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    JAVIER VELAZA FRÍAS

    Javier Velaza (Castejón, 1963).
    Poeta y Profesor Titular del Departamento de Filología Latina de la Universitat de Barcelona. Entre sus publicaciones destacan, entre otras obras, {Mar de amores y latines}, {Los arrancados}, y las antologías {De amore} y {Nacer. Poemas para una vida que empieza}. Ha sido el ganador del VIII Premio José Hierro con su obra {De un dios bisoño}. 

    Javier Velaza, en fin, manifiesta en Los arrancados un dominio casi ostentoso de los ritmos, de la formulación retórica y de la construcción del poema. Su maestría narrativa, dispuesta a menudo en alejandrinos poco modernistas, se salva del manierismo al vertebrar una visión de destemplanza ('somos los arrancados') que se rebela contra los sucedáneos de la serenidad ('todo está bien, gozad, gozad, benditos, / del fragor de esta paz / -la paz de los pazguatos-'). Agonismo y fatalismo vitales fuerzan una conciliación de contrarios en poemas tan logrados como My way, que pone del revés tópicos fundantes de nuestra cultura sin que en la inversión se haya caído la poesía al suelo.




    Javier Velaza en Los arrancados (Editorial Lumen, 2002).

    En el caso de Javier Velaza, ganador del VIII Premio José Hierro con De un dios bisoño, nos dice Luis Izquierdo en el prólogo a este excepcional e impactante libro de poemas, sin duda una revelación en el actual panorama literario de nuestro país, su poesía responde o se enfrenta a interrogantes y a evidencias comunes, a la cotidianeidad que a todos determina. Ante el ritual de un orden cuyo imperio es el de enseñorearse de las voluntades hasta reducirlas a la llamada mayoría silenciosa, la palabra del poeta indaga en su energía latente. Está por la vida, y grita o da la alarma. Poesía, pues, entendida como interpelación e inquietud, y como apuesta por el reconocimiento del lector...Un orden de palabras con sentido es el de Los arrancados. Y su función no es otra que la de su justicia en desenmascarar la inercia ante los imponderables. Esta poesía impone y arriesga la protesta sutil e implícita de su disidencia activa. Las composiciones de nuestro autor -trabadas en el conjunto aplomado del libro- no operan en una nebulosa, sino que arraigan en situaciones.



    EL SALVAVIDAS

    No es inútil amarse,
    finalmente.
    Lo mismo que amaestrar serpientes, nos exige
    técnica refinada y perder la vergüenza
    de actuar frente al mundo en taparrabos.
    Y unos nervios de acero.
    Pero amar es oficio
    saludable también: su liturgia apacigua
    el ocio que enajena -como supo Catulo-
    y perdió a las ciudades más felices.
    Bajo la cuerda floja dispone -no pidáis
    una red, porque tal no es posible- otra cuerda,
    tan floja, pero última
    tan inútil a veces,
    bajo la cual no hay nada.
    Y entreabre
    ventanas que te oreen la cólera y exhiban
    a tu noche otras noches diferentes, y así
    sólo el amor nos salva a fin de cuentas
    del peligro peor que se conoce:
    ser sólo -y nada más- nosotros mismos.
    Por eso,
    ahora que está ya dicho todo y tengo
    un sitio en el país de la blasfemia,
    ahora que este dolor de hacer palabra
    con el propio dolor
    traspasa los umbrales
    del miedo,
    necesito de tu amor como analgésico;
    que vengas con tus besos de morfina a sedarme,
    y rodees mi talle con tus brazos
    haciendo un salvavidas, para impedir que me hunda
    la plomada letal de la tristeza;
    que me pongas vestidos de esperanza -ya casi
    no recordaba una palabra así-,
    aunque me queden grandes como a un niño
    la camisa más grande de su padre;
    que administres mi olvido y el don de la inconsciencia;
    que me albergues de mí -mi enemigo peor
    y más tenaz-, que me hagas un socaire,
    aunque sea mentira
    -porque todos es mentira
    y la tuya es piadosa-;
    que me tapes los ojos
    y digas ya pasó, ya pasó, ya pasó
    -aunque nada se pase, porque nada se pasa-,
    ya pasó,
    ya pasó,
    ya pasó,
    ya pasó.
    Y si nada nos libra de la muerte,
    al menos que el amor nos salve de la vida.

    * Lo mejor de mi paso por Filología Hispánica en la UB fueron sin duda las clases con Javier Velaza, de quien sólo supe mucho tiempo después que era poeta y que escribía cosas como el poema de ahí arriba. Mi examen final fue algo completamente inusual: no contesté a ni una sola de las preguntas que hacía, y terminé con un “llevo más de tres horas escribiendo sobre ya no sé ni qué, me duelen las muelas, las manos y quiero irme a mi casa ya”, y sin embargo Velaza me puso un “excelente” de nota, así que eso deja claro el tipo de personaje que es. No recomendado, eso sí, para quienes les gusta tomar apuntes y que las clases tengan un orden lógico y no estén llena de batallitas y reflexiones personales.




    EL VENCIDO

    Harto de la batalla, con los pies doloridos
    de andar sobre un osario, se detuvo
    y cayeron sus armas y los brazos
    alzó.
    Me rindo, dijo, ha sido suficiente,
    no puedo recordar el casus belli
    que me condujo aquí, hace ya mucho tiempo
    que no sé dónde está nuestro enemigo.

    Su cabeza rodó
                             colina
                                        abajo,

    porque la vida no hace prisioneros.




    El perro

    Ella lloró: el amor viejo perro de lanas que nos fue fiel compañía,
    amaneció hoy enfermo. Ya no se tiene en pie
    y ladra de dolor bajo los álamos.

    Tenemos que matarlo, él dijo, no es decente 
    que sufra la agonía que le espera,
    son demasiados años para un final tan cruel.

    Aquella noche el perro 
    se arrastró como pudo a la autopista.




    El regresado

    Hay puertas que no se abren 
    hacia atrás.

    Soy yo, he regresado, mintió.

    Ella siguió llorando.

    Esa mañana
    iría a poner flores a su tumba.




    Elegía triunfal

    En el día de hoy, la guerra ha terminado
    como todos los días.

    Nadie pregunta cómo
    cuál fuera el desenlace de las cruentas batallas
    libradas casa a casa
    cuerpo a cuerpo.
    Nadie viene a leer con un ojo de angustia
    y otro de rabia el parte de bajas; nadie aguarda
    la crónica oficial que explicará por qué 
    hoy perdimos de nuevo,
    ni preguntará quién era el enemigo que esta vez nos pudo,
    ni cuáles sus propósitos, ni cómo su estrategia,
    ni qué mapa quedó para seguir mañana.

    Nada importa,
    porque hemos aprendido
    que la derrota tiene mil caras sin reverso,
    que nunca hay vencedores,
    que con el alba próxima
    tendremos que salir al campo a ser deshechos
    un día más
    igual que cada noche.

    Todos perdemos siempre.
    Perdemos de antemano,
    no nos dejan siquiera
    la ocasión de ser Pirro, de ser Cesar, o nada,
    ni nos tiene clemencia.

    No hay cuartel.

    Sin embargo,
    pudiera ser que aún no esté todo perdido.
    Habría que conjurarse, acudir a la plaza
    y allí
    -justo en el centro-
    erigir majestuoso
    el Arco del Fracaso.

    Habría que portar la Niké sin cabeza, ceñir todas las sienes
    con ramas de ciprés
    y levantar dos dedos
    que dibujen al aire la uve de vencidos.
    Y recorrer así una a una las calles
    de la ciudad rendida, entonando himnos
    tristes.

    Sí.

    Habrá que celebrar esa derrota,
    -la única victoria que tendremos-.




    CAMBIO DE SENTIDO

    A Pepe Alfaro


    No creo, a fin de cuentas, que sea tan difícil.
    No solicito un cambio de dirección, de punto
    de aplicación, tampoco que se alargue o se abrevie
    el vector de la extraña magnitud que llamamos
    el tiempo.
    Ni que nadie modifique el azar
    de sus intersecciones. O que deje de ser
    un absurdo segmento enlazando dos nadas.
    Con menos me conformo -he aprendido a pedirle
    poca cosa a la vida-.
    Que, mirándolo bien,
    sería suficiente con cambiar el sentido
    de esa recta, invertir su discurso y que avance
    justamente al revés.
    Que sea su comienzo
    una aniquilación devastadora, prólogo
    de un dolor que se vaya mitigando y, después,
    la impotencia manchada de decepciones deje
    paso a una madurez ajetreada y ciega.
    Así se llegaría, descriando a los hijos,
    a olvidar enseñanzas de manuales y amores,
    y, después de reír la indolencia del juego,
    zambullirse en el amnios inconsciente y al fin
    ir mermando las células hasta desvanecerse.
    Bastaría con eso y de tal modo
    Lo habría hecho un dios.
    No sé si lo que pido
    Es posible, la física nunca ha sido mi fuerte.






    DE UN DIOS BISOÑO
    De un dios bisoño. Madrid; Ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes, 1998.

     

    PREPARATIVOS

    Yo pongo el aceite, si tú quieres, y el vino,
    las calles de Lisboa y la mirada ambigua
    para que tú la trueques en todas las señales.
    Pongo también el trigo de una mala cosecha,
    un puñado de diosas y algún siete de julio,
    el penúltimo beso contra un amigo ausente,
    la espuma de este espejo infiel a la utopía
    y el perder y la sed y el ray y las coartadas.
    Ah, y que no se me olviden ni la sal de la tierra,
    ni un si bemol agudo de Beniamino Gigli,
    ni aquellas soledades de insomnio destiladas
    que te he prometido, ni el cierzo de diciembre,
    ni el caballo de espadas, ni mi parte de diablo
    condenada por buena a dejar los infiernos.

    Luego, las otras cosas, las que explican los tránsitos
    de los objetos mudos, las que nos acarician
    unas veces y otras nos descuartizan vivos,
    las cosas que parecen otras cosas o son,
    más que poliedros, vientres preñados de espejismos,
    o no, esas otras y otras y todas las demás,
    sobrevendrán, maldita sea, por añadidura.

    Tú abrázame tan fuerte tan fuerte como puedas,
    que aquel que construyó el mundo de la nada
    dejó para nosotros el trabajo difícil.

     

    JAZZ-FUSION

    Esta noche no hay cielo, hay una rara
    mezcla de jazz y desesperaciones,
    hay el difícil don de la locura
    y este tacto canalla que me aboca a tu pecho
    como si fuera el último reducto,
    el último.
    Esta noche como un reptil lascivo
    se nos acostó encima y las magnolias
    todas intuyen que tu queda cadencia
    es un instinto de voracidad.
    Por encanto en tu lóbulo se ha concentrado el mundo
    y me fumo tu aliento a bocanadas
    y entre tu piel y mi sudor tan sólo
    media la calidez de Sarah Vaughan,
    dum-dum-dumdum hágase la ósmosis
    y qué más da si el humo nos anega
    en el sexo recóndito del saxo,
    my love just cares for me, María de Magdala
    que abres mis poros al húmedo estornudo
    de tu pasión enarbolándome las linfas.
    Escánciame tu líquido exquisito,
    copera de los dioses, meretriz de ti misma,
    y yace desmayada entre mis alas
    en el dintel del cielo que esta noche
    se nos abrió a los dos a cal y canto.


     

    CREDO (PASCAL SE IMPACIENTA)

    Allá tú con tu absurda actitud de indolencia
    y el pertinaz silencio que te traes entre labios.
    Y allá tú si decides no menear un dedo
    cuando aquí todo marcha manga por hombro y sabes
    que hay ya quien dice que esto no lo arregla ni dios
    y ni te inmutas; mira, después de todo puede
    que sea lo más sabio o que lo hayas leído
    en uno de esos libros que aquí no se publican.
    O igual es que has cogido uno de aquellos bíblicos
    berrinches tuyos ‒bueno, razones no te faltan‒
    y quieres asustarnos como si no estuvieras
    para que nos dejemos de tanta tontería
    y de que si progreso, mercados de valores,
    enemigos históricos y no sé qué monsergas.
    O has decidido hacerte ahora el interesante,
    que con la edad a todos nos da por cosas raras
    y más si uno está solo, como tú, tanto tiempo.

    En fin, que no me meto en donde no me llaman,
    y tú sabrás lo que haces, que ya eres mayorcito.
    Pero como después de esta parafernalia
    de sed de eternidad y zarcitas ardiendo,
    y tanto ángel sin sexo, tanto sexo sin ángel,
    y luego de tanta hostia repartida en tu nombre,
    de tanto uno y trino y tanto apocalipsis,
    si después de este cristo ‒valga la redundancia‒
    de haberlo puesto todo perdidito de cruces,
    al final de los tiempos vas tú luego y no existes
    te las verás conmigo, ya te lo advierto, amén.

     

    NOMENCLATOR

    Cada vez que bautizo tus entrañas te doy un nombre nuevo.
    Te he dado a veces nombres frecuentísimos
    para que tú te encarnes en todos los lugares,
    cuando alguien los pronuncie como una letanía,
    multiplicada contra toda ley.
    Y otras veces te he dado nombres irrepetibles
    que se destruyen al hacerse verbo,
    en lenguas de estructura complejísima
    cuya única palabra es ese nombre.
    Y a veces tardé días en pronunciar completo
    el único sonido del nombre que te daba.
    Te he dado también nombres que denominan todo,
    o nada, o su contrario, para que nadie pueda
    reducirte a una mísera definición unívoca,
    y nombres sin vocales, como tus gemidos,
    y nombres subjuntivos, duales, epicenos,
    y nombres innombrables que te espantarían
    y que ni a ti te digo para que no te sepas
    expresada en diabólicos fonemas imposibles.
    Y una noche te di mi mismo nombre.
    Todos los nombres todos puedo darte,
    todos los he leído como un ciego
    en el abierto libro abierto de tus muslos.

     


    TODOS LOS BARCOS

    Porque todos los barcos han surcado tu piel
    te has llenado de puertos.
    Eran raudos navíos avezados
    en un sinfín de inciertas travesías,
    bajeles orgullosos de botines, fastuosos
    veleros, preñados galeones, trirremes
    confundidas por deidades hostiles,
    naos de presidiarios y de locos con suerte.
    Algunos iban rumbo de otros puertos y al paso
    recalaban en ti por reparar las velas
    o llenar las bodegas de tu vino.
    Tú nunca protestaste la menor marejada
    ni suscitabas vientos que agitaran las proas,
    tu muelle hospitalario los acogía a todos
    y te ornabas de albatros y de soles sin mácula.
    Todos aquellos barcos te grabaron su estela
    estriada indeleble
    y hoy son las comisuras de tus labios
    despreciados estuarios, sobre los espigones
    de tus ojos se entumece la costra
    del abandono.
    Tu rostro se ha tornado carta marina
    pero te evitan todos los timoneles.

     


    AGENDA

    Mañana no sería, bien mirado, mal día para mi entierro:
    es domingo y no hay fútbol, que siempre quita mucho,
    amenaza, según el meteorólogo,
    algo de lluvia, justo para darle
    al evento su toque de tristeza
    y además este lunes es fiesta en Barcelona,
    y se quedan sin excusa más de cuatro.

    No sería mal día, desde luego:
    tú tienes ropa nueva ‒no es negra, pero casi‒,
    pintamos todo el piso el mes pasado
    y me caduca pronto el pasaporte.
    Y quedan todavía dos semanas y pico
    para las Navidades, basta y sobra
    para no fastidiar salvo a los muy de casa.

    De aquí al martes bien pueden encontrar sustituto
    para mis clases, y los del periódico
    sólo han de recurrir, esta vez con justicia,
    a la foto en que siempre tuve cara de muerto.
    Tampoco es lo de menos la puñeta
    que le hago al cura, que según me dicen,
    guarda fiesta la tarde del domingo.

    No cabe duda: mañana sería
    un día excelente para mi entierro.
    Lástima que yo no esté de humor
    para morirme hoy y que tú continúes
    haciéndome estas pícaras cosquillas en la oreja.
    En fin, paciencia, que otra vez será.

     

    LA ÚLTIMA TARDE

    Esa sombra zaina, corniveleta, seria,
    que escarba y se repucha y prueba y desarrolla
    sentido será la última de una faena insulsa
    y de un vivir abanto
    y ya no habrá más cinco de la tarde.
    Eh, sombra, mira, sombra, sombra,
    de negro y negro otra sombra enjuta
    cita junto a la sombra gélida imposible
    de un tendido del ocho horizontal, eh, sombra, eh,
    bien quieto, como antes, bien despacio,
    para la soledad nunca hubo prisas.
    No me das miedo, dice, sombra, empuña
    con la diestra un estoque transmutado
    y la embarca ‒y se embarca‒ en naturales
    sobrenaturales, y la espera
    de poder, como siempre, a no poder,
    él, sombra siempre embarcando sombras.
    Eh, sombra, mira, mira
    (el último perfil de Juan Belmonte
    cuadra a dios en los medios
    y entra a recibir).

     


    LA CUARTA DECEPCIÓN

    Si soy un descreído,
    lo que llaman algunos un agnóstico a ultranza,
    es porque las tres veces que creí
    me defraudaron.
    Creí primero en los Reyes Magos
    y resultaron ser una multinacional;
    luego creí en grandes revoluciones
    y eran sólo palabras;
    más tarde creí en Michael Laudrup
    y se pasó al Madrid.
    Si soy un descreído, os lo confieso,
    es porque no podría soportar que con dios
    me pasara lo mismo:
    que sea una multinacional,
    o sólo una palabra,
    o, peor todavía, que se pase al Madrid.


     

    MALETAS

    Un clamor me acompaña de maletas
    colgadas de mis hombros, a mi cuello anudadas,
    procesionadas hasta mis tobillos.
    Aunque al principio breves hatillos llevaderos,
    aviados para un tránsito provisional y vuelta,
    contra mi voluntad engrosaron su carga
    en nefandas pensiones y sórdidas vigilias
    y al cabo devinieron infinitas maletas,
    oneroso equipaje imprescindible.
    En pos de mí resuenan contumaces,
    custodiando teatros destruidos, medallas
    inmerecidas, un barco sin flete,
    inaccesibles grutas en la memoria, miles
    de moribundos, láudano, semillas.
    Sé que en una pequeña de mano puse a dios
    con su opuesto, pero otras no sé lo que contienen,
    si es que contienen algo y no es que esperan
    que las haga con nuevos objetos peregrinos,
    o las llene a su vez con maletas menores,
    o las olvide al pie de una cama furtiva.
    Una no puedo abrirla hace ya tiempo
    y en esa creo que estás tú, o tu ausencia,
    o tu odio, que viene a ser lo mismo.
    Y hay una grande y negra siempre abierta,
    con tres letras de bronce clavadas en un lado,
    que me da confianza porque sé que no miente.
    Todas me siguen, o yo las precedo,
    para mejor decir, viajamos juntos.
    Son de piel, mis maletas.
    De la mía.

     


    LOS OTROS

    Que alguien nos diga ahora a los otros qué hacemos.
    Los otros, los que estábamos ausentes
    cuando se derramaban tantas lenguas de fuego,
    a los que nadie dijo tolle et lege, y que leímos mucho
    sin embargo, hasta creer que nadie dice tolle et lege,
    los que nunca caímos de nuestra montura camino de Damasco,
    todos los otros a quienes un rayo jamás consideró en su trayectoria,
    a los que nadie atenazó la mano que descargaba un golpe fratricida,
    a los que no salvaron de las aguas, a los que no esperaron,
    a los que no invitaron a introducir el puño
    en un costado inverosímilmente curado de la muerte,
    los otros, a quienes tampoco
    nadie nos ofreció un céntimo maldito en trueque por el alma,
    ni nadie dijo sé el rey del mundo, ni seréis como dioses,
    los que ni en sal pudimos convertirnos
    porque atrás no pecaban dos ciudades lascivas,
    los otros, finalmente, los que respiramos
    entre este sindiós y este sindemonio,
    los otros qué hacemos, que alguien nos lo diga,
    que alguien dé la cara.

     

     

     



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  • 10/04/16--04:17: ALBANY FLORES GARCA [19.205]

  • Albany Flores Garca

    Albany Flores Garca, Honduras, Centroamérica, 1989. Ha sido actor en la compañía teatral “La Mandrágora” y proyectos teatrales independientes. Ha escrito y colaborado para revistas y periódicos de su país, es editor en máladive editores, y ha publicado el libro Geografía de la Ausencia. 

    Ha cursado estudios de Historia de la UNAH. Es escritor, ensayista y poeta. El 10 de octubre de 2014 este talentoso escritor latinoamericano, presento su más reciente hijo literario, al que tituló; "La Muerte Prodigiosa".




    Este libro fue un árbol. Los inmóviles muebles donde se hospedan mis libros también lo son sin saberlo. Me lo recuerdan cada día las páginas en blanco que he tirado sin pudor, sin sosiego y sin llanto. Mi vida entera es un árbol; el cigarrillo que quemo con un fósforo incendiado, el techo y las puertas de mi casa; la ventana que observo desde un cuarto piso, la hoja que se aferra a la rama del San Juan, el pájaro que anida entre mis manos; y la mesa donde escribo estos versos de madera. Este poema será un libro que fue hecho de un árbol, cada palabra dicha es una hoja perdida que cayó para siempre.



    A: E. Dickinson.

    Nuestros pájaros nos dejarán de nuevo, volarán para siempre. Cerca de la tibia casa que habitamos, se dirá que son pájaros nuestros que volaron del nido. Nuestros pájaros se irán, no volverán jamás, y si vuelven, ya no serán los tordos que te gustaban tanto, ni los faisanes que amaste; serán pájaros negros perdidos en tus ojos. Entonces cambiaremos el verde por el blanco, el amarillo por el blanco, el negro por el blanco, con pájaros blancos como tu blanca elección. Lo dejaremos todo por el blanco, incluso los pájaros tordos que siempre esperarás. Y así nos quedaremos solos, sin la blanca elección de nuestros ojos, y sin los pájaros tordos; que ya no volverán más a tu casa.



    II

    Todos mis poemas le nacieron al papel. A la noche que llueve en la quietud de la tarde, a la lluvia de casa que hace correr los días, y a los días de lluvia. Todas las palabras fueron mías una vez, fueron también del silencio; de la limpia mañana que olvidé en una puerta que hace tiempo no toco. Mis poemas me cuidan porque yo vivo en ellos, me pellizcan cuando hablo y digo demasiado; me protegen del tiempo que hace cuando es marzo, cuando es abril y mayo y hay poca primavera. Mis poemas me saben.



    XI

    De aquella chica triste… ya no recuerdo nada. Nicanor Parra La vi una vez, nada más. Fue casi sin pensarlo, pero sucedió. A ambos nos gustaba Charly Parker, hacíamos promesas, y hablábamos del mar. Después, ella y yo fuimos amantes. Retengo su recuerdo solamente en la memoria; ella se fue hace mucho, yo, regresé a mi hogar. Jamás volví a buscarla, aunque la extraño, y si la amé, no lo recuerdo todavía.



    XVII

    En la costa más lejana descubrimos un sueño, noche tras noche, día tras día. Lo sabíamos bien, pero no lo decíamos porque también sabíamos que nadie está listo para la honestidad, y que es más fácil perderse que encontrarse. Pero vivíamos solos en el calor de una isla que ya en otro tiempo nos pareció un simple sueño. Otras tempestades nos trajeron las barcas de aquel último invierno; la última noche que esperamos juntos en la orilla de un mar que nos colmó de distancia y nos llevó hasta otro sitio. Pero había que volver. Quizá no para conversar sobre el precipitado vuelo de los Albatros, pero sí para soñar durante días enteros, durante noches enteras; como si fuésemos capaces de subir a la balsa donde creímos vivir por un tiempo, donde creímos estar; donde nos aferramos al sol de nuestros días, por la palpable certeza de no vivir, como ahora, para toda la vida.



    XVIII

    Al rumor de la lluvia las mariposas se marchan, los pescadores se cubren de los soles del día. Los provincianos se alejan en los días de marzo, los alacranes se aferran al calor de los techos en las casas de zinc, y las cigarras se acercan a las ciudades de las tierras sombrías. El mediodía es fuerte. El verano inesperado portador de nuevas nos sorprende en silencio; nada se mueve sin que venga la tarde.

    Dentro y fuera de los calores del istmo, las islas aledañas mueven todo lo circundante, todo ritmo y esencia de las aproximaciones del hombre al interior del verano. Todo se mueve sin sustancia, sin la mágica oleada del mar cuando se asusta. Fuera el viento despeja los amarillos caminos, el istmo se extiende sobre la frágil cintura de los continentes, sobre los mares de mis amaneceres en los puertos.

    Lejos de este mar no está la casa; la casa es vieja y fría y no despierta sombras más que en sus saudades. Veo la aproximación de las proximidades del istmo aparecer de golpe, y la amarga desesperanza de este mar de mi vida. El istmo se rompe en la soledad de su espíritu, hace ruido de silencios que nos hablan de siglos, de mares imborrables, de tiempos sin edades alrededor del mundo, y mágicas criaturas que hacen señal al centinela. El istmo nos cuenta la habitación ciega del hombre, sesenta millones de años congelados en la nada. El istmo son los siglos que emergen de latitudes, de las profundidades, de incontables peligros y marítimas batallas.



    A: C. McCullers.

    ¿Quién te ha visto alguna vez vistiendo el día con una serpiente que parece una flor? Cerca de cada acto imposible, el mar se abraza a La Tierra en señal de desesperación. La misteriosa causa del amor se hace sombra; como en los años de baile y de fiesta, al son de las viejas canciones de Hank Williams; como en las estaciones de frío en los años de nostalgia, al lado siempre de aquellos poemas susurrados de Flannery O´Connor que hablaban del sur. Tu corazón era ese cazador solitario que habitaba la noche bajo un par de ojos verdes y tistes, un cutis perfecto demasiado blanco, un flequillo disperso ondeando a veces la frente, un corto cigarrillo soportado en la mano —tirada sobre la cabeza—, una camisa clara plegada a una fotografía, unos inquietos párpados azulados de frío, 24 y una mirada inerte pidiendo a gritos un árbol. Yo dejaré cada palabra junto a ti, y enterraré tu corazón junto a la noche.



    Llamadas telefónicas a Roberto Bolaño. (Omaggio)

    Sobre el auricular, las banderas se encogen sobre mástiles. Tu vestido y tus actos me recuerdan a ellas; aquellas banderas que sabías y eran todo tu traje. El teléfono resuena en tus oídos casi todos los días en las vecindades, en las tristes callecillas azules de tus viejos países, de tus nuevos países. Y hay algo en tu voz que no suena, que no dice nada de estas mañanas terribles. Entonces te recordaba como en los años mejores de la adolescencia; con los grandes espejos en la mitad del rostro, y el cabello revuelto de revolución. Te recordaba mal vestido, y enfermo, pero vivo. Andabas sucio de tiempo entre las multitudes, solo y aislado de la patria y de casa. Te veo lejos ahora, inventando para todos, otra patria, y una propia bandera.



    XVII

    En la costa más lejana descubrimos un sueño, noche tras noche, día tras día. Lo sabíamos bien, pero no lo decíamos porque también sabíamos que nadie está listo para la honestidad, y que es más fácil perderse que encontrarse. Pero vivíamos solos en el calor de una isla que ya en otro tiempo nos pareció un simple sueño. Otras tempestades nos trajeron las barcas de aquel último invierno; la última noche que esperamos juntos en la orilla de un mar que nos colmó de distancia y nos llevó hasta otro sitio. Pero había que volver. Quizá no para conversar sobre el precipitado vuelo de los Albatros, pero sí para soñar durante días enteros, durante noches enteras; como si fuésemos capaces de subir a la balsa donde creímos vivir por un tiempo, donde creímos estar; donde nos aferramos al sol de nuestros días, por la palpable certeza de no vivir, como ahora, para toda la vida.



    XXI

    Alguien te llamaba desde los vitrales. No escuché su voz. Los aledaños caminos te rodeaban desde los andenes, en los meses en que el frío despierta y hace ronda en las casas. La puerta no te reconocía y se cerraba. Todos te recordábamos como cuando llegaste a la casa que te esperaba entreabierta, decorada de pájaros; como cuando grabaste tu nombre con un trozo de crayón en las paredes familiares, y escribiste en la página de una libreta de apuntes, aquel poema de Retamar que olvidaste; que revivió en nuestras flores cuando llovió en nuestro patio. Y habías cambiado, era cierto. Pero en las tardes de octubre en que llueve, nuestras hojas, nuestro patio y nuestras flores, te lloverán un día en los ojos; y en el recuerdo amable de la casa tibia donde nos queríamos.



    XXII

    La casa se rompe en pedazos. La certeza de no volver a estar desesperado en el viejo balcón del tercer piso, esperando llegar hasta la puerta cerrada, de aquella casa lejana que se ha quedado más fría. Una mano que no estará más sobre el solo llamador de esa puerta, esperando impaciente que mi mano la auxilie y la salve, del tiempo interminable en los días difíciles. La casa sombría se va quedando cada vez más sola; como si no existiera en el mundo más presencia de lo que no está, más soledad de lo que se ha vuelto presencia. En la casa deshabitada las habitaciones insisten en que no hay nada más qué decir, excepto un mar de distancias que se mece en silencio, bajo el rostro ojeroso y descascarado de una casa que llora en silencio, a oscuras.

    http://fabricioestrada.blogspot.com.es/







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  • 10/04/16--05:02: ROBERTO MASCARÓ [19.206]

  • Roberto Mascaró

    Roberto Mascaró (Montevideo, 12 de diciembre de 1948) es un poeta y traductor uruguayo residente en Suecia. Ha traducido al español gran parte de la obra del poeta y premio Nobel sueco Tomas Tranströmer.

    Roberto Mascaró curso sus estudios básicos en su ciudad natal, asimismo como estudios de Literatura y Estética en el Instituto de Profesores Artigas de Uruguay, y posteriormente en la Universidad de Estocolmo y en la Universidad de Upsala.

    Desde muy joven participó en diversas actividades literarias dentro y fuera de su país, así como también en Argentina y Chile, recibiendo distintos reconocimientos. En Montevideo fue editor de las revistas literarias Son y Nexo durante la primera mitad de los años setenta.

    En 1978 Mascaró se exilió en Suecia como muchos otros artistas uruguayos perseguidos por la dictadura cívico militar, éxodo al que se sumaron escritores, poetas, dramaturgos y artistas plásticos que huían también de la represión de otros regímenes similares del Cono Sur.

    De inmediato a su llegada a Estocolmo, Roberto Mascaró retomó sus actividades culturales fundando con Ana Valdés, Marisa Villagra, Mario Romero, Ivonne Capi y Nelson Mezquida la revista bilingüe Saltomortal y publicó su primer libro de poemas en 1983, Estacionario, que obtuvo una crítica favorable en Europa y dio fuerte impulso a su carrera. En 1982 adoptó la nacionalidad sueca, y en 1984 publicó dos volúmenes de poesía, bajo el sello de la editorial Siesta que él mismo ayudó a fundar y dirigir en colaboración con Mario Romero y Sergio Altesor. A la vez continuó su trabajo en la revista Saltomortal, órgano de difusión de la rica literatura sudamericana en el exilio. En este campo también ha colaborado habitualmente para distintas publicaciones en los dos continentes.

    En 1986 se tradujeron al sueco los poemas incluidos en una de sus colecciones aparecidas dos años antes, bajo el título Fält, que traduce Campos. Este libro le valió el reconocimiento del Premio Ciudad de Estocolmo de ese año.

    Durante toda la década, alternó la dirección de talleres y cursos universitarios, así como también escribió dos libros más de poemas.

    En el campo de la traducción, Roberto Mascaró se inició en 1985, con la publicación de una antología de poemas suecos contemporáneos en colaboración con el poeta tucumano Mario Romero, La nueva poesía sueca. A partir de 1988 estrechó su amistad con el poeta Tomas Tranströmer (Premio Nobel 2011), del que traducirá en la siguiente década gran parte de su obra. En 1991 publicó por segunda vez en Uruguay una colección de versos de Jan Erik Vold, precedido en 1992 de los poemas escogidos de Tranströmer bajo el título Para vivos y muertos (Hiperión, Madrid, 1989), de gran acogida por parte de la crítica en España e Hispanoamérica. Mascaró ha traducido también al castellano obras de Ulf Eriksson, Öyvind Fahlström y August Strindberg.

