Are you the publisher? Claim or contact us about this channel


Embed this content in your HTML

Search

Report adult content:

click to rate:

Account: (login)

More Channels


Channel Catalog


older | 1 | .... | 270 | 271 | (Page 272) | 273 | 274 | .... | 364 | newer

    0 0
  • 04/07/16--01:52: FELIPE HERRERO [18.380]

  • Felipe Herrero  

    (Buenos Aires, 1985). Poeta, librero y editor. Director de la Serie "Egeo" de la editorial Lisboa que edita a renombrados poetas de habla hispana. 

    En poesía publicó entre otros, Legua roja (2011; 2013), Pirueta solar (2011), El cálido viento de la noche (2012), Ciego / Océano (Melón editora, 2012), Noruega / Norway (2012), Avenida de Mayo (2013), Impureza de los días (2014) y Estoico, Lisboa, Buenos Aires, 2016. 

    Su poesía fue parcialmente traducida al inglés y fue incluido en distintas antologías de su país y del extranjero entre las que destaca El hilo dorado. Muestra de poesía argentina reciente (Vallejo & Co., 2015, Perú).




    tus ojos eran luces blancas
    el amor me corría por las venas
    las cosas deben suceder

    la mujer que me había iluminado al nacer
    me llamaba desde la muerte
    la novela de una vida

    todo lo que toca una luz
    se convierte en flores.


    .



    vivir en la tierra
    sostener la forma en las manos
    en las voces de la gente
    decir con la boca llena de almas
    aguardo el turno

    vivir en la tierra
    mirar las luces en el mar
    retratarlas
    estas coplas simples
    son mi estadía en la tierra



    .



    naranjos quemados
    en los bordes de la casa
    la luz opalina a los ojos del gato
    es un grito de súplica
    el domingo ancho
    en esos troncos enfermos
    los muertos visitan las veredas

    no es respuesta el vino
    no es respuesta a la miseria
    y la violencia no es justicia a la violencia



    .



    tengo miedo
    de que el mundo me olvide

    de que me deje por no disfrutar
    lo que esta noche me depara

    ¿y si no estoy listo
    para ver de nuevo
    el baile festivo?

    ¿y si la noche me mata?

    quedaré enterrado en el olvido
    de aquellas plantas
    que me vieron bailar
    cuando niño

    de Impureza de los días (editorial lisboa, 2014)





    DESAMOR

    NO puedo dejar de mirar
    el verde que habita en tus ojos

    ya queda poco de mi
    pocas hojas de este otoño en mí

    el viento las cosecha
    y este será un invierno frío
    un invierno de humo y niebla

    los pájaros emigrarán al norte
    y vagaré solo con el corazón en sombra
    por los dulces caminos de mi pena



    *



    ¡Amarilla!

    sobre fondo blanco
    flor de pocas luces
    flor de canto corto
                / no regada
    te escucho.



    *



    una calle inhabitada
    un violín al fondo de la cuadra
    el sol pronto apaga en las esquinas

    y la mirada furtiva del viajero
    traza un compás en la lluvia.

                



    GRITO DEMORADO

    Palomas de la marea
    Montan el aire de la mañana
    La luz filtra en las alas
    Inyecciones de vida en las aguas
    Por las que surcan árboles muertos de la noche
    El poema es una barca de madera
    Un grito demorado.




    Felipe Herrero (Buenos Aires), Estoico, Lisboa, Buenos Aires, 2016.



    Trazo

    Algunas veces me pregunto 
    cuánto demoraran las personas 
    en observar el trazo de un ave 
    sin divagar en mecanismos de pensamiento 
    asociados a esa acción del animal 
    sin nostalgia o planeamiento
    sino con los operarios de la atención a plena máquina 
    todo en el aquí y en el ahora 
    en ese corte transversal del aire 
    en ese cuerpo en el aire 
    bajo la lumbre 
    del cielo crepuscular


    Alrededor del Sol

    Se dice que Neptuno gira a más de 19.500 kilómetros 
                     por hora alrededor del sol
    y que Marte supera en mas de cuatro veces esa velocidad 
    también que las flores estiran hacia septiembre 
    que los peces de Oceanía son los mas coloridos 
    que las hojas quebradas marcan el avance del otoño 
    y que el tiempo inevitablemente nos consume

                     más allá de los diferentes puntos de vista 
    sabemos que estas cosas son ingobernables

    Neptuno allá arriba
    esta sólo solo si se entiende a miles de kilómetros 
                    como márgenes de soledad 
    se piensa en una batalla perdida en un beso ganado 
    en los labios de otro ser o en el cuerito aviejado
                    de una canilla que gotea
    incluso a veces 
    apostamos a un proyecto con otro 
    la historia ata y desata no cabe duda no obstante 
    el amigo está ahí
    como Neptuno como Marte o las hojas
    agua insostenida 
    que refleja nuestro sol


    Anacoretas

    Esto no es una despedida —dijiste aquella noche
                        en San Miguel— 
    era lógico suponer que las cumbres soleadas 
    y las playas de Okinawa 
    que la red virtual de Tokio no nos separaría 
    los amigos son los amigos aclaraba un programa
                      de televisión allá por los 90´ 
    y estas distancias pueden alargarse o acortarse 
    pero aún así seguimos rindiendo fruto a la amistad 
    y ahora que uno de nosotros se encuentra obligado 
    a tranzar con lo más oscuro de la vida 
    es esa misma vida la que nos hace protegerlo 
    contra su deseo de destituir lo poco de alegría 
    que le queda





    .


    0 0


    Daniel Risso Patrón 

    (Neuquén, Argentina)
    Me llamo Daniel Risso Patrón, 57 años. Escribo desde hace relativamente poco, preferentemente poesia y cuentos cortos. Viví siempre en la Patagonia, entre San Martín de los Andes, Neuquén, Viedma; actualmente radico en Cinco Saltos. Trabajo como diseñador gráfico. Empecé a escribir mis primeros textos mas o menos amables a los 40 años, me involucré mas en serio con lo de escribir a medida que fui tanteando mis textos a traves de internet. Gané dos concursos de cuentos. Uno de una editorial virtual española, una versión de Cortazar; y en un concurso realizado por el INTA, Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, en ocasión de una exposicion agropecuaria con un cuento sobre temas camperos. Edité por mi cuenta este año, 2015 mi primer libro de cuentos cortos, o textos poéticos, que lo llamé "Que al hombre que lo desvela", participé en revistas culturales zonales y ediciones en conjunto con otros poetas.


    mesa

    quiero tener una mesa
    que tenga madera buena
    en cuatro patas con tierra
    quiero que esté clavada
    a la tierra de este mundo
    quiero patas de mesa y polvareda

    cuando la mesa este ahí
    quiero papeles arriba
    papeles que cuenten cuentos
    cuentos crudos, de certeza
    y que la mesa sea atada
    con patas de mesa-árbol a la tierra

    que vengan surcos de agua
    que la rieguen,
    quiero mesa-polvareda

    sauce-río y siempre tierra
    que tenga manchas de todo
    más que mejor, mancha é risa
    pero así también
    que haya lágrimas y plumas
    y quejidos de mosca en mi mesa,
    que haya manchas de comida

    manchas de amor, mejor
    y también las doloridas

    y que todo eso no importe, no importe

    porque mi mesa árbol todo se lleva,
    mojado de verde-lluvia,
    hacia allá, se lleva
    aguaverde que no vuelve
    hacia arriba




    avenida

    en la noche negra
    la avenida trepa, repta
    y vomita autos,
    brillos, brillitos
    y sube por el lomo blando
    de la ciudad rendida
    víbora gigante, avenida
    se aleja, vuelve
    piel de luz, tan viva
    tan brilla, tan víbora
    cuero de neón
    que me lleva,
    que me gira
    me ciega y me traga,
    me vomita y me olvida

    y vuelve a andar

    trepa brilla, pues
    la avenida,
    culebra viva
    por el lomo verde, animal
    de la ciudad dormida




    cruzado

    yo camino de modo cruzado
    yo te aviso cambio de vereda
    yo no tengo el paso acostumbrado
    ni ojalá lo tuviera
    yo me cruzo de vos de vereda
    yo no acepto el dos uno dos uno
    el ritmo costumbre
    ni ojala lo tuviera

    juro intenté y no me sale
    ese tranco de paso perfecto
    ese cruce de clavo que clava
    en los pobres su clavo de hambre
    yo no bailo la danza perfecta

    yo camino de modo cruzado
    yo me cruzo de vos de vereda
    no tengo el paso acostumbrado
    ni ojala lo tuviera



    La música del agua

    Una mujer desde su auto mira una paloma
    bajo la lluvia.
    Sus ojos quietos, su alma quieta.
    La ciudad detenida.
    El opio del odio, quieto.
    Bicicletas quietas a mitad de calle, amarillas,
    bajo la lluvia, tanta lluvia.
    Quietas las lágrimas de la mujer en su
    auto, quieto el vidrio, la curva del gesto, seco, quieto.
    Quieto el eco, quieto el rayo cayendo.
    Sólo el movimiento de la paloma picando,
    la lluvia la lluvia y la música del agua, claro.








    .

    0 0


    Silvia Renée Mellado 

    Nació en Zapala, Argentina en 1977. Publicó los libros de poemas Celuloide, Colección chicas de bolsillo N° 6, (La Plata, Edulp, 2005), Acetato (Neuquén, Educo, 2009), Moneda Nacional (edición de la autora sobre papeles de perfil del petróleo, 2012) y Pantano seco (Neuquén, ediciones Con Doble Zeta, 2014).

    Integra, entre otras, las siguientes antologías: Antología Federal de Poesía. Región Patagonia (Buenos Aires, Centro Federal de Inversiones, 2014); Lof sitiado. Homenaje poético al pueblo mapuche de Chile (Santiago de Chile, LOM ediciones); Antología I, Narrativa. Patagonia Ficción (Trelew, Tela de Rayón, 2010); Última poesía argentina (Buenos Aires, Ediciones en Danza, 2008) y Los umbrales imposibles (de la Patagonia al caribe anglófono: muestra crítica de textos) (Laura Pollastri sel, pról. y ed. General Roca, Publifadecs, 2014).

    Ha participado en diversos encuentros de escritores y organizado espectáculos colectivos en torno a la poesía y otras artes. Entre sus publicaciones sobre literatura se encuentra el libro La morada incómoda. Estudios sobre poesía mapuche: Elicura Chihuailaf y Liliana Ancalao (Publifadecs 2014).



    30 Imágenes movimiento. Poesía en rollo.

    1.    volver
    más adentro
    a escarbar el propio desierto.



    2.    A las siete vi hombres borrachos 
    zigzagueando entre la ruta y la banquina cada
    tantos metros también vimos aparecer mujeres
    que hacían dedo en las encrucijadas esperaban
    el transporte destartalado con hombros cediendo
    a la gravedad llenas de hijos manifiestos del arte
    enfermo ellas emergían como ese relieve extraño
    que se forma en la corteza de un árbol una obra
    raramente hermosa salida de un cáncer,
    la defensa bella de algún lacerado.



    3.    La boca de la cantera desde el mirador
    tiene el tamaño de un pomelo pero es oscura
    no hay una fruta grandota renegrida
    que se le compare, que dé miedo.
    Qué ironía que la cantera de oro se llame
    como mi pobre abuela pobre.



    4.    Su nieta me contaba que caminaba por
    los túneles miedosa llevando la vianda para el padre
    y sus hermanos
    y que una vez entregado el manjar
    corría a la salida con miedo de derrumbe
    con alientos siguiéndole los pies
    en esa gran garganta
    que ya está muerta.



    5.    Cierro los ojos para transportarme
    hacia ese agujero y caerme de espaldas infinitamente
    con esa sensación de borracha que recorre
    en cada una de sus dimensiones el espacio de la silla
    al suelo. Cuando llego rozo el pelo de mi madre fino
    que apenas se mueve aparecen gotas de sudor en sus
    mejillas y la encandila el sol, a la salida, la rescata de la
    ceguera temporaria la mano de mi abuela
    cansada de ofrecerla como becerro al sacrificio.



    6.    Más tarde bordeé las lagunas
    solitario casi inmóvil
    extendés el brazo en una tanza que corta el aire
    y dibujás curvas invisibles, burlás, desde la orilla
    la gula del cardumen.
    Yo hablo y tengo manos
    y el deseo, también, me cose la boca.



    7.    Vi la punta de un zapato negro viejo y a medio enterrar
    entre piedras lajas fragmentadas.
    Luz de día a dos mil metros de altura. Sopla brisa enérgica
    que no lo mueve. Es fácil imaginar
    el rostro que lo precede y lo sucede,
    sea el del que una vez lo dejó, el del que lo encuentra ahí,
    blasón de lo escabroso
    que resulta
    transitar.



    8.    Para viajar tenés que primero salir de casa
    Lo Leí en cada grieta marrón oscura del iris de mi madre.
    Me coartaba
    con esa mínima cámara filmadora
    la huida
    retrasada
    pero un día me animé y compré boleto
    para cruzar esa puerta.



    9.    No voy a hablar de la ciudad
    de ninguna
    atolladas en la boca
    de la misma manera que unas piedras en el riñón
    izquierdo
    rebalsan una biblioteca



    10.     y al nombrarlas corro el riego de caer
    descontextualizada
    como esas piedritas recogidas en el camino
    y que, pasado un tiempo,
    no fuimos capaces de recomponerles
    su espectacularidad.



    11.     Pero volví y ahora miro todo, como puedo,
    contra la impertinencia del sol entrando
    tan de madrugada en el bar de siempre
    en el que estamos
    todavía
    con la borrachera a cuestas



    12.     (la última vez que lo hice
    ella estaba en la puerta que daba a la calle
    con un gato en la mano
    acariciaba el calor de ese pelo)



    13.     Ahora miro y, mientras,
    los continentes
    se siguen desplazando
    (hace millones de años este pueblo era una playa)
    y nada cambia demasiado pues sigue siendo
    el doble de una ribera
    el lugar
    que propende
    al espejismo.



    14.     (y esa mano que se entrecruzaba en las suyas
    y la llevaba
    a cuidarle los hijos que despiadadamente
    le hizo
    mientras yo no estaba)



    15.     Volver al bar
    antes
    que a la casa materna
    (el cráter de la lengua y de la leche)
    ese puerto de capitanes de navíos sin agua



    16.     cantina de narradores olvidados
    por el mercado
    poetas canonizados por el porro y el vino barato
    borrachos
    buscadores del arca en pleno desierto.



    17.     Este de cierto
    que no se inunda más que de sequía
    y de palabra.



    18.     Han remodelado la casa tirado abajo una pared.
    El lugar en el que él se emborrachaba y anunciaba
    su muerte es el mismo en el que ahora habríamos de
    sentarnos a hablar civilizadamente del tiempo
    y de los viajes.



    19.     La ventana sigue siendo la pantalla plana
    con parsimoniosos documentales
    aparece la pachicho atravesando el plano
    pelo teñido arrollado nunca fue ni ex snob ni ex burguesa
    nunca pronunció pañuelo con una ñ decente



    20.     fue pariente paciente del hermano y de los golpes y
    también de los hongos
    de los niños bien
    que nos querían mal.



    21.     Ahora estás en la cocina
    ese camisón se agranda sobre tu cuerpo viejo
    no hace falta que me digas nada
    cuando la pesadilla queda en los ojos y los hincha
    apenas se puede mirar



    22.     te es imposible sortear esa montaña de piel inflada y de
    pestañas
    para descubrir un horizonte de algo,
    todavía peinás angustias
    con manos mecánicas de muñeca averiada
    y eso que ya no somos los hijos que tomarían la leche tibia del desayuno
    haciendo de nuestros capricho el mundo.



    23.     mami: hay algo del pasado que no está resuelto
    y lo he heredado creo que en tu vientre
    es eso que hay que buscar y que me echa afuera
    un bicho que me muerde si estoy en estos sillones arrellanados
    la misma sensación de antaño cuando mirábamos la tele y detrás
    nuestro
    emergían chispas tormentas ruidos de cuernos
    pequeñas tauromaquias domésticas.



    24.     Hace unos días las sábanas tapaban mi pierna,
    simulaban una amputación.
    Había algo del orden de lo simbólico
    en eso que me faltaba
    que dejé
    que fue comido.



    25.     ¿Alguna vez te sentaste frente a la playa?
    Allí los hombres ejercen su mirada de mar
    aquella que se suspende
    en un punto fijo
    y ansían llenarlo
    con otras cosas.



    26.     Y Las mujeres se toca las axilas
    las miran casi las huelen
    en gesto de gato que se limpia
    se enroscan por poco
    entre sus propios brazos
    y el cielo se oscurece
    de una lluvia que rara vez cae.



    27.     Cada uno de todos ellos
    son un pequeño universo aislado
    ninguno
    parece
    acceder
    a los ruegos del otro.
    Antes rogaban más –todos– al sol y a los apus y la alegría de servir, dicen, los iluminaba illu ulla becerro –decapitado–  illa luz.



    28.     Ahora es Yllariy ¿Seguís coleccionando cantos?
    La línea se enrosca en espiral
    sobre y desde la piedra
    un fósil tallado por nadie
    ¿quién lee la sucesión de edades
    los rituales los canibalismos?
    ¿sólo el que está de paso
    el eterno migrante?



    29.     ¿Aquel que no entiende
    y decodifica lo que le parece
    explotando la ambigüedad
    de las palabras la invención
    del lenguaje?

    Los cantos se han apagado
    tu voz era fina
    ¿olvidaste las canciones?
    apenas un murmullo
    y ese sonido 
    cuánto 
    decía



    30.     Caminamos
    sobre restos a los que ningún edificio disimula
    – ni tumbas –
    tal es la fatiga
    de tanta arenga.



    Pero abajo están los cantos,
    las piedras talladas
    eso que persiste y esconde
    la copla
    el temblor de tu voz
    dejándome su huella
    para volver
    más adentro
    y volver



    Pantano seco, Ediciones con doble zeta, Neuquén, 2015.



    no conocemos el mar a menos que hagamos cientos miles de kilómetros
    a quién le importa el mar
    si hace millones de años este pueblo era una playa
    y nada cambia demasiado pues sigue siendo
    el doble de una ribera
    un lugar
    que propende
    al espejismo






    y los que van al mar
    vuelven al bar
    antes
    que a la casa materna
    el cráter de la lengua y de la leche
    ese puerto de capitanes de navíos sin agua
    cantina de narradores olvidados
    por el mercado
    poetas canonizados por el porro y el vino barato
    borrachos
    buscadores del arca en pleno desierto

    este, de cierto,
    que no se inunda más que de sequía
    y de palabra





    las de su misma clase la culparon 
    cuando ahogó al niño en la letrina 
    y es que donde nacimos 
    nunca hubo un mísero azulejo art nouveau

    por eso tampoco tenemos caché para matar recién nacidos

    pero fijesé que lo mismo nos ordeñan nos miden los fluidos
                                           [es por eso del líquido que nos leen

    y siempre hay 
    un flujo una agüita 
    una sangre devenida en combustible invisible 
    para una sociedad ajena
    al mundo que habitamos





    .

    0 0
  • 04/07/16--05:02: MARIANO MASSONE [18.383]

  • Mariano Massone 

    Nació en 1985 en la ciudad de Luján, Argentina. Trabaja como profesor de literatura en colegios secundarios. Fuma y escribe mucho. A veces relata cosas de su vida en su blog: http://malververas.blogspot.com.ar/. Poeta, ensayista, brujo pampeano y saltimbanqui. “Cuanto más travestido uno está, más encuentra la verdad” es su frase predilecta. Publicó Fractales i por editorial CILC como un intento desesperado por acercarse a la ciencia literaria. Escribe reseñas en Plebella y en No-retornable. 


    El rocín que, a tranco místico, se asoma

    A Francisco Madariaga.

    Tanta polvareda dejó ese caballo místico,
    al tranco lento, nómada, se asoma
    hacia la tierra celeste va viajando.
    Acá lo espera la vieja bruja con mate
    calientito y no espumoso, no de esos
    mates pa’ pelar chanchos sino como
    un cimbronazo suave de púas que
    alientan el desparpajo general de la pava.
    (ella siempre metiendo yuyo por donde mira)
    El tranco, que como espejismo, se asoma
    lento y agotado, implora esa salvación
    a la criolla que nunca tuvo. Escaparse
    por el cañaveral y ver la luz que la bruja
    protege, por las noches, en el rancho.
    Asumir la fuerza motriz que lo eleva y
    da revancha a la muerte abrasadora.
    Así, como brasitas del asado que se
    van apagando mientras el tranco,
    el redomón sigue cautivo de las muletas
    que utiliza como patas para el cielo,
    como el viento para el cielo, como la
    nieve que nunca cae en el desierto
    pampeano. La nieve que espera, cautiva,
    indómita, el aluvión para brotar nuevamente
    después de años y años de espera.
    El latir del caballo y la polvareda, la marca negra
    que el rocín deja en el horizonte
    marca el paso de la vuelta a la cueva,
    al mate bien calientito y a la bruja que espera,
    con yuyos, la vuelta del pampeano nómada
    que al tranco vuelve a la catrera.
    (ya sin saber que el ritmo ahoga el tiempo,
    que el tiempo se vuelve cosa de negros
    y estadounidenses el guacho celeste
    a paso lento, sin la menor idea de su latir,
    encuentra el sentimiento del eterno en el horizonte)
    Dale rebenque gaucho celeste
    que se envuelva tu tranco en el universo,
    la mueca viseral de la naturaleza que te envuelva
    para volver a latir airoso en tu encuentro.
    Despacio abrirás una ciudadela, un lugar
    dorado que te entienda. Volver siniestras
    las partículas de polvo, que ellas te ayuden
    en tu vuelta. Ya el sol nos baño por completo,
    ahora se aprecia el frío del atardecer, fuego
    tierno que nos baña como luz de alumbrera.
    Ya el cansancio de la labor, la oración de la vuelta
    en esa pampa celeste que como un país se genera.
    Ahí te veo, Ahí te vuelves y sin ser meloso
    ni ser ternero, te busco redomón para que
    me enseñes la vuelta a este campo sideral,
    a este paraíso subfluvial que en el fuego se encierra.
    Ni un átomo queda afuera de tu camino y tu andar
    y, la bruja en el umbral, con el llantén te espera
    para hacerte masajitos de esos que te gustan.
    Esperar, no más, esperar, que la vuelta se haga
    sola, con la voz quebrada de andar por el desierto.
    Nadie como vos, gaucho místico, sabe leer las flores
    de cardo, las huellas que se esconden atrás de los huecos
    en la tierra. Oler la lluvia a la distancia, soñar el sol
    del día que viene, ver el paraíso renacer, el árbol solo
    al lado del río, la sombra que a naides da ese amigo.
    Vos, a ese tranco, sabes la música atonal de las calandrias,
    el cantar agónico del cuis y la mirada fija de los búhos.
    La bruja, con el caldero, con el guiso para la noche,
    con los yuyos en el mate que reaniman el gargero.
    Te encuentro único como mi canto desairado,
    fatal como tu sabiduría del libro de la naturaleza:
    leer el árbol, la piedra y la bruja, los sonidos
    de las brasas, el rumor de la humareda, y
    presentir, como si nada, el silencio que te encierra.
    Silencio que no duele en el alma que es unión con
    la pampa entera. Y decían que acá había sólo dos colores…
    y decían que sólo se encontraba miseria…
    no saben los que hablan de vos al rumor al que se enfrentan.
    Gaucho celeste, la vuelta a la casa después de la leva
    es tu mayor ofrenda a la madre tierra.
    Y si huyes de tu madre, vuelve con la bruja que te envenena,
    que ella, con inteligencia, sabrá lo que debes hacer.
    Verá en tus ojos las marcas de los árboles, el saber sencillo
    de los búhos, el aroma del llantén, el ardor de la naturaleza.


    Suspensión

    Hay un sabueso que observa los movimientos,
    es mi juez dorado, abogado absoluto.
    Hay un felino que se desenvuelve voluptuoso,
    es mi asesino, criminal de las partículas.
    En la devolución de los muchos que encuentro
    encuentro mi sustento,
    soy la bella reencarnación de lo que podría no ser.
    Ausencia es lo que me encarga, suerte
    profunda que restringe las necesidades, me hace
    volver al cero tranquilo y susceptible.
    Los rizos que heredé de mi madre
    son la forma de un hilo dorado que me atraviesa.



    Las nenas también escuchan The Beatles

    los duendes nogales comen pastel de miel
    y los hipocampos ciruelas liquidan al mono
    no hay razón
    sólo razón realizada en descreencia
    es una revolución nueve
    remasterizada
    subordinada a los países del sur
    y en el sur el misterio de mis ojos negros
    los duendes nogales me acuestan en una cama
    me hacen dormir lentamente
    yo espero a mi novio dulzura amor por venir
    pero él
    ojitos negros sufridos
    mascarita aniquilada
    busca vejez
    en los veintitrés años
    una fiesta risueña y con sabor a anís
    una nevadita fresca de Bariloche
    para sacar fotitos
    mostrárselas a sus amigotes
    figura inhumana sos
    viaje destornillador
    los duendes nogales destruyen el pastel de miel


    *

    Armas

    armás?
    armo
    no
    mejor armá vos
    yo pico
    se levanta

    pene ondulatorio
    pene bamboleante
    camina
    se rasca
    me mira y se ríe

    armaste?
    no
    vos lo hacías
    está bien
    lo hago yo

    se acuesta
    besitos
    ojos de gato
    ojos de gato
    lo conozco
    un beso
    otro

    esperá que no puedo armar
    está bien
    pene resentido
    sin la mamadera
    no me toques
    me da cosquillas
    pene caprichoso
    ya termino

    eso armaste?
    Es cualquiera
    no jodas

    *

    No hay símbolos. Sino algo que cae plaf!
    Agotamiento y desperezo, cae nunca sobre algo oxidado
    nadie retumba.
    no hacer como que
    no saber que no
    poder
    hacer
    o
    CAGE: No hay más vuelta en el esfínter mágico
    CRONENBERG: no la disolución Calcuta del salchichón
    SI AL MATAPERRO
    Música temblorosa en los oídos
    superficialidad de Oliveiras
    colectivo: persona normal que
    me entrega el colectivo
    no viajes bajes
    mantente en estado
    inerte coactivo
    nada de migraciones
    la música de vuelta
    coacciones
    podría o correr
    o cantar
    pero mejor disimular
    las constantes del abismo
    no intentar creer
    o correr
    de los viejos deshilachados
    mejor no buscar el vestido más lindo
    dejarlo ahí y
    retroceder
    o babosear las antorchas de esta Iglesia
    hay un vestido donde mejor lo haya
    lo hay
    haylo en lugares vacantes de especie
    o en las retacerías de moda
    dónde elegir posición en esta marmolería de Once?
    SOY NEOBARROCKER
    Señora
    Ud. no entiende
    porque no es punk
    o nunca lo fue
    capaz que lo será
    señora, la llevo
    póngase unos tules negros
    eso
    así
    despacito y busque
    la muñequera que más le gusta
    esa no es de su elección, lo sé
    no le va a hacer carita
    a la carita también hay
    que hacerle algunos cambios
    póngase un poco de
    maquillaje acá, allá y
    ahora fume
    ve, señora
    la pupila se abre
    ahí empieza la música
    despacito va aplastando
    voces
    otras aparecen
    caen plaf
    otras más
    o no
    los teléfonos públicos le lanzan una puteada
    Ud. lo atiende
    no hay mejor mataperros
    que la calle en estado amorfo
    dilatada
    la mirada símbolo, que desaparece y
    un árbol
    la vista empieza a afinar un punto de cocción
    no puede más
    hábitos de luto
    y su voz serpientina
    heredada de algún culto
    o los rodajes de su semen
    empiezan a diluirse
    en caños de goma espuma
    papel maché
    goma Eva
    pero desaparece el ensueño
    cae plaf
    o no
    le gustaría besarse
    admirarse
    penetrarse
    convertir su carne
    en carne suya
    ser autoaniquilada
    en una autopenetración
    Ud. que puede
    coma de mi mano
    pero no se puede nacer
    en un ángulo obtuso
    nadie lo permite
    menos las cañerías
    que va a decir mi papá por esto?
    nada
    todo
    algo
    que se yo
    importa un pito
    no el de mi papá
    otro pito
    otro
    escribo mal
    cojo peor
    por eso hablo
    pero una gorda como yo puede comer perdices
    y mandarse el huesito grasoso por el culo
    quién no me lo permite?
    yo sí
    la salvación también
    todo puede ser por la producción
    sintomática de andenes
    pero mis ansias son
    o mi pelo suelto
    lo que no acaba de
    comprender?
    son tantos
    datos exacerbados en tu
    mi yo
    matemático
    poeta yo
    imantado en las concatenaciones
    de brillos anticoagulantes
    del insípido saludo
    marrón
    California...

    *

    Lo inconmensurable, lo indecible, lo irrepresentable

    No el efecto hipnótico de ver por televisión
    la caída de las Torres Gemelas,
    sino habitarlas en ese momento.

    *

    Una de amor

    amor, ¿cómo te quisiera?
    podría embeberte en mis mieles
    saborear visualmente tus prados amargos

    amor, ¿cuánto te quisiera?
    podría jugar al Ludo Matic contigo
    olfatear auditivamente tus cantos dorados

    amor, ¿dónde te quisiera?
    podría llegar hasta una poesía tan mala
    mirar olfativamente tu cruel sonrisa




    [Serie: fuga de poemas]


    El título de este poema se fugó 
    El poema también


    ...


    este poema
    está en construcción.
    disculpe las molestias.
    estamos trabajando
    para usted.


    ...


    este poema
    se quedó
    sin palabras.


    ...


    este poema
    está harto
    de ser autorreferencial.


    ...


    este poema es político:
    existe.


    ...


    este poema
    ya se escribió.


    ...


    ¿esto
    es
    un
    poema?


    ...


    este poema
    no quiere
    que lo lean


    ...


    este poema es aburrido
    dice cisne, rosa
    mariposa y amor
    así que pasemos a otra cosa


    ...


    (shhh! este poema
    duerme)


    ...


    esto
    no es
    un poema
    (gracias Magritte)


    ...


    un poema azul
    -pongámosle-
    espera el colectivo
    en este mismo momento.


    ...


    este poema
    no es
    el este poema
    del principio
    del poema


    ...


    este poema
    quiere todos los
    aplausos de la crítica


    ...


    este poema
    escribe en contra
    de la crítica


    ...


    este poema
    cree ser tan
    pero tan trágico
    que prefiere
    no mostrarse


    ...


    este poema
    se lee
    aquí


    ...


    este poema
    terminará
    ahora





    El gaucho celeste, Club Hem, La Plata, 2015. 

