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    JUAN CARLOS VILLAVICENCIO 

    Juan Carlos Villavicencio (Puerto Montt, 1976). Licenciado en Lengua y Literatura Hispánica y Magíster(c) en Literatura General, en la Universidad de Chile. Poeta, traductor, exprofesor y editor de Descontexto Editores, y de los blogs Descontexto y Teillier Aleph. 

    Figura en antologías y revistas en Chile, España, Italia, EE.UU., México, Perú, Argentina y Grecia. Editor de la antología crítica Nostalgia de la Tierra (Ediciones Cátedra, Madrid 2013) y de la antología Libro de homenajes (2015), ambas del poeta Jorge Teillier. 

    Editor, junto a Carlos Almonte, de El viajero de las lluvias (2015), antología de Rolando Cárdenas, y de Una casa junto al río (2016), antología de Clemente Riedemann. Traductor de la antología Grodek (2014), de Georg Trakl, de The waste land, de T. S. Eliot (junto a Braulio Fernández Biggs), de El guardador de rebaños, de Fernando Pessoa/Alberto Caeiro, de La arquitectura de la luz, poemario de Antoni Clapés, y de Llegará una suave lluvia, antología de Sara Teasdale. Ha publicado el libro de poesía The Hours (2012) y Breaking Glass (2013), poemario dual escrito con Carlos Almonte. 

    Descontexto: Arte/política/cultura (1.098.000 visitas)


    y Teillier Aleph (129 mil visitas).    http://teillier.blogspot.com.es/


    LA CRUZ DE ANÍBAL

    Delenda est Carthago
    CATÓN EL VIEJO

    Fríos atardeceres de tantas horas de batalla,
    a través de rocas i vientos,
    distancias inocentes para la sangre que luego
                           ofrecería a una sacerdotisa astral.
    Griega o fenicia de azul i delgada silueta
                           le muestra las cartas de luna, sacrificio
                           i extraño retorno a la angustia de elefantes
                                           sobre el hielo: militares calaveras.
    Ya sabe del azar i sus pesares,
    mas no olvida tal camino, ni las muertes, ni la propia.
    Sus manos se derriten ante los ojos de féminos fuegos
                           i se entrega –nuevamente— a ella,
    esperando nacer a la condena de otro juramento.

    * Catón el Viejo terminaba todos sus discursos con esta frase, que significa «Cartago debe ser destruida». En realidad, la raíz de la palabra delenda significa «borrar», como en el inglés delete, o las palabras españolas indeleble y deletéreo.



    DESNUDAS HUELLAS POR EL MUSGO

    (Canto muerto a mi hermana Coté i a su risa ausente)

    El eco de sus horas se adivina.
    Reitera el viento su sonrisa de vidente amante
                                  i la nostalgia del destino en contra de su piel,
                                                           i las raíces.
    Hay duendes perdidos ahora sin sus manos en el fuego.
    Hay ausencia de sus trazos i hay reflejo entre la tierra
    que no es más i no entendió.
    He ahí ella en el jardín gritando su sonrisa
                    i la traición insoportable a las esferas.
    Pero hay dioses i hay amigos guardando
                                                 tus huellas por el aire.
    Hay sátiros i ninfas sonriendo a la espera de tu voz
                    asomada en la luz del sol o de tus noches,
    insistiendo en verte repetida en las hojas de todos
                    los manzanos i en tus ojos ahora fríos,
    que empiezan a entibiar.



    PTERSEUS

    Ha venido a romper la huella de sus tiempos
                                                 sobre el trono,
    oscuro grito del hastío i el tatuaje de la luna
                    grabado en sus perdidas miradas,
    ajenos por olvido, o apenas siendo objetos.
    Ha crecido rojo como el sol de oriente
                   i su furia para quitarles ya la lluvia
                                   i entregarles el desierto.
    Sí, han caído color sangre tres cabezas de mujeres
                                         i serpientes:
    ahora de cenizas otras alas i otras herraduras de plata
                    reflejando el incendio de los templos
                    i de todos sus misterios el derrumbe,
    o silente un nuevo abismo sin piedad.



    OTRO FARO PARA UN CIEGO

    Acaso daba la ventana hacia el Sur,
    cuando el reloj cayó gris sobre el hielo
    i un abismo se presentaba inundando
    mi retorno a un vacío sin fronteras.


    SIN REFLEJOS UNA DUDA

    Nada indigno puede caber jamás en el santuario de su cuerpo.
    Si la maldad habitara esa hermosa mansión,
    también la bondad querría morar en ella.
    WILLIAM SHAKESPEARE

    Un nuevo esbozo de pintura trazado en un océano,
    lo hace retornar al recuerdo de esa isla perdida donde está.
    Ahí debe dormir, mientras él,
    cubriéndola de otoños,
    intenta descifrar los tatuajes viajando hacia sus ojos,
    bajando,
    más atrás.
    Una caricia resbala como una cascada de pinturas
                    por su sangre,
    o una caja liberando esa música que la devolvería
                 a reconocerse frente al templo que es su luz,
                           ahora oculta.
    Pero él no sabe entre muros i palabras
                   cuáles son sus huellas por el prado,
    antes que amanezca,
    ni cómo abraza o si lo mira ciego lanzando dados más allá.
    Sólo va dejando líneas rojas sobre el bosque de sus vuelos,
    iterando el suave baile de esa figura abriendo puertas
                   i entreveros del ayer. Escondida,
    ella roza en otro mundo cada escena que él le entrega,
    inventando o recreando, otra vez,
    en el agua la silueta vista reflejando su verdad i no mentiras.
    Cuál es cuál.



    EL DOMINIO DE LA BESTIA

    Mais les pauvres bêtes qui veulent prouver leur amour
    ne savent que se coucher par terre et mourir.
    JEAN COCTEAU

    El pozo recibe sus caras i la sangre muerta.
    Invisible en el respiro,
    la bestia camina ordenando un dominio perdido
                   mientras guía los metales por el bosque.
    Aparta el fuego de la luna resguardando aquel silencio:
    un dios en las tinieblas refiere otra historia
                                                sin asco ni perdón.

                                           Composición de Philip Glass



    SIC ITUR AD ASTRA

    Hay la huella de la lluvia i de una piedra retornando al río,
    desafío al sol i a aquellos que olvidaron el musgo i el perdón.
    Nostalgia de un futuro lejos para navegar a través
                    de nuevas aguas
    –la oscuridad de lo ignorado más allá-
    olvidando la avaricia o la impiedad del tiempo ajeno,
    aquel rencor,
    donde no volverá a ver otro atardecer en ese mundo.

    Las ruinas de un faro ahora bajo el mar,
    la lágrima que no cede en el adiós.

     2010



    DESTINO MÍTICO DE CLUB DE DEPORTES 
    PUERTO MONTT

    a Luis Villavicencio,
    padre i fundador


    Afuera el hombre entre el humo del café i los periódicos
    regalaba su primera piedra al sueño i al futuro de botines
    i los arcos enfrentados.
    Abrazando el abismo de un Sur donde ya no quedan faros,
    frente a una isla la esfera suda esquivando las lluvias,
    nadando el viento, abrazada al aire
    que se impone desde el mar,
    como frente a una fotografía de un paraíso de pescadores,
    el desafío en el herido césped i aquel grito en la batalla,
    los sufridos últimos instantes de un delfín que ya agoniza
    –ni el reiterado dolor de la derrota,
    ni la muerte silbando mandamientos–,
    porque ahora en las venas frente al mar,
    otro partido,
    otra partida,
    un nuevo ajedrez de hombres sin reinas ni rey –sólo un dios–
    ante el umbral de una red sin peces
    que duele como muesca en la piel de todo ojo
    incapaz de perder la sombra rodando del fuego,
    derrumbando la única torre que se impone,
    i el sueño al final en el retorno a la guarida del frío
    de otra luna por fin ahora en paz.

     en Un balón envenenado. Poesía y fútbol, Visor, Madrid, 2012



    VALPARAÍSO

    De tu carne siempre abierta al cosmos,
    de tu océano sangre como calles, corazones
                          como alturas que no cesan,
    el grito i maravilla contra el esqueleto tumbado de cenizas
                                   o el viento enfrentando el filo
    donde las horas se trizan ante la insistente afrenta
                   a la lógica o la gloria entre las ruinas,
    Valparaíso,
    eco de todo infierno i gemido en la tierra
                                                  contra el mar,
    contra cada augurio la insistencia mayor de un puerto
                         siempre herido i crudo i áspero
    que no deja silueta alguna en las olas o las velas
                                  de todo siglo nuestro en su tristeza
    i todo ejemplo donde el fin del hombre
                   puede más que el hombre,
    cuando todo gesto refracta la huella contra otro mundo,
                                                 no olvida
    la verdad i crudeza de un respiro persistiendo
                   bajo toda estrella nueva,
    o acaso muerta junto al mar.



    Anhelos

    Son los deseos de quien no teme repetirse.
    Jorge Teillier


    Un libro de dibujos expresionistas, un pasaje liberado a Nueva York,
                un vaso antiguo, las llaves de una casa junto al mar, 
                                                    una chimenea en invierno,
    un calendario en que los días no pasen, una jarra de single malt, 
                            una fábrica de Legos, el hogar de mis padres,
    otro mapa del universo, volver a abrazar a mi gato Tango, 
                una maleta vieja,
    la risa de Porto, un traje a la medida, un encendor,
                                                    una bicicleta,
    un asiento en el estadio de Chinquihue, 
                una pelota, un poema que ya voy a terminar, 
    un teléfono al pasado, ese disco de Stravinski, Miles Davis, 
                                                                 o Piazzolla,
    un puñado de cartas más felices, el loco del Tarot, 
    un caballo oscuro,
    un lápiz forjado en el Sur, 
    el liquen de un manzano bajo el viento i esa lluvia.

    31 de mayo, 2015




    Infierno

    no men, if men are gods
    e. e. cummings

    No habrá hombres ni dioses en aquel oscuro espacio.
    Acaso sólo la sombra de la idea que pudo ser
    (la más obvia caída de aquel condenado por su sangre;
    la huella de sí mismo en el círculo de fuego i sus cenizas)

    un dios, si los demonios dicen la verdad; un espejo

    al incendiarse ante el eco del destino dibujado 
    por su propia mano en un palimpsesto herido
    sin principio más allá.
    Todos los mundos repitiendo
                el trazo en las estrellas al confabular
                                        la ira constatada,
    su cobardía, traición, sueño o idiotez:

    tal fue i será i es su estirpe,

    aquella que defiende el horror i guarda en el pecho
    la arquitectura de una condena ausente de luz
    i de latidos de todo cosmos en sus manos
    como selva oscura en la que se pierde la esperanza.




    11
    Septiembre
    1973


    Porque regala su vida 
    ellos le quieren dar muerte.
    Víctor Jara

    Era el hombre.

    Los pájaros de fuego abrieron heridas en la tierra.

    La traición al espíritu de un sueño justo.
    El círculo de sangre que no cesa.

    –La arena torturada,
                el aire atravesado por un ataúd
                o una daga hasta el fondo de todo mar.
    La ciudad cruzada por un río
    que no invirtió su curso, todavía–

    Tantas cruces en la memoria esta oscura noche reiterada. 

    La estrella que continúa siendo nuestra.



                                         11 de septiembre, 2016






    BREAKING GLASS – JUAN CARLOS VILLAVICENCIO
    Ediciones GrilloM, Santiago de Chile, 2013

    At Dusk¹
    Al atardecer

    Casi no advierte el sendero, pero sigue caminando. Se interna entre bosques carentes de luna i estrellas con la secreta idea que la hace respirar. El sonido que deja caer la noche es bajo i leve, pero no hay miedo que la evada del destino deparado. Caos, se dijo entre dientes al sentir que debía detenerse. Acaso nadie podría ver sus ojos bajo el largo pelo oscuro. Respira mirando ciega el cielo, recuerda el pasado i las pieles que frente al fuego se humedecen. De su mano caen ahora una esfera i una flor muerta. Caos o mentira de los siglos, mientras aparta los ocultos cuerpos que ha ido dejando la naturaleza i su devenir ajeno: nunca más. Traza lo que cree un círculo: se desnuda. Una vasija ahora va dejando rozar el agua helada por su cuerpo. Un espejo se quiebra en las cenizas que el viento persiste en ocultar: un respiro sin huella, ahora el fin.

    ¹ Composición de John Surman



    Un ojo para una teoría óptica
    Basado en An Eye for Optical Theory, composición de Michael Nyman


    El lente ha retornado a su posición original. Sigue la huella de sí mismo en un espejo que no es capaz de dar cuenta de los trazos de la figura poseída. No hay pasillo ni ventanas. No hay cuarto i no hay nada, pero se desplaza. Tampoco hay colores o matices, por lo que se podría aseverar que el ojo es inservible en tal estadio. No era ese el camino. No se entiende, aunque se ha decidido proseguir con el estudio. El caso es que el ojo puede ver lo que no ve, aun cuando rompa algunas reglas. El intento ahora es distinto. No hay nada que deje huella, pero observa el comienzo de los trazos. Nada inteligible en un primer momento, aun cuando el tiempo no importe: se sitúa. Luego lo que se aprecia como torpeza adquiere forma más que fondo. Sucede que la teoría obliga a que ese sea el modo de actuar. El asunto del contenido es algo que compete al entrevero del viento, el capricho i los focos con los que la obra será montada. Azar o destino para los seres es algo que no compete al orden o fórmula incipiente, en el intento por lograr captar la idea de lo que el ojo ha podido apreciar tornando la atención hacia su interior. Pero otras son las observaciones que importan al que lo carga i el descuido es evidente.



    The Hours, Juan Carlos Villavicencio. Grillom, Santiago. 2012. 35 págs.

    Por Roberto Onell
    Revista de Libros de El Mercurio, Domingo 29 de junio de 2014


    Entre manos tenemos el poemario en prosa The Hours, firmado por Juan Carlos Villavicencio (Puerto Montt, 1976), ilustrado por María José Pozo. Se nos advierte, además, que los poemas fueron inspirados por la música The Hours, de Phillip Glass, de la cual se trascriben algunas partituras (CD incluido en algunos ejemplares).

    Las catorce y breves piezas prosísticas que componen The Hours, intituladas en inglés, son los retazos de una historia que llega a insinuarse, pero no a completarse en su registro. Así la apertura: "Sólo queda sentarse a escribir el recuerdo oscuro que se cierne sobre el tiempo, ahora que ha llegado la última de ellas a tocar la puerta. Nadie puede situarse a un costado a escuchar, porque nadie entiende las palabras" ("The Poet Acts"). Más angustiado que desesperado, el hablante persevera en la urgencia de anotar lo recién vivido, en el dolor de hablar de esa ella ida, en la compañía eventual de un tú -yo desdoblado, lector- con dolorida perspicacia: "Ninguna vez el sol dejó correr el velo para que la sangre se encontrara con la piel. El silencio fue la herida, no el escape" ("For Your Own Benefit"). La escena del discurrir parece ser, entonces, la del hablante insomne, nocturno, lapidario en su desengaño, pero nunca entregado a la rabia, sino a la modulación de lo aún inminente: aquello nunca ido del todo, que amenaza con regresar. La brevedad del libro intensifica la experiencia. En contratapa, Diego Maquieira lo describe como "registro de los restos magistrales/ de un poema desaparecido en acción". En efecto, letras y partituras, el poemario es el resto tras el retiro de la marea musical y, por ello, lo que aguarda su nueva plenitud sonora. Testimonio y anuncio, como liturgia de las horas, The Hours es poesía, a secas, de eso otro enigmático y perceptible en las evidencias de cada instante.


    The Poets Acts

    Solo queda sentarse a describir el recuerdo oscuro que se cierne sobre el tiempo, ahora que ha llegado la última de ellas a tocar la puerta. Nadie puede situarse a un costado a escuchar, porque nadie entiende las palabras: todo decanta por un malentendido que se ha repetido secretamente ante la luna. Por eso los ojos son los que caminan bajo la lluvia las calles desiertas, i la dispareja mirada la otorgan el silencio i el dolor. Ahora, entre las ruinas, es la tinta la única que resiste la embestida de la ausencia: el desnudo grito que avanza manchando de invierno nuevas hojas.







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  • 12/07/16--08:43: ANDRÉS CHABRILLÓN [19.706]

  • Andrés Chabrillón

    Andrés Chabrillón (Paraná, Entre Ríos, 20 de septiembre de 1887 - 1968 Buenos Aires, Argentina) fue un poeta, escritor, abogado, juez, conferencista y profesor de literatura argentino.

    Viajó por Europa y América. En 1911 publicó su primer libro de poemas, titulado A la luz de una sombra, de singular trascendencia por su contenido poético y su originalidad. Su sentido creador, sin desmedro de los valores estéticos, suscitó la adhesión calurosa de poetas y escritores jóvenes, especialmente en Chile y Centroamérica.

    Es considerado uno de los adelantados del Creacionismo que se encendió en Huidobro y Reverdy. Manejó lo histórico, lo concreto, lo pintoresco, lo objetivo, lo artificial, y a veces asimiló algunos elementos del simbolismo, del Parnaso y del decadentismo (componentes básicos de su fórmula revolucionaria). Como lo haría Mastronardi en el movimiento siguiente, Chabrillón pondría una punta de lanza bien entrerriana entre la "Kermesse" modernista porteña.

    Perteneció al grupo de bohemios que solían reunirse en el histórico Café de los Inmortales de Buenos Aires.

    Evaristo Carriego, Ghiraldo, Álvaro Melián Lafinur, Enrique Banchs, Juan Pedro Calou, Roberto F. Giusti, Alfredo Bianchi, Juan Pablo Echagüe, Hugo de Achával, Natalio Botana, Alberto Gerchunoff, Charles de Soussens, Roberto Payró, Luis Doello Jurado, Edmundo Montagne, Bernardo González Arrili, Domingo Robatto, Héctor Pedro Blomberg, Federico Carlando, Juan Francisco Palerino, Fernán Félix de Amador y Emilio Lascano Tegui, eran algunos de los poetas y escritores que solían tratar con Chabrillón.

    Fue Medalla de Oro en el Colegio Nacional de Paraná en 1906.

    Se graduó de Abogado en 1913 en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. Fue abogado y magistrado. Ejerció su profesión de abogado y juez en las provincias de Entre Ríos y Misiones. Ha sido defensor de Pobres y Menores en Victoria (Entre Ríos) entre 1917 y 1918; Juez de Primera Instancia en lo Civil y Comercial en Concordia (1918-1919); abogado del Banco de la Nación Argentina en Posadas (1915-1917) y de la sucursal Concordia (1922-1947); abogado del Ferrocarril Nordeste Argentino (también en Posadas, Misiones, entre 1915 y 1917); asesor letrado de los Ferrocarriles de Entre Ríos y Nordeste Argentino en Concordia (1919-1948); y abogado y apoderado de The Jewish Colonization Association (Concordia), hasta la misma fecha.

    Catedrático de Literatura Española, Americana y Argentina en el Colegio Nacional y en la Escuela Nacional de Comercio de Concordia, Entre Ríos. También fue Profesor de Instrucción Cívica en los mismos colegios, entre los años 1937 y 1956.

    Se destacó como Presidente del Rotary Club de Concordia, Entre Ríos.

    Fue el primer Presidente de la Comisión Municipal de Cultura de Concordia, primera ciudad de la provincia que contó con una Comisión Municipal de Cultura en 1941. Su objetivo era “El fomento de la cultura intelectual y artística de la ciudad”. Chabrillón decía, además: “instruir es enriquecer la inteligencia”. Fue también Presidente de la Biblioteca Popular Olegario V. Andrade, en la misma ciudad.

    En 1918 se radicó en Concordia, Entre Ríos, donde vivió hasta 1962, año en que se mudó a Buenos Aires, donde transcurrió los últimos años de su vida hasta su muerte acaecida en 1968.

    Su estilo poético[editar]
    La poesía de Andrés Chabrillón se da con una suma de elementos idiomáticos y poéticos todos de buena ley. Dentro del panorama de su entorno fue nuevo por los motivos de su canto y por la forma de expresión. Canta impulsado por el imperativo de su naturaleza lírica.

    El poeta crea fuera del mundo que existe el que debiera existir. Esa formulación imposible de Vicente Huidobro, poeta chileno que influye sobre su poesía, también campea en muchos de los versos de Chabrillón, cuyo vanguardismo consistió, además, en reaccionar contra la métrica modernista y reinventar la metáfora, que en su caso, tiene ascendencia francesa.

    Libros publicados[editar]
    A la luz de una sombra, Herculano, 1911.
    Oro pálido, Edit. Virtus, Buenos Aires, Argentina, 1919.
    Desnudez, Manuel Gleizer Editor, Argentina, 1931.
    Si pensara la rosa, Editorial Nueva Impresora, Argentina, 1954.
    La cigarra, Editorial Nueva Impresora, Argentina, 1955.
    Tres lágrimas de topacio,[Tall gráf. Dulau], Argentina, 1963.
    Al poeta Julio Garet Mas,[s.n.], Argentina, 1964.
    Por mitades con la muerte, Editorial de Entre Ríos, Subsecretaría de Cultura, Entre Ríos, Argentina, 1995.


    De Oro pálido (1923)

    Lado a Lado (1914-1916)

    Tarde de seda

    I

    La tarde suave
    Como una pluma…
    ¡La tarde no habla
    Pero perfuma!
    La tarde calla
    Su despedida,
    Pero en silencio
    Mece la vida.

    Con su dulzura
    De fin del día,
    Es la serena
    Sabiduría.
    Con su tocado:
    Oro, azul, lila,
    Es la belleza
    Rara y tranquila.


    II

    Junto a tí paso
    De amor la vida
    Como una tarde
    Lenta y dormida.
    Mi amor callado
    Su flor consume…
    Te dice todo
    Con el perfume.
    Finge mi raro
    Verso de amor
    Su panorama
    Multicolor…


    III

    Deja que te ame
    Con alma queda,
    Como una fina
    Tarde de seda.
    Deja que pase
    Calladamente,
    Como un silencio
    Sobre tu frente.
    Déjate ir,
    Como dormida,
    Sobre mi sueño….
    Sobre mi vida….
    Bajo la tarde
    Que fluye al mar
    De oro y violeta
    Crepuscular…





    La mirada dormida

    Miras la mirada larga
    Como perdida y sin objeto
    Como esparciéndose en un más allá,
    Bajo un tul fino de tristeza
    Y en un silencio pensativo,
    ¡ Tan finamente pensativo y triste
    Como tu propio afán !
    Ves la vida recóndita
    Que se mece en la calma de mis ojos,
    Que se vela en un fino tul de lágrimas,
    De ensueño y de serenidad…
    Preguntas con silencio elocuente
    Adónde va el ensueño
    De mis pobres pupilas estancadas
    Y en éxtasis,
    ¡ Adónde va la interrogante larga
    De la meditación y de pesar !

    Mis ojos miran hacia adentro,
    Bajan al fondo de la vida interior.
    Imperturbablemente
    Están como estancadas linfas claras
    Velando la meditación.
    Indiferentemente
    Recogen esta luz de los crepúsculos
    Profanos,
    La claridad tornasolante
    De la vida exterior…
    Con el suave silencio
    Con que difunde su alma la flor,
    Para no perturbar la obra profunda
    Se han dormido los ojos
    Y hacia adentro ha bajado la atención….
    ¡ Para hallar perlas puras,
    En el amargo piélago
    De la vida mecida y combatida,
    Serenidad es lo mejor:
    Una serenidad de vida oceánica
    Transparenta el enigma,
    Llora su perla bondadosa
    Y endulza el húmedo corazón !

    Miro hacia el fondo
    De mi pálido ayer.
    Bajo por la raíz larga del tiempo
    Y de la vida,
    Por el camino pálido
    De mi desordenada adolescencia,
    Y miro el fruto de mis años
    Equitativo y fiel…
    Lloro con este fino tul de lágrimas
    Y de silencio ;
    Lloro con mi virtud perseverante
    La fuerza de ilusión dilapidada,
    ¡ El tornadizo y oscilante
    Venir, pensar y florecer !
    Contemplo el daño irreparable
    De las horas perdidas
    Que se van sin dejar huella en el alma,
    Ni de mal ni de bien…
    Veo venir la Muerte,
    La Ineluctable, cada vez más próxima,
    Como una fría insinuación de invierno :
    ¡Y redondeo en síntesis mi vida,
    La imagino, la evoco,
    Para crear esperanza.
    De que es posible el porvenir soñado,
    Y alimentar la vocación enérgica
    De la virtud y el laurel !

    En el suave silencio,
    Tras los ojos profundos,
    Trabaja un vasto sueño de justicia,
    De belleza y verdad….
    El alma se contempla en el camino
    Del tiempo ;
    El alma se escudriña en el presente
    A sí propia
    Con despiadada serenidad.
    Trabaja el noble espíritu
    Con vibrante conciencia
    Por definir su bien y mal.
    Nada circunstancial turba el juicioso
    Repliegue de la vida entre sí propia:
    Bajo la sombra de los ojos pálidos
    Arde como una estrella
    El alma de los versos,
    La belleza inmortal.
    Bajo el quieto silencio de los ojos,
    Una aptitud serena de justicia
    Pesa el tiempo y la obra,
    Clasifica los sueños,
    Elige el ramo de las flores puras,
    Alza una voz de posteridad.
    Bajo la vaguedad de las pupilas
    (Que semejan remansos de la muerte)
    Hay un hondo optimismo,
    Un amor a la vida, inmarcesible;
    La seda pálida,
    La sombra lírica,
    La triste lágrima,
    Son como los suspiros de la fuerza,
    Caracterizan mi virilidad…



    Mariposa

    Con dos alas inmóviles abiertas
    Son los ojos ;
    Dos alas de silencio
    Sobre una flore de meditación…
    Perfuma el suave pensamiento
    Bajo la inmóvil mariposa
    De los ojos abiertos y dormidos….
    ¡Bajo las alas de silencio
    Palpita el alma en flor!
    Bajo el silencio pensativo
    De la celeste mariposa pálida
    Inciensa su perfume más recóndito
    La primavera de tu amor ;
    ¡Canta con su cuidado más secreto
    Tu bondadoso corazón !
    Y la mirada larga
    Que penetra las horas y los días,
    Te busca por la vida del recuerdo
    Para verte mejor ;
    Te sueña en el futuro de los sueños
    Siempre inmutable: lado a lado
    De mi destino y mi pasión.

    Deja dormir los ojos
    Y la mirada suspendida
    Como en un vago más allá,
    Bajo un tul fino de tristeza
    Y en un silencio pensativo,
    ¡Tan finamente pensativo y triste
    Como tu propio afán ¡
    Deja flotar la vida
    Que se mece en la calma de mis ojos,
    Que se vela en un fino tul de lágrimas,
    De ensueño y de serenidad…
    Contempla con silencio elocuente
    Adónde va el ensueño
    De mis pobres pupilas estancadas
    Y en éxtasis,
    Adónde va la interrogante larga
    De la meditación y del pesar….
    Tu alma vive en el fondo de mis ojos ;
    Florece en la hora grave
    Del pensamiento,
    Canta en la sombra suave
    De la pudibunda idealidad,
    ¡ Bajo de la mirada adormecida
    En el ensueño y en el más alá !



    De Desnudez (1931)


    El lirio


    “Y por vestidos ¿por qué os acongojáis?
    Reparad los lirios del campo, cómo crecen;
    no trabaja ni hilan; mas os digo que ni aun
    Salomón con toda su gloria fue vestido así
    como uno de ellos”.
    (El Evangelio, San Mateo, cap. 6º, v. 28 y 29)

    I

    ¡Oh lirio, ni hilas ni trabajas
    Y estás mejor vestido que Salomón!
    Sólo cubierto de tí mismo,
    Como te vió en el campo el Anunciador,
    Yergues tu aromada delicadeza:
    Terciopelo, confianza y amor.

    Eres tan sólo un lirio y te han llamado
    Príncipe, por tu innata distinción;
    Y a pesar de tus blancos silencios
    Hablas con nuestro lirio interior.

    A orillas del camino
    Por donde va el humano dolor,
                ¡Oh lirio! Todo abierto
    Sin otra égida que tu blancor
    Al igual que los niños y las vírgenes;
                Sin otra protección
    Que tu dulzura trémula de lirio,
    Puñadito de blanca sugestión:
                Los nobles sentimientos
    Te han defendido como espadas ; la divina emoción
    Que dan las cosas frágiles y bellas
                Fue tu escudo mejor.
    ¡Fortaleza de gracia tiene el dulce cautivo
                Conquistador!



    II
                ¡Oh campos de mi vida,
    Tierras de la parábola y de la flor !
    Alta es la gloria del alma desnuda,
    Traje de lirio tiene su canción.

    Como en la fresca infancia de pies rosados,
    Como en la adolescencia del señor Amor,
    Hoy se entrega al mundo volcándose fuera
    En versos vestidos de su propio yo.

    Nuestra vida concentra en secreto
    Hondas florescencias que buscan el sol;
    De fuera las llaman, las miman, las urgen,
    Y un día se vuelcan hacia el exterior…
    ¡ El verso es la vida desnuda en belleza
    La flor de la vida interior !


    III

    Yo sé lo que pasa en mi alma
    Cuando está bullente con la inspiración:
    Una fila de trémulos lirios
    Se pone lo mismo, bajo el lindo sol ;
    Doradas abejas entre los naranjos
    Producen el mismo rumor ;
    El alma extasiada se parte en corolas
    Cual si fuera un jardín de emoción….

    Viene así la anhelada, anhelante,
                Divina canción ;
    Lleva traje de seda del alma,
    Desnudez de verdad y de amor ;
    ¡Se viste de su propia, secreta primavera,
    Como el lirio del campo que Jesús ponderó !

    Los poemas tomados de Desnudez pertenecen a su reedición en Si pensaras la rosa… (1954) Editorial Nueva Impresora – Paraná, 1954.
    Los poemas tomados de Oro pálido pertenecen a su reedición en La cigarra (1955) Editorial Nueva Impresora – Paraná, 1955



    CANCIONCILLA DE OTOÑO

    Yo soy como Entre Ríos,
    la del feliz otoño,
    abril de los diamantes,
    mayo de plata y oro,

    Más que la primavera
    es el abril, dichoso,
    serenidad, dulzura,
    frescura y abandono.

    Más que el octubre inquieto
    es nuestro mayo, hermoso;
    cristales y rocíos
    y azul y plata y oro ...

    Viene sabiduría
    junto con el otoño;
    la vida apaciguada
    descubre su tesoro.

    Su miel acendra el alma;
    la soledad, en torno
    del alma, es un fecundo
    silencio luminoso.

    Las rosas son más puras,
    miran mejor los ojos;
    es claro el pensamiento
    y el sentimiento es hondo ...

    Una canción quisiera
    del más fino decoro;
    zarcillos de rocío
    temblando en los pimpollos.

    La simple cancioncilla
    que es fugitivo elogio;

    tejido de armonías
    que se deshace pronto ...
    ¡Para ensalzar la pulcra
    condición del otoño!

    “Por mitades con la muerte. Colecc. Homenajes. Edit. Entre Ríos-1995





    RECORDANDO A ANDRÉS

    Por Matilde de Elía

    Tengo que agradecer, antes que a nadie, a Concordia que hoy recuerda a Chabrillón en su casa entrerriana, en nuestra querida casa.

    Y la memoria es hoy para el poeta que dijo una vez: “El recuerdo es la vida de la muerte”. El que días más estaría cumpliendo ciento once años.

    El ‘gran olvidado’, que así dijera de él en una página del diario La Prensa, de Buenos Aires, el escritor Fernán Félix de Amador.

    Desde sus tierras del Salvador, Juan Felipe Toruño, titular de la cátedra de literatura universal de su país, pregunta “¿Qué se hizo Chabrillón? ¿Murió? ¿Vivía en una ciudad de América, Argentina tal vez?”; el pié de imprenta de su primer libro situaba a Herculano, como origen.

    Y en su libro “Los Desterrados”, pregunta sobre la existencia de este poeta el doctor Mayorga, en Punta Arenas, comentando: “Tipo extraordinario, lástima que no se le haya conocido, cual lo merecía, este hombre dotado de un talento poético superior” (así hablaba Chile). “Quién sabe”, (augura Alejandro Sux) si hoy se encuentra en París, enredado en su bohemia y no ha escrito más”.

    Ivan Goll, desde su libro “Les Cinq Continents” cita textual: “Rubén Darío (Nicaragua); Amado Nervo (México); Santos Chocano (México); Alberto Guillén (Perú); Andrés Chabrillón (Argentina); Vicente Huidobro (Chile)”; y yo me pregunto hoy: “¿Quién mató a Chabrillón? ¿Lo mató la provincia? ¿Lo mató el egoísmo de la gran capital del Sur? ¿Lo matamos nosotros? ¡Yo no!

    En 1930 aparecía “Desnudez”. Tenía a mi cargo, como periodista, la crítica literaria en el Diario de Paraná. Entre lo que iba llegando, recibo un libro de versos, de un entrerriano, para mí desconocido… Andrés Chabrillón. Otros temas me interesaban entonces: Marconi había encendido su chispa desde Italia; Marañón descubría las glándulas y las hormonas; Spencer con su filosofía evolucionista; y Spengler y Ortega y Gasset, germanizando desde su revista de Occidente… Todos acá paraban nuestro deslumbramiento. La revolución comunista nos mantenía con un terror expectante, de futuro incierto. ¿Los poetas? ¿Dónde estaban? Al final, en las últimas páginas de la revista, con letra chiquita, como con miedo de nombrarlos, Ortega hacía el horror de publicar algo de un tal García Lorca, o Guillén, o Gerardo Diego, o Rafael Alberti, o Juan Ramón Giménez, estos que luego fueron la cabeza decapitada de España, rodando por el mundo… Y aquí, entre mis manos, vergonzosamente prosaicas, tenía un libro de versos que por primera vez leía temblando… Entrerriano y como yo, ¡de Paraná! (Bueno, nuestra asociación, creo que también nos ofrece su tribuna por primera vez…)

    Lo cierto es la perennidad de la poesía. Cien años antes, cien después, Andrés está aquí, con nosotros. En una carta hallada hace 20 días, entre las páginas de un libro, por tan leído, ya muy quieto, como reverdeciendo un amor que perdure, encontré una carta desconocida. Puesta sigilosamente para tener presente a su autor; una carta que dice, ¡treinta años después de ausente!, “De la correlación de dos que tratan de ser cada vez más lo uno –acaso nuestra “aporía”, nuestro callejón sin salida- yo no puedo ni imaginar siquiera, que alguna vez, ausente ya, pudiera amortajarme tu olvido. Pero aún en trance horrible, no le reprocharía a la vida si ella colmara un nuevo sueño tuyo; ¡dulce sombra lejana que todavía sigues llenando mis brazos!” (Eso era el poeta Chabrillón). He violado una intimidad por creer que estas palabras son en cierto modo una profesión de fe; fe en perdurar – fe en el alma inmarcesible.