    La poesía de Mascaró no es regionalista, raya más en lo universal, trascendental, cotidiano de la vida sin caer, precisamente, en cotidianidades. No es una poesía difícil o cifrada, sino siempre abierta y refrescante, y sus versos están elaborados tanto para leerlos en silencio como para la performance, de la que Mascaró es uno de sus exponentes más importantes en América Latina. También, ante el progreso tecnológico, el poeta uruguayo ha introducido el poema "en vídeo" como forma de acceso al público, ya que por mucho tiempo se ha considerado a la poesía como inaccesible o de "círculos cerrados", contrario a su propósito verdadero.

    Ha ganado distintos premios internacionales, comenzando por el Premio del Fondo de Escritores de Suecia en 1984 (que obtuvo sucesivamente en 1987, 1990 y 1997) y seguido del Premio Ciudad de Estocolmo. En 2002, el jurado del Festival Internacional de Poesía de Medellín, Colombia, (el más grande en su tipo de Hispanoamérica) le otorgó el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Medellín de una larga lista de poetas nominados de distintas nacionalidades, por sus méritos artísticos y en atención a su libro Campo de Fuego, publicado en Montevideo en 2000. En 2004 fue distinguido nuevamente con el Premio Bienal del Fondo de Escritores de Suecia.

    Fue Director del Festival Plataforma Latinoamericana que se realizó desde 1998 a 2002 en Folkets Park, ciudad de Malmö, y también ha participado activamente en diversos eventos culturales y festivales literarios en Escandinavia, Canadá, Chile, Argentina, Colombia, Venezuela y en su país natal, Uruguay. Desde 1998 es el organizador principal del encuentro anual de poesía Poesimöte en Suecia.

    Reside en Malmö, donde escribe, traduce y además dirige la revista cultural bilingüe y editorial Encuentro.

    Obras

    Estacionario (poemas), Nordan, Estocolmo, 1983.
    Chatarra/Campos (poemas), Siesta, Estocolmo, 1984.
    Asombros de la nieve (poemas), Siesta, Estocolmo, 1984.
    Fält (Campos) (poemas en versión sueca de Hans Bergqvist), Fripress, Estocolmo, 1986.
    Mar, escobas (poemas, Ediciones de Uno, Montevideo, 1987)
    Södra Korset/ Cruz del Sur (poesía, bilingüe), Siesta, Estocolmo, 1987.
    Gueto (poemas), Vintén Editor, Montevideo, 1991.
    Öppet fält / Campo abierto, Siesta, Malmö, 1998.
    Campo de fuego, Aymara, Montevideo, 2000 (Premio Internacional de Poesía Ciudad de Medellín 2002)
    Montevideo cruel, Ediciones Imaginarias, Montevideo, 2003.
    Un río de pájaros, Fondo Editorial EAFIT, Medellín, Colombia, 2004.
    Asombros de la nieve (antología),La Liebre Libre, Venezuela, 2004.

    Traducciones

    La nueva poesía sueca (con Mario Romero, versiones), Siesta, Estocolmo, 1985.
    Postales negras (versiones de poemas de Tomas Tranströmer), Inferno, Buenos Aires, 1988.
    El bosque en otoño (versiones de poemas de T. Tranströmer), Ediciones de Uno, Montevideo, 1989.
    Poemas sin terminar (versiones de poemas de Göran Sonnevi), Vintén Editor, Montevideo, 1991.
    En los abedules está la luz (versiones de poemas de Jan Erik Vold), Vintén Editor, Montevideo, 1991.
    Para vivos y muertos (versiones de poemas escogidos de T. Tranströmer), Hiperión, Madrid, 1992.
    Caminar sobre las aguas, Anthony de Mello, Lumén, Madrid, 1993.
    Öjvind Fahlström: versiones de manifiestos y poemas concretos, Instituto Valenciano de Arte Moderno, Centro Julio González, Valencia, 1992.
    August Strindberg (versiones de manifiesto y textos críticos),IVAM, Centro Julio González, Valencia, 1993.
    Graffiti (versiones de poemas de Hans Bergqvist), Zafiria libros, Montevideo, 1993.
    Viaje nocturno (versiones de poemas de T. Tranströmer)
    Casa con creatura (versiones de poemas de Ulf Eriksson)
    Góndola fúnebre (versiones de poemas de Tomas Tranströmer), LAR, Concepción, Chile, 2000
    29 jaicus y otros poemas/ 29 haiku och andra dikter (versiones de poemas de T. Tranströmer), Encuentros imaginarios, Montevideo, 2004.
    Elvis, arena para el gato y otras cosas importantes (versiones de poemas de Tomas Ekström), Encuentros imaginarios, Montevideo, 2004.
    Solo (novela), August Strindberg, Jakembo Editores, Asunción, Paraguay, 2006.


    Es decir: conmigo, y, también, conmigo.

    Nadie sino yo ha escuchado estas palabras, 
    nadie conoce la causa de estas razones, 
    nadie ha oído antes nada semejante, 
    nadie escuchará jamás nada acerca de esto 
    que no ha sido dicho, que jamás lo será.

    Es una podrida verdad que se pierde, 
    que va a parar al tacho de desperdicios 
    sin que nadie la haya sospechado siquiera.

    Lo cómico es que todos piensan que algo 
    de esta verdad ha sido al menos rozado 
    o que por lo menos un aroma se ha reconocido: 
    malentendido general.

    Pero, sentémonos a esperar el día 
    que lindará con el día, con el otro 
    lindo día que vendrá a encontramos 
    sentados esperando un día lindo 
    en la linde precisa de ese día.

    Individuación: pura 
    y antigua monstruosidad, chispas 
    de neojipismo que se pierden en el magma 
    con sonrisas lamentables de la multitud lejana.

    Sólo lo que es drogo atenúa esta confusión 
    con su nirvana dudoso, con su falso 
    paraíso, que es único en su especie.

    Una verdad que se queda entre casa. 
    Una sirena que nadie ba escuchado. 
    Un temblor imperceptible.

    Agradable mal tiempo

    Brusco se deshilacha el humo sobre las casas.

    Licuación y cristales en toda la ciudad.

    Es el fin del invierno. 
                                     Llamas 
    de primavera. 
                        Todo lo que no se dice, 
    ¿adónde va? ¿Está dicho o no clicho? 
    ¿Y el miedo o el coraje de decirlo o callarlo? 
    ¿Y la transparencia? ¿Y la verdad?

    ¿Y la verdad tras la verdad?

    Todo está dicho por las hojas viejas, 
    ese humus espeso que arderá este verano 
    en la ciudad que hoy lame 
    sus flancos y se enjuaga en neblina.

    Se humaniza el cemento.

    Todo es una conversación en calma.

    El café da su aroma benigno.

    Mas la pasión, que sube 
    del más oscuro fondo de linces y de pumas, 
    se adhiere a la sombra más pura y metálica 
    y brilla en un ángulo, por sí misma abrasada.

    Razones no agita: 
    devora tiempo, 
    devora conversaciones, 
    devora fricciones de los cuerpos en la penumbra, 
    devora drogas que queman el alma 
    y agotan los sentidos.

    La ciudad muestra su espalda oxidada. 
    Es como la espalda de una doncella 
    impura, impúdica, incendiaria.

    El otoño está lejos. Y todos los otoños.

    Vamos llegando a casa.

    La ciudad arde por sus cuatro costados.

    Cada día 
    es como una llamarada 
    en un cielo infinito.




    ÁRBOL

    (Montevideo, 1991 / Malmö, 1997)

    A

    Me encontré frente a un árbol. Ese árbol no me dejaba ver el bosque. Les dije: pero hay un bosque. Un bosque creciente, un bosque decreciente. Se rieron diciéndome: son cinco árboles, aunque tú ves sólo uno. Deberías ver el bosque que no es tal. Les dije: es otoño, les dije: el árbol, como brazos desnudos que clamasen al cielo, árbol es lo que veo. Y ya no veo el bosque, jacarandá, dije, húmedas brillan las araucarias, decía. El bosque no es tal, ja ja, dijeron entre risas feas. Yo vengo del desierto, dije con labios secos. Para mí es bosque eso que no veo, pero que por allí está, y es suma de árbol.

    R

    El árbol está frente a mí casi quieto, extenso como monte que se estira y entra en los pensamientos como un ejército que se desliza cauteloso lento en la noche sin estrellas y en la que cae leve llovizna. Pasan unas hilachas de mariposa o de nube, o tal vez telas de araña desgarrándose con estruendo. Flamean las ajorcas rojizas de los murciélagos, pendientes. Luego, el árbol, sin sacudirse, viaja hacia mí y me abraza, tapándome la visión, de manera que yo ya no los veo a ellos, que hablan algo en voz baja en el trasfondo o patio. Es eucaliptos, dije besando el tronco, que era duro y brilloso, viejo, seco. Este es bobo, dijeron, debería trabajar levantándose a las 5 de la mañana escarchada y resbalarse sobre el pasto blanqueado y respirar fuerte y también rendirle culto al patrón, al jefecito: eso dijeron. Como un coro, para que su pensamiento le salga impecable, insistieron.

    B

    Dije sí. Dije no. Aparté el pensamiento con la mano. Miré el árbol. Olí el árbol. Y el bosque iba desapareciendo tras una capa de exquisitos tilos y coníferas combinadas, yo jamás había visto un conjunto de árboles o bosque tan grande como aquel sobre un césped tan pero tan delicioso. Ya anclaba yo en el árbol y conocía por sospechas su interior, por caprichosas pero insistentes visiones mías. Me bastaba con ese solo árbol para decir mi felicidad indecible, para saciar mi sed insaciable de savia, del olor reconocible de aquel sabio oasis que ellos pretendían en todo momento poner fuera de mi alcance.

    O

    Respiré hondo. Las luces de la ciudad se encendieron como si algo o alguien en el trasfondo cambiase la escenografía. Estábamos ya en otro tiempo-espacio. Un humo negro negro, a lo lejos. Respiré respiré. El tiempo no pasaba, yo pasaba junto a las cosas y frente a ellos. La cruel araucaria nos cobijaba empero. La ciudad se iba cayendo por sus cuatro costados. Nosotros la levantábamos con los ojos. Con nuestra mirada desgarrábamos los carteles de publicidad, poníamos bigote a las señoritas, cubríamos de rouge los labios de los caballeros. Así todo se volvía más lindo, más nuestro. Lo que era nuestro, era lo único real. Delicias reales. Yendo de uno hacia dos, y de dos hacia cuatro, y de cuatro hacia ocho, y de ocho a dieciséis abriéndose y abriéndose, desde el cielo a la umbría, de la sombra hacia el bosque sombeado, asombrado.

    L

    En el centro de la Ciudad, como todos lo saben, hay una plaza de césped impecable y de baldosas traicioneras. Es la Plaza Irreal. Allí, el pasto piensa y es de vidrio. Hay al fondo: un piano de carbón que se derrumba sobre un campo desnudo de frutillas. Allí hay cuatro árboles, de los cuales yo me quedo con uno, uno. Uno que tapa el bosque entero y no nos deja ver otra cosa que el Árbol Real, fibroso, fresco de copa, por el viento navegando sonoro. Este es el monte, la profundidad exacta, la fronda tutelar. Ésa quiero yo sí, aunque, adheridos al piso, en el patio se rían con obvia resonancia. Yo toqué ese tronco nudoso y fui cubierto por sus ramas ramas que me acariciaron voluptuosa, prolongada y ardorosamente.




    Campos

    El futuro es sin embargo un campo abierto
    donde bailan milongas inesperadas,
    donde alguien moja el suelo de tierra
    “pa´ que no se levante polvadera”.

    El futuro es lo que está después de los pasos,
    pasos con frío de un otoño riguroso,
    pasos desnudos de un verano que asombra.
    Las chatarras descansan en medio de este campo,
    tiñen ligeramente el pasto nuevo,
    persistiendo en una coloración rojiza
    que es la de la vida y también la de la muerte.
    (-Yo quiero morir conmigo-,
    silbaba un joven de noventa años
    mientras un viejo de veintiuno la retruca:
    -Donde yo iba sentaba
    mi fama de gigoló).

    El futuro es un campo de algodón
    infinito, manchado por las figuras de los hombres
    que se inclinan bajo un sol abrasador.

    El futuro es un tango que parece interminable
    o que, interceptándose,
    cada día canta mejor, como el
    Mago.

    (El futuro, los campos del futuro incluyen
    glándulas porosas, de forma lanceolada
    y unidas al tejido del presente por su base:
    por eso decimos que el futuro está poblado de hipótesis).

    El futuro es ahora, el instante
    entre la vida y la muerte,
    entre el trabajo y el descanso,
    entre el amor y el aburrimiento,
    entre la libertad y el golpe de culata en la nuca,
    entre el llano florido y la montaña pedregosa,
    entre la nada y el todo,
    entre la nada y la pena
    me quedo con la pena.

    El futuro es también una silla que se apoya
    contra un muro encalado,
    en una callejuela de Beirut,
    un hombre que parece dormido pero piensa,
    piensa en lugares en los que nunca ha estado,
    piensa en una higuera, piensa en su madre
    amurallada tras los ladrillos de un nicho,
    piensa en su propia vejez y hace de su pensamiento
    un bálsamo o vertiente donde respirar a su modo.

    El futuro es también una mujer inclinada
    sobre un mate recién hecho, con yerba nueva,
    que en el instante de ser cebado
    acompañó la evolución de las meditaciones
    de ocho afuerinos que han llegado hace poco al lugar
    y pacientes esperan su turno
    en la vuelta concéntrica del mate.

    -Siempre he tomado amargo,
    pero a veces puedo gustar del dulce,
    como los labios de mi china –
    dijo alguno de ellos sin saber qué bondades
    movía su lengua entumecida.

    El futuro es una pampa, el futuro es una selva,
    el futuro es un camión
    al que se le ha terminado la bencina,
    que se quedó sin gasolina,
    al que hace falta nafta.
    El futuro es una bicicleta sin pedales,
    a la que hay que inventarle mecanismos,
    gestos rituales que funcionan como un avión
    que casi cae al mar, pero tan sólo casi.
    Porque ese aeroplano levanta la nariz
    en el último instante, y sigue,
    desilusiona a los excitados espectadores.

    (“Tata, dice el señor gallina que tenemos que irnos”.
    “Dígale a ese señor emplumado que esta casa es nuestra,
    que esta tierra es nuestra, y que de aquí
    no nos moverán”).
    El futuro está en el ángulo de los escritorios bancarios,
    tiene malas intenciones,
    tratará de darte una buena paliza cuando salgas
    borracho, alegre, lleno de despedidas contradictorias.

    El futuro es un aire que te cubre
    y te dice: “soy tuyo, soy tu amante,
    soy tu paloma, tu junco, tu milonga,
    vos sos mi cafisho predilecto, mi gigoló adorado,
    yo me travisto y me prostituyo,
    para que vos seas feliz
    vos solito”, el futuro
    te engaña, te promete
    una vida de rey en los desiertos
    donde brotan la leche y la miel de los cactus
    pero en realidad te da la espalda
    al minuto siguiente y se acopla
    con la primera o el primero que pasa.

    El futuro siempre está ocupado
    lavando sus aguas
    en aguas del Leteo.

    El futuro no tiene sexo, no tiene ideales, no tiene
    partido, es indomeñable:
    “cómo de entre mis manos te deslizas”
    le dices tú, le decís vos
    tristemente, viendo viejas maquinarias deshechas,
    coches destruidos, máquinas de coser sin paraguas,
    tristes murciélagos mecánicos
    abandonados junto a las autopistas del (futuro).

    El futuro es donde la falda acortinada de esta berlinesa
    se encuentra con la cumbia
    tocada en esa pizzería chilena.

    El futuro es (dicen) el futuro del país.
    El futuro (dicen que) es nuestro.
    El futuro (mentan que) se presenta florido.
    El futuro es de los que futurean.
    El futuro es.

    El futuro.

    (de Chatarra/ Campos, Siesta, Estocolmo, 1978)



    Tango del olfato

    Cada vez que respiro
    el olor de los barrios de esta ciudá
    mi alma o lo que va quedando de ella
    afirma mi porfiada pertenencia
    a un tiempo, a un espacio y a una gente.

    Las madreselvas,
    los aromos,
    los jazmines
    y el jacarandá.

    No es una bandera o un himno lo que vibra en el aire,
    no es un escudo lo que dirige al corazón:
    son eucaliptos temblando en los parques.

    La providencia con su enredo de hilos
    fundó los goles de las victorias,
    desparramó dialectos de Italia por tu español,
    puso tus veredas a la miseria,
    prohijó estas nostalgias
    y también este instante.

    Montevideo se abre al ancho río como mar.

    En invierno un tango la estrangula.

    Mas las muchachas
    se ríen y huelen al viento de primavera, coquetas,
    y los muchachos las olfatean de costado
    y el trópico visita tus arenas.

    No son una divisa, ni un nombre, ni un color,
    sino ciertos aromas y vistas y sonidos los que
    afirman mi porfiada pertenencia
    a una gente, a un espacio y a un tiempo.


    Tango para una poeta oriental

    El tango embalsamado que aquí yace
    erótico se puso, nos pusimos
    a leer tus cuchillos alineados.
    Bailamos sin cesar. Tu pecho terso
    no tenía versos: tenía cardenales
    dejados por mis dientes y mis labios.
    En la penumbra susurró Magaldi.
    Sola y sola y hundida
    en memorias de otros locos placeres,
    masoca y siempre mala,
    machihembrada a la otra,
    la poeta.
    De mármol o de hueso tu silueta
    como finada ya, callaste sola
    en tu sillón, anciana o niña,
    y fundida en el tiempo,
    adherida al poema que aún nos guía
    -tu berretín tan mudo como enigma-,
    en la penumbra vaga te borraste.

    (de Montevideo cruel (tangos), 2003)



    Muchacha de Málaga

    No es otra esta sino la chica prístina
    que tendida en las leves arenas de Málaga
    ocupa casi entera la península.

    Allí está, como bello juguete mecánico
    junto a las restallantes aguas del piélago
    posando como un icono.

    Sus ojos: dos indianos ídolos
    que nada tienen de mirar hierático.

    Sus sentimientos son a veces nítidos;
    casi nunca traslúcidos.
    Por eso dejan esperanza sólida
    cada vez que la veo y el monólogo
    merecerla debiese para un día ser diálogo
    y deseo magnífico.

    Siempre he admirado a esta muchacha sólida
    de manos grandes y rubóricas
    que un día quisiera que llegasen beatíficas
    para brindarse impávidas
    como dos pavorreales que se abriesen benéficos
    y se cerrasen como células ópticas
    despertando al estímulo.

    Con ella se apaga el sol de Málaga
    y las estrellas se vuelven puntos cómicos
    y me llega de pronto un terror cósmico
    que me obliga a dormir.

    Esto todo es, de acuerdo, esdrújulo
    elemento, de a ratos feliz y a veces básico
    ciclo que ha de cursar infante pálido
    pero duro y salvaje como indígena
    que poblar pudiese esta república
    que la chica de Málaga
    a formar va con mítica
    indumentaria, con su alma que lúcida
    es sin duda, porque fulge sin mácula
    en la clara penumbra de mi cuarto poético.


    Casualmente, en la sala del dentista 
    leo las declaraciones que al fin Marlon concedió

    He aquí la entrevista que se negó a conceder.

    Rotundamente se negó. Su argumento:
    “No veo el punto de interés. Todos, como yo, son actores”.

    Dedicado a la vida meditativa, observa en calma las hormigas
    que suben por el fregadero de su casa en Tahiti.

    “Actuamos cuando, por ejemplo, alguien nos interesa
    y volteamos la vista para aparentar lo contrario”.

    Ya ue cualquiera, como su perro
    actúa en consecuencia cuando quiere comer;
    ya que todos, de una manera u otra fingimos;
    ya que todos somos estrellas de algún firmamento
    que se curva únicamente sobre nosotros,
    sobre cada uno y sobre todos nosotros;
    ya que el mundo es un escenario y un set de filmación,
    no, más bien cada segundo de la historia es una escenografía,
    cada lugar del universo es un estudio de cine,
    ya que un espot nos cubre en cada acción que emprendemos,
    cada vez que elevamos la taza de café,
    cada vez que prometemos amor a nuestro amor,
    cada vez que juramos un odio irreconciliable
    a nuestros enemigos, cada vez,
    ya que cada uno, cada vez,
    en cada instante, a cada sílaba, en todo momento,
    ya que cada uno de los elementos del universo
    (sin olvidar los planetas los asteroide los agujeros negros
    las enanas blancas las células los átomos)
    es un actor en acto actuando,
    ¿para qué una entrevista?

    Él medita. Sabe que los millones
    de dólares que se negó a ganar
    podrían haberse invertido en su más grande sueño:
    una película sobre la masacre que los blancos de América
    cometieron contra los indígenas de América.

    En la entrevista (que él se negaba a conceder)
    él mismo, gordo, calvo, blanco, se reclina en su silla de jardín.
    Mueve la boca, que es el instrumento de un actor muy famoso.

    Sus ojos giran en este aire de verano, miran hacia adentro.

    ¿Decepcionado de los productores?
    Jamás le interesó el cinematógrafo.
    En una escena de El Padrino, reconoce, incluso,
    que se equivocó en todo. La crítica encuentra en esa parte
    el mejor momento de su carrera.
    Dice: “La vaca que tajan de un machetazo
    en una escena de Apocalypse now valía más que toda
    la historia del cine americano. “Yo soy, en realidad, esa vaca”.
    Nadie lo ha entendido. “Como nadie entendió
    que fue mío el deseo de que María Schneider
    metiera en mí sus dedos untados en mantequilla.
    ¿Entiende usted que todo fue un gran malentendido?”

    Sopla una leve brisa de atardecer.

    Las sombras no han caído, pero ya van a caer.

    La entrevista que nunca concedió,
    que jamás concederá, que ningún hábil periodista conseguirá jamás,
    está por concluir.

    Y agrega, sarcástico:
    “En realidad mi sueño más preciado, la película
    de la que le hablé, sobre la masacre, ésa
    ya se filmó (estoy en paz): si no me cree,
    léalo en las crónicas, allí están registrados absolutamente
    todos los nombres de los actores”.

    “Claro, también quisiera ser el inventor de una milagrosa terapia”.

    “No es nada fácil”.

    “Pero ¿a quién conforma lo fácil? Mire,
    mis matrimonios fueron felices mientras eran difíciles,
    una sarta de puteríos agresiones alegrías maldiciones y milagros.
    Cuando se volvieron panza entraron en declinación y el odio
    -como el vapor se hace agua sustituyó
    al amor”.

    “Otra solución posible es, claro, olvidarse del amor,
    de la fraternidad universal y de todas las pamplinas
    que todas las religiones (malentendidas) enseñan”.

    “Claro que hacerse budista como G, quizá sea el gran salto.
    O cristiano, como E.C. y T.S.E.
    Católico ferviente como José. Allí habría un camino.
    Pero ¿quién sabe? ¿Bajar de peso? Andar todo el día en movimiento,
    comer pescado y legumbres hasta hartarse”.

    “Es mejor que se olvide de todo esto.
    Sobre todo lo último, no lo publique nunca.
    Es claro, digo nunca, ¿y qué sentido tiene?
    Porque yo ya lo he dicho:
    no soy actor, no soy artista, no soy futbolista ni boxeador,
    no soy cantante de moda, no soy escultor ni diplomático,
    no soy político ni soy etc.
    Tampoco digo nunca, tampoco diré nunca. Bien”.

    “Vea usted, por un lado,
    yo sé que la locura es un estado congénito del hombre
    Recuerde las palabras del sacerdote: Dios nos ama con locura,
    lo que significa ni más ni menos: los hombres han perdido a Dios
    que es lo mismo que creerse, de manera soberbia, ser capaces
    de estar locos como Él. Ahora bien,
    por otro lado, Dios no es par mí ni más ni menos
    que la más primigenia y la más refinada de las invenciones”.

    “Yo he sido, en suma, el más grande de los actores de sí mismo,
    no mientras actuaba, sino mientras me veía en la sala de proyección
    luego de las primeras tomas hechas dentro de mi templo
    en aquella selva maldita: la masa gorda de mi cuerpo oculto
    en la penumbra, las gotas de agua rodando por mi calva,
    la mirada perdida y el gesto casi humano de mis labios fruncidos
    y fláccidos que pronunciaban unas pocas palabras: todo eso no era yo,
    era algo extraño a mí, era un dios lejano enfrentado a los más ínfimos temblores
    del Apocalipsis de la selva implacable”.

    Unas nubes metálicas, estivales, amenazan
    o no amenazan lluvia.

    La tarde de verano hormiguea en la clorofila
    y los abejorros nos despiertan del ensueño.

    “Hay, no obstante mi palabrería y mis atajos,
    un par de cosas que me gustaría hacer:
    una, estar abandonado en la selva,
    ver la luz transgrediendo las láminas del agua,
    tocar con los dedos de mis pies las arañas,
    rozar las lianas con mis párpados, olerlas,
    oír el mar de insectos que vibra en las noches absolutas,
    perderme para siempre en ese espacio sin fin”.

    “Otro deseo mío que siempre acaricié
    aunque nunca con la suficiente fruición
    es caminar desnudo por la Puna de Atacama
    (eso está en la América del Sur, como usted ya sabrá),
    leer en la piedra y la arena y el metal
    el indescifrable mensaje allí impreso”.

    “Hay un tercer deseo que creo, está más cerca:
    escribir un poema metafísico
    en base a materiales que son fragmentos de memoria
    de prodigios de trazos en el agua gestos olvidados cópulas
    cortas caminatas de sueños incompletos de una
    arquitectura desalmada que habité de unas hormigas que suben
    lenta pero decididamente por el fregadero de mi casa.



    Después

    (Choroní, Venezuela, 2007)

    Después de todas las palabras
    que llegan en ondas arenosas,
    en fricción de olas ásperas
    trituradas por el mar de febrero;
    después de todas las gritadas
    en los callejones o senderos
    o avenidas manchadas de consignas
    o malecones rengos;
    de las garabateadas y fumadas
    en papel arrugado de envoltorio;
    después, después, después
    llegarán más, escritas, electrónicas
    memorizadas
    en el disco duro del corazón: después
    de todo el bullshit, todo el resto
    de naufragio, después
    de la resaca de los días, después
    del viento, el aguacero, después
    de la pasión reseca;

    después llega la vida,
    corrección:
    el arcoiris de la lagartija,
    el alcatraz con su rasante vuelo,
    la rueda de dorado,
    la sandía madura,
    el corazón alegre,
    el sol reinando al centro,
    las muchachas salvajes,
    un niño en su misterio,
    la esperanza,
    el mundo que quisimos:
    lo posible.

    (de UN RÍO DE PÁJAROS, 2ª edición corregida y aumentada, 2010)



    Historia de Pat Garret y Billy the Kid según 
    Marcial Lafuente Estefanía

    Pat Garret y Billy the Kid eran dos malandrines del lejano Este uruguayo,
    más exactamente, de Valizas.
    Juntos robaron bancos, violaron y mataron a gusto
    -aunque Billy no necesitaba el dinero, ya veremos por qué
    por toda la comarca.

    Muchos años después
    Garret llegó a un  pueblo de mala muerte y se enfrentó a Billy.
    Matearon.
                     Pat dijo: “Billy, hemos sido compinches.
    Ahora ya no lo somos. Para la ley trabajo.
    Si antes era malandro y parte de tu banda,
    ahora soy madero y creo que si te agarro
    a culo descubierto, ¡yo te tumbo, chaval!
    Hay una recompesa seria por tu cabeza.
    Acéptalo: los tiempos han cambiado”.

    Billy tenía éxito con las rubias
    cuando hacía relucir las hileras perfectas
    de sus dientes blanquísimos como perlas
    o mostraba la hilera perfecta de sus dientes blanquísimos.
    Por esto, hasta los rochenses decían que era bello.

    Billy dió vuelta el mate, chupó con ruido el último,
    se paró, sonrió y le dijo a Pat:
    “Los tiempos podrán haber cambiado
    pero yo no he cambiado. Pat, vamos,
    ¡recuerda viejos tiempos, chico!,
    una morena bajo cada brazo,
    como aquella primavera en Progreso, ¿eh?”.

    Al final de esta historia Pat liquida a Billy
    y el status quo  vence, y el mundo
    se equilibra otra vez, y otros Billy
    the Kid y Pat Garret forman bandas
    de crueles forajidos que deambulan
    por el Lejano Este uruguasho y otros sitios del planeta.



    Apocalipsis en Malmö

    Soñé con una lluvia
    implacable y tenaz:
    dolía sobre el rostro,
    cortaba el pasto al ras.

    Y soñé con un viento
    ardiente como sal,
    que barría la vida
    y la hundía en el mar.

    Después soñé con tierra,
    polvareda voraz
    que azoraba los cuerpos
    con látigo total.

    Al final vino el fuego
    con su lenga letal;
    dejó solo el planeta
    rotando en el azar.


    X FILE

    (bolero)

    parquearemos el cuerpo
    en sideral espacio
    y Mulder & Scully
    nos buscarán perplejos
    y su amor será siempre
    incorpóreo aunque no
    digital ni electrónico

    nacer no es digital
    amar no es digital

    parquearemos los cuerpos
    en órbitas vecinas
    y ya no morirá
    nuestro querido amor
    todo nuestro futuro
    nuestros hijos comunes
    y nuestros bellos viajes

    morir no es digital
    pero escribir todo esto
    leer no es digital?

    tu cuerpo junto al mío
    y tu mano en mi mano
    en el silencio cósmico
    por los anchos espacios
    seremos como dioses
    en el puro silencio
    en el silencio puro
    de tan sólo existir


    Después

    Después de todas las palabras
    que llegan en ondas arenosas,
    en fricción de olas ásperas
    trituradas por el mar de febrero;
    después de todas las gritadas
    en los callejones o senderos
    o avenidas manchadas de consignas
    o malecones rengos;
    de las garabateadas y fumadas
    en papel arrugado de envoltorio;
    después, después, después
    llegarán más, escritas, electrónicas
    memorizadas
    en el disco duro del corazón: después
    de todo el bullshit, todo el resto
    de naufragio, después
    de la resaca de los días, después
    del viento, el aguacero, después
    de la pasión reseca;

    después llega la vida,
    corrección:
    el arcoiris de la lagartija,
    el alcatraz con su rasante vuelo,
    la rueda de dorado,
    la sandía madura,
    el corazón alegre,
    el sol reinando al centro,
    las muchachas salvajes,
    un niño en su misterio,
    la esperanza,
    el mundo que quisimos:
    lo posible.

    (Choroní, Venezuela, 2007)



    Tango del Apocaliptus Oriental

                        Para los lobos de Cabo Polonio

    I                                                                                                              

    Como a hermana bastarda te prestaré mi odio
    y entraremos a saco en la negra ciudad;
    patearemos las ratas y encenderemos fuegos
    en todas las esquinas.
                                      
                                         Iremos esposados.

    Detenida de mí. Cuerpo mismo del crimen.
    Escena del delito. Ramera idolatrada.

    A tu disposición.

    Unidos para siempre, por siempre y como siempre.

    Para que no te alejes de mi vera,
    darling, tesoro, beib, mami, rubia
    de Niu Shor.

    Correrá el Miguelete con todos sus cadáveres
    y de esa agua viscosa se engomará algún ángel
    ahogado por el plástico, envenenado en miasmas,
    negro como azabache, repicando en la mierda,
    chas-chas al tamboril.

    Reina de Nuevo París: esposados iremos.

    Pasando el Pantanoso, como pa’  la Tablada,
    por ashá, atrás del Cerro, más bien por Pajas Blancas,
    allá suben fogatas que franelean las nubes
    y cubren de hollín puro todo Pocitos Nuevo.
    Son los recicladores empastados de restos,
    en la mente los cascos delgados de un caballo
    que algunos se comieron p´al casorio e´ la Juana.

    Las gasas de hospital y la infección y el cáncer
    tapizan las aceras de Carrasco y Malvín.

    “¡Qué cuadro, compañero!”, Negro Wilson uil sei.

    Una guiñada al Cielo mentando el Manifiesto.


    II

    Te miraré de frente al cruzar el semáforo
    de camino Corrales. Y tus ojos zancudos
    se irán por algún techo, levitando en la brisa,
    repitiendo en la tripa tu mente alucinada.

