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  • 03/24/16--06:15: JAMES DICKEY [18.300]

  • James Dickey

    James Dickey Lafayette (2 febrero 1923 a 19 enero 1997) fue un poeta y novelista estadounidense. Fue nombrado el XVIII Consultor poeta laureado en la poesía de la Biblioteca del Congreso en 1966. También recibió la Orden del Sur .

    OBRA:

    Into the Stone and Other Poems (1960)
    Drowning with Others (1962)
    Two Poems of the Air (1964)
    Helmets (1964)
    Buckdancer's Choice: Poems (1965) —winner of the National Book Award [5]
    Poems 1957-67 (1967)
    The Achievement of James Dickey: A Comprehensive Selection of His Poems (1968)
    The Eye-Beaters, Blood, Victory, Madness, Buckhead and Mercy (1970)
    Deliverance (1970)
    Exchanges (1971)
    For the Death of Vince Lombardi (1971)
    Jericho: The South Beheld (1974) (with Hubert Shuptrine)
    The Zodiac (1976)
    Veteran Birth: The Gadfly Poems 1947-49 (1978)
    In Pursuit of the Grey Soul (1978) (illustrated prose)
    Head-Deep in Strange Sounds: Free-Flight Improvisations from the unEnglish (1979)
    The Strength of Fields (1979)
    Falling, May Day Sermon, and Other Poems (1981)
    The Early Motion (1981)
    Puella (1982)
    Värmland (1982)
    False Youth: Four Seasons (1983)
    For a Time and Place (1983)
    Intervisions (1983)
    The Central Motion: Poems 1968-79 (1983)
    Bronwen, The Traw, and the Shape-Shifter: A Poem in Four Parts (1986)
    Alnilam (1987)
    The Eagle's Mile (1990)
    The Whole Motion: Collected Poems 1949-92 (1992)
    Float Like a Butterfly, Sting Like the Bee
    To The White Sea (1993)



    Tres poemas de James Dickey 1923-1997

    Por José Emilio Pacheco

    Acaba de morir James Dickey, el poeta de Georgia, menos célebre por su notable poesía que por haber leído en la toma de posesión de James Carter y haber escrito una novela, Deliverance, que en 1970 anticipó el miedo de los noventa: acosadas por los ejércitos de la noche, en el bosque o en la selva urbana, las personas más pacíficas pueden volverse monstruos para no sucumbir ante los monstruos .

    Dickey afirmaba con buen humor que publicó su primer libro a los 38 años, edad en que la inmensa mayoría de quienes intentaron escribir versos han renunciado al sueño de adolescencia Y lo hizo en clase turista, es decir en un volumen colectivo junto con otros dos que se perdieron en las tinieblas Como tantos de nuestros poetas, trabajó en la agencia publicitaria McCann-Erickson, encargado de la cuenta de la Coca Cola Así que todos sin excepción en algún momento de nuestra vida hemos estado expuestos a las palabras e imágenes de Dickey, conocido en el medio como “Jingle Jim” (por analogía con Jungle Jim, Jim de la Selva).

    Hoy como nunca es necesario defender todo lo que da riqueza y variedad a la vida y a la poesía La cultura que despectivamente sus compatriotas llaman redneck tiene tanto derecho como cualquier otra a la existencia poética Dickey fue el vocero de esta visión del mundo que tan bien se ha expresado en la música “country” y ahora se encuentra bajo el fuego de quienes la repudian por machista y racista.

    Con casi dos metros de estatura y más de cien kilos de peso, Dickey no correspondía a la imagen que solemos forjarnos de los poetas Fue estrella estudiantil del futbol americano, antecesor de los motociclistas que puso de moda Brando y combatiente en el Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial El gobierno de Roosevelt imprimió millones de libros de bolsillo para enviar a los campos de batalla Una antología de Louis Untermeyer le descubrió a los poetas contemporáneos cuando Dickey era piloto de un cazabombardero.

    La ley que dio instrucción gratuita a los antiguos soldados le permitió estudiar en la Universidad de Vanderbildt Tras cientos de rechazos, un poema le fue aceptado por la Sewanee Review De todos modos su libro inicial, Into the Stone, no se publicó hasta 1960 Con Into the Stone, Drowing with Others, Helmets, Buckdancer’s Choice (Buckdancer es un bailarín de tap) y Falling se integra el volumen por el que Dickey será recordado, Poems 1957-1967 El texto que da título a la última colección se considera el mejor de su autor En 176 versos narra la caída de un azafata que se precipita al vacío al abrirse una puerta de emergencia Por su extensión y sus características tipográficas es imposible de reproducir aquí.

    Dickey entró en el circuito universitario que es el único medio de subsistencia para los poetas norteamericanos Fue todo menos académico A la manera de Norman Mailer, publicó un libro de Self-Interviews y durante una temporada se convirtió en el más temible crítico de su poesía en su país.

    Randall Jarrell (1914-1965) ocupó el puesto a lo largo de veinte años Como era de temerse, lo primero que hizo Dickey fue arremeter contra Jarrell en cuanto poeta: “(Sus Selected Poems) son torpes más allá de toda torpeza de estupefacción o petrificación; al leerlos de principio a fin, sé más del tedio de lo que saben los muertos En simple inglés americano que gatos y perros pueden entender, estos poemas son los escritos más sin talento, sentimentales, autoindulgentes e insensitivos que recuerdo; cuando los leo no puedo evitar reírme y llorar toda la noche, y no me explico la reputación que pudo forjarse a partir de esta basura”.

    Un factoide, un hecho que jamás ocurrió pero que todos dan por sucedido, ha consagrado la leyenda de que el crítico implacable no resistió la andanada de Dickey y entró en una depresión que lo condujo al suicidio Es algo tan falso como la conseja de que Antonieta Rivas Mercado posó para el “ángel” Quien se tome la molestia de leer Babel to Byzantiium: Poets & Poetry Now (1968 y 1981), el libro que recopila las reseñas de Dickey, verá que la nota es de 1956, anterior en diez años a la muerte de Jarrell.

    Veterano de muchas guerras literarias, Pablo Neruda llegó a la conclusión de que un escritor nunca debe atacar a otro Su contemporáneo WH Auden aconsejó al poeta ocuparse sólo de lo que le gusta Si un libro es malo no vale la pena ensañarse contra él: por sí solo desaparecerá en unos cuantos meses Si por lo contrario es bueno, el ataque no le hará ningún daño y uno quedará como un imbécil y un envidioso, ávido de elogiarse indirectamente a sí mismo
    Cuando Dickey dio a conocer Puella, celebración de su matrimonio con una joven, Dana Gioia, a su vez excelente poeta y crítico, lo liquidó en una reseña feroz, compilada en Can Poetry Matter? Essays on Poetry and American Culture (1992) Sin embargo, el propio Dana Gioia reconoció que “James Dickey es comprensiblemente uno de los poetas más leídos en Norteamérica Acaso ha hecho más que ningún otro escritor vivo por ampliar los temas de nuestra poesía Sus aportaciones no provienen de explorar zonas exóticas de la experiencia norteamericana sino de llevar al poema la mitología del redneck sureño con todos sus lóbregos accesorios de ebriedad, brutalidad, sexualidad e ignorancia Dickey creó un nuevo paisaje literario que, por poco atractivo que resulte sigue pareciendo creíble y pertinente para los lectores contemporáneos La suya fue una poesía para norteamericanos que no viajan al extranjero, excepto cuando los mandan como soldados, una poesía que encuentra cosas más extrañas en los apartados bosques de Georgia que en lo más remoto de Asia Escribió sobre gente que uno conoce en la vida pero que nunca antes había encontrado en los versos”.

    Ojalá los tres poemas aquí traducidos puedan servir de invitación a leer la poesía de James Dickey


    El cielo de los animales

    Aquí están con los dulces ojos abiertos
    Es un bosque
    Si han vivido en un bosque
    Si han vivido en llanuras
    Es hierba que para siempre se deslizará entre sus patas
    Aunque no tienen alma, de todos modos
    Sin saberlo han venido
    Sus instintos florecen en plenitud y se levantan
    Con los dulces ojos abiertos
    Para hermanarse con ellos, el paisaje florece
    Excede lo necesario,
    El bosque más frondoso,
    el más profundo campo
    Para algunos
    El lugar no sería lo que es sin la sangre
    Cazan, como han cazado,
    Pero con garras y colmillos perfectos
    Aún más letales de lo que suponen,
    Acechan con un mayor silencio,
    Se encorvan en las ramas
    El descenso a los lomos de sus presas
    Puede tardarse años
    De dicha que se cierne soberana
    Y los que son cazados
    Saben que esto es su vida, su recompensa: arder
    Bajo esos árboles, sabiendo
    Qué está gloriosamente encima de ellos
    Y no sentir ya miedo
    Sino obediencia, rendición, plenitud indolora
    Y en el centro del ciclo
    Caminan, se estremecen bajo el árbol,
    Caen, son destrozados, se levantan
    Y caminan de nuevo


    Adulterio

    Todos hemos estado en esos cuartos
    En los que no podemos morir
    Y son lugares tristes y extraños
    A menudo acechan los indios
    Con armas de águila en las colinas
    Bajo el crepúsculo abierto al Gran Espíritu,
    O se deslizan en canoas,
    O bien pacen las vacas en los muros distantes,
    Mirando con los ojos de nuestros hijos,
    Nada distantes
    O hay hombres que manejan
    El último martillo que remacha
    Los clavos de los rieles y se ha vuelto
    Oro en sus manos Una inmensa
    Anticipación del placer
    Vive entre estas escenas, y estamos al fin solos
    Siempre hay algunas lágrimas
    Entre nosotros Y alguno siempre lanza
    Miradas furtivas al reloj en el buró
    Para ver cuánto nos queda Esto no va
    A ningún lado No vamos
    A ningún lado: ni yo
    Con mis torvas técnicas, ni tú
    Que has sellado tu matriz
    Con un anillo de hule convulsivo
    Aunque nos venimos juntos
    No vamos juntos a ninguna parte
    Sin embargo no cederemos
    Porque la muerte es abolida
    Por los indios que rezan, las vacas lejanas,
    Los martillos históricos, las citas peligrosas
    Que unen continentes


    Imposible morir aquí

    Imposible morir, imposible morir
    Mientras se llora Mi amor, cariño mío,
    Te veo la próxima semana,
    Si vengo a la ciudad Te llamaré
    Si puedo Por favor, date cuenta de
    Por favor, no Dios mío
    Por favor, ya no No lo resisto
    Mira, lo hemos hecho otra vez
    Aún estamos vivos Levántate y sonríe
    Dios te bendiga Es mágica la culpa
    Ciervo entre el ganado
    Aquí y allá, bajo la luz quemante
    De mi mano que recorre el prado nocturno,
    Todos se hallan pastando
    Con alfileres de luz humana en los ojos
    Uno de ellos, silvestre,
    Come también la hierba humana,
    Esbelto, elegante, domesticado
    Por la oscuridad,
    Entre los que criamos para matarlos
    Saltó la cerca paralítica
    E inclina su frente ramificada
    En la mesa verde de escarcha,
    Unica cosa viva a la luz de esta linterna
    Que puede irse cuando lo desee,
    Convertir en bosque la hierba,
    Cerrar los ojos al resplandor inhumano
    Pero allí sigue: imperturbable en su campo abierto,
    Con las chispas de mi lámpara en sus pupilas,
    Sin nadie que lo iguale entre las reses,
    Pasta con ellas en la noche del matadero,
    Unico de su especie que se levantará entre los muertos




    El curioso caso de James Dickey - (el poeta presidencial olvidado)

    Por EDUARDO ESPINA
    DESDE ESTADOS UNIDOS ESPECIAL PARA EL OBSERVADOR
    En la década de 1970, James Dickey era uno de los escritores estadounidenses más prestigiosos y famosos. Hoy está casi olvidado (y el casi parece estar de más). ¿Cómo puede ser? ¿Cómo puede ser que el segundo poeta en la historia de su país en ser invitado a escribir el poema inaugural de una presidencia, la de Jimmy Carter, el escritor que tuvo un fenomenal éxito de crítica y público a nivel mundial con la novela Deliverance, adaptada luego al cine, quien fuera Poeta Laureado de la Nación entre 1966 y 1968, hoy no figure en el mapa de escritores que siguen siendo leídos y recordados?
    A tanto ha llegado el olvido, que en los últimos días, informando sobre el poema inaugural de la presidencia de Obama, escrito por la poeta negra Elizabeth Alexander, los diarios más importantes de este país, incluido el New York Times, cometieron una enorme omisión diciendo que únicamente tres poetas antes de Alexander habían tenido el honor de participar en la toma de mando con un poema especialmente escrito para la ocasión.

    Mencionaron al venerable Robert Frost, quien accedió a la invitación de John F. Kennedy en 1961, y a Maya Angelou y Miller Williams, quienes honraron el inicio de la primera y segunda presidencia de Bill Clinton, en 1993 y 1997 respectivamente. Vaya uno a saber por qué (porque también los medios de prensa supuestamente serios se equivocan), pero ningún diario mencionó a James Dickey, quien, repito, fue el segundo poeta en escribir un poema “inaugural” complaciendo la invitación de Carter en 1977. Por cierto, el poema de Dickey, “The Strength of Fields”, debe ser el mejor de los cinco poemas “presidenciales”.

    No es tan fácil encontrar el por qué, en caso de que lo haya. Le pregunté días atrás a mi amigo el poeta Paul Christensen por qué Dickey está olvidado y me dijo que había varias razones, pero no me dijo cuáles específicamente. Aunque también destacó que “pronto volverá, porque en su obra hay demasiadas cosas buenas como para que caigan en el olvido”. Con toda seguridad Christensen tiene razón, por más que resulta difícil vaticinar cuándo un escritor valioso que ha caído en el olvido recobrará actualidad. Quizás pase tiempo, muchos años, antes de que esto ocurra. Dickey, si lo viera, no podría creer.

    Cuando lo conocí, en noviembre de 1980, Dickey era una estrella. Resulta extraño constatar que un poeta, figura casi siempre marginal de la sociedad, pueda convertirse en actor protagónico de la misma, aunque a veces pasa. Y en el caso de Dickey no tiene que ver exclusivamente con su poesía, pues fue la novela Deliverance, de 1970, la que lo convirtió en escritor popular, condición a la que muy pocos poetas pueden acceder. Dickey fue, conviene destacarlo, antes que nada poeta. Lo de novelista fue ocasional. Su fuerte fue el lirismo, no la narración, aunque también fue un agudo crítico literario y sus ensayos autobiográficos deberían ser recuperados. Así pues, Deliverance es una rareza en la obra del sureño, aunque, verdad obliga, es una rareza que le trajo celebridad y dinero: la plata rápida que genera un libro cuando es adaptado al cine y la película tiene repercusión masiva. En español se llamó La violencia está en nosotros y también en Uruguay fue éxito de taquilla (al menos cuando la vi el cine estaba lleno). Tiene como actores protagónicos a Jon Voigt, y a un Burt Reynolds en la cima de su popularidad.

    El filme, de 1972, fue dirigido con lúcido entendimiento de las circunstancias reales por el inglés John Boorman. Pocas veces antes el cine presentó con mirada tan fidedigna el Deep South o Sur profundo como en esa ocasión, y resulta hasta irónico que fuera un inglés quien tuviera la efectividad y el buen tino para hacerlo. Claro está, el libro de Dickey le puso las cosas en bandeja. La narración es un manifiesto testimonial de la condición sureña, de ese mundo machista y lleno de prejuicios que convierte a la violencia soterrada y cotidiana en usina aterradora, como la escena tantas veces citada cuando un hombre es violado. El propio Dickey tuvo un papel menor (cameo appearance), interpretando al comisario Bullard. El filme, que consiguió tres nominaciones al Oscar (mejor película, mejor director, mejor montaje), es considerado un clásico por el Archivo Cinematográfico de la Biblioteca del Congreso. A Dickey le sirvió para ganar el dinero que ni todos sus libros de poesía juntos le habían dejado, pero también para conseguir un extraño premio: el Globo de Oro a mejor guión. El poeta que había publicado su primer libro diez años antes, Into the Stone, en 1962, no podía creerlo, como tampoco creería el olvido en que hoy está sumido.

    Cuando murió, cuatro días después de haberse jubilado como profesor de literatura de la Universidad de Carolina del Sur, el obituario del New York Times, escrito por Albin Krebs, comenzaba diciendo: “James Dickey, uno de los más distinguidos poetas y críticos modernos de la nación, conferenciante y profesor, quizás más conocido por su áspera novela Deliverance, murió el domingo en Columbia, Carolina del Sur. Tenía 73 años. Murió de complicaciones de una enfermedad pulmonar”. Nacido en un país donde la gente del sur, incluidos escritores, es situada en una categoría de inferioridad intelectual con respecto a la elite del noreste, Dickey resulta un caso excepcional para su contexto, como también lo fue, aunque de manera diferente, Francis Scott Fitzgerald. Lector ávido, tuvo un interés casi renacentista en distintas disciplinas, las cuales coincidían en el momento de la escritura para resaltar una obra literaria de fina elaboración y poderoso contenido intelectual. Convirtió a momentos en apariencia simples de la vida en lecciones de observación. Se destacó asimismo por su gran exuberancia física (casi dos metros de altura), que le permitió destacarse en la universidad como potente jugador de fútbol americano y asimismo en los años en que estuvo en la Fuerza Aérea, durante la segunda guerra mundial y en la guerra de Corea. En ambos conflictos bélicos se desempeñó como piloto de misiones nocturnas. Cuenta en alguna parte que entre misión y misión, en las cuales se jugaba la vida, leía poesía moderna.

    Nacido en Buckhead, Georgia, suburbio de Atlanta, el 2 de febrero de 1923, Dickey celebró la vida como lugar de conflicto y desafíos. Desde otra perspectiva, una mucho más reflexiva y lírica, incluso más honesta pues su exhibicionismo de virilidad careció de imposturas, Dickey retomó algunos de los temas que ya antes habían estado presentes en la literatura de Hemingway, como el coraje del espíritu humano en situaciones extremas y la resolución masculina de los conflictos de la existencia en apariencia menores y que sin embargo resultan definidores del carácter de esta. Entre 1955 y 1961 Dickey trabajó como creativo en agencias de publicidad de Nueva York y Atlanta (entre otras McCann-Ericson), un tipo de trabajo que detestó por considerarlo banal y sobre el cual dijo en una oportunidad: “Durante el día vendía mi alma al diablo y de noche trataba de comprarla nuevamente”. En horas nocturnas escribía y bebía como un descosido, y fue el alcohol el que terminó minando su salud y su talento literario, convirtiéndolo según muchos en un personaje arrogante y prepotente, aunque la vez que lo conocí, esa inolvidable y única vez, me llevé una idea diferente. Me encontré con un tipo delirante, inteligente y jovial (me dijo en un momento que siempre se vestía de jeans para atraer a mujeres más jóvenes), un ser curioso y lleno de historias que cumplían a la perfección con la imagen que de él tenía, sobre todo tras haber leído su antología “Poems 1957-1967”, donde hay varias obras maestras en verso que no deberían caer en el mismo imperdonable olvido en que ha caído su autor: héroe de guerra, cazador, novelista, profesor, periodista ocasional, mujeriego, deportista, espíritu renacentista y, sobre todo, poeta.


    The heaven of animals

    Here they are. The soft eyes open.
    If they have lived in a wood
    It is a wood.
    If they have lived on plains
    It is grass rolling
    Under their feet forever.

    Having no souls, they have come,
    Anyway, beyond their knowing.
    Their instincts wholly bloom
    And they rise.
    The soft eyes open.

    To match them, the landscape flowers,
    Outdoing, desperately
    Outdoing what is required:
    The richest wood,
    The deepest field.

    For some of these,
    It could not be the place
    It is, without blood.
    These hunt, as they have done,
    But with claws and teeth grown perfect,

    More deadly than they can believe.
    They stalk more silently,
    And crouch on the limbs of trees,
    And their descent
    Upon the bright backs of their prey

    May take years
    In a sovereign floating of joy.
    And those that are hunted
    Know this as their life,
    Their reward: to walk

    Under such trees in full knowledge
    Of what is in glory above them,
    And to feel no fear,
    But acceptance, compliance.
    Fulfilling themselves without pain

    At the cycle’s center,
    They tremble, they walk
    Under the tree,
    They fall, they are torn,
    They rise, they walk again.


    Hunting Civil War Relics At Nimblewill Creek

    As he moves the mine detector
    A few inches over the ground,
    Making it vitally float
    Among the ferns and weeds,
    I come into this war
    Slowly, with my one brother,
    Watching his face grow deep
    Between the earphones,
    For I can tell
    If we enter the buried battle
    Of Nimblewill
    Only by his expression.

    Softly he wanders, parting
    The grass with a dreaming hand.
    No dead cry yet takes root
    In his clapped ears
    Or can be seen in his smile.
    But underfoot I feel 
    The dead regroup,
    The burst metals all in place,
    The battle lines be drawn
    Anew to include us
    In Nimblewill,
    And I carry the shovel and pick

    More as if they were
    Bright weapons that I bore.
    A bird's cry breaks 
    In two, and into three parts.
    We cross the creek; the cry
    Shifts into another,
    Nearer, bird, and is
    Like the shout of a shadow—
    Lived-with, appallingly close—
    Or the soul, pronouncing
    'Nimblewill':
    Three tones; your being changes.

    We climb the bank;
    A faint light glows
    On my brother's mouth.
    I listen, as two birds fight
    For a single voice, but he
    Must be hearing the grave,
    In pieces, all singing
    To his clamped head,
    For he smiles as if 
    He rose from the dead within
    Green Nimblewill
    And stood in his grandson's shape.

    No shot from the buried war
    Shall kill me now,
    For the dead have waited here
    A hundred years to create
    Only the look on the face
    Of my one brother,
    Who stands among them, offering
    A metal dish
    Afloat in the trembling weeds,
    With a long-buried light on his lips
    At Nimblewill
    And the dead outsinging two birds.

    I choke the handle
    Of the pick, and fall to my knees
    To dig wherever he points,
    To bring up mess tin or bullet,
    To go underground
    Still singing, myself,
    Without a sound,
    Like a man who renounces war,
    Or one who shall lift up the past,
    Not breathing 'Father,'
    At Nimblewill,
    But saying, 'Fathers! Fathers!' 


    The Sheep-Child 

    Farm boys wild to couple
    With anything with soft-wooded trees
    With mounds of earth mounds
    Of pine straw will keep themselves off
    Animals by legends of their own: 
    In the hay-tunnel dark
    And dung of barns, they will
    Say I have heard tell

    That in a museum in Atlanta
    Way back in a corner somewhere
    There's this thing that's only half
    Sheep like a woolly baby
    Pickled in alcohol because
    Those things can't live his eyes
    Are open but you can't stand to look
    I heard from somebody who...

    But this is now almost all
    Gone. The boys have taken
    Their own true wives in the city, 
    The sheep are safe in the west hill
    Pasture but we who were born there
    Still are not sure. Are we, 
    Because we remember, remembered
    In the terrible dust of museums? 

    Merely with his eyes, the sheep-child may
    Be saying saying

    I am here, in my father's house.
    I who am half of your world, came deeply
    To my mother in the long grass
    Of the west pasture, where she stood like moonlight
    Listening for foxes. It was something like love
    From another world that seized her
    From behind, and she gave, not Iifting her head
    Out of dew, without ever looking, her best
    Self to that great need. Turned loose, she dipped her face
    Farther into the chill of the earth, and in a sound
    Of sobbing of something stumbling
    Away, began, as she must do, 
    To carry me. I woke, dying, 
    In the summer sun of the hillside, with my eyes
    Far more than human. I saw for a blazing moment
    The great grassy world from both sides, 
    Man and beast in the round of their need, 
    And the hill wind stirred in my wool, 
    My hoof and my hand clasped each other, 
    I ate my one meal
    Of milk, and died
    Staring. From dark grass I came straight

    To my father's house, whose dust
    Whirls up in the halls for no reason
    When no one comes piling deep in a hellish mild
    corner, 
    And, through my immortal waters, 
    I meet the sun's grains eye
    To eye, and they fail at my closet of glass.
    Dead, I am most surely living
    In the minds of farm boys: I am he who drives
    Them like wolves from the hound bitch and calf
    And from the chaste ewe in the wind.
    They go into woods into bean fields they go
    Deep into their known right hands. Dreaming of me, 
    They groan they wait they suffer
    Themselves, they marry, they raise their kind. 



    The Hospital Window 

    I have just come down from my father. 
    Higher and higher he lies 
    Above me in a blue light 
    Shed by a tinted window. 
    I drop through six white floors 
    And then step out onto pavement. 

    Still feeling my father ascend, 
    I start to cross the firm street, 
    My shoulder blades shining with all 
    The glass the huge building can raise. 
    Now I must turn round and face it, 
    And know his one pane from the others. 

    Each window possesses the sun 
    As though it burned there on a wick. 
    I wave, like a man catching fire. 
    All the deep-dyed windowpanes flash, 
    And, behind them, all the white rooms 
    They turn to the color of Heaven. 

    Ceremoniously, gravely, and weakly, 
    Dozens of pale hands are waving 
    Back, from inside their flames. 
    Yet one pure pane among these 
    Is the bright, erased blankness of nothing. 
    I know that my father is there, 

    In the shape of his death still living. 
    The traffic increases around me 
    Like a madness called down on my head. 
    The horns blast at me like shotguns, 
    And drivers lean out, driven crazy— 
    But now my propped-up father 

    Lifts his arm out of stillness at last. 
    The light from the window strikes me 
    And I turn as blue as a soul, 
    As the moment when I was born. 
    I am not afraid for my father— 
    Look! He is grinning; he is not 

    Afraid for my life, either, 
    As the wild engines stand at my knees 
    Shredding their gears and roaring, 
    And I hold each car in its place 
    For miles, inciting its horn 
    To blow down the walls of the world 

    That the dying may float without fear 
    In the bold blue gaze of my father. 
    Slowly I move to the sidewalk 
    With my pin-tingling hand half dead 
    At the end of my bloodless arm. 
    I carry it off in amazement, 

    High, still higher, still waving, 
    My recognized face fully mortal, 
    Yet not; not at all, in the pale, 
    Drained, otherworldly, stricken, 
    Created hue of stained glass. 
    I have just come down from my father. 



    The Performance 

    The last time I saw Donald Armstrong 
    He was staggering oddly off into the sun, 
    Going down, off the Philippine Islands. 
    I let my shovel fall, and put that hand 
    Above my eyes, and moved some way to one side 
    That his body might pass through the sun, 

    And I saw how well he was not 
    Standing there on his hands, 
    On his spindle-shanked forearms balanced, 
    Unbalanced, with his big feet looming and waving 
    In the great, untrustworthy air 
    He flew in each night, when it darkened. 

    Dust fanned in scraped puffs from the earth 
    Between his arms, and blood turned his face inside out, 
    To demonstrate its suppleness 
    Of veins, as he perfected his role. 
    Next day, he toppled his head off 
    On an island beach to the south, 

    And the enemy’s two-handed sword 
    Did not fall from anyone’s hands 
    At that miraculous sight, 
    As the head rolled over upon 
    Its wide-eyed face, and fell 
    Into the inadequate grave 

    He had dug for himself, under pressure. 
    Yet I put my flat hand to my eyebrows 
    Months later, to see him again 
    In the sun, when I learned how he died, 
    And imagined him, there, 
    Come, judged, before his small captors, 

    Doing all his lean tricks to amaze them— 
    The back somersault, the kip-up— 
    And at last, the stand on his hands, 
    Perfect, with his feet together, 
    His head down, evenly breathing, 
    As the sun poured from the sea 

    And the headsman broke down 
    In a blaze of tears, in that light 
    Of the thin, long human frame 
    Upside down in its own strange joy, 
    And, if some other one had not told him, 
    Would have cut off the feet 

    Instead of the head, 
    And if Armstrong had not presently risen 
    In kingly, round-shouldered attendance, 
    And then knelt down in himself 
    Beside his hacked, glittering grave, having done 
    All things in this life that he could. 



    For The Last Wolverine 

    They will soon be down

    To one, but he still will be
    For a little while still will be stopping

    The flakes in the air with a look,
    Surrounding himself with the silence
    Of whitening snarls. Let him eat
    The last red meal of the condemned

    To extinction, tearing the guts

    From an elk. Yet that is not enough
    For me. I would have him eat

    The heart, and, from it, have an idea
    Stream into his gnawing head
    That he no longer has a thing
    To lose, and so can walk

    Out into the open, in the full

    Pale of the sub-Arctic sun
    Where a single spruce tree is dying

    Higher and higher. Let him climb it
    With all his meanness and strength.
    Lord, we have come to the end
    Of this kind of vision of heaven,

    As the sky breaks open

    Its fans around him and shimmers
    And into its northern gates he rises

    Snarling complete in the joy of a weasel
    With an elk's horned heart in his stomach
    Looking straight into the eternal
    Blue, where he hauls his kind. I would have it all

    My way: at the top of that tree I place

    The New World's last eagle
    Hunched in mangy feathers giving

    Up on the theory of flight.
    Dear God of the wildness of poetry, let them mate
    To the death in the rotten branches,
    Let the tree sway and burst into flame

    And mingle them, crackling with feathers,

    In crownfire. Let something come
    Of it something gigantic legendary

    Rise beyond reason over hills
    Of ice SCREAMING that it cannot die,
    That it has come back, this time
    On wings, and will spare no earthly thing:

    That it will hover, made purely of northern

    Lights, at dusk and fall
    On men building roads: will perch

    On the moose's horn like a falcon
    Riding into battle into holy war against
    Screaming railroad crews: will pull
    Whole traplines like fibers from the snow

    In the long-jawed night of fur trappers.

    But, small, filthy, unwinged,
    You will soon be crouching

    Alone, with maybe some dim racial notion
    Of being the last, but none of how much
    Your unnoticed going will mean:
    How much the timid poem needs

    The mindless explosion of your rage,

    The glutton's internal fire the elk's
    Heart in the belly, sprouting wings,

    The pact of the 'blind swallowing
    Thing,' with himself, to eat
    The world, and not to be driven off it
    Until it is gone, even if it takes

    Forever. I take you as you are

    And make of you what I will,
    Skunk-bear, carcajou, bloodthirsty

    Non-survivor.

    Lord, let me die but not die
    Out. 


    Adultery 

    We have all been in rooms
    We cannot die in, and they are odd places, and sad.
    Often Indians are standing eagle-armed on hills

    In the sunrise open wide to the Great Spirit
    Or gliding in canoes or cattle are browsing on the walls
    Far away gazing down with the eyes of our children

    Not far away or there are men driving
    The last railspike, which has turned
    Gold in their hands. Gigantic forepleasure lives

    Among such scenes, and we are alone with it
    At last. There is always some weeping 
    Between us and someone is always checking

    A wrist watch by the bed to see how much
    Longer we have left. Nothing can come
    Of this nothing can come

    Of us: of me with my grim techniques 
    Or you who have sealed your womb
    With a ring of convulsive rubber:

    Although we come together, 
    Nothing will come of us. But we would not give
    It up, for death is beaten

    By praying Indians by distant cows historical
    Hammers by hazardous meetings that bridge
    A continent. One could never die here

    Never die never die
    While crying. My lover, my dear one
    I will see you next week

    When I'm in town. I will call you
    If I can. Please get hold of Please don't
    Oh God, Please don't any more I can't bear . . . Listen:

    We have done it again we are 
    Still living. Sit up and smile, 
    God bless you. Guilt is magical. 






    .


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    HAYDÉE BEATRIZ RAZZARI

    Haydée Razzari: Escritora nacida en Bragado (Buenos Aires) en mayo de 1943. Hace 24 años que vive en Concordia. Desde 1998 participa en talleres literarios, primero con Beatriz Galli hasta principios de 2000. Desde agosto de 2000 hasta el presente con Marcelo Leites. Ha publicado en el diario "El Heraldo", de Concordia. Aún permanece inédita en libro.


