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  • 04/09/16--08:02: JOSÉ-PABLO JOFRÉ [18.400]
  • Fotografía de Ginés Olivares


    José-Pablo Jofré

    Santiago, Chile, 1974. Poeta, vive y trabaja en Berlín. 
    Publiqué Usted (Milena Berlin, 2013) y Abecedario (Siníndice, 2012; Salc, 2009 –con el seudónimo Jofre Rueca–). Junto al guitarrista Andi Meissner lidero el dúo de poesía musical Jofré Meissner Project –que en abril de 2014 estrenó su performance La edad ligera en el festival Crossroads de Nueva York (eL Paper Magazine/Local Project/Music Under the 7)–. En 2012, mi poema “La edad ligera” formó parte de la acción “Bombing of poems” (Casagrande/Southbank Center) sobre el Jubilee Garden de Londres, y en 2010 recibí por unanimidad el Premio Ciutat Sant Andreu de la Barca (Fòrum Cultural Gaspar de Preses) por “La danza de la existencia”.


    Una vieja*

    No señor. Ni las arrugas estas que usted ve, ni la carne que 
    se me cae a pedazos, ni la sonrisa desfigurada; nada, nada de esto es mío.
                Yo soy aquel interior infinito y siempre joven, sumergida
                en estas ideas rígidas, que no saldrán de mí por más que la muerte
                canosa y gagá amenace con quitarme la esencia. ¿Desquiciada? 
    Pues sí, desquiciada, aferrada a todo: a mis nietos y
    a la descendencia, a mis antepasados, a mis pertenencias, 
    a la patria, aquella estructura que se me escurre por este cuerpo cada vez
                más huesudo, cada vez más siniestro y ausente. Moriré así,
                creyendo contener en estas manos transparentes 
    el líquido feroz de mi interior siempre joven.

    * Poema publicado en la antología Tejedor en... berlín, editado por Ernesto Estrella y Jorge Locane, L.U.P.I., Sestao 2015, también parte de Extranjería, a publicar en Ediciones Bizarras, Ciudad de Guatemala 2016.



    BESO

    Conversación de bocas
    intercambio taquicárdico de sueños,
    esperanza proyectada en saliva.
    Un abrazo de labios.
    La comida del otro.

    El beso es un animal recién procreado. Habla, gime,
    se retuerce en su placenta. Resiste
    al abandono que llegará; inevitablemente.
    Y cargaremos restos de cadáver: dos gotas de besos muertos,
    en la comisura de los labios, entre los dientes de luto.


    "Abecedario", de José-Pablo Jofré
    Editorial Siníndice: "Abecedario", septiembre de 2012.

    Hace unos años afirmé, entre serio e irónico, lo siguiente: “A mí no me molesta no haber escrito La Eneida, ni Libro de buen amor, ni El Quijote, ni Hamlet, ni Trilce, ni Cien años de soledad, ni siquiera me duele no ser el autor de La sombra del viento o El juego del ángel. Lo que me atormenta es no haber sido capaz de escribir un diccionario.”
       
    Seguramente el sueño, y la pesadilla, de muchos escritores occidentales desde el nacimiento de la modernidad pase por escribir e imponer su diccionario personal, es decir, por corregir y alterar los diccionarios comunes. Algunos lo intentan de hurtadillas; otros, de frente.
       
    José-Pablo Jofré, desde su primer poemario-abecedario, escribe de frente y sabe a lo que se enfrenta: ha de mostrar sus palabras, que son por fuerza también las de los otros –caravana, narcolepsia, o quejido– y ha de rebautizarlas con sus significados personales, privados, que pueden convertirse no obstante y de pronto en significaciones compartidas –beso, conversación de bocas; pereza soy yo; umbral, ambigüedad total de lugar–.
       
    Con un libro acertado y valiente, José-Pablo Jofré se suma a la tarea interminable de modificar los diccionarios. Podemos llamarla también literatura.

    Por Sergio Gaspar 





    .


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    Óscar Rodrigáñez Flores 

    Nace en Madrid, España. 
    Diplomado en Osteopatía y Técnico Superior en Comercio Internacional. 
    Presidente de Ediciones El Búho Búcaro “Poesía y Danza Española”
    En 2014 Recibió la medalla al mérito por gestor cultural en el 13º Encuentro Internacional de Poesía, en Punta del Este, Uruguay.
    Es miembro del Comité Representante en Europa de la Editorial Botella al Mar del Encuentro Internacional de Escritores de las dos Orillas, Uruguay.

    Publicaciones:

    2007 Publica Revista Cultural “Spin” de Luarca (Asturias)
    2009 Ganador del Concurso “Otoño y sus frutos” en Radio Oasis, de Salamanca 
    2010 Participa en la antología “Raíces de Mármol, Alas de Lluvia”
    2010 Revista Cultural del Colegio Buero Vallejo de S.S. Reyes (Madrid) 
    2011 Revista Cultural del Ateneo S.S. de los Reyes (Madrid) 
    2013 Publica “Aman-ecer vs Atar- decer” Editorial CERSA/Búho Búcaro,en colaboración  con Pilar Sastre Tarduchy.
    2013 y 2014 Participó en el 12º y 13º Encuentro Internacional de Poetas y Narradores de las dos Orillas en Punta del Este, Uruguay.
    2013 Participa en la Antología Botella al Mar, Letras Americanas (cuentos y poemas) Volumen II, y 2014 volumen III. 
    2014 Publica “Delicado Vaho Insomne” Editorial CERSA/Búho Búcaro, en colaboración con Pilar Sastre Tarduchy.
    2014 Publica poemas en el Periódico “Getafe Más” Madrid, España. 
    2014 Participa en la Antología “L’Amore dalla A dalla Z”, Italia.
    2015 Participa en la Antología del II Encuentro de Poesía en Úbeda.
    Julio 2015 participa en el IV Recital solsticio poético de cuevas de san Marcos (Málaga).
    2015 Antología IV Encuentro Baños de la Encina, Jaén. 
    2015 Antología “NEcesarias PALabras” Editorial Unaria. 

    Proyecto solidario Creciendo en Nepal.

    2016 Antología Grito de mujer, Madrid 2016 “Flores del desierto” Editorial Unaria.
    2016 Antología XIV Encuentro de poetas en red. Cáceres 2016

    Sus Textos han sido traducidos al Italiano y al Francés. 




    INSOMNE

    Tu reflejo está insomne en el espejo,
    perdido entre la ira,
    cabizbaja,
                    iluminando la navaja afilada
    penetrando tus delicadas muñecas,
    no,
        no estás sola.

    Has sufrido espacios vacíos
    heridas abiertas aliñadas con sal,
    pero tus costuras invisibles
    conocen el dolor.

    Ahora, tu pobre voz famélica
    filtra el secreto de tu savia,
    en las Heras perdidas
    del último minuto insomne.

    del Libro: 
    Delicado Vaho Insomne



    Lágrima de sal

    He perdido los papeles,
    buscándote en el ruido del mar,
    ola tras ola
                      atenazado
                                         vagando entre gemidos.

    Desgasto mi vista entre la arena,
    entre la dulce melodía invernal
    bajo el tapiz de la cobardía.

    Germina el sufrimiento,
    en el último sollozo
                                       que acarició,
                                                               la piel de mi espalda.

    del libro:
    Delicado vaho insomne 



    Añoranza perpetua

    Tristeza incierta que dormitas en mi,
    tristeza, tras los cristales empañados de luz
    busco en las nubes deshilachadas, pétalos dulces
    calma y el olor del mar,
    pero no estás tú,
    sigo prisionero del dolor y las tinieblas,
    entre estos versos tímidos
    que lloran por mis manos frías.

    Desafío el humo de la libertad
    y rehúyo de ti, de tu mundo inerte,
    del añoro de aquellas tardes, valiosas,
    donde los recuerdos, inútiles y vanos,
    son uno más de un mal sueño.

    Hoy, envejecido por los años
    existe una razón para seguir escribiendo,
    para expresarte desde mis entrañas
    que la amistad se presiente
    y el amor, es simplemente,
    esfuerzo, espera, fugacidad infinita.

    del libro:
    XIV Encuentro de Poetas en Red 2016




    Vuelo Final

    Suelo volar a ras de tus ojos,
    te busco, pero las caricias se vuelven ásperas,
    tu objetivo es herir las gotas de sangre
    que nunca he derramado
                                             a tus pies,
                                                              en tu vida,
                                                                               eternidad maldita.

    Soledad pasajera del alma
    sin poder tocarte,
    -sin Adán para Eva-
    luna recostada en mi hombro,
    faro buscador de caminos sin trabas.

    Ahora volaré alto
    para que puedas disparar
    y eliminar el dolor
    que nunca amaste.

    del Libro:
    Letras Americanas
    cuentos y poemas
    ed. Botella al mar
    Uruguay 2014



    CORAZÓN DE HIELO

    Te observo inmóvil,
    busco tu perfume tras el crepúsculo
    para que vuelva a unirnos
    y sentir
                de nuevo
                               la presión de tus labios.

    Cae una aurora boreal
    y brindamos con vasos de hielo,
    finges,
            oigo tus párpados
    y ahora solo,
                       tirito bajo la equívoca
                                                        sombra del sol.



    Cuore di gelo

    Ti asservo immobile,
    cerco il tuo profumo nel crepuscolo
    perché ritorni a unirci
                                      e sentiré
                                             di nuovo
                                                         la pressione dei tuoi labbri.

    Sorge un’aurora boreale
    e brindiamo in vasi di gelo,
                       fingi,
                                  ascolto le tue palpebre
    e ora soltanto intirizzisco                                                    
    sotto l’ombra equivoca del sole.


    del libro
    L’Amore
    della a alla z
    Italia 2013






    .

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  • 04/10/16--15:43: OCEAN VUONG [18.402]

  • Ocean Vuong 

    (Saigón, 1988) 

    Es el autor de Night Sky with Exit Wounds (Copper Canyon Press, 2016). Obtuvo la beca Ruth Lilly en 2014 y su poesía ha recibido reconocimientos por parte de la Fundación Civitella Ranieri, la Fundación Elizabeth George, la Academia de Poetas Americanos (Academy of American Poets), la revista literaria Narrative y el premio Pushcart. Sus textos han aparecido en Kenyon Review, GRANTA, The Nation, New Republic, The New Yorker, The New York Times, Poetry y American Poetry Review, la cual le concedió el premio para poetas jóvenes Stanley Kunitz. Actualmente vive en la ciudad de Nueva York.

    Ocean Vuong

    Born in Saigon, poet and editor Ocean Vuong was raised in Hartford, Connecticut, and earned a BFA at Brooklyn College (CUNY). In his poems, he often explores transformation, desire, and violent loss. In a 2013 interview with Edward J. Rathke, Vuong discussed the relationship between form and content in his work, noting that “Besides being a vehicle for the poem’s movement, I see form as … an extension of the poem’s content, a space where tensions can be investigated even further. The way the poem moves through space, its enjambment or end-stopped line breaks, its utterances and stutters, all work in tangent with the poem’s conceit.” Acknowledging the ever-increasing number of possible directions each new turn in a poem creates, Vuong continued, “I think the strongest poems allow themselves to collapse completely before even suggesting resurrection or closure, and a manipulation of form can add another dimension to that collapse.”

    Vuong is the author of the poetry chapbooks No (2013) and Burnings (2010), which was an Over the Rainbow selection by the American Library Association. His work has been translated into Hindi, Korean, Russian, and Vietnamese. His honors include fellowships from the Elizabeth George Foundation, Poets House, Kundiman, and the Saltonstall Foundation for the Arts as well as an Academy of American Poets Prize, an American Poetry Review Stanley Kunitz Prize for Younger Poets, a Pushcart Prize, and a Beloit Poetry Journal Chad Walsh Poetry Prize.

    In 2014, Vuong was awarded a Ruth Lilly and Dorothy Sargent Rosenberg Poetry fellowship from the Poetry Foundation. He lives in Queens, New York, where he serves as managing editor for Thrush Press. His Night Sky With Exit Wounds is forthcoming from Copper Canyon Press in 2016.



    Traducción de Elisa Díaz Castelo [*]



    Rompe hogares

    Y así fue como bailamos: arrastrando los vestidos
    blancos de nuestras madres, agosto

    volvía nuestras manos rojo oscuro. Y así amamos:
    medio litro de vodka y una tarde en el desván, tus dedos

    acariciando mi pelo; mi pelo un incendio.
    Nos cubríamos los oídos y los arranques de tu padre

    se convertían en latidos. Cuando nuestros labios se tocaron el día se cerró
    como un ataúd. En el museo del corazón

    dos personas sin cabeza construyen una casa en llamas.
    La escopeta siempre estuvo sobre la chimenea.

    Siempre hay tiempo para matar, sólo para rogarle a un dios
    que lo devuelva. Si el desván no, el coche. Si el coche no,

    el sueño. Si el chico no, su ropa. Si vivo no,
    cuelga el teléfono. Porque el año es una distancia

    que hemos recorrido en círculos. Es decir: así
    bailamos: a solas en cuerpos dormidos. Es decir:

    así nos amamos: en la lengua un cuchillo que se vuelve
    una lengua.




    Algún día amaré a Ocean Vuong

    A partir de Frank O’Hara y Roger Reeves


    Ocean, no tengas miedo.
    El final del camino está tan adelante
    que ya lo dejamos atrás.
    No te preocupes. Tu padre sólo es tu padre
    hasta que alguno de los dos lo olvide. Así como tu columna
    no recordará sus alas
    sin importar cuántas veces
    se doblen tus rodillas. Ocean,
    ¿me escuchas? La parte más hermosa
    de tu cuerpo es donde sea
    que caiga la sombra de tu madre.
    Aquí está la casa con la niñez
    reducida a una cerca de alambre rojo.
    No te preocupes. Sólo llámala horizonte
    y nunca la alcanzarás.
    Aquí está hoy. Salta. Te prometo que no es
    un bote salvavidas. Aquí esta el hombre
    con brazos lo suficientemente amplios para abarcar
    tu partida. Y aquí el momento, justo
    después de apagar las luces, en el que aún puedes ver
    la antorcha débil entre sus piernas.
    Cómo la usas una y otra vez
    para encontrar tus propias manos.
    Pediste una segunda oportunidad
    y te han dado una boca donde vaciarte.
    No tengas miedo, los disparos
    son sólo el sonido de la gente
    tratando de vivir un poco más. Ocean. Ocean,
    levántate. La parte más hermosa de tu cuerpo
    es a dónde se dirige. Y recuerda,
    incluso la soledad es tiempo
    que pasas con el mundo. Aquí está
    el cuarto con todos adentro.
    Tus amigos muertos atravesando
    tu cuerpo como el aire
    las campanas de viento. Aquí un escritorio
    con una pata coja y un ladrillo
    que la sostiene. Sí, aquí hay un cuarto
    tan cálido y sanguíneo
    que, te juro, al despertar
    vas a creer que estas paredes
    son de piel.





    Dime algo bueno

    Estás en el campo minado otra vez.
    Alguien que ahora está muerto

    te dijo que es aquí donde aprenderás
    a bailar. Nieve sobre los labios como una cortada

    con sal, saltas entre tus muertes, negro como la menstruación
    de un dios. Tus brazos abren pequeñas heridas

    en el viento. Eres algo hecho. Y luego
    te hicieron sobrevivir, lo cual quiere decir que eres

    hijo de alguien. Lo cual quiere decir que si abres los ojos habrás vuelto
    a esa casa, estarás bajo una cobija estampada con veleros amarillos.

    El novio de tu madre, su calva anillada de pelo rojo
    como un planeta incendiado, se hinca

    de nuevo junto a tu cama. Olor de whisky y Oreo
    molido. La nieve entra por la ventana: cenizas que retornan

    de una fábula fallida. Su mano con tinta derramada
    sobre tu pecho. Y sigues bailando dentro del campo minado

    sin moverte. Las cortinas aletean. La luz ambarina
    bajo la puerta. Su respiración. Su cara azul y húmeda: la tierra

    girando en la órbita de nadie. Y tú quieres que alguien diga Oye… Oye…
    creo que bailas precioso. Me muero por un poco de vals,

    querido. Quieres que alguien diga que todo esto
    sucedió hace mucho. Que una noche, muy pronto, empacarás

    tu libro de bolsillo favorito y la .45 de tu madre,
    que el refugio más seguro siempre fue el pensamiento

    sobre tu cabeza. Que es justo (tiene que serlo)
    cómo nuestras manos nos lastiman y luego nos dan

    el mundo. Cómo puedes amar el mundo
    hasta que no queda nada por amar

    más que uno mismo. Y luego puedes detenerte.
    Luego puedes alejarte de nuevo, de vuelta a la niebla

    que empareda el campo minado, donde la arteria en tu cuello
    te adora hasta cero. Puedes alejarte. Puedes ser nada

    y seguir respirando. Créeme.



    [*]  Elisa Díaz Castelo (Ciudad de México, 1986) es poeta y traductora. Estudió Lengua y Literaturas Modernas Inglesas en la UNAM. Con el apoyo de las becas Fulbright y Goldwater, cursó la Maestría en Literatura Creativa en la Universidad de Nueva York (NYU). Dos poemas suyos ganaron segundo lugar en el premio de poesía de Literal Latté y fue seleccionada como semi-finalista en el premio de Tupelo Quarterly. Sus poemas en español se han publicado en las revistas Periódico de Poesía, Los Bárbaros y Sobremesa, entre otras. Actualmente vive en la Ciudad de México y es becaria del FONCA.





    A Little Closer to the Edge

    Young enough to believe nothing
    will change them, they step, hand-in-hand,

    into the bomb crater. The night full
    of black teeth. His faux Rolex, weeks

    from shattering against her cheek, now dims
    like a miniature moon behind her hair.

    In this version the snake is headless — stilled
    like a cord unraveled from the lovers’ ankles.

    He lifts her white cotton skirt, revealing
    another hour. His hand. His hands. The syllables

    inside them. O father, O foreshadow, press
    into her — as the field shreds itself

    with cricket cries. Show me how ruin makes a home
    out of hip bones. O mother,

    O minutehand, teach me
    how to hold a man the way thirst

    holds water. Let every river envy
    our mouths. Let every kiss hit the body

    like a season. Where apples thunder
    the earth with red hooves. & I am your son.





    Aubade with Burning City
               
    South Vietnam, April 29, 1975: Armed Forces Radio played Irving Berlin’s “White Christmas” as a code to begin Operation Frequent Wind, the ultimate evacuation of American civilians and Vietnamese refugees by helicopter during the fall of Saigon.


                Milkflower petals on the street
                                                         like pieces of a girl’s dress.

    May your days be merry and bright ...

    He fills a teacup with champagne, brings it to her lips.
                Open, he says.
                                            She opens.
                                                          Outside, a soldier spits out
                his cigarette as footsteps
                                fill the square like stones fallen from the sky. May all
                                             your Christmases be white as the traffic guard
                unstraps his holster.

                                            His hand running the hem
    of  her white dress.
                                His black eyes.
                Her black hair.
                                A single candle.
                                            Their shadows: two wicks.

    A military truck speeds through the intersection, the sound of children
                                            shrieking inside. A bicycle hurled
                through a store window. When the dust rises, a black dog
                                lies in the road, panting. Its hind legs
                                                                                       crushed into the shine
                                                          of a white Christmas.

    On the nightstand, a sprig of magnolia expands like a secret heard
                                                                          for the first time.

    The treetops glisten and children listen, the chief of police
                                    facedown in a pool of Coca-Cola.
                                                 A palm-sized photo of his father soaking
                    beside his left ear.

    The song moving through the city like a widow.
                    A white ...    A white ...    I’m dreaming of a curtain of snow

                                                              falling from her shoulders.

    Snow crackling against the window. Snow shredded

                                               with gunfire. Red sky.
                                  Snow on the tanks rolling over the city walls.
    A helicopter lifting the living just out of reach.

                The city so white it is ready for ink.

                                                         The radio saying run run run.
    Milkflower petals on a black dog
                                like pieces of a girl’s dress.

    May your days be merry and bright. She is saying
                something neither of them can hear. The hotel rocks
                            beneath them. The bed a field of ice
                                                                                     cracking.

    Don’t worry, he says, as the first bomb brightens
                                 their faces, my brothers have won the war
                                                                           and tomorrow ...    
                                                 The lights go out.

    I’m dreaming. I’m dreaming ...    
                                                                to hear sleigh bells in the snow ...    

    In the square below: a nun, on fire,
                                                runs silently toward her god — 

                              Open, he says.
                                                             She opens.




    DetoNation

    There’s a joke that ends with — huh?
    It’s the bomb saying here is your father.

    Now here is your father inside
    your lungs. Look how lighter

    the earth is — afterward.
    To even write the word father

    is to carve a portion of the day
    out of a bomb-bright page.

    There’s enough light to drown in
    but never enough to enter the bones

    & stay. Don’t stay here, he said, my boy
    broken by the names of flowers. Don’t cry

    anymore. So I ran into the night.
    The night: my shadow growing

    toward my father.






    On Earth We’re Briefly Gorgeous

    i

    Tell me it was for the hunger
    & nothing less. For hunger is to give
    the body what it knows

    it cannot keep. That this amber light
    whittled down by another war
    is all that pins my hand

    to your chest.


    i


    You, drowning
    between my arms —
    stay.

    You, pushing your body
    into the river
    only to be left
    with yourself —
    stay.


    i


    I’ll tell you how we’re wrong enough to be forgiven. How one night, after
    backhanding
    mother, then taking a chainsaw to the kitchen table, my father went to kneel
    in the bathroom until we heard his muffled cries through the walls.
    And so I learned that a man, in climax, was the closest thing
    to surrender.


    i


    Say surrender. Say alabaster. Switchblade.
    Honeysuckle. Goldenrod. Say autumn.
    Say autumn despite the green
    in your eyes. Beauty despite
    daylight. Say you’d kill for it. Unbreakable dawn
    mounting in your throat.
    My thrashing beneath you
    like a sparrow stunned
    with falling.


    i


    Dusk: a blade of honey between our shadows, draining.


    i


    I wanted to disappear — so I opened the door to a stranger’s car. He was divorced. He was still alive. He was sobbing into his hands (hands that tasted like rust). The pink breast cancer ribbon on his keychain swayed in the ignition. Don’t we touch each other just to prove we are still here? I was still here once. The moon, distant & flickering, trapped itself in beads of sweat on my neck. I let the fog spill through the cracked window & cover my fangs. When I left, the Buick kept sitting there, a dumb bull in pasture, its eyes searing my shadow onto the side of suburban houses. At home, I threw myself on the bed like a torch & watched the flames gnaw through my mother’s house until the sky appeared, bloodshot & massive. How I wanted to be that sky — to hold every flying & falling at once.


    i


    Say amen. Say amend.

    Say yes. Say yes

    anyway.


    i


    In the shower, sweating under cold water, I scrubbed & scrubbed.


    i


    In the life before this one, you could tell
    two people were in love
    because when they drove the pickup
    over the bridge, their wings
    would grow back just in time.

    Some days I am still inside the pickup.
    Some days I keep waiting.


    i


    It’s not too late. Our heads haloed
    with gnats & summer too early
    to leave any marks.
    Your hand under my shirt as static
    intensifies on the radio.
    Your other hand pointing
    your daddy’s revolver
    to the sky. Stars falling one
    by one in the cross hairs.
    This means I won’t be
    afraid if we’re already
    here. Already more
    than skin can hold. That a body
    beside a body
    must make a field
    full of ticking. That your name
    is only the sound of clocks
    being set back another hour
    & morning
    finds our clothes
    on your mother’s front porch, shed
    like week-old lilies.




    Toy Boat

    For Tamir Rice

    yellow plastic
    black sea

    eye-shaped shard
    on a darkened map

    no shores now
    to arrive — or
    depart
    no wind but
    this waiting which
    moves you

    as if the seconds
    could be entered
    & never left

    toy boat — oarless
    each wave
    a green lamp
    outlasted

    toy boat
    toy leaf dropped
    from a toy tree
    waiting

    waiting
    as if the sp-
    arrows
    thinning above you
    are not
    already pierced
    by their own names




    Ocean Vuong (1988) es la sensación de la nueva poesía norteamericana. Ha llegado a decirse que su lenguaje poético renueva el inglés todo. Presentamos la conversación que hoy mismo, en el New Yorker, sostuvo con Daniel Wenger. Ocean Vuong es autor de los libros de poemas: Burnings (2010), No (2013) y Night Sky with Exit Wounds (2016), La traducción de la entrevista es de Esteban López Arciga y la fotografía de portada de Peter Bienkowski.

     http://circulodepoesia.com/2016/04/de-como-un-poeta-llamado-ocean-pretende-arreglar-la-lengua-inglesa/

    De cómo un poeta llamado Ocean pretende arreglar la lengua inglesa

    Ocean Vuong no es un poeta experimental, pero es un poeta del experimento americano. En “Notebook Fragments”, un largo poema de dudas y choques, escribe: “Un soldado americano se cogió a una chica de pueblo vietnamita. Ergo mi madre existe. /Ergo yo existo. Ergo no bombas = no familia = no yo.” Después agrega: “Uff”. Unos versos más abajo, la voz poética besa el cuerpo de un hombre,

                    suavemente, como uno besaría una granada
    antes de arrojarla a la boca de la noche.