    Y de los basurales se escuchará un embrujo,
    un poste o eco lúgubre, como un grupo de esparto
    o bien coro aterrado de agudos querubines
    tragados por las grietas, resbalando en la pátina,
    pegados en la grasa, aullando por el humo
    acre de los suburbios.

    Con un crujido de John Cage.

    ¿Te abrirás al paisaje?

    El arrabal amargo
    irá aprendiendo cosas.

    La ausencia de veredas hará el paso liviano.

    Nuestra facha será negroide o no será.

    Y la mesa de truco, y  los gauchos y chinas
    persignándose atónitos nos cederán el paso
    por hoteles de mala muerte del Interior, pulgosos,
    con hojas raídas de la Declaración de la Habana en sus piezas
    y los piones caerán enredados en bombacha o bombacho rural paquistaní
    y sombrero portugo de ala ancha.

    Se despertará el áspero Chiripá de Acá,
    El Culero Oriental, meid in Taiguán.

    ¿Te haré los calzones de lana pero te los terminaré de cuero?
    ¿O venderé productos de entreport, látex, uñas, diademas, pasamontañas?
    ¿Sangre de vaca en polvo?

    Brillará el diente de oro en la noche de ciénaga.

    Olímpicos bailaremos “El Pericón Nacional”
    y comeremos mejillones provenzal
    mirando un cielo de Mar de Bering, saboreando
    guampa molida afrodisíaca,
    sentados en bellas alforjas marroquíes del París del Sha,
    en el Hotel Argentino de Piriápolis, ¡qué no ni no!
    Rodeados de travestis, de melómanos, de yanquis, de
    cabezas bien rapadas.

    “Somos versátiles”, dirán.
    “Más te vale, rapaz”, bramaremos
    por las avenidas del Parque de los Aliados,
    cubierto por las sombras de negros bujarrones
    aliados del Imperio Genocida Occidental.

    Defensor de menores, juzgado de otro turno,
    legajos y vaginas, crótalos y azoteas
    hacen la muerte un paso.
    Todo terminará en una pelea a botellazos, as iusual.
    Como un pastoso Peñarol que se embarra,
    se empantana, se retrotrae, avanza reculando
    y ataca defendiendo, vuelve loco al contrario,
    lo calienta, lo alaba, lo deja llegar y
    sobre la hora, gana.

    Tendré que sacarte por la trastienda, drogada y borracha.
    Dormiremos en una amueblada de mala muerte,
    con yacuzi, cama redonda de agua y olor a lavandina.


    III

    Como te digo una cosa
    te digo la otra.
                       Ahora, pará la oreja:

    Soñarás con Verlaine y con la Pompa Yira.
    Y un traveco morado zurcido en terciopelo.
    Bello como una estampa de Changó.
    (Palidez de vampiro en tierna juventud).
    Cándido como un adolescente de Padua.

    Como la Virgen de Guadalupe, protectora nuestra.

    Y láminas de goma acariciando el heno.
    Y un repique que llega agitando estandartes.
    Y los gritos de fútbol que vienen por las calles.
    Y los fuegos artificiales del gol.
    Y la sordera del que
    grita en el colmado Centenario.

    Mentime que me gusta.

    Levantaremos el Monumento a la Vaca, esa heroína única,
    Animal Nacional Orgánico (ANO),
    único amor de mis amores,
    dama galante, meditativo agente,
    dechado de humildad, paciencia soberana,
    desjarretada siempre, siempre de ojos en blanco,
    sacrificada al fin, le da el rojo a la Patria,
    que cantó Zitarrosa, el delicado y triste
    trovador oriental.

    Junto a la Oveja térmica y estática, indigesta,
    Madre del Cordero sagrado, no del Año Nuevo,
    sino del Fin del Año.

    ¡Tánta vaca y oveja vendimos a las Guerras!
    Morfaba Johnny cornebif uruguayo en Guadalcanal,
    y tal vez también Jimmy come hoy asado en Kandahar.

    Restauraremos la Melodía Nacional.
    A cuerpeada limpia, a taco y punta, a rompe y raja,
    a montonera y entrevero,
    a pollerazo limpio y a taquito alfiler.

    Y viviremos gracias al Ritmo Nacional.

    Y moriremos a la sombra de la Tumba Nacional.

    Bailando la cumbia nacional nacional.

    Aunque la gloria sea con Peñarol Peñarol.

    Sin chistar.

    Zapatearemos sobre el Capital.

    Alquilaremos un auto de ocasión.
    Alguna lata eventual que transporte.
    Un robot que haga lo que ordenemos
    y agregue algo de banda ancha oriental.

    Y enfilaremos por la Rambla, una y otra vez.
    Los Accesos-Carrasco, Carrasco-Los Accesos.
    75 km p/h.

    Esto te gusta, ¿eh?
    Le llaman la Paja Húngara:
    se hiende sin anexos
    por el vector que va cediendo
    y por la tramontina que ocasiona
    dentro mas dependiendo de la carcasa.

    Pero, el cosquilleo es el paso final,
    como decía el Gordo
    en tanto la agarraba.

    Sacarás tu pelo rojo por la escotilla
    y gritarás como alelada y veré
    una vez más las pecas de tu cuello,
    oleré tu perfume de puta universal,
    santa mía bendita, ardiente meretriz de mis noches charrúas,
    ignorando a los curiosos de peluca
    aunque repiquen con sus bastones por las veredas
    regadas de tu ropa interior sin estrenar.

    Mientras tanto devoraremos viandas locales,
    jugosas y sangrientas como muslos de adonis
    -húngaras, chimichurris, mollejitas, buñuelos, pan
    con chicharrones, torturadores, muzarela, figaza,
    asado ´e tira, corvina a la plancha, pascualina, asesinos, pastel de carne,
    berberechos, almejas, pejerreyes, colchón de arvejas, violadores,
    vino con gaseosa, pez espada, buseca, muzarela con orégano,
    milanesa a caballo, mejillones, Patricia, medio y medio, flan con dulce de leche,
    budín de pan, Martín Fierro, pirón, buñuelos, tumba, patria, milicos,
    pastaflora, cobardes, fainá: bajo el hollín eterno del Mercado Etílico.


    IV

    En el verano rumbearemos al mar.
    A ese mar  mentiroso que es un río,
    el río camaleón que nos da nombre,
    el que trae toninas, noctilucas;
    ese río de pájaros con sabor a oceano,
    que igual viene mojando nuestra mejor arena.

    Todo será sencillo y tan charrúa,
    tan chaná masacrado,
    tan guaraní, arachán, tan Frutos genocidas,
    aniquilado por aquel cruel Imperio
    que difundiese la cocina española
    hasta el Río de la Plata, edén muy bravo,
    especialista en platos de la casa:
    Restaurante Juan Díaz de Solís,
    menú del día, menú de medianoche,
    perdidos en la nieve y la ventisca
    años después, y orgullosos
    de ser parte de nuestra especie humana.

    El país natural depredador,
    el tigre en el flotante camalote
    hace un guiño a la pastera Botnia,
    entonces el fulano se distrae
    y un golazo de Edinson Roberto
    Cavani.

    Ah pajas de la hora de la siesta,
    el delicioso río tan ancho como ar
    y las arenas blancas quemando nuestras plantas.
    Ah, el Séptimo Círculo, ah las aventuras
    de encantadores cowboys, de Marcial
    Lafuente Estefanía.
    Ah el clásico más célebre del mundo
    que se llama Memorias de una princesa rusa
    (y que se encuentra gratuitamente online).

    Nos vamos para afuera esta semana.
    (Todo aquello que no es Montevideo
    es para nosotros el afuera).

    Tu serás simplemente mi querida
    novia, mi dulce prometida.
    Yo seré un chico sano, izquierdoso y valiente.
    Nuestro lecho será de sol y playa.
    Siempre, siempre a tu lado. Chic to chic.

    Olvidaremos todos los golpes de estado impunes.

    ¡Olvidaremos la maldita Ley de Caducidad, vergüenza planetaria!

    ¡Arena, arena, arena!
    Nuestra arena es la más esplendorosa:
    del color del cabello de la reina de las rubias taradas: Paris
    Hilton, esta pobre muchacha, que es tan burra que olvida
    que el oro es veneno: recuerden lo que le pasó a la chica
    de Godfinger...

    Merluza a la plancha comeremos,
    empanadas de algas,
    berberechos cogidos en la arena
    y fainá de la orilla en el boliche
    con velas y faroles a mantilla.

    Jim Morrison va a estar rugiendo siempre
    en las radios Espica de los goles.

    Descalzos, naturales, espontáneos.

    Ese rumor de océano, ese ritmo de oleaje
    nos mecerá en el sueño
    dulcísimo del sexo y del canabis.

    ¡Oh el inocente porro inmaculado!

    Ya nunca más aquella falda blanca, “túnica”
    con pajarita azul (la llaman moña:
    al comenzar las clases es azul de bandera
    y en el final del año violeta funeraria)
    que me obligaban a llevar en la escuela
    me harán sentir un bobo reverendo.
    ¡Niños del Uruguay, a quemar moña y túnica!

    Oh la papa o la tumba, oh los asados.
    ¡Oh todos aferrados a la ubre!
    ¡Oh aroma de eucaliptus de Ramón Anador!
    ¡Oh gran cabeceador Alberto Spencer!
    ¡Oh el sagrado Inversor, oh el Capital!
    ¡Ay mi Punta del Este guerrillera!

    Oh sol de Peñarol que se ha extraviado.
    Oh bandera, oh bruma que la cubre.
    (Mama, ganarle al cuadro afrancesado
    que se esconde en la calle 8 de octubre).

    Ganaremos de atrás con gol soñado.

    Por eso nos llamamos los Campeones del Siglo.


    V

    Aunque te arrepientas de todo el horrible
    Industrialismo y las vías férreas inútiles y las hortalizas y esos
    señorones encopetados que en las fotos ésas marrones,
    con trajes arrugados mas ensombrerados,
    como escapados por la escotilla trasera, intactos, iluminados,
    rodeados de zapallos en una chacra de Casupá:
    ahora estamos en la era de Gaga o de Gagá
    chupándole las tetas a George Sand.

    Pero por ahí nomás nuestro elixir se truncará a costurones,
    hélo aquí empercudido por la intemperie,
    acicalado de ébano lujoso -esforzados atletas
    que vienen de triunfar-
    machacado en bengalas por un techo pasmado,
    las cabezas colgando fuera del convertible,
    con más vales de nafta (esos vales castrenses, carajo,
    carne, verdura, arroz de chacras militares
    entregado en la puerta de nuestros oficiales
    por la tropa, esa anaconda muda,
    aquí no hay corrución, señó)
    y el humo de los porros que va hacia el Paccha Cielo.

    No importa, nuestros hijos portarán la antorcha,
    y también la alforja gitana sin duda,
    se frotarán la mota por la noche,
    tomando helados en costaneras antisépticas
    con ventilador incorporado al bies
    y  deslizadores áureos mas vibrátiles.

    Nuestros hijos serán chinos,
    chinos de La Teja o chinos de Bella Unión,
    chinos de mierda,
    de América y del mundo y de la Santa Impunidad,
    engañados por un puñado de dólares,
    por un puñado de carnes, un puñado de pelotas,
    deportistas de corte continental, hinchando, hinchando,
    intelectuales sin tacha, holgados
    en su camisa blonda, en sus babuchas dodecafónicas.

    Leerán Lolita en versión frenopática, filisteos
    a mucha honra y dispuestos a todo
    -shoot the lyon at the zoo-, ofídicos serán,
    atrabiliarios, ¡Diantres!, hélas,
    lo que el galano os demande ¿devotos?
    Oh bien sure
    Monsieur, é tudo bem, a fojas cero
    descompaginarán los tropicalismos descalzos,
    las esclavas de tobillo, las pequeñas gemas
    que a mi amada engalanan, el pircin del malevo
    clavado entre los huevos y el peroné.

    Y además, vos y yo,
    estaremos trabados para siempre.

    ¡Siempre andaré a tu vera!
    Buscaré tu nombre en las placas sin fin
    del Parque Posadas, en vano, ebrio
    y rodeado de guardias armados que
    Me iban a matar, como dijese Chávez.


    VI

    ¿Habrá acaso blasón con más decoro
    que el negro con el oro?

    Hemos de volver al combate, en fija.
    Ay, m’ hija, el combate nos llama,
    siempre y siempre combate,
    siempre fajar la faja y cruzar el facón.

    Caras de los que te beben,
    oh santo, alto licor que te ofrece la Patria,
    ¿combatiremos pues?

    El Muñeco, la Chola, el Pardo, el Hétor,
    la Patitas de Cerdo, el Zambo, el Cabecita Negra, Dienteleche,
    la Tetona, el Chinchulín, la Chola, el Chongo, la Jazmina,
    el Carozo, la Pocha, la Gatuperra, Batoví, el Manguera,
    Catongo, Juana la China, el Querusa, el Pararí, el Chorizo,  Bujarrón,
    el Macaco, la Caldera, el Corvina, el Menchaco, Pomelo, el Calato,
    Frankenstein y el mambo:

    ¡Ellos también existen!

    Hallamos un país desconchinflado
    por lachos blancos y lachos colorados.
    Y ahora la bandera de Otorgués, Señor,
    se ha puesto en su lugar: hemos vencido.

    La sangre vertida por los torturadores de la Matria
    nos mira.

    (Clemencia para los vencidos).

    La Revolución ha empezado: ¡Vívela ya!

    Todo el país charrúa avanza.

    La Celeste es la gloria celestial.

    Socialismo ya.

    Legalais también.


    VII

    ¡Avanza, forajida, ramera mía, mi forra!
    Toda en ropas de noche que son como un vapor.
    Abrazame en las luces rosáceas de la Rambla.
    Parate en las esquinas del barrio del Condón.
    Que la blusa trasluzca tus pezones patente.
    (De ahí el éxito de las jóvenes que lavan autos).
    Besame en las arenas quemadas de Neptunia.
    Llevame a la Coronilla, al Chuy.
    Acelerá a fondo que quiero morir en el Este,
    con un quegüis en mano, besando a una morocha
    junto a la suimin pul.

    Te garanto, en chancletas
    iremos predicando
    que todo, todo, todo se trataba de nada
    y hay que empezar de nuevo por lo tanto:
    bilingües, asociales,
    zurdos, bien achinados,
    descalzos,  retacones, vertebrados al paso,
    en el pecho la brisa y en el alma la calma,
    llevando picemeiquers o datos de Dou Yons,
    memoriosos, anales, sublimes y pendejos,
    sobre rancia llanura raspando nuevo mote,
    cual si le cimentaran el coturno o palenque,
    dándose unos masajes orientales
    de aquellos, figurando en unas páginas arrancadas
    al Contrato Social,
    encontradas en el excusado de una estancia de
    Ibiray (Paraguay),
    -el ADN del excremento no
    identificado hasta el momento-
    como una piara de anormales hablando
    cosas descabaladas,
    una reunión de efebos compartiendo canabis
    y jugando a las madres:
    en doctas compañías se decidió el asunto,
    “Chupando zorra”, dijese Maribel
    -y de todo lo dicho estampo sello y firmo
    encamado en la mejor amueblada del Universo-
    sin religión, sin dogma, sin martirio,
    y por si alguno entre ellos realmente
    le encontrara
    (como lo hiciese el gran Julián
    Assange)
    algún día
    el goyete a la Cosa.


    (inédito en libro, Montevideo, 2001- Malmö, 2014)




    .

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  • 10/05/16--08:16: SHINJIRO KURAHARA [19.207]

  • SHINJIRO KURAHARA

    Nació en la Prefectura Kumamoto, en Japón, en 1899 de una familia noble. Su padre era monje Shinto.

    Estudió francés en la Universidad de Keio. Durante años dibujó fielmente retratos de las cerámicas de los museos de arte.

    A fines de los años '20, comenzó a escribir cuentos breves.

    En sus treintas, se dedicó a la poesía. Su primer libro de poemas lo publicó a los 40 años y nos dejó seis libros de poesía.

    Obtuvo el prestigioso premio literario Yomiuri poco antes de morir, en 1965.

    Ha sido totalmente olvidado en un país con tanta tradición poética como Japón.

      

    UN ZORRO

     En el crepúsculo de invierno en la callada montaña
     un zorro solitario, parecido a un delgado jirón de corteza,
     trepa
     un árbol desnudo, trifurcado.

     Despide un fuerte olor a hierro,
     que semeja bastante al invisible cazador
     que trepa las laderas.
     Él reconoce, también, el sonido de sus pisadas:
     sucio deseo.

     El zorro desciende despacio del árbol,
     y desaparece en las cuatro dimensiones de la desolación,
     donde la zorra color-de-luna lo espera.




    UNA ZORRA

     Cuando cae la nieve
     sobre la espalda de la zorra silvestre,
     ella se convierte en una pálida sombra azul.
     De noche en una tormenta de nieve
     la sombra baja corriendo
     derecho de la montaña,
     dando la vuelta a los cercos de una aldea congelada,
     moviéndose alrededor de los sueños naranja de la gente.
     La sombra azul, antes de que se den cuenta,
     está sentada enfrente de un corral de gallinas.

     Antes del amanecer en febrero,
     en el resplandor de un manto damasco de nieve
     la zorra regresa a las montañas.
     Está preñada.



    UN ZORRO COLOR CREPÚSCULO

     Mientras que el zorro que baja de la montaña
     cruzó un puente de arcilla en una aldea,
     el aire en derredor se tornó color zorro.
     En el crepúsculo de la luminiscencia
     el zorro adquirió un color crepúsculo.
     Las cañas susurraban.
     El viento sopló desde la aldea.
     El zorro se convirtió en una delgada tira de sombra,
     visible o invisible,
     corriendo hacia la aldea.
     De esta manera
     el zorro otra vez atacó a una gallina blanca.


    UNA PISADA

     Hace mucho
     un zorro corrió a lo largo de la orilla arcillosa de un río.
     Luego de un ínterin de diez mil años
     una pisada
     vuelta fósil
     permanece.
     Mírala y verás lo que estaba pensando el zorro mientras
    corría.

    (Un poema dictado por Shinjiro Kurahara en los últimos
    tiempos de su enfermedad.)

    FUENTE

    Modern Poetry in Translation. Third Series, Number Eleven. Frontiers. London, 2009. Las versiones en inglés son de William Elliott y Katsumasa Nishihara.
    http://inutilesmisterios.blogspot.com.es/



    EL ZORRO

    El zorro sabe
    que no hay nadie
    sino únicamente él en la asoleada
    tierra seca
    por eso
    es una parte y un todo
    de ese campo
    sabe
    que llega a ser viento
    como yerba seca
    y hasta en un rayo de luz puede
    convertirse
    como si fuera y no fuera
    en la tierra seca color zorro
    una existencia de sombra
    Sabe
    correr como el viento
    más rápido que la luz
    Por eso
    piensa que
    es invisible
    para todos
    algo incorpóreo
    mientras piensa
    se desplaza
    y solo
    el pensamiento corre
    Inadvertidamente
    en pleno día
    la luna
    se dejaba ver
    sobre la tierra seca

    Traducción: Yoriko Toda/Pérez So


    A VIXEN

    When snow falls
    on the back of a wild fox,
    it becomes a pale blue shadow.
    At night in a blizzard
    the shadow comes running straight down
    from the mountain,
    circling the fences in a frozen village,
    moving around the orange dreams of the people.
    The blue shadow, before they know it,
    sits in front of a chicken coop.

    Before dawn in February,
    in the gleam of a damask mantle of snow
    the vixen returns to the mountain.
    It is pregnant.


    めぎつね

    野狐の背中に
    雪がふると
    狐は青いかげになるのだ
    吹雪の夜を
    山から一直線に
    走ってくる その影
    凍る村々の垣根をめぐり
    みかん色した人々の夢のまわりを廻って
    青いかげは いつの間にか
    鶏小屋の前に座っている

    二月の夜あけ前
    とき色にひかる雪あかりの中を
    山に帰ってゆく雌狐
    狐は みごもっている



    A FOX

    A fox knows,
    on this sunny desloate field,
    that it is all alone.
    Therefore, it also knows:
    it is a part of the field
    and the whole of it as well;
    it could be wind or withered grass,
    and then a beam of light
    on this fox-colored desolate field;
    it is a shadowy existence, as if all or nothing.
    It knows it runs like the wind
    and that it runs faster than light.
    So it believes
    it is no longer seeable.
    The invisible is running while thinking.
    Only the thought is running. Before it knows it,
    the daytime moon rises above the desolate field.



    きつね

    狐は知っている
    この日当たりのいい枯野に
    自分が一人しかいないのを
    それ故に自分が野原の一部分であり
    全体であるのを
    風になることも 枯草になることも
    そうしてひとすじの光にさえなることも
    狐いろした枯野の中で
    まるで あるかないかの
    影のような存在であることも知っている
    まるで風のように走ることも 光よりも早く走ることもしっている
    それ故に じぶんの姿は誰れにも見えないのだと思っている
    見えないものが 考えながら走っている
    考えだけが走っている
    いつのまにか枯野に昼の月が出ていた


    CHAR

    --two char painted on a celadon bowl of the Sung dynasty--

    Some bright daylight in May,
    time is so heavy,
    I just glance at a celadon bowl.
    In the sky-colored bottom
    two char move in and out.

    When the water is waved by the passing wind,
    the backs of the char gently shine salmon-pink
    and a cloud in the Sung dynasty crosses on the bottom.

    Trailing the shadow of a long time,
    the char sleep down in the abyss of melancholy,
    wake up at times and splash,
    and then before I know it swim in the azure sky.


    岩魚

    ――宋青磁浮紋双魚鉢―― 

    五月のあかるい昼さがり
    あまりに生の時間が重いので
    私はひとり青磁の鉢を見ている
    空いろの底に
    二匹の岩魚が見えたりかくれたり

    すぎる風に水がゆれると
    岩魚の背もかすかに紅いろに光る
    また 水底をよぎる遠い宋時代の雲

    ながい時間のかげりをひいて
    憂いの淵に岩魚は ねむり
    時に目を醒まして はねると
    いつのまにか蒼天をおよいでいる



    SALMON

    Some slices of a salmon
    on the white dish.

    At nine a.m. in the water of the north country
    on which the blue sun threw its rays
    the cornered salmon died with its last shriek,
    like a rat’s,
    while all its scales turned rainbow.

    Every morning
    at nine
    the ghost of that salmon
    comes and goes in the sea of the white dish.




    白い皿の上の
    鮭の切身

    午前九時の青い太陽の
    投影する北国の水の中
    おいつめられたあいつが
    きゅうといって息たえた時
    あいつの鱗は全部虹色に光った

    午前九時になると
    いつでも  あいつの亡霊が
    白い皿の海を
    いったりきたりする



    A WATERMELON FIELD

    Until yesterday watermelons aplenty were left lying
    here and there in the field.
    But today
    there are none.
    Someone unknown has taken them away.

    There are only the field and the sky.
    A white cloud, coming and going,
    is looking for watermelons.

    A young girl comes along,
    oblivious of watermelons, etc.
    Her full hips swaying,
    her face flushed,
    she walks briskly into the unknown.

    Soon she disappears.
    The field and the sky alone remain.



    西瓜畑

    昨日まで
    ごろごろころがっていた 西瓜畑に
    今日は
    何にもない
    未知の人に盗まれたのだ

    原っぱと空ばかりがあった
    白い雲が往ったり来たりして
    西瓜を探している

    一人の若い女がやってきた
    女は西瓜のことなど知りはしない
    充実した腰をふりながら
    のぼせた顔をして
    すたすたと 未知の世界へ行った

    やがて女も消えた
    原っぱがあって その上に空があった


    ON THE SHORE

    The winter sun was at its zenith.
    His head poking above dry grass on a riverbank,
    an old man of eighty-nine was fishing.
    Holding a pole,
    talking over old times with winter fish
    swimming under reflected scatterd clouds,
    he died.
    The glittering
    sun was lowering.
    A cabbage butterfly tottered
    toward the other bank.

    Fish were calling the old man.
    A small red cork
    bobbing up and down,
    made faint ripples.


    岸辺

    冬の日がかんかん照っていた
    川岸の枯草の中から首だけ出して
    八十九歳の老人が釣をしていた
    釣竿をもったまま
    水に映るちぎれ雲の間をおよぐ
    冬の魚たちと昔話をしながら
    老人は死んでいた
    ちかちかと
    日はかたむいていた
    一匹の紋白蝶が
    よたよたと向う岸に渡っていった

    魚たちが老人を呼んでいた
    赤い小さなうきが
    かすかな波紋をおこして
    沈んだり浮いたりしている


    THE ABSENT MAN

    On a hill at the base of a mountain
    stood an old temple dedicated to Kannon.
    I paid a visit to a monk living there.
    I had been there several times
    meaning to drink newly picked tea with him.
    As always he was absent today, too.

    The three side doors of the temple were open.
    Over the hearth, without fire,
    a dusty pot was hanging.
    A single
    blue-and-white teacup . . .
    A blue blew in
    and alighted on its rim.

    High over the open temple,
    the peak of a thunderhead, rare and radiant . . .



    不在の人

    山すその丘に
    古い観音堂がたっている
    そこに住む僧を訪ねた
    新茶をいっしょに飲もうと
    何度か来たのだが
    やっぱり 今日も不在だ

    堂は三方あけっぱなし
    火のない炉にほこりだらけの鍋がかかっている
    ぽつんと一つ
    染付の湯呑があった
    風とともにシジミ蝶が飛んできて
    湯呑のふちに来てとまった

    堂のむこうに
    めずらしく積乱雲の峰がまぶしい



    YESTERDAY’S IMAGES

    A praying mantis on the edge of unconsciousness
    raising its axes above the horizon,
    gazes at the running clouds,
    clings to the tip of a dry grass blade
    and sways with it.

    On its glassy blue eyes are reflected
    the horizon in the afterglow,
    speckles of a blue,
    and thistles trembling in the distance.
    Those are yesterday as it was.



    昨日の映像

    意識を失いかけたカマキリは
    斧を地平線の上に ふりあげたまま
    走る雲を ながめたまま
    枯草のてっぺんにしがみついたまま
    枯草がゆれるとカマキリもゆれる

    その青ガラスの瞳に映っているのは
    残照にかがやく地平線
    小さなシジミ蝶の小さな斑紋
    遠くでゆれているアザミの花
    それらはすべて昨日の映像のままだ


    A CROW

    In a vast expanse of field
    a crow with the sun on its back
    flying vigorously
    suddenly died.
    It fell straight down from the high sky.
    And at the same time
    its huge shadow
    dashed into its dead body
    at lightning speed
    from the horizon of the crimson field.
    Having cast a great shadow on this earth
    the crow’s heart quit.



    広漠たる原野
    背に夕陽をうけて 軽快に
    飛んでいた 鴉が
    突然 死んだ
    鴉は高い空から垂直に落下した
    と同時に
    あかねいろにそまった野の地平線から
    彼の大きな影が
    目にもとまらぬ速さで
    じぶんの死骸にかけこんできた
    この地球に偉大な影を落としていた鴉は
    心臓マヒだった



    A SECRET CODE

    What is that coming through
    the wrong end of time?
    A secret code from the future.
    But it is not from human beings
    or from a non-existent God.

    Under the abstract sky,
    where the distant desert is gradually dyring out,
    the last butterfly
    is sending it, clinging
    to the single remaining grass blade on earth.



    暗号

    あの 時間を逆につたわってくるものは何だろう
    未来からの暗号
    あれは しかし 人間のそれではない
    もちろん ありもしない神なんかでもない

    あそこの砂漠の
    だんだん乾燥してゆく 抽象的な空の下で
    地上にのこされたたった一本の草にすがって
    最後の蝶が発信しているのだ



    A FOOTPRINT

    Long ago
    a fox ran along a clay river bank.
    After an interim
    of tens of thousands of years
    a footprint turned fossil remains.
    Looking at it, you'll see
    what the fox was thinking while running.



    足跡

    ずっと昔のこと
    一匹の狐が河岸の粘土層を走っていった
    それから
    何万年かたったあとに
    その粘土層が化石となって足跡が残った
    その足跡を見ると むかし狐が何を考えて走っていったのかがわかる

    Translation: 2010, Mariko Kurahara, William I. Elliott, Katsumasa Nishihara








    .

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    ELSA BATISTA PIMENTEL

    Elsa Batista Pimentel, nació en San José de Ocoa, República Dominicana. Se graduó en Passaic County Community College y la Universidad de Kaplan. 

    Batista Pimentel ha publicado los libros Puerto del Deseo (2004), Cenizas de Ausencias (2007), Lasitud del Vuelo (2011) y Siempre odié los gatos (2014). 

    Su trabajo fue incluido en las antologías Noche de Vinos y Rosas,  Nostalgias de Arenas, y A viva Bosh, Cien poetas cantan a Juan Bosh.  Uno de sus poemas fue hecho canción y se incluye en el CD Del poema a la canción  producida por el Centro para el Desarrollo de la Mujer Dominicana en NY. 

    Elsa Batista es la actual directora de La Casa de la Cultura Dominicana de New Jersey y es también directora ejecutiva de la revista Rumbo Dominicano.



    Cada noche muere un pájaro

    Cada noche muere un pájaro en mis ojos
    en la desolación cansada de mis sábanas
    cada pájaro es un relicario
    donde se guardan celosamente los tormentos
    esperando el segundo determinante y preciso
    Cada noche es pájaro muerto
    mi almohada,
    víctima de mi verdad, vieja y recién descubierta
    albores falsos
    de tantos despertares imprecisos.
    Las alas de la frialdad envuelven mi pesadumbre
    sembrando pájaros muertos en mis parpados
    para multiplicarse luego
    en la realidad de las cenizas
    Desfile de cadáveres penígeros
    dejan su estela acuosa
    en cada intersticio de la nocturnidad
    cada noche hay un pájaro menos en la risa
    una sonrisa que se ausenta de la ventana
    donde hecha polvo el alma nigromante
    no es mentira de lo eterno.



    Each Night a Bird Dies

    Each night a bird dies in my eyes
    in the tired desolation of my sheets
    Each bird is a reliquary
    where are jealously kept the torments
    waiting for the critical and precise second
    Each night my pillow is dead bird
    victim of my old and recently uncovered truth
    false dawns
    of so many inaccurate awakenings
    Wings of the coldness, wrap my sorrow
    planting dead birds in my eyelids
    to multiply then
    in the realty of the ashes
    Parade of winged corpses
    leaves its watery trail
    in each gap of the nocturnality
    Each night there is a less bird in the laugh
    An smile is missing in the window
    where done dust, the necromantic soul
    it is not lie of the eternal.




    Puedo soñar

    Puedo soñar, amor, que no estás lejos,
    que se ahogan en mis manos las distancias,
    que en mi pecho encuentras tu refugio,
    que tus besos hacen nido en mi mirada

    Puedo soñar, amor, que no es el viento
    el que canta su canción en mi ventana
    que es tu voz la que rompe mis silencios,
    que es por mí que despiertan tus palabras

    Puedo soñar, amor, que yo soy río
    que en mí ahogas tus horas de ternura
    que en un segundo naufrago yo en tu vida,
    que tu tiempo y mi tiempo se conjugan

    Puedo soñar, amor, que hasta ti llego,
    que soy leve transparente mariposa
    que emancipada retozo por tus prados,
    que ahogo mi néctar en tu boca.

    en Puerto del deseo (Mente Editorial, Santo Domingo, República Dominicana, 2004).






    .


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  • 10/05/16--15:47: ALOK SARKAR [19.209]

  • ALOK SARKAR

    Poeta bengalí famoso de la generación-50 (Nació en 1933). 
    Alok Sarkar, considerado como "el poeta de lo sagrado" en la generación de los años cincuenta.


    La advertencia de cada momento

    No es buena la inquietud. Pero permite
    cambiar del negro al blanco.
    A veces siento su atracción, pienso entonces en coger
    este poder sin conciencia. De repente, sé que podría hacer volar
    el árbol del ficus como un pájaro. Sin embargo,
    dudo de la inquietud en lo cotidiano. Por eso siempre salgo
    con la ropa elegante que uso normalmente, nunca con la otra.

