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  • 12/09/16--10:56: FABIÁN VIQUE [19.725]

  • FABIÁN VIQUE

    Nació en Buenos Aires, Argentina, el 24 de junio de 1966.

    Publicó una colección de libros de pequeño formato titulada"Minicuentos" (Morón, Provincia de Buenos Aires, 1997), y otro libro de minificciones "Con las palabras contadas" (Madrid 2003).

    Textos suyos aparecen en muchas antologías como Concurso "Haroldo Conti" para jóvenes narradores, Otras Puertas, Bs. As., 1994; Flora de Selva Negra, Edit. Dunken, Bs. As., 1998, (minificciones, cuentos y poemas); De mil amores (minificciones), Thule, Barcelona, 2005, Microquijotes, Thule, Barcelona, 2005; y en revistas como Puro Cuento, Buenos Aires, 1992, y Quimera, Barcelona, 2003, entre otras.
    Obtuvo distinciones como el Primer premio en el 14º Concurso de Cuentos Breves de la revista Puro Cuento (Argentina, 1992), el  Primer premio en la categoría Literatura, en la Tercera Bienal de Arte Joven de la Ciudad de Bs. As. (1993); Mención de Honor del Fondo Nacional de las Artes (Argentina, 1995); Finalista del Premio Proyección de la Fundación Círculo Cultural y la Fundación Banco Patricios (Argentina, 1996); Primer premio en cuento en el XII Concurso de cuentos de la Universidad Autónoma de Madrid (España, 2003).
    Es profesor de lengua española y literatura, trabajó como profesor durante más de diez años en escuelas secundarias de la Provincia de Buenos Aires. Residió en Madrid en los años 2001 y 2003. Vivió en Kragujevac, Serbia, donde trabajó como lector de español, y fue profesor colaborador en el Instituto Cervantes de Belgrado. Además está realizando un curso de doctorado en la Universidad Autónoma de Madrid, para el cual escribe una tesis sobre la minificción en Argentina.

    Publicó "Los suicidas se divierten, antología" (microficciones), Posdata ediciones, Monterrey, 2012; "Variaciones sobre el sueño de Chuang Tzu", Macedonia Ediciones, Buenos, 2009; "La vida misma y otras microficciones", Instituto Cervantes, Belgrado, 2007, Macedonia Ediciones, 2010; "La tierra de los desorientados" (cuento), Macedonia Ediciones, Buenos Aires, 2008.



    Poemas de Fabián Vique


    1

    buitres en el piso
    con entusiasmo invasor
    en busca de la onomatopeya perfecta
    la que recomienda la academia
    la que enviaste por el correo sentimental
    la que olvidé
    aquella esquela que alguna vez
    como de paso
    dejó un olor a verdad


    2

    canción efímera pero
         en su casualidad
    en armonía
         con la voz de los soles
    con el húmedo encadenarse
         de las geométricas nubes
    de los doscientos cielos
        cuya lectura es posible
    desde el aire


    3

    mirando alrededor
    del interior de la vasija
    veo el cuenco de una mano
    y la madera
    de cuyo barro surgió el cielo


    4

    se cierran los ojos y se ve
    el álbum completo del surrealismo
    en un critón de segundo


    5

    todas las palabras de la biblioteca
    cayeron al unísono
    se oyó
    un estrépito ensordecedor
    y en un devaluado big
    bang
    se conformó un universo
    pequeño y complejo
    cuya naturaleza
    será imposible develar
    con estas herramientas
    que son fruto
    de aquella catástrofe



    6

    no hay razón
    para escribir en una piedra
    que castiga la marea

    no hay marea
    para escribir en una razón
    que castiga la piedra

    no hay piedra
    para escribir en una marea
    que castiga la razón



    7

    nada interrumpe mi sueño
    salvo mi sueño
    cuando golpea las ventanas


    8

    ahora que nos detenemos
    ahora que nos miramos a los ojos
    ahora que nos alcanzamos
    ¿qué nos une?

    ¿acaso una confianza que
    al tanto de su carácter
    se desvanece?

    ¿acaso una tristeza que
    hermanada de sí misma
    se sube a los puentes?

    ¿acaso una ilusión que
    de tanto lastimarse
    renace con heridas?



    Relojes

    Hay un reloj en la pared.
    La  televisión encendida, sin volumen.
    Ella se está duchando.
    Es tarde, está cansada.
    Y está harta de todo.
    Del trabajo,
    de la familia,
    de mí.
    Me ofrecerá café, fumará un cigarrillo.
    Hablaremos de alguna trivialidad.
    Iremos a dormir.
    Hay un reloj en la mesita de luz.
    Va a sonar a las ocho.


    Memoria de la eternidad

    Ella enviaba un mensaje:
    “En diez minutos estoy en tu casa”.
    Yo le ofrecía café o vino.
    Nos acariciábamos,
    mirábamos alguna película,
    hacíamos algún comentario,
    hacíamos el amor,
    dormíamos.
    Por la mañana nos íbamos
    a nuestros respectivos trabajos inestables.
    Y así
    pasaban los meses suaves,
    dulces,
    como si estuviésemos en la eternidad.
    Acaso estábamos.
    Pero cayó un pájaro en China
    o una comadreja en Kuala Lumpur.



    Vocación
      
    Y ahora que me dedico a escribir poemas
    por las mañanas,
    cuando creo que tengo lucidez,
    me entero de que me falta un perro
    o una planta,
    por quienes preocuparme a estas horas
    en vez de hacerme el lírico en una libretita sin personalidad.
    Una planta a la que mire crecer minuciosamente,
    a la que pueda contarle mis cosas,
    una hoja que esté viva.



    Imagine

    En Florida y Mitre
    un tipo con un sicu,
    otro con una quena
    y un tercero con una guitarra
    interpretan Imagine, de John Lennon.
    Tienen el pelo largo, ondulado,
    lavado con champú Sedal Crema
    enjuagado con crema de enjuague para cabellos castaños.
    Divide la escena un atril,
    un CD que reza Inti Ruku.
    Del otro lado pasan sin mirarlos oficinistas,
    turistas, buscas, revendedores,
    chorros y policías.
    Evocan imágenes prestadas,
    en blanco y negro,
    con meriendas de entrecasa.
    Más tarde, en sus casas, aguantaderos,
    hoteles, comisarías, canturrean,
    sin saber de dónde viene:
    Imagine all the people,
    living for today.


    Buenos Aires es un flash

    En la explanada de la Biblioteca Nacional,
    Las Heras y Agüero, Barrio Norte, a ver si nos entendemos,
    se está inaugurando una exposición de fotos
    de un tal Luis Abadi.
    En las fotos se ve lo típico:
    gente pobre de Buenos Aires,
    no hay que caminar mucho para encontrarlos,
    el tópico del viejo con pocos dientes
    que le ríe al reflex.
    Está el fotógrafo y muchos comedidos
    vestidos elegantemente,
    se amontonan delante de las fotos,
    hablan de las circunstancias de las tomas,
    de la propicia luz de esa tarde,
    de tu prima la Jacinta,
    hasta que vienen las empanadas y el vino,
    todos van para las mesas,
    arriman las sillas,
    quedan de espaldas a las fotos amuradas en la pared,
    de espaldas a la risa de los pobres,
    y morfan como animales.
    En el cartel hay frases de agradecimiento,
    entre otras a Sebastián Rodas
    a quién se le ocurrió la ingeniosa frase
    Buenos Aires es un flash.
    Ninguno de los protagonistas de las fotos está acá,
    será caro pagarles un taxi o darles para el bondi,
    para que vengan a ver lo graciosos que están
    y de paso probar las empanadas.
    No habrá por qué
    digo yo,
    así como Raota no invita a los caballos que fotografía a las inauguraciones
    así tampoco el gran Luis Abadi
    tiene por qué invitar a sus negros,
    hay empanadas de carne y también de verdura para los vegetarianos,
    el vino no es muy bueno.
    Por suerte algunos estudiantes salen de la biblioteca
    se topan con el meeting gastronómico,
    se arriman,
    le hincan el diente a las empanadas,
    se cuelan vasos de tinto,
    le ponen un poco de onda a la inauguración
    antes de que empiece a diluirse.
    Las panzas llenas, los eructos reprimidos,
    los vasos a medio terminar
    abandonados a su suerte al rayo del sol.


    Me tomo el bondi

    Me tomo el bondi para venir acá,
    para volver a vos, para venir a mí,
    me tomo el bondi por no tomar la balsa,
    por no ir a Gardel con París,
    me tomo el bondi porque es barato y se conoce gente,
    para no ser responsable
    para ser yo el que se va
    (sabés que no soy así que lo mío es pura pose),
    me tomo el bondi para conocerte,
    para creer en Dios que te inventó,
    me tomo el bondi para descubrirte,
    para ser Rodrigo de Triana y gritar como un loco,
    me tomo el bondi porque si fue la manera de encontrarte
    tiene que ser la llave de no perderte,
    me tomo el bondi para ver tu mano en el balcón,
    para tenerte,
    me tomo el bondi porque la vida está en cualquier parte,
    me tomo el bondi para leerte en el bondi,
    para tocar tus palabras,
    para cantar callado sin desafinar,
    pare decirte sin querer las palabras precisas entre figuras del discurso,
    para besarte los recuerdos y ser el café de tu mesa,
    mientras llega el bondi de la vuelta.

    Tríada poesía, diciembre de 2006



    .


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    Jesús  Álvarez Pedraza

    Jesús Álvarez Pedraza, Calimete, Matanzas, Cuba, 1952. Poeta, Narrador y declamador. Ha obtenido múltiples premios nacionales e internacionales por su poesía. Su obra se ha dado a conocer en varias antologías, en Cuba, EE.UU, España, México, Perú, Chile, y otros. Tiene pu-blicados los libros: Yo sé que la piedra sueña y El otro bosque.

    Entre sus premios se encuentran: Premio en Poesía del Círculo de Collegno en Italia.
    Carta Lírica, Miami Estados Unidos
    Premio Poesía del Instituto de Cultura Peruana.



    LOS DÍAS. Duodécimas.

    Es domingo.Sangra el cielo 
    sus pájaros de carbón ;
    no es de noche, una canción 
    queda encendida en tu pelo.
    Ya es tarde, baila en el suelo 
    con la muda algarabía 
    la arena que se moría. 
    Y el pintor de las pestañas 
    pone en paredes extrañas
    tu rostro que se desboca
    como una nube en mi boca
    con la voz de las arañas. 


    ll

    Es lunes, día segundo,
    ya te nombran los relojes,
    mujer, es tiempo que mojes
    la primavera del mundo.
    Dejo un lamento iracundo
    en la piel de las colmenas.
    Florece el sol en tus venas,
    y cuando el sol se hunde todo,
    en lo oscuro encuentro el modo
    de caminar sin mis pasos,
    sin que se llenen los vasos
    de la tristeza del lodo.


    lll

    Martes, qué día y que nombre,
    algo suena como un trueno,
    huele la brisa a veneno;
    en el mar se ahoga un hombre.
    Ya no quiero que se escombre
    tu figura en el espacio, 
    y después, casi despacio, 
    como quien busca en el fondo,
    salvo un recuerdo redondo
    que todavía me falta,
    como paloma que salta
    de la soledad que escondo.


    lV

    Es miércoles, contra el tiempo 
    sin rumbo y sin crucigrama,
    hace el amor en mi cama
    una mujer a destiempo. 
    Hoy vamos a contratiempo 
    caminando por la sombra 
    sobre el polvo que se asombra 
    invisible entre los rastros
    cuando todos los hijastros
    de mi silencio despiertas 
    y las horas pasan muertas
    por el mapa de los astros.


    V

    Llega el jueves,huele a tierra
    un pez que cayó en la trampa ;
    alguien cruza por la rampa;
    un viejo piensa en la guerra.
    Suda un grito que se aferra
    en la pared del encuentro.
    Salto en tu boca. ¿En qué centro
    de los años te has hundido?
    Soy un niño envejecido 
    que desciende hasta las flores
    a mojar los resplandores
    que quemaron al olvido.


    Vl

    Hoy es viernes de cerveza,
    abre la boca Mayami,
    Mayami es como un tsunami 
    cayéndose en mi cabeza.
    Dicen que la noche reza
    una lluvia de acertijos,
    que no existen crucifijos
    en el tiempo y sus cordeles,
    que sobre enormes corceles
    van los sueños diminutos
    a emborrachar los minutos
    que duermen en los pinceles.


    Vll

    Qué ruido.Sábado al fin,
    ya termina la semana;
    la noche es una campana 
    que está tocando un delfín. 
    Afino suave el violín 
    que olvidé en el pensamiento. 
    Se lanza un angel violento
    contra el alma de un tatuaje,
    y aquél soñador salvaje
    escribe un libro en la lluvia
    cuando el silencio diluvia
    la cáscara del paisaje.



    DESDE EL FONDO DEL ESPEJO

    Tu risa se apagó en los celulares,
    borracha de canciones de Sabina,
    como una soledad que me camina
    sin zapatos, ni remos por los mares.

    Se gastaron de pronto los hogares,
    y en un sueño de polvo y de neblina,
    te sembraste, mujer, como una espina
    en la noche pintada de collares.

    Era el tiempo del ave y la tormenta,
    de la carne cansada y cenicienta
    que cautiva en el grito de un sol viejo

    tu risa congeló en la estrella rota,
    pero dime, mujer, ¿en qué gaviota
    te me fugas del fondo del espejo?


    A UNA MUJER SIN NOMBRE

    Abro la ventana que va a los jardines
    que apuntan al cielo.
    Miro las voces de la distancia,
    y una mujer con ojos que fusilan mis venas
    se atreve a solfear un silencio.
    La mañana le sacude el polvo a la memoria
    y no puede adivinar
    que soy un barco perdido en las aguas
    que ondulan en sus pechos.
    El mar no ha descubierto que la amo,
    ni este aire que desafina
    la pluma con la que escribo
    detrás de esta puerta que se abre
    para que entre con todos sus olores
    y se desnude en el humo de un recuerdo
    que invento sin vivirlo,
    solo para hacerle el amor en sus labios de lluvia
    en este momento único
    en que los fantasmas de las paredes
    nos dejaron esta soledad
    para llenarla con nuestros aromas
    cuando bailemos en la cal
    y una nube choque contra la ventana
    y se rompa en el grito de sus piernas.



    JUEGO DE ARAÑA

    Una noche solamente
    la araña tejió en mi pecho
    y las estrellas del techo
    se anidaron en mi frente.
    Como un barco en la corriente
    navegué por tu figura
    y fui por tu boca oscura
    como buscando en el fondo
    de tu paisaje redondo
    emborrachar mi locura.


    ll

    Y fue en una noche loca
    que el viento pasó cantando
    cuando te estaba besando
    como el mar besa a la roca.
    Nadaron hasta tu boca
    los suspiros de mi nave,
    y sólo la araña sabe
    que el tiempo dejó la bruma
    en nuestro valle de espuma
    donde ya no canta el ave.


    lll

    Y si la araña volviera
    a enredarme en su tejido
    el amor tendrá el latido
    en la magia de la espera.
    La soledad tal vez fuera
    como un pájaro que pasa
    y la sonrisa te abrasa.
    Pero el amor con su fuga
    ha derretido otra arruga
    en el cielo de mi casa.


    Del libro Yo sé que la piedra sueña. Edit. CARTA LIRICA. 2004.


    MIENTRAS QUE DUERME UNA PALOMA

    ¿Escuchas amor?
    Está cayendo otra vez sobre estas calles
    la misma lluvia de siempre
    en tus ojos transitados por los crepúsculos.
    Ahora está amaneciendo,
    no es nada nuevo que amanezca
    grita una pared que hace años
    durmió sobre los aires,
    cuando éramos como esos adolecentes
    que bailan encima de los recuerdos.
    Sin embargo, para mí,
    casi es noche, y truena más en la sangre
    que en el cielo mismo que se cae,
    que se rompe y te nombra despacio
    mientras se apaga una lámpara
    que cuelga de un celaje.
    í Oh, cielo llorón!
    Tanto tiempo mirando la tristeza,
    y siempre los cuchillos cortando las miradas.
    En este momento, un árbol se sacude el otoño,
    quedan huérfanas las hojas,
    el viento las recoge en su mano,
    las sopla con sus labios de viento,
    y las deja libres, hojas de los siglos-
    -marchitadas hojas con sus árboles extraviados.
    Estoy escribiendo estas palabras
    sobre la tristeza mía,
    que nadie compra, que nadie quiere como regalo.
    Y es ya la hora final, suicídate tristeza,
    suicídate ahora
    que desafinan los gallos que cantan en la memoria.
    í Oh, dios de la humareda!
    ya no sé si me conoces.
    Yo soy el otro Jesús,
    el que resbala en la lluvia cada vez que amanece,
    yo soy el otro Jesús,
    el que piensa en ella
    mientras que duerme una paloma.





    .


    0 0
  • 12/11/16--05:11: GUSTAVO YUSTE [19.727]

  • GUSTAVO YUSTE

    Gustavo Yuste nació en la Ciudad de Buenos Aires en 1992. Es periodista y escritor. Estudió Ciencias de la Comunicación en la UBA. Colaboró para distintos medios y actualmente es corresponsal de El Ciudadano (Chile) y editor general de la revista digital La Primera Piedra. En 2015 participó de la antología de poesía Apología 2 (Letras del Sur Editora) y publicó su primer libro: Obsolescencia Programada (Eloísa Cartonera). Formó parte de los jurados de selección para Apología 3 (Letras del Sur Editora, 2016) y en abril publicó su segundo libro: Tendido Eléctrico (Objeto Editorial, 2016). 


    Progreso

    En un nuevo capítulo 
    de la lucha contra cualquier esencia y azar,
    un grupo de científicos y publicistas
    desarrollaron un veneno 
    más letal que la personalidad.

    Además, avanzan a paso firme
    en la histórica meta
    de reducir el amor
    a un talle único.


    Dos versiones

    Versión oficial:
    con el paso del tiempo
    aprendí a convivir
    con las particularidades y preferencias
    de los demás.

    Explicit version:
    con el paso del tiempo
    aprendí a convivir
    con que me importe cada vez menos
    todo.


    Huésped

    El síntoma se retrazó más de lo conveniente
    y la enfermedad
    -rápida como una laucha-
    terminó de acomodarse.

    Mientras hace contact con la birome
    el médico te cuenta de las alternativas,
    te habla de fechas estimadas
    y apoya forzadamente su mano en tu hombro.

    Todavía incrédulo, no podés aceptar
    que un órgano de tu cuerpo
    haya logrado lo que la suma de las partes
    nunca pudo:

    ser un ambiente propicio 
    para que algo se instale
    y pueda proyectarse a largo plazo.


    Palpitaciones

    Las semillas que plantaste por aburrimiento
    en una tarde cualquiera,
    mutaron en esas raíces que ahora destrozan 
    las baldosas de tu casa.

    En una esquina, 
    con tu desesperación como única arma,
    esperás el desenlace.


    Sensaciones

    La pared donde escribiste nuestros nombres
    con un marcador robado
    hoy tiene un candidato a presidente
    pegado encima

    Macdonald´s te vende una hamburguesa
    con el nombre de tu país
    para hacerte sentir cercano
    al lugar donde naciste,
    pero nadie habla del exilio forzado
    al que te obligaron ellos mismos

    El amor de tu vida en el secundario
    ayer pensó en vos
    y hasta te extrañó,
    pero todavía no se inventó una tecnología
    para avisarte ese tipo de cosas

    El póster que dejaste en tu casa de soltero
    ayer perdió su última chinche
    y ahora junta polvo
    al lado de las tarjetas de cumpleaños,
    debajo de la cama de una plaza

    La mujer arrodillada en su pieza
    sin saber que a metros nomás,
    en la misma cuadra,
    alguien fantasea con su cuerpo
    y su sonrisa

    La mano nerviosa en su primer asalto
    apretando el vaso de plástico lleno de coca-cola,
    viendo cómo otro,
    sin merecerlo,
    besa a la compañera más linda de todas

    El eterno neutral
    contento por su trabajo en blanco,
    enroscándose con gusto
    la bufanda del sistema en el cuello

    Mala suerte
    uno nunca elige
    quién va a ser el voyeur
    de sus palabras

    de Apología 2 (Letras del Sur, 2015).


    Buenos Aires

    I

    La casa de sepelios
    anuncia su oferta 2x1
    (hasta agotar stock.)


    II

    Ya de madrugada, las discusiones 
    van entrando en zona de definición,
    y las mesas dan lugar al crecimiento descontrolado
    de bosques a escala 
    hechos de vidrio verde. 


    III

    Mientras todos se encargan de detallar
    cómo van a ser las próximas generaciones,
    las camadas actuales nos vamos acomodando 
    en los galpones del outlet.


    IV

    Blanca y fría como una heladera
    la joven se sube a un taxi
    para que el día
    no la encuentre con ropas de noche.


    V

    Palermo, como si fuera un pacman,
    se va comiendo a los barrios fronterizos;
    algo así como hace Internet
    con todo lo demás.



    Estos poemas forman parte del libro Las canciones de los boliches a salir en el 2017.


    Las canciones de los boliches

    El viento elige qué ruidos
    entran en tu habitación:
    trenes lejanos,
    sirenas que aturden a contramano por la avenida,
    pájaros que cantan a destiempo a las 4 de la madrugada.

    No podemos dormirnos
    y el sol ya se mete de lleno
    por la ventana.

    Parece mentira que todavía nos dé vergüenza
    escuchar nuestras voces por teléfono
    y que yo no te haya podido confesar
    que las canciones de los boliches
    siempre me parecieron demasiado melancólicas
    y por eso llevo más de 5 años
    sin poder bailar
    ni un solo paso.



    Oportunidad

    Puedo ser: 

    - la palabra que queda justo 
    al lado de las resaltadas; 

    - la canción del disco 
    que no escuchás con atención;

    - la frase que tapó el colectivo 
    arrancando por la avenida

    - el viento que choca de forma insistente  
    contra la pared sin ventanas de tu edificio.

    Pero, sobre todo,
    soy eso en lo que vas a pensar 
    una sola vez en tu vida
    y esa vez ya pasó.



    Una estufa irónica

    Mientras una estufa irónica
    no llega a calentar
    todos los ambientes de esta casa
    —que ni siquiera es nuestra—,
    tratamos de extender la mañana del feriado
    para seguir acostados
    y contarnos los grandes éxitos
    de nuestra adolescencia.

    Presos del lenguaje,
    hay algo germinando por otro canal,
    por más que en el fondo te guste pensar
    que todo esto es una gran mentira
    y que el amor no es más
    que dos colectivos de la misma línea
    haciendo todo lo posible para quedar a la par
    los dos minutos que dura el semáforo.



    .

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    Vanesa Almada Noguerón

    Vanesa Almada Noguerón nace en la ciudad de La Plata (Buenos Aires, Argentina), en 1980. Tiene estudios en Letras y en Gestión Cultural. Obtiene, en 2008, el 1º Premio en el Certamen Internacional Poesía de las Américas por su cuento corto “Final”. En 2012, es convocada por la Firma Editorial “de los Cuatro Vientos” para integrar la edición antológica “Poetas y Narradores Contemporáneos”. En Octubre de 2013, la Latin American Intercultural Alliance galardona su obra con el 1º Premio de su Certamen Anual de Literatura Internacional, en el Queens Museum of Art de NY. En 2015, es invitada por la Universidad de Sonora (México) como representante de la República Argentina en el XX Encuentro Hispanoamericano de Escritores.Actualmente, reside en Mar del Plata, pertenece al equipo de redacción de revista cultural “Poética” e integra el staff artístico del ciclo “Arte sin Aduanas”. Parte de su labor en verso se encuentra también disponible en las revistas de creación literaria “Desnuca2”, “La Avispa” (Grupo ‘de la palabra’), “Pangea” (Ciudad de Salamanca) y “Ergo” (Universitat de València).Su libro #entrelosruidos (Baldíos en la Lengua, 2015) recoge algunas de sus más recientes producciones.


