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    Luis de Herrera y Robles

    Don Luis Herrera y Robles nació en Sevilla el 21 de mayo de 1838. Cuentan que en su infancia tuvo la fortuna de conocer al poeta, erudito y religioso sevillano Alberto Lista (1775-1848). Con sólo 12 años Herrera, fue nombrado Ayudante de los Maestros las Escuelas Pías de la Purísima Concepción de Sevilla, en atención a su buena conducta y adelanto. En los exámenes extraordinarios celebrados en Sevilla en enero-febrero de 1852 entre todos los alumnos de 1ª enseñanza, obtuvo la nota de Sobresaliente y elegido por el tribunal para el Primer Premio, que le fue entregado por el Rector de la Universidad de Sevilla.

    Desde 1855 a 1862, cursará todas las materias de 2º enseñanza en el Instituto histórico de Sevilla (que después se llamaría San Isidoro), obteniendo el grado de Bachiller en Artes con la calificación de Sobresaliente.

    En esos años, también cursó en la Universidad Literaria de Sevilla estudios de Filosofía y Letras (con obtención de Sobresaliente en las asignaturas de Prosistas Griegos, Literatura general y Española, Literatura clásica Griega y Latina, Poetas Griegos, Geografía, Historia de España, 1º y 2º curso de Hebreo, y Literatura Española) y los estudios de Sagrada Teología (con nota de Sobresaliente en todas las asignaturas de los 4 años del bachillerato).

    Así entre 1864 y 1867, obtendrá el grado de Bachiller en Filosofía y Letras y el grado en Bachiller en Teología en la Universidad Literaria de Sevilla. 

    Ese mismo año de 1867 accederá por oposición directa al cuerpo de Catedráticos Numerarios de Instituto.

    En 1868, fue ordenado sacerdote y después de estar vinculado provisionalmente al Instituto de Osuna y al de Cáceres, llegaría definitivamente al Instituto de Cabra, como catedrático por oposición de Retórica y Poética.

    En 1869, terminará la licenciatura en Filosofía y Letras por la Universidad de Sevilla con la nota de Sobresaliente y en 1873 culminaría sus estudios con el grado de Doctor.

    Durante 25 años estaría vinculado como docente al Instituto de Cabra, siendo Director del centro educativo y Rector de su Colegio durante en tres ocasiones. De 1875 a 1883, de 1884 hasta 1886, y de 1891 a 1892.

    Como Director, además de potenciar el Solemne Acto Académico de Apertura de Curso, introdujo como otra actividad pública de gran éxito la llamada “Academia Literaria”, en el que participaban los alumnos con discursos, poesías y florilegios literarios, amenizados con música. 

    Por su iniciativa, secundado por el Claustro, la Junta de Patronato del Real Colegio y la Diputación Provincial, consiguió de manos de S.M. Alfonso XII en 1877 la declaración del Instituto de Cabra como “Instituto Provincial” incorporándose al mismo varios colegios de la comarca: Lucena, Baena, Aguilar de la Frontera, Montilla, Puente Genil…

    En la Memoria del Curso escolar 1872-1873 se dice que de los 63 institutos existentes entonces en España, sólo 25 tiene mayor número de alumnos que el de Cabra.

    Como alumno destacado de esta época, se encuentra Niceto Alcalá Zamora y Torres, alumno del Instituto de Cabra entre 1887 y 1891, que cursó sus estudios con un expediente brillante.

    La gestión de don Luis Herrera elevó al Instituto-Colegio a uno de los periodos más importantes de su historia.

    Durante su mandato como Director, llevaría a cabo importantes reformas y ampliaciones del Instituto. Así en 1878, se adquirieron parte de dos casas contiguas y se construyó la fachada a la calle del Instituto (hoy Pepita Jiménez) con grandes ventanales y rejas de forma que pudiera verse a través de ellos el Jardín Botánico que allí se instaló. El levantamiento de un cuerpo de tres pisos, a continuación del antiguo comedor: destinándose el bajo a comedor y cocina, el primero a gabinetes de Física, Química e Historia natural, y el segundo, para dormitorio de colegiales.

    En estos años es cuando también se dota a la Biblioteca Histórica y a los Gabinetes con sus lujosos armarios-estanterías y un material revolucionario para su tiempo.

    Su llegada al cargo coincidió con la visita comentada de Valera al Instituto con motivo de la Apertura de Curso, y en la que se conocieron. Don Juan Valera estuvo siempre al tanto de las mejoras pedagógicas y materiales introducidas por el doctor Herrera y Robles. Y el prestigio del Centro fue tal que don Juan, al regreso de uno de sus viajes a Francia, donde visitó varios Liceos, dice en su correspondencia que ninguno llega “al estado brillantísimo en que se encuentra el de Cabra”.

    Casualmente Valera, también asistirá a la Apertura de curso del curso 1883-1884, que cerraría la 1ª etapa de D. Luis Herrera como director. Con estas palabras le informaba a don Marcelino Menéndez Pelayo: “Mañana volvemos a Cabra donde asistiremos a la solemne apertura del curso en el Colegio, gran fiesta que celebra don Luis Herrera con notable pompa y concurrencia de señorío, no solo de cabreño, sino baenero y lucentino”.

    En una época en la que la situación política se caracterizaba por la pugna de conservadores y liberales, D. Luis Herrera no quedaría al margen. Su rival político en la dirección del Instituto sería D. Antonio José Domínguez de la Fuente, que ejercería como Director durante 12 años aproximadamente desde 1862 hasta 1875, que le sucedería en el cargo Herrera, el protegido de Valera.

    D. Juan Valera apadrinaba a Herrera, según sus propias palabras: porque era su amigo, porque era un buen director, que había nacido para ello, porque el colegio está en un estado brillantísimo, porque es de la Academia y amigo de sus amigos…

    D. Martín Belda, figura relevante del partido conservador también apoyaba a Herrera, como el liberal Valera, que lo hacía independientemente de sus ideas políticas, en reconocimiento a su labor y valía personal. A principios de aquel curso de 1883-1884, los liberales maniobran políticamente y destituyen a Herrera. En aquella contienda, Juan Valera toma partido por Herrera, así como otro de sus buenos amigos, Marcelino Menéndez Pelayo. La correspondencia entre los dos escritores por esas fechas, como señala Galera, se ocupa frecuentemente del caso y comentan las gestiones que ambos llevaron a cabo para apoyarlo. Incluso desde Washington Valera escribe al ministro de Fomento don Alejandro Pidal y pide al mismo don Marcelino, que le insista sobre este tema: “Dígale –escribe en enero de 1884- que restablezca en Cabra de Director de aquel instituto a don Luis Herrera, que nació para ello, y a quien fue un acto de mi primo Juan Ulloa el dejar cesante”

    Las gestiones de Valera, dieron su fruto, y Herrera sería nombrado de nuevo director en junio de aquel año, cargo del que cesó en 1886. En una tercera ocasión, entre otra fuerte controversia política, Herrera volverá a ocupar la dirección, desde julio 1891 hasta su renuncia en 1892.

    Así que cuando ese año se traslada a Sevilla para ocupar la cátedra de Retórica y Poesía del Instituto de Sevilla y años más tarde, dar clase de Historia General de la Literatura y Castellano, el propio Valera escribirá: “Ya se largó a Sevilla D. Luis Herrera y se largó para no volver, y convienen que ya cesen las guerras en el Instituto”. 

    Plenamente integrado en los foros artísticos e intelectuales de la capital andaluza, Herrera tuvo una singular presencia en la Academia Literaria sevillana. Continuó escribiendo versos; tradujo con esmero una de las obras universales de la Antigüedad clásica greco-latina: La Eneida de Virgilio, y se entregó entusiasmado a la escritura teatral, género en el que logró el reconocimiento gracias a la pieza titulada “La elección de estado”, una comedia compuesta de tres actos, de clara filiación moratiniana, en la que abordaba el espinoso asunto del casamiento por conveniencia.

    En la Memoria del curso 1907-1908, del Instituto San Isidoro de Sevilla (señala la profesora Núñez en un artículo publicado en la Revista “El Paseo Cultural”) se informa del fallecimiento del doctor D. Luis Herrera y Robles. Y como elogio se transcribe un párrafo leído por D. Luis Montoto en la Academia sevillana de las Buenas Letras: “D. Luis Herrera y Robles fue el último y glorioso resto de la antigua Escuela poética sevillana. Sus libros de poesía y su magistral traducción de la Eneida serán modelo dignos de imitación, mientras gustemos del habla de Castilla, de la pompa y majestad de esta, limpia como el oro y sonora como la plata, de la rotundidad del período y del ritmo musical del verso, que no es sino un eco débil de los cielos y los mundos.”



    Un triunfo más, de Luis de Herrera 

    Pero no sólo hay cartas y artículos. Precisamente en el mismo volumen encontramos el primer testimonio poético, en este caso no directamente relacionado con la persona de Juan B. Cabrera pero sí con el secretario de su iglesia, Francisco Rodríguez. 

    El poema surge con motivo de su conversión al credo católico el 15 de agosto de 1869 según data la protesta de fe firmada al efecto. Con tal motivo el polemista Gago envió una carta al director del periódico sevillano El Oriente del 17 de agosto dando cuenta de la abjura- ción de este protestante. A sus palabras añadía Gago el texto literal de la protesta de fe, una carta a Cabrera y la composición "del joven Luis Herrera'", el cual la fecha el día siguiente al de la abjuración de Francisco Rodríguez, es decir, el 16 de agosto; y, como vemos por las fechas, en seguida obra en poder de Gago. 
    En las palabras que dirige a Cabrera, el catolicista Gago nos da unos datos sobre el converso y la relación con la iglesia de aquél. Lo hace así, ponderando el significado que tiene este cambio de fe: "[...]¡Convertirse al catolicismo un hombre afiliado desde hace quince años en esa reunión de comparsas que llamáis iglesia evangélica! ¡Un hombre a quien confiasteis un cargo importante en esa santa hermandad; un hombre de un tesón diabólico en la propaganda contra el Papa, contra el clero, contra toda idea y práctica de la Iglesia católica; un hombre con un hijo en colegio protestante extranjero, y cuyas hijas componían el coro de cantoras en la cabreriza; un hombre, en fin, a cuya petición se atribuye el que el padre Cabrera haya venido a fijar entre nosotros su ridículo apostolado...! Oh qué horror!" (p. 145)


    El poema, titulado "Un triunfo más", muestra la rivalidad que entonces existía entre estos dos credos cristianos en España. Lo integran nueve octavillas agudas en versos heptasilábicos y con gran sonoridad. Las rimas agudas de los versos cuarto y octavo, ya de por sí sonoras, refuerzan su ritmo con los versos esdrújulos que van en primero y quinto lugar. El contenido se ditribuye en dos partes. Las cuatro primeras estrofas proclaman la gloria y el júbilo por la liberación que el omnipotente Dios ha hecho del alma subyuga- da por el despótico e infernal protestantismo. El resto del poema es una exhortación para que ese "nefando error inmundo" se recluya en su infierno y no mancille ni menoscabe el honor del católico pueblo español, acreditado defensor de su patria y de su religión, y de honda devoción mariana. El contraste entre el catolicismo y el protestantismo es bien notable según Herrera: siendo el primero la verdad y la luz, el protestantismo es el error que pretende eclipsar la luz que brota del árbol de la cruz. 


    Un triunfo más 

    Con motivo de la conversión al catolicismo en Sevilla de Don Francisco Rodríguez, secretario de la Iglesia reformada en esta provincia. En el día en que abjuró de sus errores y recibió la Sagrada Comunión, 15 de Agosto de 1869. 


    Resuenen dulces cánticos 
    De bendición y gloria, 
    Y al firmamento suban 
    Con eco celestial: 
    Que el Dios de los ejércitos 
    En singular victoria 
    Hoy la cerviz quebranta 
    Del déspota infernal. 

    ¿No veis de pueblo innúmero 
    Pintada en los semblantes 
    La célica alegría 
    Que inunda el corazón? 
    ¿Y mil y mil espíritus, 
    Que coros rutilantes 
    Sacros himnos repiten

    De gloria y bendición? 
    Sí: tras el velo candido 
    La eterna Omnipotencia, 
    En el misterio augusto 
    De humilde Magestad [sic], 
    Trono sagrado erígese, 
    De amor y de clemencia. 
    En alma que oprimía 
    La sórdida impiedad. 

    Alma, que al yugo pérfido 
    Del necio error impío, 
    Su noble cuello incauta, 
    En mal hora humilló; 
    Mas hoy la arroja férvida 
    Con valeroso brío: 
    Que la verdad divina 
    Su mente iluminó. 

    Verdad santa y benéfica. 
    Del necio perseguida. 
    Del necio, que sus ojos 
    Cierra a la luz del sol: 
    Y entre tinieblas lóbregas 
    Sin luz, calor ni vida, 
    Mentida dicha ofrece 
    Al ínclito español. 

    Al español católico 
    Que el orbe siempre ha visto. 
    Su Religión y Patria 
    Constante defender. 
    Y con su celo en alas 
    La Santa Fe de Cristo 
    Tras los inmensos mares 
    Con júbilo extender. 

    Al Español, que lágrimas 
    Ante la Virgen pura. 
    Ante la Virgen Madre 
    Derrama con fervor: 
    Su Santo nombre invoca
    Con gozo y con ternura, 
    Y siente en sus entrañas 
    La llama de su amor. 

    Huye al horrible báratro, 
    Nefando error inmundo. 
    No eclipses de mi patria 
    La esplendorosa luz: 
    La luz que brilló fúlgida 
    Sobre la faz del mundo, 
    Luz santa desprendida 
    Del árbol de la Cruz. 

    Huye, que el pueblo intrépido 
    De Otumba y de Lepanto, 
    Aún siente hervir su sangre 
    Con religioso ardor: 
    Tu faz horrenda mira 
    Con odio y con espanto, 
    Y oprobio no consiente. 
    Ni más mengua en su honor. 

    Luis Herrera 
    Sevilla 16 de Agosto, 1869. 
    (pp. 148-150)





    "Poesías" del licenciado D. Luis Herrera y Robles (Sevilla, 1872)
    23.12.15 - Escrito por: Biblioteca histórica Aguilar y Eslava

    Cuando el presbítero D. Luis Herrera y Robles publicó sus Poesías (Sevilla, Imprenta de Francisco Álvarez y C.ª, 1872) era catedrático propietario por oposición de Retórica y Poética en el Instituto de 2.ª Enseñanza de Cabra. El ejemplar que forma parte de la Biblioteca Histórica Aguilar y Eslava, y que traemos como Libro de la Semana, contiene manuscrita una dedicatoria del autor: "A mi querido amigo D. Rafael Lama y Leña, Licenciado en Filosofía y Letras, en testimonio de verdadero aprecio", por lo que imaginamos que sería el Sr. Lama quien donó la obra de Herrera a la Biblioteca.

    En sus primeras páginas encontramos un prólogo o juicio crítico de estas poesías realizado por el ilustrísimo señor doctor José Fernández-Espino, catedrático por oposición de Literatura en la Universidad de Sevilla, director de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras y exdirector general de Instrucción pública. Fernández-Espino (1816-1875) fue discípulo y colaborador de Alberto Lista en el Colegio de Humanidades de San Diego, donde explicó lógica y metafísica. La faceta poética del prologuista se decantaría progresivamente por el cultivo de la crítica desde su cátedra de estética en la Universidad de Sevilla. Los últimos años de su vida estuvieron consagrados en la redacción de un extenso y ambicioso "Curso histórico-crítico de la literatura española", cuyo único volumen publicado (Sevilla, 1871) comprende hasta la novelística cervantina. Así, pues, sus comentarios resultan altamente significativos para apreciar la calidad literaria del poeta.

    Para Fernández-Espino, el espíritu dominante en los versos es el religioso, justificándolo en que D. Luis Herrera ha sido "amamantado en las sublimes y consoladoras doctrinas de la religión católica, a ellas debe su principal inspiración: su corazón, su inteligencia, su fantasía viven en las hermosas regiones de la fe, y ésta arranca a su plectro torrentes de poéticas armonías". Abre su poemario un soneto a la Santísima Virgen, en el que queda de manifiesto que a Ella, "Reina de vírgenes sagrada", dedica los cantos que salen de su humilde cítara; así se deja traslucir en los tercetos del soneto:

    "A Ti consagro con ferviente anhelo 
    humilde el eco de mi pobre lira, 
    errante peregrino de este suelo:

    Tú eres el numen que mi canto inspira, 
    Tú mi amparo y dulcísimo consuelo, 
    por quien mi amante corazón suspira".

    La Virgen es para Herrera, como dice su crítico, el "faro luminoso que le guía en el proceloso mar de la vida, y el aliento que le inspira en sus creaciones", añadiendo que el misticismo del vate se dirige, en su oda "El alma en la soledad", a imitaciones del Cantar de los Cantares de San Juan de la Cruz, precisando que esta composición es una preciosa muestra de la poesía que trata de la vida espiritual y contemplativa y del conocimiento. Fernández-Espino indica que debemos ver en ella "a la Esposa, no en el campo, no buscando al Esposo por montes y collados, como en el poeta santo referido, sino en el retiro del claustro, unida a su Dios, pensando en Él, gozando en eterna primavera de ventura sus castos y purísimos amores: así, lleno el espíritu del poeta de ese ideal contenido, exclama:

    ¡Oh soledad dichosa, 
    dulce refugio para el alma pura, 
    do en calma deliciosa, 
    la paz y la ventura 
    a torrentes derraman su dulzura!

    Feliz la que apartada 
    del mundanal bullicio licencioso, 
    en tu amable morada, 
    con su adorado Esposo, 
    vive en éxtasis puro y misterioso".

    Desde luego, los ecos del patrono de los poetas en lengua española y cofundador de la Orden de los Carmelitas Descalzos junto a Teresa de Cepeda y Ahumada (Santa Teresa de Jesús) resultan evidentes; pero igualmente suenan a influencias de los escritores, religiosos agustinos, fray Luis de León y fray Pedro Malón de Chaide. Además de la llama mística, arde en el corazón de Herrera la llama del patriotismo. Así lo hace ostensible en A España el 22 de junio de 1866, una oda de 200 versos fechada en Sevilla el mismo mes y año de referencia. Estaríamos, por tanto, ante el hecho ocurrido cuando un grupo de sargentos del cuartel de San Gil intentaron una sublevación fallida contra la monarquía de Isabel II. La exaltación lírica se inicia con una cita de Manuel José Quintana y finaliza con la siguiente estrofa:

    "¡Oh!, si del patrio amor la llama pura 
    arde en vuestras entrañas, españoles, 
    y ansiáis salvar nuestra querida Patria 
    de eterno oprobio y servidumbre dura, 
    que el lazo fraternal, que invictos hace 
    en su defensa a los heroicos pueblos, 
    vuestras almas magnánimas enlace:
    Que unidos siempre el universo os vea, 
    y "Patria y Religión" el grito sea".

    La sublevación del cuartel de San Gil o "sargentada" fue un preludio de la "La Gloriosa", el movimiento revolucionario que expulsó de España a la reina Isabel II en 1868. Precisamente con el título de La Gloriosa localizamos un soneto en la colección, que termina con el endecasílabo: "Ese monstruo infernal es La Gloriosa"; verso que declara su pensamiento sobre este hecho histórico.

    Hay un poema titulado A Silio, Marcio y Ennio, fechado en Cabra en 1867, el mismo año que ocupa su cátedra por oposición de Retórica y Poética en el Instituto, en el que sus octosílabos están impregnados de una gran melancolía por su tierra. Aquí, en la ilustre villa de Egabro parece que se encuentra desterrado. El cambio de Sevilla a Cabra debió estar colmado de añoranzas. Unas añoranzas que nos recuerda el soneto A Córdoba de Góngora, escrito desde Granada, donde se trasluce con mucha fuerza su sentimiento personal lleno de nostalgia. 

    Herrera súplica diversas cosas a los poetas latinos: A Silio, que lleve su voz a la orilla del mar de Gades; a Marcio, que cante "a la Virgen sin mancilla", y a Ennio, que salude a la patria suya, "a Sevilla la gloriosa, / a mi adorada Sevilla". En esta situación emotiva pide su última voluntad en la estrofa que cierra el poema:

    "Dile que si en tierra extraña 
    se extingue mi triste vida, 
    conceda en su patrio suelo 
    tumba humilde a mis cenizas".

    Otros títulos son la oda premiada con la lira de plata en el Certamen Poético celebrado en Lérida en 1867, titulada A Nuestra Señora de la Antigua en Sevilla, ofrendado a su madre. Su crítico y prologuista, Fernández-Espino, es el destinatario de un soneto elogioso. También pone un epitafio al sepulcro del licenciado D. Juan Valdelvira, catedrático que fue del Instituto de Cabra, en el que implora "el galardón del cielo" a su virtud. 

    Un apartado de poesías latinas reflejan la educación literaria del presbítero en los clásicos. Antes de su lectura se justifica: "Bien conozco que serán muchos los lectores que, no versados en el idioma del Lacio, no podrán entender estas poesías; por lo cual inserto a continuación de cada una su traducción en verso castellano".

    El tomo termina con un ensayo dramático: "La elección de estado", una comedia original, en tres actos y en verso, cuya acción transcurre en Sevilla en casa de D. Tomas. Trata sobre la necesidad de que los padres tengan en cuenta la vocación y deseos de los hijos, evitando los matrimonios de conveniencia que pueden marcar un destino infeliz en sus vidas. Bastante crítico es Fernández-Espino con el texto teatral: "El autor no asiste a las representaciones escénicas, y esto trae la dificultad, tal vez invencible, de no conocerse con seguridad los medios que pueden emplearse acertadamente, para interesar y mover el corazón", aunque si el lector no encuentra los efectos de la experiencia, señala, "aparecen a cada paso los del gusto, la sensibilidad y el ingenio". La decoración donde se desarrolla la acción es igual para los tres actos: "Salón lujosamente amueblado: puerta en el foro, que comunica con la de la calle, y laterales de las habitaciones interiores", según la acotación.

    En la producción literaria de Herrera Robles destaca su traducción en verso castellano de La Eneida de Publio Virgilio Marón, la epopeya latina escrita en el siglo I aC. por encargo del emperador Augusto con el fin de glorificar el Imperio, atribuyéndole un origen mítico. Virgilio elaboró una reescritura, más que una continuación, de los poemas homéricos tomando como punto de partida la guerra de Troya y la destrucción de esa ciudad, y presentando la fundación de Roma a la manera de los mitos griegos. La traducción cuenta con un prólogo de don Juan Valera en el que alaba el trabajo del presbítero. Está editada en Sevilla en 1898. 

    De la figura de D. Luis Herrera y Robles puede deducirse que atendió más a su vocación lírica que a la llamada del ministerio religioso. De ella se hacen eco Ramona Núñez Quintana en un artículo que publica en El Paseo Cultural (Ayuntamiento de Cabra y Diputación de Córdoba, junio 2004), y la Fundación Aguilar y Eslava, en su página web. El pasado 11 de diciembre, y dentro de los actos del Día de la Purísima programados por el Patronato de la Fundación Aguilar y Eslava, hubo un reconocimiento a su labor en el acto académico celebrado, esbozando el presidente del Patronato, Salvador Guzmán Moral, una semblanza del antiguo director del Centro educativo. Del discurso entresacamos estos datos biográficos:

    Nació el 21 de mayo de 1838 en Sevilla. Desde 1855 a 1862, cursa todas las materias de 2.ª enseñanza en el Instituto de Sevilla, que después se llamaría San Isidoro, obteniendo el grado de Bachiller en Artes. Entre 1864 y 1867 alcanzará el grado de Bachiller en Filosofía y Letras y el grado en Bachiller en Teología en la Universidad Literaria de Sevilla. Ese mismo año de 1867 accederá por oposición directa al cuerpo de Catedráticos Numerarios de Instituto. En 1868 se ordena sacerdote y, después de estar vinculado provisionalmente al Instituto de Osuna y al de Cáceres, llegaría definitivamente al Instituto de Cabra, como catedrático por oposición de Retórica y Poética. En 1869 termina la licenciatura en Filosofía y Letras por la Universidad de Sevilla y en 1873 culmina sus estudios con el grado de Doctor. Durante 25 años está vinculado como docente al Instituto de Cabra, siendo director del Centro educativo y rector de su Colegio en tres ocasiones: de 1875 a 1883, de 1884 a 1886, y de 1891 a 1892. La gestión de don Luis Herrera elevó al Instituto-Colegio a uno de los periodos más importantes de su historia.

    Es en 1892 cuando se traslada a Sevilla para ocupar la cátedra de Retórica y Poesía del Instituto de Sevilla y años más tarde, dar clase de Historia General de Literatura y Castellano. En la Memoria del curso 1907-1908 del Instituto San Isidoro de Sevilla (según la profesora Núñez en el artículo que hemos aludido anteriormente) se informa del fallecimiento del doctor D. Luis Herrera y Robles (27 de diciembre de 1907), y como elogio se transcribe un párrafo leído por D. Luis Montoto en la Academia Sevillana de las Buenas Letras: "D. Luis Herrera y Robles fue el último y glorioso resto de la antigua Escuela poética sevillana. Sus libros de poesía y su magistral traducción de la Eneida serán modelo dignos de imitación, mientras gustemos del habla de Castilla, de la pompa y majestad de esta, limpia como el oro y sonora como la plata, de la rotundidad del período y del ritmo musical del verso, que no es sino un eco débil de los cielos y los mundos".

    Hemos localizado un ejemplar de "Poesías", de la misma edición que comentamos, en la Biblioteca Pública Municipal Juan Soca, con un sello de caucho que pone: "Donativo del Ayuntamiento a la Biblioteca Municipal".

    BIBLIOTECA HISTÓRICA AGUILAR Y ESLAVA
    Libro de la Semana:

    Herrera y Robles, Luis (1838-1907)

    Poesías del licenciado Luis Herrera y Robles.-- Sevilla : [s.n.], 1872 (Imp. de Francisco Alvarez y Cª)

    XXXV, 280 p., [1] h. de lám. ; 21,00 x 15,00 cm.
    Manuscrito: "A mi querido amigo D. Rafael Lama y Leña, Licenciado en Filosofía y Letras, en testimonio de verdadero aprecio. El autor"
    XXXV (Prólogo José Fernández-Espino)
    Hoja ilustración figura Luis Herrera
    Enc. plasta blanda

    Lugar: España -- Sevilla

    Sig. Top.: 2768





    Poesías del licenciado D. Luis Herrera y Robles (Sevilla, 1872) - FOTO: Antonio Suárez Cabello





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    Andrés Fernández de Andrada 

    (Sevilla, 1575 - México, 1648) fue un poeta y militar español.
    Fue capitán del ejército español y estuvo en México, donde murió en la más absoluta pobreza, e ignorado de todos. Se le conoce fundamentalmente como autor de una obra que figura en todas las antologías de poesía clásica española por su perfección, la Epístola moral a Fabio, cumbre de la epístola horaciana en España. Sus fuentes literarias vienen del Antiguo Testamento, Séneca y Horacio y representa el espíritu de tradición senequista y de ascetismo cristiano en España, invitando a la resignación de una vida en aurea mediocritas o "dorada medianía" y reflexionando sobre la brevedad de la vida y la condición humana.

    La autoría del poema ha sido demostrada modernamente, por más que se atribuyera en principio a otros poetas de la época como Bartolomé Leonardo de Argensola o Francisco de Rioja. El primero en atinar con el verdadero escritor del poema fue Adolfo de Castro en un trabajo publicado en 1875, y Dámaso Alonso lo confirmó muchos años después con nuevos datos.
    El destinatario del poema en tercetos encadenados fue el corregidor de la ciudad de México Alonso Tello de Guzmán, deseoso de pretender cargos en la Corte, y le invita a la búsqueda de la virtud, la resignación y el "áureo equlilibrio", cantado ya por Horacio y Fray Luis de León en sus poesías. El poema se desarrolla con un visible ritmo bimembre, recurriendo al artificio del braquistiquio para destacar el significado de las palabras importantes.



    Epístola moral a Fabio

    Fabio, las esperanzas cortesanas
    prisiones son do el ambicioso muere
    y donde al más activo nacen canas.

    El que no las limare o las rompiere,
    ni el nombre de varón ha merecido,
    ni subir al honor que pretendiere.

    El ánimo plebeyo y abatido
    elija, en sus intentos temeroso,
    primero estar suspenso que caído;

    que el corazón entero y generoso
    al caso adverso inclinará la frente
    antes que la rodilla al poderoso.

    Más triunfos, más coronas dio al prudente
    que supo retirarse, la fortuna,
    que al que esperó obstinada y locamente.

    Esta invasión terrible e importuna
    de contrarios sucesos nos espera
    desde el primer sollozo de la cuna.

    Dejémosla pasar como a la fiera
    corriente del gran Betis, cuando airado
    dilata hasta los montes su ribera.

    Aquel entre los héroes es contado
    que el premio mereció, no quien le alcanza
    por vanas consecuencias del estado.

    Peculio propio es ya de la privanza
    cuanto de Astrea fue, cuanto regía
    con su temida espada y su balanza.

    El oro, la maldad, la tiranía
    del inicuo, precede, y pasa al bueno:
    ¿qué espera la virtud o qué confía?

    Ven y reposa en el materno seno
    de la antigua Romúlea, cuyo clima
    te será más humano y más sereno;

    adonde, por lo menos, cuando oprima
    nuestro cuerpo la tierra, dirá alguno
    «¡Blanda le sea!», al derramarla encima;

    donde no dejarás la mesa ayuno,
    cuando en ella te falte el pece raro
    o cuando su pavón nos niegue Juno.

    Busca, pues, el sosiego dulce y caro,
    como en la oscura noche del Egeo
    busca el piloto el eminente faro;

    que si acortas y ciñes tu deseo,
    dirás: «Lo que desprecio he conseguido,
    que la opinión vulgar es devaneo».

    Más quiere el ruiseñor su pobre nido
    de pluma y leves pajas, más sus quejas
    en el bosque repuesto y escondido,

    que agradar lisonjero las orejas
    de algún príncipe insigne, aprisionado
    en el metal de las doradas rejas.

    Triste de aquel que vive destinado
    a esa antigua colonia de los vicios,
    augur de los semblantes del privado.

    Cese el ansia y la sed de los oficios,
    que acepta el don, y burla del intento,
    el ídolo a quien haces sacrificios.

    Iguala con la vida el pensamiento,
    y no le pasarás de hoy a mañana,
    ni quizá de un momento a otro momento.

    Casi no tienes ni una sombra vana
    de nuestra grande Itálica, ¿y esperas?
    ¡Oh error perpetuo de la suerte humana!

    Las enseñas grecianas, las banderas
    del senado y romana monarquía,
    murieron, y pasaron sus carreras.

    ¿Qué es nuestra vida más que un breve día,
    do apenas sale el sol, cuando se pierde
    en las tinieblas de la noche fría?

    ¿Qué más que el heno, a la mañana verde,
    seco a la tarde? ¡Oh ciego desvarío!
    ¿Será que de este sueño se recuerde?

    ¿Será que pueda ver que me desvío
    de la vida, viviendo, y que está unida
    la cauta muerte al simple vivir mío?

    Como los ríos, que en veloz corrida
    se llevan a la mar, tal soy llevado
    al último suspiro de mi vida.

    De la pasada edad ¿qué me ha quedado?
    O ¿qué tengo yo, a dicha, en la que espero,
    sin alguna noticia de mi hado?

    ¡Oh si acabase, viendo cómo muero,
    de aprender a morir antes que llegue
    aquel forzoso término postrero:

    antes que aquesta mies inútil siegue
    de la severa muerte dura mano,
    y a la común materia se la entregue!

    Pasáronse las flores del verano,
    el otoño pasó con sus racimos,
    pasó el invierno con sus nieves cano;

    las hojas que en las altas selvas vimos
    cayeron, ¡y nosotros a porfía
    en nuestro engaño inmóviles vivimos!

    Temamos al Señor, que nos envía
    las espigas del año y la hartura,
    y la temprana pluvia y la tardía.

    No imitemos la tierra siempre dura
    a las aguas del cielo y al arado,
    ni la vid cuyo fruto no madura.

    ¿Piensas acaso tú que fue criado
    el varón para el rayo de la guerra,
    para sulcar el piélago salado,

    para medir el orbe de la tierra
    y el cerco por do el sol siempre camina?
    ¡Oh, quien así lo entiende, cuánto yerra!

    Esta nuestra porción alta y divina
    a mayores acciones es llamada
    y en más nobles objetos se termina.

    Así aquella que sólo al hombre es dada
    sacra razón y pura me despierta,
    de esplendor y de rayos coronada;

    y en la fría región, dura y desierta,
    de aqueste pecho enciende nueva llama,
    y la luz vuelve a arder que estaba muerta.

    Quiero, Fabio, seguir a quien me llama,
    y callado pasar entre la gente,
    que no afecto los nombres ni la fama.

    El soberbio tirano del Oriente,
    que maciza las torres de cien codos,
    del cándido metal puro y luciente,

    apenas puede ya comprar los modos
    del pecar. La virtud es más barata:
    ella consigo misma ruega a todos.

    ¡Mísero aquél que corre y se dilata
    por cuantos son los climas y los mares,
    perseguidor del oro y de la plata!

    Un ángulo me basta entre mis lares,
    un libro y un amigo, un sueño breve
    que no perturben deudas ni pesares.

    Esto tan solamente es cuanto debe
    naturaleza al parco y al discreto,
    y algún manjar común, honesto y leve.

    No, porque así te escribo, hagas conceto
    que pongo la virtud en ejercicio:
    que aun esto fue difícil a Epicteto.

    Basta, al que empieza, aborrecer el vicio
    y el ánimo enseñar a ser modesto;
    después le será el cielo más propicio.

    Despreciar el deleite no es supuesto
    de sólida virtud, que aun el vicioso
    en sí propio le nota de molesto.

    Mas no podrás negarme cuán forzoso
    este camino sea al alto asiento,
    morada de la paz y del reposo.

    No sazona la fruta en un momento
    aquella inteligencia que mensura
    la duración de todo a su talento:

    flor la vimos primero, hermosa y pura;
    luego, materia acerba y desabrida;
    y perfecta después, dulce y madura.

    Tal la humana prudencia es bien que mida
    y comparta y dispense las acciones
    que han de ser compañeras de la vida.

    No quiera Dios que siga los varones
    que moran nuestras plazas, macilentos,
    de la virtud infames histrïones;

    esos inmundos trágicos y atentos
    al aplauso común, cuyas entrañas
    son infaustos y oscuros monumentos.

    ¡Cuán callada que pasa las montañas
    el aura, respirando mansamente!
    ¡Qué gárrula y sonante por las cañas!

    ¡Qué muda la virtud por el prudente!
    ¡Qué redundante y llena de rüido
    por el vano, ambicioso y aparente!

    Quiero imitar al pueblo en el vestido,
    en las costumbres sólo a los mejores,
    sin presumir de roto y mal ceñido.

    No resplandezca el oro y los colores
    en nuestro traje, ni tampoco sea
    igual al de los dóricos cantores.

    Una mediana vida yo posea,
    un estilo común y moderado,
    que no le note nadie que le vea.

    En el plebeyo barro mal tostado,
    hubo ya quien bebió tan ambicioso
    como en el vaso múrrino preciado;

    y alguno tan ilustre y generoso
    que usó como si fuera vil gaveta,
    del cristal transparente y luminoso.

    Sin la templanza ¿viste tú perfeta
    alguna cosa? ¡Oh muerte!, ven callada
    como sueles venir en la saeta;

    no en la tonante máquina preñada
    de fuego y de rumor, que no es mi puerta
    de doblados metales fabricada.

    Así, Fabio, me muestra descubierta
    su esencia la verdad, y mi albedrío
    con ella se compone y se concierta.

    No te burles de ver cuánto confío,
    ni al arte de decir, vana y pomposa,
    el ardor atribuyas de este brío.

    ¿Es por ventura menos poderosa
    que el vicio la virtud, o menos fuerte?
    No la arguyas de flaca y temerosa.

    La codicia en las manos de la suerte
    se arroja al mar, la ira a las espadas,
    y la ambición se ríe de la muerte.

    ¿Y no serán siquiera tan osadas
    las opuestas acciones, si las miro
    de más ilustres genios ayudadas?

    Ya, dulce amigo, huyo y me retiro
    de cuanto simple amé: rompí los lazos.
    Ven y sabrás al grande fin que aspiro,
    antes que el tiempo muera en nuestros brazos.



    Silva a la toma de Larache

    La entrega de Larache al Re[y] Nuestro Señor don Phelippe III.
    La muerte del Rey de Francia Enrique [IV].
    La expulsión de los moriscos de estos Reinos de España.