                    Quizá la lengua es también una llave.
    Uff.
    Podría comerte me dijo, acariciando mi mejilla con sus nudillos.

    Vuong nació en 1989, en una granja de arroz afuera de Saigón; dos años después, él y sus seis parientes emigraron a Hartford, Connecticut, donde vivieron juntos en un apartamento de una habitación. En la escuela, Vuong fue abofeteado por el inglés antes de poder usarlo —su familia era analfabeta, y él no aprendió a leer hasta los once años.

    “Para un americano nacido aquí, lo mundano podría ser aburrido, pero para mí el inglés coloquial era un destino”, Vuong me dijo recientemente la tarde de un martes, acomodado en una cabina del Caffè Reggio, su guarida en Greenwich Vilage. Ahora de veintisiete años, recientemente ganó el Whiting Award, y esta semana Copper Canyon Press publicó su primer libro Night Sky with Exit Wounds. Hace dos años, cuando le dijeron a Vuong que su manuscrito había sido aceptado, él estaba tomando un tren de su casa en Astoria a su primer taller en la New York University, donde está a punto de terminar su maestría.

    En el Caffè Reggio, Vuong bebió té de jazmín y vistió una camisa de seda negra con un estampado de puntos blancos. “Este lugar es un viaje en el tiempo”, dijo apuntando a los toneles plateados que alguna vez producían expresos —La primera máquina así en América, hecha en Italia— y al mostrador donde Joseph Brodsky, otro poeta de lengua Inglesa que no empezó con el inglés, alguna vez recogió su correo. Era un ambiente adecuado para alguien influenciado por la franca ironía de Frank O’Hara y el folclorismo exótico de Federico García Lorca.

    Leer a Vuong es como ver a un pez moverse: sortea las distintas corrientes del inglés con intuición muscular. Sus poemas son por momentos agraciados (“Tú, empujando tu cuerpo /al río /para estar sólo/ contigo”) y sorprendentes (”Di rendirse. Di alabastro. Navaja/Madreselva. Solidago. Di otoño”). Sus versos son tanto cortos como largos, su pose narrativa y lírica, su dicción formal y despreocupada. Desde el exterior, Vuong ha creado una poesía de inclusión.

    En su oreja derecha, Vuong usa un pequeño arete de perla que alguna vez le perteneció a la madre de su madre. Suele hablar de cómo fue criado por mujeres —Su padre fue encarcelado por golpear a la madre, poco después de que la familia llegó a Hartford, la pareja se divorció casi de inmediato. Cuando Vuong era un niño su madre y su abuela le enseñaron sus canciones de campo y sus aforismos. En Notebooks Fragments las parafrasea diciendo: “Incluso la dulzura puede raspar la garganta, así que revuelve bien el azúcar. Abuela.”

    Fue la madre de Vuong, una manicurista, la que le dio su nombre (nació como Vinh Quoc Vuong). En un día de verano en el salón de pedicura, ella le dijo a un cliente que quería ir a la playa. Decía reiteradamente “Quiero ir a la playa[1]“ Vuong me dijo. El cliente sugirió que usara la palabra Ocean. Al saber que el océano no era una playa, sino un cuerpo de agua que toca varios países —incluyendo Vietnam y los Estados Unidos— decidió renombrar a su hijo.

    El océano es un cliché poético, y Vuong se toma los clichés muy en serio. “Vienen de una crisis del lenguaje” dijo. “Han perdido su uso”. En “Someday I’ll love Ocean Vuong” publicado el año pasado en esta revista[2], Vuong le inyecta a su nombre nuevo significado. Empieza:

                    Ocean, no tengas miedo.
    El fin del camino está tan lejano
    que ya está detrás de nosotros.
    No te preocupes. Tu padre es sólo tu padre
    hasta que alguno de los dos lo olvide.

    Después, Vuong combina la ubicación oceánica con otro tropo cercano, el lenguaje de la auto-motivación: “Ocean, /¿Escuchas?” “Ocea- /Levántate.” El mar se convierte en un organismo necesitado de una reparación imposible, y la voz poética se convierte en el mar mismo, proteico y poderoso. La idea, Vuong dice, es que “Podamos convertirnos en más de una cosa a la vez”. Me recomendó “Kathy” de O’Hara. Su penúltimo verso dice “Algún día amaré a Frank O’Hara.” Su verso final: “Creo que estaré solo un rato.”

    Vuong gusta de O’Hara y de otros poetas de la escuela de Nueva York por su manera franca de hablar del sexo. “¿Qué puedo hacer?” dijo. “Me gustan los penes.” Mientras crecía, contestaba llamadas en el salón de pedicura, y miraba a Oprah y a Ellen mientras trabajaba. Leía poca poesía en la primaria, principalmente a Dr. Seuss y la revista infantil Stone Soup. En preparatoria, tuvo la idea de grabar la sabiduría familiar en su diario. En las páginas blancas, anotaba sus “pequeñas cosas” propias, como describe sus primeros poemas.

    En 2008, fue a Pace University para estudiar mercadotecnia, esperando poder mantener a su familia, pero lo dejo a las tres semanas. En Brooklyn College, entró a la carrera de Inglés, escribiendo poemas en postales y regalándoselas a sus amigos. Los sonetos, me dijo, antes se pasaban como notitas —“en tiempos de Shakespeare, antes del chat.”—. Cuando el poeta y novelista Ben Lerner se unió a la facultad, le dio a Vuong la idea de que una vida de escritor podría ser posible. Antes de eso, Vuong dijo “Creía que todos los poetas eran predestinados. El gobierno decidía. Obama o Bush, o quien sea, decía ‘tú, tú, tú.’”

    La abuela de Vuong murió de cáncer de huesos, mientras él estudiaba en Brooklyn. Fue enterrada en Vietnam, y Vuong viajó ahí para el funeral. “Fue demasiado, porque todos parecían mi familia” me dijo. Sugerí que algunas personas encontrarían confort en esta familiaridad. “Me gusta ser más precavido,” Vuong dijo. “Entonces cosas raras pueden pasar.”

    Se acabó su té. Afuera la calle Thompson había oscurecido; adentro, la multitud universitaria había disminuido. “Mi madre desenvolvía los billetes de un dólar de las propinas, y con eso comprábamos la cena,” Vuong dijo, mientras nos daban la cuenta. ”Todo dólar era tangible, un símbolo sentido.” Su familia tiene problemas para entender su carrera, lo llaman “un académico” y él no los corrige. “Sus voces están en mi cabeza cuando escribo, cuando pienso, y no creo que llegue jamás el día cuando no me pregunte que debería de hacer con estas manos.”




    .

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  • 04/10/16--16:39: MAYCO OSIRIS RUIZ [18.403]

  • Mayco Osiris Ruiz 

    (Xalapa, Veracruz, México, 1988) Estudió letras hispánicas en la Universidad Veracruzana. Actualmente es becario de la Fundación para las Letras Mexicanas.

    Con El revés de esta luz, Mayco Osiris Ruiz (1988) obtuvo por unanimidad el I Premio de Poesía Joven que lleva el nombre de Alejandro Aura (1944-2008) y representa de muchas maneras un merecido homenaje al poeta que precedió a nuestra generación y nos legó frescura y novedad para los caminos que habríamos de andar. El premio al que convocó la Ciudad de México por primera vez en 2014, a los setenta años de nacimiento del poeta, representa una apuesta por la refrescante continuidad de la poesía que se escribe en nuestro país. Recordemos que aquella añeja antología editada en 1967 por Siglo XXI, titulada Poesía joven de México, incluyó a José Carlos Becerra, Alejandro Aura, Raúl Garduño y Leopoldo Ayala, como una propuesta para que los lectores dieran un vistazo a la poesía más reciente que se escribía en México por aquellos años. En ese ámbito se distinguía la poesía de Alejandro Aura. Además, su trabajo en los escenarios de teatro y en la televisión reveló a un gran divulgador de la actividad cultural. Es también memorable su paso por la primera Secretaría de Cultura que hubo en esta enorme Ciudad de México. Al paso de los años, la comunidad siguió extrañando su presencia y cualidades de impulsor, promotor, verdadero guerrero de una razonada, necesaria y genuina promoción cultural para una megalópolis necesitada de afecto. - See more at: http://archivo.estepais.com/site/2015/el-reves-de-esta-luz-premio-de-poesia-joven-alejandro-aura/#sthash.1mj070MB.dpuf



    Mayco Osiris Ruiz,
    El revés de esta luz,
    Taller Ditoria / Secretaría de Cultura de la Ciudad de México,
    México, 2014. 


    Argos

    Hay árboles menores
    que nadie advierte nunca,
    parapetos de niebla
    creciendo a ras de suelo
    donde el ojo no basta.
    Son menos que la brisa de un latido de hierba,
    saben medir el mundo del miedo al desencanto.
    Viven como esas piedras que la corriente acalla
    sin que jamás resuene su canto sobre el río.
    Nacen entre la hierba
    a veces se confunden
    con la grama del patio,
    cuerpos a la deriva ocultos por la sombra
    de mil ojos cansados.
    Hay árboles menores que nadie escribe nunca
    acaso porque nunca       se ha atrevido a mirarlos.
    Es cuestión de entender:
    la ceguera no existe
    (el tedio es una daga tan letal como el dios):
    la oscuridad del árbol
    nace de quien lo mira.



    Árbol solo

    Miro pasar los autos,
    el tropel de los hombres
    cruzando la avenida, invisibles e iguales,
    desde hace tantos años.
    Me cuesta imaginar la cara del silencio,
    su cuerpo destrozado entre la batahola
    de estos caballos blancos
    que emergen de la noche, metálicos y hermosos.
    Yo permanezco inmóvil,
    sin rumbo y sin sentido, con mi porción de nada,
    escribiendo en el aire
    una verdad exhausta
    que a nadie le interesa.
    Por la calle incesante, la noche se desborda:
    un árbol crece allí. Puedo mirar su estampa,
    el peso de su fronda rendida por el tiempo,
    su ramaje de insectos
    trenzados en las redes del alumbrado público.
    Como una bestia mansa, uncida
    a los cordajes de un pedazo de tierra,
    urde su resistencia, su derecho a la muerte,
    se declara insensible
    al vértigo espacial del automóvil.
    El árbol solo es un mundo.
    Plegado hacia sí mismo, es un poema.
    Estoico en su relente de smog y de materia,
    es la piedra curtida, hirviente
    de un espacio bordado hacia el silencio.
    No conozco su historia,
    ignoro sus secretos, pero lo he visto y sé
    que sus ramas esconden
    la clave del regreso.



    Regreso

    A Malva Flores

    No se regresa nunca porque uno ha sido siempre:
    no pensemos siquiera en regresar.
    Si he soñado que vuelvo
    es quizá porque el mundo
    me ha traído de vuelta:
    aquél que he sido siempre
    me espera bajo el árbol
    que no he sido jamás.



    Glaxosmithkline

    Nos marchamos del mundo siempre de esa manera. En las cosas más vanas, en las que no advertimos. Creces como en penumbras.

    Acaso sin mirar, sin sentir el impulso de esa fuerza invisible

    que te empuja hacia afuera.

    Veinticinco años después alguien cambia la fórmula de tu enjuague bucal y parece que algo se hubiera detenido, que una parte de ti se hundiera en las arenas. Aunque quieras quejarte, no encuentras las palabras. Imaginas el pasmo de las operadoras, su risa contenida al escucharte hablar del mundo que perdiste: tu vida a los cuatro años sentado en la pileta, lavándote los dientes al lado de tu madre, mirándola mezclar,

    siempre en el mismo vaso, el enjuague

    bucal. Te imaginas diciendo: Señorita,

    las manos de mi madre eran como ventanas, como puertas abiertas por las que se filtraba la claridad del mundo, el resplandor del sol en la pileta. Y casi puedes ver su rostro divertido, su boca deformarse en una mueca tosca al escucharte hablar de cómo se iban juntos hasta la miscelánea, de cómo te cargaba para que tú eligieras alguna chuchería y te estuvieras quieto y sin llorar, esperando su vuelta, como todos los días, a las tres de la tarde. Por eso no los llamas. Te dirían que estás loco. Que te has ido del mundo. Que el mundo se transforma. Que todo cambia para bien. Que veinticinco años es un precio muy corto, un punto en el espacio, una luz que se apaga sin ruido en cualquier parte.




    El Revés De esta Luz, de Mayco Osiris Ruiz

    Por Pablo Molinet

    El revés de esta luz es el libro de poesía pulcro y puntilloso de un esteta dotado de un oído y un ojo igualmente atentos. Si bien esos valores son de suyo encomiables –más aún, ejemplares–, leo en estos poemas cualidades de otra índole.

    El revés de esta luz deriva su fuerza de una contradicción: es un libro exaltado y reticente a la vez. Un libro de oposiciones deliberadamente concebidas y puestas en página. Comienza con un canto a los árboles, vehemente, ceñido, absorto, que contiene episodios tan extasiados como este:


    El árbol, por la tarde, es una hoguera verde,
    un fuego vertical
    anclado a las raíces,
    donde todo comienza.


    Y, versos después:


    Cae la noche. El árbol sigue siendo
    una antorcha encendida,
    un reguero de jade creciendo
    hacia lo abierto.


    No obstante, este poema no es solamente un canto a la belleza natural, también es una queja de abandono:


    Si estuvieras aquí, si vieras como yo
    arder la huella del verano en cada hoja,
    no tendría que cantar
    para contarte lo que parece el árbol
    al filo del ocaso.


    Y, más adelante:


    Si estuvieras aquí,
    si vieras como yo poblarse de santelmos
    la tiniebla, te aterraría esta danza macabra
    de palabras cruzadas de silencio,
    esta canción inútil girando en el vacío,
    este ruido de espejos que al quebrarse
    desconoce
    el misterio del árbol cuando calla.



    Ello, a su vez, conduce al asunto auténtico de este libro, que no es ni la Naturaleza ni el corazoncito sensitivo del poeta, sino una distancia muy específica: la que se abre, por ejemplo, entre la conciencia del mundo y el mundo mismo; o entre la experiencia y su descripción; o entre el lenguaje y la realidad.

    Los árboles son, en este libro, mediadores entre un mundo anterior a una caída adánica –¿la adquisición del lenguaje, la llegada de la edad adulta, la ciudad?–; un mundo originario, digo, añorado por la voz lírica, que descubre, escondida en las ramas de un aislado árbol urbano, “la clave del regreso”. No obstante, esa vuelta a una suerte de estado de gracia primitiva es imposible; si me atengo a este libro, entre la poesía y la realidad media la separación irremediable contenida en la expresión “paraíso perdido”, puesto que, como asienta Ruiz, la conciencia humana está confinada a su identidad. Leo:



    Aquel que he sido siempre
    me espera bajo el árbol
    que no he sido jamás.



    “Pero eso no es lo triste”, escribe Ruiz para concluir su jornada arbórea, “Lo triste”, continúa –lo que de veras duele–



    Es este canto llano que insiste en continuar,
    la mano en el tintero
    arriesgándole al aire dos palabras vacías,
     dos versos mutilados, dos metáforas mudas.



    El revés de esta luz es un libro de poesía sobre la imposibilidad de la poesía. O, dicho de otra manera, un libro de poemas que señala el trecho insalvable entre las palabras y las cosas. Escribe Ruiz:




    Entre mi voz y este roble:
    qué distancia.
    Digo su nombre, mi lengua vibra
    pero hay algo vacío,
    Como un tambor resonando
    inútilmente en el desierto.



    Versos después, concluye:


    Y temo tanto haber hablado en vano
    vertido en el papel tinta invisible
    sabiendo –como sé–
    que no hay un roble
    que quepa entero en la palabra roble.



    Así que no, Platón –y no, Borges–, no es como afirmaste en el Cratilo¸ el nombre no es arquetipo de la cosa; la rosa no está en las letras de “rosa” ni el Nilo cabe en la palabra “Nilo”.

    Este libro de ironías cultas y guiños populares, de manglares y alejandrinos, de cipreses y tugurios y endecasílabos, parece atravesado de principio a fin por la sospecha de que versificación, pulcritud y erudición no bastan –no pueden bastar– para otorgarle estatuto de realidad a ese “Reino mental” –título de la segunda sección del libro–, cargado de hechizos y magnificencias que son, ay, sola, únicamente verbales:



    Otros han visto en mí
     a alguien que desconozco.
    Me dicen: “Serás rey”
    y es de niebla la túnica que me circuye el hombro.
    Mas mi cetro es mi voz cansada
    de nombrar una tierra extranjera, mi trono
    estas palabras
    que a fuerza de decirse
    han perdido su albor.
    Por castillo me dieron
    una verdad incierta,
    prados de extraña luz
    que ya nadie frecuenta.
    Para qué proseguir: no hay armas que cantar,
    ni talento
    ni dios para reconstruirlo;
     sólo esta amarga queja
     –de rey sin caravana–
     que te doy.



    Y, más adelante,



    Tanto hablar de milagros, tanto pedir la luz, para salir también
    con esta voluntad que ni siquiera es piedra, esta masturbación
    que ni siquiera es canto.
    Qué lástima, poeta, qué lástima.



    En la tercera y última sección del libro, llamada –decisivamente– “Trasluz”, el poema final se preguntará “¿escribir para qué?” y, elegante y evasivo, antes que una respuesta, señalará: un “libro ilegible”, una “lengua sin palabras” y ello, a su vez, tenderá un lazo, tan firme como sutil, a los asuntos aquí brevemente formulados y al título mismo del libro, pero no debo escatimar al lector el placer de rastrear ese y otros lazos.

    Es difícil que un primer libro de poesía admita tal reticencia, tal escepticismo ante los poderes hipnóticos de la exaltación lírica; escribe Ruiz:



    El verdadero horror es no saber
    si he dicho lo que quiero decir.



    Reticencia, dije. Bien pude decir: atención crítica, claridad de propósito, conciencia profunda de la naturaleza del arte verbal.

    Frente al arrebato emotivo, el narcisismo juvenil, la fruición fatal con el lirismo, Ruiz introduce un giro escéptico en el que reside, a mi ver, la fortaleza central de El revés de esta luz. Se trata de un poeta que, gracias a la lectura a la vez apasionada y crítica de su tradición, concibe sus textos como artefactos verbales, y opera en ellos con toda conciencia y deliberación para conducirlos en direcciones distintas a las ya conocidas, aceptadas, prestigiadas. El propio título del libro es revelador al respecto: seguramente sobreinterpreto si leo en él una alusión a Huysmans; no obstante, en la voluntad de hallarle el revés a esta luz, veo el principio de un camino que se promete tan largo como para atravesar manglares, bosques, cordilleras.




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    Jorge Gutiérrez Reyna 

    (Monterrey, México  1988). Licenciado en Lengua y Literaturas Hispánicas por la UNAM, institución en la cual cursa actualmente el posgrado en Letras e imparte una asignatura de poesía novohispana. Ha publicado su trabajo en la antología Familiaridades / Extrañamientos.   

    Muestra de literatura joven de México (Ediciones Sin Nombre/Fundación para las Letras Mexicanas, 2013) y en las revistas Fundación, EstePaís, Límulus y Pliego 16. Becario de la Fundación para las Letras Mexicanas en el área de poesía (2012-2014). Le obsesionan los criollos brillantes de la Nueva España, las palabras verdes de los árboles, las vértebras del dinosaurio. Alguna vez fue interpelado por un mono araña.




    El rostro de mi tía
    se descompone frente a la tilma de Guadalupe.
    Ha hecho el largo viaje desde el Norte
    para orar por su hermana;
    no pide que esté viva, a estas alturas
    pide distinguir su cuerpo
    de entre otros, que ese cuerpo
    no tenga huellas de tortura y sepultarlo
    donde pueda llevar flores
    el día de muertos, el de las madres,
    en un aniversario.

    Me descubro hincado,
    rezando a un lado de mi tía,
    como cuando era niño.
    Pido entre murmullos que encuentre pronto
    el cadáver de su hermana,
    a quien no conocí.
    Hay muertos que duelen de rebote,
    muertos que no son nuestros,
    sino de los nuestros.
    Pido también que el próximo
    muerto de los titulares no sea mi tía,
    ni mamá, ni papá, ni mi hermano.
    Que no sea uno de los míos.

    Se aferraban a las piedras del fondo
    como pájaros al acantilado.
    Había que distinguir su resplandor rojizo
    a través de la espalda tornasol
    del arroyo y cerrar la mano rápida
    alrededor de su áspera coraza.
    En un par de horas teníamos
    una tina rebosante de langostas
    de agua dulce, confundidas
    las mías, las de mi hermano, las de mis primos.

    Hay muertos que me duelen de rebote.
    El que me dijeron se había desbarrancado
    pero hallaron sobre la terracería incandescente:
    un zopilote trepado en las espaldas,
    una bala albergada al fondo de la nuca.
    El otro que volvió de la cárcel
    pero no del gimnasio, cuyo cadáver
    trazó una triste cartografía
    de sangre seca sobre la calle.

    Esos muertos,
    recuerdo difuso de la infancia,
    nombres que comparten
    alguno de mis apellidos,
    eran los primos de mis padres:
    habrán tendido juntos
    las redes de sus dedos
    para atrapar langostas.
    No me dolió su muerte, me dolió
    ver a mamá al teléfono,
    meneando la cabeza en el instante
    antes de echarse a llorar; a papá
    sentado en la banqueta,
    mirando el vacío fijamente.
    Esa única vez lo vi hacia abajo.

    El arroyo no ha vuelto a ser el mismo.
    Casi todos los días
    encuentran cadáveres flotando,
    pudriéndose en los márgenes,
    y de un tiempo acá las langostas se aferran
    al cabello ondulante
    de las cabezas cuyos ojos abiertos
    nos observan a través del agua.

    Pongo mi mano sobre el hombro de mi tía
    y pido entre murmullos
    que pronto camine con serenidad
    por el estrecho pasillo de la morgue,
    que identifique el cuerpo limpio de su hermana,
    que no tenga sino esa cicatriz
    en el tobillo, huella de una piedra
    afilada en el fondo del arroyo,
    de un día de vacaciones bajo los sabinos.
    Hay muertos que nos duelen de rebote.
    Pido que el próximo
    muerto de los titulares
    no sea uno de los míos.

    Pero, ¿quién distingue en la tina
    qué langostas son de cada uno,
    las mías, las de mi tía, las de mis padres?



    La edad de los árboles

    Al fondo del patio crece un árbol.
    Mucho antes de que mi abuela
    sembrara las primeras piedras de la casa,
    ya en su cumbre maduraba el vuelo de los pájaros;
    por sus laderas empinadas ya fluía
    el lento río de los musgos;
    y en sus faldas los faunos que pueblan
    la espesura de los montes
    celebraban ya nocturnos aquelarres.
    Este árbol es tan antiguo como los rebaños
    de tortugas que deshojan
    los tréboles a su alrededor.

    Sus ramas secas crepitaron en el fondo
    del fuego circular de las fogatas
    que otros niños antes de nosotros encendieron
    para espantar el miedo a las lechuzas,
    brujas mentidas,
    ululando en la penumbra espeluznante.
    Los dedos nudosos de sus raíces sujetan
    los tesoros que mis mayores ocultaron
    de la tropa revolucionaria y que en la oscuridad
    reclaman ser desenterrados
    con unos gritos azules de lumbre.
    Al verlo mi abuela soñó con construir
    una casa para los hijos de sus hijos sobre el reino
    de secos maizales y serpientes
    que en torno de su tronco se extendía.

    Al fondo del patio crece un árbol.
    Un día mi abuela, yo, esos rebaños
    de tortugas nos tenderemos a sus pies
    y en las cuencas de los cráneos y caparazones
    germinará la semilla de las altas hierbas.
    Pero las brujas seguirán acunando entre sus ramas,
    el oro no se librará de la prisión de sus raíces,
    volverán los faunos, viejos pobladores de los cerros,
    y con las piedras de la casa en ruinas cercarán
    el fuego de sus danzas en la noche de luciérnagas.
    Se escuchará entonces solamente
    el suave silbido entre las cañas de una flauta
    y el árbol susurrando sus conjuros
    en la lengua verde del follaje,
    como un anciano que presidiera un antiguo ritual
    con el rostro arrugado frente a la llama de la hoguera.

    El nombre de los árboles
    Conozco apenas el nombre de los árboles,
    estos quietos pobladores del jardín,
    coloquio florecido incomprensible.
    Este que por mi ventana arroja,
    parado de puntillas,
    miradas verdes parece un fresno;
    y ese meditabundo, el más callado
    en la arboleda, debe ser un pino;
    esa hoy enlutada, confundida
    en el tumulto del follaje,
    novia ayer de los abriles:
    hacedora de paisajes, jacaranda;
    a ti te conozco, buganvilia,
    tus pulseras en llamas igual trepan
    estas paredes que las de mi patio;
    aquel penacho prehistórico,
    pastura de animales que hoy son piedra,
    es seguramente un plátano;
    caballo de jade hundido,
    las crines flotando sobre el lago:
    quiero pensar que eres un sauce.