    DESHABITADOS 

    si fuéramos cajones huecos 
    nos pondríamos fuego dentro, 
    nos patearíamos las puertas 
    buscándonos la llave, 
    nos desinflaríamos las partes 
    gravitándonos los suelos como atletas acrobáticos, 
    no nos alcanzaría la muerte 
    para gastarnos la vida, 
    nos marcaríamos la raya con la plancha 
    nos fregaríamos los pelos contra el colchón 

    si fuéramos cajones huecos 
    nos rellenaríamos los cuerpos 
    con vueltos de caramelos, 
    nos quitaríamos las biografías de encima, 
    nos falsearíamos las ropas con embriones nuevos 
    y caeríamos a baldes 
    sobre una hoja en blanco



    ÚES DE HIERRO 

    por ahí andaba otra vez la pared 
    (ahí estaba) 
    sucia de Man Ray y de Dalí 
    de Cocteau y de Magritte 
    aplastada sobre la irrealidad misma del cemento fresco 
    impresa sobre barbarie inerte / sobre úes de hierro / sobre bestias 
    (a lo mejor míticas 
    a lo mejor simples criaturas de moda medieval puestas de mitad en mitad) 

    ahí estaba otra manera de decir 
    un poco más inexacta que de costumbre 
    menos fiel 
    de melenas enchapadas en hojas de lata 
    en elegancia equina
    en cueros 

    ahí estaba otro giro del habla maltratado por la lengua escrita 
    descosido por las puntas 
    embalsamado 
    abandonado sobre los granos de arena que habitan los relojes cuando hay mucho aire 
    cuando hay ventisca

    por ahí andaba / ahí estaba 
    otro montón de nosotros mismos 
    otro genio encerrado en un vaso de Gin Tonic 
    con el aceite de la lámpara quemado y la lista de deseos abrochada al cuello de la camisa 

    por ahí andaba 
    (ahí estaba) 
    otro zodiaco de mayo puesto en pleno diciembre 

    otro absoluto perfecto mirándose las partes 
    con la apatía de un fragmento 
    y la arrogancia de un todo




    ACLIMATAR LA COSA 

    Ya va siendo hora de que te pases los ojos por la piel 
    y de que cedas sin peros el lado de la ventanilla 
    a la señora gorda que arrastra las bolsas reventadas de frutas, 
    con las ciruelas negras rojas de tanto estar verdes. 

    Ya va llegando el día de que agarres viaje, 
    o corras la palangana de gotera, 
    antes de que el cigarro haga un agujero en el sillón, 
    antes de que las brasas le derritan los brazos. 

    Ya ha entrado en decurso 
    el comprarle un buffer a la película muda 
    y dejar de envejecer el tiempo a relojes, 
    pidiendo pido a cada rato para aplastarle los dedos con la puerta 
    a la vejez aniñada que te explota los llantos. 

    Ya va terminando el auge del culebrón de costumbre, 
    a Santo de la bazofia entoldada de paso, 
    y de darle de comer en la boca a las artes, 
    que resulta que no eran tan bellas como todos creían. 

    Ya arranca la temporada estival de darte por enterado 
    de que para hacerte de una vez por todas de la máquina, 
    no va a quedar otra que usar los veinte para empeñar la chancha, 
    y renunciar para siempre a la placenta dental del embutido en cajita.

    Ya va corriendo la aguja 
    para fluorescer los hongos y alar las letras imprenta, 
    o carroñar los altos lotes, 
    antes de que la golondrina haga verano, 
    antes de que la horma se encuentre por fin con el abrojo de los cordones. 

    Ya va siendo tiempo
    de que tires para aflojar, 
    de que la chicha y la limonada, 
    de que hables mal y pronto. 

    Es gratis encarecer la baratija. 
    Date un poco cuenta.




    ESCALERA SERVIDA 

    De entre los vidrios rotos de un espejo de botiquín 
    se ahuecan a silbidos dos mentiras enfrascadas en agua hirviendo, 
    con los iris sordos de perfumes 
    y las lenguas tuertas de papilas dactilares. 

    Sediento sobre una mesa ratona está 
    el póker de ases 
    con las mangas del pensamiento por afuera del saco 
    y cuatro entradas con descuento para el Italpark en el bolsillo. 

    A las mentiras no tardan en ponérseles difícil los cien metros llanos 
    (como la mandioca no puede ocultarle a nadie que es harina de otro costal). 

    Pero resultó ser cierto 
    eso de que el tiempo es demasiado ancho y no se deja llenar. 

    Y en medio del suponer encristalado hay 
    un tubo dentífrico apretado desde abajo 
    y un par de mentiras que nos siguen chiflando bajito 
    ciegas de oídos y roncas de párpados 
    con el blanco de los ojos polarizado, 
    la salamandra encendida 
    y la baraja incompleta.





    SIMULTÁNEO SUI GENERIS 

    Ninguno dicta. 
    Todos copian y van por el mismo párrafo 
    la misma oración 
    la misma palabra 
    la misma letra 
    el mismo pedazo de firulete en el papel. 

    No sangran.
    No les dejaron piedras para escarbar. 

    No crecen. 
    No les quedaron canciones para morir. 

    Todos escurren el lápiz en la misma zanja. 
    Se cierran con llave el mismo renglón. 
    Pero ninguno tiene el tintero tan aguado 
    como para sacarle punta al otro.





    APATÍA 

    por otro lado 
    me cae gordo lo neutro facial 
    como un libro que empieza por el medio 
    o una calle sin letreros 

    me asfalta los dedos en brea vencida, 
    me astilla las risas 
    se traga la sombra que me hace el bonete 
    y se abulta 
    se empotra en los pechos de la gente ajena 

    me caen bajo la herencia genética 
    y algunas rimas de verso blanco 

    por otro lado 
    se les arruina el invicto a los dueños de casa, 
    se nos fatigan los ruidos a gritos 
    y se les mojan las tormentas eléctricas 
    a los chaparrones 
    y a la ropa seca




    LOS HAY 

    Nadie sabe lo que tiene esto de otro 
    porque no tiene nada de suyo. 
    La otredad 
    no obstante 
    no es tan ucrónica 
    como suelen figurarse 
    aquellos. 
    Un día de éstos 
    van a venirse a flote 
    como corchos en el vino 
    o molusco invertebrado 
    con medallas olímpicas sobre el pecho.





    OTRAS PRUDENCIAS INÚTILES 

    No sea cosa que nos quedemos descalzos de idiomas: 
    ensuciémonos las páginas de escándalos.

    No sea cosa que los perros nos canten el póker desde la puerta del lienzo, 
    que nos sigamos pisando los pies en los vals de bodas, 
    que nos engruden la inocencia a cuentos, 
    que nos caigamos en algún boquete del cielo: 
    confisquémosle la grasa a las bisagras, 
    mordámonos las orillas, 
    los juncales secos 
    y los autorretratos. 

    Y pongámosles los puntos a las íes griegas. 
    No sea cosa que nos chamusquen Troya 
    y nos agarre la hoguera 
    sin rifa de los bomberos, 
    no sea cosa que nos enferme la furia aturdida del estofado 
    un viernes santo 
    por más que el ayuno estricto del lunes 
    por más que los vértigos y las urgencias: 
    descosámonos las pajas de los ojos 
    tiñámonos los juicios de rubio suicida 
    jurémonos laureles 
    y alquilemos balcones.




    AL QUE MADRUGA 

    Te levantaste. 
    Fuiste a comprar cigarros 
    aunque sabés 
                                que no te los vas a fumar. 

    Desfondaste los cajones de la cómoda 
    buscando qué ponerle al cuerpo. 
    Pasaste lista. 
    Te levantaste y te arrugaste los dientes. 
    Con la pasta bucal que te venía sobrando 
    pensaste en la poesía oculta 
    que desprenden las cortinas de seda oscura rozando el suelo. 

    En eso estabas cuando te levantaste. 
    Los ruiseñores que se salvaron de la fiebre Harper 
    confiscaron la valla cuartelera 
    y Martín pescador te dejó pasar. 

    Dejaste el grifo entreabierto 
    chorreando escalas de grises, 
    le preguntaste a un daltónico si el verde ocre sería capaz de favorecerte 
    y encuadernaste las cenizas del cigarro consumido 
    que habías dejado prendido 
    sobre un cajón de la cómoda.





    ILUSIÓN ÓPTICA 

    escalera de caracol 
    (con escalones lentos / para que 
    pueda escurrirse las secreciones 
    en el andar), 

    relojes 
    de péndulos y pájaros en las ventanas
    sobre los pies. 

    lo contrario a la sed, 
    un semáforo en blanco, 
    un poema que es el agua. 

    una deidad 
    retratista de llaves, 
    una llave que es puerta, 
    un pez muerto en la playa que 
    se sacude la vida. 

    una lámpara tomando sombra, 
    un bostezo que se cierra, 
    un libro 
    que empieza y termina todas las palabras 

    y cosas por el estilo.




    APOSTILLA 

    todos los vasos de la casa rebalsan, 
    como mi cuerpo 

    un traje de espejos 
    -o acaso esa voz, en vocativo
    bastará para sanarlo 

    ya corrompí los naipes, 
    ya volqué lenguas y estampillas encima del parqué lustrado, 
    de la ropa blanca, 
    de manteles plásticos zafios amancillados; 

    ya volqué perlas domésticas en suelos ajenos 
    ya terminé de volcarlas 

    otros vendrán 
    bailarán en la sangre hervida de esta contraproducencia, 
    sospecharán que fui nombre y fuego 
    voy a adjetivarlo todo



    Pausa

    La tarde sucede y suceden también otras furias
    otros caprichos de paladares intactos, 
    consumados,
    místicos

    Suceden la elegancia rústica y el sabor a Norte grande, 
    el guiño guaraní,
    la siesta,
    la danza imposible del río

    Sucede el agua ardida,
    escarmentando calores sobre la leña empapada del vaso recién curado,
    la niebla tibia
    que el pan murmura a pulmón abierto en el borde de la mesada.

    A veces suceden también otras furias
    sucede una pausa
    gigantesca y mítica.

    Cuando la tarde sucede,
    sucede Sudamérica.
    Tremenda.



    32 SEGUNDOS

    estallamos a un ritmo único
    vamos de casa en casa abriendo espejos
    y por acuerdo tácito
    guardamos los gestos y nuestros nombres completos  para el final
    (aunque no los decimos nunca en voz alta;
    no me nombrás
    porque sería imperfecto)

    mientras rotás las páginas
    la deformidad del libro se va emancipando
    hay una botella de agua helada arriba de un mueble viejo que te imita las manos
    y también transpira;
    también ella le teme a los bordes escalonados del suelo
    también ella es un sudoku de celdas infinitas
    porción de tiempo que hierve debajo de los tablones
    de la sala llena

    esta es la fiesta confesional a la que nunca más quisiera faltar
    la forma no geométrica
    que alguna vez
    vamos a tener que aprender a infringir



    ENTRE LOS RUIDOS
    Colección: Plaza prohibida



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  • 12/11/16--09:41: REYNA DOMÍNGUEZ [19.729]

  • Reyna Domínguez

    Nació en San Juan, Argentina (1950). A los 22 años le otorga el primer premio de poesía “Canto a San Juan” la Municipalidad de la Ciudad de San Juan y le publica el libro 5 poemas premiados.  SPAE le financia  la publicación de En nuestro tiempo sin tiempo. Ed. Crisol, Bs As, 1976, censurado por la dictadura militar. Veinte años más tarde publica Lo luz en la pared, Libros de Tierra Firme, Bs As,  1997; Más que un yo, Libros de Tierra Firme, Bs As, 2001; Envivir, Ed. Vinciguerra, Bs As, 2009. Integra: Antología de poetas de San Juan, Desde la Gente, Ed. Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, Bs As, 2001; Antología Poética Sanjuanina, U.N.S.J., 1998; Poesía Contemporánea de Los Andes - Antología Argentino-Chilena, 2005; Legado de Poetas - Poesía Social Argentina,  1956-2006- Ediciones Patagonia, Bs As, 2007;  Entonces, aquí - 22 poetas de San Juan, Edit. EFU, San Juan,2012; Poesía Argentina Contemporánea, Tomo I,  Fundación Argentina para la Poesía, Bs. As., 2013.


    SAN JUAN

    En este señor desierto
    la lucha por la vida
    arenas sopla
    en alta cordillera
    Helada sombra, el pasado, al viento

    Ríos de sol
    se han despeñado aquí
    en estas ariscas tierras

    Nosotros
    atados a oscura lucha
    sobrevivimos
    gota de luz
    temblor de agua
    aire sin queja
    un dedo extendido a cielo abierto
    alguna brizna de hierba

    La inmensidad
    duerme su pesado sueño
    en la desnuda piedra
    Labra silencio
    como fija el fuego
    los ojos en la móvil llama.




    Deseo del pequeño descanso

    Debería dormir 
    suspender este tránsito un momento
    cerrar completo el ojo espía
    renunciar a la espera, al sobresalto
    A estos ojos no le caben más cuerpos
    El día echa paladas de cal viva
    sobre el gozoso pasto
    sobre las margaritas
    y no le advierte sino el tiempo
    señor del vino añejo, del vino agrio

    Si pudiera olvidar
    que está la noche
    detrás de esta pared de luz.

    De: Lo luz en la pared (1997)




    La mirada detrás de mí

    La mirada detrás del telón de las cosas
    la mirada en mí
    haciendo cuerpo de pesada espuma
    deshaciendo el cuerpo en respiración
    al límite de las paredes
    vaso con boca tapada

    La mirada detrás de mí
    sereno aparentar no ver
    el de la niña seria
    con ojos fijos en la muñeca desventrada
    en las baldosas sucias de alquitrán
    adornada de hojas secas

    La niña con boca cerrada
    recoge visiones como  pez que traga agua
    encofra transmateria de visiones en fuga

    ausente y fija
    en el mismo lugar
    gira el mundo
    el reverso de las caras
    sin saber dónde
    hacia adónde lleva
    esa mirada abierta a la otra
    la que sabe
    no ocultar tras el párpado
    el desvío celeste.

    De: Más que un yo (2001)



    6

    No me importaría durar
    lo que una mariposa
    24 horas
    o 12
    una sola noche
    una madreselva, una aturdida tarde
    una vez
    en la que sin comer ni beber
    alcance a cazar al vuelo
    una palabra perfecta.

    Antología federal de Poesía (Región Cuyo Andino).




    EFECTO GLOBAL

    Con la boca amarga
    he subido cuesta arriba
    deslizado hondonadas jodidas
    en no hacer alarde de queja
    proseguí
    imaginando un oleaje caprichoso
    discontinuo, lineal, me dije: así es la vida!
    sosteniendo en el hueco de la palma
    en cada mano
    un tiritar, un tiritón de esos latidos subterráneos
    o subcárneos que nos cantan
    la antigua canción de cuna

    Así fue siempre
    Y no me largo a llorar
    porque el mundo hace gala de toda clase de desgracia
    pero como los disolventes están a punto de cañón
    pasan los días como los y las fashions por la pasarela mayor

    Así el saltimbanqui ríe el llanto
    cada vez más inservible
    y nada de las acciones de humanos
    ofrece tema para tragedias

    El juego del pasará- pasará y el último quedará
    sostiene su ciego tendido
    en la soga discursiva del ni-ni

    El asunto central es ninguno
    el asunto privado un souvenir
    el venir es un ir
    hacia la boca ancha del jarrón
    cerrado por el beso del ¡morite!
    la cintura de la mujer un compás
    dibujando círculos enfermizos
    y las caderas de los travestis
    contonean la fémina figura
    agonizante
    en el relleno del repollo glúteo 
    siliconado ¡ah todos!
    y los mendicantes todos niños y niñas
    ojeras con la mano extendida
    la punta de la lengua llena
    de maldición y esperma agrio, hediondo y la lavandina
    que no lava todo lo que pasa aquí
    y no nos duele lo suficiente

    Por eso con la boca amarga
    subo calles cuesta arriba
    me atrapan hondonadas jodidas
    en no hacer alarde de queja
    y proseguir…proseguir…
    proseguir. 




    PARTO NATURAL

    Charqueada
    en piernas abiertas
    así se pare un hijo
    -parto natural-
    tiritando las carnes
    en lucha con la muerte
    entregada
    aspirando dolor
    que asquea y misteria
    mirando a los ojos nos
    realidad que es sueño
    Charqueada
    sin afeites, sin piedad de cosmético
    desnuda
    sin ni tanto de complacencia en gesto amable
    con los dientes apretados
    lastimados ya los labios
    tragando empuñadura de espada
    así se pare
    sola
    como una perra
    tirada a la boca de una noche oscura
    profunda como la garganta de Dios
    Dios es ahora la cadencia del gemir
    la sobra del mundo
    arrinconado, humillado a los pies de la piedra
    que nos para la distracción del llanto
    Así se da
    respiración 
    a lo que desde la espesa bosquedad
    desde el silencio polifónico
    como las grandes obras inventadas
    pedradas de la inmensidad
    sideral cachetada
    nos compensa
    con el murmullo de existir. 




    LA CASA DEL ETERNO POEMA

    Su casa es resonancia
    música de antes
    golpes de agua salada
    contra el techo

    rebote de vestidura
    sal y espuma
    muchedumbre de instantes
    soles resucitados

    marea incontrolable
    al vuelo de la noche
    el beso caliente del mediodía
    cuando la sombra se parte en dos
    para dar luz a su llanto
    hueco adentro hasta el límite

    ¿qué es un hueco sino un nido?
    ¿qué es el hueco sino rotura con fondo?

    y qué es el infinito
    sino rotura sin límite
    sin techo sin fondo
    sino el rugido sereno de la intemperie.




    COLECTIVO

    Quizá llueva en París
    y Vallejos sienta los huesos más helados
    mientras el sol madura cerezas en Japón
    un paraguayo o correntina come chipá
    ya ando muros de la casa
    murmurando años encima
    fuera de bisagras
    como puerta vieja
    rompe el casco de madera
    contra frío de intemperie
    y azotes de verano seco

    Años que chocan como la rompiente
    lava antigua roca endurecida

    Somos tan solamente solos
    a mitad de cogote madrugada
    desvelándonos
    como novia tímida desvistiéndose
    en el umbral del lecho nupcial
    ¿cuándo será el abrazo? ¿cuándo Itaca?
    ¿cuándo los brazos de Penélope?
    ¿cuándo, cuándo vivir?
    Después, siempre después
    palabra odiosa esa siempre
    vidriosa esa después

    Del trabajo a la casa, de la casa al trabajo
    olor a ropa húmeda, a trajes humeados
    a descomposición, patas detrás de los asientos
    perfumes tristes a la hora del anochecer
    Nos brinca el colectivo arracimados casi
    como si por pobres o pueblo
    nos acariciáramos en silencio
    después de ofertar el día a descenso de horas
    en comunión con extraños a favor de un pan común
    horas parecidas a moscas arruinando un asado a mediodía
    Un cierto placer ritma cabeceo de cabezas
    contra vidrios las calles, alguna plaza
    Al fin el paradero, cima de la casa
    donde el corazón se aquieta
    junto a un leño ardiendo aunque ya no exista

    Llegamos a zona segura
    está cerca la casa.



    PALABRA, POR QUÉ ME HAS ABANDONADO

    Palabra
    por qué me has abandonado

    Estoy apoyada en una larga pared
    una vieja disciplina de esperar misterioso
    Palabra, me exceden la pared
    y las palabras
    me gritan a la cara lo inútil 
    de aguardar en vilo
    el secreto de la Gran Significación

    Palabra, por qué me has abandonado
    justo hoy que soy constante
    y dejo que sangren las heridas
    la sabia mordedura
    la quemazón
    Palabra, palabra
    he sido conforme a tu medida
    Estoy sobre la explanada del viento peleador
    clavada en las altas ramas
    sedienta me consumo a mí misma
    a mi mundo
    y me tragan los otros con sus mundos
    El mundo me devora
    son míos los dolores de todos
    Mi casa es ancha
    la habitan las voces de los hombres
    la inundan gran número de ríos
    espero tu fuerza conciliadora
    Te busco
    Consuela nuestro sordo
    silencio
    solo

    Palabra, reúnenos.



    AMIGA ANTIGUA

    La calle era
    de punta a punta la esquina
    gastábamos una sola vereda
    íbamos
    de una a otra
    de otra a una

    baldosas frías
    bajo los pies sin dueño

    la luna nos comía
    temores oscuros

    éramos libres, libres
    por la angosta vereda

    íbamos por las noches en luna llena

    los pinos acercaban su antigua sombra negra
    arrancábamos hilos, finas agujas verdes
    masticábamos jugo de sus hojas etéreas

    era el sabor del cielo
    borrado por la tarde

    ya la noche soberbia nos velaba el semblante
    y la luna en sordina moría nuestros pasos
    que se alejaban solos
    en las trampas del tiempo
    de una vereda 
    a otra.





    -

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    Graciela González Paz

    Nacida en Mercedes, Provincia de Buenos Aires, Argentina. Maestra jardinera. 4 años Letras. Correctora de estilo durante 25 años en Editorial Corregidor. Integró el grupo de "Nuevas Promociones Literarias", de la SADE. Co -fundadora del grupo editorial Nusud.

    Publicó: 

    Oscuro territorio (poesía) Premio SADE, 1990; Expreso a Oriente (poesía) Editorial Nusud, 1993; Apariencia reales (poesía) Editorial Nusud, 1997; Lisboa Antigua (poesía) Catálogos editora, 2014 y Zambeze, (Hilos Editora,2015). 

    Y tiene un libro inédito aún (Mención de honor Fondo Nacional de las Artes año 2007) - poesía. 

    Publicó en varias revistas literarias, incluyendo "Anuario de poesía Mexicana - año 1998". Colaboró en libretos televisivos, bajo las órdenes de Alberto Migré. Coordina talleres literarios.





    del libro Lisboa antigua (Ed. Catálogos, 2014).



    1

    Escribe para mí   una letra
    un renglón de perfume sin registro
                   una palabra insoportable
    escribe su silencio en alto
                                en telas de metal
                                    en bastidores
    con uñas de  marfil   y   pajaritos
    muertos en combate
    escribe para mi una carta
    un naipe furioso
           envenenado
    una maldita transparencia que
                                    se pierde
    se confunde con otra y no llega
    o llega para otras que no entienden
    ni una forma en el lomo de los sobres que
      tiran con las sobras al río
          sin embargo

           primitiva razón, la luna
           hace de brillo lo que toca.


    2

    Y habrían de venir
                         éstas
    desvestidas de algo     no desnudas
             apenas cubiertas por un roce
             invisible temblor
             violeta
    sin lustre de jardín
    sin opulencia
    humildes como  el  cuerpo
                                     solo
    en  el  día primero de la muerte.


    3

    Planear        salir de alto
                 bendito el hueso
    lo que cubre  de fuerza  este peligro
        la energía en la hoja impertinente

        astuta  y suave
                irse   de  viaje con la tierra.



    Azul marino  el pelo
                    madurado
    ahora bajo los tilos 
                       blanco
    de vejez inaudita  ese trapecio
             en un cielo sin red
     inmaculado
    entre dudosas  lluvias hechas
                         por otras aguas
    hilo ebrio en el aire  que se une
                  se junta con los juncos
                  se acomoda
    al breve  sueño  de quien salta
                        en cuerpo y alma
    por encima del justo entendimiento
      enternecido por absurdo

                     y  duradero     oro falso
    verla como viera
    ese volar de ella en su mirada
    herida en lentitud   por intemperie
    por puntos del paisaje
           entrando  a pique
           mar   adentro.


    5

    Al fin vino
              de Lisboa   me dijo
               amaneciendo
    en viscosa dulzura  el alba
    con el noble
    espíritu abierto de las tramas
    casi  buena
         es decir
    inevitable
    esa angustia pequeña en la garganta
    testimonio  perdido        mi  palabra.



    del libro de poemas Zambeze, (Hilos Editora,2015).


    1.

    Sólo en estación seca
    crece el Kad 
    un árbol de ciclos invertidos 
    sobre los pastos altos del Senegal 
    si llueve 
    sus hojas se marchitan 
    y en plena sequía vuelve a brotar 
    fuerte y tibia 
    la gran acacia une 
    el misterio de las aguas 
    a los tatuajes de la fecundidad 
    Según el mito 
    el reinado del árbol fue un reino de mujeres 
    sin lenguaje 
    y sin ropa 
    venidas de la tierra 
    en alianza secreta con las flores del Kad 
    Según la religión Bambara 
    frotar el puño contra su corteza 
    invierte el ciclo de los tiempos 
    y confiere inmortalidad


    5

    En luna llena
    el río Níger hechiza a los perros
    y toda la noche
    cae
    agua de rocío hirviendo
    Dedicadas al brujo
    las mujeres más sabias de la Tribu
    juntan el agua en papelitos
    y hacen perlas


    7

    Nada era blanco en Kenia
    eso decía mi abuelo
    salvo el Paraíso y
    el algodón plumoso
    que el amo guarda y cuenta
    cuenta las bolsas    no a los negros


    8.

    Palpando como ciega
    encuentro evidencia 
    esterilla de caña 
    sobre miel de sésamo 
    El aire verde 
    no es aire de verdor, sino apariencia 
    eso decía mi abuelo: 
    la risa que se ríe 
    es cólera guardada, 
    solo el baile exorciza 
    Así decía


    13

    Un día el viejo dijo:
             Quien teme a una gacela, teme a todo,
              temerle a todos es cosa de ricos
    Eso dijo


    14.