    Ya Leopardi había dicho: “Poveri versi miei gettati al vento”… Y Chabrillón, hasta las once de la mañana del 7 de octubre de 1968 escribía versos… A las diez de esa noche estaba muerto. ¿Y saben qué escribía? Escuchen:


    La vida de la muerte, la del dolor sin nombre Bien y mal confundidos;
    Sócrates, la enseñanza y la cicuta
    Como en un solo filtro.
    Negra altura del Gólgota; Las alas del Maestro Para diseminar un Evangelio
    En la entraña revuelta de los siglos…
    y ella, la Única, la Vida, nuestra Vida
    el panal y el veneno de lo tuyo y lo mío…
    Luz en los ojos, y en la frente, hermanos
    ¡Hagámosla mejor, sentencia el juicio!


    Tuve la dicha, tuve el honor, de que Chabrillón mantuviera conmigo una correspondencia intelectual ¡treinta años! A los diez conocí al poeta admirado. Un patriarca con su fecundo hogar de once hijos (Me quedé con la docena del frutero, decía riendo). Como quería Lenormand, en “El hombre y sus fantasmas”, nos seguía prodigando hijos y versos; como en un corso de flores, caían los jazmines… Más tarde, la soledad, la vida, esa que amábamos tanto, nos juntó. Chabrillón, el juglar, el amigo dominical del rancho del Yuquerí; el cocinero, el inveterado relator de sueños; el curioso de las constelaciones en las noches sin luna; se radicó en Buenos Aires. Entre un nido pequeñísimo y un bosque perfumado del Uruguay, repartíamos nuestra existencia. Aquí se celebraba una de las tantas Ferias del Libro. Allí reencontró sus grandes colegas. Con Enrique Banchs, viejos y alejados amigos, se abrazaron como dos adolescentes, reviviendo en otro planeta… ”¡Oh el Marqués del Lago! ¡Oh el gran duque del silencio y del misterio!” Así los había bautizado Huidobro (el chileno inventor del creacionismo), el mismo que, descubriendo el primer libro de Chabrillón escribiría “La Gruta del Silencio” parafraseando cada uno de los poemas de “La Luz de una Sombra” de Andrés. Estaba el Vizconde de Lazcano Tegui, aquel glosador de “La elegancia mientras se duerme”, compañero de la bohemia francesa, que ni era Vizconde, ni Lazcano, ni Tegui. Y estaba también el Milton argentino, nuestro gran ciego, a quien hasta hoy seguimos enriqueciendo su Paraíso Perdido para ofrecerle un reencontrado Paraíso de gloria. Me acerqué. Puse la mano de Andrés entre las manos de Borges. -“Maestro, está entre sus manos la mano de Andrés Chabrillón”. -“¿Cómo? ¿Vive Chabrillón?” Y hubo algo raro en su voz, en el volver la cabeza a un lado y otro, como buscando ayuda en alguien. ¿En quién? Porque los periodistas ¡oh los periodistas! habían resuelto que era suyo el título de fundador del movimiento postmodernista en América, con su primer libro en 1916, olvidando que ya en 1911, un muchacho argentino, entrerriano para más datos, tenía en su honor ese título, rubricado en una tarjeta que guardo como una joya, nada menos que del padre de ese movimiento, Rubén Darío, que le dice: “Recibí su libro. Gracias. Ya sé a quién dejo mi antorcha encendida”, fechado 1912… Y en una vieja y amarillenta página de Caras y Caretas, Edmundo Montagne, aquí a mi vista, dice: “Cuando el Ateneo Ibero Americano me encargó la organización de las veladas de poesía, leí un preámbulo mencionando al ausente, el del apretado acopio de imágenes nuevas; con brillazones en lo profundo, con frescura panteísta… y no hablé entonces de sus novedades rítmicas, de su doble originalidad de medios expresivos y sincero impulso canoro –muchos lo ignorábamos. Pero había una persona que no lo ignoraba. Esa persona que no se había correspondido por entonces ni siquiera por carta con Chabrillón, radicada en París, había escrito, a quien firma esta nota, enviando saludos al nuevo poeta. Esa persona era Rubén Darío.” Fernando Edmundo Montagne.

    En esa página de Caras y Caretas, se celebran los Juegos Florales que organiza Chabrillón en Posadas (Misiones). Era 1911. El poeta abre el acto con un verso dedicado a la escuela, “sembradora de luz interior”, la escuela de los patios sonoros y de las bibliotecas de quietud”. “La que preservará la ardiente juventud de una lucha brutal por el mendrugo, que es nuestra miseria común; huérfana de ilusión, jardín del alma; desprovista de Ideal, camino azul”. ¿Era ayer? No, era 1911. Que sea cuando la escuela toca su campana, cuando el aula florece su rosal.

    Perdónenme Señores. Yo pediría una cátedra abierta para glosar a este poeta, pensador, filósofo, sociólogo, músico, esteta, helénico gozador de la vida, en el equilibrio y la armonía de una existencia ejemplar. Yo solía pensar, compartiendo sus luminosos días: este hombre es un mutante; nos lo han enviado como paradigma de un futuro promisorio en la tierra. Tendría que gozar de una bula especial que le permitiera seguir entre nosotros siquiera doscientos años. Pero el poeta es como el símbolo que sobrevive cuando el hombre pasa. Nos ha quedado el poeta. No queremos para él la perspectiva del descenso, de llegar a polvo y nada. Estar con él en el instante en que la vida es bien de la esperanza, eso queremos.

    “Caminamos del amor a la muerte, nuestras frentes pesaron y cuando en el recodo, mirando la noche, me doblegue el cansancio, traspasaré las frondas, el dolor y el enigma”.

    “Alguien le ha dejado un ramo de flores sobre la mariposa del libro abierto”; y a la amiga fea que le dedica ese poema, que seguramente fue la que trajo las flores, le dice: Tú callas el delirio de tus noches, en que el deseo abre los brazos como una cruz y miras hondamente por las mañanas, en una materna cavidad de luz. Te daré un beso por todas tus flores, pondremos un silencio entre los dos y verás que en el libro de la vida, es un problema enorme el corazón… Pero ya las flores se han ajado como pañuelos húmedos de llanto.

    Como el genio de la Divina Comedia, son monocordes en su obra el amor y la muerte. Dante dijo “Amore e morte ingeró la sorte”… Y nuestro Andrés dice en unas bellas autobiográficas cuartetas:

    Morir
                    Voy  a morir, decía… voy a morir… Quería
                    morir de cara al viento; lágrimas, viento y sal.   
                    Tendrá que resolverse la extraña vida mía
                    Algo de luz que muere, capítulo final.

                    Voy a morir… la hora postrera del destino
                    Me aguarda en estas rocas batidas por el mar…
                    (Recuerdo solamente que erré todo camino
                    Que tuve solamente la vocación de amar.)

                    Miraba el agua inmensa, la línea azul remota,
                    Morir es separarse, mi pobre corazón.
                    Pasa un sueño de blanco, con alas de gaviota
                    Una ronda de espuma se deshace en canción.

                    (¡Oh amargura del viento, del mar, del alma mía!,
                    Ser o no ser, la vieja fórmula del horror,
                    Yo no puedo ausentarme, morirme todavía…
                                                   ¡Amor! ¡Amor!


    Estos fueron sus versos escritos en carne viva, en Mar del Plata, Enero de 1940.


    Quiero hacer un paréntesis, para traerlos hoy a este círculo de amigos, a Cayetano Córdoba Iturburu, el otro gran amigo que recitaba de memoria los versos de Andrés, y organizó, en la vieja casa de la calle Méjico, en la antigua Sociedad de Escritores, el acto más lindo que le ofreció Buenos Aires a nuestro poeta. Fue un revaival con gente hasta la calle. Polincho Córdoba, había conjurado a la plana mayor de sus colegas de letras, para regalarle un emocionado y emocionante recuerdo que lo hizo muy feliz.

    “Ofrenda
                    Amigos:
                                   En mi tierra, en las noches de tormenta, viene de lejos, como un enjambre de atropelladas maripositas amarillas. Se golpean enloquecidas contra paredes y cristales y caen. Al caer, comienza una danza vertiginosa sobre el eje de su propia cabecita. Giran y giran con ritmo enajenado hasta morir en el suelo y de ellas, diluida, solo queda una pequeña mancha de polvo dorado. Se llaman efímeras. Yo he querido que esta noche, quede de mí, para la memoria de Andrés Chabrillón solo una pequeña mancha de polvo dorado…”

    Y para ti, Andrés, como colofón, tengo un regalo que te hará feliz. Yo sé que será una alegría. Tienes un nieto para quien no has pasado inadvertido. Diego Chabrillón, ha escrito la Carta al abuelo Andrés.

    Palabras sobre el poeta Andrés Chabrillón, escritas por su mujer y esposa, Matilde de Elía, posiblemente datadas a finales del invierno de 1998, recitadas por ella en la Asociación Entrerriana, en Buenos Aires, ese mismo año.





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  • 12/07/16--09:10: JUAN MANUEL ALFARO [19.707]

  • Juan Manuel Alfaro 

    (1955). Poeta y narrador nacido en Nogoyá, provincia de Entre Ríos, Argentina. Profesor de literatura, fue compilador y prologuista de la obra del poeta lírico entrerriano Carlos Alberto Álvarez. Tiene en su haber el Primer Premio "Rosalina Fernández de Peirotén" de la Asociación Santafesina de Escritores (años 1979 y 1981), el Primer Premio "Orlando Travi" de la Fundación Argentina para la Poesía (Bs. As.1985), por su libro libro de cuentos "La dama del unicornio" el Premio "Fray Mocho" (1988) y por su poemario "Plena palabra" también el "Fray Mocho", en poesía (2002), entre otros galardones no menos importantes. Luis Alberto Ruiz dijo: "Con Juan Manuel Alfaro adviene en Entre Ríos un verdadero nuevo modo verbal de expresar el flotante y secreto contenido del mundo y del ser. [...] Su poesía será siempre distinguible por su personalidad metaforizante incomún". Otros libros de poemas: "Cauce", "La luz viva", "El cielo firme", "La piedra azul".

    A cielo y cielo

    Verdeante, invicto y con el pecho en cielo,
    le daba a mi niñez lo que quería:
    pájaro efervescente por el día
    Tuve alas para Dios, pies para el suelo.

    No digo que volé, pero fui vuelo
    y jilguereó mi barro su alegría.
    A cielo y cielo y cielo me perdía,
    y a cielo me encontraba: a cielo y cielo.

    En noches de San Juan fui el encendido,
    y a llama y sombra custodié la suerte
    de tener un hermano en lo querido.

    Y no tengo razón para el desvelo,
    porque a cielo viví y no habrá muerte
    si la muerte no viene a cielo y cielo.

    De "El cielo firme" 




    LA POESÍA DA QUE HABLAR

    a Dolores Etchecopar

    Afortunadamente,
    tras el tope del siglo,
    aún la poesía da que hablar.
    Ha aprendido a no insolarse con las computadoras,
    a procurarse sudarios en las mesas de saldos
    y a pasar por un fax su indemne panadero.

    Ciudadana ya del siglo veintiuno
    monta en pelo este hiato
    y se sacude las póstumas pelambres
    para lucir las futuras inseminaciones azules.

    Llagas más, llagas menos,
    sabe que no es ajena a la multitud
    y hace cola, como cualquier hijo de vecino,
    frente a la ventanilla
    donde el viento
    extiende a cada uno
    su certificado de fantasma.

    Y por más que algunas veces
    descuelgue algún antiguo ángel de perchero
    y escamotee,
    con pudor,
    una bolsita de lavanda,
    no se deja imponer, ya, dietas de crepúsculos
    y anda a la intemperie de la historia
    a calzón y a cielos y a lenguaje quitados.

    La poesía da que hablar
    y allá en lo alto,
    en la colina milenaria,
    aviva un fuego en guardia
    para que el hombre
    pueda sortear los precipicios sucesivos
    y reconocer sus propios pasos
    en los remansos del misterio.



    LOS FUEGOS

    Me gusta hacer los fuegos. He heredado
    del suave padre la costumbre leve
    de dar lo simple, lo que no conmueve
    pero acerca la vida a lo alumbrado.

    Me gusta hacer los fuegos y, a tu lado,
    darle al invierno mis lanuras breves,
    y en esas tardes que hace frío y llueve
    leerte limpios versos de Machado.

    Me gusta hacer los fuegos. Lo apagado
    es cosa de los vientos de allá afuera, 
    no es algo que cayó de mi costado.

    Si me han herido, no me han derribado.
    Yo hago los fuegos, y en la primavera
    luzco árbol nuevo sobre lo quemado.



    Poema compartido antes de que se termine el año; en su último día:
    31 de diciembre

    El año es otra vez motivo de comentarios,
    como lo fue hace justamente un año, pero ahora en otra situación, 
    sin los privilegios de entonces, 
    cuando estaba en la boca de todos 
    y en los abrazos y en los besos
    y las palabras “feliz” y “nuevo” parecían que no iban a separársele nunca,
    porque él, todo él, era una promesa, una esperanza, un júbilo reunido y generoso
    y nadie se hubiera atrevido a pensar que pudiera ser, como los otros, un relámpago inocente;
    ahora le estamos contando los minutos
    y en vez de tenderle una mano para, al menos, acompañarlo hasta cruzar la calle
    le ponemos las quejas, le pasamos la factura
    de las horas, de los días en que no pudo complacernos,
    le cargamos lo turbio y lo perdido
    como si él fuera el culpable de que nuestros propios sueños
    no nos reconocieran al pasar por el mundo
    y aspiramos sus últimos suspiros,
    con un alivio injusto,
    como un perfume triste en la memoria.
    Porque ahora redoblamos la apuesta
    pasándole la carga al que espera para el cambio de guardia,
    al que ahora recibe las albricias, las guirnaldas,
    al que se abre como un cuaderno nuevo en el primer día de clase
    y en el cual no sabemos todavía qué anotar,
    qué listado de exigencias le pondremos,
    por el momento, utilizando todos los lápices de colores,
    por el momento sin sumas y sin restas,
    y que después será motivo de comentarios,
    ya sin sitial de honor,
    con las hojas arrugadas en los bordes
    y tachaduras y borrones,
    porque cada vez que nos empecinamos en fijarnos en lo fugitivo
    se nos da por pasar la vida en limpio
    y solemos ser ingratos con nosotros mismos,
    no darnos cuenta de las incontables (tal vez pequeñas) maravillas
    en las que se ha abierto, tantos días, nuestro corazón.

    Es cierto, terriblemente cierto, que hemos tenido golpes de sombra espesa y duradera, pero también es hermosamente cierto que hemos llevado a la boca la vida como una fruta recién arrancada, en su justo dulzor, en su jugo, en su rocío.

    Por eso, en este instante en que el año se arregla como puede la corbata
    y se para en la vereda
    y quiebra un poco el ala del sombrero para que no le vean los ojos,
    no le sumemos más noche a lo que va en la espalda,
    y cuando los dos se crucen en medio de la calle
    levantemos la copa por los dos.
    La vida es esto y espera que cantemos.
    ¡Que cantemos!




    en El cielo firme (1985) 1ª edición, Fe ediciones. Paraná:1985


    El cielo firme

    Cuando la voz toca la luz
    y encontramos en el polvo
    nuestro propio hueso
    todavía dispuesto
    para las cosas de la tierra.
    Cuando es ave casi
    el reflejo de la palabra
    y estamos resueltos
    a pisar toda la oscuridad
    para llegar al cielo firme.
    Cuando intuimos
    que repetir la lumbre
    no aplacará las sombras
    hechas para preservar el corazón
    en su frescura.
    Cuando abandonamos la cacería de la eternidad
    y somos día,
    hora,
    instante de hombre,
    puede que estemos cercanos a la poesía.
    Puede que alcemos un pájaro hacia Dios
    y tenga respuesta.




    La canción

    "Todo hombre necesita
    una canción intraducible."

    Roberto Juarroz

    Durante años
    he tratado de recobrar
    fragmentos,
    esquirlas,
    de algo que cantaba mi padre.
    Algo usual, mínimo, templado.
    Y aunque, a veces, se anuncia en mí,
    disuelta como un silbo,
    me doy cuenta que esa canción
    ya no está en el mundo.




    Tantas veces el este

    Tantas veces el este,
    la rama, 
    el nombre de las cosas.
    Tantas veces apagado hacia el cielo,
    los brazos hundidos,
    apocada la canción.
    Tanto,
    para sentarme
    al fin,
    aquí,
    a esperar el trabajo

    de tus ojos carpinteros.




    El trino decisivo

    He oído,
    piedras arriba de mí,
    el trino decisivo.
    Como si el hueso
    se cayera en pájaros
    y el árbol se partiera en aires,
    el niño que engalanaba mi corazón
    ha vuelto con su flauta.
    Siento que su voz
    es buena
    para el mundo de los hombres
    y la derramo
    como un agua de alegrías.
    Me voy de libertades por los ojos.
    Subo mi corazón niño por niño
    y recojo, sustancia de dioses, los fuegos,
    ayes del relámpago,
    para entender que armar la estrella
    es mi oficio humano.




    en La piedra azul (1991) Ediciones Comarca. 1ª edición. Paraná:1991

    Linar

    Este linar es un presentimiento,
    no es el linar aquel que florecía
    al simple roce del cielo que traía
    como una fuente fugitiva el viento.

    Este linar es sólo el instrumento
    de un azul más profundo que querría
    llegar a mí, volcarse por el día.
    Lo siento aquí, lo siento azul, lo siento.

    Me llena el alma su paisaje puro,
    y lo poco de mí que andaba oscuro
    se hermana con la luz y se alza en vuelo.

    Voy por el aire en ala florecida
    y encuentro tanto azul dándome vida
    que no sé si es linar o si ya es cielo.




    Paulina

    Paulina no me deja escribir,
    no hay caso.
    Viene con los zapatos grandes del hermano
    y justo cuando palpo una palabra,
    su pelusita azul entre mis dedos,
    zas !
    chisporrotea,
    le da por hacer pis
    y sube la pelela al arco iris,
    o desgrana maíz
    para los gallitos de todas las veletas,
    o corre por la página
    y hace volar las mariposas amarillas
    que me han costado todo el día,
    o me saca el corazón
    y lo hace girar en la punta de sus dedos
    como una pelota de colores.
    Qué Paulina ésta.
    Qué gusto de amor.
    -Dejá esos fósforos.
      No rompás ese libro, que es prestado.
      No te saqués las medias, que hace frío.
    (Quién colgó este pañal en la poesía?)
    Qué oro de volar,
    qué dicha de agua,
    de tarde pueblerina,
    de campos,
    huerta pura,
    manzanas en la cesta,
    sombra de paraísos,
    gorriones,
    corderitos,
    tiene tu nombre de trébol con rocío.
    Paulina de mis ojos.
    Dibujito animado de mi magia más limpia.

    Pero, ven, trepa a mi rodilla,
    no me dejes escribir.
    Galopa duende,
    gnomito,
    hagamos pajaritas de papel
    con los poemas.

    Apilemos los libros
    y subamos sobre ellos a contemplar el sol,
    que un día será tarde para todas estas cosas
    y volarán los pájaros entre tu corazón y el mío.

    Ven, toma mi corazón, esta pelota de colores,
    y vamos a jugar. Este año es un domingo.



    en Cauce (1979) Ediciones Comarca. 1ª edición. Paraná:1979


    resultado

    Yo vengo de una casa que huele a pan silvestre,
    que huele a patio limpio.
    Yo traigo de la estrella, la mirada más cerca
    y una calle terminada en grillos.
    Traigo de la rama, la ubicación del nido
    y soy de todo el campo el espacio del rocío...
    apuntalado al alma, mi mapa de adivino
    por el que anduve mares
    de trompos sin abrigos;
    porque antes de la tierra mi corazón fue niño
    y antes de aprender al agua
    aprendí que el cielo era un ojo distraído,
    que el pan nace en fuego
    pero muere de frío...
    Yo traigo en la botella mi barco
    y en el bolsillo,
    mi risa de payaso llorando su flor de paraíso,
    porque al final de cuentas, hace muchos paisajes,
    yo fui todos los niños.
    Tuve un barco en las afueras del corazón
    y el amor fue vulgar como cualquier cigarrillo
    y un tren abandonado quedó de todo el vino...
    Entonces, yo tenía boleto de ida y vuelta
    en el sol de los pinos.
    Entonces,
    cuando el viento todavía no era olvido.
    Ahora, el pliego azul
    se borró de mi mapa de adivino,
    la luna ya no vale la pena
    en la moneda del mendigo.
    ... El amor era dulce, pero hace muchos niños...
    El viento me dejó a solas con el agua
    y mi risa de payaso
    llora conmigo.


    luz entre las hierbas

    ... y hubo de atardecer, entonces,
    cuando la casa y el sueño tenían
    una cortina serena
    y era una felicidad la humilde cara
    vuelta hacia el poniente.
    El cielo, apenas terco de azul
    y una fe de lino escondiendo
    la angustia encantada.
    En el pecho, nada más que una música,
    o el paisaje de una música que hablaba
    con el consentimiento del agua y de la tierra:
    los dos hermanos de leche de aquellas manos
    que también fueron el absoluto
    de esa edad amable, doblada ahora
    como un rezo por las corolas
    que no exigieron el mundo.
    Porque de ser simples y limpiamente solos,
    mis padres, se quedaron allá,
    en un terraplén en huída,
    donde los tajamanes florecían de ser verdad,
    donde el aire le sacaba la lengua
    a la fidelidad de los cardos,
    donde el misterio era recordado
    de tanto en tanto por un arco iris,
    donde las lluvias
    suplantaban la palabra infinito
    y el silencio era una belleza de siempre...
    Y hubo de atardecer, entonces, allá,
    junto a las parvas
    que custodiaban la promesa,
    en el corazón sin tumulto de los caballos,
    en la duermevela de los ojos de los perros,
    en el molino encallado
    como un niño obediente,
    en la cintura de la Luisa...
    Y hubo de atardecer, entonces, allá
    donde cada sueño
    era un juramento de tristeza agradable.



    allí se hizo el maíz

    Allá se hizo el maíz una mañana,
    todos corrieron a rodear el día
    y los despertó el alma.
    Venían del agua las manos,
    cierto cielo había, de tanta tierra cierta
    y un tajamar de rosas
    tuvo el viento
    sobre la espina de aire
    de las polvaredas.

    Las calles callaban las distancias,
    la sombra era un reloj
    junto a la puerta;
    se me caía de niño la sorpresa
    y andaba balbuceando a nube sola
    el mundo árbol, la mamá hierba...
    Allá se hizo el maíz.
    Por el lomo del pan iban los años
    cortándole camino a la tristeza,
    los ojos miraban el poniente,
    porque allí termina último la tierra.

    ... Nos besaron las hojas hacia abajo
    y el cielo era de azul a manos sueltas,
    cuando una tarde encontramos a la casa
    mirando el sol
    y con la boca abierta.


    explicación de la ausencia
                                                     (a mi madre)

    No creas que me fui de tus manteles,
    yo sólo fui a traer la leña para mayo.
    Anduve repartiéndole arena a las orillas
    de todos los arroyos de mi boca en el árbol.

    No pienses que olvidé tu voz en las cortinas,
    ni tus ojos saliendo a andar en cada pájaro.
    Yo sólo fui a la lluvia con los zapatos viejos
    para ver si algo mío necesitaba el barro.

    Ahora que hay ventanas a lo largo del rostro,
    que ya no está la tarde de paso, entre las manos,
    quisiera que cubrieras de árboles mi frente,
    que dibujara un pueblo, tu beso en mis hermanos.

    Ahora que la calle tiene piel de malvones
    y la pared no exige ya cal a su cansancio,
    quisiera darte el nuevo domingo de mis cosas
    y mi canción que cree en el gorrión y el álamo.

    No tiré por la espalda mi mapa y mis relojes,
    yo sólo fui a traer la leña para mayo.



    Juan Manuel Alfaro: poeta de Paraná

    Publicado por Edgardo Lois 

    Fue una suerte haber entrado en contacto con el periodista Víctor Fleitas de El Diario de Paraná. Fue una nueva suerte que Víctor me avisara de su entrevista al poeta Juan Manuel Alfaro, que estaba a punto de presentar un libro: una memoria del poeta Marcelino Román. Las redes sociales dejaron a Alfaro a mi alcance. La figura de Román me resulta sumamente interesante. Pregunté por el libro, pero también pregunté por la poesía de Alfaro, que me era totalmente desconocida. Estuvo muy atento, y me envió en archivo dos de sus libros: “La piedra azul” (1991) y “Plena palabra” (premio Fray Mocho 2002). En la web encontré “La luz vivida” (1981), y la poeta Tuky Carboni me prestó su ejemplar de “Las borrajas azules” (2014).


    Todo escritor o poeta que practique con sinceridad su oficio, es dueño de un barrio, una esquina, una ciudad, una sintonía, un universo propio. Sobre el papel aparece el alma profunda del hacedor. Juan Manuel Alfaro es uno de ellos, y debo agradecer el contacto con su poesía. Un encuentro feliz con el hombre. Una maravillosa sorpresa, en muchos momentos me ganó el asombro ante sus imágenes, sus memorias, sus patrias internas: la infancia y sus seres queridos, los paisajes y sus colores.



    A poco de andar en su poesía, encontré al Alfaro pensador, el hombre que fija el pensamiento urdido, compuesto luego de haber vivido a conciencia despierta. En el poema “La piedra azul” que da título al libro anota: “debo recordar este día, / la maravilla / visita a los hombres / pocas veces”. En “Otoño”: “Lástima que el amor no junte a todos / los que se fueron, los que vendrán un día”. Verdades fundamentales para no desentenderse de la historia, relatos que hablan de una mirada atenta.


    El poeta trabaja con imágenes notables como en “Hermano mayor”: “Tu mano terminaba en barrilete / (me llevabas un patio de ventaja)”. O en “Angelus”: “(…) La arboleda // se acerca a nuestra casa. Se oyen rezos. / Mi madre enciende el fuego, nos da un beso / y algo asciende hacia Dios en la humareda”.

    Como creador aplicado a su quehacer: el oficio de todos los días, el encuentro con la palabra, con la memoria, y papel y tinta sobre su escritorio, busca, piensa alrededor de su escritura. Creo que Alfaro logra un acercamiento a la esencia de la definición de la poesía en “El trompo”: “El poema / me baila en la palma de la mano / como un trompo, / y, a veces, / como un trompo / se me duerme / girando, / girando / en la línea de la vida, / girando / entre el abismo / y el milagro. / Y al final, / como un trompo, / se entrega / y se muere de manso. // Es mejor el comienzo: / ver el trompo girando. / Vencer la tentación, / vencer / y no atraparlo”.

    Recorriendo “Plena palabra” llegué a la idea de que Alfaro tiene en su poesía el pulso necesario para el relato corto, para la jugada minimalista, en “Naturaleza muerta” encuentro: “En la arena, el pez desborda su derrota, / luce como una veta iluminada, / una tajada de agua rígida, / un borde perdido de la luna”. Y también se permite jugar a la novela, en “La galería” esta historia: “La luz de la casa / vivió en la galería. / Se abrían las puertas / y el íntimo amanecer estaba ahí: / la mesa elemental y el banco largo, / la madre trayendo los tazones / (la leche con estrellas, todavía) / y el pan casero, su prójimo constante; / mientras el padre, sumiso a los antojos de la tierra, / se alzaba entre los surcos, / era el día en los campos. // Después, volvía / nadando en un mar de girasoles. / Se erguía un brazo entre las olas amarillas, / se hundía / y se alzaba el otro brazo. / Atrás iba dejando una estela / de espumas encendidas. / Un campo en fuego lo venía siguiendo / y ungido por las llamas, / votivo, allá en lo alto, / su sombrero traía / un contorno de pájaros. // Y ahí estaba, / como una exclamación de la casa, / la abierta galería: / la mesa elemental y el banco largo, / el coro de la huerta en la sopera, / los ángeles corrientes, tan gorriones; / la claridad con su reguero de naranjas. // Ahí estaba: / congénita, nupcial y consecuente, / suspenso y desenfreno de la casa, / roce siempre de luz, la galería. // Después fueron perdiendo las ventanas / la espuma matinal de sus cortinas; / su hábito de luz, cada falleba, / y fue un misterio el paradero de las lámparas. // Extraño, a veces, la leche con estrellas, / mientras froto un sombrero / que me enciende las manos. // La luz de la casa / vivió en la galería. / Se abrían las puertas / y el íntimo amanecer estaba ahí: / la mesa elemental y el banco largo”.

    Leyendo al poeta queda claro su disfrute ante una infancia luminosa, sus rastros aparecen en distintos lugares, el regreso se sirve de apariencias diversas: su caballito blanco sigue de ronda: “Ojalá yo pueda, / antes de morir, / darte la blancura, / amor, si es así: / caballito blanco, / ¡suerte para mí!”. La imagen del padre en “Girasoles” y sus líneas finales: “Hace mucho, a esta hora, / sobre los hombros de mi padre, / galopaba por campos florecidos”.

    El mundo cotidiano guarda su lugar en la poesía de Alfaro. En “La mesa de trabajo” retrata su máquina del tiempo: “Sopla el viento en los árboles del mundo, / y en mi escritorio / vuela la tierra, la juventud, la vida, el tiempo”.

    En “Orden interno” aparece: “la hora indiferente cuando se han ido todos, / las palabras queridas / que de pronto se quedan / tan solas en el mundo”. En otros poemas también se anota el momento en que se van todos, es quizás ésta su imagen suprema de la soledad, el desamparo, es quizá la imagen o la definición de la muerte, la de los que se fueron antes, y al final de la galería, la propia.

    Juan Manuel Alfaro conduce al “El bosque”: “El bosque era una conspiración, / un disparo al ojo de la siesta. / Debíamos escamotear las siete llaves / de la vigilia maternal, / el faro de su oído en la penumbra / y escalar / sin tocar tierra ni aire / el insomne caracol de sus sospechas”, y da pista de la madre, a quien luego visita en “Parte de difuntos”: “Cada vez que vuelvo / mi madre me pone los muertos al día. // Es como si en algún lugar del viaje / me hubiese dormido / y ella me despertara / para decirme dónde estoy, / aunque la verdad sería reconocer / hasta dónde fuimos juntos. / (Pero es bueno callarse / para andar entre ciruelos florecidos). // (…) // Y aspiro su alma impregnada de vainilla. / Y la casa se puebla de súbitas manzanas / y de invioladas jaleas espontáneas. // Y me da en el cuerpo tanta niñez de golpe, / que tengo miedo de quedarme a oscuras / y me pongo a encender todas las lámparas”.



    En “Las borrajas azules” Alfaro construye su palabra apoyándose en versos libres y en la prosa, junta los oficios diría Juan José Manauta, siempre en la sintonía de su identidad poética. Vuelve la infancia, su universo de provincia: el campito de Marengo, el camino viejo a Paraná, por donde a gusto se movían la Solapa y el Viejo de la bolsa; hay lugar para el descubrimiento de la realidad de la compañerita de escuela: “Y la Rosita fue mortal, igual que todos”. De “Las borrajas azules”, texto que da título al libro: “Esa canción que, tal vez, era la misma que silbaba mi padre –que aún era joven y alcanzaba las naranjas más altas y encendía por su nombre a las estrellas- cuando se quedaba mirando el horizonte que, entonces, era una palabra muy larga y muy lejos, y tal vez por eso no lo pronunciaba nunca y decía ‘el poniente’ o ‘los celajes’, y se llevaba bien con su silencio y con esos ojos con los que mi madre ponía en claro el mundo, para que todo fuera nuevo cada día y hubiera siempre borrajas azules, en el fondo. Y de nochecita, luciérnagas”.

    Como si Alfaro fuera fotógrafo, como si fuera dibujante, pintor de paisajes y personas, luego de leer “Un cantor” en “Las borrajas azules”, volví a releer parte de la imagen: “Y ahí estaba, como si recién hubiese bajado del tren, en una estación equivocada, mirando hacia los cuatro puntos de la desolación, como si se le estuviese deshojando en las manos la misma rosa de los vientos y su propio cuerpo le cerrara todos los pasos posibles para escabullirse en su interior, para ir rodeándose de sí, cerrándose, encerrándose, bichito canasto, prendidito a un árbol, lejos. // Después, durante años, en sucesivas sombras, lo encontré en algún bar de vino arrinconado o en la dificultad penosa de una esquina, y cuando, rara vez, lo volví a ver con la guitarra, parecía cargar un peso muerto, como si alguna vez hubiera comprado sueños a bulto cerrado, y no se hubiese atrevido a abrirlos nunca”.

    Su libro “El canto entero de Marcelino Román” (2014) se gana la lectura. Guarda su lugar en mi escritorio. Alfaro convoca recuerdos de su amigo Román, recorre sus libros, su palabra, sus ideas. Convoca recuerdos y dichos del propio Román, y de otros memoriosos que conocieron su persona y su obra. Un motivo más para agradecer el trabajo, el oficio de palabrero de Alfaro. Es este libro un acto de amor para con la memoria de Román. Un libro necesario cuando la obra de Marcelino solo se conserva, con suerte, en las bibliotecas, y cuando todo lo dicho sobre su persona, también respira en la sombra y el fuera de foco que decretan estos tiempos para con todo aquello que no es cartón pintado. Hay que encender la luz de la memoria todos los días, creo que así lo entiende Alfaro.

    Tuky Carboni destacó el último poema de “Las borrajas”, una imagen de final: “Junto a la casa, / a lo que queda que fue la casa, / ha crecido un timbó / hasta una altura / que hubiera sido la fiesta más alta de la infancia. // Ahora no hay patio, ni aljibe, ni huerta, ni glicinas”. Claro que siempre está la poesía, en este caso, la de Juan Manuel Alfaro.


    “Los teros de la gracia” del poeta Juan Manuel Alfaro

    Publicado por Edgardo Lois 

    En los libros pueden amanecer diferentes magias. Es imposible saber cuántas “sucedieron” desde que abrí “Los teros de la gracia” del poeta Juan Manuel Alfaro (nacido en Nogoyá en 1955, y habitante de Paraná desde 1976). Alfaro tiene la maestría de unir memorias desde la palabra más simple: las une acariciando los recuerdos y los afectos. El poeta traspasó el mayor desafío con que se encuentra todo escritor: transitar la palabra dentro de un registro sencillo, pleno de sustancia, y lejos de cualquier adorno efectista. Al mismo tiempo que funda la notable música, es capaz de fundar, casi diría que como al pasar, y otra vez desde la simpleza, pensamientos, sensaciones (delicadas y filosas) aplicadas a su oficio, a su arte de vida: la escritura. Poema y ensayo en la misma tinta. Sus poemas ofrecen distintas riquezas; hay para todos los gustos: un obsequio para todos aquellos que quieran saber de la memoria, y de la vida toda en esta tierra humana.

    Avisa el poeta en “El zorzal”, el primer poema: 


    “En la poesía, como en el amanecer, hay un punto de inflexión: 
    el momento en que el zorzal comienza a cantar. 

    Como si la música pudiese entrar en el cristal  
    y en ese instante se cuajara,  
    ¡diamante del sonido! (…)”.


    Mi casa está en zona de chacras, y alrededor de ella se convocan, me gusta pensar que para alegrar los días de infancia de mi hija Julia, cantidad de seres, muchos de ellos: maravillas aladas, criaturas en estado de pureza. Entre ellas, marca el paisaje sonoro, aéreo y terreno, las tres dimensiones del alma, la presencia del tero. En “Los teros” Alfaro anota: “(…) 

    Y quién podrá negar, ¡como que hay Dios!, que los teros son de buenos augurios, viéndola ahí tratando de hacer pie en un mundo al que le sale cielo por todos lados…  

    ¡Y qué importa el resto de la historia! 