    Me canso cuando veo al ficus como una sintaxis de hojas
    picadas por los insectos y eso que miro este árbol
    muy pocas veces. Una tarde vi dos barcas al abrir la ventana
    y tres pájaros desvelados sobre las ramas del roble de India. 
    Estas imágenes se van quedando en la memoria.
    Pero nunca es buena la claridad. La inquietud es una emoción aún más abrupta de la que nace la enfermedad de la retórica y de la incoherencia.

    A lo largo del día pienso en las dos barcas infinitas y los tres
    pájaros sobre las ramas del roble de India.
    Creo que estas imágenes descansan profundamente detrás del ficus.
    Sigo despierto, siempre con los ojos solitarios, vestido con la ropa elegante.
    Es necesaria la conciencia viva, la advertencia de cada momento.
    Pienso en el patio sucio, en el grito del aire, dónde está la llave,
    la conciencia aguda queda despierta, sola, es vasta la luz total.

    Alok Sarkar, incluido en La pared de agua. Antología de poesía bengalí contemporánea  (Olifante Ediciones de poesía, Zaragoza, 2011, ed. y trad. de Subhro Bandopadhyay   y Susana Agustín para este poema, adaptación de Violeta Medina).



    Selected Poems of Alok Sarkar

    Deathvictor [মৃত্যুঞ্জয়] 

    Its absense becomes the visual
    becomes action and reaction.
    Retiring summer afternoon
    reluctantly trickles from one history 
    to another. This sluggishness
    this change of state and transformation
    will be brought to the table. The completion
    of what's completed will be up for talk.
    All of existence is death-rigged.
    Completion remains untouched by it. Midday of June
    proves the scorched landscape. A scorched landspace
    swallows emptiness - now emptiness has been tagged, ensured.
    A suntanned reaction
    makes its action verb
    infallible.

    Translated from Bengali by Aryanil Mukherjee.





    Identification [শনাক্তিকরণ] 

    Of all the seeings
    few are favored.
    The ones disliked are
    being pronounced more often.
    The disliked seeings are up all day.
    The more they stay up
    the more enthusiasm - 
    this moment I cross the street
    the next I animate my speech.
    Upon returning home, the first thing
    I drew was a dislike.
    I draw a dislike
    and then another.
    See how sharply night descends!
    Spreading out my arms and limbs
    under the big top, I realize
    I am within wider quarters.
    As sleep drizzles
    I can see it hasn't brought
    any colors with it today - no black
    no white.

    Translated from Bengali by Aryanil Mukherjee.





    Void [শূন্যতা] 

    There was a tree by the riverside, it has been long
    since the tree isn’t there any more. Before falling asleep
    I think of the tree – one of the branches bent over, prodding the water-surface.
    This summer Krishnachura has been in full bloom and Jarul ecstatic
    All my day within the hues of Krishnachura, all my day within
    the ecstasy of Jarul
    Whatever fills up the day is sharp pronouncement... spiky summer days.
    The rest are all autumn alone along a Sheuli-strewn soggy forest road.
    Sheuli-strewn lone and cool mesmerisms. Before each slumber 
    I think of the tree – one of the branches prodding the water-surface.
    A transparent cloudless emptiness spreads over like mist. This summer
    Krishnachura has been in full bloom and Jarul ecstatic
    I plant...carefully...just in between the two...a transparent and cloudless emptiness
    There was a tree by the riverside it isn’t there any more. 
    __________________
    Krishnachura - A large tropical tree producing bright red and fire-coloured flowers in bunches.
    Jarul- Also a tropical plant shorter in height producing enchanting purple flowers.
    Sheuli- A typical plant available in Bengal, its little white flowers with saffron stalk heralding the advent of autumn.

    Translated from Bengali by Subhashis Gangopadhyay.




    Obeisance [প্রণাম]

    A dark thin man. As expected
    a blue bag dangling from his back.
    He is returning home now – just like the descending evening
    that is, he’s returning home just like the descending evening.

    As a matter of fact there's truly nothing to worry about. Watch him 
    approaching soft- toed
    feet never making a sound too loud.
    There appears to be no need to shift eyes away from him
    nor casting a watchful glance at him - a dark thin man, no more.

    It’s only that the afternoon is gradually stretching itself,
    the whole of it trying to overshadow everything around.
    It seems to be a coming on that can barely get noticed,
    one that can never be referred to as an invasion – all these – 
    all these of a mere afternoon.

    Just as a dark thin man, on his back –
    a blue bag on his back –
    these can never be things to worry about.

    How easily it can be comprehended now that
    the time for final obeisance has arrived at last –
    the all-pervading sunset has brought into a zilch
    that eternal non-corroboration.

    Translated from Bengali by Subhashis Gangopadhyay.




    Awakening

    Every soul was deep asleep when the first rooster called 
    from the otherside of the wall. I climbed down to the courtyard.
    only to find the half-closed petals of Krishnakali
    awakening.

    I felt nocturnal dew under my feet as I stood beneath the mango tree
    A more careful observation indicated they were all asleep
    just to comprehend that alone in a sleeping world 
    the rooster's call
    had beckoned the petals
    to slowly rise from dissipating slumber. 

    When in a sudden gush diamond-mind leapt out from behind the leaves
    and crossed over the wall in unspoken darkness
    I realized once again, they were all asleep, truly asleep.

    Under a mango tree, awake to it's desolation
    awake more than the awakening, I moved towards the well
    to rinse my face, my eyes.

    A lily sprouted breaking dark, the Cape Jasmine too
    As light began to play boisterous with the Mango leaves
    They were all asleep in their rooms
    I too, returned to crawl back into my bed under the mosquito net
    and turned to the other side to doze off again.

    All my day revolves around a bunch of errands, awake all the while
    within the overwhelming frame of non-awakening.

    You give me a fresh flower
    You bring me inside this house of commotion
    I place the Cape Jasmine in a corner table
    in the house of commotion, where I ask around
    the name of this street.

    ______________
    Krishnakali - (Mirabilis jalapa) plant, occurs in a variety of colors; was probably brought to India by the Portugese in 16th century C.E
    Translated from Bengali by Aryanil Mukherjee.




    The Red Light [লালবাতি] 

    Suddenly one day I discovered 
    there was no friend around.

    At once 
    the red light began to glow.
    Nothing emerges clear under red light
    but red light is conspicuous from a long distance.

    I do not have the mind now to clearly observe anything 
    when there's no friend around.
    Am I visible to them
    from a long distance?

    What can they see!
    Nothing is visible in the red.
    A hazy silhouette
    an uncertain existence.

    I never knew when my friends had left
    one by one.
    All of a sudden I felt a shudder
    there was no existence of any friend by my side!

    Red light subsists.
    Red light is visible from far away.

    The red light is there
    and this dreadfully still existence.


    Translated from Bengali by Subhashis Gangopadhyay.




    God [ঈশ্বর]

    The child who had 
    killed his mother
    is today guiding the blind man
    home.

    He is finished with his games, the cover of dusk is gathering all around.
    How far precisely is the blind man’s home!
    Cars are hurtling past; all men are in a hurry.
    He is not in a brooding state but merely casting a cursory glance around.

    He kicked the kitten, just kicked it from the causeway onto the road.
    He possesses a pair of strong feet indeed!
    The child who had killed his mother
    all of a sudden stopped, confronted by the sweet smell of night jasmine.

    How far precisely is the blind man’s home!
    God in white robe! 
    On the way back from the blind man’s home
    a sly hand swiftly picked up a fistful of peanuts from the old vendor’s basket.

    Translated from Bengali by Subhashis Gangopadhyay.




    Absolute

    How complete a picture!
    The picture is enjoying itself
    within itself.

    Its earth, the colour of its trees and
    the wind and the light that surround them
    they, too.

    I am beckoning you
    I am beckoning you all.
    Scurry in your festive dresses.

    There’s no dent anywhere,
    the color of the tree, the stirred up earth
    and that picture

    it is not thinking of anything additional
    of anything lost.
    Listen to the sound around –

    the sound that generates
    in the absence of any sound.
    Can’t you hear it … loud and clear? 

    Translated from Bengali by Subhashis Gangopadhyay.




    Flowers in red thread [লালসুতোয় বোনা ফুল]

    Our breakfast – from ages long past 
    All I remember of it
    are flowers embroidered on the table cover
    Do you recount other details ?
    the menu ? realistic conversations ?
    Ravaging memory has displaced objects from their real space
    and it scares me.
    I repeatedly think of the red-threaded flowers on the table cover
    Red-threaded flowers with black designs mixed in.
    Me, the realist
    I think of those red flowers knit on the table cover
    speckled with black thread 
    and dread to think how much of our conversation
    you still bear in mind. 
    I felt afraid even to look into your eyes.
    Just thought of those flowers in red thread
    Constructed, alive red flowers and the
    methodology of construction -
    certain specific methods, each one uniquely expressed
    without the ravage of memory
    without the enigma of imagination
    Do you remember other details ? Self-obsessed you.
    My eyes don’t ever meet yours.

    Translated from Bengali by Aryanil Mukherjee.





    .

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  • 10/05/16--15:49: SARAH CERTA [19.210]

  • SARAH CERTA

    Sarah Certa nació en Alemania en 1987. Es autora de la colección de poesía RED PAPER HEART (Zoo Cake Press, 2013),  y su trabajo ha sido publicado o está próxima en Northwind Magazine, Narrative Magazine, BODY, H_NGM_N y en otros lugares. Vive en Minnesota. 

    Sarah Certa was born in Germany in 1987. She is the author of RED PAPER HEART (Zoo Cake Press, 2013, e-version 2014). Is a spiritual counselor & psychic channel, dedicated to providing an evolving quantum-spiritual framework through which we can more holistically understand the human psyche & dimensions of consciousness. University of Hell Press published her first book of poems Nothing to Do with Me in 2015. Her second book of poetry is forthcoming from Civil Coping Mechanisms in 2017. Follow her on Twitter @AlienHere2Love. 



    HOLA HOLA

    Los poetas son gente de lo más vacía que conozco
    es el tipo de pensamiento venido de algún lugar para darme por detrás
    en el cerebro, los putos elfos lanzabolas de nieve.
    Tengo humedad en los sobacos porque me he tirado toda
    la mañana sola en el sofá, pensando en hilos
    de palabras como perlas, en lo mucho que quisiera besar
    cada clavícula del mundo.
    En cuánto te echo de menos.
    No puedo recordar la última vez que vi un pájaro o
    que me masturbé, y ahora la mañana ha pasado y yo todavía estoy
    en el sofá, con la tripa llena de pasta, mis luces de Navidad encendidas y
    el corazón tan firme que lo puedo sentir en mi clítoris, esa lengua
    de colibrí donde mis muslos se juntan.
    ¿Qué estás haciendo y por qué no soy yo?
    Estoy intentando ser otra persona.
    Estoy intentando sonreir más.
    Estoy intentando dejar de intentar.
    Estoy intentando derribar la puerta y construir un parque de algodón,
    gemir más, inventar oraciones
    que entren como cuentas
    de rosario, píldoras sagradas en cadena.
    Quiero atragantarme con algo bello
    y luego escupirlo de vuelta
    en la boca de extraños en la calle
    para poder sentirme una buena ciudadana en mi comunidad. 
    Me pregunto si tendré una enfermedad.
    No me preocupa tener una enfermedad.
    Esto soy yo en domingo.
    Hola hola soy una persona en el mundo y te amo.
    Hola hola solo sé decir tonterías sobre la guerra excepto
    que amo que millones de ti hayan muerto dentro de mí.
    ¿A dónde va todo ese esperma?
    es una pregunta que me hago muy en serio, mi vagina
    tiene las paredes como un cementerio,
    excepto que nunca es triste. Este es el primer poema feliz
    que escribo sobre la muerte, y no entiendo
    mucho de cuentas bancarias o de refrigeradoras,
    pero tengo de las dos y eso me basta por hoy. 

    -Traducción española de Tive Martínez, 2016
    http://paradojasdelconserje.blogspot.com.es/


    SOMEONE SAID SOMETHING ABOUT REAL LOVE

    being like the roots of two trees turned
    one, the inseparable connection that lives on 
    after all the breathlessness has burned away. After all 

    the pretty blossoms are gone. I think about this and my mouth 
    tastes like dirt. Maybe I don’t know anything about 
    real love, but somewhere in my hair there are birds 

    singing, calling you. Somewhere in the meadow of my spine 
    is a blooming fruit tree. Meet me there. I want 
    to tangle my legs with yours. I want to be breathless 

    with you. Let’s put our fingertips together 
    and read each other like Braille. My fingertips are blossoms 
    covering your back. My fingertips are blossoms 

    raining on your face. Catch them in your mouth 
    so that every time we kiss there’s a soft explosion 
    of pink blossoms sprawling from between us 

    like fire. Yes, this is how I want to live. Not buried 
    like a casket, not rooted in the same goddamn earth year 
    after year after year. I want to love you in Paris, 

    in Rome and Tibet. I want you to want me like 
    time, the way the planets can’t stop spinning even 
    if they tried. I want to be your gravitational pull. I want 

    to live like this, to love like this. And when I die 
    I want my body to be covered with ten thousand 
    pretty blossoms, and then burned.


    MEMO

    It’s been a rough month, full of funerals and dead 
    turtles on the road, but today the sky 
    is so hot and so blue that I’m finally in the mood 
    to invite you all over for a party, a summertime party, 
    where everyone is sun-kissed and brilliant, reckless, barely 
    wearing clothes. I’ll make fruit-and-vodka popsicles 
    so our mouths will be sticky and sweet like the insides 
    of flowers, and our laughter will bloom deep 
    into the night, like the summer after high school,
    when a group of friends and I rented a houseboat on a lake in northern Minnesota, 
    and somehow we managed to smuggle enough alcohol on board 
    for a small army, which we were, in a way, patrolling the border 
    between teenager and adult, smoking cigarettes and running barefoot 
    through forest-studded islands at midnight, so 
    drunk that we didn’t feel the cuts on the bottoms of our feet 
    until late the next morning, and for a week it hurt to walk, 
    but it was a good hurt, a sweet, stinging hurt, that reminded us 
    of how cool were, how tough, how absolutely young and 
    invincible. Unlike these days, when I like to think I’m all 
    grown-up, sipping white wine on the patio at dusk, long- 
    limbed and elegant in a draping dress. I go to bed early. I do yoga. 
    I eat strawberries and yogurt from a big white bowl. In other words, I’m responsible 
    and scared. Scared to eat, scared to lose, scared to die, scared 
    for my daughter to grow up and leave me, for her to die before that happens, for my brother 
    to go to Afghanistan in November, the thought of which 
    is a wall cloud in my mind, threatening to hurricane my life 
    at any moment. But today the sky is so hot and so blue 
    it’s begging me to hang my anxiety in the closet, trade it in 
    for cut-off shorts and a bikini top, to let go and sweat 
    in this thick, lusty heat, the music pulsing in my chest like 
    blood, like the vodka in my head, and I’m ready 
    to feel the burn in my lungs, the ache in my legs, for something, someone 
    to knock me down, help me up, taste my salty skin and remind me 
    that I’m still here.


    Down Into the Grass 

    It makes me sad that most of the men 
    I'd like to fuck are dead. And I don't even want 
    to fuck my ex but last night dreamed 
    that I did, and woke up feeling sad, feeling 
    fat because of all the pizza 
    I ate yesterday, and I can't help but wonder 
    if there's a malfunction inside me, some switch 
    I forgot to turn on, or if there even 
    is a switch, if I'll always 
    be fumbling along the cool dirt walls 
    of a cave, holding a white candle, thinking 
    about my friends, how much I love them and how much I wish 
    this love was enough, this green field, this gold sun, this 
    big sky love. I wish I were typing this 
    on a typewriter in the sky, or under it, I mean, that my hair 
    was straight and blond for a day, my nose 
    a little smaller, that I wouldn't have to 
    plug in so many things 
    before I could use them. I think what I'm saying 
    is that I'm confused. And how couldn't 
    I be, with all this hair on my legs, all this snow melting and talk 
    about guns? I want to know what it's like 
    to live in a place I feel comfortable 
    living in, to say this town 
    is my town, and I live here, and wouldn't you like 
    to come over for dinner? I keep thinking 
    about you coming over for dinner, looking at all 
    the books on my living room shelf, asking 
    what you can help with, since I know 
    you would ask, standing 
    in my kitchen in your bright green socks. I want to know 
    how those women on the porch in Montpelier 
    got to be so happy, drinking wine on a summer 
    afternoon without men, laughing 
    the way only women 
    can laugh with other women, a flock of birds 
    erupting from them over 
    and over again, how even the birds are laughing, their wings like arrows 
    pointing in every direction 
    except for back at themselves. But of course I am always 
    pointing back at myself, always so 
    concerned with what I'm doing or not 
    doing enough of, and this is getting 
    so existential, I'm so uncomfortable, it's after 1 PM 
    and I'm still in pajamas, riding a horse 
    I wish was wilder that would buck me off 
    and send me flailing, rudely, would hurt me, wake me 
    up from this stupid dream about Love 
    and silverware, about sleeping in a tee-pee with you, Italian 
    dinners in the city and day trips 
    to the coast in our third 
    summer, any summer. I want to know 
    what it's like to stay, to want to stay. I want to weave 
    scarves in my hair and pierce 
    my ears with peacock feathers, run my foot 
    along your thigh. I want to wear an apron and bake brownies, hand you a martini 
    when you walk through the door, put on 
    a black leather suit and show you 
    my round-house kick. I want 
    to make you hungry. I want 
    to be adored. I want to stop 
    wanting to be adored. I want to stop 
    stopping myself, slamming my fingers 
    in this oven door, and so I am going to stop here, on the longest 
    day of summer, even though you are a man 
    I'd like to fuck, which makes me 
    scared that you are dead, I am going to stop here and wear 
    a light blue dress made of cotton, and wait for you 
    to lift it like a cloud around my shoulders and push me 
    down into the grass the way no friend ever would. 


    This morning the dew on the grass was so beautiful

    it made me want to write a love poem, so I could say something
    about being nervous under the pink sky
    of your breath, about running barefoot through the fields of the electric summer
    that is you when you laugh, which I wish
    could be you all the time because when I think
    about you crying it feels like all the trees in the world
    are turning into oceans. And I wanted to say something
    about the universe inside you that I’d like
    to be a part of, a place where all the beds are queensized
    and covered in bright cotton sheets, where hazy
    blonde mornings stretch their limbs like sleepy wild cats far
    past noon and into the purple
    dust of the evening that is you walking
    down the street, you ordering
    a sandwich, a drink, you dreaming
    on the train while the cityscape climbs over
    the horizon and into the sky, which your brain
    has always been wider than, even
    on the day you were born, which was the day
    the stars shone brighter and the Amazon
    river bloomed with
    exotic new fish and the moon
    was never so full. But I am missing the freckles, the scars, the shape
    of your hands, what you like for breakfast and the food
    you hate most. I am missing
    the yawn of you, the stretch and the tremble, the sorrow
    that lives in your pockets and all the words
    you mumble in your sleep. Or maybe
    you don’t even mumble, you,
    who could be anyone, you
    are that color I can sometimes taste
    but have never seen, the one that exists only
    in some ethereal fragment of my amygdala, floating
    along the outer edge of my upper right peripheral, something
    like sapphire and jade but also
    hot pink and misty
    fever grey, like the wings
    of a bird from the future, where finally
    you’ll find me and step into the space in my heart I’ve been carving for you all these long years.



    CRAZY DAISIES

    There is nothing new about my sadness, these bags
    of tears in my head no heavier
    than all the hearts in all
    the centuries of humans before me, all the mothers
    of all the sons in all
    the wars, all the mothers
    of all the daughters, all the daughters, all the slaves
    on all the ships, all the girls
    being trafficked tonight in cities
    where the lights look so pretty, like adolescent stars
    buzzing above underground railroads
    except the train
    is going backwards, or just down
    into hell, dressed up
    as a Mercedes, men’s words
    wrapped in gold, honey, I’ll take care
    of you, don’t worry, sugar, you’re getting a new life, there is nothing
    new about the yelling, the voice
    so big there’s no room
    for you except in the corner, folded
    like a balding swan
    into your naked self, all the corners, all the
    flowers to say I’m sorry, baby, I love you, they’re crazy
    daisies, I got them
    for us because we’re crazy
    like that, he would say things
    like that, and there’s nothing new
    about how I would throw
    myself back into the hot
    soft dark of his mouth, like a padded
    room with bars on the windows, my wrists
    cuffed to the inside of his rib cage, I was
    a prisoner and liked it sometimes
    because it meant I was safe
    from the rest of the world, all the babies
    beat to death, anyone
    beat to death, all the strangers
    in the alleys who could never
    touch me because he’d always
    be there, he was always
    there, in the morning, at dinner, always toasting
    to me and every moment
    worth knowing, all the beautiful
    songs that spilled out of his mouth, I’d forget
    the bombs behind his eyes, his heart, that the sun
    is a bomb, how sometimes
    if you’re not white it’s illegal
    to want a better life or
    food for your kids, how sometimes
    it doesn’t matter at all what your skin color is, sometimes
    people just feel like killing
    other people or shooting airplanes
    from the sky, and there is nothing
    we can do about that
    except probably kill
    some more people. And I don’t want
    to agree with that but lately
    even the wind is quiet. The curtains
    in my bedroom barely move, like ghosts
    who don’t feel right
    about being ghosts anymore, all the breath
    they saw escape me, either moaning or
    sobbing, hanging onto
    the moaning, the diamonds, the gold
    cashmere scarf, the poems, I held onto
    the good things because isn’t that
    the way to survive, to make
    a marriage work, you have to sacrifice, you
    have to compromise, you have to try and
    try harder? Yesterday I tried
    to get out of my head,
    but when I got outside I saw bodies
    falling like ash through the sky
    except faster of course
    because they’re still bodies, and this isn’t
    a story, this is real
    live footage of the world, yet when I
    go out into the world, pumping gas and waiting
    in line at the grocery store, in the waiting room
    at the doctor’s office, under
    the same sky as always, I never
    see anyone crying, which is a phenomenon, how most people
    seem to be doing okay, still believing in love and
    more love, like they’ve never
    been stabbed with a searing
    jagged-edge rod from the inside
    of their bellies to the outside and back in
    again, watched their skin
    be skinned and fed to them. At least
    that’s how it feels
    when I lie in bed and try to forget
    the sky all together, try to be one
    with myself in this moment in this bed, this bed, this bed
    the same bed where I laughed into his chest
    all November afternoon, then cried
    in the middle of the night because he wanted
    sex and I wasn’t wet
    enough in my sleep, he said what
    the fuck is wrong with you, why aren’t
    you wet, don’t you love me, he said fix it, said fuck
    me, I need it, he said I love you
    forever, who put you
    together, you’re so perfect, he would cry
    about the news, he would cry
    about the raping, too, and turn
    to me and say, in a world
    without promises, I need you
    to be my promise, he said, I promise, he said, his breath
    like a sweet moth against my ear, I got you, I got you.


    On the Other Side of Living

    It’s raining and I miss paying attention
    to the trees in my throat, the skin
    stretched across my hips, all the mornings
    we meant to give birth to. It’s strange,
    to be here again, talking to a self I was sure
    I had buried. She just
    won’t leave me alone. God,
    I mean. I mean I’m not going to die.
    What is there to bury when I
    have only ever been born? What is there to mourn
    when we have only ever been love?
    Though it’s true I’ve been running, hooking
    my ribs onto the undersides of spaceships,
    slipping away between dimensions
    only to find myself in the faces
    of angels, my fractured mind snapped whole
    in the wake of solar storms. I am
    the Earth’s identity crisis, the sky
    that hugs her anyway. I move
    like lightning and then wonder
    where all this ash comes from, why I can’t remember
    ever being held as something more than a corpse.
    All these stories we invent about ourselves
    to keep from feeling worthy
    of speaking to each other. How every word
    has been both a map toward home and a wall
    on the other side of living.


    Pulse

    I used to be a natural at mapping out my organs,
    the seaweed in my veins, the metal taste of my tongue
    pushed against the back of my teeth
    when I ran out of ways to stop looking at you.
    Where did I come from and why
    is a question I used to curl up inside of
    as I waited for the door in my throat
    to break itself open, the daily
    chore of being born. It was easy
    with you. That’s what I remember most,
    the breathing. The wanting to. The stop
    and go of your pulse
    against every barricade I’d built
    around my life. You screamed
    as if we were dying,
    and I believe it now, all the skin
    we left behind. No time
    for a proper funeral when the whole world
    is burning up at your heels. No time
    to say good-bye when we never
    got the chance to say hello. No need
    to say hello when it’s home
    you’re walking into. But still,
    I’d like to start at the beginning, glance backwards
    over my left shoulder and ease
    into your vision like a cloud.
    I want to make eye contact and mean it.
    I want to fall from the stars back into my body
    and make mornings happen
    the way the sun does: steadily and only
    because you exist to wake.



    You light a candle

    You look at Juliet’s ever-thinning legs
    and think of the electric
    blue neurons pulsing inside them
    like the intestines of insects,
    strung out and licking
    against her bones, your bones, the bones
    of people in Gaza, all those skulls
    crushed in rubble, their brain-dead brains
    oozing down into the dirt.
    You shake your head. No more raping tonight.
    Tonight you are thankful
    Juliet is safe. You take a sleeping pill
    and imagine it floating
    down into your belly
    like Jesus’ pinky nail.
    You turn off all the lights
    and lie down on the sofa, take another pill
    and watch it do soft somersaults
    like a baby astronaut
    down behind your eyes. You close your eyes.
    You see a child’s severed limb
    flung across a field like a dog’s chew toy.
    You see him masturbating in the bathroom
    until the second pill kisses the first pill on the forehead,
    barely touching, like his fingers
    on the back of your neck
    that first time at the airport,
    you see the yellow flowers
    he sent you last September
    because he wasn’t okay with
    you not having a sun next to your bed.
    Again with the words.
    You are such a slut
    for men who like to get you high,
    all those tabs of acid
    beneath their hot tongues.
    You see yourself falling
    in love with this man
    who hasn’t raped you,
    because of course you would fall
    in love with a man
    who hasn’t raped you. Everybody
    wants that.



    Rain Poem

    I’m listening to the rain smack itself into the house, and this isn’t even close
    to how much I want your mouth on me tonight, how much I want
    to be the cleanest water you will ever drink.
    Summer is gone and I can feel the dark throat of winter starting to yawn across
    the sky.
    I think about myself inside this body, sitting in this bed I’ve never shared with
    anyone,
    while outside everything is dying and there’s a ladybug
    on my ceiling who will never fall in love. My brother is sick. My daughter
    is not here and if you die I’ll have to shoot myself so please
    don’t make me leave my daughter.
    There are so many daughters in the world and not
    enough fathers. So many fathers and not
    enough silk. Not enough robes. Not enough soft days where
    nobody dies or talks about cancer, and so why
    do I even bring it up? Sometimes I hate myself for being so sad,
    but also I’m tired of these pretty pink glasses my therapist prescribed.
    I’m tired of gluing all this glitter to my face, so tired
    of not being naked all the time.
    It’s all about perspective and no matter
    how many stairs I climb I cannot see your face tonight,
    so instead I’ll tell you about the Brillo pad I’ve tied to my wrist
    so I can scrub away my skin cells as soon as they die
    because I want to make sure you don’t ever have to touch anything less alive
    than you.
    Instead I’ll drink hot tea and build you a fort in my ribs, talk about all the
    ordinary trees being weird in my throat. My body
    forgot about darkness. My body is endless summer, knows that the sky
    is so blue because you were born beneath it. My body is Easter
    and she doesn’t know the word for goodbye. How much longer now
    until you are inside? All week these words
    have been so fucking dumb, dressing up like airplanes,
    I break their wings with my teeth and still you’re alone in your apartment trying
    not to drown.
    This is me throwing you a lifeboat, pretending to be God, that this bright
    velvet in my chest will somehow reach you like a morning in the middle of the
    night.
    I want to be your favorite penguin, every raincoat in the world.




    .




    0 0


    RUTH HERNÁNDEZ BOSCÁN 

    Ruth Hernández Boscán nació en Caracas, Venezuela el 3 de febrero de 1970. 
    Psicólogo (UCAB), Psicoanalista. Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis.
    Participación en talleres de poesía coordinados por Gabriela Kizer, Eugenio Montejo y Edda Armas.
    Premio Monte Ávila de Poesía para Autores Inéditos (2005). 
    Finalista del Premio Italia para la poesía en el Certamen Mediterráneo y Caribe (2007)
    Mención Honorífica en la XVII Edición del Premio de Poesía “Fernando Paz Castillo”, con el poemario Baúl.
    Mención Honorífica en la Bienal Venezolana de Literatura 2006-2008, “José Rafael Pocaterra”,  con el poemario Shop Suey.

    Libros publicados:

    A pasos cortos. Monte Ávila Editores (2005)
    Ex. Taller Editorial El Pez Soluble (2007)
    Gramática de piedras. Editorial Eclepsidra (2011)

    Antologías:

    Mediterráneo y Caribe. Instituto Italiano de Cultura. Caracas (2010)
    Antología de Poesía Joven Venezolana. Edición bilingüe traducida al árabe por Nadia Záfer Chaabán (2009).
    El Ojo Errante. Caracas (2010). VI Premio Nacional de Libro (CENAL) (Mejor Producción Editorial Alternativa y Mejor Diseño de portada).
    Poetas venezolanos contemporáneos. Colección Los Conjurados. Común Presencia Editores. Bogotá (2014).
    102 poetas – Jamming. Oscar Todtmann editores Caracas (2014).





    Pon tu mano en esa rama 
    mira las olas que brotan.
    Quito Nicolaas

    Divi-divi

    Árbol y viento se atrapan y se poseen
    El tronco torcido 
    es un cuerpo que consiente y resiste
    Uno pide viaje
    el otro raíz

    Así el amor



    --


    Me tendí, como el llano, para que aullara el viento.
    Rosario Castellanos


    Amor no tan cortés

    Ser gota
    Casualidad que resbale irregular desde tu hombro
    Detenerme en el botón justo
    Prolongar el descenso
    hasta el recinto de tus misterios
    Ser caricia en blanco
    Ebriedad
    Sed


    --


    saber guarecerse de la tormenta con la tormenta,
    de la lluvia con la lluvia, vivir debe ser eso.
    Ángel Fondo


    Cuando ya no hay nada que contar
    Cuando las puertas ya no abren ni cierran
    y prefieren bailar un tango con el viento
    Habrás de escribir nada
    Escribir
    el sonido de las piedras en el río


    __



    En el noticiero anuncian 
    fuertes tormentas
    aconsejan abandonar al instante el lugar
    como si fuese tan simple elegir qué guardar en la maleta
    después de llorar lo que no cabe
    ves venir el agua
    y te das cuenta de lo que importa



    __




    Abril Adoración Alba Alegría
    Alondra 
    Alma
    Almendra
    Amada
    ÁmbarAmérica AmparoAngustias
    Bárbara
    Bella
    CándidaCandela ConsueloCristal
    DignaDolores
    Dulce
    Esperanza
    Felicidad
    Flor
    Gracia
    Luz
    Libertad
    Luna Mar
    Milagros
    Misericordia
    Piedad
    Rosa
    Serena Severa
    Soledad

    tenían que ser
    nombres de mujer 



    _



    sólo sé que volveré a verte
    en nuestro hotel las calles son pliegues
    Mariela Casal


    lost in translation

    me dices que prefieres un hotel
    porque en mi casa harías nido

    después de insistir
    en una cama doble
    refugiamos este amor de la intemperie
    tras un cartelito de do not disturb

    la camarera que entiende
    lo ignora cada vez

    por un instante somos un trío

    corres la cortina para hacer las noches y los días
    y vas trayendo ramas
    hierba
    hojas
    barro


    __



    hoy mi madre llamó

    le dije
    he estado enferma
    me dijo
    salimos de viaje la semana que viene
    le dije
    aumenté de peso
    me dijo
    cómo van las cosas con tu esposo
    le dije
    me divorcié hace más de un año mamá
    me dijo
    dile del sábado

    no dije nada

    los espero
    que te mejores


    __




    para no tener que darle más cuerda al mundo

    me hice una casa en una calle casi ciega
    un amasijo de conchas de naranjas
    pozo horizontal
    lleno de gatos y zapatos
    que reposan inmutables por todos lados

    el reloj de esta casa 
    mide los tiempos en espacios breves
    o se detiene 
    si hace falta

    es mi casa

    toda pared inmensa donde apoyo la espalda
    cuando mi hijo pregunta 
    por el frío de esas señoras
    que caminan de noche por la avenida
    en traje de baño




    Exilio

    Sobrevivo en un tiempo suspendido
    condenada a vivir en lo ajeno
    paréntesis abierto
    lejos de lo mío

    me impongo un no retorno
    mi maleta 
    siempre lista 
    se deshace de tanta vida
    esperando en otra parte

    aquí estoy
    tierra adentro
    llanto adentro
    atada al sueño de otra orilla

    nadie me dijo
    que este mar que crucé
    no era de broma




    Gomagi

    Un tañido difuso
    no logra invocarte
    se devuelve a mí como un eco
    Tu corazón abatido prefiere andar sordo
    Busco en este portafolio cartografiado
    algún poema de amor
    nada de mí misma que valga un centavo




    Experta

    Recorro a saltos una rayuela griega
    Me succiono a mí misma en recuadros obstinados
    mal dibujados
    repetidos

    Mi tejo cae siempre en el lugar justo
    Nadie me iguala en hacer malabares
    A veces saltos a piernas abiertas
    a cambio del cielo

    Será que me equivoque y pise la raya
    a ver si vuelvo a empezar



    __



    a veces
    la vida se detiene 
    en el lugar más oscuro del abismo
    cuando aún caes
    y el fondo
    no llega


    __



    Entre todos los medios de transporte
    prefiero la cama,
    Adolfo Castañón


    Cuando la cama se hace foso
    se abre en dos
    no para de moverse
    y sólo es tabla a la deriva

    es mejor levantarse






    .










