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  • 05/27/16--08:25: JOBYOÁN VILLARREAL [18.784]

  • Jobyoán Villarreal 

    Nació en la ciudad de Culiacán, Sinaloa, México, el 19 de abril del año 1985, estudió dos años de la carrera de Técnico Instructor en Música Clásica en la Escuela de Música de la Universidad Autónoma de Sinaloa (EMUAS 1998 al 2000), estudió la carrera de Ingeniería Industrial y de Sistemas, (2003 al 2007) en la Universidad de Occidente, Campus Culiacán, obtuvo el diplomado Técnicas Avanzadas de Estudio, Lectura y Comprensión. (2011 al 2012), es autor del poemario Dime qué somos donde las estaciones se ensamblan, publicado por el Honorable Ayuntamiento de Culiacán el año 2014. Ha asistido a diversos talleres de poesía entre los que se cuentan los impartidos por los poetas Francisco Meza (premio nacional de poesía Clemencia Isaura), Francisco Alcaráz (premio Nacional de Poesía Joven Elías Nandino) y Jesús Ramón Ibarra (Premio Nacional de poesía Aguascalientes) (2003-2008), fue beneficiario de las beca del Fondo Estatal de Cultura y Artes (FOECA, 2007 al 2008), Beca al Lector otorgada por el Instituto Sinaloense de Cultura (ISIC, 2009 y 2010), sus poemas han sido publicados en las revisas Literal, La Otra, Círculo de Poesía, Trajín y Aldea 21, así como diversos medios electrónicos, ha participado en eventos de cultura como el Festival de Literatura del Noroeste organizado por el Centro Cultural de Tijuana (CECUT, 2009) la serie de lecturas La Eternidad por Fin Comienza un Lunes organizado por el Instituto Sinaloense de Cultura (ISIC, 2011), el Encuentro de Jóvenes Escritores Sinaloenses organizado por el Instituto Sinaloense de Cultura (ISIC, 2014), coordinó un círculo de lectura de poesía los años 2009 al 2011. Fue antologado en el libro Nueva poesía y narrativa hispanoamericana del siglo XXI, publicado por Lord Byron Ediciones el año 2016. Actualmente es fundador y colaborador en el Blog Los Conjeturales Literatura y es Docente parte de la Academia de Ingeniería Industrial en el Instituto Tecnológico Superior de Eldorado, Sinaloa, México. 



    Humor negro

                                        a la memoria de Jaques Vaché

                        El primer acto acababa de terminar. 
                        Un oficial inglés hacía gran escándalo en la platea:
                        No podía ser sino él.
                        …había entrado en la sala empuñando un revólver
                        y hablaba de balacear al público.
                        André Breton 


    A veces la muerte necesita
    que nos paremos y la ovacionemos.
    Que mostremos indiferencia 
    ante la idea del punto, 
    del abismo,
    ante la posibilidad de dejar de existir. 
    No espera que seamos hipócritas, 
    que seamos excéntricos 
    como para pasarle de frente 
    con sus olores y gustos, 
    y robarle un puñado de sombra. 
    ¡Qué tiene que se nos enclaustre en los riñones!, 
    ¡que marque un camino gris en los ojos!
    Hay que pararnos en medio de la función 
    y ovacionarla, con una risa a medias en la cara. 
    Ya serán los gusanos testigos, 
    o el fuego de la hoguera,
    de que tuvimos un gran humor.



    Sueño del verano

    I

    Cuando apenas en la semilla 
    se mira el minuto cóncavo del espíritu, 
    los hombres abren paso hacia la luz, 
    dividen el calendario con pequeñas huellas en el mar, 
    hacen promesas de polvo.
    Desde antes de su memoria 
    llevan la idea del precipicio, 
    del sendero que se corta bruscamente.
    Ahora en el sol asciende la duda oscura que nutre sus ojos, 
    que se desarma en su piel
    a la medida del abismo; 
    estáticos tumbos desolados, 
    palabras a medias, 
    torpes manotazos al viento.
    Desde el fondo del océano,
    las sombras ya pintan sus puertos.
    Con polvo en la boca, 
    cansados en el desierto de su piel, 
    el ciclo de la tierra gira hasta dejarlos mudos.


    II

    Tiempo al tiempo, 
    mientras la piel se encienda 
    con los fogonazos del alba 
    y los baldíos canten hasta el infinito 
    su cántico de islas solitarias. 
    Que las rosas revoloteen de nuevo como un sol 
    y caigan como aureola en los ojos del niño. 
    Que las nubes blandan de nuevo su coral de sal sobre la piel, 
    mientras aullamos como bestias la amarga luz del tiempo.


    III

    En alguna parte del horizonte, 
    el sol perderá su equilibrio 
    cuando se detenga puntual 
    y la noche se rinda al descanso: 
    en la negación profunda 
    se urdirá el sueño del verano.


    Tal como Gilberto Owen, en su viaje a Roma, tras ver una estatua de Perseo, cuestionó su victoria sobre Medusa, cuestión de la cual nace una de las obras fundamentales de la poesía en México; Perseo vencido; obra que da lugar a una serie de aseveraciones alegóricas y en donde Perseo simboliza al artista, quien termina petrificado por su objeto de pasión; el arte.  En esta misma línea creativa Hialurgia surge de la pregunta; ¿Qué hubiera pasado si Narciso, al ver su reflejo en el agua, hubiera estado lloviendo? Narciso sin duda hubiera visto su rostro mutilado. Respuesta que lleva a una serie de aseveraciones y consecuencias alegóricas, tales como; "la lluvia es la asesina de la imagen" y en donde (como una parábola precisa) Narciso representa al poeta;  la lluvia al arte; el lago al tiempo y su reflejo a la realidad. También, dentro de su desarrollo, surge en un acto hipnótico el arte en forma de mujer. En conclusión, Hilaurgia es primeramente un poema de la lluvia, dividido en diez secciones, en donde se representa la muerte de la imagen y sus consecuencias ontológicas. 

    Jobyoán Villarreal




    Hialurgia

    Sin embargo, el pueblo es mucho,
    y esta es la estación de las lluvias cuantiosas
    y no es posible permanecer afuera [...]
    Esdras: 10-13


    I

    Un olor desde la infancia
    profundiza en la piel sus dedos íntimos.

    Mi tierra, húmeda consanguínea,
    tórrida transparencia de lilas agudas,
    derrama en la Ceiba a un sol descompuesto.

    Socava la delgada corteza del viento, ciudad abajo,
    un mutismo de imágenes que se entumecen en la cara.

    Cae sobre esta frágil superficie,
    sustancia de pájaro vencido ante el vuelo,
    nos toca mortales.

    Mutila la tierra, el polvo,
    cicatriz de dedos fugaces, memoria del agua.

    Comienza en la epidermis un éxodo de máscaras,
    horizonte que se oculta con la torpeza de los años.


    II

    La ciudad se esconde tras la lluvia.
    Las flores se quiebran como memoria
    en un zarpazo del aguacero.

    Así se estrella violentamente,
    pasa y cubre cada gota
    en los techos, láminas y paredes,
    sus sesiones devastadoras.

    Sólo nos queda en las manos
    un silencio de vidrios temblorosos.

    Afuera crece una catástrofe,
    un susurro cauteloso,
    tragedia de siglos:
    eco violento de laureles
    desmoronándose en el vacío.


    III

    Todo emigra y se detiene.
    El ojo se vuelve contemplación estática
    desplegándose en los exilios de la mente.

    Dolor que se deshoja apenas
    como un silencio sin memoria.
    Elidir de las cosas que se han perdido,
    calladas demasiado tiempo
    como piedras.

    Ensaya la lluvia en el suelo
    un rompecabezas muerto:
    el crujir seco del otoño sobre la piel,
    las estaciones que cambian de color como semáforos.

    Nubes cancerígenas deshojándose.
    Hialurgia arreciando como plaga
    en las abiertas fauces del tiempo.


    IV

    Ojo y lluvia,
    uno convierte al otro.
    En un ruego interior,
    en las liturgias de la sangre,
    las fotografías son espejos muertos.

    Mientras se emborracha el tiempo
    la ciudad cae a pedazos.
    En un acto aparece la expansión,
    relatividad que crece como pulpo
    vertiginosamente en la sangre.

    Peces diminutos se revientan en la piel,
    mientras los niños juegan
    y marca la lluvia en sus ojos
    un camino sin retorno.

    —Sé que el temor al tiempo es algo natural,
    que nada de amigable hay en esta agua
    que transcurre su temporada fugaz—.

    Un cascar undosamente martillea
    la tertulia del invierno.

    En una combustión sin imagen
    el silencio se posa como otra ciudad.

    La naturaleza busca perpetuarse en el acto,
    pare sus metáforas, despliega en caras enconadas
    la heterogénea sinergia que repite el amor
    hasta crear universos.


    V

    Cicatrices que se apagan como relámpagos
    fotografías que se llenan como tumbas.

    En un embudo se congrega el pensamiento
    destilando la realidad en espejismos,
    arte del agua en la materia abandonada,
    hialurgia del demiurgo vidriero
    que pasa como por un acantilado
    en el tiempo y sus disfraces.

    Los ojos sin conciencia
    se preparan para la inmolación.

    Parpadeos tramontan en las estaciones
    un espectáculo en su hálito hipnótico:
    la musa asciende del cenagal
    con harapienta voz de prisma herido.

    Nosotros, el Narciso prolífero,
    vemos en el azar, los vidrios,
    indecible virus en el ojo,
    la sentencia de la imagen.


    VI

    Cae
          Calíope.
    Tropo de agua:
    relámpago
                    foto
                          cicatriz.
    En una mueca de agonía,
                cae
                          quiebra sus alas
                               raspa su cuerpo con esquirlas
                                                    rompe tu sombra
                                                         rasga mi piel en el descenso.

    Como la pluma que quiere dormir
    el sueño que no duerme.
    Cae con un dolor de precipicios
    la noche de este universo
    vaciada por su luz.

    El eco insistente de las cosas
    en su número extraño.

    Una cadencia disemina nuestra
    sombra desfigurada.

    La imagen muta su imagen muerta
    desarmándose en las formas del viento.

    En el espacio jadeante de la memoria
    rebota la voz en soliloquios
    como un pasillo resquebrajado:

    —Se acabará la lluvia
    pero empezaremos a ser lluvia nosotros;
    nos humillarán los charcos
    nos pisarán la cara,
    pero en la mente seguirá arreciando la tempestad—.

    Todo lo que hay afuera
    se aprisiona en la ventana.
    Las imágenes en una sucesión
    de páginas blancas.

    —Quizá la lluvia sólo nos recuerde
    todos los abismos que llevamos en el alma
    y somos el personaje que cae,
    multiplicado—.

    La anestesia,
    atropina en la sangre
    que nos va desgarrando en su sueño.

    Cómo duelen sus páginas blancas,
    sus calles blancas;
    cómo duele ella,
    cuando el instante la revienta
    en una secuencia de astros innombrados:
    el lenguaje ininteligible de los espejos.


    VII

    El tiempo se pudre en sus dedos.
    Desfragmenta reticencias en súplicas:
    calles abismales se desprenden de mis ojos,
    labios lacerados arman la lluvia,
    me hacen parte de su urdimbre.

    El silencio pluvial
    se arranca del chubasco de las calles,
    y en la pudrición de sus dedos
    nace un silencio más profundo.
    Resuena en la retina
    el chasquido de una música interminable.


    VIII

    El mundo calla.
    Se derrama como un accidente.

    Las cosas se escabullen
    entre mis manos.

    Una mano tibia se abre en el pecho:
    tus ojos como agua,
    gladiolas que ocultan su transparencia;
    tus ojos en su propio lenguaje,
    asentados en mis párpados como fotografía,
    aleteando las temporadas tristes de tu cuerpo.
    Tus ojos envejeciendo las formas
    cayendo por mí como las hojas
    de un calendario vacío.


    IX

    —Nos sentimos
    como el espejo en el charco
    que en las tardes refleja cosmogonías incompletas,
    sorprendidos como el niño
    que descubre el espacio en su frente.

    En el transcurrir del agua
    una agobiada presencia de universos
    lleva nuestro nombre,
    incandescencia que apaga su mecha
    de crepúsculo en el lodo.


    X

    Desvaneciéndome en mi profunda tempestad,
    sorprendo al mar llorando horizontes de piedra.

    Se incrustan en mis ojos
    espejos que mutilan la imagen
    (Narciso enloquece).

    Hay una voz que me dice:
    —Deja que llueva,
    no hay nada que hacer aquí
    más que dejar que el agua
    interne sus dedos en nosotros—.

    Y en ligeros espasmos de viento
    la lluvia cierra su camino:
    hendir irremediable de la memoria.


    Todos los poemas fueron tomados del  libro Dime qué somos donde las estaciones se ensamblan de Jobyoán Villarreal, publicado por el Ayuntamiento de Culiacán, Sinaloa el año 2014.






    .

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    PAULA IRUPÉ SALMOIRAGHI

    PAULA IRUPÉ SALMOIRAGHI nació en Buenos Aires, en 1969. Es profesora en Lengua y Literatura, y traductora de francés. Escribe desde los quince años. Ha publicado poemas en revistas de Argentina, Francia y Bélgica, cuentos fantásticos y de CF en Clepsidra, Crónicas de la Forja, NM, MiNatura y Aurora Bitzine, y artículos de crítica y teoría literaria en diversos sitios web.



    COMPARTIMENTOS ESTANCOS

    Hay en el fondo del mar
    un barco pirata que se hundió
    y nunca más nadie
    pudo ponerlo a flote.

    No se sabe si llevaba un tesoro
    si tenía cautiva a una princesa
    o si su capitán tocaba el acordeón.

    Las medusas y los hipocampos atraviesan
    los compartimentos agujereados de su cubierta
    y su velamen
    se pega a los mástiles quebrados.

    Por eso es muy lindo estar ahí.
    No hay que preocuparse
    por navegar.
    Ya
    no es importante
    que el viento sea o no

    favorable.




    MAÑANA DE DOMINGO

    Mi gato lentamente sobre el techo.

    Sólo su sombra
    en las baldosas del patio.






    "Mi tren monoplaza", Ediciones Del Dock, 2010.


    NO ENTREGUES

    No entregues tu alma
    no llores no te abras
    que el amor hundirá su hierro
    candente en tu herida
    y coagulará tu sangre
    y congelará tus lágrimas
    y pudrirá tus besos
    y apilará tus caricias hasta venderlas
    a tanto el kilo
    al primer vagabundo que pase por la calle.




    LA BOCA DE PALABRAS

    No tenés nada que decir
    y se te llena la boca de palabras.

    No hay gesto más sincero
    que el gesto que no hiciste nunca.

    En el revés de la mentira
    no tiene por qué estar oculta la verdad.





    VIAJE

    Sumergite en tu sangre
    sepultate en tu aliento.
    A lo mejor encontrás algo.
    A lo mejor cuando volvés
    el mundo ha desaparecido.




    EN LOS RINCONES

    Vení
    buscá en los rincones
    en los ángulos
    en los dobleces de mi piel
    desde alguno está espiándote
    todo el amor que te prometí.




    VACÍA

    Vacía de todo
    miro tu cuerpo vacío.

    Pero el amor se empeña
    en mantener la mirada.




    LA PIEL DEL MUNDO

    Sólo sé que entraste
    y saliste de mí para siempre.
    Tus idas y vueltas están escritas
    con mi sangre
    en la piel del mundo.




    VENÍ, VENÍ, SEGUIME 

    Vení, vení, seguime
    ¿Mis padres? Yo no tengo padres
    nunca los tuve
    y lo que está ante vos no es mi casa.
    Llegaste hasta mi médula
    sacudiste
    mi ternura creyendo
    golpear mi puerta
    bordeaste mis abismos
    creyendo cruzar mi calle.
    Estás ante el nudo de mis miedos
    frente al humo de mi desamparo.
    No te invito a mi cuarto
    te introduzco
    entre mis mármoles carnales
    te inicio en la liturgia
    de poseer mis rincones
    en la ceremonia de venir
    a visitarme un lunes por la tarde.

    Te descubro en mis desnudeces
    te sumerjo en mis humores
    te enjabono con mis coágulos
    ( espuma roja)
    te empolvo con mis horas molidas a mortero
    te unto de alaridos
    musgosos babeantes
    te aromo con mis versos quebrados
    punzantes
    te reflejo en mis ojos de vidrio
    vacíos vaciantes.

    Y avanzas entre hogueras
    entre fuegos fatuos
    entre escombros vivos
    entre vidrios calientes y entre voces
    brotadas de alabanzas.
    En mi garganta gruñe
    la huella de tus pasos.

    Y nos envuelven llamas
    y nos enredan salmos.
    Tu abrazo se me enrosca en la mirada
    tu beso es incienso de humo errante
    tu cuerpo funde el mar el hierro el canto
    el cielo el surco la ofrendada
    superficie de mi piel y de mis pactos.

    Sentate, ponete cómodo.
    Despliego para vos en cartón de mis ternuras
    te rodeo con mi biombo
    azul de nauseas gris de mitades.
    ¿Qué es tarde? Los relojes son cascotes en mis manos
    lo que cae sobre el mundo no es la noche
    lo que muere a tu lado no es la tarde.
    Has revuelto mi carroña
    bebido en mi taza el rocío
    ácido de mis sábanas
    modelado en tu boca las migajas
    sedientas de mi amor desesperado.
    No te invito a caminar la noche
    te arrastro en mi caída en mi tornado
    te condeno a llegar conmigo al muelle
    a la rampa sobre el agua tumultuosa
    que construye mi deseo
    en la ventana.

    Y estás listo a penetrar mis laberintos
    y el mareo que te hamaca
    y mis brazos que te empujan
    hacia el fuego hacia la pira
    al abismo al mar al sacrificio.
    Sobre mi olor a sales y a cenizas
    sobre mi aliento a algas y a vacío
    tus pies se afirman.
    Tus pies que conocen el final.

    Y hemos vomitado los secretos
    y rejuntado la magia con los dientes.
    Nuestras lenguas paren el conjuro
    y el espasmo final nos eterniza.
    Y caemos
    caemos hacia arriba hacia abajo o hacia adentro
    caemos en el magma sin reflujos.
    Sobre nuestras cabezas bajo nuestros pies
    algo se solidifica.
    La puerta mi puerta todas las puertas
    rechazan todo intento de regreso.





    .

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  • 05/27/16--22:35: JUAN RAMÓN SANTOS [18.786]

  • Juan Ramón Santos

    Juan Ramón Santos (Plasencia, 1975), es escritor, autor de cuatro libros de relatos -'Cortometrajes', 'El círculo de Viena', 'Cuaderno escolar' y 'Palabras menores'-, de la novela "Biblia apócrifa de Aracia" y "El tesoro de la isla" y de los libros de poemas, Cicerone (La Luna de poniente, 2014) y Aire de Familia (La isla de Siltolá. 2016). Trabaja como promotor cultural y coordina con Nicanor Gil el Aula de Literatura "José Antonio Gabriel y Galán" de su ciudad natal, Plasencia.



    Cicerone (La Luna de poniente, 2014)

    La visita de unos amigos de fuera es siempre una ocasión extraordinaria para pasear por la ciudad, mostrar sus monumentos y hablar de su historia y sus costumbres, de su pasado, su presente y su futuro, pero también para mirarla con ojos extraños, limpios, renovados, y repasar de camino, recorriendo las calles, plazas y rincones que nos han visto crecer, la propia vida. Ésa es la pequeña excursión que propone Cicerone, un paseo demorado, a ritmo de flâneur, por los lugares de una ciudad pequeña, una reflexión sobre el paso del tiempo y la memoria, sobre la vida en la ciudad y la propia existencia, poema tras poema, nel mezzo del cammin di nostra vita.


    La ciudad es mediana,
    todos nos conocemos.
    Mujeres que no acaban de ser guapas
    y hombres que hablan de fútbol y del tiempo
    abarrotan sus calles
    no demasiado anchas
    donde no siempre es fácil extraviarse.

    La ciudad es tranquila,
    de ordinario vivimos y morimos
    sin hacer aspavientos,
    porque el mundo sucede en otra parte.


    MADUREZ

    Con el paso del tiempo te das cuenta
    de que muchas de aquellas
    que tanto alguna vez te deslumbraron
    no fueron nunca hermosas,
    solo jóvenes,
    y de que las mujeres, con los años,
    terminan pareciéndose a sus madres,
    lo mismo que los hombres
    se convierten en copias de John Wayne,
    viejos sheriffs de western decadente,
    con pantalones de cintura alta
    y un aire permanente de resaca
    que arrastran su existencia por el pueblo,
    entre el polvo y matojos vagabundos,
    esperando a que llegue el forajido
    que acierte entre sus ojos el ansiado
    tiro de gracia.


    MAL AGÜERO

    Recuerdo aquellas tardes, en invierno,
    cuando, al volver de clases de pintura,
    cruzando esta plazuela me asaltaba
    el siniestro alboroto de las grajas
    que, ocultas allí arriba, entre tinieblas,
    volando de pináculo en pináculo,
    parecían reírse a carcajadas
    de mi turbio futuro adolescente.
    No sé si estas aves aún anidan
    en el viejo tejado de la iglesia,
    pues lo cierto es que evito atravesar
    normalmente este espacio tan hermoso,
    y no por miedo cinematográfico,
    mas por puro temor a que los pájaros,
    desde lo alto de su clarividencia,
    se acuerden aún de mí y aún continúen
    muriéndose de risa, los cabrones,
    al ver lo que me queda por delante.




    Aire de Familia (La isla de Siltolá. 2016).


    Y ENTONCES FUE EL PRINCIPIO,
    un estallido,
    un big-bang celular
    sin precedentes
    que no alteró por ello lo más mínimo
    la fatigada paz de los amantes,
    que ignorantes dormían allá afuera,
    inocentes, tomados de la mano,
    desnudos, vulnerables,
    ya inmortales.



    Calçada do Combro

    El tranvía perturba al rechinar
    el sosiego temprano del domingo.
    De la calzada asciende, mitigado,
    el rumor de la gente y de los coches.
    El mundo te reclama y tú te acercas
    vacilante, agarrada a tu muñeco,
    para asomarte muda, de soslayo, 
    a este blanco balcón sobre Lisboa,
    que esta mañana luce en tus pupilas
    con prístino fulgor, como si nadie
    jamás la hubiera antes contemplado.
    Que nunca te arrebate nadie el don
    de hacer resucitar con la mirada
    este universo viejo y desgastado.


    *


    Hay algo de mi padre en ese gesto,
    acaso la manera de entornar
    los ojos si sonríes, cuando duermes
    frunces el ceño igual que hace tu abuela
    y tienes al bailar una alegría
    que es herencia del sur y de tu madre
    (por no hablar de la cólera feroz
    que sufres si te enojas y que es mía).
    Son parecidos vagos, inasibles,
    que es inútil medir, mas que te otorgan
    un decidido aire de familia,
    parecidos que al mismo tiempo prueban
    de forma irrefutable que la vida
    es eterna en su forma más terrestre.



    *



    Esta mañana blanca de septiembre
    es tan limpio el silencio
    y tan tierna tu piel
    que quién querría llegar a parte alguna.

