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  • 04/14/16--01:43: FERNANDO ESQUÍO [18.440]

  • Fernando Esquío

    Trovador gallego, probablemente activo a finales del siglo XIII y principios del XIV. Parece ser originario de la zona de Ferrol, donde la familia Esquío poseía propiedades en Neda y Xubia y donde aparecen algunos elementos de este linaje en funciones públicas de alguna importancia; sin embargo no hay más información concreta que permita trazar una mínima biografía, excepto los topónimos presentes en sus cantigas que lo relacionan con Santiago de Compostela y Lugo. (fcsh)

    Es el autor de una de las más bellas cantigas del cancionero de amigo, la que comienza Vaiamos, irmana, vaiamos dormir.



    ¿Qué me quieres, Amor?

    Cantiga de Fernando Esquío


    Amor: a ti me vengo ahora a quejar
    de mi señora, que te hace llegar
    donde duermo y venirme a despertar
    y de gran pena me hace sufridor;
    pues no me quiere ella ver ni hablar,
    ¿qué me quieres, Amor?

    Esta queja ahora te he de traer:
    que no me vengas el sueño a romper
    por la hermosa del buen parecer
    que en matarme tiene el gusto mayor;
    pues ningún bien me quiso ella hacer,
    ¿qué me quieres, Amor?

    Amor: te aviso de esto también:
    que no me rompas el sueño por quien
    pudo matarme y me tuvo en desdén
    y de mi muerte no tiene temor;
    pues no me quiso ella nunca hacer bien,
    ¿qué me quieres, Amor?

    Amor: te aviso de esto yo igual:
    que no me rompas el sueño por tal
    que no hace bien sino daño mortal
    y me lo hará, de esto soy fiador;
    pues su bien pronto me es pena y gran mal,
    ¿qué me quieres, Amor?

       


     
    Amor: a ti me venh’ ora queixar
    de mha senhor, que te faz enviar
    cada u dormo, sempre m’ espertar
    e fazme de gran coita sofredor;
    pois m’ ela non quer veer nen falar,
    que me queres, Amor?

    Esta queixume te venh’ or dizer:
    que me non queiras meu sono tolher
    pola fremosa do bon parecer
    que de matar home sempr’ ha sabor;
    pois m’ ela nenhún ben quiso fazer,
    que me queres, Amor?

    Amor: castígate desto, por én
    que me non tolhas meu sono por quen
    me quis matar e me teve en desdén
    e de mha morte será pecador;
    pois m’ ela nunca quiso fazer ben,
    que me queres, Amor?

    Amor: castígate desto, por tal
    que me non tolhas meu sono por qual
    me non faz ben [e sol me faz gran mal]
    e mo [fará], desto [son] julgador;
    poilo seu ben cedo coita mi val,
    que me queres, Amor?

     

    Cancioneiro da Biblioteca Nacional

     
    Traducción literal

    Amor: a ti me vengo ahora quejar
    de mía señora, que te hace enviar,
    cada donde duermo, siempre me despertar
    y háceme de gran pena sufridor;
    pues me ella no quiere ver ni hablar,
    ¿qué me quieres, Amor?

    Esta queja te vengo ahora decir:
    que me no quieras mi sueño quitar
    por la hermosa del buen figurar
    que de matar hombre siempre ha gusto;
    pues me ella ningún bien quiso hacer,
    ¿qué me quieres, Amor?

    Amor: avísate de esto, por ello
    que me no quites mi sueño por quien
    me quiso matar y me tuvo en desdén
    y de mía muerte será pecador;
    pues me ella nunca quiso hacer bien,
    ¿qué me quieres, Amor?

    Amor: avísate de esto, por tal
    que me no quites mi sueño por cual
    me no hace bien y solo me hace gran mal
    y me lo hará, de esto soy juzgador;
    pues el su bien pronto pena me vale,
    ¿qué me quieres, Amor?

    http://estromatolitos.blogspot.com.es/


    .

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  • 04/14/16--01:59: CÉLINE ARNAULD [18.441]

  • Céline Arnauld 

    De nombre real Carolina Goldstein (Călărași, Rumanía, 1885 - París, 1952). Poeta y escritora dadaísta. Estudió letras en la Universidad de la Sorbona donde conoció a su marido, el escritor y crítico belga Paul Dermée, a los dos meses de cuya muerte se suicidaría. Entre 1920 y 1924 participó en diversas actividades dadaístas y en las revistas Dadaphone, 391, Littérature, Cannibale y Z. Publicó la novela experimental Tournevire en 1919, y los libros de poesía La Lanterne magique, de 1914, Poèmes à claires-voies, 1920, Point de mire, 1921, y Guêpier de diamants, 1923. Siguió publicando hasta 1948 aunque parte de su obra se considera perdida.

    OBRA:

    * Tournevire, Editions de "L'Espirit nouveau", Paris, 1919 (cu frontispiciu de Henri Laurens; roman)
    * Poèmes à claires-voies, 1920
    * Images dans le dos du cocher, 1920
    * Point de mire, J. Povolozsky & Cie, Collection "Z", Paris, 1921 (cu un portret de Halicka; tiraj de 200 de exemplare numerotate)
    * Guêpier de diamant, 1923
    * L'Apaisement de l'éclipse. Passion en deux actes. Précédé de Diorama, Les Ecrivains réunis, Paris, 15 aprilie 1925 (tiraj de 266 de exemplare numerotate)
    * La Nuit rêve tout haut. Poème à deux voix et Le Clavier secret, Collection des Documents Internationaux de l'Esprit Nouveau, 1934
    * Heures intactes, Les Cahiers du journal des poètes (nr. 1 din colecþie), Bruxelles, ianuarie 1936 (tiraj de 100 de exemplare)
    * Anthologie: morceaux choisis de 1919 à 1935, Les Cahiers du journal des poètes (nr. 3 din colecþie), Paris, februarie 1936 (cu o ilustraþie de Henri Laurens; tiraj de 650 de exemplare)
    * Les réseaux du réveil, G.L.M., 1937 (tiraj de 250 de exemplare)


    Alarma

    Los sentimientos
    alfombras de dormitorio en la casa
    del anticuario
    Mañana
    Las alas del aeroplano
    balancean el despertar de los amores
    en ferrocarril
    Los raíles llorando
    la inteligencia descarrila
    y sin inquietud los mecánicos se disputan
    las canciones de los coches cama
    Mis amigos mis amigos
    no os fieis de la chispa
    el fuego prende en todas partes
    incluso en vuestros cerebros
    Parada primera estación
    el jefe de línea sin razón
    –es la expansión del sol
    en las ventanillas del vagón
    o la inspiración anti-alcohol
    de la mañana en envoltorios–
    vaga haciendo malabarismos con los paquetes
    severamente llenos de café despertador
    La potencia de las catapultas
    rompe las alas tan frágiles del aeroplano
              columpio de viejas ternuras
    Oéh mis queridísimos amigos
    sobre los sentimientos en alfombra de dormitorio 
    el tiempo pasa
    la lluvia cae recelosa y mezquina
    Vuestras palabras son la metralla
    en las calles tornasol
    Los cementerios se extienden hasta la hierba mustia…
    Tened cuidado con las tumbas abiertas




    Avertisseur

    Les sentiments
    descentes de lit dans la maison
    de l’antiquaire
    Matin
    Les ailes de l’aéroplane
    balancent le réveil des amours
    en chemin de fer
    Les rails en pleurs
    l’intelligence déraille
    et sans souci les mécaniciens se disputent
    les chansons des wagons-lits
    Mes amis mes amis
    ne vous fiez pas a l’étincelle
    le feu prend partout
    même dans vos cervelles
    Arrêt première station
    le chef de gare sans raison
    – est-ce l’étalage du soleil
    sur les fenêtres du wagon
    ou l’inspiration anti-alcool
    du matin en papillotes –
    divague en jonglant avec les colis
    sévèrement remplis de café réveil-matin
    La puissance des catapultes
    brise les ailes trop fragiles de l’aéroplane
              balançoire de vieilles tendresses
    Ohé mes très chers amis 
    sur les sentiments en descente de lit
    le temps passe
    la pluie tombe méfiante et mesquine
    Vos paroles sont des schrapnells
    sur les rues tournesol
    Les cimetières s’allongent jusqu’à l’herbe morte…
    Prenez garde aux tombes ouvertes



    Respuestas


    La más baja literatura es la literatura de venganza.

    A los que no son mis amigos: «Seguid a la masa, rebaño de imbéciles.»



    Réponses
    La plus basse littérature, c’est la littérature de vengeance.

    A ceux qui ne sont pas mes amis: « Suivez la foule, troupeau d’imbéciles. »





    Página de la revista dadá "Z" (número 1), publicada en París en 1920


    http://estromatolitos.blogspot.com.es/



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  • 04/14/16--03:16: AHMED ARIF [18.442]

  • Ahmed Arif 

    (Diyarbakır, 1927 - Ankara, 1991) Poeta turco de origen kurdo. Estudió filosofía en la Universidad de Ankara, aunque se dedicó al periodismo. Fue detenido por motivos políticos en 1950 y estuvo en la cárcel hasta 1952. 

    Publicó sus poemas en varias revistas entre 1940 y 1955 y los reunió en su único libro de poesía, Hasretinden Prangalar Eskittim, en 1968, publicado en gallego en Espiral Maior, con el título Desgastei cadeas estrañándote, y en español por Visor como Desgasté cadenas añorándote.




    Ahmed Arif en Desgasté cadenas añorándote (Visor Libros, 2012).
    Traducción de Pepa Baamonde e Irfan Güler.


    Ahmed Arif, a pesar de su brevísima obra publicada, únicamente el libro Desgasté cadenas añorándote en 1968, es junto a Nazim Hikmet, al que variados lazos, el poeta más popular de Turquía.  "La poesía es mi ira, mi nevio, mi blasfemia, mi rebelión -dijo- y tiene que ser comprensible y partir del corazón del hombre".

    Ahmed Arif es el resultado de una increíble acumulación cultural, un nuevo eslabón después de Nazim. Novísimo. Pero Ahmed Arif procede de la multiculuralidad, de donde él viene existen diferentes culturas, una cultura del pueblo Kurdo que viene de Mesopotamia, una cultura circasiana, una cultura turca, una cultura árabe. Todas ellas se unen en Ahmed Arif. Como yo conozco las epopeyas árabes, las epopeyas kurdas, las epopeyas turcas puedo entender muy bien la riqueza  de Ahmed Arif. Ahmed Arif es una mezcla de todas las voces de Anatolia. De ahí viene su grandeza. Ser un nuevo eslabón unido a Nazim Hikmet, estar cerca de la gente, viivr desde el corazón. Después de ver  Diyarbakir es más fácil entender a Ahmed Arif. Con sus terribles muros, con sus canciones, con su cárcel, con su calor y con su frío, con su cultura del pueblo que sopla por todas partes. No es fácila calificar a un poeta como Ahmed Arif en nuestro tiempo. Diyarbakir es un lugar de citas, de cruce, de confluencias de las grandes culturas, de este cruce salió Ahmed Arif".      
    Yasar Kemal



    DESGASTÉ CADENAS AÑORÁNDOTE

    Poder contar de ti.
    A buenos niños, a héroes.
    Poder contar de ti,
    Al indigno, al rudo,
    A la puta mentira.

    Uno tras otro, cuántos helados inviernos,
    El lobo dormía, el pájaro dormía, el calabozo dormía.
    Fuera el mundo seguía, a borbotones...
    Sólo yo no dormía,
    Cuántas primaveras pasadas, mi bien amada
    Desgasté cadenas añorándote.
    Prenderé rosas de color sangre en tu pelo,
    Una vez de este lado,
    Una vez del otro lado...

    Si pudiera gritar de ti,
    A pozos sin fondo,
    A una estrella fugaz,
    Hasta a una cerilla,
    A una cerilla caída
    En la ola más aislada del océano.

    Perdiera el talismán de los primeros amores,
    Perdiera los besos,
    No comparte, la caída repentina del anochecer,
    Ensimismado con un cigarro, con una copa,
    Si pudiera contar de ti...
    Tu ausencia, es otro nombre del Infierno
    Tengo frío, no cierres tus ojos...


    Calle del Clavel

    Es invierno en todos los horizontes
    los cuatro puntos cardinales, dieciséis vientos
    y cinco continentes, siete climas
    están bajo la nieve.

    En esta estación nos reunimos todos 
    raíl, asfalto, empedrado, macadán
    el camino escarpado, mi sendero
    Tauro, Anti-Tauro y el rebelde Éufrates
    tabaco, algodón, trigales, arroz
    por toda mi alta tierra natal
    están bajo la nieve.

    También hay quien lucha en este tiempo
    manos, pies congelados, infierno el corazón
    esperando, irritados y abatidos
    esperando, íntegramente honestos
    ocultos en los montes
    están bajo la nieve.

    Un montón de canciones que aún sé
    pinturas, esculturas, poemas épicos
    creación de manos maestras
    sin brazos, semidesnuda Venus
    la calle Trans-novena
    la tumba de García Lorca,
    y las pupilas de Pierre Curie
    están bajo la nieve.

    Muros de recia piedra de paciencia
    está bajo la nieve el arrabal,
    añoranza de la preciosa Ankara.
    El lobo ama el aire neblinoso
    no ronda por el asfalto en diciembre,
    a mí no me me gusta, un mes siniestro.
    De otros no sé, pero
    siguiendo juntos en la primavera
    mi corazón, ese amor cruel,
    están bajo la nieve.

    Turbio y brumoso aire en las chabolas
    cielo de cúmulos en Altindag
    con pan, amor y vida
    mochilas de decisión
    sus pulmones pequeños, manos grandes
    sin bastante aliento para las palmas
    –todos en edad escolar–
    los niños del suburbio 
    están bajo la nieve.

    Más templado hacia el río Hatip
    borrachos en la avenida Yenisehir
    en la calle del Clavel amanece
    el conocimiento no se cuestiona
    yo sé la “razón causante”
    y la “evidencia suficiente” en medio…

    En la calle del Clavel hay un invernadero
    en el invernadero florece un tiesto de loza
    una rama se escapa al azul
    es el fuego ardiente de una canción
    no miréis la pequeña maceta en la que brota
    su raíz está en Altindag, en Incesu.

    _________________________________________ 
    Notas

    Calle del Clavel (Karanfil Sokai). Calle de Ankara en la que probablemente estuvo detenido Ahmed Arif.
    Altındağ. El distrito más antiguo e importante de Ankara.
    Hatıp. Río de Ankara.
    Yenişehir. Uno de los municipios que conforman la ciudad de Mersin, al sur de Turquía, en el Mediterráneo. Aquí podría referirse a una calle de ese nombre, quizá en Ankara.
    İncesu. Ciudad y distrito de la provincia de Kayseri en Anatolia Central, Turquía.



    Karanfil Sokaği

    Tekmil ufuklar kışladı
    Dört yön, onaltı rüzgâr
    Ve yedi iklim beş kıta
    Kar altındadır.

    Kavuşmak ilmindeyiz bütün fasıllar
    Ray, asfalt, şose, makadam
    Benim sarp yolum, patikam
    Toros, Anti-toros ve âsi Fırat
    Tütün, pamuk, buğday ovaları, çeltikler
    Vatanım boylu boyunca
    Kar altındadır.

    Döğüşenler de var bu havalarda
    El, ayak buz kesmiş, yürek cehennem
    Ümit, öfkeli ve mahzun
    Ümit, sapına kadar namuslu
    Dağlara çekilmiş
    Kar altındadır.

    Şarkılar bilirim çığ tutmuş
    Resimler, heykeller, destanlar
    Usta ellerin yapısı
    Kolsuz, yarı çıplak Venüs
    Trans-nonain sokağı
    Garcia Lorca’nın mezarı,
    Ve gözbebekleri Pierre Curie’nin
    Kar altındadır.

    Duvarları katı sabır taşından
    Kar altındadır varoşlar,
    Hasretim nazlıdır Ankara.
    Dumanlı havayı kurt sevsin
    Asfalttan yürüsün Aralık,
    Sevmem, netameli aydır.
    Bir başka ama bilemem
    Bir kaçıncı bahara kalmıştır vuslat
    Kalbim, bu zulümlü sevda,
    Kar altındadır.

    Gecekondularda hava bulanık puslu
    Altındağ gökleri kümülüslü
    Ekmeğe, aşka ve ömre
    Küfeleriyle hükmeden
    Ciğerleri küçük, elleri büyük
    Nefesleri yetmez avuçlarına
    –İlkokul çağında hepsi–
    Kenar çocukları
    Kar altındadır.

    Hatıp Çay’ın öte yüzü ılıman
    Bulvarlar çakırkeyf Yenişehir’de
    Karanfil Sokağında gün açmış
    Hikmetindeá sual olunmaz değil
    “mucip sebebin” bilirim
    Ve “kafi delil” ortada…

    Karanfil sokağında bir camlı bahçe
    Camlı bahçe içre bir çini saksı
    Bir dal süzülür mavide
    Al-al bir yangın şarkısı,
    Bakmayın saksıda boy verdiğine
    Kökü Altındağ’da, İncesu’dadır.




    Mi amor por ti no ha abandonado.
    Tenía hambre, tenía sed.
    La noche era oscura y traicionera.
    La vida era pobre, la vida era tranquila,
    Mi alma se hizo pedazos ...
    Y mis manos estaban esposadas,
    Yo no tenía tabaco, sufría insomnio,
    Pero mi amor por ti no me había abandonado.



    Terk etmedi sevdan beni,
    Aç kaldım, susuz kaldım.
    Hayın, karanlıktı gece.
    Can garip, can suskun
    Can paramparça...
    Ve ellerim kelepçede,
    Tütünsüz, uykusuz kaldım,
    Terk etmedi sevdan beni...






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  • 04/14/16--03:47: MARGARET GIBSON [18.443]

  • Margaret Gibson 

    Margaret Gibson (nacida en 1944 en Filadelfia, Pennsylvania) es una poeta americana.

    Margaret Gibson se crió en Richmond, Virginia, y fue educada en Hollins Colegio y la Universidad de Virginia. Fue a Yaddo en 1975. 

    Gibson ha sido profesora visitante en la Universidad de Connecticut desde 1993. 

    Gibson está casada con el escritor David McKain, y vive en Preston, Connecticut . 

    Premios

    The Vigil, A Poem in Four Voices, a Finalist for the National Book Award in 1993
    Memories of the Future, The Daybooks of Tina Modotti, co-winner of the Melville Cane Award of the Poetry Society of America in 1986-87
    Long Walks in the Afternoon, the 1982 Lamont Selection of the Academy of American Poets
    National Endowment for the Arts Grant
    Lila Wallace/Reader's Digest Fellowship
    Grants from the Connecticut Commission on the Arts
    "Earth Elegy," the title poem of New and Selected Poems, won The James Boatwright III Prize for Poetry
    "Archaeology" was awarded a Pushcart Prize in 2001

    OBRA:

    "Drifting Boat". Blackbird Magazine. Spring 2002.
    "Fox Fire at the Changing Tree". Blackbird Magazine. Spring 2002.
    "Next Morning Letter". Blackbird Magazine. Spring 2002.
    "Summer Birds and Flowers". Blackbird Magazine. Spring 2002.

    POESÍA:

    One body: poems. Louisiana State University Press. 2007.
    Gibson, Margaret (2003). Autumn Grasses. LSU Press. ISBN 978-0-8071-2859-6.
    Icon and Evidence. Louisiana State University Press. 2001. ISBN 978-0-8071-2709-4.
    Earth Elegy, New and Selected Poems. Louisiana State University Press. 1997. ISBN 978-0-8071-2146-7.
    Gibson, Margaret (1993). The Vigil, A Poem in Four Voices. LSU Press. ISBN 978-0-8071-1868-9.
    Out in the Open. Louisiana State University Press. 1989. ISBN 978-0-8071-1518-3.
    Gibson, Margaret (1986). Memories of the Future, The Daybooks of Tina Modotti. LSU Press. ISBN 978-0-8071-1309-7.
    Long Walks in the Afternoon. Louisiana State University Press. 1982. ISBN 978-0-8071-1018-8.
    Signs. Louisiana State University Press. 1979. ISBN 978-0-8071-0493-4.
    Lunes: poems. Some of Us Press. 1973.

    MEMORIAS:

    The Prodigal Daughter: Reclaiming an Unfinished Childhood. University of Missouri Press. 2008. ISBN 978-0-8262-1783-7.

    ANTOLOGÍAS:

    Leon Stokesbury, ed. (1999). "Margaret Gibson". The made thing: an anthology of contemporary Southern poetry. University of Arkansas Press. ISBN 978-1-55728-579-9.
    Joseph M. Flora, Amber Vogel, Bryan Albin Giemza, eds. (2006). Southern Writers. LSU Press. ISBN 978-0-8071-3123-7.


    Barca a la deriva

    Durante el banquete,
    ¿qué poema puedo yo decir para él
    mientras la copa de vino viene
    flotando por las sinuosas
    aguas? Yo no soy una piedra

    en el jardín, ni
    un roble, ni una recia línea
    de rocas de amarre nocturno.
    Ni un barco sujeto a su ancla
    ni el tesoro buscado en el mar.

    Yo soy lo que significa
    el ukifune errabundo,
    una barca hace tiempo a la deriva
    en el sonido del agua oscura.
    Fuera de la casa en Uji,

    donde me colocaron, oigo
    la lluvia que azota y llama a los cerros
    y el bramido del ciervo,
    el ímpetu del agua al caer,
    el lento repicar de una campana.

    ¿Quién está escuchando?
    Tan suave, tan suavemente se desliza
    mi barca que, si yo
    me hundiera en el mar invernal,
    ¿haría alguna onda?

    La nieve cae en los cedros.
    La nieve se derrite de la rama también.
    ¿Quién está escuchando
    el torrencial flujo y reflujo
    en el corazón? ¿En el vino? ¿En la nieve?

    http://estromatolitos.blogspot.com.es/

     
    Drifting Boat 
      
    During the banquet
    what poem can I say for him
    as the wine cup comes
    floating by on the winding
    waters? I am not a stone

    in the garden, nor
    an oak, nor a stalwart line
    of night-mooring rocks
    Not a ship held at anchor
    nor the treasure sought at sea

    I am what it means
    to wander—Ukifune
    a boat long adrift
    in the sound of dark water
    Outside the house at Uji

    where I have been put
    I hear rain swept hills calling
    and the cry of deer
    the rush of water falling
    the slow tolling of a bell

    Who is it that hears?
    So smoothly, so smoothly glides
    my boat, that were I
    to merge with the winter sea
    would there be any ripple?

    Snow falls on cedars
    Snow melts from the bough also
    Who is it that hears
    the torrential ebb and flow
    in the heart? In wine? In snow?


    Losing It 

    What little I know, I hold closer, 
    more dear, especially now
    that I take the daily
    reinvention of loss as my teacher.
    I will never graduate from this college,
    whose M.A. translates
    "Master of Absence,"
    with a subtext in the imperative:
    Misplace Anything.
    If there's anything I want, it's that more
    people I love join the search party.
    You were once renowned
    among friends for your luck
    in retrieving from the wayside
    the perfect bowl for the kitchen,
    or a hand carved deer, a pencil drawn
    portrait of a young girl
    whose brimming innocence
    still makes me ache. Now
    the daily litany of common losses
    goes like this: Do you have
    your wallet, keys, glasses, gloves,
    giraffe? Oh dear, I forgot
    my giraffe—that's the preferred
    response, but no: it's usually
    the glasses, the gloves, the wallet.
    The keys I've hidden. 
    I've signed you up for "safe return"
    with a medallion (like a diploma)
    on a chain about your neck.

    Okay, today, this writing, 
    I'm amused by the art of losing. 
    I bow to Elizabeth Bishop, I try 
    "losing faster"—but when I get 
    frantic, when I've lost
    my composure, my nerve, my patience, 
    my compassion, I have only
    what little I know
    to save me. Here's what I know:
    it's not absence I fear, but anonymity.
    I remember taking a deep breath, 
    stopped in my tracks. I'd been
    looking for an important document 
    I had myself misplaced; 
    high and low, no luck yet. 
    I was "beside myself,"
    so there may have indeed been
    my double running the search party.
    "Stop," you said gently. "I'll go
    get Margaret. She'll know where it is."
    "But I'm Margaret," I wailed.
    "No, no." You held out before me
    a copy of one of my books,
    pointing to the author's photograph,
    someone serious and composed.
    "You know her. Margaret 
    Gibson, the poet." We looked 
    into each others' eyes a long time. 
    The earth tilted on its axis, 
    and what we were looking for,
    each other and ourselves,
    took the tilt, and we slid into each others' arms, 
    holding on for dear life, holding on. 



    Next Morning Letter 

    Savoring each summer moment
    lush and brief
    I close my eyes to see
    your white robe, falling open
    as you call for your scroll 
    and ink stone, a brush 
    As your brush passes over the paper
    my body shivers
    How closely now you watch 
    at the open lattice
    as your servant hurries away
    the next morning letter
    tethered to
    a spray of clematis
    whose blossoms will not open
    until they reach me
    In the washbasin
    your face is
    the bridge that spans
    the floating world of dreams
    Now you are yawning 
    Now you are reciting sutras
    bowing to the wind
    When the letter arrives
    all the leaves of the maple
    outside my window
    are stirred
    I read your words
    just once, then once again
    bringing my fingers 
    to my lips, my hair
    tucked back behind one ear
    On the dawn's trellis
    the scent of clematis
    Now smell your fingers
    The petals of my body
    gather in your empty arms
    How shall I respond?
    The cry of the stag 
    is so loud
    the echo answers
    from the empty mountains
    as if it were a doe
    I tell you only what you know
    Clematis—the scent
    of your teaching surrounds me
    My empty arms fill
    Come night, the fragrant petals
    fall in a heap at my feet 



    Autumn Grasses

    In fields of bush clover and hay-scent grass
    the autumn moon takes refuge
    The cricket's song is gold
    Zeshin's loneliness taught him this
    Who is coming?
    What will come to pass, and pass?
    Neither bruise nor sweetness nor cool air
    not-knowing
    knows the way
    And the moon?
    Who among us does not wander, and flare
    and bow to the ground?
    Who does not savor, and stand open
    if only in secret
    taking heart in the ripening of the moon? 




    .


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  • 04/14/16--04:09: DINÍS DE PORTUGAL [18.444]

  • Dinís de Portugal

    Dionisio I de Portugal (Dinís en portugués), apodado el Labrador (Lisboa, 9 de octubre de 1261 - Santarém, 7 de enero de 1325). Hijo del rey Alfonso III y de su segunda esposa, Beatriz de Castilla, sucedió a su padre en el trono de Portugal en 1279. Se intitulaba en los diplomas que otorgó durante su reinado como «Dom Denis, pella graça de Deus, Rei de Purtugal e do Algarue», y así consta en el fuero concedido a Rebordãos el 18 de mayo de 1285, así como en otros documentos.

    Como heredero, su padre le hizo compartir las responsabilidades de gobierno. En la época de su ascenso al trono, Portugal se encontraba sumida en diversos conflictos diplomáticos con la Iglesia católica. Dionisio firmó un acuerdo con el papa y juró proteger los intereses de la iglesia en Portugal. Por eso, garantizó el asilo de los caballeros templarios perseguidos en Francia y creó la Orden de Cristo, designada a ser la continuación de la Orden del Temple.

    Con la Reconquista terminada y el país libre de la ocupación musulmana, Dionisio se convirtió en un rey básicamente administrativo y no militar. Sin embargo, mantuvo una breve contienda con Castilla por las posesiones de Serpa y Moura. Después, Dionisio evitó la guerra; fue un amante de la paz durante un periodo especialmente tormentoso de la historia de Europa. Dionisio firmó un pacto de fronteras (el Tratado de Alcañices) con el rey Fernando IV de Castilla (1297) que ha permanecido hasta nuestros días.

    La prioridad principal del gobierno de Dionisio fue la organización del país. Siguió las políticas de su padre en los temas de legislación y centralización del poder. Promulgó el núcleo de la legislación civil y criminal portuguesa, protegiendo a las clases bajas de los abusos y la extorsión. Viajó por todo el país, arreglando las situaciones injustas y resolviendo los problemas. Ordenó la construcción de numerosos castillos, creó nuevas ciudades y garantizó los privilegios de numerosas villas. Junto a su esposa, la princesa Isabel de Aragón, Dionisio trabajó para mejorar la vida de los más desfavorecidos y fundó diversas instituciones sociales.

    Preocupado por las infraestructuras del país, Dionisio ordenó la explotación de minas de cobre, hierro y plata y organizó la exportación del exceso de la producción a otros países europeos. El primer acuerdo comercial portugués se firmó en Inglaterra en 1308. Dionisio fundó la marina portuguesa al mando de un almirante genovés y ordenó la construcción de varios puertos.

    Su principal preocupación fue el desarrollo y promoción de las infraestructuras rurales, de ahí su apodo de El Labrador. Redistribuyó las tierras, promocionó la agricultura, organizó comités de agricultores y tuvo especial interés en el desarrollo de las exportaciones. Instituyó mercados fijos en numerosas ciudades y reguló sus actividades. Uno de sus logros principales fue la protección de las tierras agrícolas del avance de las arenas costeras,ordenando la plantación de bosques de pinos en la zona cercana a Leiria. Este bosque aún existe y está considerado como uno de los más importantes de Portugal. Se le conoce con el nombre de Pinhal de Leiria.

    Cultura

    Cruz de la Orden de Cristo que adornó, entre otras cosas, los navíos portugueses durante los descubrimentos.

    La cultura fue otro de los intereses del rey Dionisio. Escribió diversos libros con temas que iban desde la administración a la caza, la ciencia o la poesía. Fue uno de los mayores y más fecundos trovadores de su tiempo. A nuestro días han llegado 137 cantigas con su autoría, distribuidas en todos los tipos: 73 cantigas de amor, 51 cantigas de amigo y 10 cantigas de escarnio y maldecir; además de la música original de las siete de esas cantigas descubiertas por el profesor Harvey L. Sharrer en el Archivo Nacional de la Torre do Tombo, en un pergamino que servía de cubierta a un libro de registros notariales del siglo XVI, y al que se le dio el nombre de Pergamino Sharrer.