    SILVA

    ...que hoy ves en tus castillos y riberas,
    ni el oprimir tus olas
    las naves y galeras españolas,
    y por el precio vil el Africano
    entregar el imperio
    del soberbio oceano
    a estraña religión, a estraña gente,
    no con pavor detenga tu corriente.

    Luco, famoso río,
    prevén un nuevo espanto,
    prevén admiración a un caso mío.
    Bien sé toda la historia;
    no me relates el antiguo llanto,
    ni aquel oscuro día
    en que perdió su príncipe y su gloria
    la ilustre Lusitania,
    ni me digas que mire a Mauritania,
    que ya venció, vendida
    por una avara mano fementida;
    oye mayor suceso, escucha el cuento
    desigual al humano pensamiento.

    Luteria, tú que con dolor sospiras,
    suelto el cabello y sin la antigua pompa,
    ¿por qué te maravillas
    que cuando se enlazaba las hebillas
    del grabado y luciente coselete,
    y cuando ya el penacho en el almete
    lozano ventilaba,
    y agudos filos a su espada daba
    ese tu rey guerrero,
    amenazando a España,
    a Italia y a Alemaña,
    una plebeya mano y un cuchillo
    quitase a las falanges su caudillo,
    apagase la antorcha, el triste fuego
    que había de abrasar nuestro sosiego?

    Enrico yace muerto...



    Por desgracia, se trata de un fragmento sin principio y sin final. De los tres temas anunciados en el título, es en medio del primero (la entrega de Larache) donde comienza el fragmento; y termina cuando aún faltaban versos del segundo tema (asesinato de Enrique IV).

    Es curioso que en un poema serio, como éste (muy distinto de la habitual sátira política), se hable, sin rebozo, del carácter de compra, y no de victoria guerrera, que tuvo la adquisición de Larache por España:


    …por el precio vil el Africano
    entregar el imperio
    del soberbio oceano
    a estraña religión, a estraña gente
    E insiste aún:
    ni me digas que mire a Mauritania,
    que ya venció, vendida
    por una avara mano fementida


    En el título del fragmento se dice «la entrega de Larache». En Madrid, en cambio, la adulación cortesana cantó «la toma de Larache».

    Así, Góngora, en su famosa Oda (Obras completas, núm. 396). Claro que ni el más adulador cortesano podría convertir en hazaña guerrera lo que fue trato; y en la misma canción de Góngora se ve bien patente: España eleva al cielo sus oraciones de gracias, a la alta de Dios, sí, no a la de un moro bárbara majestad, reconocida … (vv. 38-39)

    Y más adelante le dice el poeta a Felipe III:


    …si a las armas no, si no al funesto
    son de las trompas (que no aguardó a esto),
    Abila su coluna
    a vuestros pies rindió, a vuestra fortuna… (vv. 74-77)


    El tono de áulica lisonja es, sin embargo, evidente; y más aún en un soneto que Góngora dedicó también al tema de Larache (Obras completas, núm. 316). 







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  • 08/30/16--03:39: BRENDA MARTÍNEZ [19.086]


  • BRENDA MARTÍNEZ 

    Brenda Martínez Saravia, nació en Managua (Nicaragüa), un 14 de Julio.

    Es una de las fundadoras del Instituto Nicaragüense del Cine (INCINE). Convirtiéndose en la primera productora de Cine Nacional. Actualmente se desempeña como asesora en el ramo asegurador.

    En dos ocasiones ha ganado concursos literarios promovidos por el INISER, uno de poesía y otro de ensayos, cuya temática fue la vida y obra de Rubén Darío.




    Su primer poemario publicado, "Desnuda", muestra los poemas escritos por Brenda a lo largo de muchos años y que por fin decidió sacar a la luz.




    AGUA QUE CURA

    Soy Brenda
    la del país pequeño
    hermoso
    verdeazul
    en forma de triángulo
    mujer-agua curativa
    que vive todos los días
    entre mi todo
    y tu nada.



    MUJER SECRETO

    Soy una mujer llena de secretos
    tiznados de rincones heridos
    y recuerdos
    que me cortan a tajos.

    Algunos secretos
    se refugian en sobres lacrados
    arrinconados al fondo
    de un túnel sin salida
    vestidos de años y situaciones
    rodeados del agresivo silencio
    y el desabrigo.

    Los más toman lugar en primera fila
    bellos
    son como un trino
    acomodado en el pétalo de una cala
    forman un binomio inseparable
    con mi vida
    llenos de bandoleras
    con colores felices
    que cruzan el pecho
    de mi combatiente sonrisa.

    Acurrucados, amados
    huelen a dulce, son deliciosos
    parecen una caja musical
    llena de galletas
    que llegan a lo esencial
    de mi quintaesencia.

    Otros, se diluyen atolondrados
    en el deshabitado espacio
    de mis penas.

    Mis secretos gravitan en el aire
    golpeando quedito
    el polvazal agónico
    dejado por las felices marionetas
    vestidas de Domingo
    abrazadas por siempre
    al patio de mis recuerdos.



    PETICIÓN

    Regalame tus sueños amor
    los más dulces, los más sagrados
    los más atrevidos
    cubrilos con papel de china
    enviámelos en una nube celeste
    brillante y suave
    aquí los espero
    los voy a besar, abrazar
    a enredarme en ellos
    apretándolos, acurrucándolos
    así se quedarán conmigo
    para siempre.

    Voy a descubrirlos, uno a uno
    despacito, lentamente
    a ver si encuentro mi figura
    en uno de ellos
    y así continuar
    viviendo esta utopía.



    TUYA

    Invadime
    colonizame
    sembrá mojones
    establecé fronteras
    levantá tu bandera
    así
    nada ni nadie
    ingresará a tu territorio.



    MUJER DE BRAZOS ROTOS

    Me hicieron de brasas, hielo
    y un toque de sal marina
    mujer biofilia, amotinada, cacao
    paridora eterna
    de sueños imposibles
    buscadora incansable
    de astillas repletas de ternura.

    Entretejo tonadas
    y lágrimas felices
    cultivo caricias y besos límpidos
    soy coleccionista de verdades
    dueña del arcano once
    mujer emplumada
    con brazos de abrazo
    piel exaltada
    labios pródigos y pelo bizarro.

    Ahora
    soy una mujer vestida de siglos
    con las emociones fracturadas
    mujer con los brazos rotos
    de cargar por tanto tiempo
    el peso de tu olvido.



    HOMBRE PÁJARO

    Hoy sentí sobre mi cuerpo
    las plumas de tus alas
    que se movían lentamente
    percibí la cadencia de tu vuelo
    tus idas y venidas
    tu murmullo celestial
    tu olor a lluvia.

    Quise levantarme
    y ataviarte de gardenias
    confiarte mis aguas, mis pasos, mi sí.

    No pude hacerlo
    y me arropé en mi mundo
    y en el lloro de tu sonrisa
    para luego tristemente
    bordar tu nombre en mi vientre
    con una virtuosa aguja
    de nácar y agua.



    TU RETRATO

    Diocesillo de intenciones
    y amores truncos
    alter ego disfrazado de ángel
    narcisista empedernido
    novelesco personaje
    protagonista de naufragios
    pérdidas
    y actos de contricción tardíos.



    AL PÁJARO ETERNO

    Me gustás mucho pájaro carpintero
    me gustás todito
    de norte a sur, de este a oeste.

    Me gusta tu pelo negro, fuerte
    saludable
    tus ojos que nunca se asustan
    y me desnudan rápidamente.

    Me gustan tus labios
    perfectos para un beso
    tu piel fresca, suave
    con olor a musgo acuático
    me provoca olerla, besarla.

    Me gusta tu cuerpo imperfecto
    ese cuerpo en el que me quiero perder
    acomodarme en él.

    Me gustan tus manos para besarlas
    y sueño con ellas envolviendo las mías.

    Me gustás por dentro y por fuera
    hermoso pájaro carpintero
    me gusta tu alma, tu vida
    en la que quiero anclar.



    DOLOR

    Me duele mucho
    el adiós prematuro
    la ceremonia de vela
    de mis alegrías muertas
    el funeral clandestino
    de promesas y sueños.

    Me duele el desplome
    de mi techo de mármol
    que feliz y aturdida construí
    en doscientos veinticinco días
    y nueve horas y media
    con pedacitos de asombro
    cocuyos incandescentes
    Las Siete Cabritas
    y los paisajes de Versalles.

    Me duele el agua que sale de mis ojos
    esta ingrata lluvia
    el caos que toma cuerpo en mi cuerpo
    el pájaro negro
    que ensucia mis manos
    la caída del fruto y la flor
    el polvo que se cuela por las grietas
    de mi noctámbulo cuerpo.

    Me duele esa puerta cerrada
    que perfora mis ojos
    esta herida sangrante
    que me lanza al vacío
    y el acoso constante
    de mi condena diaria.



    COLOR SEPHIA

    ¿A qué saben los recuerdos?

    A sonrisa grabada en la memoria
    a iglesia
    a conjunto musical
    a tertulias antiguas
    a primeros besos
    a canción de aquellos tiempos
    a baile de boleros.

    Los recuerdos, los recuerdos
    tienen sabor a vos.




    TRISTEZA

    Estoy como ave sin alas
    en desamparo
    me siento ocaso
    tatuada, oxidada, opaca
    reducida
    desintegrándome poco a poco
    acorralada por tu recuerdo.

    Soy mujer fragmento
    que espera el agua y no viene.



    DUELO

    Sé que debo soltarte pronto
    asumir mi duelo de ángel caído
    sin edén
    desafiar al sarcófago.

    Necesito levantarme, reverdecer
    ya palpé tu frialdad
    tus fauces que me hicieron añicos
    y me dejaron insomne
    con miedo
    derrochando lloro.



    MI SUEÑO

    ¿ Volveré a verte amor?
    Volverán las hojas a reverdecer
    en la colina de mis emociones
    y mis ojos a cambiar de color
    ante la esperanza
    de un nuevo encuentro
    volverá mi pelo a caer sobre tu pecho
    volverás a decirme
    te quiero, te extraño.

    Volveré a entonarle canciones al sol
    y a enviar telegramas al cielo
    rogando a Dios por tu regreso
    volveré a explotar de amor junto a vos
    rodeándote con mi onda expansiva
    y el deseo pétreo, profundo
    de recibir tu cuerpo
    en el centro del mío
    armonizando cadencias.

    Volveré a inventariar tu cuerpo
    anotando en mi piel
    todos tus accidentes geográficos
    y a acurrucar tus sueños
    oprimiéndolos contra mi pecho
    para protegerlos y que nada los dañe.

    Volverás a ser mío, completo
    hombre-tormenta
    fuerza-ternura
    huracán-calma
    mar-lago
    sol-luna.

    Volveré a crear para vos
    cosas imposibles como
    un sol en forma de triángulo
    una luna cuadrada
    un río de aguas saladas
    un lago con olas
    una flor verde
    una hoja celeste
    un arcoiris de cinco colores.

    Volveré a besar tus labios
    y a colonizar tu corazón
    caminando con paso ligero
    en pos de una quimera.


    ¿Volveré a verte amor, volveré?







    PRESENTACIÓN

    El título “Desnuda” del poemario de Brenda Martínez me remite a una conversación sostenida –allá por los años setenta– con el entonces embajador de España en Nicaragua, don Ernesto de la Orden. Comentaba, luego de leer unos poemas míos publicados por Pablo Antonio Cuadra en la Prensa Literaria, que no podría escribir poesía por temor a quedar desnudo ante todos los lectores.

    En su primer libro, Brenda retoma esta manera de concebir la poesía, el quehacer poético como un oficio y ritual íntimo y a puertas cerradas. Pese a que ella es una celebridad por ser la primera productora en la historia del cine nacional, su canto se había expresado en el espacio doméstico, en compañía de sus seres amados y sin pretensiones de figurar en los primeros planos; sin embargo, al ser empujada y alentada por los hijos a publicar, dice en el título esa sensación de haber abierto puertas y ventanas y quedar desnuda o desnudada en la escritura.

    Hemingway le dijo una vez a su amigo Scott Fitzgerald: “Si algo te hiere duramente, debes encontrar algún modo de emplearlo en lo que escribes. Haría mejor no estar gimiendo o lamentándote acerca de las dificultades (…)
    En vez de eso emplea tus desventuras como materiales para la literatura.”

    Es fácil comprobar la existencia de sustratos biográficos que afloran en algunas novelas de Hemingway pero también lo es constatar que son materiales que se transforman en literatura, con sus métodos y recursos propios, incluyendo el juego lúdico en el proceso creativo.

    En “Desnuda”, la mera alusión de datos biográficos no hubieran logrado una obra literaria. Brenda no quiere contar sino cantar, no confesar su vida sino darle a su escritura la gracia de saber decir las cosas con los recursos y artificios propios del placer poético.

    El amor es el eje temático que cruza toda la poesía de Brenda, en sus diversos afluentes: el amor de la pareja, que alcanza altura e intensidad en los poemas a Ramón, el esposo muerto (léanse “Dolor”, “Mi poponjoche”, “Gracias”, “Hombre Pájaro”. “No retornes” y ese hermoso poema que cierra el libro, “El candor de Ramón”).

    En esta poesía con valencia de hogar destacan también las dedicadas a sus hijos y nieta. Pero igual son notables esos pequeños textos de sorprendente claridad, decisivos, epigramáticos:

    TU RETRATO

    Diocesillo de intenciones
    y amores truncos
    alter ego disfrazado de ángel
    narcisista empedernido
    novelesco personaje
    protagonista de naufragios
    pérdidas
    y actos de contricción tardíos.

    TE OLVIDÉ

    Mi cuerpo
    territorio liberado
    sospechosamente gozoso

    AGUA QUE CURA

    Soy Brenda
    la del país pequeño
    hermoso
    verdeazul
    en forma de triángulo
    mujer-agua curativa
    que vive todos los días
    entre mi todo
    y tu nada.

    Ha sido un agradable hallazgo la lectura de este breve poemario y no dudo que Brenda encontrará con su poesía a sus lectores cómplices. Ya soy uno de ellos.

    Álvaro Gutiérrez






    .

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  • 08/30/16--07:44: GINO ROLDÁN [19.087]

  • GINO ROLDÁN   

    (Trujillo, Perú  1983).
    Licenciado en Literatura por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Perteneció al grupo poético El Club de la Serpiente y con ellos publicó el libro grupal Club de la Serpiente. Muestra poética (Hipocampo editores, 2007); esta publicación trae notas de Róger Santivañez, Ricardo González Vigil y José Pancorvo. En el 2014 se licenció con la tesis La poética del desborde: análisis de Pastor de perros (1993) de Domingo de Ramos. Ha sido incluido en varias antologías de poesía y reseñas suyas aparecen en algunos medios físicos y electrónicos. Una versión preliminar de su poemario Apostrophe obtuvo la “Rosa de Plata”, distinción otorgada por obtener el segundo lugar en los juegos florales “Juan Parra del Riego”(2013), concurso de poesía organizado por la Municipalidad de Barranco, la revista Caretas, la Embajada de Uruguay y el centro cultural Juan Parra del Riego. En la actualidad se dedica a la docencia.


    LIMA – CITY

    I

    Sol amarillo Kodak

    Bajo el cielo enjoyado
    Lima se extiende como un gran res
    a mediodía.

    Lima extensa hondura de cielo
    Ciudad de Reyes y altos oficios
    de hombres cerros costras

    que desprenden humor
    a escamas platos calientes
    a tekno punk rock.

    (Soberbiamante un vaso espumoso y transparente como un cuerpo enaecado tras la cópula como el vapor de la ollas su olorosa desprendida cabellera)

    Brillan cáscaras de naranja en el asfalto.

    LimA:
    Un vaso de emoliente al amanecer.



    Mensaje de la Salamandra

    'Hombre de negro
    Que tras la puerta
    Te escondes
    No observes
    A la niña
    DarseLas primeras
    Caricias.'
                     -Sobre el campo de rosas el asesino
                                               Se consumó.




    ON THE ROAD

    Un hombre de sienes plateadas
    Una mujer de voluptuoso plástico cuerpo rojo
    Un revolver
    Un auto que visto desde un helicóptero se desplaza
    a lo largo de la carretera
                             y atraviesa /
    puentes /
                             avisos luminosos /
    y a una morena Pin-up que divinamente fuma un cigarro
                                                    Marlboro.
    Un cielo alumínico sobre tus ojos tus espaldas
    Un túnel y su boca ancha y las nubes que se alejan
    Algunas percepciones y comentarios
    El perderse y reencontrarse
                                                    como un astro luminoso y rodante
    sobre la carretera
    A medio camino entre las sustancias /
                                                    la lucidez
                                     o simplemente
    Un desplazarse libre / con el aliento /
                              el corazón entre las manos /
                                                    y brillar
    Soportar el paso la embestida de los siglos
    Ser consciente de tu cuerpo tu peso la velocidad
    El desvanecerse y renacer entre hojas de fuego
    Y entonces un hombre
                                     una mujer
                                                    un auto
    y un revolver
    Bajo los cables de luz tan brillantes
                                                    los cercos eléctricos
    y las estrellas.



    Apostrophe de Gino Roldán

    ESTA ES

    La obertura en medio del silencio
    El muro, la piedra ajada por el tiempo

    La piedra 
    Y la densidad del aire, la transparencia
    Del árbol y su ramaje pétreo.

                                       Es el Verbo del aire.

    Y es
    Un ojo hiriente que hurga en la niebla
    E  ilumina un cráneo abierto.

    El Verbo que se anuda a una roca calcinada

                                                          Es, a su vez,
    Un hueso roído, brillante en su descomposición,
    Que terco, irremediablemente terco,
    Permanece.

     —Ásperos los metales filtrados por el viento—

    Diversas son las manifestaciones de lo permanente:
    Las  órbitas descritas por los astros, el movimiento acompasado
    de la marea, la acústica de las altas esferas.

    Mas
    Un caparazón flotando sobre las aguas 
    También es un símbolo
    Y permanece

                                            Es el Verbo un signo
    Del sentido y la ausencia
    Que brota difuso sobre la página

                                           Y habita
    Entre la Nada y su pálido reflejo
    —La Nada y sus ribas de oro
    Iluminadas por centenares de objetos—

                                                     Mas el Verbo no es siempre preciso

    Rueda imperceptible sobre lo Real
    Difumina el espacio, precisa el sentido
    Ausculta, dilata

    El Verbo y su diafragma de luz
    Flotando invariable sobre un trapecio

    Esta es

    La obertura en medio del silencio
    Los signos, sus tránsitos y figuraciones,
    Las celdas abiertas y el vuelo
    Del Verbo, su ramaje disperso.

     —Ásperos los metales filtrados por el viento—


    ALEGORÍA DEL OBJETO II 
    (Bodegón)

    Escancia luz sobre madura boca
    El surco henchido que resplandece

    Del cántaro los frutos rebosantes
    Las peras y duraznos, los racimos

    En bucólica imagen de natura
    El cuerpo es fragmento, dividido

    Las vides cual colgantes cabelleras
    Cáscara, la piel; la pulpa brillante

    Como un sexo espinoso y abierto

    Ebriedad propicia, desnuda la hembra
    No es sentido, ni proyección mayor
    Solo plena forma que gobierna.


    Apostrophe de Gino Roldán, por Miguel Ildefonso

    Gino Roldán (Trujillo, 1983) a inicios del 2000 perteneció al grupo poético El Club de la Serpiente. Suele suceder que la década donde el poeta surge en el quehacer poético, o sea, la “generación” al cual a uno lo insertan o se inserta solo, queda como una marca identitaria y, a veces, como un karma.

    En todo caso no debería ser un aprisionamiento, un encasillamiento perpetuo, el estandarizar una estética o una propuesta poética. Hay poetas que gustan encorsetarse y no salir nunca del rótulo; pero la poesía, más aun ahora que vivimos la globalización, significa liberación. La creación artística es libertad, experimentación y aventura. Eso de sentirse asido a tal época resulta castrante y más aun, como decíamos, para estos tiempos en que todo cambia y fluye rápidamente.

    Si un poeta queda en la marginalidad es, primeramente, porque la poesía es marginal. No se escriben libros de poesía para complacer y conseguir el fácil aplauso del auditorio o la feria. Digamos que esta es la marginalidad obligada, del cual solo se sale por un reconocimiento temprano no usual. Sin embargo, existe la otra: la marginación. Esta exclusión se entiende cuando está referida a los grupos o argollas que se forman en base a camaraderías, intereses, pactos o políticas. Y es cierto, entonces, que puede existir la marginación cuando uno no pertenece a estos enclaves de poder.

    Digo todo esto, porque estamos ante un joven poeta que apuesta por una voz peculiar en Apostrophe (Hipocampo editores, 2016). “Escribir no sin cierta presunción/ Consciente de los siglos y sedimentos acumulados bajo la lengua/ Las diversas placas que forman tu desgastada gramática”, nos dice en uno de los poemas últimos del libro. Y es que el libro que se presenta ahora es una vuelta a los avatares ontológicos, órficos, de Stéphane Mallarmé. Con Un golpe de dados, con Igitur, el poeta simbolista, llegó a extremos adonde la poesía no pudo llegar antes, a donde la palabra pudo ir sin perder su contenido, su basamento. Es por eso que el papel, incluso, o la página en blanco, quedó desmoronada ante la escritura demoledora, hiperconsciente, del poeta de La tarde de un fauno.

    Desde entonces la poesía ha señalado su crisis, su fractura, incluso su fracaso. Y hay poetas que indagan en la fenomenología, en observar y discurrir en la escritura de lo poético, para llegar, o circundar, a la verdad del ser. Mallarmé buscaba llegar a escribir el Libro, concebir una escritura que sea un Absoluto, al igual que la idea de Dios. Luego tenemos en la tradición universal a poetas como Francis Ponge o Roberto Juarroz, quienes hablan desde dentro de la poesía, desde la conciencia poética previa a la construcción de los significados. Ellos no dicen, construyen un lenguaje para decir algo que se dirá en otro lenguaje, en ese otro lenguaje que solo se termina de formar en la conciencia del lector.

    Es así que Roldán en el pie de página del poema Tres estadíos del objeto, señala: “El Objeto no es la realización concreta sino un elemento más dentro de una posible taxonomía. El orden, la jerarquía así como la disposición de los términos dependerán, en ese sentido, de cada juicio particular. (…) No es este un sistema cerrado sino semeja más bien fragmentos dispersos, cual placas flotantes que se vislumbran en el horizonte y que se van diluyendo conforme adquieren peso y textura. El sentido y el completar los ramajes y dispersiones de esta trama inconclusa, corresponde a ti, lector.”

    Lo que era el Libro o lo Absoluto en Mallarmé, es en Apostrophe el Objeto o el Verbo. Pero no es algo en lo cual indagar, auscultar, para luego demoler, sino es el canto y la épica del vacío, es lo que vivimos en esta época en donde no es posible mirar más allá, entre devaluados paradigmas, en medio de la fragmentación. Lo dice en el poema final: “Ahora el verbo es ausencia:// Solo restan los escombros de un Imperio/  extinto, antes bañado por la marea y el sueño/ Solo restan los escombros de un Imperio antes habitado por signos que inalterables celebran su dicha.”

    Por eso se apela a la estética de Odiseas Elitis, o igualmente, y sutilmente, a la de Rodolfo Hinostroza. No es una poesía abstracta, sino hay imágenes, hay materialidad. E, incluso, dramatis personae.

    Decíamos que la poesía es marginal, en cuanto a su discurso, a su lenguaje, y sus reflexiones, que atañen más a lo individual; a diferencia de la historia o la filosofía. En este caso, estamos abocados a tener la experiencia, como dice José Antonio Mazzotti en la contratapa, de “uno de esos libros especiales dedicados al enigma de la poesía, de su génesis, su desarrollo y su parto final en el poema”.

    Es importante destacar, finalmente, el riesgo de apelar a la alta y más sublime poesía, que demuestra la trascendencia y la coherencia de la propuesta de Gino Roldán, tanto para ser fiel a la creación misma, como para mandar al tacho los mandatos de las modas literarias. El poeta vale por sus libros, por el grado experimentación y cumplimiento de sus propuestas. El resto es secundario.

    Saludamos entonces la publicación de esta ópera prima, Apostrophe, un libro que corrobora el rumor de que en Perú está sino la mejor poesía de Hispanoamérica, una de las mejores. Y eso que aquí se ningunea a los poetas, y no se cuenta con el apoyo cultural como hay en España, México, Chile, Argentina o Ecuador.

    Miguel Ildefonso







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  • 08/30/16--09:37: LIZARDO CRUZADO [19.088]

  • LIZARDO CRUZADO

    Lizardo Cruzado. Nació en Trujillo (Perú) en 1975. A pesar de su juventud se le considera uno de los poetas peruanos con más importancia en los últimos años. En 1990 y en 1993 ganó el premio liteario "Lundero" que convoca el diario de Trujillo La industria. 

    Médico y poeta. Publicó a mediados de los noventa (siglo XX) un poemario sorprendente: Este es mi cuerpo. Tal fue el impacto que causó en el cotarro literario local (léase limeño), que algunos se aventuraron a afirmar que Cruzado había inventado un nuevo discurso poético denominado "realismo chistoso" (afirmación errada pues el creador del "realismo chistoso" es el poeta Jorge Pimentel). Poemas suyos han aparecido en hueso húmero nº 31 y la sección cultural del diario El Comercio. Se ignora si el vate continúa "sacándole punta" al lápiz.

    Conocemos sus composiciones porque han aparecido en alguna antología de poesía hispanoamericana de los últimos años, en revistas literarias, y, sobre todo, en muchos blogs y páginas de Internet dedicadas a la poesía. Y es que ganarse la vida como poeta, en este mundo caracterizado por las prisas y la falta de reflexión sobre lo lque nos rodea, resulta casi imposible.

    Os dejo con este poema que Cruzado dedica a M.M. , ¿su madre o Marilyn Monroe? En el que la desmitificación de un ídolo cinematográfico le sirve para plasmar la cruda realidad de la vida de su madre.



    PARA M.M.

    (O sea, para Marylin Monroe; para Mi Madre)

    Decir que Marilyn Monroe no fue Mi Madre
    no es lo mismo
    que decir que Mi Madre no fue Marilyn Monroe.
    Fijo que suena confuso como un sofisma;
    pero viendo bien, viéndola bien,
    viéndolas,
    ambas tiene -aparte del esqueleto
    lentísimo y el erizado pellejo celeste-
    el mismo parque de atardecer quebrado,
    unos cuantos sueños hechos mierda,
    fotografías amarillentas
    -cual marchitas magnolias-
    olvidadas bajo el colchón o los párpados,
    y unas ardientes ganas de ser amadas
    mordidas lamidas y apretadas
    como maduras chirimoyas o como higos.
    Aunque fuera el viento neoyorquino el que
    alzó a Marilyn las faldas
    y a Mi Madre las ropas oprimiesen
    las resacas
    brisas del arenal,
    ambas han llorado desnudas al menos una vez
    extraviadas entre ortigas y sedas.
    Y si Mi Madre no hubiera
    abandonado el cine oscuro donde su juventud aullaba
    con la última butaca clavada
    en pleno pecho,
    tal vez estaría ella ahora escribiendo sus memorias;
    y por otro lado -o por el mismo-
    se hallaría Marilyn pelando legumbres y patatas
    o hirviendo sopa y calcetines
    cuando muere la tarde.
    Ambas
    fueron desgarradamente felices
    e infelices también -desgarradoramente-
    La única
    y pequeña diferencia es que Marilyn reventó
    al tomarse cincuenta cápsulas de nembutal
    y que Mi Madre
    me parió a mí.
    Lo cual
    verdaderamente es casi lo mismo.

    Lizardo Cruzado Hueso húmero, n. 31, diciembre de 1994.





    Javier Sologuren escribe sobre Lizardo Cruzado

    Nota aparecida por primera vez el 24 de mayo de 1991 en el diario El Peruano, cinco años antes de la publicación de Este es mi cuerpo (Camión Editores), único poemario de Lizardo Cruzado (1975). La referencia bibliográfica al final del texto.


    SEÑAS DE UN POETA ADOLESCENTE


    A un siglo de la muerte de Rimbaud, un adolescente (de quince años para ser exactos), en la provincia peruana, desata con extraña fuerza los negros, los furiosos vientos del desorden lujoso y de la libertad sin recortes. Su nombre: Lizardo Cruzado Díaz; sus libros —aún inéditos—: El hombligo del hombre (escrito así con caprichosa y conciente ortografía) y Retorno a la lejanía.

    ¿Cómo es que sabemos de él? Lo sé con Blanca Varela y Antonio Cisneros, pues fuimos miembros del jurado del Sexto Concurso Infantil, Juvenil y Mayores de Cuento y Poesía del Norte Peruano, convocado por el Suplemento Cultural Lundero del diario La Industria. Leímos, no hace mucho, las cien páginas largas (pues sus poemas discurren por el viejo formato de papel de oficio) y sembradas de singulares y felices sorpresas.

    Pero Lizardo no era un desconocido para nosotros. En el concurso anterior, de 1990, obtuvo el primer premio de poesía. Ya desde entonces se destacaba notablemente. Ahora ya no se trata de un talento en ciernes; sus poemas últimos revelan a un poeta cuya madurez podrá llevarlo a creaciones difíciles de imaginar. Pero evitemos los ditirambos por más merecidos que sean, pues pueden ser más dañinos que provechosos.

    Una sensibilidad muy alerta le permite tocar temas y maneras que la literatura posee en sus registros, los cuales, a través de su lenguaje suelto y desenfadado, reciben nuevas iluminaciones.

    Las múltiples referencias poéticas, todas de primer orden (fáciles de advertir y explicables en un poeta en quien, dada su corta edad, pueden contar más las lecturas que su propia experiencia), no hacen sino, por contraste, acreditar la ascendente inspiración y el sesgo personal de su escritura, en la que obran los resortes oníricos y sexuales, el desajuste con una realidad deficitaria y un travieso humor que la subvierte. Todo lo cual dice a coro de su rara y precoz lucidez.

    Transcribo estos versos de su poema «rastros de rostro»:

    Ah vivir dentro de la ropa
    sobre los zapatos
    entre las estrellas y el cosmos
    continúo
    aún soñando

    * SOLOGUREN, Javier. (2005). Obras completas. Vol. X. Hojas de herbolario. Lima: PUCP. pp. 202 - 203.




    ANTIGUOS POEMAS DE LIZARDO CRUZADO

    Las flores

    Mi infancia tenía un florero
    Lleno de flores de plástico
    Que no tenían raíces
    Ni daban fruto
    Y cuya primavera era el día en
    Que las limpiaban con un trapo
    Todos los días florecían y
    También todas las noches
    Hasta que se agrietaron amarillas
    Y sus almas de oxidado alambre
    Asomaron por los tallos
    Entonces mamá las mudó
    Del florero al basurero
    Donde por última vez florecieron
    Y entonces me di cuenta que ellas
    No eran flores de verdad
    Pero tampoco eran de plástico
    Simplemente 
    Eran 
    Flores. 

    Publicado en El Men, 13.07.2006.



    Un día

    No veo desesperanza ni esperanza
    En las moscas que cubrirán 
    Mi cadáver
    Cómo sentir soledad entre tantos
    Seres alados que
    No fingirán mi ascensión
    Sólo atisbo una ternura grande
    Que no cabe en mis ojos
    Tan grande que ya
    Ni a mi cadáver distingo
    Sino únicamente miles de patitas
    Y de alitas
    Sobre mí
    Cubriéndome con un manto más oscuro
    Y dulce que la noche.

    En diario Ajá, año 2008. 



    Una rosa

    Una rosa que sangra puede
    diluir la poesía en el mar de una gota
    o puede apagar el incendio
    del mundo antes que llegue a encenderse
    y hasta con infinita ternura
    ahogar puede a la Muerte

    Pero no puede dejar de sangrar.

    Publicado en El Trome, año 2007.



    La noche

    Era mentira que uno enloqueciera 
    Y terminase arrancando chispas sin pedernal 
    Con la mano crispada 
    O que el pecador se consumiera 
    Acariciando soledades 
    En su palma repleta de pelos 
    Era mentira 
    Pues tras tantas lunas 
    La masturbación 
    No ha agrandado ni 
    Empequeñecido 
    Mi tristeza 
    Sólo a veces me 
    Despierta en 
    La oscuridad 
    La certidumbre de unas 
    Manchas azules 
    Que dejé afuera 
    Y aún resplandecen 
    En la noche.



    Los héroes

    Declamo el heroísmo 
    De los héroes
    Que se dejaron matar
    Hace siglos
    Para que hoy sea feriado

    Cuando bajo del proscenio
    Ahogados aplausos y cae al olvido
    Mi heroísmo de niño

    Por la tarde mamá nos decía
    Su papá segurito ya
    Se quedó tomando

    Pero yo sabía que no era cierto
    Papá andaba enfrascado
    En solitarias batallas
    Y cuando volvía a casa
    Tambaleándose por las noches
    Desde mi lecho lo oía tropezar y
    Arrojar cansado sus armas
    Pero no me atreví nunca a saltar
    A su encuentro
    Y preguntarle si había ganado.

    (En Umbral No. 15. Trujillo, Perú. 2003.)



    Las estrellas

    Hoy encontré varios retazos de papel plateado
    Bien prensados en un libro viejo
    De mi infancia

    Con ese papel plateado que envolvía
    Cigarrillos y los chocolates tipo cuzco
    Podían recortarse estrellas y
    Cometas
    Estrellas fugaces

    El placer consistía en guardarlo y nunca usarlo
    Nunca supe porqué

    (En: Metrópolis No. 16. México D.F. 2009)




    VOY A escribir un poema

    Por eso me marcho de esta
    Hoja de papel endeble
    Y quebradiza

    Por eso arranco y
    Me despojo
    De esotras páginas que vendaban
    Mis heridas
    Y dejo que de éstas
    Ríos de luminosa tinta
    Broten
    Salpicando el firmamento las paredes
    Y el asfalto

    Voy a dejar mi corazón
    Como un pollito enfurecido picoteando
    El maíz mezquino de la urbe
    Voy a entregarme al viento
    Y a los hombres
    Como una prostituta buscando Amor
    O sino tal vez algo más humilde
    El semen de la Vida apenas
    O la huella de la Vida
    Entre miles de huellas de ciervos y de lobos
    Confundida

    Voy a comerme una nube
    Para vomitar una lluvia
    Voy a fornicar una orquídea
    No añoraré más al otoño
    Con su hojarasca de densos
    Párpados cubriéndome
    Ni soñaré con la Vida
    Al final entregaré todo lo que tengo
    Y quedaré totalmente
    Desnudo
    Vistiendo a un poema

    Por eso me marcho de aquí
    Alado cual rata mitológica
    Sin importarme si en la mitología
    Hay ratas voladoras
    Pues aunque yo no sepa nada
    Sé que estoy escribiendo
    Si lo supiera todo
    No sabría qué estoy escribiendo
    Y a pesar de que todo yo lo ignore
    Sé que he de vivir
    Aunque decida escribir que
    He muerto

    Por eso he intentado
    Escribir un poema hasta
    Aquí.