    Por eso demoramos nuestros pasos
    dejando que se queden rezagados
    sobre los escalones,
    sobre los adoquines,
    sobre la negra pasta del asfalto,
    pero a pesar de todo, y sin quererlo,
    vamos dejando atrás
    escaleras, callejas y avenidas,
    pasos de cebra, plazas y postigos
    y un sendero de tierra
    salpicado de piedras
    y por primera vez cruzamos juntos
    la cancela de hierro que custodia
    el patio abarrotado del colegio
    y el bullicio de cientos de muchachos
    que esperan impacientes la sirena
    sin lograr mantener recta la fila.

    Yo sujeto tus dedos con los míos
    con más fuerza si cabe que hasta ahora
    mientras tus ojos brillan excitados
    y te sientes llamada por el mundo.

    Te sueltas de mi mano.

    Ya te has ido.



    Libro de familia

    POR ÁLVARO VALVERDE

    Aire de familia se titula el segundo libro de poemas del narrador Juan Ramón Santos (Plasencia, 1975) y lo publica, en la fértil colección Tierra, La Isla de Siltolá. Ya que lo menciono, si no cuento mal, es el sexto placentino con libro en la fresca editorial sevillana, lo que no deja de ser curioso, más si tenemos en cuenta que cuatro de ellos son, como ese sello, jóvenes.

    Volviendo a la obra de Santos, no hay trampa aquí. Estamos ante un libro transparente, escrito con la verdad por delante. Su rótulo lo anuncia. La dedicatoria lo sentencia. El autor relata, desde la concepción al nacimiento, pasando por el embarazo de Fátima, la llegada al mundo de Mafalda, dedicataria del volumen junto a su madre. No es tan simple como parece. Esto es poesía. Sentimientos, miedos, descubrimienos, decisiones, ilusiones van componiendo un espacio íntimo que, sin embargo, cualquiera puede habitar. Más si ha pasado por el trance.

    No falta ese toque de humor, marca de la casa (desde el mismo título de la sección: "Preparación al parto"). Ni ese ritmo que la métrica bien ejecutada proporciona.

    Tras un emocionante "Interludio", cuando la criatura ya está en brazos de sus padres, catorce poemas de catorce endecasílabos cada uno arman "Álbum de fotos", que, a las claras también, ilustra momentos significativos de los primeros meses y años de vida de esa niña que vino a romper la soledad de sus progenitores.

    En el "Epílogo", el adiós: ese instante decisivo en que un padre o una madre (o los dos) deja por primera vez a su hija en el colegio.

    Sorprende que una historia tan gastada, digamos, pueda dar para tanto en manos de un escritor con sensibilidad y con talento. Para que nada quede en sensiblería, repetición ni mera ocurrencia. Ese es el hallazgo de Juan Ramón Santos y el acierto de este libro tan sencillo como asombroso. Pura vida.




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    ANDREU CAÑADAS CUADRADO

    Andreu Cañadas Cuadrado, nace en la ciudad valenciana de Elx en 1990. Realizó el primer ciclo de la licenciatura de Historia del Arte en la Universidad de Barcelona. Se licenció en Antropología Social y Cultural por la Universitas Miguel Hernández, con estancia en la Universidad Autónoma del Yucatán. Actualmente, investiga en un programa de Doctorado en Ciencias Sociales y Humanas entre la Universidad de Alicante y la Universitas Miguel Hernández, habiendo realizado una estancia de investigación en la Università degli Studi di Teramo.

    También ha realizado estudios musicales, siendo profesor particular durante diversos años. Otros trabajos realizados puntualmente se enmarcan en el campo ambiental o el de la gestión cultural.

    Ha publicado escritos en periódicos y en el campo académico. “Del Cascarón y el huevo”  (Ed. Devenir, 2016), es su primer poemario. En él, sintetiza un periodo de ruptura social a la vez que arma imágenes de vida. 




    Del cascarón y el huevo. Ed. Devenir, 2016

    Del Cascarón y el Huevo es el resultado de tres años de trabajo donde se han ido planteando cuestiones que surgen de la eclosión del «huevo» tópico.

    El pensamiento arma la crítica, abre las posibilidades y así se van entretejiendo los momentos de amor, rabia y certeza. Desde un comienzo en que se asientan posiciones desde las que se enfrenta ese proceso de ruptura, se pasa a reconocer el «no» que retuerce las cotidianidades y todo ello salta al fin, amorosamente hablando.

    La poética de Andreu Cañadas, se preocupa por cuidar la adaptación musical de la expresión para que, como dijera Agustín García Calvo, los versos vuelvan a «sonar al oído».


    U-TOPOS

    Llevas en tu auroro una utopía
    de palabras llenas
    y mil fábricas vacías.
    Cántaros ínfimos
    fórmulas quiméricas,
    puentes.
    Crónicas póstumas,
    alcobas vacías
    ríen por amores.
    Valientes partidas
    revientan aguas de empeño
    que bailan la anchura
    de la austeridad.
    Que sienten el risco
    de la anatomía.



    TIEMPOS

    Existe una franja llamada Holocausto
    que mora tras las acciones.
    Es como una nota descuidada, que adviertes
    intermitente
    cuando te afanas en no mirar atrás.
    En el momento en que olvidaste tus ojos
    desoyendo
    se volvió a rajar el límite ominoso.
    Cuando observaste el rostro del último lince
    y ya no viste nada
    el gas volvió a cernirse sobre nuestros rostros.
    –Ahora,
    dulcemente administrado–
    Holocausto es la palabra
    que espera tras el Final.



    ESPERANZA

    Espero
    el día oportuno:
    renuncio.
    Ya vendrán los meses buenos
    ya
    las horas,
    en que se estrene el viaje ansiado
    y se desprenda libertad.
    Ya vendrán...
    Recuerdo el sueño soñado
    desprecio:
    Los rugidos de mis canas
    el fulgor de mis desvelos.



    LAS OLAS

    Risa, juego, inocencia, llanto;
    sueño, fuego, rebeldía, amor;
    duda, empuje, vibración, azar;
    vuelco, esfuerzo, libertad, campo.
    Riesgo, letras, amistad, cante;
    magia, ayuda, corazón, hondo.





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  • 05/28/16--00:55: MICHAEL HAMBURGER [18.788]
  • Image by Caroline Forbes

    Michael Hamburger

    Michael Hamburger. (22 marzo 1924 - 7 junio 2007) fue un destacado traductor, poeta, crítico, escritor de memorias y académico británico. Conocido en particular por sus traducciones de Friedrich Hölderlin, Paul Celan, Gottfried Benn y WG Sebald del alemán, y su trabajo en la crítica literaria. El editor Paul Hamlyn (1926-2001) era su hermano menor.

    Nació en Berlín en una familia judía que emigró al Reino Unido en 1933, y se estableció en Londres. Fue educado en la escuela de Westminster y la Iglesia de Cristo, Oxford y sirvió en el ejército británico desde 1943 hasta 1947 en Italia y Austria.

    Traducciones 

    Charles Baudelaire , Twenty Prose Poems (translator), London, Poetry London, 1946 (revised ed. San Francisco, City Light Books 1988)
    Flowering Cactus: poems 1942–1949 , Aldington, Hand and Flower Press, 1950 – out of print
    Poems of Hölderlin (translator), Poetry London 1943, (revised ed. as Holderlin: His Poems , Harvill Press, 1952) – out of print
    Ludwig van Beethoven , Letters, Journals and Conversations. London, Thames & Hudson, 1951 – out of print.
    Trakl , Decline (translator), St. Ives, Guido Morris/Latin Press, 1952 – out of print
    A. Goes, The Burnt Offering (translator), London, Gollancz, 1956 – out of print
    Bertolt Brecht , Tales from the Calendar (translator), London, Methuen, 1961 (reissued London, Lion & Unicorn Press 1980) – out of print
    Hugo von Hofmannsthal , Poems and Verse Plays (translator with others), Routledge & K. Paul, and New York, Bollingen Foundation, 1961 – out of print
    Modern German Poetry 1910–1960 (translator with C Middleton), Routledge, and New York, McGibbon & Kee, 1962 – out of print
    JCF Hölderlin, Selected Verse (translator), Harmondsworth, Middlesex, Penguin, 1961 (latest ed. London, Anvil, 1986)
    Nelly Sachs , Selected Poems (translator), Jonathan Cape and New York, Farrar Straus and Giroux, 1968 – out of print
    Hans Magnus Enzensberger , The Poems of Hans Magnus Enzensberger (translator with J Rothenberg and the author), London, Secker & Warburg, 1968 – out of print
    HM Enzensberger, Poems for People Who Don't Read Poems (translator), Secker & Warburg, 1968 – out of print
    An Unofficial Rilke (translator), London, Anvil Press, 1981 – out of print
    Paul Celan , Poems (translator), Manchester, Carcanet, 1972 (new enlarged ed. as Poems of Paul Celan , New York, Persea, 1988 and 2002, and Anvil Press, 2007)
    Friedrich Hölderlin , Selected poems and Fragments (translator), Penguin Classics, 1998 (new ed. 2007)
    WG Sebald , After Nature (translator), London, Hamish Hamilton, 2002
    WG Sebald, Unrecounted (translator), Hamish Hamilton, 2004

    Prosa

    Reason and Energy , London, Routledge & K. Paul, 1957 – out of print
    From Prophecy to Exorcism: the Premisses of Modern German Literature , Longmans, 1965 – out of print
    The Truth of Poetry , London, Weidenfeld & Nicholson, First published in 1969, (latest ed. Anvil, 1996)
    A Mug's Game (memoir), Carcanet, 1973, (revised ed. as String of Beginnings ) – out of print
    String of Beginnings (memoir), Skoob Seriph, 1991
    Philip Larkin: A Retrospect , London, Enitharmon Press, 2002 — edition limited to 90 copies plus 20 hors commerce

    Poesía 

    Poems 1950–1951 , Hand and Flower Press, 1952 – out of print
    Weather and Season: New Poems , London, Longmans, 1963 – out of print
    Collected Poems 1941–1994 , Anvil Press, 1995, (new ed. 1999)
    Circling the Square , Anvil Press, 2007
    Taccuino di un vagabondo europeo (Poesie 1941–1999) Cura e traduzione di di Maura Del Serra, Roma, Fondazione Piazzolla, 1999

    Otros

    Hamburger, Michael. "TS Eliot." In TS Eliot: A Symposium , edited by Richard March and Tambimuttu, 178. London: Editions Poetry, 1948.


    UNA INSPIRACIÓN         

    Esta mañana pensé que quizá
    sólo el poema no publicado preserva su valor,
    que publicarlo es arrojarlo
    a un tiradero de basura a que se corrompa
    junto con los asesinatos de la semana anterior y los resultados del futbol,
    los precios de la bolsa, celebraciones sociales y declaraciones políticas.
    La argucia me convenció. Velozmente lo mecanografié
    y a un semanario muy conocido despaché estas líneas.



    VIDA Y ARTE II

    Debido a que estaba escribiendo mi poema sobre los espinos—
    un día sí, otro no, una y otra vez
    hasta que lo dejé, y rompí todos los borradores—
    se me olvidó alimentarlos. Simples bebecitos, engulleron
    cada criatura inerme, desdentada y sin espigón
    que dejaron con vida en el estanque—
    a pesar de la cría de peces potencialmente cuatro veces su tamaño—
    compitieron por el espacio vital hasta el último grano de comida
    después se debilitaron y murieron.

    Los quería, por supuesto,
    (Inhumani nihil, etc. —mientras sea naturaleza:
    los sapos se estrellan con las ranas en mi descuidado jardín)
    sus aletas siempre vibrando ,
    su brillo de macarela moteada,
    cómo disparaban, torpedos en busca de barcos–
    y estaba lleno de remordimiento.
    Había estado esperando a ver a los machos
    volverse carmín, magnesio azul en la estación de la crianza,
    con valor defienden sus nidos.

    Sin embargo, mi conciencia se sintió tranquila, también, al pensar:
    un poema de amor menos.


    PALABRAS

    “¿Te llamas escritor? ¿Y te sientas allí con la lengua atada
    mientras los otros hablan de libros?
    Sorprendido, respondes con monosílabos, sin comprometerte.
    ¿Eres pues tímido o astuto? ¿Superior o simplemente tarado?
    ¿Te aburrimos o no estás atento?”

    “Un poco de todo esto. Pero las palabras son la raíz del problema.
    Ya que no puedo hablar —lo que no puedo hablar— lo escribo.
    ¿Palabras? Sí, palabras, no puedo actuar sin ellas.
    Pero las odio como los amantes las odian
    cuando llega el momento de que los cuerpos hablen;
    como lo haría un acróbata                                             
    si le preguntaran cuando está saltando cómo salta, por qué salta.
    Extraño oficio, lo admito:
    convertir algo en palabras para que las palabras traduzcan esas
    cosas; poniendo en movimiento las palabras para que las palabras traduzcan el movimiento
    ¿Pero palabras sobre palabras sobre cosas? Puedo actuar sin ellas.
    Mira: el juego del arbotante con las ramas movidas por el viento.
    Escucha: un búho. Y aquellas voces —es la hora en que todo se cierra.
    Y huele: el café hirvió hace dos minutos”.   

    De Antología (El Tucán de Virginia, 1988)
    Traducción de Aurelio Major, Miguel Ángel Flores y Verónica Volkow



    Canción silenciada

    Oscuros días del año
    antes del solsticio, el Adviento
    en el detrito de la rasgada arboleda
    el cruel viento de los Urales.
    El último farolillo de malva
    valiente, en silencio se desflora,
    pétalos flama, africanos, ahí persisten.
    Debajo del manzano pelado
    de fruta sin recoger, el amarillo,
    el rojo o carmesí, yacen
    subsidian el canto de las aves, ciervo.

    Su anochecer sólo permite
    una medio recuerdo de luz
    Es tordillo cielo nube emplomado
    La estrella en parpadeo que se oculta
    Chifla el frío entre las fibras que el techo levanta
    Para dar brote y sostenerse
    y danza sus miembros entumecidos
    que los ritmos de la ausencia baten.
    Un hombre sordo canta cerca,
    viene, la alabanza de los que esperan,
    Servil, a la expectativa
    del eterno aún no.


    Nieva dentro

    1

    Árboles pelados,
    arbustos pelados en flor,
    lejos, en el prado del agua.
    el aire también se vuelve blanquecino
    cisnes camuflados al punto
    de la perfección, invisibles,
    mientras que el hambre obliga
    a los pocos oscuros ciervos muntjac
    a violar céspedes cercados,
    -expuestos- sus ojos deslumbrados
    cuando los rayos del sol irrumpen
    destellando tanto blanco que
    se torna pelusa.


    2

    Pero para el lechero, el lavandero
    quienes desafiaron al cortado riel
    el aguanieve y hielo en la quietud
    no inmiscuyen menos blanco.
    Los periódicos, el correo suspendido.
    Lo que se mueve es el viento,
    nube de masa ahora espesa, ahora rota,
    los pájaros pequeños en movimiento tiemblan
    hojuelas escamas cargan, es forraje;
    Y, más allá del dominio de la nieve,
    las lenguas elocuentes como siempre, menean
    su necesidad de la así llamada guerra.


    3

    La habitación y el alimento
    sienten, sufren esta necesidad:
    un bien del petróleo ansía el del otro,
    Luego más y más, y después todo.
    Cubiertos de nieve, los esquimales
    tuvieron suficiente con su era de hielo,
    en nieve caliente como el oso polar,
    La humanidad en su mayoría podía reír.
    La paz blanca, la blanca poesía.
    Floreció la luz cruel
    hasta ser también ellos mimados,
    y tirpular las máquinas de la codicia.


    4

    Aleros, ramas que ahora gotean
    han llevado a la casa el periódico,
    pizca de frío que adormece,
    nuestra normalidad en descongelación.

    Traducción: Marcela Chacón Ruiz



    Epitafio para un jinete

    Que nadie se lamente por cabalgadura, hueso guarnecido
    que cruelmente montaba tras piedra, tras pantano,
    leño, cerca y zanja, sea el tiempo que sea;
    ni siquiera insinuar que dos se hundieron juntos:
    un caballo cayó muerto y a su amo abatió,
    mas con esa caída la unión fue terminada.
    Y un rocín roto hallamos y muerto su jinete sin dejar
    otra huella que limpios atavíos,
    freno, riendas y látigo para que los recojan sus amigos.
    Apenas los restos de una bestia yacen aquí.

    Incluido en Poesía inglesa contemporánea (Barral Editores, Barcelona, 1975, versión de Antonio Cisneros).



       Knowing less and less, knowing
       That to walk is enough
       On the one, the various earth,
       To see is enough,
       The less lumbered with names,
       The more filled with the sight,
       With the light that’s nobody’s yet,
       New, after all it has fallen on,
       New, wherever it falls;

                                           (‘Travelling’)



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  • 05/28/16--03:54: ULRICH SCHACHT [18.789]

  • Ulrich Schacht
    Ulrich Schacht (Nació el 9 de marzo de 1951 en Stollberg en el Erzgebirge) es un poeta alemán escritor y periodista.

    OBRAS:

    Hohenecker Protokolle. Aussagen zur Geschichte der politischen Verfolgung von Frauen in der DDR 1984 by Ammann Verlag AG, Zürich
    Brandenburgische Konzerte - sechs Erzählungen um einen Menschen Deutsche Verlags-Anstalt , Stuttgart 1989
    (mit Heimo Schwilk) Die selbstbewußte Nation 1994
    (mit Heimo Schwilk) Für eine Berliner Republik München 1997
    Verrat. Die Welt hat sich gedreht . Transit-Verlag , 2001, 144 Seiten, ISBN 3-88747-167-9
    Die Treppe ins Meer: Schweden-Gedichte Hauzenberg: Ed. Pongratz, 2003
    Gott mehr gehorchen als den Menschen (Hg. mit M. Leiner, H. Neubert, Th. A. Seidel) Christliche Wurzeln, Zeitgeschichte und Gegenwart des Widerstands: Vandenhoeck & Ruprecht , Göttingen 2005
    Weißer Juli: sechsunddreißig Gedichte und ein Essay , Hauzenberg: Ed. Pongratz, 2006
    Bildnis eines venezianischen Mönchs. Eine Liebesgeschichte Hauzenberg: Ed. Pongratz, 2007
    Vereister Sommer: Auf der Suche nach meinem russischen Vater , Aufbau Verlag , Berlin 2011, ISBN 978-3351027292
    Bell Island im Eismeer . Gedichte. Edition Rugerup , 2011, ISBN 978-3-942955-09-6
    Über Schnee und Geschichte. Notate 1983-2011 , Matthes & Seitz Berlin , 2012, ISBN 978-3-88221-564-9
    Kleine Paradiese . Erzählungen. Edition Rugerup , 2013, ISBN 978-3-94295-537-9
    Grimsey . Eine Novelle. Aufbau Verlag , Berlin 2015, ISBN 978-3-351036188




    LÜBARS

    Sólo la nieve
    da luz
    a esta hora. El sol
    toda una leyenda. Voy por
    el camino hacia el horizonte,
    la relumbrante carretera
    sola. Conmigo
    mi sombra. Fuerte. La iglesia
    queda atrás. La pradera. Enmarcada
    la escena en cristal. Los campos,
    laterales, reflejan
    lejanía: la aldea tiene su sueño:
    el sueño tiene su pared: enfrente
    se desangra el ojo.

    De El sueño tiene su pared. Nueva lírica alemana (El Tucán de Virginia, 1990).  Traducción de Elisabeth Siefer



    Ulrich Schacht
    Platon denkt ein Gedicht



    Textprobe(n)

    Platon denkt ein Gedicht
    Im Mond Licht der März
    Wald in der Nacht
    Schatten: Stamm um
    Stamm. Dazwischen, dunkler
    noch: die
    Stille.








    Weißer Juli
    Sechsunddreißig Gedichte und ein Essay
    Edition Toni Pongratz, Hauzenberg 2006





    UNTERM KIRSCHBAUM
    sitzend, Vögel rauben seit
    Tagen die Früchte, blick ich
    hinab auf die Ebene bis zum
    Meer: das vereinigt sich, im
    Sonnenglast, mit dem

    Himmel. Lautlos
    fliegen die Vögel in die

    Krone des Baumes lautlos
    retten sie ihren leichten Leib
    lautlos nimmt sich mein
    Blick von dem was zu
    sehen ist, und
    was nicht








    .


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  • 05/28/16--04:12: CHRISTOPH MECKEL [18.790]

  • Christoph Meckel

    Christoph Meckel (Nació el 12 de junio 1935 en Berlín, Alemania) es un poeta alemán, escritor y diseñador gráfico.

    Obras 
    Libros 

    1959: Immermann-Preis
    1961: Förderpreis zum Julius-Campe-Preis des Verlags Hoffmann und Campe
    1962: Förderungspreis des Niedersächsischen Kunstpreises
    1962/1963: Stipendium des BDI in Rom
    1963: Stipendium der Villa Massimo Rom
    1966: Preis der Jungen Generation zum Berliner Kunstpreis
    1974: Reinhold-Schneider-Preis
    1978: Rainer-Maria-Rilke-Preis für Lyrik
    1981: Literaturpreis der Freien Hansestadt Bremen
    1981: Ernst-Meister-Preis für Lyrik
    1982: Georg-Trakl-Preis für Lyrik
    1993: Kasseler Literaturpreis für Grotesken Humor
    1998: Kester-Haeusler-Ehrengabe der Deutschen Schillerstiftung von 1859
    2003: Joseph-Breitbach-Preis , zusammen mit Herta Müller und Harald Weinrich
    2005: Schiller-Ring der Deutschen Schillerstiftung
    2006: International Literary Award Novi Sad (Serbien)
    2012: Rainer-Malkowski-Preis (geteilt)
    2016: Hölty-Preis

    Catálogos de exposiciones 

    Tarnkappe. München 1956.
    Manifest der Toten. Stierstadt im Taunus 1960.
    Im Land der Umbramauten. DVA, Stuttgart 1961.
    Dunkler Sommer und Musikantenknochen. Berlin 1964.
    In der Tinte. Berlin 1968.
    Werkauswahl. Lyrik, Prosa, Hörspiel . Nymphenburger, München 1971; 2. erg. A. 1981, ISBN 3-485-00289-5
    Bockshorn . Nymphenburger, München 1973 – (1984 unter gleichem Namen verfilmt)
    Licht . Nymphenburger, München 1978.
    Ausgewählte Gedichte. Königstein im Taunus 1979.
    Suchbild. Über meinen Vater. Düsseldorf 1980.
    Der wahre Muftoni. Erzählung. München 1982.
    Hundert Gedichte. München 1988.
    Immer wieder träume ich Bücher. Warmbronn 1995.
    Ein unbekannter Mensch. Bericht. München 1997.
    Schöllkopf. Warmbronn 2000.
    Zähne. München 2000.
    Blut im Schuh . Gedichte. Zu Klampen, Lüneburg 2001, ISBN 3-933156-61-0 .
    Nacht bleibt draußen und trinkt Regen. Passau 2002.
    Suchbild: meine Mutter. München 2002.
    Ungefähr ohne Tod im Schatten der Bäume. München 2003.
    Seele des Messers. München 2006.
    Musikschiff. Frauenfeld 2006.
    Wohl denen die gelebt. Erinnerung an Marie-Luise Kaschnitz . Lengwil 2008.
    Nachtsaison. München 2008.
    Hier wird Gold gewaschen. Erinnerung an Peter Huchel . Lengwil 2009.
    Poesiealbum 288 , Märkischer Verlag Wilhelmshorst 2010.
    Russische Zone. Erinnerung an den Nachkrieg. Lengwil 2011.
    Luis & Luis. München 2012.
    Dunkler Weltteil. Erinnerung an afrikanische Zeit. Lengwil 2013.
    Tarnkappe. Gesammelte Gedichte . Herausgegeben von Wolfgang Matz . München 2015.




