negro de Manresa, y en 2009 fue coordinador editorial del libro Tasio 25 con motivo del 25 aniversario del estreno de la película dirigida por Montxo Armendáriz. En 2012 publicó su primera novela, Aki y el misterio de los cerezos (Toro Mítico), un relato de aventuras ambientado en el Japón del s.XVII, y ganó el Premio Internacional de Novela Negra Ciudad de Carmona con El honor es una mortaja (Tapa Negra). Es practicante asiduo de diferentes artes marciales tradicionales japonesas (jiujitsu, kenjutsu, jojutsu, nitojutsu, tanbojutsu, iaido y battodo) desde hace varios años.



    Ha publicado en poesía: "Mujyōkan. 72 haikus y un jisei", (Editorial Quaterni, 2016).



    Zurce la araña  
    pentagramas de seda  
    para la lluvia.



    En pleno frío  
    la camelia embustera  
    juega a ser rosa.



    Golpe de viento  
    tempestad de sakura  
    en Yamaguchi.



    En una esquina 
    la vida de la araña 
    pende de un hilo. 



    Por un instante  
    ha sido mariposa  
    el saltamontes.







    .


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  • 10/27/16--11:10: MANUEL MARTÍNEZ [19.395]

  • Manuel Martínez

    Manuel Martínez (Managua, Nicaragua, 1955). 
    Es graduado en pedagogía por la Universidad nacional Autónoma de Nicaragua-Managua, y Máster en Salud Pública, por la Universidad Autónoma de Madrid.

    Es autor del poemario Tiempo, lugares y sueños, finalista del premio latinoamericano de Poesía Rubén Darío, 1986. Juegos de azar (premio Nacional de cuentos 1989, editado por el Centro Nicaragüense de Escritores en 1996), Engranajes del tiempo (Poesía, 1997), Esta noche baila Orestes Rey (Cuentos, 2001) Mayangnas: Hijos del sol (Estudio etnográfico, 2002), La rueda de la fortuna (Novela, 2005), Pasada de cuentas (Novela, 2008), nadie me niegue vivir (2012), La gloria eres tú (novela, 2013).



    CANCIÓN CON SAXO Y ÓBOE

    Vuelve el sonido de un saxo en la noche
    el eco como de una voz y la canción 
    fluye en notas armónicas de bronce. 
    El músico se cimbra, se arquea, 
    siente recorrer el ritmo sensual 
    de la música por el sistema de tuberías
    de viento humano y metálico, 
    recuerda el sonido del armonio 
    de Notre Dame de Ternier y las notas 
    de Jean Claude Mara con su flauta de Pan, 
    esta noche que Hafner interpreta 
    con una mezcla espirituosa y entrañable 
    Todo me gusta de ti, con ecos 
    del viejo filin cubano Santiaguero, 
    al estilo de César Portillo de la Luz 
    cantando en El Pico Blanco del hotel 
    Saint Jhon, en La Habana. 
    Así aquí él en El Panal, en Managua.




    FUSILAMIENTO

    Niños desertores
    acusados de traición
    frente al pelotón de fusilamiento. 
    Han llamado a sus padres, a sus hermanas 
    y hermanos
    a la ciudad entera.

    El lugar fue el Parque,
    de espaldas a los jóvenes 
    las bancas blancas de concreto 
    debajo de la fronda oscura de los altos árboles.

    La detonación las descargas el grito 
    de dolor y el alarido de las madres
    el estupor.

    No hubo noticia en los periódicos. 
    Quedó el repudio. 
    El Ejército dejó los cadáveres tendidos en la intemperie 
    para ejemplo y escarmiento. 
    Días después sus familias los enterraron. 
    Esto ocurrió en Bluefields
    en el año de 1986.




    LLEGARÁ SOLA EN LA NOCHE 

    1

    Llegará sola en la noche. 
    El salón vacío, la mesa rústica 
    y una silla vacía, sentado allí recordando 
    tus viejos sueños, 
    tus lamentos. Nacerá a tu costado 
    el ángel de la penumbra,
    un ángel con cuerpo de mujer y se llamará 
    Melissa. Vendrá hasta ti, sonreirá, 
    y bastará una palabra, un susurro,
    para que el embrujo de la noche 
    tenga sus ojos negros, limpísimos destellos 
    diciendo tu nombre. Ella sabrá que haz 
    nacido, que fuiste y volviste, que vienes 
    de salida y que has llegado al fin, 
    porque ella así quiso colmar la noche 
    con sus alas desplegadas y la pureza de su desnudez.




    Una noche, ya cierta, llegaste a mí
    y te esperaba, tú también esperabas 
    sin temor a equivocarte,
    y te dejaste guiar por esos ojos 
    sensores de percepción, limpios y puros.
    Dijiste, vendrá hacia mí, 
    no me detendré y encerraré 
    su espíritu dentro de mi cuerpo, 
    la puerta estará abierta, seré libre, 
    seremos libres,
    atados sólo por el afán sin límite 
    de verlo crecer junto a mi pecho
    y enmudecerá de estupor 
    sorprendido e ingenuo como un niño 
    ante una rosa roja
    y anidarán sus labios en mi boca
    y será por siempre e imperecedero, 
    porque entonces ya no podrá morir.




    Esta es la vida que tengo

    Nunca más escribiré esos versos:
    “El canto de los gallos copan las madrugadas”,
    no en el vago y difuso recuerdo
    de mi infancia
    si no hoy, este diciembre 2014,
    despierto antes del alba.

    El canto de los gallos
    no mitiga ahora mis dolores
    óseos articulares
    ni mi vana pena por el día
    que vendrá.

    En estos días difíciles
    estoy solo
    en el abandono de los amigos
    cuando llegan los días difíciles.
    Pero solo, en compañía
    de la única mujer del mundo
    que me acompaña.
    Ella sí sabe mitigar mis dolores
    aligerar mi pena por los días
    venideros.

    También otros hombres como yo
    despiertan en la madrugada
    porque no pueden dormir,
    y escuchan también quizás
    el lejano canto de los gallos
    al amanecer
    todavía vivos y conscientes ellos.
    Y tal vez celebran oír de nuevo
    este canto de los gallos,
    el ruidoso paso de un furgón,
    la bocina hiriente de un bus
    y los ruidos que brotan
    uno a uno
    hasta apagarse en la confusión
    de la mañana urbana.

    Pienso en esto y me digo:
    Esta es la vida que tengo.
    Y es buena.




    El camino que tomé

    “Desea pues que el viaje sea largo”
    C. Kavafis

    Tarde a veces aprendemos
    que el camino de la vida
    es sinuoso y empedrado.
    El viaje es largo y el camino
    cuesta arriba siempre.
    Es el único camino de los espíritus
    verdaderos.
    Aunque a veces es casi imposible convivir,
    porque, ¿cómo se puede vivir
    con relaciones viciadas
    digo yo, en permanente
    acecho de la doblez que nos rodea?
    Es la moral de la apariencia
    de las buenas familias católicas
    y evangélicas, los ilustres magistrados,
    funcionarios y decanos universitarios,
    que madrugan a misa de domingo
    y comulgan para lavar sus conciencias
    y renacen inmaculados por el cuerpo
    y la sangre de Cristo.

    Pero tu viaje cotidiano de peregrino
    todavía no termina
    despiertas a la luz de esta mañana
    y te preguntas,
    ¿Qué no ha erosionado tu vida
    y la vida propia de tus amigos?
    Entonces comprendes que no sirve
    resignarse
    pues para ti
    el viaje todavía no termina.




    12

    Confundido por los golpes duros
    que me dieron mis enemigos,
    los mismos que me rodearon por años.
    Golpes a mis sesenta del retiro.
    Y de esta confusión nace un dolor
    que sólo duele por dentro.

    Uno crece sin saber las causas de las cosas
    pues el conocimiento se aprende lentamente
    y de repente un día, se abre la conciencia
    que rompe en pedazos la edad de la inocencia.

    Ahora a mis sesenta años
    padezco de artritis articular en la cadera derecha,
    sufro dolores que agobian
    y los mitigo con analgésicos y anti inflamatorios.
    Porque uno se aferra a la esperanza
    de una cirugía y una prótesis,
    se aferra a la vida,
    pues los años de juventud y pasión,
    de desprecio al peligro y a la muerte,
    se fueron.
    Consciente de que la vida es breve,
    entonces queremos que perdure
    hasta el último aliento del espíritu.
    Amén.




    Manías de la bohemia

    Hay una fuerza extraña que convoca viejos resabios,
    duros estragos vespertinos y nocturnos,
    desatados por el agobio y la saña de la rutina.
    La bohemia persiste y pervive en diálogos,
    conversaciones interminables,
    que descargan la ansiedad cotidiana
    y deshacen el vacío del tedio.

    Es como un vago deseo por lo ido.
    Un ciclo arquitectónico de naves que se abren
    y se cierran al llegar la noche,
    la hora de los desahogos vanos,
    el desgaste corporal, el desvelo
    y el sentimiento de las bajas pasiones,
    hundido en nimiedades y bajezas pasajeras.

    Pero no sólo es la noche en bares y salones.
    Una mesa en penumbras y los amigos,
    que critican el entusiasmo desmedido
    y los resentimientos.
    Este agreste encanto de aquellas reuniones
    juveniles perdidas. Perdidos en las iluminaciones
    de la ceguera. Torpes, obsesivos y persistentes
    con el desenfado del iluso.
    Nostálgico de canciones y letras muertas
    que renacen al calor de estos recuerdos.

    Bohemia, no convivios o fiestas de lanzamiento
    de libros en galerías repletas de invitados,
    diletantes. Festejos y celebraciones íntimas
    en casa de anfitriones generosos y atentos.
    Manía inoculada como un virus o bacteria,
    que en ocasiones pareciera olvidada,
    lejana e inexistente.
    Pero duerme una latencia revulsiva,
    y sin previo aviso, despierta de su letargo
    y clama desde las profundidades del alma.
    Seres apestados de vicios y vida disipada.









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  • 10/27/16--11:48: CARLOS M-CASTRO [19.396]

  • CARLOS M-CASTRO

    Carlos M-Castro nació en Managua, Nicaragüa, en 1987. Publicó Antropología del poema en 2012 y ha sido desde entonces incluido en antologías como Flores de la trinchera. Muestra de la nueva narrativa nicaragüense, Apresurada cicatriz. Instantáneas de poesía centroamericana y De ahí nomás. Poesía actual de Centroamérica y del Caribe. Editó la revista literaria Voces Nocturnas, al igual que las digitales Soma y NotiCultura.com, además de colaborar en Carátula.net, El hilo azul, La Brújula Semanal, entre otros medios. Ha sido corrector de estilo de los diarios nicaragüenses La Prensa y El Nuevo Diario. Edita el blog LectorDisléxico.


    [Selección del autor. Textos 
    escritos entre 2006 y 2016.
    Incluye piezas inéditas].


    Laundry Carpe Diem

    Lavar únicamente lo del siguiente día.

    ¿Para qué tanta ropa limpia
    si no sabemos?



    Nuestro encuentro

    No somos marionetas ni salimos
    en la tele una noche por semana
    —personajes de una serie que hilvana
    un escritor asalariado—. Vimos

    todos los ídolos sobre el camino
    implosionar detrás de nuestros pasos:
    sabemos que depende de los trazos
    (solo) de nuestras manos el Destino.

    Llegamos, sin embargo, justo a tiempo
    a una cita arreglada desde siempre
    —oculta la mirada, cauto el labio—;

    y como dos engranes que del Tiempo
    operan el perfecto parasiempre,
    sonó nuestro latido, labio y labio.




    La piel no miente

    Así nos movemos:
    como gatos que se saben perros;
    lamiendo cada cual su propia herida

    … una danza con los pies
    en dos universos paralelos




    Destrucción de tu cuerpo

    Está solo tu sombra. Desprendimos tu carne, tus cabellos, la perfecta mudez de tus formas con una frase que únicamente juntos podemos decir. Uno por uno arrojamos al océano tus ojos, piedras que saltaron rectas hasta el horizonte y más lejos, con su estela pura y sus ondas de radar imburlable. Al mar también echamos, devolvimos, tus labios marítimos, acuosos, intoxicantes, siempre en fuga. Me levanté sin remedio del nido de tus camanances, antes de verlos hundirse despacio en un hueco que habías hecho. Así perdimos tu rostro, así te acercabas a tu esencia de estrella implotada. No quedó siquiera el aroma a dulce ceniza de tu boca. Tu voz se tragó a tu voz, definitiva, línea enrollada sobre sí misma hasta hacerse punto y luego nada; serpiente que deglute su propio cuerpo.

    Aquí te pronuncio por última vez, me sumerjo en la silueta oscura que pende de una soledad que ahora solo a mí pertenece. Está solo tu sombra. Ya tus brazos, tus manos, tus dedos fueron borrados de toda hoja, inexistentes ante cualquier ojo; tu espalda cayó como árbol talado y se reventó en seis mil millones de pedazos contra la dureza del enladrillado, pulverizada, esparcida por el viento cómplice tuyo. No volveré a mirar tus pechos, nunca más mi lengua melancólica se castigará contra la inflexibilidad de tus pezones, jamás mis dedos filosofarán nuevamente en torno a tu ombligo, no estaré una vez más, una última vez antes de dormir(nos), restregando lo mejor de mí entre tus piernas. No existen tus piernas. Se va apagando tu sombra.

    Declaré la rendición de mis manos, indescifrable puzle, mágico cubo policromo que se me escapa; imposible mirar a la vez tus seis caras, huís de mi ávida pupila, has escapado del movimiento de agarre de mis uñas, toda mi piel renuncia a tu sonido, a tu aroma de ventisca en desbandada.

    No te pronuncio. Con tu cuerpo exterminamos también todas tus letras. Lentamente, con la velocidad de una renuncia, se desvanece asimismo tu sombra. Pero aún hay sombra, está solo tu sombra. He olvidado tu nombre, no te llamás. Jamás tuviste un nombre.

    Veo tu nada, por última vez tu ausencia. No más cuerpo, no más nombre. No más aroma ni voz ni sonido.

    Dejaste de ser real; ahora sos verdadera.




    anandroginopausia

    polvo
    solamente
    bajo la cama

    sobre la superficie blanca
    nada acontece
    inviolado silencio oculto

    nada más que el tacto de este instante
    en cada pliegue de la sábana
    acaricia dos cuerpos
    con violencia

    pliegues que son olas, dallana
    y piélago la sábana en que estamos
    sacudidos
    anulados

    colocados allí
    por algo que nos sobrepasa
    perdidos
    solos

    no existe orilla, sólo cuerpos anegados
    ruge en su movimiento envolvente de naufragio
    y estamos quietos
    y no escuchamos nada

    mi lengua tu nombre articula
    buscando salvación
    todas las olas lo pronuncian
    me empujan a tus letras

    cerca del horizonte
    se ven dos líneas, dos seres paralelos
    descubriéndose, acercándose
    sin poder tocarse nunca

    la cama en el vacío, el mar sin costas
    los transporta
    hacia una luz
    que no se sabe si es aurora
    o si es ocaso

    sobre pálida espuma
    mi cuerpo frente al tuyo
    se descubre signo
    letra
    sonido mutilado

    sólo somos
    dos letras de tu nombre
    separados no decimos nada
    dígrafo sonoro palatal
    a cada lado de tu lengua
    intentando un escape del naufragio
    en la canoa que es tu nombre que es tu cuerpo
    sobre esta sábana
    este mar
    esta hoja incendiándose




    Manual para sobrevivientes

    Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre
    Refrán sordomudo

    No quiero un panegírico leído por Ernesto, Sergio o Claribel
    ni un mausoleo en la Colina de los Ilustres Hombres.
    Que no maquillen mi pellejo
    ni disfracen mi esqueleto y su cubierta de un Gran Señor que nunca fui.
    Prohibidos los videos y las fotos que después circularán por Internet
    o serán salvapantallas, tapiz del Escritorio,
    imagen destacada de perfil en red social.

    Nadie publique un reportaje, una noticia, un obituario.
    Alejen a la prensa de la fosforescencia de mi profundo oscuro sueño.
    Golpeen todo rostro cuyos ojos enrojezcan
    ante el primer ardor de mi chorreante témpano
    y humillen a cuanta mujer aparezca
    queriendo, enlutada, acaparar la propiedad privada del Dolor.

    Desnudo amordazado dando vueltas frente al fuego,
    aguarden su ración de carne asada los presentes;
    trituren lo que sobre, hagan moronga
    y coman hasta hartarse de mis restos.

    Si al rato van al baño a descargarse,
    no olviden con las hojas limpiarse de mis libros.

    Jamás se les ocurra de todo lo que dije o escribí
    copiar ni media frase en las paredes.
    Olvídense de dioses y de héroes.
    En estos tiempos los monumentos hieden.

    Conviene reajustarse los grilletes.




    Death Row

    Il y en a qui écrivent pour rechercher les applaudissements humains…
    Lautréamont

    soltás entonces la guitarra
    y por primera vez un ojo tuyo
    deja de ser espejo de sí mismo

    el brazo agujerado de un convicto
    se pasa en ronda por tus manos

    con una petición imperativa
    de llanto risa o bilis

    sus dedos tienen callos
    nacidos con el fin de muchas vidas
    gargantas apagadas
    y piernas y entrepiernas en cenizas

    el cerdo el criminal
    el chicle que hay bajo la silla
    tiene que ser eliminado
    con una sobredosis de justicia

    firmás gustoso el acta
    con el control remoto
    mientras tu otra mano
    ausculta la bragueta

    pero cuando se desinflama
    el glande que palpita en tu pecho
    notás que acaban de pinchar a tu vecino

    Mi nombre es Bernardo Abán Tercero
    Pasé por El Guasaule con Virgilio
    Nel mezzo del cammin di nostra vita

    Busqué dentro del Dite a mi Beatrice
    in order to becoming citizén
    o al menos residente de los cielos

    Y tarde realicé que no debía
    dejar mi chico infierno con los míos
    ché la diritta via era smarrita

    así un día ocurrió
    que abandonaste el búnker de tu ombligo
    y compartiste el fuego recibido
    y amaneció en la Tierra tu otro ojo
    y viste más allá de tu retina
    y te reconciliaste con tus brazos
    y en ellos consolaste al invisible
    espectro que llenaba los espacios
    y todos los pronombres se opusieron
    al plagio prolongado de los seres

    qué pena que ese día se te niegue




    Cronopia:

    Ya no me importan tu arrogancia, rancia
    estrategia de tragedia ni media
    cubriéndote la pierna tierna mientras
    la otra trota de vista en vista lista

    para herir, rugir y huir de mi dura,
    en mis idos, a mi profetizante
    mano sin guante, oídos, dentadura;
    pues, ves, tus dedos los enredos hacen

    por diversión para ambos bobos (bosques
    que caben en gestos toscos, costumbres
    de hacha, charadas). Enredos y locos

    como los nuestros y como nosotros
    yo como. Comé comamos comámonos
    que no me importan tus dudas, ¡juguemos!