    Un día la grulla no volvió
    ella, dijo mi abuelo,
    está siendo bañada
    por las aguas primarias del Tananká
    Lo fijo hacia lo errante
    el austero equilibrio de una sombra
    obligada a soñar
    Ver excesos
    y el estado sin nombre de las cosas
    perdiendo gravedad
    Así es la muerte, dijo
    casi lo mismo que volar


    19

    Mi abuela tenía ojos verdes
    con un resumen dorado al final
    una mujer de aspecto fabuloso
    que dio a mi abuelo hijos
    y
    una dulzura ardiente como la sal
    Quizá por causa de estas cosas
    el viejo dijo:
    --Si ella piensa, yo veo


    20

    La palabra creada en la respuesta
         no tiene alcance
         mero y justo
         el castigo también es alabanza
    La cosa es otra cosa, dijo el viejo:
                            Ir al cielo por tierra
                            sin perder el alma 


    Graciela González Paz y María Laura Decésare



    Presentación

    Por: María Laura Decésare


    “Como una iguana/ África/ sopló en mi corazón durante años…”: con este poema inicial comienza Zambeze, libro que está divido en dos partes. En esta obra, Graciela González Paz ha decidido abrir una puerta y, al abrirla, nos trae a sus antepasados y manifiesta un largo deseo adormecido de ofrecer un homenaje a su abuelo, “negro y esclavo”, a su abuela “blanca y de ojos verdes” y a su madre “la hija mestiza”. Antes de finalizar el poema nos revela: “Ahora/ maravillosa y casi anciana/ descubro el Caftán que usó mi abuelo”, en versos donde se despeja la memoria para dejar por escrito cada recuerdo y hacer justicia.
             
    Zambeze es el nombre que da título a este libro y hace referencia a un largo río de África austral, que nace en Zambia. Graciela González Paz nos sumerge en “un río más rico que el cacao”, nos manda a recorrer estas tierras lejanas para poder ver, a través de sus versos, el cielo africano, aunque “La cosa es otra cosa, dijo el viejo:/ Ir al cielo por tierra/ sin perder el alma”.
             
    La primera parte de Zambeze comienza con una cita de Karl Shapiro que dice así: "Nosotros matamos sin piedad y matamos el pensamiento. Hospedamos al loro y dejamos ir al centauro". La elección que hace la autora para dar comienzo a esta primera parte no es casual, es una señal para que nos adentremos en cada uno de los poemas, que son veintitrés, y dónde de entrada nos presenta al abuelo, al “Viejo”, negro y esclavo, un sabio que nos susurra en cada verso una palabra como enseñanza, hasta afirmar que: “quien teme a una gacela, teme a todo,/ temerle a todo es cosa de ricos”. También nos presenta a la abuela, mujer de ojos verdes que le dio hijos “y una dulzura ardiente como la sal”, escribe en los versos del poema 19, y luego con un remate propio de la autora se cierra así: “quizá por causa de estas cosas el viejo dijo: -si ella piensa, yo veo”.
             
    Esta primera parte del libro está dominada por expresiones que nos llegan en la voz del abuelo y nos provocan una sacudida, cito un verso: “la risa que se ríe/ es cólera guardada,/ solo el baile exorciza”.
             
    La segunda parte del libro se abre con un acápite del escritor negro norteamericano, Leroy Jones, y dice: "Mirando el futuro del alma/ había ángeles negros retorciéndose en su cabeza/ transportando la sangre de nuestros antepasados". Tampoco esta vez la elección que hace González Paz es casual, ya que suma otra lengua en la que subyace el pasado africano, por eso decide incluir esta voz y no otra, la de un activista de los derechos de los afroamericanos en Estados Unidos. En los diecisiete poemas de esta segunda parte, la voz del abuelo desaparece y con un lenguaje íntimo y melancólico, la autora rememora el escenario anterior y se libera. En los próximos versos hay una alianza nueva. Cito un poema del libro:

    “Contemplando visiones ocultas
    vi tu corazón sobre la hierba
    no obstante
    mi única tentación
    fue la conciencia”.
             
    La escritura de este libro despierta en Graciela González Paz un claro deseo de decir lo que estaba dormido. Describe de una manera sencilla y directa, “ese decir anterior que nadie escucha” que estremece y duele en lo profundo del ser. Un silencio que se vuelve palabra justa y necesaria.
             
    Cada uno de los poemas que se suceden en el final del libro también nos revelan pequeños detalles: “el misterio de las aguas”, “voces habladas a lo lejos”, “ser libres o libremente violadas”. Con fijeza se suceden los versos donde el río Zambeze maldice su memoria y dice aquello que nadie escucha, “salvo el negro”, “el humano silencio de la selva”.  Pero habiendo sido escrito este libro, la voz que nos habla y nosotros sus lectores comprendemos algo más. Comprendemos estas palabras nacidas en libertad.

    20 de mayo de 2015






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  • 12/13/16--02:39: VICENTE OYARZÚN [19.731]

  • Vicente Oyarzún 

    Vicente Oyarzún Cartagena (Punta Arenas, Chile, 1992) Poeta. En 2016 obtiene la beca de creación de la Fundación Pablo Neruda y asiste al taller de dicha fundación.



    Luces

    Sólo una micro atrapada y la impaciencia de ver
    los demás autos avanzar a tu costado.
    Así debería comenzar: con un taco en la avenida,
    una arteria luminosa en plena madrugada.

    Presionas el botón, se abre la puerta.
    Abajo tus pies sin música
    patean hojas que no están.

    Se deslizan rostros sobre tus ojos
    como reflejos en un parabrisas.

    Por encanto te detienes
    recuperas algo olvidado
    suerte del que recoge una moneda
    y sigue.

    Tu entorno parece amable
    por un segundo
    brillante transparencia que cubre todo
    gas que se diluye.
    Luces de un estadio vacío
    o la de un puntero rojo que molesta
    a los pocos transeúntes.

    Esperas calmado, en el fondo
    las distracciones son respiraciones de la mente
    y las ansias sólo un adorno
    la locura que te pones como una corona.

    Seguramente porque no has dormido
    sientes algo de gloria en eso de bajar
    antes de la micro para caminar un poco
    sumergirte en el bullicio y respirar
    el neón de la mañana.



    Retazos

    Postales intermitentes que regresan
    desde la duermevela
    por una fracción de segundo.

    No logras identificar
    si algo comienza o termina
    según la costumbre
    de dividir la vida en etapas.

    Pero ya aprendiste que el bajón se instala
    cuando puede y quiere
    y esa escasa sabiduría te basta
    para reír ahora, es cuestión de tiempo.

    No hagas caso de ningún consejo
    dijo tu horóscopo.
    Saltar de un día a otro:
    el pasaje marcado de una partitura
    donde el intérprete siempre tropieza.

    El futuro vuelve como una imagen
    que viene de lejos y se quema
    en ese fósforo que enciendes.

    Luego un lápiz sin tinta
    el aire libre y un silencio
    al que no puedes agregar otra cosa.




    Ángulo de mesa calle Cumming

    Sin impostar la voz sería difícil
    continuar con esta jornada
    en la que no nos hemos mandado a decir
    nada con nadie
    como hace la gente
    que se enorgullece de su agresividad.

    Las piernas se topan debajo de una mesa
    demasiado chica
    que casi cae al borde de la acera.
    Cuando llega a su último peldaño
    la escala de grises de la tarde
    nos cagamos de frío
    con tal de seguir fumando.

    A estas alturas sólo sabemos
    apuntar instantes con la memoria
    que esperaban por esta sinceridad
    ya inevitable.

    Observar las mesas de alrededor,
    escuchar a la gente que canta
    más o menos afinadita.

    Elegir entre la euforia, una pelada de cables
    o ese silencio en el que a ratos
    alguno de nosotros se sumerge
    aleatoriamente.

    Doblar la etiqueta húmeda
    arrancada de la botella de cerveza
    como una forma tal vez desesperada
    de intentar imprimirle una geometría al mundo.

    Aprovechar el trayecto
    de ida y vuelta hacia el baño
    para estar solos.

    Entregarse al mirar distraído que traspasa objetos
    con desidia y sin oídos
    por espacio de quince, veinte segundos.
    Y el volver de cada uno con sonrisa
    muletilla, frase hecha
    que mantiene la conversación en movimiento.



    La noche en un sillón

    Después de falsas despedidas
    frente a casas que alguna vez fueron las suyas
    él le llevó unos cigarros en la madrugada.

    Compartieron un tarro de duraznos
    pasando años en limpio con rapidez
    como si los invadieran de golpe
    todos los insomnios.

    Ahora pasan la noche
    hablando en voz baja
    para no despertar a la gente que duerme
    en las habitaciones aledañas.
    Ejercicio del tacto sin piel
    en la transparencia de sus máscaras.

    Sólo el perro los observa
    y parece querer explicarles
    que se están pasando exactamente la misma película.

    Sobre sus cabezas el reloj que no miran
    bajo sus pies la sed derramada.
    La tele en mute cambia incesantemente
    el color de sus rostros.

    Ella se suelta el pelo
    señales inconscientes que si quisieran leer
    romperían esa quietud de flores secas
    colgando de cabeza
    ese silencio de corchea sin ángel que se expande.

    No pasa nada en todo caso, sólo conversan
    Sosteniendo lo que tienen
    con la pereza de un imán.
    La noche no se avispa y al alba
    ya no tienen excusas para seguir juntos.
    Historia que sigue o comienza
    pero todavía no. Se hacen los tontos.



    Cuando nadie los ve

    En una casa de paredes mal pintadas
    con un antejardín donde el pasto está muy largo
    (sus habitantes hace tiempo no lo cortan
    por una mezcla de depresión y pobreza
    que disfrazan de jipismo)
    dos niños trepan el mueble de la biblioteca
    única posesión de valor en esa casa sin juguetes.
    Acaso piensan que suben a un árbol
    estiran sus pequeñas manos
    extraen un ejemplar delgado
    que observan, incapaces de descifrar
    aún esos grafemas,
    y lo muerden para aliviar
    la fiebre en las encías.
    Título y autor se borrarán definitivamente
    de sus memorias. Sólo quedará el color azul
    de la portada, el grabado de un centauro.



    En bicicleta bajo la tormenta

    Los frenos y las ruedas mojadas
    resbalan al contacto
    Me estrello mejor que un pájaro
    contra el ventanal inmaculado de la lluvia.

    Pareciera que vienen hacia mí
    las gotas iluminadas
    por la luz de los semáforos.

    No pensar, quedarse pegado
    en la saturación de luces, un túnel
    que conduce a otro túnel.
    El frío, la ropa mojada sobre el cuerpo,
    el breve retorno a la inocencia
    cuando no evito los charcos.

    La oscuridad cae de golpe
    como siempre.
    En la velocidad me quedo quieto.
    Soy la flecha aporética
    en una calle vacía.
    Escucho el ruido de los ejes
    tan parecido al golpeteo
    de la punta metálica del lápiz
    sin detenerse.
    Avanzo, me borro como un dibujo
    en un vidrio empañado.

    Soy sólo un momento que sostiene el equilibrio
    bajo una tempestad,
    el mandala de los rayos despidiendo reflejos,
    las ganas secretas de chocar
    al final de la bajada.



    Hoy desperté de innumerables pesadillas

    Mi madre yaciente en los brazos de mi hermana
    esa habitación que se repite,
    el pájaro muerto en el techo de una casa.
    La cima de un rascacielos donde estaba acostado
    y si me movía
    caía.
    Pero hoy una corriente de aire
    cruzó de ventana a ventana
    y se llevó lejos los temores abisales
    Abrí las puertas, dejé entrar el rugido
    y un choque en la esquina que no resonó
    tampoco el crujir de la loza en el lavaplatos,
    el movimiento compulsivo de rodillas y pies
    ni el chasquido del encendedor.
    Pareció que venían de un sol extraviado
    las luces del alumbrado en una calle
    todavía un poco diurna. Y la música
    fue un lujo inmenso cuando se terminó el café.
    Hoy tuve otra postura al apoyarme en la pared de la cocina
    recordé una caja en el persa de libros a luca
    y en esa caja estaba Cipango.
    La estrofa no terminó en la extensión de las manos.
    Hoy desperté de innumerables pesadillas
    levanté con cuidado una polilla muerta de la mesa
    y cuando la iba a sacar por la ventana
    se puso a volar.



    Imaginas esta escena:

    dos personas con los pies en el agua
    a la orilla de un mar
    no tan mar
    un poco río.
    El sol cae sobre ellos
    como el amarillo de los destacadores de texto
    para que brillen en la página
    o en el lienzo infinito de los ojos.
    Dos palabras que de alguna forma
    lo resumen todo.

    Los ojos semiabiertos
    a punto de entregarse a la luz
    que viaja por el aire como shampoo de manzanilla.
    Cuando todos duermen
    cuando el beso se instala
    en la mañana o el sueño.

    Intentas no detenerte demasiado
    en ese bosque interminable de árboles de agua
    y de siglos de gaviotas anunciando las auroras.
    Te resulta tan fácil sentarte
    a inventar con la voz una caricia
    en un cuerpo invisible
    a fotografiar un sueño
    como si no fuese en la vía pública
    donde imaginas esta escena:

    Esta plaza nocturna
    atestada de gente y de palomas
    que se esquivan mutuamente.





    Patio de luz

    Podría comenzar a brotar la enredadera,
    árbol que crece en la imaginación
    y devora el edificio.
    Romper la quietud
    con claustrofobia de pájaro
    si nadie canta en la ventana.
    Leve inclinar el libro
    del que se asoma aprovechando
    unos últimos minutos
    de luz natural.
    Estirar hasta donde se pueda la cuerda del día
    cuando el sol hace su única aparición
    justo en el cénit.
    Sólo el vuelo reiterativo de una mosca
    llena el espacio.
    Las paredes blancas multiplican el neón.

    http://laubreamarga.martadero.org/2016/11/24/vicente-oyarzun/






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  • 12/13/16--02:59: ROBERTO BUSTAMANTE [19.732]


  • Roberto Bustamante 

    (Iquique, Chile 1977) Estudió Sociología en UNAP (Iqq) y en ARCIS (Stgo). Publicó en revistas y en una antología del LEA 2010 en Valpo, incluido en la Antología “Predicar en el Desierto: Poetas jóvenes del Norte Grande” 2013, invitado a encuentros de poesía en Chile y Bolivia (Primer Encuentro Transfronterizo “Panza de Oro” Cochabamba, Bolivia, 2014 e invitado en mayo de este año al Tea Party 4 Arica-Tacna. Actualmente trabaja como investigador en el proyecto “Letras en movimiento, Recopilación de escritos migrantes en Tarapacá” ganador del Fondo del Libro CNCA 2015 y en su primer poemario.





    Greg Bamba al despertar una mañana,
    tras un sueño intranquilo,
    se encontró en su cama
    convertido
    en un monstruoso perro guardián.

    Greg Bamba luce ahora como el visor
    que apunta secretamente
    a los bolsillos coagulados de los estibadores
    que de madrugada
    regresan del mar Muerto.
    Sus colmillos relucen como letra de himno de un club deportivo
    de Notarios.




    Ghretel Bamba se estrella contra los hombres de un país.
    Ellos desbordan sus hombros queriendo volver a la madre
    y ella les arranca los testículos para tener algo que cenar. Los asesinos confesos siempre
    culpan al pasado

    en el barrio Industrial tocan los grillos cuando aparece Ghretel / movimientos sin luz
    formas de estar al acecho sobre el agotamiento de una novata

    Greg al perder su humanidad ¿se transformó en alegría?
    A la espera de la salida del sol
    y sus primeros auxilios
    la mirada de Greg se quema. Alguien avisa que hay que encerrar a los perros
    que los están envenenando.




    El señor y la señora Bamba caminan por las tardes rodeando los jardines del temor
    acusándose
    organizados como barricada natural
    de cebo y plástico

    de la guerra que ambos declararon en una aula marxista
    el día que el Pariahuanca desbordado
    arrancó los helechos que recogían el oro,
    sólo queda algo así como
    mujeres suicidas chinas
    aquellas que no soportan vivir cuando
    la propiedad
    se va con otra.




    Ella tradujo la velocidad de los reptiles en emboscadas
    mostró el musgo nuevo
    en su avance gravitacional rumbo al mar Muerto

    los yacarés caían heridos
    se diluían
    jugando al Jumanji de la ideología
    Él lleva una bala alojada / en la furia de un subcontinente
    fruto rojo, podrido y vuelto chicha en las tinajas japonesas
    del Chavín de Huántar.





    22 de Abril de 1997
    en Javier Prado Oeste N° 2220
    el otoño imprecando es tatuado.
    El pasatiempo de Morihisa Aoki:
    grabar
    símbolos del descampado:
    una olla vacía en medio de un matadero

    cuerpos al revés
    desparramados en un juego de fuerzas, un panfleto
    en clave escrito desde lejos por Lori Berenson.





    EL POLICIA INTERIOR
    (por Víctor Polay Campos)

    Los barrotes
    cumplen, en consecuencia,
    los simulacros del complejo absurdo
    los paseos absortos
    la sospecha en el fondo de cada uno de los habitantes

    el paisaje se rememora
    una vez escondido de la avidez.





    el señor Bamba arroja las cuentas sobre la mesita del patio
    las analiza como si fuese el mapa de la ciudad de los reyes
    y se lamenta como si golpeara los guaranguay que la ocultan.
    Nosotros, piensa el señor Bamba,
    somos el orgasmo plebeyo que no cuenta con un país
    ni con un verbo que sea fortaleza

    las espinas breves de un San Pedro
    como la suerte en el tragamoneda del almacén
    se desvainan
    a la manera de un buen uppercut que rebalsa la capacidad
    de reacción

    Bamba no sabrá nunca los secretos del peyote /
    los intransigentes rumbos de las armas
    sus ojos vencidos
    una sensación paralela no mística /
    un aroma a muerte que cae como caspa.





    la autoconstrucción con fibrocemento en el barrio Luis Néstor Fortunato Cerpa Cartolini
    crece a un número histórico. A comienzo de los años 90
    el sólo beneficio de tener una 38
    provocó que
    las calles que nosotros perdonamos
    sean como la imagen en un poema
    atragantado
    pensar que alguna vez
    los garabatos rojos escritos al interior del nervio
    hicieron un barretín que no se disuelve
    El Sr. Bamba creyó haber ganado cuando jugó a la ruleta rusa.

    (De “PROPIEDAD”)





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  • 12/13/16--08:23: VÍCTOR ILICH [19.733]

  • Víctor Ilich 

    (Santiago de Chile, 1978). Egresado del Instituto Nacional y de la Escuela de Derecho de la Universidad Finis Terrae, en la cual estudió becado. Abogado y Juez Titular del Juzgado de Garantía de San Vicente de Tagua Tagua. Autor de más de una decena de obras literarias, tanto reflexivas como poéticas. Algunas de ellas han sido prologadas y comentadas por destacados académicos como Hugo Zepeda Coll, Thomas Harris y Andrés Morales. Entre sus obras se puede citar Infrarrojo (poemario presentado por el académico, escritor, poeta y miembro de la Academia Chilena de la Lengua, Juan Antonio Massone del Campo, quien le incluyó en una antología de poesía); además, es autor de Réquiem para un hombre vivo, poemario dedicado al poeta Juan Guzmán Cruchaga (presentado por el Ministro de la Excelentísima Corte Suprema y escritor, Carlos Aránguiz Zúñiga y el Ex Ministro de la Ilustrísima Corte de Apelaciones de Santiago, Juan Guzmán Tapia). También es autor de La insurrección de la palabra, Arte de un ocaso vital, Baladas de un ruiseñor (poemario erótico romántico). Dragón, escorpiones y palomas, Hojas de Té, La letra mata (un texto que resucita la palabra), entre otros, y El Silencio de los Jueces, un texto para sazonar el corazón, el cual fue prologado, entre otros, por Sergio Muñoz Gajardo, quien fuese Presidente de la Excelentísima Corte Suprema (2014-2015).




    del libro ‘La letra mata’, recientemente editado en Santiago de Chile bajo el sello de Hebel Ediciones, dirigida por el poeta Luis Cruz-Villalobos. 



    «¿Y después? Junto a un título flamante de abogado, 
    irá el pobre poeta con su melancolía 
    a hundirse en la ignorancia de alguna notaría 
    o a sepultar sus ansias en la paz de un juzgado». 

    Nicolás Guillén 


    «No hay peor ladrón que un mal libro». 

    Proverbio italiano



    LA LETRA MATA: ANÉCDOTAS A LOS PIES
    DE WISŁAWA SZYMBORSKA


    «Quien llega a la determinación del suicidio se pone 
    sobre sí mismo una cruz, vuelve la espalda al pasado, se 
    declara a sí mismo fracasado, anula los recuerdos». 

    Boris Pasternak


    Asesoría antijurídica a un suicida

    Si piensa en suicidarse no lo haga una rutina 
    ni antes de salir de la oficina ni de vacaciones. 
    ¿No ve que los niños quedarán sin flotadores 
    y aún en plenas vacaciones? Una pena. 
    Ni el día del cumpleaños de su hijo, 
    ni tome la soga después de hacer el amor con su mujer 
    sería un soberano despropósito, 
    si piensa suicidarse visite Punta de Lobos unas horas antes 
    y se dará cuenta cuán solo es. 
    Recuerde nada de mártires por las deudas. 
    ¿No ve que los muertos penan a través del Servicio de 
          Impuestos Internos? 
    Si piensa en suicidarse no practique tiro al blanco, 
    no vaya a ser que le apunte medio a medio, 
    al corazón o al cerebro 
    y si va de pesca devuelva el pez a su amo 
    no tome para sí lo prestado. 

    Si su esposa lo engaña, no sea leso abra bien los ojos 
    y vea si se caza los dedos. 
    Si usted engaña a su esposa no sea menso abra bien la 
          boca 
    y diga lo siento, 
    lo siento, lo siento y sea machito para soportar los azotes al alma y el 
          temblor de los besos. 
    Si piensa en suicidarse no lo haga por necesidad ni en 
          Navidad, 
    piense en los niños huérfanos.

    Ni después de Año Nuevo no ve que el dolor quedó atrás 
    y espere que el Director le diga: ¡Luz, cámara y acción! 
          ¡Actitud! 
    Hasta la última escena. 
    Si piensa en suicidarse no lo haga por amor, 
    Romeo y Julieta es ficción, la realidad de Punta de Lobos 
          es peor: 
    El que ama soporta el dolor, el frío y el aguijón. 
    Si piensa en suicidarse nada de cartas de despedida 
    ni últimas palabras, tiene derecho a cometer un error, 
    pero no a escribir palabrotas ni tonterías. ¿No ve que 
          repicarán sus palabras 
    y retumbarán sobre su tumba, una tras otra? 
    Nada de poemas, ni endechas, 
    nada de flechas encendidas 
    atravesando la hoguera dirigiendo su vida. 
    Si piensa en suicidarse bote las agendas 
    y olvide las direcciones no vaya a ser que se arrepienta 
    si encuentra una mano que lo sostenga. 
    Si piensa en suicidarse vaya al médico 
    para que le prescriba un mal amor. 
    Si piensa en suicidarse nada de ironías:
    —Morir ahogado siendo salvavidas— 
    Nada de contradicciones:
    —Seré fiel hasta la muerte— 
    Ni de estupideces:
    —No podré amar a otras mujeres— .

    Si piensa en suicidarse sea bien hombrecito 
    llore hasta saciarse y si se siento solito 
    ¡Oiga! no es el único que vuela sin rumbo fijo
    o que mira perplejo desde la orilla el anzuelo 
    o que se mira el ombligo en el espejo. 
    Cien años de soledad no son nada comparados con la 
    eternidad. 
    Algunos creen que la soledad puede durar un Big-bang 
    otros creen que no, mire, yo no sé, 
    pero ante la duda es mejor detener el motor, 
    no intente quemar el arroz 
    ¿No lo cree usted?
    —Tiene razón, Señor, usted es el experto 
    si ha sobrevivido a tres intentos.



    Testimonio de una soga

    Miserable de mí. 
    Largamente miserable. 
    ¿Quién podrá darme aire 
    al caer la noche sobre mí? 
    Me falta el aire, me sofoco al atardecer. 
    Sufro de crisis de pánico, 
    me sudan los bordes, 
    las curvas y todas mis fibras tiemblan 
    en un trémulo ritual. 
    Tengo la certeza de que la muerte me acecha, me 
             espera. 
    Me voy a morir y no de vieja. 
    Siento la angustia de manos que no dudan, 
    cuando alguien me toma por sorpresa me asusta 
    y si me coloca en el cuello, se me aprietan las venas, 
    me pongo tan tensa que pierdo la conciencia. 
    El peso de un vacío tan profundo me despierta, 
    la muerte se balancea con mis trenzas. 
    No soporto las alturas, ni los postes, ni las ramas, 
    ninguna altura que me obligue a ver 
    un par de pies caminar sobre el agua, 
    sobre todo si no tienen alas ni plumas,
    más aún si se atan los cordones del calzado que suda. 
    Miserable de mí 
    ¿Quién me librará de este cuerpo letal? 
    Largamente mortal. 
    No me gusta que me tomen del cuello 
    sino de la cintura.