    El recorrido

    En el ocaso de su esperanza,
    el gaucho levanta un surco de pasión con su empeine.
    Pide redención a los dioses muertos
    y se encomienda por el camino estrecho
    que hecho ruta por la desconfianza
    fiel a su misticismo, vuelve tesón su cuerpo.

    En un instante de iluminación, momento divino,
    ve todo y avanza, ciego.
    Acaricia el cuerpo lunar como un astronauta pampeano.
    El camino se vuelve recorrido.

    Es una vía con nudos que comunican eco
    su mirada en las partículas de polvo.
    Los átomos del universo con él.

    Vuelve, gaucho,
    a tu jardín mental que embellece visionaria luz.
    Y así, la pampa se muestra eterna, como un suspiro.

    Descentrado el eje,
    los ojos brillando al compás del desierto,
    toda caminata es procesión,
    toda procesión se abisma ante la falta de cielo.

    El gaucho, en su lucha mística, perenne mete
    rebenque en su caballo pero sabe
    que el cielo, para él, está perdido.
    No hay luz que irradie en lo celeste.
    Las esferas ya no reflejan lo de abajo.
    El monte de huesos quedó atrás y sólo resta
    vislumbrar el camino estrecho,
    la fuerza motriz que devuelva
    la orientación a este pampeano.

    Las liebres juegan
    a las escondidas y el cuis con temor se acerca al tranco
    para ver al jinete que busca celeste campos suyos
    -esos campos abiertos-.

    Es el almíbar de la santidad, la patria
    cuando las diferencias se articulan.

    Algo así su tranco, efecto de la llanura inmensa.
    Encuentra de la pasión el plástico
    envuelto en un pañuelo y piensa
    en las enfermedades de su rancho,
    en esos bichos que caen del cielo.

    Los cardos predicen los movimientos a seguir,
    el camino ahora no existe,
    lo nuevo tiene múltiples direcciones.

    Como en un sueño invade la noche y el gaucho,
    que ahora todo lo ve, ciego,
    se decide.

    Armará su camino
    y los dioses vivirán en las células de su cuerpo.

    Partículas de polvo en el aire de la siesta.
    Como una sombra atardecida que recorta el horizonte
    el gaucho sale a buscar el sudor de su trabajo.
    Prepara la tercera pava, la bruja
    ya dispuesto sobre el horno a leña.
    Al lado en una gran olla, el guiso de la noche, lentamente.

    Cíclico redondear del día
    en el infinito plano que llamamos llanura:
    La luna, el sol, la luna, el sol, la luna, el sol....
    La faena.

    La niebla apenas deja ver
    esquelética la forma del árbol solo
    al lado del río,
    es ausente la visión de este poblado.
    Nubes grises se esparcen por esta mañana,
    algunos pájaros buscan, recién despiertos,
    secarse las alas de rocío.

    Ahora Casilda espera a doña Bárbara
    que en el horizonte se recorte tras la curva del camino.
    que vuelva de dejar a su hija en la escuela,
    sentada bajo la glicina que desperdiga
    flores sobre la mesa de cemento.
    Al lado tiene a Fernández, su perro.
    Duerme hecho un bollo,
    levanta su cabeza, olfatea y vuelve a dormir.
    Sobre la mesa hay dos tazas de mate cocido, un pan casero.
    Con la cuchara, en forma de lluvia,
    tira azúcar sobre el pan con manteca.
    Una radio a pilas pasa las últimas noticias,
    -parece que el mundo se viene abajo y nosotros acámurmura
    para sus adentros.
    Bárbara llega con una bolsa de nylon, casi cuarenta años
    es joven.
    La bolsa contiene un dentífrico,
    aceite de girasol,
    un jabón
    y dos atados de cigarrillos.
    Casilda baja la radio sin apagarla,
    apenas se escucha un leve murmullo.
    -Vengo del pueblo-
    Cuenta Bárbara.

    Cíclico redondear del día
    en el infinito plano que llamamos llanura:
    La luna, el sol, la luna, el sol, la luna, el sol....

    La faena.



    La llanura

    El campo que no quisimos arar es la huella
    que nos deja a la intemperie de esos vientos,
    que el gaucho celeste ve correr, inesperados.
    Ya no es más la taumaturgia lo que exaspera
    a la muchedumbre sino la costumbre
    de guiar a todos por la misma senda.
    El gaucho celeste recorre el cielo
    como un diablo que, por viejo,
    encuentra la corriente de su devaneo.

    El testimonio floral que la bruja deja
    sobre el campanario destruido,
    debajo de ese ciprés que se mueve levemente
    bajo la brisa del otoño,
    es la contrapartida exacta
    de las trenzas
    que doña Bárbara le hace a su hija
    para ir a la escuela.

    En puntas de pie danza el gaucho celeste,
    santo de su virtud una zamba ultraterrena y llana,
    que deja en banda la bandada
    de pájaros que se acercan.
    Buitre que se esconde es la valentona nube
    que ahora se arrastra
    sobre la raya azul del río, cruel, instantánea.

    El cielo está despejado, cueva de ese gaucho celeste
    que volando con dos codornices,
    una en cada mano, atraviesa el campo arado,
    fiel camino de los que todavía siguen teniendo
    miedo al llano.

    Mañana volverá la mburucuyá a sentir
    el sabor aterciopelado en la boca
    alimento del criollo que pastando se acerca
    al campo arado,
     y volando con recelo,
    girando sobre su eje hace zumbar
    el rebenque sobre las alas para que las codornices
    se eleven sobre la tierra y encuentren el fruto primaveral.

    El aterrizaje es lento, devastador,
    el campo trata de recomponer
    un lugar,
    un territorio que cerque al gaucho heterodoxo pero él,
    con un facón y una gramática,
    perro revirado se vuelve y pechea el alambrado
    se agarra a sotes con el palenque y se enrieda con las púas.

    Gana el criollo y eleva el trono de su salvación,
    que no resguarda
    cuando el cielo se ensombrece y llega la tormenta.
    En un segundo se llena de piedras lo arado y, con terror
    la naturaleza golpea
    los hombros del gaucho místico que, hecho bola,
    como si estuviese nuevamente en la panza de Casilda,
    protegido en brazos por su madre,
    rechaza los golpes de las piedras de hielo.


    Casilda, vieja misionera
    yegua guaraní
    risotada mañanera que despierta hasta los patos.
    Se levanta,
    y en su hacer tecnológico del dulce de membrillo,
    canta chacareras mesopotámicas,
    llenas de acordeones y de fuelles.
    Ayer gritaba el sapucay apasionada,
    hoy es torcacita de la lágrima
    mientras vuelca el agua jabonosa
    en las rosas de su jardín.
    Con las manos destiñe alpargatas, bombachas,
    refriega con el jabón blanco sobre la tabla
    derruida por los años, los lavados.
    La viene a visitar de vez en cuando el gaucho,
    la bruja también se aparece con él.
    Se sientan a la sombra del laurel
    y ponen sobre el tablón de madera
    hirviendo la pava
    mientras charlan del ritmo de las cosechas.
    El tranco sobre la pampa, la leva de la tierra 
    es ver el horizonte como promesa llana.

    El gaucho que tras el armado se despereza,
    echando humo como locomotora,
    -quizás lleve la cosecha
    o quizás mejor ni hablodice
    el gaucho
    movilizando el pensamiento.
    ¿Será una promesa o el néctar de la locura?

    Se extienden las vías
    Sobre la planicie desértica de la pampa.
    -Dos paralelas se unen en el infinitodice
    la bruja suave al oído del gaucho relativista
    y le alcanza, sin mirar, otro mate amargo.
    Con ese grano particular
    el sol desciende levemente.
    Y en la garganta una voz
    entona vidalita suave.

    El granero de la estación se convirtió en fiesta,
    los farolitos de colores juegan con el viento,
    la señora que come pastelitos
    habla con un nene,
    le consulta problemas de la vida que seguramente
    nadie podrá resolver.

    Un perro olfatea a los que pasan caminando por la feria.
    Doña Luisa vende dulces y especias.
    El gaucho toca con las puntas de los dedos la pimienta
    negra, la hace rodar sobre sus yemas
    sintiendo la leve picazón,
    mira a la bruja y asiente.
    Así se entienden.





    .

    0 0



    María Victoria González 

    (Neuquén, Argentina, 1984). Poeta.
    Escribe poesía y narrativa.Participó en los talleres de Lola Arias, Romina Freschi y GabrielaBejerman. Sus poemas fueron publicados en algunas revistas como No retornable y La guacha . Leyó en diferentes ciclos de poesía. En 2007 publicó la plaqueta artesanal No recibo postales si estoy durmiendo en Pájarosló editora.



    me quiero llamar Napalm
    hacer el amor en un blindado
    y besar a una chica en el mástil de la bandera

    (Las niñas dicen que en el amor hay que conspirar
    porque sino nunca se llega a ser adolescente)

    quiero cortarme el pelo como varón
    ahogar a mis muñecos en la bañadera
    y que me disparen en una película de terror

    (Las niñas dicen que es mentira que sus madres
    les enseñaron a besar)

    quiero robarle a mi novio
    pisar a alguien con su bicicleta
    y empujar personas en las pistas de patinaje

    (las niñas dicen que cuando los amantes te tocan
    te da frío)



    *



    Tu canción en el medio del garage
    me estorba
    tengo ganas de salir a cortar flores
    pero vos insistís en cantar cada vez más fuerte

    decís que por mí te harías piromaníaco
    porque pensás que me gusta fotografiar
    perros calcinados
    pero nada de lo que te dije era cierto
    el fuego me parece ridículo

    me estorba que cierres los ojos cuando cantás
    y que pongas mi nombre en todos los estribillos
    no me llamo como vos pensás
    mi nombre no rima con nada

    sonreís como un asfixiado
    das un giro y caes sobre tus rodillas
    tu sueño siempre fue enseñarme a bailar
    y el mío que te desmayes en el escenario

    te voy a robar el micrófono
    para ver que cara ponés cuando llorás



    *



    Algún día me voy a desmayar en una pradera
    caeré fulminada por la tarde
    y vendrá Bambi arrastrando sus patas-agujas de tejer
    y me enchastrará con su lengua
    una y otra vez hasta que estalle
    todo adentro mío como una maratón un revuelto de frases animales
    una palabra que yo no quise decir
    pero que significa amor,
    amor sincero como una granja
    será una tarde yaciente detrás de un alambrado
    algún día, cuando le cuente ésto a un niño
    ya no creo en magos me dirá él
    Bambi se ahogó en el pantano hace siglos
    y dejó un ejército de muñecos que lo imitan
    pero que no son
    no no no diré yo
    no hables crueldades niño
    no intentes difamar la belleza
    no me lo digas a mí que desfallecí entre sus patas
    cual durmiente inepta
    a mí, que algún día tendré hijos en el reino animal



    *



    si fuera buceadora, alimentaría a mis hijos con krill
    y los pasearía en redes, sobre mi espalda

    si mis hijos fueran ballenas, seguirían las luces de un barco pesquero
    para llegar al mar

    si tuviera un novio marinero, no lo abandonaría nunca
    por miedo al ahogo

    si fuera suicida, caminaría por una llanura soleada
    lentamente, hasta morir de tanta tierra.

    si hubiera conocido otro planeta, en otra vida,
    ahora lo recordaría, o aparecería de incógnito
    en un poema.

    si mi madre hubiera querido que todas sus hijas fueran poetas
    habría tenido que escuchar otro tipo de canciones

    si tuviera que desmayarme en un recital de rock
    sería en el de una banda de chicos melancólicos
    con novias vestidas fuera de moda

    si tuviera que elegir un vestido para mi boda
    pensaría en las personas desnudas del mundo
    y en el frío y en lo feo que me queda el brillo

    si mi novio tuviera una foto de una chica desnuda
    me sentiría muy halagada, no sé por qué

    si alguien viera mis fotos de niña,
    descubriría que he estado mintiendo, todo este tiempo

    si tuviera un doble de riesgo
    haría todo lo posible para que se enamore de mi

    si el amor fuera millones de partes del cuerpo
    dispersas por un terreno baldío
    la gente buscaría las respuestas en los sueños de otros

    si alguna vez soñara despierta
    no se lo contaría a nadie, jamás

    si alguna persona me quiere contar un secreto,
    que por favor lo haga durante los meses de primavera
    porque después será demasiado tarde

    si alguna vez me preguntan
    ¿cuál es tu estación favorita?
    Responderé Todas las que no tengan muñecos de nieve
    Porque son mortíferos

    Si dependiera de mí,
    el mundo acabaría ahogado en una pileta de natación.



    *



    Como un patito de hule
    Anónimo
    me dejo la malla para entrar al agua 


    tengo una corazonada:
    en el fondo de la pileta va a haber alguien como vos
    esperando a
    alguien como yo

    nado contra los azulejos
    chocando piernas de competidoras
    hasta que necesito volver a respirar

    afuera todos están tan empapados como adentro

    a contraluz el agua es una pista infinita
    voy a nadar hasta que a mi malla la degrade el cloro
    y me maree y te confunda

    todas las personas son iguales con el pelo mojado

    las chicas que hacen coreografías
    están en la zona donde no hago pie
    (sé que vos tampoco irías ahí)
    la pileta es el mundo divido en dos

    si encuentro a alguien como vos
    voy a decirle
    querés ver cómo se siente tocarme con agua en las manos
    tal vez para ese momento ya esté desnuda



    *



    todos mis sueños contra
    la red de una cancha de tenis
    enjambrados
    se chupan entre sí para robarse
    lo mejor de cada uno
    están celosos del que me tiene a mí
    muerta en la punta de una península
    con la boca abierta pero sin lengua
    al lado, golondrinas
    y ninguno sospecha



    *



    la velocidad con la que todo se hace sólido acá
    no te identifica 

    sos una luciérnaga desnuda
    contra mi espalda
    tenés sueño, no?
    lo sé por el color de tus pestañas
    rojas violentas

    despabilada en algún lugar de Escandinavia
    pienso
    el frío en el cuerpo trasnochado de la nieve

    no tenemos sol
    hace horas
    empiezo a odiar a la naturaleza
    aunque vos hayas elegido dormir acá
    tenés un lago gigante para hundirte

    despabilada en algún lugar de Escandinavia
    pienso
    el ruido de los animales contra el hielo

    no me abandones ahora!
    no hasta que tu luz se petrifique tanto
    entre mis manos
    que ya no te necesite

    A mi hermana.





    .


    0 0


    José Agustín Ibáñez de la Rentería

    José Agustín Ibáñez de la Rentería (Bilbao, 1751 - Lequeitio, 1826), escritor y pensador político español de la Ilustración.

    De origen noble en una familia con importantes mayorazgos y cuantiosas rentas, nunca tuvo que padecer dificltades económicas y desempeñó varios cargos en la administración local y regional. Miembro en 1774 de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País, pronunció allí dos discursos, uno sobre educación y otro titulado Reflexiones sobre las formas de gobierno que fue editado en Madrid en 1790 y exponía ya las ideas de Montesquieu sobre la división de poderes, esbozando una primera semillla de liberalismo español; fue nombrado alcalde de Lequeitio en 1775 y en 1816 historiador de Vizcaya en las Juntas Generales de Guernica. Escribió unas muy alabadas Fábulas en dos tomos, variadas de métrica, publicadas en 1789 y 1797 y un Memorial histórico (1798) en que describe su participación en la Guerra de la Convención (1793-1795). Como pensador político destaca por sus Discursos (1780-1783), muy marcados por sus lecturas de Montesquieu y otros ilustrados franceses, en los que aboga por dar más libertad a los municipios y en cuestiones educativas defiende el uso de la lengua nacional en vez del latín. Ocurrió que al publicar el apólogo político "El raposo" en 1788 en el Diario de Madrid algunos enendieron que se refería la recién destituido Floridablanca y que lo había publicado azuzado por los seguidores del Conde de Aranda, causándose una gran polémica, ante lo cual tuvo que salir en su defensa Samaniego, que intervino declarando la inocente intención del autor. De todas manera, cuando lo volvió a imprimir en sus Fábulas, añadió «No es ni ha sido mi ánimo señalar a nadie en particular, satirizar, ni hacer aplicaciones personales: esta prevención que a algunos parecerá ociosa por todos aspectos, estoy obligado a hacerla, porque lo exige así el respeto y decoro que debo al Público».



    Ya en 1788 tuvo lugar una conocida polémica a raíz de la publicación en el Diario de Madrid de la fábula titulada El Raposo.

    Decía así:

    De un león poderoso
    ministro principal era un raposo;
    por lo sagaz y astuto,
    orgullo como el hombre tiene el bruto;
    y así, de su privanza envanecido,
    trataba con orgullo desmedido
    hasta a los mismos tigres y los osos.
    Todos los animales,
    grandes, pequeños, mansos y furiosos,
    eran para él iguales; 
    con rigor los trataba y aspereza,
    y despreciaba fuerzas y grandeza.
    En esto, del favor una mudanza
    caer hizo al visir de la privanza,
    y apenas del señor perdió el aprecio, 
    objeto fue del general desprecio.
    Aun el más infelice le acomete,
    y los grandes del reino por juguete,
    no queriendo tomarse más trabajo
    que tal cual arañazo de ligero, 
    como por agasajo,
    tal martirio le dieron y tan fiero,
    y se lo continuaron de tal suerte,
    que, cargado de llagas y de afrenta,
    vino a sufrir la muerte, 
    penosa tanto más cuanto más lenta.
    ¿Por qué para estos casos
    buscamos en los brutos ejemplares
    si de iguales fracasos
    nos ofrecen los hombres centenares, 
    cuando el poder usaron con exceso?
    ¿Y la soberbia cesará por eso?


    Los partidarios de Floridablanca entendieron que en lenguaje cifrado se atacaba al ministro, y que la fábula había sido promovida por los seguidores del conde de Aranda. Fue Samaniego quien intervino, declarando la inocente intención del autor, que no era otro que un joven amigo suyo llamado José Agustín Ibáñez de la Rentería. Aunque éste salió indemne del altercado, cuando al año siguiente, 1789, publicó sus Fábulas añadió al final del prólogo:

    «No es ni ha sido mi ánimo señalar a nadie en particular, satirizar, ni hacer aplicaciones personales: esta prevención que a algunos parecerá ociosa por todos aspectos, estoy obligado a hacerla, porque lo exige así el respeto y decoro que debo al Público».


    MERCURIO Y EL ESTATUARIO 

    Entró Mercurio disfrazado un día 
    en la casa de un célebre estatuario, 
    Por ver cuanto valía 
    de los dioses el Nuncio extraordinario. 
    Estatuas vió de Júpiter, de Marte, 
    de Juno y de Diana; 
    Y por disimular trató de precio: 
    Preguntó por la suya, y con desprecio 
    le responde el artífice: he de darte 
    esta sin interés de buena gana, 
    pues no quiere llevársela ninguno, 
    con tal que compres la de Jove, o Juno. 
    Si así se disfrazaran 
    algunos presuntuosos, 
    y del mérito suyo preguntaran, 
    ¿Quedarían acaso más gustosos?



    EL SOL Y LAS RANAS 

    Al ver Esopo celebrar la boda 
    Del Ladrón mas famoso, 
    Que se encontraba en la comarca toda, 
    Con festivo concurso numeroso, 
    Cuentan que dijo la siguiente historia. 
    Por tradición conserva la memoria 
    Que de casarse al Sol le vino antojo; 
    Las Ranas recibieron mucho enójo 
    Cuando á saber la novedad llegaron, 
    Y á Júpiter supremo se quejaron. 
    No permitas, Señor, que el Sol se case, 
    Conserva nuestras vidas, 
    Pues por él solo, tristes y afligidas, 
    Tantas veces en seco nos quedamos:. 
    Si tal verificase, 
    Y progenie tuviese , ¿qué esperamos?



    EL HOMBRE Y LAS DOS VIUDAS 

    A un Hombre de edad mediana 
    El pelo entre tinto y blanco, 
    Llegó por fin á cansarle 
    La vida de celibato. 
    Como estaba de riquezas 
    No tan mal acomodado, 
    Apenas lo dio á entender 
    Tuvo Novias á dos manos. 
    ¿ El qué hizo ? Tomarse tiempo 
    Para escoger muy despacio 
    Quien sería la dichosa 
    (No es para menos el caso). 
    Dos Viudas' en la palestra 
    El puesto se disputaron, 
    Una todavía verde, 
    Otra mas entrada en años: 
    Cada una por su parte 
    Entre caricias y halagos, 
    Como que era diversión 
    Retocaban su peinado. 
    La Moza quitaba canas, 
    La Vieja por el contrario 
    De todo el cabello negro 
    Le iba al pobre despojando: 
    Tanto hicieron una y otra 
    Que me lo pusieron calvo: 
    Echa la mano, y se encuentra 
    Como Calabaza raso. 
    Señoras mías, las dijo, 
    Vivan ustedes mil años, 
    Que me han hecho de marido 
    Practicar un buen ensayo; 
    Pues que cada cual me puso 
    A su moda acomodado: 
    Conozco que me querían 
    De sus caprichos vasallo. 
    Les estimo la lección, 
    Aunque me quede pelado; 
    Mas cuenten , que el casamiento 
    Ya se lo ha llevado el Diablo.


    EL CONCEJO DE LOS RATONES 

    A los Ratones, daba Miauregato, 
    Enemigo mortal de su pellejo, 
    Tan inhumano trato, 
    Que fue preciso convocar Concejo 
    Para tomar medidas 
    Los que quedaban de salvar sus vidas. 
    Eran los pareceres diferentes: 
    Algunos mas prudentes, 
    Conociendo del riesgo la importancia, 
    Decían se dejase aquella estancia: 
    A otros atolondrados 
    Detenía el amor á los bocados. 
    En esto un Ratoncillo presumido 
    Dijo: yo he discurrido 
    Modo con que á lo menos por sorpresa 
    No ha de lograr en adelante presa: . 
    El medio es muy barato, 
    No hay mas que echar un cascabel al Gato. 
    Oyóse la propuesta, y sin examen 
    Siguió todo el congreso su dictamen: 
    Ejecútese , claman al momento; 
    ¿Y á quién se ha de encargar? aquí fue el cuando 
    Toditos se excusaron uno a uno, 
    Y en conclusión no se atrevió ninguno. 
    ¿Dónde está, pues, el que hizo la propuesta? 
    Marchóse á discurrir otra como ésta. 
    En un Ayuntamiento 
    Se verán mas de ciento, 
    Que son en las propuestas eloqüentes; 
    Pero en la ejecución poco valientes.



    EL CARBONERO Y LA LAVANDERA

    El Carbonero y la Lavandera. 
    A Juana la Lavandera 
    Pedro el Carbonero vio, 
    Y la dijo : mira , yo 
    Casar contigo quisiera: 
    Respondió , no puede ser, 
    Porque lo que yo lavase, 
    Cuando usted se me acercase 
    Lo había de ennegrecer. 
    No se junte el inocente 
    Muchas veces al malvado; 
    Porque si el trato es frecuente, 
    Al fin quedará tiznado.


    Lección / Moraleja:
    No se junte el inocente 
    Muchas veces al malvado; 
    Porque si el trato es frecuente, 
    Al fin quedará tiznado.



    EL BURRO CARGADO DE RELIQUIAS

    De Reliquias cargado 
    iba un jumento de soberbia hinchado, 
    al ver que un pueblo inmenso, 
    lleno de devoción, le ofrece incienso. 
    En eso maliciosa 
    se le acercó a la oreja una raposa, 
    y le dijo. insensato, 
    viendo de adoración tal aparato 
    No a la vanidad te muevas; 
    Pues no es por ti, sino por lo que llevas. 

    Al que se 'ensoberbece' 
    porque un cargo logró que no merece, 
    seguramente no le haría daño 
    si le aplicasen este desengaño.



    EL ASNO, Y EL PERRO DE FALDAS 

    Reparaba un Jumento, 
    Preciado de tal cual entendimiento, 
    Que á un Perrillo de faldas 
    En casa se trataba con regalo, 
    Mientras á él molían las espaldas 
    Con muy pesada carga , y mucho palo. 
    No se cómo es , decía , pierdo el seso: 
    Que siendo ambos á dos de carne y hueso, 
    A él le festejan , no le dan trabajo, 
    A mí me dan porrazos á destajo, 
    Aunque sirvo tan bien : la cuenta sale, 
    Que lo que yo ejecuto nada vale: 
    Sí lo de aquel; pues haga yo lo mismo, 
    Y con eso seré mejor tratado. 
    El Asnal silogismo 
    Le pareció muy bien , y de contado 
    Luego que al Amo á divisar alcanza, 
    Hacia él al instante se avalanza: 
    Por su cara el hocico le pasea, 
    Y muy á su sabor le manotea, 
    Dando clara señal de su alegría, 
    Del rebuzno la dulce melodía. 
    El Amo grita , los Criados llegan, 
    Al Burro me le pegan 
    Una fuerte paliza, 
    Y á la Caballeriza 
    Lo conducen molido y cabizbajo, 
    En donde entre lamentos y entre quejas, 
    Sacudiendo a menudo las orejas, 
    Pudo acertar al fin: Este trabajo, 
    Profirió , con razón estoy sufriendo, 
    Pues me meto á un oficio que no entiendo. 
    Asnos , que os figuráis que sois graciosos, 
    Y con vuestro donaire 
    Os hacéis tantas veces fastidiosos, 
    Cuidado no sufráis igual desaire.



    EL PERRO Y EL GALLO 

    El Perro y el Gallo 
    Iban de camino, 
    Contando sus cuentos, 
    Como muy amigos. 
    En un despoblado 
    La noche les vino: 
    Suspender el viaje 
    Les era preciso. 
    De un Árbol el Gallo 
    Se sube á un ramito, 
    Y el Perro en las raíces 
    Se quedó dormido. 
    Al canto del Gallo, 
    Un Zorro maldito 
    Del vecino monte 
    Acudió muy listo. 
    ¡ O qué hermoso canto! 
    Decía ladino: 
    Baja, porque quiero 
    De mas cerca oírlo. 
    Respondióle el Gallo: 
    Ya bajo , querido; 
    Pero antes la puerta 
    Abrir es preciso: 
    Ahí abajo duerme 
    EL portero mio, 
    Para despertarle 
    Da dos golpecitos. 
    Oyólo el Raposo: 
    Dio con su enemigo, 
    Este le agazapa, 
    Y ajusta el colmillo. 
    Vaya que lo tuvo 
    Muy bien merecido, 
    De su gran falacia 
    En justo castigo. 
    Que el que á otro engaña, 
    Es por ello digno 
    De que se lo paguen 
    Haciendo lo mismo.


    Lección / Moraleja:
    El que á otro engaña, 
    Es por ello digno 
    De que se lo paguen 
    Haciendo lo mismo.


    LA ZORRA SIN COLA 

    De flaqueza de estómago achacosa, 
    en un lazo cayó cierta raposa: 
    Escapó, pero en prenda 
    dejó presa su cola reverenda. 
    Fuera del susto ya, luego la asalta 
    El dolor por la pieza que le falta; 
    Y de rabia se apura 
    por ese menoscabo de hermosura 
    ¿Que tal parecerá, decía, sola., 
    entre todas las zorras yo sin cola? 
    Pero paciencia, para todo hay medida 
    ya he discurrido yo cierto remedio. 
    Con esa idea sale luego a la plaza, 
    y dice a las demás, mirad que traza; 
    he vendido la Chia, 
    Porque ella a la verdad no me servia 
    sino para embarazo, y coger lodo; 
    Haced todas también del mismo modo. 
    Bravo, dijo una zorra muy astuta, 
    la cola es hermosura sin disputa: 
    si usted, señora mía, la ha desecho, 
    hágale en hora buena buen provecho, 
    que no hemos de perder, porque lo diga, 
    cosa que nos adorna y nos abriga. 

    ¡A cuantas esta fábula contara 
    cuando veo que ponen mala cara, 
    Y deslucir pretenden con cuidado 
    en las otras las gracias y hermosura, 
    de que su edad madura, 
    o sus achaques a ellas han privado!



    LAS DOS OLLAS 

    Dos Ollas conducía 
    La rápida corriente de una ria, 
    Una de ellas de cobre, 
    De barro quebradizo la otra pobre. 
    La primera repara 
    Que de ella la de barro se separa, 
    Y la dice: no temas, ven al lado, 
    De no dar contra tí tendré cuidado. 
    ¿Ir á tu lado, amiga? no me atrevo, 
    Porque yo solamente el riesgo llevo 
    De hacerme añicos mil si das conmigo, 
    Y también al revés si doy contigo: 
    De ambos modos la cuenta igual me sale, 
    Con que el ir separada mas me vale. 
    Si el pobre con el rico arma quimera, 
    O el rico con aquel , de igual manera 
    El tropezar con hombre poderoso, 
    Es siempre para el pobre peligroso. 
    ¿Quieres, Fabio , estar libre ? pues mantente 
    Lejos, si pobre estás, de aquella gente.



    LA VIEJA Y EL ESPEJO 

    Una vieja arrugada y regañona, 
    todavía juzgándose persona, 
    y olvidada de que es género añejo, 
    un día se miraba en un espejo: 
    y viendo en él su mísera figura, 
    vota, maldice, jura, 
    y se araña la cara sin consuelo: 
    Echa el espejo al suelo 
    Y desde lejos dice balbuciente. 
    Lindos espejos se hacen al presente. 
    ¡Ah! bien hayan mil veces los de antaño. 
    De esta suerte se admite el desengaño.



    EL MULO LINAJUDO 

    Un Mulo reverendo, 
    Que tenia la honra 
    De sustentar la carga 
    De una ilustre persona, 
    De su madre la Yegua 
    Contaba grandes cosas, 
    Encareciendo siempre 
    Su prosapia gloriosa. 
    ¡ Qué poco consintiera, 
    Hijo de tal Señora, 
    El entrar en servicio 
    De cualquier persona! 
    ¿ Médico ? Vaya fuera: 
    ¿Canónigo? No es cosa: 
    O mi amo el Obispo, 
    O la Reyna Cenovia; 
    Pero al fin envejece, 
    Y se trueca la bola, 
    Y al pobre le destinan 
    A tirar de una Noria. 
    Entonces, según dicen, 
    Discurrió de otra forma: 
    Y su padre el Jumento 
    Le vino á la memoria. 
    Por esto la desgracia 
    Muchas veces importa, 
    Que á algunos mentecatos 
    Les compone la cholla.


    Lección / Moraleja:
    Por esto la desgracia 
    Muchas veces importa, 
    Que á algunos mentecatos 
    Les compone la cholla.