    Pero pino, sauce, buganvilia,
    plátano, fresno, jacaranda
    apenas dicen lo que dicen.
    En dos, tres sílabas no cabe
    el árbol:
    palabras murmuradas al oído
    del viento, surtidor
    de alas, casa de todos
    los pájaros del mundo,
    bastón de cíclopes,
    raíz de primaveras,
    pilar del firmamento,
    lecho de la luz,
    pálido profeta de la lluvia,
    testigo persistente de los siglos
    de los hombres y otras múltiples
    edades de la tierra.
    Esos y no otros,
    esos y otros miles son tus nombres. 





    .


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    Michelle Pérez-Lobo

    Michelle Pérez-Lobo, México.  Estudió Letras Iberoamericanas en la Universidad del Claustro de Sor Juana y es editora de la sección de poesía de la revista La Peste, donde también ha publicado poemas y ensayos. Ha colaborado en las revistas Pánico, La Hoja de Arena y Cuadrivio.




    Toda una vida

    Cada hombre es un astro aparte, todo ocurre siempre y nunca, todo se repite hasta el infinito y de forma irrepetible.
    Danilo Kîs

    Cuando niña, 
    tal vez con ocho o nueve años de edad,
    inventé una historia
    para lidiar con la incertidumbre de la muerte.
    No podría decir
    que fue una elaboración consciente,
    madura:
    era sólo un cuento,
    un calmante
    para mi incipiente nerviosismo.
    Fallecer no era un asunto
    capaz de interrumpir el sueño;
    era lo que debía ser,
    lo que las películas infantiles mostraban:
    animales que caen en precipicios
    –entre montañas como trozos de dulce–
    para jamás levantarse;
    bicho pequeño que devora a otro minúsculo
    porque necesita luz para mover las patas.
    Mi idea no planteaba evadir el fin,
    ni siquiera prolongar la vida:
    yo no tenía intenciones de alquimista.
    Me parecía más útil
    (y en esto fui calculadora y fría)
    que morir fuese un trámite
    para conocer con precisión
    lo que hicimos durante la existencia.
    Mientras las calles se alargan
    como profundas líneas en las manos
    y las personas sufren,
    escriben libros
    y caen en la desgracia,
    se nos escapan los detalles más sutiles,
    los recovecos llenos de células inútiles,
    gran cantidad de actos cotidianos.
    (Hoy, ya con estudios a cuestas,
    pienso en Georges Perec,
    ese ilustre archivero de carne
    que definió la noción
    de lo infraordinario:
    lo que el noticiero no cubre,
    la intrascendencia,
    el ripio de los días
    que entreteje cada hora,
    que infla el corazón de la rutina.)
    Así, surgió mi historia,
    como una red para atesorar lo mundano,
    aquello que, en ese entonces,
    era lo único que tenía relevancia.

    Al expirar,
    cuerpo y alma aún pegados,
    como las dos caras de una hoja,
    y sin parecer un cadáver
    moteado como un tigre
    a punto de desfallecer,
    yo llegaba a un sitio neutro,
    ajeno a dioses y demonios y ángeles:
    una habitación blanca
    como un diente de leche,
    como la pata de un cabrito.
    Después de caminar
    a lo largo de un sendero,
    aparecía un escritorio alto,
    de un color brillante,
    como si estuviese hecho de miel;
    encima, nada de papeles,
    desnudez de ornamentos
    y una voz detrás, sin huesos.
    No era ese timbre
    el verbo de un dios severo
    ni el consuelo en forma de instrumento.
    Un sonido discreto,
    sin género definido,
    me esperaba en la oficina de luz,
    con total paciencia.
    De un momento a otro,
    comenzaba a dictar
    todos los detalles
    que habían constituido mi vida.
    Cuando escribo detalles
    me refiero a minucias,
    repeticiones,
    nada de trascendencia
    ni heroísmo.
    La voz sumaba
    años y años
    con gran destreza
    (si existen los seres superiores,
    han de ser matemáticos):
    número de escalones saltados,
    cantidad de dulces digeridos,
    de moscas vistas
    y cabellos desprendidos,
    huellas que ensuciaron la alfombra,
    sudor acumulado en las manos,
    páginas leídas,
    perros acariciados,
    cantidad de palabras pronunciadas,
    cifra exacta de parpadeos,
    basura generada,
    canciones tarareadas,
    litros de orina expulsados,
    uñas mordisqueadas,
    moretones,
    lápices utilizados,
    horas de sueño,
    enfermedades contraídas,
    carcajadas proferidas,
    minutos desperdiciados,
    discusiones victoriosas
    y velas encendidas.
    En fin,
    la estadística completa
    –siempre en furiosos participios–
    de qué había hecho yo
    mientras pude consumir
    toda el agua y el aire disponibles.
    No tengo claro
    qué seguía después de tal revelación:
    si un arrepentimiento débil,
    una alegría sin control,
    o un reclamo largo
    porque había una falla en la cuenta.
    No sé si era entonces
    cuando veía a todos mis muertos
    –por los que aún no había sufrido–
    y a los canes que susurran entre ellos
    sus nítidos aullidos de consuelo.
    La única certeza
    era que la muerte consistía en ese instante
    en que toda acción cobraba sentido
    pues alguien, ¡qué suerte!, había tomado nota
    de mis grandes proezas
    en tanto yo me distraía
    descifrando nubarrones.

    Años después, la obsesión por el documento,
    el rastro y la huella,
    se tornó más productiva
    –más adulta–.
    Era necesario llevar un diario,
    escribir qué había comido
    y si había peleado o sonreído en exceso.
    Pero esta labor
    era terrible,
    puro tedio y desconsuelo,
    porque jamás anotaba lo que hubiese querido
    y la corriente del crecimiento,
    la sobrevaluada madurez,
    con sus estimadas obligaciones,
    me arrastraba con fuerza.

    Ahora, ¿cómo habrá certezas?
    ¿Cómo sabré que no soy alguien
    que ha sido imaginada por un niño
    (tal vez dios tenga cinco años)
    o que vive sobre una hoja en blanco
    abrazada entre dos forros?
    El único remedio que hoy encuentro
    para este miedo duro
    como una costra olvidada;
    para el temor de ser el último rayo
    que expulsó el Sol en una noche
    llena de hartazgo;
    el consuelo
    es volver a la infancia,
    a las verdades sencillas
    y a las certezas ingenuas.
    Nada de condenas
    ni trascendencia:
    sólo esperar
    que mientras las noches se sucedan
    los datos se acumulen
    se registren,
    en un papel de fibras infinitas,
    y que algún día formen parte
    de la Enciclopedia de los muertos
    que imaginó antes que yo
    ese eterno infante,
    el genio desconocido,
    Danilo Kiš,
    escritor que, intuyó,
    valía la pena inmortalizar
    nuestras exhalaciones,
    el primer día en que fumamos –sin éxito–
    y la composición de nuestras lágrimas.

    Es de suma importancia
    que cuando ya no existamos,
    cuando caigamos al suelo guiados por una ceguera terrible
    o cuando al hablar emitamos
    los ruidos que hacen las hojas al ser pisadas,
    cuando lleguemos al terreno luminoso,
    a la oficina donde no hay tragedias
    y donde cada acción se vuelve nimia,
    que alguien nos dé un recibo notariado,
    un folio con mil dobleces,
    donde se declare que,
    efectivamente,
    un humano con nuestros rasgos y manías
    erró durante un tiempo en esta tierra.




    Fosa

    creo que escribo
    para mecerte en mis manos
    yo que te extraigo
    poéticamente
    de la fosa del mundo
    te decanto
    sílaba a sílaba
    para encontrar tu piedra
    alguna vez tuviste cinco rosas en cada mano
    en cada vértebra
    alguna vez digeriste rubíes
    y sales
    ahora estás mezclado entre calcios infinitos
    con omóplatos que siempre llueven
    alquimista de la palabra
    la roca filosofal con rima
    no sé aún si endecasílaba o libre
    este es un conjuro sin ojos
    minerales que se amontonan
    la ciudad es una ruina de aire
    tu aire en mis pulmones
    tus pulmones de espuma
    mi balbuceo tiene largas falanges
    es que te extraño
    te escarban mis vocablos
    porque te extraño
    quisiera dormir en tus cinco litros de luz
    porque te extraño
    porque ahora que te busco
    entre diamantes y gusanos
    no distingo tus pústulas de otras
    pústulas atrevidas
    sin firmar
    revientan con cada letra
    revientan lentas
    indiscernibles
    el mundo es un pozo lleno de pus
    líquido sin padre ni madre
    huérfano supurar
    sangramos eternamente
    porque vamos de la prosa al verso
    porque no tenemos padre
    y esa idea nos sirve
    por ser poesía en sí misma
    qué fácil es la vida
    qué inspiradora
    tan elástica
    hasta que llega la muerte
    reina del ritmo y la rima
    y nos corta el largo aliento
    todos somos versos
    que hieden juntos






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  • 04/11/16--03:09: ARTEMISA TÉLLEZ [18.406]

  • Artemisa Téllez

    Artemisa Téllez es una escritora y poeta mexicana. Su nombre completo es Artemisa Téllez Martínez. Nació el 24 de agosto de 1979 en la Ciudad de México. Es hija del pintor y escultor Guillermo Téllez y hermana de la actriz y conductora Natalia Téllez.

    Estudió la licenciatura en Lengua y Literatura Hispánicas en la Universidad Nacional Autónoma de México, así como la maestría en Letras Mexicanas.

    Ha participado en diversas publicaciones y antologías universitarias, así como en revistas, suplementos y programas de radio. Realizó bajo la dirección de Graciela Cándano una modernización del texto castellano medieval Sendebar, publicado por la UNAM en 2006. Es creadora del Círculo Virtual de Escritoras Mexicanas y del Taller permanente de cuento erótico para mujeres.

    Publicaciones

    Versos Cautivos - Poesía (2001).
    Un Encuentro y Otros - Cuentos (2005).
    Cuerpo de Mi Soledad- Poesía (2010).
    La pluma del deseo - (compiladora) Cuentos (2011).
    Crema de vainilla - Novela (2014).
    Nacidas de Eros - (compiladora) Cuentos (2014).
    Fotografías instantáneas - Cuentos (2015).



    Despedida

    Harta
    del humillante silencio
    de los gritos desgañitados que no van a ninguna parte
    de las mentiras de estado
    de las verdades no dichas
    de la verdad.

    De las que llamamos muertas,
    pero lo fueron por alguien más,
    de las muertas vivas
    –Nosotras–
    blancos móviles en una guerra que no cesa
    en un país de imposibilidades continuas
    donde una mujer tiene siempre que ser el predicado…

    Harta del horror, de la masacre,
    de llorar de asco, de vergüenza, de miedo;
    de abrazarnos fuerte…

    Amigas: quién sabe si mañana estemos,
    quién sabe cómo, en qué circunstancias volveremos a vernos.





    Cuerpos y soledades de Artemisa Téllez

     por Odette Alonso 

    Según los evangelios apócrifos, aquellos que las iglesias cristiana no reconocieron entre sus escrituras fundacionales, Lilith fue la primera mujer, la primera esposa de Adán, no salida de su costilla sino creada por Dios como unidad independiente, exactamente igual que el primer hombre. Cuentan que Lilith se negaba a quedar debajo de su marido no sólo en las relaciones coitales y que, para que nadie la obligara a hacerlo en contra de su voluntad, huyó del Edén por decisión propia, abandonando incluso a sus hijos, y fue a asentarse a orillas del Mar Rojo.

    Entonces el Creador, para corregir su “error” y no dejar desamparado a su hijo varón, siendo que tan inútil fue siempre, creó a Eva, la que nos “vendieron” luego como la “primera mujer” porque los jerarcas de aquellas iglesias originales y luego los que aprobaron qué libros eran convenientes y cuáles no para integrar la Biblia, satanizaron la figura de Lilith por su rebeldía y autonomía y le crearon la leyenda negra de que era una demonia, novia de Satán, que robaba recién nacidos de sus cunas, cuando en realidad fue amenazada de que si volvía al tal Jardín a sembrar su mal ejemplo entre otras mujeres, sus hijos sería asesinados con lujo de crueldad, como se acostumbraba en aquellos tiempos primeros y primordiales, según es fácil apreciar en los libros sagrados.

    Con una invocación a Lilith —que es, además, homenaje y filiación— inicia este Cuerpo de mi soledad que nos regala Artemisa Téllez en este tomo recién salidito del horno de la colección Aquelarre. “Mujer loca hecha de viento […] voladora e impura”, llama Artemisa a la insumisa y la convoca a que sea una de nosotras, o a que seamos ella o sus hijas, que “no nos dé por la monogamia,/ la abnegación ni la servidumbre”, mujeres dueñas de nuestro destino y de cada paso.

    Aliento y sonoridades clásicas se respiran en la intención métrica, sintáctica, rítmica y estrófica de este Cuerpo de mi soledad dividido en tres partes: Cuerpo, De mí y Soledad, títulos que juegan entre ellos para formar el nombre general de esta colección en la cual hay, al decir de su autora, “poemas marcados de sal”, pero también “gitanerías y carnavaladas”, alegrías y pasiones más o menos desbocadas, que es como debe ser toda pasión que se respete.

    El cuerpo, fuente del gozo y del dolor, el mismo que Lilith no quiso domeñar bajo la insulsa lujuria del marido; ése, “el cuerpo expectante” —los ojos, las sienes, las manos, la boca naufragio, los labios, el vientre donde zurcir palabras—; ése, pues, el cuerpo, es la materia —sangre y sustento— donde Artemisa asienta y eleva la poesía. Cuerpo espejismo, artificio y fuego prometeico, “paraísos que perdimos” y encontramos.

    Cuerpo suyo de soledades y también de compañías. Porque varias mujeres —incestuosas y hermanitas— habitan estas páginas. Desde la amante ingrata, perdida o imposible, hasta la voz tras la que se oculta y se asoma la autora, esa “alegradora/ arena de su mar/ escribidora” con “el cuerpo expectante” y su “esencia/ de mujer y de lesbiana”. Con ella conviven, entre otras muchas, verso tras verso, la que apela a su humana y amatoria ambivalencia cuando afirma “jamás diré/ que fuiste mía”, pero al mismo tiempo, “jamás diré/ que no te tuve”; aquella que, “vacía de palabras, rota”, se regodea en ciertas “soledades/ más allá de la razón” y espera “el dulce beso de la muerte”, pero también la que decreta —ese verbo tan de moda—: “soy el camino […] y tú, el horizonte”, lo cual quiere decir que seguiremos avanzando —ella, nosotras, todos—, con paso cierto, y repitiendo: “No me callo, no me aguanto/ no tengo por qué soportar/ no me doblego ante nada”.

    Celebro con sumo gusto este libro en el que “Cenicienta se suicida” y dos incestuosas hermanitas comparten el amor de una “guerrera/ con ínfulas de bruja”, hija sin dudas de Lilith y, antes de dejarlos con una breve muestra de esta poesía, rescato para el final —que siempre será un nuevo principio— esos versos que dicen: “me queda siempre/ bajo/ la/ manga,/ una esperanza breve”.


    Oración a Lilith

    (santa patrona de las subversivas
    expulsadas del paraíso desde
    el principio de los tiempos)

    Mujer loca hecha de viento
    Lilith voladora e impura
    rompe el espacio y el tiempo
    y ven a nos sin premura.
    Insumisa y primigenia madrastra
    de las Eva rechazadas hijas
    haz que en nuestros blancos lechos
    nunca falten besos, calor ni compañía;
    que las estrellas nos iluminen
    que nunca se acabe el deseo ni el vino
    y que no nos topemos nunca
    ni opresor ni cadena por nuestro camino.
    Que no nos dé por la monogamia,
    la abnegación ni la servidumbre
    y que siempre seamos leales
    a nuestra naturaleza de brisa y de lumbre…




    Ni incierta ni desasosegada

    A Simone de Beauvoir

    Desengañada del mundo
    y con 25 años me encontraste tú,
    desasosegada.
    No quería escribir, ni podía,
    vacía de palabras, «rota» –dirías tú–
    me hallaba.
    Tu voz (vencedora heroica del tiempo)
    rompió como una espada el paradigma:
    no hay nada, nada eterno en qué creer,
    pero ahí estabas.
    Y te erigiste en mí           como una capital humana,
    me diste nombre, sexo y raza:
    Ahora sé que no nací mujer, más escritora sí
    Tuya la gracia.

                                   Junio 2008



    SUR

    Quisiera mirarte,
    tenerte,
    zurcirte
    en el vientre
    las palabras
    que resuenan
    en los huecos
    de mi mente.
    Llenarte
    las manos
    con estos
    espacios rotos
    que me quedan
    entre el aire
    y tus rincones
    ignotos…



    MÍAS

    Tengo dos amantes,
    dos esposas, dos amigas:
    una que ya no es
    y otra no, todavía.
    Por las dos yo velo y pienso
    y por las dos me preocupo:
    de ninguna nada espero
    más que, tal vez, a futuro.
    Las dos se parecen mucho,
    se gustan, se conocen;
    las dos son amigas
    entre ellas, mías
    y a la larga o a la corta
    todas somos familias;
    mujeres locas de viento,
    incestuosas hermanitas…



    CARNAVALESCA

    A Gugus, que no conocía el mar

    Gitanerías y carcajadas,
    panderos, sonatas,
    besos y champaña;
    las manos unidas,
    los pies que no paran
    patinan el aire
    en eróticas danzas.
    En la lejanía,
    de estrellas rodeada,
    la luna nos mira
    con su gorda cara.
    Gitanerías, carnavaladas,
    caminos jarochos
    de locura y danza,
    los días de marzo
    que nunca se acaban
    en estos caminos
    de lascivas galas.
    Frente a nuestros ojos
    pasa la comparsa
    tres mil corazones
    nos vuelven la espalda,
    nos damos un beso
    salado de playa
    y obscura nos cubre
    la noche encantada.
    Gitanerías y carcajadas,
    rumbas y danzones
    invaden las almas
    y junto a las horas
    de azul mascarada
    la mar canta eterna
    un vals que no para…



    NORTE

    Soy el camino,
    un camino
    y tú, el horizonte.
    Soy la brisa,
    tú la lluvia,
    tal vez luz,
    tal vez el norte…
    Pero jamás diré
    que fuiste mía,
    jamás diré
    que no te tuve,
    porque ese suelo
    que pisa el caminante
    sin ser su propiedad,
    lleva su nombre…




    Mujeres que aman a otras mujeres

    Así me pasó a mí

    Las relaciones sentimentales son tan comunes como trascendentes para quien las vive. Suelen desarrollarse siguiendo un patrón más o menos similar: la “normalidad”. En este texto, la autora explora lo que queda fuera de los márgenes, los terrenos del enamoramiento transgresor, la relación —idílica, común, normal— entre mujeres.



    Por Artemisa Téllez

    Enamorarse de una mujer es algo extraño, loco, revelador, inquietante y maravilloso; algo que en no pocos casos se convierte en un secreto, en un karma, en un infiernillo doméstico que consume: l e n t o . . . Es también considerado un error común, un desliz adolescente, una confusión. Y lo es, el universo entero ha conspirado para que así lo sea.

    Parece haber una deliberación en la manera en que los padres y los maestros “orientan” a los niños en la manera de interpretar y vivir sus emociones. Mi ex pareja me platicó en varias ocasiones que cuando cursaba primero de primaria estaba enamoradísima de una compañera suya de la escuela (a la que por olvido denominaremos Susi) y se la pasaba hablando de ella todo el tiempo: Susi es la más bonita del salón, Susi es la que mejor baila, Susi dijo…

    Su mejor amigo era un niño (a quien llamaremos Paco) que era eso, su mejor amigo. Un día mencionó que Paco la hacía reír todo el tiempo, que era súper simpático. De ahí en adelante su familia decía que Susi era su mejor amiga y Paco, su novio. La realidad era otra, tal vez la opuesta, pero sus padres y hermana (nunca sabremos si por condicionamiento social o por el deseo sincero de modificar sus naturales tendencias homosexuales) le hicieron creer que la simpatía era amor y el enamoramiento un sentimiento de amigas. Años tuvieron que pasar para que ella sola descubriera la diferencia.

    Muchas creen eso, andan con sus mejores amigos, se casan, cuando en realidad su compromiso emocional está puesto ya en alguna otra mujer.
    No quiero hablar por todas, no, el proceso de reconocerse amando es plenamente personal, individual, íntimo, diferente en cada caso; puedo, sin embargo, hablar a partir de las no pocas lesbianas que me han contado sus historias y de la mía propia, una más dentro de este intrincado universo lésbico.

    El calor intramuros
    Las mujeres establecemos lazos sentimentales profundos con otras mujeres desde el momento mismo de nuestro nacimiento. Los hogares (en los que también crecen y se desarrollan los hombres) son frecuentemente comunidades conformadas por madres, hermanas, primas, tías, abuelas y trabajadoras domésticas que educan, crían, visten y alimentan a una prole asexuada llamada “los niños”.

    Los otros, los maridos (hermanos, tíos, papás, abuelos) habitan el espacio de lo público y llegan a sus casas más ajenos mientras más adultos. El hombre debe gustar del “mundo” como parte de su identidad varonil. Los caseros, cercanos a las mujeres de su familia, son percibidos como débiles, afeminados, homosexuales.

    osotras, en cambio, seremos consideradas buenas, hacendosas: femeninas. Las amigas forman parte fundamental de esta estructura, porque por encima de los vínculos familiares existe la simpatía por la cual ésta o la otra tía frecuenta más la casa, ésta y no la otra vecina, o tal o cual comadre. Es ahí donde se dan los primeros acercamientos amorosos y sexuales, ahí los primeros besos y caricias.

    Las “mujeres de intramuros” llevan a su mejor amiga a comer a casa y piden permiso para que las acompañe al cumpleaños de la tía Moni, al súper y para que se quede a dormir.

    Es evidente que no todas las niñas son lesbianas. Esta primera cercanía de confesiones y llamadas telefónicas, de exclusividad, de dependencia, es un proceso fundamental para nuestro desarrollo emocional y en la mayor parte de los casos antecede al noviazgo heterosexual. Es “un experimento”, un laboratorio miniatura de los roles amorosos con todo y tempestades, bemoles, victorias y vicios.

    Después llegan los novios, aunque muchas se verán buscando en balde esas emociones perdidas de los experimentos anteriores. Pero, ¿qué pasa entonces? Todo pierde coherencia, hay un desfase, hay frustración, y es entonces —en ese mágico instante— cuando una gran ola de desasosiego empuja de nuevo a las bienhechoras playas de lo femenino.

    Se busca entendimiento, hay confesiones, se habla de cosas importantes, te dejas consolar. Se escucha que todos son iguales, que son de Marte (marcianos) y nosotras de Venus, que hay que amarlos como son. Y las tías y las abuelas lo comprenden porque has sufrido y tu amiga está ahí. Tan ahí que un día las pijamadas se vuelven luna de miel.

    Así pasa. Se llega a sentir tan cerca el calor de su presencia que todo lo demás parece irreal, insuficiente. Al asumirse lesbiana se acepta que una mujer superó todas las expectativas que se tenían puestas en ese paradigma al que llamamos Amor. Siempre estará el derecho a renunciar a ese sentimiento para casarse con la heterosexualidad, pero hay muchas que han preferido casarse con ella.

    Amarse en femenino
    Enamorarse de una mujer es un milagro que sucede a menudo, que nos pone frente al espejo tan vulnerables, desnudas y solas que sentimos miedo, pero ese frío, esa soledad escalofriante, sólo terminan cuando te vistes de esa piel, la otra.

    De pronto te encuentras ya involucrada, has hecho de ella un dios alrededor del cual echar a girar tu universo: tienen planes, viajan juntas, se ven diario, se llaman, se preocupan una por la otra, te pregunta de tu familia, sabe de ti, te echa la mano cuando estás en problemas y aún más te quiere, te hace sentir tanto su amor y en tantas formas que no buscas más en otros, en ellos.

    Tú misma vas a decir que estás loca, a lo mejor intentas reafirmarte saliendo con hombres, teniendo un novio, pero será peor porque te darás cuenta de todo lo que te falta. Y volverás a ella para contarle entristecida todo lo que el mundo te lastima y violenta cuando no están juntas. Se besarán tibio y después tan caliente que hervirán todas y te consumirás en el sinsentido de ese sentido único encontrado en sus ojos.

    Y después el sexo que acrecienta el amor y el amor que acrecienta el sexo y el amor y el sexo unidos poniéndote en el rostro la evidencia: te enamoraste de tu amiga.

    De ahí, las historias son todavía más impredecibles. Unas salen del clóset gritando a los cuatro vientos esa lección que no se calla, otras se reprimen, se separan, otras prefieren el secreto y viven a escondidas lo que los demás sospechan.

    Luego el laberinto; perderse a una misma para encontrarse con ella (que ya es una misma) decidir lo que se es, lo que se quiere ser: la maravilla, el karma, el infiernillo doméstico, el fuego todo que consume como cordero en un altar de diosa.