    NAVIDAD

     - Qué te pondrás esta noche para cenar ? –me dijo
    - El vestido rayado con colores ocres, me encanta,  el que tiene la pollera al bies –le dije.
    -  Ese que tiene la pollera muy corta –me dijo con el  tono que anunciaba que un mal rato se avecinaba-
    - Si ese –dije como si no me hubiese dado cuenta-, y  ya estaré vestida para ir a bailar  después de cenar.-
    - No irás a ninguna parte con ese vestido. Quiero que te lo pongas nada más que para mi –  su voz  había subido un poco más-
    - El pantalón nuevo con la blusa que me mandó mamá entonces ? - traté de apaciguarlo
    - Con esa ropa  parece que estás buscando –dijo apretando las palabras-.-
    - Buscando qué,  iré  de tu brazo ! –dije-
    - Igual,  no quiero –dijo
    - Por favor –dije-, otra vez no, no esta noche, estoy adornado el árbol, estaba feliz hasta ahora, quería tener un pino de verdad  así de grande, me lo conseguiste como se le compra un regalo a una niña caprichosa y ahora ?
    - Ahora –dijo- seguí feliz pero haceme caso.
    - Haceme caso ! –dije- me hablás como si realmente fuera una nena y no tu mujer.
    - No empeces a llorar ! me dijo con  esa calma que no era calma, sino rabia contenida.-
    -  Dejame llorar, andate, dejame sola –dije con las palabras aguadas, entrecortadas.
    - No me voy –dijo ya calmo- vamos a la cama,  se te pasa el llanto.-
    - Por qué mis lágrimas te incitan, por qué ? –dije con una infinita pena.-
    Dejé de llorar …
    -Dijo –como siempre fue hermoso, ahora salgo, yo termino de comprar lo que falta, vos quedate un rato más en la cama-  Me retiró el brazo que me tapaba la cara y me beso largo y profundo.- Me dijo mientras salía - no te olvides nunca que te amo y que sos mía.-
    -Antes de salir, se volvió y me dijo – busca, tenés regalos.-
    Oí que cerraba la puerta,  me levanté, me bañe, saqué la valija, la llene al tun tun,  busqué el dinero del cajón de arriba de la cómoda, me colgué la cartera, salí sin cerrar la puerta.



    LA CARTERA

    La cartera cruzó la calle volando por el aire, la vi  irse presurosa como si nunca me hubiese pertenecido, iba preñada de bellos y entrañables elementos amorosamente comprados o recibidos, no le importó dejarme allí sola, sorprendida.
    Caminé hasta mi casa sintiendo que una mano me sobraba, como no tenía bolsillo esa mano parecía flotar liviana a mi lado, sin más destino que seguirme.-
    Esas cuadras las hice en un tiempo sin medida, tarde mucho o poco ? , no lo sabré nunca.-
    Frente a la puerta de mi casa me paré y busqué en un además mecánico, las llaves que estaban en un bolsillo de mi cartera, pero no estaban ni las llaves, ni el bolsillo ni la cartera.-
    Entonces use los nudillos de  la mano  desnuda para golpear la puerta, mi madre somnolienta me abrió y entré derecho a dejar como de costumbre la cartera sobre la cómoda, pero no tuve nada para dejar.-
    Hice todo lo que una persona medianamente normal hace antes de acostarse y  me dormí, y en sueños vi la cartera cruzando la calle.



    KAIKUS

    En el agua
      una garza
    rompe el arco iris. 



    Afuera es invierno
       en la ventana
    el viento resiste.




    Bajo el sombrero
         la mirada
    descubre al otoño.



    Y SIN EMBARGO

    Y entonces la vi. Es extraño lo que puede hacer la mente cuando el corazón le da las instrucciones. Era distinta de cómo yo me la imaginaba.
    Y sin embargo. Era igual. Sus  ojitos: por ellos la reconocí.
    Pensé: De modo que así te envían un ángel? 



    EN ENERO LOS DURAZNOS rojos y amarillos iluminan el monte.

           El aire es pesado de olores y la luz reverbera en las cosas.
           Es la hora de la siesta.
           Mis pies desnudos pisan la tierra caliente que se mete entre mis dedos, piso las afiladas agujas de pino, atravieso la higuera de hojas verdes,  oscuras.
           Llego al monte de duraznos, una gota de sangre se coagula en mi tobillo y me arden los brazos y las piernas cruzados por rasguños. Me detengo tapando mis ojos con la mano, separo los dedos, dejando un resquicio por donde miro el sol que cae como una rasgada tela con puntas finas que se clavan en mi piel.
           Rodeo cada planta, busco los duraznos más maduros, me siento sobre el pasto ralo y seco, muerdo y el jugo me corre por los brazos, cae sobre mis muslos desnudos, hebras de pelo rubio se me pegan a los labios pegajosos y dulces.
            Me acuesto sobre el pasto caliente, estiro las piernas, los brazos laxos a los costados, toda yo en contacto  con la tierra, pegada a la tierra, mi cuerpo indolente como echando raíces, quieta, mis ojos siguen el vuelo de las abejas, me adormece el zumbido de esas alas levísimas, me arden las mejillas y los muslos.
           Escucho voces mezcladas, algunas llaman a las gallinas que cacarean, mi madre ríe, la recia voz de papá ordena.
           El silencio ha terminado, la máquina se está poniendo en marcha.
           Doblo las piernas, me siento, me levanto, tengo las manos pegoteadas de miel y tierra.
          Entro a la penumbra  de la casa por la despensa, está más oscuro que el resto, tengo miedo, en los estantes, en los aparadores, entre las cajas apiladas, ojos me miran, todo parece tener ojos, siempre que cruzo este lugar y el comedor, me recorre un escalofrío, espero que alguien me ponga una mano  sobre un hombro.
           Lavo más o menos mis pies, las manos, la cara, me recuesto sobre la alfombra de tejido vasto.
           Es enero y yo andaré por allí y seré Alicia entrando a otro mundo por el agujero de mis ojos cerrados.


    BUÑUELOS Y ARROZ CON LECHE

    Una ventana iluminada, lejos, es todo lo que veo. Si la ventana iluminada es real. A veces en el trecho que va de la huerta a la cocina aparecen los ángeles. Por esos caminos chiquitos un ángel se detiene ante mí. Además están las  luciérnagas.
    Estoy  bajo la luz de la  luna, una luz blanca, una luz mía. Extiendo las manos.  Las luciérnagas y los ángeles vuelan  sobre las ramas de los árboles, sobre el pasto, sobre mí. Miro el cielo mojado  de estrellas. Si me quedo muy quieta, se paran  sobre mis zapatillas húmedas de rocío, que no son verdes bajo la luz de la luna. Mi  vestido azul no es azul, mi camperita celeste bordada no es celeste, todo es blanco o brillante o de un color desconocido.
    El color es una sensación.
    Mi madre detrás de la ventana iluminada prepara la cena,  arroz con leche y  buñuelos. Sus manos rocían con el azúcar las redondas y doradas bolas de esponjosa masa. Los granos de arroz nadan en la leche caliente y  la leche se oscurece por la canela que  raspa la lengua.  
    Detrás de la ventana iluminada, la cocina es real. La música de la radio vuela con los vapores de la leche que hierve, del aceite dorando los buñuelos. Detrás de la ventana iluminada mi padre lee y mi hermanito recorta figuras o hace torres con latas de conserva.
    Sigo con las luciérnagas y los ángeles, con la luna blanca. Mi madre abre la puerta,  me llama. Me cuesta moverme. Las luciérnagas y los ángeles se irán. Tendré miedo de apagar su luz. De romper sus alas. Llego a la galería y mi rubio Pastor,  me mira y mueve la cola, me arrodillo, lo abrazo y no quiero entrar.


    La cama deshecha duplicada en el espejo: 
    despojo de una crisálida.

    Un soplo de brisa mueve las cortinas y veo la niebla que baja entorpecida a través de la glicina. El sol nace con lentitud.

    Envuelta con la toalla y con los pies desnudos, una alegría sosegada me rodea con el frío de esta media primavera.

    La oruga suspendida a la rama de la glicina por su arnés de seda, está creciendo.

    Anoche mi metamorfosis llegó a su fin, soy una mariposa.



    DE PASEO

          Hasta llegar al puente, el camino estaba moteado de casas.   

        Después venía un trecho de campo liso y seco. Él aceleró, colocó la cuarta marcha y siguió mirando la angostura del  asfalto. Ella engarzó  contra su pecho la cabeza del niñito cubierta  con un gorro de lana.

        Viajaron tal vez 10 minutos, quizás menos, sobre la ruta vacía.

        Bajaron al parque por un camino de tierra.
        
    Él  detuvo el auto cerca de los juegos para niños, abrió la puerta y  encendió un cigarrillo. Ella miraba las  piedras sobresaliendo del pasto, miraba algunos fogones tiznados, miraba  los juegos para niños. El caminó por el borde del camino con las manos en los bolsillos de la campera, orinó junto a un árbol, el cigarrillo oblicuó sostenido entre los  dientes. Ella seguía sentada, con el niñito recostado sobre su cuerpo. Él miró. Ella estiró hacía los puños las mangas del saquito celeste, lo abotonó hasta el cuello y bajo del auto. El fumaba. Ella acomodó al niño en una hamaca alta, ajustó la cadenita para que no cayera. Suave lo hamacó. Rozó con el dorso de la mano la mejilla rosada y volvió al coche.

    Él  se paró erguido,  se pasó la mano por su pelo muy corto, juntó los talones por pura costumbre, miró a la mujer con los ojos vacíos,   subió al coche, lo puso en marcha y arrancó despacio, ella giró la cabeza, miró por el vidrio trasero, el niño se había inclinado hacia un costado,  los traslúcidos párpados semicerrados,  adormecido por el balanceo. Ella vio unos brazos enfundados en mangas engalonadas que hacían los movimientos inversos a los suyos, una mano blanca, cuidada, sostenía al niño, la otra  desenganchó la cadenita que lo sujetaba,  lo alzó y se alejaron.

    Un último rayo del sol de un atardecer inigualable, resplandeció en las botas impúdicamente lustradas.

    La tristeza se estrelló  en la cara de ella que cerró los ojos tratando de alcanzar el futuro que le era negado,  sin  razón.

    Ella  ya no podía llorar,  estaba seca y  con una sola certeza,  esta noche o tal vez mañana, las aguas del  río la recibirían.

    Se hundió en el asiento del  auto, cerró los ojos,  descansó, descansaría.





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  • 03/24/16--10:10: PEDRO CASALDÁLIGA [18.302]

  • Pedro Casaldáliga

    Pedro Casaldáliga Plá, en catalán Pere Casaldàliga i Pla (Balsareny, Barcelona: 16 de febrero de 1928), es un religioso, escritor y poeta español, que ha permanecido gran parte de su vida en Brasil. Ha estado siempre vinculado a la teología de la liberación y ha sido siempre un defensor de los derechos de los menos favorecidos.

    Hijo de una familia de campesinos, Casaldáliga se trasladó a Vich para estudiar en el seminario. El 31 de mayo de 1952 fue ordenado sacerdote en Montjuïc (Barcelona) y se unió a la orden de los claretianos.

    En junio de 1968 se trasladó como misionero al estado del Mato Grosso en Brasil. El 23 de octubre de 1971 fue ordenado obispo de São Felix do Araguaia. Su diócesis es una de las más extensas del país, ocupando una superficie de cerca de 150 000 km², habitados en su mayor parte por indígenas con muy pocos recursos. Poco después de ser nombrado obispo, Casaldáliga empezó a sufrir amenazas por parte de los terratenientes así como del régimen militar existente en ese momento en Brasil. João Bosco, su vicario, llegó a ser asesinado por unos sicarios que confundieron a Bosco con el propio Casaldáliga (1977). En esos momentos recibió total apoyo del Vaticano, especialmente por parte del papa Pablo VI, pero esto no siempre sería así.

    Aunque jamás ha regresado a España y siempre se ha mostrado reacio a viajar por miedo a no poder entrar de nuevo en Brasil , en 1985 realizó una polémica visita a Nicaragua. Casaldáliga se trasladó hasta ese país para mostrar su solidaridad con los religiosos nicaragüenses. En 1988 viajó hasta el Vaticano y fue recibido en audiencia por el Papa. La visita no fue plenamente satisfactoria y unos meses más tarde recibió una seria advertencia por parte de la Santa Sede que criticó su apoyo a la causa sandinista y de la Teología de la liberación.

    Al cumplir los 75 años, a Casaldáliga se le recordó desde el Vaticano que —como todos los obispos al llegar a esa edad— tenía que presentar su dimisión. El religioso decidió permanecer en la diócesis que había presidido durante más de 35 años, reclamando la participación de la comunidad en la elección de su sucesor,1 a pesar de que la Santa Sede le recomendó abandonar el país. Enfermo de Parkinson desde hace algún tiempo, Pedro Casaldáliga no quiso abandonar la lucha por la defensa de los derechos de los menos favorecidos.

    Libros

    África De Colores. Promoción Popular Cristiana, 1961.
    Creio na Justiça e na Esperança. Rio de Janeiro: Civilização Brasileira, 1977.
    Proclama del justo sufriente: relatos y poemas brasilero (con Frédy Kunz y Pedro Terra). Centro de Estudios y Publicaciones, 1979.
    Experiencia de Dios y Pasión por el Pueblo. Santander: Sal Terrae, 1983. ISBN 84-293-0670-6
    Comunidade, ecumenismo e libertação'. São Paulo: EDUC, 1983.
    Nicaragua, Combate y Profecía. San José de Costa Rica: DEI, 1987. ISBN 99-779-0439-1
    El vuelo del quetzal: espiritualidad en Centroamérica. Maíz Nuestro, 1988.
    Leonidas Proaño: El Obispo de Los Pobres (con Francisco Enríquez). Quito: El Conejo, Corporación Editorial, 1989. ISBN 9-788-7009-1
    Espiritualidad de la Liberación (con José Mª Vigil). Santander: Sal Terrae, 1992. ISBN 84-293-1076-2
    Sonetos neobíblicos, precisamente. Musa, Nueva Utopía, 1996.
    Ameríndia, morte e vida (con Pedro Terra). Petrópolis: Paulus, 1997.
    Murais da libertação (con Cerezo Barredo). São Paulo: Loyola, 2005.
    Orações da caminhada (con Pedro Terra). Verus Editora, 2005.
    Versos adversos: antologia (con Enio Squeff). Editora Fundação Perseu Abramo, 2006.
    Martírio do padre João Bosco Penido Burnier. São Paulo: Loyola, 2006. ISBN 85-15-03238-4




    de PALABRA UNGIDA


    LA GRANADA ABIERTA

         Abriré el corazón rotundamente, 
    igual que una granada. 
    Para que se lo lleven, grano a grano, 
    los pájaros del cielo, 
    las almas de los hombres...

         Tú cuídame, Señor, que esté maduro: 
    que no me caiga a tierra, 
    inútil, ni una sola 
    de sus talladas margaritas rojas...

         Las palabras no son 
    más que un eco, 
    muerto, 
    casi no mío ya. 
    La voz es el silencio.

         Apenas son el viento 
    de este pinar oscuro de la carne... 
    La palabra del alma es el silencio.

         Con tiento el corazón, 
    alma: con mucho tiento, 
    que lleva vino de Consagración...




    Copla

         Río abajo se va al mar. 
    Y a la fuente río arriba. 
    Tú, bajando hacia tu mar, 
    subes a tu fuente, Vida.

         Tu vestido de alegría 
    me engaña a veces, Señor. 
    No me ha engañado nunca todavía 
    tu vestido de dolor.




    Supervivencia

         Pero quédate en la playa, 
    viviendo en todas tus cosas. 
    Entero, presente, claro. 

         (El mar ha encerrado toda 
    su alma infinita en cada 
    una de estas caracolas).

         Aunque tú no las veas, 
    siguen luciendo las estrellas.
    Ya has entrado en la noche, 
    para verlas...?




    La muerte

         Como a una hermana. Sin rubor. De frente 
    y en un paso a nivel de mi avenida... 
    ¡Quiero esperarte agradecidamente, 
    como si hubiera entrado ya en la Vida!

         Tú, el Principio y el Fin. 
    Yo, un ahora peregrino 
    desde Ti a Ti.

         Señor, no quiero ser más que lo que soy: nada. 
    Para que, de este modo, 
    en mi mansión deshabitada 
    Tú, Huésped dueño, lo seas todo.




    Misacantano misionero

         ¡Qué unción de plenitud la tuya, hermano, 
    al coronar —ya Cristo— la senda dolorida, 
    hoy que gime en tus velas la voz del mar lejano 
    y abres al holocausto la rosa de la vida!

         Yo no soy más que un chopo claro
    sobre las aguas del Deseo.

         Boca del viento, y brazo de la noche 
    para la alta limosna del rocío.

         Subo hacia Ti, Señor, sinceramente: 
    pero con las raíces empapadas 
    del afán de la tierra.Estoy sin fruto: 
    pero en la luz de tu Misericordia 
    soy todo plata como un candelabro.

         ¡Yo no soy más que un chopo claro 
    sobre las aguas del Deseo...!




    El campo y Dios
                                          A Lorenzo Gomis

         Por debajo del alma
    me pasa el agua.

         Por encima del alma 
    las nubes altas.

         Por en medio del alma 
    la gran nostalgia.

         Corazón, échate al mar 
    como una barca sin velas; 
    ni te pongas a remar. 
    Suelta al viento la canción 
    y apaga tus luces. Pon 
    un niño por timonel... 

         ¡Mar adentro, corazón, 
    que Dios velará por él!



    de CLAMOR ELEMENTAL 

    I. LAS AGUAS DEL TIEMPO

    MEMORIA Y VISPERA

    El sol abrasa, libre, el mediodía 
    de este sertão sin horas ni respuestas.
    Y el Araguaia estira la piel cruda 
    de jacaré, tostándose, 
    salpicado de niños y de pájaros.
    Yo, recuerdo y espero.
    Prendidos por la brizna 
    del Pirineo aquel de una igual fecha, 
    de siempre igual memoria, 
    -junto a las aguas frías del Esera naciente, 
    la Maladeta y sus cuchillas blancas, 
    la Renclusa y, abajo, los pastores-, 
    rezo los salmos, tibios, ya sin verlos, 
    mientras me siento lleno de sentido, 
    lleno de mil razones para estarme, 
    lleno de esta vigilia, tan amada, 
    tan poblada de amigos ya gloriosos; 
    seguro del Amor que me conduce, 
    transido de la muerte que reclamo... 

    São Félix, 14 de agosto



    PRESENCIAS

    con amigos ausentes. 
    Me encuentro siempre 
    entre el instante y la muerte. 
    Me encuentro siempre 
    con un libro enfrente, 
    con un hombre doliente, 
    y un paisaje y la corriente, 
    y el sol rusiente, 
    y el sueño, por fin, clemente. 
    Y un pájaro, un niño, y un árbol, vivientes. 
    Y Dios persistentemente presente...



    RI0 DAS MORTES

    Unas garzas, blanquísimas al sol, 
    describen lentos vuelos sobre el "mato".
    Se ha parado el motor, y el barco flota 
    a merced de las verdes aguas mansas.
    Todo es cielo y orilla.
    Viajamos desde ayer. La noche ha sido 
    de luna y de quimeras. 
    Y antes que el día abriera sus rescoldos 
    ardían ya la arena y mi garganta.
    El barquero David, el "velho nego", 
    -la esclavitud que fue, la que perdura- 
    "retirante" a la búsqueda de un hijo, 
    pregunta, mira, calla, ríe, espera. 
    Pregunta sobriamente, y calla mucho. 
    Como un árbol cansado. 
    Lee las aguas con los ojos tensos,
    y alguna vez levanta el brazo noble, 
    para indicarnos la presencia exótica 
    de un pájaro en la orilla...
    Este hermoso caudal, rizado apenas, 
    de verdioscura miel, 
    es el Rio das Mortes...



    SEÑORA DE LA ESPERANZA

    Señora de la Esperanza, 
    porque diste a luz la Vida. 
    Señora de la Esperanza, 
    porque viviste la Muerte. 
    Señora de la Esperanza 
    porque creíste en la Pascua, 
    porque palpaste la Pascua, 
    porque comiste la Pascua, 
    porque moriste en la Pascua, 
    porque eres Pascua en la Pascua.



    AMANECIDA EN EL RÍO DAS MORTES

    Con la estela del barco 
    se estremece la móvil porcelana, 
    como un vientre preñado de sorpresas.
    La mañana se filtra, victoriosa, 
    por las balsas ceniza de las nubes.
    Juan de Brito ha contado ya su vida 
    y habla ahora de peces y cruzeiros.
    Los árboles sumergen sus sombras, como remos 
    flexibles, en las aguas que cortamos... 
    Y aún flota, fulgurante, curso arriba
    la plata de un tesoro 
    que la noche volcara por esta misma ruta.
    Una hilera de patos colegiales 
    espera el autobús, allá en la orilla.



    de Antología mariana



    CANCIÓN RECIENTE SOBRE MARÍA DE NAZARET

    Tengo tres amores, tres: el Evangelio,
    la Patria Grande
    y el Corazón intacto de una mujer: 
    la llena de Dios,
    tan nuestra,
    María de Nazaret.

    Toquen o no las campanas 
    -que el computador es ley-, 
    todavía sigue hablando 
    el arcángel Gabriel,
    Y le responde María
    con un colectivo amén. 
    Y el Verbo se hace carne 
    en el vientre de su fe. 

    Pasan, iguales, las horas 
    sobre el serrín de José. 
    La Biblia y los periódicos, 
    juntos, se han puesto a leer. 
    Y crece el Niño y el Reino 
    y crece el Pueblo también. 
    Pasan romanos y gringos 
    y en ese imperial vaivén 
    se llevan sueños y vidas, 
    al Calvario, del Quiché.

    Pero María y las madres 
    rumian la paz de Belén, 
    el polvo de Galilea, 
    el sol de Genesaret, 
    el gusto del pan partido 
    y el ausente amanecer 
    de la mañana de Pascua 
    que siempre está por volver.



    NIÑA DEL SÍ

    Todo estaba pendiente de tu boca.
    Igual que si los hombres, de golpe, se sintieran 
    con la vida en las manos, detenida, 
    como un reloj callado y a la espera.

    Como si Dios tuviera que esperar un permiso...

    Tu palabra sería la segunda palabra 
    y ella recrearía el mundo estropeado 
    como un juguete muerto que volviera a latir súbitamente. 
    Tú pondrías en marcha, otra vez, la ternura.

    Orilla virginal de la palabra, niña del sí preñada con el Verbo,
    sin la más leve sombra de no, toda en el Día. 
    Dios encontraba en ti, desde el primer albor de tus latidos, 
    la respuesta cabal a su pregunta 
    sobre la Nada en flor...
    Tú lo hacías dichoso desde el Tiempo. 
    Tu corazón se abría como una playa humilde, sin diques fabricados, 
    y en la arena sumisa de tu carne el mar de Dios entraba enteramente.

    Niña del sí, perfecto en la alabanza como una palma de Cadés invicta;
    jugoso en la alegría rebrotada, como la vid primera; 
    pequeño como el viento de un párpado caído, y poderoso 
    como el clamor del Géresis.

    Niña del sí desnudo, como un tallo de lirio 
    bajo el filo implacable de la Gloria...
    Cuanto más cerca de la Luz vivías, 
    más en la noche de la Fe topabas, a oscuras, con la Luz, 
    y más hondas raíces te arrancaba tu sí, ¡niña del sí más lleno!
    Tú diste más que nadie, cuando más recibías, 
    infinita de seno y de esperanza.
    ¡Tú creíste por todos los que creen y aceptaste por todos...!
    Creías con los ojos y con las manos mismas, y hasta a golpes de aliento
    tropezaba tu fe con la Presencia en carne cotidiana.
    Tú aceptabas a Dios en su miseria, conocida al detalle, día a día:
    en las especies torpes del vagido 
    y en las especies del sudor cansado 
    y en el peso vencido de la muerte...

    ¡Rehén de la victoria de la Gracia, fianza de la tierra contra el Cielo,
    gavilla de cordera, presentada y encinta! 
    Porque has dicho que sí,
    Dios empieza otra vez, con tu permiso, niña del sí, María. 
    Las alas de Gabriel abren el arco por donde pasa entera la Gloria de Yahvé.
    El arca de tu seno, de madera de cedros incorrupta, viene con el Ungido.
    La Primavera acecha detrás de Nazaret, regada por el llanto,
    y sobre las banderas blancas de los almendros
    el trino de tu voz rompe en el júbilo, humildemente solo.



    MUJER DE CADA DÍA

    Mientras crece la noche, cada día 
    prende el Amor su llama 
    en tu candil de aceite desvelado, 
    siempre igual y creciente.
    El pan de tus moliendas se cuece, cada día, 
    bajo el fuego tranquilo de tus ojos, 
    mientras crece también la madrugada.
    La fuente de la plaza te entrega, cada día, su limosna 
    mientras le crece el corazón al mundo.

    Como el ave del Tiempo vas y vienes,
    de la casa a la calle, del Misterio al misterio, 
    muchas veces al día, 
    y llevas con tus pasos el compás de las horas... 
    Tú sabes qué es vivir a pulso lento, 
    sin novedad para la prensa humana. 
    Apenas sin distancia: la de un grito. 
    En esta pobre aldea que vigilan 
    las higueras comadres 
    y el centinela de un ciprés oscuro. 
    -¿De Nazaret va a salir algo bueno? 
    José viene cansado, cada noche.
    Y el Niño trae el hambre entre los dedos 
    por undécima vez.
    -¿Qué quieres, hijo?
    (Las almendras se miran, asustadas de gozo, 
    y el plato ríe miel por todas partes). 

    Tú ya has dejado el huso sobre el banco dormido 
    y la lana suspira blancamente. 
    Esta mañana has ido por retama, 
    y te sangran las manos, en silencio, 
    y te huelen las manos a lejía de yerbas. 
    Has ordeñado luego las dos cabras sumisas, 
    y sabes toda a leche.
    Ayer vino el siroco, y te abrasó las flores. 
    Hoy irrumpe el simún 
    como una tropa de soldados romanos, 
    y hay que cerrarlo todo y, con la prisa, a oscuras, 
    se te pierde una dracma, rescatada 
    del tributo de Herodes.

    Si las vecinas rompen tu retiro, como gallinas locas,
    tú sonríes. 
    Un día nace un niño, y tú lo acunas. 
    Y un día muere un hombre, y tú lo velas. 
    En la olla inservible crece un lirio morado, 
    y tú riegas su lenta profecía. 
    Nazaret se despuebla, cuando llega la Pascua, 
    y tú marchas con todos, 
    peregrina del Templo, 
    con Yahvé de la mano, 
    con un salmo en la boca.
    La ruta de Israel converge en tus sandalias. 
    Y los caminos múltiples del mundo 
    arrancan de tus pies caravaneros. 

    Tu corazón no para, día y noche. 
    Día y noche recogen sus limpios cangilones 
    el agua de la Vida. 
    Y el Verbo se hace Hombre, día y noche, 
    delante de tus ojos,
    al filo de tus manos,
    detrás de tu silencio...



    SOLEDAD

    Unica siempre, desde que subiste, como un canto 
    de alondra no cazada, 
    a las manos de Dios, para sus juegos, 
    tú rompiste en la Gracia como un lirio entre espinas, 
    isla de soledad en tu inocencia cercada por las aguas del Pecado...

    Sola de toda humana compañía 
    capaz de acompañarte totalmente, 
    con la vida apostada en la aventura del Reino, 
    con las fieras del Odio y del Amor acechándote, impunemente sola,
    ¡con la carga de Dios sobre la espalda de tus catorce años sorprendidos!

    Sola contra la noche del Misterio, 
    por las arenas de la Fe abrasadas,
    sin otra luz que tu mirada pura y sometida, 
    descalzo el pie y el corazón abierto, como un río 
    desangrándose entero ...

    Madre en la soledad, Virgen con Hijo: 
    sólo tú has vencido, a todo riesgo, 
    la extraña soledad de dar a luz sin padre, 
    sin poder compartir con otra orilla 
    la mirada y el aire del Hijo, confluentes, 
    Madre sin Hijo, al fin, 
    tú, sólo, has consentido invictamente el despojo total de tus entrañas, 
    saqueadas por Dios y por los hombres... 
    ¡Tú, solamente, has sido rechazada por el amor de un Hijo!
    Madre sin Hijo y con el Hijo enfrente 
    ¡con el Hijo a merced de todo el mundo!

    ¡Mujer de la más honda soledad, 
    viuda y sin Hijo y aun en flor perenne, como un árbol
    despojado en abril, apenas núbil!

    Madre en la soledad,
    Madre en la muerte, para darnos vida 
    con la vida del Hijo subastada.
    Madre en la noche del mayor silencio, 
    a tientas el andar del corazón 
    y la palabra humilde sin respuesta, 
    como una flauta en el desierto frío.

    ¡Sin respuesta de Dios ni de los hombres 
    sola en tu Soledad!
    Más sola que el Dolor, dormido en tu regazo para siempre. 
    Más sola que la Muerte, renacida en tu gozo, 
    como una golondrina libertada. 
    Sola de todo Mal, con el Pecado muerto al pie de tu sonrisa.

    Camino del sepulcro, con el llanto caído como un velo piadoso,
    detrás de la derrota de tu Carne, 
    la soledad del mundo caminaba a tu paso, redimida. 
    De vuelta del sepulcro, mientras tu Soledad iba bordando 
    los ocultos senderos de la Pascua, 
    la Paz se recostaba sobre tus manos puras
    y la Esperanza amanecía a tiempo, al filo de tus hombros, ¡alborada!

    ¡Te llamaremos todos, muchas veces, desde esta nuestra soledad tan sola,
    María Soledad!
    Soledad tan cercana y sin estorbos, 
    tan sonora de aroma y de ternura, 
    que hasta los niños ciegos han de poder hallarte. 
    María Soledad,
    toda llena de Dios y de los Hombres, 
    Oh Soledad, oh compañía nuestra!



    NEGRA

    «Ma somo wa, María, one ndzean ya grasia...» 
    Con el tam-tam creciente de mi pasión bantú 
    yo te saludo, Negra, divinamente hermosa. 
    Con todas las palmeras yo te aplaudo, «Morena por el sol de la alegría».
    ¡Yo te grito con todos los cachorros que amamanta la selva!

    Déjame descargar en tus espaldas 
    este niño africano, de tres meses de fuego, 
    que ha crecido conmigo, poderoso 
    como un clamor de mar, como un desierto, como la noche viva ...

    Traigo el dolor del Africa naciente sobre mis pobres manos. 
    Ven y verás el llanto de las cribas
    y oirás el silencio rugiente de los tigres. 
    Las playas profanadas sollozan de vergüenza, contra el cielo.
    ¡Toda el Africa sangra de heridas ululantes!
    Con los libros debajo de los brazos, 
    vaga por las estrellas, sobre el bikoro insomne, 
    la sombra virginal de Meredith. 
    Las niñas, recién hechas, acunan, como un saco doliente de cacao,
    producto de un mercado sin reclamo posible, 
    los hijos tatuados de rasgos extranjeros. 
    Un viento advenedizo dispersa las hogueras sagradas de las tribus,
    y, mientras en las fincas paternas, desoladas, 
    la hierba multiplica sus machetes impunes, 
    los hombres balbucientes engrosan, en manada, como cebús centrados en su furia, 
    las fábricas salvajes y los muelles febriles y los bares borrachos...
    ¡En las nobles muñecas aún palpitan las boas enroscadas! 

    Pero los muertos velan, boca arriba. 
    Cada dólar, ganado en la codicia, es un ojo de nsué sobre el camino.
    ¡Todos los ríos bajan cargados de memoria!

    Han llegado mil dioses importados, en una sola hora. 
    ¿Tú vas a llegar tarde con Cristo, Madre negra? 
    ¡Ven y verás, tú misma, cómo se agrietan, rotas 
    de sed estas gargantas, pobladas de canciones! 
    Hay trescientos millones de negros que te esperan, con sus banderas niñas, 
    en esta patria, verde de Esperanza. 
    Rebaños de elefantes se acercan a tus pies, con sus antorchas de marfil en alto, 
    y el ébano levanta sus columnas para acoger tu carne transparente. 
    Todos los ojos, turbios de nostalgia, se vuelven a tus ojos. 

    Belén ha abierto ya, de par en par, su corazón de nipa 
    y un carrillón de dátiles va tocando la hora de dar a luz la Luz.
    Mientras las gruesas nubes cruzan el sol, incólume, 
    los ibis se han posado blandamente 
    y un ángel de la Paz sobre las grandes aguas. 
    Maigangu, ¿por qué lloras? 
    el niño que ha nacido es blanco y negro: 
    ¿quién va a ponerse a odiar? 
    ...Los soldados romanos sepultarán sus armas debajo de las piñas olorosas
    ¡y hasta los mercaderes caerán de rodillas, con todos los diamantes en las manos!