    EL MILANO ENFERMO 

    Estando el milano enfermo 
    a su madre la rogaba, 
    que fuese a ofrecer incienso 
    a los dioses por su causa. 
    Más ella le respondió: 
    ¿Como quieres que lo haga 
    si tu repetidas veces 
    has ensuciado sus Aras? 
    Dijo bien; Pues quien impío 
    del cielo al respeto falta, 
    Cuando su auxilio implorase, 
    debe temer su venganza.


    EL CIERVO Y LA OVEJA, SIENDO JUEZ EL LOBO 

    Ante el Lobo una queja 
    el Ciervo presentó contra la Oveja: 
    pretendía sin firma y sin testigo 
    que le debía un celemín de trigo. 

    La Oveja aunque inocente, 
    viendo en el tribunal tal Presidente 
    no contradijo el hecho; 
    y juzgó el Lobo como en un barbecho: 
    se la mandó pagar, fijose el plazo 
    y la pobre salió de este embarazo. 

    Llegado el día, ejecutóla el Ciervo; 
    pero como iba solo, 
    le respondió la Oveja: "ve protervo, 
    que mi promesa la arrancó tu dolo 
    y del juez mi enemigo la presencia; 
    de que nada te debo en mi conciencia, 
    voy tranquila y segura: 
    Sólo hace ley la fuerza mientras dura.



    EL RATÓN RETIRADO 

    Allá en cierta Hostería, 
    Porque Gatos no había, 
    De Ratones estaba una Colonia 
    Con mas independencia, 
    Que si fueran Magnates de Polonia: 
    A los platos llegaba su licencia. 
    El dueño se mudó de alojamiento, 
    Y entró á ocupar la casa un avariento 
    Quien por guardar su mísera despensa, 
    Trajo de Gatos una tropa inmensa, 
    Que por primer cumplido de mudanza 
    A cuatro sepultaron en la panza: 
    Apenas divisó la bigotera 
    De tanta béstia fiera, 
    Don Roepan prudente, 
    El capataz de la Ratona gente, 
    Por evitar su daño 
    Al punto se escapó, y entró Ermitaño 
    En un Queso de Holanda, 
    Y en tal retiro continuó su vida 
    Entre tanto que anda 
    La mísera Colonia perseguida 
    Sufriendo. duro trato 
    De la garra feroz de tanto Gato. 
    Al cabo esta familia desdichada 
    Le envía una Embaxada 
    A implorar su asistencia: 
    Presentaronsele con reverencia, 
    Trayendo á su memoria las hazañas 
    Que hicieron tan famosas sus Campañas 
    En Despensa y Cocina, 
    Por las que el Pueblo al mando le destina. 
    Oyó nuestro Holandés con grave flema 
    La relación de angustia tan extrema. 
    Y respondió : Hijos míos, 
    Ya están desalentados estos bríos, 
    Me siento ya muy viejo, 
    No tengo mas que huesos y pellejo, 
    Es grande mi flaqueza, 
    No está para negocios mi cabeza: 
    Goberné vuestras cosas mientras pude, 
    De nada sirvo ya, Dios os ayude. 
    Dijo, y cerró la puerta, 
    Y se quedaron con la boca abierta. 
    Este es vuestro retrato, hombres locuaces, 
    Que os hacéis en los pueblos capataces, 
    Con una autoridad mas que importuna, 
    Cuando van los negocios con fortuna; 
    Pero cuando ésta pasa 
    Y viene la miseria, os vais de casa.



    LA ZORRA EN EL GRANERO 

    Suele muy a menudo la abundancia, 
    Hinchándonos de orgullo , y de arrogancia, 
    Ser de nuestra desgracia el instrumento: 
    Si creer no lo queréis, vaya de cuento. 
    Una Zorra mas larga que una lanza, 
    Sirviendo una gatera de postigo 
    Pudo colarse á un almacén de Trigo; 
    Allí se regaló tan bien la panza, 
    Y aumentó su volumen de manera, 
    Que no pudo salir por la gatera, 
    Por mas que mil esfuerzos hizo en vano, 
    Quedando su pellejo nada sano. 
    En esto de repente 
    En el granero se metió la gente: 
    Encontraron la Zorra: fue cogida; 
    Y pagó su delito con la vida.





    .


    0 0
  • 04/07/16--09:10: CRISTÓBAL DE BEÑA [18.386]

  • Cristóbal de Beña

    Cristóbal de Beña (Madrid, 1777 - 1833), poeta español.

    No se poseen muchos datos sobre este autor. Nació en Madrid. Llegó a conocer perfectamente las literaturas inglesa y francesa. Al estallar la Guerra de la Independencia Española era uno de los redactores del Memorial Literario en Madrid junto a los hermanos Carnerero (José María y Mariano) y el médico Andrés Moya Luzuriaga. En 1808 publicó en la imprenta de Benito Cano de Madrid una "Oda al Triunfo de Zaragoza" de 11 páginas en 4º. Liberal, asistió en Cádiz a la confección de la Constitución de 1812 y colaboró en el periódico gaditano Tertulia Patriótica. Ganó fama de poeta repentizador. Don Ángel de Saavedra, Duque de Rivas, le trató por entonces. Marchó como militar a Londres en compañía de su superior, el general escocés John Downie (Stirling, 1777 - Sevilla, 1826), el tuerto creador de la llamada "Legión extremeña", de la que fue coronel. En Londres Beña imprimió sus Fábulas políticas en 1813. Al regresar distribuyó la edición, que, en 1815, durante el gobierno absolutista de Fernando VII, fue mandada recoger, procesándose al autor. Además, tuvieron el honor de ser incluidas en el Index librorum prohibitorum del Vaticano. Pregonan una sociedad igualitaria. Hay algunas republicanas, y otras anticlericales. La Inquisición de México prohibió esta obra en 1816. Con el Trienio Liberal, su madre solicitó y obtuvo la devolución de la edición secuestrada el 2 de abril de 1821. Se volvió a imprimir en 1820 en tres imprentas de Madrid, en una de Granada y en otra de Barcelona, y otra vez en Valencia en 1822 junto a varias de Lafontaine traducidas por Bernardo María de la Calzada adaptadas estas últimas a un sentido político. Se reimprimieron en Caracas en 1833, en la imprenta de Tomás Antero.

    Beña publicó también una colección de sus poesías, elaboradas durante la Guerra de la Independencia, con el título La lyra de la libertad. Poesías patrióticas (Londres, 1813).

    Obras

    Fábulas políticas, (Londres, McDowall, 1813).
    La lyra de la libertad. Poesías patrióticas (Londres, 1813).
    Memorias y campañas de Carlos Juan, príncipe real de Suecia, Madrid, 1815.



    Pasados los años también tuvieron problemas con la censura las Fábulas políticas del liberal Cristóbal de Beña19. Las mismas circunstancias de su publicación ponen de manifiesto su desconfianza ante la posible censura. Aunque algunas de ellas habían sido publicadas en periódicos españoles con anterioridad, la colección completa vio la luz en 1813, en Londres, adonde Beña viajó acompañando a Downie, su superior militar. Además no aparece la obra con su nombre, sino únicamente con sus iniciales: C. de B. Cuando en junio de ese año vuelva a España, las fábulas vendrán entre el equipaje del general al que acompañó, lo cual evitará problemas. Será en 1815 cuando los tendrá, una vez restablecido el gobierno absoluto de Fernando VII. El proceso en el que Cristóbal de Beña se vio envuelto -sólo ese proceso podría ser materia de una comunicación- concluiría con la recogida de todos los ejemplares de la edición. Posteriormente las Fábulas serían incluidas en la relación de libros prohibidos por el decreto de la Inquisición del 22 de julio   -308-   de 1815. Los motivos, claramente políticos, eran «por estar comprendido en las reglas 10 y 16 del índice expurgatorio y ser un escrito revolucionario e injurioso a nuestros monarcas y a las más distinguidas clases del Estado»20. La regla 10 prohibía, además de otros, los libros impresos o divulgados sin nombre de autor; la 16 era la que prohibía las Fábulas por su contenido.

    Del informe de la persona encargada por el juez para examinarlas puede concluirse la ambigüedad a la que se prestaba el género fabulístico como vehículo de la sátira política, pues comienza diciendo que «la mayor parte de ellas son buenas y útiles, pues no censuran sino vicios, sin concretarse a personas ni clases particulares (...) Hay sin embargo otras que bajo un estilo enigmático y ambiguo contienen diferentes sentidos, y alguno de ellos presenta máximas y proposiciones erróneas y perniciosas»21. Sirva de muestra una de las mejores fábulas de Beña, de las más originales, titulada La Escalera de mano y el Farolero. Dice así:



    Cierta noche, ya a deshora,
    en su cuarto un Farolero
    escuchaba grandes voces,
    cuando él solo estaba dentro.
    Levantóse de la cama, 
    juzgando que fuese sueño,
    pero cada vez más claros
    oía distintos ecos.
    ¡Cómo no había de oírlos,
    si estaban muy descompuestos 
    de su Escalera portátil
    los escalones riñendo!
    Paróse absorto a escucharlos,
    y entendió que los primeros
    a los últimos decían: 
    «Vosotros sois los plebeyos;
    que nosotros por más nobles
    ocupamos alto puesto».
    Riéndose los de abajo
    respondían: ¡Bueno es eso! 
    ¿pues de la misma madera
    no hemos sido todos hechos?»
    «Ya, reponían los otros,
    mas, porque sucios no estemos,
    siempre el amo sus zapatos 
    limpia en vosotros primero».
    «Si no fuéramos nosotros
    de esta máquina sustento»
    los últimos replicaban,
    «no hablaríais así soberbios, 
    porque seríais tal vez
    carbón destinado al fuego».
    «Dispúsolo la fortuna»,
    contestábanles aquéllos,
    «y siempre sobre vosotros
    más que os pese estar debemos».
    De tan fútil arrogancia
    indignóse el Farolero,
    y acercándose al rincón,
    y la escalera cogiendo, 
    puso lo de abajo arriba,
    y les dijo: «Caballeros,
    a dormir; que en adelante
    han de ser, voto de mi abuelo,
    los que eran primeros últimos, 
    y los últimos primeros».
    Cada clase un escalón
    en las repúblicas es:
    no se olvide el Papelón
    de la Escalera al revés 
    en cualquier revolución.



    Esta fábula fue interpretada por el censor con el siguiente dictamen:

    «... en cuanto se dirige a censurar los individuos de las clases superiores, que tratan con altanería y desprecio a las inferiores, tiene un   -310-   fin verdaderamente evangélico; mas lo[s] tres versos últimos; No se olvide el papelón - de la escalera al revés - en cualquier revolución, parece que induce a las clases inferiores a sobreponerse a las superiores quando se les presente ocasión: sin embargo las mismas palabras admiten un sentido recto y bueno, si la expresión No se olvide se dirige a estas personas para contenerlas con el temor de que exasperadas aquéllas no se subleven»22.

    19 Cfr. Freire López, A.M., Cristóbal de Beña. Vida y «Fábulas politícas». Madrid, 1987 
    20 Cfr. Indice general de los libros prohibidos... Madrid, 1844. 
    21 AHN, Consejos, leg. 11.921, 4.
    22 Ibídem.




    LA ARAÑA Y EL MOSCÓN

    Tendió la Araña, diestra tejedora,
    su fuerte red un día,
    y el gusano y la mosca voladora
    a cientos los prendía;
    mas dio un Moscón en ella que, atrevido,
    sin cuidar de sus lazos,
    atravesó por medio del tejido
    y la hizo mil pedazos.

    Las leyes suelen ser tela de araña,
    que rompe cuando quiere el poderoso,
    mientras sufren los débiles su saña.

    Cristóbal de Beña, Fábulas políticas.







    .

    0 0


    José Núñez de Cáceres

    José Núñez de Cáceres y Albor (Santo Domingo colonial, 14 de marzo de 1772 - Tamaulipas, México, 11 de septiembre de 1846) fue un escritor y político dominicano. El primero en proclamar la independencia del territorio que hoy se conoce como República Dominicana y el primero en utilizar la literatura como arma de denuncia social y política en el país.

    Núñez de Cáceres nació el 14 de marzo de 1772, en Santo Domingo. Fue hijo de Francisco Núñez de Cáceres y María Albor Polanco. La madre murió pocos días después de su nacimiento y el 23 de marzo del mismo año fue llevado a la pila bautismal por su tío, el deán José Núñez de Cáceres. Fue criado por María Núñez, una tía que vivía en la pobreza.

    Desde su infancia, Núñez de Cáceres demostró gran amor por los estudios, pero su padre era un agricultor y quería que su hijo se dedicara al trabajo del campo, es por eso que no le gustaba que su hijo le prestara más atención a los estudios. Tuvo que estudiar con los libros de sus compañeros de clase porque no tenía todos los libros que necesitaba. Él pudo ganar algo de dinero para ayudar a su tía en la venta de las palomas que un conocido cazaba. A los 23 años, en 1795, Núñez de Cáceres obtuvo el grado de derecho civil, formó una distinguida clientela, y se convirtió en profesor en la Universidad de Santo Tomás de Aquino.

    Carrera política

    En 1799, después de la transferencia de la parte este de la isla a Francia en virtud del Tratado de Basilea, la familia de Núñez se trasladó a la «Real Audiencia de Puerto Príncipe», hoy Camagüey, Cuba. En esta ciudad, en agosto de 1800, Núñez de Cáceres fue nombrado Relator por Carlos IV y ejerció su profesión de maestro. Núñez de Cáceres también sirvió como asesor del gobierno de La Habana.

    A finales de 1808, después de la reconquista de Santo Domingo por parte de España, regresó a su tierra natal, donde escribió su famosa canción a los vencedores de la Batalla de Palo Hincado en los sucesos del 7 de noviembre de 1808. Entre el 29 de junio de 1810 y el 7 de mayo de 1813 fue nombrado Teniente Gobernador, Asesor General y Auditor General del Cuerpo de Servicios del Gobierno de la provincia de Santo Domingo. En 1812, ordenó la emisión de papel moneda y adoptó medidas de emergencia. Núñez demostró un afán tenaz por mejorar la ruinosa situación económica de la colonia y tuvo constantes enfrentamientos con las autoridades, especialmente con Juan Sánchez Ramírez.

    Núñez de Cáceres estuvo involucrado en problemas con el teniente José Álvarez de Toledo y Dubois, quien había sido nombrado por los españoles como diputado suplente de la Junta a las Cortes de Cádiz. Las ideas revolucionarias de Álvarez fueron denunciadas por Núñez de Cáceres, presidente de las Cortes, fundamentándose en dos cartas confidenciales que Álvarez de Toledo había enviado a Juan Sánchez Ramírez. Las Cortes decidieron procesar a Álvarez de Toledo, pero él no pudo ser encontrado. En 1812 un manifiesto impreso en Filadelfia censuró la conducta de las Cortes, lo que hizo que Núñez de Cáceres empezara a ver como una tiranía el estado de cosas en la colonia y comenzó a simpatizar por la independencia de las provincias americanas.

    A la muerte de Sánchez Ramírez, Núñez de Cáceres trató de ocupar un puesto vacante como miembro de la Real Audiencia de Quito pero encontró gran oposición en el tribunal y no lo consiguió. Según su biógrafo, el doctor Morilla, el fracaso en la obtención de la vacante se debió probablemente a su enemistad con Francisco Javier Caro, director de las Indias. Núñez de Cáceres entró en la escena política, después de que un miembro de su familia pasó a la isla de Cuba, acusado ​​de conspirar en favor de Haití y esto motivó la animadversión de Caro hacia Núñez. Esta decepción fue uno de los motivos que lo llevó a realizar su trabajo revolucionario con la finalidad de colocar a la colonia bajo el protectorado de la Gran Colombia, aunque otros hablan de que el interés de Nuñez fue la creación de una república federal con Haití, una vez lograda la independencia de la metrópoli. En 1815, amén de su actividad política, volvió a dar clases en la antigua Universidad de Santo Domingo.

    Declaración de independencia

    Declaratoria de independencia del Pueblo Dominicano firmada el 1 de diciembre de 1821 liderada por José Núnez de Cáceres.

    Núñez de Cáceres quería la independencia de la parte oriental de la isla y pedir la incorporación del nuevo estado a la Gran Colombia. Él había tratado de separar a su país de España por un golpe de estado en la primavera de 1821, pero esto fracasó debido a las medidas tomadas por Sebastián Kindelán y Oregón y por los conspiradores no recibir una respuesta a tiempo de Simón Bolívar. El gobernador, sin embargo, a pesar de las medidas adoptadas no le dio importancia a la denuncia de la trama, lo que permitió que Núñez de Cáceres enjuiciara al capitán Manuel Martínez por delito de difamación.

    En mayo de ese año, arribó a la colonia Pascual Real como nuevo gobernador. Este le dio crédito a las denuncias de conspiración por parte de Núñez de Cáceres y sus seguidores. No obstante, al carecer de tropas se dedicó a observar el comportamiento de los sospechosos y a ganarse la confianza de los principales jefes militares. Por otro lado, haitianófilos conocedores de los planes de Núñez de Cáceres y su gente, explicaron a Boyer la situación política que se vivía en la parte oriental en ese momento.

    El 8 de noviembre, el mayor Andrew Amarante comenzó la rebelión anticolonial en Beler y siete días más tarde, actuando con rapidez, la situación se propagó a Dajabón y Monte Cristi. También el mismo día se anunció el Acta Constitutiva de la Independencia, reglas que regirían las funciones generales del nuevo gobierno y la determinación de concluir un acuerdo con la Gran Colombia para establecer un Estado confederado con ella, sin renunciar a la soberanía del país.

    El 1 de diciembre, las tropas del batallón, en la oscuridad, tomaron por asalto la fortaleza de Santo Domingo, encerrando dentro de sus muros al gobernador. Al día siguiente se anunció la creación del Estado independiente de Haití Español (actual República Dominicana). Acto seguido, se procedió a la lectura de la Declaración de la Independencia Dominicana escrita por Núñez de Cáceres y se estableció un gobierno provisional, cuyo presidente fue el propio Cáceres. Sin embargo, esa nueva constitución consagraba el mantenimiento de la esclavitud, algo inaceptable para ese tiempo.

    Para evitar una invasión de la vecina República de Haití, Núñez de Cáceres envió a Venezuela a uno de los miembros más prominentes de su partido, Antonio María Pineda, para informarle de la situación al «Libertador» Simón Bolívar, pero este se encontraba ausente de Caracas, y ni el vicepresidente Francisco de Paula Santander o el comandante general de la ciudad, el general José Antonio Páez, le prestaron la debida atención.

    Invasión haitiana

    Casi simultáneamente con la proclamación del «Estado Independiente de Haití Español», llegó a Santo Domingo una comisión de tres enviados de Jean Pierre Boyer, a la sazón presidente de Haití. Consciente de los cambios políticos que tenían lugar en la parte este, el coronel Fremont, jefe de la comisión haitiana, informó al recién nombrado presidente del estado Núñez de Cáceres, que el presidente Boyer daría su apoyo al nuevo gobierno.

    Sin embargo, la intención del estado haitiano era invadir la parte Este con el fin de reforzar la unidad e indivisibilidad de la isla. Núñez de Cáceres no encontró el apoyo que buscaba en Colombia y el 11 de enero de 1822, Boyer escribió a Núñez de Cáceres una carta anunciándole su intención de visitar la parte oriental, con un ejército "no como un invasor, sino como un pacificador", al tiempo que advertía que él sería capaz de evitar cualquier obstáculo.

    Cuando Núñez de Cáceres leyó ese mensaje, se dio cuenta del peligro que corría la nueva nación. La mayoría de la población negra y mulata, prefiría la alianza con Haití, nación que había abolido la esclavitud. Núñez aceptó las condiciones de los comandantes militares haitianos y el nuevo estado fue puesto al amparo de la legislación haitiana. El sábado 19 de enero, a tan solo siete días después, el mismo Núñez de Cáceres reemplazó la bandera de la Gran Colombia por la de Haití y el sábado 9 de febrero de 1822, entregó al presidente Boyer las llaves de la ciudad de Santo Domingo.

    No obstante, Núñez continuó haciendo esfuerzos clandestinos en busca del apoyo de las autoridades de la Gran Colombia. Boyer se enteró de esas actividades y en agosto de 1822 exigió el exilio de Núñez de Cáceres, argumentando que su presencia era inconveniente en la isla.

    Carrera literaria

    José Núñez de Cáceres también tuvo un papel importante como escritor y profesor. En 1795, fue profesor en la Universidad de Santo Tomás de Aquino. El 6 de enero de 1815, después de reconstruir la antigua Universidad de Santo Domingo, donde había enseñado, volvió a la enseñanza en esta universidad y por los esfuerzos que hizo como capitán general, el claustro de doctores lo eligió como el primer rector del instituto y se acordó que su retrato, costeado por el gremio, se colocará en la sala de conferencia.

    José Núñez de Cáceres fundó el 15 de abril de 1821, en ​​Santo Domingo, los periódicos El telégrafo de Santo Domingo y El Duende, considerado como los periódicos nacionales dominicano. El telégrafo era informativo y el duende era de opinión, A través de El Duende, Núñez de Cáceres fue lanzado como un fabulista, ya que aquí se publicaron nueve de sus fábulas. También fundó el periódico El Relámpago. De su estudio se produjeron durante los años de 1824-1826, varios periódicos, libros y folletos, entre los periódicos están: El Constitucional Caraqueño y La Cometa, un periódico que atacaba duramente a Simón Bolívar, así como los últimos números del periódico El Venezolano. En Venezuela, además de en el foro y participar en el periodismo, escribió otras tres fábulas.

    Algunas de las fábulas que escribió fueron: el conejo, la oveja y el lobo, el lobo y el zorro, La Araña y El Águila y la aveja y abejorros. Estas fábulas fueron firmadas bajo el seudónimo de "El Fabulista Principiante". Fue acreditado como el primer fabulista dominicano y uno de los primeros cuentistas en la Hispanoamérica.

    Influencias y legado

    En su literatura, Núñez de Cáceres fue un escritor muy sabio y actualizado. Conocía a todos los fabulistas clásicos (Esopo, Fedro, Jean de La Fontaine, Samaniego y Tomás de Iriarte quienes, conscientemente, influyeron, especialmente en el uso de animales: el águila, la abeja, el burro, la cigüeña, el conejo, el cordero, el búho, el Lobo, la Mule, el Palomo, la Raposa. Como persona racional, es común el Pastor. de los diecinueve personajes que actúan en los once cuentos del fabulista criollo, trece son encontrados en Iriarte, doce en Esopo y La Fontaine, nueve en Fedro y ocho en Samaniego. Curiosamente, la mula, el caballo, un burro y el abejorro aparecen en dos de las fábulas de Núñez de Cáceres.

    Matrimonio y descendencia

    A finales del siglo XVIII, Núñez de Cáceres se casó con Juana de Mata Madrigal Cordero y tuvieron seis hijos: Pedro, nació en Santo Domingo el 2 de abril de 1800; y María de la Merced, en la misma ciudad en el año 1816. Cuando Núñez de Cáceres vivía en Camagüey, Cuba, le nacieron otros tres hijos:. José, el 9 de septiembre de 1804, Francisco de Asís, 15 de septiembre de 1805, y Gregorio, el 8 de junio de 1809.

    Últimos años y muerte

    A finales de 1822, Núñez de Cáceres vivió con su familia en Maracaibo, Venezuela. En 1824, estuvo en Caracas, ejerciendo el oficio de impresor. Más tarde, después de su participación en algunos periódicos del país, estalló el movimiento de La Cosiata, a la que se incorporó activamente. El 5 de mayo de 1826, cuando la Municipalidad de Caracas decidió dar plenos poderes al general José Antonio Páez y unirse a la revolución iniciada en Valencia, José Núñez de Cáceres fue elegido, junto con Pedro Pablo Díaz, para llevar la noticia a Páez. El 14 de mayo, Núñez de Cáceres estuvo a su lado cuando en Valencia reafirmó su desobediencia a las autoridades de Bogotá. Posteriormente, Páez designó a Núñez como secretario privado y consejero, cargo que ocupó hasta principios de enero de 1827. Con dicho cargo obligó a Bolívar a destetar a Venezuela de la Gran Colombia. Páez aceptó la idea de Núñez de Cáceres por lo que le dio pasaporte internacional a Bolívar. El 7 de noviembre del mismo año, en la Asamblea celebrada en el convento de San Francisco en Caracas, en la que participó y habló Páez, dio uno de los discursos más revolucionarios, argumentando que "el pacto social se disuelve". A principios de 1827, cuando el movimiento se paralizó en la presencia de Bolívar, Núñez de Cáceres decidió salir de Venezuela con destino a México.

    Él y su familia se trasladaron a México, donde primero se establecieron en la ciudad San Luis Potosí y en Ciudad Victoria, capital de Tamaulipas. En los primeros años, ejerció la abogacía. En 1830 fue nombrado fiscal de la Corte Suprema de Justicia. En 1833 fue elegido senador del Estado de Tamaulipas y miembro de la Confederación del Congreso mexicano y en el mismo año fue nombrado Ciudadano Ilustre de Tamaulipas.

    Sirvió con el general Moctezuma en el Pozo del Carmen, y hizo suyo el programa de este soldado. En 1834 fue nombrado tesorero de la Hacienda Pública, cargo que alternó con su profesión de abogado.

    En 1844 cayó gravemente enfermo y el Gobierno del Estado y la Junta Departamental de Tamaulipas le asignó una pensión para aliviar su dolor. El 11 de septiembre de 1846 murió en Ciudad Victoria, Tamaulipas.

    Después de la muerte del héroe dominicano, su discípulo Simón de Portes, quien se mudó con él a México, hizo un discurso en el acto de inhumación de los restos del gran dominicano.


    La lechuza y la cigüeña

    En el cóncavo agujero
    de la pared de una iglesia
    Doña Lechuza habitaba,
    y de la torre el testero
    por ser la mansión que aprecia
    una Cigüeña ocupaba,
    de modo que sus visitas
    se hacían como vecinitas.

    La Lechuza en una de éstas
    después del común saludo
    así le habló a la cigüeña:
    con mil preguntas molestas,
    vecina donde ti acudo y fiel
    la amistad se empeña
    en que tu sabio consejo
    me des para mi manejo.

    No me dirás mi querida,
    ¿por qué en asuntos civiles,
    políticos, o de Estado,
    si una ley es infringida
    al punto corren a miles
    los soplos al magistrado,
    pero en los de Religión
    todos se ponen tapón?

    Con relación muy prolija
    el negro Cuervo ayer vino
    a delatar del Milano,
    que viendo una Lagartija
    en el patio del vecino
    atrevido le echó mano:
    ¡y el pobre sufrió la pena
    del que viola casa ajena!

    Pero al Murciélago feo
    aunque saca su pitanza
    de la Iglesia, yo lo vi
    sostener con devaneo
    que ya no estaba en usanza
    creer en el Trimurtí;
    y otros al desprecio dan
    por fabuloso el Vedám.

    ¿Y no es ley constitutiva
    del Estado conservar
    la Religión con pureza?
    ¿Pues cómo no hay esa activa
    diligencia en denunciar
    al que niega su certeza?
    aquí mis dudas tenéis,
    decididlas si podéis.

    La Cigüeña con sonrisa
    de este modo le responde:
    si la Religión, comadre,
    diera buen sueldo y divisa,
    hiciera Marqués o Conde
    a quien en su favor ladre,
    tendría muchos delatores
    contra sus innovadores.

    Pero como las promesas
    que ofrece son reservadas
    para la vida futura,
    y nadie en esas larguezas,
    aunque sean muy colmadas,
    la bucólica asegura,
    en lugar de abrir la boca,
    todos dicen: no me toca.






    EL ABEJARRÓN Y LA ABEJA

    Con mucho afán y gran zumbido un día
    Iba un Abejarrón picando flores,
    A tiempo que venía
    A coger materiales una Abeja
    Para hacer sus labores.
    De ello el Abejarrón le forma queja,

    Y haciéndole parar en su carrera,
    Enfadado de habló de esta manera:
    “Cansado estoy de oír tus alabanzas,
    que yo no sé por qué te las tributan
    todas son desconfianzas,
    y misterios ocultos de tu obra:
    si los bienes y males se computan,
    parejas van las cargas, nada sobra,
    y si das miel y cera en tus panales,
    también das picaduras infernales.”

    “Querido, nuestra Abeja le responde,
    usted tiene razón, pero yo doy
    la utilidad que dar me corresponde,
    y aunque imperfecta soy,
    por una picadura hago mil bienes;
    en nada de esto tienes,
    las flores sin provecho
    destrozas, los maderos despedazas,
    y por mi dardo estrecho,
    tú encajas donde puedes dos tenazas.
    ¿Y no es modo de pensar muy recto,
    que el que es útil y tiene habilidades
    tal cual es se perdona su defecto?
    Pero si son sus gracias falsedades,
    Calumnia, robo y vicio sobre vicio,
    ¿Habrá lugar al mismo beneficio?”
    Si el parecer alguno contradice
    Téngalas con la Abeja que lo dice






    .



    0 0


    Ramón Valvidares y Longo

    Fray Ramón Valvidares y Longo (Sevilla, 3 de noviembre de 1769 - 23 de diciembre de 1826), fraile jerónimo, poeta, traductor y escritor español.

    Fue recibido como novicio en el convento de Bornos, provincia de Cádiz, el 7 de marzo de 1787. Profesó en el monasterio de Santa María del Rosario el 9 de marzo de 1788, de donde se fugó, junto con otro compañero, al año siguiente, el 3 de diciembre de 1789. Pasa más tiempo fuera que dentro del monasterio, a menudo sin justificación y otras veces «con el achaque de sus publicaciones». En febrero de 1807 se considera ya excesivamente prolongada su ausencia y se acuerda usar «de todo rigor» para que vuelva.

    Por el Archivo Histórico Nacional —de donde se extraen estos datos—, se sabe que en Sevilla y en 1814 estaba en trance de montar una imprenta, aunque no parece que regentara ninguna; es lo cierto que su hermano Manuel Valvidares sí regentaba una también en Sevilla. Ramón llegó a ser prior del monasterio de Écija y en 1815 intentó ser nombrado Predicador del rey, lo que no consiguió, aunque sí otros empleos y dignidades eclesiásticos, como examinador sinodal, calificador de la Inquisición, etc. También perteneció a la Real Academia Sevillana de Buenas Letras según Francisco Aguilar Piñal. Conoció la exclaustración en 1809 y se vio obligado a huir a Portugal ante el avance de las fuerzas francesas y, más tarde, al comienzo del Trienio Liberal, fue encarcelado durante un breve periodo. Murió el 23 de diciembre de 1826.

