JOSÉ PIO TAMAYO
Nació en El Tocuyo, Venezuela el 4 de Marzo de 1898
Muere en el barrio Namur, Barquisimeto el 5 de Octubre de 1935
Escritor, poeta, comerciante, luchador social. Victima de la dictadura gomecista. Tamayo nació en El Tocuyo el 4 de Marzo de 1898, es el mayor de 11 hijos de una familia que se dedicaba al cultivo de la caña y al comercio, fueron sus padres José Antonio Tamayo Pérez y Sofía Rodríguez. Hizo escolaridad en su lar nativo, aprendió las primeras letras bajo la dirección de su tía la maestra tocuyana Juana Francisca Rodríguez. Continuó estudios en el liceo Bolívar y en el colegio La Concordia de El Tocuyo.
Desde muy joven muestra inclinación por las letras, ya a los 11 años se escapaba de la escuela para ir a la biblioteca de Bartolomé Losada a leer y descubrir otros horizontes.
En 1912, cuando solo cuenta con 14 años de edad, su padre se traslada a Barquisimeto, para inscribirlo en el Colegio “ La Salle ”. Allí funda una imprenta con el nombre de GIL-BLAS y alterna su tiempo realizando labores de tipografía con los hermanos Juan y Joaquín Falcón. En ese tiempo escribe artículos que publica en varios periódicos.
Al morir su padre, debe regresar a El Tocuyo para encargarse de la hacienda familiar. Allí abre un cinematógrafo, una línea de automóviles y el “Botiquín Júpiter”. Luego Intentó vanamente fundar un Gran Central Azucarero, que le ocasionó grandes pérdidas materiales a la familia.
Bardo de inspirado lirismo al lado de Roberto Montesinos funda la revista lírica "Renacimiento", luego con el mismo Montesinos y sus amigos Rafael Elías Rodríguez, los hermanos Losada, (Hedilio y Alcides), Jesús García, entre otros funda el centro cultural "El tonel de Diógenes". Escribe la novela "El dolor de los Granujas" cuyo contenido contra el orden establecido lo hace sospechoso ante el General Gómez. Todas estas actividades despertaron la suspicacia del gomecismo y el mensaje del presidente del Estado Lara, general Velasco fue claro: Pío debe salir de Venezuela o será detenido porque tiene ideas subversivas y comunistas. Allí comienza su exilio-peregrinaje. Salió de El Tocuyo el 11 de julio de 1922. Pasó por Puerto Rico, donde funda la revista “Bohemia” y colabora en la revista "Puerto Rico y Gráfica". En julio de 1923 se traslada a Nueva York donde trabaja en una imprenta. Allí entra en contacto con grupos de oposición al gobierno del general Juan Vicente Gómez, colabora en el periódico Venezuela Libre que dirige Francisco Laguado Jaime, al mismo tiempo que escribe en la Revista Universitaria. Allí también se familiariza con los postulados del marxismo, y en septiembre del mismo año, emigra hacia La Habana. participa en la fundación del Partido Comunista Cubano, así como en la formación de un grupo venezolano de lucha contra Gómez, de matiz socialista. En mayo de 1924, viaja a Barranquilla, donde funda la organización revolucionaria marxista Unión Obrera Venezolana.
En septiembre de 1925 acude a Panamá como delegado a un congreso de estudiantes bolivarianos y participa como organizador y dirigente de una huelga de inquilinos desarrollada allí en septiembre del mismo año. Es detenido y enviado a Colón en calidad de prisionero, luego expulsado, junto con otros dirigentes extranjeros de la huelga. Viaja a Guatemala de donde sale expulsado, casi inmediatamente, por el gobierno del presidente José María Orellana. De allí pasa El Salvador. Y tras muchas dificultades y peripecias En diciembre de 1925, llega San José de Costa Rica; colabora en la revista Siluetas de la cual llega a ser director y en los periódicos Avispas y Nueva Prensa, donde permanece hasta su regreso a Venezuela, en octubre de 1926, aprovechando una “amnistía” concedida por Juan Vicente Gómez.
Aparece en Caracas en diciembre de 1927 y se incorpora al plantel de la revista Élite; colabora también en el diario Mundial, allí continúa sus actividades políticas, periodísticas y literarias. Su experiencia como itinerante le sirvió a Pío para afianzar su formación revolucionaria y establecer contactos con las luchas populares planteadas a lo largo del continente.
Pío se instala en Barquisimeto y viaja a Caracas a operarse de la sinusitis que lo aquejaba y a participar en la Semana del Estudiante. El año 1927, realiza actividades clandestinas. Y en febrero de 1928, participa en la coronación de Beatriz I, Reina de los Estudiantes, en el Teatro Municipal de Caracas, acto en el cual lee su Homenaje y demanda del Indio , documento que hemos considerado el Primer Manifiesto Antigomecista, que culminaba con una invocación a reconquistar la libertad perdida.