    Una mujer se asoma a la vida una mañana

    Un arco amenazante si apareces,
    dulce batalla a punto de ocurrir,
    discreta sílaba insinuada, pro-
    yectil a paso lento muy certero:

    Oculta tras espuma falsa y humo,
    atada por cadenas de binarios,
    empuñas tu silencio en esta noche,
    tu rabia hecha cenizas me sonríe.

    Ahora amanece. Cansadas tus sábanas,
    de fuerza son camisa blanca. Ves
    cómo se atasca el día en el semáforo.

    Habitación y calle se confunden,
    vagabundeas quieta sin refugio
    y observas a tu sombra mientras duerme.




    Poema de amor entre barrotes de hueso

    No desenvainaré el bolígrafo vanamente
    otra vez. Ato tu imagen a esta hoja. No te irás
    si no anulo las costuras del disfraz
    que pusimos a este día inocente.

    Lo he dicho, vuelvo: allá eres fértil, aislada,
    donde yo pueda verte y te extrañen mis gritos,
    y mi aire se olvide de tu boca acerada
    que lo envuelve.

    Nuestros sacros ritos,
    el inviolable ciclo, me fatigan y muerden
    esa parte de mí que el espejo me niega,
    y eso que tanto deseaste ver te ciega…

    En la distancia nula mis deseos se pierden
    y tus sueños sofocan a mis pálidas noches.
    Este es mi poema de amor. Te desato. No reproches.




    vos sabés que me gusta abrirte, destaparte, pues; que tu crema, la de en medio, hipnotiza a mi lengua; sabés que no, pero frecuentemente conceptualizo tu olor inatrapable, lo concretizo entre mis dedos —los tres que ya sabés— en forma de disco, textura de borona, dulzor moreno, galletita óreo; vos no sabés si sé o no sé nada, y preparás mejor todos tus bordes para que se humedezcan en esa leche que siempre te prefiere; luego, un tanto blanda, temblás como en susurro diciendo push me and then just touch me, y entonces te girás y desde allá tu voz ordena, en la pared opuesta: till I can get my satisfaction… vos me sabés y yo te sé —no es algo mutuo, coincidencia pura—; adivinamos si estaremos al mismo tiempo conectados: no por deseo de vernos las letras desnudas o en calzón, sólo por juego: no nos sabemos especiales… sin embargo, sabés que te temo (porque te intuyo), me aterra la posibilidad de interpretar a un tomatierra y secuestrarme yo en el montarascal que a veces sos; por eso, aunque la hebra teñida de tu cabello en mi cama quiera matarme rally, sigo pensando en vos cuando destapo una galleta que no podré comerme, y canto damn, you’re a sexy bitch!

    http://www.alastorliterario.com/2016/07/regresion-poesia-de-carlos-m-castro/







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  • 10/28/16--00:20: ELISA MOLINA [19.397]


  • ELISA MOLINA

    Elisa Molina nació en Córdoba, Argentina, donde actualmente reside. Licenciada en Letras Modernas por la Universidad Nacional de Córdoba, codirigió la colección "La Poesía Traducida" y es colaboradora en poesía y crítica de las revistas "Fénix" y "Hablar de poesía", entre otras. 

    Libros publicados: Escrito en el agua, (Ed. El Copista, Córdoba, 2003), En la lengua de tu padre, (Ed. El Copista, Córdoba, 2012) y  Por más que en la noche la luna (Alción Editora,  Córdoba 2016).

    Traduzco poesía del inglés y del francés. En ocasiones he comentado textos poéticos en ensayos, reseñas y estudios críticos que han sido publicados en revista de poesía y crítica, diarios y volúmenes colectivos de ensayos.




    [De: Escrito en el agua,
    Ediciones del Copista, Col. "Fénix", Córdoba, 2003]


    AGUA DE ORO, 1995

    "...el reino pertenece a un niño"
    Heráclito

    La noche cae sobre nosotros
    - juntos, callados -
    como una uva de sombra.
    Tampoco nos habla el niño;
                       canturrea
    absorto en su círculo de agua,
    busca piedras de colores,
    encanta al tiempo
    con el girar de sus manos.


    LEJOS DEL MAR

    Vivo tan lejos del mar
    y sin embargo,
    anoche,
    en la síntesis perfecta
    que compone el sueño,
    tuve mi luz, mi casa,
    mi camino de acacias
    entre las dunas
    y a mis queridos.

    Después desperté
    y por un momento en la noche
    la soleada imagen pudo más.
    No debiera, no quisiera
    olvidar su tenue
    presencia en la vigilia:
    trabaja en mí, circula
    silenciosa; roza
    a veces la opaca
    evidencia de las cosas.


    JARDÍN DE NOCHE

    Cruzo el jardín hacia la casa;
    el cerco de ramas
    contiene ese momento
    casi marino de la tarde:
    el fondo azul, las formas negras
    diluyéndose...

    La verdad
    se expresa en un lenguaje extraño
    y dura poco.

    Me apresuro a entrar,
    a encender la luz
    de esta burbuja que deriva.


    EL ABRAZO

    "Sucederá lo que haya de suceder - dijo
    filosóficamente el mayor de los guisantes..."
    H. C. Andersen

    La verde ráfaga del verano
    y el aire que agita como loco
    las hojas de los álamos
    y el cerco de la honda madreselva
    caen, piel del día desollado,
    para mi daño.

    Comprendo ahora
    a los que se quedaron quietos,
    mirando en torno,
    comprendo ahora a los que callan.

    Una vez mi madre me abrazó llorando,
    no sé por qué sufría;
    me abrazó como yo
    abrazo con la mirada a mi hija
    que duerme.
    Me abrazó para salvarse
    y protegerme.

    Para poder cerrar los ojos
    y dejar que el sueño, mi sueño,
    último jirón de niebla suspendido
    hiciera lo demás:
    calmar, aliviar, restaurar

    el verde pájaro a la rama,
    el amanecer al canto del gallo,
    los higos a lo alto del sol,
    la hoja a su danza:
    todo en su lugar
    para cuando despierte.


    HELECHOS

    Finalmente, está hecho:
    repetí tu gesto.
    Tembló una telaraña y su rocío,
    la yema de los dedos rozó
    los bordes de la piedra fría
    y arranqué un helecho de las sierras,
    un gajo de raíz,
    con un poco de tierra.

    Si me hubieras visto,
    este día se habría detenido
    apenas un instante
    en tu sonrisa.

    De lejos nos llegaban
    las voces de los chicos.

    Acaso se detuvo.



    GATA PERDIDA

    a Francisco

    Querías llorar,
    y con rabioso desconsuelo
    componer lo roto.
                                     Se puede:

    cuando se alineen los espejos
    del pasado se abrirá
    un día redondo y amarillo
                                     y te dirás:

    "Era un día redondo y amarillo,
    la ropa se balanceaba al sol
    y mi cuerpo pequeño, entre sus brazos."




    EN LA LENGUA DE TU PADRE, Ediciones del Copista, 
    Córdoba (Argentina), 2012.


    Poema de este mundo

    I

    Desde la lejanía, más allá
    de los baldíos, las terrazas,
    las antenas de TV;
    más allá del fin de la avenida,
    llega el grito de los teros:
    he aquí el sonido de este mundo
    por el cielo que se ensancha.
    Amanece.


    II

    Dos pinos, cuatro álamos y un laurel
    cercan el jardín que veo a esta hora
    y al cerrar los ojos, cual si fueran
    la forma de mis pensamientos.
    No importa si la marea de los días
    viene densa y marrón
    como el cansancio:
    flotando en el glóbulo opalino,
    siempre emerge al final y para mí,
    idéntico a sí mismo, el alto
    enramado de los árboles.
    Nada permanecerá, seguramente.
    Tampoco estas figuras que se ordenan.
    ¿Qué importa?
    Hay un ardor que enciende
    la cresta de los álamos.
    Amanece.


    III

    Momento
    en que vacila
    el brevísimo equilibrio
    del sol en el pecho del pájaro
    —vibra la rama
    y una pluma
    del que ya levantó vuelo
    cae:
    pájaro, álamo, sol
    reinarán en nuestra noche
    como un carbón incandescente.



    Sin marcas

    De aquellas silenciosas caminatas,
    cantando alto para los árboles altos;
    de aquella aguja de pino en un libro
    como recuerdo del bosque y del fuego;
    de los días marcados con piedra blanca;
    de lo que sin saber tu vida ataba;
    de aquel instante, cuando al abrir la puerta,
    el aire como una lámina helada se trizó
    en tu cara vuelta hacia la noche
    de un jardín quebrado y de pronto extraño;
    de tu gesto final, de esa rotura inconcebible,
    nada, ni una cicatriz quedó en el mundo.



    Mañana a solas

    Y el ventalle de cedros aire daba...
    Comparto con vos este paisaje,
    porque hoy me toca, amor, una mañana a solas.
    Primero, las gatas han reñido mutuamente;
    en la paja del quincho, las palomas;
    en el pasto hubo pájaros de nombre incierto
    (y en un sueño sin aves, nuestros perros).
    Después, el silbido de un hombre trabajando,
    lejos. Crujían apenas las ramas en el viento,
    ¡y hay quienes hablan del silencio
    y de la pura luz como un vacío
    cuando está todo tan lleno que en verdad
    no sé si vos y yo cabemos!



    Motivos de violetas

    Aquí nada ha cambiado, te dirías,
    de no ser porque al ras del suelo,
    entre yuyos y matas de lavanda
    descubriste una planta de violetas,
    y esto altera su fábula presente:
    el tiempo ya no es ayer, luego hoy
    y después mañana. Quiere ser siempre.
    La tarde crece como un río
    que a la vera va dejando
    lo que trae de otras tierras. Pura imagen
    y algo casi cierto: esa frágil
    raíz vino de lejos. Acaso otra tarde
    la dejara entre verdes y ocres
    del otoño sin que nadie lo notara.
    Te gusta imaginarlo así, con cierta
    magia, con tímida asonancia
    que una lo separado y lo distinto,
    como esta muda planta que devuelve
    no las palabras ni el tono de una voz
    que ya olvidaste, pero sí la ambigua prueba
    de que no todo se esfuma ni se pierde.



    EN LA LENGUA DE TU PADRE

    Escribes con la lengua de tu padre
    dijo en mal español el extranjero
    y yo traduje: olor del humo,
    gusto a sal entre los labios,
    silbar del hacha, el golpe al sesgo;
    en la noche inmensa un carozo de fuego;
    un árbol deshojándose en otoño
    un árbol violeta en primavera
    y el aire fresco escribes
    en la lengua de tu padre. 



    Por más que en la noche la luna 
    Alción Editora , Córdoba 2016



    QUIZÁS PENSABA

    …el soliloquio obsesivo, el aforismo.
    En otro plano, la avanzada del agua:
    contra el azul del cielo, la leve
    nube gris que asoma en el cuadro y pasa.
    Los ojos que la miran habrán también envejecido
    como los de todas las chicas de la isla,
    más tenues que el aroma del aire,
    figura y móvil luz en el dialecto
    que nos resulta extraño pero dice:

    para mí el soplo del Céfiro, todavía




    ALMEJA 

    Vestigio mineral que puede
    evocar un flujo anterior
    a todas las palabras, cada
    vez que se perla con el agua.



    EFECTOS DE LA LUZ 

    Atravesamos el cordón de las sierras chicas
    por el camino de curvas. Llovía.
    Atravesamos la gran nube y ella a nosotros.
    Vimos las plantas más verdes y un vaho inmóvil
    como si fuese la primera mañana de la tierra.

    El otro valle estaba seco. Almorzamos
    hasta con buen vino y escuchamos el concierto
    para “tripa, charango y serpiente” en la capilla
    del pueblo. Café en el bar, amigos, regreso.

    A contraluz, el lado oeste de los cerros, 
    envueltos todavía en la tormenta, era
    la imagen de un sueño que funde plomo
    en el corazón o nítido mensaje expuesto.



    CAMINO A LA PALOMA 

    Oigo el canturreo ensimismado
    roto, como todo, por el tiempo:
    “A los árboles altos los mueve el viento”.



    ABSTRACTO 

    Raíces como nervios en el agua 
    de un alto sauce viejo.

    Él dice que su olor
    lo huele a la distancia.

    Piensa y ve la silueta de un recuerdo.
    Es la infancia en bloque:

    una sandía el sol
    y el olor de las raíces.

    La película del pasado cubre
    el agua. Ya no ve

    lo que se ve y escucha
    otro viento entre las hojas.



    ALGO SIN MÍ

    Algo sin mí pasa en esta pieza
    iluminada a pleno: la alfombra 
    está; la cama, el cuadrado negro
    con su evasivo lunar claro
    colgando en la pared 
    y uno con la boca semi abierta
    y otro que abandona sus maniobras
    de rescate… 
    Queda solo un aire vibrando
    entre laxas cuerditas lilas 
    un rato, y abandona al quieto
    que ahora es una cifra
    desconcertante.
        Porque no es el de ayer,
    no es ni siquiera parecido
    al que vio salir la luna llena
    a fin de Agosto cual si viera
    al Espíritu Santo
    subiendo por el cielo,
    y después del inicial asombro,
    como retenerla era imposible,
    la dejó pasar y se decía
    pasa sin mí,
    quizá no sea para tanto.



    REMANDO 

    Te veré otra vez cuando vuelva el verano
    y reme en la roja luz de la mañana,
    en la blanca luz del mediodía y

    atrás quede la casa, y los árboles atrás.




    .

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    Francisco Vargas Huaiquimilla

    Osorno, Chile 1989 
    Ha sido parte de los talleres de Poesía como también de Artes Visuales en Balmaceda Arte Joven, al igual que del Laboratorio de escritura y creación en la Universidad de los lagos Osorno a cargo de Roxana Miranda Rupailaf. Pertenece al colectivo de escrituras, performance y experimentación Delirantes y participa activamente como editor y tallerista  junto a Editorial Cartonera Helecho De. También cuenta con publicaciones en diversas revistas literarias, antologías de cuento y poesía. Factory (Editorial Cartonera Helecho De+ Kutral451 Ediciones, 2016)  es su primer poemario del cual se desprenden estos textos.





    Factory (Editorial Cartonera Helecho De+ Kutral451 Ediciones, 2016) 


    N.N

    Construida eléctrica a su imagen y mecánica
    he logrado vencer la sed alejada de las aves
    insertas en la totalidad de un mar oscuro.

    Observo la casa donde han nacido las cicatrices
    Zincs en brillante óxido
    bordados en el mapa del dolor
    donde la diva aindiada canta los gritos de su historia
                                                                Hay algo de fiebre en mí.
    En esta corrida a nada pongo nombre y 
    me contradigo en cientos de vocablos

    A nada pongo nombre
    porque todo inicia en alarido de ave esquizo

    Tu nombre está en todo el cemento
    como tus garras 
                                                 Tu nombre es país



    Boca reseca en los polvos de la noche
    Cientos de bocas abundan mi nombre,
    Huracanado  alejas tu ojo junto a la bandada
    En el cristal de tu vigilia 
    acechas mi casa oscuro animal.

    Sabes mi antiguo nombre, mi
    apellido lo gritarás,
    dirás que invoco un caos
    que encuentra mis huellas quemando la carne.



    Otras veces me llamo Naomi Campbell

    Naomi/ Noelia/ Noemí
    No es mí  
    No es lo yo 
    No es lo ese
    No es mi nombre

    Negra/flaca/india/hocicona/travestida/maquillada/modelo/
    Borracha.

    Asesina

    Se han caído las tripas al suelo
    ¡Mal presagio da el animal!
    ¡Mal presagio da un corazón del hombre en el suelo!
    Sólo queda
    Sólo queda
    Quemar cada huella de cada
    dedo, adelantar por medio de la
    llama trabajo de experto asesino

    En la arquitectura de las venas
    eliminar los huesos de cada huacho
    hecho en lo hondo
    No es posible, no es rentable.
    La orfandad no sabe de balas por la espalda,
    sabe de ser asesino del tiempo.



    La joya sin sangre no brilla

    La imagen se repite / repite / repite

                                                              Hay algo de fiebre en mí
    Sigo el río de tu muerte
    antiguo canal de semen apátrida
    manadas de criaturas en este caudal van en ti 
    migran estos como yo entre camas y celdas.

    Ven, búscame más alto
    El río corre hacia arriba en busca de tu cuerpo siempre


    En sudores aquí me tienes
    Veo la luz de la joya
    La necesidad de catástrofe conserva los huesos 
    en un fuego por vez primera

    Esta noche el oro de la joya en cuello reluce más
    El cristo cuelga de una cadena que lamo
    cuando corres alicanto
    La imagen se repite, incrementa
    Perros a garganta cortada encienden luz en la vereda abierta

    Entre velocidades de una yegua metálica
    en un pasaje de población 
    nuestro alcohol se evapora en las manos

    La imagen se repite/repite/repite
    La joya sin sangre no brilla
    es mecha mechera macho

    No oculta la mano del hombre ni del hambre
    se escurre cartera abajo
    buscando acabar con la repetición 
    en palacio de espejos versallesco y bellako
    Los espejos repiten  cuando soy la presa 
                                                               /en la jaula de un canario
     asediado por la llama roja de un policía.

    Debo cerrar las puertas de las casas que arden en mi lengua.


    El ojo que vigila  carnes se extingue
                                                               Hay algo de fiebre en mí

    No hay horas, el teléfono está negro, la pantalla está muerta,
    En la muerte oscura de mi plástico me observo un poco 
    para ver mis trenzas.
    Pienso en los mecanismos para medir mi tiempo
    patrones o lugares que indiquen
    mi tránsito de las esquinas repetidas en ti.




    Bella-Ko Disco

    Dos palabras equivocadas y tres balazos en el corazón
    Ioshua

    I

    Tu cuerpo ansía el agua 
    de otra  piel en esta danza
    Dime como bailar

    Ambas fuimos elegidos en el salón
    Obligados a bailar hasta rompernos
    Bailar hasta perder la cabeza rubia mal teñida/
                                                                              mal parida 
    Todo por sed de CORONAS beibi
    Por bailar sobre el tajo y codillera

    Por aprender a encoger los pies en arrebato chino
    tener las patas chicas es la clave
    y entre vidrios rotos mover un mapa 

    Bailar tras los muros 
    Amar tras los muros 
    Sudar tras los muros

    Se extinguen carcajadas con el tajo de la mañana
    Dime amor como bailar
    Dime como ven los ojos de las aves
    tras las rocas de estos muros 
    Disco infernal de penetraciones metálicas
    Quiero saber de estos fragmentos en la noche
    Quiero saber de los susurros que te guardan para la mañana
    Deseo ver los cortes que desayunan y tus jugos
    Quisiera ver como se aman los hombres
    cuando sangran tras los muros


    II

    En deuda vienes
    Vas a desgarrarme la garganta a tu salida
    Así dicte tu himno nocturno

    Lleno de leches la boca  
    lleno de sangre la espalda
    ves cómo me trago las aves en el vuelo
    y lo tuyo

    ¡Rota de hocico!   Gritas en lengua cortada de nuestro pasado


    Hambre de ti de mí / de la danza rota
    En la música borracha como cuervos
    veremos la carne obedecer


    III

    Los pájaros no pueden volar solos en la noche
    Por eso mai lov vuela conmigo
    Aletazo limpio en el atlas de líneas jaladas
    por la calle, en mi espalda , en tu ojo
                                                        cae el ojo a tu ombligo
    final de nuestra nación
    Se rompe
    quiebra
    el ojo
    huevo espejeado
    Manadas de ojos ahora


    IV

    ¿Recuerdas lo que es volar,
    volarse junto a mi mai lov?
    Eléctrico pájaro negro
    Spray/bolsa/galáctico
    Despliega
    Aletazo/pluma/ala/paja/pájara

    Canción de olvidos en las castraciones de la lluvia

    Así en temporal
    incrustadas las plumas a tu piel
    ave de muerte
    Caes envuelto en flama
    Infestada de agujas rojas que 
    arden arden arden
    La costura de tu hilo ha dividido el cielo y el mar
    El bordado de mi ojo resiste tu embestida
    mas no tu mirada.


