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  • 10/15/16--02:20: ALFONSO VALLEJO [19.285]


  • Alfonso Vallejo

    Alfonso Rodríguez Vallejo (nacido en Santander en 1943), más conocido como Alfonso Vallejo, es un dramaturgo, poeta, pintor y neurólogo español.

    Sus obras se han representado en muchas ciudades de Europa, Estados Unidos y América del Sur. Han sido traducidas al francés, inglés, alemán, árabe, italiano, portugués y búlgaro. Ha obtenido diversos premios en el ámbito nacional, por sus obras de teatro.

    Alfonso Vallejo nace en Santander en 1943. Estudia el Bachillerato francés y el español en el Liceo Francés de Madrid. Licenciado en Medicina por la Universidad Complutense de Madrid (1961-66), obtiene el título de Especialista en Neurología en 1970 y el grado de Doctor en Medicina por la Universidad Autónoma de Madrid en 1977.

    Obtiene el Foreign Medical examination (ECFMG) en 1968. Ha trabajado en Hospitales de Francia (París), Inglaterra (Londres), Alemania (Heidelberg y Berlín), Bélgica (Amberes) y Dinamarca (Copenhague), donde además ha tomado contacto en profundidad con el teatro y la pintura que se hacía en ese momento en dichos países.

    Fue médico Adjunto de Neurología en el Hospital Clínico de Madrid (1971-73); Profesor Asociado de Neurología (1976-85)(Universidad Complutense); Título de Especialista en Medicina Interna (1989); Profesor Titular de Patología Médica en la Universidad Complutense (1985-2013); Jefe Clínico de Neurología (1973-2013) en el Hospital Doce de Octubre de Madrid (Servicio del Dr. Portera).

    Alfonso Vallejo empezó a escribir poemas y obras de teatro en 1957. Su primera obra fue Cycle (1961), la cual puso en escena en 1963 con actores franceses en el Instituto Francés de Madrid.

    Director de Teatro Universitario en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, entre 1962 y 1964.

    Desarrolla su faceta artística en los campos de la literatura, poesía, narrativa (dos novelas largas y varias cortas) y teatro todo esto lo complementa con otro arte, el de la pintura.

    Premios

    Accésit al Premio Lope de Vega (1975) por Ácido sulfúrico.
    Premio Nacional Lope de Vega (1976) por El Desgüace.
    Premio Internacional Tirso de Molina (1978) por A tumba abierta.
    Fastenrath de la Real Academia Española (1980) por El Cero Transparente, que constituyó el libreto de la ópera Kiu (1983) de Luis de Pablo.

    Opiniones, comentarios y críticas

    Francisco Gutiérrez Carbajo, Catedrático de Literatura en la UNED (España), ha sido un estudioso habitual de los libros de Alfonso Vallejo. Además de editor y prologuista de muchos de ellos, Gutiérrez Carbajo ha publicado una edición crítica y antología de su poesía : La poesía de Alfonso Vallejo: desgarro, esencia y pasión. Edit. Huerga y Fierro. (2005) y un libro sobre su teatro: Teatro español contemporáneo: Alfonso Vallejo Editora UNED Ediciones.(2001)

    Otros muchos escritores y críticos han dado su opinión sobre sus obras, como el director teatral estadounidense William Layton en A propósito de El cero transparente (1980).

    Obras

    Publicaciones de teatro

    El cero transparente, Ácido sulfúrico. El desgüace. Ed. Fundamentos, 1978. Prólogo: José Monleón.
    Monólogo para seis voces sin sonido, Infratonos, A tumba abierta. Espiral teatro - Fundamentos, 1978. Prólogo: Miguel Bilbatúa.
    Cangrejos de pared, Latidos, Eclipse. Ed. De la Torre, 1980. Prólogo: Enrique Llovet.
    Monkeys, Gaviotas subterráneas. Ed. Fundamentos, 1985. Prólogo: Ángel Fernández Santos.
    Orquídeas y panteras. Ed. Preyson, 1985.
    Slaughter (Latidos). The Scene, n.º 4. Nueva York, 1977.
    A tumba abierta Traducción al búlgaro de Stephan Tanev. Antología de Autores Contemporáneos. Sofía (Bulgaria)
    Gabbiani Soterranei (Gaviotas subterráneas). Teatro Spagnolo Contemporaneo. Volume Secondo. Edizioni Dell'Orso. Ed. Emilio Coco (2003)
    Espacio interior, Week-end. Ed. Fundamentos, 1987. Prólogo: Enrique Llovet.
    A tumba abierta. Biblioteca Antonio Machado, 1988.
    La espalda del círculo. Universidad de Murcia, 1988. Prólogo: Alfonso Vallejo.
    Train to Kiu, (El cero transparente). Traducción de Rick Hite. Estreno, Contemporary Spanish Play, 1995.5
    Tobi-después. Art teatral, nº3 (1991)
    Crujidos. Ed. Fundamentos, 1996. Prólogo: Ursula Aszyk.
    Túatu. Ed. Fundamentos, 1996. Prólogo: Ursula Aszyk.
    El cero transparente. Dialog nº6. Varsovia. Ursula Aszyck
    Jindama. Ed. Alhulia, 1998. Prólogo: César Oliva.
    Kora. Biblioteca Antonio Machado. (1998) Madrid.
    Ebola Nerón. Ed. ESAD de Murcia, 1999. Prólogo: María Francisca Vilches de Frutos.
    Panic. Ed. La Avispa, 2001. Edición y prólogo: Francisco Gutiérrez Carbajo.6
    Greta en la confesión. Ed. AAT/Teatro, 2001.
    La inmolación. En Maratón de Monólogos, 2002. Ed. AAT/Teatro.
    Hiroshima-Sevilla. 6A. Ed. La Avispa, 2003. Prólogo: Enrique Llovet.
    Jasmin. En Maratón de Monólogos, 2003. Ed. AAT/Teatro.
    Soraya. En Maratón de Monólogos, 2004. Ed. AAT/Teatro.
    Irstel.En Maratón de Monólogos, 2005. Ed. AAT/Teatro.
    Katacumbia. Universidad de Alcalá de Henares. Prólogo: Mar Rebollo Calzada.
    ¿Culpable? Psss. Ediciones Dauro. Editor José Rienda. Granada (2005). Edición y prólogo: Francisco Gutiérrez Carbajo.
    Una nueva mujer. Ediciones Dauro, n.º 111, Granada. Colección dirigida por José Rienda. Edición y prólogo: Francisco Gutiérrez Carbajo.
    El escuchador de hielo. Ed. AAT, 2007. Prólogo: Francisco Gutiérrez Carbajo.
    ¿Culpable?. Caos Editorial, 2010. Libro electrónico [13].
    Ka-OS. El Teatro de Papel. nº 13, 1/2011. Primer Acto.
    Duetto (Diez asaltos y un desliz, para un actor y una actriz) (2013). Edición y prólogo: Francisco Gutiérrez Carbajo
    Tiempo de indignación (2013). Edición y prólogo: Francisco Gutiérrez Carbajo
    Nagashaki-Macbeth. Ediciones Bohodón (2014). Madrid. Edición y prólogo: Francisco Gutiérrez Carbajo

    Poesía

    El lugar de la tierra fría. Ed. Ágora, 1969.
    Moléculas. Ed. Castilla, 1976.
    Fuego lunario. Ed. Ayuso. Colección Endymion, 1988.
    Más. Ediciones Endymion, 1990.
    Carne interior. Ediciones Libertarias, 1994.
    Matérica Luz. Ed. Libertarias/Prodhufi, 1994.
    Claridad en acción. Ed. Huerga y Fierro, 1995. Prólogo: Francisco Nieva.
    Sol Azul. Ed. Huerga y Fierro, 1997. Prólogo: Carlos Bousoño.
    Fin de siglo y cunde el miedo. Ed. Alhulia, 1999. Prólogo: Óscar Barrero Pérez.
    Eternamente a cada instante. Ed. Huerga y Fierro, 2000. Prólogo: Francisco Gutiérrez Carbajo.
    Blanca oscuridad. Ed. Huerga y Fierro. Madrid, 2001. Prólogo: Francisco Gutiérrez Carbajo.
    Plutónico Ser. Ed. Huerga y Fierro, 2002. Prólogo: Francisco Gutiérrez Carbajo.
    Brujulario Astral. Ed. Huerga y Fierro, 2003. Prólogo: Francisco Gutiérrez Carbajo.
    Labirinto-Indagine 40 (en I Quaderni Di Abanico). Traducción de Emilio Coco. Antología de poesía traducida al italiano con selección de los últimos catorce libros. 2003. Prólogo: Francisco Gutiérrez Carbajo.
    Transconciencia y deseo. Ed. Huerga y Fierro, 2004. Edición y Prólogo: Francisco Gutiérrez Carbajo.
    Esencia y prerrealidad. Ed. Huerga y Fierro, 2005. Edición y prólogo: Francisco Gutiérrez Carbajo.
    Intuinstinto y verdad. Ed. Huerga y Fierro, 2006. Edición y prólogo: Francisco Gutiérrez Carbajo.
    Fantasía y sinrazón. Ed. Huerga y Fierro, 2007. Edición y prólogo: Francisco Gutiérrez Carbajo.
    Intramundo, quimera y pasión. Ed. Huerga y Fierro, 2008. Edición y prólogo: Francisco Gutiérrez Carbajo.
    Enigma y develación. Ed. Huerga y Fierro, 2009. Edición y prólogo: Francisco Gutiérrez Carbajo.
    Transvivencia y plenitud. Ed. Huerga y Fierro, 2010. Edición y prólogo: Francisco Gutiérrez Carbajo.
    Tiempo silencio y verdad. Ed. Huerga y Fierro, 2011. Edición y Prólogo: Francisco Gutiérrez Carbajo.
    Avventura-Verità.50.(en I Quaderni Di Abanico). Italia. Bari. Traducción de Emilio Coco. Antología de poesía traducida al italiano. 2011. Edición y prólogo: Francisco Gutiérrez Carbajo.
    Ser, cerebro y realidad. Ed. Huerga y Fierro, 2012. Edición y prólogo: Francisco Gutiérrez Carbajo.
    Utopía y realidad. Impreso en Nuevo Zorita S.L (2012). Edición y prólogo: Francisco Gutiérrez Carbajo.
    Sin principio ni final. Ed. Infocultiva Libros. (2013). Edición y prógo: Francisco Gutiérrez Carbajo.
    Homo ciber digitalis. Ed. Infocultiva Libros (2013). Edición y prólogo: Francisco Gutiérrez Carbajo.
    Magnitud y dimensión (2013). Edición y prólogo: Francisco Gutiérrez Carbajo
    Aire, tierra, mar y... sueños (2014) Editorial Abey. Edición y prólogo: Francisco Gutiérrez Carbajo



    PRIMEROS POEMAS

    La carne gris y el papel doblado

    La carne gris,
    el papel doblado,
    y las praderas.

    Se meten las praderas
    de la sangre
    por las venas
    y panteras de hemorragia
    erguidas
    sobre torrentes de ramas sanguíneas
    muerden
    un sol abierto en canal.

    Por el cielo neutro
    de apache
    o de hierba fresca
    donde el alma se estanca,
    donde el alma no llega,
    tan cansada como está,
    sutil
    y silenciosa 
    viene la muerte,
    toda la muerte,
    la muerte entera,
    en bloque,
    la muerte masiva del alma.

    Los vientos medulares,
    cuando la tarde
    se nubla en jugos caídos,
    dejan la carne fría
    y el corazón inclinado.

    Y el alma
    tan sola,
    el alma tan muerta
    bajo el árbol de la bilis
    queda
    quieta.


    Si fueras vino del Sur

    Cuando la mañana
    con sus manos rotas
    se cuelga de los naranjos en el patio,
    se te despierta en la carne
    como un suelo de pájaros
    y te pones a temblar
    como una niña,
    con tu carne de uva
    y tus peces de sangre.

    Parece
    como si toda la tristeza
    se hubiera parado en las charcas de tu mirada,
    como si los peces verdes
    se hubieran muerto en tus ojos.

    Pero si fueras vino del Sur
    fíjate
    vino del Sur
    o balcones en la arena,
    te pondría en el pecho
    un lujo de maderas quietas
    y en el carnaval de agua
    te diría que te quiero. 

    El viento
    ya no levanta polvo del camino.
    Hermana
    dame la mano y descansa
    sobre las cosas muertas.
    Mira
    ya ha salido la luna. 



    EL LUGAR DE LA TIERRA FRÍA 
    En 1969 aparece en la colección Ágora de la editorial Alfaguara (Madrid) 

    Casi ni entró ni salió

    Se fue como el dintel
    Sin haber entrado.
    Como la luz del palomar,
    casi sin abrir las alas.
    Como la puerta trasera abierta a la casa y al frío.
    Las calles de alrededor
    permanecieron bloqueadas
    de tapias y jardines,
    las ventanas cerradas,
    las maderas puestas.
    Casi ni entró ni salió
    ni pasó ni quedó fuera.
    Se fue como el dintel sin haber entrado.
    Se quedó a las afueras,
    en el umbral de la puerta.
    Casi ni entró ni salió, 
    no movió ni las ramas superficiales.
    El fuego crepitaba,
    fue un sonido lento y continuo
    como de lluvia
    que consumió la madera
    y tapó los ruidos de la playa.



    Le cortaron las ruedas

    Le cortaron las ruedas
    y el carro cayó por la pendiente
    como un peso muerto,
    como un carro sin vida.
    En Dahlem el eje,
    más allá los puntales.
    Al llegar a Mariendorf
    sólo quedaba un gran silencio entre los campos
    sin presencia de carro ninguno.
    Por la puerta abierta,
    por el jardín abierto
    había un temblor
    una intranquilidad en las hojas,
    un continuo movimiento de ramas.
    En las ramas, frutas
    y más allá,
    en las horas más calientes del mediodía,
    una tristeza mineral.
    Las ventanas eran blancas,
    suaves los ruidos;
    hasta la calidad misma del aire era sorprendente.
    Uno movió la silla,
    otro ladeó la cabeza.
    Yo quedé en la sombra,

    oculto entre las flores de la mesa.




    MOLÉCULAS 
    publicado en 1976 en Ediciones Castilla (Madrid) 


    Fue corrido a la sombra

    Mientras
    fue corrido a la sombra,
    sentado en su silla.

    Mientras iba muriendo.

    Y moría en la sombra
    y la muerte iba cerrándolo
    parte a parte,
    dejándolo, de pies a cabeza,
    vacío.

    Y por fin
    mientras,
    al pie del agua y la fruta,
    la muerte
    lo cerró como un libro. 



    FUEGO LUNARIO 
    Fuego lunario, publicada en la editorial Ayuso (Madrid, 1988)


    Madrid es amar

    Viernes, 10 de Diciembre.
    Carne de barco,
    ventanas abiertas,
    Madrid huele a mar.

    Se sienten por dentro
    nervios muy finos
    tirando de un barco
    camino del mar.

    Los ojos son claros,
    los dientes muy blancos,
    los labios muy rojos,
    Madrid es amar.

    Viernes 10 de Diciembre.
    La quilla va entrando en el agua,
    por sábanas frescas
    camino del mar.

    Y el mar va entrando en la quilla,
    moviéndose juntos
    el barco y el agua,
    Madrid es amar. 




    MÁS
    Más, publicado en Endymión (Madrid, 199O)



    Penetraron tenazas en el cuarto

    Penetraron tenazas en el cuarto
    y arrancaron los rincones.
    El sol en un instante
    desentrañó la tierra,
    la hizo brotar de sí,
    aparejo caliente, piedra mordaz y fugitiva
    creciendo con el cobre y el zinc,
    dando vida carbonada, jungla y marisma,
    inteligencia neuronal, proceso celular superior,
    y al final palabra.

    Entonces todo pudo pasar de la sustancia al nombre,
    la ideal al verbo, ir, venir, rebotar, multiplicarse
    en la memoria. Nacer.
    El mundo pudo trasladarse
    de la lengua a la retina,
    del cerebro al papel, a la pantalla,
    al número y a la ecuación.

    Entonces se levantaron las planicies del sonido,
    las playas se poblaron de lanchas
    que hablaban de pájaros carniceros,
    mar como signo, como vela, metáfora y destrucción.
    Todo volvió a nacer, trepidante,
    señalado, descubierto, reinventado,
    señal y concepto.

    Y luego ya para siempre, la mente,
    exquisita función cerebral, se salió de sí, habló,
    rompió lo negro,
    se volvió temblor de labios y dedos,
    palabra humana.
    Razón. 




    CARNE INTERIOR 
    Carne interior (Huerga y Fierro, Madrid, 1994) 

    Ha llegado Septiembre

    Ha llegado Septiembre
    al alma de las hojas.
    Llueve sin llover en el jardín;
    todo late y respira,
    todo se detiene y concentra,
    matemática luz en la sombra,
    claridad en acción.

    Los árboles impasibles
    sujetan el cielo pensativamente
    con su atómica estructura
    de madera y viento.
    Aire y oscuridad, día vencido,
    yo desplazo mi existencia paso a paso,
    por el tiempo del Retiro.
    Va conmigo mi querido silencio,
    mordiéndome por dentro, sabiamente
    como un buen perro amigo. 

    La alfabética estructura
    de una intuición de vida plena,
    me ampara,
    línea cordal,
    fuente de lino.
    El rumor de una reticular conciencia,
    fuente carismal del aire,
    dulce furtivo clamor de tierra
    y eléctricas membranas,
    me arrastra hascia las grandes esferas
    del sentido
    y los altos volúmenes de la imaginación.

    Ha llegado Septiembre
    y llueve sin llover
    en el parque del Retiro.
    Cojo un papel y escribo:
    Un parque así,
    tan instantáneo y llovido
    sin llover, tan real,
    bien se merece un Dios,
    fuerte y generoso,
    casi divino. 




    MATERICA LUZ 
    Matérica Luz (Libertarias /Prodhufi, Madrid, 1994)


    Esto es como un castigo

    Esto es como un castigo,
    casi como un destierro,
    como un golpe bajo dado sin piedad,
    casi como una manta negra por los ojos,
    como si te quisieran tapar la respiración de la tráquea
    y cubrirte las pupilas con papel.

    Es como partirse los labios contra las puertas,
    pillarlos con las ventanas
    y suspender la luz
    justo en el momento de querer hablar.
    Colgarte la palabra de ganchos salados
    para que se seque,
    partirla, trizarla, disecarla,
    hacerla fibra de silencio
    de tanto ignorarla.

    Si hablar es esto,
    si escribir es esto y así tiene que ser,
    si todo cuelga de tan poco,
    si hay que ponerlo ahí, como te ordenan
    los que ordenan,
    frente a la misma pregunta,
    con la caja torácica así, sin aire
    para que no vibre la voz
    y se mutile,
    entonces
    casi mejor pronunciar lateralmente la lengua
    y dejar el alma entre las encías, quieta,
    mezclada a la saliva.

    Y sin embargo no se puede. Hay que seguir. 
    Se necesita seguir.
    Porque, la verdad, si no hubiese gente alrededor
    se diría que esto es como hablar
    a una pared sin oídos
    o a un sordo en coma. 



    CLARIDAD EN ACCIÓN 
    Claridad en acción (Huerga y Fierro, Madrid,1995) 


    La oferta Mugrel total

    La oferta Mugrel personal,
    la entrega total de todo el paquete visceral,
    de toda el alma de golpe,
    así, como quien lanza un tizón al fuego
    o da un grito de dolor.

    La oferta Mugrel total,
    el metódico punto del punto central,
    el núcleo propio, el centro del centro entero
    la llave en carne viva, entera y de golpe,
    así, abierta en trozos vivos,
    expuesta a la luz.

    Todo lo secreto y propio,
    la carne más carnal y sangrante,
    la intuición de planos inclinados y espinas,
    las alambradas picudas y los metafísicos pistones
    en acción,
    todo, la vida y la materia más sublime
    con sus sistemas aleatorios, ilusión y sufrimiento,
    también.

    Todo lo entregué sin guardar nada,
    nervaduras mentales, cables y circuitos,
    panorámicas irrealidades
    de intrincada significación,
    el halcón tendido y la manivela rota,
    incluso la sombra y la revelación,

    así, de golpe,
    como la ofrenda de un hombre
    que necesitaba expresar su vida letra a letra
    para vivirse
    y ser. 



    SOL AZUL
    Sol azul (Madrid, Huerga & Fierro, 1997)



    La gran aventura humana

    La gran aventura humana
    es descubrir la verdad.
    Observo el plato verde que nunca existió,
    el lápiz invisible en medio del cuarto,
    los huecos imprevistos que atacan la materia
    desde los ocultos microscopios blancos.

    Miro el infinito espacio del tiempo
    por la efímera hendidura que me ha tocado vivir.
    Todo gira y crece, todo se transforma y estalla
    matemáticamente
    como un jeroglífico milagro permanente.
    La cuerda rota, sin extremos,
    colgada del suelo.
    La cara serena del enfermo terminal
    pensando el cielo.

    La gran aventura humana
    es el arte y la ciencia,
    la justicia y la piedad.

    Pero el gran salto de la mente,
    el desafío genial
    desde lo oscuro a lo vivo,
    detrás de los nervios de las piedras,
    más allá del dolor y el miedo,
    después de las estrellas,
    delante incluso del viento,
    debajo incluso de la vida y el cerebro,
    más allá de todo,
    incluso detrás de la verdad, 
    es descubrir a Dios. 




    FIN DEL SIGLO Y CUENDE EL MIEDO
    Fin de siglo y cunde el miedo (Alhulia, Salobreña (Granada), 1999) 


    Azar-Omagh

    Su vida acabó por azar.
    Murió por mirar al suelo
    cuando no debía mirar.

    De hecho pensaba irse de vacaciones con una amiga
    a Melbourne.
    Pero el padre de la amiga
    había sufrido un accidente de tráfico
    y en el último momento tuvieron que cancelar los billetes.
    El padre de la amiga había sido arrollado
    por un motorista enloquecido
    en la prueba de alcoholemia.
    Había dado simplemente: coñac.

    Ella simplemente tropezó. Y miró. Al suelo
    cuando no debía mirar.
    Fue una milésima de segundo. Lo que se dice: nada.
    Un abrir y cerrar de ojos.
    Y vio la publicidad de un viaje a Irlanda en el suelo
    cuando no debía mirar. 

    Abrió los ojos cuando los tenía que cerrar.
    Pero había tropezado irracionalmente, simplemente
    por un descuido irracional
    al poner el pie sobre la acera.
    Casi por casualidad.

    Y pasaron por Omagh por azar también.
    No tenían que pasar. Y menos, parar. Pararon por azar.
    Porque a ella se le ocurrió de pronto comprar algo
    al padre de la amiga
    arrollado al coñac,
    algo alegre y con muchos colores,
    para que le hiciera pensar que todo no es una locura irracional
    ni fruto de la casualidad.

    Bajó a mirar en Omagh. Pero no tenía que bajar.
    Ni pasar, ni parar. Ni mirar en esos almacenes.
    Precisamente allí.
    Fue una milésima de segundo. Nada.

    Lo que dura la explosión de un coche bomba.
    Menos que nada.
    El tiempo de arrancarle la cabeza de cuajo en Omagh.
    Menos que nada. Menos que una milésima de segundo.
    Hablo del tiempo en otros términos, claro,

    del tiempo que se tarda en apretar un botón a distancia
    tan lejos de casa, tan fuera de su tierra,
    tan a destiempo,
    en contra de lo que dictan las leyes de la más irracional
    irracionalidad,
    la casualidad más casual

    y el más puro azar.

    Murió por mirar al suelo
    cuando no debía mirar. 




    ETERNAMENTE A CADA INSTANTE
    Eternamente a cada instante (Madrid, Huerga & Fierro, 2000) 



    Es posible lo imposible

    Es posible lo imposible.
    El oxígeno difícil,
    el trozo de realidad floral
    a través de la ventana,
    la imparable energía del jardín.

    Y el sosiego.

    Posible la línea berbiquí,
    el alto nivel de actividad cangrejera por dentro,
    las oceánicas rutas y rumbos
    también. Sí.

    Y el silencio.

    Posible la noche cleral,
    el ser pulsar
    y el calcio negro por la lengua.
    Posible la expresión compleja
    y el arte combinatoria de moléculas y pistones,
    marcando el tiempo.
    También. Sí. 

    Lo complejo y lo cierto.

    Y tú mismo
    subido al ruido de tus huesos,
    puedes asomarte a tu vida
    y verte desde ti mismo. Sí.

    Aunque te llames Ramón,
    y seas ateo o masón
    eres bioquímica viva,
    un milagro estadístico
    sobre suelas en acción. 



    BLANCA OSCURIDAD
    En Blanca oscuridad (Madrid, Huerga & Fierro, Madrid, 2001)) 




    Dulce veneno verde de tu mirada azul

    Revienta de repente la bola roja del verano,
    se rasga una pared
    y pienso en ti.
    El dulce veneno verde de tu mirada azul
    ocupa el calor central
    de tu ausencia y hueco.
    Y una impresión marina
    se establece en el aire
    como si estuvieras presente
    aquí mismo
    frente a mí.

    Rojos reptiles como instintos
    cruzan el trigo.
    Vibra el cereal por donde penetras tú
    hacia el punto cardinal
    de la brújula primera.

    ¿Estás ahí en el jardín?
    ¿O allí en aquel hueco 
    de aquel punto abierto?

    Pero qué importa la sangre ya,
    la cicatriz abierta
    y el hilo para coser el cielo.
    Bloques de insectos
    y eléctricas carreras felinas
    en el aire parchís
    hablan de ti.
    Estás aquí, lo sé.

    Y en la blanca carnicería donde vivo
    siento el dulce veneno verde de tu cuerpo azul,
    el reparto incendiario de la luz,
    la retina y la memoria

    el deseo y el amor. 




    PLUTÓNICO SER 
     En Plutonico ser (Madrid, Huerga & Fierro, 2002)



    Todo y nada al mismo tiempo

    Todo y nada al mismo tiempo,
    existir y estar muerto,
    simultáneamente en blanco,
    como una acción conjunta
    de igual naturaleza.

    La misma invisible raya
    rompe lo blanco y lo negro,
    la zona de la luz opaca
    abriendo la oscuridad.

    Y el firmamento se aleja,
    vuela el cielo y las estrellas,
    se hunde la realidad.

    Todo y nada al mismo tiempo,
    simultáneamente en blanco,
    escapando a la razón 
    por ángulos y flechas.

    La misma invisible raya
    dividiéndolo todo,
    separando al mismo tiempo
    la mentira y la verdad.

    Será quizás ilusión
    o simplemente deseo
    amarte por dentro y fuera
    simultáneamente en blanco
    siendo todo bipolar.

    Y amparado en lo blanco
    de este cuarto de hospital,
    pensar que este ser no muere,
    y la agonía no existe,
    todo y nada al mismo tiempo

    tan sólo alucinación. 




    BRUJULARIO ASTRAL
    Brujulario astral (Madrid, Huerga & Fierro, Madrid, 2003) 


    Había en el cielo ayer

    Hace un tiempo ayer 
    hubo un ser aquí
    que ya se ha ido.
    Recuerdo su voz por dentro
    como alguien ajeno a mí
    que yo mismo nunca fui
    ni nunca seré ni he sido.

    Había en el cielo ayer
    hojalata y negra lava
    colgada del techo
    y seres enfermos
    que ayer mismo murieron
    en el blanco hospital.

    Yo estaba en el tiempo ayer,
    de pie frente a blancas puertas
    después del amanecer.
    Y fui testigo ocular
    de la vida escapando
    por larguísimos pasillos
    que hoy no puedo recordar.

    Yo estuve aquí y hablé.
    Recuerdo la voz de ayer
    como algo que llevo dentro
    sin haberlo sido nunca.
    Como si hoy ya fuera otro
    y las puertas y pasillos
    después del amanecer
    acabaran de morir.

    Lo recuerdo desde lejos
    con la blanca extrañeza de una ausencia
    a punto de aparecer.
    Como si hoy ya fuera otro
    y todo se repitiera
    siempre de forma distinta
    entre estas blancas paredes,
    en el tiempo desde ayer.

    Observo el milagro de la vida
    a través del blanco cristal.
    Algo respira a lo lejos.
    Todo crepita y circula.
    Todo late y espera.

    Todo acaba de nacer. 




    TRANSCONCIENCIA Y DESEO 
    Transconciencia y deseo (Madrid, Huerga & Fierro, 2004)



    Transconciencia y verdad

    Hay conciencia por detrás de la conciencia.
    Y más allá
    un territorio sin espacio ni espacio
    que captan misteriosos receptores, detrás de detrás.

    Y detrás de la realidad, más allá de la piel,
    por detrás de la visión y el oído,
    más allá de la eléctrica percepción sensorial,
    otro nivel de esencia, una dimensión transconsciente,
    que captan profundos receptores internos, detrás de detrás.
    Lo que parece tan simple, resulta ser muy complejo.
    Lo prueba la ciencia yendo más allá, volviéndose transconsciente,
    descubriendo un territorio sin espacio ni tiempo,
    haciéndose realidad, matemática cierta,
    demostración contundente, evidencia transconsciente,
    simplemente verdad.

    Y tú, lector, que haces lo que puedes con tu vida,
    que te tocas a escondidas,
    y te meas en la playa fingiendo que el agua está fría,
    ten cuidado: ¡no te salvas ni con alas¡
    El día que menos piensas, has dejado de pensar,
    y te vuelves caca, algo que parece polvo, aire o recuerdo,
    simplemente nada. Ye has ido y te vas.

    No sé si Dios existe o no. 
    Pero sí que existe la fe.
    Conclusión:
    Descubre a Dios en la vida.
    Come, duerme, jode y reza,
    y no pierdas la cabeza.
    Deja a un lado la tristeza,
    ama el sol y la certeza,
    y antes de cualquier vileza,
    mira la naturaleza.
    Come, duerme, jode y reza.
    P.S: y si quieres salvarte, vete a Cieza. 




    ESENCIA Y PRERREALIDAD
    Esencia y prerrealidad. Ed. Huerga y Fierro, 2005



    Estoy perdido y me alegro

    Estoy perdido y me alegro
    dijo Cuquito a la Chana.
    Porque le pudo a la mar y no se ahogó,
    agarrado en Cádiz a un madero, después de naufragar.

    El Coleta venció la maldición de su familia, cantando.
    Cambió el rumbo de la voz,
    convirtió lo insignificante en grande
    tan sólo con la garganta.
    Aprendió a poner el infortunio a su favor,
    y quejándose, se libró de matar.

    No tendrás acceso a nada, le dijeron a Maluco el Mudo.
    La palabra te será negada. Sólo tendrás soledad.
    La escritura y la sintaxis le fueron arrebatadas.
    Y el mundo se volvió disfásico,
    disártrico y disfémico, pura jerga sin sentido.
    Pero él pudo hablar con los dedos.
    Tan de como por igual contigo sin ti de nuevo,
    dijo con el pulgar. 

    Y también que la vida es Arte a pesar del silencio,
    que somos lo que hacemos de nosotros.
    Lo dijo con las uñas y los labios, mirando al mar.