Es detenido el 13 de marzo y enviado, junto con otros dirigentes estudiantiles, al castillo de Puerto Cabello; por encima de la represión reinante funda la ‘Carpa Roja'. Escuela de Idealidad Avanzada, y dicta para sus compañeros de cautiverio clases de formación política y los inicia en la filosofía marxista del materialismo histórico, ; entre sus alumnos, estaban entre otros, Jóvito Villalba, Miguel Otero Silva, Fernando Key Sánchez, Miguel Acosta Saignes, Rodolfo Quintero, Kotepa Delgado, Iván Darío Maldonado, Angel “ La Bruja ” Márquez, Juan Bautista Fuenmayor, Rómulo Betancourt etc. En esta Escuela, ( La Carpa Roja ) se echan las bases para la creación del movimiento comunista en el país que Tamayo entendió en la perspectiva de una Idealidad Avanzada que hasta el presente no ha sido desarrollada. Sus alumnos saldrían del castillo a fundar el Partido Comunista de Venezuela, “Leniniano” de cómo entender el marxismo, Pío era profundamente progresista y humanista.
Su prisión dura seis años, materialmente hasta su extinción física. Durante su detención en el castillo, se le agudiza una sinusitis crónica y contrae una grave enfermedad pulmonar.
Es entregado a sus familiares el 15 de diciembre de 1934, cuando se tiene seguridad de su imposible curación. Sin embargo, sobrevive diez meses. Muere en el barrio Namur, Barquisimeto el 5 de Octubre de 1935
Pío Tamayo puede ser considerado entre los pioneros del movimiento literario vanguardista, se le puede considerar también como precursor de las doctrinas marxistas en Venezuela. Su obra, dispersa en periódicos y revistas, ha sido parcialmente recogida en antología. Una cátedra libre de la Universidad Central de Venezuela, fundada en 1983 para el estudio de la historia de las ideas políticas en Venezuela, lleva su nombre.
Trazó las grandes líneas para una nueva concepción de la historia, la educación, el arte, la vida misma. Acusó el grado de complicidad y comprendió que cuando un país llega al horror del gomecismo, todos tenemos responsabilidad. Al reingresar a Venezuela su misión revolucionaria era organizar un movimiento capaz de derrocar al tirano. Pronto se dio cuenta que no había condiciones para impulsar verdaderos cambios, sino una lucha entre aspirantes a caudillos.
De allí su sacrificio de febrero de 1928. Ante la imposibilidad de avanzar colectivamente en las tareas de futuro, dejó su lección individual, en espera de un despertar que aún hoy no ha llegado. Sus trabajos, cartas, documentos son el testimonio de esta batalla. Un combate por la vida, la justicia, la belleza y el amor. En recuerdo de su memoria su nombre se ha inmortalizado en numerosos e incontables sitios e instituciones del país. En lo que respecta al Municipio Urdaneta y muy especialmente en Aguada Grande, La Unidad Educativa “Pío Tamayo”, lleva el honroso nombre de este combatiente que teniéndolo todo, ofrendo su vida a causa de la Libertad.
El Nombre de la Escuela de Aguada Grande es el de un insigne combatiente Tocuyano, que teniéndolo todo, ofrendo su vida a causa de la Libertad.
PIO TAMAYO - AMANECER DEL ESTUDIANTE
La noche, mala madre,
abandonó, estudiante,
como expósito en quicios incluseros,
a su hija desnudita.
Estudiante:
la mañana, transida de ternuras y temores
te espera en el balcón.
Te trae el beso fresco de la aurora;
el canto de los pájaros lejanos e insurgentes,
su pureza
y el nuncio tormentoso de dolor.
Recíbela estudiante
y bríndale su amor,
Piensa que la persigue
la saña cruel del día,
tirano obeso y sucio
deseoso de violencias.
Su alegría –blancura de abstracción-
y su brillo –ternura de cristal-
guárdalos en tu pecho.
Después cuando seas viejo
llevarás la mañana escondida en el alma
y en la espuma lunar de tus cabellos
un orgullo de ensueño y bondad.
¡Oh mocedad de batalla,
estudiantil mocedad,
que lleva sus venas henchidas
de auroras!
Yo canto en mi amanecer,
vuestro amanecer de boinas
que han ganado su linaje
en la cabeza truncada y en la jaula
de la Puerta de Caracas
y son como el gorro frigio
sobre el fuego desgreñado
del nuevo universitario.