    En su época, Lisboa fue uno de los centros europeos de la cultura y el conocimiento. La Universidad de Coímbra se fundó gracias al decreto Magna Charta Priveligiorum firmado por Dionisio. Se enseñaban artes, derecho civil, derecho canónico y medicina. Mandó traducir importantes obras, teniendo su corte uno de los mayores centros literarios de la Península ibérica.

    Últimos años y muerte

    El final de su pacífico reinado estuvo marcado sin embargo por los conflictos internos. Los contendientes fueron dos de sus hijos, Alfonso el Bravo, legítimo heredero, y Alfonso Sánchez, hijo bastardo que reclamaba los favores reales. En el momento del fallecimiento de Dionisio en Santarén el 7 de enero de 1325, el rey había situado a Portugal al mismo nivel que el resto de los reinos de España. Fue sepultado en el Monasterio de San Dionisio, en Odivelas.

    Descendencia

    Dionisio estuvo casado en primeras nupcias con Isabel de Aragón, hija del rey Pedro III de Aragón y de su esposa Constanza II de Sicilia. Del matrimonio nacieron dos hijos:

    Constanza de Portugal (1290-1313), nacida probablemente en Coímbra y llamada igual que su abuela materna, fue reina consorte por su matrimonio con Fernando IV de Castilla; Alfonso IV de Portugal (Coímbra, 8 de febrero de 1291-1357), rey de Portugal con el nombre de Alfonso IV.

    Tuvo varios hijos naturales: Con Grácia Froes (también llamada Gracia Anes):

    Pedro Alfonso (1287-1354), conde de Barcelos.

    Con Aldonza Rodrigues Talha:

    Alfonso Sánchez (1289-1329), señor de Alburquerque y rival de su medio-hermano Alfonso IV. Fue legitimado el 8 de mayo de 1304.

    Con Marina Gomes:

    María Alfonso, nacida antes de 1301, fue nombrada por su hermano Alfonso Sänchez como posible heredera del señorío de Alburquerque. Contrajo matrimonio antes de 1317 Juan Alfonso de la Cerda, señor de Gibraleón. Ambos fueron sepultados en el monasterio de Santo Domingos en Santarén;
    María Alfonso (1301-1320), monja en Monasterio de San Dionisio Entre 1312 y 1320 mandó construir un altar en nombre de San Andrés.
    Con María Pires, «una buena mujer de Oporto», según las palabras de Pedro Alfonso, el conde de Barcelos, nació a mediados de la década de los noventa:

    Juan Alfonso de Portugal (c. 1295-1326), legitimado en 1317, fue alférez y mayordomo mayor de su padre de quien fue un fiel partidario así como de su medio hermano Alfonso Sánchez. Recibió muchas mercedes de su padre, incluyendo Póvoa de Ervas Tenras, Outeiro de Miranda, Vila Verde de Braganza, Vilarelho en tierras de Vilariça, las villas de Nuzelos, Alfândega, Arouce, Lousã, Ázere y Rebordões en tierra de Braganza. Fue mandado ejecutar por su hermano el rey Alfonso IV el 4 de julio de 1326.

    De una mujer de nombre desconocido tuvo:

    Fernán Sánchez (antes de 1290-1329), contrajo matrimonio con Fruilhe Anes de Soursa, sin descendencia. Falleció en junio de 1329 y fue sepultado en el Monasterio de Santo Domingos das Donas en Santarén;




    Las cantigas de amigo de
    Dinís de Portugal

    I

    Yo bien comprendí, amigo,
    que muy gran pesar tuvisteis
    cuando hablar vos no pudisteis
    el otro día conmigo,
    mas estad seguro, amigo,
    que no fue tal vuestro pesar
    que al mío se pueda igualar.

    Y bien tengo por verdad
    que estabais tan apenado
    que no lo habréis remediado,
    mas amigo, regresad
    y tened bien por verdad
    que no fue tal vuestro pesar
    que al mío se pueda igualar.

    No hay duda, amigo, yo advierto,
    que al pesar vuestro aquel día
    otro igual no se vería,
    mas el mío fue más cierto
    y por eso yo os advierto
    que no fue tal vuestro pesar
    que al mío se pueda igualar.

    Pues no se me puede notar
    ni yo lo podría negar.


    II

    Mucho hace, amiga, a la sazón,
    que de aquí con el rey se fue
    mi amigo, y por eso pensé
    mil veces en mi corazón
    que lejos murió con pesar,
    pues ya no me volvió a hablar.

    Porque ya él tarda tanto allá
    y nunca me volvió a ver,
    amiga, y yo tenga placer,
    más de mil veces pensé ya
    que lejos murió con pesar,
    pues ya no me volvió a hablar.

    Amiga, era su voluntad
    el regresar muy pronto aquí
    donde ver mis ojos y a mí,
    y mil veces pienso, en verdad,
    que lejos murió con pesar,
    pues ya no me volvió a hablar.


    III

    Que triste que está mi amigo,
    ay amiga, en su corazón,
    pues no puede hablar conmigo
    ni verme, y tiene gran razón
    mi amigo para triste andar:
    no me ve y me ha de recordar.

    Triste anda, y Dios me ayude,
    con derecho, pues no me ve
    y tiene, nadie lo dude,
    muy gran razón, cual yo sé,
    mi amigo para triste andar:
    no me ve y me ha de recordar.

    Anda triste y apenado,
    pues no lo vi ni él a mí
    ni recibió mi recado 
    y tiene gran derecho aquí
    mi amigo para triste andar:
    no me ve y me ha de recordar.

    Mas, Dios, ¿cómo puede aguantar
    que aún no murió de pesar?


    IV

    De los que en la hueste van ahora,
    amiga, yo quiero saber
    si vienen ya o con demora,
    por lo que aquí habéis de ver:
    porque en la hueste va mi amigo.

    Quiero saber yo el recado
    de los que están, pues nada sé,
    amiga, por Dios, de grado,
    por lo que ahora os diré:
    porque en la hueste va mi amigo.

    ¿Y más queréis que os diga?
    Dios buen recado me dé
    pues quiero yo saber, amiga,
    nuevas de ellos, y ved por qué:
    porque en la hueste va mi amigo.

    Que por nada más os lo digo.


    V

    Cuánto hace que no llegó
    el recado de mi amigo,
    y, amiga, él habló conmigo
    justo aquí, dónde estoy yo,
    que en seguida enviaría
    un recado o volvería.

    Mucho tarda ya, sin duda,
    que no llega su recado,
    cuando él me había jurado
    justo aquí, si Dios me ayuda,
    que en seguida enviaría
    un recado o volvería.

    Y si yo verdad os diga,
    estuvo él mucho llorando
    y estuvo por mí jurando
    donde ahora estoy, amiga,
    que en seguida enviaría
    un recado o volvería.

    Mas, pues no viene ni envía
    recado, es muerto o mentía.


    VI

    Ahora me llegó recado,
    amiga, de vuestro amigo,
    y dice el que habló conmigo
    que está él tan apenado
    que aunque poder tenéis,
    curarlo ya no podréis.

    Dice que es el tercer día
    que lo salváis de la muerte,
    mas tuvo pena tan fuerte
    y allí tan triste yacía
    que aunque poder tenéis,
    curarlo ya no podréis.

    Por el mal que vos le hicisteis
    me juró, mi amiga hermosa,
    sabiendo que poderosa
    fuisteis de él cuanto quisisteis,
    que aunque poder tenéis,
    curarlo ya no podréis.

    Y gran pérdida tendréis
    si tal amigo perdéis.


    VII

    De mi amigo, amiga, no quiero, no,
    que tenga gran pesar ni gran placer
    pues quiero ya este asunto así traer,
    y a tanto en lo suyo me atrevo yo:
    no lo quiero yo curar ni matar
    ni lo quiero de mí desesperar.

    Pues, si amor yo le mostrara, bien sé
    que eso le causaría tan gran bien
    que le habrían de entender, si lo ven,
    cuanto me quiere, y por eso así haré:
    no lo quiero yo curar ni matar
    ni lo quiero de mí desesperar.

    Y, si le mostrara algún desamor,
    no podría salvarse de la muerte,
    pues él tendría una pena muy fuerte,
    mas, para no errar en lo que es mejor,
    no lo quiero yo curar ni matar
    ni lo quiero de mí desesperar.

    Y así puede ya su tiempo pasar,
    cuando con placer, cuando con pesar.


    VIII

    Amiga, Dios muy loado sea
    de que aquí viene mi amigo,
    pero podréis creer conmigo,
    cuando con mis ojos lo vea,
    que el día que lo pueda ver
    nunca veré mayor placer.

    Y doy gracias a Dios loado
    porque lo hace venir aquí,
    pero podéis creerme a mí,
    cuando vea a mi enamorado,
    que el día que lo pueda ver
    nunca veré mayor placer.


    IX

    Vos, que en los cantares vuestros ya sé
    que mi amigo os llamáis, creed bien o mal
    que nada yo doy por jactancia tal,
    y por esto, señor, os mandaré 
    que a partir de ahora hagáis así
    cuanta jactancia quisierais de mí.

    Llévese el diablo lo poco que doy
    por tal jactancia un embustero hacer,
    pues no me quita ni me ha de poner,
    y por esto, señor, os mando hoy
    que a partir de ahora hagáis así
    cuanta jactancia quisierais de mí.

    Que no me quita nada ni me da
    el jactarse de mí tan sin razón
    quien nunca tuvo de mí la atención,
    y por esto, señor, os mando ya
    que a partir de ahora hagáis así
    cuanta jactancia quisierais de mí.

    Y vos seguid tal como estáis, sin mí,
    y desde ahora jactaos así.


    X

    Me rogó a mí hoy, hija, vuestro amigo
    muy afligido que mucho os rogara
    que de que él os ame no os pesara,
    y por esto os ruego y así os lo digo
    que no os pese que os tenga bien querer,
    y nada os mando, hija, más hacer.

    Y, cuando de vos él me estaba hablando
    y esto que os digo mucho me rogaba,
    me dolí de él, pues tanto lloraba,
    y por esto, hija, os ruego y os mando
    que no os pese que os tenga bien querer,
    y nada os mando, hija, más hacer.

    Pues en que os ame él de corazón
    no veo nada que así vos perdáis,
    si allí más no hubiera, sino ganáis,
    y por esto así, con mi bendición,
    que no os pese que os tenga bien querer,
    y nada os mando, hija, más hacer.


    XI

    Me ha causado pesar mi amigo,
    amiga, pero bien sé yo 
    que en su corazón no pensó
    darme pesar, pues yo os digo
    que antes él querría morir
    que a mí un pesar me producir.

    Nunca creyó que me pesara
    lo que él hizo, pues muy bien sé
    que no había nada en lo que fue;
    y así veo, si eso pensara,
    que antes él querría morir
    que a mí un pesar me producir.

    Lo hizo sin idea encubierta,
    pues sé que se habría de matar
    antes que causarme pesar,
    y por esto es cosa bien cierta
    que antes él querría morir
    que a mí un pesar me producir.

    Pues de él morir o de vivir
    sabe que puedo decidir.


    XII

    Amiga, yo bien sé de una mujer
    que se esfuerza en con vos enemistar
    a vuestro amigo, y lo quiere matar,
    mas todo esto, amiga, solo ha de ser 
    porque nunca ella con él puede hacer
    que lo pueda por amigo tener.

    Y así le busca con vos cuanto mal
    ella puede, y muy bien lo sé yo,
    y todo esto no lo hace sino
    por su bien y es el motivo real,
    porque nunca ella con él puede hacer
    que lo pueda por amigo tener.

    Ella se esfuerza, en toda ocasión,
    en causarle así vuestro desamor,
    y con ello tiene el placer mayor,
    y de todo esto, amiga, es la razón
    porque nunca ella con él puede hacer
    que lo pueda por amigo tener.

    Y así ella hará cuanto esté en su poder
    para lograr que él os llegue a perder.


    XIII

    Buen día vi al amigo:
    su recado es conmigo,
    hermosa;

    buen día vi al amado:
    conmigo es su recado,
    hermosa;

    su recado es conmigo
    y ruego a Dios y digo,
    hermosa;

    conmigo es su recado
    y ruego a Dios de grado,
    hermosa;

    y ruego a Dios y digo
    por ese mi amigo,
    hermosa;

    y ruego a Dios de grado
    por ese enamorado,
    hermosa;

    por ese mi amigo,
    que yo lo vea conmigo,
    hermosa;

    por ese enamorado,
    que ya hubiera llegado,
    hermosa.


    XIV

    No llegó, madre, mi amigo,
    y hoy está el plazo cumplido;
    ay, madre, muero de amor.

    No llegó, madre, mi amado,
    y hoy está el plazo pasado;
    ay, madre, muero de amor.

    Y hoy está el plazo cumplido;
    ¿por qué mintió el fementido?
    ay, madre, muero de amor.

    Y hoy está el plazo pasado;
    ¿por qué mintió el perjurado?
    ay, madre, muero de amor.

    ¿Por qué mintió el fementido?
    Me pesa, que aposta ha mentido; 
    ay, madre, muero de amor.

    ¿Por qué mintió el perjurado?
    Me pesa, pues mintió de grado;
    ay, madre, muero de amor.


    XV

    ─¿De qué morís, hija, la del cuerpo bellido?
    ─Madre, muero de amores que me dio mi amigo.
    ─¡El alba es, va ligero!

    ─¿De qué morís, hija, la del cuerpo lozano?
    ─Madre, muero de amores que me dio mi amado.
    ─¡El alba es, va ligero!

    ─Madre, muero de amores que me dio mi amigo
    cuando veo esta cinta que por su amor ciño.
    ─¡El alba es, va ligero!

    ─Madre, muero de amores que me dio mi amado
    cuando veo esta cinta que por su amor traigo.
    ─¡El alba es, va ligero!

    ─Cuando veo esta cinta que por su amor ciño
    y me recuerda, hermosa, cuando él habló conmigo.
    ─¡El alba es, va ligero!

    ─Cuando veo esta cinta que por su amor traigo
    y me recuerda, hermosa, cuando hablamos ambos.
    ─¡El alba es, va ligero!


    XVI

    ─Ay flores, ay flores del verde pino,
    si supierais noticias de mi amigo,
    ay Dios, ¿dónde está?

    Ay flores, ay flores del verde ramo,
    si supierais noticias de mi amado,
    ay Dios, ¿dónde está?

    Si supierais noticias de mi amigo,
    aquel que mintió lo que habló conmigo,
    ¿ay Dios, dónde está?

    Si supierais noticias de mi amado,
    aquel que mintió lo que había jurado,
    ay Dios, ¿dónde está?

    ─Vos me preguntabais por vuestro amigo
    y yo aquí os digo que está sano y vivo.
    ─Ay Dios, ¿dónde está?

    ─Vos me preguntabais por vuestro amado
    y yo aquí os digo que está vivo y sano.
    ─Ay Dios, ¿dónde está?

    ─Y yo os digo aquí que está sano y vivo
    y vendrá antes del plazo cumplido.
    ─Ay Dios, ¿dónde está?

    ─Y yo os digo aquí que está vivo y sano
    y vendrá antes del plazo pasado.
    ─Ay Dios, ¿dónde está?


    XVII

    Temprano la bellida,
    se levantó al alba,
    y va a lavar camisas;
    al remanso
    va a lavarlas al alba.

    Temprano la lozana,
    se levantó al alba,
    va a lavar blusas blancas;
    al remanso
    va a lavarlas al alba.

    Y va a lavar camisas,
    se levantó al alba,
    el viento las cogía;
    al remanso
    va a lavarlas al alba.

    Va a lavar blusas blancas,
    se levantó al alba,
    el viento las llevaba;
    al remanso
    va a lavarlas al alba.

    El viento las cogía,
    se levantó al alba,
    se metió el alba en ira;
    al remanso
    va a lavarlas al alba.

    El viento las llevaba,
    se levantó al alba,
    se metió el alba en saña;
    al remanso
    va a lavarlas al alba?


    XVIII

    Amigo, mi amigo,
    valga Dios,
    ved la flor del pino
    y poneos a andar.

    Amigo, mi amado,
    valga Dios,
    ved la flor del ramo
    y poneos a andar.

    Ved la flor del pino,
    valga Dios,
    ensillad el bayito
    y poneos a andar.

    Ved la flor del ramo,
    valga Dios,
    ensillad el caballo
    y poneos a andar.

    Ensillad el bayito,
    valga Dios,
    veníos, ay amigo,
    y poneos a andar.

    Ensillad el caballo,
    valga Dios,
    veníos, ay amado,
    y poneos a andar.


    XIX

    Vuestro amigo, desde que os conoció
    de corazón tanto os mira y tan bien,
    por Dios, amiga, que no sé yo quién
    esto vea que no entienda que no
    puede hallar el poder de hallar placer
    en cosa alguna si no es en os ver.

    Y quien sepa como a vos os miró
    amiga, cuando aquí vino, también,
    de no ser que fuera alguien sin muy buen
    juicio, pronto puede entender que no
    puede hallar el poder de hallar placer
    en cosa alguna si no es en os ver.

    Y cuando él viene a donde estáis, sé yo
    que intenta encubrirse ante los que estén
    allí, y eso cree, mas todos lo ven,
    pues cuando él os mira entienden que no
    puede hallar el poder de hallar placer
    en cosa alguna si no es en os ver.


    XX

    ¿Cómo osará aparecer ante mí
    ese mi amigo, ay amiga, por Dios,
    y aun como osará mirar mis dos
    ojos, si lo trajera Dios aquí,
    pues hace mucho que no vino a ver
    mis ojos ni mi bello parecer?

    Y, amiga, ¿cómo se atreverá,
    siquiera a osar con sus ojos mirar
    si él mis ojos viera un poco alzar,
    o incluso corazón como tendrá,
    pues hace mucho que no vino a ver
    mis ojos ni mi bello parecer?

    Pues sé que él no verá muy en razón,
    puesto que me tiene tan gran amor,
    osar llamarme su dama, ni valor
    tendrá para verme, ni corazón,
    pues hace mucho que no vino a ver
    mis ojos ni mi bello parecer.


    XXI

    ─En mala hora, señora, hablar yo os oí
    y estos ojos míos os vieron a vos.
    ─Decid, amigo, qué he de hacer yo de mí
    por vos en este apuro, así os valga Dios.
    ─Me haréis, señora, a mí vuestro favor.
    ─Lo haré, amigo, si es hacer lo mejor.

    ─Desde el punto en que yo os oí hablar,
    señora, ya no pude más paz tener.
    ─Amigo, os quiero ahora preguntar
    lo que de mí por vos podría yo hacer.
    ─Me haréis, señora, a mí vuestro favor.
    ─Lo haré, amigo, si es hacer lo mejor.

    ─Desde que os vi y os oí hablar, que no
    vi placer, señora, ni dormí ni holgué.
    ─Amigo, por Dios, decid qué es lo que yo
    de mí haga por vos, pues yo no lo sé.
    ─Me haréis, señora, a mí vuestro favor.
    ─Lo haré, amigo, si es hacer lo mejor.





    XXII

    ─Amiga, me tiene muy asombrada
    como vivir mi amigo ha de poder
    donde mis ojos él no puede ver
    o como se retrasa su llegada,
    pues yo nunca tal maravilla vi:
    que pueda mi amigo vivir sin mí,
    pues, por Dios, es cosa poco adecuada.

    ─Amiga, estad ahora vos callada
    un rato, y dejadme a mí responder:
    por lo que cierto sé y puedo entender
    nunca en el mundo fue mujer amada
    como vos por vuestro amigo, y así
    no tiene culpa él si tarda allí,
    y si no, quedaré yo por culpada.

    ─Ay, amiga, estoy tan preocupada
    que no puedo encontrar ningún placer
    pensando en como se puede entender
    que no esté ya conmigo de tornada,
    y, por Dios, porque no lo he visto aquí,
    de que esté muerto sospecha cogí,
    y si está muerto, seré desdichada.

    ─Amiga muy hermosa y mesurada,
    no niego que muerte pueda tener,
    pues hombre es, y así deberá ser,
    mas por Dios no seáis malpensada
    de otra cosa, pues desde que nací
    nunca de otro hombre tan leal oí,
    y quien no dice así, no dice nada.


    XXIII

    A vuestro amigo, amiga, yo vi andar
    con tal pena que nunca tuvo par
    y casi ya no podía ni hablar,
    pero cuando me vio, me dijo así:
    «Id a mi señora y mi amor rogar,
    por Dios, que ella tenga merced de mí.»

    Él andaba triste y muy sin valor,
    como el que tiene pena y gran dolor,
    y perdido había juicio y color,
    pero cuando me vio, me dijo así:
    «Id rogar a mi señora y mi amor,
    por Dios, que ella tenga merced de mí.»

    Y, amiga, lo hallé con un andar tal
    como muerto, pues es descomunal
    el mal que sufre y la pena mortal,
    pero cuando me vio, me dijo así:
    «Rogad a la señora de mi mal,
    por Dios, que ella tenga merced de mí.»


    XXIV

    ─Amigo, ¿vos os queréis ir?
    ─Señora, debo cosa tal
    hacer, pues sería mi mal
    y el vuestro, y por tanto partir
    me conviene de este lugar,
    aunque gran pena soportar
    habrá de ser sin vos vivir.

    ─Amigo, ¿y de mí que será?
    ─Señora, vos sois de buen prez
    y, cuando me vaya esta vez,
    lo vuestro pronto pasará,
    mas la muerte me ha de causar
    de vos lejos ir a morar,
    y lo vuestro ha de pasar ya.

    ─Amigo, sin vos moriré.
    ─Eso nunca lo querrá Dios,
    mas, si no voy donde estéis vos,
    el que morirá yo seré;
    quiero antes lo mío pasar
    que no lo vuestro aventurar,
    aunque sin vos de morir he.

    ─¿Me queréis, amigo, matar?
    ─No, señora; y por os salvar
    me mato yo, pues lo busqué.


    XXV

    —Decime por Dios, amigo:
    ¿tanto y bien vos me queréis
    como a mí decir soléis?
    —Sí, señora, y también os digo:
    ningún hombre ha de querer
    tanto hoy en el mundo a mujer.

    —No creo que tanto y bien
    ya me pudiérais querer
    como vos decís hacer.
    —Sí, señora, y diré también:
    ningún hombre ha de querer
    tanto hoy en el mundo a mujer.

    —Amigo, yo no os creeré,
    por la fe de nuestro Señor,
    que me tenéis tan grande amor.
    —Sí, señora, y también diré:
    ningún hombre ha de querer
    tanto hoy en el mundo a mujer.


    XXVI

    ─No puedo yo, mi amigo,
    en vuestra soledad
    vivir, bien os lo digo,
    y por esto morad,
    amigo, donde podáis
    hablarme y me veáis.

    No puedo, si no os veo,
    vivir, esto creed,
    y tanto yo os deseo
    que por vivir haced,
    amigo, donde podáis
    hablarme y me veáis.

    Nací en mal día, siento,
    y, amigo, impedid
    vos mi gran mal sin cuento
    y por esto vivid,
    amigo, donde podáis
    hablarme y me veáis.

    ─Iré, bien lo creáis,
    señora, donde mandáis.


    XXVII

    Por Dios, amigo, quién creería
    que nunca pudierais vos partir
    tan largo tiempo sin mí a vivir,
    mas desde hoy, por santa María,
    nunca una mujer, bien os lo digo,
    debe creer juramentos de amigo.

    Dijisteis cuando de mí marchasteis:
    «Muy pronto aquí estaré, sin temor»,
    y así lo jurasteis por mi amor,
    mas desde hoy, pues vos perjurasteis,
    nunca una mujer, bien os lo digo,
    debe creer juramentos de amigo.

    Jurasteis allí muy obstinado
    que pronto pronto, sin más tardar,
    queríais conmigo regresar,
    mas desde hoy, ay vos, perjurado,
    nunca una mujer, bien os lo digo,
    debe creer juramentos de amigo.

    Y así haré yo, bien os lo digo,
    por cuanto vos hicisteis conmigo.


    XXVIII

    Mi amigo un mal muy grande tiene,
    tal, amiga, que es tanto mal para él
    que en verdad no hay mal peor que aquel,
    y todo esto ved de donde le viene:
    porque no cree mi bien conseguir
    vive apenado, en pena por morir.

    Tanto mal sufre, y que Dios dé perdón,
    que él, amiga, ya lástima me dio,
    y, por cuanto de sus asuntos sé yo,
    todo su mal es por esta razón:
    porque no cree mi bien conseguir
    vive apenado, en pena por morir.

    Morirá de esta, y nada es más real,
    pues tiene dentro tan grande pesar
    que no puede de la muerte escapar
    y, amiga, viene aquí todo su mal:
    porque no cree mi bien conseguir
    vive apenado, en pena por morir.

    Pues si creyera mi bien conseguir
    mejor querría vivir que morir.




    XXIX

    Mi amigo, yo no puedo vivir
    sin vos ni vos sin mí, y que será
    de vos? Mas a Dios, que el poder da,
    yo le ruego que Él quiera elegir,
    por vos, amigo, y también por mí,
    que no muramos vos ni yo así

    como morimos, pues no es menester
    que tal vida hayamos de pasar,
    que más os valdrá muerte os dar,
    mas Dios elija, si a Él le ha de placer,
    por vos, amigo, y también por mí,
    que no muramos vos ni yo así

    como morimos, pues en la mayor
    pena del mundo y en la más mortal
    vivimos, amigo, y el mayor mal,
    mas Dios elija, como buen Señor,
    por vos, amigo, y también por mí,
    que no muramos vos ni yo así

    como morimos, en verdad, pues
    hace mucho que este mal nos llegó
    y aún sigue, y mucho nos duró,
    mas Dios elija, como quien Él es,
    por vos, amigo, y también por mí,
    que no muramos vos ni yo así

    como morimos, y Dios ponga aquí
    remedio, amigo, a vos y a mí.


    XXX

    Qué ansia tuvisteis, madre y señor,
    de impedirme que pudiera yo ver
    a mi amigo, mi bien y mi placer,
    mas si yo logro, por Nuestro Señor,
    que lo vea y le pueda hablar,
    lo haré, y pese a quien quiera pesar.

    Vos pusisteis todo vuestro poder
    en buscar que, por ninguna razón,
    yo viera a mi amigo y mi corazón,
    mas, si logro, con todo mi poder,
    que lo vea y le pueda hablar,
    lo haré, y pese a quien quiera pesar.

    Mi muerte queréis, madre, y nada más,
    pues hicisteis que ya nunca también
    llegara ver a mi amigo y mi bien,
    mas, si logro, y no puede haber más,
    que lo vea y le pueda hablar,
    lo haré, y pese a quien quiera pesar.

    Y si, madre, esto puedo alcanzar,
    lo otro pase como pueda pasar.


    XXXI

    Amigo falso y desleal,
    de qué os vale trabajar
    por mi merced poder ganar,
    pues lo habéis llevado tan mal
    que, aunque quiera, no he de poder,
    amigo, ya bien os hacer.

    Llevasteis el asunto así
    como quien no es conocedor
    de bien ni de prez ni de amor,
    y por esto creedme a mí
    que, aunque quiera, no he de poder,
    amigo, ya bien os hacer.

    Caísteis en tal perdición
    que remedio aquí no os sé,
    pues yo ya os abandoné
    de manera, y Dios dé perdón,
    que, aunque quiera, no he de poder,
    amigo, ya bien os hacer.


    XXXII

    Mi amigo viene hoy aquí
    y quiere conmigo hablar
    y sabe él que me hace pesar,
    madre, pues yo le prohibí
    que no fuese a ninguna hora
    donde yo fuera, y viene ahora

    aquí, y fue suyo el pecado 
    de pensar en su corazón
    en quebrantar mi prohibición,
    pues sabe que yo le he mandado
    que no fuese a ninguna hora
    donde yo fuera, y viene ahora

    aquí, cuando yo con él hablé
    ante vos, madre, y con rigor,
    y así él ha perdido mi amor,
    pues yo le prohibí y le mandé
    que no fuese a ninguna hora
    donde yo fuera, y viene ahora

    aquí y, si el buen juicio ignora,
    que pierda mi bien sin demora.


    XXXIII

    Quisiera con vos hablar de grado,
    ay, mi amigo y mi enamorado,
    pero no oso ahora con con vos hablar,
    pues tengo gran miedo del airado;
    airado haya a Dios quien me lo fue a dar.

    En cuitas de mil modos me trabo
    por deciros con qué yo me agravo,
    pero no oso ahora con con vos hablar,
    pues tengo gran miedo del mal bravo;
    mal bravo haya a Dios quien me lo fue a dar.

    Pesar sufro, amigo, y a menudo
    os quiero decir mi mal tan mudo,
    pero no oso ahora con con vos hablar,
    pues tengo gran miedo del muy rudo;
    muy rudo haya a Dios quien me lo fue a dar.

    Señor de mi corazón, cautivo
    sois vos por yo vivir con quien vivo,
    pero no oso ahora con con vos hablar,
    pues tengo gran miedo del esquivo;
    esquivo haya a Dios quien me lo fue a dar.


    XXXIV

    Con mi amigo, madre, os vi yo a vos
    hoy hablar y ello me dio gran placer
    porque lo vi de junto a vos volver
    alegre, y creo que me hace bien Dios,
    pues, si él tan alegre partió de aquí,
    no puede ser sino un bien para mí.

    Se volvió alegre y se rio, ya que
    hace mucho tiempo que no lo hacía,
    mas, puesto que esto esta vez sucedía,
    me quedo alegre, y Dios bien me dé,
    pues, si él tan alegre partió de aquí,
    no puede ser sino un bien para mí.