    V

    Tengo miedo de caer en tu cielo escorpio
                                                                              
      ¡  Alicanto !
    Destrozarme en tus deseos y robos

    Colibrí hambriento de mis néctares estás
    Escribo con el estómago vacío de frutos
    lleno de hermafroditas la boca


    Por la noche la ciudad da en mi sombra
    oscuridades gemelas

    Hacen temer de mí 

    En el campo de las jaulas
    una letra cansada desborda en un rezo 

    Ahora que vuelo contigo empeñaré todo

    Vagos empeñando el oro robado en una cadena que nos une
    Apuestas de casino en destino al fracaso: 
    ¡La casa siempre gana!

    Sin embargo no sabemos de techo
    Sólo de estrellas que mueren dramáticas y lejanas

    Sombrío eres y eso llama
    La forma en que mueves tus grasas sobre cadáveres
    y lames la sangre de la tierra hermana

    ¿Recuerdas ese revólver con que robaste todo de mí, todo de ellos?


    VI

    Vamos a conquistar marinos en este puerto intoxicado
    ¿Vamos a que nos saquen el oro?

    Enfermos en hambrunas correremos
    Las calles están vacías para nosotros
    Aves de luces ya no vigilan mi delirio
    vigilan en otras el mismo temor

    Escribe sus nombres otros en el barro
    con la cara rota a patadas 

    Quiero desear los nombres y sus cuerpos
    como lo dorado en un templo hindú
    Esconder  secretos fluidos del abuso
    Beberlos en un vaso con peces de colores 
    Con los oídos sueltos por el suelo
    bailar su música de enigma.



    La última escuela de un ardiente pasado

    Un colibrí estalló frente a una de las grandes ventanas de la sala. Era verano y la luz, el campo, las nubes y las aves eran atrapados por esos gigantes vidrios. El ave se recompuso en su vuelo e ingresó por una de las ventanas abiertas. Enloqueció frente a los ojos de los niños presentes. Todos queríamos cazarlo, de pronto un miedo me fragmentó. Comencé a alejarme. Mi abuela decía que era mal augurio quedarse cerca o sentir la pluma de un ave tan frágil y obscena, cambiante en su color, había algo misterioso en el trueno de sus alas, siendo un ave tan ínfima y femenina. Recordé que les temía a los colibríes, que le temía a las flores, que les temía a los niños que amaba en esa sala. Exactamente una semana después, un incendio comenzó desde la sala del séptimo año, mis cuadernos se quemaron. Años más tarde volví al lugar, había flores y colibríes muertos cada verano. Vi romperme en las ruinas de  vidrios, como el ave arrollada por su hermosura, un espejismo de amor y rechazo. Así desnudo y obsceno quedé en las muertes habitadas.





    Escritor empasta con telas y materiales reciclados su primer libro de poemas

    ARTE LITERARIO. Francisco Vargas (26) lanzará el poemario "Factory" el próximo martes 9 de agosto, a las 19.30 horas, en el Centro Sofía Hott. Lo respalda la editorial Cartonera Helecho De.

    "Un libro objeto es un escrito que se compone de varias piezas que encierran un concepto. En este caso, el poemario nace desde la perspectiva de la moda y va abordando posiciones más políticas de temas relevantes en la sociedad".

    Así explica Francisco Vargas Huaiquimilla, autor del libro "Factory", lo que busca con su primera apuesta en el mundo literario y del arte.

    A sus 26 años, Francisco alista los últimos detalles para el lanzamiento del libro (que será el próximo martes 9 de agosto), un poemario que no sólo destaca en el contenido, sino por la forma en que se presenta, ya que está al interior de una cartera o clash transparente.

    El libro

    "Factory" pertenece a la editorial Cartonera Helecho De, que es un proyecto de Puerto Montt cuyo rol es precisamente producir libros objeto, a través de material reciclado.

    Según explica el autor, en este caso el objeto tiene la forma de una cartera que contiene al libro, el que tras la impresión fue armado a mano y empastado con telas de colores.

    "Se trabajaron unos plásticos para dar la forma de una cartera y se confeccionó agregando otros materiales como una cadena para el pasamano y cuerina para dar el toque en los detalles", comenta Francisco Vargas, quien agrega que su interés artístico siempre lo ha llevado a crear en torno a la figura del cuerpo humano, sobre todo porque en otras ocasiones ha trabajo propiciando performance o desarrollando instalaciones en esa temática.

    "Hace dos años me decidí a escribir sobre la moda y como lo tenía incorporado desde niño, quise llevarlo al papel a través de la ficción", detalla el autor de los 30 poemas contenidos en el volumen.

    El nombre "Factory", que en español significa "fábrica", alude a las fábricas del cuerpo humano, en el sentido de ser éste también un contenedor del alma e historias.

    El joven autor cuenta que comenzó el proyecto literario investigando sobre la moda y luego se enfocó en el lado político del tema.

    "Siempre tuve interés por la moda, en especial por la costura, porque para mí es muy similar a la escritura, ya que es un proceso reflexivo donde estás sólo con tu trabajo, en silencio y donde lo común es que se trata de procesos muy minuciosos", sostiene.

    Contenido

    Francisco tuvo la oportunidad en 2014, en conjunto con la editorial Cartonera y el respaldo del Consejo de la Cultura y las Artes, de dictar talleres de literatura y reciclaje en la cárcel y al observar dicha realidad, llevó a la ficción el cómo se relaciona el cuerpo con el encierro o "cómo en realidad todos somos prisioneros de algún tipo de cosas".

    Los textos están escritos a modo de metáforas y entre las temáticas se aborda desde el crimen, el encierro y el cuerpo, entre otros temas, que en general se dividen en textos poéticos y narrativos.

    "Otro ejemplo en mis escritos alude a imágenes de la época de los 90' con la presencia de modelos internacionales como Naomi Campbell y Kate Moss, cuyos cuerpos simbolizan de alguna manera el hambre, esa a la que se someten para lograr verse flacas", sostiene el autor, detallando que aludió a esos cuerpos y quiso trasladarlos a cosas que tenían que ver con la realidad de su entorno.

    Según recalca, el libro tiene dos cuerpos: uno físico y otro virtual, donde en el segundo, la gente podrá acceder a través de una plataforma digital.

    Sólo basta que los interesados ubiquen un código que viene al interior del libro, el que puede ser decodificado con un celular, para que puedan acceder a una plataforma creada por el autor y en el que los textos fueron traducidos a imágenes gifs y otros elementos animados que representan los poemas.

    Francisco Vargas trabaja con la editorial Cartonera Helecho De desde 2012, potenciando a otros autores como él.

    Si bien estudió 2 años sicología, se retiró para formarse en los talleres de literatura y artes visuales de Balmaceda Arte Joven y de la Universidad de Los Lagos.

    "Factory" será lanzado el martes 9, a las 19.30 horas, en el Centro Sofía Hott.

    "Hace dos años me decidí a escribir sobre la moda y quise llevarlo al papel a través de la ficción".

    Francisco Vargas, Autor del libro "Factory""


    [australOsorno]


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    Anna María Casanovas Català

    Anna María nació el 10-05-1973 en Lleida. Actualmente reside en la ciudad de Barcelona.

    Escribe poesía y narrativa en Catalán y Español desde los 7 años. Pero toda su prolífica producción, tan extensa como diversa, es completamente inédita.

    Participó en la publicación de un libro recopilatorio de poetas Leridanos con varias de sus poesías. (IneditsPonentins – Edicions Carpe Diem ). Tercer lugar en el Concurso de Poesía de Navidad 2014 i 2015 del Ayuntamiento de Cunit (Tarragona). 

    Tiene un blog publicado de poesía desde el año 2010 (http://anna-historias.blogspot.com.es/). annaccatala@gmail.com



    SOLEDAD

    Soledad...
    Eterna amiga de mi alma,
    que matas mi fe y mi esperanza,
    que reprimes mis deseos mas profundos.

    Soledad...
    Durante toda mi vida
    has sido mi única compañía.
    Y aun así me haces sufrir,
    y no logro acostumbrarme
    a vivir entre tus brazos.

    Tú, mi fiel compañera, enemiga de mis dichas
    y amiga de mis lágrimas.
    Encadenada junto a mi alma,
    has hecho que solo vea el oscuro silencio de tus brazos...

    Soledad...
    No quiero verte, 
    no quiero palpar tu inmensidad.
    Con tu grandeza, 
    destruyes mis fuerzas,
    y arrancas el deseo de avanzar en la vida.

    Has penetrado en mi existencia y mi alma,
    y con ellas te diviertes.
    Eres asesina de mis sueños,
    la madre del desconsuelo.

    Has hecho trizas mi sonrisa y  mi felicidad,
    ¿qué más esperas de mi?.
    Tal vez deseas de mi vida sus pedazos.

    Todo lo dejo en tus frías manos...
    en la última agonía
    de mi corazón cansado.



    SE VENDE

    Se vende un alma, un corazón, un cuerpo.
    Es lo que tengo, lo que poseo
    para poder seguir viviendo.

    Lo vendo para seguir pagando un piso
    que no tengo y una comida que 
    no podré saborear.

    Vendo mi vida,
    para la de mis hijos salvar.

    Vendo mi alma,
    y todos mis recuerdos.

    Vendo mi corazón
    y todos mis sentimientos.

    Vendo mi cuerpo,
    débil, cansado de luchar
    contra un poder sin corazón
    ni alma, que solo se mueve
    al son del dinero.

    Vendo todo lo que soy,
    todo lo que soy y tengo.



    DUELE 

    Duele el corazón, cuando no eres comprendido.
    Cuando todas las cosas, se quedan en el olvido.
    Duele el alma, cuando te sientes abandonada,
    cuando te sientes vacía y sin nada.
    Duele el espíritu, cuando todo esta perdido,
    pero duele más, cuando te sientes traicionada.
    Cuando te arrebatan todo lo que con esfuerzo has conseguido.
    Duele que te separen de lo que más has querido,
    cuando solo te queda el recuerdo de lo que has vivido.



    ALMA DESNUDA

    Soy un alma perdida en estos versos,
    alma vacía que angustiada y sola,
    va dejando sus pensamientos dispersos.

    Alma que como el viento vaga inquieta.
    Alma que fue fácil dominarla.
    Con sólo un corazón que se partiera,
    para con su cálida sangre regarla.

    Alma que cuando está en la primavera,
    dice al invierno que demore su vuelta.

    Alma que cuando nieva se disuelve
    en tristezas, clamando por las rosas
    con que la primavera nos envuelve.

    Alma que ha de morir de una fragancia
    en un suspiro, de un verso,
    sin perder su elegancia.

    Alma que nada sabe y todo niega,
    porque es negando como más se entrega.

    Alma que suele haber como delicia,
    al despreciar la huella,
    y sentir en la mano una caricia.

    Alma que siempre disconforme,
    como los vientos vaga.
    Alma que sangra y sin cesar delira,
    ¡ soy un alma perdida en estos versos !.



    HOSPITAL

    El sol me ha despertado infinidad de veces
    en donde nunca quise amanecer.
    Es la soledad que me invade aún cuando no está,
    el dolor es mi único acompañante, escalofríos.

    Por las noches he observado imágenes perdidas,
    aquellos que desaparecen y aún no saben que ya no existen.
    Su dolor los mantiene vagando entre estas piedras,
    yo no quiero verlos, pero ellos aún insisten.

    Mis miedos no se mueren, mis penas se entumecen,
    estoy como amarrado, no puedo moverme.
    El cuerpo creo que mejora, pero el alma se deseca.
    Quieren curarme, pero mis ansias desfallecen.

    Es tan difícil padecer enfermedad y tristeza,
    y creo que me convierto en esas imágenes perdidas.
    Pero las comprendo, porque yo no quiero dejar esta vida,
    tenia ilusiones y proyectos, tantas esperanzas.

    Decidiré, si es que puedo decidir, permanecer
    en este mundo donde mi dolor no desaparecerá.
    Porque tengo mucho que dejar, y nada que perder,
    porque sé que de mi vida, algo aún puedo regalar.



    VEN AHORA!

    Muerte si tienes que venir,
    ven ahora.
    Ahora que no te temo,
    ahora que no temo tu gesto.
    Una voz me llama
    como si me arrancara la vida.
    Ven ahora que tengo el alma madura
    y ya no queda vida,
    por qué la tengo medio perdida.



    LA TRISTEZA Y LA SOLEDAD

    Me duele el corazón y el cuerpo.
    La memoria, el tiempo.
    Me duelen los recuerdos.
    Me duele la sangre.
    Me duelen las heridas, la rabia
    de la lucha, de ausencias, de desprecios.
    Me duelen los sueños rotos,
    despedazados, derrumbados
    e ignorados por ellos.
    Me duelen las piedras
    que tiraron en mi alma,
    en mi corazón.
    Me duele que me digan inútil
    después de hacer tantas cosas.
    Me duele la vida, de mi vida vacía,
    escarchada, derrumbrada, corroída.
    Me duelen mis ojos tristes
    de tanto llanto seco.
    Del silencio oscuro.
    De las voces claras,
    que se clavan en mi cerebro.



    MUERTE

    Muerte que arrebatas vida,
    sembrando desesperanza,
    dejando tristes, vacías
    las almas enamoradas.

    Muerte indigna,
    que de amor no sabes nada.
    Que invencible quieres ser,
    y no vences a la nada.

    No callas la voz de un pueblo,
    que llama la libertad.
    No vences al amor,
    del que ama de verdad.

    Porque el que lucha con causa,
    no puede morir nunca.
    El que quiere con locura,
    ¡ a ti, muerte ! vencerá.



    SEÑORA MUERTE

    Ven señora muerte.
    Ya tengo la habitación preparada y bien a punto.
    El ramo de rosas, la música lenta,
    la seda, los morados en la noche, cita perfecta.
    Ven, señora muerte, ya nada falta.
    Acércate lentamente, bésame despacio, sin decir palabra,
    y haz con placer tu trabajo.



    DAME LA MANO

    Dame la mano que se acerca mi hora.
    Que el corazón va dejando de latir.
    Tenemos tantas cosas para decirnos
    y recordar, dulce y fiel amigo.

    Dame la mano y un último beso en la mejilla,
    antes de que la sombra tome mi vida.

    Dame la mano en este último instante,
    que la vida deja de latir.




    CARTA FINAL

    Quiero morir.
    Envolviendo mi pulso casi de polvo.
    Del íntimo adiós trazarán la sonrisa,
    que en tus labios de luto habrás de repetir, 
    mientras te aparte el recuerdo.



    LLUEVE EN MI CORAZÓN

    Llueve hoy en mi alma,
    gotas caen sobre el pensamiento.
    Son pequeños destellos de recuerdos,
    que se han enfriado por tu ausencia.
    Llueve cuando estás lejos,
    y cuando te siento cerca.
    Y cuando te alejas,
    la lluvia se convierte en llanto.






    .


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  • 10/28/16--08:46: EDUARDO PÉREZ RUIZ [19.400]
  • Eduardo Pérez Ruiz (5º, Por la Izda.)


    Eduardo Pérez Ruiz

    Eduardo Pérez Ruiz (Tudela, Navarra 1979) 
    Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Zaragoza, imparte clases de Lengua Castellana y Literatura en el IES Alhama de Corella. Es miembro del consejo de dirección de la Revista Literaria Traslapuente, ha publicado poemas en diversas antologías entre las que cabría destacar las del festival Voces del Extremo. 

    Ha publicado los poemarios: Paso de peatones (Ediciones 4 de agosto, 2012), Al final siempre el sol (Colección Poética y peatonal, Ejemplar Único, 2013) y 'La recolección del azafrán', (Editorial Enkuadres, 2016).

    Diferencia

    Todos conocemos sobradamente
    la diferencia que siempre existió
    entre hacer señales de humo y venderlo,
    romper una lanza a favor del prójimo
    y que te la claven en el costado,
    pintar como Velázquez o Picasso
    y que pinten bastos, pintar la mona.
    Pero no está de más que, sobre todo
    sobre todo, no perdamos de vista
    la abismal diferencia que se encuentra
    entre el alimentarse de miguitas
    y el tener que luchar por las migajas.

    en VV.AA. Voces del extremo. Poesía en el desierto (Ateneo Riojano, 2010)






    'La recolección del azafrán', (Editorial Enkuadres, 2016).

    SINOPSIS

    En una entrevista el pintor Juan Genovés decía entre otras cosas: El arte no hay que explicarlo...

    La poesía de Eduardo Pérez Ruiz (Tudela, 1979), tampoco escapa a esa regla. Viene de la corriente de la línea clara y en ella se mantiene aunque su mirada se haya oscurecido un tanto a consecuencia del vivir, porque la vida mancha...


    DÍA DE PLAYA 

    A la playa de viene a descansar
    he oído decir a una señora
    que se la orilla a la tumbona iba
    huyendo del sol nublado -tan vasco-
    mientras la siesta hervía 
    en un juego de mar y de piel.
    A la playa se viene a descansar 
    lo repito yo, con la voz muy queda,
    y sigo tomando arena en la mano 
    y la dejo colarse entre mis dedos.
    Al menos por un rato 
    aparco el universo y sus asuntos.








    .


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  • 10/28/16--10:32: TITO MUÑOZ [19.401]

  • Tito Muñoz 

    Tito Muñoz (Nació en Barcelona; 1956) es un escritor y creativo publicitario español.

    Tito Muñoz ha escrito obras de teatro y guiones para cortometrajes, letras de canciones, algunas con Joan Manuel Serrat: Tarrés en el disco "Cansiones" (2000) y De cuando estuve loco en "Versos en la boca" (2002), o de El perro en el garaje, tema que da título a un disco editado en 2004 por Víctor Manuel. También ha escrito algún libreto de ópera.

    Como poeta ha publicado algunos libros en la editorial Visor y en Cuadernos del Bronce, poemarios como Sirenas en conserva (1997), Metralla (1999), con prólogo de Joan Manuel Serrat, o Treinta de febrero (2002), del que Serrat adaptaría la canción De cuando estuve loco.