    Escribió folletos y ensayos contra Napoleón durante la Guerra de la Independencia, y sátiras contra los liberales como la novela El liberal en Cádiz o aventuras del abate Zamponi (1814), en la que se ridiculiza al personaje principal que quiere ser liberal como si fuese una locura al estilo de la de Don Quijote; el texto, a la vez satírico y paródico, tiene también elementos de novela bizantina y es una de las primeras novelas españolas que se localiza y ambienta durante la Guerra de la Independencia. Fue muy leído su poema épico en doce cantos La Iberiada sobre los sitios que sufrió Zaragoza, y el poema tuvo tanto éxito que incluso conoció una reimpresión. Fue también de los primeros en escribir fábulas políticas en sus Fábulas satíricas, políticas y morales (1811), como hizo Cristóbal de Beña. También tradujo parafrásticamente el Cantar de los Cantares y algunos Salmos.

    Obras

    Descripción poética. La terrible inundación que molestó a Sevilla en los días 26, 27 y principalmente en la desgraciada noche del 28 de diciembre del año de 1796, 1797.

    Sermón moral que en memoria del terremoto acaecido en la ciudad de Sevilla en el año de 1755, y para celebrar la festividad de Todos los Santos, dijo en su iglesia catedral el día primero de noviembre, a presencia de ambos cabildos, el P…, del orden de San Jerónimo, individuo de la real academia Literaria de dicha ciudad, 1807.

    La Victoria. Oda al excmo. Sr. Don francisco Xavier castaños, general en Jefe de los ejércitos de Andalucía, por la batalla ganada a las armas francesas sobre los campos de andujar y Bailén el 20 de julio de 1808, Sevilla, Imprenta de las herederas de D. José Padrino, 1808.

    El desengaño. Discurso histórico, político y legal sobre la falsa política de Napoleón I emperador de los franceses y rey de Italia, etc., Sevilla, Imp. de la calle de la Mar, 1808.

    Fábulas satíricas, políticas y morales sobre el estado actual de Europa (1811).

    Sermón panegírico que en la anual memoria y solemne festividad, que consagra la ciudad de Sevilla al Todopoderoso, por su feliz restauración y conquista hecha del Yugo mahometano en el año de 1248 por don Fernando III, dijo en su iglesia catedral el 23 de noviembre de 1816 Sevilla, 1816.

    El cantar de los cantares de Salomón. Paráfrasis en verso castellano, según el sentido místico, conforme a la exposición de los padres e intérpretes católicos, 1818.

    Afectos devotos para ejercicio y consuelo de las almas espirituales, sacados de los salmos del real Profeta David, 1820 y Madrid, 1824.

    Relación circunstanciada de las solemnes exequias con que la ilustre y Noble ciudad de Carmona honró la memoria de Nuestra reina y Señora Doña maría isabel de Braganza, en los días 21 y 22 de enero de 1819, con la oración fúnebre que se dijo en ellas, Sevilla, Imprenta Real y Mayor, 1819.

    La Iberiada. Poema épico a la gloriosa defensa de Zaragoza, bloqueada por los franceses desde 14 de junio hasta 15 de agosto de 1808, y desde 27 de noviembre de este año hasta 21 de febrero de 1809 Cádiz: Vicente Lema y D. Diego García Campoy (primer tomo); D. Diego García Campoy (segundo tomo), 1813, 2 vols., 2.ª ed. en 1825.

    El liberal en Cádiz, o aventuras del abate Zamponi. Fábula épica para remedio de locos y preservativo de cuerdos. Por F. R. V., Sevilla, Imprenta del Correo Político Mercantil, 1814 (novela).

    Disertación teológico-canónica... sobre los diezmos, Madrid, 1824 y con el título Apología teológico- canónica de los diezmos, donde por un enlace no interrumpido de todos los siglos, desde la ley escrita, hasta el Concilio de Trento, se prueba que ellos son de precepto divino, dado por Dios en ambos Testamentos y definido por la iglesia católica en dos concilios generales y en otros muchos nacionales en Madrid, 1825.

    Fábulas incluidas en Antoine Sabatier de Castres, traducido por Juan de Escoiquiz, El amigo de los niños, Madrid, Imprenta de D. Eusebio Aguado, 1830.




    LA IBERIADA

    PARTE I


    Ahora canto el honor y excelsa gloria
    Del ínclito varón fuerte y osado,
    Cuya fama eternal asaz notoria
    De frondoso laurel lo ha coronado.
    Canto de su valor la clara historia,
    Su constante virtud, y al dios airado
    Que siguiendo el furor de un vil partido
    Por inmenso penar lo ha conducido.

    Calíope sagrada que algún día
    La cítara de Apolo resonabas,
    Entonando tu voz con melodía
    Los hechos de valor que allí notabas;
    Templa por esta vez la lira mía
    Y el acento me dad que grato usabas,
    Porque pierdan su horror en dulces cantos
    La miseria, el dolor y los quebrantos.

    Y vos ¡ó gran FERNANDO! á quien Minerva
    Tegió de vuestra sien la alta corona,
    Digna de la virtud que el mundo observa
    Y le mueve á ensalzar vuestra persona:
    Vos, cuya fama fiel siempre conserva,
    Y en sonoro clarín canta y pregona,
    Discurriendo sin fin con raudo vuelo,
    Ese nombre inmortal que nos dio el cielo. 






    Vos, Príncipe infeliz é idolatrado
    De la Ibera nación, por quien suspira
    La augusta Religión con el Estado,
    Por la santa piedad que en vos admira.
    Vos de mi pecho ¡ó REY el mas amado!
    Con sobrada razón, si bien se mira,
    Pues labré el pedestal y alcé la basa
    A mi honrosa carrera en vuestra casa.

    Vos, Monarca y Señor, traidoramente
    Arrancado de nos con viles mañas,
    Por cuya libertad su clara frente,
    Han ceñido de honor nuestras Españas;
    Por mi labio escuchad atentamente
    De vuestra tropa fiel grandes hazañas,
    Y este obsequio aceptad que el grato pecho
    Os consagra esta vez como un derecho.

    Hay un pueblo leal y valeroso
    En la fértil llanura situado
    Por donde el Huerva azul y el Ebro undoso
    Encaminan su curso acelerado:
    Amenizan también su campo hermoso
    El canal imperial, y el plateado
    Gallego encantador, que en sus raudales
    Muros le son; los dos de albos cristales. 






    Dicen que en otro tiempo fue llamado
    Con nombre de Salduba, hasta que Augusto
    Sus ruinas habiendo levantado,
    Con el suyo le dio su genio y gusto;
    Pues en todas las guerras que ha probado
    Al contrario llenó siempre de susto,
    Adornando también sus estandartes
    Las ciencias, la labor, las bellas artes.

    En esta gran ciudad tuvo su asiento
    El trono de Aragón, hasta que unidos
    Los reinados de España , á un regimiento
    Se miraron quedar todos rendidos.
    Mas ella siempre fue como un portento
    Por sus claros varones escogidos,
    Como lo cantará la augusta Fama
    En el hecho inmortal que hora nos llama.

    Sobre un suelo tan grato y delicioso
    De Minerva los hijos congregados,
    Gozaban de un placer el mas dichoso
    De venturas sin fin siempre halagados.
    A la sombra del Numen poderoso
    Eran de todas gentes envidiados
    Por la mucha abundancia y la riqueza
    Que ilustraban su nombre y su grandeza. 

    El Padre y alto Dios de los mortales
    Por hija tan leal ya desvelado,
    Derramaba también favores tales
    Sobre este pueblo fiel que le era dado.
    Tantos dones y gracias celestiales,
    Que Jove dispensaba al suelo amado,
    Lo elevaron al fin con su influencia
    Hasta el punto mayor de la opulencia.

    Aqui Neptuno su imperial corona
    Ante el ara de Palas ofrecia,
    Y Ceres rubicunda á su persona
    Su cetro y su poder también rendia.
    El fiero Marte, la inmortal Belona
    Con las demás deidades á porfía,
    Respetando su honor y su excelencia,
    Le prestaban obsequio y obediencia.





    Asi pasaban ya sus caros hijos
    Una vida feliz y placentera,
    Y entre puros y dulces regocijos
    Mostraban no temer la suerte fiera.
    Pero como Fortuna nunca fijos
    Pudo tener sus pies, de tal manera
    Su rueda revolvió, que en un momento
    Todo lo trastornó desde su asiento. 

    La soberbia Pirene, Furia insana,
    Genio infernal, horrible y altanero,
    Aborto del averno, que inhumana
    Muerde astuta y sagaz con diente fiero:
    Esta sangrienta diosa transmontana,
    Hermana en el furor del can Cerbero,
    Arrastraba infeliz por justa pena
    De un regicidio infiel la atroz cadena.

    Sobre un montón de escudos destrozados
    Sentada la cruel estaba un día,
    Y volviendo su faz á todos lados
    Sus ojos sin cesar feroz movía.
    A la España por fin los tiende osados,
    Y ya en rabia mordaz su pecho ardía,
    No pudiendo sufrir serenamente
    La gloria y esplendor de aquesta gente.

    Nunca pudo olvidar que la constancia
    Del Ibero leal y generoso
    Siempre vino á domar la su arrogancia
    Con su brazo inmortal y asaz brioso.
    Conociendo de aquí cuánta importancia
    Le diera el abatir á este coloso;
    Su invencible poder aunque miraba,
    Su exterminio total ya meditaba. 

    Así, para vengar su rabia y saña,
    Y dar á su pasión algún contento,
    Buscaba con ardid y astuta maña
    El medio de lograr su negro intento:
    Al fin vino á romper con fuerza extraña
    De su pecho el volcán y el ardimiento,
    Y en la suerte infeliz del suelo hispano
    Determina emplear su furor vano.

    Hay un monstruo horroroso y detestable
    Diosa enemiga del linage humano,
    Que con pecho feroz, rostro espantable
    Al mundo llena de dolor tirano.
    Su venganza cruel es implacable,
    Y la muerte y horror lleva en su mano;
    Turbadora es de paz y de concordia,
    A quien llama el mortal la infiel Discordia.

    Del horroroso averno do yacía
    Este monstruo infernal en sombra oscura,
    La noche fusca, tenebrosa y fría
    A la tierra lo dio por desventura.
    Su ponzoñosa hiél de noche y día
    Vertiendo en ella va, y en tal presura
    Gime el globo infeliz con triste llanto
    Cercado de terror y fiero espanto:

    Este azote cruel de los mortales,
    De los hombres y dioses detestado,
    Principio horrendo de los duros males
    Que al mundo agitan con rigor pesado:
    Esta sombra de horror que aun los umbrales
    De la vida mas fiel ha rodeado;
    Que del triste mortal jamas se ausenta,
    Y al paso que su edad ella se aumenta:

    Este aborto fatal del negro abismo,
    Después que ensangrentó toda la Europa,
    Convirtiendo el furor contra sí mismo,
    Muerde y desgarra su teñida ropa.
    En su fiera altivez y despotismo
    Vertió el veneno de su horrenda copa
    Lanzando en su dolor del Pirineo
    Un horrible clamor de su deseo.

    Sobre el monte la infiel mirando osada,
    A la España volvió su rostro fiero,
    Y de rabia mordaz aquí agitada,
    La cumbre aferra con temblor severo.
    La luna se paró toda turbada,
    Y trémula contempla el fin postrero;
    Y ella con negra y ponzoñosa boca
    Dijo, moviendo allí la excelsa roca. 

    ¿Qué es esto? ¿qué mudanza tan extraña
    Mi elevado poder tiene abatido?
    ¿Es posible quizás que ya la España
    Duerma en la blanda paz y eterno olvido?
    ¿Mi feudataria fiel, que tanta saña
    De mi pecho nutrió, será debido
    Que halagada tal vez de un vil sosiego,
    Extinga de mi altar el sacro fuego?

    ¿Esta brava nación que me fue dada
    Por mi rica heredad acá en la tierra,
    Sobre el ocio fatal hoy recostada,
    Insulta mi deidad, mi templo cierra?
    ¿Do el sacrificio está que ensangrentada,
    Entre el grito y horror de cruda guerra,
    Sobre aquestas montañas me ofrecía
    Cuando mi gran poder reconocía? -

    ¿Mis dominios inmensos, que extendidos
    Hoy se llegan á ver de polo á polo,
    Serán á mi grandeza substraídos
    Por la funesta paz de un reino solo?
    ¿Qué son de tantos bosques encendidos
    Por unas duras manos, que sin dolo
    Quemaban en mi honor fragante incienso
    En tan vasto país y suelo inmenso? 

    Por todo su distrito se veía
    Fuego devorador, yermas ciudades,
    Montes de troncos, que en la sangre fría
    Nadan por las campiñas y heredades.
    Aquí el llanto y clamor solo se oía;
    Allí el fiero dolor y las crueldades:
    ¡Cuadro agradable! ¡lisonjera escena!
    Capaz tan sola de calmar mi pena.

    ¿De dónde nace, pues, tanta mudanza
    En el reino mas fiel á mi servicio ?
    ¿Y posible ha de ser que en blanda holganza
    No me vuelva á ofrecer mas sacrificio?
    ¿Será vana por fin ya mi esperanza,
    Y mi fiero poder sin egercicio
    Veré en esta nación  ¿Se ha minorado
    Su heroísmo y valor tan decantado?

    No por cierto; la Iberia reservada
    Tiene ofrenda mayor á mis altares:
    Su sangre varonil no está acabada,
    Y cubrirá otra vez sus altos lares.
    En tanto que la sed del oro entrada
    Halle en su corazón y en sus hogares;
    Mientras la envidia vil reine en sus pechos
    Yo tornaré á cobrar hoy mis derechos. 





    De esta suerte discurre enfurecida,
    Y Pirene sagaz, que la escuchaba,
    Halló en sus manos la ocasión nacida
    Para el hecho cruel que meditaba:
    Así que luego su cerviz erguida
    Con el fiero volcán que la abrasaba,
    Hacia el monte voló cual vivo rayo
    De su crimen á hacer horrendo ensayo.

    Ante la horrible faz de aquesta diosa
    La pérfida deidad se presentaba;
    Que el veneno mortal que le rebosa
    Su peligro observar no la dejaba:
    Y con lengua mordaz y cautelosa,
    Que venganza y rencor solo espiraba,
    El silencio rompió por vez primera,
    Comenzando á decir de esta manera.

    ¡O Numen inmortal! del Dios sangriento
    Precursora fatal siempre ominosa;
    Tú, que volando cual ligero viento,
    En la tierra infeliz tal vez no hay cosa
    Que no inflames feroz con negro aliento,
    Y perturbes al fin harto enojosa;
    Calma mi duro mal y escucha atenta
    El acerbo dolor que me atormenta. 

    No puedes ignorar que hay una gente
    Que en el cabo de Europa tiene asiento,
    De indomable cerviz, dura y valiente,
    Cuya fuerza y poder es su ornamento:
    Una rica ciudad tiene á su frente
    De constancia y virtud raro portento,
    A quien Palas defiende, desvelada
    En su ayuda y favor, con mano armada.

    Esta brava nación mas insolente
    Por el numen excelso protegida,
    Intenta derribar osadamente
    Una gloria inmortal que me es debida.
    Ya no teme el furor con que impaciente
    En un tiempo traté de su caida;
    Despreciando esta vez con ledos ojos
    Mi venganza cruel y mis enojos.

    Por eso á tu favor tan alta empresa
    En mi dura aflicción he confiado;
    Que si tu lengua audaz hora interesa
    Contra aquesta deidad á Marte airado;
    Su imperio colosal verá de priesa
    Por el suelo caer ya derrocado
    Esa gente feroz, que envanecida,
    Mi sangriento rigor no le intimida. 

    Si en tan arduo proyecto me asistieres,
    Tu nombre esclarecido será eterno,
    Y el premio lograrás que mas quisieres
    En los vastos estados que gobierno.
    Riqueza y dignidad con mil placeres
    Entonces gozarás, y mi amor tierno,
    Siendo fruto de unión tan ventajosa,
    Una suerte feliz; y paz dichosa.

    Callad, dijo la diosa cuando oía
    De Pirene la infiel tales razones,
    Pues todo mi interés cifro en el dia
    Tan solo en proteger tus intenciones.
    Bien sabes que por tí la dicha mía
    Extendiéndose va por mil regiones
    Que en su curso veloz alumbra Febo,
    Y que triunfos sin fin hoy á tí debo.

    Esto dijo no mas, y de su boca'
    Una infección mortal luego respira;
    Pero no es la amistad de quien la invoca
    La que excita esta vez su injusta ira;
    Mas solo su crueldad hoy la provoca
    Y el ansia de dañar á cuanto mira: >
    Que alcanza su rigor siempre inclemente
    Al injusto, al leal, y al inocente. 

    Y en su pecho feroz reconcentrando
    Toda la rabia y hiél mas ponzoñosa,
    L a turbulenta esfera fue surcando
    Sobre un negro vapor y nube umbrosa.
    Entre sombras de horror ya volteando
    Del monte al rededor mas espantosa,
    Lanzó un rayo infernal tan encendido,
    Que la cima tembló con su estampido.

    Con saña tan cruel de allí se parte,
    Y su vuelo fatal luego encamina
    Al trono de furor, do el crudo Marte
    Con la muerte amenaza y la ruina;
    Y con lengua mordaz, astucia y arte
    Hasta el ara del dios ya contamina,
    Atizando el volcan y horrenda llama
    Que del numen feroz el pecho inflama.

    ¿Para cuándo, le dice, tu venganza,
    ¡0 potente deidad! has reservado,
    A vista del favor y alta privanza
    A que Palas hoy ves que se ha elevado?
    ¿Puedes tú ya ignorar de que afianza
    Cada vez mas su honor y su reinado
    El padre celestial, y que abatido
    Tu imperio se ha de ver y aun destruido? 

    ¿Al Ibero no ves con paz segura
    En brazos de su amor ya reclinado,
    Y que aumenta sin fin la su ventura
    Bajo su paternal y fiel cuidado?
    ¿No le miras bollar tu saña dura
    Y tu fiero rigor y rostro airado
    Gozando, sin temor de pena ó muerte,
    Del mas grato placer y feliz suerte?

    ¿Adonde, pues, está tu atroz braveza?
    ¿Adonde tu furor y brazo osado,
    Si permites erguir hoy su cabeza
    Sobre el alto poder que te se ha dado
    A esa diosa feliz, y que tu alteza
    Y tu nombre inmortal se mire ajado
    Por la gloria y valor de aquesa gente
    Que provoca tu honor tan neciamente?

    No juzgo que será juicio y cordura
    Dejes cuerpo tomar á tantos males;
    Que en la misma raíz quien no procura
    Los peligros obviar en casos tales,
    Por fuerza mirará su desventura
    Entre el fiero rigor de sus rivales:
    La dolencia al nacer halla remedio;
    Mas de curarla al fin, no hay fácil medio. 

    ¿Qué piensas? ¡ó gran dios! ¿quién te intimida?
    ¿Quién detiene tu mano poderosa ?
    ¿Una excelsa deidad siempre temida
    Permite vejación tan afrentosa?
    Sisma ya tu furor esa atrevida
    Gente, que sin temor duerme y reposa,
    Y destruye el poder en que confia;
    Que tu suerte feliz es dicha mia.

    Dijo, y un áspid de su horrenda frente
    Arrancando en su ardor, sobre él arroja,
    Que en vagos orbes gira lentamente
    Y en su seno cruel luego se aloja:
    Al impulso voraz que el pecho siente
    Alza negro vapor Ja sangre roja,
    Y la fiera deidad ya no respira
    Sino el odio mortal y cruda ira.

    Como libio león que perseguido
    En el coso se vé, tiende y derrama
    Su torva vista, y en feroz rugido
    Lanza del pecho furibunda llama;
    Así el hijo de Juno enfurecido
    En su duro quebranto gime y clama
    Con espantosa voz y grito fuerte,
    Expresando sus ansias de esta suerte

    ¿Ha de sufrir el hijo del supremo,
    Ha de sufrir acaso injurias tales?
    ¿He llegado tal vez al duro extremo
    De verme despreciar de los mortales?
    ¿No soy yo quien destruyo, mato y quemo
    Y hago temblar los quicios celestiales?
    ¿ Pues quién habrá tan necio y atrevido
    Que me usurpe el honor que me es debido?

    ¿Podrá Palas gozar tan alto fuero
    Que levante su trono sobre el mío
    Haciendo prosperar al necio Ibero
    Contra toda mi fuerza y poderío?
    ¿Pues en qué me detengo, ó á qué espero?
    ¿Por qué causa desmayo y desconfío?
    ¿Cómo no vengo ya tan negra afrenta
    Y castigo severo al que la intenta? 

    ¿A su rey Gerión vencer no pudo
    Alcides en la lid, y su reinado
    De un golpe destruir con él forzudo
    Brazo que descargó sobre el menguado?
    El alma le arrancó con furor crudo,
    Y su cuerpo teiforme fue arrojado
    En negro remolino y recio estruendo,
    A la oscura mansión del orco horrendo. 

    ¿Y yo supremo rey de las batallas
    Hijo del alto Jove y fiera Juno,
    Que derribo los fuertes y murallas,
    Y al unido escuadrón rompo y desuno,
    No podré derrocar las flacas vallas
    Y ese débil valor, con que importuno
    Se opone á mi poder un pueblo osado?
    Ah! yo le haré sentir mi brazo airado.

    Hablando de este modo se levanta
    De su trono imperial, y de su vista
    Lanza un negro volcán con furia tanta,
    Que no hay algún mortal que la resista:
    Y en destemplado son que al mundo espanta
    A sus ministros llama y los alista
    Diciéndoles: venid, y á tantos males
    Pongamos finjo dioses celestiales!

    Todos á su alta voz van con presteza,
    Unciendo á su fatal y horrendo carro
    Los duros brutos, que en su atroz fiereza
    Lanzan de entre sus dientes negro sarro.
    Alza hasta el cielo su feroz cabeza
    La Discordia cruel, que con desgarro
    Mueve y sacude su cerviz hinchada
    De vívoras y horror toda crinada. 

    Con su yeste rasgada va delante,
    Y con paso veloz muestra el camino
    Al crudo dios, que el carro fulminante
    Mueve y lleva en su ardor cual torbellino.
    Ya Belona con látigo sonante
    Los caballos azota de contino,
    Que tascando el bocado en su despecho
    Bañan de espumas su anchuroso pecho.

    Semejante al raudal, que reprimido
    Por dura roca, túmido y rabioso
    Trabaja y lucha todo recogido
    Por un dique romper tan estorboso;
    Mas si llega á vencer , todo esparcido
    Se desata fugaz é impetuoso
    Arrollando al pasar con saña fiera
    Cuanto llega á encontrar en su carrera.

    Asi el furioso Marte discurriendo
    Por los valles, campiñas y poblados,
    De sangre y fuego todo lo va hinchendo,
    Arrasando los montes y collados:
    En la derecha mano va blandiendo
    Un asta formidable, y sus costados
    Lleva ceñidos el feroz guerrero
    Con dura cota de luciente acero. 

    Tras él caminan con fatal semblante
    El ceñudo terror, la negra ira,
    La miseria, la hambre devorante,
    Y el rabioso furor que en torno gira.
    También la muerte, porque mas espante,
    Con la peste cruel marcha, y respira
    El hálito mortal que dentro encierra,
    Y hace gemir los polos de la tierra.

    A su saña infernal todo enmudece;
    Resuenan por do quier tristes lamentos;
    El horroroso averno se estremece;
    Tiemblan del globo todos los cimientos.
    El fértil campo do natura ofrece
    Frutos suaves, dulces alimentos,
    Talado ya se ve; que cruda guerra
    Su rozagante mies troncha y destierra.

    El sudoso gañan, que iba rompiendo
    La dura tierra con el corvo arado,
    Espantado y medroso ya va huyendo
    Y abandona la reja y el ganado;
    Ya el manso corderillo que paciendo
    La yerva andaba por el verde prado,
    Errante y sin pastor su pena exhala,
    Y entristece la selva cuando bala. 

    Ya el laborioso artista que afanado
    Cantaba sin pesar en sus talleres,
    Presuroso camina y asustado,
    Y huyen medrosos hombres y mugeres;
    Pues no se curan ya del hijo amado
    Do hallaran otra vez dulces placeres;
    Que su grande pavor y su congoja
    Aun del materno amor ya las despoja.

    Y la virgen honesta y recatada
    Rompe con tierno pie la su clausura,
    Y entre sombras de horror toda turbada
    Publica su dolor y su amargura.
    Ya tropieza, ya corre apresurada
    Por su voto salvar y su fe pura;
    Y andando acá y allá despavorida,
    A la fuga librar quiere su vida.

    Que el continuo clamor y el grito horrendo
    Por el valle retumba y la montaña
    Y con llama voraz se mira ardiendo
    El alto alcázar, la infeliz cabaña:
    Que la fiera deidad anda vertiendo
    Por todas partes su rigor y saña,
    Sin nada ya dejar donde el tirano
    No descargue cruel su dura mano. 

    De las huestes el polvo roba al día
    Su clara lumbre, y en tiniebla oscura
    Se convierte la luz y la alegría
    Del radiante planeta y su hermosura.
    El nítido raudal, que antes corría
    Bañando ledo la feraz llanura,
    Rojo se mira ya de sangre humana,
    Y el campo tiñe de purpúrea grana.

    De esta suerte discurre el dios sangriento
    De la Hesperia feliz toda la tierra,
    Inclinando á su impulso y movimiento
    Su erguida cima la nevada sierra.
    Mas girando después cual recio viento
    Su veloz carro que al mortal aterra,
    Entre negro huracán, y horrenda grita,
    Al suelo aragonés se precipita.

    Aquí las tropas del francés tirano
    Va moviendo con trompa sonorosa,
    Atizando el furor hinchado y vano
    Que abrigaba Pirene horrible diosa;
    Y á su mismo linage hollando insano
    Y á la Ibera nación por él dichosa,
    Alza su diestra de rigor armada
    Para hacerla infeliz y desdichada. 

    Con su ayuda y favor el recio bando
    De la altiva deidad, que solo aspira
    A vengar su rencor, ya derramando
    Sobre el pueblo español toda su ira;
    Sus fuerzas y poder iba juntando
    Para lo convertir en triste pira,
    Arbolando cruel con roncas voces
    Sus águilas de horror siempre feroces.

    Ya desplega veloz sus escuadrones
    Y tremola en el ayre las banderas;
    Ya resuenan las marchas y canciones
    Por los antros , los valles y laderas;
    Ya repite el clarín marciales sones
    Y se mueven las filas delanteras,
    E hiriendo el atambor el ayre vago
    Todo anuncia crueldad y fiero estrago.

    Asi el negro furor lo conducia
    A la margen del Ebro, que erizado
    Sus olas de cristal ya retraía
    De saña tan cruel amedrentado.
    Las halagüeñas ninfas su osadía
    No pudiendo sufrir en tal estado,
    Sobre el claro raudal huyen medrosas
    Zabullendo en su abismo presurosas.

    La sangre desampara los helados
    Miembros de los mortales temerosos;
    Que á su vista quedaron desmayados
    A un los pechos mas bravos y animosos.
    Los recios batallones y soldados
    Llenos de triunfos, vanos y orgullosos,
    De Salduba tomaron las salidas
    Y sus bocas dejaron defendidas.

    Aquí la imagen del horrible espanto,
    Cercada del dolor y la agonía,
    Arrastrando su oscuro y triste manto
    La faz turbada del mortal cubría:
    Mas de Jove la hija que entre tanto
    Sufrir angustia tal ya no podía,
    A su padre inmortal y poderoso
    Así le dice con clamor penoso.

    Sacro padre eternal de los mortales,
    Que con tenantes rayos intimidas
    Las excelsas deidades celestiales,
    Que á tu inmenso poder tiemblan rendidas,
    Hoy los ojos volved á tantos males
    Como sufro esta vez de unas crecidas
    Huestes, que en su rigor ha levantado
    El fiero Marte del furor tomado. 

    ¿Qué delito mis hijos cometieron
    En gozar de los bienes que les dabas,
    Cuando de tu largueza merecieron
    La ventura y la paz que les mostrabas?
    ¿Acaso por tu mano no tuvieron
    Tanta felicidad? ¿pues cómo acabas
    Con la gloria y honor de esta mi gente,
    "Viendo su destrucción con sesga frente?

    ¿Podrá el hijo de Juno á tus decretos
    Oponerse soberbio y atrevido,
    Siendo á tu voluntad todos sujetos
    Y tan solo tu mando obedecido ?
    ¿Pues cuáles pueden ser esos respetos
    Que á tu imperio tributa el que ha querido
    Las obras deshacer de tu alta mano,
    Tan solo por saciar un rencor vano?

    Bastárale al mezquino en su porfía
    Ver que la elevación del grande Ibero
    De tu diestra era honor y gloria mía,
    Y fruto de mi amor y de mi esmero:
    Esto templar debiera su osadía
    Y su brazo feroz, con que severo
    Solo intenta vengar la negra envidia
    Que en su pecho cruel ha tiempo lidia. 

    Así se lamentaba al padre amado
    Con dolorosa voz y amargo tono;
    Cuando Jove supremo ya sentado
    Con grande magestad sobre su trono,
    Viendo el suelo español todo turbado
    Por el sangriento dios; lleno de encono,
    Suspenso del Olimpo en la alta cumbre,
    De sus ojos lanzó sulfúrea lumbre.

    Y queriendo enfrenar la rabia osada
    Del furibundo Marte sanguinoso
    Sin manchar la deidad su mano airada
    Con la sangre cruel del alevoso,
    A Palas se volvió con voz templada;
    Y con rostro apacible y cariñoso
    Asiéndola del brazo blandamente,
    Dijo en breves razones lo siguiente.

    Bien sabes que por mí ¡ó hija querida!
    En los vastos dominios de la tierra
    Siempre fuistes honrada y conocida
    Por diosa de la paz y de la guerra:
    Y pues tu duro aspecto y faz temida
    O ya el furor aumenta ó lo destierra,
    Vé y ampara á ese pueblo que inocente
    Sufre del hijo infiel la saña ardiente.

    Que en el gran Palafóx, bravo -soldado.
    Intrépido, sagaz, justo y prudente,
    Humano, valeroso y esforzado,
    Todo el apoyo estriba de tu gente;
    El cual de tu favor hoy amparado
    Refrenará el furor del insolente.
    Asi habló el alto Jove, y al momento
    La diosa obedeció su mandamiento. 


    FIN DEL CANTO I

    RESTO LIBRO EN EL ENLACE:

    http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000146759&page=1






    .



    .