    ES EL VIENTO

    Es el viento sobre los puentes, el humo y el frío.
    Es la profundidad del agua, es el crepúsculo
    que rasga el cielo y desaparece
    hundiéndose en una noche glacial
    en noviembre y en lluvia tiznada. Es la temprana
    tarde del invierno, es el estar solo con ojos de fiebre
    y huesos ligeros, son los bares y es
    la embriaguez del coñac, el silencio y la gente de Babilonia,
    es el aserrín en el suelo del bar, la escupidera
    y la sangre en la escupidera, es la sangre en el aserrín
    en el suelo del bar, es la llave americana,
    es la risa de la gente de Babilonia,
    es el dinero, es el hambre.
    Son las ciudades junto a ríos aceitosos, es
    el vuelo de los pájaros sobre los puentes, el humo, la noche de viento
    y tormenta de invierno que descuartiza el cielo, es
    un hambre de más y un refugio de menos, una vida
    de más y una vida de menos, es el frío
    el limbo tronante, un morir de más y un morir
    de menos, son los muertos que recibió la memoria
    por un tiempo, y son los muertos
    que recibió el olvido para siempre. Es
    el tiempo y el tiempo después y el júbilo al fin
    la despedida larga, el sueño y la gran serenidad,
    la ira sobre tanto y tan poco, y es su vida.

    De El sueño tiene su pared. Nueva lírica alemana (El Tucán de Virginia, 1990). Traducción de Elisabeth Siefer






    Él viene de noche,
    ella conoce el ruido de su vehículo
    esperando en el cuarto del baño, frente al espejo, fumando.
    Y no sabe (nunca lo supo) lo que le espera:
    el vino, la cama, el abrazo, el sueño y el silencio;
    el gozo, las risas, el ajusticiamiento, el odio, el enojo,
    y qué tipo de despedida le espera:
    la del comienzo o la del fin.

    De. Ch. MECKEL: Hundert Gedichte. 
    Traducción desde el alemán original de
    © Sergio Ismael Cárdenas Tamez,





    Ella viene de noche,
    él conoce el ruido de su vehículo
    esperando en la ventana abierta, dudando, fumando.
    Y no sabe (nunca lo supo) lo que le espera:
    el vino, la cama, el abrazo, el sueño y el silencio
    encantamiento, humor, risas, traición y calumnia
    y qué tipo de despedida le espera:
    la del comienzo o la del fin.

    De: Ch. MECKEL: Hunder Gedichte. Ausgeqählt und mit einem Nachwort von Harald Weinrich
    © 1988 Carl Hanser Verlag, München.
    Traducción desde el alemán original de
    © Sergio Ismael Cárdenas Tamez,


    Im Vergleich

    Und der krumme Hund mit dem Pfennig im Sack
    ist ein guter Anblick, verglichen
    mit dem krummen Hund ohne Sack und Pfennig.
    Der Neger, sein Messer küssend im Dunkeln
    ist ein guter Anblick, verglichen
    mit dem, der seinen Namen wegwirft und einschläft.
    Lustig macht uns der Frierende Franz
    verglichen mit dem, der frierend
    Zuflucht sucht in seinem Leichnam; es macht uns
    lustig was lebt und den Tag im Auge behält.

    Der Baum, der Stein, der Regen
    braucht nicht verglichen zu werden, erhaben
    über jeden Vergleich.
    Aber wir können verglichen werden
    der Reihe nach, einer am andern,
    der Hunger des einen und das Erbrochene des ändern
    das Rasierzeug des einen mit der Kehle des ändern
    nackt, nackter, entblößt bis auf den Herzschlag
    können wir endlos verglichen werden
    zu jeder Stunde, auf jedem Abtritt
    die Schlaflosigkeit des einen
                                       mit der Geliebten des ändern 
    der Kältegrad des einen
     und die Schmerzmeisterschaft des andern.

    Gentleman, die Vergleiche ruinieren uns, sichtbar 
    sichtbarer mit der Zeit, am sichtbarsten ohne Anlaß 
    das Stipendium des einen und der Wortschatz des andern 
    fern, ferner, am entferntesten einer vom andern; 
    einer immer hat kältere Füße
    und schwärzeres Mehl in den Knochen, einer wird immer 
    gefischt aus dem Wasser, das grundloser ist 
    als das grundlose Wasser vom letzten Mal.

    Steh auf, schlag den Kopf an die Wand im Vergleich
    mit dem schärfsten Schmerz
    mit dem härtesten Knochen!
    Geh hin, zieh dich aus im Vergleich
    mit der schmutzigsten Haut, mit der löchrigsten Decke!
    Die Superlative halten sich schadlos
    verzehren uns, persönlich und unpersönlich
    während wir uns ausruhn von Hart
    und Härter und Steinhart
    und wir übertreffen sie, lebend und nichts sonst
    und drehn uns zur Wand im Vergleich
                                                    zu früher und später 
    und sterben, verglichen mit niemand 
    tot, tot im Vergleich zu Luft und Asche.



    Wer könnte Platz nehmen

    Wer könnte Platz nehmen
    in der Gerechtigkeit
    mit seinem Gepäck, seiner Spottdrossel, seinem Namen
    der Freundschaft des Brotes gewiß, und sicher
    daß das Wasser seinen Anblick erträgt
    und die Liebe ihn achtet —
    wer könnte ausruhn bei den Säulen und sagen:
    hier bin ich, eingeschlossen
    in Salz und Licht.

    Er rückt sich in ihr keinen Sessel zurecht.
    Von ihrem Vorwurf
    betäubt und geschunden
    am Rand der Straße hockt er noch immer
    und zählt wie die Katze seine sieben Leben
    unversöhnlich, hungrig
    es tröstet ihn nichts.



    Der Schiffsbaumeister

    „Nicht Archen sollen gebaut werden, sondern Schiffe“
     sagte ich auf der Versammlung der Werftarbeiter 
    doch spricht der Satz nicht mehr als eine Hoffnung aus 
    die täglich wiederholt werden muß.

    Tag für Tag soll öffentlich erklärt werden 
    daß eine Zeit bevorsteht, da man Archen 
    am Horizont der Meerstädte nicht mehr erblicken wird.

    Was das Leben bestimmte zu meiner Zeit 
    wird sich als unvorstellbar erweisen: die Weltmeere 
    befahren von Archen, gewaltige Kästen 
    bewachsen mit Laubwäldern, Sonnenblumen, Korn. 
    Archen zu Hunderten unterwegs,
                                                        überfüllte Meerstraßen.
    Spielhöllen, Akademien, Bibliotheken, Bordelle 
    auf- und abfahrend in Sichtweite verheerter Küsten.

    Zeit der Rauchtürme an allen Küsten.
    Zeit der blutig niedergeschlagenen Streiks in den Häfen.
    Zeit der fristlos evakuierten Provinzen
    der verbannten Raubvögel und verschleppten Bäume.
    Zeit planloser Meerfahrten, endlose Zeit
    der von Gas und Chemie ruinierten Kontinente.

    Als wir Tiere, Pflanzen, Gesteinsproben
    auf die Archen schafften, für unbestimmte Zeit
    hofften wir auf Signale:
    DIE ERDE VON NEUEM BEWOHNBAR.
    Als Elefanten die Archenböden zerstampften
    die Rinder brüllten, die Affen sprangen ins Wasser -
    Tag für Tag soll öffentlich erklärt werden
    daß eine Zeit bevorsteht, da man Archen
    am Horizont der Meerstädte nicht mehr erblicken wird.

    Unvorstellbar wird sein das Wohnen
    zu  Tausenden  in   engen  Schiffsräumen,
                                               vermietete Schlafsäcke
    offene Feuer an Deck, Delphinjagden, Diebstahl 
    flüchtige Liebe unter Segeltuch, Tod durch Ersaufen 
    Pulvergestank, Süßwassersehnsucht und der Anblick von Küsten, die wochenlang 
    verborgen lagen hinter einer Rauchbank 
    auftauchend an Regentagen, schwarz und zerrissen.

    Nicht Archen sollen gebaut werden, sondern Schiffe 
    (unsere Flotte wird sich zusammensetzen 
    aus Touristendampfern, Öltankern und
                                                 Handelsschiffen).
    Das Leben wird erstaunlich ungezwungen sein. 
    Man wird Gouverneure an Bord
                            von Orangendampfern empfangen 
    Gewerkschaftsbosse und Statthalter von Inselländern; 
    man wird Schiffsoffiziere und Werftarbeiter
                                            bei Planungen hinzuziehen 
    und Versicherungsbeamten Sherry anbieten 
    während der Besichtigung auslaufender Schiffe. 
    Man wird Tee trinken an den Nachmittagen,
                                Gespräche führen mit dem Cargo 
    unter Sonnensegeln, während die Archen 
    verschrottet werden, und Gehämmer 
    widerhallt von neu errichteten Küsten.

    Das kommende Zeitalter wird erstaunlich leicht
                                                    und ungezwungen sein.
    Nicht Archen werden gebaut werden, sondern Schiffe.
     Zu lange haben wir unsere Rettung besorgt 
    zu lang nur gedacht an ein Überleben, zu schnell 
    den Erdball hingegeben für einen Platz in der Arche.

    Man wirft mir vor, ich sei alt; mir fehle die nüchterne 
    Einschätzung der Epoche. Ja in Ermangelung 
    eines Besseren rede ich wie von einem Traum
                                                              und habe doch
    nichts verheißen, ich habe nichts Unmögliches zugesagt.
    Es kann nicht sein, daß Andere leben werden wie wir. 
    Es kann nicht sein, daß Verwüstung unser Nachlaß ist
                                                            und nichts sonst
    Es kann nicht sein, daß wir nicht, bald schon 
    Sonnenblumen an Land zurückbringen werden.





    Dieser Tag

    Alle Guten Geister für diesen Tag!

    Der Wind strömt stark und warm.
                           Das Grosse Licht baut den Tag auf. 
    Bienen und Kraniche über der Brandung.

    Als hätte die Schöpfung nocheinmal begonnen.
    Kein vorletzter Tag, kein letzter
    und das Meer bewegt lebendige Finsternis.

    Das Haus, im Schwirren der Vogelflüge
                           fliegt auf in die Pinien.

    Freude, das Wort aufersteht
                           nicht geraubt, nicht gesäubert.

    Wir hängen die Schuhe hinaus in den Wind 
    und er füllt sie mit Schmetterling
                           und Samen der Steine.

    Ein paar Sätze, die ich dir zurufen wollte 
    für heute, für morgen,
                           für sieben Leben, kein Ende —



    Erscheinung

    Sie kommt, solang die Zeit an ihr festhält 
    im Abend des kürzesten Tags 
    zu ihm in das Zimmer, im offenen Mantel, 
    sorglos, Schuhe in Händen, im Schein der Kerze 
    und er erzählt ihr die Erscheinung:

    sie kam, bevor die Zeit sie verbrauchte, 
    am Mittag des kürzesten Tags 
    zu mir in die Gärten, in fremden Kleidern,
    unruhig, übernächtigt, die Laubfeuer rauchten,
    und ich erzählte ihr die Erscheinung:

    du kommst, bevor die Zeit dich verändert,
    am Abend des vorletzten Tags
    zu mir in die Unterkunft, mit erloschenen Haaren,
    frierend im Tosen von Schutt und Flammen,
    und ich  erzähle dir die Erscheinung:

    Du kamst, bevor die Zeit dich erkannte,
    im Abend der kürzesten Nacht
    zu ihm in das Haus am Wasser, verwirrt, betrunken,
    taumelnd im Zwielicht der Eisblumenfenster,
    und ich erzählte dir die Erscheinung:

    Sie erschien, bevor die Zeit sie entrückte,
    am Morgen des kürzesten Tags
    im Gaslicht der Flurbeleuchtung, vor seiner Suite
    wortlos, unbewegt, in Handschuh und Schleier,
    und er erzählte ihr die Erscheinung:






    .


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  • 05/28/16--04:26: RICHARD EXNER [18.791]

  • Richard Exner

    Richard Carl Hugo Exner (Nacido el 13 de Mayo de 1929 en Niedersachswerfen; † 16 de de julio de 2008 en Berlín) fue un poeta germano-estadounidense especialista en literatura,  y traductor.

    Obra lírica 

    Gedichte. Limes Verlag, Wiesbaden 1956.
    Fast ein Gespräch. Schneekluth Verlag, München 1980.
    Mit rauchloser Flamme. Schneekluth Verlag, München 1982.
    Aus Lettern ein Floß. Schneekluth Verlag, München 1985.
    Ein halber Himmel. Schneekluth Verlag, München 1988.
    Stätten. Ein Gedicht-Zyklus. Edition Toni Pongratz, Hauzenberg 1988.
    Kindermesse. Gedicht-Zyklus. mit Zeichnungen von Mario Schosser, Edition Toni Pongratz, Hauzenberg 1989.
    Die Nacht (Sieben Cantos). Randlage 37/38, Plön 1990.
    Siebenunddreißig Umschreibungen der Nähe und der Entfernung. Lyrische Sätze. mit Zeichnungen von Mario Schosser, Edition Toni Pongratz, Hauzenberg 1991.
    Ein Sprung im Schweigen. Gedichte und Zyklen. Radius-Verlag, Stuttgart 1992.
    Gedichte 1953–1991. Radius-Verlag, Stuttgart 1994, ISBN 3-87173-027-0 .
    Das Kind. Sechs Adventsgedichte. Edition Toni Pongratz, Hauzenberg 1995.
    Die Zunge als Lohn. Gedichte 1991–1995. Radius-Verlag, Stuttgart 1996.
    Gedichte. mit Zeichnungen von Jan Wawrzyniak, Radius-Verlag, Stuttgart 1998, ISBN 3-87173-176-5 .
    ZwischenZeit. Gedichte. vom Autor selbst gelesen, an der Harfe Nora Sander, Verlag Sankt Michaelsbund, München, 2000 (Hörbuch)
    Ufer. Gedichte 1996–2003. Radius-Verlag, Stuttgart 2003, ISBN 3-87173-266-4 .
    Stele. Gedicht. Edition Toni Pongratz, Hauzenberg 2004, ISBN 3-931883-36-1 .
    Untereinander. Gedichte aus dreißig Jahren. Verlag Sankt Michaelsbund, München 2004, ISBN 3-920821-44-0 .
    Der Garten dahinter. Denklingen 2004, ISBN 3-931798-25-9 .
    Bei nachlassendem Licht. Denklingen 2005, ISBN 3-931798-28-3 .
    Erinnerung an das Licht. Gedichte 2003–2006. Edition Toni Pongratz, Hauzenberg 2007, ISBN 978-3-931883-52-3 .
    Das ganze Leben. Späte Gedichte. Edition Toni Pongratz, Hauzenberg 2009, ISBN 978-3-931883-68-3 .



    Después de Auschwitz

    Para Wolfgang Weyrauch


    1

    ¿Ya no hay poemas?
    ¿Entonces el apologético
    Informe de gobierno
    (el Libro Blanco – oh lenguaje,
    ¡Violada suavidad
    de la nieve!),
    la pesada novela
    mentirosa o el
    periódico tal vez?

    Como una fosa común
    el poema ahorra
    espacio y tiempo.

    Antes de Auschwitz,
    después de Auschwitz
    llovían disctaduras
    y los ríos y
    las ciudades
    llevaban sangre.

    Desde Auschwitz
    ya no se puede matar
    a la historia.
    El trabajo siempre
    hará libre
    y los que de día asesinan
    escuchan en la noche
    a Mozart y a Bach.
    Desde Auschwitz
    –¡hay que quitarse el sombrero
    ante este siglo!–
    ya nada es
    imposible.

    Ni siquiera los poemas.


    2

    Animados
    a dar rienda suelta
    a su fantasía,
    unos niños de Kampuchea
    –cuyo asesino más reciente
    decidió que allá sobraban
    millones de
    seres humanos–
    dibujaron
    cómo colgaban
    disparaban y quemaban
    a sus padres,
    hermanos y extraños.

    Y en ese momento
    una niña preguntó
    ¿qué cosa es una muñeca?

    Aún tiembla el aire
    en las puertas azotadas
    del jardín,
    y la voz que ordenaba
    el trabajo a Adán y a Eva
    (fue una desgracia, creedme,
    rutina y
    consuelo del agotamiento)
    aún sigue vibrando.


    3

    Hoy,
    a un respiro
    del tercer milenio
    de la cruz,
    el primer mundo y el segundo
    indiscriminadamente
    devoran
    al tercero.

    Radiante  
    perecerá
    lo que no esté muerto por hambre.
    Antropófagos:
    oh, cómo os protege
    la palabra extranjera.

    El apocalipsis
    (Juan de Patmos,
    El Bosco, los
    pavorosos
    fabulistas)
    desde hace mucho
    ya ha comenzado.

    Vivimos,
    antes de morirnos,
    sus detalles.


    4

    Muy de madrugada
    el sol,
    las flores,
    la tierra abierta.
    Naturalmente
    los mirlos cantan
    también en el bosque
    de Katyn.

    Hay que quitarse el sombrero
    ante nuestro siglo.
                Su progreso
                salta a la vista:
                tiros en la nuca y
                neurocirugía, todo
                lo lleva a cabo
    con exactitud.
    Nos extermina
    como nos salva
    combatiendo el cáncer
    que ha sembrado.
    Hay que quitarse la cabeza ante nuestro siglo.

    Ven,
    nuevo milenio post-Auschwitz
    ven a Auschwitz

    si no, todo fue
    en vano.


    5

    El que sigamos amándonos
    es un milagro.

    Desde Auschwitz,

    desde Auschwitz
    me avergüenzo cuando
    estoy en el abrazo.

    Tu cuello pulsa
    contra mis labios
    como los pájaros grandes abaten su presa.

    Nuestros cuerpos
    sin aliento se
    unen bruscamente y
    yacen desnudos
    trenzados
    como si alguien
    les hubiera dado
    una ducha mortal.

    Mientras yo
    sienta tu piel,
    no te desollarán
    para forrar una lámpara.

    De golpe nos despertamos
    agradecidos.


     6

    ¡Despierta!
    Matan a la gente mientras duerme
    y al sur de nosotros
    (los desaparecidos)
    lo que uno ha besado
    (los desaparecidos)
    es torturado
    instantes después.

    Ven,
    antes de que suene la hora
    con cachiporras
    antes de que
    los que estamos desapareciendo
    nos entreguemos.

    A pesar de Auschwitz
    no se puede matar a la historia.
    Pero sí a nosotros,
    a nosotros sí
    y tan fácil.


    7

    ¡Despierta!
    tócame,
    no esperes
    a que los tiempos
    cambien.
    No cambian
    jamás.

    Hasta que Auschwitz
    y todos los desaparecidos
    hayan sido olvidados, recordados y
    expiados
    estaremos mudos.


    8

    Y sin embargo, hay poemas.

    Con boca muerta hablados,
    concebidos por tortura.

    Sólo los hombres
    desaparecen
    sin huella.

    A los poetas se les puede
    matar a golpes. Nombres
    son extinguidos.

    Alguien, tal vez
    la esperanza, graba a fuego
    las letras
    en su cerebro.

    Blancas,
    sin imprimir,
    desde los archipiélagos
    por encima de las fronteras
    ¡Fuera con ellas!

    Y ahora
    gritar, con gran voz
    y de memoria
    gritarlas:

    La escritura
    como tempestad,
    como el humo de hombres

    quemados.   


    De El sueño tiene su pared. Nueva lírica alemana (El Tucán de Virginia, 1990). Traducción de Elisabeth Siefer





    Canto VII: The Last Night

    Yours will be
    the last face
    I see. I
    knew it as I
    lay beneath
    you.

    Abandoned Night,
    I twisted myself
    into you.

    How lonely you
    must have been
    to enclose yourself
    in stone. But
    you have given
    birth and baptized
    with tears.

    Abandoned Night
    with the beautiful
    proffered body
    the chastely plaited
    hair in which
    your child never
    hid.

    Night, mother,
    surrendered creature, how
    exposed you were. That
    you had to give birth
    not to joy, or small
    laughing cherubs, but
    from pure sadness
    to a child of tears, of
    fire.

    Night,
    I did not suffocate
    in the stony breech
    of your arms and thighs.
    I had already been born and
    was already breathing.



    Psalms 139:15

    My frame was not hidden from you, when I was being made in secret, intricately wrought in the depths of the earth.

    … and then you
    opened, created space,
    created new sadness, created
    an impenetrable cloak of
    despair around me and hurled me
    into the
    Night.
    Night
    wait for
    me. The exile
    is always on the
    homeward journey. His
    arrival is a myth:
    But then, we are
    already
    there.
    Ultimate Night,
    whoever comes, never to go
    away again, wants to sleep himself alert
    beside you, to bring your stone
    body to white heat once again and feel
    its seething, his head, his head already extending
    out of you, his mouth already reaching
    dawn’s eyelashes.
    Arrival once more.
    Have mercy. 
    Night,
    tonight
    we lie together
    on the uplands
    wasted by heat
    and cold. 
    Here the soul
    steels itself
    for the fire and
    the tremor of
    light.



    We know that we have passed from death into life, because we love one another. He who loves not his brother abides in death. 1 John 3:14

    I lay down
    the weapons of
    darkness. 
    Ultimate Night, I do not want to
    return to your womb.
    I want to stretch out,
    become a hand seizing the invisible,
    hard, against the wood,
    my body upon your limbs.
    While I am still alive, take
    your arms off your knees. 
    You have long since
    woven my
    shroud. 
    Look at me.
    I sense that above
    you sadness ceases
    at last. I hear
    children’s laughter. 
    Bend
    lower. Even with
    your eyes closed
    you will feel
    me.
    My gaze
    rises constantly
    to your face.





    .

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  • 05/28/16--10:08: FRANK STANFORD [18.792]

  • Frank Stanford

    Frank Stanford. Nació el 1 agosto 1948 y murió el 3 junio 1978) fue un poeta americano. 

    Cercano a su 30 cumpleaños, Stanford murió el 3 de junio de 1978 en su casa en Fayetteville, Arkansas, víctima de tres heridas autoinfligidas de pistola al corazón. En las tres décadas que siguieron, se ha convertido en una figura de culto en las letras americanas.