    En 2005 publicó el poemario Una hawaiana con un ukelele, en el que mezcla el tema amoroso, a veces irónico, a veces serio, pero siempre tierno, con una percepción de la realidad en donde se mezcla la mirada adulta con la libertad excesiva del niño. Por eso mezcla objetos urbanos (“Futbol para taxistas”, “Colada”, “El suicidio de Barbie”…) con la pasión por el circo (“Me llamo Strómboli”, “Para amar correctamente a una funambulista”, “El funambulista ciego”…) o ese recuerdo ingenuo de la hawaiana, que abre las puertas de lo paradisíaco. Desde el poema inicial (“Te lo aviso: / tengo un alma / y está cargada”) a la nana final (“Canción para dormir a Joan Manuel Serrat”), el autor recorre un itinerario sentimental y poético con versos mayormente medidos y bien medidos, y detalles de gran poeta de oído, fácil versificador, de rima eficaz e ingenio despierto, con prólogo de Luis Alberto de Cuenca.

    En 2008 se publicó el poemario "Sonados" (edit. EH), escrito junto a Juan José Téllez Rubio.

    Su último poemario es Sobras escogidas (2011, Vitruvio). Presentaron el libro en la Casa del Libro de Madrid, el 24 de febrero de 2011, tres de los más destacados poetas de la actualidad: Raquel Lanseros, Luis García Montero y Luis Alberto de Cuenca, poniendo así de manifiesto la alta consideración en que tienen a Tito.



    AVISO

    "Te lo aviso:
    Tengo un alma
    Y está cargada"



    Además de su actividad artística como escritor, Tito Muñoz es dibujante, ha pintado y expuesto algunos de sus cuadros.




    UNA HAWAIANA CON UN UKELELE 

    De todas cuantas cosas
    se mueven en el globo,
    y me estoy refiriendo al Mar Caribe,
    a los trenes de mercancías,
    al mercurio de los termómetros,
    al índice Down Jones
    y a Ladislao Kubala,
    no hay nada más hermoso
    ni que más me complazca
    que esta muchacha exótica,
    atrapada en un biceps de colores,
    con corona de flores y su canción rayada,
    loca por dar un salto y repetir “Aloha”
    a la marinería americana
    y todos los tahúres de Las Ramblas.




    Metralla

    Me duele algunas noches
    la metralla de entonces,
    las cartas como ráfagas
    de tu tiempo en la cárcel
    y reconozco voces
    como cristales rotos
    que ocupan los rincones
    donde el tiempo resbala.

    Quiero que nos devuelvan
    algo de aquel tiempo,
    entrar a un probador luminiscente
    en plena planta joven
    y calzarme una chupa
    que reviva el milagro
    de mis catorce años
    y en ti sugiera
    la añorada indolencia
    que anoche proclamabas.

    Luego, con las rodillas
    llenas de mataduras
    y algún ganglio en el cuello,
    marchar de vacaciones a dar tumbos
    por un verano eterno
    concurrido de rosales y amigos
    y comer berberechos con aquella salsita
    y echarnos en tumbona,
    untado todo el cuerpo
    con bálsamo de coco.

    Y ya no volvería a resentirme
    del antiguo dolor de la metralla.
    Y tú tampoco.




    Para amar correctamente a una funambulista

    Júrale que tu amor es para siempre
    mientras le das un ramo de leopardos.
    Móntala a lomos del mayor elefante,
    hazle un triple mortal con siete manos.

    Sumérgete en su mar de lentejuelas,
    en la rejilla de sus medias vencidas,
    dispara tu sonrisa de hombre bala,
    atraviesa sereno sus zarcillos en llamas.

    Saca pañuelos de seda por la boca,
    que parezcan palabras enlazadas,
    aguanta en la nariz una pelota,
    haz el payaso de las bofetadas.

    Le encantará que metas la cabeza
    entre las fauces del león de guardia,
    que tu silueta la dibujen puñales,
    que camines sin red por la alambrada.

    Después, el carromato colorado,
    la mirada traviesa de la mujer barbuda,
    el riesgo de la altura y los enanos
    te llevarán al vértigo que anhelas.

    El mayor espectáculo del mundo
    te aguarda entre sus piernas.




    Lista de la compra

    (En el bolsillo de Tito)

    En la parada de despojos,
    unas alas que vuelen,
    pulso para las venas
    y un trozo de resignación
    de cordero lechal.

    Tres onzas de deseo
    para hacer estofado,
    horas para el reloj
    y kilómetros nuevos.

    Menta fresca en un carro
    con la mora
    sentada en el pescante,
    un caballo
    y un trozo de muralla.

    Algunos cefalópodos
    que llevaran
    la cabeza muy alta,
    calamares con tinta
    y octópodos que escriban
    sonetos a ocho manos.

    También una gitana
    con sus dientes de ajo,
    el grito
    de la joven pollera,
    el tinte colorado
    de la que vende atunes
    y tres cuartos de luz
    de la vidriera.

    Hielo de boquerones,
    que esté fresco,
    angulas que hagan fintas 
    de guardameta vasco
    y hojas de parra
    donde duermen los meros.

    Y perejil, que es gratis,
    y esos percebes
    que ostentan tantos dedos
    y la saliva del puesto de aceitunas
    y un cerro en la Toscana
    con tomillo y orégano.




    Perdido

    Me he perdido, señora.
    ¿Me puede acompañar, agarrando mi mano,
    hasta un lugar donde alguien me conozca?

    Recuerdo a una mujer haciendo sopa,
    un ascensor que no llegaba al cielo,
    unos hermanos queriendo y peleando,
    un edificio que tenía entresuelo,
    una vieja con manos de cartón
    que hablaba de aquel buzo
    -creo que era mi abuelo-.
    Penélope tejiendo tapetes de ganchillo
    sin Ulises viniendo de regreso.

    Me he perdido y no tengo
    un mapa de mi infancia,
    comí aquel pan y no dejé miguitas
    -no nadaba, señora, en la abundancia-.
    Mónteme, por favor, en aquel tiovivo,
    quiero dar vueltas en el coche de bomberos
    y déjeme después, se lo suplico,
    en el tercero primera de una casa ardiendo.





    Sucede en los poemas 

    Para la madre de Rafa Iglesias

    Sucede en los poemas solamente
    que pálidas muchachas languidecen
    y al filo de la luna se desangran
    alféreces jugando con la muerte.

    En la vida de usted, es diferente,
    no hay luna llena en el supermercado,
    y los pescados no llevan diéresis.
    No torea en su plaza el Minotauro.

    Pero es usted quien forja la poesía
    con un vestido camisero estampado,
    alimentando plantas y familia
    en zapatillas, con un rigor diario.

    Por usted viven los furiosos geranios,
    la radio canta para usted, querida,
    coplas de rejas y mujeres llorando,
    con su café construye un nuevo día.



    -CANCIONES ESCRITAS POR TITO MUÑOZ


    De cuando estuve loco

    (Tito Muñoz - Joan Manuel Serrat)

    De cuando estuve loco aún conservo
    el carné de majara en la cartera,
    un plano detallado del infierno,
    un cielo con pirañas y goteras,
    un prontuario en la comisaría,
    un frasco con pastillas de colores,
    la carta con la que te despedías,
    remedios varios contra el mal de amores.

    Ahora voy rumbo al sur a sentar plaza
    desdeñando otros puntos cardinales
    y el sol encarcelado en la terraza.
    Voy rumbo al sur buscando
    tus besos espirales.

    Atrás dejo kilómetros de afueras,
    aire por respirar, luces en rojo.
    Hacia donde señalan tus pezones
    voy a toda pastilla
    dando gas a la moto.

    De cuando estuve loco aún conservo
    un par de gramos de delirio en rama,
    por si atacan con su razón los cuerdos
    y un viento fuerza seis de tramontana;
    el vicio de escribir por las paredes
    pareados de amor, y la manía
    de buscarte entre todas las mujeres
    que en horas bajas me hacen compañía.

    Cuando rozo tus pétalos, nenúfar
    que sobrevive en aguas estancadas
    saltan chispas, los cables se me cruzan,
    se me sube el mercurio
    y me salta la alarma.

    Mono de ti que me obliga a llevarte
    en sobres rojos, liofilizada,
    para tomarte cuando me apeteces
    a sorbos cortos
    donde duele la madrugada.

    Te escribo desde un área de servicio
    donde sólo me ofrecen gasolina.
    Puedes llamarme a cobro revertido
    desde la caracola de la esquina.





    El perro del garaje

    (Tito Muñoz - David San José Cuesta)

    Soy el perro del garaje
    soy ese Anubis enfermo
    de disecado pelaje
    soy el perro del infierno.

    Soy la alfombra de la entrada
    con dos faros amarillos
    el rey de la madrugada
    el terror de los chiquillos.

    Como el perro de San Roque
    no tengo rabo
    porque Ramón Ramírez
    me lo ha robado.

    Soy el perro del garaje
    no tengo dueño
    a mí solo me dominan
    la pereza y el sueño.

    Soy el perro del garaje
    que gobierna los pasillos.
    tengo grasa en las entrañas.
    llevo el alma en cabestrillo.

    Conozco todas las curvas
    que conducen al averno
    soy más hondo que la turba
    soy los restos del invierno.

    (2004)




    Los mares del surf 

    (Tito Muñoz - Javier Ruibal)

    Entre toros y chumberas
    Yo me sé una carretera
    Que da a los mares del surf
    Entre Bolonia y Tarifa
    Cada ola se la rifa
    El surfero a cara y cruz

    Monta guardia vigilante
    Al abrigo del levante
    Con birras de Carrefour
    Son los locos del estrecho
    Vienen a partirse el pecho
    En el Hawai andaluz

    Pero las hormigoneras
    Delirio de los horteras
    Pan de la especulación
    Van comprando concejales
    Alcalduchos y vocales
    Caen en la tentación

    Me cambio la ley de costa
    Y ya me coloco a posta
    En la orillita el salón
    Y si no me sale el juego
    Lo mismo le meto fuego
    Al mismísimo nerón

    Y p’a que vengan los rubios
    Sin escrúpulos ni estudios
    A blanquear los dineros
    P'a matar el paraíso
    P'a llenar esto de pisos
    No hay ser más que un ratero
    Antes de que llegue julio
    Sálvame Valdevaqueros
    Salte del negocio turbio
    Gaditano marrullero

    Deja que las criaturas
    Hagan trompos y locuras
    A lomos del oleaje
    O es que tanta juventud
    Tanta belleza y salud
    Te dan envidia y coraje

    Si en tu codicia nefasta
    En tu "todo por la pasta"
    No cabe guardar respeto
    Por este reino del sol
    Gaditano y español
    ¡Viva el rey de los paletos!

    No me vendas que el turismo
    Traerá mucho futuro,
    Muchos puestos de trabajo
    No me vengas con el cuento
    Que te mando de momento
    Al mismísimo... Caribe

    Tú sólo quieres ganar
    O mejor dicho, robar
    Y acabar con este baile
    Esta fiesta de la piel
    Este verano de miel
    Y de pezones al aire

    Y p'a que vengan los rubios
    Con su mancha de tugurios
    Para ricos y puteros
    No me pongas más excusas
    Mira que la mafia rusa
    No es un perrito faldero
    Antes de que llegue julio
    Sálvame Valdevaqueros
    Salte del negocio turbio
    Gaditano mamporrero

    Pero yo no soy idiota
    Sin esa playa nudista
    Nos quedamos en pelotas
    Vale más que se espabilen
    Aunque traigan los civiles
    Y a los marines de rota

    Toda la vida es ahora
    A la playa que ya es hora
    De broncear esos cuerpos
    Y a cantar por bulerías
    La copla de la alegría
    que no nos callen ni muertos

    Y p’a que vengan los rubios
    Traerán antidisturbios
    Defensores del banquero
    A matar el paraíso
    y llenar esto de pisos
    para grandes bandoleros
    Antes de que llegue julio
    Sálvame Valdevaqueros.
    Salte del negocio turbio
    Gaditano carroñero




    Tarrés

    (Tito Muñoz - Joan Manuel Serrat)

    Ese tal Tarrés
    que camina p'atrás,
    escribe del revés
    y nunca tiene "prou".

    Que usa el calcetín
    derecho en el pie
    izquierdo por verse
    distinto de mí.

    Cuando viene no estoy.
    Donde llego se fue
    y si vuelve no sé
    si se queda o se va.

    Me daría igual si
    no fuese porque
    él no es nada sin mí
    y yo no soy nadie sin él.

    Ese tal Tarrés,
    que no me cabe en la piel
    y saca a mi animal
    de parranda con él.

    Le basta con que el Sol
    reparta fuego y luz
    y Dios nos dé salud
    para poder beber.

    Y al amanecer con
    cuatro copas de más
    abomina de mí
    y me niega donde va.

    Me daría igual si
    no sufragase yo
    las deudas que Tarrés
    en la noche olvidó.

    Pero cuando él no está
    se atraganta el licor,
    los amigos se van,
    y no me quiere mi amor.

    Si no está Tarrés
    llueve en el corazón,
    no baila mi mujer
    y se calla la canción.

    Sin el tal Tarrés,
    que camina p'atrás,
    escribe del revés
    y nunca tiene bastante.

    Ese tal Tarrés,
    que camina p'atrás,
    escribe del revés
    y nunca tiene "prou".






    .

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    Jean-Luc Raharimanana

    Jean-Luc Raharimanana (Nació el 26 de junio de 1967 en Antananarivo, Madagascar) escritor malgache en francés.

    Escribió su primer libro en su isla natal, pero no pudo publicarlo por la situación política. Se fue a Francia para estudiar etnolingüística. Ha sido profesor, periodista y escritor de varios libros traducidos al inglés, al alemán, al italiano y al castellano. En sus obras, describe la situación de pobreza y corrupción y la historia de Madagascar con un estilo entre violento y lírico.

    Libros

    Le prophète et le président(1989)
    Le lépreux et dix-neuf autres nouvelles (Hatier, 1992)
    Rêves sous le linceul (Le Serpent à Plumes, 1996)
    Le puits, (Actes Sud Papier, 1997)
    Lucarne (Le Serpent à Plumes, 1999)
    Nour, 1947, (Le Serpent à Plumes, 2001)
    Landisoa et les trois cailloux (Edicef, 2001)
    L'arbre anthropophage (Joëlle Losfeld, 2004)

    Jean-Luc Raharimanana nació en 1967 en Antananarivo donde vivió hasta edad de 22 ans. En 1989 desembarca en París y un año después, obtiene el segundo premio del Concurso de teatro de RFI con Le Prophète et le Président (El Profeta y el Presidente). En 1996, la crítica saluda su libro de cuentos Lucarne (Tragaluz).

    Estos cuentos están construidos, en su mayoría, alrededor de una sola escena que constituye un punto de no retorno de la narración. Encontramos allí a niños, mujeres locas, mendigos, esclavos, brujas…

    En Tragaluz, un mendigo arroja un cadáver en la mitad de la calle para obligar a un coche a detenerse y así desvalijar al conductor.

    El niño rico es rico con la moneda que tragó por miedo a que se la robaran y que le hace doler mucho el estómago.

    En Reptil, unos hombres cavan la fosa donde los arrajarán los soldados después de haberlos fusilado :

    « Un hilillo rojo.
    La lluvia que no para.
    Día de ruido.`
    Día de crepitar.

    Dejarme entrar en la fosa. El barro retiene, se abre y se vuelve a cerrar sobre la barra de hierro. Sexo dices. Verga. ¡Cava!

    Batifondo bajo un cielo ebrio de sangre y de olor de cremación. 

    Batifondo sobre una tierra que se revuelca, barrosa. Carne blanda. Ya no ver nada más que ese abismo que se forma en el blanco de mis ojos, perfora mi seso. Cava. ¡CAVA ! La locura está cerca. Sangre. Sexo. Muerte. Fusiles que suenan. Cuerpos que caen. Chozas que arden. Humo que sube hasta las nubes. Lluvia. Violacines. Risotadas. Piernas abiertas sobre un sexo de mujer que una mano viciosa llena de barro, de greda.

    ¡Cava!

    Sólo quieren la tierra de tus ancestros, sólo quieren este lugar rocoso donde moran las boas.

    Cava… »





    Si la violencia narrativa está presente desde el comienzo en lo que escribe Raharimanana no es un fin en si misma ni sólo una brutal denuncia de un estado del mundo, de una situación política. Su violencia es la de la literatura : poner palabras sobre lo que se déjà en silencio, cavar una camino de frases hacia la palabra y la historia de aquellos que carecen de ella. Taharimanana escribe en este sentido escenas de una violencia insostenible. Sus personajes están siempre aplastados por una suerte espantosa. Esta exploración de los espacios prohibidos es asumida en sus cuentos y novelas por narradores en los confines de la demencia. El prisma deformante de la locura les hace percibir imágenes rotas de la realidad atravesadas por el sonido y la furia.

    Para tratar de entender esta violencia, bastaría quizá con leer la segunda parte de El árbol antropófago, Trazados en tierras dulces, diario escrito por Taharimanana entre el 10 de febrero y el 22 de agosto de 2002, antes de las elecciones presidenciales, un período de extrema violencia donde se forman milicias que levantan barricadas en las rutas y aterrorizan a los civiles.

    El 14 de junio de 2002, el padre de nuestro autor, un intelectual comprometido que no deja de llamar a una toma de conciencia de unos y otros, es detenido. Su casa es pillada y su biblioteca quemada.

    Al hijo, que no entiende por qué el poder ataca a un hombre de paz y de cultura, la hermana mayor responde:

    «¿ Ignoraba acaso que en Mahajanga, mi padre era más escuchado que el mismo gobernador?¿Ignoraba acaso que tuvo el coraje de lanzar ese llamado a la calma y de provocar esa reunión de fokontany para enfrentar la situación mientras que el gobernador y sus esbirros huían como cobardes? ¿No sabía que en un país como el nuestro los hombres escuchados son los más peligrosos?

    — Pero la democracia…

    — ¿Qué democracia? ¡Tu padre fue secuestrado, torturado! ¿Ponete eso en la cabeza !

    Ira en su voz. Ira. Se calma. Me calmo. Convenimos que todavía no hay que hablar con los periodistas. Lo más importante es sacar a papá de esta situación, traerlo aquí. Lejos. Muy lejos. Cuidarlo».

    Jean-Luc llega el 16 de julio a Antananarivo. No son ni los avocados ni su propia familia los que van a ayudarlo a comprender lo inexplicable, pero uno de sus propios cuentos.

    « Llamado del abogado R. La audiencia está fijada para el viernes. « ¿Este viernes? –Sí, dentro de dos días. » Entro en pánico. Necesito agarrarme de algo. Llamo a mi hermano mayor. No lo encuentro. Llamo a mi otro hermano. Le pido que avise a la mayor cantidad posible de gente. Estoy en las callejuelas. La comunicación es difícil. Escaleras de piedra. Muros de piedra. Volver a sentir las sensaciones de escritura de uno de mis cuentos. Revivir exactamente los mismos miedos y pánicos: « Bajar las escaleras de piedra. Bajar y gritar. ¡Ho! Trastabillar. Gritar. Recuperar el equilibrio. Buenos días señora, buenos días señor. ¿Pueden indicarme el camino al paraíso? El paraíso. Baje hasta encajarse los talones de los pies en la garganta. ¡Ah! ¡Hijos de puta! Buenos días señorita… ¿El paraíce dice usted? Sí señorita. Tome a la izquierda y continúe derecho, ¡es allí! Gracias señorita. ¿Pero por qué va en el otro sentido? ¿Señorita, señorita?» Necesidad de un lugar tranquilo. Trepo sobre las ruinas de una casa, me inclino sobre una pared. Vista sobre Ampefiloha, la casa de la radio, lel tribunal, el hotel Hilton. Reanudo la conversación con mi hermano».

