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EDUARDO REYME WËNDELL [16.160]


Eduardo Reyme Wëndell

(Lima, Perú   1984) Concluyó sus estudios de literatura en la Universidad Nacional Federico Villarreal. El 2005 ganó los X juegos florales de poesía organizados por la Universidad Ricardo Palma. El 2006 su poemario “Tránsito” quedó como finalista en el concurso “Esquina de papel” organizado por la Municipalidad Metropolitana de Lima. El 2007 luego de ser uno de los ganadores del concurso organizado por la Municipalidad de Miraflores publicó su primer libro de cuentos titulado “Duerme tranquila, Rebecca”. El año 2010 publicó de forma virtual con la página Oh Cultos, el texto “Épocas de radio”. El cuento enviado para esta web quedó en tercer lugar en el I concurso de cuentos “Salvemos el Palais Concert”





SOLEDAD

Me he librado de mi cabeza sin acordarme
que en ella guardé esos nudos semejantes a
las raíces de los árboles.
Para entender como florece la soledad
he atado esperanzas sobre cuadros
inexactos que me reflejan a través del alba
He atrapado peces dorados que se escabullían de
mis errores
y he rosado cuchillos de plata en las paredes
para que emerjan olas, blancas y saladas
Como las que cargan las playas
O quizá como las que traen los barcos que
anclan en las costas
transformando la arena gris en una boca de barro y estiércol.
He interrogado el silencio de los hombres y nadie ha
respondido porque escribo de la forma como escribo.
No siento como pueblan tus miedos mi mirada
No siento el ruido de cómo dar inicio al final en
medio de este camino que me conduce a un paraíso falso
como si fuera mi piel una vía o un precipicio
como si al final estuviera Dios
con una inmensa pregunta y una venda en los ojos a punto de lanzarse por una ventana,
como si no fuese necesario seguir de pie o como
si todos los deseos del mundo se convirtieran cada uno
en los últimos
para que entonces de verdad nos preocupemos y mirásemos las salidas no como simples puertas cerradas,
decoradas con estrellas y flores anunciando un nuevo camino.
Ni el hechizo de vivir me languidece los poros cubiertos de esperanzas
Ni las ciudades más hermosas ni el cielo ni el fuego ni siquiera esa palabra llamada amor que grabaron dos ingenuos muchachitos en las venas del árbol me recuerdan a mí mismo,
sentado,
tomando una taza de café,
repasando una frase de Stevenson y fulminado de palabras como de días
con una inmensa agonía capaz de resistirlo todo
de soportarlo todo
de creer que se puede contra todo.
Ya no existe duda alguna
Ya no hay susurros entre mis sábanas para saber tu distancia
las nubes en medio de la noche oscilan tras los árboles y las raíces que son la idea más exacta de mi memoria me rodea como fantasma como tierra húmeda como un canto
entonces me sostiene como si fueran mis huesos los que están dispuestos
a seguir recorriendo los mares y ver que tan lejos
podemos llegar y ver que tan solos estamos.



Canción de Alejandra

Y nacíste mi dama y yo tu caballero
Antonio Cisneros

Quién se llevó ha Alejandra con tormentas & mentiras
atando sus cabellos como heliotropos dirigidos a la noche
Quién rompió las fotos de la sala que capturan su sonrisa
la postura de su madre iluminada
la mirada de su abuelo inocente como un árbol que reposa en medio de la casa Observando con destreza el borde de su pregunta, anterior a sus años.

Quién espantará sus fantasmas detrás de las cortinas
Si ya no estoy ni está ni estamos
Quien romperá el silencio brillante de la noche con una piedra
ahora que sencillamente
no puedo señalarla en medio de la nada

Quién le enseñará que el norte queda justamente detrás de sus pasos y estará dispuesto a caer con ella como el alba no una sino muchas veces como lo tenía señalado el origen de mi nombre.

Quien le preguntará por el tiempo a Alejandra
si ya no hay espacio ni para llorar con las cebollas de la cocina
si no está aquí mirándome Si nunca hubo fotografías en la sala Si solo hay pensamientos más que conciencia en el aire en el cielo en su pelo encadenado a la tuerca de mi nombre y su voz.