    Y yo, desde tan lejos, pensando en ti llegué hasta Hungría.
    Cruce montes y distancia sin siquiera enterarme,
    ajeno como estaba a todo lo exterior.
    Y ya en Budapest, al encontrarte,
    cuando se hizo roja la luna al salir el sol,
    sólo se me ocurrió decir:
    Estoy perdido y me alegro.
    Mira si te quiero bien
    que lo que tú quieras, quiero. 



    INTUISTINTO Y VERDAD  
    Ed. Huerga y Fierro, 2006.

    La vida es casi un milagro

    La vida es casi un milagro,
    un enigma sin respuesta,
    cambio y permanencia en un instante,
    memoria y consciencia al mismo tiempo.
    La vida es transformación, dijo.
    Y el cristal de la ventana cayó hacia el exterior.

    Las puertas no existen,
    el universo es azul como el fuego,
    rojo como un desierto,
    amarillo como el amor, dijo.
    Y la blanca pared saltó en pedazos.

    Yo no respiro aquí sino en otra parte.
    Estuve aquí pero no del todo.
    Sentí lo ajeno como mío,
    fui poco y mucho al mismo tiempo,
    todo y nada de una vez, vigilia y sueño con algo de realidad, dijo.
    Y la cama se partió como un hueso.

    Yo estuve aquí. Pertenecí a mi cuerpo,
    a la materia viva que siente la plenitud del ser,
    del antes y después hacia delante y atrás.
    Pude imaginarlo todo, tener la ilusión total y cierta
    del mundo que me tocó vivir.
    Vine desde muy lejos y voy más lejos todavía.
    Soy amante consciencia de ser vivo,
    intuinstinto de verdad, dijo.

    Y de pronto, inesperadamente, mientras las gotas de un frasco
    caían sobre el silencio
    quedó mirando a un punto al que ella llamaba Dios.
    Pensó en sus hijas primero,
    y después en un gran amor que tuvo en algún momento.
    Y entonces el cuarto entero,
    con sus blancas sábanas y extrañas botellas con suero, 
    como en un sueño, voló. 



    Tiempo silencio y verdad
     Ed. Huerga y Fierro, 2011. 



    CUESTIONAR LO INCUESTIONABLE

    La cuestión incuestionable
    es sólo lo gigantesco,
    lo que escapa a la razón,
    lo imposible de entender.

    Es territorio incompleto
    sin fisuras ni fronteras,
    lleno de enigma y silencio
    donde todo es realidad.

    Cuestionar lo incuestionable
    supone tan sólo soñar,
    tomar conciencia del hueco
    y alcanzar la irrealidad.

    El tiempo siempre se escapa.
    Lo vivo sin embargo queda,
    resumido en un latido
    o una palabra de amor.


    FALSA CERTEZA Y VERDAD PARCIAL

    Tus ojos son ciertos,
    verdes como el azul transparente del mar más profundo
    cuando desaparece el sol
    y se vuelve irrealidad.
    Tu mirada, sin embargo, es aérea, fíjate,
    como el líquido vuelo de un pájaro detenido
    en un mundo sin consistencia
    que nunca llegara a existir.
    Me refiero simplemente a ti, a la inserción de tu sombra
    en la luz instantánea del día.
    No tengo total evidencia
    de que estés al lado mío y pueda escuchar tu voz.
    El margen de duda es a veces tremendo.
    Y casi angustiosa la inseguridad.
    Porque nada corresponde a una incógnita por resolver.
    El tacto de tu piel se escapa.
    Tu cuerpo casi no pesa.
    Y el rastro que dejas en la arena
    no corresponde a la física concreta de un cuerpo
    matemáticamente evidente
    que me indique dónde estoy.
    Eres casi invención,
    efímera percepción de tiempo,
    espacio sin concluir,
    armónica materia invisible
    producto de la imaginación.
    No eres verdad ni mentira.
    Ni trayecto ni invención.
    Por eso voy como voy, a trozos sangrantes sueltos,
    por el borde de una noche sin estrellas,
    sin brújula ni dirección,
    en la extraña incertidumbre de la media luz.
    El mundo es parcial y completo. Absoluto y transitorio.
    Tan sólo falsa certeza y verdad parcial.
    El cielo se está moviendo.
    Nada nunca se detiene.
    Y tú te quieres parar.
    Sentirte vivo por dentro.
    Y entender tu realidad.



    La luz y la oscuridad
    Diseño de Colección: Huerga y Fierro
    Primera edición: 2012



    LA VIDA ENTERA POR HACER

    Un lenguaje que comprendes:
    el murmullo de las hojas,
    por poner sólo un ejemplo.
    Después un ritmo que conoces:
    manos que suenan,
    suelas que interpretan por las calles,
    detectando pasos por las sombras
    sin dificultad,
    los portales que te hablan,
    el dialecto de la ciudad donde vives.
    Luego, palabras que te dicen y entiendes,
    sonidos claros y calientes,
    silencios de amor a veces,
    incluso tiernas caricias que traduce tu cuerpo
    y van directamente al corazón.
    Y entre esos puntos fijos
    que te sirven como referentes
    para situarte ante el espejo,
    la infinita masa de signos que pesan sobre ti,
    el impacto de lo irracional,
    el lenguaje de lo desconocido,
    la vida entera por hacer.



    SI DIOS DE PRONTO EXISTIERA

    Me gusta hablar con los gatos, los perros y las farolas,
    preguntarle a las esquinas por dónde has pasado tú,
    cuánto falta para Agosto
    y si es posible
    la paz.
    Me gusta salir al campo y observar los girasoles,
    el aliento de la tierra y el rumor de la arboleda.
    Voy tan sólo como puedo, dándole vueltas a todo,
    con alguien pegado a mí que se llama como yo,
    sin teorías ni creencias, sin ciencias ni filosofías,
    guiado por la intuición.
    Llego hasta el borde de mí y me paro,
    como un transeúnte más
    en busca de un poco de luz.
    Recorro China y Australia,
    cruzo el mar y llego a Ibiza tan sólo por verte a ti.
    Estás desnuda en la playa
    tomando Martini al sol.
    Observo tus largas piernas,
    tus caderas y tus pechos rebosantes
    como dos latinas ofrendas al turismo japonés.
    Estás para devorarte.
    Lo que llaman coño “los vulgares”,
    que no hablan inglés ni latín
    responde al nombre de vulva
    y no se debe comer.
    ¡No es materia comestible!
    y sí es fuente de pecado.
    Puedo pensarme y pensar,
    soy yomismo y estoy vivo.
    Comprendo el lenguaje del bosque
    porque lo puedo inventar.
    Y me pregunto temblando,
    lleno de emoción y deslumbrado,
    ¡coño¡
    si Dios de pronto existiera
    y fuera posible un milagro
    ¿cómo sería tu cuerpo?
    ¿cómo brillaría el mar?







    .


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    José Luis Posa Lozano

    Natural de Barcelona (1.951). Escritor precoz, comenzó a escribir con catorce años tras leer a Bécquer en Rimas y Leyendas, rebelde y romántico, enseguida se introdujo en la "poesía social" con poemas inspirados en Miguel Hernández y en Celaya, autor este último que le cambió su modo de ver la literatura desde que leyó "La  poesía es un arma cargada de futuro”. Un periodista de prestigio, le alejó de su sueño de ser un profesional de los medios cuando le dijo: "Si elijes ser periodista en una dictadura, o serás cómplice o serás mártir, y tu no tienes madera ni de lo uno ni de lo otro". Tras comenzar ingeniería, se incorporó a la empresa familiar y concilió su trabajo con sus aficiones a la escritura y su amor por la música con alma, escribe poemas como una necesidad visceral, sin elegirlos, pues ellos le elijen a él, piensa que el poeta es un médium que utiliza resortes especiales para expresarse y manifestarse.

    Cree en el hombre, en la humanidad y en el dios cósmico de la armonía universal y afirma que el cielo y el infierno están en las profundidades de nuestro corazón. Tras el éxito de “Jardines descolgados” nos sorprende con sus “Lenguas de fuego” cien soplos de poesía candente, y esto no ha hecho más que empezar.



    JARDINES DESCOLGADOS  

    “Babilonia fue”
    Poemas entre Venus y Marte



    LAS BRUMAS DE AVALON

    ¿Qué conjunción de astros perpetró nuestro encuentro?
    ¿Cuántos nudos desató el destino
    para cruzarnos al doblar la esquina?
    El tiempo se ha plegado como un acordeón cósmico
    y el ayer ha roto aguas inundando mi estancia.

    Hablamos como si Cronos no existiera,
    como si el mundo fuera plano e infinita la tierra,
    pero tú y yo sabemos que Brigitt nos separa
    que habitamos universos paralelos
    y escuchamos los ecos del pasado
    intuyendo presencias,
    que incluso, hay momentos que tu olor me llega
    como un soplo de sándalo en la noche,
    pero mi abrazo se pierde entre las sombras
    que reflejan tu ausencia.

    ¿Eres real o acaso un sortilegio?
    El fuego de tu antorcha aún humea en mi vientre
    y me vierto a raudales cuando sueño tu embate,
    tus dedos arañando mi grupa
    y tu lengua trenzándose en la mía
    cual serpientes en celo.

    Mas las brumas de Avalon se cierran,
    el embrujo se esfuma y despierto flotando
    en el lago sin fondo de mi lecho,
    añorando tu cuerpo que es tan solo un reflejo,
    el espejismo de un oasis que engulló el desierto
    y que apenas sobrevive en los anales
    de mi turbio recuerdo.



    LA NOCHE DE LOS TIEMPOS

    Se han perdido en la noche de los tiempos
    aquellos ojos que en mí cobraban brillo,
    aquella boca que hablaba por mi boca,
    aquellos labios prendidos de los míos.

    Ya no tiemblan tus manos en mis pechos,
    ni se templa tu acero entre mis fuegos,
    ni tus dedos esculpen mi cintura,
    ni tu lengua sazona mis senderos.

    Hoy mis selvas apenas son rastrojos
    y la arena se fue tras tus mareas.
    Se quedaron sin luz mis manantiales
    y tornáronse eriales las praderas.

    Déjame izar las velas de mi casco,
    empuñar el timón de mi galera,
    descubrir otros mares de aventura,
    alumbrar una nueva primavera
    donde vuelva a manar agua mi fuente,
    a saberme la dueña de mi vida,
    donde pueda sentir que no estoy muerta
    y la paz me despierte cada día.




    SÓRDIDAS CLOACAS

    Ha llovido sangre desde entonces,
    desde que tu caudal inundaba mis entrañas,
    que tus caricias bañaban mis reductos,
    que tus espumas hervían en mi playa.

    Han caído mil lunas en mi cielo
    desde que tu lluvia saciaba mi barbecho,
    que tus palabras brillaban en mi cauce
    como cascadas de luz en el silencio.

    Pero el rocío se transformó en escarcha,
    tus dedos cantarines, en tenazas,
    tu lengua degeneró en ganzúa
    y tus brazos en cárceles amargas.

    Hoy te miro y ya no me emocionas,
    ya no tiemblo de amor cuando me abrazas,
    ni se abre mi flor ante el zumbido
    de tu boca traidora y desquiciada.

    ¡Quédate deglutiendo en otras mesas!,
    ¡quédate retozando en otras camas,
    revolcando tu cuerpo fementido
    en los negros sudarios de tu alma!
    ¡Pero a mí, no me toques ni el recuerdo!,
    ¡no me ensucies con tus palabras falsas,
    con tu sexo mezquino y acabado
    de arrastrarse en sus sórdidas cloacas!




    SUCIOS CENAGALES

    Oigo tu voz y vuelvo la cabeza.
    Veo tu sombra fluir entre la niebla
    que me sigue, me cerca, me rodea,
    me posee, me excita, me penetra….

    Veo tu cuerpo desnudo y empapado
    por el salado rocío del deseo,
    extender sus tentáculos mortales
    y arrastrarme al abismo de tu lecho.

    Siento el filo rusiente de tu lengua
    degustar mis claveles reventones,
    incendiar la espesura de mi selva
    y bañarse en mis dulces manantiales.

    Y mi cuerpo frutal se abre a tus labios
    como estalla en la boca la granada,
    y te aprieto con rabia, y te desangro
    hasta la última gota en mis entrañas.

    Pero todo es un sueño… Y me aventuro
    por el campo minado del recuerdo,
    esquivando las trampas de los celos
    y la hiedra mortal del desengaño,
    vadeando los sucios cenagales
    en que hundiste mi hogar con tus engaños.




    HOMBRE

    Hombre, arado que levanta mi corteza,
    agua que sacia la sed de mis raíces,
    torrente desbravado que me arrastra,
    sol que ilumina, fuego que me abrasa.

    Hombre firme y tierno, ardiente y refrescante,
    sonrisa franca que endulza la mentira,
    embustero, procaz, enredador, sincero,
    soplo de brisa barriendo la calima.

    Hombre, huracán, terremoto, galerna
    volcán de vida que vierte en mí su lava
    y transforma mis plácidas colinas
    en cumbres procelosas y enceladas.

    Hombre frutal que se funde en mis bocas
    que me inunda con la miel de sus aromas,
    brazos de acero y muslos de alabastro
    que me cercan, me sitian y me asaltan.

    Hombre fugaz que se convierte en niño
    en el cálido asilo de mi pecho,
    que retorna a mi vientre derrotado
    y en él deja la espada y los aperos.

    Hombre inmortal que en mi sexo renace,
    como Lázaro, en cada madrugada
    que me teme, me engaña y me posee,
    pero sin mí se eclipsa y se desangra.




    ÁMAME LIBRE

    No me mires como una mercancía
    sopesando el valor de mi estampa,
    como se mira a una yegua en el mercado.
    No me mires con ojos de conquista,
    con mirada sucia, con mirada obscena.
    No me hagas mostrar la dentadura,
    exhibir mis senos y caderas de buena paridora.

    Mírame a los ojos, mírame a la cara
    que detrás hay un alma,
    una mujer que sufre, vive y ama,
    la mujer cósmica y eterna
    que hierve en nuestras venas
    que excava galerías en la piel de los tiempos
    para salir a flote, para tomar aire,
    para amar con el fuego primigenio
    de los volcanes, de las galaxias que giran en su vientre.

    Que tus manos no sean esposas
    que tu abrazo no sea una cadena
    ni tu beso mordaza a quemarropa.

    Ámame libre como me parieron,
    como a un paisaje que se goza pero no se posee,
    como a un río que te baña pero que no atrapas.
    Solamente así seré, en verdad, tuya,
    tuya libremente, como tú serás mío.

    No me ofrezcas más de lo que puedas darme,
    no me pidas nada, que yo nada te pido.
    respétame y respétate a ti mismo
    y mano a mano labraremos surcos,
    sembraremos campos y soñaremos mares
    más allá de los confines del cielo
    donde gozar nuestro amor sin vasallajes.




    TU CUERPO DESNUDO

    Besaré tu tronco de recia corteza,
    de nudos enjutos, de raíces viejas.
    Beberé tu escarcha, dormiré en tus ramas,
    cubriré mis pechos con tus hojas tiernas.

    Clavaré mis dientes en tus brotes nuevos,
    me asiré a tu cuerpo como amante hiedra,
    lameré el rocío de tus madrugadas,
    cubriré tus ramas como enredadera
    y tu tierno tallo sembraré en mi tierra
    para que en mi vientre brote tu cosecha
    de frutas del bosque, de piñas, de brevas,
    de flores, de espigas, de lunas, de estrellas,
    para que la tierra y la vida entera
    celebren el triunfo de la primavera.



    DÉJAME

    Déjame cabalgarte en trote fiero
    salpicando de espumas las almohadas,
    perfumando la sábanas de lluvia,
    arrancando a mordiscos la mañana.

    Déjame izar las velas de tu mástil
    y ondear en mi vientre tu bandera
    y beberme el maná que de tu cielo
    se derrama en mi dulce enredadera.

    Saborea mis pechos desbocados,
    piérdete en las lagunas de mi selva,
    y sacia tu sed entre las aguas
    que espumea mi cáliz desbordado




    JUEGO FATUO

    Has visto mis ojos llorar arena,
    sangrar soledades,
    gritar silencios.
    Has visto mis ojos
    arder de celos,
    cegarse de rabia,
    morir de miedo.
    Has visto en mi boca crujir los dientes,
    escupir el veneno,
    morder la lengua.
    Has visto mi boca tragar culebras,
    masacrarse los labios,
    mascar la tierra.
    Has visto mis manos arañar piedras,
    arrancarse las uñas,
    rezar a ciegas.
    Has visto tus manos
    huir la mías
    convertirse en zarzales
    de malas hiedras.
    Pero sigues jugando tu amor y el mío
    en los sucios tapetes de ese casino,
    con sus cartas mugrientas entre los dedos,
    de farol en farol, hasta echar el resto.




    PARIRÁS CON DOLOR

    Dios te hizo mujer para alumbrar la vida,
    para sembrar el amor y madurar la espiga,
    para regar la cosecha con tu llanto,
    para arrancar la cizaña con tus manos.

    Dios te hizo mujer por puro orgullo,
    para probar que era capaz de hacerlo,
    para mostrar su obra más perfecta,
    para humillar a Satán en sus infiernos.

    Dios te hizo mujer y se sintió celoso,
    celos de Adán sintió al saberse solo
    y aunque intentó crearse compañera
    ni él mismo pudo crear nada más bello.

    Y cuando vio como te amaba el hombre,
    ciego de ira condenó tu estirpe.
    Tú eras más fuerte que él una y mil veces…
    Tomó la espada, no pudo contenerse.

    Por eso eres el blanco de sus iras.
    Parirás con dolor, fue su condena.
    y en cualquier religión en que se esconda
    tú serás una esclava de la tierra.





    CARICIAS Y MENTIRAS

    No hay mentira mas tierna
    que una caricia,
    ni caricia mas fiera
    que una mentira.......
    ¡Huecas palabras
    que resuenan vacías,
    sin esperanza!

    …. Y las horas se arrastran
    como serpientes
    enroscadas a un tiempo
    frío y ausente,
    miedo y hastío
    que devoran la vida
    que no he vivido.

    El silencio se espesa
    como una niebla
    que empezoña mi alma
    vacía y yerta,
    cubre mi cama
    un sudario de escarcha
    cada mañana.

    Ya no alumbra el rescoldo
    de aquella llama
    que encendiste una noche
    ya muy lejana,
    se fue apagando
    sin que nada ni nadie
    la reavivara.

    Hoy, que sola, cansada
    y muerta de frío
    me acurruco en el banco
    de los olvidos
    lloro vacíos
    y mis lagrimas llenan
    el infinito.....

    No hay mentira mas tierna
    que una caricia
    ni caricia mas fiera
    que una mentira
    mas… ¡ Quien pudiera,
    perecer de un zarpazo
    que tu me dieras!




    Lenguas de fuego




    UN DÍA BAILÉ DESNUDO

    Un día bailé desnudo
    arraigadito en tus senos
    sintiendo tus dulces flechas
    haciendo sangrar mi pecho;
    rosas, perfumes y espinas
    sangre, rocío y recuerdo.

    Un día bailé desnudo
    entre las olas y el cielo
    bebiéndome las estrellas
    que acariciaban mi cuerpo;
    algas, espumas y arena
    luna, cometas, luceros
    y el canto de las sirenas
    llamándome mar adentro.

    Un día bailé desnudo
    y amanecí en el desierto
    reptando entre las arenas
    y un cielo de puro infierno;
    sin agua en la cantimplora
    y con el fuego en el cuerpo,
    buscando en los espejismos
    el manantial de tus besos,
    el agua de tu mirada,
    los dátiles de tus pechos.
    Mas solo encontré horizontes
    que perseguí sin aliento
    hasta morir enterrado
    bajo las dunas del tiempo




    NEGRA NOCHE

    Negra noche, negras calles,
    negro mar de soledad...
    Me arrastraba entre la gente
    como un perro vagabundo
    que penaba por el mundo
    sin creer, sin esperar.

    Negra noche, negras calles,
    negro pozo de tristeza
    que envolvía mi cabeza
    sin dejarme respirar.

    Los letreros de colores
    vomitaban tentaciones
    de evasión y de placer
    y la gente desfilaba
    junto a mi, desarbolada
    como sombras sin ayer.

    A la puerta de una tasca
    –descarada y vivaracha–
    me abordaste a quemarropa
    ni siquiera pregunté
    y bebimos y reímos
    y cantamos y lloramos
    empapados en el vino
    que borraba nuestro ayer.

    Y después, locos, borrachos
    nos perdimos en tu alcoba
    y una cama sucia y rota
    cobijó nuestro placer.
    ...No recuerdo ni tu cuerpo
    ni tus ojos ni tus besos,
    no recuerdo, tan siquiera,
    si al marcharme, te pagué.

    Negra noche, negras calles,
    negro mar de soledad…
    Me arrastraba entre la gente
    como un perro vagabundo
    que penaba por el mundo
    sin creer, sin esperar.



    MEA CULPA

    ¡Es tan largo esperar la madrugada
    sumido entre las sombras de la noche!,
    ¡es tan duro esperar la primavera
    tiritando entre las zarpas del invierno!,
    ¡es tan triste una simple despedida
    cuando sabes que das tu último beso!,
    ¡es tan fría esa última sonrisa
    cuando esconde un adiós entre sus labios!

    Y yo sigo rasgando mis cuartillas,
    despuntando la pluma en el tintero,
    abortando mi verso en cada parto,
    derramando la tinta en el cuaderno.

    Me he quedado vacío como el lecho
    que empapaste de amores y ambrosías
    y mis ojos se apagan sin tus ojos,
    sin tu voz, sin tu luz, sin tu sonrisa.

    ¡Qué me importa que estés como una sombra!,
    ¡qué me importa tocar tu piel baldía
    si tus pechos me niegan el suspiro
    y tu fuente enmudece a mis caricias!

    Dame un beso de amor entre tus brazos,
    dame un soplo de vida en tu mirada,
    déjame compartir con tus latidos
    ese fuego que prende en mis entrañas,
    ese último aliento que aún suplica
    tu perdón, tu regreso y tu amnistía.



    MUJER DE LUZ

    Mujer de luz, pureza reencarnada,
    esencia viva, sutil rayo de sol,
    ojos de niña, manitas sanadoras,
    tierno perfume, boquita de arrebol.

    Bebo de ti, de ti vivo y respiro,
    en ti germino, arraigo y crezco en ti.
    Soy un esqueje nacido de tu vientre,
    broto en tu pecho y en ti encuentro mi fin.

    Mujer de luna, de auroras y luceros,
    noche infinita, amanecer de abril,
    lluvia de estrellas irradian tus cabellos
    y en tu mirada encuentro mi confín.

    Mujer eterna, sensual, fruta madura,
    entre mis labios tu pulpa se hace miel.
    Bebo tus aguas como un maná sagrado,
    a tí me entrego y en ti vuelvo a nacer.

    No existe ayer ni hoy ni habrá mañana
    que no ilumines con tu infinita luz.
    Niña de amor, copito de inocencia
    dame tu fuerza para cargar mi cruz.




    ENTRE EL MIEDO Y EL HAMBRE

    Señor, ¿Dónde te escondes que ignoras mis plegarias?
    Te he buscado en el espacio, en el tiempo, en los ojos de un niño,
    pero sólo hallé silencio.
    Quizás creaste el mundo entre miles de mundos,
    lo dejaste a medias, inacabado, imperfecto
    y te marchaste a crear otro más bello.

    Señor, ¿Dónde te escondes cuando abruma el silencio?,
    ¿cuando el dolor me ahoga?, ¿cuando el cielo está negro?,
    ¿cuando el mar huele a muerte y llora sangre el cielo?
    Quizás hayas muerto en el árbol que se quemó en el bosque,
    en los ríos cloaca, o en el mar vertedero,
    en el niño soldado que mata y que muere...

    ¿El dolor de tus hijos no ha llegado hasta el cielo?
    ¿O es que el cielo no existe y tan solo hay infierno,
    donde nos arrojaste por nacer imperfectos?
    Todavía te busco en la piel de mi esposa,
    en la aurora gozosa y el ocaso vibrante.

    Te presiento en el vientre de esa niña preñada,
    en las manos trenzadas, en los ojos en llamas,
    pero tú te has marchado o quizás nunca fuiste
    mas que un sueño forjado entre el miedo y el hambre.




    MATRIOSKA

    Busco en mí, dentro de mí, fuera de mí.
    Busco en presente, en pretérito, en futuro.
    Busco en mi yo, en mi tú, busco en nosotros.
    Busco en el día, en la noche y en los sueños.

    Abro mi cuerpo, mi alma, mis sentidos,
    desgarro el velo que cubre los recuerdos,
    suelto la amarra que me une al dique seco,
    bato las alas buscando nuevos vientos.

    Pero es inútil remar, levar el ancla,
    izar las velas, escudriñar los vientos.
    Mi casco embarrancó entre tus arenas,
    la tarde en que fundimos nuestros cuerpos.

    Tú y yo somos matrioskas infinitas
    desde el agujero negro de los tiempos.
    No hay tú sin yo y yo sin ti soy nada.
    No hay más respiro que el soplo de tu aliento,
    no hay más camino que el surco de tus pasos
    ni más sendero que el cauce de tu lecho.



    HE PLEGADO LAS ALAS

    He plegado las alas,
    ya no tengo fuerzas para seguir volando
    ni tan siquiera planeo a sotavento.
    Llevo plomo en el alma
    y apenas puedo mantenerme al pairo
    y lucho por no entrar en picado
    y estrellarme en las rocas del vacío.
    Pero todo es inútil
    y siento el remolino de la nada
    absorberme en su negro sumidero
    y giro y giro… y voy perdiendo altura
    sin poder anidar en una rama
    que me ofrezca cobijo.

    Quise alcanzar el cenit.
    Volé más allá de las estrellas,
    desafié al destino,
    mas apenas logré rozar el aura
    volando hacia el ocaso.
    He quemado el plumaje
    y he perdido el refugio de tus brazos.




    LA ETERNA LETANÍA

    Me muestras tu exquisita desnudez
    tus pechos altivos,
    tu vientre frutal y perfumado
    y me hablas de tallas y de modas
    de centímetros, de pesos y medidas
    cuando yo no puedo quitar mis ojos de tus muslos,
    de tus nalgas rotundas,
    de tu cintura grávida,
    de tus hombros a besos cincelados.

    Me encandilas con tu belleza impía
    y pretendes que escuche tus lamentos
    que secunde tu eterna letanía
    pero yo sólo veo en ti una diosa,
    una vestal de amor, una valkiria
    y mis manos amasan tus caderas
    y mis dedos descubren tus secretas delicias
    mientras callo tu boca con mis labios
    y mi piel y tu piel tejen sus rimas.

    Cuando mi lengua recorre tus recodos
    y libo las delicias de tu axila,
    cuando bebo el licor de tus racimos
    y la pasión cabalga sin bocado ni bridas,
    cuando tu cuerpo y mi cuerpo prenden fuego
    y se unen en una sola llama
    ¡Qué me puede importar la pasarela
    una cifra, un botón o una etiqueta¡




    A TRAVÉS DE CIEN VIDAS

    Supe que me esperabas a través de la nada,
    a través del espacio supe de tu existencia
    como sabe el creyente la existencia del padre.
    No me cegó un rayo, como a Saulo de Tarso,
    una negra nostalgia oprimía mi alma.

    Te busqué en mil mujeres, me dejé el alma en ellas,
    me arrastré por caminos enredados de zarzas,
    pero cada mirada me volvía la espalda,
    pero cada caricia arañaba mi alma.

    Y pasaban los años y yo desesperaba
    y creía encontrarte cuanto más te alejabas.
    Descendí a los infiernos por hallar tu morada,
    ascendí al paraíso cuando te sospechaba,
    pero el sol inclemente, chamuscaba mis alas
    y caía a la tierra como un Ícaro en llamas.

    Mas un día de invierno, cuando nada esperaba,
    se cruzaron mis ojos con tu dulce mirada
    y esa voz intuida se clavó en mi coraza
    arrancando los miedos que cegaban mi alma
    y lo supe al momento, eras tú a quien buscaba.
    A través de cien vidas, regresabas a casa.




    LEGADO

    ¿Que les diré a mis nietos cuando les legue el último suspiro?

    Recibí un mundo de agua azul turquesa,
    de selvas verdes, de noches azabache,
    fértiles campos, praderas y glaciares,
    límpidos ríos y mares transparentes.

    Recibí un mundo pletórico de vida:
    tigres, leones, gorilas, elefantes,
    lobos y linces, erizos y cangrejos,
    reses pastando, corrales y campiñas.

    Cierro los ojos y la niñez me asalta
    y me reprocha no haberla defendido
    de la codicia, del miedo y la ignorancia
    de los cuatreros del euro y el ladrillo.

    ¿Qué os dejo yo, ramitas de hojas tiernas?
    Un amasijo de aceros y de vidrios,
    un litoral sembrado de cemento,
    tele basura, “fast food” y conformismo.

    ¡Abrid los ojos a la verdad eterna!
    Romped los muros, forjad un mundo nuevo,
    pintad de blancos y verdes las montañas,
    bordad, de nuevo, luceros en el cielo.

    Resucitad el valor de la palabra,
    la portentosa belleza del abrazo.
    Que vuestros ojos no escondan la mentira,
    que vuestras manos, acojan otras manos.

    En este viaje no cabe ni un hatillo.
    Sólo me llevo el amor que he cosechado,
    esos recuerdos que claman en el cosmos,
    esos momentos que Dios me ha regalado.

    Puede que todo sea un sueño,
    puede que, incluso, soñemos que soñamos.
    Pero que nadie os secuestre la alegría,
    la rebeldía, la fe ni los redaños.



    HAY UN INSTANTE

    Hay un instante en el que el tiempo muere,
    se detienen péndulos y agujas,
    el sol estalla, las mareas cesan,
    el viento calla y el dolor se oculta.

    Hay un instante en el que Dios me mira
    a través de tus ojos encendidos
    mientras mis manos tejen en tus cuerdas
    un tapiz de suspiros y gemidos.

    Hay un instante en que tu voz se eleva
    al útero del cosmos primigenio,
    tu cuerpo celestial se hace visible
    y tu alarido atruena el universo.

    Hay un instante en que la vida brota
    de las fuentes profundas de tu sexo
    y su corriente me arrastra desbordada
    hasta fundir en su lava nuestros cuerpos



    ÍCARO

    Hace días que planeo
    dejándome arrastrar por las corrientes,
    vagando entre los riscos y los bosques,
    rozando los peñascos con el vientre.

    Hace días que no me quedan fuerzas
    para alzar la cabeza y ver el cielo
    y mis alas desnudas y emplomadas
    ya no pueden batir y alzar el vuelo.

    Hace siglos que no encuentro en tu nido
    el plumón que me abriga y me protege
    que tu flor se marchita entre mis labios
    que tus aguas no brotan a mis besos
    que no encuentro morada entre tus muslos
    que no alcanzo el cobijo de tus senos.