    Él me miró a los ojos con pasión,
    cuando visteis que se os despidió,
    y miró hacia vos alegre y se rio,
    y tengo placer en mi corazón,
    pues, si él tan alegre partió de aquí,
    no puede ser sino un bien para mí.

    Y, aunque yo de palabra nada oí,
    tengo muy gran placer en lo que vi.


    XXXV

    Hace tiempo, amigo, que no quiso Dios
    que con mis dos ojos os viera yo a vos,
    y no pone, por tal razón, en mí los 
    suyos mi madre, amigo, y, pues es así,
    arreglad de irnos, por Dios, ya de aquí,
    y que haga mi madre lo que pueda allí.

    No os vi hace tiempo ni así se arregló,
    pues lo impidió mi madre, a quien le pesó
    este asunto, y le pesa, y me guardó
    que no os viese, amigo, y, pues es así,
    arreglad de irnos, por Dios, ya de aquí,
    y que haga mi madre lo que pueda allí.

    Que hace mucho que mis ojos no os ven
    ni vi en este tiempo yo ningún bien,
    que lo impidió mi madre, e hizo también
    que no os viese, amigo, y, pues es así,
    arreglad de irnos, por Dios, ya de aquí,
    y que haga mi madre lo que pueda allí.

    Y, si no lo arreglarais muy pronto así,
    os matáis, amigo, y me matáis a mí.


    XXXVI

    Os auxiliaría, amigo y mi bien,
    si yo me atreviera, mas mirad quien
    me lo impide y quiere mi mal:
    mi madre, que os tiene mortal
    desamor, y, con pena tal,
    morir ya no me pesaría.

    Os auxiliaría, por Dios, mi bien,
    si yo me atreviera, mas mirad quien
    me impide que lo pueda hacer:
    mi madre, que tiene el poder
    y muy mal os sabe querer
    y ya aquí mi muerte querría.


    XXXVII

    Para ver a mi amigo,
    que dejó de hablar conmigo,
    voy allá, madre.

    Para ver a mi amado,
    que conmigo lo ha dejado,
    voy allá, madre.

    Que dejó de hablar conmigo
    es por esto que yo os digo:
    voy allá, madre.

    Que conmigo lo ha dejado
    es por esto que yo os hablo:
    voy allá, madre.


    XXXVIII

    Me llegó, amiga, el recado
    de aquel que quiero muy bien,
    de que, al saber mi mandado,
    ya él vendrá en un amén,
    y estoy yo alegre y también
    hago en esto lo adecuado.

    Por llegar viene angustiado,
    pues sufre gran mal de amor,
    porque está muy alejado
    de hallar placer ni calor
    sino donde yo esté, por
    ser todo este su cuidado.

    Con todo el mal que ha pasado,
    amiga, el modo veré
    de darle algo de agrado,
    pues viene cual le mandé,
    y luego él será, bien sé,
    del mal sanado y pagado,

    y del mal que le causé
    desde que es mi enamorado.


    XXXIX

    Que vos muráis por mí muy justo es,
    amigo, y mi belleza no debéis
    en nada agradecer y bien sabréis
    que a Dios yo gracias doy, en verdad, pues
    morir por mí sin razón no ha de ser
    para el que esta belleza pueda ver.

    De morir por mí nada os debo yo
    agradecer, pues igual ha de hacer
    quien bien mire belleza de mujer,
    y, pues Dios esta belleza me dio,
    morir por mí sin razón no ha de ser
    para el que esta belleza pueda ver.

    De así por mi amor vos os matar
    yo en nada nunca os lo agradeceré
    y, mi amigo, aún más aquí os diré:
    pues me quiso Dios tal belleza dar,
    morir por mí sin razón no ha de ser
    para el que esta belleza pueda ver

    que Dios me ha dado, y podéis creer
    que yo nada os tengo que agradecer.


    XL

    Mi madre querida,
    al baile yo iba
    de amor;

    mi madre alabada,
    yo al baile marchaba
    de amor;

    al baile yo iba
    que hay en la villa,
    de amor;

    yo al baile marchaba
    que hay en la casa,
    de amor;

    que hay en la villa
    del que bien quería,
    de amor;

    que hay en casa
    del que mucho amaba,
    de amor;

    del que bien quería,
    o soy fementida,
    de amor;

    del que mucho amaba,
    o soy perjurada,
    de amor.


    XLI

    Infeliz vivo, amigo, porque yo no os veo
    y vos vivís infeliz y con gran deseo
    de verme y de hablarme, y por esto creo
    que es pena tan fuerte
    que no me es sino muerte,
    como quien vive, amigo, en tan gran deseo.

    Yo por veros, amigo, vivo apenada,
    e igual vos, por verme, que ya no es nada
    la vida que hacemos, y así asombrada
    estoy de como vivo
    sufriendo tan esquivo
    mal, pues más me valdría no ser yo aquí nada.

    Ya por veros, amigo, no sé quién sufriera
    tal pena cual yo sufro, y vos, que no muriera,
    y, así con estas penas, ya que no naciera,
    qué será de mí no sé
    y la muerte envidiaré
    a todo hombre o mujer que ya muriera.


    XLII

    De vuestro amigo, ay amiga,
    en el que tanto confiáis,
    pronto quiero que sepáis
    que una, que Dios maldiga,
    lo tiene loco y maltrecho,
    y yo muero de despecho.

    No hay aquí verdad profunda
    ni nada os es encubierto,
    mas tenedlo muy por cierto
    que una, que Dios cofunda,
    lo tiene loco y maltrecho,
    y yo muero de despecho.

    No sé mujer que se pague
    de quitarles a su amigo,
    a las otras mas yo os digo
    que una, que Dios estrague,
    lo tiene loco y maltrecho,
    y yo muero de despecho.

    Y tengo mucho derecho,
    pues quiero vuestro provecho.


    XLIII

    Ay, falso amigo y sin lealtad,
    veo ahora la gran falsedad
    con que vos tanto tiempo me hablasteis,
    pues ya de otra yo sé en verdad
    a la que esa piedra vos lanzasteis.

    Amigo falso y muy encubierto,
    veo vuestro engaño al descubierto
    con que vos tanto tiempo me hablasteis,
    pues ya de otra yo sé bien cierto
    a la que esa piedra vos lanzasteis.

    Ay, falso amigo, yo no temía
    esta gran traición y felonía
    con que vos tanto tiempo me hablasteis,
    pues ya de otra sé, que lo sabía,
    a la que esa piedra vos lanzasteis.

    Y que cogierais justo sería
    las falsedades que sembrasteis.


    XLIV

    Amigo, yo esto creo,
    nunca pierdo el deseo
    sino cuando os veo,
    y de esto vivo apenada
    con este mal tan feo
    que sufro yo, agraciada.

    Pues sin vos, donde sea,
    mi ser siempre os desea
    mientras que yo no os vea,
    y de esto vivo apenada
    con la pena tan fea
    que sufro yo, agraciada.

    Es solamente espanto
    cuando no os veo cuanto
    yo hallo, y quebranto,
    y de esto vivo apenada
    con todo este mal, tanto,
    que sufro yo, agraciada.


    XLV

    Por Dios, intentad ver a mi estimado
    amigo, amiga, que aquí llegó,
    y decidle, aunque me ha importunado,
    que lo que muchas veces me rogó,
    que a él le hiciera yo aquel placer,
    por mor de mi madre no he de poder.

    Si vos lo veis os lo agradeceré,
    pues sabéis cuánto hace que me sirvió,
    y decidle, aunque se lo reproché,
    que lo que él rogó siempre que me vio,
    que a él le hiciera yo aquel placer,
    por mor de mi madre no he de poder.

    Si vos lo veis gran gozo tendré aquí,
    pues de mi bien desesperado está;
    por esto, amiga, decidle así:
    que aquello que él mucho me rogó ya,
    que a él le hiciera yo aquel placer,
    por mor de mi madre no he de poder.

    Y por esto no tengo yo el poder
    de procurarle a él ni a mí placer.


    XLVI

    Amiga, aquel que os ama
    y está por vos penado
    y que vuestro se llama,
    desde que fue enamorado
    no vio placer, yo lo sé;
    por esto morirá
    y de ello me doleré.

    Aquel que pena fuerte
    tuvo desde aquel día
    que os vio, que igual que muerte
    le es, por santa María,
    nunca vio placer ni bien;
    por esto morirá
    y me pesa a mí también.


    XLVII

    Amigo, mientras no os vi
    no descansé ni dormí,
    pero ahora ya aquí
    que os veo, descansaré
    y veré placer en mí
    pues veo cuánto deseé.

    Porque no os llegaba a ver
    calma no pude tener,
    y ya, Dios os fue a traer,
    que os veo, descansaré
    y veré en mí placer
    pues veo cuánto deseé.

    Cuando mis ojos no os ven
    no han placer, y pierdo el buen
    juicio, mas ahora también
    que os veo, descansaré
    y veré todo mi bien
    pues veo cuánto deseé.

    Poder veros es mi paz
    y además me place asaz,
    y si hace Dios, que es veraz,
    que os veo, descansaré
    y tendré muy gran solaz
    pues veo cuánto deseé.


    XLVIII

    Pues ya dice mi amigo
    que quiere irse conmigo,
    pues a él place asaz,
    me place, bien os digo;
    este es mi solaz.

    Pues dice que a porfía
    vamos a nuestra vía,
    pues a él place asaz,
    me place, y en buen día;
    este es mi solaz.

    Pues que llevarme veo
    que es su solo deseo,
    pues a él place asaz,
    me place, y ya lo creo;
    este es mi solaz.


    XLIX

    Por Dios, amiga, lamentad el mal
    que anda diciendo aquel muy desleal,
    pues dice de mí, y de vos igual,
    y a muchos, que yo le hice bien
    y que vos sabéis de todo este mal,
    mas tal cosa yo ignoro, y vos también.

    Debéis lamentaros de esta cuestión
    pues anda diciendo muy gran traición
    de mí y de vos, que Dios nos dé perdón,
    y se alaba de que yo le hice bien
    y que vos sabéis toda la cuestión,
    mas tal cosa yo ignoro, y vos también.

    Y que aquí os lamentéis muy justo es
    pues habla muy mal, y todo al revés,
    de mí y de vos allá donde esté, pues
    él dice, amiga, que yo le hice bien
    y que vos sabéis todo tal como es,
    mas tal cosa yo ignoro, y vos también


    L

    Me habló hoy mi amigo
    muy bien y muy humildoso
    de mi semblante hermoso,
    amiga, estando conmigo,
    mas, aun así yo os digo
    que no le quedó recado
    que a él le fuera de su agrado.

    Me dijo él, amiga, cuanto
    yo mejor que él sabía
    que de cuán bien yo lucía
    era todo su quebranto,
    mas, aun así sabed tanto:
    que no le quedó recado
    que a él le fuera de su agrado.

    Me dijo él: «Señora, creed
    que vuestra gran hermosura
    me hace un mal sin mesura,
    por esto de mí doled».
    Aun así, amiga, sabed
    que no le quedó recado
    que a él le fuera de su agrado.

    Y se fue tan apenado
    que ya me ha preocupado.


    LI

    Se marcha mi amigo a muy lejos morar
    y, amiga, por Dios, de eso tengo pesar,
    porque ya se va, en mi corazón,
    tan grande que no se puede contar,
    pues se lo prohibí, y tengo gran razón.

    Yo le prohibí que se marchara de aquí,
    pues todo mi bien perdería él así,
    y ahora se va y me hace gran traición,
    y desde hoy no sé qué va a ser de mí 
    y morir sólo, amiga, es mi ambición.


    LII

    No sé, amigo, de quién padeciera
    pena cual padezco, que no muriera,
    sino yo, infeliz, mejor no naciera,
    porque no os veo cuanto yo querría,
    y quiera Dios que yo olvidar pudiera
    que os vi, amigo, en aquel mal día.

    No sé, amigo, mujer que pasara
    pena cual yo paso, que lo soportara
    y no muriera o se desesperara,
    porque no os veo cuanto yo querría,
    y quiera Dios que yo no recordara
    que os vi, amigo, en aquel mal día.

    No sé, amigo, quién el dolor sintiera
    que yo siento, que así lo encubriera,
    sino yo, infeliz, que Dios maldijera,
    porque no os veo cuanto yo querría,
    y quiera Dios que yo nunca supiera
    que os vi, amigo, en aquel mal día.


    LIII

    La pastora se quejaba
    mucho tiempo el otro día
    y consigo allí hablaba
    y lloraba y aun decía,
    del amor que la forzaba:
    «Por Dios, te vi en mal día,
    ay, amor».

    Y se seguía quejando
    como mujer con gran pena
    y que al pesar, desde cuando
    nació, siempre fue ajena,
    y allí decía llorando:
    «Tú no eres sino mi pena,
    ay, amor».

    Penas le daban amores
    que no le eran sino muerte,
    y se acostó entre unas flores
    y dijo con pena fuerte:
    «Mal te venga en donde mores,
    pues no eres sino mi muerte,
    ay, amor».


    LIV

    Una pastora agraciada
    pensando iba en su amigo
    y estaba, bien os lo digo,
    por lo que vi, disgustada,
    y dijo: «No vale nada
    el fiarse de enamorado
    la mujer enamorada,
    pues el mío ha perjurado».

    Ella traía en la mano
    un papagayo hermoso
    cantando muy delicioso,
    pues ya entraba el verano,
    y dijo: «Amigo lozano,
    ¿qué haría por amores,
    pues hablasteis tan en vano?»
    Y cayó entre unas flores.

    Una gran parte del día
    yació allí, y nada hablaba,
    y a veces despertaba,
    y a veces desfallecía,
    y dijo: «Ay, santa María,
    ¿qué será de mí ahora?»
    Y el papagayo decía:
    «Bien, por lo que sé, señora».

    «Si no me quieres herida»,
    dice ella, «di la verdad,
    papagayo, en caridad,
    porque me es muerte esta vida».
    Dijo él: «Señora cumplida
    en todo, no os quejéis,
    pues al que os tiene servida,
    alzad la vista y veréis».





    ***


     
    XXII

    ─Amiga, fáçome maravilhada
    como pode meu amigo viver
    u os meus olhos non pode veer
    ou como pod’ alá fazer tardada,
    ca nunca tan gran maravilha vi:
    poder meu amigo viver sen mí,
    e, par Deus, é cousa mui desguisada.

    ─Amiga, estade ora calada
    un pouco, e leixad’ a min dizer:
    per quant’ eu sei cert’ e poss’ entender
    nunca no mundo foi molher amada
    come vós de voss’ amig’, e assí,
    se el tarda, sol non é culpad’ i;
    se non, eu quer’ én ficar por culpada.

    ─Ai, amiga, eu ando tan coitada
    que sol non poss’ en mí tomar prazer
    cuidand’ en como se pode fazer
    que non é ja comigo de tornada,
    e, par Deus, porque o non vej’ aquí,
    que é morto gran sospeita tom’ i,
    e se mort’ é, mal día eu fui nada.

    ─Amiga fremosa e mesurada,
    non vos dig’ eu que non pode seer
    voss’ amigo, pois om’ é, de morrer,
    mais, por Deus, non sejades sospeitada
    doutro mal del, ca des quand’ eu nací
    nunca doutr’ ome tan leal oí
    falar, e quen end’ al diz, non diz nada.


    XXIII

    O voss’ amig’, amiga, vi andar
    tan coitado que nunca lhi vi par
    que adur mi podía ja falar,
    pero quando me viu, díssemi assí:
    «Ai senhor, id’ a mía senhor rogar,
    por Deus, que aja mercee de mí.»

    El andava trist’ e mui sen sabor,
    come quen é tan coitado d’ amor,
    e perdud’ á o sen e a color,
    pero quando me viu, díssemi assí:
    «Ai senhor, ide rogar mía senhor,
    por Deus, que aja mercee de mí.»

    El, amiga, achei eu andar tal
    come morto, ca é descomunal
    o mal que sofr’ e a coita mortal,
    pero quando me viu, díssemi assí:
    «Senhor, rogad’ a senhor do meu mal,
    por Deus, que aja mercee de mí.»


    XXIV

    ─Amigo, queredes vos ir?
    ─Si, mía senhor, ca non poss’ al
    fazer, ca sería meu mal
    e vosso; por end’ a partir
    mi convén daqueste logar,
    mais que gran coita d’ endurar
    mi será, pois me sen vós vir.

    ─Amig’, e de min que será?
    ─Ben, senhor boa e de prez,
    e, pois m’ eu for daquesta vez,
    o vosso mui ben passará,
    mais morte m’ é de m’ alongar
    de vós e irm’ alhur morar,
    mais pass’ o voss’ unha vez ja.

    ─Amig’, eu sen vós morrerei.
    ─Non querrá Deus esso, senhor,
    mais, pois u vós fordes non for,
    o que morrerá eu serei;
    máis quer’ eu ant’ o meu passar
    ca assí do voss’ aventurar,
    ca eu sen vós de morrer ei.

    ─Queredes mi, amigo, matar?
    ─Non, mía senhor; mais, por guardar
    vós, mátomi, que mho busquei.


    XXV

    ─Dizede por Deus, amigo:
    tamanho ben me queredes
    como vós a mí dizedes?
    ─Si, senhor, e máis vos digo:
    non cuido que oj’ ome quer
    tan gran ben no mund’ a molher.

    ─Non creo que tamanho ben
    mi vós podéssedes querer
    camanh’ a mí ides dizer.
    ─Si, senhor, e máis direi én:
    non cuido que oj’ ome quer
    tan gran ben no mund’ a molher.

    ─Amig’, eu non vos creerei,
    fe que dev’ a nostro Senhor,
    que m’ avedes tan grand’ amor.
    ─Si, senhor, e máis vos direi:
    non cuido que oj’ ome quer
    tan gran ben no mund’ a molher.


    XXVI

    ─Non poss’ eu, meu amigo,
    con vossa soidade
    viver, ben volo digo,
    e por esto morade,
    amigo, u mi possades
    falar e me vejades.

    Non poss’, u vos non vejo,
    viver, ben o creede,
    tan muito vos desejo
    e por esto vivede,
    amigo, u mi possades
    falar e me vejades.

    Nací en forte ponto
    e, amigo, partide
    o meu gran mal sen conto
    e por esto guaride,
    amigo, u mi possades
    falar e me vejades.

    ─Guarrei, ben o creades,
    senhor, u me mandardes.


    XXVII

    Por Deus, amigo, quen cuidaría
    que vós nunca ouvéssedes poder
    de tan longo tempo sen mí viver,
    e des oimais, par santa María,
    nunca molher deve, ben vos digo,
    muit’ a creer per juras d’ amigo.

    Disséstesmi u vos de min quitastes:
    «Log’ aquí serei convosco, senhor»,
    e jurástesmi polo meu amor,
    e des oimais, pois vos perjurastes,
    nunca molher deve, ben vos digo,
    muit’ a creer per juras d’ amigo.

    Jurástesm’ entón muit’ aficado
    que logo logo, sen outro tardar,
    vos queriades pera mí tornar,
    e des oimais, ai meu perjurado,
    nunca molher deve, ben vos digo,
    muit’ a creer per juras d’ amigo.

    E assí farei eu, ben vos digo,
    por quanto vós passastes comigo.


    XXVIII

    O meu amigo á de mal assaz
    tant’, amiga, que muito mal per é
    que no mal non á máis, per boa fe,
    e tod’ aquesto vedes que lho faz:
    porque non cuida de mí ben aver,
    viv’ en coita, coitado per morrer.

    Tanto mal sofre, se Deus mi perdón,
    que ja eu, amiga, del doo ei,
    e, per quanto de sa fazenda sei,
    tod’ este mal é por esta razón:
    porque non cuida de mí ben aver,
    viv’ en coita, coitado per morrer.

    Morrerá desta, u non pod’ aver al,
    que toma en si tamanho pesar
    que se non pode de morte guardar
    e, amiga, venlh’ i tod’ este mal:
    porque non cuida de mí ben aver,
    viv’ en coita, coitado per morrer.

    Ca se cuidasse de mí ben aver
    ant’ el quería viver ca morrer.


     
    XXIX

    Meu amigo, non poss’ eu guarecer
    sen vós nen vós sen mí, e que será
    de vós? Mais Deus, que end’ o poder á,
    lhi rog’ eu que El quera escolher,
    por vós, amigo, e des i por mí,
    que non moirades vós nen eu assí

    como morremos, ca non á mester
    de tal vida avermos de passar,
    ca máis vos valrría de vos matar,
    mais Deus escolha, se a El prouguer,
    por vós, amigo, e des i por mí,
    que non moirades vós nen eu assí

    como morremos, ca ena maior
    coita do mundo nen na máis mortal
    vivemos, amigo, e no maior mal,
    mais Deus escolha, come bon Senhor,
    por vós, amigo, e des i por mí,
    que non moirades vós nen eu assí

    como morremos, ca, per boa fe,
    mui gran temp’ á que este mal passou
    per nós, e passa, e muito durou,
    mais Deus escolha, come quen Ele é,
    por vós, amigo, e des i por mí,
    que non moirades vós nen eu assí

    como morremos, e Deus ponha i
    conselh’, amigo, a vós e a mí.


    XXX

    Que coita ouvestes, madr’ e senhor,
    de me guardar que non possa veer
    meu amig’ e meu ben e meu prazer,
    mais, se eu posso, par Nostro Senhor,
    que o veja e lhi possa falar,
    guisarlho ei, e pes a quen pesar.

    Vós fezestes todo vosso poder,
    madr’ e senhor, de me guardar que non
    visse meu amig’ e meu coraçón,
    mais, se eu posso, a todo meu poder,
    que o veja e lhi possa falar,
    guisarlho ei, e pes a quen pesar.

    Mía morte quisestes, madr’, e non al,
    quand’ aguisastes que per nulha ren
    eu non viss’ o meu amig’ e meu ben,
    mais, se eu posso, u non pod’ aver al,
    que o veja e lhi possa falar,
    guisarlho ei, e pes a quen pesar.

    E se eu, madr’, esto poss’ acabar,
    o al passe como poder passar.


    XXXI

    Amig’ e fals’ e desleal,
    que prol á de vos trabalhar
    d’ én a mía mercee cobrar,
    ca tanto o trouxestes mal
    que non ei de vos ben fazer,
    pero m’ eu quisesse, poder.

    Vós trouxestes o preit’ assí
    come quen non é sabedor
    de ben nen de prez nen d’ amor,
    e por én creede per mí
    que non ei de vos ben fazer,
    pero m’ eu quisesse, poder.

    Caestes en tal ocajón
    que sol conselho non vos sei,
    ca ja vos eu desemparei
    en guisa, se Deus mi perdón,
    que non ei de vos ben fazer,
    pero m’ eu quisesse, poder.


    XXXII

    Meu amigo vén oj’ aquí
    e diz que quer migo falar
    e sab’ el que mi faz pesar,
    madre, pois que lh’ eu defendí
    que non fosse per nulha ren
    per u eu foss’, e ora vén

    aquí, e foi pecado seu
    de sol poer no coraçón,
    madre, passar mía defensón,
    ca sab’ el que lhi mandei eu
    que non fosse per nulha ren
    per u eu foss’, e ora vén

    aquí, u eu con el falei
    per ante vós, madr’ e senhor,
    e oimais perde meu amor,
    pois lh’ eu defendi e mandei
    que non fosse per nulha ren
    per u eu foss’, e ora vén

    aquí, madr’, e pois fez mal sen,
    dereit’ é que perça meu ben.


    XXXIII

    Quisera vosco falar de grado,
    ai, meu amig’ e meu namorado,
    mais non ous’ oj’ eu convosc’ a falar,
    ca ei mui gran medo do irado;
    irad’ aja Deus quen me lhi foi dar.

    En cuidados de mil guisas travo
    por vos dizer o con que m’ agravo,
    mais non ous’ oj’ eu convosc’ a falar,
    ca ei mui gran medo do mal bravo;
    mal brav’ aja Deus quen me lhi foi dar.

    Gran pesar ei, amigo, sofrudo
    por vos dizer meu mal ascondudo,
    mais non ous’ oj’ eu convosc’ a falar,
    ca ei mui gran medo do sanhudo;
    sanhud’ aja Deus quen me lhi foi dar.

    Senhor do meu coraçón, cativo
    sodes en eu viver con quen vivo,
    mais non ous’ oj’ eu convosc’ a falar,
    ca ei mui gran medo do esquivo;
    esquiv’ aja Deus quen me lhi foi dar.


    XXXIV

    Vivos, madre, con meu amig’ aquí
    oje falar e ouv’ én gran prazer
    porque o vi de cabo vós erger
    led’, e tenho que mi faz Deus ben i,
    ca, pois que s’ el ledo partiu d’ aquén,
    non pode seer senón por meu ben.

    Ergeuse ledo e riiu ja que,
    o que mui gran temp’ á que el non fez,
    mais, pois ja esto passou esta vez,
    fic’ end’ eu leda, se Deus ben mi dé,
    ca, pois que s’ el ledo partiu d’ aquén,
    non pode seer senón por meu ben.

    El pos os seus olhos nos meus entón,
    quando vistes que xi vos espediu,
    e tornou contra vós led’ e riiu,
    e por end’ ei prazer no coraçón,
    ca, pois que s’ el ledo partiu d’ aquén,
    non pode seer senón por meu ben.

    E, pero m’ eu da fala non sei ren,
    de quant’ eu vi, madr’, ei gran prazer én.


    XXXV

    Gran temp’ á, meu amigo, que non quis Deus
    que vos veer podesse dos olhos meus,
    e non pon, con tod’ esto, en mí os seus
    olhos mía madr’, amig’, e, pois ést’ assí,
    guisade de nos irmos, por Deus, d’ aquí,
    e faça mía madr’ o que poder des i.

    Non vos vi á gran tempo nen se guisou,
    ca o partiu mía madre, a que pesou
    daqueste preit’, e pesa, e min guardou
    que vos non viss’, amig’, e, pois ést’ assí,
    guisade de nos irmos, por Deus, d’ aquí,
    e faça mía madr’ o que poder des i.

    Que vos non vi á muito, e nulha ren
    non vi des aquel tempo de nen un ben,
    ca o partiu mía madre, e fez por én
    que vos non viss’, amig’, e, pois ést’ assí,
    guisade de nos irmos, por Deus, d’ aquí,
    e faça mía madr’ o que poder des i.

    E, se o non guisardes mui ced’ assí,
    matádesvos, amig’, e matades mí.


     
    XXXVI

    Valervos ía, amig’ e meu ben,
    se eu ousasse, mais vedes quen
    me tolhe daquest’ e non al:
    mía madre, que vos á mortal
    desamor, e, con este mal,
    de morrer non mi pesaría.

    Valervos ía, par Deus, meu ben,
    se eu ousasse, mais vedes quen
    me tolhe de vos non valer:
    mía madre, que end’ á poder
    e vos sabe gran mal querer
    e por én mía morte quería.


    XXXVII

    Pera veer meu amigo,
    que talhou preito comigo,
    alá vou, madre.

    Pera veer meu amado,
    que mig’ á preito talhado,
    alá vou, madre.

    Que talhou preito comigo
    é por esto que vos digo:
    alá vou, madre.

    Que mig’ á preito talhado
    é por esto que vos falo:
    alá vou, madre.


    XXXVIII

    Chegoumh, amiga, recado
    daquel que quero gran ben,
    que, pois que viu meu mandado,
    quanto pode viir, vén,
    e and’ eu leda por én
    e faço muit’ aguisado.

    El vén por chegar coitado,
    ca sofre gran mal d’ amor,
    er anda muit’ alongado
    d’ aver prazer nen sabor
    senón alí u eu for,
    u é todo seu cuidado.

    Por quanto mal á levado,
    amiga, razón farei
    de lhi dar end’ algun grado,
    pois vén como lh’ eu mandei,
    e log’ el será, ben sei,
    do mal guarid’ e cobrado,

    e das coitas que lh’ eu dei
    des que foi meu namorado.


    XXXIX

    De morrerdes por mí gran dereit’ é,
    amigo, ca tanto paresc’ eu ben
    que desto mal grad’ ajades vós én
    e Deus bon grado, ca, per boa fe,
    non é sen guisa de por mí morrer
    quen mui ben vir este meu parecer.

    De morrerdes por mí non vos dev’ eu
    bon grado poer, ca esto fará quenquer
    que ben cousir parecer de molher,
    e, pois mi Deus este parecer deu,
    non é sen guisa de por mí morrer
    quen mui ben vir este meu parecer.

    De vos por mi amor assí matar,
    nunca vos desto bon grado darei
    e, meu amigo, máis vos én direi:
    pois me Deus quis este parecer dar,
    non é sen guisa de por mí morrer
    quen mui ben vir este meu parecer

    que mi Deus deu, e podedes creer
    que non ei ren que vos i gradecer.


    XL

    Mía madre velida,
    voum’ a la bailía
    do amor;

    mía madre loada,
    voum’ a la bailada
    do amor;

    voum’ a la bailía
    que fazen en vila
    do amor;

    voum’ a la bailada
    que fazen en casa
    do amor;

    que fazen en vila
    do que eu ben quería
    do amor;

    que fazen en casa
    do que eu muit’ amava
    do amor;

    do que eu ben quería;
    chamarm’ án garrida
    do amor;

    do que eu muit’ amava;
    chamarm’ án perjurada
    do amor.


    XLI

    Coitada viv’, amigo, porque vos non vejo
    e vós vivedes coitad’ e con gran desejo
    de me veer e mi falar, e por én sejo
    sempr’ en coita tan forte
    que non m’ é senón morte,
    come quen viv’, amigo, en tan gran desejo.

    Por vos veer, amigo, vivo tan coitada,
    e vós, por me veer, que oimais non é nada
    a vida que fazemos, e maravilhada
    soo de como vivo
    sofrendo tan esquivo
    mal, ca máis mi valrría de non seer nada.

    Por vos veer, amigo, non sei quen sofresse
    tal coita qual eu sofr’, e vós, que non morresse,
    e, con aquestas coitas, eu que non nacesse,
    non sei de min que seja
    e da mort’ ei enveja
    a todo ome ou molher que ja morresse.