    El conjunto de su obra forma un todo coherente. Sus cuentos (Lucarne. 1996; Rêves sous un linceuil (Sueños bajo una mortaja), 1998), su novela Nour 1947, (2001), sus obras de teatro (Le Prophète et le Président, 1990; Le puits (El pozo), 1997) muestran una misma visión del mundo.

    En su búsqueda de una felicidad imposible, el Hombre choca contra la ceguera y la sordera de los dioses.

    El autor es un “medium desgarrado que ocupa un espacio prohibido, peligroso”.

    En este sentido Taharimanana escribió escenas de una violencia insostenible. Sus personajes están siempre aplastados por una suerte espantosa. El único sobreviviente de una masacre es obligado a cavar la fosa donde se amontonan los cadáveres destrozados de sus parientes cercanos.

    “La barra de hierro se hunde en los cuerpos, rompe cabezas, decapita en el dolor, en picadillo, en papilla. ”.

    Esta exploración de los terrenos prohibidos es asumida en sus cuentos y en su novela por narradores al borde de la demencia. El prisma deformante de la locura les hace percibir imágenes estalladas de la realidad, atravesadas por el ruido y el furor.

    En 2009, tres de sus obras son presentadas en el festival de Aviñón, , Za, Las pesadillas del Gecko y una adaptación de su novela Nour.



    En esa oportunidad, la periodista Anne Bocandé interrogó a Jean-Luc Raharimanana :

    « –Presenta tres obras en el festival de Aviñón. Un buen reconocimiento. ¿Su trabajo puede contribuir a hacer conocer más Madagascar?

    –No se pueden circunscribir mis obras a Madagascar. Se asocia siempre a un autor del Sur con su país mientras que eso va mucho más llá. Aunque sea malgache, ¡no me interesa sólo Madagascar! Vivimos en un mundo globalizado, en un mundo en que las fronteras son porosas (¡Aún si el Norte no quiere que venga el Sur!) 47 habla sobre todo de las relaciones entre Francia y Madagascar. Es una obra muy particular. En Las pesadillas del Gecko, no he centralizado el texto en cuestiones puramente malgache. Hablo de como veo el mundo, no de como veo a Madagascar. Evoco hechos que traen, para mí, el desorden del mundo. Encaro muchas cosas : la inmigración, el 11 de septiembre de 2001, la cuestión de la memoria, la figura del negro en general, del bárbaro en general, el que es bienvenido o no, aquel al que marcan por su extrañeza, la cuestión de las fronteras mentales, de las fronteras geopolíticas… En lo que concierne a Za, en ningún momento ubico a mi obra en Madagascar. Pero para los críticos, es muy fácil decir que un escritor malgache habla de Madagascar, o que un escritor maliano del Malí. Sin embargo nadie le pregunta a Amélie Nothomb, por ejemplo, si escribe sobre Bélgica. Es la historia contada lo que me interesa. Mi primer emprendimiento es la ficción, aún si encaro problemas contemporáneos. Za es un personaje que inventé : su manera de hablar es particular, nadie habla así en Madagascar. Es totalmente un personaje de ficción, y cuando lo hago pasear de la prisión a una tumba, ¿dónde está la realidad? Por otro lado, parto evidentemente de una cierta realidad, parto de algo que me gusta, que me gusta contar sobre todo. Podría partir de una realidad de Francia, ¡hacen casi 20 años que vivo aquí! Lo hice quizás en Las pesadillas del Gecko, pero está menos ligado a la tierra de Francia que a la noción de fronteras».



    El amo de los escombros

    DZAMALA grita su nombre. Dzamala. Dzamala. Y la jauría se despierta, se levanta. Dzamala, grita.
    Dzamala está de vuelta. Dzamala fumó toda kla basura del mundo. Contá Dzamala. Contá.
    Visto en las volutas que rodean al océano lo rojo de su sangre, el blanco de sus escupitajos.
    El verde Dzamala. El verde.
    El verde de sus excrementos.
    Visto en las volutas que apretaban al océano el picadillo de sus carnes. Visto los escualos que se precipitaban. Fumé todas sus basuras y repartí sus olores sobre todo el océano.
    Dzamala! Dzamala! La jauría se derrumba de alegría sobre los escombros. ¡Contá! ¡Contá!
    Visto a la mujer desnuda, ebria de sus olores, abrirse voluptuosa y regalarme su vellocino crecido.
    Fumaste Dzamala. Fumaste tu ración de hierba.
    Fumé. Planeé. Dzamala es mi nombre. Fumo toda la basura de la tierra, todo lo que nos llega podrido, en mal estado.
    Fumaste Dzamala. Fumaste todas nuestras riquezas.
    Dzamala es mi nombre. Dzamala.
    El niñot, Dzamala, el niño tirado a la basura, despedazado, el corazón, el hígado, los ojos, el baso vendidos, traficados, lo recortaste más aún para extraerle la delicadeza. Lo despojaste de su piel, oh Dzamala, pillado su inocencia. Fumaste. Tiraste a sus tripas. Planeaste, Dzamala, en el reino de los inocentes.
    Dzamala. Dzamala es mi nombre.
    El loco, Dzamala,el loco que arengaba a los perros, perdido, extraviado por su miseria, se prosternaba ante vos, te presentaba su cuello. Tiraste Dzamala. Tiraste sobre sus carótidas. Fumaste. Fumaste tu hierba en sus gruesas venas callosas de sangre. Planeaste, Dzamala, vestido de sombres, de brumas, por encima de las tierras de este delirio.
    Dzamala es mi nombre. Dzamala. Vuelvo para fumar toda su basura.
    Y la madre, Dzamala, la madre tirada sobre las inmundicias, apretando la naranja podrida contra los labios secos de su hijo, llorando, esperando lágrimas nutricias, se arrodillaba a tus pies. Vendiste a su niño, oh Dzamala. Por un puñado de hierba. Por un vuelo por arriba de las tierras de ilusión.
    La jauría se derrumba de risa, se adorna con restos, de hojas y de briznas.
    ¡Bailen!!Bailen!
    Enturbiaste el barro, oh Dzamala, y el llanto que lo hinchaba subió a la superficie. Bebiste, Dzamala, esos llantos que no se descomponen.
    Leí todas las cartas que vuelan en el viento. Leí todas las cartas que se arraigan en el barro, encontré las memorias corruptas, depravadas. Leí todos los sufrimientos, me emborraché con tinta perdida. Me emborraché con tantos dolores. Me embriagué. Planeé, planeé muy lejos por arriba de las tierras de aflicción.
    ¡Oh Dzamala! ¡Dzamala!
    ¡Bailen! ¡Bailen!
    La jauría se adorna con restos y baila, baila. La jauría se enlaza y se acopla. Dzamala estalla de júbilo, atrapa una hermbra y fornica hasta morir.
    ¡Dzamala, oh Dzamala!
    La jauría enronquece y se derrumba de cansancio. Dzamala, Dzamala, Dzamala…



    Bajo las palabras, el naufragio de los sentidos, afirmar los pies. Demasiado para ver en el horizonte, no tengo suficiente palabra.
    Tartamudear la tierra que gira vértigo. Vomitar realidad.
    Atrapado. Atrapar. Atrapado.
    El presente se muere. ¿Tengo? La historia es esa mujer que pare cada vez que la cuentan, el tiempo corre. Mis palabras se forman apenas. Forma, pena. Formato, mate, mula de todas las cargas – cargas de sentido, empresa imposible.
    Las palabras nos vomitan.
    Henos aquí.
    La lengua.
    Mojada en mis labios por la hez
    de las olas, o como con
    ese otro amigo – se reconocerá,
    valseada en mis delirios
    en las fronteras de la cola y del jazz.
    Me arraigué en las noches de exilio
    y de liberación antes de
    narrar mis cuentos sin sentido.
    Era una torre en Babel. Después, fue el burdel.

    Si el sueño es de arena, mi derrumbe es perfecto…
    acechar el camino del viento y
    hundirme en él llegado el momento,
    acostarme como hoja muerta y partir con la primera brisa, hacer
    pié en el horizonte y pasar cueste lo que cueste,
    pasar… El agua salada, vomitada por las entrañas.
    Los cantos destripados saben a chacinados averiados.
    ¿Quién dijo que había que esperar?

    No moverse, sólo los sueños de arraigo atrapan las cimas…

    Al margen de lo ínfimo, ¿qué hacer con la nada cuando nos llena?

    Sólo pasear, ganas de perderme. Y aquí y allá mi corazón como mis
    rencores, para perder, para dejar. Alrededor, no prestar ninguna atención ; a lo lejos
    no echar ninguna mirada, sólo volar a ras del suelo, sobrevolar,
    vagar como el niño del céfiro encontrado por el alba gris,
    ganas de escapar de la demasía de niebla, tan pesada sin embargo, de opacidad,
    niño del céfiro que soy, ebrio de canto bajo el proceso de las ondas y de las aguas murmurantes.
    Con el paso del tiempo, la verdad caminando como un volatinero, un paso al costado, he aquí la mentira.

    Con el paso del tiempo, la verdad caminando como un volatinero, un paso al costado, he aquí la mentira.

    Mis queridos cocciudadanos, estos son los últimos días de Irak. Diez años durante, más de Estados Unidos y otros han hecho esfuerzos pacientes y honorables para. Fritura. desarmar la guerra. este régimen había tomado la obstrucción. destruir sus armas de destrucción masiva. del tiempo y de las ventajas. todos fracasaron. unos de otros después, porque no nos enfrentábamos a hombres pacíficos. destruiremos el aparato del terror e iremos ves mi amor, iremos sin nada, ayudaremos a construir un nuevo Irak, libre, próspero. En un Irak libre, ya no habrá guerras. En un Irak libre de la agresión contra los Estados vecinos, ya no habrá. Irak,ya no habrá fábricas de veneno, ya no habrá ejecución de Irak y ya no habrá cámaras de tortura y salas de violación. Irak el tirano desaparecerá pronto. El día de su liberación. cercano. mis queridos occi, occi, occi, mis dadanos, mis queridos.

    Tantos meandros para perder el sentido, los decidores se llenan de barbarie y se apoderan de las palabras, quedan la ronquera de la voz y el espasmo de los deseos…
    En cuanto a mí,
    puse colores en los sueños del cuervo.
    Lentejuelas de estrellas empolvadas, corrosivas migajas de las calendas, resurgen las cloacas de mis sublimes,
    otros bastardos han tomado la isla. Noche me aparta saliva y me busca amor. Mi única desnudez es la perla fría que confisca el ojo. Sueño y mentira, esto es sólo una historia.

    tomé de ustedes las tinieblas y los días, tomé de ustedes el llanto y la arisa, tomé las cadenas, tomé los cabestros, tomé los yugos, tomé el exilio,
    de ustedes la barbarie, mi vergüenza como único botín, mi dolor como único elixir, tomé de ustedes un sol demasiado brillante,
    y los sueños inaccesibles,
    la realidad en la que me despojo, la realidad en la que me despojan, la realidad en la que me humillan,
    tomé lo que me quedaba de ustedes, las risas y otra vez las risas,
    natural como soy, niño grande…

    hacen ya algunos siglos que me instan ser un don de humanidad…

    mis fantasmas están colmados de bruma, se levantan cubiertos de rocío y de hollín. El agua es negra, cayendo de sus almas. Suspendo mis sueños.

    Agua negra para el olvido,

    Mis pensamientos son lianas sensuales contra alambrados bien reales…

    pero allí vienen mis conquistadores que me sacan mis dioses y arruinan mi cuerpo. Me vuelven a nombrar y a crear,
    me bautizan me liberan me instruyen me salvan y me desarrollan me democratizan me modernizan me arrancan de mi hez de mi barro de mi fango de mis guerras de mi salvajismo de mi ignorancia de mi oscurantismo de mis fanatismos de mi tierra miserable y subdesarrollada mi tierra sud mi tierra lejana mi tierra emergente mi tierra donde se ahoga cualquier progreso mi tierra de guerra de conflicto de hambruna de corrupción mi tierra de dictadura y de régimen bananero mi tierra de catástrofes étnicas y otras alegrías negromaníacas…

    Océano de felicidad, pena insumergible…

    Mis fantasmas están colmados de brumas, se levantan cubiertos de rocío y de hollín, sus almas goteando el agua negra del olvido. No vivieron bastante y me exigen cuentas, tengo mis fantasmas colmados de lamentos, vacíos de esperanza y expoliados aún de palabras…
    Les digo este mundo… Nacemos en la oscuridad, vivimos lo que dura un color, volveremos a la oscuridad, al silencio que nos creó. Sólo parece contar el tiempo en que se suspendieron las tinieblas y la incomprensión, el resto se diluye en el dolor de los vivos. Demasiado reales para ser aceptados. Sólo soñamos ilusión, dulzura y liviandad. ¿He vivido demasiado?

    He aquí una niña muerta al nacer. Su madre está desmayada en un lecho de piedra. Su abuelo la lleva hacia algún acantilado y la entierra en alguna gruta o en algún rincón de esta muralla rocosa. He aquí una niña muerta al nacer, la llamo Hija de la luna, nacida un día de eclipse, muerta sin color.

    Miro a mi hermana, ella llevó mi primer fantasma…

    Y luego, no habré entendido. Las palabras escondidas y el silencio que se bosqueja sobre los labios. El rechazo que me invade instintivamente, rechazo de cargar con esas palabras, rechazo de recibirlas simplemente. Pero las palabras son cómplices de la memoria, cavan el abismo, se precipitan en él y nos arrastran. Escribir entonces para no naufragar del todo. Y locura conservar como irrisión salvadora de esta realidad demasiado sombría…

    He aquí la niña muerta al nacer, nacida un día de eclipse, muerta sin color, habiendo conocido sólo el agua del vientre de su madre, depositada lejos, enterrada bajo el silencio. Nunca más nadie habló de ella. Los pájaros han terminado por picotear su alma.

    El silencio no puede ser olvido. La ausencia de palabras no puede ser erradicación de la palabra. Memoria demasiado pesada se despoja de la lengua para reinterrogar el sentido ya que el presente enfila hacia el acontecimiento y los días, hacia la actualidad, maltrata el sentido…

    La lengua del presente, como eterna sometida, se entrega a menudo a los deseos de los dominantes, lengua de supervivencia, lengua de los que se hacen visibles para trazar los días. Tomar pausa y distancia instaurar. Hacer silencio y dejarse despojar de la posibilidad inmediata de decir. Denunciar, ciertamente, pero sobrevivir al presente, todo día en que los hechos vuelven y son aún, la incapacidad del mundo en encontrar la razón del desastre, la actualidad es sólo un artificio que paraliza al tiempo, violenta fijación de las emociones y llanto que4 nadie podrá encauzar…
    ¿Quienes crean el acontecimiento, pretenden ser sus amos y atraen la atención? Lengua que nos ciega a menudo, arenga las edades, cincha atada a nuestros miedos, unión del sentido que huye de nosotros, de ese sentido que no podemos atrapar. ¿Qué significa toda esta pena? ¿Qué significan todas estas incoherencias? La muerte y las heridas. El tiempo y la desaparición de los días. La memoria que se va y el futuro indeciso. Aquí estamos. Simplemente aquí. Sin a veces darnos cuenta…

    Lo detengo.
    ¿Es una memoria fuera del tiempo? ¿Es una memoria fuera de la palabra?

    Pero acechar al decidor cuando la escritura se niega a paralizarse para devenir palabras, cuando las líneas se olvidan en la voz y se vuelven poemas para decir, historias para contar, sueños para volver a dibujar. Mundo extraño que sólo la literatura puede explorar. Decir. Escuchar. Imaginar. Reinterpretar. Retomar y volver a decir. ¿El decidor en los meandros de las palabras acecha acaso a la verdad o la pierde para preservarla mejor?

    El decidor ríe, se complace en el entorno y el rodeo, se complace en lo impalpable y lo improbable, sueña aún con una lengua a su imagen, torcida. ¿Viene de tal país? Dice que sí. ¿Viene de este imaginario? Dice que sí. ¿De qué maestro sacó su inspiración antes de presentarse ante nosotros? Evoca un Erasmo y su elogio de la locura: “No hay acaso peor locura que querer ser cuerdo en un mundo de locos” . Evoca un oscuro proverbio proveniente de una isla perdida en el océano: “Insensato es aquel que se parece a su padre”. Uno se interroga sobre todo y cualquier cosa. Contesta esto hoy. Contesta eso otro día. Dice haber conocido todo, visto todo, ¿posee acaso la verdad de estas fábulas que siembra? Le creen. Se burlan de él. Pero no dejan de interrogarlo. Lo toman por loco pero es demasiado honor… o de humillación-de deber escuchar a un loco. Se dice entonces que tiene otra lengua.

    Volvemos a la lengua.
    La obsesión de volver ceniza la lengua fugitiva y paralizar al sentido de una vez por todas, habiendo adquirido el saber, el conocimiento imputrescible, la utopía de las letras, alef, último rastro del don del hombre, deseo de eternidad, volver a dibujarse otro no evanescente, durar en nuestra incapacidad de volver a decirnos con el tiempo sobre el tiempo, el indoloro espacio que nos atraviesa y que nos derriba, beth, para que permanezca el todo y que los signos delimiten lo existente, conjura de nuestros miedos, máscaras de nuestras amnesias, no puede ser en otro lado, caos, barbarie que no podrían doblegarse, extensión para la expansión del orden nacido de los primeros gestos. Escribir, pensar lo impensable, la aprehensión de todo, darle cuerpo a este verbo para un dios infalible, fingir creer en ello hasta negar esta imposibilidad de pensar todo, justificar esta locura por la voluntad divina, única voluntad a la medida del último saber, ¿por qué estamos aquí? ¿Por qué? Trazar. Contener. Cubrir lo impensable…
    Palabras máscaras, travesías del vacío, mi desastre para vomitar.

    En lo perecedero, volver a la ilusión y esculpir el infinito con los ojos sin pupilas, sombra y luz tomadas indiferentemente, mis sueños me atan a lo real…

    Danza, mis sombras revolotean a ras del suelo,
    Vértigo me adula y me derrota, puse mi corazón en el piso
    canción mía, inextricable cuento donde lanzarme, enlazarme, enarenarme,
    aquí.
    Mil raíces,
    aquí de mi suelo, ruido recobrado, mi ser…
    Pues cabalgar la tormenta implica riesgos de pérdida…

    Extraña trenza de mis sueños, se enrolla y desenrolla sobre una realidad impensable.