    Ma somo wa, María...
    La noche tropical vuelca sus arcas 
    en tu mirada fiel, sobre la aurora. 
    Mecida en tu regazo, donde se acuesta Dios con nuestro sueño, 
    toda el Africa late con un ritmo de cuna...



    CAMPESINA

    Llamados a las filas de una nueva milicia, 
    marchan los hijos mozos con un macuto prematuro de ira, 
    y queda el campo fiel abandonado... 

    El pedazo de tierra que teníais, detrás de aquel otero 
    por donde entraba el sol,
    lo trabajaban juntas tus manos y Sus Manos.
    Salía el Sembrador una mañana, y abría el mundo el corazón estéril.
    De pronto sorprendían Sus Ojos creadores 
    un filo de cizaña advenediza. 
    El grano de mostaza se hacía ya posada para todas las aves viajeras,
    y crecía en el trigo la forma presentida de Su Carne...

    Volvían los pastores, con la noche a la espalda 
    -¿con la muerte a la espalda volverían?-, 
    y balaba el aprisco recobrado y concorde. 
    Él volvía también, y te llamaba 
    como quien grita alerta, cada tarde, 
    a la hora precisa de las hostias.

    Pero un día se fue, ya para siempre. 
    Junto al taller, cerrado por ausencia, 
    el mástil de un madero naufragaba en la sangre del ocaso, 
    y el campo y tú quedabais a la espera.

    Se van los hijos mozos...
    La tierra ya no da para la vida. No da para los ojos y el deseo.
    Detrás del oleaje varado de los surcos 
    la múltiple sirena de la ciudad invita a la aventura. 
    Los brazos se han cansado de echar semilla al viento irresponsable, 
    ¡y están muy lejos del dolor del campo 
    el Sanedrín blindado de leyes y el Pretorio!

    Llegarán los tractores, ¿pero a tiempo?,
    ¿desplazarán los brazos?, ¿se llevarán las almas? 

    Sobre la tierra, núbil a pesar de los hombres desalmados, 
    tarde o temprano llueve.
    Dios sigue amaneciendo cada día. 
    Aún tiene el horizonte camino para el alba y el regreso. 
    Y en el soto erizado de chopos de esperanza 
    permanece de guardia la alondra de tu ermita.




    DE TODAVÍA ESTAS PALABRAS


    I. Y van a ser 500 años...



    A CRISTÓBAL COLÓN O COLOMBO O COLOM 

    La mar era más ancha que Castilla 
    y el finis terrae no era la verdad. 
    Mejor que tu ambición soñó tu quilla 
    y abrió los muros de la Humanidad.
    No fue misión de España ni de Roma: 
    nos encontraste por casualidad. 
    (Armada ya la paz de tu paloma 
    contra la paz de nuestra libertad).
    Tierras, tesoros, vidas, de un acaso, 
    perdido nos hallaste y nos vendías, 
    Cristóbal, ¿de qué Cristo portador?
    El Nuevo Mundo te salía al paso, 
    mientras buscabas sólo especiarías, 
    sirviendo, sin saberlo, a un Rey mayor.



    A LAS TRES CARABELAS

    Palomas de la fiebre de Moguer 
    tan dulces en la boca vuestros nombres, 
    niñas las tres violadas por los hombres 
    del oro y de la sangre y del poder.

    Calzabais horizonte y aventura, 
    volviéndole la página a la Historia. 
    Pero al azar de vuestra trayectoria 
    la mar se inundaría de amargura.
    El grito de Pinzón hirió la tierra 
    y el vuelo del quetzal dejó varado 
    y puso a la subasta nuestra suerte.
    Palomas mensajeras de la guerra, 
    detrás de vuestros sueños han llegado 
    todas las carabelas de la muerte.



    A MOCTEZUMA

    Dioses por dioses, sin piedad trocaban; 
    madres por viudas, reyes por vasallos. 
    La muerte cabalgaba en sus caballos. 
    Sus cruces y sus preces blasfemaban.
    No «fue Dios quien les dio tanta victoria». 
    No andaba Dios metido en sus degüellos. 
    Menos que maceguales todos ellos, 
    quemaron con sus naves su memoria.
    Y basta ya de imperios y de oro. 
    Sea el maíz el único tesoro 
    y soberano el Pueblo y ley la Vida.
    Libre la sangre en las banderas rojas, 
    verás reverdecer piedras y hojas, 
    Tenochtitlán verá la amanecida.



    A BARTOLOMÉ DE LAS CASAS

    los Pobres te han jugado la partida 
    de una Iglesia mayor, de un Dios más cierto: 
    contra el bautismo sobre el indio muerto 
    el bautismo primero de la vida.
    Encomendero de la Buena Nueva, 
    la Corte y Salamanca has emplazado. 
    Y ese tu corazón apasionado 
    quinientos años de testigo lleva.
    Quinientos años van a ser, vidente, 
    y hoy más que nunca ruge el Continente 
    como un volcán de heridas y de brasas.
    ¡Vuelve a enseñarnos a evangelizar, 
    libre de carabelas todo el mar, 
    santo padre de América, las Casas!



    A ANTONIO VALDIVIESO

    Llenos de unción y libertad tus labios, 
    repletas de oro y de terror sus arcas, 
    Pedrarias o Somoza los tetrarcas,
    y tú y tu Pueblo frente a sus agravios.
    Pastor, espejo claro de pastores, 
    que el óleo de las Casas ha bruñido, 
    un Pueblo nuevo vela, estremecido, 
    la herencia de tus huesos redentores.
    Pastor de Nicaragua, todavía 
    necesitamos hoy tu parresía 
    contra el Imperio o en la Iglesia ausente.
    Primer ocote de la Iglesia alerta, 
    rosa de sangre pastoral abierta 
    en el costado azul del Continente.



    AL CONQUISTADOR ANÓNIMO

    Cierzo y candil, tocino y vino rancios, 
    tu geografía te encuadraba en tres 
    todos los altercados y cansancios: 
    la plaza, la bodega y el ciprés.
    Pastor de puercos, plantador de esperas, 
    ahíto de servir o de soñar, 
    de pronto se te abrieron las fronteras 
    y te sentiste dueño de la mar.
    Venías para el rey, por la fortuna, 
    perdones y oro codiciando a una, 
    héroe y bandido mitad por mitad.
    Pobre traído para matar pobres, 
    dejabas, entre lágrimas salobres, 
    conquistas de embarazos y orfandad.



    AL MISIONERO ANÓNIMO

    Quizás no daba más tu teología, 
    del Reino y de un imperio servidor, 
    salvar y conquistar la paganía, 
    cruzado entre las armas y el Amor.
    La espada tu Evangelio desmentía, 
    los yelmos apagaban tu fervor, 
    ¡la mucha sangre de tu Eucaristía 
    no era sólo la sangre del Señor!

    ¿Pudo la Pascua hacernos gente esclava? 
    ¿Qué nueva libertad nos liberaba 
    en las violentas aguas del Bautismo?
    ¿Qué paz traían tus atadas manos? 
    ¿Hacía de verdad hijos y hermanos 
    el Padre Nuestro de tu catecismo?



    AL INDIO ANÓNIMO

    Eras tierra, pasión, memoria, mito, 
    culto en la danza y fiesta en el sustento. 
    Pero ellos te imputaron el delito 
    de ser otro y ser libre como el viento.
    Te hicieron colectivo anonimato 
    sin rostro, sin historia, sin futuro, 
    vitrina de museo, folclor barato, 
    rebelde muerto o salvaje puro.
    Y, sin embargo, sigues siendo, hermano, 
    ojos-acecho al sol del altiplano, 
    huesos- murallas en los tercos Andes,
    raíces-pies en la floresta airada, 
    sobreviviente sangre congregada 
    por todo el cuerpo de la Patria Grande.



    AL NEGRO ANÓNIMO

    Los labios gruesos del amor y el canto 
    no besarían más la tierra amada. 
    Toda la sal del mar sería llanto; 
    sólo muerte y exilio, la mirada.
    La argolla y la blasfemia del cauterio 
    cancelaron tu paz, tu Dios, tu gente. 
    En las blancas razones del imperio 
    tú no eras, servías solamente.
    Pero llevabas Africa en la entraña 
    y hacías tuya toda patria extraña 
    y siempre algún tambor salvó tu hora.
    Carbón de libertad, diamante duro, 
    arde en tu sangre el fuego del futuro 
    hacia la prohibida negra aurora.



    A LA MADRE ANÓNIMA

    Madre de hijos hechos a la lumbre 
    y de hijos impuestos por acoso, 
    somos la despoblada muchedumbre 
    de tu amor y tu vientre sin reposo.
    Molías las palabras y el maíz, 
    trenzabas los caminos y las palmas. 
    Indios, negros, mestizos, tu matriz 
    nos ha dado los cuerpos y las almas.
    Guarda tu soledad nuestros despojos 
    y en el claro de luna de tus ojos 
    el horizonte irrenunciable vemos.
    También bendita entre las mujeres,
    no tienes nombre, madre, pero eres 
    la América que somos y seremos.



    SONETO LIBRE A LA PATRIA GRANDE

    Y serás tú, por fin, la Patria Grande, 
    India, negra, criolla, libre, nuestra, 
    un Continente de fraternos Pueblos, 
    del Río Bravo hasta la Patagonia.
    Banqueros, dictadores y oligarcas 
    engrosarán el polvo del olvido. 
    No pagarás la deuda que te hicieron. 
    No aceptarás más multinacionales
    que Dios, la paz, el mar, el sol, la vida. 
    Despertarás los huesos de tus santos 
    y los arbolarás en pie de Historia.
    Serás un parto de utopías ciertas 
    y el canto de tus bocas hermanadas 
    enseñará la dignidad al Mundo.


    II. Centroamérica nuestra


    CENTROAMÉRICA NUESTRA

    Como un volcán en ti, 
    la paz de la Justicia.
    Bandera de los Pobres, 
    como un viento de luchas, 
    la Libertad, en ti.
    ¡Centroamérica nuestra!, 
    toda en dolor de parto, 
    futura como el Reino, 
    diaria como el llanto.
    Maíz de tierra y sangre, madura, la Esperanza. 
    Amor en cada piedra, tatuada de Historia. 
    Tortilla compartida, la Pascua verdadera.
    ¡Eje del Mundo Nuevo, 
    Centroamérica nuestra!
    Calladla, eruditos, fariseos. 
    Dejadla en paz, los grandes, invasores. 
    Veladla, de rodillas, los pequeños. 
    (Dios la tenga en sus manos, día y noche, 
    como un pájaro en vuelo).
    Que nadie aborte el sueño que late en la montaña. 
    Que nadie apague el fuego que dora de Promesa 
    las tiendas del exilio.
    Que nadie vista el día 
    desnudamente nuestro 
    nace de la noche en Centroamérica.



    CANTO DEL TIEMPO MAYA

    Sopla el viento consignas 
    por las duras almenas, 
    y las piedras palpitan, como senos preñados, 
    revestidos de carne combatiente.
    El tiempo es Tiempo Maya.

    Con verde terquedad, 
    al sol de todos, 
    yergue el maíz paterno 
    sus millones de antorchas.
    Entre el poder y el miedo,
    transitorios, 
    muchos brazos custodian la insurrecta alborada.
    Indígenas, no más, 
    sin credenciales, 
    allá en los campamentos -las tiendas del desierto-
    los refugiados en su propia tierra 
    esperan regresar:
    -Regresaremos 
    cuando en Guatemala 
    la «democracia» 
    ceda
    lugar
    a la Justicia;
    cuando sea «cristiana»
    la Verdad y no el nombre. 
    Yo vuelco en garzas blancas 
    sobre el campo, reseco y conculcado, 
    mis presagios profetas.
    Cae la tarde como un desafío 
    de incitantes penumbras 
    delante de los montes 
    que se las saben todas. 
    Dolor y furia y canto desbordados, 
    el Agua Azul viene de Historia adentro, 
    y sube de la entera tierra maya, 
    como un cuenco hervoroso de promesas, 
    la sangre de los mártires.
    El tiempo es Tiempo Maya.
    -¡Seremos otra vez un Pueblo libre, 
    la nueva Guatemala! 
    Con almendrados ojos 
    veremos nuevamente la hermosura. 
    Veremos los quetzales caseramente nuestros. 
    Cruzaremos los cerros prohibidos, 
    ya en continua oleada de paz y fértil canto. 
    Cerraremos la herida de la impuesta frontera. 
    Barreremos, por fin, del calendario 
    tantos «días nefastos». 
    Sabias manos capaces 
    de darle al mundo opaco 
    luces de artesanía, 
    tejeremos la vida de colores, 
    trenzaremos la Historia de sorpresas diarias, 
    trabajadas en Paz y con Justicia 
    por el telar del Pueblo.
    El tiempo es Tiempo Maya.



    CHETUMAL

    Yo me fui a comprar futuro
    junto al mar.
    La zona franca 
    no lo era bastante para mí. 
    No se compra la gracia de la vida. 
    No se negocia con el Pueblo.
    La bandera en la piedra no ondeaba,
    era piedra.
    Pero el mar desplegaba, azul y verde, 
    más allá de mis ojos 
    su estandarte indomable.
    El águila dorada posaba muerta al sol,
    como una momia,
    mientras cantaban libres, sobre el césped, 
    muchos zanates negros.
    Centroamérica es, toda, esperanza. 
    Y «ellos» se están volviendo monumento irrisorio, 
    sal de olvido.
    Daba el reloj las diez.
    Daba la hora 
    de ser ya para siempre solidario 
    mi corazón.
    América era mía como un beso de nupcias. 
    El Mar Caribe y yo seríamos mañana:
    la singladura azul de la utopía.



    DE MÉXICO A CHIAPAS

    Manando leche y miel 
    cualquier tierra sería 
    promesa 
    para mí,
    y para todos.
    La espumosa blancura 
    que subía mi padre, 
    con sus manos venosas, 
    desde los olorosos mugidos del establo.
    Los niños de El Quiché 
    no tienen leche. 
    Ven, beben, 
    sangre,
    miedo.
    Chochos los borriquillos 
    vuelven a su rutina. 
    Vuelve la Primavera 
    -nunca se sabe cómo-. 
    Y las abejas liban 
    el gozo del futuro, 
    compañeras del aire soleado, 
    guerrilleras tenaces del silencio.
    -«Vamos seis años», 
    dice el campesino, 
    como un Moisés;
    y su mirada miel 
    se rasga en horizontes.
    El viento ha desnudado 
    esos cerros insomnes. 
    La fe desnuda el corazón dispuesto.
    Centroamérica toda 
    se me enrosca en el alma
    como un pacto 
    de furor y ternura.
    Quiero mirar sus niños 
    jugando a trastos viejos 
    con el imperio roto; 
    jugando a tierra libre,
    como pájaros.
    El mundo se hace tarde. 
    Pero la luna exhibe 
    su medallón de sueños.
    Caminos solidarios 
    los caminos de Chiapas,
    transitados de Reino. 
    las Casas nos acoge 
    como un dogma de piedra incontestable 
    perforando la noche.



    GUATEMALA

    Quetzales,
    incapaces de ser esclavos, 
    dadnos 
    la fatal hermosura de vuestra Libertad.
    Guatemala imposible ¡tan segura del Tiempo! 
    Invencible derrota, 
    conquistada esperanza, 
    matriz de sangre antigua,
    ¡Guatemala!
    Maíz del Continente, 
    pan de nuestro futuro, 
    amasado en la piedra del silencio, 
    con las aguas del llanto... 
    Al rescoldo feraz de tus aldeas 
    coceremos la hogaza del mañana. 
    Dios traerá de nuevo hasta tus pechos los hijos exiliados, 
    y será cada muerto, redivivo, una aurora en tus ojos, 
    una raíz en flor para los nuestros.
    La Biblia, secuestrada por los dioses del lucro y de la muerte, 
    será palabra viva en la boca del Pueblo.
    Cada espera oprimida 
    -Guatemala que esperas hace siglos tu hora-
    será un siglo de surcos venideros, 
    cosecha colectiva de esperanzas fraternas: ¡Amerindia!
    ¡Guatemala esperada tanto tiempo, 
    india hermosura nuestra,
    imprescindible,
    tan agónicamente deseada!¡



    NO PASARÁN, ¡SE PASARÁN!

    «No pasarán, amor, no pasarán». 
    ¡Se pasarán! 
    Se pasarán de listos los que piensan 
    que pueden impedir que nazca el Día. 
    Se pasarán de necios si pretenden
    acallar el volcán de corazones 
    de América Latina
    Momotombo
    de luchas y esperanzas.
    Se pasarán de pútridos 
    recontando sus dólares de muerte. 
    Se pasarán de viejos 
    mientras nuestra chavala rojinegra 
    contamina de fiebres de utopía 
    a todas sus hermanas. 
    Se pasarán de escribas, esclavos de la ley, 
    mientras Jesús de Nazaret camina 
    -presencia solidaria de Dios- entre los Pobres.
    ... Si pasan por encima de nuestro cuerpo, un día, 
    no pasaremos nunca: ¡Amor, no pasarás!



    LEONEL RUGAMA

    -¡Que se rinda su madre, 
    que se rindan sus armas, 
    que se rindan sus dólares, 
    que se rinda su imperio!
    Nosotros seguiremos avanzando 
    más allá de la muerte.
    Santo negro amerindio,
    Leonel, 
    compa, 
    hermano,
    ¡niño maestro nuestro!
    Cada verso que dabas era un código vivo. 
    Y fue un volcán de luz tu testamento.
    Decías «Libertad» y era el vuelo tu alma. 
    Decías «Compañero» y era el Pueblo. 
    Decías «Nicaragua» y era tu cuerpo muerto 
    la asteada bandera. 
    Decías «Hombre Nuevo» y eras tú.
    Si callabas el Nombre sacrosanto, 
    lo gritaba tu vida consagrada al servicio. 
    Era el Dios de los Pobres 
    quien venía gritando en tus silencios. 
    Era el Cristo que un día reclamaste 
    quien se vino, de golpe, 
    derramado en tu sangre.



    CANCIÓN SALVADOREÑA

    Farabundo, corazón 
    que en El Salvador porfía. 
    Tan pequeña geografía, 
    tan tenaz revolución. 
    Se hace verdad la utopía 
    de Morazán, compañero. 
    Mujer, campesino, obrero 
    trenzaron sus manos ya. 
    Va a florecer San Romero 
    y El Salvador vencerá.



    HONDURAS CLANDESTINA

    Honduras, dulce Honduras, 
    calladamente nuestra, 
    hermana clandestina, 
    tus hermanas te llaman. 
    Todas las caracolas, 
    todas las garzas libres, 
    todos los muertos fieles 
    te llaman al abrazo. 
    (¡Centroamérica unida, Morazán, 
    «nuestro amor que no muere»! 
    ¡Por amor de tu vida, 
    Centroamérica nuestra, 
    no callaremos más 
    hasta que rompa 
    la aurora en tu mirada, 
    hasta que estalle el sol de la Justicia 
    en mitad de tu pecho!).
    Lempira, yergue el duro 
    pedernal de tu rostro 
    contra los invasores. 
    (Los traidores, Lempira, tú lo sabes, 
    cabalgan en la grupa del imperio). 
    Sea otra vez consigna 
    el Peñón de Cerquín. 
    Convoca en la unidad 
    a todos los rebeldes.
    Sobre tu paz, Honduras, 
    la orquídea morada 
    oficia un prolongado Viernes Santo. 
    La sangre de Pavón y Landaverde 
    chorrea de tu boca, reciente de martirios.
    Chorrea de tu cuerpo 
    mucha sangre sin nombre, 
    Honduras desangrada. 
    (Las malas Compañías 
    te han desangrado siempre). 
    Las bases del imperio, como clavos, 
    hierran tu pobre carne, 
    Honduras ocupada, Palmerola, 
    ¡corazón ocupado de América Latina!
    ... Y, sin embargo, Honduras, 
    limpias bajan tus aguas 
    como el alma del Pueblo. 
    Duros, como verdades, perseveran 
    los guijarros desnudos, en tu cauce. 
    La niebla, como un código, 
    protege tus pinares 
    y el ritmo cauteloso 
    de tus hijos mejores. 
    Cimarrones alzados, 
    montaraces del día, 
    en las minas de Olancho 
    los esclavos despiertan
    Los mártires de Olancho 
    vibran al sol sus palmas. 
    Tercos de rebeldía, 
    los huesos de Zelaya 
    levantan su trinchera. 
    Guadalupe, el testigo, 
    ha escrito en muchos ojos 
    sus huellas solidarias.
    Llamas de Dios, unidas, 
    ocotes de la Iglesia, 
    crecen tus campesinos. 
    La Palabra germina en sus silencios.
    Forjan los sindicatos 
    los brazos del futuro. 
    Campesinos y obreros 
    entrelazan sus pasos, 
    «taulabés» de la Historia, 
    «acortando el camino».
    Hondureños, hermanos, ¡sed vosotros! 
    Grabad en cada piedra 
    de todos vuestros montes y quebradas 
    esta sola palabra: Dignidad. 
    Ponte de pie, en la noche, 
    y urge la madrugada, 
    Honduras clandestina. 
    Sean tuyos los montes, 
    limpios de mercenarios. 
    Tuyo sea el maíz, 
    libre de Compañías. 
    Sea tuya la vida, liberada.
    Sobre tu boca, rota 
    de miseria y de espanto, 
    el Padre de los pobres 
    pondrá un guacal de Pascua, 
    leche y miel de alegría. 
    Cosecharás cantando 
    tu siembra de dolores. 
    No dirán más de ti «la que no es Pueblo».
    La Virgen pequeñita de Suyapa 
    ha recorrido como una paloma 
    toda la patria herida, y con su vuelo 
    ha suscitado un aire de promesas. 
    ¡En el Nombre de Dios, 
    contra todos los dioses, 
    amanece en tus cerros la esperanza!


    III. Confesiones


    VOY A PASAR LA VIDA

    -Voy a pasar la vida
    más o menos inútil, 
    más o menos poeta.
    No habré tenido un hijo. 
    No habré sido magnate ni gerente de lucros, 
    ni albañil o mecánico. 
    Habré plantado unos contados árboles
    y habré escrito unos libros, 
    muchas cartas,
    hojas hijos al viento.
    -Procura que la Gracia y la Ternura 
    llenen de vino nuevo ... 
    tu ánfora de barro. 
    Dios mide a su manera la eficacia. 
    Ama a todos los hijos de los hombres. 
    Di tus palabras como las semillas 
    que mueren pero brotan. 
    Haz de tu corazón célibe solo 
    un ambulante hogar desatrancado, 
    una lona de circo bullanguero. 
    Deja las digitales de tus pies peregrinos 
    como besos en llama solidaria 
    sobre la carne de la Madre Tierra. 
    Posa tus ojos, tibios ya de ocaso, 
    como lumbres de aceite, acurrucadas 
    en la vigilia universal del Tiempo.



    DENTRO DE AUSCHWITZ

    ¿Cómo
    hablar de Dios 
    después de Auschwitz?, 
    os preguntáis vosotros,
    ahí, al otro lado del mar, en la abandancia.
    ¿Cómo
    hablar de Dios 
    dentro de Auschwitz?, 
    se preguntan aquí los compañeros, 
    cargados de razón, de llanto y sangre, 
    metidos en la muerte 
    diaria
    de millones...



    ME ANUNCIAN OTRA VEZ LA ESPERADA

    Me anuncian otra vez la esperada. 
    Me anuncian Tu visita.
    Voy a poner en orden la casa del recuerdo. 
    Voy a vestir de flores de pobreza 
    mis sueños y mis iras.
    A orillas de la tierra me aguarda la canoa...
    Después,
    mientras se explican 
    los pájaros, las ruedas, 
    los soles y las lunas, 
    yo espero que el silencio 
    diga, sobre mi sangre, 
    palabras verdaderas.



    EL POSIBLE REVÓLVER CONVOCABA

    El posible revólver convocaba 
    los odios y las sombras. 
    Dios estaría al quite, en todo caso,
    y era preciso andar hasta la hora. 
    Pero mi corazón, chapado en fuegos, 
    sellaba, como el sol, la tarde agónica.



    EL TIEMPO Y YO

    -I-

    La noche y yo luchamos
    impotentes
    y el gallo no proclama 
    los rounds de este combate.
    El día
    caerá
    como un decreto 
    sobre esta lucha sorda 
    y yo seguiré siendo 
    el mismo personaje 
    de antes de esta noche.

    -II-

    El día y yo reñimos 
    azorados 
    por las contadas horas 
    que van de seis a veinte. 
    Mientras la luz nos cubre, como un manto, 
    el miedo de llegar a no ser día.

    -III-

    La tarde y yo morimos
    silenciosos.
    La noche
    caerá
    como un decreto 
    sobre las hojas mudas 
    que olvidarán la gloria de esta tarde 
    y el paso de mis ojos.
    Mañana serán otros
    el día y los humanos.
    (Si no tuviera fe para negar la muerte, 
    quizás yo no tendría coraje de nombrarla).



    TIEMPO DE FRUSTRACIÓN

    Fueran otros tiempos, 
    yo te cantaría 
    soñándote nuestro
    lucero del alba... 
    Hoy los gallos roncos 
    quiebran la redoma 
    de tu cara inútil 
    y un caballo exhausto 
    rumia en mis silencios 
    la impotente hora. 
    ¿Para qué amaneces 
    si no va a ser día? 
    Lentamente el Pueblo, 
    fatalmente pobre, 
    surcará el cansancio 
    sobre el Araguaia. 
    Las orillas, ciegas, 
    impondrán el curso 
    de la ley y el orden. 
    Y arderemos todos, 
    como tablas sueltas 
    del difícil barco,
    bajo un sol injusto.



    SALMO 23

    El Señor es mi Pastor...
    Los pastores de mi casa 
    me enseñaron a sentirLo. 
    La «chivita» deportada
    por la guerra fratricida 
    me ayudó a reconocerme 
    vigilado por sus Ojos, 
    añorado por sus Manos.
    Yo sería un pastor
    ¿bueno?
    Tu Palabra me alimenta, cada día, 
    como un valle. 
    Me convida tu Misterio, como un monte. 
    Como un río me penetra, 
    perdonado,
    tu Ternura.
    Pirineo y sus pastores,
    por las rocas,
    en la nieve,
    por el Ésera desnudo tierra abajo, 
    por las noches estrelladas cielo arriba.
    Los balidos impotentes me acosaban, siendo niño. 
    Los balidos de los pobres, degollados, me traspasan. 
    ¿No bastaba con tu sangre, Pascua nuestra?
    Si atardece en mis majadas, 
    Tú serás su paz caliente. 
    No les faltará tu silbo
    cuando rompa el día nuevo.
    Los mayores desencantos 
    puedo atravesar seguro. 
    ¡Tú me llevas como un hombro, 
    Pastor bueno!



    MALDITA SEA LA CRUZ

    Maldita sea la cruz 
    que cargamos sin amor 
    como una fatal herencia.
    Maldita sea la cruz 
    que echamos sobre los hombros 
    de los hermanos pequeños.
    Maldita sea la cruz 
    que no quebramos a golpes 
    de libertad solidaria, 
    desnudos para la entrega, 
    rebeldes contra la muerte.
    Maldita sea la cruz 
    que exhiben los opresores 
    en las paredes del banco, 
    detrás del trono impasible, 
    en el blasón de las armas, 
    sobre el escote del lujo, 
    ante los ojos del miedo.
    Maldita sea la cruz 
    que el poder hinca en el Pueblo, 
    en nombre de Dios quizás. 
    Maldita sea la cruz 
    que la Iglesia justifica 
    - quizás en nombre de Cristo-
    cuando debiera abrasarla 
    en llamas de profecía.
    ¡Maldita sea la cruz 
    que no pueda ser La Cruz!



    ALGO TENEMOS, ROMA, DE ROMANOS

    Algo tenemos, Roma, de romanos 
    todos los que heredamos 
    la leche del latín, la fe de Pedro. 
    A pesar del Imperio, detrás del Vaticano,
    en la piedra y la sangre compartidas 
    todos tenemos mucho de romanos.



    CARDENALES DE ROMA

    Cardenales de Roma, 
    hermanos todavía:
    ¿Qué somos 
    si no somos
    Pascua viva?
    ¿Qué celebramos
    si no celebramos
    toda la sangre en cada Misa?
    ¡Ay de las Curias 
    sin romerías!
    No me quitéis la sangre de los mártires 
    del cáliz que alimenta mi osadía.
    Si les priváis del Testimonio,
    ¿qué les queda a los Pobres de América Latina?
    Roma, la misma Roma, 
    ¿qué sería 
    si callase en sus piedras 
    la hermana sangre antigua?



    YO, PECADOR Y OBISPO, ME CONFIESO

    Yo, pecador y obispo, me confieso 
    de haber llegado a Roma con un bordón agreste; 
    de sorprender el Viento entre las columnatas 
    y de ensayar la quena a las barbas del órgano; 
    de haber llegado a Asís,
    cercado de amapolas.
    Yo, pecador y obispo, me confieso 
    de soñar con la Iglesia 
    vestida solamente de Evangelio y sandalias, 
    de creer en la Iglesia,
    a pesar de la Iglesia, algunas veces; 
    de creer en el Reino, en todo caso
    -caminando en Iglesia-.
    Yo, pecador y obispo, me confieso 
    de haber visto a Jesús de Nazaret 
    anunciando también la Buena Nueva 
    a los pobres de América Latina;
    de decirle a María: «¡Comadre nuestra, salve!»; 
    de celebrar la sangre de los que han sido fieles; 
    de andar de romerías...
    Yo, pecador y obispo, me confieso 
    de amar a Nicaragua, la niña de la honda.
    Yo, pecador y obispo, me confieso 
    de abrir cada mañana la ventana del Tiempo; 
    de hablar como un hermano a otro hermano; 
    de no perder el sueño, ni el canto, ni la risa;
    de cultivar la flor de la Esperanza 
    entre las llagas del Resucitado.



    PIENSA TAMBIÉN CON LOS PIES

    Piensa también
    con los pies
    sobre el camino
    cansado
    por tantos pies caminantes.
    Piensa también, sobre todo, 
    con el corazón 
    abierto 
    a todos los corazones 
    que laten igual que el tuyo, 
    como hermanos, 
    peregrinos, 
    heridos también de vida, 
    heridos quizá de muerte.
    Piensa vital, conviviente
    conflictivamente hermano, 
    tiernamente compañero.



    TE LLAMARÁN POETA

    Te llamarán poeta 
    para reirse de tus razones 
    que desentonan de su razón; 
    para zafarse de tu Evangelio 
    que les cuestiona a su propio Dios.
    Te llamarán profeta 
    para exigirte lo que no son, 
    para llevarte hasta la muerte 
    y darte un póster en su salón



    DIOS ES DIOS
    Yo hago versos y creo en Dios.
    Mis versos 
    andan llenos de Dios, como pulmones 
    llenos del aire vivo. 
    Carlos Drummond de Andrade 
    hace -hacía- versos, 
    mejores que los míos, 
    y no creía en Dios. 
    (Dios no es simplemente la Belleza).
    El Ché entregó su vida por el Pueblo 
    y no veía a Dios en la montaña.
    Yo no sé si podría convivir con los Pobres 
    si no topara a Dios en sus harapos; 
    si no estuviera Dios, como una brasa, 
    quemando mi egoísmo lentamente. 
    (Dios no es simplemente la Justicia).
    Muchos humanos izan sus banderas 
    y cantan a la Vida, 
    dejando a Dios de un lado. 
    Yo sólo sé cantar dando Su Nombre. 
    (Dios no es simplemente la Alegría).
    Quizá yo no sería capaz de estos caminos 
    si no estuviera Dios, como una aurora, 
    rompiéndome la niebla y el cansancio. 
    Y hay sabios que caminan imperturbablemente 
    contra el viso de Dios,
    haciendo Historia, 
    desvelando misterios y preguntas. 
    (Dios no es simplemente la Verdad).
    ... Belleza sin ocaso, 
    Verdad sin argumentos, 
    Justicia sin retomos, Amor inesperado, 
    ¡Dios es Dios simplemente!