    Qué mejor que esa imagen de mi madre frotándose las manos como si perfumase música, bajo los altos teros de la gracia”. No sabía que los teros eran de buen augurio, y es algo que no voy a olvidar, una verdad salida de un poema. Una de las primeras magias aparecidas en el libro.

    Otra magia la encontré en “La Solapa”: 

    “(…) Las cortinas levemente anochecen la casa:  
    huele a ‘flit’ la penumbra, y a jazmines. (…)”. 


    El viaje en el tiempo es perfectamente posible. Los estímulos, las máquinas del tiempo, lo sabemos, pueden nacer desde distintas regiones, y una es la escritura. Maravilla cuando el recuerdo del pibe Alfaro en Nogoyá me lleva a las siestas de mi infancia, allá lejos en Martín Coronado, provincia de Buenos Aires.

    Este mismo desplazamiento temporal, es más, podría decir que el desplazamiento experimentado con el poema “El crespín” fue mucho más profundo, diría que fue un corrimiento espacio/temporal. Porque volví a La Caramba, la casa en las sierras de los Comechingones, en Merlo, San Luis, la casa de mi amigo y maestro, el escritor Gabriel Montergous y de Mónica, su compañera. En las visitas a esa casa escuché por primera vez el canto del crespín. Lo guardé en la memoria, un interrogante se fundó en mí: el especialísimo canto de este pájaro, que de manera notable Alfaro refugia en su poema. Leyendo volví a mis días en La Caramba: 

    “¿Y esa congoja sucesiva? 
    ¿Es la conciencia o el temblor frente al abismo? 
    ¿Algo que suspendido estuviese a punto de romperse? 
    ¿Entre qué hojas compasivas, el imposible desahogo?  

    En el crepúsculo que dura disolviéndose, 
    en el aliento último y rosado, 
    la nota de esa angustia: 
    solo, intermitente sollozo de la fronda. 

    ¿Dónde moras? 

    ¿Qué inclinación del aire, 
    qué declive de cielo ya perdido  
    te sostiene invisible, 
    vaguedad de la pluma
    entre las sombras jóvenes,
    sonido hiriéndose a sí mismo, 
    agudamente solo, 
    filo sin término? 

    Duele sobre el monte 
    la vana lumbre, 
    la invariable nota,
    sola, 
    frente al temblor de lo irrecuperable. 

    ¿De qué remordimientos no terminas de desprenderte  
    posado ahí, en el límite imposible,  
    retirado de todo, 
    con la inocencia, acaso, todavía, de la belleza  
    en las distancias puras 
    y los vuelos que fueron sin riesgo por las alas? 

    Pájaro aún (o apenas pájaro) 
    entre el ruego y la ofrenda, 
    como los otros fuegos, también:  
    las sombras encendidas de los cielos perdidos”.



    Otra magia de Alfaro, sus imágenes deslumbrantes, y entre ellas la reflexión, en “Sujeto y predicado” alumbra: 


    “(…) con las cometas que el Flaco Marengo construía ¡y remontaba de noche! 

    Se las había ingeniado para que portaran un farolito de su propia invención, 
    tan liviano como la llama en la que ardía, 
    de tal modo que la cometa –además de su alma levitante-  
    tenía a la distancia, una emoción de faro. 

    (El pueblo era remoto del mar, pero el viento azotaba a los náufragos contra los eucaliptos). 

    Ignoro de qué enredos de estrellas descendimos, 
    cuándo separamos el fuego y lo repartimos entre todos;  
    pero sé que en las cenizas de las luces solas se puede leer la soledad del mundo, 
    y que al fin nos vamos a encontrar en lo más bello: 
    somos la esencia de lo que hemos elegido.  

    El predicado dice el alma del sujeto. 

    El Flaco Marengo remontaba de noche los cometas”. 


    Cómo olvidar, así viviera 500 años, qué es el predicado de un sujeto, qué maneras tiene el poeta de marcar la oración de la vida.

    Magia de tiempos entrecruzados en “Gorriones”, poema y ensayo: 

    “(…) De ahí que sigan proclamando su gozo las lechugas / y se advierta en el plato el placer de recibirlas 
    como si recién llegaran de la Creación, 
    todavía húmedas 
    y con el reflejo de un espantapájaros en el ojo de un gorrión,  reflejado, a su vez, en los ojos de mi madre 
    que sonríe en la fotografía sobre mi escritorio,  
    con esa mantita marrón sobre los hombros, 
    compadeciéndome del frío de las pinzas y tijeras  
    con la que los adláteres de las ligas poéticas mayores 
    e ilustres adyacencias  
    procederán 
    en la disección interminable de mi infancia textual 
    y ¡para colmo! Con gorriones”.



    Alfaro utiliza para decir el verso libre, y junto a él puede acomodar la prosa poética, en “Lechuzas” afila la mirada: “(…) En algunas sobremesas familiares, la niñez experimentó en la piel la sombra de los pájaros despreciados, pero se estaba iluminando para llevar la edad a todo su horizonte, a su pampa infinita. Si se hubiese apartado, si hubiese ocultado el corazón, como un diamante, en el centro de la tierra, no estarían en las facetas de esos rostros, los vértices fugaces de la alegría, las convergencias eufóricas, los trapos del fracaso, esas como paladas de tierra del misterio que caían de las voces, los seres que pugnaban por salir de los ojos y los gestos de esos hombres que, acaso, a través de los naipes, vivían en las encrucijadas del azar sus valentías y sus miserias, su orgullo y sus resignaciones; lo más irrevelable de sus deseos. Muestras insignificantes, quizá, pero muestras al fin de las sombras en la sangre, del viento de la noche en los latidos, del silencio con que enfrentaban las estrellas y lo poco o lo mucho que conversarían con la muerte. (…)”.

    La poesía de Juan Manuel Alfaro es memoria pura que anota tratando de explicarse momentos, sensaciones; el poema, ante todo, es una necesidad, y él, el poeta, el primer necesitado, en “Perdices”: 

    “(…) Desmedidas imágenes remotas 
    que, a veces, parecen tan recientes:  
    el olor barroso del chiquero, 
    el degüello sigiloso, 
    las manos bárbaras, 
    un cajón con sal gruesa, 
    la manivela lustrosa de la maquinita de picar y de embutir, 
    la grasa disolviendo su blancura hasta cernir esas pepitas de oro de los chicharrones 
    y la vocecita menuda del abuelo recitando la interminable ‘Leyenda del mojón’, 
    y cada uno con el orgullo de su especialidad, rudimentaria y cierta, como era todo entonces, 
    cuando a mi hermano y a mí nos recomendaron que no abriéramos las cimbras, 
    porque habría carneada y sería una ‘picardía’ (en lenguaje de entonces, ‘una lástima’) 
    caer con un manojo de perdices cuando había tanta comida, tanto sabor haciéndose y dorándose… (…)”.


    En “Monóloro” el poeta me sorprende iniciando el poema con un movimiento ínfimo: “Crujen los loros en las palmeras. Como si estuviesen dándose cuerda unos a otros. (…)”. Y luego, decididamente perturbó, de manera fantástica, mi lectura, mi día, mi vida, mientras leía “De pájaros volados”: “Cuando a mi madre se le volaban los pájaros / parecía imposible que la tierra pudiera volver a tener connotaciones azules; (…)”. Este poema es una maravilla de la creación. En él la imagen de la madre del poeta, regresando de la memoria, mezclándose en la humedad de mis lágrimas.

    Este poema, el libro todo de Juan Manuel Alfaro, goza en la libertad apasionada de la memoria, deja en claro el valor que dicha memoria posee para la vida atenta a los estímulos. No hay presente, sin pasado. No habrá futuro sin pasado. Eso me dice desde la emoción y el pensamiento, la escritura de este poeta. Escribo, hago mi camino desde hace una pequeña eternidad, ya se verá si llego a ser escritor, la categoría de poeta es para notables. Mi camino de contador de historias hoy se vio reforzado. Tuve la suerte de leer “Los teros de la gracia”. Lo agradecen mis almas, mis patrias internas. Lo agradece la emoción de mi llanto, el intento de mi escritura.




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  • 12/07/16--09:54: JUAN JOSÉ MANAUTA [19.708]

  • Juan José Manauta

    Juan José Manauta (Gualeguay, 14 de diciembre de 1919 - Buenos Aires, 24 de abril de 2013) fue un escritor y poeta argentino.

    Su madre era maestra de escuela.

    Mi madre era directora de una escuela infantil suburbana, así llamadas en Entre Ríos, escuelas de alfabetización destinadas a familias pobres. Bueno, yo nací allí. Seguro que tomé la historia de alguno de mis compañeros de esa infancia. De adulto empecé a recordar, porque no la escribí en Gualeguay sino en Buenos Aires... Odiseo [el personaje de la novela Las tierras blancas] y sus amigos iban a la escuela de mi madre. Los conocí allí.

    En 1937 se recibe de maestro normal, y en 1938 se traslada a La Plata para estudiar Letras. Tiene como profesores a Pedro Henríquez Ureña, Amado Alonso, Arturo Capdevila y Ricardo Levene, entre otros. Durante los cuatro años que permanece en esa ciudad establece contacto con los poetas León Benarós, Vicente Barbieri, Alberto Ponce de León y Carlos Ringuelet, todos ellos testigos y críticos de sus primeros escritos. En 1942 obtiene el título de Profesor en Letras otorgado por la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de La Plata, aunque nunca ejercerá esta profesión. Se traslada a Buenos Aires, donde se desempeña como vendedor de libros para la editorial Signos. Comienza a publicar su obra a partir de 1944.

    El lenguaje entrerriano tiene características particulares: es una especie de isla. Durante décadas no hubo túneles ni puentes, era difícil llegar. A veces un viaje a Gualeguay desde acá duraba doce horas: ahora cuesta tres. Durante mi infancia Buenos Aires estaba lejos, y eso incluía también al lenguaje. En ese sentido, Entre Ríos fue lingüísticamente autosuficiente durante muchos años. Le doy un ejemplo sencillo: a un pan que acá le llamamos felipe, allá le llamamos telera. Es un término que viene de España, directamente. Esa palabra quedó en Gualeguay, nomás. Bueno, yo creo que esa característica geográfica le impuso al entrerriano cierta autonomía, autosuficiencia cultural. Probablemente eso esté patentizado en mis textos: no es algo que yo haya querido evitar.

    En 1959 se estrenó en Buenos Aires la película Las tierras blancas, dirigida por Hugo del Carril, basada en la novela homónima de Manauta, en la que también participó como intérprete. En 1960 Río abajo, dirigida por Enrique Dawi, basada en un libro de Lobodón Garra, con guion de Manauta. En 1989 se estrenó el cortometraje Tren Gaucho, basado en uno de sus cuentos.

    En 1998, la cantante Liliana Herrero grabó «Zamba del lino», con música de Oscar Matus y letra de Juan José Manauta, incluida en el disco El tiempo quizás... (1998).

    En agosto de 2012 la Universidad Nacional de Entre Ríos lo distinguió como doctor honoris causa.

    En abril de 2013, fue internado en el Sanatorio Colegiales ―situado en el barrio de Colegiales― por problemas respiratorios. Falleció en ese sanatorio el 24 de abril de 2013, a los 93 años. Fue velado en la Biblioteca Nacional. Según su deseo, sus restos fueron cremados y esparcidos por el río Gualeguay.

    Obra

    1944 "La mujer en silencio" (poesía)
    1952 "Los aventados" (novela)
    1956 "Las tierras blancas" (novela)
    1958 "Papá José" (novela)
    1961 "Cuentos para Doña Dolorida" (cuentos)
    1980 "Los degolladores" (cuentos)
    1985 "Disparos en la calle" (cuentos)
    1993 "Mayo del ´69" (novela)
    1995 "Colinas de Octubre"
    1997 "Las tierras blancas" (novela, reedición)
    1998 "El llevador de almas" (antología)
    2006 "Cuentos Completos" (cuentos)

    Premios

    1961 Premio Fondo Nacional de las Artes, por "Cuentos para Doña Dolorida".
    1980 Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores, por "Los degolladores".
    1985 Premio Municipal de la Ciudad de Buenos Aires por "Disparos en la calle".
    1994 Premio Konex (Diploma al Mérito) en la categoría Cuento: quinquenio 1984-1988.
    1995 Premio Fray Mocho por "Colinas de Octubre"


    Los poemas aquí incluídos pertenecen al subtítulo Carne y árbol del libro La mujer de silencio de Juan José Manauta. El libro fue publicado en 1944, y se indica que los poemas fueron escritos entre 1940 y 1943.



    El paisaje y el hombre

    Todo sube en la quietud levemente azulada
    de esta infinita mujer de tala y sauce,
    esta mujer de aquí,
    asomada al cielo caído en el río
    como un flor de luz.
    La vida tenue se escapa,
    casi transparente, por las chimeneas de las casitas, loma arriba.
    ¿Qué será esto inclinado al paisaje
    mirador de lo verde y lo lejano?

    Son tan tiernos el pájaro y la nube
    que en un momento parecen escucharse y comprenderse,
    y la vaca, como un árbol más del campo,
    apenas vuelve sus ojos, comprendiendo.

    Pienso en el hombre que tiene su raíz en esta tierra,
    que alimenta su mirada hacia las lomas rojizas
    y así, con sus pies nacidos en lo hondo de la hierba,
    ha tenido que ponerle ruedas a su rancho.
    Mientras, el campo sigue bajando hacia el atardecer
    y la brisa pasa como blando cuchillo,
    cortándoles el olor a los retoños.
    En cada hoja ondea un oculto deseo
    de abrazar la tierra y morir
    para nacer nuevo
    y seguir siendo joven, húmeda y brillante.

    ¡No, no! No tiene dueños la tierra verdadera:
    el chisperío rojo del seibo ¿para quién florece?
    O su hermano gemelo el cardenal
    ¿quién le ordena su canto?...

    El río sigue llevando la tarde
    y desata poco a poco su cinta roja
    entre los juncos amorosos.






    La hora dulce

    La calle crece silenciosa en la hora dulce.
    Las pobres casas gastadas y anchas de la tarde
    entibian nuestro paseo, amigo.
    El pueblo va quedando hundido en el otoño a nuestra espalda
    y ahora, los ranchos, se aferran a su última pobreza.
    Restos de vida estallan en gritos de mujeres
    llamando a sus criaturas, llamando su esperanza
    -la conozco. En el linde nostálgico de la soledad.
    El paisaje, torna a una virilidad adusta, sobria
    y el alma de las gentes en un lento territorio
    de sombra creciente cubierto de recuerdos como flores dominadas.
    ¡Oh, amigo! ya estamos en la cercana anunciación de la estrella;
    mira los cercos que acribillan perros miserables y desconocidos.
    Ya vamos sintiendo la fácil tristeza de los niños humildes,
    tristeza de tierra pegada a la carne
    como la muerte descolgada de las hojas caídas.
    Amigo, es la hora dulce y desdichada del pueblo,
    su límite de amor –apenas cubierto de otoño-.
    hora de la canción recogida
    y el pulso descuidado
    o el olvido
    en las últimas bocacalles,
    hora del campo recién nacido y tan pobre,
    hora de la guitarra pulsada en lo oscuro.
    Un viento súbito puede arrancar ahora a las puertas voces de abandono
    -algunos se han ido dándole paso al hambre,
    Es la hora dulce,
    y las mujeres tienen desalentada prisa en parir sus hijos
    para llevárselos con el terror en las manos.
    Amigo ¿Qué más?
    El camino de los carros está silencioso.
    La tarde ya ha caído de espaldas en el fango.





    La casa del pez

    El río ha bajado hasta la casa del pez,
    en la barranca.
    El paisaje desciende humilde y pálido,
    enhebrado, en la primavera no lejana.
    Hemos mirado los ranchos color tierra,
    ranchos nacidos, perdidos en la luz y los sauces.
    Los peces se han ido y alguien ha venido anunciando
    la pobreza de aquí, que nos pertenece
    y que no habíamos olvidado por ser nuestra.

    ¿Qué quieren decir todas esas palabras inventadas:
    lo interminable y lo lejano?
    ¡Ah! no han visto la vida
    los que hablan de las cosas dolientes e invertebradas.
    Yo llamo a los peces ausentes
    porque ahora su casa es mía
    y puedo sentirme pobre como el río y el seibo.
    ¿De qué hablan esos? ¿De qué ciudades?
    ¿Han visto el dolor, crecer, vivir, escondido?

    Ah, sí, es necesario buscarlo de tan claro y profundo,
    de tan cotidiano y real, es necesario buscarlo
    y no cantarlo –sería injusto-,
    morderlo, arañarlo, cuando el río baja hasta la casa de los peces.

    Mi casa, mi casa, dirían ahora
    cuando vengan las estrellas a llevárselos,
    cuando vengan a romper el agua,
    mi casa, que estaba en el río y marchaba con él.

    No puedo creer que hayáis olvidado los niños,
    los niños de las manos llenas de sueños,
    vosotros que queréis emparejar la tierra,
    despojando a los hombres del corazón y de sus casas,
    y fabricar árboles a la medida de vuestras palabras.
    Poetas, poetas, venid, mirad,
    oid correr la sangre, tocad sólo una hoja
    y entonces tratad de decir algo.
    -¿Creéis que los barcos no marchan arriba de los peces?-

    Buscad los amigos de la ribera,
    los colores que van cambiando, tímidamente, con la tarde,
    y esa luz amarilla que huye hacia arriba,
    marinera en el aire, llana, alargada
    y nada será igual a vuestras antiguas frases

    tan impresas en ediciones y revistas,
    Jóvenes,
    los peces han dejado sus casas.
    ¿Qué pensáis de esto?
    ¿Y si los peces hubieran abandonado el mundo,
    qué os importaría esto?
    Ya habéis escrito vuestra poesía.

    (Podré perdonarme estas palabras, no olvidándolas nunca, sólo así?

    Este pueblo que se achata y desparrama hacia la ribera,
    más pobre y más pobre,
    cada vez más bajo y más cercano,
    y que la tarde se vuelva en la corriente,
    termina,
    en esta desierta casa de peces,
    cuando el río ha bajado.
      




    Calle de la elegía pobre

    Las nubes miradoras de la tarde dorada, están recordando al parecer.
    Desde la niñez las encuentro así, en primavera,
    sobre la calle y la elegía.
    Los cercos también han retornado –retornan siempre-
    al pequeño florecer, al humilde florecer.
    Se pueden escuchar esta tarde de nuevo,
    las jóvenes risas
    y las muchachas vestidas como la primavera.

    El cuerpo de esta calle es vegetal y ensimismado,
    pobre, cuando va llegando a hundirse en el río.
    (El río está al lado del corazón de las calles).
    Un breve viento mezcla fácilmente los olores
    y entonces, vienen los patios regados,
    los pequeños ruidos femeninos, el mate en la puerta
    y la falda clara, floreada, los vehículos lejanos.
    ¿Esta es una calle perdida?
    ¡Ah no! que la pobreza ahora está en todas partes
    como la primavera de los huertos.
    La gente de aquí no conoce ni vendedores ni carruajes ahora.
    Un perro vagabundo y la próxima estrella,
    nos hablan de una legítima riqueza, que pisando la pequeña hierba,
    ha penetrado por débiles puertas de alambre,
    instalándose, en antiguos roperos desvencijados.
    Además, ya las campanas
    andan rondando en lentos círculos de amor.
    Calle de la elegía pobre.
    ¿Nadie ha pensado seriamente en ella?
    Sin embargo, aquí ha nacido y va a morir la tarde,
    y el pueblo no olvidará que tiene sus atardeceres que vivir,
    no olvidará tampoco sus vagabundos
    ni sus primaveras.
    Nada olvidará el pueblo
    que escapa por aquí sus dulces iras, sus sagrados dolores
    en caravanas de florecillas y de briznas.
    Por aquí, por donde se sueltan los pensamientos jóvenes
    durante las tardes en que la luz se perfecciona.

    El río inventa mil colores y se envejece seriamente.





    La mañana

    Sube, aprendiendo a nacer en la duda de los colores,
    la secreta mañana, como una esperanza.
    Esta cándida hoguera que parece ser mía y sólo mía,
    allí donde mi soledad se ha hecho don de pies a cabeza,
    allí, en el centro de su infinita transparencia,
    va siendo de todos por este consagrado amor
    en la mañana de primavera.
    Las luces, que florecen de fiesta,
    se van orquestando en grandes circuitos
    de colores suaves, dolientes, provincianos.

    El ángel ha venido a anunciarnos la soledad.

    La soledad, la soledad; cada cuál tendrá la suya:
    su llama y su llanto propios;
    su llama y su llanto abanderados;
    su llama y su llanto desprovistos.
    Las ojos verán mañanas y mañanas
    más allá y más acá de lo verde y lo dorado,
    de la fábula y el dolor, de los nacimientos y las sombras.
    Ahora la música es algo adivinado.
    Aconteciendo muy cerca del corazón,
    se desata espontánea y altiva,
    y en medio de su libertad, anuncia
    que no morirá en el corazón de los hombres.
    Esta mañana logra así decirnos algo nuevo
    y seguramente cercano a nuestros ojos:
    el diálogo del terrón y la hoja; de la pobreza y lo olvidado.

    (Eso es lo importante, lo igual, lo solidario).

    ¡Oh cabellera de hermandades en esta mañana de colores y dudas!




    .


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    Víctor Andrés Rivera

    Popayán, Colombia,1980. Estudió música en la Universidad del Cauca. Junto con la música ha cultivado su interés por las letras publicando en varias revistas de la Facultad de Humanidades de la Universidad del Cauca. En el 2007 gana el concurso de poesía universitario “Carlos Illera Benavides”. Posteriormente una parte de su poesía es seleccionada para el libro Llama de piedra, Poesía contemporánea en Popayán (1970-2010)del Ministerio de Cultura. En el 2011 publica con la editorial Gamar, su libro de poemas La Montaña sumergida. Recientemente ganó el Premio de Poesía Editorial Praxis 2016 por  Libro del origen.


    POEMAS DE LIBRO DEL ORIGEN
    PREMIO EDITORIAL PRAXIS DE POESÍA 2016


    OBSIDIANA

    …y tienen la misma sonrisa antigua 
    Que tuvieron para la primera mirada del primer hombre 
    Que las vio aparecidas y las tocó levemente 
    Para saber si hablaban…
    Fernando Pessoa

    I

    Por el aire que les diga la materia
    irán tus manos persiguiendo las texturas,
    mínimas hierbas que entraban a la noche,
    brotes primitivos del erial y el deshielo.

    Anchas hojas por instinto de la altura,
    tu cuerpo de sombra y franca materia,
    adivinando el contorno y sus réplicas,
    como las formas que se abren al espacio.

    Ante tus manos
    el basalto en que se prueba la escritura,
    todo por decir en las aristas,
    donde sólo los halcones y la lluvia
    han derramado el surco de sus voces.

    Ahora, como antes,
    no conoces la distancia entre las cosas,
    y como un bosque desmedido
    te levantas,
    entre el sol y la estepa
    sin saber la diferencia.

    Regresas, como en un principio,
    al ornamento que te precipitó
    por el país de los altos lagos,
    al espejo de luz que anegó tus ojos,
    dándoles señorío,
    sobre la creación inabarcable.

    Rehaces esa manera de ver como los niños,
    en tu jardín de cosas desbordadas,
    en tu temblor constante ante la aparición
    de formas altísimas.

    Tú y el vértigo de ver brotar un valle de penumbra.
    Tú y el asombro de estar por primera vez en la tierra,
    como un animal liberado, gota de agua,
    a la que la más mínima hierba sobrepasa.


    II

    Intentas el sonido con que caen las espigas a la tierra. 
    Buscas la arcilla con qué hacer el instrumento 
    que te de la imitación de lo que al aire se acerca.

    Sin conocer el acento que devuelve 
    el orden de las lluvias, 
    haces tu creencia de llamar al agua 
    con una música que se le parezca.

    Trabajas con nuevo material
    lo que desde un comienzo se hace antiguo:
    incompletas melodías de un collar
    como la sombra de las palmas 
    en la mar que recomienza.

    El misterio sobrepasa toda imitación
    y te sorprendes tan vacío como una costa virgen,
    mientras el jadear de tus potros hace surcos, 
    moviendo pájaros que vuelan al paso.

    Algún día bajo los guijarros, 
    encontrarás la canción con que poblar la noche, 
    en la ignota tierra de los mares y las selvas.


    III

    Si buscas lo semejante a la primera noche de tu cuerpo, 
    acude al sesgo de la hierba que oculta 
    la pupila de los corzos, 
    al velo que esconde la mirada 
    en espera de conocer lo nunca visto:

    Horas de silencio 
    en que sólo por partes 
    se entrega cada presencia.

    Tiempo de nacer al agua, 
    a los ríos que llaman 
    para ser tocados.

    En barcos que por primera vez experimentan 
    el espejo de los mares, 
    haces los vértices de tu efigie, 
    la libertad de tu velamen,
    hoja minúscula, 
    sobre el cristal más frágil de la tierra.

    Lo semejante a la primera noche de tu cuerpo, 
    está en todo lo que puede dar una bandada de pájaros, 
    en una galería de huellas y de sombras
    que te recuerdan el momento de ceder tu palabra 
    ante lo que no conoces.


    VI

    La historia de los nombres se reúne en lo que tocas, 
    y la letra con que señalas al valle Anáhuac, 
    se debe a una lenta acumulación de sedimentos:

    Así el nombre Lirio y el nombre Azor, 
    sólo con tiempo han reunido vuelo y blancura,
    bajo los glaciares y el légamo.

    He aquí el secreto de porqué las cosas resuenan si se nombran, 
    de porqué los juncos se inclinan al oído 
    que por primera vez escucha
    su conversación con el viento.

    La historia de los nombres está en lo que tocas, 
    en el collar de reliquias que queda de la vida que apagas, 
    en el bisonte que expira bajo el filo de obsidiana, 
    y rezuma en su estertor una estampida de siglos.

    Aunque ignores cuánto le ha costado al tiempo 
    hacer la coreografía del cardumen, 
    cuántos nombres se han hecho 
    con el azul que sostiene el sueño de las ciudades,

    en la gota de saliva está la sal de los océanos, 
    en la vela que enciendes el sol de los espacios.



    EL MUNDO DEL AGUA

    De tierras vírgenes, allá lejos, entre un alto perfume 
    De humus y de hojarascas,
    De tierras vírgenes, allá lejos, bajo extensiones de las 
    Más vastas sombras de este mundo…
    Saint-John Perse

    I

    He reunido entre las líneas de mi mano
    marcas de agua que hablaron de mi origen,
    arroyos puros que hablaron de mi muerte,
    lo que recobra el agua de las orillas inmersas.

    Para ser el río y el mar y el nacimiento,
    intercambié mi cuerpo con la tierra,
    imaginando que mis dedos alcanzaban
    el principio y el fin de las corrientes.

    No contento con saber que mi destino
    era el de todo hombre que desaparece,
    arrojé a la suerte los límites de mi sombra,
    buscando pertenecer a algo que me sobrepasara:

    Era la región más húmeda del mundo
    deshilvanando poco a poco
    mi cuerpo y la montaña ,
    era un brazo turbio de sonido y hielo,
    llevando mineral para las tierras bajas,

    surcos evaporados
    tras el hilo que los vuelve
    al desnivel donde nacían,
    al techo blando de las plantas que regresa
    lo semejante con lo semejante.

    Colmado,
    me acerqué a las formas que se hacían
    en el taller secreto de lo minúsculo,
    entre pequeños charcos,
    entre guijarros que rodaban
    por las paredes del tiempo.

    Así tuve el silencio de lo que siempre está por concluirse,
    el aire para el aire,
    el agua para el agua,
    la boca persiguiendo una palabra.

    En la infinita variación de los sistemas,
    di golpes en las puertas de la tierra,
    en las secretas capas de los materiales.
    Mis latidos y el sonar de lo terrestre
    escribiendo la canción de los orígenes.



    VISIÓN DEL ORIGEN

    Extranjero de otro tiempo,
    habla del sueño que tuviste en el oráculo
    cuando la Sibila acarició tu frente
    para hacer dulce el sopor de la mandrágora.

    Cuenta lo que viste más allá de las ruinas,
    en el lugar donde Apolo no recibió con agrado el sacrificio de las vírgenes,
    y Arcadia fue yerma
    ante otro licor que borró las uvas de Baco.

    Habla del imperio de los ríos
    y el comercio con la sal de la tierra,
    del reino donde los hombres se someten a la ley del limo y el fermento,
    de los altos reyes en tronos de cedros aromáticos,
    de los remansos que invitaban a detenerse
    para retomar el sentido original de las ideas.

    Habla de la cúpula de árboles que no daban espacio a tus razones,
    de los coros brillantes del apareamiento,
    bajo lluvias nunca vistas en la región de Ática.

    Cuenta amigo de la Pitia,
    desertor del Olimpo y culpable como Sócrates,
    de lo que viste allende al país de los Atlantes:

    De ese sueño primitivo
    en que tu toga viril, apenas desenvuelta,
    sorteó peligros que mejoraron la suerte de tu pensamiento.

    Di si es verdad que debiste renunciar a comodidades y privilegios,
    a cambio de una claridad sólo vista en tiempos de Homero:
    La mirada del artista ingenuo.

    Habitante de los tiempos,
    habla de lo que viste en la espesura del trópico,
    y di si es cierto lo que cuenta la vestal que no deja ver tu cuerpo,
    que no regresarás de ese sueño que te lleva más allá de las ruinas,
    que te deja en una isla allende al país de los Atlantes,
    que te pierde para siempre en la majestad de las florestas.



    .






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  • 12/08/16--03:51: IDIEL GARCÍA [19.710]

  • Idiel García

    Villa Clara, Cuba (1980). Poeta y narrador. Ha publicado los libros de poesía Los días de mi muerte (Editorial Capiro, 2007), El jardín de las delicias (Ediciones Sed de Belleza, 2010), Cementerio de sombras (Editorial Capiro, 2013), Manual de las ilusiones (Editorial Capiro, 2015), con el que obtuvo el Premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara en su XXVI Edición, 2014. Las novelas para jóvenes Déborah y las abejas (Editorial Capiro, 2016); y ¡No soy un héroe! (Ediciones Áncoras, 2016). Textos suyos aparecen en las antologías Faz de tierra conocida (Letras Cubanas, 2010), La calle de Rimbaud (Ediciones Aldabón, 2012), El árbol en la cumbre (Letras Cubanas, 2015) y Estos poetas del milenio... (Fundación Memoria Cultural, Miami, 2015). Ha obtenido el Premio Nacional de Cuento Cesar Galiano, 2011; el Premio Nacional de Reseña Crítica Segur, 2012; el IV Premio Internacional de Poesía “Ángel Ganivet”, Helsinki, Finlandia, 2012; entre otros. Es egresado del Curso de Técnicas Narrativas del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Miembro de la UNEAC y de la AHS. Fue Presidente de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) en Villa Clara. Actualmente es el coordinador de Ediciones Sed de Belleza.


    Arte poética

    Entro a la vida del poema
    a través de una puerta:
    las manos solitarias en la palidez
    busco degustar mis propias revelaciones
    ¿las hubo? ¿las habrá?
    dejo úlceras en el papel
          /oficio de farolero
          /en país muy grande

    busco la perfección en el poema
    pero hay demasiada suciedad en el mundo

    el inframundo
          /casi microscópico
    que nos guarda de (des)hacer
    con las falsas remuneraciones del pasado
    a través de los años
    fingiéndose no ser
          /el ser
    que hemos sido
    y seremos

    recolectar es persistir
    hasta la nueva página.



    Vicarias

    MientrasEobservoElasEvicariasEsilvestresEde este patioE(en este
    patio siempre ha habidoEvicariasEsilvestres) intento escribir una
    sencilla carta capaz de redimirme de tanto desacierto /una carta
    que pueda demostrarte quien soy…
       (soyEalguienEqueEmira vicarias silvestresEatravésEde una
    ventana) escucho la lluvia y pienso en ti /como si en este mundo
    no hubieran más que vicarias silvestres.



    Eros de los locos

    Los locos aman con un amor distinto
    se olvidan de los parques mientras la lluvia cae
    y su rara felicidad viaja de norte a sur
    ellos no saben que están exorcizándose
    en las faldas que pasan bajo los paraguas
    sin conocer que hay alguien pendiente de sus dudas
    una estrella atiendo entre la muchedumbre
    la madona no sabe que hay una mano ardiente
    escudriñando en sus rincones más secretos
    los locos aman con un amor distinto
    por eso son felices /nadie les corta:
    la tarde es imposible para amarnos
    ellos cruzan la tarde y entran en el amor
    solo le hace falta una calle con sombra
    una mujer sin nombre sentada en una acera
    una brisa inocente que les enseñe el mundo
    y algún bolsillo roto donde guardar la mano.

    De Los días de mi muerte (Capiro, 2007)



    Primera ilusión

    Hombre soy. Un condenado
    por el pleistoceno herido.
    ¿Por cuánto tiempo escondido?
    ¡Por cuánto tiempo callado!
    Sonámbulo consumado
    convivo con el deseo.
    De todas las sombras reo
    con manos de simio puro
    siento venir el futuro
    y no comprendo. No creo.



    El otro yo

    No sé cuál de los dos escribe esta página.
    J. L. B.

    Alguien escribió por mí
    estas líneas olvidadas.
    Sólo existo en las pedradas
    azarosas. Me escondí
    en el otro que no fui
    cuando el otro ya era viejo.
    Yo soy el otro. Gracejo,
    con el último acertijo.
    Soy el otro. Soy el hijo.
    Voy camino del reflejo
    de un fantasma —material
    fuera del que soy—. ¿Adónde
    desterrar al que se esconde
    en alguien que no soy? —Mal
    concepción de lo fatal
    para descifrar lo escrito—.
    El otro no es infinito.
    Yo y el otro nunca hablamos.
    ¿Quién sabe si nos amamos
    los dos con un solo grito?
    El otro empuja la pluma
    hacia un mundo indescifrable.
    Yo trato de ser amable
    pero no puedo, la bruma,
    la sombra que soy, la espuma
    se aglomera en la memoria.
    El otro alcanza la gloria.
    A través de mí se salva.
    Nadie marcha con el alba.
    Soy un muerto sin historia.
    A veces soy en los días
    del otro, un fantasma avieso.
    Imagino que estoy preso
    en el otro que me espía.
    De ser solo una utopía
    no soy nadie, apenas soy
    la sombra hacia donde voy
    en el otro que me escribe.
    ¿Seré acaso yo el que vive?
    ¿Quién me inventa? ¿Dónde estoy?
    Yo soy el otro. Me escondo
    ilusorio en otra sombra.
    No hay vida si no me nombra
    el otro, al que le respondo,
    sumergido en lo más hondo
    de los dos, y el otro grita.
    El otro soy yo. ¿Quién quita
    que alguno de los dos sea
    sombra del otro, marea
    de alguna sombra infinita?



    Tercera ilusión

    Para los jóvenes de La Criolla,
    que ni siquiera tienen un terreno de pelota
    donde batear sus miserias.