Ser estudiante que es ser
renovadora urgencia de romper derroteros,
ansiedad juvenil de los pueblos que nacen,
grito rojo de Méjico y Moscú,
guitarra bordoneando las protestas del pobre
presentimiento bello de triunfo y de catástrofe.
Ser muchacho claro y rico
de sol y de pasión.
Baile nuevo,
moda nueva,
arte henchido de amor y de verdad,
placer musical de la metáfora,
necesidad arcaica de pecar
y moderna indulgencia en perdonar.
Lámpara viva y ardiente,
manos que sean amenazas
y que prodiguen caricia,
promesa al libre vivir;
himno y raudal de canciones,
torbellino arrebatado
para la revolución;
ardor eléctrico, chispa,
sed de hoguera y de infinito.
Todo has serlo, estudiante,
para que puedan mirarte
ojos en contemplación.
Pavor de ley y de castigos
bajo la tela y gruesa del casimir burgués
prende la luz de tu sonrisa
y sea tu dicho guillotina
que decapite conciencias
bajo el rojo de sangre de un ocaso.
Llena con tu cariño de niño
el Universo.
Ama a Cristo y al Diablo;
-los dos son necesarios-
Apóstrate en Juliano
por lo bello y lo altivo
y no viajes con Pablo.
Admira el arte trunco de Samotracia
y ante todas las mujeres
medita en el enigma de Mona Lisa.
Lee a Platón y a Esquilo
y a los autores rusos,
al santo de Romaín
en la pensión, descanse tu pan
sobre Quijano.
Lee a Marx y a Lenin
y en verso a Nazariantz,
a Esenin y a Hidalgo.
Duda un poco de Spengler
y de todo filósofo.
Ama al indio, al ilota;
enlístate en los fieros y ardientes sindicatos
en dónde los obreros fabrican el futuro.
No olvides a Simón
y domina con él
tus ansias ambiciosas por tu ambición de ser.
Sé siempre Tú,
y piensa como Herzog,
que si un día te levantas poeta,
“conducirás la Retórica
al Museo de Historia Natural
a estudiar Ciencias Biológicas,
un poco de Mecánica
y mucha Economía Social”
para después cantar
con voces de agua fuerte,
el valor roji-negro
“de este momento histórico
roído de inquietud”.
Estudiante:
la mañana transida de temores y ternuras
te espera en el balcón.
Recíbela, estudiante
y ábrele tu corazón.
Y al dejarte su lumbre
encerrada en el pecho
vivirán inquietando
con la misma inquietud
de un poema empezado.
Yo quisiera, estudiante,
lucir tu boina azul
aunque me exponga así
a no ser hombre serio
y a recibir un día
-nuevo abate Coignard-
el apóstrofe horrible del palatino ujier:
“Veo con pena, mi señor,
que os contenta marchar con la canalla”.
(1928)
HOMENAJE Y DEMANDA DEL INDIO
A su Majestad Beatriz I
Reina de los Estudiantes.
Sangre en sangres dispersa
almagre oscuro y fuerte
estirpe Jirajara,
cacique Totonó,
-baile de piaches, rezo de quemas-
Soy un indio Tocuyo
Yo.
Meseta brava y bella
que abre su arcada a los llanos
y sus patios a la luna;
patíbulo de Carvajal,
espina de cardonales,
polvo y sol.
Altiplano tocuyano
que nutre su carne en jugos
blancos de cañamelar.
Y los hace sangre roja
en la flor del cafetal;
bueno y santo
por la madre,
y porque me enlaza hermano
del de la selva en oriente
y del de la sierra al sur.
Yo llegué de este altiplano
A avivarme en mis hermanos
Los de la universidad,
-savia en afanes quemada,
delirio del roble erguido-
y a rendirte mi homenaje
de indio triste,
Majestad.
Fracasa entre mi canto y mi altivez indígena
La intención en hinojos.
Humo leve de inciensos
como el que ardió en las aras de Tenochtitlán,
quemo en mi corazón,
y humillo el desgreñado orgullo de los vientos
con agua de remansos,
cenizas de volcanes
y cánticos de amor.
-Así en la tierra antigua donde voló el faisán
usaba la liturgia de la proclamación-.
Los miles de estudiantes,
cada estudiante, reina,
en un mundo en promesas y un trajín de tormentas-
han abierto hoy sus pechos sobre más infinitos,
al ver que oraculiza en tus manos llaneras
el tripartito escudo de su federación.
Mañana, anhelo, pueblo,
Mirandinos colores de la emancipación.
Beatriz del estudiante,
cetro de rebeldías,
corona de futuros;
bajo el patio de auroras de nuestro trono eres
la juvenil canción de amanecer.