    XLII

    O voss’ amig’, ai amiga,
    de que vós muito fiades,
    tanto quer’ eu que sabhades
    que unha, que Deus maldiga,
    volo ten louc’ e tolheito,
    e moir’ end’ eu con despeito.

    Non ei ren que vos asconda
    nen vos será encoberto,
    mais sabede ben por certo
    que unha, que Deus cofonda,
    volo ten louc’ e tolheito,
    e moir’ end’ eu con despeito.

    Non sei molher que se pague
    de lh’ outras o seu amigo
    filhar, e por én vos digo
    que unha, que Deus estrague,
    volo ten louc’ e tolheito,
    e moir’ end’ eu con despeito.

    E faço mui gran dereito,
    pois quero vosso proveito.

     
    XLIII

    Ai, fals’ amig’ e sen lealdade,
    ora vej’ eu a gran falsidade
    con que mi vós á gran temp’ andastes,
    ca doutra sei eu ja por verdade
    a que vós atal pedra lançastes.

    Amigo fals’ e muit’ encoberto,
    ora vej’ eu o gran mal deserto
    con que mi vós á gran temp’ andastes,
    ca doutra sei eu ja ben por certo
    a que vós atal pedra lançastes.

    Ai, fals’ amig’, eu non me temía
    do gran mal e da sabedoría
    con que mi vós á gran temp’ andastes,
    ca doutra sei eu, que o ben sabía,
    a que vós atal pedra lançastes.

    E de colherdes razón sería
    da falsidade que semeastes.


    XLIV

    Meu amig’, u eu sejo
    nunca perço desejo
    senón quando vos vejo,
    e por én vivo coitada
    con este mal sobejo
    que sofr’ eu, ben talhada.

    U quer que sen vós seja
    sempr’ o meu cor deseja
    vos, ata que vos veja,
    e por én vivo coitada
    con gran coita sobeja
    que sofr’ eu, ben talhada.

    Non é senón espanto
    u vos non vejo quanto
    eu desej’, e quebranto,
    e por én vivo coitada
    com aqueste mal, tanto,
    que sofr’ eu, ben talhada.


    XLV

    Por Deus, punhade de veerdes meu
    amig’, amiga, que aquí chegou,
    e dizédelhi, pero me foi greu,
    o que m’ el ja muitas vezes rogou,
    que lhi faría end’ eu o prazer,
    mais tólhem’ ende mía madr’ o poder.

    De o veerdes gradecer volo ei,
    ca sabedes quant’ á que me serviu,
    e dizédelhi, pero lh’ estranhei,
    o que m’ el rogou cada que me viu,
    que lhi faría end’ eu o prazer,
    mais tólhem’ ende mía madr’ o poder.

    De o veerdes gran prazer ei i,
    pois do meu ben desasperad’ está;
    por end’, amiga, dizédelh’ assí:
    que o que m’ el per vezes rogou ja,
    que lhi faría end’ eu o prazer,
    mais tólhem’ ende mía madr’ o poder.

    E por aquesto non ei eu poder
    de fazer a min nen a el prazer.


    XLVI

    Amiga, quen vos ama
    e por vós é coitado
    e se por vosso chama,
    des que foi namorado
    non viu prazer, seio eu;
    por én ja morrerá
    e por aquesto m’ é greu.

    Aquel que coita forte
    ouve des aquel día
    que vos el viu, que morte
    lh’ é, par santa María,
    nunca viu prazer nen ben;
    por én ja morrerá
    e a min pesa muit’ én.


    XLVII

    Amigo, pois vos non vi
    nunca folguei nen dormí,
    mais ora ja des aquí,
    que vos vejo, folgarei
    e verei prazer de mí
    pois vejo quanto ben ei.

    Pois vos non pudi veer
    ja máis non ouví lezer,
    e, u vos Deus quis trager
    que vos vejo, folgarei
    e verei de min prazer
    pois vejo quanto ben ei.

    Des que vos non vi, de ren
    non vi prazer, e o sen
    perdí, mais pois que mi avén
    que vos vejo, folgarei
    e verei todo meu ben
    pois vejo quanto ben ei.

    De vos veer a min praz
    tanto que muito é assaz,
    mais, u m’ este ben Deus faz
    que vos vejo, folgarei
    e averei gran solaz
    pois vejo quanto ben ei.


    XLVIII

    Pois que diz meu amigo
    que se quer ir comigo,
    pois que a el praz,
    praz a mí, ben vos digo;
    este é o meu solaz.

    Pois diz que toda vía
    nos imos nossa vía,
    pois que a el praz,
    prazm’ e vej’ i bon día;
    este é o meu solaz.

    Pois m’ ende levar vejo
    que este é o seu desejo,
    pois que a el praz,
    prazmi muito sobejo;
    este é o meu solaz.


    XLIX

    Por Deus, amiga, pesvos do gran mal
    que diz andand’ aquel meu desleal,
    ca diz de mí, e de vós outro tal,
    andand’ a muitos, que lhi fiz eu ben
    e que vós soubestes tod’ este mal,
    de que eu nen vós non soubemos ren.

    De vos én pesar é mui gran razón
    ca diz andando mui gran traiçón
    de min e de vós, se Deus mi perdón,
    u se louva de min que lhi fiz ben
    e que vós soubestes end’ a razón,
    de que eu nen vós non soubemos ren.

    De vos én pesar dereito per é
    ca diz de min gran mal, per boa fe,
    e de vós, amiga, cada u sé
    falando, ca diz que lhi fiz eu ben
    e ca vós soubestes todo com’ é,
    de que eu nen vós non soubemos ren.

     
    L

    Faloum’ oj’ o meu amigo
    mui ben e muit’ omildoso
    no meu parecer fremoso,
    amiga, que eu ei migo,
    mais, pero tanto vos digo
    que lhi non tornei recado
    ond’ el ficasse pagado.

    Díssem’ el, amiga, quanto
    m’ eu melhor ca el sabía
    que de quan ben parecía
    que tod’ era seu quebranto,
    mais, pero sabede tanto:
    que lhi non tornei recado
    ond’ el ficasse pagado.

    Díssem’ el: «Senhor, creede
    que a vossa fremosura
    mi faz gran mal sen mesura,
    por én de mí vos doede».
    Pero, amiga, sabede
    que lhi non tornei recado
    ond’ el ficasse pagado.

    E fois’ end’ el tan coitado
    que tom’ end’ eu ja coidado.


    LI

    Vais’ o meu amig’ alhur sen mí morar
    e, par Deus, amiga, ei end’ eu pesar,
    porque s’ ora vai, eno meu coraçón,
    tamanho que esto non é de falar,
    ca lho defendí, e faço gran razón.

    Defendilh’ eu que se non fosse d’ aquí,
    ca todo meu ben perdería per i,
    e ora vais’ e faz mi gran traiçón,
    e des oimáis non sei que seja de mí
    nen ar vej’ i, amiga, se morte non.


    LII

    Non sei oj’, amigo, quen padecesse
    coita qual padesco, que non morresse,
    senón eu, coitada, que non nacesse,
    porque vos non vejo com’ eu quería;
    e quisesse Deus que m’ escaecesse
    vos que vi, amigo, en grave día.

    Non sei, amigo, molher que passasse
    coita qual eu passo, que ja durasse,
    que non morresse ou desasperasse,
    porque vos non vejo com’ eu quería;
    e quisesse Deus que me non nembrasse
    vos que vi, amigo, en grave día.

    Non sei, amigo, quen o mal sentisse
    que eu senço, que o sol encobrisse,
    se non eu, coitada, que Deus mal disse,
    porque vos non vejo com’ eu quería;
    e quisesse Deus que nunca eu visse
    vos que vi, amigo, en grave día.


    LIII [Pastorela]

    Unha pastor se queixava
    muit’ estando noutro día
    e sigo medes falava
    e chorava e dizía,
    con amor que a forçava:
    «Par Deus, vi t’ en grave día,
    ai, amor».

    Ela s’ estava queixando
    come molher con gran coita
    e que a pesar, des quando
    nacera, non fora doita,
    por én dizía chorando:
    «Tu non es senón mía coita,
    ai, amor».

    Coitas lhi davan amores
    que non lh’ eran senón morte,
    e deitous’ antr’ unhas flores
    e disse con coita forte:
    «Mal ti venha per u fores,
    ca non es se non mía morte,
    ai, amor».


    LIV [Pastorela]

    Unha pastor ben talhada
    cuidava en seu amigo
    e estava, ben vos digo,
    per quant’ eu vi, mui coitada,
    e diss’: «Oimáis non é nada
    de fiar per namorado
    nunca molher namorada,
    pois que mi o meu á errado».

    Ela tragía na mao
    un papagai mui fremoso
    cantando mui saboroso,
    ca entrava o verao,
    e diss’: «Amigo louçao,
    que faría por amores,
    pois m’ errastes tan en vao?»
    E caeu antr’ unhas flores.

    Unha gran peça do día
    jouv’ alí, que non falava,
    e a vezes acordava,
    e a vezes esmorecía,
    e diss’: «Ai, santa María,
    que será de min agora?»
    E o papagai dizía:
    «Ben, per quant’ eu sei, senhora».

    «Se me queres dar guarida»,
    diss’ a pastor, «di verdade,
    papagai, por caridade,
    ca morte m’ é esta vida».
    Diss’ ele: «Senhor comprida
    de ben, e non vos queixedes,
    ca o que vos á servida,
    erged’ olho e veelo edes».





    .

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    Xoán Airas de Santiago

    Segrel (*) compostelano que anduvo en las cortes de Fernando III, Alfonso X, y en los primeros años de la corte de Don Denis; o sea, en toda la segunda mitad del siglo XIII, entre los reinos de Castilla y Portugal.

    El tal don Bieito habría estado enamorado de la "señora" de Xoán Airas, a la que, según parece, el propio esposo vio -de la forma que lo dice la cantiga- correspondidas las pretensiones del galán. (...)

    La forma de la cantiga es muy simple: dos versos octosílabos con rima pareada y el estribillo de un verso pentasílabo (hexasílabo en el original), es lo que conforma cada estrofa.

    (*) Segrel. Término con el que se designa, en la lírica gallego-portuguesa, al juglar que, además de intérprete, es compositor de cantigas.



    Cantigas de escarnio

    Don Bieito, hombre duro, 
    fue a besar en lo oscuro
    a mi mujer.

    Como hombre aventurado, 
    la besó en lo ahuecado
    a mi mujer.

    Y ved que gran desventura:
    ¡la besó en la hendidura
    a mi mujer!

    Y ved que gran desafuero:
    la besó en el agujero
    a mi mujer. 

    Poesía medieval galaicoportuguesa
    Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1983



    Las cantigas de amigo de Xoán Airas de Santiago

    Manuscrito B: Johanayras burg[u]es de S[an]tiago
    Manuscrito V: Joham Ayras de Santiago
    Edición Rip Cohen: Johan Airas
    Instituto de Estudos Medievais: João Airas de Santiago




    I

    Dicen que, amigo, a otra dama mejor
    queréis vos contra mi agrado tomar
    para causarme con ella pesar,
    pero no tengo yo de eso temor,
    pues que sois mío todas saben ya
    y a vos por suyo ninguna os querrá.

    Y bien que me haríais de corazón
    este pesar, mas no sé yo hoy quien
    os tomara, y os es ya igual también,
    ay, amigo, y mirad por qué razón:
    pues que sois mío todas saben ya
    y a vos por suyo ninguna os querrá.

    Y quien a vos esto os aconsejó
    yo sé muy bien que os aconsejó mal
    pues todo eso también os es ya igual,
    ay, amigo, y tarde se os ocurrió
    pues que sois mío todas saben ya
    y a vos por suyo ninguna os querrá.

    La que tome lo mío, Dios la confunda ya
    y a mí, amigo, si tomo lo suyo, igual me hará.


    II

    El que solía, hija mía, morir
    por vos, dicen que ya no muere así,
    y muero yo, hija, porque esto oí,
    pero, si queréis a él verlo morir,
    decid que otro muere por vos, y bien
    pronto veréis como él muere también.

    El que moría, hija mía, por vos
    como a nadie por mujer vi morir 
    en el mundo, ya no quiere sufrir, 
    pero, si queréis que él muera por vos,
    decid que otro muere por vos, y bien
    pronto veréis como él muere también.

    El que moría, hija mía, de amor
    por vos no muere ni se ha de acordar,
    y muero yo, hija, con el pesar,
    pero, si queréis que él muera de amor,
    decid que otro muere por vos, y bien
    pronto veréis como él muere también.

    Pues si sabe que otro muere también
    morirá, hija, si él os quiere bien.


    III

    Por Dios, madre, el que a mí mucho me quiere
    dice que desea conmigo hablar
    de algo que nadie puede sospechar,
    y solo una vez, si a vos pluguiere,
    me hable a mí, si eso lo ha de divertir,
    y sabremos lo que quiere decir.

    En que él me hable no pierdo yo buen prez,
    porque de su bien yo no le hablaré,
    y él dirá y yo allí escucharé,
    y antes de que muera, solo una vez
    me hable a mí, si eso lo ha de divertir,
    y sabremos lo que quiere decir.

    Si os pluguiera, que venga a hablar aquí
    conmigo, madre, si gusto le da,
    y os diré entonces lo que él me dirá,
    y una vez, antes de que él muera así,
    me hable a mí, si eso lo ha de divertir,
    y sabremos lo que quiere decir.

    Quizás me quiera una cosa decir
    que yo sin daño mío se la pueda cumplir.


    IV

    Mi amigo las nuevas ya conoció
    de estas cortes que ahora se harán,
    ricas y nobles dicen qué serán,
    y lo que mi amigo hará bien sé yo:
    un cantar en que de mí bien dirá;
    o va a hacerlo o hecho lo tiene ya.

    Me alabará cual la dama mejor,
    pues con gran placer me suele alabar
    y a muchas damas dará gran pesar,
    pero él hará, pues es gran trovador,
    un cantar en que de mí bien dirá;
    o va a hacerlo o hecho lo tiene ya.

    En estas cortes que ahora el rey hace
    alabará mi bello parecer
    y dirá cuanto bien pueda saber
    de mí, amigas, y hará, y así me place,
    un cantar en que de mí bien dirá;
    o va a hacerlo o hecho lo tiene ya.

    Pues lo vieron pensando, y bien sé ya
    que en otra cosa él no pensará.


    V

    Cuando, amigo, me llevó hoy
    mi madre a mi pesar de aquí
    no supisteis nada de mí,
    y por maravilla tengo
    que vos no sepáis cuándo voy
    ni sepáis cuándo vengo.

    Aunque amigo os llamáis 
    mío, vos no supisteis nada
    cuando yo de aquí fui llevada,
    y me maravilla así
    que cuándo vengo no sepáis 
    ni cuándo me voy de aquí.

    Miré por vos cuando partir
    debí de aquí pero allí no
    os vi ni vinisteis y yo
    muy quejosa de vos ando,
    de que no sepáis cuándo yo ir
    quiero o si vendré ni cuándo.

    Y por amigo no tengo
    a quien no sabe cuándo voy
    yo ni sabe cuándo vengo.


    VI

    Hija mía, por Dios, haréis muy bien
    en que os vea ese vestido llevar
    vuestro amigo, y habéis de lograr
    que vuestro talle os vea también,
    pues, si os viera, yo sé que morirá
    por vos, hija, pues muy bien os está.

    Si ese vestido os estuviera mal
    yo nunca os mandaría ir a vos
    ante sus ojos, pero haced, por Dios,
    que os vea, no haréis nada más cabal,
    pues, si os viera, yo sé que morirá
    por vos, hija, pues muy bien os está.

    Y aunque sucediera que él os sea
    huraño, si ese vestido os puede ver
    en admiraros tendrá gran placer,
    y haced vos por tanto que él os vea,
    pues, si os viera, yo sé que morirá
    por vos, hija, pues muy bien os está.


    VII

    Mi amigo no puede hoy bien de mí
    tener, amiga, ved por qué razón:
    él no me lo dice, y Dios dé perdón,
    ni yo se lo digo, y sucede así:
    él por temor no me lo osa mentar
    ni yo, amiga, se lo puedo rogar.

    Y, en verdad, mucho tiempo hace ya,
    que él mi bien pudiera recibir
    pero a mí nunca me lo osó decir
    y el caso os diré yo como está:
    él por temor no me lo osa mentar
    ni yo, amiga, se lo puedo rogar.

    Y hace ya mucho que yo me enteré,
    pues me lo dijeron, mas tuve temor
    que me pesara y, por Nuestro Señor,
    me gustaba, pero esto es lo que sé:
    él por temor no me lo osa mentar
    ni yo, amiga, se lo puedo rogar.

    Y el caso arreglado para llegar
    era, mas nadie lo quiere empezar.




    VIII

    Ay, mi amigo, vos morís
    porque no os dejan conmigo
    hablar y muero yo, amigo,
    por vos y, porque sufrís,
    algún remedio aquí hayamos
    antes de que así muramos.

    Cierto, morimos los dos
    porque nunca conseguimos
    hablar y, ya que morimos,
    amigo, si os valga Dios,
    algún remedio aquí hayamos
    antes de que así muramos.

    Mi madre me causa enojos
    pues nos está separando
    y morimos ya penando,
    y, amigo y luz de mis ojos,
    algún remedio aquí hayamos
    antes de que así muramos.

    ¿Y por qué no lo arreglamos,
    pues tanto lo deseamos?


    IX

    Entiendo yo, amiga mía, así pues
    esto es así, que vos queja tenéis,
    de vuestro amigo, que ahora aquí veis,
    y él de vos, y no sé por qué es,
    pero os quiero ya bien aconsejar:
    haced ambos lo que os he de mandar.

    Y, amiga, esto es bien cierto y real,
    este acuerdo se deberá hacer,
    pues os veo gran queja de él tener
    y él de vos, y pienso que está mal,
    pero os quiero ya bien aconsejar:
    haced ambos lo que os he de mandar.

    Disputa es de amigos, mas bien no está 
    y sé que haréis siempre lo mejor,
    pero os veo yo tener desamor
    de él, amiga, y no os conviene ya,
    pero ya os quiero bien aconsejar:
    haced ambos que os he de mandar.

    Y mal haya quien no quiera otorgar
    entre ambos lo que yo he de mandar.


    X

    Mi amigo, que conmigo se enojó
    y tampoco quiere conmigo hablar,
    si pensó que yo le iba a rogar,
    como yo supiera que así pensó,
    pronto haré que tal pena tenga
    que a rogar por mi amor junto a mí venga.

    Y, en cuanto mi amigo conociera
    que esto yo le haré, no aguardará
    a que le ruegue, sino que él vendrá
    a rogarme a mí y, si no lo hiciera,
    pronto haré que tal pena tenga
    que a rogar por mi amor junto a mí venga.

    Y no tendrá mi amigo poder
    alguno de enojarse contra mí
    más de cuanto yo lo quisiera así,
    pero, si otra cosa él quisiera hacer,
    pronto haré que tal pena tenga
    que a rogar por mi amor junto a mí venga.


    XI

    Vuestro amigo tiene de vos temor
    pues sabe ya que os han hecho pensar
    que fue, amiga, mal de vos a hablar,
    mas vuestro amigo dice aún mejor
    que lo que antes dijo y dice esta vez
    lo juzguéis vos tal como su señor,
    pues dice que no quiere aquí a otro juez.

    Os quejáis de él, mas, de Dios querer,
    muy pronto sabréis vos por él, de grado,
    que nunca sino bien de vos ha hablado,
    ni hablará, y dice, cuanto es menester,
    que lo que antes dijo y dice esta vez
    lo juzguéis vos bien a vuestro placer,
    pues dice que no quiere aquí a otro juez.

    Mucho que yo os jurara él me rogó
    que de vos nunca ha hablado sino bien,
    ni hablará, y de esto dice también,
    y no hay más que decir, pienso yo,
    que lo que antes dijo y dice esta vez
    lo juzguéis vos con lo vuestro, así habló,
    pues dice que no quiere aquí a otro juez.

    Aceptad su pleito, dice, esta vez,
    sobre vos, y así os aconsejo yo,
    y ya no pongáis aquí a otro juez.


    XII

    ─Mi amigo, yo os quiero preguntar.
    ─Preguntad, señora, pues me agrada.
    ─Nada en esto me deberéis negar.
    ─Nunca, señora, os negaré nada.
    ─Tantos cantares, ¿por qué los hacéis?
    ─Señora, así nunca me olvidaréis.

    ─He de preguntaros, por mi fe, pues.
    ─Os responderé con placer ahora.
    ─No me neguéis nada, sí así es.
    ─Nada os negaré a vos, mi señora.
    ─Tantos cantares, ¿por qué los hacéis?
    ─Señora, así nunca me olvidaréis.

    ─No os pese qué pregunta os hiciera.
    ─No señora, antes lo agradeceré.
    ─Ni me neguéis lo que yo os dijera.
    ─Nunca, señora, nada os negaré.
    ─Tantos cantares, ¿por qué los hacéis?
    ─Señora, así nunca me olvidaréis.

    ─Y todo este bien, ¿por mí lo hacéis?
    ─Por vos, mi señora, pues lo valéis.


    XIII

    Por Dios, amigo, no sé por qué es,
    mas mucho hace ya que os vi dejar
    de servirme y de por mí trovar,
    pero es una de estas cosas, pues:
    o es por mí, porque no os hago bien ya,
    o es señal de muerte que os llegará.

    Mucho tiempo hace, y creo que está mal,
    que ningún cantar os oí hacer
    ni alabar mi bello parecer,
    pero es una de estas, y no sé cuál:
    o es por mí, porque no os hago bien ya,
    o es señal de muerte que os llegará.

    Ya del tiempo yo acordarme no sé
    en el que os oí hacerme un cantar,
    como me solíais antes loar,
    pero es una de estas que yo os diré:
    o es por mí, porque no os hago bien ya,
    o es señal de muerte que os llegará.

    Si es por mí, porque no os hago bien ya,
    decídmelo, y mi bien os vendrá.


    XIV

    Por Dios, madre, tuvisteis gran placer
    cuando se fue mi amigo de aquí,
    y ahora viene, y me place mucho a mí,
    mas unas nuevas habéis de saber:
    si os pesa, ya sufriréis, bien lo sé,
    como hice yo cuando él de aquí se fue.

    Vos os alegrasteis de mi dolor
    cuando él se fue, y yo os querré ya
    mal por eso, mas dicen que vendrá
    muy pronto, y sabréis lo mejor:
    si os pesa, ya sufriréis, bien lo sé,
    como hice yo cuando él de aquí se fue.


    XV

    Qué alegre que a mi madre vi
    cuando se fue mi amigo de aquí,
    mas yo no estuve alegre ni dormí,
    amiga, desde que él debió marchar,
    y hoy me dicen que va a regresar
    y mal haya a mi madre su pesar.

    Alegre quedó cuando lo vio ir
    y yo muy triste, pues lo vi partir
    de mí, y nunca más pude dormir,
    amiga, desde que él debió marchar,
    y hoy me dicen que va a regresar
    y mal haya a mi madre su pesar.

    Cuando él de aquí junto al rey se fue,
    quedó mi madre alegre, ya lo sé,
    pero yo me quedé triste, y lloré,
    amiga, desde que él debió marchar,
    y hoy me dicen que va a regresar
    y mal haya a mi madre su pesar.


    XVI

    Se fue, amiga, mi amigo de aquí
    triste, y que nunca le hice bien decía,
    mas, si lo vierais ante vos un día,
    decidle que esto yo le digo así:
    que venga muy pronto y, si el viniera
    pronto, que será como Dios quisiera.

    En verdad, yo no le puedo servir
    con bien, y va triste en su corazón,
    mas, si lo vierais, Dios os dé perdón,
    decidle que le mando yo decir
    que venga muy pronto y, si el viniera
    pronto, que será como Dios quisiera.

    Se queja de que mío siempre fue,
    y con mucha justicia lo dirá,
    y que no le hice bien, y mal está,
    mas decidle vos que yo le diré 
    que venga muy pronto y, si el viniera
    pronto, que será como Dios quisiera.

    Y no se queje, pues menester no era,
    y tome el bien cuando Dios se lo diera.


    XVII

    Muy quejoso estáis, amigo, de amor
    y de mí, pues no os puedo bien hacer,
    y sin daño mío no he de poder,
    mas por eso arregle Nuestro Señor
    que bien os haga yo de forma tal
    que sea vuestro bien y no mi mal.

    De que sois mío os quejáis cada día
    y os dejo, amigo, por mí perecer,
    mas decidme el modo en que os socorrer
    pueda sin mi daño y yo arreglaría
    que bien os haga yo de forma tal
    que sea vuestro bien y no mi mal.

    Guardada estoy cual ninguna mujer
    lo fue, amigo, ni nunca lo ha de ser,
    y ni siquiera os oso hablar ni ver,
    y por eso arregle Dios, de Él querer,
    que bien os haga yo de forma tal
    que sea vuestro bien y no mi mal.


    XVIII

    A mi amigo recado le envié
    a Toledo, amiga, adonde ha partido,
    y, pues creo que ya lo ha recibido,
    preguntad, y os lo agradeceré,
    en cuántos días podría llegar
    de Toledo a aquí quien bien sepa andar.

    Pues del mensajero sé yo muy bien
    que, después de que el recado le diga,
    vendrá tan pronto como pueda, amiga,
    conoced por alguien, no importa quien,
    en cuántos días podría llegar
    de Toledo a aquí quien bien sepa andar.

    Y ya siempre miran estos mis dos
    ojos a donde creo que ha de venir
    el mensajero, y muero por oír
    nuevas de él, y preguntad, por Dios,
    en cuántos días podría llegar
    de Toledo a aquí quien bien sepa andar.


    XIX

    Queréis ir, mi amigo, lo sé de ley,
    a buscar otro consejo y no el mío;
    pese a saber que estar con vos ansío,
    queréis iros a morar junto al rey,
    e id ahora como quisierais ir
    que después a mí habréis de venir.

    Vos os vais mientras yo me quedo aquí
    y siempre, amigo, os he de desear,
    pero vos queréis con el rey morar
    porque creéis que valdréis más así,
    e id ahora como quisierais ir
    que después a mí habréis de venir.

    Por lo que decís, tenéis gran placer
    en servirme aunque, y Dios os dé perdón,
    no dejáis de ir al rey por tal razón;
    mas no podéis a mí y al rey tener,
    e id ahora como quisierais ir
    que después a mí habréis de venir.

    Y, amigo, ¿queréis aún más oír?
    No podéis a dos señores servir
    y vuestro deber con ambos cumplir.


    XX

    Siempre habla mi amigo tan bien de mí
    como puede, y de mi buen parecer,
    y los que saben que él dice así
    creen que algo yo le he de agradecer,
    mas cuanto él dice no agradezco nada
    pues ya bien sé que yo soy agraciada.

    Me llama él hermosa, y su señora,
    pero hermosa me llama quien me ve,
    y piensa que un favor me hace ahora
    y que yo mucho le agradeceré,
    mas cuanto él dice no agradezco nada
    pues ya bien sé que yo soy agraciada.

    Muy bien dice de mí en su trovar
    con toda justicia, y más os diría:
    creen quienes le oyen a mí alabar
    que a él yo mucho le agradecería,
    mas cuanto él dice no agradezco nada
    pues ya bien sé que yo soy agraciada.

    Pues si no fuera yo tan agraciada
    de cuanto él dice no diría nada.



    XXI

    ─Hija mía, saber quiero por qué
    hicisteis vos todo cuanto os mandó
    vuestro amigo, que ya más no os habló.
    ─Por Dios, madre, yo pronto os lo diré:
    pensaba algo más encontrar allí
    pero me parece que no es así.

    ─Por qué hicisteis, y Dios os dé bien,
    hija, todo lo que os vino a rogar,
    pues desde entonces no os quiso hablar?
    ─Os lo diré yo, y Dios me dé bien:
    pensaba algo más encontrar allí
    pero me parece que no es así.

    ─Por qué hicisteis, y Dios os dé perdón,
    hija, todo lo que os vino a pedir,
    pues desde entonces no quiso venir?
    ─Os lo diré yo, Dios me dé perdón:
    pensaba algo más encontrar allí
    pero me parece que no es así.

    ─En buen día nació, según yo oí,
    quien por otro escarmienta y no por sí.


    XXII

    Cuando aquel día fui con vos a hablar,
    amigo, con buen fin lo hice yo así,
    mas por ello os alabasteis mí,
    pero cuando yo os volviera a hablar,
    vos en seguida decid qué hicisteis
    conmigo cuanto hacer quisisteis.

    Pues, amigo, yo fui a hablar una vez
    con vos, para de la muerte salvaros,
    mas vos ya fuisteis de mí a alabaros,
    pero cuando yo os hablara otra vez,
    vos en seguida decid qué hicisteis
    conmigo cuanto hacer quisisteis.

    Porque yo sé muy bien que no hicisteis
    ni la mitad de lo que dijisteis.


    XXIII

    Amigo, aquel día aquí vinisteis
    a rogar algo y yo no os lo di
    pues que eso no estaba bien creí,
    mas, pues vos tanto insististeis,
    hacerlo quiero, y no haré cosa igual,
    pero guardadme a mí y a vos de mal.

    Que lo que sea mi mal no queréis
    vos me decís, aunque no quise hacer
    lo que rogabais, y bien puede ser,
    mas, pues en tal cosa gusto habéis,
    hacerlo quiero, y no haré cosa igual,
    pero guardadme a mí y a vos de mal.

    Muy bien sabéis lo que hablasteis conmigo
    y a mí me rogasteis lo que yo sé
    y no lo hice, mas con el temor que
    tengo de perderos a vos, amigo,
    hacerlo quiero, y no haré cosa igual,
    pero guardadme a mí y a vos de mal.

    Y si vos fuerais amigo leal
    guardaréis a vuestra dama de mal.