    Soy un animal sediento
    dentro de un vaso de alcohol,
    y voy, como un caracol
    que se arrastra sobre el viento;
    apenas salir intento
    de la jaula de los dones,
    me encuentro con las razones
    de ser un hombre suicida,
    atrapado sin salida
    en un mundo de ilusiones.

    De Manual de las ilusiones (Editorial Capiro, 2015)



    FÁBULA SOBRE LA MUJER QUE LÍA EL AMOR

    Y en ti desembarqué, 
    como el sobreviviente 
    del naufragio más grande 
    que se tiene memoria. 
    y tú fuiste mi puerto.
    ANTONIO CISNEROS

    Estoy oyendo crecer a mi hijo.
    FRANCISCO UMBRAL

    Una mujer lee un libro sobre el amor 
    y se sienta luego a esperar por el viento 
    y el viento se llena de sus ojos 
    no importa si el amanecer fue gris 
    o si las gaviotas temblaban sobre el arrecife
    no importa porque una mujer 
    que lee un libro sobre el amor y sueña el mar 
    es como una playa infinita 
    como un pequeño universo líquido 
    que se expande hacia todos los puntos del horizonte 
    una mujer que lee un libro sobre el amor 
    mientras escucha crecer a su hijo 
    en la habitación contigua de la suya 
    es ella misma el mar /un mar 
    hondo y metafísico en cuyo fondo azul 
    se amontonan los restos de naufragios

    Lo confieso /una vez fui marinero 
    en los ojos de una mujer 
    que se había bebido el mar 
    mientras leía un libro sobre el amor 
    y su hijo crecía en otra casa 
    pero luego hizo viento 
    y mi barco se fue a pique 
    y me hundí definitivamente 
    hasta que me hice memoria en sus ojos 
                     una mujer cuyos ojos han visto marchar a Odiseo 
                     es como una niña que sueña barcos ebrios
                     que en la alta noche 
                     pasan 

    Una vez soñé a una niña que soñaba el mar 
    y en sus ojos yo mismo era sueño 
    una mujer cuyos ojos jamás se cierran para soñar 
    es un cielo de náufragos /una constelación 
    un astro que late a solas y se quema
    una vez me perdí en una isla desierta 
    que era una mujer perdida en una isla desierta 
    y el mar rodeaba todas nuestras horas 
    y nuestros ojos se llenaban de barcos 
    cuyas velas se izaban para partir
    a lo oscuro

    es terrible ser isla en un mar poblado de fantasmas 
    y yo amé a una mujer que era una isla 
    habitada por un niño 
    una isla que se quedaba dormida 
    mientras escuchaba crecer a su hijo en la isla contigua 
    y yo le di la mano 
    y naufragué en sus costas 
    y juntos, 
    mientras escuchábamos el rumor sexual de las olas,
    nos sentamos a esperar el navío de los conquistadores
    que no llegaban ay que no llegaban

    Pero una mañana el niño despertó 
    y nos encontró abrazados sobre la arena 
    y el cielo de ese día se llenó de extraños sonidos
    y las gaviotas sobrevolaron la longitud de la isla
    y los arrecifes levantaron largos brazos célibes a la noche liviana del mar 
    y la música del amanecer se alzó sobre las rocas 
    y sobre los barcos que regresaban a puerto 
    y entonces esa mujer que leía un libro sobre el amor 
    abrió los ojos y el azul penetró como una estrella 
    en mi corazón
    y en el corazón de la noche.


    UNA MUCHACHA CAMINA DE LA MANO DE SU HIJA

    Para Anisley,
    ella sabe por qué.

    La muchacha de los ojos felinamente azules
    ha mirado de frente a la tristeza 
                                          /y se ha quedado ciega
    la veo caminar por el borroso parque
    siempre al lado de su hija
    con el rostro difuso como los viejos puentes
    que nunca vio crecer en su ciudad
    /o en su recuerdo
    la niña hecha migas al estanque
    donde sueña los peces que no acuden
    esta ciudad de Dios se ha quedado vacía
    con una mujer ciega 
                        /y una niña en la fuente

    la muchacha de los ojos felinamente azules
    camina hacia la calle Malavida y no lo sabe
    solo para no ver el rostro de quien a diario la desnuda
    y escupe su piel con un odio antiquísimo
    golpeándola en la hierba amarilla de su memoria
    rompiéndole los huesos a su recuerdo
                        /ella recuerda a una niña 
    que camina hacia un parque desmemoriado y solo
    con unas pocas migas para alimentar peces ilusorios

    se estremece en la noche 
    tiembla como un animal atado al cepo de su propia conciencia
    una casa sin flores y una niña rota 
    muerta viviendo al borde del azoro
    ve escabullirse los abrazos 
    crecer la cocina como un monstruo 
    los pasos amarillos se le llenan de escarcha
    se ahuecan contra la pared que el tedio ha derruido
    en una casa que el frío ha derruido
    jugándose un amor derruido por la rutina
                     /un amor fósil 
                     /sin nada por descubrir
                     /ni qué encontrar
    sin horizontes ni caminos por los que huir
    un amor cuya única certeza
    fue devorada por la nieve del tiempo

    aquí está esa muchacha
    la veo caminar como un pájaro hambriento
    al lado de su hija hacia ningún lugar 
    con sus ojos azules como un pozo
    que se ha quedado ciego de mirar al pasado
    encerrada en una jaula que se rompe con las palabras muertas 
    que esta noche para ella no tendrán sentido 
                       /sola 
                       /en medio de todos 
                       /ovillada en el puño de su hija.


    EDIFICIOS

    El buen arquitecto de su tiempo
    levantó un edificio muy alto, 
    más alto que el edificio 
    que en otro tiempo había levantado 
    otro buen arquitecto de su tiempo.

    El edificio fue habitado 
    por gente de su tiempo, 
    gente humilde de un tiempo humilde 
    como siempre es el tiempo presente.

    Pero el tiempo presente pasó. 
    Y el tiempo futuro pasó. 
    Y pasó el edificio que había construido 
    un buen arquitecto de su tiempo.

    Todo pasa, incluso la altura.
    Las cosas que siempre nos parecen altas un día, 
    al día siguiente las vemos perder altura, 
    cuando no derrumbarse.

    ¿A lo largo de mi corta vida 
    apenas treinta y tres años, 
    cuántos altos edificios no he visto pasar de moda, 
    es decir, de altura; y cuántos más 
    no he visto ya derrumbarse?

    En su lugar nuevos edificios, 
    se han alzado como apéndices, 
    sobre la vieja altura breve 
    de la memoria de los otros.

    Yo que no soy un buen arquitecto 
    también construyo mi edificio.
    Construir es la ley del arquitecto.

    La ley del buen arquitecto 
    es sobrepasar la altura de su tiempo 
    construir para que el tiempo futuro 
    se levante brevemente sobre él.


    CONTRA LOS POETAS

    Estoy harto de los poetas
    sentados sobres sus nombres como reyes dormidos 
    tan ególatras tan fingidores
    unos con las armas enfiladas hacia el prójimo
    buscadores de un agujero en el cual derramarse o distraerse
    otros fundando grupos con el cerebro sexual del pene 
    que imprimen a sus jergas una violencia de baja estafa
    sensacionales y baratos como el pan diario
    con su eterna vocación de víctimas 
    o de agresores del orden los poetas sí 
    tan caros vendiéndose por un salario mísero 
    a las putas chilenas angoleñas inglesas brasileras (o al estado)
    sin que les importe un bledo su condición de sujetos reprimidos
    su insuperable sentimiento de isla 
    con su delirio de grandeza cada día más grande 
    entre todas las cosas no soporto la solidaridad de las poetas 
    capaces de hacerse el amor unas a otras 
    con sus labios pintados como putas sin hombre ni salario 
    estoy harto de los clásicos inmóviles 
    fundidos sobre la fundación de un sublenguaje 
    o de una élite eleata y analógica 
    llenos de frases hechas y filosofías gremiales
    no soporto a los poetas románticos 
    muriéndose por la puta que los somete 
    y los hecha en el tacho de la basura 
    frágiles como hijitas de papá 
    los poetas me dan escalofríos 
    cuando posan en los carteles del poder y de la fama 
    y se pintan los labios para que el vulgo les dé su voto 
    tan hijos de sus madres llenándose el corazón de alimañas 
    me aburren los poetas humanos 
    como me aburrieron un día los políticos humanos 
    que el tiempo volvió perros y lobos 
    los poetas son peores que la lepra 
    porque siempre acaban traicionándose 
    se hacen las víctimas de esto o de lo otro 
    me dan asco cuando se paran en público 
    y ponen cara de circunstancia 
    se ajustan los espejuelos y dicen «yo soy» 
    como si dijeran «jódanse» 
    los que parecen no ir jamás al excusado
    y los que confunden el excusado con la página
    no soporto a los poetas canónicos 
    y si no estuvieran muertos los mataría yo mismo 
    sin contemplación 
    pues el fuego de la muerte es el poema mayor 
    me dan pena los poetas moribundos 
    que escriben poemas a la muerte 
    como si ya no fuera suficiente con morirse 
    como si a la humanidad no le bastara con usureros 
    contra los poetas escribo este poema 
    contra los poetas que se sientan sobre sus caritas de ángeles 
    contra los que se hacen los locos 
    y los que se las dan de figuras de feria 
    y los que se sientan a hablar mal de otros poetas 
    contra ellos escribo 
    contra ellos la vida levanta sus días veloces 
    contra ellos prende la nieve su palidez ardiente 
    contra los poetas el tiempo transcurre a toda máquina 
    estoy harto de los poetas que hacen del poema 
    una guerra un ring una cuerda floja 
    pero los que más me atortolan son los otros 
    los que llevan vestiditos rosados 
    en sus almitas verdes de loritos inofensivos 
    qué lastimeros los meros poetas maromeros 
    escondidos en el juego fatuo del verso parapléjico 
    y esas niñitas semiputas hombrunas 
    llenando páginas y páginas de vaginas 
    y fluidos con sus caras de moneda gastada 
    es absurdo lo que han hecho de la poesía 
    los poetas en función y los difusos poetas fabricados 
    que agreden con sus piedras a medio hacer 
    cuyos libros se pudren merecidamente en el hielo del polvo social

    estoy harto de los poetas
    no quiero ni mirarme al espejo.

    POEMA COMPLETAMENTE ALBA

    Para Wilma,
    una vez más.

    Alba tu mano y alba tu sonrisa 
    en el alba tu piel se vuelve alba
    y el alba en tu pelo se refleja
    son alba tu nombre y tu apellido
    y alba la música que escuchas
    y las palabras que dices en silencio
    hacen que el alba me amanezca
    y cuando sonríes amanece el alba
    aunque la noche de tu pelo alba
    el alba esconda me la traen tus dedos
    donde el alba se acuesta y se hace música
    en el alba floreces y en el alba las flores
    cubren tu habitación y al alba los pájaros 
    te cantan y sus cánticos traduces
    en alba y melodías son tus sueños
    un rizoma de albas que se enredan
    y dan a luz un alba pequeñita
    un alba clara y lúcida y pequeña
    que en tus brazos de alba se estremece
    y de tus pechos albas amamanta
    y de tu sangre alba se alimenta
    y con llantos de alba rompe el ritmo
    del alba cuando te despierta alba
    tu mirada alba tu sexo alba tu corazón
    llevas el alba debajo de la ropa
    cuando te pones el alba de sobrero
    y cuando mojada con el alba sales
    de la ducha donde el alba queda
    cogida con mínimas horquillas
    y todo lo que tu alba toca alba será
    por vocación del alba que tú eres.


    DIALÉCTICA DE LOS DÍAS

    Che, es tarde en la noche,
    mi madre está acostada, hoy la hemos llevado al médico,
    así que voy a hablarte rápido, de hombre a hombre, 
    como te hubiera gustado que te hablara.
    para empezar, solo un comentario,
    esta tarde cuando volvíamos del hospital
    sentado en los muros de los portales del pueblo
    estaba el hombre nuevo, es decir, los muchachos olvidados
    olvidándose de todo, incluso de tus huesos, 
    porque una cosa es segura, nada se hace más fácil que el olvido,
    y esos muchachos que una vez querían ser como tú
    ¿lo querían realmente o solo era una trampa de la edad?
    tienen sueños muy grandes, como los que yo tuve un día
    o como los tuyos, de conquista y libertad.
    en fin de cuentas, ya ni siquiera llueve,
    los tiempos han cambiado mucho últimamente,
    no lo hubieras creído ni soñado, las guerrillas
    se hicieron polvo de coca, la libertad se fue
    a un burdel de Ámsterdam, zona roja,
    y las niñas de este pueblo pobre cuyas fachadas se desmoronan 
    como los muros que tampoco viste caer, pero que sí imaginaste, estoy seguro,
    anhelan parecerse a Linda Lovelace, a Sophía Rossi, a Jenna Jameson,
    en fin, todo se jode demasiado pronto,
    incluso los mejores sueños, los más inocentes, 
    como aquel en que querías hacer el hombre nuevo.
    si tuviera tiempo te hablaría, solo unas líneas, del hombre nuevo
    pero pensándolo bien no, de qué hombre nuevo voy hablarte,
    si el hombre nuevo ya pasa de los sesenta, y al otro, al que sucede,
    le gusta demasiado la alcurnia y todos han envejecido juntos
    incluso los más jóvenes, los que aún repiten mecánicamente
    aquella lejana divisa que también yo repetí mecánicamente
    como todos, pero en fin, a qué seguir por esta agua,
    me hubiera gustado que vivieras esto, 
    me hubiera gustado saber qué hubieras hecho tú
    viendo como todo se pudre, 
    viendo como todo se va cayendo como el mono del cuento
    sin embargo, las cosas cambian, y tú que leíste a Marx lo sabías,
    y es inútil luchar contra la dialéctica de los días moribundos,
    ahora hay cine 3D, computadoras portátiles, 
    estas cajitas muy sabias donde todo cabe, 
    incluso la muerte y el hombre nuevo,
    ahora hay Internet, que es como viajar a otro mundo, 
    no sé si me explico, y en Internet dicen que está la libertad, 
    y que también hay un hombre nuevo, es decir, otro,
    pero en fin, qué más decirte, 
    qué más que no hayas imaginado, 
    qué más que no hayas soñado, que no hayas intuido, 
    incluso que no hayas sospechado, 
    quizás debiera contarte que no todo es absolutamente moderno
    todavía tenemos guaguas checas —inmemoriales, carcomidas, gimientes
    todavía tenemos colas —vociferantes, graves
    todavía tenemos miedo 
    y el problema de la economía, algo que siempre te interesó, 
    lo hemos resuelto radicalmente: nuestra economía está muerta, 
    lo mismo que la industria y que la agricultura, 
    aunque para paliar ciertas desdichas hemos incrementado el turismo 
    y tenemos remesas y Marina Hemingway y doble moneda
    ya sé, ya sé que estás asombrado, que no te lo esperabas,
    en fin, conozco mejor que tú nuestras traiciones, pero qué le vamos a hacer, 
    si el único culpable es el futuro
    porque el futuro nunca es como uno quiere que sea,
    te equivocaste, nos equivocamos, el tiempo sigue, amigo
    aunque este cáncer terrible de la era moderna 
    nos coma el alma y nos la devuelva luego vestidita de rosa 
    y con alitas.






    .


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  • 12/08/16--04:00: MIYER PINEDA [19.711]

  • Miyer Pineda

    Tunja, Colombia  1979. Licenciado en ciencias sociales y magíster en historia de la UPTC. Uno de los ganadores en el concurso de poesía "Descanse en paz la guerra" organizado por la Casa de Poesía Silva en 2003. Ha publicado Cuerpos en braille (2005) con UPTC, El hastío de las manos (2010) con la biblioteca pública municipal Zenón Solano Ricaurte de Duitama Boyacá y Bocetos para la acontista (2015).


    Madre

    1

    Sus ojos de mujer hebrea
    Dos escarabajos
    cargando el peso de la noche
    Cambiándola de sitio:
    mudándola de cuadro
    Sus ojos iluminando el mundo
    - para que se le abran las semillas y las flores -
    Sanando sus fracturas
    Los picotazos de los pájaros


    2

    A veces pienso que Madre es una mujer lisiada
    Y entonces me dan unas incontrolables ganas de llorar

    Como si la escuchara cantar nuevamente
    y pudiera bucear en su música

    Como si esa música sorda fuera un faro para mi perdición

    Ella es el canto que se ocultó en el envés del silencio

    La siento como la hoja de un árbol que nunca termina de caer


    3

    Madre es esa vieja silla en la que se sienta la muerte a esperar nuestro regreso

    Su delantal le teme a los puñales y al fuego de la estufa de carbón
    Donde Padre quema las cartas muertas que le envía

    Obligada por los pretextos de la herencia y de la expansión del universo
    Madre tuvo que mudar su jardín al camino
    Desde entonces nuestros rostros han sido destrozados por las flores

    Ella olvidó los nombres de todos sus hijos para no verlos morir
    Los atravesó con las agujas con los que ella teje la melancolía
    Y los sepultó en el cementerio secreto de su sombra

    Dentro de ella un perro ciego vela nuestros huesos

    El tren le hace temblar el alma durante las madrugadas
    Y ella se levanta y le hace el desayuno al hijo menor que la mantiene

    En el hogar las cucarachas se extinguieron cuando el abuelo murió
    Volverán con la lluvia cuando Madre se vaya


    Mi viejo y el mar

     Mi casa está en el mar con siete puertas
    P. Guerra

    1

    Mi padre que viene del mar
    No comprendía las voces que decían que sería un ángel a la diestra de Dios

    Los aguaceros en el patio de su alma desenterraron
    los juguetes con los que nos distraía de la muerte

    Con el tiempo sólo oía el viento:
    La música de una mujer muriendo en el poniente
    en las orillas de un árbol

    Los huesos de mi padre fueron arrojados del abismo
    y él no tuvo quien los defendiera

    Su nombre fue borrado y no hubo una palabra que lo reemplazara
    en el corazón de los verdugos


    2

    Padre es el triste pájaro milenario que de vez en cuando sale a recorrer las ruinas

    A beber cerveza mientras cae el sol calcinando ángeles y bendiciendo vírgenes
    A buscar árboles que hayan sido cobijo de fantasmas, de perros moribundos y de rameras

    Todas las mujeres que se acercaron a él perdieron el equilibrio para siempre

    Padre es una montaña sagrada
    La isla que palpita en nuestras pesadillas indicando el camino de regreso



    Pátibulo

    I

    Padre es una madriguera de fantasmas
    El patíbulo en el que todos nos sentamos a desearnos la muerte

    Para atravesar el desierto y el aburrimiento de los días
    nos llena de silencio

    Es el insecto que nos sigue y se adentra en nosotros
    y prepara su mudanza


    II

    Las aves que vuelan sobre su cabeza
    y que hacen el ruido que permite que se despeguen los parpados

    Puede que al llegar al umbral pasen de largo

    que se internen en busca de su nacimiento
    en las selvas oscuras de su corazón


    III

     “Sí. Supongamos que soy un samurái derrotado”.
    Hugo Chaparro Valderrama
    Ustedes saben ¿No?
    Uno abre las manos para que vuelen las palabras
    Y ellas caen como insectos calcinados por la música
    que camina descalza en otros huertos
    Uno va solitario por la acera y entonces tropieza con el niño que fue
    Y él diciéndose en silencio (como siempre) que nació muerto
    que esa sonrisa de ocasión no ha sido usted
    que ese desprecio de las horas no es su voz
    ¿Qué de bello hay en el mundo? Usted pregunta
    Y él señala un cuerpo putrefacto   hermoso por el hambre
    como el cuerpo de aquella mujer que nos tejía en la sombra
    justo antes de que empezaran las faenas del dolor
    ¿Qué de bello hay en el mundo? Usted insiste
    Y él enseña el arma
    Y entonces usted recuerda que era el arma de su padre
    Y  lo recuerda ebrio, y  lo ve llorar antes de irse
    Y entiende que fue la única vez que vio llorar
    a ese hombre al que llamaba padre
    ¿Qué de bello hay en el mundo?
    Y él comienza a introducir el arma entre su boca



    Moneda de tres caras

    El milagro tiene derecho a imponer condiciones
    Borges

    Quizá padre y madre nos odiaban
    Y por ello nos heredaron los pedazos que salvaron de su mundo
    y que nos permitió que aborreciéramos el cielo

    Quizá por eso nos trajeron a este pueblo de ángeles enfermos
    donde la noche confunde nuestros pechos con su clavicordio

    Quizá por eso las formas de la sabiduría y la maldición de los ancestros:
    La luna horadando nuestros huesos
    en busca de las palabras que los olvidaron en la lluvia

    Quizá padre y madre nos odiaban y por ello nos heredaron la belleza
    Y nos rellenaron de aserrín como a los cantos de los pájaros


    IX

    Su cuerpo
    ¿Qué ángeles dementes serán los arquitectos de los
    Trazos?

    ¿Qué dios deforme reflejado en el agua
    me obliga a buscar en lo profundo la llave para su
    Candado?

    Contemplo las costas mientras se desnuda

    Como una condenada a muerte
    Como una mendiga ebria que sonriendo 
    le reparte al mundo sus ultimas monedas



    RÉQUIEM

    Hay una hora del sueño en la que todos nuestros muertos nos recuerdan, nos ponen bajo el yugo del herrero y nos hacen otro eslabón de su cadena.

    Andrajosos, ellos caminan con nosotros, van heridos, enfermos de la noche.

    Pero hay una hora de la muerte en la que no se sueña.

    En ese momento se acercan a nosotros todos los habitantes de ese reino, nos observan como a esa parte de la brida que salpica a veces por fuera del camino.

    Esa es la hora de la fúnebre música. El momento en el que todas las larvas dormidas en nosotros (ya la noche las despierta) salen heridas, enfermas de la noche; son la plaga que azota como un jinete del Apocalipsis, son el río que sirve de tumba a Emil y Lady Marion (recorren su cuerpo, lo acribillan).

    Esa es la hora del ángel, el que desaparece todo con solo un parpadeo.







    .

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  • 12/08/16--04:09: JORGE IVÁN GARCÍA [19.712]

  • Jorge Iván García

    Armenia, Colombia 1963. Hizo parte del colectivo cultural Sonorilo. Sus poemas han sido publicados en varias revistas y libros, entre los cuales cabe mencionar Papeles y Razones, 1989; Quindío vive en su poesía y Antología poética del siglo, 1999. 


    Estos poemas hacen parte de su libro inédito Una camisa blanca y otros harapos.

    Siémbrate

    Siembra una semilla
    en la tierra de tu mano.
    Ponle un madero horizontal
    para que nadie la pise.

    De mañana sácala al sol
    y rocíale un poco de agua.

    En la tarde
    dale buena sombra.

    Abónala de vez en cuando.
    Háblale, no la olvides.

    Cuando se avise el tímido fruto
    no pretendas apurar
    el paso de su siembra.

    Cosechará en tus manos.



    Ausencia

    Ve a la fosa
    toma un hueso en tus manos
    suavízalo
    lábralo
    tórnalo dócil
    amalgámalo de tal manera
    que le des la forma
    de un cristalino vaso
    ahora
    bebe con el recuerdo
    los días que te quedan
    de soledad.



    Poema para una camisa blanca y desgastada 
    que deja ver mis huesos

    La verdad es que esto no es un poema.
    La palabra “poema” es sólo
    Una estrategia de venta
    -Recuerden que soy hombre, y ante todo
    Estoy hecho para el engaño-
    Aunque en mis otros poemas
    -Que no son poemas-
    Insinúe que no quiero engañarlos.

    ¡Pero basta ya! He perdido media página
    Y sólo quería hablarles de

    Una camisa blanca y desgastada que deja ver mis huesos.

    ¡Vaya torpeza! Cómo malgastamos el espacio.
    Ya no hay lugar donde plasmar
    Aquello que en un principio
    Pensaba que podría ser.

    Dejemos este oficio a los inoficiosos.

    Me pongo la camisa
    Y salgo de nuevo al mundo.



    Diosa alada

    Una mariposa se ha posado en mi mano.
    Con su antena palpa la yema de mi dedo.
    Me pregunto cuántos millones de años
    Le llevó a la naturaleza crear
    Esta perfecta y vulnerable criatura.
    El conocimiento es vano,
    Dejo el lápiz y contemplo los movimientos
    De esta alada diosa.




    Dejemos tranquilas a las piedras

    Por ahora, no las juzguemos.

    No preguntemos por su milenaria juventud.

    A las verjas de madera roída
    No las reprochemos.

    A los desérticos campos,
    No les recordemos los tiempos de grana,

    A las solitarios portales
    No les pidamos cuentas
    De quién ha entrado y no ha vuelto.

    A las tardes grises no las miremos.

    Bajemos la cabeza por un momento,
    Si es posible,
    Arrodillémonos,
    Cuerpo, alma y sueños.

    Ahora escuchemos el silencio
    Del polvo de los caminos



                         
    Del libro inédito: Haiku de la Cabaña


    En el perchero
    Del sombrero ajado
    Sale la araña  

                                                                                                   
    Qué soledad
    Hasta las cucarachas
    Son grata compañía


    Luz de luna
    Qué delgada mi sombra
    En la pared


    Roza la niebla
    La copa de los árboles
    Colina arriba


    Casa desolada
    Junto a la alberca vacía
    Una vaca


    Voy de prisa
    También las nubes pasan
    Vertiginosas


    El anciano
    Con el bastón señala
    Su cabaña


    ¡Qué felicidad
    La de esos pájaros
    Bajo la lluvia!


    Caminando
    En el marco de mis gafas
    Una hormiga


    Apago las luces
    El grillo ensaya su canto
    Para la noche   
                                        





    .


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    Fotografía: Laura Sierra Botero



    Luis Germán Sierra Jaramillo

    (Girardota, Antioquia, Colombia 1957)
    Cursó estudios de Español y Literatura en la Universidad de Antioquia; realizó los diplomados Literatura del siglo XX en la Universidad Eafit y Corrección de Textos en la Universidad de Antioquia. Es coordinador de actividades culturales de la Biblioteca Carlos Gaviria Díaz de la Universidad de Antioquia y editor de la publicación Leer y releer de la misma institución.
    Ha publicado artículos, ensayos y reseñas literarias en Revista Universidad de Antioquia, Boletín Cultural y Bibliográfico del Banco de la República, suplemento Generación del periódico El Colombiano, Agenda Cultural y periódico Alma Máter de la Universidad de Antioquia. En 2009, junto con Robinson Quintero, escribió el ensayo “Un panorama de las tres última décadas” para la reedición del libro Historia de la poesía colombiana de la Casa de Poesía Silva. Ha publicado poemas en revistas y en algunos libros colectivos. Coda de silencio es su primer libro de poemas.




    del libro Coda de silencio, de Luis Germán Sierra J.


    Ceremonia

    Mi padre,
    con su orgullosa barbera de carey,
    se afeita mientras toma un café.
    Cuando abre la boca
    para templar la piel
    empaña el espejo
    justo donde cada mañana
    repito la misma ceremonia



    Atisbo

    El frío levanta
    –curiosos–
    los pezones de las muchachas.



    Como a un animal

    Como a un animal
    les abrimos la boca a las palabras.

    Las obligamos a decir
    lo que habían callado como piedras.

    Y hablaron resentidas del amor,
    del largo hastío que prepara el tiempo.




    Poema frío

    En la felicidad
    no cabe el poema,
    él es harina de otro costal.

    Se sirve frío,
    lejos del entusiasmo
    de la sangre.

    Ni el abrazo ardoroso
    ni el espléndido viaje

    dictan un buen poema.




    Coda de silencio de silencio me parece un libro leve, emocionado, pensativo, con el encanto que tienen las cosas apenas insinuadas. Se lee y se entra en un estado de levitación que se sostiene con elegancia hasta su vuelo final, levitación que continúa más allá de la lectura, que es cuando se aprecia en realidad su poesía, cuando nos conversa finalmente su poesía.

    Tal vez un buen poema es ese que deja sin palabras a su lector, o dicho de otro modo, que lo palabrea en su silencio meditativo. Los buenos versos prefieren hablar después de cantar. En este libro pasa felizmente esto: el verdadero final de cada texto es el silencio, es decir, cada poema comienza cuando termina. Ese es el juego. Esa es la coda.

    Esta es la primera colección de versos de Luis Germán Sierra. No lo felicito. A los poetas no se los felicita (en la felicidad/ no cabe el poema,/ él es harina de otro costal). A los poetas se los admira.


    Por Robinson Quintero Ossa
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    José María Velázquez-Gaztelu

    Escritor y poeta, nació en Cádiz y pasó su niñez y juventud en Arcos de la Frontera. Reside en Madrid. Ha publicado tres libros de poemas: La ceniza (Carabela, Barcelona, 1967), Ritos (Adonais, Madrid, 1971) y Los límites del desierto (Visor, Madrid, 1998), presentando éste último en el Círculo de Bellas Artes, de Madrid, y en el Ledbury Poetry Festival, Inglaterra, con ilustraciones musicales del guitarrista Paco Cepero y la cantaora María Vargas. 

    Sus poemas han aparecido en distintas antologías y en revistas especializadas. Ha sido coguionista, entrevistador y flamencólogo de las series de TVE “Rito y Geografía del Cante” y “Rito y Geografía del Baile”, 113 programas con la presencia de Pilar López, Antonio, Pepe Marchena, Antonio Mairena, Caracol, Paco de Lucía, Menese, Camarón, Morente, Antonio Gades, Manolo Sanlúcar, etc. Ha dirigido y producido discos donde han intervenido Pedro Bacán, Fernando Terremoto, José Menese, Manuel Morao, Pedro Peña o Carmen Linares. 

    Como guionista y documentalista cinematográfico, trabajó durante cinco años en el antiguo No-Do, y para el Canal 13 de la Televisión Mexicana escribió y realizó la serie “El Camino de la Rosa”, rodada en Marruecos, México y España. Ha sido asesor de Basilio Martín Patino para la serie de televisión “Andalucía, un siglo de fascinación”. 

    Por encargo del Festival de Sinaloa, México, escribió y dirigió el espectáculo “Músicas y danzas del flamenco puro”, con El Güito, Carmen Linares y José Mercé. Es colaborador asiduo del sello discográfico RTVE Música, para el que dirige la Colección Nuestro Flamenco. 

    Representando a RNE, consiguió en la República Checa el Premio BRNO con el programa “Los palmeros”. 

    Con motivo del “Día Especial Euroradio 94”, y desde el Teatro Monumental de Madrid, dirigió y transmitió en directo para toda Europa e Israel el Concierto Flamenco de Navidad. 

    Colaborador del Instituto Cervantes y de la Sociedad Estatal para Exposiciones Internacionales, ha pronunciado conferencias en universidades, centros culturales y conservatorios de España, Marruecos, Inglaterra, Jordania, Egipto, Estados Unidos, Líbano, Siria, Francia, Japón, Alemania y Holanda. 

    Por encargo del Festival de Teatro de Almagro escribió en 2001 el espectáculo “De mis soledades vengo. Los clásicos y el flamenco”, que se representó en 2002 en el Teatro Real de Madrid. 

    Desde 1984, escribe, dirige y presenta el programa de Radio Clásica, RNE, “Nuestro Flamenco”. Actualmente es responsable de las páginas de flamenco de El Cultural y dirige la colección Rito y Geografía del Cante, una serie que se presenta con nuevo formato, totalmente restaurada y ampliamente documentada, de la que es también autor de los textos y de la investigación. 

    Recibió el Premio Nacional de la Cátedra de Flamencología en 1972 por la serie de televisión “Rito y Geografía del Cante”; en 1979 por sus artículos y reportajes sobre flamenco, publicados en diarios y revistas; en 1997 por su programa de radio Nuestro Flamenco, de Radio Clásica, RNE, y en 2008 por la dirección, documentación y libretos de la nueva colección “Rito y Geografía del Cante”. 

    Es Medalla de Oro del Festival de Arcos de la Frontera, Premio de la Crítica Flamenco Hoy 2003 y 2006 a su labor de difusión del arte flamenco, Insignia de Oro de la Asociación Cultural Flamenca Manuel Soto Sordera, de Jerez de la Frontera, Insignia de Oro de la Peña de los Pueblos Blancos, de Arcos de la Frontera, Cádiz, Premio De Flamenco.com 2006 por la nueva colección en DVD Rito y Geografía del Cante, Premio del Festival Internacional del Cante de las Minas 2006 por la nueva colección en DVD de Rito y Geografía del Cante y en 2007 en el apartado de Poesía. 

    Es Gaditano del Año 2006 en el apartado de literatura. 

    José María Velázquez-Gaztelu ha sido galardonado con XI edición del premio Fray Luis de León de Poesía, EN EL AÑO 2015, por su obra Cuadernos de la eternidad. 


    EL REGRESO DE ULISES

    Has visto
    los labios sellados con piedras del desierto,
    el sueño que se extingue,
    los ojos, ya huecos, quemados por el fuego
    de los pozos de petróleo, el trueno
    de los gritos cruzando las turbias galerías
    sin luz de Abu Ghraib,
    las plumas del buitre carroñero
    sobre el mármol de la pila de abluciones,
    las sombras que se mueven y acuden a los ritos
    que invocan el presagio,
    las torres del hotel Palais Jamais y abajo, abarcando la medina,
    el lamento del muecín hundiéndose en la noche,
    el eco redoblado en las mezquitas,
    el canto tribal de los esclavos,
    la leve claridad de redención cuando amanece
    y se doran las cúpulas de Fez, ciudad de turbación y de clemencia.

    Has visto
    el tálamo vacío, la seda carcomida en los telares,
    el pomo azul de cuarzo estrellado contra el suelo,
    no hueles su perfume, lo adivinas en la fiebre y la vigilia,
    Penèlope y su rostro nublando los espejos,
    y lloras por tus hijos -venganza de la ausencia,
    el haberlos tenido tanto tiempo en el olvido-,
    que murieron perseguidos por las bombas
    en las calles de Bagdad.



    YOKO

    No viene del aire la oscuridad
    sino del viejo salón violeta que habita Yoko,
    cuando pasa fugaz su sombra
    disolviendo las cortinas
    y el vapor de los espejos.
    Entre sus manos ofrece
    la flor marchita del ritual del humo
    purificado en la urna del Templo de Senso-ji.

    Igual que su memoria,
    imprecisa en el origen
    del ocaso que lento la va envolviendo,
    Yoko perfila un color
    en su recuerdo dormido,
    intenta rescatar la silueta
    azul del Monte Fuji, el interior diamante
    de luces del barrio de Shinjuku.

    Vive entre sueños, atravesando
    la espuma viscosa del lupanar,
    y un leve fulgor se posa sobre sus ojos ciegos
    mientras la noche se abre
    al susurro profundo
    del mar de Tokio.



    EL JARDÍN EGIPCIO

    Regresar a un jardín habitado por las sombras
    como aquel, silencioso, que sirve de frontera entre las aguas
    del río inabarcable y la grada de piedra que baja sinuosa
    del hotel Safir, de El Cairo.
    Allí nacen sonidos de otros tiempos,
    lejanos en su ronca salmodia apagada por la niebla.
    Murmullo profundo, invisibles pescadores
    que flotan con sus cantos en espacios cercanos a la muerte,
    maestros en el arte de faenar en la hondonada,
    en las turbias corrientes y el bullir
    del lodo que viene del desierto
    y que arrastra con vigor el Nilo.