    Amar a una mujer —como dice la escritora Rosamaría Roffiel— nos permite descubrir nuestra propia capacidad de amar y de sufrir; muchas otras capacidades, discapacidades. Retos que, al decirte a ti misma “la amo”, apenas comienzan.

    Imagino, invento, pero hago un esfuerzo sobrehumano para retener fotografiado el milagro y sólo puedo decir: así me pasó a mí.




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    Andrés Fernando Castaño

    Escritor y poeta nacido en Barranquilla en 1977. Residente en Bogotá. Ha obtenido reconocimientos como el primer premio en categoría de poesía adultos Engativá Artes y Letras 2011. Accésit en el Certamen María Pilar Escalera de poesía (España); se ha desempeñado también como jurado en las versiones 2012 y 2013 del mismo. Ha sidoseleccionado para hacer parte de antologías de poesía internacional: Certamen Ediciones Alternativas Red Literaria (2013), Argentina, junto a José Luís Diaz-Granados. Hace parte de la antología internacional de la Editorial Croupier de Argentina en su edición Peces con Alas, en cuento (2015). Ha sido elegido igualmente para hacer parte de la antología internacional de cuento I Certamen Mundial Excelencia Literaria MP Literary Edition. Tiene tres libros autopublicados en la editorial http://www.autoreseditores.com/andres.fernando. Actualmente trabaja como escritor freelance independiente. Usa el seudónimo de Valdemar Quijano para publicar en su blog http://vquijano.blogspot.com



    Teología I

    ¿A qué se parece la belleza,
    Al trino de los pájaros muertos bajo la lluvia
    O quizás a la sonrisa de la muerte?
    Penden del melocotonero las palabras:
    Voces desenterradas de un remoto lugar en el pasado.
    Un amanuense teje con lapislázuli los ojos
    De la joven: zorzal azul entre la peste.
    Embozada pasión por las sombras del hábito. 
    Eloísa, verso alejandrino, 
    Invierno entre el crepúsculo.
    Esa luz fina e intrusa en los calabozos 
    Como Dios atisba entre los arcos ojivales
    ―Notre Dame, cristal de espadas fundidas―.
    Mujer:
    Soy lobo eremita anhelante por extraviarme en tu follaje;
    Caballo desbocado 
    Palpitando al ritmo de tus caderas movedizas. 

      


    La resurrección de Lázaro

                                                                                               « Después agregó: 
                                                                 "Nuestro amigo Lázaro duerme,
                                                                          pero yo voy a despertarlo».
                                                            11:11 Evangelio según Juan

    Algunas horas antes de morir,
    Lázaro ató la bruma, nudo del sueño entre los higos
    Del huerto de Getsemaní. 
    Los pies heridos del custodio de los ladrones
    No hollaban todavía la arena.
    Silencio: Cristo, el simplísimo hombre 
    −mendrugo de carne despreciado incluso por los cuervos−, 
    Que ensordece el rumor de los sepulcros  
    Había abandonado Betania, dejando tras de sí,
                       La estela purpurea de la muerte,
    Y sus hercúleas labores, 
    Desde el origen de los tiempos faenando, 
                         −quebrándose la cerviz 
    Desde que el hombre es hombre.
    Un embalsamador tuerto ungía el cuerpo
    Amarillo y de cerúleos labios:
    Lázaro, efigie deshecha por los vientos. 
    En el templo las hienas ya olisqueaban,
    Príncipes eremitas de la carroña.
    Mientras el perfil de las palmas y los lirios
    Acentuaban el estoicismo de los columbarios

    Y los cuervos sobre el atalaya de piedras
    Desdibujaban la presencia de la canícula. 
    «Lázaro –dijo Marta− este será tu último Sabbat;
    Te entrego al útero tibio de la tierra». 

    La silueta vagabunda del nazareno 
    Apareció por los lados de la sinagoga,
    Con un puñado de proverbios.
    «¿De qué vas mujer?», le dijo a Marta.
    «¿Acaso no lo sabes? –contestó ella con rabia− 
    ¿Tú, el mismísimo hijo del hombre?»
    «El olvido y la ignorancia son la luz del mundo»
    −Se limitó a responder, palpando unos párpados ciegos.
    Los locos, los sordos y los posesos
    Una barahúnda de jirones, hojarasca de la miseria humana
    Iba tras sus pasos como una Legión de sombras
    Recogiendo trozos de carroña. 
    Ante el sepulcro del amigo muerto
    Alzó su mano trémula:
    «Levántate y anda entre nosotros»
    Un jirón de carne deshecha  y mefítica 
    Se tambaleó embrutecida por el largo sueño:
    «Lázaro, estás vivo», dijo el tal Cristo.
     Atónito, con las moscas aun en los labios
    Gritó, desgarrándose las mortajas podridas: 
    «¿Turbas mi reposo para devolverme a la muerte?»




    Los silencios

    La luz se siembra del otro lado del sueño
    Abrimos los ojos a su muerte
    Un perfume nutre los follajes
    En atardeceres cuando surgen sombras;
    Cosecha imágenes, 
    Y latimos al mismo tiempo, 
    Florecemos en el espino.
    Vastas ausencias nos recuerdan fragilidad,
    Nos hieren como cuerdas de violín
    Dejan oír súbitamente la sonata del silencio.
    Olvidamos diluirnos entre las aguas puras
    Que descienden de aquella cumbre tan blanca y fría, igual que esta mudez.



    La pitanza de Caín

    El alba ciega abre los ojos 
                       ciega luz ciega 
                  —cóncava esperanza y azul—
    Resplandeciente el sol hierve como
    Agua lustral
         rostro impoluto de las doncellas
    El cadáver de Abel será la pitanza de Caín 
    Sabor de moscas al fuego 
    fatuidad de los neumáticos 
    Escaques alquitranados
    sombras vagas recostadas a los muros blancos del alba.
    Rostros-arcilla
    hálito inverso de Shiva y sus manos de alfarero destructor
    Del sanctasactorum de pellejos hivientes de pollo
    hórridas miríadas 
    matemática perfección del caos
    —argamasa, es la nulidad del ser—
    respirando gotas de láudano tóxico 
    «Bebe, amada mía del cáliz de la muerte»
    Enciende el cigarro 
    Al estilo descarado de James Dean
    mirada exquisita y perfilada 
               que riela y titila— Como procesión funeraria en el azogue del Tártaro:
    La triste barca de Caronte es niebla.

                                                                
     Auschwitz   I

    Hay un pavor que crece como polvo
    En las cornisas, en las esquinas, en los quicios 
    De las puertas. Saturando todo.
    El veneno entra  por los poros
    Con su metástasis de odio
    Resonando como pasos de Mefisto 
    Sobre las espaldas desnudas.
    Es una música incierta que
    Se hace negra y densa
    Tenebrosa.
    Sobre la calle
    Flanqueada por pendones escarlatas
    Y esvásticas de muerte.
    A lo lejos, se escucha el frenético trepidar de la guardia
    Avanzando en la noche hacia el gueto.
    Un ave nocturna presagia:
    El pavor se posa en la cornisa. 
    Los vecinos ven el estupor a través de los visillos 
    La incertidumbre sin destino
    Yace oculta tras los dorados brazos del Menorah.    
    Eli Eli lama sabachthani, susurra el rabí
    Mientras abajo un camión vomita cascos y fusiles.
    Pronto las tinieblas lo devorarán todo ─como en el principio─
    Y Dios se elevará dejando caer ira sobre sus hijos.
    La sala súbitamente se llena de gritos, miedo y platos rotos 
    (El escarnio se ha consumado)
    La calle es un hervidero
    De improvisados viajeros hacia el confín del pánico
    Los perros ladran furiosos
    El motor del camión ruge,
    Las lenguas de babel forman un nudo ciego
    De riñones contra acero.
    En la vorágine de la mente
    Surgen los espectros, mientras
    La parca azuza: «apresuraos 
    No puedo perder más tiempo
    Tengo trabajo pendiente.»

    Una marea tumultuosa que no
    Detiene el alambrado. 
    Entre la vorágine de miseria y cabezas rapadas
    Se entrecruzan estertores insípidos de toses desesperadas
    Clamando por la temprana muerte.  
    La pavorosa danza de insectos; la risa de la calavera  
    Increpada por un acento grave de Silesia, 
    Es el pan amargo del día.
    Una tenue lluvia invernal garrapatea en el pizarrón
    Gris e inagotable del cielo. 
    Tomo nota:
    «Diciembre de 1942.Todo es patético: 
    Hay fragores de derrota y un pavor dulzón ante la nada.
    De soslayo veo otro diario, 
    el de una enfermera polaca: 
    «Hoy es su onomástico 
    El decimoquinto, y está agonizando por la tisis.
    Pobre niña, camina hacia el polvo y las cenizas.» 
    (Se escuchan lamentos.
    A callar ─dice alguien─ que ya vienen
    Presurosos los alemanes.)
    ¿Quién será el próximo en ver las cenizas
     en los ojos del otro?»



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    YOLANDA GARCÍA ARES   

    M Yolanda García Ares. Cádiz. Escritora y poeta.
    Grado Superior de Decoración y Obras de Interior en la Escuela de Artes y Oficios de la ciudad de Cádiz. Grado Superior de Arquitectura Efímera en la Escuela de Artes y oficios de Jerez de la Frontera (Cádiz)
    Estudio en la Facultad de filosofía y Letras de Cádiz el Grado de Lingüística y LLAA

    Participaciones literarias:

    I y II Encuentro de Poetas Internacionales en Úbeda.
    VIII Festival Internacional de Poesía Palabras en el Mundo
    VI Encuentro Poesía Internacional letras de la Posada- Excelentísimo Ayuntamiento de Montellano.
    II Encuentro Poetas de Ahora- Algeciras
    III Encuentro de Poetas Andaluces de Ahora- Granada
    Primer Festival Multicultural por la Integración en Córdoba- Diputación Provincial de Córdoba.
    II y IV Recital Luna Poética de Conil
    XXIX Feria del Libro de Algeciras
    Participación como poeta en el Festival Internacional “Grito de Mujer” 2014, 2015 y 2016 Organizado por Poetas Mujeres Internacional.

    Pertenezco como escritora a:

    Colectivo Letras Libres de Chiclana – Cádiz
    Tertulia Puertas Abiertas a la Imaginación.
    Club de Letras de la Universidad de Cádiz- Participación revista Speculum revista del Club de Letras que se publica de forma trimestral en el Instituto Cervantes.
    Cofundadora red literaria cultura de Cádiz PLEAMAR-UCA vinculada a la Universidad de Cádiz.

    Organización y Gestión de:

    I Recital –Concurso para empoderamiento de la Literatura Infantil “La Mecedora de Oro”- Festival Solidario Niños refugiados ACNUR que este año tendrá su segunda edición con el apoyo de la Universidad de Cádiz ( PLEAMAR-UCA) al igual que el año pasado, además del padrinazgo de la Asociación Literaria y Cultural Amigos de Fernando Quiñones
    Recital-Musical “Un suelo firme para Nepal” con la participación de numerosos artistas, escritores y poetas de la Bahía de Cádiz- Festival solidario para la recaudación de dinero para los damnificados del terremoto de Nepal 2015.- en estos momentos fraguándose con el mismo formato un recital- musical solidario llamado “Puertas Abiertas para Siria” para ayudar a los niños huérfanos en situación de refugiados en Europa cuya ayuda una vez más será derivada a ACNUR- España.
    Creación del espacio poético- literario “La mirada del lector” – Co-presentado con Manoli Lemos en Onda Cádiz para el programa Gente de Cádiz para el empoderamiento de la poesía en la bahía. A día de hoy sin emisión.

    Publicaciones:

    Relato “El bolígrafo de plata” en la antología Vampiralía- de bajada gratuita en la plataforma Lektu.- Tema: Vampiro emocional.
    Antologías varias poéticas. Colaboraciones en revista Hysteria de crítica, cultura y diversidad sexual y de género.
    Revista poética Azahar.
    Revista Speculum- Vicerrectorado de Responsabilidad Social, Extensión Cultural y Servicios- Universidad de Cádiz ( UCA)
    Blog Colectivo Letras Libres
    Blog Club de Letras- UCA
    Distintas colaboraciones en antologías poéticas.

    Actividad en RED

    Ciberactivista en Red para empoderamiento de la mujer.
    Blogger crítica literaria http://cuandoescriboescribo.blogspot.com.es/
    Reseñas habladas http://mislibrosonamigos.blogspot.com.es/

    De los cuales algunos trabajos figuran en mi blog en formación:
    http://mundozenyoly.blogspot.com.es/




    Hoy ya no estás aquí

    Hoy no pía el gorrión conciencia
    suena la noche a lento tic-tac y a silencio empecinado
    Pienso en las cosas que se arremolinan en el pasado,
    se atan a la pata de la mesa. de la cama, 
    me deshago de un plumazo y saboreo el día por venir.
    Hoy no pía el gorrión conciencia,
    no dará las buenas noches la música de la Bahía,
    no oiré crecer los nísperos tras la ventana,
    toca sólo el son a despedida, a distancia.
    Ha conseguido salir volando el pisapapeles, 
    se ha liberado la agenda del día, de la semana.
    Sólo suena la noche a despedida y a distancia,
    sólo suena a silencio, a bruma, a gris.
    Hoy no pía el gorrión conciencia,
    no suena la música de la Bahía
    porque ya no estás aquí para mover las estrellas



    Cuando nos miramos solo diez minutos

    Ya no recuerdo tus ojos,
     aquel fugaz destello de diez minutos
    Ya no recuerdo tu boca sonriendo
    No recuerdo tu rubor ante nuestras risas
    Ya no recuerdo tu mano diciendo adiós 
    No recuerdo tu olor
    No recuerdo el color de tu camisa
    No recuerdo tu ímpetu
    No recuerdo tus ganas
    Pero hay algo que si recuerdo
    que buscas como yo en el negro del universo
    la forma de recrear una cara,
    la de alguien desconocido.



    Caminar descalza

    Quiero caminar sin horas, ni zapatos que me amarren los pies
    caminar despacio hasta la orilla del mar
    caminar tranquila sin mirar atrás
    Quiero caminar sin prisas, sin obligaciones
    caminar avanzando un poco más
    caminar sin saber a dónde llegar
    Quiero caminar, caminar descalza,
    descalza por el parque.




    La Nada

    ¿Cúanto tiempo permanecí en silencio, perdida, sin rumbo?
    A mi pié sólo la nada, y la nada como compañía,
    una niebla gris y vacía, dónde todo era nada más que nada.
    ¿ Cuánto tiempo jugué a ser capitana de un barco invisible?
    ¿Cuánto tiempo permanecí encerrada en una jaula sin paredes?
    En mi vuelo fugaz sólo la nada, y más allá de la nada el vacío.
    ¿Cuánto tiempo nadé en un mar sin fondo?
    ¿Cuánto tiempo miré a un horizonte invisible?
    Y allí en la lejanía sólo la nada y la nada era todo,
    todo era nada y cada algo era una nada invisible, triste.
    ¿Cuánto tiempo permanecí en la nada?
    Cuando la nada era la opción, la respuesta, el eco,
    cuando la nada era el dolor que ya no duele, la calma del desesperado.
    A su vez la nada era la espera , la esperanza .
    Nada había y a nada me abrazaba.
    ¿Cuánto tiempo me perdí en la nada?
    Cuando la nada fue el descanso, el desahogo.
    Cuando la nada fue la opción, la única salida.
    ¿Cuánto tiempo permanecí en la niebla?
    Cuando la niebla era la nada, y la nada era todo.




    Ojalá os deje aunque sea mariposas amarillas

     (Poema de admiración hacía Gabriel García Márquez)

    ¿Qué quedará en el tiempo cuando yo me vaya?
    ¿Quedarán mis letras almacenadas en un millón de papeles ajados?
    ¿Quedarán acaso un par de lapiceros, bolígrafos y unas agendas gastadas?
    ¿Quedará el níspero solitario, el naranjo sin flor?
    ¿Dejará de cantar el gorrión conciencia?
    ¿Las teclas sin grafía seguirán haciendo música en la madrugada?
    ¿Paseará la mecedora los pensamientos inquietos de una escritora en ciernes?
    ¿Qué quedará en los años cuando yo me vaya?
    ¿Qué dejaré como patrimonio a esta generación sin esperanza?
    ¿Dejaré acaso una queja perdida en mi blog?
    ¿Dejaré esparcidos sobre la mesa coja mis pesadumbres?
    ¿Dejaré una estela de versos perdidos en el horizonte?
    ¿Qué valor os dejaré cuando yo me vaya?
    Ojalá pueda dejaros una rosa amarilla
    y mi camino al universo lo marcarais con un sinfín de mariposas de papel




    Tiremos de la cuerda

    Juguemos a tirar de la cuerda
    De un lado y del otro,
    Tensemos esta línea infinita de puntos
    Tiremos hasta que nos duela el alma
    Mientras el borde del universo llega a su punto de inflexión
    Es un gran vientre de alquiler
    A punto de reventar
    Es un no nacido a punto de despertar
    Tensemos la cuerda
    Yo de un lado, tú del otro
    No te salgas de la línea de puntos
    No rompas la norma, la ley
    Aunque sea injusta, no la quiebres
    No hay momento de predecir el momento
    El pañuelo verde sigue en un centro imposible
    Oscila a ambos lados, saca de una vez el pañuelo blanco
    La línea está hundida en el fango
    Los puntos se disuelven en el infinito
    Tú y yo como puntos
    Hundidos en el fango
    Vamos a jugar a tirar de la soga
    Tú de un lado, yo de otro
    Mientras el universo estalla en un parto difícil
    Contracciones dolorosas, rompe aguas
    Aumenta el fango, estalla el volcán
    Se desencadena un huracán, hay que respirar
    Tiembla la tierra
    Mientras tú y yo tiramos de la soga
    ¿Quién cuidará al nuevo amo del universo?
    Mientras tú y yo tiramos de la soga
    Con los pies hundidos en el barro



    Qué difícil esto de hacer poesía

    Hoy no escribo poesía.
    No quiero versos en mi sopa,
    no quiero letras perdidas en mi bolsa.
    No quiero que una rima se me agarre a la desesperada
    No quiero un soneto acosándome desde la esquina
    Hoy no escribo poesía, ¡que no!
    No dejo que entre en mi sueño una nube de alegorías
    No consiento que me perfore una metáfora a mediodía
    Hoy no quiero...
    ni una elipsis en la siesta,
    ni una reticencia en medio de una fiesta
    No vestiré un asindetón, ni un sin, ni un detón, ni un polisindetón
    para ello no me remitiré a una vulgar repetición
    que no, que no
    Y no usaré para beber tu anáfora
    No escribiré más versos, ¿versos?¿ hoy?, ¡si que no!
    No se me escapará una anadiplosis en la madrugada
    Versos traviesos que me llaman a versos en una onomatopeya frustrada.
    Me niego a explayarme con una rima sin sentido,
    mi sentido no caerá preso de tu triste diáfora,
    no verso porque no me versa el alma,
    no me dejaré embaucar por una ironía disimulada
    Una epífora zumba en mis oídos
    y me niego a una comparación ni a un epíteto vacío, ¡que no! ¡que no!
    Hoy no verso porque no me versa el alma
    Esta paradoja me concome la lírica
    Veo litotes hasta en las cuerdas invisibles que cruzan mi vista
    Aunque soy poetisa hoy no escribo poesía,
    verso versos, verso rimas, versos verso
    Pero hoy no te verso, poesía.




    Spira Miriabilis

    Me descubro espirilada, huyendo del círculo infinito
    Siembro geranios en mi opérculo hambriento de vida
    Me someto al levógiro, huyendo de un dextrógiro impuesto
    Muestro mi progresión geométrica 
    en usos dinámicos de un instrumento musical
    Úsame como el depósito de Veda,
    pon atención a mi inherente simbología
    Repárteme en un orden mutante, 
    permanente.
    Galaxia espiral.
    Ciclón tropical.
    Girasol
    Nautilus cavernoso
    Democracia intrínseca.
    Protección elíptica



    No regresaré

    No regresaré a la casa de mi madre
    Allí donde danzaba la bruja buena de sol en la mañana
    No regresaré al hogar perdido, sentada en la mecedora
    respirando el aire de la noche, aspirando estrellas
    No regresaré al cuadro móvil del mar,
    a los días de levante en calma
    No regresaré a la música metálica de la bahía
    No regresaré al canto dialogado de risas y amores,
    del gorrión encerrado en la mañana.
    No regresaré al martirio del ruido eterno, 
    al rumor insistente de la colmena familiar
    No regresaré al cuaderno mendigado,
     al bolígrafo escondido en el cajón.
    No regresaré al grito ni al espasmo,
    ni a la desesperación de las manos que se torturaban en un silencio absurdo
    No regresaré a la casa de mi madre.
    Regresaré a otra alcoba, a otro techo,
    a otra cama...
    que no serán las mismas de antes.
    No regresaré a la casa de mi madre.



    La colmena

    Enredaderas trepadoras se abalanzan sobre las mieles oscuras de abejas dóciles
    Hay poco aire respirable, el ciego no quiere ver más allá de su nariz
    Una suerte de amigas oportunas
    Un ramillete de familiares no existentes
    Una patulea de niños comilones
    Un mundo acomodado a su innecesaria necesidad
    Surgen como hongos venenosos la mentira y el engaño
    No los toques, no los respires
    No mueras solo por ser persona
    No desaparezcas
    No huyas
    No, no
    No temas
    No desesperes
    No mueras solo por ser humano
    No escondas tus manos, respira
    Surgen en todos lados, es la necesidad de ser bizarros
    Un mundo perdido en su inmensidad inhumana
    Una patulea de niños manazas
    Un ramillete de familiares lejanos, alejados
    Una suerte de amigas desaparecidas
    Hay poco aire para todos, el sordo no quiere oír más allá de sus oídos
    Habitación cerrada y oscura que me encierra en una colmena de abejas no siempre dóciles



    No me han dejado

    Estiré los brazos, cogí las letras que caían del cielo
    se desparramaban llenando el suelo de textos arremolinados
    Algunas sólo se quedaron entre mis dedos
    las guardé en un bolsillo y me las llevé
    al rincón seguro,
     allí donde no les dará ni el aire ni el viento
    Levanté las manos y llovían palabras
    Sembraban el suelo de charcos
    Algunas se quedaron enredadas en mi pelo
    Levanté los ojos y caían textos
    Algunos se perdieron calle abajo
    otros se quedaron en mi pecho
    Ahora la que estoy en el cielo soy yo
    Me acompañan un montón de palabras
    Mis fieles compañeros, el papel, las teclas y la pluma
    No me han dejado



    Sentires y padeceres

    Como la mirada perdida en el horizonte
    como la mirada escondida tras los cristales oscuros
    Así se desliza mi mente por mi pasado,
    por lo que fui,
    de donde vengo
    Por lo que pasé,
    por lo que sufrí
    Como la mano se desliza por la estela del agua
    Como la mano se asoma a tomar aire a través de la ventanilla del coche
    Así se desliza mi mente por mi pasado
    Por lo que nunca fui,
    por donde nunca pasé,
    por lo que no viví,
    por lo que disfruté
    Como las manos ceñidas a mis mejillas
    Como las brazos extendidos hacía el horizonte
    Así se desliza mi mente hacía mi futuro
    Por lo que seré
    Por dónde caminaré
    Por lo que saborearé
    Por lo que viviré
    Por lo que amaré



    Los besos saben a verso

    Se depositan en mi nuca como lágrimas templadas
    erizan la piel de mi médula espinal
    De arriba a abajo
    de abajo a arriba
    Se depositan en mi espalda como palomitas de plata
    erizan la piel de mi labios
    De dentro a afuera
    de afuera a dentro
    Se depositan en las corvas de mis piernas
    erizan la piel de las palmas de mis manos
    De soltar y de coger
    de coger y de soltar
    Recorren mi cuerpo como versos entrelazados
    provocan hormiguillas de luz blanca
    cierran como persianas mis pestañas
    y les hacen descansar del sol
    Se depositan en mi vientre como arañas de seda
    erizan la piel de mi senos
    De rabo a punta
    de punta a rabo
    Recorren mi cuerpo como versos entrelazados
    provocan relámpagos de luz blanca
    Cierran las ventanas de la realidad
    Y me hacen descansar del sol
    Se depositan en mis labios como libélulas traviesas
    erizan la piel de mi alma
    De la cabeza a los pies
    de los pies a la cabeza.