    XIV

    No sabéis, amigo mío, ocultar
    que os sepan, por vuestra audacia lo ven,
    como vos mucho me soléis amar
    ni la gran pena que tenéis también,
    y en esto yo os quiero desengañar:
    si supieran que vos me queréis bien,
    ya nunca más me podríais hablar.

    Por ningún motivo puedo dejar
    de hablar con vos y siempre temí
    que lo conozcan, pues me han de alejar
    de vos si tal cosa saben de mí,
    y en esto yo os quiero desengañar:
    si supieran que vos me queréis bien,
    ya nunca más me podríais hablar.

    De los que me guardan es el pensar
    que a otra dama, amigo, tenéis amor,
    pues, si la verdad pueden sospechar,
    no me veréis ya nunca, a lo peor,
    y en esto yo os quiero desengañar:
    si supieran que vos me queréis bien,
    ya nunca más me podríais hablar.

    Y si tenéis tan gran pena de amor,
    vos la tendréis por mí aún mayor
    pues de muy lejos me habréis de mirar.


    XXV

    Yo ya no puedo hacer que mi amigo
    deje, amigas, de llamarme su amada,
    y aunque me quejo no sirve de nada,
    y cuando mucho le ruego y le digo
    que por favor tanto ya no me quiera,
    me vale igual que si no lo dijera.

    Si me habla, pronto le digo yo luego
    que no me hable, porque caro me sale
    su hablar, pero de muy poco me vale,
    y cuando mucho le digo y le ruego
    que por favor tanto ya no me quiera,
    me vale igual que si no lo dijera.

    Y siempre me pesa su compañía
    pues tengo miedo a perder mi buen prez
    por él, como ya pasó otra vez,
    y, aunque le digo con mucha manía
    que por favor tanto ya no me quiera,
    me vale igual que si no lo dijera.


    XXVI

    Madre, pues pensáis, para mi desdén,
    que yo mal quiera a quien me quiere bien
    y mucho además me rogáis también,
    decidme, por Dios muy santo y leal,
    si mal quisiera a quien me quiere bien,
    ¿querré yo bien a quien me quiera mal?

    Vos me decís que si yo mal quisiera
    a mi amigo, aunque él tan bien me quiera,
    siempre haréis todo lo que yo dijera,
    pero vengo a qué me digáis cuál:
    si he de querer mal a quien bien me quiera
    ¿querré yo bien a quien me quiera mal?

    Me será muy difícil de entender
    que a quien bien me quiere he de mal querer,
    y esto, madre, me lo mandáis hacer,
    mas yo os hago una pregunta tal:
    si a quien bien me quiere he de mal querer,
    ¿querré yo bien a quien me quiera mal?

    Si así fuera, decir de mí han de poder
    que fui yo aquella que sembró la sal.


    XXVII

    Dice mi amigo, y no vi cosa igual,
    que muere, por no tener bien de mí,
    y mucho se queja diciendo así
    que yo lo mato y que hago muy mal;
    él dice que lo mato, mas ¿por qué
    muere porque lo mío no le dé?

    Mucho ha de morir, lo puede jurar,
    si muere cada vez que no le diera
    nada mío, sino cuando yo quiera,
    y dice que adrede lo he de matar,
    él dice que lo mato, mas ¿por qué
    muere porque lo mío no le dé?

    Dice que de amor tanto sufre ahora
    que de la muerte no se salvará
    porque mi bien no tiene ni tendrá,
    y me dice él: «Vos me matáis, señora»;
    él dice que lo mato, mas ¿por qué
    muere porque lo mío no le dé?

    Y se enojó conmigo, mas yo sé
    que su enojo por lo que es mío fue.



    XXVIII

    Vuestro amigo os quiere regalos dar,
    amiga, y yo os quiero decir más:
    creo que vos se los vais a aceptar,
    mas, decidme, y los Cielos gloria os den:
    si aceptarais sus regalos o más,
    ¿qué le diréis para no hacerle bien?

    Vos de seguro habréis de saber,
    si hoy aceptarais algo de él,
    que luego bien le tendréis que hacer,
    y vengo ahora a preguntaros también,
    si hoy aceptarais algo de él,
    ¿qué le diréis para no hacerle bien?

    Él insistirá mucho, lo sé yo,
    en que lo aceptéis, cuando él os lo dé,
    y se lo podréis aceptar o no,
    mas decidme ya, si con juicio os ven:
    si aceptarais todo lo que él os dé,
    ¿qué le diréis para no hacerle bien?

    O aceptáis todo lo que él os dé,
    y le hacéis el bien que él quiera, lo sé,
    o no le aceptéis, con juicio también,
    nada ni nunca le hagáis ningún bien.


    XXIX

    Mi amigo, forzado por amor, que
    a vivir conmigo quiere venir
    un tiempo, si lo puede conseguir,
    no duerma ya mientras conmigo esté,
    pues del tiempo que junto a mí viviera
    él tanto perderá cuanto durmiera.

    Y quien quiere bien su tiempo pasar
    con su dama, no duerme nada allí;
    y mi amigo, pues viene junto a mí,
    no duerma mientras conmigo ha de estar,
    pues del tiempo que junto a mí viviera
    él tanto perderá cuanto durmiera.

    Y, si le pluguiera dormir allá
    donde esté, en verdad no me da placer,
    porque dormir es el tiempo perder,
    mas por mi gusto aquí no dormirá,
    pues del tiempo que junto a mí viviera
    él tanto perderá cuanto durmiera.

    Y, después que él de mí se partiera,
    tanto duerma como dormir quisiera.


    XXX

    Quiere mi amigo de mí un hecho
    que él ya hace tiempo había deseado:
    que le haga bien; y la hora ha llegado,
    mas, como quier que es mi derecho,
    le haré yo bien, por santa María,
    mas no tan pronto como él querría.

    Y díganle que miedo no tenga,
    que yo a mal no lo voy demorando,
    pues él de mí se anda quejando,
    mas, como quier que después él venga,
    le haré yo bien, por santa María,
    mas no tan pronto como él querría.

    Está él por mí tan enamorado
    y mi amor lo trae así de loco
    que ya no puede aguardar ni un poco,
    mas, cuando yo lo haya arreglado,
    le haré yo bien, por santa María,
    mas no tan pronto como él querría.

    Y, como quier que fuere, él querría
    ya tener bien de mí cada día,
    mas yo sé de él que no miraría
    lo que de ello después me vendría.


    XXXI

    Dice, amiga, el que me quiere y espera
    que nada más nunca me pedirá
    si le escucho decir cuanto él quiera
    y que, mientras viva, me servirá,
    y veréis cómo es de conocedor:
    después que yo todo este bien le hiciera,
    luego él querrá que le haga algo mejor.

    Pienso que me cuente mentiras cien,
    pero jura que no me va a mentir,
    mas si habla conmigo dice también
    que mientras viva más no ha de pedir,
    y veréis cómo es de conocedor:
    después que le hiciera todo este bien,
    luego él querrá que le haga algo mejor.

    Tengo miedo a que me vaya a engañar,
    pero él dice que no quiere de mí 
    más que hablarme, y ya nada a demandar
    desde entonces ha de venir aquí,
    y veréis cómo es de conocedor:
    después que este bien le pueda arreglar,
    luego él querrá que le haga algo mejor.

    Y siempre así en el mundo habrá este error:
    cuanto el hombre más consiga alcanzar,
    tanto querrá tener algo mejor.

    Pero venid, amiga, por mi amor,
    conmigo allí donde él me quiere hablar,
    pues si voy sola, será ese mi error.


    XXXII

    Que con agrado yo haría
    gran placer a mi amigo,
    amiga, bien os lo digo,
    mas pronto, en el mismo día,
    no dejará él, amiga,
    nadie a quien no se lo diga.

    Se lo haría con agrado,
    porque sé que me desea,
    mas, si halla donde me vea
    y yo cumplo su mandado,
    no dejará él, amiga,
    nadie a quien no se lo diga.

    Apenado él por mí anda,
    sin sosiego ni cordura;
    pero si yo, por ventura,
    le hiciera cuanto él me manda,
    no dejará él, amiga,
    nadie a quien no se lo diga.

    Hablador es sin fatiga
    y lo dirá pronto, amiga.


    XXXIII

    Ved, amigo, en que tengo gran pesar:
    bien sé que hay damas que saben amar
    y a sus amigos les suelen hablar,
    y nadie sabe en qué ellos estén;
    mas si nosotros queremos probar,
    pronto es sabido y no sé yo por quién.

    Así una dama que, cuando va a ver
    a su amigo, al que bien sabe querer,
    no se lo pueden nunca conocer
    los que se creen guardarla muy bien;
    mas si nosotros lo vamos a hacer,
    pronto es sabido y no sé yo por quién.

    Lo que yo quiero, nunca sale así:
    con vos hablar, ya que morís por mí,
    igual que otras damas hablan, y allí
    nada les saben ni nunca las ven;
    mas si nosotros llegamos ahí,
    pronto es sabido y no sé yo por quién.

    Como nosotros sufrimos, que quien
    trae este mal, males sufra también.




    XXXIV

    Moriréis, si no os hiciera bien,
    por mí, amigo, y yo no sé qué ahí
    os haga, y a menudo pienso ahí
    que este caso lo veo así también:
    me es muy serio a vos yo bien hacer
    y es muy serio dejaros perecer.

    De la muerte nada os puede librar
    y yo bien sé que moriréis por mí
    si no lograrais algún bien de mí,
    y esto es todo cuanto yo sé pensar:
    me es muy serio a vos yo bien hacer
    y es muy serio dejaros perecer.

    Si no os hiciera bien, por mí el amor
    os matará, bien sé que será así,
    mas bien os juro y os digo yo así,
    y Dios me permita hacer lo mejor:
    me es muy serio a vos yo bien hacer
    y es muy serio dejaros perecer.

    Y ruego a Dios, que tiene aquí el poder,
    que Él me deje aquí lo mejor hacer.


    XXXV

    Alguien os dijo, amigo, y lo sé yo,
    por enemistarme con vos, que hablé
    con otro hombre, mas nunca eso pensé,
    y, mi amigo, así os diré yo:
    de mentiras no me puedo guardar,
    mas me guardaré de daros pesar.

    Alguien sabe que vos me queréis bien
    y le pesa, y nada puede hacer
    sino que quiere mentiras meter,
    y, mi amigo, vos mi luz y mi bien:
    de mentiras no me puedo guardar,
    mas me guardaré de daros pesar.

    Y bien sé de en quien tan gran placer hay
    de mentir, y no teme a Dios ni a más,
    que me acusa con mentiras sin más,
    y, mi amigo, ved que es lo que hay:
    de mentiras no me puedo guardar,
    mas me guardaré de daros pesar.

    De las mentiras yo me sé guardar,
    mas no de quien mal me quiere acusar.


    XXXVI

    Amiga, el que me quiere bien
    dicen que venir ya lo ven,
    mas yo no lo puedo creer,
    pues tanto lo quiero ver
    que no lo puedo creer.

    El que yo amo más que a mí
    dicen que pronto estará aquí,
    mas yo no lo puedo creer,
    pues tanto lo quiero ver
    que no lo puedo creer.

    El que de aquí se fue tiempo ha
    dicen que muy pronto vendrá,
    mas yo no lo puedo creer,
    pues tanto lo quiero ver
    que no lo puedo creer.

    Y no me lo harán creer
    si no me lo hicieran ver.


    XXXVII

    ─Vuestro amigo, que junto al rey se fue,
    amiga, ya muy pronto llegará:
    repartid los regalos que os dará.
    ─Amiga, la verdad yo os diré:
    me haría Dios bien si me lo trajera
    y que él dé los regalos a quien quiera.

    ─Me han dicho ahora, y Dios me dé perdón,
    que os trae regalos de Portugal,
    y, amiga, no los repartáis mal.
    ─Yo os diré, amiga, de corazón:
    me haría Dios bien si me lo trajera
    y que él dé los regalos a quien quiera.

    ─Dicen, amiga, que no viene mi
    amigo, mas el vuestro, en un amén,
    y sus regalos repartidlos bien.
    ─Yo os diré, amiga, lo que pienso aquí:
    me haría Dios bien si me lo trajera
    y que él dé los regalos a quien quiera.

    Y sé muy bien que desde que él viniera
    tendré regalos y cuanto yo quiera.


    XXXVIII

    Se va mi amigo a con el rey morar
    y no me lo dijo ni le dejé,
    y hace mal causándome este pesar;
    mas que pierda mi hermosura y mi fe
    si nunca el rey tanto bien le hiciera
    como yo le haré cuando él me quiera.

    Y él mucho ansía con el rey volver
    y mi enojo lo toma con desdén;
    y el rey puede cuanto él quiere poder,
    mas mal me venga donde tuve bien
    si nunca el rey tanto bien le hiciera
    como yo le haré cuando él me quiera.

    Y a mí mucho me procuró servir 
    pero al rey nunca servicio prestó,
    y así el rey no le tiene que cumplir;
    mas hermosura y buen prez pierda yo
    si nunca el rey tanto bien le hiciera
    como yo le haré cuando él me quiera.

    Pues más le valdrá, si yo lo quisiera,
    que todo el bien que el rey darle pudiera.


    XXXIX

    Amigo, vos os queréis ir,
    y yo sé que me pasará:
    mientras que morarais allá,
    a quien de allí vea venir,
    a todos les preguntaré
    junto al rey cómo os va y os fue.

    Yo no os podría decir
    por vuestra marcha mi pesar,
    pero a cuantos vea llegar
    de a donde habéis ido a vivir,
    a todos les preguntaré
    junto al rey cómo os va y os fue.

    Seré infeliz de amor, ¡mal haya!,
    hasta que Dios os traiga a mí,
    pero de cuantos sepa aquí
    que vengan de a donde el rey vaya,
    a todos les preguntaré
    junto al rey cómo os va y os fue.

    Y si dijeran «Bien», loaré
    a Dios, y al rey lo agradeceré.


    XL

    Mi amigo a la casa del rey se fue
    y, amigas, por lo mucho que le amé,
    cuando él venga yo muerta ya estaré,
    mas no le digáis que yo he muerto así,
    pues, si supiera que por él morí,
    será muy breve su vida sin mí.

    De la muerte no me puedo librar
    y moriré pronto y con gran pesar,
    y amigas, cuando él venga, que al llegar
    no sepa por vos qué muerte sufrí,
    pues, si supiera que por él morí,
    será muy breve su vida sin mí.

    Moriré pronto, si así Dios quisiera,
    y, amigas, cuando él viniera,
    muy desleal será quien le dijera
    qué muerte tuve porque no lo vi,
    pues, si supiera que por él morí,
    será muy breve su vida sin mí.

    De la muerte no me puedo esconder,
    por eso, cuando él me viniera a ver,
    no le digáis que me hizo perecer
    antes de tiempo por irse de aquí,
    pues, si supiera que por él morí,
    será muy breve su vida sin mí.



    XLI

    Yo os amé siempre, amigo, y os tuve lealtad:
    si preguntar quisierais en vuestra puridad
    conoceréis, amigo, que os digo la verdad;
    mas si hablarais acaso con algún maldiciente
    que os dijera, amigo, algo a vos diferente,
    contestadle que miente, y contestadle que miente.


    XLII

    Mi amigo, a vos, mi bien y mi amor,
    os han dicho que me vieron hablar
    con otro hombre por causaros pesar,
    y por eso ruego a Nuestro Señor
    que confunda a quien os lo hizo entender
    y a vos si así lo pudisteis creer,
    y a mí si yo merecí ese rumor.

    Ahora os han dicho de mí que yo hablé
    con otro hombre y os traté con desdén,
    mas, si lo hice, nunca tenga yo bien,
    y ruego a Dios, y siempre rogaré,
    que confunda a quien os lo dijo así,
    y a vos si tan gran mentira de mí
    creísteis, y a mí si yo eso pensé.

    Sé que os han dicho, quien no fue cortés,
    que hablé con otro hombre, y no fue tal
    la razón sino por causarme mal,
    mas ruego a Dios del cielo que después 
    confunda al que hizo tal difamación
    y a vos si creísteis e ese felón,
    y me confunda a mí si verdad es.

    Y confunda a quien tiene el gran valor
    de entre mí y vos poner desamor,
    pues el más grande amor del mundo es.


    XLIII

    A la que mi amigo a mí me quitó,
    el que me servía y quería bien,
    sin mi agrado y me trató con desdén,
    y no me lo dijo ni preguntó,
    mal le vendrá, pues se lo he de quitar
    sin su agrado, y sin preguntar.

    Y si un gran ultraje me hizo allí,
    me dé Dios venganza de ella obtener,
    pues me lo quitó sin mi parecer;
    mas, si cree que se lo llevará así,
    mal le vendrá, pues se lo he de quitar
    sin su agrado, y sin preguntar.

    Y bien adivino yo que os dirá
    que hizo ella por él mucho más,
    pero se lo hice yo antes quizás,
    y, aunque ella cree que así lo tendrá,
    mal le vendrá, pues se lo he de quitar
    sin su agrado, y sin preguntar.

    Y veréis mujer tras de mí andar
    llorando, y yo no se lo querré dar.


    XLIV

    Iros queréis, y no tengo el poder,
    por Dios, amigo, de aquí os detener,
    mas, si os quedarais, habéis de saber,
    amigo, lo que por ello os haré:
    los días que vos a vuestro placer
    no pasarais, yo os los compensaré.

    Si os fuerais, sufriré la mayor
    pena que sufrió mujer por señor,
    mas, si os quedarais aquí por mi amor,
    os diré lo que por ello os haré:
    los días que vos a vuestro sabor
    no pasarais, yo os los compensaré.

    Vos os vais y me hacéis muy gran desdén
    y me quedo muy infeliz también,
    mas quedaos por mí, aunque gloria os den,
    y os diré lo que por ello os haré:
    los días que vos no pasarais bien,
    ay amigo, yo os los compensaré.


    XLV

    Vos iros queréis, amigo,
    de aquí, por causarme pesar,
    y, ya que os vais a alejar
    de aquí, ved lo que yo os digo:
    alejad el corazón, si así es,
    de mí, y marchaos después.

    Y sabed, puesto que os vais,
    que mayor pesar nunca vi,
    y, ya que os queréis de aquí
    apartar, esto así hagáis:
    apartad el corazón, si así es,
    de mí, y marchaos después.


    XLVI

    Todas las cosas del mundo alejar
    yo veo de como solían ser,
    y veo a la gente alejarse de hacer
    bien como hacían, estos tiempos lo ven,
    mas no puede el corazón alejar
    de mi amigo de quererme bien.

    Pese a que el hombre aleje el corazón
    de las cosas que él más ama, a fe,
    y se aleja el hombre del lugar donde esté
    y se aleja aunque buen pago le den,
    no se puede alejar el corazón
    de mi amigo de quererme bien.

    Todas las cosas yo veo cambiar:
    mudan los tiempos y así la moral,
    mudan las gentes en ir bien o mal,
    mudan los vientos y el mundo también,
    mas no puede mudar el corazón
    de mi amigo de quererme bien.


    XLVII

    Por el soto de Crexente,
    una moza vi andar
    alejada de la gente,
    y en alta voz cantar,
    tapándose con la saya
    cuando salía una raya
    de sol a orillas del Sar.

    Y las aves que volaban
    cuando salía el albor
    todas de amores cantaban
    por el aire alrededor;
    mas nadie sé que estuviera
    allí que pensar pudiera
    sino tan solo en amor.

    Allí estuve yo muy quedo,
    quise hablarle mas no osé,
    pero dije con gran miedo:
    «Señora, yo os hablaré 
    un poco, si me escucharais,
    y me iré cuando mandarais;
    aquí más ya no estaré».

    «Señor, por santa María,
    ya no estéis más ahí,
    y marchad a vuestra vía;
    seréis muy prudente así,
    pues los que aquí llegaran,
    cuando a mí con vos me hallaran,
    bien dirán que hubo algo aquí».



    ***






    I

    Dizen, amigo, que outra senhor
    queredes vós sen meu grado filhar
    por mi fazerdes con ela pesar,
    mais, a la fe, non ei end’ eu pavor,
    ca ja todas saben que sodes meu
    e nenunha non vos querrá por seu.

    Faríademi vós de coraçón
    este pesar, mais non sei oj’ eu quen
    me vos filhass’, e ja vos non val ren,
    ai, meu amigo, vedes por que non:
    ca ja todas saben que sodes meu
    e nenunha non vos querrá por seu.

    E quen vos a vós esto conselhou
    mui ben sei eu ca vos conselhou mal
    e con tod’ esso ja vos ren non val,
    ai, meu amigo, tardi vos nembrou
    ca ja todas saben que sodes meu
    e nenunha non vos querrá por seu.

    Cofonda Deus a que filhar o meu
    amig’, e min, se eu filhar o seu.


    II

    O que soía, mía filha, morrer
    por vós, dizen que ja non morr’ assí,
    e moir’ eu, filha, por que o oí,
    mais, se o queredes veer morrer,
    dizede que morre por vós alguén
    e veredes ome morrer por én.

    O que morría, mía filha, por vós
    como nunca vi morrer por molher
    ome no mundo, ja morrer non quer,
    mais, se queredes que moira por vós,
    dizede que morre por vós alguén
    e veredes ome morrer por én.

    O que morría, mía filha, d’ amor
    por vós non morre nen quer i cuidar,
    e moir’ end’ eu, mía filha, con pesar,
    mais, se queredes que moira d’ amor,
    dizede que morre por vós alguén
    e veredes ome morrer por én.

    Ca se souber que por vós morr’ alguén,
    morrerá, filha, queréndovos ben.


    III

    Par Deus, mía madr’, o que mi gran ben quer
    diz que deseja comig’ a falar,
    mais doutra ren que omen pod’ osmar,
    e unha vez, se a vós aprouguer,
    fale migo, pois end’ á tal prazer,
    e saberémo-lo que quer dizer.

    De falar migo non perç’ eu bon prez,
    ca de sa prol i ren non falarei,
    e el dirá e eu ascuitarei,
    e ante que moira, ja unha vez
    fale migo, pois end’ á tal prazer,
    e saberémo-lo que quer dizer.

    Se vos prouguer, venha falar aquí
    con mig’, ai madre, pois én sabor á,
    e direivos pois quanto m’ el dirá,
    e unha vez, ante que moira ’ssí,
    fale migo, pois end’ á tal prazer,
    e saberémo-lo que quer dizer.

    Quiçá quermi ora tal cousa dizer
    que lha poss’ eu sen meu dano fazer.


    IV

    O meu amigo novas sabe ja
    daquestas cortes que s’ ora farán,
    ricas e nobres dizen que serán,
    e meu amigo ben sei que fará
    un cantar en que dirá de min ben;
    ou o fará ou ja o feito ten.

    Loarmi á muito e chamarmi á senhor,
    ca muit’ á gran sabor de me loar;
    a muitas donas fará gran pesar,
    mais el fará, com’ é mui trobador,
    un cantar en que dirá de min ben;
    ou o fará ou ja o feito ten.

    En aquestas cortes que faz el Rei
    loará min e meu bon parecer
    e dirá quanto ben poder dizer
    de min, amigas, e fará, ben sei,
    un cantar en que dirá de min ben;
    ou o fará ou ja o feito ten.

    Ca o viron cuidar, e sei eu ben
    que non cuidava ja en outra ren.


    V

    Amigo, quando me levou
    mía madr’ a meu pesar d’ aquí
    non soubestes novas de mí,
    e por maravilha tenho
    por non saberdes quando vou
    nen saberdes quando venho.

    Pero que vos chamades meu
    amigo, non soubestes ren
    quando me levaron d’ aquén,
    e maravílhome ende
    por non saberdes quando m’ eu
    venh’ ou quando vou daquende.

    Catei por vós quand’ a partir
    m’ ouve d’ aquí e pero non
    vos vi nen venhestes entón,
    e mui queixosa vos ando
    por non saberdes quando m’ ir
    quer’ ou se verrei ja quando.

    E por amigo non tenho
    o que non sabe quando vou
    nen sabe quando me venho.


    VI

    Ai mía filha, por Deus, guisade vós
    que vos veja esse fustán trager
    voss’ amig’ e tod’ a vosso poder
    véjavos ben con el estar en cós,
    ca, se vos vir, sei eu ca morrerá
    por vós, filha, ca mui ben vos está.

    Se volo fustán estevesse mal
    non vos mandaría ir ant’ os seus
    olhos, mais guisade cedo, por Deus,
    que vos veja, non façades end’ al,
    ca, se vos vir, sei eu ca morrerá
    por vós, filha, ca mui ben vos está.

    E como quer que vos ele seja
    sanhudo, pois que volo fustán vir
    averá gran sabor de vos cousir,
    e guisade vós como vos veja,
    ca, se vos vir, sei eu ca morrerá
    por vós, filha, ca mui ben vos está.


    VII

    O meu amigo non pod’ aver ben
    de mí, amiga, vedes por que non:
    el non mho diz, assí Deus mi perdón,
    nen lho dig’ eu, e assí nos avén:
    el con pavor non mho ousa ’mentar
    e eu, amiga, non o posso rogar.

    E gran sazón á ja, per boa fe,
    que ele meu ben podera aver
    e ja máis nunca mho ousou dizer
    e o preito direivos eu com’ é:
    el con pavor non mho ousa ’mentar
    e eu, amiga, non o posso rogar.

    E gran temp’ á que lho eu entendí,
    ca mho disseron, mais ouv’ i pavor
    de mi pesar e, par Nostro Senhor,
    prouguéram’ end’ e estamos assí:
    el con pavor non mho ousa ’mentar
    e eu, amiga, non o posso rogar.

    E o preito guisad’ en se chegar
    era, mais non á quen o começar.


    VIII

    Meu amigo, vós morredes
    porque vos non leixan migo
    falar e moir’ eu, amigo,
    por vós e, fe que devedes,
    algun conselh’ i ajamos
    ante que assí moiramos.

    Ambos morremos, sen falha,
    por quanto nós non podemos
    falar e, pois que morremos,
    amigo, se Deus vos valha,
    algun conselh’ i ajamos
    ante que assí moiramos.

    De mía madr’ ei gran queixume
    porque nos anda guardando
    e morremos i cuidando,
    ai, meu amig’ e meu lume,
    algun conselho i ajamos
    ante que assí moiramos.

    E por que o non guisamos,
    pois nós tant’ o desejamos?


    IX

    Entend’ eu, amiga, per boa fe,
    que avedes queixum’, u al non á,
    de voss’ amigo, que aquí está,
    e el de vós, e non sei por que é,
    mais quero vos ora ben conselhar:
    fazed’ i ambos o que eu mandar.

    E, amiga, de pran, u non jaz al,
    este preito dévese de fazer,
    ca vos vejo del gran queixum’ aver
    e el de vós, e tenho que é mal,
    mais quero vos ora ben conselhar:
    fazed’ i ambos o que eu mandar.

    Sanha d’ amigos é, non será ben,
    e sei que faredes end’ o melhor,
    pero véjovos aver desamor
    del, amiga, e esto non convén,
    mais quero vos ora ben conselhar:
    fazed’ i ambos o que eu mandar.

    E mal lh’ én venh’ a quen non outorgar
    antre vós ambos o que eu mandar.


    X

    O meu amigo, que xi m’ assanhou
    e que non quer ja comigo falar,
    se cuidou el que o foss’ eu rogar,
    se lh’ eu souber que o assí cuidou,
    farei que en tal coita o tenha
    por mi amor que rogar me venha.

    E, pois que o meu amigo souber
    que lh’ esto farei, non atenderá
    que o eu rogue, mais logo verrá
    el rogar a mí e, se end’ al fezer,
    farei que en tal coita o tenha
    por mi amor que rogar me venha.

    Nen averá meu amigo poder
    de nulha sanha filhar contra mí
    máis que eu non quiser que seja assí,
    ca, se doutra guisa quiser fazer,
    farei que en tal coita o tenha
    por mi amor que rogar me venha.


    XI

    O voss’ amig’ á de vós gran pavor
    ca sab’ el que vos fazen entender
    que foi, amiga, de vós mal dizer,
    mais voss’ amigo diz end’ o melhor:
    que, de quanto disse de vós e diz,
    vó’ lo julgad’ assí come senhor,
    ca diz que non quer i outro juiz.

    Queixádesvos del, mais, se Deus quiser,
    saberedes a pouca de sazón
    que nunca disse de vós se ben non
    nen dirá, mais diz, quant’ i á mester,
    que, de quanto disse de vós e diz,
    vó’ lo julgade como vos prouguer;
    ca diz que non quer i outro juiz.

    Rogoum’ el muito que vos jurass’ eu
    que nunca disse de vós senón ben
    nen o dirá, e ar diz outra ren,
    e non á máis que dig’, a cuido meu,
    que, de quanto disse de vós e diz,
    vós julgad’ i o vosso e o seu;
    ca diz que non quer i outro juiz.

    Filhade o seu preito, como diz,
    sobre vós, e consélhovolo eu,
    e non ponhades i outro juiz.


    XII

    ─Meu amigo, quero vos preguntar.
    ─Preguntade, senhor, ca m’ é én ben.
    ─Non vos á mester de mi ren negar.
    ─Nunca vos eu, senhor, negarei ren.
    ─Tantos cantares, por que fazedes?
    ─Senhor, ca nunca mi escaecedes.

    ─Preguntarvos quero, per boa fe.
    ─Preguntade, ca ei én gran sabor.
    ─Non mi neguedes ren, pois assí é.
    ─Nunca vos ren negarei, mía senhor.
    ─Tantos cantares, por que fazedes?
    ─Senhor, ca nunca mi escaecedes.

    ─Non vos pes de qual pregunta fezer.
    ─Non, senhor, ante volo gracirei.
    ─Nen m’ ar neguedes o que vos disser.
    ─Nunca vos én, senhor, ren negarei.
    ─Tantos cantares, por que fazedes?
    ─Senhor, ca nunca mi escaecedes.

    ─E este ben, por mí o fazedes?
    ─Por vós, mía senhor, que o valedes.