    AMOR CELOSO

    Tú pides,
    pides siempre,
    pides mucho,
    Señor.
    Lo pides todo.
    Te gusta ir entrando, como un fuego, 
    vida adentro de aquellos que te aman 
    y abrasarles las horas, los derechos, el juicio. 
    Tú haces los eunucos y los locos del Reino.
    Abusas del amor
    de los que son capaces
    de abusar de tu Amor.
    No muchos, más bien pocos.
    (Todos podrán salvarse, 
    pocos quieren salvarte plenamente).
    Teresa de Jesús, que lo sabía
    de andar trochas y noches del Carmelo, 
    te lo advirtió. Inútilmente, claro.
    Sigues siendo el Total,
    la zarza ardiendo
    sobre el Horeb de todos los llamados.
    Delante de tu Gloria, Amor celoso, 
    no hay más gesto posible que descalzar el alma. 
    Tú eres. Tú nos haces.
    Calcinándonos, 
    el Viento de tus llamas nos liberta. 
    Tú nos amas primero, en todo caso.


    IV. Sacramentos



    ESPOSA TIERRA

    No quiero irme 
    sin haberte amado,
    Tierra,
    como una esposa.
    Todos mis hijos nacen
    de tu carne rasgada.



    PAJARO SABIÁ

    ¿Qué me quieres decir, 
    profeta impenitente, no invitado, 
    oculto en los follajes de la Historia, 
    cantando todo el día 
    bajo un cielo incapaz de definirse?
    ¿Qué incómoda consigna 
    pretendes ensartarme con tu canto, 
    como una espina oscura, voraz, 
    atornillándome 
    el corazón cansado de consignas?



    AL CIPRES DE EMBÚ

    El cielo, los humanos y las cosas 
    devanas en la paz de tus follajes. 
    Brindan sus llamas junto a ti las rosas. 
    Los pájaros te cruzan sus mensajes.
    Ovillo de certezas y desvelos, 
    la noche te clausura penitente, 
    el día aguza el filo de tus vuelos 
    y el corazón, gemelo, te consiente.
    Adusto, no te niegas a la vida; 
    compacto, no rehuyes la acogida; 
    torre de Dios, subiendo no te evades...
    Tenso vigía del entorno humano, 
    madura soledad, poeta hermano 
    de mis enardecidas soledades.



    LAS GARZAS BLANCAS

    No consigo mirarlas
    indiferentemente.
    Me saben todavía 
    a detalle de Dios.
    Capullos de blancura 
    dando entorno a las aguas.
    Anforas escogidas, 
    llenas de sol primero.
    Algodones alados 
    que vendan mis poemas.



    RIO DAS MORTES

    No pasa nada en este río. 
    Pasan
    las formas de las nubes,
    las copas invertidas,
    la sombras de las alas, 
    nuestros ojos.
    Pasamos.
    Pasa el río.



    LA HIEDRA CUBRE EL TRONCO

    La hiedra cubre el tronco 
    muerto del Latifundio.
    Las venas de mi Pueblo 
    trepan hacia el futuro.



    ¡ESAS MADRES!

    ¡Esas madres 
    con sus hijos 
    que son tuyos, Padre nuestro! 
    ¡Esas pobres de la tierra 
    que se mueren dando vida! 
    ¡Ese mundo que las mata! 
    ¡Esa casa inhabitable 
    que fue casa de tu Hijo!
    ¿¡Dónde estamos,
    Tú y nosotros,
    Padre nuestro?



    LOCA DE UN PARTO MUERTO

    Loca de un parto muerto, 
    vuelta a sus cinco años 
    leves como unas plumas 
    de antes de las ciudades
    india tapuia ella, 
    ríe toda, callada, 
    pájaro en los cabellos 
    de su marido niño. 
    Sabe que él la ama 
    y es todo lo que sabe.
    El incrusta en silencios 
    sus contadas palabras 
    de un dolor prematuro. 
    Vuelve el rostro a la tierra 
    del menguado destino 
    y recoge el abrazo 
    de la niña demente 
    como un hombre de antaño, 
    corazón enterizo.



    GUSTAVO GUTIÉRREZ

    Guiña chistes y chismes escolásticos, 
    cortando
    con el aire de su nariz incaica, 
    el miedo y la tristeza 
    de todo un Continente.
    Cojeando, bajito, va muy alto y muy lejos...
    La pelada testuz de un adivino
    -roca del Machu-Pichu, morada del Misterio-
    corona su cabeza luminosa.
    (Perú
    -Costa del Mar, menos pacífico, 
    que debería ser vaivén hermano.
    -Sierra del Viento nuestro en flautas libres.
    -Selva a las puertas de la Amazonía, 
    conquista de codicia y de masacre, 
    Oriente del Mañana de los pobres).
    Ronca palabra de maestro antigno, 
    suelta en sabias cascadas. Tiempo adentro,
    recogiendo las rocas de la Muerte, 
    fecundando los valles de la Vida.
    «Suma» criolla de Liberación.
    Exegeta de Marx,
    críticamente 
    sabe afeitarle al viejo 
    la dialéctica barba, 
    respetándole el rostro
    de profeta del Lucro y de la Historia.
    Testigo fiel del Verbo y de los hombres, 
    lleva su corazón en punto alerta 
    con la Hora de América Amerindia.
    Agudo curtidor de odres nuevos 
    para el antiguo Vino. 
    Asesor de las células cristianas 
    que hacen nueva la Iglesia, 
    desde la base, al soplo del Espíritu.
    Tomasito de América Latina 
    (con el perdón de la cansada Europa, 
    con la segura complacencia hermana 
    de Tomás, el de Aquino).



    LOS MÁRTIRES DE LA ANDADURA DEL PUEBLO
    Ante el mural 
    de Maximino Cerezo Barredo, 
    en el Santuario de los Mártires 
    de Riberão Bonito, MT.
    Amparan el Camino las manos de Su Padre. 
    Y el Espíritu sella la andadura, 
    con las alas abiertas Paz adentro. 
    El Primero en nacer desde la muerte, 
    Jesús, Testigo Fiel, rompe la marcha 
    y con la gloriosa mano herida 
    cancela la vigencia de la antigua tiniebla.
    El rostro cotidiano del Pueblo está en Su Rostro. 
    Y van con El, hermanos de combate, 
    João Bosco, Margarida, 
    Rodolfo, Gringo, Tião, 
    Josimo, Chico, Santo,
    ¡... tantos, tantas!
    San Romero celebra Eucaristía 
    en el ara mayor del continente, 
    vistiendo en profecía derramada 
    la estola de los mayas redivivos. 
    Mientras Marçal, el guaraní, empuña 
    la espiga del maíz, 
    pan de nuestra Amerindia.
    Gritan las herramientas 
    la fuerza del trabajo organizado, 
    el fraterno poder de las manos unidas.
    Por detrás de la cárcel, derribada 
    a golpes de una terca rebeldía, 
    rompe la gracia matinal del Reino. 
    Y las cercas de alambre se retuercen, 
    quebradas por la marcha justiciera.
    La noche todavía mantiene en sus mazmorras 
    hermanos torturados. 
    Hay desaparecidos todavía 
    en los silencios cómplices.
    ¡Inútilmente, Imperio, inútilmente!
    Nuestros caídos mueren 
    con la Esperanza en flor entre las manos. 
    Nuestros muertos caminan empujando la Historia. 
    Contra los alaridos de la Muerte, 
    gritamos las consignas: ¡Tierra! ¡Liberación!,
    canto coral de todo un Pueblo en marcha.
    Bajo esa clara nube de tanto testimonio,
    herederos de Sangre, 
    testigos de testigos, 
    con ellos caminamos liberando el Futuro. 
    Caminamos por El, Horizonte y Camino. 
    Hijos de un mismo Padre, 
    nacidos de Su Muerte, 
    memoria de El y de Ellos,
    ¡celebramos la Pascua!



    MERURI, 10 AÑOS DESPUÉS
    En la aldea de Meruri, de los indios Bororo 
    escenario del martirio del P. Rodolfo y del indio Simão, 
    durante la segunda celebración funeraria.
    La tarde dora el aire estremecido 
    y dora el polvo sobre el coche intruso, 
    zurcido por las aves sorprendidas.
    La tarde dora la palmera inmóvil, 
    testigo del vaivén de los humanos 
    - indios, terratenientes, misioneros-.
    Meruri acoge el llanto arremansado 
    sobre los huesos que las plumas ciñen 
    de un vuelo imprevisible pero cierto.
    La luna nos contempla, retraída, 
    como un sello de plata prematuro.
    La tarde dora el aire y la memoria,
    dora en semilla de Bororo y Cristo 
    la sangre de Simão y de Rodolfo.



    DECIR TU NOMBRE, MARÍA
    Decir tu nombre, María, 
    es decir que la Pobreza 
    compra los ojos de Dios.
    Decir tu nombre, María, 
    es decir que la Promesa 
    sabe a leche de mujer.
    Decir tu nombre, María, 
    es decir que nuestra carne 
    viste el silencio del Verbo.
    Decir tu nombre, María, 
    es decir que el Reino viene 
    caminando con la Historia.
    Decir tu nombre, María, 
    es decir junto a la Cruz 
    y en las llamas del Espíritu.
    Decir tu nombre, María, 
    es decir que todo nombre 
    puede estar lleno de Gracia.
    Decir tu nombre, María, 
    es decir que toda muerte 
    puede ser también Su Pascua.
    Decir tu nombre, María, 
    es decirte Toda Suya, 
    Causa de Nuestra Alegría.



    EUCARISTÍA
    Para Arturo Paoli

    Mis manos, esas manos y Tus manos 
    hacemos este Gesto, compartida 
    la mesa y el destino, como hermanos. 
    Las vidas en Tu muerte y en Tu vida.
    Unidos en el pan los muchos granos, 
    iremos aprendiendo a ser la unida 
    Ciudad de Dios, Ciudad de los humanos. 
    Comiéndote sabremos ser comida.
    El vino de sus venas nos provoca. 
    El pan que ellos no tienen nos convoca 
    a ser Contigo el pan de cada día.
    Llamados por la luz de Tu memoria, 
    marchamos hacia el Reino haciendo Historia, 
    fraterna y subversiva Eucaristía.



    V. Antífonas

    ¿Para qué tu Navidad 
    si no hay gloria en las alturas 
    ni en la tierra paz? 
    y a José y María
    no les dan lugar 
    ni dentro ni fuera 
    de la ciudad?
    y la Buena Nueva 
    ya no es novedad? 
    y mandan 
    callar 
    a todos los ángeles 
    que osan cantar? 
    ¿Para qué, 
    para quién, Niño, 
    tu Navidad?
    Dinos cuál es tu Dios, Jesús; enséñanos 
    a no hacerlo el Dios que no lo haces. 
    ¡Devuélvenos tu Dios, 
    mostrándonos el Padre!
    Entre tu rostro humano 
    y la gloria de Dios 
    está el abismo 
    de nuestra fe y tu muerte.
    ¿Dónde estará
    la Paz 
    que Tú nos has dejado 
    si no hay paz 
    en medio de nosotros?
    Tú eres
    tanto
    la Paz 
    como el Desasosiego.



    DEUS ABSCÓNDITUS
    Eres un Dios escondido, 
    pero en la carne de un hombre. 
    Eres un Dios escondido 
    en cada rostro de pobre. 
    Más tu Amor se nos revela 
    cuanto más se nos esconde.
    Siempre entre Tú y yo, 
    un puente. 
    Es imposible el vado.
    Tanto me llamas Tú 
    como Te busco yo. 
    Los dos somos encuentro.
    Haciéndome el que soy
    -anhelo y búsqueda-
    Tú eres el que eres 
    -don y abrazo-.



    ASAMBLEA EPISCOPAL
    ¡Este lujo, Señor, 
    de pensar tu Evangelio, 
    cercados de jardines, 
    y hacer la Eucaristía,
    hartas siempre las mesas, 
    y lanzar documentos, 
    sin lanzarnos nosotros, 
    mientras la muerte sigue...!
    Voy a decir de Ti 
    mi última palabra. 
    (Siempre penúltima 
    y mía siempre).
    Espero que me digas 
    tu palabra 
    reproche,
    tu palabra 
    respuesta,
    tu palabra 
    convite. 
    ¡Díteme tú, Palabra!
    De ti, sólo de Ti, siento sed y nostalgia. 
    Todas las aguas vivas 
    me hablan de Ti, oh Fuente. 
    Vivo para el retorno. 
    Busco, como un espejo 
    herido de penumbras, 
    la llama de Tu Rostro.



    VI. Proverbios

    El pobre malo 
    tiene una ventaja: 
    la de ser pobre. 
    El rico malo, 
    dos inconvenientes.



    De astilla
    en astilla
    hasta el Madero.



    -Hay que prevenir la guerra 
    haciéndola, 
    dictaminan las geopolíticas. 
    Matemos para vivir 
    militarmente. 
    ¡Abajo las vidas, 
    arriba las armas!



    El Sur,
    el Sur, 
    ¡no el Occidente, hermanos!



    Somos pobres, 
    pero somos
    mayoría
    ¡y el futuro!



    Gracias a tu ayer, 
    habrá para ellos 
    un mañana, 
    hermano.



    Mi hoy, entre los dos, 
    ha de ser responsable 
    como un arco de Historia 
    en el puente del Reino.



    ¿Qué le dice el Tercer Mundo 
    al Primer Mundo? 
    - ¡Si no fuerais lo que sois, 
    podríamos ser 
    los que somos!



    ¿Por qué lo que es de todos 
    no es de nadie, 
    si todos somos todos?



    Dos son los problemas, 
    dos: 
    los demás
    y yo.



    Vuestros tiempos perdidos 
    son mi tiempo de canto. 
    Me anticipo a gritaros que ya es hora. 
    (Quizás roncos de angustia, 
    por causa de la noche, 
    los gallos, los poetas, despertamos el día).



    PALABRA
    Este frágil sonido con que abrazo 
    el río, tu mirada, la estrella de Belén, 
    la barca inevitable hacia el ocaso 
    y el mismo Dios también.



    El primer tomo de CEHILA 
    -ese reverso de la Historia-
    es nada menos que la Biblia



    .Como un péndulo
    voy,
    viviente y libre,
    entre la angustia y la acción de gracias.



    El contemplativo 
    es un productor
    de gratuidad.



    Después del Viernes Santo, 
    Jerusalén es margen y camino, 
    fuera de las murallas. 
    Fuera de la Ciudad, 
    en el velo del Viento 
    Dios esconde y revela 
    su mirada de hombre.



    Volver al mismo surco, 
    pero hundiendo 
    la reja del arado 
    cada vez más adentro. 
    Hasta la tierra viva 
    de donde brota el Reino.



    El silencio de Dios ignora el grito 
    de esas noches humanas. 
    La muerte las habita. 
    No os riáis de sus miedos 
    invocando a la luna



    .Otra vez hecho carne
    de locura
    acontecía Dios
    en mi silencio



    .La Eucaristía 
    que no es mesa 
    acaba siendo 
    pura blasfemia.



    Solamente en el Kronos, 
    con sus días ceniza, 
    se da el Kairós del Reino,
    luminoso y opaco.



    Franqueó su corazón 
    como un silo.
    Grano a grano, 
    los dolores de su Pueblo 
    lo han colmado.



    No basta con dar pan, 
    hay que dar hambre. 
    No basta con que des el Evangelio: 
    has de abrir, con tu vida, 
    la pasión de comerlo.



    En los ásperos dientes de la Historia 
    vuelca tu corazón como una alcuza 
    llena de Dios 
    y de ternura.



    El camello que no pasa 
    por el ojo de una aguja, 
    entra en cualquier catedral.



    Lo malo no será 
    perder el tren de la Historia, 
    sino perder el Dios vivo 
    que viaja en ese tren.



    El amor no es bueno 
    por ser mandamiento, 
    mas por ser amor



    .Paz,
    pan,
    paz: 
    Con una «n» no más, 
    ya le has puesto sangre nueva 
    al corazón de la Paz.



    Como esta rosa 
    en medio 
    de las espigas útiles,
    tú debes ser ternura en el combate. 
    Mientras caen los granos para el surco del Reino, 
    no dejes se marchiten los pétalos del canto.



    Si en medio de la Iglesia 
    te sientes hoy, hermano, 
    como un leproso antiguo, 
    ¡no atropelles el tránsito 
    ni dejes el Camino!



    Junto con los otros, 
    pero abierto al Otro, 
    como el gran Ausente, 
    como el gran Presente, 
    como el otro Otro.



    Contra los cañones, 
    versos. Y versos 
    bajo los cánones...



    Libre,
    pero ceñido de una malla 
    de límites sumisos, 
    de escándalos ajenos.



    No encajes la amargura 
    del golpe de la azada. 
    Abrete a la fecunda 
    visita de la siembra.



    La paz, como la rosa, 
    en cualquier clima, 
    sólo crece cuidada 
    y con espinas.



    Delante de los ojos 
    el calendario entero. 
    Pero en la mesa 
    el pan diario.



    Jesús es
    en persona 
    la controversia de Dios. 
    ¿De qué Dios se trata, hermanos?



    No hay prueba mayor de Dios 
    que ese final de la Cruz.



    No hay cabeza viva 
    sin su corazón: 
    ¡la ideología!



    Tu cabeza sólo anda 
    en la medida en que 
    caminan sobre la tierra
    tus propios pies.



    Si no tienes
    demasiado,
    podrás tener el Espíritu 
    y ser hermano,
    hijo en el Hijo.



    Entre tú y yo, 
    la distancia, yo. 
    Pero el puente, hermano, 
    nosotros dos.



    No sé los nombres de todos, 
    pero me aprendo sus ojos, 
    y por sus ojos los llamo.



    El pájaro se fue
    y dejó de sí, 
    por todo testamento,
    este latido verde 
    temblando sobre el río.



    Esta es nuestra alternativa:
    vivos
    o resucitados.






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  • 03/25/16--03:19: RABIA AL ADAWIYYA [18.303]

  • RABIA AL ADAWIYYA 

    Rabia al Adawiyya
    RābiʻUn al-ʻAdawiyya al-Qaysiyya (árabe: رابعة العدوية القيسية‎) o sencillamente Rābiʿah al-Baṣrī (en árabe: رابعة العدوية القيسية: رابعة البصري‎) (717@–801 C.E.) Fue una santa musulmana y mística Sufi.

    Se cree que nació entre los años 713 y 717 CE (100 y 108 Hijri) en Basra, Iraq. Gran parte de los primeros años de su vida fueron narrados por Farid ud-Alboroto Attar, otro santo y poeta sufí, más tardío, quién utilizó fuentes más tempranas. Rabia no dejó ningún texto escrito por sí misma.

    Fue la cuarta hija de una familia; de allí su nombre, Rabia, que significa "cuarta". A pesar de es conocida por su período de esclavitud, no había nacido en tal condición; su familia era pobre, pero respetada en su comunidad.

    Según Fariduddin Attar, cuándo Rabia nació, sus padres eran tan pobres que no había en la casa aceite para encender una lámpara, ni tampoco un trozo de tela para que pudieran arroparla. Su madre solicitó a su marido que fuera a pedir algo de aceite a un vecino; pero el padre había resuelto en su vida nunca pedir nada a nadie, excepto a Dios. Para no discutir, partió sin embargo; simuló ir hasta la puerta del vecino y luego volvió con las manos vacías, sin haber pedido nada.

    En la noche Mahoma apareció a él en un sueño y le dijo, "Tu hija recién nacida es una favorita del Señor, y dirigirá muchos musulmanes hacia el recto camino. Deberías acercarte al Amir de Basra y presentarte ante él con una carta en la cual tendría que ser escrito este mensaje: 'Tú ofreces Durood al Profeta Santo cien veces cada noche y cuatrocientas veces cada noche de jueves. Sin embargo, como fallaste en observar esta regla este último jueves, a manera de reparación tienes que darle al portador de la presente cuatrocientos dinares'".

    El padre de Rabia se levantó y fue directamente en busca del Amir, mientras lágrimas de alegría rodaban por mejillas. El Amir recibió encantado el mensaje, porque por su intermedio supo que había sido visto por los ojos de Mahoma; hizo distribuir 1000 dinares entre los pobres, y gozosamente pagó los 400 dinares al padre de Rabia. Además, le solicitó que acudiera en cuanto necesitara cosa alguna; puesto que él se sentiría beneficiado por una visita de un alma tan querida por el Señor.

    Luego de la muerte de su padre una hambruna asoló Basra, y Rabia se separó de sus hermanas. La leyenda cuenta que mientras viajaba en una caravana, cayó en manos de unos ladrones. El jefe de éstos tomó cautiva a Rabia, y la vendió en el mercado como esclava.

    El nuevo amo de Rabia la empleaba en duros trabajos. Ella, después de terminar con sus labores en la casa, pasaba la noche entera en oración; también observaba ayunos muchos días. Una vez el maestro de la casa se levantó en medio de la noche, y fue atraído por la voz en la que Rabia rogaba a su Señor. Ella le imploraba en estos términos:

    "¡Señor! Sabes bien que mi deseo entusiasta es cumplir Tu voluntad, y servirTe con todo mi corazón, ¡oh, luz de mis ojos!. Si fuera libre, pasaría el entero día y noche en oración. Pero ¿qué puedo hacer yo, ahora que me has hecho esclava de un ser humano?"

    Inmediatamente el maestro sentió que era sacrílego mantener tal valí como esclava; decidió por el contrario ponerse él mismo al servicio de ella. Por la mañana la llamó y le expuso su decisión; él podría servirla y ella podría morar allí como dueña de la casa; pero si ella insistía en querer dejar la casa, él estaba dispuesto a liberarla de su esclavitud. Ella le dijó que quería dejar la casa para  para hacer su adoración en soledad; esto le fue concedido, y partió.
    Rabia fue al desierto para orar y llegar a ser una asceta. El murshid era Ḥasan al-Baṣrī, un conocido santo sabido elevado al nivel de las siete almas sagradas. Ella no poseía mucho más que una jarra rota, una estera y un ladrillo que utilizaba como almohada. Pasaba toda la noche en oración y contemplación. Cuando su fama creció, empezó a tener muchos discípulos. También tuvo discusiones con muchas de las personalidades religiosas renombradas de su época. Aunque tuvo muchas ofertas de matrimonio, incluso -cuenta la tradición- una del Amir de Basra, las rechazó para no tener en su vida otro tiempo que el dedicado a Dios.

    Así oraba Rabia:

    ¡Oh Dios!
    Si Te adorase por miedo al Infierno, quémame en el Infierno;
    Si Te adorara esperando el Paraíso, exclúyeme del Paraíso.
    Pero si Te adorara por Tí Mismo,
    no me niegues Tu eterna Belleza


    Muerte

    Rabia había pasado los ochenta años cuando murió, habiendo seguido la senda mística hasta el final. Sentía que estaba continuamente en presencia de su Amado (Alá); Tal como dijo a los que la rodeaban: "Mi Amado está siempre conmigo". Murió en Jerusalén en 185 AH, y se cree que fue sepultada en la Capilla del Ascension.

    Filosofía

    Rabia fue una de las que primero siguieron las doctrina del amor Divino conocido como Ishq-e-Haqeeqi y es ampliamente reconocida como la más importante det los poetas sufíes tempranos. Mucha de la poesía que le ha sido atribuida es de origen desconocido. Después de que una vida de penurias, espontáneamente conconsiguió un estado de realización. Cuándo Shaikh Hasan al-Basri le preguntó cómo descubrió ese secreto, ella respondió declarando:

    " Tú sabes del cómo, pero yo sé del sin-cómo."


    Anécdotas

    Un día, fue vista corriendo a través de las calles de Basra llevando una vasija con fuego en una mano y un cubo de agua en el otro. Cuándo le preguntaron qué estaba haciendo, dijo: "quiero que los fuegos del Infierno dejen de quemar, y quiero incendiar las promesas de Paraíso. Ambas bloquean el camino hacia Alá. No quiero la adoración por miedo al castigo, ni por la promesa de recompensa, sino sencillamente la que se hace por amor a Alá."

    En su Vida de San Luis, Jean de Joinville cuenta esta historia de una mujer, pero no se le da a ésta ningún nombre ni afiliación religiosa; además, el informe aparece como contemporáneo, a pesar de que Joinville vivió tres siglos después de Rabia).

    Cuándo Rabia no iba a escuchar los sermones de Hasan Basri, él no brindaba enseñanzas ese día. Las personas de la audiencia le preguntaron el por qué; él respondió: "El jarabe que está contenido en vasijas para ser llevadas por elefantes no puede ser cargado en las vasijas hechas para las hormigas."

    En la cultura popular

    La vida de Rabia ha sido tema de varias películas del cine turco. Una de éstas, titulada "Rabia" y producida en 1973, estuvo dirigida por Osman F. Seden, siendo Fatma Girik quien encarnó el papel principal de Rabia. Otro film turco sobre la vida de la santa fue "Rabia, İlk Kadın Evliya" (Rabia, la primera mujer que fue santa), también de 1973, que fue dirigido por Süreyya Duru y protagonizado por Hülya Koçyiğlo.





    1. ORACIÓN DE ENTRADA

    ‐ El grupo se reúne en la noche solo con el Señor cuando los poderosos han cerrado sus castillos


    “Oh, mi Señor,
    Las estrellas parpadean
    Y los ojos de los hombres se
    tornaron.
    Los reyes han cerrado sus
    portones
    Y cada amante está solo con
    su amor.

    Y aquí, estoy yo sola
    contigo.”


    Tras un momento de silencio, recitamos el siguiente poema.


    ‐ Tú que haces florecer el desierto
    “¡Oh mi alegría, mi deseo y mi refugio,
    Mi compañero, mi amparo en el camino,
    Oh, mi Fin!
    Eres el espíritu de mi corazón.
    Tú eres mi esperanza,
    Mi confidente, mi Amigo.

    Mi anhelo de Ti es mi única riqueza,
    Mi ardiente deseo, todo mi sustento.
    Si no fuera por Ti, oh vida de mi vida,
    No habría vagado de un lado para otro
    Por la inmensidad del país.

    ¡Cuántas gracias me han sido reveladas,
    Cuántos dones y favores tienes Tú para mí!

    Tu amor es mi único deseo. Tu amor es mi delicia,
    La luz que sacia mi sediento corazón.
    No me alejaré de Ti mientras viva,
    No hay lugar para mí sino Tú,
    Que haces florecer el desierto.

    Tú eres el único dueño de mi corazón.
    Si en mí encuentras contento,
    ¡oh, anhelo de mi corazón!,
    Desbordaré de alegría.”


    2. MATERIA PRIMA

    La esencia de la experiencia de Rabía es la adoración y entrega incondicional sólo a Dios por puro amor a Él, a través de pobreza y caridad, confianza y oración.


    ‐ Constancia y abandono en Él

    “Permanece en la puerta si anhelas la Belleza,
    Abandona el sueño si quieres entrar.”

    Éste es uno de los versos clave de Rabía y se
    explica así. “Habrá que permanecer en la puerta,
    sin tratar de forzarla, a la espera, atentos a las
    señales que se nos den. Y abandonar el sueño,
    las ideas preconcebidas, los prejuicios, la
    tentación de apropiarnos de lo que no nos
    pertenece reduciéndolo a nuestros esquemas y
    perdiendo, así, cualquier posibilidad de
    comprenderlo.”

    ‐ El Amor es eterno

    “El Amor vino de la Eternidad y va hacia la
    Eternidad.”

    ‐ Que sólo quedes Tú
    “En una mano llevo una antorcha
    Y un cubo de agua en la otra:
    Con estas cosas voy a prender fuego al Cielo
    Y en el Infierno saciar las llamas
    De modo que los viajeros que buscan a Dios
    Puedan rasgarse todos los velos  
    Y contemplar el verdadero Fin.”

    ‐ No me basta mi Dios para quererte…

    A Dios “no le amo ni por miedo al Infierno ni por la esperanza del Paraíso. Si así hiciera, sería como un mal servidor que trabaja cuando tiene miedo o cuando espera recompensa. Le adoro tan sólo por amor y por mi deseo ardiente de Él.”


    “¡Oh, Dios mío!
    Si te adoro por miedo al infierno
    Quémame en él.
    Si te adoro por la esperanza del paraíso,
    Exclúyeme de él.
    Pero si Te adoro sólo por Ti mismo

    No apartes de mí tu Eterna Belleza.”

    ‐ Dios ama primero, Dios perdona primero

    “Un día, alguien preguntó a Rabía:  ‐Soy un pecador, mis faltas y mis desobediencias son muchas, pero si me arrepiento, ¿Dios me perdonará?‐. Rabía le contestó: ‐NO. Sólo si Dios te perdona primero tú te arrepentirás.”

    ‐ Dios perdona hasta nuestra incapacidad para pedir suficiente perdón

    “Cuando pedimos perdón a Dios, primero debemos hacernos perdonar nuestra falta de sinceridad al pedir perdón.”

    ‐ Tú me bastas

    “¡Oh, Dios mío!
    Cuantos bienes me hayas destinado en
    este mundo,
    Dáselo a tus enemigos,
    Y cuanto me hayas reservado en el
    otro mundo,
    Dáselo a tus amigos.
    Porque a mí, Tú me bastas.”

    ‐ Los bienes del mundo, un préstamo temporal

    Unos hombres piadosos se acercaron a encontrarse con Rabía, atraídos por su sabiduría y santidad y asombrados de la gran pobreza en que vivía, con sus ropas echas jirones y su chamizo tan precario, le dijeron: ‐Mucha gente te ayudaríamos gustosos si lo pidieras‐. “Pero ella contestó:  ‐Me avergonzaría pedir algo, por pequeño que fuera, de los bienes de este mundo, pues los bienes del mundo no pertenecen a nadie; quien los tiene, los tienes solamente como préstamo.”


    ‐ Pureza

    Su fama era tal que hasta los reyes, ricos y poderosos querían ayudarla, pero ella respondió en una ocasión: “‐¿Cómo puedo aceptar el dinero de un hombre sin ni siquiera saber si es lícito o no?‐. Después añadió: ‐Un día, pusieron en la lámpara un poco de aceite en la casa del sultán. Remendé mi única túnica desgarrada, a la luz de aquella lámpara. Pero mi corazón quedó durante días lleno de tinieblas. Sólo cuando deshice el remiendo se iluminó de nuevo.”


    ‐ Su amor dispersa las arenas de mis desiertos

    “Hermanos, mi paz está en mi soledad,
    Mi Amado se encuentra conmigo a solas en ella, siempre.
    No he hallado nada en todos los mundos que existen
    Que pueda compararse con Su amor,
    Ese amor que dispersa las arenas de mi desierto.
    Si ardiera de deseo
    Y no hubiera alcanzado a mi Amado,
    Viviría siempre en la desolación.

    Ésta es toda mi búsqueda:

    Abandonar todo lo creado
    Y estrechar en la palma de mi mano
    Los signos ciertos de que Él me ama.”


    ‐ Guarda del corazón

    “Estoy plenamente cualificada para trabajar de guardiana de las puertas y por esta razón:

    A lo que está dentro de mí, no le dejo salir
    A lo que está fuera de mí, no le dejo entrar.
    Si alguien entra, vuelve a irse otra vez,
    Conmigo no tiene nada que hacer en absoluto.

    Soy guarda del corazón y no sólo un fragmento de arcilla mojada.”


    ‐ Dos caminos de amar

    “Me encuentro ante dos caminos para amarte, Señor:
    Un camino mío
    Y otro que es digno de Ti.
    Cuando Te amo desde el mío, Te recuerdo a Ti y sólo a Ti
    Pero en el otro camino de amor Tú levantas todos los velos
    Y conviertes para mis ojos Tu Rostro Vivo en celebración.”


    ‐ Capitán de mi corazón

    Oh, Dios:
    “Mi Dicha
    Mi Hambre
    Mi Refugio
    Mi Amigo
    Mi Alimento para el viaje
    Mi Destino de todo viaje
    Tú eres mi Fragancia
    Mi Esperanza
    Mi Compañía
    Mi Anhelo
    Mi Riqueza abundante
    Sin Ti –mi Vida, mi Amor‐ 
    Nunca hubiera logrado
    cruzar aquellas tierras sin fin.

    Has derramado tanta gracia
    por mí,
    Tantos favores me has
    hecho, me has dado tanto
    don…
    Donde quiera que mire
    encuentro Tu amor
    Y súbitamente reboso de él.
    Oh, Capitán de mi Corazón,
    Mirada Radiante del Anhelo de mi pecho,

    Nunca Te abandonaré
    En toda mi vida.
    Estate contento conmigo, Amor,
    Y alcanzaré mi mayor contento.”



    ORACIÓN FINAL


    ‐ Velad en las noches

    “Oh, Señor, otra noche
    va a pasar,
    Y otro día amanecerá.
    Dime que he empleado
    bien la noche para que
    alcance la paz
    O que la he
    desperdiciado y lloraré
    por la pérdida.
    Te juro que desde el
    primer día en que me
    devolviste a la Vida,
    Aquel día en que te
    convertiste en mi
    Amigo,
    No he dormido
    E incluso si me echas de
    tus puertas
    Te juro de nuevo que nunca me alejaré
    Porque Tú vives en mi corazón.