    0 0
  • 04/07/16--16:34: LARRY LEVIS [18.389]

  • Larry Levis 

    Nació en Fresno, California, en 1946. Larry Levis murió en 1996. Su primer libro de poemas, Wrecking Crew, ganó el Premio en Estados Unidos the International Poetry Forum, y fue publicado en la Serie de Poesía Pitt en 1972. Su segundo libro, The Afterlife, ganó el Premio Lamont de la Academia Americana de Poetas en 1976. En 1981, The Dollmaker's Ghost fue el ganador del concurso general de la Serie Nacional de Poesía. Entre sus otros premios fueron tres becas en poesía de la Fundación Nacional para las Artes, una beca Fulbrigh, y una beca Guggenheim. 




    EL POEMA QUE PEDISTE

    Mi poema no comía nada.
    Quise darle agua
    pero dijo no,

    preocupándome.
    Día tras día
    lo puse a contraluz,

    le daba vueltas
    pero sólo apretaba más los labios.

    Se volvió sombrío, como un sapo
    cansado de que lo molesten.
    Le ofrecí todo mi dinero,

    mi ropa, mi coche con el depósito lleno.
    Pero el poema miraba al suelo.
    Al fin lo recogí

    entre mis manos, lo llevé cuidadosamente
    afuera, al aire suave, al
    tráfico de la tarde, preguntándome cómo

    terminar las cosas entre nosotros.
    Porque había empezado a respirar,
    añadiendo más y

    más duros anillos de carne.
    Y el poema pedía comida,
    se bebió toda el agua,

    me golpeó, me quitó mi dinero,
    arrancó las ropas desteñidas
    de mi espalda,

    dijo Mierda
    y se alejó despacio
    alisándose el cabello.

    Dijo que iba
    a tu casa.

     Traducción de Claribel Alegría y D. J. Flakoll.
        de "Poesía minimalista norteamericana" Los libros de Orfeo.



    ¿entonces se permite, al menos, 
    una visión franca de la llanura?

    Sapo, verraco, asesino, espejo.
    Algunas de sus palabras favoritas, lo que es aliento.
    O escritura: la larga cola de la “y” que desaparece
    en un granero como cola de roedor,
    y de repente es invierno después de todo.
    ¿Después de todo qué?
    Después de que se sequen las acequias a mediados de agosto
    y los niños tiren alfileres en cada cañón para escuchar el eco.
    Otra pregunta por favor.
    ¿De qué sexo es si tiene alguno?
    Es un varón. Es un varón blanco caucásico.
    Sin ninguna marca explícita de nacimiento, la típica verruga en la barbilla.
    Visto por última vez en un trasluz de Omaha.
    Parece inteligente.
    ¿Pero acaso la mayor parte de los estadounidenses
    no ha visto este poema al menos una vez ya?
    Al menos una vez. Entonces, ¿cómo se le comunica… la enfermedad?
    Por lo que podemos constatar se le comunica completamente por la duda.
    Tan pronto como los poetas alcanzan la veintena empiezan a vivir detrás del seto.
    Al otro lado del seto alguien que es atractivo se ríe o bien de ellos,
    o bien con un amante durante el acto sexual.
    Así que es como una fiesta en la universidad.
    Sí. ¿Pero qué fin el de la fiesta? El fin está dentro del roedor.
    Es el granero que se viene abajo un día de verano.
    Dentro de las entrañas del roedor.
    ¿Entonces se permite, al menos, una visión franca de la llanura?
    Sí, ¿y qué habrá entonces en la llanura? Un jinete que se acerca con un rictus,
    que no ve que su caballo tiene rosas blancas en lugar de ojos.
    ¿Quieres decir… todo otra vez desde el principio?
    Desgraciadamente, sí, o al menos en lo que la vista alcanza.


    EL ÚLTIMO TRAPECIO DE LARRY LEVIS

    Por GERARDO CÁRDENAS



    The Self sounds like a guy raking leaves
    Off his walk. It sounds like the scrape of the rake.
    The soul is just a story the scraping tells.

    LARRY LEVIS, The Darkening Trapeze

    Rebuscar entre los papeles de un escritor muerto es correr un peligro: el de encontrarse con trozos, fragmentos y aproximaciones de lo que pudieron ser una o muchas obras, y pensar que ese material es suficiente para cerrar o completar el ciclo de ese autor. La obsesión de cerrar las cosas, de no dejar cabos sueltos, nos persigue: ahí está, por ejemplo, la continua persecución de la obra inacabada de Roberto Bolaño que ha vuelto un negocio la transformación de fragmentos narrativos en libros, algo así como un Frankenstein editorial.

    Lo mismo pudo haber ocurrido con los poemas del estadounidense Larry Levis (1946-1996). Muerto hace 20 años, Levis había publicado cinco poemarios y ganado algunos premios. Tras su muerte, aparecieron dos poemarios póstumos: Elegy, cuyos poemas fueron recopilados por familiares y amigos a manera de despedida; y The Selected Levis, que es una antología de lo publicado en vida.

    Desde su muerte, Levis ha ido creciendo en el imaginario de la poesía estadounidense y hoy está considerado un poeta de culto. Su lucha a muerte con la psicología y la fe religiosa, su estilo extremo, la contundencia de sus imágenes (el alma como la historia que cuenta un rastrillo que recoge hojas muertas), así como la brevedad de su vida, lo colocan en ese nicho de casi perfección en que quedan muchos autores que mueren cuando aún son considerados jóvenes, o cuando se encontrarían a la mitad de su trayectoria creativa. Es uno de muchos poetas estadounidenses que merecen un mayor número de traducciones, empezando por el español.

    La fuerza de los poemas de Levis crecía con el tiempo. De ahí, tal vez, la tentación que uno de sus mejores amigos, el también poeta David St. John, sintió por buscar qué otros trabajos de Levis que no hubieran sido publicados en Elegy podrían quedar aún en las cajas que había acumulado y que contenían borradores enviados por Levis a sus amigos.

    St. John fue poco a poco encontrando poemas que estaban suficientemente trabajados para no ser considerados borradores, pero que habían sido ignorados previamente, o que no entraban en el tema y tono de Elegy. En poco tiempo, St. John se dio cuenta que tenía un nuevo libro en manos.

    The Darkening Trapeze (Graywolf Press, 2016) es, a decir de St. John, el Duino Elegies, el Book of Nightmares es Levis y es también donde el poeta revela de forma incontestable su profunda relación con el cine, la fotografía y la pintura, en especial con la fotografía del checo Josef Koudelka y con la pintura del inglés Francis Bacon.

    ……Who
    would have ever thought
    The body could be poured? Like anything else?
    Who would have supposed
    The body pouring out the body in the stench
    Of resurrection?

    De: The Space

    Es imposible saber si Levis presentía el final de su vida: muchos de los poemas contenidos en The Darkening Trapeze anuncian un cansancio avasallador, mecido entre una continua rebeldía y un triste sarcasmo. El título del volumen se refiere, por un lado, a uno de sus poemas –Elegy with a Darkening Trapeze Inside it– y por otro lado nos remite a Tryptich, un cuadro de Francis Bacon.

    The only surviving son of Jesus Christ was Karl Marx.
    You can tell by the last letter of his name,
    Which has the shape & frail balance of an overturned cross.

    ….

    The only surviving son of Jesus Christ survives now
    Mostly in English departments & untended graves

    De: Elegy with a Darkening Trapeze Inside it

    St. John quiso dar a The Darkening Trapeze un tono especialmente póstumo, aún si Elegy había precedido a este volumen por varios años. Su continua búsqueda de más poemas de Levis lo llevó a toparse con God is Always Seventeen, un poema que Levis escribió para su hijo Nick, y que St. John editó con base en notas dejadas a mano por el poeta. Levis, al contrario de lo que normalmente hacía, no circuló el borrador con muchas amistades. Es un poema más íntimo y que si bien no rompe el tono del libro, está colocado al final como precisamente eso: un cierre, porque nuestra naturaleza aborrece los cabos sueltos.




    At the Grave of My Guardian Angel: 
    St. Louis Cemetery, New Orleans

    for Gerald Stern

    At sixteen I was so vulnerable to every influence
    That the overcast light, making the trash of addicts & sunbathers suddenly clearer
    On the paths of the city park, seemed death itself spreading its shade   
    Over the leaves, the swan boats, the gum wrappers, and the quarreling ducks.
    It took nothing more than a few clouds straying over the sun,
    And I would begin falling through myself like an anvil or a girl's comb or a feather
    Dropped, tossed, or spiraling by pure chance down the silent air shaft of a warehouse,
    The spiderweb in one fourth-floor window catching, in that moment, the sunset.
    For in such a moment, to fall was to be simplified & pure,
    With a neck snapped like a stem instead
    Of whoever I turned out to be,
    Wiping the window glass clear with one cuff
    To gaze out at a two-hundred-year-old live oak tethering
    The courtyard to its quiet,
    The tree so old it has outlived even its life as a cliché,
    And has survived, with no apparent effort, every boy who marched, like a wilderness
    Himself, past it on his way to enlist in Lee’s army,
    And now it swells gently in the mist & the early sunlight.
    So who saved me? And for what purpose?
    Beneath the small angel cut from cheap stone, there was nothing   
    But my name & the years 1947-1949,
    And the tense, muggy little quiet of a place where singing ends,
    And where there is only the leftover colored chalk & the delusions of voodoo,
    The small bones & X’s on stones signifying the practitioner’s absence,   
    Entirely voluntary, from the gnat swirl & humming of time;
    To which the chalked X on stone is the final theory; it is even illiterate.   
    It is not even a lock of hair on a grave. It is not even
    The small crowd of roughnecks at Poe’s funeral, nor the blind drunkard   
    Laughing there, the white of his eyes the unfurling of a cold surf below a cliff—
    Which is the blank wave sprawl of fact receding under the cries of gulls—
    Which is not enough.

    *

    I should rush out to my office & eat a small, freckled apple leftover   
    From 1970 & entirely wizened & rotted by sunlight now,
    Then lay my head on my desk & dream again of horses grazing, riderless & still saddled,
    Under the smog of the freeway cloverleaf & within earshot of the music waltzing with itself out
    Of the topless bars & laundromats of East L.A.

    I should go back again & try to talk my friend out of his diet
    Of methamphetamine & vodka yogurts & the look of resignation spreading over his face
    Like the gray shade of a tree spreading over a sleeper in the park—

    For it is all or nothing in this life, for there is no other.
    And without beauty, Bakunin will go on making his forlorn & unreliable little bombs in the cold, & Oswald will adjust   
    The lenses on the scope of his rifle, the one
    Friend he has carried with him all the way out of his childhood,
    The silent wood of its stock as musical to him in its grain as any violin.   
    This must have been what they meant,
    Lincoln & Whitman, joining hands one overcast spring afternoon   
    To stroll together through the mud of Washington at the end   
    Of the war, the tears welling up in both their eyes,
    Neither one of them saying a word, their hands clasped tightly together   
    As they walk for block after block past
    The bay, sorrel, chestnut, and dapple-gray tail swish of horses,
    And waiting carriages, & neither one of them noticing, as they stroll & weave,
    The harness gall on the winters of a mare,
    Nor the gnats swarming over it, alighting now on the first trickle of blood uncaking from the sore;
    And the underfed rib cage showing through its coat each time it inhales   
    Like the tines of a rake combing the battleground to overturn   
    Something that might identify the dead at Antietam.
    The rake keeps flashing in the late autumn light.
    And Bakunin, with a face impassive as a barn owl’s & never straying from the one true text of flames?
    And Lincoln, absentmindedly trying to brush away the wart on his cheek   
    As he dresses for the last time,
    As he fumbles for a pair of cuff links in a silk-lined box,
    As he anticipates some pure & frivolous pleasure,
    As he dreams for a moment, & is a woman for a moment,
    And in his floating joy has no idea what is going to happen to him in the next hour?
    And Oswald dozing over a pamphlet by Trotsky in the student union?   
    Oh live oak, thoughtless beauty in a century of pulpy memoirs,   
    Spreading into the early morning sunlight
    As if it could never be otherwise, as if it were all a pure proclamation of leaves & a final quiet—

    *

    But it’s all or nothing in this life; it’s smallpox, quicklime, & fire.
    It’s the extinct whistling of an infantry; it is all the faded rosettes of blood
    Turning into this amnesia of billboards & the ceaseless hunh? of traffic.   
    It goes on & I go with it; it spreads into the sun & air & throws out a fast shade
    That will never sleep, and I go with it; it breaks Lincoln & Poe into small drops of oil spreading
    Into endless swirls on the water, & I recognize the pattern:

    *

    There there now, Nothing.
    Stop your sniveling. Stop sifting dirt through your fingers into your glass of milk,
    A milk still white as stone; whiter even. Why don’t you finish it?
    We’d better be getting on our way soon, sweet Nothing.
    I’ll buy you something pretty from the store.
    I’ll let you wear the flower in your hair even though you can only vanish entirely underneath its brown, implacable petals.
    Stop your sniveling. I can almost see the all night diner looming   
    Up ahead, with its lights & its flashing sign a testimony to failure.
    I can almost see our little apartment under the freeway overpass, the cups on the mantle rattling continually—
    The Mojave one way; the Pacific the other.
    At least we’ll have each other’s company.
    And it’s not as if you held your one wing, tattered as it was, in contempt   
    For being only one. It’s not as if you were frivolous.
    It’s not like that. It’s not like that at all.
    Riding beside me, your seat belt around your invisible waist. Sweet Nothing.   
    Sweet, sweet Nothing.

    “At the Grave of My Guardian Angel” is from THE SELECTED LEVIS: SELECTED AND WITH AN AFTERWORD BY DAVID ST. JOHN by Larry Levis Copyright © 2000. 



    Childhood Ideogram

    I lay my head sideways on the desk,
    My fingers interlocked under my cheekbones,   
    My eyes closed. It was a three-room schoolhouse,   
    White, with a small bell tower, an oak tree.   
    From where I sat, on still days, I’d watch   
    The oak, the prisoner of that sky, or read   
    The desk carved with adults’ names: Marietta   
    Martin, Truman Finnell, Marjorie Elm;   
    The wood hacked or lovingly hollowed, the flies   
    Settling on the obsolete & built-in inkwells.   
    I remember, tonight, only details, how   
    Mrs. Avery, now gone, was standing then   
    In her beige dress, its quiet, gazelle print   
    Still dark with lines of perspiration from   
    The day before; how Gracie Chin had just   
    Shown me how to draw, with chalk, a Chinese   
    Ideogram. Where did she go, white thigh   
    With one still freckle, lost in silk?
    No one would say for sure, so that I’d know,   
    So that all shapes, for days after, seemed   
    Brushstrokes in Chinese: countries on maps   
    That shifted, changed colors, or disappeared:   
    Lithuania, Prussia, Bessarabia;
    The numbers four & seven; the question mark.   
    That year, I ate almost nothing.
    I thought my parents weren’t my real parents,   
    I thought there’d been some terrible mistake.   
    At recess I would sit alone, seeing
    In the print of each leaf shadow, an ideogram—
    Still, indecipherable, beneath the green sound   
    The bell still made, even after it had faded,   
    When the dust-covered leaves of the oak tree   
    Quivered, slightly, if I looked up in time.
    And my father, so distant in those days,
    Where did he go, that autumn, when he chose   
    The chaste, faint ideogram of ash, & I had
    To leave him there, white bones in a puzzle   
    By a plum tree, the sun rising over
    The Sierras? It is not Chinese, but English—
    When the past tense, when you first learn to use it   
    As a child, throws all the verbs in the language   
    Into the long, flat shade of houses you
    Ride past, & into town. Your father’s driving.
    On winter evenings, the lights would come on earlier.   
    People would be shopping for Christmas. Each hand,   
    With the one whorl of its fingerprints, with twenty   
    Delicate bones inside it, reaching up
    To touch some bolt of cloth, or choose a gift,   
    A little different from any other hand.
    You know how the past tense turns a sentence dark,   
    But leaves names, lovers, places showing through:   
    Gracie Chin, my father, Lithuania;
    A beige dress where dark gazelles hold still?   
    Outside, it’s snowing, cold, & a New Year.   
    The trees & streets are turning white.
    I always thought he would come back like this.   
    I always thought he wouldn’t dare be seen.

    Larry Levis, “Childhood Ideogram” from Winter Stars. Copyright © 1985 by Larry Levis. All rights are controlled by the University of Pittsburgh Press. 




    Elegy with a Chimneysweep Falling Inside It

    Those twenty-six letters filling the blackboard   
    Compose the dark, compose
    The illiterate summer sky & its stars as they appear   

    One by one, above the schoolyard.

    If the soul had a written history, nothing would have happened:   
    A bird would still be riding the back of a horse,   

    And the horse would go on grazing in a field, & the gleaners,

    At one with the land, the wind, the sun examining   
    Their faces, would go on working,

    Each moment forgotten in the swipe of a scythe.   

    But the walls of the labyrinth have already acquired   
    Their rose tint from the blood of slaves
    Crushed into the stone used to build them, & the windows   

    Of stained glass are held in place by the shriek   

    And sighing body of a falling chimneysweep through
    The baked & blackened air. This ash was once a village,   

    That snowflake, time itself.

    But until the day it is permitted to curl up in a doorway,   
    And try to sleep, the snow falling just beyond it,   

    There’s nothing for it to do:

    The soul rests its head in its hands & stares out
    From its desk at the trash-littered schoolyard,

    It stays where it was left.
    When the window fills with pain, the soul bears witness,   
    But it doesn’t write. Nor does it write home

    Having no need to, having no home.   
    In this way, & in no other

    Was the soul gradually replaced by the tens of thousands   
    Of things meant to represent it—

    All of which proclaimed, or else lamented, its absence.

    Until, in the drone of auditoriums & lecture halls, it became   
    No more than the scraping of a branch   
    Against the side of a house, no more than the wincing

    Of a patient on a couch, or the pinched, nasal tenor   
    Of the strung-out addict’s voice,

    While this sound of scratching, this tapping all night,   
    Enlarging the quiet instead of making a music within it,

    Is just a way of joining one thing to another,

    Myself to whoever it is—sitting there in the schoolroom,

    Sitting there while also being led through the schoolyard   
    Where prisoners are exercising in the cold light—

    A way of joining or trying to join one thing to another,   
    So that the stillness of the clouds & the sky

    Opening beneath the blindfold of the prisoner, & the cop   
    Who leads him toward it, toward the blank

    Sail of the sky at the end of the world, are bewildered

    So that everything, in this moment, bewilders

    Them: the odd gentleness each feels in the hand
    Of the other, & how they don’t stop walking, not now

    Not for anything.

    Larry Levis, “Elegy with a Chimneysweep Falling Inside It” from Elegy. Copyright © 1997 by Larry Levis. 



    .

    0 0
  • 04/07/16--16:56: REX BURWELL [18.390]

  • REX BURWELL

    (MONTANA, EE.UU.- 1940). Obra: "Anti History".
     Poeta que representa al minimalismo poético.
          


    El zapato del libro de cuentos
    que nunca más será
    agraciado por ruedos de pantalones
    yace en el bosque
    como un hongo de cuero
    mientras cae la luz a través
    de los árboles como monedas pesadas.

    Rex BURWELL. Poesía minimalista norteamericana.




    ZAPATOS
    Finalmente ahora no me me interesan los poemas me interesan
    los zapatos los zapatos tristes. Me interesa la luz azul
    que surge de ellos cuando una mujer gorda
    camina hacia su hogar en el crepúsculo desde su zapatería.
    Zapatos de televisión zapatos que he abandonado zapatos viejos!
    éscribiendo hasta tarde en la noche bajo la luz
    de botellas amarillas anteojos 
    lenguas colgando. El zapato marrón de la mañana
    fuera de lugar en la medianoche en el salón de baile
    con máscaras y violines. El zapato que yace
    en el suelo como un niño que hace sumas
    tiene aquí mi simpatía mi adulta simpatía
    la sonriente luna en la ventana. El zapato del libro de cuentos
    que nunca más será agraciado por ruedos de pantalones
    yace en el bosque como un hongo de cuero
    mientras cae la luz a través de los árboles como monedas pesadas.
    Zapatos de juventud y vejez zapatos humanos
    mas graciosos y con mas fines que un corcho que cae
    mas bello que alguien atrapándolo.
    Los zapatos en los pies de los esqueletos  en la tumba
    los zapatos en los pies de los niños
    los zapatos bajo la cama
    como son pacientes los hemos obligado
    a darse vuelta por donde vamos conversando durante kilómetros/ 
    sin lograr hablarnos. Libros de sudor.
    Libros de esfuerzo. La gastada caparazón
    de colgar viajar correr y patear.
    Apagadores de colillas. Fracaso de tobillos gruesos
    al levantarse suspiran los cordones
    como brazos muertos en las tardes los ojos
    y ojales como ojos humanos la costura rasgada
    el talón roto, las flores del durazno
    cayendo como nieve sobre el zapato.



    “ESTÁ LA AVE EN EL AIRE SOSIEGO . . . ”
    —Quevedo

    The bird is at peace in the air,
    in the water the fish . . .
    the clock in the mouth
    of the shelf, the silent cornstalks
    like drawings of cornstalks
    that descend in the evening like a subtle movie.
    Nothing expires except the light like a spoon
    that falls onto the dish of evening nouns:
    the tree roofs forearm
    muscling under the pavement,
    the salam ander in the deep fire of the shadow . . .



    THERE’S YOU

    There’s me walking beside the real water.
    I’m going along, not even aware
    I’m watching myself. Suppose my shadow
    falls upon the half-seen prints
    of carp feeding in the shallows
    among the sick-green reeds, and suppose that moment
    I glance away. It wasn’t even me;
    I was replaced. It was someone else
    with eyelids and cheeks.

    And when you get home
    letters have come for you. Cream
    and manila, you shuffle them
    climbing the stairs: unexpected money,
    postcard from Deyd , your
    broker’s dead. I glance away,
    and that moment you begin
    to find in a linty pocket your old
    fingernail clippings, and in your desk
    on scraps of paper
    notes in a foreign hand.



    .


    0 0
  • 04/08/16--02:59: LAUREN SHAKELY [18.391]

  • Lauren Shakely

    Lauren Shakely (Nacida en 1948 Cleveland, Ohio). Es una poeta americana, editora y editora.

    Su abuelo fue el juez federal de apelaciones Warren L. Jones. Recibió su licenciatura en Inglés de la Universidad Denison en 1970.

    Desde la publicación del primer libro, ha trabajado en la industria editorial desde hace más de 20 años, ocupando puestos de alto nivel en editoriales Rizzoli, el Metropolitan Museum of Art, aperture, y ARTnews.

    Es ahora vicepresidente primero y editora de Clarkson Potter Publishing, una división de Random House, que publica entre otros a Martha Stewart.

    Vive en Brooklyn.

    Premios 

    1977 Walt Whitman Award selected by poet Diane Wakoski

    Bibliografía

    Poesía 

    "The Four O'Clocks" . Virginia Quarterly Review : 106–107. Winter 1979.
    Guilty Bystander . Random House. 1978. ISBN 978-0-394-42494-1 .
    Lunch at the counter . Poetry in public places. 1977.

    Traducción 

    Guillaume Apollinaire (1977). Le Bestiaire ou Cortège d'Orphée. DIBUJOS POR RAUL DUFY. Nueva York: Stinehour Press. (Esta es la reimpresión de la edición de 1911 ilustrada)

    Ensayos 

    Shakely, Lauren (July 1, 2001). "Leaving Home, Taking the Hearth". The New York Times. Retrieved May 7, 2010 .
    "Photography changes the foods we crave". click! photography changes everything (Smithsonian Institution).




    Versiones en español por Esteban López Arciga.
    http://circulodepoesia.com/2016/04/american-poetry-lauren-shakely/


    Dondiegos de noche

    Tarde en el Union bar.
    El dueño dice que si comemos sus hamburgos
    nos uniremos a su mujer en el viejo Boot Hill, podría de una vez
    tomar las cebollas. Allá en Ohio, donde pintan
    los garajes de un rosa chillón y pavimentan el patio con corcholatas,
    la memoria difusa de las flores se vuelve azul,
    aunque leí en algún lado que son rojas, blancas o amarillas.
    Un vecino dijo que se abren justo a la hora todos los días, pero yo
    veo
    a la niña que fui, de ojos tristes y rodillas de perilla, esperando por siempre
    mientras las hojas verdes se mueven al lado rojo de la casa,
    semillas negras yacen en la banqueta de concreto,
    Mamá tenue detrás de la puerta, rechoncha, con delantal de guingán.
    De sus historias sé que soy una princesa,
    hija de Faraón cuidada por esclavos.
    Plantamos dondiegos de noche y esperamos.
    De esa lección aprendo fracaso, misterio, incertidumbre.
    No importa como luzca la flor en verdad.
    Digo azul con manchas amarillas. Mi madre me dijo,
    en las noches largas cuando le gritaba a fantasmas sombríos o
    brujas
    que buscara más duro y las viera por lo que en verdad son. Observé
    aquello que creía que era tan duro que en la memoria es
    exactamente
    lo que digo. Sé, sé que mi madre me amaba, de la forma
    que una mujer sin hijos sofoca a un cachorro, amamante o rapta al
    desconocido singular,
    Aún así crecí pellizcando los cachetes del antirrino para hacerlo
    bostezar,
    ansiando por ver con claridad tal que las mismas estrellas huirían
    derrotadas,
    mientras arrastraba a la ciega noche con mi mochila de puntitos,
    mi voluntad enferma.




    El corazón monstruo

    Quiero que mi corazón persiga otros corazones
    como un taxi tratando de ocuparse.
    Piénsalo:
    el corazón monstruo
    corazón se come a Nueva York,
    corazón que resuelve peleas entre amantes
    ofreciéndoles amor a ambos
    si prometen callarse,
    un corazón que. Cuando es entrevistado en televisión,
    contesta amable,
    “No gracias, sólo como otros corazones,”
    y nunca me menciona a mí personalmente-
    un corazón que cualquiera podría amar,
    si no supiera ya
    lo que sucede con él.




    The Four O’Clocks

    Late afternoon in the Union bar.
    The owner says if we eat his hamburgs
    we’ll join his wife up on old Boot Hill, might as well
    take the onions. Back in Ohio, where they paint
    garages shocking pink and pave the yard with bottle caps,
    the faded memory of flowers turns out blue,
    though I read somewhere they are really red, white, or yellow.
    A neighbor said they open right on schedule every day, but I
    see
    my child self, sad-eyed, knob-kneed, waiting forever
    as green leaves spread over the red side of the house,
    black seeds lie down on the concrete driveway.
    Mother dim behind the screen door, plump, gingham apron.
    From her stories I know she is a princess,
    Pharaoh’s daughter who slums to care for me.
    We plant some four o’clocks and wait.
    From that lesson I learn failure, mystery, uncertainty.
    Doesn’t matter what the flower really looks like:
    I say blue with yellow stamens. My mother told me,
    in the long nights when I howled at shadowy ghosts or
    witches,
    to look harder and see them for what they really were. I stared
    at what I thought she was so hard that in memory she is
    exactly
    what I say. I know, I know my mother loved me, the way
    a childless woman might smother a puppy, suckle or rape the
    odd stranger,
    yet still I grew up pinching the cheeks of snapdragons to make
    them yawn,
    yearning to see so clearly that even the stars would back off in
    defeat,
    as I crept into the blind night with my checkered knapsack,
    my ill will.




    The Monster Heart

    I want my heart to rush after other hearts
    like a taxi trying to make a light.
    Think of it:
    the monster heart
    the heart that ate New York,
    a heart that solves arguments between lovers
    by offering to love them both
    if they promise to keep quiet,
    a heart that. When interviewed on TV,
    answers politely,
    “No thank you, I only eat other hearts,”
    and never mentions me personally-
    a heart anyone could love,
    if he didn’t already know
    what was wrong with it







    .


    0 0
  • 04/08/16--09:46: HENNIE MEYER [18.392]

  • Hennie Meyer

    Hennie Meyer nació y se crió en Pretoria, Sudáfrica y trabajó en Unisa. En 2007 fue finalista en el Concurso de nuevas firmas de Sasol. En 2008 realizó la primera exposición completa de su poesía concreta en Tina Skukan Galería en Pretoria. 

    Su trabajo ha sido exhibido en Woordpoort en Pretoria. También participa en las páginas de la Universidad de Northwestern, y en 2012 realiza una exposición de su obra en el Festival de Poesía Melville. 

    Algunos de sus poemas fueron publicados en New Voices 4 de Table Mountain Press.


    Poesía afrikáan:
    Selección y traducciones de Jan de Jager




    Picasso

    de la boca y el bigote
    dehans
    hizo pacisso
    una severa herida
    con un chorizo




    [glosa aclaratoria]

    coño (pussy) perdón quise decir poesía

    lapicera (pen) es pene
    página vagina 

    entra rápido esta noche



    Escapar y la relajación de la risa suave
    10/09/2013
    Hennie Meyer haciendo un cigarrillo de marihuana en un poema





    Picasso
    10/09/2013
    Un poema concreto por Hennie Meyer juega con deslizamientos cubistas de Picasso



    detective
    27/11/2013
    Speelspeurder Hennie Meyer llevó a cabo una speurspel





    la medición de este
    03/03/2014
    Un poema concreto por Hennie Meyer brailletaal









    .

    0 0


    Luis Javier Rodríguez

    Los Ángeles EE.UU. Luis Javier Rodríguez es poeta laureado de la ciudad de Los Ángeles, California, desde 2014 y uno de los grandes pilares de la literatura chicana. Para Luis, poesía es el alma que habla, un acto profético y un poderoso medio para extender la presencia de cada uno de nosotros en el mundo. Rodríguez, además de poeta, es novelista y cuentista. También ha incursionado en la memoria y el cuento infantil.  

    Us Latino Poets en Español
    Copatrocinado por el Smithsonian 
    Latino Virtual Museum

    Luis Javier Rodríguez

    Por Xánath Caraza

    Una parte esencial de Luis Javier es que es activista para la comunidad, enfocándose en la construcción de la paz en zonas urbanas, deprimidas económicamente, en los Estados Unidos de Norteamérica. Ha sido mentor de muchos jóvenes y adultos, cura a través de la escritura siempre enfocándose en la paz tan necesaria en muchos de los barrios de las grandes urbes, donde muchos latinos y chicanos viven. Ha trabajado, no solo a través de talleres de creación literaria sino con toda una gama de actividades artísticas; ha creado espacios para promover el arte, la música, la danza, la pintura y la creación literaria, entre muchas otras actividades que responden a necesidades específicas de las diferentes comunidades urbanas de chicanos y latinos con quienes trabaja.  