    Autopsia de un suicida 

    Se debe extraer la bala, sin miedo 
    alojada en el dolor a la izquierda de la ausencia, 
    el cadáver está desnudado por el quebranto de los 
    padres separados, 
    el abuso y el esperpento humano lacerado. 
    En su mano derecha rastros de angustia en pólvora, 
    algunas partículas de vergüenza en las huellas dactilares. 
    Desprendimiento de masa encefálica lo que explica la 
    pérdida. 
    El trayecto de la bala no tiene futuro ni propósito, 
    laceración del nervio óptico. 
    Salida de proyectil por una puerta cerrada 
    en el centro de las sienes. 
    Necesidad de cubrir el cadáver 
    posibilidad de ver el rostro en la memoria, 
    de algún ser querido, un familiar o un amigo.




    ALEGATOS DE LA ÚLTIMA HORA

    Su Señoría, cuando la letra mata
    se rigidiza la lengua
    aparecen las livideces de la gramática
    se deshidrata el alma
    y se enfría la conciencia.



    DIVISIÓN DE LOS VERSOS

    Los versos, atendida su gravedad,
    se dividen en poemas, simples poemas,
    garabatos o bosquejos.



    EN CONSULTA

    Vistos:
    Se revoca el pasado
    con la luz del presente:
    el perdón del ofendido
    es clave para vivir en paz.
    Devuélvase bien por mal.
    Nadie dijo que sería fácil
    dejar la fusta en el suelo
    y abierta la mano
    aunque le falten los dedos.



    ¡PASE LO QUE PASE!, GRITÓ UN POETA

    Pase lo que pase
    nunca te tires por la ventana
    así no nacen las palabras
    por el contrario te tragará un ancla
    a la que le arde la garganta.
    Pase lo que pase
    nunca te tires por la ventana
    mejor tira las palabras
    verás cómo les salen alas
    azótalas contra el muro de ser necesario
    machácalas contra la página,
    pero no sobre una lápida
    y nunca las coloques sobre un sudario
    verás que es inútil acallarlas
    o sepultarlas en el alma
    tarde o temprano
    las palabras siempre, siempre se levantan.
    Pase lo que pase
    la muerte también pasa,
    pero las valientes palabras
    ¡Jamás, jamás se marchan!



    LA PRESCRIPCIÓN DEL DOLOR

    El viento erosiona el corazón:
    la puerta del dolor
    en un par de sesiones,
    en una visita de doctor,
    el perdón pica la piedra
    hasta extraer el tumor.
    Pero el tiempo, el tiempo
    solo es un señuelo grotesco
    que llega a fracturar los huesos
    al apretarlos entre sus fragmentos.



    EXIMENTES DE RESPONSABILIDAD PENAL

    Están exentos de responsabilidad penal:
    El poeta, a no ser que haya escrito en un intervalo lúcido.
    El que sea menor de cien años de soledad y haya publicado más de un libro.
    El que escribe por mero accidente.
    El que escribe violentado por una fuerza irresistible como el amor al dinero o impulsado por un miedo insuperable como al destierro, el exilio o el olvido.
    El que escribe en cumplimiento de un deber dado por los dioses —según los griegos— o en el ejercicio legítimo de un derecho, autoridad, oficio o cargo —según los fariseos.
    El que escribiera un cuasipoema, salvo los casos penados por la Academia.




    DECRETO LEY N° 1 LA LEY DEL EMBUDO

    Si usted es ciudadano
    puede codiciar la mujer de su prójimo,
    pero si le codician la suya
    se decretará Estado de Sitio, ipso facto,
    ley marcial, dos palabras en el pecho y a la tumba.



    ACUSACIÓN CONTRA EL PRINCIPITO

    Su Señoría,
    vengo en formalizar
    a este pequeño príncipe de trigo y cereal
    imputado de haber abandonado una flor
    a las afueras de Pichilemu, en Punta de Lobos.
    No sabemos, Su Señoría, cómo llegó
    y aunque procuró reparar con celo el mal causado
    su antídoto empeoró la situación
    dejando un hálito melancólico
    en la atmósfera.
    Además, no tendría configurada atenuante alguna
    ni siquiera la de irreprochable conducta anterior
    ya que la soledad que dejó
    es un delito inexcusable por estos lares,
    tierra de revoluciones y proclamaciones,
    protestas, sindicatos y corporaciones,
    colusiones de precios y gestos mercenarios.
    En efecto, el día 28 de noviembre del pasado imperfecto,
    luego de hacer amistad con un relámpago amarillo
    abandonó sin indulgencia una acuarela en flor,
    específicamente, un asterisco en flor
    alegando violencia intrafamiliar
    ya que cada vez que la abrazaba
    esta lo pinchaba, según él.
    Su Señoría,
    usted comprenderá que el imputado
    se burla del sistema, de nosotros,
    se muestra cálido, ingenuo, a ratos infantil,
    pero si es capaz de pensar en el suicidio
    no estamos frente a un niño.
    Su Señoría,
    solicito se decrete a la brevedad
    y antes que el juicio llegue,
    sin más trámite la medida cautelar
    de prisión preventiva por ser un peligro para la sociedad,
    es un eventual Rey, que gobernará sobre la tristeza,
    la melancolía de las fiestas,
    y en subsidio, solicito medida de protección
    para su eventual rehabilitación
    a fin de evitar hacer amigos con zorros ladinos
    y relámpagos amarillos.
    Sabe usted, Su Señoría,
    cuántos niños se han suicidado
    por este Principito depresivo
    y cuántas flores han muerto
    esperando su regreso.
    La única flor que lo amaba
    murió anciana esperando vanamente
    que volviera y la cuidara.
    Su Señoría,
    no hay derecho
    a boas abiertas o cerradas
    mientras no se aclaren los hechos.



    ALONSO QUIJANO

    A la hora señalada en la contratapa del ingenioso hidalgo,
    comparece Don Alonso Quijano, más conocido en nuestro medio
    como el Sr. Quijano, el Caballero de la tristeza ancha, la sonrisa la dejó hace años, presentado por la parte demandada.
    Para que diga el testigo si es efectivo que la hojarasca nubla la razón.
    —Mire, hace años que dejé de leer libros de ficción,
    poemarios y panfletos
    ahora leo sentencias para mantener la cordura.
    —Tacho al testigo por cuerdo.
    El testigo se retira indignado
    y se excusa de firmar la presente acta por analfabeto,
    aunque estampa su huella digital de molino de viento.



    DONACIÓN

    Contrato en virtud del cual un hombre y una mujer
    por mera liberalidad se entregan el cuerpo,
    las emociones o los sentimientos,
    sin reservas y de mutuo acuerdo.



    BALADA DE UNA BALA

    Vamos al grano
    besaré tus labios
    hasta hacerte pedazos el cráneo.
    Seré directo como un rayo,
    cuando pongo mis manos en el arado
    marcho firme sin cansancio,
    no miro hacia el cielo ni hacia el suelo,
    no soy de los que se contradicen
    si digo sí es sí y si digo no es no.
    Vamos al grano
    buscaré tus labios
    y en señal de aprobación
    cerraré tus ojos salados.
    ¡Gritaré viva el amor!
    Tú sabes que una vez que hablo,
    no me retracto, he dicho que acariciaré tus sienes
    solo una vez, esta vez, sin dolor
    aunque sea lo último que haga en este mundo.
    (Una pequeña mentira como yo
    no le hace daño al alma, la atraviesa
    con una traviesa potencia).
    Les doy mi palabra ni vana ni pasajera,
    soy una explosión eterna.



    DELIBERACIÓN

    En el principio el hombre caminó erguido
    y en el camino se encorvó la coraza,
    en el principio el hombre fue baluarte del tiempo
    y con el tiempo cruzó las manecillas del reloj,
    en el principio el hombre buscaba la verdad
    hasta que una linterna lo encegueció.
    Finalmente, el hombre se extravió tras Moby Dick
    y cojeó solitario por la senda tuerta.
    La presencia de dos agravantes: la necedad y la soberbia
    y ninguna atenuante permiten que podamos aumentar en un grado el llanto,
    para que siga sollozando.
    CULPABLE de aferrarse al dolor, CULPABLE sin asco.




    PENA DE MUERTE

    Amar sin ser correspondido.




    ¿Qué es la justicia?
    Es no tener todas las respuestas. 

    Si la persona es talentosa 
    tiene derecho a caminar coja, 
    a no andar por las veredas 
    ni correr por las aceras.





    La ley, definición académica (I)
    Una de las manifestaciones de la materia, 
    de áspero contorno, pesada como tronco, 
    esculpida por la voluntad soberana de las urnas.




    La ley, definición ilegal (II)
    Espada de doble filo 
    que los verdugos levantan 
    sin saber sobre sus cabezas.




    Decreto ley n° 1 La ley del embudo
    Si usted es ciudadano 
    puede codiciar la mujer de su prójimo, 
    pero si le codician la suya 
    se decretará Estado de Sitio, ipso facto, 
    ley marcial, dos palabras en el pecho y a la tumba.




    El pago
    Modo de extinguir las obligaciones 
    y en especial el sufrimiento. 
    Recuerde que el remordimiento se hereda 
    es solo cuestión de tiempo 
    y el arrepentimiento es intransferible
    dura solo hasta llegar al cementerio.





    Confusión
    Otro modo de extinguir las obligaciones 
    se produce cuando la calidad de acreedor y deudor 
    se reúnen en una sola persona 
    como es el caso de un suicida.




    Interpelación

    Su Señoría Excelentísima, estoy preocupado 
    porque nada ha dicho en todo este rato, 
    lo veo pensativo sujetando el mallete 
    esperando el colapso como los astros.
    —Abogado, mientras pueda siga alegando, 
    siga escribiendo mientras tanto. 
    Yo tendré a su tiempo claro el resultado.




    Iter Criminis

    Su Señoría, vi la página tan blanca, 
    tan lozana, tan estilizada 
    que algo despertó dentro de mí: 
    el deseo de besarla, 
    la abordé por la espalda, 
    la tomé del borde de su solapa 
    y me derramé en ella 
    hasta mancillarla.




    Duda razonable

    Si pocos leen poesía 
    para qué escribir estos poemas a la deriva.




    Determinación de la pena

    Se debe considerar primero 
    que la pena es indivisible 
    que las atenuantes no siempre compensan 
    todas las agravantes del precario salario, 
    que los ojos mojados se llueven, 
    que la sal los preserva en su trasparencia, 
    que la paz desafía a la tristeza, 
    los días pasan y la pena queda, 
    por ende, es necesario cumplir la pena 
    para ser libre de polvo y paja, la propia o la ajena.




    Manifiesto


    Cada hoja de papel 
    es una lápida. 

    Donde el hambre y la sed 
    con voz seca se quedan bajo tierra 
    al filo de los pies 
    hasta que el día se encienda 
    en un ademán del más allá 
    en el más acá donde las mejillas tiemblan. 


    II 

    Esta hoja de papel 
    es un pequeño ataúd 
    donde el rostro de los muertos 
    es encendido al abrir tú los ojos por ellos 
    y al dar vuelta la página 
    cae una tapa como lápida 
    sobre el rostro de un sueño vencido 
    despertando en tus manos el dormido. 


    III 

    Tengo hambre y sed de labrar con hechos las palabras, 
    las pequeñas, las enjutas y las ásperas 
    Hambre y sed de labrar con hechos la esperanza, 
    la olvidada, la dormida, la censurada. 

    Tengo hambre y sed de hallar ROSEBUD 
    en el rompecabezas de mi infancia,
    sin duda, una mala broma, 
    lo que no percibe tu mirada de ámbar, 
    tengo hambre y sed de que el séptimo sello se abra 
    y una mariposa nazca, 
    prima lejana del escarabajo de Kafka. 

    Tengo hambre y sed de declararme incompetente 
    y que sea otro el que me haga justicia 
    aunque sea al borde de mi cama cuando parta.







    .



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    José Tono Martínez

    José Tono Martínez (1959) es un escritor, ensayista y gestor cultural español.

    Nació en Ciudad de Guatemala, de padre exiliado, republicano de origen vasco, combatiente en el Batallón Guernika en la Resistencia en Francia, entre 1943 y 1945, y de madre panameña, declamadora, y discípula de la actriz Anita Villalaz, de la Escuela de Declamación argentina de Berta Singerman . Su familia volvió a España siendo él un niño, en 1963, y se trasladaron a Madrid. Se licenció en Sociología y Antropología por la Universidad Complutense de Madrid en 1982 y se doctoró en Filosofía por la Universidad Autónoma de Madrid en 1997, con una tesis titulada La condición postrimera (Hacia una delimitación del ser contemporáneo), que recibió el Premio Extraordinario 1998 a la mejor tesis defendida en el Departamento de Filosofía de esta universidad.

    Entre 1977 y 1978 estuvo afiliado al Partido Comunista de España y entre 1980 y 1981 destacó como activista cultural y agitador posmoderno en el Club de Amigos de la UNESCO, presidido entonces por Joaquín Ruiz-Giménez Cortés. Allí dirigió los VAM (Viernes Abiertos de Madrid), ciclos de conferencias y recitales poéticos y debates le pusieron en contacto con jóvenes creadores de la ciudad.

    Como escritor ha publicado libros de relatos, poesía, novela y ensayos, Entre otros libros publicados, se encuentran los de relatos, Una Fatal Pérdida de Tiempo, 1985, y El Club de la Infamia, 1986; los de poesía Segunda versión del Alba, 1986, De los Años Próximos I y II, 1992 y 2000; es autor de una novela ambientada en el Camino de Santiago, Cantigas de andar, Editorial Pre-Textos, Valencia, 1997, que, con motivo del Año Santo Compostelano 2004, sirvió como Edición Conmemorativa del Xacobeo 2004; y La doma del elefante, Ensayos acerca de la poesía en nuestro tiempo. Ed. Renacimiento. Sevilla, 2008.

    Sus libros más recientes son, El que hiere de lejos, Colección La Rama Dorada, Huerga y Fierro ediciones Madrid, 2015; e Hijos del Trueno. Mitos y símbolos en el Camino de Santiago. Ediciones Evohé Didaska, Madrid, 2015.entre los que se citan Una fatal pérdida de tiempo, El Club de la Infamia, Cantigas de Andar, De los años próximos, y La venganza del gallego. Como compilador, publicó La polémica de la posmodernidad y Observatorio Siglo XXI. Foro de Pensamiento Siglo XXI. Reflexiones sobre arte, cultura y tecnología Ensayos, Compilador, Ed. Paidós, 2001.

    Como periodista, fue primero redactor jefe y luego director, entre 1985 y 1987, de la mítica revista posmoderna La Luna de Madrid, revista emblemática de la Movida Madrileña, y ha colaborado en numerosos medios de prensa, incluyendo El País, ABC y revistas culturales españolas y extranjeras. En la actualidad colabora con Revista de Occidente y Claves de Razón Práctica.

    Entre otras actividades fue profesor de Filosofía Norteamericana Contemporánea, ha comisariado exposiciones de arte, impartido numerosas conferencias, sido miembro de jurados de premios literarios y artísticos. En Washington D. C. fue asesor de la Fundación Spain 92 y director de la revista Encounters, Washington D.C.- Latin American Institute de University of New Mexico. El 12 de octubre 1992, fue uno de los dos representantes españoles firmantes de la «Declaración de Respeto por la Naciones y Culturas Indígenas del Hemisferio Occidental», junto a 20 líderes de las Naciones Nativas americanas, polémico documento nunca aceptado oficialmente, pero saludado por un editorial conjunto del New York Times y el International Herald Tribune, como el mejor gesto español de aquella efeméride.

    Residió en Buenos Aires entre 1997 y 2001, donde dirigió el ICI-Centro Cultural de España. En Argentina dirigió la revista mensual Barbaria. Fue también colaborador de la revista Abyssinia, dirigida por Jorge Monteleone y por María Negroni; de la revista Pensamiento de los Confines, dirigida por Nicolás Casullo, y promotor de los Lunes de Poesía. Fruto de ese interés por la poesía argentina, con Arturo Carrera, editó y prologó “Monstruos, antología de la Joven Poesía Argentina”, Ed. FCE, 2001. En el año 2000, junto a Daniel Link y Guido Indij, redactó y promovió el “Manifiesto Buenos Aires siglo XXI: Buenos Aires año 0”. En el año 2000 recibió el Premio Velázquez a la Gestión Cultural, otorgado por el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires.

    Entre 2001 y 2006 dirigió la editorial de facsímiles y libros de arte Old Book Factory y el Foro Observatorio Tánger-Tarifa, plataforma de encuentros de intelectuales españoles y marroquíes, recogida en El Orientalismo al revés, Ensayos. Editor. Foro Observatorio Tánger-Tarifa, Ediciones de la Catarata. Madrid, 2007. Asesoró y representó en España a la Argentina Editorial Adriana Hidalgo. Fue Vicecomisario del Pabellón de España en la Exposición Internacional Agua y Desarrollo Sostenible, en Zaragoza 2008; Director de la Fundación Arquitectura y Sociedad, hasta el 2011. Y primer director y creador del programa cultural de CentroCentro Cibeles de Cultura y Ciudadanía, 2012-2015.

    Se casó en la República Dominicana y después viajó por todo el mundo, estudiando diferentes culturas. Sus libros recrean, en parte, viajes y experiencias iniciáticas en Egipto, Marruecos, La India, Grecia o China. . Tiene dos hijas, Alejandra e Icíar, que todavía están estudiando.





    en El que hiere de lejos
    Huerga y Fierro. Colección La rama dorada,2015.


    Por fin, sin recato, con benevolencia de prócer,
    nos muestras aquellas primeras ediciones
    y antologías que te relegaron,
    las revistas prohibidas que compraste en almoneda,
    los finos encargos e incitaciones al saqueo
    de todo aquello que te estuvo justamente vedado
    pero que el dinero hoy compra.
    No te acuso de delator ni menos de ejecutor
    porque eras demasiado fino
    e importabas colonia inglesa
    cuando aquí faltaba leche.




    5 (Si llegas al trabajo agotado)

    Si llegas al trabajo agotado,
    allí donde reparten la dádiva que te da de comer
    y poco más,
    si tu rostro cuarteado de expedicionario nocturno,
    y a tu edad,
    la gente lo percibe y lo reprocha
    con el cariño de quien sabe tolerar tu rareza.
    Si te excusas, una vez más,
    mintiendo y diciendo la verdad,
    pues cierto es que te acostaste temprano
    y aún así, en una sola noche,
    tu vida entera rehiciste.
    Si comenzaste por aceptar aquellos labios carnosos
    y toros como brasas
    zigzagueantes o luciérnagas de sol
    prendidas del aire de la sierra
    y la montaña de granito pelada
    cuyo lecho te ofrecía un destino diferente
    o tal vez el mismo.
    Si de ahí hasta hoy,
    en una sola noche insomne,
    tiempo tuviste para desandar lo andado
    y coger lo que te ofrecieron y rechazaste.
    Si al levantarte hoy,
    vuelves a ser el mismo de cada día,
    el ser humano previsible
    que lee el periódico en el tren de cercanías
    con un aire de trasnochador que no te corresponde.
    Si supieran lo lejos que has estado.
    Si supieran lo lejos que estás.
    Si supieran.



    La herida del resistente

    JAVIER LOSTALÉ  
    El que hiere de lejos

    José Tono Martínez, nacido en Guatemala en 1959 y residente en España, sociólogo, doctor en Filosofía , cofundador y director de la revista La luna de Madrid, ha dejado su huella tanto en la novela como en el relato y el ensayo y, por supuesto, en la poesía, de la que este año tenemos buen ejemplo con la publicación por Huerga y Fierro de El que hiere de lejos. Un poemario que junto con Segunda versión del alba, De los años próximos y Una isla estremecida (1988-2008) forma su corpus poético.

    En este último libro late una aspiración hacia lo absoluto muy juanramoniana, una visión cósmica aleixandrina y un poso clásico fundado en el Siglo de Oro español, aspecto señalado por uno de los mejores conocedores de su obra, el poeta y crítico Jaume Pont, que propone un constante proceso de reflexión injertado en las palpitaciones más carnales del amor y su pérdida. Hasta el punto de que amante y amada se funden en un acoplamiento que traspasa los límites temporales y espaciales, y hace necesaria una filiación con las fuerzas de la naturaleza para expresar la potencia genesíaca de la relación amorosa. Una relación que en el límite coincide con la muerte, y donde el cuerpo tiene vida independiente. De ahí la importancia del sexo y su capacidad de revelación, e igualmente del deseo, sin el cual todo se desvanece. Y no menos sustancial la de la ausencia, pues el cordón umbilical entre los amantes se rompe con la falta de la amada. También es fundamental el peso de la distancia entrañada en el recuerdo, que actúa como una flecha y no deja de irradiar, el constante interrogarse de los amantes y el paso del tiempo.

    Todo es basal en la poesía de Tono, al igual que nutriente de su último libro El que hiere de lejos, donde los poemas alcanzan su máxima desnudez y transparencia, y predomina el tono reflexivo mediante un proceso de interiorización que disecciona la existencia hasta su último pulso. Se abandona también el círculo cerrado en el que respiran los amantes y hay una salida hacia los otros. Asimismo se distancia del yo y de este modo universaliza sus pensamientos y sentimientos. La amplitud de horizonte de este poemario une ciudades, historia y literatura trabándolas a la vida, y apela a esta como forma de resistencia. No faltan la ironía, la austeridad formal que no anula la sensorialidad. Tampoco el tema vivificante de esta obra, el transcurso del tiempo, su acción devastadora, presente de un modo radical en el poema que cierra el libro y que por su hondura y raíces clásicas, justifica todo el poemario. Una de sus estrofas constata lo que decimos: 

    “Oh tiempo que todo lo destruyes, 
    de ti mismo también huyes, 
    del mundo haces polvo de estrellas
    que nuestra noche contempla y sella”. 


    La herida de la poesía de José Tono Martínez cicatrizará dentro de cada lector.






    La noche triste del rey Pacal: 930 d. c.

    Hay un pájaro celeste incapaz de volar.
    Hay un templo con inscripciones ilegibles.
    Hay un palenque despojado de estandartes.
    Hay un altar derribado por un temblor.
    Hay una anciana peinando los maizales.
    Hay un niño entumecido junto al calendario.
    Hay un vaticinio escrito sobre el abanico.
    Hay un puñal de lodo y cuatro puntos cardinales.
    Hay una tumba abierta y una serpiente bicéfala.
    Hay un quetzal encerrado y una leyenda invisible.
    Hay un silencio que nace de una piedra transparente.
    Hay una jungla resignada tapando la memoria.
    Hay festejo en Xilalbá y nadie puede acudir.
    Hay entre volcanes una ciudad sin destruir.
    Hay un rey, Pacal, clausurando su edad.
    Hay, a nuestra llegada, una solemne primera noche,
    y nada más.



    CAFÉ COMERCIAL DE MADRID

    Sabes que las patrias son engaños
    evitables como ciertos sonrojos,
    lugares o palabras sedientas
    en el tiempo primicias o despojos
    de un estilo impersonal o colectivo
    que otros coleccionan sin enojo,
    próceres y cifras polvorientas
    vendidas, difundidas a su antojo.

    El Comercial es una de las mías,
    un café de glorieta madrileña
    gastado y transitado a porfía
    por un adolescente que su puerta
    giratoria contemplaba todavía
    con respeto, más tarde con ansia
    de refugio de policial porrazo,
    de salto en salto, como se decía.

    Aquí urdió el atrevido joven
    vicios y entresijos de la noche,
    y poéticas proclamas y consignas
    con amigos de versos y derroches.
    Aquí el licenciado soñó ser alguien
    deshojando ideas a trochemoche
    que luego el doctor tocado
    desharía sin esfuerzos ni reproches.

    Oh tú, Café Comercial, patria mía,
    donde me hice mayor y posmoderno
    por el módico precio de un café:
    perdona que perdiera en ti la fe
    y dejara de verte por antiguo,
    buscando diseños y parqués
    relucientes y prebendas
    que por cierto, no vinieron.