    Rabi`a y el sufismo

    Pensamiento y amor no están separados, el corazón es sede de la iluminación, y ésta se expresa como sabiduría

    Autor: María Tabuyo Ortega


    Rabia al- `Adawiyya

    Poco se sabe de su vida, y ese poco nos llega tejido de leyendas, pero las leyendas atestiguan el reconocimiento, la veneración de que fue objeto; por otra parte, lo conocido procede casi exclusivamente de los dichos, hechos y canciones que se le atribuyen, de las anécdotas sobre su vida recogidas por biógrafos posteriores que cuidan siempre, y éste es un dato importante, de precisar la cadena de transmisión, garantizando así lo transmitido.

    Rabia al-Adawiyya, también conocida como Rabia al-Qaysiyya o Rabia al-Basriyya, nació en Basora el año 95/714 o 99/717-718, aunque se especule sobre un posible origen persa, y en esa ciudad pasó la mayor parte de su vida. Según Al Attar, su nacimiento estuvo rodeado de hechos milagrosos; cuarta hija de una familia muy pobre, su padre la llamó Rabia (que significa «cuarta») y pronto quedó huérfana. Fue vendida como esclava y, siempre según la tradición, su amo la puso en libertad cuando una noche la descubrió en oración y rodeada de luz. Una vez liberada se estableció en el desierto; más tarde marchó a Basara, donde construyó una pequeña cabaña para entregarse a su vida de adoración, y a su alrededor se fue reuniendo un gran número de aspirantes a la vía espiritual, discípulos y compañeros que iban a visitarla para recibir sus enseñanzas, pedirle consejo y escuchar sus palabras. Rechazó numerosas ofertas de matrimonio, mientras, poco a poco se iba extendiendo su fama, y a su choza acudían los grandes sabios y políticos de su tiempo; entre sus discípulos más ilustres se puede citar a Malik ibn Dinar, el asceta Rabah al-Qaysi, el especialista de hadices Sufyan at-Thawri y el sufí Shaqiq al-Balkhi. Según otra tradición, fue durante un tiempo tocadora de flauta y prostituta; más tarde se arrepintió y se fue al desierto, para volver finalmente a Basora. Allí murió en 185/801; las fuentes medievales sitúan su tumba en las afueras de la ciudad, no en Jerusalén ni Egipto, como también se ha afirmado, debido probablemente a una confusión con Rabia bint Ismail, también conocida como Rabia as-Shamsiya o Rabia de Siria, cuya tumba está en el Monte de los Olivos, al este de Jerusalén.

    La fuente principal, y ya clásica, para reconstruir su vida es el poeta persa Farid ud Din Al Attar (m. 627/1230) que, en su Memorias de los Amigos de Dios, ofrece la biografía más extensa y completa, aunque algunos relatos tengan un carácter más legendario que histórico. Su obra viene a sumarse a otras, anteriores y posteriores, de autores que presentan las vidas de mujeres sufíes ya desde los tiempos primeros de la hégira, pues Rabia es el ejemplo más célebre, pero no la única, y sin duda su renombre ha tenido el efecto colateral de mantener en 1a sombra la valiosa contribución de muchas otras. Por otra parte, subrayar su excepcionalidad ha servido también para mantener el tópico de la supuesta incapacidad de las mujeres para alcanzar ciertas metas de sabiduría y, muy especialmente, para alimentar las falsas imágenes del discurso occidental sobre el mundo islámico en general; de ahí la importancia de señalar la existencia de esas fuentes, transmisoras de una memoria que sin ellas permanecería velada.

    Son textos, no todos, en los que las mujeres aparecen citadas en plano de igualdad con los hombres por su sabiduría, conocimiento y virtud, o como transmisoras veraces, y gracias a los cuales se puede recrear, en cierta medida, la imagen de un mundo abierto y tolerante que poco tiene que ver con los tópicos acostumbrados; los dichos transmitidos, con las notas y comentarios de sus recopiladores, hablan por sí solos de la sociedad a que esas mujeres pertenecen y de su importante papel en ella: maestras de grandes espirituales, mujeres libres, mujeres esclavas, solteras, casadas, conocidas y desconocidas, místicas y ascetas, veneradas por los doctores de la ley, a los que se dirigen desde la altura que les confiere su estatuto de sabiduría y santidad, permanecieron durante mucho tiempo en la memoria y en la tradición oral de la que luego beberían sus biógrafos.

    Dado que no es posible enumerar aquí todos esos textos, y sería imposible nombrar a todas las mujeres citadas en ellos, recordemos al menos que ya Muhammad Ibn Sad (m. 230/845), en su at-Tabaqat al-kubra, incluye retratos de todos los portadores de la tradición desde los tiempos del Profeta hasta entonces, citando a numerosas mujeres. O que al-Jawzi (m. 597/1200) incluirá en su Sifat as-Sarwa información sobre 240 mujeres sufíes, y, lo que no deja de ser sorprendente dada su no excesiva simpatía por ellas, criticará a su antecesor al-Isfahani por ignorarlas en su Hilyat al-awliya: «No mencionar a las mujeres devotas, dice, hace que los hombres ignoren a las mujeres en general. Sin embargo, el jurista Sufyan at- Thawri aprendió de Rabia y siguió sus enseñanzas». No obstante las palabras de al-Jawzi, parece cierto que al-Isfahani (m. 429/1038) escribió una biografía completa de Rabia.

    Una autoridad importante, aunque ya tardía, es al-Munawi (952/1545-1031/1621) quien, en sus Tabaqat, realiza un auténtico homenaje a las treinta y cinco mujeres cuya vida ofrece de la boca de los mayores maestros y sabios de la época. Sirva de ejemplo el relato sobre Fátima bint Abbas (VIII/XIV), shaykha y doctora de la Ley, sufí versada en las ciencias de la jurisprudencia pero sobre todo prueba viviente de que en esa época la mujer no había desaparecido completamente del espacio público y ocupaba un lugar central; en la mezquita, corazón de la comunidad, una mujer, Fátima, pronunciaba un sermón todos los viernes.

    A este somerísimo repaso debemos añadir un hallazgo importante. En 1991 apareció en Arabia Saudí, entre una colección de tratados de as-Sulami (325/937 412/1021), gran sistematizador del sufismo, una obra perdida desde hacía siglos y conocida tan sólo por la referencia de escritores posteriores; se trataba de Memoria de las Devotas sufíes, en la que su autor ilustra la vida, a modo de pinceladas, y recoge las palabras de ochenta y cuatro mujeres sufíes. El trabajo está acompañado de una nota del copista que afirma que el trabajo había sido completado diez noches antes de la mitad de Safar, en el año 474, que corresponde al 17 de julio de 1081 de la era cristiana, sólo sesenta años después de la muerte de as-Sulami.

    Esta obra es de particular interés no sólo por la importancia de su autor sino también por los datos que ofrece. Como vimos anteriormente, Basora fue un centro destacado de conocimiento y espiritualidad, pero resultaba difícil identificar con alguna precisión las escuelas de mujeres sufíes allí existentes; ahora bien, a partir de la obra de as-Sulami, en conjunción con la de al-Jawzi, se concluye inequívocamente la presencia de varios movimientos de mujeres ascetas entre el siglo II y III de la hégira (VIII-IX e. c.), muchas de ellas anteriores a Rabia Adawiyya, que no fue la única ni la primera.

    El trabajo de as-Sulami no pertenece al género hagiográfico; recoge dichos de mujeres en paridad con los hombres, mostrándolas como maestras de práctica y de doctrina y citando cuidadosamente las cadenas de transmisores con autoridad, para avalar la veracidad de su exposición; ya en la introducción de sus Tabaqat apunta su visión incluyente mediante el recurso al Corán 48,25: «y si no llega a ser por hombres creyentes y por mujeres creyentes a quienes no podíais reconocer... ». Para él, las mujeres son también «maestras de las realidades de la Unidad y la Unicidad divina, recipientes de la palabra divina, poseedoras de visiones verdaderas y de conducta ejemplar, y seguidoras de los caminos de los profetas», y lo atestigua en su obra mediante la semblanza admirada y respetuosa, y la frecuente mención a su papel como compañeras, críticas y maestras de importantes sufíes.

    Volviendo a Rábia, as-Sulami la considera la sufí por excelencia, y abre su obra con ella, ignorando en este punto la cronología real, pues la primera escuela de ascetismo femenino de Basora habría sido fundada un siglo antes por Muádha a1-Adawiyya, a la que él señala, quizá a causa de su admiración, como «compañera íntima» de Rábia. Rompiendo con la imagen habitual que de ella transmite la hagiografía moderna, pero coincidente, por otra parte, con otros autores antiguos, el retrato de as-Sulami difiere bastante de la reclusa emotiva y sentimental que con frecuencia llega hasta nosotros. Rábia es una gran maestra sufí, inteligente y equilibrada, que demuestra su dominio de los estados místicos, como la veracidad (sidq), autocrítica (muhasaba), embriaguez espiritual (sukr), amor de Dios (mahabba) y gnosis (maarifa). Aunque habitualmente se la identifica como la iniciadora del misticismo amoroso sufí, este no es un aspecto particularmente importante de su enseñanza para as-Su1ami. Él se centra en su capacidad intelectual, detallando los consejos espirituales que da a los estudiosos musulmanes, sus lecciones morales al jurista Sufyán at-Thawri, y su reputación como especialista en fiqh al-`ibadat, la jurisprudencia de la práctica religiosa. Para as-Su1ami, Rábia es más una gnóstica o conocedora que una amante, y reserva este papel para su discípula Maryam de Basora (4), conocida por sus discursos sobre el amor y sus éxtasis frecuentes.

    Gnóstica y maestra

    Sea como fuere, pensamiento y amor no están separados, el corazón es sede de la iluminación, y ésta se expresa como sabiduría; sin duda Rabia supo conjugar ambos aspectos. En realidad, reconociendo en primer lugar lo poco que podemos saber de cualquier otro, más aún cuando nos separan siglos en el tiempo y la mente está plagada de rutinas, lo que de Rabia ha llegado hasta nosotros parece confirmar su figura de maestra; maestra de vida, maestra también de conocimiento, tal como aparece una y otra vez en los dichos y anécdotas que de ella se cuentan. Los dichos, a veces rudos, siempre directos, equilibran el aspecto emocional tantas veces subrayado en los poemas, y a menudo se convierten en interpelación, descubren las trampas, tan frecuentes en la vía espiritual, y muestran su penetrante capacidad de discernimiento. Esto no significa que debamos dejar de lado su extraordinaria aportación a la doctrina del amor divino, pero parece conveniente situar ese amor en su verdadera dimensión, es decir, un amor que no se confunde con sensiblería ni es proyección de perturbaciones mentales o trastornos afectivos, sino amor sabio, recio, vigoroso, incondicional. El camino sufí atraviesa numerosas etapas, y no puede estar sujeto a fantasías sentimentales; es una ciencia, la ciencia del corazón, la ciencia del conocimiento de Dios, y requiere una disciplina. Tal vez valdría la pena considerar que es precisamente el amor el que busca y necesita una cierta ascesis que libere al amante de cualquier preocupación que le distraiga del Amado.

    Los versos de Rabia citados al comienzo de esta introducción reflejan de manera serena la actitud, lúcida y equilibrada, de quien, enamorada de la Belleza, conoce al mismo tiempo la distancia que la separa de su objetivo. Atenta a cualquier signo, abandona el sueño, a la espera, sabiendo que el Dios Inaccesible es también el Cercano, tan cercano como la propia vena yugular (Corán 50,16).

    Abandonar el sueño debe entenderse primero en su sentido literal de no dormir, de pasar la noche en vela, práctica habitual entre los espirituales de Basora y que aparece constantemente en los relatos que nos han llegado sobre ella. Cuenta Al Attar que Rabia oraba todo el día y toda la noche, haciendo mil rakaat (5), y que frecuentaba a Hasan al-Basri, al que los biógrafos coinciden en presentar como su discípulo. Hasan al-Basri (21/643) murió en 110/728, cuando Rabia tendría entre diez y quince años, por lo que no parece posible tal relación, pero los autores de los relatos no buscaban la objetividad histórica, sino ofrecer una enseñanza, la transmisión de una sabiduría representada por esta maestra espiritual; atestiguan así la veneración y el respeto hacia ella, asociándola con el conocido como «patriarca de la mística musulmana» y una de las figuras más eminentes el siglo II de la hégira.

    Con la ascensión de los Omeyas tras el asesinato, en el 61, de `Ali ibn Abu Talib, cuarto califa y yerno del Profeta Muhammad, los círculos devotos musulmanes emprendieron una actitud de resistencia. Con la excepción de Umar II, los Omeyas fueron siempre acusados de malos gobernantes y de conducta impía, y arreciaron los debates; Hasan al-Basri encabezó la actitud antigubernamental, si bien buscó la reparación de la injusticia no con las armas, sino con una vida de renuncia. Pero Hasan no fue simplemente un asceta, fue también un gran maestro, reconocido en su virtud por `Ali, según cuenta Ibn Atta`il-lah, y autor de una teoría ascética y mística que marcó profundamente a las espirituales contemporáneas y posteriores; son muchos los que le consideran fundador del sufismo y de la teología escolástica islámica o ciencia del kalam. Y de un hombre de tal autoridad hacen los biógrafos de Rabia su discípulo. Cuenta Al Attar que si Rabia no estaba en la asamblea, Hasan se negaba a pronunciar, su sermón, hasta tal punto apreciaba su presencia.

    Porque, en efecto, los dichos y anécdotas la asocian en términos de igualdad con los maestros sufíes de su tiempo, incluso por encima de ellos, incluidos aquellos que eran aceptados como sabios y santos y maestros venerados del tasawwuf. En esos encuentros, aparecen casi siempre hombres, discípulos y amigos, y no se menciona a sus compañeras; aparecen en ocasiones sus sirvientas, Abda bint Shuwal y Maryam de Basora, ambas entregadas a la vía espiritual. De ello se podría deducir que, además de servirla, eran sus discípulas, lo que encajaría perfectamente con su imagen de maestra. Munawi la presenta a la cabeza de las mujeres discípulas y como guía de las ascetas, y sabemos que acudía a las reuniones de estudio y a las veladas de rememoración y meditación frecuentes en Basora. Por otra parte, los dichos guardan cierta semejanza en su estructura con los de los padres y madres del desierto cristianos; si se acepta la similitud, podríamos concluir que reflejan vívidamente su método de enseñanza.

    Rabia tuvo muchos discípulos y seguidores que iban a visitarla en busca de consejo y enseñanza, y sus respuestas, directas y llenas de autoridad, debieron de impactar hondamente en quienes la escuchaban. La forma en que se recogieron sus palabras, en ocasiones muy pocas, apenas una frase, hablan de lo atractiva que debió de ser su personalidad y de la apertura del ambiente en que transcurrió su vida. Porque Rabia se muestra con una libertad inaudita, no exenta de ironía cuando la situación lo requiere. Así, a una observación misógina responderá que, a diferencia de los hombres, ninguna mujer pretendió nunca ser Dios ni se dedicó tampoco a corromper a otras mujeres. Cuando le preguntaron si odiaba a Satanás, respondió que estaba demasiada ocupada amando a Dios para pensar en Satanás, e, incluso, cuando le preguntaron por su amor al Profeta, contestó, con el mayor respeto hacia Muhammad, paz y bendiciones sobre él, que en su corazón sólo había lugar para el Amado. Y esta libertad se observa también en algunas de sus «observaciones» al mismo Dios, sólo posibles desde su extremada confianza en Él.

    En los diálogos con sus interlocutores, manifiesta su crítica radical a todo lo que encubre la verdad, que suma velos en lugar de desvelar y desvía la mirada de la verdadera Realidad. Su profunda percepción del tawhid le hace denunciar toda veleidad como idolatría, asociación de lo ilusorio a la Divinidad, se trate de devociones o de asuntos mundanos, y con una lucidez implacable señala y desnuda lo que es otro que Dios y, sin embargo, pretende ponerse en su lugar, aunque sean teologías. Lo maestros que aparecen con ella en los Dichos han de es cuchar, una y otra vez, las penetrantes palabras de esta mujer; sin embargo, ella no quería que nadie la tuviera por maestra, se escandalizaba cuando alguien le mostraba reverencia, pues, señal de su sabiduría, se consideraba siempre aspirante, siempre en camino.

    Por otra parte, se nos cuenta con toda naturalidad que eran muchos los amigos que iban a visitarla, y que, por ejemplo, Hasan al-Basri, permaneció en más de una ocasión durante toda la noche en su casa, entregados ambos a la conversación sobre la vía espiritual y los misterios de Dios. Lo que resulta más sorprendente, dados los tópicos sobre la época y el Islam, es que no parece que nadie se escandalizara de ello, por lo que se puede deducir que ese comportamiento no era tan extraño, al menos en su tiempo, y que se puede extender a otras mujeres. Vemos también, a través de los dichos y las anécdotas, su independencia: no acepta ningún donativo, gana su sustento cultivando una pequeña huerta y vendiendo en el mercado trabajos realizados con sus manos, y emprende sola, con un burro, su peregrinación a La Meca. Vive al instante, se niega a hacer planes de futuro, incluso a pedir a Dios, pues todo lo que acontece es, para ella, en última instancia, voluntad de la Divinidad, y eso es lo único que le importa, mostrando así su libertad con respecto al mundo y su absoluta sumisión al Amado; como más tarde dirá Ibn Attail-lah, «eres esclavo de aquello que amas, pero Él no quiere que seas esclavo de otro que Él».

    Quizá uno de los aspectos que resulten más extraños al lector contemporáneo sea la mención, tan frecuente en los Dichos, del temor, el llanto, las noches en vela, la renuncia, pues el mundo de la modernidad los considera solamente en un aspecto negativo, y sin duda ésa es una lectura posible, pero no la única y no necesariamente la mejor. Cierto es que la vida de Rabia estuvo fuertemente marcada por el ascetismo, por el despojamiento que mantuvo hasta el final de sus días, pero también lo estuvo por el amor, y ése es el elemento fundamental que da sentido a todo lo demás, su pasión por el Absoluto. Dios es para ella un Dios celoso que exige una entrega indivisa, y ella escogió un vida de entrega total.

    En cualquier caso, y frente al ambiente marcadamente pesimista de algunos grupos ascéticos y su reflexión atormentada sobre el Día del Juicio, que consideraban inminente, la actitud de Rabia se caracteriza fundamentalmente por el anhelo, la confianza, el asentimiento a la voluntad del Amado, el abandono, la gratitud y la cortesía espiritual. Los sentimientos enfrentados que afectan a todo ser humano, como alegría y dolor, esperanza y desesperación, se resuelven yendo más allá, en la disponibilidad y la atención permanente a la Belleza de Dios, ante la que se olvida todo lo demás. Ciertamente, las fronteras entre las emociones son fluidas, pero Rabia parece haber encontrado la salida a esa inestabilidad apartando la mirada de sí misma, una vez zanjadas las preguntas decisivas que cada cual, en algún momento, se habrá de plantear: quién soy, de dónde vengo, a dónde voy, cuál es mi objetivo en esta vida. Para ella, todas se decidían en el único objetivo, Dios, que sin duda en ocasiones se manifestaba como presencia, en otras como ausencia, sin que eso pareciera importarle: el anhelo era más fuerte, el deseo de unión con el Amado la despoja incluso del dolor y la desesperación, llevándola al desapego de todo lo que es otro que Dios. Y lo vive todo como don.

    El concepto de fana, anonadamiento en la presencia divina, exige la aniquilación del ego, del yo inferior, y esto supone el conocimiento acerado de uno mismo, encarnar la sentencia tantas veces repetida entre los espirituales del Islam: «Quien se conoce a sí mismo conoce a su Señor». No se trata aquí de una identificación superficial, sino de la conciencia de los propios límites, que son signo, para quien sabe leerlos, de lo Ilimitado. Ese conocimiento produce temor; pero no un temor cobarde, que Rabi`a denunciará continuamente, sino ese otro temor, principio de sabiduría y santidad, que es reverencia ante la grandeza y la maravilla, y produce adoración; en palabras de al-Qushayri: «Quien teme mucho una cosa, huye de ella, pero quien teme verdaderamente a Dios, huye a Él». Y dice el Corán 35, 38: «Sólo los sabios temen a Dios».

    De este modo, la vía del rigor abre paso, o convive, con la vía de la belleza. O quizá se transfigura. Y lo que es renuncia y pobreza a los ojos del mundo, es la única vida posible para Rabia, la amante gnóstica. Así la describen los autores antiguos, y así lo cuenta a1-Jawzi:

    Muhammad ibn Amr nos ha transmitido: «Fui a ver a Rabia cuando era ya una anciana de ochenta años, tan arrugada que parecía un cuero seco a punto de romperse. En su casa sólo había una estera de juncos y unas trébedes de caña persa de dos metros de alto. La techumbre era de ramas secas, quizá recubiertas de estiércol. Había también un cántaro, un odre y una especie de manto de lana que era, al mismo tiempo, su lecho y su alfombra de oración... ».

    Asceta y amante

    Asceta y sufí, Rabia conjuga sabiamente la tensión entre el deseo y la renuncia, el conocimiento de la distancia, que sólo Dios puede traspasar, y la espera. A la manera de canciones, sus poemas son destellos de sus largas conversaciones con el Amado, del anhelo insaciable, de desprendimiento, de su amor incondicional, pues ésa es condición del verdadero amor, amar sin condiciones; amor puro, sin porqué, amor no por miedo al castigo ni esperanza de recompensa y que encuentra en el solo amor al Amado su razón de ser. Lo contrario es el amor mercenario, amor vendido que no merece el nombre de amor.

    Dios mío, Cuantos bienes me hayas reservado
    en este mundo, dáselos a tus enemigos,
    y cuanto me hayas reservado en el otro,
    dáselo a tus amigos,
    porque a mí, Tú me bastas.

    Rabia supo expresarlo de manera excepcional, y su formulación se extendería hasta llegar a impregnar la mística cristiana: sólo Dios basta, que dirá más tarde Teresa de Jesús.

    Este amor sin condiciones tiene sin embargo su condición, debe dejar fuera todo lo que no es Dios. No quiere el Paraíso, sino al Dios del Paraíso; no necesita la Kaaba, sino al Señor de la Kaaba; no los dones, sino al Dador, pues paraíso, dones y Kaaba pueden convertirse en impedimentos, en ídolos alzados frente a Dios.

    Se cuenta que, en cierta ocasión, Rabia corría por una calle de Basora con una antorcha en una mano y un cubo de agua en la otra; cuando le preguntaron el porqué de su actitud, respondió que quería quemar el Paraíso y apagar el fuego del Infierno, para que se amara a Dios por puro amor, sin intereses mezquinos. Y, en efecto, en última instancia, preocuparse por algo, por santo que parezca, que no sea el Dios único, es, para Rabia, una forma de idolatría. Y esto lo extenderá a todas las esferas de la vida, llevando al extremo la aceptación de todo lo que le pudiera acontecer, expresando de ese modo su confianza absoluta (tawwakul) en Dios y rechazando poner su esperanza en ninguna criatura. A quien ama con tal amor se le revela Dios en su Belleza, ¿qué sentido tiene entonces infierno o paraíso?

    Dios mío, si te adoro por miedo al infierno, quémame en él.
    Si te adoro por la esperanza del paraíso, exclúyeme de él.
    Pero si te adoro sólo por Ti mismo, no apartes de mí Tu eterna Belleza.

    La senda del amor se recorre apartando todos los velos, uno a uno, orientándose hacia lo único absolutamente real, y es necesario reconocer y desenmascarar los impulsos. La afirmación del tawhid, es decir, de la unidad y unicidad de Dios, supone la búsqueda de la unificación, y, para ello, es preciso un ascetismo que insiste en la interiorización: el desapego, la renuncia, el conocimiento descarnado de sí mismo; es hacer verdadero en uno mismo el hadiz atribuido al Profeta Muhammad, paz y bendiciones sobre él: morid antes de morir. No obstante, esta muerte es un verdadero renacer, desnudamiento de todo lo accesorio, sin elementos doloristas, porque, como dice Kalabadhi, se quema quien sufre el fuego, pero quien es fuego, ¿cómo se quemará? Y así la describe Al Attar, como fuego: «Velada con el velo de la sinceridad, ardiendo con el fuego del amor y el deseo, sedienta de la Proximidad, perdida en la unión con Dios ... ésa fue Rabia».

    Rabia transforma la ascesis en camino, apartando todos los obstáculos, pero sus ojos se dirigen sólo a la luz. No encuentra a Dios como «en el fondo de sí misma»: dentro de sí encuentra la carencia, la necesidad, lo que le falta. Esa carencia, conocida y reconocida con lucidez, se convierte en su riqueza mayor, en anhelo, en un deseo que nada tiene que ver con los deseos -en plural- mundanos, pero deseo que también habrá de purificarse, despojándose de todo lo que no sea Dios, pues incluso el deseo de Dios se acaba convirtiendo en velo. Sobre ello volverá Rabia repetidas veces en los Dichos: «Tú tienes un deseo -escuchará en una ocasión- y Yo tengo un deseo, pero Mi deseo y tu deseo no pueden convivir en un solo corazón», y en el «Canto de los dos amores» dibujará de manera precisa el lugar que ocupa el amor de deseo en el camino, distinguiéndolo del amor puro:

    Te amo con dos amores,
    un amor hecho de deseo
    y el otro, el digno de Ti.
    El amor hecho de deseo me hace recordarte a cada instante,
    despojándome de todo lo que no eres Tú.
    El amor digno de Ti
    aparta de mis ojos los velos para verTe.

    A partir de estos versos, Louis Massignon establece la continuidad desde Rabia a al-Hal.laj y su audaz expresión de la unión mística que le supuso la condena a muerte. La observación es oportuna porque, sin entrar a analizar lo que realmente pudiera afirmar ese gran musulmán al que Massignon, tal vez cristianizándolo en exceso, denominó «mártir del amor», introduce en el delicado terreno de la interpretación. Resulta muy difícil trasladar sin más las categorías específicas de una tradición a otra, y algunas no tienen traducción posible; esto es especialmente cierto en este caso, el de Rabia (y el de la espiritua1idad islámica en general), cuando se habla de mística y de unión proyectando muy frecuentemente las categorías cristianas de la mística nupcial o, incluso, haciendo una lectura advaitizante. Sin llegar a ese punto, conviene recordar que tampoco se pueden aplicar a sus palabras las concepciones que más tarde pudieran desarrollar a1-Hal.laj (858-922) o Rumi (1207-1273), ambos posteriores. Rabia dice lo que dice, y aunque la 1ectura esté siempre abierta, los dichos y poemas que se le atribuyen no dejan resquicio alguno a una lectura panteísta, ni el amor divino que tan ardientemente canta da paso a ninguna «fusión»; quien esté familiarizado con el Corán y los hadices los encontrará casi en cada línea de sus textos. Rabia fue una practicante fiel del Islam, como, por otra parte, lo fueron siempre los verdaderos sufíes.

    La senda sufí exige una renuncia y una purificación constantes; el ahondamiento, que no la eliminación, de las formas religiosas. Avanza de etapa en etapa hacia las estaciones más altas, hasta lograr el conocimiento mayor al que se puede aspirar, la marifa, es decir, la gnosis celestial, el conocimiento de Dios, la contemplación de la Belleza suprema. Ese conocimiento será siempre un don que ningún esfuerzo humano puede comprar, aunque, para recibirlo, el ser humano haya de poner en juego todo lo que tiene, y todo lo que es. En esta vía, toda su¬puesta obra del adorador es siempre obra de Dios. Quien imagine haber llegado sin cumplir lo establecido, «ha sido rechazado de la aceptación de Dios que imagina haber ganado» (Hujwiri).

    A partir del Corán y los hadices se va estableciendo el tasawwuf. Sobre la misma base, se erige la teología, o ciencia del kalám, que se diversifica en múltiples escuelas, produciéndose también uno de los males mayores de cualquier religión: el literalismo, que originó numerosas víctimas, entre ellas al-Hal.laj. No obstante, teología y sufismo, aun combatiéndose con frecuencia, se ayudan mutuamente, pues la «ciencia de la Palabra de Dios», con el apoyo de la razón, es necesaria para librar del extravío y la ilusión; igualmente, la experiencia espiritual enriquece y ahonda, al plantear los temas fundamentales con que se encuentra, los límites de la teología. Se ignora a menudo que muchos sufíes importantes fueron teólogos y doctores de la ley, como, por ejemplo, al-Ghazali, que cita a Rabia como una de las mayores maestras del tasawwuf y comenta, precisamente, los versos de «los dos amores»; para él, el sufismo es el conocimiento más alto, «el cuarto grado del tawhid». Exponiendo el tema del «amor digno de Ti», precisa el objetivo del gnóstico en un desarrollo que es casi paráfrasis de distintos dichos y poemas de Rabia: «Aunque el gnóstico fuera arrojado al fuego, no lo sentiría ... , si ante él se extendieran los favores del Paraíso, no se volvería hacia ellos ... . Pues quien conoce a Dios, sabe que todas las alegrías (excepto los deseos sensuales) están incluidas en esa alegría».

    El cuarto grado del tawhid de que habla al-Ghazali es, tal vez, uno de los puntos que pueden resultar más problemáticos. En él, dice al-Ghazali, «no se ve en la existencia más que Uno solo; es la contemplación de los justos, y los sufíes lo llaman la extinción en la reducción a la unidad». Esta extinción o aniquilación (fana) del ego o alma carnal (nafs), encuentra su apoyo en el sentido su¬gerido en el Corán 55, 26-27: «Todo aquel que está sobre la tierra es perecedero, mientras que la Faz de tu Señor, Majestuosa y Noble, es eterna». Los sufíes se inspirarán también en el hadiz del Profeta: «Cuando Dios ama a su siervo, Él es el oído por el que oye, el ojo por el que ve, la mano con la que toca, el pie con el que anda y la lengua con la que habla».

    * * *

    La extinción del alma carnal supone un camino arduo, que Rabia recorre con una sinceridad absoluta. Su única aspiración es Dios, nada más. Dios es su único objetivo; su única satisfacción, la satisfacción del Amado. En su amor está implícita la necesidad de la renuncia: sólo quitando lo que se interpone entre uno mismo y Dios se puede contemplar, sin velos, la Belleza, sólo vaciándose de lo transitorio se hace sitio al Eterno. Ése es el sentido del ascetismo, liberarse de todo lo accesorio para centrarse en lo único que importa, no asociar nada a la única Realidad. Se trata de dejar fuera deseos y preocupaciones para entregarse en una confianza absoluta a la Divinidad, confianza que entraña la aceptación incondicional de Su voluntad, pero una aceptación activa, muy lejos de cualquier resignación fatalista, de modo que la voluntad individual pueda llegar a identificarse con la Voluntad Divina. Así, y según una antigua definición, sufí es el que nada posee y no es poseído por nada: sólo está sometido a Dios, sólo depende de Él y es, por tanto, enteramente libre.

    El amor de Rabia era absoluto, no había lugar para ningún otro pensamiento, para ningún otro amor, y en esta libertad nacida del amor vivió entregada por completo al Amigo, considerándose «propiedad de Dios». Según las anécdotas recogidas en los Dichos, Rabia recibió numerosas ofertas de matrimonio, que rechazó una tras otra: «El matrimonio vale para quien puede escoger; en cuanto a mí, no soy dueña de mi vida, pertenezco mi Señor y vivo a la sombra de Sus mandamientos». «Mi existencia está en Él y soy completamente Suya. Hazle Él la petición». «A Él sólo deseo, sólo a Él adoro, y no quiero apartar mi atención de Él ni un solo instante». Esa atención exclusiva a Dios, su recuerdo constante, la rememoración continua (Dhirk), pueden conducir a la contemplación del Amado, como expresa el siguiente hadiz qudsi (6): «Desde el momento en que la preocupación dominante de mi servidor es acordarse de Mí, Yo hago que halle su gozo y su felicidad en ese recuerdo. Y cuando he puesto su gozo y su felicidad en este recuerdo, él Me desea y Yo le deseo. Y cuando él Me ama y Yo le amo, Yo alzo los velos entre Mí y él... Ellos no me olvidan cuando los demás lo hacen».