Quién le construirá un edificio con tres azoteas con demasiadas mentiras y será el maestro tutor de sus primeras clases de baile
testigo de sus primeros cánticos susurrados por la aves
Quién estará dispuesto a leer los labios de Alejandra
anclar a tierra como velero de invierno
como tulipán garúa o recuerdo
Quién escribirá la más corta palabra apelando solo a la luz
ahora que sus párpados avanzan entre las líneas
imaginarias de su propia nostalgia ─justamente ahora─
que yazgo clavado al lado de sus sueños rodeado de maderos como un cristo que no respira ni sueña
Oliendo el nido que mi mujer ha circunscrito para la soledad
Sintiendo como se evapora el cariño del pasto húmedo
Recordando
que pude atrapar a Alejandra y no bastó la palabra
Recordando
que falta mucho para ser una leve sinuosidad
que ronde segura -cual centinela-
su futuro hogar.



Retorno a mi ciudad

Todo el mundo huye de mí
porque mi corazón parece un cocodrilo
Jorge Eduardo Eielson

Y las preguntas han muerto como la noche y el caos.
Y Los relojes han muerto ¡Oh Sofía! porque mi rostro transfigurado en el espejo insiste en el tiempo.
Es por ello que encamino la luz, recóndita y senil de mis ojos hacia los tuyos
Hacia las orillas de nuestra Ciudad o hacia las arenas de cualquier otro lugar.

(Ha retornado querida Sofía, no temas,
Ha vuelto sin fecha de partida en los ojos para vivir sobre el bosque azul y silencioso de tu mirada)

Tener que volver a mi ciudad, infinita cual laberinto, en tu búsqueda, con las manos perforadas de preguntas
esquivando los reflejos de las dalias y los malos días
dibujar mis pasos con finos pinceles y tomar de sorpresa
al espacio destinado para tus mentiras expresadas con la misma fiereza con que el mar asesina a su víctima.

(Quién postuló la teoría de los círculos concéntricos en mi voz,
en esta ciudad que calcula la recóndita armonía de mi retorno)

Detengo tus respuestas en un alarido contenido
antes de caminar entre los objetos que ambos tocamos en nuestra ciudad y que aún recuerdan nuestro aliento.

(Los pasos detrás de tu cuerpo han rugido como señalando la altura del sol)

¡Sofía, Sofía!
Bendita tú que esperas que no pese el nuevo día sobre tus manos
Bendita tú que desconfías de las llaves azules que guardas en tu zapato,
en las orillas desfiguradas por la espuma del mar enrojecido y
no lloras cuando la lluvia cae y moja tus labios empapados de silencio.

Dime si aún muestras el brillo de tus voz o si el encanto
al que conduce tu viejo oboe danza inextricables lamentos.

Tú Sofía
que desprendiste las palabras de mis ojos como cometas y esperaste ansiosa el cambio de mi piel cual serpiente el color de la arena que duerme en mis uñas ya no vives más.

La noche, idónea como el suspiro aniquilado favorece tu sombra y tu oficio de vieja mentira.
Elaborado con el tenue movimiento de tu cuerpo sobre el peldaño que alcanza tu corazón.

(Todavía existe pequeña
preguntas en medio de la distancia)

He sentido ¡Oh Sofía! fundiéndose en mí a nuestra ciudad
en donde concebimos nuestro primer hijo esperamos al crepúsculo
y pasamos lo que hubo de ser la última noche juntos
con un silencio semejante a este triste lugar.



A Lucho Hernández que optó por morirse
de vida y no de muerte.

Tan difícil como aceptar que te extraño cuando escribo en los vidrios de los autos.
Tan difícil como negar el pavor que le siento a la noche cuando se apaga la última luz.
Tan difícil como domesticar caballos en el patio de la casa y llevarlos a pasear.
Tan difícil como escribir con besos lo que siento en tu espalda
Tan difícil como ovillar palabras al borde de tu corazón
Tan difícil como establecer el silencio en el éxtasis del amor.
Tan difícil como un alarido en el fondo del mar
Tan difícil como criar peces amarillos para gatos azules.
Tan difícil como negarme a prepararte, llegada la noche, una taza de té.
Tan difícil como capturar un ángel con alas de papel.
Tan difícil como llorar de pie sobre un tejado en pleno verano
Tan difícil como hacer un poema y hablar de los dos
O hablar de los dos sin la necesidad de hacer un poema.
En fin
este es mi oficio y debo seguir intentándolo.