    El sábado por la tarde del 3 de junio de 1978, Stanford se suicidó en su casa en Fayetteville. En su ensayo, "Muerte en la tarde fresca," su viuda Ginny Stanford señala que, habiendo descubierto su marido infidelidad, discutieron sobre el asunto; posteriormente, Stanford se retiró a su habitación, y momentos después, se escucharon disparos: Stanford hasta tres veces se pegó un tiro en el corazón con una pistola calibre 22. Tanto Ginny Stanford como CD Wright estaban en la casa en el momento de su muerte.

    Aparte de la vergüenza imaginable, otros factores potencialmente opresivos pueden haber motivado el suicidio de Stanford. Algunos de sus compañeros y otras personas han sugerido que podía haber tenido la intención de morir antes de los 30 años. Por otra parte, el padre Fuhrmann, que se había reunido con Stanford poco antes de su muerte, cuenta que el poeta tenía "mucho en su mente y Wright y Ginny Stanford informaron que estaba deprimido en el día de su suicidio. Stanford también había pasado un tiempo en el hospital del estado de Arkansas (el hospital psiquiátrico del Estado) en Little rock, Arkansas en 1972 y es posible que intentara suicidarse previamente. 

    OBRA:

    The Singing Knives (Mill Mountain Press, 1971; [19] Lost Roads , 1979, 2008)
    Ladies From Hell (Mill Mountain Press, 1974)
    Shade (Mill Mountain Press, 1975 [35] )
    Field Talk (Mill Mountain Press, 1975)
    Arkansas Bench Stone (Mill Mountain Press, 1975)
    Constant Stranger (Mill Mountain Press, 1976)
    The Battlefield Where The Moon Says I Love You (Mill Mountain Press/ Lost Roads , 1977; [43] Lost Roads , 2000)
    Crib Death (Ironwood Press, 1978)
    You ( Lost Roads , 1979, 2008)
    Conditions Uncertain And Likely To Pass Away ( Lost Roads , 1990 [57] )
    The Light The Dead See: Selected Poems of Frank Stanford (University of Arkansas Press, 1991)
    What About This: The Collected Poems of Frank Stanford ( Copper Canyon Press , April 14, 2015) [89]
    Hidden Water: From The Frank Stanford Archives ( Third Man Books , July 21, 2015)



    Ver­siones y nota de Hernán Bravo Varela

    Leyenda aún oscura de la poesía esta­dounidense del siglo xx; a menudo com­parado por con Whit­man y Rim­baud, Frank Stan­ford (Rich­ton, Mis­sis­sippi, 1948-Fayetteville, Arkansas, 1978) se sui­cidó poco antes de cumplir los treinta años. Incur­sionó en el cine y la edi­ción inde­pen­di­ente. Pese a su corta vida llegó a pub­licar casi una decena de volúmenes, inclu­ido El campo de batalla donde la Luna dice que te amo [The Bat­tle­field Where the Moon Says I Love You], de 1977, un poema épico de más de quince mil ver­sos sin estro­fas ni pun­tuación. La poesía reunida de Stan­ford, What About This [¿Y qué me dices de esto?], pub­li­cada este año por la pres­ti­giosa edi­to­r­ial Cop­per Canyon, ha lla­mado poderosa­mente la aten­ción de críti­cos y lec­tores en todo el mundo, e incluye cien­tos de pági­nas inédi­tas en verso y prosa. Los poe­mas aquí pre­sen­ta­dos con­sti­tuyen, con toda seguri­dad, las primeras ver­siones al español de la vasta, mag­nética y a menudo escalofri­ante obra de Stan­ford.*


    El robalo

    Salta muy alto,
    desafía la noche,
    hace sonar sus branquias
    y anzue­los
    en su dorso.
    El indio dice
    que parece un ganso
    cuando pasa delante
    de la luna.



    El charal

    Si apri­eto
    su cabeza,
    le saltarán
    los ojos
    como estrel­las.
    Las ondas
    que pro­duce
    pueden mover
    la luna.



    Poema

    Cuando le cae la llu­via a la ser­pi­ente en la cabeza,
    él, cer­rando los ojos, quer­ría estar
    dormido en una llanta al borde del camino
    para que los mucha­chos lo hagan rodar por siempre.



    Nar­ciso a aquiles

    Ayer pasé por un puente,
    vi una bota bajo el agua.
    Tales pen­samien­tos tuve,
    que no te puedo decir.


    Plane­ando la desaparición
    de aque­l­los que se han ido

    Den­tro de poco haré mi aparición
    pero debo quitarme antes los aros
    y espadas colocarlos
    en ban­cos de altra­muces de aquel río prohibido
    para lle­var la cuenta de los días en que
    me ido de esta tierra
    no voy a usar los dedos



    Bel­ladona

    La noche en que te conocí
    llev­aba puesta la camisa negra
    llev­aba el pic­ahie­los en mi bota
    Subí al árbol en cueros
    me col­gué bal­ance­ando de una rama
    Nadé todo el camino
    bajo el agua
    el cuchillo en mi boca
    Como can­ción de cazador de cerdos
    hay huel­las que no pueden ser rastreadas
    Una can­ción que se deshace
    como un rosario
    en la parte trasera de una iglesia
    Oh bolero la noche en que te conocí
    dejé de darle brillo a los zapatos



    Los primeros vein­ticinco años de mi vida

    Me encon­tré con mi padre en una bib­lioteca de Mem­phis, Tennessee.
    Las abe­jas salían volando desde el sol.
    El extraño país de la niñez,
    como una libélula con col­lar para perros.
    Ésta es la firma del doc­tor y éste es el dinero traído de la casa.
    Antes, cuando los astros eran pececillos
    que morían de muerte nat­ural en la tina, nos fugábamos
    de los demás en nue­stros barcos.
    Salíamos de mañana.
    Había mos­qui­tos en nue­stro café
    y las cule­bras rompían el hielo para nue­stros viajes.
    Querían morir los grillos.
    Tu cabeza estaba en mi regazo.
    Pescamos con cur­ricán y doce cañas.
    Como hacen esos búhos que llev­aste al bosque,
    te llamé de mil formas.
    Era tu voz un tronco bajo el agua,
    entre bagres azules.
    No se interne en el bosque.
    Las mari­posas, antes de morir, sobre­vue­lan el puente por debajo.
    Tomo mi som­bra de los yacimien­tos de la luna.
    Yo, nube que hace som­bra, cubro de luz mi cuerpo, total­mente desnudo
    ahora, mien­tras me llamo en sueños por mi nombre.



    La luz que ven los muertos

    Son muchos los que vuelven
    después de que alisó el doc­tor la sábana
    en torno de su cuerpo
    y dejó el cuarto para hacer su llamada.
    Han muerto pero viven.
    Se les conoce como los muer­tos que vivieron a través de sus muertes,
    y en mi familia
    se les tiene por sabios y honestos.
    Flotan fuera de sus cuerpos
    y se pren­den del techo como una palomilla,
    sigu­iendo los afanes de todos los demás en torno suyo.
    Las voces e imá­genes de los vivos
    se van desdibujando.
    Un bramido los traga
    bajo las ruedas de una tiniebla sin dolor.
    En la distancia
    hay alguien
    pare­cido a un guar­davía que agita una linterna.
    La luz aumenta, crece una flor blanca.
    Se vuelve muy intensa, como música.
    Ven los ros­tros de gente a la que amaron,
    los que en ver­dad murieron y hablan dulcemente.
    Ven en un sem­bradío a su padre, sentado.
    Ter­minó la cosecha, y su silla de mim­bre quedó lista.
    Lleva una toalla alrede­dor del cuello
    que huele a tónico de ron.
    Luego ven a la madre
    de pie, a espal­das suyas, con un par de tijeras.
    Sopla el viento.
    Ella le corta el pelo a él.
    Los muer­tos han con­tado his­to­rias como éstas
    a los vivos.



    Todos los que están muertos

    Cuando un hom­bre ya sabe que otro
    lo anda buscando,
    el hom­bre no se oculta.
    No se espera
    a pasar otra noche
    con su esposa
    o a acostar a sus hijos.
    Se pone una camisa limpia y un traje oscuro,
    y va a la barbería
    para dejar que otro lo rasure.
    Cierra los ojos,
    se recuerda a sí mismo cuando niño, desnudo
    y recostado en una roca junto al agua.
    El hom­bre pide, luego, la loción especial.
    Los viejos se colo­can junto a la silla, en fila,
    y el bar­bero rocía un poco a cada uno
    de ellos en las manos.




    A veces, en el sueño, acariciamos
    el cuerpo de otra
    mujer y despertamos
    y sabe­mos de las primeras noches
    cuando lle­gan vis­i­tas de verano
    a esa casa de tres pisos de la infancia.
    No importa lo que recordamos,
    el pelo más oscuro
    peinado frente al más oscuro espejo
    del cuarto más oscuro.



    Moscas en la mierda

    A los señores del sur
    a los tur­is­tas del norte
    que escriben poe­mas sobre el sur
    a los pen­de­jos estudiantes
    les quiero hacer una pre­gunta estúpida
    han visto alguna vez una regata de moscas
    nave­gando en un mon­tón de mierda
    y regre­sar a hacer un píc­nic en la mierda
    han oído aunque sea alguna vez
    en su vida a las moscas en la mierda
    porque yo me curtí con moscas
    que flota­ban en la mierda


    Para saber llegar

    Vé al cementerio.



    Luz de río

    Lado a lado, mi padre y yo nos recostamos.
    Él está muerto.
    Alzamos la mirada para ver las estrel­las, el sonido insistente
    del viento al encen­der la noche como un ventilador.
    Éste es nue­stro hogar.
    Recuerdo la obra en él como si fuera
    la amar­gura en los caquis antes de una nevada.
    E imag­ino la forma en que él tenía miedo,
    el suelo oscure­cién­dose en la lluvia.
    Ahora, él se levanta.
    Y sueño que me mira hacia abajo, a los ojos,
    y que me ve morir.




    the bass 

    He jumps up high  
    against the night,  
    rat­tling his gills  
    and the hooks  
    in his back. 
    The Indian says  
    he is like a goose 
    pass­ing in front  
    of the moon.



    the min­now 

    If I press 
    on its head,  
    the eyes  
    will come out  
    like stars.  
    The rip­ples  
    it makes  
    an move  
    the moon.



    poem 

    When the rain hits the snake in the head,  
    he closes his eyes and wishes he were 
    asleep in a tire on the side of the road, 
    so young boys could roll him over, forever.



    nar­cis­sus to achilles 

    Yes­ter­day, I passed over a bridge
    and saw a boot under­wa­ter
    Such thoughts I had,
    I can­not tell you.



    plan­ning the dis­ap­pare­ance 
    of thse who have gone 

    Soon I will make my appear­ance  
    But first I must take off my rings  
    And swords and lay them out all 
    Along the lupine banks of the for­bid­den river 
    In reck­on­ing the days I have  
    Left on this earth I will use  
    No fingers.



    bel­ladonna 

    The night I met you 
    I had the black shirt on 
    I had the ice pick in my boot

    I climbed the tree buck naked  
    I swung out on a limb  

    I swam all the way  
    Under the water  
    With the knife in my mouth  

    Like a song of hog blood  
    Foot­prints you can­not track  

    A song that comes apart  
    Like a rosary  
    In the back of a church  

    O boot­black the night I met you  
    I quit shin­ing shoes



    the first twenty-five years of my life 

    I met my father in a library in Men­phis, Ten­nessee.  
    Bees flew out of the sun. 

    The strange coun­try of child­hood, 
    Like a drag­on­fly on a long dog chain. 

    This is the sig­na­ture of the doc­tor, the money from home.  
    Before, when each star was a min­now  
    Dying nat­u­rally in a tub, we slipped off 
    From the oth­ers in our boats.  

    We left in the morn­ings. 

    The mos­qui­toes were in our cof­fee 
    And the snakes broke ice for our jour­neys. 
    The crick­ets wanted to die.  
    Your head was in my lap. 
    We trolled twelve poles.  

    Like the owls you bull­dozed into the woods, 
    I called you many names.  
    Your voice was a log under the water,  
    Blue chan­nel there.  
    Do not reach into this wood.  

    But­ter­flies hover under the bridge before death,  
    I take my shade in the bor­row pits of the moon. 

    Cloud mak­ing shadow, I cover my body now buck naked  
    With light, call­ing my name in my sleep.




    the light the dead see  

    There are many peo­ple who come back  
    After the doc­tor has smoothed the sheet 
    Around their body 
    And left the room to make his call.  

    They die but they live. 

    They are called the dead who lived through their deaths,  
    And among my peo­ple 
    They are con­sid­ered wise and hon­est. 

    They float out of their bod­ies 
    And light on the ceil­ing like a moth, 
    Watch­ing the efforts of every­one around them. 

    The voices and the images of the liv­ing  
    Fade away.  

    A roar sucks them under 
    The wheels of a dark­ness with­out pain.  
    Off in the dis­tance 
    There is some­one 
    Like a sig­nal­man swing­ing a lantern.  

    The light grows, a white flower.  
    It becomes very intense, like music. 

    They see the faces of those they loved, 
    The truly dead who speak kindly.  

    They see their father sit­ting in a field.  
    The har­vest ir over and his cane chair is mended. 
    There is a towel around his neck, 
    The odor of bay rum. 
    Then they see their mother 
    Stand­ing behind him with a pair of shears. 
    The wind is blow­ing. 
    She is cut­ting his hair. 

    The dead have told these sto­ries 
    To the living.



    every­body who is dead 

    When a man knows another man 
    Is look­ing for him 
    He does’nt hide. 

    He does’nt wait 
    To spend another night 
    With his wife 
    Or put his chil­dren to sleep. 

    He puts on a clean shirt and a dark suit  
    And goes to the bar­ber shop 
    To let another man shave him. 

    He shuts his eyes  
    Remem­ber him­self as a boy 
    Lying naked on a rock by water.  

    Then he asks for the spe­cial lotion.  
    The old men line up by the chair  
    And the bar­ber pours a lit­tle  
    In each of their hands.



    you  

    Some­times in our sleep we touch  
    The body of another woman  
    And we wake up 
    And we know the first nights 
    With sum­mer vis­i­tors  
    In the three sto­ried house of our child­hood.  
    What­ever we remem­ber,  
    The dark­est hair being brushed  
    In front of the dark­est mir­ror 
    In the dark­est room.



    flies on shit 

    To the gen­tle­men from the south  
    to the tourists from the north  
    who write poems about the south  
    to the dumb-ass stu­dents 
    I’d like to ask one lousy ques­tion 
    have you ever seen a regatta of flies 
    sail around a pile of shit 
    and then come back and pic­nic on the shit 
    just once in your life have you heard 
    flies on shit  
    because I cut my eye teeth on flies  
    float­ing in shit



    to find direc­tions 

    Go to the graveyard.



    riverlight 

    My father and I lie down together.  
    He is dead. 

    We look up at the stars, the steady sound  
    Of the wind turn­ing the night like a ceil­ing fan.  
    This is our home.  

    I remem­ber the work in him 
    Like bit­ter­ness in per­sim­mons before a frost. 
    And I imag­ine the way he had fear, 
    The ground turn­ing dark in a rain. 

    Now he gets up. 

    And I dream he looks down in my eyes 
    And watches me die.




    * Los primeros seis poe­mas cor­re­spon­den a Los cuchil­los que can­tan (The singing knives), 1971; el sigu­iente a Un per­ma­nente descono­cido (Con­stant stranger), 1976; luego, “La luz que ven los muer­tos”, a Muerte de cuna (Crib death), 1978; el noveno y el décimo poema pertenecen al vol­u­men Tú (You), pub­li­cado pós­tu­ma­mente en 1979; las “Moscas en la mierda” se encuen­tra en La parra ardi­ente (Smok­ing grapevine), sin fecha, tam­bién pub­li­cación pós­tuma, mientras los dos últi­mos tuvieron cabida en La última pan­tera en la meseta de Ozark (The last pan­ther in the Ozarks), sin fecha y de pub­li­cación pós­tuma. (N. de la R.)

    http://revistacritica.com/contenidos-impresos/poemas/poemas-frank-stanford






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  • 05/28/16--10:39: ELLEN BASS [18.793]

  • Ellen Bass 

    Nacida en 1947 en Filadelfia, es una poeta americana.

    Bass creció en Margate City, Nueva Jersey, donde sus padres eran propietarios de una tienda de licores. Asistió al Goucher College, donde se graduó con honores en 1968 con su licenciatura. Persiguió un grado de maestría en la Universidad de Boston, donde estudió con Anne Sexton y se graduó en 1970. Desde 1970 hasta 1974, Bass trabajó como administradora en un centro de servicios sociales en Boston. En la actualidad enseña en el programa MFA en la Universidad del Pacífico en Oregon y reside desde 1974 en Santa Cruz, California. 

    Sus poemas han aparecido en cientos de revistas y antologías, entre ellos The New Yorker, The Atlantic Monthly, Ms., The American Poetry Review, The Kenyon Review, Ploughshares, and Field .  
    Gran parte de su escritura anterior es poesía confesional.

    Poesía 

    Colecciones 

    I'm not your laughing daughter . University of Massachusetts Press. 1973. ISBN 978-0-87023-128-5 .
    No More Masks! An Anthology of Poems by Women , co-edited with Florence Howe (Doubleday, 1973) ISBN 978-0-385-02553-9
    Mules of Love . BOA Editions. 2002. ISBN 978-1-929918-22-5 .
    The Human Line ( Copper Canyon Press , 2007) ISBN 978-1-55659-255-3
    Like A Beggar ( Copper Canyon Press , 2014) ISBN 978-1-55659-464-9

    No ficción 

    I Never Told Anyone: Writings by Women Survivors of Child Sexual Abuse (HarperCollins 1983, 1991) (co-authored with Louise Thornton and others)
    The Courage to Heal: A Guide for Women Survivors of Child Sexual Abuse (HarperCollins 1988, 1994) (co-authored with Laura Davis)
    Beginning to Heal: A First Book for Men and Women Who Were Sexually Abused as Children (HarperCollins 1993, 2003) (co-authored with Laura Davis)
    Free Your Mind: The Book for Gay, Lesbian and Bisexual Youth—and Their Allies (HarperCollins, 1996) (co-authored with Kate Kaufman)

    Libros para niños

    I like you to make jokes with me, but I don't want you to touch me (Lollipop Power, 1981; Carolina Wren Press, 1993)



    Qué me encantaba 

    Ver­sión de Rodrigo Flo­res Sánchez

    ¿Qué me encantaba de matar a los pol­los? Déjenme comenzar
    con el camino hacia la granja, cuando la oscuridad
    se hundía de nuevo en la Tierra.
    La car­retera húmeda y bril­lante como el listón plateado
    de un cara­col, y el huerto
    con sus ramas escuál­i­das. Me encanta­ban los delan­tales amarillos
    de goma y el modo en que Janet anud­aba mi tirante roto.
    Y los altares de acero inoxidable
    que blan­queábamos, Brian afilando
    los cuchil­los, probando el filo con la uña de su pulgar.
    Las ochenta y ocho gallini­tas agaza­padas en sus cajas.
    Envolviendo con mis manos
    sus alas blan­cas, las metía en la urna cónica.
    Algu­nas se mostra­ban despre­venidas al estrecharse el mundo;
    algu­nas cacare­a­ban y revolote­a­ban; algu­nas luchaban.
    Asía una por una, doblaba sus patas brillosas,
    sacaba su cabeza a través del embudo para sacrificio,
    su pico de quer­atina y la hir­suta y vas­cu­lar cresta roja
    que alguna vez las man­tuvo frescas
    cuando picote­a­ban en su man­sión de herbaje.
    Yo no veía esos ojos pétreos. No pedía perdón.
    Desliz­aba la navaja entre las plumas y hacía
    rápi­dos cortes semi­cir­cu­lares, cercenando
    las arte­rias justo debajo de la mandíbula. La san­gre escurría
    como vino de una botella. Después, al ver su miga de corazón,
    me cuesta creer que una estrella tan pequeña
    pudiera bril­lar de esa forma. Lev­antaba cada cuerpo, lo sumergía en agua caliente
    hasta que la escamosa mem­brana de las patas
    se desprendía bajo mi pulgar.
    Y luego de ser lan­zadas al desplumador,
    me encan­tan las aves recién desnudas.Al separar
    con pre­cisión cabezas y patas de las artic­u­la­ciones: riquezas
    de un hom­bre pobre para un caldo dorado. Hacer
    una gri­eta, alcan­zar su cavidad,
    lib­erar los órganos, el der­rame del intestino, las molle­jas teñi­das de azul,
    las bol­si­tas de los pul­mones, los cora­zones majestuosos,
    y aflo­jar, escrupu­losa­mente, de la vesícula el hígado fofo,
    su amarga bilis. Y la fas­cia desplegándose
    como un aban­ico trans­par­ente. Cuando jalo el esófago
    por el pes­cuezo, me encanta la suc­ción y la distensión
    al despren­derse. Luego cerceno el ano con su grisácea perla
    de caca. Una y otra vez, mis manos exploran
    cada cueva, apren­den a ver con las yemas de los dedos.
    Como foras­tero en un país desconocido,
    entrando en igle­sia tras igle­sia. En cada una, las mis­mas figuras
    de la Vir­gen, el Cristo crucificado,
    que siem­pre con­sid­eré aterrador,
    hasta que Marie dijo que era tierna,
    la ima­gen más tierna, cada santo y cada pri­sionero político,
    cada poeta encar­ce­lado y cada monje en llamas.
    Pero aunque tengo todo el tiempo del mundo
    para pen­sar pen­samien­tos así, no lo hago.
    Estoy en blanco al enjua­gar cada esqueleto,
    y esto es lo que más me gusta.
    Como cuando se apaga el refrig­er­ador y escuchas
    el silen­cio. Mien­tras el sol ascendía
    nos quitábamos nues­tras sudaderas y trasladábamos las hiel­eras a la sombra,
    pero salvo eso, no tran­scur­ría el tiempo.
    No tenía ham­bre. No deseaba detenerme.
    Estaba tomando aire de una reserva luminosa.
    Doblábamos cada pol­lita, colocán­dola en una bolsa de plástico,
    las con­gelábamos y las sub­íamos a los coches.
    Amaba la ver­dad. Incluso en esta única cosa:
    ver de frente a lo terrible,
    el pacto uni­lat­eral que hace­mos con lo vivo de este mundo.
    Al final, restregábamos las mesas, con la manguera limpiábamos la san­gre seca,
    la man­cha que flo­recía a través del agua.