    Regresar a un jardín donde renace
    la huella de los sueños que se posan
    sobre el aire sagrado del viejo corazón
    de un río prisionero de la historia, de la guerra y de la magia,
    y oír, en la quietud que marcan los abismos
    del cauce que se extiende por el mundo,
    las palabras secretas que ocultaron
    los reyes de estas tierras
    y que nunca nos fueron desveladas.



    LA COPA VACÍA

    Cae la noche sobre las columnas de mármol que sostienen
    las terrazas más altas del Hotel Sham Palace. A sólo un paso
    de allí, en la débil frontera que separa la vida del aniquilamiento,
    la bestia se relame oculta entre las sábanas channel
    degustando la sangre derramada en la última mezquita.
    Debajo de nosotros se extiende la ciudad iluminada
    como un manto de fuego que sube hasta los montes
    que rodean a Damasco, eterna visión que se interrumpe
    cuando pasa veloz sobre los templos
    el pájaro que vuela hacia la muerte
    del vecino país, buscando carroña en las ruinas.

    Belleza y destrucción caminan juntas, al silencio le sucede
    la turbia algarabía de gritos y de sangre después de la explosión
    en un mercado, al rito de la dicha lo señala la sombra inabarcable,
    al abrazo de la amante lo cubre el exterminio, y al cuerpo fugaz,
    desnudo en la tormenta, el amargor
    de tu risa helándose en la copa
    vacía mientras llueve en las terrazas
    más altas del Hotel Sham Palace.




    REVELACIÓN

    Una mañana de niebla
    caminas por la Plaza
    de los Libreros del Gran Bazar de Estambul,
    y una voz que no conoces
    dice de pronto en la tienda
    de Muzaffer, el viejo
    sheik de ojos azules:
    "Sabiendo lo ya que sabes,
    mantente también sereno
    lo mismo que una montaña".
    Te oigo, Hakim Sanai, la flor solitaria de los desiertos,
    escribiste doce mil versos
    en tu jardín amurallado
    de la verdad secreta,
    pero éste me atribuló, mientras camino
    sobre la piedra brillante
    acariciado por el eco
    de los pregones, y en la ceguera
    de un resto de luz que no se extingue
    me afano por encontrar
    lo que pude saber un día
    y el paso torrencial del tiempo,
    que nunca tiene retorno,
    lo fue ocultando.







    .


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    Raimundo de los Reyes

    Murcia, 22 de octubre de 1896 - Madrid, 22 de noviembre de 1964.

    Raimundo de los Reyes nace en Murcia el 22 de octubre de 1896. Hijo del ingeniero de montes don Eustaquio de los Reyes y de Isabel Martínez, pasó gran parte de su infancia en Almería debido a los continuos traslados de su padre.

    Con su regreso a Murcia en 1909, Raimundo entra en contacto con el ambiente cultural murciano y con tan solo 17 años, y siempre animado por su madre, comienza a abrirse paso como escritor y periodista publicando su primera poesía en El Liberal, al tiempo que cursa estudios de bachillerato.

    Primeras obras

    En 1916 publica su primer libro Antología de poetas murcianos, y con solo 23 años es admitido como redactor del diario La Verdad, donde crea la sección Apostillas que firma con el seudónimo de Luis Romera de Neydos (anagrama de su nombre).

    Con el arranque de la Dictadura de Primo de Rivera, De los Reyes funda junto a Ballester, Página Literaria y el Suplemento Literario, éste último de mayor relevancia, ya que surge en un tiempo en el que en Murcia despuntaban jóvenes escritores de gran talento inspirados por las vanguardias que comenzaban a florecer en España.

    La segunda mitad de la década de los 20 será una época feliz para el poeta: en 1924 se casa con Remedios García-Morell con la que tiene cinco hijos (de los que morirá tempranamente la primogénita), y publica su primer libro de versos Campo, al que le seguiría Abecedario, consagrándose con ello como poeta lírico.

    La década de los 30 comienza con gran actividad para el poeta murciano que, junto a Ballester y Antonio Oliver, crea la revista y editorial Sudeste que mantiene vivo el espíritu del grupo murciano de la Generación del 27 y en la que publica el primer libro de Miguel Hernández, Perito en lunas, quien se perfilaba por entonces como joven promesa de la poesía española y con quien le uniría una estrecha amistad.

    En 1934 tiene lugar un acontecimiento que marcaría su vida, fallece su madre Isabel Martínez y a ella le dedica su libro Tránsito. Un año más tarde marcha a Madrid para incorporarse como redactor al periódico Ya. En esta ciudad se le conocería como Cónsul de Murcia en Madrid, debido a la defensa a ultranza que hacía de su tierra natal, y allí fundaría la Casa de Murcia.

    Guerra civil

    Pero el estallido de la Guerra Civil truncará su editorial Sudeste así como su libertad, ya que es encarcelado durante tres años en la cárcel de Orihuela. Al salir de prisión retoma su actividad periodística y literaria y en 1941 recibe el Premio de Poesía Polo de Medina, de la Diputación Provincial de Murcia, por su libro Árbol.

    Durante la década de los 40 trabaja como redactor en las revistas Primer Plano, Fotos y Gol, y colabora así mismo con periódicos de tirada nacional. Participa paralelamente en espacios radiofónicos de Radio Nacional de España en los que  crea una emisión dirigida a América, llamada Poetas de España para América.

    A finales de la década de los 40 Raimundo de los Reyes publica dos libros de temática religiosa: Nueve Sonetos  al Cristo del Rescate, de cuya cofradía en Murcia era Mayordomo Honorario, y Cancionero de la Preciosísima Sangre.

    Última etapa

    Comenzada la década de los 50 escribe en el diario Ya su emblemático espacio El Oso y el Madroño dentro del cual se incluiría su sección Ripios del día, en los que tornará el acontecer cotidiano de Madrid en poesía.

    En julio de 1953 le fue otorgada la Encomienda de la Orden del Mérito Civil en el Casino de Murcia y en 1961 la Fundación Juan March le concede una beca para escribir una biografía de Calderón.

    Aquejado de una grave enfermedad, Raimundo de los Reyes fallece en Madrid el 22 de noviembre de 1964.


    Raimundo de los Reyes: Itinerario vital 
    y poético de un escritor murciano del siglo XX

    Por Manuel Llanos de los Reyes
    (Universidad de Murcia)

    “Poeta hondo y alto. Poeta con raíces siempre vivas, y con fronda siempre renovada y limpia. Poeta modernísimo con la única modernidad admisible: la de ser, a la par y en equivalencia, muy de hoy y muy de ayer, de siempre y para siempre.”
                                  
    Federico Carlos Sáinz de Robles.         




    Clausurada el mes de junio de 2003, la Exposición-Homenaje al escritor Raimundo de los Reyes (Murcia, 1896-Madrid, 1964), que la Universidad de Murcia ha dedicado a evocar su figura y su obra, y todavía vivos los ecos del Homenaje que en los primeros días del año 1997 le brindara la Real Academia Alfonso X el Sabio, con motivo de la conmemoración del centenario de su nacimiento, acto que culminó con la publicación de un cuaderno separata de la revista “Murgetana” que recogía las intervenciones de los conferenciantes que en él participamos, así como las de otros relevantes escritores que se adhirieron posteriormente (1), conocemos  hoy la grata noticia de la próxima edición de la obra completa del poeta, a cargo del catedrático de Literatura Francisco Javier Díez de Revenga.

    Todo ello no hace sino poner de manifiesto la renovada actualidad y el interés que continúa teniendo uno de los poetas murcianos más originales y representativos del panorama literario del siglo XX, del que tuve ocasión de ocuparme con amplitud en mi ya lejana monografía Raimundo de los Reyes, poeta y periodista (2).

             I. Niñez y juventud. Primeros pasos literarios.

             
    Nacido en Murcia el 22 de octubre de 1896, Raimundo de los Reyes-García y Martínez era hijo del ingeniero de Montes don Eustoquio de los Reyes, que sucedió en el cargo de Jefe del Distrito Forestal de Murcia a don Ricardo Codorníu, “el apóstol del árbol” (3), y de Isabel Martínez, que le inculcó desde muy pequeño el amor a las letras.
             
    Pasó casi toda su niñez en Vélez-Rubio (Almería), donde estaba destinado su padre, hasta 1909 en que la familia regresa a Murcia. En esta ciudad se despiertan sus inquietudes literarias que le impulsan a publicar sus primeros versos en los periódicos regionales. Según él mismo afirmó mucho tiempo después (4), su primera poesía se la publicó en “El Liberal” el poeta y periodista Pedro Jara Carrillo.
             
    En 1916 recoge composiciones de 86 poetas de Murcia y de sus pueblos en una Antología de poetas murcianos, en la  que junto a unos pocos poetas consagrados se incluye – y esto es lo más interesante- una extensa nómina de jóvenes poetas que, como el propio De los Reyes, constituyen la promesa más firme del futuro panorama poético murciano de los años 20 y 30. No importa que no todos tuvieran la misma calidad, y que algunos fueran incluidos con más desacierto que otros; pese a todo su obra no debe ser desdeñada, puesto que son fiel exponente de aquel interesante momento literario.
             
    La presencia de Raimundo de los Reyes en la Antología se materializa en una extensa composición, escrita en octosílabos,  titulada “Nostálgica”. De corte y tono postrománticos, en ella expresa el amor por su amada, sin la cual el poeta no podría sobrevivir:

                                         “¡Oh, sí; sería mi muerte
                                          el no poder poseerte
                                          alma de mi alma querida;
                                          porque llegar a perderte,
                                          fuera perder de tal suerte
                                          corazón, amor y vida...”

             
    En 1917 fundó la revista “Murcia Gráfica”, de la que sólo salieron dos números, con una portada a color y cierta profusión gráfica, casi desconocida en los semanarios de su tiempo, que agrupaba composiciones de una treintena de poetas.


    Ilustración:  El joven escritor en 1918


    II. Participación en revistas literarias y empresas editoriales: “Página literaria” y “Suplemento” de La Verdad, “Sudeste”. Su conexión con la Generación del 27.

             
    En un tiempo en que la literatura y el periodismo eran perfectamente compatibles, Raimundo de los Reyes inicia su trayectoria profesional en el diario “La Verdad”, donde ingresa como redactor, permaneciendo en él hasta 1935. Allí creó una sección titulada “Apostillas” que firmaba con el seudónimo de Luis Romera de Neydos –anagrama de su nombre-, en la que con fuerte sentido crítico, sano humor y desarrollo de anécdotas, satirizaba los sucesos cotidianos que acontecían en la ciudad. Además escribía críticas teatrales que firmaba con el acrónimo T.A.TRAL y pequeñas notas de humor con el título de “Chispitas”.

             
    En mayo de 1923, siendo José Ballester director en funciones, funda con De los Reyes la “Página literaria” que llegaría hasta octubre, siendo continuada por el “Suplemento literario” de mayor empeño. Ambas publicaciones aparecen en un momento en el que Murcia comienza a elevar su nivel cultural gracias a un grupo de jóvenes escritores que contó con figuras de gran talento e inspiración, que recogieron los cambios y novedades provenientes de las vanguardias que estaban surgiendo en España por aquel entonces.

             
    La “Página literaria”, ya desde sus comienzos, quería ser “un reflejo del ambiente intelectual murciano” y en ella colaboraron escritores de la tierra como Andrés Cegarra, José Ballester, Andrés Bolarín, González Campoy, Juan Guerrero, Andrés Sobejano y Raimundo de los Reyes, además del pintor y dibujante Luis Garay que con sus frecuentes ilustraciones contribuyó al embellecimiento de la publicación.


             

    Ilustración:  Caricatura de Raimundo de los Reyes, por Luis Garay

             
    En noviembre de 1923 surge el “Suplemento literario de La Verdad” que llegará hasta octubre de 1926, con un intervalo de quince meses en que no se publicó. Lo dirige Juan Guerrero, quien eleva la categoría de la revista al lograr que colaboren en ella Juan Ramón Jiménez (-“Enhorabuena por la labor ejemplarísima que hacéis en esa página literaria”, escribe a su director), Antonio Machado, Gabriel Miró y casi la totalidad de los poetas del 27. Del grupo de jóvenes escritores murcianos destaca la participación de Andrés Sobejano, Raimundo de los Reyes, Antonio Oliver, Juan Guerrero, José Ballester, Andrés Cegarra y Andrés Bolarín.


    Ilustración 5:  Suplemento literario de La Verdad, nº 5

             
    Raimundo de los Reyes publica en los números 1, 4, 5 y 59 un total de seis poemas que luego recogería en su libro Campo. Los títulos: “Renuevo”, “La espera”, “Vuelo” y “Madrigales de la tarde” (“Desdén”, “Poniente” y “Silencio”). El prof. Díez de Revenga transcribe y comenta detenidamente el primero de ellos en su ya clásico e imprescindible estudio Revistas murcianas relacionadas con la Generación del 27, señalando que “los tonos machadianos de estos poemas parecen indudables como en gran parte de todo este libro evocador de la Naturaleza con austeridad y bellos efectos plásticos” (5).

                                                   Renuevo

                                              “Tú vas en mí toda
                                               como una azucena
                                               que me perfumara:
                                               tierna, blanca y buena...

                                               Yo voy en ti todo
                                               como la simiente
                                               vertida en el surco
                                               propicio y ardiente...

                                               De esta encina henchida
                                               de paz y de afecto
                                               que da a nuestras vidas
                                               tan hondo contento,
                                               brotará gozosa
                                               en el tronco viejo,
                                               la ramita nueva...
                                               y en ella veremos
                                               posarse la alondra
                                               de nuestros inviernos.”


             
    En 1926, la llegada a Murcia de Jorge Guillén para hacerse cargo de la cátedra de Literatura Española de nuestra universidad, y su pronta relación con el grupo de intelectuales murcianos antes mencionado resultará decisiva para situar a nuestra ciudad en un nivel destacado dentro del panorama literario nacional. Guillén  permaneció aquí hasta 1929, en que partió para incorporarse como Lector a la Universidad de Oxford y desde allí, en 1930, dar el salto a su nuevo destino en la Universidad de Sevilla, al permutar su cátedra murciana con la de su amigo Pedro Salinas. Su pronta relación con el grupo de intelectuales murcianos antes mencionado resultará decisiva para situar a nuestra ciudad en un nivel destacado dentro del panorama literario nacional.

             
    El “Suplemento literario de La Verdad” había dejado de publicarse en octubre de 1926. Ahora con el apoyo decidido de Guillén y el esfuerzo de Guerrero, se publica “Verso y Prosa” (enero1927-octubre 1928). El primer número recoge varios trabajos que habían quedado aparcados para el siguiente ejemplar del “Suplemento” que nunca vio la luz, lo que indica hasta qué punto “Verso y Prosa” fue una natural prolongación de aquel. Así lo reconocía, pasado el tiempo, uno de sus protagonistas José Ballester: “Guerrero ideó con Jorge Guillén la aparición de la revista “Verso y Prosa”, una especie de continuación libre de la “Página” (6).

             
    La revista alcanzó doce números y en ella participaron los escritores del 27, estando considerada como una de las mejores revistas de su generación. Resulta muy extraño que Raimundo de los Reyes, que había tenido un gran protagonismo en empresas semejantes y que en este tiempo atravesaba por un momento de gran actividad creadora dando a la imprenta sus libros de versos Campo (1927) y Abecedario (1929), no colaborara en esta publicación, en la que tuvieron cabida otros escritores murcianos. Con todo, muy poco tiempo después será el impulsor de otra gran empresa de este tipo, al fundar en 1930 la revista “Sudeste” que significó la continuidad del grupo murciano relacionado con la Generación del 27 (7).

             
    “Sudeste” se subtitulaba “Cuaderno murciano de literatura universal”. De los Reyes aclara en una carta dirigida a Juan Guerrero, con fecha de 6 de agosto, el sentido de este término: “Yo dije de literatura universal en el sentido de sustantividad. Es decir, lo universal aplicado a la naturaleza y orientación de lo escrito, a fin de huir en el enunciado de la revista, del concepto de murcianismo a la manera como hasta ahora se viene aquí entendiendo”.

             
    La revista sólo alcanzó cuatro números, pero la calidad de su contenido hizo que Gerardo Diego la citara entre las revistas españolas más importantes de su tiempo (8).


    Ilustración:  Portada del primer número de Sudeste

    El primer número de “Sudeste” apareció el 20 de julio de 1930 y estaba dedicado íntegramente al escritor levantino Gabriel Miró, recientemente fallecido. En él destacan las colaboraciones de Carmen Conde: “Gabriel Miró: Sigüenza y la eternidad”, la de José Pérez Bojart: “Gabriel Miró” y la de José Ballester: “En el arrabal de las almunias...”

             
    El segundo número salió en el mes de octubre y en él, junto a las colaboraciones de Antonio Oliver, Andrés Sobejano o Miguel Valdivieso entre otros, De los Reyes nos ofrece, con el título de “Glosa”, diez décimas que glosan otra de Jorge Guillén, que lleva por título “El querer”. Estas composiciones las incluiría De los Reyes en su posterior libro de versos Árbol (1942). En ella vemos la admiración y la sintonía del poeta murciano con el recién ausentado Guillén, cuya obra Cántico, el escritor murciano conocía muy bien, ya que el año anterior había publicado en “La Verdad” una crítica temprana de ese libro que acababa de aparecer, llena de aguda intuición y felices aciertos (9).

             
    Del número 3 que vio la luz en los inicios de 1931, destaca la bellísima portada de Maruja Mallo, la pintora gallega que ilustraba la “Revista de Occidente”, y los artículos de Juan Guerrero: “Adiós a Jorge Guillén”, despedida emocionada al poeta amigo y estrecho colaborador, y “Murcia en la obra poética de Jorge Guillén”, que reproduce cuatro décimas de su libro Cántico que reflejan la luminosidad de la atmósfera y el paisaje murcianos: “Yo, quieto, seré quien vea”, “Presencia de la luz”, “Panorama” y “La luz sobre el monte”.

             
    Todo ello no hace sino corroborar la admiración y el prestigio que el poeta profesor había dejado tras su estancia aquí entre el grupo de jóvenes escritores murcianos, así como   el sentido de la amistad y el espíritu de colaboración que hubo entre todos.

             
    Desde Oxford, en carta fechada el 8 de enero de 1931 y dirigida a José Ballester (10), Guillén expresa la grata impresión que le ha producido la revista y el agradecimiento por la despedida:

    “¡Qué nostalgia del Sur, de aquel Sur precisamente –calle Capuchinas, tan cerca de la exquisita conmovedora, inagotable calle de la Aurora- me ha traído ese número de Sudeste!

    Y añade más adelante:

                      
    “Les agradezco mucho –a usted, a Raimundo de los Reyes (para él también esta carta) a J.G.R.- su “Adiós” –tan excesivo, tan amistoso- por eso lo acepto-. ... No dejen de enviarme Sudeste que sigo con mucho interés”.

             
    Se confiaba para el número 4 la colaboración de Juan Ramón Jiménez, cuya presencia en cualquier actividad cultural era suficiente para dar a la naciente empresa su consagración definitiva. Había prometido a Juan Guerrero enviar unos trabajos para la revista, pero finalmente desistió, alegando una débil excusa: que no le satisfacían determinados tipos de letra.

    De los Reyes en un fructífero viaje a Madrid en el que tuvo ocasión de conocer a Rafael Alberti, Gerardo Diego y Maruja Mallo, visitó también en su domicilio de la capital de España al poeta de Moguer. En carta a Antonio Oliver, de 21 de noviembre de 1930, dice de Juan Ramón:

    “Me pareció, ya desposeído de ese velo de super hombre con que Juan Guerrero lo envuelve, sencillamente admirable, lleno de sencilla y fina sensibilidad intelectual. Nos enseñó, ya confeccionado en pruebas, un ejemplar de su próximo libro Clásico. Está en un periodo de rara actividad y lleno de ansias de dar cosas a la imprenta.” (11)

             
    Este último número de “Sudeste” salió en julio de 1931 con colaboraciones de Juan Lacomba, Rafael Alberti, Leopoldo Panero, José Ballester, Serrano Plaja, Gerardo Diego, Antonio Oliver, Miguel Valdivieso, Carmen Conde, Evaristo Cánovas, Luis Albertos, Carbonell y Rodríguez Seguí, además de dibujos de Bonafé y Gaya.

             
    Dado que la revista no pudo continuar, sobre todo por problemas económicos, se creó una editorial con el mismo nombre. Es esta editorial, aún más que la revista, la que prestigió la cultura murciana, al dar cabida en ella a jóvenes promesas que en el futuro serían nombres consagrados.

             
    La editorial “Sudeste” agrupó sus obras en colecciones. He aquí la relación completa de sus publicaciones:

                      Colección “Varietas”

    1.     Antonio Oliver: Tiempo cenital (15 de abril de 1932)
    2.     Miguel Hernández: Perito en lunas (20 de enero de 1933)
    3.     Carmen Conde: Júbilos (30 de marzo de 1934, 1ª edic.; 21 de julio de 1934, 2ª edic.)                                                                                                                                                                            
                      
    Colección “Autores Murcianos”

    1.     Andrés Cegarra: Antología (Prosas) (21 de enero de 1934)

    Colección “Horas”

    1.     Raimundo de los Reyes: Tránsito (Elegía) (1 de octubre de 1934)
    2.     José Ballester: Otoño en la ciudad (Novela) (3 de mayo de 1936).

            
    Posteriormente, sin inclusión en ninguna de estas colecciones, Raimundo de los Reyes publicó en Madrid su libro Árbol, en los talleres de la Editorial Católica, en 1942, haciendo constar que pertenecía a la editorial Sudeste.

    El primer volumen de la editorial fue Tiempo cenital (1932), de Antonio Oliver. Libro vanguardista, tuvo una buena acogida de crítica (12). Su autor se hallaba por entonces recién casado con una joven poetisa, Carmen Conde que dos años más tarde publicaría también en esta misma editorial su libro de poemas Júbilos, con un prólogo de Gabriela Mistral. Este libro que hacía el número 3, tuvo dos ediciones, en marzo y julio de 1934.

    Coincidiendo con la aparición de Tiempo cenital, Ballester y De los Reyes crearon en el diario La Verdad un página con el título de “Letras y Artes” que se extendió desde junio de 1932 hasta julio de 1936. Página semanal que pese a ser de menor calidad que el “Suplemento”, queda como exponente de la cultura local y de las novedades artísticas y literarias del momento.
             
    El segundo libro de “Sudeste” fue Perito en lunas (1933), de Miguel Hernández, sin duda el de mayor trascendencia de toda la editorial. La amistad entre el joven e inédito aún poeta oriolano y Raimundo de los Reyes debió de surgir tras el acto que en honor de Miró, recientemente fallecido, organizaron en Orihuela Ramón Sijé, Miguel Hernández y sus amigos el 2 de octubre de 1932. Al grupo de poetas e intelectuales oriolanos se sumaron Carmen Conde y Antonio Oliver, Ernesto Giménez Caballero y Raimundo de los Reyes entre otros. Se publicó un único número de “El clamor de la verdad” (13) (título de un semanario imaginario que D. Magín leía en la novela Nuestro Padre San Daniel), que agrupaba trabajos de casi todos los participantes, y entre los que Mª de Gracia Ifach destaca por su calidad los versos de Carmen Conde, la crónica de Sijé “Geografía de un claustro” y la colaboración de Raimundo de los Reyes: “Orihuela, principio y término de Sigüenza” (14).
             
    Ramón Sijé (15) debió de ser el que presentara a Miguel Hernández y Raimundo de los Reyes, ofreciéndole éste enseguida la publicación de su libro Perito en lunas, libro hermético y difícil donde en sus 42 octavas, presentadas sin título, la seducción por Góngora y la utilización de un lenguaje metafórico, las hacía casi incomprensibles para los lectores. Tiene mucha razón Agustín Sánchez Vidal cuando afirma que Perito en lunas “no es sólo un libro, sino toda una época de la poesía hernandiana” (16).
             
    Son frecuentes los viajes que Miguel hace a Murcia para corregir las pruebas del nuevo libro, y en uno de ellos, cuando Perito en lunas está próximo a salir de la imprenta, coincide en casa de Raimundo de los Reyes con Federico García Lorca que había venido a nuestra ciudad con su grupo teatral La Barraca, siendo así el escritor murciano quién presentó a los dos grandes poetas (17).
             
    Testimonio íntimo de la actividad que Miguel hubo de desarrollar para ver publicado su primer libro de versos y de la consecuente relación que mantuvo con su editor murciano, son tres cartas que aquel le dirige desde Orihuela y que conservadas por su viuda, Josefina Manresa, publicó Agustín Sánchez Vidal (18) en 1986. Fechadas una en noviembre y dos en diciembre de 1932, en ellas se observan las vacilaciones del joven poeta para dar forma definitiva a su poemario y su preocupación porque su libro salga de la manera más perfecta posible.
             
    En la primera expresa su deseo de titularlo Poliedros:

    “He hallado otro título que me parece más feliz, más breve y sencillo y que creo explica mejor el libro: POLIEDROS”.
             
    La segunda carta, que transcribo a continuación, deja constancia de su total disponibilidad para colaborar en la empresa murciana que dirige su ya buen amigo, Raimundo.

    (Orihuela, 6 diciembre 1932)

                      Sr. D. Raimundo de los Reyes
                      
                      Querido poeta y amigo:
    Ahí le envío cinco octavas más; si no le ha de reportar perjuicios póngalas con las que le dejé en lugar de estas que le había mandado:

                      Expuestos a romper los...

             
    Perdone, amigo Raimundo, pero es que quiero, ya que voy a publicarme, hacerlo con lo mejor mío. Además no le mandaré ya otras. Ahora lo que fabrique me lo guardaré para otros libros futuros. ¿Qué le parece (cuando la haya leído) mi traducción de “El remero” de Valery? Eso para el  Sudeste próximo. Espérenos a Sijé y a mí el jueves. Hasta entonces con un abrazo, querido poeta,
        
                                                          MIGUEL HERNÁNDEZ GINER”


    El intercambio epistolar cruzado entre ambos poetas de la Vega del Segura debió ser mucho más amplio y debió de extenderse durante los años posteriores, hasta los tiempos fatídicos de la guerra civil, aunque lamentablemente el paso del tiempo y otras múltiples causas como el lógico miedo que se sintió en aquel momento, obligaran a su destrucción, lo que impide que tengamos hoy constancia documental de ello.

    Perito en lunas salió en enero de 1933, con prólogo de Ramón Sijé, y un retrato de su autor dibujado por Rafael G. Sáenz. El libro llevaba al frente una dedicatoria a las tres personas que más habían ayudado al desvalido Miguel: “A Raimundo de los Reyes, a Ernesto Giménez Caballero y a Concha Albornoz, como agradecimiento y recuerdo del poeta”. Pese a ello, todavía en el interior del libro, Hernández, de manera más particular, quiso también dedicar a su editor y amigo la octava titulada “Sandía“.


    Ilustración:  Portada de la primera edición de Perito en lunas y retrato del poeta

    La relación entre ambos poetas continuaría en los años siguientes en que Miguel envía sus colaboraciones en prosa a la página de “Letras y Artes” de La Verdad; asimismo, y en justa reciprocidad, desde esta publicación siempre se le deparó un trato inmejorable, ofreciendo noticias de su persona y críticas elogiosas de su posterior libro El rayo que no cesa.

    Justo un año después, en enero de 1934, salió el cuarto volumen de “Sudeste”, Antología (Prosas), de Andrés Cegarra Salcedo, el escritor unionense fallecido seis años antes. Fundador de la Editorial Levante, -que había publicado libros de autores murcianos entre ellos Campo, el primer libro de De los Reyes-, fue un autor dotado de una rica sensibilidad para describir paisajes y ambientes y cultivó una prosa lírica llena de matices sensoriales que la hacen allegable a la de otros escritores levantinos como Azorín o Miró. (19).

    En octubre de 1934, dentro de una nueva colección, Horas, Sudeste edita Tránsito (Elegía), del propio Raimundo de los Reyes. Breve y emocionado poemario, lleno de trágico sentimiento, escrito a raíz de la muerte de la madre del poeta.

    Por último, en mayo de 1936 aparece Otoño en la ciudad, una bellísima novela de ambiente murciano, original de José Ballester, con ilustraciones de Garay, constituida por una sucesión de estampas escritas con finura y distinción (20).


    III. Etapa madrileña. Renovada actividad periodística y literaria.

    El estallido de la Guerra Civil truncará la continuación de la empresa editorial Sudeste. Raimundo de los Reyes que había marchado a Madrid en 1935 para incorporarse a la redacción  del periódico “Ya” que acababa de fundarse, será detenido y trasladado a la cárcel Modelo, primero, de allí a la de Atocha y, finalmente a la de Orihuela, lo que supuso para el escritor un calvario personal y familiar, equiparable al de otros muchos españoles que fueron víctimas del odio y de la sinrazón de los dos bandos enfrentados.


    Ilustración:   Retrato de guerra por Adrián Viudes  

    Cárcel de Orihuela (1938).

    Terminada la guerra, De los Reyes se instala definitivamente en la capital de España, donde ocupará la secretaría de redacción del diario “Ya” hasta su fallecimiento, desarrollando en aquella ciudad una gran actividad como periodista y como escritor.  Antonio Crespo ha señalado cómo Raimundo de los Reyes fue uno de los primeros periodistas murcianos que marcharon a Madrid para realizar allí su trabajo, mencionando también como pioneros a Juan Peñafiel, a García Viñolas, a los que seguirían después otros como Jaime Campmany, Salvador Jiménez y Antonio Ruiz “Ruango” (21).

    En 1941, De los Reyes funda con García-Viñolas la revista “Primer Plano” de la que fue redactor jefe hasta 1943; en esa fecha pasó a ocupar idéntico puesto en “Fotos”, publicación en la que ejerció la crítica de cine y teatro; dirigió la revista “Adriano”, y desarrolló una sección de teatro en Cuadernos de Literatura, editados por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, además de colaborar en “Blanco y Negro”, “ABC”, “Mundo Gráfico”, “Nuevo Mundo”, “Crónica”, “Ahora” y otras publicaciones de aquel tiempo.

    Esta dedicación al periodismo no le impide cultivar su vocación de poeta lírico. En 1942 sale impreso en una fugazmente resucitada editorial “Sudeste” su libro de versos Árbol, que un año antes había ganado el Premio Polo de Medina de la Excma. Diputación Provincial de Murcia. La prestigiosa editorial ponía así definitivamente punto final  a una destacadísima trayectoria con la publicación de esta obra de quien había sido su fundador y alma mater.

    En 1944, De los Reyes ingresa en Radio Nacional de España donde creó unas emisiones de Teatro Breve, adaptaciones de piezas teatrales de autores famosos. Igualmente, en 1947 inicia una nueva emisión dirigida a América, de poesía regional española, con el título de “Poetas de España para América”. Ambas emisiones se mantuvieron en antena durante varios años

    Tan intensa actividad periodística no le impidió desarrollar otras facetas literarias como pronunciar conferencias, intervenir en recitales, participar en juegos florales... Por este tiempo Raimundo de los Reyes acude con prontitud y total dedicación en defensa de todos aquellos aspectos que tuvieran que ver con su tierra chica: ayudas artísticas , favores, gestiones, etc. El título de Cónsul de Murcia en Madrid, que le dieron sus paisanos, refleja con exactitud la importancia de la medida de sus actuaciones.

    Resultaría prolijo enumerar sus múltiples y constantes desvelos a favor de sus coterráneos, pero baste destacar su activa participación en 1946 en la Comisión pro-damnificados por las inundaciones de la Vega Baja del Segura, que organizó una gran función en el teatro Madrid, en la que intervino don Jacinto Benavente, así como otras actuaciones de gran resonancia pública o social con el fin de recaudar fondos para los más necesitados.

    Posteriormente, y como expresión de su irrenunciable murcianismo, fundaría la Casa de Murcia en Madrid, de la que fue Secretario General en los años de mayor influencia y esplendor de este centro regional.


    Ilustración:  Acto de constitución de la Casa de Murcia, de la que fue su principal hacedor.

    Al mismo tiempo, prosigue su obra poética, publicando en 1949 el breve opúsculo Nueve Sonetos al Cristo del Rescate, imagen  de cuya cofradía en Murcia era Mayordomo Honorario y dos años más tarde otro libro de semejante contenido, aunque más extenso, Cancionero de la Preciosísima Sangre, dedicado al titular de la cofradía murciana de ese mismo nombre.

    A partir de 1953, en el periódico “Ya” desarrolló dos secciones diarias: “Ripios del día”, con el seudónimo de Luis Romera, y “El Oso y el Madroño”, con el de Hilarión. En la primera, el pequeño suceso cotidiano era poetizado por su pluma de forma festiva, y con ella alcanzó gran popularidad. En 1958 recogió una selección de estos ripios en su libro Ripios del día de Luis Romera, con un prólogo de F.C. Sáinz de Robles, quien elogia los aciertos expresivos, las felices imágenes y paradojas del que califica como el mejor poeta festivo y satírico de su tiempo.

    En cuanto a “El Oso y el Madroño” abordaba temas y problemas madrileños en su diario comentario municipal. Promovió campañas caritativas de gran alcance social -motos para sacerdotes, dinero para gentes necesitadas-, mantuvo un buzón de correspondencia con los lectores e incluyó un breve apartado bajo el nombre de Gregorías, donde imitaba con mucho ingenio las Greguerías de Gómez de la Serna y en las que se leían pensamientos como estos: “A la mujer que amamos no es menester que le confiemos nuestro secreto, porque los sabe todos”, “Hay una lágrima en el corazón que nunca llega a los ojos” o “Aquel señor perdió el sombrero, y decía: ¡qué cabeza tengo!”.

    En julio de1954 se le otorgó la Encomienda de la Orden del Mérito Civil, que le fue impuesta en el transcurso del homenaje que con tal motivo se le rindió en el Casino de Murcia el 19 de abril de 1955, imponiéndole tal distinción don José Mª Ibáñez Martín, por entonces Presidente del Consejo de Estado.


    Ilustración:  Recibimiento al Príncipe don Juan Carlos a su llegada a España para realizar su formación superior

    Vocal de la Junta Directiva de la Asociación de la Prensa de Madrid en tres periodos electivos consecutivos: 1957-58, 1959-60 y 1960-61, los dos primeros bajo la presidencia de Manuel Aznar, figurando como vicepresidente Emilio Romero.

    En 1960, De los Reyes recopila una serie de apuntes ya publicados en diversos lugares sobre tradiciones y figuras de nuestra tierra: breves ensayos dedicados a la Virgen de la Fuensanta, a Francisco Salzillo, a los Auroros, a Pedro Jara Carrillo..., con el título de Estampas murcianas, subtitulado Ensayo sobre la psicología y el panorama del país murciano. Al final se incluye un cuento titulado “El cántaro en la fuente”, género que De los Reyes apenas cultivó. En palabras de su autor, el libro “pretende ser una sinfonía en tono menor en la que se armonicen en acordes distintos, pero completándose mutuamente, el ambiente, el arte y la tradición”(22). Para Ismael Galiana, las estampas, en conjunto, “están teñidas, en su mayor parte, de esa suave nostalgia que nos embarga en la rebusca del tiempo perdido” (23).                                        

    Un año después es becado por la Fundación March para realizar una biografía sobre Calderón. Aquejado de la enfermedad que acabaría con su vida, un linfosarcoma, ello no le impidió continuar hasta el último momento con su labor, enviando al periódico sus trabajos y dictando a la vez la biografía que no pudo acabar.