[Aprendizaje]

Me preguntas y yo te respondo
después de todo la lección más importante nos la dieron las aves 
esos pequeños seres que suspendidos en el aire 
motivaron a que mirásemos nuestro corazón  similar a una piedra pequeña 
que funciona mecánicamente dentro de un cuerpo
tendido bajo el sol
ese sol que nos guía por esta ciudad en donde es fácil echarse a llorar mientras nos detenemos en el viejo quiosco de la esquina y nos apenamos por una muerte que nos aguijonea el corazón 
aquí detrás de las pérgolas que crecen en la fuente de tu mirada hemos conservado el dolor y la distancia 
aquí los sueños agonizan en los parques y la gente renuncia al amor y a la locura porque ningún tipo de muerte ahora dignifica el corazón
me preguntas y yo te respondo
sospechosamente las aves ya me habían anunciado su ataque aquella mañana 
cuando miré el inmenso árbol de la casa y noté sus sombras agitándose sobre las ramas  
además de un brillo inconfundible que convertía a mis agresoras en fieros kamikazes  terribles y listos para devorar a picotazo limpio mi corazón 
que ha olvidado nociones básicas como enfadarse con el televisor encendido mientras leo el periódico por las mañanas o raspo las latas de Nescafé como un viejo billete de lotería
me preguntas y yo te respondo 
pero no sé por qué no te escribí una carta después de todo 
ni te expliqué que el brillo de esas aves era semejante al que cultivan las olas frente al mar
en donde quedarse en silencio es una invitación a la muerte  en donde cerrar los labios es negarse a sentir el sabor de la sal  en donde tararear una canción es una llamada a los botes que anclan en los muelles
aquí en esta esquina del mundo el océano lame con su feroz lengua las playas en donde descansan las mujeres que hilvanan nuestros sueños aquí es donde la garúa encontró su hogar y toda su tristeza aquí en estas costas es donde los hombres andan a tientas como fantasmas que escarban y escarban detrás de sus sueños una pizca de felicidad 
me preguntas y yo te respondo
en realidad los hombres nada tienen que hacer frente a esos animales extraños que surcan los cielos y se marchitan como las hojas de otoño 
esperando darnos una nueva lección o quizá esperando a que amanezca para anidar su amor sobre pétreos corazones que lejos de la cruel monotonía se levantan y encienden la radio o la televisión o miran una cinta pálida por las tardes mientras oyen en el dormitorio contiguo cómo las fauces de la nostalgia recorren el tiempo cual hormigas 
poniéndole pausa a los gestos más simples 
y entonces intentamos pensar como aquellas aves  pero nuestras alas nos estorban  nos convierten en aves torpes y frágiles que no piensan ni en la muerte ni el amor ni la locura 
me preguntas y yo te respondo
tal vez si aprendiésemos a mirar a aquellas aves 
no nos quejaríamos de Dios en esta ciudad en donde la llegada de la noche pesa tanto como una estrella y conciliar el sueño es más difícil que cumplir una promesa
me preguntas y yo te respondo 
entonces cojo tu mano y pienso si es que acaso teniendo la cantidad de latidos de un ave  seré feliz.




[Nocturno]

La noche estalla en mi cabeza debajo de infinitas estrellas

que reposan en la tranquilidad del mar y 
el amor es boreal e infinito 
un recuerdo en mi corazón que oscurece a medida que el aire se disipa 
detrás de la niebla 
está allí como cuando el mundo navega hacia mi pensamiento 
tranquilo como este barco que posee a bordo la vida de muchos instantes 
por sus pasillos abrir un dormitorio 
mirar el reloj 
bajar las escaleras 
tener náuseas y odiar a las peces 
es tan natural como criar a los hijos en tierra 
esperar el primer gorgoteo de amor 
escapar dejando huellas con migajas de pan o esperar a que las olas anuncien nuestra muerte mientras el cielo oscurece y 
tu ausencia se refleja a través de la luz.



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