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  • 04/02/16--08:29: LUDOVICO DOLCE [18.360]
  • Le prime imprese del conte Orlando, de Lodovico Dolce.


    Ludovico Dolce

    Ludovico Dolce o Lodovico Dolce (Venecia, 1508 o 1510-Venecia, 1568), fue un gramático, editor y escritor polemista italiano.

    Dolce nació en el seno de una antigua familia veneciana. Tuvo que dedicarse a la edición (con Gabriele Giolito), por tradición familiar. Asimismo se dedicó al teatro.

    Se casó con una actriz teatral, Polonia, y tuvo dos hijos. Mantuvo relaciones con los escritores de su tiempo y se vinculó a las academias de entonces. Así estuvo en el círculo de Pietro Aretino, con el literato Niccolò Franco y con Girolamo Ruscelli. Tuvo cierto éxito con sus libros, aunque sin alcanzar a vivir de sus ventas.

    Fue un polígrafo que trabajó a lo largo de su vida en 358 ediciones, muchas de ellas con textos traducidos por él. Destacan el Decamerón de Boccaccio (1552), el Canzoniere de Petrarca, y la Divina Commedia. De los recientes, es destacable su edición de Orlando Furioso.

    Su Osservationi nella volgar lingua (1550), es uno de los tratados de gramática italiana del siglo XVII, que retoma y reorienta la famosa Prose della volgar lingua de Pietro Bembo (1525).

    Obras

    Sogno di Parnaso con alcune rime d'amore (1532)
    Il ragazzo (1541), comedia
    Hecuba (1543), tragedia
    Thyeste/Thieste (1543 y 1547)
    L'Istituzione delle donne {1545}
    Fabritia (1549), , comedia bajo influjo de Plauto.
    Giocasta (1549), tragedia
    Libri delle osservationi nella volgar lingua (1550), en línea con las ideas de Bembo.
    Le trasformazioni (1553)
    Medea (1557)
    L'Aretino o Dialogo della pittura (1557)
    Dialogo dei colori (1565)
    L'Enea (1568).



    ELEGÍA DE LA PULGA 

    Señor compadre, el vulgo de envidioso
    Dice que Ovidio escribe una elegía
    De la pulga, animal tan enojoso,
    Y miente, que no fué, ni es, sino mía;
    No toda de invención, más traducida
    De cierta veneciana fantasía.
    Va, mutatis mutandis, añadida;
    Porque la traducción muy limitada
    Suele ser enfadosa y desabrida.

    ¡Oh pulga esquiva, fiera y porfiada,
    Enemiga de damas delicadas,
    Tú que puedes saltar cuando te agrada,
    Quién tuviese palabras tan limadas,
    Bastantes á decir de tus maldades,
    Fierezas memorables, señaladas!
    Tú haces pruebas grandes y crueldades,
    Y aun creo que tú sola, entre animales,
    Sabes más que la mona de ruindades.

    Haces atrevimientos, y qué tales;
    Dejas amancillada una persona,
    Que parecen de lepra tus señales. 
    Por tí el más cuerdo, en fin, se desentona;
    Vives de humana sangre y siempre quieres
    Comer á misa, á vísperas y á nona.
    Entre nosotros vas, y eres quien eres,
    Siempre á nuestro pesar, y no hay ninguno
    Que se pueda guardar cuando le hieres.

    No sabemos de tí lugar alguno;
    No eres fraile, ni abad, ni monacillo,
    Ni hembra, ni varón, ni apenas uno.
    Eres una monada, eres coquillo,
    Eres un punto negro, y haces cosas
    Que no osaran hacerse en Peralvillo. 
    Das tenazadas ásperas, rabiosas,
    Al rey como al pastor, al pobre, al rico,
    Y al príncipe mayor enojar osas.

    Picas, no sé con qué, que todo es chico:
    Dejarnos has al menos en picando,
    Como deja el abeja, el cabo y pico.
    Está el hombre durmiendo, está velando,
    Tú sin temor y sin vergüenza alguna,
    Le vas con tus picadas molestando.
    El simplecillo niño allá en la cuna,
    La delicada monja alia en el coro,
    A todos tratas sin piedad ninguna.

    No buscas cetro, reino, ni tesoro;
    Mas hartaste de sangre de cristianos,
    Que no lo hace un perro, un tureo, un moro.
    Derritiéndose están los cortesanos,
    Mostrando el pecho abierto ante, las damas,
    Los hígados ardiendo y los livianos,
    Y tú, malvada, en medio de sus llamas,
    Los haces renegar y retorcerse,
    Pudiéndolos tomar allá en sus camas. 

    ¿Hay hazaña mayor que pueda verse,
    Que ver al más galán, si tu le cargas,
    Perdiendo gravedad, descomponerse?
    Traidora, si te agradan faldas largas,
    ¿Por qué dejas los frailes religiosos?
    ¿Por qué no los molestas y te alargas?
    Aquellos son bocados más sabrosos,
    Allí me las den todas; tus denuedos
    Allí pueden hacer tiros donosos.

    Si por tomarte van los hombres quedos,
    Cuando piensan que estás dentro en la mano,
    Con un salto te vas de entre los dedos.
    El que piensa engañarte es muy liviano,
    Porque vuelas sin alas más ligera
    Que el pensamiento de algún hombre vano.
    Una razón, una palabra entera
    Sueles interrumpir, mientras durmiendo
    Te muestras insolente, airada y fiera.

    ¡Ay pulga! á los alanos te encomiendo,
    Que aun esto que decir de tí me resta,
    A bocados me vas interrumpiendo.
    Pues no os he dicho nada de la fiesta
    Que pasa, si se os entra en una oreja;
    Allí es el renegar, mas poco presta
    Allí va susurrando como abeja;
    Méteos en el cerebro una tormenta,
    Cual debéis ya saber, que es cosa vieja.

    Mas entremos ¡oh pulga! en otra cuenta,
    Y no te maravilles si me ensaño,
    Que no es mucho que el hombre se resienta.
    Dime falsa cruel, llena de engaño,
    ¿Cómo osas tú llegar á aquel hermoso
    Cuerpo de mi Señora, á hacer daño?
    Mientra el sueño le da dulce reposo,
    Presuntuosa, tú le estás mordiendo,
    O vas por do pensallo apenas oso. 

    ¡Qué libremente vas gozando y viendo
    Aquellos bellos miembros delicados,
    Y por do nadie fue, vas discurriendo!
    La cuitada se tuerce á tus bocados;
    Mas tú, que vas sin calzas y sin bragas,
    Entras do no entrarán los más osados.
    No puede ser, malvada, que no hagas
    Que ser pulga desee el que sintiere
    De cuál envidia el corazón me llagas.

    Parezca mal á aquel que pareciere;
    Yo querría pulga ser, pero con esto,
    Que me torne á mi ser cuando quisiere.
    Porque en aquella forma, ni era honesto,
    Ni pudiera agradar á mi Señora,
    Ni á mí, y me quedaría hecho un cesto.
    Lo que fuera de mí, contemplo agora,
    Y siento de dulzura deshacerme,
    Y aun tal parte hay en mí que se mejora.

    Lo primero seria luego asconderme
    Debajo de sus ropas, y en tal parte,
    Que me sintiese y no pudiese haberme.
    Allí me estaría quedo, y con gran arte
    Miraría aquel cuerpo delicado,
    Que de rosas y nieve se reparte.
    ¡Qué falso estaría yo y disimulado
    Gozando, ora del cuello, ora del pecho,
    Andando sin temor por lo vedado!

    Un Sátiro, un Priapo estoy ya hecho,
    Pensando en aquel bien que gozaría,
    Viéndola desnudar para irse al lecho.
    ¡Cuan libremente, qué á placer vería
    Todas aquellas partes, que pensando
    Me enderezan allá la fantasía!
    Pero quien tanto bien fuese mirando,
    ¿Cómo pudiera estar secreto y quedo
    Que aun agora, sin serla, estoy saltando? 

    Mas pusiérame seso al fin el miedo,
    Hasta que se saliesen las criadas,
    Que aun esperar, pensándolo, no puedo.
    En sintiendo las puertas bien cerradas,
    Dejando aquella forma odiosa y fiera,
    Siguiera del amor otras pisadas.
    Tornárame luego hombre, y no cualquiera,
    Mas un mozo hermoso y bien dispuesto,
    Robusto dentro, y muy galán de fuera.

    Llegara muy humilde ante ella presto,
    La boca seca, la color perdida,
    Ojos llorosos y alterado el gesto.
    Dijérale: mi alma, entrañas, vida,
    Mi corazón, redaños y asadura.
    Y mi ¿cómo se dice? mi querida.
    Vos estáis sola, y si queréis á escuras;
    Yo me muero por vos más ha de cuanto;
    No dejemos pasar estas venturas.

    Pero por no causarla algún espanto,
    Antes que la hablara alguna cosa,
    Escupiera ó tosiera allí entre tanto.
    Ella más avisada y maliciosa
    Que muía de alquiler entendería
    Por las señas, y el texto por la glosa.
    Allí era el desgarrar la parlería,
    Y el afirmar con treinta juramentos
    Que era todo verdad, cuanto diría.

    Pintárale mayores mis tormentos
    Que la torre que el asno de Nembrote
    Comenzó con tan vanos fundamentos.
    No le hablaría con furor ni al trote,
    Antes grave, piadoso y afligido,
    Porque no me tuviese por virote.
    Dijérale: «Señora, yo he venido
    Aquí; solos estamos, sin que alguno
    Lo vea, ni jamás será, sabido. 

    Yo soy mozo, vos moza, y no hay ninguno
    Que nos pueda estorbar que nos holguemos;
    El tiempo y el lugar es oportuno.»
    Mostrara gran pasión, hiciera extremos,
    Suspiros, pasmos, lágrimas, cosillas,
    Con que suelen vencerse como vemos.
    Si la viera sufrir tales cosquillas,
    Y callando mostrar que lo otorgaba,
    Allí fuera el hacer las maravillas.

    Mas si airada la viera, ó que gritaba,
    Tornándome á ser pulga en un momento,
    Del peligro mayor me aseguraba.
    Allí fuera de ver su desatiento,
    Cuando acudiera gente á socorrella,
    Sin hallar de mí rastro ó sentimiento.
    Mas siendo, como es, sabia, moza y bella,
    Antes quiero creer que tan segura
    Ocasión no quisiera así perdella.

    Que no es honestidad, sino locura,
    No gozar hombre el bien que está en la mano
    Sin poner honra y vida en aventura.
    Pero yo os voto á Dios, compadre hermano,
    Que si la seftoreta no callara
    Que no fuera el dar voces lo más sano.
    Porque ya podéis ver si recelara,
    Tornándome á ser pulga, y si pudiera
    Asentarle diez higas en la cara.

    Siendo pulga, volando, me metiera
    Debajo de la ropa, y como un fiero
    León, toda á bocados la comiera.
    Entrárale en la oreja, lo primero,
    Hiciérala rabiar, y por nonada
    Entrara en parte do pensallo muero.
    Tuviérala despierta y develada;
    Y apenas hay en ella alguna cosa
    Donde no la asentara una picada. 

    Y ella que es tan soberbia y enojosa,
    Mal sufrida, colérica, impaciente,
    Fuera harto de verla así rabiosa,
    Viendo que tuvo una ocasión presente,
    No habiendo de dormir, para holgarse,
    Y que así la perdió súbitamente.
    ¡Qué hiciera de torcese y de quejarse!
    Pues ¿quizá que dejara de picarla?
    Ni por verla llorar ni lamentarse.

    Hallarme por el rastro, ni esperarla
    Si viniera á tomarme, era excusado:
    Yo bien sé cómo habia de molestarla.
    Mas, compadre, ¿no veis do me ha llevado
    El cuento de la pulga, y lo que ofrece
    Un pensamiento á un triste enamorado?
    Esta contemplación, que así parece
    Al tesoro que el duende á veces muestra,
    Ó riqueza que en sueños se aparece.

    No por eso penséis, por vida vuestra,
    Que estoy fuera de mí, ni desvarío,
    Porque seria opinión harto siniestra.
    La corriente me trujo, y como el río
    Sigo tras el furor que así me fuerza,
    Como quiere el perverso hado mío,
    Haciendo que á una parte y á otra tuerza. 


    Traducción: Diego Hurtado de Mendoza 







    .


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  • 04/02/16--08:50: LUIGI TANSILLO [18.361]

  • Luigi Tansillo

    Luigi Tansillo (Venosa, 1510 - Téano, 1568) fue un poeta italiano.

    Amigo de Garcilaso de la Vega, alcanzó notoriedad en España por su poema Las lágrimas de san Pedro, traducido en quintillas por Luis Gálvez de Montalvo (Toledo, 1587).

    Introdujo en la lírica una flexibilidad pasional, una acentuación tonal y un sentimiento idílico que preludian los modelos barrocos.

    Obras: Égloga Los dos peregrinos, El vendimiador, Capitoli, Las estancias a Bernardino Martirano, los poemas pedagógicos El dominio y La hacienda y, publicadas póstumamente, Las lágrimas de san Pedro y Cancionero.




    EL LLANTO DE SAN PEDRO

    Habiendo Pedro jurado
    Con esfuerzo y osadía
    Que, de mil lanzas cercado,
    A su señor seguiría
    Hasta morir á su lado.

    De la gran falta que ha hecho,
    Vergüenza y lástima junto,
    De le ver en tal estrecho,
    De mil puntas en un punto
    Le traspasaron el pecho.

    Las más bravas y derechas,
    Que en el corazón le dieron,
    Por el Señor fueron hechas,
    Cuyos ojos arcos fueron,
    Y cuyo mirar, las flechas; 

    Y siguiendo los despojos
    Hasta el alma penetraron,
    Cuyas heridas y enojos
    Ungir siempre le obligaron
    Con el licor de sus ojos.

    Tres veces jurado había
    A la moza, al siervo, al bando,
    Que al Señor no conocía,
    Cuando el gallo, despertando,
    Llamó en testimonio el día;

    Y hecho Pedro bienquisto
    Del mal pueblo (sin mirar
    Su yerro, de todos visto),
    Dejó venir á encontrar
    Sus ojos con los de Cristo.

    Decir lo que en él pasó
    Es excusada fatiga,
    Cuando el Señor le miró,
    Porque no hay lengua que diga
    Lo que allí Pedro entendió.

    Parecía que, olvidado
    Del mal que pasaba allí,
    Dijese Cristo, admirado:
    «¡Cuán verdadero salí,
    Discípulo mal mirado!»

    No ve su rostro mejor
    En el cristalino espejo
    La doncella, que su error
    Vido el miserable viejo
    En los ojos del Señor;

    Ni oído jamás atento
    Pudiera oír ni escuchar
    Tanto en diez años ni en ciento,
    Cuanto con solo mirar
    Oyó Pedro aquel momento.

    Aunque es injusto mezclarse
    Lo profano y lo sagrado,
    Así suelen, sin hablarse,
    Dos heridos de un cuidado
    Entenderse con mirarse;

    Y lo que puede asconderse
    Dentro de una alma amorosa,
    Sin escribirse ó leerse,
    Con la vista es fácil cosa
    Escucharse y entenderse.

    Cada ojo parecía
    De Pedro un atento y listo
    Oído que recibía,
    Y cada ojo de Cristo
    Lengua que así le decía:

    «Mas fieros vienen á serme
    Tus ojos que los tiranos
    Que en cruz tienen que ponerme,
    Pues no han podido sus manos
    Como tu lengua ofenderme.

    Ninguno cortés he hallado
    De cuantos habia escogido;
    Mas tú, Pedro, me has dejado
    Más que todos ofendido
    Por ser de mí más amado.

    Si me huyeron aquellos,
    Negóme en estos tu boca,
    Y están tus ojos con ellos
    Atentos, como á quien toca
    Parte del contento de ellos.»

    ¡Quién las palabras diría,
    De desdén y de amor llenas,
    Que á Pedro le parecía
    Que en las dos luces serenas
    De Cristo impresas veía! 

    Morir sería más llano,
    Mas si mortal ojo es diño
    De efecto tan soberano,
    ¿Que hará un mirar divino
    En un sentimiento humano?

    Como nieve que, caída
    En selva cerrada y fiera,
    Del invierno empedernida,
    Con el sol de primavera
    Sale en agua convertida;

    Así el temor y el espanto
    Que en Pedro causó el herror,
    El resplandor vivo y santo
    De los ojos del Señor
    Le hizo salir en llanto.

    No fué como arroyo ó fuente
    Su llanto, que se agotaba
    Por tiempo ó sazón ardiente,
    Pues el Señor, que le amaba,
    Le volvió la gracia ausente.

    Siempre lloraba velando,
    Siempre al gallo matutino
    Recordaba sollozando,
    Nuevas lágrimas contino
    A la vieja culpa dando.

    El rostro, que habia quedado
    Mortal y despavorido,
    De color desamparado,
    Por haber la sangre ido
    Al corazón salteado;

    Tocado del resplandor
    De aquel sumo Sol sin fin,
    Tornó su hielo en ardor,
    Hizo púrpura el jazmín
    y vergüenza su temor. 

    Viéndose cuan diferente
    Del primer estado estaba,
    Y viendo tan firmemente
    Ofendido al que le amaba,
    No pudo estar más presente.

    La sentencia no atendiendo
    Que el pueblo falso daría,
    De aquel lugar triste horrendo,
    Donde el Señor padecía,
    Salió llorando y gimiendo.

    Deseando algún extraño
    Que la merecida pena
    Le diese de error tamaño,
    Su propia mano refrena,
    Con miedo de mayor daño;

    Pero gritando salía
    Por el nocturno destierro,
    Como quien aborrecía
    Ya, como causa del yerro,
    La vista que antes quería.

    «Vete, vida; vete, digo,
    Clamaba, pues te deshecho,
    No es razón irte conmigo,
    Ni, pues tanto mal me has hecho,
    Yo debo quedar contigo;

    Vete, vida, vete á mal,
    Sin más mostrarme en que yerre;
    Que por la vida mortal
    No es justo que se destierre
    El alma de la eternal.

    Vida falsa y sin consuelo,
    Que, porque no te ofendiese
    La breve guerra del suelo,
    Ordenaste que perdiese
    La paz eterna del cielo; 

    A aquel que contento das
    Quieres que poco te vea,
    Y continuamente estás
    Con el que morir desea.
    Por atormentarle más.

    ¡Oh cuántos de tu salud
    Vinieron á estar quejosos,
    Que en próspera juventud
    Acabaron venturosos,
    Sin llegar á senectud!

    Porque la prosperidad
    Mejor menos aseguras,
    Y yo lloro esta verdad,
    Porque no duraste y duras
    Tan contra mi voluntad.

    Si no anduvieras tras mí
    Tantos años, no hallara
    Mi fe tal tropiezo en tí,
    Ni el largo tiempo llevara
    Seso y memoria tras si;

    Y acordárame cuan cierto
    Al cojo vi estarse en pié,
    Al ciego el mirar despierto,
    Lengua al mudo, y lo que fué
    Sobre todo, vida al muerto.

    Obras de tanto valor
    Trujéranme á la memoria
    Que su ilustre Hacedor
    Era fuente de victoria
    Para lavar mi temor;

    Mas ya del largo vivir
    La memoria consumida,
    Desmayó mi resistir,
    Y viene á anegar la vida
    Con el temor de morir; 

    Aquella vida sin par,
    Do la vida toma el ser,
    Y á do quien sabe arribar
    No tiene de qué temer
    Ni le queda qué esperar;

    Y pues que de tal manera
    Le dejé, justicia es llana
    Que mi triste vida muera;
    Vete, vida ó sombra vana,
    Pues negué la verdadera.

    ¡Oh cuan venturosa suerte
    Fue la de los niños santos
    Cuando aquel tirano fuerte
    Quitó las vidas á tantos
    Por dar á uno solo muerte!

    Pues primero que en el suelo
    Pecar pudiesen murieron;
    Flores dignas, que en el cielo
    Primero traspuestas fueron
    Que las ofendiese el hielo.

    Cuanto á aquellos les valió
    Su niñez cuando acabaron,
    La edad á mi me dañó,
    Porque á su Dios no negaron
    Por no morir como yo;

    Y si les faltó aceptar
    Su muerte en voces despiertas,
    Por no poderlas formar,
    Por sus gargantas abiertas
    Su sangre supo hablar.

    No por las lenguas de aquellos
    Recien nacidos infantes,
    Pero por su muerte de ellos
    Tuvieron coronas antes
    Que les naciesen cabellos. 

    ¡Suerte digna de memoria!
    Sin saber qué cosa es guerra
    Merecieron la victoria,
    Y sin tocar en la tierra
    Gozan en el cielo gloria.

    ¡Con cuánta solemnidad
    Fueron todos asentados
    En la misma dignidad
    Que perdieron los pasados
    Por soberbia y vanidad;

    Debajo de la bandera,
    Como gente de valor,
    La gloriosa escuadra entera
    En el triunfo del Señor
    Entró puesta en delantera.

    ¡Oh dignidad admirable!
    Pues que viniendo á la tierra
    Encubierto el Inefable,
    A librarnos de la guerra
    Del tirano miserable,

    Estos primeros lucharon
    En la batalla cruel,
    Estos su sangre dejaron
    Por ejemplo y guía fiel
    De cuantos la derramaron.

    Madres que los muy queridos
    Hijos os visteis quitar,
    De vuestros pechos asidos,
    Como se suelen robar
    Los pájaros de los nidos;

    Y de la mano homicida
    Su pura sangre quedó
    Por los suelos esparcida,
    No lloréis su muerte, no;
    Dejadme llorar mi vida. 

    Si os pudiera ser mostrado
    El fruto que salir debe
    Deste licor derramado,
    Que aunque la tierra le bebe,
    En el cielo está guardado,

    No fuérades lastimosas,
    Sino de las más felices,
    Pues solas sois las dichosas,
    Por haber sido raíces
    De flores tan generosas;

    Mas yo, pecador cuitado,
    Debo, si, llorar mi suerte,
    Refrenando mi cuidado
    Por no darme yo la muerte,
    Como hombre desesperado.

    Sin lazo, hierro ó bebida,
    A no faltarme el vigor,
    Con la culpa cometida
    Bastar debiera el dolor
    Para quitarme la vida.

    Alma, ¿cómo puede ser
    Tan pequeña la pasión
    En culpa tan de temer?
    Llama cuantas almas son
    Sujetas á padecer,

    Y diles que su tormento
    Cada cual te preste y dé;
    Dales en tu pecho asiento,
    Y donde es poca la fe,
    Supla el mucho sentimiento.

    Haz, si es posible, en el suelo
    Igual al yerro el quebranto
    A fuerza de amargo duelo:
    Mas ¿dónde puede haber llanto
    Que iguale á mi desconsuelo? 

    Si te pusieren delante
    Cuantas penas tiene en sí
    El infierno, no te espante;
    Que mirando al que ofendí
    No son castigo bastante.»

    Así el cuitado llorando
    Cuanto sus ojos bastaban,
    Sus culpas siempre acusando,
    Donde los pies le llevaban,
    Cabizbajo caminando;

    O fuese acaso ó destino
    Soberano, en su jornada
    A aquel mismo huerto vino,
    De á do la tarde pasada
    Partió tras el Rey divino.

    Como el que con ansia fuerte
    Su hijo entierra y se parte,
    Y es su cuidado de suerte,
    Que le vuelve por la parte
    Donde le dieron la muerte;

    Viendo la tierra teñida
    Con la sangre del cuitado,
    Renuévase la herida,
    Y crece tanto el cuidado,
    Que pone á riesgo la vida;

    Así el viejo, que excedía
    A mil padres en amor,
    Viendo el huerto do aquel día
    Le quitaron su Señor,
    Con más dolor se afligía.

    La compasión acrecienta
    Cuando sus pisadas mira,
    Y las lágrimas aumenta,
    Y de vergüenza y de ira
    Solloza y casi revienta. 

    Cual si le fueran cortadas
    Entrambas piernas, cayó,
    Y besando las pisadas
    De su Señor, las dejó
    Con sus lágrimas bañadas,

    Si antes de esto no las viera,
    No hubiera andado tras ellas,
    Aunque en confusa carrera,
    El olor divino dellas
    A conocer se las diera.

    «Si de tu gracia, decía,
    Que perdí, me quedó tanto,
    Que la tierra que oprimía,
    Rey del cielo, tu pié santo
    Toque yo por .suerte mía;

    Ya que mi dolor no baste
    Para que merezca verte,
    Si en algún tiempo me amaste,
    Haz que me tome la muerte
    En la tierra que pisaste.

    Pisadas santas, aquí
    Impresas, del Rey sin par,
    Que os subieron sobre sí
    Las estrellas en la mar,
    Como en este suelo vi.

    Y adonde otros se hundían,
    Siguiéndoos ubre pasé
    Las veces que lo querían,
    Porque debajo del pie
    Las aguas se endurecían.

    ¡Quién viera sin rostro triste
    El poco amparo y abrigo
    Que de los doce tuviste,
    Que para vivir contigo
    Entre todos escogiste!

    Cuando tu aflicción se entiende,
    Los diez se te van por pies,
    Otro al mal pueblo te vende,
    Otro te niega, y este es
    Quien más que todos te ofende.

    ¿Quién sufrirá que descienda
    Sobre sí el hierro cruel,
    Sin que el débil brazo extienda,
    Y aunque á gran costa de él,
    La cabeza se defienda?

    Siendo pues cabeza fuerte
    Tú, y nosotros miembros de ella,
    Viendo llevarte á la muerte,
    Debiéramos hasta ella
    Ponernos á defenderte.»

    La sombra, á los malhechores
    Amiga, se iba apartando,
    La aurora con mil temblores
    Salia del mar, derramando
    Lágrimas en vez de flores,

    Triste el rostro, sin consuelo
    De terrestre humor manchado,
    Y aquel cabello que el cielo
    Suele mostrar sonrosado,
    Envuelto en un negro velo,

    El sol tras ella venía
    Como persona llevada
    Por fuerza á do no quería;
    Su claridad olvidada,
    Los celajes no rompía;

    Tristes las nubes divinas,
    Y padeciendo desmayos,
    Juzgó sus sienes indinas
    De la corona de rayos,
    Teniéndola Dios de espinas. 