    Ven mujer y ata tu corazón al mío

    Ven mujer y dame la mano,
    no veas en mi la cadera ancha estropeada por los partos
    no mires las manos resecas y toscas
    no mires mi pelo despeinado y sin brillo.
    Ven mujer y dame la mano,
    guarda la otra para tu hermana,
    no contemples su vestido antiguo,
    no contemples sus tobillos hinchados
    no observes con desgana, su edad.
    Ven hermana, átame a tu corazón que yo te daré el mío,
    Pon tu mirada limpia sobre mis ojos,
    deja sin palabras que yo entre en tu historia,
    y mis ojeras cansadas te dejarán entrar en la mía.
    Ven mujer, déjame contarte sin palabras,
    que tu sufrimiento es el mío, el de todas.
    Hermana pon tu pie en mi circulo,
    hagamos un mándala de historias nuevas,
    ramifiquemos nuestra existencia.
    Cantemos todas juntas bajo el sol.
    Ven hermana porque te espero en el paraíso de la unión.
    Hagamos un nuevo universo,
    como un bonito paño de crochet,
    donde cada nudo es una mujer ,
    donde tu historia se enlace con la mía,
    creando un nuevo mundo donde crecer.
    Ven hermana acerca tu corazón al mío,
    pon tu pie en nuestro circulo,
    siéntete orgullosa de ser .
    Hermana ata tu corazón al mío.


    M Yolanda García Ares- selección de poemas del blog  “Cuandoescriboescribo”


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  • 04/12/16--01:58: FLORENCIA PINAR [18.409]

  • Florencia Pinar

    Florencia Pinar, o Florencia del Pinar, es una escritora española en castellano del siglo XV.

    Poco se conoce sobre su lugar y fecha de nacimiento, pero se asume que había recibido una educación esmerada y que pertenecía a la clase alta. Esto puede deducirse del hecho de que es una de las pocas poetisas cuyas obras fueron incluidas en la recopilación poética del siglo XV conocida como Cancionero General. Además, compuso sus poemas en el dialecto castellano característico de las clases altas educadas de su época. Los títulos de dama o señora que recibe la autora en los Cancioneros denotan una clase social elevada.

    Obras

    Se atribuyen a Florencia Pinar seis canciones (¡Ay! que ay quien más no bive; Destas aves su nación; Ell amor ha tales mañas; Hago de lo flaco, fuerte; Cuidado nuevo venido; Tanto más creçe el querer) y una glosa al mote Mi dicha lo desconcierta. La canción Destas aves su nación (que aparece en los canciones con la rúbrica Otra canción de la misma señora a unas perdices que le enviaron vivas) es conocida por su simbolismo y temas ocultos:

    Destas aves su nación
    es contar con alegría,
    y de vellas en prisión
    siento yo grave pasión,
    sin sentir nadie a mía.

    Ellas lloran que se vieron
    sin temor de ser cativas,
    y a quien eran más esquivas
    esos mismos las prendieron.

    Sus nombres mi vida son
    que va perdiendo alegría,
    y de vellas en prisión
    siento yo grave pasión,
    sin sentir nadie a mía.


    Estilo y sentido

    Es conocida principalmente por su habilidad con el lenguaje figurado y con el conceptismo, mostrando la doble naturaleza del amor, que es causa de placer y de dolor. Es también evidente su uso característico de alusiones sexuales indirectas. En esa época la perdiz simbolizaba la promiscuidad femenina, puesto que la perdiz es un ave que queda fácilmente preñada. Este uso juguetón del simbolismo es una de las características distintivas de la poesía de Pinar. El tema que prevalece en sus poemas es el del amor, pero hay también mucha ambigüedad en su tono. A través de los siglos, los académicos se han preguntado si este amor sobre el que escribía era de naturaleza platónica o sexual.



    CANCIÓN

    ¡Ay!, que ay quien más no bive
    porque no ay quien d'¡ay! se duele,
    y si ay, ay que recele:
    ay un ¡ay! con que s'esquive
    quien sin ¡ay! bevir no suele.                            

    Ay plazeres, ay pesares,
    ay glorias, ay mil dolores,
    ay, donde ay penas d'amores,
    muy gran bien si dél gozares.
    Aunque vida se cative,                                     
    si ay quien tal ¡ay! consuele,
    no ay razón por que se cele,
    aunque ay con que s'esquive
    quien sin ¡ay! bevir no suele.




    CANCIÓN

    Destas aves su nación
    es cantar con alegría,
    y de vellas en prisión
    siento yo grave passión,
    sin sentir nadie la mía.                                      

    Ellas lloran que se vieron
    sin temor de ser cativas,
    y a quien eran más esquivas
    essos mismos las prendieron.

    Sus nombres mi vida son,                                
    que va perdiendo alegría,
    y de vellas en prisión
    siento yo grave passión,
    sin sentir nadie la mía.



    MOTE
    Mi dicha lo desconcierta.

    GLOSA DE FLORENCIA

    Será perderos pediros
    esperança qu'es incierta,
    pues quanto gano en serviros
    mi dicha lo desconcierta.

    Cresce quando más va más                      
    un quereros que me haze
    consentir, pues c'a vos plaze
    mis bienes queden atrás.
    Mas verés con mis sospiros
    la pena más descubierta,                                 
    pues quanto gano en serviros
    mi dicha lo desconcierta.




    CANCIÓN

    Ell amor ha tales mañas
    que quien no se guarda dellas,
    si se l'entra en las entrañas,
    no puede salir sin ellas.

    Ell amor es un gusano,                               
    bien mirada su figura:
    es un cánçer de natura
    que come todo lo sano.
    Por sus burlas, por sus sañas,
    dél se dan tales querellas                                
    que, si entra en las entrañas,
    no puede salir sin ellas.



    CANCIÓN

    Hago de lo flaco fuerte,
    voy a lo más peligroso,
    quiero bolver a la muerte,
    puedo huir y no oso.

    La voluntad me condena                            
    y en ello consiente amor,
    do por avelle temor
    hago del hilo cadena.
    No contradize mi suerte,
    voy a lo más peligroso,                                     
    quiero bolver a la muerte,
    puedo huir y no oso.



    CANCIÓN

    Cuidado nuevo venido
    me da de nueva manera
    pena la más verdadera
    que jamás yo he padecido.

    Yo ardo sin ser quemado
    en bivas llamas de amor,
    peno sin aver dolor,
    muero sin ser visitado
    de quien por beldad vençido
    me tiene so su bandera.                                               
    jO mi pena postrimera,
    secreto fuego ençendido!



    CANCIÓN

    Tanto más creçe el querer
    y las penas que sostengo,
    quanto más quiero esconder
    el grado que de vos tengo.

    El grado creçe mirando                               
    en tanto que más os miro,
    y las penas sospirando
    si de vos mirar me tiro.
    Ya no me puedo valer,
    que en punto de morir vengo,                         
    quanto más quiero esconder
    el grado que de vos tengo.



    Poesía femenina en la edad media VII. Doña Florencia Pinar

    Por Miguel Ángel Pérez Priego

    Propiamente la única voz individual femenina que se deja oír en nuestros cancioneros, con una obra apreciable aunque ciertamente escasa, es la de Florencia Pinar. Lamentablemente no conocemos dato biográfico alguno sobre ella, salvo que vivía a fines del siglo xv, en el reinado de los Reyes Católicos. Suponemos que pertenecía a una familia culta, con aficiones literarias, y sabemos que hermano suyo fue el poeta Pinar. Unas pocas canciones constituyen la obra poética de Florencia y el amor, el tema único de su poesía.

    Si bien alguna vez aparece éste tratado en abstracto, como sentimiento universal, que induce a la dama a una cierta reflexión aleccionadora, lo habitual es que venga tratado en primera persona como sentimiento íntimo que provoca un continuo y dolorido desasosiego en la persona que ama. Cobran frecuencia entonces las expresiones de queja y lamento («¡Ay! que ay quien más no bive / porque no ay quien d’¡ay! se duele...»), o recurre la autora a imágenes muy expresivas, como la de la prisión de amor o la de la cadena de amor.

    Con tal fuerza parece sentir Florencia su pasión que llega a representársele en un desbordante e irrefrenable crecimiento o como algo vivo que penetra y consume las entrañas («El amor es un gusano, / bien mirada su figura: / es un cánçer de natura / que come todo lo sano»). Es de notar que, frente a las abstracciones habituales por que discurre la reflexión amorosa de la poesía de la época, la de Florencia manifiesta una muy singular atención por lo concreto, por el detalle realista incorporado al poema. Así se advierte, sobre todo, en la canción famosa A unas perdices que le enviaron vivas, donde se conduele del cautiverio de esas avecillas, tan semejante al que ella misma siente por amores («Destas aves su nación / es cantar con alegría, / y de vellas en prisión / siento yo grave passión, / sin sentir nadie la mía»).


    Esas imágenes animalísticas, tomadas seguramente de la tradición de los bestiarios medievales (la perdiz como símbolo del deseo carnal y el gusano como símbolo fálico y de la unión sexual aniquiladora de los reptiles), podrían ser interpretadas como símbolos eróticos que encubren la ardorosa pasión de la dama. Los rasgos literarios que comentamos (atención al detalle concreto y realista, intenso uso del discurso metafórico y del símbolo, fuerte tono sexual en la expresión de la pasión amorosa desde la propia intimidad de mujer) parecen singularizar la poesía de Florencia entre los poetas de su tiempo y le prestan ciertas marcas diferenciales, en alguna medida, propias de la que la crítica moderna viene dando en llamar «escritura femenina».



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  • 04/12/16--02:27: LUISA SIGEA [18.410]

  • Luisa Sigea

    Luisa Sigea de Velasco también conocida por Luísa Sigeia, Luísa Sigea Toledana o por la versión latinizada Aloysia Sygaea Toletana, (Tarancón, provincia de Cuenca, 1522 – Burgos, 13 de octubre de 1560), humanista y poetisa española del Renacimiento.

    Como entonces la diócesis de Tarancón pertenecía a Toledo, fue llamada Luisa Sigea Toletana. Fue hija de Diego Sigeo, un humanista francés que le dio una instrucción esmeradísima. Como era criado de María Pacheco, mujer del comunero Juan de Padilla, participó en la guerra contra Carlos I de España del lado de ésta y tuvo que marchar a Portugal en 1522 acompañando a la viuda en su exilio; en 1530 llamó al resto de su familia, compuesta por su mujer y cuatro hijos, entre ellos Luisa.

    En 1540, cuando contaba 18 años de edad, a través de un amigo de su padre, el italiano Girolamo Britonio, envió una carta en latín al papa Paulo III, junto a lo que más tarde llamó quosdam ingenioli mei flosulos, esto es, algunas flores de mi ingenio, que merecieron muchos elogios. A comienzos de 1542 su padre fue invitado a llevarla a la corte de la reina doña Catalina como moças de câmara. Luisa y su hermana Ángela se unieron a las cultas damas que constituían el séquito de doña Maria de Portugal, entre ellas Paula Vicente, hija del poeta y dramaturgo Gil Vicente, y Joana Vaz. En la corte, Ángela Sigea y Paula Vicente se dedicaron más a la música y Joana Vaz y Luísa Sigea, notables humanistas, eran las damas latinas. Luisa permaneció en ese cargo palaciego hasta 1552, año en que se casó con el hidalgo burgalés Francisco de las Cuevas; Luisa intentó por entonces reincorporarse a la vida cortesana. Tuvieron una sola hija, Juana de Cuevas Sigea, nacida el 25 de agosto de 1557, la cual se casó el 30 de mayo de 1580 con Rodrigo Ronquillo Briceño, de la mejor nobleza de Burgos; de este casamiento resultó numerosa descendencia.

    En 1558 la familia se trasladó a Valladolid, donde entraron al servicio de María de Habsburgo, hija de Felipe I de Castilla y que fuera reina consorte de Hungría por su casamiento con Luis II de Hungría y Bohemia. Francisco de Cuevas desempeñó el cargo de secretario y su mujer de dama latina. Pero duró poco esta situación, ya que el 18 de octubre de de 1558 la reina de Hungría falleció repentinamente. Luisa escribió de inmediato al rey Felipe II de España solicitando empleo para sí y su marido, alegando pobreza, algo que la documentación conocida sobre su casa no confirma. Esa será durante los dos últimos años de su corta vida una actividad constante: los intentos por volver a la vida cortesana. Con esa intención, a princípios de 1560, Luisa Sigea fue a Toledo para pedir a través del embajador de Francia un empleo junto a Isabel de Valois, recién casada con Felipe II; pero, aunque fue recibida por la nueva reina, no obtuvo cargo alguno. Desanimada, regresó a Burgos, donde falleció el 13 de octubre de 1560.

    Obra

    Luisa Sigea hablaba francés, español e italiano y dominó el latín, el griego, el hebreo y el caldeo o siriaco, y estaba muy versada en Filosofía, Poesía e Historia. Al parecer, unía también a su talento una espléndida hermosura, y fue celebrada en ambos aspectos por numerosos ingenios de su época. Su mejor obra es el poema en latín Syntra (París, 1566). Escribió además el opúsculo Dialogus de differentia vitae rusticae et urbanae y Colloquium havitum apud villam inter Flamminia Romanam et Blesillam Senensem. Se conserva también un epistolario y varios poemas, entre otras obras, aunque mucho se ha perdido.

    Editó Syntra Francisco Cerdá y Rico en sus Clarorum hispanorum opuscula selecta et rariora tum latina, tum hispana magna ex parte nunc primum in lucem edita (Madrid: Antonio de Sancha, 1781) y Marcelino Menéndez Pelayo lo tradujo al español. Adolfo Bonilla y San Martín editó un epistolario suyo que se encuentra en la British Library (“Clarorum hispaniensium epistolae ineditae”, Revue Hispanique, VIII, 1901), pp. 296-297. Manuel Serrano y Sanz imprimió por vez primera su Duarum virginum colloquium entre otros textos (1905).



    CANCIÓN DE LA SEÑORA LUISA SIGEA 
    DE VELASCO, DECLARANDO:

    habui menses vacuos et noctes laboriosas, et numeravi mihi.

    Pasados tengo hasta aora
    muchos meses y largos
    tras un desseo en vano sostenido
    que tanto oy dia mejora
    quanto los más amrgos
    y más deseperados e tenido;
    lo que en ellos sentido
    no puedo yo contallo;
    el alma allá lo cuente;
    mas ella no lo siente
    tan poco que no calle como callo;
    ¡oh grande sentimiento!
    que a vezes quita al alma el pensamiento,
    y quando esto acaece,
    según veo las señales
    ya creo que el remedio está cercano;
    la vida se amortece,
    no se sienten los males
    tanto como sy esté el cuerpo mas sano;
    pero todo es en bano,
    que al fin queda la vida
    y torna el alma luego
    en el contumbrado fuego
    a ser muy más que antes encendida;
    así que en fantasias
    se me passan los meses y los dias,
    en fantasias y cuentos
    la vida se me pasa;
    los dias se me van con lo primero,
    las noches en tormentos,
    que el alma se traspassa
    hechando quenta a un quento verdadero
    queal es desde que espero
    el fin de mi desseo;
    ¡quántas avré pasadas
    de noches travajadas
    sufriéndolas por ver lo que aun no veo!
    éstas muy bien se quentan,
    mas ¡ay que las que quedan más me afrentan!
    En sto un pensamiento
    me acude a consolarme
    de quantos males solo dél recibo
    pensando en mi tormento
    no oso e alegrarme
    según que se me muestra tan esquivo;
    con todo allí recibo
    con tan nuevo consuelo,
    y aunque parece sano
    no osso hechalle mano,
    que a quien vive en dolor todo es recelo,
    y al fin helo por bueno
    y huelgo de acoxerle aca en el seno.
    Esta es una esperanza
    que viene acompañada
    de razon, que por mi parte no ha faltado,
    que avrá de hazer mudanza
    en la fortuna ayrada
    que a tantos años contra mí durado,
    y aunque fuera hado
    ó destino invencible
    de cruda abara estrella,
    muriera el poder de ella
    con el de la razon que es más terrible,
    y con su ser perfecto
    traeran de mi desseo buen afecto;
    mas ¡¡ay!! no sean aquesto
    consolaciones vanas
    que así como se sienten no esperadas
    ansí se ban tan presto
    que dexan menos sanas
    las almas donde fueren gasajadas;
    las noches travajadas
    agenas de alegria,
    los dias, meses y años
    llenos de graves daños
    avré de pensar siempre noche y día;
    si en esto el remedio se halle
    no sentiré el travajo de esperadle;
    porque no seas de las gentes creyda
    canción conmigo queda,
    que yo te encubriré mientras que pueda.



    Poema Un Fin, Una Esperanza, Un Como 

    Un fin, una esperanza, un como. ó quando;
    tras sí traen mi derecho verdadero;
    los meses y los años voy pasando
    en vano, y passo yo tras lo que espero;
    estoy fuera de mí, y estoy mirando
    si excede la natura lo que quiero;
    y así las tristes noches velo y quento,
    mas no puedo contar lo que más siento.
    En vano se me passa qualquier punto,
    mas no pierdo yo punto en el sentillo;
    con mi sentido hablo y le pregunto
    si puede aver razón para sufrillo:
    repóndeme: sí puede, aunque difunto;
    lo que entiendo de aquel no se dezillo,
    pues no falta razón mi buena suerte,
    pero falta en el mundo conocerse.
    En esto no ay respuesta, ni se alcanza
    razón para dexar de fatigarme,
    y pues tan mal responde mi esperanza
    justo es que yo responda con callarme;
    fortuna contra mí enrristró la lanza
    y el medio me fuyó para estorvarme
    el poder llegar yo al fin que espero,
    y así me hace seguir lo que no quiero.
    Por sola esta ocasion atrás me quedo,
    y estando tan propinquo el descontento,
    las tristes noches quento, y nunca puedo,
    hallar quento en el mal que en ella quento;
    ya de mí propia en esto tengo miedo
    por lo que me amenaza el pensamiento;
    mas passe así la vida, y passe presto,
    pues no puede aver fin mi presupuesto.





    Mujeres en la Biblioteca Histórica: la humanista Luisa Sigea (1522-1560)

    Por ISABEL CORULLÓN PAREDES 

    En el horizonte cultural masculino del Renacimiento emerge un grupo de mujeres que recibieron una cuidada formación en cultura y lenguas clásicas, y se convirtieron en eruditas y políglotas. Produjeron  obras notables que tuvieron problemas para publicar y, aunque recibieron la admiración sincera de unos pocos humanistas, sufrieron las críticas de una sociedad que las miraba como seres extraños y peligrosos. Una de ellas fue Luisa Sigea (1522-1560), una brillante mujer del Renacimiento español, a la que se comparó con los hombres más doctos de su época. Dedicada al estudio de las letras desde la infancia,  careció de oportunidades para desarrollar todo su talento. Su obra, aunque breve, tiene gran interés tanto literario como histórico, pues arroja luz sobre numerosos aspectos del siglo XVI español. [Seguir leyendo]

    Luisa Sigea era hija de Diego Sigeo y de Francisca de Velasco. La figura de Diego Sigeo es fundamental para entender a Luisa. De origen francés, había estudiado latín, griego y hebreo en la Universidad de Alcalá. Se preocupó porque tanto sus hijas como sus hijos recibieran una instrucción esmerada, y supo transmitirles su amor por las lenguas y la literatura clásica. Hombre de letras de corta fortuna, Diego Sigeo entró al servicio de Juan de Padilla en Toledo como instructor de su mujer, María Pacheco. Tras la derrota de los Comuneros en Villalar y la ejecución de Juan de Padilla, Diego Sigeo, acompañó a su viuda en 1522 al exilio en Portugal. Mientras tanto su mujer, Francisca de Velasco, permaneció en Tarancón, que era su lugar de origen, y allí nacería Luisa en aquel mismo año. Diego Sigeo pasó después al servicio de los Duques de Braganza y jugará un importante papel en el desarrollo del Humanismo luso. La infancia de Luisa transcurre en Tarancón, pues la familia no se reunió con el padre en Portugal hasta los años 1536-1538. Fue una infancia dedicada al estudio, quizá para escapar de un entorno poco grato, al ser hija de un prófugo, y allí sería iniciada en las lenguas clásicas probablemente por un canónigo. Pero su formación recibió un fuerte impulso a partir de su establecimiento en Portugal, bajo la dirección de Diego Sigeo. Allí Luisa reveló su aptitud extraordinaria para los idiomas, profundizando su conocimiento del latín y el griego, y aprendiendo hebreo, sirio y árabe.

    En 1542 entra al servicio de la reina Catalina, esposa de Juan III de Portugal, como maestra latina de la infanta Doña María. En el ambiente culto de la corte de Doña María de Portugal, Luisa pudo ampliar sus horizontes intelectuales. Es entonces cuando escribe su poema Sintra, el más conocido de su obra y el más estudiado. Está dedicado a Doña María y utiliza como material poético los rumores que circulaban entonces sobre el matrimonio de ésta con Felipe de Austria (el futuro Felipe II). Sintra aparece representado como un lugar maravilloso poblado por  faunos, ninfas y sátiros. Allí, una ninfa desvelará a la Sigea el futuro de Doña María, vaticinando su próxima boda con un príncipe que llegará a dominar el mundo. El poema tuvo mucho éxito en la corte y recogió numerosos elogios en el círculo humanista.

    Luisa dominaba nueve lenguas y era capaz de competir en conocimientos con los más importantes humanistas de su época. A su amplísima cultura unía una visión lúcida y crítica de la sociedad, que muestra en sus obras. En 1552 escribió Duarum virginum colloquium de vita aulica et privata, diálogo en el que dos mujeres conversan sobre las ventajas de la vida retirada, consagrada al estudio, frente a la vida ostentosa de la corte. A pesar de lo poco original del planteamiento, este diálogo destaca, además de por su erudición, por su personal visión crítica del comportamiento de la nobleza. En este mismo año se casa con Francisco de las Cuevas, comerciante de antigua familia burgalesa. En 1555 ambos se trasladan a Burgos y en 1557 pasan a Valladolid, donde Luisa entra al servicio de la reina María de Hungría como maestra latina. Trabajadora infatigable, tras la muerte de la reina en 1558, al no conseguir otro empleo en la corte, entra en una etapa de tristeza y desesperación, ante la falta de oportunidades para desarrollar su talento, que expresa en las cartas a los amigos. Son precisamente sus cartas, en las que emplea el latín como lengua coloquial, la parte más personal de su obra  y muestran a su autora como una auténtica humanista. Luisa muere poco después, en 1560, con 38 años de edad,  dejando tras de sí numerosos epitafios y elegías escritos por las principales plumas de la época, lamentando su genio malogrado.

    La obra de Luisa Sigea permaneció inédita hasta después de su muerte, pero su autora logró el reconocimiento en vida gracias a su epistolario, del que se sirvió para darse a conocer. A su muerte, Diego Sigeo consiguió que se publicara el poema Sintra en 1566. El resto de sus obras, el opúsculo Dialogus de differentia vitae rusticae et urbanae y Colloquium havitum apud villam inter Flamminia Romanam et Blesillam Senensem, su epistolario y algunos  poemas en castellano, no fueron publicadas hasta el siglo XX. A pesar de la escasa divulgación de su obra, la figura de la Sigea se convirtió en un mito y su fama siguió extendiéndose en los siglos siguientes.  Fue incluída en varios libros sobre personajes ilustres que fueron publicados entre los siglos XVI y XVII, pero siempre con el mismo tono laudatorio y legendario. Esta tendencia permanece en el siglo XVIII, y hay que esperar a 1781 con la publicación de Francisco Cerdá y Rico de Clarorum hispanorum opuscula selecta et rariora... (BH FLL 23931), para encontrar un esbozo biográfico sobre la Sigea a partir de la información que ella misma da en sus cartas. En esta recopilación Francisco Cerdá reeditó su poema Sintra. Pero no será hasta que Menéndez Pelayo realice la traducción del mismo en su obra Estudios poéticos, cuando se de a conocer a un público más amplio. Finalmente, la traducción de su epistolario al castellano por María R. Prieto Corbalán, nos ha acercado de una forma definitiva a la figura de esta mujer del Renacimiento. Hay que agradecer que esta edición incluya además algunas cartas en castellano y dos poemas igualmente en castellano, con los que da a conocer por completo la parte más personal de su obra, la más interesante para acercarse a la compleja personalidad de Luisa Sigea, su orgullo y su ansia de reconocimiento, y su alto concepto de la amistad. Para conocer también su sensibilidad, y la tensión interna que la consumió.

    "Un fin, una esperanza, un cómo o cuándo
    tras si traen mi derecho verdadero;
    los meses y los años van pasando
    en vano, y paso yo tras lo que espero;
    estoy fuera de mí, y estoy mirando
    si excede la natura lo que quiero;
    y así las tristes noches velo y cuento,
    más no puedo contar lo que más siento."[1]


    [1] Fragmento del poema publicado por María R. Prieto Corbalán en : Sigea, Luisa, Epistolario latino, , p. 145









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    Isabel de Castro y Andrade

    Isabel de Castro y Andrade, Condesa de Altamira (Puentedeume, La Coruña, 1528 - ibídem, 1582) fue una noble y escritora española.

    Poco se conoce de su vida. Era la hija menor de Fernando Ruiz de Castro Osorio, IV Conde de Lemos. En 1555 se casó con Rodrigo de Moscoso Osorio, quien heredara el condado de Altamira, de quien ella recibió ese título. Isabel de Castro, con numerosas tías en Portugal, residió en varias ocasiones en el país vecino, además de Italia, cuando su padre fue embajador de España en Roma.