    No obstante esta entrega incondicional, y si nos atenemos a sus palabras, Rabia experimentó «la unión» tan sólo durante breves momentos de su vida, pero su lucidez le hizo ser siempre consciente de lo que la separaba de la verdadera realización. Sabía sin embargo, como supieron y saben todos los espirituales del Islam, que la amante no debe dejar nunca la puerta del Amado.

    Y así, al final de su vida, esperaba anhelante la muerte, a la que consideraba «un puente entre amigos», «la que une al amante y al Amado». Se cuenta que, cuando algunos maestros fueron a visitar su tumba, la oyeron exclam¬ar: «Qué hermoso lo que sucedió! Hice lo que debía hacer, y encontré el camino recto. ¡Sólo Dios es sabio!».

    Se dice que tenía casi noventa años cuando murió.

    Una tradición velada

    También en Europa fue conocida. En el siglo XIII, Joinville, canciller de Luis IX que acompañó al rey en la séptima cruzada, trajo noticias de ella: contaba que un dominico «que hablaba el sarraceno» había encontrado a una anciana «con una escudilla llena de fuego en la mano derecha y un frasco lleno de agua en la izquierda» para quemar el paraíso y extinguir el fuego del infierno, referencia clara, aunque desplazada en el tiempo, a Rabía y a la anécdota, recogida por al-Af`laki y, desde él, tantas veces repetida, alusiva a la doctrina del amor desinteresado y sin condiciones que tan ardientemente profesara. Sin embargo, el recuerdo que de ella se guardaba en tierras europeas la convertía en una buena cristiana, y así en el debate sobre el «puro Amor» que recorrió Francia en el siglo XVII, Rabia desempeñará un papel importante; en 1640, Jean-Pierre Camus, obispo de Belley, escribe una obra de setecientas páginas (7) en la que defiende la memoria de esta «santa mujer» que representa par él la «verdadera Caridad», opuesta a «la esperanza mercenaria de los que buscan el paraíso de Dios y olvidan al Dios del paraíso». En el libro aparece un grabado que muestra a una mujer vestida con atuendo oriental y llevando un cubo de agua en una mano y una antorcha en la otra. Fenelon y Bossuet se referirán también a ella, y su figura asomará de vez en cuando en círculos sospechosos de quietismo, aunque no sólo, pero olvidando según parece su origen musulmán y siempre como ejemplo destacado de la amante mística y de su entrega incondicional al Amado Divino.
    Se transmite así una imagen que, aunque ensalzada, olvida su origen y deja de lado aspectos importantes. Nadie en Occidente negaría en la actualidad el origen musulmán de Rabia de Basora, aunque con frecuencia se siga insistiendo y se resalte únicamente su aportación fundamental del amor Divino, a menudo con toques sensibleros, ignorando la fuerte personalidad que emerge de sus dichos y su carácter fundamental de maestra. Quedan no obstante dos puntos que, a mi modo de ver, merecen ser tenidos en cuenta.

    Por una parte, como señalé anteriormente, subrayar la excepcionalidad de Rabia puede servir de coartada para mantener la invisibilidad de todas las demás mujeres que pueblan el universo islámico, creando así una imagen falseada que poco tiene que ver con una realidad mucho más rica y fecunda. Por otra, cuando esa realidad se reconoce parece obligado recurrir a otra referencia, el sufismo, como único modo posible de explicar la proliferación de mujeres en el mundo de la espiritualidad musulmana. Tópico sobre tópico. Tal vez habría que empezar por reconocer humildemente lo poco que podemos saber de mundos tan distantes, y, a partir de ahí, tratar de conocerlos, cuidando siempre de no lanzar una mirada de superioridad cargada de prejuicios, aunque, lamentablemente, no podamos lograr nunca la objetividad completa. En cualquier caso, resulta sorprendente la cantidad de nombres que nos han llegado, nombres cuidadosamente recogidos y transmitidos durante siglos, y todos los que, sin duda, quedan por aparecer, pues existen todavía muchos documentos perdidos u olvidados.

    Es evidente que encontraremos, y encontramos, textos claramente misóginos, pero no más que en otras religiones o en otras culturas; tal vez menos, pues, a diferencia, por ejemplo, de judaísmo y cristianismo, no se encuentra en el Islam esa concepción de un pecado original en el que Eva tendría un papel protagonista. Por otra parte, en el Corán, Dios se dirige a menudo a los creyentes, hombres y mujeres, por igual; por ejemplo, Corán 7, 71: «Pero los creyentes y las creyentes son aliados unos de otros. Ordenan lo que reconocido como bueno y prohíben lo que reprobable»; o «Al creyente, varón o hembra, que obre bien, les haremos revivir para una vida excelente» (16, 97). «Dios ha preparado perdón y magnífica recompensa para los musulmanes y las musulmanas, los creyentes y las creyentes, los devotos y las devotas, los sinceros y las sinceras, los pacientes y las pacientes, los humildes y las humildes, los que den y las que den sadaka, los que ayunan y las que ayunan, los castos y las castas, los que recuerdan y las que recuerdan mucho a Dios» (33, 35), Y otras aleyas.

    La inclusión de las mujeres aparece de manera clara en la mayoría de los maestros sufíes, si bien a menudo con el matiz peculiar, que podemos encontrar también en el gnosticismo cristiano, de considerar «hombre» a todo el que se adentra en la senda espiritual, aunque sea mujer. Así, por ejemplo, dirá Al Attar:

    «Los santos profetas -la paz sea con ellos- han dicho: "Dios no mira vuestras formas".Lo que cuenta no es la imagen, sino la intención del corazón, como ha enseñado el Profeta, paz y bendiciones sobre él: "Los hombres serán reunidos y juzgados según su intención" ... . Cuando una mujer camina en la senda de Dios como un hombre no puede ser llamada mujer.»

    Y, citando a Abbas al-Tusi, continúa:

    «Cuando, el Día de la Resurrección, se nos llame diciendo: "¡Hombres, venid!, la primera en adelantarse en el rango de los hombres será María, la madre de Jesús -la paz sea con ella-. Si ese Día ella no estuviera entre los hombres, entonces dejaría la reunión.» «El significado de esta verdad es la igualdad de mujeres y hombres en la santidad; no hay diferencia entre los místicos en la Unidad del ser Divino. En esta Unidad, ¿qué queda de la existencia del yo y el tú? Y entonces, ¿cómo podría haber todavía hombre y mujer?».

    Por su parte, Jami cuenta que alguien le preguntó: «¿Cuántos son los Abdal (sustitutos, Amigos de Dios)? Él respondió: «Cuarenta almas». Y cuando le preguntaron por qué no había dicho «cuarenta hombres», su respuesta fue: «Porque también hay mujeres entre ellos».

    * * *

    Se podrían multiplicar las citas, como también, por supuesto, citar ejemplos a contrario, pero hacer victimismo no es el mejor camino para rescatar la memoria. Porque lo que sí parece cierto es que, al menos en los primeros siglos de la hégira, las mujeres vivían en el centro del espacio público, participando plenamente en la vida de la comunidad, y así, en el Islam primero encontramos a Jadiya, «la mejor de las mujeres», primera esposa de Muhammad, paz y bendiciones sobre él, y a su hija Fátima; está también Aisha, la esposa más joven del Profeta, a la que se remontan numerosos hadices, seguidas por las «elegidas entre los Compañeros» del Profeta, así como otras mu¬jeres del entorno, totalmente entregadas a Dios y de las que se cuenta que incluso participaron en campañas guerreras, como Umm Haram, de la familia de Muhammad, paz y bendiciones sobre él, que murió en el curso de una batalla (649).

    Además, y ya desde el principio, las mujeres desempeñaron papeles importantes en la historia del Islam: sus nombres aparecen en las cadenas de transmisión de los hadices proféticos, forman parte del linaje espiritual de los calígrafos, son ensalzadas como gnósticas y poetizas, sin olvidar a las mujeres gobernantes, y a las que aparecen como amigas, maestras y discípulas de grandes espirituales musulmanes, como Fátima de Nishapur, maestra de Bayazid al-Bistami y Dhun-Nun al-Misri, a la que as-Sulami dedica encendidos elogios; Shawana (s. II/VIII), «que vivía en al-Ubulla ... Predicaba y recitaba el Corán a la gente. A sus sesiones acudían ascetas, espirituales, adoradores, todos los que estaban cerca de Dios, y los maestros de los corazones y de la abnegación»; Al-Wahatiyya Umm al-Fadl (c. IV-V/X), «única en su discurso, su conocimiento y su estado espiritual. Era compañera de la mayor parte de los maestros espirituales de su tiempo ... . El shaykh e imam Abu Sahl Muhammad ibn Sulayman acudía a sus sesiones de enseñanza y escuchaba sus lecciones, como hacían también un grupo de shaykhs sufíes, como Abu al-Qasim ar-Razi, Muhammad al-Farra, Abdallah al-Mual.lim (el Maestro), y otros de su generación», o Fátima bint al-Muthanna (s. XIII e. c.), a la que Ibn Al Arabi ensalza como maestra y sitúa entre las grandes mujeres ascetas de Córdoba.

    La lista sería interminable, pues se recogieron sus nombres, muchos nombres, que se fueron transmitiendo de generación en generación, y todavía en el siglo X/XVI se seguían estableciendo sus genealogías. Importantes no sólo en el sufismo, sino en la espiritua1idad y la sociedad musulmana en general, resultaría imposible escribir una historia del Islam sin contar con ellas, aunque poco a poco, con el transcurrir del tiempo, se fuera asistiendo a su apartamiento a la esfera privada, en lo que algunas investigadoras musulmanas designan como «la gran ocultación» Nelly Amri y otras «una tradición velada» Rkia E. Cornell.

    Aunque la postura con respecto a las mujeres fuera ambivalente, ya no es posible dudar de la elevada posición que llegaron a alcanzar en ese universo religioso. Las palabras del Corán, que no se presenta como novedad, sino como recuerdo de lo olvidado, son una llamada a un camino de conocimiento y de libertad, memoria del Pacto Primordial que urgía a reunirse con Dios y contemplar su Belleza. Nunca se insistirá bastante en la importancia de la Belleza en el Islam, esa Belleza eterna que fascinaba a Rabia y que es una de las claves de su actitud de sumisión y rebeldía, audacia y ternura características también de tantas espirituales (8). La experiencia de la belleza divina instaura una actitud ética y estética que, a su vez, se ve sobrepasada, pues es éxtasis, es decir, salida y olvido de uno mismo, al tiempo, respeto, reverencia y adoración ante la hermosura de lo contemplado.

    Dice Dorotea Sölle, gran teóloga cristiana, que ninguna religión ha expresado el descentramiento de sí con tanta osadía y ardor como hicieron los sufíes, osadía y ardor que encontramos ciertamente en Rabia a1-Adaiyya y sus compañeras. Única o no, sabemos que su influencia fue determinante en el desarrollo del sufismo y ocupa un lugar de excepción como maestra y santa musulmana; sus dichos y sus poemas fueron repetidos una y otra vez por las generaciones posteriores, y en ella se inspiraron los principales pensadores espirituales, pero su figura no quedó relegada al ámbito de los especia1istas: todavía hoy, en países musulmanes, se dice con total normalidad de una mujer, a manera de alabanza, «es una segunda Rabia».

    A ella, a ellas, iban dirigidos los versos citados por Maulana Abdur-Rahman, conocido como Jami. Versos de admiración, si cabe más significativos por proceder de alguien que, como se puede apreciar en las líneas iniciales, nunca se mostró demasiado favorable a las mujeres.

    Si todas las mujeres fueran como las que he mencionado,
    las mujeres serían preferibles a los hombres.
    Pues el género femenino no es vergüenza para el sol (9)
    ni el masculino un honor para la luna.





    .

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  • 03/25/16--09:34: PATY BLAKE [18.304]

  • Paty Blake

    (Ciudad Obregón, Sonora, México, 1978). 
    Vive en Tijuana desde 1982. Escritora, comunicóloga y psicoterapeuta gestalt. Ejerció el periodismo de 2000 a 2007. Becaria del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca) en Jóvenes Creadores, Poesía, 2012-2013.
    Ha publicado los poemarios Ciudad A (Tierra Adentro, 2011), Amanecer de viaje (Cecut, 2006) y El árbol (Existir, 2002), así como la antología personal Los puntos son ciudades (Indomita Editores, 2012, Puerto Rico).
    Algunos de sus textos se incluyen en las antologías Tan lejos de dios. Poesía mexicana en la frontera norte (UNAM-Baile del Sol, 2010) y Un orbe más ancho. 40 poetas jóvenes, (UNAM, 2005), entre otras.
    Labora en el Departamento de Fomento a la Lectura del Instituto de Cultura de Baja California. Publica la columna "Letras para viajar", en el periódico Frontera, en Tijuana, y en La Crónica, en Mexicali. Habita también desde 2001 en www.patyboo.blogspot.com y www.patyblake.blogspot.com



    Mis manos son silencio entre paredes
    afuera, la noche
    el pasado y su fama de bondades
    me rondan como una mosca ciega

    mis ojos se remontan
    y no encuentro
    ese atrás convertido
    alguna vez en
    algún presente
    siempre pasado
    siempre
    antes, siempre
    otro tiempo
    nunca

    hoy mis manos
    son silencio
    solo

    y con eso basta




    a. m.

    Veo serpientes que dirigen elefantes 
    en una sala de juntas.

    Cada mañana convocan a personal de base
    y de confianza de pie plano paquidermo
    en insólitas repeticiones del antes meridiano.

    Cargan folders tamaño oficio
    teclean pantallas en blanco.
    Oreja reptiliana escucha corta
    atrapan luciérnagas con su lengua espesa.

    Veo miradas repitiendo trayectorias
    mesa larga y aceitado el protocolo.
    Primera vuelta, te has salvado.
    Asentir es la respuesta.
    A esta hora, cualquier día.





    Tráfico. Polaroid.

    Atrapada en el tráfico de esta vía
    veo los puentes que se sobreponen
    tomando diferentes trayectorias.

    Dices que esta amistad se reventó
    como los vasos sanguíneos de tu ojo izquierdo.

    Yo, que lo más poético que he visto
    esta semana
    ha sido la cadera de @cuborubik,
    pienso que hay vasos sanguíneos
    que revientan con más potencia.





    Siniestra Ballena Asesina con migraña

    Aquí no hay lugar para los zurdos
    no hay tijeras no hay chapa de la puerta
    siniestra.

    En este escritorio me resguardo soy
    (inserte aquí animal de su preferencia) en cautiverio.

    Aquí no hay lugar para los zurdos
    hay resmas y asuntos pendientes
    hay Garamond Black de 12 puntos
    dudas itálicas para el archivo muerto.

    Dolor de cerebro central derecho. Ojo. 
    Sólo puedo pensar que tengo frente y algo dentro.
    Si tan sólo esta luz. Si este parpadeo durara.

    El silencio de las tres en punto.





    zapatos 

    banquetas. cientos de zapatos
    recorren la calle tercera.
    los míos -rojos-
    son gotas que escurren por la orilla
    de este sol derretido.
    uno dos trazos, descubro una punta
    que delinea la sombra en mi mochila.
    nubes,
    un poco de lluvia nos vendría muy bien
    a tí, pintor, y a mí, transeúnte. nos conviene a los dos.
    si después de lavar los pinceles
    quieres caminar un rato
    te invito a la esquina más fresca
    del cuadro
    que aún no terminas.




    sesuda conclusión 

    he pensado
    que urge conocernos
    cruzar la bruma
    ciegos, no importa,
    descomponernos,
    acortar el en medio
    de tajo,
    saltarnos pasos
    protocolarios

    no me importa
    si prefieres café o té,
    o si tus ojos combinan con tu camisa,
    no importa,
    lo que urge es conocernos:

    no acostumbro
    besar el ombligo
    de un extraño




    la realidad fue ayer

    dice la mujer, mientras toma su cuerpo de equipaje
    y se mece en él como recién llegada
    a una mansión sin puertas.
    habrá mejores días y se abre de golpe una ventana
    el cielo rechina en su bisagra seca
    de tanto haber estado inutilmente humedecida.
    los viajes son inicios y partidas
    son seres alados que llegan en forma de autobús
    y avanzan como una mancha oscura
    en aquello que algunos llaman horizonte.
    antes de salir, la mesa del té lista
    último vistazo a las paredes
    alzadas todavía como enredaderas de verano.
    habría que podarlas, era evidente entonces, piensa,
    y ahora basta soñar un lugar sin techo
    y no hay diferencia entre lo que queda.
    luego el sol, como siempre, y sus rayos
    un cuchillo de luz por la rendija,
    un trago más al té, resbala por su boca
    la vida en tránsito espera el abordaje.

    al parecer, no tiene prisa la viajera.
    acostumbrada a los abismos,
    y a los tés de yerbabuena, lee las últimas noticias
    en las palmas de sus manos.
    mira que las líneas se entrecruzan
    y quién sabe
    hay silencios tan largos como vidas.
    mira que atravesar paredes es demasiado,
    nadie paga tanto asomarse a una calle vacía.

    dobleces finos en las manos
    y el mundo se compacta en la valija
    último trago, y no hay preguntas

    hierve el té,
    una vez más
    y es lo que importa

    hierve el té
    quién sabe dónde, quién lo enciende...

    la realidad fue ayer:
    no es necesario el equipaje





    Poemas del libro “Amanecer de viaje”


    Cacaxtla

    La ventana caía en gotas tras los ojos
    el camino de barro, las llantas derrapadas y zapatos
    entre las paradas a medio camino, la puerta
    las respiraciones agitadas del que recién subía
    el verde deslavado que entraba en ráfagas
    de aire recién nacido.

    No sé a dónde voy, dije.
    Apreté bajo el brazo el mapa húmedo
    y sonreí al saber que no volveríamos a estar juntos
    al poner un pie en la banqueta de tierra
    los que ahora escapábamos de la lluvia.

    Tocó mi turno.
    Bajo el agua, a primera vista, la ciudad pareció un río,
    una canica escondida,
    un laberinto entre las voces,
    cualquier cosa, menos un silencio denso
    corriendo a toda prisa entre los árboles.

    Ese día quise conocerte,
    decirte mira lo que he encontrado
    mira que las piedras, los caminos,
    pero recordé el listón de tiempo en mi cintura
    y lo desaté en un zumbido sobre el aire.

    Se abrió un paréntesis
    para que en ese instante
    te asomaras.

    El lugar donde la lluvia cae
    ¿lo recuerdas?




    El patio de frutas dulces

    Para mi Boli

    Desgrano la ventana.
    Es roja y se me queda en gotitas
    en la camisa de salir al patio.

    Hoy hizo calor y vine a refrescarme,
    a que cortaras una fruta 
    y tuvieras el cuidado de partirla en pedacitos
    para nosotros.

    Sonríes y la piel te queda grande
    y tienes una casa en donde también hay membrillos,
    donde los pasos se oyen desde que entras,
    donde duermo en el cuarto de abajo
    junto a mi alcancía improvisada
    y los zapatos negros que me pongo
    antes de que salga el sol.

    Hoy es domingo, seguramente.
    No sé de calendarios, pero lo imagino.
    La fruta envuelve suave tus manos
    mientras los primos hacemos ábacos con sus semillas.




    .

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    HERNÁN BRAVO VARELA

    Nació en la Ciudad de México el 10 de noviembre de 1979. Poeta, ensayista y traductor. Profesor del Programa de Escritura Creativa de la Universidad del Claustro de Sor Juana. Jefe de Prensa de la Casa del Poeta ‘Ramón López Velarde’. Imitador semiprofesional de Paquita la del Barrio, Octavio Paz, Roberto Carlos, Gonzalo Rojas, Raphael y T. S. Eliot.

    Traductor de William Shakespeare, Emily Dickinson, Gerard Manley Hopkins, Oscar Wilde y Seamus Heaney. Premio Punto de Partida 1999 en poesía. Premio Nacional de Poesía Joven Elías Nandino 1999 por Oficios de ciega pertenencia. Premio de Literatura Letras del Bicentenario 2010 por Historia de mi hígado y otros ensayos. 

    Ha publicado los libros de poemas:  Oficios de ciega pertenencia (1999 y 2004), Comunión (2002), Sobrenaturaleza (2010) y Realidad & Deseo Producciones (2012); una antología personal: Prueba de sonido (2013), y dos volúmenes ensayísticos: Los orillados (2008) e Historia de mi hígado y otros ensayos (2011). Becario en cuetro ocasiones del Fonca y de la flm. Premio Nacional de Poesía Joven Elías Nandino 1999 y el Certamen Internacional de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz – Letras del Bicentenario 2010, en el área de ensayo literario.

    Su último libro de poesía es ‘Hasta aquí’ (Almadía 2014).



    Poética

    Eras la piedra,
    aunque me parecías
    llamar como una boca:
    seguidilla
    tu círculo cerrado,
    aparición del agua
    que te gritaba esposa.
    Sin ser guijarra,
    te creí encinta.
    A pleno sol,
    entre palomas
    que salen al campo,
    la piedra —tú—
    había estado sola,
    solamente.
    Fácil el día en que el cielo
    sea azul
    (decirlo, decir algo)
    con levantar el vuelo
    de la vista.
    Quien camina tu ruta
    debajo de la nieve
    no ve claro;
    el silencio que bate
    cardinal,
    sin centro, todavía.
    El alma de lo dicho
    no es un pájaro.
    Apenas frío, busco
    tu dicha, enmudecer.
    ¿Cómo llegar a ti
    sino callando?
    Pero si dirigiera
    mis pasos a tu inicio
    dejándote de hablar,
    me mentiría.
    Quiero decir ahora,
    destemplado,
    el bosque al que me invierno.
    En la nevada tanta
    se hizo noche,
    oscura la blancura.
    Parvaba alrededor,
    de blanco, como nieve.
    Adidía.



    Veinticuatro

    …y esa vela velándote
    la demasiada sombra
    para verte,
    tendida ahí,
    en un aparte níveo.
    Indecididos,
    indeterminados,
    no sé si el corazón,
    corazonada,
    o si exterior bodega,
    como suele
    pasar al dividir
    la noche sobre dos.
    Memoria mía,
    están por apagarse
    los pabilos posibles,
    y esa muerte
    va de pedir
    a despedir
    —se nos agotan olas
    para romper con eso
    que solía
    hundirse en una trama—;
    de cortar a cortar
    por el camino
    más largo hacia la sombra
    en lo que vuelves
    de no volverme a ti;
    va de clavarse
    a desclavarse,
    y esa vela
    te aluza muellemente
    los ojos del dormir,
    y el 24 en puerta,
    el cuarto 24,
    a las afueras
    de cuanto nos fantasma,
    no sabe ser un día
    después
    ni sus contadas horas.*

    *José Alfredo Jiménez, “Las ciudades”.



    CHILLIDA

    A Nicolás Pinkus

    Entre que fue
    para nosotros tanta
    la puerta que se nos
    habría de haber
    abierto encima, estamos
    aquí en medio,
    llegados. Ven,
    que no se cierra el aire
    a sostenerse en pie,
    a dar con una casa
    donde sobre el espacio
    para mover las cosas
    del lugar que ocupaba
    su vacío;
    para quitar los ojos
    de la llave
    que abría el agua
    en dos, los que quedamos
    desviviéndonos
    por llegar a salir.
    Consistiera el quehacer
    en no tapar el sol
    con la palabra
    que tuvo a bien
    darnos en sombras
    su acero sin forjar,
    la voz de su incendiarse.
    Ayer,
    no movimos un dedo:
    el alabastro estaba,
    el peine que peinaba,
    ese camino
    de volver
    a tomar el camino.
    Ahora
    que se le hace de noche
    al mundo y a la puerta,
    pasa de largo, estate
    tú también,
    como una aldaba. Pasa.*

    *Ante la Puerta de la libertad.




    RESACA

    A Washington Cucurto

    En cuanto a ti, el desierto.
    Suelta la música,
    ábrete la carencia,
    dolor, la duna franca;
    cansado de pensar
    lo húmedo y lo seco,
    separados;
    la playa o la creación
    y tu cabeza.
    ¿No escuchas
    las reverberaciones,
    la bilis en el blanco
    por obra de la luz
    o de su espectro
    que no alcanzas
    porque lo de la abuela
    no se toca?
    Pues sí, lo que parece
    un vómito
    común, tu soledumbre,
    su nana por la noche
    del lavabo
    —así de blanca y doble
    tu desaparición,
    así
    de inútilmente puros
    cráneo y hemisferios
    que a fuerza de pensar
    te brillan fuera—,
    tan sólo fue
    tu propio llamamiento.
    En cuanto a ti,
    que confundes
    escala y escalera,
    lo único
    posible es el comienzo.


    Fablilla  

    A Amalia Bautista

    HACE ya mucho frío,
    en un reino lejano
    a quien, por tu cesura,
    viene y versa
    un ayer en plural
    -pasado el tiempo-,
    vivía la música
    al margen del oído.
    En tu patio
    de dulces disyuntivas
    -el manto
    de hierba o la corola,
    peras o manzanas-,
    donde un alcázar
    interior te diera
    alcance,
    ya queda sólo
    la sordina inmensa.
    Ventanales abiertos
    y círculos (no sé)
    cerraron
    como si, más o menos,
    dos que tres goznes fueran
    gozo mío.
    Érase un azulejo
    que no jugó a trinar
    con fuego. O sea, a dúo
    junto al fénix,
    por dos montes (de veras)
    y un canto por camino.

    De noche,
    movidos por el cielo
    del amor
    que se pone en Oriente,
    tuvimos una fe
    de lirios y astromelias,
    un origami
    en práctica de vuelo.
    Pero en ausencia nuestra,
    se calca el desenlace
    -colorín...-
    de lo que estuvo unido
    -...colorado-:

    Y el cuento es cierto:
    quien te escuchó callar
    oyó el invierno.



    “Hasta aquí” (Almadía, 2014)



    (Hay lo que hay)

    No haber amor es un amor también.

    Un amor a estar solo.

    Le pertenece a alguien que lo siente
    por nadie.

                            Pertenece
    a una clase de amor que nadie toma. 

    Es una clase por correspondencia. 

    También salir con alguien es entrar 
    al amor que sentimos
    por quien venga a tomarlo.

    Si saliéramos a tomar el sol, 
    lo tomaríamos de quien viniera.

    Nos correspondería.





    (Sol en un cuarto vacío, 1963)

    En el último cuadro de Edward Hopper
    hay un cuarto vacío.

    Salvo por dos paredes, bañadas por un sol
    invisible que asoma desde una
    ventana que sugiere el borroso follaje
    de un árbol más borroso todavía.

    Las paredes comparten
    una esquina de sombra.

                                           En ese cuadro,
    las personas no tardan en venir. Están
    por arrojar los sobres de la correspondencia
    bajo la puerta, están
    por tintinear las llaves
    en un bolsillo, están
    por hacer la mudanza
    o clausurar la casa.

                                  De un momento a otro.

    Pero nada se oye, ni las ramas
    del árbol que golpea los cristales
    de la ventana, el viento
    que agita las ramas.

                                   Lo inminente
    es la conjetura
    de lo que pasa ahora, sin nosotros:
    los que, parados fuera o dentro de la casa,
    dudamos un momento en entrar o salir
    nuevamente, por si olvidamos algo
    en un lugar que no se nos olvida.

    Estamos con las llaves
    en la mano, mirando hacia el vacío. Estamos
    inmóviles, de pie, frente a la puerta
    que volveremos
    a abrir para cerrar de un momento a otro.

         ***

    Si en un cuarto vacío miráramos de frente,
    estaríamos en ningún lugar.
    Por eso no podemos ver el sol
    en Hopper, y por eso proyectamos
    una sombra que no podemos ver
    a menos que se baje la mirada.

    Como la esquina de las dos paredes
    en ese último cuadro,
    que cuelga en una esquina del museo
    con luz tenue.

                           El guardia está detrás
    de la mampara, inmóvil,
    sentado, y una gorra le cubre la cabeza.
    Las  llaves cuelgan de su cinturón
    y apenas tintinean al contacto
    con el muslo.

                          El guardia está detrás
    de algo, pero no se sabe qué.
    (Una gorra le cubre la cabeza.)

    Tal vez detrás de abrir y cerrar la sala
    de martes a domingo.

    Mientras tanto, no sabe
    sino esperar, qué mira la gente en ese cuadro
    sobre un cuarto vacío.

                                        Como Hopper.
    Cuando le preguntaron qué buscaba
    con ese cuadro, dijo: "Me estoy buscando a mi".

    Salimos del museo.
    La luz nos encandila por algunos segundos
    y, a mitad del camino, se nos olvida dónde
    pegaba el sol en ese último cuadro,
    si el árbol era un árbol o un arbusto.

    Estamos por llegar a casa de un momento
    a otro.

    Galería Nacional de Arte, Washington, D.C.
    13 de enero de 2008



    (VEINTICINCO CENTAVOS,  
    POR EL AMOR DE DIOS)

    Mi padre muerto vino el otro día.
    Me dejó dos cobijas y una almohada
    y se volvió a morir como solía.

    Estaba oscuro, pero todavía
    puedo verme temblando en su mirada.
    Mi padre muerto vino el otro día.

    Ni cuento de terror ni brujería:
    mi padre apareció como si nada
    y se volvió a morir como solía.

    Con todo y que murió de neumonía,
    lo vi muy tarde, ya de madrugada.
    Mi padre muerto vino el otro día.

    Apenas me duró su compañía
    lo que tarda en hacerse una redada
    y se volvió a morir como solía.

    En su ausencia, llegó la policía
    y dejé las cobijas y la almohada.
    Mi padre muerto vino el otro día
    y se volvió a morir como solía.



    (GRENZGEBIET)

    En vez del muro, todo lo que hay
    es una galería al aire libre
    de fotos sobre el muro,
    una secuencia horizontal.

    Las fotos
    muestran hombres tirados en el suelo
    con los ojos abiertos y la boca cerrada,
    con las manos y frente rajadas por las púas,
    a la sombra del muro.

    Desde lo alto , una ventana abierta.

    Cadáveres en línea vertical,
    del otro lado.

    Otros que, de camino a la oficina
    o de vuelta a su casa, quisieron asomarse
    a través de los bloques,
    e imaginando cómo sería la vida a quince
    centímetros, espiaron por primera
    y última vez el más allá del muro.
    Cadáveres
    tirados en el suelo, de este lado.

    *

    “Pensé que no me tocaría”, dijo
    mi padre aquella noche
    mientras tapaba la televisión.
    Picas, mazos, martillos y ganzúas,
    jóvenes que venían
    del otro lado, sin pensar que ahora
    sería cuestión de dar
    un paso hacia adelante, dar la espalda.

    Mi hermano y yo escuchamos a mi padre
    relatar noticias
    que no pudimos ver sino en fragmentos.
    Él vio el muro cayéndose a pedazos
    y nosotros su nuca, sus hombros, sus omóplatos,
    como la mano con que nos tapaba
    los ojos en la escena de amor de una película.





    .

    0 0
  • 03/26/16--08:00: SARAH GLAZ [18.306]

  • Sarah Glaz 

    Estados Unidos. Poeta y matemática.

    Profesora de matemáticas en la Universidad de Connecticut, se especializa en el área de matemática del álgebra conmutativa.

    Tiene un interés de por vida en la poesía y sirve como editora asociada de la revista Journal of Matemáticas y las Artes. Coeditora de la antología de poesía los atractores extraños: Poemas de Amor y Matemáticas (AK Peters, 2008) y ha publicado poemas y traducciones en ambas publicaciones periódicas de matemáticas y literatura.




    ¿Cuál es la cosa más sabia? Número.
    ¿Cuál es la más hermosa? Armonía.
    “Sobre el modo de vida pitagórico”
    Jámblico (siglo 3 dC)

    Pitágoras toca la lira

    Pitágoras toca la lira
    rodeado de matemáticos.
    Cantamos himnos mientras el tañe
    las cuerdas:

    Descubrimos
    la ley del cosmos:
    Todo es número!
    Proporciones misteriosas!
    Desde la manera de vibrar las cuerdas
    a las relaciones armónicas
    hacen el sonido de la música
    como el cielo.
    Los granos sagrados brotan
    en los campos cercanos.
    Todos los animales son parte
    de nuestra familia.
    En el intervalo entre
    la tierra y el firmamento
    planetas en círculo y murmullos
    en concierto.
    Cada uno una nota
    en la gran sinfonía
    de la creación.
    Guardamos
    su secreto más íntimo.

    La música se elevaba en el aire
    como el humo de incienso quemado
    para complacer a los dioses que nos miran
    tocar y pasar.