    Balada urbana

    Salto al día cual escudo
    De mi sombra
    Y un matamoscas cual adarga entre los brazos
    Caballero voy en osamentas arrugadas de automóviles
    Jinete entristecido sobre perros apaleados
    Gentil y gallardo canto
    Bizarro adalid soy
    Y altivo enamorado
    Pues ciertamente defiendo y amo a ignota dama
    De pezones pequeños como taxis
    Que aferrada duerme a un rascacielos de peluche
    Con una autopista introducida en su boca diminuta
    Y en densa neblina envuelta cual enaguas humeante
    Que yo arranco y arrojo desnudándola
    Para entonces airado cabalgar en su abrupto pubis que
    Cual oscuro trailer peludo escapa por la carretera
    Al norte
    Hacia sus senos

    Soy un caballero azul oculto en verdes colectivos
    Y mi corazón a la vista de todos
    Es a no dudarlo convincente credencial
    Que me hace anónimo
    Y donde el sol puede encender su cigarrillo
    Lame mi dama agora un helado de frambuesa
    Que es mi corazón casi derretido en el pecho mío
    Mi corazón omnipresente como afiche de
    Concierto subterráneo de latiods y de sangre
    En todas las paredes
    Mi corazón tan rojo como foco de prostíbulo
    Mi corazón digo tranquilo surtidor de sangre
    Ignorado trivial en esquina de callejuela de mi cuerpo
    Hasta que de vida estalla incendio
    Y en mi corazón conectan todos mangueras y cuchillos

    Mi dama es como tierno infante que aún se orina en cama
    Y micciona el océano amarillo
    Donde nado
    Y donde canto su belleza lamentando sus desaires
    Juglares homosexuales entonan
    Himnos patrióticos y blues para su goce
    Mientras yo masturbo a un poste que
    Eyacula un chorro de luz bajo el cual
    Me veo solo y vil y enamorado
    Así a mi dama yo amo
    Escupo en sus mejillas su piel con mis pisadas acaricio
    Y poséola luego ferozmente
    Penetrando al húmedo y lascivo sexo de una alcantarilla
    A la muerte no le temo sino a su amor terrible
    Atronador y pavoroso como un centro comercial
    A su beso pesado como un pájaro muerto y
    También a su oscuro veneno de luciérnaga
    Aquí está sin embargo ardiendo
    Mi corazón escudo de su honra
    Y la heráldica de mis vísceras certifica la alcurnia de mis heces
    Y mi alma
    Extendida como un manto de basura a su paso majestuoso

    Yo desfago entuertos venzo en lides reto
    A la la Noche
    Exijo el Santo Grial en las cantinas
    Y dejo correr el amor como pus de mis feridas
    Con el corazón manando baba contemplo a mi señora
    La recuerdo feroz como un abismo
    Ordeñando mi corazón con sus arteros besos
    Y hasta el delirio adoro sus caderas de asfalto
    Sus labios de flexiglás sus tiernos ojos de neón
    Y su amada silueta que fantasmal aparece en los mapas
    Con largo río de lágrimas surcan su su pecho
    Pero a mi corazón le pertenece
    Por completo
    Entre estos endriagos y súper ofertas y quimeras
    Yo soy su caballero
    Y mi corazón es piedra en la honda de mi cuerpo
    Para derribar a Goliat
    Aquel agigantado rascacielo



    Amor de familia

    Papá
    está en mamá

    porque
    Mamá
    tiene
    papada.



    Poiesis

    El
    acto
    de
    magia
    no es
    tragar
    filosos
    y
    afilados
    sables
    sin sufrir
    herida
    alguna
    sino
    que
    el acto
    de magia
    consiste
    en
    tragar
    delicadas
    y
    pálidas
    florecillas
    sufriendo
    horribles
    desgarraduras
    y
    desgarramientos.




    Poiesis

    La
    Poesía
    es
    como aquellos actos que
    hacemos de noche cuando yacemos
    en el lecho profundamente
    dormidos
    -verbigracia:
    esconder el aterido pie
    bajo la sábana, sosegar un álgido escozor
    ventral o
    dar la espalda a una
    impertinente luz-.

    La
    Poesía es
    semejante a tales acciones, diferentes a
    los sueños, pero
    igualmente maravillosas,
    realizadas
    con toda exactitud y
    precisión,
    aún a ciegas,
    como si estuviésemos despiertos
    de algún misterioso modo en
    medio de los sueños,
    o dirigidos por alguien que
    habita en nosotros
    pero que es mucho más fuerte
    y también más sabio.

    Actos que
    al despertar no recordaremos
    ni podremos concebir,
    mas
    gracias a los cuales
    dormimos plácidamente toda la noche
    y podemos también
    soñar...

    Como esos actos,
    la Poesía
    es.



    Una hormiga en la barriga

    Sí,
    verdaderamente quien ríe al último
    ríe mejor.

    Sí,
    y esto aunque
    la Muerte
    no tenga dientes.



    Copla

    Tengo el corazón tan cerca del piso
    que es una oscura piedra atravesada en mi camino
    o un grillete atado a los tobillos
    o un fruto podrido que ha caído

    Tengo el corazón tan cerca del piso
    que todos pueden pisotearlo
    inadvertidamente mientras pasan
    o llevarlo el cierzo hacia la nada
    mezclado en la hojarasca
    para nunca más verlo

    Lo tengo tan abajo
    que las cucarachas han llegado a considerarlo
    de su tribu
    y mis pies no sienten más el frío
    al calor de su abrigo

    Tengo el corazón tan cerca del piso
    que se halla mas bien hundido
    en el profundo pozo negro de mi cuerpo
    cantando
    tan cerca del piso
    que mi corazón no es más
    que este arrugado par de calcetines que
    en mis pies tengo
    agujereados
    y apestando.




    ai lov

    Amo el tiempo que pasa
    Amo el éter donde los ángeles
    son pederastas y felices
    Amo la manera como cacarean los perros
    al amanecer
    Amo tu cuerpo blindado y abierto
    tus nalgas neumáticas y firmes
    tus senos por los que asciendo a la luz de la ciudad
    y de donde lo contemplo todo
    como desde un edificio de veinte o veintidós pisos
    Amo el odio con que me amas
    Amo las suelas de tus zapatos ebrias
    preñadas de polvo y sol urbanos
    Amo a mi prójimo a mis testículos y al Complejo de Edipo
    Amo la ONU la OEA la OTAN todas las sociedades
    anónimas
    Amo los hipogrifos y los tréboles de cuatro hojas
    Y amo el sol
    Amo la Vida
    Amo el champú anticaspa que no irrita los ojos.


    Poema a la paloma de la paz

    Sólo quiero
    que
    la paloma de la paz
    se haga el dos
    sobre mi pecho.



    Poema azul

    Azul y solo
    sin saber
    cómo
    ni para qué
    tampoco.

    Azul y solo
    sin desnudez y sin
    veste
    sin olvido ni recuerdos
    yo
    el amargo el ajado el zarrapastroso
    el mudo
    azul siempre
    y siempre solo.

    Aquí
    -solo y azul-
    apagado y agrio
    mirando lo más grandioso y lo más
    libre
    lo que no comienza
    y no termina
    lo que sólo
    existe
    cantando y siempre
    redivive

    el mar

    el cielo

    el mar 

    también azules
    también solos.




    Reptil

    Cual tiernísimo prepucio
    el firmamento nos cubre.

    Ha de velar abierta alguna exorbitante bragueta
    entre los altos edificios y la noche.

    Un enorme falo
    que micciona los espacios siderales.

    Chorro de astros
    entre la flora de los hombres y la fauna.

    La luna
    desvaído testículo de naftalina que
    le han puesto al cielo
    para que no
    se lo coman las polillas.

    La luna
    eclipses eyacula
    y hombres-lobo
    sobre todas mis escamas azules.

    Libidinoso ha de ser el falo pues
    enorme chancro estalla el ocaso fétidamente cercano.

    En Lima
    un eufórico salsero grita
    ¡SABOOOORRR...!
    y yo
    me muerdo la lengua
    tristemente.



    Las ciudades también lloran

    Como
    un insecto fatal y oscuro
    La Ciudad posee millares de ojos.

    Pero de igual modo
    La Urbe
    es ciega
    como vieja decrépita
    que trata de contemplar 
    las estrellas
    a la hora de la siesta.

    Por 
    la mañana
    el insecto abre los ojos e
    inicia su metamorfosis:
    escupe en sus alas.
    Al anochecer, adherido
    con sus viscosas patas al cielo,
    un siniestro brillo
    entre sus párpados brota.

    Pero La Ciudad sí puede llorar
    pese a su altivo corazón
    de chatarra y roca.

    Son sus lágrimas, amargas, ácidas,
    saladas; 
    a la luz del sol refulgen
    con descaro
    y al final de su caída
    ensucian los oídos
    con su asqueroso eco.

    Ciertamente 
    son escasas...

    Apenas desprendidas, 
    los ojos de La Ciudad
    se secan.

    Entonces 
    alguien vendrá a cubrir
    con periódicos
    las lágrimas.

    Y después las confundirán
    con los suicidas.



    Poema

    Hoy
    alguien me llamó por la
    espalda con una palmada:
    mi mundo se agolpó de alegría,
    sentí que mi vida
    tomaba nuevo rumbo.
    Después de años de vivir
    arrinconado mirando pasar
    a la gente,
    alguien en
    había reconocido a alguien.
    En ese instante olvidé todo
    lo malo que había sucedido,
    la dicha subió de mis uñas
    al corazón,
    la felicidad me embriagó hasta
    las orejas.
    Cuando
    volteé para abrazar al sin duda,
    mi amigo
    -cuando giré abrasado
    de amor-
    aquél balbuceó con rostro
    extraño y
    grave:
    - Disculpe, lo confundí con un amigo.

    Y se alejó.



    Vosotros sois

    Vosotros sois mis padres:

    El hombre que con ávidas manos buscaba las nalgas
    maternas en noches estrelladas.
    La mujer que fascinada contempló las dimensiones
    del paterno falo en una noche sin estrellas.

    Ese hombre cuya mirada ante
    la felicidad y la desdicha es como la mía: tiernísima y
    estúpida.
    Esa mujer cuyos pezones
    no mordí inútilmente aferrándome a la vida.

    Mis padres vosotros sois:

    Aquel que me sacó de la boca todos los dientes
    de leche, y cuya herencia es
    el idéntico perfume en los calcetines y en los huesos.

    Aquella a la que desgarraron el cordón umbilical que nos
    unía
    mientras lloraba yo
    y despernancada ella sonreía.

    Sois vosotros:

    Un hombre y una mujer miserables, simples,
    maravillosos y banales, a quienes
    amo miserablemente, simplemente, maravillosa
    y banalmente, 
    y de quienes heredé la sangre oscura, la lengua
    viperina,
    la bilis abundante también, y esta mueca de sonrisa
    bárbara y siniestra.
    Un par de seres extraños entre sí,
    extraños ante mí
    y a quienes conozco y odio y quiero mucho más
    que a un simple par de extraños.

    Vosotros sois:
    El hombre cuyo pubis se arrugará junto a los flácidos muslos
    de mamá y pese a ello
    seguirá buscando con manos ávidas aquellos paraísos
    desolados.
    La mujer que asombrada contemplará al paterno falo cuando
    éste llegue a ser tan
    tímido y ridículo como el de un niño.

    Ese hombre.
    Ese hombre de redondo vientre y calvicie dulce, al que
    ebrio en el sofá yo vi dormir
    y despierto vi soñar y entre sus sueños oí cantar,
    balbucear
    y eructar.

    Esa mujer.
    Esa mujer cuyos guisos hirvientes y amorosos han
    construido
    mi pecho, y cuyos
    ojos arrugados, indestructibles quedan en mi recuerdo.

    Papá
    y mamá:
    Dos espíritus que unieron sus ilusiones para formar
    una sola gran desilusión.
    Dos cuerpos amarillos y decrépitos, entrelazados como la
    lejana noche en que se cruzaron
    en mi camino para darme estos testículos y esta alma
    y estos
    recuerdos salobres que jamás podré olvidar.

    Papi y mami:
    dos seres que cenaron y defecaron y copularon como
    cualquier
    pareja de hermosos animales salvajes o domésticos.
    Un hombre triste. Una mujer sin dientes.
    Huérfanos. Quebradizos. Enamorados.
    Aguafiestas.

    Vosotros sois.



    Poema

    Amo
    La Vida
    Y
    También
    La Muerte:
    Amo
    Lo irremediable.

    Amo
    A la Vida
    Y amo a
    La Muerte:
    Amo
    Lo innecesario.

    La Vida
    Como la Muerte
    Irremediablemente
    Innecesarias
    Innecesariamente
    Irremediables.

    Pero a veces...

    No 
    Es cierto:
    Siempre las amo.



    Elegía II

    Con la punta del lápiz
    acaricio tu imagen que
    brota lentamente de mí
    como después
    de un punto acápite o
    de un beso apasionado.

    De un punto acápite
    mejor,
    pues yo nunca te besé,
    ni te hablé tampoco nunca
    a pesar de haberte creado.

    Porque yo te
    diseñé perfecta
    -como a partir de un puñado de légamo-
    en el sexto día de mi adolescencia, 
    y te puse en el mundo impoluto de las ideas, 
    hermosa como un celeste trozo
    de carne abstracta tomada de mi propio costado
    de animal prosaico, material y negro.

    Y fuiste tan alta
    y tan lejana y
    pura,
    que ni te fijaste en el árbol cuyo
    fruto pudiste haber comido,
    para así darme ocasión de entablar la cháchara o
    al menos preguntarte tu teléfono,
    y al final de la metáfora simplemente perdonarte
    pues yo no era más que un hombre enamorado.

    Pero de modo tal 
    no sucedió,
    y entonces hube de amarte cubriéndome con hojas,
    escondido de tu presencia y
    huyendo avergonzado
    por los bosques,
    expulsado del Edén donde te
    había colocado,
    dándome cuenta que estaba desnudo
    y enamorado,
    que de ahora en adelante el amor sería
    parido con dolor
    y que las mujeres amadas estarían hechas de polvo
    y en polvo finalmente serían convertidas.

    Y en el séptimo día de mi adolescencia
    me puse a contemplar mi obra.

    Y vi que era buena y perfecta
    y agradable a mis ojos
    pero también fútil, irreal e inútil.
    Y santifiqué el sétimo día.
    Y entonces me dio pereza corregir o destruir mi obra, 
    como también el seguir amándola y recordándola
    porque ese era el día de reposo y descanso de mi obra.

    Y desde entonces han pasado los siglos de los siglos.

    Hasta que ahora -habiéndote ya olvidado por completo-
    no sé porqué me puse a escribir esto sobre ti.



    Ars

    No me gusta escribir.

    Prefiero
    tener
    la palabra
    en la
    punta
    de
    la lengua
    para así
    descaradamente
    poder
    enseñársela
    a
    la
    gente.




    Arena

    (para los lagartos del desierto de Paracas)


    Se levanta la arena con el viento
    No sucede nada

    Ni un turista con una videocámara
    para detener el torbellino en el espacio
    ni siquiera
    alguien con una polaroid
    bajo el sol o una simple kodak

    Pocos caminantes
    se detienen en cada punto de arena
    O los caminantes acaso son un espejismo

    Pero bajo la arena
    las momias buscan sus sexos resecos
    y se unen
    Cada día de marzo es una piedra

    Mentí
    Sucede algo
    Las tormentas de arena ahora nacen de mis ojos.



    El amor y la pértiga

    Hacer el amor es hermoso
    como un salto con pértiga.
    Tan hermoso cual eterno primer salto
    sin saber si al otro lado nos esperan
    las piernas abiertas del vacío
    o un titular efímero en la página deportiva
    de algún vespertino diario de provincia.
    Pues el amor es este salto y no
    porque el órgano de mi deseo posea
    exorbitantes dimensiones de garrocha es obvio
    no presumo de tal cosa
    Entiendo que en este salto no habrá varilla
    que derribar amor mío
    sino la soledad del atleta
    y la garrocha tu vientre
    el estadio vacío
    y este fuego que hace de la pértiga una torre
    por la que asciendo
    y en la que despiertas
    aferrando mi grito con los dedos.
    Corro entonces por tu cuerpo pista de atletismo
    ahora incrusto la garrocha
    me elevo cinco metros seis
    hexámetros
    hasta rozar la dentadura de los ángeles y
    batir la marca sin saber cuál marca
    mientras la pista suspira victoriosa y derrotada
    dormida cae la pértiga
    y atleta ebrio rasguño por última vez
    estas alturas descendiendo
    hasta rebotar vencedor en la olímpica colchoneta 
    de tus senos.

    Por cierto
    ningún representante de Guinness vendrá
    por este asunto de los records.



    Elegía I

    Te recuerdo como eras en la última hamburguesa
    tenueceleste y leve
    como el humo de un cigarrillo sin nicotina
    y tus cabellos enredados como tallarines
    bajo la luz salada de al luna
    preñada de mar y silencio
    tu dedo tu hipo de sirena

    bajo el sol
    el ketchup y las nubes era tuyos
    ah tus senos tornasoles como palomas radiactivas
    suave perenne
    extendida
    como una enorme hoja de plátano
    o temblando pálida y frágil
    como gallina
    antes del estofado

    de entre los accidentes de tránsito
    brotabas líquida
    y eras el verde estornudo de un semáforo
    o de un pájaro
    tambien flotabas
    sobre la infraestructura precaria del atardecer
    pequeño girasol asísmico

    -ah tan distante
    como mujer desnuda en calendario de peluquería 
    eras-

    y recuerdo
    que al abrir la refrigeradora te salpicaban los
    escabeches
    pequeña soltera y muda como una pequeña
    fotografía muda

    yo te recuerdo como eras en la última hamburguesa
    porque a ti no te gustaba el hot-dog.




    Bodegón

    Todo igual sin respirar inmóvil:

    El fosforescente perejil junto a las zanahorias tímidas.
    Los asexuados tomates
    brillando más quizá
    que los racimos de uva semiebrios
    no tanto como la antigua
    panzuda
    panzona garrafa
    azul
    armoniosamente desordenados todos al ojo
    de algún pintor flamenco
    del siglo XVII o XVI.

    O una pulpería
    feraz y roja:
    El ventrudo melón dorándose
    tibiamente
    al lado de
    las manzanas impúberes
    y la luz
    hiriendo suave
    los senos
    de las peras.

    Entre dos o tres siglos o dos o tres horas o
    dos o tres azules
    humeantes y pletóricos
    lenguados...

    Pero esto es más que una naturaleza muerta.

    Más que una pintura pulcra, limpia y congelada.

    Todo diferente respirando móvil.

    Un bodegón hermosamente salpicado por las moscas.



    Canción del feo

    Me 
    Gustaría
    Morir
    Decapitado
    Para así
    Sentir
    Aunque fuese por un instante
    Fugaz
    Que
    Ni mi nariz
    Ni mi sonrisa ni
    Mi 
    Rostro
    Me pertenecen
    Sino
    Solamente
    Mis manos
    Mi
    Corazón.



    Papá

    Hace 40 años
    cada mañana mi padre despertaba
    para cambiar el mundo.

    Ahora,
    mi padre se levanta todas las mañanas
    para regar en su jardín las rosas.

    Ahora él ya no tiene fuerzas
    para golpearnos, y tampoco las tiene
    para
    amarnos.
    Pero un tiempo él nos amó hasta
    el hartazgo. También nos castigó.
    Silenciosamente sonreía
    -incluso hablaba algunas veces-
    e hizo muchas cosas en vano
    y por nosotros.

    Por todo esto,
    seguramente cree él que yo
    alguna vez
    llevaré hasta su tumba
    las flores que ahora cuida.

    Pero
    se equivoca.

    Esas rosas son un sueño de viejo
    simplemente.
    Un delirio senil de pétalos tiernos
    e idiotas que
    de maleza
    inunda
    la maceta rota
    donde su
    vida se marchita.

    Si creo que hasta se
    ha quedado ciego.
    Porque lo he visto penetrar en los jardines de la Muerte
    con una tijera de podar inútil
    en la mano.

    Y ya no espera casi nada;
    sólo aguarda que el sueño de sus rosas
    florezca antes de
    que él
    se muera.
    Hace
    cuarenta años
    -ya casi
    cincuenta-
    cada mañana
    mi padre despertaba para cambiar
    al mundo.
    Ahora
    -en cambio- él todos los días se levanta
    para regar en su jardín
    las rosas.

    Algo ha cambiado en el mundo, por lo tanto.

    Aunque tal vez nunca en el jardín
    lleguen a florecer las rosas.




    Palmas para la Vida

    El Maestro de Ceremonias
    anunció que la ceremonia
    sería sencilla
    pero significativa

    Y la ceremonia
    sencillamente
    no 
    significó nada.




    Indigestión contemplando el ocaso

    Para Beto Ortiz

    -de FM a AM repentinamente-

    la tarde y
    su asombrosa soledad de huevos fritos

    mujeres robustas cuelgan calzoncillos rojos
    embanderando la ciuddad
    cualquiera imaginaría al viento
    soplando
    bajo la cola de los burros
    despertando a los ángeles en lo profundo de las tabernas
    pero es sólo quizá
    un peatón desprevenido
    a punto de ser arrollado por un chevrolet
    viejísimo
    una tenue ssensación de piojos
    y cansancio
    el día que se alarga
    infinitamente mordido por los perros

    claramente puedo ver el incendio de las rosas en
    el laberinto
    entre viejos poemas y
    preservativos usados
    pateando latas besando latas copulando
    ratas
    y aquellas campanas condenadas
    a resonar en un olvidado campanario
    y morirse siempre
    tristemente
    como el largo y
    lancinante alarido de una bolsa vacía

    Marilyn tropieza levemente en la penumbra
    el viento deja ver sus muslos
    mientras innumerables muchachos
    se masturban
    -y un suave olor a genitales inunda
    el ambiente-
    hastiados de lamer senos insípidos
    o soñando mientras el tiempo transcurre
    bajo peludas axilas sudorosas
    la cosa es despertar de repente
    con el cuepo torpemente deambulando
    entre sábanas sangrantes
    o bajo el retórico andamiaje de un firmamento desteñido
    que se refleja en
    el hedor de una negra alcantarilla

    es el momento preciso
    para ponerle cuernos al marido
    patear un niño en La Parada
    firmar el testamento legando todo
    a una fundación de lagartijas
    armarse caballero en cualquier kilómetro
    de cualquier carretera
    y velar las armas dignamente
    en el miserable patio de un burdel barato

    y mientras el mondongo se enfría
    en una cacerola
    y un empate cero a cero motiva el enésimo
    vaso de cerveza
    no hay nada qué hacer
    sino quizá pellizcar
    en el trasero a la mujer robusta
    guiñar el ojo también a la cuñada
    comentar el sarpullido de las monjas
    soltar el humor negro de día domingo
    mientras alrededor de los pies siempre mal lavados
    el sol proyecta sus fantasmas y
    entra en frenesí el aquelarre

    -la tarde y su asombrosa soledad
    de huevos fritos-

    -de AM a FM nuevamente-



    Poema

    Morir
    es
    ponerse a dormir
    y
    empezar a podrirse.

    Vivir
    es
    ponerse a despertar
    y
    empezar
    a
    podrirse.






    .


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  • 08/30/16--15:51: AJ ASTÁJOVA [19.089]

  • AJ ASTÁJOVA 

    Irina Astájova (seudónimo: Aj Astájova),  es el nombre de una joven poetisa de Moscú, conocida en los círculos de la literatura contemporánea. Sus obras recojen los auditorios completos por múltiples ciudades de Rusia, Ucrania, Bielorrusia e, incluso, Francia, Alemania, República Checa, España e Italia.

    Entre los años 2013-2014 tuvo más de 120 conciertos en 53 ciudades y 8 países, a los que acudieron más de 35.000 personas. Asimismo, Irina se convierte en una de las poetisas más demandadas por el público en el espacio rusoparlante.

    La poesía de Astájova muchas veces narra los temas de relaciones acomplejadas. Le encanta escribir sobre viajes, la búsqueda del camino de la vida y reconocimiento, superación propia, la lucha con los pecados y muchos otros temas. Su poesía tiene múltiples caras. No es menos notoria su forma de hablar en público. Esta ligereza casi intransmisible combinada con el acompañamiento musical en directo, crea un ambiente inolvidable durante sus conciertos. Parece que Irina es capaz de comunicar con el alma de cada oyente y toca en las cuerdas más sagradas de cada uno de ellos.

    Actualmente se ha publicado la antología poética de Irina. Su primera antología «Мужская лирика / Женская лирика»  (Lírica masculina / lírica femenina) constituye dos poemarios que recogen los poemas de dos contrapartes, que conviven en un mismo poeta: los poemas directos, serios y rigurosos, escritos de parte del protagonista-rompecorazones; y los poemas delicados, tiernos, llenos de sentimentalismo de un alma femenino.



    Si está vacía el alma,
    Entonces, es la hora de cambiar la ruta.

    Si está vacía el alma,
    Entonces, es la hora de cambiar la ruta.
    En tu cabeza apunta con claridad,
    sin tinta:
    si te quieren,
    te esperarán,
    si llega la felicidad
    entonces, la has merecido.

    Sin importar la edad que tengas,
    sé jóven en tu interior,
    no pienses en averiguar
    dónde y cuándo será tu final.
    los que no te quieren,
    deja que se vayan con otros.
    en tu alma busca el reflejo,
    pues, no lo mostrarán los espejos.

    Si tu casa está vacía
    no tengas miedo en abandonar tu hogar.
    ¡si la ciudad no es la correcta,
    atrévete a marchar de allí!
    todo se consigue con el esfuerzo
    nadie nunca
    te podrá ayudar.

    si tienes un enemigo,
    deséale lo mejor.
    por cada detalle que ocurre en la vida
    acepta y alégrate por que la hay.
    si te piden marchar,
    entonces, es la hora de irse,
    que no se te ocurra nunca
    mirar para atrás con reproche.

    ¡no tengas miedo a buscar,
    tan solo siendo así encontrarás!
    ¡no tengas miedo a perder,
    no se gastan en ello ni años ni fuerzas!
    si te quieren,
    te esperarán,
    si llega la felicidad
    entonces, la has merecido.




    Если пусто в душе –
    значит, время сменить маршрут.

    Если пусто в душе –
    значит, время сменить маршрут.
    запиши в голове разборчиво,
    без чернил:
    если любят тебя
    — обязательно подождут,
    если счастье придет
    — значит, ты его заслужил.

    сколько ни было б лет
    — душою будь молодым
    и не думай, когда
    и где будет твой финал.
    не любя́щих тебя
    — спокойно отдай другим.
    отраженье ищи в душе,
    а не у зеркал.

    если дом опустел
    — не бойся покинуть дом.
    если город не тот
    — решайся и двигай прочь!
    если ленишься ты
    — все дастся с трудом,
    и никто и ничем
    не сможет тебе помочь.

    если враг у тебя
    — врагу пожелай добра.
    к каждой мелочи в жизни
    всегда будь открыт и рад.
    если просят уйти
    — то, значит, тебе пора,
    и не смей никогда
    с укором смотреть назад.

    и не бойся искать
    — такие свое найдут!
    и не бойся терять
    на это ни лет, ни сил!
    если любят тебя
    — обязательно подождут,
    если счастье придет –
    то, значит, ты заслужил.



    Publicado por Kseniya Tokareva

    https://revistaplumaroja.wordpress.com/2016/08/25/poesia-contemporanea-aj-astajova-2015







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  • 08/30/16--16:58: LEONÍD FILÁTOV [19.090]

  • Leoníd Filátov 

    (1946-2003)

    Nació en Kazán, Federación rusa,  el 24 de diciembre de 1946.

    Actor de teatro y cine, director de cine, poeta, escritor, guionista y presentador de televisión.

    Su padre fue radiotelegrafísta, y en virtud de su profesión se encontraba constantemente de viajes; para seguir juntos, la familia tuvo que mudarse en múltiples ocasiones, lo que ocasionó una brecha en la relación de los padres de Leoníd Filátov, y estos pronto se divorciaron, cuando el chico tenía 7 años. Entonces, se trasladó con su madre a Asjaban (la capital y la ciudad más importante de Turkmenistán), dónde Leoníd terminó la escuela. En aquel momento en la prensa nacional se publican sus primeras obras, siendo él todavía un escolar.

    En 1965 Filátov se dirige a Moscú, porque su deseo es entrar en la Universidad Panrusa Guerásimov de Cinematografía. Sueña con ser director de cine. Desgraciadamente, no consigué acceder y prueba sus fuerzas en la Academia Teatral en nombre de Borís Shchúkin por el consejo de su compañero de clase. Entre 1965 y 1969 recibe formación en dicha Academia. A partir de 1969 empieza su obrar creativo en el Taganka Teatro de Moscú. Obtiene papeles en muchas piezas teatrales conocidas: «Maestro y Margarita» de Bulgákov, «El jardín de los cerezos» de Chéjov, «La casa del muelle» de Trifónov, entre otras.

    En 1970 se estrena la primera película con su participación, «La ciudad del primer amor» (Город первой любви). La fama le alcanzó en los años 80. Protagoniza películas, tales como «Экипаж» (Equipaje), «Женщины шутят всерьез» (Las mujeres bromean seriamente),  «Грачи» (Los grajos); «Избранные» (Los elegidos); «Успех» (El triunfo), etc.

    A partir de 1989, Filátov recibe el cargo del Secretario de los Cinematografistas de la Unión Soviética.

    En los años 70, además, se hicieron muy populares las canciones compuestas sobre las poesías de Leoníd Filátov. En 1996 salió el primer disco con estas canciones, titulado «Оранжевый кот» (El gato naranja).

    En 1994 empieza a trabajar de presentador de televisión en el canal ORT, la 1 Rusia actualmente, donde se dedica su programa a los artistas olvidados.

    El corazón de Leoníd Filátov dejó de latir el 26 de octubre de 2003.


    Las lágrimas son agua

    — ¿Dice usted que las lágrimas son agua?
    —  Sí.

    — ¿Todos los cataclismos no le influyen?
    — Sí.

    — ¿Disparate son Che Guevara, Robespierre y Jesucristo?
    — Sí.

    —¿Le da igual que alguien tiene problemas?
    — Sí.

    —¿Y qué importa si en algún lugar están en fuego ciudades?
    — Sí.

    —¿Las heridas de Vietnam tampoco le interesan?
    —  Sí.

    —¿Le remuerde, en ocasiones, la conciencia?
    — Sí…

    —¿La consigue calmar fácilmente, verdad?
    — Sí.

    —¿Y si destruido está el hogar creado con vuestras propias manos?
    —Y…

    —¿Cruelmente reprimieron a sus familiares?
    —¿Y..?

    —¿Y usted mismo recibió una bala en el pecho?
    —¡Qué horror!

    —¿Entonces, me habría dicho usted que «sí»?
    —¡No!

    —¿Y dice usted que las lágrimas son agua?
    —¡No!

    —¿Y todos los cataclismos no le influyen?
    —¡No!

    —¿Entonces, aún algo le inquieta, a veces, verdad?
    —Sí, sí, sí..

    1972.




    Слёзы людские

    — Вот вы говорите, что слезы людские — вода?
    — Да.

    — И все катаклизмы проходят для вас без следа?
    — Да.

    — Христос, Робеспьер, Че Гевара для вас — лабуда?
    — Да.

    — И вам все равно, что кого-то постигла беда?
    — Да.

    — И вам наплевать, если где-то горят города?
    — Да.

    — И боли Вьетнама не трогали вас никогда?
    — Да.

    — А совесть, скажите, тревожит ли вас иногда?
    — Да…

    — Но вам удается ее усмирить без труда?
    — Да.

    — А если разрушили созданный вами семейный очаг?
    — Так…

    — Жестоко расправились с членами вашей семьи?
    — И?..

    — И вам самому продырявили пулею грудь?
    — Жуть!

    — Неужто бы вы и тогда мне ответили «да»?
    — Нет!

    — А вы говорите, что слезы людские вода?
    — Нет!

    — Все катаклизмы проходят для вас без следа?
    — Нет!

    — Так, значит, вас что-то тревожит еще иногда?
    — Да, Да, Да…

    1972

    Por Ksenya Tokareva

    https://revistaplumaroja.wordpress.com/2016/07/20/leonid-filatov-1946-2003-poema-








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  • 08/30/16--17:23: NIKOLÁY RUBTSÓV [19.091]

  • NIKOLÁY RUBTSÓV

    Fecha de nacimiento: 3 de enero de 1936, Emeck, Rusia
    Fecha de la muerte: 19 de enero de 1971, Vólogda, Rusia

    Análisis del poema «По вечерам»

    La edad siniestra para muchos de los poetas rusos oscila entre los 35 y 37 años. ¿Por qué? Realmente, es muy difícil de contestar a esta pregunta. Lo que sí sabemos, es que esta etapa de la vida de Nikoláy Rubtsóv también ha resultado ser trágica. Falleció a los 35 años de edad.

    Para que podáis comprender mejor cuáles son los temas principales de la poesía de Rubstóv y cómo él elegía la temática, primero hay que conocer los hechos que marcaron el camino de la vida del poeta, que no fue nada fácil. Su camino fue espinoso, con baches, múltiples inquietudes y la continua búsqueda. Cuando el pequeño Nikoláy tenía tan solo 6 años, falleció su madre; el mismo año su padre fue alistado al ejército y, entonces, el niño fue ingresado en el orfanato. Era un chico muy tierno y muy tímido. El padre, tras haber vuelto del frente, no pudo volver con su hijo, ya que para aquel entonces ya tenía una nueva familia. Era tan solo una de las múltiples heridas de las que sufrió el alma del poeta. Hasta cierto punto, incluso, su apellido es simbólico: Rubtsov, del verbo ruso «рубить» – cortar. Después de haber terminado 7 grados del colegio (en Rusia se estudia a lo largo de los 11 años), no obtuvo ninguna formación, aunque probó entrar en varias instituciones educativas (Escuela de economía forestal o el Instituto de la Literatura).

    Las primeras publicaciones del poeta les llegaron al corazón a los lectores, pero sus colegas no le apoyaban en ningún momento, pensaban que Rubtsóv no tenía mucho talento. De ahí que surge el poema «По вечерам» (Por las tardes), escrito por el poeta en 1970, uno de los poemas más tardíos. En aquella etapa de su vida tuvo que mudarse al pueblo junto con su familia, no tenía trabajo, por lo tanto, tampoco tenía mucho dinero. En ocasiones, tuvo que dormir en las estaciones de trenes. La angustia le llenaba y se reflejaba en sus poesías. Ni la ciudad, ni el pueblo le recibieron con los brazos bien extendidos. Se sentía rechazado en todos los sentidos. Se consideraba ateísta, aunque, en realidad, quizás no haya personas completamente ateístas. La gente tiene fe o, simplemente, no sabe que tiene fe. En este preciso poema Rubtsóv vuelve al tema de la religión, subrayando que su abolición, prácticamente tacha el futuro de Rusia y le quita el apoyo a la población, la fuerza de la cual desde siempre se ha encontrado en la fe. El poeta describe una catedral que se encuentra en ruinas y la asocia con el derrumbe del potente Estado soberano que desde siempre fue Rusia. Sin embargo, la Rus no murió, tan solo se quedó dormida, permaneciendo en espera de mejores tiempos, cuando las nuevas generaciones por fin podrán resucitar su fama y su poderío de antaño.

    A pesar de que este poema fue escrito 10 años más tarde, después de la finalización del gran conflicto bélico, la Gran Guerra Patria, Nikoláy Rubtsóv seguía pensando que todo el mérito de esta gran victoria se debería haber atribuido a la antigua Rus, a aquella otra forma de pensar y educar que se enseñaba a los futuros defensores de la patria desde pequeños. El patriotismo de los ciudadanos soviéticos, desde el punto de vista de Rubtsóv, fue alimentado en «aquellos años || Cuando en nuestro pecho || Fue amamantada la efigie de la libertad, || Que siempre refulgía adelante». El amor a la libertad, piensa el poeta ruso, es precisamente aquella parte inseparable de la fe rusa que jamás había sido destruida y pisoteada por completo.

    El soñador

    El poema empieza con un verso muy metafórico… Hay un camino que se dirige hacia arriba, hacia la montaña en la cima de la cual yacen las ruinas de una catedral. El poeta añora la recreación de la Rus patriarcal. Observando las ruinas, Nikoláy Rubtsóv sigue teniendo fe en que algún día, la catedral será reconstruida; encima, no como un monumento arquitectónico, sino como el refugio para el rebelde alma eslava, que aunque perdió la fe, no perdió muchas de sus virtudes.

    «И все ж я слышу с перевала, как веет здесь, чем Русь жила»
    Aunque sigo escuchando desde el paso || Que aquí es donde una vez vivía esta Rus

    El poeta enfatiza que, a pesar de que la sociedad había experimentado grandes cambios después de la revolución, el pueblo ruso sigue viviendo al son de sus días, aún conservando las tradiciones y las costumbres precedentes.

    «Все также весело и властно здесь парни ладят стремена»
    Aún con misma alegría y fuerza || Arreglan los chavales los estribos

    Escribe el poeta, aunque la segunda mitad del siglo XX se considera la época de la modernización y la industrialización. Tampoco había cambiado la reservada naturaleza rusa, y es por eso que en los pueblos «por las tardes se mantiene el calor y claridad || Como en aquellos tiempos de antaño». Entonces, resulta que se puede hacer que la historia retroceda y vuelva sobre sus pasos, y devolver a la población lo que ésta perdió contra su propia voluntad.

    El amor por la patria, la vuelta a las raíces, al pasado irrecobrable de la Rus, pues, estas eran unas de las preocupaciones que atormentaban a Rubtsóv. El poeta transmite delicadamente en cada verso del poema «Por las tardes» su nostalgia por aquellos tiempos míticos. No se da cuenta de que la reconstrucción de la catedral no volverá aquellos tiempos de claridad, la vida corre demasiado de prisa. ¿Qué tradiciones se conservarán en los pueblos que están a punto de desaparecer? ¿Qué pasará con el pueblo dentro de 15 o 20 años? Las casas abandonadas con las ventanas cerradas con las tablas de madera, la hierba que cubre los patios con su alteza, allí es donde en el pasado resonaban las voces, expedían humo las chimeneas… El poeta prefiere no pensar en ello. Le pesaría demasiado este pensamiento en el alma tan tierna y cálida, llena de tristeza, pero la que alberga la vida, como si de un cuento se tratase, con un final feliz.