    Oh tú, Café Comercial, patria mía,
    ya aquí estoy de regreso.
    El camarero de galones verdes
    que me atiende ha ganado peso
    en consonancia mi tiempo con el tuyo.
    Nuevos chicos festejan excesos
    cuyos ecos parapetan libros
    gastados como escudos viejos.

    En lo sustancial nada ha cambiado.
    Unos conspiran por vez primera,
    y los más jóvenes, junto al quiosco,
    aguardan su turno afuera.
    Licenciados y poetas del futuro
    que miran con recelo mi manera
    de anotar en verso
    el tiempo que me queda y les espera.



    Catorce aforismos.

    Catorce aforismos incandescentes. Texto de José Tono Martinez e ilustraciones de Elenio Pico. Publicado en Buenos Aires, en la serie "Colorin Buc". Editado por La Comuna del Lápiz Japonés. 1999.




    Lo mejor del español es que no tiene una raza o una etnia predominante o que las tiene casi todas, como el can do palleiro gallego o el lignero argentino. De ahí la sucesiva importancia de la madre, del culto mariano o de la insistencia en el apellido materno. 



    La vida es como la milicia, que no es parte de la vida. Los que no ascienden se retiran pronto.



    La suerte, para que lo sea de verdad, debe ser arbitraria e inmerecida. Una suerte merecida o, peor aún, buscada, no es tal, es retribución o venganza, según los casos. Por la marera de hacerse presente no puede haber diferencia entre la buena y la mala suerte.




    La belleza perfecta no puede ser consciente de sí misma. La íntima cualidad de la belleza es psicológica y consiste en la virtud de no saber reconocerse y, por tanto, de no poder auto-contemplarse. Es ese desconocimiento lo que engendra lo que podemos llamar la naturaleza arbitraria de la bondad, cualidad superior de la propia belleza. 



    Ninguna estatua o reproducción alcanzará jamás la belleza perfecta. La belleza perfecta debe siempre poder encarnarse de modo que se cumpla su condición insoslayable de caducidad. Dicha caducidad es fruto de su máximo esplendor, puesto que necesita un tiempo, el de derramarse y darse y así perderse.




    ¿Puede ser impertinente la belleza? Sí, pero es muy probable que seamos primero nosotros los que con nuestra impertinencia provoquemos la impertinencia de la belleza, que en cualquier caso será siempre excusable.




    El uso de la coma, o parar y no llegar en el momento esperado, define el tema mucho más de lo que uno cree.



    Los hijos del incesto son buenos con la aritmética.



    Llevaba tantos apellidos ilustres que su nombre era un viaje por la historia del país. No caigamos en la frivolidad de decir que el viaje no merecía la pena.



    Cada edad tiene su belleza del mismo modo que cada plato de cocina su momento de punto. Es por eso que la belleza en la juventud precisa de poco aliño pues ya lleva su propio olor, o de poca ropa, pues siempre disculparemos mejor la escasez indumentaria de quien nos complace a la vista. 



    ¿Por qué repetirán los clásicos que los cojos han de ser resentidos?



    Se dice con más frecuencia: es mejor dejar a los hombres por lo que no son que no tomarlos por lo que son.



    Los pueblos sin originalidad se conocen en los deltas: siguen a los grandes ríos. Claro que lo que les falta de originalidad les sobra de sentido común.


    Lo peor del español se manifiesta cuando se pone en el lugar del otro bajo el antifaz del consejero desinteresado, del amigo o conocido más o menos fiel que invita al atribulado interlocutor a seguir un rumbo que jamás él por sí transitaría. Pero este cinismo tiene una ventaja. Pues los consejos del español, por su propensión al quijotismo de barra y a la euforia mística, son escuela excelente de porrazos en la vida y en este sentido invitaciones a la supervivencia colectiva. Y por eso, también, España produce malos burgueses y buenos artistas.








    .

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    Azucena Arteaga Medina

    Santa Cruz de Tenerife, 1988. Licenciada en Historia del Arte por la Universidad de La Laguna. Trabajó en Conca Espacio de Arte Contemporáneo. Ha publicado algunos textos de crítica de arte en prensa local. Escribe poesía y artículos sobre arte. 

    Su primer poemario “Midnight blue”, recibe una Mención en la 38 edición del Premio Félix Francisco Casanova, 2014.


    IV. Recuerda

    El poeta anota la causa de la muerte,
    “Rosas libadas en un antiguo dintel”

    Una madrugada sin conciencia,
    con la cordura anestesiada
    y el pulso vibrante en los ojos y en los labios,
    los amantes arrancaron los pétalos
    a los fulgentes rosales de la plaza
    para derramarlos a los pies de la iglesia.
    El mejunje resultante del surreal sacrificio
    de sangre, risa y sabia
    viaja por el umbral de los siglos
    y si el tiempo aletargara la ausencia de uno de ellos,
    las mismas rosas acometerían la muerte
    deseada a la llamada del enfermo de vacío.



    V. Babel o la reconstrucción del crimen

    El canto submarino
    de los tallos espinosos y desnudos
    le hipnotiza.
    El insomnio le atraviesa cada noche.
    Somnolienta y descalza,
    desciende las escaleras como un espectro,
    desconoce los hilos que la conducen
    mientras ellos crecen obedientes a la promesa,
    hambrientos de su sangre enferma de vacío.

    Una noche el pulso se detiene anestesiado por el intrépido aroma
    y el vientre se tornó inmóvil
    atravesado por la violencia de las raíces nacientes.
    Ella,
    su cadáver,
    ahora yace forjado como el ADN
    salomónico, retorcido,
    ascendente y descendente,
    como la Torre de bABEL.
    Su aliento derramado
    como los Jardines de Babilonia...

    Ella,
    muerta,
    asaeteada por rosas y lenguas.

    de  “Midnight blue”, 2014



    Molinos de viento

    Todavía conservo el pijama azul
    cocido y remendado con cuentos,
    manchado de dulce de membrillo,
    lo troceo y lo golpeo en el mortero
    para cocinar otro plato de recuerdos,
    …soy animal de costumbres,
    el mismo desayuno,
    el mismo almuerzo,
    la misma cena,
    intento que cuajen nuevos matices
    pero no sé como…
    no puedo…
    nadie me enseñó…
    Saboreo el pijama
    y mordisqueo los recuerdos
    como a un trozo de pan duro…
    todo me sabe tan distinto,
    me ahogo,
    me atraganto con cada sorbo de tiempo…
    …cuando grita el maldito despertador
    pesa sobre mí
    cada pliegue tallado en las sábanas,
    como telas encoladas
    vistiendo de rígida tristeza
    a vírgenes y santos
    en hornacinas y retablos…
    Mis piernas robóticas
    se doblan
    sobre el bordillo del colchón
    y clavo los pies
    en el hueco de los zapatos
    y vuelvo a devorar
    un recuerdo
    bañado
    en una salsa
    de culpa.
    Añoro
    deshacerme
    de las sábanas,
    como soñaba
    que rebanaría
    las cabezas de los gigantes
    al compás
    del vals
    que baila un colibrí
    Añoro erguirme
    como un novato cadete
    con las pupilas encendidas
    en una película yankee
    así empezaba todo…
    con la sensación
    de enterrar la nariz
    en las páginas de un libro nuevo
    pero con viejas letras
    Todo era horizonte,
    gigantes y
    princesas…
    Hoy el cielo se rompe
    como un espejo
    enterrando sus infinitos cristales
    sobre mi cabeza.
    No hay gigantes
    eran molinos de viento
    que mecían las barbas del cielo
    con sus aspas danzantes.
    Lloro,
    hago duelo
    por los gigantes
    y por las princesas.
    Y mientras saboreo el pijama azul
    y mastico los recuerdos,
    medito como tragaré los molinos de viento
    para no atragantarme
    ni asfixiarme con recuerdos,
    con gigantes,
    con princesas
    que dormían en el pijama azul
    y así no yacer de tristeza
    como decidió Cervantes
    que acabara sus días
    Don Quijote de la Mancha…



    Sin rostro

    A una querida amiga y genial grabadora.

    ¿Acaso tu mi querido aire de invierno,
    no bostezas como el rey del ajedrez
    que espera su decapitación
    leyendo a los románticos?( …)
    (Félix Francisco Casanova)

    No puedo evitar mirarle las manos
    delgadas y pálidas con tinta entre las uñas
    ¿Y qué podré decir sobre sus profundos ojos?
    Ahora, aquí en el taller, no sé …
    no sé si ella es la habitación o si palpita en sus manos,
    o tal vez en esos profundos ojos
    esos que pueden ver los que no tienen rostro,
    sí los que viven en el papel,
    solo ellos pueden ver sus profundos ojos a través del cuentahílos.

    Ella talla el invierno
    dentro de aquella habitación que es ella, sin duda alguna
    Sus dedos minuciosos, el bisturí y sus ojos…
    ( es la Penélope nocturna, la que esperaba a Ulises)
    ella borda enigmas invernales
    sin descanso, hasta la extenuación…

    fabricando esos seres que no tienen rostro,

    que viven en el papel y se parecen tanto a nosotros,

    incluso a ella o quizás a los que recordamos o sentimos.

    Ya puedo palpar el aroma de la ausencia,
    el olor a húmedo bosque
    como si abriera la gaveta del aparador y su perfume de antiguos secretos
    o quizás como el vaho gélido y al mismo tiempo cálido
    que desprendes al leer a los románticos




    Pizzicato para hormiga y una Singer de 1880

    El tiempo,
    se adormece,
    expira un segundo más;
    cansado se detiene,
    y en ese instante, se amasa pesado,
    ya no es agua o viento,
    ya no es neoplatónico
    ahora es oscura masa inabarcable,
    un dios de oriente grueso y lujurioso
    que avergonzado decide yacer,
    no ser,
    no ser en sus perversos segundos,
    solo desea ser ausencia de tiempo
    ser materia.
    Su cuerpo mórbido cayó fulminante
    en esta alcoba cuya vida es la muerte del tiempo;
    el tiempo yace en este
    almacén de la arena volandera
    en esta fábrica de la luz tenue;
    el tiempo sólo habita ya
    en la coreografía de la hormiga,
    habitante del cementerio del tiempo.
    Pernil1,
    pernil2,
    pernil3,
    pernil4 bailan-
    -el tiempo, para que no sea olvidado
    ritual sin noche de
    la hormiga común:
    roce diminuto del
    insecto y la superficie
    robada al árbol marmóreo
    y una Singer de 1888
    (No hay tiempo, solo mármol, insecto, hierro)
    pernil 1 se posa frágil
    sobre la basa dórica y rotunda de
    un ovillo despojado de alma,
    sólo tiene una hebra
    rosa y deshilachada por el paso de los siglos.
    (No hay tiempo, solo mármol, insecto, hierro)
    Antena 1 y 2 de insecto
    Intuyen la fragancia
    de un anhelo posesivo
    hacia
    aquel monumento a lo desposeído.
    (No hay tiempo, solo mármol, insecto, hierro)
    Ojo 1 y ojo 2 de hormiga
    Se inundan de éxtasis
    al descubrir su visión diminuta
    la belleza de lo inútil
    cuando el tiempo muere en los objetos.
    (No hay tiempo, solo mármol, insecto, hierro)



    He comenzado a escribir un nuevo poemario, al que titulo en homenaje al film de animación de Hayao Miyazaki, El Castillo Ambulante, con este poemario, quiero exorcizar mi experiencia viviendo en Conca, en la casa de Gonzalo Díaz. Una casa mágica, tan terrible, como maravillosa. Una casa en la que me he perdido y encontrado…

    I.La puerta

    La puerta,
    raída,
    como el rostro de Tiempo.

    Las parcas zurcen sus grietas,
    las cicatrices supuran polillas.

    Umbral confuso
    hacia la Laguna Estigia.

    Pasaje a una nebulosa infinita.
    Entrada al laberinto de espejos.

    No lo sé, no sé si Destino o Azar,
    no puedo saberlo,
    no quiero saberlo;
    (Ambos te vendan los ojos,
    te cogen de la mano,
    te abandonan a la puerta.)

    Tú decides si tocar tres veces.
    Tú decides si salir huyendo, no lo sé.

    No fue necesario decidir o quizás sí.
    Caronte me invitó a entrar,
    durante siglos me perdí en el castillo,
    en sus habitaciones ambulantes
    en sus pasillos mutantes,
    en los enigmas de sus óleos,
    en las inquietantes miradas de los maniquíes,
    en el áurea sucia de los objetos,
    en las señales del tiempo en la pared.

    Besé las cien bocas de Cervero
    amé su caos, su orden.
    Me dormí en sus fosos,
    odié su frío, su silencio.

    Casi desvanezco,
    no sabía quien era,
    no recuerdo porqué entré al castillo.
    Lloré, grité, hasta despertar.

    Y me encontré deconstruida,
    en el collage de los reflejos.

    Soy un puzzle.
    La puerta tiene candado.

    La salida es la ilusión de una rosa
    la llave vive en mis entrañas,
    es un tallo verde,
    La llave es el l fuego que quema la muerte.

    El castillo ambulante
    es un espejo infinito,
    un espejo para perderse,
    un espejo para encontrarse.








    .

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  • 12/14/16--09:18: ADELA BUSQUET [19.736]

  • Adela Busquet 

    (Buenos Aires, 1987) 

    Es poeta. Estudia Filosofía en la Universidad de Buenos Aires. Participó en varios encuentros poéticos de la capital. Publicó el poemario "Insiste en mí la gana" (Melón editora, 2014).




    En la zona
     
    En la zona que le toca
    elige la temperatura, se baña
    de minuto, hierve la hora,
    el calor que al fin, le quita la piel
    y lo desnuda.
     
    *Abro el puño. Miro la gravedad.
    Los románticos preguntaban:
    ¿Tiene que volver siempre la mañana?
    Me dañaré de otras cosas. Se promete.



    floristas
     
    Cuando sea vieja no me vas a escribir.
    Yo, en cambio, le escribo a tu vejez.
    Ojalá un día le demos la mano al reloj.
     
    *El autor es un ramo de flores secas.
    Un texto dispuesto a secarse a causa
    de los floristas. ¿Qué son los bloques
    de palabras haciendo cosa en el mundo?



    Insiste en mí la gana
     
    Insiste en mí la gana.
    Hacer de buey
    para el carro malo.
    Insiste, soberana, la locura.
    Hacer de buey
    ni en carro ni en camino.
    Insiste, cómo decir,
    lo vuelve.
    Qué pelear sin contrincante,
    y qué entender,
    si tira polvo y polvo cae.
    Qué llevar, qué carga
    no arrastra y queda en peso.
    Insiste, como de querer.
    Insiste la rueda
    por salir del eje
    y el eje, insiste, insiste.



    La tierra en uno
                            
                                           A Claudio Quinteros
     
    Lejos, así se dice al pie cuando baja
    y empuja la tierra en uno.
    Cerca, así también crece clavel y muere.
    De tan acá, reunimos la mano al aire
    apretamos fuerte al que hubiera estado
    y sin querer, se nos movió.




    Necio
     
    Cuando camino por la calle veo a los hombres
    junto a las mujeres.
    Algunos, los más breves, distinguen su cosa amada.
    El necio carece de cálculo. Arrebata la flor
    y desatiende el campo entero.
    Estos hombres llevan su raíz en una mano.




    PARA QUÉ EL HAMBRE. YA TENEMOS

    Para qué el hambre. Ya tenemos.
    Para qué la duda. Crecemos a su suelo.
    Para qué terminar. Habremos.

    De cómo quedamos a estrecho. En lo amplio.
    De cómo lo corto, tiene días de pie, noches de marcha.
    De para qué irse. Somos lo que parte.




    COMO LOS MORTALES

    cuido la fiebre
    en la frente de tu voz

    de modo también mortal

    la mano que cura
    sustituye
    la mano enferma

    le doy a tu cuerpo
    mi traje blanco

    para que cuides
    ya en ropa

    mi desnudez



    Esta tarde, lo que iba 

    Esta tarde, lo que iba en camino,
    se cerró. Lo que iba en anda,
    se detuvo. Parto hojas, valor.
    Esta tarde lo que iba en camino,
    cerró, el paso. Que lo lleven.

    ¿Entenderé? ¿Entenderás?



    * La piel se opaca.
    Lo que no es, se enciende.
    ¿Entenderás? ¿Las cáscaras,
    los ciclos de mí a mí?





    De por qué dejar, si las cosas
    terminan y a menudo 

    Acaba la silla donde apoyo.
    La de aquél, el más logrado.
    Ahorra su paso, no sigue.
    Qué pedir, termine antes
    lo que a tiempo
    en falda y aire, nos despide.
    Sobre uno, echa agua.
    Lo baña, lo diluye.
    Qué pedir, termine antes.
    Lo tan breve.
    Brevísimo.
    Durar.







    -

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  • 12/15/16--02:44: TONINO ALBALATTO [19.737]


  • Tonino Albalatto

    Tonino Albalatto (1969) nació en Sorenacco, una pequeña aldea situada en la provincia italiana de Padua dentro del municipio de Camposampiero. 

    En la actualidad reside en Sorrento, lugar clave para su inspiración donde, atraído por sus altos acantilados, a menudo sube a contemplar la grandeza del Mediterráneo.
    (Heterónimo de Antonio Marín Albalate)



    Tonino Albalatto
    en Con todo el barro de la vida.
    Traducción de Ángel Paniagua.
    Raspabook

    Tonino Albalatto define así esta obra: «Los poemas aquí recogidos, fueron escritos en días de ira y tempestad. Tal como brotaron en su momento, años ochenta, he querido dejarlos aquí. Son parte de mi mundo de obsesiones, sexo y locura; son yo con todo el barro de la vida. El arte es ser uno mismo del modo más absoluto, dijo Verlaine. Ser uno mismo aun cuando imaginación y deseo estén (la mayoría de las veces) muy por encima del légamo de la realidad».



    POESÍA

    I

    Decir, con todo el barro de la vida,
    el verbo ese de tu nombre encendido
    en la cocina entre ollas y sartenes,
    cuando muestras –tan sexy– tu habilidad
    con el manejo de los utensilios
    del morbo, mientras de cuerpo presente,
    cadáver resucitado, te contemplo.

    Y escribirlo después sin preocuparse
    de andar contando sílabas.

    Y –¡zas!– borracho de cervezas pasar
    la tarde de Otero contando huesos
    de aceituna cual casquillos de bala.



    II

    Y ya –noche adentro de la noche–
    yacer sobre el paisaje lujurioso
    de tu cuerpo salvaje, inagotable,
    y lamer largamente –con lengua
    de Jagger– el origen del mundo
    el Satisfaction de tu suspirar.

    Y una vez consumada la canción,
    dejarte dormir mientras encamino
    mis pasos hacia el cuarto de baño
    donde esperan tus bragas, las que tú
    dejaste allí;
                             y olerlas otra vez,
    olerlas con placer
                             rindiendo honores a Onán…
                             ¡Eso sí que es poesía!


    DESEO

    Haz de tu vulva –chirla mía– casa
    donde, fálico y famélico, habite yo.

    Y dispón de tu cuerpo tan promiscuo
    en cama de oropéndolas y excesos,

    con imposibles alas de esturión
    a la marinera
                                 allí donde yo.

    Haz de tu chirla –vulva mía– casa.



    PEOR ES LO TUYO

    Ya sé que sabes que me gustan
    las jovencitas.

    Muchas veces me has sorprendido
    deleitándome en ellas.

    ¿Y qué?

                     Peor es lo tuyo que
    te gustan viejos, calvos y feos.



    CON TODO EL BARRO DE LA VIDA
    TONINO ALBALATTO. CON TODO EL BARRO DE LA VIDA
    (Raspabook, Murcia, 2014)

    por ANTONIO GÓMEZ RIBELLES

        
    La aparición de este supuesto autor italiano llamado Tonino Albalatto, nacido del bautismo de Soren Peñalver y explicada su presencia de manos del mismo Soren, Ángel Paniagua (presunto traductor) y Juan Cartagena, viene unida a Antonio Marín Albalate, o como quiera que se quiera llamar en otro momento. Heterónimo o no, los que hemos asistido al nacimiento de este nombre y su poesía, rodeado de cierto humor, no esperábamos un poemario como el que nos hemos encontrado. La parte lúdica que podíamos esperar en todo juego se convierte a la vuelta de unas páginas en algo tan personal y confesional que nos duele. Magnífico y atormentado.

    El heterónimo ha existido siempre como propuesta, no tanto creativa sino más bien como una manera de sujetar yoes poéticos que pudieran dar capacidad a las divergentes intenciones y personas del poeta, no como meros ejercicios creativos o retóricos, sino como necesidad de sustento a formas diversas de reflexión. Pero, ¿para qué le sirve un heterónimo, otro, a Antonio Marín Albalate? Podríamos responder que para adoptar una personalidad que, siendo suya, no sea la dominante; o para disfrazarse, para mentir protegido, relativamente, por un yo distinto, y reírse; o para ponerse máscaras de barro que se deshacen con el tiempo y las lágrimas y hablar de lo íntimo doloroso y muy cercano. Éste último es el caso ante el que nos encontramos. Sirve el sentido del barro como material de erosión y depósito, arcillas y materiales arrastrados por la actividad humana en este caso, por la vida, que cargan con un sentido de suciedad y a la vez con el sentido de lo vivido, de las cenizas que quedan tras el fuego. Pero este barro no deja de ser un deseo tras la lectura del libro. Queda claro en el epígrafe que abre el libro del poeta Leopoldo María Panero, tan querido y admirado por Antonio Marín Albalate, del que toma prestado el título: 

            
        No es tu sexo lo que en tu sexo busco
                sino ensuciar tu alma:
                                              desflorar
                con todo el barro de la vida
                lo que aún no ha vivido.

        
    Bien usada, pues, la imagen de la máscara que utiliza Domingo Llor en la portada del libro, barro, mujer y deterioro.

        
    No podemos pensar que la aparición de Tonino Albalatto cumpla con la literalidad de la heteronimia; más bien es una máscara para contar la verdad de forma autobiográfica reservada desde hace tiempo. Surge Tonino de un limo retenido en los cajones —qué tópico éste de los cajones de los escritores, pero qué cierto en este caso, por el tiempo transcurrido—. Es una excusa propicia. Creo que Albalate ha encontrado en Albalatto la ocasión que buscaba para usar un nombre que no le protege ni le esconde, pero sí le da la excusa que a nivel personal necesitaba para sacar a la luz los poemas de los días de la ira, el material escondido que necesitaba alumbrar, y que suponemos tan o más verdadero que cuando la firma es otra.


    © Carlos Hernán Sanz


    No hay variaciones estilísticas ni estéticas entre Albalatto y Albalate, como bien dice Soren Peñalver en el prólogo: «forma un conjunto más unitario de lo que en principio sospechamos». Así que las variaciones no son de ese tipo, y de hecho nos encontramos con un Antonio Marín en estado puro, con la noche, el barro, el sexo, y sus obsesiones de siempre, como la nieve, tópicos que son señales de vuelo que utiliza de manera recurrente y coherente. En este poemario se unen a la soledad, las cuatro de la madrugada, la ira y el abandono. Las variaciones son, pues, argumentales, poemas nacidos «en días de ira y tempestad». Parece que la verdad aflora del dolor que a veces cuesta dominar. Si alguien esperaba encontrar aquí algo más erótico, pornográfico incluso, se encuentra sorprendido con un libro duro, de inmersión en un yo sangrante que no se permite ni una broma, si acaso la ironía amarga, atrapado en un espacio circular de ira, soledad y angustia ante lo perdido, un abandonado en presencia de quien le abandonó y que se sentirá a su vez abandonada.
      
    ¿Qué lleva al poeta a la confesión que no pide absolución ni entendimiento, ni comprensión, porque por momentos todo se vuelve incomprensible, como la cerrazón, la violencia soterrada, la entrega al dolor de estar solo? Podríamos contestar con la cita de Verlaine que usa Juan Cartagena y que ilumina el poemario: «El arte es ser uno mismo del modo más absoluto». La necesidad de publicarlo hace creer en la verdad del artista, en la pureza de unas intenciones que se agradecen en su sinceridad desde la absoluta libertad y experiencia que le dan los años y los poemarios publicados. Abrir el dolor más personal e íntimo a la lectura de los otros no es una pose que podemos encontrar en cierta poesía dolida, no es dado este poeta a esas tonterías ni a ninguna cuando escribe, sino arte, aunque esté formado por cenizas y posos de arcilla sucia. Y hacerlo además con el convencimiento de que la escritura es el camino «para no perderse» (impresionante ‘Por donde rompe la soledad’, pág.45).
        