    Pero hoy me alzaré hacia el firmamento…
    volaré a lo más alto del infierno,
    con las plumas ardiendo de deseo
    moriré en un picado hacia tu sexo.



    TRISTEZA

    Hoy estoy triste, oscuramente triste, profundamente triste
    hay un vacío que prende en tu mirada
    una sombra negra, una sima siniestra y homicida
    que parece atraerme hacia el abismo
    esos silencios gélidos, esas miradas huecas,
    esas palabras mudas, esas sonrisas yertas.

    En días como estos se me escapa la vida,
    le abro la jaula para que eleve el vuelo
    y escape de este cuerpo que la cela,
    de este corazón acongojado
    que apenas ya palpita.
    Hoy me hundo en mí mismo y no hallo el fondo…
    sólo encuentro la nada más grotesca,
    la burla corrosiva, el miedo que me ciega
    y me enfundo las lágrimas amargas
    y regreso a tu lado mendigando una sonrisa,
    una palabra, una caricia, un nada.

    Y me tiendo a tus pies y lamo tus heridas
    soñando que mañana, renacerá la vida
    que la niebla se escampa
    que el silencio germina,
    recordando esos días en que, incluso,
    soñé que me querías.











    .



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  • 10/15/16--03:50: KARIN KIWUS [19.287]

  • Karin Kiwus

    Karin Kiwus (nacida el 9 de noviembre de 1942) es una poeta alemana de Berlín. Después de estudiar periodismo, estudios de alemán y politología, trabajó como editora, así como profesora universitaria en Austin, Tejas. Era la pareja de hecho del director de cine alemán Frank Beyer hasta su muerte en 2006. Ha estado activa en el campo de la poesía de colaboración, escribiendo Renshi bajo la guía de Makoto Ooka. 

    Obras 

    "Von der Gegenwart beiden Seiten". Poemas. 1976.
    "Vom Essen und Trinken". 1978.
    "Später angenommen". Poemas. 1979.


    Citizen Cane

    Largo fue cada día
    y la nieve
    la luz de mi cielo tierno
    y el frío
    la sangre de mi piel ardiente
    y el juego
    el jardín de mi serenidad rabiosa

    Después de eso, el veraneo de cada año
    en casas con corrientes de aire
    presididas por los relojes de otros
    en escritorios con papeles fugaces
    con falsas palabras en el humo frío de los cigarrillos

    A veces tomo a tientas
    el globo de cristal e invierto
    silenciosamente
    el mundo para mí
    mi congelado globo
    mi ojo invernal
    cegado por la nieve.

    Traducción: Germain Droogenbroodt – Rafael Carcelén​​​​



    Citizen Cane

    Long was every day
    and the snow
    the light of my soft sky
    and the cold
    the blood of my ardent skin
    and the game
    the garden of my crazy joy

    Then it never turned again into summer
    years have passed in draughty houses
    controlled by other persons clocks
    at desks with superficial papers
    with false words in cold cigarette smoke

    Occasionally I take groping
    the glass globe and reverse
    silently for myself the world
    my frozen earth
    my winter eye
    blinded by snow.

    Translation: Germain Droogenbroodt



    Citizen Cane

    Lang war jeder Tag
    und der Schnee
    das Licht meines weichen Himmels
    und die Kälte
    das Blut meiner glühenden Haut
    und das Spiel
    der Garten meiner tollwütigen Heiterkeit

    Danach ist es nie
    Sommer geworden
    Jahre sind vergangen in zugigen Häusern
    nach den Uhren anderer
    an Schreibtischen mit flüchtigen Papieren
    mit falschen Wörtern in kalten Zigarettenrauch

    Manchmal noch nehme ich tastend
    die Glaskugel auf und kehre
    still für mich die Welt um
    meinen erfrorenen Erdball
    mein Winterauge
    blind vor Schnee






    .


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    Ernesto Langer Moreno 

    Ernesto Langer Moreno nació en Santiago, Chile, el 23 de mayo de 1956. Estudió en el Liceo San Agustín de Santiago y  Administración de Empresas en Francia.

    Ha publicado libros de poemas, cuentos y novelas cortas, además de haber sido colaborador de diversos diarios nacionales como Las Ultimas noticias y varios suplementos semanales.

    Actualmente es el editor del Portal de Literatura Chilena en Internet escritores.cl.
    Sitio web del autor: www.escritores.cl/elanger

    Libros publicados:

    -     Siglo XX, he aquí el hombre (poemas, autoedición, Santiago, 1978)
    -     Ojos de luna (Poemas, Editorial Nascimento, 1983)
    -     El mago de las palabras (Poemas, Editorial Creces, 1985)
    -     Cuentos breves, entretenidos y felices (Cuentos, autoedición,1995)
    -     El Hombrecillo de los cuentos (Cuentos, LOM ediciones, 1996)
    -     La otra orilla (Cuentos, Autoedición, 1998)
    -     Arqueología de un retorno (Novela, Ediciones de escritores.cl, 2008)
    -     Érase una vez...(Cuentos, Ediciones de escritores.cl, 2009)
    -     Filopoes .(Poemas, Ediciones de escritores.cl, 2013)
    -     EntreLetras .(Cuentos, Ediciones de escritores.cl, 2013)
    -     El cìrculo y otros cuentos





    Filopoes
    Ernesto Langer Moreno


    Estos filopoes no tienen género, son libres para expandirse y contraerse, para esconderse o revelarse.
    Por eso se abren como una flor o se ocultan detrás de las le­tras. Dependen del espíritu que los acoja.
    Los escribe el universo entero y tienen que ver, principalmente, con la belleza, la alegría y la iluminación.
    Espero que ellos puedan dar lo que contienen y que sus lecto­res los reciban.
    Vayan con ellos la alegría, la belleza, y la paz, es mi deseo.
    Ernesto Langer Moreno 


    COMO EL SOL

    El que de veras soy
    se asoma, a veces,
    como el sol
    Y me ilumina.


    EL VIENTO

    El viento golpea los eucaliptos
    que crujen mientras la tarde se instala en mi jardín.

    Entonces, pierdo mi nombre.
    Me muevo con las hojas de los árboles.


    CUANDO UNA MARIPOSA

    Cuando una mariposa bate sus alas
    Todo el universo se agita y cambia
    Somos uno que se mueve
    Y vuela.


    AL HACER EL AMOR

    Al hacer el amor con mi amada
    me convierto en mujer
    Luego soy hombre de nuevo
    Después ambos a la vez

    Y al final de la cima
    Dejamos de ser.


    EN EL CORAZÓN

    En el corazón de mi corazón
    la dulce presencia del espíritu tiene su nido.
    ¿Tendría algún sentido reflexionar sobre ello?

    El sol en el cielo es suficiente
    para que florezcan las maravillas.


    ESTOY

    Estoy en el mundo
    Pero no soy del mundo
    Vengo de un lugar impronunciable
    De la raíz de todas las cosas
    Donde el divino organillero 
    Crea su música.


    LA MUERTE

    La muerte es un cuchillo
    Que con un sólo corte
    Separa lo real de lo irreal
    Lo irreal se desvanece como el humo
    Lo real continúa como si nada

    Uno conserva sólo el equipaje necesario.


    MI ESPÍRITU

    Mi espíritu colmado se regocija
    ¡Lo he comprendido¡ ¡Lo he comprendido!
    Esta vida es perfecta en su imperfección
    Mis ojos son también los ojos de Dios
    Hay un solo ser detrás de los dos.


    AQUÍ Y AHORA

    En el aquí y el ahora
    Construyo mi casa
    Justo en medio del río de la realidad
    Y abro todas sus puertas y ventanas
    Para empaparme de ella y despertar

    Los recuerdos y los sueños no pueden entrar.


    CADA VEZ

    Cada vez que niego
    Lo que perciben mis ojos
    La ilusión se deshoja
    Como los árboles en otoño
    Y la realidad florece
    Como esos mismos árboles en primavera.



    LA FELICIDAD

    La felicidad es un árbol florecido en
    el jardín
    La tierra que lo alimenta
    El sol que lo baña
    El agua que lo refresca
    El aire que lo circunda
    Y mis ojos que lo disfrutan


    AQUÍ ESTOY

    ¿Que cómo hago para estar contento y en paz conmigo mismo?

    Puesto que el ayer yace en su tumba
    Y el futuro espera su turno
    Aquí hay que estar: en el PRESENTE
    Ese es el truco
    Yendo donde el viento nos sopla.


    SABER

    Saber que 
    Cuando el universo inhala
    Tus pulmones inhalan
    Y que cuando el universo exhala
    Tus pulmones exhalan
    En eso consiste la iluminación.



    CUANDO EL SOL

    Cuando el sol se oculta
    Las montañas desaparecen
    Y el labrador vuelve a su casa
    Cuando el sol aparece
    Las montañas se hacen visibles
    Y el labrador retorna a su trabajo

    Así es como deben ser las cosas.



    MI ALMA

    Mi alma es un pedacito del universo
    Que está de visita en este planeta
    Como extranjera, a veces, echa de menos
    su tierra y su lengua
    Pero disfruta del viaje y del paisaje
    Atesora experiencias
    Hace lo suyo y regresa.


    LA BELLEZA, LA PAZ Y LA ALEGRÍA

    La belleza, la paz y la alegría son como un templo
    Donde la luz espera a sus devotos
    Quien entra se encuentra
    Sintoniza consigo mismo
    Recibe bendiciones y purifica

    Luego vuelve a su casa iluminado.


    TOMANDO CAFÉ

    Tomando un café en la ciudad
    Pude darme cuenta de que era invisible
    Podía moverme sin importar
    Lo que pensaran o dijeran los otros
    Que sólo tienen ojos para sí mismos

    En ese preciso instante cayó mi condicionamiento.



    LOS PENSAMIENTOS

    Los pensamientos son como pájaros
    Que ahuyento con mi escopeta
    Antes de que me tapen el sol
    Y nublen mi entendimiento

    Sólo entonces la sabiduría me visita.



    PÁJAROS

    Los pájaros cantan en mi ventana
    Al amanecer
    Eso me basta para sentirme vivo y alegre 
    durante todo el día
    Y cada mañana se repite.



    QUÉ MILAGRO

    ¡Ay! Qué milagro tan increíble
    Sembrado en este planeta
    Respira, se mueve, procrea y habla
    En ocasiones también escribe, hace el amor...y mata.



    EL PLACER MÁS GRANDE

    El placer más grande, mi mayor regocijo
    Es cuando veo a mi hijo
    Morder el fruto de ese árbol
    Que planté mientras escribía
    Un libro.



    CUANDO

    Cuando los malos pensamientos me visitan
    Tomo té bajo el parrón lleno de uvas
    que imagino con mi mente 
    Y los pensamientos se desarman, se deshacen
    Sucumben al aroma y al paisaje
    Y desaparecen.



    MI VECINO

    Mi vecino es un hombre
    De pocas palabras
    Cómo le envidio ese don inapreciable
    Su forma de prescindir del lenguaje
    Negándose a extraviar en sus imágenes

    Está claro que él no se distancia de la realidad.


    SOY FELIZ

    Soy feliz
    porque soy feliz con tan poco
    que toda pequeña cosa
    me deja el corazòn satisfecho y contento
    Soy feliz
    Simplemente
    ...Y creo que es contagioso.






    DEL LIBRO EL SABOR DEL HALLAZGO


    El loco

    Ando trayendo un loco dentro
    Que no cesa de agitarme
    Desconfiado, celoso, agresivo, vanidoso
    Es un prisionero en este cuerpo
    Que es su cárcel
    Un loco de remate
    Alguien que mira por mis ojos
    Y habla por mi boca
    Que llena incluso mi sangre 
    Y cada uno de mis huesos
    Un espíritu disperso
    Entregado a la demencia
    Un antiguo demonio que me habita
    Manteniendo en desorden mis pensamientos y
    Mi casa
    Alguien que me usa y que me gasta
    Un loco con mi nombre
    Vestido con mi piel, calzando mis zapatos
    A quien he dicho “YO” por tanto tiempo
    Un loco atroz que me suplanta
    Con todos sus vicios.
    Mi loco.


    Ser

    La realidad es un camaleón que nos engaña con sus falsos destellos.

    El verdadero ser de las cosas
    Cambia de disfraz continuamente
    Como si quisiera esconderse
    de los ojos que lo observan

    Nuestras miradas parecen ahuyentarlo
    Nada es como es a fin de cuentas

    Así el secreto de este universo
    La llave de este mundo aparente
    Es desconfiar de las apariencias
    Saber que lo que vemos no es cierto
    Y desvestir con nuestras miradas lo invisible.



    Tristeza

    El paisaje está triste
    Mi mirada cae como una niebla
    sobre los árboles, los pájaros, las plantas

    Mañana será otro día, me digo
    Y cierro los ojos

    Porque soy yo el que está triste, eso es lo cierto
    El paisaje es inocente.




    Filopoe veintitanto

    Aquí estoy siendo lo que soy

    La verdad vive a través mío
    su gloriosa existencia

    Por eso, el regocijo de ser
    me acompaña a todas partes

    Y porque estoy vivo, gozo.




    Siempre listo, Toujours pret, Always ready

    Es cierto, la poesía es para mí una amante irresistible
    Que desordena mi vida y la complica echándole más humo a la neblina.

    Pero no tuve que trabajar como esclavo en una oficina
    Ni viví en la pobreza o la ignorancia
    Tampoco estuve preso
    Ni sufrí de enfermedades espantosas
    No negocié mis sueños en el mercado
    Ni anduve acompañado de bandidos.

    Al contrario
    Disfruté de buenos libros y viajé por donde pude
    Sentí amor y tuve sexo con una mujer increíble
    Fui un hombre de paz en todo el sentido de la palabra
    Respiré, disfruté del sol
    E incluso fui feliz algunas veces

    Ha sido una experiencia maravillosa el estar vivo
    No tengo rencores ni deudas que me persigan
    Por eso, a mis años, estoy listo para pasar a la otra vida, cualquier día.






    .

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  • 10/15/16--15:53: IVAN SAVIC NIKITIN [19.289]


  • Ivan Savič Nikitin

    Ivan Savič Nikitin (ruso: Иван Саввич Никитин) (3 octubre 1824, Voronezh, Rusia - 28 de octubre 1861, Voronezh) fue un poeta ruso.

    Nacido en Voronezh en una familia de comerciantes, Nikitin fue educado en un seminario hasta la violencia de 1843. Su padre y el alcoholismo llevaron a la familia a la ruina y obligó joven Iván para sostener el hogar convertirse en un posadero. Después de sus primeras publicaciones, se unió a un círculo de intelectuales locales que incluía a su futuro biógrafo (y el editor de sus obras completas) Mikhail de-Lupé. Estudió francés y alemán y leyó ampliamente la literatura mundial, en 1859 abrió una librería y biblioteca que se convirtió en un importante centro de la vida literaria y social en Voronezh.

    Sus primeros poemas aparecieron en 1849 y su primera colección en 1856. En 1858 su poema "kulak", fue su mayor éxito de crítica y público. Una segunda colección salió en 1859, y su obra en prosa "Seminarist's Diary", fue publicada en 1861. Algunos de sus poemas se convirtieron en la base para canciones populares, con música de compositores como Vasily Kalinnikov, Eduard Nápravník y Nikolai Rimsky-Korsakov.




    El pobre

    Mañana y noche, todo el día,
    muchedumbres de ancianos,
    de huérfanos y viudas,
    de puerta en puerta van pidiendo
    por el amor de Dios una limosna.

    Cargados con la alforja
    de la necesidad
    la desgana se toman por tarea.
    ¡Dura, amarga es tu suerte,
    multitud harapienta, sin asilo!

    Pero nadie te niega la limosna,
    y no mueres exangüe en el invierno.
    ¡Cómo mueven, Señor, a compasión
    los hombres que creaste,
    qué miserables van de puerta en puerta!

    Más mísero es el pobre campesino:
    él no pide a la puerta,
    pero toda la vida, desde el pan a la ropa,
    trabaja noche y día.

    Duerme en mísera choza, en sucia paja,
    héroe de infortunio irremediable,
    más fuerte que la roca en la fatiga
    y más que el cobre en la pobreza extrema.

    Hasta la muerte siembra trigo,
    hasta la muerte siega; pero vende pobreza.
    Sobre él vierten sus lágrimas las nubes
    y la tormenta canta su tristeza.

    Incluido en Poetas rusos del siglo XIX (Ediciones Rialp, Madrid, 1967, selec. y trad. de María Francisca de Castro Gil).


    Нищий     [El pobre]

    И вечерней и ранней порою
    Много старцев, и вдов, и сирот
    Под окошками ходит с сумою,
    Христа ради на помощь зовет.

    Надевает ли сумку неволя,
    Неохота ли взяться за труд,—
    Тяжела и горька твоя доля,
    Бесприютный, оборванный люд!

    Не откажут тебе в подаянье,
    Не умрешь ты без крова зимой,—
    Жаль разумное божье созданье,
    Человека в грязи и с сумой!

    Но беднее и хуже есть нищий:
    Не пойдет он просить под окном,
    Целый век, из одежды да пищи,
    Он работает ночью и днем,

    Спит в лачужке, на грязной соломе,
    Богатырь в безысходной беде,
    Крепче камня в несносной истоме,
    Крепче меди в кровавой нужде.

    По смерть зерна он в землю бросает,
    По смерть жнет, а нужда продает;
    О нем облако слезы роняет,
    Про тоску его буря поет.




    стихи

    Бегут часы, недели и года,
    И молодость, как легкий сон, проходит.
    Ничтожный плод страданий и труда
    Усталый ум в уныние приводит:
    Утратами убитый человек
    Глядит кругом в невольном изумленье,
    Как близ него свой начинает век
    Возникшее недавно поколенье.
    Он чувствует, печалию томим,
    Что он чужой меж новыми гостями,
    Что жизнь других так скоро перед ним
    Спешит вперед с надеждами, страстями;
    Что времени ему дух новый чужд
    И смелые вопросы незнакомы,
    Что он теперь на сцене новых нужд
    Уж не актер, а только зритель скромный.


    Тоска

    Как у нас по селу
    Путь-дорога лежит,
    По степной по глухой
    Колокольчик звенит.

    На мосту прозвенит,
    За горой запоёт,
    Молодца-удальца
    За собою зовёт.

    Ах, у нас-то житье —
    От сохи к бороне,
    Наяву — сухота,
    Нужда-горе во сне.

    В синеву да в туман
    Наше поле ушло,
    Любо ясным очам,
    Да плечам тяжело...

    По траве ль, по росе
    Алый вечер идет —
    По буграм, по межам
    Хищных птиц перелет.

    Стон кукушки в лесу,
    Чей-то плач за рекой...
    Дать бы волю тоске —
    Пролилась бы слезой.

    А вдали облака
    Охватило огнем:
    Высоко поднялась
    Колокольня с крестом.

    Золотой городок
    Вдоль по взморью стоит,
    Из серебряных труб
    Дым янтарный валит.

    Пролетит на ночлег
    Белый голубь в село.
    В синеве — по заре
    Загорится крыло.

    Уж и где ж ты, трава,
    Без покосу растешь —
    Молодецкая жизнь,
    Без печали идёшь?

    Ах ты глушь-тишина,
    Всё ковыль, камыши —
    На всю степь закричи,
    Не ответит души.


    МОЛИТВА 

    О боже! дай мне воли силу,
    Ума сомненье умертви,—
    И я сойду во мрак могилы
    При свете веры и любви.

    Мне сладко под твоей грозою
    Терпеть и плакать и страдать;
    Молю: оставь одну со мною
    Твою святую благодать.






    .

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  • 10/16/16--03:44: ROMÁN VILLALOBOS [19.290]

  • Román Villalobos 

    (Lagos de Moreno, México, 1991) Licenciado en Humanidades con orientación en Letras por la Universidad de Guadalajara. Autor del libro de poesía Pequeña ciudad eléctrica (Editorial Montea, 2016), co-autor del poemario Pieza de paso (CULagos ed., 2015). Antologado en Un canto me demanda: memoria de poesía laguense (Ed. Papalotzi, 2011). Ha publicado cuentos y poemas en revistas y sitios web de México, España, Colombia, Venezuela, Ecuador, Chile y Estados Unidos. Actualmente colabora como columnista en el proyecto virtual Hýbris y trabaja como productor en Radio Universidad de Guadalajara. 


    La caracola

    cerca del alba habrá una caracola
    una espiral de incierto color y resistencia
    será uno pequeño y desafiante
    feliz pragmático y honesto
    se alargará el tiempo porque es una ley sabida
    que los caracoles somos infinitos
    y para escribir algo así se requieren unos cuantos días
    para ir de tecla en tecla y presionar 



    Kostanái

    Nunca he viajado tan lejos, pero a veces
    duermo con provincias perdidas en la nada.
    ¿Viste mi sueño de anoche
    como una mala película de arte?
    Amanecía en la ciudad de Kostanái,
    una urbe llana y con tendencia a la nieve.
    Me he obsesionado con mi búsqueda de trabajo
    en esa ciudad que ahora me pertenece;
    llovía y no tuve refugio,

    un edificio alto e infinito limitaba mis ojos.
    «Estos árboles, la mujer que sin falda
    te cuida desde una ventana abrupta,
    y te muestra su carne amarga y extranjera,
    y el sol que cae en líneas inocuas sobre muros de cristal»,
    dijo la voz de un letrero en cirílico.
    Toqué las puertas de una empresa telefónica,
    llevaba un maletín y la corbata
    estrecha me hizo abrir los ojos.



    Regresar de Puebla

    una mujer y su hijo en el autobús de regreso a la casa;
    una mujer que es una enfermedad que no tiene cura,
    por ahora soy lo que dejé ir,
    todas las vueltas alrededor de mi tristeza;
    —¿usted es un hombre casado?—, o mejor:
    —¿ha dormido alguien en sus brazos?—,
    mientras el autobús se bambolea
    y se apagan las luces; no respondo,
    para ella no soy un desconocido,
    las dos respuestas negativas pero la segunda pesa.


    Enumeraciones sobre Irene

    1. sigo soñando con haciendas e inmensas catedrales
    2. por si fuera poco, las arcadas de las enormes haciendas
    3. televisores encendidos y revistas de 1998, de 2005
    4. revistas de 2007 en estantes que nadie limpia nunca
    5. soñar con los pasillos de la universidad como si también fuera un hotel y quedarme hasta muy tarde en él
    6. ubicar a j. l. y querer apartarla pero que no sea posible
    7. ¿corriendo en círculos en el patio de una hacienda o en el estacionamiento de la universidad que parece un hospital que también he soñado?
    8. una mujer ciega y feliz contando las costillas de su mejor amigo
    9. palpitaciones veloces, lluvias de veinticinco a treinta minutos
    10. soy perseguido por una calle fracturada
    11. nadie habla de árboles y ya no estoy sentado
    12. y ya no escribo


    En la provincia de la provincia

    a mediodía en una calle sola entre puro baldío
    y muros de ladrillos expuestos
    un ciber de paredes azules que también es una tienda
    nos hemos reunido para murmurarnos
    los unos a los otros
    mientras el gordo empleado escucha un solo mantra:
    fainfainfain
    me pico la nariz me rasco las orejas
    verygud very gud very gud
    alguien carraspea quiere volver a casa
    veryveryveryveryguuuuuuuuuud
    estamos definitivamente solos

    una mosca en la pantalla mientras leemos discusiones
    animalitos que observan desde el cerro
    sin que nadie los vea
    versiones chafas de sirenas
    insípidas del chupacabras
    críptidos en los que nadie se interesa
    en un cerro que se repite a toda hora
    a ver quién chingados nos baja

    sentados en sillas blancas de la corona leemos
    que todo se resume en dos esferas en constante polémica
    sean los nuevos contra los viejos
    o becados contra no becados
    ¿pero quién es quién desde nuestra ventana?
    aquí pasan nomás los rancheros montados
    en su pedacera mecánica y herraduras en las redilas
    camionetones de los setentas
    y sombrerotes desde quién sabe cuándo
    y los nombres de todos los poetas
    como cualquier otro nombre
    como de muertos en la guerra
    o de migrantes trepados en el tren
    que pasa cerca de las cinco
    aquí siempre estarán todos muy lejos

    ¿de cuál centro somos periferia?
    a ver
    ponle en google de cuál centro somos periferia
    a ver si hallamos un anzuelo
    una carnada
    entre tanta troca y aventuras vaqueras
    con la kebuena a todo lo que pinches da


    Por Ojuelos

    En el fondo todos somos un puto vaquero hecho bolas
    acá arreando a la nada en medio de ninguna parte
    armando una pinche polvareda que apenas si se ve
    en los cerros circundantes
    como en los comerciales de Marlboro
    y todos los días vivimos la jornada
    temprano a la hora donde sólo hay estrellas
    pero nadie las busca
    porque no dicen nada
    sólo brillan
    ahí
    como pendejas.

    En la noche se hace de un látigo y un poema en la arena
    mientras otro grita un verso a las paredes de un rancho
    paraje cinco estrellas para los que nada quieren
    así como nosotros
    y el pinche tiradero
    armado en chinga loca
    cuando vemos los autos por la carretera libre
    en la que somos una luz tan sólo
    un cuerpo de piedra y tiempo vuelto sombras

    —oye we
    tenemos que ir al rancho ¿sí me estás oyendo?
    se nos hizo tarde we vámonos en putiza —
    aquí por donde nadie nos mira.


    En Guadalajara

    Buscar orientación
    buscando ayuda psicológica
    dios santo,
    esta ciudad
    es como amontonar todos los juegos de mesa
    de un gigante
    —nadie que tire los dados
    puede darse un lujo parecido —
    vamos,
    se pueden ver las líneas del tablero
    o sólo somos muy malos para afinar detalles
    ciudad,
    mi lugar que puede escucharme
    pero no puede sentirme
    ¿sabes cuánto daría yo por desnudarte?


    Quien nos quiere nos cuida

    Llego aquí otra vez desde 
    este anterior punto de vista, 
    aunque sea 
    como siempre 
    un hombre nuevo. 
    Guardas tu imagen de mí 
    como la figurita de oro, 
    la clase de ideas 
    que salva de la nada a los que 
    no son como nosotros. 

    Heredamos la vena 
    artística de un poeta abuelo muerto, 
    que nos atraviesa el miembro y duele 
    cuando penetro de noche.


    A quien te haya dicho lo contrario

    1

    El rostro de un pequeño 
    poema posible, 
    en el cuello 
    tenso de alguien que se marcha. 
    El poema nene acurrucado, 
    la foto que siempre 
    se recuerda es la que 
    no se toma. 

    2

    El resfriado es porque llevo meses 
    aquí parado 
    y con la puerta abierta.  
    ¿Quién le ha hecho espacios 
    así de grandes 
    a tu permanencia, 
    aferrada a un útero 
    indeciso que no 
    quiere abortarnos?


    Cristo con las manos rotas 

    1

    Tiempo de cuatro en cuatro 
    vueltas por toda la jardinera. 
    ¿Sin fin de discusiones, 
    siempre en disputa complicada? 

    Pero sin muchos símbolos para los otros, 
    mi querida, este imbécil 
    choque de dos puntos 
    que te callan la boca.  
    Turistas que me ven perder la calma. 

    Tan lejos de la paciencia en 
    todos los poblados ridículos. 

    2

    Una vida en Cristo, lejos, 
    con los gustos que heredo, los ratos 
    tuyos que no sientes. 

    Tomando una lancha en caída 
    hasta el muelle de las piedras, 
    día de no poder esconderte, 
    o camino a tus abiertos kilómetros.


    Anotaciones, pesadillas 

    1

    Interpongo una llamada 
    y el teléfono 
    suena a la campana con la boca 
    cerrada por la fuerza. 

    2

    Escondida detrás 
    de los helechos 
    está la mujer que un tiempo 
    fue conmigo. 
    Se le ven múltiples rostros.


    Nubes sobre el teatro del IMSS

    1

    Me oprime el pecho el tiempo de volver a casa. 
    Hoy nadie ha hecho bien su trabajo, 
    la hilera de médicos que guardan la bata 
    blanca frente a un puesto de burritos. 
    Ahora, nadie que me ve puede llevarme 
    lejos de mi delgada jaula. 
    Pero no por eso dejaría de extender 
    el dorso de la mano. 
    La estatua del héroe, 
    una historia insurgente con fondo 
    para una multitud de plantas. 

    2

    Cuando venga la lluvia por favor dame 
    un tramo de acera para huir de ella, 
    que en la ventana me vean en mi trayecto 
    perpendicular a la caída. 
    Me han convencido, 
    no es el mejor día para que yo vea 
    todo esto, voy más del lado de un paisaje 
    veloz para los otros.  
    Dicen que hay días en que el derecho 
    a observarlo todo no se pierde 
    pero tampoco se merece.


    Carta a Colina 

    Terminaste por decir que los poetas son un cáncer. Qué voy yo a saber.   A las 11:30 paseo la basura por la noche de la cuadra, 
    que separa las líneas de neón de la tibia respuesta 
    en un foco de siempre. 
    Si me vieras ya cuando la tarde no puede crecer 
    de sus orillas, te cubrirías la cara. 

    El grito es lo de menos. A esta hora, según los poetas, 
    todos le lloran un secreto a la sábana, a un cuerpo distinto, 
    al silencio que somos. 
    La bolsa rompe un órgano privado, una botella agotada por la sed de aquella  que aún quiso llegar. 

    Aún alcanza a verte, horada el kilometraje, 
    pero no sabe qué hacer contigo. 
    Está ahí cuando la puerta se cierra. 
    O dime tú, ¿qué poeta sabe nada de la hora en que duerme?


    Notas: 16-18 junio

    Para la sala de espera, un poema. 
    Para el trayecto con una escalera involucrada, 
    El camino de la sala a estrechar la mano del médico, un poema. 
    Un poema en el parque. Para la estancia breve en el parque, 
    Quince minutos y llegar a tiempo a la cita, un poema. 
    En la sala de espera, un poema girando alrededor de sí. 
    Otro poema para cambiar la hoja de los capítulos. 
    En la sucia cola de un perro que nos sigue, 
    En todo vehículo cerca de la cola, esbozos de poema. 
    Para el modo ignorar de los teléfonos, 
    Y la llamada a buen tiempo y colgar y colgar, 
    Poemas para todo. Salvar un poema del mundo, 
    Un poema huérfano para temblar de miedo. 
    Poema para no poder salvar al poema de antes. 
    Poema acerca de la incapacidad. La nostalgia de un poema de amor, 
    Para el descanso en una larga pared húmeda y sola y larga y húmeda, 
    Otra vez el poema. Y mi pierna dormida, 
    Plática de un suave contener, o todos los poemas que estiran, 
    Tranquilos, un pastizal como una sábana. 

    La nostalgia de un poema de amor, 
    Un paseo redondo sin boleto. 
    ¿Y si nunca he escrito un poema?, pienso, 
    Pero ya tomas la orilla de la cámara, 
    Eres paciente y esperas a que todo se ordene dentro del aparato.  
    De pronto no importa si he escrito o no poemas. 
    De pronto, repito, las cosas que no importan.