    El escritor José Luis Castillo-Puche recuerda una de las últimas visitas que hizo a su amigo en su casa madrileña:

    “Raimundo sabía con toda certeza lo que tenía y no quiso hacer tragedia ante los demás. El drama lo llevaba muy dentro. Inevitablemente había dejado de poner pasión y arrebato en muchas cosas, hasta en esas cosas de su tierra y de su región que eran para él como una superprofesión. No saben ni siquiera muchos murcianos cuánto ha trajinado la imaginación y el sentimiento de Raimundo porque Murcia ocupara en todo el puesto que le corresponde. Hace poco, unos meses tan sólo, cuando ya los signos eran fatales y evidentes, le dije: “¿Por qué no te vas a Murcia una temporada?”. “Para Murcia, querido, tengo yo toda la eternidad”. (24)

    Raimundo de los Reyes falleció en Madrid el 22 de noviembre de 1964, siendo enterrado en el  panteón familiar del cementerio Nuestro Padre Jesús de Espinardo (Murcia).


    Ilustración:  Sesión solemne de la Real Academia Alfonso X el Sabio en homenaje al poeta y periodista Raimundo de los Reyes con motivo del centenario de su nacimiento, celebrada el 12 de enero de 1997.


    IV. Trayectoria lírica.

    El perfil hasta aquí trazado del escritor murciano quedaría muy incompleto si no hiciéramos un breve pero suficientemente ilustrativo recorrido por su obra lírica con la que destaca por su alta calidad literaria y hondura humana.

    De las muchas facetas que como escritor Raimundo de los Reyes cultivó con acierto: periodista, crítico literario, crítico de cine, antólogo, promotor de revistas literarias, editor, ensayista, conferenciante, fue sin duda como poeta lírico, la labor en la que sobresalió de modo más eminente. Y es que como ha señalado el prof. Juan Barceló: “Todos los que se han ocupado [...] de la obra poética de Raimundo de los Reyes –Rodríguez Cánovas, Ballester, Sánchez Moreno, Oliver Belmás, González Ruiz, Sáinz de Robles, Llanos de los Reyes, Crespo Pérez, Juana Mª Dávalos...-, confirman la calidad poética de la obra de Raimundo, destacando la hondura de sus composiciones, la precisión técnica de sus versos y estrofas, la fina sensibilidad y la emoción sincera y profunda de sus intuiciones, que a veces, y sobre todo, en los últimos libros nos lleva a un temblor emocional de muy alta calidad poética” (25).

    La obra poética completa de Raimundo de los Reyes queda recogida en nueve libros, aparecidos entre 1927 y 1966, que pueden agruparse en cuatro etapas claramente delimitadas: A) Conexión con la Generación del 27: Campo (1927), Abecedario (1929), Tránsito (1934) y Árbol (1942); B) Poesía religiosa: Nueve sonetos al Cristo del Rescate (1949) y Cancionero de la Preciosísima Sangre (1951); C) Poesía festiva y satírica: Ripios del día de Luis Romera (1958), y D) Etapa de madurez: Un ángel me acompaña y Los caminos del silencio (1966).

    A)    Conexión con la Generación del 27.


    Ilustración:  Portada de Campo

    Campo, su primer libro de versos, aparece en 1927, año de grandes resonancias para la poesía española, siendo acogido muy favorablemente por la crítica local, y en él su autor se muestra ya como un lírico intenso y original, de serena clasicidad, que canta las bellezas de la Naturaleza tranquila, de las que el hombre debe gozar con decidido optimismo:

           “Caminar es sentirse lleno
            de melancolía
            por el sereno misterio
            de la lejanía.
            Saturar nuestro corazón
            de todas las cosas bellas.
            ¡Oh la divina sensación
            de los regatos y las estrellas!
            Conquistar cada madrugada
            nuevo horizonte a nuestro anhelo:
            sentir el alma saturada
            de luz de sol y azul de cielo.”

           
    La gozosa contemplación del paisaje externo es consecuencia de una concepción de la naturaleza como marco idílico, en consonancia con la idea que Fray Luis de León tenía de la creación como un concierto de rara perfección donde hasta la más ínfima de las criaturas está emitiendo su nota.

           
    Uno de los apartados más característicos del libro es “Paisaje”, integrado por los poemas “El pino”, “La copla”, “Agua”, “Crepúsculo” y “Nocturno”, cuyos títulos resultan harto elocuentes de los motivos a que aluden. Los tonos de dulce melancolía que de ellos se desprenden –como en la audición del Poema, de Fibich-, son el resultado de la fusión íntima, llena de emoción, del paisaje con el corazón humano que allí tiene lugar. Obsérvese en el romance “Silencio” esta dualidad paisaje-sentimiento, que nos evoca la poesía de Antonio Machado, cuyos ecos, por otra parte, es posible encontrar en casi todo el poemario:

                                           Silencio

                                  Se ha puesto el sol tras la lumbre
                                  dorada de sol de ocaso...
                                  Y la cumbre hecha silencio
                                  se derrama por el llano.
                                  Horas de la tarde, llenas
                                  de anchura de cielo claro
                                  con estrellas -¿mariposas
                                  de luz en celestes prados?-
                                  con luciérnagas -¿estrellas
                                  dormidas en los sembrados?-
                                  ¡Fantasía turbadora
                                  de crepúsculo de campo!
                                  Huele a tomillo y romero
                                  y a humo de hogar serrano,
                                  en esta hora de paz,
                                  de recogida y descanso...
                                   Y el alma, la avariciosa
                                   de silencio por gozarlo,
                                  - ¿luciérnagas, estrella, aroma?-
                                  se torna quieto remanso.


           
    En el ocaso de la tarde, el alma se contagia de la apacibilidad o aquietamiento de los elementos del paisaje identificándose metafóricamente con ellos -luciérnaga, estrella, aroma-; al final, el poeta realiza un bello efecto recolector que contribuye a reafirmar la dulzura de tan íntimo sosiego.

           
    Del mismo modo en otro apartado, “Sensaciones del paisaje”, se continúa esta misma trayectoria que se prolonga en general en otros poemas del libro.

           
    En Campo encontramos también, superpuesta a la descripción paisajística, una vena de honda religiosidad. En la línea de tradición clásica en que este libro se inscribe, no falta el acercamiento a la doctrina ascético-mística, bebida directamente de esos manantiales imagotables de agua viva que son Fray Luis de León o San Juan de la Cruz.

    De los Reyes se aproxima al clásico tema luisiano del apartamiento de lo humano y acercamiento a lo  divino, invocando a Dios en versos de gran hondura religiosa:

                           “Dadme Señor para cruzar la vida
                            -lejos lo humano, cerca lo divino-
                            la llama de la fe siempre encendida
                            y una sed infinita de camino.”

           
    Otras veces, en la contemplación serena del cielo, de la noche estrellada, encontramos resonancias de la poesía de San Juan, como sucede en “Misterio”. Aquí el alma se identifica con la noche, espacio interior donde cielo y tierra, espiritualidad y materialidad, se aproximan hasta juntarse, siguiendo el tradicional recorrido de las vías místicas.
                          
                                        Misterio

                            En el remanso del espíritu
                            las ilusiones son estrellas
                           que se reproducen o se copian.
                            He aquí el misterio...
                            Como la noche el alma tiene
                            sus manantiales y remansos
                            y sus jardines estelares.

                            Y en esta noche azul, que ostenta
                            una apoteosis de luciérnagas
                            celestes y maravillosas
                            ¿ascienden de la alberca
                            o caen en ella las estrellas?


           
    Como señaló el crítico Aguirre Prados, nuestro poeta “cantó a la Naturaleza convencido de que en ella está gran parte de la poesía. La poesía sin la cual la interpretación de la vida sería insuficiente y desconsoladora” (26).
          
    A pesar de ser un libro inicial, con Campo, De los Reyes manifestaba ya un evidente dominio de la versificación, una maestría en el empleo de los recursos expresivos, así como el desarrollo de una serie de motivos de honda raigambre clásica, junto al empleo de elementos  más modernos.


    Ilustración:  Portada de Abecedario

           
    Su siguiente libro de versos es Abecedario (1929), cuya portada luce una bellísima ilustración del pintor Ramón Gaya. De corte y tono popular, va destinado al mundo de la infancia: “A todos los niños”, reza la dedicatoria inicial.

           
    El libro agrupa 37 poemas en los cuales, junto a la descripción animada y fresca de los juegos y sueños infantiles, se desarrollan también otros temas muy diferentes como el amor y el mar, contemplados desde la óptica del tema central.

           
    El poeta se remonta a su niñez y nos describe los aconteceres vividos en la escuela, a la que compara metafóricamente con un bajel al que van sujetos los escolares en calidad de remeros, forzada su naturaleza inquieta a no poder moverse libremente como ellos quisieran.

                                           Clase

                                  Mayo toca el cascabel
                                  áureo de la primavera...
                                  Mete su rama primera
                                  por la ventan un laurel.
                                  La escuela es como un bajel,
                                  y en los bancos alineados
                                  los alumnos aplicados
                                  bajo los gestos severos
                                  del profesor, son remeros
                                  de navegar fatigados.

           
    No deja de ser significativa en esta décima introductoria la asociación escuela-bajel, que nos permite adivinar ya desde estos primeros versos ese otro tema del libro que es el mar, presente en otros poemas.

           
    En el apartado “Juegos”, integrado por los romances “La comba”, “Las cinco piedras” y “El poema de los botones”, el espacio en que se mueven ahora los niños es más abierto y gozoso y en ellos está presente la actividad lúdica de los más pequeños.

           
    El acercamiento a la naturaleza que De los Reyes había iniciado en Campo, continúa dándose también en muchos poemas de Abecedario. Así en “Cajita gris”, nos pinta un dulce cuadro de la vida campesina, salpicado de pinceladas cromáticas, en la que es una de las más bellas composiciones del libro.

                                             Cajita gris

                                  Cajita gris de la granja,
                                  con sus borreguitos blancos
                                  por una vereda azul,
                                  con añoranzas de campo.

                                  Establo de siena y grana
                                  con cuatro pesebres altos
                                  y unas vacas amarillas
                                  plácidamente rumiando.

                                  Evocación de un crepúsculo
                                  dulcemente virgiliano:
                                  verde musgo, verde aurora,
                                  verde amable de remanso
                                  donde las estrellas bañan
                                  sus fulgores... ¡Verde campo
                                  donde –viento en verdes ramas-
                                  canta un árbol solitario...!

                                  Para vivir la serena
                                  paz de tu humilde cercado,
                                  ¡quien fuera, de tus labores
                                  cajita gris, hortelano!

           
    Los siguientes apartados: “Las Playas del soto”, “Motivos”, “Canciones” y “Romancero del soto”, insisten en la mostración de las bellezas de la Naturaleza, insertando en su marco idílico los sucesos del mundo infantil. En el soto, al borde del río (“-senda del mar-“), el poeta sueña. Le basta un barquito de papel a su imaginación de niño para inventar un fabuloso viaje por el mundo. Pero el mar aparece siempre pensado, constituye un sueño, una quimera, algo lejano, presente solo en la imaginación. Así lo vemos en composiciones como “El mar” y ”Vámonos a navegar”.

                   
                                           El mar

                                  Yo no he visto el mar y tengo
                                  tristeza por ver el mar.
                                  Dicen que es muy grande, como
                                  cien veces el río, y más.
                                  Yo me iré una tarde, madre,
                                  por el camino que va
                                  a las lomas de la Virgen,
                                  detrás de las que está el mar.
                   
    -          ¿Y si te pierdes?
          - El Ángel
    madre, me acompañará.
    -          ¿Y si te cansas?
                                 - La sombra
    tendré para reposar
    de un pino...
    -          ¿Y si el hambre un día,
    hijo, te hace desmayar?
    -¡Me darás para el camino
    madre, chocolate y pan!

            
             
    Con toda razón Antonio Oliver y Carmen Conde destacaron de  Abecedario su fuerte acento lírico y sobre todo “esa busca persistente del mar a través de todas sus páginas” (27).

             
    Muy bella es también la composición “Lunita dame pan”, en la que las niñas dialogan con la luna a la que ven como una madre protectora, cantándole con su inocencia infantil:

                                         Lunita
                                         dame pan,
                                         que soy chiquitita
                                                   y no lo puedo ganar.

    Pasado el tiempo, cuando estas niñas se hacen mayores, todavía la luna seguirá iluminando en la noche, de ilusiones y esperanzas, sus vidas.

    Por último, señalar el otro motivo del libro, el amor, que de modo intermitente se hace presente en varias composiciones. Además de protagonizar el breve apartado “Amorosas”, donde adquiere mayor relevancia quizás sea en el romance “Llueve”, en el que el niño enamorado no puede ir esa tarde al soto para jugar con su amada, esa niña que es “igual que una emperatriz”.

    Abecedario, a pesar de la originalidad de su tema –no es frecuente encontrar en nuestra literatura poemas que se inspiren en niños-, de su pureza y gracia poéticas y de los ecos de grandes poetas contemporáneos como Machado, Juan Ramón, García Lorca o Aberti, no encontró la acogida de público que el poeta esperaba. Le consuelan, no obstante, los encendidos elogios que le llegan de parte de Gerardo Diego, que le escribe desde Gijón, de Ramón Gómez de la Serna, del matrimonio cartagenero Antonio Oliver y Carmen Conde, y desde Oxford, el aliento y las amables palabras de Jorge Guillén.


    Ilustración:  Carta de Guillén

    Su siguiente libro Tránsito (1934) se subtitula Elegía y está dedicado a la memoria de su madre, Isabel Martínez que acababa de fallecer. Libro breve, pero lleno de profunda emoción lírica, es un homenaje de amor filial y expresión de dolor ante la ausencia del ser querido.


    Ilustración:  Portada de Tránsito

    Se inicia con la cita de Jorge Manrique: “Dio su alma a quien se la dio” y con la intención del autor:

             “Como una oración íntima
                                 a su recuerdo amado.”

    La elegía se estructura en cuatro partes: “Tránsito”, “Hogar”, “Desolación” y “Canciones”, que ofrecen paulatinamente toda la expresión dramática de esa tremenda realidad que lacera y conmueve la humanidad  del poeta, sacudiéndole emotiva y vitalmente. El sentimiento dolorido no tiene para él matices pesimistas, pues sobreponiéndose al desaliento, le reconforta la esperanza cristiana que le anima a seguir por una senda no exenta de dolor y tristeza:

                     
                                “ Soledad y tristeza en mi camino
                                  sin sombra ni agua para la fatiga,
                                  y sin afán de renovadas rutas;
                                 que al cerrarte los ojos, madre mía,
                                 se cerraron los míos
                                 a la luz de las gratas perspectivas.”


    En el tránsito que supone el paso de la vida a la muerte, se halla también, siguiendo la tradición cristiana, el del alma que escapa del cuerpo hacia el cielo:


                               “Voló su alma a los cielos
                                 -dulce mariposa blanca-.
                                  Los músicos celestiales
                                  la reciben con arpas.”


    donde lo sublime es la poetización del trasunto, esa bella metáfora dulce mariposa blanca, concepción ideal del alma que escapa presurosa hacia la gloria eterna.

    En la parte central del libro, Hogar, se agrupan unos poemas que señalan la tristeza, la orfandad, en que se halla la casa familiar, hontanar de la vida sencilla, donde la madre con su amor inmutable era suma y compendio de todas las alegrías y tristezas:


                                “Qué en silencio la casa.
                                 Su andar menudo, inquieto a toda hora,
                                 no anima los pasillos y las piezas
                                 aún llenas de su sombra.”


    Y es al final de esta composición donde el poeta nos ofrece la única referencia a su padre de toda su producción literaria, expresada en los siguientes versos:


                                 “En su sillón de ruedas
                                 donde el dolor de una anquilosis postra,
                                 mi padre, a cada instante,
                                 con consejos y cuentos y chacotas
                                 pretende vanamente consolarnos
                                 de esta horrible congoja.
                                 Está sereno, fuerte, resignado,
                                 tanto que a veces sus intentos logra...
                                 mas cuando algún momento
                                 llega a quedarse a solas,
                                 inclina la  cabeza sobre el pecho,
                                 crispa las manos y en silencio llora.”


             
    “Admirable colección de sugerencias en las que se funden la delicadeza de la poesía con el hondo sentir de la desgracia que tortura su alma”, tal y como señalara Sánchez Jara (28), Tránsito se cierra con siete canciones breves, de gran sencillez –como el libro todo-, en donde el poeta continúa expresando el motivo central del poemario, extendido ahora a la comparación con los elementos de la naturaleza:


                                          “Que nada enseñe un dolor
                                           más grande que el dolor mío.
                                           Ni el árbol secas sus ramas,
                                           ni  el ave el nido vacío;
                                           ni el mar su arena sin agua;
                                           ni seco su cauce el río,
                                           ni muerto, el oriente, el sol...
                                           ¡Que es mayor el dolor mío!”


             
    Como en el verso garcilasiano, este dolorido sentir adquiere connotaciones universales proyectándose sobre los elementos de la naturaleza, sin que ello pueda mitigar la expresión tan intensa de  su apenado ánimo.

             
    Elegía tierna, íntima, en la que el dolor del poeta huérfano se tiñe de una profunda resignación cristina, Tránsito supone la liberación, a modo de catarsis, del hondo sentimiento que Raimundo experimentara tras la pérdida de su madre.

             
    José Ballester acertó a ver los matices de originalidad y de sinceridad que laten en la obra al destacar en el momento de su publicación que “la elegía se declara con acentos insólitos, llenos de verdad” (29). Efectivamente, si no es muy común en nuestra literatura el llanto poético por la madre, menos la autenticidad con que éste se declara. Y en ello incidía también el escritor y pintor Ramón Gaya al destacar las dos dimensiones fundamentales del libro: “la emoción –dolor- y la belleza –dolor-“ (30).


    Ilustración :   Portada de Árbol

             
    Árbol (1942) es el último libro publicado por la editorial  Sudeste, con el que su autor había obtenido el premio Polo de Medina un año antes. En esta obra, dedicada a Remedios, su mujer, De los Reyes siguiendo la línea que caracteriza a su producción anterior, diluye su inspiración por entre la naturaleza toda: “El canto a la Naturaleza que se abre en Campo se cierra con Árbol. La fusión de espíritu y materia en continuidad” (31).

             
    Nicolás González Ruiz, prestigiosa periodista, compañero entrañable de Raimundo en las tareas del “Ya”, dedica al frente del libro un Saludo en el umbral, en el que con gran acierto señala el carácter esencialmente lírico de abrazo del poeta con la naturaleza.


    “La poesía de Raimundo de los Reyes es una ventana al campo; pero no para ver el campo como pudiera verlo un espectador curioso de la ciudad que de pronto se diese cuenta de que el campo es bonito, sino para contemplarlo con una intimidad que es fusión de vidas, donde la sangre lleva el compás sencillo de la savia y las emociones agitan el corazón como el viento las ramas de los árboles.”
             
    La perspicacia del prologuista alcanza a descubrir con claridad que todo es pasado por el corazón del poeta, tan arraigado en las cosas sencillas, que en el mismo corazón adquieren presencia renovada.
             
    Al inicio de la obra encontramos cuatro décimas referidas a las estaciones del año, en las que se aprecia la influencia de la poesía de Jorge Guillén, que se da en buena parte de Árbol. Destacamos la primera de ellas titulada “Primavera” en la que esta estación aparece íntimamente unida al tema amoroso lo mismo que en el conocido poema  de Guillén “Salvación de la primavera”


                                                   Primavera

                                         Campánulas en las bardas
                                         Aun con sol de invierno, sí
                                         La sonrisa acaba aquí,
                                         En ser tú sonrisa tardas.
                                         Por todo lo que en ti guardas,
                                         Amor en iniciación,
                                         -Clara y temblorosa bruma-
                                         Llega en carroza de pluma...
                                         En el pecho el corazón,
                                         ¡Toisón de belleza suma!


             
    Apréciese aquí el ritmo escueto tan frecuente en Cántico, así como el predominio de sustantivos sobre los adjetivos, rasgos estos señalados por Debicki en la poesía guilleniana (32).

             
    En el centro del poemario sitúa De los Reyes la décima de Guillén “El querer”, glosándola en otras diez composiciones, igualmente escritas en décimas –una de las estrofas más empleadas en Árbol-, cada una de las cuales finaliza con uno de los versos del poema de Guillén. La exigente arquitectura de esta estrofa ciñe la palabra poética a la salutación gozosa de la vida y del amor en medio de la naturaleza.



                                                          Inicial

                                         RESPLANDOR para el intenso
                                         Renacer: suspiro y gozo.
                                         Con frente y con mano pienso,
                                         Plenitud del alborozo.
                                         Luces enciende la aurora
                                         Cuando la mañana llora
                                         Estrellas en esqueleto
                                         De lunadas lontananzas,
                                         Y ahora en sus remembranzas
                                         “¡Noches!: de día en secreto.”


             
    De los Reyes realiza un gran esfuerzo por asimilarse a la poesía que le sirve de modelo. Así, en estos poemas la abstracción se hace más intensa y los versos emplean la mayúscula inicial, el léxico utilizado es semejante al de Guillén: plenitud, gozo, aurora, luces, mañana, estrellas, noche, rosas, pájaro, mar, azul, luna, amor..., pudiendo observarse también un tímido superrealismo intelectualista que le acerca al autor de Cántico. Con todo, su inspiración poética alcanza tan altas cotas de lirismo y belleza, que en ningún momento  desmerece frente a la realizada por el que fuera destacado miembro del 27.

             
    Más cerca de la estética contenida en Campo y Abecedario son las composiciones que integran el apartado “Canciones”, donde volvemos a encontrar la fusión paisaje-sentimiento, llena de melancolía, tan habitual en sus primeros libros.

                               
                                                      Yo sé

                                 Yo sé donde están los hondos
                                 Silencios de la campiña.
                                - En tus ojos si me miras.


    Yo sé donde está la llama
    Del sol que dora los trigos.
    - En mis ojos si te miro.

    Yo sé donde está la dulce
    Transparencia de la fuente.
    - En tu boca cuando bebes.

    Yo sé donde está la negra
    Tormenta que nubla el día.
    - En mi pecho si me olvidas.

                      
             
    Otros apartados como “Momentos”, “Campo” o “Mar”, muestran poemas que desarrollan también idénticos motivos que en libros anteriores. En el apartado “Mar” se halla una de las más delicadas composiciones de Árbol, “Azul”, donde a la belleza del mar se suma el amor del poeta convertido en marinero.

             
    El  libro se cierra con otro apartado, “Noche amable (Poema)”, título tomado del famoso verso de San Juan de la Cruz, que consta de varias composiciones con un mismo tema central que es el de la noche. El poeta prefiere el silencio de la noche y sueña con que no llegarán más albas, pues ella le lleva a Dios: “¡Dios es la noche de mi alma!”.

             
    Árbol es ya un libro de gran perfección formal, lleno de aciertos expresivos, en el que el poeta en palabras del escritor Sánchez Moreno reúne “armoniosas composiciones alusivas a motivos de la naturaleza viva, trabadas con el armazón de un clasicismo remozado.”(33)


    B)    Poesía religiosa.



    Ilustración:  Portada de Nueve sonetos al Cristo del Rescate.




    Ilustración  Portada del Cancionero de la Preciosísima Sangre.

    (Reproducción de un grabado en madera del año 1708)


    Nueve sonetos al Cristo del Rescate (1949) y Cancionero de la Preciosísima Sangre (1951) son la expresión de la devoción que sentía su autor por estas dos imágenes titulares de las dos populares procesiones murcianas, de las que era cofrade de honor.

    El primero, muy breve, constituido sólo por los nueve sonetos que anuncia su título, es en realidad un opúsculo en el que el poeta demuestra su dominio de esta forma estrófica muy escasamente utilizada por él en libros anteriores. Reeditado en 1996, con ocasión del Cincuenta Aniversario de la fundación de la Hermandad del Santísimo Cristo del Rescate, en él De los Reyes, movido por su ferviente religiosidad, se une al dolor de Cristo, a su sufrimiento por redimirnos y nos manifiesta sin tapujos la necesidad que los hombre tenemos de Él para sobrellevar las dificultades de  nuestro humano destino.


                                                   III

                            Yo sé, Padre y Señor, cuál es tu pena;
                            por qué estás triste y apesadumbrado;
                            por qué bajas los ojos abrumado;
                            por qué tu rostro de dolor se llena.

                           Yo sé que tu piedad –linfa serena,
                           capaz de convertir la peña en prado-
                           te hace llorar con llanto acongojado,
                           que el corazón te angustia y enajena.

                           Tú padeces, Señor, por mis maldades,
                           por mis torpes y necias veleidades,
                           por cuanto en mí de humana escoria late...

                           Por eso me atosigo, peno y lloro,
                           y a tus plantas, mi Dios, postrado imploro
                           el perdón que del mundo me rescate.


    En el soneto “Desfile”, expresa toda la emoción y la belleza que cobra la tarde noche murciana al ver pasar por las calles de la ciudad la imagen penitencial.

             
    Tras meditar intensamente sobre la Pasión de Cristo con tonos patéticos y doloridos, en el último soneto “Imploración”, el poeta, arrodillado ante la imagen divina, quisiera permanecer junto a ella para siempre.

             
    El cancionero de la Preciosísima Sangre se inspira en el Cristo de Nicolás de Bussi titular de la popular cofradía murciana conocida como de los “coloraos”. Se estructura en dos partes: una primera titulada “Décimas, cantares y desparpajos”, en la que sirviéndose de estos metros cortos el poeta se dirige a un Cristo que arrastra su cruz sembrando de amor con ella todo lo que deja a su paso.


                                                        II

                                         Vas dejando una señera
                                         estela de amor en todo.
                                         Y en cada nuevo recodo
                                         un nuevo dolor te espera.
                                         Renueva la primavera
                                         júbilos en los alcores.
                                         Arroyos murmuradores
                                         Tu caminar acompasan.
                                         Y en los jardines repasan
                                         congojas los ruiseñores.


             
    Frente al empleo de la décima, la aún mayor brevedad de los cantares y desparpajos
    –estos últimos en realidad cuatro quintillas en las que el poeta manifiesta su voluntad de seguir ese camino nada fácil que viene marcado por la cruz-, posibilita una relación del poeta con Dios llena de espontaneidad, bastante ligera y desenvuelta, a pesar del tema tan grave que en ellos expresa. De tal relación se hace eco Juan Barceló en un reciente comentario sobre esta obra (34).

             
    En cuanto a la segunda parte, “Poemas de devoción y angustia”, más dramática y apenada y con predominio de estrofas más largas como el romance, De los Reyes continúa dando testimonio de su devoción piadosa en poemas como “Viniste a mí” o “Imposible”, en los que contrapone la generosidad de un Cristo que desciende de la cruz para llegar al alma olvidada del poeta, con la desesperanza que éste sufre en otros momentos de no poderlo alcanzar.

             
    Pero es, sobre todo, en “Raudal divino”, la extensa composición que cierra el libro, donde con mayor nitidez e intensidad se narra la Pasión de Cristo aliviada por el coro de ángeles que sostienen el cáliz “para recoger en él / la Preciosísima Sangre”, fluvial corriente redentora que destila su humano costado.

             
    Raimundo de los Reyes, después de escribir este libro, siguió componiendo poemas, generalmente sonetos, a este Cristo por el que tanta devoción sentía. Cada primavera, volvía a su tierra para presenciar las procesiones de la Semana Santa murciana, publicando, puntual e ininterrumpidamente, desde 1952 hasta 1961, en la revista de su cofradía,  “Miércoles Santo”, los versos que brotaban de su alma piadosa y buena.

             C) Poesía festiva y satírica.


    Ilustración:   Portada de Ripios del día de Luis Romera

    Raimundo de los Reyes desarrolló durante muchos años una columna en el diario “Ya” con el título de “Ripios del día”. En ella el pequeño suceso cotidiano era poetizado en clave de humor y tono satírico en unos versos apresurados por la exigencia informativa y de actualidad, pero que en muchas ocasiones elevaban su categoría a la de auténtica poesía.
            
    Ripios del día de Luis Romera (1958) es una selección de estas composiciones publicadas desde 1953, que dieron una gran popularidad a su autor, al abarcar en ellas un costumbrismo referido a elementos y situaciones muy diversas como se advierte en las dedicadas al brasero, a la primavera, a los tranvías, a Madrid en fiestas, a los objetos perdidos, al cubo de la basura, a los apagones, a la paga extraordinaria... El libro consta de tres partes: la primera, más amplia, que da título a la obra; la segunda, “Fábulas”, y la tercera, “Epigramas”. Las fábulas llevan aparejadas, como tales, una especie de moraleja final, con diálogos entre dos o más personajes. Los epigramas son también poesía de carácter satírico y humorístico, aunque de menor extensión.

    He aquí una muestra del quehacer diario de un periodista que critica los acontecimientos más peculiares con sensibilidad de poeta:


                                    Coleccionista de chupetes
                  
                                         Hay en Colonia, lector amigo,
                                         un arqueólogo que es, por razones
                                         que por sabidas aquí no digo,
                                         coleccionista de biberones.

                                         El caso es raro, mas no me extraña,
                                         porque cansado de tanta cosa
                                         vieja, encontrada por la montaña
                                         bajo tierra, tras una losa,

                                         sobre un picacho, dentro de un pozo,
                                         ha decidido, trabajo ahorrando,
                                         y con paciencia, tesón y gozo,
                                         ir biberones coleccionando.

                                         Entre ellos tiene, pues no se acaba
                                         jamás  lo extraño ni lo imprevisto,
                                         uno muy raro que ya se usaba
                                         diez siglos antes de Jesucristo.

                                         (Pero ¿es posible –y que no asombre
                                         esta pregunta ni a nadie inquiete-
                                         que ha treinta siglos usara el hombre      
                                         eso que hoy en día llaman chupete?)

                                         De posteriores siglos congrega
                                         muchos modelos de gran relieve,
                                         a cuyo extenso número agrega
                                         otros muy bellos del XIX.

                                         Mas la noticia no es expedita,
                                         pues por olvido seguramente,
                                         entre los muchos que da no cita
                                         los biberones del siglo XX.

                                         ¿Qué si hoy se usan?... La duda es gorda.
                                         Los hay, y algunos que son de aúpa;
                                         porque en la vida tan sólo engorda,
                                         como sabemos, aquel que chupa.


             
    En el prólogo del libro, a cargo de F.C. Sáinz de Robles, éste destaca entre los principales valores de estos ripios la facilidad para la rima, la maestría en sintetizar los temas, la riqueza idiomática y el tono amable, exento de mala fe en la crítica, que lleva a cabo De los Reyes en estos poemas llenos de “tantos aciertos expresivos, tantas felices paradojas y una resonancia tan grata y una tan limpia fluidez”. El famoso consejo horaciano ridendo corrige mores (“corrige las costumbres sonriendo”) es puesto en práctica por Raimundo quien destaca defectos y critica situaciones sin agresividad, procurando por todos los medios no herir a nadie.

             
    Antonio Crespo, más recientemente, redunda también en la facilidad versificadora de De los Reyes, “necesaria en un trabajo de obligación cotidiana y con motivación forzosamente actual. Además no suele caer en la comodidad del romance, sino que utiliza redondillas, cuartetas, quintillas y hasta décimas. Se trata de un fruto menor en su bibliografía” (35).


    D) Poesía de madurez.


    Ilustración:  Portada de Un ángel me acompaña y Los caminos del silencio

    En 1966, dos años después de la muerte del poeta, la Real Academia Alfonso X el Sabio edita como homenaje póstumo sus dos últimos libros Un ángel me acompaña y Los caminos del silencio. Colaboran en la publicación con sus ilustraciones los conocidos  pintores murcianos Pedro Flores, Mariano Ballester, Molina Sánchez y Muñoz Barberán y el fotógrafo Alfonso, de Madrid, con retrato del autor.

    Ambos libros señalan ya la madurez de nuestro poeta y representan una gran evolución de su obra. Más unitarios, más cohesionados que los anteriores, obedecen en su inspiración a un sentimiento de honda religiosidad y rico estado interior. La temática común que presentan y el ir editados conjuntamente hace que podamos considerarlos como dos partes de una misma obra (36).

    El itinerario espiritual se inicia a través de la naturaleza, donde el alma –como en el Cántico espiritual de San Juan de la Cruz- en medio de la noche oscura del mundo sale en busca de Dios.


                      “¿Dónde este manantial que me estremece
                      como rumor al fondo de un abismo,
                      como oculto regato prodigioso
                      que presiento y no siento, como acorde
                      de una apaciguadora sinfonía
                      lejana, como aroma que trae el viento
                      de remotos jardines imprecisos?
                      ¿Será su voz este rumor de agua?
                      ¿Será el acorde su canción acaso?
                      ¿Será el aroma gracia que lo anuncia?”


    De nuevo surge la idea del poeta caminante que encontráramos por vez primera en Campo. El camino representa el propósito de la vida del protagonista, cuyo final es el morir. Camino fugaz, la vida es tránsito de angustia, turbia palpitación de instintos (vía purgativa).

    El poema “Nocturno” es muy ilustrativo de la magnitud del esfuerzo que el alma debe realizar para apartarse de los males del mundo y aspirar al encuentro con la divinidad:


                      “La noche no es silencio, es alboroto
                      de imprecisos ruidos:
                      la soledad sonora,
                      la música callada,
                      y miedos de las noches veladoras
                      llenan el campo, palpitante mundo
                      de sórdidas pasiones en desvelo.”


    Junto a la huella de la poesía de San Juan, el poeta introduce ahora un elemento nuevo e imprescindible en su recorrido espiritual, el ángel, que le va a ayudar a superar las dificultades y con el que iniciará su tránsito a la vía iluminativa. El ángel viene enviado por Dios para traer paz y sosiego a nuestros corazones y ayudarnos a superar las vacilaciones, las tentaciones. Su llegada en este poema se anuncia mediante una sucesión de elementos sensitivos: rumor de alas, resplandor de estrellas, que llenan de júbilo al poeta y le hacen exclamar:


                  “¡Ya está aquí, ya está aquí, ya está aquí el ángel:
                  las manos suspendidas en el viento
                  dando dosel a mi angustiada frente,
                  fortaleciendo mis desmayos íntimos,
    aligerando mi pesada arcilla
    hasta hacerme sentir el goce inmenso
    de no apoyar mis plantas en la tierra...!

    La luna, alzado pan sin levadura,
    consagra este prodigio de mi vuelo.”


             
    Este doble plano de comenzar el poema lamentándose de los males terrenos para en un momento posterior, con la llegada del ángel, que todo se transforme en dicha es común a muchos poemas, entre ellos “Mensajero de Dios”.

             
    En el poema “La torre abatida” el mensaje cristiano se intensifica. Esta torre abatida personifica su vida en el mundo cuando se siente próxima la muerte y sólo la compañía del ángel hace renacer la esperanza.