    Estaban los aires graves
    Con una niebla inhumana,
    Y las avezadas aves
    A saludar la mañana,
    Con sus cantos tan suaves,

    Tristes callando en sus nidos
    Su desconsuelo mostraban,
    Y en sus cuevas escondidos,
    Los buhos se querellaban,
    Los lobos daban aullidos.

    Sintió Pedro con el día
    Su gran vergüenza crecer,
    Que, aunque está sin compañía
    De quien la pueda tener,
    De si mismo la tenía;

    Que si el magnánimo yerra,
    Lo ha de mostrar en la frente,
    Si en mil cavernas se encierra,
    Y si sólo ve presente
    En su culpa cielo y tierra,

    Traducción: Luis Gálvez de Montalvo 







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  • 04/02/16--14:17: JOSÉ FIANSÓN [18.362]

  • José Fiansón

    José Fiansón, (Lima, 20 de mayo de 1870-Chosica, 24 de febrero de 1952) fue un poeta peruano. Uno de los representantes del modernismo de su país.

    Hijo de Julio César Fiansón y María Julia Schmidt. Cursó su educación primaria en el Liceo Peruano, la Escuela Superior de Comercio y el Colegio de Pedro Barrós; y la secundaria en el Instituto de Lima, el Colegio Nacional Nuestra Señora de Guadalupe y el Convictorio Peruano. Sus estudios superiores los inició en 1902, en la Universidad Mayor de San Marcos.

    Literariamente se dio a conocer publicando sus creaciones poéticas en diarios y revistas de Lima, en los años 1890 y 1900. Con el auspicio de los literatos José Santos Chocano y Clemente Palma ingresó al Ateneo de Lima en 1899.

    En 1908 se estableció en Chosica, poblado situado a 40 km al este de la ciudad de Lima, donde permaneció por el resto de su vida. Llegó a ser sucesivamente gobernador, juez de paz y secretario de la municipalidad local. A partir de 1911 ofició de corresponsal del diario El Comercio de Lima.

    Cantó el paisaje de Chosica, a la que llamó Villa del Sol. Pocos años antes de su muerte, el concejo municipal le rindió homenaje, coronándole como el Poeta de la Villa del Sol (29 de julio de 1948).

    Obra

    Su obra poética se halla dispersa en diarios y revistas de Lima: El Perú Ilustrado (1890-1891), La Idea (1891-1892), El Iris (1893), El Perú Artístico (1894), La Neblina (1896-1897), La Gran Revista (1897-1898), Lima Ilustrada (1899-1902) y El Modernismo (1900).

    Algunas de sus composiciones fueron compiladas por Francisco E. Ruiz Alarco:

    Antología de José Fiansón (Homenaje al poeta coronado… el “Poeta de la Villa del Sol” (1948).

    Valoración

    Fiansón fue de la misma generación de José Santos Chocano, el “cantor de América” considerado como la cumbre del modernismo peruano. Sin embargo, a decir del crítico Manuel Beltroy, Fiansón sería el exponente más avanzado de dicha tendencia en el Perú, pues fue quien mejor realizó en sus versos la doctrina plástica y musical del parnasianismo. Su poema Foederis Arca es considerado como uno de los mejores, sino el mejor, del modernismo peruano.

    Dice Luis Alberto Sánchez: «Fiansón es un poeta del amor. Perseguido por la inacabable obsesión erótica, empezó escribiendo magníficas composiciones de corte modernista, las más auténticamente rubendaríacas de su tiempo (Foederis Arca, Hacia Damasco, etc.).» Sus creaciones aparecían en las más importantes revistas de Lima. Esa primera etapa de su obra se prolongó hasta 1910. Luego, a decir de Sánchez, decayó su calidad y se limitó a publicar sonetos galantes en el diario El Comercio. Tampoco sería de interés literario sus prosas de cronista de la Villa del Sol, como llamaba a Chosica, donde vivió sus últimos años.



    LA NEBLINA

    PARA JOSÉ S. CHOCANO

    La neblina es la virgen entumecida de formas pálidas,
    hechas de vahos níveos, pavor de mares, polvo de estrellas,
    que va dejando pura, nerviosa y triste sus finas huellas
    en mañanas sombrías, en tardes de oro y en noches cálidas.
    Ella es la rica veste con que se cubren de las Castálidas,
    cuerpos en que se mezclan con alabastros rosas doncellas,
    o estremecida gasa con la que esfuman sus tintas bellas
    grupos de mariposas que alegres surgen de sus crisálidas.
    Los brillantes matices sinfonizados en primaveras,
    los sutiles aromas embebecidos en esperanzas,
    que se desvanecieron sobre las ondas de mis dolores.



    Dos fragmentos de sus poemas publicados en El Comercio: el primero, el 6 de diciembre de 1936, titulado “La buena nueva”, y el segundo, el 19 de junio de 1938, “Dios y Patria”.

    “La buena nueva”

    (….) 
    Y en mi tebaida oscura de triste anacoreta, 
    No veía yo el alba del rostro de Jesús 
    Mas la cruz y la espada forjan las reconquistas, 
    Y, en columnas cerradas, requetes, falangistas, 
    Van de Francisco Franco -el nuevo Cid- en pos. 
    Y el corazón hoy sabe, veedor de tanta hazaña, 
    Que mientras haya un hombre, mientras haya España 
    Habrá en el mundo Patria y habrá en la tierra Dios.




    “Dios y Patria”

    Cuán grande la que fue antaño dueña y señora de un mundo 
    (…) 
    La del más alto pensar, la del sentir más profundo 
    La de mártires patriotas hoy en Toledo y Oviedo. 
    Gloria y honor a cadetes y a jefes que son estrellas: 
    Franco, Moscardó, Aranda, Millán Astral, Cabanellas, 
    Queipo del Llano, Varela, Mola, Yagüe, Castejón, Ascencio… 
    Arrasando al más rojo comunismo 
    Y a España haciendo escalar las cumbres del heroísmo, 
    Están forjando otro mundo y otra civilización.






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    Khiabet López Morales

    México, 1993. Estudiante de Lengua y literatura de Hispanoamérica en la UniversidadAutónoma de Baja California. Campus Tijuana.  Ha colaborado en diversas revistas locales de la ciudad, entre ellas: Tijuana poética y revista Simulacro. Recientemente participó en el Congreso Nacional de Estudiantes de Lingüística y Literatura en Monterrey, Nuevo León.



    Melancolía

    Según la definición de la RAE la melancolía:
    es una tristeza vaga, 
    profunda, 
    sosegada y
    permanente.

    Para mí, melancolía es estar triste por decisión propia, 
    es escuchar caer la lluvia mientras observo por la ventana 
    y recuerdo cada uno de tus gestos, 
    el olor de tu cabello recién cortado 
    tu sonrisa mal acomodada.

    Melancolía para mí es recordar y volver a vivir, 
    es pensarte y traerte de regreso 
    aunque en el proceso haya pedido que te fueras.
    Melancolía para mí es sentir que los sentimientos
    revolotean dentro y me llenan de tremendo desasosiego.

    La lluvia hoy no cesa
    parece estar enfurecida conmigo o contigo.
    o tal vez sólo está llorando como yo: por dentro.

    Tu voz retumba desde el epicentro de la tierra
    tu seseo desata en mí ondas sísmicas 
    mi cuerpo se convierte en temblor 7.5 escala Richter
    tu mirada desata en mí el huracán que lleva mi nombre.

    Melancolía para mí es verte sonreír y que no sea más por mí.

     =

    Entre la muchedumbre de la zona Norte
    espero a que el taxi se llene,
    putas y vagabundos pasan,
    los miro por la ventana.

    La panadería de enfrente vende pan frío
    y café sabor a desilusión.

    El congal de alado tiene putas en promoción:
    500 pesos con hotel incluido.

    Puedo sentir como todas bacterias de este chancro social
    se pegan a las suelas de los transeúntes
    personas que sólo pasan por aquí
    y personas que se la viven aquí.

    La tienda El Águila está vacía, quebró
    como quiebran las cosas que aspiran a más
    quebró como quiebran las esperanzas de las putas baratas
    mujeres con el anhelo pegado al pecho.
    con ausencia estallando en los ojos
    con rabia en los dientes.

    Hotel Sol a 300 la noche, incluye ETS.

    Afuera de un bar que está en contra esquina 
    duerme un señor que alguna vez fue un buen hombre
    con mujer e hijos
    hoy sólo las ratas y el hambre lo acompañan

    El taxi por fin arrancó,
    voy rumbo a mi cama a soñar que no me pudro junto con esta sociedad.

    =

    El pájaro que vive en mí está rabiando
    en el amor nadie sabe nada
    yo incluso estoy consciente que en la nada lo soy todo.

    Es inútil querer hacer eterno lo efímero 
    es inútil escribir poemas para quién no nos quiso.
    esos en donde sólo el grito ahogado respira.

    Yo he amado y no me han amado
                                                 a todos alguna vez nos toca perder.

    El pájaro que vive en mí está rabiando
    quiere salirse de mi pecho y echarse a volar 
                                                          lo intenta pero fracasa

    Es inútil querer hacer una vida con alguien
    es inútil hacer cosas en nombre del amor
    la vida en sí no vale nada
                                                  y al amor le valemos madres.

    El pájaro que vive en mí está rabiando
    quiere volar, quiere irse lejos, 
    a la chingada
    no puede…. se ha roto una ala.

    =

    Las ganas de hacer se pudren dentro de mí
    tengo aquí todas las intenciones de ser otra
    ya no ser ésta que no sabe ser.
    Se me pudren en la boca las palabras que no digo
    Tengo un corazón que se cree pájaro,
    cree saber volar pero sólo es fan de las alturas.
    Tengo en las piernas andares fracasados
     mis pies llevan marcas de tierra caliente.
    No aprendo de mis pasos ni entiendo mi caminar
    he caminado chueco toda la vida.
    Pienso que tropezar es mi mejor pasatiempo.





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    Johan Ludvig Runeberg

    Johan Ludvig Runeberg, poeta finlandés, nació el 5 de febrero de 1804 en Jakobstad y falleció el 6 de mayo de 1877 en Porvoo. Es el poeta nacional de Finlandia y uno de los más importantes poetas de toda Escandinavia.
    El día de su nacimiento, el 5 de febrero, es una fiesta en que Finlandia se engalana con banderas nacionales en su honor y conmemoración. Además existe un pastelillo o pequeña tarta que lleva su nombre, Runebergintorttu ("Tarta de Runeberg"), que suele degustarse en ocasión de su aniversario.




    La hija vuelve del encuentro con su amante,
    vuelve con las manos rojas.  La madre dice:
    "¿Por qué tienes las manos rojas, hija?"
    La hija dice:  "Estuve recogiendo rosas
    y me pinché las manos con las espinas."

    Otra vez vuelve del encuentro con su amante,
    vuelve con los labios rojos.  La madre dice:
    "¿Por qué están rojos tus labios, hija?"
    La hija dice:  "He comido frambuesas
    y he manchado mis labios con su zumo."

    Otra vez vuelve del encuentro con su amante,
    vuelve con las mejillas pálidas.  La madre dice:
    "¿Por qué tienes las mejillas tan pálidas, hija?"
    La hija dice:  "¡Oh madre! cava una tumba para mi,
    Entiérrame en ella y pon una cruz encima,
    y escribe en la cruz lo que te voy a decir:

    "Una vez ella regresó con las manos rojas,
    se habían vuelto rojas entre las manos de su amante.
    Una vez regresó con los labios rojos,
    se habían vuelto rojos bajo los labios de su amante.
    Al final regresó con las mejillas pálidas,
    habían palidecido por la traición de su amante." 

    Johan Ludvig Runeberg
    Traducción de Manuel Aguila, a partir de una versión en inglés. 



    Flickan kom ifrån sin älsklings möte,
    kom med röda händer. Modern sade:
    "Varav rodna dina händer, flicka?"
    Flickan sade: "Jag har plockat rosor
    och på törnen stungit mina händer."

    Åter kom hon från sin älsklings möte,
    kom med röda läppar. Modern sade:
    "Varav rodna dina läppar, flicka?"
    Flickan sade: "Jag har ätit hallon
    och med saften målat mina läppar."

    Åter kom hon från sin älsklings möte,
    kom med bleka kinder. Modern sade:
    "Varav blekna dina kinder, flicka?"
    Flickan sade: "Red en grav, o moder!
    Göm mig där och ställ ett kors däröver,
    och på korset rista, som jag säger:

    En gång kom hon hem med röda händer,
    ty de rodnat mellan älskarns händer.
    En gång kom hon hem med röda läppar,
    ty de rodnat under älskarns läppar.
    Senast kom hon hem med bleka kinder,
    ty de bleknat genom älskarns otro."




    El poeta Johan Ludvig Runeberg (1804-1877)


    A quien le hayan dado el viento de la sabiduría,
    prestado al aire el habla tan ligeramente,
    su discurso estará listo para remar en los jardines,
    y los pequeños pájaros volarán en tierna bandada.

    "Todos parecían estar hablando, hablando", de "Odas literarias"


    Runeberg es el poeta romántico más importante de la Finlandia romántica, probablemente el más estimado de toda su historia lírica. Su aniversario, el 5 de febrero, constituye toda una celebración nacional (de una manera muy lejos de la que nosotros podemos conmemorar el "Día Cervantes", nuestro Día del Libro, el 23 de abril). No en vano uno de sus poemas se convirtió en el texto del himno oficial de la República Finlandesa tras su independencia, "Vårt land" ("Mi tierra").

    Aparte del carácter patriótico de buena parte de su producción, Runeberg es un poeta intensamente romántico, con una estética de sencillez casi folclórica - lo popular es un tema fundamental en su poesía -, y siempre de una gran sentimentalidad e intensa melancolía, a veces incluso con tintes intensamente pesimistas y existenciales. Breves y directos, sus poemas describen sentimientos subjetivos, aunque en multitud de ocasiones se pongan en boca de otros, como puede ser una prototípica muchacha finlandesa. Ese "yo", ya sea real o proyectado, reflexiona sobre los sueños y ensoñaciones, las fantasías en vigilia... Lo fantástico, dentro de la línea general tanto romántica como especialmente el romanticismo nórdico, constituye también un asunto habitual de sus composiciones.

    Su lengua materna y el de sus escritos es la minoritaria del país, el sueco. Después de todo, la alta cultura del siglo XIX finlandés está escrita, con la excepción notable de las obras de Elias Lönnrot, el "Kalevala" y el "Kanteletar", principalmente en sueco. Era la lengua de la élite socio-económica, la de las reuniones en los salones... Hoy en día, precisamente gracias a figuras como la de Runeberg, el sueco sigue teniendo un gran prestigio cultural, aunque quienes no conocen la lengua lo suficientemente suelen recurrir a las abundantes traducciones en finés. A cambio, son muchos los que en Suecia también estiman al poeta.

    Nos acercamos a esta gran escritor no sólo por su importante significado dentro de la cultura finlandesa, sino porque también es uno de los poetas más amados por Sibelius. Sus versos son la fuente de numerosas obras vocales de nuestros autor, en especial canciones. Por ello era de rigor dedicarle un pequeño artículo dentro de nuestro blog.

    Biografía

    Johan Ludvig Runeberg nació el 5 de febrero de 1804 en Jakobstad, una importante ciudad de Ostrobothnia, el oeste de Finlandia (precisamente en la zona, aun hoy en día, de mayor número de suecoparlantes del país).

    Fue uno de los nueve hijos de Lorens Ulrik Runeberg y de Anna Maria Malm. Su padre, un capitán de barco - que había estudiado algo de teología en Åbo (Turku) -, estaba en alta mar cuando Johan Ludvig nació, y de hecho aún no lo conocería hasta cumplidos los tres años.

    Cuando nació, Finlandia era parte de Suecia, situación que cambió en 1809. En esa fecha el territorio pasó a formar parte del Imperio Ruso, situación que sufrió toda su vida.

    Tras estudiar en Vaasa y Oulu, se incorporó a la Academia de Åbo. Esta prestigiosa institución, tras el incendio de 1827 y el traslado de la capital del Gran Ducado se convertiría en la actual Universidad de Helsinki. Allí se matriculó en "filosofía", que consistía principalmente en estudios de griego clásico y latín. Era un momento de la historia cultural clave: pudo coincidir con otras dos de las figuras más destacadas de la época, el filósofo y político Johan Vilhelm Snellman (1804-1881), el historiador y también poeta Zacharias Topelius (1818-1898) y el folclorista compilador-autor del Kalevala, Elias Lönnrot (1802-1884). Runeberg se licenció justo el último curso completo de existencia de la Academia, en 1827.

    Ese verano da clases a los hijos del arzobispo de Åbo, Jakob Tengström. Cuatro años se casará con Fredrika Tengström, su sobrina, por la que sintió una auténtica pasión. Tal amor dio como resultado ocho hijos (dos de ellos muertos en edad temprana).

    En esos primeros meses precisamente su ocupación principal fue la de tutor privado en la región de Saarijärvi, de donde obtendría gran parte de la inspiración para "Boden Paavo". En 1828 se traslada a Helsinki, donde impartiría clases de latín y griego en la recién fundada (refundada en realidad) Universidad, de 1830 a 1837. También desde 1832 sería editor y articulista ocasional del "Helsingfors Morgonblad" ("Diario de la mañana de Helsinki").

    A pesar de sus esfuerzos, no consigue la cátedra, por lo que decide trasladarse al Liceo de Porvoo, donde logra el puesto de Lector de Literatura Latina. En dicha ciudad, al sur del país, se establecería hasta el fin de sus días.



    Casa de Runeberg en Porvoo, en la actualidad un museo dedicado al autor

    Sus tareas de profesor también las compaginó un tiempo con la redacción de la revista "Borgå Tidning", aunque se centró en la poesía fundamentalmente desde su traslado a la ciudad costera. Tras su retiro como profesor, en 1857, se dedicará en exclusiva en la creación.

    Por desgracia sólo pudo disfrutar de unos años de libertad absoluta para su arte. En 1863 sufre una hemorragia cerebral, que le mantendrá en la cama hasta el día de su muerte, el 6 de mayo de 1877.

    Muere sin embargo ya siendo un auténtico mito, el más laureado de los poetas de la tierra de los mil lagos.

    Obra

    Runeberg fue el primer poeta finlandés en ver impresa una colección lírica en su país, llamada simplemente "Dikter" ("Poemas"), en 1830. Otros dos tomos de estos "Dikter" individuales vinieron en 1833 y 1843.






    Sus conocimientos de la vida y la mentalidad campesina se plasman en "Bonden Paavo" ("Paavo el granjero", 1830), donde el protagonista muestra su "sisu" (palabra finesa), su terca fuerza de voluntad y su fe en la Providencia para superar los rigores de su vida. En finés la obra es conocida como "Saarijärven Paavo" ("Paavo de Saarijärvi").

    En dos tomos (1848 y 1860) se publicó "Fänrik Ståhls Sägner" ("Relatos del alférez Acero"), considerada la obra más importante del autor y sin duda la que más proyección ha conocido. Constituida por 35 amplios cantos (lejos del habitual poema corto del autor), narra de forma épica acontecimientos de la guerra entre Suecia y Rusia en la que ésta última tomó Finlandia. Durante toda la obra se destacan las acciones heroicas del pueblo finlandés, aunque la visión humanística del autor llega a dulcificar incluso a sus enemigos.

    El poema de entrada a esta obra es precisamente "Vårt land", al que el músico Pacius convirtió años después en un coro patriótico de pronta fama. Otro poema ha adquirido también un estatus oficial: "Björneborgarnas marscha" ("Marcha de los habitantes de Björneborg"), cantado con la música de una antigua marcha militar, y con este título ha pasado a ser la marcha que acompaña al Presidente de la República en los actos públicos.

    Una curiosa obra fue publicada póstumamente, "Simningen" ("Natación") trabajo de intenso corte erótico. Aunque tal grado de erotismo era desconocido hasta entonces por sus lectores, no hay duda de que este juega un papel subliminal muy importante en muchas de los poemas sentimentales del autor. La lucha por la libertad en Finlandia no era sólo política, y soterradamente en muchas obras del escritor se puede descubrir también una tensión entre la moral tradicional y el amor, sobre todo expresado en muchachas que descubrían el primer y trágico contacto con el hombre.

    Otros títulos del autor incluyen su ensayo "Algunas palabras concernientes al distrito, el espíritu de la gente, y la forma de vida en la parroquia de Saarijärvi" (1832), "El hermano de la nube" (1835), "Hanna" (1836), "Rey Fjalar" (1844) y numerosos himnos para el cantoral luterano.

    Trascendencia y curiosidades

    Runeberg convirtió en figura nacional ya en vida, encarnando la figura del romanticismo patriótico y a la vez el sentimiento íntimo de los finlandeses. Aunque el himno nacional hoy en día se cante habitualmente en finés ("Maamme"), sus palabras siguen ocupando un puesto muy importante en la mentalidad del país. El día Runeberg es una fiesta patriótica (también es el Día de la Bandera) y no sólo literaria.


    Estatua de Runeberg en el Parque de la Explanada, en el centro de Helsinki. Foto propia.

    Muy gustoso de dulces, se cuenta que fue el gusto por el azúcar del poeta lo que dio origen a la Tarta o Pastel de Runeberg, receta creada, según la tradición, por su esposa. Además de un anillo de azúcar, el postre lleva mermelada de frambuesa y se acompaña de un licor, ron o coñac. Este pastel es típico de las semanas anteriores al Día Runeberg, fecha en la que se comen miles y miles de unidades.

    El nombre del poeta está asociado también a una importante iniciativa de literatura nórdica en la red, el Proyecto Runeberg, que incluye textos libres de derechos de autor de los principales autores nórdicos. En nuestro idioma parece casi imposible conseguir textos del poeta, por lo que los interesados hemos de recurrir a traducciones en otros idiomas. Una verdadera lástima, ya que la grandeza de su arte no deja lugar a la duda.

    Sibelius y Runeberg

    Jean Sibelius sintió admiración ya desde su infancia. El músico relató como llegó a visitar, aún en la escuela, la tumba del escritor, y sintió como el espíritu del poeta entraba en su propio cuerpo.

    El compositor sin duda sintió una especial afinidad personal por los versos de poeta. Por una parte el Runeberg patriótico y popular está próximo al nacionalismo sin estridencias de Sibelius. Pero muy especialmente ese romanticismo nórdico, melancólico y pesimista, conecta muy intensamente a ambos artistas.

    En sus primeros años como compositor, antes de iniciar lecturas de autores contemporáneos, los versos de Runeberg fueron los más veces puestos en música, desde una de sus primerísimas canciones,"Serenad" ("Serenata") JS.167. También su primera colección de canciones, la que llevaría el número de opus 13 (sången escritas entre 1891 y 1892), estaba basada en textos del poeta.

    Esa pasión inicial fue disminuyendo con los años, si bien nunca faltaron poemas de Runeberg en el resto de su trayectoria, incluso uno extraído de "Fänrik Ståhls Sägner", "Sandels", que se convirtió en cantata en 1898. Curiosamente, su última colección de canciones, el opus 90, también estuvo íntegramente dedicada a sus versos. Muchas de las canciones se encuentran entre las mejores composiciones de Sibelius, como el ciclo opus 13, "El primer beso", "La muchacha que regresa de su encuentro con su amante" (un texto famosísimo también), la mística "El norte"... No hay duda que el más grande poeta del romanticismo finlandés otorgó al más grande músico del país una gran inspiración. De alguna forma puede ser cierto que el espíritu de Runeberg entrara en Sibelius...