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  • 10/05/16--21:53: NILDA BARBA [19.212]

  • Nilda Barba

    Nilda Barba nació el 17 de junio de 1949 en Buenos Aires, ciudad donde reside, la Argentina. Es Contadora Pública Nacional egresada de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires. Se formó en Civilización, Literatura y Arte en la Alianza Francesa. Participó, entre otros, en 2006 en el Festival Internacional de Zamora y en el Encuentro Internacional de Poesía en Cuernavaca, ambos en México; en 2007 en el Festival Internacional de Poesía de Rosario, Santa Fe, Argentina; en 2008 en el VII Encuentro de Poetas “Junín 2008” del Movimiento Poesía, provincia de Buenos Aires; en 2009 en el Encuentro auspiciado por la Casa del Poeta Peruano, en Chimbote, Perú. Poemas suyos fueron traducidos al alemán, al inglés y al catalán. Fue incluida en los siguientes volúmenes antológicos: “El placard” (2003),“Poetas del mundo” (2006), “Antología de la confederación latinoamericana en Austria” (2008), “No toda belleza redunda en felicidad” (2008), “Sin fronteras” (2011), “Antología X Aniversario Grupo Alegría” (2015). Tradujo el poemario “Leblón, suelo y voz” de la brasileña Solange Rebuzzi. Publicó los poemarios “El cordón” (Grupo Editor Latinoamericano, 2005), “¿por qué me gusta tanto?” (Vela al Viento Ediciones Patagónicas, 2007), “doctora jeckyll y señora hyde” (Vela al Viento Ediciones Patagónicas, 2009), “como seda con la boca” (Ediciones del Dock, 2015), “al final del pasillo” (Editorial Vinciguerra, 2016).



    De
    EL CORDÓN
    Bs. As.: Nuevohacer Grupo Editora Latinoamericano, 2005.



    Doble el luto

    epidermis de ortigas
    sudor helado
    acá
    cerca
    por no haber comprendido
    el adiós a las hojas
    (de clorofila y oxígeno
    enredaderas)
    andan con el alma
    hecha un niño
    descalzo
    en la lluvia   (¿o es la nieve?)
    los golpes fueron dos
    aquí   (¿adónde?)
    (¿y los adultos?)
    exprimen
    limones
    sobre las llagas



    ..


    fue cuando perdió el olfato
    que comenzó a vaciarse
    del bosque de los recuerdos
    perdió la risa
    y el llanto por hambre
    o por sed
    ¿cómo tragar la saciedad?
    expulsado también el gusto
    si ahora no siente ardor
    ni la señales



    ..



    armó la colmena
    con huecos y paredes
    celdas que multiplico
    para asegurar un mañana
    conviertió el laberinto en nido
    tapió alondras
    y acurrucó la piel

    el aguijón perforó la morada
    y el dulzor
    las gotas deslizaron
    grietas húmedas
    y no quiso sostener
    la lava sinuosa    adherente



    ..


    no quisiste
    ataste tu garganta
    de presa
    a cazadora
    desplazaste el centro
    y ocultaste
    y te lloraron
    sin saber
    cuando te vieron
    colgada



    ..



    la garganta untada de silencio
    de caída de risas
    (desprendo la corteza)
    apuro el ritmo en el fervor
    mastico
    la mezcla que la lengua desplaza y barre
    en el abrir y cerrar
    la escupo lejos
    antes probé el ciprés
    (me moví  tambien yo estuve afuera)
    la cáscara fue
    mi cielo raso
    los años pulcros
    sobre la cama estrangulados
    con harapos de luz



    ´´



    costras irritadas   internas
    no cumplen el cielo
    permanecen y apresuran su anclaje
    una al lado de la outra
    yertas sobre la fatiga del renunciamiento

    ya no entran
    se amontonan
    montículos secos
    no resisten presión
    bullen

    se diseminan y la ocupan entera
    agoniza
    las costras pesan en su garganta
    ahogan

    retrocede la mujer
    violento el golpe la fusiona
    respira profundo y no suplica

    frente a ella    mil manos abiertas


    ..



    ni las sienes son remanso
    rígidas
    las sostienen tenazas

    como la mandíbula
    que mastica

    tampoco las comisuras
    dejas de gritar
    las líneas
    oficiosas de máscaras
    y de ojos

    no traicionan la queja
    de los huesos
    en harapos
    perduran

    nadie recuerda
    por qué
    el Guernica y por qué
    Picasso 



    De
    ¿por qué me gusta tanto?
    Bs. As.: vela al viento; ediciones patagônicas, 2007


    horizontes en la insularidad
    de un balde de zinc
    las burbujas
    deslizándose más allá
    de los bordes
    la ropa retorcida
    entre las manos
    no se distinguen
    los hombros en los codos
    cuelgan
    en el piso
    un charco
    o un océano de jabón
    escurren cabezas
    en bajo relieve
    habrían querido
    escalar el metal
    tomarse de las asas
    crear minaretes de cuerdas y broches
    un tendal de cruces
    patíbulo al sol



    ..



    un tutor y la pérgola para merecer
    de noche hormigas
    que manos y ojos envenenan
    no sé por qué
    hojas con leche
    las raíces garras
    truena
    amanezco en un matorral
    salvaje
    las hormigas me recorren
    no sé por qué ni náuseas
    es fértil el terrón
    agua de lluvia
    gajos ajenos ritos
    luz apretada entre mis pétalos
    canales de polen
    perfume en las espinas

    ¿por qué me gusta tanto?



    ..


    ¿cuándo
                       será su turno en la agenda
             cuándo
                       querrán saber
                       si ensoñaba
                       o reía
                       entre puntillas y almidones
             cúando
                       la hora del grito
                       bajo los tules
                       azahares
    cuándo
                       contar en tinajas los llantos
                       la presencia
                       sincronía de miradas
             convergentes?



    ..



    un zaguán queria
    para despedazar el silencio
    del final de las cosas
    con el alma húmeda
    desclavé la puerta
    la rendija de luz
    descalza en el umbral
    ¿mi última jugada?
    el aire interrumpido
    lentejuela en los huesos





    (de “doctora jekyll y señora hyde”)

    las aguas quietas
    son ganges que lavan
    penumbra
    entre gotas de cielo
    llevan canoas
    surcan las nubes
    con remos empañados
    y brújulas muertas / también
    en voz baja las aguas
    sangre celeste
    aguas de fuego
    disuelven cenizas
    en camposantos de siembra
    escoltan cestas con nacidos
    en voz baja


    ..


    la para con el pecho
    hace jueguito
    tira un caño
    cabecea en el área
    en el círculo central
    la pelota se hace luuuna
    en el cielo de liniers
    resiste
    puntinazos en gemelos y tendones
    con cara de estampita
    levanta la cabeza
    tira y y y y
    pega en el travesaño
    la V tatuada
    debajo de la camiseta
    un silbato y el tiempo de descuento
    un alargue
    se terrrrrrminó el partido
    la vuelta olímpica
    y se va
    lentamente
    mientras el
    barbiiita barbiiita
    resuena en la hinchada
    del fortín



    ..



    otro niño de alma buena nació
    bajo el brazo un pan dulce todo un pan
    de dios
    todos los días
    otro niño de alma buena nació
    el día de decir
    el amor
    todos los días
    desde entonces

    sin torta ni velitas
    en esta navidad



    ..



    la piedad en transparencia
    no es maría
    sostiene en su regazo al padre
    un cristal
    como las estrellas
    se apaga




    ..



    ¿madera o fuego?
    para el exilio del cuerpopadre
    un réquiem en dos por cuatro
    fuera de todo territorio
    espigas que arrullan en vilo
    no dicen si la tierra es fría
    o si entibia lo efímero
    ¿tierra o ceniza?



    ..



    soplo la tela
    en los párpados beso
    el resplandor de la noche

    a pleno día
    lo espera
    una manta de soles y de luces
    a dos agujas



    ..



    dos o tres pares de ángeles
    cortejo blanco
    custodia su espalda
    traga el soplo
    en el pecho las rodillas

    sólo me enseñó a reír
    no puedo

    el desguace mutila
    plácida tragedia
    son escombros (las voces)
    y la pared que falta
    un telón
    helado



    ..



    camina el tiempo caminará
    barro de alfarero
    modela la historia modelará
    la hora de tranvías no será
    ni de polainas
    estrenó buenos pastos estrenará
    sobre el juicio de las almas
    es el hombre que fue
    que se levantará y andará
    no lo pudo todo ni podrá
    no lo supo todo ni sabrá
    no estuvo en todas partes
    ni estará
    creo







    (de “como seda con la boca”)


    la toca
    cuerdaella
    todacuerda
    cuerdatodouna
    carnetierracielo
    la toca
    cuerdaire
    lluvia rayo
    ellacuerda
    todaella
    acuerda
    latecuerda
    a cuerda
    desatada
    la toca






    (de “al final del pasillo”)



    nave fantasma
    el espejo al final del pasillo
    carga espejismos simulacros
    desde los orígenes
    en los instantes de la memoria

    la ve acercarse
    por el pasaje angosto
    ella lleva palabras para decir
    lo que nunca había podido
    lo que nunca
    se había fabricado un mundo
    el dorso de la nave recuerda
    lo que ella había imaginado estar viviendo
    ella se detiene
    la superficie bruñida
    le devuelve una imagen
    que casi no respira
    ahora entra
    ahora intenta reconstruirse
    con las palabras

    es una cuestión personal



    ..



    el pasillo es un camino
    un derroche de incertidumbre
    indaga duda cuestiona
    busca la sustancia de su complejidad
    intuye lo frágil la desmesura
    el exterminio
    en ese camino enorme del pasillo
    hacia el espejo de realidades urgentes
    que distraen confunden
    alejan del adentro incierto y gigante
    que reclama identidad
    desde el no lugar
    desde el otro lado del espejo
    al final del pasillo


    Rolando Revagliatti y Nilda Barba



    Nilda Barba: “Luego de la luna de miel en Guaruyá nos instalamos en Icaraí (Niteroi)”

    por ROLANDO REVAGLIATTI


              
    1 — Comencemos retrocediendo hacia…

              
    NB — …lo que pudiéramos denominar los inicios de “mi biografía intelectual”, con la escucha diaria del recitado de poesía que efectuaba mi madre, quien adoraba ese género. Del mismo modo, ella cantaba y la música se oía permanentemente en casa. Ritmo, equilibrio en las palabras que sonaban y resonaban. Los textos fueron adquiriendo una relación íntima conmigo a medida que la lectura me lo fue permitiendo, y se intensificó cuando a los diez años de edad debí permanecer en reposo durante cuatro meses con la pierna izquierda y la cadera enyesadas. Esa fue la oportunidad exacta para leer un libro tras otro disfrutándolos, lo que ya nunca se detuvo. Determinados textos fueron jugando en mi vida, entrando y saliendo, estableciendo pertenencias y un archivo. Me sorprendía ante la fascinación por la manera de decir una frase. Simplemente no podía seguir leyendo como si nada destacado hubiese ocurrido, puesto que algo destacado había ocurrido: había leído poesía, eso era poesía, y estaba dentro de una narración. Me era imprescindible ese instante de silencio en mi interior, donde todo se agitaba. El proceso creativo se fue dando muy gradualmente. Estuve nutrida por la lectura, aunque caótica, sin guía, y siempre me resultó más simple expresarme a través de la escritura que mediante la palabra hablada, inclusive para declarar lo más doloroso. No quisiera establecer un adelgazamiento, ni afirmar: empecé a escribir en tal instancia, publiqué tal cosa. Aunque sí, eso está.

              
    2 — ¿Cómo dirías que se fue generando tu interés hacia las ciencias económicas? ¿Te desempeñaste en tu profesión?

              
    NB — Mi pasaje por la UBA lo percibo como de un pasado remoto, ese sedimento que hace que ésta que soy tenga ciertos criterios incorporados y una educación vinculada al aprendizaje y a la manera de leer, de dudar, de relacionar, de abstraerse, de concentrarse. Es un sustrato importante, no por el orden temático y de contenido, sino por una cierta disposición al método, a la reflexión. Diría que Ciencias Económicas fue la carrera universitaria de la familia. Todos mis primos mayores, menos uno que estudió veterinaria, seguían esa carrera. Yo era muy buena en matemáticas, materia que me gustaba y me resultaba fácil, eso parecía indicar mi camino. Creo que disfrutaba estudiar, fuera lo que fuera. La vida universitaria, el alejarme tanto de la casa de mis padres, hacían fascinante esa etapa que comenzó a los diez y seis años. Sentía que un mundo se abría a mi paso. El edificio de la Facultad me resultaba imponente, las aulas gigantes, los anfiteatros, increíblemente atractivos. La biblioteca silenciosa era para quedarse a vivir. Tan pronto como entré, justo el único año que hubo curso de ingreso en la Facultad de Ciencias Económicas, junto a tres chicos más formamos un grupo de estudios que funcionó magníficamente bien y continuó hasta que me casé y me fui a vivir a Brasil dos años después. Cuando volví y retomé la carrera extrañé ese grupo, fue más arduo estudiar sola y con hijos y embarazos en el medio. Me recibí el día que cumplía siete meses de mi tercer embarazo. Recién cuando mi cuarta hija comenzó el jardín de infantes empecé el ejercicio de la profesión en un estudio contable en el área de auditoría externa, y esta labor se extendió durante apenas dos años. Si bien me complacía, no me fue posible sostener la organización y cuidado de mi familia numerosa con el trabajo, y decidí dejar.

              
    3 — Es recién en este siglo cuando te incorporás a un taller literario.

              
    NB — Mi relación con la escritura poética, como te comentaba, tiene raíces que van hasta mis primeros años. Sin embargo, los modos en los que he podido manifestar esa pasión ha tenido vertientes diferentes. Cuando se me impuso, se hizo imperiosa la necesidad de que eso comenzara a circular, entendí que tenía que iniciar un proceso de dedicación, de interacción con grupos de poetas. Fue entonces que comencé a concurrir al taller coordinado por Ana Guillot. Esa etapa de mi formación me dio la posibilidad de escuchar otras voces, otras formas poéticas y narrativas valiosas. Entre los poetas puedo mencionar a Florencia Abadi, Paola Cescón, Isabel Krisch, Néstor Cheb Terrab y Matías Lockhart, y entre los narradores a Lara Segade, Belén Ancisar, Diana Drexler. Ese momento de encuentro en la literatura era una fiesta.
      
    En la actualidad estoy trabajando con Roberto Ferro. No se trata de un taller. Es de otra índole porque mi proyecto poético transita otro carril. Roberto me ayuda a concentrarme sobre los matices y afinidades que son propios a ese desarrollo. Además de las cuestiones relacionadas con mi escritura, también tratamos temas de orden teórico y crítico vinculado a aquellos aspectos que está explorando mi poesía; una mirada integral incluso sobre mis proyectos narrativos.

              
    4 — Ya que has mencionado al ensayista Roberto Ferro, me agradaría resaltar que él, respecto de tu “como seda con la boca”, adujo que “la textura de sus poemas tiene la intensidad de la sugerencia asediada por el silencio”.

              
    NB — Esta idea de Roberto, él la ha expuesto en otras circunstancias: sostiene que la palabra literaria no se opone al silencio, sino que se opone a los estereotipos. Que el silencio abisma la palabra, la instala en un ámbito de resonancia. Agrega que no habría eco si no hubiera silencio, que no habría resonancia si no hubiera silencio. Ferro considera que el silencio es un componente decisivo en mi poesía. Con él hemos atendido a esas instancias espaciales en las que yo establezco separaciones entre palabras, particularmente en los versos, y entonces hemos reflexionado acerca de la relación entre blanco y silencio. No se pueden equiparar blanco y silencio, por supuesto, pero evidentemente eso produce una espacialización del ritmo, y esa espacialización del ritmo tiene mucho que ver con el modo en que se van disponiendo las palabras en el blanco de la hoja. Roberto alega que cuando se refiere al asedio del silencio habla de afirmaciones que requieren una reverberancia. “Tu escritura cala de manera profunda en determinadas zonas, en determinados encuentros, en determinados tonos, y los tonos solamente se registran en el silencio. Es como si tus palabras fueran un relieve sobre el silencio.”

              
    5 — Entiendo que también te sentiste convocada por la filosofía.

              
    NB — En mi poética convergen, en su composición, distintas zonas de atención y de búsqueda. La filosofía es una de ellas, en lo que condice con el modo en que reflexiono y pienso cuestiones que están vinculadas íntimamente. Indagaciones que varían el orden de interés, que se entrecruzan con otros aspectos de orden teórico y de orden crítico. En mi poesía circulan más las omisiones que las citas. Los acontecimientos en la vida nunca son lineales, son múltiples, con múltiples manifestaciones. Mi modo de dialogar con la palabra filosófica a veces se ha enlazado con cuestiones relacionadas con mi propia experiencia, y ha encontrado en alguna de esas vertientes, si bien no una respuesta, al menos un ámbito que me permitiera reflexionar. Otras veces, la relación con la filosofía enlaza con mis escarceos con la poesía. Roberto es un crítico muy conocedor de la obra filosófica de Jacques Derrida, y es a partir de esto que me he acercado a algunos de esos enfoques con su guía, para poder discurrir acerca de la escritura y fundamentalmente sobre la lectura de mi poesía. En mi último libro, “al final del pasillo”, hay un tratamiento de la huella y del fantasma que son dos elementos relevantes en el pensamiento de Derrida. Es decir, cuando yo estoy pensando esa zona, ese otro lado del espejo, estoy pensando la memoria, el pasado, también como fantasma, presencias intensamente ausentes y, por otro lado, esos fantasmas pensados como huellas. En “al final del pasillo”, la memoria, el pasado, los abordo como fantasmas porque reaparecen y están, y van y vienen, y están de un lado y están del otro. No es que mi poesía surja de mi lectura de Derrida; es al revés, en la escritura de mi poesía encuentro ese tipo de motivos e imágenes. Esta relación que señalo con la filosofía derrideana tiene que ver con una escena de lectura; me refiero al momento de acercamiento a mi poesía como lectora, pero atravesada por el asedio de otros discursos; lo que supone posteriormente una sedimentación que espero siga proliferando en mi escritura.
              
    En mis obras anteriores se advierte con nitidez que el cuerpo es una residencia sensible y vulnerable para el paso del tiempo, y registra las marcas no solamente correspondientes al tiempo biológico, sino que también hay huellas de otro tipo, indelebles, de las que muchas veces no somos conscientes y son consecuencia de vivencias, de tanteos. Mi impronta concierne a lo visceral. Las huellas que plantea Derrida. La huella que siempre es la marca de otra marca de otra marca de otra marca. La huella es la marca del fantasma. Y eso es casi central en “al final del pasillo”.
              
    También ha incidido en mis textos la lectura de Deleuze: en particular, el planteamiento del pliegue; esto, según creo, se da a leer en los poemas de “como seda con la boca”. Los surtidos avatares me llevaron a acercarme a distintas búsquedas, ya que desde muy chica indagué y me pregunté sobre los temas trascendentes del existir. En otros términos, me refiero a vaivenes y modulaciones en diferentes etapas de mi vida, tanto como ahora, desde este presente las puedo visualizar. Advierto que los modos en que en mi poesía han emergido la heterogeneidad, la profundidad, la variación, no es a través de formas de representación directa, sino en imágenes poéticas que no se presentan como una ilustración de situaciones específicas, sino como modos de tratar y de comprender los sentimientos y las ideas que me han atravesado.

              

    6 — ¿Tu única incursión en la traducción de poesía es la de Solange Rebuzzi? ¿Está prevista la edición del poemario? ¿Te referirías a la poética de esa autora y a las circunstancias que te inclinaron a trasladarla al castellano?

              
    NB — Ésa es mi única incursión en la traducción de poesía. Conocí a Solange Rebuzzi en el Festival Internacional de Poesía de Rosario y me atrajo la sonoridad de sus textos dichos en portugués. Más tarde, la editorial Vela al Viento encaró con esta poeta el proyecto de hacer la edición bilingüe del libro “Leblón, suelo y voz”, y me pidió que hiciera la traducción al español. Acepté a partir del interés que me producía esa poética en la que encontraba una serie de motivos, de tonos, de vecindades que me resultaban concordantes con mi mirada poética, sin que esto signifique que hubiera correspondencias nítidas: ecos y resonancias que me permitían sentirme cómoda. Lamentablemente la edición bilingüe aún no se concretó y a pesar del tiempo transcurrido, sigo siendo optimista en relación con la posibilidad de editarlo.
              
    Para mí se trató de una labor trascendente, y que de alguna manera permite dar cuenta de mi postura de lectora frente a la poesía. La circunstancia de haber residido en Brasil durante dos lapsos me permitió encontrar en esa poesía registros que yo podía reconocer. Trabajé en íntima relación con Solange Rebuzzi. Fue un trajín, te diría, vivencial.

              
    7 — Puesto que sabemos que tenés cuatro hijos y en la primera línea de dedicatorias de “El cordón” aparecen mencionados Luciano, Leopoldo, Carla y Natalia, no puedo menos que imaginar que ésos son los nombres de ellos.

              
    NB — Exactamente, ésos son los nombres de mis cuatro hijos. Tengo la alegría de haberlos disfrutado mucho durante su crecimiento, etapa por etapa. Y también fui y soy consciente de ese disfrute mientras sucedía y sucede. Desde chiquitos, en varios sentidos, mis hijos fueron mis “maestros”, y creo que de no haberlos tenido habría revisado menos profundamente muchos conceptos dados por verdaderos. Son grandes ya, adultos. Los respeto y admiro. Los cuatro diferentes, se quieren y se ayudan todo el tiempo. El mayor, Luciano, es médico, neurólogo, especialista en ACV; el segundo, Leopoldo, ingeniero industrial con master en finanzas; Carla, la tercera, y Natalia, la cuarta, son licenciadas en administración de empresas. Entre los cuatro me convirtieron en abuela de nueve nietos. Ésta es mi familia, mi red en este salto mortal que es vivir.

              
    8 — En 2012, además de intervenir en el ciclo Jornadas de Literatura, participaste en el Programa Cultural Barrios.

              
    NB — Se trató de eventos con actividades multidisciplinarias que incluyeron artistas plásticos, músicos, poetas y narradores. Ese Programa Cultural Barrios se desarrolló en centros y espacios culturales de la Ciudad de Buenos Aires, como los centros culturales “Recoleta” y “General San Martín” (entre los más conocidos), los espacios culturales “Carlos Gardel” y “Julián Centeya”, el Salón Dorado de la Casa de la Cultura y escuelas de nuestra ciudad. Carlos Diviesti fue el coordinador del Programa; Norberto Barleand, el coordinador de eventos especiales (literatura y tango); Guillermo González Heredia, el director general de promoción cultural.
              
    Los que leímos poesía tuvimos oportunidad de llegar a lectores no habituales de este género, o a aquellos que tienen una concepción relacionada con lo que les fue trasmitido en el colegio. La poesía, así, deja de ser un campo cerrado, hermético, para pequeños grupos, y entonces aparecen determinados tipos de ecos, reverberaciones. Me resultaron, desde luego, productivas las conversaciones que mantuve con las personas que se me acercaron, opinando, indagando.

              
    9 — En tanto has viajado por numerosos países, acaso no siempre como simple turista: ¿habrás tenido contacto directo con diferentes culturas?

              
    NB — A los once años viajé a Europa con mis padres, mi hermana y mis abuelos paternos con el objetivo de acompañar a Faustina, mi querida abuela española, en el reencuentro con sus hermanos después de cincuenta años desde su venida a la Argentina. Viajamos en barco, en el “Anna C”. Los hermanos de Faustina residían en ciudades que fuimos recorriendo emocionados, una a una, hermano a hermano. Con nuestra llegada no sólo se conmocionaba la familia entera, sino todo el pueblo, o el barrio si se trataba de una ciudad más grande. A los once años escuchaba y veía a mi abuelita recordando su infancia actualizada en la mirada de esos hermanos en la que había permanecido niña todo ese tiempo. Inolvidable. Ella nos hablaba siempre de “su” España y de la fonda de su familia. Estar allí fue para mí como haberme zambullido en el libro de cuentos del que surgían las historias que Faustina me contaba.
              
    Muchos de los viajes que hice más tarde fueron acompañando a mi ex marido; eso me permitió el contacto con gente que nos recibía en sus casas o nos llevaba a conocer lugares a los que no iba habitualmente el turismo. Como también te comenté, residí en Brasil durante dos períodos. La primera oportunidad fue al día siguiente de mi casamiento; luego de la luna de miel en Guaruyá nos instalamos en Icaraí (Niteroi). No existía en ese entonces el puente Río-Niteroi, y para ir a Río de Janeiro había que cruzar la bahía de Guanabara con una barca que además de personas, trasladaba autos. Yo tenía diez y nueve años, mi padre tuvo que firmar la autorización para que pudiera salir del país. Había dado exámenes hasta apenas unos días antes del casamiento. Me llevé el libro de Doña Petrona C. de Gandulfo, la gran cocinera santiagueña, como toda ayuda. Llegué a Icaraí y tuve la suerte de tener como vecinas en el mismo piso a una chica de mi edad, también recién casada, y a una señora mayor, sin hijos, los que constituyeron mi familia adoptiva. Además, Teresita Torres Agüero, hermana del pintor Leopoldo Torres Agüero, argentina ella, y lectora voraz, fue mi amiga desde entonces. Los brasileños son gente muy cálida, me percibí integrada aunque extrañaba horrores. Nunca antes me había separado de mi familia. Me sentía muy sola. Cuando nació mi primer hijo nos mudamos a Copacabana para estar más cerca, mejor asistidos en caso de necesidad. Recordarlo ahora parece increíble. Venía a mi casa una lavandera una vez por semana, toda vestida de blanco como las bahianas, y desplegaba una sábana, también blanca, con la que envolvía la ropa que se llevaba sobre la cabeza con un caminar erguido y acompasado. Teresita me había hecho una lista de todas las verduras con sus nombres en español y en portugués y con eso iba a la feria al aire libre (como la lavandera a mi casa) una vez por semana.
              
    La segunda oportunidad en la que viví en Brasil fue en San Pablo, también por trabajo de mi ex marido. Esta vez fue más complicado porque, al poco tiempo de nuestra llegada, se desató una epidemia de meningitis muy fuerte, no había vacunas y luego de consultar con epidemiólogos, allá y acá en la Argentina, decidimos volver. Fue muy duro, mis hijos eran muy chicos, Carla tenía siete meses. Esa decisión significó que mi marido se quedara allá y yo regresara sola con los chicos. Mudanza tras mudanza, que sumaron dieciocho hasta el presente.
              
    También viajé a Oriente: China, Japón, Corea del Sur, Tailandia, Singapur, Hong Kong, Yakarta, la capital de Indonesia. Recuerdo en Bangkok una cena en la que un matrimonio propietario de una arrocera nos describía cómo era la estructura familiar y empresarial. Se trataba de un matriarcado en el que la familia joven permanecía bajo el ala, y en la misma casa de la familia de la mujer en la que la madre era la autoridad máxima, y la hija trabajaba en la empresa familiar que dirigía.
              
    En Hong Kong, lo inusitado: una reunión de negocios, luego de una cena, con dos hombres del lugar y tres parejas en una gran disco que además era lugar de citas: inmensa, con varias pistas en las que había shows eróticos. Todo muy refinado y lujoso. Al llegar, se abrían a los costados dos salas con chicas de todas las razas y nacionalidades, que podían ser elegidas. Nos fueron guiando hacia un reservado y para ello fuimos pasando delante de los diferentes escenarios.
              
    En Cantón, China, tomé un taxi y le pedí al conductor que me llevara a una feria de comida. Siempre me interesan las ferias, los supermercados. Eso me indica bastante de la forma de vida del lugar. Esa feria fue absolutamente fuera de lo común. Como entonces en pocos lugares había heladera, los animales estaban vivos en jaulas de juncos o mimbre. Se trataba de serpientes y otras especies que nosotros no comemos. Los clientes elegían el animal mientras estaba vivo, luego lo mataban a la vista de todos, lo limpiaban y lo entregaban todavía caliente. En el caso de las víboras les sacaban la piel como si se tratara de un guante. También había perros ya cocidos y bañados en caramelo, perros laqueados, colgados con ganchos.
              
    El mismo taxista me llevó por calles donde la gente vivía en pasillos en los que apenas entraba un colchón que iban usando por turnos. Ejercían en la vereda sus oficios; por ejemplo, el de escribientes, con unos pinceles que sostenidos en posición vertical con los dedos índice y pulgar, dibujaban los grafismos que me resultaban mágicos. Todo esto parecía desarrollarse en cámara lenta mientras en la calle enjambres de bicicletas no cesaban de enmarañarse. Varias veces, al llegar al hotel, me percibí extraña al advertir mi imagen en el espejo y no el rostro de una china.
              
    La India me enfermó. El móvil del viaje fue la meditación en un ashram. Aunque carente de afinidad, la meditación en sí misma fue enriquecedora en el lugar ideal. De la misma manera que el contacto con gente de todo el mundo que compartía la experiencia y con la que intercambiábamos charlas y ejercicios guiados. Esa sensación de ir llegando desde distintas latitudes a un mismo punto remoto, sin habernos puesto de acuerdo ni habernos comunicado por ningún medio en ningún momento previo, es casi de ficción, realismo mágico. Nos convocaba la misma inquietud, o no. Concluida la semana de meditación, durante otras dos, recorrimos 3000 kilómetros en auto, entrando a las ciudades de Agra, Jaipur, Pushcar, Udaipur, Jodhpur y Delhi.
              
    Todo es intenso en la India, imposible la indiferencia. El tránsito loco, caótico, con bocinas sonando continuamente. Son muy viscerales, gritan, se pelean. Yo llegué con la idea del equilibrio que da la meditación, de la resignación que les otorga la religión que explica todas las injusticias. Nada más lejos de la quietud y la tranquilidad. Todo es estridente. Los colores brillantes en una paleta amplia y variada resplandece, atraen la mirada, despiertan. Los olores penetran, invaden. Usan muchos desinfectantes, algo así como la acaroína, que se mezcla con los olores de la basura en las calles y los animales sueltos (como las vacas), y la inmensa cantidad de monos caminando por los numerosos cables que atraviesan las ciudades. Los camellos son utilizados como animales de tiro, arrastrando carros. Hay escenas que desubican y conmueven, como observar a mujeres construyendo rutas, cargando palanganas metálicas llenas de arena, cemento y otros materiales, y vestidas con saris bordados, largos como para concurrir a un casamiento. Sin embargo, los hombres visten guayaberas y pantalones.
              