    Pythagoras plays his lyre

    Pythagoras plays his lyre
    surrounded by mathematicians.
    We sing paeans as he strikes
    the cords:
    We discovered the
    law of the cosmos:
    All is number!
    Mysterious proportions!
    The way strings vibrate
    to harmonic ratios
    makes music sound
    like heaven.
    The sacred beans sprout
    in the nearby elds.
    All animals are part
    of our family.
    In the interval between
    earth and the firmament
    planets circle and hum
    in concert.
    Each One a note
    in the grand symphony
    of all creation.
    We guard
    its innermost secret.
    The music wafts upward
    like smoke from burnt incense
    pleasing the gods who watch us
    play and pass.

    Sarah Glaz  “Pythagoras plays his lyre”  publicado en Journal of Humanistic Mathematics
    http://elestablodepegaso.blogspot.com.es/



     Departures in May    

           Big things crush, inside the brain,
           like plaster of Paris on stone;
           a taste of splintered metal;
           terra-cotta hardness of heart's desire.
           Statues motionless
           at railroad depots,
           proclaim imitation as life. 
           A white bird flies low above platforms,
           sweeps above train cars;
           The Orient Express of boundless motion--
           preserved lanterns,
           boundless upholstery,
           carriages of red absorbency,
           soundlessly waiting for late chances.
           I had been to Paris-Roma-Venezia,
           felt the grid of time
           curve in space, fluid,
           twined arcs convergent at infinity,
           defying Euclid.
           Suspended on pale May sky,
           puffed-up clouds--
           grave formulas,
           ominous signs,
           white droppings of the aged snow bird,
           death white. 

    This poem first appeared in Ibis Review, 1995.   Poet Sarah Glaz is a mathematics professor at the University of Connecticut and her webpage provides (scroll down) a wealth of links to poetry-math resources. News of Glaz's activity and her poems have appeared often in this blog; enter her name into the SEARCH box at the top of the right-hand column of this blog to find these various items.



    Mathematical Modelling

    Mathematical modelling may be viewed 
    As an organizing principle
    That enables us to handle
    A vast array of information

    As an organizing principle
    We could use the color spectrum
    A vast array of information
    Would become a rainbow in the sky

    We could use the color spectrum
    And the scaling notes spanning an octave
    Would become a rainbow in the sky
    Shining through the melody of rain

    And the scaling notes spanning an octave
    And letters gleaned from ancient alphabets
    Shining through the melody of rain
    Nature translated into words

    And letters gleaned from ancient alphabets
    That enable us to handle
    Nature translated into words
    May be viewed as mathematical modelling



    A pantoum for the power of theorems    

              The power of the Invertible Matrix Theorem lies 
              in the connections it provides among so many important 
              concepts… It should be emphasized, however, that the 
              Invertible Matrix Theorem applies only to square matrices.
                                               ―David C. Lay, “Linear Algebra”

    The power of a theorem lies
    In the connections it provides
    Among many important concepts
    Under a certain set of assumptions   

    In the connections it provides
    We are always able to find
    Under a certain set of assumptions
    Some that fell through the cracks

    We are always able to find
    Neglected aspects of ourselves
    Some that fell through the cracks
    Left unexplored by mathematics

    Neglected aspects of ourselves
    (The power of a theorem lies)
    Left unexplored by mathematics
    Among many important concepts 



    I am a number


    I am tall
    and
    one sided
    like an ostrich
    Pluck
    the eye
    of my feather
    whittle
    the stick
    of
    remembrance
    bare
    of
    ormamentation
    Alone



    I am fat with contentment
    In the arc
    of survival
    we win
    by a hair
    Kick
    the less
    fortunate
    down the plank
    to make space



    I am prime
    and conflicted
    One more or one less
    The spoke in the wheel
    or grease that makes it go
    Increase and multiply
    or divide
    and divorce



    I am Parmenides’ many
    on the edge of ancient counting:
    the stars in the sky
    fattened sheep of pharaoh
    the dappled cows of the gods grazing under the sun
    and all the grains of sand
    on the seashore




    I am a number (II)


    5

    Forged in time’s fire
    my golden figure
    rises
    open
    to the past
    and the future
    I count my digits
    All Present
    yet only
    half way there


    6

    I can be factored
    into selves
    from
    former lives
    each one
    more potent
    than
    I
    am
    Unmultiplied
    I disappear


    7

    Last prime
    before
    the count of time
    halts
    and
    the great mystery
    begins


    8

    How did it come to that


    9

    I have no time


    10

    Decem



    13 January 2009

    13                 January 2009
    12=22x3    Anuk is dying for Anuk is dying in the white of winter
    11                 The coldest month
    10=2x5       Anuk is dying in the falling snow
    9=32            The white of winter for Anuk is dying
    8=23            Anuk is dying for the white of winter
    7                    The drift of time
    6=2x3          Anuk is dying in the white of winter
    5                    The falling snow
    4=22            Anuk is dying for Anuk is dying
    3                    The white of winter
    2                    Anuk is dying
    1                     .



    The Enigmatic Number e

    It ambushed Napier at Gartness,
    like a swashbuckling pirate
    leaping from the base.
    He felt its power, but never realized its nature.
    e's first appearance in disguise—a tabular array
    of values of ln, was logged in an appendix
    to Napier's posthumous publication.
    Oughtred, inventor of the circular slide rule,
    still ignorant of e's true role,
    performed the calculations.

    A hundred thirteen years the hit and run goes on.
    There and not there—elusive e,
    escape artist and trickster,
    weaves in and out of minds and computations:
    Saint-Vincent caught a glimpse of it under rectangular hyperbolas;
    Huygens mistook its rising trace for logarithmic curve;
    Nicolaus Mercator described its log as natural
    without accounting for its base;
    Jacob Bernoulli, compounding interest continuously,
    came close, yet failed to recognize its face;
    and Leibniz grasped it hiding in the maze of calculus,
    natural basis for comprehending change—but
    misidentified as b.

    The name was first recorded in a letter
    Euler sent Goldbach in November 1731:
    "e denontat hic numerum, cujus logarithmus hyperbolicus est=1."
    Since a was taken, and Euler
    was partial to vowels, 
    e rushed to make a claim—the next in line.

    We sometimes call e Euler's Number: he knew
    e in its infancy as 2.718281828459045235.

    On Wednesday, 6th of May, 2009,
    e revealed itself to Kondo and Pagliarulo,
    digit by digit, to 200,000,000,000 decimal places.
    It found a new digital game to play.

    In retrospect, following Euler's naming,
    e lifted its black mask and showed its limit:
    e=limn→∞(1+1n)ne=limn→∞(1+1n)n
    Bernoulli's compounded interest for an investment of one.

    Its reciprocal gave Bernoulli many trials,
    from gambling at the slot machines to deranged parties
    where nameless gentlemen check hats with butlers at the door,
    and when they leave, e's reciprocal hands each a stranger's hat.

    In gratitude to Euler, e showed a serious side,
    infinite sum representation:
    e=∑n=0∞1n!=10!+11!+12!+13!+⋯e=∑n=0∞1n!=10!+11!+12!+13!+⋯

    For Euler's eyes alone, e fanned the peacock tail of
    e−12e−12's continued fraction expansion,
    displaying patterns that confirmed
    its own irrationality.

    A century passed till e—through Hermite's pen, 
    was proved to be a transcendental number.
    But to this day it teases us with
    speculations about ee.

    e's abstract beauty casts a glow on Euler's Identity: 
    eiπ + 1 = 0,
    the elegant, mysterious equation,
    where waltzing arm in arm with i and π,
    e flirts with complex numbers and roots of unity.

    We meet e nowadays in functional high places
    of Calculus, Differential Equations, Probability, Number Theory,
    and other ancient realms: 
    y = ex
    e is the base of the unique exponential function
    whose derivative is equal to itself.
    The more things change the more they stay the same. 
    e gathers gravitas as solid under integration, 
    ∫exdx=ex+c∫exdx=ex+c 
    a constant c is the mere difference;
    and often e makes guest appearances in Taylor series expansions.
    And now and then e stars in published poetry—
    honors and administrative duties multiply with age.

    Sarah Glaz (University of Connecticut), "The Enigmatic Number [i]e:[/i] A History in Verse and Its Uses in the Mathematics Classroom - The Annotated Poem," Convergence (November 2010), DOI:10.4169/loci003482



     Calculus

    I tell my students the story of Newton versus Leibniz,
    the war of symbols, lasting five generations,
    between The Continent and British Isles,
    involving deeply hurt sensibilities,
    and grievous blows to national pride;
    on such weighty issues as publication priority
    and working systems of logical notation:
    whether the derivative must be denoted by a "prime,"
    an apostrophe atop the right hand corner of a function,
    evaluated by Newton's fluxions method, Δy/Δx;
    or by a formal quotient of differentials dy/dx,
    intimating future possibilities,
    terminology that guides the mind.
    The genius of both men lies in grasping simplicity
    out of the swirl of ideas guarded by Chaos,
    becoming channels, through which her light poured clarity
    on the relation binding slope of tangent line
    to area of planar region lying below a curve,
    The Fundamental Theorem of Calculus,
    basis of modern mathematics, claims nothing more.  

    While Leibniz―suave, debonair, philosopher and politician,
    published his proof to jubilant cheers of continental followers,
    the Isles seethed unnerved,
    they knew of Newton's secret files,
    locked in deep secret drawers—
    for fear of theft and stranger paranoid delusions,
    hiding an earlier version of the same result.
    The battle escalated to public accusation,
    charges of blatant plagiarism,
    excommunication from The Royal Math. Society,
    a few blackened eyes,
    (no duels);
    and raged for long after both men were buried,
    splitting Isles from Continent, barring unified progress,
    till black bile drained and turbulent spirits becalmed.

    Calculus―Latin for small stones,
    primitive means of calculation; evolving to abaci;
    later to principles of enumeration advanced by widespread use
    of the Hindu-Arabic numeral system employed to this day,
    as practiced by algebristas―barbers and bone setters in Medieval Spain;
    before Calculus came the  Σ (sigma) notion―
    sums of infinite yet countable series;
    and culminating in addition of uncountable many dimensionless line segments―
    the integral integral―snake,
    first to thirst for knowledge, at any price.

    That abstract concepts, applicable―at start,
    merely to the unseen unsensed objects: orbits of distant stars,
    could generate intense earthly passions,
    is inconceivable today;
    when Mathematics is considered a dry discipline,
    depleted of life sap,  devoid of emotion,
    alive only in convoluted brain cells of weird scientific minds.






    .


    0 0
  • 03/26/16--08:53: CÉSAR CANO [18.307]

  • César Cano

    (Armenia, Quindío, Colombia, 1994)

    Estudiante de Licenciatura en español y literatura de la Universidad de Quindio.
    Finalista del IV Concurso Regional de Cuento Humberto Jaramillo Ángel.
    Ha publicado el poemario,  Tres poemas para sobrevivir en Bogotá (Chirriar, 2014)



    Poema I (o Afilé el sol, salieron chispas 
    e incendié la tarde)

    Y solo tengo pájaros en los bolsillos
    pero con pájaros no compro panes
    Y ahora que está tan jodida la cosa en Colombia
    no hay pan que eche a volar el hambre
    Solo pájaros, solo plumas que caen de los ojos como lágrimas
    »Y una calle interminablemente larga pasa por mi sangre
    una calle por donde vagan niños silbando las canciones de su muerte«
    Abrí mi pecho como cerrando una puerta
    Abrí mi pecho como rompiendo una ventana
    Todos los niños de Colombia tenemos unas alas enormes
    unos dientes enormes y una boca vacía
    Nos sentamos encima de los edificios
    y esperamos que nazca nuestra madre
    No lloramos, reímos
    No nació la muerte donde nos sembraron puñaladas
    No nació la muerte cuando nos rompieron los huesos
    Nuestro cuerpo es una luna de canciones amarillas
    No importa que tengamos las manos y la barriga llena de gusanos
    Ayer me cortaron la cabeza y hoy digo que estoy vivo
    Nos mataron y nacimos
    Nos amarraron con alambre y llovimos púas desde el cielo
    Éramos dioses con mocos en la cara
    y re©reábamos el mundo con barro y agua sucia

    Dijimos Mamá y nacieron las palabras
    Dijimos esta noche somos soles y nacimos una fiesta
                           


    Poema II (o la piel retorcida de un niño
    que es nuestro hijo y nuestro padre)

    Pille mis manos, son soles de maíz que amasan el hambre
    me las rompí fumando bazuco, las volví aluminio
    las hice luces negras sobre el lomo de mi lengua
    Porque apenas tenía nueve años cuando me quedé vacío
    y me llené de humo y me llené de rabia
    No azara que nadie me haya enseñado a echar flores por mi boca
    que nadie me haya enseñado a nacer todos los días
    Me quedaba muerto y masticaba mi cadáver
    Vendía chicles, robaba celulares
    Nadie me dijo Niño, sus ojos nubes y sus manos árboles
    Sangré sobre este país de hipócritas y amantes
    Sangré sobre este país de putas y aguardiente
    ◊Nunca supe el nombre de mi madre
    pero lo escribí con un cuchillo abierto sobre mi piel cerrada◊
    Mire, a lo bien que mis manos están agarrotadas de tantas veces
    destruir el mundo, de volverlo mierda, de cargarme en él. Mire que
    mis manos tienen tanta sed, tanto polvo de oxidarme los huesos. Pero
    quiero regalarle este incendio que tengo entre mis manos infantiles
    para que queme su dolor y su rutina. Sin mente, écheselo al fuego.
    Hágalo con fe. Queme sus ganas de morir y su trabajo. Le regalo este
    incendio para que haya luz y vea cómo me revuelco en las ruinas de
    las calles que usted camina a diario
    Para usted este incendio pequeñito
    de pájaros palabras
    de sueños y de alas
    Regáleme usted un par de ojos
    regáleme usted un pan caliente
    una moneda

    nunca aprendí a escribir
    pero estoy vivo



    Poema III (o canción del grito subterráneo 
    de los huesos)

    Mi mamá es muchas mujeres al tiempo y a veces la veo en la calle
    cuando no esperaba verla y está abrazando a otro pelao y yo siento su
    calor abrazándome como la noche pero en la noche la policía me mete
    a la cárcel y se orina encima de mi rostro y sus orines se confunden
    con mi llanto y sé que el amor de mi madre alimenta a su hijo en
    juegos de avionetas que se estallan y a mí se me pasa el hambre de tres
    siglos en la calle y hay una madre que es mi madre en cada madre y
    no es que yo sea un huerfanito sino que todas las mamás son la mía
    y antes de morirme de estirar la pata sobre las alas de las moscas
    siempre antes de morder los edificios pienso en mi madre que toma
    a su hijo y lo salva del mundo que es ese charco de babas y mordidas
    negras en mi cuerpo y siempre mi mamá me salva en otro, siempre mi
    mamá, siempre con sus brazos de tierra me siembra y me echa agua y
    me dice que soy una luz que parece una semilla y me pájaros volando
    sobre su voz de tajadas maduras y canciones amarillas
    Entonces me luna y me emplumo de algas de mares rompiendo mi
    pecho mientras silencio sobre bocas de guayacanes asoliaos
    Alucino un idioma de personas libélulas azules volando sobre un
    cementerio de ojos que se apagan cuando estoy en mi madre y no me
    caigo de mis sueños pero nunca estoy a salvo de las puñaladas que me 
    pegan los relojes
    Mi madre es cualquier dolor arrancado a palazos
    Mi madre es este cielo que se cae sobre mí y me desnuca y me parte
    colibríes en los dientes Envuelvo frascos de pegante en hojas de
    eucalipto y se las mando a mi mamá para que me perdone por haber
    nacido muerto ((no fue mi culpa mamá no fue mi culpa))
    Yo cuando estuve viejo me encerré en mi pecho y le puse alas a las
    llaves pero el hambre es mi canción el hambre es un nido calientico
    El hambre es esas nubes incendiadas que escriben el poema
    y mi mamá en otro lado le cose oraciones a las manos del Dios que
    tengo entre los ojos para que yo no me queme y esté vivo y la ame
    aunque no la tenga aunque este país sea una piedra que me rompe la
    cabeza




    Ñapa

    Porque acá la joda es así
    usté viene y baila y canta
    y nosotros que sí que caigamos
    tan alegre que está todo
    tan jodido y tan alegre que está todo
    pero no importa
    bicos in Colombia wi espik in inglish, parce
    y las amapolas nos bailan en los dientes
    y las muchachas nos polvo de plumas en los ojos
    Ay, que este país es tan bonito
    todo lleno de muertos…pero de la risa
    y vivos muertos que se cayeron de la cama
    y se sacaron chichones azules llenos de gusanos
    Eso, parece de ahí
    bailemos encima de estas nubes
    más blancas que una yuca,
    mire, mire la cara de Dios en el jengibre





    Cosas que contarte

    Ocurre a veces que la tarde cae
    como caigo yo sobre esta mesa

    ¿Sabes que le dio a un río
    pasar por el medio de mi casa?

    Tengo tantas cosas que contarte

    La última vez saltaron
    un montón de palabritas
    que se fueron cantando como grillos

                     (la noche cayó inmediatamente
                      y un lobo durmió bajo mi cama)

    Me he tomado las mañanas
    -porque se me ha acabado el brandy-
    para desempeñar labores
    de agricultor y jardinero

    Decidí plantar recuerdos
    y es lo único que ahora hay
    bajo la tierra

                       Sembré el botón de tu chaqueta
                       la moneda de aire que empluma las cuentas
                       el poco de luz que incendia la rabia

    Y ocurre a veces que tu recuerdo cae
    como caigo yo sobre este abismo

    Mi mamá me dice
    que está cansada de comer pescado
    ¿qué tal está tu madre?

    Hay un violín que calla
    por las tardes
    para que el sueño acuda
    y yo me largue

    Ayer vi cómo un poema
    se hacía pájaro
    y vi cómo el pájaro
    se hacía hombre

    Una flor de viento
    o pluma enraizada
    me hizo nido
    en la mitad del pecho

    Tal vez de eso se traten los poemas
    de volvernos locos y creernos hombres

    Pero ocurre a veces que la ausencia cae
    como caes tú sobre mis ojos.



    Indefinición definitoria
    (la poesía es un colibrí)

    La poesía es un cielo nocturno sin estrellas
    que a cambio tiene peces revolcando
    sus brillantes cuerpos sin ahogarse
    La poesía es un colibrí parado en tu ventana
    que te mira quieto desnudarte ante el espejo
    La poesía es un perro atado a un charco
    Un pescador que tiene una serpiente en el anzuelo
    La poesía es la sombra de la luz
    dentro de una luz más grande
    La poesía es la niebla de los bosques
    húmedo escondite del silencio
    la poesía es sol de rumba con la luna
    La tierra cuando llueve
    para que las nubes crezcan
    La poesía es Dios de niño
    creándonos el mundo
    La poesía es el tiempo
    echándose una siesta
    en el rincón del sueño
    La poesía es el silencio
    idioma privilegio del pasado
    La poesía es eso
    para lo que nunca alcanzan
    las palabras.



    La responsabilidad social de los poetas

    Como Dios borracho conduce la Historia
    ese carrito de lujo
    ese juguetito de fiesta
    no hay que dudar ni un segundo
    de la responsabilidad social de los poetas

    Gente que pone    palabras y baches
    para que Él
    pierda el control y se mate
    o que por lo menos
    no vaya tan rápido.




    Este poema es
    las alas de una lengua

    (Léase a 120 km/h)

    Esto es una cocaema para pegarse del techo, una raya de nubes para volarse la cabeza. Este poema es una fiesta de electrónica. Inhale, inhale, inhale, ráspese los huesos y baile con su sombra.
    Este poema camina sobre colores amarillos. Este poema es una orgía de luciérnagas. Este poema es una cárcel de ventanas. Este poema es salir hacia adentro. Este poema es una náusea, un vómito bonito.
    Este poema es una puñalada en el hombro de un camino.
    Este poema no se ha escrito.
    Este poema es un planeta. Es un búho periquero que grita ohh me gusta la noche, me gusta la noche oh sí. Este poema es ilegal. Este poema tiene los ojos en las manos y mira el fondo de todo lo que toca. Este poema es un ritual para una lluvia de cuchillos. Este poema es un mendigo que camina en la ciudad como si fuera de vidrio. Este poema cree que usted es muy bonita. Este poema no distingue hombres de mujeres. Este poema es una palabra a la mitad pero completa. Este poema se escribió con el humo de un bareto. Este poema es infinito. Este poema es gringo y sabe hablar en todos los idiomas. Este poema es un carbón caliente en la garganta. Este poema es la nueva piel de los abismos. Este poema es un modelo de ropa interior. Este poema es un calorcito en medio de las piernas. Este poema es comerse el arequipe con los dedos.
    Este poema es un niño que abandonó su infancia. Este poema es un pulpo en una iglesia. Dios escribió este poema y lo botó a la basura y dijo háganse los hombres. Cuando los hombres llegaron a mi casa se encontraron a sí mismos. Ustedes los vieran llorar sobre sus llagas y abrirse sus venas de luz sobre mi mesa. Estábamos esperando y un choque de relámpago de piedras empolvó la tarde. Luego los colores nos atravesaron como sables. Luego los sables levantaron edificios en mis huesos. Pero este poema es una muchacha quitándose la ropa.                                                                           Este poema
    es una ciclo-ruta sobre el cielo. Este poema es una bomba, este poema para bailar es una bomba. Este poema es una carretera que vuela sobre un pájaro muerto.
    Este poema es un suicidio programado a largo plazo.
    Este poema es una rabia que se amarra los zapatos. Este poema es un cholao. Este poema ha renunciado a las palabras. Este poema es una escalera sin peldaños.

    Este poema es muy real aunque no exista, sino
    métaselo debajo de la lengua y verá cómo lo siente.




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    NIDIA ANDREA MARTÍN

    Nidia Andrea Martin Bolaños (Bogotá, Colombia  1989). Egresada del colegio Nuestra señora del Rosario, Actualmente cursa el pregrado de Licenciatura en Humanidades y Lengua Castellana en La Universidad Distrital Francisco José de Caldas donde obtuvo el primer lugar del Il Concurso De Poesía Semana Universitaria en 2013.

     Como parte de su búsqueda en el campo de la literatura y diversas formas de expresión, administra el grupo búsqueda poética. Trabajó con la Corporación Cultural Kontrabía dedicada a la divulgación de la cultura musical. Participó en el vigésimo primer Festival Internacional de Poesía de Bogotá 2013. La revista Ulrika en su edición 48º publicó dos de sus poemas finalistas de la convocatoria Nuevas Voces para la poesía Colombiana hecha por el mismo festival. Hizo parte de las V Jornadas Universitarias de poesía Ciudad de Bogotá. En 2014 participó en el encuentro de poesía Voces de Fuego. 




    INTERMITENCIA

    Al día siguiente no murió nadie
    José Saramago

    El viento eleva las aves
                              para leer su destino.

                                            Insoportable reflejo
                                            Que la muerte abandona.





    RUTINA

    Cruzo el umbral
                   Donde se unen dos mundos.

                                      Me sumerjo en el aire.

    El que conoce mis pasos, juega,
                                                los desvía.

    Soy fibra oscilante
                     En busca del centro.






     PRESENCIA

    Quien conoce mis pasos, juega, los desvía,
    los vacíos piden desaparecer,
    sumergirse en el aire, cardumen de mares silentes,
    pero regresan punzantes en la voz de la ausencia.

    El sol se hace tierra,
    es hora de colgar las sobras del cansancio,
    y entrar en el sonido de las presencias que me habitan
    y esgrimen sus espacios llevando ofrendas en velos de carne.




    MANGLAR

    Hay seres que sólo en aguas de ocaso y alba hallan su forma,
    descubriendo la piel del silencio,
    testigo del antes y el después del latido.
    Es en lo profundo donde la vida teje su aliento.





    PRESENTIMIENTO

    El silencio es el muro donde las palabras se buscan unas a las otras,
    son hormigas celebrando el alimento.




    HOGAR

    El temblor de la sombra en la voz de las piedras,
    la cicatriz del fuego en los labios de la tierra,
    el parpadear del tiempo.
    Techos húmedos cubren paredes movedizas,
    suelos flotantes.
    Vivo en el día hurtado a la eternidad.





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  • 03/26/16--09:31: JOSÉ MANUEL CRESPO [18.309]

  • José Manuel Crespo 

    Nace en Ciénaga, Magdalena, Colombia  el 29 de mayo de 1942. Es hijo de José Manuel Crespo Labarcés y Elisa Campo Reguillo. Su trayectoria como poeta se ha hecho presente en algunas antologías nacionales como en la de Andrés Holguín Antología Crítica de la poesía colombiana (1974), y su obra narrativa en textos investigativos como los de Álvaro Pineda Botero Del mito a la posmodernidad (1990) y Estudios críticos sobre la novela colombiana 1990-2004 (2005), además, es citado en trabajos de investigación literaria como el de Raymonds Williams Novela y poder en Colombia (1991).
    Entre sus libros de poemas se destacan: Sinfonía vertical (1963); Catarsis (1966); Adoración del fuego (1973);  Ciudad del horizonte (Premio nacional de poesía “Guillermo Valencia” de Colcultura. 1975); Talud (1976); Coros en la neblina (1993) y Ulises, hombre solo (2004) con el cual ganó el premio nacional de poesía HJCK 50 años. Sus obras en prosa: el ensayo político-literario Basuras del tiempo muerto (1978); la obra histórico-política realizada para el Senado de la República junto con, Carlos Corsi Otálora y Edgar González Silva, El Estado auténtico (1997) y las obras: Qué será de Paola Silvi? (1981); La Promesa y el reino (1984); Largo ha sido este día (1987); Ánimo contra el miedo (1988); Considéralo un sueño (1998). Actualmente tiene terminada otra obra, la cual está organizando para publicar.

    Puede consultar más sobre la vida y obra de José Manuel Crespo en el sigueinte enlace: 
    http://luzstellahurtado.blogspot.com.co/2010/06/biografia-jose-manuel-crespo.html




    SOLEDADES II

    Desde los días de antaño te he aguardado, amor /mío,
    Aquí he echado raíces y sombra mi añoranza.
    No me ha pesado haberte dado mi ser, mi sangre,
    ni esta hoguera que vive por el amor a los sueños.





    AZUL II

    A causa de los ángeles lo digo:
    a tu lado no hay tedio ni pensamientos de muerte
    porque tu ser es puro como una luz de mañana
    de otros tiempos.
    Nací para quererte. Era tu sombra
    lo que andaba buscando por la vida.
    Era tu piel oscura, tu silencio, tus ojos
    donde todos los sueños perdidos se encontraron.





    ACASO

    Soñé un olvido. Mi olvido
    era otra forma de verte.
    Se sueña lo que se espera:
    el girasol o la muerte.
    Pero el sueño siempre vuelve
    por lo profundo del día
    y el que diga lo contrario
    saber no es sabiduría.






    LA TRINITARIA VI

    Y esto es lo que sucede:
    oigo una casa sola,
    oigo el aire de aquellos travesaños azules,
    oigo jardines con estatuas rotas,
    oigo sus rosaledas amarillas,
    oigo un racimo de uvas negras,
    oigo el siu-siu de los ramajes,
    oigo un enjambre de jazmines,
    oigo el turpial cascabelero,
    oigo un eco de insomnes atabales,
    oigo una pluma de quetzal herido,
    oigo el viento enseñándole a mentir a la espuma,
    oigo un cocuyo dentro de un hondo sonajero,
    oigo una tibia lámpara de lágrimas,
    oigo todo el inmenso frenesí de la sombra,
    oigo un rastro de arenas y venados,
    oigo un reflejo de obsidiana,
    oigo un jinete en llamas que desde el mar amargo
    se lanza espada en mano contra el claro de luna.





    MI PADRE II

    Ahí estaban los cerros, el mar, el mirto verde.
    Nadie los trajo. Nadie.
    Pero qué tarde supe que el tiempo era precioso
    y el mundo que era tuyo (!huésped antiguo, /padre!)
    se ha ido en los extraños bazares de las horas
    y tú mismo reposas con los muertos de antaño.
    A orillas de los ríos de Babilonia
    y entre sordos rumores de esperanza
    me vulnera ese sol viejo de días
    y a fuego lento y en verdad y en alma
    voy viviendo la luz de tu regreso
    y en silencio recuerdo con memorias amargas
    que estando entre nosotros
    tú decías estas cosas.
    Aquí no tengo tu nombre.
    En ti no fue bendita ninguna tribu, padre.





    LA REINA I

    A Rogelio Echevarrya

    Es el camino el que parece
    irse alejando de mis pasos.
    Aquí una reina de los celtas
    vivió sus últimos ocasos.
    No imaginaba que las furias
    saben matar con la mirada,
    ni que hay un ser que sin mirarnos
    puede sumirnos en la nada.
    Se dice que los pescadores
    que en la alta noche navegaban,
    por el revuelo de cocuyos
    de sus balcones se orientaban.





    QUESSEP

    Un príncipe loco y santo
    por el mar de olas doradas
    buscando el Grial y el acanto
    siente el olor de las hadas.





    ROCA

    A ti que eres el viento que sopla donde quiere
    y desvela del fuego la profunda persona,
    a ti que eres el viento te doy las soledades.
    Seis cuerdas he templado para voces de duendes:
    ese rencor que somos también tuvo saudades.





    ROCA II

    Por las quemadas lunas del carnaval, hermano,
    pidiendo un horizonte desde la sed venía
    la dicha que requiere vivir eternidades.
    El alma es ese soplo que gime en lo profundo:
    cielo, caballo y muerte contra los arenales.





    HEMINGWAY

    Había una vez un niño
    que cazaba leones en safaris, en sueños,
    - casi no hablaba sino de leones,
    su sombra era una brisa de leones -
    para olvidar el miedo que le daba
    esa mujer con la mortaja suelta
    que le hablaba al oído y le dejaba
    los sueños olorosos a ceniza.






    BORGES I

    A Luís Carlos Ibáñez

    Los dédalos del mar -ese venero
    de la bruma, del celta y de la espada-
    eran sueños de Borges, no eran nada:
    humo es el bosque en la visión de Homero.
    Pero el Cristo que sangra en el madero
    fue borrando este mundo a su mirada
    para que el hombre de la voz quemada
    se fijara en el otro, el verdadero.





    BORGES II

    Como al cíclope gris de "La Odisea",
    un destino que Nadie le desea
    le ha quemado la frente, lo ha vencido.
    Ahora sabe que es Dios quien lo deshoja
    y que en el canto es un resto que se arroja
    a las fieras, al viento y al olvido.





    GONZALO ARANGO I

    Nunca tuviste casa propia.
    Quiero decir, Gonzalo,
    que no habrá para ti casa-museo.
    No se verá un turista que sacrifique un cine
    o una tarde soleada
    para fotografiar tu biblioteca,
    tus papeles, tu mesa de trabajo.
    Esos lujos se quedan para Byron o Pushkin
    que eran nobles o al menos con nobles se
    codearon.





    GONZALO ARANGO II

    Tu eras un "indio" con la pata al suelo
    y no fue de violetas sino de amarga vida
    de lo que al fin moriste
    solo en el Valle de los huesos secos
    porque los caminos del Señor son intrincados,
    porque el barro que amasa la ilusión es ajeno
    y porque ya se sabe que no hay cuña
    que apriete más que la del mismo palo.
    Las del mar azul, combates, fugas:
    un poquito de todo era tu Nada.
    Nadie le exprimió tanta soledad a la vida.





    GONZALO ARANGO III

    Alguna vez, hermano,
    ¿No te sentiste el pobre, la manzana podrida?
    ¿No anhelaste ser otro, ser el fuego,
    el que a hierro, el que a besos, el que a conciencia /mata?
    Solo en la intimidad de la tormenta
    diste alondras al hambre visceral de la tierra
    pero no conociste la miseria del ángel
    que olvida en los burdeles su manto de arco iris
    y sale a mendigar glorias ajenas.





    GONZALO ARANGO IV

    ¿De qué profundo manantial de sueño
    -loco de luto azul, bardo sombrío-
    rescatabas el Grial estremecido
    por la sangre mortal de las estrellas?
    Tanto injuriar los mitos y mira tú: la gloria
    -sol de muertos es, moneda oscura-
    recorta tu perfil contra el olvido.