    Idea de la efeméride

    1

    Sé de maneras variopintas
    en la ciudad crecida a horas distantes.
    Una por una, de flor en otra flor,
    ideas, imágenes de fotos antagónicas.
    No se moverá en espasmos fijos
    la tierra para jugar a los jardines.

    Decisiones tomadas por sí mismas
    de pies a la cabeza.
    La hora de no ser nunca lo que somos,
    de ser siempre lo que no pensamos ser.
    Pero el atardecer arrulla días pasados
    en su cara asfáltica y borrosa.
    Y una celebración no abierta para el público
    de la vida personal.


    2

    Dirijo gotas de un sudor
    tan mío en la terminal para los autobuses.
    Para traducirlo en aguas tuyas,
    para no ver el reloj y no pedir permiso.

    ¿No ves un sol muy niño
    cuando abres aislada la ventana?
    Quizás el tiempo viaje de regreso
    andando en círculo avenidas rectas.

    O tal vez, a lo mejor tan sólo,
    nuestra vida conjunta a horas distantes.



    ________________
    Selección de textos del autor para poetas siglo XXI




    .

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  • 10/16/16--05:14: ISMAEL VALDIVIA [19.291]

  • ISMAEL VALDIVIA

    Nació en Sancti Spíritus, Cuba, en 1959.

    Tampa - En su cuenta de Twitter, se describe como médico, escritor, poeta y padre. Para honrarlo, sus hijos llamaron a su agrupación musical de trova y latin jazz, Los hijos de Ismael. "Fui el primogénito y cuando nací, en 1959, allá [en Cuba] se usaba ponerle a uno el día del santo. Nací el Día de San Juan", dijo Juan Ismael Valdivia. "Mi madre me cuenta que me debieron haber puesto Ismael Juan, pero no les sonó bien". Valdivia contó vía telefónica que, aunque es médico de profesión, siempre quiso que sus hijos, Alejandro y Gabriel, tuvieran más inclinación por el arte, la música, lo estético, la belleza y el buen gusto. "Recientemente se graduaron de diseñadores gráficos", dijo.

    Valdivia nació en Sancti Spíritus, Cuba, en 1959, el mismo año en que "triunfó la revolución" en la isla. Recordó que desde la adolescencia comenzó a escribir poesías de manera aficionada y que se las presentaba a sus profesores. Ellos le descubrieron cierta inclinación por la escritura. Luego sus educadores le guiaron hacía la Generación del 98 (Unamuno, Pío Baroja, Machado, Vallen Inclán, Azorín, etc.) y los poetas españoles. "Después integré movimientos que estaban de moda en Cuba. Se estaban impulsando talleres literarios y por parte del gobierno se creó la Asociación Hermanos Saíz", dijo Valdivia. Destacó que dicha asociación tiene como objetivo recopilar trabajos de jóvenes aficionados al arte en general. De acuerdo con la página web de la Asociación Hermanos Saíz, ésta es una organización con fines culturales y artísticos que agrupa de manera selectiva y a partir de un criterio de voluntariedad a los más importantes escritores, artistas, intelectuales y promotores de todo el país, hasta de 35 años de edad. En la década del 80, Valdivia dijo que en Sancti Spíritus el movimiento literario y poético abundaba y que organizaban peñas literarias que llamaban té cultural, pues repartían fría o caliente esa infusión mientras hacían talleres, veían teatro, visitaban muestras plásticas o alguien realizaba un monólogo. "Los talleres eran como una escuela en el que nos sentábamos todos los que participábamos y teníamos la obligación dictatorial de emitir un juicio de los trabajos de los compañeros", dijo Valdivia. Agregó que esa época fue importante para perfilar lo que quería decir y que aprendió sobre el ahorro de palabras en la escritura. De esa experiencia le quedaron una serie de versos que Valdivia acabó de compendiar en un libro que llamó Susurro vital del testigo. "Entonces recopilé todos los trabajos que estaban recogidos en cuatro libros y los agrupé en uno, en un intento de resumir la experiencia vital mía en Cuba, en aquel tiempo que me tocó vivir allá", dijo. En su página web, Valdivia tiene su libro de poemas y dijo que lo estará publicando también en línea y físicamente a través del El Aleph Editores, de Argentina. La portada del libro es una fotografía de una calle espirituana, en su ciudad natal, y en la contraportada hay una fotografía del autor "en mis años mozos", cuando estaba "imbuido en todo el proceso romántico de la revolución; nos educamos en un sueño en la idea de un hombre nuevo...", dijo Valdivia, aclarando que el libro no tiene matices políticos sino que es una simple recreación de su experiencia en la isla. Contó que en 1994 salió de Cuba "para cambiar, para conocer otros horizontes, para tener la posibilidad de balancear las decisiones y hacer el uso del libre albedrío".

    "Y decidir qué era lo mejor para mi familia y mí mismo en particular", agregó. Vivió 10 años en Costa Rica, donde pudo ejercer medicina familiar, aunque su especialidad en Cuba fue neonatología, una rama de la pediatría que se ocupaba de los recién nacidos. Es egresado del Instituto Superior de Ciencias Médicas de Villa Clara, en Cuba. En el 2004 llegó a Tampa y trabaja en el St. Joseph's Hospital como histotecnólogo. "Es lo que tiene que ver con el tejido que es extraído del cuerpo mediante una cirugía, y es procesado en el laboratorio para que los patólogos puedan observar las células bajo el microscopio, y puedan emitir un diagnóstico", explicó. Escribe una columna que se llama Saco de Gatos, la cual es publicada por un semanario de la ciudad. ¿En qué se inspira cuando escribe?

    "Estoy interesado en todos los aspectos de la vida, siempre y cuando le queramos dar un enfoque de amor", dijo Valdivia. 

    http://www.centrotampa.com/news/noticias/2010/jul/10/llamadme-ismael-padre-mdico-o-escritor-ar-338053/


    Entre sus publicaciones se destaca Susurro Vital del Testigo, un compendio de su poesía en los años 80. Mas recientemente, puedes encontrar a Ismael escribiendo en su blog personal Apunte y Aparte.



    LO QUE NO CUENTA LA PALABRA

    Unos papeles blancos con algunos garabatos
    esperan en el sostenedor metálico.
    Llevan allí varios meses.
    Espera que mi mano les acaricie,
    les revuelque el orden o les ordene la muerte
    con mi manera de suponer el rumbo.
    Tienen la zozobra del que busca y no pueden hablar de pasado.
    Si cantan, la memoria llora,
    se desangra en limosnas.
    Doblados sobre sí mismos,
    me hablan con una voz que no reconozco,
    que los afloja,
    y empieza un acorde borboteante entre su celulosa monocromática y la valva que se me abre en los ojos,
    y por ahí quedan,
    como todos los papeles blancos con responsabilidad incierta.



    EL PERRO SIEMPRE VUELVE A DONDE LE DAN DE COMER

    La música está quieta, dormida en sus aparatos y ni uno de ellos se atreve a despertarme.
    Tengo música escuchándose a sí misma y baila en mis oídos, en mi cabeza, en mis pies y en mi cintura.
    Duerme la música sin saber de frío ni días rotos ni necesidad de espabilar la esperanza.
    En cambio, con todos sus colores, me recorre en ritmos desesperantes
    y frente a ella, todos estos aparatos lucen
    sumisos a mis dedos
    que ahora no hacen nada y los deja dormir,
    en este océano que me cubre.
    Yo tengo agua y música en mis pies desde hace un siglo.
    Desde hace tanto tiempo que voy yo empapando la sangre
    en el feto que soy,
    y el océano se escurre,
    envolviendo con su aliento madrugador.
    La música no abre los ojos, no seca nada.
    Atónito veo cómo se van yendo las gotas,
    el agua a chorros,
    como una fuente enorme chupada desde adentro,
    como si amaneciera saliendo del mar
    y descansara en la playa.



    RESOLUCIONES

    Las manos se trenzan pendientes de los ojos que se fugan,
    al sitio de donde parecen venir las respuestas,
    es decir, ahí está el tiempo que viví, sus ritmos únicos, sus luces que no se apagan,
    sus estridencias que todavía resuelven mis oídos,
    todo está ahí,
    como una fiera que agoniza con un tajo en la garganta, y la vena le late y le brota sangre caliente, de un rojo extraordinario.
    Ahí está inatrapable, colgado de su misterio, listo para ser engullido en una ola sucesiva de obstinación,
    con la picardía de una mano retorciéndose sobre la otra.
    Y desde el mismo sitio, un paso más, un segundo más, una espera más
    quedando siempre en la pregunta.
    Hago resoluciones de varios tipos: de trapo y de cera, de condones y champaña.
    Resoluciones que me ven como si fuera a ser mi último día, que notan que las hago a pesar de ellas, juntando mis manos y suplicando no se vayan.
    Machacadas en mis bolsillos, nacidas para quedarse en las costuras se agazapan sin reclamar más espacio, sólo titubean si deben morir,
    si es el tiempo (el mío al menos, no sabe distinguir
    y se arrodilla a resolver: yo resuelvo nunca más,
    yo resuelvo nunca más).



    NADA ES RELATIVO

    Me gustaría expiar mis culpas, es decir,
    levantarme en la mañana y escupir una saliva bien fina, sin la presencia de estos grumos que ahora tengo
    y que estorban al hablar, atravesados en el medio de la lengua como dueños
    que aconsejan rendirse;
    y que me tire a la cama de nuevo y olvide que el día nace trayendo
    una enormidad de sombreros repletos de soles para las cabezas múltiples de cada uno.
    De más nadie es la urgencia que mía, de nadie más el camino que se abre para sacudir las culpas.
    Me gustaría soltarlas en el trecho que me queda. Verlas caminar delante mío,
    con sus murumacas
    pero en fin lo que les veo son las uñas.
    Pequeñas, frágiles, en dedos asustados y diminutos. Recortadas con el ansia de encubrir las pérdidas.
    Se me aparecen un instante,
    y es un escenario con una servidumbre que se agita en pos de uñas que nadie imagina que no huelen,
    cargadas de culpa, hermoseadas en manos prósperas, dedicadas únicamente a que el ojo le reconozca sus prebendas.
    Una alegría puede ser una esperanza vana.
    Un sacudimiento de que pudiera pasar lo que no quiero que pase,
    que se presente el momento con su fiesta y me llame por su nombre,
    que me acaricie el oído con un tono reinventado.
    Que la expiación diga que desea que yo esté allí, a su lado,
    y me tome de la mano
    y explore los gustos que se han quedado para después.



    ORIUNDEZ

    Me llama.
    Su voz suena desde el otro lado del mundo con un estruendo en la voz que pareciera que ese lado tiene privados los anversos.
    Le calmo diciéndole que aquí hay una cuota para cada amenaza y que la repartiremos,
    pero su voz dice que no entiende de nada más que del atolladero,
    encaramado en parte tan escabrosa que al final es
    un universo formando su lado.
    ¿Será cierto que todo cambia?, ¿en qué zona de nosotros se esconde lo viejo
    y dónde acurrucamos lo nuevo de manera que nos convenza?.
    En todos nacen callosidades que abultan hasta la próxima orilla
    y las tocamos, casi le pasamos el alma por su relieve
    Una ola sucede a la otra
    como una verdad metafísica,
    el mar se relaja en sí misma y llega a la playa en una sucesión
    en la que me estrello
    y una nueva catástrofe me está esperando.
    Me llamas y puedo definirte: tú eres
    la verdad y la mentira, unidos en el presente y el pasado,
    el pasado oscuro y claro; lo profundo que sé sobre lo sencillo que desconozco;
    el salto de la noche en la calma del alba,
    el paso
    el quedarme quieto,
    el que eres de mí porque estás todavía,
    lo que nunca ha existido;
    la nada que tiras y el todo que aguantas; el premio-la música,
    el castigo,
    y este ruido en la cabeza.



    NI FLORES NI ESPINAS

    Tras la noche donde los ojos no pueden hacer otra cosa que detenerse, están dos diablos rojos,
    rojos incandescentes y mortales.
    Subidos a un largo mástil de donde cuelgan, además, varias esperanzas. No destellan. No indican nada.
    Ni borrosos ni luminosos, son dos diablos numéricos que se asoman en la noche negra que los arropa con una carita de lástima.
    Sus pupilas son quietas y fieras, con una pasividad que hace daño. Dos números rojos erguidos tras el quehacer de todos lo que ahora duermen y que vendrán rendidos ante ellos una vez que la noche separe la oscuridad.
    Dos diablos rojos con una desesperación que no tiene nombre,
    y sentarse a aquilatarles el peso no tiene sentido.
    De nada vale ser o no poeta o que las penas estén rondando o, lo que es lo mismo, las palabras por la cabeza,
    que se sacudan dentro como galletas en el saco,
    secas, saladas, fáciles de romper.
    Porque las palabras vienen de estos dos diablos rojos y entre ellos hay una confabulación que es difícil hender y aquí sentado los oigo charlatanear
    y no pretenden la burla
    sino el escarnio de las palabras, que corretean, y les agarra la cintura
    como si yo no fuera más que un espectador acribillado,
    sin más solución que aplaudir.
    No puedo celebrar algo que no tiene nombre,
    que existe en la silueta borrosa de unos diablos rojos,
    una desesperación loca,
    y amargada.



    NO TENEMOS MAÑANA

    A Beatriz Basile

    todavía hay una noche de insomnio
    en su cuerda floja
    configurando al miedo y dirigiendo al corazón en sus vorágines;
    todavía una sirena persigue al desgraciado,
    una vena corre desorbitada tras el muro,
    y se deshace un pétalo tras la configuración de sus mitos;
    todavía me restriego las manos
    y un sudor leñoso me recorre la conciencia,
    todavía me atosiga el hambre,
    la tos estalla pendenciera en la voz
    y mis oídos se agrietan con el témpano del ruido;
    todavía puedo decir te quiero y ver cómo se abren fantasmagorías que pueden catalogarse de cursi;
    todavía existe la catalogación, la riña entre los bandos, el susurrar pausado de la envidia,
    todavía,
    todavía hay un espectáculo armado en el espacio de las emociones
    y allí nos movemos,
    y les decimos a los demás que hay futuro,
    un mañana verdadero.



    ASOMBRO

    Ya no me asombro, sino que lo hacen por mí los niños.
    Se asombran los niños y el mío se quedó  detrás de una cámara azulito pálido.
    Para asombrarse ellos se dejan mirar, hay que dejarse mirar uno mismo, dejarse mirar y saberse ahí, distinto,
    lo mismo pero diferente, el mismo cerebro, pero cada vuelta atrapando su churre.
    Un churre único nadie quiere meterlo en el suyo. O nadie puede. Los churres no se repiten. Ni se rinden. Ni se extinguen. Andan por los caminos para meterse en los cerebros. Y cada uno coge el suyo.
    El churre puede venir gritando o hablando bajito,
    como un animal que emitiera un sonido jadeante pero baboso destinado a la presa,
    y nadie le abre un hueco. El cerebro es un gran lago para que el churre venga y lo vuelva pantano.
    Pantanos azules, amarillos, verdeolivos, qué importa: cada pantano recuerda el origen del churre y así es cada cerebro.
    Increíble la cantidad de colores que pueden existir. A veces colindan, o se mezclan.
    He visto colores que si se hacen un poquito los bobos, reflejan el mismo color que otros.
    Quién sabe si al final, todos los cerebros lo que hacen es nada más que lucirse como espejos. A un muchacho le tocan, por ejemplo, matices sombríos, y tal vez no sienta el miedo de la oscuridad que da ser uno mismo. Azulito pálido es un mal color.
    Uno es un niño con todas las cámaras volando y llega su churre, revolcándolo todo pero con el rabillo del ojo.
    El cerebro queda desordenado, con ansias del ojo entero, y niño, cámaras, azulitos pálidos, churre, todo queda un poco más allá del asombro.




    VIEJOS DE MIEDO

                          Estoy siendo perseguida. En donde quiera que me meta ahí                        está la presencia implacable
                          y lumínica de un closet .-  CKA

    Estoy inflado porque la vejez infla. Se despereza temprano dispuesta a algo así como insinuar una pesadilla,
    pero después de haber creído mucho en algunas cosas, mi vejez le teme a Karin Aldrey.
    Karin Aldrey anda buscando un closet y se me abulta un espacio en la silueta por dónde menos lo espero.
    Yo quisiera ser como el padre que nunca se miró al espejo, pero mi vejez se asoma desde su fondo oscuro y sus gafas se hacen enormes tijeras detrás de ojos irremediablemente asidos a la montura de un caballo.
    La vejez mía es es sencillamente un aire, un vientecito pestilente que se infiltra en mis interiores y galopa, bum bum,
    bum bum y afuera del aire vive Karin Aldrey.
    Ha estrujado un manto de oraciones que ni edad tienen.
    Abultado, insisto , me estiro.
    Descubro un jardín oculto en la punta de mis dedos, y allá voy,
    hacia flores que no se desgajan, sino que se yerguen con una dignidad limosnera de sol
    y me dicen que me estire, y dé vueltas entre pistilos y abejitas dulzonas, como un Birdman.
    Mi vejez es más que un Juan que va poniendo las cosas en orden: estoy inflado,
    la escualidez anterior se ha transformado en un ejército de quisquilla.
    Tal vez acomode piezas con facilidad y husmee entre ellas para ver si algo falta, pero a esta edad
    sólo Karin Aldrey puede encontrar una disciplina
    que me traicione




    RETRATO

    Es un tipo nacido en una fábrica de ilusiones que abandonaron.
    Le pusieron un color azul mezclilla para que saliera a abochornar especulaciones
    y así es que luce sus hilos, las costuras de pespunte y ladeo.
    En su faena, da grima verle contra la pared,
    sin más remedio que suspirar, y cuando colma un deseo, resuelve su ultraje con una doblez que le rasga la entereza.
    Necesita descobijar el sobaco con frecuencia. Dada la oportunidad eleva el codo y lo apoya a una superficie que le resista y desde allí, atrincherada su axila en el augurio de los aires, se dispone a mirarle los ojos a cualquiera,
    como si desde ese vuelo impar esperase el momento para hacerse efectivo,
    o como si hubiera asombro en la parsimonia con que los demás brazos asumen la iniciada posición de colgarse a lo largo del cuerpo.
    Este hombre estaba enterito el día del comienzo y se mira las manos.
    Ruinas, sólo ruinas, sólo ve alamedas húmedas y vírgenes.
    Era su empezar y creyó que podía.
    Se mira las manos y en ellas hay carencia de semillas.
    Ruinas,
    así no se puede, elevarse así sin un pecho al aire, sonríe: una cascada
    empieza por una mueca pequeñita, y enseguida, desde los ojos
    y desde el eco vacío de la risa
    le van cayendo pedazos




    CUANDO MI MUJER SE VA AL TRABAJO

    Me quedo solo y otra vez el espacio es mío.
    El espacio son unos cuantos metros cuadrados tirados en el camino. Quién los tiró no importa si acaso yo mismo voy fabricando medidas.
    A esta parte, sí sé que no conozco la vida.
    Me quedo solo y de nuevo vuelve la tristeza, esa palabra que no dice con exactitud lo que vuelve. Le miro porque se me impone un deber, una necesidad de demostrarle mi constancia.
    Se lo debo a la tristeza.
    Le debo y voy a pagar que es como entregar un poco el respiro. Voy por aire.
    Viene la tristeza con las manos abiertas, estirados los brazos, los ojos semiocultos en sus intenciones. La sangre le vibra.
    Toma mi aire y se lo lleva.
    Parece que es normal que a nadie le interese un tipo triste. A mí no me importa. Un tipo triste es un poeta. Se mete en la tristeza y no tiene lágrimas, cuestan mucho, prefiere la sequedad en el centro fogoso del pecho.
    Solo y sin aire a cualquiera se le ocurre salir a la calle y por ejemplo,
    vender una canción que entiendan las mariposas.
    Salir a la calle y vender una canción.
    Lo más seguro es que habrá quién la compre. Si miras a los lados vas a ver gente que siempre entiende a las mariposas. Y las mariposas se dejan cazar, mansas, llenísimas de juicio.
    Pero las calles, que entienden, se deciden por sí mismas.
    Este espacio que queda está cubierto de mí y por eso le estoy mordiendo el caudal.
    Abro la boca y los dientes lucen demasiado amarillos, como corroídos por la inanición. Caen las mandíbulas en un estrépito que asusta al espacio, y lo sé, lo siento, lo estoy escribiendo aquí: asusta al espacio.



    MUROS MOJADOS

    Se fue la lluvia. Como regalo ha dejado unas paredes húmedas y una tentación latiendo en los muros.
    Bruscamente nos retiró su encanto.
    Estaban mis rodillas frente al cristal de la ventana, arreboladas con su música, las plantas de los pies luctuosas, las pestañas puestas la cobija,
    y la casa hecha un papel para la lluvia.
    Le sonó en la cabeza para que entendiera sus hazañas y la casa mía me tomó las manos y me puso en la ventana a mirar.
    Aquellos muros brillaban, entregados. No había palomas sobre ellos. El agua chorreaba buscando orificios, conductos y una negrura le dibujaba el camino. Qué música le entregaba a mi casa, a los oídos rotos de esta concha. Como nunca antes siento al techo cubriendo no sólo mi desnudez, sino al miedo. No me atrevo casi ni a estornudar no vaya a ser que se venga abajo la palizada que no deja entrar al sol de cuerpo entero.
    No quiero que de pronto me vea respirándole al cielo.
    Se fue la lluvia.
    Se ha ido a situar encima de otros mares y por allá debe andar haciendo que otros miren hacia arriba con la dicha del miedo.
    Otros ya se disponen a la fiesta. Me la imagino deshaciéndose desde la oscuridad que fuera antes un pronóstico.
    Techará los lugares.
    Y con aquel estrépito, de seguro, nadie pensará en esta humedad que amenaza.




    "La cisterna de Escrápides", de Ismael Valdivia

    “La cisterna de Escrápides”. Historia de una ilusión

    Por  SONIA DÍAZ CORRALES

    Los libros son un espacios donde me puedo —me suelo— quedar, a experimentar, a apreciar que todavía hay escritos que consiguen deslumbrarme, a descansar un poco, incluso. Me he quedado por meses en un poemario de Ismael Valdivia: “La cisterna de Escrápides”.

      Sobrescribí versos, dibujé sobre sus dibujos simples, casi primitivos, leí y releí y no llegue muy lejos —llegar lejos en un libro de poemas es de alguna manera agotarlo—, solo fui de un lado a otro, de una pared a otra, de una ventana a otra examinando lo que se veía por ellas, miré en los rincones de esa cisterna y me encontré unos jugos viscosos, algunos desechos inútiles, esa inmundicia, séptica o bien presentada, que a lo largo de toda la vida nos ha acompañado y que en el libro está presente en forma casi obsesiva, pero sobre todo encontré lo más difícil que se pueda imaginar: poesía en todo ello.

      Ismael Valdivia nació en la cuidad de Sancti-Spíritus, Cuba, en el año 1959, es médico de profesión, y según lo veo yo, un ser humano reservado y un poeta de gran exposición en lo íntimo y lo emocional. Escrápides es un sujeto lírico convertido y reconvertido en hombre, científico, esposo, padre, hijo, hermano, amigo, y en cada uno en un pensador, semejante a aquellos antiguos filósofos que lo cuestionaban todo, que trocaban la vida en análisis y duda.

      La explicación de este nombre tan resonante está en el prólogo del libro, escrito con bastante acierto por Manuel del Pinar: “Scrap significa retirar lo que sobra, pero también es residuo, basura, sin valor o falto de interés. De ahí procede Escrápides…”
      Así se reconoce el poeta: “¿Ya ves? Así soy, Escrápides, el de las ilusiones…”

      Un monólogo interior que acaba siendo una andanada en pos del lector recorre el libro de principio a final y propicia dos formas de decir que confluyen, chocan y se complementan en el espacio del lenguaje: lo coloquial y un componente onírico que lo trastoca todo, nunca sabemos si Escrápides está despierto y le cerca la ensoñación de un mundo de laboratorios —adentro y afuera—, o si está dormido y ese sueño, adelanto de vida, es una premonición, un vacío que se llenará de sus invenciones cuando despierte: “Y que además buscar siempre será un experimento a ciegas, pues nunca sabremos si el barro está por dentro o por fuera de los ojos.”

      La abundancia convierte este libro de poemas en un libro de otras cosas; confesiones, temores, esperanzas, y la certeza de lo inevitable: “¿qué otra cosa hacemos sino bañarnos? Entrar al agua sin bautismo.”. En cada pequeño acto hay una enorme reflexión que sobrepasa el acto en sí, lo convierte en dilema, en cansancio y repetición, todo cabe en esos parámetros que solo funcionan para el hombre que decide que una tinaja / cisterna es lugar suficiente para vivir, pensar, amar lo amable y lo hermoso o detestar lo execrable, porque “Una tinaja no debe tener límites.”, es suficiente para emular a Diógenes sin nombrarle, para ser grande en lo común, que suele ser lo más difícil: “Hay un reguero de vísceras que ordeno hasta ridiculizarlas. Pero voy cometiendo crímenes atroces y las larvas me miran… / Hoy tomo este riñón y le lamo tiernamente las esquinas como si fuera el de mi madre. / Esta rodilla como si le doliera a mi madre. / Este corazón como el precioso corazón de mi madre. / Todos estamos bajo el sol, unos de frente y otros de espalda. Y así tenemos entonces, luz o sombra.”. El sol salva a Escrápides de su propio dolor durante un rato “Ah, cisterna, le doy mi piel al sol.”, y busca la compensación en su entrega al poema, a la familia, al recuerdo del país distante, de una memoria que acosa y erosiona el presente con sus posibilidades: “Está claro que aquello de tirar piedras al río es más complejo. No siempre hay río…”. Al menos no el río que recordamos como nuestro.

      No es viable leer “La cisterna de Escrápides”, sin contener en algún momento la risa o las lágrimas, una emotividad sofisticada, que se expande con cierta informalidad impertinente: “A mí me da igual que gane cualquier bando. De todos modos el jazmín seguirá moviéndose. / Al son de este airecillo.”, o se contrae hasta convertir la muerte y el amor en un espacio tan íntimo, tan personal que solo puede compartir con la cisterna: “Me apena saber cuán solo estoy”, o “…¿moriré sin amor?, aferrado a la más nítida de sus ilusiones, coño cisterna que me evacúas, dime si llegaré a mi fin sin lograr que alguien me quiera…”. El amor solo se asoma tímidamente, como un invitado ocasional, que está de paso y al que solo se mira, piensa y escribe de reojo.

      Los cambios de tono, el explayarse en una especie de catarsis de pensamiento accidentado colman los momentos álgidos de cada texto y del discurso general, crean continuidad y no dejan nada al azar. La mezcla entre lo urbano / cosmopolita, presente e inevitable, y lo rural / familiar lejano y añorado, expone un mapa del hombre prisionero, a menudo resignado a un esquema de vida que no eligió y que solo le deja la opción de crear una cisterna psíquica y espiritual, filosófica, que encuentra sitios diversos para hacerse tangible, que puede ser cuestionada o amada, invocada incluso en momentos de agotamiento de mundo, de rutina, y humanizada en extremo: “O que mi lengua se aligere y sabiendo mejor huya fuera de la boca a paladear el clítoris enmohecido de esta tinaja. Cualquier cosa, puede que de cualquier cosa salga el verso.”

      Lo coloquial plantea la vitalidad como impronta o prueba de existencia, ante la duda legitima de si esto es real; lo que ocurre, la vida, la muerte, el trabajo, el frío, o “…una mujer abrazada a su intimidad de espina.”, salen de la nada versos en un tono conversacional que sirven para hacer creíble el resto, sin apartarse de un lirismo comedido, que por momentos se exacerba: “El río en cambio / tira por aquí su resquemor, le jode no tener playas, solo bordes, esquinas…”, “Que soy un tipo que vino a que le respeten. Por cualquier cosa…”, “Tengo gripe. / La tengo y huyo de ella como si esta vez no me perteneciera.”

      Las obsesiones, la sangre y el agua, por separado o en esa composición homogénea y redundante nos permiten discernir un mundo que ni siquiera los cercanos adivinan en el interior del hombre de ciencia, que no deja al poeta ni se resigna a la rutina: “Un escasísimo prontuario de rutinas. / Y las rutinas solo escamotean el amplio diapasón de mi naturaleza… / Hay posibilidades que ni siquiera puedo imaginar…/”. No se resigna a la asepsia donde se ve obligado a diseccionar y analizar partes del cuerpo de otros seres humanos y donde respirar o recibir un poco de sol sobre la piel casi se podrían tener por un absurdo, donde escribir un poema se pospone a toda otra necesidad intelectual, social o fisiológica. La lucha por sobrevivir a todo, a lo cotidiano necesario, a la competencia de los otros, lo convierten en presa: “Miedo a la vida. / Miedo a cómo es la vida. / El ojo del leopardo. / Cervatillos, pequeños puercos, una mona alimentando a su hijo, todos muertos de un zarpazo…/ Lo que asusta es el método ladino, la danza alrededor de la presa…/ Lo desarmados que andamos. / Colmillos que nos espían la nuca. / La vida entera pendiendo de un apetito ajeno.”. Pero la opresión y el encierro no son del todo gratificantes y el poeta necesita interactuar, correr el riesgo de vivir la vida que tiene, simplemente: “…una oscuridad que es solo por fuera del cuerpo me rodea, inunda la almohada que persiste blanca… / Las paredes en esta habitación / son amigables, / de esas que no llevan ornamentación; las cubro de miradas, de manos mías buscando la luz que no existe.”

      El agua, la sangre, las vísceras, las larvas, el unicornio, el sombrero, el sol, ese miedo interior a lo que escapa sin ser parte de lo que se sabe, se posee, se saborea, forman un círculo de diversos leitmotiv que acaban cediendo ante la avalancha de palabras y significados, ante la emotividad de versos que no exhiben rebuscamientos ni excesos metafóricos, sino que se instalan en una sencillez verbal correcta y suave.

      En general “La cisterna de Escrápides” es un libro maduro y disfrutable, al que le habría venido bien un concienzudo trabajo de corrección y edición, que permitiera sin ambigüedad tener claro donde comienza y termina cada texto, visto que la mayor parte de los poemas carecen de título. Aunque Ismael Valdivia se sienta “sujeto a evaluaciones”, un buen libro merece el cuidado de ojos y manos hábiles, amigas, que le consientan el bien de las comas justas, como un aguacero de arándanos.

      Recomendar la lectura de un libro de poemas, en estos tiempos donde todos somos críticos y no se lee con el deseo primordial de disfrutar, sino para poder mostrar cuánto sabemos, puede parecer temerario. No obstante, encuentro en lo escrito un acto de afectuoso valor y en el gesto de enviármelo como lectora y amiga otro de hermosa cortesía de parte del poeta, así que recomiendo mucho la lectura de “La cisterna de Escrápides”, un texto donde intensidad y veracidad se vuelven emoción.