    A menudo, el viento violento sopla. Recuerdo entonces el tiempo lento que expulsa los amores.

    El crisol de lo posible, 2008



    Respirá

    respirá. respirá. pasa la gente. pasa el tiempo. respira. tomar aquí el té del desierto y escuchar el rugido de la ciudad. . respirá y hacé una pausa husmeá el perfume de la arena y no tosas sobre todo si los caños de escape vuelven a tu recuerdo. respirá y bebé tranquilamente. no hay nada que nos apure nada que nos presione nada que pueda ocurrirnos no hay nada que no sea más importante que beber este tiempo que se posa cálidamente sobre nuestros vientres.
    respirá. pasa la gente. pasa… el viento sopla en el muro y agita livianamente los pliegues y las fallas del fresco dibujado encima.
    sombrero hongo y chaqueta negra, estamos listos ahora para agujerear la muralla del tiempo.
    y mirá,mirá. dunas y arenas. arenas y duna. rocas y piedras y todo ese azul todo ese azul que nos llega del cielo del desierto. el viento sopla más fuerte en el muro y se lleva mi sombrero. se escapa.
    y atraviesa la calle atraviesa el bulevar atraviesa la avenida atraviesa la ruta. pasa a la gente pasa a las callejuelas pasa los paseos y hiende los senderos. franquea los rieles, evita las flechas y la ira de Thalys, de Eole o de Corail.

    pasa la gente.

    respirá. respirá….

    https://lachansondelacigale.wordpress.com/2015/07/





    Jean-Luc Raharimanana – La voix de la violence – La voz de la violencia
    14 JUILLET 2015

    Jean-Luc Raharimanana est né en 1967 à Antananarivo où il a vécu jusqu’à l’âge de 22 ans. En 1989, il débarque à Paris et un an après, il obtient le second prix du Concours de théâtre de RFI avec Le Prophète et le Président. En 1996, la critique salue son recueil de nouvelles Lucarne.

    Ces nouvelles sont construites, pour la plupart autour d’une seule scène qui constitue le point de non retour de la narration. Nous y trouvons des enfants, des femmes folles, des mendiants, des esclaves, des sorcières…

    Dans Lucarne, un mendiant jette un cadavre au beau milieu de la rue pour obliger une voiture à s’arrêter et ainsi dévaliser son conducteur.

    L’enfant riche est riche d’une pièce de monnaie qu’il a avalée de peur qu’on ne la lui vole et qui lui fait très mal au ventre.

    Dans Reptile, des hommes creusent la fosse dans laquelle les soldats les jetteront après les avoir fusillés :

    « Un filet rouge.

    La pluie qui ne cesse. Jour de vacarme.` Jour de crépitement. Me laisser entrer dans la fosse. La boue retient, s’ouvre et se referme sur la barre de fer. Sexe tu dis. Verge. Creuse ! Vacarme sous un ciel ivre de sang et d’odeur de crémation. Vacarme sur une terre qui se vautre, boueuse. Chair molle. Ne plus rien voir que ce gouffre qui se forme sur les blancs de mes yeux, perfore ma cervelle. Creuse. CREUSE ! La folie est proche. Sang. Sexe. Mort. Fusils qui tonnent. Corps qui tombent. Cases qui brûlent. Fumées qui montent vers les nuages. Pluie. Viols. Rires gras. Des jambes ouvertes sur un sexe de femme qu’une main vicieuse emplit de boue, de glaise. Creuse ! Ils ne veulent que la terre de tes ancêtres, ils ne veulent que cet endroit rocailleux où demeurent les boas. Creuse… »


    Madagascar-1947

    Si la violence narrative est présente dès le début dans ce qu’écrit Raharimanana elle n’est pas une fin en soi ni seulement une brutale dénonciation d’un état du monde, d’une situation politique. Sa violence est celle de la littérature : mettre des mots sur ce qui était passé sous silence, creuser un chemin de phrases vers la parole et l’histoire de ceux qui en sont privés. C’est dans ce sens que Taharimanana écrit des scènes d’une insoutenable violence. Ses personnages sont toujours écrasés par un sort effrayant. Cette exploration des espaces interdits est assumée dans ses nouvelles et dans son roman par des narrateurs aux confins de la démence. Le prisme déformant de la folie leur fait percevoir des images éclatées de la réalité, traversées de bruit et de fureur.

    Pour essayer de comprendre cette violence, il suffirait peut-être de lire la deuxième partie de L’Arbre anthropophage, Tracés en terres douces, journal tenu par Taharimanana entre le 10 février et le 22 août  2002, avant les élections présidentielles, une période d’extrême violence où se forment des milices qui dressent des barrages sur les routes et terrorisent les civils.

    Le 14 juin 2002, le père de notre auteur, un intellectuel engagé qui n’a de cesse d’en appeler à la prise de conscience des uns et des autres, à la nécessité de l’éducation, à la responsabilité de tous pour mettre fin aux affrontements, est arrêté. Sa maison est mise à sac et sa bibliothèque brûlée.

    Au fils, qui ne comprend pas pourquoi le pouvoir s’attaque à un homme de paix et de culture, la sœur aînée répond :

    « Ignorais-je qu’à Mahajanga, mon père est plus écouté que le gouverneur même ? Ignorais-je qu’il a eu le courage de lancer cet appel au calme et de provoquer cette réunion des fokontany pour faire face à la situation alors que le gouverneur et ses sbires s’enfuyaient comme des lâches ? Ne savais-je pas que dans un pays comme le nôtre les hommes écoutés sont les plus dangereux ? — Mais la démocratie… — Quelle démocratie ? Ton père a été enlevé, torturé ! Tu te mets ça dans la tête ! De la colère dans sa voix. De la colère. Elle se calme. Je me calme. Nous convenons qu’il ne faut pas encore en parler aux journalistes. Le plus important est de sortir papa de cette situation, de l’emmener ici. Loin. Très loin. De le soigner ».

    Jean-Luc arrive le 16 juillet à Antananarivo. Ce ne sont ni les avocats, ni sa propre famille qui vont l’aider à comprendre l’inexplicable, mais une de ses propres nouvelles.



    « Appel de maître R. L’audience est fixée pour vendredi. « Ce vendredi ? – Oui, dans deux jours. » Je panique. J’ai besoin de m’accrocher à quelque chose. Je téléphone à mon frère aîné. Je n’arrive pas à le joindre. Téléphone à mon autre frère. Je lui demande de prévenir le plus de monde possible. Je suis dans les ruelles. La communication est difficile. Escaliers de pierre. Murs de pierre. Ressentir les sensations d’écriture de l’une de mes nouvelles. Revivre exactement les mêmes peurs et paniques : « Descendre les escaliers de pierre. Descendre et crier. Ho ! Trébucher. Crier. Reprendre équilibre. Bonjour madame, bonjour monsieur. Pouvez-vous m’indiquer le chemin du paradis ? Le paradis . Descendez jusqu’à vous foutre les talons des pieds dans la gorge. Ah ! Les salauds ! Bonjour mademoiselle… Le paradis dites-vous ? Oui mademoiselle. Prenez à gauche, puis continuez tout droit, c’est là ! Merci mademoiselle ? Mais pourquoi, pourquoi vous vous en allez dans l’autre sens ? Mademoiselle, mademoiselle ? » Besoin d’un lieu tranquille. Je grimpe sur les ruines d’une maison, me penche sur le pan d’un mur. J’ai vue sur Ampefiloha, la maison de la radio, le tribunal, l’hôtel Hilton. Je reprends la communication avec mon frère ».

    L’ensemble de son œuvre forme un tout cohérent.  Ses nouvelles (Lucarne. 1996; Rêves sous un linceuil, 1998), son roman (Nour 1947, 2001), ses pièces de théâtre (Le Prophète et le Président, 1990; Le puits, 1997) relèvent d’une même vision du monde.

    Dans sa quête d’un bonheur impossible, l’Homme se heurte à la cécité et à la surdité des dieux.

    L’auteur est un “médium déchiré qui occupe un espace interdit, dangereux”.

    En 2009, trois des pièces de Raharimanana sont présentées au festival d’Avignon, Za, Les cauchemars du Gecko et une adaptation de son roman Nour.



    À cette occasion, la journaliste Anne Bocandé interrogea l’auteur malgache :
    « –Vous présentez trois œuvres au festival d’Avignon. Une belle reconnaissance. Votre travail peut-il contribuer à faire connaître d’avantage Madagascar ?
    –On ne peut pas circonscrire mes œuvres à Madagascar. On associe toujours un auteur du Sud à son pays alors que cela va au-delà. Bien que je sois malgache, je ne suis pas intéressé uniquement par Madagascar ! On vit dans un monde globalisé, dans un monde où les frontières sont poreuses (même si le Nord ne veut pas que le Sud vienne !) 47 parle surtout des relations entre la France et Madagascar. C’est une œuvre très particulière. Dans Les cauchemars du Gecko (1) je n’ai pas du tout axé le texte sur les questions malgacho-malgaches. Je parle de comment je vois le monde, pas de comment je vois Madagascar. J’évoque des faits qui portent, selon moi, le désordre du monde. J’aborde beaucoup de choses : l’immigration, le 11 septembre 2001, la question de la mémoire, la figure du Noir en général, du barbare en général, celui qui est le bienvenu ou pas, celui qu’on marque de son étrangeté, la question des frontières mentales, des frontières géopolitiques… Pour ce qui est de Za, à aucun moment, je ne situe mon œuvre à Madagascar. Mais pour les critiques, c’est très facile de dire qu’un écrivain Malgache parle de Madagascar, ou un écrivain Malien du Mali. Pourtant personne ne demande à Amélie Nothomb, par exemple, si elle écrit sur la Belgique. C’est l’histoire racontée qui intéresse. Ma première entreprise est la fiction, même si j’aborde des enjeux contemporains. Za est un personnage que j’ai inventé : sa manière de parler est particulière, personne ne parle comme ça à Madagascar. C’est totalement un personnage de fiction, et quand je le fais balader d’une prison à un tombeau, où est la réalité ? D’un autre côté, je pars forcément d’une certaine réalité, je pars de quelque chose que j’aime, que j’aime raconter surtout. Je pourrais partir d’une réalité en France, cela fait tout de même près de 20 ans que j’habite ici ! Je l’ai peut-être un peu fait dans Les cauchemars du Gecko, mais c’est moins lié à la terre de France qu’à la notion de frontières ».

    Le maître des décombres




    DZAMALA crie son nom. Dzamala. Dzamala. Et la meute se réveille, se lève. Dzamala, crie-t-elle.
    Dzamala est de retour. Dzamala a fumé toutes les ordures de la terre. Raconte Dzamala. Raconte.
    Vu dans les volutes qui cerclaient l’océan le rouge de vos sangs, le blanc de vos crachats.
    Le vert Dzamala. Le vert.
    Le vert de vos excréments.
    Vu dans les volutes qui enserraient l’océan le hachis de vos chairs. Vu les squales qui se précipitaient. J’ai fumé toutes vos ordures et ai répandu vos senteurs sur tout l’océan.
    Dzamala! Dzamala! La meute s’écroule de joie sur les décombres. Raconte! Raconte!
    Vu la femme nue, ivre de vos senteurs, s’ouvrir voluptueuse et m’offrir sa toison en herbe.
    T’as fumé Dzamala. T’as fumé ta ration d’herbe.
    J’ai fumé. J’ai plané. Dzamala est mon nom. Je fume toutes les ordures de la terre, toutes ces choses qui ne nous reviennent que pourries, que faisandées.
    T’as fumé Dzamala. T’as fumé toutes nos richesses.
    Dzamala est mon nom. Dzamala.
    L’enfant, Dzamala, l’enfant jeté à la poubelle, dépecé, le cœur, le foie, les yeux, la rate vendus, trafiqués, tu l’as découpé plus encore pour lui extraire sa délicatesse. T’as dépouillé sa peau, ô Dzamala, pillé son-innocence. T’as fumé. Tiré dans ses tripes. T’as plané, Dzamala, dans le royaume des innocents.
    Dzamala. Dzamala est mon nom.
    Le fou, Dzamala, le fou qui haranguait les chiens, perdu, égaré par sa misère, se prosternait devant toi, te présentait son cou. T’as tiré Dzamala. T’as tiré sur ses carotides. T’as fumé. Fumé ton herbe dans ses grosses veines caillouteuses de sang. T’as plané, Dzamala, vêtu d’ombres, de brumes, au-dessus des terres de ce délireux.
    Dzamala est mon nom. Dzamala. Je reviens pour fumer toutes vos ordures.
    Et la mère, Dzamala, la mère vautrée dans les immondices, pressant l’orange pourrie contre les lèvres sèches de son enfant, pleurant, espérant des larmes nourricières, s’agenouillait à tes pieds. T’as vendu son enfant, ô Dzamala. Pour une poignée d’herbe. Pour un vol au-dessus des terres d’illusions.
    La meute s’écroule de rire, se pare de rognures, de feuilles et de brindilles.
    Dansez ! Dansez !
    T’as brouillé la boue, ô Dzamala, et les pleurs qui l’enflaient ont remonté à la surface. T’as bu, Dzamala, ces pleurs qui ne se décomposent.
    J’ai lu toutes les lettres qui volent au vent. J’ai lu toutes les lettres qui s’enracinent en la boue, retrouvé les mémoires corrompues, dépravées. J’ai lu toutes les souffrances, me suis grisé d’encre perdue. Je me suis soûlé de tant de douleurs. Je me suis enivré. J’ai plané, plané très loin au-dessus des terres d’affliction.
    Ô Dzamala ! Dzamala!
    Dansez ! Dansez!
    La meute se pare de rognures et danse, danse. La meute s’enlace et s’accouple. Dzamala jubile, attrape une femelle et fornique à mourir.
    Dzamala, ô Dzamala !
    La meute râle et s’écroule de fatigue. Dzamala, Dzamala, Dzamala…


    Sous les mots, l’épave des sens, prendre pied. Trop à voir l’horizon, je n’ai pas assez de mot.
    Bégayer la terre qui tourne vertige. Vomir réalité.
    Saisi. Saisir. Saisi.
    Le présent se meurt. Ai-je ? L’histoire est cette femme qui met bas à chaque fois qu’on la raconte, le temps file. Mes mots se forment à peine. Forme, peine. Format, mat, morne, mule de toutes les charges – charges du sens, l’impossible entreprise.
    Les mots nous dégorgent.
    Nous y voici.
    La langue.
    Trempée à mes lèvres pour la lie
    des vagues, ou comme avec
    cet autre ami – il se reconnaîtra,
    valdinguée à mes délires
    sur les frontières du cola et du jazz.
    J’ai pris racine les soirs d’exil
    et de défoulement avant de
    narrer mes contes à dormir debout.
    Il était une tour à Babel. Après, ce fut le bordel.

    Si le rêve est de sable, mon écroulement est parfait…
    guetter le chemin du vent et m’y
    engouffrer le moment venu,
    m’étendre pour feuille morte et partir à la première brise, prendre
    pied l’horizon et passer coûte que coûte,
    passer… L’eau salée, vomie des entrailles.
    Les chants éventrés ont goût de salaisons avariées.
    Qui a dit qu’il fallait attendre ?

    Ne pas bouger, seuls les rêves d’enracinement attrapent les cimes…

    En marge de l’infime, que faire du néant quand il vous emplit ?

    Me promener juste, envie de m’égarer. Et de-ci de-là mon cœur comme mes
    rancœurs, à perdre, à délaisser. À l’alentour, ne prêter aucune attention ; au loin ne
    jeter aucun regard, seulement voleter au ras du sol, survoler,
    marauder comme l’enfant du zéphyr joint par l’aube grise,
    l’envie de filer sur un trop-plein de brouillard, si lourd pourtant, d’opacité,
    enfant du zéphyr que je suis, ivre de chant sous le procès des ondes et des eaux murmurantes.
    Sur le fil du temps, la vérité marchant comme un funambule, un pas de côté, et la voici mensonge.

    Sur le fil du temps, la vérité marchant comme un funambule, un pas de côté, et la voici mensonge.

    Mes chers coccitoyens, voici aux tout derniers jours d’Irak. dix ans pendant, plus de États-Unis et d’autres ont fait des efforts patients et honorables pour. Friture. désarmer la guerre. ce régime avait pris l’engorgement. détruire ses armes de destruction massive. du temps et des avantages. ont tous échoué. les uns autres après, parce que nous n’avions pas affaire à des hommes pacifiques. nous détruirons l’appareil de la terreur et nous irons vois-tu mon amour, nous irons sans rien, vous aiderons à construire un nouvel Irak, nouvel Irak, libre, prospère. Dans un Irak libre, il n’y aura plus de guerres. Dans un Irak libre d’agression contre des États voisins, il n’y aura plus. Irak, il n’y aura plus de fabriques de poisons, il n’y aura plus d’exécution d’Irak et il n’y aura plus de chambres de torture et de salles de viol. Irak le tyran disparaîtra bientôt. Le jour de votre libération. proche. mes chers occi, occi, occi. mes toyens, mes chers.

    Tant de méandres pour perdre le sens, les diseurs se gorgent de barbarie et s’emparent des mots, restent le rauquement de la voix et la saccade des désirs…
    Quant à moi,
    j’ai tout coloré dans les rêves du corbeau.
    Paillettes d’étoiles empoussiérées, corrosives bribes des calendes, resurgissent les cloaques de mes sublimes
    autres bâtards ont pris l’île.     Nuit m’écarte salive et me cherche amour. Je n’ai de nudité que par la perle froide que confisque l’œil. Songe et mensonge, ceci n’est qu’une histoire.

    j’ai pris de vous les ténèbres et les jours, j’ai pris de vous les pleurs et les rires, j’ai pris les chaînes, j’ai pris les licols, j’ai pris les jougs, j’ai pris l’exil,
    de vous la barbarie, ma honte comme seul butin, ma douleur comme seul élixir, j’ai pris de vous un soleil trop brillant,
    et les rêves inaccessibles,
    la réalité où l’on me dépouille, la réalité où l’on me spolie, la réalité où l’on m’humilie,
    j’ai pris ce qui me restait de vous, les rires et encore les rires,
    naturel que je suis, grand enfant…

    quelques siècles déjà qu’on s’attelle à me faire don d’humanité…

    mes fantômes sont mâtinés de brume, ils se lèvent couverts de rosée et de suie. L’eau est noire tombant de leurs âmes. Je suspends mes rêves.