    A continuación tienen ustedes un listado de todas las obras de Sibelius con texto de Johan Ludvig Runeberg. Más de treinta títulos (algunos de ellos obras diferentes pero que utilizan los mismos versos) atestiguan la importancia del poeta para el músico (canciones para voz y piano si no se indica):

    - "Serenad" ("Serenata") JS.167 (1888)
    - "När sig våren åter föder" ("Cuando la primavera viene una vez más a la vida") JS.139 para coro mixto a capella (1888),
    - "Tanke, se hur fågeln svingar" ("Imagina cómo el pájaro baja en picado") para coro mixto a capella JS.191 (1888) [mismo texto que el dueto JS.192]
    - "Hur blekt är allt" ("Qué pálido está todo") (Johan Ludvig Runeberg) para coro mixto a capella JS.96 (1888),
    -"Vi kysser du fader min fästö här?" ("¿Por qué besarte, padre, corazón mío?") para coro mixto y piano JS.218 (1889-90)
    - "Likhet" ["Semejanza"] JS.120 (1890) [mismo texto que el coro JS.121]
    - "Löjet var utan hem" ("La sonrisa estaba sin hogar") [fragmento] (1890-91)
    - "Drömmen" ("El sueño") opus 13 nº5 (1891)
    - "Hjärtats morgon" ("La mañana del corazón") opus 13 nº3 (1891)
    - "Våren flyktar hastigt" ("La primavera está huyendo") opus 13 nº4 (1891)
    - "Jägargossen" ("El joven cazador") opus 13 nº7 (1891)
    - "Flickan gick en vintermorgon" ("La muchacha salió una mañana de invierno") [fragmento] (1890-92) [mismo texto que "Arioso" opus 3]
    - "Den första kyssen" ("El primer beso") JS.57 [fragmento] (1891-92) [mismo texto que opus 37 nº1]
    - "Se'n har jag ej frågat mera" ("Desde que yo no pregunté nada más") opus 17 nº1 (1891-92)
    - "Under strandens granar ["Bajo los pinos"] opus 13 nº1 (1892)
    - "Kyssens hopp" ["Esperanza del beso"] opus 13 nº2 (1892)
    - "Till Frigga" ["A Frigga"]opus 13 nº6 (1892)
    - "Svartsjukans nätter" ["Noches de celos"], melodrama para recitador, piano, violín y violoncello JS.125 (1893)
    - "Sandels", impromptu para coro masculino y orquesta opus 28 (1898)
    - "Men min fågel märks dock icke" ["Pero mi pájaro aún no vuelve a casa"] opus 36 nº2 (1899)
    - "Den första kyssen" ("El primer beso") opus 37 nº1 (1900) [mismo texto que JS.57]
    - "Flickan kom ifrån sin älsklings möte" ["La muchacha que regresa de su encuentro con su amante"] opus 37 nº5 (1901)
    - "Ej med klagan" ["No con lamentos"] para coro mixto a capella JS.69 (1905)
    - "Hundra vägar" ["Mil caminos"] , opus 72 nº6 (1907)
    - "Fåfäng önskan" ["El holgazán desea"] opus 61 nº7 (1910)
    - "Arioso" para soprano y cuerda o piano opus 3 (1911)
    - "Tanken" ["El pensamiento"] para dos sopranos y piano JS.192 (1915) [mismo texto que el coro JS.191]
    - "Sippan" ["La anémona"] opus 88 nº4 (1917)
    - "Törnet" ["El espino"], opus 88 nº5 (1917)
    - "Blommans öde" ["El destino de la flor"] opus 88 nº6 (1917)
    - "Morgonen" ["La mañana"] opus 90 nº3 (1917)
    - "Sommarnatten" ["Noche de verano"] opus 90 nº5 (1917)
    - "Norden" ["El norte"] opus 90 nº1 (1917)
    - "Fågelfängaren" ["El cazador de pájaros"] opus 90 nº4 (1917)
    - "Vem styrde hit din väg?" ["¿Quién te ha traído aquí""] opus 90 nº6 (1917)
    - "Hennes budskap" ["Su mensaje"] opus 90 nº2 (1917)
    - "Likhet" ["Semejanza"] para coro mixto a capella JS.121 (1922) [mismo texto que la canción JS.120]


    http://sibeliusencastellano.blogspot.com.es/2009/12/el-poeta-johan-ludvig-runeberg-1804.html



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  • 04/04/16--01:25: MIGUEL MÉNDEZ M. [18.365]

  • Miguel Méndez M.

    (Bisbee, Arizona, 15 de junio de 1930-Tucson, Arizona, 31 de mayo de 2013) fue un escritor estadounidense en lengua española. Autor de la novela Peregrinos de Aztlán, obra clave de la literatura chicana.

    Nace en Bisbee, Arizona. Sus padres fueron emigrantes mexicanos del estado de Sonora. Durante la Gran Depresión, la familia vuelve a México, y se instalan en El Claro donde cursa estudios primarios. Sin embargo, las necesidades económicas por las que pasa la familia obligan a Méndez a ponerse a trabajar con su padre de jornalero y albañil.

    En 1944 vuelve a Arizona, instalándose en Tucson, trabajando de día de albañil y formándose de manera autodidacta por las noches, leyendo muchísima literatura. Así, a mediados de los 60, comienza a escribir relatos cortos que publica en distintas revistas hispanas. Escribe en español, al considerarse mexicano indio, espalda mojada y chicano.

    En 1968 publica Tata Casehua con éxito y en 1970, se examina de profesor de español, comenzando a trabajar en Pima Communitary College. En 1974, empieza a dar clases en la Universidad de Arizona, jubilándose en 2000, y siendo nombrado profesor emérito.

    Falleció en Tucson en 2013.

    Legado literario

    Miguel Méndez ha escrito su obra, dentro de la literatura chicana, íntegramente en español. Adopta una corriente indigenista y su obra cumbre Peregrinos de Aztlán trata sobre la gente marginada en la zona fronteriza. Ha escrito varias novelas y cuentos para niños, como la refundición chicana del Libro de Calila y Dimna, llamada Cuentos para niños traviesos.

    En 1996, publicó Entre letras y ladrillos (1996), novela autobiografiada.

    Ha sido galardonado con el Premio Nacional de Literatura José Fuentes Mares en 1991. También ha sido propuesto para el Premio Nobel.

    Obras

    Ha publicado las siguientes novelas: Peregrinos de Aztlán (1974, Era 1989), El sueño de Santa María de las piedras (1986, Diana 1993), Los muertos también cuentan (Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, 1992), y El circo qué se perdió en el desierto de Sonora (Fondo de Cultura Económica, 2002). 

    Los libros de cuentos: Tata Casehua y otros cuentos (1980), Cuentos y ensayos para reír y aprender (1988), Cuento para niños precoces (1980), Que no mueran los sueños (Era, 1991) y Río Santa Cruz (Ediciones Osuna, 1997). 

    De poesía: Los criaderos humanos: épica de los desamparados (Universidad de Sonora, 2006). De la vida y del folclore de la frontera (University of Arizona, 1986) 

    Un libro de ensayos y breves ejemplos literarios: Afina tu vocación literaria (Editorial Al Alba, 2002). Su autobiografía Entre letras y ladrillos (Bilingual Press, 1996) Y el libro de crónica: Camilo José Cela ente sahuaros y nopaleras (2002). 

    Entre sus reconocimientos se cuenta el nombramiento de Doctor en Literatura por la Universidad de Arizona en 1984, Premio Nacional de Literatura José Fuentes Mares en 1991 y a partir del 2001 su nombre aparece en el diccionario Pequeño Larousse. En octubre del 2004 Miguel Méndez fue homenajeado con la quinta edición de la Feria del libro Hermosillo.



    Génesis de la palabra
    (Fragmentos)


    University of Arizona


    El insomnio resbala por la cauda de palabras de un cometa
    etéreo que arrastra esqueletos de pensamientos
    voces que ensayaron un destino humano en las grutas y salientes afilados
    bocas burdas de granito
    rincones guturales lúgubres susurros
    gritos parturientos de un planeta preñado de huracanes
    ayes de antros aterrorizados
    grietas que se dolían
    hendidas a flor de tierra
    desde antes que hubiera lenguas ya hablaba el viento
    en las gargantas de las quebradas
    vagaba el rugido Buscando alojo de fieras
    el trágico alarido de pavor rodó en peñascos errantes
    desde las cumbres del rayo y del retumbo
    hasta la hondura ávida de las cañadas.




    - I -

    Oyes el rastro húmedo de mi voz
    que baña las espinas de los nopales
    mi aliento secreteando amores
    huérfanos de espacios
    tropel de chubascos mojando piedras y animales
    cuánto lloran los árboles
    antros encendidos de relámpagos
    cómo braman las sierras
    cuna de mis primeros llantos.
    [...]




    - VIII -

    El semen inunda los aires primaverales
    multiplicando el verbo de excitantes infinitos
    los cuerpos inundados de aurora se retuercen enlazados
    con un pincel romo y materia blanda Surgen esculpidas figuritas tibias Llorando sin lágrimas.
    [...]




    - XII -

    Ojos redondos Miradas circulares Hombres rotando horas fijas
    Fuera del tropel del globo revolucionario
    esperan las voces
    invocan las palabras
    armonía de los astros
    melodía de estrellas
    voces sublimes
    tañen la belleza perenne
    [...]




    - XV -

    Adiós es la palabra que al final de la cauda
    cierra los párpados del insomnio
    musitan rezos las cuevas solitarias
    mientras que los mustios callan obligados
    el viento sobre los llanos
    esculpe nuberíos
    igual que si fueran mármol.
    [...]




    Los criaderos humanos
    (Épica de los desamparados)

    Dedico esta obra a El Claro, Sonora, México, pueblecito ejidal donde pasé mis primeros quince años; a Bisbee, Arizona, pueblo minero que fue mi cuna; también a mis compañeros de labor en los campos agrícolas y en la industria de la construcción. Al lado de ellos supe de alegrías y aprendí del dolor.



    ¿Cómo he llegado hasta aquí?
    No sé.
    Quizá la perennidad
    me envolvió en las rotaciones
    de este globo
    que gasta su materia vana
    siempre rodando
    contra un espacio
    sin ayer
    ni mañana.... 

    Por muchos años
    he caminado
    viendo
    buscando mis raíces
    mi rumbo 
    mi esencia.

    Sólo sé
    que he llegado
    a donde la tristeza es reina
    y soberana la miseria. 

    ¡Dios mío!
    ¿Qué mundo es éste
    que oprime y lacera el alma?

    Letanías de cigarras secas
    chillan estridencias que se apagan. 
    Vana crucifixión
    sin sangre
    sin agua.
    Riveras y milpas
    ansían el torrente 
    cual hembras olvidadas.

    Tejen la atmósfera
    sollozos secreteados
    ruido de arroyos
    ramajes rezando
    desde parajes perdidos
    en las entrañas de antaño.

    Siluetas de ataúdes
    andan el filo del alba.
    Cubren los sombreros 
    los rebozos guardan
    dolor petrificado
    llanto de estatuas.
    Allá va la procesión.
    Pisa campos cadavéricos 
    al son de cánticos
    humillados.
    La tierra
    se traga a la tierra.

    ¿Qué mundo es éste 
    que entierra a sus niños en la alborada?
    ¿No hay pájaros aquí?
    ¿Nadie canta?

    Voces superficiales
    de arena 
    me golpean con la fiebre
    negra
    de palabras
    hundidas en la tierra.
    Solamente los búhos
    con su lenguaje nocturno
    sondean la madrugada
    sin el cristal del río
    ni ecos de la luna
    florecidos en campanadas. 

    ¡Qué tierra tan lúgubre
    Los ojos de sus seres son luciérnagas disecadas
    sin fosforescencia verde de ilusiones.

    Continuación de la tierra los jacales empolvados.
    Polvo los dientes que no ríen
    polvo la huella de los pasos...
    Lengua de sol murianciano
    áurea agonía de otoño
    remolineo cascabelero de risas pretéritas.
    El viento de la tarde
    arrastra trinos
    corazones de alamedas.
    Alas secas
    flotan
    ruedan.
    ¿Qué pueblo es éste?
    Me hace llorar
    sólo con ver sus calles solitarias.
    Tal escenario trágico
    poblado de actores sin alma 
    sin obra
    ni drama literarios.

    ¡Señor caminante!
    ¡Este es un criadero humano!

    Yo 
    hace años trato de huir de sus murallas de cristal.
    ¡Mírame!
    No puedo
    estoy aferrado.

    ¡Dios! 
    ¿Quién es este ser
    que responde a mi llamado?

    Tenía los pies hundidos en el suelo.
    Inútil jaloneo.
    Sus dedos eran garfios enraizados.
    Un tono verde le coloreaba el pelo.
    Rezumaban savia los labios.
    Flores marchitas eran
    de sedientos geranios.

    ¡Deténgase señor!
    Vuelva sus pasos.
    Aquí
    solamente la resurrección de la clorofila
    es esperanza de vida.

    Dolor de humanidad 
    es reconocer la propia culpa
    y aceptar la acusación de la conciencia.

    Quise penetrar al pueblo raro
    caminar por sus callejas
    para sentir muy dentro
    si la conmiseración puede brotar de la vergüenza.
    Me estremeció un lloro horrible y aullidos desaforados.

    ¡Detén tu brazo injusto
    hombre sin misericordia!

    Volteó soltando el látigo
    sabedor en su propia carne
    que abusar de la fuerza
    es propio de cobardes.

    Señor,
    martirizamos a nuestras mujeres
    azotamos a los pequeñuelos
    y torturamos a estas bestezuelas.

    Son frágiles.
    No pueden defenderse.
    No podemos maltratar a otros hombres
    porque somos nosotros
    los más débiles.

    Cayó el hombre
    tal el árbol derribado.
    Sus cabellos
    ramas de sauces dolidos
    caían flotando en reverencia al llanto.
    El perro torturado lamió las manos del amo.

    Hay que comprender,
    señor,
    para perdonar.
    Yo amo y he perdonado.
    ¡Veme!
    Yo como ustedes
    también fui fiera.
    Ya soy manso.

    Se alejó humillado.
    Caminaba replegando la cabeza a los cuadriles
    torcido el lomo
    como arco.
    Tenía la tristeza y la inocencia
    de los que han pagado grandes culpas con dolor
    moneda de los redimidos
    el mirar húmedo
    profundo 
    como han mirado los santos.

    Yo seguía caminando.
    Algo me lastimaba ya
    aún sin confrontarlo.
    Escudriñé las distancias
    hasta diluir la visión
    en las paredes de la nada.
    Contemplé mi derredor.
    Millones de mariposillas
    cristalinas
    flotaban en la atmósfera
    aleteando.
    Habían perdido sus colores.
    Revoloteaban
    buscando
    desesperadas.
    Fugaces sombras de murciélagos
    cruzábanse en pena
    añorantes de tinieblas.

    Yo proseguía mi caminata
    sorteando lagunas luminosas
    que el hada de los espejismos
    dibujaba con su magia.
    De trecho en trecho
    cubría mis ojos
    cegado por resplandecientes espejos
    los tales
    tendían su luna
    a lo argo y a lo ancho
    tal alfombra que cubriera suelos. 

    El sol arriba
    tenía potestad en los desiertos.
    Como un dios arbitrario y asesino
    arrojaba a mansalva
    agudos reflejos de cuchillos. 
    ¿Qué veo?
    ¿Son verdad estos seres?
    Fieros y rabiosos aparentan
    ambos.

    Quise averiguar todo 
    lo de aquel pueblo hambriento
    por eso me acerqué a ellos
    atrevido pero temblando.
    ¡Dios mío!
    ¿Me matarán?
    El padre nuestro seguiré rezando....

    Por favor
    quisiera saber la vida
    y la historia de estos campos.

    Habló con voz de niño desnutrido:

    Dicen que todo esto era un gran pueblo
    habitado por seres de clorofila.
    Los Rapiña les hicieron la guerra
    desde los remotos tiempos de la piedra.
    Derribaban a muchos
    pero los brotes tenían tiempo de crecer.

    Un día
    aparecieron los Rapiña
    con guillotinas eléctricas.
    Decapitaron los árboles
    con máquinas trompudas.
    Arrancaban de raíz sus cuerpos.
    Arrasaron con todo.
    Donde hubo arboledas
    quedaron oquedades y lamentos.
    No restó sombra
    ni alimento.

    Alborear de los yermos agua inexistente.
    Reptaba la fauna.
    Se tendía a morir
    perezosamente.
    Llanto de pájaros
    huérfanos de atalayas
    caía sobre el polvo
    en lluvia inerte.
    Verdes lodazales
    se iban destiñendo.
    La tierra desmayaba
    sin vida
    pálida. 

    ¡Crueles!
    Asesinos de pájaros
    de fuentes y venados.

    ¡Los Rapiña!
    Cebados en su saña
    inventaron aparatos voladores
    que tenían forma de cruces.
    Herían la atmósfera arrancándole bramidos de monstruo enrabiado.

    De güeveras diabólicas arrojaban óvulos repletos de odio.
    Hacían tremar a la madre tierra.
    Tan horribles las explosiones
    que sangraban con el estruendo las orejas.
    Arroyos y ríos fueron como tripas rotas.
    Debajo de los cadáveres
    de añosos árboles 
    niños
    mujeres
    ancianos
    y animales inocentes
    víctimas de los viles 
    se pudrían en la muerte.

    De la cumbre orgullosa de las montañas
    brotaban chorreras de pus.
    Aullaban de dolor las cavernas.
    Ya no rió el viento entre la hojarasca
    ni halló a las plantas para jugar con ellas.
    Bajaba llorando
    pegado a las heridas del suelo
    buscando a la vida
    para darle aliento.

    ¡Nunca!, Señor,
    reinaron tanto la maldad y la indolencia.

    Pasados los años
    llegamos muchos seres de sangre
    enamorados de la tierra.
    La amábamos
    atendíamos su preñez.
    Ella nos premiaba con el fruto de su natural pródigo.
    Pero nos descubrieron los Rapiña
    los hombres de las jeringas succionadoras de sangre.
    Imagínese, señor,
    la convierten en oro.
    Somos un pueblo anémico.
    Veneros bermejos de metal líquido
    recorren nuestras vetas.
    La voz era de ternerito
    pero su cuerpo era de toro.
    A pesar de sus enormes corpachones y de sus cuernos de cimitarras
    no eran temibles.

    El otro ser permaneció inclinado soñoliento
    Se notaban cansados
    mansos.

    Me dominó la curiosidad.

    ¿Qué clase de toros son ustedes?
    Bajaron la cabeza sonriendo con mucha timidez.
    Se uncieron a la yunta
    empezaron a tirar del arado
    voltearon denotando pena y humillación
    sin brillo en los ojos.
    Me dijeron con la mirada:
    perdónenos por favor
    este sufrir tan grande.
    Ya ye.
    Lo aceptamos.
    Nosotros, 
    señor,
    somos los Humillados.

    El arado egipcio removía la tierra seca
    como entraña de mujer
    paridora de escuálidos enanos
    sin la voluntad y energía
    que dan los mantos de los fresnos
    los álamos
    y el don gracioso de los verdores enérgicos.
    Epopeyas grandiosas
    techos estrellados
    brisas de ternura
    pasión que es fuego
    yunque
    hierro
    aletargados en servidumbre.
    Aberración de güevos pisoteados
    tronar de cáscaras frágiles
    zapatos de lujo calzados por ateos
    botas aplanadoras de soldados.

    Yo había caminado por parajes desnudos.
    Sólo la huella de las sombras
    pude entrever de la antigua floresta
    que no era ya más
    que no volvería a ser. 
    Mal podía importarme mi destino
    si buscaba mi origen perdido...

    Así
    por azar
    tropecé un día
    con uno de los infames criaderos.

    Raro... un hombre de aspecto repulsivo
    que parecía cucaracha
    me hacía señas
    para que me acercara al árbol
    a cuyo copo estaba encaramado.
    Sentí miedo y algo eléctrico en el espinazo.

    Acércate tú
    le sugerí.

    Contestó que no
    oscilando la cabeza
    repetidamente
    lo mismo que hacen las serpientes.
    Pensé:
    ¿Será de la especie de los changos? 

    Caminaba discerniendo
    a qué tipo de humanos
    pertenecían los Humillados.

    Una voz me volvió de mi letargo.
    ¡Ay señor!
    Son bueyes mansos.
    Son de la misma especie de los oledores de pan.
    Así permanecen por años
    millones de éstos
    recluidos en los aledaños de la muerte 
    sin más alimento que el olfato.

    El gobierno manda peritos a descifrarlos.
    Por mucho tiempo quedan arrumbados
    confundidos con hierros
    carbón 
    petróleo.

    Un científico aseguraba que eran hongos
    pues se mecían ligeramente con el viento.
    Los zopilotes descubrieron el misterio.
    Ya muertos los Humillados
    hedía la carroña
    igual que la de cristianos.
    Eran de sangre
    poseídos de pavorosa epidemia.

    ¡Hambre!

    Los sirvientes de los Rapiña
    temerosos del contagio
    acusaron a los Humillados
    de asaltantes y revolucionarios.
    El gobierno es perdonó la vida.
    A cambio
    serían esclavos.
    A los tercos que pugnaban por justicia
    se les sellaba como malhechores
    para así eliminarlos.
    La sangre
    siempre ha rebozado la huella de los redentores.

    Los más grandes explotadores de criaderos humanos
    son los Hombres de Cristal.

    ¿Qué cosa me está contando?
    ¿Hay hombres de cristal acaso?

    Sí, los hay.
    Tienen ojos
    tal lagos azules muy hermosos.

    Le suplico que me siga platicando.

    Con mucho gusto señor...

    Los Hombres de Cristal
    ya habían sojuzgado a los tintos de azabache
    que son de carbón y de chapopote.
    Los Rapiña de mucho pueblos
    son tributarios de los de Cristal.
    Estos
    tienen la regia prestancia
    majestad y belleza de las águilas
    tremenda fuerza
    agudas y filosas garras.
    Vuelan tan alto
    tan alto
    que tienen nidos en la luna
    y rayos del sol prisioneros. 
    A los pueblos que les niegan sus tributos
    cubren los cielos de puñales
    y arrasan a fuego.
    ¡Ay de aquéllos que disputen sus posesiones
    o toquen sus imperios!

    ¿Usted quién es buen anciano?

    Un veterano
    tan viejo soy
    que me confunden con sabio.
    He visto al terror ofuscado
    correr con piedras en las manos
    también manos peludas
    cuando empuñaban armas de fierro templado.
    Cuando joven
    fui mecido por la risa de los niños 
    los seres felices
    y los enamorados.
    He visto a la muerte
    montada en piafantes corceles
    en tierra 
    en maquinaria funesta.
    En los cielos
    navegando la vi
    como una estrella.
    Conozco desde la cuna 
    la tragedia del ingenio humano.

    El viejo
    ¿Milenario?
    estaba desnudo.
    Tenía un cuerpo extraño 
    cubierto de cicatrices.

    Me dijo
    desde la gruta de su laringe:

    ¡Mire!
    Estas son huellas de pedradas.
    Esto
    un colazo de iguanodonte.
    Me han herido con cuchillo de piedra.
    Tengo además
    señales de serrucho eléctrico.

    Su voz gruesa
    fue adelgazando
    hasta terminar en hebra
    luego en flotante pelusa
    que fue yéndose dispersa. 

    De pronto ya no habló.
    Emitía el mismo chiflido del viento
    cuando es prisionero de botellas abandonadas.
    Me fijé que tenía los genitales petrificados.
    El rostro se perfiló en relieve cascaroso. 
    Era el culo como ventana de barco.
    Quise despertarlo
    palmeándole la espalda.
    Se me rebosó la mano con puñados de escamas.

    Deduje: 
    seguramente es un pez antediluviano.

    No le haga caso, señor.

    ¡Dios Santo!
    Esto parece un fantasma.

    La vieja llegó por la retaguardia.
    Tan largo tenía el pelo
    que le arrastraba.
    Le cubría el cuerpo todo
    también la cara.

    Habló con voz hueca y acampanada: 

    Este viejo hablantín es un árbol milenario
    embustero y fantasioso.
    Cierto que desvaría con el saber de los siglos.

    Cayó cuando la gran batida de los clorofilarios.
    Porque ha de saber usted
    que todo esto era un bosque frondoso.
    A los Rapiña no les basta la sangre.
    Aquí derramaron la clorofila
    talaron todo
    chicuelos y renuevos
    sin dejar semilla.
    Los pocos que usted ve
    quedaron de milagro
    testigos del pasado.
    ¿Nota usted el vientre arrugado de la madre tierra?
    A este pobre lo dejaron muy mal herido
    con hachazos en todo el cuerpo.
    Le quedó una raíz.
    Renace
    platica una vez al año
    llora en otoño de verse enjuto y calvo
    añora el amor de las abejas y sus labios.
    Ya no tiene semilla
    ni flores ni polen
    sólo recuerdos
    y un tronco que se seca
    pleno de ilusos resabios.
    Los segundos enfilados van tejiendo su mortaja
    ¡Mirelo!
    Está hueco.
    En la noche se llena de pájaros.
    No lo han hecho leña
    porque yo lo cubro con mi greñero.
    Luego
    todo fue gorjeos y trinos
    de volátiles
    que llegaban en parvadas
    sumiéndose en el vientre sin entrañas.

    La señora Enredadera
    cesó su parloteo
    a tiempo que cubría a su abuelo.
    El reacomodo de pajarillos
    sonó como triperío pedigüeño
    de estómagos exigentes e indiscretos.

    ¡Otra vez el hombre extraño! Me dio miedo. 
    Caminaba tan agachado
    que semejaban sus pies a las mismas manos.

    Tenía mirada torva
    boca pronunciada.
    Lo nimbaba una extraña aureola de hilillos iluminados.
    Desde las chozas de ocotillo y barro
    me llegó una advertencia:

    ¡Cuídese!
    no se acerque a ése
    es de la especie venenosa de los intrigantes.
    Comercia con la traición.
    El engaño es su arte
    vende a sus hermanos
    sin omitir a la madre.

    Caía la tarde. 
    El sol en el ocaso aún hacia daño.
    Huía el maldito
    cual rufián sádico
    que va dejando a su paso
    un mundo de cadáveres.
    Llegué a donde las chozas.
    Me asombró la rara artesanía con que hacían a los niños.

    ¿Son piñatas de cuero,
    señora?

    Tenían vientres como vejigas
    brazos y piernas de cañajotes
    nalguitas del tamaño de aguacates
    caritas arrugadas de viejos nonagenarios.
    Me rodearon riendo.
    Pelaban los dientitos como topos ahogados.

    Señor,
    éstos casi no son de sangre.
    ¿Sabia usted que este pueblo
    es criadero de los hombres Rapiña?
    Estos ancianos en realidad son niños
    hijos de madres muertas de hambre.
    A nosotras antes de parirlos
    se nos seca y se nos pega el ombligo
    como no le pasa nada...
    Los Rapiña... 
    vienen cada semana
    a sacarnos la sangre
    con sus pavorosas jeringas.

    Ya ve que la usan para fabricar oro.
    Ellos tienen mucho.
    A nosotros
    ya sólo nos escurre clarita de huevo.

    ¿Son ustedes de pura albúmina?

    ¡Ay, señor de mi alma!
    Anhelamos tanto ser de savia de clorofila.
    ¡Si pudiéramos ser plantas!

    De pronto
    vi que se introducía la mano en el vientre
    que era como el de los canguros.
    De entre una docena de hijuelos
    sacaba uno
    retorciéndose encogido
    extraña apariencia
    entre raíz y entre niño.
    ¡Fíjese!
    exclamó emocionada
    a tiempo que lo sacudía.

    Percibí que la caca
    los mocos y la saliva
    eran de un verde babosiento.
    Lo abrazaba llorosa
    vehemente.

    ¡Las venas de la tierra
    están henchidas de savia!