    What Did I Love

    What did I love about killing the chickens?  Let me start
    with the drive to the farm as darkness
    was sinking back into the earth.
    The road damp and shining like the snail’s silver
    ribbon and the orchard
    with its bony branches. I loved the yellow rubber
    aprons and the way Janet knotted my broken strap.
    And the stainless-steel altars
    we bleached, Brian sharpening
    the knives, testing the edge on his thumbnail. All eighty-eight Cornish
    hens huddled in their crates. Wrapping my palms around
    their white wings, lowering them into the tapered urn.
    Some seemed unwitting as the world narrowed;
    some cackled and fluttered; some struggled.
    I gathered each one, tucked her bright feet,
    drew her head through the kill cone’s sharp collar,
    her keratin beak and the rumpled red vascular comb
    that once kept her cool as she pecked in her mansion of grass.
    I didn’t look into those stone eyes. I didn’t ask forgiveness.
    I slid the blade between the feathers
    and made quick crescent cuts, severing
    the arteries just under the jaw. Blood like liquor
    pouring out of the bottle. When I see the nub of heart later,
    it’s hard to believe such a small star could flare
    like that. I lifted each body, bathing it in heated water
    until the scaly membrane of the shanks
    sloughed off under my thumb.
    And after they were tossed in the large plucking drum
    I loved the newly naked birds. Sundering
    the heads and feet neatly at the joints, a poor
    man’s riches for golden stock. Slitting a fissure
    reaching into the chamber,
    freeing the organs, the spill of intestines, blue-tinged gizzard,
    the small purses of lungs, the royal hearts,
    easing the floppy liver, carefully, from the green gall bladder,
    its bitter bile. And the fascia unfurling
    like a transparent fan. When I tug the esophagus
    down through the neck, I love the suck and release
    as it lets go. Then slicing off the anus with its gray pearl
    of shit. Over and over, my hands explore
    each cave, learning to see with my fingertips. Like a traveller
    in a foreign country, entering church after church.
    In every one the same figures of the Madonna, Christ on the Cross,
    which I’d always thought was gore
    until Marie said to her it was tender,
    the most tender image, every saint and political prisoner,
    every jailed poet and burning monk.
    But though I have all the time in the world
    to think thoughts like this, I don’t.
    I’m empty as I rinse each carcass,
    and this is what I love most.
    It’s like when the refrigerator turns off and you hear
    the silence. As the sun rose higher
    we shed our sweatshirts and moved the coolers into the shade,
    but, other than that, no time passed.
    I didn’t get hungry. I didn’t want to stop.
    I was breathing from some bright reserve.
    We twisted each pullet into plastic, iced and loaded them in the cars.
    I loved the truth. Even in just this one thing:
    looking straight at the terrible,
    one-sided accord we make with the living of this world.
    At the end, we scoured the tables, hosed the dried blood,
    the stain blossoming through the water.


    http://revistacritica.com/contenidos-impresos/poemas/que-me-encantaba-ellen-bass




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    Matías Serra Bradford 

    (Buenos Aires, Argentina  1969). Escritor, poeta, crítico y traductor. Es el autor de las novelas Manos verdes y La biblioteca ideal. Colabora en diversos medios de Argentina, en Crítica de México y en la revista inglesa PN Review. Fue el editor y traductor de Si mi biblioteca ardiera esta noche de Aldous Huxley, de La isla tuerta –antología de poetas británicos de los últimos sesenta años– y de La vida y el arte de Michael Hamburger. Tradujo también a John Berger, Iain Sinclair y Patricia Highsmith. Seleccionó y prologó antologías de Peter Handke, Robert Aickman, E.H. Gombrich y M. John Harrison. Textos suyos fueron incluidos en las antologías Os Outros (Brasil), Viaje a Oriente, La Argentina como narración, y en la revista francesa Europe. 





    Una tem­po­rada de poe­mas por encargo.
    Al final atrav­esé un bosque con una mesa a cuestas.
    Arriba de la mesa iba un animal
    haciendo equi­lib­rio.
    No puedo nom­brarlo, no lo veía.
    Era lec­tor de mesas.
    Me alentaba a seguir. Desconocerlo
    era el único modo de avanzar.
    Su ruego se sobreen­tendía: pasar­les a las cosas
    desde más alto, actuar indiferencia
    frente a sus compatriotas.
    Mostrar­les que era dueño de mesa
    y de hom­bre mudo.





    El tiempo se cierra
    en un puño.
    Iba a escribir “noche”
    y escribió
    “nov­ela”.
    Llovió por un tiempo tan corto
    que no le dio mar­gen a pen­sar nada.
    La pre­sión del viento en la ventana:
    un recuerdo. La repar­ti­ción de las piedras
    entre los niños. El botín como de fósiles
    entre arqueól­o­gos oportunistas.
    Las cosas apare­cen una última vez
    antes de desaparecer.





    Quería saber cada día qué
    había suce­dido con su nombre.
    Nunca acen­tu­aba los nombres
    en la sílaba grave.
    Uno de sus entretenimientos
    más con­stantes
    era imag­i­nar a los demás
    adiv­inando la hora.
    Su espe­cial­i­dad eran la cobardía
    del torero acompañado
    y las teorías para cosas inútiles.
    Vivía de eso,
    de saber quién es quién.
    Dios lo está esperando
    con el cuchillo y el tenedor
    en la mano.
    Una mano le alcanza.





    Daba pasos lentos, de a uno, en la nieve.
    Hay gestos de santo que nadie comprende.
    Él quería pasar la Navi­dad con el viento.
    Lo mismo decir la nieve y su restau­ración de lo cristalino.
    Jugaba al autó­mata a cuerda
    bajo el ojo de una nube tuerta.
    Nada le había dado tanto como la nieve.
    El invierno era una isla que se lo había dado todo.
    Árboles hun­di­dos en la nieve. Árboles contados.
    Árboles que hubiera querido firmar.
    Se le han ocul­tado los libros,
    caí­dos en el forro de un abrigo.
    Invier­nos escan­di­navos, trasplan­ta­dos. Ya quisiera
    poder con­tar lo sucedido
    entre esos libros y el abrigo y la lámina
    de hielo y los copos más lentos a la altura de los ojos
    y los pasos dados
    con una nuez en un puño.




    Fragmentos para Uexküll

    el cuervo se había sumergido
    en la oscuridad
    se había ahogado el cuervo
    en la oscuridad
    las migas de un coro
    en el vientre de un cuervo



    las manos de un muerto reciente
    recorrían la casa de un familiar
    limpias, secas, bien suturadas
    idénticas a una pareja de arañas



    los insectos más grandes parece
    que tuvieran más intenciones



    cada árbol era una pequeña iglesia
    hecha de ejemplos inconstantes
    iglesia de sillas en el aire:
    trepado el lector de Büchner va olvidando
    los nombres que usa
    como cuando un niño elige no responder



    un globo rojo flota solo
    en la noche por los ambientes de una casa
    levemente, muy levemente
    un espíritu discreto
    un tanto avergonzado
    de llevar color



    es un león que camina lento
    huesos de nieve en las fauces
    sus dientes un bigote blanco
    de viejo productor de cine europeo
    león con un molar de oro
    estudia al jaguar de utilería
    no corrige la dificultad de caminar derecho
    o la indiscreción de los rasgos hereditarios
    el león se considera un número irracional
    practica la frágil cortesía
    extremadamente susceptible



    quiso escribir ese árbol
    todos los libros en un año.
    el tiempo puede pasar igual de rápido
    casi sin hacer nada,
    esclavo de su sagrado corazón.



    Los años que tardaste en llegar
    a la primera persona. A las palabras
    silenciosas (como “capítulo”).
    La manera en que uno se enceguece
    cuando nada en el mar.



    la araña se trepaba
    al cristal de la lluvia y no por eso
    la lluvia dejaba de caer



    legado: arrodillarse
    frente a un zorro
    poner los ojos a la altura de los suyos
    y sobre todo no levantar la voz



    el efecto del viento en plena noche
    en los ojos de un niño que cruza
    a esa hora un jardín.
    el jardín ha puesto a un niño
    a custodiar un libro.






    .


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  • 05/29/16--03:10: DANIEL CARPINTEYRO [18.795]

  • DANIEL CARPINTEYRO 

    Daniel Carpinteyro nació en Puebla, México en el año 1977. Posee estudios superiores en Lingüística y Literatura Hispánica, y en Lengua Inglesa. Autor del poemario Neurálgica (Verso Destierro/Profética, 2011) y de la colección de prosas breves Silogismos de la Amargura Región 4 (La Cleta Cartonera 2013).

    Ha sido editor y reseñista en Profética Casa de la Lectura, y ha colaborado en diversos portales electrónicos y antologías poéticas. Actualmente ejerce como curador residente en el Centro Cultural Liliput, en la ciudad de Puebla.




    Oda

    A Gûnter Bruss,
    Steven Jason Leyba,
    Frida Con Todo Mi Odio,
    y la Congelada de Uva.


    Artistas como reses en el rastro
    Artistas como hígados convulsos
    Yo me detengo ante el umbral de su dolor incognoscible
    Les veo abstraer esas neuralgias con serenidad tan grácil
    Que me siento vivo
    En su muerte yo me siento vivo.
    Con viva urgencia de empinarme ante la muerte.

    Yo saludo el embeleso de sus pieles reventadas.
    Querría adorarlas extendidas como lienzos
    suspendidos por hilos metálicos
    O desplegar esa maceración de símbolos negruzcos
    sobre el asta de una carabela somalí
    a condición de ser la más feroz y desafiante
    tormenta sanguínea de transformaciones corporales.
    En cada acción diez odinómetros les aventajan
    sobre las otras artes, Mártires Artistas,
    sobre las tumbas de las otras artes
    Marchan las botas industriales del futuro Cánon:
    el Mester de Tanatología:
    Atreverse a ir a saquear el Arte
    descendiendo más y más en el Esófago.
    Ustedes me hacen ver, Artistas,
    nuestra ubicación:
    El vértice del tiempo humano.
    Me hacen ver que para ver qué nos espera,
    hay que licuarnos de una vez por todas.

    En cada Acción un paso al Gesto,
    Emancipador y radical el Gesto
    de apropiarse el albedrío del cuerpo,
    de la conciencia propia, del suplicio
    de la llaga propia, Estado, que no es tuyo
    mi albedrío de exacerbarme en un Significado Descarnado.

    Mártires Artistas del extremo de los tiempos,
    les saludo con el labio de mi herida anómala





    Oración

    Amo de las moscas
    bendice mi palabra arácnida.
    Inflama su aguijón de fiebre.
    Teje con mis manos la horca de toda certeza.
    Mi apostolado acuna en su ética
    tu sombra.

    Saeta
    untada en belladona
    no me distraigas de tu culto.
    Las musas se resecan y desprenden
    Perecederas como piel de la serpiente.
    Tu punción, en cambio, extremaunción constante,
    abduce más allá del estatismo
    y alivia de lo somático.

    Soy fragmento de tu mórula,
    Arcángel de la libertad,
    Dragón del albedrío
    Nada envidio en sus grilletes
    Yo Te sirvo cuando me venero soberano
    Cuando me proclamo mi único arquitecto
    Cuando escupo en su tabla de leyes
    porque mi ley, Tu Ley,
    es impulso primigenio.
    Último Ídolo
    del perro atropellado
    tengo envidia de Tu Sarna
    respetuosa envidia de Tu
    Ira reventada por la llanta
    de los carromatos eclesiásticos
    desfilando sobre el mingitorio
    secularizado del Eunuco Estupro.

    Han de retribuirte
    Ellos creen representarte bien
    pero no intuyen Tu Dominio
    del aturdimiento.
    Somos hombres y nos masticamos
    unos a otros mientras entendemos.
    Pero tú no limas Tus Cuernos, Tú
    embistes y nosotros recibimos.
    Ven y ayúdame a embestir a la idiocracia
    de los bienaventurados
    Ven y parte el espinazo
    encarnado en la joroba de mi siglo.

    A Tu Pavor encomendado entonces,
    me reviento las primeras ámpulas.




    Nuestros muertos no pueden hablarnos

    Cuando no sepas qué margen de toxicidad
    quiera seguirte tolerando tu sistema,
    marca los números de tus amigos muertos
    hasta que el tono te calibre los latidos
    -decibel a diástole, decibel a sístole-
    a parámetros de fábrica.
    Nuestros muertos no pueden hablarnos,
    sólo los perseguidores
    con los ojos blancos
    que nos tocan la ventana
    en el umbral del sueño.

    Duerme y da gracias a los personajes de tus pesadillas.
    por permanecer al otro extremo de la galería de espejos
    sin cruzar la plata ni arrancarte la nariz de un tajo
    arrodillados en tu pecho con sus ancas de batracio
    antes de que empiece el noticiero matutino.

    Cuando no sepas qué margen de toxicidad
    balancea en el filo del péndulo, sobre tu cordura
    piensa que la lógica es un vicio de sirvientes
    y que el vuelo brujo es el mayor entendimiento
    de un demiurgo consagrado
    al escrutinio de las coladeras.

    Morir no es malo en cumplimiento del deber.
    Tu deber son los reductos de la mente y el abismo
    donde el mundo mearía frío su pantalón recién planchado.
    Serás carne de cañón por ellos en misiones condenadas
    tu servicio es apreciado y su experiencia es limitada
    claustrofóbica como una década
    en la cámara hiperbárica.

    Ello está muy bien. Baños completos en sus habitaciones.
    Siempre alguien que les lleve el pensamiento:
    Algún loco que se meta una serpiente por la boca.
    Una cámara sin miedo de perder un dedo.
    Una fosa catadora de la merca sospechosa
    Una bitácora en el pabellón de oncología pediátrica.

    Las preguntas sobre el margen de toxicidad
    padecen hábito de apersonarse demasiado tarde.
    has llegado a las fronteras donde el cielo se bifurca,
    siempre. Has tirado ya los ases, siempre, y ese mazo
    ya no arroja ni otro par de bofetadas espabiladeras.





    JUGO

    Quien en su yugu­lar alienta el inci­sivo
    de La Que Recauda y se refocila
    como ado­les­cente ante la mere­triz primera
    es bien­aven­tu­rado. Lo ha enten­dido todo,
    a saber:
    que la esper­anza como tal es procla­mar
    que las tor­res de bara­jas son balu­artes de lo más con­fi­ables;
    que los hormigueros son impen­e­tra­bles para el plomo der­retido;
    que la man­tis sin cabeza haría bien en arras­trarse a un hospital:

    “La med­i­c­ina de hoy en día está tan avan­zada.
    Ponle una demanda conyu­gal y te harás rico.”

    El ilu­mi­nado se son­ríe y baja los pár­pa­dos.
    Se aban­dona en la ante­sala del orgasmo .
    Entre los fle­cos azabache, la dom­i­na­triz
    abre los labios per­fora­dos de mer­cu­rio.
    Ella lo bebe. Ella lo chupa
    y sus uñas estilete le pati­nan la mor­tal bragueta.
    Una sonata ter­mi­nal de chasqui­dos y der­rames.
    El mundo se descarga pere­zosa­mente más oscuro,
    la sus­tan­cia es nada y todo en el muri­ente
    se dispersa.




    RUMIA CASTAÑEADA

    En algu­nas glacia­ciones las arte­rias cru­jen
    y los vahos quisieran incubar cristales.
    Los bar­bi­túri­cos dis­cre­tos ya no me sostienen
    y los lobos se me escur­ren sin ningún aviso.
    Hay quien per­nocta a la intem­perie y no tirita.
    Auschwitz y Chi­huahua. No olvi­dar Siberia.
    Mien­tras tanto, lamo mis heri­das con mor­fina
    y med­ito sobre las mis­e­rias de Narciso.

    La mate­ria gris se me fer­menta en los sol­ventes,
    páramos del pen­sador enclenque.
    La bencina reifi­cada es un alivio.
    Somos tan­tos los que anochece­mos
    al amanecer, no sin haber probado
    una que otra gota de sudor helado.

    Lo estra­tocú­mu­los no se con­mueven
    ante el ver­dor ni ante la fronda
    ni los vór­tices polares con­sid­eran
    a los ateri­dos con el corazón lampiño.

    Dicen que los esquimales son muy recios
    y promis­cuos.
    Les mas­ti­can la comida a los ancianos
    des­den­ta­dos. Y éstos,
    ador­na­dos por la grat­i­tud y la vergüenza
    hacen gala de tem­planza cuando los exil­ian
    al ple­nario de los osos.
    Esto me contó mi padre.

    Los pequeños saurios que se reza­garon
    –esos ridícu­los Matusalenes trag­amoscas–
    han apren­dido entre mor­tales ries­gos
    la rig­urosa dosi­fi­cación de las solares radia­ciones.
    Admin­istremos los fotones rema­nentes
    de nues­tra edad inmac­u­lada
    a lo largo de la estepa transcon­ti­nen­tal que nos sep­ara
    del fes­tín de los gusanos. Somos hos­tia y ellos,
    comul­gantes de nues­tra mate­ria, al fin prestada.

    Las hogueras sólo sir­ven para rev­e­larnos ante el enemigo.







    Daniel Carpinteyro, Neurál­gica, VersodestierrO/Profética/Diablaco, Méx­ico, 2011, 78 p.


    Neurálgica poética
    Por José Manuel Ruiz Regil

    La paradoja de la modernidad hace más fáciles las cosas que antes eran difíciles y difíciles las que antes eran fáciles. Me explico. Cada vez es más fácil acceder a información que antes llevaba mucho tiempo conseguir. Antes era fácil hacerse notar donde eran pocos los que hablaban. Ahora en un revuelo de voces donde todo se vuelve barullo, lo que hacemos con la información y cómo lo hacemos toma mayor relevancia. 

    Hoy prácticamente, cualquiera que se lo proponga puede escribir un libro y publicar. A pesar de las trabas económicas y los intereses de grupo la industria editorial reporta un valor de 8,237 mil millones de pesos en 2010, con 142, 715 títulos y 123,003,510 ejemplares vendidos, en total. De los cuales 13, 208,000 ejemplares son de literatura. Y dentro de esa categoría no sabemos todavía cuáles serán de poesía. Sin embargo, tomando estas referencias podemos inferir que son muchos.

    A partir de esto pensar en un título más no parece gran cosa. Pero sí lo es cuando pensamos que de toda esa cantidad de títulos muy pocos son de creación, menos de ficción y todavía mucho menos de poesía.

    El advenimiento de un nuevo título, así, parido desde las entrañas de una editorial independiente como lo es VersodestierrO es to`o un acontecimiento que debe cimbrar no a las estadísticas, sino los oídos y las conciencias de quienes hemos sido anunciados de su alumbramiento. Por eso hoy, en medio de la algarabía de tipos y offsets, tintas y papeles mercenarios celebramos la aparición de Neuralgica, opera prima de Daniel Carpinteyro. Un texto inscrito en la estética del deterioro, en la poética de la destrucción –qué paradoja para la poiesis-; un libro cuya voz clama en el anfiteatro del desamparo de los siglos, del dolor colectivo y trata de cubrirse con el manto del lenguaje. Un libro que recorre los parajes emocionales trazados por Rimbaud a finales del siglo XIX (“Senté a la belleza en mis rodillas, y la hallé amarga, y la insulté”) y pareciera aferrarse con uñas y dientes a edulcorarla a través del shock verbal. 

    En el texto navegan varias voces. Voces malditas, decadentes, purulentas y excrementicias. El autor busca la metáfora blasfema, la comparación maloliente, el oxímoron sangrante para asumir una condición mínima de humus y reclamar su derecho de conciencia a decir su verdad, donde la orfandad es la madre de todas las posibilidades. 

    Para leerlo hay que insertarse en la botarga de Gregorio Samsa y trepar por las paredes de su estructura para ir ganando la dignidad de emancipable, presentando el salvoconducto del poema. Aquel hipócrita lector al que aludía Baudelaire, Carpinteyro lo asimila semejante a él, y en tanto:

    “Saprofito de inmundicia orgánica. 
    Bacteria de la más absurda de las infecciones. 
    Langosta de la plaga más enloquecida y defoliante. 
    Carcoma de los templos naturales”.

    Hay en estos textos una consciencia visceral centrada en el cerebro, el cual es concebido como un arma letal que dispara ideas, y en sus extremidades neurálgicas: los ojos y los sentidos; aquellos que pedía el maldito desarreglar sistemáticamente para acceder a la poesía. Imágenes del viaje profundo tanto al interior del ser como al centro del encéfalo.

    Carpinteyro construye una neurálgica poética dividida en cinco nodos (Germinales, Cuerpo límite, Dislocadores, Desastres naturales y El malogrado ) donde confluyen, a mi parecer dos voces. Una enérgica, apolínea, rigurosa y críptica, que enuncia la fatalidad y se regodea en ella; y otra lumínica, Dionisiaca, con cierto optimismo ético que atisba una esperanza en la ranura no del futuro, sino del texto mismo. Lugar donde sucede la revelación, la destrucción y la construcción de un nuevo lenguaje, el propio. 

    Se reconoce en el oficio la lección asimilada de los metros clásicos y la intención de trastocarlos en un verso libre de gran sonoridad y musicalidad científica, donde la tradición es vapuleada por el ímpetu certero del experimento. 

    El libro inicia dando fe de una consciencia holística que ve desde dentro, haciendo al lector una invitación a la búsqueda interior, con una autoafirmación exenta de control, pues reconoce que “hay particiones que tienen voluntad propia”. Echa a andar al animal consciente, lleno de libertad, de azar y con una organicidad monstruosamente microscópica que refrenda en Carta de derechos, cínica anfitriónía en el mundo del albedrío y el karma.

    “Todo te está permitido.
    Ascender por las cortezas cabalgando
    en una musaraña
    o procurar el crecimiento de baobabs
    camuflados en tu barba.
    Lamer la sangre bajo el ano de gallinas que dormitan
    o desovar tu descendencia
    en el cerebro de cadáveres que gritan.
    Ocluir las yugulares de los machos alfa
    o saciarte de los pechos reventados en hembras omega”.

    El poeta Carpinteyro, como lo hiciera Jaime Sabines en su momento, divide también a los poetas en dos. Recordemos primero al Chiapaneco:

    "Hay dos clases de poetas modernos: aquellos, sutiles y profundos, que adivinan la esencia de las cosas y escriben: "Lucero, luz cero, luz Eros, y aquellos que tropiezan con una piedra y dicen "pinche piedra". 

    Daniel tropieza con la piedra y la enciende. El los separa en los que se prenden fuego a sí mismos y los que le prenden fuego a los demás. Y equipara su gusto por ambos en tanto que los dos se comprometen con la destrucción humana. Mientras que la división de Sabines es lingüística, la de Carpinteyro es moral. Pero las concilia en su poética, porque al tiempk que se prende fuego a sí iismo utiliza para nombrar la materia un lenguaje cercano a la “biología, esa tejedora que trabaja con el tiempo a su servicio” , como él la llama; a la medicina, a la ciencia orgánica, y a la filología, con la cual se sinapsa para obtener esa sonoridad catastrófica, polisémica tan vitalmente contundente que lo sitúa en la primera clasificación. 

    “Estregadero malezal de los anélidos sanguíferos” para contrastarla con otros momentos en los que su preocupación es tan cotidiana, y su descripción tan clara como en Liberar un poema, Monólogo de una dentadura postiza o Elogio de una rata, donde brota cierta preceptiva literaria que va muy de la mando con Alfonso Reyes o León Felipe.

    Sin embargo, nada lo para en su impulso de autoproclamarse Mester de Tanatología. Y esta postura, lejos de parecer chocante luego de tanta decadencia, resulta congruente, creativa y real, en tanto que la veta explorada sí alcanza a dispararnos, como lo anuncia en sus últimas líneas, hacia un paraje distinto, menos opresivo y fugaz, donde ese hilo que todo lo atraviesa logra liberarse del espiral especular , para tomar al lector de las greñas y subirnos con él en el vagón del metro hacia el panóptico. 