    XIII

    Par Deus, amigo, non sei eu que é,
    mais muit’ á ja que vos vejo partir
    de trobar por mí e de me servir,
    mais unha destas é, per boa fe:
    ou é per mí, que vos non faço ben,
    ou é sinal de morte que vos vén.

    Mui gran temp’ á, e tenho que é mal,
    que vos non oí ja cantar fazer
    nen loarmi nen meu bon parecer,
    mais unha destas é, u non jaz al:
    ou é per mí, que vos non faço ben,
    ou é sinal de morte que vos vén.

    Ja m’ eu do tempo acordar non sei
    que vos oísse fazer un cantar,
    como soiades, por me loar,
    mais unha destas é que vos direi:
    ou é per mí, que vos non faço ben,
    ou é sinal de morte que vos vén.

    Se é per mí, que vos non faço ben,
    dizédemho, e ja que farei én.


    XIV

    Par Deus, mía madr’, ouvestes gran prazer
    quando se foi meu amigo d’ aquí,
    e ora vén, e praz én muit’ a mí,
    mais unhas novas vos quero dizer:
    se vos pesar, sofrédeo mui ben,
    ca ’ssi fij’ eu quando s’ el foi d’ aquén.

    Ca fostes vós mui leda do meu mal
    quando s’ el foi, e querreivos eu ja
    mal por end’, e dízenmi que verrá
    mui ced’, e quérovos eu dizer al:
    se vos pesar, sofrédeo mui ben,
    ca ’ssi fij’ eu quando s’ el foi d’ aquén.



    XV

    Que mui leda que eu mía madre vi
    quando se foi meu amigo d’ aquí
    e eu nunca fui leda nen dormí,
    amiga, depois que s’ el foi d’ aquén,
    e ora ja dízenmi del que vén
    e mal grad’ aja mía madre por én.

    Ela foi mui leda poilo viu ir
    e eu mui triste, poilo vi partir
    de mí, ca nunca máis pudi dormir,
    amiga, depois que s’ el foi d’ aquén,
    e ora ja dízenmi del que vén
    e mal grad’ aja mía madre por én.

    Des quando s’ ele foi d’ aquí al Rei,
    foi mía madre mui leda, e o sei,
    e eu fui triste sempre, e chorei,
    amiga, depois que s’ el foi d’ aquén,
    e ora ja dízenmi del que vén
    e mal grad’ aja mía madre por én.


    XVI

    Vais’, amiga, meu amigo d’ aquí
    triste, ca diz que nunca lhi fiz ben,
    mais, se o virdes ou ante vós vén,
    dizédelhi ca lhi dig’ eu assí:
    que se venha mui ced’ e, se venher
    cedo, que será como Deus quiser.

    Per boa fe, non lhi poss’ eu fazer
    ben, e vai triste no seu coraçón,
    mais, se o virdes, se Deus vos perdón,
    dizédelhi que lhi mand’ eu dizer
    que se venha mui ced’ e, se venher
    cedo, que será como Deus quiser.

    Quéixas’ el e diz que sempre foi meu,
    e diz gran dereito, per boa fe,
    e non lhi fiz ben, e ten que mal é,
    mais dizédelhi vós que lhi dig’ eu
    que se venha mui ced’ e, se venher
    cedo, que será como Deus quiser.

    E non se queixe, ca non lh’ á mester,
    e fílheo ben quando lho Deus der.


    XVII

    Queixos’ andades, amigo, d’ amor
    e de mí, que vos non posso fazer
    ben, ca non ei sen meu dan’ én poder,
    e por én guísemho Nostro Senhor
    que vos faça eu ben en guisa tal
    que seja vosso ben e non meu mal.

    Queixádesvos que sempre fostes meu,
    amig’, e vos leixo por mí morrer,
    mais dizédemi como vos valer
    possa sen meu dan’ e guisa-lo eu
    que vos faça eu ben en guisa tal
    que seja vosso ben e non meu mal.

    Soo guardada como outra molher
    non foi, amigo, nen á de seer,
    ca vos non ous’ a falar nen veer,
    e por én guísemho Deus, se quiser,
    que vos faça eu ben en guisa tal
    que seja vosso ben e non meu mal.


    XVIII

    A meu amigo mandad’ enviei
    a Toled’, amiga, per boa fe,
    e mui ben creo que ja co el é:
    preguntad’, e gradecer volo ei,
    en quantos días poderá chegar
    aquí de Toledo quen ben andar.

    Ca do mandadeiro sei eu mui ben
    que, depois que lh’ o mandado disser,
    que se verrá máis cedo que poder;
    e, amiga, sabede vós d’ alguén
    en quantos días poderá chegar
    aquí de Toledo quen ben andar.

    E sempre catan estes olhos meus
    per u eu cuido que á de viir
    o mandadeir’, e moiro por oír
    novas del, e preguntade, por Deus,
    en quantos días poderá chegar
    aquí de Toledo quen ben andar.


    XIX

    Queredes ir, meu amigo, eu o sei,
    buscar outro conselh’ e non o meu;
    porque sabedes que vos desej’ eu,
    queredes vos ir morar con el Rei,
    mais id’ ora quanto quiserdes ir
    ca pois a mí avedes a viir.

    Ídesvos vós e fico eu aquí,
    que vos ei sempre muit’ a desejar,
    e vós queredes con el Rei morar
    porque cuidades máis valer per i,
    mais id’ ora quanto quiserdes ir
    ca pois a mí avedes a viir.

    Sabor avedes, a vosso dizer,
    de me servir, amig’, e pero non
    leixades d’ ir al Rei por tal razón;
    non podedes vós min e el Rei aver,
    mais id’ ora quanto quiserdes ir
    ca pois a mí avedes a viir.

    E, amigo, querede-lo oír?
    Non podedes dous senhores servir
    que ambos ajan ren que vos gracir.


    XX

    Diz meu amigo tanto ben de mí
    quant’ el máis pod’, e de meu parecer,
    e os que saben que o diz assí
    teen que ei eu que lhi gradecer;
    en quant’ el diz non lhi gradesc’ eu ren
    ca mi sei eu que mi paresco ben.

    Dizmi fremosa e dizmi senhor,
    e fremosa mi dirá quen me vir,
    e teen que mi faz mui grand’ amor
    e que eu ei muito que lhi gracir;
    en quant’ el diz non lhi gradesc’ eu ren
    ca mi sei eu que mi paresco ben.

    Diz muito ben de min en seu trobar
    con gran dereit’, e al vos én direi:
    teen ben quantos me lh’ oen loar
    que eu muito que lhi gradecer ei;
    en quant’ el diz non lhi gradesc’ eu ren
    ca mi sei eu que mi paresco ben.

    Ca se eu non parecesse mui ben
    de quant’ el diz non ar diría ren.


    XXI

    ─Ai mía filha, de vós saber quer’ eu
    por que fezestes quanto vos mandou
    voss’ amigo, que vos non ar falou.
    ─Par Deus, mía madre, diréivolo eu:
    cuidávam‘ eu melhor aver per i
    e semélhami que non ést’ assí.

    ─Por que fezestes, se Deus vos dé ben,
    filha, quanto vos el veno rogar,
    ca des entón non vos ar quis falar?
    ─Direi volo eu, se Deus mi dé ben:
    cuidávam‘ eu melhor aver per i
    e semélhami que non ést’ assí.

    ─Por que fezestes, se Deus vos perdón,
    filha, quanto vos el veno dizer,
    ca des entón non vos ar quis veer?
    ─Direi volo eu, se Deus mi perdón:
    cuidávam‘ eu melhor aver per i
    e semélhami que non ést’ assí.

    ─En bon día naceu, com’ eu oí,
    quen se doutro castiga e non de si.


    XXII

    Quand’ eu fui un día vosco falar,
    meu amigo, fíjio eu por ben
    e enfengéstesvos de min por én,
    mais, se vos eu outra vez ar falar,
    logo vós dizede ca fezestes
    comigo quanto fazer quisestes.

    Ca, meu amigo, eu falei unha vez
    convosco, por vos de morte guarir,
    e fóstesvos vós de min enfingir,
    mais, se vos eu ar falar outra vez,
    logo vós dizede ca fezestes
    comigo quanto fazer quisestes.

    Ca mui ben sei eu que non fezestes
    o meio de quanto vós dissestes.


    XXIII

    Amigo, venhéstesm’ un día ’quí
    rogar dun preit’ e non vos fij’ én ren
    porque cuidava que non era ben,
    mais, pois vos ja tant’ aficades i,
    fazelo quer’ e non farei end’ al,
    mais vós guardade mí e vós de mal.

    Vós dizedes que o que meu mal for
    non queredes, e ben pode seer,
    pero non quix vosso rogo fazer,
    mais, pois end’ avedes tan gran sabor,
    fazelo quer’ e non farei end’ al,
    mais vós guardade mí e vós de mal.

    Ben sabedes como falamos nós
    e me vós rogastes o que m’ eu sei
    e non o fix, mais con pavor que ei
    de perder eu, amigo, contra vós,
    fazelo quer’ e non farei end’ al,
    mais vós guardade mí e vós de mal.

    E se vós fordes amigo leal
    guardaredes vossa senhor de mal.


    XIV

    Non vos sabedes, amigo, guardar
    de vos saberen, por vosso mal sen,
    como me vós sabedes muit’ amar
    nen a gran coita que vos por mí vén,
    e quero vos end’ eu desenganar:
    se souberen que mi queredes ben,
    quite sodes de nunca mi falar.

    Per nulha ren non me posso quitar
    de falar vosc’ e sempre me temí
    de mho saberen, ca m’ an d’ alongar
    de vós, se o souberen, des alí,
    e quero vos end’ eu desenganar:
    se souberen que mi queredes ben,
    quite sodes de nunca mi falar.

    Dos que me guardan tal é seu cuidar
    que amades, amig’, outra senhor,
    ca, se verdade poderen osmar,
    nunca verredes ja máis u eu for,
    e quero vos end’ eu desenganar:
    se souberen que mi queredes ben,
    quite sodes de nunca mi falar.

    E se avedes gran coita d’ amor,
    ave-la edes per mi mui maior
    ca de longi mi vos farán catar.


    XXV

    Non ei eu poder d’ o meu amigo
    partir, amigas, de mi querer ben,
    e pero m’ eu queixo prol non mi ten,
    e quando lh’ eu rogo muit’ e digo
    que se parta de mi tal ben querer,
    tanto mi val come non lho dizer.

    Se mi quer falar, dígolh’ eu logo
    que mi non fale, ca mi vén gran mal
    de sa fala, mais mui pouco mi val,
    e quando lh’ eu digo muit’ e rogo
    que se parta de mi tal ben querer,
    tanto mi val come non lho dizer.

    Sempre mi pesa con sa companha
    porque ei medo de mi crecer prez
    con el, com’ outra vegada ja fez,
    e, pero lhi dig’ en mui gran sanha
    que se parta de mi tal ben querer,
    tanto mi val come non lho dizer


    XXVI

    Mha madre, pois atal é vosso sen
    que eu quera mal a quen mi quer ben
    e me vós roguedes muito por en,
    dized’ ora, por Deus que pod’ e val,
    pois eu mal quiser a quen mi quer ben,
    se querrei ben a quen mi quiser mal.

    Dizédesmi que se eu mal quiser
    a meu amigo, que mi gran ben quer,
    que faredes sempre quant’ eu disser,
    mais venh’ ora que mi digades al:
    pois ei de querer mal quen mi ben quer
    se querrei ben a quen mi quiser mal.

    Muito mi será grave de sofrer
    d’ aver quen mi quer ben mal a querer,
    e vós, madre, mandádesmho fazer,
    mais fáçovos unha pregunt’ atal:
    pois quen mi quer ben ei mal a querer,
    se querrei ben a quen mi quiser mal.

    Se assí for, por mí poden dizer
    que eu fui a que semeou o sal.


    XXVII

    Diz meu amigo que, u non jaz al,
    morre, ca non pod’ aver ben de mí,
    e quéixaseme muito e diz assí
    que o mat’ eu e que faço mui mal;
    mais, onde ten el que o mato eu
    se el morre por lh’ eu non dar o meu?

    Ten guisad’ en muitas vezes morrer,
    se el morrer cada que lh’ eu non der
    do meu ren, senón quando m’ eu quiser,
    e diz que o mato a mal fazer,
    mais, onde ten el que o mato eu
    se el morre por lh’ eu non dar o meu?

    Diz que tan muito é coitado d’ amor
    que ren de morte non o tornará
    porque non ouve ben de min nen á,
    e dizm’ el: «E matádesme, senhor»;
    mais, onde ten el que o mato eu
    se el morre por lh’ eu non dar o meu?

    E assánhaxim’ el, mais ben sei eu
    que a sanha toda é sobre lo meu.




    XXVIII

    Voss’ amigo quer vos sas doas dar,
    amiga, e quero vos dizer al:
    dízenmi que lhas queredes filhar,
    e dized’ ora, por Deus, unha ren:
    se lhi filhardes sas doas ou al,
    que diredes por lhi non fazer ben?

    Vós non seredes tan sen conhocer,
    se lhi filhardes nulha ren do seu,
    que lhi non ajades ben a fazer,
    e venh’ ora preguntarvos por én,
    se lhi filhardes nulha ren do seu,
    que diredes por lhi non fazer ben?

    El punhará muit’ e fará razón
    de lhas filhardes, quando volas der,
    e vós ou lhas filharedes ou non,
    e dized’ ora qual é vosso sen:
    se lhi filhardes quanto vos el der,
    que diredes por lhi non fazer ben?

    Ou ben filhade quanto vos el der,
    e fazede ben quanto x’ el quiser,
    ou non filhedes, con sen, nulha ren
    nen lhi façades nunca nen un ben.


    XXIX

    O meu amigo, forçado d’ amor,
    pois agora comigo quer viver
    unha sazón, se o poder fazer,
    non dormha ja mentre comigo for,
    ca daquel tempo que migo guarir
    atanto perderá quanto dormir.

    E quen ben quiser seu tempo passar
    u é con sa senhor, non dorme ren;
    e meu amigo, pois pera mí vén,
    non dormha ja mentre migo morar,
    ca daquel tempo que migo guarir
    atanto perderá quanto dormir.

    E, se lh’ aprouguer de dormir alá
    u el é, prazer mi á, per boa fe,
    pero dormir tempo perdudo é,
    mais per meu grad’ aquí non dormirá,
    ca daquel tempo que migo guarir
    atanto perderá quanto dormir.

    E, depois que s’ ele de min partir,
    tanto dormha quanto quiser dormir.


    XXX

    Quer meu amigo de mí un preito
    que el ja muitas vezes quisera:
    que lhi faça ben; e ja temp’ era,
    mas, como quer que seja meu feito,
    fareilh’ eu ben, par santa María,
    mais non tan cedo com’ el querría.

    E díganlhi por mí que non tenha
    que lho eu vou por mal demorando,
    ca el anda se de mí queixando,
    mais, como quer que depois mi venha,
    fareilh’ eu ben, par santa María,
    mais non tan cedo com’ el querría.

    El é por mí atan namorado
    e meu amor o traj’ assí louco
    que se non pod’ atender un pouco
    máis, tanto que eu aja guisado,
    fareilh’ eu ben, par santa María,
    mais non tan cedo com’ el querría.

    E, como quer que fosse, el querría
    aver ja ben de min toda vía,
    e ben sei del que non cataría
    o que m’ end’ a min depois verría.


    XXXI

    Diz, amiga, o que mi gran ben quer
    que nunca máis mi ren demandará
    sol que lh’ ouça quanto dizer quiser
    e, mentre viver, que me servirá,
    e vedes ora com’ é sabedor:
    que, pois que lh’ eu tod’ este ben fezer,
    log’ el querrá que lhi faça melhor.

    Mui ben cuid’ eu que con mentira vén,
    pero jura que mi non quer mentir,
    mais diz que fale conmig’, e por én,
    mentre viver non mi quer al pedir,
    e vedes ora com’ é sabedor:
    que, pois que lh’ eu fezer tod’ este ben,
    log’ el querrá que lhi faça melhor.

    Gran pavor ei, non me queira enganar,
    pero diz el que non quer al de mí
    senoón falar mig’, e máis demandar,
    mentre viver, non mi quer des alí,
    e vedes ora com’ é sabedor:
    que, pois que lh’ eu tod’ este ben guisar,
    log’ el querrá que lhi faça melhor.

    E esto será mentr’ o mundo for:
    quant’ ome máis ouver ou acabar,
    tanto d’ aver máis averá sabor.

    Mais id’, amiga, vós, por meu amor,
    conmig’ alí u m’ el quiser falar,
    ca mal mi venha, se lh’ eu soa for.


    XXXII

    Que mui de grad’ eu faría
    prazer ao meu amigo,
    amiga, ben volo digo,
    mais logo, en aquel día,
    non leixará el, amiga,
    nulh’ ome a que o non diga.

    Faríalho mui de grado,
    porque sei que me deseja,
    mais, se guisar u me veja
    e lhi fezer seu mandado,
    non leixará el, amiga,
    nulh’ ome a que o non diga.

    Tan coitado por mí anda
    que non á paz nen mesura;
    pero se eu, per ventura,
    fezer todo quant’ el manda,
    non leixará el, amiga,
    nulh’ ome a que o non diga.

    Dizedor é de nemiga
    e dirao log’, amiga.


    XXXIII

    Vedes, amigo, ond’ ei gran pesar:
    sei muitas donas que saben amar
    seus amigos e soen lhis falar
    e non lho saben, assí lhis avén;
    e nós, sol que o queiramos provar,
    log’ é sabud’ e non sei eu per quen.

    Tal dona sei eu, quando quer veer
    seu amigo, a que sabe ben querer,
    que lho non poden per ren entender
    os que cuidan que a guardan mui ben;
    e nós, sol que o queiramos fazer,
    log’ é sabud’ e non sei eu per quen.

    Com’ eu querría, non se guis’ assí:
    falar vosco, que morredes por mí,
    com’ outras donas falan, e des i
    nunca lhis máis poden entender ren;
    e nós, sol ante que cheguemos i,
    log’ é sabud’ e non sei eu per quen.

    Coita lhi venha, qual ora a nós vén,
    per quen nos a nós tod’ este mal vén.



    XXXIV

    Morreredes, se vos non fezer ben,
    por min, amig’, e non sei que vos i
    faça, pero muitas vezes cuid’ i
    e deste preito vedes que mi avén:
    émi mui grave de vos ben fazer
    e mui grav’ é de vos leixar morrer.

    Ren non vos pode de morte guardar
    e sei ben que morreredes por mí
    se non ouverdes algún ben de mí,
    e quant’ eu ei en tod’ est’ a cuidar:
    émi mui grave de vos ben fazer
    e mui grav’ é de vos leixar morrer.

    Se vos non fezer ben, por mí amor
    vos matará, ben sei que será assí,
    mais ben vos jur’ e dígovos assí,
    se Deus mi leix’ én fazer o melhor:
    émi mui grave de vos ben fazer
    e mui grav’ é de vos leixar morrer.

    E rog’ a Deus, que á end’ o poder,
    que El me leix’ end’ o melhor fazer.


    XXXV

    Alguén vos diss’, amig’, e seio eu,
    por mi mizcrar convosco, que falei
    con outr’ omen, mais nunca o cuidei,
    e, meu amig’, én diréivolo eu:
    de mentira non me poss’ eu guardar,
    mais guardarm’ ei de vos fazer pesar.

    Alguén sabe que mi queredes ben
    e pésalh’ end’, e non pod’ al fazer
    senón que mi quer mentira poner,
    e, meu amig’ e meu lum’ e meu ben:
    de mentira non me poss’ eu guardar,
    mais guardarm’ ei de vos fazer pesar.

    E ben sei de quen tan gran sabor á
    de mentir, e non teme Deus nen al,
    que mh assaca tal mentira e al,
    e, meu amig’, e vedes quant’ i á:
    de mentira non me poss’ eu guardar,
    mais guardarm’ ei de vos fazer pesar.

    De fazer mentira sei m’ eu guardar,
    mais non de quen me mal quer assacar.


    XXXVI

    Amigas, o que mi quer ben
    dízenmi ora muitos que vén,
    pero non o posso creer,
    ca tal sabor ei de o veer
    que o non posso creer.

    O que eu amo máis ca mí
    dizen que cedo será aquí,
    pero non o posso creer,
    ca tal sabor ei de o veer
    que o non posso creer.

    O que se foi d’ aquí muit’ á
    dízenmi que cedo verrá,
    pero non o posso creer,
    ca tal sabor ei de o veer
    que o non posso creer.

    E nunca mho farán creer
    se mho non fezeren veer.


    XXXVII

    ─O voss’ amigo, que s’ a cas del Rei
    foi, amiga, mui cedo vos verrá,
    e partide as doas que vos dará.
    ─Amiga, verdade ben vos direi:
    farami Deus ben se mho adusser
    e sas doas deas a quen quiser.

    ─Disséronmi ora, se Deus mi perdón,
    que vos trage doas de Portugal,
    e, amiga, non as partades mal.
    ─Direivos, amiga, meu coraçón:
    farami Deus ben se mho adusser
    e sas doas deas a quen quiser.

    ─Dizen, amiga, que non vén o meu
    amigo, mailo vosso cedo vén,
    e partid’ as doas que trage ben.
    ─Direivos, amiga, o que dig’ eu:
    farami Deus ben se mho adusser
    e sas doas deas a quen quiser.

    E ben sei eu que des que el venher
    averei doas e quant’ al quiser.


    XXXVIII

    Vai meu amigo con el Rei morar
    e non mho disse nen lho outorguei,
    e faz mal sen de mi fazer pesar;
    mais eu perça bon parecer que ei
    se nunca lh’ el Rei tanto ben fezer
    quanto lh’ eu farei quando mi quiser.

    E el quer muito con el Rei viver
    e mía sanha non a ten en ren;
    e el Rei pode quanto quer poder,
    mais mal mi venha onde vén o ben
    se nunca lh’ el Rei tanto ben fezer
    quanto lh’ eu farei quando mi quiser.

    E el punhou muito en me servir
    e al Rei nunca lhi serviço fez,
    por end’ el Rei non á que lhi gracir;
    mais eu perça bon parecer e bon prez
    se nunca lh’ el Rei tanto ben fezer
    quanto lh’ eu farei quando mi quiser.

    Ca mais lhi valrrá, se lh’ eu ben quiser,
    que quanto ben lh’ el Rei fazer poder.


    XXXIX

    Amigo, queredes vos ir,
    e ben sei eu que mi averrá:
    en mentre morardes alá,
    a quantos end’ eu vir viir,
    a todos eu preguntarei
    como vos vai en cas del Rei.

    Non vos podería dizer
    quant’ ei de vos irdes pesar,
    mais a quantos eu vir chegar
    d’ u ides con el Rei viver,
    a todos eu preguntarei
    como vos vai en cas del Rei.

    Coitada ficarei d’ amor
    atá que mi vos Deus adusser,
    mais a quantos eu ja souber
    que venheren d’ u el rei for,
    a todos eu preguntarei
    como vos vai en cas del Rei.

    E se disseren «Ben», loarei
    Deus, e gracilo ei al rei.


    XL

    Fois’ o meu amigo a cas del Rei
    e, amigas, con grand’ amor que lh’ ei,
    quand’ el venher ja eu morta serei,
    mais non lhe digan que morrí assí,
    ca, se souber com’ eu por el morrí,
    será mui pouca sa vida des i.

    Nen de morte non me posso guardar
    que non moira ced’ e con gran pesar,
    e, amigas, quand’ el aquí chegar,
    non sabia per vós qual mort’ eu prendí,
    ca, se souber com’ eu por el morrí,
    será mui pouca sa vida des i.

    Eu morrerei cedo, se Deus quiser,
    e, amigas, quand’ el aquí venher,
    desmesura fará quen lhi disser
    qual mort’ eu filhei des que o non vi,
    ca, se souber com’ eu por el morrí,
    será mui pouca sa vida des i.

    Ja non posso de morte guarecer,
    mais, quando s’ el tornar por me veer,
    non lhi digan como m’ el fez morrer
    ante tempo, porque se foi d’ aquí,
    ca, se souber com’ eu por el morrí,
    será mui pouca sa vida des i.


    XLI

    Ameivos sempr’, amigo, e fizvos lealdade:
    se preguntar quiserdes en vossa puridade
    saberedes, amigo, que vos digo verdade;
    ou, se falar ouverdes con algun maldizente
    e vos quiser, amigo, fazer d’ al entendente,
    dizédelhi que mente, e dizédelhi que mente.


    XLII

    Meu amig’, e meu ben e meu amor,
    disséronvos que me viron falar
    con outr’ ome por vos fazer pesar,
    e por én rog’ eu a Nostro Senhor
    que confonda quen volo foi dizer
    e vós, se o assí fostes creer,
    e min se end’ eu fui merecedor.

    Ja vos disseron por mí que falei
    con outr’ om’ e que vos non tiv’ en ren,
    e, se o fiz, nunca mi venha ben,
    mais rog’ a Deus sempr’, e rogalo ei,
    que confonda quen volo diss’ assí,
    e vós, se tan gran mentira de mí
    crevestes, e min se o eu cuidei.

    Sei que vos disseron, per boa fe,
    que falei con outr’ om’, e non foi al
    senón que volo disseron por mal,
    mais rog’ a Deus, que eno ceo sé,
    que confonda quen vos atal razón
    diss’, e vós, se a crevestes entón,
    e que confonda min se verdad’ é.

    E confonda quen á tan gran sabor
    d’ antre min e vós meter desamor,
    ca o maior amor do mundo é.


    XLIII

    A que mi a min meu amigo filhou
    mui sen meu grad’, e non me tev’ en ren,
    que me serví’ e mi quería ben,
    e non mho disse nen mho preguntou,
    mal lhi será, quando lho eu filhar
    mui sen seu grad’, e non a preguntar.

    E se m’ ela mui gran torto fez i,
    Deus me leixe dereito dela aver,
    ca o levou de min sen meu prazer
    e ora ten que o levará assí;
    mal lhi será, quando lho eu filhar
    mui sen seu grad’, e non a preguntar.

    E ben sei eu dela que vos dirá
    que non fiz eu por el quant’ ela fez;
    mais quiçai mho fezera outra vez,
    e, pero ten ben que o averá,
    mal lhi será, quando lho eu filhar
    mui sen seu grad’, e non a preguntar.

    E entón veredes molher andar
    pos min chorand’, e non lho querrei eu dar.


    XLIV

    Irvos queredes, e non ei poder,
    par Deus, amigo, de vos én tolher,
    e, se ficardes, vos quero dizer,
    meu amigo, que vos por én farei:
    os días que vós a vosso prazer
    non passastes, eu volos cobrarei.

    Se vos fordes, sofrerei a maior
    coita que sofreu molher por senhor,
    e, se ficardes polo meu amor,
    diréivolo que vos por én farei:
    os días que vós a vosso sabor
    non passastes, eu volos cobrarei.

    Ídesvos e teéndesm’ en desdén
    e fico eu mui coitada por én,
    e ficade por mí, ca vos convén,
    e direivos que vos por én farei:
    os días que vós non passastes ben,
    ai meu amigo, eu volos cobrarei.


    XLV

    Irvos queredes, amigo,
    d’ aquí, por me fazer pesar,
    e, pois vos queredes quitar
    d’ aquí, vedes que vos digo:
    quitade ben o coraçón
    de min, e ídevos entón.

    E pois vos ides, sabhades
    que nunca maior pesar vi,
    e, pois vos queredes d’ aquí
    partir, vedes que façades:
    partide ben o coraçón
    de min, e idevos entón.


    XLVI

    Tódalas cousas eu vejo partir
    do mund’ en como soían seer,
    e vej’ as gentes partir de fazer
    ben que soían, tal tempo nos vén,
    mais non se pod’ o coraçón partir
    do meu amigo de mi querer ben.

    Pero que ome part’ o coraçón
    das cousas que ama, per boa fe,
    e pártes’ ome da terra ond’ é
    e pártes’ ome d’ u gran prol lhi ten,
    non se pode parti-lo coraçón
    do meu amigo de mi querer ben.

    Tódalas cousas eu vejo mudar:
    múdans’ os tempos e múdas’ o al,
    múdas’ a gente en fazer ben ou mal,
    múdans’ os ventos e tod’ outra ren,
    mais non se pod’ o coraçón mudar
    do meu amigo de mi querer ben.


    XLVII [Pastorela]

    Pelo souto de Crexente,
    unha pastor vi andar
    muit’ alongada de gente,
    alçando voz a cantar,
    apértandose na saía
    quando saía la raia
    de sol nas ribas do Sar.

    E as aves que voavan
    quando saía l’ alvor
    todas d’ amores cantavan
    pelos ramos d’ arredor;
    mais non sei tal que i ‘stevesse
    que en al cuidar podesse
    senón todo en amor.

    Alí ‘stivi eu mui quedo,
    quis falar e non ousei,
    empero dix’ a gran medo:
    «Mía senhor, falar vos ei
    un pouco, se mí ascuitardes,
    e ir m’ ei quando mandardes;
    máis aquí non estarei».

    «Senhor, por santa María,
    non estedes máis aquí,
    mais ídevos vossa vía;
    faredes mesura i,
    ca os que aquí chegaren,
    pois que vos aquí acharen,
    ben dirán que máis ouv’ i».





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    Heinrich von Veldeke

    Heinrich von Veldeke. Codex Manesse. 1300.

    Heinrich von Veldeke (n. antes de 1150; f. entre 1190 y 1200; neerlandés: Hendrik van Veldeke) fue un poeta neerlandés-alemán del siglo XII, de una familia noble cercana a Maastricht.

    Se le considera uno de los precursores del Minnesang y ejerció gran influencia sobre otros autores de este género. Su obra Romance de Eneas es conocida como la primera novela cortesana de la literatura alemana.