    Queremos huir.
    Ya no queremos ser de sangre.
    En los trópicos
    trepando montañas
    sobre lomeríos
    a lo largo de los ríos
    coronando las lagunas
    doquiera el ramerío
    pregona la vida.
    Con el hierro y por el oro
    nos explotan y asesinan.
    ¡Queremos que nuestros hijos se vuelvan vegetales!
    Devuélvase, señor.
    Los Rapiña no tardan.

    Huya de aquí
    no vuelva nunca.
    ¡Sálvese!
    Los Aguijón torturan y matan.

    Una anciana que daba la espalda al cielo
    y a la tierra la cara
    habló con tenue vocecilla
    amarga y dulce sonrisa desdentada.

    Afigúrese que aquí ni cae agüita, señor.
    Ni tan sólo los pajaritos cantan.
    Este río está sordo.
    Ni el cielo siquiera
    se acuerda de nosotros.
    Aquí la humedad,
    señor, solamente de las lágrimas.

    Un niño rompió a llorar
    asustado.
    Se le puso que yo escondía una jeringa.

    ¡Mamá!
    Ese homble es un Lapiña.

    La madre espantada me preguntó.
    ¿Usted quién es, señor?

    Soy maestro.
    A la juventud doy consejo y amo.
    Soy un poeta
    un hermano.

    Examinaron mi traje viejo
    polvoso y harapiento.
    Además iba descalzo.
    Tiene dulzura y tristeza
    donde otros guardan la furia.

    ¡Vengan es un poeta!

    Alegres propagaban la noticia:
    Es un maestro del campo.

    De las bolsas de los vientres de los jacales
    y no sé de dónde
    empezaron a surgir muchísimos chamacos.
    Me rodearon disputándose mi proximidad.
    Se paraban en sus patitas traseras
    mostrándome los dientes triangulares.
    ¡Empezaron a roer la tela podrida de mis pantalones!
    Estuve a punto de correr asustado.
    ¿Serán pirañas?
    ¡Los terribles caribes!
    Sentí que replegaban a mis piernas
    las caritas huesudas.
    Sus cuerpecillos manaban inocencia
    tibia ternura
    reclamos de amparo.
    Me besaban la mano
    de cuyos dedos escurría saliva.
    Sentí angustia.
    Me invadió una tristeza profunda.
    Cerré los ojos.
    Quería ignorarlo todo:
    los mares de hiel
    el miedo
    los sollozos
    el hambre de los seres desdichados
    la amenaza continua.
    Quería borrar
    todo aquel mundo sombrío
    que animaba mis retinas.
    Sentí que mis sienes
    eran débiles paredes
    que la fiebre golpeaba
    con sus puños de fuego.

    Desde la lejanía
    presentí las bestias
    resonar sus patas
    contra la tierra.
    Crecía un murmullo
    de ríos mal heridos
    montañas moribundas
    árboles degollado
    vientos enloquecidos.
    Ya no eran susurros.
    Eran voces altas
    las que llegaban
    en viaje de siglos.

    ¡Aaaay aay ay!

    Un grito filoso rasgó la atmósfera
    tal la piel de un ser humano.
    El pánico rojo
    prendió terror primitivo en ojos desorbitados.

    ¡Los Rapiña!
    ¡Ya vienen los Rapiña! 

    La desesperación y el miedo arrancaban alaridos.

    ¡A morir peleando!
    gritó un esquelético.

    Algunos harapientos le siguieron.
    Un dedo de acero señaló a los renuentes.

    ¡Aaay aay ayaayayay!

    Las puntas de las cañas amargas
    y las crueles granizadas con su traqueteo.
    Pechos de mancebos
    oradados 
    boquetes exangües de jóvenes bellas:
    Vil muerte impune que dan los déspotas.

    Corrí aterrorizado a replegarme al Milenario
    tras la vieja Enredadera.
    Los hombres Rapiña en realidad eran muy pocos
    pero venían flanqueados por legiones
    que marchaban en cuadros
    vestidos con trajes de un verde oscuro.

    Eran los insensibles hombres Aguijón.

    Esporádicamente
    se rebelaban los del criadero.
    Entonces
    los Aguijón perpetraban matazones
    para que los hambreados tomaran escarmiento.

    Eran los hombres Aguijón
    a ratos humanos
    en sus misiones perversas
    cual si hubieran sido hipnotizados.

    Se volvían fieras carniceras
    con la consigna de no dejar vida a su paso
    ni cosa que se moviera.
    Con garras
    dientes puñales y rifles
    desollaban la carne de los rebeldes
    que osaban levantar los puños cerrados.

    Los Aguijón
    eran también esclavos de los Rapiña.
    Ya estaba en acción la misión sanguinaria.

    Vi a un Aguijón que succionaba la sangre de un anciano.
    Reía luciendo la jeringa
    a medias vacía la mitad con sangre.
    Como leña seca
    tornábase el viejo en su agonía.

    Con la sangre de los jóvenes
    rebozaban las jeringas
    y por jóvenes les restaba aún
    la gracia de un hálito de vida.

    Tampoco perdonaban a los niños
    pues de la sangre inocente de los infantes
    fabricábanse joyas 
    las más graciosas y brillantes.

    Con la sangre extraída de los criaderos
    se ornaban las aristocracias.
    Pulseras
    anillos
    collares
    brillaban adornando a caballeros y damas.
    Eran los tales ornamentos
    lágrimas y sangre de los seres de los criaderos.
    Con el mismo oro hecho de la misma sangre
    lucían rutilantes los templos religiosos.
    Los seres que se cubrían del metal maldito
    pregonaban con brillo
    la complacencia en el genocidio.
    Vi que los Aguijón
    húmedos de rojo
    descargaban sus jeringas en grandes depósitos.
    El aire se teñía de espumarajos.

    Al ver los Rapiña regocijados
    el éxito del comercio sangriento
    acariciaban a los hombres Aguijón
    y los premiaban con el mismo metal
    que rendía el asesinato.

    Reían los hombres Rapiña con malicioso alarde
    a tiempo que los serviles Aguijón
    cantaban himnos al deber cumplido
    y a la disciplina criminal y cobarde.
    Lloraban los indefensos seres de los criaderos
    con el son monocorde de la música de sus ancestros.
    Con lágrimas añoraban al mar
    dolor de la vida
    nostalgia del nacimiento.

    En un tiempo pasado había sucedido algo extraordinario:
    un criadero se había rebelado.
    Tras un lucha cruenta
    los hambrientos derrotaron a los Rapiña.
    Los ejecutaron.
    Tras la venganza
    pareció haber llegado la justicia.
    Entonces 
    se operó una metamorfosis rarísima:
    los caudillos del movimiento revolucionario
    se transformaron a su vez en Rapiñas
    olvidando su origen.
    Desde mi refugio podía identificarlos:
    chapeados de oro
    sañosos
    eran los más crueles
    los más ostentosos
    más avorazados.
    Torturaban
    envilecían a las mujeres
    que antes fueron sus hermanas
    soldaderas
    y causa de sus nacencias.
    A los niños sin signos en las manos
    de risas asesinadas
    los mecían en brazos.
    Las huellas de la barbarie en la anemia de sus caras
    desangrados
    como muñecos de hilacho.

    Los Rapiña ensayaban su oratoria cotidiana:
    los niños son el porvenir de la patria.

    ¡Oh las madres hambrientas!
    Cabelleras de pasto marchito
    fuga de vida por los ombligos
    fuentes de leche
    senos de canastos vacíos
    prados de flores silvestres
    rosarios de lágrimas.
    ¡Pobrecillas! Poesías amargas.
    Vida que se moldea en sus vientres de barro
    industria dolorosa
    sin sueño
    ni descanso
    instintiva ternura desde los tiempos primarios
    celo de recién paridas
    defensivo empeño de bestezuelas.
    ¡Pobres madres hambrientas!
    Hechas de mar y de tierra.

    Un viejo enclenque
    hambriento y enfermo
    se acercó hasta un Rapiña
    de alegre dentadura.
    Abriendo los brazos imploró:

    No es de ley,
    señor,
    ni es de justicia.
    Este crimen no puede estar en la letra
    de las leyes humanas y divinas. 

    Mira, viejo,
    las verdaderas razones son las únicas que pesan.
    No te fíes de la ley escrita
    la que se impone la trae la hembra desde la matriz
    y se pasea en el semen del macho
    antes de que los seres se forjen
    de la carne que se unifica.

    Sobre colinas y sierras
    sobre toda pradera
    sin que abarcara la vista
    contempló el viejo las matas
    reverdecidas y erectas.

    Vio prados de maíz creciendo
    si bien inermes en su prematura
    crecidos espigando bayonetas.

    Los Aguijón seguían su horrenda tarea
    sordos a los gritos de clemencia.
    Sus ojos enrojecidos soles eran
    sanguinolenta lluvia las manos
    los corazones cuchillos de piedra.
    ¡Cuánto placer a los Rapiña!
    ¡Cómo crecía la riqueza!
    Piedra filosofal que no falla:
    ambición
    barbarie
    vileza.

    ¡Este es un criadero humano!
    Aquí la vergüenza del género
    aberración del universo.
    Aquí brota el dolor como esencia 
    gesta al arte
    en sus formas groseras.
    De los veneros de la amargura
    se nutre el genio del espíritu
    que labra en bruto la materia.
    Aquí el rencor y el odio crecen como el coral.
    Aquí la tara biológica arma a los crueles
    que aun siendo victimas y explotados
    fustigan a niños y mujeres
    sin más motivo que estar frustrados
    y el ser más fuertes.
    Aquí el hambre que fustiga
    que barrena las tripas
    que desespera en rugir
    casi en bramar de bestias.
    Aquí el dolor desesperado
    aquí la degollina.

    ¡Este es un criadero humano!

    Ayes hirientes
    lenguas hambrientas
    lamían la tierra sin verdores
    plateando la erosión con la baba trágica.
    Era el chillar desgarrante
    de mujeres sin consuelo
    y lapsos pétreos de los hombres
    sin palabras ni lamentos,
    cenizas y llamarada.

    El hambre les atrofiaba el don del pensamiento
    aún punzando la mente.
    Eran como trozos de tierra
    que se están pudriendo fétidos.
    Hedía la carne de los vivos
    como la carroña de los muertos.
    Los lamentos y el lloro
    como el viento y el polvo
    se untaban ondulantes en la tierra
    hundiéndose en sus grietas
    en un coro que oradaba las piedras.

    Yo contemplaba mimetizado entre mis hermanos de savia.
    Un tremor sacudía al árbol viejo
    hasta donde los siglos habían hundido las raíces
    que los mismos siglos secaban.
    Murmuraba ahogado y reticente
    tal el habla de quien se embriaga
    o como quien solloza inundando las palabras.

    El Milenario trataba de decir algo:

    Malditos los que fingen ternura
    los huérfanos de humanidad malditos.
    Mil veces malditos quienes instigan las guerras.
    Malditos los que pronuncian en falso
    el nombre del Bendito
    que expiró en la madera de mis brazos.

    El viejo Milenario
    con voz estropajeada
    maldijo a sabiendas
    que sus voces acusativas
    se repetían por siglos
    igual que hojarascas vencidas.

    Sentí que mi amiga Enredadera se cimbraba.
    Un goterío perlado
    cual brisa del abismo oceánico
    inundaba mi cara
    escurría mis manos.
    Mojaba mis labios apenas
    el sabor amargo
    y un espeso salado.

    ¡De pronto!
    ¿Qué veo en el fondo de tan terrible cuadro?
    Entre bárbaros y masacrados
    mis abuelos y biznietos
    en uno y en otro bando.
    Yo mismo me miraba
    agonizando desangrado.
    Pero al instante
    puñal en mano 
    hería a mis propios hijos.
    ¡Dios mío!
    Por un momento
    sentí pena de haber nacido.
    Pensé en otro mundo distante.
    ¿Marte?
    Poblado de volcanes y cráteres.
    ¿La luna?
    Inútil misterio del espacio.
    Venus en hervor continuo.
    ¿A dónde ir?
    Si todos los mundos están vacíos sin seres vivos
    ni siquiera vegetales.
    ¿Qué son los mundos en el tiempo cósmico?
    Efímera trayectoria que arde.
    ¿Y la vida del hombre qué?
    Sólo un fugaz instante.

    Salí de mi escondite
    contemplé el rojo del crimen
    y el agónico amarillento de las anemias múltiples.
    En los oídos se me clavaban los ayes
    alfileres, aleznas y puñales.
    Invocaciones de la esencia dolorosa
    que arranca de la entraña del sufrir humano.
    Sentí pena
    por mi parte tributaria
    a la culpa universal
    de tan enorme infamia.
    Lloré minutos fugaces de arrepentimiento
    renegué de la impotencia
    de no anular dentro de mí mismo
    la maligna condición que nos convierte
    tal como son las bestias.

    Cruzaba entre las víctimas.
    Me llamó la atención algo:
    mocetones con plantas exóticas
    semi cubiertas de tierra.
    Me acerqué con curiosidad de botánico.
    ¡Eran niños!
    Casi plantas.
    ¡Empezaban a brotarles espinas en las manos!
    Huí.
    Miraba las cabelleras de los muertos
    tendidas.
    Trigales marchitos
    parecían
    entre los dedos del viento.
    Se alejaban los verdugos
    hartos de crueldad.

    Lejos
    se iba licuando el crepúsculo
    llorando sobre la mar.
    Ya el fondo de los ríos
    se plagaba de estrellas.
    Viaje de plata y de murmullos.
    Búhos
    campesinos
    pabomas
    grillos
    y nostálgicos aullidos
    coreaban las notas fosforescentes
    de un nocturno de lágrimas.

    Triunfo sempiterno de los poderosos.
    Con sangre construían lujos:
    abrigos de pieles 
    automóviles
    cuantiosos caudales en los bancos
    y la soberbia de sus palacios.

    Volvían los Rapiña a sus hogares
    bien custodiados.
    Los hombres Aguijón
    cumplían su deber
    guardias tenebrosos
    inconscientes y bárbaros.

    Los verdugos se marchaban cantando: 
    somos los libertadores
    la emancipación de los pobres.

    Había dolor en el eco de sus voces.
    Parecía que el mecanismo de sus mentes
    no vencía el olvido
    que sepulta lo no deseable.
    Tal un presente perenne
    que guarda épocas y episodios
    pese a tiempos ya pasados.

    Emergían insistentes los recuerdos:
    Un niño que lleva a cuestas
    el doloroso heroísmo de los harapos
    un joven bravío
    pleno de arrestos redentores
    y hondos ideales humanitarios
    yacían recluidos
    al fondo de sus almas aceradas.
    Lloraban a solas
    añorantes.
    Pisoteaban con egoísmo fatalizado
    un pasado vuelto maraña
    de la felicidad
    entretejida en selva laberíntica
    de lianas de oro y plata.
    Les dolía la entraña
    dolor de hombre que acuchilla su niñez
    estrangula su juventud
    embarca su senilidad ciega de ideales
    en las cañadas turbulentas
    que bajan a los abismos oscuros 
    de la subconciencia.
    Cataratas de agujas y alacranes
    roedores hambrientos
    ¡Insensatos!
    Corruptores de su propia historia.
    ¡Cuántas veces acercaron la noche
    al balcón de sus mansiones áureas!
    ¡Cuántas veces lloraban remembranzas
    ancestros inoportunos
    fantasmas tercos
    genealogía tesonera
    que hinca sus garras en el alma!

    ¡El abuelo albañil!
    encorvado y reumático
    el mismo
    que con millones de ladrillos
    se construía una prisión a diario.

    ¡La abuela!
    Pobrecita vieja
    atada al fuego de una hornilla
    lavando ropa ajena
    a cose y cose en horas de sueño
    condenada a la miseria
    por cada día que amaneciera.

    Aquel adorado viejo
    campesino
    el que antes de morir ya era tierra.
    ¡Hermoso antepasado!
    Humillado
    caminaba mirando el ras del suelo
    de donde brotan las plantas.

    ¡El padre!
    De manos y rostro siempre sucios.
    Limpia la mirada
    bondadoso
    recto
    justiciero.
    El que murió ajeno a los trapecios de la aristocracia
    consumido como topo ciego
    en las entrañas de la tierra.
    En las cavernas mineras
    arañaba el metal con que se hacen monedas.

    ¡Y ellos!
    Enriquecidos y poderosos
    ignoraban el dolor de su especie 
    ¡Qué vergüenza!

    Pero una ráfaga de viento
    doblaba la página añorante.
    La meditación
    la nostalgia
    pasaban como las ánimas.
    Entretenían a sus hijos
    contándoles heroicas hazañas
    fabulosos episodios revolucionarios
    justificaciones falsas.

    Estos
    avezados y listos
    fingían creer.
    Empezaba a crecer el cinismo
    lodo que cubre y arrasa.... 

    Me fui alejando
    en pos de un abril con primavera.

    Ya estaba el sol ausente
    concedía una tregua.
    Brillaba la luna indiferente 
    fingiéndose soberana de las estrellas.
    Inexplicable dualidad de los humanos
    con la misma ilusión que animan la esperanza
    alimentan al buitre que los devora.
    A un lado de la vereda 
    donde iba sembrando mis huellas
    como a semilla estéril
    vi el esqueleto de un árbol gigantesco
    que hermoso en su mocedad
    lucia aún airosa muerte.
    Me alegró la idea de su fronda.
    Iba a tenderme a su amparo.
    Ensueños de ramas verdes
    tejíanseme en la frente.

    De pronto
    me detuvo un presagio.
    Arriba
    coronando de infamia el árbol
    estaba el hombre extraño.
    Tenía el labio inferior caído.
    Pensé:
    Es taciturno.
    ¿Búho?
    Torció medio labio alargándolo.
    No.
    Es rencoroso vengativo.
    ¡Está acechando!
    ¿Felino?
    Sonrió fingiéndose dormido.
    Lo denunció la lengua y su resuello zumbante.

    ¡Sentí cascabeles en los oídos!
    ¿Será víbora el desgraciado?
    Desde aquí estoy a salvo,
    grité,
    maldito intrigante.
    ¡Un chispazo!
    Me aterrorizó ver que se lanzaba al vacío
    directo al espacio
    que violaba con mi cuerpo.
    Bajaba balanceándose
    acróbata maligno.
    En un trapecio brillante
    hacía de su baba un hilo.
    ¡Arácnido!

    Huí lleno de pánico. 
    Curioso
    tejían los arácnidos
    a la luz de todo el mundo
    con tan fina y abundante baba
    que a sabiendas de la perfidia
    que los embargaba
    no escaseaban los crédulos.
    Estos se enredaban estúpidamente
    en sus trágicas redes
    y aún los había que sucumbían
    víctimas
    creyendo redentores
    a quienes siendo falsarios
    son criminales
    ladrones
    bribones armados de labia
    crueles
    mentirosos.

    Quise conciliarme de las visiones horrendas.
    Contemplé en los campos
    la sal y la ceniza.
    Gestos de niños inocentes:
    las piedras y la arena sonreían
    la brisa
    la plata
    la luna
    el mar
    y los rosarios de nácar.

    Me interné sin rumbo en los parajes semidesérticos
    burlando la caricia de los cactos. 
    Meditaba:
    ¡qué paradójico
    los seres de los criaderos!
    Son en realidad los que semejan buitres
    tan flacos y agudos los rostros
    casi pura osamenta.
    En cambio los Rapiña
    son rechonchos
    gordinflones
    muy pulcros 
    siempre rasurados
    con algo maternal en el aspecto.
    Parecen pollos recién pelados
    listos para hornearse.

    Oí risas por todos lados. 
    Sin darme cuenta
    había ido monologando en voz alta.
    Se carcajeaban de contento los cactos
    comunicándose a risa y risa
    el motivo de hilaridad tan sonora.
    Yo caminaba riendo.

    Un sahuaro
    al que se le miraban las costillas
    me dijo resoplando.

    ¿Conque pollos pelones rostizados?
    No, señor,
    Yo dije que pollos pelones
    listos para el horno.
    Volvieron a reír todos
    con júbilo escandaloso
    porque el sahuaro se había equivocado.
    Las nopaleras torteaban las pencas colmadas de alegría.
    Una biznaga chistosa
    obvia su preñez
    se inflaba y se inflaba de la risa.
    Se festejaron hasta las calabacillas silvestres.
    Tanto se sacudían
    que remedaban arroyos
    en rastra de campanillas.
    Me senté cabizbajo ensimismado.

    ¿Estás enfermo hijo?
    Susurró una cholla.
    No madrecita
    estoy muy cansado...
    Duérmete junto a nosotros.
    Te cuidaremos de los bichos malos.
    Yo te guardaré de las fieras
    agregó un sahuaro.

    Con los cactos me ligaba
    particularmente
    una amistad entrañable
    desde la infancia.

    Agradecido les contesté:
    seres de clorofila
    ¡Cuánto los amo! 
    Me despertaron en la madrugada
    para no mojarme
    a la hora en que beben agua los cactos.
    Un cielo tiernecito
    nacía brando serenamente. 
    Sentí muchas ansias de volver a mi casa.
    Me fui llorando
    como un niño extraviado
    con la pesadumbre
    que la soledad y la ausencia 
    nos hace sonar alguna vez.
    que llegamos a casa
    llamando con desesperación
    sin quién nos conteste
    ni nadie en el mundo
    que abra aquella puerta...

    No podía acordarme
    de dónde había partido.
    Quería esclarecer el presente
    y el rumbo que seguía
    en busca de un destino
    que el misterio parecía
    ocultar para siempre.
    Preguntaba a todos por mi hogar.
    Quién sabe... 
    Me contestaban como única respuesta.
    ¿Vendré del mar?
    ¿De los desiertos habré emergido?

    Quizá de las montañas
    o de alguna nave
    que antaño descendiera de lo ignorado.
    Caminaba llorando
    abstraído.

    Cuando salió el sol
    me di cuenta 
    que eran mis pasos sobre las aguas de un río.
    ¡Contra la corriente!
    La tierra de mi nacencia.
    ¡Dios mío!
    Me espera al fin de mi camino.
    No quiero
    que mi tumba sea dentellada del infierno
    ni sea mi sepultura
    zaguán de la inexistencia.
    Quiero que bajo la tierra
    mi cuerpo sin alma
    se convierta
    de la podredumbre nauseabunda
    de fosa alfombrada de gusanos
    con su terrible parto a la inversa 
    en la semilla de un árbol hermoso
    que crezca con algarabía de hojas risueñas
    y armonioso cántico del viento.
    Un susurro suave
    melodioso
    brote de su follaje
    y consuele a los seres que se duelen
    con la eterna canción que inspira Dios:
    amor
    universo. 
    Quisiera ser un hermano de savia y de clorofila
    que alegre y amigo
    ofrende su sombra
    en los cementerios.
    ¡Oh ciudad encantada!
    Eres tú
    la ruta de mi destino....




    Sahuaros

    Pósase el firmamento sobre el suelo.

    De lejos
    parece agua lo que solamente es azul.

    El páramo luce claro
    como una cripta transparente. 

    Los desiertos calvos
    arrugados
    semejan
    cadáveres de viejos derruidos por los años.

    Brillo del agua ausente 
    sed milenaria de los arenales
    baba de caballos afiebrados.

    Trasciende un sol llameante desde cristales subterráneos.

    Lejos
    trotando por los caminos del instinto
    una procesión de camellos fantasmales
    a beber va de ciegos oasis
    inundados con sed de mortales.

    Bramar remoto de anfibios.

    Verde 
    mar
    lujuria
    dolor
    sangre.

    Ciénegas verdirrojas 
    se retuercen y paren.
    Rocas resquebrajadas
    remolidas
    polvoreadas.

    Quietud pálida. 
    Eco sin humedad.

    Huesos.
    Vitrina del oriente.
    Irradiantes marfiles de nívea albura.
    Rebelión de la tierra estéril
    furia en las tolvaneras
    terregales
    fuego
    viento.
    Van furiosas contra el sol
    las muy densas polvaredas.
    Odio van remolineando
    cubriéndolo de alas negras.
    Beatitud frustrada:
    rabia en las miradas verticales de los reptiles heroicos.
    Viento horizontal:
    baberío de norias interestelares.
    Redes de arácnidos plateros
    brillosas agujas de obsidiana
    instantes de flamas negras.

    ¡Crepúsculo!

    Humillación de los instintos
    ungidos por áurea melancolía.
    Granada encendida
    troca su vida por la negación tenebrosa de los colores.
    Los gallos perforan los techos de tinieblas
    cuelgan hileras de universo
    entretejiendo destellos:
    trenzas de luz y fuego.

    Las miradas saltan
    se trapecian por los cielos enjoyados.
    El alma es la placenta del ánima.
    Cielo de parras simula
    el candil de las estrellas.
    ¡Qué lindos se ven los astros! 
    Prendidos a fuer de perlas.
    Dios intuyendo estrellas y pupilas
    crea universo y vida.
    Finitud presa en la redondez del tiempo.

    La luna
    golpea a las piedras con su llanto.
    Riñe con espejos a cuchilladas.
    En los estanques de hielo
    besa ranas
    moscas 
    culebras.
    Magia de luceros
    diamantes y esmeraldas.

    Las sábanas del alba
    se crispan de rosas
    espuma y púrpura.
    Llora la madrugada
    perlas efímeras.
    Aroma de azahar
    nimba a las margaritas.
    Hunden púas los cardos.
    La flor del geranio se ilumina.
    Trinos y sonrisas.
    Alados pianos y arpas.

    Amanecer:
    piel de vírgenes ruborizadas.
    ¡Enrojeced!
    Faz de la tierra
    hembra fogosa.
    ¡Loor a Tonatiuh!
    Garañón que cubre a la naturaleza.
    En el inmenso lecho azul
    dos amantes se recrean.
    Entre bramidos y truenos
    llueve semen.
    Tonatiuh
    preña a la tierra.
    Ella se retuerce
    gotea leucocitos
    ululante de ombligos verdes.
    Génesis de la savia y de la sangre.
    Orgasmos cósmicos.
    Potestad del rey supremo.