    Neurálgica es un libro liminal en cuanto que explora las fronteras del lenguaje, de las disciplinas que lo nutren y del cuerpo como objeto de estudio.

    En Utilidades de un cilindro de acero inoxidable honra a esa llaga de nueve aberturas que nombra el Baghavad Ghita. (A uno mismo se entra con cuidado por debajo de las cuencas oculares (…) a la verdad de los desconocidos se entra por el meato urinario (…) a clausurar el ruido hay que ingresar por la mansión vestíbulococlear (…) al recto se entra con alivio y relativa calma). 

    Neurálgica termina con una promesa de segunda parte en que se anuncia una poética del renacimiento. Mientras tanto viajemos por los axones de la poesía Neurálgica de Daniel Carpinteyro.






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    Ricardo Jesús Mejías Hernández 

    Poeta y narrador venezolano (Maracay, Aragua, 1968). Contador público egresado de la Universidad de Carabobo (1996). Ha publicado los poemarios Poemas del oficio y otros vuelos (Sur Editores, 2013) ,  Iluminado en la sombra (Negro Sobre Blanco, 2014),  El Vocerío de los locos (Negro Sobre Blanco, 2015) , Libro de  Percances (Fondo Editorial Ipasme, 2015),   además del libro de microrrelatos Cirque (Negro Sobre Blanco, 2014). Ganador del Premio Nacional de Poesía Delia Rengifo (Caracas, 2011),  del II Concurso Mundial de Ecopoesía 2012 (Tumbes, Perú) y del Premio Nacional de Literatura Ipasme en la mención de Poesía (Caracas, 2015). Además obtuvo el segundo lugar en poesía en el III Concurso Por una Venezuela Literaria (2013) y una mención especial en microrrelato en el IV Concurso Por una Venezuela Literaria (2014). Poemas y cuentos suyos aparecen en numerosas antologías venezolanas e internacionales y han sido publicados en el suplemento cultural Contenido del diario El Periodiquito (Maracay), el sitio Las Voces del Silencio y la revista Astrolabium de Argentina.


    Si uno fuera una hoja
    sin haber estudiado las estaciones
    y se dejara caer
    sólo con fe ciega en el viento

    si uno fuera una hoja
    sin haber leído las nervaduras
    y se dejara caer
    en cualquier tiempo

    disfrutaría más del vuelo
    del no saber.



    Sobre almas

    Tengo muchas preguntas sobre almas

    ¿quién puede verlas en sus jardines acuarela?
    ¿hasta dónde llega su dolor?

    ¿cómo se dan la mano?
    ¿cómo besan?

    ¿dónde caben?
    ¿dónde pueblan?

    ¿cómo oírlas?
    ¿cómo unirlas?

    ¿en qué puño reposarán?
    ¿cómo quedó su antigua casa?

    y si cabalgan
    ¿montarán delfines o unicornios?

    y si rezan
    y si ríen
    ¿se escucharán como la música?

    y yo
    ¿tendré una?



    Cuestión de fe

    Todos
    como puntos de luz venimos
    a un largo túnel de promesas

    algunos afirman estar de vuelta
    y nos alegran sus buenas nuevas

    otros dicen: “es cuestión de fe”

    ¿Y acaso alguien advirtió de su distancia?
    ¿de los pasos requeridos?
    ¿de cuánto aire y llama para arribar hasta el final?

    ¿por qué tantas estaciones y mendrugos entre ellas?
    ¿por qué tantas promesas como pan?

    ¿por qué no cabe agua en la mano que nos trajo?
    ¿por qué tarda tanto la mano que nos lleva?

    ¿por qué tantos puntos apagados?

    Probablemente
    como otros dicen: “es cuestión de fe”




    Cuando desciendo en la hondura
    de un valle
    o del mar

    pienso en una mujer.

    Al ver una cima inalcanzable
    y notar la mínima distancia
    que la separa del cielo

    pienso en una mujer.

    Y siempre pienso en una mujer
    cuando me aferro a las crines
    del caballo alado
    que la busca.


    ***



    Ricardo Jesús Mejías Hernández
    FEI Fondo Editorial Ipasme

    De: Libro de Percances




    Muerdo la sílaba de tu adiós
    respiro un aire suicida
    me amoldo a este cuenco
    o espiral infinito
    que es la soledad.
    Soy flecha suspendida
    plegaria al vacío
    escombro.



    Con qué hilo tejeré
    de nuevo la sonrisa
    con qué astilla del relámpago
    iluminaré la salida
    con qué mar de sangre
    llenaré este cuenco.



    Camino ataviado con la transparencia
    del silencio
    son hondas las huellas
    se alejan
    como con vida propia
    desaparecen
    entre el vaho y sus tejidos
    es la hora de modelar al filo
    de la sombra
    también de resistir la soledad
    ya no hay tiempo de agitar las manos
    las banderas
    ya no hay tiempo de ser luz
    rayo
    intermitencia.



    Destejo las raíces que me atan a las
    ruinas
    abordo y asciendo en el caballo alado
    procuro la cima donde arrojaré de nuevo
    mi nombre
    me anunciaré esta vez
    en la caída
    en el limbo de las hojas.



    Callada
    como alma en el fondo
    de un pozo
    así es la ruta
    a seguir
    de la sangre
    a la herida
    al inicio de este pacto
    de silencio.



    Nombrar la nada
    en la muchedumbre
    respirar a gotas
    en la sed
    santiguarme en el aire
    sin el roce
    nadar en la astilla
    de este barco
    es un poco
    lo que resta.



    Viajo sobre un cuchillo
    o sobre un poema
    vehículos de placer
    o dolor
    siempre en los bordes
    del cielo o del abismo.
    Recuerda que Dios
    es bipolar
    y forma parte
    del juego.



    Llueve por dentro
    la soledad.
    El agua baja
    por las rendijas de la pobreza.
    Baja hasta el fondo del abismo
    donde incendio la alegría.

    Hay humo
    hay hambre
    y esa sed que se tiene
    después de morder al sol.



    Una cruz
    una cicatriz
    una ventana
    todas duelen
    todas se sellan
    todas permanecen abiertas
    o cerradas
    en el tiempo.



    Si llevo las palabras mudas
    los bolsillos secos
    un corazón de madera
    una astilla para cada soledad
    ¿con que moneda pagaré el amor
    una oración
    o un poema que me salve?



    Si matamos a una piedra
    si matamos a todas las piedras
    y
    ponemos
    una
    sobre
    otra
    si subimos a la cima
    y llevamos nuestros nombres
    y los arrojamos
    ¿sería el principio del silencio?



    Soñaste una isla.
    Quien sueña una isla puede ser
    su único habitante
    su única cruz.
    Bautizas tu silencio
    en su orilla.
    Estás condenado a conversar solo
    mientras se desdibuja el horizonte.
    Quien sueña una isla
    se rodea para siempre
    del mar de sus palabras
    de volátiles cenizas.



    Algún día abandonaré mi cuerpo
    para ser ceniza que toque las ventanas
    o palabra que entre por debajo de las
    puertas
    porque todo regreso es necesario.






    .


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    Nikólaos G. Lykomitros 

    Nació en Atenas, Grecia en 1977. Estudió Filología Inglesa y llevó a cabo cursos de doctorado (en la modalidad de traducción) en la Universidad de Atenas. Algunos de sus poemas han sido editados en revistas literarias griegas.
    Publica en su blog, http://the-sound-of-loss.blogspot.com/, nuevos poemas y ha escrito una obra de teatro titulada Dead End: Μητροπολιτικό Ψυχόδραμα σε Τρεις Πράξεις. Rastreadores del fin (Ιχνηλάτες του τέλους, Atenas, Ekdosis Gabrielides, 2010) es su primer libro.
    El fanzine Arial 9 (2001-2002), editado en Santa Cruz de Tenerife por el poeta e historiador Secundino E. Darias García, publicó la traducción que Domínguez Parra hizo de tres poemas: ("Parte de tormenta", "Cuarentena" y "En un cordón de fuego").
    El suplemento "El perseguidor", del Diario de Avisos, a su vez, publicó su traducción de cinco poemas (los tres que se mencionan anteriormente, además de "Sentencia" y "Un año después"). Todos ellos forman parte de este libro.



    Poesía y traducción: Mario Domínguez Parra
    Tres poemas de Rastreadores del fin
    (Ediciones Idea, 2011; ed. bilingüe)


    LA CRUCIFIXIÓN

    Llevo una corona de alambres en la cabeza.
    Estoy desnudo de arriba abajo.
    De mis ojos se derraman lágrimas rojas.
    La gente me escupe y me maldice.
    Soy, como ves, el perfecto chivo expiatorio.
    La coartada perfecta para todos aquéllos
    que decidieron mi sentencia.
    Ninguna compasión, ira por todas partes.
    Clavos agujerean todo mi cuerpo
    y ellos ríen y celebran.
    No puedo resistirme.
    Agonizo frente «a la locura de la multitud»
    que se deleita en el perfume de la muerte.
    Beben de mi sangre y lamen mis heridas,
    porque saben que nada tienen que temer.
    Para mí no habrá vuelta atrás.




    LA ARAÑA

    Las dudas, los miedos y los fracasos
    se apartan súbitamente
    en un perpetuo juego sin reglas.
    Lo único seguro es que habrá
    un ganador y muchos perdedores.
    La espera, la impaciencia y la lucha
    aumentan sin precedentes
    puesto que nadie sabe qué le ocurrirá.
    Lo único que pueden hacer
    es esperar pacientemente su turno.
    Los celos, las hostilidades y las delaciones
    crecen a un ritmo increíble,
    mientras todos hablan de forma conspiratoria
    y sospechan unos de otros
    sin arrepentirse de sus errores.
    La poesía urde su malla.
    Los límites se estrechan.




    LA AFRODITA ROJA SE SUMERGE

    Las sombras giran despacio.
    Ostentan vinyl y siluetas fluorescentes.
    Se hablan al oído
    y se burlan una de otra.
    Apenas ríen y hablan un griego fragmentario.
    Fuman ahítas y esperan su turno.
    En su mirada conviven el cinismo,
    la melancolía y la renuncia.
    Ofrecen su carne a cometas y sanguijuelas,
    basta con que los requisitos se cumplan.
    Al pasar seis meses
    se trasladarán a otra torre.






    Ν.Γ. ΛΥΚΟΜΗΤΡΟΣ
    http://the-sound-of-loss.blogspot.com/
    Τρία ποιήματα από Ιχνηλάτες του τέλους


    Η ΣΤΑΥΡΩΣΗ

    Στο κεφάλι φορώ συρμάτινο στεφάνι
    Είμαι γυμνός από πάνω ως κάτω.
    Απʼ τα μάτια μου στάζουν κόκκινα δάκρυα.
    Οι άνθρωποι με φτύνουν και με καταριούνται.
    Είμαι, βλέπεις, ο ιδανικός αποδιοπομπαίος τράγος.
    Το τέλειο άλλοθι για όλους αυτούς
    που αποφάσισαν την καταδίκη μου.
    Κανένας οίκτος, παντού χολή.
    Καρφιά τρυπούν όλο μου το σώμα
    κι αυτοί γελούν και γιορτάζουν.
    Δεν μπορώ νʼ αντισταθώ.
    Ψυχορραγώ μπροστά «στη μανία του πλήθους»
    που ηδονίζεται στη μυρωδιά του θανάτου.
    Πίνουν το αίμα μου και γλείφουν τις πληγές,
    γιατί ξέρουν πως δεν έχουν να φοβηθούν τίποτα.
    Για μένα επιστροφή δε θα υπάρξει.




    ΗΑΡΑΧΝΗ

    Οι δισταγμοί, οι φόβοι και οι αποτυχίες
    παραμερίζονται αναπάντεχα
    σʼ ένα αέναο παιχνίδι χωρίς κανόνες.
    Το μόνο σίγουρο είναι ότι θα υπάρξει
    ένας νικητής και πολλοί ηττημένοι.
    Η προσμονή, η απελπισία και η αγωνία
    μεγεθύνονται χωρίς προηγούμενο
    αφού κανείς δε γνωρίζει τι θα του συμβεί.
    Το μόνο που μπορεί να κάνει
    είναι να περιμένει υπομονετικά τη σειρά του.
    Οι ζήλιες, οι έχθρες και οι αλληλοκατηγορίες
    αυξάνονται με απίστευτο ρυθμό,
    καθώς οι πάντες μιλούν συνωμοτικά
    και υποπτεύονται ο ένας τον άλλο
    χωρίς να μετανιώνουν για τα λάθη τους.
    Η ποίηση υφαίνει τον ιστό της.
    Τα περιθώρια στενεύουν.




    Η ΚΟΚΚΙΝΗ ΑΦΡΟΔΙΤΗ ΒΟΥΛΙΑΖΕΙ

    Οι σκιές περιστρέφονται αργά.
    Έχουν vinyl και φωσφοριζέ περίγραμμα.
    Συνομιλούν μεταξύ τους ψιθυριστά
    και περιπαίζουν η μια την άλλη.
    Γελούν σπάνια και μιλούν σπαστά ελληνικά.
    Καπνίζουν βαριεστημένα και περιμένουν τη σειρά τους.
    Στο βλέμμα τους συνυπάρχουν ο κυνισμός,
    η μελαγχολία και η εγκαρτέρηση.
    Προσφέρουν τη σάρκα τους σε κομήτες και βδέλλες,
    αρκεί να τηρούνται οι προϋποθέσεις.
    Όταν περάσουν έξι μήνες
    θα μεταφερθούν σε άλλο πύργο.





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    De izquierda a derecha, Néstoras Pulakos, Flavia Company, Ati Solerti y Tasos Psarris


    ATI SOLERTI - SOFÍA ARYIROPULU

    La poeta, pintora aficionada y traductora griega Ati Solerti (Sofía Aryiropulu) nació en Patras, Grecia en 1983. Estudió Historia y Arqueología en la Universidad Nacional «Ioannis Kapodistrias» de Atenas. Es autora de dos libros de poemas: Torbellino de ébano (Εβένινη Δίνη, Εκδόσεις Περί Τεχνών, 2007) y Erial de pasiones (Ερημία Παθών, Εκδόσεις Βακχικόν, 2012). 


    Traducción: Mario Domínguez Parra




    Tres poemas de Torbellino de ébano


    EL NACIMIENTO

    En una casa llena de anatemas…
    ¿Quién da importancia a los deseos?
    Aún desenrollan el ovillo las Parcas…
    ¿Quién da importancia a los deseos?
    Aún se quema el aceite en el candil…
    ¿Anatemas susurran o los conjuran?
    ¿Quién se encarga de los deseos?
    La luz de su lámpara
    hace enorme la sombra de mi cama…
    Parece una torre, castillo inexpugnable, abstruso monte de los Santos.
    ¿Quién se encarga de los pecadores?
    Agua pido.
    Mucha.
    Tengo sed.
    Agua maldita y aceite consagrado…
    presentes que me trajeron las Parcas.
    ¿Quién se encarga de los pecadores?
    En una casa llena de sepultureros…
    ¿Quién da importancia a los vivos?



    EL POZO

    A hurtadillas, avanzada la noche,
    alguien me susurra secretos…
    y luego risas se escuchan contenidas.
    A hurtadillas en el pozo,
    en sueños vi gatear a una vieja…
    y luego devino bebé que parecía lucifer.

    A hurtadillas en el barrio de más allá,
    cirios encendidos…
    ¡atizan el fuego y queman a Satanás!
    Y después hebras de fuego
    cercan la sementera…
    ¡fuegos de artificio!

    A hurtadillas, avanzada la noche,
    aún gatea la luna en el pozo.
    Llantos se escuchan contenidos…
    y mi vieja madre que traiga agua grita,
    para conjurar el fuego de la sementera…



    DEBILIDAD

    Voces exhortatorias y risas burlonas…
    hace dos días que resuenan en mis oídos.
    El viento congela cada zona de poder que halla.
    En la oscuridad primero se congelan los pies.
    Imposible elevar mi vil estatura…
    Hacia algún…
    otro…
    hermano...
    diferente y compasivo.
    Me detengo en el umbral de la exhortación y la burla
    de cada progreso estéril,
    personificado y huérfano.
    Me detengo y me rindo.
    El frío…
    La oscuridad…
    Corrompo.
    Un escudo de uñas elevo y tras él me encierro.
    La reina pecadora
    se movió…
    tropezó…
    Luego sacó su diamantina corona de su dedálica cabellera.
    Se la puso en el dedo.
    En el mismo dedo cuelgo el escudo.
    No me moveré.
    ¡Quizás me vea!
    Con rabia robaré…
    la primera hora de dolor que anida en almas débiles y humildes,
    …¡su idolatrado anillo!
    ¡Y correré!
    ¡A por ayuda correré!
    Doy gracias al Viento…
    que congeló la putrefacta confianza,
    el tercer día de desesperación.
    La soñada fuga consumió cada uña.
    ¡Este hurto nunca ocurrió!





    ΑΤΗ ΣΟΛΕΡΤΗ
    http://atisolerti.blogspot.com/
    Τρία ποιήματα από ΕΒέΝΙΝΗ ΔίΝΗ

    Η ΓΕΝΝΗΣΗ

    Μες σ'ένα σπίτι γεμάτο κατάρες…
    Ποιος δίνει σημασία στις ευχές;
    Ακόμα ξετυλίγουν το κουβάρι οι Μοίρες...
    Ποιος δίνει σημασία στις ευχές;
    Ακόμα καίει το λάδι στο καντήλι...
    Κατάρες ψιθυρίζουν ή τις ξορκίζουν;
    Ποιος μεριμνά για τις ευχές;
    Το φως απ'το λυχνάρι τους,
    κάνει τεράστια τη σκιά του κρεβατιού μου...
    Μοιάζει με πύργο, κάστρο απόρθητο, άβατο όρος των Αγίων.
    Ποιος μεριμνά για τους αμαρτωλούς;
    Νερό ζητάω.
    Πολύ.
    Διψάω.
    Νερό καταραμένο και λάδι αγιασμένο....
    τα δώρα που μου φέρανε οι Μοίρες.
    Ποιος μεριμνά για τους αμαρτωλούς;
    Μες σ'ένα σπίτι γεμάτο νεκροθάφτες...
    Ποιος δίνει σημασία στους ζωντανούς;


    ΤΟ ΠΗΓΑΔΙ

    Κρυφά αργά το βράδυ,
    κάποιος μου ψιθυρίζει μυστικά...
    κι ύστερα γέλια ακούγονται πνιχτά.
    Κρυφά μες το πηγάδι,
    στον ύπνο μου είδα μια γριά να μπουσουλά...
    κι ύστερα γίνηκε μωρό που μ'άστρο έμοιαζε αυγερινό.

    Κρυφά στην πέρα γειτονιά,
    λαμπάδες αναμμένες...
    βάζουν φωτιά και καίν'το Σατανά!
    Κι ύστερα νήματα φωτιάς,
    περικυκλώνουν τα σπαρτά...
    πυροτεχνήματα!

    Κρυφά αργά το βράδυ.
    μες το πηγάδι μπουσουλά ακόμα το φεγγάρι.
    Κλάματα ακούγονται πνιχτά...
    κι η γριά μάνα μου φωνάζει, νερό να φέρω,
    να ξορκίσω τη φωτιά απ'τα σπαρτά.



    ΑΔΥΝΑΜΙΑ

    Φωνές προτρεπτικές και γέλια κοροϊδευτικά...
    δυο μέρες τώρα αντηχούν στ'αυτιά μου.
    Ο άνεμος παγώνει την κάθε ζώνη εξουσίας που συναντά.
    Μες στο σκοτάδι παγώνουνε πρώτα τα πόδια.
    Αδύνατον να υψώσω το ποταπό ανάστημά μου...
    Σε κάποιον...
    άλλον...
    διαφορετικό...
    και συμπονετικό αδελφό.
    Στέκομαι στο κατώφλι της προτροπής και του εξευτελισμού
    κάθε άγονης προόδου,
    προσωποποιημένης κι ορφανής.
    Στέκομαι και λυγίζω.
    Το κρύο...
    Το σκοτάδι...
    Εκμαυλίζω.
    Ασπίδα από νύχια υψώνω και κλείνομαι πίσω απ'αυτή.
    Η αμαρτωλή βασίλισσα,
    σάλεψε...
    παραπάτησε...
    Ύστερα έβγαλε το διαμαντένιο στέμμα απ'τη δαιδαλική της κόμη.
    Το φόρεσε στο δάχτυλο.
    Στο ίδιο δάχτυλο κρεμάω την ασπίδα.
    Δε θα σαλέψω.
    Ίσως με δει!
    Με μανία θα κλέψω...
    την πρώτη ώρα της οδύνης που φωλεύει σ'αδύναμες και ταπεινές ψυχές,
    ...το λατρευτό της δαχτυλίδι!
    Και θα τρέξω!
    Για βοήθεια θα τρέξω!
    Ευχαριστώ τον Άνεμο...
    που πάγωσε τη σάπια εμπιστοσύνη,
    την τρίτη μέρα της απόγνωσης.
    Η ονειρεμένη απόδραση μαράζωσε το κάθε νύχι.
    Αυτή η κλοπή δεν έγινε ποτέ!








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  • 05/29/16--16:06: ANNA NIARAKIS [18.799]

  • ANNA NIARAKIS 

    (Grecia, 1979). Poeta y traductora griega.
    La poeta y traductora griega Anna Niarakis nació en 1979 en Atenas. Es química de formación y trabaja como investigadora de doctorado en la Universidad de Patras. Algunas de sus traducciones se han publicado en revistas literarias, tanto en formato papel como en la red.
    Edita un blog, Antipíisi (Antipoesía): http://antipoihsh.wordpress.com/.
    Además, dirige una revista de poesía en Internet,To parázyro (La ventana): http://toparathyro.wordpress.com/.




    Traducción: Mario Domínguez Parra


    Poemas de Cuaderno de experimentos

    La triste ciudad de los humanos

    De los humanos de lógica perdida,
    de sentimientos perdidos –
    que asfixia bajo sábanas de carne,
    bajo soledades prestadas– buscando
    la muleta de la existencia.

    Te deseo, me dijeron tus ojos
    Te deseo, me dijo tu cuerpo

    Y yo,

    busco ciudades astrales
    diferentes de las que mis antenas
    detectan,
    iguales que las que tus venas
    indican.