                           
    “Y el ángel se me acerca, brisa joven                    
    que un alba de sorpresas resucita.         
    Siento sobre mi frente de ardor llena    
    su inefable caricia:

    - No estás solo- me dice. Te acompaña
    el mensaje de Dios, que aquí me envía
    para hacerte saber que sólo muere
    lo que no deja huella en nuestra vida.”


             
    En opinión de Sáinz de Robles, con este libro Raimundo de los Reyes “consigue una teoría angélica extremadamente seductora, que consiste en la unidad de su alma con el ángel a efectos de una segunda asunción hacia la plenitud espiritual” (37). Mientras que para Barceló Jiménez, “Raimundo de los Reyes ha conseguido con este libro una obra maestra de la lírica contemporánea. Es toda una teoría de la vida, de la protección angélica, de la conformidad ante la muerte, de la consideración de la banalidad y pequeñez de las acciones humanas” (38).

             
    Los caminos del silencio, libro algo más breve que el anterior, prosigue la misma temática del alma a la búsqueda de su propia salvación, pero esta vez sin la ayuda del ángel. El pesimismo, por tanto, es mayor y motivos como soledad y muerte casi monopolizan el poemario. Junto con el silencio, la soledad se impone en medio del gentío del mundo, del que hay que alejarse para llegar a Dios. Así lo vemos en “Solitario ardiente”:


                               “Multitudes le envuelven, le rodean,
                                le gritan, le demandan, le prometen,
                                le alcanzan como sierpes
                                y en los pies y en las manos se le enredan.
                                Pero el hombre está solo;
                                es él y no la vida que le acosa,
                                es él con las pasiones que le agobian,
                                llamarada rebelde a cada soplo.”


             
    Sólo la muerte, meta natural donde acaban los largos caminos del silencio que representan nuestra vida en el mundo, es vista ahora como una liberación:


               “Por  donde voy la muerte me acompaña,
               y porque sé que va siempre conmigo,
               confiado y tranquilo
               camino mi camino de esperanza.”


             
    Sigue vigente la misma asociación poeta caminante que De los Reyes desarrollara en sus libros anteriores. Caminos que son ahora presagios de la muerte, esa inseparable compañera de mi vida, como la llama el poeta. En tal sentido el poema “La empinada loma” presenta una marcada identidad con el de Campo, titulado “Cumbre”.

             
    Si en Un ángel me acompaña el poeta sólo halla consuelo a sus limitaciones de hombre en la compañía de su ángel, ahora aquí ese consuelo de los males del mundo lo va a encontrar en la muerte, salvación final.

                      
                                “¿Cómo temer la muerte, si a su vera
                                caminos se inauguran
                                hacia ese mundo donde Dios espera?”


             
    No le falta razón a algún crítico cuando señala si no hubiese sido mejor que Los caminos del silencio precedieran al poemario anterior, “ya que el ángel se suma a la criatura poeta y se identifica con ella, cuando ésta ha superado las pruebas del silencio y de la soledad antes de ingresar en la absoluta entrega a Dios” (39).

             
    En el poema “Crepúsculo doliente”, al caer de la tarde el poeta contempla la naturaleza llena de quietud y silencio y desearía –alejado de las congojas y tristezas de la estupidez humana- descansar en paz.


                                “Sube la sombra por los chopos, alta
                                escala de luceros... Se refugia
                                la luz en los recodos del camino
                                allí donde las horas mustian.
                                Allí donde la tarde, corza herida,
                                se acuesta en el dolor...”


             
    Muy recientemente, el poeta y crítico Soren Peñalver ha señalado el carácter más sentido de estos versos, cuya inspiración está “más cerca de Antonio Machado que de sus amigos Federico y Miguel (García Lorca, Hernández). Más en consonancia con su talante de hombre distinguido por una bonhomía precisa y sabio callar cuando la ocasión lo requería” (40).

             
    El tiempo se reviste en estos poemas de una trascendencia grave y honda:


                                “mientras el tiempo va por sus mañanas
                                y sus noches cargadas de sucesos,
                                y yo me voy quedando de desganas
                                reducido a vosotros, puros huesos.

                                Todo esto que ahora soy, será algún día
                                bajo la tierra agusanada, nada...”


             
    Raimundo de los Reyes alcanza con estas sus dos últimas obras la cima de su perfección y madurez poética. Escritos en endecasílabos y algunos heptasílabos, -sin rima en Un ángel me acompaña y generalmente asonantados en Los caminos del silencio- estos metros resultan muy apropiados para la temática profunda y trascendente que desarrollan. El poeta nos ofrece en ellos, dentro de su honda vena poética, lo que no es más que una manifestación de su rica vida interior, de su profunda religiosidad de hombre católico, preocupado por esos temas universales que son el más allá y la muerte que en estos poemas parecía adivinar.

    Como escribe Juana Mª Dávalos, Raimundo de los Reyes nos entrega “una especie de testamento literario, un mensaje de absoluta plenitud, la consumación condensada de cuanto antes de ese momento ha escrito y pensado, vivido y soñado, gozado, sufrido y esperado” (41).


    NOTAS

    1)Manuel Llanos de los Reyes (...) (et al.): Homenaje a Raimundo de los Reyes. Real Academia Alfonso X el Sabio. Murcia, 1977.
    2)Manuel Llanos de los Reyes: Raimundo de los Reyes, poeta y periodista.  Grafimad. Madrid, 1982.
    3)Enrique Morales: “El viejo árbol” (Ricardo Codorníu y Stárico). Asociación Carolina Codorníu. Novograf. Murcia, 1996.
    4)Raimundo de los Reyes: Estampas murcianas. Ediciones de Conferencias y Ensayos. Madrid, 1960. pág. 20.
    5)F. J. Díez de Revenga: Revistas murcianas relacionadas con la Generación del 27. Real Academia Alfonso X el Sabio. Murcia, 1979. pp. 109-111 y 149.
    6)José Ballester: “Recuerdos de un escritor”. En Homenaje a José Ballester. Hijos de Antonio Zamora. Murcia, 1972. pág. 22
    7)Sobre la relación de Raimundo de los Reyes con los principales protagonistas del Grupo poético del 27 véase además de mi libro Raimundo de los Reyes, poeta y periodista, el trabajo de F. J. Díez de Revenga “Raimundo de los Reyes y la Generación del 27” en Páginas de literatura murciana contemporánea. Real Academia Alfonso X el Sabio. Murcia, 1977.
    8)La cita de “Sudeste” puede leerse en Gerardo Diego: Antología de Gerardo Diego. Poesía española contemporánea. Edic. de Andrés Soria Olmedo. Taurus. Madrid, 1991.
    El poeta santanderino envió a Raimundo de los Reyes colaboraciones originales como “El vendedor de crepúsculos”, así como los vanguardistas poemas “La cometa” y “Poemas adrede”, aparecidas en “El Suplemento” y en “Sudeste”. Sobre la relación entre ambos poetas me ocupé en mi artículo “Centenario de Gerardo Diego y Raimundo de los Reyes”, La Verdad, 23 de octubre de 1976.
    9)F. J. Díez de Revenga: “Una crítica temprana sobre Cántico de Jorge Guillén”. Monteagudo, 64. Universidad de Murcia, 1979. pp. 37-42. Del acierto y precisión en los juicios que hace Raimundo de los Reyes habría que destacar su afirmación de que la luminosidad de Cántico procede en parte de nuestra luz levantina, así como su convencimiento del valor y universalidad del libro de Guillén y de sus hallazgos estéticos, tan llenos de modernidad.
    10) Archivo de la Real Academia Alfonso X el Sabio, Murcia. Legado José Ballester. Correspondencia “Jorge Guillén”. Carta publicada por F. J. Díez de Revenga en “Versos y días levantinos de Jorge Guillén”. En Páginas de literatura murciana contemporánea. Op. cit., pág. 95.
    11)Manuel Llanos de los Reyes: Raimundo de los Reyes, poeta y periodista. Op.    cit. Pág. 81.
    12)El propio Raimundo de los Reyes en su comentario “Un libro de Antonio Oliver”, aparecido en La Verdad el 12 de junio de 1932, destacaba la novedad en el arte de este poeta vanguardista frente a la retórica establecida, lo que hacía que el libro no gustara a mucha gente.
    13)“El clamor de la Verdad. Cuaderno de Oleza consagrado al poeta Gabriel Miró. Orihuela, 2 de octubre de 1932”. Edición facsímil. Patronato Ángel García Rogel. Orihuela, 1979.
    14)Mª de Gracia Ifach: Miguel Hernández, rayo que no cesa. Plaza y Janés. Barcelona, 1975. Pp. 89-90.
    15)José Antonio Sáez Fernández: Textos sobre Ramón Sijé. Almería, 1985.
    Aquí puede leerse íntegra la colaboración de Raimundo de los Reyes en la “Página de Artes y Letras” de La Verdad, el 30 de enero de 1936, escrita con motivo  del fallecimiento del joven intelectual oriolano, titulada “José María, o la amistad”. Pp. 97-98
    16)Agustín Sánchez Vidal: Edición, estudio y notas a Perito en lunas. Edit. Alambra. Madrid, 1976. Pág. 9.
    17)Juan Guerrero Zamora fue el primero en contar este encuentro, así como Mª de Gracia Ifach y F. J. Díez de Revenga. Santiago Delgado escribió una bella recreación literaria con el título de “El encuentro (Federico y Miguel)”, publicado en La Verdad, el 15 de diciembre de 1985, y recogido posteriormente en el Cuaderno Homenaje a Raimundo de los Reyes. Op. cit. pp. 49-57.
    18)Miguel Hernández: Epistolario. Introducción y edición de Agustín Sánchez Vidal. Prólogo de Josefina Manresa. Alianza Editorial. Madrid, 1986. Pp. 46-48.
    19)Manuel Llanos de los Reyes: “Andrés Cegarra Salcedo, entre el dolor y la literatura”. Monteagudo, 54. Universidad de Murcia, 1976.
    20)Mariano Baquero Goyanes: “Las novelas de José Ballester”, en Homenaje a José Ballester. Op. cit. Pp. 45-52
    21)Antonio Crespo: “Raimundo de los Reyes, periodista”. En Cuaderno Homenaje a Raimundo de los Reyes. Op. cit. Pág. 17
    22)Raimundo de los Reyes: Estampas murcianas. Op. cit. Pág. 7.
    23)Ismael Galiana: “Estampas Murcianas, de Raimundo de los Reyes. Valiosa aportación bibliográfica a nuestra literatura regional”. Línea, 29 de mayo de 1960.
    24)José Luis Castillo Puche: “Cesa Raimundo como cónsul de los murcianos en la diáspora”. La Verdad, 26 de noviembre de 1964.
    25)Juan Barceló Jiménez: “Raimundo de los Reyes, poeta”. Cuaderno Homenaje a Raimundo de los Reyes. Op. cit. Pág. 19.
    26)Luis Aguirre Prados: “Lo forestal en el verso de Raimundo de los Reyes”. Revista Montes, 91 (enero-febrero 1960).
    27) Antonio Oliver y Carmen Conde: Carta al poeta, de 14 de febrero de 1930.
    28)Diego Sánchez Jara: “Un libro de Raimundo de los Reyes”. La Verdad, 22 de noviembre de 1934.
    29)José Ballester: “Árbol (poesías), por Raimundo de los Reyes”. Sección Sumario de lecturas. La Verdad, 11 de octubre de 1942.
    30) Ramón Gaya: “Carta a Raimundo”. “Página de Letras y Artes” de La Verdad, 29 de noviembre de 1934.
    31)Luis Aguirre Prados: “Lo forestal en el verso de Raimundo de los Reyes” Art. cit.
    32)Andrew P. Debicki: La poesía de Jorge Guillén. Madrid. Gredos 1973.
    33)J. S. M. (José Sánchez Moreno): “Árbol (Poesías) por Raimundo de los Reyes”. Sección Libros. Línea, 18 de octubre de 1942.
    34)Juan Barceló: “Raimundo de los Reyes y su Cancionero de la Preciosísima Sangre”. Revista Los Coloraos. Archicofradía de la Preciosísima Sangre. Murcia, 2003.
    35)Antonio Crespo: La obra literaria de los periodistas murcianos. Real Academia Alfonso X el Sabio. Murcia, 1985. Pp. 40-41.
    36)Así lo señala Antonio Crespo en su libro citado. Pág. 41.
    37)F.C. Sáinz de Robles: “Al margen de los libros”, sección del diario “Madrid”, de 19 de julio de 1966
    38)Juan Barceló Jiménez: “Raimundo de los Reyes, poeta”. En Cuaderno  Homenaje a Raimundo de los Reyes. Op. cit. Pág. 25
    39)F. C. Sáinz de Robles: “Al margen de los libros”. Art. cit.
    40)Soren Peñalver: “A Sensi Pastor: Epístola exclusiva sobre Raimundo de los Reyes”. Malecón, 42. Murcia, junio 2003.
    41)Juana Mª Dávalos Meseguer: “Los últimos poemas de Raimundo de los Reyes”. Monteagudo, 59. Universidad de Murcia, 1977.





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    PABLO MINELLI GONZÁLEZ

    Pablo Minelli González (Montevideo, 15 de julio de 1883 - 1970) fue un poeta y diplomático uruguayo perteneciente a la llamada generación de poetas modernistas menores.

    Cumplió funciones de diplomático en varios países entre ellos Chile, España, Francia, Alemania y Bélgica. Pablo Minelli acompasó su carrera de diplomático con la publicación de sus obras. A veces utilizaba el seudónimo Paul Minelli para firmar sus obras algunas de sus obras. Tuvo una fuerte influencia de los poetas franceses Charles Baudelaire y Verlaine.

    Obras

    Mujeres flacas (1903)
    El alma del Rapsoda (1905)
    Canto otoñal (1909)
    Las Puertas (1917)
    Siete campanas (1935)
    Paisajes y marinas de Iberia (1949)


    Los sátiros
                             
    I

    Entre el follaje verde, cerca de una laguna,
    Brincan los viejos faunos morenos y robustos;
    Cogen las flores tiernas, coleópteros y arbustos
    Y, voluptuosamente, duermen bajo la Luna.

    Sileno, Mársyas, Hermes y el romanesco Pan,
    — Todos los cabri- hombres de la mitología —
    Viven entre la fronda de la campiña umbría
    Cual perros inconscientes, engendros de Satán.

    Sus bucólicos ritos y danzas besti-humanas
    Convocan a las ninfas de carnes generosas,
    Y mondan, coronados de racimos y rosas,
    Del Edén primitivo las cárdenas manzanas.

    Las ninfas poco a poco les han perdido el miedo
    Y festejan los brincos de sus patas velludas;
    Ellos las ven, sombríos; ellas se acercan, mudas,
    Magníficas de audacia—pobres ingenuas!—quedo...

                            
    II

    Verlaine, el de las «fiestas galantes», el esteta
    De cuerpo hecho jirones y espíritu exquisito,
    Fue felice cual fauno, fue felice y maldito,
    Y triste, horriblemente..., triste como poeta.

    Sus satíricos raptos y su pérfida audacia
    Compensaron mil noches largas y dolorosas:
    Le fué amarga la Vida, pero las frescas rosas
    Un pétalo tuvieron para cada desgracia.

    Verlaine, el gran poeta de PARIS, pobre viejo
    Lastimado en su carne lamentable y salvaje
    Se embriagó de deleites, tendido en el boscaje,
    Y era feliz de fauno, feliz como un conejo.

                            
    III

    Me repugnan los faunos, símbolos de impudicia,
    Escarnio del poeta, del amor, roña humana;
    Pero la vida, hermanos, la vida cuotidiana
    Es ebria de pesares, de vicio, de injusticia;

    Y perdonar debemos los blancos trovadores
    Que aspiramos las raras esencias exquisitas
    A esos monstruos eternos que ríen nuestras cuitas
    Y nos roban el polen de las fragantes flores.

    Ellos son los felices. Sólo vive la bestia
    En sus cuerpos tostados, morenos y robustos;
    Se alimentan de yerbas, coleópteros y arbustos
    Y son con las mujeres de. una rara modestia.

    Poema de Pablo Minelli González. Revista "Apolo" año III Nº 11 
    Montevideo / Buenos Aires enero 1908




    Andrómeda

    Prisionera en la roca sobre el azur inmenso
    Andrómeda está expuesta al Monstruo submarino:
    Inflada su garganta de sollozos, un fino
    Hilo de perlas rueda sobre su ser suspenso.

    Cubre su dorso núbil él manto negro y denso
    De sus cabellos; mira vencida su destino.
    Y hay en sus ojos algo de místico y divino
    Como si huyera el alma en celestial ascenso.

    Los Dioses del Olimpo, sordos a su quejido,
    Su cuerpo abandonaron en miserable olvido.
    Pero alguien, cuyas venas llevan candentes fraguas,

    Se compadece amante del moribundo reo;
    Y en el azul gemelo del cielo y de las aguas
    Impera el gesto magno y airado de Perseo.

    Poema de Pablo Minelli González. Revista "Apolo" año año II Nº 7 
    Montevideo / Buenos Aires septiembre 1907





    .


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  • 12/08/16--10:28: MAG MÁRQUEZ [19.717]

  • Mag Márquez

    Nacido en 1970 en Oliva de la Frontera (Badajoz), reside en l´Hospitalet desde 1974. Licenciado en Derecho por la Universidad de Barcelona. Ha participado en radio y televisión, dirigiendo y presentando en los noventa el programa de radio local en l’Hospitalet, la Colmena, e interviniendo en programas de tv de la productora Gestmusic y en la serie de la Xarxa de Televisions Locals, Baret Voltaire. Ha intervenido como monologuista,  cuenta-cuentos y risoterapeuta en  diversos espacios culturales y salas de l’Hospitalet, y otras localidades de Barcelona. Ha organizado y  participado en  recitales de poesía en plazas,  salas,  y centros culturales de l’Hospitalet, Barcelona, Madrid, Santiago de Compostela y otras ciudades españolas,  individualmente y como miembro del grupo poético, Xarxa de Poèsia Urbana de Barcelona, de la que es miembro, así como en la Semana de  Poesía de Barcelona y el Festival de Polipoesía de Barcelona, entre otros. En 2.010 y 2.011 ha presentado los espectáculos Perfomántico-poéticos,  Antropofagia Poética I y Antropofagia Poética 2, que toman el  nombre de sus dos poemarios . Algunos de sus poemas han sido publicados en la revista literaria de la Universidad del País Vasco Iguazu y en la antología de Poetas del 15 M.


    Ni-nis

    Ni-ni, ni-ni,
    ni-ni, ni-ni.

    Dice la tele que son chicos malos,
    poco menos que vampiros o marcianos.

    Ni-ni, ni-ni,
    ni-ni, ni-ni.

    Lo dice la tele, lo dice la radio,
    los políticos y catedráticos.

    Ni-ni, ni-ni,
    ni-ni, ni-ni.

    Ni estudian para estar ocupados,
    Ni trabajan para estar empleados.

    Ni-ni, ni-ni,
    ni-ni, ni-ni.

    No son jóvenes de provecho,
    no disponen de su propio techo.

    Ni-ni, ni-ni,
    ni-ni, ni-ni.

    Son una generación perdida,
    tras los jasp y la movida.

    Ni-ni, ni-ni,
    ni-ni, ni-ni.

    Viven con los papis de su pasta,
    que en botellones y en porros se gastan.

    Ni-ni, ni-ni,
    ni-ni, ni-ni.

    Ay, pobrecitos, dicen los medios,
    qué será de ellos cuando falten sus viejos.

    Ni-ni, ni-ni,
    ni-ni, ni-ni.

    Ni-ni no es el hijo del politiquito
    porque es de lo más pijito,

    ni-ni no es el hijo del banquero
    que sin trabajar le sobra dinero,

    ni-ni tampoco es el hijo del rey
    que cobra paga gracias a la ley.

    Ni-ni, ni-ni,
    ni-ni, ni-ni.

    Hay una cosa que no se ha explicado
    hay menos ni-nis que ni-sis camuflados.

    Ni-sis, ni-sis,
    Ni-sis, ni-sis.

    Ni si estudias encontrarás trabajo,
    ni si trabajas recibirás un digno salario,
    ni si les votas cumplirán su programa,
    ni si te esfuerzas vivirás bien mañana.

    Ni-sis, ni-sis,
    ni-sis, ni-sis.

    Dicen los políticos estar preocupados
    y por las noches quedarse desvelados.
    Quieren convertirlos en emprendedores
    de esos que defraudan y regalan comisiones.

    Ni-ni, ni-ni,
    ni-ni, ni-ni.

    Vaya con las copulativas
    que no copulan y dan mucha grima,
    dos negaciones reiterativas,
    con soniquete de sentencia de por vida.

    Ni-ni, ni-ni,
    ni-ni, ni-ni.

    Cacofonía de gran inventiva
    ya estoy cansado de tanta retahíla.

    Sí-sí, sí-sí,
    sí-si, sí-sí.

    A mí sí que mi importan
    y por eso lo canto,
    tanto Gili-caradura ninguneando.

    Sí-sí, sí-sí,
    sí-si, sí-sí.

    Dicen en la tele que son chicos malos,
    dicen en la tele que son chicos malos…


    CONTRARREFORMA

    Veo , veo,
    -¿Qué ves?
    otra reforma educativa ,
    -¿y de qué tipo es?
    empieza por la A:
    de Animal, de Animal, de Animal

    Con la A de Amputación,
    mutilan la educación,
    barraquismo y masificación,
    menos recursos, peor formación.

    Veo, veo,
    -¿qué ves?
    Otra ley educativa,
    - ¿y de qué va esta vez?
    Empieza por la E
    de Exclusión, de Exclusión, de Exclusión.

    Con la E de Exclusión
    se cargan la participación
    y el poder de decisión
    del consejo escolar, del AMPA,
    del claustro y del profesor.

    Leo, leo,
    (-¿cómo que lees
    y no ves la televisión?)
    ¿qué lees?
    El contenido de esta nueva ley
    empieza por la I
    de Involución, de Involución, de Involución.

    Con la I de Involución imponen lengua y religión,
    la FP al servicio del patrón
    y el sector privado en la gestión.

    Veo, veo
    -¿qué ves?
    Un decretito
    -¿y qué clase de decretito es?
    Empieza por la O
    de Ofuscación, de Ofuscación, de Ofuscación.

    Con la O de Ofuscación
    ya no habrá del personal
    justa selección
    y será a criterio del director
    quién trabaja y quién no.

    ¡Ay qué horror, ay qué horror, ay qué horror!

    Leo, leo
    -¿Qué lees?
    Una última cosita
    y qué cosita es,
    empieza por la U
    de Usurpación, de Usurpación, de Usurpación.

    Con la U de usurpación,
    nos han usurpado sin compasión
    Autonomía, participación,
    Calidad y autogestión,

    -Y entonces, ¿La Educación?
    Se abortó,
    Se abortó,
    Se abortó

    En: Enciende la chispa de la poesía. Segunda Antología Bio-lenta. 



    SOMOS CONCIENCIA

    Se han armado con enormes tijeras,
    Con gigantescas hachas,
    Con afilados cuchillos,
    Para cortar y recortar
    Cortar y recortar,
    Para cortar y recortarnos la vida,
    Como figuritas de papel,

    Nos ha recortado
    La vista para que no veamos
    La luz que se esconde más allá de las pantallas
    Y los carteles publicitarios
    Nos han recortaido
    Los oidos, y nos han hecho sordos,
    Frente al gemido de la tierra
    Que estamos matando
    Y al llanto de las mujeres, de los niños y de los hombres
    Que sangran su miseria

    Han cortado y recortado la verdad,
    Y le han sesgado las piernas
    Hasta convertirla en mentiras de patas cortas
    Han recortado nuestros pasos
    Levantando muros de intolerancia
    Con bloques de prohibiciones,
    Prohibiciones sobre prohibiciones,
    Vertederos de prohibiciones podridas y hediondas,
    No fumes, no bebas, no jodas,
    No fumes, no bebas, no jodas,
    Y siempre jodiéndonos

    Cortan y recortan con tijeras llenas
    De la errumbre que nace de su codicia y su bilis,
    Cortan y recortan la memoria,
    Para dejarla calva de recuerdos,
    Para que confundamos la diestra con la siniestra,
    La legalidad, con la justicia,
    La manipulación con el orden,
    Y olvidemos de dónde venimos,
    A dónde vamos,
    Y hasta la madre que nos parió
    Cortan y recortan
    Manos, piernas, cabezas
    Y hasta familias enteras en nombre de su orden ,
    Y de su paz, y en nombre de su paz
    Siguen haciéndonos la guerra
    Cortan y recortan
    Las vacas, las ubres y su leche
    Y nos dan leche cortada, mala leche
    Para que se nos agríen las entrañas
    Cortan y recortan
    El pienso de la carne mansa,
    Y así amansan y amansan billetes de paja
    Que sólo les sirven para quemar sus ansias
    Cortan y recortan los caminos
    Y nos conducen ciegos por un tunel oscuro
    Que como empieza se acaba,
    Cortan y recortan la sonrisa del niño,
    Para que crezcan con bocas de buzón,
    Siempre abiertas y lineales,
    capaces de tragar y tragar toda su mierda,
    Y convertirse con los años en un mero objeto
    Frio y estático.

    Quieren cortarnos, y recortarnos
    Cortarnos y recortarnos,
    Nos quieren granitos minúsculos en un océano de arena,
    Para debilitarnos, para confundirnos,
    Para que perdamos la conciencia
    De que no somos arena
    Somos montaña,
    Somos volcán que ruge y que arde,
    Capaz de engullir a los que nos cortan y recortan
    Y convertirlos en ceniza
    Somos marea
    Capaz de arrastrarlos y arrojarlos contra las piedras
    Somos tormenta
    Somos conciencia
    Somos tormenta
    Somos conciencia
    Somos conciencia
    Somos conciencia,
    Capaz de hacer temblar la tierra


    En: Poetas del 15-M




    .

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    Agustín B. Sequeros

    Agustín B. Sequeros (Salamanca, 1945) es Licenciado en Letras. Dio clase de lengua y cultura española durante siete años en el antiguo Departamento de Estudios de Literatura y Lengua de España y Latinoamérica de la Universidad de Utrecht. También fue profesor de literatura española en los estudios de MO-B, en Utrecht. Desde 1984 hasta 2006 ha sido profesor de español en los estudios de Traductor e Intérprete de Maastricht. Es autor del libro Traducción Guiada, Curso de práctica de la traducción y perfeccionamiento del español (Wolters-Noordhoff, Groningen, 1990). Ahora vive en Salamanca, España.




    POÉTICA

    Alas, no.
    Colibríes u otros pájaros
    que besan corazones aterrados
    o moran en labios, tampoco.

    Palomas, menos aún:
    ni en manos, ojos
    u  otras partes del cuerpo,
    a punto de huir o herirse.

    Luna, depende.
    Luna llena, menguante,
    creciente y nueva, sí.
    Otras no.

    Tañer de rosaledas,
    no y no.

    Ascenso al Pabellón de los Budas Fragantes,
    ni en mayúsculas ni en minúsculas.

    Música de tu rostro, probablemente no.

    Tierra, sangre, tensión, semen,
    sí.

    Vulva henchida,
    también.

    Piedra, sí.
                                  
    Olor a mosto
    fermentando
    y masa de pan caliente,
    sí, sin más.

    Amor a secas
    o a punto de sublevarse,
    huesos, médulas y dolor, sí.

    Contra el viento y la marea del destino, sí

    Sonidos, a discreción.

    Colores, todos
    (negro y rojo con prioridad)

    (Manifiesto contra el Neo-Modernismo en la poesía, 2014-2015)


    POEMA DE AMOR

    Estoy dispuesto a estar contigo
    sin sexo.
    Estoy dispuesto a quererte ilimitadamente
    sin sexo.
    Estoy dispuesto a estar a tu disposición
    sin sexo.

    Sin querer poseerte.
    Sin querer que nadie me posea.
    En permanente fiebre.

    (Marzo, 2015)


    Instrucciones para vivir con sobresaltos

    Rumor de grumos
    desechadlo
    botas con verdín
    dejadlas
    palomas de ciudad
    estranguladlas
    viento de ninguna parte
    acunadlo
    escarcha 
    holladla
    cuerdas
    desafinadlas
    ternes miradas 
    evitadlas
    aviesos patriarrepuestos
    vomitadlos
    ritmos
    pensadlos 
    seda
    violentadla
    soplamerodeadores
    apartadlos
    redentores
    expulsadlos

    (febrero 2015)



    ALTERCADO

    "Wil je me verlaten, poëzie?" 
    (Remco Campert, 
    De Stad, 2014)

     Para Armando Corveille Guerra 


    ¿Me vas a dejar 
    aquí tirado, poesía,
    a esta hora impropia de la tarde?

    Me das la espalda
    como a un amante desechado, 
    sin volver la vista atrás.

    Caerás de bruces
    en la gola untuosa de algún bardo.

    Te dejarás seducir
    por el hocico baboso
    de poetas pedantes.

    Irás a adorar en aquelarre
    a algún infame flatulento
    en comandita con machorros
    y aleladas beatas
    de la nueva era.

    Vete.

    Seguiré solo, 
    en la búsqueda
    del festín de la palabra.

     (Marzo, 2015)



    MENDIGO TU IMAGEN

    Cuando el deseo se suspende en la distancia,
    mendigo tu imagen.

    Cuando los gestos no afirman ni niegan nada,
    mendigo tu imagen.

    Cuando arrecia la melancolía en la tarde,
    mendigo tu imagen.

    Cuando la luz se confina en el recelo,
    mendigo tu imagen.

    Cuando se derrumba la madrugada,
    mendigo tu imagen.

    Cuando el rechazo del tiempo se impone a la esperanza,
    mendigo tu imagen.

    Cuando tu voz no me alcanza,
    mendigo tu imagen.

    Cuando los garfios de la tristeza aprietan su cerco,
    mendigo tu imagen.

    Tu imagen negada.

    (noviembre 2015)



    ESPERANZA

    ¿Por qué no decir tu nombre?

    No sueña la algarabía de la voz lo que más persigue
    Ni la intención traza recta su línea 

    Solo hay un eco en la altura que rescata 
    Y dirime la certeza inquieta 

    Esperanza

    Tú sabes de espacios
    Conoces el cobre verde
    El  ozono que acompaña a la tormenta
    El regazo de la misericordia 
    El barro del dolor

    Esperanza

    Piedra desamparada en descampado
    Llamada de la llanura 

    Aparta la trompeta de las mentiras
    Apártame de la palabra inerte
    Dame la mano

    Más allá del alivio
    Por encima de la sombra
    Acógeme 

    (Agosto, 2015)



    PREGUNTA

    En la pereza de la luna llena
    tu nariz, boca y semblante
    desaparecen, mi amor.

    ¿No ves que el tiempo no es,
    que sólo espacio cobija,
    que las escamas se alteran 
    en la flor de nuestra piel,
    que la palabra se pierde
    en la pura  transgresión
    de la palabra a palabra,
    que el verbo no se hizo carne,
    que los labios ni se rozan
    que no hay maldita ceniza
    de una maldita costumbre,
    que los pies sueltan amarras
    por más que los mortifiquen,
    que las huellas
    siempre hollan 
    en un trazo siempre igual,
    que todo se visa y divisa
    en mera especulación,
    que todo se pierde y pierde,
    que la herida ya ni cierra,
    que la semilla ha quedado
    en una mera premisa?

    ¿No lo ves?

    (julio 2015)



    LA HORA VIOLETA

    Desciende 
    la hora violeta.

    Los perros de la tarde
    van a dejar de ladrar.

    Dame tu mano
    y tu sien,
    ladera-morada
    de la misericordia.

    Pene, corvas y pies
    recógelos con cuidado.

    ¿Y el horizonte?

    Horadado:
    sólo quedan rescoldos,
    sólo queda lo que ha dado en llamarse dolor.

    (julio, 2015)


    NO ES SATURNO QUIEN DEVORA 
    A SUS HIJOS

    Make me a mask and a wall to shut from your spies 
    [Hazme una máscara y un muro para aislarme de tus espías], 
    Dylan Thomas

    No es Saturno quien devora  a sus hijos,
    sino la culebra de la soledad.

    La palabra que a palabra
    entrampa.
    Carne que descarna a carne.
    Vida contada.
    Hueco meramente
    sustentado en oquedad.

    Palabra impuesta,
    palabra ira,
    palabra miedo.

    No es el tiempo el que quebranta los huesos.
    No es el río quien importuna al mar.

    Es en la zona
    de las ballenas muertas
    del desamparo inerme,
    es en el bosque de la alimaña pura,
    en el brío cruel de la mirada aviesa,
    donde la vida se quiebra.

    Noche tras noche,
    huella tras huella.

    Soledad que se impone a la ternura
    en el valle, en el fango, en el mar.

    (Junio, 2015)






    -


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  • 12/08/16--11:32: YOURE MERINO [19.719]


  • Youre Merino 

    (Banes, Holguín, Cuba 1975) Poeta. Obtuvo el Premio de la Ciudad de Holguín (poesía) 2016 por su libro PLAYBACK Los podios ofrecidos.

    Ha  publicado Olvidados maitines del joven monje (poesía, plaquette, A.H.S, 1994) y los poemarios  Anti-pop (Ediciones Holguín, 2006), Babelia (Ediciones La Luz, 2012), Flemas  (Chuleta de Cerdo Editorial, Guatemala, 2013) y Chileno (Letra Abierta, 2016).




    De ANTI-POP (2006)

    TEST

    En un ciútico tropel indagatorio
    urge ensimismarse tras el dato impreciso
    de los catárticos burdeles de Camelot,
    los glúteos chamuscados de Juana de Arco,
    la puesta de sol en Trípoli,
    los noviecillos de Oscarito Wilde,
    el barbero de Bismarck,
    las groupies favoritas del King Lizard,
    los manicures de Betty Bathory,
    la cadena de funerarias de José de Arimatea,
    el ombligo y las bragas de María Tudor,
    la pipa mississipica de Langhorne Clemens,
    los p-2´s de Gandhi,
    las madres de los kamikases de Pearl Harbour,
    los travestis en Groenlandia,
    el sobaco y los perfumes de Inés de Castro,
    las discotecas en el Pamir,
    los porros de Bobby Marley,
    el leopardo-mascota de Asurbanipal,
    los versos blancos del doctor Zen,
    las medias y el grosor de las piernas
    de Mina Murray
    aferradas en mi espalda caliente.



    COLGADO DEL TECHO

    Colgado del techo
    se balancea el viejo poema.
    El poeta
    es sólo un cuerpo estrujado
    lleno de tinta, borrones
    y alguna que otra lágrima.



    De BABELIA (2012)


    morelliana

    Transcurridos siete días y siete vueltas en derredor de la ciudadela, como en un tour: Louis Armstrong, Dizzy Guillespie, Miles Davis, Bix Beiderbecke, King Olivier, Clifford Brown y Chet Baker… así consta en la historia, glíglica Maga; pero pudieron ser: Charlie Shavers, Freddie Hubbard o Maynard Ferguson… los que echaron abajo las pomposas murallas de Jericó o l´Arc de Tríomphe, Porte St-Denis, Palais de Chaillot (época París merengue) para no mencionar los arrabales del Buenos Aires vesperal con chinchulines y vino criollo.

                                                                             (-156)



    the last action hero

    Por desgarro de una desangelada camisa de periodista, se deja ver la marvélica divisa pentagonal en los pectorales.