    Literatura

    Renate Schipke: Heinrich von Veldeke: Eneasroman, in: Peter Jörg Becker und Eef Overgaauw (Hgg.): Aderlass und Seelentrost. Die Überlieferung deutscher Texte im Spiegel Berliner Handschriften und Inkunabeln, Mainz 2003, S.62ff.
    Gabriele Schieb: Henric van Veldeken / Heinrich von Veldeke. Stuttgart: Metzler, 1965. (Sammlung Metzler 42)
    Meinolf Schumacher: Einführung in die deutsche Literatur des Mittelalters, Darmstadt: Wissenschaftliche Buchgesellschaft 2010, ISBN 978-3-534-19603-6, S. 65-69.




    EL SOL DEJÓ DE BRILLAR

    El sol dejó de brillar,
    retirándose ante el frío,
    y dejaron de cantar
    los pájaros del estío.
    Está triste el corazón,
    pues llegaron las heladas
    dejando, sin compasión,
    flores marchitas y ajadas.
    Está la campiña mustia
    y esto me provoca angustia.

    Traducción: Francisco Serrano • Poesía de los trovadores




    Tristan Was Unwaveringly

    Tristan was unwaveringly
    loyal to the queen,
    by reason of poison
    rather than the virtue of love.
    My Lady! Be grateful
    that I did not drink such a blend
    and my love exceeds his.
    Fair and honest one,
    let me be yours and you be mine. 



    Tristrant Mûste Âne Sinen Danc

    Tristrant mûste âne sinen danc
    stâde sîn der koninginnen,
    want poisûn heme dâ tû dwanc
    mêre dan dî cracht der minnen.
    Des sal mich dî gûde danc
    weten dat ich nîne gedranc
    sulic piment ende ich sî minne
    bat dan hê, ende mach dat sîn.
    Wale gedâne,
    valsches âne,
    lât mich wesen dîn
    ende wis dû min. 







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    HEINRICH VON MEISSEN (FRAUENLOB)

    Heinrich von Meissen, más conocido como Frauenlob, fue un poeta alemán moralizante burgués nacido en 1250 y fallecido en 1318 educado probablemente en la escuela catedralicia de su ciudad natal. Considerado como el fundador del Meistersang (movimiento posterior al Minessang que se caracterizaba por la organización de artesanos alemanes en escuelas de canto) fundó una escuela de canto en Mainz. Tuvo una vida errante y conoció gran parte de Alemania del norte, Dinamarca y en Praga, donde consta que ocupó un puesto en la corte.  Junto con otros autores como  Regenbogen, Konrad von Würzburg, Heinrich von Museln o el mismísimo Vogelweide, von Meissen fue también considerado como lo que se conoce en alemán por Berufdichter.

    Debido a la alabanza que hace continuamente a la mujer en muchos de sus poemas, se cree que Meissen se ganó el sobrenombre de Frauenlob. Aunque ciertas fuentes lo desmienten es bien conocida la reyerta literaria que tuvo con Barthel Regenbogen donde se afirmaba que el término Frau tenía un matiz superior al de Weib puesto que mientras que el primero significaba dama, Weib era concebido como el sexo opuesto al hombre.

    Se cree que en el momento de su entierro muchas mujeres llevaron su féretro como agradecimiento a una vida entera ensalzando la figura de la mujer.


    Heinrich von Meissen

    I

    Ay dolor del corazón
    que enamorado soporto,
    ay mirada de ojos claros,
    ¿cuándo cesarán mis penas?
    Cuándo me sonreirá tu boca roja
    y me dirá, "hombre dichoso,
    se hará todo cuanto quieras".

    Amo esa boca altiva
    en la que habita todo mi consuelo.
    Rosas rojas, hablad todas,
    que una boca roja venza.
    Mejor le iría un sí blanco cual lirio
    que un no de azul desolado:
    Tal palabra torna gris mi juventud.

    Obra

    Frauenlob es autor de trece Minnelieder, de tres Leich (Marienleich, Minnenleich y Kreuzleich), del Streitsgespräch zwischen Minne und Welt así como del Alle mich verlässt Freunde. Sus obras van desde lo teológico a lo erótico pasando por lo ético. Como hemos comentado, entender la vida y obra del autor es entender su estrecha relación con la figura de la mujer. A través de sus 500 versos, von Meissen nos habla en su Marienleich, también llamado Frauenleich, acerca de la mujer del Apocalipsis. He creído conveniente adjuntar un  pasaje de Marienleich donde vemos representada la mujer de modo sensual.   



    ich binz ein zukersuzer brunne                                                 

    des lebens und der bernden wunne
    ich binz ein spiegel der vil klaren reinekeit,
    da got von erst sich inne ersach
    ich was mit  im, do er entwarf gar alle schepfenunge,
    er sach mich stetes an in siner ewiclichen ger
    wie rechte wol ich tet im in den ougen,
    ich zarter, wolgemuter rosengarte!


    Kommt alle zu mir, die min gern
    ich wil, ich kan, ich muz gewern
    ich binz der lebende leitestern,
    des nieman sol noch mag enbern
    min mut gut frut tut
    ich binz die stimme, do der alte leo lut
    die sinen kint uf von des alten todes flut


                                                             (XAVIER ESCUDÉ)






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    CHRISTOPH MARTIN WIELAND

    Christoph Martin Wieland (5 de septiembre de 1733 – 20 de enero de 1813), fue un poeta, escritor, traductor y editor alemán.

    Nace en Oberholzheim (actualmente parte de la ciudad de Achstetten, que entonces pertenecía a la ciudad imperial libre de Biberach an der Riss) en el sudeste del actual estado de Baden-Württemberg. Su padre que era pastor en Oberholzheim y posteriormente en Biberach, tuvo un gran desvelo en su educación. A los doce años pasó de la escuela de Biberach al Gymnasium de Klosterberge, cerca de Magdeburgo. Fue un estudiante brillante, cuando dejó la escuela en 1749 había realizado amplias lecturas de los clásicos latinos y de los escritores franceses contemporáneos; entre sus poetas alemanes favoritos estaban Brockes y Klopstock.

    En el verano de 1750 se enamora de una prima, Sophie Gutermann, y esta relación amorosa le inspira su primer trabajo ambicioso, Die Natur der Dinge (1752), un poema didáctico en seis libros. Ese mismo año marcha a la Universidad de Tübingen a estudiar derecho, pero dedica la mayor parte del tiempo a estudios literarios. Los poemas que escribe en la Universidad, Hermann, Diez cartas morales en verso y Anti-Ovidio, tienen un tono pietista y están todavía bajo la influencia de Klopstock. Atrajeron la atención del reformador literario suizo, Bodmer, que le invitó a visitarlo en Zürich en el verano de 1752. Permanecerá en Suiza hasta 1760, pasando ese año en Berna como preceptor, allí entablará relación con Julie de Bondeli, amiga de Jean-Jacques Rousseau.

    Los gustos de Wieland han cambiado, los escritos de los últimos años en Suiza -Der geprüfte Abraham (1753), Sympathien (1756), Empfindungen eines Christen (1757)- todavía mantienen el estilo de los primeros textos, pero sus tragedias, Lady Johanna Gray (1758) y Clementina von Porretta (1760)- la última basada en Sir Charles Grandison de Samuel Richardson - el fragmento épico Cyrus (1759), y el relato moral en diálogos, Araspes und Panthea (1760), Wieland, como dijo Lessing, "abandonó las esferas y esferas etéreas y caminó de nuevo entre los hijos de los hombres".

    El cambio de Wieland fue completo en Biberach, donde había vuelto en 1760 como director de la chancillería. La monotonía de su vida allí fue compensada con la amistad con el Conde Stadion, cuya biblioteca en el castillo de Warthausen, próximo a Biberach, estaba bien provista de literatura francesa e inglesa. Wieland se reencuentra con su amor de juventud, Sophie Gutermann, ahora casada con Hofrat La Roche, administrador del Conde Stadion. El antiguo poeta de austeridad pietista es ahora el defensor de una filosofía alegre, donde la frivolidad y la sensualidad no se excluyen. En Don Sylvio von Rosalva, oder der Sieg der Natur über die Schwärmerey (1764), novela inspirada en el Quijote, se burla hasta el ridículo de su antigua fe, y en Comische Erzählungen (1765) da rienda suelta a su extravagante imaginación.
    Más importante es la novela Geschichte des Agathon (1766-1767), en la que bajo la apariencia de una ficción griega, Wieland su propia evolución espiritual e intelectual. Esta obra, que Lessing recomendaba como una obra de gusto clásico, marca una época en el desarrollo de la novela psicológica europea. De la misma importancia fue la traducción en prosa de veintidós obras de Shakespeare (8 vols., 1762-1766); supuso la primera vez que se acercaba a los lectores alemanes la obra de Shakespeare en su conjunto. Con los poemas Musarion oder die Philosophie der Grazien (1768), Idris (1768), Combabus (1770), Der neue Amadis (1771), Wieland abría una serie de novelas en verso que atraían irresistiblemente a sus contemporáneos y servían de antídoto a los excesos sentimentales del Sturm und Drang. Wieland se casa en 1765, y entre 1769 y 1772 fue profesor de filosofía en Erfurt.

    En 1772 publica Der goldene Spiegel oder die Könige von Scheschian, una obra pedagógica bajo la forma de historias orientales; que atrajo la atención de Ana Amalia de Brunswick-Wolfenbüttel regente del Ducado de Sajonia-Weimar-Eisenach, que lo hizo tutor de sus dos hijos, el futuro Gran Duque Carlos Augusto y Constantino, en Weimar. Con la excepción de algunos años pasados en Ossmannstedt, donde más tarde adquirió una propiedad, Weimar fue el hogar de Wieland hasta su muerte. Allí, en 1773, fundará Der teutsche Merkur, que bajo su dirección (1773-1789) se convertirá en la revista literaria más influyente de Alemania.

    De sus últimas obras la más importante es la admirable sátira Die Abderiten, eine sehr wahrscheinliche Geschichte (1774), y las novelas poéticas, Das Wintermärchen (1776), Das Sommermärchen (1777), Geron der Adelige (1777), Pervonte oder die Wünsche (1778), una serie que culmina con Oberon (1780). Sus últimas novelas son Geheime Geschichte des Philosophen Peregrinus Proteus (1791) y Aristipp und einige seiner Zeitgenossen (1800-1802). También tradujo las Sátiras de Horacio (1786), las obras de Luciano (1788-1789), y las cartas de Cicerón (1808 ff.), y de 1796 a 1803 editó el Attisches Museum que supuso una gran contribución a la popularización de los estudios griegos. Wieland estaba influenciado por la moda de la Francia del siglo XVIII de la recopilación de cuentos, publicó una colección titulada Dschinnistan (1786-1789), que incluía tres cuentos originales, 'Der Stein der Weisen', 'Timander und Melissa' y 'Der Druide oder die Salamanderin und die Bildsäule'. La característica de estos relatos es el triunfo del racionalismo sobre el misticimo.

    Sin haber creado una escuela en el sentido estricto del término, Wieland tuvo una gran influencia en la literatura alemana de su época. La cualidad que distingue su obra es un estilo fluido y ligero, una combinación de frivolidad y profundidad poética.

    Obra

    Zwölf moralische Briefe in Versen, Heilbronn, 1752
    Der Sieg der Natur über die Schwärmerei oder die Abenteuer des Don Sylvio von Rosalva, Ulm, 1764
    Geschichte des Agathon, Frankfurt & Leipzig, Zurich, 1766-7 (Traducción : Histoire d'Agathon ou Tableau philosophique des moeurs de la Grèce - Tomo 1 & Tome 2 Tomo 2 de Gallica
    Musarion, oder die Philosophie der Grazien, Leipzig, 1768
    Idris und Zenide, Leipzig, 1768
    Nadine, Leipzig, 1769
    Combabus, Leipzig, 1770
    Die Grazien, Leipzig, 1770
    Der neue Amadis, Leipzig, 1771
    Der goldene Spiegel, oder die Könige von Scheschian, Leipzig, 1772
    Die Geschichte der Abderiten, Leipzig, 1774
    Oberon (obra, 1780)|Oberon, Weimar, 1780
    Dschinnistan, 3 vols., Winterthur, 1786-1789
    Aristipp und einige seiner Zeitgenossen, 4 vols., Leipzig, Göschen, 1800-2



    Oda a Doris

    Las horas me abrazan con ternura
    y expresan la dulce emoción de la alegría,
    horas etéreas y celestes, distantes de los
    hombres que no saben soñar y cuyo tiempo
    transcurre entre serafines y zéfiros,
    anhelando sentir la juventud de este mundo.
    El alma es encantada por la musa celestial
    de lengua mortal y temblor mudo que penetra
    al amante en el instante sagrado en el que
    ha sido bendecida la primavera, huido
    el acuoso agosto tantas veces visto.
    Hermosa es la clave de las auroras que
    fluye hacia la tierra del alma, virtud
    y armonía de la vida. 



    Oberon (fragmento)

    El mar, solo y vacío de toda consolación, llora las vidas derrocadas en la calma del día y la noche. El mar, agitado, rodeado de miseria, devora a su presa. El mar, exhausto y perseguido, se desvía hacia la playa como un esclavo que indemniza con su brillo la rosa de la juventud diezmada. 



    Juno y Ganimedes (fragmento)

    Y ella le daban al retrato
    Toda la poesía de la vida.
    «Por todo ello, Madame, parece claro
    Que esta falsa vergüenza, cortedad,
    Y» añade, «si se quiere, hasta virtud
    De la primera juventud no puesta a prueba
    Privó de su poder a mil encantos;
    Sólo el estímulo, las artimañas
    Y un trato complaciente han de vencerla.
    Por mucho que el orgullo se resista,
    Vos misma habéis de dar el primer paso». —
    «¿El primer paso, yo? ¡Puede esperar sentado,
    Que por nada del mundo lo he de dar!»
    «Madame, Madame, ¿qué reparos son ésos?
    ¿Es que por aferraros a un prejuicio
    Vais a aguardar a lo que deje Ceres?
    Seguro que —» «¡Está bien! No se hable más,
    ¡Ya te dije que tengo que vengarme!
    El muchacho es muy digno de un desliz,
    Mas no seré yo sola quien se ocupe;
    Tendrás que preparármelo un poquito».
    La doncella, como es de suponer,
    Asume de buen grado esta misión;
    Y así esa misma noche, diligente,
    La lleva a cabo sin mayor tardanza.
    Una floresta de jazmín y mirto,
    No lejos de la sede de los dioses,
    Le sirve de lugar de iniciación.
    Si brillaba la luna, poco importa;
    Baste con que el ingenio de la moza
    Se impuso, para gusto de ambas partes,
    Sobre la cortedad de Ganimedes. 


    El peregrino Proteo (fragmento)

    " Extranjeros de todo el orbe asistían a los juegos de Olimpia, en medio de las tragedias más extraordinarias y en torno al púlpito del cinismo, diafragma de la libación y lágrima del mundo, antes que el absoluto de la muerte golpee a las huestes sedientas de ensueño y de palabras efímeras; transeúntes que se alzan, inesperadamente pálidos, mientras el fuego sacro es inmediatamente retirado por los anillos que rodean la llama. "






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    Gabriel Trujillo Muñoz

    Ángel Gabriel Trujillo Muñoz es un escritor mexicano, nacido en Mexicali, Baja California el 21 de julio de 1958. Poeta, narrador y ensayista. Profesor de tiempo completo de la Facultad de Ciencias Humanas de la UABC-Mexicali y es uno de los editores de la Revista Universitaria de la Universidad Autónoma de Baja California. Ha publicado más de un 130 libros como autor y compilador. Es socio fundador de la Asociación Mexicana de Ciencia Ficción y Fantasía.

    Ha recibido nueve veces el Premio Estatal de Literatura de Baja California, así como el Premio Nacional de Ensayo Abigael Bohórquez 1998, el Premio Bellas Artes de Narrativa Colima para Obra Publicada 1999, el Premio Nacional de Poesía Sonora 2004, el Premio Binacional de Poesía Pellicer-Frost 1996, el Premio Binacional Excelencia Frontera 1998, el Premio Internacional de Narrativa Ignacio Manuel Altamirano 2005, el Premio Regional de Novela Vandalay 2005, el Premio de Narrativa Histórica de la Fundación Pedro F. Pérez y Ramírez 2006 y el Premio en Artes 2009 por el Instituto Tecnológico de Mexicali.

    Controversias

    Ha sido criticado porque año tras año gana siempre los mismos premios, quitándole así oportunidades a los escritores jóvenes. En 2002, el escritor Heriberto Yépez señaló que las reglas de las convocatorias no se aplicaban por igual, descalificando textos por no ser inéditos cuando los textos de Gabriel Trujillo tampoco lo eran. 

    Su ensayo "Tijuana: puerto libre, casa de todos" publicado en el libro "La cultura bajacaliforniana y otros ensayos afines" causó molestia entre un grupo de maestros de la Universidad Autónoma de Baja California quienes consideraron que denigraba a la ciudad de Tijuana.

    Obra publicada

    Novela

    Laberinto (ICBC, 1995)
    Mezquite Road (Planeta, 1995)
    GRACOS (Ediciones B, 1999) (Incluido en el volumen colectivo: Premio UPC 1998: novela corta de ciencia ficción
    Conjurados (Sansores & Aljure, 1999)
    Espantapájaros (Lectorum, 1999)
    Tijuana city blues (Sansores & Fernández ,1999)
    El festín de los cuervos: la saga fronteriza de Miguel Ángel Morgado, cinco novelas cortas) (Norma, 2002) (Incluye: Mezquite Road, Tijuana City Blues, Loverboy, Puesta en escena y Laguna salada)
    Trilogía de Thundra (2000) (Incluye: Orescu: la voz; Orescu: la sangre; Orescu: la luz)
    Highclowd: memorias de arena y agua, de roca y viento (UAEM, 2006)
    Mexicali City Blues (Belacqva, 2006)
    La memoria de los muertos (La otra orilla, 2008)
    Transfiguraciones un misterio venerable (Jus ,2008)
    Trenes perdidos en la niebla" (Jus, 2010)
    Moriremos como soles ( Grijalbo-Random House Mondadori, 2011)
    Círculo de fuego ( Lectorum, 2014)
    Música para difuntos ( Lectorum, 2014)
    Vecindad con el abismo ( Lectorum, 2015)

    Poesía

    Poemas (1981)
    Rituales (1982)
    Percepciones (UABC, 1983)
    Moridero (UABC, 1987)
    Tras el espejismo (1989)
    Mandrágora (1989)
    Atisbos (UNAM, 1991)
    A plena luz (Fondo Editorial Tierra Adentro, 1992)
    Don de lenguas (1995)
    Alfanjes (1996)
    Cirugía mayor (1997)
    Constelaciones (1997)

    Ensayo

    Tres ensayos sobre el ensayo bajacaliforniano (1988)
    Alabanzas y vituperios (1990)
    La ciencia ficción: literatura y conocimiento (1991)
    Señas y reseñas (1992)
    De diversa ralea (1993)
    Los signos de la arena: ensayos sobre literatura y frontera (UABC, 1994)
    Huellas incurables (1995)
    Puntos cardinales (1995)
    Kitakaze (viento del norte): los japoneses en Baja California (Larva, 1997)
    Imágenes de plata: el cine en Baja California (Ayuntamiento de Tijuana, 1997)
    Literatura bajacaliforniana siglo XX (1997)
    Los confines: crónica de la Ciencia Ficción Mexicana (VID, 1999)
    Baja California: mitos y ritos cinematográficos (1999)
    La canción del progreso: vida y milagros del periodismo en Baja California (2000)
    Testigos de cargo (CNCA/CECUT, 2000)
    Biografías del futuro: la ciencia ficción mexicana y sus autores (UABC, 2000)
    Lengua franca: de Frankenstein a Harry Potter (Lumen, 2001)
    Entrecruzamientos: la cultura bajacaliforniana, sus autores y obras (2002)
    Mexicali: un siglo de vida artística y cultural (2003)
    De los chamanes a los DJ's: breve crónica de las artes musicales en Baja California (Plaza y Valdés, 2007)
    Visiones y espejismos: la sabiduría de las arenas (Fondo regional para la cultura y las artes, 2007)
    La Otra Historia de Baja California (Fondo editorial de Baja California, 2009)

    Cuento

    Miríada (Edición de autor, 1991)
    Trebejos (ICBC, 2001)
    Mercaderes (Norma, 2002)
    Aires del verano en el parabrisas (ICBC, 2009)

    Relator y recopilador

    Mitos y Leyendas de Mexicali (2004)
    Nuevos Mitos y Leyendas de Mexicali (2014)

    Crónica

    Mexicali: crónicas de infancia (UABC, 1990)




    Hijo de su engaño

    Puedes hacer la suma de la ciudad en que vives
    Contar sus accidentes: sus percances: sus tumultos
    Llamar de viva voz a los muertos para que salgan de sus tumbas
    Y relaten nuestra historia en sus vicisitudes y congojas
    Cómo fue que llegamos a ser este desastre en marcha
    Esta catástrofe multiplicada sobre la costra del mundo

    Puedes ser su clarividente: su profeta: su mesías
    Decir que esta ciudad tiene un futuro envidiable
    Que llegará a ser la mejor metrópoli de todas
    Pero eso sería mentirle a los arenales que le dan vida
    Al salitre que la sostiene en pie cuando la arrasa el terremoto
    Porque esta ciudad es sólo un espejismo en la transparencia del verano

    Una luz temible a cuya sombra eres 
    Hijo de su engaño: padre de sus mitos


    Estacionamiento

    Aquí hubo una casa de madera
    Un porche con dos sillas de mimbre
    Un patio trasero cubierto
    Con la magnánima sombra de los fresnos

    Aquí hubo un columpio de cuerda
    Una llanta para nadar en los canales
    Un perro que ladraba todo el tiempo
    Aunque te conociera desde niño

    Aquí hubo risas y pasteles
    Niñas que eran fieras amazonas
    Cuando jugaban contigo a los encantados

    Aquí hubo miradas de amor
    Besos a escondidas
    Caricias y arrumacos

    Y ahora solo queda el asfalto
    En su oscura certidumbre
    El cemento en su dura realidad

    Un estacionamiento vacío
    Donde antes hubo escándalo
    Un símbolo de la sombra que somos
    Sobre el resplandor de nuestra infancia



    Carroza

    El tráfico se detuvo para que pasara el cortejo fúnebre:
    La carroza al frente y unos pocos autos eran toda la procesión

    Un desfile más en medio del aturdimiento urbano
    Alguien que ya no cuenta en la polvareda de la vida
    Una piedra desgastada hasta desaparecer

    En cuanto la calle se despejó
    Todos nos apresuramos a seguir nuestro camino
    Como si esa muerte -en su anonimato: en su desventura- no fuera también la nuestra



    Quietud

    Como esos cuadros de Edward Hopper
    Donde se pintan pueblos en solitaria quietud
    En tranquila convivencia 
                                             Así recuerdo
    La ciudad que dejé a mis espaldas

    Un horizonte sin prisas
    En la tolvanera del mundo

    Un paisaje de calles silenciosas
    Bajo la radiante luz del mediodía

    La perenne visión de un tiempo inmaculado
    Donde mi corazón aún se llena de sus propias añoranzas

    Un pueblo de luces etéreas, de sombras distantes
    Como el fulgor de un espejismo que se resiste a marcharse

    De La ciudad: ciclo de voces y nostalgias
     



    CÁNTICO Y CLAMOR

    Recomenzar: el poema
    Es siempre un punto de partida
    Escalón primero
    Hacia otras constelaciones
    Cántico y clamor:
    Palabras que curan o golpean
    Vendaval de imágenes
    O luminosa arquitectura
    Que avanza sin cesar por este mundo

    Mandrágora, 1989.



    DEFINICIONES

    La poesía no es un acto de taxidermia
    No es el maquillaje escrupuloso de la vida
    No es una cirugía plástica en el cuerpo de las cosas
    Que son el mundo y por ello se deterioran

    La poesía es un resucitar a los muertos
    Sin publicistas ni discípulos que acaben
    Por sacar su propia versión del evangelio
    Y la vendan como oferta en los mercados

    La poesía es un devolver vida a la vida
    Es anudar los opuestos en una sola imagen
    Y confiar como un ciego en que la palabra
    Ahuyente la malévola luz del holocausto

    La poesía es una apuesta a favor de lo que somos
    Un as bajo la manga

    Don de lenguas, 1995.



    1968: Riding to the storm

    Esta es la luz que habla
    En susurros pero habla desde el asiento trasero de un plymouth 1956
    Rumbo al norte: al Centro de las cosas: donde los ángeles
    Son destellos en el cofre del auto: un brillo en la antena
    Que oscila a 55 millas por hora
    ¿Qué escuchamos en este momento
    Mis padres y yo? ¿Una canción de los Beatles? ¿Una pieza
    de Mantovani? ¿A qué año me refiero cuando digo ahora?
    1966 tal vez: no: un poco más adelante: 1968
    Un buen año en sus comienzos: dicen que habrá olimpiadas
    En México y los astronautas van a intentar descender en la Luna
     
    El futuro está con nosotros y usa casco de superhéroe
    El desierto está con nosotros y nos deslumbra con sus destellos
    Y sus campos olorosos a fertilizantes: vamos: aprisa:
    Quiero llegar a las tiendas repletas de juguetes: a las tiendas
    Donde los dulces brillan en su plástico alucinante: vamos
    Nos aguarda el buffet a la vaquero gringo con sus panes
    Enormes y sus trozos inmensos de cordero asado en salsa de barbacoa
     
    Esta es la luz que hablo
    En aquellos instantes suspendidos en la nada: como un espejismo
    Que nos cubriera haciéndonos parte suya: el auto acelera
    Y mi padre ríe al ver las mariposas que se estampan en el parabrisas
    Mientras mi madre se entristece al ver tanta belleza destruida
    Esos colores son los de su infancia en el paraíso del sur
    En ese reino donde abundan el agua y sus verdores
     
    Para mí la naturaleza son grillos y lagartijas: la mímesis
    Que se vuelve su entorno: así soy: un niño que se esfuma
    Entre las reverberaciones del desierto: un fantasma que salta
    Hacia otros mundos: un correcaminos atraviesa la carretera
    Y mi padre frena para no atropellarlos: ¿y el coyote? –me pregunto–
    ¿Dónde anda? ¿Por qué nunca alcanza a su presa favorita?
    El mundo es injusto: no todo lo soñado incide en la realidad
    Ni toda realidad es moldeada a nuestro antojo
     
    ¿Qué hago aquí?
    ¿A dónde me dirijo más allá de un sábado de compras
    A las diez de la mañana? Luego vuelvo mi atención
    A esos gritos que salen de la radio: “Quita esos berridos”
    Dice mi madre y dejo de oír la voz de Janis Joplin
    Vuelven las melodías instrumentales que me adormecen
    Y luego las noticias de lugares lejanos que dan a conocer
    El número de soldados muertos en Vietnam: hoy fueron 37
    Y hay lucha en Saigón: tomo mi metralleta de juguete
    Y disparo contra el enemigo: nadie queda en pie
    Cuando termino de jalar el gatillo: ¿quién lo diría?
    He matado a cientos y en clase odio toda disciplina militar
    Hacer ejercicios y marchar por horas para el desfile
    De la independencia nacional: sólo soy héroe en mi imaginación
    Sólo peleo batallas en mi mente: como en una película
    Donde la guerra es un espectáculo estruendoso: una fiesta
    Explosiva con cohetes al aire y colores luminosos
    Cayendo a tierra como relámpagos
    Nada es real
    Bajo el vidrio: percibo el aire helado que golpea mi cara
    Es bueno estar vivo y respirar sin dificultad: ser hijo
    De la luz que me cimbra de cuerpo entero
     
    Nueve años es mi edad
    Y cada imagen es Babel: un horizonte que se desdobla
    En su demasía: una acumulación de surcos y canales
    Las casas de madera con sus porches crujiendo de termitas
    Las hileras de hombres y mujeres que trasiegan con la cosecha
    La maquinaria que no se da abasto mientras pasamos a su lado
    ¿Quién es la sombra aquí? ¿A cuál fantasmagoría pertenecemos?
    La vida como savia y sangre: como sudor y lágrimas
    Contra un fondo azul donde las pacas de algodón se confunden
    Con las nubes que se arrastran a flor de tierra
     
    La autopista sigue hacia el norte
    Hacia el paraíso donde los ángeles habitan: un mundo
    De muchachas bailarinas y perros que aman a los niños
    De vaqueros intrépidos y piratas desalmados: una ciudad
    Donde los dibujos animados viven en grandes mansiones
    Y en cada garage hay naves del espacio a punto de saltar
    Hacia la Luna:
    Un mundo de luces inagotables
    Que yo veo desde la distancia: como un resplandor creciente
    Tras las montañas de piedra: tiempo después sabría
    Que por esta carretera pasaron en sus autos
    Rodolfo Valentino y Tyrone Power: Lana Turner y Ava Gardner
    Los dioses y las diosas de Hollywood en sus días
    De impecable poderío: en sus épocas de triunfo
    En la pantalla: pero ahora sólo nos acompañan
    Los hippies a la easy rider: en sus motos gigantescas
    Libres en sus vestimentas y cabelleras: con sus barbas
    De profetas bíblicos: son como soles que deslumbran
    En su paleta de colores: mariposas que zumban
    Mientras el cielo se vuelve diamante puro: un tapiz
    De gritos y carcajadas: de música ruidosa y aullidos
    De coyotes: libres en una forma exultante: de un modo imprevisto
    Y jubiloso: ellos que son apariciones de un espejismo
    Que me quita la modorra: por más que los denigren
    Son como ventanas entreabiertas a un mundo más extraño
    Que la dimensión desconocida: y luego están
    Las muchachas que los acompañan: esas ninfas que se visten
    Como mi abuela pero con atuendos transparentes: como
    Hijas de una danza que es remolino y frescura: eternidad
    Y contemplación: en sus ojos hay más universos
    Que todos los recorridos en un viaje a las estrellas
     
    Esta es la vida que me rodea
    La que me contiene: esbozos: primicias: palabras sueltas
    Fragmentos de ritmos trepidantes: mi mundo y los mundos
    Que colindan en mi espíritu: Mantovani y esa voz
    De hada que me pide alimentar mi cabeza con pastillas psicodélicas
    Los trabajadores que recogen la cosecha de legumbres
    Y los sueños de Hollywood que encienden sus luces
    De neón mientras el Sheik de Arabia galopa entre las dunas
    Los pequeños poblados con sus infaltables gasolineras
    Los letreros que anuncian el mustang como el auto del año
    La vida en su vacío plena de estímulos: de quimeras
    Por cumplirse: de hazañas a punto de ocurrir más allá:
    En alguna parte donde algún día podré ser yo mismo
     
    ¿Pero quién soy ahora?
    Sólo este niño abandonado a sus alucinaciones
    En el asiento trasero de un plymouth verde 1956
    Yendo de su casa fronteriza en Mexicali a El Centro: California
    Participando del antiguo ritual del shopping: aprendiendo
    Que la luz cambia las cosas: trastoca los reflejos
    De la existencia: da otro color a las palabras que pronuncia
    Sin entenderlas del todo: Main street: free gift: great opening
    Un niño que suma lo intangible con lo tangible: lo oscuro
    Con lo luminoso: los cercos de púas con las barras cremosas
    De chocolate: los guardias de la aduana estadounidense
    Con las camareras blanquísimas que atienden la fuente de sodas
    Los camellos de Camel con las dunas que se vislumbran desde la carretera
                                                                                  

    ¿Soy acaso un fantasma entre fantasmas? ¿Una aparición
    En el horizonte de las arenas? ¿Este hombre adulto
    Que repasa su infancia en un parpadeo: que apenas
    Rescata para sí unas cuantas verdades que son polvo:
    Que son viento y vendaval: resabio y remembranza
    Puede darse a la tarea de revivir cada detalle
    En el paisaje: cada imagen pasando a su lado?