    Por las tardes

    Se alza el camino desde puente hacia el monte.
    ¡Qué lástima!, justo en la cima…
    Yacen las ruinas de la catedral,
    Como si la Rus se echara a dormir hace un rato.

    ¡La antigua Rus! ¡Acaso no son aquellos años
    Cuando en nuestro pecho
    Fue amamantada la efigie de la libertad,
    Que siempre refulgía adelante!

    ¡Qué vida se acaba de exultar,
    afligir y pasar!
    Aunque sigo escuchando desde el paso
    Que aquí es donde una vez vivía esta Rus!

    Aún con misma alegría y fuerza
    Arreglan los chavales los estribos,
    Y por las tardes se mantiene el calor y claridad,
    Como en aquellos tiempos de antaño…




    По вечерам

    С моста идет дорога в гору.
    А на горе – какая грусть!-
    Лежат развалины собора,
    Как будто спит былая Русь.

    Былая Русь! Не в те ли годы
    Наш день, как будто у груди,
    Был вскормлен образом свободы,
    Всегда мелькавшей впереди!

    Какая жизнь отликовала,
    Отгоревала, отошла!
    И все ж я слышу с перевала,
    Как веет здесь, чем Русь жила.

    Все так же весело и властно
    Здесь парни ладят стремена,
    По вечерам тепло и ясно,
    Как в те былые времена…

    Por Kseniya Tokareva
    https://revistaplumaroja.wordpress.com/2016/02/09/nikolay-rubtsov-1936-1971-analisis-del-poema-




    Nikoláy Rubtsóv: «La mirada fija de tus ojos…»

    Жизнь и творчество рубцова презинтация
    Новогоднее путешествие по Русскому Северу - Тусовка,поиск др…


    Monumento a Rubtsóv en Vólogda. Desde el punto de vista de la estilística y temática de la lírica de Rubtsóv, esta es simple y está relacionada en gran parte con su querida Vólogda (en 1940 muda junto con su familia a Vólogda, la ciudad de la región de Vólogda, situada a 450 km de Moscú, y pasa allí toda su juventud); además, posee gran originalidad artística, grandeza de los contenidos y  estructura figurada de los versos muy elaborada. 



    LA MIRADA FIJA DE TUS OJOS…

    La mirada fija,
    de tus ojos,
    Conserva alguna
    Respuesta distraída…
    Con descuidado
    Para vestimenta veraniega
    Eliges hoy
    El amarillo.
    Oigo una voz
    Un tanto agotada,
    Creo poco
    En un brillante anillo…
    No sé, que tal
    El blanco o el verde,
    ¡Pero que bien
    te sienta amarillo!
    Hasta llorar
    Precisas de muros natales,
    ¿Pero cómo conseguir
    La deseada meta?
    Aunque, realmente, quizá,
    El ego es el color de la traición
    Y el amarillo es
    El que te sienta bien…




    В ТВОИХ ГЛАЗАХ…

    В твоих глазах
    Для пристального взгляда
    Какой-то есть
    Рассеянный ответ…
    Небрежно так
    Для летнего наряда
    Ты выбираешь нынче
    Желтый цвет.
    Я слышу голос
    Как бы утомленный,
    Я мало верю
    Яркому кольцу…
    Не знаю, как там
    Белый и зеленый,
    Но желтый цвет
    Как раз тебе к лицу!
    До слез тебе
    Нужны родные стены,
    Но как прийти
    К желанному концу?
    И впрямь, быть может,
    Эго цвет измены,
    А желтый цвет
    Как раз тебе к лицу…


    Para citar como un blog:
    Tokareva, Kseniya [Blog Internet]. Traducimos la poesía rusa al español, entrada de 4 de mayo de 2015. 
    Disponible en: https://transruspoetry.wordpress.com/ 





    NIKOLÁY RUBTSÓV 

    Poet

    The Russian poet Nikolai Rubtsov is one of the most tragic figures in Soviet literature. His place in Russian poetry was compared with those of Alexander Blok and Sergei Yesenin.

    Nikolai was born on January 3, 1936 in Vologda. N.Rubtsov's mother gave birth to six children. During the Great Patriotic War (1941-1945) mother of the future poet and his two sisters passed away. His father got mislaid. Nikolai spent his childhood in a children's home in the settlement of Nikolskoye, Tot'ma District, Vologda Oblast.

    Rubtsov rose from humble beginnings and spent his younger days in hard work which, although hardening him both morally and physically, still left Nikolai without proper education. After leaving secondary school in 1950, he studied in a technical school, then another one. But he did not finish any of them. In the ten years he spent out of children's home, Nikolai Rubtsov changed many jobs, worked at factories and served in the navy. As a 23 year-old young man, Rubtsov abandoned his northern hometown of Vologda heading for the great Russian city Leningrad in 1959. There, he immediately became involved in literary life of the city. There Rubtsov's first collection of poems, titled Waves and Rocks, was published.

    In 1962 Nikolai entered the Institute of Literature in Moscow. Later he returned to Vologda. His fame rose after a second collection of his work The Star of Fields was published in 1967 in Moscow. All in all three more collections of Rubtsov's poems were released: Lyrics (1965), Saved by Soul (1969), Rustle of Pines (1970).

    His poetry was inspired by Russian folklore. Through his collections of poignant poetry about simple life and the meaning of life, he became one of the most popular poets of the day.

    Nikolai Rubtsov was a leading representative of "village" poetry. His gloomy, unsociable temper doomed him to live in obscurity, but after his tragic death, neo-Slavophile critics like Vadim Kozhinov proclaimed his poetry to be the embodiment of the Russian national character.


    I will die in Epiphany cold

    I will die in Epiphany cold
    I will die when birch trees creak and moan.
    But in spring it will make blood run cold
    River waves will make the graveyard flow!
    From my flooded grave so rudely opened
    Dull forgotten coffin will be floating,
    It will crack and crash and in the twilight
    Awful remnants will be coming off sight.
    What is it - I hardly ever know
    Do not trust eternal peaceful flow!

    Translated by Irina Kulikova


    The oak tree's tall. The water's running deep.

    The restful shadows round begin to steal.
    And there's such silence up on you to creep
    As though the nature here knew no ordeal!
    And there's such silence up on you to creep
    As though no roof heard any tell of thunder!
    No wind along the pond will break its sleep,
    No farmyard straw will rustle somewhere under,
    Nor often is a drowsy crake's cry sung...
    I'm back — the past will not return again!
    It's just as well; let this at least remain,
    Let this short moment last, at least stay young,
    When there's no woe your soul has got to weep,
    And it's so restful as the shadows reel,
    And there's such silence up on you to creep
    As though in life there should be no ordeal,
    And your own heart which you will not repent
    Of having all drowned in a mystic probe,
    Is taken hold of with the bright lament
    Like moonlight takes hold of the earthly globe...

    Translated by Irina Kulikova



    The poet died on January 19, 1971 in Vologda. The Russian nation cherishes Nikolai Rubtsov. There are monuments to Rubtsov in Vologda, Tot'ma, Cherepovets and Emetsk. The house in Yashin Street, Vologda City where Nikolai lived and spent the last years of his life, now boasts a memorial plaque.

    The Rubsov Museum was set up in the settlement of Nikolskoye, Tot'ma District. The first exposition about the life and works of the renowned Russian poet Nikolai Rubtsov was opened in 1990 in the village of Nikolskoye located 90 km off Tot'ma. Every hall of the exposition tells the poet's life - story. The village of Nikolskoye became second home for Nikolai who was brought up in an orphanage. It is not by chance that a local orphanage housed the museum.

    One of the expositions of the museum contains photographs of the local dynasties who remember the poet pretty well. Another hall shows documents and photographs of Nikolai Rubtsov, the lines from Rubtsov's poems glisten like silver all over walls.

    Today, Nikolai's poems are still being memorized by school children and many have been set to music, recorded as popular songs. One of the planetoids bears the name of Nikolai Rubtsov. The renowned poet made a great contribution to the Russian cultural betterment.



    TRADUCCIONES DE RUBTSÓV AL RUMANO


    Au zburat frunzele 

    Adăugat de: bragagiu
    Frunzele din plopi toate-au zburat
    Și fatalu-n lume se repetă,
    Nu jeli de ce s-a scuturat
    Dragostea-mi mai bine o regretă!

    Steie goi copacii-n timp anost
    Nu mai blestema vântul de-afară!
    Oare cineva de vină-a fost
    Frunzele din arbori că zburară?

    1964

    Traducere V. Bragagiu




    Dimineață 

    Adăugat de: bragagiu
    Când se trezesc pădurile de pini
    Și trece prin copaci arzânda zare
    Iar umbre împreună cu lumini
    Aleargă de pe râu în hudicioare.

    Râzând când întâlnesc la gardul strâmb
    Zorii de zi copiii și bătrânii
    M-oi ridica cu duhu-ntreg pe dâmb
    Să am în jur privirile luminii.

    Printre copaci căsuțe se străvăd,
    Caii pe lunci - ce dor mi-a fost odată!
    Această frumusețe de-am s-o pierd
    Nicicând nu voi putea crea o altă!

    1965

    Traducere V. Bragagiu




    E minunat pământul deșteptat 

    E minunat pământul deșteptat -
    Ca-n râu eu sar în dimineața vie
    Cu aurul din zare înălțat
    Căzut ușor pe apa argintie.

    Pe drum încet, molatec rătăcesc
    Încă pitite-s umbre în dumbravă,
    Iar roua-n curcubeu dumnezeiesc
    Pe ierburi strălucește-așa suavă!

    Ce bine e! Aici nu s-a cosit!
    Se auresc drăguțe romanițe
    În așa zori tot omu-i înflorit
    Și eu sunt plin de neobișnuințe.

    Umbra mea zboară peste câmp prelung...
    Minunea vieții simplu-așa erupe -
    Alături văi cu albăstrime curg
    De parcă-i un parfum turnat prin cupe.

    Totul în jur e proaspăt și-nțelept,
    În suflet un vers lin mi se compune,
    Nu cred că undeva și într-un piept
    Un rău în zorii-aceștea să răsune.

    Arunc cu palme pline bucurii,
    M-aș închina spre orișicare floare...
    Țăranii ies pe câmpuri azurii
    Să-mpodobească-n muncă-așa splendoare!

    Traducere V. Bragagiu









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  • 08/30/16--17:37: NIKOLÁY OGARIÓV [19.092]

  • Nikoláy Ogarióv 

    (1813-1877)
    Nikoláy Ogarióv figura en la historia de la literatura rusa como uno de los revolucionarios más conocidos que en los años estudiantiles organizó un circuto político y se ocupaba activamente de la propaganda antiestatal entre sus amigos. A lo largo de muchos años el papel del poeta que desempeñaba Ogarióv se subestimaba, pero este hecho trajo sus frutos. Ogarióv se hizo conocido, en primer lugar, por sus trabajos publicísticos atrevidos y despiadados, además de la crítica abierta y la ridiculización del régimen zarista.

    En cuanto a su poesía, esta se diferenciaba por su especial romanticismo y lirismo, compuestos de acuerdo con los canónes clásicos y tradicionales que seguían famosos poetas y escritores rusos tales como Púshkin o Lérmontov. El poema «Дорога» (El camino) es un gran ejemplo de este tipo de poemas de Ogarióv que el poeta escribió en 1841 durante su estancia en el extranjero, donde el poeta pasó casi siete años de su vida. Aunque antes de que se fuera al extranjero, el poeta supo de su propia experiencia que significaba ser un hidalgo exiliado. Precisamente estos recuerdos se acentaron la base del poema «El camino». Además, cabe mencionar que esta obra se puede considerar en pleno derecho la ilustración de la vida de Rusia patriarcal.

    El lustramiento y el bienestar europeo le impresionaron mucho a Ogarióv. El poeta se preguntaba el porqué, en ocasiones, los países, que no eran demasiado ricos, sabían vivir a gran escala y eran capaces de restablecer el orden, incluso, en puebluchos más pequeños. En cambio, Rusia, un país célebre por su vasto territorio, estepas y bosques sin fin, hasta el momento seguía siendo necesitada y su pueblo tan solo podía contar con una comida y zuecos de corteza de tilo (zapatos tradicionales de la época, rus.: лапти [lápti]). Le invadían los recuerdos cuando pensaba en su viaje en kibitka (carruaje o trineo ruso cubierto) por las llanuras de la guberniya de Penza (rus.: provincia o unidad territorial en los tiempos de Rusia imperial y la República Socialista Federativa Soviética de Rusia, que existió desde 1796-1797 y 1801-1928). El poeta rendía merecido tributo a la naturaleza de sus tierras natales, dedicándoles los siguientes versos: «И лежит печальной снежная поляна» | Y tristemente se extiende la tierra campa todo nevosa; el poeta resalta los abedules blaquizos que «тянутся рядами вдоль дороги» (en filas por camino se extienden) e intentan calentarse las hojas bajo voluminosos gorros de nieve. A pesar de la impresión abrumadora que causa este poema y que está presente a lo largo de todo el viaje del poeta, percibimos unos matices románticos, el poeta no puede contener su admiración ante «la troica (En Rusia, trineo tirado por tres caballos) que deja atrás los vientos virtuosamente, tintinéando con las campanillas» y hace que los lectores también aprecien esta belleza.

    El poeta experimenta otro sentimiento más que se le hace insuperable y es la angustia. Entiende que, incluso, dentro de 100 años, probablemente, habrán pocos cambios en Rusia, ya que el modo de vida consuetudinario envuelve en su remolino tanto a los simples campesinos como a la nobleza. Asimismo, estos dejan de aspirar a una vida mejor y dejan de intentar llenarla con la felicidad y el profundo sentido. Es por esto que Ogarióv termina su poema con el siguiente verso: 

    «Скучно мне да жалко сторону родную» | Me aburro y me apeno por mi tierra natal.



    El camino

    En la lejanía se desprende
    la pálida luz de media luna en la niebla.
    Y tristemente allí se tiende
    la tierra campa todo nevosa.
    Blaquizos por helada,
    En filas por camino
    Se extienden abedules
    Y desnudez de sus ramitas.
    La troica deja atrás los vientos virtuosamente,
    Tintinéando con las campanillas;
    Entona silenciosamente
    El cochero medio dormido.
    Y en el trineo yo voy abatido,
    Comido por angustia:
    Me aburro y me apeno por mi tierra natal.




    Дорога

    Тускло месяц дальний
    Светит сквозь тумана,
    И лежит печально
    Снежная поляна.
    Белые с морозу
    Вдоль пути рядами
    Тянутся березы
    С голыми сучками.
    Тройка мчится лихо,
    Колокольчик звонок;
    Напевает тихо
    Мой ямщик спросонок.
    Я в кибитке валкой
    Еду да тоскую:
    Скучно мне да жалко
    Сторону родную.


    Por Kseniya Tokareva
    https://revistaplumaroja.wordpress.com/2016/01/01/poesia-rusa-del-siglo-xix-nikolay-ogariov-1813-1877/





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  • 08/31/16--07:02: NIKITA SUNGATOV [19.093]

  • NIKITA SUNGATOV

    Nacido el 15 de agosto de 1992, en Prokopevsk, Kemerovo, Rusia.

    Se graduó en el Instituto Literario de Moscú. Ha publicado poemas y artículos en revistas como "Воздух", "Новое литературное обозрение", "Транслит", así como en Internet. En 2015 se publicó el primer libro de poemas.



    Presentamos, en versión de Indira Díaz, en el marco del dossier de nueva poesía rusa, un texto de Nikita Sungatov.
    http://circulodepoesia.com/2016/08/nueva-poesia-rusa-nikita-sungatov/


    1

    el héroe del poema
    Yuri Kuznetsov
    como escenario el país natal
    un aroma fuerte a shashlik
    que recuerda
    aquello que sucedió
    el doce de mayo
    en la densidad del bosque
    en el área de la estación Anikeevka

    (sonido de disparo)

    él pregunta
    a un niño que va pasando
    de forma absolutamente accidental
    – ¿eres político?
    – no
    yo soy un ladrón

    después el niño crece
    y ejecuta
    un gesto
    que no es lírico
    y definitivamente tampoco es sentimental
    sino un gesto
    claramente conceptual



    2

    El héroe del poema
    Dmitri Prigov
    Visionario y demiurgo
    Encorvado realiza el dibujo
    Del personaje sots-art
    Más adecuado al chico
    El héroe de la entrevista
    Dmitri Prigov
    En aquella estación de la que no puedo acordarme
    No lejos de Kazán

    (¿por qué me preocupa tanto la figura
    de este niño? ¿por qué resulta tan apropiada
    una óptica necroinfantil
    para hablar sobre este mundo?)

    se aleja de la estación
    ignorando que sucederá con él después



    3

    el héroe del poema
    Kirill Medvedev
    seis de mayo
    (casi una semana antes
    del misterioso suceso
    de la primera parte de este poema)

    resulta que dentro del auto policial
    donde la chica
    con las expansiones en las orejas
    y el cabello rojo seduce

    ellos cantan juntos-
    vamos a destruir esta prisión

    asociado a esto
    un recuerdo infantil
    leído
    en el paradigma marxista -freudista

    publicado
    recientemente en un libro
    de un joven poeta de la serie kraft



    1

    герой стихотворения
    юрия кузнецова
    на фоне родины
    запахом шашлыка
    напоминает о
    том что случилось
    двенадцатого мая
    в глухом лесу
    в районе станции аникеевка

    [звук выстрела]

    он спрашивает
    проходящего мимо мальчика
    совершенно случайного
    – ты политик?
    – нет,
    я разбойник.
    потом мальчик вырастает
    совершает
    не лирический
    совершенно не сентиментальный
    а чисто концептуальный
    жест



    2

    герой стихотворения
    дмитрия пригова
    визионер и демиург
    горбатый выполненный в графике
    персонаж соц. арта
    подходит к мальчику
    герою интервью
    дмитрия пригова
    на незапомнившейся станции
    недалеко от казани

    (почему меня так волнует этот образ
    этого мальчика? почему некроинфантильная оптика
    оказывается столь подходящей
    для разговора об этом мире?)

    он уводит его со станции
    неизвестно что происходит с ним дальше



    3

    герой стихотворения
    кирилла медведева
    шестого мая
    (почти за неделю
    до таинственного события
    из первой части этого стихотворения)
    оказывается в автозаке
    где соблазняет девушку
    с тоннелями в ушах
    и красными волосами

    давай – поют они вместе –
    разрушим эту тюрьму

    с этим связано
    одно его детское воспоминание
    прочитанное
    в марксистско-фрейдистской парадигме

    опубликованное
    в недавно вышедшей книге
    одного молодого поэта
    в серии kraft






    .

    0 0
  • 08/31/16--07:31: RAÚL BUENO CHÁVEZ [19.094]

  • RAÚL BUENO CHÁVEZ

    Raúl Bueno Chávez (Arequipa, Perú  1944). Poeta, crítico y profesor universitario. Doctor en Letras por la Universidad de San Agustín, posdoctorado en semiótica por L’Ecole des Hautes Études en Sciences Sociales, de París. Enseña literatura hispanoamericana en Dartmouth College y es Profesor Emérito de las universidades Mayor de San Marcos y Nacional de San Agustín, así como Profesor Honorario de la Ricardo Palma. Fue director de la Revista de Crítica Literaria Latinoamericana y Presidente del New England Council of Latin American Studies. Es autor, además, de los poemarios Viaje a Argos y otros poemas (1964), De la Voz y el Estío (1966), Lengua de Vigía & Memorando Europeo (1986), así como de Poesía hispanomericana de vanguardia. Procedimientos de interpretación textual (1985), Escribir en Hispanoamérica. Ensayos Sobre Teoría y Crítica Literarias (1991), Antonio Cornejo Polar y los Avatares de la Cultura en América Latina (2004) y La falacia de las metáforas de cultura en la literatura latinoamericana (2010) que en 2012 mereció el premio de ensayo Ezequiel Martínez Estrada de Casa de las Américas. y Ensayo General (poesía reunida 1964-2014, publicado por Hipocampo, 2015).

    Ha sido objeto del homenaje internacional Argos Arequipensis, “festschrift” editado por J. A. Mazzotti (Boston, 2014) en reconocimiento a su labor crítica, poética y docente.



    Ensayo General (poesía reunida 1964-2014). Raúl Bueno Chávez

    EXCURSO: Lección de anatomía


    Hay las manos curvadas sobre tiernos ladrillos
    de lentos sueños rojos y actitud de coral.
    Edgar Guzmán


    1

    Hoy he visto unas manos completas
    realizadas, seguras.

    Manos
    tal vez de lento silabario
    de aritmética simple, digital
    y desnuda maniobra alimentaria, pero
    manos precisas, firmes, sensitivas
    en lo suyo.

    Manos
    de piel severa y fuerte, acostumbrada
    a luchar con materias adversas, a discutir
    con serios elementos

      y debajo de la piel
    una zoología terciaria, acechante, membruda
    y sin embargo tocada de bondad

       y más adentro
    resistentes sustancias minerales
    (obedientes, enérgicas, atentas)
    ensayadas en hondas galerías
    en bosques de profuso maderaje
    en aguas de súbita soberbia
    en renuentes piedras vengativas
    en metales que ya no se resisten
    a la perseverante mano
    del hombre.

    2

    Hoy he visto unas manos completas
    y vi en ellas las manos verdaderas.

    Vi las manos que engruesan su epidermis
    y aquellas que la mudan en otoños veloces
    vi las manos que disponen sus uñas a modo de corazas
    y las manos anfibias que luchan bajo el agua
    vi las manos que echarían raíces en el suelo
    y aquellas que transvasan su sangre a la madera
    vi las manos de comba y argamasa
    las del arpón, la red, la manivela
    las manos refractarias
    las que parten la piedra y se hunden
    en densos minerales
    vi

    también las manos primigenias
    las que hicieron el fuego y concibieron
    la semilla
    las que aguzaron huesos y láminas de sílice
    esas manos
    de cuya estirpe son las nobles manos de hoy
    que he visto.


    3

    Vi manos que nacen y ya crecen
    ensayando su arcilla, su cemento
    su madera, su tierra, su metal
    su aguja, su jabón, su aceite hirviendo.

    Vi manos que serán
    (sonrientes, robustas, bendecidas)
    las manos de mañana.

    Y las de ayer, las que se fueron
    y hacen una legión de manos que orientan el presente.

    También he visto
    las que han perdido un dedo
    o dos
    y que suplen las faltas con dedos ambidiestros.

    Vi manos enviudadas que guardan
    el espacio cerrado de la ausente
    y man
    os a punto de caer (y no lo saben).


    4

    He visto la corteza del membrillo
    las raíces de oscuros algarrobos
    la piel insobornable de densos paquidermos

    la materia del limo
    el dorso mate de los grande quelonios
    el color de la arcilla cocida
    la textura de la madera
    la fuerza ciega del tornillo
    la insistencia de obstinados cangrejos
    el poder minador del agua

    la violencia del mar
    el trabajo de hormigas en los poros del hueso
    el salto calculado de la araña de ocho ojos
    la paciencia del embrión del huevo del nido del gorrión
    he visto

    manos, solamente manos.


    5

    No pude ver
    las manos que hablaba la poesía
    de ayer.


    6

    Vi manos en reposo anidando herramientas.

    Licenciadas, prematuras, desocupadas
    urgidas, jubiladas, impedidas
    sobrantes, devaluadas, requirientes
    rechazadas, ambulantes, insultadas.

    Vi las manos crispadas
    las que anudan su cólera en dedos apretados
    y enfrentan y reclaman
    y exigen y se paran
    y dialogan y vuelven a parar
    y se abren y se ayudan
    se cierran y golpean
    se tranquilizan y hablan
    y acuerdan y retoman
    por fin sus herramientas, su madera
    su metal, sus semillas, su género, su aceite
    hirviendo.


    7

    Vi manos, tantas manos de igual fisonomía

    que ya no pude ver mis propias manos
    (que ya no quise ver mis pobres manos)
    en su afán de lograr esta escritura
    que pueda subsanarlas
    que pueda defenderlas.



    * Bajo el título de “Zurcidores del alma” este texto de Beatriz Pastor fue publicado en el volumen editado por José Antonio Mazzotti: Argos Arequipensis. Libro de homenaje a Raúl Bueno Chávez. Boston: Latinoamericana Editores / CELACP / Revista de Crítica Literaria Latinoamericana, 2014. 297-310. Aquí la autora añade algunas secuencias y hace los ajustes necesarios para esta función prologal.

    Beatriz Pastor
    Dartmouth College


    Me he quedado un instante suspendido,
    intentando zurcir los cristalillos del alma

    Raúl Bueno

    Leemos en un cuento de Luisa Valenzuela: “La muchacha vio los ojos de su agresor. Pero no sintió la herida. No supo de la mancha. Sólo más tarde, ya en la penumbra del zaguán de su piso, sintió el dolor agudo de la desgarradura al sacarse el tapado, arrancando con él el puñal que el agresor le había clavado, minutos antes, en la espalda. Más tarde, averiguamos que en la tintorería borraron la mancha de sangre, y que un zurcidor retejió las fibras del tapado, remendando el tremendo desgarrón” (116). Él fue quien “suturó la herida del tapado y supo de la mancha”. Él fue el “zurcidor invisible” que “le dejó el tapado como nuevo” a la muchacha herida.
    Pero no estaba en la mano de ese zurcidor maravilloso el suturar la herida misma, el terrible desgarrón dejado por el puñal en la carne y en la conciencia de la muchacha. Esa es tarea que comparten en el cuento de Valenzuela las tres líneas maestras del relato: la narración de la maestra, el relato oral de la muchacha, el breve texto escrito que entrega la estudiante al final del taller de escritura. Como hilos mágicos, las tres líneas se entrelazan formando el tejido reparador de un texto que duplica, por analogía, el trabajo del zurcidor invisible. Ni hilo ni aguja aquí: sólo la imagen y la palabra pueden aproximarse a la herida, suturando sus bordes en un intento –inútil– de dejar a la muchacha “como nueva”, haciendo “un zurcido no invisible… tratándose como se trata de letras negras sobre la blanca página” (ibid. 113).
    La herida del cuento de Luisa Valenzuela nos remite a la agresión y a la violencia. A un mundo de verdugos y de víctimas ordenado por el miedo. A la literatura como exorcismo. “Escribí el miedo” le dice la maestra a la estudiante. “No sé escribirlo, no sé decirlo, el miedo no tiene palabras” contesta la muchacha. “Todas las palabras son del miedo. Todas. Y no hay nada que no pueda ser escrito. Ahuyentá ese miedo escribiéndolo”, sentencia la maestra (ibid. 113). Aquí, el texto exorciza el miedo, suturando la herida.
    Pero el epígrafe de Raúl Bueno nos recuerda que hay otras historias y otros cuentos. Hay otras heridas. Y hay otros zurcidores que tejen otros textos, prolongando la labor del zurcidor invisible, de la maestra zurcidora, y de su aprendiz herida. 

    1. 

    Nada parece prepararnos para esa minuciosa y dolorosa labor de Raúl, el poeta, al inicio de su trayectoria. En los distintos poemarios que integran este Ensayo general (1962-1994), su mirada descubridora se acerca al mundo como a un festín, buscando en los signos de la naturaleza y en las modulaciones de la emoción vivida las claves de un orden poético y de una subjetividad creadora. Se esbozan las líneas maestras de una poética que prolonga ecos de la visión de “Arte poética” de Huidobro. Aquí también el verso es “una llave/ que abra mil puertas”, y el poeta renueva la fe sin fisuras en el poder de la poesía y en la centralidad del sujeto en el universo que afirmaba Huidobro: “cuanto miren los ojos creado sea/ y el alma del oyente quede temblando/…Sólo para nosotros/ viven todas las cosas bajo el sol” (Huidobro, “Arte poética”). 
    Pero, al contrario de lo que sucedía en “Arte poética”, el sujeto poético no es, en la poesía de Raúl Bueno, un dios. Es un viajero. Un movimiento doble de exploración y búsqueda recorre las colecciones de Ensayo general. Viaje y recorrido como metáfora de expansión del sujeto y exploración de su lugar en el mundo, y del lugar del mundo en la propia conciencia. Y la mirada que recorre e ilumina el mundo y la propia subjetividad es una mirada plenamente consciente de su propia fragilidad y aún, a veces, escéptica.
    Recorridos incesantes, con las palabras como arma y única compañía; palabras que “salen al acecho de las cosas/ …a orientar los peces y las aguas/ los vientos y las alas” (“Las palabras”). Recorridos de la búsqueda como quehacer renovado y como amuleto: “¿Qué fuerza, qué destino/ de vegetal pujante nos urge hacia la luz?” nos pregunta el poeta desde “Phylacterion”. Todo el poema se afana por capturar el sentido de esa búsqueda ineludible: “con ansiedad buscamos un destino y un orden”, declara. Es búsqueda de una luz que “abraza la tierra”, de una luz que no es ya metáfora heredada del iluminismo donde razón y entendimiento nos revelan el mundo y la verdad. Esta, por el contrario, es luz “…donde todo sentido/ –la voluntad de amar, el fuego/ en que se empeñan las pasiones, la memoria/ que otorga filacterias al tiempo–/ se confunde.” La claridad y la verdad residen aquí en un ámbito “donde todo sentido se confunde”, y en esa paradoja se ancla una poética que conjuga el anhelo de permanencia:
    Así
    con ansiedad buscamos un destino
    y un orden  perseguimos
    lo fugaz de lo eterno y la perennidad 
    del pasajero  anhelamos
    adherirnos a formas, signos, verbos

    con la lucidez de un balance desolador frente a la amenaza ineludible del paso del tiempo: “…conseguimos/ la nobleza del mico en su efímera butaca/ el grito del delfín cuando acechan las orcas/ la sonrisa clavada de marfiles/ de aún el franciscano lobo.” (Crónica de Babel, “Phylacterion”).
    Recorridos de voces, de diálogos interminables, escuchando otras voces, delineando en búsqueda renovada las modulaciones de una voz propia: “Id al Sur…/ O al Norte…/ Mas id buscando una forma adecuada/ para un labio continuo/ para la súbita violencia de la voz.” Voz propia que es única –“Tu voz es regalada al viento”– o compartida: “Nuestra voz es pertenencia del viento”. Voz que se afirma en la conciencia de su propia fragilidad: “Nuestras voces son apenas el viento/ o son/ la más débil arteria del verano (De la voz y el estío, VIII ). Voz cálida y tierna. Voz de cuerpo y de vida: “Porque/ puedo existir bajo este cielo que a veces oscurece;/ porque/ puedo encender el labio a voluntad/ y puedo modularlo conteniendo su grito y su calor”. Voz que resuena como la piel en la caricia y que, como ella, se quiere: “…todavía sonorosa y permeable/ como vivos tambores de acústica nativa (De la voz y el estío, IX ). Voz en donde convergen todas las otras voces, “la diaria, simple, llana voz del hombre” con “la duradera suave y violenta voz” en un gran estallido de alegría: 

    Todas las voces ahora 
    realizan su concierto
    y elevan brazos como redes lanzadas
    o zarzas jubilosas…
    Todas las voces danzan
    un pentagrama de nuevos apetitos
    y sentidos despiertos. 

    Convergen en canto y danza, donde se funden y confunden el éxtasis amoroso con la pasión de la creación, deshaciendo cadenas, abriendo corredores, invirtiendo el paso del tiempo, alumbrando una voz poética, ahora ya sí, única, que es simultáneamente origen de la vida y de la creación: “Todas las voces ahora/ en una sola voz:/ en esta sola voz que las enreda. (Mester de aprendizaje, “Voces” ).
    Al filo de esos recorridos, las amenazas insoslayables: el olvido que “asciende como lento escarabajo/ escarabajo calmo o luminoso”; el poder corrosivo del “ácido del tiempo” (Mester de aprendizaje, “Música del olvido”, “Confín”), las múltiples derrotas inevitables. Pero también el amor. El primer amor, apenas descubierto en “Cantiga del amor”, donde la estructura dialogada crea un juego de distancias y acercamientos que ahonda en la ternura. El uso de “usted” y “ustedes” para hablar de los amantes crea como un desdoblamiento en el que el poeta es, a la vez, sujeto y espectador del milagro del amor. 

    Y ahora gentilmente
    usted toma su mano.
    Usted le habla.
    Ama sus manos apretadas y
    finas.

    Usted le habla:
    Este es el amor que se alza y canta.
    El uso del “tú” para interpelar a la amada, por otra parte, rompe esa distancia, anulando el espacio, suspendiendo el tiempo y convocando el milagro del encuentro: “Espera, tomaré tu otra mano./ Te estoy amando (Viaje de Argos, “Cantiga del amor”). Y el amor que triunfa calladamente del paso del tiempo en “Carta” donde, a la luz de una vida compartida –“Vives…/ bajo la misma luz con que yo vivo/ bajo la misma luz con que yo muero”– el paso de los años ahonda y enriquece el amor, como un buen vino: “enciende, apaga, aviva/ siempre esta cara hoguera/ lograda con el lento/ o presuroso/ alcohol de los años.” (Lengua de Vigía, “Carta”).
    Quizá el poema que mejor ilumina las vueltas y revueltas de la trayectoria poética de Raúl Bueno anterior a Misivas de la Nueva Albión (2014) es “Lección de anatomía”, sin duda uno de sus mejores poemas. Con una narración directa y sencilla el poeta va enumerando la serie interminable de manos que ha contemplado. Manos “completas”, “realizadas”, “seguras”. Manos “de piel severa y fuerte”, manos “que nacen y ya crecen”, “manos que han perdido un dedo/ o dos; “manos enviudadas”. Cada mano es una puerta que remite a un ámbito de la experiencia, a un recorrido posible, a formas de plenitud, o de carencia. Es metáfora del modo de hacer de un sujeto creador. Pero toda la estructura dramática del poema se apoya en un contraste fundamental: el que contrapone el recorrido maravilloso por la serie interminable de manos y la visión que inicia la primera y la segunda estrofa: “Hoy he visto unas manos completas/ realizadas, seguras// y vi en ellas las manos verdaderas”, con la estrofa que cierra el poema:

    Vi manos, tantas manos de igual fisonomía

    que ya no pude ver mis propias manos
    (que ya no quise ver mis propias manos)
    en su afán de lograr esta escritura
    que pueda subsanarlas
    que pueda defenderlas.
    En el espacio que a la vez une y separa los dos términos del contraste se inscribe todo el oficio del poeta enmarcado por la convergencia angustiada de identidad y creación.

    2.