    Al poeta le gusta definirse también como esposo, padre, abuelo y bisabuelo; la familia es uno de los pilares de su vida por la que lucha y para quien está presente día a día. 

    Rodriguez es autor de quince libros en todos los géneros previamente mencionados y otras tantas antologías. Entre sus libros están, su memoria y libro mejor vendido, Always Running, La Vida Loca, Gang Days in L.A. y su más reciente libro, una secuencia del anterior, It Calls You Back: An Odyssey Trhough Love, Addiction, Revolutions, and Healing. 

    Es director y fundador de la editorial Tía Chucha Press con veinticinco años de existencia. Es cofundador y presidente del Centro Cultural y Librería Tía Chucha en el Valle de San Fernando, California. Asimismo es coordinador y conciliador de The Network for Revolutionary Change. Luis está comprometido a limpiar, balancear y sanar el mundo. “Para lo esencial, unidad; para lo no esencial, libertad. Ante todo, compasión.”

    He coincidido con Luis Javier Rodriguez en varias ocasiones. Es un ser comprometido con el mundo, el arte y la literatura. Un hombre con experiencias duras en su vida, las cuales le han permitido llegar a ser el íntegro ser humano que es hoy en día. Recientemente tuve una conversación vía email con él y acordamos en la selección de los poemas que a continuación he traducido para esta ocasión, “Como luz de luna al agua”, “Formas afiebradas” y “Baile o muerte”. 


    Como luz de luna al agua

    (Para mis hijos menores, Rubén y Luis)

    Rubén recuerda el día que traje a mamá
    y a su hermanito a casa cuando tenía seis.
    En el asiento trasero del auto dijo
    que era un niño que parecía asiático
    con cabello parado. 

    Chito—diminutivo para Luisito—se veía así
    porque es parte Rarámuri y Huichol
    pero mayormente de todo el universo.
    Rubén se debió haber preguntado por galaxias de estrellas,
    cantos de pájaros e historias que han sido soñadas 
    para moldear a este niño.

    Cuando Chito llegó estoy seguro que Rubén sabía
    que su mundo nunca sería el mismo.

    Hasta entonces Rubén había sido nuestro hijo único.
    Para mamá y papá él era el chillido
    de los frenos del auto,
    un suspiro para una broma mala,
    el guante para la pelota
    y ahora esto—un niño confundido observando
    con detenimiento una carita de la tierra
    enredada en una sábana azul cielo.

    Le pregunté a Rubén que qué pensaba de su hermano.
    Con ojos relucientes con la claridad de un niño de seis años,
    contestó: “Oh, ya lo conocía—
    vi a Chito cuando estaba en el estómago de mamá”.

    Miré a Rubén con una mirada que a menudo doy
    en respuesta a sus increíbles observaciones.
    De alguna forma su declaración era verdadera.
    Su hermano menor estaba en el aire,
    preparándose a partir, el siguiente,
    pacientemente esperando su turno.

    Cuando crecieron, Chito siguió cada movimiento
    de su hermano, entrando de lleno
    en la densa esfera de Rubén.

    Rubén nunca lo lastimó ni explotó
    como los hermanos mayores 
    frecuentemente lo hacen.

    Los chicos conectaron desde el principio
    como colibríes a la flor,
    como aliento al poema,
    como luz de luna al agua,
    hermanos desde el vientre.



    Formas afiebradas

    (Para José Montoya, David Henderson y Pedro Pietri
    y para el primer recital de poesía al que asistí en el otoño de 1973)

    Me la pasaba en un mundo engendrado en una aguja,
    adicto a las drogas y a la vida loca,
    y así, ahí estaba—en Berkeley
    para mi primer recital de poesía.

    Tenía dieciocho—con una bala, como decían.
    Poco antes había volado en avión por primera vez.
    Cierto, había sobrevivido media docena de asaltos,
    golpizas de policías,
    sobre dosis, navajas al cuello en las celdas de la cárcel,
    ser desamparado en las calles frías y húmedas,
    y palizas en las peleas del barrio—pero volar?
    Me espantó de muerte.

    Me senté allá en un café repleto de gente
    sin saber qué esperar.
    ¿Poesía? Nunca antes había oído de ésta.
    Oh, había escrito líneas:
    viñetas, imágenes, miedos, pensamientos.
    No sabía que fueran poemas.

    No tenía idea de lo que era un poema.

    El primero al micrófono fue José Montoya
    con oraciones chicanas de viejos pachucos,
    amores complicados y solos de guitarra
    y manos indias en harina de maíz.

    Después David Henderson en el escenario,
    calles urbanas negras brillando, miradas racistas,
    furia de los Black Panther y cocina sureña.

    Por último Pedro Pietry al escenario—palabra
    nuyorriquense meister, bombardeando con 
    experiencias del Barrio, con poemas en
    cabinas telefónicas y sabiduría de la vida
    que nos hizo reír y sacudirnos.

    Nunca había escuchado la palabra así,
    más música que habla,
    más imágenes afiebradas que oraciones,
    más Che y Malcom que Shakespeare.

    Estos poemas vinieron por mí,
    enlazaron mi garganta,
    demandaron mis ahorros de vida
    llevándome de viaje al crepúsculo.

    Estos poemas eran garabatos en grafiti
    a lo largo de callejones y túneles desparramado con basura
    en mi cuerpo, la metadona metafórica para vomitar heroína
    en la corriente sanguínea, la línea de vida que ya tenía dentro
    de mí y no lo sabía.

    Estos poemas fueron palos de billar, planchas oscurecidas,
    un giro de rayos de sol después de la tumba,
    gritos ennegrecidos de sangre tras las cortinas rotas,
    un niño chillando sin que nadie le ayude.

    Fueron esencia de mujer después de 
    haber hecho el amor, un toque dulce de la mano al rostro,
    cascadas de cabello sobre la almohada
    un gemido durante un beso largo.

    Estos poemas fueron intentos ensombrecidos,
    dudas inesperadas, lamentos sin luto,
    luna sin cielo,
    melodías desconocidas…
    la caída que sucede cuando
    empujas la navaja en la muñeca.

    Vinieron por mí cuando me hundía en mi suicidio
    mientras inquietamente me movía en una silla,
    me picaba bajo la piel,
    cuando me preguntaba por qué vine.

    José, David y Pedro—
    nunca fui el mismo después de esto.
    Vinieron por mí y nunca los dejé ir.  

    Vinieron por mí y transpiré poemas
    desde entonces.  Vinieron por mí—y todas mis adicciones,
    mis malditas mentiras, mis máscaras caídas,
    mis esposas molestas, mis hijos olvidados,
    amigos enojados y falla tras falla
    nunca pude dejarlos ir.



    Baile o muerte

    (Para el pueblo Rarámuri de Chihuahua, México)


    1.

    Cuando el mundo detenga sus rituales colectivos
    ignore los cargos quemado-rojizos
    de sus heridos y traicionados;
    cuando presione los versos de la vida
    y detenga las celebraciones que marcan
    los pasos ascendentes hacia la conciencia;
    cuando impida las sutiles encantaciones de la tierra,
    are en los salvajes terrenos abiertos del corazón,
    bloquee el nacimiento creativo de las profundidades del alma;
    cuando fuerce nuestro hogar, nuestra tierra, para convertirse
    en barro mucoso de cualquier energía mortal que pueda quemarse
    fuerce el tropiezo de glaciares, a los bosques ceder,
    a los océanos revolverse; cuando los diamantes, el oro, el petróleo, los autos—
    y hogares demasiado grandes para diez familias,
    dejen solo a uno—pueden explotar,
    y el respeto, la dignidad, la comunidad
    sean difíciles de encontrar…
    será entonces cuando alguien
    deba bailar
    para evitar que todo
    muera.  


    2. 

    En la Barranca del cobre de la vieja Chihuahua,
    alrededor de ocho mil Rarámuris viven 
    escondidos entre las piedras volcánicas y pinos—
    una de las últimas tribus residentes de las cuevas en el mundo.

    Visité los Rarámuris un verano mexicano
    con un amigo navajo,
    que quería ver con sus propios ojos a esta tribu cohesiva y ancestral,
    que existía de la manera que su gente lo había hecho más de cien años atrás.

    Dormimos en cuevas,
    lavamos y cocinamos sin electricidad,
    enfrentamos gruñidos de perros sarnosos.
    También conocimos gente del maíz remarcablemente tímida
    pero calmada y conectada.

    La mayoría de los Rarámuris estaban desesperados:
    Hambrientos, olvidados, perseguidos.
    Las cuevas eran su último refugio.


    3.

    Entre los Rarámuris más tradicionales
    existe un concepto—bailar o morir.
    Siente que deben llevar a cabo rituales
    para el resto de nosotros, ya que nuestra tan
    llamada civilización ha olvidado lo que sabía.
    Hemos perdido nuestra esencia a la industria,
    al capital, al trabajo robado.
    Hemos olvidado cómo respetar y honrar relaciones,
    la naturaleza dentro y alrededor de nosotros,
    y cómo estas relaciones balanceadas
    traen abundancia y renovación.

    Le hemos dado la espalda a estas leyes,
    forzando a la tierra a ir más allá de sus capacidades curativas,
    colocando necesidades superficiales por encima de los profundamente humano,
    lo hecho por el hombre o la locura humana por encima de lo natural,
    lo cual siempre hace sentido,
    siempre rima,
    siempre razona.

    Podemos salvar el mundo todavía
    pero alguien tiene que proteger las canciones,
    las invocaciones,
    las delicias.

    Alguien debe seguir bailando.







    .

    0 0


    Fabiola Morales Gasca

    Puebla. México
    Licenciada en Informática por el Instituto Tecnológico de Puebla, egresada de la Maestría de Computación en la Facultad de Ciencias de la Computación BUAP. Desde hace cuatro años aprende el oficio de Escritura en talleres literarios en la Casa del Escritor y en la Escuela de escritores. Terminó el Diplomado en creación Literaria en la SOGEM-IMACP de Puebla.Ha tenido como maestros a importantes escritores mexicanos como Beatriz Meyer, Álvaro Solís, Mario Bojórquez, Gerardo Oviedo, José Luis Zarate, Enrique Pimentel, Néstor Vázquez, René Avilés Fabila, Eve Gil, entre otros. Ha publicado en suplementos literarios de la ciudad y en algunos blogs a nivel nacional como El Búho, Amaranto Arizona y el Sol de México. Es una lectora voraz y escritora incansable.

    En noviembre del 2014 publicó su primer libro de poesía denominado “Para tardes de Lluvia y de Nostalgia” bajo el sello de Rodrigo Porrúa Editores. Los poemas de su libro, como la sinopsis nos menciona, son una seducción hacia el mundo intangible de la nostalgia y los recuerdos.

    En “Para tardes de Lluvia y de Nostalgia” La profundidad de la tristeza es el principal misterio a descubrir en las líneas que destilan nostalgia por el amor, el tiempo y los sueños que se han extraviado en algún cajón olvidado de la mente y del alma. En su libro, la nostalgia es la principal provocación para todos los sentidos. Pero la autora empieza este año con proyectos nuevos, así que deja a un lado la nostalgia y descubre en este 2015 una nueva fase en su escritura con tintes que van desde lo erótico hasta lo político. Se proyecta con más fuerza y experiencia en sus letras y su voz; razón por la cual actualmente está trabajando en nuevos proyectos que van desde la poesía, cuento y novela.



    Limpieza

    Le venimos comprando su colchón viejo, roto,
    que ya no le sirva,
    con el olor de sus amores,
    con el dolor del desencanto,
    con el crujido del  adiós.

    No se preocupe, no lo cargue,
    ya cargo con el dolor, la desesperación,
    el sueño roto, el mal de amor
    y otras cosas peores.

    Háganos una seña
    y hasta su puerta vamos,
    le compramos también todo el fierro viejo,
    lo que ya no le sirva.

    Nos llevamos todo,
    tomamos los malos recuerdos,
    los tragos amargos, las fotos de días felices
    y las ilusiones en vano.

    Nos llevamos todo lo que le estorba
    en el patio del corazón
    y hasta su sombra, si quiere,
    nos llevamos, sólo háganos una seña
    y hasta la puerta  de su decepción allá vamos.





    BOLA DE CRISTAL

    Por FABIOLA MORALES GASCA 


    En un principio, el mundo se condensaba en una gran bola de nieve. Todo era blanco. Energía y materia fluían felizmente en un vaivén que hacía girar a la bola de nieve en un éxtasis de comunión perfecta. Pero como todo lo perfecto algún día se tiene que romper, la bola de nieve que contenía al mundo blanco se deshizo para dar paso a la más exquisita combinación de colores y vidas, que jamás se ha visto. Rojo, azul y amarillo, mutaron para dar forma a nuevos mundos en donde los colores daban vida a seres que habitaban en esos nuevos mundos; no comprendían que pertenecían a un orden superior y algunos de ellos, cuando volteaban a ver el trozo de bóveda celeste, que les correspondía en ese espacio infinito, se preguntaban ―a veces calladamente, a veces en voz alta― si había vida en las estrellas lejanas. 

    En esos mundos, entre tanta gente, en medio de la sierra y del canto de miles de grillos y cigarras; un niño de siete u ocho años, desde el patio de su humilde casa con paredes de madera y láminas viejas como techo, contemplaba las estrellas. Es Noche Buena, pero apenas si lo recuerda; se lo mencionaron desde la semana pasada en la iglesia, a la cual asiste cada domingo ―está a dos kilómetros de distancia, a él eso no le molesta, al contrario lo anima―. Da cada paso con alegría, sabe que llegando a la parroquia en sus manos tendrá uno de los pocos libros, que ha conocido en su vida. Grande, grueso, con letras tan bellas al inicio de cada capítulo. La Biblia―le dice el sacristán― contiene la palabra de Dios, el Ser creador del universo. El niño no parece entender bien esto, pero, lo que le parece maravilloso es que la palabra sea guardada. Imagina la cantidad de historias que los libros encierran. En los sagrados textos, algunos relatos se los ha contado el sacristán: un jardín y una expulsión, un diluvio y muchos animales; una guerra y un muro que cae al sonar unas trompetas, hombres que caminan por el desierto; muros con inscripciones, extrañas promesas a través de generación en generación, ángeles que bajan, un rey que nace en la pobreza con una gran estrella. ¿Acaso un rey puede conocer la pobreza? Si esto puede estar encerrado en ese libro, qué no contendrán los demás libros ¿Se puede obtener todo el conocimiento a través de ellos? ¿Y si ahora que termine de aprender a leer, lee todos esos libros? Ya está cansado de ver en sus manos pedazos de libros y todos esos recortes de revistas viejas. 

    ¡Ah…! si en sus manos tuviera un libro para él, ¡sólo para él! como aquellos libros viejos de la biblioteca de su escuela. Sueña, sueña en miles de historias que nunca en su cabeza terminarán. Hoy es Noche Buena, apenas si se acuerda. En el cielo tupido de diamantes alcanza a ver una estrella fugaz perdiéndose entre la sombra de la cordillera, pide un deseo, recuerda que aquel Rey que nació en la pobreza traía a su propia estrella. Pide fervientemente un deseo. 

    Pierde toda su concentración, al grito de mamá― ¡Hijo, ven a cenar! ―y abre los ojos. Entra en su casa y un plato de frijoles negros está servido a un lado de las tortillas tibias envueltas en manta. Después, duerme sobre una cobija vieja y un pedazo de madera. El frío cala. Es Noche Buena y apenas si lo recuerda. Un Rey eligió nacer en la pobreza. Mañana es seguro que el libro que deseó no lo tendrá en las manos. Pero mañana, que es Navidad, el sacristán le prestará como siempre después de la misa, la Biblia.


    En un principio, el mundo se condensaba en una bola de nieve. Todo era blanco. Energía y materia fluían en una comunión perfecta, eterna. Hasta que un niño agitó la bola de cristal.




    Minificciones, Fabiola Morales Gasca


    Corrector

    Al escritor le gustaba hacer novelas eróticas y detestables. Su pluma tenía la virtud de ser incansable sobre las hojas blancas.  Su corrector lo censuraba, pero como es sabido por todos, lo prohibido atrae más.  Así que no le quedaba otro remedio que corregir. Después de las revisiones, rezaba cincuenta rosarios y treinta padres nuestros. Al depravado escritor un día se le acabó la tinta y empezó a escribir con su propia sangre, las novelas fueron entonces blancas, puras, llevaban a la santidad con sólo leer las primeras páginas.
    Su corrector asombrado aún más ante el nuevo estilo, realizó varios cambios, así después de corregir cada novela terminaba haciendo las mejores orgías que jamás ese pueblo conoció.



    Interestelar

    El sexo se le escurría entre las manos, lo olfateaba, lo veía entre sombras, lo escuchaba susurrar. Era un constante latir en sus venas. Un día recostado sobre su cama, cerró los ojos, exploró su propio cuerpo y sintió todos los murmullos de amor y todos los orgasmos de mundo.  Se desvaneció en el gemido más estremecedor y se corrió hasta volverse el semen más volátil.  Desde el aire, como un polvo de estrella fugaz, comprobó con eficacia, que el universo es un apareamiento, una incesante cópula que nunca acaba.






    .


    0 0
  • 04/08/16--14:38: MATEO ELEJALDE [18.395]
  • La literatura que no cuentan: poetas afroargentinos


    MATEO ELEJALDE  

    Poeta afroargentino.

    La literatura que no cuentan: poetas afroargentinos

    Autor: Omer Freixa*

    Existe muy poco interés por la literatura negra de la Argentina debido a los condicionantes indicados arriba, pero también porque no hay obras académicas que traten el tema. Esto último se explica porque gran parte del material publicado por afroargentinos se encuentra en sus periódicos de finales del XIX y principios del XX.

    No obstante, se advierte que, si bien los afroargentinos escribieron bajo los cánones de la sociedad dominante y en calidad de minoría, se dio el primer intento de crear un sujeto negro, una nueva identidad, además de la denuncia de la situación desventajosa en que vivían los afroargentinos y sus padecimientos.

    Lo anterior se desprende de la obra de unos de los románticos desconocidos, el afroargentino Mateo Elejalde, de quien no se sabe ni la fecha de nacimiento (algunos suponen 1862) ni la de muerte, y cuya obra fue publicada, como la mayoría de los casos, en un periódico negro, La Broma, entre febrero de 1881 y diciembre de 1882.

    Si bien la mitad de sus poemas son de amor, como “A ella”, “Suspiros” y “Ausente”, Elejalde tiene uno de los primeros publicados, “Redención” (1881), en donde centra la atención en el modo de superar los padecimientos de los de su estirpe. En sus dos primeras estrofas el poeta escribió:

    “Ya sonó la hora anunciada
    en que una raza oprimida
    empieza a entrar en la vida
    de sublime redención.
    Por fin… la pálida noche
    que nuestro cielo cubría,
    nos anuncia un bello día,
    de dulce resurrección.

    Sí, levantemos la frente,
    recibamos sus fulgores.
    Y en sus cambiantes colores,
    inspirémonos también.
    Que templen nuestras ideas,
    los rayos que el sol envía.
    Y alienten el alma fría
    los destellos de su sien.”


    La “pálida noche” puede connotar la idea de una Argentina blanca que puso en jaque la identidad negra. El poema es una expresión de deseo, de necesidad de pelear y resistir para conseguir el progreso tan anhelado. El llamado a la resistencia coincidió con la llegada de una década en que la “Generación del 80” exaltaba a toda voz que el afroargentino había desaparecido. Entonces, “Redención” funciona como una exaltación en contra del racismo de época.

    http://www.afribuku.com/la-literatura-que-no-cuentan-poetas-afroargentinos/

    * Omer Freixa.  Historiador africanista argentino. Profesor de estudios de Asia y África en la Universidad de Buenos Aires y de historia americana y argentina en el Consejo Superior de Educación Católica. Especialista en estudios afroamericanos y docente en posgrado de la Universidad Tres de Febrero. Colaborador free lance en diversos medios gráficos y digitales. Twitter: @OmerFreixa


    Un poema sobre el sentir negro en la Argentina del siglo XIX

    By: Omer Freixa

    Se encuentra en la obra literaria de un desconocido autor negro, Mateo Elejalde, cuyos datos más básicos no se saben, como fechas de nacimiento y muerte. Publicó buena parte de sus versos en el periódico afroargentino “La Broma”, donde apareció su obra entre febrero de 1881 y diciembre de 1882. Ubicada dentro del canon romántico de la época, se reproducen a continuación los versos del poema “La redención” (publicado el 3 de febrero de 1881) que ilustra la marginación de la gente de color en esa época. Además, resulta un enriquecedor ejemplo para pensar en contra de la tesis que propugna el mito de la desaparición de los negros en Argentina, puesto que el poema apareció en un momento clave de la constitución del Estado-Nación argentino, cuando el sentido común y los estadistas daban por sentada la desaparición física del afroargentino, producto de las guerras, el mestizaje, las enfermedades y la propia condición de pobreza.

    El poema, donde aparece la noción de progreso como el resultado de la lucha colectiva y la dicotomía entre lo “pálido” (como reflejo de la “Argentina blanca”) frente a lo negro que debe redimirse -en conjunción con el lenguaje religioso-, expresa así:

    Redención 
    (1881)

    Ya sonó la hora anunciada
    En que una raza oprimida
    Empieza á entrar en la vida
    De sublime redención;
    Por fin … la pálida noche
    Que nuestro cielo cubría,
    Nos anuncia un bello día,
    De dulce resurrección.

    Si; levantemos la frente,
    Recibamos sus fulgores
    Y en sus cambiantes colores,
    Inspirémonos también;
    Que templen nuestras ideas,
    Los rayos que el sol envía
    Y alienten el alma fría
    Los destellos de su sien.

    Sigamos apresurados
    El anchuroso camino,
    Luchando con el destino
    Y la misma adversidad;
    Sigamos siempre adelante,
    Lleno de anhelo fecundo,
    Que también en este mundo
    Hay una posteridad…

    Sigamos siempre adelante,
    No nos detengan las barreras,
    Y sea nuestra lumbrera,
    El pensamiento veloz:
    Ese alado mensagero
    Que cruza espacios y nubes
    Y que hasta los cielos sube
    Elevando el alma á Dios.

    Si; adelante-levantemos
    Nuestra mirada, altaneros
    No nos abata el pampero
    Con su furia sin igual,
    Luchemos con fuerte brazo,
    Recordando el dulce nombre
    Del Hijo Eterno del Hombre
    Que salvó la humanidad…

    Adelante, sí! adelante,
    Cada vez con más constancia…
    Odio eterno á la ignorancia,
    Amor a la educación!
    A la educación divina,
    Inextinguible lumbrera
    Y celeste mensagera
    De sublime redención.







    .


    0 0
  • 04/08/16--14:58: HORACIO MENDIZÁBAL [18.396]

  • Horacio Mendizábal
    Poeta afroargentino
    Horacio Mendizábal murió muy joven (1847-1871), durante la famosa epidemia de fiebre amarilla, uno de entre los clásicos tópicos que explicarían la presunta desaparición del negro en el país. El poeta falleció dando el ejemplo, ayudaba a otros durante dicho episodio. A propósito, la solidaridad es un valor que exalta su poesía, esta última entendida como un arma para la reforma social.

    “Ah maldito, maldito mil veces
    Seas blanco sin fe, tu cruel memoria
    Es eterno baldón para tu historia.”

    (Horacio Mendizábal, 1869, poeta afroporteño)


    Uno de los dos volúmenes de poesía publicados por Mendizábal, Primeros Versos (1865), contiene un bello poema intitulado “La libertad”. En una de sus estrofas, el poeta escribió:


    Esa que pisa con su noble planta
    al déspota, levanta al oprimido.
    Esa por quien se vierte sangra tanta
    se llama Libertad. ¡Nombre querido!


    El autor coincide con Elejalde, ambos en posición de “parias” en la sociedad de entonces, en el reclamo por la situación de los compatriotas afroargentinos. De todos modos, este poema amplía el arco de personas incluidas, puesto que el grito de libertad se dirige a toda persona esclavizada y colonizada, sin importar el color de su piel o procedencia social. Además, Mendizábal rindió homenaje a uno de los oficiales negros, personajes rotundamente invisibilizados por la historiografía oficial y cuyo aporte a la patria fue olvidado, como en general ocurrió con todos los afrodescendientes que combatieron. Se trata del coronel José María Morales (1818-1894), en el poema “Conmemoración de la batalla de Cepeda”, escrito cinco años tras ésta, en 1864.


    Un lustro hoy há, señor, que valeroso
    el abrazo fuerte de feliz guerrero,
    pujante y altanero,
    en el combate rudo, pavoroso,
    golpe fatal, horrendo descargaba
    a su rival, que el lauro disputaba.


    Anhelando sueños de reforma social, Mendizábal reflexiona sobre la condición de los de su clase y propone un panorama armónico, una versión romántica de un mundo idealizado, en el cual los negros no son excluidos. Así se lee:


    Allí, el negro que nace
    sobre las playas de quemante arena,
    sin que férrea cadena
    de traficante vil, ruda amenace,
    goza plácida dicha
    goza, cual todos, sin haber desdicha!


    La estrofa anterior compone la visión ideal de un mundo muy distinto al que debió padecer el autor. En relación al racismo, Mendizábal comenzó su otra colección de poemas, Horas de meditación (1869), en la introducción con una crítica áspera al mismo y a la invisibilidad a la que fueron sometidos los afroargentinos como él. Con la rabia que acompaña su prosa, alecciona a otros para que sigan su ejemplo: “Poetas, vosotros que buscáis la libertad, que rendís culto á la justicia, defended á esa raza desgraciada y sereis bendecidos.”. En los inicios de la obra, Mendizábal desarrolla el poema “Mi canto” en que expone con zozobra su pesar por ser negro a partir de la discriminación y el maltrato que recibían los de su raza. Se reproducen dos estrofas:


    En medio de mi pueblo estoi aislado
    Porque donde mi cuna se meció,
    con ímpetu arrojada de su lado
    una raza de parias ha quedado
    i a aquesa raza pertenezco yo. […]

    I en escuela, en la calle, donde quiera
    i aún en el templo do se adora a Dios,
    son nuestras hijas la irrisión primera.
    I a nuestras madres el sarcarmo espera
    i el insulto i las burlas a las dos!


    También Mendizábal fue más allá de la problemática local. En dos poemas avanzó sobre la temática de la conciencia negra en América. Uno es “Plácido”, de carácter biográfico y escrito en homenaje al poeta afrocubano Gabriel de la Concepción Valdés (1804-1844), líder de la conspiración de la Escalera, una de las grandes revueltas de esclavos en Cuba en donde Valdés encontró la muerte tras ser reprimido el movimiento. El otro es “Lincoln”, alabando la figura histórica de Abraham Lincoln, considerado el garante de la liberación de los esclavos norteamericanos. De este último, el poeta argentino sentenció:


    ¿Quién el grande demócrata valiente
    que del esclavo quebrantó los grillos,
    y al trozar para siempre sus anillos
    dobló angustiado la inspirada frente?
    ¡Lincoln! ¡Lincoln! él fue quien poderoso
    del polvo alzara una afligida raza,
    sintiendo en premio traspasado el pecho.


    http://www.afribuku.com/la-literatura-que-no-cuentan-poetas-afroargentinos/

    * Omer Freixa.  Historiador africanista argentino. Profesor de estudios de Asia y África en la Universidad de Buenos Aires y de historia americana y argentina en el Consejo Superior de Educación Católica. Especialista en estudios afroamericanos y docente en posgrado de la Universidad Tres de Febrero. Colaborador free lance en diversos medios gráficos y digitales. Twitter: @OmerFreixa





    El conflicto en la sociedad argentina también apareció en un poema de Horacio Mendizábal, titulado “Libertad”*:

    Esa firme vista y que atrevida
    Alza la frente llena de altivez,
    Esa que suave hace agradar la vida
    Electrizándonos su brillantez.

    Esa por quien pelearon nuestros padres,
    Esa celeste Diosa de bondad,
    Esa que amaron tanto nuestras madres
    Es la sublime, ¡bella Libertad !

    Esa que pisa con su noble planta
    Al déspota, levanta al oprimido,
    Esa por quien se vierte sangre tanta,
    Se llama Libertad. ¡Nombre querido !

    Vosotros, pueblos oprimidos lanza
    El sacrosanto grito “¡Libertad !”...
    Que do el cobarde en su terror no alcanza
    Llega del noble la heroicidad.

    * Mendizábal, Horacio, Primeros versos, Imprenta de Buenos Aires, 1865, pp. 5-6. [Negros en Argentina: integración e identidad.              Por Jean Arsène Yao]





    .


    0 0


    Casildo Gervasio Thompson

    El único autor afroargentino que mostró cierta sensibilidad por la cuestión racial fue Casildo Gervasio Thompson.

    Nació en Buenos Aires en 1856, pero la fecha exacta se desconoce. Hijo del capitán Casildo Thompson (1826-1873), quien fuera también, poeta, músico, compositor y fundador, junto a otros afroporteños, de la sociedad benéfica La Fraternal, en Buenos Aires. Realizó la carrera militar llegando al mismo grado que su padre.

    Fue uno de los mayores defensores de la raza negra en Argentina. En su poema “Canto al África” evocó las crueldades del tráfico de esclavos. Mostró al negro como miembro de una raza noble y distinguida. Invirtiendo los tradicionales estereotipos raciales en la Argentina, presentó al blanco como el salvaje, la fiera destructora de familias negras. Es considerado como uno de los mayores poetas afro argentinos. Su obra más destacada es “Canto al África”, escrito en marzo de 1878 fue leída por primera vez en público el 1 de abril de ese mismo año en una conferencia en la Sociedad Fomento de las Bellas Artes en Buenos Aires.

    Como militar, participó en diversas luchas internas del país, siendo destacada su acción militar en los sucesos de la Revolución mitrista de 1874; en la defensa de Buenos Aires de 1880 y en la Revolución radical de 1890.

    Estudió en el Conservatorio Musical de la Provincia de Buenos Aires y obtuvo varios premios por sus composiciones musicales de carácter religioso. Se distinguió, a su vez, como hombre de fluida vertiente poética que supo lograr el aplauso popular en sus payadas. Se lo reconocía en los encuentros populares por pulsar una guitarra adornada con largas cintas de los colores patrios. Además de sus condiciones como guitarrista, también era pianista y poeta, siempre autodidacta, creador e improvisador.

    Thompson contó con la colaboración literaria de varios destacados escritores contemporáneos. Algunos escritores consideran que de él aprendió mucho su amigo inseparable, el payador afro argentino Gabino Ezeiza. Casildo Thompson murió en Buenos Aires el 25 de mayo de 1928.