    Eau noire pour oubli,

    Mes pensées sont lianes sensuelles contre barbelés bien réels…

    mais voici venir mes conquérants qui m’ôtent mes dieux et saccagent mon corps. Ils me renomment et me recréent,
    me baptisent me civilisent me délivrent m’instruisent me sauvent et me développent me démocratisent me modernisent m’arrachent à ma lie à ma boue à ma fange à mes guerres à ma sauvagerie à mon ignorance à mon obscurantisme à mes fanatismes à ma terre miséreuse et sous-développée ma terre sud ma terre lointaine ma terre émergente ma terre où se noie tout progrès ma terre de guerre de conflit de famine de corruption ma terre de dictature et de régime bananière ma terre aux catastrophes ethniques et autres joyeusetés négromaniaques…

    Océan de bonheur, peine insubmersible…

    Mes fantômes sont mâtinés de brume, ils se lèvent couverts de rosée et de suie, leurs âmes égouttant l’eau noire de l’oubli. Eux n’ont pas assez vécu et me demandent des comptes, j’ai mes fantômes mâtinés de regrets, évidés d’espérance et spoliés encore de parole…
    Je vous dis ce monde… Nous naissons dans le noir, vivons le temps d’une couleur, retournerons dans le noir, dans le silence qui nous a créés. Seul nous semble compter le temps où furent suspendues les ténèbres et l’incompréhension, le reste se dilue dans la douleur des vivants. Trop réels pour être acceptés. Nous ne rêvons que d’illusion, que de douceur et de légèreté. Ai-je trop vécu ?

    Voici une enfant mort-née. Sa mère est sans connaissance encore sur un lit de pierre. Son grand-père la porte vers quelque falaise et l’enterre dans une quelconque grotte ou dans un recoin de cette muraille rocheuse. Voici une enfant mort-née, je l’appelle Fille de la lune, née un jour d’éclipse, morte sans couleur.

    Je regarde ma sœur, elle aura porté mon premier fantôme…

    Et de suite, je n’aurai pas compris, je n’aurai pas saisi. Les paroles rentrées et le silence qui s’esquisse sur les lèvres. Le refus qui d’instinct m’envahit, refus de porter ces paroles, refus de simplement les accueillir. Mais les mots sont complices de la mémoire, creusent gouffre, s’y précipitent et vous y entraînent. Écrire alors pour ne pas complètement sombrer. Et folie garder pour dérision salvatrice de ce bien trop réel sombre…

    Voici l’enfant mort-née, née un jour d’éclipse, morte sans couleur, n’ayant connu que l’eau du ventre de sa mère, déposée loin déjà, ensevelie sous le silence. Nul n’en a plus jamais parlé. Les oiseaux ont fini de picorer son âme.

    Le silence ne peut être oubli. L’absence de mots ne peut être éradication de la mémoire. Mémoire trop lourde se dépouille de la langue pour réinterroger le sens car le présent tord vers l’événement et les jours, force vers l’actualité, malmène le sens…

    La langue du présent, comme éternelle soumise, se donne bien trop souvent aux désirs des dominants, langue de survie, langue de ceux qui se font visibles pour tracer les jours. Prendre pause alors et distance instaurer. Prendre silence et se laisser dépouiller de la possibilité immédiate de dire. Dénoncer, certes, mais survivre du présent, tout jour où les faits reviennent et sont encore, l’incapacité du monde à trouver raison au désastre, l’actualité n’étant qu’artifice figeant le temps, violente fixation des émotions et pleurs qu’aucun n’aura su endiguer…
    Qui déjà créent l’événement, prétendent en être les maîtres et attirent l’attention ? Langue souvent qui nous aveugle, harangue des âges, sangle à nos peurs lié, ligature du sens qui nous fuit, de ce sens que l’on ne peut saisir. Que signifie toute cette peine ? Que signifient toutes ces incohérences ? La mort et les blessures. Le temps et l’effacement des jours. La mémoire qui s’en va et le futur indécis. Nous sommes là. Tout simplement là. Sans parfois nous en rendre compte…

    Je vous arrête.

    Est-il une mémoire hors du temps? Est-il une mémoire hors de la parole?

    Mais guetter le diseur quand l’écriture refuse de se figer pour redevenir paroles, quand les lignes s’oublient dans la voix et redeviennent poèmes à dire, histoires à conter, rêves à redessiner. Monde étrange que seule la littérature peut explorer. Dire. Écouter. Imaginer. Réinterpréter. Reprendre et redire. Le diseur dans les méandres des mots traque-t-il la vérité ou l’y égare-t-il pour mieux la préserver ?

    Le diseur rit, se plaît dans l’entour et le détour, se plaît dans l’impalpable et l’improbable, il rêve même d’une langue à son image, tordue. Vient-il de tel pays ? Il dit oui. Vient-il de cet imaginaire ? Il dit oui. De quel maître a-t-il puisé sa verve avant de se présenter à nous ? Il évoque un Érasme et son éloge de la folie : « C’est bien la pire folie que de vouloir être sage dans un monde de fous. » Il évoque un obscur proverbe venu d’une île perdue dans l’océan : « Insensé celui qui ressemble à son père. » On l’interroge sur tout et n’importe quoi. Il répond ceci ce jour. Il répond cela une autre fois. Il dit avoir tout connu, tout vu, détient-il réellement la vérité dans ces fables qu’il parsème ? On le croit. On le raille. Mais on ne cesse de l’interroger. On le prend pour fou mais c’est trop d’honneur… ou d’humiliation – de devoir écouter un fou. On dit alors qu’il a une autre langue.

    Nous y revenons à la langue.
    L’obsession de rendre cendre à la langue fugitive et de figer le sens une bonne fois pour toutes, le savoir acquis, la connaissance imputrescible, l’utopie des lettres, aleph, trace première du don à l’homme, désir d’éternité, se redessiner autre non évanescent, durer à notre incapacité à nous redire temps sur temps, l’indolore espace qui nous traverse et qui nous terrasse, beth, pour que demeure le tout et que les signes délimitent l’existant, conjuration de nos peurs, masques de nos amnésies, ailleurs ne peut être, chaos, barbarie qui ne sauraient plier, étendue pour expansion de l’ordre né des premiers gestes. Écrire, penser l’impensable, l’appréhension du tout, rendre corps à ce verbe pour un dieu infaillible, feindre d’y croire jusqu’à nier cette impossibilité de tout penser, justifier cette folie par la volonté divine, seule volonté à la mesure du savoir ultime, pourquoi sommes-nous là ? Pourquoi ? Tracer. Contenir. Couvrir l’impensable…

    Mots masques, traversées du vide, mon désastre à dégorger.

    Au périssable, reprendre illusion et sculpter à l’infini les yeux sans pupilles, ombre et lumière indifféremment prises, mes rêves me foulent au réel…

    Danse, mes ombres voltigent à ras de sol,
    Vertige m’encense et me fait déroute, j’ai mis cœur à terre
    torsade est mienne, inextricable conte où m’élancer, m’enlacer, m’ensabler,
    là.
    Mille racines,
    là de mon sol, fracas retrouvé, mon être…
    Car chevaucher la tempête implique des risques d’égarement…

    Étrange tressée de mes rêves, se roule et déroule sur un réel impensable.

    Souvent, vent violent souffle. Me souviens alors du temps lent qui refoule les amours.

    Le creuset des possibles, 2008




    Respire

    respire. respire. passent les gens. passe le temps. respire. prendre ici le thé du désert et écouter le vrombissement de la ville. respire et prends une pause hume le parfum du sable et ne tousse surtout pas si les pots d’échappement se rappellent encore à tes souvenirs. respire et bois tranquillement. il n’y a rien qui nous presse rien qui nous étreint rien qui peut nous arriver il n’y a rien qui nous soit plus important que de boire ce temps qui se dépose chaudement dans nos ventres.
    respire. passent les gens. passent… le vent souffle dans le mur et agite légèrement les plis et failles de la fresque dessinée dessus. chapeau melon et veste noire, nous sommes parés maintenant pour percer la muraille des temps.
    et regarde, regarde. dunes et sables. sables et dunes. roches et pierres et tout ce bleu tout ce bleu tout ce bleu qui nous arrive du ciel du désert. le vent souffle plus fort dans le mur et emporte mon chapeau. il s’échappe.
    et traverse la rue traverse le boulevard traverse l’avenue traverse la route. il passe les gens il passe les ruelles il passe les allées et fend les sentiers. il franchit les rails, évite flèches et colères de Thalys, d’Eole ou de Corail.
    passent les gens.
    respire. respire….

    https://lachansondelacigale.wordpress.com/2015/07/




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    ORLANDO GONZÁLEZ ESTEVA

    Nació en Palma Soriano, Cuba, en 1952. Reside en Estados Unidos desde 1965. Sus poemas, que al decir del escritor Octavio Paz hacen “estallar en pleno vuelo a todas las metáforas”, aparecen publicados en Mañas de la poesía, El pájaro tras la flecha, Escrito para borrar, Fosa común, La noche y los suyos y Casa de todos. Es también autor de los siguientes ensayos de imaginación: Elogio del garabato, Cuerpos en bandeja, Mi vida con los delfines y Amigo enigma. González Esteva ha ofrecido lecturas de versos, charlas y talleres en Estados Unidos, España, Japón, Francia, México y Brasil, y ha desarrollado una intensa labor cultural en los medios literarios, artísticos y radiofónicos de Miami.

    Poesía:

    Entre sus libros de versos figuran: El ángel perplejo (1975), El mundo se dilata(1979), Mañas de la poesía (1981), El pájaro tras la flecha (1988), Escrito para borrar (1996 / 1998), Fosa común (1996), La noche (2003), Casa de todos (2005), La noche y los suyos (2005).
    Fondo de Cultura Económica ha publicado una antología de sus textos: ¿Qué edad cumple la luz esta mañana? (México, 2008). 
    Las voces de los muertos (Ediciones de la Isla de Siltolá, Sevilla, 2016). 

    Prosa:

    Es también autor de los siguientes ensayos de imaginación: Elogio del garabato (1994), Cuerpos en bandeja (1998), Mi vida con los delfines (1998) y Amigo enigma: los dibujos de Juan Soriano (2000). Ha publicado dos antologías: Tallar en nubes (1999), apuntes de José Martí, y Concierto en La Habana (2000), textos de autores cubanos, españoles y norteamericanos dedicados a la capital cubana. En 2003 se publicó Hoja de viaje, sus versiones de haikú del poeta japonés Kobayashi Issa. Escribe para la radio y para el periódico El Nuevo Herald.
    Los ojos de Adán (Pre-Textos, Valencia, 2012).
    El arca de José Martí (Vaso Roto Ediciones, 2014).



    De Mañas de la poesía, 1981

    XXVI

    El corazón se me plisa 
    como el humo del cigarro 
    cuando te tomo del jarro 
    que mi madre trae de misa. 
    Luego todo haber precisa 
    en vano que te recuerde, 
    se vuelve gris lo más verde, 
    no tengo pies ni zapatos 
    y estoy solo con los gatos
    mirando el sol que se pierde.


    XXVII

    La misma descontrolada 
    actitud de tu plumero 
    me tiene loco el tintero 
    y sumida la mirada. 
    Estoy como si de nada 
    me peleara con la gente, 
    como espárrago imprudente 
    sobre mantel decoroso, 
    como si tuviera un pozo 
    aquí, detrás de la frente.


    XXVIII

    Pongo el sol a mis espaldas 
    y mi mirada en las sienes 
    de la noche donde vienes 
    convertida en esmeraldas.
    Acurrucado en las faldas 
    de los montes me consiento 
    levantar el pensamiento 
    y verte reverberar 
    como si hasta el paladar 
    de Dios te llevara el viento.


    XXIX

    Por los altos corredores 
    de tu carne han descendido 
    todas las pajas del nido, 
    todo el olor de las flores. 
    Puños de cielos mayores 
    caen encima de mi mesa, 
    me hacen trizas la cabeza 
    minúsculos pararrayos, 
    pero aunque canten los gallos 
    sólo el silencio regresa.



    De El pájaro tras la flecha, 1988


    Las miradas ocultas en la rosa

           Las miradas ocultas en la rosa 
    se dirigen al hombre que, abismado, 
    allá dentro, en el fondo, ha musitado: 
    sólo la oscuridad es luminosa. 
           Allá dentro donde la mariposa 
    es apenas un sueño, donde el prado 
    es un cáliz minúsculo y cerrado, 
    donde mana una fuente misteriosa. 
           Cómo pudo llegar al mismo centro 
    de la flor no lo sé, porque me encuentro 
    encerrado también. Alrededor

           de mí crece la múltiple corola 
    de la luz, esa ciega también sola 
    encerrada en su propio resplandor.


    Los cuartos vacíos

           ¿Qué tarde desconocida
    se posará en los postigos 
    de mi casa y llenará 
    de luz los cuartos vacíos?

           Ya mi madre se desplaza 
    de la vejez al olvido 
    y recupera los ojos 
    que iluminaron los míos.
           Ya mi hermano se despeña 
    en su vientre, ya he perdido 
    la memoria, ya no soy 
    y mi padre es casi un niño. 
           Ya las paredes se marchan 
    y el pueblo se ha convertido 
    en un bosque, ya la isla 
    es un sueño, ya los indios 
           la abandonan, vuela el mar 
    y el tiempo se ha reducido 
    a las sombras, ya ni Dios 
    imagina el paraíso.

           ¿Qué tarde desconocida 
    se posará en los postigos 
    de mi casa y llenará 
    de luz los cuartos vacíos?



    Canción de cuna

           Niño dormido, 
    el recuerdo es un árbol 
    desconocido.

           Crece después, 
    pero tiene raíces en la niñez.

           Mira la luna, 
    alza el brazo y deténla 
    sobre tu cuna,

           que en ese espejo 
    sólo la transparencia 
    ve su reflejo.

           Al otro lado 
    de la luna se encuentra, 
    niño, el pasado.

           Allí tendrá 
    cielo el árbol que un día 
    nos cubrirá.

           Duerme, pequeño, 
    a la sombra del árbol 
    que hay en tu sueño.

           Sólo a los pies 
    de ese árbol el mundo 
    es como es.



    De Fosa común, 1996

    Que este poema se extienda 
       como un enorme hormiguero 
       no es señal de mal agüero; 
       sí, de aventura tremenda.

    Una letra es una hormiga 
       o, mejor dicho, la sombra 
       de una hormiga que en la alfombra 
       de la nada nos desmiga.

    Escribir es hormiguear 
       sobre el cuerpo firme y terso 
       que va desnudando el verso 
       y comienza a respirar.

    El compositor que extiende 
       las manos sobre el teclado 
       palpa el torso, casi alado, 
       de un ser que apenas entiende.

    La barbilla del pincel 
       que empuña Goya se enreda 
       en el sexo, pura seda, 
       que la maja enrosca en él.

    La mejilla del cincel 
       con el que Fidias escarba 
       la piedra, empuña su barba, 
       busca, en la piedra, otra piel.

    Escondido en la entrepierna 
       de la página rebosa 
       un hormiguero la rosa 
       breve de la vida eterna.

    Una página no es más 
       que un cielo cuya ranura 
       -abierta por la escritura-
       deja ver lo que hay detrás.

    Un cielo tan delicado 
       como el hilo del pañuelo 
       que cubre el rostro del hielo 
       y que nadie ha retirado.

    Un cielo para doblar 
       y hacer una exhortación 
       (ave, insecto, embarcación: 
       origami) a trasmigrar.

    Un cielo para tender 
       -a flor de significado— 
       el cuerpo inmóvil, 
       varado, del poema: Gulliver.

    El poema se incorpora 
       y me extiende, manuscrito, 
       su cadáver exquisito. 
       Luego, para mí ya es hora.

    Contra el cielo, ya celaje, 
       de las páginas que escribo, 
       veo devorarme vivo 
       las hormigas del lenguaje.




    De Escrito para borrar, 1996


    Todo lo que brilla ve

    (Homenaje a Gastón Bachelard)
    A Ida Vítale y Enrique Fierro

    Todo lo que brilla ve,
       si no en torno, algo lejano. 
       Ve el relente. Ve el verano.
       Ve la luna. Ve la fe.

    Ve el relámpago que guiña 
       y el sol que se deshidrata. 
       Ve la cuchara de plata 
       y el corazón de la piña.

    La ventana que el vecino 
       ilumina a medianoche 
       ve, y la pintura del coche 
       fúnebre que abre el camino.

    Tras las pompas de jabón 
       velan las hadas madrinas, 
       y el faro, cíclope en ruinas, 
       ve en la sombra a Poseidón.

    La pupila del quinqué 
       mece, por niña, una llama. 
       Ven la burbuja y la escama. 
       El ojo de vidrio ve.

    Las plumas del colibrí 
       ven tanto que el ave, 
       presa de la incertidumbre, cesa 
       de volar lejos de sí.

    Y La isla del tesoro 
       dispuesta en cualquier estante 
       no sólo ve: lee el semblante 
       del lector. Ve el diente de oro.

    Ven la bola de billar 
       y el hielo. Ve la pantalla 
       del televisor que estalla 
       en mil colores. Ve el mar.

    Y ven la Estrella del Alba 
       y la gota de rocío. 
       Ve el sudor, pétalo frío; 
       ve la perla, ve la calva.

    Las monedas que extraviamos, 
       el espejo que rompimos, 
       los sueños que no dormimos 
       ven, saben por dónde vamos.

    Que la taza de café 
       reverbere en mi velorio: 
       no es un párpado ilusorio.
       Todo lo que brilla ve.



    Haikus
    De La noche (gunsaku), 2003


    La noche pesa 
       lo que un punto en la vida
       de algunas letras.



    La noche es tal,  
       que ha cerrado los ojos 
       para ver más. 



    Noche, sé breve, 
       que la Muerte está lejos 
       y aún me quiere.



    No escribo, junto 
       fragmentos de la noche: 
       señales de humo.



    Anochecía. 
       El silencio era un frasco 
       de tinta china.



    ¡Ni un astro más, 
       que esta noche se muere 
       de claridad!



    Pluma sin pájaro 
       cae la noche, se abisma 
       entre mis párpados.



    La noche suma 
       demasiadas ausencias. 
       Es, toda, Cuba. 


    La superficie 
       de la noche me tienta. 
       Gruño ¿quién vive?



    La noche es tanta 
       que si no amaneciera 
       ¿cómo encontrarla?


    Hay tanta luz 
       que no veo la noche. 
       Luna: jaikú.



    Cerrar los ojos, 
       impedir que la noche 
       lo sea todo.



    Haikus
    De Casa de todos, 2005

           A Antonio José Ponte

    Aun en Cuba,
       si los pájaros cantan
       añoro Cuba.



           A Ramón Alejandro

    Soñar despierto:
       hasta que la familia
       me de por muerto.



           A Juan Malpartida

    Es inocente, 
       aunque caiga una vez 
       y otra, la nieve.



           A José Miguel Ullán y Manuel Ferro

    Amante a solas.
       al encender la luz
       halla su sombra.



           A Aurelio Asiain

    Rocío, gota
       -no de agua- de luna
       que se desborda.



    Invento a Dios:
       un silencio que habla
       y otro que no.



    Su libro más reciente es 
    Las voces de los muertos 
    (Ediciones de la Isla de Siltolá, Sevilla, 2016). 


    Mi padre lee
    lo que el humo que exhala

    escribe de él.



    Y de repente todos fuimos viejos

    Y de repente todos fuimos viejos.
    El futuro fue cosa del pasado
    y el presente, un señor desaliñado
    con la mirada fija, siempre lejos.

    Y de repente todos los espejos
    —incluido el sinuoso bronceado
    de las jóvenes— fueron demasiado
    crueles para apañar nuestros reflejos.