    GONZALO ARANGO V

    !Tanto injuriar los mitos! En esos años ebrios,
    ¿quién no habló de fusiles y ballenas azules
    y de un lobo mirando pasar por las praderas
    un velero seguido por tres venados blancos?
    Pero la brisa del mal tiempo
    le fue quitando el polvo lunar a tu vestido.
    Tu fin fue la caída de un gran álamo rojo.





    GONZALO ARANGO VI

    ¿A quién, con qué zahena y en qué reino de nieve
    -hombre de las cavernas, buscador de zafiros-
    compraste ese sepulcro para enterrar tus sueños?
    Los dormidos, los tibios, los que siempre bostezan,
    te vieron macerando tu amapola rabiosa
    y dijeron: ¿Poetas? !Bah! pensaban
    que a los locos había que llevarles la cuerda
    para que allá en su propia torre negra se
    ahorcaran.





    GONZALO ARANGO VII

    "No importa", nos dijiste. Tu sabías
    que lo más parecido que hay a Dios es el fuego.
    Nada se opone a que tu sombra vuelva
    cruzando las tinieblas de ayer y las de ahora.
    Y falta que nos haces. La peste hierve, amigo,
    alguien lava un puñal en el aljibe
    y a las oscuras golondrinas
    un viento color brasa les incinera el nido.





    GONZALO ARANGO VIII

    Cuando lleves un siglo recordando y regreses,
    ¿dónde hallarás, hermano, la muerta primavera
    y los pobres gorriones al servicio del cielo
    si la sombra del agua fue quemada
    y la florida rama del mirto convertimos
    en vara de alambrada y en mango de cuchillo?
    Pensabas que la fiesta jamás se acabaría
    -billarista, juglar, monje, comaca-
    y fíjate que zarzas heladas nos ocultan

    el mar donde la luna se llena y se vacía.




    A propósito de ULISES, HOMBRE SOLO de José Manuel Crespo

    Por Omar Garzón


    Hace unos meses recibí de manos del editor Mario Torres un ejemplar del más reciente número de la Revista Exilio, editada por el poeta Hernán Vargascarreño y dedicada esta vez al autor José Manuel Crespo (Ciénaga, Magdalena. 1942). El título de este número de la revista es Ulises, hombre solo.
    Exilio se dedica exclusivamente a difundir poesía. En cada una de las entregas que esta revista  hace encontramos, por lo general, una selección de poemas de uno o máximo dos autores. En este caso, la edición No. 24 nos entrega el extenso poema Ulises, hombre solo, el cual he recibido como un grato descubrimiento.

    Este largo y cuidadoso poema de Crespo es un trasegar por caminos y hendiduras que siguen el fino hilo de un profundo soliloquio en el cual no sobran las imágenes que desnudan, de manera magistral, todos, o por lo menos casi todos, los estados en los que se puede envolver un hombre: la resignación (No sé ni quiero (¡es tarde!) saber lo que pasaba), la dicha, el temor, la tristeza, la alegría, la angustia, el desánimo, incluso la desesperanza (Eso es lo misterioso: sé gobernar un reino,/ sé manejar los remos, sé ganar una guerra,/ pero no sé quién soy. Todo fue inútil) y lo efímero (No soy sino ansiedad, tierra de paso), expuestos aquí de manera que el lector logra hacerse a un lugar entre las líneas intercalando su papel, pasando de testigo a protagonista, y viceversa, a lo largo de este enramado de versos a veces punzantes y certeros:

    No porque me lo inspiren los dioses sino para
    no tener que callar, aquí en la fuente
    donde el ciervo se asoma al plenilunio,
    digo que en vano nos hicieron,
    que a nada hemos brotado de la tierra.

    En este soliloquio, Crespo nos trae una voz que encierra una fuerte carga existencial que no raya en la sentencia por la manera intimista pero a la vez sencilla en que se nos presentan. Por ejemplo, temas como el nunca desgastado fenómeno del amor en este caso se nos revela a través de una descripción que propende por eternizar el cuerpo distante y latente sólo en el recuerdo:  

    Eres joven: la vida
    Apenas si ha pasado su sombra por tus ojos.
    Y, sin embargo, eres más vieja que la luna:
    tú conoces los juegos del azar, el origen,
    la malicia del agua que fluyendo a lo ciego
    finge no darse cuenta del mal que hay en la tierra.
    Las tres sílabas negras de tu nombre contienen
    todos los viejos himnos, las músicas errantes,
    ese azul de los mares que nos cambia la vida.

    Este es un poema que inevitablemente me hace volver a la infancia varias veces a través de algunas de sus imágenes (giraba como giran los colores/ de una burbuja transparente), un poema que dibuja en mi memoria referencias que hice mías en esa temprana etapa de la vida. El verso "aves tan raras que ni nombre tienen" me obliga a remitirme a citas como “El mundo era tan reciente que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo” sin que con esto quiera decir que las dos tengan relación alguna en su raíz; o esa otra línea que nos muestra la Ley del Talión que descubrí también muy temprano en mis lecturas bíblicas y que ahora redescubro acá, en este Ulises tan cercano a nosotros:

    La violencia debe ser contestada
    con violencia, y el poder con la espada
    de doble filo del poder. ¿No es esa
    la dura ley del bárbaro y el griego?

    Y digo que este largo poema compuesto en verso libre es cercano a nosotros porque al leerlo es evidente que su lenguaje “en cierto modo más colombiano que griego”, como bien apuntaría Nicolás Suescún en la primera edición de Ulises, hombre solo, nos propone una esencia más caribeña que mediterránea. Este último aspecto se hace evidente en versos que funcionan como pausas y respiros en medio de la lectura de largo aliento que requiere el texto. Versos que saben sortear esa delgada línea que separa la articulación del poema de la ruptura del mismo: Ulises, el prudente, por momentos tenía/ la mente más torcida que una pata de perro. Esa característica también es latente cuando leemos aprendiendo a vivir con ese miedo/ (¡y el miedo da una sed!) y resignado/ a estarme quieto y respirar pasito, o Pero ahora mi ser en los pinares/ (ese cansado azul va para viejo)/ se despierta la víbora dormida.

    Un poema compuesto por casi cinco mil versos que después de ser leídos en su integridad podría deleitarnos en cualquier momento con algunas partes que también funcionar perfectamente como cuerpos separados sin que éstos dejen la sensación de que el lector se perdió de algo:

    Esa fuga en la noche era mi forma
    de salvar el mañana, de salirme
    por atajos profundos, de negarte
    predominio y rigor sobre mis días,
    fuerza del mal, todo poder, destino.
    ¿Qué buscas? ¿Qué más quieres? No te bastan
    los inmensos políperos del odio,
    las furias, las mesnadas asesinas,
    las ciudades saqueadas, los aleros
    y nidos consumidos por el fuego,
    los éxodos del hambre y del espanto,
    las preñadas abiertas a cuchillo,
    los aullidos, los niños estrellados
    contra los muros del pavor, la sangre,
    ese espeso jarabe de cadáveres
    que lamieron los perros en las calles
    de Ilión en el plenilunio?...

    En este Ulises, hombre solo, de José Manuel Creso, podemos encontrar muchas voces pronunciadas en diferentes momentos o estadios humanos, lo cual impregna el texto de diversos tonos que todos juntos forman un solo canto, un solo poema narrativo con el cual se busca exalta el tiempo, el olvido y la memoria en medio del tormento que puede llegar a significar el hecho de verse encerrado en cualquier isla Calypso de la vida cotidiana.

    Es necesario aproximarse varias veces a estas líneas para descubrirnos en ellas, para vernos y hablarnos a nosotros mismos hasta que ya no tengamos nada que decir, hasta que seamos sólo sílabas perdidas en los colores que nos hacen y nos forman, como bellamente lo afirma el poeta:

    … el mundo y su verdad: sólo la mano
    (la mano que debido a la pericia
    del arisco pulgar que sigiloso
    se aproxima, distancia o contrapone
    al ritmo de los cuatro inseparables,
    abre, cierra, trabaja, pulsa, siente,
    y en su mímico juego hace posible
     que el logos interior, el verbo ciego
    se colme de color y de sentido,
    que un niño con los párpados cerrados
    perciba y reconozca la violeta,
    o que el hombre sin voz, el perro mudo,
    exprese lo que siente y sustituya

    con el signo la sílaba perdida)

    http://farodesnudo.blogspot.com.es/2015/12/jose-manuel-crespo.html







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    Wilmar Martínez Cuervo 

    Nació en Bogotá el 05 de mayo de 1985. Es docente de matemáticas y física, escribe desde los 15 años. Ha sido invitado a diversos encuentros literarios, entre los cuales se destacan:  V Festival Internacional Palabra en el Mundo realizado en Chía en mayo de 2011, Lanzamiento del Festival Internacional De Poesía De Bogotá en el marco de la Feria del Libro de 2012 y de la edición número 47 de su revista Ulrika, Encuentro Internacional De Poetas En Michoacán Zamora (México) en el 2012. Pertenece al Círculo Colombiano de Escritores. Es Fundador, director y miembro del Colectivo Literario Mariposas en el Estómago y su editorial Oráculo Diseño y Ediciones. Algunos de sus poemas fueron publicados en la antología El Encuentro Internacional De Poetas En Michoacán Zamora (México, junio del 2012), también en el periódico la vecindad de New York. En el cuadernillo Poeta inconcluso  aparecen poemas de sus libros inéditos no publicados: Preludio Inconcluso (2005) y Manifiesto para entenderme (2010). Fue seleccionado en la Antología de poetas jóvenes colombianos que se publicará en 2012 por El Zahir Editorial. Publicó la Antología En el umbral del ocaso con el Colectivo Literario Mariposas en el Estómago (septiembre de 2012). Ganador del concurso de la corporación cultural Sísifo Poesía Trasgresora que se publicará a mediados de abril del 2013; ganador del concurso los 27 del 85 publicado en la revista virtual rayuela. Tiene en proceso de edición dos libros de poemas y dos novelas, una de ellas en co-autoría. Fue invitado al  V encuentro de poetas, académicos y declamadores de Goya Corrientes (Argentina) en octubre del 2012. Es el coordinador de la revista literaria Pensa-Cola.


    La última función

    Últimamente se han escrito varias obras de teatro
     sobre la mosntruosa injusticia que supone el 
    actual código de moral social. Por supuesto 
    que es una vergüenza insultante que haya 
    una ley para el hombre y otra para la mujer.
    Yo creo que no debería haber ley
     alguna para ninguno de los dos.

    Oscar Wilde

    Pesado el telón de polvo
    rechina sórdido y tendido,
    cargado como envuelto en papayas,
    /escucho del teatro marcial
    que majestuoso justifica caricia.

    Allí,
    donde emana los labios de Wilde
    incestos de género en contravía,
    aplasta demonios humanados,
    animales de monte,
    prestigio de los que omiten
    en el macabro espectáculo de los que no comen.

    Con la prudencia encorvada,
    los ojos miopes
    y los pies buscando fuga
    la función promete flagelos,
    hachazos repetidos,
    desgracia sumisa,
    tortura gitana,
    una cadera hiriviendo filosofía
    y los mortecinos secos
    exclamando sus lágrimas pesadas.

    ¡Sublime vino!
    Brindan los presentes,
    el acto arde en las tablas enceradas,
    marionetas de lazos templados
    asoman con sus caras tristes,
    las máscaras se caen
    de sus rostros atrofiados
    que se hincan de abandono,
    medusa en los ojos del mendigo que medio mira,
    el telón se petrifica
    cuando perdido estaba el significado.



    Yo lo llamo verdugo


    Sigo vivo, sigo atento, y observando con el 
    tiempo esta extraña enfermedad inclasificada
     que te afecta muy deprisa, que te quita 
    la sonrisa, cuyo síntoma
     es que ya no importa nada.

    Fito Páez


    Fracturada la prudencia
    se esparce en el atuendo blanco
    que me viste en las mañanas,
    evidente derroche místico
    empalaga los frívolos pasillos
    que se copan de cuerpos enfermos.

    Tensiono mi oído,
    los quejidos despiertan
    propios de inconciencia,
    retiro lo lerdo
    y alisto el despojo,
    huele anaranja que descuelga de los techos
    y la merienda acusa a unos pocos.

    En ascuas,
    y con solución salina
    la sanfre se drena,
    pinta lo opuesto de las pieles
    pálidas,
    hierven de tirria,
    todas las horas se vuelven banales,
    corrompen el día.

    La esperanza se estrella en las paredes
    y lo posible se extingue en mis guantes.
    Aquí,
    siempre tarda el ocaso,
    es cauto,
    nos mira de reojo,
    yo,
    lo llamo verdugo
    sé que se esconde bajo las camillas,
    todos lo saben,
    hablan con él,
    le hacen promesas
    cuando brotan los rosales
    y las hienas muestran los dientes.

    La luna se posa
    igual que mis ojos caen
    y se evapora el remedio.

    Aquí se duerme
    con la respiración trancada
    las hojas que golpean las ventanas
    y el ocaso
    que siempre nos mira.



    Osario

    Mi amor, mi fe, instalará en tu pecho una calma
    preternatural. Descansarás por el cuidado, te
    pondrás mejor, y si no, Helen, si murieras...
    entonces al menos aferraría yo tu mano querida
    en la muerte, y gustosamente... oh, alegremente,
    descendería contigo a la noche de la tumba. 

    Edgar Allan Poe


    Tus verdades son duras
    como lagunas en el invierno,
    me acusas por mis pies descalzos,
    mis ojos dormidos
    y de como repito mis caricias.

    Mis palabras se pierden en las causas,
    lentas,
    desviadas,
    se pegan a lo inconcluso
    y me señalas
    cuando no son de tu oído.

    Cierras la puerta
    cuando el olvido se cansa
    y Bach suena de por medio;
    olvidas siempre tu cabello en el piso,
    las miradas que te adeudas
    y un pan medio mordido.

    Siempre guardo todo en la misma caja
    fumo el mismo cigarrillo,
    es la táctica que siempre falla,
    lo que recojo en las mañanas,
    la misma ropa,
    tus cabellos,
    una ausencia rutinaria,
    el abandono que se cuaja
    cuando huele a café
    y el pan medio mordido.

    Miro mis pies desnudos,
    ordeno palabras y causas,
    le subo a Bach, recuerdo cuando me mirabas,
    enciendo un cigarrillo
    y cuando hablo con tu ausencia,
    abre la puerta
    y me suplica que cierre la caja.



    Transgresión de mis palabras

    Un silencio abrupto en medio de una conversación
    nos hace volver de repente a lo esencial: nos revela
    el precio que hemos de pagar por la invención de la palabra.

    Émile Michel Cioran


    La cordura es la hernia
    que el pudor asesina,
    tu aliento expiró
    cuando yo no estaba,
    se fue el tacto,
    adelgazado
    se postró en mi garganta,
    abrazando mi aorta
    con la madeja
    que cava mis culpas plantadas.

    La fábula cuenta el crimen,
    se retuerce
    la voz dislocada,
    se evidencia el conflicto,
    insistente,
    dilapida lo perdonable
    mientras mira
    desvanecer el tiempo en mis mejillas secas,
    tú beata,
    y la víctima,
    mis palabras.




    Criatura sin nombre

    Además soy poeta hasta los más lejanos límites 
    de tal concepto. Poeta aunque me haya tiranizado 
    con todo lo más opuesto a las poesía. 

    Friedrich Wilhelm Nietzsche


    Turbado y encalambrado desde las piernas
    crujen los vocablos irrisorios
    mientras quebrantan el añejo de mis palabras,
    la tinta se calienta en mis manos
    y la migraña hace nudos mi cabeza

    los ojos se me tuercen
    y mi consiente hace metástasis los miserables;
    es el trance anémico donde dejo al poeta
    que parte la cerna, lo recuerdo
    y la paranoia forja armonía.

    Ya duermo con mis espantos
    un pucho y un Jacinto en la mano,
    ojeras de cafeína expuestas
    gritan saetas febriles,
    mi yaga ansiosas y baldías
    mugen de bilis y fiebre.

    Las pupilas se crispan,
    me ensordece la demencia,
    la del poeta rastrero
    inmolado en la gruta,
    enroscado por el repudio de las paredes,
    el existencial que mastica y escupe,
    la criatura que no duerme
    en mis entrañas y encalambra mis piernas.







    .

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    Fabián Sánchez Molina

    Poeta. Bogotá (Colombia)



    La salud de los poetas

    A Adriano Corrales

    Cuando un poeta enferma
    toda la ciudad se desfigura
    Es todo un caos
    Así es que a los hospitales arriban hombres de todas las calañas
    Llegan uno tras otro
    el rumbero que fue trasnochado a puñaladas
    el anciano que una vez más parlotea a solas
    con la muerte Y aunque suene insólito
    llegan también las mujeres a parir sus hijos
    Y todo esto porque el poeta enferma

    Sin embargo todo vuelve a su justo orden
    cuando desgraciadamente el poeta se salva
    El hombre baila y su rostro cicatriza
    Los ancianos persisten en sus rincones sin rastro
    y las madres ven partir a sus hijos
    una vez más

    Cuál será el destino que para el mundo depara el poeta?
    Es incierto
    El poeta es un hombre de salud mediocre





    Riesgos y posibilidades

    Pobre hombre Soy un pobre hombre
    que ante ustedes canta hoy su desencanto
    Que debe soportar muchas cosas
    y asumir muchos deberes
    bastantes responsabilidades
    Pobre hombre Soy un pobre hombre
    Debo decirle mamá a una mujer para
    que no olvide ésta que es mi madre y para
    recordarme cada tanto que yo soy su hijo
    Porque debo simular el amor cuando lo hago
    y arrebatarle poco a poco al miedo sus descansos
    Porque cuando me llaman por teléfono en las tardes
    debo decir que sí estoy aun cuando francamente
    dudo de la veracidad de mi respuesta y
    porque debo comer para no pensar en el hambre
    que me invade – cada que no tengo algo que beber

    Y porque con el otro debo ser ingrato
    para que este no me agreda con su ingratitud
    Es por ello que debo anestesiar mi alma
    con un poco de dolor antes de cada sonrisa

    Soy tan pobre que debo escribir poemas
    para expresar mi llanto y no logro más
    que enlutar mi verbo y darme cuenta que soy pobre
    Pobre como un poeta
    que no viaja a Estocolmo
    ni dicta clases en postgrado
    ni ha publicitado a honorables presidentes de la república
    Como un poeta que no ha muerto
    y no obstante deambula de botella en botella
    aun sabiendo que desearía hacerlo de brazo en brazo
    para ir alivianando su carga poco a poco
    de manera bien distribuida

    Soy un pobre hombre porque si llego a los 40
    no serán ni 39 los poemas que pueda
    yo cantar
    Triste y pobre
    pero al fin y al cabo hombre
    porque de cara al dolor
    siempre lo engaño con caricias
    Soy un pobre hombre que no se consuela
    con saber que su última lágrima
    será la soledad



    *


    El esfero me raya la mano
    Él ya no quiere tocar el papel
    Se resistió tanto como yo a tan blanca pureza
    Lector:
    estás leyendo las líneas de mi mano



    *



    Todos vienen como opinando algo
    Como queriendo que se les opine algo
    Vienen me dejan un pan amargo y se van
    Nunca podrían quedarse
    En mi casa solo duermo yo
    Como el hombre que aprendió a vivir entre los hombres
    Resguardando un poco de soledad para cada uno
    A cada cual lo suyo
    En inexplicable equilibrio
    Y tú hoy me pides que te ame?






    En tierra de ángeles

    Un ángel caído del cielo
    posó sus pies en la tierra de los hombres
    y con melancólico timbre de voz gritó:
    “ Dios No existes…”
    Inmediatamente
    se esfumaron las alas del pequeño ángel
    Una madre sonrió
    y se escuchó angustioso el llanto
    de un triste bebé






    Encuentros con un abuelo

    Estabas sentado en una tienda bebiendo lo que se podía
    Unas cuantas cervezas y tres copas de un licor regalado
    Los ojos de la eternidad se posaban todos sobre tu arrugado cuello
    Soldado fuiste en otros tiempos
    y los habitantes de los pueblos te daban plátanos cada cosecha
    Empuñabas mujeres y abrazabas las armas
    Traicionaste y fuiste respetado
    Pasaron los años y fuiste olvidado
    Ahora tiemblas y tu cerveza se derrama
    Escucho tus andanzas y veo como cojean tus pies
    Sobre tu vida se anclan las pestañas de la intimidad
    Viejo estás solo Pero descuida
    La soledad es un niño que mira al cielo






    Pequeña tristeza lumínica

    Una lágrima trabaja para el sol
    suplantándolo en las noches
    Su brillo se encarna cotidiano en las mejillas
    y sus rayos son suspiros que anidan pensamientos al vacío

    En el principio de los tiempos

    Mi pene llora lágrimas blancas
    que te entristecen la vagina
    Ahora entiendo por qué nuestros hijos
    nacen llorando
    Todo será muy triste






    Presente de cumpleaños

    Hoy ya se cumplen 22 años para mi retardada muerte
    y no soy más que la espera de los años que han dejado de pasar
    Sé que no me presento ante tan magno acontecimiento
    con las más distinguidas galas ni los más sinceros deseos
    Vengo con la piel curtida las ropas llenas de polvo
    y como siempre con las manos vacías como un libro
    Pues qué puedo yo ofrecerme hoy
    que la vida me reclama implacable las noches que tomé
    y la muerte se me acerca al oído y me dice: “¡Cobarde!”
    Nada hay que alguien pueda darme
    Siempre miradas a diestra y besos a siniestra
    Sólo les pido
    Lloren sobre mi tumba
    Sus lágrimas endulzarán mi boca
    y sus gemidos me permitirán conciliar el sueño






    Los amigos esperan

    Llegan los amigos a la casa del amigo
    y piden que les abra
    Pero regularmente el amigo no abre
    porque está desnudo
    Los amigos se desesperan
    Gritan: “Pero si soy tu amigo…”
    Y el amigo no responde
    Sólo observa atrás de las cortinas
    Golpean como en la puerta de una caja fuerte
    esperando que alguien salga y les abra
    Como si tocaran en el corazón humano
    esperando que alguien salga y les abra
    El amigo nunca sale
    No está cubierto y teme
    pues sabe que la amistad
    es la falsedad desnuda






    Los espejos de Lesbos

    Si pudiera ser toda una mujer
    me enamoraría de ti
    para besarte donde no me alcanzan
    ni los labios ni la malicia
    Te rastrearía con mis manos lejanas del dolor
    y cosechadas en invierno

    Todo fuego sería un proverbio si nos abrazáramos mujeres

    Sería el párroco más pederasta de la diócesis
    en este templo de sábanas
    Desconcertados nos observarían todos cuando despertaran
    de su eterno matrimonio con la vid
    y nos encontraran abrazadas como un par de niñas locas
    ángeles de cantina filósofas del beso
    Si pudiéramos las dos ser todas unas mujeres
    engendraríamos un hijo bello
    como el recuerdo
    El más macho de todos los hijos entre mujeres

    Si pudiera ser mujer toda una mujer
    me enamoraría de ti
    Pero encuentras mi naturaleza
    demasiado femenina
    y mi viento no logra ahuyentar al relámpago






    .

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  • 03/26/16--10:34: PABLO ESTRADA [18.312]

  • Pablo Estrada 

    Escritor nacido en Bogotá. Profesional en Estudios Literarios egresado de la Universidad Nacional de Colombia. Textos suyos han aparecido en revistas y periódicos nacionales y extranjeros, y en los libros Bogotá por Bogotá (2008), Cenizas en el andén: cuentos de la ciudad (2009), Suenan voces. Antología RENATA III (2010) y Poetas que hay que morir antes de leer (2013). 

    Ha realizado conferencias, seminarios y eventos literarios en diferentes ciudades del país. Ha sido invitado a algunos festivales de poesía. Ha creado grupos y proyectos culturales como Superficies, que integra poesía, música, video y fotografía; el Negacionismo poético y el grupo literario Caterva. Es fundador y miembro del comité editorial de la revista de cuento Aceitedeperro. 

    En 2012 se publicó en Caracas, Venezuela, su libro de poesía El fuego en la herida (Fundación Editorial El Perro y La Rana). Participó en el Taller de Cuento Ciudad de Bogotá 2008. 


    NOTHING LASTS FOREVER

    Nada es para siempre:
    ni los pedestales
    ni las flores en la tumba
    ni el carné de la biblioteca
    ni la cédula de ciudadanía
    ni el recuerdo de los padres
    ni las fotos familiares
    ni el amor por alguien
    ni las grandes amistades.

    Todo lo sólido
    se desvanece en el aire…
    lo eterno se torna efímero
    o peor aún, se desgasta,
    se hace inútil e insuficiente,
    se marchita, envejece, se acaba
    –se transforma, si prefieren.

    Nada es para siempre
    –tal vez la muerte–:
    ni el odio o el silencio
    ni el miedo o la ausencia
    ni el dolor o las soledades
    ni la misma nada siquiera.

    Todo en absoluto
    –incluso lo absoluto y lo infinito,
    al menos su concepto–
    alguna vez se extingue...
    Pensé, sin embargo,
    que esta repentina alegría
    –mejor sería llamarla entusiasmo–,
    esta serena complacencia,
    esta reconciliación con el mundo,
    perduraría más en el tiempo.

    No fue así...
    Se ha esfumado, ignoro hasta cuándo
    –espero recuperarla pronto–,
    pero ahora sé
    que nada es para siempre,
    tampoco esta angustia
    que permanece
    ni la tristeza que me invade:
    nada...



    ASÍ ES

    El amor lastima, hace cicatrices…
    el amor hiere y estropea
    cualquier corazón que no sea resistente
    o lo bastante fuerte
    para aguantar mucho dolor.
    Nazareth
    Love hurts

    El amor es como el oxígeno,
    se acaba preciso cuando uno se asfixia.
    El amor es como un gas en un ascensor,
    se expande y queda atrapado.

    El amor es como un perro callejero,
    te sigue, olisqueándote el trasero.

    El amor es como un poema de Edgar Allan Poe,
    sólo Baudelaire lo aprecia como es justo.

    El amor es como los libros
    de mi escritor sucio favorito,
    si no me los regala él mismo,
    soy incapaz de conseguir dinero para comprarlos.

    El amor está pasado de moda
    es como esas cosas que ya no se usan:

    El amor es como un diskette,
    se daña cuando uno menos lo espera.

    El amor es como un casete,
    se enreda cuando se ha tenido por años.

    El amor es como una nube (negra),
    te persigue cuando está preñada de lluvia.

    El amor es como una llama (eterna),
    te quema y aún así no se apaga.

    El amor es solo una mentira (blanca)
    hecha para entristecerte y sonar como blues.

    El amor es como una caja en forma de corazón,
    es una escalera al cielo o una autopista al infierno

    El amor, como en ese poema que escribí,
    no dura para siempre: doesn’t last forever…

    El amor es como una canción de amor,
    suena bien hasta que se traduce la letra.

    El amor es como las antologías o los grandes éxitos,
    ahorran tener que conocer todo el resto.

    El amor es ciego… como Borges,
    cojo como Rimbaud, manco como Cervantes,
    sordo como Beethoven y loco como Hitler.

    El amor es como Buñuel o Henry Miller:
    cometen locuras propias de adolescentes
    pero en las fotos siempre aparecen ya viejos.

    El amor es como una droguería abierta,
    no se la encuentra justo cuando se la necesita.

    El amor es como un cuadro de Hopper,
    la desolación pintada con poesía.

    El amor es así como yo,
    un tonto creyéndose listillo.

    El amor es fuerte y tú eres tan dulce,
    como en la canción de los Stones.

    El amor es todo lo que necesitas
    cantaban Lennon y McCartney.

    El amor muerde, sangra, vive y muere…

    El amor es inefable e inasible,
    imposible de describir con palabras,
    es aquello que es, fue y sería.



    LES TOCA

    Hablemos de todo un poco…

    hablemos de atardeceres contemplados
    desde una terraza,
    los últimos días de vida,
    hablemos de números de teléfono
    que se olvidan o se extravían,
    hablemos de inventarse nombres,
    de películas basadas en libros
    que ya nadie lee,
    hablemos de corazones rotos y canciones rotas,
    de alas que se rompen y sueños que se rompen,
    de deseos con los que hay que tener cuidado
    porque se realizan
    y no tienes con quien compartirlos,
    hablemos de nuestros vacíos
    y de créditos bancarios,
    de reconocer la culpa
    y apagar la luz,
    de aguantarse las ganas
    o no decirle a nadie,
    de Necesito una compañera de los Bukis
    porque ya he sufrido tanto tanto
    que hoy no puedo detener mi llanto…
    hablemos de huecos, de ecos,
    de labios rojos y labios rosa,
    de colores o blanco y negro,
    hablemos de planchas con clavos,
    de ruedas de bicicleta,
    de máquinas de escribir
    y cosas obsoletas,
    hablemos de buenas y malas intenciones,
    de frivolidades y crisis nerviosas,
    hablemos de periódicos y telenovelas,
    hablemos de shampoo y acondicionador,
    hablemos de viejos libros de historietas,
    hablemos de pintura rupestre y graffiti
    hablemos de bonitas piernas y bonitas tetas,
    hablemos de tener manos de poeta
    y hacer el amor con una de ellas,
    hablemos de silencio y de palabras,
    del cabello largo y la calvicie,
    hablemos de licores nacionales y extranjeros,
    hablemos de abandonos y desengaños,
    cambiemos de tema,
    hablemos, no callemos,
    hablemos del calentamiento global
    y los escándalos de corrupción política:
    de los grandes temas de la poesía,
    hablemos duro, hablemos pasito,
    hablemos bello, hablemos sucio,
    hablemos de lo que sea,
    pero, por favor, hablemos…



    ERES TÚ

    ¿Es un cadáver con sombrero y gabán
    o un esqueleto con gastado traje oscuro?
    ¿Es una momia con jeans y camisa a cuadros
    o un hosco y socarrón demonio desnudo?
    ¿Es una actriz de reparto
    o una mujer que no sabe amar?
    ¿Es un barquito ebrio
    o sólo un niño en la orfandad?
    Si el teléfono suena, no contestes,
    si el abismo seduce, no te precipites,
    podría ser: número equivocado.
    Si la lluvia humedece tu cuerpo en las noches,
    no creas que es la luna, ella nunca llora.
    Lucia luce luz sin luna.
    ¿Quién diablos es Lucía?
    ¿Qué diablos es la luna?
    Tus orejas sostienen pendientes gigantescos
    que consideraría llegan hasta al suelo
    –allí estoy yo, sin caer cayendo–.
    Mis óptimos ojos orbitan obtusos.
    Quisiera acariciar tu vientre aterciopelado
    y besar tus senos de pálida porcelana.
    El espejo borra el espejismo,
    tu espectro desaparece de mí.
    Extraño cada milímetro de tu piel,
    cada cabello que solía tomar.
    Mis manos te buscan en la oscuridad,
    mis besos te preguntan entre sábanas.
    Tu aroma –que emanas desde la distancia–
    me despierta en las mañanas.
    Tu imagen –que las píldoras distorsionan–
    me levanta de una bofetada.
    Ensangrentado busco una navaja,
    un revólver, una soga, un veneno,
    para calmar ésta, mi angustia.
    Te envío una tarjeta que dice:
    De: Lirio
    Para: Noia
    Y caigo en medio de convulsiones.
    Las preguntas me invaden
    y por poco me ahogan…
    ¿Es una escultura de un dios
    o de una celebridad del pop?
    ¿Es el fantasma de un suicida
    o un guitarrista de grunge ?
    ¿Es una fotografía de un viejo comunista
    o de un padre muerto ya hace tiempo?
    No, no… Soy yo…
    Voilà, c'est moi… ¿Quién más?



    POEMA ENCONTRADO 
    EN UNA HABITACIÓN ABANDONADA

    Mira mi corazón en pedacitos
    mira mis alas desplumadas
    mira mis ojos dormidos
    mira mi alma atormentada.
    Te amo
    porque pagas la renta
    de mi habitación,
    me cuidas y me bañas,
    me vienes a visitar
    todas las mañanas,
    por eso también
    te amo.
    Escucha mi voz debilitada,
    escucha mi inmunda sonrisa,
    escucha mis lágrimas oscuras,
    escucha mis manos destrozadas
    y el lento palpitar
    adentro de mi pecho.
    Perdóname por no soñar contigo,
    perdóname por malgastar
    el dinero que me dabas,
    perdóname por esconderme
    debajo de la cama,
    perdóname por hacerte el amor
    sólo una vez por semana,
    perdóname por embriagarme
    el día de tu cumpleaños
    y estropearlo tanto,
    perdóname po