El ensueño durmiente al amparo del alma
jubilosa y dinámica de la Federación,
hecho viva esperanza
en tu luz de mujer.
Y digan con mis voces palabras de tus súbditos
que es tu reinado, Reina, el único que no hace
cesarismo anacrónico,
en esta nutrida selva de Guaicaipuro,
de Mara y Yaracuy,
y del equino trueno
de los cien mil corceles,
sobre el que galoparon libertadas naciones.
Fugitivo perfil de la garza morena,
¡Oh, perfume caliente de las mazorcas tempranas!
Durazno de oro en rama;
Cosa dulce y romántica cuando se dice ‘amada’;
Ternura inacabable de la venezolana;
Orgullo de nosotros.
Reina en cuya belleza
riman nobles y claras mis palabras agrestes,
divinizo tu boca
tan ingenua y traviesa
diciendo la dulzura que oí yo ayer.
“Cuando yo sea abuelita
luciré mis trofeos y le diré a mis nietos
que fui Reina una vez”.
¡Nuncio cándido y bello que sube a vuestros labios
la ternura sagrada que hará de vuestro ocaso
epílogo adorable de un cuento de Perrault!
Os verán esos nietos luciendo edades regias
y sonreirán con vos.
El mejor cortesano
-tendrá una voz mimada de Delfín- sonriente exclamará:
Abuelita: Santa Isabel de Portugal,
que convirtiera en rosas en pan de su bondad,
una noche de Reyes se entretuvo en decirme
que tú eras heredera de su linaje real.
Abuelita: desde aquel día te he visto
de reina el corazón.
Oyéndolo, el más pícaro de ellos
Vencerá en pugilatos:
¿desde aquel día? ¡Si ella nació con él!
Santa Isabel tenía muchísima razón.
Y ahora, Majestad,
con el sollozo esclavo de un jacaney rendido
el súbdito presenta su demanda ante vos
descarnado de insomnios
se consume mi rostro
y los tiempos incrustan sus cauces en mis sienes.
Retornan a romper las obras de los montes
baladros caquetíos.
Se desatan los ecos de vencidos lamentos
y corren sobre el área salvaje de los llanos
o se extinguen muriendo en los senos intactos
de un Pacaraima hermético.
¡Me han quitado mi novia!
La novia que me quiso: ¡mi novia enamorada!
Palabras que se dicen con la pena infinita
de quien ya no podrá volverlas a cambiar...
Qué bien decirte tú,
como a mi novia, Reina.
En ti la miro a ella
Y al mirarte me acuerdo...
Era de sol su carne y de un frágil metal.
El eco de sus voces era de acero azul.
Estaba hecha de alturas. A ti se parecía.
Yo fui su novio niño,
-ya lo hemos sido tantos-,
cantar, correr, soñar,
en el soleado campo, en la vega porosa,
junto al lirio morado,
al laurel
y al signo rojo de las rosas.
Se adornaron mis labios con su nombre armonios,
con su nombre que es música de banderas y estrellas.
Se miraron mis ojos en el ópalo grande
de sus ojos
iguales al fanal de los tuyos.
¡Y el abrazo materno que de la tierra avanza
la confiaba amorosa sobre mi corazón!
¡Como me acuerdo, Reina!
Temblando bajo sombras la amaba con angustias.
En mis venas corrieron los miedos por su vida.
Y un día me la raptaron.
Un día se la llevaron.
Desde los horizontes,
allá donde hace señas de adioses el crepúsculo,
vi encenderse los últimos luceros de sus besos.
Aprestarse a la andanza, porque la hemos perdido
¡y salir a buscarla!
¡Mirar cómo levantan asfixias hasta el cielo
las crestas de los cerros!
Agotarse llamándola en los senderos mudos.
Oscurecerse en noches, solitario y rendido,
¡y sentirla que sufre y que se está muriendo!
¡Ah! Ya no puedo más, reina Beatriz. ¡No puedo!
Vuelve a llorar el indio con su llanto agorero...
Pero no, Majestad
que he llegado hasta hoy,
y el nombre de esa novia se me parece a vos
Se llama: ¡LIBERTAD!
Decidle a vuestros súbditos
-tan jóvenes que aún no pueden conocerla-
que salgan a buscarla, que la miren en vos,
¡vos, sonriente promesa de escondidos anhelos!
Vuestra justicia ordene.
Y yo, enhiesto otra vez,
-alegre el junco en silbo de indígena romero-
armado de esperanzas como la antigua raza,
proseguiré en marcha.
Pues con vos, Reina nuestra,
juvenil, en su trono, ¡se instala el porvenir!