    Se le conoce alguna obra poética en idioma castellano, y por lo menos un único soneto en idioma gallego, y que es una de las pocas piezas literarias cultas, que se conservan de los Siglos Oscuros. Ese soneto, datado en 1578, está dedicado al escritor del Reino de Castilla Alonso de Ercilla, con motivo de la publicación de la segunda parte de su trabajo épico La Araucana. La relación de la poeta gallega con Ercilla y el tema chileno fue porque el poeta de "La Araucana" era un protegido del marqués de Cañete, García Hurtado de Mendoza, virrey del Perú en la época en que se publicó la edición madrileña, y este marqués estaba casado con doña Teresa de Castro, sobrina de esta poeta.

    Algunas obras

    Poema Competencia Entre La Rosa Y El Sol




    Poema Competencia Entre La Rosa Y El Sol 

    Púrpura ostenta, disimula nieve,
    entre malezas peregrina rosa,
    que mil afectos suspendió frondosa,
    que mil donaires ofendió por breve.

    Madre de olores a quien ambas debe
    lisonjas, no por prenda de la diosa,
    mas porque a los aromas deliciosa
    lo más sutil de los alientos bebe.

    En prevenir al sol tomó licencia:
    sintiólo él, que, desde un alto risco,
    sol de las flores halla que le incita;

    miróla al fin ardiente basilisco,
    y, ofendido de tanta competencia,
    fulminando veneno la marchita.





    SONETO DE DOÑA ISABEL DE CASTRO 
    Y ANDRADE
    A DON ALONSO DE ERCILLA

    Aracana naçaon, máis venturosa,
    máis que quantas hoge ha de gloria dina,
    pois na prosperidade e na ruína
    sempre envexadas estás, nunca envexosa.

    Se enresta o ilustre Afonso a temerosa
    lança, se arranca a espada que fulmina,
    creio que xulgareis que determina
    só o conquistar a terra belicosa.

    Faraa, mais nâo temais essa mao forte,
    que, se vos tira a liberdade e a vida,
    ela vos pagará ben largamente.

    Que, a troco dúa breve e honrada morte,
    co seu divino estilo, esclarecida
    deixará vossa fama eternamente.








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    MANUELA BODAS PUENTES

    María Manuela Bodas Puentes nació en Veguellina de Órbigo (León).

    Colabora en el "Diario de León" y el "Faro Astorgano. Ha recibido varios premios literarios y de relato en su localidad.




    Es la hora de...

    Es la hora de freír un sueño
    para desayunar.
    Así empezaré el día abriendo
    el mar de la luz
    para poder pasar por entre
    las horas secas,
    sin convertirme en estatua de sal.

    Es la hora de jugar
    a los marineritos
    para soltar el lastre negro
    de lo perdido.
    Y nadar contra corriente
    sin tener miedo a pecar
    por ser adicta a la vida.

    Es la hora de reír
    para combatir el llanto
    que inundó pasados
    y anegó la habitación de la alegría.
    Reír, reír y reír
    poner cara de gracia.
    Ser justa y necesaria.

    Es la hora de saltar
    a la comba del cariño
    para desentumecer las válvulas
    de los días recorridos.
    Saltar y saltar hasta llegar
    a la luna de tus manos
    donde se han dormido mis duelos.

    Ahí en ese cuenco sagrado de barro,
    ese altar de tus manos,
    quiero posar el vuelo.
    Ahí en ese nido ancestral
    de tus divinos dedos,
    se ha roto el cristal
    de mis pecados.

    Es la hora de volver
    a la niña que escondí en un jardín
    llamado Edén,
    donde pequé y me quedé sin costilla.
    Pero no me apena
    esa fea faena.
    Porque ahora ya sé freír rosquillas.

    Es la hora de arrojar
    las armas de la fe
    al pantano hediondo del mal.
    Porque fe no hay más que una
    y esa una no se llama Alá, ni Dios, ni Buda.
    Se llama Persona:
    sin raza, ni bandera, ni postura.

    Es la hora de esperar
    en la esquina de la vida,
    a que llegue el presente
    (como novio ilusionado)
    con un ramo de placenteros días.
    Luego en el bar del tiempo,
    tomar juntos a sorbos, el elixir del destino.




    La cremallera

    Esas dos hermanas gemelas
    llenas de dientes
    como sierras,
    como crestas
    de un continente de tela.
    Que cierran
    los abismos separados
    por la rota cintura
    del pantalón.
    Que cierran
    Los labios tan exactos
    de la boca
    del vestido.

    Esas gemelas que matan
    el frío
    si se cierran
    cuando la cazadora
    deja ver la camiseta.
    Que nos cuestan
    gran disgusto
    si se rompen
    o pelean.
    Que nos matan
    la paciencia,
    cuando revoltosas
    no se dejan abrochar.

    A esas gemelas debemos
    el calorcito que abriga
    nuestro corazón
    y también nuestra barriga
    ¿Qué sería de nosotros
    sin esas gemelas traviesas?
    Se nos vería la chicha.
    Se nos helaría el pecho.
    El viento abriría las telas
    de nuestras prendas.
    Debemos tenerlas aprecio
    y cuidarlas para que abrochen
    el cariño que une a los hombres
    y les hace grandes en el respeto.




    Patera viene de pantera

    Del agua de caracolas (olas).
    Del mar de espumas (sumas).
    De esas aguas que como ubres (insalubres)
    de vida (léase muerte),
    amamantan ondinas (carabinas)
    y esperanzas (panzas).
    Nace una tumba (como retumba)
    De injusticia y hambruna (grande cual duna),
    De insolidaria sinrazón humana (que no hermana)
    llamada P A T E R A (que viene de pantera).

    P-atera, ¡qué pan tan duro!.
    A-marro mis ansias al estrecho
    T-recho que me separa del fin.
    E-speraré en tu regazo una
    R-áfaga de suerte que no me
    A-sesine el alma.

    P.D: Si el alba me ha convertido en agua,
    quiero que mi sangre te sirva de almohada.

    Nota: Este mensaje se encontró en la boca
    De un emigrante asesinado por el hambre-hombre.




    El poeta se esconde

    ¿Dónde está el poeta
    de las nubes negras,
    que no canta a las madres
    de las bocas muertas?.

    El poeta se ha ido
    al silencio blando
    de las palabras grises
    que mueren en el dolor.

    -¿Qué es un poeta madre?-
    Pregunta el moribundo
    uniformado de miseria.
    - Es el soldado de las letras -.

    El poeta se ha ido
    a luchar contra el miedo
    a la vida programada
    por la guerra del poder.

    -¿Quién es el poeta?-
    Se pregunta el suspiro
    recién nacido del amor.
    - Es un hacedor de sueños -.

    El poeta es soldado,
    princesa o lacayo
    según le dicte su verbo
    de humano o condenado.

    Poeta = El que hace versos
    Poeta = El que escribe arte
    Poeta = El que come flores.
    Poeta = El sanador de latidos.

    Y verso
    es el charco de sangre
    de la vena a muerte.
    De la vida a muerte.

    Poema = Oración de vida
    Poema = Extremaunción de calma
    Poema = Canto de incomprensiones
    Poema = Salmo de horas certeras.

    Y poeta
    es el ser que esconde
    la muerte, en la vena
    de la palabra viva.

    Y poeta
    es la patria del cuerpo
    que se come fritos
    los sesos de los desalmados.

    Y poeta
    es la fe ciega
    de la inocencia
    que cautiva la verdad.

    Aquí yace un poema
    dedicado a los distintos
    egoísmos, que fluctúan
    en los seísmos de cada alma.





    Donde no valen los lamentos

    En el cementerio de los días, se pierden las venas
    de la savia herida por no saberse compartida.
    Hay hoy una convulsión de genes
    derrotados en la masilla de noche que es tu cuerpo.
    En ese territorio hostil de golpe seco,
    los lamentos valen menos que el silencio.
    Resistes la corriente negra que te arrastra al rincón
    de la vergüenza a base de muertes a plazos,
    hipotecando la saliva a cambio de sangre de repuesto.
    Como si necesitaras alargar la agonía, disculpándote
    por no tener un cuerpo nuevo para cada golpe.
    Te conviertes poco a poco en la mesilla de noche que es tu cuerpo
    gracias a los palos que han convertido tu carne en potro de castigo.
    ¿Qué has hecho?. - Te preguntas ya casi sin hilar un pensamiento -.
    ¿Qué has hecho?. Y se cierne sobre ti la respuesta más salvaje.
    La bestia ataca de nuevo y se come tus entrañas.
    Con los ojos embotados como dos soles ciegos,
    miras al techo y deseas que se derrumbe y te aplaste.
    ¿Deseas a... por esposo?. La muerte te mira cara a cara.
    Escuchas a lo lejos tu primera nana.
    Vuelves al origen cosiendo los mejores recuerdos
    a tus carnes laceradas. No tienes piel ni boca,
    se los ha comido el abismo de la muñeca rota
    que ahora cuelga de tu alma. Y en el último estertor
    sonríes acumulando las frases que con tanto afán te regalara:
    No vales para nada, ¡eres una puta mierda!.
    Te voy a cortar esas alas de gallina descarada.
    ¡Te voy a matar desgraciada!.




    .

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    Alberto Torés García

    Nació en París, en 1959, y reside en Málaga. 

    Profesor Agregado de Francés de Escuelas Oficiales de Idiomas. Director de la Revista Literaria CANENTE. Miembro de la Asociación de Críticos Nacionales. Corresponsal de la revista SIGILA. Ha sido miembro del Consejo Asesor de la Colección de Poesía “Puerta del Mar” de la Diputación Provincial de Málaga y de la revista EL MAQUINISTA dependiente del Centro Cultural Generación del 27.

    Mención de honor a la innovación pedagógica en el Premio Joaquín Guichot de la Junta de Andalucía por el trabajo “BAJEL, Navegando por la Literatura Andaluza” junto a Francisco Morales Lomas, Rafael Ávila Cañizares y Antonio García Velasco. Colaborador en distintos suplementos literarios como, Europa Sur, Diario Sur, Diario Sol, Diario Málaga. Autor en otros del libro de ensayos Poesía Española 1975-2001 (Memoria viva de la emoción poética) Editorial Aljaima. Es autor de la edición crítica de Testamento de náufrago del poeta Domingo Faílde, publicado por el Instituto de Estudios Giennenses de la Diputación de Jaén, y, en esta misma colección,  Tránsito la edición de la poesía de Francisco Morales Lomas.  Asimismo la edición crítica de la poesía del profesor Pedro de la Peña La poética del fuego, Editorial Huerga&Fierro

    Ha prologado entre otros para los cuadernos de literatura del Aula José Cadalso de San Roque, a Antonio Hernández, Francisco Brines, Rafael Pérez Estrada, Luis Mateo Díez. Ha colaborado con crítica literaria en revistas especializadas, Turia, Ínsula, Litoral, Revista de Filología, Bulletin of Hispanic Studies, Analecta Malacitana, Crisol,  Ficciones,etc.

    Es Premio de Poesía Bahía de la Fundación José Luis Cano 1991 y Finalista del Premio de poesía Juan Ramón Jiménez 1991. Becado por el Ministerio de Cultura con una Ayuda a la Creación Literaria, 1995.  Finalista de los Premios de Poesía Gil de Biedma (2000), Centro del 27 (2001) y es Premio de la Crítica Andaluza 2000. Ha sido traducido al italiano, francés, búlgaro, rumano y árabe. Figura en diversas antologías de poesía.

    En poesía ha publicado los siguientes títulos Tríptico del naufragio (La Habana, 1979, Málaga 1988), La ventana de Lázaro (Málaga, 1989), La entrega de los vientos (Madrid, 1990), El hombre del puente (Algeciras, Cádiz 1992), Tiempo de Charol (Málaga, 1992), Fábulas de la lejanía (San Roque, Cádiz, 1994), La parada de las fugas (Málaga, 1996), Figuras en blanco y negro (Málaga, 1997), El jardín en penumbra (Madrid, 1997), El Salón de la memoria (Málaga, 2000), Los acordes del diablo (Málaga, 2001). Pistas de lluvia (Málaga 2010), Décimas prolongadas (Málaga 2011)


    CAMPANA DE GESTA

    En su espalda, el hierro que perdura
    es hoy de muerte fácil, de asombro
    que nos asedia pálidamente ebrio,
    que pretende, que cita al infinito.
    en una campanada sin gestar.
    Aquí en este puente de metal,
    corre la sangre silbando con tácitas
    maldiciones, con héroes gastados
    por poemas, espejos y tableros
    de ajedrez. Dolientes universos,
    recuerdos, porque ser es esperar.
    Esperar al sol mágico y disperso,
    cuya carne deleita a la memoria,
    esperar entre sombrascon un tiempo
    bajo el brazo, ser, aquel cantar
    de mercenario, campana de gesta.

    (De "EL HOMBRE DEL PUENTE", 1991).




    Cadencia blanca de la razón
    a fuego y tiempo su partida,
    a dolor de mieles que pactaron
    un mínimo soplo de mi vida.

    Cadencia y dolor a los días
    que no pudimos poseer siendo
    la infancia los jardines secretos
    del sueño que ya nos asumía.

    Cadencia cuando la muerte sabia
    precisa y puntual se desnudaba
    primero para después marcar
    su puñal como brillante fábula.

    Cadencia que yace perdidamente
    triste.

    (Del libro inédito Pistas de lluvia)




    DESNUDEZ DEL DÍA EN EL UMBRAL 
    DE LA NOCHE

    Y de las casas de asombro su tiempo
    que todo lo envuelve y nada toca,
    su luz frágil frente a todas las horas
    en las que los deseos toman asiento.

    Tímidos y naufragios, la mirada
    nos escribe con la distancia del humo,
    y por ello tus pasos, siembro trémulo
    como un castaño al sentir la lavanda.

    Mar último cuando son los espejos
    que responden al sentido. Mar último
    si la certeza de la piel se vuelve
    alma. Mientras, al horizonte espero
    entre calles que dan nombre al latido.

    Te desnudas al latido del pájaro
    herido, y yo, frente a cualquier reflejo
    para sentirte la cara me rasgo
    sin temor. Tu sonrisa entre mis dedos,
    la polvareda última del amor
    extiende el rocío a su cruz de ciruela.

    Entre tus labios la palabra acepto
    para cambiar la historia. La libamos
    ahora que las espinas son pisadas.
    Entre voces, tus piernas anhelo
    como primer secreto de los rayos
    ácidos de mi esperanza. Exaltado
    silbido de las vidas en barbecho.

    Y la espera responde con dos nombres.
    Jaana y Albert, Albert y Jaana,
    que gritan sin querer convocar al pasado,
    tan sólo velar la ventana por si el sueño,
    su respuesta tal vez, se precipite y diera luz
    a este jardín de la memoria, secreto:

    Tu espalda arenosa que siempre veo.

    (Del libro Tiempo de charol)




    Poemas de infancia


    EL HOMBRE TINTA

    Un hombre con tinta
    se desdice, toma
    tiempo cuando quiere
    cantar a lo breve
    y se precipita
    cuando no ve formas.

    Un hombre con tinta
    al cielo asoma,
    después se nos hiere
    en el texto, adrede
    y feliz, emigra
    y bien nos joroba.




    LAS FRESAS

    El pokemón se mete en mi cabeza;
    frente a mi memoria planta rosales,
    se come unas fresas. Luego, de mis males
    Hace una muestra y los adereza

    con limón, con aceite y con fresas
    otra vez. ¡Mucho achucha este pelmache!
    No contento, coqueto me dice: “Péiname
    tío”, replico “no soy tu colega”.

    “Ya. Pero te faltan varias estampas:
    la dos, la S doce, la veinticuatro...”
    Me ablando, pienso a la chitacallando.

    Mas Pokemón, rápido me desbanca,
    recoge su álbum y dice travieso:
    “La vida o las fresas” y me deja patitieso.




    LA HERMOSURA DEL CÍRCULO

    Al salir del cole, vimos
    un tren grandioso, brillante
    y dispuesto para llevarnos
    alrededor de los mundos.

    Al salir del cole, vimos
    el mar grandioso, brillante
    y dispuesto para llevarnos
    alrededor de los mundos.-

    Al salir del cole vimos
    humo grandioso, brillante
    y dispuesto para llevarnos
    alrededor de los mundos.

    Al salir del cole, vimos
    que el tren, el mar y el humo
    pues eran la misma nube
    blanca, grandiosa, brillante
    y dispuesta para llevarnos
    alrededor de los mundos.




    POEMA PARA TRABALENGUA

    El pájaro que trina, nos repite:
    ¿El recuerdo será juego. Quedamos
    entonces?

    El pájaro que repite, nos dice:
    ¿Recuerdo, quedamos entonces para
    juego?

    El pájaro que trina, que repite
    “verte si...”y que confunde, callado
    está con el cuello bien retorcido.


    ***

    1. amo y ama se aman, el ama ama a su amo, el amo ama a su ama, si el amo ama y el ama ama, aman y aman el amo y el ama.
    2. Si es así como se dice, y dice usted cómo es, como usted dice si es y así es como se dice.
    3. Si el verte fuera la muerte y el no verte fuera la vida, prefiero la muerte y el verte, que no verte y tener vida.



    COMPOSICIÓN PARA LA CELEBRACIÓN 
    DEL DÍA DE LA PAZ

    Y la paz estaba en tierra, desnuda,
    tiritando de miedo, sola y triste
    porque los panes ya no son de harina,
    sí de pólvora y metal maldito.

    Y la paz la señalo con el dedo,
    sin saber qué dirección toma el viento,
    cuando repitiendo una y otra vez:
    “no la veo, no la siento”, decido
    dar la mano a la esperanza; fundirme
    con los pueblos en un abrazo cierto,
    poner sentido y justa medida
    en el hoy, mañana y pasado mañana.




    YENI

    Y con la música de piedra gris
    los ojos verdes del recibimiento,
    las manos frías, Yeni amorosa
    te recuerdo en corto metraje. Lenguas
    que no fueron, cuerpos como la miel.
    Es bueno recordar, Yeni enamora.
    Enamora y se entrega la ciudad
    ahora con armonía no olvida
    tiempos de cólera. Pero Yeni vive
    de paciente gesto entre las sábanas
    multicolores. "Glósame", me pide
    con ternura. "Yeni, creo que te quiero",
    replico sin pensar. "Loco y el poema".
    "Al poema pues que le vayan dando".




    EL HOMBRE PLANTA

    Erase una vez un hombre que todo el mundo conocía como el salvador de las plantas. Incluso tenía un don extraordinario. Su forma externa era totalmente humana y sin embargo era capaz de hablar con las plantas, comprenderlas o transformarse en una de ellas. El amor hacia la naturaleza y la fascinación por la condición humana eran sus dos baluartes. Un día, estando de paseo por el bosque, apareció un grupo de cazadores. Aparentemente, estos hombres iban a pasar el fin de semana.
    Pero, transcurrió el fin de semana y no se habían marchado. Todo parecía indicar que los propósitos eran muy otros. En efecto, montaron un auténtico campamento, fruto de esas ofertas dislocadas que algunas agencias de viajes preparan. Todo simulaba ser un juego aunque utilizaban armamento real. Practicaban distintas estrategias de combate.
    Empezaron con balas de fogueo, dardos de tinta sin punta, granadas que al estallar soltaban miles de papelitos multicolor, escopetas que disparaban chucherías, pistolas con recargas de chicles, metralletas con pica-pica hasta que sucedió lo inevitable . Conforme avanzaban los grupos en la conquista del terreno y ponían en práctica las instrucciones militares, fueron sustituyendo de manera inconsciente, casi sin darse cuenta, las cintas por la pólvora, la tinta por los proyectiles, las gominolas por la dinamita y el arsenal cada vez más sofisticado se hacía interminable. De hecho, fue a consecuencia de un lanzallamas como se declaró un fuego que hubiera podido ser una tragedia sin parangón de no ser por la afortunada y rápida intervención del hombre-planta. Supo transmitir el mensaje a todos los árboles, todas las flores, todas las plantas en cuestión de segundos. Ahora el mensaje no fue de previsión como cabía esperar sino que todo el bosque entonó el himno a la lluvia.
    Llovió. Llovió a cántaros y el fuego no se propagó. Llovió tanto que los irresponsables causantes del desgraciado acto abandonaron el lugar, desolados y con ánimos encima de pedir explicaciones en los diferentes
    despachos que vendieron aquellos programas de vacaciones. Al disponerse para el regreso, el grupo de cazadores se quedó enmudecido. El hombre.-planta había dibujado en la hierba dos palabras “BASTA YA!” Desde entonces, los visitantes del lugar acuden a visitarlo de manera más natural, y el hombre-planta puede dedicarse de lleno al estudio de su entorno.






    SIN TRÁMITES DE URGENCIA

    Alberto Torés


    La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida.

    Miguel de Cervantes.



    anunciando principios

    Rubia, antes de dar traslado al espacio santo de los laicos cordeles, se habían bañado los amantes en las ansiadas aguas de las culpas seguras. Donde muere el día y nace la osadía, pues aquí, sólo hay una vida y queremos vivirla como si fueran dos.


    tiempo o mentira

    El tiempo, viejo, es en aspa de hábitos un dolor que se va forjando con relojera precisión, como un mosto que cae en la trampa de la noche lanzando gritos para hacerse verdad.
    El tiempo, viejo, es una llantina entre tú y yo, una frágil barrera de lluvia con melodías dispersas y desconocidos motivos, Nos hace huésped de honor y cuando queremos amarlo nos echa a patadas o clandestinamente.
    El tiempo, viejo, es una panorámica semidormida, la certeza de temporadas descarnadas por una esperanza errante y una duda cierta que nos amarga desde la cuna al féretro.
    El tiempo, viejo, muestra altivo sus cicatrices. Lo sabemos, es un secreto a voces, cada pliegue de su piel es un trofeo suyo sin más paliativo que nuestra propia derrota. Conocemos algún recuerdo glorioso, pero su relato es la costumbre del engaño, el deseo desplomándose por los acantilados de Escocia y los orgullos de Arabia.
    El tiempo, viejo, es una sextina donde los besos de Lauren y Humphrey nos desnudan de carne y nos visten de azar. ¿Es angustia o sólo concepto de angustia?
    En las absortas huellas de un mundo ruidoso sigue el rastro de los silencios como si fuera una deuda que quiere ser la protagonista de su propio tiempo.
    El tiempo, viejo, no se descifra en ningún arco posible, si acaso, ciframos una caricia hoy, mañana una sonrisa, un mismo perfil siempre. Allende lo escrito, allende incluso lo vivido, el tiempo, como matriz de la fortuna se degenera con regocijo para nosotros y vuelve a regenerarse en su adicción.El tiempo es mentira, pues al mirar el reloj dice siempre una cosa distinta y luego repite su mentira.
     Entonces, acudo presto a la cita, con un nuevo perfume para el amor. Ahí le libraré batalla.

    el beso

    Besan los vientos al embrollo sus inquietos fermentos en puertas embriagadas de lamentos y muslos heridos por estrépitos y finales llamadas.
    Besan vespertinos, el consuelo y la promesa de formar paso entre la  penumbra esférica y el ámbito de la rabia. Sólo el humo se da como ofrenda a la luz, como sonido de bronce que perseguíamos.

    No puedo separar el exilio de los años, el beso de la ausencia, la tristeza de una bandera cruel, el suspiro del recuerdo, las tímidas auroras de los gritos en las cárceles. Sobre horizontes de malicia, la mudanza ligera quiere vivir palabras libres que no llegan. Pues en los lugares en los que andamos citados, sólo aparecen ráfagas y tembloroas voces. Tal vez, la aurora encuentre su símbolo más inmediato en una escapada, una huida que trate de no dejar huellas, que desvíe sus ojos hacia los sutiles aromas del ideal. Aquí la lejanía es inconsolable, el frío es vendaval con unas gotas de brisa peligrosamente enfadadas.   

    Escribo entonces con el latido de las espuelas muy cercano, con motivo para verte siempre, buscando esa cadencia tuya  que me asombra y cobija desde un barco de cristal repleto de ilusiones a una nave de acero cargada de remembranzas inútiles. Recorto las escarpas de un nocturno celo que nos aleja de un sencillo gesto de amor. Con una mano, esa estatua portadora de antorchas, me enseña el camino de la acción, con la otra sostiene un suspiro de armas que me mantiene despierto sin remedio para lograr la serenidad.



    de memorias involuntarias

    Para el habitante callado, las constancias de la piel son señas, resecos fondos donde los fragmentos pueden aspirar a algo. En lágrimas que ascienden, te recuerdo Jaana Judith, como memorial al oleaje de tu cintura, como partitura azul de flauta transversal. Te doy las gracias por volver a tener lo que nunca tuve, por reflejar en espejos de placer la conciencia de  fuerza que se torna prodigio en cada esquina de las mañanas. Soy testigo total de cuanto te amo. Por deshojar condenas y castigos enciende fragancias, sueños y victorias al este de la bahía con un irrepetible atardecer.

    Y qué decir de la indestructible evidencia del juego, una octava de piano en causa perdida. Creedme por favor, la suerte siempre se lamenta en los confines del palpitar señero donde la brisa es labor vigilante y la bohemia una copa bien fría para un corazón ardiente. Galopando del alba vengo, por asaltar tus costillas, rubia, sin desperdiciar un solo segundo. Lo demás, seguro que es literatura.