    No concluye aquí la trayectoria poética de Raúl Bueno. Amplificando la línea de exploración creadora que inicia Viaje de Argos (1963-64), el viaje —a la vez experiencia y metáfora—, el “aguzado, lento y riguroso mirar sobre el mundo” que, según Antonio Cornejo Polar,1 define la voz poética de aquel primer ciclo de poemas, se fija en un nuevo ámbito existencial. La aventura del viaje, que alentaba en poemas de Memorando Europeo (1974-79), y Crónica de Babel (1984-94), se difumina y borra ahora ante la intensidad de la toma de conciencia paulatina de una pérdida radical. Ya desde los epígrafes, se anuncian en Misivas de la Nueva Albión (2014) algunas de las claves temáticas de una nueva poesía. El dolor: “en el tórax, un óxido profundo de tristeza” (Vallejo), y el desdoblamiento del sujeto poético: “camino/ sin mis pasos, con otros, allá lejos” (Salinas) como estrategia de neutralización de una pérdida radical, nos remiten a la herida interminable que recorre de punta a cabo este nuevo poemario. Es la herida del exilio que Edward Said describe, acota, y recorre minuciosamente en sus propios escritos: “La herida incurable que separa a un ser humano de su lugar natal, la escisión que arranca de forma irreparable al yo de su verdadero hogar” (49). Y es la herida que funda, dentro de la trayectoria de la poesía de Raúl Bueno, una nueva poética: una poética del exilio. 
    Se inicia con un juego de cotejos e inversiones. El paseo matinal de los vecinos de la calle Lowe –austeros, virtuosos, puritanos– delinea entre los rododendros y las lilas un paisaje de orden perfecto. Estampa fiel de una comunidad académica y bien pensante. Pero la voluntad del sujeto poético borra esa estampa de un plumazo, dando entrada a la memoria de una realidad alternativa: “Yo los olvido. Es decir/ yo no doy mi memoria a torcer. Es decir/ yo me empeño en llevarlos a un futuro pasado/ para abrazar estas viejas imágenes que estaban ahí/ aquí adentro, aguardando esta hora. (Misivas, “Los vecinos de la calle Lowe” 23). Y entran, desde otras geografías, Domitila y Genaro, los vecinos de la calle de Arces, arreando sus burros y sus vacas, seguidos de sus perros, recorriendo quién sabe qué caminos. Y el contrapunto del olvido y del recuerdo inscriben frente a la pérdida y la ausencia la voluntad de hacer ingresar el pasado en un presente que se vive como carencia, dando vida a las viejas imágenes. También “La noche de los pequeños aprendices de brujo” muestra la pugna interminable entre aquí y allí, el vaivén renovado entre el ritual de acá y el de allá, la fiesta infantil de Halloween y el ritual del Día de los muertos. El balance está claro: no se quiere aceptar la celebración prestada, no se puede “tallar impunemente los grandes zapallos”. De hecho, los grandes zapallos que intentan desde este ámbito cultural diferente desplazar “las guaguas de bizcocho”, las “ceremonias de hojaldre y mazapán” se vuelven figuras inquietantes de la propia ansiedad con sus “horrendas oquedades/ como bocas desdentadas y fieros ojos” y acaban transformándose en horrendos zapallos pudriéndose a la puerta/ por todas sus heridas” (Misivas, “La noche de los pequeños aprendices de brujo” 40-42). En “Memorias del porvenir”, el contrapunto de las “ventanas al sueño o al olvido” de las estampas de almanaque que adornaban el taller del peluquero del barrio de la Antiquilla en Arequipa, con escenas de flora y fauna nórdica, prefiguran la ventana de la “habitación boreal” desde la cual el sujeto contempla la naturaleza de Nueva Inglaterra. Pero las imágenes de las ventanas del sueño se desvanecen ante una realidad destructora, donde lobos y cazadores amenazan al ciervo, hermoso en las estampas pero destinado aquí a las balas o el colmillo. Y el poeta intenta, inútilmente, conjurar el destino de quien pasa del otro lado del espejo con una súplica: “No vengas, te lo pido/ desde aquella antigua ventana/ hacia esta/ mi tardía ventana de otoño.” (Misivas, “Memorias del porvenir”).
    El ciervo dramatiza, por analogía, el destino del propio poeta, trasplantado como él del ámbito del recuerdo y las imágenes de la peluquería a la realidad del norte frígido e inhóspito, inscribiendo la amenaza de la propia destrucción en el marco de “esta pastoral Nueva Inglaterra”. Al igual que el oso adolescente capturado y enviado “en viaje hacia los bosques inhóspitos del Norte” duplica el viaje análogo del poeta y su alejamiento vertiginoso del origen:

    no entendía [el oso] nada. Es decir, habría intentado entender…
    pero todo se alejaba sin sentido
    esfumándose como una patria sin retorno.

    Como cuando en mi juventud, Isabella,
    vi una fuga de volcanes y desiertos 
    y montañas de afilada piedra y turbulentos 
    ríos (Misivas, “La jaula del oso adolescente”).

    Y prefigura tal vez, como una pesadilla, su triste destino de animal disecado.
    Es hermosa la naturaleza de Nueva Inglaterra en la poesía de Raúl Bueno. En Misivas de la Nueva Albión el poeta captura con lirismo exacto el ritmo de las estaciones, el deshielo, la sombra de sus bosques, el rumor de prados y de helechos. Despliega panoramas de colinas. Sabe del pino, el arce, el rododendro, la lila y el arándano. Observa el paso cauteloso de los ciervos y el ondular sedoso de la oruga. Escucha el canto de los grillos y las ranas y atisba la llegada de los gansos. 
    Es hermosa, sí, pero nunca un hogar, nunca una patria. Como en una visión de David Lynch, algo horroroso se esconde bajo la apariencia amable de jardines y céspedes. Los topos, “inocentes bestezuelas del césped” al inicio de “La noche de los topos”, se metamorfosean de pronto en “espantosas alimañas del sueño” que con “Gubias de acero y navajas de obsidiana/ le han perforado túneles a la memoria/ o al olvido.” El paisaje exterior se funde con el interior, y la destrucción de las alimañas del suelo no es aquí, como era en Lynch, metáfora de una realidad atroz escamoteada por fachadas convencionales, sino signo de la destrucción del mundo interior, del alma del poeta: “Toda la noche han minado la noche/ los implacables topos del alma.” (Misivas, “La noche de los topos”)
    En “Hablando de resurrección”, primera secuencia de “Alimañas de afuera y de adentro”, toda la celebración del rito cíclico de regeneración de la primavera se vuelve campo de batalla donde se juega la supervivencia misma de ese mundo interior, el triunfo improbable de una presencia que sólo la memoria puede ya convocar, sobre las fuerzas de la rabia y del olvido que inscriben en el poema la vivencia atormentada del exilio. No es dulce aquí la primavera. La hierba que retorna es “la hierba de la rabia”. El bosque, amenazador, “se regenera… con un vértigo de infierno”, y “exhala una respiración profunda/ de animal prehistórico”. Vuelven las alimañas a socavar el césped y los cimientos del mundo del poeta en infatigable trajín de destrucción. Aquí, la primavera es minuciosa escenificación de la destrucción implacable: “Alimañas de toda catadura resucitan/ alentadas por una convocación maligna.” Hay que hacerle la guerra, quién lo duda, y así lo hace el poeta. Como un nuevo Don Quijote sale a librar su “inútil y anacrónica guerra” armado de herramientas de jardín. Guerra renovada y feroz, guerra implacable contra el exilio y la pérdida: “Tú sabes que es la guerra contra las huestes de la rabia/ y del olvido/ impuesto por la agenda del día.” Guerra que va a intentar desesperadamente recuperar la vida anterior a la escisión del exilio, la de allá, la de otro espacio y tiempo –luna redonda, pata de conejo, libros y cuadernos de la suerte– derrotando de una vez por todas la presencia de esta realidad, la de acá, que no es otro hogar, ni otra vida, ni escenario posible de una historia y vida alternativas, sino sólo un estorbo que el poeta vive y rechaza como una “nueva invasión de mi vida” (Misivas, “Alimañas de afuera y de adentro”)2. Pero guerra que encierra, al igual que sucedía con los ciclos de destrucción y renovación de la naturaleza, la promesa de nueva generación y nuevos rumbos en la labor incesante del poeta.
    Escindido entre dos mundos, el sujeto se desdobla, interpela, dialoga consigo mismo entre Arequipa y Lyme, entre Hanover y Puno. Es la escisión elemental de la conciencia del exiliado. La misma que capturan las palabras de Mahmoud Darwish, el gran poeta palestino:

    El diálogo que entablo conmigo mismo en este lugar —dice Darwish—es un diálogo con la parte ausente de mí mismo. Veo la ausencia con tanta claridad que podría tocarla. Podría abrazarla, o mantenerla a distancia, como si estuviera allí. Como si desde aquí, desde este lado, mi propia sombra interpelara a mi esencia allá, en el otro lado (Mahmoud Darwish, en el documental As the Land is the Language, dirigido por Simone Bitton, 2000).

    El sujeto apresta sus armas y herramientas, refina estrategias para detener la invasión de la realidad destructora. El jardinero de “Alimañas de adentro y afuera” tiene sus armas de contraataque: “Acudo a mi armadura y me aplico/ ungüentos contra el mal (y los mosquitos)./ Provisto de mis máquinas de ataque (sierra mecánica,/ podadora de gas, desyerbadora eléctrica y otros/ artilugios de muerte)” (Misivas, “Alimañas…”: “Molinos interiores”).
    Y el poeta zurcidor tiene las suyas para neutralizar distancias y borrar escisiones, suturando los bordes de la herida. En primer lugar, el juego de vaivenes y desplazamientos entre espacios de allá y de acá. Se puede, tal vez, abolir el espacio, como en “Bolas de nieve en Puno, o los huesos del alma”. Aquí, de nuevo, la visión, desde la ventana, de los niños que se tiran bolas de nieve esperando el autobús amarillo que ha de llevarlos a la escuela desde la calle Lowe, convoca otra ventana, la de Puno, y otra realidad: la de otros niños, grises y sin escuela. La intensidad de la evocación de la memoria refuerza el sentimiento de separación radical, la alienación ineludible: el yo aislado detrás de su ventana, reducido desde la óptica de los bien pensantes vecinos, a la categoría de extranjero incomprensible, y hasta peligroso. Pero un mismo dolor incurable tiende un puente entre los dos espacios, aboliendo la distancia que los separa: “me duelen mucho los huesos, madre”, se queja el niño en Puno; “me duelen mucho los huesos del alma, últimamente”, reitera el poeta desde su ventana.
    O se puede, tal vez, abolir el tiempo, como intenta el poema “Nosotros los de ahora” para borrar distancias y neutralizar “el destierro” cotidiano. Aquí es el amor el arma de elección, la fuerza prodigiosa que derrota a Neruda –“y no cuenta Neruda, nunca cuenta”– y desafía el poder destructor del tiempo y la distancia: “Nunca cuenta/ entre nosotros el tiempo o la distancia”, declara el poeta, “pero por sobre todo/ entre nosotros nunca cuenta el tiempo transcurrido/ (sean veinte años los años transcurridos)/ porque somos los mismos, porque/ nosotros los de entonces siempre somos los mismos” reitera enfáticamente. Sólo el amor es aquí arma capaz de abolir el tiempo, de afirmar una permanencia que convierte ilusoriamente el paso del tiempo en simples “trampas del continuo movimiento”. Sólo el amor logra, ilusoriamente, abolir el tiempo y la distancia, haciendo que el poeta vuelva a tener veinte años y una camisa azul y un suéter verde, su amada dieciocho y un camisero azul, logra que el juramento de amor eterno de entonces, de allá, se funda con el mismo juramento triunfal de ahora, acá: “y estamos junto al fuego/ diciéndonos lo mismo/ (triunfalmente lo mismo)/ del inicio.” Pero dos imágenes simétricas cuestionan un triunfo que, más que triunfo, es tregua: la lluvia que cae durante el primer juramento de amor, la nieve que cae durante el segundo: “no contaba la lluvia/ y ahora si que cuenta para siempre/ […]/ no contaba la nieve y sin embargo/ sí que cuenta la nieve para siempre”. (Misivas, “Nosotros, los de ahora”). Ambas socavan sutilmente la aritmética del poeta y afirman, frente a su voluntad de que no cuenten, la realidad irreductible del tiempo y la distancia.
    Todo el arte sutil del zurcidor, todas las estrategias del poeta, convergen en el poema que admite la escisión desde su mismo título: “Albores de primavera en Lyme (o los cristalillos del alma en Arequipa)”. Todo el arte de ambos se conjuga en un zurcido magistral que, fibra a fibra, hilo a hilo, verso a verso, intenta, una vez más, suturar la herida del exilio. Desde la casa de Lyme, una ventana, sólo una, se abre esta vez hacia los dos espacios:

    La ventana es más amplia que nunca y a ella
    se asoman todas las colinas de Vermont.
    Beatrix:
    ¿podrías figurar aquí mismo un cerco de volcanes tropicales
    y un aire azul, de altura
    y un cielo de tenues respiraciones?

    La elección reiterada del condicional del verbo –podrías, podrían, tendrías– abre un espacio de posibilidad nueva. No es este un condicional de duda, sino de esperanza. Indica como un dedo un ámbito imaginario donde sí que sería posible juntar esos dos mundos, reparar el tejido, juntar, de una vez y para siempre, los bordes de la herida. El mundo perdido se instala firmemente en el presente, el frío de la infancia, el calor de sus hogazas de pan recién horneado son ya de aquí, de ahora; los personajes que poblaban el mundo de Arequipa desfilan por el paisaje del valle de Nueva Inglaterra que se despliega más allá de la amplia ventana:
    Mas aún es temprano, no han cruzado
    en sus burros las rosadas lecheras de Thetford
    con sus raídos mitones y sus dedos rojos y gordos
    ni ha venido el triciclo pedal de Orford
    oliendo a panadería reciente, falta mucho
    para que el tranvía colorado de Lyme Center aporte
    sus campesinas cargadas de canastos y verduras. Esperar.

    Cruzan los niños que marchan a la escuela
    Forrados de bayetas y crudas chaquetas de oveja.

    Sólo hay que esperar tantito, y el zurcido milagroso verificará la realidad deseada: ya no dos mundos, sino uno solo, ya no separación, ya no distancia, ya no mundo perdido, ya no escisión de sujeto ante la ausencia. La herida, finalmente, suturada.
    Pero la última parte del poema es inequívoca: “He salido por fin al prado. Nada/ recuerda aquí desnudas geografías lunares/ ni mínimos huertos arrancados con uñas/ a la vasta tierra sequiza.” Se ha roto el sortilegio. La dura realidad del exilio se impone nuevamente, con sus niños otros, su “denso aire vegetal que emana de los bosques”. Se impone, una vez más, el fracaso del zurcidor invisible, volcado en su tarea imposible de suturar la herida, intentando “zurcir los cristalillos del alma”.
    Yo conozco esa casa: es la casa que habito. Y conozco sus prados, su jardín y su bosque, el cielo luminoso de su invierno, las noches de verano. También, como Raúl, me asomo a sus ventanas. Pero veo otra cosa. No veo la Arequipa de su infancia, sus niños, sus volcanes, sus calles pedregosas. Veo otros pueblos, calles, montañas escarpadas del verde Pirineo, el río que recorre un valle interminable de prados y manzanos. Veo el Cadí, la cresta de la ola de piedra milenaria que el tiempo allá detuvo. Veo también mis manos, rojas, congeladitas, de jugar en la nieve con los niños del pueblo.
    Paisaje diferente pero… ¿es el dolor el mismo?
    Como Raúl y Gladys me siento en mi terraza a mirar el otoño.
    ¿Siento la misma herida?
    Como Raúl y Gladys veo, al fondo del valle, el río, sus prados y sus granjas, las nieves del invierno, y la llegada de los gansos salvajes, que traen la primavera.
    Y más allá veo aún, igual que ellos, aquel otro paisaje, semejante y distinto, cercano y tan remoto: el siempre doloroso paisaje del exilio.

         Lyme, 24 de junio, 2014 

    Bibliografía citada
    Bueno, Raúl: Viaje a Argos. Arequipa: Editorial e Imprenta Acosta, 1964.
    Said, Edward. The Mind of the Winter. September issue of Harper Magazine, 1984.
    Valenzuela, Luisa. “El zurcidor invisible”. En Prisma: Análisis critico de textos en español. Antonio Sobejano, ed. Wilkes Bare, PA: Panda Publications, 2008. 105-120.

    Roger Santiváñez
    Temple University

    Raúl Bueno es un prestigioso crítico y estudioso de la literatura hispanoamericana. Nacido en la sureña ciudad peruana de Arequipa en 1944, es también un magnífico poeta. Miembro de la llamada generación del 60, integró en su ciudad natal el grupo Poesía 64, año en el que justamente dio a conocer su primer libro denominado Viaje de Argos y otros poemas, el cual incluye un breve pero muy sugerente prólogo del maestro Antonio Cornejo Polar. En efecto, empecemos este viaje por el conjunto de su obra poética publicada, con una incursión en la ópera prima, tomando en cuenta –junto a nuestra lectura– las observaciones del entonces joven crítico. 
    Lo primero que resalta Cornejo Polar es la precocidad de nuestro autor: “Extraña poesía la de Raúl Bueno, hermosa sin duda, tal vez de fría corteza, esmeradísima e increíblemente madura para los veinte años del poeta” (3). Este aspecto –nuevamente sostenido por el crítico al final de su nota– nos parece de vital importancia. Veamos en qué consiste la madurez del joven poeta Raúl Bueno de mediados de los 60. Todo parece indicar que dicha señalada característica está basada en la elusividad de esta poesía: “escapa como pocas a los siempre toscos instrumentos de la crítica” (4) afirma sagaz y modestamente Cornejo Polar. Pero observemos –en close reading digamos– lo difícil de esta forma.
    Se trataría de una poética de la atmósfera o del “clima” como dice Cornejo, que se plasma “mediante una palabra adelgazada, tenida más como un instrumento mágico de sugestión que de mención enunciativa; palabra de sutil timbre, esbozadora rápida de matices tenues” (7). Citemos los versos iniciales de la sección a) de la parte primera del poema que da título al libro y verifiquemos pertinencias: “(Aves, flora, verdiazul, fauna)/…/ Árbol de plata, oh sacudida lenta./ Oh insistencia de algas, raros redobles./ Gorriones secos, oh la pintura china./ Ágiles movimientos fijados en la hierba/ así/ hacia el árbol acuden las mariposas” (13). Descripción de la naturaleza –incluyendo el mar– en su secreto esplendor, lograda en finos trazos instantáneos, celebratorios, producto de una meditada contemplación. Sugerencia sutil que pronto alude al tiempo y a la poesía misma: “Y el anciano sentóse/ extendió la barba sobre sus blancas/ aún altas rodillas/ y cantó” (14). Aparentemente próxima a la llamada poesía pura; leamos estos versos: “(Nube, lluvia, splendor del agua/ ¡Tímidas gacelas detenidas sobre el cristal!)” (14), nos encontramos con una tríada cuyo sabor campesino arequipeño es indudable en su dicción étnica: “pasa el anciano fatigando su asno/ pasa cantando/ ‘fauna, faunita, azulverde, flora’” (14).
    Otro aspecto interesante en relación con lo señalado por Cornejo Polar en su prólogo es que en nuestro poeta “tal vez pudiera encontrarse la huella de Eliot” (8), pero acota inmediatamente: “Estos temas, en todo caso, no han encontrado en Raúl Bueno su más eficaz modo de expresión al requerir una plasmación lingüística tal vez más directa y más emocional” (8). Notable acierto del gran crítico que fue Cornejo ya que –en un momento tan temprano como 1964– nos está anunciando el pronto arribo de la poesía conversacional mediante la asimilación del denominado británico modo en nuestra lírica. Recordemos que es el año de Comentarios Reales de Antonio Cisneros y de la póstuma Estación Reunida de Javier Heraud, libros donde ya está sembrada la semilla coloquial proveniente del gran creador de The Waste Land. Sin embargo son detectables –en Viaje de Argos– ciertas marcas, diremos modernas: “una vaga flor/ eterizada” (16) por ejemplo, o también “negras golondrinas huyendo electrizadas” (18), lo cual no es óbice para el imperio de un tono general –como queda dicho– de índole mallarmeana: “juncos suaves al soplar el viento” (15) o la tersura plástica de esta muy visual y refrescante imagen clásica para el tema: “Esta es la playa./ Aquí finaliza el viaje del mar/ en una débil onda que humedece la arena” (19).
    Antes de pasar a De la voz y el estío (1966), su segundo poemario, quisiera incidir en algún rasgo del estilo de Raúl Bueno: su sentido del ritmo, por ejemplo. Cito estos versos para demostrar su capacidad de encabalgamiento prosódico, sobre todo en el remate: “Este es el mar/ sacudiendo feroz las suaves ostras/ los encendidos peces/ las medusas” (20). También su particularidad metafórica: “El cielo extenso de amarillas aves/ cuyos ojos son vidrios fijados en el viento” (18). Finalmente, un no escondido hermetismo, para tratar el tema del ser humano en tanto rey y señor de la creación y la naturaleza: “Y es entonces que el hombre/ vive aquí entre milagros celulares/ entre corpúsculos de plata,/ entre furiosos toques/ aquí/ donde briznas de lodo son músculos ardientes” (22).
    De la voz y el estío, publicado –como queda dicho– en Lima en 1966, bajo el entonces muy prestigioso sello Ediciones de La Rama Florida creado y dirigido por el poeta Javier Sologuren, consiste en un solo poema de nueve cantos. O –si se quiere– nueve poemas que conforman un libro breve, pero –como veremos– de conseguida factura. Al parecer, construido a la sombra de una atenta lectura de Rainer María Rilke –dicho esto no sólo por el epígrafe que abre el conjunto sino por el tono imperante– el texto linda con el autorretrato de un yo que sobrevive en el adverso mundo que nos rodea. Los primeros versos del poema I rezan: “Puedo subsistir bajo este cielo que a veces oscurece/ y bajo el que mi mano es/ una constelación apenas perceptible” (s. n.). El cuerpo y sus manifestaciones se hacen presentes aquí a través de menciones a las extremidades, el efluvio natural, la dermis, la boca y la cara; planteando así una poética de nuestra materialidad física cuya finalidad sería la expresión vocal: “También mi labio atiza nuevas voces/ cual otro corazón que a veces despertara” (s. n.). Estaríamos ante la voz adquirida de la que habla Francine Massiello –siguiendo a Adorno– al señalar que “la lírica representa la transformación de la materia hasta que la materia adquiere una voz y, al mismo tiempo, transforma la materia dentro del cuerpo y el alma del lector dado que al descubrir la voz del poema, estamos en condiciones de escuchar la nuestra” (12). La voz –la poesía– que Bueno atiza ocurre en dos corazones simultáneos: el del propio poeta y el nuestro en tanto lectores.
    Un profundo estupor ante la existencia nos transmite la voz poética. El Yo se autodescribe alucinado, sorprendido, perdido, remoto; y sin embargo tonante –por no decir cantante o cantor– quien “descubre el sol/ diseminado en su epidermis” (s. n.), es decir sumido en la contemplación del cuerpo (del ser) atento al “voluntario movimiento de su mano” (s. n.); referencia a la escritura quizá, y al “susurro de su corazón” (s. n.), o sea, otra vez y siempre la voz, pero en este caso convertida en una suave expresión brotada desde el centro de los sentimientos y al mismo tiempo nido latente de nuestra respiración, músculo de la existencia corporal. La contraposición es el olvido que campea en el poema III, en el que la mano, la voz, los oídos desaparecen “como el aire que muere tras zumbar en la viola” (s. n.), según escribe Bueno con singular belleza en este verso. La secuencia continúa aludiendo a los sentidos, principalmente el oído, y su escucha y –como ya estamos notificados– la presencia de la voz, o voces en este caso, que cunden “en la expansión del aire/ como una hinchada espuma de convulsos fulgores,/ cual esta sucesión de obstinadas vocales” (s. n.). Bordeando el hermetismo, el poeta juega con el verbo y la naturaleza dotándola de raras características, ya que como afirma Pierre Reverdy 
    La naturaleza no es bella ni fea, ni triste ni alegre –sólo aquello que, por carambola, ponemos en ella–. Somos nosotros los que nos sentimos alegres o tristes ante tal o cual espectáculo; a lo sumo podría decirse que un paisaje es o no entristecedor, y es el sentido de lo bello cultivado en nosotros el que concuerda o no con tal espectáculo natural que tenemos bajo los ojos (14). 

    Así entendemos la plasmación poética de Bueno en su contemplación del mundo exterior. Elaboración verbal que conecta los sentimientos con lo físico del cuerpo: “Corazón, mi corazón/ aquel renuevo/ iluminando a diario el movimiento de mi mano” (s/n).
    La mano adquiere entonces un lugar central en esta poesía: el sentido del tacto, vía para el mejor conocimiento de las cosas. Esto quedará claro en el poema VI, en el que tras una veloz travesía histórica –entre gladiadores y amantes medievales– son nuevamente los sentidos –ojos y oídos– y el cuerpo en sí –los brazos– “aquellos miembros que aún ceñíanse a una naturaleza” (s. n.) los que le permiten afirmar al poeta que, después de todo aquello, “nos ha quedado, persistiendo, una extraña virtud: Ubicamos nuestros dedos o los perdemos en la bruma” (s. n.). Clarísimo: el tacto. Se trataría de una de las “respuestas biológicas” (Massiello 10) que nos exige la poesía, según dicha estudiosa, en su reciente e interesante libro El cuerpo de la voz (poesía, ética y cultura). Del pasado no queda casi nada, y es sólo la memoria la que nos confiere la posibilidad de “sustentar un ser exterior” (s. n.) leemos al final del poema ya que “somos tan pálidos en los puertos que algunos pájaros/ quizá no logren descubrirnos” (s. n.) escribe Raúl Bueno con rítmica dicción que lo emparenta a sus pares generacionales: Hernández, Cisneros o Calvo.
    El poema VII de la secuencia presenta una novedad: las deidades desconcertadas. En efecto, estamos ante una relación entre nosotros y los dioses; aunque no sabemos cuáles ni quienes. Pero entendemos que el texto plantea una vinculación anterior y primordial con estas deidades (como se les nombra) que interceptaban “nuestros gritos” (s. n.) y estaban “prohibidas de escucharnos” (s. n.). Vale decir, no había comunicación con ellas y dicha situación permanece tal cual hasta la actualidad del poema. Estamos pues abandonados por los dioses, como sostiene una teoría clásica. Esa es la desgracia y tragedia del hombre moderno; pensamiento al que Bueno parece remitirse. Y en medio de esta desolación el poema VIII nos insta a caminar, a buscar –por el Norte y por el Sur– “una forma adecuada/ para un labio continuo” (s. n.), sin duda la poesía que mejor nos exprese: a nosotros y al tiempo que nos ha tocado vivir. Esto parece nítido en el reclamo de una forma “para la súbita violencia de la voz” (s. n.) alusión posible a las guerrillas guevaristas de 1965 que impactaron hondamente a la generación poética peruana de los 60. Y también en el pedido de “establecer la luz que inicia el hundimiento/ de aquellas cosas propias que olvidan equilibrios” (s. n.). Es decir el principio de la decadencia de un sistema que no posee un equilibrio –en el sentido de lucidez y verdad– y que precisamente requiere luz; o sea la instauración de una etapa histórica más justa y más luminosa.
    El resto del poema es interesante porque alude al título del libro De la voz y el estío. La voz aparece como el tema esencial, y en íntima relación con el viento, símbolo de la poesía desde tiempo inmemorial. Aquí la voz es obsequiada al viento aunque –paradójicamente– es también pertenencia de él. Y el estío –nombrado ahora con un más cotidiano verano– cobra mayor sentido al tener la capacidad de suprimir con su fuego aquella voz. Pero al mismo tiempo es “algo de la brisa del inmenso verano” (s. n.). Dominio de la contradicción, “Nuestras voces son apenas el viento/ o son/ la más débil arteria del verano” (s. n.) con lo cual sólo sabemos que el sonido humano que emitimos es un hecho de nuestra respiración, vale decir un ritmo que implica la sangre circulando por el cuerpo y así el latido del corazón, aunque ese incógnito verano sea también nuestro indescifrable hábitat. El libro termina con el poema IX, que es una suerte de respuesta al primer poema del conjunto. Si allá el poeta difícilmente subsistía, aquí afirma rotundo la vida: “Porque/ puedo existir bajo este cielo que a veces oscurece;” (s. n.) y reivindica la voz a través de los labios así como –otra vez y siempre– la mano, con la que puede “en un vaivén de primitivo intento/ digamos, trizar las rosas, decir/ anonadados ¿qué es esto?, ¿qué es?, ¿qué?” (s. n.). Interrogación metafísica, meollo de toda verdadera poesía; Raúl Bueno la responde acudiendo a un sesgo étnico que se complementa y cierra con la proposición del amor: “la piel es todavía sonorosa y permeable/ como vivos tambores de acústica nativa: Amo” (s. n.). Apostando por un neologismo que implica al sonido, queda el sentimiento más alto de que es capaz el ser humano y celebrado por una percusión terrígena. Aunque la muerte finalmente nos derrote, podemos “brillar un instante, con ese brillo astral/ que sorprende a los ojos más tenaces” (s. n.) sobre todo porque –a tono con la esperanza política de su generación– “intentamos surgir de intensas muchedumbres” (s. n.), dice el poeta en un verso cercano a Wáshington Delgado, maestro de la generación poética peruana anterior.
    De la voz y el estío constituye “una poesía de corte filosófico, meditativo” (O’Hara 240) y que “gana en construcción verbal (IX textos unitarios)” (240) habiendo sido “concebida como un discurso racional e incluso demostrativo, la poesía de Raúl Bueno se despoja de lo declarativo y cotidiano para ofrecer, a cambio, la enseñanza de la parábola” (López Degregori 241). Adecuada esta última cita para entrar al volumen doble Lengua de vigía & Memorando europeo, tercer libro de nuestro poeta, publicado veinte años después, en 1986, en el que como veremos lo cotidiano y la narratividad, elementos puntuales de la poesía conversacional aparecerán con renovado frescor.
    Al abrir la primera página de la sección inicial de Lengua de vigía denominada “Principios y finales” nos encontramos con el poema nombrado Diariamente –cuya aparición original fue en la revista TEXTOS del Centro de estudiantes de Literatura de San Marcos en 1973– y que enlaza directamente con su primer verso: “pierdes un poco el nombre, algo de juventud. Entras/ pobre de voluntad al remolino donde/ animales y cosas se vuelven una especie tratable/ doméstica, paciente: vuelves/ por el mismo canal con su agua poderosa/ que revuelve destinos como envuelve semáforos/ vitrinas sucesivas, anuncios parpadeantes” (11). Como señalamos en el párrafo anterior, aquí está la ciudad, la vida de todos los días y la sensación de irse volviendo viejo en un mundo que se torna un poco más amable que el retratado en los dos libros primigenios de Raúl Bueno. En efecto, se ha producido un notable cambio: de un tono cercano al de la poesía pura y hermético-metafísica se ha pasado al modo coloquial imperante en la poesía latinoamericana desde mediados –y en adelante– de la década de 1960. Los versos finales del poema leen: “Arden/ brújulas infinitas, dípteros de neón, el tacto de otra noche/ naufragada no bien es percibida. La próxima/ es tu esquina; el ómnibus vacila/ se detiene” (11). Como escribió Jorge Cornejo Polar en su reseña por la aparición del volumen: “Temas recurrentes en la poesía actual son estos, sin duda, pero pocas veces dichos en este temple suavemente reflexivo y melancólico y con un lenguaje de tan preciso rigor, de tan reiterada belleza” (21).
    Todo el poemario gira en torno a la vida cotidiana de la clase media en nuestra América , y junto a ello el absurdo y sinsentido de la existencia. El día domingo, por ejemplo, único rescoldo a salvo de la alienación del trabajo de todos los días, es escenario de varios poemas, aunque de todos modos posea “esa paz que a sí misma se tortura” (12). Desesperada y desesperante situación que lleva al poeta hasta a burlarse de la cultura y del arte. El paso del tiempo es retratado como una suerte de condena ineludible, con singular prosodia como aquí “Así un día/ y otro día/ y luego/ y entonces y después y entre tanto/ y otro día” (14). El tono se vuelve narrativo y los poemas están escritos en un lenguaje común –caro al conversacionalismo imperante– casi prosaico, en el que sentimos la lección de Eliot: “Primavera/ con su intensa esmeralda de fragancias/ y recuerdos/ se instala blandamente en el parque” (16). Y en el mismo poema más adelante: “donde la tarde se hunde como una brisa inerte” (17). La ciudad atenazante –tópico de la lírica moderna– también aparece en Lengua de vigía con lograda aliteración: “Hora de pervertir sentidos, ensayar extravío/ entre la fácil fiesta de tiendas sucesivas,/ en aquella floresta de neón/ que ya tiende su red,/ su preciosa celada” (26).
    La segunda parte del libro, “Campos redondos”, principia con Los motivos del canto, especie de ars poética que, a despecho de su tono coloquial, indaga con metafísico interés en el destino humano y el de la poesía: “todavía/ reunida luz nos tienta desde una suerte ciega,/ desde un tiempo sin tiempo que cifra a lo impalpable,/ desde una voz sin voz detrás de los sentidos” (31). Dicha indagación metafísica continúa en el poema hamletianamente titulado “Ser y no ser” y que lee: “¿Qué culpa, qué delito se esconde y pesa/ como el enorme buey en la lengua reclusa del vigía?” (33). No sólo comprendemos mejor el nombre del poemario, sino que somos notificados de la reclusión de que es objeto el poeta y su instrumento lírico. He aquí las razones de su detención: “Así soy asesino y traidor y tirano/ y destruyo y construyo sin posibilidad/ alguna de perdón o regreso/ al momento en que pude y no pude” (33). Entendemos entonces que la poesía es una lengua prohibida y el poeta una contradicción permanente, gesto en el que Raúl Bueno se entronca con la gran tradición romántica y maldita de Occidente. Dominio de la “interior región” (40) que es el espacio de esta poesía.
    Siguiendo en esta onda, nuestro poeta profundiza su visión en un texto llamado “La semana del búho”, que cierra con una memoria adolescente del despertar de Eros: “(Se llamaban Christiane, Elena, Margarita, Brigitte, Susana, Gladys, Rhonda, Glenda… ¡Muchachas inventadas, entrevistas, abrazadas, soñadas, confundidas, reales, trastocadas! Una cantaba su voz pequeña, velar, ubicua: Judas, eres un Judas…” (42) aludiendo a la ansiedad del descubrimiento del sexo opuesto y a la sensación de una inminencia que no se concreta, quedando –al final– resonando en su interior región la invectiva negativa que en el ámbito ideológico cristiano tiene esta cadencia: “Eres un Judas,/ eres un Judas,/ eres un Judas” (42). Completa el poemario una serie dedicada a la familia: el padre, la madre, los abuelos; la condición de ser profesor, y una “Carta” dirigida a la esposa, compañera de todos los avatares –cuyo título prefigura las misivas–, palabra que años más tarde usará Bueno para el último libro de su creación hasta el momento. La poesía ocupa los textos finales del Vigía y también el tiempo y/o la interrogación ontológica aun cuando la realidad cotidiana está rodeando al poeta: “Aquí y ahora,/ (mientras el radio esfuerza sus anuncios de vida y juventud)” (47) se autointerpela ante el estupor de la existencia: “¿A dónde voy?/ (exactamente/ las cuatro y un minuto/ de la tarde)” (47). Queda claro que la única certeza que poseemos es el inexorable andar de las horas ininterrumpidas. Hasta la hora final –In fact– que nos interrumpe para siempre.
    Memorando europeo es el conjunto que completa el volumen publicado por el Instituto Nacional de Cultura en 1986. Al respecto conviene señalar que nuestro poeta viajó a París en uso de una beca para estudiar semiótica, permaneciendo en la Ciudad Luz de 1974 a 1976. Al volver de Francia, Raúl Bueno retomó su cátedra en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, destacándose como uno de los principales doctos de la materia en el Perú. Pero volvamos al poemario que nos ocupa. Como su nombre lo sugiere, el Memorando reúne poemas de viaje –recordándonos Poesía de paso (1966) de Enrique Lihn o Canto ceremonial contra un oso hormiguero (1969) y Como higuera en un campo de golf (1972) de Antonio Cisneros– es decir, textos que dan cuenta de su experiencia vital en Europa. Diversos lugares de París o de Francia –el Parc de Montsouris, el Port de Gentilly, Saclay, o el castillo medieval de Gaillard– así como del continente europeo –Flandes, Andalucía, Sagunto, Pisa, Florencia, Venecia, Londres– desfilan ante nuestros ojos. Su lenguaje adquiere un tono asordinado: “alguien/ silba por el camino a lyon/ evita las sorpresas del viento/ hace crujir las voces del otoño” (54) en el que –de súbito– una memoria lejana asalta al poeta: “alguien/ que se acuerda de lima/ la casa a la deriva/ y los hijos” (54). 
    Es el exilio el tema que campea por estos catorce poemas. Lo interesante es que podemos encontrarnos aquí con textos en los que no hay una “narrativa más o menos lineal de la vida diaria” (Palmer 4), sino el “desplazamiento a organizaciones alternativas de espacio y tiempo” (4) que conlleva “toda poesía lírica exploratoria y significativa” (4). Se trata de una “condición del exilio” (4) diseñada para “alcanzar una mayor intimidad con ese desplazamiento en el corazón” (4) que este tipo de expresividad entraña, incluyendo la experimentación con neologismos. Así leemos en atalaya de sagunto: “pendulante/ abando-/ lento/ vacila/ gira-/ cae/ sorprerido/ incontinútil/ grita/ que no sabe/ que no cae/ que no grita” (Bueno 61). O unas voces de alguien o algunos no nombrados que en el chateau gaillard: “llaman/ resuellan soplan/ gimen/ apagados/ inaudibles/ invisibles/ sin voz/ sin saberlo/ sin quererlo/ sin ser” (57). Estos versos nos remiten a una entrevista que Raúl Bueno concedió a Dalmacia Ruiz-Rosas, José Antonio Mazzotti y quien redacta estas líneas, para el suplemento cultural Asalto al Cielo de El Nuevo Diario (1986) inmediatamente después de la publicación del volumen doble Lengua de vigía & Memorando europeo, en la que ante la pregunta ¿Qué es la poesía? el poeta respondió: “Lenguaje, un lenguaje concentrado. La poesía es condensación semántica. Es hacer revivir en un mínimo de palabras un máximo de contenido. Para decirlo de otro modo: es una clave que contiene múltiples y diferentes posibilidades de sentirla” (10).
    Por los días de la edición de este libro, el crítico Jorge Cornejo Polar escribió en la reseña atrás mencionada, a propósito de los veinte años de silencio que separan la obra de su producción anterior, que “se trata de un poeta auténtico para el que esta larga etapa ha sido de maduración personal y decantamiento de sus medios expresivos” (21). Efectivamente, lo fue. Con la perspectiva del tiempo transcurrido y la fidelidad de Raúl Bueno a su primordial vocación poética, podemos afirmar que su obra es una estrella fija en el firmamento de la poesía peruana y latinoamericana; prueba de esto –por lo demás– es el hecho que un libro suyo denominado Concierto fuera uno de los cinco finalistas del famoso Premio Maldoror que conovocó Barral Editores para todo el ámbito hispánico en 1970. En relación con su silencio editorial, nuestro poeta le confesó a Guillermo Niño de Guzmán, quien lo entrevistó para la revista Oiga de Lima: “Dejé de publicar porque me di cuenta que este tipo de poesía [el suyo original] no era precisamente el que se hacía en los 60s y 70s, ligada a lo conversacional, a lo cotidiano” (61). Hemos visto, sin embargo, que el tono coloquial entró en sus versos, aunque ciertamente de manera sintética y concisa, así como siempre interesada en la dimensión ontológica del ser humano y su devenir en la inasible historia; como es nítido en esta autorreflexiva estrofa que culmina el Memorando: “al fondo/ en la humedad del tiempo/ un hongo –tú–/ (la chaqueta colgada/ flojos el cuello y los zapatos)/ proyecta en la pantalla/ sus sueños/ y no sueños/ su imprecisa esperanza/ de algún día/ tener una esperanza” (69). Creemos que el día de aquella esperanza ha llegado para el genuino poeta –hondo y sincero– que es Raúl Bueno.