    Santa Cruz de Tenerife
    Febrero 2016






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    Alejandro Velásquez León

    Alejandro Velásquez León. Santa Rosa de Cabal, Colombia, 1985. Licenciado en Español y Literatura. Ha sido merecedor a diferentes reconocimientos en crónica, poesía y cuento. Con su primer libro “Orilla”, próximo a publicarse, recibió el segundo puesto en el VI Premio Nacional de Poesía Obra Inédita. Actualmente trabaja como docente.


    MARIPOSAS

    Nacen de todo, 
    por esa necesidad 
    que le impide a la vida 
    quedarse quieta; 
    Y en ese ir y venir 
    por las cosas, 
    mueven los colores en el aire 
    sin hacer ruido. 


    ESPEJISMOS

    Para Andrea

    Me cansé de buscarme 
    en las huellas 
    que no ha escrito la tierra, 
    en el olor de la noche, 
    en el sonido del cielo. 
    Me cansé de cargar. 



    ÁMBAR

    El sol se espesa entre los árboles 
    y se mueve a través de ellos 
    como un gusano de luz. 
    Antes de ser piedra 
    reconoce las formas del color y el tacto, 
    transformando la madera 
    en un vómito dulce. 
    Y atento a cada movimiento del espacio 
    absorbe los lentos aleteos del insecto 
    para dejarlos quietos, 
    como un ojo que parpadea 
    antes de morir. 





    Estos poemas pertenecen al libro “Orilla”,  segundo puesto del VI Premio Nacional Obra Inédita 2016.


    Orilla

    Allí termina el mundo…
    y lo que empieza,
    carece de tendencias y definiciones.

    Es más bien
    un paisaje de nubes
    como un guadual bajo la lluvia
    como un pájaro redondo,
    como un tapir.

    Y en el fondo
    un azul que no puede irse,
    una prisión que ya no huye,
    un darle la espalda a todo.

    Allí termina el mundo…
    lo que sigue,
    basta nombrarlo para que exista.


    Jaula

    Los pájaros
    a través de las ventanas,
    nunca se detienen
    a contemplar al hombre
    que los mira
    detrás de los cristales.


    Golondrina en vuelo

    Una mancha oscura
    que se esparce
    en el fondo del cielo
    sin dejar huella.

    Un agujero móvil
    que le hicieran
    a la mañana
    para encontrar en ella
    otra vez la noche.

    Una ligera sombra
    que la luz nunca pudo domar
    y ahora,
    de día en día…
    se esconde en el aire,
    como un pájaro.


    Abismos

    Las sombras se abren desde las cosas
    como vacíos sin fondo
    que la luz nunca puede tocar,
    por eso,
    cuando es mediodía
    todos nos sostenemos
    sobre nuestro propio abismo.



    El amanuense

    Cansado de la tinta
    y los papeles
    que desaparecen tras los años…
    unió el índice, el pulgar y el corazón
    de su mano derecha
    y ensayó sus primeras palabras
    en el aire.




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    MARTA JAZMÍN GARCÍA NIEVES

    Marta Jazmín García Nieves (1983, Puerto Rico). Es egresada de la Universidad de Puerto Rico en Mayagüez, donde completó un grado de Maestría en Estudios Hispánicos. Se ha desempeñado como redactora de textos académicos y periodísticos. Ha sido la organizadora de simposios de literatura y eventos culturales así como también, ha colaborado con revistas académicas en las facetas de crítica de arte y creación.  Desde agosto 2012, es profesora del Departamento de Español de la Universidad de Puerto Rico en Ponce. En 2014, su primer libro, Luz fugitiva, recibió la primera mención en el certamen de poesía joven El farolito azul, organizado por la editorial Callejón y la librería La Tertulia. En su blog Realistas realengos, publica poemas y reseñas de literatura: https://martajazmin.wordpress.com/

    El lenguaje tiene un registro rumoroso en la poesía de Marta Jazmín García Nieves (Puerto Rico, 1983). Rumor de voces que se multiplica como conversaciones luminosas con sus recuerdos. Busca en los senderos de las palabras el rostro del fuego, la sombra de una semilla, la piel del viento, la voz de su mirada.

    Desde su escritura intimista en la que reúne una filosofía del lenguaje, crea una poética de la vida. Así responde a sus ecos desde diferentes orillas siendo centinela de sí misma hasta encontrar en el lenguaje sus propios ojos; entonces se devela: ¨El lenguaje siempre ha sido eso:/una procesión de animales peligrosos/que no nos atrevemos/morder.¨; y en otro momento: ¨y otra vez bajo esta sombra/los ojos se entreabren como labios/en medio de todas las palabras.¨ Su poesía deja a las palabras el tiempo y lo transita, reúne filamentos de todos sus vuelos para habitarse.

    Los poemas aquí seleccionados forman parte de su primer libro, Luz fugitiva, que recibió la primera mención en el certamen de poesía joven El farolito azul, organizado por la editorial Callejón y la librería La Tertulia.

    Nota y selección por Jorge Valbuena



    Digo la sombra.

    Me vuelvo sílaba de lo innombrable.
    Pero, tú llamas.
    Y así,
    Fuego y palabra
    se enroscan de luz
    en una misma serpiente.


    En esta piel arrugada

    del papel en mis manos
    transpiran líneas temblorosas,
    los gemidos ilegibles
    de un animal enjaulado.
    Mis dedos
    como agujas
    demarcan su tiempo
    en la sombra,
    ahuyentan en manadas
    mis palabras.

    Intento traducir por fin
    mi voz
    en esa fiera.
    Sacudir mi instinto
    en su equilibrio,
    irme con ella a tientas
    por encima de la poesía
    que no escribo,
    -la poesía que sospecho-
    antes de cerrar
    la mentira encarnada
    en esta peligrosa caricia
    y que otra vez
    me devore en su blancura
    el silencio.


    Sapiencias 

    Cuando estás dentro de mí
    No sé si naces
    o llegas del pasado.
    No sé si el deseo se hunde
    o deviene externo.
    No sé si dentro de mí existe
    lo que buscas.
    No sé si una cáscara.
    No sé si el amor.
    Sé que mi vida tendida
    debajo de tu lámpara
    es lo mismo que un tabernáculo
    de soledades y concurrencias
    que se corresponden
    como un abrir y cerrar de luces
    cuando los ojos no existen
    y yo puedo verte.


    Engendro

    Me he refugiado en el vientre
    de una paloma gris solitaria.
    He desistido de mi humanidad
    por descansar en sus vísceras inermes.
    Presiento cómo la circunferencia de su aviario
    más temido me engendra
    Pero tu ausencia
    siempre es más voluptuosa
    que todas mis deformidades.


    No sé otra forma de decir

    antídoto
    vuelo
    valentía.

    Me sale pronunciar
    culebra
    araña viuda
    pájaro muerto
    vacío.

    Sé muy bien que la realidad sucede
    primero que sus nombres.
    y que antes de la formación del mundo
    ya habitaban los miedos
    en la boca.
    así en su forma real
    de letras no concebidas.
    en sus cuerpos sin inventar
    fríos
    estampados
    peludos
    cóncavos
    gravitantes.

    El lenguaje siempre ha sido eso:
    una procesión de animales peligrosos
    que no nos atrevemos
    morder.


    La extranjera

    Yo vengo de ya no encontrarte.
    Solo tengo que ver contigo
    ausente, en esta ciudadanía coagulada
    del mundo que me transpira.

    Si todos hubieran conocido
    tus lúgubres signos
    superpuestos en mi mapa
    como dúctiles atlántidas,
    tal vez por fin entenderían
    ese extraño acento
    del silencio en mis labios
    herméticos y con tus besos muertos
    adentro.


    Conversación entre antípodas

    Si miro el sol
    enciendo la ironía
    de la noche.
    Si lluevo
    desde mi llanto prematuro
    irrumpo
    en parajes asolados
    y yermos.


    Arder también es mojarse.

    Y apagar la luz
    de mis contornos
    tiene la forma
    de una mano tibia
    que desciende
    sobre la madrugada
    de otro cuerpo.



    Yo era la noche
    antes de existir
    tendida en este lado del mundo,
     embadurnada en este color blanco
    de ninguna nostalgia.



    Equinoccio

    Ofrendé mi cuerpo y mi espíritu
    por tu paisaje de ensoñación vagabunda.

    Luego descubrí
                       [a destiempo]
    que eran semillas
    lo que manaba de mí
    sobre la palma
    de tu nada abierta.

     Ahora soy yo quien mendiga
    que me devuelvas
    la extensión estival de mi leyenda
    perdida contigo
    y tu conspiración con el invierno.


    Doppelgänger

    Llegada la noche
    tengo miedo de esa niña
    que blande su inocencia
    por las orillas de mi cama.

    Me escondo de sus manos
    insidiosas pintando escarabajos
    por las paredes,
    anunciando los renglones
    de algún peligro inédito.

    Y su desastre silencioso
    que siempre deja esa estela
    de alfabetos humedecidos.
    Y la estatua de sal
    en la frontera
    de mi cruel nacimiento
    y todas sus tiernas
    orfandades.

    Llegan los días
    y la sombra
    de esa niña
    alargada frente a mí
    en el suelo
    es lo único que conozco
    de grandeza.


    El presagio de la inercia

    Mi voluntad tiene la forma de un pájaro
    muerto, abierto y quieto en el aire.
    Presiento cómo extiende
    compasivo
    su escondite de plumas cenizas
    debajo del sol
    y encima de mi libertad.

    Sobre este camino desnudo
    también hace frío de los simulacros celestes
    que sobrevuelan la Tierra.

    Ya una vez creí escuchar
    las campanadas de mil parpadeos
    anunciando una visión de mí
    abandonada en los desagües del desierto.

    y otra vez bajo esta sombra
    los ojos se entreabren como labios
    en medio de todas las palabras.


    Raíces y remembranzas

    Tuve que detenerme
    sobre este día
    como un árbol
    maldito a reencarnar
    enterrado en el mismo suelo
    donde germinan las ruinas.



    La mañana despierta
    sobre la piel de mi gato.
    Líneas de luz
    en la ventana
    filosas y horizontales
    de tiempo
     le van desollando
    tiernamente
    su silencio altivo.

    Morir así
    también es el gesto de supervivencia
    (entre)cortado y caliente
    que acaricio.


    DESANDAR EL CAMINO
    a toda prisa.
    Dejar atrás el tiempo
    Ritualizar su genocidio
    entre agujas.
    Respirar la nada
    con ansias.
    Engullirla.
    Palpitar pulmones
    de palabras proscritas
    y viento triturado.
    Ennoblecer el miedo
    y su cofradía de lobos
    recortando de sombras
    el camino.
    Acurrucar el dolor
    de las rodillas.
    Dormirse al movimiento
    dislocado de caderas.
    Avanzar hacia la vejez
    y abandonar frente al umbral
    de cualquier ausencia
    el mejor recuerdo
    nunca concebido.
    Traducir el sudor
    y el cansancio
    al idioma que jadean las luces
    ahorcadas en los postes.
    Mirar hacia atrás
    como un presente
    pronosticado
    Sospechar la vida.
    Inmortalizar la atmósfera
    de ningún momento.
    Practicar simulacros de carne.
    Salir siempre a correr.
    Escapar.
    Como nunca.


    REFUGIOS DE LA INTUICIÓN

    A veces una angustia muere por sí sola,
    inconscientemente absorbida por la inexorabilidad del tiempo,
    que no respeta profundidades.
    -Julia de Burgos


    Esta casa tiene lentas las puertas.
    Y poco a poco también se
    terminan las ventanas.
    Asoma la blancura hermética
    Los refugios de la intuición.
    Los mismos animales
    solitarios.
    ¿Será que olvidar es una especie extinta de la
    velocidad?





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    MIGUEL ALEJANDRO VALERIO 

    Miguel Alejandro Valerio (República Dominicana, 1985) es n jóven autor dominicano que ha cursado Filosofía en la St. John’s University, NY, y estudios literarios en español en la misma institución. Ahora está cursando estudios culturales y literarios latinoamericanos en The Ohio State University. Piensa escribir su tesis sobre la vanguardia poética en República Dominicana. 

    Su primer poemario, Los presentes de la muerte, fue galardonado con el Premio Interuniversitario de Poesía de la editorial Paroxismo en 2012. Su segundo poemario, La noche de Ohio, fue editado por la misma editorial en 2015. También es académico y actualmente trabaja una tesis sobre la participación negra en los festivales de la América colonial, particularmente en México y Brasil.  


    Autorretrato a los 31

    Monotonía de lluvia tras los cristales. 
    Antonio Machado


    Miedo… a qué le tengo miedo?
    Me pregunto sin arrogancia
    ni intención de ofender a los dioses
    en estos días de interminable lluvia.
    He tenido tan poco…
    He perdido tanto…
    Supongo que le tengo miedo
    a la policía y al desahucio.
    Pero desde nuestra comodidad
    esas son cosas que les suceden
    a personajes periodísticos.
    Y supongo que como todos
    le tengo miedo a la muerte.
    Pero a pesar de su silencio milenario,
    la conozco tan bien…
    (En Roma nos hicimos aún más íntimos
    una noche de inclemencia.)
    Miedo…¿a qué le tengo miedo?
    Sé que no se vuelve.
    Y si le tengo miedo a algo
    quizá sea a no llegar. 
    No llegar a tiempo a tu lecho.
    Tener que vivir con tu recuerdo
    sin jamás llegar a conocerte.
    Llegar al fin del camino
    sin haber sembrado una buena semilla.
    Sí, tengo miedo, como Neruda,
    de morirme sin haber labrado una mesa.



    Aeropuertos

    donde es Ulises
    el que espera


    Hijos de Sísifo

    qué dios hemos ofendido
    para correr la misma suerte
    que Sísifo


    Madre

    Diría –como Poe–
    que no hay palabra
    más dulce. Pero
    siempre se la he
    dicho –petrificado–
    a una extraña.

      
    A Alba

    La vida es extrañar.
    ALBA

    Alba, la vida será extrañarte.
    En un instante la ola que te trajo
    ya te aleja. Que el viento favorezca
    la nave en que viajas y que todos
    los puertos te reciban con brazos
    abiertos. Dejas una huella
    en nuestro corazón que ninguna
    marea borra. Aquí quedamos
    a la espera de nuestra próxima
    embarcación. En cada puerto
    preguntaremos por ti.



    Telémaco

    Me voici, mon père; votre fils est prêt à mourir pour
    apaiser les dieux; n’attirez pas sur vous leur colère.
    Fénelon

    Canto 1

    A quién buscas, Telémaco
    en el agua estrellada

    Por qué abandonaste
    el encargo paterno

    Por qué dejaste a Ítaca
    en busca de nadie


    Canto 2

    Heme aquí, padre
    dispuesto a aplacar a los dioses

    No temas como Abrahám
    No esperes otro cordero

    Clava tu puñal en mi garganta
    con la caricia paterna que nunca recibí

    Descuartízame y tírame al vacío
    que ya soy espectro sin tu cuerpo

      
    Canto 3

    Ya no caerá sobre ti la ira
    que aún no he sentido

    Ya puedes atravesar
    el Aqueronte en paz

    He aquí la moneda
    Abre la boca





    Interuniversitario de Poesía de Editorial Paroxismo.  Con el libro Los presentes de la muerte.

    “Ya desde el título, tan rico como sugerente, que presenta la muerte, cualquier muerte, como un don y, a la vez, como una actualización de la experiencia fundadora de la angustia existencial, este libro trata de una vida siempre íntima y a veces recóndita, agazapada en el pasado. Un yo encarnado bucea en las aguas turbias de la infancia en busca de los dones de la muerte y las existencias que, entrelazadas, derraman una música en sordina, para emerger en un presente marcado por el tiempo que huye: “nunca regresa al espejo el mismo hombre”,afirma Valerio, reescribiendo la célebre sentencia de Heráclito, para después detenerse en esos “rostros que jamás volveremos a ver”.

    La muerte, en efecto, es un don y una presencia; la presencia y la dádiva misma de la vida. La muerte es una serie de tiempos implacables y presentes, porque “el que muere no es el muerto, sino el que le sobrevive” (Jaime Sáenz). La muerte de seres queridos, la muerte de la inocencia, la muerte de Dios. Con elegante contención y lucidez, la escritura de Valerio se hace errancia por “las mil y una noches sin

    electricidad de [la] niñez”, en busca de alguna luz que no sea la de la muerte. Un viaje paralelo al de la vida, sin otra posesión que la memoria –“el verdadero equipaje”–. Una escritura que, en ciertos poemas, se hace lúdica, recordándonos que toda escritura es solo un juego ante la muerte. Un juego que, en un perpetuo hacerse y deshacerse, no puede tener fin, pues la muerte acecha, los brazos llenos de presentes. Porque –como escribe el poeta de forma admirable– “la niñez es un juego / dejado a medias / para siempre” y “también la vida / padre Shakespeare / es un país del cual no se vuelve”.

    Libro terriblemente unitario, de una coherencia sobrecogedora, despojado de titubeos juveniles y de modas, Los presentes de la muerte nos ofrece el don y la presencia de una voz madura, medida y próxima, no pocas veces emocionante.

    Reseña preparada por Guillermo Ruiz Plaza
    Poeta y cuentista boliviano


    María estaba cansada
    de estar cansada
    de morir sin muerte
    y una noche de año viejo
    al alborear
    se fue al monte
    a buscar un nido
    donde dormir
    el sueño profundo
    del olvido.


    *


    Esta mañana la muerte
    vino por ti
    ¿Quién la mandó?
    ¿Tu Dios misericordioso?

    No hay cliché o verso
    que consuele
    cuando la muerte
    llama a la puerta equivocada
    a las tres de la madrugada


    La extraña muerte de Miguel Alejandro Valerio, escrita por él mismo

    El 11 de marzo de 2014 fue un día extraordinariamente veraniego en Columbus. A las tres de la tarde se registró una temperatura de sesenta grados Fahrenheit. Ese día Miguel salió a hacer su primera sección de jogging de la temporada. Se puso tenis y salió a ver si el tiempo requería cazadora. Se dio cuenta que no. Volvió a ponerle llave a la puerta y salió definitivamente. Caminó el corto tramo entre su apartamento y el sendero donde haría jogging. Al llegar al sendero encontró dos asiáticas tomándose una foto en el puente que cruza el Olentanyi en ese punto. Comenzó a hacer jogging corriendo lentamente. Corrió treinta segundos y después comenzó a caminar enérgicamente. Se justificó este cambio de ritmo con la excusa de que no quería alcanzarle al tipo que iba delante de él. 

    Siguió caminando enérgicamente detrás de ese tipo y la tipa que iba delante de él. Cruzó otro puente que cruza el Olentanyi y pasó por debajo del puente Dodridge. Volvió a hacer jogging cuando se hizo distancia entre él y aquellos que iban delante de él. Esta sección duró mucho menos que la primera. Pasó un gordo con la música a todo dar en los audífonos. Vio una chica muy guapa que venía corriendo en la dirección contraria y pensó proponerle que se acostara con él si él mantenía su ritmo. Se imaginó un diálogo entre él y ella. “Di que sí sólo para tener una razón para correr.” “¿Y qué me darás si no mantienes mi ritmo?” “Cien dólares.” Siguió caminando sin hacer nada. Pasaron tres chicas en patines. Iba pensando que la propuesta no estaba bien articulada, porque acostarse no implicaba tener sexo, y si la tipa era lista, podía interpretarlo a su favor. Pero se imaginó que al llegar al apartamento con la chica, en vez de bañarse, se entrelazarían apasionadamente, bañados en sudor. El tipo que iba delante de él dobló. Miguel apresuró el paso y fue alcanzándole a la chica que iba de delante de él. Se dio cuenta de que no era tan gorda como se le figuraba a distancia.

    Iba en el teléfono. Al parecer hablaba con su compañera de cuarto. Miguel se echó a la izquierda para rebasarle pero tuvo que detenerse a amarrarse los cordones del tenis derecho que se habían desatados. Después le rebasó corriendo. Corrió el último tramo del sendero que haría ese día. Corrió debajo del puente de Lane. Subió los escalones del puente corriendo. Pensó en Rocky Balboa y en aquella vez que vio su estatua a los pies de los escalones del Museo de Arte de Philadelphia una cálida mañana dominical de marzo. 

    Cruzó la calle Lane corriendo. Pasaron algunos coches. Al volver al sendero, se encontró con la que no era tan gorda, que ya no venía en el teléfono. Ella tomó la calle Lane hacia la calle High. Había terminado su sección. En la distancia divisaba la chica de la propuesta. Pasó una chica medio gorda en patines. Pasaron otras chicas en las que pensó hacerle la misma propuesta. Pasaron algunas parejas. Pasaron algunos gordos en bicicletas. Cuando ya estaba llegando donde dejaría el sendero para volver al apartamento, se encontró con tres chicos neonazis. Éstos procedieron a darle una paliza. Cuando estuvo inconsciente lo tiraron en el Olentanyi, donde se lo comieron los patos.                        





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    Teresa Campos del Castillo

    Nacida en Managua, Nicaragua, tiene una maestría en Educación. Ha sido maestra de primaria y secundaria. Ha dado clases de español como segunda lengua en el Centro de Entrenamiento para los oficiales de policía de Miami, y clases de español médico a través de la Universidad de Miami y del Miami Dade College. Ha publicado en La Prensa Literaria y en la revista 400 elefantes. Actualmente reside en Estados Unidos.

    Teresa Campos del Castillo nació casada, como muchas mujeres de su generación. Quizá nunca advirtió que en medio de sus laboras de estudiante (completó la carrera de psicología), esposa, madre … llevaba un volcán de creatividad adentro.

    Su primer trabajo literario publicado fue Canción de cuna con música del Big-Bang (Prensa Literaria ), poema en prosa (con formato inspirado en los Proverbios). En un tiempo relativamente breve ha publicado poemas, cuentos, prosemas y relacortos, sin estar demasiado consciente de las divisiones de géneros y escuelas (en ella todo es de origen natural, como las plantas).

    Fundamentalmente, Teresa es una escritora social, pero a diferencia de otros escritores anteriores a su generación (no hay claridad todavía en cuanto a qué generación pertenece), en ella el ámbito social y el ámbito individual no están divididos literariamente. Ella misma, en sus trabajos más íntimos, es un reflejo consciente del mundo que la rodea, y ese mundo es, de igual forma, reflejo de ella misma (Teresa es todas y cada una de esas mujeres Mayas que esperan en fila en Palmetto Bay).

    También sorprende la naturalidad con que pasa del realismo histórico (Premonición) al más inquietante surrealismo (Jugo de remolachas).

    Teresa pertenece a la generación de jóvenes que abandonó Nicaragua a mitad de la década de 1980. Es una de esas personas (y en esto me identifico plenamente con ella) que nunca debió de abandonar la patria. En sus trabajos literarios percibimos que nunca la abandonó realmente y la lleva con ella a todas partes. Nicaragua da color, olor y sabor a todos sus poemas y cuentos, hasta el punto en que ella misma se convierte (a través de las palabras) en esos colores, olores y sabores.

    Lo que más sorprende de Teresa Campos del Castillo es cómo, en la asombrosa variedad de su obra (breve todavía), hay tanta unidad. Es un alma que se proyecta en el mundo y que lleva ese mundo en su propio corazón. (Franklin Caldera)




    Dolor cuántico

    Hoy me di a la tarea de escudriñar tus palabras e ir tras ellas como un acosador tras su víctima. Me acerqué a ellas con cuidado, con amor y las vi allí, pastando significados en la blancura; estaban un poco llorosas, diría yo. Guardé silencio en su presencia y pasté en el blanco con ellas. Estaban todas agrupadas en una estructura como de poema. Me codeé con todas y me mostraron un viejo dolor tuyo, el que guardas en la cajita morada que te regalé. Un dolor casi cuántico, de momentos que se quedaron en onda y se perdieron en el espacio de las probabilidades.¡Cuánto te dolió dejarla ir! Guardé silencio entre las palabras y pensé en la maravilla de las percepciones del observador. Para ti, los momentos que se perdieron en el deseo constituyen un duelo de algo que no fue; ondas que se quedaron en el paquete. Para mí, tu duelo tiene la presencia y el peso atómico de una partícula dolorosa en mi alma.



    Juego de remolachas

    Se asomó al acantilado y se vió derramada en las rocas; reducida a basura.  Pudo haberse resignado. Pero allí estaba, quebrada, en el fondo de una tarde gris y fría. Una marioneta  huérfana de cuerdas. Muñeca con los brazos y la cabeza arrancada. Siempre luchando por su compostura, que nadie le viera los miembros desgajados. Pudo haber vivido sin esa maldita verguenza. ¡Qué pequeña se veía desde arriba! Le gustó la imagen; hacía una buena foto. Se alegró por la ausencia de la mano omniciente moviendo los hilos. Pudo haberse buscado. Los hilos inertes en la roca. Malditos hilos. Nunca encontró tijera adecuada. La sangre, lo único fresco que le quedaba, había dejado un rastro de pringas pequeñas y grandes como lunares en una foto de Yayoi Kusama. Ya al fondo, había huído de sus venas, quizás buscando la libertad  del mar. Si sólo el miedo no la hubiese poseído. Sonrió complacida. Años sufridos despeñados finalmente en las piedras. ¡Qué frágil parecía sin el peso del mundo en sus hombros! Pudo haberse reído de todos. Sintió en su rostro el viento helado del otoño entrando desde el mar. Leyó el rótulo que prohibía el paso. Su pie derecho en el vacío, el vuelco en el estómago. El grito de la muerte fresco en su boca. Lejana escuchó la voz de su madre preguntándole, –“¿Para qué quieres estas remolachas?”. –Me haré un jugo de remolachas cuando regrese de caminar, son buenas para limpiar la sangre”– le respondió Mariana.



    La vida

    La vida tiene nalgas rosadas y torneadas A veces se baja su pantaleta malva y nos las muestra juguetona, descarada, para robarnos una carcajada y hacernos creer que es un perrito faldero. porque la vida tiene un colmillo largo y afilado que a veces clava despiadada hasta arrancarle alaridos a la carne y tiene un ojo saltón, venoso y matrero con una córnea que es un péndulo de posibilidades como las que oscilan en la mirilla helada de un rifle de asalto AR15



    La madre de Raquel

    La madre de Raquel es linda, sexy y triste. Su mirada es nido de penas, como serpientes que enroscan sus cuerpos helados y devoran el aire, asfixiándolo todo, en deseo de cópula. Me la encuentro en la esquina de la 79 calle con la 2da. avenida, allí donde empieza la línea de las casas descascaradas; a cuatro cuadras de la escuela primaria donde trabajo. Lleva una blusa de encajes, verde y una falda corta amarillo limón. Parece una palmera más de las que embellecen la avenida. La saludo desde el carro. Me saluda con su mano; los dedos expresivos, danzantes, como mariposa que vuela entre acacias y suelta una sonrisa como una tajada de sandía, fresca y dulce. Yo bajo la ventanilla del carro y la saludo. Hoy la madre de Raquel no se refugia detrás de sus gafas negras.  Me pregunta desde la acera que cómo va Raquel; cómo se porta en clase. Ya ha empezado a caminar hacia mi carro y le doy el reporte: Raquel es una buena niña, excelente alumna, es disciplinada, respetuosa, atenta, inteligente. Todo va bien con Raquel. Me dice que Raquel me quiere mucho y le dice siempre que soy su maestra preferida. Me pregunta ahora qué nota sacó en el reporte sobre César Chávez. Empiezo a responder pero un estruendoso reguetón engulle lo que digo. La música viene de un carro rojo que tiene la pintura descascarada, igual que las casas del vecindario. Es un Lincoln del 81 que se ha detenido en la esquina. La madre de Raquel me hace con una señal, que me espere. Camina hacia la ventanilla del otro carro. Está conversando con el hombre que está al volante. Su mano izquierda en el brazo del hombre cuyo rostro no alcanzo a ver mientras que con su mano derecha juega con su pequeñísimo bolso de mano como niña jugando con un bolero. Se separa de la ventanilla y le da la vuelta al carro para dirigirse hacia el asiento delantero del Lincoln rojo del 81. Abre la puerta. De nuevo, su mano, mariposa batiendo sus alas entre las acacias. La próxima semana celebraremos en la escuela el “Día de las profesiones y ocupaciones”. Raquel, una vez más, compartirá con sus compañeritos de clase que ella no sabe cuál es la ocupación de su madre pero que de lo que sí está segura es que trabaja mucho para que ella pueda un día ir a la universidad y pueda vivir en el vecindario de las casas pintadas.



    Oda a la cajeta de Zapoyol

    Exquisitez amarga; tesoro acre de la obsidiana vegetal, ébano almendrado y lustroso que el zapote (pouteria sapota), resguarda dentro de su sedoso vientre rojo. Creatividad culinaria de pacientes fogones antiguos. Delicadeza dulzona, producto de la tierra alfarera que esmalta con su color moreno la piel del zapote y la de las artesanas que amasan el manjar. Sincretismo de sabores. Memoria del paladar mestizo de mi país. Cajeta cuentista, rica en leyendas de suelos volcánicos, lluvias torrenciales y guardabarrancos. Cronista de historias de colonización, injusticias y resistencia indígena. Sabor de niñez, fiestas patronales y cantos de purísimas. Infaltable sorpresa del “Motete”. Tesoro gastronómico nacional. Corazón (yotl) payaste de Nicaragua. Huella dulce de mis huellas.



    Palmetto Bay

    (A las mujeres inmigrantes centroamericanas, con amor)

    Una fila triste de mujeres tostadas por soles mayas avanza con tímida rapidez por el exclusivo barrio de Palmetto Bay. Los malinches de la calle reconocen a las mujeres morenas, escuchan el silencio en sus pasos y se apresuran a tenderles alfombra roja. Las mujeres mayas hechas de fibras de ceiba cargan sobre los arcos fuertes de las espaldas las economías de sus países y se apuran a asistir cada mañana al milagro diario de la multiplicación de sus penas.



    Visi

    Tan fría, ella tan cálida con la humildad de un pajarito aprendiendo a volar Tan inerte, ella tan expresiva Es un montoncito de palabras calladas o de piedras como abandonadas por un niño Tan expuesta, ella tan privada Pero el cáncer es impúdico Y devora miradas Pidió más tiempo para ver crecer a sus nietos Ya todo es silencio Es ya nudo apretado.





    http://www.caratula.net/73-poemas/


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  • 10/16/16--23:37: OLIVEIRO SALAZAR [19.296]

  • OLIVEIRO SALAZAR

    Oliveiro Salazar Gutiérrez nació en Pereira, Colombia el 28 de febrero de 1940. Poeta. Publicó parte de sus poemas en revistas, periódicos y folletos de la región. Es hijo del escritor Lisímaco Salazar Ruiz, con quien escribió “Anotaciones para la historia de Pereira”, una crónica con la cual participaron y ganaron el segundo lugar en el concurso de historia abierto por la Sociedad de Amigos del Arte con motivo del centenario de la ciudad, en 1963. Estos poemas, atravesados por la angustia y el deseo de redención del hombre por el hombre, son apenas una muestra de su producción intelectual. Falleció en su ciudad, el 26 de octubre de 1987.


    Un poeta recobrado: Oliveiro Salazar


    Tema de sombra y espina

    1

    Pero ya somos hombres
    y la angustia regresa
    y el corazón se apresta a recibirla.
     