    Se yerguen de la tierra los gigantes erectos.
    ... Nacen los sahuaros
    hijos de Tonatiuh.
    Tonatiuh: padre de los aztecas.
    Aztlán:
    caballeros verdes
    hermanos del Anáhuac
    guardan tus linderos.

    ¡Los espíritus de Huitzilopochtli te contemplan!
    Aztlán
    vergel triunfante
    contra el afán voraz del desierto.
    ¡Ay! el fuego que tuesta
    lame los campos y los seres.
    Quiere teñir los pálidos arenales
    con el verde de las plantas
    y el rojo de la sangre.
    De tarde en tarde
    ríos y arroyos enchocolatados
    zumban poseídos
    de voces arrollantes.
    Amenazan con su instante de muerte
    a los que confían en el largo silencio de sus cauces.

    Tucson:
    azul con horizontes de leyenda
    posta de golondrinas alegres
    saludo cordial en español y en inglés,
    ¡Buenos días, mi amigo!
    Good morning, my friend!

    Mira, extranjero:
    sígueme a los caminos del ensueño,
    no temas a la risa trágica de los cascabeles
    mientras tus pies no horaden sus nidos morados
    hinchados de rabia y de ponzoña.

    ¿Ves ese cerro de barbas amarillentas?
    Viejo cavernario
    duerme
    petrificado 
    tembloroso de pájaros
    lagartijas y liebres
    al reventar la alborada
    y cuando la tarde muere 
    coronada de grillos
    coyotes
    búhos
    y aves que graznan.
    Si lo contemplas cuando es de día 
    chispea de microsoles
    que hunden espolones en los ojos
    y tornan oscura la vista.

    Brilla en la atmósfera
    el canto de las cigarras
    como un tejido de cuerdas
    que con el fuego vibrara.
    Las chicharras hincan sus manecitas.
    Se abrazan a las ramas
    llore y llore
    sin lágrimas
    los designios de un destino sin agua.

    Bajando desde las cimas
    fincándose sobre los planos
    viven los seres hermosos. 

    ¡Sahuaros!

    Cuadro ocre pintado de bastos.
    Místicos verdes
    pericos extasiados
    meditando.
    En las tardes ensangrentadas
    caramelos fosforescentes.
    En las noches
    monarcas indios encantados.
    Nobles caballeros
    naturales de estos lares.
    Antigua estirpe sobreviviente
    que no desalojaron de su espacio
    ni la ambición
    la indolencia
    ni la infamia.

    ¡Míralos!

    ¡Qué dignos!
    Rectos y valientes.
    ¿Te gustaría platicar con ellos?
    Hablan el lenguaje universal.
    Son esculturas de pensamientos
    o pensamientos cincelados.
    La elocuencia de los siglos
    ellos la cuentan callando.

    Sígueme,
    turista hermano.
    Entremos al país de los sahuaros.

    Visten surcados de espinas.
    Tócalos con Carrión. 
    Así, con cuidado.
    Son de savia generosa
    y de corazones blandos.
    Adivínalos a la hora en que los oídos y las voces
    se topan en las encrucijadas
    de los caminos muertos.
    ¡Qué majestad de seres tan callados!
    Luna
    sombras
    siluetas.

    ¿Oyes el silencio sacro?
    Selene prendió en las piedras
    la luz que brilla en los astros.
    Mientras que las piedras duermen...
    ¡Dios mío!
    Se oye el sueño de los pájaros...
    Rezan los sahuaros
    tal feligreses devotos
    enlutados.
    Espejos con luz de arenas.
    La montaña iglesia
    el cielo altar
    tremando de cirios universales
    que brillan y se apagan como promesas.

    Hermano:
    ¿No te sientes montado sobre la fluidez del tiempo?
    No es otra cosa que el lomo de la muerte.
    Sus pasos suenan latiendo dentro
    como si volvieran de muy lejos...

    Los sahuaros prendidos a la vida
    se aferran a lo profundo
    contra la sequía que los cerca.
    Beben historia para crecer soberbios
    desafiando enardecidos
    la negación de la existencia.
    ¡Qué sabio arquitecto
    quien diseño a estos seres orgullosos!
    ¡Qué artista prodigioso!
    ¡Tal maravilla de cuadro!
    ¡Cuán soberbios y elegantes!
    ¡Cuánta hermosura de los sahuaros!

    Mira, extranjero.
    Observa la ternura de ese amante enamorado
    flaco anguloso
    porta lanza
    ciñe espada.
    Desfacedor de agravios.
    Se oprime el corazón amante.
    Mientras le escurren los sesos como requesón
    los ojos se le tornan de espaldas al paisaje.
    Loco hecho de ira y de filosofía.
    Saco de huesos
    cual espadas braveras
    rompen su mismo cuero.
    Gritos agudos de rabia apostólica.
    ¡Conmigo sois en batalla
    malandrines y fulleros!
    ¡Aquí!

    Mira éste.
    Señala el horizonte
    tal vigía
    que se apresta a descubrir un continente
    hendiendo el grito de
    ¡Tierra! ¡América India y España!
    Que rodara por los siglos rotantes
    que el espacio se traga.

    ¡Dios santo!
    Un crucificado.
    Esencia de color para teñir el arte trágico.
    Cruz hecha de siglos infames.
    Mercado del dolor.
    Verónicas industriales.
    Clavos
    martillos
    clavos.
    Ternura del cordero agonizante.
    Afrenta de los ríos de labiosa perjura
    asquerosa baba de los hipócritas
    mancha la pureza de la sangre martirizada.
    ¡Ahorcan palomas!
    Incendian pueblos
    asesinan nonatos.
    No saben lo que hacen, padre...
    perdonadlos.

    ¡Fíjate!
    Aquel sahuaro
    mira por las cuencas.
    Le sacaron los ojos
    los pájaros que visten de prisioneros escapados.
    ¡Diablo de pareja!
    ¡Que no vean las niñas!
    Están llamando a la cigüeña.
    Quieren poblar a los campos
    para que la tierra no perezca.

    ¡Vea!
    Dos sahuaros de la mano
    tal enemigos reconciliados.
    Perdieron la sangre en un albur de puñales y plomo
    para hermanarse en la clorofila.

    Aquel ciego juglar
    contémplalo
    al lado de noble lazarillo.
    Tiende humilde los hilos de los años que se mueren
    y de los que no han nacido.
    Contó historias de cuando el mundo era niño.
    Ahora calla y escucha al viento
    que es el telégrafo de los muertos.

    Caminemos hacia allá.
    Aquel descarnado
    luce a medias su esqueleto.
    Seguirá, señor, de pie
    después de muerto
    cual un Cid victorioso
    sin calor y sin alientos.
    ¿Dónde la pulpa que modeló su figura?
    ¿La savia que lo vivificó, dónde?
    ¿Qué de la clorofila verde vida?
    ¿De las espinas que lo ornaban, qué?
    Sólo los proyectiles vanos de la lluvia
    y el viento que le arranca sollozos añorantes.

    Algún búho anacrónico
    desde su cúspide
    augura a la media noche
    irónico
    el exterminio de los indios...

    Te sonríses, forastero...
    ¿Algo descubres?
    ¡Que se volteen las damas!
    ¡Vaya!
    Ese pícaro sin rubor
    vive clamando su virilidad
    apuntando a los arenales
    con el símbolo erecto.
    Clamando corajudo contra el desierto impío
    sin mengua de ser obsceno.

    ¿Divisas acullá
    a la distancia?
    Son aquellos platónicos amantes
    estirando los brazos para unirse,
    pero la muralla del espacio transparente
    convierte sus horas paralelas
    en lago dibujado
    como anhelos sin cristal
    o lágrimas sin llanto.

    ¡Contemplad a los sahuaros!

    Verde ejército encantado;
    Simulan procesión de hombres de palo
    estáticos y contemplativos.
    Quieren que los paisajes trasciendan alma
    para saber de una tierra amada.
    Lloran con guitarras que afina el abandono.
    Rezan con palabras de abuelos sepultos.
    Un Díaz de Vivar les demanda hazañas.
    Un Cuauhtémoc irredento los constriñe y los estruja
    mientras el embrión de Huitzilopochtli
    gesta sueños de venganza en sus entrañas.

    ¡Ey, tu!
    Joaquín Murrieta.
    No, no es él.
    Es un sahuaro que remeda hombre a caballo
    un puño cerrado
    en la otra mano un látigo,
    ¿No adivinas por ventura
    al mentado Gerónimo?
    Arroyos broncos bramando
    espumarajos
    tierra remota
    y el eco de un rayo.

    ¡Mira allá!
    Aquel que parece cruzar...
    El santo Eusebio tan esforzado y manso.
    Halo de palomas lucientes de cantos amorosos.
    Jinete sembrador de rosarios.
    Constelación de palabras alumbrando.
    ¿Vas a San Xavier del Bac?
    Dulce padrecito blanco.
    ¿Qué hacen estos seres enclavados?
    ¿Son acaso jeroglíficos vivos?
    ¿La historia de los humanos
    se cifrará en estos signos?
    ¿No sientes ante la majestad de estos cactos
    algo del ayer antiguo
    miradas y pensamientos
    otras voces y otros cantos?
    ¿Un paisaje
    que recorrió los luengos caminos de la genealogía
    para entrar a tus ojos
    con las retinas de ignotos progenitores?
    Misterio universal
    el contemplar lo remoto y reconocerlo
    sin haberlo vivido.

    ¡Sahuaros!
    hermanos míos
    hemos nacido en el mismo lugar
    hace siglos
    bajo el mismo signo.
    Sois vosotros de Tucson,
    del padre Tonatiuh hijos.
    Lo soy también yo lo mismo.
    Esta tierra
    este paisaje
    todo es Aztlán
    con el alma universal del indio.

    ¿Decías?
    Sí,
    tienes razón.
    También parecen soldados que han vuelto de la guerra
    hastiados de la barbarie y de las vilezas
    sin saber qué es triunfo
    qué es derrota
    ni cuál la justicia verdadera.

    Los sahuaros se van secando
    cavan los días y los años vencidos.
    Se extinguen.
    En los anales de mañana se leerá: 
    fueron.
    No pueden preservar la vida
    contra el designio que llevan en la entraña.
    Los vence y los domina.
    ¡Temporalidad!
    Doblega y mata
    fabricando recuerdos a cada instante de su marcha.

    Sahuaros.
    ¡Os amo tanto!
    ¡Sois los seres más dignos!
    ¡Qué hermosos y cuán derechos!
    ¿Quiénes más honrados?
    ¿Cuáles más hidalgos?

    Monologa con los sahuaros, visitante.
    ¡Un museo en vivo!
    ¡Qué multiplicidad de figuras
    ideas, sentimientos y sugerencias!
    Cada quien que los admire
    encarnará fantasmas en su conciencia.

    Dime, caminante,
    ¿Dónde has visto tantas estatuas
    esculpidas por otro maestro
    de tal maestría y tanta gracia?
    Aquí, en Tucson, viajero.
    Lindo pueblo
    con la gracia de la vida
    que brota como venero
    del mero fondo del desierto....







    .

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  • 04/04/16--09:34: SALLY WEN MAO [18.366]

  • Sally Wen Mao

    Poeta. EE.UU. Sally Wen Mao es la autora de Mad Honey Symposium (Alice James Books, 2014).  Su trabajo ha sido recogido en The Best American Poetry 2013 y está publicada en Poetry, Black Warrior Review, Guernica, the Missouri Review, and Washington Square, entre otras. Obtuvo una maestría de la Universidad de Cornell y ha recibido becas de Kundiman, Hedgebrook, y la Fundación Saltonstall. Actualmente vive en Brooklyn, Nueva York y enseña en el departamento de Estudios Americanos de Asia en el Hunter College.


    ANNA MAY WONG

    En el futuro, hay un oráculo
    donde se puede buscar
    a dónde perteneces. Se lo pregunto a esta máquina
    y responde: ¿eliminas las escenas en las que te quedas muda?
    En el futuro, soy joven
    y pobre, así que me convierto en una chica webcam.
    Frente a la cámara leo pasajes
    de las novelas rusas.
    Internautas curiosos se suscriben a mi página web
    a continuación la cancelan, despotricando en los foros
    sobre mi mojigatería, porque nadie quiere
    ver a una chica postrarse ante
    un grueso libro y jadear.
    Después de que me convierto en viral, cierro mi página web.
    Circulan imágenes por el ciberespacio—
    Anna, vestida como un panda púrpura,
    Anna, tomando un trago de una taza de café.
    Colecciono todas las contraseñas de mis plataformas.
    Las pirateo, crece el hábito
    de Photoshoppiing manchas de hiena en
    mi propia piel y descargo mi estropeado rostro en Instagram.
    Mi cutis tiene el moteado
    de huevos rancios. Mis bigotes crecen
    como mechones de plumas. Sustituyo las lentejuelas
    en mis vestidos por escalas.
    Recientemente, sobre la alfombra roja, me pongo vestidos
    hechos de algas, respiro
    a través de falsas agallas y acarreo sacos de plástico
    llenos de agua salada.
    Pronto una cosecha de chicas jóvenes se unirá a mí,
    renunciando a sus ropas para experimentar
    la emoción de ser un animal.

    Versión de Carlos Alcorta



    The Toll of the Sea
                    
    The first Technicolor feature in Hollywood, a retelling of  Madame Butterfly,
 starring Anna May Wong

    green means go, so run — now — 
    green the color of the siren sea, whose favors are a mortgage upon the soul
    red means stop, before the cliffs jag downward
    red the color of the shore that welcomes
    white the color of the man washed ashore, from his shirt to his pants to his brittle shoes
    white the color of the screen before Technicolor
    white the color of the master narrative
    green the color of the ocean, so kind, not leaving a stain on the white shirt
    green the color of the girl, so kind — but why?
    She speaks: Alone in my garden I heard the cry of wind and wave
    In the green girl’s garden, the stranger clamps her, asks:
    How would you like to go to America?                A lie, soaked in the
    red of the chokecherries that turn brown in the heat
    red the color of the roses that spy
    red the color of their fake marriage
    white the color of the white man’s frown
    She asks: Is it great lark or great sparrow you call those good times in America?
    green the color of his departure
    white the color of the counterfeit letters she sends to herself
    white the color of their son
    white the color of erasure
    red the color of the lost footage
    red the sea that swallows our stories
    red the color of the girl who believed the roses
    red the color of the ocean that drowns the girl
    red the color of the final restoration
    In every story, there is a Technicolor screen: black / white / red  / green
    In every story, there is a chance to restore the color
    If we recover the flotsam, can we rewrite the script?
    Alone in a stranger’s garden, I run — I forge a desert with my own arms
    blue the color of our recovered narrative
    blue the color of the siren sea, which refuses to keep a white shirt spotless
    blue the color of our reclaimed Pacific
    blue the ocean that drowns the liars
    blue the shore where the girl keeps living
    There she rises, on the opposite shore
    There she awakens — prismatic, childless, free — 
    Shorn of the story that keeps her kneeling
    blue is the opposite of sacrifice

    Source: Poetry (February 2015).




    A Sally Wen Mao en "La chica de pelo blanco" - "The White-haired Girl"


    The White-Haired Girl


    1945

    I will return your spurn with a curtsy
    whipped in boiling water.
    Cut the red ribbon from my hair,
    what's left of my youth. Lotus seeds slide
    down your throat—does it taste chaste?
    The fugue of winter casts shadows
    on the furnace—how it glowers
    like the limpets buried in my hair,                              
    handfuls of which you pull
    towards shore, toward stagnation.
    My destination is not this village,
    where boars shear off bad skin
    in the river, dung and alderflies
    thirsting for flesh. Am I maid
    or mendicant? The unwrinkled bed
    is not what sky aches for. I am no swooning
    debt. Next I say escape and small gullies
    bloom before me—dendriform paradise:
    mountain, grotto, kindling. The lightning
    in my temple wards off wolves. I bow
    only to pick the ticks off my shoes,
    brand them clean across your cheekbones.



    2011 redux

    I stirred five bullets
    into your burned porridge,
    stole the money you sewed
    into the mattress and took a bus south
    of my sorrow, approaching sand,
    approaching steel. I couldn't stay
    another weekend, peeling roaches
    from their graves. Out on the highway
    to Half Moon Bay, I saw a power
    line detonate a flock of geese.
    Another lonely city emerges
    from their sooty feathers,
    and across the magnetic fields,
    taxonomy of aurochs run west
    of their extinction. Should I be
    embarrassed for trying to survive?
    I turn inside out between
    motel sheets, prisoner
    of altitude. A child mistakes
    a strand of hair for lightning
    and the signals of far satellites
    question your penance. I won't go
    to bed hungry. I wait for your footsteps,
    slicing an apple with a borrowed knife.




    Sally Wen Mao on ""The White-haired Girl"

    The inspiration for this poem, "The White-haired Girl", grew out of my fascination with tales about wayward women. The poem is named after a Chinese opera and film based on real-life stories from the 1920s and 1930s—it's about a girl, Xi'er,who was forced into marriage with her father's vindictive landlord and flees her captor by escaping into the mountain. There, she finds a cave and settles, getting food from a nearby temple, and at night the lightning strikes and her hair turns white. She becomes feral, returning to the wild, only trusting the sacred silence of the landscape. There is a magnitude to that silence.This speechlessness grows more intensely as she merges and adapts to her natural surroundings. The landscape, in turn, has marked her with white hair, a change in her appearance that reflects her transformation.

    I've always been fascinated by the transgression inherent in this story. It centers the girl's plight, and it's not a tragic heroine that we see in so many of these narratives. Instead of suffering, she chooses to escape. There is a defiance and loneliness to that act, and that's perhaps the reason this tale fueled the revolutionary narrative that was brewing in China at the time. However, revolutionary China was pushing toward a new social order, and I interpret the tale differently, not as propaganda. Instead of attempting to fit into a social order that exploits and mistreats her, or joining a different order, Xi'er chooses to forgo social order altogether and forge her own feral order, in the mountains and the temple, surrounded by wilderness and lightning.

    In my poem "The White-haired Girl", I wanted to capture her voice as she defies her oppressors and is transformed. She refuses to be disciplined and controlled: therefore, her body removes itself from its surroundings. In the poem, I decided to write two versions of her tale: one based on the original story, and one "redux", a modern-time version. In the "2011 redux", the white-haired girl is still on the run. She's still rejecting the narrative that chains her to sorrow. Instead of running away on foot, she's taking busses, hitchhiking, witnessing the sky above the highway. In a sense, to be feral is to not obey, to fail categorization, to fail to surrender, to reject discipline. I'm not quite sure what will happen to her, because I'm still writing her journey into existence. Xi'er's story can be reincarnated and rewritten for every generation.  




    Mud

    This is where I hang out
    between a muck pond and a well,
    where years before, gravediggers shoveled
    out the skin & bones of a forest witch.
    She weighed maybe eighty-two,
    & having wallowed inside the well for two months,
    wrote a hive of riddles on her shrinking body.

    Her skirt yawned with mayflies, snail shells,
    pennies. In that darkness she dreamed
    about toys, gongs, & concert halls
    about September, its fantasia
    of wind & half-digested crumbs, she dreamed
    & thought: How gorgeous
    is this taciturnity
    when suddenly our silly little memories
    fossilize. How we hobbled
    in them, dumb & graceless.

    It's fall and I'm laughing with a ghost,
    Saddened by silence, sighs & spittle
    on my lips. I offer her my basket
    of Sapporos & sandwiches. With mud
    on my fingertips, I tear grass, plowing
    white moss.

    It's September and friends are naming
    their babies after months — July, August,
    October. In the lily-wet earth, millipedes cry.
    Against the sun's pink eyelid,
    an egret bends to drink the mud.





    Cloud Study

    After watching Chungking Express,
    I weep into a plate of tomato ketchup
    & eggs, then open a can of pineapples
    with a Dec 1st expiration date. Sleet pours
    over the window as trains rattle
    along the chain-linked fence. I throw a bottle
    into the mist, while hapless cats
    fuck under a chandelier of maple seeds.
    Wandering out, I look up at the clouds.
    I ask them where they're going, and they tell me:
    Madrid. Rome. Moscow. Shanghai. Hong Kong.
    Join us, they say, but I cannot. This blister
    of rotting leaves in my palms hasn't healed yet.
    The clouds tell me to get on a train.
    I'm always waiting for impossible trains.
    I walk past the Children's Blind Hospital,
    the Natural History Museum. It's December 2nd,
    & my love, my love has expired.





    The Boy Who Grew Old

    My heart's made of crayons. Here's how I know:
    In Virginia my father owns a crayon factory
    and at night it's haunted with ghosts. They stir
    yellow sulfur with the oxides. Every
    morning their warm breath
    heats the barren hundred-year cold.

    My heart contains a reptile, with strange and cold
    blood. I wish I could have known
    sooner. Last summer I took shorter breaths
    as I biked from the toxic swimming hole to the factory.
    Day to night I worked myself brittle, and every
    time my mother touched me, I did not stir.

    I took home strange girls who stirred
    hot dreams in my adolescent brothers, and woke up cold,
    braided in their pink limbs. Every
    girl's name I'd forget by morning. I didn't know
    how fast the rotary factories
    of their hearts beat against my chest, or if their breath

    smelled like rotten mangoes. But my breath
    was always stale, leaden, my dead young flesh stirred
    with fantasy & undoing. I rode to the factory
    in the mornings, with the girl's cold
    hands wrapped around my waist. I know
    how much they wanted to remember every

    passing memory, every kiss, every bone, every
    rush of blood into the atrium, every lazy breath.
    But summer turned into ashes, before we knew,
    and I waited for the calamity, for ghosts to stir
    me awake again. My grandfather's phantom pursues my cold
    footsteps, his shrill echoes shaking the empty factory.

    My heart's no good. My heart belongs to the factory.
    In its blank gaze, I search every
    particle for a sign of life. I only sneeze in the cold
    dust, the caked colors, drawing a long breath.
    The lapis lazuli crumbles as it stirs
    with water. I imagine what I'd forgotten, or never knew:

    I didn't know what stirred the stunned glance of every
    passing stranger, what paused their breath for a second, still and cold.
    I didn't know what face I dreamt of last night inside the factory.





    Roadkill

    Somehow you still gallop against me.
    In the background I hear a Cantonese love song about a goat.
    I'm in no mood for such songs be it for goat,
    amoeba, or human; in Cantonese, sign language, or English.

    Night after night, I press my nail to my lip
    for signs of the kerosene you left on my teeth. I am a wild bird's
    tropical insanity. The night is filled with hopeless accordions
    wheezing in sync, reminding me that numbness, too, is a feeling.

    Somehow I tell myself to evacuate. I'm on the boat now,
    sailing alone. Now I am shoveling pieces of other people's shoes.
    Now I am addicted to roasted seaweed laver.
    Now I could never get to sleep, with my ashes in the spigot.




    The following poems by Sally Wen Mao are from her debut poetry collection Mad Honey Symposium, published by Alice James Books this May.



    Apiology, With Stigma

    Stigma, n. (in flowers) the female part of the pistil
    that receives pollen during pollination

    For Melissa W.

    There is no real love in the apiary.
    Hive mentality: 1. Fatten until you reign

    your country on a throne of propolis.
    2. Copulate until you explode

    with larval broods. Honey makes me sick,
    and so does the Queen Bee. Even

    in sleep, I see the arrows point at drones
    stuck to the ceiling, sparkling spastically

    like the sequins on a girl’s yellow prom
    dress. Some girls pray to be Queen.

    They think: wouldn’t it be terrific, to be
    wanted like that. Wouldn’t it be terrific

    to be stroked and adored, to lose your virginity
    in the glorious aftermath of royal jelly.

    Wouldn’t be terrific to roost, rest, be the envy
    and the mother of all. But one girl turns

    the other way. At lunch she eats green tea mochi
    on the edge of the field, scouts unpopulated

    places—a lemon tree, a barberry bush.
    Dreading assemblies and cafeterias, she ducks

    under the library’s front steps, smuggling
    field guides or National Geographics

    with covers of jewel beetles and capybaras,
    counting the minutes until recess is over

    and biology begins. The price of sincerity:
    when the honeybee shucks the anthers

    from the camellia, an anthem begins.
    It’s a slow soprano. An anathema. It screams

    from deep inside its ribs. It’s a blues,
    an aria, an index of heartbreaks. It may break

    a thousand mirrors before the pollen descends,
    ashes over caldera. Split gorge. Fever. Finally,

    the bee pollinates the stigma. The girl curse
    sounds like that—a drone of flaws announcing

    each maladaptive limb, freckle, admittance
    of shame. How to battle this monster?

    It is known that Japanese honeybees grow
    immune to the vicious Asian giant hornet

    by laying a trap: 1. Lure him into the threshold
    of an open hive. 2. Besiege him—surround

    the saboteur with a wall of impenetrable
    bodies. 3. Vibrate until the temperature

    reaches 115°F. 4. He will die from the heat
    and carbon dioxide. His husk will break,

    his heft will plummet. I don’t teach my girls
    to brave the violence of sun, sons, or stings.

    When resources run out, don’t sit there and behave.
    Abandon hive. If the hornet breaks the heat net,

    save yourself. Abandon yen. Abandon majesty.
    Spit the light out because it sears you so.



    Mad Honey Soliloquies

    Case Study: Kayseri, Turkey, September 2008

    1             [Patient: Husband]

    My wife spread-eagles in a quiet room.
    One teaspoon each morning of red
    honey, incarnadine gamble.

    A bid to bury our compulsions—
    for our bed to open up and swallow us, hard
    into its gullet. Each night one head

    stampedes the other, twin eagles shot
    in this province. The missives,
    misgivings, spill our sheets afoul.

    Is this pulse worth saving
    in 2008? Friends cautioned
    against the honey. Histories chimed in:

    entire armies murdered. Remember Pompey?
    Remember Xenophon? How the warnings purr
    gently on that bed. Instead, it grows moist

    with hives, spears of laurel. Yellow splendor
    pumping water into the mouths that need it.
    The promise of voltage, always enough.