    Con poco más de veinte años, en 1877 publicó partes de “Canto al África” en La Juventud, un poema que trata sobre la crueldad del tráfico de esclavos y una reivindicación de los valores africanos, lo que más tarde desembocaría en el movimiento que se conoce como negritud. La composición funcionó, asimismo, como una rotunda condena al colonialismo y al racismo. De todos los poemas elaborados por negros es el que más abiertamente critica al último. Asimismo, al igual que Mendizábal y Elejalde, Thompson en este poema denotó la situación de marginalidad de los afroargentinos, descendientes de los transplantados involuntariamente desde África.

    En “Canto al África” Thompson efectuó una alabanza idílica de África e invirtió los clásicos y eurocéntricos roles: al blanco le tocó el papel de salvaje y al africano el de noble, resaltando el autor el orgullo por su raza. En un pasaje se aprecia:


    Por duelo o por fortuna
    de una raza que es mártir por su historia,
    raza digna de gloria.
    Porque es noble i altiva
    como el león que entre la selva mora.

    I que en acerba hora
    arrastróla al abismo de la infamia,
    Ah! sin temblar la fratricida mano
    de un bárbaro Caín, cruel inhumano. […]
     
    Ah! maldito, maldito por mil veces
    seas blanco sin fé, tu cruel memoria.
    Sea eterno baldón para tu historia.
    que deshonre a los hijos de tus hijos.

    I lleven en la frente
    la mancha de la infamia que tú hicieras.
    Cual lleva el hombre negro eternamente
    las heridas del alma que le abrieras.

    Maldito seas, sí, que hasta te arroje
    de su seno la tierra,
    porque fuiste su aborto.
    Signo de cruda i fraticida guerra.


    http://www.afribuku.com/la-literatura-que-no-cuentan-poetas-afroargentinos/

    * Omer Freixa.  Historiador africanista argentino. Profesor de estudios de Asia y África en la Universidad de Buenos Aires y de historia americana y argentina en el Consejo Superior de Educación Católica. Especialista en estudios afroamericanos y docente en posgrado de la Universidad Tres de Febrero. Colaborador free lance en diversos medios gráficos y digitales. Twitter: @OmerFreixa




    CANTO AL ÁFRICA (1878)

    Bajo un cielo fulgente
    De límpido color, con blancas nubes
    Como tejidas alas de querubes;
    Cielo con millones de luceros
    Que refulgen en noche de embelesos,
    Con amante porfía
    Acariciando la tierra con sus besos;
    Bajo un sol de flamígeros colores
    Que ilumina el espacio en rayos de oro,
    Con un aire de aromas y un tesoro
    En rubíes y perlas de sus flores,
    Hay una tierra virgen que fué cuna, 
    Por duelo o por fortuna,
    De una raza que es mártir por su historia.

    Raza digna de gloria
    Porque es noble y activa
    Como el león que entre la selva mora,
    Y que en acerba hora
    Arrastróla al abismo de la infamia,
    Y sin temblar, la fraticida mano
    De un bárbaro Caín, cruel inhumano...
    ¿Sabéis cómo se llama
    Esa tierra divina y bendecida,
    Esa joya que al mundo Dios legara,
    Esa púdica virgen ofendida
    Que humillada descuella?
    Se llama África, sí, Africa Bella!

    Es la cuna del negro: esa es la patria
    Del eterno proscrito que llora
    Y lejos de sus lares
    Eleva en patria extraña voz sonora
    Entonando el cantar de los pesares.
    Del negro ésa es la cuna;
    Del paria universal. El sol ardiente
    Que besó en la niñez su altiva frente
    También le vio partir con triste duelo,
    Con planta ensangrentada,
    Arrastrando el dogal, mirando el cielo,
    Testigo de su afrenta y del vil sello
    Que un verdugo feroz le puso al cuello.

    Esa tierra, la imagen seductora
    De un perdido paraíso de delicias,
    De luto se cubrió, desde la aurora
    Al ocaso del sol de muchos siglos.
    Sus hermosas riberas
    Que poblaron ayer barcas ligeras;
    Sus márgenes risueñas y floridas,
    Sus bosques y sus selvas, adolidas
    Veláronse la face...

    ¿Sabéis lo que sucede y por qué triste
    La bellísima virgen africana
    Sus galas se desviste
    Y no ostenta sonrisa de sultana?
    Porque sonó una hora, ¡hora maldita!
    De oprobio y de vergüenza en que una grita
    Que dijo: ¡Esclavitud! se oyó en los aires,
    Y del callado valle al mar airado,
    Desde la altiva cumbre al bajo prado
    Una fiera sedienta
    Que se llamó hombre blanco,
    El seno desgarró al África virgen
    Con avidez brutal, saña sangrienta.

    A contar de aquel día
    De lágrimas y duelo,
    No brillaron los rayos en el cielo
    Del sol de la justicia.
    El tronco del baobab que fué la cosa
    De cien generaciones,
    Hogar que dio Natura generosa
    Y respetaron tigres y leones
    De la selva africana,
    Cayó al golpe del hacha del verdugo;
    Y porque a éste plugo
    Entre ayes salió el niño y la doncella
    De labios de color y ojos de fuego,
    Del chispeante mirar y voz de ruego,
    Y universal clamor se oyó en los aires
    Que atravesó la nube y llegó al cielo
    Demandando piedad para aquel suelo.

    El cielo estaba sordo;
    Ni aun el grito del párvulo inocente,
    Que en todo humano pecho encuentra eco,
    El corazón del blanco halló clemente.
    La plegaria sentida
    Que los maternos labios balbucearan
    Oyó frío, insensible, el homicida.
    Aquella humana fiera}quiso que el débil niño
    en los benditos brazos de su madre
    los golpes de su látigo sufriera.

    ¡Ah! déspota y cruel; él es el amo
    que concede la vida y da la muerte,
    que no conoce ley, débil ni fuerte,
    ni aquel Dios justiciero
    que ve la iniquidad y es juez severo.
    Así le vió llegar el hombre negro
    al umbral secular de su morada,
    santuario eterno de tranquilidad dicha
    por nadie profanada.
    Y al mirarle ante sí amenazante
    con el hierro en la diestra,
    se inclina suplicante.

    Pretendiendo calmar su ira siniestra
    eleva, pues, la voz con dulce ruego
    mientras surca su faz llanto de fuego
    que conmoviera acaso hasta a las fieras.
    “Detente - el negro dice -, esta es la choza
    do se anima el recuerdo de una esposa
    que perfumó de amor la vida mía
    y fue luz de mis ojos
    que extinguirá su brillo en mi agonía.
    Detente por piedad: aquí nacieron
    dos trozos de mi alma
    que me inundaron en bendita calma;
    dos estrellas, dos perlas, mis dos hijos,
    que dan nervio a mi fuerza ya abatida
    y en su raudal de amor me infunde vida”.

    Pero el blanco inhumano
    sonriendo con desprecio, el pie adelanta.
    “Detente - el negro implora- , que tu planta
    respete el templo humilde de mi dicha”.
    Y el blanco inexorable,
    fustigando del negro el rostro bravo,
    le dice con desdén intolerable:
    “Aparta negro vil, aparta, esclavo!...”
    ¡Ah! maldito, maldito por mil veces
    seas, blanco sin fe; tu cruel memoria
    sea eterno baldón para tu historia
    que deshonre a los hijos de tus hijos,
    y lleven en la frente
    la mancha de la infamia que tú hicieras,
    cual lleva el negro eternamente
    las heridas del alma que le abrieras.
    Maldito seas, sí, que hasta te arroje
    de su seno la tierra,
    porque fuiste su aborto y fue tu vida
    signo de cruda y fratricida guerra.

    Más, ¡no! cese la ira,
    su misión el poeta no realiza
    del odio en la región y de su lira
    sólo es dulce el acorde melodioso
    si de la paz la oliva simboliza,
    y es el amor el numen
    do va a beber la inspiración divina
    que, cual voz de sirena peregrina,
    traiga a los seres en el mundo extraños 
    a la región de luz do el odio cesa
    y de fraternidad la aurora empieza.

    Hay en el cielo nubes de oriflama:
    aparece una aurora esplendorosa
    entre velos de nácar y de rosa,
    presagiando un radiante y nuevo día.
    Se siente en el espacio una armonía
    cuyo eco celestial arroba el alma
    en éxtasis divino:
    Tan dulce es su rumor, tan peregrino.
    La selva se estremece, el mar suspira;
    y en esas ondas de cristal y nieve
    el cielo azul se mira
    como mujer coqueta en terso espejo.

    De las flores de vírgenes praderas
    al sollozo del aura estremecidas,
    del embriagador aroma...
    surgen olas ligeras...
    ¿Sabéis lo que sucede?
    ¿Sabéis por qué Natura conmovida
    el tesoro descubre do se anida?
    Porque viene ya el sol que África espera;
    el sol que al oprimido y al esclavo
    una voz de profeta predijera,
    el sol de Redención; sonó la hora
    en el cuadrante eterno del destino;
    ya en nombre del amor se dan las manos
    esclavos y tiranos
    y libres y oprimidos;
    pues la igualdad, de la Justicia hermana,
    los quiere en un abrazo confundidos.

                                                        Casildo Gervasio Thompson  




    .


    0 0
  • 04/08/16--15:38: GABINO EZEIZA [18.398]

  • Gabino Ezeiza

    Gabino Ezeiza, fue un afroargentino apodado el Negro Ezeiza, (Buenos Aires, en el barrio San Telmo, 3 de febrero de 1858 - ídem, en el barrio de Flores, 12 de octubre de 1916) músico y payador argentino.

    Gabino Ezeiza, 9 de Julio 1916, junto a Juana Paredes de Quinteros, Centenaria para esa fecha como la Independencia argentina, su hijo Salvador Quinteros y otros vecinos, en Justiniano Posse, Pcia de Córdoba, Argentina.

    Gabino Ezeiza fue un afroporteño nacido en San Telmo (un antiguo barrio de esclavos), y vivió en una época en la que había un número considerable de afrodescendientes negros en la zona del actual Gran Buenos Aires. Su maestro en la iniciación de la payada, fue el también afroporteño Pancho Luna.

    Ezeiza fue uno de los más famosos payadores, tanto en su tierra como en el Uruguay. Sus contrapuntos se hicieron famosos y se recuerda el sostenido el 23 de julio de 1884 en el Teatro Artigas de Montevideo con el cantor oriental Juan de Nava presenciado por un numeroso auditorio. En tal encuentro Ezeiza improvisó allí la que sería la popular canción Heroico Paysandú, con la cual derrotó a Nava, convirtiéndose en uno de los payadores más importantes de la historia. El día 23 de julio ha sido declarado "Día del Payador" en todo el territorio de la República Argentina en honor a ese histórico contrapunto.

    Otra de sus payadas memorables fue la que tuvo por escenario un teatro de Pergamino, Provincia de Buenos Aires con el célebre Pablo J. Vázquez, en 1894.
    Gardel y Razzano lo conocieron en los comités políticos, como a casi todos los payadores de aquel tiempo, y ese conocimiento se hizo trato amigo en la rueda del popular Café de los Angelitos. A su muerte, el dúo cantó en su homenaje Heroico Paysandú, que años después llevó al disco Gardel.

    Pocos meses antes de morir, en el Centenario de la Independencia Argentina en julio de 1916, Gabino Ezeiza se toma su última fotografía conocida, en Justiniano Posse, Provincia de Córdoba, en compañía de doña Juana Paredes de Quinteros, a la postre también centenaria, junto a su hijo Salvador Quinteros, primer agricultor criollo del sudeste de Córdoba. Se desconocen los motivos exactos de la presencia de Gabino en J.Posse (un pueblito en ese entonces de sólo 5 años de existencia).

    Sus aportes en el folklore argentino

    Hay quienes consideran que Gabino fue quien introdujo el ritmo de milonga en la payada, y su popularidad provocó que otros payadores lo fueran extendiendo a otras zonas de Argentina, Uruguay y Brasil (sobre todo por el sur de este país).

    Gabino, afirmaba que la milonga (campera) proviene del candombe afro-rioplatense, el cual se formó a partir de viejos ritmos africanos.

    En un reportaje al argentino Nemesio Trejo, hecho por Jaime Olombrada, y que fuera publicado en el periódico "La Opinión" de Avellaneda (Pcia de Buenos Aires, Argentina) el 15 de abril de 1916, Trejo cuenta:

    "En 1884 era mi primera topada con Gabino Ezeiza, el más célebre de los bardos argentinos, y esa payada sirvió para hacer escuela. Por aquella época se cantaba por cifra, pero Gabino introdujo la milonga en esa oportunidad en el tono Do Mayor" y agregaba: "es pueblera (del ambiente ciudadano) ya que es hija del Candombe africano, y golpeando con los índices en el borde de la mesa empezó a tararear" tunga...tatunga...tunga..." para demostrar, fonéticamente, la vinculación de este ritmo con el Candombe.".

    (Nemesio Trejo, tomado en un reportaje hecho por Jaime Olombrada)

    Gabino consideraba que el ritmo de milonga habría sido una evolución, en guitarra criolla, del candombe afroargentino llevada a cabo por afroargentinos en la Pampa argentina.

     

    Gabino Ezeiza (1858-1916)

    Hay seres que parecen nacer para dar pábulo a la leyenda, para alimentar la llama inextinguible del Mito. Gabino Ezeiza, el famoso payador negro, fue uno de ellos. Ya en vida su figura había adquirido perfiles legendarios, que el tiempo transcurrido desde su desaparición ha ido acrecentando, al punto que sólo una precisa y nítida investigación podrá distinguir, en su biografía, lo real de lo imaginario.

    Corría el verano de 1858, Buenos Aires separada de la Confederación vivía en constante pie de guerra con las provincias federales. Gobernaba Valentín Alsina y la idea de Bartolomé Mitre de crear “La República del Plata”, propuesta años antes, bullía en el caletre de muchos de sus miembros.

    Los negros, concentrados mayoritariamente en las parroquias de Balvanera, Montserrat, San Telmo, Catedral y La Concepción, constituían un núcleo importante en la población de Buenos Aires y a pesar de los años transcurridos desde la abolición de la esclavitud, muchos hombres y mujeres continuaban sirviendo a sus antiguos amos. (1) El resto que prefirió ser libre vivía en la extrema pobreza, sin tener los hombres otro medio de subsistencia que vender por las calles de la ciudad, pasteles, mazamorra, pan casero o escobas, productos todos que elaboraban con paciencia y dedicación. Las mujeres, por su parte, no poseían otra alternativa que ofrecerse como lavanderas, cocineras o amas de cría. Tantas estrecheces y obstáculos, aparte de la marginación clasista que padecían, terminaron por extinguirlos como grupo étnico y aunque los factores determinantes fueron muchos y diversos, consideramos que, la Guerra de la Triple Alianza (1865-1870), la epidemia de cólera (1868) y la fiebre amarilla (1871), amén de las luchas intestinas en diferentes períodos , fueron los más importantes.

    No obstante, a los seis años de su derrocamiento, “la morenada” permanecía siendo fiel a Don Juan Manuel de Rosas y ese pensamiento, más íntimo que político, no era bien visto por las autoridades del puerto de Buenos Aires que aún no habían superado el odio acumulado en tanto tiempo de antagonismo.  En este estado de cosas el 19 de febrero había nacido el niño Gabino Jacinto Ezeiza en la modesta vivienda de la calle Chacabuco 242 de Buenos Aires. Su bautismo se realizó el 6 de abril del mismo año en la Parroquia de la Concepción. Hijo de Joaquín Ezeiza, quien había servido a la familia Ezeiza, de ahí su apellido, y descendía por su abuelo de un trompa de Rosas. Su madre fue Joaquina García. Don Joaquín fue dado de alta en el ejército con el grado de subteniente 2º, en el 2º Batallón del 3º Regimiento, 1ª División Buenos Aires y destinado a la guerra con el Paraguay. Comenzó su campaña el 1º de julio de de 1865 en Ayuí Chico y finalizó en Tuyutí, donde falleció el 18 de mayo de 1867. El gobierno argentino declara la guerra al Paraguay el 5 de mayo de 1865 y a menos de dos meses de producida, Joaquín Ezeiza está en el frente con el grado de subteniente 2º, lo que hace sospechar que no tenía actividad militar anterior y que su graduación es producto de un “enganche” voluntario en el cuerpo de Guardias Nacionales.

    Según Héctor P. Blomberg “el negrito Gabino no faltaba nunca a las payadas que se realizaban con frecuencia en su barrio. Escuchaba, conmovido y absorto, los torrentes de coplas que surgían de labios criollos, bajo el alero de los patios coloniales, sobre las vihuelas melodiosas, y sentía despertarse en su corazón infantil el amor a todo aquello”.

    Quien primero puso una guitarra en sus manos fue un pardo muy viejo, que tenía una pulpería en el bajo de San Telmo. Se llamaba Pancho Luna, y fue payador cuando joven, en los tiempos de Rivadavia. Al cumplir quince años le compraron a Gabino una hermosa guitarra española. Por ese entonces, 1873, y según relato del propio Gabino, hacía varios años que había quedado huérfano de padre y madre, ya que ésta murió con anterioridad a la muerte del padre en 1867.

    A comienzos de 1876 Gabino era un “morenito” delgado, de simpática planta, ojos vivaces, labios gruesos y protuberantes, frente despejada y pelo mota, que vestía con pulcritud y buen gusto, dedicándose con entusiasmo a dar vuelo a sus inquietudes literarias y ocupando parte de su tiempo en la buena lectura. El sábado 1º de enero de 1876 salió el primer número de La Juventud, semanario que al parecer estaba dedicado al bello sexo. Allí encontramos la primera colaboración de Gabino Ezeiza. Son versos y ¡qué versos! Defectuosos de forma, con errores en el metro silábico, faltos de unidad en lo narrativo y de un pretendido estilo romántico como ingenuo. A pesar de las incorrecciones apuntadas, revelan las buenas intenciones de un principiante.

    A orillas del Plata

    Bogaba un marino
    del Plata a la orilla,
    en una barquilla
    con increíble afán.
    Cortando las olas
    que al verse vencidas,
    van y embravecidas
    en las toscas dan.

    Mas llega la barca
    de la tosca al lado,
    feliz ha llegado
    y en tierra saltó
    alegre el marino
    risueño el semblante
    y luego al instante
    la barca amarró.

    Con paso seguro
    casi a la carrera,
    cruza la reguera
    luego se paró,
    en una casita
    de pobre apariencia,
    luego con las manos
    las palmas batió.

    Se abrió una ventana
    y apareció ella,
    una joven bella
    -¿quién va? – preguntó,
    -¿ya no me conoces?-
    contestó el marino,
    -¡Soy yo, prenda amada!-
    y la puerta se abrió



    A partir de su segundo número el periódico comenzó a aparecer los domingos y en esa edición obsequiaba a sus lectoras un cuento por entrega titulado El Ramo de Flores, con el subtítulo de Leyendas de Costumbres y firmado por Liberato, seudónimo de Gabino. El joven estaba a punto de cumplir dieciocho años y sus pensamientos eran de ensoñación y romanticismo. Había logrado en parte materializar su confesada inclinación por las letras, dirigía la sección literaria del periódico en que colaboraba y era el niño mimado de aquella sociedad. Se presume que Ezeiza se consagró entero al canto en años posteriores a esta etapa de su vida, bien pudiera ser desde su alejamiento del periódico a mediados de 1878 o en las proximidades de 1880. Para mediados de 1879, tenía fijado su domicilio en la calle Defensa 343, dentro de los límites de la Parroquia de San Telmo y su oficio declarado era el de jornalero.(2)

    Revolución del ochenta

    Corría el mes de mayo de 1880. En Buenos Aires la agitación política que se vivía en aquellos días, era el presagio de la inevitable lucha fratricida que se desencadenaría poco tiempo después. El enfrentamiento entre el Dr. Carlos Tejedor, Gobernador de la Provincia y candidato presidencial del Partido Autonomista y el general Julio A. Roca, ex Ministro de la Guerra y candidato del Partido Nacionalista, había llegado al máximo de intolerancia; cada uno exigía la renuncia del otro como prenda de paz, pero la posición intransigente de ambos hacía imposible cualquier tipo de negociación. La lucha estalló y finalmente, con la renuncia del Dr. Tejedor, el 30 de junio se concertó la paz sobre la base de la Ley de Federalización, que tras largos debates se sancionó el 21 de setiembre. En ella se declaraba capital de la República y asiento del gobierno nacional al municipio de la ciudad de Buenos Aires. Gabino Ezeiza en el tiempo de estos sucesos tenía 22 años y según sus biógrafos participó en forma activa de los mismos. La revista “Lo que canta el pueblo” expresa: “Concurrió al combate del 21 de junio con el batallón 15 de Febrero, a las órdenes del comandante Elliot y el entonces mayor Vico, donde se comportó bizarramente recitando algunas estrofas en el momento de la lucha”.

    Que Gabino ya cantaba en ese entonces es cosa cierta, así lo indica al menos un comentario hecho por el diario “La Razón”, en el año 1909, donde decía: “Terminada la revolución del ochenta, surgió de los últimos campamentos la afición al canto criollo de contrapunto y se destacó en esa época con el título de payador, un morenito vivo, locuaz, satírico e intencionado, que en hermosas y valientes improvisaciones, arrastraba, como orador fogoso, masa del pueblo que le seguían a todas partes para escucharle sus estilos camperos y milongas orilleras. Ese cantor era Gabino Ezeiza, todavía vive y por ahí anda con su guitarra y sus lamentos”.

    Por entonces ya lo envuelve en su círculo amistoso, en el seno de la colectividad morena de Buenos Aires, una aureola de prestigio. Pardos y morenos forman mundo numeroso y aparte, allá por la década del ochenta. Tienen sus asociaciones particulares, organizan pintorescas comparsas para Navidad y Carnaval, crean sociedades propias de socorros mutuos, discuten con vehemencia sus problemas en sus periódicos y fuera de ellos, y hasta piensan en establecer escuelas para la educación del hombre de color. Llevan, en fin, una intensa e interesante vida de sociedad. De ahí que el juvenil Gabino asista con frecuencia a tertulias familiares, participe en bailes y fiestas, y entretenga en la amable compañía de amigos y muchachas buena parte de sus horas.

    Sus primeras actuaciones

    Recién se tiene noticias fehacientes de sus actuaciones en los primeros días de 1882, a través del semanario “La Broma”, una hoja periodística perteneciente a la comunidad morena. La nota publicada, comienza diciendo: “El lector se recordará de Gabino Ezeiza. Gabino era uno de los colaboradores de “La Juventud”, periódico que vivió más de lo que viven otros (…) Bien, Gabino se ha dedicado a la paya y para el efecto se ha hecho un excelente payador”.

    El camino del payador, aunque en corto trecho, se estaba trazando. En ese mismo año aparece el nombre de Nemesio Trejo como cantor oficial del caudillo boquense José “Pepe” Fernández. Trejo fue quien acompañó a Ezeiza en sus primeros triunfos en Buenos Aires.

    En 1884 Gabino alcanzó su consagración. En él obtuvo sus más resonantes éxitos, recibió elogios de altas personalidades, vivió días de gloria, logró el título de máximo improvisador, fue agasajado como un triunfador y lo más importante, impuso como arte y para siempre, el canto del payador en el Río de la Plata, donde puso de relieve su propia condición de artista.

    No se sabe si enterado que en la vecina orilla había un payador con fama de invencible, llamado Juan de Nava, cruzó el charco para ponerse a prueba o sí a instancias de amigos comunes hubo un convenio previo, la cuestión es que Ezeiza en compañía de José María Silva, joven payador discípulo suyo y los guitarristas Gómez y Rodríguez, arribaron al puerto de Montevideo entre el 20 y 21 de julio.

    Nava era cantor oficial y protegido del dictador Máximo Santos. El miércoles 23 hubo una tenida entre él y Gabino Ezeiza en la cancha de pelota de la calle San José entre Ibicuí y Quareim, propiedad del Sr. Jorge Díaz. El recinto estaba colmado con más de 300 personas. Aquella fue una jornada de gloria para el payador argentino y la prensa uruguaya no tuvo reparos en reconocer sus méritos: “… declaramos con toda sinceridad, que Gabino le lleva grandes ventajas a Nava, es un verdadero poeta, de inspiración levantada y que improvisa con pasmosa facilidad, midiendo acabadamente los versos, cosa rara entre la mayor parte de los que pasan por payadores”. (3)

    En los días siguientes fue colmado de agasajos, visitas, invitaciones y obsequios, todos querían demostrarle su admiración. El viernes 25 por la mañana, respondiendo a una invitación del Presidente de la República, el general Máximo Santos, se presentó en el cuartel de la escolta presidencial, donde fue recibido por el primer mandatario. Hechas las presentaciones, pulsó la guitarra y saludó en florida improvisación al jefe de estado y a otras autoridades de gobierno, por lo cual fue objeto, aparte de las felicitaciones, de diferentes obsequios.

    Luego de otras memorables actuaciones se convirtió en el personaje de aquellos días, no solamente en los corrillos populares, sino en los sectores privilegiados de la sociedad uruguaya. Quizás el mayor logro de Ezeiza haya sido conquistar la consideración de la intelectualidad montevideana, quien gratamente sorprendida por su inspiración ingénita, le brindó su protección espontánea, en muestras de simpatía y en palabras de encomio.

    Aquella consagración de Ezeiza, debe ser tomada como el punto de partida del payador rentado. Fue la revelación del canto criollo, puesto que, no solo proyectó a su intérprete en artista, sino que permitió a la sociedad en conjunto, sin diferencias de clases, reencontrarse con sus raíces culturales a través de la expresión criollista, exaltando la evocación del gaucho, en su vida sus usos y costumbres.

    El miércoles 20 de agosto regresó a Buenos Aires a bordo del vapor Apolo., compartiendo la travesía con varias personalidades, quienes reunidos en el salón de la nave comentaban sus recientes éxitos en Montevideo. En retribución a tantos halagos, Gabino pulsó la guitarra y entretuvo a los viajeros con chispeantes y ocurrentes improvisaciones, mencionando a unos o señalando algún suceso imprevisto. Entre los presentes se hallaba el doctor Rafael Calzada, reconocido periodista y hombre de letras, quien asombrado ante tanta prodigalidad, se puso de pie y alzando su copa en señal de brindis, improvisó:

    De mi entusiasmo al calor
    de tu estro la grandeza
    y tu numen creador,
    a tu salud payador
    bebo un vaso de cerveza.

    La respuesta de Gabino fue instantánea:

    Ese verso improvisado
    fue con tanta exactitud,
    que doctor, me veo obligado
    en beber a su salud.

    A partir de 1884 otros nombres se suman a la cruzada iniciada por Gabino. Ellos son José María Silva, Nemesio Trejo y Pablo José Vázquez, todos muchachos veinteañeros formados a su lado. Las enseñanzas y renovaciones promovidas por Ezeiza hicieron escuela.

    El 21 de agosto de 1884 estaba nuevamente en su ciudad natal, donde un grupo reducido de amigos le tributó una calurosa recepción, excepto el periodismo que no ofreció ninguna información sobre su regreso.

    Ese mismo año, en Buenos Aires, payó dos veces con Nemesio Trejo. Una de las payadas fue organizada a beneficio de las víctimas de una gran inundación ocurrida por esos días, debido al desborde del Riachuelo. Se llevó a cabo en “Cancha Belgrano” (Belgrano 222). Durante el transcurso de la misma de pronto se escuchó un fuerte crujido, ocasionado al ceder las bases de la gradería alta, a un costado de la puerta de entrada, por la excesiva cantidad de personas que la habían ocupado, rompiéndose en la caída tablas y tablones. (4) Pasado el susto volvió a sonar la guitarra y tras un aire de milonga, Gabino improvisó:

    Cuatro tablas que se han roto
    ya cuanto menos no es tanto,
    guarden silencio señores
    que va a continuar el canto

    La otra payada con Trejo se efectuó el 10 de noviembre en el teatro “La Alegría”, el argumento que cantaron fue la muerte del malogrado Benigno Baldomero Lugones (periodista y escritor) y la fiesta que para socorrer a su familia se había organizado, salpicando sus cantos con estrofas alusivas a los incidentes ocurridos tanto en los asaltos de sable, florete y palo que allí se efectuaron esa misma noche como en la propia payada.

    Gabino no se daba pausa en su trajinar por los pueblos. Empezaba a convertirse en aquel payador errante que solo y con un circo –propio o ajeno- recorrió prácticamente toda la República.  En los primeros meses de 1885 Ezeiza inició su gira por el litoral uruguayo junto a José Maria Silva, realizando exitosas actuaciones en Mercedes, Villa de Dolores, Paysandú, Salto, Concordia (Argentina) y Montevideo.

    Poco se ha tenido en cuenta las virtudes cívicas de Gabino Ezeiza, sobre todo cuando se recuerda su militancia radical, en relación a la cual, algunos faltos de información o mal intencionados le aplicaron el despectivo mote de “cantor de comité”. Gabino desde joven tuvo preocupaciones cívicas y su ejemplo más notorio ha sido su activa participación en la revolución del ochenta, en defensa de una causa que consideraba justa.

    El año 1891 lo encuentra de nuevo en la capital oriental incorporado a la compañía Podestá-Scotti. Su debut se produce el 14 de abril en el picadero del “Politeama”, causando una verdadera sensación. Luego de permanecer unos días más en Montevideo, regresó a Buenos Aires donde actuó en el Jardín Florida el jueves 30 de abril, con la representación de Juan Moreira, tomando parte Ezeiza en la escena de la fiesta. Las desventuras del cuchillero de Navarro trasladadas al teatro fueron un éxito. El jueves 5 de mayo presenció la misma función el Presidente de la República, doctor Carlos Pellegrini, a quien Gabino le ofreció lo mejor de su inspiración.

    Ese mismo año desafió a Pedro Vázquez, quien aceptó la confrontación, fijándose la payada para el martes 23 de junio en el teatro Politeama. Ese día el teatro estaba colmado en su capacidad. Dos órganos de prensa de la capital hicieron la crónica de la tenida coincidiendo ambos en el veredicto dado por el público y en el dictamen de cada uno de ellos. Uno de ellos (El Correo Español) decía: “Se verificó anoche la payada de contrapunto entre Gabino Ezeiza y Pablo Vázquez. Contra lo que se esperaba, el hasta ahora invencible Gabino, fue derrotado por su contrincante. No hubo jueces que lo declarasen así, pero el inmenso público que asistió, dio el lauro de la victoria a Vázquez, y se lo dio porque se lo merecía”. Fue una mala noche para Gabino.