    Bibliografía citada

    Bueno, Raúl.  Viaje de Argos y otros poemas. Arequipa: Editorial Acosta, 1964.
    —––––. De la voz y el estío. Lima: Ediciones de la Rama Florida, 1966.
    —––––. Lengua de vigía & Memorando europeo. Lima: Instituto Nacional de Cultura, 1986.
    Cornejo Polar, Antonio. “Prólogo”. En Bueno, Viaje de Argos y otros poemas [v. supra]. 3-8.
    Cornejo Polar, Jorge. “La vuelta de un poeta”. Hipocampo 30 (Lima, agosto de 1986): 21.
    López Degregori, Carlos. “Nota”. En Generación poética peruana del 60. Estudio y muestra de Carlos Lopez Degregori y Edgar O’Hara. Lima: Universidad de Lima, 1998. 240-241.
    Massiello, Francine. El cuerpo de la voz (poesía, ética y cultura). Rosario: Beatriz Viterbo Editora, 2013.
    Niño de Guzmán, Guillermo. “La vuelta de un poeta”. Oiga (Lima, junio de 1986): 61-62.
    O’Hara, Edgar. “Nota”. En Generación poética peruana del 60. Estudio y muestra de Carlos Lopez Degregori y Edgar O’Hara. Lima: Universidad de Lima, 1998. 240.
    Palmer, Michael. “Sobre Bei Dao”. El poeta y su trabajo 5 (México, DF, otoño 2001): 3-6. Traducción de José Luis Bobadilla.
    Reverdy, Paul. “Esa emoción llamada poesía”. El poeta y su trabajo 3 (México, DF, primavera  2001): 11-24. Traducción de Néstor Leal.

    VV.AA. “Raúl Bueno: Poeta insular”. Asalto al Cielo, suplemento cultural de El Nuevo Diario (Lima, junio de 1986): 10.




    ENSAYO GENERAL

    Casi un Arte Poética

    Ha huido la nieve, se ha llevado
    trechos de sombra y hielo
    que obstinaban las brechas.

    Tibios ahora son los mediodías, traen
    un viento suave como
    respiración de novia sobre entregado cuello
    o vaporoso aliento sobre ahuecadas manos, traen
    una urgencia de prolongaciones en todas
    las esqueletizadas ramas de los árboles
    y una orquesta de vegetales grillos
    sobre el césped. Porque

    como un inverso otoño
    las hojas secas han vuelto a poblar el camino a la casa
    el patio, la fuente, la explanada de hierba
    esperando una voz que ordene su retorno a las ramas.

    Hay un error de mundo, las cosas
    o los sentidos se enrevesan
    se pierde el musgo entre el tacto o las sombras
    se curva la línea de los pinos hacia el olfato
    o las ranas
    una fronda de rojos helechos se instala
    entre los tímpanos o la roca
    (la roca que inmutable dormita bajo un manto
    de greda y sustancias en constante
    putrefacción, en constante
    renovación)
    se atropellan imágenes y estas líneas, al fin
    se curvan
    bajo su propio peso, hacia su propia voz
    en acordeones de miel y juventud
    en acuarelas de parejos dientes nuevos y robusta
    sed de piel, de olfato, de miradas, de latidos
    esperanzados. Entonces vienes

    poesía
    lumbre de la memoria
    grito del tiempo, agua de sed eterna
    vienes
    como un relámpago de pupilas y médulas
    a tallar la enmudecida piedra.




    Crónica de Indias

    Con más de cinquenta mil pesos se uan 
    a Castilla, que lo e uisto a uista de ojos.
     Y ací otros muchos están en la dotrina y
     tienen hijos mesticillos y mesticillas 
    y esos niños tu madre les criará.

    Guamán Poma, Nueva Corónica



    Uno

    Se ha corrido la voz
    de tierra ultramarina llega
    un canto de sirenas que no quieres
    ahogar con encerado esparto:
    hay una patria nueva como
    enjoyado circuito de dioses o quimeras
    donde aun el aliento muda
    a delicada escarcha de oro
    y resplandecen templos como frutos
    o flores del perenne paraíso.

    Se ha corrido la voz:
    allí regio metal despeñan
    los cantiles de inmensas geografías
    –inútil desafío al hombre y a la bestia
    asegura el coro de sirenas–
    y no hay modo de retener el grito
    que ya explota
    en el ámbito más arrojado
    de tu resuelto corazón.



    Dos

    Se parte ahora, ya corrieron el grito
    y soltaron las velas
    que ahora el viento preña.
    Se parte con la mirada clava
    en un signo del mar, que el mar retiene
    como un ardiente enigma sin saberlo.

    Se parte ahora
    –mitad luz, mitad silencio–
    y no vuelves los ojos.
    Y sí vuelves los ojos
    y quieres divisar el punto
    donde aquel corazón galopa dudas
    como besos y besos como adioses
    y adioses como aves migratorias
    sin posible retorno.



    Tres

    Y una vez más Penélope rediviva y eterna
    hilvanará esperanzas y dudas y temores.
    Y sorda a la caterva
    de halagos y de ofertas
    esperará ovillando su corazón aliado
    y destejiendo el nudo laborioso
    de los días.

    Porque tú
    ebrio de mundos
    visionario de cósmicas pupilas
    prometiste volver con los abrazos
    rebosantes de líquenes dorados
    y especias, sedas, joyas
    arrebatadas al cuerno sin final
    de la abundancia.



    Cuatro

    Un mar depositado en horizontes.
    Otro mar confinado a recintos interiores.
    Un vasto frasco de luces y formas huidizas
    que abruman el memorioso viento.
    Un océano de horas o minutos o segundos
    mordiéndose las colas sin mella ni ruptura.
    Una brusca tormenta que bailotea las naves
    como nueces a la deriva.
    El súbito sosiego de la noche
    que resiembra luceros o escamas de sirenas.
    Y ¡tierra! han dicho tierra ¡al fin!
    cuando arriba una grita de cotorras
    y ranas desde los cocoteros.



    Cinco

    La lluvia anoche jugó con los soldados
    a oxidarles corazas
    a herrumbrarles alientos
    y el sol esta mañana, tibio y ligero
    levantó olores, vapores de heno
    que aligeraron cabalgaduras.

    Ahora niebla y el frío
    enerva y afila las espadas.

    Hace ya tantas lunas
    que entramos al poblado
    y arrancamos mujeres y otros frutos
    como gallinas de la tierra.
    Hace ya tantas leguas que sus hombres
    nos siguen con ojos y rejones de acechar
    y matar. Y aunque sin perros
    tienen olfato de sabuesos
    y piernas de caballo.
    Algunos de nosotros
    ya no somos habidos. Las mujeres
    ralean –la mía, doña Inés
    que así la llamo, permanece–.

    Hemos subido al monte
    escapando el asedio
    –somos hombres de altura–.
    Nada se escucha, nada
    pero hay un viento que atrae
    las contiendas con presentida
    sangre y sangre incontenida.
    En un instante, pronto
    comenzará la lucha.



    Seis

    Hubo una Penélope buena
    y confiada
    que ahuecaba las manos
    para anidar proyectos
    como una habitación nueva en la casa paterna
    y otra para los niños y aún quizá
    una cocina independiente. Hubo.
    Aquí ahora, Inesilla
    que tanto y dócilmente me ha seguido
    este año del señor
    no sé qué espera, si espera
    no sé qué guarda entre las mangas, si guarda
    ni qué oculta debajo de las faldas
    si es que algo mío oculta.



    Siete

    Un grito de lechuza, quizá un aullido
    o el viento nuevamente, o quizá nada.
    Pero estamos atentos a la lucha
    –otra de tantas
    no dichas por el coro de sirenas–
    esta noche con luces de santelmo
    en las corazas y en los bronces
    que mal guarnecen cráneos
    destinados al mazo
    o la macana.

    Una floresta de gritos, sí
    y de venablos, ya. Brazos que agitan
    buscan, sueltan tundentes golpes
    de piedra articulada, caballos
    caen, aúllan malheridos los mastines
    ¡Santiago, aquí, tu espada!
    despliego mis mandobles
    en deslumbrada ronda de sangre
    y de blasfemias. Inesilla
    como loba que aguarda
    sigilosa su momento
    me hinca un grito de reconcentrada rabia
    en las costillas: su largo tupu de bronce.
    Busco darle un sablazo pero ya muestra
    la barriga a la luz de la luna: mi barriga
    la nuestra: yo soy su autor.



    Ocho

    Ahora el sendero busca las nubes
    donde sólo las águilas de la tierra
    moran. Los caballos, ya pocos
    han sembrado de estiércol
    los glaciares, pero no huelen hierba.
    Descabalgamos para arrancar fogatas
    que el granizo desdeña.
    Los caballos siguen su marcha solos
    cuesta abajo, se llevan las alforjas
    –las últimas cecinas y galletas–
    corren tras ellos los compañeros ¡pronto!
    y yo me quedo solo
    mordiendo el vacuo pasto de las horas
    calculando el ardor que ya es grueso
    y pedregoso en el costado
    atando cabos en la noria de los días:
    Inés, si oíste bien, allí donde te encuentres:
    quiero ese crío Diego como el abuelo
    y si prefieres
    también Túpac como tu padre
    penosamente muerto al acero
    en la toma del templo.

    Crece el ardor ahora debajo de la nuez.
    Pesa la sangre en la garganta, como pesan
    la sed, la malla, el peto de oxidados alambres
    los párpados que declinan
    la mano que intenta descorrerlos, el recuerdo
    de una tal Penélope que ha de perdonar
    si dios lo quiere, tantos besos sin retorno.

    Ya es hora. Se aligeran
    la fatiga, el ardor, la sed
    la deslumbrada noción de dios
    que si lo quiere…

    y de una tal Inés de mis pesares
    que ha de perdonar las noches de ataduras
    y voluntad y tallo quebrantados
    como cañas de mayo allá en las vegas
    de la patria.

    http://hipocampoedit.blogspot.com.es/2015/04/ensayo-general-poesia-reunida-1964-2014.html







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    RODOLFO SÁNCHEZ GARRAFA  

    (Vilcabamba-Apurímac, Perú   1945)
    Antropólogo por la Universidad Nacional San Antonio Abad del Cuzco, Magíster en Antropología por la Pontificia Universidad Católica del Perú, Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Fue alumno de los colegios La Salle y Ciencias del Cuzco. En 1961 recibió primer premio y diploma del Club de Leones por haber ganado el Concurso Literario Interescolar en Homenaje al Día de la Madre. A los 25 años de edad publicó su primer libro Amaru: mito y realidad del hombre (P. L. Villanueva, Lima 1970), desde entonces su producción bibliográfica antropológica y poética ha sido constante. Fue becario del Gobierno Español en el INCIE de Madrid y Visitante del British Council en Londres. Formó parte de la representación peruana en la Conferencia Mundial «Educación para Todos» de Jomtien-Tailandia. Ha sido distinguido como «Amauta del Perú Eterno» por la Asociación «Capulí, Vallejo y su Tierra». Como investigador social, enfoca su interés en temas de pensamiento andino, etnolingüística e interculturalidad. Ha hecho docencia en la Unidad de Postgrado de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Su fascinación actual es la antropología simbólica y llena sus horas con lecturas sobre poesía antigua y contemporánea, especialmente lo producido por aves raras de la poesía peruana. Como animador cultural dirige Markapacha.blogspot y Markapacha.com, en la idea de promover formas que hagan posible construir un mundo solidario y sin exclusiones. 


    Libros de poesía de Rodolfo Sánchez Garrafa

    Por las calles del Sol. 1995 
    Por las calles del Sol. 2012
    Iris de los sueños. 2012 
    Paralelo 70.  2013 
    Séptima columna. 2013 
    Al di là.  2014 
    Helio-tropos. 2014
    El hombre retirado, Lima, Pájaros en los Cables Editores, 2015



    UKUMARI
                
    Soy oso de redonda cabeza e hirsuto pelo    
    Oso de faz desconocida y andar trashumante         
    En cumbres de alta montaña habité más allá
                                                  Del Sol.         
    Cosí el día y la noche con mis manos
    El rayo fue mi aguja y los ríos mis hilos
                                                  De color.
    Mi primer vagido estremeció la tierra
    Mi primera palabra explotó en la boca
                                                  De un volcán.
    Algo de humano alborota mis venas
    Estrellas refulgen en mis ojos de semidiós
    En mis brazos potentes despiertan cantos
                                                  De libertad.




    Nueva publicación: Helio-tropos, poesía de Rodolfo Sánchez Garrafa


    Soñar se me hace difícil

    Cada vez se me hace más difícil
    soñar en las noches.

    Ya casi no te sueño al cerrar los ojos
    Ya casi no te veo
    siquiera diciendo adiós.

    Me preocupa caer en sopor
    y olvidar lo pensado.

    Tras el colapso de la vigilia
    hoy olvido desde lo inolvidable
    hasta las cosas menudas.

    Temo que un día caiga
    sobre mí la noche total.

    Temo que un día se borren
    para siempre
    tus huellas inconfundibles.

    Hace tiempo ya que los sueños
    huían de mí al cerrar el día.

    Por eso me abracé
    a tu memoria
    aún antes de tu partida.





    Ojos de capulí

    Tus ojos de capulí
    descuelgan estrellas rojas
    en pleno día para mí

    Me dicen palabras dulces
    que suelo saborear en silencio
    ahora que me hallo frente
    al ancho mar

    No escapo
    a ti me dirijo
    atrevido
    travieso
    y no me canso de ver tus lunares
    en lo alto de las olas
    que agitan el cielo estival.
    Agitadas olas danzan para mí

    Frente al mar de Chorrillos
    a chorros saltan luces de colores
    Mi corazón también salta
    por miles de razones
    por gusto
    por gratitud
    por nostalgia mi corazón
    se lanza por entre la espuma de las olas
    y al par se cuela por los cantos
    de los verdes acantilados.
    El mar con sus brillos argénteos
    ilumina poco a poco la vista nocturna
    Las almas están quedas y están calladas
    en este puerto de pescadores
    que mis ojos vieron crecer en treinta años
    De cara al mar
    todos los antojos posibles
    se agolpan y de pronto estoy solo
    en la extensa playa de agua dulce
    Las agitadas olas danzan para mí
    Yo las miro
    ellas me miran
    por un momento nos amamos.
    Las olas van vuelven y a su paso
    envuelven
    en apasionado abrazo
    De pie no puedo menos que besarlas
    una y otra vez
    a ellas que al irme
    se quedan también solas.




    El girasol en el florero

    El girasol
    a
    tu
    lado
    no gira
    late y late de prisa
    Se
    acurruca
    como hacen
    las semillas
    como hacen
    los paraguas
    en días de lluvia
    exuberante
    luego bate
    sus alas amarillas.

    El girasol
    se prende
    de
    tu
    mano 
    De las sillas
    se sujeta
    como hacen
    los niños
    que temen
    quedarse
    solos
    No pasa nada
    –Les dicen–.





    Metido en un campo de girasoles

    Pocas veces
    me
    he
    sentido
    así
    como metido en un campo de girasoles
    Me ocurrió un día mientras veía una película
    ya clásica de Vittorio De Sica
    Me sucedió también al conocer un maestro
    sapiente y diestro en el arte del magisterio
    y la i luz i on.

    Entre tanto la luna atraía mis inflorescencias con
    su
    canto
    tan
    especial
    de paloma enamorada y en pleno día
    arrebatábame hacia los predios encantados
    de la noche.

    Pero no hay quien se resista a
    los
    rayos
    del
    sol
    de madrugada de esos que te jalan la pita
    de marioneta o te aplican una soberana patada
    sin contemplación alguna.

    El amor sin medida ni aderezo está en todo lado
    en el latido de sístoles y diástoles de apóstoles
    y mirones
    sino no se explica por qué giramos de
    unos
    a
    otros
    ojos
    por qué vamos de unas a otras bocas
    de unos a otros pelos
    de unos a otros nombres.

    Cuando la luna se oculta desespero por el amanecer
    es que al romperse los conjuros vuelvo otra vez
    a soportar la prisa vascular mientras
    un corro de grillos en un campo de girasoles canta:
    ¡Oh soles!
    ¡Oh soles!
    ¡Oh soles míos que giráis y giráis
    y a vuestro morro sin falta tornáis!
    El morro de marras el morro aquel de los girasoles
    que lleno de antenas se dobla en mi espalda
    sin querer.


    La virtud de este libro es ponerle sabiduría a las palabras para entender con nitidez el devenir del hombre, aquí la poesía recorre los recovecos más diversos de la humanidad, respira la música del tiempo absoluto, exalta la luz solar en la cuenca de los ojos de nuestra contemporaneidad, aún en las más diversas peripecias humanas donde ausculta lo infinito: esa sombra del quid divinum, que viene desde la tradición clásica, brilla; el poeta Rodolfo Sánchez Garrafa sabe hacer brillar lo opaco de las cosas, ponerle transparencia a lo oscuro, explicar la aurora a la finalidad de la vida. El portus del siglo de las luces no se ha cerrado todavía.
    Armando Arteaga


    LA LUZ EN MOVIMIENTO

    Víctor Vimos

    I

    También es una sustancia, la poesía. Gobernada por una ley exenta al entendimiento, fluye sin prisa, dejando una serie de pistas que dan fe de su paso. El poema es apenas una de ellas. Un objeto tallado por el inagotable murmullo de los astros. 

    II

    El poeta es un escultor del misterioso mineral del lenguaje. Va del signo a la cosa significada queriendo profundizar en el mundo, como sugiriera André Malraux. Pero no lo logra. Por eso debe conformarse con la resonancia que sobre la nada –esa nada sagrada– produce su fracaso. Todo intento por condensar la realidad en palabras es una sumatoria de esfuerzos desvanecidos. 

    III

    Entonces:
    ¿Para qué sirve un poeta?

    IV

    Se trata –gran tristeza– de responder con palabras. A menos que adquiera una nueva visión de la vida, a menos que esté dispuesto a sacrificar su vida para imponer la verdad y esplendor de su visión, dice Miller, el poeta no sirve para nada. Por eso su oficio, lejos de envanecer las grafías y las hojas en que estas encontrarán la vejez, yace más cercano al silencio, a la familiaridad con que la vida erosiona toda lengua hasta convertirla apenas en un cántaro que recuerda el aroma de la sed. El poeta pronuncia con total entusiasmo un canto que sabe adquirido como pago del dolor. Por ello, su mayor logro consiste en preñar la memoria todos los días con las huellas de su experiencia. Así, la vida se hará raíz de la metáfora; el corazón la tinta con que mañana edificará nuevamente los rostros, nuevamente los nombres,
    los colores nuevamente, solo para recordarnos que aquello que amamos ya no está más, pues también para los poetas el tiempo es una traición. 

    V

    Pero de nada sirve esa experiencia sino es visitada por la sustancia poética. Si no sirve, como creía Lucrecio, para verter el claro de los cantos en el más oscuro de los temas. Solo de ese modo, la poesía condiciona su unidad con el poema. Todo lo demás es polvo y estruendo.
    VI
    Este poemario tiene a su favor la luz y el movimiento, dos sustancias que encierran poesía. Su autor, el poeta Rodolfo Sánchez Garrafa, se ha esmerado porque esas cualidades dejen sospechar apenas el rumor de sus presencias en cada uno de los versos de este libro. No es extraña esa decisión. Desde hace algún tiempo, la búsqueda de este poeta parece concentrarse en el misterio de lo que se dice y también de lo que se calla, como si su recuerdo, materia espiritual y verbal de sus versos, huyera por momentos solo para dejar sentado sobre el lenguaje el invariable sentido del viaje. Un desplazamiento que se vuelve incesante sobre la forma y que, con cada nueva entrega, adquiere eso que en edad humana puede llamarse madurez. Pero en edad poética la madurez es sospechosa. Puede decir, por ejemplo, que uno ha encontrado una veta y que no cesa hasta desgastarla, repitiendo en cada verso una suerte de molde aprendido. Este, por suerte, no es el caso. Estamos ante un poeta que sabe que el riesgo es la mejor forma de no envejecer. 

    VII

    Divido en cuatro estaciones, este libro encierra un ciclo concretamente definido. Empieza por el final, es decir, evoca la muerte como punto de partida.
    En Parasoles, la primera estación, dice: “Al irse el día pieza por pieza/ se arman las sombras”. Usa el sentido primordial que tiene que ver con el reemplazo que esa ausencia amerita. Dice “el día es de los hijos/ la noche… de los abuelos”. Y su orientación lleva a la voz del poeta a utilizar metáforas literarias que en el fondo esconden el vientre. Dice “cavernas”, dice ”semillas”, dice “Yo Adán soy Adán”, y espera con ello remarcar la idea de que desde aquí parte, liberado por completo de cualquier peso o vanidad, pero extraviado por el innegable dominio de la luz. No es gratuita la referencia al vientre: para iniciar un viaje es necesario el desprendimiento de lo vital.
    Crisoles, la segunda estación, apunta a una voz que acelera su mansedumbre hasta confundirse con la furia. Tal vez, como indicaba Reverdy, la imagen, en este caso, sí es hija directa del espíritu del poeta. Dice “Muerte preludio de vida”, como si en esa inversión del sentido simbólico encontrase la mejor manera de extender su temor al olvido. Pero también en este verso se pudiera condensar parte importante la intención del poeta en este poemario: se trata de hablar del cambio pues se supone inconforme con lo real. Ese cambio, lo demuestra, tiene que ser en todo nivel. En este caso, va desde el lenguaje hasta el significado que atañe a la vida.
    Considero, a riesgo de equivocarme, que estos dos cuerpos permiten una mirada autoreferencial al poeta Sánchez Garrafa. No solamente porque en ellos los versos se muestran métricamente más extensos que en el resto del cuerpo, lo que habla de una necesidad por contarse, sino también porque la experiencia, por momentos, huye de la sustancia poética y da vueltas alrededor de sentencias o reflexiones que suponen una forma de integración con lo real. Esto sin embargo no es un pecado. Es una elección que en este poemario se ve justificada en la tercera y cuarta estaciones, pues en ellas parece que el poeta hablara para el futuro. 
    En Tornasoles, la penúltima estación, dice “El amor que se extraña suele /dejar una huella/ de silencio”, y compone un viaje a través de la pasión, de su pasión, capaz de acumular esperanza e ilusión. Probablemente aquí el amor no es visto como una realidad, sino como un fruto esperado y ajeno, y por eso su presencia se vuelve deslumbrante. 
    En la estación final, Girasoles, el poeta Sánchez Garrafa, se encarga de cerrar el ciclo, ofreciendo su propia incertidumbre como una nueva vida, acaso inventando una forma propia de empezar a caminar. Dice “Aquí empieza seguramente el infinito/ y es curioso que me venga a la memoria/ el número de los traga fuegos circenses”. Ese sentido de vacío anunciado al inicio, se llena ahora por la promesa de lo inacabable, de lo inabarcable, como si por medio de esa desmesura que es la inmortalidad se pudiera aspirar a rozar apenas de nuevo la infancia.

    VIII

    Nada hay que pueda oponerse a la fuerza del canto. El poeta Sánchez Garrafa ha entendido bien este principio poético y sabe que el verso no sirve para expresar idea o comunicar sentimiento, sino que su mayor logro es testimoniar el paso de la creación por entre las huellas del lenguaje. Y lo demuestra manejando una serie de símbolos que, como en trabajos anteriores, dejan sentada una atmósfera andina en sus poemas, en la que el frío, la montaña y los astros parecen elevar al unísono un solo himno emparentado con la libertad. Además, el poco uso de puntuación parece tener un empate con la visión que el poeta nos comparte: no se trata de trabajar un poemario para ordenar un mundo en ruinas, sino de hacerlo para testimoniar ese caos de la única forma que un poeta puede lograrlo, siendo honesto y transparente. 
    Wallace Fowlie decía que el poeta no existe solamente en lo que escribe, sino también en la pausa, en el espacio en blanco que queda en la página. Este poemario apuesta porque, en gran medida, sea esa pausa la que hable, una decantación sonora del verso que solo cuando es pronunciado –como cuando un pecado es cometido– permite el gozo total de su significado.   

    IX

    Enfrentado a la decisión poética Rodolfo Sánchez Garrafa parece intuir la claridad de la revelación que el verso alcanza, haciendo que quien escribe no deba –no pueda– volver los ojos a la realidad cotidiana para contentarse con su verdad. Por eso la invención que permite el lenguaje termina por convertir a su trabajo en una muestra especialmente lograda de lo que la experiencia vital puede causar en su encuentro con la sustancia poética. Desde ese punto la presencia del poeta si alcanza la certidumbre de la utilidad: se es poeta, como decía Vallejo, hasta el punto de dejar de serlo.

    X

    También la poesía es una sustancia. Y también, tras esa sustancia los signos arman procesiones, anhelando encontrar el resplandor de su forma en el inagotable murmullo de los astros.    

    Lima/ Año de Manuela
    ¿Qués es poesía heliotrópica?
    Rodolfo Sánchez Garrafa

    Como estudioso de los símbolos, me siento atraído por la aplicación simbólica del «heliotropismo» en la poesía y, en particular, por su virtualidad arquitectónica, propicia para construir formas en parte misteriosas y en parte mágicas que se estructuran y luego fluyen en el uso de la palabra.
    Sabemos que heliotropo es un vocablo compuesto que proviene del griego helios, sol, y de trepein, girar o cambiar de dirección. Los heliotropos son hierbas anuales o perennes, inflorescencias, caracterizadas por desarrollar un movimiento mediante el cual sus hojas y flores se ponen siempre de cara al sol, girando de este a oeste durante el día, y realizando movimientos de reversión para inclinarse hacia el oriente al amanecer, conducta que exhibe, por ejemplo, el girasol, planta cuyas células motoras del lado sombrío se estiran, haciendo que un segmento especializado de su tallo se flexione debajo de la flor en dirección al sol, para luego invertir su orientación en la oscuridad nocturna. 
    En mineralogía el sustantivo heliotropo se aplica a una variedad de calcedonia que en su forma típica es de color verde con inclusiones rojas de óxido de hierro o jaspe rojo y, a veces, con inclusiones amarillas. La designación de este mineral deriva de antiguas nociones que hacen referencia a la forma en que este cuarzo refleja la luz. 
    Para explicar algo más el título de este libro, conviene agregar que en literatura y, consiguientemente, en poesía, un tropo es un recurso retórico de expresión, que implica la sustitución de un término por otro cuyo sentido es figurado. Las voces trópos y tropus (del griego y el latín respectivamente), de donde proviene tropo, significaban «dirección». Un tropo hace que un término o vocablo cambie de dirección, y se desvíe de su sentido original para adoptar otro sentido diferente. Aquí los poemas, en su conjunto, son tropos o variaciones sobre la alternancia de luces y sombras en el curso de nuestras vidas, una alternancia caleidoscópica, por la que las mismas piezas se configuran de formas familiares y, a la vez, inusitadas.
    Consecuente con los sentidos antes dichos, el propósito que le asigno a los manojos de poemas que conforman este libro es responder a la luz, asimilarla, dejarse llevar por ella o simplemente reflejarla, ora como plantas en movimiento perceptible desde la cámara lenta del escrito, ora como calcedonias que aportan sus gotas de sangre a la paleta de natura y quizá, aunque en menor medida, a las cuitas de Salamanca.
    Apelo a la fuerza del lenguaje simbólico para enrolar, en lo posible, al eventual o comprometido lector, escucha o vidente. Aspiro –humano anhelo– que la experiencia plasmada en el escrito sea no solo compartida sino co-interpretada por otro u otra, mediante la concurrencia de imaginarios tal vez disímiles y distantes, pero unidos por un cordón umbilical sublime, con ecos afectivos, como aquellos que en los Andes se dejan sentir de montaña a montaña.
    Procuro que los versos dancen por igual en torno a la razón y la intuición, que canten sublimaciones y susurren, pero que llegado el caso se insinúen también, y quizá seduzcan, mediante señales y emanaciones hormonales. Ser visitado por Hermes el dios del lenguaje, el mediador de toda competencia simbólica, de la lectura y entendimiento profundos, juega a favor de la recepción y procesamiento de una multiplicidad de sentimientos y pulsiones interiores en la cadena horaria ordenada por luces y sombras. Los versos animados por un impulso heliotrópico tienen así su dosis hermética, en cuya base se halla, en lo posible, la hospitalidad generosa a la belleza, pero también a los desarreglos que juegan del lado opuesto a la musicalidad perfecta.
    Desde mi limitado conocimiento, entiendo que la poesía puede considerarse heliotrópica en cuanto le sea posible exhibir el resultado de una metafórica transparencia sensible a la luz del día, así fuese solo a la que se proyecta en pálidas tardes o en la impronta que permanece en el curso de la noche. En el heliotropismo no siempre estará el alarde de cromatismo sino que, a veces, la languidez de los colores fríos aportará irradiaciones inmortales gracias a sus ecos estelares y su comunión con el mundo de los sueños. La morriña y la tristeza existencial, los versos elongados, se aferran asimismo, en su monocromatismo, a la fuente de luz y de vida. Es posible que los elongamientos de ausencia sean tropismos enfermizos de esta poesía que traduce mi esmero por proveer luz para eludir la extinción del ser.
    Suelo pensar que todos los mundos son heliotrópicos y que se mueven en torno de sus respectivos soles, con la diferencia que a escala sideral operan fuerzas de atracción y re-pulsión que actúan sobre caravanas de seres celestes o azules que cumplen sus respectivos circuitos de ida y vuelta, de la luz hacia la obscuridad y de esta otra vez hacia la luz.






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  • 08/31/16--22:22: ELKA NIAGOLOVA [19.096]

  • ELKA NIAGOLOVA

    Elka Niagolova es una poeta búlgara, autora de 19  libros poéticos publicados en Bulgaria y 7 países más - Rusia, Francia, Ucrania, Serbia, Macedonia, Polonia, Croacia.

    Ganadora de premios literarios nacionales: "Primavera del sur", "El poso de la chica de pies blancos"/ Bulgaria /por su obra completa; El Gran Premio  Dora Gabe( Bulgaria); Laureada del Gran Premio de Literatura Nacional de Polonia " El ángel blanco de la poesía"; laureada de la medalla de Pushkin (Rusia).

    Su poesía esta traducida en mas de 15 idiomas. Ella misma traduce de 5 idiomas poetas clásicos y autores contemporáneos del mundo eslavo.

    Presidenta de la Academia Literaria Eslava artística.
    Directora en los Balkanes de la Asociación Internacional de los escritores.
    Directora General de la revista " Signos" ("Znaci") 
    Miembro de la Asociación  de los escritores Búlgaros.
    Miembro honorifico de la Asociación de la Academia de la lengua rusa. 


    Елка Няголова e aвторка на 19 книги, в България и в още 7 държави – Русия, Франция, Украйна, Сърбия, Македония, Полша, Хърватия. Носителка на национални литературни награди, сред които: „Южна пролет“, „Изворът на Белоногата“ (за цялостно творчество) и Голямата награда „Дора Габе“; лауреат е на учредената в Полша Международна литературна награда „Белият ангел на поезията“. Лауреат на Пушкински медал. Поезията ѝ е превеждана на повече от 15 езика. Самата тя превежда от 5 езика, поети-класици и съвременни автори от славянския свят. Председател на Славянска литературна и артистична академия. Директор за Балканите на Международната асоциация на писателите. Главен редактор на сп. „Знаци“. Член на СБП и на Академията за руска словесност.



    Traducciones al castellano de Magdalena Boyadjieva- Koycheva


    EL RÍO

    A vida y muerte era este amor!
    Y se desbordó el río. Y cubrió todas las heridas.
    Y la ribera cercana esta hurgada...
    ¿Pero qué, si el río se queda?

    A vida y muerte era este amor!
    El cielo va sobre zancos delante de mi.
    Y es tan inaccesible. Y elevado de nuevo...
    Solo los pájaros mantienen la guardia.

    A vida y muerte...Domingos ciegos.
    Al almendro se sientan, para darles luz.
    Y el almendro florece como si fuera...por última vez.
    ¿Y por qué mis rodillas se doblan?

    A vida y muerte...Dragón pesado es el río.
    Lleva sombras y sol y amores dementes.             
    Largo fue el día, y la vida tan corta.                
    Sólo el camino de vuelta es conocido.                     

    A vida y muerte! El amor es un puerto.
    Todos somos estibadores y la carga llevamos.
    Al final el río lavará las heridas
    y con flor de almendro nos llorará ...



    РЕКАТА

    На живот и на смърт беше тази любов!
    И разля се реката. И заля всички рани.
    И отсамният бряг е опасно изровен…
    Но какво от това, щом реката остана?!

    На живот и на смърт беше тази любов!
    Днес небето върви на кокили пред мене.
    И е тъй недостъпно! И високо отново…
    Само птиците там са на вахта несменна.

    На живот и на смърт… Ослепели недели
    край бадема присядат, ей така, да им свети.
    А бадемът цъфти! Сякаш че за последно.
    Но защо ми омекват и на мен коленете?...

    На живот и на смърт… Тежък змей е реката.
    Носи слънце и сенки, и любови несвестни.
    Дълга беше неделята, а животът бе кратък.
    Само Пътят обратен предизвестен е.

    На живот и на смърт! Любовта е пристанище.
    Всички ние сме докери и товара си влачим.
    А накрая реката ще измие раните ни.
    И със цвят от бадеми ще ни оплаче




    De mi papá quien hoy debería celebrar 
    su cumpleaños ...

    Quizás los ángeles arriba, han roto
    la almohada blanca del Señor.
    Dos horas ya que cae la nevada
    y alguien pide algo, pero sin palabras.
    Quizás mi padre en el cielo
    se pone calcetines calientes blancos.
    La nieve susurra. ¿O así me parece?
    O alguien delante de mi me observa...
    Si sigo sus pasos con fe,
    o mis ojos se tropiezan en el cielo?
    Si subo escaleras invisibles hacia mi espíritu
    ¿y si brilla dentro de mi?
    Está nevando... En el buzón celeste
    una mano conocida ordena las letras -
    una carta de nieve sobre hoja celeste:
    "La vida es una esperanza, mi niña! 
    Y alguien delante de mi camina 
    en calcetines de lana blanca... ¿O así me parece?
    Está nevando...En la decoración discreta
    suena solo una única cuerda blanca.
    Suena y suena ... Un recuerdo espléndido 
    aquel que alcanzo ...

    Me equivoqué. Con la nieve mi padre 
    me manda su perdón de arriba.  



    На моя татко, който днес
    трябваше да има Рожден ден...