    2             [Patient: Wife]

    We were certain it would lift
    us from our sagging sheets.

    After enough teaspoons, that first
    week we finally reached

    for each other’s bodies. Did I expect
    electricity? A charge to elucidate

    the fitful nerves on our fingers?
    My seams, all splitting?

    Something about the sealed
    jar, the black market. He spoon-fed

    me the sweetness. It felt ecstatic.
    Like I was infant, sucking

    up sticky milk. Sick, as if we were wrecking
    some sanctified memory.

    We guzzled tea afterwards
    and its bitter burn scraped

    our insides. Ancient pain—
    the ruin of votive gods rusting.

    Emergency: blades began spading
    our chests. Our hearts split, shut

    down. When the ambulance
    came, my husband was already another

    color. His tongue slipped out.
    In its shade I saw a golden dart frog.



    3             [Cardiologist]

    That morning, a middle-aged couple checked in for chest
    pain, dazed as schoolchildren. What we found: bradycardia.
    Their heart rates, nadirs at 35, 45 beats per minute.
    Between tests, they mouthed the word honey, and the nurses

    thought that it was romance—that this pitiable union
    of arrhythmias could brace their connubial nest.
    But then we found traces of mad honey they’d ingested
    to revive desire, as if poison answered all the questions

    about their bodies. In my life, many patients
    have asked about the heart.How to hush its palpitations.
    I have no easy answer for why the wishes that charge
    angina pectoris will endanger it, put it to sleep.




    When I was a child, helplessness ruled.

    Home alone, braving anything, the stain

    on the telescope, a bravura of halogen.

    inventory of fear: God, juggernauts,
    giant roaches, mummies,
    stews boiling over, CO,
    bandits snaking up brick—

    Unarmed, I wore a nightgown made of paper.

    Silt fell from walls. A maelstrom dragged my mama’s

    dinghy away. Spumes stole the oars, toothed

    bangles clamped my ankles. Of course I was curious

    about the ingredients of insecticides, the fatal white

    powder my father sprinkled against each wall

    like sugar. How I tiptoed past it holding my breath

    as the roaches died monotonous deaths. Strychnine

    adorned their wings. On my mattress, an invisible

    dance party. I was always invited, never acknowledged.

    Bedbugs writhed across my wrists. An avocado pit

    broke my milk teeth. Nerve after nerve, my face was lifted.



    _

    I’m the dunce in my dance class. Can’t do a split
    if you hold a gun to my head. So I’m shedding that tutu.
    Thanks to you, Mentor, I’ll do a backflip.

    My place is here, in the dojo. Show me acumen.
    Train me to crack a body with these Glow-chucks.
    Give me plywood. Teach me how to break it down.


    Let’s grow braver together, I said to no one.

    So I grew up. Nails thickened until I couldn’t

    tear without wincing.

    inventory of fear: driving on freeways
    at night. Infidels. Shucking
    a mussel. Shadow of muscle.
    Horoscopes. A man’s gaze.

    The slime trail followed me onto the street.

    In this lightless prefecture, only one dance

    hall survived. All evening I stared hypnotized

    by the acupuncture chart. Listened to 90’s

    R&B. My heroines had died. Left Eye, Aaliyah

    taught me not to beg for love. Demand! Pose

    like a boy, wear a hood, they said. I imagined

    them as scissor sisters, denuded of flesh,

    two beautiful skeletons spinning on the floor.

    I wanted to dance with them, feast on genes

    and star fruit. If I could do girlhood again, I’d ask

    to be scarier. Less whimpering—more pyromaniac

    urges, more flirting with kerosene.


    A four-day flash flood, and already there’s carrion
    in this dojo. Mentor, why too exhausted
    to pick up all the drowned blackbirds?

    With each comes a trail of skinks.
    Don’t let me learn your secrets for nothing.
    Fight for them. Charge a price.


    The first time something snapped inside me,
    I found a crowbar in the woods. My emotions
    stunk of excess, so pure they could only belong
    in the gutter. Later, I happened upon a young
    spruce—saw myself in its sprigs. Swung once
    and missed. Swung twice and needles shook,
    left a scar on the bark. How I shuddered
    afterward, remembering my only childhood
    friend whose name was Shiva, after the destroyer.
    That day I adopted her name, picked ticks
    out of my hair, punched stone until my knuckles
    bled chalk.

    inventory of fear: bones,
    breaking. Tenderness
    of skin. Falling off trees.


    In this rooster sunrise, let me believe all fantasies.
    Outside our dojo, the sun lifts the landscape, a blindfold
    of gauze. The yew trees have eyes.

    Mentor, don’t let me give up, no matter how
    frightened I sound. Teach me ambush, how to mercy
    kill, how to cut with my hands clean.


    If only my father could have seen me then—beating
    the shit out of thugs like the son he never had.

    It was so easy to deflect their bulk, to dart, shoot,
    set traps for their behemoth shapes, boulders
    that would crush me if not for my girl’s grace.

    inventory of fear:
    Memory. Disturbance.
    The speed of blood
    when the skin is cut.

    To think that the first time I opened a physiology
    textbook, I was met with an image of a cow’s red,
    pulpy heart. I didn’t sleep—my trauma lasted for days,
    afraid that such an organ could also beat inside me.


    Today I am struck by how delicate the mountains seem
    when months ago, they looked so indestructible.

    Mentor, don’t give up on me yet. My superhuman self
    emerges from the geyser – ready to tackle, ready to defend.


    One day, the force I was running from cornered
    me, caught me in its arms. My ribs broke, my mouth
    gorged in. Maybe these bones were cherry twigs
    after all! There I was, knife-plunge, coughing red
    on hands and knees, everything woozy, as if in
    love, the taste of almonds flooding my mouth.

    Skunks found my blood
    in the snow. You followed one,

    found me, took me to the dojo
    where the light danced
    all days and evenings,
    dressing my wounds.


    My scooter. My celerity. My roach home.
    My beloved dojo. My centrifugal drop-kick.

    If I were more than a string of spit across the eyes.
    If I were more than mote, nail bed, bug.

    If only my inventory of fear looked like this:

    Atomic threat. Flying buttress
    collapse. Biological
    warfare. Apocalypse.
    Pretty girl, unsaved.

    On the street with whale-lights and trembling marimbas,
    Watch me break it down.

    Excerpted from Mad Honey Symposium with permission of Alice James Books. Copyright © 2014 by Sally Wen Mao.






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  • 04/04/16--10:05: MARY MERIAM [18.367]

  • Mary Meriam 

    Poeta EE.UU.  Nacida y criada en Nueva Jersey, Mary Meriam obtuvo un BA de la Universidad de Bennington y MFA de la Universidad de Columbia. Es la autora de cinco libros de poemas, entre ellos Conjuring My Leafy Muse (Headmistress Press, 2013) and Girlie Calendar (Headmistress Press, 2014) y los Chapbooks The Countess of Flatbroke (Modern Metrics/Exot Books, 2006), The Poet’s Zodiac (Seven Kitchens Press, 2011), and Word Hot (Headmistress Press, 2013).

    Editó la antología, Irresistible Sonnets (Headmistress Press, 2014), and Lady of the Moon (with Amy Lowell and Lillian Faderman) (Headmistress Press, 2015). 

    Sus poemas han aparecido en 12 antologías, incluyendo más recientemente, Measure for Measure: An Anthology of Poetic Meters (Penguin Random House, 2015). Her poetry, prose, and reviews have appeared in Adrienne, American Arts Quarterly, American Life in Poetry, Angle, Autumn Sky Poetry Daily, Bridges, Cimarron Review, Eyewear, Journal of Lesbian Studies, KIN, Light, Literary Imagination, Measure, Mezzo Cammin, Ms. Magazine, North Dakota Quarterly, OCHO, Poetry Northeast, Rattle, Sentence: A Journal of Prose Poetics, The Critical Flame, The Evansville Review, The Gay & Lesbian Review, and The New York Times. New poems are forthcoming in Prelude and The Women's Review of Books. A new chapbook of poems, The Lesbian, is forthcoming from Seven Kitchens Press.



    ROMANCE DE LA EDAD MEDIA

    Ahora que tengo cincuenta años, déjame ducharme
    por la noche, sin luz, con los ojos cerrados. Y déjame nadar
    furtivamente. Mi piel está tatuada con horas
    y días y décadas, de cabeza a los pies, de tan fina
    es sólo una fotografía descolorida. Es extraño
    cómo la gente mira hacia otro lado a quien antes admiraba.
    No sabía que me sometería a este cambio
    para ser la cubierta invisible de un libro
    cuyo argumento, aunque banal, le proporciona más volumen.
    Por los placeres de la mente y el corazón
    se llega a contrarrestar más rápido la pérdida
    de conocimiento. Uno siente que reviven antiguas urgencias,
    aunque todavía me arranco los pelos de la barbilla con una pinza,
    en el caso de que pudiera llamar la atención de otro anciano.

    Versión de Carlos Alcorta




    The Romance of Middle Age

    Now that I’m fifty, let me take my showers
    at night, no light, eyes closed. And let me swim
    in cover-ups. My skin’s tattooed with hours
    and days and decades, head to foot, and slim
    is just a faded photograph. It’s strange
    how people look away who once would look.
    I didn’t know I’d undergo this change
    and be the unseen cover of a book
    whose plot, though swift, just keeps on getting thicker.
    One reaches for the pleasures of the mind
    and heart to counteract the loss of quicker
    knowledge. One feels old urgencies unwind,
    although I still pluck chin hairs with a tweezer,
    in case I might attract another geezer.




    Plaintive Note Motel

    Mother, are you lonely? I hear you sigh, then
    moan in steady beats while you sleep beside me,
    wounded moans, some tragedy never told me
                   strangling your song-pipe.

    Breath by breath, the moaning of Mother reddens,
    death by drugs, flushed fugue, how she suffers sigh-sick
    groans, while I, as always her daughter-stranger,
                   ride my red wagons,

    twist and trickle down on my twin slim bed in
    Plaintive Note Motel, where we stay to witness
    Kenny’s wedding. Marriage, was that the trouble?
                   Moaning, my mother’s

    stone unturned; a shot in the dark, my guesses.
    Burned is Mother’s everyday state, her fury
    blackness brushes by on my rising nowhere,
                   faster and faster.




    Beginning with a Line by Robert Frost 

    They spoke to the fugitive in my heart as if it were leaf to leaf.
    They spoke to me one windy day from the copse nearby my house.
    Low in the night they rustled to thief and owl and addict and mouse.
    Let me be deaf to the crash of trouble and the mighty underworld.
    The pile of rotten branches and gold leaves lies there dead and swirled.
    It would take every court in the countryside to count the fallen leaves.
    The judges must number themselves among the dirt-thirsty thieves.
    I live in a room of cold-toed winter glowing with no relief.
    Wandering silent, muttered about, I move from grief to grief.





    Wolf 

    Mother, a wolf is wolfing me
    Down. I thought I had a mother
    But now I'm being wolfed. See?
    Mother, a wolf is wolfing me
    Down, your baby one sweet pea
    Bit by hot teeth. I want another
    Mother. A wolf is wolfing me
    Down. I thought I had a mother.




    Thought in a Heat Wave

    The words, the books, the strain,
    the loneliness, the pain,

    the beast of woe, the lion roar,
    it doesn't matter anymore

    because I have a thought,
    tamed, soothed, caught:

    the poetry I said to you,
    the lines that led to you,

    the arteries around my heart,
    the words I read to you,

    the breath and rhymes, the breathing in,
    the us not dead to you,

    the dancing of you in my dreams;
    I could be wed to you;

    my loveline veering off my palm
    could go, instead, to you;

    your jewel burning in my mind,
    your brilliant cry, so kind,

    your evening sky of cobalt blue,
    yes, I think of you

    and I together in one place,
    with time and room to sigh,

    and moved by magic to embrace
    the body, you and I.




    Three Crowns of Misfortune


    I. Stripper

    Down the tawny, blood-red, and orange cast-offs
    fall, like fairies tossing their crinkled clothing,
    party-worn and faded in golden slants of
               earth-sinking sunlight;

    all the Loves undone with her frock come falling,
    dress undresssed, unbuttoned, unzipped, Misfortune,
    barefoot, rootless, stripped of her silver tree bark,
               shivers for strangers.

    Not for strangers! Pitiless Love with velvet
    gloves demands this stripping of leaf and costume,
    downward dancing, falling forever, falling,
                   falling forever.
     

    II. Sweatshop

    Wait for nothing, wait for the Loves, what matter
    night that gallops, tramples her roses, horses,
    wildmares, slung here fruitless and starved, Misfortune
               slips on the cliff’s edge,

    falls and falls with no one to catch her, over
    rock face, street lamp, oceans apart from comfort,
    mother, sister, lover; she sighs now, listen:
               love is unlikely.

    Melancholic silkiness, cobalt, Loves hum
    blue, the sidewalk saddens in Spanish Harlem
    drums at dusk, at midnight, then morning traffic
               trumpets her shortfall.
     

    III. Hack

    Through the elms and ginkgos, alert to all her
    listing, shrinking, deviance, sunk tomorrow,
    no tomorrow ever, for sorrow’s lonely
               arrows transfix her.

    This is dark desertion, and silent, bitter
    cold. She sits alone in the automobile,
    waiting. Danger shoots her. The Loves go quickly
               somewhere without her.

    Now the wheel is seized by some force outside her.
    Death will drop her over the bridge. Misfortune,
    desperate, poisoned, jinxed, a forgotten fire,
               fights like a soldier.





    Somewhere Along the Spectrum

    (for Tiffany Krupa)

    I take a class in feminine approach.
    I hold my breath about my boyish clothes.
    There is a subject I’m afraid to broach,
    and for this fear I’m granted one red rose.
    She smells so good, I wonder what she knows.
    We leave the class together, go downtown
    and dance. The beat goes fast and then it slows
    until the slowness seeps inside and down.
    Down to the dancing floor I fall and drown.
    The dancers strip me clean of every shred
    of gown and every penny in my crown.
    I leave the Duchess, bleeding from the head,
    naked and blind to nakedness, a mist
    below the radar of the feminist.






    .


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  • 04/04/16--12:19: LAURA MAYRON [18.368]

  • Laura Mayron

    Poeta, EE.UU. Laura Mayron es una estudiante de la Universidad de Wellesley, nació y se crió en Maui Hawaii. Cuando no está estudiando literatura española e inglesa, trabaja como editora de poesía para The Wellesley Review. Ha ganado el Premio  Wellesley College's Florence Annette Wing Prize for Poetry y ya ha sido publicada en Vagabond City y Fractal. Si pudiera volver atrás en el tiempo, tomaría una copa con los surrealistas españoles.


    SI UNA NOCHE DE INVIERNO UN VIAJERO

    La miel cayó en mi té como la sangre
    silencioso, balbuciente por la viscosidad,
    último temblor de gotas deslizándose
    dentro del abismo de un lago en miniatura.
    Fuera, en una noche de invierno
    agrietada por un frío temprano
    llegó el tren, un rugido de las tinieblas
    que pensé que sería el viento
    impulsándose sin parar en la oscuridad.
    Botella invertida, esperando un goteo de dulzura,
    pensé en ti,
    tiritando, un prodigio,
    viajando a través de tu propia noche
    de invierno corriendo tan rápido
    que sólo tú podrías ser sangre,
    sólo tú podrías ser el viento.

    Versión de Carlos Alcorta.



    IF ON A WINTER’S NIGHT A TRAVELER

    The honey fell into my tea like blood
    Silent, humming with viscosity,
    last shaking drops sliding
    into an abyss of miniature lake.
    Outside, in a winter night
    that cracked with early cold
    came the train,
    a roar of darkness
    that I thought must be the wind
    endlessly exhaling
    into the blackness.
    Bottle inverted, waiting for dripping sweetness,
    I thought of you,
    shivering, golden,
    traveling through your own winter’s night
    streaming by so fast
    that you could only be blood
    could only be the wind.

    Publicado en Fractal, December 2015



    Clementine 

    “We're going to be man slayers,” 
    you told me, fox eyes glimmering. 
    We were nine, on the playground. 
    I knew you would be, 
    with your sharp, fast grin 
    and trickster ways. 
    Already you were revolutionary. 
    You moved through the woods like a sprite 
    daring and limber among the sweet-smelling eucalyptus 
    as we searched for fairies among the leaves. 
    You were already one of them, 
    leaving me, all gangly limbs and confusion, 
    to worship your glow.

    Six years later, 
    and you're smoking out your bedroom window 
    beautiful in the late night, 
    long thin fingers and the sharp curve 
    of your shoulders 
    cutting into the blackness. 
    I, uneasy child, 
    sat on the carpet watching you 
    amidst your magazine clippings 
    and The Pixies playing quietly, 
    listening to your tales of sexual awakening 
    and blurry drug highs. 
    I thought that Clementine, 
    the name that was supposed to be yours, 
    would have suited you better. 
    You, in your mystery 
    were lost to me, gone to where I couldn't follow.

    You found the cigarette on the ground 
    as we walked in the cool dusk. 
    “Smell it,” you said, “it's cloves.” 
    We walked 
    and you told me of your latest writing. 
    You wrote these stunning, raw stories 
    that spoke from your veins 
    about people like you, 
    rough and in love among pills 
    and smoke. 
    I always wondered, though, why 
    you wrote about those sad lonely boys 
    when you should write of 
    spiraling, iridescent you. 
    You were a thousand stories. 
    Even craving a high you were still like magic.

    I don't see you much these days. 
    But every time I paint my lips 
    red like blood, 
    ready to slay, 
    I think of you 
    and your scattered pages. 
    I'm dangerous now, like you taught me. 
    I smell eucalyptus and cloves 
    and think of us together 
    as I walk into the dusk, alone, 
    war paint on, 
    fox eyes glimmering.



    Bruised Fruits of the Holy Spirit

    I’d never been dissected before,
    but that night I learned
    how to peel myself apart
    under a bruised and yellow moon.

    I’d been too young to know
    the exposed bellies of fruit
                pits glistening raw
                with juice and sorrow,
    but I became a woman
    with a pomegranate heart.

    Set me out alone on the streets
                as I bleed ruby seeds
    and I’ll tell you what it’s like to be consumed.
    It feels like thunder shaking the apple tree
                skins shivering
    like eyes waiting for your flesh to ripen,
    open hungry stares dripping dark.

    They pluck out the seeds of my heart
                one by one
    and under a false sun I sour 
    in profane communion. 





    Migrating Bird

    I’m not sure where my home is anymore. Growing up it was waves moaning in the dark, salt digging into my tender lips, over-ripe lilikoi falling onto the driveway. I was too pale, watching the dark radiance of exposed legs and breasts soft and round as mangoes, sprouted like magic on a sweet sixteen. I was never a yell-out-the-window girl, catcalls crashing onto sun-bleached and cracked pavement, a bitter symphony among the reggae and ninety-degree heat. I drove and drove under skies so thick with stars you could barely see the moon. Everything was so green I felt my tongue rotting. Mold crept over my shoes, the salt in my hair drove me to madness. Now my second home is four seasons. Fall, electrically cool, winter silent and trembling over the lake, spring like I’ve never seen it, shocking me into tempestuous frenzy. I go running back to warm, back to bare feet on burning roads. I watch billowing clouds of burning cane sugar settling, breathless as hope, on the horizon. The tsunami sirens wail, and I sweat fruit juices, crown myself with orchids and tears—it’s time to cross the ocean now.




    Little Girl Lover

    Loving you was like waiting for rain.
    If we had loved each other,
    I know exactly how it would have been:
    sharpened kisses, sharpened loss.
    You, taking to the sea,
    I, too young, too wanting,
    tongue riddled with bee stings
    over your smile.
    I used to think it would be
                a jacaranda tree love,
                baptized in purple flowers,
    set to the thickening air
    of a late-May Sunday,
    storm clouds gathering like a blessing.

    I thought it would be breathless
    and blue--
    how beautiful it was that you could never be mine,
    as distant as the moon,
    filling my head with spring longing.
    I cast myself 
    as the patron saint of missing you
                in the hot dusk
                of early summer
    sang hymns to your eyes,
    your absence,
    your breathless hope of rain.

    I have different loves now,
    loves like honey,
    sweet and bleeding,
                up-against-the-wall-
                on-a-Tuesday-loves.
    I’m a bit less of a child now,
    smarter lover, a better sinner,
    perusing the raw taste of lightning
    bright and hungry,
    on my parched lips.
    My love is gold and melting on my tongue,
    electric on my fingertips.
    I’ve left my saintly waiting behind,
    now I’m a witch to burn,
    heretic, my soul on fire.

    I’m still afraid that one day I’ll kiss you,
                if only to taste the ocean,
                if only to taste the rain in your eyes,
    let you extinguish me,
    carve out a space in my skull again
    and send me back to my altar. 
    The end is coming, I know,
    and even though I don’t pray anymore,
    I beg God that when we say goodbye,
    you will not peel me back to my core,
    and smile. 






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  • 04/05/16--10:25: ESAÍAS TEGNÉR [18.369]

  • Esaías Tegnér

    Esaias Tegnér (13 de noviembre de 1782 – 2 de noviembre de 1846) fue un escritor, profesor de griego y obispo sueco. Durante el siglo XIX, fue considerado el padre de la poesía moderna en Suecia, en especial, por la saga legendaria Frithiofs saga (basada en el original medieval islandés Friðþjófs saga hins frœkna, "La historia de Fritiof el Audaz"). Ha sido denominado el primer hombre moderno de Suecia.

    Su padre fue un pastor y sus abuelos por ambas líneas fueron campesinos. Su padre, Esaias Lucasson, adoptó el apellido Tegnérus (alterado por su quinto hijo como Tegnér) del pueblo de Tegnaby en la provincia de Småland, donde había nacido.

    En 1799, Esaias Tegnér, hasta entonces educado en casa, ingresó a la Universidad de Lund, donde siguió estudios de filosofía y se graduó en 1902. Continuó como tutor hasta 1810 cuando fue elegido como docente de griego. En 1806, se casó con Anna Maria Gustava Myhrman, con quien había estado ligado desde su juventud temprana. En 1812, fue nombrado profesor y continuó su trabajo en Lund hasta 1824, cuando fue nombrado obispo de Växjö. Permaneció en Växjö hasta su muerte acaecida veintidós años más tarde.

    Su primer éxito como escritor fue una canción de guerra ditirámbica para el ejército de 1808. En 1811, su poema patriótico Svea ganó el reconocimiento de la Academia Sueca y lo hizo famoso. El mismo año, se fundó en Estocolmo la Liga Gótica (Götiska förbundet), una suerte de club de jóvenes y patriotas hombres de letras, del cual Tegnér se hizo pronto director. El club publicó una revista titulada Iduna, en la cual publicó gran cantidad de poesía, así como sus puntos de vista, en particular, con respecto al estudio de la historia y la literatura islandesa antigua. Tegnér, Geijer, Afzelius, y Nicander se convirtieron en los miembros más famosos de la Liga Gótica.

    Al final de su vida, Tegnér fue enviado a un hospital psiquiátrico en Schleswig y, a inicios de 1841, fue dado de alta y regresó a Växjö. Durante su convalecencia en Schleswig, compuso Kronbruden. No escribió nada más de importancia y, en 1843, tuvo un ataque cerebrovascular y falleció el 2 de noviembre de 1846 en Växjö.

    Poemas

    La mayoría de los poemas de Tegnér de su época en Lund son cortos, pero algunos están en líricas. Su celebrada Canción al sol data de 1817. Completó tres poemas de un carácter más ambicioso, en los cuales descansa su fama. De estos, el romance de Axel (1822) y el idilio de Nattvardsbarnen ("La primera comunión", 1820) toman un rol secundario en comparación con la obra maestra de Tegnér de fama mundial.

    En 1819, se convirtió en miembro de la distinguida Academia Sueca.

    En 1820, publicó en Iduna fragmentos de un poema épico en el que estaba trabajando: Frithiofs saga (La historia de Frithiof). En 1822, publicó cinco cantos más y, en 1825, el poema entero. Ya antes de esta publicación, era famoso en toda Europa. Así, Johann Wolfgang von Goethe sugirió a Amalie von Imhoof que tradujera su obra al alemán. Esta paráfrasis romántica de una saga antigua fue compuesta en 24 cantos, todos los cuales diferían en la forma de versos, sobre la base de una obra maestra danesa previa, la Helga de Oehlenschläger.

    Durante el siglo XIX, la saga de Frithjof fue la mejor conocida de todas las producciones suecas y fue traducida 22 veces al inglés, 20 veces en alemán y, por lo menos, una vez en las principales lenguas europeas.

    Tegnér empezó, pero dejó inacabadas, dos poemas épicos adicionales: Gerda y Kronbruden.



    Los triunfos de la violencia y de la iniquidad son pasajeros: pero la verdad y la justicia se imponen al fin y duran eternamente. Isaías Tegnér, poeta sueco (1782-1846). glosa tan hermoso pensamiento en la siguiente composición.

    Bien puede al mundo subyugar el hombre
    Que es justo y esforzado;
    Bien puede su renombre
    Del águila tomar el vuelo osado;
    Mas la espada tal vez mirase rota,
    Y herida se ve el águila potente:
    La violencia es fugaz; su fin incierto
    Y mudable, y su esfuerzo en breve agota
    Y pasa cual la ráfaga rugiente
    De airada tempestad sobre el desierto.

    Mas vive la verdad... Junto al acero 
    De los combates aparece en calma,
    Y en el rostro severo
    Mostrando el vivo resplandor del alma.
    Por un mundo camina
    Oscuro y tenebroso:
    Tornando va con expresión divina
    Su vista hacia otro mundo más hermoso. 
    Eterna es la verdad. En tierra y cielo 
    Su gloria se sucede 
    De un siglo en otro, y sin cesar resuenan 
    Sus palabras. Eterna es la justicia. 
    Pudiera socavar acaso el suelo 
    En que apoya su planta, la malicia; 
    Mas arrancarla de raíz no puede. 
    Si la verdad del mundo se apodera, 
    El bien puedes ansiar, y si a tu lado 
    Por la fuerza brutal o astucia artera 
    Perseguida la ves, aun en tu seno 
    El conservarla incólume te es dado.