    2

    ¿Qué duele más al hombre,
    la rosa
    o la espina que habita
    su propio territorio?

     

    Elegía recordatoria

    (Añoranza de la abuela elemental)
    Para Héctor, mi hermano

    1.

    ¿Quién construyó la sombra?
    ¿Qué mano oculta
    la rodeó de silencios
    y la entregó a la noche?
     
    El viento,
    con su estación de gritos,
    no está en ella.
    La palabra no penetró
    en su inédita
    dimensión de ceniza.
     
    ¿Desde qué oscuro comienzo
    se gestó?
    ¿En qué remoto tiempo
    apareció en el aire?

    Venías de la sombra
    o quizás de ti misma.
    Te reconocías como un ala
    o acaso como una golondrina.
    Te circundaba el viento
    en una afirmación de colores.
    Poseías el aire
    o tal vez
    eras el aire mismo.
    Eras trino o vertiente
    de silencio absoluto.
    Las palabras llegaban hasta ti
    Como flechas de miel.
    Estabas frente al tiempo,
    amor, silencio o esperanza,
    el mismo espacio y el mismo tiempo
    se medían en eternidades.
     
    Hoy te recuerdo desde el fondo
    del corazón deshabitado,
    como a Dios con tu sonrisa,
    con tu sonrisa iluminada.
     


    Invocación a César Vallejo

    Tu voz americana y española
    -Perú crucificado de indio y coca-
    vuelve en mi corazón, latido y ola,
    a ser grito de América y de roca.
     
    Mestizo triste. Sombra triste y sola.
    Tierra angustiada. Grito a flor de boca.
    César de luz: presencia que se inmola
    y presencia otra vez que se desboca.
     Hombres así, nada más, de aire y de tierra.

    Visionario fugaz, hombre sin guerra,
    mi palabra será de luto y llanto.

    César Vallejo: indio que me esperas
    para izar estandartes y banderas
    entre los pabellones de tu canto.
     


    Mi voz limita al norte con tu sueño

    Mi voz limita al norte con tu sueño
    y tu estatura al sur con mi esperanza.
    Mi corazón te busca en las raíces,
    te averigua en el aire.

    Habitante del viento.
    Residente de calles y edificios
    que visten un ropaje de cemento,
    mi voz te reconoce en los cristales
    del río que se quiebra
    o en el neón iluminado de una esquina de semáforos insomnes.
    Te intuyo entre la sombra
    cansando las estrellas
    o –transparente- refugiada acaso
    a medianoche en la ciudad perdida.

    Existen en la forma en que te pienso,
    en la medida en que mi voz te inventa,
    en el espacio en que mi pensamiento
    te forja, te da vida y te proyecta.

     

    Chocó 57

    Mi padre
    subía hasta Dios
    por un silencio indestructible
    -¿quién destruye el silencio?-
    y regresaba
    cargado de palabras como frutos.
    En la noche
    -era noche permanente-
    se llenaba los labios de evangelios
    como un río de peces en subienda.
    Nombraba a Dios como se nombra el aire,
    como se dice árbol, sombra, amigo
    o simplemente amor, sin pronunciarlo.
     
    Mi padre comprendía el dolor de ser hombre.

    La angustia se alargaba
    como la calle árida de un pueblo
    que no tiene final ni ha comenzado.
    Un arcángel de luto sitiaba nuestra infancia
    y el odio como un hongo de Hiroshima
    nublaba nuestra frente,
    construyendo horizontes de ceniza.
     
    Ya no era el viento izando una cometa,
    no era el río de vidrio,
    quebrándose de burbujas de campana,
    ni eran las mariposas
    inventando colores en la tarde.
     
    Las mujeres sin tiempo y sin espacio
    para sentir amor y ser amadas;
    ni el amor mismo les pertenecía,
    ni la caricia, acaso ni los besos.
    El Ingará rodando hacia la noche
    y la noche rodando hacia los hombres.

    Mi padre
    subía hasta Dios
    por un silencio indestructible.

    https://www.traslacoladelarata.com/2016/01/17/un-poeta-recobrado-oliveiro-salazar/





    Una carta sobre la poesía


    Por iniciativa de algunas personas interesadas en ello, recientemente se dio a conocer un folleto con textos del casi desconocido poeta pereirano Oliveiro Salazar Gutiérrez, hijo del cronista Lisímaco Salazar. En TLCDLR se publicarán algunos de esos textos recuperados, entre ellos la siguiente carta dirigida al poeta quindiano Luis Carlos Flórez, en la cual le aclara su posición frente a los aires renovadores en la poesía. En días próximos se darán a conocer sus poemas.

     
    Pereira, mayo 19 de 1960

     
    Doctor
    LUIS CARLOS FLÓREZ
    Armenia

    Estimado Luis Carlos:

    He pensado, estudiado y sometido a análisis todo lo que tú me dijiste referente a la poesía, los fundamentos expuestos en la confirmación y defensa del arte clásico y, en especial, del romántico; y como quiera que considero haber llegado a algunas conclusiones que, si bien, no están en armonía con tu pensamiento, sí en cambio, las podemos considerar libremente, motivo por el cual te escribo esta carta.

    Comprendo bien el romanticismo, cuya génesis se remonta a tiempos lejanos, es decir, a cuando el hombre sintió el primer flechazo del amor, quizás en sus periodos primitivos en la existencia de la tierra, cuando contempló el atardecer exornado de crepúsculos o un amanecer –concreción de neblinas y opalinos– sintiendo brotar de su interior esa fuerza incomprendida, entonces y ahora, del amor arrollador y volcánico, porque allí en ese momento florecía todo su sentimiento subjetivo bajo la causalidad de fenómenos externos e internos: llama exógena, si hablamos de amor; elemento objetivo, la naturaleza vital de paisajes.

    Comprendo el romanticismo cuando se configuró como escuela en Francia y Alemania, y Victor Hugo y sus seguidores, Schiller y sus compañeros, le dieron supremacía al sentimiento sobre la razón. Fue ese un periodo para el arte y la literatura fecundo y anchuroso al mismo tiempo, profundo y significativo. No hay que olvidar que fue allí, precisamente en este periodo, en donde nació propiamente el arte social en el espíritu revolucionario del maestro Hugo, cuando en Los Miserables se rebeló contra la desigualdad y en un alegato, pletórico de poesía y de humana rebeldía, acusó a las clases privilegiadas y enseñó la miseria del hombre, material o físicamente doblegado por el imperio del feudalismo, herencia de la edad media. Personalmente estoy de acuerdo con todo eso

    ¿Pero todas las leyes que rigen el universo, no son realmente producto de la evolución continua? “Todo marcha, nada se detiene”, se ha dicho. ¿Podremos, los hombres, rebelarnos contra una ley universalmente comprobada y tratar de fomentar una excepción en el arte y en la literatura? ¿Podremos detener la circunferencia en la cual se mueven estos impulsos o fuerzas del espíritu, para contemplar meramente la parte que a nosotros nos conmueve y nos gusta? ¿Podremos detener el arte y convertirlo en un cuerpo estático, en defensa de nuestro ideal personal? Yo, a lo menos, creo que no. Nosotros somos simples accidentes en la tierra que la evolución se encargará de convertir, en un proceso de perfección, quizás en algo más elevado. Pero mientras pertenezcamos al plano que pertenecemos, tendremos que seguir paso a paso las leyes que nos rigen. No creo que el arte tenga que detenerse en una escuela, porque todo en la tierra es evolución: hasta el mismo tiempo y el espacio, son apenas conceptos de la evolución y del cambio. Hay que buscarle nuevos horizontes al arte y nuevas perspectivas al universo de la vida; hay que explorar lo inexplorado y descubrir lo que no ha sido descubierto. Y para ello necesitamos de la evolución. Si el hombre como primer elemento de la tierra muere, ¿por qué unas formas artísticas tienen que subsistir a través de la mutación histórica de este?

    Se me ocurre que si consideramos al arte con ese concepto conservador –en el sentido filosófico de la palabra– conque los románticos lo consideran, estaremos estructurando un nuevo sistema, o por qué no decirlo, una nueva religión, minada de todos los vicios, errores y resabios que toda religión conlleva de por sí. Estamos creándole un mito al arte. Estamos dogmatizando el arte. Si consideramos el romanticismo como única expresión artística, estamos configurando un ídolo indestructible, al igual de aquellos que se adoran en las catedrales católicas o budistas. Y, así como en la religión se necesita de una libertad absoluta para considerar todos los principios que al respecto se han expresado, para luego en nuestro interior crearnos una religión propia –fusión de todas las doctrinas, síntesis de todas las verdades encontradas–; así también en el arte tenemos que buscar en todas las escuelas, para reunir de todas en conjunto lo que en sí puede constituir nuestro ideal artístico. Y, así como ninguna religión puede considerarse a sí misma como la única portadora de la verdad, así igualmente, a ninguna escuela dentro del arte puede considerársele como la única y verdadera.

    Me imagino al arte como un árbol enclavado en una llanura, al cual los hombres pueden contemplar desde los más diferentes puntos o sitios. Ese árbol es el mismo que todos ven, sin embargo todos lo ven de distinta forma y por ello aparece distinto a todos. No es el árbol el que cambia, es el hombre el que lo mira desde distintas posiciones.

    Es por ello, por lo que tú y yo nunca estaremos de acuerdo en poesía, si la consideramos desde nuestros diferentes ángulos, es decir, desde nuestras escuelas. Sin embargo, ¿quién nos dice que no tenemos el mismo ideal y sentimos lo mismo contemplando ese árbol en la llanura de la vida? Gozamos igualmente de sus frutos y de sus flores.

    ¿Si tú y yo pensáramos de la misma manera y tuviéramos las mismas inclinaciones y gustos en el arte, de qué valdrían nuestras ideas? Si todos tuviéramos un mismo concepto político o religioso, no existirían las políticas ni las religiones porque sobrarían. Las ideas diversas, los pensamientos antagónicos, son los que han movido al hombre a emprender sus realizaciones espirituales. Buda no estaba de acuerdo con las prácticas religiosas que le antecedieron y por eso creó su propio sistema moral. Cristo no estaba de acuerdo con las religiones anteriores de su pueblo y por ello creó su cristianismo. Así, todo adelanto nace de la inconformidad del hombre por lo existente.

    Yo, personalmente, admiro algunos piedracielistas, aunque no a todos, ni todo lo que escriben. Y puede que sea en parte piedracielista y en parte romántico, como tú y algunos de mis amigos creen. Y estoy de acuerdo cuando tú rechazas todo lo que apenas sí es acertijo idiomático, exento de todo fondo, de toda idea. Tampoco considero que esta sea la escuela inmutable, eterna e inconmovible, porque como decía antes, todo muere al nacimiento de nuevas realizaciones del hombre. El hombre crea para luego destruir, crear y destruir continuamente son dos fuerzas que han movido, mueven y moverán eternamente la humanidad. El arte es un conjunto, el hombre es apenas parte de ese conjunto. Cuántos libros, clásicos o románticos, apenas representan un pasado perdido, inexistente frente a la realidad presente.

    Todos sabemos que las ideas existen, que están en la conciencia del universo, que el hombre solamente las busca y que algunas veces las encuentra, las encierra dentro del limitado espacio de sus facultades. Que no todos los senderos que nos conducen al país de las ideas son los mismos ni todos los que viajamos en su búsqueda tomamos la misma ruta. Spencer dice que todo proceso orgánico es un paso de lo homogéneo a lo heterogéneo, de allí que el proceso del arte a través de los tiempos haya sido de diversificación, en vez de ser de unificación.

    Soy admirador del romanticismo, pero de un romanticismo marginado ya por la evolución. Lo considero una forma anacrónica, inoperante en nuestra época. Es más: soy partidario del espíritu del romanticismo, que nunca morirá, porque él está hasta en los mismos crucigramas de los piedracielistas. Lo que desecho y he desechado siempre es la confusión que ha existido: creerse que el sentimiento es sentimentalismo, que el dolor se puede representar en la simbología física de las lágrimas y que el hombre se tiene que doblegar en actitud –para mí ridícula- para poder expresar el amor o la admiración a la mujer. Hay muchas maneras de ser romántico sin necesidad de recurrir al sentimentalismo: allí están los “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”, de Neruda, o “Tú y yo”, de Paul Geraldy; están tantos libros y poemas modernistas que son románticos sin ser sensibleros, que nos hablan del dolor y del sufrimiento, sin la especulación de las lágrimas.

    Es cuestión de métodos, no de principios. Nuestra diferencia en la concepción de la poesía no es mucha. En el fondo buscamos expresar lo mismo, pero en la aplicación del método confeccional diferimos. También hay que tener en cuenta que el temperamento de cada cual es diferente. No todos estamos dispuestos biológicamente para sentir de la misma manera y con la misma intensidad.

    ¡El espíritu propio del romanticismo no muere! Es inmutable mientras el universo lo sea. Mueren las formas externas. La manera como se representa. La forma como el hombre la concibe!

    Solo podemos llegar a una conclusión: que el arte es un laberinto y que la contradicción y lo antagónico que en él existe, son los motores que han movido su evolución a través de los siglos. Por eso, si tú consideras al romanticismo sentimental como única expresión del arte, o mejor de la poesía, síguelo hasta el final, que esa es la ruta que escogió tu espíritu para llegar al país de la belleza y si observas ese árbol frondoso enclavado en la llanura de la existencia, goza de todo lo que te ofrece, recordando que cada hombre es un universo, un universo diverso y que todos, siendo físicamente afines, somos tan contrarios espiritualmente. Sigue tu ideal romántico hasta el final, que nosotros, los que concebimos el arte de distinta forma, lo seguiremos también. Porque la idea tiene un valor individual inapreciable. Y el pensar por asociación o imitación lleva al hombre a ser servil de las ideas de los demás, adaptadas en su mente por coerción material o espiritual. La verdadera libertad es darnos una idea del mundo y de las cosas que nos rodean, de acuerdo a nuestro criterio personal y nuestro temperamento.

    Como quiera que tú me insinuabas que no siguiera el ejemplo de Lisímaco, encerrándome como Luis Carlos González en un Yo egoísta, y que hiciera conocer mis ideas, espero me recomiendes uno de tus amigos, para yo escribirle. Más tarde te enviaré algunos de los versos de varios amigos míos pertenecientes a tu escuela, que seguramente estarán de acuerdo con tu gusto y tu estética personal.

    Atentamente,

    Oliveiro Salazar


    http://www.traslacoladelarata.com/2016/01/15/una-carta-sobre-la-poesia/






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    Leonardo Gómez Jattin

    Colombia.

    Los poemas de Leonardo Gómez Jattin

        
    Uno al ver u oír los dos apellidos de Leonardo José Gómez Jattin, no puede menos que pensar en poesía y transportarse al fértil valle del Sinú, por sus meras resonancias, que son más que musicales.

    Por: Luis Carlos Ramírez

    Uno al ver u oír los dos apellidos de Leonardo José Gómez Jattin, no puede menos que pensar en poesía y transportarse al fértil valle del Sinú, por sus meras resonancias, que son más que musicales. Yo, particularmente, lo imaginé, de manera caprichosa, un probable hermano menor de ese otro poeta y rebelde, del enorme poeta: Raúl Gómez Jattin. Sin embargo esta fantasía es difícil de controvertir o afirmar con lo poco o nada que se tiene disponible de su biografía en la red más allá de sus estudios en la Academia Luis A. Calvo y en la Academia Superior de Artes de Bogotá. Bastante, sí, se puede rastrear de sus obras, que es lo que, finalmente, importa.

    Leonardo es músico, una de las tantas formas de ser poeta y su calidad compositiva la sustentan sus numerosas, polifacéticas e innovadoras composiciones desde el principio, desde sus trabajos en Tacumbalé, grupo del cual poco y casi nada se logra rastrear en internet y en Guafa trío, ambos iniciados en 1998, donde ya se encuentra la belleza innovadora de sus arreglos e interpretaciones que recientemente me han sorprendido en composiciones como el pasaje llanero Como no voy a quererte. Con Alé Kumá, cuyo disco Cantaoras es ya una leyenda, empezó a trabajar en 2002, donde ha tenido el privilegio de compartir con grandes maestros de las musicales de los litorales como: Etelvina Maldonado, Martina Camargo, Benigna Solis, Gloria Perea y Pablo Flórez, además de jóvenes promesas como Lina Babilonia, Natalia Bedoya y Carmen Antolinez. Paralelamente trabajó dos álbumes con Diana Hernández, la reconocida María Mulata en 2007 y 2009. Con La leyenda de María Barilla, ese bello musical que devolvió a la mítica bailadora a la rueda de Fandango, ganó el premio Fanny Mickey al Teatro Colombiano en el 2010 y en el año 2012 fundó la agrupación vocal – instrumental Canaguaro, un cuarteto que, de alguna manera retoma la herencia de Guafa y la continúa y transforma, dando cabida, principalmente, a los aires de los llanos orientales y, en menor proporción, los de la zona andina colombiana.

    A las obras de Leonardo las empecé a conocer una tarde cualquiera en medio de un largo viaje del centro al norte del departamento de Bolívar en El top 20 de la Radio Nacional de Colombia, cadena de emisoras (antigua Radiodifusora Nacional) que desde la reestructuración de su enfoque y visión de radio pública en el año 2007 ha abierto un espacio invaluable para las denominadas Nuevas Músicas Colombianas, entre las cuales se puede ubicar, con algo de cuidado, a la música hecha por Gómez. A estas Nuevas Músicas las aglomera, en su variedad, el común denominador de la resignificación de la identidad musical nacional, enriqueciéndola, restaurándola y redefiniéndola. Refrescándola.

    Algunas de las propuestas de este movimiento renovador son decididamente transgresoras como las de La mojarra eléctrica, Systema solar, Sidestepper y Velo de oza, por ejemplo, sin embargo, la mayoría, sino todas las propuestas son difíciles de definir y aún más de encasillar en un probable único estilo. Cosa que, entre otras, sería injusto y mezquino con propuestas como las de Puerto Candelaria, Choc Quib Town, Pernett, Bomba Estéreo, Monsieur Periné, South people, Onda trópica, Chabuco y Milmarías, por ejemplo. En el otro extremo del espectro, en el cual se puede ubicar la propuesta de Leonardo, están las revisiones menos transgresoras, no necesariamente conservadoras, más cercanas al espíritu de las músicas tradicionales colombianas, planteándoles una revisión conservadurista, clasicista, mejor, un tanto más parecida a la que planteara el maestro Lucho Bermúdez en los años cuarenta del siglo pasado con su adaptación de los ritmos del caribe colombiano al lenguaje musical de las Big bands del jazz y que, en parte de sus obras, ha sido continuada por Justo Almario, Tico Arnedo y Pacho Zumaqué. Sin embargo este acercamiento de Leonardo difiere del de estos a pesar de alimentarse de la misma herencia y de las mismas primeras revisiones desde otros lenguajes, como las de Pacho Galán y Antonia María Peñalosa en las músicas del Caribe, puesto que él no las aborda desde otros lenguajes, sino que las enriquece en su instrumentación, modificando un poco la tradicional o incluyendo instrumentos poco convencionales como el piano y el contrabajo que él mismo interpreta.

    Leonardo y sus proyectos cohabitan este espacio con María Cristina Plata, La tribu barají de Juancho Nieves, La mamba negra, Na Morales, Boleoro, El Cholo Valderrama, Laura Kalop, Maité Hontelé, Lucio Feulliet, Bahía trío, La 33, Orito cantora, Son Palenque, Los tambores de Totó y Caribbean New Style, entre otros grupos que reinterpretan nuestras músicas tradicionales, profundizando sus lenguajes y en ocasiones abordándolas desde otros   o entrecruzando los lenguajes locales entre sí o estos con los extranjeros.

    Leonardo no se considera un compositor, a pesar de serlo, además de contrabajista, arreglista, guionista, dramaturgo, investigador y productor musical. Se considera sí, un escritor de canciones y, en este arte, es mucho lo que él mismo reconoce haber aprendido del poeta del Sinú: Pablo Flórez Camargo. Es, sin lugar a dudas, un enorme compositor de canciones enmarcadas en las músicas tradicionales colombianas: Andino – llanera y de los litorales Caribe y Pacífico. Estas canciones suyas tienen un doble valor incalculable al permitir dar continuidad a la revelación de las cantaoras colombianas plantada al Pop con el álbum La candela viva de Totó la momposina de 1993 (recientemente re editado como Tambolero en homenaje a Batata III) y que ha permitido darle un  nuevo rostro y una notoriedad impensada unas tres décadas atrás a estas músicas nuestras. Llama la atención que, a pesar de tener canciones que se pueden denominar narrativas, tales como: Río Guapi, Olor a guayaba, ¿A dónde van?, De cortar caña, Macondo en llamas y Una canción en el río Magdalena, la gran mayoría de las canciones que se pueden rastrear de Leonardo son asociadas a la dualidad amor – desamor, con las cuales le imprime a estas músicas tradicionales muy bellas letras, que se apartan de la línea acostumbrada en estas que, pocas veces, tocan estos temas por el carácter propio y la funcionalidad original de estos cantos.

    Nombro sus canciones como poemas porque, en realidad, lo son. No solo por su estructura, su métrica y el uso que dan al lenguaje, sino por sus imágenes que, desde la espontaneidad y la sencillez, distanciándose de la senda y los condicionamientos académicos, encuentran con gran fluidez y frescura, la belleza. Belleza que se acrecienta en los oídos, los pies y las caderas de quienes amamos estas músicas y aplaudimos su valerosa y arriesgada apuesta, por su calidad conceptual e interpretativa y su juicio y rigor investigativo y creativo, con los cuales logra fusionar de manera magistral lo ancestral empírico con lo académico actual.

    Leonardo pone en la voz de Carmen Antolínez una memorable Chalupa que, desde su mismo título Cuando el silencio te nombra, nos va dando cuenta del lamento que suele pasar desapercibido camuflado en la sabrosura de la voz de la barranquillera y la instrumentación que, inevitablemente, invitan a bailar.

     

    En las paredes del tiempo
    no se dibuja tu sombra,
    solo se escuchan los ecos
    cuando el silencio te nombra.
    Y escucho la voz… de tu sombra
    y el silencio gris… que te nombra.
    Me acompañaré… de tu sombra
    en la noche azul… que te nombra.
    Y se oyen los pasos… de tu sombra
    y el eco del tiempo… que te nombra.

    Y escucho la voz… de tu sombra
    y el silencio gris… que te nombra.


    Lamento que es acentuado en el estribillo que abre y cierra cada coro y el final de los versos pares de cada estrofa, que son repetidos, intercalados, en cada verso de los coros.



    Las rendijas de la noche,
    donde los sueños se asoman,
    y entra el aire de los campos
    donde respiro tu aroma.

    Ay donde los sueños… que se asoman,
    y el aire del campo… de tu aroma.
    Y es como la noche… que se asoma,
    impregnada está… de tu aroma.
    Ay por las rendijas… que se asoma,
    por donde respiro… de tu aroma.

     

    Lina Babilonia en el bullerengue El manduco, que hace parte del musical María Varilla, da inicio a un contrapunteo en torno a las infidelidades amorosas con una alusión a la actividad de lavandería antes hecha a la orilla de los ríos.

     

    ¡Ay, todos los hombres son
    como trapos de cocina!
    los cuelgas en la ventana
    y se los lleva la vecina.

    Te rompen el corazón.

     

    Natalia Bedoya presta su voz para dar vida al garabato Canción de amor y muerte, en la que Leonardo mira a la muerte como a un amor ingrato de esos que uno ya nunca más se quiere volver a tropezar y que, en ocasiones, preferiría no haber vivido o sufrido.

     

    No remuevas más las heridas
    lo único que quiero es vivir en paz,
    corre de nuevo tu manto negro
    pa’ que la luz me vuelva a llegar.

    Desempolvaré los cajones,
    ningún recuerdo tuyo ha de quedar,
    que tu guadaña siga enterrada
    donde las flores han de brotar.


    En la cumbia Eres agua, que inicia con la percusión del agua contenida en una totuma, la interpretación de Carmen Antolínez, logra dar el tono exacto a esta desgarradora confesión de amor imposible que atraviesa a la pasión y el encanto.



    ¡Nostalgia azul en tus ojos
    que es donde me asomo al mar!
    Y es tierra fértil tu boca,
    donde brota un manantial.
    Y muero de sed, y muero de sed…


    En el tema Mientras llega el olvido, definido como Pajarillo moro por él mismo, en exploración del ancestro de su ancestro árabe, Leonardo nos regala en una de esas clásicas décimas que ya casi no se dan en los libros y menos en las canciones, una especie de re-visión del verso nerudiano: Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido…

     

    Si ha de llegar el instante
    en que me invada el desvelo
    y no he de sentir tu pelo
    ni tu sueño susurrante,
    cuando te sienta distante
    y todo pierda sentido,
    el plazo se haya cumplido
    y mueran los argumentos,
    mientras llega ese momento
    me preparo pa’l olvido.

     

    Sin dejar de lado las décimas, con el bello aporte del clarinete del maestro Justo Almario, el tema Décimas de la ausencia, nos da muestra de otro canto de desamor bello y desgarrado en el cual el amante ya no se prepara al probable y seguro olvido, sino que se enfrenta ya a la traición y al desdén.

     

    No escuchaba los heraldos
    que me anunciaron la muerte.
    No previne que tan fuerte
    era el veneno e tus dardos.
    Me sostuve sin respaldo
    cuando temblaba mi suelo.
    Te cubriste con un velo
    para desahuciar mis sueños.
    Pusiste todo el empeño
    ya es hora de alzar tu vuelo.

     

    En la Cumbia Despedida, inspirada en El general en su laberinto e interpretada por María Mulata, Leonardo pone el acento en la constante lejanía que unió las vidas de El libertador y su libertadora y que, termina siendo, no el lamento por la pérdida de un amor que ha encontrado fin por la traición o el enfriamiento, sino que se ha truncado por la inevitable e inminente muerte.

     

    Qué vacío
    deja su partida.
    Sabe bien
    que daría la vida,
    que por usted
    yo daría la vida…

    Qué vacío
    deja su partida,
    que vacío
    queda aquí en su suelo
    sabe bien
    tras su despedida
    vivirá en mis sueños.

     

    En sus composiciones Leonardo no sólo ha cantado al despecho, también en sus variadas músicas tradicionales ha cantado, confesando el amor de formas bien particulares y bellas. En Cómo no voy a quererte, pasaje llanero que me llevó a enamorarme de sus letras, la bellísima voz de Andrea Díaz, nos sumerge en una mágica transposición poética que confunde al ser amado con el paisaje, tan o más amado que este.

     

    Cómo no voy a quererte, si…
    tus manos tejen la luz de la madrugada.
    Cómo no voy a quererte
    si habitas cada momento de mi jornada.

    Cómo no voy a quererte
    si hueles como la lluvia,
    el mastrancal, la colmena;
    si recostado en tu pecho
    se siente el mismo perfume
    que carga la yerbabuena.
    Cómo no voy a quererte yo,
    si tú llegaste y mi vida se perfumó.


    En el Zumba que zumba llanero Deja llover tu tristeza, Leonardo hace una de esas declaraciones de amor que, para mí, es más bella por la sinceridad que transmite la sencillez de sus palabras que por las imágenes y la historia misma.


    Perdida en tus pensamientos,
    arrastrando tu mirada
    hacia ese lugar oscuro
    donde ya no queda nada.
    Si en tu horizonte lejano
    la nostalgia se divisa,
    tendré los oídos atentos
    como esperando tu risa.
    Si, como en abril, tus ojos
    van carga’os de nubes negras,
    deja llover tu tristeza
    sobre voces que se quiebran.
    Si el tiempo oculta tus pasos
    que van de atasco en atasco,
    yo seré tu compañero
    de sueños bajo el chubasco.

     

    En el bullerengue, Negro mirar, interpretado por Etelvina Maldonado y Lina Babilonia, nos pone Leonardo de manifiesto las constantes fluctuaciones que se dan en el amor que suele permanecer, con frecuencia, entre la tormenta y la calma.

     

    Negro mirar de ojos negros,
    negro se mi noche negra.
     
    Tus ojos son como el cielo,
    negro se mi noche negra.
     
    Azules según se calma,
    negro se mi noche negra.

    Y negros cuando al besar,
    negro se mi noche negra.
     
    Llevan tormentas al alma,
    negro se mi noche negra.

     

    En el Currulao Si me miraras morena, cantado por Nidia Góngora, sobre la suave caricia de la marimba del pacífico, Leonardo plantea una reflexión para mí equiparable en su naturaleza a la hecha por el maestro Sergio Moya Molina en el paseo Fortuna y desdicha, planteándose los dos la posibilidad del éxito y el fracaso en el amor.

     

    Mis ojos buscan los ojos,
    que con mirar mi alma sueña,
    y mi alma sería feliz
    si me miraras morena.
    *
    Y sufro por tu silencio,
    si tú callaras morena.
    No hay frío como el olvido,
    si el olvido es mi condena.
    Ni olvido como tu olvido,
    si me olvidaras morena.

     

    El bello bambuco, Canción de cuna, no solo termina de mostrarnos la versatilidad musical y compositiva de Leonardo en esta selección personal de algunos de sus cantos, sino que nos permite ver otra de las caras que tiene el amor, el amor filial que deja aflorar una singular ternura tanto en la letra que la compone, como en la interpretación que le hizo Natalia Bedoya en María Varilla.

     

    Carita de nube,
    perfume de flor.
    Manantial de vida,
    semilla de amor.

    Las aves del campo
    cantarán contigo,
    y los cocuyitos
    serán tus amigos.

    Por la cordillera
    irás tras sus pasos,
    serás su alborada,
    su tarde, su ocaso.

    Duérmete mi vida,
    duérmete mi amor,
    mi luz de verano,
    rayito de sol.

     

    Leonardo José Gómez Jattin es una especie de camaleón, no porque se esconda detrás de o en medio de, como si lo hacen muchos otros supuestos artistas, sino por su capacidad de adaptación y su facilidad para pasearse, como Pedro por su casa, por la intrincada jungla de las músicas colombianas sin desentonar con sus raíces y con su actualidad, legándonos, desde ya, una importante y rica obra, musical y literaria, que, más allá de los escasos titulares y figuraciones mediáticas que puede alcanzar, como en su obtención de La gaviota de plata en Viña del 2007 y como, posiblemente, lo vuelva a ser en el 2016, espero y aspiro a que no quede relegada al olvido y el desprecio, como suele suceder con muchos, la gran mayoría de los cultores de nuestras músicas tradicionales por causa de la desafirmación cultural que nos lleva a creer que todo lo valido y bello es lo ajeno, lo extraño, lo extranjero. Leonardo, autor y compositor, es una especie de mago que embruja las notas y las letras, sacándonos al paso, a cada paso de sus cantos, la belleza que siempre está al alcance de nuestras manos, nuestros pies y nuestros oídos.

    Agradezco, desde acá, a Leonardo y todo su equipo de trabajo, esta forma particular de engrandecer nuestras músicas tradicionales con pasión y clarividencia.