    En donde palpita la sombra amanece un narrar profundo y esclavo, en labor de poeta caminante, pongo rizos al dolor y tristezas al viento, pues cada uno ponga de su parte lo que del otro no tiene. En tu frente descansa el luto de mis miserias, mis manos rompiendo a llorar y una boca que pide la ciudad carmín del pasado. Ya sabes, que no hay mujer más hermosa que la que se besa al espejo pensando en su saxofonista.


    música de lluvia

    Quien tiene miedo a la vida, se refugia en música de lluvia con nombres de ficción que reconozco en plena oscuridad. Y para los hemisferios de la conjetura, disipo trenzas de espinas, pues la noche se deja atrapar por la memoria.
    Quien tiene miedo a la vida, se asombra sin límites de venturas, utopías y túneles puestos en formas de velas, porque no distingue los mares de sus lágrimas ni la ciencia de sus sentidos, hoy, el árbol de los enigmas de revés leo.
    Quien tiene miedo a la vida, suma las imágenes del mundo en un color de luz, dudas o siluetas que arrojan letras por entre las ramas del tiempo.
    Mientras, amontono tristeza en todas las tierras del abrazo con alientos abastecidos de espejos infinitos y testimonios finales.
    Quien tiene miedo a la vida, juega puentes de hierro contra penumbras de jardín, fábulas lejanas frente a la esperanza en frasco de paradoja.
    Y yo, yo daría mi vida por no tener miedo.


    resumen de poética

    Prefiero la línea de tus medias, la magia de la disidencia, el verde de las simples huellas desobedientes, esas caderas anónimas que me anteceden.



    recordando escrituras

    A mi hijo Alfonso que evidenció una chispita de luz y ami nieto Iker que recogió la antorcha.

    He recogido todos los trenes del mundo, hace tiempo que os lo vengo diciendo, y alguna vez hemos soñado libres los textos, los raíles, los besos.
    Nunca hemos esperado juegos que reformasen nuestros sentidos por nuestras calles, por nuestras ciudades. Aguardamos la oscuridad para movernos y registrar firmas, versos de acero y botes de gasolina con pergamino. Os lo admito, ahora no creo o creo menos y voy descreyendo o descreyendo más. En efecto, en las estaciones del arte hemos pintado conceptos y discutido ideales: cada precepto en su contexto, cada vaso en su mano, cada igual en su molde, que para el caso es lo mismo.
    He recogido todos los trenes del mundo  y he llovido casi siempre fundamentos sin límites en camisetas mojadas o gorras de montaña. Hasta reescribí un himno guerrero porque perdí mi cuaderno de viajes en un retretre que olía a sardinas apretadas, aceitosas y complacientes. En otras paradas hemos hablado lenguas de países que curaban sus institutos y sus sedes con formas, proformas y reformas tan necesarias como enervantes. Hemos registrado paredes con presos que no estaban a nuestro lado,  y, en cada sorbo hemos aprendido a madurar. Luego hemos cerdeado frente a lagartos con reservas de proyectiles que no hubiesen dudado en usar contra nosotros, hemos pateado anaranjando los avenares de colischa bajando voces, museando o riendo trozos de historia. Pero también hemos llorado a lágrima viva ante las tragedias de Guernika, ante la injusticia tan severa de la mentira: “Guerra a muerte entre la Rusa Roja y la España Sagrada” puedo leer en el ABC de 22 de Julio de 1936, hace hoy casi 80 años.
    La misma injusticia tan mentirosa de la severidad extrema se repite una y otra vez. ¿Qué decir de las tropas nazis, marroquíes, italianas, requetés y los innombrables de la vieja Europa? Sus herederos siguen en el trono, ocupan los escaños del congreso, las cátedras de las universidades, los sillones de los despachos, las comisarías, los cuarteles, las sillas de los claustros de las catedrales,  siguen practicando la guerra aunque la adornan de absurdos adjetivos.
    Las palabras, hijo, aquí, entre mis ojos fatigados y el mundo en contradictorio resplandor, encajan naturalmente por las rocas únicas y múltiples del tiempo, encajan naturalmente aunque fueron antes rosquillas a medias, arcos dispares haciendo malabarismos o quizá buscando equilibrio. Otra palabra que te entrego, como antes te ofrecí libre pensamiento, acto responsable, acción rebelde, filas igualitarias, justas tribunas justas.


    principiando finales

    Y si la mentira fuese la verdad, porque ésta se disfrazara en los confines de la tierra, almenara de nuestras almas en pasas, o porque las historias quisieran hacer verdad lo que no era. Y si la verdad fuese el espejo de la mentira, o su esencia, el altivo origen que ocultamos entre jacarandas, victorias y almendros. Y si la verdad fuese únicamente una palabra sin raigambre, sin ramas, sin hojas.
    Sólo una palabra que pretendiera ilusionar o combatir contra la realidad o contra la verdad de las mentiras. Como puro es el símil, la verdad y la mentira como poco comparten facsímil del existir. Del existir en conciencia y en materia, pues son dos caras de una misma moneda, acaso una doble moneda con la misma cara. Y si estuviéramos confundiendo la verdad y la mentira, la certeza con la sospecha, y si fuese sólo cuestión de lugar, mirada, perspectiva o composición; un mero empleo adjetival, prenominal, un sencillo proceder administrativo:
    Mi verdad contra tu mentira, tu verdad contra la mía, y ese exquisita categorías de tus mentiras contra las mías. Y si ellas (Verdad y Mentira), no existieran o si lo fueran, estuviesen jugando  con nosotros, o mejor aún, yo con ellas, porque en verdad la única pregunta que cabe, es: ¿y si tu   maldita  existencia sólo fuese tu sagrada verdadera mentira?











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    Ivonne Gordon Carrera Andrade

    Nació en Quito, Ecuador un 12 de agosto. Es poeta, crítica literaria y traductora. Obtuvo su doctorado en Filosofía y Letras de la Universidad de California, Irvine. Es catedrática de literatura latinoamericana en la Universidad de Redlands, como también Directora de Estudios Latinoamericanos, Encargada del Departamento de Literatura e Idiomas en la misma institución. Entre sus libros cuentan: Nuestrario  (1987); Colibríes en el exilio (1997),  Manzanilla del Insomnio  (2002) Barro blasfemo(2010) y su último, Meditar de sirenas, publicado en Suecia (2013 primera edición, Chile (2014 segunda edició.) Ha sido otorgada premios entre ellos: Finalista del Premio Extraordinario, Casa de las Américas; Premio Honor en Poesía, Jorge Carrera Andrade. Ha sido invitada a numerosas lecturas de poesía en Europa, Estados Unidos y Latinoamérica entre las cuales cabe destacar: El Festival Internacional de Poesía en Medellín Colombia, La Biblioteca del Congreso en Washington, La Fundación Pablo Neruda en Valparaíso, La sociedad de Escritores Chilenos, El festival de Mujeres poetas en México, el Congreso Internacional de poesía en Hungría, y el Festival de poesía en Chicago. También ha sido invitada a dar charlas y leer su poesía como invitada Magistral a varias universidades de los EEUU. Goza de una reputación al nivel internacional. Ha sido reconocida como una de las grandes poetas latinoamericanas de la época. Ha sido incluida en numerosas antologías poéticas publicadas en España, Estados Unidos, Ubeskistán, y Latinoamérica. Sus poemas han aparecido en revistas en Estados Unidos, México y Ecuador.Sus poemas han sido traducidos al inglés, polaco.. Publica ensayos críticos sobre la poesía y narrativa latinoamericana, con interés especial en literatura ecuatoriana, y poesía contemporánea.Es una especialista en la obra de Gabriela Mistral. Tiene 2 libros terminados que piensa publicar en diversas partes, en el Ecuador y España. Hace traducción de poesía también. Su obra refleja su errancia donde se inserta en mundos interiores para estar en contacto con el infinito, se arraiga a la memoria para poder entrar en espacios sin límites. Entreteje sueños en la palabra.



    Ojos

    Me miré con otros ojos, me vi pasar
    envolver el viento en un botón.
    Me vi pasar con un saco de lona
    vacío de rastros y huellas.
    Las marcas de las yemas
    se habían borrado. Y me ví pasar.
    Un cuerpo, un rumor, un silencio.
    Me vi rodeada de albores silentes
    de ágata cristalizada en un tronco
    felino. Acaricié el amor como archipiélago
    de piel. Me desvanecí en el vértigo del espejo.
    El olor a canela, clavo de olor, y cáscara de naranja
    hizo de la tarde felina un puente de espera.



    ---



    La diosa de la fortuna me ha señalado de frente.
    Es la voz sonora de un pájaro mudo. Es Perséfone.
    Vuelve para verme el rostro vacío de máscaras. El vaho
    de la piedra enmudece el solisticio. Soy yo
    mirándome nacer entre el capullo invisible. Soy yo, venado
    de la noche. Adornada de jades, esculpidos con fuego
    y leña. Doce silbidos presagian toda una aurora
    en la hoja profunda de una higuera.





    Picaporte

    La aldaba y el picaporte nombran
    tu cuerpo. Mis manos inventan bisagras.
    Se discurren por ranuras aceitadas.
    La tarde se levanta soñolienta 
    después de una larga siesta.
    Los ojos pesados absorben la retirada
    del sol. Las huellas pisan los labios.
    Los labios reviven enlazados 
    la dulzura del latido. Tu corazón explota
    en la rendija de mi pecho. 
    Te vivo y te siento.
    El atardecer se desparece.
    Los faros se encienden
    en la densidad del silencio. 
    El agua habla infatigablemente
    sin perder el recorrido.
    Las aldabas se repiten
    en cada nombre del recuerdo.




    Tigre

    El tigre posee todas las letras del alfabeto
    primordial. El tigre posó sus labios sobre los míos.
    Una gramática inexplicable surgió. Entrar en un mundo
    de espejos dormidos. Vacilar en curvas peligrosas,
    mirarme sin mirarme, entrar por mis ojos al tigre.
    Sentir su corazón rugir el bramido de los profetas.
    La lluvia no tuvo cuerpo, ni cara. Todo se volvió
    silencio oculto de la nada. El tigre no rugió,
    tambores, ni temblores. Con mis manos llenas
    de augurios y huellas acaricié su rostro. Un abecedario
    de signos circulares mugieron mis sentidos. Nací
    de mi ojo, del ojo del tigre. Bebo lluvia de las letras
    primordiales. Y en medio de lo arcano vuelvo
    a germinar sin cesar en el centro de la noche.




    Tiger

    The tiger owned all the letters of the primordial
    alphabet. The tiger placed his lips on top of mine.
    An unexplainable grammar sprung up. I entered a world
    of sleeping mirrors. I hesitated between dangerous curves,
    I saw myself without looking, I entered the tiger through my eyes.
    I felt his heart roar the bellowing of all prophets.
    The rain has no body, nor face. All is peeled off
    leaving silence, hidden from nothingness. The tiger did not roar,
    no drums nor quaking. My cupped hands savant omens and trances
    as I caressed his face. An alphabet of circular signs seared
    my senses. I was born from the tiger’s eye and my own.
    I swallowed the rain of primordial letters. And in the center of the arcane,
    I return without pausing to germínate in the midnight hours.

     [Cindy Rinne, translator]




    AYOTZINAPA

    Ayotzinapa, hace poco no podía pronunciar tu nombre.
    Ahora no sólo lo pronuncio, no sólo lo repito,
    sino que es una herida abierta en la tierra. 
    Es una violación de la tierra, 43 hijos 
    de vientres heridos claman, Ayotzinapa
    ya no es una palabra, ya no es un lugar.
    Ayotzinapa es un monumento a la violencia,
    es un campamento de jardines descompuestos.
    Es un grito, un aullido, es cicatriz
    y carne viva. Ya basta.
    Ya nos cansamos 
    de tanto ataúd y vitrina.




    AYOTZINAPA

    Ayotzinapa, not long ago I could not pronounce your name.
    Now I pronounce it, now I repeat it,
    now it is an open wound of the earth.
    The ground has been raped, 43 sons
    of wounded wombs cry out. Ayotzinapa,
    it is no longer a word, it is no longer a place.
    Ayotzinapa is a monument of violence,
    It is a camp of decomposed gardens.
    It is a yell, a howl, it is a scar
    of live flesh. Enough, we have become tired
    of caskets and showcases.

    Ivonne Gordon Carrera (2014)







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    Eduardo Bechara Navratilova

    Nació en la ciudad de Bogotá, Colombia, el 9 de noviembre de 1972. Es hijo de padre de origen libanés y  madre checa. Se graduó de derecho en 1999, y literatura en 2005 de la Universidad de los Andes, Bogotá, Colombia. En 2009 terminó una Maestría en Escritura Creativa en la Universidad de Temple, Filadelfia, Estados Unidos, en donde fue profesor de escritura creativa y escritura de negocios en 2009 y 2010. Publicó “La novia del torero”, 2002, Editorial La Serpiente Emplumada, “Unos duermen, otros no”, 2006, Editorial Escarabajo, “Poemas a una ciudad, un insecto y una mujer”, 2010, coedición entre Editorial Escarabajo y El Copista de Córdoba, Argentina, “Mendigo por un día”, 2012, coedición entre Editorial Escarabajo y Ediciones del Boulevard, Córdoba, Argentina y “El juego de María”, 2016, Editorial Escarabajo. Desde enero de 2013 realiza un viaje continental por Sur América en el desarrollo del proyecto “En busca de poetas”, con el objeto de descubrir poetas editados e inéditos, documentarlos y publicar una serie de antologías de poesía suramericana. Ver más del proyecto en: www.enbuscadepoetas.com.


    Luz

    VI

    Un ser humano bajo la luz
    es un actor,
    un sospechoso de homicidio,
    una estrella de rock,
    un torturado,
    una mujer pariendo,
    un cadáver en su autopsia…


    IX

    Cerrar los ojos te deja ver…


    XI

    La luz es un grito
    en el silencio de la oscuridad.




    Oscuridad

    I

                                          A Aristóteles España en casa de César Hidalgo

    La oscuridad es un vínculo entre la nada y yo,
    esa ausencia en donde los perros aúllan
    tu nombre,
    el aliento del gato que medra entre los muebles…

    La oscuridad es tu silencio cargado de piedras,
    la cordura perdida del poeta
    entre voces caídas,
    la oscuridad cubre los bajos fondos
    en los que un hombre
    dejó de ser el hombre que era,
    y una mujer dejo de ser
    la mujer que soñó…

    La oscuridad es un vestido de novia pintado
    de rojo,
    un pájaro que picotea un árbol seco,
    un árbol de espinas puestas al viento,
    unos ojos que miran y no ven…


    II

    En la oscuridad los reflejos
    adquieren forma de pasado,
    el canto se vuelve mudo
    y la bahía se hace grande…

    En la oscuridad se dibujan
    los hombres y mujeres que
    se perdieron en el camino…

    La inmensidad se hace grande
    y los hombres
    se pierden con las palabras en
    sus bocas…


    III

    Una oscuridad vale las rodillas
    temblorosas de un niño,
    la estrella fugaz en la que el
    enamorado pide amor eterno,
    el grito de un hambriento
    que reclama un plato lleno,
    el anhelo del hijo
    que quisiera
    el regreso de ese
    papá que la misma
    oscuridad
    raptó…




    Silencio

    I

    El silencio es un arma poderosa,
    un ruido blanco en el que los
    pájaros
    cantan su desesperanza,
    la ausencia de la lengua,
    un pálpito mudo
    en el que se ahogan
    las miradas.


    III

    Nuestro silencio se
    raja con cuchillo.

    De él corre la sangre,
    ese grito mudo en el que
    tú y yo somos
    esclavos de esta lejanía
    que nos ha vuelto
    extraños…


    VI

    El silencio también asfixia.
    Pone su mano de hierro
    sobre la boca
    y hace que
    las palabras mueran.


    XI

    El silencio es un látigo con púas,
    y yo la espalda encorvada que lo recibe.

    Quisiera ser viento,
    soplo que levanta
    el pelo de una joven que
    se pasea en el parque.

    Quisiera la voz,
    tus labios en mi boca,
    las palabras hiladas
    como una jauría de perros
    ladrando en la madrugada.

    El silencio desgarra mi piel,
    la levanta de cuajo
    y grito…

    Grito en silencio…



    A la memoria del poeta Manolo Graña, deansfunence, que despertó en nosotros la idea de salir a buscar poetas y darles el reconocimiento que se merecen…

    El  poeta es ese bicho raro
    de cinco patas que cojea
    en su andar enclenque
    y silencioso…

    Un  Gregorio Samsa
    salido de su alcoba,
    al que le falta esa pata
    que su hermana le arrancó
    en un rapto de incomprensión…

    El hombre, el niño, el anciano
    que es mirado con recelo
    por apreciar la belleza
    en lo cotidiano,
    señalar la fealdad
    e importarle su arte.

    El cisne mirado en desorden
    sobre un estanque de patos…

    El desadaptado al que le rehúyen
    por lucir su traje viejo
    y tener los zapatos descoloridos…

    El poeta es un paria
    que despliega las alas,
    vuela sobre el mar como canto…

    El poeta es un escarabajo
    de alas verdes
    en las que se refleja el mundo…




    El silencio en la boca de un hombre 

    Para Randall Roque & Robert Max Steenkist por importarles el mundo y la vida de los 43 estudiantes desaparecidos en Ayotzinapa.

    El silencio en la boca de un hombre es
    un pájaro muerto en estado de putrefacción

    una espada que atraviesa la garganta,
    la deja expuesta,
    desnuda y solitaria
    en un grito sin voz…

    un puño que lo aprieta con su palma de hierro,
    lo estrangula,
    rapta y sepulta
    en un sótano…

    una vida dejada al amparo de un buitre
    que rasga su vientre,
    picotea sus entrañas
    y las devora en silencio
    desde su mirada de asesino…



    El mundial ha sido fiesta 

    Una especie de carnaval llega
    a las ciudades brasileras en las
    que juega Colombia.

    La alegría tricolor
    se mezcla con la brasilera
    y felicidad invade las calles.

    Todo es alegría
    hasta que resaca
    GolpeA
    y realidad
    se hace
    penetrante:

    nuestro aliento
    apesta
    como el de
    todos
    los políticos…

    Del poemario “Conexión Brasil”



    Emociones opuestas 

    De la realidad de un pueblo
    que grita su dolor al viento,
    expone la corrupción
    y muestra la furia
    de saberse engañado,
    objeto de burla,
    juguete de político

    a la algarabía del fútbol

    hinchas con camisetas,
    nacionalismos
    y cánticos
    que definen colores

    delirio grupal,
    esa especie de borrachera
    colectiva en la que
    ahora gritamos de alegría…

    La realidad del Brasil se fue

    al



    olvido…

    Del poemario “Conexión Brasil”




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  • 04/12/16--15:33: AGUSTINA TABOADA [18.416]

  • Agustina Taboada 

    Nació en Buenos Aires (1971). Escribió dos novelas, Ysatis (1994) y Freak Out (1998), una recopilación de prosa poética “S/titulo” que publicó Editorial La Bohemia (2002) Lee el tarot desde el año 2002 e inauguró el tarot on line. Actualmente vive en Buenos Aires y coordina Arcanos de Luz, un emprendimiento espiritual que nació en Internet en el año 2007, donde se gestan arte y mística.


    Colores

    la bruma sobre el mar es de gasa naranja amarilla
    muy lejos de la playa
    dos barquitos de juguete

    detrás

    las copas con mantos blancos
    los copos de nieve en las copas
    los bosques de pinos

    un débil sol de invierno
    viene justo a herir mis ojos
    me conmociono
    la nieve se derretirá
    será pronto agua
    ya lo veo ya gotea
    desde los bosques de pinos

    ¿me quieres como yo te quiero?
    ¿me miras como yo te miro?

    no sufro
    floto
    boca arriba
    sobre el mar de piel ámbar

    que la fuerza me acompañe




    Nimiedades

    Mejor no ser nimia,
    no desear rasgarlo todo.

    Hay tanto de absurdo.

    Recuerdo a mi buelo
    nombrarla en mi infancia
    Simone de Beauvoir
    era un mito un anticristo
    una puta simple y llana.

    Creo que a partir de ese instante
    me encandilé con las furcias,

    esas busconas de autonomía.

    Te haré mío
    o mía
    son sólo las circunstancias
    en seguida regresarás al río
    a nadar por territorios submarinos.
    O si eres un ave,
    sin miedo en el cuerpo
    podrás volar.

    Yo no sé nadar
    mis alas rotas
    aletas no tengo
    mi almohada es de plumas
    mi otro un explorador
    sabe abrirse paso en la maleza

    lo deleitan las fricciones con la tierra

    si guillotino sus piernas
    no podrá avanzar más…

    ¿dónde encuentra abrigo y sustento un ave?

    El águila grande
    exhibe su vuelo en el cielo
    si trataran de atraparla
    de hacerla normal
    de verla pequeña
    dejará su nido y volará
    al encuentro con los ángeles
    que existen




    SUSURROS

    Susurros. Murmullos, murmurios, bisbiseos, mi casa no linda con el cielo, mi casa es vecina del infierno, espectadora del caos, esta lejanía en las calles, este revoltijo en las plazas, la caldera ardiente en los bancos y en el ánimo y en medio de todo yo, a solas en la tierra desolada, el cuerpo sazonado, las palabras rudas, las intenciones exactas, los momentos huecos, mis días y mis noches, disolución de espacio, mi hija abre la puerta, dejame dejame escribir, el libro de Oscar Wilde, la cama cálida, y vos, y yo, recuerdo todo lo que tengo recordar acá en este crisol de experiencias, y veo el día gris por la ventana, el cemento mojado y yo a solas en mi cuarto, el gas cortado, ligera fetidez que no podré eliminar, suprimir quitar descartar, el baño está helado. Monedas al aire. Monedas flameando en el aire, flotando ondulando en el aire, reemplazan la voz de mi conciencia ... las frías letras amarillas, fulgurantes relucientes en el estrato negro me dicen sí, mi hija que abre la puerta, las teclas de esta computadora, el libro de Oscar Wilde, mi cuerpo que sangra, renovación de útero en esta confusión de sangre y coágulos, su espíritu enlazado al mío, ondeando en el aura rosada, su espíritu ayer desandaba, preso de demonios, de culpa y recelo... 

    Culpa. Crisol. Palabras fundidas en un molde, este recurso me cura, este refugio me alivia, por este remedio río y bailo y me pongo una peluca plateada y la sombra ovalada de mi cara y el verde de mis ojos velado, río mientras la tarde cae y en el cuadrado cuadriculado la tarde gris y el cemento mojado, el colectivo y el señor aislado, los comercios vacíos, los bancos cerrados, lunes a la tarde, soy dichosa o desdichada, muy contenta o desgraciada, venturosa malhadada, desastrosa o atinada, apocada afortunada, oportuna infortunada, eficaz desventurada, esta es mi rutina, mi ruina. Mi uniformidad, mi igualdad. 

    (de S/titulo editorial La Bohemia, 2002) 




    NOSTALGIA POR EL JARDÍN DE EVA

    El ritmo es circular
    se mide en tiempo

    se muestra en el óxido
    de la materia 
    que cambia las tonalidades
    del verde al rojo del rojo al negro.

    Los frutos podridos, 
    retornan a la tierra y todo es 

    cíclico
    transmutación de la carne entre
    humus espeso
    metamorfosis
    en un árbol
    de hojas angostas
    repletas de oro.

    El mar, 
    matriz de la tierra
    su útero gesta
    mis trances místicos
    mi cordón umbilical se pudre
    y cae
    ya Eva es expulsada del Edén
    por su pasión de mula ciega
    por ser ángel caído
    soberbia y arrogante
    Eva frente a Dios se rebela
    a obedecer la orden:
    "No comas el fruto
    del árbol de la sabiduría, 
    no me preguntes,
    déjate guiar”.

    y Eva dijo:
    "¡No, por qué, quiero saber
    soy como Dios!", 
    y Dios la dejó sola
    en su pasión de mula
    ciega en su osadía
    vagabunda esencial por sí misma
    Eva vagó y fue Venus 
    entrando a la rueda del tiempo 
    el óxido mutó su materia
    ya que antes de eso
    ella existía fuera del ritmo
    sonriente en el número 12
    de la Avenida del Paraiso.



    EL LLANTO DEL FENIX

    “La altivez del pavo real es la envidia de Dios” (William Blake)


    Me duelen las alas, se queja mi cuerpo 
    del peso que lleva, lo aplasta
    me ahoga el canibalismo
    de los otros
    no abro los ojos
    del miedo a verme despierta
    en medio de la curva
    peligrosa de la muerte.

    Me duelen las alas 
    Y oxido mi garganta por no hablar
    con voz al volumen del trueno 
    y añoro un origen de leyenda

    clonada por las hadas

    y no lo que pasó
    mi madre es una extraña
    mi padre que era un héroe
    del semen de un dios bravo
    fue de verdad
    también un extraño
    un hombre indiferente.