    La voluntad es fuerte 
    Si en corazón enérgico reposa; 
    La Justicia en temible se convierte,
    Y un pueblo al fin se cambia y regenera.
    Los sacrificios que prudente hiciste,
    De la virtud el generoso empleo. 
    Los riesgos que corriste. 
    Serán nítidos astros que aparecen 
    Sobre las turbias aguas del Leteo.

    No es igual a la flor que dura un dia 
    Con su plácido aroma. 
    Ni al iris que fugaz súbito asoma 
    Tras de la nube umbría. 
    Cuanto bello por ti fuera creado. 
    No es materia, en verdad perecedera; 
    El tiempo que transcurre 
    Su mérito y valor acrecentado 
    Ofrecerá a la gente venidera. 
    Sus arenas de oro,
    Con las olas del tiempo que discurre, 
    Con ansiedad ardiente recogemos,
    Y un preciado tesoro
    Legado a nuestra edad en ellas vemos.

    Vive, pues, siempre a la verdad unido; 
    La Justicia defiende y la venera; 
    Goza en lo bello: tan divinos dones 
    Del mundo nunca habrán desparecido. 
    Lo que del tiempo vive, raudo el tiempo 
    También lo recupera
    A su paso por cien generaciones.
    Lo que es eterno quedará por siempre
    Conservado en los buenos corazones.



    FROM THE SWEDISH AND DANIS
    PASSAGES FROM FRITHIOF'S SAGA

    Traducción de Henry Wadsworth Longfellow.

    I

    FRITHIOF'S HOMESTEAD

    Three miles extended around the fields of the homestead, on three sides 
    Valleys and mountains and hills, but on the fourth side was the ocean. 
    Birch woods crowned the summits, but down the slope of the hillsides 
    Flourished the golden corn, and man-high was waving the rye-field. 
    Lakes, full many in number, their mirror held up for the mountains, 
    Held for the forests up, in whose depths the high-horned reindeers 
    Had their kingly walk, and drank of a hundred brooklets. 
    But in the valleys widely around, there fed on the greensward 
    Herds with shining hides and udders that longed for the milk-pail. 
    'Mid these scattered, now here and now there, were numberless flocks of 
    Sheep with fleeces white, as thou seest the white-looking stray clouds, 
    Flock-wise spread o'er the heavenly vault when it bloweth in springtime. 
    Coursers two times twelve, all mettlesome, fast fettered storm-winds, 
    Stamping stood in the line of stalls, and tugged at their fodder. 
    Knotted with red were their manes, and their hoofs all white with steel shoes. 
    Th' banquet-hall, a house by itself, was timbered of hard fir. 
    Not five hundred men (at ten times twelve to the hundred) 
    Filled up the roomy hall, when assembled for drinking, at Yule-tide. 
    Through the hall, as long as it was, went a table of holm-oak, 
    Polished and white, as of steel; the columns twain of the High-seat 
    Stood at the end thereof, two gods carved out of an elm-tree: 
    Odin with lordly look, and Frey with the sun on his frontlet. 
    Lately between the two, on a bear-skin (the skin it was coal-black, 
    Scarlet-red was the throat, but the paws were shodden with silver), 
    Thorsten sat with his friends, Hospitality sitting with Gladness. 
    Oft, when the moon through the cloudrack flew, related the old man 
    Wonders from distant lands he had seen, and cruises of Vikings 
    Far away on the Baltic, and Sea of the West and the White Sea. 
    Hushed sat the listening bench, and their glances hung on the graybeard's 
    Lips, as a bee on the rose; but the Scald was thinking of Brage, 
    Where, with his silver beard, and runes on his tongue, he is seated 
    Under the leafy beech, and tells a tradition by Mimer's 
    Ever-murmuring wave, himself a living tradition. 
    Midway the floor (with thatch was it strewn) burned ever the fire-flame 
    Glad on its stone-built hearth; and thorough the wide-mouthed smoke-flue 
    Looked the stars, those heavenly friends, down into the great hall. 
    Round the walls, upon nails of steel, were hanging in order 
    Breastplate and helmet together, and here and there among them 
    Downward lightened a sword, as in winter evening a star shoots. 
    More than helmets and swords the shields in the hall were resplendent, 
    White as the orb of the sun, or white as the moon's disk of silver. 
    Ever and anon went a maid round the hoard, and filled up the drink-horns, 
    Ever she cast down her eyes and blushed; in the shield her reflection 
    Blushed, too, even as she; this gladdened the drinking champions.


    II

    A SLEDGE-RIDE ON THE ICE

    King Ring with his queen to the banquet did fare, 
    On the lake stood the ice so mirror-clear,

    "Fare not o'er the ice," the stranger cries; 
    "It will burst, and full deep the cold bath lies."

    The king drowns not easily," Ring outspake; 
    "He who's afraid may go round the lake."

    Threatening and dark looked the stranger round, 
    His steel shoes with haste on his feet he bound,

    The sledge-horse starts forth strong and free; 
    He snorteth flames, so glad is he.

    "Strike out," screamed the king, "my trotter good, 
    Let us see if thou art of Sleipner's blood."

    They go as a storm goes over the lake. 
    No heed to his queen doth the old man take.

    But the steel-shod champion standeth not still, 
    He passeth them by as swift as he will.

    He carves many runes in the frozen tide, 
    Fair Ingeborg o'er her own name doth glide.


    III

    FRITHIOF'S TEMPTATION

    Spring is coming, birds are twittering, forests leaf, and smiles the sun, 
    And the loosened torrents downward, singing, to the ocean run; 
    Glowing like the cheek of Freya, peeping rosebuds 'gin to ope, 
    And in human hearts awaken love of life, and joy, and hope.

    Now will hunt the ancient monarch, and the queen shall join the sport: 
    Swarming in its gorgeous splendor, is assembled all the Court; 
    Bows ring loud, and quivers rattle, stallions paw the ground alway, 
    And, with hoods upon their eyelids, scream the falcons for their prey.

    See, the Queen of the Chase advances! Frithiof, gaze not at the sight! 
    Like a star upon a spring-cloud sits she on her palfrey white. 
    Half of Freya, half of Rota, yet more beauteous than these two, 
    And from her light hat of purple wave aloft the feathers blue.

    Gaze not at her eyes' blue heaven, gaze not at her golden hair! 
    Oh beware! her waist is slender, full her bosom is, beware! 
    Look not at the rose and lily on her cheek that shifting play, 
    List not to the voice beloved, whispering like the wind of May.

    Now the huntsman's band is ready. Hurrah! over hill and dale! 
    Horns ring, and the hawks right upward to the hall of Odin sail. 
    All the dwellers in the forest seek in fear their cavern homes, 
    But, with spear outstretched before her, after them the Valkyr comes.

                     . . . . . . . . . .

    Then threw Frithiof down his mantle, and upon the greensward spread, 
    And the ancient king so trustful laid on Frithiof's knee his head, 
    Slept as calmly as the hero sleepeth, after war's alarm, 
    On his shield, or as an infant sleeps upon its mother's arm.

    As he slumbers, hark! there sings a coal-black bird upon the bough; 
    "Hasten, Frithiof, slay the old man, end your quarrel at a blow: 
    Take his queen, for she is thine, and once the bridal kiss she gave, 
    Now no human eye beholds thee, deep and silent is the grave,"

    Frithiof listens; hark! there sings a snow-white bird upon the bough: 
    "Though no human eye beholds thee, Odin's eye beholds thee now. 
    Coward! wilt thou murder sleep, and a defenceless old man slay! 
    Whatsoe'er thou winn'st, thou canst not win a hero's fame this way."

    Thus the two wood-birds did warble: Frithiof took his war-sword good, 
    With a shudder hurled it from him, far into the gloomy wood. 
    Coal-black bird flies down to Nastrand, but on light, unfolded wings, 
    Like the tone of harps, the other, sounding towards the sun, upsprings.

    Straight the ancient king awakens. "Sweet has been my sleep," he said; 
    "Pleasantly sleeps one in the shadow, guarded by a brave man's blade. 
    But where is thy sword, O stranger? Lightning's brother, where is he? 
    Who thus parts you, who should never from each other parted be?"

    "It avails not," Frithiof answered; "in the North are other swords: 
    Sharp, O monarch! is the sword's tongue, and it speaks not peaceful words; 
    Murky spirits dwell in steel blades, spirits from the Niffelhem; 
    Slumber is not safe before them, silver locks but anger them."


    IV

    FRITHIOF'S FAREWELL

    No more shall I see 
    In its upward motion 
    The smoke of the Northland. Man is a slave: 
    The fates decree. 
    On the waste of the ocean 
    There is my fatherland, there is my grave.


    Go not to the strand, 
    Ring, with thy bride, 
    After the stars spread their light through the sky. 
    Perhaps in the sand, 
    Washed up by the tide, 
    The bones of the outlawed Viking may lie.


    Then, quoth the king, 
    "'T is mournful to hear 
    A man like a whimpering maiden cry. 
    The death-song they sing 
    Even now in mine ear, 
    What avails it? He who is born must die."




    THE CHILDREN OF THE LORD'S SUPPER

    Pentecost, day of rejoicing, had come. The church of the village 
    Gleaming stood in the morning's sheen. 
       On the spire of the bell 
    Decked with a brazen cock, the friendly flames of the Spring-sun 
    Glanced like the tongues of fire, beheld by Apostles aforetime. 
    Clear was the heaven and blue, and May, with her cap crowned with roses, 
    Stood in her holiday dress in the fields, and the wind and the brooklet 
    Murmured gladness and peace, God's-peace! with lips rosy-tinted 
    Whispered the race of the flowers, and merry on balancing branches 
    Birds were singing their carol, a jubilant hymn to the Highest. 
    Swept and clean was the churchyard. Adorned like a leaf-woven arbor 
    Stood its old-fashioned gate; and within upon each cross of iron 
    Hung was a fragrant garland, new twined by the hands of affection. 
    Even the dial, that stood on a mound among the departed, 
    (There full a hundred years had it stood,) was embellished with blossoms 
    Like to the patriarch hoary, the sage of his kith and the hamlet, 
    Who on his birthday is crowned by children and children's children, 
    So stood the ancient prophet, and mute with his pencil of iron 
    Marked on the tablet of stone, and measured the time and its changes, 
    While all around at his feet, an eternity slumbered in quiet. 
    Also the church within was adorned, for this was the season 
    When the young, their parents' hope, and the loved-ones of heaven, 
    Should at the foot of the altar renew the vows of their baptism. 
    Therefore each nook and corner was swept and cleaned, and the dust was 
    Blown from the walls and ceiling, and from the oil-painted benches. 
    There stood the church like a garden; the Feast of the Leafy Pavilions 
    Saw we in living presentment. From noble arms on the church wall 
    Grew forth a cluster of leaves, and the preacher's pulpit of oak-wood 
    Budded once more anew, as aforetime the rod before Aaron. 
    Wreathed thereon was the Bible with leaves, and the dove, washed with silver 
    Under its canopy fastened, had on it a necklace of wind-flowers. 
    But in front of the choir, round the altar-piece painted by Horberg, 
    Crept a garland gigantic; and bright-curling tresses of angels 
    Peeped, like the sun from a cloud, from out of the shadowy leaf-work. 
    Likewise the lustre of brass, new-polished, blinked from the ceiling, 
    And for lights there were lilies of Pentecost set in the sockets.

       Loud rang the bells already; the thronging crowd was assembled 
    Far from valleys and hills, to list to the holy preaching. 
    Hark! then roll forth at once the mighty tones of the organ, 
    Hover like voices from God, aloft like invisible spirits. 
    Like as Elias in heaven, when he cast from off him his mantle, 
    So cast off the soul its garments of earth; and with one voice 
    Chimed in the congregation, and sang an anthem immortal 
    Of the sublime Wallin, of David's harp in the North-land 
    Tuned to the choral of Luther; the song on its mighty pinions 
    Took every living soul, and lifted it gently to heaven, 
    And each face did shine like the Holy One's face upon Tabor. 
    Lo! there entered then into the church the Reverend Teacher. 
    Father he hight and he was in the parish; a Christianly plainness 
    Clothed from his head to his feet the old man of seventy winters. 
    Friendly was he to behold, and glad as the heralding angel 
    Walked he among the crowds, but still a contemplative grandeur 
    Lay on his forehead as clear as on moss-covered gravestone a sunbeam. 
    As in his inspiration (an evening twilight that faintly 
    Gleams in the human soul, even now, from the day of creation) 
    Th' Artist, the friend of heaven, imagines Saint John when in Patmos, 
    Gray, with his eyes uplifted to heaven, so seemed then the old man: 
    Such was the glance of his eye, and such were his tresses of silver. 
    All the congregation arose in the pews that were numbered. 
    But with a cordial look, to the right and the left hand, the old man 
    Nodding all hail and peace, disappeared in the innermost chancel.

       Simply and solemnly now proceeded the Christian service, 
    Singing and prayer, and at last an ardent discourse from the old man. 
    Many a moving word and warning, that out of the heart came, 
    Fell like the dew of the morning, like manna on those in the desert. 
    Then, when all was finished, the Teacher re-entered the chancel 
    Followed therein by the young. The boys on the right had their places, 
    Delicate figures, with close-curling hair and cheeks rosy-blooming. 
    But on the left of these there stood the tremulous lilies, 
    Tinged with the blushing light of the dawn, the diffident maidens,-- 
    Folding their hands in prayer, and their eyes cast down on the pavement 
    Now came, with question and answer, the catechism. In the beginning 
    Answered the children with troubled and faltering voice, but the old man's 
    Glances of kindness encouraged them soon, and the doctrines eternal 
    Flowed, like the waters of fountains, so clear from lips unpolluted. 
    Each time the answer was closed, and as oft as they named the Redeemer, 
    Lowly louted the boys, and lowly the maidens all courtesied. 
    Friendly the Teacher stood, like an angel of light there among them. 
    And to the children explained the holy, the highest, in few words, 
    Thorough, yet simple and clear, for sublimity always is simple, 
    Both in sermon and song, a child can seize on its meaning. 
    E'en as the green-growing bud unfolds when Springtide approaches. 
    Leaf by leaf puts forth, and wanued, by the radiant sunshine, 
    Blushes with purple and gold, till at last the perfected blossom 
    Opens its odorous chalice, and rocks with its crown in the breezes, 
    So was unfolded here the Christian lore of salvation, 
    Line by line from the soul of childhood. The fathers and mothers 
    Stood behind them in tears, and were glad at the well-worded answer.

       Now went the old man up to the altar;--and straightway transfigured 
    (So did it seem unto me) was then the affectionate Teacher. 
    Like the Lord's Prophet sublime, and awful as Death and as Judgment 
    Stood he, the God-commissioned, the soul-searcher, earthward descending 
    Glances, sharp as a sword, into hearts that to him were transparent 
    Shot he; his voice was deep, was low like the thunder afar off. 
    So on a sudden transfigured he stood there, lie spake and he questioned.

       "This is the faith of the Fathers, the faith the Apostles delivered, 
    This is moreover the faith whereunto I baptized you, while still ye 
    Lay on your mothers' breasts, and nearer the portals of heaven, 
    Slumbering received you then the Holy Church in its bosom; 
    Wakened from sleep are ye now, and the light in its radiant splendor 
    Downward rains from the heaven;--to-day on the threshold of childhood 
    Kindly she frees you again, to examine and make your election, 
    For she knows naught of compulsion, and only conviction desireth. 
    This is the hour of your trial, the turning-point of existence, 
    Seed for the coming days; without revocation departeth 
    Now from your lips the confession; Bethink ye, before ye make answer! 
    Think not, O think not with guile to deceive the questioning Teacher. 
    Sharp is his eye to-day, and a curse ever rests upon falsehood. 
    Enter not with a lie on Life's journey; the multitude hears you, 
    Brothers and sisters and parents, what dear upon earth is and holy 
    Standeth before your sight as a witness; the Judge everlasting 
    Looks from the sun down upon you, and angels in waiting beside him 
    Grave your confession in letters of fire upon tablets eternal. 
    Thus, then,--believe ye in God, in the Father who this world created ? 
    Him who redeemed it, the Son, and the Spirit where both are united? 
    Will ye promise me here, (a holy promise!) to cherish 
    God more than all things earthly, and every man as a brother? 
    Will ye promise me here, to confirm your faith by your living, 
    Th' heavenly faith of affection! to hope, to forgive, and to suffer, 
    Be what it may your condition, and walk before God in uprightness? 
    Will ye promise me this before God and man?"--With a clear voice 
    Answered the young men Yes! and Yes! with lips softly-breathing 
    Answered the maidens eke. Then dissolved from the brow of the Teacher 
    Clouds with the lightnings therein, and lie spake in accents more gentle, 
    Soft as the evening's breath, as harps by Babylon's rivers.

       "Hail, then, hail to you all! To the heirdom of heaven be ye welcome! 
    Children no more from this day, but by covenant brothers and sisters! 
    Yet,--for what reason not children? Of such is the kingdom of heaven. 
    Here upon earth an assemblage of children, in heaven one Father, 
    Ruling them all as his household,--forgiving in turn and chastising, 
    That is of human life a picture, as Scripture has taught us. 
    Blest are the pure before God! Upon purity and upon virtue 
    Resteth the Christian Faith: she herself from on high is descended. 
    Strong as a man and pure as a child, is the sum of the doctrine, 
    Which the Divine One taught, and suffered and died on the cross for 
    Oh, as ye wander this day from childhood's sacred asylum 
    Downward and ever downward, and deeper in Age's chill valley, 
    Oh, how soon will ye come,--too soon!--and long to turn backward 
    Up to its hill-tops again, to the sun-illumined, where Judgment 
    Stood like a father before you, and Pardon, clad like a mother, 
    Gave you her hand to kiss, and the loving heart was for given 
    Life was a play and your hands grasped after the roses of heaven! 
    Seventy years have I lived already; the Father eternal 
    Gave rue gladness and care; but the loveliest hours of existence, 
    When I have steadfastly gazed in their eyes, I have instantly known them, 
    Known them all again;--the were my childhood's acquaintance. 
    Therefore take from henceforth, as guides in the paths of existence, 
    Prayer, with her eyes raised to heaven, and. Innocence, bride of man's childhood 
    Innocence, child beloved, is a guest from the world of the blessed, 
    Beautiful, and in her hand a lily; on life's roaring billows 
    Swings she in safety, she heedeth them not in the ship she is sleeping. 
    Calmly she gazes around in the turmoil of men; in the desert 
    Angels descend and minister unto her; she herself knoweth 
    Naught of her glorious attendance; but follows faithful and humble, 
    Follows so long as she may her friend; oh do not reject her, 
    For she cometh from God and she holdeth the keys of the heavens. 
    Prayer is Innocence' friend; and willingly flieth incessant 
    'Twixt rhe earth and the sky, the carrier-pigeon of heaven, 
    Son of Eternity, fettered in Time, and an exile, the Spirit 
    Tugs at his chains evermore, and struggles like flame ever upward. 
    Still he recalls with emotion his Father's manifold mansions, 
    Thinks of the land of his fathers, where blossomed more freshly the flowerets, 
    Shone a more beautiful sun, and he played with the wingM angels. 
    Then grows the earth too narrow, too close; and homesick for heaven 
    Longs the wanderer again; and the Spirit's longings are worship; 
    Worship is called his most beautiful hour, and its tongue is entreaty. 
    Aid when the infinite burden of life descendeth upon us, 
    Crushes to earth our hope, and, under the earth, in the graveyard, 
    Then it is good to pray unto God; for his sorrowiug children 
    Turns he ne'er from his door, but he heals and helps and consoles them, 
    Yet is it better to pray when all things are prosperous with us, 
    Pray in fortunate days, for life's most beautiful Fortune 
    Kneels before the Eternal's throne; and with hands interfolded, 
    Praises thankful and moved the only giver of blessings. 
    Or do ye know, ye children, one blessing that comes not from Heaven? 
    What has mankind forsooth, the poor! that it has not received? 
    Therefore, fall in the dust and pray! The seraphs adoring 
    Cover with pinions six their face in the glory of him who 
    Hung his masonry pendent on naught, when the world be created. 
    Earth declareth his might, and the firmament utters his glory. 
    Races blossom and die, and stars fall downward from heaven, 
    Downward like withered leaves; at the last stroke of midnight, millenniums 
    Lay themselves down at his feet, and he sees them, but counts them as nothing 
    Who shall stand in his presence? The wrath of the judge is terrific, 
    Casting the insolent down at a glance. When he speaks in his anger 
    Hillocks skip like the kid, and mountains leap like the roebuck. 
    Yet,--why are ye afraid, ye children? This awful avenger, 
    Ah! is a merciful God! God's voice was not in the earthquake, 
    Not in the fire, nor the storm, but it was in the whispering breezes. 
    Love is the root of creation; God's essence; worlds without number 
    Lie in his bosom like children; he made them for this purpose only. 
    Only to love and to be loved again, he breathed forth his spirit 
    Into the slumbering dust, and upright standing, it laid its 
    Hand on its heart, and felt it was warm with a flame out of heaven. 
    Quench, oh quench not that flame! It is the breath of your being. 
    Love is life, but hatred is death. Not father, nor mother 
    Loved you, as God has loved you; for 't was that you may be happy 
    Gave he his only Son. When he bowed down his head in the death-hour 
    Solemnized Love its triumph; the sacrifice then was completed. 
    Lo! then was rent on a sudden the veil of the temple, dividing 
    Earth and heaven apart, and the dead from their sepulchres rising 
    Whispered with pallid lips and low in the ears of each other 
    Th' answer, but dreamed of before, to creation's enigma,--Atonement! 
    Depths of Love are Atonement's depths, for Love is Atonement. 
    Therefore, child of mortality, love thou the merciful Father; 
    Wish what the Holy One wishes, and not from fear, but affection 
    Fear is the virtue of slaves ; but the heart that loveth is willing 
    Perfect was before God, and perfect is Love, and Love only. 
    Lovest thou God as thou oughtest, then lovest thou likewise thy brethren: 
    One is the sun in heaven, and one, only one, is Love also. 
    Bears not each human figure the godlike stamp on his forehead 
    Readest thou not in his face thou origin? Is he not sailing 
    Lost like thyself on an ocean unknown, and is he not guided 
    By the same stars that guide thee? Why shouldst thou hate then thy brother? 
    Hateth he thee, forgive! For 't is sweet to stammer one letter 
    Of the Eternal's language;--on earth it is called Forgiveness! 
    Knowest thou Him, who forgave, with the crown of thorns on his temples? 
    Earnestly prayed for his foes, for his murderers? Say, dost thou know him? 
    Ah! thou confessest his name, so follow likewise his example, 
    Think of thy brother no ill, but throw a veil over his failings, 
    Guide the erring aright; for the good, the heavenly shepherd 
    Took the lost lamb in his arms, and bore it back to its mother. 
    This is the fruit of Love, and it is by its fruits that we know it. 
    Love is the creature's welfare, with God; but Love among mortals 
    Is but an endless sigh! He longs, and endures, and stands waiting, 
    Suffers and yet rejoices, and smiles with tears on his eyelids. 
    Hope,--so is called upon earth, his recompense, Hope, the befriending, 
    Does what she can, for she points evermore up to heaven, and faithful 
    Plunges her anchor's peak in the depths of the grave, and beneath it 
    Paints a more beautiful world, a dim, but a sweet play of shadows! 
    Races, better than we, have leaned on her wavering promise, 
    Having naught else but Hope. Then praise we our Father in heaven, 
    Him, who has given us more; for to us has Hope been transfigured, 
    Groping no longer in night; she is Faith, she is living assurance. 
    Faith is enlightened Hope; she is light, is the eye of affection, 
    Dreams of the longing interprets, and carves their visions in marble. 
    Faith is the sun of life ; and her countenance shines like the Hebrew's, 
    For she has looked upon God; the heaven on its stable foundation 
    Draws she with chains down to earth, and the New Jerusalem sinketh 
    Splendid with portals twelve in golden vapors descending. 
    There enraptured she wanders. and looks at the figures majestic, 
    Fears not the winged crowd, in the midst of them all is her homestead. 
    Therefore love and believe; for works will follow spontaneous 
    Even as day does the sun; the Right from the Good is an offspring, 
    Love in a bodily shape; and Christian works are no more than 
    Animate Love and faith, as flowers are the animate Springtide. 
    Works do follow us all unto God; there stand and bear witness 
    Not what they seemed,--but what they were only. Blessed is he who 
    Hears their confession secure; they are mute upon earth until death's hand 
    Opens the mouth of the silent. Ye children, does Death e'er alarm you? 
    Death is the brother of Love, twin-brother is he, and is only 
    More austere to behold. With a kiss upon lips that are fading 
    Takes he the soul and departs, and, rocked in the arms of affection, 
    Places the ransomed child, new born, 'fore the face of its father. 
    Sounds of his coming already I hear,--see dimly his pinions, 
    Swart as the night, but with stars strewn upon them! I fear not before him. 
    Death is only release, and in mercy is mute. On his bosom 
    Freer breathes, in its coolness, my breast; and face to face standing 
    Look I on God as he is, a sun unpolluted by vapors; 
    Look on the light of the ages I loved, the spirits majestic, 
    Nobler, better than I; they stand by the throne all transfigured, 
    Vested in white, and with harps of gold, and are singing an anthem, 
    Writ in the climate of heaven, in the language spoken by angels. 
    You, in like manner, ye children beloved, he one day shall gather, 
    Never forgets he the weary;--then welcome, ye loved ones, hereafter! 
    Meanwhile forget not the keeping of vows, forget not the promise, 
    Wander from holiness onward to holiness; earth shall ye heed not 
    Earth is but dust and heaven is light; I have pledged you to heaven. 
    God of the universe, hear me! thou fountain of Love everlasting, 
    Hark to the voice of thy servant! I send up my prayer to thy heaven! 
    Let me hereafter not miss at thy throne one spirit of all these, 
    Whom thou hast given me here! I have loved them all like a father. 
    May they bear witness for me, that I taught them the way of salvation, 
    Faithful, so far as I knew, of thy word; again may they know me, 
    Fall on their Teacher's breast, and before thy face may I place them, 
    Pure as they now are, but only more tried, and exclaiming with gladness, 
    Father, lo! I am here, and the children, whom thou hast given me!"