        






    .

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    Rodrigo Garrido Paniagua 

    (Valladolid 1978)
    Antiguo alumno del IES “Arca Real”, estudió Historia del Arte en la Universidad de Valladolid y actualmente ejerce como profesor.
    Ha autopublicado dos cuadernos de poesía La identidad mordida y Trayecto.
    Ha participado en la revista de poesía Papeles del Martes, editada por Luis Frayle Delgado y la Diputación de Salamanca; en la revista digital Papeles de Humo, editada por Julián Alonso y también en la revista El Cobaya, editada por José Mª Muñoz Quirós.

    Ha publicado los libros de poesía Los dormidos (Origami, 2014 y 2015, 2ª edición) y La primera vez que vi a un animal muerto (Difácil, 2016).

    Ha sido incluido en la antología Ni una más. Poemas por Ciudad Juárez, con selección y prólogo de Uberto Stabile (Amargord, 2014), y en la antología de Voces del Extremo Poesía antidisturbios (Amargord, 2015).
    Ha participado en las Voces del Extremo, Poesía antidisturbios (Logroño) y Poesía e Ideología (Moguer, Huelva).
    Es partícipe de la iniciativa de micrófono abierto de poesía y microrrelato Susurros a pleno pulmón.

    Rodrigo Garrido considera la poesía como un instrumento para aquellos que se cuestionan el mundo en el que viven:
    “En estos tiempos que corren, en este mundo que va tan rápido y al que estamos sometidos constantemente a un bombardeo de noticias y consumismo, la poesía tiene que reconquistar un espacio de tranquilidad, de silencio activo y reflexivo. La poesía tiene que servir para preguntarnos sobre nosotros mismos, sobre lo que nos rodea, y nos permite ser más dueños de nosotros mismos. Tiene esa función de buscar, de ahondar en lo humano, algo que hoy en día no se da mucho en la sociedad”.


    La mano que acaricia el crimen

    La mano que acaricia el crimen
    se pasea casual
    entre la belleza de las horas.

    Dentelladas de un monstruo
    impiden a las mujeres llegar a la edad
    de los árboles más altos.

    Las madres se detienen en los ojos
    de los verdugos,
    los padres se arman de rabia

    y toda la memoria se apila en las cunetas
    en ese instante atroz donde arde la vida.

    La ciudad es una gran fractura abierta

    y la dignidad se vierte
    como las aguas sucias donde se baña el mundo.

    Nunca podremos llegar a entender
    la barbarie. 

    Solo un dolor lejano nos rompe el silencio.




    Los dormidos. Editorial Origami, abril de 2014. Prólogo de Jorge M Molinero. Cubierta por Julia D. Velázquez.



    CONVERSACIONES

    Les sorprendió un desierto,
    una planicie incontestable.

    En el camino agotaron todas su provisiones
    de palabras mágicas: prodigio, hogar, agua.

    Observaron el corazón de piedra de las nubes.
    Aprendieron a masticar el silencio
    del sol,
                de la sed,
                               de la arena.

    Llegaron a nosotros con las manos extendidas.
    Llegaron a nosotros con todo su patrimonio en llamas.

    Fuimos el abrazo improvisado
    ante el bostezo del mundo.
    Fuimos lágrimas en una hermosa noche
    de estrellas abiertas.




    CLANDESTINOS

    Primero nos asignaron un sueldo
    manchado de sudor y enfermedad
    y la necesidad de tatuarnos en las manos
    la oscura posesión de las cosas.

    Después llamamos voluntad
    a las vallas clavadas en la tierra,
    trabajamos para los cartógrafos del dolor,
    y delatamos, sin miramientos,
    a exploradores que cavaban
    túneles en la sombra.

    Nos acostumbraron al cautiverio.
    Nos acostumbramos al cautiverio.

    Un maquillaje torpe
    enmascara
    miradas que tiemblan.

    Algunos respiran lento
    para poder llamar a las cosas
    por su nombre.

    Dormimos de pie y por turnos,
    nos sabemos presas,
    intuimos que una vez fuimos

    hermosos animales salvajes.



    EL DESEO INUNDA

    Dura la libertad
    lo que la longitud de la cuerda

    y delante los caminos, la vida.

    Olvidamos cómo rebuscar
    en los cubos de basura
    una pasión que llevarnos a la boca.

    Las despedidas que iniciamos
    no son ciertas
    porque al final del día
    siempre regresamos para saciar el hambre.

    Estamos enfermos de candados,
    animales que dejamos de ser.

    Este es un tiempo indeciso y silencioso:
    los corazones desean una playa de labios
    incendiados
    pero temen su sal y callan.

    Quisiera fundar una larga adolescencia
    de cicatriz y expediciones.



    GUARDIANES QUE ROBAN LA NOCHE

    Lanzar la vista al profundo escote de los balcones
    a la espera de pescar un pez prohibido.

    Ese era el plan.

    Pero antes de poder ver el mar
    dijeron que nuestros sueños estaban contaminados.

    Alguien silba una melodía
    que podría despertar conciencias,
    otros aspiran el cáncer de la duda,

    la mayoría escupe, escupe
    como muchachos haciéndose los valientes.

    En la oscuridad
    alguien dirige grandes focos
    que se pasean por los muros de la lluvia.



    INDECISIÓN

    Es en esta peregrinación
    de bar en bar,
    de tumba en tumba,
    donde se gesta la palabra.

    Los puños, enfundados,
    son solo la argucia del cuerpo
    para combatir el frío.

    Niños que llaman a los timbres y salen corriendo
    es el mayor acto revolucionario que jamás he visto.

    A la cara nos miramos
    esperando una señal en forma de cielo rojo.

    Nadie conoce el lugar exacto donde se escribe la Historia.
    Ninguno conoce la fértil recompensa del disturbio.

    En nuestras bocas
    crece una enfermedad amarilla.



    JAULAS

    Si el plan se lleva a cabo,
    en todos los balcones con jaula
    mañana no habrá pájaros
    y el cielo estallará en piruetas de colores.
    Pero solo si el plan se lleva a cabo.

    .

    En cada bostezo en la jaula
    el tigre olvida su aliento de selva.
    Es menos tigre. Es menos selva.

    .

    Esperan los animales
    al viento que arranque todas las jaulas.
    Ahora sus corazones bombean sangre oxidada.

    ·          

    Por fin el viento arrancó todas la vallas.
    Los animales,
    asustados por una mirada sin barrotes,
    decidieron volver a cerrar los ojos.



    PAÍS DESHECHO

    La última hoja
    de la estación de la hermandad.
    La última hoja
    en las caderas del otoño,
    desnudo está de antiguas proclamas.
    La última hoja
    resiste la ocre traición del tiempo.
    La última hoja.

    En el suelo,
    el resto
    ya jalea su caída.



    ROZAMOS CON LOS DEDOS UN NUEVO LENGUAJE

    Pensamos:
    “es la hora de cavar túneles
    que atraviesen negras embajadas,
    de deshacernos de la costra apagada del barco,
    de nadar en la superficie de este mar sucio”.

    Abrir los ojos,
    ver,
    dejar de ser extraños.

    Pensamos:
    “descubramos músicas que nos agoten
    el corazón de alegría,
    interpretemos como afirmación
    el movimiento de los columpios”.

    Pero no pudimos ir más allá.

    Regresamos como las olas
    después de haber intentado vencer
    a la costumbre,

    como el boomerang que lleva escrito
    en su ADN
    el abismo curvo de la distancia

    y no cree en su victoria.




    AMANECER

    El corazón tiene algo de animal perdido
    Mercedes Parada Deu

    Porque el corazón tiene algo de animal perdido
    construyamos un refugio,
    dibujemos una catedral transparente con las manos.

    Somos débiles latidos ante el ruido blanco
    de la ciudad que persiste.

    El tacto es nuestra opción de terciopelo.

    En la batalla que se acerca
    contra la servidumbre,

    ya nada importa.




    NOS DESNUDAMOS ANTE LA VIDA

    Nacemos con instrucciones de completar
    un mágico y misterioso viaje.

    Sollozamos ante una música invisible
    que nos despide,
    una melodía con puntas de oro y dolor.

    La incertidumbre es un paisaje
    borroso que marea.
    Sonreímos ante el nacimiento de los días

    y canciones alegres cantamos,
    y canciones amargas cantamos.

    En la estación del edén
    nos esperaban extraños árboles retorcidos
    y sonrisas de tiza en el asfalto.

    Descubrimos que el paisaje
    en nada había cambiado.
    A nuestro alrededor, de nuevo, el mismo cartón piedra

    Esto no era el paraíso.
    Esto no era el paraíso.



    'La primera vez que vi un animal muerto' (Difácil, 2015)




    VACÍA ESTÁ LA RED DE LAS MARIPOSAS

    Al nacer,
    con tanto asombro,
    el lenguaje es un milagro que no acude.

    ¿Cómo acertar la palabra
    de lo que nunca antes se ha visto?

    Se construye la realidad
    con el sudor de la búsqueda continua
    pero la voz se agota al frecuentar el mundo.

    Dentro de mí habita ya un territorio inventado.

    Al igual que un niño que señala
    quisiera volver a ignorar el verbo.





    MIEDO EN LA PLENITUD DEL DISFRUTE

    Es su desaparición
    lo que convierte la estrella fugaz
    en lágrima de placer.

    En qué momento dejaré de imaginar
    el fin de lo que me importa,

    como si un mal augurio me impidiera disfrutarlo.

    Conozco bien,
    por ejemplo,
    la satisfacción del sexo,
    esa breve sensación de inmortalidad.

    Al final de mis manos habita tu cuerpo
    y ya pienso en el amanecer
    como una auténtica tragedia.





    EL SONIDO DE UN BRINDIS

    Tener la vida en la boca

    como se tiene un día de playa
    o la noche de una ciudad extranjera.

    Cuántas veces habré dicho:

    recordaré esas nubes
    que son la corte nómada del viento.

    Desconozco el lugar del que proceden
    las cosas más hermosas.

    Quisiera exprimirle el corazón al tiempo
    para beber
    enloquecido
    su zumo transparente.

    Que lo fugaz que nos habita
    sea la vida apetecible.






    .

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    Maribel Tena García 

    Nació en la localidad pacense de Villanueva de la Serena en mayo de 1978 y se licenció en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca con la intención de dedicarse profesionalmente a cultivar su amor por las letras, algo que realiza desde 2000, primero como profesora de español en la Universidad de L'Aquila (Italia) y después a través de la docencia de Lengua y Literatura en institutos de Secundaria. 

    En 2012 publicó su primer libro de poemas, 'Mujer fractal' (Editorial Origami) y su 2º poemario 'Como suceden los árboles', (La Penúltima Editorial. Valladolid, 2016).

    Apareció en las obras colectivas 'Voces del Extremo', publicadas por la editorial Amargord, concretamente con 'Poesía antidisturbios' (2015), Poesía y Raíces (2016). Junto a otros poetas publicó en 2015 en Origami la obra homenaje a Juan Antonio González Iglesias 'Dicebamus crastina die. Decíamos mañana'.

    'Mujer fractal' (editorial Origami, 2012)



    La casa del poeta

    Cosas.
    Para atrapar su luz
    me sumerjo en un oficio de sombras.

    I
    Una bombilla empieza a caer.

    Caer,trizarse
    y sonar así, tan bella-


    II

    Pongo bajo el grifo la regadera,

    Cierro el grifo.
    El beso es el silencio.


    III

    En la siesta
    una taza rechina de limpio

    Nadie a quien contarle el prodigio de carne
    y cristal
    que funde mi mano y la pieza

    y en el instante detenido me vuelve loza.


    IV

    La alcachofa de la ducha
    me queda lejos,

    O me inclino hacia atrás,
    dejando que una hebra mínima
    -aún más lejos de su origen-
    me atraviese el ombligo,
    hilvanándome al mundo.


    Contra el presagio de cierta altura

    Celebro
    todo signo de fuerza agazapado en mí,
    y la ternura desmesurada
    de algunos de mis gestos.
    Celebro mi cuerpo,

    Celebro mi centro claro y agridulce,

    Celebro la proporción de mis formas

    Celebro el olvidado encanto de lo pequeño
    la representación a escala de los mapas.



    L'Aquila 


    Quisiera poder explicarte
    qué me hace feliz aquí.
    Las mismas cosas que cuando era niña,
    supongo.
    Las sé idénticas a las de ahora.
    Su centro es del mismo almíbar lento.


    IV

    Dime:
    Si este balbuceo ardiente,
    mi danza ancestral en círculos 
    en torno a la hoguera de la lengua,
    si esta cúpula de la garganta no nos acercara .
    ¿Cómo explico la música entre el trigo alto,
    el tiempo que se deshilacha penélopemente,
    el hojaldre de lo nunca dicho?




    Círculo

    La piel esconde,
    por debajo de su dureza obstinada,
    grietas de luz por donde se filtran
    dolores antiguos.



    Ajuar

    Pero reconozco sobre todo
    enla fibra de poliester que avento sobre el lecho
    una trenza invisible de tejidos
    sobre la que se disponen en secreto
    la furia y el futuro.




    "Como suceden los árboles", (La Penúltima Editorial, 2016)



    MAYO 

    Demos por comenzada
    la época en que se oye a las flores abrirse
    en su aspiración de fruto.
    La voz de los pájaros se confunde con la de los niños.
    El tiempo en que es más fácil
    perpetuar nuestro idilio con lo sagrado.




    EL DESEO ES UN ANIMAL QUE NO HUYE

    A pesar de convertirse el amor,
    o algo que se le parecía tanto,
    en un territorio arrasado que empuja al exilio.
    A pesar del abandono creciendo
    como mala hierba,
    de los cálidos pliegues de carne
    que una mañana se antojan extraños.
    Aunque el espejo de repente devuelve
    sólo una holografía borrosa del cuerpo que se veneraba
    o del que se ofrecía con mística higiene,
    regresa la salvación del tacto.
    Se inicia incansablemente una azarosa expedición
    en busca de la hermosura.
    El olvido es la alquimia que redime
    de este tiempo aquí.
    Tan breve. Tan de ceniza.




    CATÁLOGO DE SED

    La alegría no debería ser nunca algo relativo.
    Y lo es, sin embargo.
    En qué medida podríamos calcular la distancia que va
    del grifo de diseño con temperatura regulable
    a la maratón que recorre una mujer africana
    para buscar agua cada día.
    Cómo pesamos el bidón lleno sobre su cabeza,
    la tierra que apenas se hunde bajo su piel encallecida.
    Al castigo cervical del mundo, qué nombre le damos
    mientras fluye un manantial templado de las tuberías de casa.

    El dolor en cambio es absoluto.
    El pájaro de la muerte nace del mismo nido
    a uno y otro lado de una frontera indiferente.
    El único equilibrio sucede cuando la vida
    nos arranca de repente una pierna o un hijo.
    Entonces se asemeja el catálogo de nuestra sed,
    el tiempo respira y se contrae,
    se seca bajo nuestros pies el barro de una extraña justicia.




    VACACIONES

    Despertarnos con la luz,
    con el ritmo sencillo y previsible de los animales.
    Conducir evitando las autovías.
    Hundirme hasta las rodillas
    en la memoria de hielo de un río.
    Descifrar la extraña coreografía de los insectos.
    Comer despacio cuando tenemos hambre.
    Hablar poco, lo imprescindible.
    Sostener en medio de la noche
    la mansa mirada de un ternero.
    Agotar los ojos y las piernas en un bosque.
    Desandar por dentro la ciudad
    y su fango de burocracia.
    Bisbisear una lenta plegaria
    para que no nos abandone en septiembre
    esta certidumbre de belleza.



    BOSQUE Y ALACENA

    La memoria de los ausentes
    crece como el musgo,
    en la cara norte de los objetos  que dejan.

    En un tiempo preñado de verde 
    se intuye el paso,
    el perfil de las huellas recientes.
    Se queda su contacto en la agenda del móvil,
    el dentífrico, los jerséis 
    y todo cuanto nunca le dijimos.

    Permanecen en orden
    por pura inercia,
    prendidos en la obstinación del aire.


    *




    EXAMEN

    ayer se me ha muerto una alumna
    una niña de quince años

    se ha pasado toda la noche
    con su voz imposible
    dictándome una misma pregunta
    cuya respuesta yo no sabía

    en el sueño han venido hasta su mesa
    para llorar blandamente
    alumnos míos de otros centros
    a muchos kilómetros y días de distancia

    hacia el amanecer le he entregado el folio en blanco
    lo ha recogido con manos de cera perfumada
    y me ha dado permiso para descansar

    me iba diciendo mientras nos dormíamos juntas
    lo que yo le dije a ella en diciembre

    no pasa nada
    habrá otras oportunidades
    sé que este no te lo habías preparado

    (Inédito)




    .

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    Carlos E. Quirós Mena

    Poeta. Originario de Pérez Zeledón, Costa Rica. Vive en San Isidro, San José, Costa Rica.
    Ha publicado: Los pájaros tardíos. Editorial: Lean Poesía, Editores
    Los autores y hermanos costarricenses Carlos Eduardo y José Francisco Quirós Mena presentan sus poemas en un mismo libro. Este se ha dividido en dos partes con dos portadas distintas: por un lado, Los pájaros tardíos; por el otro, El clavo que nos ata. En cada sección se presentan respectivamente 29 y 26 poemas .



    En el prólogo comenta el escritor nacional Eric Conde: “El texto de Carlos y José Francisco es un canto a la esperanza que hurga en dos humanos: el del dolor y el de la felicidad”.


    CUANDO LLUEVE

    Con la tardes lluviosas
    me gustaba escarbarle al silencio
    la luz de los recuerdos,
    ellos son el misterio del presente
    y la comunión del mañana;
    con la lluvia envejece el horizonte
    y sangran los celajes en los cristales;
    cuando llueve los pájaros se llevan
    en sus plumajes el asombro de los
    bosques.

    Los días amanecen de pie en el alero
    y la mirada entristece la sed de las montañas.
    no queda espacio en el regazo del sol,
    ni bodoques de luna en el espejo.

    Cuando llueve,
    la música del viento olvida
    sus partituras en los rincones
    y sangra huellas el párpado
    en su dolor.

    El labio es un fantasma
    desangrado en la soledad
    de los ojos.



    DESDE LA VENTANA

    La sombra del sendero
    diseña la lucha de la distancia
    sobre el argumento breve del celaje,
    la voz del pájaro acrecienta la nostalgia
    y el viento es solo un viaje irrepetible
    en la joroba del silencio.

    No queda lugar en el llanto de la noche
    y la montaña se cubre de oraciones,    
    que bajan llevándose las luz de los carbunclos.

    A lo lejos la vida es un sueño herido
    entre risas que se pierden bajo el eco,
    de un cierzo angosto de ilusiones.

    Las huellas arden en las manos
    como lámparas de sal,
    y sangran uñas las pupilas.

    Desde aquí veo,
    escucho
    y palpo,
    como revienta la elegía de la sombra 
    que despierta la mañana.

    Desde la ventana,
    presiento el pájaro que arrodilla puntual
    su lucha en el espejo.


    AMADA

    La lluvia amanecía de rodillas
    en el silencio,
    como una tarde esperando
    la sombra del invierno.

    Ya no cabe el canto de la llena
    en la fuente antigua y sin recuerdos;
    al camino le estorba la distancia.

    Las aves remiendan la arcilla y el paisaje
    con sus plumas pobladas
    de nostalgias.

    No se escucha ya el canto
    amarillo del mediodía 
    ni se humecta la piel de los relojes,
    ni canta la risa del viento   
    en los ventanales.

    Amada,
    Hay ausencias de acentos en las uñas, 
    a veces pienso que la vida 
    es solo el recuento de alas ya movidas,
    un viaje de horas olvidado
    en el bolsillo,
    una maleta donde solo cabe
    la sombra y la mirada.

    La lluvia es solo tu paso habitante
    en el rincón precarista del espejo.



    TODO SE HA IDO

    Con el paso de una tarde ansiosa de certezas,
    y la mirada añeja de arrecifes,
    en el ojo del poniente la sonrisa 
    adelgaza la estatura de la luz.

    No quedan voces, ni salmos
    y en el pecho de los jilgueros
    ya no cantan las orquídeas.

    En las manos ensombrecen los violines
    como espumas de estelas sin mañana,
    y en la ventana no se escucha
    la canción antigua de los peces.

    Por el alero del silencio
    se fueron los cisnes que tejían
    su lucha en los aljibes,
    con ellos se fueron
    la risa, el fuego,
     y el sueño de las acacias.

    También se ausentaron
    los arrozales, los poemas
    y la espiga que se bebía
    la leche del espejismo.

    Todo se ha ido,
    tu cuerpo,
    tus gemidos
    y las noches del amor
    que amanecían temblorosas
    en el humus de tu piel.



    ESTUVIMOS ALLÍ

    Sobre el filo de una madrugada
    que nos dejaba esencias de luz
    en el cuerpo;
    con el paso furtivo de las horas,
    llenando de miradas,
    el suspiro expectante del latido,
    y el paso sigiloso de los neones
    en la curva exacta y cadenciosa
    del espasmo.

    Allí estuvimos,
    palpando la sangre arrinconada
    en la estatura de la alcoba,
    hundidos en el regazo del sudor
    llenando de labios,
    la inquieta perplejidad de las alfombras.

    Estuvimos,
    intangibles, exhaustos
    bajo un vaticinio de golondrinas
    vencidos en la piel.

    Estuvimos allí,
    esperando el desenlace de la luz
    bajo un abecedario de gorriones,
    bebiéndonos  la sed en el espejo. 



    NO FUE NECESARIO

    Traer el sortilegio del caracol
    ni la brizna que colgaba  lágrimas
    en los balcones,
    tampoco su canto de espumas sin medida.

    En el tiempo se siembra la esperanza
    y el reloj es solo un duende disfrazado
    en sus agujas.

    Cierta es la escarcha de la espera
    que amanece en la espalda del silencio
    como un viejo arco iris poblado, 
    de recuerdos.

    No fue preciso,
    remendar la ruta de los girasoles
    ni el viaje prematuro de las gaviotas.

    Por el vuelo misterioso de una tarde
    se fue la piedra,
    el sendero,
    y el grito del viento en retirada.

    La paz no sabe de rastros ni oraciones,
    y el bálsamo se ausenta sin aves
    en el pecho.

    No fue necesario romper la música 
    de las orquídeas,
    ni la sonrisa que convoca mariposas,
    sobre el espejismo de una noche
    plagada de incendios en la piel.
        


    CUANDO

    Cuando las tardes se duermen sobre
    la libertad de las manos,
    y los horizontes sangran en la quietud
    de los caminos,
    la vida se desgaja como un arco iris
    encorvado en la distancia.

    No queda espacio en el ala del silencio
    para sustraerle rituales
    al grito de tu carne
    que se llena de preguntas.

    En la ausencia se mide la estatura
    del ave y su sonrisa,  
    y la veracidad del ojo olvidado
    en los rincones.

    El tiempo es un fantasma
    urdido en el eco del regreso,
    un viaje sin tiples en el alma.

    La ciudad amarilla en soledad
    y la sombra se echa al hombro
    la silueta del espejo

    Cuando llueve
    trasplanto la nostalgia de tus labios
    le lleno el nombre con sonrisas,
    y le zurzo el pecho con palomas.



    MAYO ES

    A hurtadillas voy desgranando
    la sombra de tu pelo,
    el aire trae   
    duendes de miel en el semblante.

    Es noche en el párpado del espejo
    y la lluvia amaga en la ventana.

    Mayo es la espiga del invierno
    y en sus cojines los amantes
    se funden bajo el canto
    vertical de los violines.

    Tiene el olor celeste de los rincones
    y la mirada- cuarzo de los cristales,
    es el iris que pronuncia 
    la voz de nuestras formas
    bajo la luz de los susurros;
    la puerta por donde se asoma
    la complicidad del horizonte,
    y el sitio donde embisten los luceros
    la sed de las caricias.

    Mayo es la estrategia del espasmo,
    la silueta de tu cuerpo,
    donde bebo la miel
    de tus orquídeas.  
      
    El oasis perfecto para  desabrochar
    la vigilia de tu noche
    bajo una prolongación de labios.

          

    DESCUBRO

    Al silencio le nacen aves en el alma,
    y siluetas de mujer
    le llenan los celajes al umbral.

    En la ventana  revientan las glicinas
    y se tejen de canciones los relojes.

    No queda espacio en la mirada
    de los peces,
    ni surcos de luz para esconder
    la risa de los abedules.  

    En la brevedad de la hojarasca
    encuentro que tus piernas son un incendio
    de gorriones abriendo la humedad de la mañana.

    En la calma caben la espera y las manos
    que presagian la oración del camino,
    y conspiran las canciones y los sauces.

    Las tardes abarcan el rumbo y su distancia,
    y no hay certeza en el sueño de la brizna,
    que atisba el regreso de los cisnes.

    Descubro en tus caderas
    bajo la libertad de la noche, 
    la rebelión de las hormigas
    goteando entre las venas.  



    PAISAJE II

    El silencio de la lluvia
    va llenando de instantes
    el alma de la brisa,
    y el otoño pasa haciéndole cosquillas
    a la piel de los heliotropos.

    Las horas dejan atrás el ademán
    de la mañana en los cristales,
    y el reloj solo es un viejo trillo
    que atraviesa el acento de los caminos.

    Con la mirada bajo el brazo,
    el arco iris se lleva en su espalda
    la humedad de los manglares.

    Y el caracol embosca la brevedad
    de las pestañas,
    que presagian inciertas la curva
    del espejismo.

    Nadie sabe la tristeza de la lluvia
    que amanece arrodillada
    en la cicatriz del celaje.

    Nadie sabe,
    que su cantar se desangra
    en las huellas del espejo.



    LAS AVES

    Las aves no vinieron,
    ni sus plumas, ni su fe; 
    con el vuelo emboscado
    en su silencio,
    y el viaje de horas despeinadas
    se fueron

    Con el rictus del último arco-iris
    vaticinando sus plumas sin color
    se marcharon con la complicidad
    de aquel verano que sembraba
    sombras en los ojos del paisaje.

    En sus pajas dormidas quedaron
    las tardes y los días,
    como antiguos fantasmas en el aire.

    En sus picos florecieron
    oraciones y cantares
    y salmos innombrables
    que llenaban de sed 
    la edad de los jazmines.

    Las aves no sabían,
    el abecedario de noches enjauladas
    ni de alpistes de luz en los ramajes,

    las aves tenían la virtud
    de escarbarle la miel a la tristeza
    que se asomaba sin nombre 
    en la mirada. 
        


    EL TIEMPO

    En  el regazo del viento,
    ya no se sientan las plumas
    del pájaro que trasiega lumbres,
    ni sonríen las espigas de las tardes
    que se pierden en la efervescencia del sueño 

    El tiempo no necesita esconder
    el murmullo de su sombra,
    ni las horas que se desgajan
    en la realidad de la ausencia.

    En las agujas envejece el horizonte
    con sus trenzas de noches desgastadas,
    las calles ignoran el paso
    de las hormigas,
    y la ruta sin luz del abejón.

    No hay espacio en la boca del murmullo
    para estivar las risas del espejo,
    entonces los ojos se llenan de naufragios,
    sobre la aldea azul de los cristales.

    El tiempo no sabe de palabras,
    tampoco conoce la identidad del caracol
    que trasciende el labio del asombro.

    El tiempo es el sueño de la piel
    que amanece sostenido en las estacas
    del camino. 



    PERDONA SI ME DEJO

    Y se quedaban nuestros ojos
    al pie de aquellas tardes
    como canciones arrancadas a la lluvia
    bajo el rito de las horas.

    Perdona si me dejo tu pelo
    tu cuerpo de tactos y senderos
    y tu sexo donde dormía mis siestas
    bajo el plenilunio de tus labios.

    Y las canciones arrancadas
    a los violines de tus llanuras
    mientras bebía la libertad de los cisnes.

    La lucha anticipada en la trinchera
    de una noche en vigilia   
    y la escarchada humedad que dejabas
    en el filo de mi estatura.

    Perdona si me dejo el rasguño
    del silencio que dejaste olvidado
    bajo la llena de enero,
    y la metáfora de uñas
    donde escondías tus  recuerdos.

    Perdona si me dejo,
    el camino de lluvias
    que se iniciaba en la brevedad
    de tus huellas
    y la fuga de gorriones
    que nacía entre mis dedos,
    al acariciar el fuego
    de tu sombra extendida. 



    DESDE AQUÍ

    Mido la ausencia de la tarde
    perdida en el abrazo del adiós
    con un canto de horas peregrinas:
    no hay lugar en el filo del reloj
    para traer las hojas
    del ultimo aguacero
    sembrado en la ventana.

    La luz  no cabe en la resaca del espejo
    y la espuma no sabe de regresos;
    por los arenales que olfatean la lucha
    de las gaviotas.

    La calma es un lamento de mares
    olvidado en la pestaña ,
    un salmo entristecido en la rodilla 
    del viajero.
    una canción  pálida de besos
    el labio sin suspiros que tiembla
    en la lejanía del mañana.

    Por el pasillo del tiempo
    deambula la mirada de las
    sombras,
    con su mochila de alas precaristas
    bajo un cielo sin bridas ni llanuras.

    Desde aquí,
    respiro la humedad de las montañas 
    y le siembro espejismos
    al grito de la  piel
    que trasiega carbunclos
    sobre el lomo amarillo del
    último celaje



    NOSOTROS

    Sé que bajo la sombra
    un pájaro gotea la luz
    del ojo que presiente
    el hueso de la lucha,
    es nuestro el grito de la piedra
    bajo el nombre del plenilunio
    donde se abre el broche del silencio.

    Vos de pie junto al fuego del espejo
    con la mirada subiendo por la voz del aguacero
    cuando arrecia en la piel de los caminos.

    Yo extraviado en la ermitaña soledad
    de una canción carente de trinos y plumajes
    como un río ahogado entre el musgo
    de un viejo calendario de heliotropos.

    En la sonrisa del barro no quedan
    arados ni simientes
    para embarcar las pestañas
    de las tardes que intervienen
    el viaje furtivo de los cristales
    por los rincones de la lluvia,
    ni deletrea el zapato
    su indicio de asedios
    en el perímetro del reloj,
    cada minuto desangra
    la quietud que aguarda temblorosa
    en el pozo anaranjado del celaje.
    Nosotros barajamos el murmullo de la brizna
    que se lleva en el regazo
    la antigua estatura de las manos
    y el pan de sombras amanecido 
    en nuestros labios.
    Bajo el ojo de la distancia
    agoniza la ausencia de los caminos
    y arde la breve realidad
    que se asoma por las rendijas
    de un pájaro teñido de espejismos. 



    LA NOCHE

    La noche es un ave dormida
    en la espesura de tu silueta
    un camino de mariposas
    descendiendo por los escotes de tu carne
    como una canción de labios
    inventada en el asombro de las almohadas,
    un cuerpo de plumas incendiarias
    que avistan la sonrisa del silencio.