    Navegué por el río Ganges, en un bote a remo despintado que capitaneaba un muchachito de diez y seis años. Conversé con él y me contó que estaba casado y tenía un bebé, que los padres le habían elegido la pareja. Le pregunté qué pasaría si se enamoraba de otra chica, a lo que me contestó que eso no iba a pasar, que ellos aprendían a querer a la persona que sus padres elegían. Vimos en los diarios los avisos de padres publicando el currículum de sus hijos y buscando pareja con determinadas características. Desde el Ganges, ese río sagrado, divisábamos en las orillas a la gente bañándose con jabón y shampoo, lavar sus ropas y un poco más arriba, también en la orilla, dos crematorios, uno al aire libre y otro cerrado. El chico del bote nos contaba que se crema a todos los muertos menos a la mujeres embarazadas y a los niños menores de dos años. Y hay otra excepción también que no recuerdo en este momento. A éstos, los que no son quemados, se los echa al Ganges en estado natural. Algunos tramos del río sagrado son los más elegidos para dejar a sus seres queridos; uno de ellos es frente a la ciudad, también sagrada de Varanasi, a la que llegan desde largas distancias trasladando a los cadáveres sobre los techos de los autos (sin ataúdes), rodeados de flores. No se puede permanecer indiferente estando en la India, insisto. Son muy fuertes los contrastes. La sensación es que todo se pone frente a tus ojos: acá estoy, mírame, acá pasa esto. No sólo pasa lo del Ganges que te contaba, también se riega con aguas servidas. Se ve por la calle mucha gente mutilada. El tema salud es desesperante, la medicina preventiva no existe. El sistema de castas sigue vigente y la vida humana está devaluada. Podría hablarte durante un año entero de este tema, Rolando. Me quedo con la sensación de haber cometido una injusticia, ya que remarqué los aspectos que me conmovieron negativamente. Sucede que aquello repercutió en mi cuerpo, no pude digerirlo y regresé con un gran malestar físico y mucha angustia. Es decir, estas imágenes dan cuenta más de mi imposibilidad de comprensión que de una mirada objetiva, digamos, de una antropóloga sui generis. Más arriba hice referencia a que mi poesía no tiene un dominante de representación, por eso me animo a especular acerca del modo en que mi trajín viajero se asoma en las imágenes que te he detallado; acaso el término más apropiado sea el de espectros, especie de fantasmas inusuales que se cuelan aquí y allá en ciertas formas de extrañamiento en mis metáforas.
             
    Mis otros viajes los realicé a países con culturas no tan diferentes de la nuestra. La sensación en Oriente fue la de haber abandonado el planeta Tierra y haber llegado a otro, quizás de otra galaxia.

              
    10 — Compartamos con nuestros lectores, y en el orden en que se presentan, los títulos de las secciones de tu segundo poemario: ¿por qué no nos acunan?, ¿cuándo?, ¿mi última jugada?, ¿dónde los besos?, ¿quién diría?, ¿estás despierto?, ¿cómo la perla?, ¿por qué me gusta tanto? (y hasta una última “sección”, sin poemas, así nombrada: ¿ahora qué?).

              
    NB — Muchos interrogantes. Un permanente surgir de nuevas preguntas ante el suceder y su reflexión posterior o simultánea. En el curso de este diálogo debo haber mencionado el vocablo extrañamiento, que para mí es una condensación de mi gesto poético; diría que ese vocablo expresa de modo confesional el momento anterior a la escritura de mis poemas, que los imagino, digo ahora, y aquí los imagino como una respuesta ante el asombro. De ahí quizás que vos como buen lector me señalás esa serie de preguntas; preguntas que exponen un segundo movimiento que es el de caracterizar el secreto, el enigma que tratan de nombrar mis imágenes, mis palabras, puestas en poemas. Si tuviera que nombrar un tercer movimiento, lo caracterizaría como de diseminación, es decir, el modo en que proliferan los sentidos, las significaciones, sin quedar ancladas en una única interpretación.

              
    11 — Lectores hubo que se preguntaron porqué les gustaba tanto tu “¿por qué me gusta tanto?” Y transcribo: “Me gusta tanto porque es una poesía de a pinceladas delicadas, poemas sin título, sin piso ni techo, donde uno puede entrar por una ventana y salir por una chimenea.” “Poemas mamushkas. Cajitas chinas también.” “Me gusta tanto porque sí.”

    NB — Cuando otro poeta celebra mi poesía para mí es una celebración mayor. Entonces difícilmente yo pueda opinar, o dar cuenta sobre la referencia de Máximo Ballester, excelente poeta, por otra parte, al que acabás de aludir y citar. Atino a expresar que los lectores de poesía más ávidos son los otros poetas y, en general, debo decir que hacia ellos me dirijo en primer lugar.

              
    12 — ¿Cuán lejos, o cerca, te hallás de aquella “doctora jeckyll”, de aquella “señora hyde”?

              
    NB — Cuando me detengo a pensar mi escritura en conjunto, no tengo medidas espaciales ni temporales. No están lejos ni están en el pasado. Cuando leo alguno de mis primeros poemas allí encuentro vibraciones actuales. Tampoco creo que en el transcurso de mi poesía haya habido una evolución. Sí hubo transformaciones, pero esas transformaciones no me alejan ni me acercan, sino que, en todo caso, complejizan mi relación con la palabra. Sí es verdad que no he dejado de ser la doctora jekyll, que nunca he dejado de ser la señora hyde, porque están ahí presentes y hay resonancias. Las variaciones que se van dando en mis intereses poéticos, provienen de mi necesidad de indagación, y acaso con una fantasía de efectuarla con modulaciones y de no caer en la repetición. Esta Nilda Barba que escribe hoy es una versión polifónica de las anteriores. Ese no olvidar los poemas que he concebido es lo que me conmina a no convertirme en una máquina repetidora y a explorar permanentemente. Antes aseveraba que no pienso el despliegue de mi escritura en términos de evolución; agregaría que es como el soñar, a medida que pasa el tiempo uno no sueña mejor que antes, sigue soñando.

              
    13 — ¿Qué hay “al final del pasillo”?

              
    NB — Todo indicaría que al final del pasillo está la inevitable finitud. Sin embargo, no es oscuro ni negativo. No amenaza ni atemoriza. Al final del pasillo se abre un espacio propio mullido, cálido, acogedor, único y a medida, dentro de un espejo de gelatina que sí es oscura. Al final del pasillo están las sucesivas muertes, las pequeñas y numerosas muertes, y además están los sucesivos duelos imprescindibles.

    Hay oportunidades, hay cobijo, hay alivio. Hay recuerdos, olvidos, hay sueños y hay ilusiones, hay desengaños y hay dolor. Hay empuje para salir y seguir viviendo.

              
    14 — Aludiste a tus proyectos narrativos (en algún lugar leí que tendrías concluido un volumen de cuentos que pudiera titularse “Origami” y que estarías reescribiendo una novela, “La flor engrillada”).

              
    NB — Mis tentativas por explorar la palabra literaria a través de otros géneros ha sido siempre asediada por la meticulosidad y el pudor. He incursionado en la escritura de cuentos y relatos. Algunos de ellos fueron publicados en la antología “El placard” (Ediciones de la Siesta). En la actualidad estoy reelaborando varios de los textos que iban a formar parte de “Origami”; se han transformado: me siento más proclive a expandir la escritura narrativa en forma de novela. Estoy reescribiendo una nueva versión de “La flor engrillada”. Y siguiendo el consejo del escritor uruguayo Juan Carlos Onetti: “Cuando estás escribiendo un cuento o una novela, no lo repitas para otros para no perder la magia”, aunque me tiene muy entusiasmada, me abstendré de aludir a la trama. No estoy saliendo de la poesía para entrar en la narrativa. La narrativa es una amplificación de mi proyecto literario.

              
    15 — Tuviste tu paso por la docencia.

              
    NB — Tuve una experiencia con la enseñanza de la filosofía de la Escuela Universalista, y luego también, en cursos de lectura de poesía que pronto voy a retomar. Es una iniciativa en etapa de armado para dictar cursos sobre modos de lectura de poesía. Una reflexión crítica sobre los proyectos de escritura, recurriendo y valorando fuentes diversas.

              
    16 — En un mismo año, 2006, participaste en dos Encuentros de Escritores en México.

              
    NB — No deja de ser una de esas coincidencias maravillosas que mientras suceden creés que se van a repetir, y luego te das cuenta de que no es tan frecuente ni simple que así sea. En Zamora, Michoacán, en el encuentro organizado por Roberto Reséndiz Carmona, se generó un clima de gran integración, afecto y respeto entre los asistentes, entre los que se encontraban, de Argentina: Silvia Montenegro, Teresa del Valle Salinas y Ana Guillot; de México: Thelma Nava, Raquel Huerta Navas y Lina Zerón; de Pontevedra, España: Fernando Luis Pérez Poza. Cuando llegó el momento de despedirnos nos costó como si nos tratáramos de toda la vida. Algunos seguimos juntos camino al encuentro en Cuernavaca. En esa oportunidad estuvimos en Ciudad de México, donde nos encontramos con Carmen Ollé, y nos alojamos en la casa de otra poeta, la querida amiga Guadalupe Elizalde, que habíamos conocido en nuestro santafesino Festival Internacional de Poesía de Rosario. Ella organizó una lectura en la que también participaron poetas mexicanos. Inolvidable.

              
    17 — Nació en Italia, en Bríndisi, en 1936. En 1964 fundó el “Odin Teatret” en Dinamarca. Es el co-creador del concepto “antropología teatral”. Fue alumno de Jerzy Grotowski y es uno de los más reconocidos maestros vivos del teatro occidental: Eugenio Barba. ¿Has visto alguno de sus espectáculos? ¿Existirá con vos algún parentesco? ¿Sos habitual espectadora en nuestra ciudad, acaso la que a nivel mundial mayor oferta ofrece de puestas en escena?

              
    NB — No he visto ninguno de sus espectáculos y, al menos que yo sepa, no existe parentesco con él. Ojalá lo hubiera, me sentiría muy honrada.
              
    Soy habitual espectadora de teatro. Existe un vínculo innegable e intenso entre teatro y poesía. Está dado por el hecho de que en teatro las voces se encarnan, y no es casual que en algunos géneros haya un cruce entre la lírica y la música, el melodrama operístico, por ejemplo. Fundamentalmente lo que relaciona la poesía con el teatro es la modulación de la voz, y el modo en que los actores y los directores trabajan los tonos, que, por otra parte, son centrales para la producción de mi poesía: el cómo decido la espacialización, la elección de un adjetivo, el gesto que caracteriza la construcción de una metáfora. Eso construye un tono.
              
    El otro hálito que destaca en una puesta es el ritmo. Y esto es claro, el ritmo es una de las claves de la poesía. Si se atropellan las partes unas con otras, además de violentarse, se extravía la cadencia. La manera en la que en mi escritura trabajo con el ritmo es la secuencia. La clave del ritmo es secuencia y corte. Es por ahí donde el hecho teatral nutre mi reflexión sobre la impronta en mi texto poético.

              
    18 — ¿Cómo te llevás con el granizo y cómo con el fuerte viento? ¿Cómo con las instituciones, con la languidez, con las sorpresas?

              
    NB — Preguntas muy sugestivas las tuyas, Rolando. Tanto el granizo como el fuerte viento connotan agresión, impotencia, desamparo. No me llevo bien con ellos, por cierto. Y no soy nada temerosa, en general, amo las tormentas y los truenos, caminar y hasta nadar bajo la lluvia. Quizás mi recelo hacia el viento surgió en una oportunidad en que tan pronto como terminaron de colocar los vidrios de unos grandes ventanales que cerraban una terraza, se levantó un vendaval de cien kilómetros por hora, y comenzaron a estallar los cristales uno tras otro y a retorcerse la estructura que los sostenía, mientras yo oía los estruendos desde el piso de abajo. Me sentí a merced del destino, en el que no suelo creer. Lo que acabo de relatar no es un mito fundacional, es una contingencia que me ha llevado a reflexionar sobre la ruptura de los límites, en el adentro y el afuera. Es por eso que los vientos me perturban y es un modo de imaginar el quedar a la intemperie. La intemperie sucede cuando se borran los límites. Por cierto, se han producido acontecimientos estremecedores en mi vida, y que acaso no aparecen en la superficie de los poemas. Lo que sí aparece en ellos son las consecuencias, de manera lateral en mis imágenes metafóricas: el viento que arrasa.
              
    El granizo es la materialidad de la agresión, incluso de la agresión no esperada, que es la peor de todas. Así como el fuerte viento, el granizo puede no aparecer en la letra de mis poemas, pero seguramente emerge en determinadas figuraciones en las que la fuerza se convierte en imposición.
           
    En cuanto a las instituciones, es un punto muy sensible, porque pone en juego lo social en un sentido profundo. Si bien en su origen el objetivo es organizar la sociedad, suelen ser poco flexibles y menos aún adaptables a lo individual. Además, instalan una filosofía trascendental que permite entender el significado de la existencia, del orden, de las tradiciones y convenciones. Hay un límite muy fino y peligroso en las instituciones que abarcan la familia, la escuela, la iglesia, lo político. Fuera de esto, sucede también que llega un momento en que esas instituciones se internalizan de manera tal que se transforman en estructuras propias, constitutivas de los individuos de la sociedad que los rigen, y pasan a conformar una necesidad, un postulado, un deseo a concretar. Y eso me preocupa. Es como si se perdiera de vista el mero fin organizativo social externo a nosotros, y pasaran a confundirse con un convencimiento moral o hasta espiritual. Y se defienden como una cuestión de fe, de fanatismo, de fundamentalismo, de fin en sí mismo. Ciertas modalidades en las que los encargados de hacer funcionar las instituciones las imponen, producen en mí resistencia y oposición. Considero que deberían organizar la vida social con el objetivo de permitir que cada individuo o ciudadano pueda elegir y buscar la mejor forma de vida sin perjudicar a los demás y alejándose del autoritarismo. De lo contrario ahogan y obstaculizan la creatividad. Por otro lado, el aparato, la estructura que se genera como una necesidad para funcionar, posteriormente se burocratiza, se fagocita el propósito esencial y primario que dio origen a la institución y en su lugar surgen luchas internas de poder que las desvirtúan.
              
    Hasta ahora me he referido a las instituciones como puntos de concentración de poder de organización de la sociedad. Pero también podemos inferir que la lengua es una institución para la sociedad, acaso la más importante, en la que circulan todos los sentidos que nos permiten vincularnos con nosotros y con el mundo. Ahora bien, hacer poesía es intervenir sobre esos sentidos abriendo la  posibilidad de otra manera de nombrar. Como dice Proust, “el escritor arma una lengua extranjera dentro de la propia lengua para nombrar lo que esa lengua no puede nombrar”. Entonces, desde esa perspectiva pienso la palabra poética, no solamente en términos literarios sino, fundamentalmente en términos humanos, en los que una variación abre una ventana hacia otra dimensión de la vida. La palabra poética trabaja sobre el interior de la palabra para enriquecerla, variarla, ampliarla y sustraerla del peor de los males: el estereotipo. El estereotipo es la repetición y es la concepción de significados uniformes sin dar lugar a la diversificación.

    Para referirme a la languidez, permitime citar dos estrofas del poema de Alfonsina Storni:

    Languidez

    He dejado mi alcoba
    Envuelta en telas claras,
    Anudado el cabello
    Al descuido, mis plantas
    Libres, desnudas, juegan.

    Me he tendido en la hamaca,
    Muy cerca de la puerta
    Un poco amodorrada.
    El sol que está subiendo
    Ha encontrado mis plantas.
    Y las tiñe de oro…

              
    ¿Cómo me llevo con la languidez? Casi suena a confesión esta respuesta. Nunca fue la languidez una característica en mí, todo lo contrario, me distinguí por mi disposición a la actividad. Me calificaban de pro-activa, no necesitaba estímulo externo, creo que a eso se refiere el término. Sin embargo, en los últimos tiempos, porque mis horarios ya no son estrictos, o quizás no sea por esto, me siento más relajada, al punto de llegar a la languidez, tal vez. No lo sé. Me sorprende, ya que no se trata del estado al que se llega con la meditación, es diferente. Mi respuesta sería: me llevo bien, me hice amiga con mis estados transitorios de languidez. Es frecuente que en aquellos momentos en que me dispongo a la escritura poética, nunca programada, muchas veces los poemas surgen como producto de la meditación, o de la divagación en estados de languidez. Por lo tanto, esos estados de languidez para mí son productivos, en el sentido de que esa flotación de mi cuerpo y de mi espíritu inducen a conectarme con imágenes que por su extrañamiento me permiten arrimarme al poema.

    Las sorpresas me encantan. Me gusta que la vida me sorprenda. Y estoy predispuesta: lo inesperado va a superar a lo planificado, y me ha sucedido muchas veces, aun en asuntos trascendentes. También he tenido, desde luego, sorpresas desagradables que me dejaron de una pieza, y que fueron fundamentales y lo cambiaron todo. Aunque sigo siendo pro-sorpresas y no tiene que ver con la magia, sino con poder aflojar el control. Valoro que acontezca en la producción de mi poesía. Toda repetición no trae sorpresas, digamos, es lo ya previsto. La sorpresa es la apertura a un campo de sentido inesperado. Entonces, ahí se produce una dimensión, un abismar el sentido hacia un modo de intuir, de especular, de prever, que avance sobre la superficie del estereotipo.

              
    19 — Hace poco presentaste tu último poemario.

              
    NB — A partir de 2014 había comenzado a indagar en otra dirección, en cuanto al espacio, a la temporalidad, a través de un espejo de características peculiares. Ante la invitación de la Editorial Vinciguerra de integrar la colección SUMMA Poética con motivo de la celebración de los treinta años de la editorial, seleccioné poemas para la ocasión y fui incluida con “al final del pasillo”, editado en marzo. Lo considero un anticipo de un volumen más abarcante del que formará parte, aún en gestación, ya que esa línea de reflexión perdura, configura un núcleo inquietante, y perturba.

              
    20 — ¿Cuáles considerás que han sido tus modelos poéticos ilustres?

              
    NB — Rolando, debo serte sincera, la palabra modelo no me funciona para definir mi mirada hacia los poetas que admiro. A ninguno de los que voy a mencionar quiero darles la rigidez de un modelo. Todo lo contrario, son, desde mi perspectiva, inmensos mares poéticos en los que constantemente trato de navegar. Han enriquecido mi escritura y aunque nunca de manera directa, cada uno de ellos estuvo atravesado por los otros. Por supuesto, tengo poetas que me atraen, los que busco en determinados momentos, aquellos de quienes valoro el modo en que construyen su obra. Entre los argentinos, Juan Gelman, Susana Thénon, Enrique Molina, Alejandra Pizarnik, Oliverio Girondo, Olga Orozco, Javier Adúriz, Alfonsina Storni, Roberto Juarroz… Entre los latinoamericanos, Marosa di Giorgio, César Vallejo, Pablo Neruda, Octavio Paz y Gonzalo Rojas. Italianos: Giuseppe Ungaretti y Eugenio Montale. Franceses: Antonin Artaud, Charles Baudelaire, Paul Valéry, André Bretón y Guillaume Apollinaire. También Fernando Pessoa y el gran Paul Celan. Toda enumeración es injusta porque promueve el olvido. Lo que agregaría es que más que una relación de modelo, y jerárquica, mi relación con ellos es apasionada, me desborda. Si yo considerara que esos escritores son modelos los estaría congelando, encerrando, perderían movilidad. Esas grandes obras poéticas conllevan inmensa movilidad en sí mismas y una movilidad para mí. Los llamaría provocadores.

    http://paginacultural.com.br/nilda-barba-luego-de-la-luna-de-miel-en-guaruya-nos-instalamos-en-icarai-niteroi/






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  • 10/06/16--00:39: SAUL WILLIAMS [19.213]

  • Saul Williams

    Saul Stacey Williams (29 de febrero de 1972, Newburgh, Nueva York) es un escritor estadounidense, poeta, actor y músico conocido por mezclar la poesía y el Hip-Hop.

    Discografía

    Álbums/EP

    Penny For A Thought/Purple Pigeons (2000)
    Amethyst Rock Star (2001)
    Not In My Name (2003)
    Saul Williams (2004)
    The Inevitable Rise and Liberation of NiggyTardust! (2007)
    NGH WHT - The Dead Emcee Scrolls with The Arditti Quartet (2009)
    Volcanic Sunlight (2011)
    MartyrLoserKing (2015)
    Colaboraciones y recopilatorios[editar]
    "Twice the First Time" en Eargasms - Crucialpoetics Vol. 1 (1997)
    "Elohim (1972)" en Black Whole Styles (1998).
    "Ohm" en Lyricist Lounge, Volume One (1999).
    "Coded Language" en Coded Language de DJ Krust (1999).
    "Release" con Lyrics Born y Zack De La Rocha en Blazing Arrow de Blackalicious (2002).
    "Time (Jungle) (Temple Of Soul Mix)" en Nublu Sessions, mezclado por Wax Poetic (2003).
    "Sent from Sandy Shores" (con Sacajawea) en Dreams of Water Themes de Adventure Time (2003).
    "Wake up Show Freestyles" de Sway and King Tech (2004).
    "Three Fingers" en Enter the Chicken de Buckethead (2005).
    "Sea Lion (Extended)" (con Will Oldham) en "Sea Lion" de Sage Francis (2005).
    "Mr. Nichols" en Sound Mirrors de Coldcut (2006).
    "April Showers, April Tears" en ¿What de Stuart Davis (2006).
    ",said the shotgun to the head" en Thomas Kessler de Thomas Kessler (2006).
    "Survivalism" y "Me, I'm Not" en Year Zero de Nine Inch Nails (2007).
    "Gunshots By Computer" y "Survivalism" en Y34RZ3R0R3M1X3D de Nine Inch Nails (2007).
    "Lyrical Gunplay" en Thru de Thavius Beck.
    "Dance Of The Dead" en The Unbound Project, Vol. 1 un álbum recopilatorio en favor de Mumia Abu-Jamal.
    "List Of Demands" en Nike Sparq Commercial.
    "Black Stacy Remix" con "Nas".
    "Act III, Scene 2" con Zac de la Rocha.

    Bibliografía

    En inglés

    The Seventh Octave, 1998, Moore Black Press ISBN 0-9658308-1-0
    She, 1999, MTV/Pocketbooks ISBN 0-671-03977-6
    ,said the shotgun to the head, 2003, MTV/Pocketbooks ISBN 0-7434-7079-6
    The Dead Emcee Scrolls, 2006, MTV/Pocketbooks ISBN 1-4165-1632-8
    Chorus, 2012, MTV Books ISBN 1-4516-4983-5

    Traducida al castellano

    Los manuscritos de un EMCEE muerto, 2008, Visor Libros ISBN 978-84-7522-669-9

    Filmografía

    Downtown 81 (voz) (1981/2000)
    Underground Voices (1996)
    Slam (1998)
    SlamNation (1998)
    I'll Make Me a World (1999)
    King Of The Korner (2000)
    K-Pax (2001)
    The N Word (2004)
    Lackawanna Blues (2005)

    Televisión

    Girlfriends (2003)





    “los hombres de negocios servirán a la humanidad 
    los líderes mundiales se volverán hacia sus madres en busca de consejo  
    y las madres buscarán inspiración en sus hijas / ... / 

    la historia de Jesús se contará como un cuento de niños  
    en el que su nombre será reemplazado por el de cada recién nacido  
    y las familias celebrarán cada nacimiento como el renacer del mesías  
    y toda la gente creerá que toda la gente (ha sido) elegida”.






    CIUDADANOS,  
    hijos de la noche,  
    portadores
    de la antorcha del día  
    chamuscados
    y abrasados. 
    NO ARDÁIS.  
    el dique se ha roto
    / la maldición se ha derramado. 
    (antes) enfangado y quieto, 
    (ahora) el río fluye 
    ¡ROJO!




    CITIZENS,
    children of the night,
    bearers of the day torch:
    scorched and burned.
    BURN NOT.
    the dam is broken.
    the curse is fled.
    once muddied and still,
    the rivers runs
    RED!



    Los manuscritos de un EMCEE muerto
    Saul Williams
    Visor. Madrid, 2008. 362 páginas, 16 euros

    Por AINHOA SÁENZ DE ZAITEGUI 

    Poetas muertos que, de estar vivos, serían rappers: Wilmot. Byron. William Carlos Williams. Catulo. Cualquiera con dos dedos de frente.

    Si la lírica (como su nombre indica) nació con la lira, Los manuscritos de un EMCEE muerto es el regreso a un futuro poético de hip hop introspectivo. Borges de la negritud, Saul Williams dice haber encontrado en el metro de Nueva York ciertos escritos dentro de un bote de spray para graffitis: el desciframiento de estos textos sagrados de la vieja fe no es sino una descodificación de la nueva cultura. Las ocho partes del poema (“Deidad NGR”, “Amatistas”, “Meditaciones prematuras”, “OM”, “1987”, “Sha clack clack”, “Lenguaje codifuntado”, “Siete montañas”) emulan la continuidad rota de la Biblia, además de su origen y destino trascendente: “Dios, concédeme alas. / Soy demasiado bueno para no volar. / Tengo los ojos cansados de ver a los humanos sin alas. / Así que remonto el vuelo. Y me hacen cosquillas / las plumas de las alas. Vuelo histéricamente / sobre la tierra. / Numéricamente hablando, / soy siete montañas más alto que el valle / de la muerte, siete dimensiones más profundo / que las dimensiones del aliento” (“Meditaciones prematuras”, capítulo 1). El profeta Saul psicoanaliza el graffiti a partir de su padre, el jeroglífico egipcio, y estudia el ritmo que controla nuestros músculos y nuestras emociones en términos de ancestrales dioses despedazados: “La música de los ghettos, del cosmos, de los negros, / de los necros: los vencedores de la muerte, / los discípulos del aliento. Disección de redobles / igual que Set lo hizo con Osiris” (“Deidad NGR”, capítulo 28). Es paradoja, pero al monje contemporáneo sí lo hace el hábito: “Unos Guess lavados al ácido con parches de piel, / luciendo las Diadora blancas con la sudadera con capucha / a juego. Con dos relojes de la marca Swatch / y una pequeña cartuchera de Gucci. Podría haberme puesto / la de Louis, pero la dejé en casa” (“1987”, capítulo 1). De la tradición se evocan los motivos: “El cuerpo de Cristo de estos NGRs que intentan ser becerros de oro” (“Deidad NGR”, capítulo 14). Y se imitan los símbolos: tres consonantes (NGR) que heredan el poder atávico del tetragrámaton (YHWH) para nombrar Lo Innombrable: la etnia como ciclón.

    Williams redacta la Sagrada Escritura desde Génesis a Apocalipsis, toda ella apócrifa, toda verdadera. Sus negras Madonnas son Juanas de Arco contra la misoginia estatalizada, el lento genocidio de la especie humana minoría por minoría, el racismo institucional como enésima enmienda a la Constitución. La nueva genealogía extiende sus ramas hacia cultos antiguos y modernos: “Robenson, / el hijo de Dios, Hurston, Akhenatón, / Hatshepsut, Pies Negros, Helena, / Lennon, Kahlo, Kali, las Tres / Marías, Tara, Lilith, Lourdes, / Whitman, Baldwin, Ginsberg” (“Lenguaje codifuntado”). Etc. Es el inacabable name-dropping de quien lleva la cuenta. Todos estamos en El Libro. “Asesinado por vuestras teorías de muerte” (“1996”), el poeta resucita en música y verso. La suya es palabra de vida. 



    CAPÍTULO 1

    PUTO NGR. El gatillo de la pipa. El glande grande. ¿Para qué follar? Asesino. Derramador de sangre. PUTO ladrón. Un donjuán. Mala suerte tener que follar con este machote negro. Bigger Thomas, lo juro. Deja un cadáver en la caldera.
    ¿Deidad NGR? Soy complicado. Incluso mis andares chulescos. De la misma manera que cojo la pistola, sobre el costado, como si fuera un cachorro. Acaricio el gatillo. Lo hago destornillarse de risa. Creerás que soy un humorista por la manera en que estalla.
    ¿Deida NGR? Represento las cenizas y el polvo. Todo el hollín que sube de tu chimenea. Te tengo atascado en la rutina. Puedes disparar o no, fulano, te estoy matando. Puedes ocultar tus deseos. Incluso Buda sufrió cuando lo mandaron al otro barrio.
    ¡NGR, ahora estoy de pie en la esquina de la interjección! Las exclamaciones me apuntan porque disparo estos sustantivos. Yo hice que esos chicos inventaran adjetivos. Me estoy haciendo con un nombre. Porque soy yo, NGR, ¡claro que lo soy!
    NGR, por favor. La tierra, el aire, el fuego y los mares. La tercera dimensión. La cuarta dimensión, la quinta dimensión. Fácilmente. Todas esas porquerías que nunca imaginaste. Yo hago que alucines. En la puerta de tu casa con mi escopeta de cañones recortados. Yo hago que te pongas de coca hasta arriba.
    ¿Deidad NGR? Oye, fulano, no voy a llamar a tu puerta. Ábrela. Ahora que ha llegado la hora de encontrarte con tu creador, no voy a cambiar el argumento. Eres el actor de una serie. NGR, soy el dueño de todo. Y aquí estoy para pagarte tus royaltie como si fuesen monedas de oro guardadas en un caldero.



    CAPÍTULO 2

    Ahora quizá me estoy poniendo demasiado Sirio.
    Demasiado pequeño para que se me tenga en cuenta aquí.
    Aunque el sol me da la razón.
    Un cometa cómico con audiencia de pulmones.
    Este cuerpo de risa, ¿está conmigo o contra mí?
    ¿Depende del matiz? Humano, aunque el género es mudo.
    Y el chiste se sustenta en la raíz.

    Soy una estrella. Esta es una vida de suburbios.
    Viajo todos los días. Hago la misma ruta a diario
    entre el sol y el botín terrenal. Y crío a mis hijos
    a la altura de la luz y de la verdad.



    CAPÍTULO 6

    Bajo la superficie de nuestra finalidad yace el rumor
    de una lluvia ancestral. Vestida con un rostro de nube,
    canta como un juglar al cielo. La luna es mi madre.
    La tormenta acapara mi mirada.

    Vestida con vientos del oeste. Ataviada por Paul Robeson.
    El río Mississippi conoce mi nombre. Y la razón por la que
            naciste
    es la razón por la que vine.

    Saúl Williams en Los manuscritos de un EMCEE muerto.

    Traducción de Silvia Barbero.



    Children of the Night

    And out of the sun's gates come little girls in dresses of fire
    wearing pigtails of braided smoke which stem from their moon cratered scalps.
    The glowing seeds of a nightly garden that will blossom into full moons 
              irregardless of the sun,
    Veil the night in the seven names of the wind through the tales of their 
             wind blown fathers.
    Who will father these mother's of light?
    And what will become of me?
    Children of the Night.

    Only some will star the sky.
    Only believers in death will die.
    And fathers must feather the wings of women.
    For the unfeathered masses dangle ridiculous,
    carrying crosses to phalynx filled tombs.
    The future sells silence through blood rivered wombs
    that ripple with riddles of cows and spoons, and birth, moons, earths and suns 
             centered at noon.
    She buries her eggs in the soil
    and plants her feet in the sky.
    Soil seeds the circus of carrots and clowns,
    and minstrels show our desires.
    And here I stand
    court jestering infinity,
    fetal fisted for revolution
    but open hands birth humility.
    Now what is the density of an egoless planet?
    Must my spine be aligned to sprout wings?
    I'm slouched in the slingsleps and kangoled with gang reps
    but my orbit rainbows saturn's rings.
    Mystical eliptical presto polaris karmic flame future with saturn and aries.
    And now i'm a fish called father
    with gills type dizzy,
    blowing blood and liquid lullabies through the spine of time to tranquilize the 
             nervous system's defeat.
    At the feet of the river the children are gathered or rather buried in that mass grave 
             site of the night.
    They are the seeds of light planted in the sky
    but the night and skies are meaningless to their unearthly eyes.
    They are our children playing chess on the sunburnt backs of one eyed turtles.
    Check mating a life time slow crawl to enlightenment.
    They cash in their crown and glory for magic and contradiction.
    The children of fiction
    born of semen filled crosses thrust in cavalry's mound.
    With memories of mañana's millenium.