    Lampiri, 23-03-03



    ausencia

    Tantos poemas, conjuros para la soledad,
    mis iracundos intentos por no olvidar,
    mis insufribles tentativas de recordar…

    Tendrías que faltar con frecuencia.
    Llenos mis cajones.
    Y pensar que, cuando
    nos encontremos,
    me bastaría el silencio.



    fuerzas de cohesión

    ¿De quién te enamoras, me pregunto:
    del otro o de la posibilidad?



    cita después de años

    Hablas despacio, me miras a los ojos con
    timidez.
    Quieres ocultarte. Y otra vez no.
    Quieres decirme. Y otra vez no.
    Es el significado escrito en el aire.
    Lo apuramos junto con nuestras copas.
    Sé que querrías cogerme la mano.
    Y de nuevo no.
    La ironía salva los pretextos.
    ¿Quién nos salvará a nosotros?
    Soy gota de sudor que anida
    en el hoyuelo de tu garganta. Allí me
    oculto,
    siento tu calor, la vena que late
    como ordena el corazón. Me evaporo,
    devengo aire
    que inhalas y exhalas. Me enrosco en
    el humo de nuestros cigarrillos, en el vacío
    que
    separa nuestra materia. Y otra vez de
    regreso.
    En mi cuerpo.
    En mi mundo.
    Te apoyas sobre su esférica bóveda.
    Las palabras ocultarán los pensamientos.
    Me sacudiré cual resorte sobre
    tu cabeza, apuraré hasta la última
    gota de mi copa y me iré.
    Cogeré mi cuerpo y lo encerraré
    en una habitación. Y te arrepentirás.
    De no verme.
    Busca bien en tus bolsillos.
    He dejado un rugoso
    trocito de mí,
    en el instante en que pagabas la cuenta.
    Diré buenas noches y no volveré la
    cabeza.
    Miraré hacia delante,
    recto hacia delante.
    ¡La nada!




    desequilibrio

    Mi cuerpo ejecuta lo factible.
    Mi mente tiende a lo inalcanzable.

    Si no te llamaran Quimera, no te querría.




    ausencia

    Tu ausencia trepa como el gato
    el canalón, por ventanas abiertas entra
    furtivo
    por las noches.
    Y si alguna vez un fuerte ruido me
    despierta
    es por el gato que se tropezó entre las
    macetas.
    Maúlla algo quejumbroso y después busca
    abrigo
    en mi cama. De siete vidas él,
    mucho más resistente tu ausencia.




    bad bargain (1)

    En la renuncia a los placeres.
    En un cuchillo de cocina
    concentro la refutación telescópicamente.
    Corto los puentes.
    Corto las verduras.
    Pensamientos automáticos brotan
    de costumbres orgásmicas.
    Movimientos maquinales.
    Manufacturo definiciones en
    un crucigrama inexistente.
    Las palabras ya cuelgan
    crucificadas.
    Las descuelgo y las arrojo
    en desorden por el suelo.
    Pasan los días. Las miro
    con desesperación.
    No las entiendo.
    Pruebo a decirlas
    pero mi lengua se niega
    a pronunciar consonantes.
    En esto, nunca estábamos
    en consonancia.
    Cuando durante mi niñez
    me abandonaste, te llevaste
    mi efluvio más inocente.
    Y me dejaste palabras
    infinitas, inválidas,
    como compañía.




    a ti

    A Yannis Livadás

    A ti se dirige este poema.
    Como tantos otros.
    A ti que garabateas jeroglíficos
    bajo la luna de un desierto.
    O de una ciudad desierta, manchando
    sus sucios muros con pintura roja.
    Que deambulas al rayar el día,
    medio borracho, medio loco
    por callejuelas, plazas y vacías
    avenidas,
    inmóvil.
    A ti que te alzas a un lado
    del silencio, balbuciendo frente
    al fuego y su perpleja ira.
    Que plantas jacintos en una seca
    vertiente de palabras muertas y
    aguardas la primavera.
    Portador de palpitaciones dispares,
    de buena figura,
    inquebrantable y pesado
    en la lucidez de tu tristeza.
    Perdido.
    Descubres lo que
    perderás una y otra vez.
    Sacudes desde la negrura
    charreteras de colores
    y sigues tu camino.
    Increíble esperanza de mi porfía.
    A ti,
    que no sé
    quién eres;
    solo sé que
    vienes…

    Nota
    (1) En inglés en el original: «Mal negocio».




    ΑΝΝΑ ΝΙΑΡΑΚΗ

    Τρία ποιήματα από Τετράδιο πειραμάτων



    Η λυπημένη πολιτεία των ανθρώπων

    Των ανθρώπων με τα χαμένα λογικά,
    με τα χαμένα αισθήματα-
    που ασφυκτιεί κάτω από σάρκινα σεντόνια,
    κάτω από δανεικές μοναξιές-αναζητώντας
    το δεκανίκι της ύπαρξης.

    Σε θέλω, μου είπαν τα μάτια σου
    Σε θέλω, μου είπε το κορμί σου

    Κι εγώ,

    αναζητώ αστροπολιτείες
    διαφορετικές από αυτές που συλλαμβάνουν
    οι κεραίες μου,
    ίδιες μ’ αυτές που οι φλέβες σου
    υπαγορεύουν.

    Λαμπίρι, 23-03-03




    Bad bargain

    Στην εγκατάλειψη των ηδονών.
    Σε ένα μαχαίρι της κουζίνας,
    εστιάζω τηλεσκοπικά την αναίρεση.
    Κόβω τις γέφυρες.
    Κόβω σαλάτα.
    Αυτόματες σκέψεις ξεπηδούν
    από οργασμικές συνήθειες.
    Κινήσεις μηχανικές.
    Κατασκευάζω ορισμούς σε
    ένα ανύπαρκτο σταυρόλεξο.
    Οι λέξεις κρέμονται ήδη
    σταυρωμένες.
    Τις ξεκρεμάω και τις πετώ
    άτακτα στο πάτωμα.
    Περνάνε μέρες. Τις κοιτάζω
    με απόγνωση.
    Δεν τις καταλαβαίνω.
    Δοκιμάζω να τις πω
    μα η γλώσσα μου αρνείται
    να προφέρει σύμφωνα.
    Δεν συμφωνήσαμε
    γι’ αυτό ποτέ.
    Όταν με άφησες παιδί
    πήρες μαζί την πιο αθώα
    μυρωδιά μου.
    Και μου άφησες λέξεις
    άπειρες, ανάπηρες
    για συντροφιά μου.



    σε σένα

    Στον Γιάννη Λειβαδά

    Σε σένα απευθύνεται αυτό το ποίημα.
    Όπως και τόσα άλλα.
    Σε σένα που ορνιθοσκαλίζεις ιερογλυφικά
    κάτω από το φεγγάρι μιας ερήμου.
    Ή μιας πόλης έρημης, λερώνοντας τους
    βρώμικους τοίχους της με κόκκινη μπογιά.
    Που περιφέρεσαι, χαράματα
    μισομεθυσμένος, ημίτρελλος
    σε σοκάκια, πλατείες και άδειες
    λεωφόρους,
    ακίνητος.
    Σε σένα που στέκεις παράμερα
    της σιωπής, κομπιάζοντας μπροστά
    στη φωτιά και τη σαστισμένη οργή της.
    Που φυτεύεις υάκυνθους σε μια ξερή
    βουνοπλαγιά πεθαμένων λέξεων και
    περιμένεις την άνοιξη.
    Φορέας ανισόρροπων παλμών,
    καλοφτιαγμένος
    στέρεος και βαρύς
    μες στη διαύγεια της θλίψης σου.
    Χαμένος.
    Ανακαλύπτεις όσα
    θα χάσεις ξανά και ξανά.
    Τινάζεις από το μάυρο
    τις χρωματιστές επωμίδες
    και τραβάς την πορεία σου.
    Απίθανη ελπίδα της εμμονής μου.
    Σε σένα,
    που δεν ξέρω
    ποιος είσαι,
    ξέρω μόνο ότι
    έρχεσαι…





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    MIJALIS PAPANTONÓPULOS

    El poeta, traductor y ensayista griego Mijalis Papantonópulos nació en Atenas en 1980. Las revistas literarias Píisi, Mandragoras, Kukutsi, Teflón y Evzini han publicado poemas, ensayos y traducciones de su autoría. Colabora en el suplemento Anagnosis, en el periódico griego I Avyí y en el chipriota O Fileléfzeros.
    Es autor de los libros de poemas D (Ekdosis Erató, 2006), Simeón Valas: un esbozo (Simeón Valas: ena sjédiasma, Ekdosis Melani, 2010) y Los doce: una sinfonía inconclusa (I dódeka: mia ymitelís simfonía, Ekdosis Eyeon/Kukida 2011).
    Z.D. Ainalís y Papantonópulos escribieron el libro Estética romántica: los poetas de los lagos y la Escuela de Jena (Romantikí eszitikí: i piités ton limnon kai i Sjolí tis Iena, Ekdosis Kritikí, 2011).
    Como traductor, ha publicado los siguientes libros: de Georg Trakl, El sueño del mal (To óniro tu kakú, Ekdosis Erató, 2005); de Rainer Maria Rilke, Vida de María (O víos tis Marías, Ekdosis Erató, 2006); de William Butler Yeats, Los relatos de Hanrahan el Rojo (I istoríes tu Kókinu Jánrajan, Ekdosis Erató, 2007); de Oscar Wilde, Apotegmas y aforismos (Apofzégmata ke aforismí, Ekdosis Erató, 2007); Manifiesto Vorticista (poema, número 5, 2007); de Guy Boothby, El Doctor Nikola y Experimento aciago (Doktor Nikolá, Olezrio Pírama, Ekdosis Ilektra, 2007); de Anónimo, Sweeney Todd, el barbero asesino de la Calle Fleet (Sweeney Todd. O fonikós kureas tis Odú Fleet, Ekdosis Ilektra, 2008); de John Douglas, Man Down (Ekdosis Melani, 2008); de Novalis, Himnos a la noche (Ymni sti nijta, Ekdosis Ilektra, 2008); de Nikolai Gógol, Diario de un loco (Imeroloyio enós trelú, Ekdosis Ilektra, 2008); de Orhan Veli Kanik, Mi calle es una plaza (O dromos mou eine platía, Ekdosis Vakxikon, 2011).
    En libros colectivos y en revistas ha publicado, entre otras, las siguientes traducciones: de Mary Elizabeth Brandon, “La sombra en la esquina”, como parte del volume Relatos góticos de escritores victorianos (“O iskios sti gonía”, Gotzikés istoríes apó victorianés sigrafís, Ekdosis Ars Nocturna, 2009); de Srecko Kosovel, “13 poemas” (“13 Piímata”, poetix, número 3, 2010).

    ΊΟΥ 2012



    Mijalis Papantonópoulos. Siete poemas 
    [Traducción y notas: Mario Domínguez Parra]



    Del libro D


    Abre roja en la memoria:
    una hendidura en los tiernos
    despojos de una alondra


    A

    No quería saber su nombre;
    sonreía y caían
    al suelo los dientes
    hablaba y su boca sangraba errores.

    Una muchacha en el infierno
    en otro tiempo se me presentó. Llevaba
    blanquísima la lengua y sostenía
    mi mano en la suya.

    A ciegas yo buscaba
    el camino hacia la siguiente.


    B

    Antes de medianoche
    y tras la cortina
    se vestía de gruesa piel roja,
    se arreglaba el pelo
    y abría la ventana que daba al interior de la casa
    y corría la noche.
    “Nada es al azar”, me decía a mí mismo,
    “nada” y me levantaba por la mañana
    con dolor de mandíbula.


    C

    Andaba D. metida en líos en la esquina
    -sus piernas hasta los muslos en asfaltose-
    arrodillaba y se recogía el pelo
    y sacudía las estrellas de la nuca.

    Como si yo presintiera lo que había ocurrido;
    desarraigaba los blancos ciclaminos
    que habían conseguido aparecer
    bajo mi lengua.



    Del libro Simeón Valas: un esbozo

    [Me convenzo, Arconte; y añado el drama de noches de santuario. Recibo el lucro de la piedra en la untuosa oscuridad y narrow la irrealizable voz que el recluso quiso esbozar en el Sagrado Monasterio de Sagmatá (1) –alrededor del año mil novecientos dieciocho- Valas, Simeón. Por el cual también estoy poseído, Arconte, a ritmo de címbalo de mejor palabra en tonos infrecuentes; y cedo el desgarramiento sin hogar al mito de la composición].


    Qué Sirviente tenebroso considera en profundidad, Arconte, el elaborado scenario en toda la habitación, qué lobo sucesor: [renquea un pie cortado luz estigmas en el pavimento.]. Yo, Valas Simeón, pétreo estallé a partir de las vísceras de mi madre hace veintinueve años; depuesto grito que midió el interior de la distancia en el cuerpo del neonato, habitante de una carne, Negador, donde la bestia humana cumple su procedencia herida, para hablar del Mal que alabé, de Vosotros (2); y he cumplido, apelo al ardiente poder del espíritu: cualquiera que sea el rostro roedor y la oscuridad de la escritura.


    [Del santuario del mes. Noche primera] Durante la que yo velaba un sueño repugnante el ojo enfebrecido y sobre mí pendía una espada desnuda en su punzante inmovilidad. Y de improviso con el pecho con las inspiraciones en mi voz el lenguaje gritó: “Y si fuera la sangre; y si fuera el aspecto; y si fuera la furia, desde que sufrí la madera sin flores el potro durante su genial ímpetu; recuerda: Él venga; Él exige; Él impone una nueva dinastía de las pasiones; la forma encorvada, estática, en toda su postrera omnipotencia, ordena: “Fuera, el pueblo retuerce con lengua suplicante la ciudad; dejad que muera, dejad que muera”.

    Imagina; en el cristal: el perro bufón y la luna doble



    Del libro Los doce: una sinfonía inconclusa

    Atenas. Profundidades del centro: abajo donde el rebaño. Y el ala solar no basta - anochece dos sombras fuera del viento: y en la piedra sus verdes reptiles. Y la primera: la mano críptica se escabulle - algo escasa de carne y ropaje velludo; hasta que la tierra la sal también se pierden en dedos individuo muertos. Y la segunda altera un habla ignota, ronca en el llamamiento: Nataniel

    : ¿Cuándo nutrió algo virtuoso en sus vísceras
    esta ciudad? - ¿cuándo la flor de lis entregó el nacimiento
    sobre cisura de espinas? ¿Y ahora
    cómo se inclina su oscuro pezón en boca de profeta?

    Apenas ayer:
    comerciantes y cortesanos y sacerdotes y patriotas
    contaban monedas cobrizas la raza de sus hijos
    en el mostrador de un dios prestamista.

    P E R R O S C U S T O D I A D A V U E S T R O S A M O S

    : La deuda de la bestia en el hombre y la exhuman
    arena hueso en el cadáver Grecia

    Luego pagas púrpura amatista
    por un cristal oscuridad: nadie erige una negativa
    ante el paroxismo comercial de tal práctica.

    Que así sea no me manifiesto
    llevando el Mal a cuestas desde Su espíritu

    Quien se hartó sólo de profundidad las pasiones hasta la locura
    conoce -espectro- el ciego ruido del alma:
    lengua cortada fiebre en un pozo noche
    y desierto uñas incisivas abrumador.

    ¡Detente! Aún reivindico el lucro
    en dos clavos de hierro -el más pequeño, descendencia;
    quiero decir Algún día también el ara
    levantará a los muertos hacia su cielo.



    Notas

    (1) El monasterio de Sagmatá se halla a 30 kilómetros al norte de la ciudad griega de Ziva (Tebas). Su arquitectura es de estilo bizantino y en su interior se puede admirar una gran cantidad de frescos. Su nombre podría provenir de las palabras griegas “ságmata” y “samaria” (“albardas”, cuya forma se asemeja a la del monte sobre el que se erigió); o también del hecho de que un monje que vivía allí se dedicara a fabricarlas. En dicho edificio se conserva un supuesto fragmento de la cruz en que Jesús fue crucificado (en griego se conoce como “timio xylo”, reliquia muy venerada por los ortodoxos griegos). Fue un regalo del emperador bizantino Alexios I, de la dinastía de los Komninós. 
    (2) La expresión original que utilize Papantonópulos, por la que traduje “de Vosotros”, proviene del Evangelio de Juan, 6, 70: “Sin embargo, de vosotros uno es diablo”. En el siguiente versículo, Juan escribió: “Hablaba de Judas, hijo de Simón Iscariote, porque éste era quien le había de entregar, con ser uno de los Doce” (vid. Nuevo Testamento Griego-Español, ed. José O'Callaghan, Madrid, Biblioteca de autores cristianos, MCMXCVII).

    [El perseguidor No 109, Miercoles, 1 de agosto de 2012, Tenerife]





    ΜΙΧΑΛΗΣ ΠΑΠΑΝΤΩΝΟΠΟΥΛΟΣ
    http://mixalispapantonopoulos.blogspot.com/
    Τρία ποιήματα από Δ

    α΄

    Δεν ήθελα να ξέρω τ’ όνομά της·
    χαμογελούσε κ’ έπεφταν
    στο πάτωμα τα δόντια
    μιλούσε και το στόμα της μάτωνε λάθη.

    Ένα κορίτσι στην κόλαση,
    κάποτε μου συστήθηκε. Φορούσε
    κάτασπρη τη γλώσσα και κρατούσε
    το χέρι μου στο χέρι.

    Έψαχνα στα τυφλά
    το δρόμο για την επομένη.

    β΄

    Λίγο τα πριν μεσάνυχτα
    και πίσω απ’ την κουρτίνα
    ντυνότανε χοντρό κόκκινο δέρμα,
    χτένιζε τα μαλλιά
    κι άνοιγε το παράθυρο στο μέσα σπίτι
    κ’ έτρεχε νύχτα.
    «Τίποτα δεν είναι τυχαίο», μονολογούσα,
    «τίποτα» και σηκωνόμουν το πρωί
    με πόνους στο σαγόνι.

    γ΄

    Τραβιόταν η Δ. στη γωνία
    –τα πόδια της ως τον μηρό στην πίσσα–
    γονάτιζε και σήκωνε τα μαλλιά
    και τίναζε τ’ άστρα απ’ τον αυχένα.

    Σαν να ‘νιωθα τι είχε συμβεί·
    ξερίζωνα τ’ άσπρα κυκλάμινα
    που είχαν προλάβει να φανούν
    κάτω απ’ τη γλώσσα μου.





    .

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  • 05/29/16--16:34: NIKOS SFAMENOS [18.801]

  • NIKOS SFAMENOS

    NIKOS SFAMENOS (Grecia,  1982)




    Traducción: Mario Domínguez Parra
     
    Tres poemas


    noche primaveral (4)

    el barco calienta sus motores
    y tú sentado en un banco excoriado
    sin memoria
    sin varita mágica
    sin talento
    nubes y primeras lloviznas
    las parejas aceleran el paso y en nada nadie
    quedará
    los perros se ocultan en los camiones
    algo saben los perros
    algo mágico que no sabemos
    la lluvia se intensifica
    un periódico en el suelo
    «todos los secretos de una carrera de éxito»
    sonríes
    en el banco palabras de amor eterno

    los pasajeros miran desde las ventanas opacas
    los perros miran queriendo decir algo
    te enroscas en tu chaqueta empapada
    anochece
    aguanta amigo

    partes hacia tu cuarto
    cruzando las mismas luces cenicientas
    mientras
    cantan las sombras
    los niños sueñan al mirar la lluvia
    el barco calienta sus motores
    y tú no estás a bordo

    palabras dagas
    sagradas
    intactas
    viajan hacia el horizonte
    libres
    pero yo



    SEÑALES EN LA OSCURIDAD (5)

    Trenes que regresaron
    vacíos cada alba
    poetas
    cómo podemos movernos sin sentir
    nos palpamos sin sentirnos
    temblamos
    dame una estrella y un hálito de cielo
    un fragmento de sol y una fuente
    ciudades monstruos
    extrañas criaturas de un dios invisible
    qué escudriñan en una negra incubadora
    cómo es que respiramos
    sin existir
    dame una estrella y un hálito de cielo
    ahora
    ahora
    antes de conseguir
    descubrirlos por mí mismo




    una gran noche (6)

    «No hay salida», dijo
    «de amor nos hablaron, de
    esperanza nos hablaron, no
    hay salida».
    «bebamos», respondí
    «¿y cómo ocurrirá?»
    «bebamos».
    «pero escribes».
    «sí, pero no ayuda».
    «lo veo en sus rostros,
    en sus miradas muertas,
    toda la historia del
    género humano apesta».

    Vacié mi botella
    Salí al balcón.
    Bocinazos
    peleas maritales
    perfume de mujer.
    Un vagabundo delira en la distancia.
    Muchos años existió el mundo.
    «Y que dure, amigo».
    Sería otra gran noche.
    Me mantuve firme sobre los escalones y
    sonreí

    Notas de Evi Platitsa

    (1) Georg Büchner, «La muerte de Danton», traducción de Yorgos Depastas, Ekdosis Nefeli, 2011 (hasta aquí, la nota de Platitsa). En español: Georg Büchner, Obras completas, traducción de Carmen Gauger, Madrid, Editorial Trotta, 1992. Gauger traduce: «La muerte es un remedo del nacimiento, cuando morimos estamos tan desnudos y desamparados como niños recién nacidos» (Danton replica a Camille, Acto IV, escena 3, p. 127, tal y como Platitsa me informa). Büchner hace decir a Danton lo siguiente: «Cuando fuimos creados hubo un error, algo nos falta, no tengo nombre para ello, pero ese algo no vamos a sacárnoslo mutuamente de las entrañas, ¿por qué entonces abrir los vientres? Marchaos, somos míseros alquimistas» (op. cit., Acto II, escena 1, p. 99). Platitsa escribe en su proemio que los poetas son «los alquimistas del expresionismo».
    (2) De un artículo en el periódico Avyí: Ioanna Avramidu, «Expresionismo sobre fondo obrero» (fecha de publicación: 28/02/2010).
    (3) Nikos Sfamenos, Noches florecidas (poesía, 2010).
    (4) Nikos Sfamenos, Lo escrito bajo luz sucia (2008).
    (5) Nikos Sfamenos, Escuchando un vals en la oscuridad (2007).
    (6) Nikos Sfamenos, Ira y flores en un país de muertos (2007).