    Навярно ангелите горе са разпрали
    на дядо Господ бялата възглавница.
    Два часа вече сипят се парцали
    и някой там ме моли, но безгласно.
    Навярно горе татко ми обува
    чорапи от дебела бяла прежда.
    Снегът шепти. Дали тъй ми се струва,
    или пред мене някой се оглежда:
    дали със вяра следвам го по стъпките;
    дали очите ми препъват се в небето;
    изкачвам ли невидимата стълба
    към своя дух; и вътре в мене свети ли...
    Снегът вали... Във пощата небесна
    ръка позната буквите подрежда –
    писмо от сняг по страница отвесна:
    „Детето ми, животът е надежда!”
    Пред мене някой ходи по чорапи
    от бяла вълна. Или ми се струва?
    Снегът вали... В декора ненатрапчив
    звъни една-едничка бяла струна.
    Звъни. Не отзвънява. А разкошен
    е споменът, към който се присягам...

    Сгреших. Сега отгоре татко прошка
    ми праща с този сняг.



    MARZO

    El cielo es lavado -  tan limpio 
    como la  lágrima de un elfo 
    entre el moho silvestre. 
    El cielo es como ropa tendida en marzo, 
    y ahí en lo alto, encima del firmamento,
    Dios sueña que es un niño, se esconde 
    y le busca como enfadada su madre María.
    Se fija en nuestro reino terrenal
    con mano en la cintura y cuenca a los pies.
    Y por sus ojos se ilumina la tierra entera
    y cada rincón de amor se llena.
    Sonríe y se derrite la nieve...
    Y veo a mi padre de rodillas
    escribiendo una carta en la nieve para mi
    y luego coge las primeras campanillas de invierno ...
    Yo sé perfectamente que es imposible,
    pero esta luz los ojos ciega ...
    y oigo con la piel y no con el oído,
    como crece una semilla dorada.
    Bosteza y se rompe con un suspiro,
    con un rayo de luz atado al cielo -
    una patita verde sobre la tecla del piano. 


      
    MAРТ

    Небето е изпрано – толкоз чисто –
    като сълза на елф сред горски мъх.
    Небето е през март простряна риза
    и там, високо горе, над простира,
    сънува Господ, че е малък, крие се
    и търси го, сърдита, уж, Мария.
    Тя взира се във земното ни царство,
    с ръка на кръста и с леген в нозете,
    а от очите и земята светва цяла
    и обич всяко ъгълче превзема.
    Усмихва се, та чак снегът топи се...
    И виждам татко, че е коленичил
    писмо до мен върху снега дописва,
    а после къса първите кокичета...
    Прекрасно зная, че е невъзможно,
    но тази светлина очите взема...
    И чувам – не с ушите си, а с кожата,
    как никне долу едно златно семенце.
    Прозява се, разпуква се с въздишка,
    с невидим лъч завързано с небето,
    краче зелено спуска на клавиша. 


    ***

    Entre estas tumbas, 
    en esta costa de piedra,
    me gustaría levantar 
    una casa blanca.
    Un puerto en el que, 
    con las flotas destrozadas huiré
    y un sueño en el que volver,
    porque todos los capitanes,
    sí, todos, 
    habrán hecho de sus lonas
    camisas saladas.
    Y solo tú a mi lado quedarás
    para poder 
    como un descubridor antiguo
    de tierra prometida, 
    entrar en esta casa.
    Moras rebeldes -
    gitanas jóvenes felices,
    madurarán en septiembre
    en mi puerta...
    Y se amarán - 
    a pesar de la muerte los grillos,
    llorarán de amor,
    hasta que se convierta la costa
    en un montículo en general  
    hasta la colina de enfrente.


    *

    Сред тези гробници
    на този каменен бряг,
    бих искала да си издигна 
    бяла къща.
    Едно пристанище, в което
    с разбитите флотилии ще бягам,
    и сън един, във който да се връщам.
    Защото всички капитани,
    да, всички капитани
    ще са направили  от своите платна
    солени ризи.
    А ти до мен
    един единствен ще останеш,
    за да можеш
    подобно древен откривател
    на обетовани земи
    във къщата да влизаш.
    Къпини непокорни -
    щастливи млади циганки,
    ще зреят през септември
    край прага ми.
    И ще се любят -
    на пук на тази смърт
    наоколо щурците!
    Ще плачат от любов,
    додето се превърне 
    в могила обща 
    чак отсреща хълма.




    Elka Niagolova con el gran poeta ruso Evgenii Evtushenko en Rusia



    Elka Niagolova recibe el gran premio con el nombre de Aleksandar Pushkin



    Elka Niagolova con Fernando Sabido Sánchez compartiendo recitales de poesía en Croacia








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  • 09/01/16--00:52: KHALIL MUTRAN [19.097]

  • Khalil Mutran 

    Khalil Mutran (Baalbek, Líbano, 1 de julio de 1872 - El Cairo, Egipto 30 de junio de 1949), (en árabe: خليل مطران , transliterado en otros idiomas como Jalil Mutran o Khalil Motran), apodado "El Poeta de los dos países" (Sha’ir al Qutrayn شاعر القطرين), fue un reconocido poeta en lengua árabe, de nacionalidad libanesa y egipcia. El profundo sentido de su poesía es una mezcla entre la tradición de la poesía árabe y los conceptos y estructuras de la poesía occidental, considerándosele estéticamente cercano al modernismo. También escribió libros de historia y tradujo obras literarias internacionales.

    Motran defendió la modernización de la literatura y poesía árabe, y fue un pionero en la creación de nuevas tendencias de la poesía fuera de los patrones beduinos tradicionales. Reflejó los tiempos modernos sin comprometer la fuerza de la lengua ni sus expresiones. Fue políticamente nacionalista y participó en los movimientos que se orientaban hacia la independencia de los países árabes (panarabismo), primero frente al Imperio otomano y luego frente al colonialismo francés y británico.

    Era hijo de Jalil Abdu Yusuf Mutran (pariente del pachá de Baalbek) y de Malaka Sabbag (procedente de una importante familia palestina de Haifa, su padre había sido consejero del pachá de San Juan de Acre durante el asedio napoleónico).

    Estudió en la Escuela del Patriarcado de Beirut (una institución greco-católica). Sus profesores de lengua árabe y literatura árabes fueron los famosos hermanos Khalil Yazigi e Ibrahim Yazigi (Nasif al-Yaziji). En 1890 Mutran emigró a París, donde se influenció por la literatura francesa.

    En 1892 se trasladó a Egipto, donde trabajó como periodista en el diario Al Ahram por muchos años. En 1900 publicó su propia revista Al Majalah Al Masriah (La revista de Egipto) y en 1903 el diario Al Jawaneb Al Masriah (Las fronteras de Egipto), desde los que defendió firmemente el movimiento nacionalista de Mustafa Kamil. Además de sus propios poemas, también publicó los de Mahmoud Sami el-Baroudi, importante poeta y político (rab alseif wel qalam رب السيف و القلم , "el señor de la espada y de la pluma"). Durante este período tradujo al árabe mucha literatura internacional, especialmente francesa (Corneille, Racine, Victor Hugo, Paul Bourget) además de varias obras de Shakespeare (no directamente del inglés, sino desde el francés). En 1924 realizó un largo viaje por Siria y Palestina, tras el cual se definió a sí mismo como "un poeta de los países árabes" (شاعر الأقطار العربية).

    Intervino de una manera destacada en la vida económica egipcia, ocupando la secretaría de la patronal agraria y contribuyendo en 1920 a la fundación del Banco de Egipto (Banco Misr بنك مصر ). Tras la muerte de Ahmed Shawqi en 1932, lideró el grupo literario "Apolo". Tuvo gran influencia en la creación del Teatro Nacional de Egipto (Al-Firqa al-Qawmiyya), que dirigió desde 1935. Su papel en la cultura egipcia fue reconocido por el gobierno de ese país al incluirlo en las celebraciones de los grandes pensadores de Egipto junto a literatos como Taha Hussein y Hafez Ibrahim.

    Obra y estilo

    Una antología de sus poemas, el Diwan-al-Khalil fue publicada en cuatro volúmenes durante su vida (el primer volumen en 1908).

    Su estilo influyó sobre otros poetas de su época, como Ibrahim Al Yazigi, Abo Shadi y los poetas árabes en el oeste.

    Mutran fue un pionero de la modernización de la poesía y la prosa árabes. Sus poemas se caracterizan por una genuina expresión intrapersonal y una sensitiva resonancia musical. Su prosa se alejó de la composición tradicional para crear un nuevo tipo de cuentos árabes con el estilo de los tiempos modernos.

    Después de iniciarse bajo el estilo de la poesía tradicional, con el que abarcó gran variedad de temas, sus poemas se centraron posteriormente en temas románticos llenos de imaginación. Además de los temas románticos, Motran aplicó su creatividad a la descripción de la naturaleza, mezclando sus sentimientos y su sensibilidad humanista en sus poemas.

    Albert Hourani percibe en sus poemas cómo "las formas y el lenguaje tradicionales no se usan por sí mismos, sino para dar una precisa expresión a la realidad, sea en el mundo externo o en los sentimientos del autor".



    Las pirámides

    Erigió, levantó, construyó, consolidó
    no en bien de la grandeza, ni tampoco en el suyo propio,
    sino en aras de la misma tumba,
    haciendo para ello esclavo a su pueblo coetáneo
    y entregando a las cadenas a sus hijos
    para darlos a sus enemigos el día de mañana.
    Veo aquí mismo seres infinitos como granos de arena
    demasiado numerosos para ser contados,
    amarillo el rostro, húmedas las cejas,
    como un forraje seco perlado de rocío,
    corcovadas las espaldas, mudo el paso,
    hormigas reptando, eternamente humilladas,
    como mares confluyendo, como ríos divergiendo,
    descendiendo, subiendo.
    ¿Es que todas estas almas que han de morir mañana mismo
    edifican para un ser mortal un sepulcro sempiterno?
    ¡Ah de los difuntos! ¿No os ha hecho aguzar el oído
    la voz del heraldo, que lanza su llamada una y otra vez?
    ¡Levantaos! ¡Contemplad a la plebe que os rodea
    y pisotea cogotes de reyes disecados!
    ¡Levantaos! ¡Contemplad a vuestros enemigos
    que ocupan vuestros lares
    y gobiernan desde ellos, déspotas, todopoderosos!
    ¡En pie! ¡Contemplad vuestros cuerpos,
    expuestos a la vista de todo aquel que guste de mirar!
    Es la vuestra una resurrección en la que
    cualquiera de nosotros, vaya o venga,
    os pide cuentas de vuestras acciones ya pasadas.
    No os libró que construyeseis alto,
    que expoliaseis la tierra
    o hicieseis esclavos a los reyes.
    Más os valiera, en cambio, la buena memoria,
    si hubierais humillado vuestra tumba a ras de tierra
    y perseverado en el buen camino.
    Yerra quien imagina que la tumba ha de serle fortaleza
    y se protege de la muerte con la misma muerte.

    Incluido en Treinta poemas árabes en su contexto (Ediciones Hiperión, Madrid, 2006, selec. y trad. de Jaime Sánchez Ratia).





    Nero 

    That people which bestowed victory upon Nero
    is more deserving of shame than he.
    What was that Nero whom they worshipped?
    He was coarse and ignorant,
    A dwarf whom they raised on hight.
    They crawled before him and he grew in arrogance.
    They glorified him and extended his shadow
    untill it filled the earth with crime.
    They gave him of their power, so he
    became a tyrant over them, and worse.
    The ruler oppresses only when he has no fear
    of the ruled revolting.
    Some denounce Nero, But I, the nation;
    had it defied him, retreat would have been his lot.
    every nation creates its own Nero,
    be he called '' Caesar'' or '' Chosroes''. 





    A Rose That Died 

    O questing birds, what seek you in your wanderings?
    They made answere:
    We are the hopes of youth; and here our beloved
    lived and suffered.
    She was the rose in our garden, reigning
    justly with the submission of all therein.
    Yet all too soon we saw her fall from her throne,
    then disappear.
    And so you see us ever searching for some trace of her,
    Or flocking where once she was wont to be. 

    Khalil Mutran








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  • 09/01/16--02:22: JOSÉ LUIS SAMPEDRO [19.098]

  • José Luis Sampedro

    José Luis Sampedro Sáez (Barcelona, 1 de febrero de 1917-Madrid, 8 de abril de 2013) fue un escritor, humanista y economista español que abogó por una economía «más humana, más solidaria, capaz de contribuir a desarrollar la dignidad de los pueblos». En 2010 el Consejo de Ministros le otorgó la Orden de las Artes y las Letras de España por «su sobresaliente trayectoria literaria y por su pensamiento comprometido con los problemas de su tiempo». En 2011 se le concedió el Premio Nacional de las Letras Españolas.

    Al año de nacer, su familia se trasladó a Tánger (Marruecos), donde vivió hasta los trece años. En 1936 fue movilizado por el ejército republicano en la Guerra Civil Española, combatiendo en un batallón anarquista. Pasa la guerra en Cataluña, Guadalajara y Huete (Cuenca). Acabada la guerra, fue de nuevo llamado a filas y sirvió en la guarnición de Melilla.

    Tras obtener una plaza de funcionario de aduanas en Santander se traslada a Madrid, donde, en 1944, contrae matrimonio con Isabel Pellicer y realiza sus estudios universitarios de Ciencias Económicas, que finaliza en 1947 con Premio Extraordinario.

    Comienza a trabajar en el Banco Exterior de España, además de dar clases en la universidad. En 1955 se convierte en catedrático de Estructura Económica por la Universidad Complutense de Madrid, puesto que ocupará hasta 1969, compaginándolo con diversos puestos en el Banco Exterior de España, alcanzando el nivel de subdirector general. Por entonces escribe Un sitio para vivir (teatro). Publica Realidad económica y análisis estructural y El futuro europeo de España.

    Entre 1965 y 1966, ante las destituciones de los catedráticos en la universidad española Aranguren y Tierno Galván, decide hacerse profesor visitante en las universidades de Salford y Liverpool. Unido a ellos, junto con otros profesores, crean el Centro de Estudios e Investigaciones (CEISA), que sería cerrado por el Gobierno tres años después. En 1968 fue designado Ann Howard Shaw Lecturer en la universidad norteamericana Bryn Mawr College.

    A su vuelta a España pide la excedencia en la Universidad Complutense y publica El caballo desnudo, una sátira que le permitirá desahogar sus frustraciones ante la situación del país. En 1976 vuelve al Banco Exterior de España como economista asesor. En 1977 fue nombrado senador por designación real, en las primeras Cortes democráticas, puesto que ocuparía hasta 1979.

    En paralelo a su actividad profesional como economista, publica diversas novelas y tras su jubilación continúa dedicado a escribir, consiguiendo grandes éxitos con obras como Octubre, octubre, La sonrisa etrusca o La vieja sirena. Sus éxitos literarios coinciden con la trágica noticia de la muerte de su esposa, Isabel Pellicer, en 1986.

    En 1990 fue nombrado miembro de la Real Academia Española, donde su heterodoxo discurso de ingreso, Desde la frontera, tiene mucho que ver con el tema de su obra La vieja sirena, publicada ese mismo año, considerada un canto a la vida, al amor y a la tolerancia.

    Se casa en Alhama de Aragón (Zaragoza), en 2003, con la escritora, poetisa y traductora Olga Lucas. Desde hacía tiempo pasaba parte del año en Tenerife, una tierra cuyos símbolos, el drago y el Teide, le sirvieron para componer La senda del drago.

    Ejerció su humanismo crítico acerca de la decadencia moral y social de Occidente, del neoliberalismo y las brutalidades del capitalismo. En referencia a esto, puso su grano de arena en las protestas en España de mayo de 2011 escribiendo el prólogo a la edición española del libro ¡Indignaos!, de Stéphane Hessel.

    Falleció el 8 de abril de 2013, en Madrid, a los 96 años de edad.

    Distinciones

    Sampedro fue presidente honorario no ejecutivo de la empresa Sintratel, junto con José Saramago. En 2008, fue condecorado con la Medalla de la Orden de Carlomagno del Principado de Andorra. En abril de 2009 fue investido como Doctor Honoris Causa de la Universidad de Sevilla. El 2 de junio de 2010 se le concedió el XXIV Premio Internacional Menéndez Pelayo por sus «múltiples aportaciones al pensamiento humano» desde sus facetas de economista, escritor y profesor, recibiendo el galardón el 22 de julio de 2010.

    El Consejo de Ministros de 12 de noviembre de 2010 le otorgó la Orden de las Artes y las Letras de España por «su sobresaliente trayectoria literaria y por su pensamiento comprometido con los problemas de su tiempo».
    En 2011, recibió el Premio Nacional de las Letras Españolas .

    El 24 de mayo de 2012 fue investido Doctor Honoris Causa por la Universidad de Alcalá.





    Los primeros coqueteos con la escritura se remontan a su infancia en Tánger donde con solo ocho años compuso los primeros versos, inspirados según él mismo ha recordado en la noticia de un robo:

    “Vino la Guardia Civil
    y se los llevó a los cuatro
    a un huerto con perejil”.




    Triunfo

    Así quiero mi premio y mi victoria:
    Que una tarde, al leerme,
    necesites buscar entre las páginas
    una rosa olvidada que no existe.
    Y al no encontrarla, silenciosamente,
    te asomes angustiada a la ciudad,
    y veas por vez primera
    que el acero y los hombres son ceniza.
    Que la calle es un río de palabras marchitas.
    Que siempre que se mira bien el mundo
    se asiste al acabar de alguna cosa.
    Y a pesar de todo,
    muy en el fondo, inexplicablemente,
    es hermoso ser hombre hacia la muerte.





    CREDO PERSONAL 

    Creo en la Vida, Madre Omnipotente,
    Creadora de los cielos y de la tierra.
    Creo en el Hombre, su hijo,
    Concebido en creciente evolución,
    Progresando a pesar de los Pilatos
    Que inventaron sus dogmas reaccionarios
    Para aplastar la Vida y sepultarla.
    Pero la Vida siempre resucita
    Y el Hombre sigue en marcha hacia el futuro.
    Creo en los horizontes del Espíritu
    Y en la energía cósmica del mundo,
    Creo en la Humanidad siempre adelante,
    Creo en la Vida perdurable.

    Amén.





    Sólo tengo la calle.
    El asfalto. Los escaparates.
    Espero en las esquinas
    a nadie.

    Sólo tengo los árboles.
    Las nubes. Los estanques.
    Paseo en los jardines
    con nadie.

    Sólo me queda el aire.
    Los mapas. Las ciudades.
    Escribo. Escribo cartas
    a nadie.

    Escribir es vivir (2005)




    EN LA VIEJA SIRENA ... SI NUNCA DESPERTASTE EN SOBRESALTO FEBRIL..

     Si nunca despertaste en sobresalto
    febril, precipitándote hacia el lado
    vacío de tu lecho, tanteándolo
    con manos que se obstinan vanamente
    contra implacable ausencia.

        Si no sentiste entonces la muerte
    desgarrándote en vida y agrandando
    el vacío entre tus venas inflamado,
    el vano apartamiento de tus muslos,
    el ansia de tu sexo.

        Si no rompió tu voz ese gemido
    que acuchilla la turbia madrugada...
    es que en tu corazón no ardía la hoguera
    que llamamos amor.

        En ella me consumo y es mi grito
    tu nombre: a ti me abro en carne viva.
    Mi piel muere en espera de la tuya,
    mi sexo late con ansiosa boca
    de pez en la agonía.

        Y al no llegar tus labios con tu bálsamo
    ni el fuego sosegante de tu lengua
    mi mano se fatiga inútilmente
    en estéril caricia...

        Porque tan sólo tú tienes las alas
    para el vuelo que mata y da la vida.


    En La vieja sirena encontramos un relato repleto de magia y pasión, ambientado en la Alejandría del siglo III, donde se dan cita realidad y mitología. Surge así una novela que en el fondo gira en torno a dos de las grandes preocupaciones que siempre han guiado a la humanidad: el amor y el poder.




    25 frases de José Luis Sampedro:


    1.- Desde la infancia nos enseñan; primero a creer lo que nos dicen las autoridades, los curas, los padres... Y luego a razonar sobre lo que hemos creído. La libertad de pensamiento es al revés, lo primero es razonar y luego creeremos lo que nos ha parecido bien de lo que razonamos.

    2.- El día que se nace uno se empieza un poco a morir. Estamos acostumbrados a ver la muerte como algo negativo, y yo estoy tan cerca que no puedo dejar de pensar en este asunto, pero pienso con alegría vital. Lo que no nos enseñan es que el día que se nace se empieza uno a morir, y la muerte nos acompaña cada día.

    3.- Siempre tengo un cuaderno abierto, donde anoto lo que voy pensando, pero no lo hago a diario. No todos los días suceden cosas dignas de ser anotadas. Si fuerzas esa tarea y la haces con cotidianidad, te expones a escribir textos que no son importantes.

    4.- No me interesa la felicidad y no creo que dependa de mayor o menor inteligencia. Pero desde luego no exigir demasiado hace más fácil llevarse bien con uno mismo, que es mi sustituto de la felicidad.

    5.- Porque es tocando fondo, aunque sea en la amargura y la degradación, donde uno llega a saber quién es, y donde entonces empieza a pisar firme.

    6.- Estamos en un momento en el que se está hablando de muchos problemas. Pues el más grave hoy es el Ministerio de Educación. Con sus recortes e insensibilidad se priva a los niños menos favorecidos de oportunidades, de horas de estudio, de clases, de aulas y profesores de apoyo. Se está castrando la inteligencia de esos chicos cerrándoles las puertas para el futuro mientras se favorece la enseñanza religiosa con dinero laico.

    7.- Hay dos tipos de economistas: los que trabajan para hacer más ricos a los ricos y los que trabajamos para hacer menos pobres a los pobres.

    8.- Lo que más me ha impresionado de este siglo XX que finaliza es la estupidez y brutalidad humanas.

    9.- Deberíamos vivir tantas veces como los árboles, que pasado un año malo echan nuevas hojas y vuelven a empezar.

    10.- Siempre se puede, cuando se quiere.

    11.- El tiempo es invencible porque él mismo se destruye a cada instante.

    12.- La libertad es como una cometa. Vuela porque está atada.

    13.- Somos naturaleza. Poner al dinero como bien supremo nos conduce a la catástrofe.

    14.- ¿La gente está loca? No, la gente está manipulada.


    15.- Yo no digo que lo pasado sea lo mejor. Digo que el capitalismo en su momento fue naciente, pero ahora es insostenible. La mejor definición de su decadencia la dio Bush. Dijo: "He suspendido las reglas del mercado para salvar al mercado". Es decir, el mercado es incompatible con sus propias reglas.

    16.- Es asombroso que la Humanidad todavía no sepa vivir en paz, que palabras como 'competitividad' sean las que mandan frente a palabras como 'convivencia'.

    17.- Europa es como un jefe que nunca se pone al teléfono.


    18.- El sistema ha organizado un casino para que ganen siempre los mismos.

    19.- Nos educan para ser productores y consumidores, no para ser hombres libres.

    20.- Uno escribe a base de ser un minero de si mismo.

    21.- El tiempo no es oro; el tiempo es vida.

    22.- Qué importa mi boca cerrada, ¡cuando piensas con el alma te oyen!

    23.- La vida es una navegación difícil sin una buena brújula.

    24.- El niño siempre anda buscando. Entonces, si no se siente buscado, por fuerza pensará que el mundo falla y le rechaza.

    25.- La vida es un arder y el que no arde no vive






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  • 09/01/16--03:20: SILENZA LIES [19.099]

  • SILENZA LIES 


    Poeta de Perú.




    NIÑA INMORTAL

    Recostaba la cabeza entre sueños
    y me sabia inmortal.
    Mis brazos  eran tenazas que abrazan el infierno
    En mi cuerpo de niña
    mis senos fértiles florecían escondidos
    entre mis piernas peregrinas y  mi vagina pudorosa.
    Brazos desarmados
    tiempos de almohada tibia
    niña inmortal
    recostaba la cabeza entre sueños
    que al crecer descubrí que no eran míos
    nunca más míos

    no lo serán




    HERIDA INVISIBLE

    Soy feliz cuando la sangre corre libre
    presurosa, sinuosa, serpenteante
    -desde una herida invisible-

    Puedo verla recorrer entre los letreros fosforescentes
    y los avisos luminosos de la noche
    en calles de cuerpos anónimos y salvajes
    que se prodigan en trozos desmembrados de las horas y los calendarios

    Entonces apresuro el paso 
    y miro  las calles, los cuerpos y los letreros
    pienso que lo único real
    ha muerto…
    y entonces soy un globo sin mano de niño que lo ate a la Tierra
    y me elevo sobre la noche
    para siempre
    para nunca
    para nada
    porque la herida invisible sigue siendo herida
    aunque la noche haya dejado de ser noche
    y los cuerpos se hayan vestido al amanecer
    con nombres y retazos de conciencia que recogieron entre los restos de comida
    y continúe siendo la misma de la noche anterior
    en otra calle...
    Y no haya aprendido la lección impartida por el tiempo.




    AMOR ENFERMO

    Si tal vez comprendieras que el universo arde en mis botones
    y que la teoría del bing bang se comprueba cada segundo en mis ojos
    solo tal vez comprendieras este amor enfermo
    que se relame las heridas
    que se lesiona genital y orgánico
    que  se explaya en mis dedos y se bifurca en alguna calle desconocida
    si comprendieras a las moscas  que giran sobre mi cuerpo esperando el momento ansiado de su muerte
    solo tal vez comprenderías este amor enfermo
    que se duele de ser silla, se de ser polvo, de ser mierda, de ser nada, de ser inútil en tus costillas
    donde no  le aguarda la nada
    si comprendieras cada uno de los pelos de mi gata gris
    si escucharas cada uno de sus maullidos fálicos
    solo tal vez comprendieras este amor enfermo que se relame el estiércol aderezado en  sus poros
    donde tu cara es el póster que cuelga de la única pared decente de esta habitación
    donde la luz solo llega para insultar las heridas de las tazas rotas  y  los restos de comida en mis senos.
    si comprendieras al ser humano que yace en mí
    mi locura entraría en razón
    y desprendería de mi cuerpo como pétalos estás oscuras horas que transcurren sin ti
    si comprendieras las hojas, el viento, el silencio, las heces fecales, las vaginas vorágines, los ebrios en las cantinas, las risas con dientes podridos, los estómagos vacíos, los llantos contenidos, las palomas en los parques, los penes ateridos, las sombras sin dueño, las manos desasidas
    solo tal vez comprenderías este amor enfermo
    que se relame las heridas.
    Aquí estoy
    siendo un sueño de carne y estiércol.

    Me amas…me amas?




    SEÑORITA MISERIA

    Llega la noche
    llega la noche
    de otro viernes noctámbulo
    de otro viernes noctámbulo
    recorreré calles
    hiriendo al deseo en su trompa
    hiriendo al deseo en su trompa
    desnudaré mi cuerpo debajo de manos desconocidas
    desnudaré mi cuerpo debajo de manos desconocidas
    despertaré en camas alquiladas
    despertaré en camas alquiladas
    envolviéndome en el excitante humo
    negaré mi nombre dos tres cuatro…mil veces antes del amanecer
    volveré a casa y dormiré
    soñaré que todo fue un sueño
    y el lunes me veré al espejo
    dentro de  mi  rutina
    pintaré mi cara de vida
    y saldré a cumplir las horas establecidas
    creeré que no he muerto
    dejaré transcurrir las horas y los días sobre mi cuerpo
    señorita miseria
    Prenderé otro cigarrillo
    Y pintaré mi cara de vida




    VENGAN POR MIS HUESOS

    Vengan por mis huesos
    estoy descansando deliciosamente
    como polvo sumergido
    en las olas

    Vengan por mí
    dejé de amarme hace tiempo
    no me declaren intrusa ni terrorista
    solo estoy desamándome
    y acomodando mis huesos
    en el ataúd de la vida

    Vengan por mí
    mis caderas se mueven al son
    del silencio
    y soy solo un sueño amarillo
    entre los dientes de un anciano
    sentado a la mesa de una carretilla
    vengan por mí
    solo los estoy esperando no sé hacer otra cosa




    ESTILO FÚNEBRE

    Estilo fúnebre
    ¿Dónde estás?
    Tibio e inerte
    Dócil y apagado
    Fuerza extraña
    Mar abismo brutal
    Piedras esferas de luz
    Solísima, más cerca de lo que no soy
    Las rodillas tiemblan
    Sentada de perfil
    En un sueño de niña me encuentro
    Las paredes son de hielo
    Y no puedo escapar porque no hay cárcel
    Porque no hay puertas
    Porque soy yo…
    Todas las voces que pronunciaron mi nombre
    Ahora están muertas.
    A menudo me nacen laberintos  verdes
    Estados catalépticos
    No sé adónde se escondió la brújula
    Encontrar mi centro azul
    En este nido de avispas

    (Señalo mi corazón)



    FOREVER YOUNG

    A orillas de tu impenetrable carne de zafiro
    Existo…
    Soy la carne  pútrea, soy la hiel terrestre
    Soy el átomo efímero
    Y tú la imperecedera forma habitable de todas la eras
    Tú, fuego de sazón que relame la piel simétrica del vientre universo
    y sacia su sed, sin apuro, sin nostalgia, sin dolor
    Sin necesidad…
    Y mi cuerpo escorpión va declinando en las horas, mientras el tuyo se regodea de  la formas en tu piel escarlata
    En tu sonrisa carmesí
    En tu callada palabra
    En tus embriagadores ojos de primavera

    Y mis huesos de otoño no resisten tu mirar y caen, van rodando por las calles en una danza bruja, fértil y bendita




    VOLÁTIL DESEO

    Estampados de lirios
    Nuestros cuerpos
    Profetizaban un sueño
    Entre nuestras costillas de ébano el volátil deseo hechizaba la razón
    En el castillo de tropeles
    Mordía su lengua el viento
    Y mis canaceres regurgitaban el incesto
    Dormir…
    Dormir…
    Dormir…
    -el cuerpo es solo un breve aletear-
    Un eterno espasmo
    …Y las vaginas orientales
    En las risas de nuestro propio infierno
    Hecho hueso
    Hecho carne

    Hecho voz




    Extraña digestión

    Me recuesto en la rutina /de las 24 horas
    la cuchara penetra en mis cuencas y se sirve de mis ojos                                     
    se marcha hacia la cocina… 

    -me ofrezco en la mesa de la Nochebuena- 
    dejo mi vientre abierto evaporándose en las certidumbres de mi nombre
    de mi edad, de mi olfato, del color de mi piel, de reconocer mi izquierda y mi derecha sin titubeos

    Mi cuerpo y la mesa
    la mesa y mi cuerpo
    las cucharas y mi cuerpo
    mi cuerpo y las cucharas
    los platos y mi cuerpo 
    mi cuerpo y los platos
    los invitados y mi cuerpo 
    mi cuerpo y los invitados
    -extraña digestión entre mesas, platos y cucharas- 
    entre dientes, molares, bolo alimenticio, incisivos, salivación, esófago, intestino delgado serpenteante e intestino grueso voraz, un duodeno lastimado y un ano falaz.  

    Se sirven de mi cuerpo los invitados de la Nochebuena, entre cordiales y prolongados saludos devoran cabizbajos los dedos, las rodillas,  las alegrías, los temblores y las primeras emociones; se sacan con los dedos los restos de carne de sus dientes, eructan, se desean feliz Nochebuena y luego, se marchan. 

    Los ojos retornan a mis cuencas y me escondo para renovarme cada noche en la cena de mi cuerpo.    




    Una mujer recostada en la cama mira 
    a su amante y dice:

    Una mujer recostada en la cama mira a su amante y dice:
    Solo son manos
         Solo son pies
              Solo es una boca
                   Solo es un beso
                           Y por qué muero

    Solo es tu abdomen pérfido
    Solo es tu columna cimbreante
    Y mis innobles ganas las que nos empujan a este encuentro

    Solo somos dos  cuerpos y por qué te extraño
    Pienso en tus intestinos
    En tu hígado
    En tus venas y articulaciones
    Tus pulmones inflamándose una y otra vez, cada vez más rápido
    Pienso en tus uñas, en tus cabellos, en tus pestañas
    En tu iris, en tus párpados,
    Pienso en tus púpilas dilatándose
    Hasta ser agujeros negros en mis deseos
    Pienso en tu digestión
    En tus molares destruyendo mis  palabras cuando  entran en tu boca
    Pienso en tu sudor evaporándose en la habitación junto a mis sueños

    Pienso en tus zapatos que se llevarán tus pasos
     En tus pasadores abrazándose como amantes
    Y quiero unirme a ellos para no sentir  frío
    Pienso en tu ropa, pero, más en tu cuerpo aunque entre ambos no exista ya diferencia
    Eres solo el cuerpo que se irá cuando termine de vestirse
    Y me pregunto por qué muero

    Por qué te extraño





    .



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    GUILLERMO PIZARRO VEGA

    Nació en Ovalle (Chile) en 1948 - Falleció en Ovalle, el 30 de Agosto 2016. Dibujante Técnico; artista plástico, investigador de historia regional, poeta. Colaboró con el Suplemento La Hoja Literaria, del diario La Provincia (1985 a 1989). Autor de los libros: Familias Fundadoras del Limarí (1997); Formación de la Sociedad Ovallina (1999); El Valle del Limarí y sus Pueblos (2001); La Villa San Antonio del Mar de Barraza (2005), entre otros. Numerario del Instituto Chileno de Investigaciones Genealógicas. Su obra poética aparece en “El Burro del Diablo, Arqueo de la poesía contemporánea de la Región de Coquimbo". En el prólogo del texto denominado: “Toponimia Indígena del Limari" señala y demuestra muchos de sus intereses patrimoniales y literarios, que lo hacían un intelectual imprescindible en los debates y seminarios del Norte Chileno.
    [Por Arturo Volantines] 




    Barraza

    El viento de la tarde adormece la lejanía gris de los árboles,
    Y un aleteo lejano de pájaros encumbra sus sueños de playas;
    El paisaje es el de siempre: la desnuda primavera de verdes,
    La longitud creciente de las impenitentes sombras,
    Y un peregrinar eterno de voces tras los muros derruidos.

    Hay que poner atento el oído, viajero del tiempo.
    Esperar paciente la música silente de las caídas hojas,
    Y cuando la quebrada tarde se marche tras los eternos cerros,
    Mirar en el espejo del río la danza de plata que nos habla,
    Y ver ahí... la nuestra historia, que pasa fugaz por sus márgenes.

    Y de nuevo sentir en la cara el aroma dulce de los álamos,
    El calor que nos sube ascendiendo de la tierra amada
    Hasta cubrir de verdad y nostalgia los rincones del alma;
    Y dejar después nuestros pasos libres...dejar que sean ellos avances
    Para que en la página azul del agua se vuelvan a escribir nuestros nombres.



    San Julián

    San Julián de los vientos,
    De recodos y nudos te vistes
    Y luego te escondes tras las sombras de los árboles.
    Más pronto te estiras como una serpiente perezosa
    Y sales a tomar el dorado sol que te abriga la esperanza.

    San Julián de los pesares,
    Tu historia duerme colgada en los perennes cactus;
    Esperando ser contada desde el nudo del silencio.
    Silba aún el látigo en la penumbra de los tiempos
    Cuando la noche trae un lamento desde los álamos,
    Y una joven novia llora pintada de luna.

    San Julián de los brujos y el encanto,
    Cuánta leyenda guardas en tus arcas profundas
    Y no hay testigos sino susurros que nos hablan.
    Vuelan aves negras graznando al viento
    Y el cielo se puebla de mensajeros del pasado
    Así, hasta mañana cuando volvamos a vernos.

    San Julián de los recuerdos,
    De los idilios que esperaron arrobados tras las puertas
    Cuando la noche fuera cómplice de secretas alianzas.
    Y hoy, cuando salga la luna tras los silentes cerros,
    Volverán translúcidos los amantes prohibidos,
    Y una carroza tirada por dos caballos blancos
    Irá dejando una estela de sueños por tus caminos desiertos.




    La trampa del espejo

    El espejo me devuelve una imagen quebrada,
    Los reflejos me ciegan entrecruzándose
    Cambiando los colores y luces como una caja de sorpresas,
    Y como si nada...
    Flotando desnuda aparece una mariposa encantada;
    Una translúcida pompa inocente que se esfuma
    Agitando sus falsas alas en el hueco del alma.

    ¿Cómo poder atrapar el eco azul del viento?
    ¿Cómo asir la sombra gris de un sueño?
    Se derrama floreciendo una espuma de nieve
    Y un arcoiris se desliza oscilando...trémulo
    Como un solitario y lejano barco de flores.

    Los pañuelos de colores juegan entrelazándose en
    Una orgía cromática,
    Desplegándose como una cascada,
    Una dorada luz otoñal
    Que quiebra con sus haces la sombra
    Vil de la desesperanza,
    Y antes que pueda recuperarme,
    Como un desilusionante fin de cinema,
    El prestidigitador guarda
    La miel de su magia y se marcha.