    The gravity of the pendulum,
    the inscription of the grail.
    The rumors of one famine and diseases and storms of hell.
    All hail the new beginning, behold the winters end.
    Bring on the puppets and dragons as the ceremonies begin.
    For they have come to shatter time and bring back the dead newborn,
    an army of me.
    Bearing change in the frontline and shadows in the field mines,
    the wilderness and the lights in the city.
    I have seen them.
    A tumultuous army of bastards and beggars, mad men and idiots,
    witches and harlots, dancers and lunatics, singers and sinners,
    losers and lovers, students and teachers, poets and priests.
    Orbitting the realms of the ordinary through the ordinances of those ordained 
             by the beast.
    These are our children, love laden life lanterns casting shadows that shepherd 
             the flocks.
    Crying wolf in the moons full at sirens of love's lull.
    The offspring of gibraltar's rocks.
    Who will deny him and thrice crows the cock?
    Will it be you, Peter?
    Decked in demiers denial masquerading in matter overminded, under-trialed.
    Self is the servant to serpents with wings.
    Three is the beginning of all things.

    Try angles to rectangle your wings,
    let vision blur,
    let your naught deservings disintegrate.
    Pile stone, unearth ancient learnings.
    See self as the ghost of your servings.
    If you're serving the father, there's no son without mother.
    Parent bodies discover water bodies and drown.
    Wade me in the water until atlantis is found.
    On the seas of ourselves, i'm starfish and unbound.
    Heard the name of that mound is stone mountain.
    Underwater volcanoes erupt water fountains of youth,
    less this carnal equation cancel out truth.
    Throw me beyond sometime and drench me waterproof.
    Let leaves drop forever, rain sun sets on my roof,
    as I sit on the front porch of my sanity,
    deciphering ham bones to van gogh,
    this vanity oiled egoes canvased and framed to be reborn,
    unborn,
    unburied,
    unnamed.
    A reflection through a bloodstained glass window of souls gone yellow around 
             the edges.
    Carbonated dreams and blurred daily lives.
    But let family bring focus.
    Out of swamps blossom lotus.
    The muddy water blue daughters of infinity.
    Gravity, we water bodied bhodisatvas our serenity.
    As we rise with the tides towards divinity.
    And she will be raised by wolves just below the masonry dixon line,
    where eagles noose the misuse of osiris's omega papyrus in their claws clenched
    so that the vultures of our memories may feast upon the remedies of ancient laws 
             lynched
    and flop to the treetops of the forethoughts we have forgotten.

    Yes silence will be begotten of the wind.
    The silver eyes of the darkness are her friends.
    They sometimes plant forever in their dens.
    On the mountain side but sometimes now and then, between the rise and set of you 
             and I
    may blue visions know the depths of liquid skies.
    And some ask me if she cries in the night, and there's a subtance of her tears that 
             drench the days with light.
    ****, you better hope she do.
    'Cause they're riddled with fur coats and painted faces dancing at the porphyries 
             of perfection.
    They eat chinese apples that stain their teeth red and they'll cap a cosmos of chaos,
    and in a moments notice the children are on the train.
    Selling chocolate with their mothers in the background,
    fundraising their dreams from the dead.
    And the authors of order are corresponding catharsis and change the leaves of my 
             needs from orange to red.
    I need fruit and vegetables,
    for these living things can feed the span of wings,
    thus she was born to charter my flight into the blues of night.
    I am the darkness that preceeds the light.
    A pupil of the sea's reflective sight.
    Notebook in hand, I footnote land and write.
    Plot dot dot dot and dot my i's is right.
    And cast my lot amongst the Children of the Night.


    Untimely Meditations

    CHAPTER 1

    Time is money. Money is time.
    So, I keep seven o’clock in the
    bank and gain interest in the 
    hour of God.  I’m saving to buy 
    my freedom. God grant me wings.
    I’m too fly not to fly. Eye sore
    to look at humans without wings.
    So, I soar. And find tickle in the 
    feather of my wings. Flying
    hysterically over land. Numerically,
    I am seven mountains higher than
    the valley of death, seven dimensions
    deeper than dimensions of breath.

    CHAPTER 2

    The fiery sun of my passions 
    evaporates the love lakes of my 
    soul, clouds my thoughts and 
    rains you into existence. As I take 
    flights on bolts of lightening. 
    Claiming chaos as my concubine 
    and you as my me. I of the storm. 
    You of the sea. We of the moon. 
    Land of the free. What have I done 
    to deserve this? Am I happy?

    CHAPTER 3

    Happiness is a mediocre standard 
    for a middleclass existence. I see 
    through smiles and smell truth in 
    the distance. Beyond one dimensional 
    smiles and laughter lies the hereafter. 
    Where tears echo laughter.

    You’d have to do math to divide a 
    smile by a tear, times fear, equals 
    mere truth, that simply dwells in the 
    air.  But if that’s the case all I have 
    to do is breath and all else will follow.
    That’s why drums are hollow.

    And I like drums. Drums are good.
    But I can’t think straight. I lack the 
    attention span to meditate. My attention 
    spans galaxies. Here and now are immense.
    Seconds are secular. Moments are mine.
    Self is illusion. Music’s divine.

    CHAPTER 4

    Noosed by the strings of Jimi’s guitar, 
    I swing, purple-hazed pendulum. Hypnotizing   
    the part of eye that never dies. Look into my: 
    eyes are the windows of the soul is fried chicken,  
    collards, and cornbread is corn meal, sour cream,  
    eggs, and oil is the stolen blood of the earth, used 
    to make cars run and kill the fish.

    Who me? I play scales. The scales of 
    dead fish of oil slicked seas. My sister 
    blows wind through the hollows of fallen 
    trees. And we are the echoes of eternity. 
    Maybe you’ve heard of us.

    We threw basement parties in pyramids.
    I left my tag on the wall. The beats would 
    echo off the stone and solidify into the 
    form of light bulbs, destined to light up 
    the heads of future generations. They 
    recently lit up in the form of: BA BOOM
    BOOM OM. Maybe you’ve heard of us.

    CHAPTER 5

    If not then you must be trying to hear us
    and in such cases we cannot be heard. We 
    remain in the darkness, unseen. In the center 
    of unpeeled bananas, we exist. Uncolored by 
    perception. Clothed to the naked eye. Five 
    senses cannot sense the fact of our existence.
    And that’s the only fact. In fact, there are no 
    facts.

    Fax me a fact and I’ll telegram a hologram
    or telephone the son of man and tell him he 
    is done. Leave a message on his answering 
    machine telling him there are none. God and 
    I are one. Times moon. Times star. Times sun. 
    The factor is me. You remember me.

    CHAPTER 6

    I slung amethyst rocks on Saturn blocks
    until I got caught up by earthling cops. They 
    wanted me for their army or whatever. Picture 
    me: I swirl like the wind. Tempting tomorrow 
    to be today. Tip toeing the fine line between 
    everything and everything else. I am simply 
    Saturn swirling sevens through sooth. The sole 
    living heir of air. And I (inhale) and (exhale) and 
    all else follows. Reverberating the space inside of 
    drum hollows. Packaged in bottles and shipped to 
    tomorrow, then sold to the highest NGH.

    I swing from the tallest tree. Lynched by 
    the lowest branches of me. Praying that 
    my physical will set me free ‘cause I’m 
    afraid that all else is vanity. Mere language 
    is profanity. I’d rather hum. Or have my 
    soul tattooed to my tongue. And let the 
    scriptures be sung in gibberish. ‘Cause 
    words be simple fish in my soulquarium. 
    And intellect can’t swim.

    CHAPTER 7

    So, I stopped combing my mind so my 
    thoughts could lock. I’m tired of trying 
    to understand. Perceptions are mangled, 
    matted, and knotted anyway. Life is more 
    than what meets the eye and I.

    So, elevate eye to the third. But even that 
    shit seems absurd when your thoughts 
    leave you third eye-solated. No man is an 
    island. But I often feel alone. So find peace 
    through OM.



    1987

    CHAPTER 1

    Acid wash Guess with the leather patches, 
    sportin the white Diadoras with the hoodie 
    that matches. I’m wearing two Swatches and 
    a small Gucci pouch. I could have worn the 
    Louis but I left it in the house.

    My NGHs Duce and Wayne got gold plates 
    with their name, with the skyline on it and the 
    box link chain. I’m wearing my frames they 
    match my gear with their tint. And you know 
    Lagerfield is the scent.

    My NGH Rafael just got his jeep out the shop. 
    Mint green sidekick. Custom made ragtop. Strictly 
    Business is the album that we play. “You’re a 
    Customer,” the pick of the day.

    CHAPTER 2

    There’s a NGH on the block. Never seen him 
    before. Selling incense and oils. My man thinks 
    that he’s the law. But why on earth would this be 
    on their agenda as he slowly approaches the window.

    Uh, uh, I’ve seen you before. I’ve been you and 
    more. I was the one bearing the pitcher of water. I 
    rent the large upper room furnished with tidings of 
    your doom or pleasure, whichever feathers decree.

    Yo, Ralph, is he talking to me? No I’m talking to 
    the sea sons resurrected. I’m the solstice of the 
    day. I bring news from the blues of the Caspian”

    My man laughs. He’s one of them crazy 
    MTHRFKRs. Turn the music back up. ‘Cause 
    I’m the E double.’ “Wait, but but, I know the 
    volume of the sea and sound waves as I will. 
    Will you allow me to be at your service?”

    My man Ralph is nervous. He believes his 
    strange tongue deceives and maybe he’s 
    been informed that he’s pushing gats,  Hidden 
    in the back beneath the floor mats. “Come on 
    Jack, we don’t have time for your bullshit or 
    playin,  As Salaam A somethin or another.” 
    “Wait isn’t Juanita your mother? I told you 
    I know you. Now grant me a moment.

    CHAPTER 3

    At the gates of Atlantis we stand. Ours 
    is the blood that flowed from the palms 
    of his. Hands on the plow, till earth ‘til 
    I’m now. Moon cycles revisited. Womb 
    fruit of the sun. Full moon of occasion 
    wave the wolves where they run. And we 
    run towards the light. Casting love on the 
    wind. As is the science of the aroma of 
    sleeping women.”

    Lost in his eyes.  They soon reflect my 
    friends are grinning. But I’m a pupil of 
    his sight. The wheels are spinning. “Yo, 
    I’ll see y’all later tonight.”

    CHAPTER 4

    In the beginning her tears where the long 
    awaited rains of a parched Somali village.
    Red dusted children danced shadows in the 
    newfound mounds of mascara that eclipsed 
    her face, reflected in the smogged glass of 
    Carlos’ East Street bodega.

    Learning to love she had forgotten to cry,
    seldom hearing the distant thunder in her 
    lovers ambivalent sighs. He was not honest.
    She was not sure. A great grandfather had 
    Sacrificed the families clarity for gold in the 
    late 1800’s. Nonetheless, she had allowed 
    him to mispronounce her name, which had 
    eventually led to her misinterpreting her 
    own dreams and later doubting them. But 
    the night was young.

    She, the first-born daughter of water, faced 
    darkness and smiled. Took mystery as her 
    lover and raised light as her child. Man that 
    shit was wild. You should have seen how 
    they ran. She woke up in an alley with a gun 
    in her hand. Tupac in lotus form,  Ennis’ blood 
    on his hands.

    She woke up on a vessel, the land behind her, 
    the sun within her, water beneath her, mushed 
    corn for dinner. Or was it breakfast? Her stomach 
    turned, as if a compass.  She prayed east and lay 
    there breathless. They threw her overboard for 
    dead. She swam silently and fled into the blue Si.

    CHAPTER 5

    La So Fa Me Re Do Si. The seventh octave. I 
    don’t mean to confuse you. Many of us have 
    been taught to sing and so we practice scales.
    Many of us were born singing and thus were 
    born with scales.

    Myrrh-maids cooks and field hands sang a 
    night song by the forest and the ocean was the 
    chorus in Atlantis, where they sang. Those thrown 
    overboard had overheard the mysteries of the 
    undertow and understood that down below there 
    would be no more chains.

    They surrendered breath and name and survived 
    countless as rain. I’m the weather, man. The clouds 
    say storm is coming. A white buffalo was born 
    already running. And if you listen close you’ll hear 
    a humming.

    CHAPTER 6

    Beneath the surface of our purpose lies rumor of 
    ancient rain. Dressed in cloud-face, minstrels the 
    sky. The moon’s my mammy. The storm holds 
    my eye.

    Dressed in westerlies. Robed by Robeson. Ol’ 
    Man River knows my name. And the reason you 
    were born is the reason that I came.

    CHAPTER 7

    Then she looks me in the face and her eyes get 
    weak. Pulse rate descends. Hearts rate increase.
    Emcees look me in the face and their eye’s get 
    weak. Pulse rate descends. Hearts rate increase.

    Emcees look me in the face and their eyes get 
    Weak. Pulse rate descends. Hearts rate increase.
    It’s like ‘Beam me up, Scottie’. I control your 
    body. I’m as deadly as AIDs when it’s time to 
    rock a party.

    We all rocked fades. Fresh faded in La Di Da Di.
    And when we rock the mic we rock the mic right.
    But left’s the feminine side. Ignored the feminine 
    side.

    I presented my feminine side with flowers. She cut 
    the stems and placed them gently down my throat.
    And these tu lips might soon eclipse your brightest 
    hopes.



    Said the Shotgun to the Head (extract)

    CITESENS,
    children of the night,
    bearers of the day torch:
    scorched and burned.
    BURN NOT.
    the dam is broken.
    the curse is fled.
    once muddied and still,
    the river runs
    RED!

    "ALL
    those ships that never sailed
    the ones with their seacocks open
    that were scuttled in their stalls
    TODAY
    i bring them back
    HUGE AND INTRANSITORY
    and let them sail
    FOREVER!"*

    if ever
    there were currents
    uncurrent

    the wind
    could not serve as
    truth's currency

    CURRENTLY
    MOON MARKED
    AND
    SUN SPARKED
    UNMARKED BILLS
    i AM
    CERTAIN
    i SPEAK A NEW LANGUAGE

    as is ALWAYS
    THE FIRST SIGN
    of a 
    NEW AGE

    i had begun to believe my blackened toenails
    were on the path to decay when, in truth,
    they had begun the gradual process of
    CRYSTALLIZATION.
    i am he who walks on wind scorned feet with toenails of
    AMETHYST AND ROSE QUARTZ.

    my path now crystal clear.

    i AM COME TO TELL YOU
    SHE IS HERE.

    it is not written
    NO pen MAN ship
    was ever CARGOED
    with her character
    NOTE:
    BOOKS ARE CAREFULLY FOLDED FORESTS
    void of autumn
    BOUND FROM THE
    SUN

    Likewise, she made her residence
    ON THE OUTSKIRTS
    OF A SHADOWING HISTORY
    ON THE DARKSIDE OF THE MOON
    where the searchlighte of the sun
    COULD NOT SPOT HER
    nor rot her
    the seed of forbidden fruit
    every tree
    HAS A HIDDEN ROOT

    YET, SHE HAS
    COME TO LIGHT

    THE SWELLING PATCHWORK
    OF VIBRANT DREAMS

    YES, THERE IS A SCIENCE
    TO THE AROMA
    OF SLEEPING WOMEN

    (AND TO THINK OF THE GIRLFRIEND i WAS TEMPTED TO BREAK UP WITH 
    BECAUSE SHE SLEPT TOO MUCH)

    i now know, they NURTURED her there:
    they slept in packs
    dreamt in cycles
    NURSED HER IN SHIFTS
    and became her
    ON ROTATION

    unnamed her

    everytime she was named
    so she would not be known to anyone

    (even unto herself)

    undressed her

    everytime she was dressed
    so she would not be
    recognized

    as anyone other than herself

    they blindfolded her
    and spun her
    in circles
    so she would
    find her way here
    by no other means
    than her intuition

    and
    she
    is
    come

    i am a simple disoriented man
    in her presence

    i wear my loincloth
    over my eyes
    and ejaculate
    too soon

    forgive me father
    for i have sinned

    i prayed to you
    and cupped
    the wind

    and in doing so
    barred her entry
    into a century:
    100 years
    of solitude

    (yes, the wind is the moon's imgination wandering)

    i will now pray
    with my hands

    outstreched
    with these psalms

    etched
    into my palms

    9:

    most beloved,
    i am certain of nothing more
    than your existence

    a thousand ants
    crawling under a log
    may find themselves exposed
    in my childlike search
    for you

    (...)

    my kali flower
    i am eternally destroyed
    by your love
    no longer
    am i eligible
    for any worker's
    pension

    my friends laugh at me
    and talk behind my back
    they say you have
    changed me
    and
    i am

    i am like a survivor
    of the flood
    walking through the streets
    drenched with
    God
    surprised that all of the
    drowned victims
    are still walking and talking

    maybe there's hope
    i rush to each victim's side
    sucking what i can of you
    out of your various
    incarnations
    pumping their stomachs
    and filling them

    to touch them
    is to touch you
    to kiss them
    is to kiss you

    my friends,
    love is an artform
    slightly removed
    from its element
    one may ask
    well what does this mean?
    i respond
    i've made it up
    but it shall be
    from now on

    from now on
    cities
    will be built
    on one side
    of the street

    so that soothsayers
    will have wilderness to wander
    and lovers
    space enough
    to contemplate
    a kiss

    she kissed
    as if she, alone,
    could forge
    the signature
    of the sun

    i closed my eyes
    although
    i never knew
    the difference
    i stood before
    a brighter light
    at lesser
    distance


    and then, a feeling. Almost as if nothing were ever bound to repeat itself again. As if history had been as masterfully created as the great pyramids and any attempt to reconstruct or relive any given moment would have to stem from an understanding of how the pyramids were built from the TOP DOWN.


    and if one could understand such majesty one would also understand that kisses hold codes for unlocking new portals and that pyramids were first made of flesh

    our bonded souls
    shifting through
    hidden corrals
    and passageways

    i will find my way
    to eternity
    within you

    when i can feel you
    breathing into me
    i, like a stone gargoyle
    atop some crumbling building,
    spring to life
    a resuscitated
    angel

    i sweep through city streets
    my wings out-stretched
    making mothers
    clutch their young
    and remember

    and do you remember, dear ones
    or has your history forsaken you?
    there were tales told 'round fires
    mysteries coded in song
    chants and uprisings
    centuries of art
    all incantations
    calling forth this day

    on this day
    the drunks vomit in unison
    'though last night they drank from different cups
    children laugh and play
    introducing their parents
    to invisible friends
    a country girl smiles
    and two trees blossom
    out of season

    sea sons awaken
    our mother has returned
    to wave us
    from uncertainty
    once tidal

    twice born
    of wooden ships
    thrice formed
    through mother's hips
    mother ships
    graced tu lips
    a poet's garden

    "2 for 5"
    "they're going fast"
    the future's bargain
    "that's strange"
    "i heard my name"
    the river's parting
    "hurry up"
    things blurry up
    the sun is darkened

    rivers
    like oceans
    oceans
    like answers
    questions
    in cloud forms
    raindrops
    in stanzas

    to be
    or not to...

    to see
    or not to...

    she has eyes
    like two turntables
    mix(h)er
    in between
    my dreams and reality
    blend in
    ancient themes

    the bass is of isis
    (basis)
    cross-faded to ankh
    the beat drops
    like a cliff
    over-looking
    my heart

    8:

    6000 feet
    above
    sea level

    330 bodies
    disassembled

    the head bone's
    connected
    to the cock pit

    knee jerk
    ass backwards

    dancing slaves
    in a mosh pit

    punk rock
    of gibralter
    roll out
    nothing's new

    mo' blood dues
    the mo hawk
    only this time
    it's you

    and you
    never loved her
    for what she 
    possessed

    you powdered
    her face
    and came
    on her
    head-dress

    oil slicked feathers, putrid stenched water-bed
    "mother nature's a whore," said the shotgun to the head.

    and it smelled like teen spirit
    angst driven insecure
    a country in puberty
    a country at war


    His dilemm
    every morning
    I rise and face
    the firing squad

    every morning
    there is one
    who holds his fire

    his dilemma
    is my system
    of belief

    they fire rounds
    but I am seldom
    in their circle

    a quiet mind
    is labeled "sound"
    and colored purple

    my little boy
    has not yet learned
    to color within lines

    his jumbled diction
    has not yet learned
    our contradiction

    we speak of art
    with flaming passion
    then do work
    void of compassion

    and wonder why
    reality is bleeding fiction.




    Saturn's Rivers

    Her newborn cyclops had my eye
    but i knew i'd never claim it

    i was taught not to claim
    when the wind
    wrote my name in the water:
    waved blueness over blackness and i
    at that moment i saw
    that blackness would die


    but not me
    not we


    in the deep blue abyss
    we kissed on a current
    and drowned eternities in loves' lost lagoons


    she had hidden rooms in her womb
    where i had seen screeenings of her future


    wrapped in swaddling clothes
    and God knows i wanted to kiss it
    but my lips were sealed by time

    ...Saturn's Rivers overflow
    with schools of frankincense
    and myrrh-maids: swimming scents of self to the soul
    and sphinxes, they swim, in Saturn's rivers.
    drenching the waters with ancient magic
    and the secrets of the Saturn Sutra.


    secrets that could name the future and
    saturate the soul with stardust nd samba of the seasons untold
    the future in Saturn's rivers
    so i sailed my soul through the fore-thought of the forgotten
    and waded through windows of time...

    i'm certain of
    Saturn's Rivers
    and all else is fact

    so baptize me in the stars
    and wrap me in the night-time moon blue

    pupil my sight with orange balls of light
    and echo my plight through the corridors of metaphor
    what else are we living for
    if not to create fiction and rhyme
    my purpose:
    to make my soul
    rhyme with my mind

    over

    matter
    minds create matter
    minds create fiction
    as a matter of fact
    as if matter is fact
    matter is fact
    so spirit must be fiction
    science-fiction
    art-fiction
    meta-fiction



    Language in Zoos

    I could recite the grass on a hill
    And memorize the moon
    I know the cloud forms of love by heart
    And have brought tears to the eye of a storm
    My memory banks
    Vaults of autumn forests and amazon river banks
    And I have screamed them into sunsets
    That echo in earthquakes
    Shadows have been my spotlight
    As I monologue with night
    And dialogue the days
    Seliliquies of wind and breeze
    Applauded by sun rays

    We put language in zoos
    To observe caged thought
    And tossed peanuts and p-funk at intellect
    Motherfuckers think these are metahors, I speak what I see
    All words and worlds are metaphors of me
    My life is authored by the moon, footprints written in soil
    The fountain pen of martian men noveling human toil
    And yes, the soil speaks highly of me
    When earth seeds root me
    Poet tree

    Now, maybe I'm too serious
    Too good to hear
    Too matter
    Though I'm riddled with the reason of the sun
    A stand-up comet with the audience of lungs
    This body of laughter, is it with me or at me
    Hue more (humor) or less though genders mute
    And the punchline has this lifeline at it's root

    I'm a star, this life's the suburbs, I commute
    Make daily runs between the sun and earthly loot
    And raise my children to the height of light and truth










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  • 10/06/16--02:21: MELVIN B. TOLSON [19.214]

  • Melvin B. Tolson

    Melvin B. Tolson. Poeta, profesor y ensayista americano. Es uno de los más importantes y distinguidos poetas de los Estados Unidos.

    Nació en Moberly, Missouri, el 6 de febrero de 1898, aunque le gustaba decir a la gente que nació en el 1900, lo que está claro, sin embargo, es que Tolson vivió más tiempo de forma continua en Oklahoma que en ningún otro lugar durante todo su vida, desde 1947 hasta su muerte.

    Etapas importantes de su vida

    En 1922 se casó con Ruth Southall, y en 1924 se graduó con honores en la Universidad de Lincoln. Desde 1924 hasta 1947 fue profesor en Wiley College en Marshall, Texas, ausentándose por un año (1930-1931) para seguir trabajando en un título de maestría de la Universidad de Columbia. Su proyecto de tesis se centró en entrevistar a los miembros del Renacimiento de Harlem. Desde 1947 en adelante fue profesor en la Universidad de Langston en Oklahoma (donde también sirvió tres términos, desde 1954 hasta 1960, como alcalde).

    Comienzos en la poesía

    Desde su primer año en Nueva York surgió su primera poesía, un grupo de narraciones cortas, ligeramente aliado con el verso libre de la Antología de Edgar Lee Masters Spoon River. Algunos de los poemas de ese manuscrito se publicaron desde 1937 hasta 1939, pero el trabajo conjunto esperaría de impresión hasta finales de 1970 cuando Robert M. Farnsworth se presenta como una galería de retratos de Harlem. Su obra más destacada es una embriagadora mezcla de jerga colorido y alusiones intelectuales, con una superposición de alta de la ciudad / centro de la ciudad que apenas se mantienen unidos por el sonido encantador de las palabras y una sintaxis que rasga a lo largo a una velocidad impresionante.

    Muerte

    Murió a la edad de 67 años, el 29 de agosto de 1966, en Dallas, Texas, unos días después de someterse a cirugía para el cáncer.

    Obras destacadas

    Encuentro con los Estados Unidos (1944)
    Libreto de la República de Liberia (1953)
    Harlem Galería (1965)

    Méritos a su labor

    En 1947, fue nombrado Poeta Laureado de la nación africana de Liberia, para la que escribió: “el libreto”, y más tarde obtuvo el premio a la poesía de la Academia Americana de las Artes y las Letras en 1965. Se caracterizó por ser uno de los primeros poetas afro americanos. En un diario que escribiría elocuentemente manifiesta:

    "La poesía es el arte de complicar".

    Su trabajo no sólo busca complicar las opiniones de una segregación de América hacia el hombre negro, sino también para cuestionar la versión del hombre negro de sí mismo. Quería abrir la experiencia del negro llamando a mostrar su complejidad inefable, por lo que su trabajo tiene una inclinación ética épica y profunda. Sus papeles se encuentran ahora en la Biblioteca del Congreso.


    Andante Sostenuto

    Nos dicen que olvidemos
    El Golgota que pisamos
    Nosotros los que azotan con odio
    Con un precio por nuestras cabezas.

    Aquellos que nos han puesto grilletes
    nos exigen una canción
    Aquellos que nos han destruido
    nos ofrecen justificar sus errores.

    Nos dicen que olvidemos
    que desdeñan la democracia.
    Nos dicen que olvidemos
    que queman el Acta de Derechos.

    Por 300 años hemos sido esclavos,
    Aun los somos, aun sufrimos:
    a pesar de que la carne y los huesos se rebelan
    !Nos dicen que olvidemos!.

    Oh, ¿cómo podemos olvidar
    que nos niegan nuestros derechos humanos?
    Oh, ¿cómo podemos olvidar
    que han crucificado nuestra humanidad?.

    Cuando se profana la justicia
    y el ruego solo consigue maldiciones.
    Cuando las puertas de la libertad son bloqueadas
    Oh, ¿cómo podemos olvidar.


    Andante Sostenuto

    They tell us to forget
    The Golgotha we tread… 
    We who are scourged with hate, 
    A price upon our head.

    They who have shackled us 
    Require of us a song, 
    They who have wasted us
    Bid us condone the wrong.

    They tell us to forget 
    Democracy is spurned. 
    They tell us to forget 
    The Bill of Rights is burned. 

    Three hundred years we slaved, 
    We slave and suffer yet: 
    Though flesh and bone rebel, 
    They tell us to forget! 

    Oh, how can we forget 
    Our human rights denied? 
    Oh, how can we forget 
    Our manhood crucified? 

    When Justice is profaned 
    And plea with curse is met, 
    When Freedom’s gates are barred, 
    Oh, how can we forget?


    Abraham Lincoln of Rock Spring Farm 

    I

    Along the Wilderness Road, through Cumberland Gap,
    The black ox hours limped toward Sunday’s sun,
    Across a buff clay belt with scrawls of stone,
    Where bird and beast quailed in the bosom brush
    From February’s fang and claw; the stars,
    Blue white, like sheer icicles, spired aglow
    As if the three wise men barged in the East
    Or priests in sackcloth balked the Scourge of God.

    Foursquare by the rite of arm and heart and law,
    The scrubby log cabin dared the compass points
    Of Rock Spring farm, man’s world, God’s universe,
    The babel of the circumstance and era.
    The frozen socket of its window stared
    Beyond the spayed crabapple trees, to where
    The skulls of hills, the skeletons of barrens,
    Lay quiet as time without the watch’s tick.

    Not knowing muck and star would vie for him,
    The man Tom sank upon ax-split stool,
    Hands fisted, feet set wide to brace the spirit,
    Big shoulders shoved, dark hazel eyes glazed by
    Grotesqueries of flame that yawled and danced
    Up, up, the stick-clay chimney. While fire imps combed
    The black and bristling hair, the acids of thoughts
    Made of the orby face an etching-plate.


    II

    Near pyrotechnic logs, the purling kettle,
    Aunt Peggy puffed her pipe on God’s rich time:
    A granny at a childbed on the border,
    Where head and backbone answered the tomahawk
    Her wise old eyes had seen a hundred Nancys
    In travail tread the dark winepress alone;
    Her wise old hands had plucked a stubborn breed
    Into the outer world of pitch and toss.

    The cabin that her myth and mission entered
    Became a castle in which Aunt Peggy throned
    A dynasty of grunts and nods and glances.
    The nest, the barn, the hovel had schooled her in
    The ABC of motherhood, and somehow
    She’d lost her ego in the commonweal:
    She sensed so accurately a coming child
    That rakes dubbed her the St. Bernard of Sex!

    And now her keyhole look explored Tom Lincoln
    Beneath the patched homespun, the hue and cry
    Of malice, until she touched his loneliness,
    The taproot that his fiber gave no tongue.
    Then, lulling the wife, troubled in flesh and mind,
    She eased the sack quilts higher and mused the while:
    There’s but one way of coming into the world,
    And seven times seventy ways of leaving it!


    III

    The woman Nancy, like a voyager sucked
    Into the sea’s whale belly by a wreck,
    Buoyed to the surface air of consciousness
    And clutched the solace of her corn-husk bed.
    Her dark face, sharped in forehead, cheekbone, chin,
    Cuddled in dark brown hair; her eyes waxed grayer
    With wonder of the interlude: her beauty
    And courage choked Aunt Peggy’s hyperbole!

    Out of the fog of pain, the bog of bygones,
    The bag of cabin cant and tavern tattle,
    She picked the squares to piece tomorrow’s quilt:
    She puzzled now, as then, about her father
    Who let wild Lucy Hanks bundle and carry
    Flesh of his flesh beyond the Cumberland Gap;
    A strange roof is no roof when imps of fear
    Pilfer the fatherless in blossom time.

    Year in, year out, the daughter tinkered with
    The riddle of her birth; the mother chided
    The woman Nancy as she had the child,
    “Hush thee, hush thee, thy father’s a gentleman.”
    The butt of bawd, grand jury, Sunday bonnet,
    Lucy, driven, taught her daughter the Word,
    And Nancy, driven, taught her son the Word,
    And Abraham, driven, taught his people the Word!


    IV

    The man Tom bit his fingernails, then rammed
    His pockets with the hector hands that gave
    Raw timber the shape of cabinet and coffin,
    And in his lame speech said: “Aunt Peggy, listen,
    Now that our Nancy’s time is come, I’m haunted
    By my own nothingness. Why breed nobodies?”
    He tapped the dirt floor with the iron-capped boot
    That aided fist and skull in border fights.

    Aunt Peggy counseled: “Tom, you say the say
    Poor Joseph probably said in that low stable
    Ere Jesus came into this mishmash world.”
    She paused, then boxed the ears of cynicism:
    “It’s true, down in the barnyard, blood speaks loud,
    Among the hogs, the chickens, the cows, the horses;
    But, when it comes to Man, who knows, who knows
    What greatness feeds down in the lowliest mother?”

    The man Tom turned and spat: his naked surmise
    Ranged out and out. Aunt Peggy’s innermost said:
    “Your father Abraham, bred like Daniel Boone,
    Conquered a land with gun and ax and plow,
    Baptized it in his blood! I say, I’ve said,
    What’s in a baby is God Almighty’s business;
    How the elders wring it out is worry enough!
    The best, the worst—it’s all, all human nature.”


    V

    The tavern, Tom remembered, the New Year’s Eve,
    The clubfoot scholar bagged in Old World clothes,
    With arrowy eyes and a hoary mushroom beard.
    An Oxford don, he hymned the Bastille’s fall
    In spite of the hair-hung sword; his betters set
    Him free to hail new truths in new lands, where
    He seined with slave and master, knave and priest,
    And out of all fished up the rights of man:

    “As Citizen Lincoln asks, ‘What’s human nature?’
    His full mug says a clear mind puts the question
    Which ties the fogey scholar in a knot!
    My new idea fed to his new baby
    Would fetch the New World and the New Year peace!
    The sum of anything unriddles the riddle:
    The child whose wet nurse is the mother-of-all
    Grows like a pine unmarked by rock or wind.