    No hay secciones en el libro, no hay capítulos que nos marquen el paso del tiempo, el libro es un contínuum que podría volverse un bucle perfecto, el eterno retorno de la soledad. Un gran acierto que construye el libro como unidad. No hay escenarios narrados y sin embargo entendemos el contexto de la casa, de lo doméstico, como envoltorio común a la familia, a la pareja. Pero se diría que es una casa dibujada en un suelo de asfalto, casi imaginamos a Lars Von Triers dibujando el escenario de algunas de sus películas, o como una rayuela en círculo. Es una obra de teatro que se desarrolla en una caja negra, escenario de la noche, en la que dos personas se dan la espalda, y uno de ellos habla mientras el conjunto da vueltas lentamente, echando en cara al otro, la otra, la pérdida de lo que hubo, la ausencia en compañía, la soledad en pareja y el abandono, y solo de vez en cuando apareciera algún rastro de otros personajes, los hijos, que salen y entran rápidamente, la poesía como refugio, y de fondo un reloj que marcara siempre una hora en torno a las cuatro de la madrugada, la hora más triste, «la hora de arena de un reloj parado», en la que todo acaba y vuelve a empezar.
      
    La voz que habla es, lógicamente, la del poeta (‘Ira’, pag. 41), pero teniendo a  la pareja como reflejo anamórfico, «somos dos sombras apenas equidistantes / una de otra y, sin embargo, tan lejanas» el yo que es ante la otra, con la que habla, a la que reprocha, en la que se refleja, «en tus propias lágrimas me busco» (‘Como tú’, pág. 20); y cómo no, también presentes la casa y los hijos. No se habla, porque no hay que hacerlo, de las razones que llevan a estos sentimientos; la confesión no llega a tanto y se queda en una narración del sufrimiento creado, se habla de la situación provocada, no de la culpa. Antonio Marín Albalate es un poeta que nos han mostrado siempre el dominio ágil de la palabra, del ritmo y de la imagen. Y que también sabía subir a cielos y bajar a infiernos de tristeza y dolor. Pero este libro es un pozo oscuro que no deja ni un breve atisbo de salida posible, si acaso un breve reconocimiento de lo que fue y de lo que queda (‘Te escribo’, pág. 53). Los dos poemas finales muestran una intención de cierre que, sin embargo, también queda en el aire, un deseo que no se cumple, una aceptación cansada, y de nuevo la escritura; y el verso final en interrogante, duda que muestra la circularidad a la que he hecho referencia:


                Tranquilo, en silencio,
                tan solo escribiendo
                sentado en mi sitio:
                te miraré quizás un instante
                desde el cansancio de mi pluma.

                Empezaré, seguramente, a pensar en otra.
                ¿Daré, al fin, por concluido tu… mi libro?


        

    © Sebastián Mondéjar

    Seguiremos hablando de Antonio Marín Albalate porque no puede dejar de escribir aunque le duela, lo cómodo y lo incómodo, ni de tener en mente proyectos nuevos o retomar antiguos. Veremos también a Tonino Albalatto, seguro, porque tiene una entidad reflexiva poderosa. Albalate le da el poder de la palabra dominada, brillante, Albalatto pondrá una vida, a su manera y en su momento.
        
    Vale.




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    Pedro Antonio Martínez Robles 

    Nacido en 1959 en Calasparra (Murcia), en el año 2014 su libro «El ámbito de la luz», ganó el II Premio Internacional de Poesía José Zorrilla.

    Anteriormente su obra poética ha sido distinguida con el Premio de Poesía `Enrique Rius Zunón´ (1983) por  Voces de la Espera, al que sigue La réplica de las sombras, Accésit premio Albacara de Poesía 1985.  Las manos transparentes  fue Mención Honorífica en el Certamen Internacional de Poesía `Ciudad Miranda de Ebro´ en 1996. Ha sido finalista en los premios de poesía `Vicente Gaos´; `Alegría´, de la Fundación José Hierro; `Rosalía de Castro´, de la Casa de Galicia en Córdoba, y `Ateneo Jovellanos´, de Gijón.

    Impulsor de las jornadas literarias `Calasparra Poética´, ha participado con la lectura de sus poemas en diversos recitales y actos poéticos, entre los que cabe mencionarse: `Ardentísima´, Los Jueves de Julio (organizados por la Universidad de Murcia),  `Jornadas de Poesía sobre el Segura ´(Museo de Siyâsa, Cieza), `Trasnochando´ (Museo de la Ciudad, Murcia), `Fiesta literaria´ con Amigos de la Lectura, en el Casino  de Murcia, los `Lunes literarios´ (Café Zalacaín), etc.
    Durante dos años sus artículos han aparecido de manera regular en el periódico de El Noroeste.

    La biografía de P. A. Martínez Robles está formada por Voces de la espera. Poesía (1984), Voces penúltimas. Antología de nueve poetas murcianos. Poesía (1986), Las manos transparentes. Poesía (2002), La llaga presentida. Poesía (2004), La Chachagüí. Narrativa. (Libro de semblanzas) (2007), El ámbito de la luz. Poesía (2014).




    El ámbito de la luz
    II Premio Internacional de Poesía José Zorrilla



    Amanece

    I

    ESTE ensayo de luz, esta algarada
    de pájaros poblando el aire, ajenos
    al ruido de los hombres,
    tan fuera de lugar, tan de este modo,
    tan fuera de este espacio y de este tiempo.
    A veces hay un súbito silencio,
    un callarse de máquinas y voces,
    y se hace más patente
    la presencia del agua en sus regatos,
    el vuelo mudo
    de las aves bajo esta luz que empieza
    a sacarnos despacio de las sombras.
             Mira.
    Míralo todo bien, muy lentamente,
    pues aún no sé qué formas
    guardará mi retina en ese instante
    en que deje de ser, junto a estas obras,
    luz yo también, materia del olvido,
    aquí,
    junto al mundo que importa y no se advierte,
    en estos campos, estos huertos donde,
    si aplicas el oído, si escuchas
    con atención, oyes crecer la hierba,
    sientes crecer el higo y darse en mieles,
    ofrecerse a la mano y a la boca
    en un humilde ciclo donde todo
    se multiplica y cesa en un instante,
    donde es un gesto simple la existencia,
    un transcurrir sencillo,
    sin ambición ni tacto, sin medidas
    de lo mundano, atroz, de lo que sobra:
    sólo un dejarse llevar, porque aquí
    vivir, morir, son una misma cosa.




    II

    COMO si del cielo cayeras, luz,
    sin más motivo
    que darle forma a todo lo creado.
    Amanece despacio en estos huertos
    del este de la Tierra, esta heredad
    donde se agita el centro en este instante
    de lo único que importa, pues ignoro
    si hay otro lugar donde el sol estalle
    tan notoriamente y hace que sea
    aquí esta fuerza, sin noche ya, el aire,
    toda la esencia que respira el mundo.
    Con mansa lucidez proclamo el nombre
    de esta albura que se abre ante mis ojos
    y digo luz, y movimiento, y vida,
    porque parece así que descendiera
    la claridad para que yo la toque,
    para que habite sólo en mis dominios
    y el resto poco importe, aunque el milagro
    de la vida también despliegue su obra
    en otras partes, fuera
    del ámbito mío, allá donde nada,
    por distante o ignorado, se ama o duele.
    Yo sé que habrá de ser dolor un día
    toda esta claridad, este bautismo
    de sol en que renazco, ya que nada
    habrá de persistir, pues sé de sobra
    que cuando yo no sea, no habrá de ser
    tampoco, ya sin mí, sustancia alguna
    la luz que me abandone.



    Voces de la espera. Poesía (1984)

    TRÁNSITO

    Detrás el ruido.
    El incesante alboroto de una aurora desangrada.
    Delante el mármol
    virtuoso y helado del silencio.
    Detrás la carga
    de los días sopesando en el espacio
    el dolor de las horas.
    Delante
    la rosa negra, marchita,
    de la ausencia sin contornos ni durezas,
    blandamente.
    En medio el vértigo...



    La llaga presentida. Poesía (2004)

    HERIDO BARRO 

    (que dedica a  María José,  su esposa) es un poema que  forma parte  de La llaga presentida (donde también hallamos poemas que destina a sus hijos, Isabel María  y Eliezer),  de el extraemos los siguientes versos:


    (…)
    Podría decir que somos
    arcilla para amar, herido barro,  
    pecado hermoso y dulce de la carne 
    buscando permanencias.   
    Más nada sé del hombre que me habita 
    y tú eres un misterio  
    más ancho y más profundo cada día
    que finge , sin quererlo, transparencias. 
    No hace falta memoria para amarte,
    me basta tu presencia.                            
     (…)



    AUTORRETRATO RECURRENTE

    Tal vez sea necesario
    que inicie una vez más este poema
    para tratar de averiguar quien soy:
    ...Viene la luz desde la calle y toca
    suavemente mi frente.
    Respiro. Son las siete.
    Abro los ojos: una cebra inunda,
    gris y blanca, mi cuarto.
    Siento mi pulso. No.
    Respiro. No es mi pulso lo que siento;
    es el reloj.
    Me palpo los bolsillos del pijama; 
    no encuentro el corazón.
    Abro los ojos
    un poco más.
    Respiro nuevamente. Ahora percibo
    con toda claridad
     mi pulso en la mesilla.
    Con una mano inicio 
    lentamente los ritos de la vida
    y perezoso toco
    mi inconmovible corazón de cuarzo.
                                                                                                                


    LA HERENCIA

    Inexplicablemente, como todos
     los atroces actos que cometemos,
    golpee a mi perro sin piedad alguna
     por un simple destrozo en las dalias del jardín.
     Tal vez mi ciego impulso obedeciera
     al hecho irrefutable
     de ver tanta belleza mancillada
     por un extraño ser que no comprende
     los daños que ocasiona y mucho menos
     el severo castigo que le inflige
     quien finge amarlo y lo acaricia a veces
     y vierte cada día a manos llenas
    en su plato los dones de la vida.

    En un extremo del jardín mis hijos
     mirábanme con desolados ojos,
     pues no podían, a caso, comprender
     tanta violencia. En ese mismo instante
     una tarde lejana
     afloró con su herida en mi memoria,
    pues recordé a mi padre en un acto semejante
    y yo igualmente lo miraba
     desde un rincón con doloridos ojos.

    Caerán los años
     y –¡quién sabe!– tal vez el tiempo torne
    mucho más vulnerable mi conciencia,
     pero habrá de ser ya irremediable
    que la dureza instale su ceguera
     en los vírgenes ojos de mis hijos
     y ellos también, con desabrido gesto,
    descarguen su impotencia sobre un perro
     y atónitos sus ojos lo contemplen.

                




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  • 12/15/16--08:29: AURELIO GUIRAO [19.739]

  • Aurelio Guirao

    Nace en Cieza, Murcia el 7 de marzo de 1940. Muere el 23 de febrero de 1996. Toma clases de dibujo con Juan Solano, imaginero y tallista de tronos, afincado en Cieza. Hacia 1958 reside en París, tomándo cursos en la Alliance Francaise. En Madrid estudia inglés y pinta en el estudio de Molina Núñez. En 1960 inicia el PREU de letras. Entre 1962 y 1967 realiza los estudios de Filología Románica en la Universidad de Murcia. 

    Durante el curso 1969-1970 ejerce como profesor de literatura francesa de los siglos XIX y XX. En 1973 regresa a su ciudad para enseñar francés en el actual Instituto de Educación Secundaria "Diego Tortosa". Crea un grupo de teatro, traduce y escribe diversas obras teatrales que llevará a escena. 

    En 1975 aparece su primer libro de poemas, "Entre los brazos ausente". En 1998 el Nº 11 de la revista "La sierpe y el laúd" publica poemas inéditos y la obra de teatro en cuatro actos "Doña Turbante y papá", presentada el mismo día de la inaguración del auditorio "Aurelio Guirao".


    AURELIO GUIRAO, POETA, PINTOR... (AUSENCIA NO AUSENTE)
                                                                                                                     
    Por Rosa Campos Gómez


    20 años se cumplen de la ausencia de Aurelio Guirao (7 de marzo,1940- 23 de febrero,1996), poeta, profesor,  creador polifacético que abarcó, además de los citados, mundos distintos y no distantes de las artes como la pintura, el teatro y el cine. Fue un gran humanista,  integrante del Grupo de Literatura La Sierpe y el Laúd en el que dejó una huella de maestro,  imborrable.



    En las solapas de la cubierta de "OBRA COMPLETA" (1996) encontramos una concisa  a la vez que bien detallada biografía de su vida y obra.

    Nació y murió en Cieza,  vivió más dentro que fuera de esta ciudad amada que guarda tesoros culturales (aunque no siempre sea consciente de ello) como el que envuelve la actividad varia, rica y erudita "aureliana". 

    Quien conoce su poesía se descubre ante ella, pero este conocimiento necesita ser más extendido (los buenos poetas   lo son porque  su obra lo es,  porque ésta resiste y persiste en  el tiempo y porque ha tenido la suficiente divulgación  para que su enormidad cale y perdure).

    Podríamos decir mucho más de Aurelio, mas hay compañeros(1) que lo hacen excelentemente en este aniversario, por lo que aquí, en este mínimo homenaje, mejor escuchamos a través de la lectura lo que él nos dice en esta breve selección  de poemas en los que el dolor y el placer de la carne se enhebran, ya sutil ya estruendosamente, con el placer y el dolor del alma, para ofrecernos un  ardiente y sincero tejido poético de vida:


    YO, que te hubiera dado casi todo
    porque saborearas los paisajes profundos
    que la luz extendía por mi lengua,
     yo, que hubiera abjurado de seguros,
    necesarios apoyos de mi vida
    por palpar con tus dedos
    y tus labios
     el palpitar robusto de unos jóvenes cuerpos,

    yo, que hubiera brillado
     un espejismo virgen
    en tu diamante turbio,
     envejecido,

     yo, que te hubiera dado quizás hasta mi alma,

    avaro de mis dones, cierro ahora la mano.
    Mis dedos
    en la palma
     aprietan los regalos:
    Dispongo de mí mismo, salido finalmente de otra carne,
     dispongo de mis días en mansa luz colgados,
     puedo palparme,
    a solas,
     hasta alcanzarme dentro.

     Cierro los dedos. Cuento mis tesoros,
    Y herido, por ti herido,
    en este puño
     me vivo más que nunca jamás me hube vivido.
     Lo aprieto fuertemente hasta sentir dolor.
                                                              Y nunca
                                                              estuve tan desnudo,
                                                              pobre,
                                                              solo.

    Ceguedad de la carne (1982).




    CERRADA la ventana,
    apagados la luz,
    el aire,
     el tiempo,

     la familia,
    el decoro,
    la honra,
     y Dios.

    Ya lo he cerrado todo,
    amor,
    menos los brazos.

    Ceguedad de la carne (1982).    




                                De Bussy,
                         “Clair de Lune”.                                                                                                           A orillas del Segura.
                            
    Con el peso entregado
     encima de mi pecho,
    buscabas por encima de mis hombros
     la luna sobre el río,

     un viaje sin puntas
    rielando a nuestro alcance,

    una instantánea viva
     para fijar el tránsito de besos.

    Oscura estaba el agua
    como arena escapada entre sus manos. No advertías
    que la luna era un surco rezumado en tu frente,
    rielador en los chorros de tu sudor espeso,
    que había yo abrazado los ríos de la noche
    y por todos viajaban cien lunas en mi boca.

    Las horas no enterradas (1990).



    PISAD ENTRE MIS HUELLAS

    No me hagáis mucho caso
     ni piséis en mis huellas.
    Por el mundo he pasado
     siempre rompiendo los búcaros de vidrio,
     las miradas profundas,
    los espejos,
     los temblores del agua.
    No os rebanéis los pies
    en los mismos errores que yo esparcí en la senda
    de tejos cortantes.
    Ya no podrías ir a ningún sitio.

    Pisad entre mis huellas.
    Si encontráis algún verso con calas,
    si espigáis una imagen hermosa,
    desgajadlos del resto cenceño del mensaje
    gozadlos sin hartura.

     Pero insisto:
     no le hagáis mucho caso
     a quien ha disfrutado de la desdicha.

    Revista de literatura La Sierpe y el Laúd nº 11 (1995).



                         “No tenía necesidad de ti,
                                            ni de nadie,                                                                                                 pues Dios lo tiene todo”
      
    Dios lo tenía todo.
    Y todo lo que Dios tenía era bueno.
    Y, aún teniéndolo todo, hizo al hombre,
     un absceso engreído lustroso de pecados.

    Dios lo tenía todo.
     Casi todo.

    Le faltaba el aplauso inteligente.

    Creación de la culpa  (1980). 





    Y escuchamos al autor que nos ocupa a través de la lectura  de los magníficos dibujos y collages que ilustran Monografía de Aurelio Guirao (que contiene el poemario Trizas), cuya portada (del ejemplar del que he tomado las imágenes) he querido compartir en su estado actual (es el que deseo para todos los libros buenos) porque nos dice que su dueña, poeta, amiga y compañera de La Sierpe  y el Laúd,  ha sabido leerlo y releerlo…, respirarlo:









                                                                               
    Aurelio Guirao hoy nos sigue diciendo su amor y su dolor, su pasión en y por la vida.



    Cubierta extendida de la plaquette que contiene los 20 poemas elegidos por amigos y compañeros del poeta.
    Entre los colores que gustaban a Aurelio estaban el lila y el blanco (ambos en la cubierta), el blanco con su quieta y elegante luz, el lila derramado  como un buen vino sobre sus apasionadas ideas.


    http://notasrevistacultural.blogspot.com.es/







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    Alberto Caride Brocal 

    (Alcantarilla, Murcia 1982) es periodista en la agencia Europa Press y miembro de la asociación literaria ‘Colectivo Iletrados’, en la que ha coordinado el ciclo literario ‘Mursiya Poética’.  Ha publicado el libro de literatura de viajes ‘El viaje en el que te conocí’ (Ediciones Tantín, 2009) y poemas en revistas como ‘Manifiesto Azul’ o ‘La Rosa Profunda’. Además, ha recibido, por su obra poética, el 3º premio del Certamen ‘Creajoven 2003′ y el ‘Búho Creativo 2009′ de Las Torres de Cotillas.  Formado en Catania (Italia) y en París, donde participó en un encuentro europeo de escritores jóvenes. Con estudios en Filología Hispánica, Caride es licenciado en Periodismo.
    Sus poemarios: Narciso despeinado, (Azarbe, 2012) y 'Ciudades Jirón' (2014).



    ¿Será quizás el amor un estado del fuego? 

    Alberto Caride Brocal 
    Febrero de 2011. Número 3 de la colección Mursiya Poética


    BRICOLAJE

    Por primera vez me sentí parte de ti
    al recibir las instrucciones del electricista,
    ya sabes, cuando tengas que cambiar la bombilla 
    sólo tienes que darle medio giro a la lámpara.

    Y mientras Felipe me hablaba y atendía interesado
    deseaba que llegara el día en que se fundiera
    tu bombilla y fuera yo el que te la cambiara,
    dando ese medio giro sin miedo en el corazón.


    ESTADO DEL FUEGO

    ¿Será quizás el amor un estado del fuego? 
    Marina Tsvietáieva


    I

    ¿Será quizás el amor un estado del fuego? 
    ¿De ese fuego que lo incendiaba todo
    cuando la juventud andaba mecida
    como una hoja recién caía del árbol?
    Era fácil contagiar la luz sin medida
    cuando el alma aún era virgen,
    como un tallo verde y fresco
    nacido en la humedad del río.
    Pero en la sequía o en la helada
    el alma olvidó la inocencia
    que le hizo formular sus deseos, 
    y aprendió con arte a esquivar el frío,
    convirtiendo su corazón
    en dura piedra de camino.


    II

    ¿Será quizás el amor un estado del fuego? 
    ¿De ese arder enteramente del alma,
    cuando ingenua se extinguía la llama
    ahogada por su propio deseo?
    Erraba el camino el alma joven
    creyendo que era el arder lo que importaba,
    pero no existe cantidad ni proporción
    adecuada en el arder.
    Su fracaso no fue apagarse,
    pues toda brasa es hoguera en potencia.
    No saber contagiar su luz con armonía fue su fracaso;
    no quemando, sino siendo resplandor;
    no cegando, sino revelando una verdad;
    no consumiendo, sino encendiendo la esperanza..


    III

    ¿Será quizás el amor un estado del fuego?
    No existe luz que no cegue en el mirar
    ni llama que no queme en su tacto.
    Si el fuego abraza a los amantes
    no nació de un chispazo inesperado
    como la brasa en una caricia de viento…
    Si el amor no consigue ser un estado del fuego,
    es mejor dejar que se consuma en silencio,
    a la espera que en la noche indefinida
    un nuevo soplo de vida despierte al alma
    de su letargo,como a la brasa el viento
    con su caricia redentora.



    POSTDATA

    Quizá la sombra de París
    ha sido más alargada de lo que creíamos, 
    y ahora cada uno de nosotros
    anda refugiado en su propia sombra
    de silencio,
    esa tibia sombra que siempre acecha
    pero nunca acaba de esfumarse.

    Quizá París nunca ya acabará para nosotros, 
    y será como un pero sin responder
    anotado en la agenda.
    O quizá todo es más sencillo 
    y esta escarcha de verano en la piel
    es esa única respuesta que no encontramos
    a este amor tan bien definido.



    SOMOS TIEMPO

    Somos el tiempo que nos queda 
     José Manuel Caballero Bonald


    Somos el tiempo que nos queda,
    un número infinito de segundos
    que tiraremos por la borda.
    Porque ser libre era eso,
    tirar la vida al retrete 
    y riendo tirar de la cadena.

    Un día seremos el tiempo perdido,
    un número infinito de recuerdos
    que buscaremos en cada retrete,
    porque ser libre da miedo…
    Y riendo la muerte tirará de la cadena 
    y seremos ese tiempo que no existe
    tirado a la basura.





    “ … la poesía de Caride reside en el sagrado (y humano) acto de despeinarse. Un cuerpo desnudo y de pronto / nunca será tan erótico como los labios / húmedos que jamás podrás besar (“Spycam”) es un botón de muestra. La cita de Tsvietáeva ¿Será quizás el amor un estado del fuego? (“Estado del fuego”), otro. Uno más: Volver a ser imprevisible como un indio / en medio de una fiesta de vaqueros (“Shappa”).

    … Caride aporta dos cosas que convierten su poemario en algo, al menos, refrescante: por una parte, educación, es decir, la emoción del aprendizaje literario, frente a la esclerosis precoz de quien cree saberlo todo en poesía; por otra, un conjunto de homenajes tan radicalmente diferente al canónico en su generación que uno no puede evitar preguntarse: bueno, ¿y por qué diablos no? ¿Cortázar, Tsvietáeva, Patricio Peñalver, Vicente Cervera, Miguel Hernández, Ángel González, Hierro, Sabina, Góngora, Homero y Rulfo?
    …Este libro nos ha convertido a Alberto y a mí en amigos. Lo digo orgulloso y convencido de que la cosa va a durar. Le advierto desde ya, amable lector, de que a usted está a punto de ocurrirle lo mismo”.

    Apartes de la reseña por José Daniel Espejo


    En Narciso despeinado. Azarbe, 2012.


    Sentado en medio de esta locura
    (enfermo estoy de tanto ruido),
    procuro mantener húmeda mi boca
    para el silencio,
    lanzando elipsis como protesta
    en mitad de esta noche
    de lenguaje incomprendido.


    La partitura 

    A Vicente Cervera

    El presente reescribe tenazmente la historia
    sobre melodías inacabadas.
    Nada importa si lo anterior fue más bello
    que lo nuevo o si su ritmo
    continúa atrapando en sus compases
    al corazón,
    su mano busca completar constantemente
    el pentagrama para seguir cantando.

    La partitura no presenta marcas ni borrones
    que afeen la grafía actualizada,
    porque la vida escribe siempre sus romances
    sin tinta china,
    sin cadenas lo suficientemente fuertes
    para resistir la tensión del nuevo deseo.

    No temo las variaciones rítmicas de la orquesta
    ni tampoco que ml allegro se transforme
    en ocasiones en un adagio melancólico,
    marcado en el cristal
    por gotas de lluvia de distintos cielos,
    porque si al pentagrama se le agregan
    las notas musicales precisas
    aparece nuevamente la música.
    E1 compás le da al pulso del corazón
    la medida con la que percibimos
    las estructuras en las que se ordena la vida,
    pero somos nosotros, a modo de acentos
    y silencios, los que podemos dar sentido
    a la composición.
    La partitura nunca guarda marcas ni borrones
    que afeen su grafía actualizada, es cierto,
    porque la vida nunca escribe sus romances
    con tinta china,
    pero el alma guarda siempre en sus faldones
    un ritornello que le recuerda y devuelve
    fragmentos pasados de la obra,
    pequeñas anotaciones en el libretto
    que dan al presente esa pausa necesaria
    para interpretar brillantemente la canción.