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  • 09/02/16--01:53: RIA MASAE [19.101]

  • RIA MASAE

    Ria Masae, nació en Nueva Zelanda y se crió en Samoa, con una pizca de sangre china. Estudiante del BCA (Bachelor in Computer Application) en el Manukau Institute of Technology en Auckland. Masae Ganó en 2015 el premio New Voices: Emerging Poets Competition, y en 2016 el Cooney Insurance Short Story Competition. Hay contribuido con trabajos en publicaciones de Australia y Nueva Zelanda, incluyendo Landfall (#230, 2015); Otoliths (#36, 2015); y Blackmail Press (#37, 2014). Ria Masae disfruta siendo miembro del Colectivo de Poetas del Sur de Auckland, cuyo trabajo incluye facilitar talleres de poesía para organizaciones y escuelas.



    Dossier de poesía actual de Nueva Zelanda, preparado y traducido por Andrea Rivas. 
    http://circulodepoesia.com/2016/09/poesia-de-nueva-zelanda-ria-masae/


    Noughts and Crosses[1]

    Adán
    Nunca fui tu anochecer en Eva.
    Tus costillas patriarcales
    construyeron la caja de mi pecho
    pero el tambor de mis latidos
    siempre ha sido mi propio himno.

    Dios
    nunca fui tu caída.
    Tus viejos testamentos
    no conocían razón para ser
    tallados como profecías en piedra
    en los pozos de mis palmas.

    Demonios
    nunca fui su campo de batalla.
    Así que tiré mi espada y escudo
    y me arrodillé con el círculo
    de su Legión
    con corazón y brazos abiertos.

    Porque pertenezco entera.
    Pertenezco preciosa.
    Pertenezco viva.
    Pertenezco.

    Siempre lo he hecho.




    Apretando arena

    Mis pies se hunden en la arena
    mientras vago a través de las costas curtidas
    del pueblo de mi abuela en Samoa.
    Las olas no se precipitan a saludarme
    he estado fuera demasiado tiempo y
    este pedazo del Océano Pacífico
    no olvida fácilmente.

    Me detengo y miro hacia el mar
    prístino como en los folletos de viajes
    no hay necesidad de Photoshop
    no hay planes de desarrollo del gobierno
    no hay colonización

    Cierro los ojos y espero

    El viento mensajero sopla
    saladas palabras en mis oídos –
    Puede que hayas tomado tu primer respiro
    en la fauna de mi gente, Aotearoa
    pero has descuidado el ombligo de las arenas y las aguas
    donde la génesis de tu
    existencia tiene sus raíces.
    La brisa fresca me deja entonces
    para ser golpeada por los rayos del sol.

    No me percaté de que apretaba la arena
    hasta que sentí los granos de seda regándose desde
    el espacio[2] entre mis dedos;

    granos de anhelos pasados
    deslizándose hacia un pasado perdido.



    Moviéndonos aún

    Nos mareamos hasta las náuseas en las
    ruedas de la calamidad
    vuelta tras vuelta tras vuelta
    hay gula en nuestra adicción al sufrimiento.
    Nos lavaron el cerebro para creer
    que la salvación explota solo desde el caos
    -La belleza salpicó del Big Bang.

    Pero yo he encontrado
    que la lucha perpetua solo crece
    un corazón en las piedras
    desde donde no puedo
    probar los colores de esta tierra
    o escuchar las contracciones de mi pulso
    o ver palabras danzar en una voz
    o aspirar el crepitar de un volcán apasionado
    o sentir el alba de pertenecer…

    solo un bulto irregular y quieto
    sólo
    en una pradera de suspiros.


    Notas de la traductora

    [1] El título refiere al juego de “gato” o “Tres en raya”.

    [2] El verso original no utiliza la palabra “space” sino “Va”. El concepto de “Va” es un concepto existente en la cultura samoana, pero también en la maorí y japonesa ―donde es llamado wa―. Va es el espacio en medio, la intermediación, no espacio vacío, no espacio que separa, sino espacio que relaciona, que mantiene entidades y cosas unidas en la Unidad-que-es-Todo, el espacio que es el contexto, dando significado a las cosas. Los significados cambian cuando la relación/contexto cambia”.



    Ria Masae 

    New Zealand 

    Mere & Child - Penny Howard 
    I am a New Zealand born and raised Samoan, with a smidgen of Chinese blood. I was born a Central Auckland girl and vow (half-heartedly) to die a Central old lady. Last year I completed a Bachelor of Arts degree at the University of Auckland. Currently, I am in my second year at MIT (Manukau Institute of Technology) studying towards a Bachelor of Creative Writing degree. I favour prose writing as I want to publish a novel one day, but enjoy poetry as another creative outlet. 


    Cross Religions 

    He spits at the idol feet of Jesus 
    and sleeps on the cathedral steps 
    waiting for God to come 
    and answer him Face-to-face 
    cos he ain't got time for go-between mediators 
    he wants to hear from the Horse's mouth 
    why only the Devil's drink can burn his pain 
    in his darkest hours. 
    The priest told him 
    he must pray to Jesus for salvation. 
    He replied with a grubby middle finger, 
    'I shit on your thou art thou! 
    I'd rather fly to the heavens 
    on Zeus' winged stallion 
    to wrestle my answer from Yahweh, 
    than ride economy-class 
    on Mr. J's damn ass!' 


    Just Another Haiku 

    The Brown Paper Bag 
    Kid, inhaled deeply to make 
    life worthy again. 



    The Artistry Effect 

    The weaver proceeds 
    with skill and care 
    to weave a fine cloak 
    of communities - of life. 

    The artist carving a tree 
    follows the grain 
    in harmony 
    with its natural character. 

    These significant spells 
    of kinship with all creatures 
    seen as living 
    in the carving or cloak. 

    We cannot simply 
    govern the process 
    of the artist - 

    what criterion we might use for 'worthiness'. 

    We cannot choose 
    what is going to reflect 
    someone's essence. 

    Look once more 
    at the uses 
    we might make 
    of enhancing value. 

    What is of importance 
    is the idea 
    in the abstract - 
    in the impossible. 


    VINYL SUNDAYS

    A-Track

    We genuflect.
    Men dressed by their wives in their Sunday best
    kneel on planks of uncross.
    Women pass over bread to their children
    to deposit in pass-around plate
    for confessional clean slate.

    Samoan choir sing praises to Jewish mythology.
    Tangaloa spits an eye for an eye at our irreverence
    He laughs, foreseeing
    my first taste of dipsomania lust
    is sipping the blood of Keriso.



    B-Side

    After church
    men smoke rollies in the carpark  
    their backs to the ‘No Smoking’ sign.
    Women with backstabbing eyes
    smile neon lipsticks
    as if painted jujus can mask bullkaka.

    I only sing at night because La envies me.
    Once, it growled, Suga, stop stepping on my dick!
    and tried to burn my voice.
    My hymns now flicker
    along Masina whispers.

    Published in 'Ika 4' 2016



    GRIPPING SAND

    My feet sink into the sand
    as I tramp across the tanned shores
    of my grandmother’s village in Samoa.
    Waves do not rush in to greet me
    I have been away too long and
    this slice of the Pacific Ocean
    does not easily forget.

    I stop and look out into the sea
    pristine as the travel brochures portray
                no need for Photoshop
                no government development plans
                no colonisation

    I close my eyes and wait...

    The messenger wind breezes
    salty words into my ears -
                You may have taken your first breath
                on the fanua of my kin, Aotearoa
                but you have neglected the umbilicus sands and waters
                where the kenese of your
                existence is rooted.
    The cool breeze leaves me then
    to be beaten by the sun’s rays.

    I did not notice I was gripping the sand
    until I felt silk granules spill from
    the Va between my toes;
    grains of  late yearning
    slipping into a lost past.

    Published in 'Ika 4' in May 2016



    A Great Grand-daughter's Quest: Part II

    Part II - Flights of Fantasy

    The Time Traveller
    packs her notebook and sharp-eyed pencil
    into her siapo knapsack
    for she is venturing on a quest
    through three flights of history
    in search of the noble slave
    that is her great-grandfather.
    She walks over “POWER”
    stenciled in threshold light
    out towards the wharf.


    I

    To secure passage on a mirror ship
    sailing across milk glass in hexagon light
    the Traveller slips into the shipmaster’s coat
    a long-haired beauty
    swaying her hips to horny sailors
    from a Grimshaw tooth
    - there are no milking maids
    sitting on whale chairs aboard.

    After twenty days and twenty nights
    at sea, a boy lookout
    spies Godwits puppet-strung in flight.


    II

    The ship lands on the island
    from the Traveller’s dream.
    She hacks through a forest of
    goliath kauri clovers
    that cough up gums of spun amber hair.
    A palm sunset mutes light on funeral flowers
    under a spider caught in its own clay web.
    She comes to a graveyard
    and shreds shark teeth across the cheeks
    of a ghostly schoolmaster
    demanding silence from singing dead children.
    A spiral ammonite trumpets the apocalypse.

    She runs!

    Her pores crying sweat
    she halts at a clearing
    three oracles assembled in a circle.
    The Traveller asks the lizard,
    “Please, your Wiseness, where do I go from here?”
    The four-legged serpent
    tongues a forked silence in the air
    its third eye senses light
    but cannot see.
    The lass moves on
    to the wise man of the East
    but an Imperial race have tainted him
    with toga laws -
    halo fractured; enlightenment shadowed.
    The girl, feeling hopeful and hopeless
    steps in front of forget-me-never eyes
    a serpent trunk snorts across the Traveller’s forehead
    “To me, you should have come first”
    with that, the Traveller falls to the ground
    from the elephant’s arsenic touch. 


    III

    The Traveller awakens
    under a 3-D gateway carved in
    700 AD Polynesian patterns.
    Dragon-face turtles
    swim in black pillar fires
    that stand at the entrance
    of a confectionary castle.
    A butterfly lingers
    as the Traveller beats the orient-dog handle
    against the rootless tree door.

    The Time Traveller steps
    inside the whale jaw.
    A giant’s kava bowl
    floats over a dinosaur table
    and welcomes manuia - drink to the skies!
    while ivory royals slice a Sunday roast.
    She nods at a Maori elder
    backed onto a sacrilegious chair
    that seated white cushions,
    and side-steps
    electric branches drooped over a torture chair           
    beside a cylinder sink that drains blood and spit.

    Up the labyrinth staircase she climbs
    then tiptoes through a long dead hall
    along the walls, a
    cross bleeds poppies
    photo faces gaze across at their fallen names
    “Let these panels never be filled”…Amene.

    At last, the Time Traveller
    reaches the doorway to her
    mother-island’s entangled histories.
    A voice in native language orates memories
    but she is drawn to the glass coffins
    containing life in past images and words.
                            Indentured labourer great-grandfather
                            is that your solemn Chinese face in the photo?
                            are you one of the field faces hidden under those cone hats?
                            is that your bent back clawing the plantation soil?

    Her quest has come to nought
    for she cannot tell.  

    First published in 'Snorkel #22' in January 2016










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  • 09/02/16--09:17: DINO FRESCOBALDI [19.102]

  • Dino Frescobaldi

    Dino Frescobaldi (Florencia, 1271 - 1316, aproximadamente) fue un poeta italiano.

    De carácter, muy parecido a Dante Alighieri, es considerado uno de los mayores exponentes de stilnovisti: ha sido mencionado y elogiado por Pietro Bembo y Boccaccio como muy famoso poeta stilnovisti. Hijo de Messer Lambertuccio Frescobaldi, descendiente de la familia rica florentina Frescobaldi (ocupada en el comercio).

    Siendo muy apreciado por sus contemporáneos, sus sonetos y sus canciones han estado circulando en gran número.

    Dino Frescobaldi fue el padre del poeta Matteo Frescobaldi.



    En el lugar donde brilla la estrella

    En el lugar donde brilla la estrella
    que con su luz renueva los deseos,
    se halla la floresta de los mártires
    de quienes Amor me habla sin cesar.

    Allí se hizo a mi mente esclava,
    allí conviene que mire mi luz,
    allí sacó mis suspiros miedosos
    esta despiadada joven hermosa.

    Piedad no encuentra allí a su señora,
    ni humildad se librará de desdén,
    si el tormento no produce la muerte.

    De nada vale ya pedir socorro
    a la que para mí busca martirios,
    mostrando que eso poco le importa.

    Incluido en Antología esencial de la poesía italiana (Editorial Espasa Calpe, Madrid, 1999, selecc. de Antonio Colinas, trad. de Carlos Alvar).




    Es ésta la joven por amor guiada

    Es ésta la joven por amor guiada,
    que entra por la vista a cuantos la ven;
    ésta es la dama llena de mercedes,
    en quien se asientan todas las virtudes.

    Sonriente le viene Amor delante
    mostrándole el alto puesto que ocupa;
    cuando llega a donde Humildad la llama,
    parece que ella mata a los vicios.

    Cuando Amor la induce a saludar,
    honestamente mueve la mirada:
    produce el deseo que al alma habla.

    Su luz sólo va adonde hay nobleza
    y sus contrarios se alejan huyendo
    lejos de esta joven hermosa y bella.

    Incluido en Antología esencial de la poesía italiana (Editorial Espasa Calpe, Madrid, 1999, selecc. de Antonio Colinas, varios trad.).




    Dino Frescobaldi
    Canzoni e sonetti


    Edizione di riferimento
    La poesia lirica del Duecento, UTET, Torino 1968
    I poeti del «dolce stil novo» a cura di Carlo Salinari, classici TEA, Milano 1998


    I

    Quest’è la giovanetta ch’Amor guida,

    ch’entra per li occhi a ciascun che la vede;
    quest’è la donna piena di merzede,
    in cui ogne vertù bella si fida.
    Vielle dinanzi Amor, che par che rida,

    mostrando ’l gran valor dov’ella siede;
    e quando giunge ov’umiltà la chiede,
    par che per lei ogni vizio s’uccida.
    E quando a salutar Amor la ’nduce,

    onestamente li occhi move alquanto,
    che danno quel disio che ci favella.
    Sol dov’è nobilta gira sua luce,

    el su’ contraro fuggendo altrettanto,
    questa pietosa giovanetta bella.


    II

    Un’alta stella di nova bellezza,

    che del sol ci to’ l’ombra la sua luce,
    nel ciel d’Amor di tanta virtù luce,
    che m’innamora de la sua chiarezza.
    E poi si trova di tanta ferezza,

    vedendo come nel cor mi traluce,
    c’ha preso, con que’ raggi ch’ella ’nduce,
    nel fermamento la maggior altezza.
    E come donna questa nova stella

    sembianti fa che ’l mi’ viver le spiace
    e per disdegno cotanto è salita.
    Amor, che ne la mente mi favella,

    del lume di costei saette face
    e segno fa de la mia poca vita.


    III

    Per tanto pianger quanto li occhi fanno,

    lasso!, faranno l’altra gente accorta
    dell’aspra pena che lo mi’ cor porta
    d’i rëi colpi che fedito l’hanno.
    Ch’e’ mie’ dolenti spiriti, che vanno

    pietà caendo, che per loro è morta,
    fuor de la labbia sbigottita e smorta
    partirsi vinti, e ritornar non sanno.
    Quest’è quel pianto che fa li occhi tristi

    e la mia mente paurosa e vile
    per la pietà che di se stessa prende.
    Oi spïetata saetta e sottile,

    che per mezzo del fianco il cor m’apristi,
    com’è ben morto chi ’l tu’ colpo attende!


    IV

    No spero di trovar giammai pietate

    negli occhi di costei, tant’è leggiadra.
    Questa si fece per me sottil ladra,
    ché ’l cor mi tolse in sua giovane etate.
    Trasse Amor poi di sua nova biltate

    fere saette in disdegnosa quadra
    dice la mente, che non è bugiadra,
    che per mezzo del fianco son passate.
    I’ non ritrovo lor, ma ’l colpo aperto,

    con una boce che sovente grida:
    «Merzé, donna crudel, giovane e bella!»
    Amor mi dice, che per lei favella:

    «Novo tormento conven che t’uccida,
    poi non se’ morto per quel c’hai soferto».


    V

    Donna, dagli occhi tuoi par che si mova

    un lume che mi passa entro la mente:
    e quando egli è con lei, par che sovente
    si metta nel disio ched e’ sì trova.
    Di lui v’appare una figura nova

    che si fa loba e trovasi possente,
    e segnoria vi ten sì aspramente,
    ch’ogni ferezza al cor par che vi piova.
    Pietà non v’è né mercé né calere,

    per che si fa crudel com’ella puote
    e disdegnosa della vita mia.
    Li spirti, che nol posson sofferire,

    ciascun si tien d’aver maggior virtute
    qual può dinanz’a le’ partirsi via.


    VI

    Amor, se tu se’ vago di costei,

    tu segui ben la più diritta via:
    ché sol per acquistar sua segnoria
    ti fa’ crudel vie più ch’i’ non vorrei.
    E poi, s’i’ veggio te venir con lei,

    tu apri tosto un arco di Soria,
    e per la fine della vita mia
    ti metti a saettar per li occhi miei.
    Queste saette giungor di tal forza,

    che par ch’ogni mi’ spirito si doglia,
    cotanto trae diritto, presto e forte.
    Così di quell’ onde ’l disio mi sforza,

    mi conven sofferir contra mia voglia,
    tremando per paura de la morte.


    VII

    Tanta è l’angoscia ch’i’ nel cor mi trovo,

    donde la mente tremando sospira,
    che spesse volte in sul penser mi tira,
    nel qual pensando assa’ lagrime piovo.

    Ché quell’aversità ch’i’ allor movo
    mi mostra il tempo ove morte gira,
    e la vertù che la vita disira
    veggio distrugger co’ martir ch’i’ provo.

    Questi martiri, che nel cor passaro,
    provando lor virtù naturalmente,
    venner di tanta forza e sì possente,
    che li miei spiriti tutti tremaro;

    po’ non sostenner, ché m’abandonaro,
    lasso!, fuggendo sbigottitamente.


    VIII

    Poscia ch’io veggio l’anima partita

    di ciascheuna dolorosa asprezza,
    dirò come la mia nova vaghezza
    mi tiene in dolce e in soave vita.
    Ché per lei m’è nella mente salita

    una donna di gaia giovanezza,
    che luce il lume della sua bellezza
    come stella dïana o margherita.
    Questa mi pon co le suo man nel core

    un gentiletto spirito soave,
    che piglia poi la segnoria d’Amore.
    Questo ha d’ogni mi’ spirito la chiave,

    accompagnato di tanto valore,
    che star non pò con lui spirito grave.


    IX

    Questa altissima stella, che si vede

    col su’ bel lume, ma’ non m’abbandona:
    costei mi die’ chi del su’ ciel mi dona
    quanto di grazia ’l mi’ ’ntelletto chiede.
    E ’l novo dardo che ’n questa man siede

    porta dolcezza a chi di me ragiona:
    in altra guis’amor sa che persona
    non fedì mai né fedirà né fiede.
    Per ché merzé aver così mi piace

    con questa nuova leggiadria ch’i’ porto,
    dove mai crudeltà neuna giace.
    Entro ’n quel punto’ogni vizio fu morto

    ch’io tolsi lume di cotanta pace,
    ed amor sa, chéd io ’l ne feci accorto.


    X

    In quella parte ove luce la stella

    che del su’ lume dà novi disiri
    si trova la foresta de’ martiri
    di cui Amor cotanto mi favella.
    Quivi fu la mia mente fatt’ancella,

    quivi conven che la mia luce miri,
    quivi trae fuor di paura sospiri
    questa spietata giovanetta bella.
    Pietà non vi si truova segnoria

    né umiltà contra disdegno sale,
    se del tormento morte non si cria.
    Chiamar soccorso di merzé non vale

    a questa che martiri per me tria,
    mostrando che di ciò poco le cale.


    XI

    Deh, giovanetta! de’ begli occhi tuoi,

    che mostran pace ovunque tu li giri,
    come può far Amor criar martiri
    sì dispietati ch’uccidan altrui?
    Come che v’entri prima, e’ n’esce poi

    coperto, ch’uom non è che fiso ’l miri;
    di saette fasciato e di sospiri,
    il cuor mi taglia co’ riei colpi suoi.
    L’anima fugge, però che non crede

    che nel gravoso mal ched i’ sostegno
    aggi’ alcuna speranza di merzede.
    Vedi a che disperato punto i’ vegno!

    Ch’i’ son colui che la sua morte vede,
    nata di crudeltà e di disdegno.


    XII

    Giovane, che così leggiadramente

    mi fai di te sì ragionar d’amore,
    tanto mi piace ’l tu’ gentil valore
    quant’e’ mi par d’ogn’altro più possente:
    ché, imaginando tua beltà sovente,

    nel tempo ch’ogni mia pesanza more,
    tu pigli tanta segnoria nel core,
    che tu ne fai maravigliar la mente;
    poi vi riposi, così come quella

    che truova ferma ne la sua vaghezza
    ciascuna parte nella mia persona.
    Dicemi Amor: — Questa giovane bella

    ti segnoreggia con tanta pianezza,
    ch’ogni grave tormento t’abandona —.


    XIII

    La foga di quell’arco, che s’aperse

    per questa donna co le man d’Amore,
    si chiuse poi, ond’ io sento nel core
    fitto un quadrello che Morte i scoperse:
    per che di fuor la mia labbia coperse

    d’oscura qualità, sì che’l dolore
    si mostra ben quant’è, nel mi’ colore,
    e che, giugnendo, l’anima soferse.
    Ne la presta percossa di costui,

    che fece allore la mente tremare,
    la sconsolata fu d’angoscia involta:
    come dirittamente vide trare

    quel che piangendo mi consuma poi,
    e volle che Pietà le fosse tolta!


    XIV

    Quant’e’ nel meo lamentar sento doglia

    e pena molt’altrove!
    Tanta, ch’io non so dove
    i’ offendesse Amore, che ’l mi face.
    Ancor che sua potenza a molti doglia,
    i’ son quelli in cu’ piove
    fere gravezze e nove,
    ch’ogni pesanza in loro esser li piace.
    E quel disio de l’amorosa voglia
    ch’i’ porto non si move!
    Dunque, le dure prove
    d’Amor mi tolgon molt’ond’i’ ho pace:
    ché de la mente non più ch’ella soglia
    Morte mi si rimove,
    la qual mia vita smove
    d’ogni valor, ché lei strugg’e disface.
    I’ ho per lei nel cor tanta paura

    e tant’angoscia e sì grave dolore,
    che la sua potestate
    m’ha tolta libertate
    di vedere ove la mia donna sia.
    E qual de li miei spiriti la dura,
    e qual per troppa gravitate more
    in questa nimistate,
    e qual per sua viltate
    esce di me: per campar fugge via.


    XV

    L’alma mia trist’è seguitando ’l core

    in biasimare Amore,
    sforzandosi di dir la pena mia:
    com’i’ son fora uscito di valore,
    [merzé di quel sign]ore,
    per cui servir par ched i’ nato sia;
    e com’ la mente sospirando more,
    vedendosi disnore
    d’aver voluta mai sua compagnia.
    Questo mi fa perch’i’ ’l chiamo signore
    e voglio servidore
    esser di lui ovunque il cor disia.
    Omai vedete s’egli è cos’altera
    e s’egli è cosa da sperare in lui,
    e s’egli è cosa ch’abbia in sé virtute!
    Io credo questo, sì come colui
    che l’ha provato: ch’e’ vol sua salute
    crudelemente inver’ di lui sia fera.


    XVI

    Poscia che dir conviemmi ciò ch’io sento

    e ch’io sostegno faticosamente
    per la vita dolente
    che piangendo a la morte mi conduce,
    qual sia e quanto il mio crudel tormento,
    dirollo a voi, mia donna, solamente,
    cui paurosamente
    guardar disio: ch’e’ negli occhi mi luce!
    Se questa doglia ch’a parlar m’induce
    può sostener che non mi uccida in tanto,
    comincerò ’l mio pianto:
    ché so che l’ascoltar vi fia soave
    udendo quel ch’Amor per voi mi face,
    se non vi fosse grave
    la fine, ov’io attendo d’aver pace.
    Io sento piover nella mente mia

    Amor quelle bellezze che ’n voi vede,
    e ’l disio, che vi siede,
    crescer martiri con la sua vaghezza;
    ché, conoscendo che bellezza sia,
    e’ s’innamora, che piacervi crede:
    così nella sua fede
    lo ’nganna Amore e la vostra ferezza!
    Ché s’e’ ’l penser vi tragge, a mia gravezza,
    questo move il dolor che vi contenta;
    e sed e’ fior m’allenta
    (non perch’i’ ’l senta, onde poco mi vale),
    voi disdegnate, sì ch’Amor vi guata,
    a cui tanto ne cale,
    che mai non posa sì v’ha consolata.
    Il consolar ch’e’ fa la vostra vista

    è che per mezzo il fianco m’apre e fende,
    e quivi tanto attende
    che ’l cuor convien che rimanga scoperto;
    poi si dilunga, ch’e’ valore acquista:
    gridando forte un suo dur’arco ’ntende
    e la saetta prende,
    talché d’uccidermi e’ cred’esser certo;
    ed apre verso questo fianco aperto,
    dicendo: — Fuggi! — all’anima, — ché sai
    che campar nol potrai —.
    Ma ella attende il suo crudel fedire,
    e fascia il cuor nel punto ch’e’ saetta,
    di quel forte disire
    cui non uccide colpo di saetta.
    Poi che nel cuor la percossa m’è giunta,

    ed io rimango così nella vita
    com’uom da cui partita
    fosse ogn’altra vertù forte e sicura,
    perché dinanzi a l’affilata punta,
    credendo ch’allor sia la mia finita,
    ciascuna s’è fuggita:
    così facesse quella ch’ancor dura!
    La qual di me altressì poco cura
    in consumarmi quanto faccia Amore:
    ché per lo suo valore
    i’ posso dir ched io or non sia morto,
    che sarei fuor del male ch’io sostegno,
    dove m’è fatto torto,
    ché l’umiltà vi fa crescer disdegno.
    Dunque, se l’aspro spirito che guida

    questa spietata guerra e faticosa
    vi vede disdegnosa
    di quanto cheggio per aver diletto,
    come così nella morte si fida?
    La quale esser non può tanto gravosa,
    se la vita è noiosa,
    che non sia pace: ed io così l’aspetto.
    Se ascolterete, nel vostro ’ntelletto
    voi udirete, che sentir mi pare,
    una voce chiamare
    che parla con pietà, vint’e tremando,
    e viene a voi per pace di colui
    che la morte aspettando
    vede la fine de’ martiri sui.


    XVII

    Per gir verso la spera, la finice

    si scalda sì, che poi accende fiamma
    in loco ov’ella infiamma,
    sì che Natura vince vita allora.
    Così per ver, ché ’l meo pensier lo dice,
    mi mena Amor verso sì fatta fiamma,
    che ’l cor già se ne ’nfiamma,
    tanto che Morte lui prende e colora
    de lo su’ frutt’ altero ch’innamora.
    Tant’ è cocente, che chi ’l sente chiaro
    trova radice d’ogne stato amaro.
    Egli ’l mi par sentir già nella mente

    venuto per vertù d’est’ ugelletta,
    la quale uom non alletta
    né altro, fuor ch’Amor, che·llei ’ntenda.
    Ferr’ ha spicciato sì, possibilmente,
    che, dentro stando, tempera saetta,
    onde poi insaetta
    le mie vertù, sì che ’l martìr m’aprenda.
    Ed io, che temo nel finir m’offenda,
    chero Pietate al cui richiamo i’ sono,
    ed a costei nel mi’ finir perdono.

    Di ciò che la mia vita è nimistate,

    lo su’ bello sdegnar qual vuol la mira,
    priegol, poi che mi tira
    in su la morte, che mi renda pace:
    ché mi mostra un pensier molte fïate,
    il qual d’ogni altro più di dolor gira,
    com’ io le sono in ira,
    sì che tremando pianger me ne face.
    Lo spirito d’amor che nel cor giace,
    per cunfortarmi mi dice: «Tu déi
    amar la morte per piacer di lei».

    Allor ch’i’ odo che per su’ diletto

    e’ mi convien provar quel falso punto
    ov’ i’ son quasi giunto,
    sì che mi mostra un doloroso affanno,
    dico che mosse fuor del su’ ’ntelletto
    l’ardente lancia che m’ha così punto
    dritto nel fianco appunto
    ed in quel loco ove’ sospiri stanno;
    li quali sbigottiti or se ne vanno
    davanti a quella per merzé di cui,
    poi ch’io la vidi, innamorato fui.

    Deh, canzonetta, i’ vo’ che tu celata

    tenghi costei con le parole c’hai,
    ovunque tu girai:
    perché mi par ch’a torto faccia offesa,
    non vo’ che tua cagion ne sia ripresa.


    XVIII

    Un sol penser che mi ven ne la mente

    mi dà con su’ parlar tanta paura,
    che ’l cor non si assicura
    di volere ascoltar quant’e’ ragiona;
    perch’e’ mi move, parlando sovente,
    una battaglia forte, aspra e dura,
    che sì crudel mi dura,
    ch’io cangio vista, e ardir m’abandona.
    Ché ’l primo colpo che quivi si dona
    riceve il petto nella parte manca
    da le parole che ’l penser saetta;
    la prima de le qual si fa sì franca,
    che giugne equal con virtù di saetta,
    dicendo al cor: —  Tu perdi quella gioia,
    onde conven che la tua vita moia —.
    In questo dir truov’io tanta fermezza,

    che dove nascer suol conforto in pria
    or piu tosto si cria
    quel che mi fa di vita sperar morte:
    e quivi cresce con tanta ferezza
    questa speranza, che così m’è ria,
    ch’ogn’altra fugge via
    vint’e tremando, e questa reman forte.
    E se le mie vertù fosser accorte
    a far di loro scudo di merzede,
    vienvi un disdegno che lo spezza e taglia;
    e questi è que’ che duramente fiede,
    che dice a la seconda aspra battaglia:
    — I’ tolgo pace a tutti tuoi disiri
    e dò lor forza di crudel martiri —.
    La terza vien così fera parlando,

    e di tal crudeltà segnoria porta,
    ch’assai più mi sconforta
    che non faria di morir la speranza.
    Questa mi dice così ragionando:
    — Vedi Pietà, ch’io la ti reco scorta,
    la qual fedita e morta
    fu nel partir della tua bella amanza.
    In te convien che cresca ogni pesanza
    tanto, quanto ogni tuo ben fu ’l disio
    ch’era fermato nella sua bellezza;
    ché quel piacer che prima il cor t’aprio
    soavemente co la sua dolcezza,
    così come si mise umìle e piano,
    or disdegnoso s’è fatto lontano —.
    Canzon, di quello onde molto mi duole

    tu porterai novella
    a quella giovanetta donna bella,
    che più bell’è che ’l sole.
    Tu la vedrai disdegnosa ridendo
    render grazia a colui
    che co’ martiri suoi
    mi fa così per lei morir piangendo.


    XIX

    Voi che piangete nello stato amaro,

    dov’ ogni ben v’è caro
    come la luce nella parte oscura,
    e che ponete nel dir vostro chiaro
    ch’oltre di voi o paro
    esser non può in sì crudel vita e dura,
    leggete me, se l’ardir v’assicura,
    ch’io son mandata solamente a voi
    da parte di colui
    a cui non viene diletto di pace,
    perché tanto li piace
    che voi pensiate a lui, anzi ch’ei muoia,
    quanto li ’ncresce della vostra noia.
    E’ fu menato con un sol disire

    in loco ove sentire
    ognora li convien novi martiri:
    non già per voglia di su’ poco ardire,
    ch’ei non credea seguire
    la pena ove convien ch’egli or si giri;
    la qual non vuol che i dolenti sospiri
    vadano in parte ove Pietà li senta,
    cotanto le contenta
    ch’ei provi de l’asprezze del diserto,
    ov’ei morrà per certo,
    ch’ell’ è foresta ove conven ch’om vada
    a guida di leon fuor d’ogni strada.
    Io era dentro ancor nella sua mente,

    quando primieramente
    gli apparve un de’ leon della foresta;
    il qual, giugnendo niquitosamente,
    quivi subitamente
    gridando verso lui volse la testa.
    Nel cuor li mise allor sì gran tempesta
    quella spietata e paurosa fiera,
    che di colà dov’ iera
    partir lo fe’ con doloroso pianto;
    e così il cacciò tanto
    ch’in una torre bella e alta e forte
    il mise per paura della morte.
    Poi che fu giunto, credendo campare,

    cominciò a chiamare:
    «Aiutami, Pietà, ch’io non sia morto!»
    Ma e’ si vide tosto incontro fare
    tre, che ciascuno atare
    volean quello che prima l’avea scorto.
    Per che ciascun fu di tenerlo accorto,
    tanto che di lassù scese donzella
    gaia giovane bella,
    dicendo: — Quel disio che ti conduce
    mosse da la mia luce,
    onde convien ch’io vendichi l’offesa
    dove ti venne così folle intesa —.
    Negli occhi suoi gittò tanto splendore,

    che non ebbe valore
    di ritenerlo, sì che non s’avide
    come per mezzo aperto gli fue il core
    per man di quel segnore
    che con tormento ogni riposo uccide.
    Ma poi, com’uom che d’altro secol riede,
    vil di paura e di pietà pensoso,
    destòssi pauroso,
    e vide che costei s’era partita;
    ma trovò la ferita
    ove ognor cresce di lei nova amanza,
    che vi conduce ogni crudel pesanza.


    XX

    Morte avversara, poi ch’io son contento

    di tua venuta, vieni,
    e non m’aver, perch’ io ti prieghi, a sdegno,
    né tanto a vil perch’ io sia doloroso.
    Ben vedi che di piagner non allento,
    e tu mi ci pur tieni
    segnato del tuo nero e scuro segno,
    però che sai che ’l viver m’è noioso.
    Io son sicuro, e fui già pauroso,
    di doverti veder, crudele, in faccia;
    ed ora, se m’abraccia
    da tua parte il pensier, il bascio in bocca.
    [ma più ch’ei soglia, la mia mente t]occa
    Amor per quella che meco s’adorna,
    e dicendo va e torna
    infin che io ragioni un poco a lui;
    poi ne verrà costui - insieme ed ella,
    e l’un per servo e l’altra per ancella.
    Morte, lo giorno ch’io gli occhi levai

    a quella che’l disio
    naturalmente mi formò entro al core,
    compita, al mio disio, d’ogni biltate,
    immantinente ch’io la risguardai,
    nello ’ntelletto mio
    contento fue lo spirito d’amore
    sol di veder la sua nobilitate.
    Ma la sua nova e salvaggia etate,
    crudele e lenta contro a mia fermezza,
    per la sua giovinezza
    m’ha tempo, in vanità girando, tolto.
    Né io mi son però a dietro vòlto;
    ma con quel lume ch’io l’accesi al viso,
    mi son piangendo miso
    a dir sì basso a la sua grande altura,
    che, s’a merzede giovinetta è fera,
    i sdegni vinca l’umile manera.
    Io la trovai della mia mente donna

    così subitamente
    come Natura mi die’ sentimento,
    e canoscenza Amore ed intelletto,
    poi gli occhi miei, quando la fecior donna,
    sì amorosamente
    guardaro in lei, veggendo a compimento
    ogni beltate senza alcun difetto,
    che li condusse a pianger lo diletto
    sì dolcemente, che la vita aperse
    e lo cor non sofferse.
    Diedersi a pianger, veggendo la vista
    ch’i’ ho perduta, e ciascun ora acquista
    sì leggermente com’ i’ daria ’l sangue,
    onde notrica l’angue
    ch’alla punta del cor Amor mi tene,
    e io potessi ben vedere un’ora
    come la mente mia quando l’adora!
    La mente mia, trafitta e dirubata

    da’ ladri miei pensieri,
    che m’han promesso il tempo e non atteso,
    veggendosi così distrutta, piange;
    e la speranza vede scapigliata
    sopra ’l disio ch’ieri
    d’angoscia cadde tramortito e steso,
    né far li può sentire Amor che ’l tange.
    E se Pietà ch’agli occhi mi ripiange
    di quella natural mi contradice
    .  .  .  .   .  .  .  .   .  .  .  .   .  .  .  .  
    .  .  .  .   .  .  .  .   .  .  .  .   .  .  .  .  
    .  .  .  .   .  .  .  .   .  .  .  .   .  .  .  .  
    io sarò più possente d’ella, intanto
    ch’un’ora, nel mio pianto,
    mi manderò diritto al cor la spada:
    ov’io sogiacerò una vo