       Weeping he spake in these words; and now at the beck of the old man 
    Knee against knee they knitted a wreath round the altar's enclosure. 
    Kneeling he read then the prayers of the consecration, and softly 
    With him the children read; at the close, with tremulous accents, 
    Asked he the peace of Heaven, a benediction upon them. 
    Now should have ended his task for the day; the following Sunday 
    Was for the young appointed to eat of the Lord's holy Supper. 
    Sudden, as struck from the clouds, stood the Teacher silent and laid his 
    Hand on his forehead, and cast his looks upward; while thoughts high and holy, 
    Flew through the midst of his soul, and his eyes glanced with wonderful brightness. 
    "On the next Sunday, who knows! perhaps I shall rest in the graveyard! 
    Some one perhaps of yourselves, a lily broken untimely, 
    Bow down his head to the earth; why delay I? the hour is accomplished, 
    Warm is the heart;--I will! for to-day grows the harvest of heaven. 
    What I began accomplish I now; what failing therein is 
    I, the old man, will answer to God and the reverend father. 
    Say to me only, ye children, ye denizens new-come in heaven, 
    Are ye ready this day to eat of the bread of Atonement? 
    What it denoteth, that know ye full well, I have told it you often. 
    Of the new covenant symbol it is, of Atonement a token, 
    Stablished between earth and heaven. Man by his sins and transgressions 
    Far has wandered from God, from his essence. 'T was in the beginning 
    Fast by the Tree of Knowledge he fell, and it hangs its crown o'er the 
    Fall to this day; in the Thought is the Fall; in the Heart the Atonement. 
    Infinite is the fall,--the Atonement infinite likewise. 
    See! behind me, as far as the old man remembers, and forward, 
    Far as Hope in her flight can reach with her wearied pinions, 
    Sin and Atonement incessant go through the lifetime of mortals. 
    Sin is brought forth full-grown; but Atonement sleeps in our bosoms 
    Still as the cradled babe; and dreams of heaven and of angels, 
    Cannot awake to sensation; is like the tones in the harp's strings, 
    Spirits imprisoned, that wait evermore the deliverer's finger. 
    Therefore, ye children beloved, descended the Prince of Atonement, 
    Woke the slumberer from sleep, and she stands now with eyes all resplendent. 
    Bright as the vault of the sky, and battles with Sin and o'ercomes her. 
    Downward to earth he came and, transfigured, thence reascended, 
    Not from the heart in like wise, for there he still lives in the Spirit, 
    Loves and atones evermore. So long as Time is, is Atonement. 
    Therefore with reverence take this day her visible token. 
    Tokens are dead if the things live not. The light everlasting 
    Unto the blind is not, but is born of the eye that has vision. 
    Neither in bread nor in wine, but in the heart that is hallowed 
    Lieth forgiveness enshrined; the intention alone of amendment 
    Fruits of the earth ennobles to heavenly things, and removes all 
    Sin and the guerdon of sin. Only Love with his arms wide extended, 
    Penitence wee ping and praying; the Will that is tried, and whose gold flows 
    Purified forth from the flames; in a word, mankind by Atonement 
    Breaketh Atonement's bread, and drinketh Atonement's wine-cup. 
    But he who cometh up hither, unworthy, with hate in his bosom, 
    Scoffing at men and at God, is guilty of Christ's blessed body, 
    And the Redeemer's blood! To himself he eateth and drinketh 
    Death and doom ! And from this, preserve us, thou heavenly Father! 
    Are ye ready, ye children, to eat of the bread of Atonement? 
    Thus with emotion he asked, and together answered the children, 
    "Yes!" with deep sobs interrupted. Then read he the due supplications, 
    Read the Form of Communion, and in chimed the organ and anthem: 
    "O Holy Lamb of God, who takest away our transgressions, 
    Hear us! give us thy peace! have mercy, have mercy upon us!" 
    Th' old man, with trembling hand, and heavenly pearls on his eyelids, 
    Filled now the chalice and paten, and dealt round the mystical symbols. 
    Oh, then seemed it to me as if God, with the broad eye of midday, 
    Clearer looked in at the windows, and all the trees in the church yard 
    Bowed down their summits of green, and the grass on the graves 'gan to shiver 
    But in the children (I noted it well ; I knew it) there ran a 
    Tremor of holy rapture along through their ice-cold members. 
    Decked like an altar before them, there stood the green earth, and above it 
    Heaven opened itself, as of old before Stephen; they saw there 
    Radiant in glory the Father, and on his right hand the Redeemer. 
    Under them hear they the clang of harpstrings, and angels from gold clouds 
    Beckon to them like brothers, and fan with their pinions of purple.

      Closed was the Teacher's task, and with heaven in their hearts and their faces, 
    Up rose the children all, and each bowed him, weeping full sorely, 
    Downward to kiss that reverend hand, but all of them pressed he 
    Moved to his bosom, and laid, with a prayer, his hands full of blessings, 
    Now on the holy breast, and now on the innocent tresses.




    KING CHRISTIAN
    A NATIONAL SONG OF DENMARK


    King Christian stood by the lofty mast 
       In mist and smoke; 
    His sword was hammering so fast, 
    Through Gothic helm and brain it passed; 
    Then sank each hostile hulk and mast, 
       In mist and smoke. 
    "Fly!" shouted they, "fly, he who can! 
    Who braves of Denmark's Christian 
       The stroke?"

    Nils Juel gave heed to the tempest's roar, 
       Now is the hour! 
    He hoisted his blood-red flag once more, 
    And smote upon the foe full sore, 
    And shouted Loud, through the tempest's roar, 
       "Now is the hour!" 
    "Fly!" shouted they, "for shelter fly! 
    Of Denmark's Juel who can defy 
       The power?"

    North Sea! a glimpse of Wessel rent 
       Thy murky sky! 
    Then champions to thine arms were sent; 
    Terror and Death glared where he went; 
    From the waves was heard a wail, that 
        rent 
       Thy murky sky! 
    From Denmark, thunders Tordenskiol', 
    Let each to Heaven commend his soul, 
        And fly!

    Path of the Dane to fame and might! 
       Dark-rolling wave! 
    Receive thy friend, who, scorning flight 
    Goes to meet danger with despite, 
    Proudly as thou the tempest's might 
       Dark-rolling wave! 
    And amid pleasures and alarm; 
    And war and victory, be thine arms 
       My grave!



    THE ELECTED KNIGHT

    Sir Oluf he rideth over the plain, 
      Full seven miles broad and seven miles wide, 
    But never, ah never can meet with the man 
     A tilt with him dare ride.

    He saw under the hillside 
     A Knight full well equipped; 
    His steed was black, his helm was barred; 
      He was riding at full speed.

    He wore upon his spurs 
      Twelve little golden birds; 
    Anon he spurred his steed with a clang, 
      And there sat all the birds and sang.

    He wore upon his mail 
      Twelve little golden wheels; 
    Anon in eddies the wild wind blew, 
      And round and round the wheels they flew.

    He wore before his breast 
      A lance that was poised in rest; 
    And it was sharper than diamond-stone, 
      It made Sir Oluf's heart to groan.

    He wore upon his helm 
      A wreath of ruddy gold; 
    And that gave him the Maidens Three, 
      The youngest was fair to behold.

    Sir Oluf questioned the Knight eftsoon 
     If he were come from heaven down; 
    "Art thou Christ of Heaven," quoth he, 
     "So will I yield me unto thee."

    "I am not Christ the Great, 
     Thou shalt not yield thee yet; 
    I am an Unknown Knight, 
      Three modest Maidens have me bedight."

    "Art thou a Knight elected, 
      And have three Maidens thee bedight 
    So shalt thou ride a tilt this day, 
      For all the Maidens' honor!"

    The first tilt they together rode 
      They put their steeds to the test, 
    The second tilt they together rode, 
      They proved their manhood best.

    The third tilt they together rode, 
      Neither of them would yield; 
    The fourth tilt they together rode, 
      They both fell on the field.

    Now lie the lords upon the plain, 
      And their blood runs unto death; 
    Now sit the Maidens in the high tower, 
      The youngest sorrows till death.



    CHILDHOOD

    BY JENS IMMANUEL BAGGESEN

    There was a time when I was very small, 
      When my whole frame was but an ell in height; 
    Sweetly, as I recall it, tears do fall, 
      And therefore I recall it with delight.

    I sported in my tender mother's arms, 
      And rode a-horseback on best father's knee; 
    Alike were sorrows, passions and alarms, 
      And gold, and Greek, and love, unknown to me,

    Then seemed to me this world far less in size, 
      Likewise it seemed to me less wicked far; 
    Like points in heaven, I saw the stars arise, 
      And longed for wings that I might catch a star.

    I saw the moon behind the island fade, 
      And thought, "Oh, were I on that island there, 
    I could find out of what the moon is made, 
      Find out how large it is, how round, how fair!"

    Wondering, I saw God's sun, through western skies, 
      Sink in the ocean's golden lap at night, 
    And yet upon the morrow early rise, 
      And paint the eastern heaven with crimson light;

    And thought of God, the gracious Heavenly Father, 
      Who made me, and that lovely sun on high, 
    And all those pearls of heaven thick-strung together, 
      Dropped, clustering, from his hand o'er all the sky.

    With childish reverence, my young lips did say 
      The prayer my pious mother taught to me: 
    "O gentle God! oh, let me strive alway 
      Still to be wise, and good, and follow Thee!"

    So prayed I for my father and my mother, 
      And for my sister, and for all the town; 
    The king I knew not, and the beggar-brother, 
      Who, bent with age, went, sighing, up and down.

    They perished, the blithe days of boyhood perished, 
      And all the gladness, all the peace I knew! 
    Now have I but their memory, fondly cherished;-- 
      God! may I never lose that too!






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  • 04/05/16--10:57: SOCORRO CARRANCO [18.370]

  • SOCORRO CARRANCO

    Nació en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. Mèxico. Desde sus primeros años radicó en la Ciudad de Mèxico, donde realizó estudios Comerciales y Bancarios en el Instituto Washinton de la Ciudad de México .Participó como Actriz radiofónica en la WEW, fotonovelas y doblajes. Como escritora  ha participado en diversos encuentros, recitales y presentaciones. Ha colaborado en revistas y periódicos. Ediciones   recientes ” Hay días en que…,” coautora   con    la poeta chilena Patricia Gómez, “La otra piel”    poemario que fue presentado     en Santiago de Chile. Tiene en su haber varias antologías nacionales e internacionales, y Cds. con diversos autores y de la propia escritora. Pertenece
    a la Asociación de escritores   y  poetas     de Chiapas, A.C. Al  Grupo  Literario Décima Musa,    A  los   Poetas   del   Mundo,  al Grupo Abrace(Uruguay), y a la Agrupación Literaria Puerta Abierta Chile México.



    POEMA 1

    Es el grito que fulmina
    tener sus manos
    ataviadas de sudor
    sobre tu cuerpo.
    Es la bocanada agria
    que sale del beso
    sin testimonio de amor.
    Es la hora de cerrar tus puños
    volver a la razón
    recuperar el corazón
    romper la noche en el desierto.


    Después de las doce del día

    Alguien me mira sentada en el parque a las doce del día
    como si yo fuera una más y estuviera después del sol
    como si viera el sol ausente, muriendo a la hora exacta.

    Esté yo donde quiera estar, seré la misma fiel
    con la edad creciendo desde mi tiempo resarcido
    con la búsqueda y la respuesta después del infinito.

    Esté como esté y si me dejan estar, seré la misma
    no tengo tiempo, ver el vacío apoderarse del mundo.
    Ahora, miro quien me mira después de la doce del día.




    Horas Nuevas”(1990)

    Es un día irrepetible todo es real
    sobre mis mejillas resbalan solas
    No se como detenerles
    se quieren morir en mis labios
    por un amor desleal
    que se cree…¡Dios!

    -

    No quiero un hombre que sea un sueño
    sino a quien amar
    y que me ame sin ser mi dueño.

    -

    Amo a reservas de vivir una dicha fugaz
    para mi…un instante es una eternidad.

    -

    Los recuerdos provocan horas nuevas
    ahí,donde la cintura se dobla,sucumbir desaforada
    y mirar el sueño de una ola enamorada.



    EL VIENTO DE DOLORES

    Para Dolores castro


    El viento 
    descubre tu palabra
    dulce ventura
    para cantar y cantar.
    Hablan tus manos
    el siseo de tu cuerpo
    que trae consigo
    su carga
    su recarga
    y amanece cortejando
    el río de milagros.
    Lo invade un parentesco
    le da lo mismo
    ser brisa o aguanorte.
    El viento
    se despide de sus hojas
    y muere
    resucitando en otoño.


    ll

    Imagino...
    la sombra
    y otra,
    cubrir tu sombra
    que de soledades
    tu alma entiende.
    Imagino...
    una vez y otra
    tus ojos prendidos en el agua
    que miran el fondo de un vaso
    y el vuelo del pájaro caído.
    Van
    mis sueños girando
    quieren llegar
    con los tuyos
    descubrir 
    tu inmensa palabra
    y hablar de ti
    con todo el mundo.


    lll

    Sólo quiero que mis dedos
    se muevan alegres
    y ahuyenten la nostalgia.
    Que hable del mar mi boca
    sin orilla orillado.
    Sólo quiero
    por la lucidez del agua
    por la justa libertad
    y por el amor limpio.
    Sólo quiero
    quedar exánime
    mirar el viento
    cuando no esta contigo.
    Hay tanto
    que decir del sol niño
    de su mirada afable
    y del pájaro
    que era luz
    luz cayendo
    en la colina de tus pies.
    Hay tanto
    que decir de tu palabra
    obediente
    danzarina
    con olor 
    a mazorca
    que desgrana
    la sepultura circe.
    Hay tanto 
    que decir
    que invariable queda
    la conversación pendiente
    y la que viene y la otra...
    Entre pensar
    traer
    mis pensamientos
    me veo sepultada
    en la noche
    de luna vieja
    despertar
    lejos
    tan lejos
    donde nadie 
    alcanza
    mi lámpara
    mojada.


    lV

    A veces...
    te digo cosas
    cosas
    como
    quédate
    quedito
    junto a mi
    Dolores.




    Ignoras mi  Destino

    Hacemos el sexo
    mis venas ordeñas a tu voluntad.
    Te deslizas tranquilo después
    entre las almohadas
    ignorando mi destino.
    Te acuñas en el sueño
    y sigue ahí mi soledad
    embriagándose de mi.
    Ahuyentas mi deseo
    y no te apiadas de mi.
    Forma torpe de montarme
    te puedes perder ahora
    tu mundo fauno
    te reclama.




    Poemas cortos en idioma Tsotsil y español.
    de Socorro Carranco
    Antología: Voz de los Vientos



    Tuk'il be (1)


    Ma´uk ta k´opojel
    ti bu chlok´jc' ichele
    ja' ta jun lekil busts' el
    ti ja' chbat ta lajebal.



    Inverso 
    (Traducción 1)

    No es a través del verso
    donde mi sangre se desliza
    sino en el dulce beso
    que la muerte emana.


    Yak´el xch´unibil (2)

    La jlok' ta jun bi' il xchi' uk jun vinik.
    Ta sti' Ko' onton ti bi´ile í pas ta kora-il
    Li vinike ikom ta jkuxlejal.


    Penitencia
    (Traducción 2)

    Dibujé un nombre y un hombre en mi pecho
    el nombre se volvió mis horas
    y el hombre se quedo en mi lecho.


    Cha' tek' bil(3)


    Oy k´usi xai-o ya' yeluk
    Abex' tale tsjik´ubtasun
    Jnukulile tstsanesot
    Va´i -un ch´ab xa chi batel
    Muyuk K´usi jna'oj.


    Pasos Repetidos
    (Traducción 3)

    Parecía tener significado
    tu cuerpo me ahogaba
    mi piel te ardía
    después...un adiós inesperado.






    .


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    Agustín Ramón Serrano Santiesteban

    (7 de octubre de 1958. El Cerro de Uñas. Velasco. Holguín, Cuba) 

    Poeta, narrador, escritor para niños. Ingeniero Pecuario. Master en Dirección. Profesor Auxiliar. Trabaja como Subdirector Docente en la Escuela Provincial del Ministerio de la Agricultura de Holguín. 

    Ha obtenido diversos premios y menciones en la actividad literaria: Mención especial del jurado en Certamen Internacional de Poesía “Noviembre” en Toledo. España. Diciembre del 2015; Finalista en el  Cuarto Concurso Internacional de Poesía Atiniense. Atina Argentina. 2013; Segundo Premio VII Certamen de Poesia del Colectivo ATAECINA en Terrassa, Barcelona; España. Noviembre de 2010. Tercer Premio del II CONCURSO INTERNACIONAL DE POESÍA “EL MUNDO LLEVA ALAS” de la Editorial Voces de Hoy. Julio de 2010. Estados Unidos; Premio Finalista en poesía del Premio Platero de Cuento y Poesía del Club del Libro en Español de las Naciones Unidas en Ginebra. Junio de 2010. Suiza; Premio del Concurso Carta Lírica de poesía 2000. USA; Mención honorífica en el VII Premio de Poesía Azahar del Ayuntamiento de Conill en España, 1999; Accésit en el Concurso Internacional de Poesía Bustarviejo de Madrid, España, 1999; Primer Premio en poesía y décima del Concurso Nacional XX Aniversario del taller Literario “Nicolás Guillén” de la Universidad de Camagüey. Noviembre de 2009; Primer Premio de Décima en el Concurso Nacional Rubén Martínez Villena de la CTC del 2007; Premio Nacional del Grupo Aladécima del Concurso Regino Pedroso  de la CTC en el 2006; Premio de Poesía del Concurso Nacional Rubén Martínez Villena de la CTC. 2004; Mención en poesía infantil del Concurso Nacional de la CTC Rubén Martínez Villena 2000; Premio Especial Cucalambé en Décimas. Las Tunas 1997; Premio Nacional Cucalambé en Décimas. Las Tunas 1996; Premio Vicente Espinel en Décimas. Holguín 1995; Mención Concurso Cucalambé. Las Tunas.  1994; Mención Concurso Hnos. Loynaz en Décima. Pinar del Río 1993; Premio del Concurso Inicios. Poesía.  Revista Somos Jóvenes.1986; Mención Premio de la Ciudad Poesía Infantil. Holguín. 1997; Mención Adelaida del Mármol. Poesía. Holguín. 1996; Mención Premio de la Ciudad Décima 1994; Holguín. Mención Premio de la Ciudad Poesía 1993. Holguín; Mención Adelaida del Mármol Poesía 1990. Holguín; entre otros.

    Ha publicado los cuadernos: Instantes en la Memoria. Cuaderno de Décimas. Holguín. 1995; Sitios de la Voz. 1997. Cuaderno de Décimas. Premio Cucalambé. 1996. Las Tunas; Había otra vez. Enero del 2001. Cuaderno de Literatura infantil. Cuento y Poesía; Confesiones del Inocente. Cuaderno de poesía. Ediciones Holguín. Colección Comunidad. 2003. Poesía en Versos Libres; A corazón abierto. Cuaderno de décimas. Ediciones Holguín. 2012 y La extraña brevedad. Selección de decimistas velasqueños. Ediciones Holguín 2014. 

    Poemas suyos han sido recogidos en diversas antologías de Cuba y el extranjero: Antología Anual de Poetas del Mundo 2015; Antología Anual de Poetas del Mundo 2014. Primera Edición; Antología del IV Concurso Internacional de Poesía Atiniense 2013. Argentina; Antología de la décima cósmica en Holguín. Frente de Afirmación Hispanista A.C.  México 2002; Antología de la Poesía Cósmica Cubana. Segundo Tomo. Frente de Afirmación Hispanista A.C.  México  2001; Antología de Ámbito.1993. Poesía; Libro Homenaje a Celia Sánchez. Antología Poetas del Mediodía. 1995. Las Tunas. Décimas; Navegas isla de oro. Literatura Infantil. Editorial gente Nueva y Esta cárcel de aire puro. Décimas. Ediciones Unión; Mínima Noticia. Antología de poetas holguineros. Octubre del 2000 Ediciones Holguín; El breve puente. Ediciones Holguín.2007; Ciudad con nosotros. Poesía. Holguín. 2010. Entre otros. 

    También en revistas y publicaciones de Cuba y el extranjero tales como: Revista Ámbito; Revista Serranía; Revista Quehacer; Somos Jóvenes; Verde Olivo; Revista Casa de las Américas; Revista Vitral; Revista de Agricultura Orgánica; Periódico Ahora y Trabajadores, en Cuba; Carta Lírica USA; Diario argentino La Palabra; Revista Sensación de Cultura de Argentina; Diario La Noticia. Tucumán. Argentina; Aguamarina; Revista ALALUZ;  Revista Azahar; Revista MAMBI;  Revista Arboleda y El Ateneo Norte de España.

    Es miembro del Grupo Nacional de Escritores Rurales, del Grupo Aladécima; del Grupo Espinel Cucalambé; del Grupo Poetas del Mundo; de la Red Mundial de Escritores en Español y del Registro del Creador Literario en Cuba.

    Divulga el quehacer cultural desde Velasco, Holguín en sus blogs: aserrano.cubava.cu y aserranoss.wordpress.com


    POEMAS

    LA VIDA SE ME VA CON LO QUE ESCRIBO
                                                  Joaquín Sabina


    La muerte es una puerta que el azar 
    dejó sin llave y tiene libre acceso,
    dice llevar un nombre, un sitio impreso,
    una fecha que no puedes evitar

    La muerte no se afana en perseguirte,
    no importa si es otoño o primavera;
    no falla su elección, tan solo espera
    la hora precisa para recibirte.

    Puede venir la muerte por los años
    a dejarme sin luz, solo y cautivo,
    donde Hades fomenta sus rebaños.

    No me preocupo ahora, sobrevivo,
    más sé perfectamente sin engaños:
    la vida se me va con lo que escribo.



    VISIONES DEL PEREGRINO

    Estas vísperas son las de después.
     Joaquín Sabina

    Esta semana tiene veinte días
    Esta tristeza un  Tera de razones
    Esta llovizna empapa corazones
    Esta noticia es pobre en alegrías

    Estos pasajes son de otras historias
    Este boleto nunca tuvo avión
    Estas palabras huelen a traición
    Estos soldados morirán sin glorias

    Este sinsonte perderá su trino
    Esta arboleda puede ser fatal
    Esta sombra cansada es el destino
    Este abuelo que pasa es un chaval    
    Estos pasos no encontrarán camino
    Este hombre sigue siendo un animal.



    REFLEXIONES EN SOLEDAD

    Esta huella que sorbo lentamente,
    sombra de tanto insomnio pasajero,
    es un resquicio del pasado fiero
    detenido en mis ojos del presente.

    De nuevo estoy a solas y la gente
    me olvida en la penumbra del sendero,
    después de tanto tiempo nada espero,
    sólo mi soledad, pacto inclemente. 

    Quizás a solas sea más seguro
    partir entre las sombras sin aviso, 
    deshecho del más pérfido conjuro.

    Soy una sombra más, un indeciso
    ser que atraviesa el tiempo sin apuro
    sabiendo que no existe el paraíso. 



    CONSEJO PARA LOS QUE NO TIENEN 
    UNA CIUDAD

    Para  Záimar

    Hoy la ciudad va a perderse
    en el mar, falso remedio
    para luchar contra el tedio 
    que la sitia. Quién ejerce
    tanto influjo; quien retuerce
    sus calles, su cruz, su emblema;
    quién coloca su dilema
    en los rostros taciturnos
    de caminantes nocturnos.

    La ciudad es un problema
    si la insensatez la arruina;
    la ciudad pierde su sello 
    y el parque es solo un destello
    de luces en una esquina. 
    Si la ciudad determina
    perderse, huir a la mar, 
    de nada vale llorar;
    es inútil detenerla,
    resignarnos a perderla.
    Nos corresponde aceptar
    su decisión sin chistar.
    Somos culpables. Por tanto
    nada de invocar el llanto.
    Dejadla que llegue al mar,
    ojalá pueda olvidar 
    en el agua su tristeza

    Si la ciudad vuelve ilesa, 
    cuando vuelva, por favor,
    bríndenle un poco de amor,
    saluden con la cabeza.
    Y no olviden: la ciudad
    no es un montón de basura
    aunque la vida sea dura
    y más dura la verdad.

    Aprueben su libertad,
    sin burlas, sin sobrenombres;
    pongan a sus calles nombres,
    no intenten otra salida.
    En una ciudad perdida
    no valen nada los hombres.



    LOS INOCENTES YA NO ESCRIBEN 
    PALABRAS EN LA ARENA

    Los inocentes se sientan en el parque
    bajo una corona de alcohol y sombras
                                                 que vacilan
    intercambian billetes   asienten
                                 y disienten sin descanso
    los abrumo un número    una chapa
    el velo de la suerte
                   que ellos mismos quiebran
    Los inocentes tienden su lazo
    entre latones de basura olvidados
    y decenas de hombres - máquinas - dinero
    que esparcen sus bazares en cada rincón
                                                     de esta ciudad

    Los inocentes ya no escriben palabras
                                                      en la arena
    justo cuando los bañistas abandonan la playa
    Ellos fabrican la gloria a su  manera
    y le prodigan un cantar de gesta
    a quienes traspasan los límites del lodo
    Los inocentes le niegan su mano
                                               a la miseria  
    Pobres hombres diablos
    jineteros de la otra