    .


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  • 04/14/16--09:08: AZUL RAMOS [18.450]

  • Azul Ramos 

    (Acapulco, Guerrero, 1993). Escritora y fotógrafa. Estudió la licenciatura en comunicación por la Universidad Loyola del Pacífico. Pertenece a la segunda y tercera generación del curso-taller Red de Letras, Acapulco (2014-2015). Ganó la beca literaria por parte del Festival Interfaz del ISSSTE con el poemario Artería Infantil (2014). Forma parte del comité organizador del Encuentro Nacional de Jóvenes Escritores, Acapulco Barco de Libros desde el 2014. Organizadora del Festival multidisciplinario “Festibar del Muerto 2015”. Ha participado en diversos eventos literarios dentro y fuera del estado de Guerrero, entre ellos: Escritores en Verano (Secretaría de Cultura de Guerrero, 2014), Feria Internacional del Libro de Acapulco (2014 y 2015), Encuentro de escritores en Morelos: Punto de Inserción (2014), Festival La Muerte tiene permiso (Tlaxcala, 2015), Jornada Cultural por la civilidad y la convivencia pacífica (Dirección de Cultura de Acapulco, 2015).




    La lluvia que no
    viaja entre mis ojos
    habita el mar.




    Tres poemas tristes de agua y muerte

    I

    Recuerdo a mi abuela en su cajita de cristal:
    reposaba sus cabellos como algas marinas,
    suspendida en agua salada.

    La cobijé con caracoles,
                                               su cuerpo eran restos de una tragedia marina.




    II

    Cronos dibuja un reloj de arena y lo nombra La Roqueta.
    El mar se ha vuelto algo distinto:
                                                                venganza de un padre adolorido.

    arriba es tela azul-coral para atraer piratas
                                                                   alimento de sirenas.
    Abajo, arena que vuelve piedra todo lo que toca.


    Cronos se glorifica como el dios que controla el mundo,
    dios del tiempo,
    dios de muerte,
    dios                                           hoy vives 
                                                       mañana mueres.

    Cronos ha dibujado un reloj de arena
    y lo llama La Roqueta.

    Arriba es azul como es en el cielo,
    Abajo es amarillo
                                    y quema
                                    y mata
                                    y congela
                                    y te vuelves piedra.

    El tiempo es la oportunidad de quien no nació sincronizado a alguien más.
    A esos, Cronos los bendice, los atrae al mar y los festeja con campanas de piedra y bahía.




    III

    De un tronco cuelgan nuestras almas como ramas quebradizas,
    tocamos la laguna con nuestros brazos a medio partir.

    Los ojos son nidos abandonados,
    paja amontonada que no guarda nada.

    Cuelgan nuestras almas y nos deshacemos poco a poco,
    los muslos comienzan a romperse,
    las piernas caen con las rodillas:
                                                          flotan en la laguna.

    Caen cocos que alguna vez fueron nuestras cabezas,
    unidas por un tallo que se alimentaba de la laguna que ahora nos ve caer.

    Nada queda de lo que alguna vez fuimos aquí.
    Con nosotros solo quedan troncos secos.

    La laguna se desborda,
                                   nos come la piel hasta matarnos.






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    GRISSEL GÓMEZ ESTRADA

    Nació en la ciudad de México el 12 de noviembre de 1970. Poeta. Es licenciada en letras hispánicas por la UAM y maestra en literatura española por la UNAM. Imparte cursos de literatura y filosofía en la Universidad Tecnológica de la Mixteca. Obtuvo el primer lugar en el Concurso de Poesía UAM 96 y el segundo sitio en el Concurso Nacional de Poesía Efraín Huerta, en 1997. 

    Ha publicado en Unomásuno, La Jornada, Luna Zeta, Alforja, La otra, La hormiga roja, Periódico de Poesía, Blanco Móvil, etc. Ha participado en recitales y festivales de literatura, como Mujeres poetas en el País de las Nubes, Festival de Poesía de La Habana, El Pacífico escribe… encuentro de escritores del Pacífico, entre otros.

    Obra publicada

    Poesía: Poemas de neurosis y antineurosis, UAM, Molinos de Viento, 2001. || El lenguaje de las olas. 1990-2000, Biblioteca Cervantes, 2000. || Otra vida, Editorial Ostraco, 2003.

    Antología: Versos puercos, Alforja, Poesía en el Andén, 2006.



    Sobre reliquias

    Con las uñas sucias de tierra y estropajos
    escucho apenas un hálito vacío
    escucho y exploro sin encontrar el rastro

    he creído encontrar vestigios
    en rostros de amistades avejentadas,
    viejos con alcohol en las venas
    y consejos alados en la lengua

    signos desatados exigiendo un canto

    He delineado tu rostro
    con notas tropicales y desgraciadas
    en esos gestos cansados que cantan 
    y así tener pretextos para sufrir
        como un amoroso cualquiera

    cantan conmigo
        y la única voz generada pone en orden sombras y guerras

    y todos somos piedra y Dios

    reliquias falsas
    o quién sabe…

    Esa loca de la casa
    andando a tientas, a lo loco
    inventa una voz que nunca me dirá “hija, buenos días”
    ni me reñirá por irme tan lejos

    Ojalá te imaginara, padre,
    como si hubieras sido un señor acaudalado y sobrio

    y tal vez, con ello, el aleteo de la mariposa
             no habría acumulado tanta sangre en fosas clandestinas



    Oráculo

    Si no tuviera esta presión en medio de la frente
    iría corriendo 

    Si no conociera el final de la historia
    si no tuviera experiencia en lagartos,
    mi vida,
    pero tengo aún un sudario en la espalda
    que me cala los huesos
    como griterío de gaviotas

    No es cierto que nunca te haya visto,
    no es cierto que no te conozca:
    te vi por primera vez cuando tenía la edad que tienes tú

    me has dejado una y otra vez

    Casandra para sí misma
    espejo de las montañas
    mira mis dientes llenos de sangre:
    también he chupado cuellos hasta cansarme
    y he andado por las calles
    gritando tu nombre
    como si fueras mi amante asesinado

    ¿A ti no te da miedo?
    Yo tengo sueño ahora.
    ¿Dormirías al lado de un alacrán
    que tiene la aguja preparada?



    AMOR

    Para Arturo Cosme

    La niebla se extiende hacia el umbral,
    y a su paso desaparece el camino irregular de la senda,
    sus protuberancias: serpientes con las que se formó el destino silente de las olas,
    incluso, la niebla se traga los abismos con los que tropezamos, se traga
    su núcleo donde sólo la oscuridad es posible, donde sólo el extravío y la pena
    como ángeles luminosos, nos tendieron la mano, ignoro si para sufrir
    o reírnos a carcajadas por el vuelo inútil de fantasmas, hoy sin rostro,
    alguna vez tan bellos que no supimos cómo sobrevivir
    a su antigua iridiscencia de seres de profundidades marinas.
    A la espalda ya no queda nada: sólo tu rostro en cualquier dimensión:
    es tu rostro: emerge blasfema ilumina, corta cabezas, consume mis palabras
    [–los cantos,
    las restituye en forma de parvadas, de resplandores a la orilla del río Colorado,
    y me deja ciega y feliz entre este desconcierto que parece, no desdén, sino
    [aganisias vivas,
    nimbos que preparan tempestades, vientos que confluyen desde los cuatro puntos
    [cardinales,
    y todo en una sola mujer. Y cuando sobre tu cuerpo desnudo, nos lanzamos al
    [vacío,
    y suspendidos me conduces a los centros, al origen, amado, impregnados enteros
    de lágrimas gozosas y sudor, somos capaces de entender, como recién nacidos,
    en qué consiste el cosmos a quien se llama Dios.



    LA MAÑANA EN QUE ME BESARAS

    Tantas voces sobre el dolor que gimen,
    por siglos martillando la cabeza,
    me demandan silencio, sin embargo,
    soy gotitas que toman otro cauce.
    Pero tu piel de vitral el deletreo
    no palpa, no oye, ni intuye los gritos.
    Con prurito, entonces, las gotitas
    humedecen este papel en blanco,
    cantan a ti: rumiante que silencios
    engulle: autista, brida.
    Las gotas inventan un cerro rojo
    se vuelven tormenta que arrancará
    tu casa con su lluvia colérica.
    Pero podrían ser, por ti,
    girasoles gigantes
    que dieran sombra a tu atadura,
    turba de notas,
    alacranes defendiendo tus ojos,
    en la mañana estival en que me besaras.



    PRIMER PASO PARA ABANDONAR UNA ADICCIÓN

    Admite que el objeto de tu adicción
    es lo primordial en tu vida:
    más que el barranco del sueño
    más que las mariposas alrededor de tu cabeza
    ni ramas ni raíces pueden opacarla
          ni la dignidad
    del cuerpo adolorido.
    ¿Qué hacer, entonces,
    para dejar de atracar tu piel
    todas las noches
    si no sé escribir de otra cosa?



    MÚSCULOS DE POETA

    ¿Por qué de poetas y trovadores,
    grandes pectorales no florecen,
    como de toro la carne prieta?

    Carniceros, boxeadores fieros
                 – comprendidos poco en el mundo–
     sólo te ven con la abierta boca.
    “¿Noble? ¿Extranjera? ¿Resucitó?
    ¿Asesina en serie? Qué profundo.”

                 Y se les termina la plática.
    Mas, te cubren toda en el abrazo,
    cual si de espectro tuvieran capa,
    donde te desaparecen.

    Nada es perfecto. De esta manera,
    no estaría mal un beisbolista
    para las noches en que una alma
    poeta no se consiga atrapar.



    NUEVAS SALIDAS DE LA CONDESA SANGRIENTA

    I

    Para variar, oscurece.
    Podemos salir, si apeteces del sol la lisonja.
    Hoy hay buen cine.
    Caminemos por ahí, quizá.
    Tu espalda vacila, ante los albores del alba.
    Yo temo: no vaya a ser que me deshaga ante la luz.
    Se correrá el riesgo por tu dorso como de sueño antiguo.
    Casi veo correr la sangre en él.


    II

    Te invito a revelar tu magia.
    Supón que mi cuerpo sufra
    metamorfosis entre tus manos.
    Supón que mi sudor sea tu elíxir.
    Supón que esta piel, que se eriza ante ti,
    sangrará al volverse efigie de tus deseos.
    Supón que el acto brutal de la penetración
    me convierta en doncella o ángel
    y que mis colmillos se queden clavados en tu cuello
    hasta que acabe el sortilegio,
    o que mis garras se hundan en tus costillas
    hasta desaparecer dentro de ti.
    Entonces deberé cuidarme.
    Pero esta vez, el pantano puede esperar.


    III

    ¿Quién eres tú,
    que hace sangrar volcanes mientras repta?
    Esconde las zarpas.
    Mis alas te protegerán
    hasta que crezcan las tuyas,
    y con tu aleteo me devorarás, como a la viuda
    su delicada estirpe saborea.


    IV.

    Llegó, me sacudió por todas partes, y se fue.
    Queda su sonrisa de rascacielos,
    queda su cuerpo: acueducto, coliseo,
    triunfador, arrasador, gandalla,
    tan absoluto
    que sólo queda, de gozo,
    lamerse un poco la sangre,
    tan hermoso que a veces
    no me atrevía a tocarlo
                --no vaya a romperse, hija,
           dijera la madre, no lo rompas,
    tan hermoso como para invitar a mis amigas el banquete,
    qué pena.
                Lobos hambrientos lo devoraron en el camino.





    .

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    Laura A. López (Laural)

    Poeta, artista plástica, comunicadora publicitaria y gestora cultural. (Buenos Aires, 1979).

    Trabajo en E-volution como Directora de Cuentas y Planning.

    Publiqué Marea ocular del deseo (2001, Ed Tu Llave), Para saltar sobre el abismo del mundo (2010, Zorra Poesía), Parte de un mismo cuerpo (2011, El ojo del mármol), Maremoto en la cuchara de madera y Novela (2012, Kiosco de Poesía).

    Ilustré los libros O inicio do assoprado, de Rodrigo Domingos, y El tiempo y las cosas, de Amira Juri.

    Participé en Ilusorias,en Reinvención & Vidi Vini Vici y en Apología II Soy colaboradora del Festival Internacional de Poesía y Grupo Babel.

    Exploré el cruce de lenguajes en Sonoridades Poéticas, y desarrollé distintos sucesos en la galería Lista Ya.

    Mi obra es parte de Artistas por el Mundo.



    LAS RAZONES EQUIVOCADAS

    Perfeccionamos 
    la palabra el silencio el abrazo
    Numeramos y enumeramos
    este es el derecho este es el revés del enunciado

    Estudiamos analizamos clasificamos
    para el bien y por el bien de otros

    Apostamos 

    Llegamos a estar en el podio
    pagamos y lo contamos

    Nos quedan las fotos
    para defendernos
    con buenos recuerdos
    del aliento de un sueño pasado

    Salimos
    al encuentro del mundo
    de un alma

    La comprensión absoluta
    la rima desconcertada
    de este viento canal
    por el ciempiés de las vertebras

    Arriba de los árboles
    en las cumbres
    sobre los templos
    las bocas del mismo cielo
    diafragma
    del universo
    contraído

    Todo inútil
    inservible y venerado
    por las razones equivocadas

    Acordate

    Acá el azar
                juega otro juego

    Aún con incoherencias /

    Llegamos al punto
    en que no tenemos que hablar

    Es un alivio liberarse
    de símbolos y conceptos
    de esta arquitectura humana

    (Nada más trágico que perder el tiempo con otros)   

    Si hasta los mismos dioses
    se enamoraban y libraban batallas

    Nosotros aquí
    empuñando el lenguaje
    como un arma
    propagando
    consecuencias
    del pensamiento 
    entrenado 
    en infravalorar
                placeres y movimiento

                Desde que nacimos  
                la vida es una fiesta
                y lo mismo ha de ser dejarla

    ¡Adiós antropomorfismo!
    ¡Adiós discurso del caparazón!
    ¡Adiós antropocentrismo!

    Aprendimos a mirar a escuchar
    con los brazos abiertos

    Ya no amamos tímidamente

    Dejamos atrás
    dolores que no nos dejan
    y asumimos ahora una creciente fluidez

    Ya no vivimos y morimos por las razones equivocadas

    Con cada interrogación destilarán
    cazadoras opiniones diatribas
    mientras las respuestas
    van llegando
    poco a poco
                por detrás





    Pasajera

    me subo a tiempo
    destrabo la mandíbula
    del colectivero
    mezclo las calles que desarmo
    en paralelos
    choco las esquinas
    big bang rojo amarillo verde
    el primer minuto de silencio
    ¿de 90 o de 1 peso?
    hasta dónde voy
    adónde voy

    empiezo de nuevo
    respiro

    ya puse la moneda

    una máquina me da
    a cambio, el boleto





    La piel es suficiente abrigo

    Soñé con tonos rojizos de siesta cajas de mudanza 
    despedimos a la familia leías en voz alta 
    por momentos te escuchaba es primavera y es verano me explicabas 
    mientras nos movíamos por la casa hablabas y encendíamos cigarrillos 
    la piel es suficiente abrigo el amor el calor el cielo nos desnudaban
    dormimos con la puerta abierta los animales no entraban

    A la tarde teníamos balcón las personas contentas conversaban 
    asomadas al mismo octavo piso de mi adolescencia vimos 
    que las algas flotaban era salvaje más tibia que otras veces el agua


    Poemas contra la red

    De las charlas
    la colaboración
    los brindis
    las noches en la feria
    los bares
    los libros
    y esas cosas que suceden
    en cualquier festival


    AL NIVEL DEL MAR

    el poeta se pierde en la ciudad en el cuarto de hotel en el balcón céntrico que de día le trae el sol y de noche la roja efervescencia en cientos de guiños intermitentes
    el poeta sabe beber sabe comer y quiere fumar
    fumamos juntos /
    el poeta no escucha cuando digo porque quiere decírmelo todo él como una ametralladora que descarga sus balas en una seguidilla de espanto
    el poeta extraña a su mujer a su hija
    extraña su casa al nivel del mar y no puede quedarse quieto en el tercer piso de la ciudad /
    el poeta mira los libros que están sobre su cama toma el que eligió para unir por tierra Santiago con Buenos Aires y me lee en voz alta me lee sin oxígeno y sin mirarme
    el poeta avanza con su tren de libertad bajo palabra /  
    lo escucho ya un poco cansada y estiro el cuero de mi honda
    el poeta sigue / se instala
    ahora afirma
    libertad es ficción
    agrega vida y adversidad en el orgullo de citar y lo vieras redundando autores en la acústica del paladar
    vieras como pierdo la paciencia con su itinerario y el cuarto me provoca arrancarlo trasladarlo de la dermis a la voluntad sintáctica de la piedra germinadora
    suelto las tiras
    perforo el concreto de su mente
    "cuidado con las conclusiones"
    así por fin la poesía se levanta

    Para F. A. con cariño. 





    DICHOS DESAFORTUNADOS

    La poeta de Barranquilla está enojada 
    francamente muy molesta /
    se ennegrece al recordar 
    una serie de dichos desafortunados
    de los organizadores del festival
    La observo a la distancia
    se mueven sus labios sus ojos  
    sus manos procuran acorralar el dolor de niña 
    la insatisfacción adolescente el temor adulto y con todo eso 
    hace un desprecio a la medida de su compañero más lejano / 
    ninguna lengua que lo ampare  
    En la noche ella escribe por correo a sus contactos 
    "En este país hablan de mi tierra 
    como de un frasco de conservas" 




    (gratis)
    el grito
    de la
    especie


    Gratis del latín gratis, contracción de gratiis, forma de ablativo plural de
    gratia ("gracia"), del protoitálico *gʷrati-, del protoindoeuropeo *gʷerhₓ- ("alabar").


    EL GRITO


    Un verdadero artista grita solo en el desierto
    Raquel Jodorowsky



    Qué mejor que hacer las paces conmigo misma
    con los bandidos que me dicen groserías
    con los libros que no leí
    con los que perdí
    los amantes que fueron malos

    Escuchar atentamente
    a los pájaros a la lluvia al trueno

    ¿A quién habría que creerle?
    ¿Y por qué?

    Escuchar atentamente
    al amanecer

    La grúa inmensa
    que es la mano

    La cuerda que insiste: Sol

    Tierra mojada
    Asiento de porcentajes
    Descuentos de neón

    Tiene que haber un profeta
    un gato profeta
    que nos haga reír

    Hierba hierba hierba
    danza danza danza

    en tu ojo de tormenta






    Mientras pudo correr
    no lo hizo
    no quiso
    y se dedicó a beber
    de los arroyos
    de los árboles
    como un ciervo
    huidizo
    de elegancia salvaje

    Cuando le tocó dormir
    no pudo
    no quiso
    se olvidó a tiempo
    abrió la noche
    en mil reflejos quietos
    y suspiró sin llanto






    El guaraní es el idioma
    de las aves y de las culebras
    Aprender esta lengua
    para sobrevolar el llanto
    Aprender esta lengua
    para hundirme
    en la tierra
    hasta la piedra del sol





    Con algarabía
         -no miento
    los versos
    nos arrojan
    la una sobre la otra
    la una sobre la otra
    en niebla de océano
    en niebla de océano





    Enhebradas la luz la paz y la tierra
    dispuesto el tablero sobre el óvalo blanco

    La aurora cae
    y hemos formado un cuerpo
    tejido ansioso
    de una música nueva
    sin heridas

    Enhebrada la cruz en el vacío de la línea
    La luz de la línea





    Crash contra el cielo

    Como aire tierra agua fuego
    crash contra el cielo

    Frente al hecho irremediable de la muerte
    el misterioso silencio de la muerte
    la vida se vuelve algo banal
    necesariamente





    Señalética de comisuras
    y la tradición de primavera

    abrirse abrirse abrirse

    Secretos de linterna
    para volver a robar besos
    en las esquinas

    Inundar las calles





    Al sol las palabras brotan ligeras
    con la luna se enamoran

                           perfumadas

    El día las alimenta





    Vuelvo a casa
    un tanto bebida
    despeinada
    con jazmines

    Vuelvo a casa un sábado
    después de haber soñado con vos
    de noche de día
    de haber arrojado
    a la tormenta
    el lastre

    (y todavía
    hay estrellas en Av Callao)





    En la arboleda verde fluo
    anidan aves del paraíso

    Las vecinas
    desde la calle
    soy yo-o
    ahí vo-oy

    Los chicos de Boca
    asustan increpan provocan

    Su canto no cesa
                    no cesa






    .


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    MIGUEL ÁNGEL GÓMEZ GARCÍA

    Miguel Ángel Gómez García nació en Oviedo el 19 de marzo de 1980. Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Oviedo, donde cursó el Máster en Formación del Profesorado. Ha publicado poemas sueltos en diversas revistas como Clarín o Anáfora y en la revista digital La ignorancia. Sus versos se incluyen en las antologías Soledades juntas (Círculo cultural de Valdediós, 2005), Perro sin dueño (II Concurso Internacional del Haiku, Universidad de Castilla La Mancha, 2007) y El triunfo de la muerte (Pata negra, 2011). Finalista del premio de novela Casino de Mieres (2014) y del Águila de poesía (2015). Recientemente, ha resultado ganador del premio Fernán Coronas (2014) y del Dafne (2015). Es autor del libro de poemas Monelle, los pájaros (Los libros del gato negro, 2016). Dirige un blog, El bosque de las últimas cosas.


                                   
    MIEDOS

    Me da miedo
    el ruido del acontecer.
    Soy
    el que dice tal vez,
    el oscuro,
    el del collar de gotas de agua (decía).
    Debo añadir que me da miedo 
    la luz sensible y sensitiva
    de los gatos callejeros.
    Me hace temblar. 
    Ahora mismo. 
    La luz cruda del día.
    (decía).
    Y entonces sin ti mengua la luz.
    Y entonces sin ti no acojo los colores.
    Delegan en ti en todo caso. 
    Y entonces, ¿me entendéis?

    No. Solo a ratos. No me da miedo la palidez.
    No me da miedo la verborrea.
    No me da miedo mojarme
    y ser consciente.
    No me da miedo la nieve.
    No me da miedo Monelle leve en su ropa,
    firme 
    en su levedad,
    así por mucho tiempo.
    No tengo miedo a la des-esperación.
    ¿Qué es vestirse?
    ¿Qué es un vestido?
    Pero ¿por qué tú y no nosotros?
    Tampoco esto significa
    que los miedos estén
    a la puerta.



    V

    No vengas por belladonas ni ortigas, ni por ladridos de perro, muy de mañana, te saben. «Escucha, Monelle: Cristina Rivera Garza escribió que solo en la memoria sentimos». Quiero tirarme de la cama para asomarme al bosque. Quiero que la ventana sea un pequeño túnel en el grueso muro. Llevemos nuestras manos cogidas. Hay ya en ti grajos graznando estrago, una sumisión, una lengua fresca de niña, ese alivio de la nínfula que ha podido, por fin, abandonar su fiereza, sus postillas donde el bicho araña, divierte, juega.



    LEITMOTIF DEL AMOR

    Desde luego, aún huele a pizza.
    Se acaba la película y vamos a la habitación
    rosa, malva, morada, violeta,
    polilla muerta, dibujante atropellado
    y Paula Bonet
    y sus amigos
    y vino con dolor de estómago y corazón
    y ojos brillantes que no vuelven
    y pensar “contigo saldría Monelle”
    y movería mis ideas a las tuyas
    y me invitarías a tu bosque
    y tú dirías “avanza por esta ebria oscuridad”
    y pensaría que tu piensas que los pájaros remiten a ti
    y nevaría
    y te quedarías muda
    y todos estarían muertos
    y saldría del bosque sangrando
    y estaría al lado tuyo pero no de tu mano
    y sería muy hermoso.
    Me llevaré todo de esta noche
    aunque es posible que nadie más lo vea




    XII

    Sylvia Plath me mira desde la pared
    y al menos 6 veces me dice
    que-me-hurgue-con-un-puñalito
    en la herida del vientre.

    Como la mayoría de vosotros haría,
    no le hago caso pero Sylvia Plath respira.
    Sylvia Plath inhala mi sangre. Espera.
    Sylvia Plath tiene ojos tristes, tristes, tristes.
    Es hermosa, rabiosa, pesimista.
    “¡ah, mira mi axila de luz y sombra”, me grita.

    La casa tiene disposición femenina.
    Huele a papel. Huele a tinta. Huele a mañana llena de un nombre.
    Sylvia. Sylvia. Sylvia.
    Estoy solo pero nunca estuve menos solo.
    Nieva dentro de nosotros, una vida nos nieva.
    Amenaza un negror claro.
    Sylvia Plath tiene cicatrices y ángel de la guarda,
    por eso no me asusta.
    Hay una Sylvia dentro de cada uno de nosotros.
    Nos manda hurgar en la herida con un puñalito,
    nos hace estar lejanísimos sin habernos movido del sitio.
    ¿Lo ven?




    DEDICATORIA

    AH, pasajera de este poema

    como un disparo de pistola sin gatillo

    lanzando gritos por el poema
    sobre la nada del poema
    que no escucha,
    cuya sola esperanza es la agonía
    que ensucia tu alma con dedos
    humedecidos.




    SHE`S OUT OF HER MIND
                              (Lou Reed)

    Solos tú y yo, que adoramos
    el mal de la ansiedad
    y el trapecio de la distancia,
    nosotros, solos los dos, buscando infatigables
    la sangre de Plotino y mañana el poema
    volverá a estar mirando a nadie.




    XXXVII

    Y mi corazón desesperaba
    era un pálido dibujo
    y fueron cayendo todos los bailarines
    en la planeada oscuridad.
    Y mi corazón seguirá desesperando.

    (De “Monelle, los pájaros”, 2016)




    ¿DÓNDE ESTÁN LOS GATOS?

    Los gatos que lloran, que se emborracharon, se enamoraron,
    se enfadaron, se murieron (y desolaron a medio planeta)
    los gatos que lloran rayas secas (se hurgan ―como Artaud―
    con un puñalito en el cerebro)
    los gatos que lloran, que placen y se complacen (como la vida)
    los gatos que lloran mis libros preferidos (consigo pensar
    en algo bueno)
    los gatos que lloran, que lloran, que lloran, que solo piden
    compasión
    que solo piden un momento (odiándose o amándose o las dos 
    cosas 
    a la vez,
    así se les pasa la juventud).

    Los gatos que lloran con toda su ternura.

    Los gatos amantes de Lady Lazarus o de Lorelei; los gatos
    eruditos, los gatos que
    no se lavan la cabeza ni se la peinan y los gatos que hacen
    declaraciones
    de principios;

    yo era un gato que sabía en qué tenía un soplo
    y en qué no tenía un soplo y que poseía un corazón
    que sin ti
    se pegaría un tiro de sangre.

    Me siento viejo,
    dormiste con el lomo contra mi máquina
    mucho tiempo
    luego me sentí tonto y romántico
    se fue tu alegría navegable,
    te largaste
    en lo coreográfico de un noviembre extraño
    y mi problema fue el frío, lo ha sido siempre.

    Ahora mi corazón / chatarra abre la jaula y se va
    y a menudo tiene hemorragias
    nocturnas.

    Porque tu pájaro de saliva
    le besó
    más de lo que creía,
    más de lo que supo,
    más de lo que sintió.
    Me parece.

    (Inédito en libro)




    ¡AH DE LA AMAZONA!

    Estando muy seguro en mi certeza
    haré un poema de tu cuerpo fresco
    con la tinta de sobra, este cuerpo
    con biografía, piel breve y gloriosa
    de donde nacen cosas muy librescas,
    donde efluyen, influyen, las atmósferas,
    el clima femenino, zarzas vivas. 
    Nueve versos te haré de beso rápido,
    Pentesilea mía, dulce Sara. 

    (Inédito en libro)



    HEMINGWAY EN SUEÑOS

    Hemingway
    llama a mi puerta
    en sueños, su barba
    más
    real
    que la expresión de mi cara
    cuando me quedo soñando así
    y tiene 55 años
    y parece más interesante
    con sus ojos de lince