    Me duelen las alas
    se queja mi cuerpo 
    así es esta senda 
    ya surgen
    rosales en las zarzas 
    euforia
    el viento abre mis alas
    y planeo sobre el valle. 

    II
    alas rotas 
    los patos vuelan bajo 
    los pavos vuelan poco 
    vuela mariposa 
    que morirás pasado un día 
    vuela mota de polvo y serás
    un arco iris tornasolado
    las motas suspendidas en el tiempo
    bajo un haz de luz de sol 

    corre caperucita 
    que están abiertas las fauces
    del lobo feroz 

    llora tus lágrimas
    de plata
    Ave Fénix 
    llora y regenera con tu bálsamo 
    mis alas rotas. 


    de Nostalgia de Eva, Poemas 2006.




    ADICTOS A LA BELLEZA
    (Geografía de Barcelona)


    Acto I

    esta vida sin repuesto 
    anímate mujer 

    morir de glamour 
    me he quedado sin pase 
    mis universo es dominicana 
    ¿por qué no lo diste todo? 
    sea como sea pase lo que pase 
    ¿no era tu redención morir por mí? 

    Crac crac
    las tripas apretadas 
    crac crac 
    camina sobre mi estómago 


    Acto II

    Cambio brusco 
    a un estallido de verdadera felicidad 
    en la imaginada preciosidad de la ciudad 
    recupero el equilibrio 
    si detrás de los abismos hay colinas 
    la escarpada garganta del diablo
    trepé por ella y estaba Dios. 
    Desde el abismo 
    una mujer imaginada 
    bella como un sueño
    y minusválida para la emoción.


    Acto III

    Adictos a la belleza 
    y al vértigo del amor. 
    La silueta de los edificios góticos 
    y los maniquís de Paseo de Gracia. 
    La caída del roce de tu mano 
    y una pupila clavada en otra 
    al mediodía por la ciudad.

    Adicta al espectáculo del mar: 
    una ventana abierta 
    y en el cielo del otoño 
    una banda de gaviotas 
    llevando en el pico los peces del mar.

    Adicta a los cuerpos enlazados 
    por la noche y a la lujuria
    del terciopelo de una piel
    contra otra piel.

    Adicta a vos.

    Adicta al mar y al color
    de las hojas del bosque 
    en los atardeceres sangrantes
    del verano.

    Adicta a retener entre mis dedos 
    aprisionar 
    revivir 
    recordar 
    el sabor metafísico de la belleza 
    y de ese deseo al cual le decimos amor.

    Acto IV

    adrenalina 
    euforia 
    aviones 
    trenes 
    aterrizaje 
    despegue 
    cambio constante 
    cambio continuo 
    cambio adrenalínico 
    extensiones gigantescas de desierto 
    en la noche cerrada del alma 
    donde llegamos al limite 
    vos y yo




    VUELO RASANTE

    te gustan mis frases tontas?
    esas que saco en cualquier lugar

    recorren las letras
    tu sinuosidad

    lo sinuoso
    de la ruta de las curvas

    me siento bien
    tengo adentro a todo
    oh estos remolinos!
    el pelo al viento
    el barco que sube y baja
    como en un parque de diversiones
    una tortura
    que
    nunca acaba

    en vuelo rasante

    lo huelo
    de cerca
    su aliento me silba en la nuca
    muy cerca
    del neón de la salida
    para no mirar atrás
    para no enfrentar sus ojos
    y gritarle dejá de seguirme!
    Dejame en la oscuridad
    hace frío en el bosque
    cuando los ojos están abiertos y no ven nada
    porque las hojas de los árboles
    que en el día son verde esmeralda
    de noche
    atrapan dentro de ellas la negrura.






    .


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  • 04/12/16--15:52: AGUSTINA BELTRAME [18.417]

  • AGUSTINA BELTRAME

    Nació en abril de 1994, en Gualeguaychú, Entre Ríos, Argentina, donde reside. Desde el 2013, estudia el Profesorado en Teatro en la Facultad de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Entre Ríos. En el año 2015, se editaron poemas de su autoría para la Antología de poetas argentinos “Rutas, un recorrido por los diversos senderos poéticos del país” con selección y prólogo de Sergio Minore. Punto de encuentro Editorial. Además, ha colaborado en revistas locales como “Tinta y Hueso”, y otras revistas digitales como “El globo literario, revista de literatura invisible”.




    Primero partir
    la luz estalla en mil partes
    la sombra se extiende
    voy por el reflejo del sol





    X, la huella
    un día me clava la luz
    el amor en el cuerpo
    y me deja a medio camino
    de una vuelta, no sé si manzana
    kilómetros o mundo
    ni señal me deja
    dónde nos encontraremos, silencio
    si nos encontraremos próximos
    en el agua luz me planta
    su vida sin tierra





    Éxodo
    una cantidad de agua nos volcó
    naufragamos en una música de primer mundo
    nuestras consecuencias acróbatas nos dejaron
    sin permiso para tomar las llaves e irnos
    volvimos a la superficie con hastío, sedientos
    sin remedios para una nueva neurosis
    que comenzaba a desencadenarse
    golpeamos las paredes de nuestro físico
    para que toda agua se nos cayera
    no hicimos más que romper todo olvidar todo
    no dejamos nunca una puerta sin grietas
    ni supimos poner en su lugar una nueva ventana
    que nos deje ver el azul el sol o la nada
    nada sin aliento a construir esta nada
    por diluir en cuerpos que se abrazan
    donde no están
    sin oleadas de un sol ajeno de viento
    el mundo que nos tocó
    se quita el peso para hundirse
    permanece y se desarma





    Cuerda
    los ángeles del sueño
    caen, rojos, como pájaros mutilados
    por la muerte de la luz





    La resaca de la ola 121
    la caída de las cosas
    la resonancia de cada una
                               a la luz
    el filtro del movimiento
    objetos tumbados,
                              el desequilibrio,
    la luz despierta todo
    la luz rechaza todo
    la luz aprieta a las cosas
    un hueco es la muerte
                          la muerte, un eco,
    un eco contesta a la ruptura
    y la espuma de los cadáveres
    por la oscuridad no se cubre
                                     todavía





    .

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  • 04/12/16--16:09: FABIÁN ALBERDI [18.418]

  • FABIÁN ALBERDI

    Nací en Bahía Blanca en 1967. Villamitrense. Formé parte de los Poetas Mateístas desde 1985 a 1994. Actualmente resido en Viedma, Rio Negro.


    del centro a la villa, última parada.

    I

    cortaderas oscilantes laceran mis piernas.

    (también los insectos,
    que vuelven a sus hábitos regulares
    y reposan luego en una chapa acanalada)

    el pasto reclama suyos
    objetos que son y no son;
    lo mismo que el gato de Schrodinger,
    hasta que alguien los pisa no se sabe.

    -recojo una estrellita que reza
    sheriff
    o quizá,
    comando radioeléctrico-

    (que la cámara siga mi derrotero;
    obsérvese cómo la sangre adherida a mi camisa
    parece una medalla)


    II

    ya sorteé el bañado 
    ya cruzo 
    el puente negro

    el Napostá entubado es una madre loca

    villa mitre 2001



    río abajo

    padre, me pusiste en la cesta
    y sigo río abajo.
    (nada más que limo en las orillas,
    pequeñas hogueras a veces, 
    en los ojos de quienes esperan
    ver pasar un cadáver).
    el mimbre está hinchado, padre,
    mordido
    por criaturas más rápidas que la vista,
    indistinguibles de los altos pajonales
    en los que me interno 
    siempre que el río muere.
    (mientras espero
    soy igual a esos seres
    sin ojos, con oído apenas
    para el constante latido del agua
    y su promesa).
    nada más que limo en las orillas,
    papá, a veces ropa
    tirada por el suelo en familiar desorden,
    como si de pronto
    hubieses decidido acompañarme.

    villa mitre 1993




    un día, un cuarto

    mientras cambia las toallas y las sábanas
    de un hotel antiguo alejado del centro,
    la chica me pregunta si acaso tengo idea
    de las porquerías que la gente abandona
    en los cajones de estas mesas de luz.

    antes de que pueda responderle
    la oigo afirmar que esta pieza es la más ventilada,
    y que depende del día,
    uno puede morirse de frío o de calor.

    quiero prometerle enseguida
    que no trataré de averiguarlo y me iré pronto,
    pero comprendo que nunca se ha dirigido a mi
    y elogio entonces el biselado del espejo
    y con un tono casual le digo en voz muy baja
    que ella también es hermosa.

    bahia blanca 1987





    aunque te quiebre la vida 

    el tango no pone triste a la copera.

    ni el clarinete algo desafinado 
    ni el calvo al piano 
    ni ese cantor que tose feo

    ni siquiera las muy gruesas cortinas de pana roja
    y sus lazos dorados 

    nada la distrae de lo bello que ella sabe



    fósiles en ámbar 

    I

    hace un momento te abotonabas el vestido,
    una prenda cómoda que te habías puesto,
    porque yo te lo pedí.


    II

    Me contaron que ocupaste esta silla
    hasta hace un rato,
    y que olvidaste un suéter ahí mismo,
    en el respaldo metálico.

    Un suéter tuyo, por fin,
    aquél que con sus firmes líneas amarillas
    se defendía como un tigre.

    BB 1985



    La Toma

    Confirmamos que el terreno no es firme;
    se trata de una zona anegada por lluvias persistentes,
    con pinta de resumidero 
    de quizá antiguas civilizaciones

    Dos tercios de su composición se ignoran.
    El resto es una baba lánguida que sujeta los pasos.

    Parece espuma de mar.

    Nuestra expedición 
    habrá sido, en casa, olvidada,
    y las muchas bendiciones 
    disueltas en balbuceos .

    Fundaremos empero esta noche una colonia.

    Aquí, aquí mismo,
    siguiendo el dictamen de nuestros mayores



    La Toma II

    Llevaba media hora a pie,
    entre casas cuyas ventanas,
    si las tenían,
    no daban a la calle.

    Las puertas, 
    sencillas cortinas
    ante las que había que aplaudir,
    no sin alguna molestia
    se apartaban un poco,
    pensando que yo era 
    el viento frío de la noche



    Ya no cantas chingolo

    Tus herramientas reposan.

    Hago en el galponcito todavía un examen.
    Cuando entro,
    te busco.
    Constato que no estás.
    Recuerdo entonces que te moriste y junto cada vez
    alambrecitos y maderas.
    -A veces los pongo en un estante
    otras veces los tiro-

    Para amplificar un sentido cualquiera
    acallo los restantes.
    Permanezco así un tiempo.

    Así es nomás, papá, simplecito.
    Tenemos todo el tiempo para nosotros.

    Decíme lo que quieras.






    Fósiles en ámbar. Poesía 1985-2012, Vox, Bahía Blanca, 2013.



    luz en mi casa

    luz en mi casa
    y yo en otra ciudad
    que la cartelería da por real
    allá a doscientos kilómetros
    pavimento mediante

    (dos o más liebres
    que en la banquina yacen;
    un látigo de caucho
    como rúbrica final
    para una escueta
    nota suicida)

    luz en mi casa
    y yo en la de otro

    ahora que viene el fin del mundo
    tal como lo conocemos
    chimangos
    y otros carroñeros de la ruta
    esperan
    a los pequeños mamíferos atropellados
    tras la huida
    de los mamíferos más grandes

    luz en mi casa
    sin una fuente cierta
    definiendo a su paso los objetos queridos
    dándoles por mí
    el beso del adiós

    luz en mi casa
    y yo aquí detenido

    (De Chimangos y otros carroñeros)



    más lejos

    más lejos de la casa y del camino
    la tierra se pone roja
    de minerales

    si se escucha con atención
    cascarudos lustrosos se dejan oír
    practicando lo que sea que hacen con sus patas
    con frenesí admirable

    llamada de amor
    o puro acicalarse

    mi tránsito no ha sido previsto
    tampoco mi pisada torpe

    me pregunto
    en voz queda
    para qué ir más lejos

    (De Más lejos)



    lo que se quiere

    cuatro músicos frente a la fuente de los deseos
    se turnan
    para arrojar monedas de diez centavos
    con despareja eficacia;
    mellan los cantos ya gastados en rebotes imposibles

    (en años de crisis estas moneditas se utilizaron
    para hacer arandelas;
    ahora el estado reemplaza el bronce por latón)

    los cuatro músicos desean hacer tango
    pero han nacido tal vez en Corrientes
    o en la Patagonia

    la Fontana di Trevi vernácula
    emplazada en medio de un desierto
    no tiene a Neptuno domando tercos hipocampos;
    casi no lleva agua y la poca que lleva
    se escurre
    entre las groseras grietas de la piedra caliza

    las monedas de los músicos que aciertan
    corren la suerte del agua;
    lejos de la vista recuperan su valor
    se vuelven más necesarias que el deseo

    (De Senderos peatonales)



    Con enorme alegría llegamos de la imprenta con las cajas de Fósiles en ámbar de Fabián Alberdi, poeta bahiense y mateísta. Los poemas del libro fueron escritos entre los años 80 y 90. La tapa es del artista Cesar Montangie. Van dos textos y un fragmento del prologo escrito por Marcelo Díaz.

    ..."Como el mosquito de Jurassic Park, el YO que nos habla desde las páginas de Fósiles en ámbar lleva el adn de varias especies, y no solo poéticas: un Giannuzzi, un César Fernández Moreno, algo de Ponge, Levrero, el cine clase B, la ciencia ficción, Pessoa, Perec, Masliah, el Pound de Personae, la Antología de Spoon River de Edgar Lee Master, Pavese, Pratt (Corto Maltés es el prototipo de héroe con principios, un poco renegado, y muy melanco) y Robin Wood (megaguionista capaz de hacer andar a un héroe sumerio, Nippur de Lagash, por una mezcla de aventura, tango y melodrama), entre otros componentes, algunos impensables.

    Ese adn tiene su marca de origen, generacional si se quiere, en los ochenta/noventa, y da un yo poético de a pie, observador de detalles a veces insignificantes, que elabora sus soliloquios con un sobrio registro oral (bonaerense) y una sintaxis que sin embargo se aparta del habla con sutileza; un yo practica el pesimismo con entusiasmo, y que al borde de la elegía se detiene con un gesto de “bueno, tampoco exageremos…” M.D.

    (guerra fría)

    cuando usurpamos esa quinta en el Palihue
    todo el tiempo pensé que éramos invitados

    mi amiga no dejaba de señalar el mal gusto
    la grifería barata
    el ahorro sin inteligencia de los nuevos ricos

    éramos poderosos misiles

    con velocidad cercana a cero
    volvíamos de la pileta al cuarto 
    brazos pegados al cuerpo
    piernas ahusadas 
    ojos de chino

    no detonábamos de milagro

    Siga el curso comandante

    Siga el curso comandante
    no se detenga a pensar en su acidez estomacal
    ni en los arabescos de la elegante cortina
    que separa las clases
    de estos aviones de bandera extranjera

    No cometa errores 
    que pagaríamos todos
    si usted fuera un terrier como yo
    o cualquier raza de perro
    ya le veríamos sacando la cabeza por la ventanilla
    con la lengua afuera

    No lo haga
    que hará después 
    con doscientos cadáveres en su conciencia 
    cómo les dará sepultura
    si tiene la suerte de sobrevivirnos

    Siga el curso que no el corso
    comandante
    no recuerde ni por asomo
    a las garotas del freeshop brasilero
    no ande lamentándose no haber comprado
    ese perfume de gatos

    Le pedimos con algo de penosa sumisión
    que esté atento cuanto pueda
    a los controles
    ya sabemos que usted es un títere
    que basta una mínima alteración de las leyes de la física
    digamos un milagro 
    para que todo se vaya al carajo
    en ese caso diremos que fue evidentemente
    un castigo divino

    Siga el curso comandante
    nos parece mejor que no trate de esquivar
    a esos ovnis
    arremeta nomás
    total que puede ser peor que catorce horas
    acá arriba

    cuando usted baje de la aeronave con sus polarizados anteojos
    tendrá una velada visión de nosotros
    seremos su ganado sin marca
    nos habrá soltado la mano

    nos parecerá que la próxima
    ya podremos volar solos





    .

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  • 04/12/16--16:35: BERTRAN DE BORN [18.419]


  • Bertran de Born

    Bertran de Born nació en la masión señorial de Born de Salagnac, Périgord en 1140 y falleció en Dalón, Dordoña, en 1215. Fue un soldado occitano y trovador.
    Fue vizconde de Hautefort. Poseía castillos entre Limosin y Périgord. Luchó con su hermano Constantino por la posesión única de la herencia familiar. También tuvo problemas con el rey Enrique II de Inglaterra y con sus hijos. Dante le describe en el infierno con su cabeza entre las manos como castigo. Bertran acabó sus días en el monasterio de la abadía de Dalón.

    Empezó por expulsar a su hermano Constantino del importante castillo cercano de Autafort, cuyo señorío había pasado a compartir, y luego se puso a guerrear contra Enrique II Plantagenet, rey de Inglaterra, empujando a la rebelión, junto con los barones aquitanos y potevinos, al hijo mayor de Enrique II, el ‘’joven rey’’ Enrique el del Cort Mantel, envidioso de su hermano menor Ricardo Corazón de León, convertido efectivamente en duque de Aquitania y conde de Poitou.

    Después de la muerte del joven rey, que le inspiró un planto (elegía) cuya belleza formal nos conmueve todavía hoy, se reconcilió con Enrique II y con Ricardo.

    Bertrán de Born era el tipo perfecto de barón feudal, que no piensa más que en aventuras y batallas, no por patriotismo, sino por necesidades económicas y venganza personal. Era el cantor apasionado de la guerra, y sus serventesios políticos, que narran las desgracias de sus protectores, los Plantagenet, lo colocan entre los más grandes poetas de su género. Sin embargo, la mayor parte de su obra son canciones de amor y, conforme al estilo trovadoresco, ensalza la belleza de su amada. Esto, junto con su seducción intelectual, le produce un joi (gozo), inigualable a cualquier bien terrenal:


    V

    "Al gen parlar que·m fetz et al bel ris, quan vi las dens de cristau e·l cors graile, deljat e fresc e lis, trop ben estan en bliau, e la colors fo frescha e rosana, retenc mon cor dintz sa clau. Mais aic de joi que qui·m des Corrozana, quar a son grat m'en esjau".

    Retuvo mi corazón bajo su llave con el gentil hablar que me dedicó y la bella sonrisa, cuando vi sus dientes de cristal y su cuerpo grácil, esbelto, fresco y terso, tan oportuno en el brial, y el color era fresco y rosado. Tuve más gozo como si alguien me hubiera dado Corrozana [Korosan, provincia de Persia, es decir, lugar remoto y de gran precio], porque me hace feliz.

    Bertran de Born, BdT 80, 19. Ges de disnar no fora oi mais matis (vv. 33-40).

    Se conservan cuarenta y siete composiciones de fechadas entre 1181 y 1196, lo cual le convierte en uno de los trovadores más prolíficos de la época. Sólo una cuenta con su correspondiente notación musical.

    Como el sensible Bernart de Ventadorn, este condotiero menesteroso y sin escrúpulos se hizo monje en el monasterio de Dalón, donde murió poco antes de 1215, dentro de la orden del Císter.

    Sabido es que Dante le otorgó, al condenarlo en la Divina Comedia, un lugar inmortal. Lo encontramos en el noveno foso del octavo círculo con los sembradores de discordias (canto XXVIII del Infierno), en el contrapasso.

    En el Infierno de Dante, el cuerpo de Bertran de Born es separado de su cabeza por intentar dividir un padre de su hijo (ilustración de Gustave Doré)

    Y para que tú de mi noticias lleves,
    sabe que soy Bertrán de Born, aquel
    que dio al joven rey malos consejos.
    Yo hice al padre y al hijo entre sí rebeldes;
    no hizo más Aquitofel a Absalón
    y a David con sus perversas sugerencias.

    Porque separé a tan unidas personas,
    separado llevo mi cerebro, ¡desgraciado!,
    de su principio que está en este tronco.
    Así se cumple en mí la represalia5 .

    También fue elogiado por Petrarca, quien llegó a imitarlo en alguna canción. Posteriormente, fue reconocido como uno de sus poetas favoritos por T. S. Eliot y Ezra Pound.

    Bertran de Born es citado en el libro de Paul Auster Invisible (editorial Anagrama), donde se sitúa al poeta en el infierno al igual que hiciera Dante.



    Me agrada el alegre tiempo de pascua

    I

    Me agrada el alegre tiempo de pascua,
    que hace que vengan las hojas y las flores:
    y me agrada oír la alegría
    de los pájaros que hacen tintinear
    su canto por el bosque;
    y me agrada ver en los prados
    levantadas las tiendas y pabellones;
    y tengo gran alegría
    al ver en el campo alineados
    caballeros y caballos armados.


    II

    Me agrada que los batidores
    hagan huir a la gente con sus bienes;
    y me agrada ver venir tras ellos
    muchas gentes de armas todos juntos;
    y me agrada en mi corazón
    ver castilos fuertes asediados,
    muros derrumbados y rotos
    y ver la hueste en la orilla,
    rodeada de fosos
    con estacadas de fuertes y apretados palos.


    III

    Del mismo modo me agrada el señor
    cuando es el primero en atacar
    a caballo, armado y sin miedo,
    que así hace que se enardezcan los suyos
    con valiente ánimo.
    Y cuando el combate se ha entablado,
    todos deben estar dispuestos
    a seguirlo gustosos,
    pues nadie es apreciado en nada
    hasta que ha dado y recibido muchos golpes.


    IV

    Mazas y espadas, yelmos de colores,
    escudos que se rompen y despedazan,
    todo lo veremos al entrar en el combate
    y a muchos vasallos golpear juntos,
    por lo que vagabunadearán
    los caballos de los muertos y de los heridos.
    Y cuando haya entrado en la batalla, cada noble
    no pensará sino en cortar cabezas y brazos,
    que más vale muerto que vivo vencido.


    V

    Os digo que no me agrada tanto
    comer, beber o dormir
    como cuando oigo gritar: "¡A ellos!"
    por ambas partes y oigo relinchar
    caballos vacíos en la sombra
    y oigo gritar: "¡Socorro! ¡Socorro!"
    y veo caer por los fosos,
    en la hierba, a grandes y pequeños
    y veo los muertos que por los costados
    tienen las astas y los cendales.


    VI

    Nobles, empeñad
    castillos, villas y ciudades
    antes de dejar de combatiros.


    VII

    Papiol, de grado
    ve, rápido, a Sí y No
    y dile que hace mucho que están en paz.


    Bertran de Born, vizconde de Hautefort (Born de Salagnac, Perigord, c.1150-Dalon, c.1215), Poesía de trovadores, trouvères, minnesinger, antología y traducción de Carlos Alvar, Alianza Editorial, Madrid, 1981



    Be·m platz lo gais temps de pascor

    I

    Que fai folhas e flors venir,
    E platz mi quant aug la baudor
    Dels auzels que fan retentir
    Lor chan per lo boschatge,
    E platz mi quan vei por los pratz
    Tendas e pabalhos fermatz,
    E ai grant alegratge
    Quan vei per champanha renjatz
    Chavaliers e chavaus armatz.


    II

    E platz mi quan li coredor
    Far las gens e l'aver fugir,
    E platz mi quan vei apres lor
    Granre d'armatz ensems venir,
    E platz mi en mon coratge
    Quan vei fortz chastels assetjatz
    E·ls berris rotz e esfondratz
    E vei l'ost el ribatge
    Qu'es tot entorn claus de fossatz
    Ab lissas de fortz pals seratz.


    III

    E altresi·m platz de senhor
    Quant es premiers a l'envazir
    En chaval armatz, sens temor,
    Qu'aissi fai los seus enardir
    Ab valen vassalatge,
    E pois que l'estorns es mesclatz,
    Chascus deu esser acesmatz
    E segre·l d'agradatge,
    Que nuls om non es re prezatz
    Tro qu'a maintz colps pres e donatz.


    IV

    Massas e brans, elms de color
    E scutz trauchar e desgarnir
    Veirem a l'intrar de l'estor
    E maintz vassals ensems ferir,
    Dont anaram aratge
    Chaval de·ls mortz e de·ls nafratz;
    E quant er en l'estorn entratz
    Chascus om de paratge,
    No pens mas d'asclar chaps e bratz,
    Que mais val mortz que vius sobratz.


    V

    E·us dic que tan no m'a sabor
    Manjar ni beure ni dormir
    Com a quant aug cridar: A lor!
    D'ambas partz, e aug ennir
    Chavaus voitz per l'ombratge,
    E aug cridar: Aidatz! Aidatz!
    E vei chazer per los fossatz
    Paucs e grans per l'erbatge,
    E vei los mortz que pe·ls costatz
    An los tronzos ab los sendatz.


    VI

    Baro, metetz en gatge
    Chastels e vilas e ciutatz
    Enanz qu'usquecs no·us guerrejatz.


    VII

    Papiols, d'agradatge
    Ad Oc-e-No t'en vai viatz;
    Dijas que trop estan en patz. 







    .


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