    SPY CAM

    Un cuerpo desnudo y de pronto
    nunca será tan erótico como los labios
    húmedos que jamás podrás besar.
    Ahora comprendes por fin
    por qué Adán y Eva
    en poco tiempo se cansaron
    de ser amantes de paraíso;
    sin ropas que quitar
    a dentelladas desesperadas,
    uno se cansa de ser voyeur.



    NARCISO DESPEINADO

    Narciso se toca el cabello frente al espejo
    y no es artificio su belleza
    pues el cristal en el que se mira
    refleja tan solo la realidad.

    Narciso existe porque así tu lo imaginas,
    lector, con su melena ondulada al viento,
    perfectos sus rasgos como nada
    puede serlo en este mundo sin cánones
    que tratamos de apresar en coordenadas
    de forma y estilo.

    Narciso siempre quiso ser como Dioniso,
    ser proporción y medida para el arte,
    pero su cuerpo lampiño y sin cincelar
    lo relegó a otro estadio diferente de belleza
    que nunca sería canon.

    Sin embargo, hay algo en sus maneras
    que provoca mi envidia de poeta,
    algo que no podré alcanzar enteramente
    y me relegará a otro estadio diferente
    que nunca servirá de canon.

    Miré como él el mundo en el espejo
    pero no era mi imagen la que se reflejaba
    sino el escorzo desnudo de las ninfas
    que en el cristal se bañaban.

    Miré como él el mundo en el espejo
    pero en vez de atraer la mirada distraída
    de las cortesanas
    escuché sus carcajadas distantes
    al correr tras un arbusto con otro Narciso,
    más joven y mejor peinado que yo.


    CUESTIONES DE SEMÁNTICA ELEMENTAL

    Decimos las mismas cosas
    con distintos morfemas,
    a veces nace la magia en ese instante
    y aparece la poesía y los fonemas
    suenan similares en nuestras bocas
    siendo los labios distintos.

    Ese es el secreto del amor,
    no saber explicarlo con palabras
    pero entender en cambio
    esa elipsis natural en el silencio.

    A veces no vale con que las razones
    suenen igual de convincentes,
    ni que los gestos traten de acercanos
    como a dos extranjeros que se buscan
    con la necesidad del frio,
    con la necesidad que el frío guarda
    en la memoria de otros inviernos.

    Pero nosotros no somos extranjeros
    para nuestra piel aprendida de memoria
    ni tenemos la necesidad del frío
    para buscar el amor como una tregua.
    Es el amor quien nos busca
    para calentarse junto a nuestro fuego
    y sacudirse la escarcha que le dejaron
    otro cuerpos cuando no éramos nosotros.

    A veces decimos la mismas cosas
    con distintos morfemas
    y eso tendría que bastar para saber
    que los fonemas nunca suenan igual
    cuando nuestras lenguas son las extranjeras
    y no aparece la poesía aunque la busquemos.



    FINES DE SEMANA

    Ahora que mis fines de semana
    son cualquier día laborable,
    sé que la felicidad (esa palabra
    que por miedo se nos desvanece
    entre los labios) nos sigue de cerca
    con la discrección de un espía a sueldo,
    a la espera de alcanzarnos
    cuando nuestros pasos, como los días
    del calendario, acompasen su latido.

    Ahora que mis fines de semana
    son cualquier día laborable,
    comprendo la soledad de tus festivos
    y sé que, como la felicidad,
    también guardas un as en la manga
    para que no me crezca demasiado
    con mi forma de jugar tan farolera,
    tan a pecho descubierto y camisa rota.

    Ahora que mis fines de semana
    son cualquier día laborable,
    reconozco entre teletipos y sucesos
    que posees la intuición que me falta
    para ser un buen poeta salido del armario.

    Admiro de ti lo que no tengo
    o lo que a mi me sobra y se desparrama
    sin orden por el suelo,
    que no censures lo que no entiendes
    ni que aceptes completamente lo dogmático
    y que seas capaz de distinguir
    lo poético de lo baldío sin necesidad
    de entender qué lo hace poético o baldío.






    Alberto Caride en Ciudades Jirón.
    Lastura.

    Últimamente es todavía

    Siempre me ha resultado imposible
    mantenerme cerca del término medio.
    A mis poemas en cambio no,
    les basta con saborear las cosas
    que no sucedieron para descubrir,
    con la precisión de un sumiller,
    a qué hubieran sabido.

    Mis sentidos se me han vuelto imprecisos
    con las cosas que están lejos,
    y mi tacto un torpe párkinson
    que no me deja leer entre líneas
    los secretos que me aguardan en tu piel.
    Fracaso y triunfo son como ese pez
    que se muerde constantemente la cola
    mientras olvida si fue antes el dolor de cantar
    o la herida.




    -

    0 0
  • 12/15/16--22:26: JAVIER GUÉDEZ [19.741]

  • Javier Guédez 

    (Venezuela, 1980). Narrador, poeta trakalo e ilustrador de efímeros del parque (landart). Premio Nacional del Libro de Venezuela 2014, en la categoría: experiencia en promoción del libro y la lectura. Galardonado por sus cuentos: Komegato (2001), La montaña amarilla (2003) y Puyero (2010). Fundador y director creativo de La Kuentonáutica en el estado Mérida, un gimnasio para la imaginación. Autor de los títulos de literatura infantil: Retorno de alas, Gárgaras y del audiolibro Pazíficos y la mutante. Ha trabajado en la realización de guiones para teatro, radio y TV. Su material poético y narrativo ha aparecido en revistas nacionales e internacionales. Amado de Tencha Media Luna, Papá de Liana y Koan, Lea (la gata), Alicia (la perra).



    MALDONADO

    Si la cafetera pierde un brazo en el enfrentamiento
    (falta alguien más aquí)
    si la carne está dura para el almuerzo de ambulancia
    (falta alguien más)
    si la ducha corona se viste de Prometeo en una mañana dulce
    (falta alguien)
    si los tornillos del portón decidieron
    no sudar una gota más de grasa sobre el universo
    y sus aullidos destrozan las ventanas
    (sigue faltando alguien más)
    si la lámpara decidió terminar con su luz colgándose del techo
    (nos falta)
    si la pata de la mesa de tantos ensayos de vuelo,
    ahora no entiende de la tierra para dejar escribir en silencio
    el menú de delincuencias
    (nos fal)
    si el closet ofendió el traje que luciría para su velorio cantado
    si la bolsa de comida se regó como minas antipersonas
    para ofender la quietud. 
    (nos f)
    si la mesa de billar negó su ultimo piquete
    si la curita extendió sus alas sobre la herida de bala en los desamores
    si el cuero de ella se desgarra al cruzar la senda
    cayendo en un tobo de diablo rojo
    cuando tiene frío en las noches sin televisión
    (nos)
    si ya no vendrá otra vez Ramón al buró de calamidades. 
    el mundo entonces
    quedará igual por todas partes.
    (    )



    MONTE

    Desalojo los términos de referencia y mi lista de deseos
    a escobazos por la puerta principal
    la anticipación catastrófica
    los artificios decomisados
    la discordia pantanosa
    los partes de guerra manipulados
    el disco de freno y pila de la bomba de gasolina
    los duelos de vajilla y estómago
    el cansancio apostillado y
    las patas de las mentiras amputadas
    se van atorando entre los pedazos sueltos de la tierra
    hasta que se van.

    El mal agüero en cambio se sacude con vinagre, limón,
    sonidos agudos de campana y  cruces de ruda con limoncillo  
    pero no se van,
    se escurren sobre la cerámica y se encadenan.
    hacen huelga de hambre y a la semana nos sobra la compasión.

    Los levantamos y los echamos al hueco
    en un intento de 4 brazos sin tatuajes junto a las conchas y la ceniza de las velas
    que alumbraron los libros dormidos

    De resto las gallinas harán lo suyo
    me pongo quieto y hago la tarea de pensar:
    ¡Qué bello jardín!
    tiene el monte alto



    POR QUÉ HAY TANTA GUERRA EN TI

    ¿Por qué hay tanta guerra en ti papá?
    recuerda que las moscas también tienen hijos,
    casas, y algunos miedos que nunca se les escapan
    de sus ojos.

    Te gustaría que a mi mamá la golpeará contra el piso
    un enorme ojo peludo
    porque ensució con sus manos y sus piernas
    el río, la montaña y destrozó los árboles que daban frutas violetas
    cuando el cielo se ocultaba debajo de la silla de cuero de chivo
    y te dejará solo con nosotros
    y todo el queso y el pan que le debes a la panadería.

    Si quieres anda con ese aparato a otra parte
    y mata nada más a las moscas hombres
    total,
    como no tienen leche en las tetas
    ¡Da igual!



    EL GRAN ESCAPE

    La servilleta se siente sola
    porque el toallín se ha marchado con el trapo sucio de la cocina
    y no esperan volver a casa en muchos años.

    El papel higiénico perdió sus esperanzas
    porque el papel bond es una estrella de cine
    y nunca lo llaman por teléfono.

    El lavamanos entristece y le duele su lado oscuro
    porque la ducha se enfermó hace unos días
    la poceta se ha ido a verla al hospital
    y no ha regresado.

    El sillón de la sala hace rato que lo machacó el olvido
    contra sus aires perfumados
    ha muerto el abuelo
    y ya nadie se detiene a mirar

    La nevera camina desolada hacia las calles lluviosas
    por eso el abrelata, los tenedores y el rayo 
    guindaron sus quejas sobre el tendedero
    y los relojes de pared repitieron la misma hora
    como besos tontos

    La alacena muerde el polvo y se contrae hasta la piedra

    La biblioteca renunció a su trabajo
    porque los libros decidieron volver a los arboles

    Las camas están partidas de hielo
    tristes, sin pescados fritos
    y guardan sus lágrimas en un huequito
    en la pared que se desploma.

    La casa tiembla por dentro y llora
    entonces, ella misma
    con el cielo despojado y la estructura llena de comején y grito
    decide cerrar la puerta detrás de si
    y escapar.


    EL FABULOSO DESTINO DEL ÚLTIMO 
    HOMBRE MEDICINA

    Leía los caracoles,

    el tarot de Marsella, las hojas de coca,

    las cascaras de arroz, la borra del café,

    los palitos chinos, la barra del bar,

    el mantel de la cocina y la pecueca de los pies.

    También soplaba copitas de aguardiente, adoraba estampitas vietnamitas de dioses griegos, danzaba misterios en fiestas de ayuno, fumaba pipas de agua, de aceite de sésamo y linaza.

    Recibía  ayahuasca de las propias manos del wakantanka,

    También peyote, ololiuqui, campanita

    aguacollita, yurema

    y santa maría bendita con el milagrito adentro

    Ajenjo y mezcal, juntos o por separado, siempre daba igual. Yopo desde el corazón del chamán Bolívar, tabaquito molido hasta el fondo de la memoria antigua en espiral.  Bautizado con Kambó desde niño

    Resolvía cálculos indomables de la nueva era de acuario y magnetizaba el vickvaporub para niños resfriados. Lograba la postura de loto, de orquídea, de geranio, de mata de plátano con facilidad, extirpaba tumores con las manos como Pachita. Seguía por los desiertos oscuros los pasos de Takata, Jesús, Maria Sabina, Buda, Balalaika y Peter Segovia.

    Sabía con exactitud las bondades de los baños de asiento, lavados, purgantes, emplastos, cataplasmas, pociones, brebajes, ungüentos, pomadas, linimentos, vendajes, amuletos, paños de agua fría, agüitas aromáticas, calditos de pollo, comiditas blandas y el reposo.

    Escribía poemas sufís, haikus, limericks, anagramas, palíndromos, anti poemas parrianos, flujogramas dharmaticos, acrósticos gnósticos, crucigramas ateos, y levitaba a centímetros en vez de echarse a morir lejos.

    No sabía nada de los koanes, pero los había respondido todos como Leonora Carrington.

    Su alimentación era ayurvedica, por lo que no comía ajo y aguacate. Hacía despojos a prueba de balas porque era sobrino del hermano Cocó, viajaba al inframundo a perseguir espíritus equivocados envueltos en amor y duelo, llevaba a domicilio el rezo del cariaquito morado,

    Se graduó de jipi por correspondencia, vivía en una maloka y los viernes en un tipi. Los días revueltos no salía de la hoguera iluminada del temazcal. En su descanso practicaba la acupuntura, la homeopatía, el tao tántrico, la física cuántica, la hipnosis, la Gestalt, el hopponopono hawaiano, las constelaciones familiares, el darse cuenta y su dharmanake, los mudras y por puro perdón la numerología y la imposición de manos.

    Psicomagia para el aperitivo, educación libre y activa para el verano, Steiner como analgésico, Ralph Waldo, Xochipilli y taita Querubín como bisturí.

    Por último  prendía varitas de takamajaka para despertar el Kundalini 

    Varitas del tamaño de un poste de carretera, para elevar la conciencia  alto,  alto, lo más alto que pudiera, alto…tan alto,

    como para poder hacerse vendedor de globos.

     [Del libro Domesticvm]



    La parte más fea

    Todo el mundo sabe mejor que yo,
    cómo educar a mis hijos para que no vayan a ser como yo,
    y mucho menos como tú,
    y llevar una dieta balanceada a base de pepinos y mandarinas
    sin pasar por GO.

    Todo el mundo sabe mejor que yo,
    cómo relacionarme decorosamente con la primera y la tercera persona
    aplicando manuales infalibles,
    convertidos en lindas frases maquilladas con tipografías diuréticas
    posteadas en las plataformas digitales
    de los ángeles que se dejan caer.

    Y no hay mejor remedio para las quemaduras que el café, limón para las ponzoñas en la planta de
    los pies, espantos, algodón para el hipo
    y formol para el olvido
    Los gorros de baño son el mejor lugar
    para los zapatos cuando te vas de viaje
    Oh, menesteres del sendero de la psicodelia amazónica
    que uno aprende sin querer de algún amigo sin novia.

    Todo el mundo sabe mejor que yo,
    cómo mantener un cantero reciclado de acelgas, rábanos, cilantro, cebollín chino, orégano orejón, ruda y yerbabuena
    en el balcón de un piso 7, sin escardillas, yunta de bueyes ni veneno.
    Y saben más aún, como se deshuesa una pechuga, en menos de un minuto y medio,
    y cuales verduras son mejor comer crudas y cuales cocidas. porque de eso se trata.

    Todo el mundo sabe mejor que yo,
    cómo se hace una compra de candelabros o zapatos azules por internet desde un teléfono, pasando por un túnel.
    Y como hacer trampas que no ensucien la conciencia.

    Todo el mundo sabe mejor que yo,
    lo que me hace ser una lombriz de tierra
    y lo que me entristece como un ornitorrinco,
    lo que me explota en la garganta como un puñado de arenas y lo que me empalaga hasta el cielo de la boca.

    Los secretos del abdomen plano,
    la verdad verdadera de las mechitas californianas
    de los implantes de goma espuma
    y de los pasillos que huelen a mastranto y comino,
    de las bolsas negras y los algodones de azúcar.

    Los teoremas se ponen a llorar sobre los arboles
    y los poemas célebres estallan
    debajo de las ruedas de un 750 en la autopista
    despojándose así de todos sus conejos blancos.
    Quienes perdidos también son aplastados
    por una viejita que grita con un bastón en la mano.

    Todo el mundo sabe mejor que yo,
    cómo se programan los canales
    cómo se cambia una cerradura,
    y que lo mejor del mundo será, comer con hambre, tomar agua con sed, hablar con quién te escuche y pedirle a quien te dé.

    Todo el mundo lo sabe mejor,
    ya lo sé,
    que con solo apretar un botón en el año 2050 se podrá viajar a saturno
    a bordo de un ascensor
    y que hace media hora insurgentes armados
    avanzaron hacia la capital de Yemen.

    Hoy los estudiantes estonios han construido
    audífonos gigantes para escuchar al bosque
    La instalación combina el espacio arquitectónico contemporáneo
    con el entorno salvaje
    y es accesible para los amantes de la naturaleza y excursionistas de todo tipo.
    En Islandia los constructores de ferrocarriles han dejado quieta una montaña
    para no dañar el hogar de varias familias de duendes
    y cosas así.

    Todo el mundo sabe mejor que yo
    cuál es la izquierda, cuál es la derecha
    y cuál es el centro de las cosas.

    Todo el mundo sabe mejor que yo,
    del romance y la propaganda,
    del melodrama y la sátira,
    mucho más, de la saga heroica y de la ficción realista,
    la leyenda, la historia recamada, la geografía narrativa
    y las anécdotas mejoradas.

    Todo el mundo sabe mejor que yo,
    dónde quedan los bares de ultratumba,
    para colgar dolores blandos desanimados
    y cómo se preparan los chapattis de aperitivo.

    Que ponerle sistema de tinta continua a los corazones
    no es garantía del amor, y que las bicicletas son el automóvil del futuro.

    Entonces a uno solo le queda recordar a los monstruos dedicados
    Porque la agüita amarilla sigue cruzando puentes detrás de ti
    y la zurra plasmática y la salamandra, fueron la honestidad brutal de siempre.

    Todo el mundo, todo el mundo, y todo el mundo lo sabe.

    Porque en este preciso momento,
    entre millones de personas que sucumben
    y entre otras miles que florecen,
    acaban de publicar una foto, en la que estas etiquetadx.

    Mientras del otro lado
    un niño dice
    que la guerra, es la parte más fea
    de la paz.


    Trescientos niños y dos pelotones

    Ustedes que han traído poesía bajo el brazo a falta de pan
    vengo a ofrecerles a cambio este puñito de palabras desmigajadas
    a ver si pueden guardarlas en su mano para darles calor.
    las pobres perdieron cualquier signo de vida,
    casi pueden sostenerse solas
    si no les molesta háganlas comer
    aunque hayan perdido algunos dientes
    en varias peleas callejeras, inténtenlo
    que me queda apenas este picadillo.

    Capaz y las enseñan a volar con motivo propio
    y a estrellarse contra un peñasco 
    yo de mi parte he intentado apenas rociarlas con agua de cayenas
    para ver si dejaban la pataleta
    pero no ha surtido ningún efecto
    a cambio están adoptando nuevas contorsiones
    que le ponen a doler las curvas y las rectas
    haciéndolas llorar como frutas
    y eso es muy duro para mí, ustedes me sabrán comprender
    yo se los pido.

    Ustedes que han traído poesía bajo el brazo a falta de pan
    permítanme robarles un poquito de su magia
    para que mis palabras ya no sufran de tantos reconcomios
    y anticipaciones catastróficas
    mientras la casa se queda dormida.

    Antes de ser un intento de poema, les juro que estas palabras
    venían de sufrir una infección intestinal terrible
    yo se les pido,
    miren que me han ayudado a fabricarlas trescientos niños y dos pelotones
    en pleno solsticio.

    Permacieron quietas durante más de cuarenta confusiones cubicas
    o lo que es casi lo mismo, desoxigenadas, y han salido ilesas
    aunque con algunos hematomas que ustedes sabrán hacer pasajeros. 

    Según las instrucciones ninguna puede dormirse si la otra tose,
    vomita o deja caer una sombrilla en el piso
    son conductas que aún sigo sin tragar
    a pesar de que he jugado a los dados
    y al ciclón del dinero con ellas
    no alcanzo a tener la mínima sospecha
    de lo que buscan dentro de los bolsillos de mi pantalón, y entre las comisuras,
    donde chupan sin cesar.

    Los veo muy callados mis señores, como si estuvieran a punto de morir
    a causa de un aletazo de ballena,
    por algo será.
    pero despreocúpense
    mi hermano mayor fue PTJ

    Aquí entonces se las voy a dejar en este montoncito
    por si alguno tiene un corazón grande que las quiera llevar lejos.

    Les recuerdo que no saben andar sino es detrás de la sombra de un perro
    así que no deben preocuparse por otras tonterías
    solo llévenlas, cualquier mapire o bolsita les será de buen hogar
    se acostumbraran a lo que sea, ya han sobrevivido lo peor.

    No intenten tragarlas y me disculparán
    pero no tienen sustancia alguna,
    procuré encenderlas una vez a la fuerza
    y me di cuenta que no les gustaba arder
    porque preferían ver pasar las cosas de la vida, para saludarlas por detrás en la distancia
    y despedirse con una nostalgia tonta.

    Muchas veces me dijeron que debía ahogarlas con una almohada
    o estrangularlas con la trenza de mis zapatos azules
    para que aprendieran de la valentía, la certeza y el perdón
    pero me asfixie cuando observé que le salían cielos de la boca
    y terminé agotado y sin ningún trofeo
    sobre un sofá que me hablaba en una lengua extraña.

    Así que les ruego algo y permítanme que se los diga: si estas pobres palabras que quisieron cambiarse a poema terminan por obstinarlos de cualquier manera
    aquí les dejo anotada mi dirección en esta piedra
    solo cántensela al oído, y
    llegaran solitas hasta mi cuarto.

    Se los agradeceré y si es posible pagaré por ello
    porque todavía me cuesta conciliar el sueño
    cuando no vienen a la cama.

    Ustedes que han traído poesía bajo el brazo a falta de pan
    ¡Piedad!











    -

    0 0


    Ricardo Heredia De La Cruz 

    Nació en Lima, Perú, en el año de 1983. Es poeta, editor y crítico literario. Fue miembro fundador de “Manto Gris, Círculo Literario, o algo así” con quienes publicó sus primeros poemas. Está radicado en la ciudad de Neuquén, Argentina, desde hace diez años. Actualmente cursa estudios de la Licenciatura en Historia en la Universidad Nacional del Comahue. Sus poemas fueron incluidos en la antología “Poetas argentinos del Nuevo Milenio” (Buenos Aires, 2014). Sus poemas y reseñas han aparecido en revistas y diarios de Perú, Chile, Argentina y España. Recientemente formó parte del XXVI Festival Internacional de Poesía de Medellín. Tiene un libro publicado “A la izquierda de mis pasos, tres grados” (Buenos Aires, 2009).



    II

    Traía por dentro la canción de los cuervos,
    una pesadez en los bolsillos contrayéndome el vientre
    y todo aquello que aún rehúso a dar por cuerpo,
    o lo que es igual,
    un saco raído de preguntas mal planteadas.

    Por la minúscula entrada que halló la luz del sol
    para entregarme las campanas
    unos hombre de poca altura,
    convencieron a mis párpados
    de callar como los cedros al borde del camino.

    En ese preciso instante,
    aparecieron ante mí
    los colores silenciosos
    de una primavera autodidacta,
    imagen viva de las letras:
    poesía de sanatorio.

    Y de repente,
    se cayeron de ese improvisado columpio
    que armaron en mi boca,
    oraciones bizantinas
    que me recordaron tu nombre en mis dientes
    o lo que es igual,
    esa triste canción que llevo dentro.



    IV

    Busco algo parecido a la muerte de Joaquín
    porque Joaquín murió entre ángeles,
    quién sino él para morir entre ángeles al amanecer.

    Busco algo parecido a la muerte mía,
    a la soñadora apariencia
    de un cielo despojado de Dios.

    Busco algo parecido a la muerte
                                     (parecido nada más)
    que me lleve a la música tuya,
    me acompañe hasta la puerta
    o a la muerte misma.




    VIII

    a Fredy Yezzed.

    A propósito del terror
    vi caer mis hombros
    en otros hombros que no eran míos
    y ese ser tan intrépido
    en la agonía de la luz, es decir,
    la humana figura de una mosca en la pared
    muere al partir cada silencio.

    Quizá requiera de otros cristales,
    la ventana que heredé
    no alcanza a recorrer en plenitud
    los horizontes,
    es rara esta lejanía
    no suelo ser pesimista
    ni llorar en las despedidas
    pero es probable
    que ante los temblores de una doble puerta
    quede suspendido en las tristes alegorías de tu infancia.

    Apuesto a que soy hombre de poca fe,
    al recuerdo que me arrancaron de una paliza.
    En los días me resguardo del viento
    y repito en los oídos que parió mi madre,
    en los oídos que parió mi madre repito:
    Tengo miedo de mis entrañas
    de esta amargura que se nos cae de la lengua
    y su infinita responsabilidad en los corazones
    de los muertos.



    IX

    De los que abarcan la tierra,
    díganme si los peores años
    no tienen el color de la huida,
    esa otra forma de ser humano.

    Díganme si los carteles rebelan mi nombre,
    si los placeres dominan el paraíso de los caídos.

    Aquella manía nuestra de robarles a los pájaros
    su inocente trazo de aire,
    o la perfecta irrelevancia de nuestra mirada
    en el camino que ensayan
    me convencen de lo artificial de mi voz.