    ΝΙΚΟΣ ΣΦΑΜΕΝΟΣ

    Τρία ποιήματα

    ανοιξιάτικο βράδυ [4]

    το πλοίο ζεσταίνει τις μηχανές του
    και συ κάθεσαι σε ένα ξεθωριασμένο παγκάκι
    χωρίς μνήμη
    μαγικό ραβδί
    ταλέντο
    σύννεφα και οι πρώτες ψιχάλες
    τα ζευγάρια επιταχύνουν το βήμα και σε λίγο δεν μένει
    κανείς
    τα σκυλιά κρύβονται στα φοφορτηγά
    τα σκυλιά κάτι ξέρουν
    κάτι μαγικό που δεν ξέρουμε εμείς
    η βροχή δυναμώνει
    μια πεταμένη εφημερίδα
    «όλα τα μυστικά μιας πετυχημένης καριέρας»
    χαμογελάς
    στο παγκάκι λέξεις αιώνιας αγάπης

    οι επιβάτες κοιτάνε απ'τα θολά παραθύρια
    τα σκυλιά κοιτάνε θέλοντας κάτι να πουν
    τυλίγεσαι στη μουσκεμένη ζακέτα σου
    βραδιάζει
    κρατήσου φίλε

    ξεκινάς για τη κάμαρα σου
    διασχίζοντας τα ίδια σκονισμένα φώτα
    ενώ
    οι σκιές τραγουδάνε
    τα παιδιά ονειρεύονται κοιτάζοντας τη βροχή
    το πλοίο ζεσταίνει τις μηχανές του
    και συ δεν είσαι μέσα

    λέξεις μαχαίρια
    άγιες
    ανέγγιχτες
    ταξιδεύουν στον ορίζοντα
    ελεύθερες
    όμως εγώ



    ΣΙΝΙΑΛΑ ΣΤΟ ΣΚΟΤΑΔΙ [5]

    Τρένα που γυρίσαν
    άδεια τις αυγές
    ποιητές
    πως μπορεί να κινούμαστε χωρίς να νιώθουμε
    αγγίζουμε χωρίς να αισθανόμαστε
    τρέμουμε
    δώσε μου ένα αστέρι και μια ανάσα ουρανού
    ένα κομμάτι ηλιαχτίδας και μια πηγή
    πόλεις θηρία
    παράξενα πλάσματα ενός άφαντου θεού
    τι γυρεύουν σε μια μαύρη γυάλα
    πως γίνεται να ανασαίνουμε
    δίχως να υπάρχουμε
    δώσε μου ένα αστέρι και μια ανάσα ουρανού
    τώρα
    τώρα
    πριν προλάβω
    και τ’ ανακαλύψω μόνος μου



    Μια μεγάλη νύχτα   [6]

    «Δεν υπάρχει διέξοδος» , είπε
    «μας είπαν για την αγάπη , μας
    μιλήσανε για την ελπίδα , δεν
    υπάρχει διέξοδος».
    «ας πιούμε» , απάντησα
    «και πως θα γίνει ;»
    «ας πιούμε».
    «γράφεις όμως».
    «ναι αλλά δε βοηθάει».
    «το βλέπω στα πρόσωπά τους,
    στα νεκρά βλέμματά τους ,
    ολόκληρη η ιστορία του
    ανθρωπίνου γένους βρωμάει».

    Άδειασα το μπουκάλι μου.
    Βγήκα στο μπαλκόνι .
    Κορναρίσματα
    συζυγικοί καυγάδες
    μυρωδιά γυναικείου αρώματος .
    Ένας αλήτης πέρα παραμιλούσε.
    Ο κόσμος υπήρχε για πολλά χρόνια .
    «Όσο πάει φίλε»
    Θα ’ταν άλλη μια μεγάλη νύχτα .
    Κρατήθηκα γερά στα κάγκελα και
    χαμογέλασα

    [1] Γκέοργκ Μπίχνερ, "Ο θάνατος του Δαντόν", μτφρ. Γιώργος Δεπάστας, εκδ. ΝΕΦΕΛΗ, 2011.
    [2] από άρθρο στην εφημ. Αυγή: Ιωάννα Αβραμίδου, "Εξπρεσιονισμός σε εργατικό φόντο" (ημερομηνία δημοσίευσης 28/02/2010).
    [3] Νίκος Σφαμένος, Ποίηση -ΑΝΘΙΣΜΕΝΕΣ ΝΥΧΤΕΣ.
    [4] Νίκος Σφαμένος, ΑΥΤΑ ΠΟΥ ΓΡΑΦΤΗΚΑΝ ΚΑΤΩ ΑΠΟ ΒΡΟΜΙΚΟ ΦΩΣ.
    [5] Νίκος Σφαμένος, ΑΚΟΥΓΟΝΤΑΣ ΒΑΛΣ ΣΤΟ ΣΚΟΤΑΔΙ.
    [6] Νίκος Σφαμένος, ΟΡΓΗ ΚΑΙ ΛΟΥΛΟΥΔΙΑ ΣΕ ΜΙΑ ΧΩΡΑ ΝΕΚΡΩΝ.





    NIKOS SFAMENOS – POEMA (DE SU NUEVO LIBRO “ANTIHEROICO”)

    Traducción: Mario Domínguez Parra
     
     
    Papadiamantis tradujo mientras bebía vino
    “Crimen y castigo”
    y Sajturis está
    muerto
    Emily Dickinson
    paranoica
    llama por las noches
    a mi puerta pero
    no estoy allí
    camino por un río
    helado
    cazando mariposas
    cuando regreso cansado
    el sueño viene conforme
    translúcidas ranas
    saltan desde
    mi pelo
    danzan en la habitación
    y durante el alba
    desaparecen
    qué pena
    que no estés aquí
    para que esta noche
    acaricies
    aunque sea a uno






    ο Παπαδιαμάντης μετέφραζε πίνοντας κρασί
    το «έγκλημα και τιμωρία»

    και ο Σαχτούρης είναι
    νεκρός
    η Έμιλι Ντίκινσον
    με παράνοια
    χτυπά τις νύχτες
    την πόρτα μου αλλά
    δεν είμαι εκεί
    περπατώ σ’ ένα παγωμένο
    ποτάμι
    κυνηγώντας πεταλούδες
    όταν επιστρέφω κουρασμένος
    ο ύπνος έρχεται καθώς
    διάφανα βατράχια
    πετάγονται απ’
    τα μαλλιά μου
    χορεύουν στη κάμαρα
    και την αυγή
    εξαφανίζονται

    τι κρίμα
    να μην είσαι εδώ
    κι απόψε
    να χαϊδέψεις
    έστω και ένα






    .

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    DAYLÍNS RUFÍN PARDO 

    Poeta y teóloga cubana.




    Mundos de Astoret. Poesía (2014). Primer poemario publicado por Hebel Ediciones de la escritora Daylíns Rufín Pardo, teóloga cubana. Parte de la Colección Humus / Poesía.


    El ángel de la nada 

                         Cuidado, ciudad, cuidado. 
                         He salido a enamorarme 
                               Teresita Burgos

    En el rumor furtivo de mis pasos 
    no se pasman las sombras… 

    Sobre adoquines vueltos al silencio, 
    lentamente, 
    los vitrales reviven, los balcones… 
    cuántos murmullos y esperanzas 
    que fluyen de lo antiguo 
    cual revuelo de alas pálidas. 

    Un manto de silencio se esparce, 
    gris e inerte, 
    como el polvo de las hadas, 
    y surgen anhelantes soles 
    que sin formas me rodean con su danza. 

    Entre los puentes húmedos, 
    los parques y azoteas, 
    tienden sus redes de plata y cristal 
    y las sacuden 
    prontas a llenarme la soledad 
    de algas y música. 

    Se desnudan de disfraces, 
    me regalan, 
    tan tímidas, 
    sus máscaras. 

    Se vuelven doncellas, escribas, 
    me entregan en sus manos 
    tantas lágrimas. 

    Muere una estrella…

    Una sombra menos se esfuma aprisa 
    en la aridez de las ruinas. 
    Su luz desvanece la transparencia 
    como el Ángel de la nada. 

    Solo el rumor de mis pasos 
    entre las sombras que no pasan. 
    Amanece...

    Septiembre, 1994


    Transparencias 


    He aquí el mundo de sueños, 
    nuestro mundo. 

    ¡Cuánto de verde se abre 
    ante mis ojos! 

    ¡Cuánto de mágico 
    me invita a recorrerlo! 

    Cuánta nostalgia acude a mi garganta 
    al descubrirte en esto. 


    II 

    Quiero soñar aquí 
    donde las hojas se convierten en rumores. 

    Quiero soñar aquí que vuelo 
    y escapo en este verdor mágico. 
    Descubro unicornios y serpientes 
    entre las ramas 
    la vida muestra sus pequeñísimos milagros. 

    Quiero soñar que ando 
    y me susurran 
    los trinos de los pájaros. 

    Quiero soñar la soledad 
    que ansío tanto.


    III 

    Se ha vuelto el día gris. 
    Ante mis ojos ha surgido un lago. 
    Voy sola. 

    Descubro las ruinas de una casa 
    donde alguien ya no está. 
    El silencio me envuelve 
    en su lenguaje 
    de leyendas. 

    Sueño que juego con lianas 
    cual si fueran las barbas de un Dios. 

    Se han perdido los seres humanos en las ciudades y el ruido 
    y de esta selva se olvidan. 

    Nadie me busca. 
    No importa. 
    Soy un náufrago 

    Sueño que entonces me entristezco, 
    me entristezco, 
    y te hallo. 

    Octubre, 1994


    El triste de las nevadas 

    La noche ha comenzado su orgullosa pelea 
    con los seres del viento que amenazan estremecer 
    hasta las ultimas estrellas de su manto. 

    Deslizo mi quietud sobre los adoquines 
    deshojando recuerdos 
    ya distantes. 

    El rumor del silencio deshace asombros, 
    realidades, 
    mis tenues esperanzas. 
    y me arropo con lluvias y nostalgias 
    en el rincĂłn del parque. 

    Quizás resurja entre los grises destellos 
    la brizna verde de aquellos dí­as, 
    mas solo me responde con su mudez oceánica. 

    Se necesitan llamas 
    para salvarse 
    del triste de las nevadas.


    Selva azul 

    Amo la selva azul que hay en tu pecho 
    con su suerte de lianas enmudecidas, 
    con su aura triste, 
    añil. 

    Amo lo que murmuran sus abetos, 
    y esas tiernas enredaderas 
    que resurgen cuando el niño del viento las esparce 
    del ensueño a la luz. 

    Amo sus ídolos ancestrales y su humedad de piedra, 
    los gemidos que exhalan 
    las presencias que destilan 
    calidez. 

    Quiero andar por tu espesura 
    sin más traje que la hojarasca. 
    Quiero andarte, 
    llegar 
    hasta tu centro.


    Apocalipsis 

    Y un día ardió el mar hasta quemar el cielo 
    y lo dejó manchado con su humo, 
    y llovieron ardientes gotas del mundo y de mis ojos, 
    y temblaron montañas en los valles, 
    y doblaron su tronco los abetos 
    y los pájaros tristes, alocados, 
    cayeron en el suelo inertes. 
    Vientos batieron las cascadas 
    y los ríos 
    hasta dejarlos secos, 
    y fue el fin de mi mundo que no es nada sin ti 
    y contigo es, 
    al menos…. 

    Diciembre, 1993


    ¿A dónde? 

    A dónde el fiel que enciende los faroles, 
    a dónde el unicornio refulgente, 
    a dónde marchó el duende. 

    Ya se mueren de grises las aceras, 
    se me hielan de nostalgia los puentes. 
    Ya no canta el río con sus mil campanas de cristales. 

    A dónde el niño de las ciertas dudas, 
    a dónde el diablo de sutil tridente, 
    a dónde marchó el héroe. 

    Ya no hay duelos de ninfas y fantasmas, 
    el rumor de los corceles se ha perdido. 
    No hay doncellas huidizas que dejen sus zapatos. 

    A dónde el sabio blanco de los templos, 
    a dónde el rey de los atardeceres 
    a dónde el cuidador de albas y faros. 

    Se divisa una oscura ciudadela. 
    La soledad es quien dicta ahora las leyes. 

    Que vuelvan 
    con sus luces y sus lanzas, 
    porque el mundo sin ellos 
    se me muere. 

    Verano, 1994



    DOS DE PASO
    P O E S Í A

    H E B E L Ediciones, 2016.



    I. COMIENZO

    Zarpo de algún recuerdo,
    -barca blanquísima sobre un lago de difusas
    nieblasy
    desde allí nos veo

    de costados
    al alba

    empañando el cristal sin color
                 este cielo
    como de nieve
                lamida por los mares,

    fundiéndonos en luz
    con aquel beso…




    II. ARRIBO

    Hay días casi náufragos
    en que amanece pronto el aroma de las algas
    y el canto son dos sílabas del mar,
    una que muere antes de hacerse aguda
    en la saliva de las espumas
    otra que se retracta como una lengua enorme
    carraspeando
    profunda
    en la garganta de los azules graves.

    En esos días
    a esa hora del monótono ritmo,
    del cielo rosa tenue,
    se despierta el deseo
    de humedecer mis pies junto a los tuyos
    en un círculo
    leve
    de las aguas
    y que una misma onda transparente
    recorra el puente que hacen tus dedos
    y los míos
    como un dedo invisible que juega a señalarnos
    un tesoro,
    que nos dibuja una isla
    un precipicio
    un atajo por donde se llega
    a otro lugar
    definitivamente.


    V. PRIMERA VIGILIA

    No hubo hogueras:
    se ardió con lumbre propia.



    VII. BÚSQUEDAS

    No sé cómo le hacen
    los fragmentos
    para encontrarnos.
    Nos salen al encuentro entre pasos felices
    con sus trazos de crayola
    -ya no sabría decir si inocentes
    o rudimentarios.
    No sé cómo lo hacen
    para colgarnos un grafitti inmenso
    en la pared recién pintada con cal
    de la alegría,
    para dejarnos una marca de advertencia
    -un corazón, una espiral, un nombresobre
    la piedra pedestal que hoy escogimos
    para mirar el horizonte
    no sé cómo le hacen
    en qué milisegundos
    alfiletean la corteza de aquel árbol desnudo
    donde hemos de volver
    para abrazarnos.
    No sé de dónde llegan
    los fragmentos de antaño,
    por qué se esconden
    hoy

    me lo pregunto…



    VIII. ASTROLABIO

    Lo creíamos perdido,
    pero aparece

    hecho mitad

    está

    ¡ya saben dónde!



    X. SEGUNDA VIGILIA

    Ya no buscas la vela blanca
    la has visto ondear al fondo de mis ojos.


    XII. CERTEZAS

    Te dije que era un mapa
    y no creíste
    que los caracolitos fueran capaces
    de trazar destinos
    de conocer las coordenadas de los sueños

    ahora sólo
    la noche sin luna podrá revelarte esa suerte
    de líneas transparentes
    sigilosas
    que se cruzan
    absurdamente
    ante tu pies:
    trazo pétreo de lo que fue mensaje tibio
    y húmedo,
    fósil de luz vidente
    que no supiste ver.

    Ahora tan sólo quedan
    el desamparo del silencio que quiso 
    saciarse de palabras
    el recuerdo del camino de luna

    mi sueño
    y otras líneas…






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  • 05/30/16--01:57: DAVID MARKSON [18.803]

  • David Markson

    David Merrill Markson (20 de diciembre 1927 - 4 junio de 2010), fue un novelista y poeta estadounidense. Autor de varias novelas posmodernas, Springer's Progress, Wittgenstein's Mistress, and Reader's Block. Su último libro, The Last Novel, publicada en 2007, fue nombrada como "un verdadero tour de force" por The New York Times.

    David Markson nació en Albany, Nueva York, el 20 de diciembre de 1927. Mientras cursaba en la Universidad de Columbia, cruzó correspondencia con Malcolm Lowry. Se hicieron muy amigos, como lo prueba el epistolario de Lowry. La tesis de Markson sobre Bajo el volcán se publicó en 1978. Mientras trabajaba como periodista, se dedicó a investigar  la bohemia de la década del cincuenta, en la que también vivía en compañía de escritores como Conrad Aiken, Dylan Thomas, Jack Kerouac. Es este último el que influye sobre todo en las primeras novelas de Markson. Como escritor de policiales —Epitaph for a Tramp(1959) y Epitaph for a Dead Beat (1961)—, los críticos aseguran que no encuentran otro parangón que Chandler. La primera puede leerse también como un comentario trágico sobre el adulterio, lo contrario de una moraleja cínica sobre la libertad sexual; la última le permite ironizar sobre el tipo de existencia bohemia que compartió con los escritores que se sacrificarían en su propia leyenda, como Allen Ginsberg. Hay que considerar que estos libros Markson los escribía por encargo, por dinero, y que sin embargo la exigencia de calidad nunca cedió ante las facilidades y garantías del género. La obra posterior acusa ya la influencia del existencialismo y las lecturas filosóficas. Son parejamente admirables: Wittgenstein’s Mistress (1988), Springer’s Progress (l990) y la serie que inicia La soledad del lector (1996): This is not a Novel (2001), Vanishing Point (2004) y The Last Novel (2007). David Markson murió en Nueva York en 2010.

    OBRA:

    Epitaph for a Tramp Dell, 1959.
    Epitaph for a Dead Beat Dell, 1961.
    The Ballad of Dingus Magee; Being the Immortal True Saga of the Most Notorious and Desperate Bad Man of the Olden Days, His Blood-Shedding, His Ruination of Poor Helpless Females, & Cetera Bobbs-Merrill, 1965.
    Miss Doll, Go Home Dell, 1965.
    Going Down Holt Rinehart Winston, 1970.
    Springer's Progress Holt, Rinehart & Winston, 1977.
    Malcolm Lowry's Volcano: Myth, Symbol, Meaning Times Books, 1978.
    Wittgenstein's Mistress Dalkey Archive, 1988.
    Collected Poems Dalkey Archive Press, 1993.
    Reader's Block Dalkey Archive Press, 1996.
    This Is Not a Novel Counterpoint, 2001.
    Vanishing Point Shoemaker & Hoard, 2004.
    The Last Novel Shoemaker & Hoard, 2007. [19]




    David Markson 
    Punto de fuga (Verdehalago, 2011)
    Traducción de Verónica Martínez Lira y Alejandra Reta Lira


         
    La leyenda de que, nueve meses después de su muerte, Dante se le apareció a uno de sus hijos en un sueño y le dijo dónde encontrar los últimos trece cantos del Paraíso, que hasta entonces se creía que no había escrito.


         
    De una de las primeras reseñas de Prokofiev, en el New York Times:
         Hay unos cuantos pasajes, sólo unos cuantos, en los que apenas se reconoce un parecido con lo que hasta ahora se ha considerado música.


         
    Según confiesa el propio William Butler Yeats, a sus 27 años no había besado todavía a ninguna mujer.


         
    La mejor obra de arte jamás vista, calificó Karlheinz Stockhousen a la destrucción del World trade center.


         
    Una mujer llamada Lorna Wilmott, le prestó su departamento en Londres a Dylan Thomas. Y cuando regresó, encontró que Dylan había empeñado su máquina de escribir, su fonógrafo, su platería y su abrigo de piel.


         
    William Blake, a los 30 años, fue testigo de la muerte por tuberculosis de Robert,  su hermano menor.
         E insistió en que había visto su alma elevarse y atravesar el techo, aplaudiendo de felicidad.


         
    Leonardo solía asistir a las ejecuciones, con el pretexto de estudiar las contorsiones musculares de los ahorcados.


          
    En 380 d. C., san Gregorio Niceno, obispo de Constantinopla, ordenó quemar los poemas de Safo.


         
    En 1073 d. C., el papa Gregorio VII ordenó quemar los poemas de Safo.


         
    Emily Dickinson dejó 1775 poemas.
         Lo que equivale a poco menos de uno por semana de su vida adulta.


         
    No perdura nada escrito por la mano de Dante, ningún manuscrito, ningún documento, ni siquiera una firma.


         
    Como pintado con barro. Horrible. Irremediable. Como los dibujos de los niños en la escuela, como moscas aplastadas entre los dobleces de una hoja de papel. Peor.
         Unos pocos de los comentarios críticos comunes sobre Cézanne poco antes de su muerte.


         
    Georges Seurat, quien murió a los 31 años.
         Y vendió sólo dos pinturas en su vida.


         
    Muchos de los poemas de Ronsard fueron musicalizados en vida.
         Sordo desde los 16 años, nunca los escuchó.


         
    Ouspenski, al comienzo mismo de la primera guerra mundial, notando en camión militar cargado de muletas.
         Para piernas que todavía no se perdían.


         
    Vaslav Nijinski pasó los últimos treinta y dos años de su vida en un manicomio.
         Treinta y dos.


         
    Vladimir Mayakovski en Nueva York, en1925:
    La mugre es peor que en Minsk.
         Y es increíble lo asqueroso que es Minsk.


         
    Brahms tenía ojos azules.
         Abraham Lincoln también.


         Y Hitler.


         
    Pintando en la corte del sultán Muhammad II, en Constantinopla, Gentile Bellini improvisó una cabeza muy austera de Juan el Bautista.
         El sultán la consideró poco realista y, de pronto, decapitó a un esclavo que pasaba, para ayudar a Bellini con el modelo de su obra.


         
    Goethe escribió Werther en cuatro semanas.


         
    A los 33 años, habiendo ya escrito varios de sus poemas más famosos, las ganancias de Edwin Arlington Robinson como autor ascendían a siete dólares.  


        
    Me gusta el paisaje, pero prefiero sentarme de espaldas a él.
         Dijo Gertrude Stein.


         
    En la segunda guerra mundial, los nazis profanaron adrede la tumba de Heinrich Heine en Montmartre.
         Nelly Sachs y Paul Celan, algunos después, llevando en silencio flores a la tumba.




    David Markson
    Esto no es una novela
    Trad. Laura Wittner
    Buenos Aires: La Bestia Equilátera, 2013

    Más contribuciones al insulto literario / (Según David Markson)


    "La más grande poeta lesbiana desde Safo, llamó Auden a Rilke" (46).


    "Si su extensión no se considera un mérito[,] no tiene ningún otro, dio Edmund Waller del Paraíso perdido" (48).


    "Un irlandés traficante de pornografía, llamó Anthony Comstock a George Bernard Shaw" (51).


    "El simplón de Wordsworth y su poesía pueril, lo y la llamó Byron" (55).


    "Nietzsche sobre George Sand: Una vaca que escribe" (56).


    "Tolstoy, cuando le preguntaron si había leído algo reciente de Maurice Maeterlinck: ¿Por qué habría de hacerlo? ¿He cometido un crimen?" (66).


    "Salaz, maloliente, enfermizo. Dijo Van Wyck Brooks de Joyce" (72).


    "El tipo de persona que siempre está en algún otro lugar cuando se aprieta el gatillo, fue la descripción que hizo George Orwell de Auden. Orwell sobre Sean O' Casey: Muy estúpido. Sobre Steinbeck: Espurio" (76).


    "La cumbre del absurdo en la postulación del sinsentido puro, o en el enhebrado de insensatas y extravagantes cantidades de palabras, antes sólo registradas en manicomios, fue alcanzada por Hegel. Dijo Schopenhauer" (80).


    "Un fanático y un borrachín, llamó Thomas Babington Macaulay a James Boswell" (81).


    "No hay inmundicia concebible para la mente humana que no haya sido vertida en estas páginas imbéciles. Dio Alfred Noyes del Ulises" (82).


    "Un pervertido social y moral, llamó Theodore Roosevelt a Tolstoy [sic]. Roosevelt sobre Henry James: Un pequeño y miserable esnob. Sobre Thomas Paine: Un pequeño y despreciable ateo" (111).


    "El largo martirio de ser pisoteado hasta la muerte por los gansos, llamó Kierkegaard a la lectura de las reseñas de sus libros" (146).


    "Ulises: Un libro inculto e ineducado, me parece; el libro de un trabajador autodidacta, y todos sabemos lo deprimentes que son. Sí, Virginia [Woolf]" (158).


    "Ese zopenco de John Stuart Mill, lo denominó Nietzsche" (173).


    "Lavado de vajilla, llamó Carlyle a las novelas de Jane Austen. Bazofia, llamó Steven Crane a Tennyson" (175).


    "Una especie de filosofía de dependienta, opinó Lévi-Strauss de gran parte de Sartre. Un antiestilo de colegiala eufórica, acusó Leslie Fiedler a Kerouac" (177).


    "Qué obra tosca, inmoral, infame y sin sentido es Hamlet, dijo Tolstoy [sic]" (187).






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