    La misma payada se reiteró el 1º de julio en el mismo escenario que la anterior. La crónica del “Sud América” manifestó: “Con numerosa concurrencia tuvo lugar anoche la segunda payada entre Ezeiza y Vázquez. Como en la primera quedó triunfante Vázquez”.

    En 1893 Gabino se independiza de Podestá-Scotti e instala su propio circo. Una de las primeras actuaciones se produce en el mes de abril en la ciudad de Rosario, donde ofrecía ejercicios ecuestres y gimnásticos a cargo de la familia Holmer, dramas criollos y su propia actuación. El picadero se llamaba “Circo Gabino Ezeiza”.

    Meses después, la revolución radical en Santa Fe, acaecida el 30 de julio, estaba en plena efervescencia. El jefe político de la misma, doctor Mariano Candioti, que asumiera el 3 de agosto la gobernación de la provincia en nombre de la junta revolucionaria, tuvo que renunciar el día 24, haciéndose cargo de la misma el interventor Baldomero Llerena. Si bien en los primeros momentos parecieran haberse aquietado las aguas, con el correr de los días el clima político se fue enrareciendo nuevamente y ante el peligroso cariz que tomaban los acontecimientos el gobierno nacional envió como nuevo interventor al general Liborio Bernal, quien asumió el 23 de setiembre. A partir de aquí todo se precipitó y al día siguiente estalló nuevamente la revolución y la lucha armada fue un hecho en diversos lugares de la ciudad y en otros departamentos de la provincia. Ezeiza, quien según algunos habría llegado a la capital de la provincia unos días antes con el santo y seña de la revolución, instaló su circo en la calle San Jerónimo entre Tucumán y Rioja. Producida la revuelta, Gabino, con varios componentes de su compañía improvisó un cantón en esa misma esquina, volcando un tranvía a caballo.(5) Se cuenta que sofocada la sedición y presos los integrantes de la trouppe circense, éstos en su mayoría extranjeros, se defendieron diciendo que Ezeiza los había obligado a pelear contra su voluntad. El día 25 y a medida que las fuerzas gubernamentales ganaban posiciones, la lucha se hizo más cruenta, viéndose obligados los revolucionarios a buscar posiciones de resguardo. Gabino, quien se hallaba luchando al lado de un “batallón suizo”, buscó junto a éstos refugio en la estación del ex Ferrocarril Provincial, salvando la vida en forma providencial.

    En las primeras horas de la mañana del día 26, la intentona revolucionaria había sido derrotada. Gabino fue detenido en Rosario el 18 de noviembre, después de cincuenta y tres días de estar fugitivo. El doctor David Peña, director del diario oficialista “Nueva Época”, comentaba, días más tarde de ocurridos estos sucesos, en un artículo que tituló: “Un payador metido a revolucionario”: Gabino Ezeiza había trocado su guitarra por el fusil radical. Ya no es un misterio que entre los cachivaches de su circo vinieron armas para los revolucionarios de Santa Fe y que los anuncios de su llegada y estreno fueron una contraseña revolucionaria”.(6)

    Se desconoce en qué fecha fue puesto en libertad, pero sí se sabe que para fines de marzo de 1884 estaba en San Nicolás, desde donde le escribe una carta al payador Honorio Fernández. Es muy probable que esta estada en San Nicolás haya sido con su circo, el que según tradición oral, estuvo instalado en la calle Francia entre Lavalle y León Guruciaga. Se sospecha que por ese entonces Gabino conoce a Petrona Peñaloza(7), moza quinceañera entonces y que años más tarde haría su esposa. Según Santiago G. Chervo, era bisnieta del caudillo riojano Angel Vicente Peñaloza, “El Chacho”.

    Entretanto en octubre de 1894 llega el momento de la gran payada con Pablo J. Vázquez en Pergamino, uno de los sucesos capitales, por así decir, en la biografía del negro cantor y en la misma historia payadoresca, donde aquella justa sigue resonando con acentos poco menos que legendarios, por la calidad de sus contendientes y por su duración, que fue de dos noches, el 13 y el 14 de octubre en el teatro Florida de Pergamino. El jurado que actuó en esa oportunidad dictaminó que debía reputarse como vencedor a Gabino, según acta suscripta el 28 de noviembre de ese año.

    Gabino que por ese tiempo era aún un hombre joven, pues contaba con 36 años, había pasado por las más severas pruebas de su arte, desde aquellas trenzadas en la trastienda bolichera, donde habrá aprendido el consejo del viejo Vizcacha, a “no pelear sin puyones”, hasta las topadas con Trejo, Nava y Silva, donde siempre salió airoso.

    Vázquez en cambio fue la contraparte de Ezeiza, ya que no le conocemos experiencias de ese tipo, sospechando que su oficio de payador fue producto de una vocación temprana, abonada con inquietudes literarias y buena lectura, publicando para 1885 su primer folleto de versos, donde se anunciaba como payador argentino, contando a la sazón 21 años.

    Estas distintas escuelas quedaron evidenciadas en los versos improvisados de uno y otro, mientras los de Gabino eran toscos y sin ningún pulimento, alguien los tituló “gauchescos”, los de Vázquez en cambio tenían color a poesía y eran expresados en un lenguaje correcto, no exentos de delicadeza.

    El corresponsal de La Prensa, Joaquín V. González(8) manifestó: “…en cuanto a su manera de payar o luchar cantando de contrapunto, pueden compararse en principio a dos oradores, de los cuales uno fuese claro, correcto, nítido y sin rodeos y el otro, con el mismo talento, fuese inclinado a las argucias, a las intrigas del raciocinio, a los ardides y a los recursos parlamentarios. Así, Vázquez expone en estrofas redondeadas y más o menos concluyentes y Ezeiza se estira, se difunde, divaga, gira y revolotea en el mismo tono, ensartando palabras, palabras y más palabras buscando el final, hasta que lo encuentra a su gusto y entonces cambia de pronto la tonada y con un impulso nuevo y vigoroso, termina el período arrancando siempre al auditorio un estrepitoso aplauso. Todo esto, cuando no se le ocurre descubrir algún estilo reservado para las grandes ocasiones y sorprendiendo hasta sus más íntimos, deja oír las más conmovedoras armonías, en las que, la voz flexible y dócil se pone a llorar en compañía de la bordona y entonces, el concurso compuesto de criollos de corazones nacidos de la tierra se estremece como sacudido por una corriente eléctrica y las exclamaciones de ese instante son de verdadera gloria para el payador”. En julio de 1895 Ezeiza inició una gira por el litoral uruguayo en compañía del payador oriental José M. Madariaga y el prestidigitador español Alberto M. Acuña, anunciando su debut en el Teatro Progreso de Paysandú, para el sábado 27 de julio. Luego actuó en Concordia (Argentina), continuando por Salto

    El Saludo a Paysandú

    Heroico Paysandú, yo te saludo,
    Hermano de la patria en que nací.
    Tus hechos y tus glorias esplendentes
    Se cantan en mi patria como aquí.

    Aquí es necesario hacer un paréntesis, para referirnos a un hecho trascendente en la trayectoria artística de Gabino, el Saludo a Paysandú, el más célebre de sus compuestos y tratar de determinar en qué momento y dónde fue cantado.

    Después de escuchar una decena de versiones, a cual más antojadiza sobre dónde se cantó el “Saludo” por primera vez, hemos hallado la del historiador “sanducero” Carlos Estefanell (9), quien tras paciente como prolija investigación, sostiene que bien pudo ser en una de las tres presentaciones en el Teatro El Progreso, entre julio y agosto de 1895, donde en el programa figuraba –Un saludo- y argumenta: “Y si era tradicional en Gabino saludar al pueblo sanducero antes de sus actuaciones, ¿No sería factible que en uno de esos saludos haya surgido el canto inmortal?”. Cabe agregar que bien pudiera ser el verso de despedida de la última noche, mencionado en la nota periodística: “Se despide de Paysandú con unos versos muy sentidos que le merecieron grandes aplausos”.(10) Esta es la única versión con fecha y lugar precisos y este es el hecho más importante, el cual descalifica las mistificaciones habidas en su torno; por otra parte, sospechamos que Ezeiza nunca lo interpretó con anterioridad a 1895, ya que en nuestro archivo no lo encontramos incorporado a su repertorio antes de ese año.

    Pero sobre este asunto hay mucho para decir. Una de las versiones más difundidas dice, que hostilizado por un grupo de personas llegó hasta el barco atracado en el muelle y desde la barandilla cantó el famoso saludo. La única vez que Ezeiza tuvo algún problema en el Uruguay, fue en su primera visita a Paysandú en abril de 1885, por lo tanto se supone que el hecho sucedió en esa ciudad y en ese año. Ahora bien, en aquel entonces el muelle aludido no existía y los vapores de la empresa Mihanovich, que hacían el recorrido por el río Uruguay, anclaban en medio de éste, desde donde los pasajeros eran transportados en bote hasta la orilla. Resultan pues inverosímiles los fundamentos de la citada versión.

    Después de tres largos años de ausencia de Buenos Aires, el año 1896 marca el regreso definitivo de Gabino Ezeiza a su ciudad natal, donde lo acompañará el éxito y mucha actividad.

    Para el sábado 15 de mayo de 1897 se concertó una payada de contrapunto entre Ezeiza y su rival por excelencia, Pedro Vázquez, quien estaba padeciendo las etapas finales de una cruel enfermedad. Luego de esta tenida, realizada en Lomas de Zamora, Vázquez no regresó más a los escenarios. Enterado Gabino de la gravedad del estado de su colega y su difícil situación económica le hace llegar una carta en la que dice: “Gabino ofrece, dejando a un lado antiguos resentimientos, un beneficio a favor del enfermo, con elementos propios, en este pueblo o en Tandil, donde actualmente se halla”.(11) Este gesto de Ezeiza fue publicado en el diario local, bajo el título “Sentimientos generosos” y es realmente un acto de solidaridad y filantropía el ofrecimiento del moreno, que lamentablemente no fue interpretada del mismo modo: “Conocida esta carta por Vázquez, contestó rechazando dignamente la oferta, pero sin altivez, agradeciéndola y diciendo: -que si bien es cierto que su posición no es muy desahogada, no carece felizmente de recursos propios para atender su enfermedad”. Vázquez falleció el 26 de junio, cuando contaba treinta y tres años de edad.

    En 1902 sostuvo otra payada memoriosa en San Antonio de Areco. Esta vez su contrincante fue Luis García, a quien no pudo vencer.

    Última fotografía tomada a Gabino Ezeiza

    En 1912 intervino con éxito en un torneo internacional payadoresco efectuado en un teatro de Buenos Aires en el que los cuatro primeros premios fueron adjudicados a Ezeiza, Curlando, Vieytes y Caggiano. Gabino también realizó, entre otras, una payada memorable, en las esquinas de Yerbal y Nazca, junto a Martín Castro, payador de Ciudadela y autor de “El huérfano”. Dentro de los límites de la Capital Federal solía concurrir al café Oviedo, de avenida Chicago (actual avenida de Los Corrales) y San Fernando (actual Lisandro de la Torre) frente al Mercado de Hacienda de Liniers.

    Llegamos al año 1914 y la primera actuación se la hallamos el sábado 7 de febrero en el escenario del Teatro Roma, ubicado en la calle Sarmiento 112, de la ciudad de Avellaneda, donde se presentó en una función a beneficio del actor aficionado Santos Mezzano. Para ese entonces Gabino estaba dedicado de cuerpo y alma a hacer proselitismo a favor del partido radical y para ello no mezquinaba esfuerzos ni sacrificios, ya sea colaborando con su canto en reuniones partidistas o sirviendo de enlace entre personajes influyentes de la misma causa.

    Tras su agitada vida de cantor trashumante y como muestra inequívoca de cansancio es que Gabino centra su actividad en bares y cafés de Buenos Aires. En ese entonces tenía 56 años, 8 hijos que mantener (la menor Eugenia Juana, apenas de dos años y aún vendrían dos más).

    A pesar de sus múltiples actuaciones, lo que ganaba sólo alcanzaba para lo más indispensable y si bien no padecía un estado de indigencia total, la pobreza que lo cercaba le mostraba el duro rostro de la realidad. La calidad de vida que en otra época disfrutó, había cesado.

    Su última actuación se verificó el sábado 30 de setiembre en el Teatro La Perla, de la calle Domínguez 659, de la localidad de Piñeyro, partido de Avellaneda.

    Falleció de endocarditis el día 12 de octubre de 1916, a las 4.25 de la tarde, en su domicilio de Azul 92, del barrio de Flores. Esa misma tarde asumía la presidencia de la nación el doctor Hipólito Irigoyen, candidato del partido radical, ideario político al que el moreno payador le dedicó lo mejor de sus horas. Se cuenta que al enterarse de la muerte de Ezeiza, el Dr. Irigoyen dijo: “¡Pobre negro, el sirvió!”. En esta expresión de pesar quedó resumido todo el esfuerzo de su convicción política, de la que no claudicó un solo instante.

    Una placa colocada en Azul 92, en el barrio de Flores, recuerda al negro Gabino Ezeiza. Allí, a los 58 años murió en su humilde casa, pobre como todos los juglares del pueblo.

    La leyenda de Gabino se despierta cada 12 de octubre, cuando sus seguidores se reúnen en la tumba del cementerio de Flores, para brindarle homenaje a este personaje tan recordado y querido.

    Buenos Aires de mi amor, ¡oh, ciudad donde he nacido! No me arrojes al olvido yo, que he sido tu cantor. De mi guitarra el rumor recogió en sus melodías, el recuerdo de otros días que jamás han de volver, los viejos cantos de ayer que fueron las glorias mías.

    Referencias

    1) Natale, Oscar – Buenos Aires Negros y Tangos – Buenos Aires (1984).
    2) Registro Cívico Nacional. Año 1879.
    3) El Indiscreto, Semanario – Montevideo, domingo 27 de julio de 1884.
    4) La Patria Argentina, Buenos Aires, martes 21 de octubre de 1884.
    5) López Rosas, Rafael – Historia de las Instituciones de la Provincia de Santa Fe, en El Teatro en la Provincia, Pág. 246.
    6) Vigo, José M. – Todo es Historia, N 39, julio de 1970.
    7) Chervo, Santiago G. – Radiografía de San Nicolás de los Arroyos – San Nicolás (1978).
    8)González Arrilli, Bernardo – Buenos Aires 1900 – Página 45
    9) Estefanelli, Carlos – Homenaje a Gabino Ezeiza – El Telégrafo, Paysandú, Uruguay, 8 de setiembre de 1978.
    10)El Paysandú – Paysandú, Uruguay, 2 de agosto de 1895.
    11) La Unión – Lomas de Zamora, Buenos Aires, 19 de junio de 1897.

    Fuente
    Blomberg, Héctor Pedro – El adiós de Gabino Ezeiza.
    Cristoforetti, Marita y Brichetto, Alberto – El payador de Flores.
    Di Santo, Victor – Gabino Ezeiza, Precursor del arte payadoril rioplatense – Buenos Aires (2005).
    Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado.
    Portal www.revisionistas.com.ar
    Turone, Oscar A.. – Gabino Ezeiza, El último payador.
    Soler Cañas, Luis – Gabino Ezeiza, verdad y leyenda.

    • El abuelo – Guitarra y canto de Gabino Ezeiza, grabación de 1905
    • Saludo a Paysandú – Guitarra y canto de Gabino Ezeiza – Buenos Aires (1913).
    • Endecha – Guitarra y canto de Gabino Ezeiza, grabación de 1913
    • Patagones (tango) – Guitarra y canto de Gabino Ezeiza, grabación de 1905
    • El adiós de Gabino Ezeiza por Ignacio Corsini (1891-1967).

    la fuente: www.revisionistas.com.ar




    Improvisación de Gabino Ezeiza en “La casa vieja”


    (De Elías Carpena)

    El comité de Floresta sur de la UCR poseía su centro de reuniones en la avenida Provincias Unidas, cerca de la calle Azul. Gustadores de la cultura, gozaban de una biblioteca vastísima, y había noches fijadas para conferencias y las había para todos los intelectos e inquietudes. Unas eran de ciencia, otras de historia; también de arte, de literatura y de política. Si el conferenciante era el poeta Aníbal Riu, podía escucharse “Vida y poesía de Almafuerte”. Si lo hacía Corvalán Mendilaharzu, elevaba y distinguía como floreciente la época de Rosas. También fustigaba reciamente a los unitarios. Pero a continuación, en son de contrapunto, prestigiaba la misma tribuna, con igual público, Ernesto Celesia, y se le oía respuesta erudita, sabia, profundamente documentada, desautorizándolo.

    Para los amantes del juego, todas las noches había riña de gallos, con abundancia de admiradores, de galleros y gallos. No se excluía la taba ni el monte… y para los que seguían el canto popular, la voz de los cantores y payadores, se les brindaba, en las noches de los días jueves, veladas deleitables. Entre los payadores que frecuentaban el comité se contaba Gabino Ezeiza, vecino que vivía en Azul 92, muy talentoso e inspirado improvisador, en cuyo haber poético se hacían gloria sus contrapuntos con el uruguayo Juan de Navas y el argentino Pablo Vázquez.

    En la primavera del año 1913, con la visita del caudillo Hipólito Yrigoyen al comité, se anunció la presencia de lo más grande del canto nacional: Gabino Ezeiza, José Betinoti, Juan Damilano, Antonio Anselmi, Ambrosio Río, autor de la canción “Mañanita”, y Miguel Cafre, de “El tabernero”, ambas muy difundidas en discos por Carlos Gardel. Aquella noche reunió el comité tantos adictos, tantísimos adentro, y tantos centenares afuera, deambulando por las calles, donde no se veía más que boinas blancas y seres quejumbrosos por no poder acercarse para ver y admirar al caudillo y oír las pregonadas improvisaciones sobre él.

    Yo seguía con gusto y activamente a los payadores, y cuando ellos se dirigían al público y le pedían tema para sus creaciones poéticas, le enviaba lo mío en versos, generalmente en una décima, donde le fijaba el argumento. Entonces el payador ceñía el texto al pedido y lo desarrollaba muy hábilmente. Estas versiones iban al aire y se perdían. Gabino Ezeiza improvisaba por cuartetos; rimaba el segundo verso con el cuarto, dejando libres los dos restantes. Para esa noche convine con tres amigos en tomar la versión. Íbamos cada uno a recoger escrito un verso de cada estrofa y al término tendríamos el poema total. Había escrito esa tarde, para cuando el improvisador reclamara argumento, una décima. No pude entregarla: fue una noche fallida para mi entusiasmo y debí regresar a mi casa de la misma manera que lo hizo la enorme cantidad de gente, sin ver al caudillo ni escuchar a los payadores.

    A un mes de este acontecimiento se anunció a los pobladores del bañado que el matarife Garrigós traería el mismo espectáculo a “La casa vieja”. Hubo protestas y reclamos porque no se realizaba donde correspondía, en el comité Radical de Murguiondo. La excusa aceptable fue la de que el local era pequeño. En el pórtico de la casa se organizó un tablado, con adornos de banderas y cintas argentinas. El alumbrado se dejó para la luna llena, que caía luminosa, y para el pórtico se encendieron luminarias de querosén, faroles que competían con el claro plenilunio.

    En cuanto se hizo la noche y la luna fue subiendo por el cielo del bajío, empezó a llegar gente en volantas, a caballo y de a pié. Gabino Ezeiza bajó de una victoria  de capota baja, con el matarife Garrigós. Un señor recibió al matarife con un abrazo y luego le dio esta nueva mala: “Don Hipólito no viene, lo han reclamado de Rosario”. Y a Gabino Ezeiza lo enteró de otra noticia, que él creyó desafortunada: “Tendrá que canta solo, Ezeiza; los demás payadores se encuentran por el interior”.

    Gabino Ezeiza le sonrió y repuso a muy poca voz: “¡Trataré de suplirlos, si la voz me alcanza y me acompaña la inspiración!”. Observó la escena el gentío, el tablado, y alabó el espectáculo al aire libre. Se tiraron cuatro bombas que retumbaron en el aire y dieron susto a los caballos. El matarife Garrigós anunció que Gabino Ezeiza no pedía contribución por actuar y que sólo ofrecía a los voluntariosos unas subscripciones de la revista P.B.T. Mientras el secretario del payador iba por las mesas haciendo suscriptores, él extrajo la guitarra del estuche, ensayó unos sonidos para el temple, punteó un alegre y cantó una improvisación a la noche de primavera que allí se estaba gozando a plena naturaleza. Dijo del perfume del campo que le traía la brisa nocturna y le cantó a la luna que se mostraba en su cielo dorada por el reverbero de estrellas. Cambió la improvisación poética por otra en la que le pedía al público tema para sus creaciones. Yo tomé mi décima puesta en un sobre, me acerqué al tablado y se la entregué. Gabino Ezeiza era negro. Era un señor de mucha fineza. Vestía de negro y se destacaba la camisa de plancha con su blancura de armiño. Se había puesto de pie para tomar lo mío. Nada me dijo. Creo que ni reparó en mí. Tal vez aquí habrá pensado en que yo era un buen muchacho que enviaba alguno de los hombres, al cual él buscaba para identificarlo.

    Regresé a mi mesa, a mi asiento, a mis amigos. Era el momento en que el payador rompía el sobre. Al descubrir la décima tuvo un gesto de admiración, de sorpresa y volvió a buscar al autor en los grandes, y no en mí que me encontraba cerca del tablado. Se enfrascó de nuevo en la lectura. La leía con emoción, con algo de temblor y deteniéndose, empapándose, quizás, del contenido, para la respuesta fiel. Se notaba que apretaba la esencia de cada verso. La décima le requería el siguiente argumento: 


    “Pide tema el payador/ 
    y elabora su poema./ 
    Si se brinda noble tema/ 
    habrá brillo y esplendor./ 
    Vaya hilando el ruiseñor/ 
    verso a verso lo más fino,/ 
    y a su decir cristalino/ 
    cielos y santos lo apoyen/ 
    para cantarle al divino/ 
    don Hipólito Yrigoyen.”



    Guardó el papel. Estaba pensativo, como en éxtasis. Puso los ojos hacia lo alto, buscando inspiración en la luna o, cual si dijera, como Martin Fierro: 


    “Pido a los santos del cielo – 
    que alumbren mi pensamiento”. 

    Preludió de nuevo en su guitarra y al compás de un vals, del vals que lo acompañaba en sus improvisaciones, dio comienzo a la creación: 


    “Aquí me escribe un poeta/ 
    con letra clara y finita, / 
    una décima entrañable/ 
    que hasta en mi sangre palpita.// 

    Usted me canta escribiendo/ 
    y yo le escribo cantando./ 
    Usted me propone el tema…/ 
    Yo lo voy desarrollando.// 

    Usted me propone un tema,/ 
    que yo le cante a Yrigoyen./ 
    Éste es mi tema querido/ 
    el que siempre a mí me oyen.// 

    Yo que lo conozco tanto,/ 
    digo que a su sentimiento/ 
    la acompaña la honradez,/ 
    la probidad y el talento.// 

    Que es un ser extraordinario/ 
    voy a empezar por decirle,/ 
    que cuando sea Presidente/ 
    glorias habrá que rendirle.// 

    De la talla de Sarmiento,/ 
    de Mitre, de Avellaneda;/ 
    yo digo que entre los próceres/ 
    es un prócer que nos queda.// 

    Ya tendrá el pueblo argentino,/ 
    en su augusta presidencia,/ 
    hombre probo, hombre digno,/ 
    el bien y la inteligencia”.



    Olía el aire al jazmín del país que en floridos nevados cubría los pilares del pórtico. Pasó el tren de las 12 en un gemido: era un pitar largamente inacabable. Se levantó en el espacio un humo negro que se fue extendiendo y cercó como un cordón de sierra la llanada. Regresaban del río dos pescadores; uno con la caña al hombro lucía una ristra de pescados brillantes de luna; el otro iba sólo con el mediomundo. Entraron a “La casa vieja” por el portón de la calle Escalada, se mezclaron con la gente que oía de pie fuera de las mesas y se internaron hasta ser de los primeros oyentes. Gabino Ezeiza los observaba con gusto y los vio con qué interés buscaban ubicación bien cerca del tablado. La nueva parte improvisada fue en alabanza de los hombres que se curtían y sacrificaban a la intemperie para sacarle al río tan rico tesoro. Aún duraban los aplausos que premiaban al bardo, cuando se le acercó una mujer y le reclamó: “Señor Ezeiza: ¿por qué no canta la canción suya que tanto se cantó?”. Y en vez de decirle el título le adelantó dos versos: “En una noche clara/ de majestuosa luna”.

    El payador le agradeció con una sonrisa. Entonces ordenó el temple, punteó el alegre de la canción y elevó el canto. Los aplausos hicieron estremecer el lugar y al acallarse, todavía un rumor como de marejada, Gabino Ezeiza debió atender otro pedido que el aire le traía. Era un señor que dijo emocionado: “Soy uruguayo, hermano de los argentinos”; y le solicitaba la canción más difundida del payador. Le gritó el primer verso: “Heroica Paysandú, yo te saludo”.

    La elección de la pieza fue festejada ruidosamente. Luego, con este canto desbordó el delirio; la pasión se alzó en oleaje, en gritos y aplausos vehementes.

    En ese instante el payador puso término a la fiesta. Guardó la guitarra. La gente se arrimaba al tablado, quería ver de cerca al hombre que tanto placer les había dado. Se levantó una voz de protesta. Se oía al español de la jabonería del deslinde decirle a Gabino Ezeiza que debía continuar cantando, porque él había pagado para oírlo. Recibió aquellas palabras y se empinó: con ojos grandes y gesto de asombro buscaba la mesa de donde salió el reto. Cuando la tuvo ubicada, retomó la guitarra y, sin sentarse, buscó el tono y cantó. Aseguró que allí ninguno había pagado nada por escucharlo, que él sólo admitía que le adquiriesen alguna suscripción de la revista P.B.T. Le pidió al que lo interpelaba que si era dueño de una, que no se perjudicara, que podía cancelarla. Le hizo una broma que puso al público risueño. Le dijo que en la mesa suya veía demasiadas botellas, y que entonces con quien tenía un asunto por dinero: “No era con el payador,/ sino con el cantinero”.

    La salida ingeniosa del payador se celebró con algazara. Había terminado la fiesta de la inspiración y el canto, y los concurrentes cercaban a Gabino Ezeiza con vítores, aplausos y felicitaciones.
    ______
    Texto tomado del libro de Bucich, Carpena, Dondo, Llanes, y Sáenz: La amistad de algunos barrios, Cuadernos de Buenos Aires, Bs. As., 1972.



    "SALUDO A PAYSANDÚ"ó "HEROICO PAYSANDÚ" de Gabino Ezeiza.


    Heroica Paysandú yo te saludo 
    hermana de la Patria en que nací 
    tus glorias y tus triunfos esplendentes 

    se cantan en tu tierra como aquí. 

    Los bardos que tenemos en el plata 
    te dan en el olimpo su canción 
    dedican este pueblo de valientes 
    su más grande y sincera admiración 
    dedican este pueblo de valientes 
    su más grande y sincera admiración. 

    Hermanos en las luchas y en las glorias 
    lo mismo de que allá en Ituzaingó 
    son hechos nacionales que la historia 
    en uno y otro pueblo mencionó 

    Heroica Paysandú yo te saludo 
    la Troya americana por tener
    dedican este pueblos de valientes 
    y cuna de los bravos 33 
    saludan este pueblos de valientes 
    y cuna de los bravos 33.


    De una grabación por el duo Gardel-Razzano c.1917.



    Heroico Paysandú yo te saludo

    hermano de la patria en que nací
    tus triunfos y tus glorias ofrecerte
    te canto de mi patria como aqui
    yo guardo este recuerdo de mi patria
    pegado en una brisa tu canción
    el hijo del temblor de tu saliente
    tu más grande y sublime inspiración
    hermanos en las luchas y en las glorias
    la mina de quien amo y su candor
    con ecos nacionales de la historia
    queriendo proclamarme vencedor
    Heroico Paysandú yo te saludo
    la troya y gloria americana por tener
    saludo a este pueblo de valientes
    y juro de los bravos treinta y tres
    Heroico Paysandú yo te saludo
    hermano de la patria en que nací
    tus triunfos y tus glorias ofrecerte
    te canto de mi patria como aquí.

    Himno a Paysandú. Heróico Paysandú de Gabino Ezeiza para película El último payador.





    .



    0 0
  • 04/08/16--15:51: HIGINIO CAZÓN [18.399]

  • Higinio Cazón

    Higinio D. Cazón (Ciudad de Buenos Aires 1866 - Balcarce 1914) fue un payador, escritor y compositor argentino de raza negra. Grabó alguno de los primeros tangos criollos, por ej: "El Taitá". Publicó un folleto llamado Alegrías y Pesares, donde se incluyó su composición "Bajo el Ombú Copioso", lo cual hizo que lo reconocieran como poeta. El 30 de junio de 1896 se trenzó en una payada contrapuntista con Gabino Ezeiza, en el Teatro Doria de Buenos Aires. Trenzó amistades con otros payadores de la época, en especial con Madariaga y Ángel Villoldo, lo cual hizo que formaran un grupo de Tango. Falleció de repente en una gira musical, en la ciudad de Balcarce.

    Se reunía en el Café de los Angelitos con otros artistas de la época, tales como: Gabino Ezeiza y Carlos Gardel. Debido a esto, fue inmortalizado al ser mencionado en la canción "Café de los angelitos" de Cátulo Castillo.






    EL GAUCHO - Higinio Cazòn

    Del volumen titulado “Alegrías y pesares”

    Del gaucho,¡ya ni el recuerdo
    De ese tipo va quedando!...
    Todos se van acabando
    Como una raza maldita.
    Darle honor se necesita
    Porque el paisano luchó
    Y toda su sangre dio
    Por esta tierra bendita.

    Güemes con gauchos de nota
    Se supo hacer coronar
    De gloria como patriota,
    Con gente de chiripá.
    Hoy debemos lamentar
    Que han muerto esos servidores
    Que enlazaron los cañones
    Del enemigo tenaz.

    Del Paraná en sus riberas
    Más de un recuerdo han dejado
    Los paisanos que han luchado
    Con honor por su bandera.
    El paisano adonde quiera
    Ser buen soldado mostró,
    En Chacabuco y Maipó
    Y más tarde en las fronteras.

    Vean los hechos nacionales,
    Busquen un hecho de guerra,
    Que no esté representado
    El paisano de esta tierra.
    Es el primero en la guerra,
    Sarmiento solía decir: 
    El último en recompensas,
    Y el duro para morir.




    .



older | 1 | .... | 270 | 271 | (Page 272) | 273 | 274 | .... | 364 | newer