    “To make a New World and a New Year, Plato
    And Jesus begged the boon of little children!
    Now Citizen Lincoln asks, ‘What’s human nature?’
    It’s what we elders have: no baby has it.
    It’s what our good and bad graft on the neutral.
    It’s what our rulers feed the boy and girl.
    It’s what society garbs nature in.
    It’s a misnomer: call it human nurture!”


    VI

    Aunt Peggy hovered closer, with flawless rites
    Grown lyrical from habit: muffled pain sounds
    Dragged from the bed of cleated poles; she hawed
    Tom Lincoln, as one turns a nag aside,
    Then swooped her way, even as a setting hen
    Carves a dictatorship from yard to nest.
    And Tom again was squeezed into a cell
    Whose inmates were the ghosts of unsuccess.

    Later his memories climbed a gala peak,
    His Nancy’s infare that ran riotous:
    The bear meat, venison, wild turkey, duck,
    The maple sugar hanging for the whiskey,
    The red ham, gourds of syrup, bowls of honey,
    The wood coal pit with brown and juicy sheep,
    The guzzling, fiddling, guttling, monkeyshining:
    A continent sprawled between that day and this!

    A havenot on the frontier is no havenot;
    A Crusoe without Friday has no conscience:
    Yet Tom’s grub living gnawed him like the teeth
    Of slavery, land titles, melancholy.
    He, like his forebears, visioned a Promised Land
    And tidied ways and means to fly the barrens
    That doomed the flesh to peck, to patch, to pinch,
    And wrung the soul of joy and beauty dry.


    VII

    The black ox hours limped by, and day crawled after.
    White prongs of ice, like dinosaur fangs, gleamed in
    The cavernous mouth of Rock Spring; snowbirds shivered
    And chirped rebellion; a cow with jags and gaps
    Chewed emptily; hogs squealed in hunger fits;
    And scrags of dogs huddled against the chimney,
    Which shoveled smoke dust into the throats and noses
    Of ragged winds kicking up snow in the desert.

    Nancy lay white, serene, like virgin milk
    After the udder’s fury in the pail.
    Beneath the sack quilts and the bearskin robe,
    In yellow petticoat and linsey shirt,
    The baby snuggled at her breast and gurgled—
    An anonymity of soft red wrinkles.
    Aunt Peggy, hovering, grinned, “He’s Sabbath-born.
    Remember …Sunday—it’s red-letter day!”

    Like ax and helve, like scythe and snath, the bond
    Held Tom and Nancy; she smiled at his halt smile,
    His titan’s muss in picking up the baby.
    Tom frowned and spat, then gulped, “He’s legs! All legs!”
    Aunt Peggy beamed, “Long legs can eat up miles.”
    Tom gloomed, “The hands—look at the axman’s hands!”
    And Nancy mused, “The Hankses’ dream, the Lincolns’,
    Needs such a man to hew and blaze the way.”





    The Birth of John Henry 

    The night John Henry is born an ax 
                of lightning splits the sky, 
    and a hammer of thunder pounds the earth, 
          and the eagles and panthers cry! 

          John Henry—he says to his Ma and Pa: 
                “Get a gallon of barleycorn. 
          I want to start right, like a he-man child, 
                the night that I am born!” 

    Says:   “I want some ham hocks, ribs, and jowls, 
                a pot of cabbage and greens; 
          some hoecackes, jam, and buttermilk, 
                a platter of pork and beans!” 

          John Henry’s Ma—she wrings her hands, 
                and his Pa—he scratches his head. 
          John Henry—he curses in giraffe-tall words, 
                flops over, and kicks down the bed. 

          He’s burning mad, like a bear on fire— 
                so he tears to the riverside. 
    As he stoops to drink, Old Man River gets scared 
                and runs upstream to hide! 

        Some say he was born in Georgia—O Lord! 
                Some say in Alabam. 
    But it’s writ on the rock at the Big Bend Tunnel: 
                “Lousyana was my home.   So scram!” 



    DELTA 

    Doubt not
    the artist and his age
    (though bald as the pilled head of garlic),
    married or divorced
    and even vying downstage,
    are both aware
    that God or Caesar is the handle
    to the camel’s hair.

    Ye weeping monkeys of the Critics’ Circus
    (colorless as malic acid in a Black Hamburg grape),
    what profit it to argue at the wake
    (a hurrah’s nest of food and wine
    with Auld Lang Syne
    to cheer the dead),
    if the artist wrought
    (contrary to what the black sanders said)
    for Ars’,
    the Cathedra’s, or the Agora’s sake?
    No critic a Gran Galeoto
    between the Art-lover and the work of art,
    the world-self of the make-
    believe becomes the swimming pool of a class,
    the balsam apple
    of the soul and by the soul and for the soul,
    or silvered Scarahaeus glass
    in which Necessity’s figuranti of innocence and guilt
    mirror themselves as they pass.

    If brass,
    in the name
    of Id or Sinai or Helicon, wakes up the trumpet,
    is it to blame?

    Although
    the moment’s mistone
    and the milieu’s groan
    sharp an unbearable ache
    in the f of the age’s bone,
    this pain is only the ghost of the pain
    the artist endures,
    endures,
    —like Everyman—
    alone.

    The artist
    is
    a zinnia
    no
    first frost
    blackens with a cloven hoof;
    an eyeglass
    —in the eye of a dusty wind—
    to study the crosses and tangles in warp and woof;
    an evergreen cherry
    parasitic upon a winter sun;
    a paltry thing with varicose veins
    when the twelve fatigues are done.

    Under the Lesbian rule of the seeress Nix,
    blood and black bile
    mix:
    in the second of a bestiary-goat’s caprice,
    Elan,
    the artist’s undivorceable spouse
    becomes
    a Delilah of Délice
    or
    a Xanthippe bereft
    of sonnets from the Portuguese.

    In Chronos Park
    the Ars-powered Ferris wheel revolves
    through golden age and dark
    as historied isms rise and fall
    and the purple of the doctor’s robe
    (ephemeral as the flesh color of the fame flower)
    is translated into the coffin’s pall.

    The St. John’s agony
    of the artist
    in his gethsemane
    without a St. John’s fire—
    the Vedic god of the snaky noose discovers;
    his far far cry,
    like the noise of block tin,
    crackles the sky:
    “Wayfaring man
    unneighbored by
    a wayfaring tree
    (though one may rue
    this bark of the Moreton Bay laurel),
    it is true
    a something trans-Brow or cis-Brow
    —or both—
    wills one to the wings of the eagle,
    or to the teats of the sow.
    Yet, no lip need sneer to the beard of an ape of God,
    ‘Thou thing of no bowels, thou!’
    So, I say as the Sire
    who chastens and rewards,
    ‘Let thy blue eyes
    resist white stars of red desire.’”

    Like the shape of Africa,
    the raison d’étre of Art is a question mark:
    without the true flight of the bat,
    it is a hanker in the dark.
    Not as face answers face in water,
    but as windows answer each other,
    one viewer,
    lyrical as Hafiz in his cups,
    discovers a lark;
    his companion,
    flat as an open Gladstone bag,
    spies out an ark.

    The blow of a fist on the nape,
    this question came from a Dog,
    “What color can escape
    the fluky flues in the cosmic flux?”
    Perhaps the high-C answer lies
    in the wreck the sea sucks
    back into her bowels. Let
    the Say be said:
    “In Philae the color is blue;
    in Deir-el-Baheri, red;
    in Abydos, yellow—
    and these are by the ravens fed.”

    Art
    is not barrel copper easily separated
    from the matrix;
    it is not fresh tissues
    —for microscopic study—
    one may fix;
    unique as the white tiger’s
    pink paws and blue eyes,
    Art
    leaves her lover as a Komitas
    deciphering intricate Armenian neums,
    with a wild surmise.

    At once the ebony of his face
    became moodless—bare
    as the marked-off space
    between the feathered areas of a cock;
    then, his
    spoon-shape straightened.
    His glance
    as sharp as a lance-
    olate leaf, he said:
    “It matters not a tinker’s dam
    on the hither or thither side of the Acheron
    how many rivers you cross
    if you fail to cross the Rubicon!”

    Postscript:
    He was robbed and murdered in his flat,
    and the only witness was a Hamletian rat.
    But out of Black Bourgeoise came—
    for John Laugart—
    a bottle of Schiedam gin
    and Charon’s grin
    and infamy, 
    the Siamese twin
    of fame.



    The Dictionary of the Wolf 

    “We all declare for liberty,” Lincoln said.
    “We use the word and mean all sorts of things:
    In the sweat of thy face shalt thou eat bread.
    Rifle the basket that thy neighbor brings.”

    The grizzled axman squinted at Honest Abe,
    The six feet four of him, gaunt, sad of face,
    The hands to split a log or cradle a babe,
    The cracked palm hat, the homespun of his race.

    “The wolf tears at the sheep’s throat: and the sheep
    Extols the shepherd for cudgeling tyranny;
    The wolf, convulsed with indignation deep,
    Accuses the shepherd of murdering liberty.

    “But the dictionary of the wolf is writ
    In words the rats of time chew bit by bit.”









    .


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  • 10/06/16--22:42: FRANCISCO CORTEGOSO [19.215]

  • Francisco Cortegoso

    Francisco Cortegoso, conocido también como Fran Cortegoso y por su pseudónimo Frank Euner (Nació en Pontevedra, 1985 - Falleció el 5 de octubre de 2016) fue un poeta español en lengua gallega.

    Licenciado en Filología Gallega. Con Ningún home, una colección de poemas publicada en la Revista das Letras (Galicia Hoxe) en 2008 se incorporó con fuerza al panorama literario gallego. Continuó después con Carta ao poeta español (libro inédito al tiempo de su fallecimiento, aunque algunos poemas fueron publicados en la revista Grial), Memorial e danza (Espiral Maior, 2013), poemario con el que fue galardonado con el Premio Pérez Parallé ySuicidas(Chan de Pólvora, 2016) que vio la luz en las librerías el mismo día de su fallecimiento.



    FRAN CORTEGOSO (2008). “Ningún home”. Galicia Hoxe. “Revista das Letras”:
    739 (2 de outubro 2008 - NÚMERO739), 1-8.

    Estes textos que agora aparecen en Revista das Letras son os primeiros que publica Fran Cortegoso, representante dunha xeración emerxente de poetas que seguen a senda de Chus Pato, Manuel Outeiriño, Celan ou Alfonso Pexegueiro, nomes para eles referencial na construción do seu propio discurso lírico. Aínda que Fran Cortegoso (Pontevedra, 1985) comezou a escribir hai xa algúns anos, non foi até agora que encontrou a voz idónea de achegarse aos lectores.




    [… en una palabra, hablar, no de los poemas, sino del lugar desde el que hablo (o pretendo hablar) J. Talens]

    O TREVO DE SCHAHRIAR

    A lámina acuosa que recubría o ollo do rei persa iluminábase, compracíase, nas palabras –nunca testemuñas– deslizadas sobre o labio superior do imaxinado rostro de Scheherazade. Imaxinarmos o conto como unha rede de fíos tecidos na nosa pel; cubertos por un manto para non pasarmos frío. O seu labio arremuiñado sopraba pompas no ar para contención da sordidez que agachaba a lingua de Schahriar. Comprácennos as pompas cando somos meniños, achegámonos a elas para as tocar e desaparecen; el só as podía percibir reflectidas na pupila, igual ca nós: se cadra non eran reais, mais cando estoupaban sentíamos a súa humidade sobre a pel. A calidade especular das pompas amosaba mundos embriagadores, alucinóxenos: os nosos ollos tamén están cos seus ollos, bebemos as imaxes e compracémonos en velas; arrotamos máis pompas cara ao ar para que as Scheherazades do noso tempo constrúan escumas. E por momentos achegamos as pálpebras para ulir o aroma das herbas con que sazonamos o caldo dos nosos sentidos. Unha pompa é como unha metáfora, e esta tamén estoupa como a pequena burbulla que se achega ao teu polgar: desaparece na túa pel e sentes unha leve humidade quizá, mais o teu ouvido permanece intacto ante tal fenómeno: é difícil escoitar a consumición dunha desas esferas que pululan no espazo. Ser conscientes do lugar que ocupamos (ou que nos ocupa) é percibir o ruído das pompas do noso mundo. Deixármonos embriagar pola súa densidade é descoñecer a capacidade construtiva das palabras, como se enreda a nós un denso manto de linguaxe. O poema aproveita toda a produtividade da linguaxe e atrévese a destecer a nosa pel, achegarnos ás pompas para que escorreguen ao noso antollo sobre a lingua, facelas estoupar e saborearmos a acidez da súa composición, e incluso ousar construír novas pompas. Na nosa lingua hai un doce sabor a trevo, mais os poemas ofrécennos outros sabores que agardamos nos sorprendan.





    a escena ábrese ante un público inexperto, non acostumado á violencia da imaxe que nós si (somos os que nos lemos)
    eles nunca recibiran a imaxe de si propios, foran adestrados na observancia do humano desde disciplinas de distinto grao de aplicabilidade como se a experiencia terreal fose unha loita do home contra o home (unha loita contra os impulsos da natureza, propios dun estado anterior á sociedade)
    descoñecían a violencia da pedra; o non-recoñecemento no propio reflexo do espello, a triplicación do eu: eu-pai, eu-fillo, eu-espírito
    a filmografía e a fotografía permitiunos ter consciencia de nós ante o mundo nós como un único suxeito, un eu superior e mecánico produto da fabricación de imaxes en cadea un eu que se consome

    no escenario –dividido en dous pequenos cenarios (ou cuartos tamén pequenos)– encóntranse dúas recoñecidas figuras da arte do momento:
    Cocteau: situado no cuarto da esquerda escribe poemas sobre o corpo inmaturo dun eu-infancia, e todo é filmado como recordo da creación
     artística
    Picasso: abstraído polo seu ímpeto creador e violento deforma o retrato do rapaz exposto no cuarto do lado coa forza e densidade do óleo sobre
     a superficie do espello
    fóra destes dous planos aparece un terceiro inesperado que corta a cena
    a súa disposición oblicua no espazo impide a visión do fenómeno, unha dimensión allea ao tempo, á configuración do ser-aí, onde todo é (ou
     non-é) non-son
    un eu non-eu diríxese cara ao público
    [na boca sosteño unha pedra e sobre a cabeza apértase unha bolsa ao colo co osíxeno dun instante]
    a figura arqueada daquel rapaz (que recoñezo) desfalece e precipítase
    atravesa o plano e vólvese visíbel ao público, permanece deitado sobre o escenario e o ar contido na bolsa consómese nos seus ollos

    damas e cabaleiros, ante vostedes a violencia deste século contida no meu propio ser
    [sobre o meu corpo adolescente esténdese o holocausto]


    como saber da miña pel
    os escuros usos de Lázaro
    como para domar a sedución do touro
    a lingua fascista que rume o trevo da miña boca
    mentres a pupila fende – dilátase
    e é cunca
    que abrirá paso ao meu espolio
    unha lenta melancolía que parte en nobelo das miñas mans
    como hei curar a miña figura bulímica
    de cuspir tantas veces o [teu nome]
    Daddy
    como para salvar a miña vida
    “xunto ao seu cadáver encontraron o coiro dunha besta arrincado por gabiáns
    as uñas chantadas na súa propia lingua impronunciábel
    e unha carta que transcribo –
    Inútil é grafar o silencio, o meu ser-aquí-neste-momento”
    tívente que matar Lázaro
    tívente que xunguir aos meus ollos
    afogarte na miña gorxa para pronunciar os sons do Real
    o silencio
    tiven que agardar cando xa ardías
    para crear o verso – o mundo
    e tiven que agardar, máis unha vez, para bicala 





    a dous metros sobre a liña que se traza baixo o límite da pálpebra observarás o aletexo dun nome

    apenas unha bágoa lembre o teu rosto en cinza

    a rosa escureza o reflexo do teu Ti

    quizá o labio lle fale á súa propia raíz e esqueza que palabra
    traizoou a memoria do trevo

    mais eu

    e Ti, atando o silencio ao teito do mundo
    lembra que Ti
    volverás mastigar a súa última folla




    PSALM

    Ningún-home te constrúe xa con ferro e pedra
    Ningún-home alenta o teu sangue
    Ningún-home
    Gabado sexa ante ti, Ningún-home
    Polo meu amor cara a ti
    renaces
    Cara a
    ti
    Non eras
    nada, es, serás,
    renacente:
    a Muller de Nada, a
    Muller de Ningún-home
    Sen
    a cor diáfana-escura
    o flaxelo ferro-sol
    a coroa de espiña
    esculpida na pedra-palabra, que nós
    oh! que ti cravabas
    sobre a dor
    Co
    neno eunuco
    a non-palabra eufónica
    o harén dos séculos
    de purpúrea lingua, que eu
    cantarei sobre, oh! sobre
    Ningún-home


    DERRIDA

    falar con Derrida en soños
    mentres me embebía o delirio do cisne macho chegada a época de
    apareamento
    puido ter sido
    certamente
    este verso
    o achegamento pausado á erótica do falo
    a erección sobre o poema do meu Nome
    e a necesidade do suicidio
    ante a ameaza de sublimación do espírito
    –hipócrita charlatán que
    sempre lles fala de min
    e na verdade
    falar con Derrida en soños
    puido ter sido
    altamente erótico



    DERRIDA (II)

    falar con Derrida en soños
    mentres J. nos relataba o conto do parruliño feo
    descubriume o porqué de os cisnes
    poboaren os xardíns das nosas cidades cando máis escuras se
    amosaban
    lembro os paseos na alameda co meu avó
    o seu cabelo branco de palabras
    e os meus ollos embebidos na brancura do cisne
    como se enchían de luz
    e nacían as cores
    agora coñezo o capitalismo dos cisnes
    no paraíso éntrase por ósmose (Ch.)
    e non se sae
    os cisnes están aí
    e teñen dentes



    DERRIDA (III)

    falar con Derrida en soños
    mentres M. lle parte o colo ao cisne
    permitiume conter o meu propio Nome nas mans
    como tamén contiven o meu corazón
    lonxe das aves
    a miña familia comunga coa posmodernidade
    está desconstruída
    e eu só quixen salvar á miña nai
    sempre levei o seu nome

    Coordinación: A.R. López e M. Dopico. Deseño: Signum





    Memorial e danza, de Francisco Cortegoso
    Espiral Maior, Culleredo, 2013.  Premio Pérez Parallé


    É sorprendente
    non a noticia circundante para cubrir
    a imaxe dun furacán atravesando América Central
    ou o Caribe,
    mais a compracencia con que o vento
    vindo do Norte este día de xullo
    trata as pólas do plátano nun xardín de Europa;
    e non o voo dunha gacela sobre os campos etíopes
    atravesado na boca dun guepardo;
    e non a portada de National Geographic
    testemuñando o cultivo de arroz nas montañas de Indochina
    tras o ciclo do Monzón;
    e nunca o tempo achegado do Imperio Macedonio
    porque eles xa contemplaban este ceo nocturno;
    porque hoxe me inquieta
    só este compasado movemento
    sen retorno.



    Poema (XCIII): «En días de inverno, …»

    En días de inverno, o ar calmo,
    con gratitude ofrece instantes de vida
    sentada na soleira que da súa casa para o sur
    se estende.
    En igual grao presta
    unha actitude a falar de como
    as súas pernas curtas, grosas e apertadas
    en medias de algodón e unhas botas pretas,
    se resenten e calma cada noite coas mans
    aínda que, a modo da pel que suxeita o lóbulo,
    parezan desprovistas de tacto e a inmediata excitación capilar.
    E o grao que amosa é desposesión.
    Esquece a cor azul desde o fondo da súa ollada.
    Só iso parece velar para si, a permanencia.
    Continúa cun aceno do rosto
    mentres os tres dedos que centran a man dereita
    sinalan unha liña de sangue callado
    no dorso doutro estremo.
    Contra a palma debuxa xestos como un principio de escrita.
    Nos finais días da estación.
    Mañá vereina no mesmo lugar.
    Falarame das mans, das pernas, das súas botas.
    Tamén me falará do almorzo e da cea.
    Falarame do seu día. Do sol que centra o seu lugar.
    Sentada na cadeira co seu tempo
    e o sol que vindo do ollo a ocupa
    con todo o real que a estrema.



    Chan da Pólvora Editora abre o outono con'Suicidas', de Fran Cortegoso

    O autor coloca aos lectores "fronte ao que é, sen dúbida, un dos máis importantes e conmovedores textos da poesía galega das últimas décadas"

    A nai, o capitalismo, a violencia, a linguaxe, o suicidio, o amor... Estas son algunhas das sombras que transitan por Suicidas de Fran Cortegoso, a proposta coa que Chan da Pólvora Editora abre as súas publicacións de outono. O lanzamento do libro, que chegará a primeiros de outubro ás librerías, está precedido por unha pre-edición numerada de dez exemplares, con sinatura do autor, destinada especialmente a coleccionistas. Esta pre-edición presenta unha imprentación diferenciada respecto da edición final, así como lixeiras variacións sobre o texto. Con Suicidas, Cortegoso coloca aos lectores fronte ao que é, sen dúbida, un dos máis importantes e conmovedores textos da poesía galega das últimas décadas. Francisco Cortegoso (Pontevedra, 1985) deuse a coñecer no ano 2008 en Revista das Letras con Ningún home, agrupación de poemas nos que xa se amosaba Suicidas. No 2013, conseguiu o Premio Pérez Parallé con Memorial e danza, uns poemas nos que se movía entre as escenografías da revelación, o campo nutricio das rosa e a disolución da paisaxe bravía.

    Cortegoso escribe Suicidas entre os vinte e os vintecinco anos, se ben só agora o compacta nun conxunto tan apaixonado como desconcertante. Os textos, xurdidos dunha lectura de distintos escritores suicidas, son a resposta dun autor insurxente ante un dilema clave na literatura: a consciencia de como a palabra nos forza a ser violentos.

    Para el, a literatura debe transmutar esa violencia e ese obxectivo, ao cabo, é o que estrutura auténtica estrutura o seu libro. A través de sintaxes inflamadas e atmosferas de vesania densa, indaga na vea máis profunda da creación para enfrontarse aos totalitarismos: o nihilista e o do ser.

    Revólvese, cae, levántase de novo, morre, renace e loita nunha insólita tensión lingüística. «O verdadeiro problema da poesía», asegura o poeta, «é superar a linguaxe posesiva e desvelar unha linguaxe que poida acoller ao outro. Porque a linguaxe tende á totalización do outro, non ao seu desenvolvemento. A clave dese mecanismo perverso é que a linguaxe tamén totaliza o eu e iso é o que os meus versoscombaten».

    Un dos trazos comúns dos escritores suicidas é, a xuízo de Cortegoso, que o suicidio vén como consecuencia de que eles «non recoñecen a forza tremenda da linguaxe, que os obriga a retomar a memoria como todo absoluto. Iso tortúraos e, finalmente, lévaos á morte». Son escritores, puntualiza, «que xogan entre os campos do ser e do nihilismo», mentres que Suicidas «pescuda unha vía á marxe das totalizacións, tanto a da nada como a do ser» e atopar «unha linguaxe alternativa». Nese sentido, o libro «é a concienciación de facerme poeta» e de asumir persoalmente ese estado. «Só despois de concibir estes textos», engade, «me puiden permitir escribir poesía».






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  • 10/07/16--02:47: GREGORY QUIÑONES [19.216]

  • Gregory Quiñones

    Oaxaca, México  1994. Fundador del colectivo "TINTA ROJA"
    Fanático de Charles Bukowski, Charles Baudelaire, en otras tendencias, se encuentran entre sus gustos, personajes del romanticismo como lo es Manuel Acuña e Ignacio Manuel Altamirano, no puede faltar Pablo Neruda y contemporáneos  Oaxaqueños.

    Ha participado en talleres de poesía organizados por la Biblioteca Henestrosa y el Centro de las Artes de San Agustín, sus trabajos han sido publicados  en antologías y en suplementos cultural.  Estuvo a cargo del taller “LAS MUSAS EN AUSCHWITZ, poesía del holocausto”.



    PARA LOS MALES DE SEPTIEMBRE

    ¿Será Septiembre y su odio contra mí?
    ¿O los juegos de ruleta rusa entre
    la vida y la muerte?
    ¡ Ah!, la muerte tan necesaria para el equilibrio
    y tan lacerante para el sentir humano .
    Muere “El Borrega”,
    a quien muchas veces
    le negué la moneda de 2 pesos,
    a su consagrada colecta matutina
    para el “marrito” de mezcal con “Doña Piya”,
    el bolero eterno de los trabajos jamás acabados.
    ¿Qué será de esa banqueta fría?
    se sentirá inútil como puta jubilada
    al ya no tener cuerpo
    recostado sobre ella.
    La voz andróidica de Don Florentino
    se ha diluido
    en las alcantarillas del recuerdo.
    Se llevó consigo la enigmática formula
    de su atole místico
    siempre negada a mi madre.
    Aún escucho el crujir de la reja
    y el grito más efectivo
    que mi despertador de cuerda
    “¡Atole…!
    Seguido del retumbar
    de sus cubetas
    sobre el piso. Ahora
    esas cubetas vacías,
    olvidadas
    serán el hogar de arañas
    que las observan
    será su refugio
    para
    las lluvias de septiembre.



    SEPTIEMBRE DEL 85

    Al día siguiente de la desgracia
    la humareda se solidifica con nuestro dolor
    Arañan la felicidad en los escombros,
    inmersos en el océano de muebles ,
    varillas fuera del eje.
    Te quieros no gritados
    coito no consumado
    colapso material,
    colapso personal.
    Un espectro de ayuda y lástima concurre
    la ciudad hasta las próximas semanas
    Voluntad tectónica
    gritos neonatos y
    maternales
    amenizan la solemnidad de una tragedia,
    cataclismo súbito a voluntad del universo.
    Pasado estrecho, futuro también
    civilización mal lograda
    ante los designios potenciales de la naturaleza.



    TRES VECES

    (Oaxaca, Puebla, Veracruz)

    ¡Que mi voz se oiga aquí y en el alto ministerio!
    pero escúchela usted primero Señor presidente,
    Señor gobernador, Señor Juez.
    Dios ha escuchado mis lamentos
    cuando le nombré tres veces (como lo indica la liturgia)
    de una plegaria fallida.
    La cruz y los tres clavos no fueron delante de mí.
    El señor que murió en ella no habló ni respondió por mí,
    ni movió los corazones que estuvieron en contra de mí
    Fueron tres las puntas de cuchillo
    que husmearon en mis entrañas
    fueron tres los minutos de agitación y de hipotermia
    fueron tres las que esta semana no llegaron a su casa



    ALIENTOS DE LA PRIMAVERA

    A José Gamaliel García López (Niño de seis años violado y asesinado en La Costa Oaxaqueña)

    Acechando la bestia en la maleza
    sus ojos iracundos se clavan sobre la presa
    indefensa y sola.
    Garras afiladas las que clava sobre su pecho
    arrebata su aliento clavándolas nueve veces
    hiende su dignidad desnudándola y con heridas perianales
    Juré llorar un día y ese día es hoy,
    los últimos suspiros de la primavera
    se extinguen con el calor
    impunidad
    roe su tranquilidad
    arrastrándose con las mutilaciones del alma,
    y la voluntad decapitada
    y el miedo el interruptor de la verdad


    El DÍA QUE MURIÓ PABLO

    (A la memoria de Don Pablo de Rokha)

    Lágrima disuelta en césped de cementerio
    sonrisas hoscas salen al encuentro, corren.
    Polifonía enervante, escurren mil llantos

    Mil coronas de acapulcos, rosas, geranios,
    todo lo eterno ya no me rodea, vivo .
    frente a una lápida la concurrencia se fatiga

    Algunos comprenden el mito del existir,
    otros conspiran contra la fe, blasfeman.
    Parlotean los curiosos, nosotros sentimos.

    El siniestro funeral es mío y nada es,
    no entristezco, y no lloro , sueño.
    Aquí yace el forjador de mitos



    MANUAL PARA COBARDES

    I

    Para entonces
    sentíamos la impotencia
    de una espada,
    una espada
    de batallas perdidas,
    de filos indignos
    y envainada
    por un raquítico sueño
    y sostenida
    de un puño endeble.
    La historia
    estornudó y contagió
    nuestra memoria de melancolía.
    La culpa; nuestro eterno abrigo,
    los calendarios… concurridos verdugos
    de recuerdos lacerantes.
    Somos el galope
    de un casco lastimado,
    un yelmo abollado
    son nuestros ideales.
    Y un cocodrilo domesticado
    nuestra libertad
    que no defendimos.


    Poemas para el mal de septiembre

    3

    Después de la misa,
    la quermés en la placita
    de mí pueblo,
    Crujía el carro de los
    juegos mecánicos ambulantes.

    La rueda de la fortuna:
     causa de alborozos,
    enfilados
    como para recibir la comunión,
    los niños esperando turno

    Una familia de pájaros
    vela en el campanario
    el cuerpo de su padre
    víctima de holocausto
    en los pochotes
    de los niños y sus resorteras.


    5

    Un grito lastimoso y tenue.
    Las campanas:
    su lenguaje que incitan
    el plañir
    de un “Tránsito de gloria”
    llaman a “misa de angelitos”.

    Las ardillas,
    las tórtolas
    y palomas
    de pecho ancho
    son espectadores
    del cortejo.

    Las frondas
    acogen las lágrimas
    de un pájaro
    ¿de quien defenderé ahora mi libertad?

    Se pregunta el ave melancólica
    que al ya no ver el cortejo
    corta sus alas.


    9

    Labios de fotografía de museo,
    la Atenea ojos de buey,
    espalda desconocida
    para estos ojos.

    Caza momentos,
    y los vuelve leyendas
    de luz impresa;
    su cigarro que
    desvanece el aire
    meridiano.

    Sombrero
    que como
    noche en universo
    la vuelve la catrina,
    pena, pero
    no espanta.

    Adorno faceocular:
    sus lentes al estilo
    "Sex Pistols".
    Su silencio encaja,
    hace juego perfecto
    con el día.

    La bonaza del Alcalá
    donde la miro
    su 1.70 desplazándose,
    desvaneciéndose
    a la distancia.
    Como la golondrina
    se va al agonizar
    la primavera.

    Son las seis:
    el día y la noche
    si disputan aún
    el espacio cronológico
    Ella no está.
    Los pájaros custodios
    de la jacaranda
    están de luto.


    13

    Mi ciudad
    vuelve a inundarse de gañidos,
    estandartes representando
    oportunistas.

    Los féretros
    de funeraria de beneficencia
    se abren silenciosos para
    encerrar las sobras de mis recuerdos.

    Escribo
    un epitalamio
    a mis parientes
    a la sombra miserable
    de la raquítica
    luz delatadora.
    Alcatraces
    y claveles de tallo
    cóncavo, vuelven
    piscinas
    las calles empedradas
    donde tomarán
    su baño
    de sudor de obrero
    las golondrinas
    invisibles de septiembre
    que masacran moscas,
    y al vencer la noche al día
    se tapizan las banquetas
    del color vital carmesí

    Y calla la orquesta
    de grillos que interpreta
    la segunda de Wagner
    en sol mayor

    ¿Dónde harán ahora
    su nido los humanos?

    [De Veintiún poemas para el mal de Septiembre]




    Nada  

    Busco  alguna foto tuya en el armario
    pero sólo encuentro una docena de tangas
    y un sostén sin algún rastro de tus senos.

    Ni siquiera está aquel poemario en su lugar,  
    sólo tus blusas sin mangas.
    Hay una foto de David Moreno

    ¡No hay nada más!

    Recuerdo  el día de  tu debut                                                                                                
    estuve en primera banqueta para bailar el tango
    mientas otro  mordía tus pezones.

    Después de las doce dormíamos en mi choza,
    amanecíamos 
                     con canciones                                                                                                                                 tu voz y el charango.

    Pero no hay nada

    Te  recuerdo, pero desnuda.
    Claro, también tu cuello con sabor a no sé qué fruta
    con aquel aliento y nuestras miradas asesinadas.  

    Ahora no hay nada.



    Superman

    También esperé a Superman