Rina Lasnier
Nació en Saint-Grégoire-d’Iberville, Quebec, Canadá el 6 agosto 1915 y murió el 9 de mayo de 1997.
Estudió literatura y recibió formación como bibliotecaria. Residió después en Inglaterra, donde descubrió la poesía inglesa. Aunque también sea autora de importantes obras dramáticas de inspiración religiosa, Lasnier es conocida principalmente por su obra poética. Ha recibido numerosos premios, entre los que destacan el prestigioso Premio David, recibido en 1974. Su poesía, reflexiva y fuertemente lírica, devela un matiz metafísico cercano a la piedad religiosa.
OBRA POÉTICA:
Images et proses - 1941
Madones canadiennes - 1944
Le Chant de la montée - 1947
Escales - 1950
Présence de l'absence - 1956
Mémoire sans jours - 1960
Les Gisants - 1963
L'arbre blanc - 1966
L'Invisible - 1969
La Salle des rêves - 1971
Poèmes (two volumes) - 1972
Le Rêve du quart jour - 1973
Amour - 1975
L'Échelle des anges - 1975
Les Signes - 1976
Matin d'oiseaux - 1978
Paliers de paroles - 1978
Entendre l'ombre - 1981
Voir la nuit - 1981
OFICIO DEL MÁS NOBLE
Nieve, oficio lento del más noble tiempo,
del tiempo de nevar de los grandes ríos alzando el suelo
y la comarca así remonta entre sus blancas orillas
para entrar en la primacía del tiempo de escucha;
palidez de la carne que toca el hueso por doquier,
palidez de la sangre en este dulce huracán de la inocencia.
He aquí la tierra en su vasta vestidura vistosa,
he aquí el espíritu en el extremo exilio del conocimiento.
Nieves, palabras en mantillas de ensueño que aminoran el paso,
sin imagen como el mar, y sin escritura como los cielos;
fuegos primigenios que encallan por la gravedad de la nieve
como una exultación en la frescura de la lucidez.
La tierra es un sembradío de trigo sarraceno sin olor,
una inmortalidad de la realeza subida hasta las rodillas
- tan estrecha la apuesta de Dios bajo sus muertos. -
Lenta nieve, lluvia poblada de mariposas muertas
para el reposo de los párpados que cubren islas de fuego,
trashumancia de la luz que busca una encarnación
como un amor que toca la superficie y la marea de las manos.
Estación que convoca lo silente, lo invisible es un leve caricia,
el poder de las palmas en la caída noble del signo
y en fin Dios brilla en aquel oro íntimo para el espíritu.
(versión de Françoise Roy,
tomado del poemario L'arbre blanc (1960)
Tortuga, obispo del desierto
Astro inmóvil de arenas y sales
Serpiente convertida a su doble coraza,
En la geografía de su caparazón
Se escriben la razón y los mitos.
Piedra de hierba que asegura en el mar un asilo
Y en la ofensa una cabeza retráctil,
Omnipotencia en la muchedumbre de soles
¡Para ofrecer besar la sortija de su ojo!
La palma
Este largo mástil desnudo de velas,
Esta mecha tomada en el silencio,
Este ímpetu sin la ternura de las ramas,
Alto estallido verde de una estrella.
Entre el viento y estrellas este cesto,
Este arbusto de oración para sentir el cielo,
Este cohete arreglado al final de su éxtasis,
El ermitaño sostiene su alma como una palma...
**Traducción: Marco Carrión.
[EL ÁRBOL ES EL MAESTRO DEL AVE]
Los aves sólo se mezclan con la luz…
– Escales
NOTA
El árbol es el maestro del ave; nunca la retiene, y después de haberla nutrido y abrigado, la manda de nuevo al privilegio de la libertad. Migratorios orientados a los astros, los pájaros, a fuerza de desaparecer, parecen renacer siempre en cada regreso a la rama.
La poesía enseña al poeta, sin dictadura; el poema, fenómeno de aislamiento, debe nacer alado de libertad y de espacio, como el ave. Su única liberación es la alegría diseminada.
Rina Lasnier, en Les signes.
Traducción de Víctor Bermúdez.
[L’arbre est le maître de l’oiseau]
Les oiseaux ne se mêlent qu’à la lumière…
Escales
NOTE
L’arbre est le maître de l’oiseau ; jamais il ne le retient, et après l’avoir nourri et abrité, il le renvoie au privilège de la liberté. Migrateurs orientés sur les astres, les oiseaux, à force de disparaître, semblent toujours renaître à chaque retour sur la branche.
La poésie enseigne le poète, sans dictature ; le poème, phénomène d’isolation, doit naître ailé de liberté et d’espace, comme l’oiseau. Sa seule délivrance est la joie diffusée…
Rina Lasnier, en Les signes.