    Para no complicarte la vida
    me permito seducirte los brazos,
    y en la tardía elaboración de un pan
    acelero los trámites de una vida que nos sirva.

    Para no complicarme la existencia:
    carne y aliento en la cena.

    Para no ahogarte
    con lo gris de mi saliva,
    he querido no mentirte sobre la tarde.



    X

    Prometí responderles a los hombres
    del porqué de mi boca vacía,
    son las dos menos veinte en mis párpados.
    Ya no vuela sobre mí
    el verano de los sueños ni la alegría de mis hijas.

    Me encantaría regalarles una respuesta
    pero aún juego a la eternidad sobre los tejados.

    La luz se aproxima,
    la horizontalidad de los hechos
    me demuestra que malgasto los días
    sonriendo a los semáforos.

    Puede ser que mantenga mis deudas impagas,
    lo confieso, así también,
    ya no me importa el latido de los pájaros,
    sólo esa mano que mantiene de pie mis ojos
    en la tormenta que me debo.

    Suelo no pagar mis deudas,
    es verdad,
    y me pesa.



    XII

    Callo, debo admitirlo.
    Mi voz, esa rara mezcla de agonías ajenas a mi voluntad,
    corre violentada por las calles.

    A esta mañana se acercan los universos a dormir.
    Quedo ante la falta de armonía de los humedales demasiado expuesto,
    algo nuestro se destaca, comprendo a los seres de cabeza humana.

    Comprendo también a los padres del terror en nuestras bocas.
    ¿Sería demasiado pedirte que te quedaras?
    Sería demasiado pedirme, otra vez, que te quedaras.

    Creo en el silencio como herramienta de trabajo,
    creo en la soledad de tu discurso,
    creo en vos como ese alguien parecido al dios de mis egos.

    Callo, debo exigírmelo.
    Mi voz, es una rara mezcla de palabras tuyas.



    XV

    (…)
    que nos vamos a morir al río
    que se nos cae el cielo en la cabeza
    que me duele
    que sangro y no llego al río (por más que intente)
    que en el cielo habitan hombrecitos verdes y me odian
    que me quieren y lo ocultan bajo el abrigo
    que me matan y no les dejo
    que me duele la aspirina en los pulmones
    que soy otro y no me di cuenta
    que se me hace tarde y no llego al río
    que no esperan
    que me caigo
    que me caigo y me levanto
    que me vuelvo a caer
    que me levantan y eres tú (y soy yo)
    que me dejas con la boca llena (y no de respuestas)
    ¿qué hora es?
    que no llego
    que me dejan
    que nos vamos a morir al río (y sa1e a cuenta)
    que no me esperan
    que se fueron todos (todos los poetas)
    que se mataron
    que se murieron
    que me dejaron y me engordó la tristeza
    que me mato
    que mato y no es el río
    sino la pena.




    XVIII

    Yo quise ser como un día jueves en Antares.

    A todos los muertos, a todos los hombres cansados de una vida eterna, a las alas y su prescripción, al terror en las venas, a la furia de los dientes, a los acuarios que abandonamos, a los paraísos que nos dejaron, a las mujeres cansadas de parir, a los hijos cansados de crecer, al viento que no halla velas, a la cercanía que duele, a los potros de bárbaros Atilas, a los caminos que no traen de vuelta, al mar ausente, al río que ya no habla, a ese otro río que abraza, a las lágrimas que clamaron por lluvia, a los ojos que buscan, a la búsqueda que ya me encuentra, a las líneas rectas, a la hierba que me alimenta, a los santos, a los libertinos y sus rojas tratados, a las libertinas y su alegría, a todos los que restan, a todo lo que ellos suman. A todos nosotros, en especial.





    XXVI

    Para brillar
    se hace poco el día,
    no se contenta el cielo con mi sonrisa.

    En la abadía de los despojados
    juntan oraciones en la boca de Cristo,
    que hago entonces
    con los impares de abril,
    como les digo que regresamos a cero.

    Ya no brillan
    las cruces y mi nombre,
    se suspendieron las visitas de domingo.

    ¿Saben?
    es invierno y hasta ahora
    no me llueven los cristales.
    Será que de tu voz,
    los curas, no se sirvieron en la cena,
    o es que ya no formo parte del séquito lila de las flores.




    XXVIII

    Como la eternidad,
    esa falta de motivos para morir,
    el camino se nos recuesta sobre la frente.

    Es que anduve en la búsqueda estéril
    de los pasos que perdimos
    y cual niños jugando entre la maleza de un jardín,
    la razón de los días grises
    se presentó ante el parabrisas de un corazón
    por demás golpeado.

    Pero esta boca mía pide un receso
    a los mediodías que me vienen de golpe,
    uno tras otro sin descanso
    y vos,
    en esa calma que te incompleta
    tomaste la sal de mis bolsillos.

    Como a la eternidad,
    ahora comprendo al silencio
    y su mano inflexible sobre mis labios.







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  • 12/15/16--23:31: YAGO MELLADO [19.743]

  • Yago Mellado

    Cordobés nacido en Cáceres y residente en Granada, Yago Mellado López se mueve entre la filosofía política, la música y la traducción. De su trayecto académico quedan publicaciones como La política de los desconocidos (Astrolabio. Revista Internacional de Filosofía de la UB, 2006), Le bateau imaginaire (con I. Delcroix, en Mythe et création 2, L’Université de Savoir, 2007), Las secuelas del posmodernismo (con E. Díaz Álvarez, Fund. Cidob, 2009), El antisemitismo y la politización de la identidad judía (Constelaciones. Revista de Filosofía Crítica, 2012) o su tesis doctoral El Anarquismo en el espejo judío (UPF, 2013), actualmente en proceso de edición por la Fundación Anselmo Lorenzo. Su actividad como traductor se ha centrado, a su vez, en el campo de la filosofía política y la agroecología.

    Actualmente forma parte del proyecto Faluka, afincado en Granada y dedicado al estudio e interpretación de las músicas tradicionales del Mediterráneo. Cartografía de una tangente, su primer poemario, publicado por Esdrújula Ediciones a comienzos de 2016, recoge una selección de poemas escritos entre 2000 y 2005, registro de un trayecto interior posible en el marco de una persistente itinerancia.





    Selección de poemas del libro Cartografía de una tangente *




    Lo primero que cae son las fechas. Hoy es día uno. Se acaba de inaugurar el tiempo. Todo ha quedado reducido a una isla, donde solo existe lo que toco, solo duele lo que lloro, solo late lo que pienso. El resto se deslizó entre los dedos. He querido agarrarlo a gritos, corriendo, el pecho abierto… y finalmente devorarlo el aire ante mis ojos desiertos. Queda la ausencia, saberse en su vacío. No sé cuánto, cuánto su huella hablará de sí misma.



    Apercibido del aire

    Voy a deshacer
    a bocados
    mi propio vocabulario

    Las palabras enredadas
    marañas
    en un paladar de piedras
    pelaje uniforme de metáforas
    y lo indecible
    por la sien
    como paraguas

    Hoy el encuentro es seco
    y lleva agregado el polvo

    Ardieron los personajes
    y ya nadie recuerda el viento
    Te escondes entre la hierba
    como lo hicieran ayer mis dedos en tu sexo

    Hoy no termina nunca
    Es sangre verde
    Sangre deshecha
    La tierra mastica tu boca
    aunque no quieras



    *



    Soñaba con inviernos
    No con el frío
    Ni sus árboles arrebatados
    Era con una ausencia calma
    Con su silencio
    Era su viento a carreras
    arañando la tierra

    Soñé la ligereza del frío
    su precisión
    su victoria sobre el tiempo



    *



    Se graban mis mañanas
    apuntalando mi cuerpo desoído
    con las aristas de las aceras

    Los días aéreos vagan
    tratan de borrar la memoria
    con la barbilla alzada al cielo

    Pongo veto a los rígidos tornillos
    que me enclavan a la tierra
    Sigo el rastro que pertenece a la vaguedad
    la libertad de la imprecisión
    ventanales abiertos
    a mi reflejo
    crónicas de crítica acelerada
    restos de mi silueta
    que se hizo sombra
    y va lamiendo ciudades
    robándoles el tiempo

    Libertad de ser negados
    abrazados a las tangentes
    de nuestra sombra



    *



    Huida

    De nuevo los pies a la carrera
    llenos de pasos
    para devorar el tiempo

    Ante las amenazas del vacío
    me meto el mundo por dentro
    me lo inyecto en los labios
    y en el pecho

    No proclamo nada, Valente
    ni la ceniza
    pero todo lo levanto
    compulsivo
    para dejarlo caer a cada instante

    Anular la ansiedad a base de movimientos
    Y los labios se alejan
    Se deshace el mundo
    evaporados los hilos de su secreto

    No queda más que madeja
    madeja enredada
    inservible
    madeja deshabitada



    *



    Las cosas se quedan
    se van quedando
    Empujadas en trenes perdidos
    desde memorias revueltas
    desde sueños irrevocables
    se van quedando
    Entraron en silencio
    o no entraron
    se hallaron
    —a medias extranjeras
    a medias de siempre—
    con la certeza de que ni el viento
    ni un golpe de mano
    ni el viaje que nunca haremos
    van a arrancarlas de nuestro lado



    *



    Son fronteras de cristal. Una ventana, por ejemplo. Afuera la noche inmensa. Acá adentro otra cosa: la casa: casa. Ese lugar desde el cual la noche ya no es inmensa: es noche. A secas. Una anécdota. Un ardid. Un artificio del lenguaje donde colocar eventos. Litros de vida irremediablemente allí dispersos. Un salto con color de comienzo. Un cierre que se guarda en secreto.




    Los días aéreos de Yago Mellado

    Por Joaquín Pérez Azaústre.

    La poesía  de Yago Mellado es una perspectiva desde el centro del mundo. Y aquí el poeta es su propio centro, el origen del ser –tiempo y espacio-, como una proyección que se mueve del sitio sin desplazar el paso de su voz, que atraviesa sus propios atlas personales, sus nuevas geografías reconvertidas en experiencia íntima, para hablarnos siempre desde dentro, desde ese núcleo íntimo, por debajo del manto y la corteza, proyectado sobre la inmensidad. Elegantemente editado por la nueva y prometedora editorial Esdrújula, de factura plástica, Cartografía de una tangente es, a todas luces, un libro necesario para su propio autor. Nada hay en él de mera poesía de circunstancia o geográfica, de fedataria íntima de la propia vivencia; hay, en cambio, una visión plural de la existencia, multiforme y dinámica, cambiante, adormecida, dentro de los pliegues de la realidad, por encima y debajo, entre los agentes corrosivos del clima y la intemperie abierta de los años que nos van devorando. Dividido en tres partes –Las huellas, Fotografías y Recetario-, Cartografía de una tangente nos propone un viaje existencial, que se va perfilando desde sus elementos, empezando por el propio bautismo cenital de vocablos, que nacerán de nuevo: “Voy a deshacer / a bocados / mi propio vocabulario”. Pero el lenguaje también corre su riesgo: “Las palabras enredadas / marañas / en un paladar de piedras”. Finalmente, la verdad mineral acaba siendo más fuerte que el deseo verbal, porque: “La tierra mastica tu boca / aunque no quieras”.

    Un ritmo frenético, entrecortado, limpio, en una poesía libre, sin puntación ni pausas, que se lee con la respiración. Hallazgos sensoriales, oníricos y amplios, con el sujeto poético vertido en su verdad mineral: “Hilaba la rueda el río / seco avanzaba su cauce / de tierra, cantos y piedras / vagabundo del aire”. También el propio poeta se nos muestra como ese mismo “vagabundo del aire”, que va viajando por su propia biografía afianzando cimientos de una geología íntima. O, como nos dice en otro poema: “Soñaba con inviernos / No con el frío”. Esencialidad pura, ese estancamiento de palabras que alcanzan su propia sonoridad plena, con su grito semántico en el silencio previo a la creación. Pero también la vida más cercana, con su experiencia de cotidianidad, está presente aquí, en la mirada totalizadora del poeta: “Pasa la voz metálica de los autos / pasan / la pretensión esteta de los tacones / y lo aéreo de sus faldas / pasan / luces de noche / manos ciegas / y el eco de su paso”, como también pasamos nosotros al leerlo, porque es la calle del aire, en el humo de la conversación, pero también el milagro primitivo y amplio de una contemplación que abarca todos  los confines del retrato.

    Hay también otros versos que pueden funcionar como poética, porque seguramente son el corazón del libro. Pienso especialmente en dos fragmentos: “Ante las amenazas del vacío / me meto el mundo por dentro / me lo inyecto en los labios / y en el pecho”. Para eso, precisamente, habitamos el cuerpo del poema: para interiorizar la hostilidad de la existencia, pero también su claro mutismo atronador. Pero ¿y después de la escritura? Entonces tenemos el segundo fragmento, perteneciente a la misma composición, que también podría ser una poética de todo el libro, porque lo condensa y lo define: “No queda más que la madeja / madeja enredada / inservible / madeja deshabitada”. O la imposibilidad de la poesía para sacarnos de nuestro estado de sitio, como comprobamos después, con esos “ojos / abiertos / devorando / la distancia / sin moverse del lugar”. Ese ”sin moverse del lugar” me parece definitivo en la propuesta poética de Yago Mellado, en su mirada abierta y pálida, pero también completa y muscular, en el telar de un libro que no resume el mundo, pero que sí lo habita y lo respira, gracias a ese ritmo recortado “con las aristas de las aceras”, en esos “días aéreos” que “vagan / tratan de borrar la memoria / con la cabeza alzada al cielo”.

    Su cuerpo nombra al aire y se bebe el silencio: “Hoy es día uno. Se acaba de inaugurar el tiempo”. También inauguramos una nueva poesía, de honda sencillez y altura metafórica, que diversifica las propuestas poéticas a través de unas prosas de íntimo lirismo, pero también del aluvión de elementos captados de la realidad. Cuando se dice “El periódico marcó hoy máximas históricas”, Yago Mellado no nos saca del poema, sino que introduce la actualidad en la intensidad lírica: porque todo es verdad, tensión primera, y no retablos fuera de la escritura de la realidad. Sin embargo, tampoco su escritura se reduce a una intención fotográfica, sino que enfoca la vida con el visor más amplio, dentro y fuera de nosotros, volando por encima del mapa hasta apresar sus límites, y después olvidarlos.











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  • 12/15/16--23:53: DOLORES MEIJUEIRO [19.744]

  • Dolores Meijueiro Verdes

    (Montevideo, 1964) Estudia Letras en Facultad de Humanidades y Ciencias (Montevideo). En el  2000  publicó “Jirones” (Editorial América Latina, Montevideo, Uruguay)  con el cual obtuvo el  3er premio en  el  MEC en la categoría narrativa. En los concursos denominados “Bolboreta” convocados por  la Xunta de Galicia obtuvo el 2do. Premio por “Voces de Tierra y Mar” (Dic.2000) y un 3er. premio por “Begoña la mujer de su casa” (Dic. 2001).

    Me encuentro en un lugarcito entre el agua del río, Uruguay. Escribir me ha salvado, no es original pero es lo que me sucede. Es una necesidad. Participé en el taller literario de Milton Schinca de manos de quien recibí su orientación. En el 2000 publique “Jirones” (Editorial América Latina, Montevideo, Uruguay). En el invierno del 2007 publiqué mi primer libro de poesía “Mariposa Encadenada” (Editorial Vintén Editor, Montevideo, Uruguay). Este Agosto del 2014 salió a la luz "Peregrina del Asfalto" (Editorial Vintén Editor). 


    Sumatoria y   pan

    esta madrugada la ciudad está mojada
    sobre el jardín las ramas caídas del pino
    y un zapato en el cordón de mi vereda

    junto al árbol de la esquina botellas tiradas
    vidrios incrustados noche a noche
    filo agridulce labio sobre labio que fue de boca en boca
    entre cartón y nylon aún el caminante
    adormece sobre el muro

    por la avenida un hombre sale del contenedor
    caballo que tira del carro del hombre   deambulará por la ciudad
    las cabezas giran hacia un aullido rojo

    trepan al ómnibus
    el eco encendido se aleja
    olvidan la basura

    un par de jeringas están clavadas en el cantero   de la plaza
    restos frágiles de solitario apetito
    latas vacías herrumbradas
    señales para la travesía de alguna plegaria
    amanece
    desde lejos el luminoso de la farmacia se distingue
    aún llueve sobre las azoteas vacías
    mis pies dentro del charco
    sobre la estatua enredada a la calle

    los jirones de un paraguas rojo van merced de la corriente
    las colillas de los cigarros se acumulan hacia la negra boca de tormenta
    un corazón retoma su   latido y
    una vez más mi vecina barre
    charcos   hojarasca de su puerta
    en breve paseará su perro de mirada vacuna
    y en su bolsa de mandados cargará una flauta de pan



    Giran

    eco que se apodera de la ciudad y
    las cabezas giran hacia el rayo encendido
    adiestrados los autos se apartan
    salvándose

    junto al cordón de la vereda una mirada se hace lejana
    se vacía
    vacía hasta perder el punto blanco
    faro rojo
    se pregunta ¿quién será?
    faro que   agiganta ese aullido
    plomo distante

    alimentada de ruidos una bolsa de nylon gira por el aire
    flamea
    se pierde entre las torres amarradas
    ya no la ve

    mientras en el pasillo se apilan las horas
    sobre los bancos de madera y metal
    con nombres y fechas rasguñadas ,
    opacos por el transcurso anónimo de los cuerpos
    y la  inmedible espera gira
    gira en la puerta de emergencia





    Recortes

    corre un viento de agosto y
    la hamaca se fatiga sola
    la lluvia se embolsa en una espera callada
    que arde entre sábanas e inflama el vacío

    puertas cerradas
    un balcón con huecos y flores
    alguna ventana entreabre rostros
    miradas aquietadas detrás del cristal

    humo cortinas de voile
    ruidos metálicos gas
    aullantes las bocinas   se multiplican
    los dados cubren un fieltro verde sobre la acera

    en una esquina del centro una mujer da de comer a ocho gatos
    los tambores aún resuenan
    en la ciudad que hoy es convocada

    y el ómnibus   atraviesa    calle a calle
    mientras la hamaca la lluvia
    el balcón cortinas de voile dados
    ocho gatos tambores
    la ciudad




    El paraguas rojo

    junto al aliento de la calle
    esperando el verde del semáforo
    una bolsa de tu mano
    el viento de agosto hacia un lado
    otro

    el silencio tanto
    que calle abajo lento rodaban los recuerdos
    caminabas látigo con todos mis sabores desolados
    hasta que te perdí,
    te perdí entre las luces de los autos
    el acomodador con señales a destiempo
    transeúntes anónimos ruidos llovizna sobre el asfalto

    y yo
    yo con mi paraguas rojo
    en el borde absurdo de la vereda



    Cada día

    La noche abre las compuertas
    y junto a su perro el hombre aprieta el frío
    la misma gloria los une en la calle cerrada
    colchón al descanso de héroes diurnos
    en un silencio horizontal
    chispa encendida
    bocanada de humo
    cometa que se disuelve en su confesionario
    un desconocido tira una bolsa negra con desechos
    el gato de siempre lo observa

    y durante el día rastro que germina en   las calles
    cargando al carro bañera chatarra cartón
    papel con gritos atados
    trasiego de la bolsa negra

    que no le preguntamos el nombre
    no le miramos el rostro

    se escucha ese sonido ácido con rulemanes de vieja chata
    que recorre la ciudad y
    al que no le llegará una carta



    Viento Esquina   Montevideo

                   A Pepe                                         

    A tu manera,
    hoy en este viento
    hondura que no me cabe en los brazos
    duele y
    atraviesa   por un día más

    anunciado   en
    las hojas   aún verdes del nogal
    vacías
    muy temprano cayendo
    silenciadas
    sólo crujiendo bajo las patas de Lupe
    el mar elegido
    diciembre 1952
    viento Esquina Montevideo
    camino a casa
    tus   pasos   a negro tabaco
    desde la cuna ese
    viento   a madera en tus manos




    Pasajeros

    Los ruidos   se agolpan   en esta madrugada
    el motor de una moto perfora el sueño
    lo pincha
    filoso lo deja en el aire
    y el tren atraviesa el Paso Molino
    de sirenas   encendidas
    de la moto
    ladridos de perros
    el golpe de un portón cercano
    del correr de estas horas baldías
    de pasajeros   nocturnos

    todo se aleja
    y continúan
    sombrío el viaducto
    las ramas de los plátanos
    la carreta   noctámbula




    Pétalos plomo y   almíbar

    El resplandor   sobre su pelo teñido
    hoguera los labios que las bocinas   encienden
    en la cartera fría que balancea su hombro
    horas agrietadas sobre los tacos altos

    de su espera en pie
    la mirada erguida
    incansables escoltas
    anónimos

    mientras su   cuerpo hidalgo se pasea
    astro una y otra vez
    en esa
    su esquina nocturna
    piropo
    bajo los plátanos guardianes

    y rota el neón
    secreto de la calle empinada
    territorio de la noche
    gira guía del encuentro
    gira rojo almíbar
    que el amanecer enmudece




    Peatón ocasional

    no le dice nada

    esta baldosa floja
    las paredes sin ataduras
    almacén de barrio
    la polvareda sin voz
    los platos sobre la mesa cercana
    un té   teñido poco a poco
    el hilo de agua en la pileta
    las luces   que se van cerrando

    extranjero   atraviesa   el seno de la calle   ensanchada
    y no mira hacia atrás





    Poemas del libro “Mariposa encadenada”, Vintén editores / minilibros, 2007. 



    I – Un Ensayo De Palabras

    A esta boca día a día la miro crecer
    y aparenta que el silencio hipócrita se rinde crece
    junto a las palabras no dichas,
    como los pensamientos tienta abrirse y acercarse un
    sol la ayuda a moverse en su rincón quieto
    y se entreabre como una verdadera boca
    como ese sonido que aún no encuentro.

    A menudo no hablo
    y un solo reloj palpita en las dos raíces en la
    boca y en mí,
    pero aún la guerra estalla en silencio y nada escucho.

    Se cierra toda y no amanece
    descuelgo mi máscara
    y gana la memoria.





    II – En Mis Huecos

    La ausencia se atreve y
    encarniza con fuerza de comienzos
    se instala en mis huecos inocentes         ronda
    /         provoca
    ajena al castigo permanece

    no sé dónde vaciarla
    por dentro se adueña, anuda mi garganta
    se hospeda entre mis pechos
    y se extiende en el viaje de mi entraña

    y encuentro el pozo que acongoja,
    froto con mis yemas inexpertas
    ese aire que se escapa
    y no respira y no me alcanza.




    III – Mes A Mes

    El rojo que delata insiste en mi cuerpo y
    puntual tiñe la ofrenda, brilla descubierta,
    trepas al altar de los muros escondidos
    y resurjo en tus manos dueñas,
    mi eslabón en vos y tu cabeza en mi vientre
    construyéndome.




    IV – Desde Enero

    La espera estalla en el encierro de mi cuerpo colgada
    desde el borde recorre resiste al pozo      .
    /inundado

    y giro la cuchara, esa espada sobre la bolsa de té, y en ese
    espejo turbio me miro
    te busco también

    es la prisión de un día otro.




    V- Furia

    se juntan los restos de una
    estación más

    el viento torea mi puerta
    buscando latidos que aún lo dejen fértil,
    recorre la calle en que vivo
    tirano provoca las ramas peladas
    y estos últimos días de agosto da lujo a su apetito

    el pino aún no se ha quebrado
    resiste      crece      me sostiene
    es que yo tampoco sé dónde estás




    VI

    Tendida, reunión de mis vértices huellas
    huecos extremos,
    y alinear estos puntos cardinales
    donde la piel escucha no traiciona
    donde menos descansa la ausencia,
    y saber que aún espero.




    VII – Ayer

    Cerré la puerta y
    hablaron los vasos sedientos amontonando
    / esos labios de ayer,
    en busca de un aliado para no callar
    el último rayo de música creció eco en el aire,
    la entretela de humo delatada por la triangular luz/
    cayendo desde la lámpara,
    faro resistiéndose a la espesura de la nube,
    y desbordando la boca de los ceniceros las colillas / con
    besos anónimos

    atrás de esta neblina
    dos retratos fieles se adueñan del diario espacio
    / de mis ojos,
    y junto a los almohadones ahuecados del murmullo / de
    los cuerpos
    el consuelo de las copas saciadas de sed

    la alfombra, esta piel que me es conocida
    sosteniendo el invisible deseo de correr,
    junto con los vasos libros apilados latas de cerveza la
    gota de agua desbordando las copas y
    suena un hueco final sobre metal pegado
    / a servilletas usadas
    los platos vados regalos desnudos
    el humo que aún me envuelve,
    las horas de ayer.






    -


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