    Y estabas allí,
    a la par de aquel pájaro de nubes
    que tejía oraciones
    en la espalda salobre del poniente,
    con sus voces anaranjadas los celajes
    emancipan la luz de los rincones,
    en el pecho revolotean golondrinas;
    y las manos transfiguran las esperas
    y sus ritos.

    Ya no queda lugar en la pupila,
    y la piel es un viaje inadvertido
    cruzando la veracidad de las sandalias.

    Con un abecedario de nostalgias
    bajo el brazo
    atraviesa el umbral de las palabras
    para inventarse costuras de luna
    en la ventana.

    La noche se desangra,
    sobre el emboscado suspiro del camino.

       

    MIRANDO AL MAR

    Como duele la noche que penetra
    la misticidad del mar
    y el viaje de la arena
    por la piel de los caracoles
    no es necesario sentir el vuelo
    de la espuma
    por la mirada inconmensurable del ojo,
    ni inventar el fuego del horizonte
    en la ausencia del espejo,
    con el susurro de los relojes
    se cristaliza la luz de los candiles.

    El mar es un velero donde
    duerme sus nostalgias el regreso;
    un graznido de arenas imposibles.

    Al mar le duele su estatura de distancias
    su forma de gaviota envejecida
    entre las rocas,
    y su regreso urgido de caminos.

    Es el sueño enclavado en la mirada
    de los amantes que se entregan
    feroces en tus entrañas,
    el labio olvidado en la costumbre,
    el reloj de sal llamando sombras
    entre resacas.

    El mar es un barco abierto
    en la sangre del silencio
    un grito de alas extraviado
    en los vitrales de la tristeza.  



    CUANDO LAS TARDES DE MARZO

    Descendían por el camino del instante
    los relojes anunciaban el vuelo
    de los zorzales en la ventana
    de un lapso sin mirada.

    Las tardes deletreaban su ritual 
    de voces y gemidos
    y en su pecho se encendían
    las viejas canciones del espejo.

    La brizna era un pasajero
    con el alma habitada de acertijos,
    un viaje de labios besando 
    la carcajada del arco-iris
    bajo un plumaje de nubes,
    entregadas al borde de los sueños.

    Cuando las tardes llegaban
    en un carruaje de silencios
    los ojos presentían incendios de luna,
    en las manos inquietas y traviesas
    del asombro.

    Y traían naufragios de pan en sus espaldas,
    los cuerpos sembraban en las alcobas
    huracanes de sudor
    que desertaban breves
    por los rincones de la piel.



    Y SOLÍAMOS

    Traer la lluvia asida a nuestras pupilas
    y remendar el horizonte con tactos y silencios      
    para romperle la mirada a la distancia
    con la pestaña abundante de espejismos,

    El tiempo en las manos,
    eran panes de luna para penetrar
    la noche de los espasmos,
    y sosteníamos el asedio de los cisnes
    con la piel aferrada en nuestros cuerpos.

    Bajo la noche habitada de violines
    el celaje es un pentagrama
    de palomas que anuncian
    la sonrisa en los balcones.

    Y solíamos pegarle metáforas
    al unicornio de lunas
    estibadas en la quietud de los vitrales.

    Solíamos,
    extraer la miel de los recuerdos 
    y destrozar la virginidad de las palabras,
    y escarbarle los huesos al asombro.



    BAJO EL ASOMBRO

    Las calles tienen el sabor de la espera
    que se pierde entre las voces
    del ave que trasiega la paciencia del reloj,
    no hay lugar en la meditación del viento
    ni cabe la risa en el espejo.

    Una guitarra inicia la fuga del cristal
    bajo la ausencia del viejo abecedario
    de latidos,
    en las manos amarillan  las agujas
    y el tiempo no medido,
    sangra la luna en el alero
    de un lapso cargado de distancias.

    Con la huella del último trino,
    se reparten los plumajes
    que se extienden urgidos de trigales;

    en la voz del horizonte estallan
    las noches y sus luces.

    Al silencio de la lluvia le nacen
    pecas de luna en el alma,
    y remiendos de besos en la piel.

    Bajo el asombro,
    la noche de puntillas deletrea 
    el pan de labios que revienta
    la miel de los cristales.


    CASI SIEMPRE

    Casi siempre ignoramos,
    la espiritualidad de la montaña,
    y el húmedo canto de las aves
    que cuelgan sus canciones
    en el silencio del reloj,
    no hay fe en las pestañas de los arrozales    
    ni en el vuelo amarillo del mediodía.

    Las calles pesan en el alma
    y el aire huele a incendios
    de serpientes en el paso de la huella,
    en las manos el trigo se ausenta 
    bajo una escopeta de remiendos.

    Los transeúntes,
    no conocen la sonrisa de los tulipanes,
    ni el aroma hechizante de las orquídeas,
    en sus ojos no brillan,
    las noches encendidas de mariposas,

    La ciudad es un río sin ideas,
    un barquillo anclado en la soledad
    de los inviernos,
    un viaje carente de celajes,
    donde todos omitimos    
    el salmo de los viñedos.

    Casi siempre olvidamos llenarle
    de labios y abrazos,
    al rostro celeste del espejo.



    TE HEMOS TRAÍDO

    La tarde cubierta de arenales
    y la minúscula sed de las hormigas
    que interpretan el misterio
    del beso encendido entre aguaceros.

    Con el ábaco del viento
    se cuentan las historias del alma,
    que le siembra esperanzas al tejado.

    La lucha es un fantasma
    que impregna la fe de los trigales
    con el músculo certero del encuentro.     .

    El reloj es solo un camino
    moreno de distancias inconclusas,
    un viaje repetido en las manos del silencio.

    Hemos traído el plumaje del pájaro ermitaño
    que descendía sin sombra entre los valles, 
    y aquella lluvia que abandonaba 
    su forma en la ventana,
      
    Te hemos traído,
     la noche empedrada de glicinas
    y un incendio de alas
    para estibar la luz en los
    remiendos del arco iris



    A VECES LA LLUVIA

    A veces venía la lluvia
    a visitarme,
    y me traía lugares y ciudades
    distancias y veredas
    entre sus alas,
    no sabía de noches
    ni regresos
    por eso henchida de lunas
    se desvelaba de rodillas,
    junto al fogón.

    Bajo el estupor de la ceniza
    ponía preguntas en mis pestañas
    y era el silencio un fantasma
    de lapsos  idos.

    A veces descendía por los pasillos
    el alma,
    con la mirada morena de golondrinas

    Y barajaba sueños y luchas en los rincones.

    Era una bitácora de espejismos
    un dictado de uñas sosteniendo
    la líquida extensión de las manos,
    el espacio donde llegaban las aves
    a descifrar el acertijo de su nombre.

    A veces la miraba llegar con sus ojos
    cansados de lejanías,
    y su maleta repleta de nostalgias,
    por un trillo de luciérnagas,
    que apagaban la luz en el espejo.

    A veces la lluvia,
    merodeaba el asombro del abrazo 
    y le cosía estacas de pan
    a las cicatrices de los caminos.



    Y TENÍAMOS

    En el alma la ciudad entristecida
    por la huella tardía en el rostro del asfalto,
    y la música que dejaban los adioses
    en las paredes de una tarde absuelta
    en los renglones del ojo.

    Bajo la prisa mueren los destellos
    que conducen al éxtasis del paisaje
    y las pestañas y los maizales.

    En la fragua del instante,
    el indicio manifiesta
    acertijos y lunas convocadas, 
    a la rebelión del pájaro
    que cabecea en la plasticidad
    de una imagen recurrente en el párpado
    silente del asombro.

    Y teníamos la costumbre de descubrir
    el vuelo hipnotizado del caracol,
    en las migajas de un sol carente
    de remiendos en el pecho,
    teníamos también,
    la extraña necesidad de importar el tiempo,
    y descolgar la noche que presentía fantasmas
    en los balcones.

    Teníamos la forma de amar la lluvia
    que nacía en el bostezo del mediodía.



    ESTÁBAMOS ALLÍ

    Con la manos dispuestas 
    a traer la lucha hasta la piel
    a sabiendas de que en la brisa
    nacían aves que nos llamaban
    desde el alma.

    Con la noche herida en la pestaña
    transitaba el tiempo,
    como palomas de leche que se entregaban.

    El espacio era una alternativa,
    el soliloquio del viento en el vitral,
    el silabario de hojas bajo nosotros.

    Cada beso era un espasmo de noches
    escapando por una rendija de cisnes,
    un despertar de astros en el entorno.

    Estábamos allí,
    piel a piel,
    enmarcados por el eco del trigal
    que se antojaba repetir
    el roce de los labios en la quietud,
    urgidos de uñas para encarcelar
    la miel que se fugaba,
    entre los dedos,
    como caracoles de luz.

    Estábamos allí,
    desnudos de adjetivos
    allanando la música 
    de nuestros huesos.



    SOLO ME QUEDA

    Esconderle la luz al paso
    de los cisnes,
    y mirar de reojo el íntimo grito
    que se enciende en el semblante.

    En la escarcha que deja la fuga
    del mediodía,
    se asoma el asombro
    y se estruja el itinerario de las uñas
    que se aleja llevándose el paseo
    de los sueños.

    Las horas son panales de leche
    sobre la circunstancial mirada
    del arco-iris,  
    un nido recio de lloviznas
    bajando por el filo de tus labios,
    como una partitura de aves
    que se arrullan en los pliegues
    del silencio.

    En la ventana nace la vida,
    y el árbol que lleva en su espalda
    el evangelio de las chicharras;

    y el unicornio que atisba 
    el regreso del viento
    por el empedrado del espejo.

    Solo  me queda,
    escribirle mieles y  algarabías
    a los rincones atardecidos
    en tu pecho indomable;

    y encender con gorriones la leña
    de tu bosque rosado.



    LA PIEDRA

                                  La piedra puede ser una mujer,
                                  cualquiera                                       
                                  como cualquier, mujer, puede ser una
                                  piedra        


    Por aquí pasó la piedra,
    con el ángulo entristecido
    bajo el nombre del asombro,
    y su antigua historia de ríos y caminos,
    y la risa embargada de metáforas.

    La vio pasar,
    la tarde vestida de lunas y guijarros,
    y el loco farol del callejón;
    sin canciones amanecientes
    en su distancia dura de palomas.

    Por aquí pasó una noche,
    llevaba la prisa de las hormigas
    en su espalda,
    y una ceremonia de fuego
    para incinerar la danza de los maizales.

    Con la mirada enredada,
    en el ritmo de un vals arrabalero,
    y su elegía de silencios,
    haciéndole trizas el alma y sus esquinas,

    la piedra tenía,
    el dolor de una mujer
    que le increpaba a la vida
    sus nostalgias.

    Era como una espiral asombrada
    en los arenales de sus huellas.

    Un día desteñido de golondrinas,
    no vino la piedra,
    se fue con la plática del último aguacero
    que se estrellaba en los vitrales,
    y de su espíritu de granito,
    nació una orquídea
    que se bebió la luz 
    de sus remiendos.  
      


    AMO II

    La inmensidad de tus delirios,
    y el umbral de lunas que nace
    bajo el labio
    y el valle que mece tus pechos,
    y el caracol que identifica
    la llena y su naufragio,
    en la tinta del silencio.

    En tus ojos hay perlas interpretando
    el viaje de la lluvia,
    y ostras amando la estrategia del asombro,
    en la piel se acuesta la estatura
    del mar y sus confines.

    Por eso amo la espuma,
    y la geografía de tu cintura
    que dibuja el pacto del reloj
    en el rocío,
    y amo la guerrilla que inventamos
    en los ojales de la noche,
    cuando luchamos cuerpo a cuerpo,
    en la trinchera que cavamos
    en la piel.

    Entonces amo la luz diseminada
    en el frente del espejo,
    cuando vencidos caemos en las almohadas. 



    LA LLUVIA

    La lluvia es una canción de
    pájaros enmascarados
    en la prolongación del espejo,
    un vuelo de tardes y mañanas
    desfilando en la solidaridad
    del arco-iris,
    un viaje descolgado en
    el asombro del plumaje
    y la comunión de las manos.

    La lluvia es un merodeo de alas de luz
    uniendo la lejanía del viento
    con la certera pestaña del sueño,
    un despertar de peces en el alma.

     Nace en la breve
    geografía del encuentro
    donde discurren las manos;
    como palomas que arriendan
    su plumaje en los estambres
    de un día sediento de caminos.

    Con la lluvia regresan los duendes
    al tejado,
    y le crecen indicios y panes al grito del espejo,
    bajo la lluvia copulan el trigo y  las luciérnagas
    y se desgranan los ropajes del capullo.

    La lluvia olfatea su distancia,
    y le duele su sombra hincada en los balcones.  



    COSTUMBRES

    Ella tenía la costumbre de medirle
    la luz a la distancia que temblaba
    en la nervadura del silencio,
    con sus ojos plenos de nostalgias,
    por eso de sus labios salían
    tardes y pájaros remendados
    de senderos,
    y metáforas y cisnes que rodeaban
    la cintura de la noche;
    en su sonrisa se dormían
    las glicinas y los peces,
    y la luna con sus pecas de algodón
    recién nacidas.

    Ella tenía una forma de traer
    la luz del horizonte
    a la esquina meridional de la casa,
    y de reojo mirar la sombra que escondía
    el espejo en los horcones del tiempo.

    Era la oración del viento en el canto
    de los trigales,
    y la certeza de la lluvia descubriendo
    la voz de la ventana,

    Ella acostumbraba,
    leer el lenguaje de los caminos 
    con la mirada embetunada de golondrinas.
       


    ELLA VENÍA

    Ella venía con un ábaco
    de golondrinas en la mejilla,
    a contarle al espejo
    de tardes, barcos,
    sueños y astros
    que llegaban puntuales
    a la veracidad del reloj.

    A la noche no le cabe
    el ruido de la piel, 
    que se derrama en el drama
    del silencio.

    A veces traía,
    la suma de aves que presentían
    su vuelo sin canciones,
    en los rincones del viento.

    A veces venía empuñando
    las quejas de la lluvia
    que  le asombraban el alma.



    SOLO HACE FALTA

    Solo hace falta traer trillos de sol
    y gotas de pan
    para intervenir el viaje del carbunclo
    por la pestaña del atardecer,

     La noche es un silabario
    de voces,
    asombrando la cintura del camino;
    un ave sedienta de plumajes
    perdida entre las huellas.

    El silencio asume su papel 
    y se llena el alma de canciones
    por eso amanece  inmersa
    en el pentagrama del espejo.

    Entonces hace falta el pan
    la luz, el vuelo torpe del abejón
    sobre la geografía de la cortina.

    Solo hace falta,
    acariciar el fuego de la lluvia
    que regresa a correntadas en el alma.



    CUANDO FLORECEN

    Cuando en las noches florece la lluvia
    con sus picos recién untados de leyendas
    los balcones se llenan de nostalgias,
    y las golondrinas maduran en sus nidos
    la luz de los silencios.

    La quietud empuña la fecha dormida
    de la sombra,
    y se lleva la identidad del caracol
    que incendia la mirada.

    Hay cánticos de pan en la sonrisa,
    y pupilas nuevas en el dorsal del espejo,
    la luz deja su huella en las manos
    y la piel sin prisa 
    se arrodilla en el rostro.

    Cuando la lluvia florece
    en los horcones del valle,
    le nacen alas al trigo que
    amamanta,
    el remiendo de sueños
    asidos en la piel de los asombros.



    HAY

    En las manos hay una espera
    de aves para persuadir
    la entrega de la lluvia
    en el silencio del poro;
    y una necesidad de amar
    el roce de la luz
    en la ventana.

    Pero es que el reloj 
    no sabe de lunas ni argumentos
    y esconde la canción del vuelo
    en la soledad del tejado;
    ni sabe del lenguaje de la miel
    en el iris del encuentro,
    sus pausas no miden el peso
    del labio en el asombro.

    En la brisa hay una ausencia de gaviotas,
    y un poema desteñido
    en el atardecer de los labios,
    es larga la huella del sendero
    que se cubre de cenizas.

    Sobre la joroba del camino
    hay una presencia abierta
    a la realidad de los umbrales,
    y una sombra ardiendo
    en los renglones del asombro.



    TANTAS VECES

    Tantas veces,
    amanecimos con la piel
    untada de trigales,
    bajo la sombra del camino,
    dibujando la estrategia del beso
    con la avena de las manos.

    A ratos inventábamos
    el lenguaje del mar que nos
    crecía en el labio
    como abejas que amaban
    la humedad de los celajes.

    Por eso escribo la lluvia,
    y su elegía
    sobre un papiro ahumado de recuerdos,
    lo escribo en el fogón, 
    junto al valle de tu cuerpo,
    donde me bebo gota a gota
    la geografía de tu sexo 
    y de tu piel.

    Poblado de acuarelas
    me reúno en la esquina 
    de tu espalda
    para escribirle al viento
    tu cintura de almendra
    entre mis dedos.

    A la orilla del día,
    en la aldea de tu falda
    intersecan los violines y tus ojos
    como una marejada de palomas.

    Tantas veces he buscado
    tu pubis  y tu cadera,
    entre el viejo otoño
    que viene por ratos a dejarme
    su risa
    en los pliegues de mis uñas

    Tantas veces,
    busque la luz de tu sexo
    arrodillado en la raíz de la lluvia.
        


    DEJARÈ

    Que la montaña no intuya 
    la edad de la lluvia,
    ni se agriete el viento
    en su viaje sin sigilos.

    No será necesario,
    presentir el suicidio de la luna
    sobre el ramaje teñido de cocuyos.

    El tiempo es solo una astilla
    desangrando la luz de las palomas
    que se marchan urgentes de semillas.

    En el ojo del silencio se ven
    los sauces henchidos de elegías,
    y por el filo de la espera regresa
    la tarde ansiosa de celajes.

    Al final de la sombra el reloj
    es un viejo amargo de ocasos
    en la piel,
    un viaje repetido en el clamor
    de los bandoneones,
    y la soledad una herida,

    de peces que van consumiendo,
    la estrategia de los caracoles
    que se inclinan en la distancia.

    Dejaré que al espejo le roben
    su identidad,
    justo antes de morir en el rostro
    desbocado del silencio   



    PAZ INTERIOR

    A veces siento,
    que el camino se adelgaza
    en la mirada de la montaña,
    como una canción bajando de puntillas
    por la piel del espejismo.

    Es invierno,
    y las tardes se van alejando de la piel,
    entonces amo su forma, su nombre
    y su paz,
    esa paz interior
    que me deja la lluvia
    cuando pasa descalza por mis ojos;
    Es como un viaje de alas
    que se llevan en sus voces la
    miel de lo evangelios,
    entonces admito
    la sed de los peces asediando
    la fe de la distancia
    y la quietud de los terrones
    que se angustian
    con el paso del tiempo en el silencio.

    Con la esperanza viene la victoria,
    y se abren las orquídeas
    con su aroma bajo el labio,
    la luz es un remanso de cisnes,
    un abrazo de sol en el espejeante
    realismo del mediodía.

    A veces pienso,
    su voz,
    la luz escarchada en mis manos
    y su paz dormida en la libertad de mi pecho.



    EL DOLOR

    El silencio es un pájaro
    sin sombra 
    sin luz
    sin nombre
    sin fecha de dolor en el bostezo
    de su vuelo.

    Un día se echó encima la ruta
    de los tulipanes,
    y con la mirada inconfesa del viento
    se escabulló por la esquina
    del aguacero,
    con un estandarte de relojes
    desplegados en el vientre,
    con sus pasos convincentes
    de huellas en el alma.

    A veces duelen sus pausas sin sol
    y su ruta de voces
    que amanecen descalzas
    en los ramajes.

    Adonde fueron a dar sus albas,
    sus danzas de trigo que ardían
    en el fogón del arco-iris.

    De nada sirve el beso
    que vaticinaba tu boca
    ausente de menguantes.


         En la quietud mido
          la cadera del silencio,
          y la sangre de las palabras
        que revientan en los arenales
    como un mar que muere
    en el testamento del celaje.

    El dolor es un incendio  de aves
    un pañuelo de mariposas
    agitándose en el filo del espejo.









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  • 10/17/16--04:11: MANUEL COSTA ALVES [19.301]

  • MANUEL COSTA ALVES

    Manuel Costa Alves nació en Castelo Branco, Portugaló en 1944, con raíces en el pueblo de Malpica do Tejo, meteorólogo, despertando a la esfera social a los 14 años, cuando visitó la ciudad de Humberto Delgado, el "general sin miedo."

    Ex alumno del Liceo Nuno Álvares quería estudiar Letras, pero la situación económica de sus padres le obliga a elegir Ciencias.

    En 1961 estudiará Física y Química en la Universidad de Coimbra. Con la crisis y la concienciación política de represión académica surgen sus primeros delirios ideológicos.

    Como vicepresidente del departamento cultural de la Asociación Académica,  no puede unirse a ningún Partido, pero participa en las acciones clandestinas y estuvo a punto de ser expulsado de la universidad. Para deshacerse de la vigilancia de la policía del Nuevo Estado, el joven, que en el Registro de la PIDE se considera como "subversivo", le ayuda el existencialismo de Camus.

    Movilizado para Guinea Bissau, sin embargo le asignan a Timor Oriental, donde permanecería entre 1973 y 1974.

    Aquí fraterniza con anticolonialistas duros, como José Ramos-Horta y Mario Alkatiri.

    Frente a la amenaza de Indonesia, y de nuevo en Portugal, como meteorólogo asume en su totalidad la causa de las personas maubere.

    Portador de mensajes de la Asociación Social Democrática de Timor (FRETILIN más adelante), y las cartas de sacerdotes y monjas, con otros conciudadanos da voz a la revista Funo (guerra en tetum) y el eco de los partidos representados en el Parlamento, lucha por la independencia en suelo portugués y se apoya en la base de los Estados Unidos en Australia.

    Diez años más tarde, Anthímio de Azevedo, un pionero de la meteorología en la televisión nacional, le invita junto a Teresa Abrantes para dar la información meteorológica de TVI, donde permanecería cuatro años.

    Entre 2009 y 2010, Costa Alves fue diputado independiente de la Asamblea Municipal de Castelo Branco a través del Bloque de Izquierda, renunció al mandato, y enseñó durante cinco años en el Instituto Politécnico de Guarda.

    Entre 1990 y 1995 escribió la columna semanal "Cata-Ventos" en el Daily News.

    Es autor de los libros “Voltar a Timor” (1998), sobre su experiencia en ese territorio, y Podia Ser de Outra Maneira (Imagem do Corpo)” (2000), que reflexiona sobre el mundo de la segunda mitad del siglo XX, y la antología “Mudam os Ventos Mudam os Tempos – Adagiário Popular Meteorológico” (2002), com 1800 adágios.

    Una vez más, lo hace en sintonía con la vida y la obra de Camus, escritor franco-argelino, de pensamiento marcado por la guerra y la pobreza, o las inquietudes y dilemas de su tiempo, y también escribió teatro, una de sus grandes pasiones ".

    -En poesía ha publicado recientemente, "Corpo Aberto", 2016. 



    Molinos de viento entre El Toboso
    Y Campo de Criptana

    El viento tiene alma de ser vivo
    y muchas casas donde reposar.
    Paso a paso, sube y baja las escaleras del aire,
    fluctúa evasivo, se deleita indefinido,
    sondea un suspiro entre las brumas que secan las calles.
    Cuando el viento es así, Dulcinea del Toboso
    duerme los sueños apaciguados nos de Don Quijote.

    En El Toboso, los molinos son de viento
    y amasan ríos de pan.
    Pan, solo pan, en las alforjas de Sancho Panza.
    En El Toboso, hay tabernáculos que guardan la limpidez de amar
    y arados que juntan los labios.
    En El Toboso, no habrá guerra
    donde la memoria de la guerra se clausuró.
    En El Toboso, los molinos acogen vientos de utopía.

    Pero, cuando el viento es desapacible,
    transforma las montañas de pan en gigantes
    que hierven enemistades.
    Es lo que sucede en el Campo de Criptana
    con el viento enfureciéndose encendiendo
    nostálgicas ficciones de batallas.
    En el Campo de Criptana el viento no hace sombra.
    Atiza las hogueras inclementes de La Mancha
    y levanta sus lanzas por el tiempo de todos los tiempos
    que van desapareciendo.

    Traducción de Alfredo Pérez Alencart











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  • 10/17/16--04:39: CLAUDIO PAGELLI [19.302]

  • Claudio Pagelli

    Claudio Pagelli 1. (1975).
    Poeta italiano originario de Como, una ciudad de la Lombardía. Ha publicado algunas antologías de poesía entre las que se encuentran L’incerta specie (2005), Le visioni del trifoglio (2007), Ho mangiato il fiore dei pazzi (2008), Buchi Bianchi (2009) y Papez (2011).Ha ganado premios en distintos concursos en Italia como Il Fiore, Antica Badia di San Savino, Città di Capannori, De Palchi Raiziss, Dialogo, Il Lago Verde, Tommaso Grossi y Ugo Foscolo. Actualmente es director de la Asociación Artístico Cultural Helianto.



    Traducción de Diego Tapia


    Gesù e la lucertola2

    Ti nascondi dietro la croce
    come un insetto all’ombra del sole
    sgranando il canto del rosario
    per celare il tuo vero volto,
    la corona di spine che ti strozza le vene strette,
    il flebile flusso delle virtù che s’increspa alla luce
    ogni sguardo recita la cifra del calcolo,
    la lucida fretta della lucertola
    che scatta verso la mosca.



    Jesús y la lagartija

    Te escondes detrás de la cruz
    como un insecto a la sombra del sol
    desgranando el canto del rosario
    para ocultar tu verdadero rostro,
    la corona de espinas que te ahorca las venas estrechas,
    el flébil flujo de las virtudes que se encrespa a la luz
    cada mirada entona la cifra del cálculo,
    la lúcida prisa de la lagartija
    que se lanza hacia la mosca.



    L'uomo d'argilla3

    Tu scavi la mia argilla 
    con le tue spalle di sangue, 
    il tuo cuore di spugna 
    mi beve le vene profonde. 
    Sei alta come un cristallo 
    che mi crolla in gola, 
    e tutta la violenza che stringo 
    fra le dita è una vampa 
    inattesa, il profilo di dio 
    il tuo corpo deluso.



    El hombre de arcilla

    Tú cavas mi arcilla
    con tus hombros de sangre,
    tu corazón de esponja
    me bebe la venas profundas.
    Eres alta como un cristal
    que se me derrumba en la garganta,
    y toda la violencia que estrecho
    entre los dedos es llamarada
    improvisa, el perfil de dios
    tu cuerpo decepcionado.



    La formica bianca4 

    Chi conosce la verità?
    Tra le labbra dell'erba azzurra
    corre la bianca formica Diogene
    il sangue che ci scorre sotto
    è giusto o corrotto?
    E quanto costa un grammo di pensiero
    che sia schianto di luce e respiro?
    Anche il verso è esercizio di vanità
    e il poeta
    un'aragosta nella gola della nassa.



    La hormiga blanca

    ¿Quién conoce la verdad?
    Entre los labios de la hierba azul
    corre la blanca hormiga Diógenes
    la sangre que nos corre allá abajo
    ¿es justa o corrupta?
    ¿Y cuánto cuesta un gramo de pensamiento
    que sea estruendo de luz y respiro?
    También el verso es ejercicio de vanidad
    y el poeta
    una langosta en la garganta de la nasa.



    Tempi moderni5 

    Mi bruciano gli occhi ma va bene così
    ho tradotto per ore dall’inglese all’italiano
    un libretto per bambini - pochi fronzoli, zero sdruccioli -
    e quattro soldi tipo rimborso spese
    o giù di lì. il fatto è che giù di lì
    si cade proprio in bocca ad un niente,
    ad un nano-abisso che sadicamente mina l’autostima.
    (traduttore o poeta che uno sia
    o che pretenda da sé d’essere)
    la pelle delle mani tirata e asciutta,
    poche briciole di gloria attendono
    l’incontro di una fame più grande.


    Tiempos modernos

    Me arden los ojos pero está bien así
    He traducido por horas del inglés al italiano
    Un librito para niños – pocos oropeles, cero esdrújulos –
    y unos centavos tipo rembolso de gastos
    o por ahí. El hecho es que por ahí
    se cae justo en la boca de una nada,
    en un nano-abismo que sádicamente mina la autoestima.
    (por traductor o poeta que uno sea
    o que por sí pretenda ser)
    la piel de las manos tensa y seca,
    pocas migajas de gloria esperan
    el encuentro con un hambre más grande.


    1 http://claudiopagelli.weebly.com/
    2 Tomado de L'incerta specie, Lietocolle, 2005.
    3 Tomado de L'incerta specie, Lietocolle, 2005.
    4 Tomado de L'incerta specie, Lietocolle, 2005.
    5 Claudio Pagelli, Papez, L’arcolaio, di Gian Franco Fabbri, Forlì, 2011

    http://www.periodicodepoesia.unam.mx/





    Claudio Pagelli nasce a Como nel 1975.

    Autore de "L'incerta specie" (LietoColle, 2005, prefazione di Manrico Murzi), "Le visioni del trifoglio" (Manni, 2007, prefazione di Fabiano Alborghetti),  "Ho mangiato il fiore dei pazzi" (Dialogo, 2008), l'e-book "Buchi Bianchi" (Clepsydra, 2010), "Papez"(L'Arcolaio, 2011, prefazione di Andrea Tarabbia).

    Con opere di Emanuele Gregolin, Gianluigi Alberio e Massimo Monteleone pubblica inoltre  alcune plaquettes artistiche (PulcinoElefante, Osnago).

    Premiato in numerosi concorsi letterari di interesse nazionale tra cui "Il Fiore", "Antica Badia di San Savino", "Città di Capannori", "De Palchi Raiziss", "Dialogo", "Il Lago Verde", "Tommaso Grossi", "Ugo Foscolo".
    Sue poesie compaiono in cataloghi d'arte, riviste di settore e siti a tema.
    Dal 2011 propone uno spettacolo teatrale basato sui testi di “Papez”, con i musicisti Luca Foglia e Matteo Goglio, la voce recitante di Simone Giarratana e la regista Chiara Tarabotti.

    Dal 2004 presidente dell'Associazione Artistico Culturale Helianto, vive e lavora a Rovello Porro (CO). 



    Papez, Casa editrice L’arcolaio, di Gian Franco Fabbri, Forlì, 2011


    "dettagli"

    vedi, se Ibra non soffrisse
    d’ipertrofia agli arti bassi
    neanche pregando
    avrebbe deviato quel pallone
    anticipando d’un soffio il portiere..
    è la legge di sempre, lo sai,
    sono i dettagli che fregano la specie -
    il goal sbagliato di un niente
    o la rete che invece si gonfia
    in un cascame di luce di gloria...
    minuzie, amico, astri che girano distratti
    e ci disegnano a terra il profilo del naso,
    la pancia del cielo, le gambe del caso...


    “la strega”

    milleuno milledue milletré
    all’ombelico la mano destra
    al cuore invece quella sinistra,
    vedi la pancia che si gonfia
    lievita come un panettone…
    la ricetta è di quelle buone
    se la paura t’afferra la gola
    e il pensiero un poco s’annoda,