    Vindicativo y sonriente, sin medrar el costo físico y emocional de sus combates de celuloide, este hombre, que no es invención de Stan Lee o Richard Donner echa a volar con su espina dorsal de kriptonita.

    Me encuentro frente a un objeto cultural que no es inofensivo. Apuesto por abolirlo si rezuma la impotencia del hombre moderno, el poder que custodia la propiedad privada del universo… pero difiero de la guerrilla semiótica porque lo que pretendo emplazar es al superhombre con respiración artificial, clínicamente inmóvil en su poltrona de ruedas. No hago una apología de sus hazañas en ese estado pues contraviene la voluntad de todo héroe de dejar sus proezas en el anonimato.

    No niego que me agrada Superman cuando se desviste y queda como Christopher Reeve a los cincuenta, ya por los cielos.



    De FLEMAS (2013)


    conforme que marcel marceau no es milli vanilli

    con error creemos que el poema significa por 
    inducción.

    (con eRRor crEEmos que el poema significa por 
    induCCión).

    con el consentimiento del poeta, ser poema pretende.

    con los frecuentes estados de súplica del poema
    y   los   dicterios   del   poeta;
    su preceptiva         poética.

    con una unidad versal en el vasto espacio del poema
    su imposible sonido         solo apresamos,
    su extravagante disposición  tipo-gráfica
    su imposible sonido
    su aspiración de poesía,                     el poema

    con el con-sentimiento del poeta, ser poema pretende.



    tramo de ratas

    No trasegarcomo una rata eutrapélica
    donde se posa la mano y la mente del poeta.

    Hay tanta poesía envenenada, oleaginosa…

    Quedar en el puro pellejo,
    musicarlo
    y ser el chauffeur de ese ruido
    que puede tener otro valor opcional.

    Reptan en aquelarre
    la palabra bulímica que
    todavía no ha tocado tierra
    como bolo fecal.




    De CHILENO (2016)


    ejercicios ambulatorios

    Mi fantasma pasea por Ahumada, deambula por un oasis peatonal para chilenos…

    Cuando la tarde busca la noche de los sábados, hago el drenaje de mi angustia. Desprovisto del más mínimo signo de perentoriedad, defino los tramos para el tránsito de la gente por este camino de Santiago.

    Observo al detalle el contraste de las personas con mi  perímetro, descongestionándose. Las ausculto, a la caza de sensaciones satélites para ensanchar el terreno de mi actividad reflexiva.

    Unos toleran mi examen y otros logran sortearlo. Aún en la apreciación de lo abstracto me seducen las ideas de lo general… y en su  andadura por Ahumada, boulevard de febriles pelotones, la afluencia parece tener algo por consagrar.

    Yo siento que hay una pérdida de patrón.

    Todo es actividad sobre el abismo artesonado con la parafina del poema.

    De extremo a extremo me quedo sin epígonos en mi trabajo de poda.



    vuelos de la muerte

    No concibe una madre a su hijo lanzado por el cielo.
    Entiéndase, lanzado por el aire
    sin que nada pueda moderar su caída.

    Sobre la cavidad de un volcán, sobre un lago, el mar,
    una cordillera…

    Las palabras son leves, las estrellas son leves.
    Los cuerpos, como un bodoque
    (perpendiculares)
    no.

    ¿Habían entregado el espíritu antes del descenso?

    Con estos cuerpos moteamos el mar y el desierto,
    con este excedente de la vida, centrifugados,
    teñimos las dunas,
    desgranamos un cardúmen…

    Aventados quizás con un culatazo y un esputo
    al mar que nunca estuvo tan Pacífico.

    Imposible mirar una ola y no imaginarla perforada 
    por un cuerpo joven, ya trunco, mortaja en una glauca
    fosa que se encrespa.

    Todos con la muerte que no sabe de hacinamientos.
    Jóvenes,
    pedacitos de Chile.



    De PLAYBACK Los podios ofrecidos



    Prólogo

    No cantaban, el par de modelos, ni una sola nota del álbum.

    La canción que los convierte en estrellas, recompone su licencia de consumo cuando pisaron por vez primera, el lobby del estudio de contrato.

    El pase mágico de un video como cimiento del Euro-dance era la próxima escaramuza.

    El video para la canción que provoca un entusiasmo que emula con la estulticia. Un video que esconde a los intérpretes reales de una canción certificada como platino, con premios por su impacto visual, ajenos a su arreglo melódico. Era impensable su disfrute de otro modo.

    Y ahora parece que todo es mentira y cabello trenzado. Mentira el test de los conciertos, el todo con su nada, el triunfo sobre los podios ofrecidos, plataforma que erosiona  y la verdad es que no era para tanto…

    Con los años se borra el vestigio de fotocopia musical, de estafa mercadológica, escándalo de facultativos, de premio que se revoca…

    El tiempo, omnímoda figura que solventa el empaque y contenido de aquel álbum, donde los modelos que hacían de cantantes, ni una nota cantaban.

    Tomar distancia del sentido verdadero de la música se compensa con una actitud inadecuada que trivialice su estructura artístico-formal.

    Se hunde la música  en el agua silenciosa de los labios… se relega a los tramos albañales de la danza.

    El pop es r-í-t-m-i-c-o y corporal, aséptico y utilitario. Da de beber a los ojos lo que el labio no bebe. La urdimbre del lip sync  como  argumento.

    Dispensamos como play-boys, tostados a lo Hollywood, al binomio de pelo trenzado porque esto le viene mejor a la música que hace lugar para lo espurio. 

    El ojo va bebiéndose el agua silenciosa de los labios en movimiento. Su sincronía.



    ¿Dónde el playback de lo reunido, estéticamente tolerado como literatura, ya no como poesía?

    En una colmena de signos y sonidos, de formas solemnes  y coincidencias  ¿Qué  parte simula la rotación magnética de los ecos?

    Sé cómo funcionan las maneras definitivas de todo lo que da pérdidas.

    Ecos del vértigo de los dobles, en un retablo donde se aprende a  saltar y a caer como un impostor, que los hay también en la literatura.

    Haga el intento de comprender esta verdad: acepte a las primeras lecturas y un buen cúmulo de poemas como números de playback.

    Señale al que no puede: levantar cabeza… Salga y no apueste por asuntos que lo vinculen a un salario mínimo.

                                                                               Acepte  que  tampoco 
                                                                               es  POETA  aunque  lo 
                                                                               intente  por  un  buen 
                                                                               tiempo   con     avidez.






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  • 12/09/16--02:57: JORGE BALDERE [19.720]

  • Jorge Baldere

    Calpulalpan, Tlaxcala | México, 1986

    Pasante en Filosofía por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Licenciado en Arte Dramático por la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. Ha participado en distintos montajes y cortometrajes como: Las plagas, pedazos de apocalipsis de Martin López Brie bajo la dirección de Gabriela Gonzales; Alphonse de Wajdi Mouawad bajo la dirección de Jesús Islas Ambríz; Cortometraje Furia, (Selección nacional dentro del Festival Internacional de Cine de Terror Macabro 2016 CDMX). Historia de Carlos y Arturo Morales bajo la dirección de Arturo Morales.



    Cortinilla de humo

    Como Cristo tendió las manos
    sobre sabanas que despedían un olor a polilla,
    inmovilizando los párpados
    una cortinilla de tabaco jugueteaba en toda la habitación,
    cada espacio absorbía el frío turbulento del sosiego,
    el silencio era demasiado incómodo que se podía percibir el galopar de arañas
    que se alistaban para un festín de dos más cuatro
    -luz cegadora de pequeñas cicatrices que no eran perceptibles-

    Recorriendo calles aglomeradas,
    despidiendo el putrefacto olor de colilla y el aceitoso ron caducado,
    recobró la conciencia  de haber invernado,
    -se descalzó-
    cogiendo ánfora entre las manos sacudió la piel muerte.



    Me retiro

    Caminaré hacia el horizonte
    en búsqueda del riachuelo donde la sonrisa es inquebrantable,
    donde el crecer es sabia virtud
    y no un adolecer,
    me retiro con estas llagas que provoco mi hocico de dragón,
    con el esqueleto flaqueado,
    con el ser putrefacto,
    sin baño, sin sueño, sin cobijo,
    desnudo con la actitud patética de ser un pendejo me retiro,
    tal vez regrese de donde partí,
    quizá lo recuerde,
    quizá…
    no lo sé.



    Quiromancia

    Ordenamos pan árabe,
    ornamentado de ismos
    vísceras caducas
    y costras empolvadas.

    Abrazamos un paraje que describiría el puente que tendríamos que cruzar,
    el café se enfriaba en la medida que el verso nos apropiaba en bisílabos,
    -un entremés sin tener hambre-
    sin poseer adjetivo
    se unificaron los versos y de tu boca me pariste.
    nuestros ojos se humedecieron,
    seguimos sorbiendo,
    no fue necesaria la palabra,
    leíamos doctamente cada poro entusiasmado.

    Nos habíamos convertido en la palma que sopló aquella bruja,
    me aprehendiste, tú, ser mitológico,
    sí tú trascendiste sobre mi psique.

    Ahora sé que este sueño es de carne
    cuando hoy por la tarde nuestras manos abrigaron el alma.



    Barquito de papel

    Y cómo rescatar aquel barquito
    si húmedos se encuentran
    veleros, timón
    y las hélices se las han arrebatado,
    en el humo se suspendía,
    ahora se pierde en él

    Los ríos que navegaba ya no segregan sangre
    sino fango como la misma mierda.



    Celebración
    (2/07/02)

    Hace catorce años me abordaste por primera vez,

    portabas un vestido traslúcido
    como brillo de menguada luna y tu rostro

    ¿Qué rostro portabas ese día?

    Tú nombre me era ajeno,
    intacto y conocido
    más el garbo dejaste entrever,

    Longevos cipreses te escoltaban,
    todos temían,
    sembrabas angustia, pánico,
    incierto fue el momento
    más nunca palidecí.

    Quise hablarte
    pero mis labios se agrietaron,
    alzaste huesuda mano y de un chasquido
    la habitación se había convertido en un viejo burdel,
    lanzaste la invitación a danzar,
    con los ojos cansados y el arquetipo arqueado acepte.

    Tus labios besaron la fiebre,
    te estremeciste
    me desvanecí,

    Recobramos el aliento
    con palmadas en el pecho.

    ignorando partiste a otra camilla
    ignorando caminé.






    .

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    Rodrigo Velásquez Solórzano 

    México. Diplomado en Creación Literaria (INBA), Certificado en Educación Artística (CENART), y un título en Ingeniería en Electrónica (TESE). Publicaciones en las revistas: La pluma del Ganso, Ariadna-RC, ERRR, Letras TRL. Entrevistas con: Efrain Bartolomé, Julio Revueltas, Marco Antonio Campos. La Secretaría de Cultura de México se encuentra editando su primer poemario titulado «Descalzos por el mundo».




    SUJETO A LA EPOCA

    I

    El campo llega a la ciudad atado entre mecates       Viene fresco
    y verde  en la parte trasera de un camión de redilas

    Paquetes rectangulares de frutas y verduras se van secando
    en el camino y se continúan secando en los almacenes

    Los grandes estantes de refrigeración en los supermercados
    desgastan la comida


    II

    La gente del campo llega atada entre pobreza y se va secando
    con el sol       Con la indiferencia de los ciudadanos que también
    se van secando por las necesidades básicas    por décadas
    de explotación y traición     por falta de simetría en el pensamiento
    y la faena




    MESOAMÉRICA

    I

    Su lengua no coincide con la época

    Pero la memoria colectiva percibe
    en sus rasgos físicos el sólido
    y cruel temple de la historia

    La gente se ve y se escucha así misma
    sin pronunciar el español

    Le es ajeno el vocablo
    pero sabe que le fue propio

    Arrebatado por un león


    II

    Al connacional le enseñaron a
    conjugar en tres tiempos

    Fue al catecismo

    Aprendió  a persignarse al escuchar
    la palabra de dios

    Lee y escribe en hispano

    Se ha vuelto ajeno al recuerdo
    a la pronunciación
    a la lluvia del dios Tlaloc




    EL CONCEPTO

    Galardonada con el Premio Nacional de Ciencias y Artes por el duodécimo Califa de todas las Arabias, e incondicional campeona infantil de la olimpiada mundial de matemáticas avanzadas donde el mínimo ejercicio correspondía a la ecuación  para describir la expansión métrica del espacio, ósea la ecuación de Friedmann, Zaida Amín ya tenía treinta y dos años bien cumplidos y deseaba tener una boda enorme y elegante en un hermoso jardín de Bagdad. Solo que Adham creía que había nacido para ser un ferviente comunista, profesor de física en preparatoria y poeta árabe. Adham se ufanaba de haber leído y releído el que él consideraba el mejor libro del mundo; Los Manuscritos económicos y filosóficos de Marx, y le respondía a Zaida que él no se quería casar, que este mundo era demasiado desigual para procrear hijos, y que él no tenía ninguna necesidad de hacer ningún evento frívolo y superficial para demostrarle nada a nadie, la quería, y esperaba que eso le bastara también a ella. Claro que esto no era así. Zaida en verdad deseaba una boda y estaba dispuesta a continuar esta discusión durante otros tres largos años hasta que Adham aceptara. Lo amaba y lo convencería para que se casara con ella. Por Alah que lo haría.




    ANSIEDAD

    México D.F.

    Cuando hablas de sus enormes senos morenos yo escurro entre las piernas de imaginármelos, de pensarte sobre ella. Te amé cuando me llevaste al hotel donde tantas veces te desfogaste en su cara. Que me pongas de puntitas en la regadera y me penetres por atrás me hace sentir tan perra, ¿cómo no ser tu puta? Quiero usar la lencería que se ponga para tu cumpleaños, ojala sea roja. Yo te voy a escribir una carta amor mío, te espero el sábado.



    Viaje a Zacatecas: Museo del Pintor Mexicano Rafael Coronel

    Nunca pienso en Francia, no la añoro ni la extraño, solo una o dos veces me he arrepentido y ese calificativo es mucho decir, de no haber escrito mis memorias de las calles parisinas cuando aún las tenía frescas. París no me dio ni un solo poema, ni España, ni EEUU. No obtuve letras de esos lugares y no porque la vida ahí sea desdeñable, es solo que no llegaron las silabas y las vocales en ese momento, a diferencia de  las muchas hojas que he logrado escribir pensando en esta tierra que me nutre y me alegra a diario. Sin embargo, apenas que visite el museo del gran maestro Rafael Coronel en Zacatecas regresó a mis recuerdos los jardines de museo Rodin en Paris, quizá porque ahí vi por primera vez una geografía de la naturaleza tan bien delimitada dentro de un museo (un bello jardín). Y ahora en Zacatecas, la volví a ver en el estupendo museo de Rafael Coronel. Quiero comparar el museo de Coronel con el de Rodin, y quiero escribir con respeto y severidad que me parce que el museo a nombre del maestro Rafael Coronel es aún mejor que el del francés, y es que el museo de zacatecas posee una colección de máscaras extraordinaria (gracias a ellas comprendí mejor las pinturas de Coronel), una colección de piezas prehispánicas en tan buena conservación que me fue difícil creer, las esculturas en los jardines son exactas, desde luego los cuadros de Coronel poseen un alto valor en la historia del continente americano y del mundo, el suave color anaranjado del tabique de las paredes corta tan bien el cielo azul de la entidad que uno se siente de lo más libre,  su vista hacia el cerro atreves de sus jardines merece ser poetizada cuantas veces sea posible. Tiene unas vasijas de barro antiguo en perfecto estado, una serie de títeres que no se mueven pero están bailando, una arquitectura y una iluminación que reconforta al espíritu humano con prudencia.






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    Alva Daniela Escobar

    Tlaxcala, México | 1988
    Obtuvo la Licenciatura en Ingeniería Ambiental en 2010. En 2014 concluyó el Diplomado en Artes Visuales de la UAT. Su obra visual ha participado en 15 exposiciones colectivas y una individual. Actualmente estudia Creación Literaria en la Escuela de la SOGEM. Ha publicado en las antologías “Letra espiral” y “Coctel de letras” así como en el cuentario “Dulce percepción” (2015).  En enero de 2016 realizó una residencia con el proyecto de ecopoesía Flores amarillas, en The Guapamacátaro Center for Art and Ecology. Es conductora del programa de radio: Soy poeta, luego existo.




    Libreta roja

    Hay una ventana roja
    en el círculo polar
    donde he aprendido a adherir
    la energía y los sueños de las cosas.

    Su color se esconde en el iris
    del abismo de mi mano constreñida
    de mis gestos.

    Regalo fraterno
    donde caben los dibujos de mi espíritu
    y este deseo de ficción no consumado
    donde no importa la caída de los muros.

    Gracias
    pues en dos años y dos días (dicen las voces)
    ya no he tenido de esos sueños
    he atrapado aquellos gritos    aquel sudor
    entre las moscas
    las hojas se han hecho cementerio indio.

    Hay fuego entre las letras
    desprendidas de mi nombre
    en los autorretratos
    y las gráficas para la comprensión del mundo.

    He confeccionado un testimonio
    y sólo queda releer con ternura
    la bitácora del viaje.

    Una mariposa permanece
    donde he inventado
    el punto original del universo.



    I

    Confieso que concuerdo
    con el credo corrupto
    que ha buscado agachar
    la cabeza de tu madre

    Creo en la ceniza
    de tus corneas caducadas
    que carcomen la cornisa
    de tu cráneo inerme

    Consume los pies desquebrajados
    quiébrame y constrúyeme
    cristal desvanecido
    las escamas de tu cruz
    al cantar se irán cayendo


    II

    Crótalo de cobre
    carne de la carne
    de mi vientre desahuciado
    quiéreme y después
    cávame una cueva de guijarros

    Cuenca del cántaro caído
    consume el color de su mirada

    Mañana
    correrán colmillos de río
    cascabeles hirviendo
    crecerán en la cresta
    de tu nombre



    ANYTIME

    palabra perpetua
    hilo tejido entre las estaciones
    un día
    la traición enguishándome la boca
    te vi morder el fuego
    en el cigarro de tus letras
    pues eras huracán
    golpes con la puerta
    y yo
    cadáver abonando
    los pendientes en la casa
    todas las caídas
    por las escaleras

    ya no te guardes
    el puño en mi silencio
    no escondas la mano
    detrás de la piedra de mi nombre

    eres el ungüento necesario
    para recuperar la vista
    el despertar violento
    a un mundo
    donde otro cuchillo para untar
    ya no pueda arrancarme la inocencia

    dónde ha quedado la infamia de tus apellidos
    ajena descendencia de tu ira
    cada gota habla
    de un destino
    de renuncia

    este es el último vaso de abandono intermitente
    que tomo a las tres de la mañana
    ya no regreses
    en cualquier momento


    *


    A la mujer que me leyó una noche

    letras
    la que me dio de beber
    de su propia boca

    tumba
    de alcatraces negros
    sueño

    tuya
    cama compartida
    mía

    mujer
    herida de mi espacio
    te debo la muerte

    una mano blanca bajo tu cuna



    La caída

    Manos             cadena al sol
    sólo libres un par de alas tibias
    sosteniendo apenas un líquido vital embotellado.

    Flujo
    evaporación de día
    ansiedad
    desmayo por la ausencia
    deshidratación inminente
    si no hay         como mínimo
    dos litros a gotas        de un seguro médico

    Recuerdo entonces en una respuesta
    pregunté sobre el mensaje de auxilio:

    Donde el agua vuela
    vuela
    con el viento
    viento mar
    sola
    caudal y río
    y río
    cuando te veo no contenida
    río
    no decantada en la moneda
    y río
    corre
    río 

    A diario
    abrir el barco
    ahogar las naves
    vaciar pozo sin vida
    en pozo vivo
    hasta el día que llegue
    la cosecha


    Cojín de la abuela

    Con la muerte de mi hermano
    la abuela hizo una almohada
    y le pintó tres flores.

    Rellenó su herencia de bolitas de algodón
    que imagino trajo
    de sus incontables viajes a las nubes.

    Los integrantes de la familia
    hemos sido bordados por sus manos
    y de una navidad extrajo el color
    para hacerlo la memoria de sus dulces.

    Nadie sabe que sus hilos acompañan
    a mis pies viajeros
    que le he robado a la muerte de la abuela
    la latencia de cualquier olvido.

    Hoy, en este cojín ya hay varios muertos.

    ¿Qué hacer cuando ella regrese y lo reclame?

    Comeremos los dulces
    y me enseñará lo diestro de sus dedos
    pues estas manos que viajan y escriben
    aún no saben bordar.


    Reflejo

    Recuerdo
    desde cuando en verdad
    era yo quien me miraba en aquel lago
    no había cultivo de apariencias
    en el huerto de narcisos.

    Qué voy a hacer
    cuando el alma
    mire los poros descarnados.

    Temo a la mentira
    que mi imagen de estatua
    algún día pueda decirle a mi reflejo.

    La desproporción,
    una bala en la cien
    de mi cara aislada
    lo paralelo de mi cuerpo.

    Mas no puedo recurrir
    a la fotografía que no capta
    cada poro,
    ni al fragmento de unidad,
    es un engaño lo parcial
    prefiero la verdad en el espejo.

    Hoy puedo con lo asimetría de mi rostro
    pero al llegar a la edad de Cristo
    no será tragedia incendiar la casa de mi mano
    un tiro certero
    dejaré de abrir los ojos.





    -





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  • 12/09/16--03:51: HAZEL FLORES [19.723]

  • Hazel Flores

    Toluca, Estado de México | 1989
    Iniciándose como escritora de poesía erótica. Está por publicar el poemario: “Tiro de tres lenguas sueltas | mujer de fresco y sexo”, con la editorial Mexicana Sexto Piso. Fue colaboradora en guiones cinematográficos con Guajiro Producciones, participando en un par de cintas en 2016.  Escribió  la obra de teatro “En la punta de Lucía”, misma que se pretende difundir culturalmente a finales del año 2017.




    ¿Te he contado que eres la cintura 
    más perfecta que me he encajado?

    Viene la nota de esa melodía de tontos pocos
    eras el invierno de los más grandes soles de mi Mayo
    la ligereza de un campo de flores en medio de mis ruinas.

    ¡Mujer, me hacías la vida!

    Besabas como se besa a quien se ama de verdad en un año de Diciembre
    me antojabas el cuerpo que te creaste a posta
    partías el mío
    el corazón
    y el sexo de tanto tocarme.

    Yo creaba un mapamundi en la guarida de las sabanas
    para no perderme entre tus tetas chicas
    y entre tus nalgas mías
    ¿Tú?
    me decías que era lo más bonito que te había pasado
    que ya faltaba por tanta mala
    ¿Y yo?
    sólo besaba entre el naufragio de mis aguas.

    Yo te amaba como se dice en la teoría de aquello que se cuenta
    hicimos el cuento más figurativo de mis veintitantos
    y el amor como de aquellos que no se olvidan
    y no se quieren olvidar
    ¡Hey!
    Te regalo los aromas que se vienen
    las lluvias de partidas
    te regalo el pase de recuerdo
    con mi nombre y fecha
    pa’ que no te olvides
    un boleto de vuelta a la sintaxis de esta desahuciada
    el camino a la promesa con puesta de letrero
    y aquí
    yo espero
    no te ansíes,
    aquí yo espero
    sentada en la banqueta.



    *


    Si mi lengua profanara el ventrículo que percibe

    con el beso que se aloja un poco más abajo de tu pecho
    diría a los compatriotas de faldas y corsets,
    que el universo se resume en un sólo nacimiento.

    Tratando el punto más preciso
    donde los senos son los soles
    con las esferas ya de estrellas

    Y la luna
    el medio hinchado que da pleonasmos en la boca
    del faltante de quereres
    aquel ombligo como a uso de mi mesa
    alimenta la vida que nos rige
    y la tremenda sacudida del ciclo ya dispuesto
    como a dedo de mandato

    Y nada se detiene
    si se abre el arco donde mi mano se ha invitado
    para darle espasmos a los ojos que hacen uno
    como foco de atención
    al cuerpo que le manda.

    Ya las piernas vueltas ancla
    que sirven de mecías
    donde no hay temblores

    ni inquietudes,
    si el único universo

    viene siendo tu alimento
    que derrochas a los gestos
    que comando en nuestra cama.

    Los requerimientos que me follo
    a la loca religión
    no puede ser nada más concreto que la seda de una espalda
    donde pinto los roces más estructurados llamados como arte.

    Y en un sólo parlamento
    se decide que:

    La línea paralela, de la palabra cosmología
    no se resume
    si no
    sé inventa, del latín:
    >mulĭer, -ēris<.

    Y que con la soberbia de mi sexo
    la ato al corazón
    que se me ha brindado
    donde no hay cabida al macho
    ni al buen samaritano.

    Me cojo de la mano
    a la pronunciación más excelsa del llamado feminazi:

    Mujer.

    La agarro como tinta
    verso y despido
    ya marcando las heridas
    y las arrugas de la sabana del pasar de la guerrilla.

    No se concibe vida y nada,
    ni aliento a veneno de resurrección que no sean ellas.

    Dada al punto final,
    que no me seas tú.

    Alejandra.


    Mira, Sara.

    En las fragosas oleadas que te empinas en cocteles
    queriendo más monedas que sonrisas de amores serios
    te encuentras tú
    cautelosa
    en espera de mi espera
    deseando que te arranque la agonía de tu boca parda
    de tu boca altanera
    con mi labio de pecado que te niegas a querer
    o quieres
    pero pierdes si los quieres
    te pones camisa de niña guapa predicando un “él”
    cuando mi brújula pisoteada por tu terquedad pronuncias “mujer”
    mujer te susurras en tu sexo y en tu oído
    lo deseas como se desean los caramelos que te robas cuando niña
    esperando no el cachado
    pero sabiendo que fue pecado
    así, tú
    hipócrita mujer
    que te tachas a mis manos y a la cura de mis tantos.



    3:49.

    Entras a mi refugio tonto con esa boca sabia de tortura
    como si en tu habla pararas la guerra de mis múltiples peleas y mis ganas que te acosan.

    “Hemos vivido lo no vivido”

    Destierro y Otoño
    es la casa chica y la cama fría
    que han visto almorzar los cuerpos mutilados de tanta mierda
    porque en tu beso me ahogo
    en tu cuerpo me compongo
    me hago nada y me hago un todo
    tu sexo mi guarida
    y mi guarida la cárcel que me elijo
    soy la mano hecha flor de tu cobijo
    y mis piernas las más calientes de tu lista
    te diré algo que no sepas
    y es que te quiero
    que te he compuesto el café más cargado de tu Invierno
    que soy la piel de pañuelo que te cargas de bolsillo
    mis ojos el puente de tu cruce
    y mis dedos el tejido de tu guante
    te diré algo que si sepas
    y es que te adoro
    que donaría mi canción favorita por tu sonrisa hecha de almendras
    y dejaría mis pies de torpeza para mostrarte otro camino
    para que no sufrieras
    para que no llovieras
    para que no te fueras
    remataré el 4:02 de mis parpados hundientes
    Y mis desesperos de tinteros

    ¡Sálvate y quédate, tú, mi mujer de poesía!







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  • 12/09/16--10:26: CAROL RUMENS [19.724]

  • Carol Rumens

    Poeta. Fecha de nacimiento: 10 de diciembre de 1944, South London, Londres. Educación: Universidad de Londres.

    Carol Rumens nació en Forest Hill, al sur de Londres. Ganó una beca en la escuela primaria y más tarde estudió Filosofía en la Universidad de Londres, pero lo dejó antes de completar su graduación. Obtuvo un diploma de postgrado escritura para la escena (con distinción) de la Universidad de la ciudad de Manchester en 2001.

    Fue profesora en la Universidad de Kent en Canterbury (1983-5), la Universidad Queen de Belfast (1991-3 y 1995-8)), la Universidad de Cork (1994), Universidad de Estocolmo (1999), y la Universidad de Hull. Como profesora de escritura creativa, ahora enseña en la Universidad de Gales, Bangor, y en la Universidad de Hull.

    Fue elegida miembro de la Real Sociedad de Literatura en 1984. 

    Premios 

    1981 Alice Hunt Bartlett Award (joint winner) Unplayed Music
    1981 New Statesman Prudence Farmer Award An Easter Garland
    1984 Cholmondeley Award
    1998 Belfast Arts Award for Literature (shortlist) Holding Pattern
    1998 Forward Poetry Prize (Best Single Poem) (shortlist - A Day in the Life of Farmer Dream )
    2001 Cardiff International Poetry Competition (Fourth Prize - Kings of the Playground )
    2001 National Poetry Competition ( Stay in Touch )
    2002 Forward Poetry Prize (Best Single Poem) (shortlist)

    Obras

    Poesía

    "Girl, Got; Direct Train; December in Chapultepec Park, Mexico City; Dotage" . Acorn 15 . Archived from the original on 2008-05-18.
    A Strange Girl in Bright Colours . Quartet. 1973.
    A Necklace of Mirrors Ulsterman, 1978
    Unplayed Music . Secker & Warburg. 1981.
    Scenes from the Gingerbread House . Bloodaxe. 1982. ISBN 978-0-906427-27-9 .
    Star Whisper . Secker & Warburg. 1983. ISBN 978-0-436-43901-8 .
    Direct Dialling . Chatto & Windus. 1985. ISBN 978-0-7011-2911-8 .
    Icon Waves The Star Wheel Press, 1986
    Selected Poems . Chatto & Windus. 1987. ISBN 978-0-7011-3201-9 .
    The Greening of the Snow Beach . Bloodaxe. 1988. ISBN 978-1-85224-062-2 .
    From Berlin to Heaven . Chatto & Windus. 1989.
    Thinking of Skins: New and Selected Poems . Bloodaxe. 1993. ISBN 978-1-85224-280-0 .
    Best China Sky . Bloodaxe. 1995. ISBN 978-1-85224-337-1 .
    The Miracle Diet . Bloodaxe. 1997. ISBN 978-1-85224-418-7 .
    Holding Pattern . Blackstaff Press. 1998. ISBN 978-0-85640-638-6 .
    Hex . Bloodaxe. 2002. ISBN 978-1-85224-602-0 .
    Selected Poems 1968-2004 . Bloodaxe. 2004. ISBN 978-1-85224-680-8 .
    Blind Spots . Seren. 2008. ISBN 978-1-85411-465-5 .
    De Chirico's Threads . Seren. 2010. ISBN 978-1-85411-534-8 .

    Novelas 

    Plato Park. Chatto & Windus. 1987. ISBN 978-0-7011-3202-6 .

    Editora 

    Nearly Siberia (Pascal Theatre Company, Newcastle and London, 1989)
    The Freak of the Week Show (EyeSpy Theatre Company, East Didsbury Studio, Manchester, 2001)
    Suzanne Hecabe (Arden School of Theatre, Manchester, 2002).

    Obras de teatro 

    Nearly Siberia (Pascal Theatre Company, Newcastle and London, 1989)
    The Freak of the Week Show (EyeSpy Theatre Company, East Didsbury Studio, Manchester, 2001)
    Suzanne Hecabe (Arden School of Theatre, Manchester, 2002).

    Traducciones 

    Pencil Letter /Irina Ratushinskaya (translator) Bloodaxe, 1988
    The Poetry of Perestroika . Translator Carol Rumens, Richard McKane. Iron Press. 1990. ISBN 978-0-906228-35-7 .
    After Pushkin (contributor) Carcanet, 2000 with Yuri Drobyshev
    Yevgenii Rein: Selected Poems (translator) Bloodaxe, 2001

    No ficción

    Self into Song: Newcastle/Bloodaxe Poetry Lectures Bloodaxe, 2006
    Carol Rumens (21 January 2009). "Elizabeth Alexander's praise poem was way too prosy" . The Guardian . London.
    Carol Rumens (15 December 2008). "Poem of the week: Darling, Would You Please Pick Up Those Books?" . The Guardian . London.
    Carol Rumens (23 August 1992). "BOOKS / Poetry: Carol Rumens on two exciting new collections" . The Independent . London.
    Writing Poetry . Routledge. 2006. ISBN 978-0-415-30389-7.



    PUNTOS SUSPENSIVOS

    Y allí me encontré a mí misma, más verdadera y más extraña.

    Wallace Stevens

    Yo había empezado a pensar en el amor propio de la piel,
    en Mujeres, Fuego y Cosas Peligrosas,
    en los libros perdidos, revoloteando, abriendo sus alas como venas …


    *


    Quizá fue un falso comienzo, el venoso azul
    recordado de una mama, el olor de la leche en esa fotografía,
    la espiral de su doble corona mientras te alimentó..


    *


    Pero las palabras se estaban desenrollando lentamente como vendajes
    y en algún lugar yo estaba comenzando el trabajo soñado de mi vida,
    cada habitación de la casa ahora aludía

    a un miedo irracional a los cuchillos,
    tal vez, al deslumbrante salario del ombligo.
    El ombligo del sueño.


    *


    Y el vertiginoso pulso azul en la muñeca
    era insistente como una rima
    deshilachada…

    La mancha roja del pasado
    sobre mis manos improbablemente
    extendidas.


    Versión de Carlos Alcorta
    https://carlosalcorta.wordpress.com/page/2/





    Carol Rumens

    Carol Rumens was born in Forest Hill, South London. She won a scholarship to grammar school, and later studied Philosophy at London University, but left before completing her degree. She later gained a Postgraduate Diploma in Writing for the Stage from City College Manchester. She has taught at the University of Kent at Canterbury, Queen's University Belfast, University College Cork, University of Stockholm, and the University of Hull; she is currently Visiting Professor in Creative Writing at the University of Bangor. She has held the position of Poetry Editor for the literary newspaper, (the publisher) Quarto, and for the Literary Review, and she was elected a Fellow of the Royal Society of Literature. The author of fifteen collections of poems, as well as occasional fiction, drama and translation, Rumens has received the Cholmondeley Award and the Prudence Farmer Prize for her poetry, and was joint recipient of an Alice Hunt Bartlett Award. Her collection, Star Whisper (1983) was shortlisted for the Dylan Thomas Award. She has also published a collection of her lectures on poetry, Self into Song. Her work has appeared regularly in publications such as The Guardian, The Observer and Poetry Review, and she currently writes the hugely popular 'Poem of the Week' feature for The Guardian.


    The Emigrée (1993)

    There once was a country… I left it as a child
    but my memory of it is sunlight-clear
    for it seems I never saw it in that November
    which, I am told, comes to the mildest city.
    The worst news I receive of it cannot break
    my original view, the bright, filled paperweight.
    It may be at war, it may be sick with tyrants,
    but I am branded by an impression of sunlight.

    The white streets of that city, the graceful slopes
    glow even clearer as time rolls its tanks
    and the frontiers rise between us, close like waves.
    That child’s vocabulary I carried here
    like a hollow doll, opens and spills a grammar.
    Soon I shall have every coloured molecule of it.
    It may by now be a lie, banned by the state
    but I can’t get it off my tongue. It tastes of sunlight.

    I have no passport, there’s no way back at all
    but my city comes to me in its own white plane.
    It lies down in front of me, docile as paper;
    I comb its hair and love its shining eyes.
    My city takes me dancing through the city
    of walls. They accuse me of absence, they circle me.
    They accuse me of being dark in their free city.
    My city hides behind me. They mutter death,
    and my shadow falls as evidence of sunlight.








    .


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