    Quien no era una sombra de sí mismo
    era un destartalado mecanismo
    que a duras penas rezongaba a ratos.

    El que no se enfermaba se moría,
    y el que resucitaba cualquier día 
    lo celebraba haciendo garabatos.




    La casa de mi infancia no está fuera

    La casa de mi infancia no está fuera
    sino dentro de mí, sobrentendida:
    tiene el tamaño justo de mi vida
    y tendrá el de mi suerte cuando muera.

    La casa de mi infancia es la manera
    en que escribo: no tiene otra salida
    ni otra entrada. El tiempo que la cuida,
    trasciende, aun en otoño, a primavera.

    No tiene más puntal que mi persona
    ausente y, como ella, juguetona,
    mas triste en lo profundo. Los regresos

    que alguna vez soñamos son despojos.
    No tengo más ventanas que sus ojos.
    No tiene más familia que mis huesos.




    La flor del esqueleto

    Para no ocasionar gastos mayores
    prescindimos de exequias y de flores.

    Para no molestar a nadie luego
    —ni al gusano—le dimos gusto al fuego.

    Ni siquiera una urna: unas cajitas
    de cartón y unas cuantas piedrecitas.

    A los huesos más duros de pelar
    se les tritura y se les echa al mar.

    Se les puede guardar en un arcón
    hasta que nadie sepa de quién son.

    O se les deposita en un jardín:
    en el principio siempre estuvo el fin.

    La cuestión no es morir sino esperar
    que la muerte no se haga de rogar.

    A los muertos que aún estamos vivos
    nos conviene ser algo deportivos,

    y no existe deporte más completo
    que escribir en la flor del esqueleto.

    Escribir tonterías, ya se sabe:
    ni vivir ni morir son cosa grave.

    Y escribir, mucho menos. A no ser
    que el que escriba se muera de placer.

    Es decir, que se mate. La escritura
    también tiene su encanto: jettatura.

    El suicida es un ente superior,
    sobre todo si usa ordenador

    y se mata escribiendo. Nada más.
    Este muerto se va a vivir en paz.




    Uno se cansa de morirse tanto

    Uno se cansa de morirse tanto,
    de morirse una vez y otra, a las buenas
    y a las malas. O de morirse apenas.
    Y hasta de no morir: qué desencanto.

    Uno se cansa de que todo cuanto
    una vez le animó se abra las venas;
    y de reconocerse, a duras penas,
    de tan vivo y tan muerto casi santo.

    Uno se cansa de morirse encima
    y debajo de sí. Uno da grima
    si no se va cuando debiera irse.

    Uno se queda y no se queda nada,
    y aunque muerda el anzuelo sin carnada,
    uno también se cansa de morirse.


    Las voces de los muertos, 
    un libro sobre la desaparición del exilio histórico cubano

    Por Redacción CaféFuerte

    Las voces de los muertos, una elegía dedicada por el poeta Orlando González Esteva a los cubanos que salieron al exilio siendo jóvenes y han envejecido, enfermado, muerto y aún mueren soñando con un destino mejor para su patria, será presentado este sábado en el Koubek Center de Miami.

    En el poemario de 56 páginas, publicado por la  editorial española La Isla de Siltolá, González Esteva rastrea en la decrepitud, la soledad, la extrañeza creciente, la pérdida de la memoria, los asilos, los hospitales y la desesperanza final que aflora entre los miles de compatriotas suyos que han terminado sus días en el exilio sin retornar a Cuba.

    Una crónica personal de la desaparición del exilio histórico cubano, según palabras de su propio autor.

    El cementerio que un día

    “El cementerio que un día/ fue parte de la ciudad/ hoy la abarca, es la ciudad,/ y abarca también el día/ que esperaste y todavía/ esperas”, manifiesta el poema que abre el libro en referencia al Cementerio Woodlawn Park, ubicado en la Calle Ocho de la Pequeña Habana y donde yacen los restos de prominentes personalidades cubanas.

    González Esteva afirma que su libro es fruto de “una experiencia colectiva del exilio”.

    “El hombre rehúsa morir y lejos de salvarse muere más. La vida que se agencia luego de sobreponerse a reiterados percances de salud y ser testigo de la acelerada desaparición de los suyos acaba revelándosele un deceso por entregas, y la entrega final, el clímax de un vértigo”, escribió el poeta.

    González Esteva reside en Miami desde 1965.

    “He sido testigo de la aparición de varias ediciones de Miami, ninguna exacta a la anterior”,  declaró hace unos meses el poeta en una entrevista.  “Y en lo que a la comunidad cubana se refiere, he visto a la ciudad degradarse, incapaz de permanecer a salvo de la degradación que ha sufrido y sufre la propia Cuba”.

    El ocaso de las sombras

    La poesía de González Esteva fue elogiada por el célebre ensayista y poeta mexicano Octavio Paz, quien fuera cercano amigo del cubano. “Usted ha convertido la crueldad de nuestro destino en una pirueta heroica y así ha hecho vida de la muerte”, escribió Paz del poemario Fosa común (1996).

    “La poesía bien pensada y bien escrita sigue siendo el género en que el duelo se expresa sin los riesgos de la demagogia. Sobre todo, si se trata del duelo de un exilio, es decir, de una pérdida que se superpone a otra”, escribió en su blog el historiador y crítico Rafael Rojas. “La muerte de los exiliados es la desaparición de los ausentes, la borradura de los borrados, el ocaso de las sombras. El exiliado muerto, más que un fantasma o un espectro, es un vivo que habita un cementerio sin fin”.

    González Esteva (Palma Soriano, Oriente, 1952) ha publicado, entre otros libros, Mañas de la poesía, Elogio del garabato, Escrito para borrar, Fosa común, Cuerpos en bandeja, La noche y los suyos, Los ojos de Adán y Animal que escribe: el arca de José Martí.

    En 2008, el Fondo de Cultura Económica de México publicó ¿Qué edad cumple la luz esta mañana?, una amplia selección de su obra en verso y en prosa.


    PRESENTACION DEL POEMARIO LAS VOCES DE LOS MUERTOS



    .

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  • 10/29/16--04:42: ÓSCAR DÍAZ [19.404]

  • Óscar Díaz 

    (Sama de Langreo, 1997)
    Con su primer poemario, 'Rosa hermética' (Colección Literaria Universidad Popular, 2015), le valió en 2015 el Premio Nacional de Poesía Joven Felix Grande.
    En 2016. ha publicado: "El sentir. Poemillas del ahora" (Ediciones La Isla de Siltolá, 2016)

    Ha recibido diversos premios entre los que cabe destacar: XIII Premio “Alberto Vega” de Poesía (2013), XIV Olimpiadas de Filosofía de Asturias (2015) y XI Premio Nacional de Poesía Joven “Félix Grande” con el poemario Rosa hermética (Colección Literaria Universidad Popular, 2015). También ha colaborado con publicaciones como Anáfora, Heracles y nosotros o Atlántica XXII. Además, ha participado en múltiples encuentros y en RTPA. Ha organizado y coordinado los I Encuentros Poéticos de la Universidad Complutense de Madrid.


    Viene Óscar Díaz de ganar uno de los premios más prestigiosos de Poesía Joven de este país: el Félix Grande (presidía el jurado Luis Alberto de Cuenca). Al mismo tiempo, ganaba las Olimpiadas de Filosofía asturianas, con un expediente de bachillerato donde las matrículas o sobresalientes producían en propios y ajenos un segundo deslumbramiento. Rosa hermética, su poemario ya en las librerías, está llamado a revolver conciencias, provocar ritos mágicos, ríos de tinta, hechizos tan variados como crueles o dañinos. Óscar Díaz viene de un eterno sueño pop de noches interminables, mujeres guapas como sombras espectrales y una cata de buena literatura como último mordisco del alma que empieza a dejar de ser joven y ve en el peligro una extraña suavidad o metamorfosis sibilina. Cuando ve la luna, aúlla en los sitios, generalmente vestido de naranja y con una cojera simulada a lo Lord Byron. [Diego Medrano. / Escritor]





    De "El sentir. Poemillas del ahora" (Ediciones La Isla de Siltolá, 2016)


    Madrugada de la venta

    La apariencia ida, dejada en lo ajeno
    a mi doma. No sé
    qué escala ni qué tempero la oficia,
    pero se extingue. Ven
    y ordena este lagar, y que no manche
    la pitanza, sino que la cobije
    bajo su alón y la confíe al horno.
    Luego, para el mercado,
    escoge aquel carro que en la batalla
    trajo jornal en curso, y en su tesón.
    Quieren yantar, modorra para el viaje
    coral y dulce de la miel de brezo
    que recorre la juerga.
    Y ahora que ya ha vendido y acompaña
    la riqueza, entreguémonos
    a la tabarra hasta
    el hartazgo, hasta el fin de la cantera.
    Después, venido el día,
    los vecinos le taparán en mantas
    sobre loza, ningún
    canchal alertará su reposo, aunque
    la calina solivia.
    Con esta carne alzada, ¿quién será
    su dueño? Él mismo, y solo.



    POEMA QUE ME SURGE ANTE EL
    RECUERDO DE LOS LABIOS DE MI PADRE
    PRONUNCIANDO LAS PALABRAS QUE IBA
    ENCONTRANDO DENTRO DE UN AJADO
    LIBRO DE CUENTOS DE HADAS

    Quizá no venga aquí
    a la cura, al poderío de amena
    rebelión. Pero podría teñir
    la hombrada oscura, la hazaña que apenas
    deja vivencia, igual
    que el nacimiento de los jaramagos.
    Asoma el vencimiento
    contra su planetario pedernal
    y, más que nunca, parcela sin manta
    la puebla, la trinchera
    de espuma y los reflejos de los nácares
    como otra vida donde
    la salud es temprana y la jornada
    se diluye en la tos
    cansada posterior al sueño. Sabe
    curarla con antiguas
    ideas, pues en alguna ocasión
    llevaba inmaculados
    pañales, alegres prados seráficos
    propios de la niñez.
    Mas miramos al polvo
    de la bagatela, a la alta herrería
    que la iluminó y olvidamos los pastos
    angelicales, esas mañaneras
    gárgaras antes del puesto. Recuerdo
    cuentos, historias que si ahora entrasen
    y siguieran valiendo;
    el ímpetu, el fervor de rebelión
    las llevaría allí
    donde hubo andamiaje, pero su magia
    es hoy ramazón, fanal cuya luz
    torna a los inconstantes mediodías
    de un célico almendro que ya se agota.



    ÓSCAR DÍAZ. EL SENTIR. POEMILLAS DEL AHORA. COLECCIÓN TIERRA. ISLA DE SILTOLÁ, 2016

    Por Carlos Alcorta

    La precocidad de algunos poetas, cuando va unida al rigor y a la conciencia del oficio, no deja de sorprendernos y causarnos admiración. Este es el caso de Óscar Díaz, un joven poeta asturiano que, pese a no haber cumplido aún los veinte años, puede presumir ya de haber publicado varios libros, algunos de ellos con premios significativos dentro de la poesía joven, como lo es el Premio Félix Grande, obtenido el pasado año. Su convencimiento, su pasión poética le ha conducido a colaborar con diversas revistas y publicaciones, además de promover encuentros poéticos, todo ello compaginado con sus estudios de Filosofía. Sin duda, un caso —no es el único, por supuesto— llamativo de devoción y de esfuerzo creativo.

    El sentir. Poemillas del ahora, el libro que acaba de aparecer en la editorial La Isla de Siltolá, editorial atenta como pocas a las nuevas voces poéticas, refleja desde su mismo título la perentoriedad de la poética que lo sustenta, lo que prueba una vez más la clara conciencia del oficio que posee Óscar Díaz. Estos poemillas del ahora tienen un presente inmediato, acaso sustentado también en un pasado reciente, pero, seguramente, no tendrán un después, un futuro ni siquiera cercano, más allá del recuerdo anecdótico del propio autor y esto, en sí mismo, no es un lastre, es consecuencia sólo, como he dicho, de una toma de conciencia que constata que los ejercicios de estilo son necesarios para adquirir la destreza que se ansía. Por otra parte, esta práctica de hacer dedos pronto encontrará un cauce expresivo amoldado no sólo a la técnica, sino a la intuición, hasta conseguir que surjan las «palabras de mi sentimiento íntimo», como decía Larkin. Sólo así la imitación se convertirá en apropiación.

    En El sentir. Poemillas del ahora la frontera entre una y otra aún no está muy definida. El libro, en su primera parte, parece remitir desde los títulos de los poemas, no sin cierta ironía, a ciertos hábitos de la poesía culturalista. Largas descripciones que acotan las referencias tanto temporales como sentimentales del asunto tratado. Los versos, sin embargo, parecen más un pastiche de ese culturalismo tan de moda en una época y, posteriormente, denostado incluso por sus más conspicuos artífices. Da la impresión, por su particular retórica, de que Óscar Díez busca referencias en las zonas más lejanas de nuestra tradición, desde las jarchas o el Cantar de Mio Cid, desde el Romancero y Fray Luis hasta nuestro Siglo de Oro. Basta prestar atención a la querencia que el poeta revela por el adjetivo insólito —de hecho, muchos de ellos casi en desuso—, al hipérbaton frecuente, a los anacronismos (los poemas «Los talares de Mercurio», incluido en la segunda parte, y «Una idea encendida hacia la histeria de una visión breve», de la sección final, son un ejemplo entre muchos de lo que digo), hasta el punto de que acabamos sospechando que el poeta otorga mayor importancia a la sonoridad de la palabra que a sus múltiples significados («Antes quiero aposento, larga música/ que conquiste el fruncido/ cuartel de nuestro saldo»). Sólo es una sospecha, claro está, porque también advertimos que la recuperación de unas formas y lenguajes que son parte de nuestro patrimonio poético se puede entender como una vuelta de tuerca para hacer de la realidad un lugar menos superficial, con más aristas, con mayor hondura. Esos significados ocultos por resultar esquivos pueden aparecer, en virtud del uso primoroso del lenguaje, entre los pliegues de las yuxtaposiciones semánticas, del «paseo nocturnos del hombre» por el filo mellado de la cotidianidad. Un lector atento será capaz de averiguar el lugar exacto en el que hallarlos.



    'Rosa hermética' 
    (Colección Literaria Universidad Popular, 2015)

    Reseña literaria La belleza de las ruinas

    Por Paula López Montero 

    'Rosa Hermética', primer poemario del poeta asturiano Óscar Díaz, se desvela y baila en la juego del lenguaje, en un lenguaje deformado, demolido, en ruinas.

    Rosa Hermética, primero poemario del langreano Óscar Díaz, fue galardonado el pasado año con el XI Premio Nacional de Poesía Joven. Un libro insólito en su sentido más literal ya que vaga fuera de los circuitos comerciales de librerías y estantes de recomendación literaria y que, para los curiosos, se puede encontrar dentro de la colección de poesía de la Universidad Popular José Hierro.

    Un poemario maduro en el que, en palabras del poeta, “hay que escamar el dátil para alcanzar el fruto”, que se pliega y, sin embargo, encuentra su apertura con una cita de Georg Trakl “Die Süsse unserer traurigen Kindheit” (La dulzura de mi infancia triste), quizá con los ecos también de la mano de Leopoldo María Panero, seguido de un preámbulo a la lectura e impresión del propio poemario de Óscar Díaz: “El Nuevo Hombre ha de deformarse”.

    La ruina, la deformación, y sin embargo el relampagueo de la belleza, de la verdad. Quizá la pregunta que, con ahínco y devoción, busca el poeta pueda ser la de la posibilidad de la belleza en las ruinas, de la certeza del lenguaje para nombrar las cosas. Una poesía apoyada en la filosofía y viceversa, que se encuentra en los ecos de Nietzsche y Heidegger.

    Escrito a edad temprana, apenas con 16 años, su acto de creación, su propuesta, viene con un título nada inocente: Rosa Hermética. El hermetismo del lenguaje para nombrar las cosas que por sí solas no tienen mundo, la construcción perfecta y rítmica de una poesía que busca la belleza de la rosa, de la Naturaleza. Para entender el poemario hay que apreciar las espinas que serán introducidas en la carne del propio hermetismo y también quizá para desvelar, abrir los pétalos del propio simbolismo.

    A veces torrente, a veces cálculo, siempre ritmo. Óscar en búsqueda de una belleza y una verdad que sin embargo nunca existieron y se tornan, en esta estructura del mundo, la del lenguaje, necesarias: 


    “La brújula que orienta el destino 
    es la belleza, 
    la continua búsqueda de la casualidad 
    para encontrar la belleza 
    que nunca ha existido.” 


    La fragmentación forma parte de este tiempo del lenguaje y del sujeto: 


    “Larva donde se esconde lo no dicho 
    la cantera del pensamiento sin anclaje 
    cuya geometría de piedras surca los fractales 
    mi sujeto no tiene más construcción que la lucha de fragmentos”


    Aún en mayúsculas se escriben Hombre, Naturaleza, Nada, Mujer, Historia, Creación: 


    “Ah la casualidad de la existencia 
    que hace al Hombre
    empujado por el viento 
    como un molino
    para ser entregado a la Naturaleza.” 


    El Hombre avocado al precipicio, al abismo, a un camino suspendido y en cuestión: 


    “En mi puño caben las semillas 
    separo la montaña de la materia 
    única lengua que no se enrama
    más frondosa que los pies
    no hay camino pues no hay recorrido 
    el vacío sucede como una línea ascendente.”


    Sobre el acto de creación, con el juego entre el hombre y el hambre, el poeta escribe: 


    “Oscuro es el manto que protege el rostro del poema 
    nada es lo que se crea, todo proviene; 
    éste es el acto poético, ¡ah acto del hambre!
    donde cuelga la boca que ondea.
    El Hombre no cruza el río
    porque se conforma con vivir en la infinita espera
    ¡ha de deformarse! 
    Ese es el único rezo a la espuma 
    que cobija el agujero
    ¡es la vida la simetría de lo absurdo!”


    En el siguiente poema, en ese giro a la infancia, al pasado que ya apuntaba Rilke y que se menciona también en palabras de Trakl se apunta a la tentación del hombre decadente: 


    “El paso del Hombre 
    es solo un paso 
    sin retroceso
    solo sabe qué mira 
    al girarse
    el ojo que se gira
    mostrando la diferencia
    como un pez que nada
    sin saber qué nadó antes 
    como el hilo que une
    a la creación del Hombre,
    que es el lenguaje,
    con el cuerpo.”


    Óscar Díaz, nombrado poeta de madurez temprana elije con perspicacia a sus maestros y sabe que en la literatura hace falta una dosis de maldad, una maldad también como construcción: 


    “He sido suicidado 
    tras colgarme de las lenguas 
    de los cómodos
    ¡maestros del sueño!” 


    Aunque, a veces, encontrar la voz en el decadentismo, pueda sólo corresponderse con el eco en las ruinas.


    La perfección no ha de ser 
    pero ha de verse como una esfera
    en plena comunión con la Naturaleza
    himno rampante del cielo
    el no-ser es el desastre
    así como el tiempo sollozante
    que clavó a Cristo.





    .


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